La corrida de toros en los libros de viajes del siglo XVIII
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Revista de Estudios Taurinos N.º 38, Sevilla, 2016, págs. 135-159 LA CORRIDA DE TOROS EN LOS LIBROS DE VIAJES DEL SIGLO XVIII Hiltrud Friederich-Stegmann* Dietmar Stegmann in memoriam ace poco visité el recién renovado Museo de Historia de Madrid, donde vi varios grabados con escenas taurinas del siglo XVIII, algunos de mediados del siglo, otros de la famosa serie de Antonio Carnicero (“Colección de las principales suertes de una corrida de toros”) de 1792. Me recordaron a las pintorescas descripciones que había encontrado en varios libros de viajes de la época1, como por ejemplo las del viajero sajón Christian August Fischer (1771-1829), quien visita España en los años 1797 y 1798 y, nada más llegar, asiste a una corrida de toros en Bilbao que comenta con entusiasmo en el libro principal de su viaje (2007: 158-161), en el que también menciona una serie de 12 grabados taurinos de diferentes tamaños vistos en el relato de viaje de Jean-François de Bourgoing (1748-1811).2Igualmente me acordé de dos viñetas con motivos taurinos insertas en el libro de H * UNED Madrid. 1Para los títulos de todos los libros de viajes que se mencionan en este artículo, véase la Bibliografía. Si existe una traducción al español, sólo se indica esta. En las notas aparece sólo el título abreviado de las obras. 2(Fischer, 2007: 159). Para más detalles sobre los grabados de Antonio Carnicero en las diferentes ediciones de la obra de Bourgoing, Tableau de l'Espagne moderne, véase (Lafront, 1957: 155-157). Maq. Revista 38 final ok 28/6/16 14:48 Página 135
Hiltrud Friederich-Stegmann 136 viaje de Joseph Hager (1757-1819), copias en miniatura de dos escenas de la seriehecha por el grabador berlinés Wilhelm Arndt (1750-1813) (Hager, 1997: 69 y 73). A pesar de estas vivas y pintorescas imágenes y de los textos recordados, me pregunté si realmente era válida la opinión bastante común de que «todos los viajeros asistieron a alguna corrida de toros»3y de que todos los que vieron una se dejaron impactar por este espectáculo tan singular. A partir de esta pregunta, me voy a centrar en el interés mostrado por los viajeros extranjeros en la fiesta taurina y en la manera en que se expresan sobre la misma. Antes de dedicarme a las fuentes voy a decir algo sobre el estado de la literatura secundaria. En 1957 se publicó la antología Los viajeros extranjeros y la fiesta de toros (siglos XVI a XVIII), con textos sobre la fiesta en Portugal y España recopilados por Auguste Lafront (1906-2002), gran especialista francés en asuntos taurinos, donde el siglo XVIII ocupa unas 80 páginas. Respecto a las corridas en España Lafront ofrece una selección de ocho viajeros4y una viajera,5todos ellos ingleses o franceses, de cuyos relatos de viajes incluye una traducción de los pasajes taurinos, con su respectiva introducción y comentario, que demuestran que es un verdadero experto en el asunto. Diez años antes de la antología de Lafront se había publicado una obra parecida por Mariano Tomás, titulada Los extranjeros y los toros, donde el siglo XVIII está representado en veinte 3(Freixa, 1993: 94.) También según (Guerrero, 1990: 414) «prácticamente todos los viajeros ingleses asistieron a una o dos corridas». Las páginas 414 a 417 de su libro están dedicadas a la descripción de los toros. 4Lafront, págs. 116-119. Del siglo XVIII hay fragmentos de Silhouette, págs. 116-119; Clarke, págs. 126-127; Twiss, págs. 128-139; Swinburne, págs. 142-144; Peyron, págs. 145-148; Bourgoing, págs. 149-157; Langle, págs. 161, 162; y Townsend, págs. 166-174. 5Mademoiselle de Pons, págs. 175, 176. Maq. Revista 38 final ok 28/6/16 14:48 Página 136
La corrida de toros en los libros de viajes del siglo XVIII 137 páginas por tres viajeros.6De 1996 data la antología Cincuenta autores y sus escritos sobre toros (siglos XIII al XX) con textos seleccionados, introducción y notas de Francisco López Izquierdo, otro gran experto en el tema taurino. Del siglo XVIII no menciona a ningún viajero extranjero, pero sí selecciona a siete autores españoles, dos de los cuales se expresan de una manera neutral y cinco rechazan los toros, entre ellos Jovellanos.7Un estudio amplio, que no se limita al siglo XVIII,8 es el de Walter Falk (1924-2000), que se muestra como un gran defensor de la fiesta nacional.9Data de 1962 y se titula “Die Deutschen und der Stierkampf” [Los alemanes y la corrida de toros]. De la misma manera Falk se acerca de nuevo al tema en una conferencia titulada “La corrida de toros y la Ilustración”, pronunciada en 1987 en el Spanisches Kulturinstitut de Munich, donde defiende la corrida de toros, basándose en la obra La caza y los toros de Ortega y Gasset.10 Como partidario de la corrida, Falk rechaza con vehemencia el estudio, muy crítico, Spanische Stiergefechte. Eine kulturgeschichtliche Skizze [La corrida de toros española. Un esbozo histórico-cultural], de uno de los grandes viajeros alemanes del siglo XIX, Wilhelm Joest (1852- 6Tomás, págs. 35-55; Clarke, págs. 35-43; Bourgoing, págs. 43-53; y Laborde, págs. 53-55. 7(López Izquierdo, 1996:167-216). Autores: Diego de Torres Villarroel, págs. 167-171 (neutral); Fray Benito Jerónimo Feijoo, págs. 173-177; Cristóbal del Hoyo Sotomayor, págs. 179-182; Padre Martin Sarmiento, págs. 183-194; Nicolás Fernández de Moratín, págs. 195-203 (neutral); Gaspar Melchor de Jovellanos, 2 textos, págs. 205-207 y 209-211; y José Cadalso, págs. 215, 216. 8Para el siglo XVIII, véase: págs. 832-835, 837-839. 9De 1960 a 1965 Walter Falk fue profesor de Lengua y Literatura Alemana en la Universidad de Madrid. 10 (Falk, 1990: 15-26), cita, pág. 17. En el apéndice de la publicación hay dos textos contrapuestos sobre los toros, uno en contra (Jovellanos, sobre la prohibición de los toros) y otro a favor (Blanco White, 1990: 125-140). (Ortega y Gasset, 1962: 138, 156, 157). Maq. Revista 38 final ok 28/6/16 14:48 Página 137
Hiltrud Friederich-Stegmann 138 1892), quien inicia su libro con una cita de Cicerón: «¿Cómo es posible que un hombre culto pueda encontrar placer en ver como una fiera mata a un hombre necio o como se traspasa con una lanza a un animal noble?» Joest ofrece primero en un tono neutral la historia de los toros desde las épocas más remotas hasta su tiempo,11 para finalmente rechazar con vehemencia la fiesta, citando al conde Moltke, otro viajero alemán de finales del siglo XIX: «Yo por mi parte he tenido bastante con ver una corrida de toros.» (Moltke, 1879: 159). Falk, por el contrario, opina que «los toros no sufren realmente durante la lidia» (Falk, 1990: 17) y llega a esta conclusión: «La humanidad no puede prescindir del dominio sobre la naturaleza [...]. Y el objetivo primordial de la corrida, desde la época de la Ilustración, ha sido dominar la naturaleza, pero respetándola. Durante dos siglos, la corrida de toros española ha sido considerada fuera de España un escándalo. Creo que tendríamos que descubrir más bien en ella una doctrina ejemplar para Europa y para la humanidad entera». (Ibidem: 25) En 1999 Adrian Shubert publicó en Oxford una historia de la corrida, titulada Death and money in the afternoon: a history of the Spanish bullfight, un libro que se centra sobre todo en el siglo XIX. No obstante, en el primer capítulo, titulado “Business”, hay tres páginas donde también se refiere al siglo XVIII, indicando que «The first to request bullfights as fundraisers were corporate institutions that served a public purpose: The Royal Maestranzas, welfare institutions, and the Church.» (Shubert, 1999: 18). Este fin benéfico de las corridas se menciona en muchos relatos de viajes, por ejemplo en el libro del cirujano-barbero Johann Friedrich Kessler (1742-¿?) de Altenburg, miembro de un regimiento suizo estacionado en los años ochenta en Madrid: 11 Del siglo XVIII cita a sólo un viajero, Peyron. (Joest, 2011: 89). Maq. Revista 38 final ok 28/6/16 14:48 Página 138
La corrida de toros en los libros de viajes del siglo XVIII 139 «Probablemente se hubiera suprimido hace ya tiempo este espectáculo, tan triste para catodada persona con empatía, si sus ganancias no se destinaran a hospitales, casas de niños expósitos etc. Pero a pesar de todo esto, el permiso se tiene que confirmar cada diez años con una nueva licencia papal. En el año 1789 vi la licencia del Papa Pio VI que dice: Concedemoste [sic] nuevo, otros diez años, suplicada Licencia, a la supersticiosa y aficionada Nacion española para hacer sus Corridas de Toros con la expresa Intelligencia [sic] que empleen sus Productos al Bien de los Ospitales [sic] y pobres de este Reyno.» (Kesler, 1805: 234,235). Con esta cita hemos llegado a las fuentes y podemos decir que hay de todo: textos donde no se encuentra nada sobre los toros, otros donde se mencionan de manera bastante breve y superficial, otros con algo más de interés en el asunto y otros que se dedican ampliamente a la descripción de la fiesta, sea en un tono neutral, negativo o entusiasta. Hay muchos viajeros que ignoran los toros por completo, y los motivos de esta ausencia son muy diversos. Así, el padre Jean-Baptiste Labat (1663-1738), que estuvo en Andalucía en los años 1705 y 1706, es decir durante de la guerra de la Sucesión, apunta: «No he visto ninguna corrida de toros mientras he estado en Cádiz; no estaban en ese tiempo en situación de manifestar mucha alegría». (Labat, 1999: tomo IV, pág. 553). Tampoco nos extraña que en un viaje de peregrinación a Santiago, hecho en 1726, no se encuentre nada al respecto (Manier, 1999: 725,755). Los toros faltan también en el relato del conde Karl Ludwig von Pöllnitz (1692-1775), que en 1724/25 viajó de Bayona a Madrid con el fin de visitar la Corte. Esta ausencia no nos sorprende, ya que Felipe V daba las autorizaciones para el espectáculo madrileño que se celebraba Maq. Revista 38 final ok 28/6/16 14:48 Página 139
Hiltrud Friederich-Stegmann 140 en la Plaza Mayor con muchísima parsimonia. (López izquierdo, 2001: 20). Según Francisco López Izquierdo, las corridas de toros hubieran desaparecido en aquella ocasión «de no haber contado con la inmensa afición de los españoles». (Ibidem: 21). Por aquel entonces, Felipe V permitía la fiesta sólo muy escasas veces y sólo con un motivo concreto. En 1704 «por la venida de S.M. a esta Corte de la guerra de Portugal y parto de la Duquesa de Borgoña». (López izquierdo, 1993: 273-276). En 1725 «por el regreso a España de la infanta María Ana Victoria y el tratado de paz y alianza con el emperador» (Ibidem: 277-280). Y en 1726 «por el nacimiento de la infanta María Teresa Antonia». (Ibidem: 280-284) No obstante, el pueblo reclamaba su espectáculo preferido, como cuenta el duque de Saint-Simon en sus Memorias: «Apenas salí al balcón [en la Plaza Mayor] cuantos estaban en la plaza se agolparon debajo y comenzaron a dar voces de “¡señor, toro, toro!” El pueblo me pedía una corrida de toros, que es la cosa por que mayor pasión sienten en el mundo, y que el rey se negaba a autorizar desde hacía años por principio de conciencia. De modo que al día siguiente me limité a darle cuenta de las voces del pueblo sin pedirle nada [...]». (Saint- Simon, 2008: 238). El joven jesuita Johann Wolfgang Bayer (1722-1794) tampoco dice nada sobre los toros durante su estancia en Andalucía de un año y cuatro meses a mediados de siglo. Otro religioso, el orientalista protestante Thomas Christian Tychsen (1758-1834) tampoco se refiere a ellos, ya que su interés se centra en el estado de las letras de España. En los dos tomos de los escritos no oficiales del secretario de legación y encargado de negocios suplente, Pietro Paolo Giusti (1742/43-1805), en torno a la historia y cultura de España (1773-1781), también se busca en vano algo al respecto. (Juretschke y Kleinman: 1979-1988: tomos XII y XIII). Tal vez para el ilustrado Giusti los toros no formaban Maq. Revista 38 final ok 28/6/16 14:48 Página 140
La corrida de toros en los libros de viajes del siglo XVIII 141 parte de la cultura del país. El italiano Vittorio Alfieri (1749- 1803), quien viaja por España y Portugal entre 1769 y 1771, no menciona ninguna corrida de toros durante su breve estancia en Madrid (Alfieri, 1999: 162). La misma ausencia se manifiesta en los relatos del agrónomo inglés Arthur Young (1741-1820), cuya fama se debe a sus trabajos sobre agricultura, (Guerrero, 1990: 82), y en los de su compatriota Joseph Marshall, igualmente interesado por la agricultura, en los cortos viajes de ambos por Cataluña y, en el caso de Marshall, también por el País Valenciano. (Ibidem: 67) Los toros faltan también en el texto del botánico Heinrich Friedrich Link (1767-1851), (2010) quien en su viaje a Portugal pasa por España en el invierno de 1797. Precisamente el invierno, que es la época donde no hay corridas, puede ser una de las causas de no encontrarlas en algunos relatos de viajes, como también es el caso de Joseph Pierre Texier (1738-1818), que hizo su recorrido por España entre febrero y marzo de 1794. En los textos de temas españoles del célebre Alexander von Humboldt (1769-1859), que pasa por España en la primera mitad de 1799, tampoco hay nada sobre los toros,12 ya que «las informaciones que dejó sobre España se limitan en buena medida a sus estudios científicos, así como a la exposición de sus resultados en forma de estadística». (Rebok, 2009: 54). Hay otra serie de libros donde la fiesta taurina se menciona de una manera bastante breve. A este grupo pertenece la obra del hermano mayor de Alexander von Humboldt, Wilhelm (1767-1735), quien empieza su primer viaje por España junto con su familia en octubre de 1799 y «nos brinda una descripción minuciosa del país y de la sociedad española de aquel entonces.» (Ibidem). A pesar de este vivo interés, en el diario de su viaje hay 12 Doy las gracias por esta información a Sandra Rebok. Maq. Revista 38 final ok 28/6/16 14:48 Página 141
Hiltrud Friederich-Stegmann 142 sólo algo menos de media página sobre sus impresiones de una corrida de toros en Madrid, donde llega a la conclusión de que «aunque son fiestas bárbaras, en ellas hay autenticidad, placer auténtico, valor y costumbre nacional de este pueblo». (Humboldt, 1998: 96). En la parte sobre España del libro de viaje de Giuseppe Baretti (1719-1789) hay algo menos de una página sobre nuestro tema. Al salir de Madrid en dirección a Alcalá de Henares, pasando por la Plaza de Toros en la calle de Alcalá, Baretti (2005: 386, 387) reflexiona sobre la fiesta y la interpreta como una «inclinación a la crueldad». No nos extraña que Baretti no haya asistido a ninguna corrida en España, ya que había visto una en Portugal, donde su juicio fue muy negativo, hablando de «bárbaras diversiones» (2005: 89)13: «Así terminó la matanza de aquellos nobles animales: una matanza alentada durante todo el tiempo que duró por un violento griterío, y concluida con el aplauso más atronador de aprobación general. [...]. A mí me parecen [estos espectáculos] de lo más brutal y más anticristiano. Sin embargo, tienen la sanción de las leyes del país; y el gobierno que los permite y apoya puede tener razones para hacerlo completamente incomprensibles para mi intelecto». (Baretti, 2005: 93). Otro italiano, Giacomo Casanova, sí asiste a una corrida en Madrid, a la cual dedica una página, pero a pesar de experimentar alguna atracción, incluye al final: «este espectáculo me ha parecido triste y espantoso» (Casanova, 1999: 148). No obstante, esta impresión no le impide asistir a una segunda corrida, esta vez en Zaragoza,14 a la cual dedica media página, opinando al final: 13 Apud (Falk, 1962/63: 844). 14 Sobre esta plaza, véase (Heranz 1978). Maq. Revista 38 final ok 28/6/16 14:48 Página 142
La corrida de toros en los libros de viajes del siglo XVIII 143 «En Zaragoza las corridas de toros son más brillantes que en la capital, porque el animal está por completo libre en el ruedo; así ocurre a menudo que las luchas terminan con la muerte de algún combatiente. No veo el interés que se pueda tomar en ese espectáculo; es preciso ser español para saborear su encanto; a los ojos de un extranjero parecerá siempre más bien tonto que regocijante. Estas representaciones tienen mucho atractivo para las señoras del país [...].15 El militar inglés Alexander Jardine (¿?-1799), al hablar de las diversiones de los españoles, apunta algunas líneas generales sobre el espectáculo sin indicar dónde lo había visto: «Me temo que está poniéndose de moda el despreciar estas diversiones viriles como algo bárbaro. Encuentro que ahora no se realizan con el mismo espíritu que antes y los caballeros últimamente casi nunca toman parte de la lidia de toros, sino que lo dejan en manos de los gladiadores a sueldo, que suelen ser carniceros de profesión. (Jardine, 2001: 268). Otro militar inglés, William Dalrymple, quien viaja por España y Portugal en 1774, asiste a una corrida en Córdoba y a dos en la Plaza de Toros de Madrid y comenta: «Hemos tenido [en Córdoba] fiestas de toros, y para mi gusto, es un espectáculo muy insípido, y, sin embargo, este pueblo está tan locamente entusiasmado con él, que venderían sus vestidos para pagar la localidad. Todos los jóvenes de familias acomodadas asisten vestidos de majos [...]. Los mozos empleados en luchar con los toros recibieron los cumplidos de todos los jóvenes elegantes [...]. (Dalrymple, 1999: 172,173). Ha habido aquí [en Madrid] dos corridas de toros durante mi estancia; [...] El primer ataque del toro por un hombre a caballo 15 (Casanova, 1999: 145). En la edición de Miguel Ángel Vega, véase nota 17, pág. 167, el texto es bastante diferente y faltan las últimas dos frases de la cita. Maq. Revista 38 final ok 28/6/16 14:48 Página 143
Hiltrud Friederich-Stegmann 150 documenta cuantas veces en el curso de su viaje se encuentra con una plaza de toros. A este respecto el libro es una verdadera nomenclatura».18 Al final, Lafront habla detalladamente de la lámina inserta en el libro original de Twiss, porque «ofrece la más exacta y la más completa representación de una corrida, antes de la que habría de darnos Antonio Carnicero quince años después» (Lafront, 1957: 138-139). Mientras la descripción de Twiss le gusta muchísimo, Lafront descalifica el capítulo “Sobre las corridas de toros” de Jean-François de Bourgoing (1748-1811), quien, tras describir la corrida, llega a esta conclusión: «Hay por tanto en España dos instituciones a las que la nación parece ligada por fuertes cadenas; dos instituciones que tienen entre sí más de un punto de coincidencia. Las dos inspiran una suerte de escalofrío a quienes las defienden. Ambas nacen de la barbarie: de las costumbres la una, del pensamiento, la otra. Ninguna debería contar con más defensores que los verdugos; no obstante, a ambas sirve de motivo y excusa una virtud cristiana. En el caso de una de ellas, la fe se arma de rigor contra la incredulidad; la caridad acude en ayuda de los desventurados gracias a los beneficios que produce la otra. Esta representa un obstáculo para el progreso de la agricultura; aquella, la mayor barrera que se opone a los progresos de la sana filosofía. ¿Es necesario que digamos que una es la Inquisición y la otra la corrida de toros? (Bourgoing, 2012: 679). 18 (Lafront, 1957: 131-139). El autor menciona las plazas de toros de las siguientes ciudades visitadas por Twiss: Lisboa, Salamanca, Madrid, Aranjuez, Valencia, Murcia, Sevilla, Cádiz (El Puerto de Santa María). Maq. Revista 38 final ok 28/6/16 14:48 Página 150
La corrida de toros en los libros de viajes del siglo XVIII 151 No nos sorprende que el texto de Bourgoing le descontente tanto a un aficionado como Lafront, quien lo comenta así: «Desgraciadamente no le gustaron los toros. El extenso capítulo que los dedica es, en cuanto a información, bastante decepcionante». (Lafront, 1957: 149). Pero es precisamente el texto de Bourgoing el que Alexandre de Laborde (1773-1842) recomienda a sus lectores: «[...] me sería imposible añadir nada al cuadro que M. Bourgoing nos ha presentado en su obra sobre España. Yo les aconsejo a mis lectores que la lean. (Tomás, 1947: 55). Resumiendo, Laborde opina que: «[...] es un espectáculo por el cual el español tiene un gusto particular; el conjunto es soberbio, pero los detalles son repugnantes» (Ibidem). Algo parecido leemos ya en un texto anónimo de 1700: “El marco es mucho más bello que el cuadro”. (García Mercadal, 1999: 473). Tan negativamente como sobre Bourgoing, se expresa Lafront (1957: 175) sobre los textos taurinos de los viajeros de finales del siglo XVIII. Nombrando a Heinrich Friedrich Link y Christian August Fischer, dice que «los viajeros de este final de siglo ciertamente nada aportan que merezca reproducirse». En el caso de Link sí tiene razón, ya que durante su viaje por España ni menciona los toros, pero en cuanto a Fischer lo dudo, no en lo que se refiere a los detalles más bien técnicos de la propia corrida, sino por las descripciones tan vivas y entusiastas del ambiente pintoresco incluidas en tres de sus libros, fruto de su viaje por España en 1797 y 1798. (2007:159-161; 2013:198-203 y 1802: 93-98). Así en Cuadros de Madrid leemos: «Un grito de júbilo generalizado recorre ahora todo el coliseo. Miles de voces, miles de pitos para enfurecer aún más al toro: “¡Toro! ¡Toro!” Todo el mundo se suma en un salvaje alboroto. Maq. Revista 38 final ok 28/6/16 14:48 Página 151
Hiltrud Friederich-Stegmann 152 Se dan palmas, se golpea con los bastones contra los bancos, se saluda con los sombreros, se agitan pañuelos y chaquetas. Todo el público parece como poseído» (Fischer, 2013: 198). Pienso que estas coloridas impresiones pueden haber influido en los viajeros románticos del siglo XIX para querer acudir a la fiesta con el fin de conocer un ambiente tan especial. Al inicio de este artículo he mencionado unas viñetas con motivos taurinos en el libro de Joseph Hager, y con unas reflexiones de este viajero austríaco, hechas tras haber asistido en 1790 a una corrida en la Plaza de Toros de Madrid, quiero terminar: «Es un espectáculo que vale la pena verlo, a pesar de tantas críticas. Aquí es donde delante de la mirada de un numeroso público se desarrolla el valor español, la habilidad adquirida y el desprecio del peligro. La ceremonia observada, el orden mantenido, el comportamiento del público, todo merece nuestra atención. (Hager, 1792: 70). Maq. Revista 38 final ok 28/6/16 14:48 Página 152
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