La economía otra y la invención del Neoliberalismo
Abstract
El presente texto aborda la relación individuo-sociedad-estado desde la evolución del liberalismo como ideología. Su estructura argumentativa toma como articulación las nociones de apariencia, falacia, utopía y heterotopía. Los cuatro conceptos son asocia
Full text
Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 16, nº 31. Primer semestre de 2014. Pp. 25-39. La economía otra y la invención del Neoliberalismo1 Of other economy and the invention of Neoliberalism Luis Álvarez Falcón2 Universidad de Zaragoza (España) Recibido: 15-11-13 Aprobado: 06-12-13 Resumen El presente texto aborda la relación individuo-sociedad-estado desde la evolución del liberalismo como ideología. Su estructura argumentativa toma como articulación las nociones de apariencia, falacia, utopía y heterotopía. Los cuatro conceptos son asociados a los análisis críticos de cuatro referencias teóricas de extraña actualidad: Hannah Arendt, Karl Polanyi, Pierre Bourdieu y Michel Foucault. Las premisas y las conclusiones defendidas en este discurso tendrán sus fundamentos en algunas de las sistematizaciones más potentes del siglo XX: la Fenomenología, el Marxismo, la Sociología crítica y el Estructuralismo. Palabras-clave: apariencia; falacia; utopía; heterotopía; experiencia; subjetividad; liberalismo; globalización. 1 El presente texto es la transcripción de la conferencia «Las economías otras y la invención del Neoliberalismo», impartida en la Facultad de Economía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH), Morelia (México), con la participación de su Instituto de Investigaciones Económicas (IIE). 2 ([email protected]). Profesor del área de Filosofía Moral del Departamento de Filosofía de la Universidad de Zaragoza. Ha impartido docencia como profesor de Filosofía Política en España y en México. Es miembro del Círculo Latinoamericano de Fenomenología y profesor colaborador en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Michoacán. Autor del ensayo Realidad, arte y conocimiento. La deriva estética tras el pensamiento contemporáneo (Horsori, 2008), colaborador en la edición de La filosofía y la identidad europea (Pretextos, 2010) y coordinador del monográfico La sombra de lo invisible. Merleau-Ponty (1961-2011) (Eutelequia, 2011). (www.luisalvarezfalcon.com).
26 Luis Álvarez Falcón Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 16, nº 31. Primer semestre de 2014. Pp. 25-39. Abstract The present text approaches the relation between individual-society-state since the evolution of liberalism as an ideology. Its argumentative structure revolves around the notions of appearance, phallacy, utopia and heterotopia. These four concepts are related to the critical analysis of four currently relevant theoretical referents: Hannah Arendt, Karl Polanyi, Pierre Bourdieu and Michel Foucault. The premises and conclusions put forth in this study have their foundations in some of the most relevant systematisations of the 20th century: Phenomenology, Marxism, critical Sociology and Structuralism. Key-words: appearance; phallacy; utopia; heterotopia; experience; subjectivity; liberalism; globalisation. 1. Apariencia y política El tema de estas reflexiones es un lugar común. En el año 1967, la pensadora alemana Hannah Arendt escribió en las páginas del semanario norteamericano The New Yorker el ensayo titulado Verdad y política. Este análisis tenía su origen en la polémica que había suscitado su libro sobre Adolf Eichmann, Eichmann en Jerusalén: Un estudio sobre la banalidad del mal, publicado en 1961. La intelectual judía era la enviada especial de la revista estadounidense al proceso que se realizaba en Israel contra el responsable en las SS nazi del transporte de seres humanos a los campos de exterminio. Hoy, paradojas de la industria cultural, este clásico del pensamiento político se ha difundido en el mundo entero a través del filme3 dirigido por Margarethe von Trotta, cineasta alemana que se hizo conocida como actriz en filmes de Fassbinder, y que es protagonizado por Barbara Sukowa, quien ganó en Cannes, en 1986, por su interpretación de otra mujer fuerte, Rosa Luxemburgo. Arendt, en 1961, había escrito en su libro demasiadas verdades incómodas — principalmente, denunciaba el comportamiento de los consejos de gobierno judíos en los guetos durante el Holocausto— y tuvo que padecer fuertes ataques y críticas por ello. Esto le hizo incidir sobremanera en una antigua cuestión que también preocupó especialmente a su contemporáneo Leo Strauss: decir la verdad en la ciudad conlleva riesgos. De ahí que en su ensayo de 1967, Hannah Arendt incidiera en una serie de preguntas de difícil respuesta: Siempre se vio a la mentira como una herramienta necesaria y justificable no sólo para la actividad de los políticos y los demagogos sino también para la del hombre de Estado. ¿Por qué? ¿Qué significa esto para la naturaleza y la dignidad del campo político, por una parte, y para la naturaleza y la dignidad de la verdad 3 “Hannah Arendt”, Directora: Margarethe von Trotta, con la participación de Barbara Sukowa, Alemania, Francia, Luxemburgo 2012, 113 Min.
27 La economía otra y la invención del Neoliberalismo Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 16, nº 31. Primer semestre de 2014. Pp. 25-39. y de la veracidad, por otra? ¿Está en la esencia misma de la verdad ser impotente, y en la esencia misma del poder ser falaz? ¿Y qué clase de poder tiene la verdad, si es impotente en el campo público, que más que ninguna otra esfera de la vida humana garantiza la realidad de la existencia a un ser humano que nace y muere, es decir, a seres que se saben surgidos del no-ser y que al cabo de un breve lapso desaparecerán en él otra vez? Por último, ¿la verdad impotente no es tan desdeñable como el poder que no presta atención a la verdad?4. La cuestión fundamental que plantea el texto sigue cobrando actualidad en la evolución del las ideas políticas y de la teoría económica subsidiaria. Sin duda, cualquier principio trascendente a la mera existencia se puede poner en lugar de la justicia y en lugar de la verdad, y si ponemos la verdad en ese sitio -Fiat veritas, pereat mundus-, el antiguo adagio suena más razonable, indicará la autora. Si entendemos la acción política en términos de una categoría medios-fin, tal como nos recuerdan los continuos y actuales excursos sobre el pensamiento de Maquiavelo, llegaremos a la conclusión, sólo en apariencia paradójica, de que la mentira puede servir a fin de establecer o proteger las condiciones para la búsqueda de la verdad, y en ello reconoceremos la incuestionable preponderancia histórica de las tesis de Thomas Hobbes, cuya lógica incansable nunca fracasa cuando debe llevar sus argumentos hasta extremos en los que su carácter absurdo se vuelve obvio. Y las mentiras, que a menudo sustituyen a medios más violentos, bien pueden merecer la consideración de herramientas relativamente inocuas en el arsenal tanto de la acción política como de la acción económica. Veamos pues una breve consideración sobre este asunto en la evolución y las metamorfosis de una de las grandes invenciones de la humanidad: el liberalismo económico. El 9 de marzo de 1776, en pleno esplendor del siglo de las luces, apareció en Londres la célebre Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones. Su autor, el escocés Adam Smith, estaba destinado a pasar a la historia como el padre de una de las más pregnantes y absorbentes ideologías de la historia: el liberalismo económico. Casi un siglo antes, en 1689, Sir John Locke había publicado en Inglaterra sus famosos Dos tratados sobre el gobierno civil. En este contexto, y en pleno auge de una nueva clase emergente, la burguesía mercantil, la noción de “Libertad” servirá para alimentar una nueva mitología, que cobrará una especial relevancia cuando, en 1863, John Stuart Mill siente las bases de una nueva doctrina ética: el utilitarismo. Adam Smith, Jean-Baptiste Say y David Ricardo habrán dado inicio a la denominada “escuela económica clásica”, y la “Utilitarian Society”, el utilitarismo, propuesto originalmente por Jeremy Bentham, se convertirá en un credo que servirá de base al reclamo en favor de la libertad individual y del funcionamiento de la cooperación basada en la división del trabajo. El espíritu de la Ilustración y los sucesivos cambios en la concepción del hombre, de la moral y de la sociedad europea irán transformando las diferentes representaciones del mundo de 4 Hannah Arendt. Verdad y Política [en Entre el pasado y el futuro, ocho ejercicios sobre la reflexión política. Trad. de Ana Poljak. Barcelona, Península, 1996].
28 Luis Álvarez Falcón Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 16, nº 31. Primer semestre de 2014. Pp. 25-39. la vida. A ello habrá que añadir una honda transformación en todas las formaciones prácticas, incluyendo las ciencias objetivas, en tanto que hechos de cultura, así como la dimensión histórica de la revolución industrial. La necesidad de fundamentación y legitimación del estado burgués tendrá como ejemplo más notable la desesperada sistematización del idealismo alemán y la ansiada búsqueda de una solución racional al anquilosamiento feudal de los antiguos regímenes. La nueva estructura económica exigirá un gran andamiaje teórico que, en términos ideológicos, y para generar doctrina, se irá nutriendo de la invención del idealismo. Sin embargo, el gran avatar de la revolución industrial someterá a este nuevo credo a la presión desordenada de una sucesión de cambios y transformaciones, más rápidos si cabe que su propia capacidad de variación, adaptación y estabilidad. Las sucesivas transformaciones del devenir histórico harán que el motor propio de la historia humana esté alimentado por la novedad infinita e inasumible de una serie de “catástrofes”, que realimentarán sin cesar, de modo imprevisible, las operaciones humanas, convirtiendo la esencia del liberalismo en un versátil e incierto “transformista”, cuya efectividad residirá en su capacidad de travestirse y modificar permanentemente la representación del mundo vivido. Esta facultad de adaptar la realidad a sus representaciones, de acomodar las circunstancias a las concepciones, los hechos a los valores y, en definitiva, los procesos materiales a una serie infinita de causas, le otorgarán capacidad, virtud y competencia para modularse interminablemente. El nuevo capitalismo industrial del siglo XIX será un ejemplo paradigmático de la modulación del liberalismo en su afán de variación y supervivencia. El imparable motor de cambio de la revolución tecnológica exhibirá el potente mecanismo de absorción, trituración, gestión y digestión de esta nueva ideología que muy pronto acabará mostrando sus excesos, sus disritmias y sus residuos concomitantes, en gran parte anunciados ya por el imperialismo, el colonialismo y, posteriormente, por la amenaza del totalitarismo, tal como después corroborarán los diagnósticos del siglo XX, en boca de las principales corrientes críticas de la intelectualidad tras la Segunda Guerra Mundial (marxismo, fenomenología, teoría crítica, existencialismo, etc.). A partir de este momento, la teoría económica deberá imponerse una estricta vigilancia, como prevención a los posibles excesos de un sistema económico autorregulador y autoorganizativo, cuyo funcionamiento interno parece poder prescindir de su relación con el mundo efectivo, más allá de lo humano, configurando la realidad en una invención formal con aparentes caracteres utópicos. En el «Prólogo a la primera edición norteamericana» de Los orígenes del totalitarismo, Hannah Arendt, después de hacer un excurso sobre la pérdida de raíces que ha sobrevenido al mundo entero tras la colonización, el imperialismo y el totalitarismo, será firme al señalar: Jamás ha sido tan imprevisible nuestro futuro, jamás hemos dependido tanto de las fuerzas políticas, fuerzas que parecen pura insania y en las que no puede confiarse
29 La economía otra y la invención del Neoliberalismo Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 16, nº 31. Primer semestre de 2014. Pp. 25-39. si se atiene uno al sentido común y al propio interés. Es como si la Humanidad se hubiera dividido a sí misma entre quienes creen en la omnipotencia humana (los que piensan que todo es posible si uno sabe organizar las masas para lograr ese fin) y entre aquellos para los que la impotencia ha sido la experiencia más importante de sus vidas. Al nivel de la percepción histórica y del pensamiento político prevalece la opinión generalizada y mal definida de que la estructura esencial de todas las civilizaciones ha alcanzado su punto de ruptura. Aunque en algunos partes del mundo parezcan hallarse mejor preservados que en otras, en lugar alguno pueden proporcionar esa percepción y ese pensamiento una guía para las posibilidades del siglo o una respuesta adecuada a sus horrores5. En efecto, la pensadora alemana es certera al señalar esa primitiva partición de la Humanidad que resonaba ya, en plena Ilustración europea, en las viejas formulaciones del antiguo contractualismo. El modelo hobbesiano, el contrato liberal y el contrato social reverberarán perpetuamente en las diferentes aproximaciones teóricas del pensamiento político contemporáneo. Las hondas raíces ideológicas de las tres representaciones convergerán en una amalgama reticente y promiscua, que quedará modulada por los avances y retrocesos de la teoría económica y de sus insuficiencias políticas. Como radiación de fondo sonará el eco de los viejos vestigios de una reforma religiosa que ha impregnado, pese a la libertad de culto y creencias, el mundo de ayer, el mundo protestante (calvinista) del capitalismo tardío. Una vez más, Max Weber nos recordará que la virtud capitalista del sentido de los negocios y una forma de piedad intensa impregnan y regulan todos los actos de la vida6. La «angustia psicológica» provocada por el dogma de la doble predestinación estará en el origen de la incesante actividad empresarial de los devotos europeos y estadounidenses. Los fieles no sabrán si están en el grupo de los elegidos o de los reprobados, sufriendo crisis de angustia a las que los pastores se enfrentarán recomendándoles trabajar sin descanso. Del mismo modo, tal como nos señala Georg Jellinek en su Teoría General del Estado, la defensa calvinista del principio de libertad religiosa contribuirá decisivamente a la formación del constitucionalismo moderno. El propio Herbert Marcuse señalará la importancia de Calvino en la separación de sujeto y praxis que se produce en el protestantismo, como consecuencia de la escisión entre libertad interior y la sujeción externa a la autoridad. En consecuencia, toda una retórica de la secularización servirá de base ideológica a la concepción del mundo que se va desplegando a través de las evoluciones del liberalismo. No es de extrañar que, en 1922, Carl Schmitt, uno de los principales ideólogos del Movimiento Revolucionario Conservador de Alemania, acuñara su famosa sentencia: «Todos los conceptos pregnantes de la teoría moderna del Estado son conceptos teológicos secularizados». Esta «teología política», que reposa silenciosamente en los 5 Hannah Arendt. Los orígenes del totalitarismo, Madrid, Ed. Taurus, 2004, p. 9. 6 Max Weber, La ética protestante y el espíritu del capitalismo, México, Fondo de Cultura Económica, 2003.
30 Luis Álvarez Falcón Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 16, nº 31. Primer semestre de 2014. Pp. 25-39. estratos más profundos del pensamiento político y económico contemporáneos, ha de aportarnos luz a la comprensión de tres de las revoluciones que determinan las metamorfosis del liberalismo en el siglo XXI. Sus concreciones, a partir de las tres grandes religiones monoteístas, plantean un duro enfrentamiento entre la revolución protestante, el sionismo y el islamismo. Como si de una deriva continental se tratase, los movimientos de expansión del liberalismo, sus sucesivas crisis, avances y retrocesos, han ido alimentándose de un contexto histórico convertido en escenario de transformación continua, mutación, desviación y anamorfosis, deformación coherente. Su desenvolvimiento ha sido inversamente proporcional al desplazamiento de la tectónica de placas de Alfred Wegener. Hoy, podemos hablar de un nuevo Pangea que, tras la Segunda Guerra Mundial, el hundimiento de los bloques históricos y el nuevo surgimiento de un colonialismo global, tecnológico, político y económico, ha ido configurando la nueva versión del primus circumdedisti me, que Juan Sebastián Elcano pronunciara evocando al hombre que fue primero en “globalizar”, circundar, la esfera terrestre. La Ronda de Doha, aquella gran negociación emprendida para liberalizar el comercio mundial y cuyo objetivo apuntaba a completar un tema que había quedado pendiente de un gran ciclo anterior, la llamada Ronda de Uruguay, ahora se eternizará. Los flujos financieros circundan el globo a la velocidad de la luz, sin trabas ni tasas. Sus lugares de indeterminación, espacios formales por completar, y cuyos cumplimientos van a hacer variar las lógicas de la revolución del Neoliberalismo, serán también “cajas negras”, zonas sin legislación ni legitimidad, sin control, sin humanidad. El terrorismo internacional, el tráfico de capitales, la proliferación de núcleos de poder ajenos a la sociedad civil, agencias de valoración de riesgos, oscilaciones en la lógica financiera, guerras preventivas, etc., configurarán una fenomenología del movimiento de transformación de esta gran matriz. La libertad anunciada por John Locke y Adam Smith aparecerá, en algunos casos, como “Jauría”, y la teoría económica, la microeconomía y la macroeconomía, correrán a contrapelo ex abrupto de la velocidad de los acontecimientos, de las situaciones y de una novedad más rápida que el movimiento de reflexión sobre sus propios fundamentos. Podremos decir que, en este caso, adaptarse a las propias variaciones de su lógica, saturará la teoría, hipertrofiando sus recursos y limitándola al peligroso ejercicio de dar cuenta de los fenómenos y dejarse modificar en función de su inercia autónoma, libre y a la deriva. Los viejos conceptos se habrán convertido en Idolas, prejuicios o errores que los hombres cometen al interpretar la naturaleza y de los que cabe librarse si se desea lograr una comprensión de ésta más amplia, concisa y exacta. Tal como fueron definidos por Francis Bacon, en 1620, en el Novum Organum. Como si se tratara de un espejo que sólo pudiera reflejar fielmente el mundo cuando está perfectamente pulido, libre de manchas y rugosidades, así el sujeto sólo puede describir el mundo cuando su mente está limpia de cualquier interferencia. Estas “falsas nociones” generan una equivocada perspectiva de lo
31 La economía otra y la invención del Neoliberalismo Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 16, nº 31. Primer semestre de 2014. Pp. 25-39. existente, obstaculizando el conocimiento de las leyes naturales y lastrando nuestra visión definitiva de la realidad. Los ídolos bloquean, o alteran, el entendimiento de lo que sucede a nuestro alrededor. A los ídolos de la propia naturaleza de la mente humana, los ídolos de la cultura y el medio social, los ídolos en el lenguaje, y los ídolos productos de las doctrinas filosóficas, de sus dogmas y de sus falsas demostraciones, Max Scheller añadirá los Ídolos del Conocimiento Interno, aquellos que sostienen que toda percepción de uno mismo (no del conocimiento externo, como los anteriores) es acertada y exacta con la realidad, reflejando el ser humano tal como es en verdad. Esta «ideología» constituirá nuestra relación con los fenómenos y con la experiencia que tenemos de ellos. Ideología y Fenomenología mantendrán una relación dialéctica y extrañamente fecunda, en cuyos nexos la racionalidad sufrirá una gran transformación. En la mayoría de los casos, una regresión de los mecanismos de experiencia, como en el caso del arte7, tenderá a limitar la reflexión, y aquellos viejos conceptos de democracia, de justicia, o de igualdad, habrán perdido cualquier posible sustantividad, funcionando de forma virtual. La cuestión de fondo será la constatación de que tanto la política como la economía son procesos fenoménicos en marcha y que, por consiguiente, los niveles de experiencia son múltiples. El nivel de la economía, digamos comercial, se corresponde con el nivel de la experiencia del mundo vivido, mientras que el nivel de la economía financiera es un nivel puramente virtual, abstracto y formal. La difusión del Neoliberalismo correrá la misma suerte que la propagación de nuevos lugares de indeterminación. Su lógica será tan eficaz como la que genera el sentido común compartido y, sin embargo, sus ritmos no serán públicos, sino determinados por la privacidad. La oscuridad de la idea de globalización que conlleva el Neoliberalismo derivará del conflicto entre dos concepciones. Por una parte el supuesto de una globalización única, cuyo referente sería la Humanidad como Idea, a su vez, supuestamente dada y con claras contaminaciones metafísicas y teológicas, y, por otra parte, la realidad de una globalización plural que tiene lugar en el seno de categorías diferentes e involucradas entre sí: económicas, políticas, culturales, etc. La oscuridad de esta idea vendrá de que tal confluencia y confusión de concepciones se ha concretado en dos supuestos: primero la atribución a la economía, y en especial a las técnicas financieras, de ser la punta de lanza y el agente configurador del proceso. Y, en segundo lugar, la creencia de que este proceso de globalización, para ser tal, global, necesita contar previamente con cierta idea u horizonte de cumplimiento, lo que implica, a su vez, una cierta idea sustantivada de Humanidad. Ahora bien, no hay tal género humano dado. Tampoco hay una economía que no se involucre políticamente. La recurrencia del mercado no implica la pretensión de liberarse de la política como si fuese una traba. Economía y 7 Luis Álvarez Falcón. Realidad, arte y conocimiento. La deriva estética tras el pensamiento contemporáneo, Barcelona, Editorial Horsori, 2008.
32 Luis Álvarez Falcón Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 16, nº 31. Primer semestre de 2014. Pp. 25-39. política se involucran desde la Institución. Unas veces parece que es la política la que engloba a la economía, y otras la economía la que englute a la política. La razón está en que la política no es posible fuera del horizonte de la igualdad de singulares en tanto que sujetos agregados, y la economía no se entiende sino en el contexto de la igualdad de sujetos operatorios en tanto que sujetos segregados. Pero el carácter de sujeto agregado o segregado hace referencia a distintos niveles de experiencia. Tampoco la cultura puede asumir el papel unificador englobante, puesto que a menudo la globalización exacerba los círculos culturales en lugar de anularlos, como mecanismo de defensa y refugio frente a las disritmias entre diferentes niveles. En consecuencia, no hay una idea clara de globalización, sino algo mucho más modesto: la simple denominación de múltiples procedimientos que confluyen polémicamente. La capacidad de absorción, de englobamiento, de gestión y digestión del sistema económico liberal, se pone a prueba cuando sobrevienen sus disritmias. El mundo vivido se ve entonces desbordado, en su capacidad de absorción, por la proliferación indiscriminada de procesos formales poderosos con relación al marco de la universalidad humana. El malestar de esta globalización formal, propia del capitalismo contemporáneo, procede del desconcierto entre unos procesos formales avasalladores (no englobados) y una propuesta utópica de solución, mediante una alterglobalización, que casi siempre supone una modificación imposible de la globalización de base. En esta gran representación omniabarcante, todo puede funcionar o todo puede moverse a la deriva, dependiendo de una inercia que determina su estabilidad. 2. Falacia y economía En El Sustento del Hombre, publicado póstumamente en 1977, Karl Polanyi, el autor de La gran transformación, tratará de describir el problema del desplazamiento que la esfera de los fenómenos económicos ha sufrido dentro de las matrices de las relaciones sociales y culturales que han configurado las diferentes sociedades históricas. Bajo el título “La falacia económica”, Polanyi defenderá que el Neoliberalismo, el capitalismo, no ha liberado una tendencia natural al intercambio, sino que ha dado lugar a una sociedad históricamente exótica. De este modo, el autor será preciso en su diagnóstico: Casi nunca es pertinente resumir la ilusión general de una época en términos de error lógico; aunque, conceptualmente, la falacia económica, no puede describirse de otra manera. El error lógico fue algo común e inofensivo: un fenómeno específico se consideró idéntico a otro ya familiar. Es decir, el error estuvo en igualar la economía humana general con su forma de mercado (un error que puede haber sido facilitado por la ambigüedad básica del término económico, al que volveremos después). La falacia es evidente en sí misma: el aspecto físico
33 La economía otra y la invención del Neoliberalismo Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 16, nº 31. Primer semestre de 2014. Pp. 25-39. de las necesidades del hombre forma parte de la condición humana; ninguna sociedad puede existir si no posee algún tipo sustantivo de economía. Por otra parte, el mecanismo oferta-demanda-precio (al que popularmente se denomina mercado), es una institución relativamente moderna con una estructura específica, que no resulta fácil de establecer ni de mantener. Reducir la esfera del género económico, específicamente, a los fenómenos del mercado es borrar de la escena la mayor parte de la historia del hombre. Por otro lado, ampliar el concepto de mercado a todos los fenómenos económicos es atribuir artificialmente a todas las cuestiones económicas las características peculiares que acompañan al fenómeno del mercado. Inevitablemente, esto perjudica la claridad de ideas8. El término «falacia» hará referencia a un argumento que parece válido, pero no lo es. En la lógica tradicional, un argumento puede tener premisas verdaderas y conclusión verdadera, y aún así ser falaz. Polanyi definirá este “error lógico” como la identificación de los «fenómenos económicos» con los «fenómenos de mercado», adecuando violentamente esta concordancia con las necesidades prácticas del mundo de la vida. El mercado formador de precios manifestó su asombrosa capacidad para organizar a los seres humanos como si fueran simples cantidades de materias primas, y convertirlos en unidades industriales bajo las órdenes de particulares especialmente interesados en comprar y vender para obtener beneficios. La ficción mercantil transformó la esencia misma de la sociedad humana. La sociedad de mercado apareció como la gran invención del liberalismo económico: una economía otra en el lugar desplazado de una economía real. El idealismo sirvió de motor de transmisión, y la mentalidad mercantil, su concepción del universo, su Weltanschauung, terminará por contener la imagen abreviada de una cultura completa, la imagen del hombre y de una sociedad, transformada en economía de mercado. Jamás se concibió una ficción más efectiva en una sociedad. El mecanismo de mercado creó para ello el espejismo del determinismo económico como si fuera una ley general para toda la sociedad humana. Así como el hombre «económico» era el hombre «real», el sistema económico era «realmente» la sociedad. Apariencia y realidad funcionaban en el núcleo crítico de esta gran invención, cuya autorregulación parecía estar en su propia deriva inercial. Una determinada concepción de la racionalidad y una cosmovisión atomista parecían converger en un equilibrio pseudofilosófico. La indeterminación iba a reforzarse de una jerga filosófica ambigua y confusa. El racionalismo económico iba a caracterizarse por la limitación sistemática de la razón a las situaciones de escasez, y por su extensión sistemática a todos los fines y medios humanos, dando validez así a una cultura económica con el aspecto de una lógica irresistible. Polanyi caracterizará esta lógica con el término más radical y la filosofía social 8 Karl Polanyi. La falacia económica [en El Sustento del Hombre, publicado póstumamente con H.W. Pearson en 1977]. Harry W. Pearson, The Economy Has no Surplus: Critique of a Theory of Development [en Comercio y mercado en los imperios antiguos, editado por K. Polanyi, C. Arensberg, y H. Pearson, Labor, Glencoe, 111, Free Press and Falcon’s Wing Press, 1957].