La situación del francés en las enseñanzas medias y su incidencia en la universidad
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LA SITUACIÓN DEL FRANCÉS EN LAS ENSEÑANZAS MEDIAS Y SU INCIDENCIA EN LA UNIVERSIDAD INMACULADA ILLANES ORTEGA Universidad de Sevilla En un análisis de la actual situación del francés en la Universidad española, resulta ineludible la consideración del lugar que éste ocupa en los estudios inmediatamente anteriores, es decir, en las Enseñanzas Medias, ya que es ésta la que determina en gran medida las posibilidades de elección de los estudiantes que acceden a la Universidad. La Reforma de la Enseñanza Secundaria, promovida por la L.O.G.S.E., ha creado esperanzas, y a la vez decepciones, en quienes observamos con preocupación la progresiva desaparición de la lengua francesa de los programas y planes de estudio en nuestro país. Que el francés pierde terreno ante el inglés, e incluso ante otras lenguas comunitarias (alemán e italiano, principalmente), es un hecho evidente. Pero ¿hasta dónde alcanza esta preocupante disminución? ¿Cuál es la situación real actual del francés en los centros de Enseñanzas Medias y cuál es la repercusión inmediata de dicha situación en la Universidad? A estas preguntas hemos tratado de buscar respuesta, centrándonos, por razones obvias, en el territorio de Andalucía, comunidad que cuenta con amplias competencias en materia educativa y con una importante cifra de población estudiantil. Para ello hemos contado con la colaboración de la Consejería de Educación y Ciencia de la Junta de Andalucía, cuyo Gabinete de Estadística nos facilitó los datos imprescindibles para nuestro análisis. Son cifras y porcentajes sobre centros que imparten la asignatura de francés como primer idioma (los datos sobre la oferta de un segundo idioma no constan en sus archivos), así como sobre el número de alumnos que cursan dicha asignatura, relativos a las ocho provincias andaluzas y al curso 1991-921. Completamos esta información con otros datos, referidos en esta ocasión al curso 1990-91, publicados por el Instituto de Estadística de Andalucía2. Según esta última fuente, la población andaluza de derecho ascendía en 1991 a un total de 6.940.522 personas, lo que constituía, aproximadamente, un 17,8% de la población española en ese mismo año. Un 6,1% de dicha cifra (430.201 personas) cursaban entonces 1 Vid. Anexo: Documento nQ 1. 2 Vid. Anexo.
estudios medios y un 2,3% (165.773 personas) estaba matriculado en el conjunto de los cinco distritos universitarios de la Comunidad Autónoma, lo que supone que el porcentaje de estudiantes que inician estudios superiores es de, aproximadamente, un 38,5% de aquellos que han cursado estudios medios. Pese a que el número de alumnos matriculados en estos últimos creció ligeramente en el curso siguiente (aproximadamente un 3%), consideramos que esta tasa ha de mantenerse en unos niveles muy similares hasta hoy. Sin embargo, las cifras se reducen notablemente en lo que respecta a los alumnos que cursan estudios de francés en las distintas modalidades de enseñanza secundaria y, por supuesto, a aquellos que optan por continuar dichos estudios en la Universidad. En este sentido, el panorama andaluz es poco halagüeño: tan sólo un 62,8% de los centros de Enseñanzas Medias donde se cursa una asignatura de Idioma Moderno3 ofrecen a sus alumnos la posibilidad de escoger la opción «Francés» (519 de un total de 826 centros), con lo que el porcentaje de alumnos que cursan esta asignatura se reduce a un 10,7% (47.414 de los 443.315 estudiantes). Un índice ciertamente escaso, superado tan sólo por cuatro provincias: Almería (16%, pese a que todos los centros ofrecen el francés como primer idioma), Córdoba (21,1%, la tasa más alta), Granada (17,4%) y Jaén (13,3%). Como contrapartida, la tasa se reduce en las tres provincias con un mayor número de estudiantes: en Sevilla (que roza la media, con un 10,6% de sus más de 100.000 estudiantes) y, más alarmantemente, en Málaga (con un 4,3%) y Cádiz (con sólo un 3,9%). Señalemos, por último, que la oferta de francés en centros públicos supera la media general de cada provincia y que tan sólo en el caso de Almería el índice de alumnos es inferior al general en este tipo de centros. Las conclusiones que se extraen de esta marea de cifras son, sin duda, poco esperanzadoras: el inglés se impone progresiva e implacablemente como primera lengua extranjera y, pese a los esfuerzos de los profesores de francés (de los que la Consejería de Educación y Ciencia cuenta con una importante plantilla), la inclusión de un segundo idioma extranjero en los planes de estudio de la nueva Enseñanza Secundaria no garantiza en modo alguno el crecimiento, ni tan siquiera la estabilización, del número de alumnos matriculados en francés, al aparecer éste como opción dentro de una amplia oferta de materias de variada índole, en un intento de adaptar los nuevos programas tanto a las posibilidades ya existentes como a las nuevas necesidades de la sociedad actual. Así pues, la presencia y la importancia del francés en el conjunto de las Enseñanzas Medias se reducen de forma progresiva, y todo ello a pesar de la creciente integración europea, que aumenta la importancia del conocimiento de las lenguas extranjeras. Resulta inevitable, por tanto, que las consecuencias de esta situación lleguen a la Universidad, donde los estudios de lengua francesa están sufriendo ya cambios importantes. No se trata, sin embargo, de una drástica disminución del número de alumnos que cursan esta materia (paradójicamente, este número puede incluso aumentar, en algunos casos, en relación con cursos precedentes), sino de un cambio en las actitudes, las perspectivas y los niveles de formación de quienes acceden a estos estudios. 3 Quedan excluidos otros centros, como Academias de Peluquería o Centros de Capacitación Agraria, donde el Idioma Moderno no es obligatorio y se concibe, generalmente, como un Inglés instrumental.
En el caso de la Facultad de Filología de la Universidad de Sevilla (en el que me centraré por ser el centro en que trabajo y porque su importante número de alumnos lo convierte en significativo dentro del conjunto de centros de este tipo en la Comunidad Andaluza), la nueva situación se manifiesta en la desproporcionada diferencia existente entre la cifra de estudiantes que cursan las asignaturas de Lengua Francesa I y II, en primer y segundo curso, y aquellos que optan por continuar la Especialidad de Filología Francesa. Por supuesto, esta diferencia ha existido siempre, al aparecer el Idioma Moderno como asignatura obligatoria en el Primer Ciclo de cualquier especialidad de Filología, pero, en los últimos años, se viene haciendo progresivamente más acusada. Y es que, mientras el número de estudiantes de la Especialidad de francés se reduce lentamente (en función de la progresiva falta de perspectivas laborales), el número de inscritos en esta materia en los primeros cursos aumenta significativamente: durante el presente año académico 1991-92, el número de alumnos matriculados en Lengua Francesa I y II es de 775 (de ellos 548 la cursan como asignatura en Primer Curso y 127 en Segundo) y 424 (6 en Primero y 418 en Segundo), respectivamente. Teniendo en cuenta que la mayoría de quienes cursan la primera de estas asignaturas continúan al año siguiente con la segunda, el aumento en el número de inscritos es bastante significativo. Sin embargo, este crecimiento no repercute necesariamente de forma positiva en la situación de los estudios de francés en el centro. Por supuesto, resulta satisfactorio para el Departamento de Filología Francesa este mayor interés de los alumnos por la materia, pero el cambio cuantitativo viene también acompañado de un cambio cualitativo que obliga a reconsiderar en gran medida los planteamientos docentes. En primer lugar, como ya hemos señalado, este aumento en el número de alumnos no repercute de forma inmediata en los cursos de Especialidad. Y es que la Lengua Francesa, junto con la Inglesa, la Alemana y la Italiana, aparecen como asignaturas optativas en Primer Ciclo para las distintas Especialidades. De este modo, un estudiante puede cursar una o varias de estas lenguas durante los primeros cursos, especializándose posteriormente en una sola de ellas y abandonando las demás. En este caso, la opción ampliamente mayoritaria suele ser la Especialidad de Filología Inglesa, motivada no sólo por la actual situación internacional, sino también por la privilegiada situación de la lengua inglesa en los estudios medios, que condiciona tanto la formación previa del alumno en esta materia como las perspectivas laborales del futuro Licenciado en Filología. Todos estos elementos hacen que la situación de las clases de Lengua Francesa I y II haya variado sensiblemente en los últimos años. En primer lugar, el incremento en el número de alumnos provoca de forma inmediata el problema de la masificación en las aulas. El sistema de distribución de grupos vigente actualmente en la Universidad de Sevilla se revela particularmente inadecuado para este tipo de estudios, ya que la enseñanza y el aprendizaje de una lengua extranjera se convierten en tarea casi imposible cuando a un profesor le corresponde un grupo de 150 alumnos. A esto ha de unirse la distinta motivación de quienes escogen esta asignatura, ya que, tan sólo en un mínimo porcentaje la elección se debe a un deseo de estudiar y conocer a fondo la lengua y la cultura francesas. En la mayoría de los casos, ésta se debe tan sólo a la necesidad de incluir en el expediente particular una serie de asignaturas optativas que, por la naturaleza y las condiciones heredadas de la Facultad, suelen ser lenguas extranjeras. Así, el
francés se convierte en la segunda lengua extranjera por excelencia entre quienes desea cursar cualquier otra Especialidad, situación ésta bastante esperanzadora para garantizar la supervivencia de su estudio en la Universidad, pero cuyo valor positivo es necesario matizar. Y es que las necesidades y expectativas de los estudiantes'en relación con esta asignatura quedan sensiblemente modificadas por el hecho de no ser prioritaria para sus intereses en un futuro inmediato. En primer lugar, no hemos de olvidar que la gran mayoría de los alumnos de Lengua Francesa I son principiantes absolutos en esta materia. La escasa presencia e importancia del segundo idioma en los módulos optativos de las Enseñanzas Medias sirve para modificar muy escasamente las cifras que hemos considerado con anterioridad. Por todo ello, la concepción y organización de los programas de esta asignatura, y de su correspondiente en segundo año, han de variar sensiblemente con respecto a situaciones anteriores, que garantizaban un conocimiento previo de la lengua en todos los alumnos inscritos. La asignatura no puede, pues, ser concebida como un curso superior de lengua (como ocurre, de forma explícita, con el Curso Superior de Lengua Inglesa de primer año), pero no hemos de olvidar que su objetivo fundamental sigue siendo una formación que garantice la posibilidad de cursar la Especialidad de Filología Francesa. Además, aunque minoritario, existe aún un sector de estudiantes que cursaron regularmente estudios de francés durante sus estudios medios, junto con otro constituido por falsos principiantes (que cursaron estudios de francés de forma particular, en academias o en módulos optativos en secundaria) de nivel muy irregular. Con todo ello, las clases de Lengua Francesa I y II ofrecen una difícil situación, que se resume, fundamentalmente, en los siguientes puntos: — Masificación de los grupos, que impide un desarrollo eficaz del proceso de enseñanza/aprendizaje, particularmente en una materia como la lengua extranjera. — Amplia diversidad de niveles de conocimiento previo de la materia por parte de los estudiantes, aunque con una muy notable mayoría de principiantes absolutos. — Necesidad de alcanzar un alto grado de formación en la lengua francesa, que garantice las condiciones necesarias para acceder a las materias de la correspondiente especialidad filológica. — Diversidad de intereses, motivaciones y necesidades entre los estudiantes que cursan la asignatura, la mayoría de los cuales pretende abandonar el estudio del francés una vez superados estos cursos. El panorama se presenta ciertamente difícil y exige una profunda reflexión sobre los problemas en busca de soluciones realistas y eficaces. Por supuesto, la situación es claramente transitoria: con la actual tendencia a la desaparición del francés de los estudios medios, la existente minoría de alumnos no principiantes se reducirá hasta niveles poco significativos y la concepción de la Lengua Francesa I y II habrá de hacerse similar a la de las correspondientes asignaturas de italiano o alemán, que tampoco cuentan con una formación previa de los alumnos, sin que esto impida el desarrollo de los estudios de la correspondiente Especialidad. Pero, entretanto se alcanza esta situación definitiva, a la que habrá que añadir la entrada en vigor de los nuevos Planes de Estudio, se hace necesario responder de un modo eficaz y preciso a la actual coyuntura, tarea, por supuesto, nada fácil. Si partimos de la premisa de
que el objetivo fundamental es formar especialistas en Filología Francesa, queda descartada toda posibilidad de adaptar los contenidos y objetivos de los programas a los intereses sectoriales de los estudiantes, con virtiendo la asignatura en un francés instrumental, al servicio de quienes estudian otras materias filológicas. El obviar el tema de la motivación (que, sencillamente, se supone en quienes escogen libremente la asignatura dentro de una carrera de Filología) no elimina, sin embargo, la cuestión de la dificultad de alcanzar un adecuado nivel de formación cuando se trabaja con un número tan elevado de alumnos que presentan, además, acusadas diferencias de nivel en su formación previa. La respuesta ideal a este problema sería, sin duda, la redistribución de los alumnos por grupos de nivel más o menos uniforme y, por supuesto, la fragmentación en subgrupos con un número de estudiantes más adecuado para el trabajo que se pretende realizar. Pero esta evidente solución resulta, por lo demás, imposible en las actuales condiciones de la Universidad de Sevilla, debido al volumen de alumnos y a las limitaciones en lo que respecta al espacio físico y al número de profesores. Por tanto, se hace necesaria la búsqueda inmediata de otras soluciones, quizá menos satisfactorias, pero adaptadas a la situación real. En este sentido, funciona en la actualidad un sistema de tutorías por pequeños grupos, llevadas a cabo por los alumnos que cursan la asignatura de Metodología del Francés en quinto curso, lo que ofrece, además, a estos últimos la posibilidad de realizar ciertas prácticas en relación con su asignatura. A través de este sistema, los alumnos de primer y segundo curso disponen de un estudiante tutor, dedicado fundamentalmente a la observación didáctica y a la revisión y corrección de sus trabajos prácticos, pero que, eventualmente, puede actuar también como orientador o coordinador de su trabajo, siempre en estrecha colaboración con el profesor de la asignatura y bajo la supervisión de la profesora de Metodología. Este sistema está lejos de garantizar una eficacia absoluta, debido a razones diversas: la corta experiencia desde su implantación (tan sólo dos años), la desproporción entre el número de alumnos de lengua y el de metodología (asignatura optativa en la Especialidad), y los problemas de disponibilidad entre estos últimos. Con todo, supone un importante avance en la mejora de las condiciones de enseñanza/aprendizaje de la asignatura, con el que se declaran satisfechos tanto los alumnos como los tutores y profesores. La situación impone, por tanto, un sistema de trabajo que se acerca notablemente al de una enseñanza tutorada a distancia, en la que el trabajo de clase (tres horas teóricas y una práctica por semana) ha de ser necesariamente completado por una esforzada dedicación personal que supla las carencias de éste. Una situación sin duda difícil y compleja, pero que, lejos de resultar desalentadora para los responsables de la asignatura, ha de convertirse en un reto, cuya superación garantizará la adecuada continuidad de los estudios universitarios de francés y supondrá, además, una satisfacción personal mucho mayor para quien emprende este trabajo con ilusionada vocación docente.
ANEXO Documento ns 1: EL FRANCÉS EN LAS ENSEÑANZAS MEDIAS. CURSO 1991/92 Generales Globales Francés índice CE AL CE AL CE AL ANDALUCÍA: 826 443315 519 47414 62.8 10.7 ALMERÍA: 52 27675 47 4440 90.4 16.0 CÁDIZ: 132 74026 56 2875 42.4 3.9 CÓRDOBA: 84 43959 64 9274 76.2 21.1 GRANADA: 110 51047 74 8903 67.3 17.4 HUELVA: 58 28032 33 2488 56.9 8.9 JAÉN: 79 34686 56 4612 70.9 13.3 MÁLAGA: 122 73699 71 3153 58.2 4.3 SEVILLA: 189 110191 118 11669 62.4 10.6 Centros Públicos Globales Francés índice CE AL CE AL CE AL ANDALUCÍA: 579 350466 455 39754 78.6 11.3 ALMERÍA: 45 25515 43 3840 95.6 15.0 CÁDIZ: 87 58411 51 2507 58.6 4.3 CÓRDOBA: 53 33473 49 7094 92.5 21.2 GRANADA: 70 36395 58 7009 82.9 19.3 HUELVA: 46 24688 32 2295 69.6 9.3 JAÉN: 65 28388 53 4228 81.5 14.9 MÁLAGA: 81 56738 62 2716 76.5 4.8 SEVILLA: 132 86858 107 10065 81.1 11.6 CE=Centros AL=NAlumnos índice=Porcentaje francés Fuente: Gabinete de Estadística. Consejería de Educación y Ciencia. Junta de Andalucía.
Documento n9 2: ALUMNOS MATRICULADOS POR NIVELES EDUCATIVOS. CURSO 1990/91 B.U.P./C.O.U. F.P. REFORMA UNIVERSIDAD1 ANDALUCÍA: 252569 162243 15389 165773 ALMERÍA: 15452 10.039 1214 CÁDIZ: 39522 30114 2662 14315 CÓRDOBA: 25707 16195 1040 15079 GRANADA: 32974 15420 1560 54782 HUELVA: 14786 11114 746 JAÉN: 20722 11481 1776 MÁLAGA: 41766 26707 2702 24679 SEVILLA: 61640 41173 3689 56918 Documento n9 3: TASAS DE ESCOLARIZACIÓN EN ENSEÑANZAS MEDIAS. CURSO 1990/91 B.U.P./C.O.U. (14/17 años) F.P. (14/18 años) REFORMA ANDALUCÍA: 49.60 25.49 3.32 ALMERÍA: 46.46 24.26 3.98 CÁDIZ: 46.44 28.36 3.51 CÓRDOBA: 51.58 25.75 2.25 GRANADA: 56.74 20.98 3.21 HUELVA: 45.90 27.66 2.44 JAÉN: 46.72 20.68 4.35 MÁLAGA: 48.79 29.97 3.50 SEVILLA: 51.06 27.45 3.24 Fuente: Andalucía. Datos básicos (1991), Sevilla: Instituto de Estadística de Andalucía, Junta de Andalucía. La información se refiere a distritos universitarios.
