Los tapices de Goya
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BIBLIOTECA DE EL ARTE EN ESPAÑA. ‘ OCTAVO VOLUMEN. LOS TAPICES DE GOYA.
LOS TAPICES DE GOYA, D. G. CRUZADA VILLAAMIL, Secretario de la Comisión del Museo de Tapices del Escorial. MADRID. IMPRENTA Y ESTEREOTIPIA DE M. RIVADENEYRA, calle del Duque de Osuna, número 3. 1870
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1 . EL HALLAZGO. Voy á tratar de gran número de obras de un pintor que llena una página de la historia de las bellas artes españolas, y que ha sido estudiado, ya como hombre, ya como artista, por muchos escritores españoles y ex¬ tranjeros con más ó menos fortuna, pero siempre • con el cariño y simpatías que en todo amante del arte ha de inspirar forzosamente un genio que, cual un diamante entre vidrios, brilla solitario en época de deplorable de¬ cadencia. Muchas y muy curiosas son las noticias que de la vida y obras de D. Francisco de Goya y Lucien¬ tes se han publicado desde las primeras biografías da¬ das á luz á seguida de su muerte por los periódicos ilustrados y las actas de la Real Academia de Nobles Artes de San Fernando, hasta el curioso folleto impre¬ so en Zaragoza hace dos años; y difícil, si no imposi¬ ble, hubiera sido añadir algo nuevo á lo dicho sobre su vida, ó encontrar alguna obra más de tan estudiado y hoy tan apreciado artista, si un acontecimiento tal co¬ mo la Revolución de Setiembre de 1868, no hubiese sido causa de que pasáran á ser de dominio del pueblo Ls riquezas artísticas y bibliográficas que el desden ó
12 tica, ora en particular, con su influencia en el ánimode Carlos III, de quien era primer pintor de su Cáma¬ ra, espléndidamente remunerado y cariñosamente aten¬ dido. A las manos de su pintor encomendó el buen Rey la práctica de los deseos, que toda su vida le animaron, de aclimatar en España no solamente el culto de las bellas artes, sino también el planteamiento de indus¬ trias eminentemente artísticas. Sus aficiones particula¬ res, y mayormente las de su augusta esposa, fundaron en el Buen Retiro uña fábrica de porcelana como la que acababan de dejar instalada en Cappo di Monti, al partir de Nápoles; y hallando en Madrid planteada por sus mayores la fabricación de tapices, cobijáronla bajo su amparo, y, tan pronto como los recursos del Estado se vieron libres de sufragar los gastos de guerras impru¬ dentemente emprendidas, señalaron cuanto fue necesa¬ rio para la fabricación de tan artística industria, dán¬ dole mayor impulso y colocándola á grande altura. Así como sus hermanos Felipe V y Fernando VI habian puesto la dirección artística de las pinturas que habian de reproducir en tapices las fábricas de Madrid y Sevi¬ lla, al cuidado de Van Loo, Procacini y Howase, púsola Cárlos III al de Mengs, para que resultára con buen carácter artístico cuanto en ella se tejiera; é instaba de continuo á sus ministros y alta servidumbre de Palacio, á fin de que proporcionáran á aquella manufactura cuanto pudiera necesitar, tanto en útiles y materiales como en artistas que pintáran las obras que habian de ser reproducidas. Mengs, cuyo amor á las bellas artes y nobles'deseos por que en la córte de su protector prósperáran. y se encauzasen por el camino que, según
'3 SU leal saber y entender, era el más acertado, no per¬ donaba medio, ni se daba reposo, para atender á la mul¬ titud de encargos que le estaban confiados. Tenía que pintar y velar constantemente por la ejecución de los frescos de las bóvedas de Palacio; aprobar los dibujos fie la fábrica de porcelana del Retiro; juzgar los cua¬ dros que se presentaban al Rey para su compra; diri¬ gir la Academia de San Fernando en lo relativo á su enseñanza, y dotar de lienzos á la fábrica de Santa Bárbara, al mismo tiempo que pintaba frescos y cua¬ dros al óleo para los palacios de Madrid y demas sitios Reales. Y sin embargo de su buen deseo, á pesar de su buen juicio, y áu^ cuando nada de cuanto pedia se le negaba, Mengs.es el único responsable de que la fabri¬ cación de tapices, costando grandes sumas á la nación, no haya llegado á lograr siquiera un regular mérito ar¬ tístico. Creia Mengs, y creia mal, que por no haber buenos pintores en España en aquellos tiempos, no pofirian hacerse buenos tapices, y, partiendo de este error, encaminaba todos sus actos á conseguir que pintores á quienes no habia querido Dios dotar de genio para su arte, se perfeccionaran en él más y más, y llegaran á producir obras dignas de la reproducción. Si Mengs hubiese tenido mayor perspicacia y hubiera aplicado su juicioso criterio en esta ocasión,— como la aplicó para llegar á ser nada más que un pintor correcto sin poseer el dón de la pintura — habria comprendido que no á todos les ha sido dada su fuerza de voluntad y habria Visto que aquellos pintores que no valian para crear por sí mismos,' hubieran llegado con muy poco traba¬ jo á copiar muy bien á otros autores; y conociendo
esta verdad, y en vista de que como él mismo confesa¬ ba, la época no era para España de buenos artistas, de¬ bió de haber atendido á estas consideraciones, y hecho reproducir lós cuadros que el Rey poseia en sus alcáza¬ res, que él mismo tanto amaba y enaltecia á todas horas, y así la fabricación española rayarla tan alta como la que más, y competirla todavía en bondad artística con la de los mejores tiempos de Arras y Brusélas. Pero Mengs no vio esto, y la fábrica de Santa Bárbara tejió más de trescientos paños por ejemplares que, si algún mérito tienen hoy dia y alguno pueden alcanzar maña¬ na, será considerándolos únicamente bajo el aspecto puramente arqueológico, ya sea para estudiar las cos¬ tumbres ó ya los trajes de la época en que se pinta¬ ron. Un artista tan sólo vino á salvar en el terreno óel arte la ruina completa de esta industria, áun siguiéndo¬ la, sin embargo, en la misma pendiente por que el arte se despeñaba entre los telares fie Santa Bárbara. Era práctica consagrada ya por más de medio siglo, que los asuntos figurados en los tapices habian de ser de costumbres populares, de caza, pesca y análogos en¬ tretenimientos. El nuevo artista aceptó el tema, y más aún, si no hubiera existido lo habria impuesto, por¬ que hijo él del pueblo, indómito de carácter, desidioso por temperamento, soberbio y altivo, refractario á todo estudio que exigiera gran perseverancia y continuo tra¬ bajo, dotado de verdadero genio, y, por lo tanto, origi¬ nal y espontáneo, su paleta era popular y el clasicis¬ mo no lo entendió su espíritu. Este pintor fué D. Fran¬ cisco de Goya y Lucientes, que, desde Roma y Zara¬ goza, apareció en Madrid en el año de 1776 (núm. 2,
'5 pág. III), llamado por D. Antonio Rafael de Mengs para pintar tapices. Deseoso Mengs de escoger con acierto entre los muchos pintores que habia en la córte y fuera de ella aquellos más hábiles que pudieran surtir á la fábrica de ejemplares, elevó, en i8 de Julio de 1776, un informe al mayordomo mayor de S. M. acerca de la manera con que debian hacerse los originales de los tapices y manifestando qué pintores debian ser quienes los pinta¬ sen. No consta este documento en el Archivo de Pala¬ cio pero se sabe su existencia por otro, cual es el bor¬ rador de una carta que con fecha ii de Julio de 1776 dirigió á Mengs el Sr. D. Juan Francisco Ochoa, con¬ tador general de S. M. (num. 3, pág. iv). En ella, á pesar de tenef conocimiento del mencionado informe y sin dudar de él, le ruega con insistencia que secreta y particularmente, no de oficio, le diga y gradúe el ta¬ lento, aplicación, aptitud y disposición de cada uno de los cuatro pintores que en su informe proponia para la pintura de los ejemplares de los tapices. Estos pintores eran D. José del Castillo, D. Ramón Bayeu, D. Fran¬ cisco Goya y Manuel Napoli, los cuales, al decir del Sr. Ochoa, habian hecho ya repetidas instancias á fin de alcanzar que se les encargáran cuadros para la fᬠbrica de Santa Bárbara. En 13 del mismo mes y ano contesta Mengs á la pregunta del Contador general de S. M. (núm. 4, pág. v), condoliéndose de la esca¬ sez de pintores que hay en la córte, reiterando la ne¬ cesidad de tomar alguno para el Real servicio — si se han de hacer las obras que necesita la fabrica de tapi¬ ces, y dar el fomento que se debe á la pintura — opi-
.»6 nando también que debe haber pintores asalariados y vigilados para que no pinten más que para el Rey y no se dejen llevar de sí ^mismos desoyendo los consejos de los profesores, y acabando por proponer hasta me¬ didas de inspección para vigilar los trabajos, propias de la policía escolar y de las ideas económicas que en aquella época dominaban en España. En tercer lugar coloca Mengs á Goya entre los pintores que se deben tomar para el Real servicio, y le pospone al adocenado D. José del Castillo, de quien dice que merece nueve mil reales de sueldo al año, y pagarle las obras que haga por la mitad de su valor. De D. Ramón Bayeu opina que, por ahora, debe cobrar ocho mil reales, pintando bajo la dirección de su hermano D. Francis¬ co y por los borroncillos que éste haga; y de nuestro Goya dice secamente que merece ocho ?nil reales , por ahora. Al ménos Mengs comprende que Goya no ne¬ cesita mentor que le guie y aconseje, quizás por creerle incorregible, y deja suponer que más tarde ha de ser merecedor de mayor recompensa. Y en verdad que harto hacia Mengs transigiendo con el antiacadémico é indisciplinado modo de sér del nuevo artista. A sus expensas, y por espacio de algún tiempo, ejercitó Goya en Roma el arte de la pintura (núm. 2, pág. iii), como consta en un documento original de su puño y letra. De no ser así, difícil sería, en verdad, adivinarlo por la índole y carácter de sus obras, pues que de la antítesis que resulta entre ellas y el espíritu académico que dominaba en Roma en la época de nues¬ tro autor, se debe deducir que Roma no entró en Goya, aunque él haya vivido mucho tiempo en ella. Se ignora
'7 todavía cuándo fue y cuándo volvió de la Ciudad Eterna, pero sí se sabe que debió de ser ántes del año de 1775. Al decir de uno de sus más autorizados y modernos biógrafos \ se puede afirmar que en 1775 se hallaba ya de regreso y asiento en Madrid, puesto que en 6 de Setiembre escribía á su mejor amigo y constante protector, D. Martin Zapater y Clavería, lo siguien- : — ((Afe alegro que te diviertas y que visites á )> Francisco ( B ayeu ) . Ta quedo enterado de todo lo que yodices en cuanto á la obra ^ y será mejor que no se piense yernas; te doy gracias^ y no tengo tiempo para más que de- y^cirte que aquí tengo el San Cristóbal^ y que al reverso te yiharé la Dolorosa^ y manda á tu amigo de corazón . — «Francisco de Goya. » Aceptada la proposición de Mengs en lo relativo á la designación de los pintores, y nada más, muy pronto recibieron éstos la órden de comenzar á pintar los ori¬ ginales que debian entregar en Santa Bárbara, los cua¬ les les serian pagados con arreglo á la tasación pericial hecha por los pintores D. Manuel Salvador Maella y D- Francisco Bayeu. En la distribución de las obras tocó hacer á Goya primeramente las pinturas de los tapices que habían de cubrir las paredes del comedor y del dormitorio de los Sermos. Sres. Príncipes de Astu¬ rias en el Real Palacio del Pardo, y puestas manos á la obra, acabó en seguida, el 31 de Octubre de aquel año de 1776, su primer cuadro (núm. 5, pág. vi). * Don Francisco Zapater y Gómez, en su folleto Gova, Noticiat bhgráficat. Zaragoza, 1868.
En el cargo formado á D. Cornelio Vandergoten, director y maestro mayor de la fábrica de tapices de Santa Bárbara, por la mayordomía mayor de Palacio, en el año de 1780 (núm. 5, pag. vi), constan circuns¬ tanciadamente las fechas y pagos de todos los cuadros que hasta entonces obraban en la fábrica, y por él se aprende que el primer cuadro que pintó Goya lo en¬ tregó en ella el mencionado dia, y que se le pagaron por él siete mil reales, en virtud de Real órden del 21 de Diciembre del mismo año. Representa este cuadro La Merienda (véase el num. 1.” del catálogo) y con él inauguraba nuestro artista de una manera brillante sus trabajos, pues con verdad puede decirse que no habia entrado original en la fábrica de tapices de más verdad, de mejor colorido, de más arte por todos con¬ ceptos examinado, que este precioso lienzo, lleno de animación y de vida, brillante en el color, quizá algo tostado, á trozos, y no muy descuidado en el dibujo; condición que indica á todas luces, comparado con otros que posteriormente pintó, el deseo y propósito del artista de adquirir muy en breve la fama que habia venido á conquistar á la córte. En 3 de Marzo del año siguiente de 1777 firmaba D. Cornelio el recibo de otro cuadro, que podemos titular el Baile á orillas del rio Manzanares (cat., núm. 2), por el cual le pagaron ocho mil reales, prévia la tasación correspondiente. Compañero en un todo del anterior, indica, si no ma¬ yor progreso, por lo ménos más facilidad y soltura. Co¬ nocidos estos cuadros, es cOmo se comprende con cuán¬ ta razón decia Goya (según el Sr. Zapater) en Abril de este año 1777, ó sea inmediatamente después de pinta-
•9 do este segundo lienzo, que ya pintaba con más acepta¬ ción. A los pocos meses, en 12 de Agosto, entrega en Santa Bárbara cuatro lienzos, y se le manda abonar la cantidad de 17.000 reales.’ El primero de éstos es el que figura La riña en la Venta Nueva (cat., núm. 3), de grandes dimensiones, que sólo excede á los anterio¬ res en el tamaño, si bien domina grandemente en el grupo de los contendientes la rabia y la saña con que en él riñen caleseros y murcianos, y la crueldad y fie¬ reza que Goya, como nadie, ha sabido hacer expresar á sus figuras. Representa el otro Un paseo de Andalucía (cat., núm. 4). En un inventario (núm. 6, pág. xi) de Jas pinturas que de Goya había en la fábrica de Santa Bárbara en 17 de Enero del año 1782, se describe de esta manera : Níim. 4. Un pasco de Andalucíaque le forma una arboleda de pinospor la que va un hombre embozado con montera á la granadina y una espada ancha bajo el brazo; frente de ellos está uno sentado.^ con su sombrero blanco re¬ dondo., acechando á los dos. Algo más debiera decir para dar idea exacta de este curioso lienzo, que, áun cuando es muy débil de dibu¬ jo, tiene hermoso color é intencionada expresión. Un drama sangriento se anuncia en este cuadro. Una gra¬ ciosa maja., lujosa y elegantemente vestida, de rostro hermoso, aire de rumbo y desenvueltas maneras, dirige la palabra á un embozado, que viste el traje de Pepe Hillo y tiene bajo el brazo izquierdo la antigua y ancha espada española de taza y gabilanes. Las palabras de la maja no son lo que llaman su atención, ni en ella pien¬ sa, que otro diestro de su mismo arte y traje, embozado
20 hasta los ojos, que brillantes é iracundos chispean bajo el ancha ala de su.sombrero de picador]^ le amena¬ za y promete que ha de pedirle cuenta de sus galanteos con el filo de su espada. Lejos de ellos, dos amigos de uno de los amantes le guardan las espaldas, y una Ce¬ lestina espera el desenlace de la escena. Las espadas saltan de las vainas, la ira rebosa y todo conspira en el cuadro á un desenlace de tajos y reveses. Lástima grande que Goya no cuidára del dibujo y se olvidára tanto del natural y de la proporción y extremos de to¬ das las figuras, ya que tan feliz estuvo en la concep¬ ción, expresión y aparejo de la escena, que, á juzgar por la manera con que está pintada y descuidada, no debió de ocuparle mucho tiempo. El tercero y cuarto son lienzos pintados para tejer por ellos tapices para sobrepuertas : al uno puede titu¬ larse El Bebedor (caL, núm. 5), que, a la usanza cata¬ lana, empina una bota de vino; y al otro El Quitasol (cat., núm. 6), por estar con él un joven guareciendo á una señora. Ambos son de escasa importancia, pin¬ tados de memoria y con la ligereza acostumbrada por nuestro artista. Acaba de pintar en el resto del año 1777 otros cua¬ tro cuadros que entrega y le tasan en 26 de Enero del siguiente. Figuran los dos primeros dos juegos popula¬ res en que gente de redecilla y capa se entretiene. Es el uno La Cometa (cat., núm. 7), que echan á volar en el cerrillo del Rastro de Madrid, y es el otro Los Nai¬ pes (cat., núm. 8). Son las figuras de este lienzo de mitad del natural. Representa gentes de pueblo, que una tarde de verano
21 pasan el tiempo jugando y bebiendo á la orilla del rio Manzanares cobijados bajo sus árboles. Acompañaban á estos dos paños dos ejemplares para sobrepuertas, ambos representando diversiones de niños. La una es dos muchachos inflando una vejiga (catálogo, núm. 8), y la otra varios chiquillos cogiendo fruta (cat., num. 9). Cobra por estos cuatro cuadros, en 26 de iVlarzo de 1778, la suma de 15.000 reales vellón. Nada ha pintado Goya en esta su primera época con más amor y acierto que los niños, lo cual hace com¬ prender con cuánto cariño se expresaba en las cartas que por este tiempo escribia á su amigo Zapater, dán¬ dole cuenta de los hijos que tenía, de lo hermosos que eran y del dolor inmenso que le producía la enferme¬ dad que padeció uno de ellos. En los muchos lienzos que hizo reproduciendo sus juegos y travesuras para tapices de sobrepuertas, rebosan la gracia y la alegría de la infancia, expresadas con la verdad y complacen¬ cia que sólo es dado sentir á quien profese cariño, y grande, por los niños. Es fama que á nuestro Goya hallósele mil veces al rededor de su casa, en las már¬ genes del Manzanares, rodeado de chiquillos á quie¬ nes entretenía jugando con ellos ó dándoles cuartos y dun permitiéndoles que entrasen en su huerta á enre¬ dar y correr, con riesgo grande de sus queridos campicos. Cierta debe ser esta tradición, á juzgar por el par¬ ticular cuidado y la incomparable gracia con que los pintaba} que no es caso raro que hombres de genio fuerte y rudo trato (entre quienes no es aventurado con¬ tar á nuestro artista) sean muy amantes y cariñosos <^on los niños.
28 tálogo, núm. 14), llevada del brazo de aquél, de paseo por las afueras de Madrid; La Vendedora de acerolas (cat., num. 15), Unos Niños jugando á la soldadesca (cat., núm. 16), y otros jugando con un carretón (ca¬ tálogo, núm. 17). Estos dos lienzos, exclusivamente de niños, ambos entrepaños, son más bellos que los otros de la misma índole ya registrados, y hace brotar al ros¬ tro la sonrisa el ver con cuánta alegría y satisfacción in¬ fantil abraza el fusil aquel soldado de los ejércitos de Fe¬ derico el Grande. Parte de estos lienzos y otros pintados al mismo tiempo, logro Goya presentarlos al Rey ántes del dia 9 de Enero, según consta de la carta que lleno de jú¬ bilo escribió en dicha fecha á su amigo Zapater, di¬ ciendo : ((Si estuviera más despacio, te contaria lo que ))me honró el Rey, y el Príncipe, y la Princesa, que ))por la gracia de Dios me proporcionó el enseñarlas ))cuatro cuadros, y les besé las manos, que áun no ha- ))bia tenido tanta dicha jamas ; y te digo que no podia «desear más en cuanto á gustarles mis obras, según el «gusto que tuvieron de verlas, y las satisfacciones que «logré con el Rey, y mucho más con Sus Altezas. Y «después, con toda la grandeza, gracias á Dios, que yo «no merecia, ni mis obras, lo que logré. Pero, chico, ))campicos y buena vida, y nadie me sacará de esta opi- «nion; y más que ahora empiezo á tener enemigos ma- «yores y con mayor encono« *. Contento con tanto honor vuelve á sus pinceles, y en 20 de Julio acaba y ' Zapater, pág. 14.
2iJ entrega un gran cuadro y un entrepaño que se tasaron 15*000 reales. Figura el lienzo- un yuego de pelota (cat., nilm. 18) al largo, en las inmediaciones de la Ala¬ meda del Duque de Osuna, donde se divierten várias gentes de todas clases ante algunos curiosos especta- «Jores; lienzo que enseña cuán bien sabía conservar Goya las impresiones de un momento, y con cuánta verdad y carácter las trasladaba al lienzo con facilidad y prontitud inconcebibles. El entrepaño es El Columpio (cat., núm. 19), sencillamente formado por una cuerda sujeta á las ramas de un árbol que sostiene á una her¬ mosa joven que en él se balancea dulcemente. En este lienzo, como en otros muchos, influye sobremanera la imprimación roja que no pocas veces utiliza Goya, ya para adelantar en su trabajo, usándola como fondo, ya Como desdeñando llenar ciertos lugares, pero segura¬ mente sin pensar que hoy, pasados ochenta años, ha¬ blan de convertirse ciertas tintas ligeras y trasparentes en negras y sucias, por la pesadez del almagre de aque¬ lla malhadada imprimación. bi después de haber besado Goya la mano al Rey, ^uedó satisfecho tan sólo con el honor que,le habla dispensado y se retiró á su casa y sus pinceles, aho- i’a, al entregar estos cuadros, quiso alcanzar algo más flue halagüeñas frases. Con my'or derecho, indudable¬ mente, que otros muchos de sus compañeros en el 2rte a quienes veia gozar de grandes sueldos en Pala- y fiado quizás en la benevolencia con que fue reci¬ bido anteriormente, presentó á Cárlos III en 24 de Julio (cuatro dias después de haberle sido aprobados, tasados y admitidos estos dos cuadros) un memorial.
en el cual manifestaba sus pretensiones de ser nombra¬ do dé Cámara^ con el sueldo que S. M. fuera ser¬ vido designarle. Pasa en i8 de Agosto la instancia á in¬ forme del Contralor; pero escaso debia de ser el favor ó poca la insistencia de Goya en sus deseos, porque hasta el 6 de Octubre no se evacúa el informe (núms. 9 y 10, pág. xix). Lisonjero fué éste para -Goya, pues basado principalmente en el que en 1776 dio con el mismo objeto D. Antonio Rafael Mengs, se hace cons¬ tar en él que el suplicante sigue pintando con aprove¬ chamiento para la fábrica de tapices. Con mayores ala¬ banzas redacta el mayordomo mayor de S. M., Señor Duque de Losada, el oficio con que (núm. 11, pág. xx) envia al ministro D. Manuel de Roda la instancia de Goya; pero aunque reconoce que es un profesor aplicado^ de talento y espíritu^ que promete mayores progresos en su arte, opina por que puede esperar pintando tapices hasta que los progresos se realicen, pues por entonces no habia escasez de pintores de Cámara. Miéntras así se decidia su pretensión acababa nues¬ tro artista el resto de los ejemplares del dormitorio el 24 de Enero del siguiente año de 1780, cuyo importe ascendió á 22.000 reales. Eran aquéllos, cinco paños, dos tiras y cuatro sobrepuertas. El primer paño es el dé Las Lavanderas (cat., núm. 20), escena tomada de las márgenes del Manzanares, sitio favorito de Goya, único en verdad que Madrid tiene algo pintoresco, y re¬ trata cinco hermosas y robustas mujeres descansando cerca de unos tendederos de ropa que acaban de lavar; De las mismas dimensiones es el segundo paño, único de toda la colección en que quiso Goya tratar asuntos
II <le la lidia de toros, pues figura El Novillo (cat., nú¬ mero 2i), á quien unos jóvenes están poniendo un .parche, pintado con demasiada ligereza. El tercero de estos cuadros, que más que paño es una tira, pues mide el alto acostumbrado y 2 pies y 12 dedos de ancho, nó existe ó al ménos no se halló en los rollos (cat., núm. 22). La descripción dice que representaba Dos y ¿venes sentados^ el uno sacando una pelota de la boca de un perro^ y detras otros dos muchachos en conversación^ y á más distancia porción de árboles. Tampoco fue á Palacio el cuarto paño, de la misma altura y ancho del anterior, que debia representar Tres Hombres el uno bebiendo al caño de una fuentey á mas distancia alguna arboleda (cat., núm. 23). Existe afortunadamente y en muy buen estado de conservación, el que figura Los Guardas del tabaco (catálogo, núm. 24), sentados bajo un árbol á orillas del Manzanares, ricamente vestidos á lo jaque.^ armados de trabucos y pistolas, destacándose sobre un fondo ad¬ mirablemente-pintado, á la manera de los que Velazquez reproduce en sus retratos de caza. Hay también dos tiras más, sumamente estrechas, que pueden lla¬ marse la una El Niño del árbol y la otra El Niño del pᬠjaro (cat., núms. 25 y 26), hechas en breves momen¬ tos pero sobradamente buenas para el sitio que estaban destinadas á ocupar. Para concluir de dar cuenta detallada de los once ejemplares de este grupo, falta registrar las cuatro so¬ brepuertas restantes, que no todas se guardan hoy en Palacio, pues dos de ellas se ignora dónde están en es¬ tos momentos. Se conserj^an las que reproducen Los
3 * Leñadoras y La Cita (cat., núms. 27 y 29), y faltan las que figuran Un Cantador tocando la vihuela, y El Mé¬ dico sentado al brasero (cat., nums. 28 y 30). Las dos. primeras de importancia escasa y las dos últimas bas¬ tante más cuidadas, dejan, sin embargo, bastante que desear por la negligencia que demuestran y el descuido del dibujo que á todas ellas caracteriza. Algo más apris^, por lo general, pinta (joya estos veinte lienzos del dormitorio que los diez del comedor-, pero también hay entre ellos algunos que exceden con mucho á aquéllos. El que representa El Puesto de loza es la obra maestra de esta tanda de ejemplares que Goya acaba de pintar antes de cumplir los 34 años. Pedir á las obras que Qoya pinta en estos primeros tiempos corrección de dibujo, proporción en las figu¬ ras, y calma y detención en el estudio de los detalles, equivale á desconocer su carácter, su índole y su ma¬ nera de ser. Goya pinta para los tapices en esta prime¬ ra época, como quien escribe al dictado, sin levantar el pincel y sin cuidarse de lo que ha de salir salta por todo obstáculo que se le presenta, detiénese y acaba con amor aquello que le place, que siente, que ve clara y detalladamente en el natural. Le agrada una cabeza, un paño, un fondo, una figura entera y sale de su pa¬ leta acabada, completa, de un solo trazo, tal y como lo ve, sin tardar en trasladarla al lienzo más que el tiempo preciso que el pincel necesita para recorrerlo. Pocas horas tendría Goya el modelo delante de sus ojos para pintar estos cuadros, sobre todo en los últi¬ mos once lienzos que pinta después de ser desairado en su pretensión y teniendo conocimiento de los cuadros
33 <l'ie hacían los otros siete compañeros que lo mismo que él abastecían la fábrica de Santa Bárbara; pero, aun de esta manera pintados, no se hallará uno solo, por débil que sea, en que no haya alguna belleza gran¬ de que admirar, ora en el color, ora en la composición, y siempre en la expresión y la fuerza con que su inte¬ ligencia soberana sella cuanto sale de sus pinceles. Cooio D. Ramón de la Cruz, retrata, más aún, fotogra¬ fía las costumbres del bajo pueblo de Madrid; sus figu¬ ras se mueven; humea la sangre que se vierte en sus ^tnas; se siente la cansada respiración de los que bailan en sus giras y meriendas á orillas del Manzanares; se oye gritar y bullir y se ve el movimiento nunca inter¬ rumpido de sus niños; la verdad domina en todas par¬ tes, la expresión se acentúa siempre, la luz brilla in¬ tensa en Iqs claros, se desliza trasparente en los oscu¬ ros y produce una armonía de color tan grata y viva que atrae y encanta y nos obliga á contemplarla del mismo modo que admiramos una brillante puesta de sol. Desde que en 1776 se empezó con nuevo brío á pintar ejemplares para la fábrica de tapices, hasta el año 1780, en que concluyó Goya los lienzos acabados fíe registrar, habían entregado en Santa Bárbara los ocho pintores que la abastecían r/Vw/í? veinte y un lienzos (núm. 12, pág. xxi), que costaron al Rey 357.981 rs. Goya fué de los ocho, el que más ejemplares hizo, é •oútil parece consignar que fueron todos infinitamente superiores á los de sus compañeros, que eran el acadé¬ mico González, el adocenado Castillo, Nani el imi¬ tador de Vos y Schneiders, Ramón Bayeu hermano fíel pintor de Cámara Francisco, Gines de Aguirre,
34 D. Francisco de Salas y el viejo Barbaza. Con tan gran numero de originales, pintados en tan corto tiem¬ po, se halló la fábrica abastecida para algunos años de cartones que reproducir. Examinados en conjunto los asuntos de cada uno de los lienzos que Goya pintó par.i los dormitorios del. Rey, se nota completa falta de plan preconcebido; es decir que Goya, al saber que tenía que llenar las pare¬ des del cuarto destinado para' dormir los Príncipes, no tuvo presente otra cosa más que la medida de cada lien¬ zo; y sin cuidarse del objeto de la habitación, ni del destino del palacio (que desde el siglo xvi venía siendo el mejor cazadero de los Reyes de Castilla), ni de otra cosa más que de satisfacer su albedrío reproduciendo lo que más placiese á su gusto, pinta veinte lienzos cu¬ yos asuntos pueden dividirse en tres grupos, á saber : escenas de las ferias de Madrid, juegos populares y grupos de niños. La Prendería , El Puesto de loza , El Ciego cantando en la plaza de la Cebada y La Vende¬ dora r/r , son asuntos hijos de las impresiones que en él produjeron las ferias de aquellos años, así como El Juego de pelota^ El Columpio y El Novillo lo son también de sus paseos por los alrededores del rio, sitios los más amenos de las cercanías de Madrid, y á los que tuvo siempre gran cariño, hasta el punto de fi¬ jar su casq muy cerca de la orilla opuesta del Manza¬ nares. Otro pintor que no hubiese sido Goya habria, sin duda alguna dado el gusto académico clásicotrasnochado de entónces, imaginado mil alegorías de la noche, de la aurora, de Urano y de las mil divinidades paganas que presidian el curso de la noche desde la
35 caída de la tarde hasta la salida del sol. Otros pintores no clásicos hubieran ocupado sus pinceles en reprodu¬ cir escenas de caza, para dar carácter local á sus obras, •Pcro Goya, el pintor realista, indómito, enemigo de toda traba, libre como el aire, apasionado del color, eminentemente popular, observador de las costumbres, español hasta la médula de los huesos, conocedor y amante de los grandes pintores que en su misma patria le habían antecedido (mal apreciados ó desdeñados y por nadie seguidos en aquel entonces), pinta el pueblo tjne le rodea, con el que él mismo sex:onfunde, y, á semejanza 'de un contemporáneo suyo de su misma in¬ flóle, de su mismo género, como él observador y fiel fotógrafo de las costumbres populares, podria decir de Sus lienzos : «Los que han paseado en el dia de San Isidro su pra- >>dera; los que han visto el Rastro por la mañana, la í^plaza Mayor de Madrid la víspera de Navidad, el Pra- >'do antiguo por la noche, y han velado en las de San >'Juan y San Pedro; los que visitan por ociosidad, por Vicio ó por ceremonia.; en una palabra, cuantos >^han visto mis sainetes reducidos al corto espacio de «veinte y cinco minutos (después de rebajar empunto «de vista con la decoración, á veces nada á propósito, «y las actitudes tan mal estudiadas como, á veces, los «Versos), digan si son copias ó no de lo que ven sus «ojoá y de lo que oyen sus oidos, si los planes están ó «no arreglados al terrepo que pisan, y si los cuadros no «representan la historia de nuestro siglo» *. * Don Ramón de la Cruz, Prólogo de la edición de sus Obras,
^6 Léase tapices en vez de sainetes; entiéndase por los inconvenientes de la representación los defectos de las malas condiciones artísticas de la fábrica de Santa Bár¬ bara, por la brevedad de la duración de las escenas tó¬ mese la ligereza con que los cuadros están pintados y nada puede hallarse más exacto, más adecuado, más aplicable á los tapices de Goya que estas líneas de don Ramón de la Cruz, que con alma y vida habrá hecho suya6 el mismo D. Francisco. Como desde el reinado de Carlos III han sido más que muchas las mudanzas y trasformaciones hechas en el tapizado de los sitios Reales del Pardo y del Esco¬ rial, no hay que buscar ahora los tapices en el lugar para donde fueron hechos, y así es que se halla mayor número de tapices de Goya en el Escorial que en el Pardo. Ademas, habiéndose comenzado en tiempo de Felipe V y continuado posteriormente sin interrupción á cubrir las paredes del Palacio-cazadero con los tapi¬ ces que se compraban en Flándes, y que se hacian en Sevilla y Madrid, hubo naturalmente de hallarse ántes tapizado este palacio que aquel del monasterio. Así es que de los veinte ejemplares que Goya hizo' para el comedor y dormitorio, hay doce tapices en el Escorial, falta por completo el tapiz de los cuadros conocidos con nombre de El Perro y La Fuente^ y los otros ocho se conservan en el Pardo. Todos ellos están disemina¬ dos acá y allá, muchos incompletos, cubiertos en parte por las cenefas que los rodean ó doblados por arriba ó abajó, y, en general, tratados como todos los demas ta¬ pices colocados en el reinado de Fernando VII, que no parece sino que entonces estuvo encomendado este ser-
'7 vicio á guardas de campo ó mozos de las caballerizas, á juzgar por la manera inhumana con que están cortados, doblados, clavados y mutilados, pues llega á tal punto el poco tino que ha presidido á esta colocación, que no una, sino muchas veces, se ve, tanto en el Escorial como en el Pardo, llenar un hueco de pared con dos y aun tres pedazos de tapices distihtos, pero tan heterogé¬ neos que ni en asuntos, ni en autor, ni en tamaños de figuras guardan entre sí relación alguna. Estas y otras profanaciones cesarán muy en breve, si, como está dispuesto por el Gobierno de S. A., se llega á formar el Museo de Tapices en el palacio del monasterio del Es¬ corial. 3
44 de la guerra, tuvo que suprimir algunos gastos para aten¬ der á más importantes obligaciones, volvió á dar nuevo impulso á los talleres de Santa Bárbara en el año 1786. Con motivo de la muerte del director de ella D. Cornelio Vandergoten, acaecida en este mismo año, mo¬ vióse gran ruido por los oficiales de la fábrica, que pretendian que pasára ya á manos españolas; y como este deseo, y el fuerte clamor que levantaron, tocaba también á los pintores que hicieran las nuevas obras, siguieron los artistas de entónces los mismos pasos que los teje¬ dores de tapices, y todo fué solicitudes y pretensiones de unos y otros para trabajar en la fábrica. A fin de to¬ mar la decisión definitiva que fuese más conveniente, consulta el Conde de Floridablanca á los pintores que entónces lo eran de Cámara, Bayeu y Maella, á fin de que designen quiénes han de pintar nuevamente los ejemplares, con el carácter de pintores del Rey y 15.000 reales de sueldo al año. Ambos pintores evacúan su in¬ forme (núms. 33, 34, 35 y 36), y trabajan de manera, que son nombrados, en primer lugar Ramón Bayeu, por habilidades de su hermano D. Francisco que lo propone, y en segundo D. Francisco Goya,que es presentado por Maella, cumpliendo ambos ponentescon el encargo de proponer un pintor cada uno, que así pudieran hacer los originales de los tapices como cualquier otra cosa que se ocurriese en Palacio. Ex¬ pidiéronse estos nombramientos en Aranjuez, á 29 de Junio de 1786; cuya historia y efecto producido á Goya, conviene saber de su misma pluma, ya que nos es conocida por los documentos oficiales y algunos particulares de Francisco Bayeu. Hé aquí cómo da
45 cuenta de ello, en su carta de 7 de Julio, á su mejor amigo: «Martin mió: ya soy pintor del Rey con 15.000 «reales. Aunque no tengo tiempo te insinuaré como el «Rey enbió orden á Bayeu y Maella que buscasen dos «pintores lo mejor que se encontrase para Pintar los «exemplares de tapices y lo que ocurriera en Palacio á «fresco ó al olio. Bayeu puso á su hermano y Maella á «rni. Subió esta consulta al Rey y estubo echa la gra- «cia y yo sin saber nada, que me cogió sin saber lo que «nie sucedia, he dado gracias al Rey y Príncipe y á los «demas Jefes, y á Bayeu que dice que el fue causa de «que Maella me propusiera á mi, y Maella por ser «yo de su parte propuesto, y á Dios que ya te escribi- «re. Tuyo y retuyo.» Es aún más explícito, y da mas curiosos detalles soel particular, en otra carta que, merced al amor por su buena memoria, publicó el Sr. Zapater en su folleto, siempre interesante. «Querido Martin : Como hiba diciendo en mis ante- «riores boy á ber si me dejan satisfacer mi gusto en es- «crivirte largo, ya que estoy cojo de una caida que tu- «Vimos en el birlocho que ya estaba medio ajustado en «90 doblones que es cierto que es alaja (no ay sino tres «en Madrid como el) es á la inglesa y echo allá, tan li- «gero que no se encontrará mas qúe el, con un errage «escelente dorado y charolado, baya; aun aquí se para «la gente á verlo. Salimos á probarlo con caballo, que «también compraba, muy bueno, ya de diez años pero . «con todas las circunstancias de bueno para el fin, hi- «fiamos su dueño y yo tan grandemente, bellismo mo-
46 ))b¡m¡ento y en nada parece que cabia mejora, fuera ya ))de Madrid empezamos á correr grandemente llebaba ))yo los cordones y me dijo quiere Vmd. que le aga yo ))rebolber á la napolitana (que el lo era) le di los cor- ))dones deseoso de ver alguna cosa nueva y aprenderla ))y corriendo á galope como hiba en lo ancho del cami- ))no que aunque era ancho no era para imaginar lo ))que el executó, con que la buelta fue que fuimos á ))parar birlocho, cavallo y nosotros, dando bolteretas y «muchas gracias á Dios de lo poco que fue que el peor «librado fui yo y no es mas que estar desde el dia de «San Tiago que sucedió asta oy que espero á mi ciru- «jano de Cámara aber si me da licencia de andar algo «que por el tubillo la pierna drecha es la ofendida pero «no hay rotura ni dislocación. Me habia yo establecido «un modo de vida envidiable, ya no hacia antesala nin- «guna, el queria algo mió me buscaba, yo me haciade- «sear mas y sino era personage muy elevado ó con em- «peño de algún amigo mió no trabajaba nada para na- «die, y por lo mismo que yo me acia tan preciso no me «dejaban (ni aun me dejan) que no se como he de cum- «plir, estando asi tan inpensado como puedes tu estar «de lo mas remoto. Sabia yo que habia pretendientes «por el ramo de tapices y no me interesaba mas que ale- y)grarme de que algunos profesores de los de mas meri- «to tuviesen su acpmodo. Hun dia me henvió á llamar «Bayeu (que no corriamos mucho) lo que me causó «mucha estrañeza, me empezó á decir que el servicio «del Rey sienpre era apetecible y que el abia empezado «con doce mil reales y que estos los cobraba por mano «de Mengs y solo por ayudante suyo, y que aora tenia
47 »yo mejor proporción para entrar á servir al Rey con Ramón y que ya estábamos consultados porque á el y Adaella les abia bajado una orden del Rey que se ))buscasen los mejores pintores que hubiera en españa í^y que propusiesen uno cada uno y que el abia pro- ))puesto á su hermano y que abia echo de modo que «Maella me propusiera á mi para pintar los exemplares Wpara la fabrica de tapices y cualquiera otra clase de ^>obra para el Real servicio, con quince mil reales anua- »les. Yo le di las gracias y me quedé sin saber lo que ^^nie sucedía : de alli á dos dias ya tubimos el aviso de ^)que el rey ya lo habla decretado en los mismos termi- Wnos que se á dicho, de modo que cuando yo lo supe '^ya estaba decretado y abisado á Tesorería general fui- 'Htios á besar la mano al Rey, Príncipe, Infantes, etc., catame aqui sin saber como echo todo el fregado. 5 ^Con lo que yo tenia supongo poco mas de 28.000 rea- )des que no quiero mas gracias á Dios lo que te ofrez- ^\co con las veras que sabes : no tienes que decir que )^no estoy ablador. Daras memorias á D. Juan Martin esta adjunta az que la reciba mi hermano. Tuyo y «siempre tuyo, Francisco de Goya. Madrid i de Agosto de 1786.)) Quince son los lienzos de que hay memoria y testi¬ fican documentos que pintára Goya para la fábrica esta Segunda y última vez que á tal faena artística se dedipero como ya no eran precisos, ni la tasación de los pintores de Cámara, ni el recibo de los Directores de fábrica para que se expidiese el oportuno librarniento y cobrára el artista el importe de su obra, ce¬ san todas estas formalidades, y no hay más datos que
48 den fe de la existencia de los cuadros pintados por Co¬ ya que las cuentasque cada año rendia la fábrica, declarando los tapices que en él habia tejido ó áun te¬ nía en telar, y manifestando de qué autor era y qué representaba cada ejemplar. Con esta autoridad y la que arrojan otros datos, tales como hallarse algunos incluidos en el inventario del oficio de la tapicería ve¬ rificado en 1789 á la muerte de Cárlos III, puede fᬠcilmente señalarse fecha á cada uno de estos quince lienzos. Es, pues, el primero el llamado La Florera (ca¬ tálogo, núm. 31), y hay en él algo de lo mismo de que adolecen las aguas fuertes de Los Caprichos^ y es, que encierra un doble sentido que no es fácil comprender careciendo de datos que lo expliquen. Detras del grupo que forman las dos mujeres que ofrecen flores á un ni¬ ño, aparece de frenle un hombre, que con sonrisa pi¬ caresca señala un gazapito que tiene cogido con una mano por las patas y que lo levanta para que se ente¬ re bien el espectador del objeto de su maliciosa ale¬ gría. Puede decirse, en verdad, que Goya pintaba al día para la fábrica, es decir, que cada vez que recordaba su obligación de pintar ejemplares, miraba á su alrededor, y copiaba aquello que entonces más le impresionaba, lo que era más común y corriente, lo más general., el tiempo. Comienza en Junio de 86, muy contento con su nuevo cargo, y es un asunto tomado de la estación lo primero que pinta; Una Florera^ de las que hallarla en calles y paseos, vendiendo claveles. Acaba muy pronto el lienzo, y como la estación ha adelantado y ya no halla flores en los campos y solo ve en sus con-
49 tinuos y frecuentes paseos, en el famoso birlocho^ por los pueblos cercanos á la córte, las faenas propias de la re¬ colección de la mies, impresiónase ante su vista, vuel¬ ve á su casa y estudio de la Carrera de San Jerónimo (piso segundo de la casa del Marqués de Montellano, hoy llamada de Liñan, frente á la del Marqués de Sanfiago), recuerda los campos, las gavillas en las eras, los segadores en los trigos con sus hoces, los muchachos y las mujeres en las trillas, y ya tiene el asunto para su cuadro, y pinta el precioso lienzo que titula El Agos¬ to (cat., num. 32), el más grande de cuantos tejió la fábrica, y el de más bellos trozos de todos sus car¬ bones. Aquellos borrachos segadores parecen arranca¬ dos del cuadro de Baco, de Velasquez; los niños, <lue ora lloran, ora juegan encima de las montañas paja y gavillas, son tan finos de color como publiera pintarlos el mismo Van-Dick, y otros tan acen¬ tuados y expresivos como el lloroso Ganimédes de Rembrant. Pero el artista se hastia de llenar tanto lien¬ to, la fábrica apremia y el deber obliga á entregar la cbra. La mano se cansa, el ánimo se fatiga, la volun¬ tad se acaba, cúbrese el lienzo de cualquiera manera con dos caballos pintados de memoria y otros acci¬ dentes que ni áun siquiera han sido pensados. Cuando acaba este cuadro ha pasado el estío, los campos no presentan ya aquel aspecto abrasador, los rastrojos es¬ tán solitarios, las eras limpias, el grano en las cámaras; la estación ofrece otra vida más animada y alegre en las viñas donde trabajan hombres y mujeres, afanados en recoger la uva. Ve Goya estas faenas y ya tiene asunto para el cuadro que ha de pintar, y empieza el
5 ° de La Vendimia (cat., núm. 33), que trata en menor escala que El Agosto^ j en más reducido episodio. Una señora y un joven sentados sobre un ribazo cerca de una viña, toman á una vendimiadora, que á ellos se aproxima con una cesta de uvas tintas en la cabeza, varios racimos que ofrecen y hacen desear y pedir, po¬ niéndose sobre las puntas de los piés para alcanzarlos, á un niño que el espectador ve de espaldas, j Qué de¬ licadeza de color, qué gracia en las figuras, qué bellí¬ sima composición la de este lienzo ! Pintada esta alegoría del mes de las vides, continúa sus paseos y presencia una tarde una de esas escenas que vivamente impresionan y llenan de aflicción. Un pobre albañil cae del andamio donde estaba trabajando, y queda, del golpe, malamente herido, medio muerto. Cógenle dos de sus compañeros y le llevan al hospi¬ tal. Vuelve Goya á su casa, busca entre los lienzos que le tiene preparados Gómez, el más adecuado para re¬ presentar la triste escena de que ha sido testigo y sale de su paleta con la misma verdad que poco ántes se presentó á sus ojos el grupo de los tres albañiles, El Herido (cat., núm. 34) y sus caritativos compañeros. Dominan á Goya por estos momentos tristes impre¬ siones, y ocupa sus pinceles en representar otra escena de Los Pobres (cat., núm. 35), en que una mujer, ate¬ rida de frió, acompañada de dos hijos, espera junto á '' que se llenen de agua dos cantarillas. DO es frió, el campo ya no ofrece atractivos, :á cubierto de nubes, la nieve cae en gruesos alfombran la tierra de purísimo blanco, na- i por los caminos más que aquellos á quienes
la necesidad ó su oficio obliga a andar por ellos. Mira Goya la blanca sábana que cubre el horizonte, quiere trasladarla al lienzo, é idea unos arrieros pasando el puerto, ateridos de frió por la nieve y el viento, que Van conduciendo con su recua cualquier cosa, cerdos y despojos de una matanza, que viene á Madrid al Ulereado ó de regalo desde la clásica tierra de los famo¬ sos embutidos, y con esto hace el cuadro La Nevada (cat., núm. 36), tan frió como la misma nieve, tan duro como el mismo hielo, pintado tiritando, desapacible, an¬ tipático, aterido. Y es natural: Goya, como todo ma¬ drileño de su época, no tendría en la mejor disposición confortable su cuarto segundo de la Carrera de San Je¬ rónimo, en la acera del Norte precisamente; y ademas y no insistiendo en tan trivial apreciación, la verdad es Goya nos enseña que sudando pinta las escenas de Verano y aterido de frió las de invierno. Yo he con¬ templado unos y otros cuadros en sus respectivas estaciones y he creído firmemente que su influencia aumentaba el efecto que en mí producía el sol ó la nieve. Desde el año de 1787 hasta la muerte dcl rey don Dárlos III pinta una serie de cuadros de un estilo espe¬ cial, que forman grupo aparte en la colección de los ejemplares. Nótase en los cinco lienzos á que nos refe¬ rimos, que son tres paños y dos sobrepuertas, una bri¬ llantez de tintas y un color vivo y caliente que recuer¬ da mucho la entonación y vigor propios de la escuela flamenca, pues ofrecen un conjunto en que dominan los rojos y carmines hábilmente entonados, de distinta ma¬ nera de la que generalmente usó para tapices y mucho
52 más concluidos, estudiados y cuidados de lo que tenía de costumbre. No hallo lienzo de más gracia en toda la colección, ni hecho con más amor y detención, que La Boda del lugar (cat., núm. 37). De este cuadro se desprende toda una novela. Es el caso que un ricacho de aldea, joven casi idiota, casa con la más hermosa moza del lugar, fresca y avisada aldeana que despierta y atiza la envidia de las demas mozas, no por su novio, sino por las galas y moños con que el rico marido la adorna para la boda. Los mozos del pueblo ven, con despecho los más y con alegre esperanza los aviesos, la estupidez del novio que tan hermosa muchacha les lleva. Los suegros, buenos viejos que conocieron la batalla de Almansa, gozan venturosos con el enlace de sus hijos j uno por la buena moza que su hijo toma por mujer, otro por haber asegurado el porvenir de su hija con la fortuna de su yerno; y hasta el cura se regocija y ale¬ gra porque jamas ha echado, ni piensa echar en su vida de párroco, bendiciones más caras. Los muchachos del lugar gritan y saltan al son de la música, no rnuy rui¬ dosa del tamborilero del pueblo, que sopla y golpea sin cesar todo el dia de la boda, sin más descanso que el preciso para beber todo cuanto quiera, que es todo lo que puede, y áun algo más. Todo esto se ve pin¬ tado con la misma vida que verse puede en la realidad, desplegando en la ejecución cuantas galas tiene el arte, y la magia del color, que es dable obtener al más inspi¬ rado artista. Con intención bastante más picaresca pinto Las Mo¬ zas de cántaro (cat., núm. 38), que son dos hermosas
53 ■ niuchachas-á quienes persigue una Celestina, y á las ■ que representa en los instantes en que la trotaconventos prepara el sitio para dar el ataque á la virtud de aque¬ llas mozas, que tan hermosas é inocentes como airosas y garridas, llevan cada una con gran desembarazo y equilibrio dos cántaros de barro, uno á la cabeza y otro á la cadera, sin quebrarse ni caerse; pero que muy fácilmente pueden hacerse pedazos, tan solo con que Se acuerden de alguna de las promesas de la vieja, ó que, alucinadas por sus palabras, la presten oidos y ■ den el primer paso en el porvenir de color de rosa que las promete y asegura. De cuantas sobrepuertas se han tejido en Santa Bár¬ bara ninguna es más bella que la que llama él mismo Las Gigantillas (cat., núm. 39), tanto por el gozo que admirablemente se expresa en el rostro del niño que está montado sobre las espaldas de otro, como por la capri¬ chosa combinación de las líneas que forman este grupo y la gracia y amor con que está dibujado, pensado y compuesto. Menos gracioso, pero bello también, es el sobrebalcon de Los Niños del balancín (cat., núm. 40), que, para verse contra luz y á tanta altura está sobra¬ damente estudiado y acabado. El paño de grandes dimensiones que debió ser hecho para hacer pareja con el de La Nevada es el que se conoce con el nombre de Los Zancos (cat., núm. 41), único asunto que Goya tomó de las costumbres popu¬ lares de Aragón, pues él mismo confiesa en la relación que de él hizo al entregarle en la fábrica, que era una Jiesta á estilo de Aragón. Piérdese ya en este lienzo bas¬ tante el estilo que á los anteriores distingue, pero áun 4
6o mon Bayeu, que logró aumento de sueldo y exención, de pintar pará la fábrica. Estas y otras cosas de que en el acto vamos á dar cuenta, es natural que produjeran su efecto en el áni¬ mo de nuestro artista, muy predispuesto por su carác¬ ter, á la ira ó el desaliento. Creyéndose vejado en esta ocasión al comparar su mérito y posición con los de sus cuñados, y confiando en el favor del Rey, y por otra, parte hastiado ya de tanto pintar para la fábrica, y nomuy satisfecho en verdad, del éxito de las reproduccio¬ nes de sus cuadros, formó el propósito de no pintar más para Santa Bárbara. Testimonio da de esta su deter¬ minación el memorial que al Rey dirige (núm. 38, pᬠgina xLiii) D. Livinio Stuik y Vandergoten queján¬ dose de que á pesar de hacer algún tiempo que Goya tiene en su poder las medidas de los lienzos de las pie¬ zas que en el Real Palacio de San Lorenzo habia de pintar, se niega á hacerlo diciendo que ni pinta ni quiert pintar para la fábrica^ porque ya es pintor de Cámara. La misma correspondencia de Goya viene á corroborar este propósito, que ademas satisfizo con su ausencia de Ma¬ drid durante el verano de 1790 (num. 37, pág. xLii) que pasó en Valencia, para, que tomára los baños de mar su esposa doña Josefa, y donde fué toda su ocu¬ pación cazar en la Albufera. Si bien es cierto que por esta vez no produjo conse¬ cuencias graves para Goya su obstinada negativa, alga hubo de haber, sin embargo, como se deduce de las cartas que dirige á su hermano Bayeu (núm. 18, pági¬ na xxiii) y al arquitecto Sabatini (núm. 17, pág. xxiii), pues en ésta, refiriéndose á un papel que no se conserva
ministro Sr. Conde de Lerena—que sería alguna amonestación motivada por el memorial de Vandergoten ofrece pintar y pide las medidas de los huecos de pared del despacho del Rey en el Escorial i lo mismo que corrobora con ira comprimida y mal encubierta paciencia en la carta á su cuñado Francisco, en la que 6 ga hasta darle gracias por haberle avisado de lo que Palacio se dijera sobre su proposito y negativa al Di¬ rector de la fábrica. Así pues, con el viaje á Valencia, con la ocupa¬ ción de hacer el inventario y tasación de los cuadros el Palacio (núm. 19, pág. xxiv) y con las obras que para particulares pintaba, pasa Goya todo el tiempo hasta mediados del 179^5 sin ocuparse para nada de la ábrica de Santa Bárbara, hasta que, más por fuerza 9ne.de grado, tiene que empuñar la paleta y prepararse para la última etapa de su campaña de pintor de Santa Bárbara. Desde Abril á Octubre de 1791 pinta los dos lienzos y las dos sobrepuertas que habian de ser sus últimas obras para la fábrica, pues en Octubre del mismo año pasa á Zaragoza en uso de licencia (núm. 39, pági¬ na XLiv), y no vuelve á la córte hasta el siguiente año de 1792, que tan aciago habia de ser para su salud. El juego de La Gallina ciega (cat., núm. 44), cuadro que se conoce en la fábrica por el nombre de el del cucharon^ os un modelo de gracia y naturalidad; aquellas jóvenes se n^itan y mueven con tal soltura y elegancia, lucen con Sus cortos y estrechos trajes las dulzuras de la forma, 9ne no parece pintado lo que se ve, sino que llega á tal grado la ilusión, que se cree estar junto á ellas, oirlas
6z gritar y reir y sentir el alboroto de su alegría. No menos esbeltas pero sí más bastas y fornidas, son las garridas mozas que juguetonas y alborotadas mantean El Pelele (cat., núm. 42), que es el asunto represen¬ tado en el lienzo compañero, de igual índole, pintado también con una sobriedad y sencillez que encanta, con el color delicado, fino, trasparente y jugoso tan espe¬ cial de Goya. •Los Niños del árbol (cat., núm. 43) son una sobre¬ puerta, variante de la que pintó para el dormitorio del Pardo, pero de diverso género y estilo, pues parecen robados de Murillo algunos de aquellos pilluelos an¬ drajosos y tostados del sol. No menos bella, y de más brillante color, es otra sobrepuerta cuyo original po¬ see'por herencia el Sr. D. Livinio Stuik, y represen¬ ta Un Niño montado en un cordero (cat., núm. 45). In¬ dudablemente no son de Goya ni Los Perros en trailla ni El Calador y los dos perros^ entrepaño éste y sobre¬ puerta aquélla, que no figuran en ninguno de los docu¬ mentos que hemos hallado, y sólo se hace de ellos mención equivocada (núm. 7, pág. xv) el año 1786 — atribuyendo á Goya la colaboración con su cuña¬ do Ramón Bayeu cosa que jamas llegó á realizarse,— €11 las pinturas de la pieza antecámara de la Princesa en el Real Palacio del Escorial; pues consta en las cuentas que Ramón Bayeu cobró sú importe y las entregó él solo^ y no con Goya. Ademas, el mismo estilo está demos¬ trando la prolijidad y falta de valentía y franqueza que distinguen á Ramón comparado con Goya, á quien trató muchas veces de imitar, logrando hacerlo con buen éxito en algunas ocasiones, pues es muy cierto
63 <iue de todos los pintores de aquella época ninguno anduvo más cerca de nuestro artista que este su cuña¬ dlo, La merecida fama que goza esta sobrepuerta de Los Perros en trailla^ debida es, no al cuadro, sino al tapiz mismo, que es indudablemente el más bello y tnás artístico de cuantos ha tejido la fábrica, que puede ynantener muy dignamente la comparación con los más justamente alabados de las fábricas extranjeras, y que honra sobremanera la manufactura de Santa Bárbara. En el año de 1792 sufre Goya la terrible enfermedad <lue le dejó completamente sordo para toda su vida, y , niarcha á Andalucía á restablecer su salud, con licen¬ cia del Rey (num. 20, pág. xxiv), en el mes de Enero <íel año siguiente : y ya no hay en el Archivo de Pala¬ cio rastro alguno que indique los trabajos de Goya para ^a cámara del Rey, ni su presencia en la Córte como pintor, hasta el año de 1796 en que pide que se le abone el salario que ha pagado (núm. 21, pág. xxv) al moledor de colores que se le autorizó á tomar desde Sue fue nombrado pintor de Cámara. Era éste, Pedro Gómez, que desde 1764 ejerció este trabajo, primero Con Juan Bautista Tiepolo, luégo con Mengs y más tarde con Goya, con seis reales diarios, que los pintores le pagaban y luégo cobraban ellos de la Tesorería. Por <ísta vez no tuvo resultado su petición; pero terco como huen aragonés y firme en lo que creia su derecho, Vuelve á reproducirla en 22 de Marzo de 1798 (nú¬ mero 22, pág. xxvi), y resulta al fin la Real-órden del 17 de Abril del mismo año, mandándole abonar los rea¬ les que reclamaba (núm. 23, pág. xxvii). Y sigue Goya firme en su propósito de no ocupar
64 SUS pinceles para abastecer á la fábrica, é insiste el Di¬ rector de ella en 1794 lo mismo que en 1791 (nume¬ ro 40, pág. xLv), en que, pues Goya no pinta desde su enfermedad, se nombre otro pintor que sustituya al difunto Bayeu, pues con la muerte de éste y la enfer¬ medad del otro, la fábrica carece de nuevos ejemplares. Pero nuestro artista ha formado ya su propósito, y de él no desiste á pesar de informar los pintores de Cámara D. Francisco Bayeu y Maella sobre la citada instancia de D. Livinio Stuik (núm. 41, pág. xlv), que, aunque es cierto que padeció grave enfermedad, lo es también que ya puede pintar, aunque no sea con tanta cons¬ tancia, pero lo bastante para que no sea necesario pro¬ veer en D. Antonio Velazquez la plaza vacante por muerte de D. Ramón Bayeu. Y Goya consigue su intento, y no pinta más.
V. COYA PRIMER PINTOR DE CÁMARA. 1799. No puede decirse que Goya improvisára su posición oficial en la córte y cámara de Cárlos IV. Á pesar de Su indisputable mérito por todos conocido, delaamis- ^d con que le distinguían el Infiinte D. Luis y los fíncipes de Asturias, de haber agradado tanto las obras que para San Francisco el Grande y las personas eales hábia pintado en el trascurso de algunos años, fie haberse congraciado el aprecio de hombres én tan ^íta posición colocados como Jovellanos, Floridablanoa y, principalmente, el Príncipe de la Paz, tiene que Aguardar á que se cumpla el undécimo año del reinado fie su protector D. Cárlos IV para llegar al término de Su carrera y alcanzar el título de primer pintor de Cá- u^ata, cuyo sueldo y honores debe de compartir con el viejo Maella. Los que en los anteriores reinados de Fernando VI y Cárlos III hablan sido primeros pinto¬ res de Cámara, tales como Tiepolo, Conrado y ^^rigs, gozaron los sueldos de 6.000'duros, casa y carruaje, y nuestro Goya, al ser elevado á este cargo en 31 de Octubre de 1799 (nums. 26 y 27, págs. xxix
66 y xxx) no goza más que de 50.000 reales de sueldo^ carruaje y la promesa de que se le dará la casa que habita Maella, cuando éste deje de existir. Y es de observar que en los años en que Goya es modesto, sumiso á las órdenes superiores, reservado y hombre exclusivamente entregado al arte, sus ascensos son pocos y de poca monta, á pesar de mantener relaciones con los princi¬ pales personajes de la córte; mientras que cuando de¬ jándose llevar de las corrientes que en Palacio reina¬ ban, nada honestas ni morigeradas, y aspirando las au¬ ras que, salvando los Pirineos, esparcian en toda la península la semilla de libertad, se hizo crítico cruel é inflexible de las liviandades, vicios y desaciertos que del Rey abajo veia, es precisamente cuando logra los mayores premios y honores. Si sobre este extraordina¬ rio hecho se reflexiona, teniendo muy en cuenta los personajes de aquella córte y las relaciones que con. ellos mantenía Goya, la consecuencia lógica que se de¬ duce es que nuestro artista, al censurar los Vicios y ridiculizar y anatematizar tales liviandades, cometía los unos é incurría en las otras, pues heria á quienes le encumbraban y consignaba sus flaquezas. Autoriza¬ da es semejante deducción en vista de las explicaciones que él mismo dió á las aguas fuertes de sus caprichos^ y de los documentos oficiales y cartas particulares que certifican las deferencias y los favores que el Rey y los ministros, la Reina y las damas de la grandeza le pro¬ digaban, precisamente en los momentos en que, su es¬ píritu feroz y sarcástico, mordía la honra y la dignidad de aquellos personajes con más fuerza que el agua fuerte dejaba grabadas en las planchas de cobre las in-
67 tencionadas cuanto terriblemente expresivas figuras que habia trazado la aguja al rasgar, con odio unas veces, Con ira otras y siempre con desapiadada crueldad, la horrible caricatura de aquellos á quienes sacaba á la ver¬ güenza. Ni la Duquesa de Alba , á quien tanto debió; ni la de Benavente, que tanta ocupación dio á sus pin¬ celes ; ni Godoy, de quien tanta honra habia creido re¬ cibir porque le permitió almorzar y comer en su mesa en Aranjuez sin quitarse el capote porque hacia frió {Zapater ut supra) \ ni Cárlos IV, de quien tanto se Vanagloriaba de haber recibido muestras constantes de Enlistad cuando se enorgullecia de que medio le hubiest abrazado; ni María Luisa, que le dió muestras de con¬ fianza; ni los grandes, ni los chicos, ni nadie de cuanfiguraban en la córte y ocupaban elevados cargos. Carecen de su página en aquel terrible libro de verdades descarnadas, de severas censuras, de envenenada críti¬ ca. Goya tenía razón : censura, y grande, merecia todo cuanto censuraba; justa é inexorable era su moral. pero ¿ era esta misma moral la que guiaba su mano cuan¬ do abria las planchas de sus caprichos? ^ Dejemos al hombre, y sigamos con el pintor de los tapices; que es más grato admirar los destellos del geoio que las debilidades del espíritu. ’ Un amigo nuestro, pintor excelente, nos ha proporcionado una copia recientemente descubierta , de la aplicación de aquellos caprichos , copiada, indudablemente, de otra del mismo Goya ; pues nadie, á no ser el mismo 3iitor escribiendo para sí mismo y no más, puede expresarse en aquellos términos. Inútil parece decir que el tal documento no puede leerse más que filtre amigos.
De este tiempo son, precisamente, los mejores re¬ tratos que pintó de los Reyes, y el lienzo grande que representa toda la Real familia (núm. 28, pág. xxx), que hoy se guarda en el Museo del Prado. La fábrica de tapices , que languidece tejiendo alfom¬ bras, pretende de nuevo en el año 1800 (núm. 49, pág. Lv) que se la surta de originales de figuras para tapices y de adorno para alfombras, y que el ministro D. Miguel Cayetano Soler ordene á Goya, como primer pintor de Cámara, que vuelva á ocuparse de hacero riginales. Según costumbre acata Goya la orden (núm. 29, pág. xxxi), pero no la cumple; y al siguiente dia que acusa su recibo protesta de ella, zafándose de hacer originales de adorno (núm. 30, pág. xxxi) porque su ejercicio ha sido únicamente en lo historial y figuras , y no ha hecho jamas adorno; y pasa en silencio lo que atañe á hacer lo que sabe. A los pocos dias se conforma el Ministro con su negativa (núm. 31, pág. xxxri), y queda al cuidado del primer pintor la dirección de los adornistas. Pero ni áun así fueron graciosos y elegantes los di¬ bujos de las alfombras, pues ya no habia en España en aquella época adornistas que, como Guillermo Anglois, á mediados de aquel mismo siglo, poseyesen este géne¬ ro de ornamentación, ni tampoco se prestaba á ello el gusto arquitectónico, padre del adorno, que dominaba entónces en España. Concluye, pues, Goya su vida de artista sin volver á acordarse ya de los tapices, áun cuando siempre ten¬ dría que conservar de ellos recuerdos gratos y desagra¬ dables : gratos, porque por ellos se dió á conocer en la
69 córte como .pintor, porque por ellos se abrieron para él Jas puertas de Palacio, y por ellos, llegó á gozar des- • ahogada posición, primero como pintor del Rey, y luégo como primero de la Cámara: desagradables y mucho, porque tuvo que pasar por las amarguras de ' i ver sus obras destrozadas en las reproducciones, mar- •, chitos los colores, desapiadadamente alterado el dibujo, i perdida la expresión y la vida, y, para colmo de penas, ; por tener que tolerar el injusto y humillante desden con ‘ que se trataban sus obras, desclavándolas de los basti- ^ dores, arrollándolas de cualquier modo y arrinconándo- ♦ , las en los desvanes de la fábrica; mientras que los ma- ;] los trasuntos de ellas ocupaban los sitios más vistosos t y principales en los Palacios, resultando de aquí que se juzgase al pintor por las reproducciones de sus obras, y se diese el absurdo caso de apreciar más la mala copia que el propio original. í 5
76 y natural de Bruselas, quien, por conducto del Conse¬ jo de Flándes , pretende establecer en Madrid , baj'o ciertas condiciones y auxilios que habian de dársele por el Rey, una manufactura de tapicesj proposición que aprueba, acepta y aconséjala Junta de Comercio, y que hubiera IJegado á vias de hecho si la carencia de recursos y el miserable estado moral, político y eco¬ nómico del reino lo hubiese permitido. Pero si en Ma¬ drid habia muerto la industria tapicera, áun alentaba en Salamanca, patria de los Gutiérrez y Cerones, des¬ de donde acudió (Larruga lo atestigua) el año de 1707 al mismo Felipe V, el maestro fabricante Nicolás Her¬ nández, solicitando establecer su fábrica en la córte si le Suministran los medios necesarios por la casa del Rey; instancia que negó á este español D. Felipe V de Borbon, quien, según Mr. Iriarte, introdujo el gusto de la tapicería en España. Quédese para más oportuno lugar y tiempo relatar la historia de este arte industrial en nuestro suelo, ya en lo tocante á las obras de nuevo^ cuanto en la cons¬ tante existencia de talleres de retupir en los oficios de tapicería de todos los monarcas de la casa de Austria, hasta que se establecen en Madrid las fábricas de que vamos á dar somera noticia, por haberse tejido en una de ellas los tapices cuyos originales pintó Goya. La fábrica de Santa Bárbara. — -Terminada la guer¬ ra de sucesión, que,aseguró en el trono de las Españas al nieto de Luis XIV, quiso su ministro el cardenal Alberoni establecer en Madrid una manufactura de ta¬ pices, y para ello, y por conducto de D. Bernardo Cambi que habia de ser intendente de ella, encargóse
77 a Ambéres, con el sigilo que exigia toda pretensión del Rey de España en dominios de la familia del Archidu¬ que de Austria vencido en Almansa, que proporcionáran un maestro tapicero de bien adquirida fama que pasara á la córte de Madrid para montar una fábrica. Aceptó las proposiciones que se hacian un maestro de reconocido mérito, que allí tenía sus telares en conti¬ nuo ejercicio, llamado Jacobo Vandergoten (y no Vergotin^ como con error manifiesto dice Mr. Iriarte), que dió su palabra de levantar su fábrica, abandonar su patria y trasladarse á España coh su mujer, dos hijas y cuatro hijos, prácticos cada uno de ellos en una de las diversas especialidades de su industria. Una exten¬ sa memoria, que por lo mucho que lo es no insertamos en este'ligero trabajo, que dirigen á Cárlos IV los cuatro hijos , de D. Jacobo, nos enseña todo lo que vamos á relatar y algo más sobre la venida de osta familia flamenca y su estancia en Madrid en los primeros años. Muy pronto', pues, hubo de saberse en Ambéres el propósito de Vandergoten, y muy pron¬ to empezó á sufrir las consecuencias de sus deseos de pasar á ser subdito protegido del vencedor del Ar¬ chiduque. Confiscáronsele inmediatamente todos sus bienes, extinguida quedó su fabrica, y para impedirle que partiera para Madrid, y para castigarle por su des¬ lealtad, preso estuvo, por espacio de nueve meses, en el castillo de Ambéres. Pero tales y tan graves Contratiempos no fueron bastantes para hacerle faltar á • palabra de honor que había empeñado de venir, á Espa~ , lo que consiguió al fin y á costa de fnuchas fatigas y Riesgos ^ porque aunque e?nprendió su inarcha sigilosamente
7 » y con la debida aceleración , no aseguraba su suspirada li¬ bertad y vida , la de su mujer é hijos , único despojo de su patrimonio^ pues tenía bien fundados recelos de que le al¬ canzasen antes de entrar en estos reinos ^ y no lograse el £umplimiento de sus deseos. Llego á Madrid (continúa diciendo la mencionada relación) el dia 30 de Julio de 1720, y presentándose al citado D. Bernardo Cambi.^ éste le introdujo y puso á los pies del Rey , quien le mando estableciese la fábrica de tapices en una casa., en las afue¬ ras de Santa Bárbara , llamada del Abreviador , en com¬ pañía de su hijo mayor y cuatro oficiales que desde Ambi¬ res le siguieron. Instalada inmediatamente la lúbrica en dicha casa, corrió por cuenta del intendente D. Bernardo Cambi hasta el año de 1733, en que paso á manos de D. Basi¬ lio Martínez Tineo, según se colige del informe que este mismo redacto de dicha fábrica en 1740. Los tres primeros años, ó sea de 1721 á 1724, únicos en que füé maestro de ella el viejo D. Jacobo Vandergoten, se tejieron las tapicerías que representan Una diversión de paisanos de Flándes, á imitación de Temeis, y otra de Cacería de halcones, que hizo por ejemplares que pudo reservar y traer consigo'para este efecto-, primeras obras que hicieron y que, afortunadamente, se conservan en los palacios del Pardo y del monasterio de San Lorenzo del Escorial, tapices de gran mérito y arte que compi¬ ten bravamente con los fabricados en las mejores y más acreditadas fabricas de aquellos tiempos. Muere Van¬ dergoten en el mismo año de 1724, y ocupa su puesto de maestro su hijo mayor D. Francisco, ayudado en la dirección facultativa de la fabrica por sus hermanos
79 Jacobo, D. Cornelio y D. Adrián Vandergoteñ. Reducida la protección del Rey á dar al intendente de la fábrica una consignación anual, y faltando ésta al¬ gunas veces ó pagándose mal casi siempre, desde el ano citado de 1724 hasta el 33 que el Rey volvió otra vez á fijar su córte en Madrid, no fueron muchas las obras que produjo la fábrica durante este período de nueve años. Los telares que se* montaron en la fábrica de Santa Bárbara fueron todos de bajo lizo, especialidad en que ora sumamente diestro Vandergoten el viejo. Sabido es cuán diferente resulta el tapiz de ser tejido en telar de hajo lizo ó en telar de alto lizo. Sin detenemos ahora á hacer una descripción de la manera que se tejen los ta¬ pices , es preciso decir la diferencia de una y otra fbrnia de telares. En el telar bajo ó de bajo lizo, que, co¬ mo la misma frase lo indica, consiste en que el lizo está más bajo que la obra que se va haciendo, colócase el obrero delante del telar , y detras de éste el ejemplar ó dibujo que se copia. Naturalmente la trama ó /»//, — ya de seda si es fino, ya de lana si es ordinario — cubre por completo el original, y obliga al obrero, para ver- R) á tener que separar con los dedos los hilos de la ur¬ dimbre. Sabido es también que los tapices se hacen por el reves, es decir, que el reverso del tapiz resulta frente por frente al obrero, pues que por detras es por donde se sujetan los estambres, sedas é hilos de oro y plata que forman el tapiz, siguiendo el dibujo que se ha calcado de antemano y pasado y fijado en los hilos ^ue forman el pié del tapiz ó la urdimbre. De este mo¬ do en el telar de bajo lizo la cara del tapiz está com-
8o pletamente en frente del original ó ejemplar que se co¬ pia, y, por lo tanto, el tapiz resulta en sentido inverso del original, del mismo modo que vemos nuestra imágen al mirarnos en un espejo, reproduciéndose á la iz¬ quierda lo que en el natural se halla á la derecha, y vi¬ ceversa. Es, pues, seguro que todo tapiz que resulte en sentido inverso al original está tejido en bajo lizo 6 telar bajo. El telar de alto lizo, por el contrario, como el lizo ó rodillo está alto, colócase el obrero entre el telar y el ejemplar que copia; tiene á la izquierda los hilos per¬ pendiculares del telar, sobre sí el rodillo del lizo, y á .su derecha el original que copia. No tiene , pues, necesidad de sepai;ar los hilos de la urdimbre para ver el ejemplar, que nada absolutamente se lo oculta; y como va tejiendo por detras, resulta el reves del tapiz frente al cuadro que reproduce, y, por lo tanto, en el mismo sentido que el original; del mismo modo que á derechas resul¬ ta el calco de un dibujo. De ambos procedimientos, el más difícil, el que ofrece mayores dificultades, es el te¬ lar de bajo lizo, que, al mismo tiempo, tiene el defec¬ to de invertir la obra que copia, mientras que el alto lizo ofrece menos dificultades, y dá, en igual sentido que el original,-el tapiz que en él se teje. De aquí di¬ mana que un obrero que haya trabajado y tomado al¬ guna práctica en el telar alto no trabaje ya con gusto en el telar bajo, áun cuando como la fuerza de la cos¬ tumbre entra más que por mucho en todas estas ma¬ nufacturas, el obrero que en bajo lizo Se ha enseñado y ha adquirido gran práctica no lo abandona. Eran, pues, los telares de Santa Bárbara, en su pri-
mera época, de bajo lizo, y queriendo que se montáran algunos de alto lizo para que la fabricación fuese com¬ pleta, trájose de Francia en 1729 un maestro llamado Antonio Lenger, quien, ayudado de D. Jacobo que no €ra extraño á este género de fabricación , realizó el propósito para que fué llamado. Pero tanto hubo de agradarle al maestro francés la buena vida y el buen vino de España, que difícil, si no imposible, fué traer¬ le buen camino, del que tanto se apartó que no tardó mucho tiempo en perderse por completo y pagar con la vida la insistencia.de su vicio. Jacobo Vandergoten, d mozo, fué quien hizo la primera prueba. Poseia re¬ gularmente el dibujo hasta el grado de bastarle para co¬ piar" al óleo los originales délos lienzos que sirvieran para ejemplares, como de ello dió pruebas copiando una deias sacras familias de Rafael que el Rey tenía en el Buen Retiro (y que sospechamos fuese la llamada La Perla^ pues las demas estaban en el Escorial), la cual reprodujo en telar de alto lizo. No se conserva, desgraciadamente, este tapiz que debió de ser bueno, y que tanto agradó á los Reyes que mandaron que in¬ mediatamente se trasladára á Sevilla, donde entónces residia la córte (1730), el maestro Jacobo con sus ofi¬ ciales, y que allí estableciese una fábrica de telares altos, como en efecto sucedió, nombrando director de ella á Andrés Procaccini, pintor del Rey y su apo¬ sentador del Real sitio de San Ildefonso. La fcibrica de tapices de Sevilla , fundada de este mo¬ do, iba trabajando á semejanza de la de Santa Bárbara, esto es, pagando el Rey todos los gastos, hasta que en 5 de Enero de 1732 se concertó por escritura publica.
otorgada ante el notario Juan Montero de Espinosa, el joven, entre el representante del Rey, que lo era su mayordomo D. Juan Francisco Cogorani, conde de Cogorani, y el maestro Jacobo Vandergoten , con asis¬ tencia del pintor Procaccini, que el Jacobo se obligaba á seguir tejiendo tapices de estofa fina en telar de alto lizo, con sedas y lanas, á satisfacción del citado pintor, al precio de diez y medio doblones de á sesenta reales el ana flamenca cuadrada, siendo de cuenta de este maes¬ tro los materiales y gastos consiguientes á la fabrica¬ ción; cediéndole el Rey gratuitamente todos los útiles y materiales que hubiese existentes en la fábrica, ha¬ biéndose de tomar razón mensualmente por Procacci¬ ni de las anas que se tejian para satisfacerlas. Debia ademas Jacobo de gozar un sueldo personal de quince doblones (950 reales) al mes, y el título de maestro ta¬ picero de alto lizo de S. M., como tal maestro, por su vigilancia en todos los trabajos y por enseñar el oficio á los aprendices españoles que quisieran entrar en la fábrica, principal objeto que señala la escritura que movió al Rey para establecer las dos fábricas con que ya contaba. Poca vida logró esta fábrica en Sevilla, pues trasladada nuevamente la córte á Madrid con la vuelta de Felipe V, ordenóse á seguida que se trasla¬ dase también la fábrica, lo cual fué encargado de veri¬ ficar, por disposición del ministro D. José Patiño, don Basilio Martinez Tineo, quien llegó á Madrid con to¬ dos los efectos y con el maestro Jacobo y sus tres aprendices, en 25 de Julio de 1733, siendo depositados todos los muebles y materiales en la de Santa Bárbara. No pudo, por la poca duración de esta fábrica, ser
83 mucha Ja obra que en ella se tejiera. Allí se empezó á i'eproducir en seda y lanas solamente, por calcos que papel imperial y á la aguada hizo el mismo D. Jaco- ^0} la preciosa tapicería flamenca que representa, en doce paños de grandes dimensiones, las batallas de Tú¬ nez y la Goleta, tejida de oro, seda y lanas, que se Conservaba, no en muy buen estado, en el Real oficio de tapicería. También se tejió allí el tercer paño de la tapicería de Telémaco, que por cuadros al óleo que pintaba Howase (de los que algunos se conservan), se tejia en la de Santa Bárbara. Fábrica de Santa Isabel^ en Madrid .—Por la rela¬ jón ó extenso informe que D. Basilio Martinez Tinco presenta, en 1740, del estado de Jas fábricas de Santa Barbara y de Santa Isabel, se aprende que Jos telares ^Jtos, pertrechos y géneros que formaban la de Sevilla, instalaron en Madrid en una casa.del Rey, en Ja Calle de Santa Isabel, adonde seguramente las lleva¬ ría, más que otra cosa, la tradición de haber sido la misma en que Pedro Gutiérrez, Andrés Cerón y otros maestros tuvieron sus telares desde el año de 1580 has-^ • ta fines del siglo anterior. Allí se instaló, pues, á pesar tic lo ruinoso de la casa, —otra prueba de su antigüe¬ dad— y comenzó sus obras con el mismo maestro Jacobo, bajo las mismas bases y condiciones estipuladas 011 la escritura de Sevilla ante Juan Montero de Espiriosa, el mozo, tejiendo los telares sin interrupción desde el i,® de Mayo de 1734 hasta el año de 1740, desde cuya fecha no rige ya aquel contrato y corre por cuenta del Rey hasta 1744, en que se agrega toda ella á la de telares altos de la casa del Abreviador.
84 Hizo esta fábrica," en los nueve años que trabajo, unas quinientas anas cuadradas de las tapicerías de Tú¬ nez y Telémaco, que fueron á terminarse en la otra de Santa Bárbara. La fábrica de Santa Bárbara , que, como se ha di¬ cho, corrió á cargo de D. Bernardo Cambi hasta 1734, se entregó á D. Basilio Martinez Tineo, cuando y como la de Santa Isabela, asignándole ii.ooo reales por la dirección, así como á Cambi se dieron 15.000; y ademas 10.000 reales cada mes para los gastos de jornales y materiales, sin que en esto se incluyera el sueldo del maestro de ella Francisco Vandergoten. Te¬ jió hasta el año de 1744 unas quinientas cincuenta anas cuadradas de las tapicerías de Don fijóte ^ que dibujó el pintor Procaccini, de la de Telemaco ya citada, y cinco paños de las jornadas de Túnez y la Goleta, por dibujos de Jacobo y del pintor D. Jaime Alerrian, que gozaba de un sueldo en la fábrica por enseñar á dibujar á los oficiales. Ademas de este trabajo de obra nueva^ recompuso y retupib los magníficos tapices del siglo xv, de-oro y sedas, que áun se conservan, y representan la Pasión de Nuestro Señor fesucristo y la Vida dé San Juan Bautista^ así como también los de la Apocalipsis y los Jardines de Pomona. Habíanse establecido también en esta fábrica telares para tejer alfombras turcas bajo la dirección del maes¬ tro D. Cornelio Vandergoten, que era una notabilidad en esta especialidad y á la que exclusivameijte se de¬ dicaba, y de la que produjo excelentes obras para los Palacios Reales. En atención á las muy atendibles razones que en el
• 8s ^expresado informe de Martmez’Tineo (hecho en 1740) ya apuntadoj para que no se cerráran las fábricas de Santa Isabel y Santa Bárbara y para que los 168.000 reales que se las debian no fuesen infructuosamente pa- .gados, se aceptó su proposición de que se destinára mensualmente para ambas la consignación de 16.000 reales mensuales. Este acuerdo era, sin embargo, muy perjudicial, y no podia ser duradero desde el momento en que se habia visto que la fábrica de Santa Isabel, por el contrato de Sevilla, producía el ana cuadrada á diez y medio doblones : por que, según la proposición de Martínez Tinco, costaba al Rey casi el doble, por no hacerse la obra á destajo, y por tener que suceder así siempre que el Estado se convierta en fabricante por su cuenta) dé sueldos á los directores, veedores, maes¬ tros, oficiales; haga compras por su cuenta de materia¬ les y útiles : pues se matará el estímulo é interes indivi- <lual, quitando la ocasión de que el interes bien en¬ tendido del maestro bonifique el precio y la calidad de la manufactura. Las muchas vicisitudes por que pasó el Tesoro en íiempo de Felipe V, á causa de las continuas guerras de su azaroso y largo reinado, no permitían en todo tiempo los grandes dispendios que se necesitaban, y naturalmente dejaban de atenderse en primer lugar los gastos que eran más bien de lujo que de necesidad j entre los que habían de descollar los de la fabrica de tapices. El buen deseo del ministro D. José Patino por que no “desapareciera una manufactura que tan bellos resulta¬ dos estaba dando, indujo á los Vandergoten, más in¬ teresados que el mismo Ministro en la prosecución y 6
92 previo expediente, al delegado del' Cardenal, D, Ma¬ nuel de la Hoz, por el pintor D. Andrés de la Calleja, de veinticuatro lienzos de historia sagrada, que eran una buena parte de las copias hechas de Jordán y Solimena, y doscientos nueve de asuntos profanos, pin¬ tados por Guillermo Anglois, Antonio González y Andrés de la Calleja; copias, imitaciones ó variantes todas de Teriiers y Wowermanns, que en junto forma¬ ban el numero de doscientos treinta y tres cuadros^ quedando aun en Palacio y en la fábrica originales de Amiconi, Procaccini, Howase, Vanloo y otros pin¬ tores. Esto habia reproducido la fábrica y algo más, y tal era su estado cuando por vez primera entra én ella un original pintado por Goya. Pero dejemos para capítuloaparte ocuparnos particularmente de estos tapices, y recuérdese ahora que se entregaron a la fábrica des¬ de 1776 hasta 1780 (num. I2, pág. xxi) ciento veintiún lienzos, que bastaron para abastecerla hasta 1786. En este año acontece la muerte de D. Cornelio, Vandergoten, y contra todo lo que prometía el acuerdo esti¬ pulado en 1774-i pasa la fábrica de tapices á manos de otro flamenco, llamado D. Livinio Stuik, sobrino del D. Cornelio quien, viéndose sin hijos á quie¬ nes dejar la buena herencia de la fábrica y su con¬ trato con el Rey, y arrepintiéndose de su primera idea de pasarla á manos de los maestros españoles con quienes tenía concertada á destajo la obra que en ella setejia, hizo venir de Ambéres, ó de allí le manda¬ ron, al D. Livinio, que por completo ignoraba el oficio, y á quien comenzó á instruir, más que en la
93 práctica de la manufactura, en eP manejo y dírec- <^ion de la fábrica. Deshaciendo al poco tiempo el Contrato que con los españoles celebró en 1774) volvió ^ rnarchar la fábrica según el antiguo uso y costumbre, quedando aquéllos de maestros de sus telares y. dando inmediatamente D. Cornelio aviso al Rey de que tenía en su compañía un excelente maestro pariente suyo. En este estado las cosas, aconteció que, habiendo niuerto el D. Cornelio el dia 25 dé Marzo, obraba ya en manos del Conde de Floridablanca el dia 31 del uiismo mes, una enérgica exposición (sumamente'ex¬ tensa) de los oficiales de Santa Bárbara, protestando de que,no pasára á sus manos la fábrica, fundándose en ra¬ zones verdaderamente atendibles, por que, ademas de demostrar que^el sobrino de D. Cornelio no tepía, ni con ^ucho, los conocimientos que ellos en el arte — pues habia llegado de Flándes, poco tiempo hacía, sin saber lo que era un tapiz, — ellos eran ya antiguos maestros, y lo que en la fábrica se hacía, bueno ó malo, ellos, y sólo ellos, lo trabajaban. Decian también que tiem¬ po era ya de que pasára la fábrica á manos de españo¬ les, tanto porque habia españoles que entendian la fa¬ bricación,' cuanto porque ya no quedaba ninguno de cuantos formaron la ñumeros'’ familia que á España vino en 1720; y, en fin, porque ya se habia realizado el propósito del fundador de la fábrica de crear tapi¬ ceros españoles, y que, pues ellos lo eran, tenianperfecto derecho para quedarse con la fábrica en los niismos términos que la tuvieron los flamencos. Pero cesan'aquí estos maestros, que llegan hasta deniostrar, con la autoridad de Conrado y Mengs, y con
94 la posterior en fecha, de Bayeu y Maella, pintores de Cámara todos ellos, que las tapicerías resultaban con bastantes defectos por la poca inteligencia de D. Cornelio, désde que otra vez se habia abrogado la com¬ pleta dirección que por tan poco tiempo les dejó á ellos; y de aquí deduciafi que más defectuosas saldrían bajo la dirección de D. Livinio, menos versado aún que su tio en esta industria. Unida iba á esta exposi¬ ción otra pidiendo que se estableciese una plaza de pintor asalariado en la fábrica, para evitar los frecuen¬ tes desdibujos que se cometían, la cual firmaba Don José del Castillo. Ambas pasaron á manos del primer Ministro, quien los trasfiere al de Hacienda, el Conde de Lerena, y éste pide de ello informe á los pintores ■ de Cámara, quienes contestan (números 33 y 35, pág. xxxvi), después de haberse asesorado de uno de los maestros (núm. 32, pág. xxxii), en términos que bien claramente demuestran la verdad de cuanto los maestros y el pintor Castillo decían, así como también la no muy buena condición de los tintes que en la mis¬ ma se fabricaban, que no llegaban á la fuerza dé tono de los originales, y áun la que alcanzaban, solian per¬ derla. Ignórase qué fuese lo que aconteciera para que se desestimára por completo la pretensión de los maes¬ tros españoles, y sólo se atendiese á la declaración de los pintores de Cámara para el fin de nombrar, como se ha indicado ya, á Goya y á Bayeu, con el sueldo de 15.000 reales cada uno y la obligación de pintar para la fábrica y Palacio. Extinguido de este modo todo mó¬ vil que sirviera de estímulo para animar á los maestros españoles, que ningún acrecentamiento de honra y pro-
95 vecho podían ya esperar, continuó la fabricación en peores condiciones, y por segunda vez tocó á Goya niandar á Santa Bárbara sus ejemplares en las desfavo¬ rables circunstancias, que no veia el D. Livinio; quien no podía, por lo tanto, explicarse ó no quería si podía, <iue, tanto el uno como el otro artista, se disculpasen constantemente, por cualquier causa, de pintar para la fábrica. P'recuentemente recurre al Rey y á los minis¬ tros en demanda de originales, acusando de indolentes á los pintores, y pidiendo con toda urgencia que se nom¬ bren otros en sus puestos, ya porque Goya está enfer¬ mo y no puede pintar, ya porque Bayeu está ocupado en retratará los Infantes (nums. 38 y 40, pág. xliii), y ya también porque éste ha muerto y porque aquél, decididamente, no quiere ocuparse de manera alguna en proveer de ejemplares á Santa Bárbara. Y viendo <iue sus instancias son inútiles, que la fabricación de¬ cae y que el Rey D. Cárlos IV no atiende, como su padre y antecesores á esta industria, y que nó hay me¬ dio de conseguir nuevos ejemplares, pide que se auto¬ rice para pintar originales, no ya de tapices sino de alfombras, á un sobrino suyo, llamado D. Juan Bautis¬ ta Stuik, en 30 de Abril de 1799 : y más adelante, en 18 de Enero de 1800, vuelve á insistir, y pide, hasta por caridad hácia las muchas familias de jornaleros que están amenazadas de quedar sin sustento si no se tra¬ baja, siquiera sea en alfombras ó en repetir lo que ya várias veces se ha hecho, que se le autorice para tejer lo necesario á fin de cubrir las paredes, áun desnudas, del palacio del Escorial. Pero ni el estado sumamente pre¬ cario del Tesoro permite atender á los gastos ordina-
S6 rios de la fábrica; ni en aquel entonces existia ya el del gusto y entusiasmo por las artes que en los pasados tiempos; ni el estado político^ moral y social de aque¬ llos años era muy á propósito para fijarse en estas in¬ dustrias, que, como todas'lás que tengan carácter ofi¬ cial, tendrán que prosperar ó languidecer en proporción al gusto de quien las sustenta, estando sujetas, más que las particulares, á las contingencias del Tesoro público' y á las vicisitudes políticas más pequeñas ó ficticias. Entran en 1808 las tropas francesas y hacen de la fábrica, de Santa Bárbara un cuartel, destruyéndola toda, cortando los tapices que estaban fabricándose en los telares y ahuyentando de ella hasta los que en ella vivian. Cesa, por lo tanto, todo trabajo hasta la vuelta de Fernando VII, después de terminada la guerra de la Independencia; y en 1815, después de pretender del Rey la viuda de Stuik y su hijo que se habilite* de nue¬ vo la fabrica, vuelven á levantarse los derrotados tela¬ res, y á tejerse comienzan por segunda y áun por tercera y cuarta los tapices de Goya y de Bayeu. Desde aquella fecha hasta la muerte del Rey nO cesan los trabajos, aunque no con el empuje y abundancia de los buenos tiempos, pero sí lo bastante para que la ma¬ nufactura no desaparezca y para ir creando nuevos ta¬ piceros. Muere el Rey, sucede inmediatamente la guer¬ ra civil y la manufactura muere también, y los tela¬ res, si alguna vez sienten el peso de la urdimbre, es para algún trabajo particular, ya de tapiz, ya de al¬ fombra, porque Santa Bárbara se ha convertido en el almacén de todas las alfombras de Palacio y de precio de los particulares, y en modesto taller de retupir algún
97 <lue otro tapiz antiguo, que el amor al arte de algún magnate, ó el prurito de especulación tan desarrolla¬ do en corredores y logreros, llevan al actual D. Livií^io Stuik para que los limpie, retupa y ponga como nuevos. ¡Triste estado el que, áun hoy dia, después de la Revolución, alcanza la fábrica de Santa Bárbara! Ciento cincuenta años hace, precisamente, que la casa del Ahreviador se vio convertida en fábrica de tapices, inmediatamente después de consolidarse en el trono de España una nueva dinastía, que hemos visto desapare¬ cer. Con ella puede decirse que nació la fábrica de San¬ ia Bárbara, y, como ella, hemos visto que ha prospe¬ rado, languidecido y muerto: los brillantes y prósperos años de los reinados de los más afortunados ó más sa¬ bios y honrados monarcas de aquella Casa Real, son también los más felices y dichosos tiempos de la fábri¬ ca. El animoso Felipe V la funda y establece} el abun¬ doso reinado de Fernando VI la impulsa y aumenta considerablemente} Cárlos-III la mantiene á aquella altura misma y la da un carácter eminentemente espa- *ml} Cárlos IV la descuida, la desatiende, la abandoita, como descuida y abandona la gobernación de sus reinos} Fernando VII la hace trabajar por mandato Imperativo, pero sin amor, ni gusto, ni interes alguno por el arte} y la fábrica, á la manera de la llama que para extinguirse produce algunos resplandores mas vi- ''os, se mueve y agita algún tanto, para perecer en el reinado inmediato, con el último de aquellos soberanos. La nueva era que ha de inaugurarse en España, ¿dejará perecer esta industria? La Revolución de Se¬ tiembre y lo que de ella resultáre, ¿no hara por la nía-
nufactura de Santa Bárbara lo que todas las revolucio¬ nes y todas las restauraciones francesas han hecha por la de Gobelin ? j Vergüenza y mengua grande sería que hubiéramos de ver, más ó menos pronto, un pliego d'e papel blanco en cada uno de los balcones de \a. znúgu3. casa del Jbreviador /
VIL LOS TAPICES. Grande es la fama que gozan los tapices que cu¬ bren las paredes de los aposentos reales de los Pala¬ cios del Escorial y del Pardo, entre las gentes que al¬ guna vez han visitado aquellos alcázares. Los que más agradan y embelesan son aquellos que representan es¬ cenas populares, por la sencilla razón de ser lo que el Vulgo más comprende, y por lo que atribuye cons¬ tantemente (áun también quien es vulgo sin creer Serlo) todos aquellos tapices al pintor aragonés, del tuismo modo que siempre ha de atribuir á Murillo to- ^as las Concepciones, á Luis de Morales los Cristos y Vírgenes secos y raros, á Ribera todo santo de faz. arrugada, y á Velazquez los retratos de golilla y ton¬ tillo. Pero en esta ocasión el vulgo no anda tan des¬ acertado creyendo de Goya todos los tapices que le gustan, que son los que representan los asuntos que uiás comprende; porque perdido en gran parte, en el tapiz, el carácter del original, y ademas, habiendo tra¬ tado de imitar á Gova uno de los pintores que mas tra¬ bajaron para Santa Bárbara, cual fue Ramón Bayeu, tesulta de esta imitación y de la homogeneidad del aspecto de los tapices en tintes, tamaños de figuras, tepeticion de asuntos, igualdad de trajes é idéntico ca-
lOO rácter de todos ellos, y lógicamente de todo que, mi¬ rándolos de pasada y tomándolos en conjunto, se jua¬ gue á todos' iguales por quien no pretende ó no puede examinarlos con los ojos del arte. En.cuanto á la bon¬ dad de los tapices, considerándolos en sí mismos, co¬ mo agradan y distraen la vista con la variedad de asun¬ tos y colores, y forman un todo agradable en unión del mobiliario; como la ilusión comienza á dominar el ánimo del que los contempla desde el primer momento en que impresionan sus sentidos la amenidad y majestad del Real sitio, el aspecto del Palacio y la suntuosidad de los jardines; como el pueblo, que con respeto pisa aquellas mansiones de los Reyes, se ve retratado á sí mismo ocupando el principal lugar, siendo el primer motivo, el protagonista de todo aquello que domina por todas partes; y como se ven y se visitan los re¬ gios salones en un dia de viaje de recreo, en compa¬ ñía de amigos queridos o de la propia familia y en mo¬ mentos, en fin, que se han dedicado al placer y al so¬ laz—los tapices de escenas populares gustan, agradan, y es natural y justo que dejen grata y duradera impre¬ sión, é induzcan todas estas circunstancias á formular un juicio muy favorable al mérito de su fabricación, y á que atribuye el vülgo la causa de la grata sensación que ha recibido precisamente á la bondad del tapiz. Así pues, para el vulgar viajero que por placer, y no más, visita el Pardo y el Palacio del Monasterio del Escorial, los tapices que representan escenas populares son, y deben ser, muy buenos, los mejores, y de Goya, es decir, del más popular de los pintores, casi todos ellos. Y esta creenci;i se encarga el mismo vulgo de propalarla
y consagrarla, convirtiéndola en tradición, que los r/- ■ cerones ó celadores de aquellos palacios son los destina¬ dos á conservarla y trasmitirla, expresándola en fórmulas concretas que la sinteticen, que suelen consistir en obligar á hacer alto más de una vez á sus admirados via¬ jeros delante del tapiz de Los perros en trailla^ —que no es de Goya, — o del que representa al Tío Rico ^—el Abraham de los choriceros, que tampoco es de Goya,— y decir en sustancia, con voz grave y gesto de autoridad, que un señor inglés ofreció por cada uno de ellos un par de millones, cuando ménos, y que por no habérse¬ los cedido en cambio de aquella pequenez, le dio un ataque de spleen tan agudo que ya tuvo el cuello á dos dedos del ojo del lazo escurridizo de un cordel de seda pendiente de un árbol. Estudiando todos aquellos tapices, y concretándose especialmente á los que se tejieron en la fábrica de Matlrid, ya que nos es conocida su historia, conviene ha¬ cer algunas distinciones que brotan naturalmente del uiérito artístico é industrial de cada uno de ellos. Re¬ sulta de este estudio que la fabricación se divide en tres períodos distintos, que corresponden á los momentos de florecimiento, principio de decadencia y decadencia •completa; ó sea, época en que se tejen tapices de pri¬ mer orden con toda la perfección que era dable en aque¬ llos tiempos á tal manufactura; época en que los tapi¬ ces eran regulares, y nada más; y, por último, la épo¬ ca en que esta industria decae por completo, producien- ■ <lo obras de escaso mérito. Comprende la primera todo el período del maestro Francisco Vandergoten, el pa¬ riré, y también el tiempo que posteriormente dirigen sus 7
habían de representar. Ya hemos visto que Goyay Bayeu: son los únicos pintores que algo, y no más que algo, ha¬ cen para la fábrica en tiempo de este Rey; que mu)r pronto, el año 1792, cuarto de este reinado, cesan de su¬ ministrarla ejemplares, y en todo el resto de él, hasta 1808, es decir, en los diez y seis años siguientes, no se pinta un solo cuadro para Santa Bárbara, que, como es sabido, hace dobles reproducciones de tapices y sólo teje de nuevo alfombras para el Palacio. Los del Escorial y el Pardo, desde Felipe V comenzaron á cubrirse de ta¬ pices, que áun hoy dia ocupan los sitios para donde se hicieron, como lo demuestra la conformidad de sus dimensiones con las de los lienzos de pared que tapan, en uno y otro palacio. Véase, pues, cualquiera de los documentos del reinado de Cárlos III, y se hallará eii ellos que la idea de cubrir los aposentos con tapicerías de Santa Bárbara venía llevándose á cabo desde los rei¬ nados anteriores; y véanse también todos los del tiem¬ po de Cárlos IV, y ni uno solo se hallará que no cons¬ pire á demostrar la decadencia de la fábrica, la falta de pinturas que reproducir, los constantes clamores de los pintores y maestros tapiceros españoles quejándose de la manufactura de D. Livinio Stuilc, y los mayores- y más altos y lastimeros que éste exhala constantemen¬ te, exponiendo al Rey que habrá de cerrarse la fábrica por falta de trabajo. Así, pues, ni es cierto que Cár¬ los IV diera el mayor empuje á la fabricación de tapi¬ ces, ni ménos que ocupára á todos los pintores de su tiempo en hacer originales para Santa Bárbara. En cuanto á Goya, como artista de este género de pintura, dice que en 1779 recibió, el encargo de pintar
1-9 considerable número de cartones para Santa Bárbara, ítun cuando todavía no era apreciado en todo su valor, que habia revelado ya en festivos cuadros de géneros. Saben nuestros lectores que Goya pretendió pintar para Santa Bárbara en 1775, y que consiguió su objeto á uiediados de 1776; pero no sabe Mr. Triarte que los cuadros de género que le dieron á conocer fueron los mismos cuadros que él supone origen del encargo, que no le hicieron en 1779, sino en 1776— porque aquellos lienzos no fueron causa de que se le mandase pintar para la fábrica, sino precisamente el resultado de haberle dado la órden de pintar ejemplares para tapices algo más de tres años ántes de lo que se figura Mr. Iriar- Aun hay más, pues continúa diciendo que Goya rompió con la tradición y siguió la senda trazada por "Beniers. ¿ Habrá estado verdaderamente alguna vez en los Palacios del Pardo ó del Escorial Mr. Triarte? ¿ Qué ilusión óptica le habrá impedido ver las dos mil quinientas á tres mil varas cuadradas de tapicerías copiadas ó imita¬ das de Teniers por diez ó doce pintores españoles, así como también el centenar de paños de costumbres po¬ pulares españolas que, por originales de Castillo, de los dos Bayeus, de Maella, de Gines de Aguirre, de los Gon¬ zález y de los Velazquez, guarnecían aquellas paredes ántes de que Goya pisára por vez primera las calles de Madrid? La tradición era copiar, imitar á Xeniérs pin¬ tando por sus cuadros ó estampas, ó traducirle pintando juegos y escenas del pueblo de Madrid como las que él pintó del pueblo flamenco; y como esto fué lo que,hizo Goya, no rompió con la tradición, sino que, úntes al contrario, la siguió : que no era la tradición lo
que Mr. Iriarte se ha figurado. Las ilusiones ópticas con¬ tinúan perturbando la vista de Mr. Iriarte: ((Los car¬ tones de Goya existen^ y están pintados muy ligeramente, algunos al temple^ la mayor parte al óleo: son meriendas en el campo, asuntos de caza, pesca, paseos, citas y juegos de niños;)) ¿ Habrá visto Mr. Iriarte alguna vez estos cartones? Si valiera en este género de refutación aducir el testimonio de los que han tenido á su cargo las llaves del sitio en donde aquellos lienzos estaban ol¬ vidados, estos testigos probarían que no los había vis¬ to; pero hay mejor prueba aun para demostrarlo. Ni uno solo está pintado al temple : todos, absolutamente todos, no solamente los que Goya pintó, sino los que pintaron todos los pintores desde 1729 hasta 1792, están pintados al óleo: ni uno, ni uno solo de los cartones de Goya representa asuntos de caza ó pesca, y uno entre ellos únicamente figura una merienda. Véanse los in¬ ventarios en los documentos que van al fin, donde los cuadros están descritos por el mismo Goya. Y áun hay más. ((Considerable es, continúa, el número de carto¬ nes que hizo Goya: sólo en el Pardo se cuentan trein¬ ta grandes tapices, y en el Escorial se guardan, por lo ménos, otros tantos; y Aranjuez, La Granja y la Casa de Campo y otras residencias deben contener evidente¬ mente dXgunos otros.)) Evidentemente se ve que en nin¬ guno de estos sitios ha estado Mr. Iriarte. Los cartones de Goya, entre lienzos grandes y pequeños, no pasan ■ de cuarenta y cinco, como lo aseguran los documentos oficiales que publicamos; y en cuanto á los tapices que por ellos se tejieron, no hay noticia más que de no¬ venta y dbs.
VIII. CATÁLOGO, POR ORDEN CRONOLÓGICO, de los , t a p i c e s de coya Y sus EJEMPLARES Kóm. 1,-5.749. LA MERIENDA. Ancho 2,96 5 alto 2,75; figuras 0,80 : restaurado por D. Nicolás Argan- <iona. Cinco mozos del pueblo meriendan alegremente á orillas del Manzanares, sentados sobre sus capas al rededor de la merienda, extendida sobre el mantel. Uno * Los ejemplares, ó sean los cuadros que sirvierou de originales de los tapi¬ ces, están todos pintados al óleo sobre imprimación roja, y recientemente forrados, puestos en bastidor y en restauración por cuenta, de la Comisión •leí Museo de Tapices del Escorial, á que pertenecen. Los tapices se han tejido todos en la fabrica de Madrid llamada de Santa Bárbara. Todo tapiz tejido en sentido inverso del original, está tejido en telar de ^ajo lizo. El número romano indica el del cuadro por orden cronológico/ El número en caracteres arábigos indica el que ha correspondido al cua- ‘Iro en los inventarios'del Palacio de Madrid.
II2 de ellos fuma, otro bebe, y todos bromean con una naranjera que por allí pasa vendiendo naranjas, á quien el más próximo brinda con un vaso de vino, que ella desdeña. Visten los mozos el traje de majo, con rede¬ cilla, sombrero apuntado ó. montera, faja, chaqueta larga de diverso color, y todos tienen al lado la espada española de taza y gavilanes. En segundo término, gru¬ pos de figuras conversando, y en lontananza el rio la¬ miendo la falda de un montecillo coronado por una casa. Fue empezado este lienzo para ejemplar de paño de tapiz, con destino al comedor de los Príncipes de Asturias en el Real Palacio del Pardo, inmediata¬ mente después de haber sido Goya encargado de pintar para la fábrica de Santa Bárbara; y lo acabó y entregó en 30 de Octubre de 1776. Tasado por los pintores de Cámara D. Francisco Bayeuy D. Salvador Maella en la cantidad de 7.000 rs. vn., se le abonaron por Real órden del 21 de Diciembre del mismo año. El TAPIZ se tejió de estofa fina, en telar de alto lizo, en el año 1777, siendo director de la fábrica D. Cornelio Vandergoteny hermanos. Mide el paño 20 y me¬ dia anas flamencas cuadradas, que á razón de 570 rea¬ les una, precio á que debia abonarse por la casa del Rey al citado Director, según contrato estipulado en el año de 1744, importó 11.685 Tejiéronse, además y de igual manera otros dos paños de este ejemplar, uno en el año de 1786, y el otro en el de 1795. Se conserva un solo tapiz en el Palacio del Pardo, habitación núm. 4, señalado con el num. 339. Por la testamentaría de Cárlos III se tasaron los dos ejem-
piares que entonces habla, á razón de 450 reales el ana, y ascendió cada uno á 9.229 reales. Tuvo de coste el cuadro. 7.000 rs. Los tres tapices, á 11.685 rs. uno. . 35-055 Coste del cuadro y los tres tapices. 42.055 rs. Uno de estos tres fue regalado, con otros varios, al rey Leopoldo de Bélgica por Isabel II. Núm. II. — 5.757. EL BAILE. Ancho 3,62 5 alto 2,80; figuras 0,90. Dos parejas de majos bailando seguidillas á la orilla del rio, al son de los cantares de un hombre que toca la vihuela, acompañado de un muchacho que tañe la bandurria, y otro que marca el compás con las palmas de las manos 5 á su lado algunas gentes viendo el baile, y en el centro, en más lejanos términos, un militai: y una mujer y várias figuras. El fondo representa la ori¬ lla del rio por bajo de San Antonio de la Florida, vién¬ dose enfrente las tapias de la Casa de Campo y á la izquierda un puente y la obra de la iglesia.de San Fran¬ cisco el Grande. Fué pintado este ejemplar de tapiz para dor del Real Palacio del Pardo, desde el 30 de ctubre de 1776 al 3 de Marzo de 1777, en cuya íec a lo entregó Goya en la fábrica, donde fué tasado, por los mencionados pintores de Cámara, en les vellón, que se le abonaron por Real orden e 23 de Abril del mismo año.
114 El TAPIZ se tejió de estofa fina, en telar de alto lizo, en el año de 1778, bajo la dirección de D. Cornelio Vandergoten, y mide 25 y media anas cuadradas, que á razón de 570 rs. una, tuvo de coste 14..835 rs. .Se tejieron otros tres ejemplares : uno en 1786 y otro en 1801; éste por el oficial D. Francisco Alonso, es¬ pañol, y el tercero en 1832. Este último fue regalado, con otros, por doña Isabel II al rey Leopoldo de Bélgica. Se conservan dos ejemplares de este tapiz: Uno, núm. 9, habitación núm. r del Palacio del Escorial. Otro, núm. 443, habitación núm. 13 del Palacio del Pardo. Por la testamentaría de Cárlos III se tasaron los dos ejemplares que entonces habia á 450 rs. el ana, é im¬ portó cada uno 11.475 Costó el cuadro. 8.000 rs. Costaron los cuatro tapices.59.340 Importe del cuadro y los cuatro tapices. . 67.340 rs. N6m. III. —5.763. LA RIÑA EN LA VENTA NUEVA. Ancho 4,60; alto 2,80; figuras algo menores que la mitad del natural; forrado: por restaurar. Un calesero, dos mozos, un murciano y cuatro ar¬ rieros riñen y se golpean delante de la Venta Nueva , á consecuencia de haber jugado á las cartas. El murciano tiene sujeto á uno por el cuello y á otro por una oreja, mientras de él tira un arriero para separarlos, á quien
otro amenaza con una estaca; al lado otros dos luchan¬ do, caldos en tierra, mordiendo el de encima al de abajo en un brazo. Más á la izquierda el calesero tira al grupo una pedrada, y al otro lado el ventero recoge <le la mesa el dinero del juego; un caminante, con una pistola en la mano, se apea del caballo; la ventera sale gritando por la puerta de la venta y várias gentes ílegan corriendo á poner paz. En el fondo, á la iz¬ quierda, está la calesa desenganchada, y á la derecha la venta con su muestra, que dice : Venta Nueva. Se pintó este cuadro para el mencionado comedor del Pardo, desdé el dia 3 de Marzo de 1777 al 12 de Agosto del mismo año, y fue tasado, con los otros tres lienzos siguientes, por los indicados pintores, en 17.000 rs. vn., que se abonaron al artista por Real orden de 3 de Octubre del mismo. El TAPIZ de este cuadro se tejió de estofa fina , en telar de alto lizo, en 1779, por el indicado maestro. Mide 32 y media anas cuadradas, que, á 570 rs. una, importó 18.525 rs. Se tejió otro ejemplar por el oficial D. Manuel Belinchon, español, en 1801. Se conservan dos ejemplares : Uno, núm. 76, habitación 9 en el Palacio del Es¬ corial. Otro, núm. 144, habitación 15011 el mismo Palacio. Por la testamentaría de Cárlos III se tasó el úni¬ co que entónces habia á 450 rs. el ana, y ascendió ^ 15-736 rs.
ii6 Núm. IV. — 5.750. UN PASEO DE ANDALUCÍA. Ancho 1,92 ; alto 2,75 ; figuras de mitad del natural; forrado : restaura¬ do por D. José Rivero. Bajo espesa arboleda se ve en el centro del cuadro una maja de rumbo, que invita á que la siga á un torero que á ella se acerca embozado, con montera granadina y ancha espada de taza y gavilanes debajo del brazo iz¬ quierdo. Enfrente, y á la izquierda, otro diestro^ con sombrero de picador, espada, capa y el embozo hasta los ojos, acecha, sentado bajo un árbol, las acciones de la maja, y amenaza con torva mirada al preferido amante. Dos hombres, y más en lontananza, á la de¬ recha, dos mujeres, esperan el desenlace de la escena. Pintado para el citado comedor, con el anterior y los dos siguientes, en el mismo tiempo, precio y condiciones. El TAPIZ de este cuadro, tejido como los anteriores, mide 13 7 i 6 cuadradas, que, á 570 rs. una, as¬ ciende á 7.766 rs. 25. Se tejieron otros dos ejempla¬ res más, uno en 1795 y otro en el año 1800. La tes¬ tamentaría de Cárlos III tasó el paño que entonces habia, á razón de 450 rs. el ana, en 5.936 rs. Se conservan dos ejemplares en el Palacio del Es¬ corial : Uno, núm. 23, habitación num. 3. Otro, núm. 171, habitación núm. 18. El vulgo quiere ver en este cuadro alguna escena de la vida de la famosa Duquesa de Alba, émula de la
^eina María Luisa en sus relaciones con los toreros Romero y Costillares. Tal suposición es infundada, pues hasta pasados muchos años desde la fecha de este ■ cuadro no conoció Goya á la Duquesa, ni ésta figuró hasta que se lo permitieron las costumbres del reinado siguiente de Carlos IV, que empezó once años des¬ pués de pintado este lienzo. NtJM. V._ 5.773. EL BEBEDOR. Ancho 1,55; ^Ito 1,12j figuras mitad del natural; forrado: restaurado por D. José Rivero. Un hombre del pueblo, sentado en un ribazo, con ^na bota en las manos, bebiendo vino á la catalana; á =su lado un muchacho comiendo rábanos. Pintado para sobrepuerta del citado comedor, en el mismo tiempo y condiciones que los dos anterio¬ res y el siguiente. -El.TAPjz de esta sobrepuerta fue tejido de estofa fina, ■ con las mismas circunstancias que los anteriores. Miue 3^nas-y cuarto cuadradas, que, á 570 rs. una, im¬ portó 1.852 rs. 25 cents. Hay un ejemplar de esta sobrepuerta en el Palacio Real del Pardo, habitación nóm. 4, tapiz núm. 340. Por la testamentaría de Carlos III se tasó á 450 rs. el ascendió á 1.586 rs. Se tejió otro ejemplar en ^ año de 1801, por el oficial de telar de alto lizo don B. González.
124 rior. Mide 15 ‘/ganas cuadradas, y a razón de 570 rs.,. costó 8.906 rs. Hay un ejemplar de este tapiz, señalado con el nú¬ mero 434? en el Palacio del Pardo. Tasado por la tes¬ tamentaría de Cárlos III á 450 rs. el ana, importó 6.250 rs. Se tejieron otros dos ejemplares, uno el año de 1794,. por Diego García, oficial de bajo lizo, y otro en 1802.. Nóm. XIII.— 5 .766. EL PUESTO DE LOZA. Ancho 2,22; alto 2,60; figuras 0,80; restaurado por D. José Ribero, se¬ gundo restaurador del Museo del Prado. Un valenciano con un puesto de platos, jicaras, ta¬ zas, palancanas y otros cacharros de loza, extendidos^ sobre una.manta, trata con dos señoras y una anciana,, sentadas enfrente de él, de la venta de unas tazas. En segundo término, más á la derecha, dos militares, de espaldas, sentados sobre unos montones de ruedos fel¬ pudos, parece que miran á una hermosa dama que vasentada al vidrio en un coche, con dos lacayos y un vo¬ lante á la zaga. El fondo figura una plaza con casas y un torreón arruinado. Nótase claramente un arrepentimiento en el dibujode la rueda grande de la izquierda del coche. Pintado para el mismo sitio, en el mismo tiempo- y condiciones que el anterior y los cuatro siguientes. El TAPIZ de este cuadro fué tejido de estofa fina en 1781. Mide 14 */,8 anas cuadradas, que, á 570 rs. una, costó 8.300 rs. 62 cénts.
Hay dos ejemplares de este tapiz; uno, señalado con €l núm. 435, en la habitación núm. 13 del Palacio del Pardo; el otro en el Escorial, habitación num. 3, ta¬ piz num. 21. Por la testamentaría de Cárlos III fue tasado á 450 rs. el ana, é importó 5.817 rs. Se tejieron dos ejemplares más, uno en I794i P®** Diego Belinchon, en alto lizo, y el otro en 1803. Nóm. XIV.-^5.779. EL MILITAR Y LA SEÑORA. Ancho r,oi; alto 2,63 ; figuras menores de la mitad del natural. Un militar y una señora, llevada de la mano de aquel,, ^an de paseo, y ella se pára un momento á saludar a otras dos que con un caballero pasan por un pretil que domina la calle. Pintado para el mismo sitio y con las mismas cir¬ cunstancias que los dos anteriores y los tres si¬ guientes. El TAPIZ de este cuadro fue tejido primeramente en bajo lizo por el oficial D. Antonio Puñadas, eii el año de 1788, siendo director de la fábrica D. Livinio Stuilc Vandergoten, después de da muerte de su tio D. Cornelio Vandergoten. Mide el paño 6*/i6 cuadradas, que á razón de 570 rs. una, según el contrato de I744> que siguió rigiendo en tiempo de los Stuiks, costo 3 * 7 4 ^ ts. Se tejió otro ejemplar en el año de 1800, en alto lizo. Hay un ejemplar de este tapiz en el Palacio del .Es¬ corial, habitación 3.% núm. 21. Por la testarnentaria de Cárlos III se tasó el ejemplar, que se acababa de íejer, á 450 rs. el ana, y ascendió á 2.677. rs.
NtJM. XV.—5.776. 1x6 LA ACEROLERA. Ancho 1,00; alto 2,63; figuras algo menores que la mitad del natural; forrado. Una mujer con una cesta llena de acerolas al brazo, llevando á la vera tres embozados que la requiebran; detras un grupo á la sombra de un toldo que cobija un p.uesto de fruta colocado á la esquina de una calle. Pintado en el mismo tiempo y condiciones que los tres anteriores y los dos siguientes. El TAPIZ de este cuadro fue tejido en 1786, dirigien¬ do la fábrica D. Livinio Stuik Vandergoten, con las mismas circunstancias de los demas. Mide 6 7 i 6 anas’ •cuadradas, que, á 570 rs. una, importó 3.741 rs. Se tejieron dos ejemplares más, uno en, 1794, por Ma¬ nuel Large, francés, oficial de alto lizo; y otro en el año 1800. En el Palacio del Pardo hay un ejemplar de este ta¬ piz, sin número. La testamentaría de Cárlos III tasó el primer ejemplar á razón de 450 rs. el ana, é impor¬ tó 2.651 rs. Nóm. XVI. —5.777. LOS NIÑOS Á LA SOLDADESCA. Ancho 0,70; alto 1,44; figuras algo menores que el natural; forrado. Dos muchachos, con uniforme militar, jugando á la sdldadesca; otro tocando el tambor y otro haciendo sonar la campanilla de un campanario de cartón que tiene en las manos. Fondo de árboles.
27 Pintado en el mismo tiempo y condiciones que los cuatro anteriores y el siguiente. El TAPIZ de este cuadro se tejió en 1786, lo mismo ^ue el antecedente. Mide 2 anas cuadradas, que, a 570 rs. el ana, costó 1461 rs. Se tejió otro ejemplar en el ano de 1795. En el Pardo, y sin número, hay un ejemplar de este La testamentaría de Carlos III tasó el primer ejem¬ plar, a 450 rs. el ana, en 1.016 rs. Núm. XVII. —5.778. LOS NIÑOS DEL CARRETON. Ancho 0,90; alto 1,455 figuras algo menores que el natural j forrado. Cuatro niños jugando, dos de ellos con un carretón; otro, vestido á la holandesa, tocando el tambor, y el cuarto soplando una trompeta. Fondo de árboles. Este es uno de los cinco cuadros de Goya extraidos de Palacio. Pintado con iguales condiciones que los cinco an¬ teriores. . de este cuadro fue tejido como el anterior. Mide 3 anas cuadradas, que, á 570 rs. una, hacen J*9 i 6 rs. Se tejió otro ejemplar en 1795. Por la testanientaría de Carlos III se tasó á 450 rs. el ana, y montó á 1.567 rs. En el Pardo hay un tapiz sin numero de este cuadro.
128 Costaron los seis cuadros. 20.000 rs. Id. los tres paños del numero XII, á 8.906.26.718 Id. los tres paños del número XIII, á 8.300,62. ..24.901,86 Id. los dos paños del número XIV, á 1*744. 3*488 Id. los tres paños del número XV, á 3.741.11.223 Id. los dos paños del número XVI, á 1.461. 2.922 Id. los dos paños de este número, á 1.916. 3*832 Importe de los seis cuadros y quince paños. 93.084,86 Nijm. XVIII. —5.75i- EL JUEGO DE PELOTA. Ancho 4,72; alto 2,65; figuras algo menores de la mitad del natural. Gentes jugando á la pelota al largo con palas; varios curiosos mirándolos y algunos hombres cuidando de las/opas de los jugadores. En el fondo un cerro, y so¬ bre él un pueblecillo á lo lejos. Pintado para el dormitorio de los Príncipes en el Palacio del Pardo, desde el 5 de Enero de 1779 al 20 de Julio del mismo, y tasado con el siguiente, por Bayeu y Maella, en- 15.000 rs., que se le abo¬ nan á Goya en virtud de Real orden de 19 de Oc¬ tubre del mismo. El TAPIZ de este cuadro fue tejido, como el anterior, en 1787. Mide 31 ‘/a anas cuadradas, que, á 570 rs. el
129 ana, costó 17.955 rs. Se tejió otro ejemplar en 1803, por el oficial D, José Avecilla, en telar bajo. Hay un ejemplar en el Escorial, habitación nume¬ ro 13, señalado con el núm. 125. La testamentaría de Cárlos III lo tasó á 450 rs. el ana, y montó 12.702 rs. Nóm. XIX.—5762. EL COLUMPIO. Ancho 1,65; alto 2.60; figuras de un tercio del natural; forrado. Una señora columpiándose en una cuerda que pende de las ramas de un árbol; á su lado un niño, vestido á la antigua española, con una punta de la cuerda en la mano, dando movimiento al columpio; sobre un ter¬ razo una mujer sentada y tres niños de pié; lleva al más chiquito de los andadores, y él tiene en la mano un clavelillo; detras otra mujer, puesta en jarras, mi¬ rando á la que se columpia. A lo léjos un coche cbn el cochero sentado en el estribo, y á su lado tres hom¬ bres. Fondo de árboles, con ganado. Pintado en iguales condiciones que el anterior. El TAPIZ de este cuadro se tejió en 1787, como los anteriores. Mide 10 ®/i6 anas cuadradas, que, á 570 rea¬ les el ana, hacen 5.807 rs. 87 cénts. Don Antonio Puñadas, oficial de bajo lizo, tejió otro ejemplar en el año 1800. La testamentaría de Car¬ los III tasó el ejemplar que entónces habia, á 450 rea¬ les el ana, en 4.865 rs. En el Pardo hay un tapiz, sin numero, de este cuadro.
130 Importaron los dos lienzos.15.000 rs. Los dos paños del nám. XVIII, á 17.955. 35.910 Estos dos paños, á 5.807,87.11.615,75 Los dos lienzos y los cuatro paños.62.525,75 Nóm; XX. — 5-7S9. LAS LAVANDERAS. Ancho 1,66; alto 2,585 figuras algo menores de la mitad del natural^ forrado. Cinco lavanderas á la orilla del rio. En primer tér¬ mino dos sentadas, la una recostada la cabeza en el re¬ gazo de la otra, que tiene agarrado'un cordero. A más distancia otra, también sentada, y en el fondo, delante de un tendedero con ropa, una moza con una cesta de ropa blanca á la cabeza. Pintado, con los diez siguientes, para el dormito¬ rio de los Príncipes en el Real Palacio del Pardo, desde el dia 20 de Julio del año de 1779 al 24 de Enero de 1780. Fueron tasados los once lienzos por los pintores de Cámara Bayeu y Maella en 22.000 rs., y pagados á Goya en virtud de Real orden de 15 de Mayo de 1780. El TAPIZ de este cuadro se tejió de estofa fina, en telar de bajo lizo, por el oficial Antonio Puñadas, en 1789, siendo director de la fábrica D. Livinio Stuilc. Mi¬ de 10 */< anas cuadradas, que, á razón de 570 rs. una, asciende á 6.127 rs. 50 cénts. Se tejió otro ejemplar en el año de 1800. En el Escorial hay un ejemplar de este tapiz, seña¬ lado con el num. 28, en la habitación núm. 3. Tasado
por la testamentaría de Cárlos III á 450 rs. el ana cua¬ drada, ascendió á 4.845 rs. Nóm. XXL —5.767. ■ EL NOVILLO. Ancho 1,40; alto 2,59; figuras de mitad del natural; forrado. Cuatro aficionados juegan con un novillo en la plaza de un lugar; uno está en ademan de pegarle un parche, y los otros sorteándolo; varios mozos, asomados por encima de una tapia, presencian la lidia. Pintado con las mismas condiciones que el ante¬ rior y los nueve siguientes. El TAPIZ de este lienzo fue tejido en 1786, como los anteriores. Mide 9 anas, que, á 570 rs. una, impor¬ tó 5*274 rs. Tejiéronse, ademas, otros dos ejemplares,- uno en 1800 y otro en 1808, por D. Eusebio Candamo, oficial de alto lizo. Tasado por la testamentaría de Cárlos III á 450 rs. el ana, subió á 4.111 rs. Hay dos ejemplares de esté tapiz en el Escorial; uno, núm. 145, habitación 15, y otro, num. 277 , en la pieza baja num. 9. Núm. XXII. EL PERRO. No se conservan ni el cuadro ni su tapiz. Por las descripciones que se pueden ver en los do¬ cumentos del Archivo de Palacio y de la fábrica de Santa Bárbara, puede decirse aquí que medía este cua¬ dro 0,80 de ancho por 2,49 de alto, y que representa-
132 ba en primer término dos jovenes sentados , el uno de ellos sacando una pelota de la boca de un perro que tiene en los brazos; detras de éstos dos de pié^ en conversación; á más distancia se descubre una porción de arboleda con parte de horizonte. Fue pintado en iguales condiciones que el anterior y los siguientes. El TAPIZ consta que fue tejido en 1789 por vez pri¬ mera, y en 1795 por segunda. Media 4 anas, que, á 570 rs. una, costó 2.716 rs. En la testamentaría de Cárlos III se taso á 450 rs. el ana, é importó 2.258 rs. Nóm. XXIII. LA FUENTE. No se conservan el cuadro ni el tapiz. Por iguales razones á las aducidas en el anterior, puede decirse de éste que media 0,80 de ancho por 2,49 de alto, y que representaba tres hombresuno de ellos be¬ biendo al cano de una fuente; detras de él dos de pié con¬ versando^ y á más distancia se descubre una porción de ar¬ boleda. Fue pintado en iguales condiciones que los tres anteriores y los siete siguientes. El TAPIZ se tejió en 1789 solamente. Media como el anterior é importó igualmente 2.716 rs., y por la testa¬ mentaría de Cárlos III se tasó lo mismo en 2.258 rs.
133 ííÚM. XXIV, — 5.753. LOS GUARDAS DEL TABACO. Ancho 1,37; alto 2,62; figuras de la mitad del natural; forrado: restau¬ rado por el Sr. D. José Rivero. Cinco guardas de la renta del tabaco guareciéndose del sol á la sombra de los árboles; en primer término dos de ellos, el uno sentado y con el trabuco á su lado, •el otro de pié, y ambos con sendas charpas de pistolas, viéndose bordadas en aquéllas las palabras Renta del ta¬ baco. En segundo término otros tres conversando. El fondo reproduce el panorama que se ve, mirando desde Palacio hácia el Guadarrama. Pintado como y cuando los cuatro anteriores y los seis siguientes. El TAPIZ de este cuadro fué tejido igualmente en 1 7 86. Mide 9 anas cuadradas, que, á 570 rs. una, importó 5.130 rs. Se tejió otro ejemplar en el año 1800. La •testamentaría de Cárlos III lo tasó á 450 rs. el ana, é importó 4.069 rs. Se conservan los dos paños : Uno en el Escorial, habitación núm. 15, tapiz nu¬ mero 148. Otro en el Pardo, habitación núm. 7, tapiz núme¬ ro 366. Nóm. XXV. — 5 .827. EL NIÑO DEL ÁRBOL. Ancho 0,40; alto 2,62; forrado; figuras mitad del natural. Un niño agarrado á la rama de un árbol, en actitud •<le dar un salto. 9
140 NtjM. XXXIV.— 5.786, EL HERIDO. Ancho 1,10; alto 2,78 j forrado; figuras casi del tamaño natural. . Dos albañiles llevan en brazos á otro malamente he¬ rido de resultas de haberse caido del andamio de una obra, que se ve en el fondo. Pintado á fines del año de 1786, siendo Goya pintor del Rey, para el dormitorio del infante don Gabriel en el Escorial. El TAPIZ se tejió de estofa fina, en bajo lizo, por el. oficial D. Antonio Puñadas, desde el año de 1788 al 1789, Mide 7 */* anas cuadradas, que á 570 rs. una^ importó 4.4-17 rs. 50 cents. En el Pardo, y-sin numero, se conserva este ejem¬ plar. Nüm. XXXV. —5.769. LOS POBRES. Ancho 1,15; alto 2,77; forrado j figuras algo menos que el natural. Una pobre mujer, aterida de frió al lado de una, fuente, acompañada de dos niños, espera que se llene de agua un cántaro puesto al caño. Fondo país nevado. Pintado en el año de 1787, siendo Goya pintor del Rey. Se hizo para el dormitorio del infante don Gabriel en el Escorial. Este TAPIZ se tejió de estofa fina, en bajo lizo, por el oficial D. Antonio Puñadas, en 1788; otro ejem-
piar, en alto lizo, se tejió en 1793 j y el tercero lo hizo D. Ensebio Candamo, en telar alto, en 1808. Mi¬ de 8 7i anas cuadradas, que, á 570 rs. una, impor¬ tan 4.595 rs. En el Palacio del Pardo hay uno de estos dos ejem¬ plares. Nóm.- X XXVI. —5.752. LA NEVADA. Ancho 3,03; alto 2,77; figuras casi del natural; forrado: restaurado por D. José Rivero. Tres arrieros, embozados en sus mantas, condu¬ cen una caballería cargada con un cerdo muerto y pe¬ lado y pasan el puerto bajo una gran nevada; un ca¬ zador les acompaña, y en segundo término se ve un hombre embozado en su capa. Pintado á principios del año de 178/ para el Pala¬ cio del Pardo, siendo Goya pintor del Rey. El TAPIZ se tejió por primera vez en alto lizo en 1793, y por segunda y del mismo modo en 1832. Mide 22 ‘/í anas cuadradas, que, á 570 rs. una, suman 9.480 rs. En el Palacio del Pardo, habitación num. 9, y seña¬ lado con el num. 411, se conserva uno de estos ejem¬ plares. Núm. XXXVII. — 5.770. LA BODA. Ancho 4,00; alto 2,70; figuras de mitad de^ natural. En dirección paralela á un puente de un solo ojo, que se levanta sobre un arroyo seco, pasa en formal
142 procesión el cortejo de una boda de aldea. Rompen la marcha algunos chiquillos andrajosos al rededor del gaitero del lugar, á quien siguen várias mozas que acompañan á la novia, muy compuesta al lado del novio, abotargado campesino vestido de caballero. Cierran la marcha el cura y los padres de los novios. Pintado el año de 1787 , siendo Goya pintor del Rey : no se sabe para qué sitio estaba destinado. El TAPIZ se tejió de estofa fina, enalto lizo, por el oficial D. Antonio Moreno, en 1793 ; y por segunda vez y de igual manera, en 1832; cuyo ejemplar, con otros tapices, regaló al rey Leopoldo de Bélgica doña Isabel II. Mide 27 Ys anas cuadradas, que á 570 reales una, costó 14.461 rs. 25 cénts. En el Pardo se conserva, sin numero, el primer ejemplar. N<7m. XXXVIII. — 5 .755. LAS MOZAS DE CÁNTARO. Ancho 1,60; alto 2,72; forrado; figuras mitad del natural. Próximas á una fuente escuchan con atención á una vieja dos hermosas mozas que llevan cada una dos cán¬ taros, uno á la cabeza y otro á la cadera; á la izquierda un muchacho con dos cantarillas. Pintado en el año de 1787, siendo Goya pintor del Rey : se ignora para dónde. El TAPIZ se tejió de estofa fina, en alto lizo, por el oficial Nicolás Bream, de 1793 á 1794. Hízose otra
143 vez en 1800. Mide ii anas cuadradas, que, á 570 rea¬ les una, montan 6.270 rs. En el Pardo, habitación num. 7, hay uno de estos ejemplares señalado con el núm. 363. Nóm. XXXIX. —5.785. LAS GIGANTILLAS. Ancho 1,04; alto 1,37 j figuras menores que el natural. Cuatro muchachos jugando á las gigantillas', dos de frente, uno de ellos montado sobre las espaldas de otro; el de abajo agarra con las manos los piés del que está encima, y asoma la cabeza por entre las piernas de aquél, que tiene los brazos abiertos, sombrero ancho á la ca¬ beza, y demuestra con su inefable sonrisa el placer que experimenta. En segundo término, á la derecha, otros dos muchachos de espaldas, en la misma actitud, y á la izquierda otro muchacho subiendo un ribazo. Pintada esta sobrepuerta en 1788, siendo Goya pintor del Rey. Éste es uno de los cuadros extraidos de Palacio. El TAPIZ se tejió de estofa fina en 1793, en telar alto, y en 1800, por el oficial D. José Avecilla, en telar de bajo lizo. Mide 3 ®/i6 cuadradas, que, á 570 rea¬ les una, importó 2.030 rs. 62 cénts. En el Escorial hay un ejemplar con el núm. 37, en la habitación núm. 3.
144 Ním. XL. —5.789. EL BALANCIN. Ancho 1,675 alto 0,80; figuras menores que el natural. Dos niños jugando al balancín^ montado cada uno en el extremo de un madero colocado por su mitad sobre un tronco de un árbol; junto á ellos otro niño llorando, y más lejos otros dos en conversación. Pintado este sobrebalcon en 1788, siendo Goya pintor del Rey: ignoro para dónde. Éste es otro de los cuadros extraidos de Palacio. El TAPIZ se tejió de estofa fina, en telar bajo, por el oficial Antonio Puñadas, en 1793, y por segunda vez, en alto lizo, en *1800. Mide 3 anas cuadradas, que, á 570 rs. una, importa 1.995 rs. 87 cents. En el Escorial, habitación núm. 3, hay un ejemplar de este sobrebalcon, señalado con el num. 22. Nóm. xli. — 5.790. LOS ZANCOS. Ancho 3,10; alto 2,70; forrado; figuras de mitad del natural. Una fiesta al estilo de Aragón, en que se ve á dos hombres bailando sobre zancos al són de una música, rodeados de chiquillos y admirados por las gentes del lugar. Pintado en el año de 1788 para el Palacio del Pardo, siendo Goya pintor del Rey. El TAPIZ se tejió de estofa fina, en bajo lizo, en 1792, y por segunda vez en alto lizo, por el oficial Santiago Amoroso, en 1808. Mide 21 Yie ^nas cuadradas, que, á 570 rs. una, monta á 12.005 ‘’S- cents.
En el Pardo se conserva el tejido últimamente, en la habitación num. 9, marcado con el núm. 413. Nóm. XLII. —5.771. EL PELELE. Ancho 1,60; alto 2,67; forrado} figuras menos de la mitad del natural. Cuatro mozas manteando un pelele en la pradera del rio Manzanares. Pintado el año de 1791, siendo Goya pintor del Rey, para el dormitorio de los Sermos. Sres. Infan¬ tes en el Palacio del Pardo. El TAPIZ se tejió de estofa fina, en alto lizo, en 1793, por el oficial Antonio Moreno. Mide lO 74 anas cua¬ dradas, que, á 570 rs. una,importa 6.127 rs. 50 cents. En el Pardo, habitación num. 7, está este tapiz se¬ ñalado con el num. 368. nóm. xliii. —5.780. LOS CHICOS DEL ÁRBOL. Ancho i,i I} alto 1,41} figuras casi del tamaño natural. Un chico andrajoso, puesto de pié sobre otro que está á gatas, subiendo á un árbol, ayudado por otro muchacho. Pintada esta sobrepuerta en 1791, siendo Goya pintor del Rey. El TAPIZ se ha tejido dos veces, ambas de estofa fina, en alto lizo, una en 1793 y otra en 1800. Mide 3 ‘7 i 6 anas cuadradas, que, á 570 rs. una, monta i 2.244 rs. 37 cents.
En el Escorial se halla esta sobrepuerta, con el nú¬ mero 27, en la habitación núm. 27. Nóm. xliv. —5.756. LA GALLINA CIEGA. Ancho 3,53; alto 3,41; forrado} figuras de la mitad del natural. Cuatro señoras y cinco caballeros, en traje de majoSy jugando á la gallina ciega ^ formando corro cogidos de las manos , teniendo en el centro á uno de éstos con los ojos vendados, quien pára la rueda intentando tocar á alguno con un cucharon de madera. Fondo las márge¬ nes del Manzanares. Pintado el año de 1791, siendo Goya pintor del Rey, para el dormitorio de las Infantes en el Pardo. El TAPIZ se tejió de estofa fina, por Santiago Amo¬ roso, oficial de alto lizo, en 1802. Mide 30'/le anas cuadradas, que, á 570 rs. una, importa 17.277 rea¬ les 75 cénts. En el Pardo se halla este paño, sin número. nóm. xlv. EL NIÑO DEL CORDERO.' Este cuadro es propiedad del Sr. D. Livinio Stuik,, actual director de la fábrica de tapices de Santa Bárbara. Figura un niño montado en un cordero. Pintado en el año de 1791. El TAPIZ fue tejido de estofa fina, en telar alto, por el oficial Eusebio Candamo, el año 1802. Mide 3 7 i 6 . anas cuadradas, que, á 570 rs. una, costó 2.030 rea¬ les 62 cénts.
En el Escorial, habitación núm. 9, se halla esta so¬ brepuerta señalada con el núm. 72. Estos quince cuadros se pintaron en cinco años, desde 1786 á 1791; cobrando Goya en cada año á razón de 15.000 rs., resulta que cos¬ taron.*. 75.000 rs. Costó el paño de La Florera . 7.¿j.81 FX El Agosto . 25.080 El de La Vendimia . 8.977 El de El Herido . 4.417,50 Los tres de Los Pobres, á 4.595. 13-785 Los dos de La Nevada, á 9.480. 19.960 Los dos de La Boda, á 14.461,25. 28.922,50 Las dos de Mozas de cántaro, k S.zjo. . . . 12.340 Los dosdeLw Zancos, k 12.005,68. 24.011,35 LosdosdeLíír Gigantillas, k2.o‘^o,6^. • . . . . 4.061,35 Los dos de El Balancín, k 1.995,87. 3.991,74 El de El Pelele . 6.127,50 Los dos de Los Chicos del árbol, k 2.244,37. • • 4-488,74 El de La Gallina Ciega .. 17.277,75 Este de El Niño del cordero . 2.030,6z Los 15 cuadros y los 24 tapices costaron k la Real Casa.257.951,85 LOS PERROS EN TRAILLA. Este lienzo, uno de los extraídos de Palacio^ se atri¬ buye generalmente á Goya; pero no consta que sea de su mano, y sí de la de Ramón Bayeu, su cuñado. EL CAZADOR. Este lienzo, atribuido también á Goya, fue pintado por Ramón Bayeu, como todos los que se destinaron al dormitorio de la Serma. Sra. Princesa en el Escorial.
Resúmen general del coste de los cuadros y sus tapices. RS. CÉNTS. RS. CÍNTS. Cuadro núm. I, costó. Los tres tapices que por él se tejieron. Cuadro núm. II. Los cuatro tapices que por él se tejieron. Cuadros núms. III, IV, V y VI.. Los diez tapices que por ellos se tejieron. Cuadros núms. VII, VIII, IX y X. ........ Los trece tapices que por ellos se tejieron. Cuadro núm. XI. Los dos tapices que por él se tejieron. Cuadros núms. XII, XIII, XIV, XV, XVI y XVII. Los quince tapices que por ellos se tejieron. . . . Cuadros núms. XVIII y XIX. Los cuatro tapices que por ellos se tejieron. . . . Cuadros núms. XX al XXX inclusives. Los diecisiete tapices que por ellos se tejieron. . . Cuadros núms. XXXI al XLV. Los veinticuatro tapices que por ellos se tejieron. . 7.000 8.000 17.000 20.000 10.000 20.000 15.000 22.000 75.000 35-055 59.340 71 - 5 3 3 .^5 68.276,50 13 - 433.75 73.084,97 47-515.75 62.755,14 182.951,85 Coste de los cuarenta y cinco cuadros. . . . 194.000 623.956,21 Coste de los cuarenta y cinco cuadros.. 194.000 Coste de los noventa y dos tapices... 623.956,21 Los cuadros y los tapices de Goya costaron á la Real Casa. . . 817.956,21