El determinismo tecnológico: indicaciones para su interpretación
Abstract
Tras el tópico "no se le pueden poner puertas al campo" y otros similares tan repetidos en los medios de comunicación cuando se anuncian avances tecnológicos preocupantes para la opinión pública se esconde un determinismo tecnológico popular cuyo sentido e intenciones intentaremos clarificar. Después de señalar algunas variantes del determinismo tecnológico y encajar en ellas esta versión popular, se revisarán algunos de los puntos débiles, tanto éticos como empíricos, de las tesis deterministas. Finalmente se sugerirá que el florecimiento de actitudes anticientíficas en tiempos recientes está ligado en buena medida, como reacción radical, al auge del determinismo tecnológico.
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EL DE TERMI N ISMO TEC N OLÓGI CO: INDICACIONES PARA SU IN TERPRETACIÓN ANTO M O DlÉGUE7. Depart a me n to de Filosofía U ni vers i dad de Mú l aga [email protected]:; Se nos dice que: "c:s o'" aparece ante nosotros como una fuerza irresistible, un dinamismo alterador del mu n do que transformar{1 nuestros trabajos, revolucionará nuestras familias y educará a nuestros hijos. También cambiará la ag ricultura y la medicina de métodos tradicionales y moc.lificad los g enes de organismos vivos, quizá in cluso el organismo h uma no. Enfr enta d os con "cso" no h ay ninguna alternativa, no queda sino acep tar lo inevitable y celebrar su venida. D e: ahora en adelante "eso" decid irá n ues t ro futuro. El "eso" de estas frases es, por sup uesto, la tecnología. LANGDON WJ:--1'.'IER. "Dos visiones de la ciuilizució11 tecnológica ... p. 55 . R es um en: Tra;, el cúpico "'no se le pueden p one r puertas al campo" y otros sim il are;, tan repetido;, en los me<lios de com unicación cuando se anuncian avances tecnológicos preocupan t es para la opinión pública se esco n de un determinismo tecnológico popular cuyo sentido e intenci ones intentaremos clarificar. Después de seña l ar algunas variant es <lel determini smo tecnol óg i co y encajar en ellas es ta ver si ón popular, se revisarán alguno s de los puntos dé biles, tanto ét i<:os como emp ír icos, <le las tesis de terministas. Fina lme nt e se suger irá que el florecimie nto de ac ti tudes an ticienríficas en tiem po s recientes est~í ligado en buena me dida, como reacción r..i <li cal. al auge del de termi ni smo tecnológi co . Palabras clave : determinismo, tecnología, cr ícica. Ab stract: This paper tri es to darify the sense and pretcnsions of the popuhir technological determinisrn which can be detccted in sorne copies repea ied Argumentos e.le Raz6n Tt:rnica. n" 8. 200S
68 l\:\Tül\10 DIÉ GUEZ by the mass media en~ry lime some \nirrying h:chnological adva ncem ent is made. Aftt:r ind ic . uing the main \'arietics ol' technological detcrnü nism and placing among them the ropular version. sonH: ethil-al and t'mpirical difficullies of the determini!>tic th e.,b \\'ill he d1scussed. Finally. WL' will sugges t that t he recenl llourishing of ami-scienti!ic altitudes is n:lated. as a radical reaction. LO the inc r ease of thl' technological tletcrminism. Key word'i: d<:tenninism. technology. crítici!>lll. La n.:\'is1a "Science" publicaba el 13 de ft:hrero de 2004 un bn.:ve artículo de un equipo de científicos coreanos que había logra do obtener varios em br iones humanos por la técnica de transft'rencia nuclear a partir del núcleo de una cd ula diferen dad a ele un adu l to <la misma t écnic a que la utilizada con la oveja Dollyl. No se trataba <le un avance tecírico importante. F.sto mismo ya se había logrado con anterioridad Pero sí constituyó un avance pr :.íctico mu y d esta cable que situaba más cerca las esperanzas y t ambién l os temo res que suscita la donac i ón en difer en tes sectores de la población. Los <.:mhrion<.:s obtenidos hasta ese momt:nto con esa técnica nunca habían pasado ele unas pocas células. Se habían quedado en un estadio de desa rrollo insuficiente para aislar las tan deseadas c1]ulas madr<.:s. cuya obtenci<'m es el ob je tivo último de estos experimentos. Como es sabido. las cé lulas madres ti<.:n<.:n un gran potencial terapéutico por su ca¡xtcidad para regen<.:rar te jid os daii.ados. Su utilización podría permitir en un futuro el traiamiento de enfermedades muy comunes, corno el Parkinson. el Alzheimer. la diabetes. las l es i ones medlllares o el infarto. Adem:.ís. no se producirían re chazo s inmunológicos en los transplantes de los tejidos logrados con su cultivo si fueran obtenidas a partir de embrion<.:s clónicos dt:l indi\'id uo transplantado. En el trabajo r<.:ali zado por d equip o coreano algunos embr iones alcanzaron un est adio <le desarrollo mús a\'anzado. llegando a formar un grupo de un centena r de células co nocido como hlastocisto. En dicha fase es pos i ble t:xtraer del emb rión células madres, y así lo co nsiguier on hace r co n 20 de ellos, aunque sólo una lí nea celular de estas 20 fu<.: es table. Cuando, al día siguienle. se puhliccí la nouoa en l os medios de comunicación hubo co mentari os para todos los gustos. Pero pa1ticulannente \'oh·ieron a airearse al gunos t óp icos que se man ejan cansinament <.: sie 1npr e que una noticia rdacionad a co n el pode r de la t ec nociencia alca nza al gran público. El primero de ellos (defendido por cuatro personas distintas durante esa mañana en la misma em is ora de radio) es que. co n ind epe ndencia el<.: lo que p<.:nsemos sobre t:sta c ues tión, la ciencia seg uid su camino por q ue "no se le puedt: n poner pu ert as al campo". En ot ra t:mi sora , Arguml'ntos de Razón Tén11ca. n" H. 20IVi
EL DETERMJ;'\IS\10 TEC'>OLÓ<~ I CO . I NDICACIONES .. 69 al día siguie nte . un pn:st1gtoso tertuliano se ntenciaba: "todos los ava nces tienen aspectos bue nos y aspectos malos"; con lo que venía <l decir que sería absurda cualquier pretensión de levantar un deba te ético sob re este a sunto. Esta opiniún era redondeada con un n uevo lug ar común: ''si no lo h:Kemos nosotros. lo had n otros y quedaremos de nuevo rezagados en la investigación científica ... Todo d que h:.1ya paseado por :.1lgun:.1s sierras andaluzas sabe que sí se le pueden pom :r puertas al campo: hast:.i el punto incluso e.le que, entre coto y coto. s(>lo quede para el paseante una estrecha vereda. Tras la idea de que controlar el desarrollo tecnoci entí fico es como intentar p one rle puertas al campo se esconde una idea que goza de enorme: pn.:dicamen- to y que. sin embargo. como direm os después , no se justifica ni ét ica ni c:mpíricament t:. Se trata del determinismo tecnológico. En este trabajo me propongo aclarar cómo debe entt:nckrse este concepto para recoger ade - cuadamente el modo en que suele presentarse la tecnologfa en esas proclamas de inc:\·itabilidac.l del c.lesarrollo t ecnológico que tanto se repiten en los medios de comun icaci ón. A continuaciún exp licaré por qu é el modo en que suele entender se el concep to deja translucir una posición sunu mente c.liscutihle c.lt:sdc un punto de vista ético y empírico. Finalmente sugeriré una posib le conexión entn: la extensi6n de este determini smo popula r y el crecimiento de las ac ti tude s anticicncíficas. Aclaro desde ahora qu e no es mi inte nción entrar en el fondo cid debate ético sobre la donación. (;nicamente me interesa aquí la cuestión como caso que suscita de forn1a particularmente aguda tomas de posición deterministas1• V:\HJA'\Tb DEL llE TERM l '\ I :-.MO TEC'\0 1.ÓGJCO No es nada fácil caracte ri zar d de t ermin ismo tecno l< íg ico. F.s un concepto que admite diversas interpretaciones. dada la plura li dad de contextos en los que ha sido empleado y de propósitos que han animado ese uso. Otro e¡emplo que cabe citar l's d :utkulo que el diario El Paf.< dl'didi a la don.1cit'm tk ·''-'rt:s hum;mos l'n domingo 2 dl' thciemhrt: dt: 2001 . poros dfas después dl' c¡ue st· consi¡.,•uil'ra do n ar un t:mhr it'm humano por pa t1 t:' dl' Micha<.:! \\ 1t:st, dt: Ad\'ance<l Cell Ttch nology. l'l'sl' a qut: en d texto del articulo pr:ktkamente todos lo:< dentÍÍlcos entrl'vistat!os :.ifirmahan que no tiene nmgún interés científico donar seres hum:.inos súlo po r tonsegu1r un indh ·i duo que sea n>pia de otro ser humano y;¡ existe nte y <¡ lll'. por lo que se s:1he. nadie está tr.1hajando p:tra dio. d anín1lo ll e\ · :1ba por título ··rr<>xima mtta donación de 'l'res hum:mos·'. e 1ha acompa11ado tk un:i foto con varios hombres vestido~ d~ igual forma y todos con b c:iheza de 1:1 oveja Dolly Argumentos de llaz<>n Técnic1. n" H. 200'i
70 ANTONIO DIÉGUEZ Ha te rmin ado así por conve rt irse <:n un concepto ba stante vago, lo cua l a su vez ha pro pi cia do un u so a ún m ás <:x tenso. El determi ni smo t ecnol ógico ha si do atr ibui do , con mayor o menor jus ti cia. a autores ta n di s par es com o Karl Marx, Ernst .Jünger, Ma1t in Heidegger. Lewis Mumford, Ja c qu es Ellul, Herbert Marcuse. Langdon Winner , L ynn White Jr ., John Kenneth Galbraith, Marshall McLu han, Alvi n TofJlcr, R obe 11 L. Heilbron er , Neil Postm an, etc. Además. el discurso sob re el de termini smo t ecnológico p uede hace r refere ncia a dos cosas que. en principio, son com pl etame nte i nd ependientes. A veces, sob re to ci o entre los fil ó sofo s, lo que se qu i ere decir es, como a continuación ex plicaremos, que la tecnología está sujeta a un proceso au - tón omo de de sarrollo. que, por no obedecer a ningün agen te externo a la propia tecnología. se puede co nside rar como determinado por una lógica interna. P ero entre los historiadores d det erminis mo tecn ológ i co tiene un significado muy diferente. Entre ellos se entie nde prin cipa lment e como la tesis que sos ti ene qu e la te cnología detennina (o influye de forma dec isiva en) <:! curso de la hi sto ria (cf. Smith y Marx (ecls.) 1996). Que, co mo escr ibía Ma rx en La niíse11a de la fiiosqfía (en un exceso que , por cierto, puede compensa rse co n otros textos suyos no de ter ministas), "el molino a b razo os dará la socied ad con señor kudal ; el mol i no a vapor, la socie dad con el capitalismo industrial" (M arx 1979. p. 16 1 ). Una de las obras clásicas que se consideran como ex ponente s de esta tesis es 1Hedieuai Te c hnoiogy ancl Social Cbmzge, de Ly nn White, Jr . En es ta obra, public ada en 19 62, se liga la apa ricil>n del sistema feudal co n el i nv ent o de l estri bo . El estr ib o, deb ido a la potenciación que perm itió de la ca ba llería al hacer de la c arg a a caballo un e lem ento ce ntr al en las batallas, habría sido el catalizad or ele toda una se ri e de cambios so ciales. co mo el vasallaje, que co n dujeron a lo que con oce rnos corno f eu dalismo. Como dig o. ambas tesis son lógicamente independientes. Se pu ede cree r que la tecnología es autó noma y asumir al mi smo tiempo que los procesos social es e históricos no están determinados por su de sarroll o, y se pu ede pensar qu e d ete rmina dich os procesos si bien no sigue un desarro ll o co mpletamente autónomo de otros agentes sociales. Ci erto es, sin embargo, que alg un os deterministas fuertes y tambi ~n al gun os comentaristas une n ambas te sis y las pr ese n tan -e rróneamente en mi op iniónco mo si ruvieran q ue ir necesariamente li gadas: la tecnolog ía es autó noma c: n su desarrollo y det erm ina los proceso s históric os y so ciales. De ja remos aquí de lado el determinismo tecnológico tal co mo lo entienden los historiadores para conce ntrarn os en el otro sen ti do , que resulta filo só ficam en te más releva nte . Ar~urnentos de Razún Térnica. n" 8, 2005
EL DETERMINISMO n:C:XOLÓGICO· I NDICACIONES ... 71 Un modo en que puede en t enderse inicialmente el det erminismo tecno l ógico es en analogía con el deter minismo tal co mo se en t iende en las ciencias naturales desde que f ue ra de fi ni do po r Pi er re- Si mo n de Lapl ace en 1814 (cf. Lapl ace 1985. pp. 24-25). es decir, como el sometimiento de todos los fenómenos naturales a leyes inmutables. El derer mi nismo en cien cias nanirales (paniculannc:::nte en física) sostiene , en efecto, que el universo está regido por leyes universales no sujetas a excepciones. Los ftnómenos físicos serían compktamente predecibles si conociéramos dichas leyes y todas y cada una de las condiciones antecc:::dentes de dichos fenómenos . Una co n stcuencia del de t er minismo así en t end i do es la inevitabili da d del resultado que las leyes natural es dictan sobre el fut uro. Sólo hay un tstado de cosas en un momento futuro compatible con el es t ado ele cosas presentt:. Y lo mi smo puede decir se con respecto al pasado. Sólo hay un estado de cosas en cualqu i er momt:nto de l pasado compatible con el estado de cosas presente. Por tanto, dado un es tado de cosas en el mundo. todos los demás estados están fijados conforme a las leyes naturales. No es nuest ra tarea aquí ent rar en la discusión acerca de la plausibilidad de este det ermin i smo a la lu z ele la física ac tual, e inclu so a la luz d e la físic:a clásica (para ello véase Earman 1986 ). Sí recordaremos que la teoría cuántica p uso de man ifiesto q ue hay leyes irreductiblemente probab il ís ticas en la ciencia, cuya indeterminación no se debe a nuestra ignorancia, sino a un azar intrínseco a ciert os fenómenos; o en palabras ele un conocido filósofo ele la física, la teoría cuá ntica "nos permite negar que. para un evento ciado. quepa siemp re encontrar al gún evento pasado que sea causalmente adecuado para explicar por qué ocurrió el evento dacio en lugar de a lgunas alternativas especificables" (Sklar 1992, p. 204 ). P or ot ra par t e, se puede ace ptar un determin i smo fatalista o suponer que una mente infin ita conoce iodos l os evenios futuros sin aceptar al mi smo tiempo que todo está sometido a l eyes naturales. Lo que. en cambio. sí nos interesa saber es si el determinismo tecnológico ha sido entendido alguna vez de una forma semejante. Trasladando a la tecnología lo sostenido por el deter minismo fís ico, el determinismo tecnológico deb ería afirmar que to ci os los fenómenos tecnológicos obedece n a leyes natural es que dictan el e forma necesaria la co nfiguración que tomar (1 la tecnología en cualquier m ome nto pos terior. Y, en efecto, hay quie n lo ha ent endido de forma muy c er ca na a esto. Bruce Bimb er 0996) utiliza precisamente este sentido para descartar que Marx hubiera sido un de termin ista tecno lógico. Bimher sostiene que, aunque hay al menos otros dos senliclos en el que se emplea el concepto habi tualmente, el determinismo Argumentos Je Haztin Técnica, n" 8, 200 'i
72 A'.'JTONTO DIÉ GUEZ tecno lógico en sentido pn:c iso deb e i nterpr e t ~trs e co mo una exp lic ación no mológica ele la tecnología. Es <lecir, .. el determinismo tecnológico pu ede concebirse co mo la i dea <le que a b luz de la situación pasada (y actual) del desarro llo rern ológ ico y de las leyes de la naturaleza, d cambio socia l no p ue de seguir en d futuro más que un üni co curso pos ible. [. .. ) Una emp re sa ( por ejemp l o. el ferr oca rril) exige tecnologías poste rior es (como el t elég r afo o grandes ce ntros ele rrod ucción de acero organizad os je rárqu icament e) y una reser va <le mano de obra. la ex i ste ncia de cap it al, un sector <le seg uros y b banca. etc .. para q ue el camb io económico social y cultural provocado i nev ita blemente por la adopci ón del ferrocarril siga un rumbo fijo y prede cihle .. rnimhcr 1996, p. 99). Sin embargo, es suma mente di sc utible que esta pos 1 oon represente adecuadamente lo que pr etend e expresar la id ea pop ular sobr e la tecn ología q ue he mos descrito más arriba. entre otras razones porque en ella se asume una posición fil osófica acerca de la nat u ra leza que más hien parece r ese rvada al ámbito acad0mico. Ohs0rve se que según esta caracterización el dete rminismo tecnológi co no es nüs que un caso espec ial del d eterminismo físico. V iv imos en un universo gobern ad o por leyes universales dete rministas y dichas leyes gobiernan tamhi C: n a la t ecnolog í a. Por lo tan- to. así com o el esta do de l os plane tas dentro <le! Sis tema Sol ar pod ría ser estahlec i<l o para cualq uier momento fu tur o, en tanto que conozca m os su esta do actual y las leyes que rigen su movimiento, así también pod ríam os en principio trazar la trayecto ri a de l desarrollo tecno lógico sí tuvié ramos un cono cimiento semejante de sus leyes y co n dicio n es actuales. ;,Estarían, por otra pa rte. muc hos dispuestos hoy en día a acep t ar una tesis tan fuerte. cuando en la prop ia fís ica el dete rminis mo es u na posición en retira da ? U na cosa es que los sist emas tecnológicos funcionen de ac ue rdo co n leyes naturales, ot ra que el cle!>arrollo t ec nológico ohedezca a la s leyes nat ur ales en su sucesión y qu e ade más eso imp lique que es a sucesi ón s<Í lo pu ede te n er un camino. Lo pr im ero no da para ser clet enn inistas. También la bio logía supone que los sistemas bio lógicos obedecen leyes fís icas y no por ello se desemb oc a en el determinismo bio lógico. Lo seg undo sí se ría ca li fi cab le como determinismo tecnol óg ico, pero de una m od alidad tan e str icta que no sólo Marx, sino prácticamente cualquier ou·o autor de relieve. sería descartable como det ermin ista. l' vlá s acer ta do me parec e interpr eta r el d ete rmini smo tecnol óg i co popula r como la ause ncia ele contro l de la tecnología por pane del ser humano: como el desarro ll o aut ónomo de la tecnología. Seg ún esta interpretación, la so cie dad no tiene cap ac idad para influir en el cur so del desar ro ll o t ec no- Argumt·ntos tle Ra din T<'crnca. n" H, ZOOS
EL DETERl\.II:\IS.'>1 0 TE C:\OLÓGIC O: 1'\ 0ICACIONES ... 73 l<Ígico. No hay posibilidad real de modificarlo. Estamos abocados a lo que dicte para nosotros la propia !<:enología. Cabe distinguir dos versiones dentro de esta postura : ( 1 l la tecnología (a 1 menos en su forma actual) es intrínsicamente ingobernable y sigue leyes propias (un representante de esta postura sería Jacques F. ll ull ; (2) hemos de jado que las instancias que deberían gobernar y contro lar la tec no logía no lo hagan (un repn:senta nte sería Langdon Winner). Ambas versiones companen , si n embargo, su aceptación del llamado · imper atiYo tecnológico ': si alg o es técnicamente posible, ent on ces terminad por realizarse. O expresado <le otro modo: en tecnología lo posible implica lo necesario; todo lo que esté alguna vez disponible, será necesariam ente usado. En la primera versión, el imperativo tecnológico se sigue como consecuencia ineYitable de la l ey interna del desarrollo t ec nológico. En la segu nd a versión. en c ambi o. el imperativo tecno l ógico es un hecho que po dría eYitarse en las condiciones adecuadas. Las tesis de Ellul han sido expuesta s y analizadas en múltiple ocasiones. Valga aquí sólo un somero recordatorio. En el capítulo segundo de su influyente obra la 1 ec h11iq1te ou /"e11fe11 du sii!cle, publicada en fecha tan temprana como 1954. Ellu 1 expone.: u na serie de características de la moderna tecnología que vienen todas a confluir en el mismo resultado: la tet·nología actual es autónoma. esto es, si gue sus prop ias leyc.:s de: desarrollo con total independenc ia de los deseos huma n os y de cualquier otro factor externo. '" La técnica obedece sus leyes específicas, ob edec iendo cada máquina en función de las otras. Así cada elemento del conj unt o técnico sigue leyes determinadas por la relación con los otros dementos de este conjunto; leyes internas al sistema , por lo tanto, y en nada intluenciahles por factores ajeno s"' <Ell ul 19 90, p. 126). La técnica moderna crece por sí misma. se engendra a sí misma. Es sólo la situad (m técnica anterior la que marca nüles sedn las técnicas en uso en el momento siguiente. Unas in nov ac io nes técnicas conducen a las otras. Esto i mplica , eY i de nt emente, que nada puede hacer ya el ser humano p or controlarla o reconducirla. Tocio intento de hacerlo o bien está condenado al fracaso, o bien. si consigue t ene r algún efecto. no ll evaría más que la aplicación ele nuevas técnicas (de ges tic'>n. dt: gobierno , etc.) a los procesos t ec nológicos ya ex ist entes, con lo cual en última instancia sólo se cons eg uiría reforzar el propio sistema t ecno lógico. El hombre es una pieza más de l eng ranaje, y só lo le cahe o bed ece r también sus leyes. En el mejor ele los casos es un mero cata li zador que desencadena y acelera el moYimiento. pero sin participar en su manejo: Argumentos de Razún TécnKct. n" H. 200'i
74 AN T ONIO DIÉGUEZ Habla ndo co n pro p iedad no hay elecci ón en lo q ue respecta a Ja magnitud de tres y cuatro: cuat ro es mayor q ue tres. E sto no depende de nadie; nadie lo puede camb iar. ni decir lo contrario, ni esca par e.le ello persona lm ente . Actualmente. la decisión con respecto a la técnica es del mismo orde n. No hay elección entre dos m étodos técnicos : el uno se impone al otro fatalmente po rq ue sus resultados se cuent an, se miden. se ven. y son indiscutibles. l. .. ] Act ua l me n te la técnica ha lle gado a tal punto de evolución qu e se transfo rm a y prog resa casi sin intervención de cisiva del h om br e. Se podría decir por ot ra parte que to dos los h om bres de nu estro ti empo están apasionados de t al forma por la técnica. seguros de tal forma de su superioridad, sumergidos de tal forma en el medio técnico, que to dos sin exc<::pción est ún orkntados hacia el p rog reso t écn ico, que todos trabajan para él. que en cua l quier oficio cada uno bu sca qué perfeccionamiento t éc nico puede aponar , de tal mo do que la técnica progre sa <::n r ealidad co mo conse cu encia de es te esfuerzo común ( Ell ul 1990, pp. 74 y 79). Son diversos los problemas que pueden atribuirse a esta caracterización del determ in ismo. En pr imer J uga r. contempla la tecno logía como al go homogéneo , i nextr i cab le, sin :.11 ticul ación int erna ni nivdes diferenciados. No permite. por ejemplo. hablar de tecno l ogías de fácil control en compa - ración con otras de co ntrol más difícil. El ho lismo de Ellul ve la t ecn ol ogía como un todo q ue se acepta o se rech az a en su gl obalidad y que se ña la un cam i no único . Y puesto que esa globalidad no puede ser con trol ada por comp l eto por l os individuos o por l os gobiern os , se co ncluye, dando un salto ilegíti mo , que no es pos ible control efectivo nin guno de la tecn ol ogía. En segundo lugar, conviene a la tesis de la autonomía de la técnica en una tesis cuasi ontológica: h ay al go en la prop ia naturaleza de la tecnología que la hace ingobernable una vez alca nzado cierto nivel de desa rr ollo o cier ta forma conc reta. Como el m ons truo crea do po r el do ctor Frankenstein, una vez que est:.í en el mundo, se rebela ante cualquier intento de s um isión y ex ige inclu so obed i enc ia a su creador. Final mente, p os tula unas sup ue stas l eyes de su de sa rrollo que qu ed an en la m ás comp l eta indefinición. Ellul só lo menciona el cálculo para la max imi zación de la eficiencia (cf. Ellul 1990. p. 69). Ahora bien, la hist or ia anti gua y reciente ele la tecnol ogía desmiente que las co nsiderac iones sobre la eficiencia sea n las únicas que intervienen. Otros factores importan, y no de forma desdcii.able. Argum<:ntos <.k Rnón T¿cnit'a. n" 8, 2005
EL DETEH.'VllN!SMO TEC:'\01.ÓGICO: Il'\DJCACIONES .. . 75 En efocto, ciertas características sociales , cultur aks, éticas, estéticas o religi osas pueden hacer que una de r erminada tecnología fracase, por muy efü:i enle que sea en otro contex to social. La máquina de vapor ele Herón de Al ejandría sólo fue un juguete sofisticado a falta ele un co nt exro social como el que en el siglo X\11ll encontró pa ra ella una función su stanc ial , y en la actualidad, algunas técnicas de contro l de natalidad se vuelve n socialm<.:n te inviables en países musulmanes o donde la iglesia cató li ca e j erce una gran in flu<.:ncia. En otras ocasiones son las circunstancias de l mercado o la situación en el mismo de la s empresas que promueven una tecnología l as que ha cen que ésta triunfe fr<.:nte a tecnologías mejores desde un punt o ele vista p ur amente ingenieril. Así, el sistema Betamax en vídeo perdió la hatalb frente al VHS, a p es ar de su mejor calidad de imagen, el sistema operativo de Macintosh fue d esba n cado por el sistema Windows que trataba de imirar algunas innovaciones intro du cidas po r aquél. y el Concorde fue r<.:tirado del mercado pese a su excelente tecnología en comparació n con la de Jos aviones rransatlánticos no supe rsónicos (cf. Echeverría 2001) . Y no deben olvidarse los cada vez más importantes criterios eco l ógicos y ergoncími<:os. en especial los re lativos a la sa l ud , co n los que se juzga la recnología. En al gunos casos estos criterios h an llevado al abando no (como en el uso del DDT o de l os gases cloroíluorocarhon ados), a la par ali zación (como en el uso de la energía nuclear en algunos países), a la disminución (como en las emisiones de azufre causantes de la lluvia ácida en Europa y Estados Unidos). o al uso regulado (como en los organismos transgénicos) de cie1 tas recnologías o productos tecnológicos. (Sobre los criterios diversos <.:n los que h oy se basa la eva lu ación de tecno logías véase Niini lu oto 1997). En todo caso es necesario reconocer que <:I determinbmo tecno l ógico popular recoge en buena med ida unas ideas parecidas. Ideas que pueden rast rear se incluso en ob ras li terarias, como Frcmke11steill de Mary Sh elley y, en general , en los relatos que varían sobre el tema de l apr endiz ele brujo . Si bien, en rales casos, la t ec nología es vista más como un sujeto o u na fuerza miste ri osa con vo luntad aut ónoma que co mo un engrana je impersonal siguiendo leyes propias. Men os esrricra, y por dio mismo menos inhibi dora de la acción polí tica y de l activismo social, es la ca racrerización del determinismo t ecnológ ico que efectúa Langclon \Xlinner. Este autor trató el t ema de fo rm a clerallada en su libro de 1977 Auto 11011wus Technolog)', pero ha ido modulando y r evisando amp liam en te sus tesis en ob ras posteriores. Si en Auto11omous Tedmolop,y, p ese a i nten tar mantenerse neutral sobre la cu es tión, mostraba Ar~umc: nt os <le: Ra zón Técnica, n" H. 200'1
82 ANTONIO DIÉGUEZ una gran proporc 1 on de la tecnología desarro ll ada no se difunde, sino que se rechaza sobre fundamentos económicos y social es, muchas tecno logías están continuame nte adap t ándose a la luz de imposiciones eco nómicas y soci;iles, cualquier tecnología dada permite cierto grado de variación en l as formas de organización ad optadas para su explotación (Pavitt 1997, p. 192). Que en el asunto de la don ación, por seguir con el ejemplo, pueden ponerse puertas al campo lo prueba b propia realidad de los hechos: son numerosas las iniciativas legales en muy di versos pa í ses para r eg ular la clonación de embr iones humanos. Todas ellas hasta el moment o coincide n en pro hi bir la do nación reprod uctiva en humanos , siguiendo en esto la co ndena de la misma realizada por la UNESCO y por la As;imble;i General de la ONU en 1997 en la Declaración Universal sobre el Gen oma Hwncmo y los Derechos ele/ Hom/Jre, así como la Resolució11 del Parlamento Euro peo sobre la clcmcu.:ión de seres humanos del 15 de enero de 199 8. Algunos países prohíben también la clonación terapéuti ca . Otros, como en el caso de España, sólo pe rmiten el uso para la obtenc i ón de células madre de l os embr io nes ya existentes que han resulta do sob rantes de proc esos de fertilizaci ón in v it ro. Cnos pocos. como Gran Bret aña, Corea y Suecia, permiten la clonación terapéutica, pero estab le ce n rigurosos controles sobre la inves - tigac ión que se lleve a ca bo con los embri ones clonad os expresamente '. Por lo tanto, c:n lugar de difundir la idea de que no hay en esto control posible, lo que habría que hacer es promover acuerdos mundial es para regul ar la clonación humana de forma lo más homogénea pos ible. As í pues , el determini smo tecnológico, adem<ts de injustificable desde un punto de vista moral, es falso desd e el pun to de vista empírico; la autonomía de la técnica no es tal que imposibilite el cont ro l sobre ella. En la situación actual, como bien ha visto Winner, no se trata de si la te cn ol ogía es o no intrínsecamente incontrolable -que no lo es- , sino de si va mos a realizar políticas que abran ese control a capas más amplias de la población Aclaremo., que por clonaci<in reproductiva se entiende la que intt'nta lograr el n;tdmiento de un ser vivo. en t' Sl e caso un ser humano, genéticamente idéntico a otro; mientras que por donaciün terapéutica se ent iem le la creación <le embriont's gen<:tirnme nte 1Lh?nticos a un ser humano exi,te nte pero si n intención de implantar dicho emhricm en un !itero materno. 'ino con b finalidad obtener t·élulas mad res en las primer.i.' fa,es de su desarrollo. También se habla de clonación tcr.ipéuuca cua ndo lo que se dona con fines médicos no es un embri<'>n, sino un cuhivo celular. En tal caso no se plantean espccia Je , prohlemas éticos. Argumentos <le Razón Técnica, n" H. 2005
El. DETEHMINJSi\10 TECNOJ.ÓGICO: INDICACIONES .. . 83 o si vamos a dejar que sean élites económicas , mil it ar es o tecnocrúticas las que eje rzan ese con tro l. Porque, en efecto, entre las fuerzas qut: mueven el desarrollo tt:cnológico, que son mu y variadas y no todas ellas int ernas, están las de las diferent es políticas sociales que:: se adopta n frente a él. Algunos aspec t os de la técnica actual son ciertamente difícil es de co ntrolar, pero en tanto que pr oduc t os del hombre son susceptible de contro l por partl..' de la sociedad , aunque las medidas tengan que ser enérgicas y de aplicación internacional. Pocos han sabido expre::sar es to con tanta cla rid ad como Francis Fukuyama. quien, sin embargo , defendió el determin i smo con an terioridad. Estas son sus palab ras: Sencillamente no es cierto que el ritmo y el alcance dd desa rroll o t ecno l ógico no puedan co nt rolarse. Exist<::n muchas t ec nol ogías peligrosas , o éticamente controvertidas, que se h;m sometido a un control políti co efectivo, como las armas nucleares y la energía nuclear, los misiles balísticos, los agentes de guerra química o biológica, los órganos humanos. las sustancias neuro farmaco lógicas, etc., que no pueden desarrollarse ni circul ar libre ment e en los mercados internacio nal es. La comu nidad in ternaciona l ha r egulado co n efectivi dad la experimen tación con sujetos humanos d ur ante muchos años. Más recientemente la pro liferación <l e l os organismos mod ificad os genéticamente (OMG) en la ca dena alimentaria se ha deten i do en seco en Europa, y l os granjeros estadoun i denses empiez an a abandonar u nos cultivos transgénicos que habían inco rp orado hacía muy poco. Se puede cuest i onar la op ortun idad de tal decisión desde un punto de vista científico, pero viene a demostrar que el avance de la biotecnolo gía no es un gigante imp arable ( Fukuyama 2002, p. 300). Tras las declaracion es públicas en favor del de te rm in ismo tecno l ógico se esco nde más de una vez el des eo por parte de al gu nas é lit es tt:cnocientíficas, incluyendo por supue s to en ellas a los gestores empresariales interesados económicamente en ciertos proyectos tecnológicos, de:: que el contro l social de la tecnología sea mínimo o inexistente (al r especto puede l eerse todavía con muc ho provecho Sanmartín 1990 y, con la ilustración de eje mplos concretos del u so interesado del discurso determinista por parte de e mpr esas , Leonardi y Jackson 2001). El peligro que aq uí se encierra es que el determinismo t ecn ol ógico pueda co n ve rtirse en lo que en cit:ncias sociales se conoce como una 'profecía de au t ocump limie nt o': si t odos consi d eramos que la tecnología no es controlable, nadie hará los esfuerzos necesarios para fomentar su control. Se parte ele la dificultad re:il Argumenws de Ra z< in Tl?rnica. n" 8, 2 00S
AI\T0:\ 10 D I ÉG UEZ que encierra d control de ci e1 1as t ec nol og ía s muy di fund idas o co n valor es trat ~g i co (d esde el pu nto de vista milita r. pero ta mbién económ ico ), y de forma interesada se g en eraliza esa dificultad de control a práct icamente cualquier tecnología nov edo sa. radicalizán do la a demás hasta co nve rtirla en imposib ili dad prác ti ca de con tr ol. Co n e ll o el mensaje que se en vía a Ja sociedad es c:laro: cualquier int en to de oposicic'>n a las nuevas p rop uesta s tecno l óg icas, no scílo es reaccionario. por ir co ntra el progreso de la humanida d, sino qu e es complet ament e inúti l. La marcha dt: la tecno logía se ha ce así incontestable. P ero hay tras todo esto un peligro adicional que esta vez se dirige contra b propia cienci a. La popu la r idad de la que goza el determ inismo t ec nológico, sobre tod o, como digo. entre ciertas élit es tecnocientíficas, est:i ligado seg ún creo a un fen ómeno particula rmente pe ligroso par a el futuro de la investigación científica y t ecno l óg ica. Son ya var i os l os an alistas qu e han hecho notar cómo las actit udes anticientífi cas pa recen afian zars e e incl uso cr ece r en nue stras sociedades altam<:nte t ec nifi ca das (cf. Holton 1993 y Dun bar 1999 l. Y e ll o a pe sar del aumen to del nivel cultural de la pob lación. El creacionismo. es decir, la tesis de que la teoría de la <:vo luci ón es fa lsa y de q ue pu ede pr obarse empíricamente la creación di vina directa de la s <:species vivas. continúa reclutando adep t os en al gunos Estad os norteame rica nos . El rebti\'ismo ex tr emo qu<: equ ipara la ciencia y los mit os en sus pret ensiones de ofr ece r una desc ri pción co rr ecta del mundo. y que considera que el conoc imiento científico no es más que una construc ción social cuya Yali d ez se fundamenta só lo en d po der. es h oy m oned a co mún entre muchos intelectuales en el ca mpo de las h uman idades. Una buena parte d<: la población es inc apaz de distinguir la astrología de la as trono - mía. Por no hablar del prestigio que tiene la homeopatía en t od a Europa. Un prestigio sorp r en dente cuando has ta l ee r un poco para sah<:r que. dacias la s diluciones ex tr emas que se ha cen. es pr ác ticamente i mpos ibl e qu e ex i sta una sola mol0cula dd principio activo en un preparado h omeop~ ítico , y que no hay ninguna explicación teórica plausi ble para su uso terapéutico , mús allá del efecto placebo (a no ser que creamos en la existencia de una misteri os a "memoria del agua" sin ninguna ba se ci<:ntí.fi.c: a ). Mi convicción con respecto a t odo e ll o es qu e en bu ena med ida es tas actitu des ob edece n a una rea cc i ón ra dical al radicalismo de signo opues to que r ep r esen ta el de t ermi nis mo tecnol ógico . La fa lt a de un verda dero control democrático de la in ves ti gaci ón científica y del desarro ll o tecnológico es un ca l do de cultivo para sentimientos anticientíficos y neolud it as. Aun - q ue no sea ésta la única causa de la e xpan si <m de estos sent imi e nt os, y Argunll'ntns de Hazc'>n T érnka. n" K. 2005
EL nE'rnR l\ ll NI SMO TECl\ 0 1.Ó G ICO . I NDICACIONES ... 85 haya que contar entre e ll as también las actitudes antimo <l ernas y ultracon - servadoras, tal como subraya Gerakl H olton, o la in su ficiente comprensió n de la ciencia, como subraya Robin Dunb ar, creo que el papel desempeñado por la reacci ón pop ul ar contra d de t erm inismo tecnológico aú n no ha recihi<lo la atendún que merece. No di spongo, <les <l e luego, de ning ún dato que confirme esta re la ción. pero h ay razones que inducen a pensar q ue la hay. Los efec tos de la tecnociencia son en su gran mayoría beneficio sos y bien recibi dos po r d público. Ahí est{m c omo ejemp los l os av ances m~d i cos. l os progresos 1..·n informática. los n uevos procedimient os de com unic aci ón y transpon e, l os nue nis y mejores materia l es sintéticos. Nadie puede c abalme nte n egar eso. P ero dese.le l os añ os setenta también se h an h echo cn:cientemente noto ri os l os efectos ne ga tivos: la contaminación. la super - poh lacicín. b perturba ción gr:l\"c del me di o ambiente, las extinciones de es pecies, las armas biológicas, etc. La tecnociencia es contempla da como una gran espe ranza. pe ro t ambién como un gran peligro. Cuando es te peligro llega a ser ,·isto por al gunos como un ri es go inasumible impuesto por sec tor es q ue funcionan de forma aut ónoma. movidos por intereses particulares. Ja hostilidad se de spiena fácilmente. Cua ndo la polí ti ca cie ntífi ca y te cn ológica bri ll a por su ausencia o se: limita a distribuir fondos pa ra la irn·estigación depend iendo ck criterios de rentabilidad, es preYisible que muchos se si entan aj enos al resultado. Cuando Ja ciencia y la t éc nica comienzan en suma a ser percibidas como una forma de poder no sujeta a un mínimo control dc:mocr{uico. es inevitable que surjan, desde la o pinión pública y desde J os movimientos políti co s, recelos e incluso una fuerte oposición a b extensión de su au torida d. Por eso creo qu e en te nder ho y la libertad de investigación como la ausencia de cualquier tipo de con trol sobre la misma por parte de l os ci udada nos es pe rjudicial para Ja imagen pú blica de la cienc ia y, por ta nto , lo es también par.i el fu turo de la investi gación científica. U na ciencia mercantilizada y controlada comple t amente por intereses particulares no podrá ya es perar la alta val orac i ón social de la qu e ha gozado hasta ahora. Quizás haya llegado ya el mrnrn:nto de dejar de pasear al fantasma de Ga lil eo y de r ec onocer que la regulación social de la investigaci ón científico-t écnica, lejos de ser una nueva Inquisición dispu es ta a acabar con e ll a, trabaja real - mente en su beneficio. Argunwnt<>s d t• Ha z<">n T écnica. n" 8. 200"
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