El sentido de Frege, estado mental de segundo orden: replanteamiento pragmático-cognitivo de algunas cuestiones fregeanas
Abstract
Tras replantear en un mareo cognitivo e interpersonal algunas cuestiones fregeanas, proponemos: I. Para aquéllos cuyo conocimiento desborda al del hablante, el enunciado tendría sólo sentido. II. El nombre que funciona como sujeto del enunciado tendría igualmente sólo sentido, porque es para el hablante una visión ajena, una visión incompleta o incorrecta, que por ello requiere ser transformada por el predicado. III. Ni al nombre ni a ninguna palabra puede asignársele referencia: las palabras son categorías sintácticas, no correlatos de parcelas de la realidad. La referencia tradicionalmente atribuida al nombre no es realmente de éste, sino del enunciado.
Full text
El sentido de Frege, estado mental de segundo orden: replanteamiento prag - mático-cognitivo de algunas cuestiones fregeanas * Teresa BEJARANO (Universidad de Sevilla) RESUMEN: Tras replantear en un mareo cognítivo e interpersonal algunas cuestiones fregeanas, proponemos: 1. Para aquéllos cuyo conocimiento desborda al del hablante, el enunciado tendria sólo sentido. Iii El nombre que funciona como sujeto del enunciado tendría igualmente sólo sentido, porque es parael hablante una visión ajena, una visión incompletao inco - rrecta, que por ello requiere ser transformada por el predicado. iii. Ni al nombre ni a ninguna palabra puede asignársele referencia: las palabras son categorías sintácticas, no correlatos de parcelas de la realidad. La referencia tradicionalmente atribuida al nombre no es realmente de éste, sino del enunciado. ABSTRACT: Frege’s analysis of Sinn and Bedeutung is reviewed from a cog - nitive and interpersonal perspective. My theses are three. 1. For a hearer whose knowledge exceeds the speakerls, the sentence has only sense. IP Likewise, the noun, as sentence subject, has only sense; it is for the spe - aker not his but another’s image of an item of the world, an incomplete or incorreel imagethat requires to be trasformed by the predicate. iii. Words do not have references: tbey sbould be interpreted as syntactical catego - * Expreso mi agradecimiento al anónimo informante por sus muy valiosas y útiles suge - rencias. Revista de t-Ylea-ejk, V época. voi. Xiii (20»>. núm 23, páge 213-233, Senick & Publicaciones. Un¡vcrsidad Conipiutensc Ma&id
2 14 Teresa Rejarano ries, not as correlates of items of the world. And the reference traditio - nally attributed to nouns should be ascribed to the fulí sentence. 1. La referencia del enunciado Frege se plantea: “¿Cuál es lareferencia del enunciado? Supongamos que el enunciado tiene unareferencia. Si sustituimos en él una palabra por otra de lamisma referencia, pero de distinto sentido, esto no podrá tener ningún efec - to sobre la referencia del enunciado. Sinembargo, vemos que, en tales casos, el pensamiento cambia; pues, p. e., el pensamiento del enunciado ‘el lucero matutino es un cuerpo iluminadopor el sol’ es distinto del enunciado ‘el luce - ro vespertino es un cuerpo iluminado por cl sol’. Alguien que no supiera que el lucero vespertino es el lucero matutino podría tomar un pensamiento por verdadero y otro por falso” (Frege, 1892/1971, p. 58). Ytras lo anterior, concluye: “Un enunciado contiene un pensamiento —un contenido objetivo, apto para ser propiedad común de muchos—. (...). Ese pensamiento no puede ser la referencia del enunciado; por el contrario, debe - mos concebirlo como su sentido. (...). Nos vemos impulsados a admitir el valor veritativo de un enunciado (es decir, la circunstancia de que sea verda - dero o de que sea falso) como su referencia. (...). Ensamblando sujeto y pre - dicado siempre se consigue únicamente un pensamiento, pero no se pasa nunca de un sentido a su referencia:’ (ibidem p. 58, 60, 61). Y lineasmás ade - lante ratifica su conclusión formulándola de otro modo. “Si es correcta nues - tra suposición de que la referencia de un enunciado es su valor veritativo, entonces éste debe permanecer inmodificado cuando una parte del enuncia - do se sustituye por una expresión de la misma referencia, pero de distinto sentido. Y, de hecho, éste es el caso. Realmente, ¿qué otra cosa sino el valor veritativo podría encontrarse que pertenezca con toda generalidad a cada enunciado en el que interese la referencia de sus partes componentes, y que permanezca inmodificado en una sustitución del tipo mencionado’?” (ibidem, p. 62). (A esta conclusión llega Frege también por otra vía -la saturación de la función “ conquistó las Galias” con el objeto “César” proporciona el valor y y con otro objeto cualquiera, el valor E—. Pero esta segunda vía, no voy aquí a enfocarla. Comoya indica eltítulo, el presente trabajo no aspira a exponer la doctrina de Frege. Si tuviera que describir mis propósitos, diría que intento aprovechar en un nuevo mareo los problemas que él descubrió —descubrió como tales problemas—).
El sentido dc Fregct estado mental de segundo -,,dc,t 21 5 Aqui vamos a replanteamos la argumentación de Frege. Desde luego, él apunta a un hecho indiscutible cuando dice que si sustituimos en el enuncia - do unapalabra por otra de lamisma referencia, pero de distinto sentido, esto, que no tiene ningún efecto sobre lareferencia del enunciado, puede hacer, sin embargo, que el pensamiento cambie. Ahora bien, ¿es necesario que de ese hecho extraigamos la misma conclusión que Frege’? Para empezar, citemos un párrafo de lamisma obra de Frege a laque per - tenecían los anteriores: “Ntiestro propósito al hablar o al pensar de la Luna no es hablar de nuestra representación, y tampoco nos conformamos con el sentido, sino que presuponemos una referencia” (p. 57). Es decir, el hablante se propone hablar de la referencia misma. Ahora bien continuamos noso - tros--, con lo que de verdad se habla es con enunciados, no con palabras ais - ladas. Entonces, ¿por qué la referencia del enunciado (es decir, la referencia de aquello que es realmente la unidad de habla) no va a consistir en las cosas concretas que el enunciado significa? Al hablante del enunciado, Erege le arrebata indebidamente de la boca la referencia. Así pues, nuestro primer punto no hace sino recoger lacrítica contra Frege más usual y consabida. 1) Un enunciado sincero tiene como rejérencia la ¡validad concreía de la que trata (En este punto, lo que quiero enfocar es que el hablante de un enun - etado estaría apuntando a una referencia concreta. Qué suceda con el nom - bre, o, más en concreto, con el término sujeto, y cómo haya, en consecuen - cia, que entender exactamente la referencia del enunciado, eso es una cues - tión que abordaré en el punto tercero). Para cl hablante la referencia del enunciado es la realidad de laque allí se trata. Pero podría aquí replicarse en defensa de Frege-- la restricción inicial con laque sc abre la orac-~ anterior, ese “para el hablante”, ya deja claro que se trata sólo de un pensamiento. En este punto hemos llegado ya a la clave del asunto. Esa clave consiste en que aquí tenemos dos modos de entender ‘referen - cia’. Por un lado y esto es lo que importaba en el párrafo de Frege sobre la Luna antes citado— se consideraba a qué realidad el hablante quería apuntar. Por otro lado y este otro modo de entender se impone de pronto cuando Frege pasa a enfocar el enunciado—, el que el enunciado tuviera una realidad concreta como referencia exigiría que el hablante conociera completamente tal realidad (y eso lo había calificado al principio como “conocimiento com - pleto que implicaria que, de cada sentido dado, pudiéramos indicar inruedia -
216 Teresa Be/aran o tamente si le pertenece o no, y que no logramos nunca”, p. 52). Llamemos referencia-i a la referencia del hablante ingenuo, es decir, del hablante que no es,en ese momento al menos, consciente de ladiferencia entre la realidad tal como él (de modo imperfecto) la conoce y la realidad misma. Y llamemos refereneia-m, o referencia metafisica, al inalcanzable conocimiento comple - to. Estáclaro que la referencia metafísica no podrá asignarse a nada del len - guaje humano. Por eso, cuando Frege, al pasara tratar del enunciado, sube de pronto el listón acerca de qué sea la referencia, y empieza a entender ésta como inalcanzable, no puede tomar otra decisión que aquélla que hemos visto, a saber la de quitarle de la boca al hablante la referencia. A qué quería elhablante referirse con su enunciado, eso ya no lo considera Erege la refe - rencia del enunciado. (¿Por qué da ese paso Frege? Podemos suponer que un motivo poderoso fue el hecho de que lareferencia-i la tenía élya asignada al nombre, y de que no querría, pues, que se confundieran las referencias del término y del enun - ciado. En la base, pues, estaría el supuesto del que trataremos en nuestro punto tercero). Desde luego, atendiendo a la referencia metafísica, es completamente lógica la conclusión de Frege. El único contacto que podemos tener con la referencia así entendida (con la realidad completa y en sí misma, o sea, no parcial, no como la pensamos), es el encontrar que un determinado ensam - blaje de sujeto y pensamiento queda respaldado por la realidad, pues todo lo que quede más alLá de eso, todo lo que sea aspirar a asir tal referencia mcta - física, es absurdo. Sólo elvalor y o el valor F, por tanto. Una misma referen - cia, pues, para todos los enunciados verdaderos, traten de lo que traten1. Esa coincidencia de todos los enunciados verdaderos sería también lo que se obtendría si, contraviniendo los límites de nuestra capacidad cognitiva, fuéramos -suposición eontrafác - tica-- capaces de asir la referencia metafisica con todos sus inacabables rasgos. Enefecto, para conocer del todo la más miníma cosa, tendriamos que conocer todo el universo a lo latEo de toda su historia. 1k e., se necesitaría conocer la situación en la que se hallaban en cada instan - te de la historia del universo las moléculas de la cosa en cuestión, y los átomos de esas molé - culas, y los electrones de los átomos.... (Más que con el llamado ‘argumento del tíraehinas’ de Churcho Davidson, he preferido desplegar de ese otromodo las consecuencias de la acepción metafisica de ½eferencia’. En efecto, la invocación a la curiosidad inacabable que podría iie - gar a apuntar al todo a partir de cualquier hecho me resulta un argumento más convincente, más revelador del ‘grano de sal’ que - cuando se adopta la acepción metafisica de la referen - cia—se revela enesa línea). Davidson, 1969, p. 752-753, llama “el Gran Hecho”justamente a ese conocimiento del universo entero en el que coincidirían todos los enunciados verdaderos si, contraviniendo nuestras 3imitaciones cognitivas, pudiéramos captar la realidad correspon -
El sentido dc Irege, estado mental de segundo orden... 217 La discusión entre los muchos queasignan como referencia al enunciado verdadero un hecho o situación real, y aquellos otros que, como Frege, le asignan meramente un valor veritativo, sería, pues, el reflejo de la dualidad de acepciones de ‘referencia’. Quienes atienden a la referencia ingenua del hablante, harán al enunciado corresponder con la situación2, y quienes entienden La referencia como lareferencia metafísica, tendrán que optar por el valor veritativo. Pero ¿cómo surgen esos dos diferentes enfoques? Volvamos al argumento de Frege acerca de la referencia del enunciado y caractericemos cuáles son exactamente las sustituciones correferenciales que causan el efecto dramático que lleva a la conclusión. Si tales sustituciones se eligen en el interior del conocimiento del hablante originario, si para elegir - ías no se sale de esos límites, entonces no hay efecto dramático ninguno: cualquiera de esas nuevas formulaciones del enunciado seguirá apuntando para el hablante a la misma realidad. Es decir, que toda la fuerza del argu - mento descansa en que hemos traspasado los límites de la referencia del hablante, y, por tanto, su conclusión no debe extenderse a la referencia inge - nua del hablante. Con el pretexto de que el hablante no es omnisciente, o, dicho de otra forma, no posee la inalcanzable referencia metafísica, no hay derecho a quitarle de la boca al hablante la referencia a la que él apuntaba. 2. El sentido del enunciado Así pues, el que esa referencia del hablante llegue a aparecer como mero pensamiento, o, dicho de otro modo, como presentación parcial y limitada de la realidad, eso, repito, ¿cuándo sucede? Sucede sólo cuando hemos ido más allá de los límites cognitivos de ese hablante, y, por tanto, cuando lo estamos viendo desde fuera. La primera persona del hablante originario se ha conver - tido ahora en tercera --o, más bien, en segunda— persona para quienes han diente al enunciado. Pero Davidson no olvida las limitaciones cognitivas, y sólo usa el (iran Hecho como argumento para reducir al absurdo la idea de correspondencia entre un enuncia - do y un hecho. Lo mismo es lo que concluye Frege, ya lo hemos visto. Después de pasarse a la referencia. metafisica como modo dc entender la referencia concreta del enunciado, no le queda, salvo que olvidara las limitaciones cognitivas, otra opción que la de la referencia abs - tracta o mero valor dc verdad. 2 ‘Situación’ o ‘hechos’ es la terminología usada por esos autores. Yo no me comprometo con ella. En el punto tercero, cuando presente mi propuesta sobre el nombre, y más en con - ereto, sobre el nombre que funciona como sujeto del enunciado, entonces será el momento de re,víndicar mi propia manera de explicar la referencia del enunciado.
218 Teresa Bqarano heredado el enunciado, y, correlativamente, la referencia ingenua del hablan - te originario se ha convertido en una visión ajena y deformada de lo desig - nado. Nuestra segunda propuesta va, pues, a ser: 2) El sentido del enunciado, el enunciadocomo mero pensamiento, es justo lo que la referencia ingenua del hablante pasa a ser cuando es vista por otra persona con un punto de vista diferente al del hablante. Y esos dos momentos del enunciado han de ser diféren ciados: en el primer momento, lo que dice el enunciado es referencia, yen el segundo momento, eso mismo es sentido. La referencia-i, o ingenua, del enunciado es la del hablante originario en primera persona. Cuando el hablante originario es visto desde fuera, y fun - ciona, pues, como segunda o tercera persona de alguien con un acervo cog - nitivo diferente sobre lamisma cosa, entonces la antigua referencia-i aparece como mero sentido o pensamiento, es decir, como mero producto de una mente limitada que refleja imperfectamente la realidad. El Sinn sería, según eso, intrínseca y exclusivamente interpersonal. Y laempresa que Frege quiso llevar a cabo, exigiría de modo indispensable el diferenciar los puntos de vista de la primera persona y de la segunda o la tercera persona. Aunque Frege no lo considerara así, la comunicación y lo dialógico resultan estar en el núcleo de las cuestiones que le hemos visto plantear3. Ya hemos presentado nuestra segunda propuesta, a saber, que el Sinn surge cuando aquello que para el punto de vista del hablante originario era referencia pasa a verse desde fuera de ese hablante. Ahora mostraremos que eso encaja con algunas afirmaciones de Frege. Esas afirmaciones, que, en mí opinión, coinciden con los puntos más lúcidos y profundos de “Sobre el sen - tido y la referencia”, aparecen, por un lado, cuando Frege culmina sus esfuer - zos para caracterizar el sentido, y, por otro lado, cuando expone lo que ha sido llamado ‘el puzzle de los contextos actitudinales’. Veamos este puzzle. “La referencia del enunciado subordinado no puede ser su valor veritativo. Eso es una excepción a la regla general, pero que en 3 Cuando la Filosofia del Lenguaje giró hacia lo comunicativo, sc empezó por atender a los actosde habla del tipo de bautizar, ordenar, bendecir..., y clío fee, desde luego, oportuno y conveniente. Pero la función enunciativa común, la predicación, no atrajo interés; parecia como si ella friera ante todo el territorio de los lógicos. Ese desinterés, creo, fue lamentable.
El sentido de Erege, estado mental de segundo orden... 219 absoluto desautoriza tal regla. La falsedad de ‘las órbitas de los planetas son circulares’ no impide que sea verdadero el enunciado ‘Copérnico cree que las órbitas de los planetas son circulares’. La referencia del enunciado subor - dinado es un pensamiento” (p. 64-65). Esto es una ilustración perfecta del proceso que nosotros hemos propuesto para explicar cómo un enunciado simple puede ser despojado de su referencia y reducido a tener solamente sentido. El sentido o pensamiento, lavisión que aparece como deformada, es lo único que queda cuando el enunciado es visto desde otra persona que tenga un grado de conocimiento distinto sobre el asunto. Si esa otra persona es el oyente del enunciado, entonces esa persona tratará como segunda per - sona al antiguo hablante. En cambio, en el caso de los contextos actitudina - les, esa otra persona es exactamente el hablante del enunciado complejo, es decir, alguien que asigna la tercera persona al hablante originario, o sea, a Copérnico. Si el hablante del enunciado complejo hubiese tenido el mismo grado de conocimiento (o, más propiamente, de ignorancia) que Copérnico, entonces habría utilizado ‘Copérnico sabe’ y no ‘Copérnico cree’, y no podría juzgar como verdadero ese enunciado complejo sin también juzgar como verdadero el subordinado4. Luego la clave está en que el enunciado complejo sea dicho más allá de los limites mentales del hablante originario del enunciado simple. Pero en Frege el después llamado puzzle de los contextos actitudinales también aparece aplicado al nombre —aparece, en efecto, en la primera parte de “Sobre sentido y referencia” (la dedicada al nombre), y no sólo en la segunda parte, o parte dedicada al enunciado—. Así él nos dice que en el esti - lo indirecto, o (como más precisa y abarcativamente podemos ahora decir), en la subordinada de los contextos actitudinales, y —puntualizando de nuevo mas allá de la formulación de Frege--- sólo si ahí se opta por una versión de dicto, en esos casos, repito, sucede que las palabras se refieren a lo que habi - tualmente es su sentido. fin ‘Colón dijo que las tierras por él descubiertas 4Lo mismo debería suceder en los enunciados complejos actitudinales cuyo sujeto sea ‘yO’ y cuyo verbo principal esté en presente. Sin embargo, esto se complica un poco. Como Benveniste. 1958 ¡ 1972, p. 184-185. supo ver, se da una asimeiría de significado entre ‘yo creo’ y las demás personas o tiempos de ‘creer’. Esa asimetría lleva a la cícencia del ‘yo creo’ a teñirse de una sombra de duda, mientras que en las demás personas o tiempos la creencia puede ser subjeiivamente lan firme como quiera. I.a sensatez y sentido de economía del len - guaje resplandecen en esa curiosa asimetría. En electo, sin ella, o sea, con el significado de creer’ manteniéndose inmutable a. lo Jargo de toda su conjugación. ‘yo creo que p’ no podria aportar sitio una redundancia absurda a ‘p’.
220 Teresa Bejarano eran ricas en oro’5 no podemos sustituir ‘las tierras por él descubiertas’ por ‘América’, no podemos hacerlo, al menos si queremos ser fieles a la menta - lidad de Colón. Ese sentido no supone realmente, nótese, carencia de víncu - los con larealidad en cuestión, sino sólo un atenimiento a una visión defor - mada de tal realidad. Esa visión deformada de la realidad en cuestión es una visión ajena al hablante (si no fuera ajena al hablante, éste no la juzgaría deformada), y una visión que él, el hablante, siente como propia de la men - talidad de Colón. El sentido como interpersonal no puede ser aquí más lla - mativo. Y la clave no está en la subordinación, ni siquiera en la subordinación respecto a un verbo de decir, sino sólo en la atención auna mente distinta de lapropia. Nótese, en efecto, que tras ‘Yo aseguro que’, p. e., no cabe que el hablante opte por una versión de dicto (cualquier designación que él pueda darle al objeto mencionado en la subordinada designará para él el objeto en cuestión). Pero con toda esta revista del tercer puzzle no estamos diciendo nada nuevo: esaexigencia de interpersonalidad del Simm está en Erege. Después de haber admitido que en el lenguaje natural puede haber un solo signopara sen - tidos diferentes —un solo signo “Aristóteles” para acervos de conocimiento distintos sobre el asunto (p. 51, nota 2)—, es decir, después de que el sentido haya dejado de tener correspondencia biunívoca con el significante, Frege tiene que defender al sentido frente ala posible (y muy real, posteriormente) acusación de que sería privado, y por tanto, no operativo para el estudio del lenguaje. Y eso es justo lo que hace en el párrafo sobre la representación o Vorstellung. Pero de momento, la diferencia del sentido frente a la representación, parece Frege plantearla, más que como interpersonalidad del sentido, como objetividad impersonal frente a subjetivismo.“Mientras que no existe ningu - na objeción para hablar del sentido sin más, en el caso de la representación, en cambio, para ser estrictos, hay que añadir a quién pertenece y en qué momento” (p. 54-55). Esto parece concordar con la definición bajo la que presentó el ‘sentido’: “modo de darse lo designado” (p. 50), con el ‘darse’ en general, o sea, a nadie en particular Pero en seguida Frege se autoobjeta: “Quizá alguien diría: Al igual que con la misma palabra uno asocia tal representación, el otro tal otra, también Construyo yo el ejemplo, porque no hayejemplo en Frege. Se imita a afirmar que “en el estilo indirecto, las palabras no tienen su referencia usual, sino que screfieren a lo que habí - tualmente es su sentido” (p. 53).
El sen fido de Frege, estado mental de segando orden... 221 puede uno asociarle tal sentido, el otro tal otro” (Encontramos ahí de nuevo la idea que admitió en la segunda nota de “Sobre sentido y referencia”, es decir, laidea de que el sentido de “Aristóteles” de tina persona puede ser dife - rente al sentido de “Aristóteles” de otra). Y entonces pasa a formular de un modo más adecuado la diferencia: “Eso no impide que ambos conciban el mismo sentido; pero no pueden tener la misma representación” (p. 55). Concebir el mismo sentido de Aristóteles dos personas que de entrada tenían dos sentidos diferentes de Aristóteles: eso claramente está enfocando ya la comunicación interpersonal. “El sentido, como la imagen en el cristal del telescopio, es, en verdad, sólo parcial, y depende del lugar de observación; pero, con todo, es objetivo, en la medida en que puede servir a varios obser - vadores” (p. 55). ¿Que larepresentación, aunque intransferible en principio, puede llegar a ser comunicada de algún modo en la poesía’? Así es —reconoce Frege—. Pero, tras ese reconocimiento, da la última vuelta de tuerca a su formulación de la diferencia. La transmisión de la representación se hace “mediante matices y énfasis que no son objetivos, sino que el oyente o lector ha de dejarse llevar por las alusiones del poeta. (1,) Nunca puede averiguarse exactamenteen qué medida nuestras representaciones corresponden a los propósitos del poeta” (p. 56). 0 sea, el sentido ha quedado definido al final como lo que es comu - nicado de un modo exacto. Y, por tanto, lo que alguien pueda tener en su cabeza bajo el signo Aristóteles, no llega a ser tín sentido a menos que sea comunicado, y mientras que no lo sea, aquello no sería asunto del lenguaje, sino sólo de la psicología individual. La línea anterior, aunque, por un lado, pueda sonar a teoría neomilliana antifregeana (a la crítica que Wettstein, 1986, hace de los puzzles, concretamente), se podría también, por otro lado, presentar como una glosa fiel de Frege. 3. ¿Referencia del nombre? Ahora es ya el momento de volver a plantearnos la cuestión del nombre: ¿Tiene o no tiene referencia? Y a la vez hemos ya de perfilar nuestra postura acerca de la referencia del enunciado. Nosotros proponemos que el enuncia - do tiene como referencia la referencia ingenua del hablante, y que ésta es la cosa concreta a que el hablante apunta (no la ‘situación’ o ‘los hechos’, ter - minología que pretende ubicar en la realidad lo que es —argúiremos en segui - da en pro de ello — sólo una estructura sintáctica). Pero ¿qué hay, entonces,
228 Teresa Bejarano co, haya de ser conocido de antemano por el oyente9. Recordemos aquello que Frege detectaba en la subordinada de los contextos actitudinales, la conversión enmero pensamiento. Se advertirá la estre - cha analogía entre esa conversión y la que acabamos de proponer como ori - gen del término sujeto. Lo mismo que el enunciado de Copérnico acerca de las órbitas pretendía en boca de Copérnico apuntar a la realidad misma, y, en cambio, cuando es considerada por un kepleriano que enuncia ‘Copérnico creía que las órbitas de los planetas eran circulares’, pasa a funcionar como mero pensamiento o sentido, exactamente del mismo modo, repito, sucede que, cuando Kepler lanzó a su audiencia (audiencia copernicana, claro) su afirmación ‘Las órbitas son elípticas’, el sujeto ‘las órbitas’ está por aquello que habria sido la referencia ingenua de un enunciado de Copérnico, es decir, está por larealidad deformada según Copérnico, y de ahí que funcione como un sentido dentro del enunciado kepleriano (¿Y la proferencia actual de La oración de Kepler? Está claro que o se dirige apersonas poco doctas en astro - nomía, o, si no es así, es realmente redundante y tautológica). 9Pero hay otro origen posible, y aún más tipico. El mensaje que paradigmáticamente da lugar a una predicación que lo completa y enjuga sus lagunas, es la interrogación parcial. FI objeto de la interrogación pasa a convertirse en elemento temático de la predicación de res - puesta. Para el punto de vista del hablante de la predicación, ese elemento temático es una visión ajena insuficiente, eso ya lo sabemos. Pero ¿qué es,para el punto de vista del hablante de la interrogativa, el término objetode lainterrogación? Es una descripción que intenta desig - nar de modo preciso y sin peligro de confusiones una realidad o referencia ingenua de su des - tinatario, es decir, del futuro hablante de la predicación de respuesta. Pero el interrogador se considera así mismo --a si mismo y justo en ese momento— como ignorante acerca de esa refe - rencia, a pesar de que haya sabido designarla. Lo que él posee, lo ve él mismo como vísion insuficiente (insuficiente, aunque no falsa: el conocimiento propio de uno y vigente no puede uno nunca, por definición, considerarlo falso).Así pues, en este caso (el caso de la interroga - ción para el hablante interrogador) el sentido no es ajeno, sino propio del hablante que lo maneja como tal sentido. Esto sólo sucede en la interrogación, y se corresponde con el hecho de que el interrogador ofrece ese sentido como elemento temático para la predicación de res - puesta que él está pidiendo. Este sentido, aunque tiene la peculiaridadde ser propio del hablan - te (del hablajite interrogador) que lo está usando, coincide -éste es eí punto que queremos subrayar— con los demás sentidos en el hecho de proceder de lo que para una cognición dife - rente era una referencia. La referencia ingenua del sabio destinatario de la interrogación es aceptada ingenuamente también por el interrogador. El interrogador, en efecto, atribuye a su destinatario la captación de la realidad, y en consecuencia son sus propias limitaciones cogni - tivas las que él percibe como tales. En todos los casos, pues, la separación entre referencia y sentido vienedel cambio de una persona a otra, y, más precisamente, a otra que posea un grado diferente de conocimiento sobre aquello de lo que se trate.
El sentido de Erege, estado mental de segundo orden... 229 3.2. Consecuencias de nuestro tercer punto Una primera consecuencia del punto anterior sería lo siguiente. La única manera de comunicar acerca de la realidad es hacerlo partiendo del entendi - miento que el destinatario tenga de la realidad. Es decir, nunca podemos comunicar o trasvasardirectamente nuestra visión de la realidad. El punto de partida indispensable es siempre el de conseguir apuntar a algo que el desti - natario ya tenga en su mente. Sólo una vez que se haya conseguido eso, es cuando se podrá ya transformar la opinión ajena para acercarla a lapropia. Es habitual el dicho de que no se le puede enseñar a un ciego de nacimiento los colores. Pues bien, lo que estamos proponiendo es que tan imposible, o aún más, sería enseñar cualquier realidad del mundo a alguien que no hubiera conectado ya de algún modo, bien conesa realidad, bien con algo a partir de lo cual se la pueda localizar La visión del otro puede ser errónea, o puede también ser también un perfil vacío acerca de cuyo relleno ha confesado su ignorancia~1 o puede incluso (y ése es el punto máximo de lo que puede hacer el hablante, o, dicho de otro modo, el punto mínimo al que puede descender el oyente sin que por ello la comunicación se frustre) ser algo acerca de cuya existencia tenga dudas el destinatario. Pero siempre el hablante tendrá que partir de esa conexión deformada o incluso dubitativa. Sólo partiendo de ella es como podrá completarla, corregirla, o darle el espaldarazo que supone un —Sí—de respuesta a interrogativa total, o un ‘existe’11. Pero tras esa primera consecuencia, habría otra. La sintaxis se generaría justo a partir de la visión ajena que se percibe deformada. En efecto, la sin - taxis lapodemos describir del modo más aséptico, como la necesidad que una Ib “El domicilio de Manolo”, “La hora de la conferencia”: ‘uso atributivo’ de Donnellan, nombrede función’, o, más simplemente, objeto de una interrogación parcial. ¿Y en “Hay flores”? ¿No seestá apuntai~do ahí a una realidad sin que por ello “flores” desempeñe el papel de sujeto o de elemento temático? Con el presentativo, se está apuntando a una realidad, pero indeterminada (Ya Frege, 1892W 1971, p. III, notó la imposibilidad de “Hay Julio César”). Sucede que “flores” es una palabra del código, y que, por tanto, cualquie - ra que conozca ese código podrá evocar la presencia de flores. Lo que el enunciado presenta - tivo afirma es sólo que eso, una presencia de flores,se está dando en el lugar y tiempo en cues - tión (Desde luego, acerca de esas flores, que para entonces ya serán “las flores”, se podrá seguirhablando hasta lograr transmitir una sensación de individualidad y concreción. Esa sería la capacidad del buen escritor de ficción: hacer que lo presentado en principio sólo mediante un concepto general lleguea parecer un individuo). Pero todo esto no hace sino ratificarnos en que la conexión con una determinada y coacreta realidad no puede establecerse sino con el tér - mino que desempeña el papel de sujeto (o de elemento temático).
230 Teresa Bejarano palabra tiene de ser completada con otra para poder servir a una intención comunicativa. Esa necesidad no se presenta mientras no se dejan atrás aque - llos tipos de mensaje (vocativos y sustantivos de petición) en los que la ento - nación, al menos en un origen, pudo bastar perfectamente. Hay que llegar a una palabra que, a la vez que conecta con la realidad, lo haga de un modo que hayade ser mejorado: sólo así es como la palabra deja de ser autovalen - te, y pasa a necesitar completamiento sintáctico. Mientras la palabra que conecta con la realidad sea entendida al modo como el hablante entiende la realidad en cuestión, no habría necesidad de completamiento alguno12. Todos los rasgos, detalles o peripecias que para el hablante son propios de la reali - dad en cuestión, están incluidos en su mera designación. Sólo el quiebro interpersonal puede hacer que se presenten separados de la realidad a la que pertenecen. Así, el sentido, o sea, la visión ajena que es percibida como deformada, se revela el motor de la sintaxis. Y esa condición de motor y generador, hay que entenderla de un modo fuerte, bastante más fuerte del usual. En efecto, para describir la función comunicativa de las predicaciones13 es clásico decirqueel hablante de la pre - dicación quiere cambiar, corregir o completar, la creencia que él supone que el destinatario tiene sobre el tema en cuestion. Pero eso, aunque correcto, se quedaría demasiado corto. Allí, el que el hablante haya captado la visión deformada actuaría sólo como causa que empuja al hablante a su acto comu - nicativo de predicación, o, dicho de otra forma, como explicación de que tal acto comunicativo se produzca, pero no como explicación de que tal acto tenga la forma, la conformación sintáctica, que tiene. En cambio, lo que esta- 12 ‘La palabra que conecta con la realidad’, hemos dicho. ¿Por qué esa puntualizacion? Pensemos en ‘El vestido azul de seda está en la tintorería’. Ahí está claro que sólo el conjun - to ‘el vestido azul de seda’ conecta con la realidad. Hay en el contexto en cuestión varios ves - tidos, e incluso varios vestidos azules. Por eso, es necesaria la acumulación de los tres rasgos para que el oyentepueda llegar a la elección mental correcta del vestido dcl que se trata. Pues bien, ahí, ‘el vestido’ e incluso ‘eí vestido azul’ no serían aún ‘palabra que conecta con la rea - lidad’. Y, por tanto, el problema del que estábamostratando se Ibrmularía en este ejemplo así: ¿Por qué va a haber que añadirle nada a ‘el vestido azul de seda’, es decir, por qué va eso a necesitar un completamiento, si por sí mismo ya conecta con la realidad? Naturalmente, cuál sea el significado concreto del predicado no importa (piénsese en ‘El vestido azul que está cn la tintorería esde seda’k es sólo ¡a función de predicadocomo tal la que provoca eí problema. 3 ¿Qué quiero decir con ‘la función comunicativa característica de la predicación’? Me rcfiero a aquella función que, aunque a veces ausente (sustituida, p. e., por la fática de Malinowski) en una oración que tiene forma depredicación, no podria. salvo casos especialí - símos, ser desempeñada - éste os el criterio decisivo- si no existiera la forma sintáctica de la predícacion.
El sentido de Frege, estado mental de segundo orden... 23 1 mos ahora proponiendo es que la visión percibida como deformada vendría a ser justo una primera parte intrínsecamente incompleta, e intrínsecamente, pues, necesitada de completamiento. Pero el sentido no sería sólo el motor de la predicación simple, que es lo que hasta ahora hemos defendido, sino también de la sintaxis compleja de la subordinación. En efecto, cuando un enunciado pasa a ser pensado desde un punto de vista exterior a los límites cognitivos de su hablante y queda, pues, reducido a no tener sino sólo sentido, justo entonces es cuando puede acce - der a la condición de sintácticamente subordinado. Recuérdese la subordina - da de “Copérnico creía”. Pero pasemosa otra glosa o consecuencia de la propuesta queaquí hemos presentado. Habríaquereinterpretar la insistencia de Frege —de Frege y de los neomillianos conjuntamente—- en que el hablante quiere apuntar a las cosas y no apensamiento alguno. Esavocación realista del habla es indiscutible. Pero ¿qué es exactamente laconclusión que debemos obtener de ahí? Yo diría que la conclusión correcta es sólo que el enunciado o predicación hace referencia a las cosas. El enunciado completo sí tiene referencia (por supuesto, referen - cia-í o ingenua). Pero me parece equivocado el vincular al nombre esa voca - ción realista. El nombre en el lenguaje humano es un elemento para la sinta - xis. No se apunta a la realidad con el nombre, sino con unacombinación sin - táctica. La lácida argumentación de cnfoque biológico que recientemente Millikan, 1997, y 1998, en la estela de Kripke y Putnam, está lanzando con - tra la visión del concepto como racimo de descripciones, o como lista de ras - gos necesarios y suficientes, debe aplicarse directa e inmediatamente sólo a la reidentificación perceptual, no al nombre o término lingáistico, pues en el lenguaje interviene la sintaxis. La semántica del término lingúístico recoge, por supuesto, las categorías biológicas o perceptuales, pero no puede asímí - larse a ellas. Su semántica es indisociable de la sintaxis. En efecto, una pala - bra no puede serlo si no es una determinada ‘parte de la oración’ (o ‘catego - ría’ de la lingúística categorial). Y cada parte es constitutivamente aquello que requiere el enlace con otras partes14. ¿Dejamos las palabras y pasamos a 14 Además, una determinada palabra se aprende al escucharla junto con otras palabras; y las distintas palabras que la han acompañado en las distintas ocasiones en que se la ha oído forma,, parte de la configuración mental que se posee como significado de tal palabra (Por supuesto, de tales ocasiones no habrá el recuerdo consciente de la memoria de tipo recolecti - yo o superior. Pero hoy ya tenemos claro que hay otro tipo de memoria que está impregnando y conformando todo). Las palabras acompañantes másusuales estarian unidas con más frerza (En definitiva, estamos sugiriendo que los enlaces de la gramática categorial o del reciente
232 Teresa Bejarano enfocar el término sujeto y el término predicado considerados como unida - des con independencia de cuántas palabras formen parte de cada uno de ellos? Vuelve a aparecer elmismo problema: No hayforma de dividir la rea - lidad de modo que una parcela sea asignada al primero, y otra parcela al segundo. El término sujeto, venimos repitiendo, no conectaría con la realidad en cuestión sino indirectamente, como una creencia que el hablante percibe como falsa o insuficiente sobre tal realidad. En muchos autores, la referencia del nombre funciona como un punto de partida tan obvio que ni se cuestiona. Pero, en mi opinión, es un error el con - ceder referencia al nombre, en vez de concedérsela (ésa, no el valorV o E, ni tampoco la ‘situación’, sino justo ésa misma) sólo al enunciado. La sintaxis, y con ella, necesariamente, los significados como partes de la unidad sintác - tica, eso es el núcleo esencial del lenguaje humano, y es, además, algo que, hemos sugerido, podria explicarse a partir del tipo de comunicación que empezó aser concebible tras el surgimiento de los estados mentales de segun - do orden, o sea, de ‘la creencia acerca de creencia’. ¿Por qué, entonces, habría que hacer corresponder una parecía de realidad con el nombre o con cualquier otra categoría sintáctica? 4. En resumen Pero, aparte de ese punto en que acabamos de insistir, resumamos los otros que se desarrollaron en el presente trabajo. Hemos recomendado man - tener bien separadas y distintas las limitaciones cognitivas de la referencia ingenua, limitaciones reales, pero no percibidas como tales por ese hablante, y aquellas otras limitaciones cognitivas ajenas que el hablante percibe. A lo 4uéÁe ha urgido, en definitiva, es a puntualizar cuál es el punto de vista al que en cada momento está atendiendo. Y es que, en efecto, en nuestra pro - puesta, ese punto de vista es crucial. La reducción a mero pensamiento o sen - tido tendría lugar cuando aquello que en la primera persona tenía referencia (ingenua, claro) pasa a ser visto desde fuera de las limitaciones cognitivas de esa persona (que ahora es, pues, tratadacomo segunda o tercera). Y la idea de mínimalismo deberían extenderse hacia la semántica). Las connotaciones resultan así algo necesario e imparable. Y la metáfora se insinúa como la aplicación de los engarcesmás Ñer - tes de una palabra a algo cuyo nombre habitual carece de tales engarces. Así también queda explicada la facilidad con la que habitualmente forjamos combinaciones sintácticas: cada tér - mino que se escoge preactivaría la gama de sus acompañantes potenciales.
El sentido de Frege, estado mental desegundo orden... 233 la inasible referencia metafisica surge cuando la primera persona sea capaz de aplicar a su propia visión vigente la lección —la lección de humildad— que de seguro ha ido obteniendo acerca de cualquier referencia ingenua, ya ajena, ya propia suya pasada15. Referencia bibliográfica BEN VENISTE, E., 1958/1972, “De la subjetividad en el lenguaje”, recogido en Problemas de Lingíiística General, s. XXI. BOGDAN, R. J., 1987, “Mmd, Content and Information”, Svnthese, 70, 205- 227. BONOMI, A., 1987, “Relevant Situations”, Synthese, 73, 623-636. DAVIDSON, D., 1969, “True to the Facts”, Jaurnal of Philosophy, 66, 748- 764. DILINNFTT, D. C., 1978, “Beliefs about beliefs”, Behavioral and Brain Sciences,1,568-570. FRECE, G., 1892 /1971, “Sobre Sentido y Referencia”, recogido en Estudios sobre Semántica (trad. U. Moulines), Ariel. FREGE, (i., 1892b /1971, “Sobre concepto y objeto”, recogido en Estudios sobre Semántica (trad. U. Moulines). Ariel. HINTIKKA, J., 1984, “A hundred years later: The risc and falí of Frege’s influence in language thcory”, Svnthese, 59, 27-49. MILLI KAN, R. (1., 1997, “Images of ldentity: In Search of Modes of Presentation”, Mmd, 106 (423), 499-5 19. MILLIKAN, R. 6., 1998, “A common strueture forconeepts of individuals, stuffs, and real kinds: More Mama, more milk, and more mouse”, Behavioral and Brain Sciences, 21, 55-100. WETTSTEIN, FI., 1986, “Has Semantics rested on a Mistake?”, Journal of Philosophv, 83, 185-209. ~ Aquí, la operación de convertir la referencia ingenuaen un mero pensamiento o senti - do cambiaría de nivel: En vez de ser interpersonal, llegaria ahora a ser radicalmente intraper - sonal, pues nperaríasobre la visión propiavigente. Esa humildad cognitiva que supone el sen - tido intrapersonal no entrega, por supuesto, la inasible referencia metafisica, pero proporciona el punto de comparación respecto al cual la propia visión vigente acaba apareciendo como incompleta y mejorable (yde ahí --aunque esto ya correspondería a otro trabajo-- también sus - ceptible dc ser rcfnrmulada creativamente si cíío es necesario para alcanzar la solución de algún problema).