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La crónica parlamentaria en la obra periodística de Víctor Márquez Reviriego (1977-1981)

Romero Portillo, José

Abstract

Tras la muerte de Franco, el Parlamento recupera un lugar hegemónico en la escena política española y se convierte en un referente informativo ineludible para los medios de comunicación. Desde 1977, numerosos periodistas acuden al Congreso de los Diputados y al Senado con el fin de hacer públicas las sesiones celebradas en ambas cámaras, o, lo que es lo mismo, con el objetivo de informar e interpretar los debates y las decisiones adoptadas por los representantes políticos, elegidos democráticamente por los ciudadanos en unas elecciones. Después de varias décadas de secretismo y ausencia de diálogo en las Cortes orgánicas de la dictadura, Parlamento y medios de comunicación confluyen en un entorno de libertad de prensa, amparado constitucionalmente. Entre los periodistas que se asoman a la ventana informativa de esas nuevas Cortes de la Transición democrática, se halla Víctor Márquez Reviriego (Villanueva de los Castillejos, Huelva, 1936), quien, entre 1977 y 1981, firma en la revista Triunfo más de un centenar de crónicas sobre el Congreso y el Senado, tituladas `Apuntes parlamentarios¿. Estos trabajos del autor onubense retoman una tradición periodística surgida en España doscientos años antes, cuando en las Cortes de Cádiz se estableció un régimen representativo basado en el principio de soberanía nacional. Desde esa fecha, Parlamento y periodismo permanecen unidos como las dos caras de una misma moneda, o, dicho de otro modo, como contrapesos necesarios en la balanza democrática. Con ánimo informativo y crítico, Víctor Márquez Reviriego compone durante cuatro años ¿los que van desde la inauguración de las Cortes en julio de 1977 hasta el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981¿ un retrato de la situación política en España, en el que se describen acontecimientos parlamentarios de notable interés histórico, como la tramitación de la Constitución Española de 1978, la abolición de la pena de muerte, la amnistía para los presos políticos del franquismo, la reforma fiscal, el consenso de un amplio programa económico ¿los llamados Pactos de la Moncloa¿ o las negociaciones mantenidas para la formación del Estado de las Autonomías. Asuntos que, a día de hoy, continúan suscitando el debate o la reflexión histórica, fueron abordados in situ por el periodista de Triunfo, con una equilibrada muestra de rigor informativo, análisis político y creatividad literaria. Las crónicas de Víctor Márquez Reviriego, publicadas bajo el título genérico de `Apuntes parlamentarios¿, suponen no sólo un importante hito en la trayectoria de este profesional andaluz, sino que constituyen, además, un testimonio periodístico e histórico sobre la llamada Transición democrática, así como una manifestación concreta de la renovación estilística que experimenta el género de la crónica parlamentaria tras el final de la dictadura franquista. Para demostrar esta hipótesis, en esta tesis doctoral se han establecido los siguientes objetivos: a) Objetivos primarios: - Estudio de la biografía de Víctor Márquez Reviriego - Contribución de Víctor Márquez Reviriego a la interpretación de la realidad política española entre 1977 y 1981 - Análisis estilístico de las crónicas parlamentarias - Valoración del trabajo de Víctor Márquez Reviriego como revitalizador de la crónica parlamentaria durante la Transición española b) Objetivos secundarios: - Contexto histórico, político, social y cultural de la obra periodística de Víctor Márquez Reviriego - Acercamiento teórico y definición de la crónica parlamentaria en el contexto de los géneros periodísticos - Estudio de la evolución de la crónica parlamentaria en la historia de la prensa española 2. Material y metodología utilizada Más allá de apoyarse en un único método de estudio, en un único sistema teórico o en una única escuela de pensamiento, en esta tesis se ha optado por seguir una línea interdisciplinar, con el propósito de aspirar a incorporar contenidos y técnicas propios de diferentes áreas de conocimiento, como pueden ser la Historia de la Comunicación Social, la Historia del Periodismo Español, los Géneros y Estilos Periodísticos, la Documentación Periodística o el Análisis del Discurso Periodístico. En función de los objetivos marcados, se ha desarrollado un enfoque metodológico heterogéneo, basado especialmente en a) la búsqueda de fuentes ¿tanto primarias como secundarias¿, b) la descripción biográfica ¿denominada aquí ¿historia de vida¿¿, c) la contextualización histórica y d) el análisis de contenido de las crónicas parlamentarias publicadas por Víctor Márquez Reviriego. Se ha estimado, por tanto, que esta tesis requiere de una metodología cualitativa, amplia y diversa, no reducida a un solo modelo de investigación, que limite las opciones de estudio. Dentro de esa metodología, merece especial atención el análisis de contenido, que ha sido utilizado como una herramienta destinada a la disección de los `Apuntes parlamentarios¿ publicados por Víctor Márquez. Para ello, se ha realizado un muestreo entre todos los trabajos periodísticos firmados por el autor onubense entre 1977 y 1981, con el objetivo de seleccionar aquellos que estrictamente se correspondieran con la crónica parlamentaria, pues es este género el que conforma el núcleo de nuestra investigación. En este sentido, el universo o corpus inicial del que partimos constaba de más de un centenar de textos publicados en la revista Triunfo. De todos ellos, hemos elegido una muestra representativa y equilibrada de veintinueve crónicas, cifra que supone el análisis de una cuarta parte de la obra parlamentaria de Víctor Márquez, a razón de siete crónicas por año, entre 1977 y 1980, y una de 1981, la referida al golpe de Estado del 23 de febrero, pues fue ésta la única que firmó en dicho ejercicio. Los criterios de selección de esos trabajos no han sido aleatorios, sino que se han correspondido con una sistematización periodística, histórica y lingüística, a través de la cual se ha intentado primar aquellas crónicas que destacaran por su interés documental, por su trascendencia como fuente informativa y por su calidad literaria. Tras establecer esa muestra representativa, se ha procedido al análisis de contenido, cumpliendo los siguientes pasos: 1) lectura atenta de los textos, 2) situación en el contexto, 3) determinación del tema, 4) determinación de la estructura, 5) análisis de la forma partiendo del tema y 6) conclusión. Este análisis ha servido no sólo para sistematizar y evaluar las crónicas parlamentarias de Víctor Márquez, sino que ha ayudado a entender las motivaciones personales y las circunstancias sociales que rodeaban al autor en el momento de su escritura. Ha sido provechoso, en definitiva, para comprender el engranaje interno de esos textos y los factores externos que los condicionaban. 3. Resultados / Conclusiones 1. Víctor Márquez Reviriego firma más de 8.000 trabajos periodísticos a lo largo de una trayectoria profesional que comienza en la década de los sesenta del siglo XX y se extiende aún a principios del siglo XXI. 2. Los estudios en Ciencias Políticas y en la Escuela Oficial de Periodismo, así como sus continuas lecturas de obras maestras de la literatura, la filosofía o la ciencia, componen un valioso bagaje para Víctor Márquez en su proyección como periodista centrado en la información política y en el análisis de los debates parlamentarios. 3. La revista Triunfo es, por extensión y calidad de los trabajos publicados, la publicación más relevante en la trayectoria de Víctor Márquez Reviriego. Desde sus comienzos en 1965 hasta la desaparición de la cabecera en 1982, el periodista adquiere una madurez y unas competencias periodísticas esenciales para su posterior desarrollo profesional. 4. Pese a su versatilidad como periodista, la obra de Víctor Márquez Reviriego sobresale por sus crónicas parlamentarias, un género que le abre las puertas a una parcela informativa prácticamente olvidada en España, debido a los largos años de dictadura franquista. 5. Los `Apuntes parlamentarios¿ de Víctor Márquez Reviriego, publicados en la revista Triunfo entre 1977 y 1981, contribuyen a la renovación de la crónica de Cortes y rompen con la tendencia generalizada en los autores precedentes, que primaban el comentario y la descripción literaria sobre el hecho noticioso. 6. Desde el punto de vista del estilo, las crónicas parlamentarias de Víctor Márquez se caracterizan por una visión irónica e ingeniosa de la realidad política, y aportan una perspectiva crítica de la actividad de las Cortes y de los representantes políticos. 7. Como testigo de una profunda transformación política, las crónicas parlamentarias de Víctor Márquez Reviriego deben ser valoradas no sólo desde un punto de vista periodístico, sino también desde una perspectiva histórica, pues constituyen una fuente directa para conocer la historia de la España reciente. 8. En sus crónicas parlamentarias, Víctor Márquez Reviriego afronta el reto de acercar la naturaleza y el funcionamiento del Parlamento a la sociedad a partir de un estilo didáctico. 9. Las crónicas parlamentarias de Víctor Márquez Reviriego pueden considerarse una de las últimas manifestaciones de este género periodístico en España, que ha decaído progresivamente en los medios de comunicación desde mediados de la década de los ochenta del siglo XX, debido a factores diversos, como la crisis de representación política en las democracias occidentales o la propia evolución de la información de Cortes, que ha derivado en otras prácticas profesionales. 10. La influencia y la utilidad de los `Apuntes parlamentarios¿ de Víctor Márquez Reviriego, tanto en el momento de ser publicados como en periodos y estudios posteriores, ponen de manifiesto la necesidad de recuperar la crónica de Cortes para los medios de comunicación, como herramienta para informar e interpretar con mayor profundidad la realidad política

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TESIS DOCTORAL La crónica parlamentari a en la obra periodística de Víctor M árquez Reviri ego (1977 -1981) DOCT ORANDO: JOSÉ RO MERO PO RTILLO DIRECT ORES: DR. ANT ONIO RAMOS ESPE JO / DRA. M ª Á NGELE S FERNÁ NDEZ BA R RERO Departam ento de Per iodism o II Universida d de Sevill a Sevilla, 20 12 2 3 La crónica parlamentari a en la obra periodística de Víctor M árquez Reviri ego (1977 -1981) 4 5 ¿Puede ser este volumen considerado como una hist oria parlamentaria ? Lo fu gaz, lo momentáneo, lo deleznable, aquello de que no se ocup an los historiadores, encontrará el lector aquí. Todos estos gestos efímeros tienen su importancia en la vida; acaso todo esto que reputamos transitorio – y que, en efecto, lo es – sea lo más trascendental de la vida” (Azorín, Parlamentarismo español ) “Quienes se han ocupado hasta ahora de las ciencias han sido empiristas o racionalistas. L os empiristas, a la mane ra de l as hormi gas, se conforman con reunir y utiliz ar lo reunido; los racionalistas, a la manera de las arañas, tejen las telas a partir de su pro pia substancia; pero el método de la abe ja es el mejor: recoge su materia de las flores de los jardines y los c ampos, p ero la tra ns forma y la di giere po r una facultad que le es propia” (Francis Bac on, Novu m Organum ) “Tutto é teatro e tutti sia mo attori” (Giuseppe Piermarini) 6 7 ÍNDICE 1. INTRODUCCIÓN .................................................................................................... 13 1.1. Justificación del estudio ...................................................................................... 14 1.2. Hipótesis y objetivos ........................................................................................... 23 1.3. I nte rés de la investigación ................................................................................... 30 1.4. Metodología ......................................................................................................... 33 1.4.1. Búsqueda d e fuentes ..................................................................................... 34 1.4.2. Historia de vida: un método cualitativo de descripción biográfica .............. 39 1.4.3. La contextualización: fundamento de de la metodología histórica .............. 42 1.4.4. El análisis de contenido ................................................................................ 45 1.5. Estructura formal de la investigación .................................................................. 50 1.6. Proceso de e l aboración ........................................................................................ 53 1.7. Agradecimientos .................................................................................................. 57 2. APUNTES BIOGRÁF ICOS .................................................................................... 59 2.1. La geografía de la memoria ................................................................................. 60 2.1.1. La clínica de José Población ......................................................................... 60 2.1.2. I n fancia en Castillejos .................................................................................. 66 2.1.3. De “La C apitana” a la esc u ela ...................................................................... 73 2.2. Formación aca d émica .......................................................................................... 77 2.2.1. Huelva: el instituto La R ábida ...................................................................... 77 2.2.2. Sevilla: el coleg io Santo Tomás de Aquino.................................................. 84 2.2.3. Madrid : de I n genieros a Políticas ................................................................. 91 2.2.3.1. “En Madrid siempre era invierno” ......................................................... 91 2.2.3.2. Bre v e regreso a Sevilla .......................................................................... 97 2.2.3.3. Entre Políticas y el Ateneo .................................................................. 101 2.3. I nicios en el periodismo ..................................................................................... 112 2.3.1. Los primeros referentes .............................................................................. 112 2.3.2. La Escuela Oficial de Periodismo .............................................................. 118 2.3.3. Odiel y el Grupo de Santa Fe (1962-1963) ................................................ 122 2.3.4. Informaciones (1964) ................................................................................. 131 2.4. Trayectoria e n T riunfo (1965-1982) ................................ .................................. 137 2.4.1. La llegada a la calle San Leonardo ............................................................. 137 2.4.2. Primeros trabajos como redac tor en Triunfo (1965-1970) ......................... 143 2.4.3. Dos reportaje andaluces: Gibraltar y Gib raleón ......................................... 146 2.4.4. De la ciencia a l cine .................................................................................... 152 2. 4.5. ‘Arte, Le t ras, Espectáculos’ ........................................................................ 158 2.4.6. Etapa como redac t or-jefe (1970-1982) ................................ ....................... 162 2.4.6.1. Enviado espec i al en Chile y Ca n arias.................................................. 165 2.4.6.2. La reconstrucc ió n del “Año del los tiros” ........................................... 169 2.4.6.3. Portugal y la Re v olución de los Claveles ............................................ 172 2.4.6.4. Viaje a Irak .......................................................................................... 180 2.4.6.5. Cronista parlamentario ........................................................................ 183 2.4.6.6. Víctor Márquez en el Triunfo mensual ................................................ 189 2.5. Consolidación profesional ................................................................................. 194 2.5.1. Trabajos paralelos a Triunfo (1972-1982) .................................................. 194 2.5.2. Trabajos periodísticos en la etapa “ post- Triunfo ” ...................................... 201 2.5.3. Fundac ión d e Tiempo ................................................................................. 203 8 2.5.4. Periodo en el Grupo 16 (1985-1989) .......................................................... 206 2.5.5. Tribuna y las ‘A ut énticas entrevistas falsas’ (1989-1994) ......................... 209 2.5.6. Abc y ‘El burladero’ (1993-1999) .............................................................. 214 2.5.7. El Mundo : ‘P alabra perdida ’ Y ‘P resencias andaluzas ’ ............................. 219 2.6. Obra bibliográfica : de la hemer ot eca al libro .................................................... 223 2.6.1. Compilación parlamentaria ........................................................................ 225 2.6.2. Andalucía de sd e la historia y la cultura ...................................................... 229 2.6.3. Entrevistas .................................................................................................. 235 2.6.4. Artículos ..................................................................................................... 241 2.7. Premios y reconoc i mientos ................................................................................ 246 3. LA CRÓNICA PARLAMENTARIA: APROXIMACIÓN TEÓRICA ............. 249 3.1. En torno a los géneros periodísticos: consideraciones previas .......................... 250 3.2. La interpret ación ................................................................................................ 257 3.3. La crónica: un género híbrido y de autor ........................................................... 261 3.3.1. Orígenes ...................................................................................................... 261 3.3.2. Definiciones ................................................................................................ 267 3.3.3. Entre la noticia, e l análisis y e l r eportaje .................................................... 271 3.3.4. Regularidad y e specializ ación .................................................................... 274 3.3.5. La narrativa de la crónica: explicar y mostrar ............................................ 277 3.3.6. Un estilo personal y li b re ............................................................................ 280 3.3.6.1. Titulación ............................................................................................. 284 3.3.6.2. Entradillas ............................................................................................ 287 3.3.6.3. Cuerpo de texto .................................................................................... 290 3.3.7. Tipos de crónica.......................................................................................... 292 3.4. La crónica parlamentaria: un género ignorado .................................................. 302 3.4.1. Definición ................................ ................................................................... 305 3.4.2. Características ............................................................................................. 309 3.4.2.1. Testimonio directo ............................................................................... 310 3.4.2.2. Descripc ión: pro sopografía y e top e y a ................................................. 313 3.4.2.3. Formación cultural, histórica y política ............................................... 318 3.4.3. El cronista parla m entario : un notario ante la Historia ................................ 321 3.4.4. Proyección histórica del periodismo parlamentario en España .................. 327 3.4.4.1. Los orígenes: el Cádiz de las Cortes .................................................... 328 3.4.4.1.1. Bartolomé José Gallardo .............................................................. 334 3.4.4.1.2. Sánchez Barbero, Quintana y Le Brun ......................................... 336 3.4.4.2. Regencia de M aría Cristina y reinado de Isabel II .............................. 340 3.4.4.2.1. Mariano José de Larra .................................................................. 343 3.4.4.2.2. Andrés Borrego ............................................................................ 347 3.4.4.2.3. Santos López Pelegrín ‘A benámar ’ .............................................. 350 3.4.4.2.4. Fermín caballero, Ramón de Campoamor y J uan Rico y Amat ... 354 3.4.4.3. El Sexenio Democrá tico ...................................................................... 358 3.4.4.3.1. Francisco Cañamaque ................................................................... 360 3.4.4.4. La Restauración ................................................................................... 363 3.4.4.4.1. Benito Pére z G aldós ..................................................................... 367 3.4.4.4.2. Vicente Blasco I báñez .................................................................. 373 3.4.4.4.3. Azorín ........................................................................................... 377 3.4.4.4.4. Juli o Camba .................................................................................. 386 3.4.4.5. La II República .................................................................................... 389 3.4.4.5.1. Wenceslao Fernández Flóre z ................................ ........................ 392 9 3.4.4.5.2. Josep Pla ....................................................................................... 402 3.4.4.5.3. José María Medina Tog o res ......................................................... 407 3.4.4.5.4. Margarita Nelken .......................................................................... 411 3.4.4.5.5. Josefina Carabias .......................................................................... 414 3.4.4.6. El paréntesis franquista ........................................................................ 418 3.4.4.6.1. Torcuato Luca de Tena ................................................................. 421 3.4.4.6.2. Campmany, González Muñiz y Aguirre Bellver .......................... 425 3.4.4.7. Transición y democrac ia: renovación y caída del género.................... 432 3.4.4.7.1. Luis Carandell .............................................................................. 435 3.4.4.7.2. Manuel Vicent .............................................................................. 440 3.4.4.7.3. Gregorio Bartolomé ...................................................................... 446 3.4.4.8. La crónica parlamentaria reciente : evolu ción, retos y problemas a comienzos del siglo XXI .................................................................................. 450 4. ANÁLISIS DE LOS APUNTES PAR LAMENTARIOS ................................ ....... 462 4.1. Criterios de selección y análisis ......................................................................... 463 4.2. Crónicas de 1977 ............................................................................................... 467 4.2.1. “L a tentación ca no vista ” ............................................................................. 467 4.2.2. “E l pleno del congreso eucarístico ” ............................................................ 473 4.2.3. “La c on ciencia de España” ................................ ......................................... 478 4.2.4. “A la sombra de Hölderlin ” ........................................................................ 484 4.2.5. “La c ámara de los ecos ” ............................................................................. 490 4.2.6. “Los hijos del anticristo” ............................................................................ 495 4.2.7. “L a locura de todos ” ................................................................................... 502 4.3. Crónicas de 1978 ............................................................................................... 507 4.3.1. “L a derrota de los ucedeos ” ........................................................................ 507 4.3.2. “L os discursos del presiden te ” ................................ ................................... 510 4.3.3. “El trote borriquero” ................................................................................... 514 4.3.4. “Camelamos naquera r ” ............................................................................... 517 4.3.5. “La resistible ascensión de Manue l Fraga ” ................................................ 521 4.3.6. “La tar d e que aprobaron la Constitución” .................................................. 525 4.3.7. “La tra mp a del consenso ” ........................................................................... 530 4.4. Crónicas de 1979 ............................................................................................... 535 4.4.1. “E femérides y a dió s ” .................................................................................. 535 4.4.2. “E l retorno de los culiparlantes ” ................................................................. 539 4.4.3. “L a guerra d e las investiduras ” ................................................................... 543 4.4.4. “E l progra ma qu e nunca existió ” ................................ ................................ 547 4.4.5. “L os próceres en el balneario isabe lino ” .................................................... 551 4.4.6. “R einar de spu és de morir ” .......................................................................... 555 4.4.7. “E l consenso es cosa de dos ” ...................................................................... 559 4.5. Crónicas de 1980 ............................................................................................... 563 4.5.1. “E l funeral autonómico ” ............................................................................. 563 4.5.2. “E l Congreso en e l apocalipsis ” ................................................................. 568 4.5.3. “D ios es gra nd e en el Sinaí ” ................................................................ ....... 572 4.5.4. “La crisis de confianza” .............................................................................. 577 4.5.5. “L a liberta d d e expresión ” .......................................................................... 582 4.5.6. “L a moción de censura ” ............................................................................. 586 4.5.7. “L a investidura bis ” .................................................................................... 593 4.6. Crónica de 1981 ................................................................................................. 597 4.6.1. “U na hora de España ” ................................................................................ 597 16 transcurso de los años y merece se r rescatada del olvido de las hemerotecas con la publicación de tr es li bros – La tentación canovista , de 1978; El pecado c onsensual , de 1979; y Escaños de penitencia , de 1981 – , además de un cuarto volumen, Apuntes parlamentarios (ediciones de 1997 y 2001), que agrupa los ant eriores títu los e incluye textos inéditos, que hasta entonce s sólo habían aparecido en la s p áginas de Triunf o . La s crónicas de Víc tor Márquez, así como la obra de otros periodistas y escritores que se ha n asomado a la ventana informativa del Parlamento, confor man el testimonio personal de u n periodo polí tico concreto, el reverso d e la v ersión “oficial” de las se siones que compusieron la L egislatura Constituye nte y la I L egisl atura de la democracia en España. L a transcripción porme noriz ada de los discur sos pronunciados en las Cortes, las intervenciones de los distintos grupos parlamentarios, las réplicas o los datos de las votaciones se encuentran recogidos e n el Diario de Sesiones . No obstante, esta publicación, de estilo a séptico y frío, c arece de la interpr etación y la profundidad narra tiva que pu ede ofrecer el periodista, está privada del colorido y la viveza de un relato subjetivo, en el que se entrecruzan información, comentario y anécdota. A grandes r asgos, estos tre s elementos – información, comentario y anécdota – , junto a la relevancia que tienen para la vida públi ca las sesiones celebradas en Cortes, han sido los motivos por los cua les el Parlamento se ha mant enido como un espacio indispensable para los medios de com unicación. Desd e que en 1810 e l Teatro Cómico de la I sla de Le ón – la actual ciudad de S an Fernando – aco giera las Cortes Generales y Extraordinarias que, a la postre, darían a España su primera Constit ución liberal, el Parlamento ha atraído el interés de autores divers os, y a fueran periodistas, publicistas o literatos. Ellos han sido los encargados de transm itir la visión personalizada de la actividad parlamentaria, como artesanos qu e labran, tesela a t esela, el mosaico de la historia polí tica de España. Sin este minucioso trabajo, que consiste en informar, comentar y describir las Cortes, actualmente re s ulta ría más complicado – por no decir imposible – reconstruir ciertos pasajes de nuestro pasado. En su pa rcela concreta d e las Cortes, el cronista parlamentario se perfila como un testigo de la historia. S us textos componen un destacado c audal de info rmación par a el conocimiento de etap as anteriores . Gracias, p or ejemplo, a los tex tos periodísticos recogidos en El Conciso o El Semanario Patri ótico , hoy pod emos conocer de forma certera las palabras y l as actitudes de los representantes polí ticos durante las Cortes de Cádiz: los ge stos vehementes realizados por los diputados liberales, el recha zo de los serviles o el escepticismo de los jovellanistas. I nc luso, podemos recrear con precisión el 17 ambiente que rodeaba al Oratorio de San Felipe Neri el 19 de marzo de 1812, día en que fue aprobada la Carta Magna que el ingenio gaditano se afanó en bau tizar como “la Pepa”. L e y endo esas cró nicas, a ún imaginamos los balcones en galanados en las ca sas principales, el alborozo vivido en la Alameda, en el Mentidero o en la plaza d e San Antonio, donde concurrió una comitiva de autoridades. Identificamos la ex pectac ión, el murmullo entrecortado de la gente, entusiasmada y cautelosa a partes iguales, ilusionada por la Constit ución y an gustiada por el asedio de las tropas francesas que , en contadas ocasiones, alcanz aban su s objetivos con obuses lanzados desde el Caño de Trocadero y la localidad vecina de Puerto Real. Percibimos el entorno, las circunstancias que enmarcaron un hecho histórico. Como señala Virginia Rioseco Perr y (XII-2008: 33-34) , la crónica aspira a reconstruir la realidad, a recomponer y estructurar en una narración todos los elementos de la vida que aparecen dispersos, condenados al olvi do . Por ello, en esta tesis doctoral aspiramos a revalorizar los ‘Apuntes pa rlamenta rios’ de Víctor Márquez Revirieg o como un instrumento informativo y de conocimiento de la historia. La crónica es, en aprec i ación de Juan C arlos Gil Gonz ále z (2004: 11), “la estampa del tiempo en letra impresa” , un relato que “rec onstru ye la realidad, troz o a troz o, frag mento a fragmento, ordenando y d esordenando el tempo de los acontecimientos, erigiéndose en testimonio directo de una época” . De ahí, el interés que s uscitan las crónicas del periodista de Triunfo como documentos que pueden ayudar a los inve stigadores procedentes de distintos ámbitos científicos – y a sean periodista s, hist oriadores o politól ogos – en su labor de reconstruir un periodo histórico tan carga do de acontecimientos como fue la Transición española. Los datos ex puestos en esas crónicas, la info rmación general de las sesiones, la descripción o el comentario oportuno pueden r esultar fuente s de primera mano, pues el cronist a parlamentario juega con la ventaja de contemplar el acontec imiento in situ , de “estudiar la historia en el momento mi smo de su desarr ollo” , como diría Kapus cinski (2002: 58), en un espacio tan influ yente como el Congreso de los Diputados o el S enado, donde se debaten as untos de dominio públic o y se toman decisiones de importanc i a para la sociedad. Al estudiar los ‘Apuntes parlamentarios’ de Víctor Márquez Reviriego, estamos ubicando unos t extos periodísticos no sólo en un “todo pe rsonal”, en l a obra de un profesional concreto, sin o que, además, estamos insertando esos tr abajos en un “todo histórico”, en el discu rso gener al que compon e la interpretación de un periodo d el pasado. Pero, más allá de ser un género periodístico e histórico, la crónica parlamentaria 18 es también un género literario, que trasciende la función referencial del lenguaje y adopta recursos estéticos, co mo la ficcionalización, la analogía y el simbolismo. A decir de Susana Rotker (2005 : 173), en la crónica se produce una “poetizació n de lo real”. Este fenómeno s e materializa, por ejemplo, en la obra d e sobresalientes autore s españoles, como Mariano José de Larra , And rés Borrego, Vicente Blasco Ibáñez, Benito Pérez Galdós, Az orín, W enceslao Fernández Flórez, Julio Camba, Josefina Carabias o Josep Pla, que combinaron los artículos de contenido parlamentario co n la creación literaria; o e n I nglaterra , Charles Dic kens, quien en su juventud, a ntes de alcanzar notoriedad como novelista, ejerció como reportero taquígrafo en los Doctors’ Commons y como c ronista parlamentario en The Mirror of Parliament , True Sun y Morning Chronicle . Como manifestac ión periodística, histórica y literaria, la crónica parlamentaria ha ido modificándose a lo largo del tiempo, adaptándose a las distintas necesidades informativas y a los ras gos estéticos de cada época. Por ello, no resulta apropiado establecer parangones e ntre los tex tos que se publican e n los periódic os publicados en Cádiz durante la Guerra de la I nd ependencia con aquellos que aparecen en los diarios d e la Resta uración, y mu cho menos entre éstos y los que s e d ifunden en l a Transición. No es posible hablar de la crónica pa rlamentaria como un género periodístico y literario c errado, acabado o inm utable. No s e tr ata d e un a modalidad estática, sino, más bien, de una manife st ación periodístico-literaria que ha evolucionado, que se ha transformado a la pa r que han cambiado las e structur as comun icativas y los caracteres estilísticos. En 1977, cuando Víctor Már quez Reviriego, al i gual qu e otros compañer os de ge n eración – como Luis Carandell o Manuel Vic ent – , adopta el género de la crónica parlamentaria como modelo para info rmar e i nter pretar la actualidad de las Cortes está renovando una tradición periodística y está participando, a su vez, en una nu eva concepción de la prensa como herramienta crítica, apartada del poder. Una vez superado el periodo dictatorial y el remedo parlamenta rio que aplicó el franquismo en las Cortes orgánicas, en las que no ex istía libertad para la asociación política ni confrontación de ideas – y en las que l as sesiones se celebraban a puert a c errada 2 – , los medios de comunicación se acercan al Congreso de lo s Diputados y al Sen ado con a fán de aportar noticias sobre estos espacios y analizar la actividad que se desarrolla en ellos. Existe entonces una profunda care n cia democrática en el país, una apolitización, un 2 Sólo a partir del 8 de j ulio de 1964, fecha en la q ue co mienza la VIII Legislatura de las Cortes franquistas, los p eriodistas p ueden acced er a las sesiones. 19 alejamiento de los ciudadanos d e los asuntos p úblicos y un d esconocimiento de las funciones del Parlamento que afecta no sólo a l a sociedad en general, sino, incluso, a los periodistas y a los propi os políticos, que a parti r de juni o de 1977 obti enen escaños como diput ados o senadores. Ese lastr e, esa i gnorancia del sistema parlamentario, debía ser paliado durante el proceso de la Tra nsición, a marchas forzadas, con campañas de divulgac ión política, con mítines y , sobre todo, c on la información proporcionada po r los periodistas, en cuy os hombros reca y ó la responsabili dad de popularizar el engranaje de las Cámaras, su naturaleza, su protocolo y sus protagonistas. Los cronistas parlamentarios de la Transición ejercieron, por tanto, una función didáctica, una tarea de compromiso social, que se hizo patente en numerosas explicaciones o matizac iones que éstos realizaron e n sus te xtos para alcanzar un me j or entendimiento entre la ciudada nía. Observación, recopilación de datos, narración, descripción, análisis y explicación son, entre otras, las acciones que de be ejecutar el periodista a la hora de fraguar su cróni ca. Para Víctor Márquez Reviriego, tal y como él mismo ha manifestado en diversas ocasiones, el trabajo del cronista consiste en ese cúmulo ordenado de destrezas. El periodista onube nse se apo y a en una cita del Novum Organum , la obra del filósofo inglés Francis Bacon, p ara il ustrar esa combinación de técnicas que debe aparecer en la crónic a: “Quienes se han ocupad o hasta ahora de las ciencias han sido empiristas o racionalistas . Los empiristas, a l a manera de las hor m igas, se co nforman con reunir y utiliz ar lo reunido; l os racionalistas, a la manera de las araña s, tejen l as t elas a partir de su propia substancia; pero el método de la abe ja es el mejor: recoge su materia de l as flores de l os jardines y l os campos, pero la transfo rma y la di giere p or una facul tad que le es pr opia” . En 1620, cuando Bacon publica este aforismo en el Novum Organum , la crónica no ex istía como géne ro periodístico. Ni siqui era existía el periodismo, al menos como el ejercicio profesional qu e hoy dí a conocemos. Al elogiar en su tratado el “método de la abeja” , el pensador britá nico no aludía a redactores, reporteros, gacetilleros o cronistas. Se re fería, más bien, al proc edimiento que de bían seguir los científicos modernos, surgidos tr as el ful gor lógico d el Renacimiento. La s abejas, a dif erencia de las “ hormigas empiristas ” y las “ arañas racionalista s ”, tenían la capacidad de tomar la sustancia de la naturaleza y transformarla por su pr opia facultad en un elem ento nuevo y preciado como la miel. Con esta metá fora, Bacon anticipaba el método científic o que , 20 siglos más tard e, se ex tendería por las universidades europeas, b asado en el razonamiento inductivo, esto es: la comparación de diferentes casos, la interpretación de los datos obtenidos, el planteamiento de una hipótesis, la experi mentación, la verificación y la poster io r exposición de conclusiones. En principio, nada tiene que ver esta teoría expresada en el N ovum organum con el periodismo. Sin embargo, la idea pu ede ser apli cable, se gún Víctor Márquez, al método del cronista, cu yo procedimiento debe s er similar al de las abejas: una suma de empirismo y racionalismo, de información y de s ubjetividad, con la que se poli niza y se crea nuev a vida, nuevas reflexiones en los lectores. No es suficiente y a el trabajo de captac ión d e datos, com o el que podí an realizar los primeros redactores o taquígrafos, que, en el siglo X IX, co piaban los discursos y la s intervenciones de los d iputados, para luego trasladarlos a las páginas del perió dico; ni resulta apropiada la exclusividad de los juicios aportados por los articulistas, que, al modo de Azorín, a comienzos del siglo XX, opinaban y se d eleitaban con etopey as o con la descripción del ambiente de las Cortes, omitiendo la información básica de las sesiones. La exigencia periodística en tiempos de Víctor Márquez es otra bien distinta. La crónica es, como se verá en el desarrollo de esta tesis, un género d e difícil catalogación p ara los investigadores, por su carácter híb rido, ambivalente, p ues “toma elementos de la noti cia, del reportaje y del análisis” (Grijelmo, 2001: 83); pero es, ante todo, como así lo confirman los profesores Martínez Albertos (1993: 346) y Martín Vivaldi (1973: 128 -129), un género informativo, do nde prevalece – o debe prevalecer – la narración de los hechos noticiosos sobre los comentarios, un requisito que se cumple siempre e n las crónicas de Cortes de Víctor Márquez. Así pues, el concepto bá sico del que parten los ‘Apuntes parlamentarios’ estriba en la información, sustancia que diferencia estos trabajos de otros p recedentes, en los que predomina la opinió n. A ello habría que sum ar, como ras gos característicos de las crónicas de Víctor Márquez, la ironía y la visión teatral del ejercicio político y legislativo. Como y a hic ieron Azorín y Wencesl ao Fernández Flórez, el periodista de Triunfo se aproxima a las Cortes con una mezcla de humor y c ierto esc epticismo, con una c autela y una distancia p rofesional que le conducen a observar la actividad parlamentaria como si de un espectáculo se tr atara. En diversos tex tos, Víctor Márquez recodará la frase atribuida a Giuseppe Piermarini, arquitecto del Teatro de la Sc ala d e Milán – “Tutto è teatro e tut ti siamo attori”; es decir, “Todo es te atro y todos somos actores” – , para referirse a la dramatiz ación de las sesiones públi cas cel ebrada s en el Parlamento. Esta afinidad entre las Cortes y el teatro – visible no sólo en l a oratoria d e 21 los políticos, sino también en la puesta en escena , en el hemiciclo donde se desarrollan tanto la representación d ramática como la política – no pasa desapercibida para Víctor Márquez, que, en repetidas ocasiones, aludirá a los plenos o debates con términos como “tragicome dia nacional”, “psicodrama” o “drama psicológico” (V.M.R., 2001a: 477) , o, en otros palabras, como una escenificación con una doble vertiente, bien como teatro constructivo, benefic ioso para la socie dad, bien como teatro soporífe ro, que alienta el aburrimiento . Este símil confiere a los ‘Apuntes parlamentarios’ una profundidad estética o literaria, y , a l mismo tiempo, una perspe ctiva crítica que condiciona el tratamiento de los temas. La crónica parlamentaria ha sido, a la luz de los diversos usos que conoce en sus doscientos años de tra yectoria en España, una herramie nt a informativa de notab le categor ía. S u valor p eriodístico se incrementa aún más durante la Tr ansición, época en la que este género es r ecuperado no sólo por el semanario Triunf o , sino también por otras cabec eras españolas, como El País , Diario 16 , Ya o C uadernos para el Diálogo , deseosas de distinguir sus mensajes de los ofrecidos por otros medios o agencias de noticias, que se limitaban, como resulta preponderante en la actualidad, a recoger los datos básicos de las sesiones y las palab ras más destac adas – o espectaculares – de los plenos, sin aportar ap enas análisis. C omo testigo especializado de la actividad parlamentaria, el cronista consigue personalizar sus escritos, individualizarlos, más allá de las notas de prensa q ue se reproducen con idé nticos contenidos. Desde ese punto de vista, la crónica parlamentaria ofrece un valor añ adido frente a la información escueta y masificada, pu es aporta u na interpretación y una descripción detallada de la s Cortes que enriquece la visión de la rea lidad política. Recordar ho y el papel de eso s cronistas parlamentarios, como es el caso de Víctor Márquez Reviriego, no r epresenta únic amente un trabajo re lacionado con el pasado, con la historia de la comunicación. Significa, ad emás, reflexionar acerca d e un gé n ero como la crónica de Cortes, que, p or diferentes motivos, como pueden ser el desplazamiento del poder legislativo hacia el ejecutivo, el desinteré s d e la ciudadanía por las sesiones, la precariedad laboral del periodismo o la espectac ularización informativa, entre otras causas, ha perdido p res encia en los m edios o, peor aún, ha desaparecido casi por compl eto. Un estudio de este tipo implica, al mismo tiempo, repensar la función inf ormativa y social d e la crónica en general – n o sólo de la modalidad parlamentaria – , cu y o testimonio directo y especializado está sie ndo relega do en las redacciones por otras fórmulas y contenidos menos elaborados y homogéneos, 22 esgrimiéndose en su contra argumentos tan “endebles” como la amplia p reparación que necesita e l p eriodista para ac omet er este género (Vilamor, 2000: 279). Poco a poco, el periódico ha dejado de ser, como dijera La rra, “el grande archivo de los conocimientos humanos”. El “presentismo” – la tendencia de bu ena parte de los medios de comunicación a ocuparse ex clusivamente de la a ctualidad, de lo efí mero, en detrimento del contexto y de l a reflex ión profunda – , la irrupción de nuevos soportes digitales que priman la i nformación d e últ ima ho ra, la crisis de la profesión periodística y l a estand arización d e l os modelos informativos tienen cons ecuencias n egativas en l a pervivencia de g éneros como la crónica o el reportaje, pre cisamente las dos construcciones discursivas más elaboradas de cuantas ex isten en el periodismo, a jui cio de María J esús Casals Carro (2005: 456) , po r el “n ivel de interpretación” que conllevan, así como por las fu entes, relaciones, análisis y síntesis que reportan al lector. Esta care n cia r epercute, a su vez, en el descenso d el pensamiento crítico y en el progresivo alejamiento de la socied ad de los asuntos públi cos. Como propone Fran cisco Sierra Caballero (Romero Portillo, 2012: 95), “ una solu ción para la re ge neración democrática del periodismo es volver a las fuent es. Y nad a tan importante para ello como la crónica y el background ”. O co mo podría sugerir Ortega y Gasset, devolver al periódico “a la plazuela int electual”, al lugar que l e cor responde y de donde nun ca d ebería habe r sido desplazado. 23 1.2. HIPÓTESIS Y OBJETIVOS El Parlamento es un r eferente info rmativo ineludible par a los medios de comunicación en España desde 1810, año en el que las Cortes de Cádiz establecen un régimen repre s entativo basado en el principio de soberanía nacional. Desde esa fecha, Parlamento y periodismo permanecen unidos como las dos caras de una mi sma moneda, o, dicho de otro modo, c omo contrapesos n ecesarios en la balanza polí tica. La idea de que las deliberaciones y los acuerdos adoptados en una asamblea ha n de ser públicos, como señala Durán López (2007), “parte d el co ncepto ilustrado y libera l del Estado, dentro del nuevo v alor o torga do a la publicidad (entendida a la manera d e Habermas) como eje de la vida colectiva de los ciuda danos”. El binomio parlamentarismo-publicidad – o bien, parlamentarismo-periodismo – es una conquista de las revoluciones bur guesas, que acabaron con el secretis mo y el estricto control d e las Cortes del Anti guo Régimen. A r aíz de ese logro lib eral, la prensa madura y amplía sus funciones en el entramado insti tucional: primero, como mediadora entre la sociedad y el G obierno; segundo, como informadora de los traba j os realizados en el Parla mento; y tercero, como formadora de la opini ón públic a, al desempeñar un papel e sencial en el desarr ollo democrático y en la “educación pol ítica” de la ciudadanía. A pes ar de que desde sus orígenes los periódicos se posicionan y se convierten en portavoces de los diferentes partidos o sectores ideológicos, muchas de esas cabeceras – sob re to do, las liberales – se presentan como medios pedagógicos ante los lectores. Fuentes A ragonés y Fernández Sebastián (1998: 55) indican que los periódicos adoptan dur ante la Gue rra d e la Independencia una funci ón didáctica hereda d a d e la Ilustración, e inst ru y en, a través d e la ló gica y la transmisi ón de sab eres, acerca d e los “derechos y obligac ion es” de la población. A estos cometidos de mediar , informar e inst ruir se une, con el paso de los años, otra función para los periodist as que es la d e interpretar las sesiones parl amentarias más allá de la versión oficial aportada por el Periódico de las Cortes, conocido también como Diario de Sesiones . En esta publicación – su rgida en octubre de 1810 , a los pocos días de la inaugura ción de las Cortes Genera le s y Ex traordinarias, y dirigida en su primera fas e por Bartolomé José Gallardo – aparecen tr anscritos todos los discursos pronunciados en e l Parlamento, las réplicas de los diputados, los resultados de las votaciones y breves anotaciones circunstanciales – aplausos, protestas de sus señorías, etcétera – . Sin embargo, el Diario de Sesiones se aparta del análisis y la descripción del 24 ambiente parlamentario, no se de tiene a contex tualizar ni a establecer precede ntes, no repara en las motivaciones que llevaron a un diputado a intervenir de dete rminada forma ni atiende a las consecuencias que podrían acarrear las medidas tomadas. Es un órga no frío y aséptico, que ca rece de la profundidad y la vivez a que puede ofrecer un periodista que ha sido testigo de los acontec imientos. Como reverso del Diario de Sesiones se irá a justando la tarea del cronista parlamentario, la del pr o fesional especializ ado en los temas de Cortes, que suma a su formación polí tica, histórica y cultura l una c ie rta sensibilidad pa ra observar, informar, reflexionar y dar c olo rido a las sesiones. A diferencia del informador parlamentario o del periodista políti co, “ fiel relator de hechos” , el cronista de Cortes es a demás, según González P eña (2001: 134- 135), “ un pintor capaz de transmitir a sus lectores el cuadro perfecto par a que éstos se ha gan la idea más completa de la sit uación . No basta con recoger lo que se dice e n un lugar conc reto – la sede parlamentaria – sino que además tenemos que saber quié n lo ha dicho, cómo lo dice y cómo ha sido recogido por sus compañeros d e partido y por sus adversarios, cuál era l a temperatura políti ca de la Cámara, qué in cidencias se han ido produciendo a lo larg o d e un a exposición, y en unas breves pinceladas tr azar ese cuadro de la situación que permita al l ector conocer con todo lujo de d etalles l o que está pasando. Por eso – c ontinúa Gonz ález P eña – es ge n eralmente más frecuente el informador polí tico que el cronista p arlamentario. En el primero pes a más la intuición política propiamente dicha. En el se gundo prima su cultura y su bu en hacer literario. Al primero habrá que acudir para conocer el hecho de la forma más exacta posi ble. Del se gundo nos ap rovecharemos para po der conocer toda la circunst ancia del he cho en sí. […] El cronista parlamentario se pu ede permitir el lujo de mezclar los hechos y los jui cios que le merecen, amén de ambientarlos con las mejores pinceladas posibles”. Cuando, en julio de 1977, Víctor Márqu ez Re viriego accede a la trib una de prensa de las C ortes como periodista acreditado de la revista T riunfo , la información parlamentaria cuenta en España con una larga tradición, una dil atada tra y ectoria marcada por los clarosc uros, por los periodos lum inos os en los que brilló una oratoria culta y florida, y por lo s paréntesis sombríos en los que ni siquiera existió discusión acerca de los asuntos públi cos. Estos paréntesis, tan frecuentes en la historia española – tanto que llevaron a Te ófilo Gautier a afi rmar q ue la Const itución en España no es más que “una pellada de y es o sobre granito [ …]. Su violación o derog ación no supone un trastorno sustancial de la vida políti ca”– , interrumpieron de fo rma constante el 25 desarrollo del sis tema de representatividad pol ítica y, consecuentemente, el modelo de información a cerca del Parlamento. Precisamente, en el momento en que Víctor Márquez comienza a escribir sobre el Congreso de los Diputados y el Senado en la sección titul ada ‘Apuntes parlamentarios’, Esp aña se en cue ntr a en u n proceso de superac ión de uno de esos paréntesis, esta vez el impuesto por la dictadura franquista, que durante cuatro décadas prohibió la asociación política y la confrontación de ideas. El remedo p arlamentario de las Cortes o rgánicas n o fue más qu e una teatralización de la democracia, una puesta en es cena realiz ada a ojos de los o rganismos int ernac ion ales. Por lo cual, cuando Víctor Márquez traspasa las puertas del P alacio de la s Cortes, en la madrileña Carrera de San J erónimo, no está h aciendo más qu e repeti r una a cción recurrente en la historia de los medios de comunicac ión españoles, la de volver a empezar un ca mino hacia la información y las libertades. Con ánimo informativo y crítico, Víctor Márquez Revirieg o compone durante cuatro años – los que transcurren entre 1977 y 198 1 – un retrato de las Cortes, un cuadro, como diría González P eña, de la situación polí tica en España, que sirve para que el lector conozca con detall e las circunstancias qu e gira n en torno al hecho p arlamentario. La s crónicas de Víctor Márquez, publicadas en l a revista Triunf o bajo el títul o genéric o de ‘Apuntes p arlamentarios’, suponen no sólo un importante hito en s u tra y ectoria profesional, sino que consti tuyen, ad emás, un testi monio periodístico e histórico sobre la llamada Transición democrática, así como una manifestación co ncreta d e la renovac ión estilística que experimenta el géne ro de la crónica parlamentaria tras el final de la dictadura franquista. Para demostrar estas hipótesis, en esta tesis doctoral hemos establecido los sig uient es objetivos: a) Objetivos prim arios: - Estudio de la biografía de Víctor Márquez Rev iriego La tr a y ectoria vital de Víctor Márquez R eviriego está marcada por diversos acontec imientos, que r esultan fundamentales para entender su posterior ev o lución como periodista. Nacido en la localidad onubense de Villanueva d e los Castillejos en 1939, el autor de los ‘Apuntes parlamentarios’ traza un itinerario académico, en principio, alejado de los medios de comunicación; aunque, más tarde, encauzado hac i a la información y la int erpretación de la actu alidad. S us estudios en Ciencias P olíticas y su graduac ión en l a Escuela Ofici al de P eriodismo jalonan su post erior de sarrollo como 32 Por otra p arte, esta tesis doctoral aborda desde una perspectiva teórica el género de la crónica parlamentaria, una modalidad desatendida o escasamente valorada en la bibliografía periodística, donde se la r elega a un segundo pl ano, a una posi ción inferior, muy por debajo de otras modalidades, como pu eden ser la crónica de guerra, la cróni ca deportiva o la crónica taurina. Al tratarse de un género híbrido, de difícil catalogación, la cróni ca p arlamentaria ha pasado inadvertida en los estudios realiz ados sobre Redacc ión Periodística en Espa ña, a pesar de qu e ostenta una tradición de dos si glos, desde que se convocara n las Cortes de Cádiz en 1810. Igualmente, este gé nero ha gozado de escaso reconocimiento en las investigac ion es científicas y se ha sometido a div ersos enfoqu es que po co han a yuda do a aclarar su situación. De hecho, exist en contradicciones teó ricas a la hora de definir la crónica parlamentaria – bien como género informativo, bien como géne ro in terpretativo – y confusion es frecuente s que la identifican co n la crónica política, una modalidad distinta, mucho más amplia, que sobrepasa los intereses esp ecíficos de l a crónica d e Cortes. Como se v erá e n el te rcer capítulo de esta tesis doctoral, la crónica polí tica conforma un campo period ístico más extenso, pues en su ár ea pueden cobijarse no sólo la crónica parlamentaria, sino además la crónica de un pleno celebrado en un ay unt amiento, la crónica de una campaña ele ctoral o la crónica d e una asamblea de partido. Con lo cual, no proc ede equ iparar la crónic a p arlamentaria con la crónica política, como se ha ve nido realizando en distintos ensayos o estudios periodísticos, pues se trata de dos manifestaciones difere nt es. Estas carencias bibl iográfica s mot ivan una investigación amplia en torn o a la crónica parlamentaria desde perspectivas periodí sticas e históricas que a penas se han formulado con anterioridad. Salvo algunas aproximaciones encauzadas por la teoría de los géneros y estilos periodísti cos, o algún artículo ocasional sobre los orígene s y l a evolución de la crónica d e Cortes en España – com o el de Forneas Fernández (2004) – , el estudio de la crónica parlamentaria ha permanecido desat endido o disperso en la bibliografía periodística. Por ello, en esta tesis doctoral se hace necesaria una r evisión de los aspe ctos teóricos que con ciernen al género, una categorización d e sus r asgos principales y una descripción de su desarollo en España. 33 1.4. METODOLOGÍA Señala Francesco Benigno en su obra Espejos de la revolución (2000: 26) lo siguiente : “Existe un amplio consenso entre todos los historiadores acerca de que el futuro de la Historia reside en l a combinación de métodos y t eorías de las diferentes ciencias sociales”. La Hist oria, así como algunas d e sus ex presiones particulares, l a Historia d el Periodismo o la Historia de la C omunicación Social, ha ex perimentado en las última s décadas una transformac ión en su modelo científico, como se pone de manifiesto en multitud de ensay os publicados recientemente. Más allá de apo y arse en un único método de estudio, en un único sistema teórico o en una única escuela de pensamiento, la Historia ha ampliado sus lími tes académicos t radicionales y ha ex tendido su campo de aplicación a nuev as disciplinas, que enriquecen la investigación y la conectan con otros ámbitos de los que estaba alejada ante riormente. Al i gual que la Historia, los estudios en Periodismo se han abierto también a nuevas perspectivas metodológicas, en las que s e integran dive rsas cien cias sociales o humanísticas, como la Antropología, la Fi lología, la Sociología o la Geografía. Una tesis doctoral como la que aquí se prese nt a no pue de más que seguir esta línea int erdisciplinar y as pirar a in corporar contenidos y técnicas propios d e otras á reas de conocimiento. En fun ción de los objetivos marcados, hemos optado p or desarrollar un enfoque metodológ ic o heterogé neo, basado especialmente en a) la búsqueda de fuentes, b) la descripción biográfica –de nomin ada aquí “historia de vida”– , c) l a contextualización histórica y d) el análisis de contenido d e las crónicas parlamentarias publicadas por Víctor Márquez Reviriego. Consideramos, por tanto, que esta tesis requiere de una metodología cualitativa, amplia y diversa, no reducida a un solo modelo de investigación, que limite las opc iones de estudio. A través de l as técnicas mencionada s, h emos procura do, en primer lugar, seleccionar correctamente los testim onios, las fue ntes de informa ción ne cesarias para iniciar nuestro trabajo, b ien fueran fuentes p rimarias – testim onios orales de personas entrevistadas o bibl iografía perteneciente a Vícto r Márquez Revirieg o – , o bien fuentes secundarias – bibliografía crítica – . En segundo lugar, se ha intentado delim itar la figura y la obra periodística de Víctor Márquez Reviriego, con el fin de ofrecer unos resultados ce ñidos a los obj etivos propuestos anteriormente. En tercer lu gar, y como complemento a la descripción biográfica, se ha contextualiz ado el entorno geográfico y temporal que rodea la trayectoria del periodista, sus ex periencias y las circunstancias culturale s y 34 sociales de su época. Al mismo tiempo, la contex tualización histórica no s ha servido para realizar un análisis de los medios de comunicac ión en los que trabaja Víctor Márquez Reviriego, ent ender la evolución de los géneros p eriodísticos y , en concreto, el desarrollo de la crónica parlamentaria en España , y establecer el marco en el que se inscriben los temas tratados en los ‘Apuntes parlamentarios’. Y, en cuarto lugar, nu estra metodología s e h a basad o en el análisis de contenido de una muestr a rep resent ativa de las crónicas publicadas por Víctor Márquez Revirieg o en l a revista Triunf o entre 1977 y 1981. Este análisis de contenido pretende descomponer los textos de algunos d e los ‘Apuntes parlamantarios’ más significativos en la tra y ectoria del p eriodista onubense, con el propósito de “entender” cómo están escritos; y, finalmente, hallar ciertos puntos de intencionalidad en su discurso, para detectar los principales razonamientos de su argumentac ión y resaltar los recursos retóricos utilizados en esas cr ón icas. 1.4.1. BÚSQUEDA DE FUENTES La búsqueda sistemática de las fu entes, así como la delimi tación de las mismas, ha supuesto la fase inicial de nuestra investi gación. Esta primera aproximación al objeto de estudio resulta fundamental no sólo pa ra conc retar los contenidos que s e van a analizar, sino también para establecer un as pautas coherent es y ordenadas a la hor a de investigar. La le ctura atenta de la producción periodística de Víctor Márque z Reviriego –especialmente , de sus ‘ Apuntes parlamentarios’ publicados en Triunfo – ha constituido, en este sentido, una de la s tareas fundamentales para captar las fuentes, pe ro no la úni ca. Como se ha señalado anteriormente, uno de los objetivos de esta tesis consiste en enmarcar las crónicas par lamentarias d e Víctor Márquez en un “todo” p ersonal y en un contexto histórico y p eriodístico que va ya más allá de l a perspectiva indi vidualizada del autor. Por ello, las fue nte s que hemos tenido que manejar ha n sido amplias y diver sas. Así, por citar varios ejemplos, hemos entrevistado o consultado al propio periodista, a Víctor M árquez, en multitud de o casiones para a clarar diversos puntos de su biografía. Al mismo tiempo, hemos contrastado su relato y sus opiniones con el testimonio de otras personas qu e han conocido y trabajado junt o al autor, y que nos han aportado más info rmación sobre su biografía. I gualmente, para contextualizar su tray ectori a vital y profesi onal, hemos ex traído numerosas citas y fra gmentos de ensa y os 35 históricos o libros de m emorias, en los que se profundiza sobre dive rsas etapas del pasado. Por otr a parte, para r ealizar el acercamiento teórico a la crónica – y , en concreto, a la crónica p arlamentaria – , ha resultado necesaria la consulta de manuales sobre gé n eros y estilos, o bien ens a y os de red acción periodística, que nos han aportado definiciones, tipolog í as y rasgos característicos de estas expresiones periodísticas. Asimismo, para elaborar la pro y ección histórica de la c rónica de Cortes en España ha sido preciso rastrear entr e libr os y r evistas científicas al gunos capítulos o artículos que diseccionaran la evolución de este gé n ero, además de cribar entr e los tex tos más repre s entativos de numerosos autores que ejercieron como informadores en el Parlamento. Como vemos, la búsqueda de fuentes p ara esta tes is doctoral ha sido ingente. Un material tan vasto y h eterogéneo corría el ri esgo de que s e dispersara y no fu era aprovec h ado convenient emente en nuestra investi gac ión. De modo que convenimos diferenciar las fuentes d isponibles y catal ogarlas bien como fuentes directas, o bien como fuentes secundarias –o “de segunda mano”, según la definición de Eco (1983: 66) – , dep endiendo d e la cercanía o l a r elevancia de éstas con respecto al objeto de estudio. - F uentes primarias Entendemos por fuente s primarias aquellos textos originales o testimonios directos sobre los qu e versa un trabajo de investi gación. Se gún Ramón Soriano (2008: 105), “el investi gador debe comenzar, como es lógico, por las fuentes dire ctas, a las que debe dedicar un tiempo considerable para su l ectura, comprensión y asimil ación, como si fuera la primer a perso na en el mundo que lee esas fuentes; se dice qu e un tex to tiene muchas lecturas y el investigador tiene que int entar hacer la su ya: apropiarse personalmente del texto”. En n uestra tesis doctoral, las fuentes primarias están compuestas por los documentos que emana n del propio Víctor Márquez Revirieg o, es decir, todos sus traba jos periodísticos – firmados en prensa desde la década de los sesenta del siglo XX hasta principios del siglo XXI – , sus libros – más de una docena – y sus aportaciones en obras colectivas; pero también sus testimoni os orales, ex presados en programas de radio y televisi ón 4 , o en entrevistas p ersonales, en l as que he mos recogido 4 E ntre esos te stimonio s de Víctor Má rquez en r adio y televis ión, d ebe mos resaltar s u ap ortació n al programa ‘Silueta s’, dirigido por Ventero (15 - XI -2009) en Radio Nacional de España; y su presencia en las series d ocumentales ‘Andalucía es s u nombre’ y ‘Blas Infante. U n ho mbre para un pueblo’, e mitidas 36 su relato biográfico, o bien, lo que hemos ll amado “historia de vida ” en nuestra metodología. En este s entido, debemos destacar q ue no sólo hemos considerado fuentes directas las crónicas de Víctor Márquez, sus ‘Apuntes parlamentarios’ – por más que supongan el eje de nuestro estudio – , si no además los comentarios que éste ha realizado en diferentes ocasiones, al prestarse amablemente a entrevistas para esta tesis. De esas conversaciones que h emos concertado con Ví ctor Márquez, habría qu e si gnificar tres de ellas, las mantenidas en Madr id e n 2008 y en 20 10, y la entrevista re alizada en Punta Umbría en 2008, varios días antes de qu e el peri odista fue ra reconocido como doctor honoris causa por la Universidad de Huelva. A lo cual habría qu e su mar consultas puntuales efectuada s po r teléfono o durante algunas visitas de Víctor Márquez a Sevilla. Por otra parte, la ex tensa producción periodística de Vícto r Márquez Reviriego nos ha obligado a rastrear sus documentos en diversos arc hivos. En este sentido, han desempeñado un papel relevante la Hemeroteca Municipal de Sevilla, la Biblioteca Pública de Andalucía, la Biblioteca General de la Universidad Hispalense, la Biblioteca del Congreso de los Diputados y las aportaciones personales d e anti guos compañeros, como Antonio Ramos Espejo, o familiares, com o es el caso d el profesor J osé Antonio González Márquez, sobr ino del autor, que cons erva una not able colecc ión de tex tos periodísticos de Víctor Márquez y bibl iografía crítica, que ha sido puesta enteramente a nuestra dispo sición. Asimismo, debemos resalta r la importancia de l a página digital www.triunfodigital.es, que, a partir de 2006, hizo pública la obra complet a de la revista Triunfo , indexada en su t otalidad desde 1962 hast a 1982. Este trab ajo de digitalización, impulsado por el que fu era director de la public ación, José Ánge l Ezcurra, y apo y ado por la Universidad de S alamanca, ha facilitado l os patrones de búsqu eda de los textos firmados por Víctor Márquez Revirieg o en Triunfo , y , en especial, de sus ‘Apuntes parlamentarios’, que c on stitu y en aquí el e lemento principal de análisis. - F uentes secund arias Podemos llamar fuentes secundarias o “de se gunda mano” a los document os que parten de otros autor es – no del propio Víctor Márquez Revirie go – y ofrecen alguna información que amplía o completa el estudio. Ramón Soriano (2008 : 105) las define como “la doctrina u opini ones autorizadas vertidas” sobre los textos que componen la en Canal Sur Tele visión y d irigidas por Ramos Espejo en 2006 y 201 0, respectivamente. En eso s tres espacios, el per iodista o nubense relató diversas e xperiencia s d e su tra yectoria vital y p rofesional, que han sido útiles para co mponer algu nos momentos de su biografía. 37 columna vertebral de la investigac ión 5 . En nuestro caso, se trataría, po r ej emplo, de la bibliografía que concierne transversalmente al autor: los li bros en los que aparece mencionado, ya sean est udios parciales de su obra – como los ensayos ya cit ados de Jean Becarud (1981) o José Manuel Cuenca To ribio (1995) – o citas puntua les sobre sus trabajos periodísticos, como ocurre en diversos ma nuales sobre periodismo – entre ellos, los de Fuentes y Fernández (1998) o Cantavella (1996) – ; ensa y os o estudios de carácter histórico, como los de G utiérrez y De Mi guel (1998), Juliá y Mainer (2000) o Alf a y a (2003); ensayos referidos a determinados medios de comunicación, como los de Alted y Aubert (1995) o Pérez Mateos (2002); li bros de memorias o de recuerdos personales de escritores, periodistas o antiguos compañeros, como puede n ser los dos volúmene s autobiográfic os de Luis Cara ndell – El día más feliz de mi vida (2000) y Mis picas en Flandes (2003) – , o las obras de Armas Marcelo (1995), García Rico (2002), Alonso de los Ríos (2005) o Vázque z Montalbán (2009); artículos publicados en prensa o en revistas científicas, como es el caso de los firmados por Vaz de Soto (29- IX -1978), Haro Tecglen (1- III -1980), Pombo (11 -V-1980), Umbral (3-X-1982), Alfaro (XX- 1982), Ba rrios (17- III -1 990), Cruz (8- IV -1990), Tamames (14 - IV -1997 ), Velarde (21- IV -1997), Michavila (X /XI-1999), Gómez Marín (3- VI - 2007) o Fo rneas Fernández (2004); y obras de diversa índole, como la Enciclopedia General de Andalucía , editada por Juan de Dios Mellado (2003 -2007), L os cronistas de la Constitución , de Menéndez Gijón y Fernández López-Monís (2004), Los leon es del C ongreso , de Utrera (2012 ) o el Diccionario de palabras y frases extranjeras , de Arturo del Hoyo (1995), donde queda recogida la acuñación po r parte de Víctor Márquez Reviriego del término ombudsman , referido a la f i gura del defensor de l pueblo. Asimismo, pueden incorporarse a este g rupo de fuentes secundarias las entrevistas re alizadas a antiguos c ompañeros de Víctor Márquez Reviriego – entre los que habría que destacar a José Ángel Ezcurra, C ésar Alonso de los Ríos, Antonio Ramos Espejo, J osé Antonio Gómez Mar ín, José Mar ía Vaz de Soto o Tomás García Asensio, quienes han ori entado sus comentarios especialmente hacia l a aportación del periodista onubense en la revista Triunfo y su etapa como cronista de Cortes – y l a literatura crítica sobre el contexto general en el q ue se inscribe la tra yectoria de Vícto r Márquez, como ensa yos de hist oria, memorias o narraciones personales, qu e analizan el 5 So riano (200 8: 105) recomienda q ue, al p asar de las fuentes pri marias a la s sec undar ias, es pr eciso “establecer un orden de lect ura, clasi ficando la s fuente s se gún un o rden ló gico d e s ucesión de lect uras: de las obras más sencillas a las más co mplejas, de las más generales a las más monográ ficas”. 38 desarrollo social, polític o y cultural de España desde el franquismo hasta la transición democrática. Entre estas últimas obras merecen destacarse l as contribuciones de Álvarez Tardío (2005 ), Aróstegui (1999), Bardavío (2009), Carr y Fusi (1979), Cotarelo (1992), Espino sa Maestre (1996), García Morill o (1996), J uliá, Pra dera y Prieto (1996), Molinero (2006 ), Prego (1995), Pre ston (1986), Sánchez Terá n (2009), Tusell y S oto Carmona (1996) o Tuñón de La ra ( 1974) . Igualmente, nos hemos servido de estudios que ofrecen un amplio panorama hist órico de los medios de comunicación españoles, sobre todo los que hacen especial hincapié en la evolución de la prens a a partir de la segunda mitad del siglo XX. Entr e es os tí tulos habría que mencionar los de Alfére z (1986), Álvarez Fernández (1987), Arr oyo y Roel (2006), B arrera (2000), Checa (1991 y 2008b), Jacinto Trenado (2002), Montabes (1989) y S eoane y S áiz (1998 y 2007). Para una comprensión más amplia de los g éneros periodísticos y d e las caracter ísticas de la modalidad informativa que nos ocupa, la crónica parlamentaria, hemos optado por r ecoger las apo rtaciones realiz adas en libros de estilo, como el de Abc (2001) y El País (2007), así como la obra teórica de numerosos estudiosos, entre los que podríamos citar a Abril (2003), Ba st enier (2001), Benito (2001), Bernal Rodríguez (1997), Cantavella y Serrano (2008), Casasús y Núñ ez L adevéze (1991), Dieg o González (2007), Edo (2003), Gil González (2004), Grijelmo ( 2003), L óp ez Hidalgo (2001), Martín Vilvaldi (1987), Martíne z Albertos (1987), Mo reno Espinosa (1998), Rotker (2005), Santamaría Suárez y C asals Carro (2000), Vilamor (2000) y Yanes Mesa (2004). A estos trabajos habría qu e añadir las obras de dist intos autores que han ejercido como periodistas parlamentarios y cu y os textos nos han ayudado a elaborar una pro yección histórica de la crónica de Cortes. Entre es as firmas, podríamos resaltar las de Aguirre Bellver ( 1972), Azo rín (1968), Blas co I báñez (1978), Cañamaque (1879), Carabias (1997), Carandell (1998), Ferná ndez Flórez (1950), Medina Togores (1932), P érez Galdós (1923), P la (1982), Rico y Amat (1866) o Vicent (1984). P or último, a una bibliografía de e ste tip o de bemos sumarl e la aportación teórica reco gida en r evistas científicas especializadas en comunicación, como Ámbitos , Anthropos o Estudios sobre el Me nsaje Periodísti co . 39 1.4.2. HIS TORIA DE VIDA: UN MÉTODO CUALITATIVO DE DE SCRIPCIÓN BIOGRÁFICA En su discurso de ingreso en la Real Academia Española de la L engua, el psiquiatra Carlos Castilla del Pino dist inguía dos tipos de biografías en los s eres humanos 6 . La primera a la que s e refería era la “biografía pública”, aquella que componen las “actuaciones observables y observadas” de un individuo, la que se “escenifica” en sociedad y representa las líneas maestras del currículo de cada pe rsona. La segunda era la “biografía íntima”: la fantaseada, la de los deseos y los senti mientos, que ge n eralmente permane cen ocultos, pero que “de vez en cuando, sacamos al exterior”, desenmascara dos, sin el disfraz de las p alabras o el silencio. Tanto una bi ografía como otra, decía Castilla del Pino, constituye n l as caras de una misma moneda. Vida pública y privada son dependientes, y resultaría imposible – o, al menos, una impo stura – relatar una biografía sin contar con ambos elementos: con los datos “oficiales” – empíricos y comprobables – y los dat os “persona les ” – mentales e inobservables – . En esta tesis doctoral hemos querido atender, dentro de unos lí mites lógicos, a esa doble perspectiva b iográfica que proponía Castilla del Pino: la super ficial y l a interior. Describir algunos pasajes de la vida d e Víctor Márquez Reviriego – su infancia en C astillejos, su adolescencia en Sevilla, su madurez en Madrid – no ha sido aquí una tarea o ciosa o complementaria. Más bi en, ha result ado ser el punto de partida y, por tanto, un ejercicio de investigación im prescindible para entender el cont exto que ha rodeado al periodista onubense en difer entes etapas. Sin ese relato público y privado difícilmente podrían explicarse muchos de sus tex tos. P or tanto, era nece sario acercarse a la tray ectori a biográfica de Víctor Márquez, con el fin de iluminar los diversos periodos de su carrera como prof esional del periodi smo, pero también como persona carga d a de inquietudes, convicciones y dudas. Una tarea de esta enverga dura, aún no realizada de forma detenida por otros autores, exigía, en primer lugar, el acopio de información tanto oral como escrita en torno a Víctor Márqu ez Reviriego. Los datos ex traídos de una bibliografía dispersa necesitaba n l a profundidad y el testimonio ofrecido directamente por otr as personas. Mantuvimos, por ello, conversaciones con personas íntimamente ligadas a Víctor 6 Castilla del P ino pronunció su discurso de entrada en la Real Acade m ia el 7 de marzo de 2004. Su intervención llevó por título “Ref le xión, reflexionar, reflexivo”, y fue co ntestada po r el profesor José Luis Pinillo s. 40 Márquez, como su sobrino, el profesor José Antonio González Márquez; así como con antiguos compañeros de l periodista, entre los q ue deben destacarse An tonio Ramos Espejo, J osé María Vaz de Soto, José Antonio Gómez Marín, César Alonso de los Ríos y J osé Án gel Ezcurr a, quienes aportaron diferentes miradas sobre el autor. Ellos ofrec i eron un relato parcial de su tra yectoria. Quedaba pendiente, no obstante, la “versión” personal del propio periodista. De tal modo que convenimos concertar varias citas con Víctor Márqu ez para obtener un r elato de primera mano, y así indagar en su biografía profesional y en sus circunstancias personales. Considera mos que el método más apropiado para abordar este asunto debía s er la entrevista en profundidad. A través de este método cualitativo , se iría fra guando el discurso que compone el capítulo segundo de esta te sis doc toral, denominado intencionadamente ‘ Apunt es biográfic os’ 7 . En est os ‘Apuntes biográficos’ hemos trazado una historia de vida de Víctor Márquez Reviriego, entendida aquí no como u n género pe riodístico 8 , sino como un método de investigación para estudiar los rasgos vitales del aut or onubense. Apoyándonos en entrevistas flexibles y dinámic as, en preguntas abiertas a posibles digre sion es, que implicaban futuros encuentros cara a cara entre el investigador y el informante para abordar cuestiones que habían quedado aplazadas, hemos conocido progresivamente aspectos precisos de la tra y ectoria personal y profesional de Víctor Márquez Reviriego, como, por ejemplo, el lug ar donde se crió, sus recuerdos de infancia, su origen sociocultural, su familia, sus costumbres y creencias, sus convicciones ideológicas , sus sentimientos, así como las conexiones entr e sus vivencias particulares y labor ales. Como señala Antonio López Hidalgo (2001: 97), a partir de la historia de vida hemos captado también la actitud del entrevistado durante la 7 Con e ste tí tulo pr etende mos, po r una par te, r endir un pe queño homenaje a la ob ra p eriodística que constituye nuestro ob jeto de estudio, los ‘ Apuntes par lame ntarios’ d e Vícto r Má rquez Reviriego; y, por otro lado, intentamos ser co herentes con el co nten ido de nuestro escrito , q ue, p or dimensión, no puede ser considerado como una auténtica biografía, sino unos a puntes, unos retazos de vida, ordenado s y secuenciados cronológica men te. El pro pio Víctor Márquez ha escr ito b uena p arte d e su s memorias, q ue aún perman ece n i nédita s. El primer vol umen de recuerd os, que será editado por el Secretariado de Publicaciones d e la Univer sidad de Sevilla, lleva p or título Historia p ersonal de S evilla , y abarca su periplo como alu mno inter no en el coleg io Santo To más de Aqu ino, as í co mo s us p osteriores vivencias juveniles co mo estudiante de la Hispalense. 8 Por “historia de vida” se e ntiende al género per iodístico de carácter bio gráfico que reconstruye la experiencia vital de una p erso na, tanto en lo público como en lo priva do. Debido a su extensión, este género ha sido “poco u sual en la prensa espa ñola”, co m o señala López Hidalgo (200 1: 95), y, e n ca mbio, más frecuente en p aíses latinoa mericanos, como Argentina, donde co ntó con la apor tación de Julio Ardiles Gr ay, con siderad o com o el pionero de e sta modalidad per iodística. La historia de vida es un género q ue se di ferencia d el rep ortaje bio gráfico en su fact ura. Es d ecir, en la h istoria d e vida se o frece únicamente la voz del personaj e entrevistado, co m o si se tratar a de un m o nólogo en el c ual el per iodista desaparec e, omitiendo sus pregu ntas; mientras que en el rep ortaj e, el entrevistador reelabora y co nfiere su estilo al texto, al p roducto final. 41 conversación, la fr anqueza de su testim onio, el c olorido de sus desc ripciones o el tono de sus declaraciones, a vece s p erladas de ironía 9 . L a entrevista en profundidad nos ha permitido obtener la información objetiva y subjet iva del periodista onubense, que se ha presentado en esta tesis doctoral sin retoques, sin añadir o eliminar nada, salvo al gunas impurezas del discurso. Con estas entrevistas, hemos intentado c onstr uir una breve biografía de Víctor Márquez, unos “apuntes” basados en su propia na rración, en su riqueza ex presiva, que apenas ha ne cesitado modificación, pues como recomienda Lópe z Hidalgo (2001: 1 04): “El periodista debe dejar hablar a su pe rso naje. Dejarlo hablar cuando éste ha cal lado. Darle en el papel escrito el tono, la agilidad de la palabra oral. El principal papel del periodista e s precisamente saber callar su propia voz para escuchar y dejar im presa la voz del entrevistado. Sólo elim inar muletillas, repeticiones, pero saber conservar su identidad ahora que ha callado, ahora que nos ha regalado sus vivencias”. Así pues, en las distint as entrevistas que concertamos con Víctor M árquez procura mos permanecer en silencio y atender en t odo lo posible a su voz, para que fue ra él mismo quien reconstruyera su hist oria, que después contrastaríamos con la versión aportada por ot ras fuentes. Por est e mot ivo, en el capítulo d e ‘Apuntes biográficos’, hemos de cidido transcribir litera lmente algunos de esos fragmentos o rales y darles forma con algunos datos complementarios. Nadie mejor que el propio Vícto r Márquez podía reconstruir su historia de vida . En nuestro caso, nos limitamos a presentar el discurso de m anera ord enada, al modo que hi ciera Gabriel G arcía Márquez en Relato de un náufrago , su reportaje biográfico sobre Luis Alejandro Vel asco. Co mo afirmó el escritor colombiano tr as publi car esta obra, “ no tuve que fo rzar porque fue como pasearme por una pradera de flores con la posibil idad suprema d e escoger las mejores” (L óp ez Hidalgo, 2001: 98). 9 Para López Hidalgo (2001: 97), “una historia de v ida es mucho más que una bio grafí a”, puesto que recoge otros aspectos que son obviados en el género biográfico, como la posición o el talante d el entrevistado durante la co nversació n: “Partiendo de la grabac ión de ese diálogo, el period ista o btiene del personaj e entrevistado los d atos b iográficos necesarios par a elabo rar su historia de vida. Per o obtiene no sólo dato s, fechas, anécdotas, vivencia s cruciales en s u vida, frustraciones y sueños, ta mbién ha grabad o el tono de la narración, el ritmo d e sus confesiones, la avent ura intrans f er ible de la liter atura oral. La vida está grabada en u na cin ta de casete, per o ésta no sólo apor ta una e numeración de dat os vivenciales, también co ntiene un trozo de tiempo co ngelado, una con versación que tuvo en otro tiempo p retérito y que la tecno logía nos p er m ite ah ora co nservar el do cumento como si e se tie mpo se hubiera p arado p ara siempre”. 48 5) Análisis de la form a p artiendo del tema: se trat a d e estudiar los r asgos n arrativos y argumentativos de la crónica en razón al contenido de la misma. El tema es el eje que va moldeando las distintas opciones discursivas y , por tanto, debe analizarse c omo un f actor determinante de la retórica del texto. 6) Conclusión: c onsiste en ofrecer una valoración global de la crónica seleccionada. Con ello se pretende ofrecer un balance o comentario general de las observaciones es grimidas en los puntos anteriore s. Para ello, según recomienda n Santamaría y Casals C arro (2000: 371 - 372), “se vuelve de nuevo al tema y se c area con la forma. […] La conclusió n debe acabar con una o pinión sincera sobr e el texto, escrita en form a impersonal, sin rechazar ni a ceptar en bloque una postura antiintelectual, sino razonando el porqué de la aceptación o el rechazo”. No obstante, ant es de c omenzar el análisis de contenido, hemos realizado un muestreo entre todos los trabajos periodíst icos firmados por Víctor Márquez Reviriego entre 1977 y 1982, co n el objetivo de seleccionar aquellos que estrictamente se corre spondie ran con el género de la crónica parla mentaria, pues es éste el que conforma el núcleo de nuestra investi ga ción. En est e sentido, el universo o corpus i nicial del que partimos consta de más de un centenar d e textos publicados en la r evista T riunfo bajo el epígraf e ‘Apuntes parlamentarios’ 10 . De todos ellos, hemos elegido una muestra repre s entativa y equilibrada de veintinueve crónic as, cif ra qu e supon e el análisis de una cuarta parte de la ob ra p arlamentaria de Víctor Márquez, a raz ón de siet e crónicas por año, entre 1977 y 19 80, y una de 1981, l a r eferida al golpe de Estado d el 23 de febrero, pues fue ésta la única q ue firmó en dicho ejercicio. L os criter ios de selección de esos trabajos no han sido a l eatorios, sino que se ha c orrespondido con una sis tematización periodística, hist órica y lingüística, con la que s e ha n intentado primar aque llas crónicas que destaca ra n por su interés documental, por su trascendencia como fuente informativa y por su calidad literaria 11 . Tras establecer esa muestra representativa, se ha procedido al análisis de contenido, siguiendo los pa sos ya marcados por Santamaría y Casals Car ro. En líneas 10 Exactamente, hemos contab ilizado un total de 112 crónicas parlamentarias firmad as por Víctor Márquez en Triunfo desde sep tiembre de 1977 hasta a gosto de 198 2, fe cha e n la que se prod uce el cierre de la revista. 11 En el apartad o 4.1 de esta tesis docto ral, se explica n co n dete nimiento lo s criterios seguidos par a seleccionar y a nalizar las cró nicas de Vícto r Márq uez Reviriego. 49 ge n erales, podemos concluir que esta metodología ha sido, probablemente, la más apta para los objetivos perseguidos en esta tesis doctoral. El análisis de co ntenido ha servido no sólo para sistemati zar y evaluar las crónicas parla mentarias de Víctor Már quez Revirieg o, sino que ha ayudado, en ci erto modo, a entender las motivaciones personales y las c ircunstancias sociales que rode aban al autor en el momento de su escritura . Ha sido provechoso, en de finitiva, para comprender e l engranaje interno de esos textos y los factores externos que los condicionaba n. 50 1.5. ESTRUCTURA FORMAL DE LA INVESTIGACIÓN La tesis doctoral que pr esentamos a continua ción consta de o cho bloques, en los que se ha procurado ordenar y sint etizar toda la información recopilada, con el fin de ofrecer claridad y coherencia a la investigación. En todo momento nos hemos guiado por el propósito de ofrecer una exposi ción lóg ica d e los re sultados obtenidos , a partir de diferentes c apítulos, epíg rafes y parágrafos, que nos sirven para organizar los contenidos de fo rma progresiva. Así, en prime r lugar, pa rtimos de un capítulo de presentación, en el que quedan d escritos, prin cipalmente, la hipótesis y los objetivos de la tesis, así como los motivos que han justificado el estudio y la metodol ogía utiliz ada para su correcto desarrollo. En segundo lugar, describimos la tray ectoria de Víctor Márquez Reviriego, en un bloque que re cibe el título de ‘Apuntes biográficos’, en recuerdo a los ‘Apuntes parlamentarios’ publicados por el periodista. Este repaso a la vida y la carre ra profesional se manifiesta como un relato a dos vo ces , en el que contamos con la p ropia narración de Víctor M árquez para la exposición de las principales etapas de su tray ectori a, además del apoy o de otras fuen tes y testimonios. Estos ‘Apuntes biográficos’ no pret enden conformar una semblanza al uso, sino tr azar más bien un bosquejo de sus diferentes periodos personales y profesionales, organizados siempre con un estricto ord en cronológico. De tal maner a que su biografía qued ará dividida, a grandes ras gos, en los p eriodos de su infancia e n su pueblo natal, Vill anueva de los Castillejos; su formación académica en Huelva, S evilla y Madrid; sus comienzos en el periodismo, en diarios como Odiel e Informaciones ; su trabajo en Triunfo , que ocupa un lugar central, por s er en esta revista dond e ini cia su serie de crónicas pa rlamentaria s; y su obra posterior, desarr ollada tanto en la p rensa como en el terreno editorial, con la publicación de más de u n a docena de libros. Más adelante, el tercer bloque de la tesis esta rá compuesto por un capítulo titulado ‘ L a crónica parlamentaria: ap roximación teórica’, en el cual abordarem os los principales rasgos d e la crónica como género híb rido, esencialmente infor mativo, pero matizado por la interpretación y la huella pe rsonal que imprime el periodista en la narración y la descripción de los acontecimientos. A partir de un conveniente a po yo bibliográfico, estable ceremos distintas definiciones de la crónica, distinguiremos sus caracter ísticas básicas – reg ularidad, especialización, estilo personal, estructura libre, etcétera – y pl antearemos una ti pología, dentro de la cual se incluy e la cr ónica 51 parlamentaria. Compl etaremos este acercamient o teórico a la crónica con un repaso histórico de l periodismo de Cortes en España, en e l que s e describirán alg unas de las aportaciones d e los autores más destacados en sus dos sig los de tra yectoria , desde principios del siglo XI X hasta comienzos del XXI. A continuación, el bloque cuarto constitu y e la parte “práctica” d e esta investigac ión, es decir, la selección y el análisis de las crónicas parlamentarias de Víctor Márquez Revirie go. En este capítulo, des ignado ‘ Análisis de los Apuntes parlamentarios ’, partiremos de un criterio temp oral para organizar y evaluar los textos publicados por Víctor Márquez en Triunfo en tre 1977 y 1981. De modo que nos centraremos en 29 crónicas del periodista onubense – una cuarta p arte d e su producción como periodista de Cortes – , con el fin de analizar la temática, la estruct ura, el estilo discursivo, los rasgos narrativos y descriptivos, y el contex to histórico en el que se enmarcan. Así pues, valorare mos los ‘Apuntes par lamentarios’ a la luz de su relevanc i a histórica, como testim onios periodísticos y li terarios de interés para el con ocimiento de la Transición española. El quinto capítulo de la t esis, ‘El cronista Víctor Márquez Reviriego’, s e plantea a modo de síntesis de los principales rasgos qu e definen el trabajo del periodista de Triunfo como informador en el Congreso de los Diputados y el Senado. En este bloque se detallarán las características básicas del discurso periodístico de Víctor Márquez, el estilo empleado en lo s ‘Apuntes parlamentarios’, la estructura que confiere a sus textos, los ti pos de juicios – analític os, sintéticos, hipotéticos, etcétera – en los que se apo y a pa ra construir sus argumentaciones y los recursos narrativos que le distingue n como escritor, como, por ejemplo, el uso de l a ironía, las citas literarias e históricas, los r etratos de los políticos – etopeya s y pr osopografías – , la descripciones de a mbiente, los neologismos, las metáforas y los símiles. Posteriormente, se expone la evolución temática qu e si guen los ‘Apuntes parlamentarios’, desde el primer texto publicado, “ La tentación canovista”, en 1977, hasta su últim o testimonio sobre las Cortes españolas de la Transición, la crónica “Una hora de E spaña”, en la que se rel ata lo sucedido durante el g olpe de Estado perpetrado por el teniente coronel Tejero el 23 de febrero de 1981. El capítulo se cierra con los temas y los protagonistas princip ales de l as crónicas, las técnicas y el proceso de elaboración de las mismas, la función didáctica que cumplen estos t extos – en una época en la qu e se d esconocía el funcionamie nto de una asamblea parlamentaria – y la influencia de estos documentos periodísticos en escritores e investigadores 52 posteriores, qu e han utili zado los ‘Apuntes par lamentarios’ como fuentes h istóricas sobre la política de la Transición española. Tras esta recapitulación sobre la labor de Ví ctor Márquez Reviriego como cronista, ll egamos a las c onclusiones y a l as referencias bibliográficas – bloques 6 y 7 – , que preceden a unos anex os – capítulo 8 – , donde se aporta material compl ementario a la investigac ión. Entre esos documentos de apo yo, incluimos las copias de la s 29 crónicas analizadas en la tesis – ex traídas de la revista T riunfo – , que sirven de referencia pa ra conocer los do cumentos ori ginales de los ‘Apuntes parlamenarios’, así como p ara visualizar las fotogra fías y elementos gráfic os que acompañaron a esos textos. También se recogen en los anexos una relación completa de todas las c rónicas publicadas por Víctor Márquez entre 1 977 y 1981, donde se detallan las referencias bibliográficas – fecha de publicación, número de Triunfo y pá ginas en las que aparecieron – ; una serie de entrevistas realizadas a al gunos compañeros de prof esión de Víctor Már quez y una cronolog í a que sintetiza la hist oria de la revista T riunfo , junto a otros acontecimientos de relevancia en el ámbito periodístico español. 53 1.6. PROCESO DE ELABORACIÓN A finales d e septiembre de 2006, la Universidad I nt ernacional de Andalucía (UNIA) celebraba en Sevilla un seminario dedicado al periodismo andaluz en el contex to de la Transición española. Coordinadas por el profesor Antonio Ramos Espejo, estas jornadas reunían a diversos perio distas, que narraron sus experiencias personales en aquellos tiempos de c ambios políti cos y so ciales, al tiempo que of recían su an álisis sobre la situación presente y los retos de los medios de co municación de la comunidad autónoma para el si glo XX I. Entr e los invitados a este curso se hallaba Víctor Márqu ez R evirieg o, quien dedicó su conferencia al papel desempeña do por Triunf o en la conquista de la libertad de expresión, como revista de información general que se mostró crítica con la dictadura y , a partir de 1975, interesada por l os procesos autonómicos abiertos en diferentes territorios españoles. En su discurso, Márquez Reviriego llegaba a la conclusión – contrastada numéricamente a través de los índice s de Triunfo – de que Andalucía ocup aba un lugar privile giado en el tratamiento informativo ofrecido por dicha revista durante la Transición. Tan sólo Cataluña aparecía en ma y o r número de ocasiones que Andalucía en Triunfo , gracias a la labor ejercida por Man uel Vázquez Montalbán, que actuaba como colaborador fijo en Barcelona. Como prueba palpable de esta presencia andaluza en Triunf o , Márquez Revirieg o aportaba , además, las cifras sobre las apariciones d e diputados andaluces en sus crónicas parlamentarias, cu y os resultados eran elevados no sólo por la afinidad geográfica que les unía a ellos – dado los orígene s onubenses del periodista – , sino por la fructífera actividad parlamentaria de estos políticos procedentes de Anda lucí a. Esta intervención en el curso de la Universidad I nte rnacional de Andalucía supuso el primer contacto con la ob ra periodística d e Víctor Márquez, así como un estímulo para d esarrollar un posi ble tr abajo de investigac ión, que culminaría nu estro periodo de docencia, y a completado en la Unive rsidad de Sevilla. A instancias de Antonio Ramos Espejo, entabla mos una prim era entrevista con Víctor Márquez Revirieg o, quien se prest ó a colabora r en un futuro pro y ecto acadé mico qu e comenzaba a visl umbrarse, aunque todavía sin tener cl aramente definido el obj eto d e estudio. A medida que avanzaron las primeras lecturas en to rno a la figura de Víctor Márquez, el tema y los objetivos del trabajo de inv estigación s e fueron concretando, h asta establecer un punto de partida en los trabajos publicados p or el periodista onubenese en Triunfo , que, más tarde, se delimitaron con mayor exactitud en sus crónicas parlamentarias. De 54 este modo, se form alizaba una propuesta ya esboz ada tiempo atrás y que tenía siempre como denominador com ún el estudio de los géneros y estilos periodísticos en un ámbito cercano, Anda lu cía. Nuestro trabajo en la Enciclopedia general de Andalucía , editada por Juan de Dios Mellado (2003-2007) y dirigid a por el profesor Antonio Ramos Espejo, sirvió como acicate para can alizar esta investi ga ción propuesta, que se fue diversificando con nuevas referencias sobre el contex to histórico de la Transición. L a adopción de unas pautas metodológicas y la búsqueda de una bi bliografía adecuada r epresentaron l as primeras bazas de estudio desde los últimos meses de 2006. Durante el año siguiente, se formularon unos patrones de tra bajo, se estab leció un cronograma para presentar resultados y se amplia ron las fuentes – ya fueran p rimarias o s ecundarias – de información. En este aspecto, resultó esencial la aportación de Víctor Márquez Revirieg o, con quien co mpartimos largas conversaciones sobr e su tra yectoria personal, primero en Mad rid – ent re el 28 y el 29 de febrero de 2008 – , po co des pués en P unta Umbría – el 28 de junio de 2008 – , días antes d e que fuera re conocido como doctor honoris causa por la Universidad de Huelva; y , más adelante, de nuevo en Madrid – el 28 de f ebrero d e 2010 – d urante un a visi ta a la ofi cina del Defensor d el P ueblo Español, donde trab ajaba entonces c omo responsable d el gabinete d e prensa. Coin cidiendo con esta última visita a Madr id, en 2010, pudimos realizar un ameno recorrido por el Congre so de los Diputad os, donde el periodista nos guió por los recovecos del palacio isabelino situado en la Carrera de S an Jerónimo, un lugar al que se ha referido en diversas ocasiones como su “segunda casa”, y d el que conoce prácticamente todas sus historias, sec retos y anécdotas. Allí, ante el h emiciclo vacío del Con greso, tuvimos la oportunidad de sentarno s en la tribuna de prensa y revivir algunos de los mom entos principales de Víctor Márquez como cronista de T riunfo . Junto a estas cha rlas con Víctor Márque z Reviriego – continuad as en múltiples ocasiones por vía telefónica – , intentamos acercarnos a su entorno profesional, a su círculo de compañeros en Triunfo . Para ello, establecimos contacto con su director, J osé Ángel Ezcurra, que mant uvo al semanario durante casi cuatro décadas en una posición destacada dentro de la prensa española. Ezcurra fue uno de los principales valedores de Víctor Márquez – al que confió el puesto de redactor -jefe a partir de 1970 – y, por tanto, una persona con la que debíamos contar pa ra este trabajo, a fin de obt en er su testim onio personal. Así se hiz o también con otros periodistas que compartieron p áginas con el autor onubens e en Triunf o , como fue el c aso de César Alonso d e los Ríos, J osé María 55 Vaz de S oto, Antonio Ramos Espejo, J osé Anto nio Gómez Marín o los dibujantes Tomás Garc í a Asensio ‘Saltés’ y Andrés Rábago ‘El Roto’. Otro momento importante en este r ecorrido se pro dujo al establecer contacto con el profesor J uan Antonio Gonz ález Márquez, sob rino de Ví ctor, cu y os consejos fueron de gran utilidad para afinar aún más las lí neas de estudio marcadas para la investigac ión. Gracias al extenso archivo que conserva c on la obra de Márquez Revirieg o, pudimos a cceder a nuevos documentos, que ampliaron la bibliografía crítica que ya pos eíamos. J uan Antonio Gonz ález, qu e se encargó d e la edición de uno de los libros de Víctor Márquez, El burladero (1997), obra que recoge una amplia selecc ión de artículos publicados en Abc , nos facilitó además diversas referencias sobre l a tra yectoria vital y profesional de su tío, que han sido fundamentales para poder hilvanar los retazos de memoria recogidos en nuestros ‘Apuntes biográfic os’. Con el material re copilado, a lo lar go de 2007 c omenzamos la escritura de los primeros borr adores, en los que siempre habí a hueco pa ra la in clusió n de nuevas referenc i as bibliográficas . Entre ellas, deb emos cit ar la información acerca de la hist oria parlamentaria y el trabajo de los periodistas españoles en las Cortes. Ensayos como Parlamentarismo y antiparlamentarismo español , del historiador J osé Manuel Cuenca Toribio (1995), resultar on de gran uti lidad para este bloque; así como los manuales sobre r edacción periodística y los estudios teóri cos en torno al género de la crónica, que fueron propuestos por lo s directores de la futura tesis, los profesor es Antoni o Ramos Espejo y Mª Ánge l es Fernández Barrero. Llegamos así a m ediados de 2009, c on un trabajo de investigac ión titul ado “Víctor Márquez Reviriego: renovador d e la crónica parlamentaria (1977 - 1981)”, que fue calificado con la m áxima nota – sobresaliente – por un tribunal constitui do en la Fac ultad de Comuni cación de Sevilla. Una vez superado el periodo de investigación y obtenido el Diploma de Estudios Avanzados, consideramos el pro ye cto de estudio presentado como una iniciativa abierta a una ma yor profundización y a una ampliación de los contenidos. Determinamos así una nueva hipótesis que abría el campo de investigac ión en torno a la obra periodística de Víctor Márquez y unos nuevos objetivos, que se centraban, entre otros aspectos, en la tra y ect oria hist órica de la crónica de Cortes en Espa ñ a. A principios de 2010, la formación de l grupo de investigación “Influencias de los géneros pe riodísticos y las nuevas tecnolo gías en la comunicación social”, cuyo responsable es el profesor Antonio L óp ez Hidalgo, nos abrió nuevos caminos teóricos y 56 nuevas posi bilidades acadé micas para encauzar nuestros estudios. Entre otros hitos, nuestro grupo de investi gación se encargó de organizar, con el apo y o d el Centro de Estudios Andaluces, unas jornadas tituladas “ Tr iunfo y Andalucía. Un a revista abierta al Sur”, en la que participaron anti guos colaboradores del semanario, así como historiadores, políticos, antropólogos o so ciólogos que analizaron la relación de la revista con los temas andaluces – paro, emigración, id entidad cultural, etcétera – durante la dictatura franquista y los primeros años de la d emocracia. Dichas jo rnadas supusi eron una nueva oportunidad para increm entar nuestro interés por l a obra periodística de Víctor Márqu ez Revirie go en Triunfo y , en c on creto, por sus crónicas parlamentarias. Representó, en definitiva, un ac i cate más pa ra continuar durante 2 011 con los contenidos propuestos p ara est a tesis doctoral y pro y ectar su evaluación para 2012, año en el qu e se conmemora el bi centenario de la Constitu ción de Cádiz, cu y os trámites legislativos fueron seguidos por publicistas y gacetill eros que marcaron el rumbo de un gé n ero periodístico, la crónica parlamentaria, de c apital importancia, dos sig los después, en la obra de un autor como Víctor Márquez Reviriego. 57 1.7. AGRADECIMIENTOS Este trabajo no hubiera sido posible sin el apo y o de un gran número de personas, a las que debo cuanto menos mi gratitud por sus aportaciones siempre desinter esadas. Entre esas personas, tendría qu e destacar principalmente tres nombres: los de María Ángeles Fernádez Barrero, Antonio Ramos Espejo y Víctor Márquez Reviriego. A través de la profesora Fernández Bar rero, he encontrado el respaldo teórico n ecesario para enfocar este trabajo y el estímul o convenient e para fijar unos objetivos académicos, así como la confianza par a poder d esarrollar este trabajo d e investigac ión. P or su p arte, Antonio Ramos Espejo me ha ofrecido el vínculo imprescindible con la profesión periodística. A lo largo de cinco años de trabajo conjunto en la Enciclopedia general de Andalucía , Antonio Ramos ha ejercido una docencia singular en mi tray ectoria y ha a bierto campos de trabajo y estudio, sie mpre enraizados en Andalucía. Al i gual que Antonio Ramos, Víctor Márquez ha sumado, a pes ar d e la distancia, su ma gisterio y su colaboración constante, prestándose a conversar durante horas en las ocasiones que ha sido requerido. Sus palabras han sido lo s pil ares de este tr abajo, pero sobr e todo lec ciones magistrales de un profesional que abruma p or sus conocimie ntos y por su obra. A él van dedicadas estas páginas, con la mejor de mis int enciones y con el dese o de que no se sienta defra ud ado. Junto a ellos, han sido otras muchas pe rsonas l as que han p restado su ayuda. Entre ellas, debo destacar al profesor J uan Antonio Gonz ález Márquez, catedrático del Instituto La Rábida de H uelva, que ha pu esto a mi entera disposición su ar chivo, donde conserva una valiosa h emeroteca p ersonal de su tí o Víctor. Por otra parte, debo agradecer la colaboración de los profesores de la Universidad de S evilla A ntonio Checa Godoy y Antonio L ópez Hidalg o, quienes han aconsejado y propue sto diferentes perspec tivas para el desarrollo teórico de la investigación. Como también han abierto puertas a nuevos estudios compañeros y amigos como J avier Vidal, P ablo S antiag o, Antonio Reina, Jesús Cha cón, Álvaro Romero, Leticia Álvare z o J osé Manue l García Llama s, qu e han contribuido con aportac ion es bibliográfica s a enriquecer mis lecturas. Antiguos compañeros de Víctor Márquez en la re vista Triunf o , entre l os que debo mencionar a J osé Ángel Ezcurra, César Alonso de los Ríos, J osé María Vaz de Soto, J osé Antonio Gómez Marín, Tomás Ga rcía Asensio o Andrés Rábago han ofrec ido amistosamente su opinión sobre la figura del periodista onubense . A través de sus recuerdos personales y de sus experiencias comunes, ha resultado más fácil poner en 64 una mínima reacción ciu dadana. Tan sólo algunos miembros de la izquierda, entre los que se cuentan Senén Muñoz Gómez y F rancisco Gómez Moreno, consiguieron escapar de Castillejos, amenazados ante una inevitable represión, par a unirse al maquis 16 . Otros izquierdistas, en cambio, corrieron peor suerte y “fueron detenidos a las pocas hor as” (Espinosa Maestre, 1996: 163-164). Tras la toma de Castillejos el 29 de jul io, el pu eblo se sumió en una so mbría incertidumbre, una tens a espera ante las posibles repr esalias. El A y un tami ento pasó a manos de la derecha lo cal, mientras qu e su alca lde, el socialista Matías Rodríguez Márquez 17 – primo de Lorenzo Márquez, el padre de Víctor – , era d etenido y finalment e fusilado en Huelva el 8 de agosto de 1936. Acciones de este calibre, de re presión selectiva de person as, t enían como objetivo no sólo aniquilar a los representantes políticos de la República, sino también infundir mi edo entre la población, que, en el caso de Castillejos, acataría el golpe de Estado sin oponer ape n as resistencia. Salvo la r espuesta armada de algunos frentes, l ocalizados en el se ctor de la Cuenca Minera y la S ierra, l a situación políti ca en la provin cia de Huelva quedó normalizada a partir de septiembre de 1936. Bajo el control de la Guardia Civil y el Ejército, la F alange tut eló los cargos municipales y gobernación civil. En Castillejos, la figura de Six to Agustín Revirieg o, tío de Víctor, fue ganando peso tras salir de la cárcel, hasta alca nza r el puesto de alcalde en los años cincuenta. Junto a Falange, la I gl esia ocuparía su lu ga r preponderante en la sociedad, como institución encargada de la enseñanza en las escu elas y foco de difusión de los valores del nacionalcatolicismo. Tras una etapa de ausen cia durante la República , los c ultos y las procesiones de las imágene s de ma yor de vo ción regresaron a las calles. “Cuando yo nací, el 30 de noviem bre, es cuando vuelv e a haber procesiones en Huelva, después de haber estado sin hacerse por época de la República. Cuando m e ll evan de Huelva a Castillejos, el coche – ir í amos en un coche alquilado o era de mi abuelo – tuvo 16 El teniente general de la Guar dia Civil Fra ncisco Aguado Sánc hez menciona e n su libro El ma quis en España (1975) las actividad es de un grupo de ho mbres, hui dos de la guerra, que actuaban e n la Sier ra de Huelva, el Andévalo y P ortugal desde el otoño de 193 6. A esta “partida”, encabezad a po r Francisco Gó m ez Mo reno ‘El Cerr eño’ y que Agudo Sá nchez co mpara co n bandolero s, debid o a su obvio r echazo hacia ellos, se unirían s upuesta mente Senén M uñ oz Gómez y Fra ncisco Gó mez Moreno, vecinos de Villanueva de los C astillej os. C o mo recoge Espinosa Ma estre (1996: 2 67), ambos fu er on citados en el Boletín Oficial de la P rovinci a, co n fecha de 9 de dicie mbre de 193 6, por “coacciones en la finca B arco de la Ma ta, propied ad de los hereder os de Seb astián Ramírez García”. 17 Matías Rod ríguez Már quez fue, ade más, uno de los f undado res de la logia masó nica ‘Pr ogreso’ en Huelva. Se convirtió en alcald e de Villanueva de los Castillejos en mayo de 1 936 (Espinosa Maes tre, 1996 : 407). 65 que parar en Gibr aleón, porque pasaba la procesió n de la Inmaculad a, y volvió a parar en San Bartol omé de la T orre, hasta que llegam os a Villanueva de l os Cast illejos” (Conversacion es con V.M. R., Madrid, 28- II -2008). La Guerra Civi l imprimió una huella pro funda en Huelva y en toda su pro vincia. El rastro de víctimas del golpe militar en Castillejos superó la veintena de muertes 18 , al tiempo que dejaba unas duras secu elas en el ámbito económico: largos añ os en los que las carencias alimenticias, difícilmente paliadas por las cartillas de ra cionamiento, y la falta de empleo fueron la s notas predominantes. El silencio y el miedo se i nstauraron en las familias, más si cabe en aquellos hogares, como el de Víct or Márquez Reviriego, en los que algunos de sus miembros habían participado o simpatizado con los diferentes bandos. El na cimiento de Víctor Márque z, como el de tantos niños de posguerra, responde a unas cir cunstancias especiales y p aradójicas. Concebido en un periodo de euforia y agitación, tr as la victoria del Frente Popular, Víctor nace y crece contemplando un panorama bien distinto, el de una rig urosa dictadura. 18 Según Espinosa Ma estre (19 96: 267 ), más de 5.50 0 p ersonas per dieron la vida en la provincia de Huelva tras la s ublevación militar. 66 2.1.2. INFANCIA EN CASTILLEJOS Los p rimeros años de vida de Víctor Márquez R eviriego están unidos estrechamente a su pueblo, al entorno natura l y diáfano del que proce den sus recuerdos más antiguos. Villanueva de los Castillejos es un municipio rura l, situado en la parte occidental del Andévalo, comarca li mítrofe con P ortugal. H abitada desde tiempos prehistóricos, el orige n d e esta población se remonta a la época ro mana, periodo en el que se constru y en casas fo rtificadas o castillejos, “que servían de almacenes y ca sas de descanso del castillo principal o praesidium ” (Mellado, 20 07: vol. XV, 7.134-7.135), e n uno de los caminos más im portantes de la Bética , aquel que se dirigía desde el puerto de A y amonte hasta Emérita Augusta. Esas pequeñas fortalezas son las que le dan el t opónimo a la localidad, que e s conocida popularmente por sus vecinos como Castillejos, en una fórmula abreviada común entre los anda lu ces 19 . Al término de la Guerra C ivil, en 1939, Villanueva de los Castillejos había incrementado sus condici ones históricas de pobreza. A las pérdidas humanas, sumaba el declive d e su economía, basada principalmente en la a gric ultur a y l a ganadería. La estructura de propiedad d e las tierras favorecía a u nas cuantas familias de terratenientes, mientras que un alto porcentaje de la pobl ación activa, jornaleros en su ma yor parte, debía sobrevivir con los trabajos temporales. Según el censo de 1940, Castillejos contaba con 3.978 habitantes (Fuente: INE). Para ellos, poc o había cambiado la situación del pueblo, sumido en un aislamiento simil ar al del resto de municipios onubenses. “En l o s confines de España, Huelva es durante el franquism o una provincia aislada, delim itada a Este y Oeste por dos anchos ríos sin puentes, al Norte una sierra surcad a por escasas y precarias carreteras y al Sur un mar, un océano sin líneas marítimas. Tampoco l os ríos inter iores, el Tint o y el O diel, tienen puen tes en su desem bocadura hasta los años sesenta. Una pr ovinc ia atrasa da desde cualqu ier perspec tiva” (Checa Godoy , 2005: 18). 19 Vícto r Márquez se decanta por el uso d el topónimo Castill ejo s, co m o ha referido en d iversas ocasiones: “ Castillejo s, el nombre d e toda la vida de la antigüedad; porq ue lo de Villanueva me parece un es nobismo de Felipe IV” ( “Las grúas del Puerto eran para mí co mo gig antes cervantinos”, Hu elva Inf ormació n , 3-V- 2008). 67 Si bien la provincia de Huelva es c onsiderad a como “ marginal y p eriférica, n o sólo económica mente y topológicamente, sino también desde una visión histórica” (Ojeda Rive ra, 1988: 9); dentro d e ella, la comarca d el Andévalo supone el exponente máximo de ese aislamiento y de la escasa “diversificación” laboral (Moreno Navarro, 2004: 762). Frente a los recur sos forestales y la indust ria cárnica de la Sierra, la riqueza minera de la Cuenca del río Tinto, la variedad vinícola de la comarca del Condado o el rendimiento de la pesca y del turismo en la costa; el Andéva lo se caracteriza, tr adicionalme nte, po r sus baldíos, sus “tierras pob res”, d e poca f ertilidad (Ojeda Rivera, 1988: 9). Ahora bien, est a apreciación no r esulta t otalmente justa si se tiene en cuenta la dejadez de los dist intos gobiernos a la hora d e inc entivar otras alternativ as económicas, al margen de l aprovechamiento que haya tenido la dehe sa. Comparados los datos económicos, Villanueva de los Castill ejos había p erdido durante el franquismo la relevancia que, incluso en el siglo X I X, la había distinguido no sólo en Andalucía, sino en toda España, como pr oductora de botones d e metal y hoces. Así lo confirma el Dicc i onario de P ascual Mado z – realizado entre 1845 y 1850 – , que añade como elementos particulares de la e conomía castillejera la fabricación de frisas – unos paños de lana que eran utilizados en los forros y v estidos de las aldeanas – , la curtiduría o la cerería 20 . A pesar de que los talleres artesanales para botones y ho ces disminu yen su actividad desde principio s del siglo XX, Víctor recuerda como uno de los sonidos m ás vivos de su niñez aquellos golpes del metal sobre el yunque . En su memoria perduran los ecos del acero c omo destellos míticos, como si de la frag u a de Hefesto se tratara. “En l a época en que yo estoy all í, en los años cuarent a, como niño de posguerra, lo de las hoces de Castillejos es relevante. El sitio más importante de hoces en España es La Solana, que es un pueblo de La Mancha, que l as fabricaba i ndustri almente. Pero en Castillejos todavía habí a cuatro fábricas dond e las h acían ar tesanalmente. Compr aban tiras de acero, que lueg o con el calor se doblaban, se cortaban, y golpe a golpe le i ban haciendo esas muescas que l levan las hoces. Y uno de los sonidos que yo t engo mejor grabado de mi infancia es el ruido del tan-tan-tan que daban los martillos sobre la hoz que estaba sob re el yunque ” (Conversaciones con V.M .R., Madrid, 28 - II -2008). 20 “Hay varias fábricas d e b otones de metal amarillo, bastos, de los q ue surten a cas i tod a la Península; otras de paños ca seros lla mados fri sas; algu nas de curt idos y de cer a, c uyos artíc ulos exp ortan en cantidad crecida” (Madoz, 1988 ). 68 Algunos de los recuerdos más lejanos de Víctor Márquez, incluso aquellos que son imposi bles de r econstruir a t ravés de la propia memoria, se alimentan de los comentarios de otras p ersonas, principalment e d e sus padres y sus dos hermanas. El periodista afir ma t ener una “memor ia referida” de sus primeros meses de vida: la evocación casi li teraria de unos hechos que ocurrieron cuando aún no había despertado su consciencia. “La prim era m emoria que t engo no es hasta el año 1940. Aunque parece ser que remotam ente tengo una d el año 1937, que será imposible, y ca lculo que s erá una m e m oria adquirida lit erariam ente después, cu ando cay ó un ray o en el cam panario antiguo de mi pueblo. Seg ún parece, la criada que me tenía en brazos, me t iró al suelo. Supongo que ésta sería m i primera caída, después he tenido muchas . Esto es l o que yo llamo ‘memoria referida’, que es un t érm ino que tomo de uno de los m ás grandes amig os que tengo, José Mar ía Vaz de S oto, cuando hab la de lo ‘ referido’ que s e incorpora a l a literatura y a tu primera vivencia” (Conversaciones con V.M.R., Madrid , 28- II -2008). “La memoria c rea antes de que el conocimiento recuerde”, escribió Wil liam Faulkner en Luz de agost o . Esta cita, que Ví ctor Márquez ha susc rito en varias ocasiones 21 , bien podría aplicarse a la primera etapa de su biografía. En s u imaginario infantil perviven los relatos oídos a sus familiares y amigos, mezclados con fu gaces intuiciones y experiencias person ales que acaso recuerda o recrea. El recuerdo y la imaginación se su ceden como ráfagas en l a “memoria referida” d e Víctor: “ La m emoria hereda d a o histórica, ta n básica en la verdadera consciencia y con ciencia d e los pueblos” (V.M.R., 25 - IV -2009: 38). Una memoria c ompuesta por leves imágenes que hacen pensar en una infancia f eliz. Para Víctor Márquez, la niñez representa la “patria nunca d el todo perdida”, un lugar donde “ el tiempo no parecía exist ir y a la v ez duraba más que nunca, lo cual no es una contradicción, po rque la inf ancia es un tiempo mágico en el que hasta los cont rarios se unen” (Chacón, 8 - IX - 2002: 4). Esa infancia s e recrea, en alusión a los versos de Luis Cernuda, como el “tiempo sin ti empo del niño” 22 , c omo una etapa arcádica, en la que 21 Lo hace, por ejemplo, en el libro Un mundo que se va (V.M.R., 19 94: 118). 22 Estos verso s pertenecen a l p oema “L una llena e n Se mana Santa”, publicad o por p rimera vez en la revista Caraco la (agosto d e 1961) y , más tard e, recogido en Desola ción de la quimera . Las tres últimas estrofas hace n referencia a e se tie mpo det e nido de la in fancia, esa arcadia a la que regresa el poeta gracias al recuerdo: “¿Nostalgias? / No. Lo q ue así r ecreas / es e l tie mpo si n t iempo / d el niñ o, los insti ntos / 69 los instintos aprenden la vida y los sentidos se abren ansiosos ante la natu raleza 23 , ante el entorno más cercano, el que componen los paisajes cotidianos de Ca still ejos. “Com o no había entonces ni televisión ni futbolines, los niños jugábamos en el campo de alrededor del pueblo, y l os nombres de esos alrededores son los que están en m i m e m oria: El Cantillo, El Corral de Ánimas, El Pie del Castillo, La Cabeza del Buey, La Sierra Abuela , Villa Maít o, Tariquejos, L as Manchor ras… Esos son los nombres de mi tie m po total de ento nces” (Chacón, 8 - IX -2002: 4). Los recuerdos e incluso la imaginación le conducen por las calles empedradas, de casas bl ancas, con “tejados color canela” (Vaz de Soto, 29 - IX -1978: 11) , que rodean a la iglesia de la P urísima Concepción, la nueva parroquia qu e sust ituyó a la primit iva, destruida por el “terremoto de Lisboa” en 1755. El violento seísmo forma parte de l a “memoria referida” de todo el pueblo, una espec ie de temor colectivo que se ex tendió desde las costas de Ayamonte hasta el in terior de la provincia de Huelva y que tuvo vigencia en las plegarias dirigidas a la Virgen de Piedras -Alba, en l a rom ería que cada Domingo de Resurrección hermana a los municipios vecinos de Castillejos y El Almendro 24 . Como también forma parte de esa memo ria colectiva la invasión de la s tropas napoleónicas, que, a su paso po r Huelva, instalaron uno de sus cuarteles ge n erales en Villanueva de los Castillejos y ar rasaron a su salida viviendas, cosechas y ga n ados 25 . O los contactos habituales con la vecina Portu gal y sus trabajadores destajistas, muchos de ellos contrabandistas del café, el azúcar y el tabaco, procede nt es aprendiendo la vida / dichosa mente, como / la planta nueva aprende / en s uelo a mig o. Eco / que, a la doble distancia, / ge neroso ho y te vuel ve, / en leyenda, a tu o rigen. / Et in A rcadia eg o ” (Cernuda, 1999: 196 -197). 23 Desde la infancia, Vícto r Márq uez siente u na prof unda atrac ción por el ca mpo, como pone de manifiesto e n Un mund o qu e se va , un libr o ded icado a la nat uraleza y perlad o de continuos recuerd os personales: “Cuando lo s niño s de mi ed ad salíamos de la escuela, nos faltaba tie mpo p ara tomar la merienda y salir ra udos al ca mpo: a ver nido s o p ájaros, a buscar culebr as e ntre las char cas, a subir nos a los árboles… T oda la naturalez a nos res ultaba familiar, porq ue nos hallába mos inmersos en ella” (Cantavella, XII -1994: 1 04). 24 La ro mería de la Virge n de P iedras -Alba represe nta, co mo e n o tros p untos de Andalucía, u na manifestación rel igiosa s upracomunal, es dec ir, una festividad co mpartida por varias lo calid ades vecinas, que se une n por un mismo pat ronazgo. Además de Cas tillejos y El Almendro, el pueblo d e San Barto lomé de la T orre se añadía a esta ro mería, q ue es r ememorada en uno d e los trab ajos p eriodísticos de Vícto r Márquez: “Yo recuerd o, hace unos veintitantos a ños, có mo la b anda traída de El Cerr o del Andévalo acompañaba, interpretando ar d orosamente ‘Okal, O kal es lenitivo del d olor’, la p rocesión p atronal de San Bartolo m é d e l a T orre”. ( V.M.R., 29 -XII-1973 : 34) 25 La presencia militar d e los franceses e n Castillej os es r ecordada aún entre la po blación po r la llamada Misa de P az, que festeja ca da año, en septie m bre, el fin de la Guerra d e la Indep endencia. 70 del Algarve o del Alentejo, que pasaban cland estinamente el género ne cesario en los tiempos de la autar quía franquista. “Hubo un tiem po en q ue buena parte de esa Lusitan ia Interior sobrevivía con la noble ejercitación del contrabando. De Portugal venían cerdos retintos, el oscuro y coruscante café colonia l, azúcar más o m enos m oreno y tabaco más o m enos rubio; para allá iban collares, perlas f alsas, pañuelos de m entirosa seda y auténticas navajas de Alb acete… También pasaro n para acá en la posguerra cuadrillas d e segadores desta jistas. Y un poco antes, hacia al lí, de ida y v uel ta, alg ún fugitivo polí tico” (V.M.R., 14 - XI - 1982: 11). Esa “Lusitania Interior”, tan ignorada por los es pañoles, pero tan reivindicada por Víctor Már quez 26 , compone una de las estampa s permanentes de su niñez. No e n vano, en poco difier en la hist oria y los paisajes del Andévalo y del Al entejo. En la mente de Víctor, todo ese territorio infantil, ex ento de fronteras, dibuja una línea continua de humildes casas encaladas, encinas y dehesas, a las qu e escapaba durante horas, hasta que la llamada de su madre le devolvía al hogar, o bien a los habituales cultos religiosos. El cumplimiento de los ritos esta blecidos por la Ig lesia servía a Emilia Revirieg o, “tan buena cristiana”, para r euni r a toda la familia. “Nosotros no sólo contrib uíamos botánicam ente con el romero nav ideño, sino que también en el mes de m ayo, que es el mes d e las flores y el mes de María y era devota costumbre acudir con flores a María, acu díamos nosotros, o sea ella, con sus inigualables macetas de aspidistras, que flanqueaba n en la parroquia de la Purísim a Concepción el camino hac ia el com ulgatorio” (V.M.R. , 1994: 8). Con el paso de las dé cadas, Víctor Márqu ez r ecuerda o ima gina el p rimer impacto emocional de aquel niño de posguerr a, ajeno a las desgracias y a las penurias que le rodean: la primera sensación de tristeza, mezclada c on el miedo ante unas imáge n es que todavía no comprende , p ero que permanecerán graba d as en la retina. 26 A lo lar go de s u tra yecto ria, ha n s ido numerosos s us tra bajos perio dísticos referidos a P ortugal. A través d e artículos, cr ónicas o entrevistas, Vícto r Márquez se ha prod igado en la defensa de una Federació n Ib érica que u niera po lítica y econó micame nte a España y Por tugal. Sus textos han intentad o divulgar la historia y la cultu ra paralela s d el país vecino. Sirva co mo ej e m plo el trab ajo “A Espanha é vizinha” (V.M.R., 14 -I -1982: 11) . 71 “La pri m era m e moria que tengo [año 1940 ] es el en tierro de una persona importante: don J osé González Pujades, el médico de mi puebl o. Esa memoria la t eng o porque yo entonces tend ría tres años y pico, y veo desde el balcón de mi casa a un m ontón de curas vestidos de negro. Me parece que desde entonces me viene el tem or a la Iglesia, que no se me ha ido nunca. Yo soy ant iclerical y no m e importa declararlo. Y en contr a de los que dicen que ser anti clerical es de gente ord inaria, que es de g ente poco civilizad a, creo que en España, donde desg raciadamente l a Inquisición y el dogm a han teni do t antísim a importancia, a veces lo de ser anticlerical es una actitud defensiva im portante” (Conversacion es con V.M. R., Madrid, 28- II -2008). T ambién revive, con ironía, la p rimera visi ta de Fran co a Huelv a: “ De mi infancia, s anta y r emota, y o re cuerdo ese via je caudillal [ …]. Todo cerrado en Castillejos y por lo men os un camión con gente enfalangistad a y endomingada camino de Huelva, b anderas al viento, sirenas en el pue rto según contaba Matía s Prats en su primera retransmisión del evento, entonces llamado trascendental jornada …” (V.M.R., 28- III -2009: 30). I nstantáneas que se enredan va ga ment e en su memoria con la referenc i a lejana de un notario al que los ve cinos llamaban “Don B las” [I nfante], que había dejado huella dur ante su estancia profesional en Isla Cristina, y también en Castillejos, donde acudía ocasionalmente para c onversar con amigos en e l casino La Terra za sobre “la fuerz a de la educación y del a mor a los animales en cuanto parte de todo lo creado” (V.M.R., 2008 b: 210). Tan peculiar era este notario , que quiso adiestrar un z orro, capturado en una finca de C astillejos, como si de un perro se tratara 27 . Anécdotas antiguas, anteriores incluso a su n acimiento, que se cruzan con la noticia lúgubre d el arresto de u n tal Mig uel Hernández en la frontera con Portu gal durante la Guerra Civil : “Era y o un niño, y hablaban cerca de mí mi tío C ristóbal R uiz y sus amigos César Augusto Moreno y E rnesto F eria. Tal vez fuera C ésar el que dijo: ‘El pobre Miguel Hernández llegó a casa d e Diego R omero en Valverde muer to de frío y d e hambre…’ Eso qu edó grabado en la memoria infantil, tan duradera, y t ardaría yo a ños en saber quién era aquel Mi gue l Hernández. No era, pr ecisamente, uno d e los poetas que sonara en aquella posguerra interminable” (V.M.R., 13 - III -2010: 34). 27 La historia del zorro Dimas – llamado así e n recuerdo del buen ladró n crucificado a la der echa de Jesucristo – , así co mo las c ircunstancias que rodear on el asesinato d e B las I nfante, ha n sido referid as p or Víctor Márquez en la sembla nza “Blas I nfante. Recuerdo infanti l de un ho mbre bue no” (V.M. R., 2 008b: 210 -212) y en la entr evista que le fue realiza da para el docu m ental de televisión “Blas Infante. U n hombre para un pueblo”, dirigid o por Antonio Ra mos Espejo (19 -X-2010). 72 Imágene s qu e son, en d efinitiva, pequeñas t eselas que componen el mosaico personal de la infancia. Una infancia marcada por la crudeza y la parafern alia mili tar de la posguerra, pero tambi én por la felicidad, el amor de sus padres, la belleza natural de su tierra y la inoce ncia que late n con fue rza, en palabr as de su admira d o J uan Ramón Jiménez, “antes de la a m argura sin nombr e del fracaso”. 73 2.1.3. DE “LA CAP ITA NA” A LA ESCUELA La c asa de Víctor Márqu ez, conocida en los años republicanos como La Capitana, “era una c asa importante ” en el pueblo, espaciosa y bi en dispuesta , recibida en herencia d e sus abuelos (Conversaciones con V.M.R., Madrid, 28 - II -2008). Se ubicab a en una de las vías principales d e Cast illejos, la calle Gibraleó n, esquina con la de El Mudo. Sin embargo, como ocurre generalmente con los callejeros de los municipios españoles, los nombres de estas calles cambiaron a medida que se su cedían los distintos periodos históricos. Así, al tiempo de nacer Víctor, la calle Gibraleón se llamaba General Sanjurjo, en honor a uno de los conspiradores más destaca dos de la sublev ación mi litar de julio de 1936 y cabecilla del golpe de Estado fracasado cuatro años antes, la conocida “sanjurjada” 28 . Pero antes, esta travesía había recibido durante la Restaurac ión e l nombre de Gómez J aldón, “un políti co liberal, más o menos moná rquico” (Conversac ion es con V.M.R., Madrid, 28 - II -2008), natural de Castillejos; y, durante la República, el rótulo de Capitán Galán, un mi litar gaditano que se sublevó en Jaca contra el reinado de Alfonso XIII 29 . De ahí que la cas a de Víctor fuera conocida como La Capitana. “Rotularon l a calle con su nombre después del 14 de Abril y en esos años repub licano s nuestra casa fue l lamada La Capitana, porque t enía el nombre del capitán fusilado j unto a l a esquina de acero, y acaso en la otra cara del diedro acer ado estuviera el nom bre de otro capitán t am bién por lo de J aca fusilado: García Hernández. Muchos años des pués a m i tío Crist óbal le oí contar que, en unas fiestas de 1932, llegó un f eriante al pueblo y traía un artilug io de luces y sombras, quien sabe y a si una linterna m ágica, un com o caleidoscop io gigante o una cám ara oscura, en don de al mirar por el canuto podían verse las caras de Galán y García Hernández flotand o entre soles y estrellas, m ientras gritaba el feriante: ‘¡Miren! ¡Miren y vean a l os m árti res de Jaca en el firmamento!’ ” (V.M.R., 20 08b: 240). 28 La sublevació n que encab ezó José Sanjurjo , junto a lo s car listas de Fal Conde y el co nde de Rodezno, iba dirigida principal mente contra las reformas m ilitares prop uestas por A za ña y contra el proyecto d e Estatuto de autonomía para Catal uña. El golpe, iniciado con éxito el 10 de agosto d e 1932 en Sevilla, terminó fracasa ndo en Madrid; tras lo cual, Sanjurjo fue detenido en H uelva, cu a ndo intentaba huir a Por tugal (Tusell: 2004 a: 466 -468). 29 “Pintarraj eaba y o en la niñez p or el dorso de viej os pap eles u sados y, un día, en la copi a de una carta comercial, vi que nuestra calle se había lla m ado antes Ca pitán Galán y ento nces y o, ignorant e de la historia española, creí que aqu el capitán sería un caballero de cap a y espad a, hasta q ue má s tarde s upe que fue un militar que se s ublevó c ontra la Monarq uía y por ella fue f usilado” ( V.M.R., 20 08b: 240). 80 variadas para el o cio, aspectos que asombran al joven Víctor M árquez y que le sirven para c omp robar la precariedad en la que se sumía su pueblo natal. “ D e l a H u e l va d e a q ue ll a é p o c a t e n g o r e c u e r d o s m u y v i vo s . P o r e j e mp l o : l a s p a ra mí i mp r e s i o n a n t e s g r ú a s d e l P u e r t o , q u e me p r o d uc í a n u n a me z c l a d e a d mi r a c i ó n y mi e d o , c o mo s i f u e r a n g i g a n t e s c e r v a n t in o s . E l a g u a c o r r i e n t e q u e s a l í a p o r l o s gr i f o s – e n C a s t il l e j o s n o l a h u b o h a s t a l o s a ñ o s 50 , c u a n d o mi t í o S i x t o A gu s t í n R e v i r i e g o f u e al c al d e , qu e p o r ci e r t o t a m b i é n l l e vó e l te l éf o n o e hi z o es c u e l a s n u e v a s – ; e n H u e l va e n t o n c e s , a ñ o s 4 0 , e l a gu a t e ní a d o s p r o c e d e n c i a s , d e B e as y d e l o s l l a ma d o s P o zo s A r t e s i a n o s . P o r l a s m a ñ a n a s , e l s o n i d o q u e má s m e s u e n a t o d a v í a e s e l q u e ha c í a n l o s c a r r o s d e E s p u mo s o s L a R a z a , t i r a d o s p o r c a b a l l o s p e r c h e r o n e s o n or ma n d o s , s o b r e l o s ad o q u i ne s h ú me d o s e n a q u e l l a h o r a t a n t e m p r a n o . E l s a b o r q u e m á s r e c u e r d o e s e l d e l o s e n t r e me s e s d e E l 9 , a d o nd e i b a a c o me r c o n mi p a d r e . Y t a mb i é n l o s m a r a vi l l o s o s h e l a d o s d e La Ib e n s e . . . E n f i n , me acu e r d o d e t o d o . ¡C ó mo o l v i d a r l a c a no a d e P u n t a U mb r í a ! Y e l ma r , s i e m p r e e l ma r . ¡ Y L a A n t i l l a o Is l a C r i s t i n a ! ” ( “Las g rúas del Puerto eran para m í com o gig antes cervantinos”, Huelva In formación , 3- V - 2008). La “geografía de la memoria” le conduce por el casco hist órico de Huelva, por el requiebro de calles empe dradas y plazas acogedo ras en las que s e despierta el trasie go laboral con las primeras luces del alba. A la hora que el niño Víctor Márquez pone sus pies en la calle, con destino al I nsti tuto, el d ía está y a “despeja do de brumas marismeñas” (V.M.R., 2007: 105), y los comercios han abierto sus puertas, a la espera aún del reparto del pan, del a ceite, del vino, que llega en carros tirados por caballos. Deja atrás el ho gar que l o acoge y fija su mir ada curiosa en las i glesias, la s fuentes o los edificios notables de la ciudad, casi todos ellos perteneciente s a médicos o familias de la burguesía local. Todo ello antes de encarar la cuesta del Conquero, donde se encuentra el I nstituto, lugar que alc anzará después de una “tiradita”. “El Gran Teatro im pr esionaba por su majestad arq uitectónic a, con aquellas colum nas adosadas a la fachada… Todavía m e i mpresiona, creo, con la fijación i ndeleble del recuerdo infant il. A las ocho de la m añana, si n llegar el sol al suelo, l as casas parecían m u y altas (y lo eran para Huelva). Los adoquines estaban casi mojados de la humedad y el rocío nocturnos, y la música mañane ra, como una diana laboriosa, la interpre taban l os grandes carros de Espum osos La Raza que hacían el r e parto de sifones y gaseosas; 81 carrom atos de plataform a lisa, con cuatro ruedas de l lanta metálica, tirados por unos caballos casi de picado r. Pasaba al lado d el com i enzo de l a cal le Concepción, flanqueaba la plaza de Las Monjas con sus palm eras altísimas, e l rumor acuátic o de la Fuente Mag na y el sólido edi ficio del Banco de España, una iglesia quemada en l a embocadura de la futura Gran Vía, entrada entonce s del barrio de San Franc isco, en cuya iglesia echaba célebr es y edifica ntes sermones el padre Laraña, al que recuerdo como hom bre barbado y escueto de carnes. Seguía subiendo [ …], andab a junto a la gran palmera de la plaza de Quintero Báez, m iraba la fachada de la casa del doctor Vázquez Limón, con az ulejos de un gris d iscreto y m ate, dejaba atrás los mari stas y el colegio francés y entraba, por fin, en la cuesta del Co nquero. Allí los primeros chalés, con l a clínica nueva d e Poblac ión a la izqui erda y alg o m ás arriba un edific io de anteg uerra con suntuosos eucaliptos (Huelva es la tierra es pañola de los eu caliptos desde el siglo XIX), acaso d e Falange o l a Sección Fem eni na” (V.M.R ., 2007: 105). El edificio del Instituto impresiona al nuevo a lumno por su armonía y su solemne entrada, de escaleras blanca s y col umnas adosada s a la fachada. Una solemnidad que se enfatiz a al conocer los nomb res de al gunos de los profesores que impartieron docencia en sus aulas: Federico de Castro Fernández, catedrático de Metafísica y fi gura relevante del krausismo en España; el mencionado Manuel María de Soto y Vázquez; Ricardo Terr ades Plá, profesor de Física y Química y d estacado político de la Restauración; o Fra n cisco de Barras y Aragón, profesor de Historia Natural y director del Museo de Ciencias Naturales en Madrid. O bien, los nombres de los estudiantes más célebres, co mo es el caso d e J uan Ramón J iménez, Rogelio Buendía o I gnacio Sánchez Mejías, aunque en aquellas fechas éstos no fueran tan elogiados como el capitán Cortés, el militar franquista que defendió el santuario de la Virgen de la Cabeza durante la Guerra Civil . En aquel ambiente “ de sobrecogedora trini dad para un niño de pueblo: arquitectónica , bélica y d ocente”, Víctor Márquez acude a las prueb as de ingreso con la ang ustia propia d e un j oven estudiante qu e cuenta con una única opo rtunidad para aprobar. “Un t ribunal presidido por don José Romero, catedrático de Latín y con él en la larga mes a, don Antonio P alma Cha guaceda , de Lengua, don Antonio Pérez Reina, de Religión, y don Luis M artínez, de Geografía e Historia”, se encargaba de controlar los exámenes “orales y es critos”, compuestos por apenas dos materias: los problemas de Matemáticas y el dict ado de Len gua , “que con do s faltas d e orto grafía y a no se pasaba” (V.M.R., 2007: 106). 82 Finalmente, Víctor M árquez supera las pruebas de ingreso, y guiado por el maestro don Antonio Barbosa 34 , de El Almendro, completa el primer curso con una nota media de notable. L os gr ados siguientes, hasta cuarto, los pasa igualmente matriculado por libre, aunque ello no lo aleja totalmente de la vida cotidiana del I n stituto, de los temores y respetos que despertaban ciertos profesores, como su admirado don J osé Romero, profesor de Latín, que le dio sobresaliente en su asignatura; o don Antonio Palma, profesor de Lengua, que “tenía una voz metálica y vibrante, m uy clara, y la usaba para d arnos confianza y quitarnos el explicable temor cateto, aunque a v eces parec í a enfada rse y le d aban unos prontos en los que podía lle ga r a r elatar r ecientes vicisitudes familiares” . O bien, el allega do prof esor de Religión, don Antonio Pérez Reina, qu e “era cura y c onocido de la f amilia amiga d e La Antilla. T al ve z por eso me puso un diez en R eligión de primero, con lo que mi católica mad re p oco menos que y a me veía vestido de púrp u ra. Pues más bien no” (V.M.R., 2007: 107). Sin embarg o, la asignatura pre ferida de Víctor Márquez en el Instituto La R ábida sería Geo grafía e Histo ria, pa radójicamente la más temida po r la ma y oría de los alumnos, debido a la ex ig encia y la rigurosidad d e su profesor, el catedrático don Luis Martínez: “El hueso por antonomasia . Los alumn os le ll amaban El Boniato por la forma de su cabeza. […] Nos sabíamos el mapamundi como si fuera nuestr a propia casa y dudo y o de que Phil eas Fogg estuviera más documentado cuando empez ó su famosa vuelta al mundo en oc h enta días” (V.M.R., 2007: 107). Con una trayectoria a cadémica brillante, Víctor Márquez completa hasta el cuarto curso en el I nsti tuto La Rábida. S eg u ido de cerca por sus padres, que comprueban el excelente aprovechamiento de sus estudios, éstos apuestan una vez más por la educa ción de su hijo y de ciden destinarlo a Sevilla para ampliar su formación, esta vez como alumno interno 35 . Transcurría el año 1951 cuando Víctor Márquez, ya 34 A su muerte, e n 1990 , Víctor Má rquez le ded icaría un e m o tivo ho menaje en el artíc ulo “Do n Antonio, un mae stro”, publicad o en Hu elva Info rmación : “Recuerdo nuestro pri mer encue ntro. Comentáb a m os mi s notas de p rimero y yo d igo: ‘En d ibujo no exigen el mé todo completo. Basta con la mitad’. Y don Antonio que rep lica de in m ediato : ‘Sí, p ero si se hace tod o es much o mejor ’. Fue esa s u primera lecció n: el exigirse uno mismo mucho más de lo que pidieran los pro fesores. Y así fue co m o en los pri meros cursos p udo uno coger car rerilla p ara tener r eservas luego en la se gunda parte del b achillerato y en la s carreras y e n la mis ma vida. Había que est udiar literatura: ¡pues nada d e co nfor m arse co n el te xto oficia l, sino ade más meterse e ntre p echo y espalda las mil y pico páginas d el H urtado y Pale ncia […]. Po r eso cuando alg uien me co menta algo a p ropó sito d e una discusió n sob re literatura yo suelo decir: ‘Es que en El Almendro exigían m ucho ’. Y tal vez alg uno p iense en algún e special colegio californiano o así, sin saber que me refiero a un hermoso pueblo d e mi Andévalo” ( V.M.R., 19 90). 35 “A mitad de curso, mis padres, con buen criterio , consideran que ya deb o tener u na formación más de colegio. Ento nces me tie nen q ue mandar i nterno. Lo nor mal entre la gente d e mi p ueblo es q ue fueras interno a al gún cole gio de Huel va, per o m i pad re afortunada mente – cosa q ue nunc a le agrad eceré 83 adolescente, dejaba tras de sí una experiencia c asi “mítica”, “cuando uno tenía los pantalones cortos y las esperanzas largas” (V.M.R., 2007: 108). A través del I nstituto La Rábida, el niño de Castill ejos había sido consciente de una realidad más profunda de Huelva, había hecho amigos procedentes de otr os pueblos y recibido una formación sólida, a carg o d e excelentes profesores. Un bagaje que a umentaría ahora en Sevilla. bastante – m e decía: ‘Si t uviera suficiente d inero te mandaba a estudiar a Nue va Yor k’. P ero, clar o, una persona de la pequeña b urg uesía rural de un p ueblo, con fincas, negocios y represe ntacio nes… M i p adre era perso na activísima, per o esto no le dab a para mandarme a estudiar a Nue va York. Era impensable, estamos hablando d e 195 1” (Conversaciones con V.M. R., Ma drid, 28 - II -2008 ). 84 2.2.2. SEVILLA: EL COLEGIO SANTO TOMÁS DE AQUINO Antes de d ecidirse po r Sevilla, L orenzo Márquez y Emilia Reviriego barajan varias posibilidades para la educación de su hijo. La primera opción que maneja la familia es destinarlo al Colegio San José de Villafranca de los Ba rros, e n Badajoz, un centro de enseñanza regido por la Compañía de J esús y co nsiderado como el más importante de Extremadura en aquellas fechas. Sin embargo, la mediación de un tío político de Víctor, Cristóbal Ruiz Feria, impide esa ma rcha qu e, si n duda, hubiese implicado una rígida instrucción religiosa. La segunda alternativa q ue manejan los padres d e Víctor es enviarlo a S evilla, concre t amente al colegio San Fra ncisco de Paula, “que era el mejor colegio laico, seglar, que había en Sevilla” 36 . Sin embargo, la inscripción no llega a formalizarse: “Mi padre tenía mu chas o cupaciones y lle ga tarde. Por el libro d e calificaciones podía haber entrado, pero entonces ya no ha y plazas, no h a y camas pa ra estar interno. Y de allí me reexpiden al colegio S anto Tomás de Aquino, que no era filial ex actamente, pero sí estaba mu y p róximo y con profesores que habían estado en el San Francisco de P aula. Se dij o que al año siguiente y o iría allí. L o que ocurre es que y o vo y al Santo Tomás de Aquino y me encue ntro t an bien que ya h ago en éste todo el bachillerato” 37 . En el colegio privado Santo Tomás de Aquin o 38 , Víctor Má rquez cursa el Bac hille rato Superior ent re 1951 y 1954. El centro se hallaba, y si gue hall ándose, en la calle Recaredo, núm ero 31, en plena “Rond a”, como era conocida común mente esta vía de circunvalación que ro deaba el casco antiguo d e Sevilla. A pesar d e est ar interno, el 36 El San Franc isco de Paula estaba considerad o como uno d e los mejores centros ed ucativos de Sevilla. Tenía fa ma en la p rovincia hispalense e, incluso, en la d e Huelva po r su ac titud “liberal” y s u carácter “seglar”, den tro de las posibi lidades p eda gógicas que per mitía el ré gimen franquista. Este co legio fue fundado en 188 5 por Francisco de Paula Ruiz Estévez, quien sería s u direc tor durante diez a ños. Tr anscurrido ese tiempo, lo adq uiere J osé María Rey Re petto por 1.500 pesetas. Desde entonces, la familia Re y regenta la instit ución, q ue se ir á renovando y a m pliando de ge neración e n generac ión, hasta convertirse en todo un r eferente educati vo en Andalucía. Ub icado en la ca lle So r Ángela de la Cruz (ho y deno m inad a Santa Án gela d e la Cruz), el San Franc isco de P aula se halla entre lo s poco s co legios que se han mantenido enraiza dos en el casco histórico d e Sevilla, a diferencia de otr os ce ntros que tu vieron que desplazarse a las afueras de la ciudad. 37 E n Sevilla existía n, a p rincipios de los años cincu e nta, n ueve i nternados masculinos, que el propio Víctor Már quez recuerda en uno de sus artíc ulos: “Cuatr o religiosos: Escolapio s, Jesuitas ( Villasís y Por tacoeli), Claret y Sale sianos de Utrera. Cinco digamos que seglares, mej or que laico s: San Francisco, Santo T o más, San Luis Go nzaga, Alfonso X el Sabio y acaso la Acade mia Orad, po r cierto tres con nombre pío” (V.M.R., 16 - III -2009: 16). 38 El colegio Sa nto T omás de Aquino se fundó en 19 39 como una peq ueña e mpresa fa miliar sit uada en el barrio sevillano d e H eliópolis . En s us i nicios, e l centro co ntaba con ap enas 31 alumnos y era conocido como colegio d e Nuestra Seño ra d el Car m en, nombre que fue sustituido p or el d e Santo Tomás de Aquino en 1941 , cuando la institución se traslada a la ca lle Recaredo . 85 carácter li beral 39 del cole gio y la cercanía al ce ntro histórico permiten a l j oven Víctor Márquez conocer e n p rofundidad la capital andaluza. Desde el primer viaje a S evilla, a bordo de un tren renqueante y de la mano de su padre, se produce una sensación de asombro y sim patía por aque lla ciudad. Para los viajeros onubenses, la entrada por la atala y a del Aljarafe suponía u n motivo de expectación, al encontrar bajo sus pies un mapa urbano de ma y ores dimensiones que el de Huelva, pero no por ello caótico o inabarcable. Todo lo contrario: aquel la Sevilla era una ciudad acogedora para el visitante. Las azoteas almagres, la bla ncura de sus facha d as, las retorcidas c alles a ambos lados del Guadalquivir y hasta las puntas de sus torres emblemáticas – l as de la Giralda y la plaza de España – cabían en una sola mirada lanzada desde la localidad vecina de Castill eja de la Cuesta. Sevilla se abría para el joven visitante como un lugar inédito y maravilloso, que inspi raría su futu ra evocación histórica, sentimental y poética. “Sevilla, por fi n, aparec ía casi de pronto a l bajar por la cuesta de Castille ja. La ciudad se veía ll ana, a veces con ciertas veladuras becqueri anas, cendal flotante de l a leve bruma, junto al río Guadalquiv ir, todavía no cortado por la Cartuja, cuyos hor nos i ndios llenaban la últ im a m irada cuando salíamos para Huelva en el cans ino tr en… Apenas había alturas y la Giralda dominaba todo, airosa y sola. Más a la derecha, que seguram ente sería el Este, las dos torres gem el as de la Plaza de España, el lugar de l os ocios dom inicales para no sot ros l os catetos internos del col egio Sant o Tomás… Y todavía más a la derecha – ¡y tanto! – la t orr e de un convento o lugar pí o erigido en San Juan de Aznalfarach e por el todopoderoso card enal Segura… Tardaría n alg ún tiem po en elevarse los pisos de la p l az a de Cuba, las “Casas de los Ricos ”, en una ci udad donde tanto oro había pas ado para ent errarse en Génov a y donde los pobres soñaba n con la lotería, el Gordo may úsculo, que apenas dos semanas antes había caído en Sevill a, pues los prem ios caen del cielo com o los meteoritos… Estábam os en enero de 1952, si la i njuria del tiempo no m e en gaña, ll egados al colegio para emprender el segundo trim estre. Nuestro colegio, quizá más que ningún otro, era m uy permeable el expansivo exterior de Sevilla, un lugar donde toda plaz a es patio y acaso todo patio o c orral es tam bi én plaza” ( V.M.R., 2008b : 444). 39 “Un col e gio muy curioso, co n muy b uenos pro fesores. Era n p ráctica m e nte los mismos q ue e n el San Francisco de P aula, muy liberales. El único cura que había era el pr ofesor de Religión. El colegio era tan liberal q ue hasta las cr iadas eran prostitutas, pero p rostit utas pro fesionales d e la Alameda, que, a lo mejor en la épo ca sabática, trabaj aban allí. De e sto, afor tunadamente, no se enteró mi madre” ( Conversaciones con V.M.R., Mad rid, 2 8 - II -2008). 86 La llegada a Sevilla re pr esenta su primera estancia prolongada fuera del hog ar familiar 40 . Supone el paso de la infanci a a la adol escenc ia, una etapa de cambios, en la que adquiere ma yor autonomía y m adurez, alejado ya d el cuidado de sus padres. Es, además, un momento simbólico –en un sentido “formal y s artorial” 41 – para un joven de aquella época el hecho de sustituir el pa ntalón c orto de la niñez por e l pa ntalón larg o “bombacho” de la pube rtad. El C olegio Santo Tomás de Aquino, a pe sar de ser un internado con normas mu y r estrictivas en cuanto a horarios o vestimenta – obligaba a usar el pueril babi – , le otorga cierta libertad y le proporciona una excelente formación, siempre incitando a la lectura. “T eníam os muchas horas de estudio y eso hac e que yo no sólo estudiara más, sino que también aprovechara para ir a j ugar a la pelota, com o decíamos antes , y no fútbol como ahora. En Sevilla estudio bastante y logro leer también, aparte de los estudios. Aunqu e eran estudios vigilados, a veces pon í a novelas debajo de los libros de texto. Ya hab ía leído antes, pe ro en Sev illa pude leer m ás. [ …] A Sevilla una de las cosas que me llevé era un li bro de mitología que había en m i ca sa, gracias a lo cual cuando me di cen que soy ateo, respondo que no, que soy politeísta. Consid ero el summ um de las religiones a la r eligión griega, que tenía di oses para todo. […] Pues bien, ésa fue una de las cosas que leí y m e ha t erminado influ yendo en la vida. Em pecé también a leer a A zorín, cosa que nunca ag radeceré bastante, porqu e Azorín evidentem ent e no es el m ejor novelis ta de l a lit era tura española, ni siquiera el m ej or ensayista, pero es un prosista acojonante. Cuand o he dado clases en algún master de lenguaje period ístico, una de la s cosas que he recom endado ha sido cualqui er libro de Azorín. Porque da la m aestría máxim a para alguien que quiera aprender a escrib ir con claridad: sujeto, verbo, predicado y punto. [ …] Eso es la per fección absoluta. Por lo tanto, alguien que qui era aprender a escrib ir que lea a Az orín. Que se olvide del argum ento, si quiere, p ero que t om e not a formalm ent e” (Conversacion es con V.M.R., Madrid, 28- II -2008). 40 “En Sevilla paso mi ad olesce ncia, desde los 14 año s hasta lo s 17, o algo más, q ue e mpieza la j uventud. Es la pr imera vez que estoy so lo, sin lo s p adres, a ntes sie mpr e había vivido en mi casa o e n la d e fa milias amigas” (Conversac iones con V. M.R., Madr id, 28 - II -2008 ). 41 “Sartorial e n el sentido del la tín “sartor, sartor is ” re ferido a los sastres. P orque para ir a Sevilla, e streno mi panta lón bo mbacho, q ue en tonce s había muy poco s y que era el intermedio entre e l pantalón corto – que entonces llevaban sie m p re los niños – y el p antalón largo” (Conversacio nes con V.M .R., M adr id, 28 - II -2008). 87 Pero, sobre todo, Sevilla le ofrece un amplio itinerario para di sfrutar del ti empo libre. A través del desaparec ido tranvía de la Ronda 42 , recorre una ciudad q ue despierta del mal sueño de la posguerra, que s e despe reza de las penurias m irando a sus tradiciones, a su ambiente ínt imo de callejuelas y plaz as. El tranvía l e resulta especial por el entorno familiar que se vive en sus jardineras 43 , por el contacto di recto con la ge nt e, con la qu e poco a poco establece comunicación, a pesar de su carácter retraído 44 . En los tranvías sevillanos, Víctor descubre un a forma de vida sorprendente, un pequeño teatro del mundo. A sus ojos, son pequeños patios móviles donde impera la palabra, la conversación natural con personas a las que acaso verá una vez o en contadas ocasiones, pero de las que puede oír, atónito, algunas int imidades, problemas familiares, chascarrillos de barrio o relatos ingeniosos. Una visión que comparte Javier Smith, para quien “los tr anvías constitu ye ron escenarios y á goras trashumantes, andar iegos casinos interclasistas, parlamentos movi dos a golpes de ingenio, l ocuacidad, m otor, san gre y ruedas” (Jiménez Díaz, 1979: 11). La s pue rtas de Carmona y Osario – las dos más cercanas al Cole gio S anto Tomás de Aquino – dibujan con el centro histórico un triáng ulo cargado de nostalgia, por cuy os vértices la memor ia consigue p asear aún, recreando sonidos, sabores, olore s… Del mismo modo que se d eleitan los re cuerdos con el espacio que traspasa las lí neas difuminadas de la anti gua muralla d e Sevilla. En esa “periferia” o cupa un lu gar privilegiado el cine Campoamor, adonde Víctor asis tía en invierno para v er las sesiones matinales de lucha libr e americana, “que en aquellos tiempos llamaban catch as catch can ” y que reservaba vib rantes en frentamientos entre los púgiles más fogosos, Márquez 42 “El tranvía de mi vida es el P laza Nueva -O sario-Macare na, que era el tranvía de la Ronda. Lo he escrito alguna vez: es u n error absoluto d e Sevilla que este tranv ía se hubiera acab ado” (Conversaciones con V.M.R., Mad rid, 28 - II -2008). 43 “Los tran vías de Sevilla se c omponían d e dos ele mentos, q ue er a un tra nvía prop iamente dicho, q ue es el que llevaba la tracció n co n un tro lebús, eléc trico, más o menos cerrad o, co n mucho cristal; y de spués un r emolque, que era la llamada jardinera, una p lataforma arrastrada por el tranv ía m óvil, con techo y unos vástagos y asiento s, po r los que te po días montar por cualquier lado. Yo tengo a gala, cuando estaba en el colegio y ya fui un po co menos cateto – p orque yo era un cateto del Andévalo – , de no pagar j am ás en ni ngún tranvía de Sevilla, porq ue si p agaba era un gilip ollas. Y cuando ve nía el cobr ador te tirabas, l o cual era p eligrosísimo por que te po día llevar un coche po r delante” (Conversacio nes con V. M.R., Madrid, 28 - II -2008). 44 “Lo b ueno que te nían [ las j ardineras] er a que te sentabas al lado de un se ñor o u na señora que no habías visto e n tu vida y te podían c ontar su vida co mo si fueras vecino s uyo. Eso es lo que yo digo: en Sevilla, toda plaza es patio; toda plaza, toda calle, to do tranvía, to do me dio público… Lo que tie ne Sevi lla, que es una c iudad uni versal y al mism o tie m po decoro samente fa miliar, es una de las co sas qu e segura m e nte no tiene ning una o tra ci udad de España. No sé si es lo que yo valoro, po rque tampoco soy tan co municativo. Me da la im presió n que esto no ha sido señalado p or tantos “sevillani stas”. La esen cia es una palabr a que no me gusta…, carácter q uizás. Pero eso es algo q ue siem pre h a ten ido Sev illa” (Co nversacio nes co n V.M.R., Mad rid, 28 - II - 2008). 88 ‘El Indomable’ y Marco ‘El Maldito’ 45 . Tambié n recorre el barrio de Nervión para comer una vez en semana en casa d e unos familiares, en la calle J iménez Aranda , al tiempo que aprovecha b a para ver los partidos del histórico Sevilla Fútbol C lub, liderado por Arza y C ampanal II . O el Parque de María Luisa y todo el entorno de la Exposi ción Iberoa m ericana de 1929, que se abrían para el estudiante como un espacio lúdi co 46 , repleto de bares, cafés y heladerías en los que p asar las horas con los compañeros de colegio. “Lo que más disfruto de Sevill a, por e ncim a de todo… Me voy a la plaza de San Leandro a ver la Fuen te de l Pato o el laurel de I ndias, o ya que habl amos del l aurel de I ndias, el que está j unto a La Raza o j unto al bar Citroen… O me voy dando un paseo desde el colegio Santo Tom ás de Aquino por P uñon rostro y todas estas ca lles que no recuerdo el nombre, pero sé perfectamente… Has ta tomarme un helado en La Cam pana, ya que no existe Fi llol para tomarm e una ho rchata… Las b odegas Pu ente no sé si ya existen… O tomarm e un café en Catunam bú… Por no decir de tom arme una caña en La Riviera, que era una caf etería de moda, por la plaza de España…O La Barbiana, que ya no existe, a tom arme una gambas al ajillo en la plaza del Duque… O iba a l a plaza de l a Encarnación… O me iba al Jueves… Para mí, todavía, cuand o voy a Sevilla no hay nada más im por tante que e so” (Convers aciones con V.M.R., Madr id, 28 - II -2008). Víctor Márquez permane ce interno en el C olegio Santo Tomás de Aquino hasta 1954. Ese año tend rá dos pruebas fundamentales para afrontar su futuro a cadémi co. En primer lugar, deb e realizar el ex amen de G rado S uperior de Bachillerato e n el Instituto San I sido ro de Sevilla 47 , que termina aprobando con una nota de sobresaliente. Y poco 45 “Los do mingos de invier no hab ía matinales al aire libr e e n el ci ne Campoa mor, un loc al descubier to para pro y ecciones noct urnas en el verano. T eníamos luchad ores de todo tipo, pues así como el áto mo de Rutherford parecía reprod ucir el sistema solar (lo más grande en lo más pequeño) , la lucha lib re repro ducía la historia del arte (lo m á s noble en lo m á s cafre). Había luc hadores clási cos y m od ernos; robustos, ge ntiles y flagíme ros, co mo en el gótico; est ilistas y r o m á nticos… P or su po pularidad destacaban dos: Már quez el Indo mable ( que no es pariente y tam poco creo q ue lo fuera d e Felipe González) y Marco el Maldit o, que por su fama bie n podr ía haber sido un pr ofético par iente de Alfonso Guerra” (V.M. R., 198 2a: 37). 46 “La Se villa de la Exposició n era para n osotro s, co legiales internos, la S evilla del ocio. Barcas en la semicircunferencia acuática de la plaza de España, el minigolf d el p arque d e María Luisa, los rectángulos de albero del Prado de San Sebastián donde durante la feria po nían el Circo America no (‘Admiren el valor de m i Car menchu baj o los cuchillo s de J ohn Texa s’) y los sábad os jugába mos al fú tbol […] Jugábamos j unto al co nsulado po rtugu és, un ed ificio en fo rma de pagoda, p abellón de Por tugal en la Exposición y obr a de Rebello de Andr ade. Casi enfrente es taba la Fábrica d e Tabaco s y el Casi no d e la Exposición. Con la fábrica ya de Universidad hubo bailes dominicales o sabatino s en el ca sino” (V.M. R., 1990 : 245). 47 E n el Instituto San Isidoro se realizaban los est udios y pr ueb as p reparatorios para la Universidad. Este centro, d edicad o al bachillerat o o ense ñanza media, f ue f undad o en 1845 co m o consecue ncia del lla mado 89 después, de manera in esperada, tiene que pr eparar el Preuniversitar io de L et r as, Ciencias y Escuelas Especiales en la Universidad Hispalense, entonces sita en la antigua sede de la calle Laraña. Estos tres últimos exámene s, que podrían haberse manifestado con síntomas de an gustia, son tomados por el joven alumno como una nueva oportunidad para estudia r y divertirse en Sevilla, esta v ez en la calma de un v erano tórrido, aunque a p acible y entr etenido por las noches. “Mi curso fue el prim ero de preuniversi tario, y hasta sexto fui por el plan antiguo . En el verano aquél d e sexto, llaman a m i casa y dicen q ue hay que ir a Sev illa otra vez , porque hay que preparar l a reváli da para hacerla en cualqui er mom ent o. Pasé un vera no en Sevilla que f ue una experienci a subyugante, porque vi lo que era vivir en Sevilla con cuarenta grado s a la sombra en el mes de agosto. Pero , al m ismo tiempo, vi una Sevilla que estaba m edio d espoblada, que era como un pueblo y tenía c ierta intimidad. En el colegio hac ían la vista gord a y nos escapábam os por la noche para i r a ver alguna revista al teatro Álv arez Qu intero o al tea tro San Fernan do. Fue una expe riencia…Y nos examinam os de reválida en septiem bre, que era com o el examen de Estado antiguo, sól o que con dos profesor es del colegio, que tenían voz, aunque no voto. Y de ene ro de 1954 a julio era el preuniv ersi ta rio. Había tres tipos de pr euniversitar io: Letras, Cie ncias y Escuelas especiales, según a donde fueras. Yo hi ce los tres” (Conversacion es con V.M.R., Madr id, 28- II -2008). Finalmente, Víctor M árquez supera estas pruebas de Preuniversitario y , con ello , cierra una nueva etapa e n su trayectoria aca d émica, la correspondiente al colegio Santo Tomás de Aquino, aquel “sevillano y memorable cole gio de la P uerta Osario”, como lo llamara su también alumno José María Vaz de Soto 48 . Termina, además, una fase importante en la biografía de Víctor Márquez, puesto que en Sevilla completa su primera experiencia fu era del hogar familiar y disfruta de un a ciudad e ntrañable e “Plan P idal”, una refor ma por la cual se creaban lo s in stitutos provinciales, desgaj ados de las universidades. (B ernal Rodríguez, 1 995 : 13 -25). 48 “Al cole gio Sa nto T om ás de Aquino, e n la ca lle Recared o, lo llamó s u a ntiguo y ocasional alumno José María Vaz de Soto ‘se villano y memorable colegio d e la Puerta Osario ’. Para mí lo es, porq ue allí pasé los años d e m i adolescencia y apr endí m ucho de lo poco que sé. En sus rec uerd os sonoros jamás o lvido las cató licas ca mpanas de la iglesia de San Roq ue, que estab a enfrente y nos despertaban por la m añana. Y ta mpoco, ya po r la tarde caída, las l uteranas sal m od ias de la i glesia pr otestante de la calle Conde Negro, ante la que ber reáb amos d esafinada m e nte los al umnos i nternos c ua ndo algunas madrugadas nos conducían allí para so ltarles e l Rosario de la Aurora, con el ánimo misional de co nvertirl os… Per o nada. Aquellos herej es siguieron pertinaces e n el er ror y yo me c ogí un res friado d e aúpa, co n lo cual s ubió mi fiebre y b ajó m i fe. La cantilena evangélica no s llegaba del más al lá por enci m a de una altísima tapia encalada, lindera co n la sede de aquellos répro bos denostad os por el cardenal Segura, n uestro irascible pastor” ( V.M.R., 2 008b: 69) . 96 sin habe r podido comple tar el “duro” 56 ingre so en I n genieros A grónomos. L a falta de motivación y los problemas para ada ptarse a una vida solitaria, en una c iudad tan diferente en lo humano y en lo físico a Andalucía, desencadenan su marcha. Quizás por contentar a sus padres, Víctor Márquez Reviriego opta por matricularse en Ciencias Químicas, carrera ta mbié n perteneciente a las llamadas “ ciencias ex actas”; pero esta vez en Sevilla, donde vuelven a abr irse las puertas del buen clima y de la vida colectiva. 56 En una entrev ista que Víctor Már quez realiza a J uan B enet, el escritor ca talán rec onoce la d ureza de aquellas pruebas de in greso, que él ta mbién p reparó p ara acceder a Ingeniero de Cam inos en los añ os cuarenta: “T ú sabes hasta qu é p unto e l ingreso er a ab sorbente. El in greso no d ejab a tiempo d e nada. Dejab a tiempo p ues p ara ir a l cine el sábad o y nada más. Por lo demás, al m enos en m i s años, estudiar el ingreso er a machacarte tod os l os días – yo no madru gaba – desde las diez de la maña na ha sta las tres d e la madrugada. No hacer otr a co sa”. Esta opinió n la co mparte Márquez Re viriego e n dicha entrevista, al calificar de “terrorífico” el ingreso a cualquier espec ialida d de Ingenieros en aquellas fechas (V.M.R., 1982b: 2 3). 97 2.2.3.2. BREVE REGRESO A SEVILLA Tres años después de su partida, Víctor Márquez vuelve a Sevilla para reencontrarse con la luz, con el cielo limpio y tr ansparente que tanto había añorado en aquel Madrid invernal. En ci erto mo do, este regreso supone una redención para un estudiante insatisfecho, que no hab ía ha llado su lugar en u n a ciudad de grande s dimensiones. El retorno a Sevilla, más qu e un paso atr ás, se presenta como una oportunidad para volver a disfrutar del calor andaluz y recapacitar sobre el rumbo que debía tomar. En el curso 1957 -1958, Víctor inicia estudios en la Facultad de Ci encias Químicas de Sevilla. Allí inaugura carrera y sed e unive rsitaria, p uesto que la Universidad Hispalense había traslada do recientemente su edificio principal, el Rectorado, a l a anti gua Fábrica de T abacos, u n edificio de estilo neo clásico, q ue siempre recordará el futuro periodista por “su impresionante foso, lleno de gatos semisalvajes y la verde vecindad del parque de María Luisa” (V.M.R., “Arboleya , mi profesor”, artículo inédito. Archivo de J .A.G.M). En Sevilla, se reencuentra con los an tiguos compañ eros de l Colegio Santo Tomás de Aquino, “que son algunos de los grandes ami gos que he mantenido durante toda mi vida [ …], con la diferencia de qu e ellos estaban en cuarto de carrera y yo empezaba otra vez como un neófito en primero, lo cual era una situación un tanto peregrina, porque, vanidad apa rte, yo era el número uno del colegio” ( Conve rsaciones con V.M.R., Madrid, 28 - II -2008). Los estudios que había realizado en la academia de Madrid le sirven para aprobar las materias comunes que cursa en su primer y único año en Cien cias Químicas. Pero, de nuevo, la falta de motivación le lleva al fracaso académico, a p esar de la buena disposición que había m ostrado durante el bachillerato, tanto en el Instituto L a R ábida como en el Cole gio Santo Tomás de Aquino: “Mi cur so e s un f racaso t otal. Saco dos asigna tu ras, porque era impos ible que no las sacara, que son Matemáticas y Física; p ero me cargan en todas las demás” (Conversaciones c on V.M.R., Madrid, 28 - II -2008). Sin embargo, en aquellos momentos, Víctor parece más interesado en tomar contacto de nuevo con S evilla, recorrer sus c alles íntimas y disfrutar d el tiempo libre. Aunque se encuentra con el contratiempo de que el tr anvía, su a ñorado medio de transporte, ha desaparec i do de la ciudad, sustituido por modernos autobuses. “Lo m ás importante para mí biog ráfi cam ente es que vuelv o a Sevilla. Esto pued e parecer como arreglo literario posterior, pero tú no sabes lo que eso significó para mí… 98 Sevilla en pensiones… Estaba tan ansioso de Sevilla que estoy h asta en diez pensiones distintas. Me v uelvo a rec orrer Sevilla, pero d e manera u rbana. Lo m ás desagradable que me encuentro cuando vuelv o es que los tranvías han sido sustitu idos por unos autobuses de color m ier da. Pe ro, en esenc ia, veo que los autobus es s on com o los tranvías, por l a gen te. Tengo l a teoría – una frase que he escrito en artículos – de que en Sevilla toda plaza es patio, y que t odo patio es plaza. Sevilla, aunque haya si do urbe y ahora capital de And al ucía, tiene algo de int imidad que llega hasta el que viene de f uera, y eso a mi modo de ver es lo que le da el carácter supremo a Sevilla” (Conversacione s con V.M.R., Madrid, 28- II -2008). En Sevilla vuelve a recobrar la ilusión. Hasta los acontecimientos en apariencia más intrascendentes se convi erten en objeto de su curiosidad. En esta nueva etapa le acompaña incluso la suerte: aliado con el azar, tiene la fortuna d e ganar 500 pesetas en los cupones, “que entonces era mucho” (Conver saciones con V.M.R., Madrid, 28 - II - 2008). Aunque no d eja de se r u n hec ho anecdót ico, Víctor recue rda con alegría aqu el premio, que invierte en lo que rea lment e le atrae: la literatura. “Lo que hice f ue comprarm e li bros, entre ellos La peste , de Albert Camus, que acababa de ser Prem io Nobel 57 . Me com pré un montón de l ibros. A mí me ti raba evidentem ente m ás La pes te , aquella gran novela sobre la peste en Orán, que los cromoso mas en Biología, que también estu dié” (Conversaciones con V.M.R., Ma drid, 28- II -2008). Poco tiempo después, el jueves 5 de junio de 1958, día de Cor pus Christi, Víctor asiste en Sevilla al homena je corpore in sepult o realizado en honor a J uan Ramón Jiménez y Zenobia Camprubí. Los f éretros d el poeta y su esposa fuero n trasladados desde San Juan de Puerto Rico, donde ambos ha bían fallecido en el exilio, con destino al pueblo natal d el Premi o Nobel, Moguer. En su tra y ecto, la comitiva fúnebre hizo parada en Madrid, por orden de las autoridad es franquistas, y Sevilla, a petición del rector de l a Universidad Hispalense, José Hernández Día z. En la capital an daluza, los cuerpos de Juan Ramón y Ze nobia fueron ex puestos a visita pública en la antigua sede universitaria de la calle Laraña. Era el re conocimiento popular tributado al escritor, 57 Vícto r Már quez se sentirá e sp ecialmente infl uido p or la obra de Camus, co m o pone de manifiesto en diversos trab a j os publicad os p osteriormente. E n u na ‘Auténtica e ntrevista falsa’, “Alb ert Ca mus: ‘El marxismo es una ideolo gía r eligiosa ’” (I II -200 8: 42 -45), el periodista o nubense se p resenta co mo ficticio interlocutor del escritor franc és, gran refere nte, junto a Jea n P aul Sar tre, del existenciali smo y a gitador crítico de la conciencia europea de p osguerra. 99 alejado y a del maniqueísmo del régimen, en el q ue participaría, entre un a mul titud, un expectante Víctor Márquez, asiduo lector del poeta onubense. “Hace ahora casi medio siglo, el 5 de j unio de 1958, en Sevilla, la prim avera er a como un verano suave. Por eso se aguantaba el traje de entretiem po, y aún se veían alg unos de col or verde pálido, el l lamado ‘verde Ike’, en homenaje a Dwig t David Eisenhower , presidente de EE.U U. desde 1953 (su antecesor, el dem ócrata Harry S. T rum an, tuvo m ás suerte con l as modas y dio nombre a dos: unas gafas de montura metálica y unos con vistosos dibujos que parecí an param ec ios). L a Univ ersidad estaba ya en la m onu m ental Fábrica de Tabacos, pero quedaban ofici nas en la sede antigua de la calle Laraña; en cuya ca pilla exponían aquella mañana los féretros con los cadáveres de Zenobia y J uan Ram ón. Algunos es tudiante s pasaron por allí a verlos, entre ellos yo, matriculado en la Facultad de Químicas, aunque dedicab a más tiem po a la lectura en la vecina Casa Americana, situada en un nuevo edificio enfrente de la Universidad vie j a, que al estudio del piroantim oniato a ntimonioso, cuya fórmula j amás cons eguí aprender. Cerca de mí estaba aquella mañana otro estudiante, m ás j oven que yo y al que conocía de la sala de lectura de la hospitalaria Casa Americana, muy delgado y con una bar ba que entonces no lograba apenas despunt ar; solía tener tres libros abiertos a la vez , ¡y l os tres eran de Faulkner! (si uno quería leerlo tenía que ir allí , a sus traducciones de Latinoam érica; en España eran raras), se llam aba, se llama, Alfonso Guerra González, y fue luego vi cepresident e del Gobierno…” ( V.M.R., V - 2008: 42). La citada C asa America na, también en la calle Laraña, será uno de los lugares que más visite durante aque l periodo en Sevilla. Su biblioteca, la única que tení a calefacc ión en la ciudad, se habí a convertido en un punto ineludible para universitarios y lectores vocacionales, pues de su catálogo se p odían obtener algunas obras “ raras” en tiempos del franquismo, difíciles de conseg uir por las trabas d e la censura 58 . La Ca sa 58 “Quienes po r entonces nacían a la lectura ib an a la Casa Americana, una biblioteca pú blica donde en invierno no se pasaba frío y se pod ía leer a John Steinbeck . P orque en la cálid a Se villa hacía frío en el invierno, afort unadamente corto . ¡Y qué her mosas eran La s p raderas del cielo con calefac ción! Allí e n la Casa Am ericana, frente a la vieja u niversidad donde u n día de p rim avera v ería mos el cadáver de J uan Ramón que iba en el v iaje definitivo ca mino del ce menterio blanco d e Moguer, se estaba b ien. Y la Casa estaba en un local de la pri mera planta del edificio q ue alber gaba el Teatr o Álvarez Quintero, donde estrenaron el cinemascop io de La túnica sag rada y donde a lo mejor ib an revi stas picantotas de Madrid . En la Casa, los est udiantes y aficionados e n ge neral pudier on leer Las pra deras … y El pon ey colora do y Las uva s de la ira y le metieron el diente a algún Faulk ner y supieron d el Manha ttan Transfer y de tantas cos as…” (V.M. R., 1982 a: 34). 100 Americana, donde Víctor pudo conocer a Alfonso Guerra 59 , disponía sorprendentemente de las novelas de los grandes escritores norteamericanos del si glo XX – entre ellos, John Steinbeck, Henry Mi ller, Ernest He mingwa y y William Faulkner – , cuyas tra ducciones al castellano pr o cedían de editoriales argentinas, como L osada. Junto a la Casa Americana, las dos bibliotecas más visitadas por Ví ctor fueron la de Filología, sita en el R ectorado, quizás la más completa en cuanto a clásicos de la literatura hispánic a; y la del Ateneo de Sevilla, especializa da en obr as de temática local, cuy o edificio se emplazaba entonces en la calle Tetuán, junto al bullicioso bar Sport. Entre aquellos anaquele s cargados de libros, el alumno de Químicas labraría una formación alternativa, al margen de la Universid ad, cuyos conocimientos no resultaron menos provechosos. Durante est a últ ima estancia en Sevilla, el 30 d e noviembre de 1958, Víctor Márquez cumple los 21 años y alc anza la ma y oría de edad, se gún l a legislación vigente. Atraído más por la vida colectiva de la ciudad y por las lecturas en la Casa Americana, y no tanto por la carrera de Químicas, el estudiante onubense reflexiona una vez más sobre su situación y decide da r un g iro a su trayectoria académica. “No e s que me lo planteara mi padre, pero me dije ‘ se acabó ’, me voy a lo que realmente me gusta, que son las L etras” (Conver saciones con V.M.R., M adrid, 28 - II -2008). Y ese giro pasaba por unos estudios concr etos, Ciencias Polí ticas, que en la España d e finales de los cincuenta se cursaba únicamente en Madrid. Después de un año en Sevilla, Víctor regresa a Madrid para asentarse en la ciudad – casi de finitivamente – y completar un a c arrera por la qu e verd aderamente se siente inte resado e , incluso, comprometido con la realidad social e hist órica que vive. Aun así, este breve regreso a la capital hispalense, a pesar del escaso éxito obtenido en Ciencias Químicas, deja en el futuro periodista un a huella profunda: “Desd e el punto de vista académico, este regreso a Sevilla fue un f racaso. Pero desde el p unto de vista humano y hasta nostál gico nunca lo valor aré ba stante” (Conversaciones con V.M.R., Madrid, 28- II -2008). 59 El político del PSOE recrea en la pri mera entrega de sus memorias, Cuando el tiempo nos alcanza (2007), algunas escena s de s u j uventud y su afició n por la liter atura, que co inciden con l as descritas por Víctor Már quez. 101 2.2.3.3. ENTRE POLÍTICAS Y EL ATENEO La se gunda toma de contacto de Víctor Márquez c on Madrid, en el otoño de 1958, tiene visos de parecerse a la primera. P or la m ente d el estudiante vuelven a merodear los fantasmas d el invierno, del frío grisáceo, carente de luz , y de la soleda d. En aqu el momento, llega incluso a plantearse la renuncia a todo lo p rogramado hasta entonce s: “Venía sin sabe r qué hacer, casi pe nsando en abandonar estudios y hasta el ingrato y dictatorial país donde me habían nacido” (V.M.R., “Arboleya, mi profesor”, artículo inédito. Archivo de J.A.G.M). Sin embargo, ant es de tomar una solución repentina, reca p acita y d ecide adoptar una postura más sose ga d a. S u primera determinación nada más ape arse del tren qu e lo lleva desde Sevilla hasta la estación d e Ato cha es la d e comprar el diario Ya , no por su “pertenencia al gremio pío, y mucho menos un ag nóstico militante como y o, sino por su nutrida y bien avituallada sección de anuncios por palabras” ( V.M.R., “Arboley a, mi profesor”, artícu lo inédito. Archivo de J .A.G.M) . En el periódico Ya , de la Editorial Católica, los lectores podían en contrar una relación detallada d e pensiones y habitaciones p ara alquilar; y eso es lo qu e hace Víctor, buscar un hogar provisional y darle una segunda oportunidad a Madrid. “Una vie j a querenc ia m e llevó a las cercanías de la calle de San Bernardo, a una casa particular de una muy anc iana viuda, que todavía decía la calle Ancha y no d e San Bernardo, como si estuvié ram os aún en los barojianos tiempos de La busca . Su hijo, un esmirriado paseant e en corte, sin oficio ni beneficio y sin destino, fundamental mente dedicado a la peroración sobre el pasado no lejano, m e conta ba de los días republicanos, cuando acom pañaba a Mig uel Primo de Rivera, el her m ano de J osé Antonio, en las prácticas de t iro que hacían en casa de un marqués o conde o algo así, por un enorm e sótano de una calle cercana a la Gran Vía, detrás de Chicote” ( V.M.R., “Arboleya, mi profesor”, a rtículo inédito . Archivo de J.A.G.M). Poco a poco, con las nue vas compañía s y los detenidos pase os, Madrid irá tomando otras tonalidad es a los ojos de Víctor, dejará de ser esa ciudad grisácea, donde, dos años atrás, se s intió solo, como un visitante desnortado. Esta vez coincide en la capital con su amigo E nrique Pedrero Vera, c ompañero interno de b achillerato en Sevilla y t ambién d e c urso en Ciencias Químicas, qu e tenía decidido de antemano matricularse en Ciencias Polí ticas. Pedrero será entonces una persona fund amental en la vida de Víctor, pues le persua dirá, durante una recordada charla en la cafe t ería 102 Colombia, en la calle San Bernardo, para que no abandone los estudios y entr e en la misma carrera qu e él. “Me dijo que, con mis lecturas, parecía pensada para mí”. “Con él me matriculo en primero y segundo de Políti cas, y ahí es donde por primera vez m e hal lo, entre l o que pudiéram os decir mi vida oficial y mi vida real, en mi sitio. Si ha habido algo i m portante en mi formación – no diré humana, porque la formación humana la tienes desde que nac es hasta que m ueres, eso es continuo – son l os años qu e paso en la Facultad de Ciencias Políticas en Madrid. Entonces, única Facultad d e Ciencia s Políticas qu e había en España” (V. M.R., “Ar boleya, m i profesor”, ar tículo in édito. Archivo de J.A.G.M). Junto a Enrique P edrero, Víctor regresa a “los grandes pasillos, grise s monacales y su cios, sobre todo suc ios” de la antigua Universidad de San Bernardo, el “tópico y típico viejo caserón donde todavía estaba como única ocupante la Facultad de Ciencias Políticas, Económicas y Comerciales, la de más c orta ex istencia y de más larg o nombre de toda la Universida d española”. Tra s los sucesos de 1956, esta facultad perma necía aislada en la sed e de San Bernardo, al ser trasladada la carrera de Derecho “por la vía de urgencia a la Ciudad Universitaria”, con el fin de alejar a sus estudiantes más rebeldes, los oposi tores al r égimen franquista, del centro hist órico de Madrid. Aunque, paradójica m ente, esta m edida no serviría para ahuy entar las crítica s a la dictadura, puesto que años después los alumnos de Cienci as Políticas tomaría n “el relevo d e las protestas o, al menos, de sus conatos” (V.M.R., “Arbole y a, mi p rofesor”, artículo inédito. Archivo de J.A.G.M). En a quel Madrid menos inver nal y en aquella sucia facultad d e San Bernardo, Víctor renueva su ilusión como estudiant e. Sient e la firmeza d e haber encontrado un a verdadera motivac ión para su vida académica, después de sortear durante cuatro años asigna tu ras pertenecientes a las ciencias exactas, con las que no albergab a demasiado entusiasmo. La amistad de Enrique Pedrero y la de otros compañeros como Eugenio Vizuete o Alejandro Romero le s ervirán para re cuperar p arte d e la vida colectiva que tanto añoraba de S evilla. Con estos amigos compartirá no sólo buenos mom entos fuera de las aulas, sino también lecturas y conversa ciones que perfilan su compromiso político. 103 “Lo más importante de este periodo es que conozco a una serie de gente s, el segundo grupo de amig os que t engo en la vida desde el colegio Santo Tomás de Aquino. No m e importa decir los nombres de ellos, aunque algunos no sean f amosos: Enrique Pedrero, Eugenio Vizuete, Alejandro Rom ero… por citar sólo a tres. Pues bien, en la Facultad de Po líticas hag o amig os que son los que, quizás, determ inan m i vida política. Yo tenía un a tendencia li beral de izquierdas, pero ellos son los que claramente hacen determ i narme por mi vía socialdemócrata , o como se ll am ara” (Conversaciones con V.M.R., Madrid, 28- II -2008). Los estudios de Cienci as Polí ticas le acercan a una realidad histórica y social ajena para él hasta entonces. En 1958, dos años después de la revuelta estudiantil, la carrera de P olíticas a glutinaba a un número cr eciente de univ ersitarios de seosos de hallar los instrumentos teóricos para su c ompro miso antifranquista. Nuevos y jóvenes profesores habían llegado de fuera de Madrid p ara impartir clases en esta facultad, imbuidos algunos de ellos por corrientes d e pensa miento que tendían al lib era lismo o a la democracia. “En Políticas t eng o, por una parte, un grupo de profesores m aravillosos, que, adem ás, era lógico, porque la facultad de Madrid era la única que había en España. Muchos profesores que habían ganado cát edra de Derecho o de Filosofía en siti os de pr ovi ncias vienen a Madrid. A l serles im posible entrar en lo suyo, donde es taban los de siem pre, ya veteranos, pues llegan a Políticas. Yo tengo la suerte de t ener profesore s m a gníficos en Políticas, que son treintañeros o de cuarenta años, y muy pocos de más de cincuenta. O sea, era gente en la cumbre de su fortaleza intelectual y vital ” (Conversac iones con V.M.R., Madr id, 28- II -2008). Entre los profesores que ejercen la docencia en Ciencias P olíticas entre 1958 y 1962 – años en los que tran scurre la licenciatura de Víctor y en los cuales se “logró algo parec ido a lo que fuera Filosofía en la República” (V.M.R., 1997: 206), en percepción propia – se encuentran P aulino Garag orri, Carlos Ollero, José L uis Sampedro, Enrique Fuentes Quintana, José Antonio Mar avall, Antonio Truyol, Luis Garc ía de Valdeavellano, C iriaco P érez Bustam ente, Luis d e Sosa, Salvador Lissarrague, Manuel 104 Terán, Rodrigo Uría 60 , Fernando Garrido Falla 61 o Manuel Fraga Iribarne 62 , quien hab ía llega do a Madrid en 19 53, procedente de la Un iversidad de Valencia, para ocupar la cátedra de Teoría del Estado y Derecho Consti tucional. También recibe lecciones magistra l es de Emilio Gómez Arboleya 63 , ca tedrático de Sociología, que le abriría las puertas al estudio de pe nsadores a los que Ví c tor consideraba “ secundarios” ha sta ese momento, pero de una importancia capital, com o Saint -Simon, Comt e, Spenc er, Weber o Durkheim. “Las enseñanzas de Arboley a, en ese sentido, f ueron un choque intelectua l. Yo venía a ser b arojiano e n e l sentim i ento y or teguiano en el p ensamiento. Me fa ltaban, t odav ía, algunos años para entrar en el marxism o, que par a mí nunca sería religión – tuve queridos amigos que creían en Marx de l a mism a form a que ant es habían creído en la Virgen del Rocío – , sino ciencia histórica – más para explicar el pasado que para prever el futuro – y comprom iso social” (V.M.R., “Arboleya, mi profesor”, artículo inédito. Archivo de J.A.G.M). En poco más de un año de clas es, Gómez Arboleya dejaría un a honda huella en el re cuerdo de Víctor n o sólo por su brillantez como sociólo go, sino por su tr ágica muerte 64 . Durante el primer trimestre del curso 1959 -1960, el profesor, aquejado de una profunda depresión, de una soledad que “afectaba no tanto a su intimida d personal, cuanto a l a actividad intelec tual” 65 , decidió quita rse la vida, uti lizando para ello la misma pistola con la que años atrá s se había suicid ado su hermano. 60 So bre U ría, d irá Víctor Má rquez: “Éste me q uería a mí co mo a un hijo . Yo era amigo de su hijo , ‘Rodriguito’, que murió en 2 00 7 y tenía uno de lo s mejores bu fetes de Esp aña” ( Conversaciones co n V.M.R., P unta Umbría, 28 - VI -200 8). 61 A su lle gada a Ciencias Po líticas , Víctor Má rquez ya co nocía al profesor Gar rido Falla, puesto que er a amigo de su tío Si xto Agustín. 62 Víctor Márquez rec uerda q ue “n o era Fra ga de los mejores profesores, per o sí era el Fraga que conoce mos, de una pieza . Un d ía me echó d e clase p or lle g ar tard e, bueno, u n d ía o varios, pero cinco minutos tarde, no m á s. Fraga, ya entonces, er a un s ilab ófago” (Go ñi, 21 - II -1992: 8 ). Más ad elante, instaurada la democracia, el p eriodista y el político se tratarían co n frecue ncia, m a nteniendo un r espeto mutuo. 63 A pesar d e haber nacido en Cebr eros (Ávila), la bio grafía d e Gó m ez A rbole ya estaba estrechamente vinculada co n Andalucía, al cursar el bachiller ato en e l I nstituto La Rábida de Huel va y lo s e studios universitarios en Gra nada. 64 “Las enseña nzas y la figu ra d e Enrique Gó mez Arboleya están muy pr esentes ( un día sí y o tro no, co m o poco ) en m i vida intelectual y facultativa” (V.M. R., “Arbol eya, m i p rofesor”, artículo inédito. Archivo de J.A.G.M). 65 Este co mentario f ue mani festado p or el p rofesor Antonio Truyo l, cated rático de Filosof ía d el Derecho y compañero d e Gómez Arboleya, durante una entrevista co n Víctor Márquez en la pr imavera de 1998. 105 “Yo tuv e con Arboleya un a relación tensa a l principio y buena lueg o. Com o pensaba quedarm e en Madrid todas l as vacacione s navideñas m e preparé un plan de lecturas en el Ateneo (su biblioteca es acaso la me j or de España, después de la Nacional) y fui a pedirle consejo. Me recom endó un único libro: El suicid io , de Durkheim . Lo empecé a leer en la edición francesa y nunca lleg ué a terminar lo, a pe sar de ser un trabajo extraordinar io, víctim a yo de un tam bién extraño tabú” (V.M.R., 20 08b: 271). Junto a Arboleya , será Luis Díez del Corral 66 , catedrá tico de Historia de las Ideas y de las Formas Polí ticas, el profesor que influye con ma y or f uerza en la formación humanística de Víctor. Este profesor le abriría las puertas de los autores clásicos del pensamiento políti co, especialmente de Nicolás Maquiavelo, a cu ya obr a podía consa grar Díez del Corral un curso compl eto, aportando con ello unos conocimientos teóricos de ex cepcional valor para sus alumnos 67 . De hecho, la referencia filosófica de Maquiav elo estará presente muchos años después en nume rosas crónicas y artículos políticos de Víctor Márquez, gracias a l magisterio ejerc ido po r Díez del C orral, catedrático al que aspira b a secundar algún día en su depa rtamento universitario. “Parece ser, según decían mis com pañe ros, que y o estaba preconiz ado para ser el heredero de Luis Díez del Corral, que era ca tedrát ico de Historia de las I deas y de la s Formas políticas, que era la asignatur a ‘hueso’ de Política s, pero lo más bonita porque 66 El jurista y p olitólogo Luis Díez del Corral y Ped ruzo (Logroño, 1911 -Madrid, 19 98) realizó la car rera de Derecho en la U niversida d Central y amplió estudios en Friburgo y B erlí n. En 19 36 ingresó como letrado en el Consejo d e Estado, y en 1947 obtuvo la cátedra d e Ciencias Políticas en la Universidad Complutense de Ma drid. Durante sus años co mo doce nte, fue co nsiderad o como un r eferente p or numerosos u niversitarios i nteresado s en la historia d el pe nsamiento p olítico. S u obra ensayística está compuesta po r diversos estud ios, entre los q ue d estacan El liberalismo do ctrinario (19 45), El rapto de Europa . Una interpretación h istórica de nu estro tiemp o (1954) , De historia y p olítica (195 7), Del viejo a l nuevo mu ndo (1963 ), La men talidad po lítica d e Tocqueville co n especial referencia a Pa scal (19 71), La monarq uía de Españ a en el pensamien to p olítico europeo. De Maqu iavelo a Hum boldt (1 976) o El pensamien to po lítico de Tocqu eville (198 9). Colabor ador de la Revista de Occiden te , Díez d el Corral fue autor, ade m ás, de otros ensayos de carácter humanista, co mo Velá zquez, la monarquía e Italia , q ue aúna el ar te co n la política del sig lo XVI I. Presidió la Real Academia de Ciencia s Mo rales y Política y fue miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y de la Real Acade mia de la Historia. Doctor honoris ca usa po r la Universidad de la Sorbona, s u tra yectoria sería reconocid a con el Pre m io Nacional de Literatura (1 942) , p or su obra Mallo rca ; el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales (1988), junto a Luis Sánchez Agesta; y el Pre m io I nternacional Mené ndez Pela yo (1996). 67 E l soció logo y perio dista J osé Antonio Gó mez M ar ín reco rdaría ta mbién la i nfluencia ejer cida por Díez del Corral sobre to da una generació n de estudia ntes de Ciencias P olíticas, al introd ucirlos en el est udio de Maquiavelo: “A Vícto r y a mí nos tocó todavía una univer sidad, la Complutense, en la q ue er a posible que un mae stro encar gara a su s adj untos la cosa lecti va par a consa grarse él, mo nográficamente, a un solo tema o autor . Díez del C orral, por ejem plo, nos explicó a nosotr os durante to do un añ o a Maquiavelo llevándonos d e la mano d esde El Príncip e – de cuyos espúreos co mentarios p seud osnapoleónicos abominaba – ha sta la H istoria de Florencia , pasando p or los Comenta rios a la s Déca das de T ito Livio, cosa gustosísi m a que hoy s eguramente le par ecerá una b atalla de abuelete a nuestros masificado s universit arios, p ero q ue ley e ndo a Reviriego revela su autén tico valor”. ( Diario 16 , 1995: 24). 112 2.3. INICIOS EN EL PERIODISMO 2.3.1. LOS PRIMEROS REF ERENTES La lle gada de Víctor Márquez Reviriego al periodism o se produce de manera tardía, en 1962, cuando está a punto de cumplir los 26 años. Como él mismo reconoce, su encuentro con la prensa no responde a un a vocación o a un deseo que hubi era madurado con el paso de los años 75 . Más bien se origina d e forma ci rcunstancial, debido a la repentina muerte de su padre y obli gado por las necesidades económicas de su familia. Por esas fechas, Ví ctor se había titulado en Cien cias P olíticas y comprendía que era casi imposible continuar los estudios de postgra do. Te nía ante sí el reto de encontrar trabajo y r esolver con urgencia a lgunos asuntos relativos a los negocios y la herencia dejada por su padre. Es entonces cu ando decide trasladarse de nuevo a Hu elva, sin sospechar aún que le aguardaba una opo rtunidad inmejorable. Pero antes de esa fecha clave, antes de 1962, el periodism o no había sido totalmente ajeno a la vida de Víctor Márquez. Ya en su infancia se había f amiliarizado con la prensa, con revistas como Estampa o Blanco y Negro , cuyas ilustracio nes despertaban su ima ginación 76 . En “La Capitan a”, la casa de Castillejos, también era habitual encontrar Mundo y Abc , diario este último que solía adquirir Lorenzo Márquez a pesar de su ideolo gía r epublicana. El pe riódico funda do po r Tor cuato Luca d e Tena tenía entonces una presencia casi hegemónica en Andalucía, gracias a su edición sevillana y al esc aso alcance que tenían otras publ icaciones lo cales 77 . En las páginas de Abc , Víctor hallaría sus primeras lecturas y , quiz ás, sus primera s lecciones de un periodismo hermana do con la literatura. “Yo aprendí a leer en Abc . Las tres primeras letras fueron las suyas. Las clásicas: A y B y C… Lueg o pasé a l a es cuela, y allí me dijeron que había un librito llam ado Abecedario , y m ás t arde supe que tal palabra era u n sustantivo. […] El nombre, el 75 “Llegué tarde a e sta p rofesión, y no sé si e n mi caso se puede hablar d e voca ción. Desde luego, d e niño no q uería ser per iodista, sino más o menos esas cosas q ue q uieren ser todos los niños: mar inos, aviado res, guerreros, futbolista s, co w bo ys…” (V.M.R., 1978 a: 139). 76 “Mi más te mprana relació n c on la prensa consistió en recor tar las viejas colecc iones de Blanco y Neg ro o Estampa q ue había p or allí. Me ac uso de haber destrozad o muchos ej emplares que a ho ra me gustaría tener, en busca de aquellos acoraz ados que ilustraban lo s art ículos de Andrés Revesz, q ue B lanco y Neg ro traía al final” ( Ibídem ). 77 “Yo, d esde niño, he leído periódicos, porq ue entonces en mi casa se co mpraba el Abc . Mi pad re er a republicano, p ero no había periód icos republicanos, y el Abc es u n periód ico que sie m pre estuve muy bie n escrito, po r lo m e nos en el si glo p asado” ( Conversaciones con V.M.R., Ma drid, 2 8 - II - 20 08). 113 adjetivo, el verbo creado r, el adverbio que lo m odi fica, la conjunción que no s une… Todas son palabras que salen del abecedario, formada s con sus letras y en mi i nfancia lejana el abec edario salió d e aquí. Del Abc ” ( V.M.R., “Abeceda rio”, 2003). En su niñez, Víctor vería a su p adre leer Abc y sería testigo de las charlas d e éste con gente de confianza, en las que se comentaba el desarrollo de la II Guerra Mundial, después de haber repasado “las crónicas aliadófi las de Roberto de A renzaga”. Con el paso de los años, s ería e l propio Víctor quien acudiría a las páginas del periódico para buscar a l gún artículo de Azorín –“acaso titulado ‘Hita del Arcipreste’, donde se sentía e l calor de Castilla en el verano, ¿o sería el del niño l ector, bajo la parra del patio, que apenas e ntendía? ” (V .M.R., “Abecedario”, 2003) – , una “ te rcera ” de Pemán o A gustín de Foxá 78 , o una crónica de J osé María Massip, al que admiraba por su pre cisión periodística y su estilo lite rario. “No sé si será el prim er amor periodístico, p ero juro que jam ás a nadi e leí despué s como a Massip. Aquello era, en la i nfo rmación y en el estilo, l a perfección poética: la exactitud” ( V.M.R., “Abec edario”, 2003). Más allá de Abc , Vícto r Márquez también recibiría lecciones p eriodíst icas de Matías Prats 79 , de su voz firme y épica que resonaba en memorables velad as de radio, en las cu ales s e podía s eguir, casi d e manera visu al, las r etransmisiones de un partido de fútbol o un combate de boxeo. O bien de aqu ellas otras veladas, ésta s de más triste recuerdo, en las qu e la fami lia se reunía en torno al transistor para escucha r la voz nasal del locutor de l a BBC y “las c rónicas de André Camps por Radio Pa rís” (V.M.R., 1978a: 139), cuando las tropas hitlerianas amen azaban con extender po r el resto de Europa el miedo y la opresión que ya aflig ían a E spaña. Durante su juventud, el i nterés por l a actualidad y, sobre todo, por la narrativa le acerca n aún más a lo que él ll ama “literatura de periódicos”, a la escritura pausada y de calidad sobre hechos atemporales, no suscritos a la inmediatez de la noticia. Desde sus inicios como estudiante, Víctor tendrá entre sus tex tos de referenc ia obr as periodísticas 78 De Foxá, Vícto r Márquez recuerda la lect ura, a instancias de su maestro don Antonio Bar bosa, de una “tercera” de Abc , titulada “Bizancio ve nce a Estambul”. 79 Al period ista co rdob és Matías P rats, Víctor Már quez le d ed icaría una de s us ‘ Presenci as andaluzas ’, titulada “Matías P rats o la te levisió n oral”. En el la recuerd a lo siguie nte: “Yo lo o ía d e niño, cua ndo el fútbol y el Guerrero del Antifaz eran mis gra ndes pa siones, y no olvido su e xactitud geo m é trica par a hacernos ver lo que sólo se p odía oír” (V. M.R., 2008b: 2 84). 114 que se entrelazan con la creatividad literaria. Aún en Castillejos, en la escuela infanti l, donde apre ndió a leer gracias a los “he roicos” maestros José Calañas y J osé Moreno, descubriría en viej as enciclopedias re latos apa sio nantes, como aque l artículo de P edro Antonio de Alarcón ti tulado “La Noch e - buena de l poeta”, que se asemejaba a un cuen to fantástico y nostálgico: “Fue la primer a vez que sentí emoción y grande al leer alg o” (V.M.R., 26- IX -2009: 38). Más adelante, en el Ateneo de Madrid, Víctor hallaría otros textos emocionantes, críticos y profundos, como los “artículos de cost umbres” d e Larra, escritos con un estilo mordaz y transp arente en cada una d e las imágenes evocadas; o las crónicas de viajes de Azorín, La ruta de Don Quijote (1905) y L os pu eblos (1914), que se pub lican primero en las páginas de El Im parcial , para aparecer l uego re cogidas en libros. De Azorín, Víctor admirará, más all á del argumento o la tem ática que abo rda, su cuid ada prosa, su concisión, su corrección gramatical; elem entos, en definitiva, indispensables para la práctica d el periodismo 80 . Del mismo modo que aprecia la “literatura p eriodística” o el “periodismo literario” de otros autores españoles, como el siempre presente Pío Baroja, cu y as novelas parten, en su mayoría, de una detenida investigación del escritor, de un amplio conocimiento de la hist oria y, por tanto, de una extensa base do cumental, que se asemeja al trabajo que d ebe ini ciar todo periodista. Gusta de leer también los artículos de César González Ruano, quien, al modo de L arra, ofrece perspectivas singulares de la vida cotidiana, transformando, con una cuidada prosa, los hechos rutinarios en acontec imientos de una extraordinaria belleza lit eraria. A Gonz ález Ruano y a tantos otros a utores los descub re Víctor por sí solo, y e ndo directame nte a las páginas de los periódicos, guiado quizás por una especial i ntuición para d etectar un texto creativo o lúcido. Le ocurre así con uno de sus periodistas más venerados, el sevillano Manuel Chaves No gales, al qu e accede no en sus tiempos de estudiante en la Escuela Oficial de Periodismo –“del que, por cierto, nunca hablaron en mis cursos”– , sino mucho antes, cuando en los días de co nstipado de su infancia coleccionaba y rec o rtaba los “santos” de Estampa 81 . 80 Desde su in fancia, Víctor M árquez se con vertirá en un ap asionado de la ob ra tanto peri odística co mo literaria de Azorín. En un ar tículo dedicad o a su profesor do n Antonio Barb osa ( Hu elva In formación , 1990 ) , recuerda co m o éste le prestó, cuando sólo te nía d oce años, la novela La vo luntad , “volumen al q ue y o me per mití añadir algu nas apo stillas admirativas” . 81 Víctor Márquez d edica una semblanza a M anuel C haves N ogales (Sevilla, 1 897 -Londres, 1944), en la que r em e mora su feliz descubri m ie nto d e este p eriodista: “Escribía en Estamp a (y hago un inciso autobiográfico para recor dar los largos co nstipado s de la infancia en la primera postguerra, que se 115 Posteriormente, los estudios universitarios le abren las puertas de grandes bibliotecas, donde las lecturas se renu evan cons tantemente, entre novelas de diverso gé n ero; poema rios, como los de sus admirados J uan Ramón Jiménez y Luis Cernuda ; diccionarios, y a sean filo sóficos – Diccionario de Filosofí a 82 , de J osé Ferrater Mora – o etimológicos – Dicciona rio crítico etimológico de la Lengua Castellana , de Joan Corominas 83 – ; libros de hi storia, como los tres vol úmenes de Historia de E spaña 84 , de su paisano Antonio R amos Oliveira; manuales de literatura – Historia de la literatura española encuadrada en la universal 85 , de Guill ermo Díaz-Plaja – ; o ensayos científicos, entre ellos, el más recordado, Elem entos de anál isis algebraico , de Juli o Rey Pastor 86 . cu raban co n mucha ca ma, huevos batido s co n leche, friegas d e r omero y ra mas d e eucalipto j oven en la cabecera. […] Y en aq uellos d ías de cama r ecortab a los ‘santos’ de Estamp a y Bla nco y Negro , r estos de lo po co impreso q ue e n mi ca sa se había salvado de aqu e ll a que m a donde ardió toda España)” (V. M.R., 2008b: 2 35). 82 Esta obr a, la más célebre del filósofo y ensayista catalán José Ferrater Mo ra (Barcelona, 1912 -1991), constituyó uno de los principales referente s teó ricos para Víctor Márq uez d urante su etap a un iversitaria, así co mo para una amplia generación de estudia ntes esp añoles y la tinoamericano s. El escr itor jiennense Manuel Andújar le regalaría a Víctor los tres grandes to mos del Diccionario de Filosofía , editado por Alianza, cuando el period ista ya traba j aba en Triun fo . 83 T ras la muerte de Joan Corominas (B arcelona, 190 5 -P ineda de Mar, Barce lona, 1997 ), Víctor Márquez rindió ho m e naje al filó logo en un ar tículo publicad o en Abc , titulado “Vidas prop ias” (V.M.R., 4 -I-1997 : 26). En él, Már quez Reviriego ensa lzaba la gran apo rtación investigado ra de Co ro m inas y s u “m o nu mental” Dicciona rio crítico etimológico de la Lengua Castellana , gracias al cual el per iodista onubense pudo adquirir mayor soltura en el uso del ca stellano e, incl uso, co m pletar algún ar tículo e n jor nadas espesas: “Reconozco, me ac uso o lo que sea, q ue mi gratit ud a Corominas es muy intere sada. Gracias a este catalán ad mirable puedo andar co n más s oltura por mi le ngua materna y pater na y d e cualquier pare ntela, pue s u no no tiene otra. Y todavía más, a lgu na vez, e n u na d e esas n o e scasas ocasiones en que no se sabe dónde salir, he co gido uno de l os to m os verdes y he tirad o po r la eti m ología de en m edio , lo confieso, y me salió un artículo más que dec ente para cumplir con la tarea ”. 84 Víctor Márque z admiraría la “fuerza” narrati va y la pro fundidad histórica de esta ob ra, que le reveló una p erspectiva “distinta” del pasado español, alejada de las versiones sumisas d e lo s historiadores oficiales del franquismo. En una d e sus ‘Presencias andal uza s’, co menta có m o p udo hacerse con los libro s de Ramos Oli veira, cuando aún eran p erseguidos por la censura: “Los tres to mos e ran ‘el Ramos Oliveira’, d e la m i sma manera que ‘el B renan’ er a nuestr o laberinto. ¿Cómo me hice co n ‘el Ra mos Oliveira’? En marzo de 196 6 entraron en Triun fo Cé sar Alonso d e lo s R íos [ …] y Nicolás Sarto rius. Nico me prese ntó a Luis Lucio Lob ato Escudero, un co munista que acabab a de salir de la cár cel y q ue vendía libros pr ohibidos. Me tr ajo, entre otro s, dos viejo s anhelos: 10 d ías que estremecieron al mun do , de John Reed – cr ónica d el asalto bo lchevique al Palac io d e Invier no en P etrogrado – y ‘el Ra mos Oliveira’. Los devoré. ¡Qué fu erza tan extrao rdinaria en sus relato s! ¡Qué d iferencia e ntre el manual d e Ramos -Oliveira y los de otro s histo riado res españoles, secos y sumisos!” (V. M.R., 20 08b: 258). 85 Esta ob ra sería estudiada por Víctor Már quez en su quinto curso d e bachil lerato y de ell a guardar á un recuerdo especial: “Libro he r m oso, que más que un manual er a un p ozo lleno de t esoros, y cuy o homenaje más her moso está en la novela Diá logos del anoch ecer , d e Jo sé Ma ría Vaz d e Soto. En el manual d e Díaz - Plaj a íb amos ‘al lago de Lamartine, al i nfier no del Dante, al mar d e Ul ises’” (V.M. R., 4 - I-1997: 2 6). 86 El m a temático Julio Re y Pastor (Logroño , 1888 -Buenos Aires, 1962 ) fue uno de los autores de manuales matemáticos más divulgado s en todo el mundo científico de habla hisp ana. Entre ellos se hallaba el citado Eleme nto s de análisis algeb raico , libro “donde tantos españoles apr endimos matemáticas y, sobre todo, tu vimos la o portunidad de encontrar u na p rosa de clar idad y p recisión extraordinarias” (V.M.R., 20 - XI -200 0: 2 ). Vícto r Márq uez reco nocerá en diversas ocasio nes la influe ncia que ejer ció en su trayecto ria posterio r Julio Rey, “a q uien ta nto de b o si no en e l ca mpo d e las matemáticas, q ue abando né muy pr onto, sí en e l de la escritura y su ri gor” (V. M.R., “La cró nica parlamentaria”, co nferencia pr onunciada el 1 4 - IV -2001. Archivo de J .A.G.M). 116 En la bibliot eca de la Casa Americana, en Sevilla, ti ene acceso a la litera tura ang losajon a, a las nov elas de Willi am Faulkner, John Dos P assos, Ernest Heming wa y o Graham Greene, escritores con alma de reporteros. Un espíritu periodístico del que participa también Gabriel García Márquez, a l que lee m ás tarde y e n el que halla similitudes con los anteriore s; y J ohn Reed, al que recordará siempre por sus Diez días que estremecieron al mundo (1919), la crónica apasionada de la revolución bolchevique de 1917. La forma de narrar las historias, la audacia o el estilo directo que ofrecen estos autores acercan a Víctor Márquez, justo en el momento en que está a punto de ini ciarse en el oficio, a un a dimensión moderna del periodism o, a la urdimbre de realidad y ficción de las llamadas por Tom Wolfe (1976) “ non fiction novels”, que influirán con fuerza en el reporterismo europeo y norteamericano a partir de la década de los sesenta del siglo XX. Estas lecturas actúan en el futuro como piezas en cajadas en un puzz le. Sus obras de referencia, pertenezcan o no al ámbito del periodismo, irán formando un amplio espejo en el que mirarse. A su llegada a la carrera de Ciencias P olíticas, a finales de los años cincuenta, Víctor Márquez añade a estos cimientos culturales una inqui etud por la realidad que le r odea. Surge así el compromiso político y el interés po r los grandes pensadore s de la filosofía: Bacon, Hum e, D escarte s, Maquiavelo, Kant, Voltaire, Rousseau, Hegel, Ma rx… En esta épo ca, como universitario, siente por primera vez la necesidad de ex presar sus conocimientos y su visión de todo aquello que le rodea. Sensación que le c ondu ce al terreno del periodismo. Como señala Jean Daniel 87 en una entrevista con J uan Cruz (2010), el acerca miento d e los jóvenes al p eriodismo a mediados del si glo XX es el resultado d e una sugestión humanística, en la que se reúnen el interés por la literatura, la filosofía, el periodismo y el compromi so político. Cuatro elementos que se funden especialmente en la biografía de Víctor Márque z R evirieg o. “En m i generación los j óvenes con posibilidades de escribir no diferenci aban e ntre l a filosofía, la literatura, el com pr omiso pol ítico y el periodism o; eran cuatro tentac iones. Los dioses de esta época, los maest ros del pensam iento de estos j óvenes , era n americanos: Hemingw a y, Dos Passos, Steinbeck …; en Francia, Malraux, q ue hizo aque l reportaje sobre la g uer ra de Teru el… Era gen te que l o hacía todo: el com promiso 87 Jean Daniel (Bilda, Argelia, 192 0) fue cofundado r y di rector d e Le Nouvel Observa teur , p ublicación francesa que se co nvirtió en uno de los grandes r eferente s p er iodísticos de Triunfo , so bre todo a partir de la décad a de los setenta. 117 político, la literatura, la f ilosof ía – no siem pre – y el periodismo. Así que cuando se es joven y se han cursado estudios de humanismo no es necesario hacer una elección entre las cuatro. Si se elige uno se eligen t am bién lo s otros, no se sacrif ica nada” (Cruz, 2010: 84). 118 2.3.2. LA ESCUELA OF ICIAL DE PERIODISMO Durante su primera estancia en Madrid, en 19 54, cuando preparaba su ingreso en Ingenieros A grónomos, Víctor Márquez y a había tomado cont acto teórico con el mundo de la comunicación, al asistir a una serie de conferenc i as organizadas por la Escuela de Periodismo de la capital. Por esas fechas, se pla ntea incluso dedicarse a este oficio y dejar así los estudios de Biología y Matemáticas, que no t erminaban de entusi asmarle. Pero esta aspiración pe rmanece, dur ante años, como un deseo íntimo, que ni siqui era expresa a la familia, a sabiendas de q ue encontrar ía la nega tiva de su padr e. “Una de las primeras cosas que hago cuando llego a Madrid pa ra preparar I ngenieros es ir a la Escuela de Periodism o a unos col oquios que había. Es decir, que el Per iodismo m e tiraba t ambién. Lo que pasa es que m i padre, como viej o r epubl icano, la idea que tenía del Periodism o era poco menos que la de una panda de g olfos al ser vicio del gobierno, mantenido s. Pen saba que no era una carrera honorab le, entendámoslo así. Ni siquiera se me hubi era ocurrido decir que tenía que hacer Periodism o” ( Conv ersaciones con V.M.R., Madrid, 28- II -2008). A principios de los sesenta, mientras cursa su últim o año en Ciencias Políticas, decide enviar a rtículos de opinión al diario Odiel de Huelva, siempre desinteresa d amente, sin cobrar nunca por e llo. P ara sorpr esa suya, comprueba que sus trabajos no sólo son aceptados por el periódic o, sino que “los publicaban todos de manera mu y destacada” (Conversaciones con V.M.R., Madrid, 28 - II -2008) . Con e stos artículos, Víctor da rienda suelta a su escritura, a través de unos tex tos afines a la literatura, d e temática di spersa – apenas rel acionada con la actualidad – , en los que s e traslucía su af i ción por la lectura. La muerte de su padre, poco tiempo después, ori gina “otro punto de inflex ión” y, probablemente, el cambio de ori entación m ás d estacado en su vida. Lo que parecía entonces una gran adver sidad para al canzar sus objetivos acaba convirtiéndose en una oportunidad car ga da de f ortuna: “Cuando vo y al diario Odiel para p agar l a esquela por mi padre, como se hacía normalmente en Huelva, puesto que era el único periódico, el administrador me recono ce y me dice que el director tenía mucho interés en conocerme” (Conversac ion es con V.M.R., Madrid, 28- II - 2008) . L os artículos que Víctor había 119 enviado en los meses ant eriores al p eriódico le sirven para ganarse el reconocimiento y la amistad de Alejandro Daroca del Val 88 , director de Odiel . “El director era Alejandro Daroca, un aragonés muy af incado en Andalucía, porque ya había estado en Jerez y en Huelva. Me dijo: ‘¿Qué piensas hacer?’ Y la verdad es que yo no sabía, porque mi vid a se había roto. E l camin o de la cátedr a era imposible. Tenía lo de pr esentarm e a una oposi ción por Política. Me tiraba mucho la política clandestina , lo cual era una locura, porque y o ya es taba metido en l a política cl and estina universitaria. No le dije es to naturalm ente, porque el Odiel era un periódico del Movim iento. Y aunque este hombre fue e stupendo conm igo, según supe lueg o, t enías que tener cuidado. En t onces, me dij o: ‘Si i ngresas en Peri odism o, y o ha go que te nom bren aquí colaborador f ijo en funciones de redactor, y puede s estar aquí en Huelv a e ir cada vez que quier as a ver a tu m adre y t u familia para hacer l o que tengas que hacer en los asuntos relacionad os con tu pad re’. Y hago eso: m e presento a i ngreso de Periodism o en 1962” (Con versaciones con V. M.R., Madrid, 28 - II -2008). La oferta del director de Odiel se prese nta para Víctor Márque z como una ocasión inmejorable para resolver su futuro inmediato. Por una parte, le permitía estar cerca de su familia, en u nos momentos cruciales para administrar el negocio dejado por su padre; y por otro lado, le ayudaba a ini ciarse en una profesión que siempre le había tentado, sin perder, además, el vínculo con M adrid, adonde tendría qu e acudir para ingre s ar en la Escuela de Periodismo. “Entonces, Periodism o se hacía con un exam en de ingreso, que er a bastante fuert e; tre s años de carrera de Periodism o y luego un examen de reválida. Me presen to a ingreso de Periodism o aquí en Madrid, en la Escuela Ofic ial de Periodismo, que estaba justo detrás del Ministerio de Inform ación y Turismo, d e donde dependía. Nos presentamos […] ciento y pico de personas. Entramos unos tr ein ta y pocos. Y hay dos personas a las que nos quieren dar el núm ero uno y sobresaliente. Uno es Ricardo de la Cierva, que tenía 88 Nacido en Zaragoza, e n 191 4, Alejandro Daro ca co mienza su tr ayectoria co mo per iodista en Los Sit ios de Gerona. A partir de 1 944 desarro lla su carrer a en Andalucía, co mo red actor -jefe d el Dia rio Córdoba (entre 19 44 y 1 950) y director de los p eriódicos Aye r de J erez d e la Fro ntera (1950 -1955), Odiel de Huelva (195 5-1963) y La Voz d el Sur , d e nuevo en Jerez (19 63 -1984), donde finalmente se jubila. Muy vinculado a J erez y Huelva, funda en a mbas ci udades las a sociaciones d e la pr ensa y la Ho ja del Lunes . Sería, ad emás, vicepresidente d e la Federació n de Asociacio nes de la Pr ensa ( FAPE ) , insti tución de sde la que “defendió la d ignidad de la pro fesión perio dística, el d esarrollo d e la lab or de lo s p rofesionales co n independencia de lo s p oderes p olíticos locales y pro vinciales y la evaluació n adecuada de los honorarios e ingresos de lo s pe r iodistas” (Daroca Bruño, 30 - III -2005: 52). Fallece en Jerez de la Frontera a los 91 años . 120 entonces 36 años, ya era doctor en Ciencias y no sé si licenc iado o docto r en Historia. Era, digam os, el candidat o de lo que podemos llam ar derecha en la Escue la de Periodism o. Y el ot ro era yo, que tenía veintitantos . Lo de izquier das, quizás sería presuntuoso por mi parte, pero digam os menos oficial ista. Hay una pelea entre ambos grupos y ent onces resulta, como pasa m uchas v eces e n España, q ue le dan el número uno y el sob resaliente a un t ercero que sólo tenía notable, y que e ra un antiguo fraile enclaustrado, que después no se ha sabido nada más de él periodísticam ente. […] Y a Ricardo de la C ier va y a m í, pues nos dan no sé si a uno el núm er o dos y al otro el núm ero tres, dicho sea de paso. Entonce s, yo m e voy a trabajar al Odie l de Huelva” (Conversacion es con V.M. R., Madrid, 28- II -2008). Víctor cumple el requisito marcado por Al ejandro Daroca para ser cont ratado como redactor en el Odiel , al aprobar el examen de ingreso en la Escuela de Periodismo. Y lo hace, además, con una calificación de sobresaliente, que d emuestra su holgada capacidad para enfrentar se a estos estudios, ent onces cursados durante tres años. La Escuela Oficial de P eriodism o había sido creada el 17 de no viembre de 1941 por el accitano J uan Aparicio López 89 , un destacado miembro del grupo fund ador de F alange Española y de las J ONS. En 1962, la escuela estaba dirigida po r J uan Beneyto 90 y tenía su sede prin cipal en Madrid – concretamente, e n la calle Zurba no – , además de una delegac ión en Barcelona desde 1952. La enseñanza en este centro se pro y e ctaba con una orientación eminentemente práctica, en la que predominaba el ejercicio del estilo y el conocimiento de los distint os géneros periodístic os, enfocados d esde un a perspectiva literaria. Allí recibiría lecciones de profesores muy ligados al falangismo y a uno de sus principales ór ganos de e x presión, la Editorial Católica. P rofesores co mo Bartolomé Mostaza, “un histórico del Ya y de la Edito rial Católica”; Pedro de Lorenzo, que se 89 En u na de sus ‘Pr esencias andaluzas’, Vícto r Márq uez r elata s u enc uentro co n Juan Aparicio a instancias d e Alejandro Dar oca: “T ras ingresar [en la Escuela O ficial d e P eriodismo], a fin ales de septiembre, es tuve co n d on Alej andro (entonces dir ector d e Odiel de Huelva) en la sede d e la Asociació n de la Prensa en la madrileña Plaza d e Callao… Aparicio, ya en decad encia po lítica, estaba d e presidente de la Mu tualidad d e Per iodista s. Daroca, co m o q uerido al umno s uyo en la EOP, estuvo ha blando co n él y, al final de la conversación me hizo e ntrar en el despacho ( menos que mediano y con una desprop orcionada gran mesa). Rspondía a lo que se decía de él. A saber : con un busca do aspecto del Napoleó n i mperial ( fue u n ver dader o erudito en el est udio del co rso). Charla mos (bue no, yo esc uchaba y respondía cuando me preg untaba por lo s d etalles de m i i ngreso en ‘su e scuela’). Al d espedirnos dij o a Daroca: ‘Espero q ue a tu lado se haga u n gra n per iodista’… N unca más co incidí con él. Sí que leí artículos s uyos, a veces enrevesad os, porque iba saltando de una co sa a o tra sugerida po r ella y así casi no llegaba a concluir con lo pr imero” (V.M. R., 4 - IX -2010: 24). 90 B eneyto había s ido profesor de Víctor Márq uez p oco antes, d urante e l quinto c urso de C ie ncias Políticas. En 196 4, d ejaría su cargo al frente de la Esc uela Oficial de Per iodis m o para presidir el Consejo Nacional de P rensa. 121 ocupa de la asi gnatura d e Estilo; Vicente G allego, “el primer director de Ya , periodista de El Debate , fundado r de la agencia Efe, un hombre mu y anglófilo”; o Emiliano Aguado, “un antiguo ami go de Ramiro L edes ma Ramos, el fundador de la JONS” (Conversac ion es con V.M.R., Punta Umbría, 28- VI -2008). Establecido en Huelva como colaborador fijo de Odiel , Víctor recibe y aplica este aprendizaje sobre el terreno de l a profesión. Durante los cuatro años que permanece en la titulación de Periodismo, compagina sin dificultade s sus estudios con los primeros trabajos para las redacciones de diferentes periódicos, a los que d edica siempre mayor atención. Además de Odiel , Márquez R evirieg o realiza prácticas en el diario Informaciones y colabora como free-lance par a diversas cabeceras, entre ellas el semanario El Caso . Con ello, ini cia una and adura práctica por el p eriodismo, au nque no exenta de los planteamientos teóricos – sobre todo, en cuanto a g éne ros p eriodísticos – , tal y c omo s e exigía en la carrera. En 1966, aprueba finalmente el examen de reválida en la Escuela Ofi cial de Periodismo. Obtiene así el título que se convertía desde ese año en requisito imprescindible para ejercer la profesió n, según estipulaba la nueva Ley de Prensa, la llamada “Ley Fraga” 91 . 91 Con la ap robac ión d e la Ley de P rensa de 1966 , el título de per iodista se co nvertiría e n “u no de los requisitos i ndispensab les p ara que los pro fesionales d e la información p udiera n inscrib irse en el reg istro oficial corresp ondiente y op tar a cargos directivos en lo s m edios d e co municación o, si mple m ente, a ser redacto res de plantilla de los mismos” ( Acirón Ro yo, 1988 : 109). 128 (Conversac ion es con V. M.R., Madrid, 28 - II - 2008). Estos recuerdos nost álgicos sobre el grupo de Santa F e son compartidos también por J uan Manuel S eisdedo s, quien considera a Ví ctor como una de las piezas cruciales de est e colectivo (Su grañes, 6 - IV - 2008: 22). Entre l as actividades que promueve Már quez Reviriego se e ncuent ra la revista ora l Sorpresa , pu esta en marcha en el verano de 1963. “Organicé una revista oral que se llamaba Sorpresa , en la que traté de lanzar a gente importante que, a mi modo de ver, había en Huelva. Jóv enes y desconocidos entre los que puedo citar a Jos é María Vaz de Soto, lueg o es critor y catedrático; a Juan Manuel Seisdedos, pintor; a Manolo Crespo; a Paco Pérez Góm ez, escritor y poeta; a José Luis Góm ez, importantísimo act or, que ya estaba en A l emania ; ayudé a Rica rdo Bada, que y a se había ido a Alem ania, per o también procuré que pudi era seguir escribiendo en el periódico [ Odiel ]; a T omás García Asensio, hoy ca tedrático de l a Facultad de Bellas Artes de Madrid, importan te pintor, que fue de los prim eros que empez ó con el arte conceptual, cas i electrón ico, de ordenado r, de un tipo de pintura serial izada y geom étri ca” (Conversacion es con V.M.R., M adrid, 28 - II -2008). El primer número de Sorpresa lo dirige Víctor Márquez con po cos medios, aprovec h ando los recursos que le facilitaban el diario Od iel y la publicidad gratuita de las emisoras locales, Radio Nacional de Huelva y R adio P opular, que “n os anunciaron como actividad c ultural y no nos cobraron n ada” 101 . Para la pre s entación de la revista contó con el apo y o desi nteresado del Casino C omercial, sit uado justo enfrente de la redacción del periódico, donde el grupo d e S anta Fe se encontró con un “éxito increíble” : “E ra de lleno hasta los topes, la gente tenía que salir a tomar air e en aquella calurosísima noche de agosto cuando l a inau guramos…” (Con versaciones con V.M.R., Madrid, 28- II -2008). Víctor se encargó, adem ás, de movili zar a sus compañe ros par a que participaran en este acto. Jóvenes como J uan Manuel Seisdedos, Manuel Crespo, Manuel Garrido o el actor J osé L uis Gómez, entonces nombres des con ocidos en la capital onubense, se 101 “Nos h icier on además e ntrevistas para jalear nos. Quiero decir que, en ese s entido, el ambiente q ue encontré en Huelva fue maravilloso. En co ntra de lo q ue se d ecía de que en Huel va n o se pod ía hacer nada. P ero, claro, lo primero que había que hacer era intentarlo . Y lo intentamos en un mes de agosto co n un calorazo de espanto, en un local d onde, a lo m ej or, cabrían 30 0 perso nas. Había gente q ue estaba all í al bord e de la asfix ia, y se salían y entraban otros. No había, por supuesto, aire acondicionado ; estamos hablando del a ño 63. O sea que el a mbiente fue maravillo so y la r ecepti vidad de la gente fue increíb le (Conversaciones co n V.M.R., Mad rid, 28 - II - 2008). 129 comprometieron a intervenir en la sesión del Com ercial, aportando cada uno lo mejor de su face t a creativa. “Los cartele s, como Sei sdedos y Crespo eran pintores, pues l o s hicieron ellos; compram os un papel que pagamos de nuestro bols illo y nosotros mismos los peg a m os en los escaparates. Garrido, además de poeta, tocó la guitarra; y J osé Luis Góm ez interpretó dos piezas de mim o. José Luis, que es un genio y muy puñet ero, decía que para interpretar su pieza necesitaba una r osa de tela y estuve buscando por t oda Huelva una rosa de tela y no la había. Le t uve que dar una de plá stico. Y él: ‘¡Joder, una d e plástico!’ Al final se jodi ó y la tuv o que hacer con la de plástico” ( Ibídem ). A pesar de que la revista Sorpresa tuvo una vida efímera – apenas contó con un par de ediciones – , la ex periencia puso de manif iesto las inqui etudes artí sticas de una serie de jóvenes onubenses que deseaba n ampliar su horizonte cultural en una ciudad como Hue lva, condenada al aislamiento y al de s int erés de las a utoridade s fr anquistas, que veían e n ella po co más que un polo de d esarrollo económico (Re i g García, 1991: 80). Por encima de la orientación polí tica y el af án de rebeldía, el grupo de Santa Fe, aquel “Bloomsbur y onu bense”, como lo calificara Manuel V ázquez Monta lbán (2009: 250), permanece en el recuerdo de Víctor Márqu ez como una actitud estética frente al franquismo y , sobre todo, como un punto de encuentro par a la amistad y el compañerismo, que se m antendría durante muchos años. “ E n t o n c es f o r m á b a mo s c o mo un a t r i n i d a d , n o d i r é y o qu e s a n t í s i ma , e n la q u e yo s e g u r a me n t e s e r í a e l p ad r e y n o s é s i C r e s p o e l e s p í r i t u s a nt o , p e r o me n o s , y S e i s d e d os e l h i j o , p o r se r el má s j o v e n . Co n e ll o s p a s é h o r a s gr a t í s i ma s e n e l ba r S a n t a F e , d e l a f a m i l ia S e i s d e d os , y e n l a c a s a d e C r e s p o , d o n d e b a j o s u s a b i a ma e s t r í a e s c u ch á b a mo s m ú s i c a c l á s i c a e n c o mp a ñ í a d e u n o r g a n i s t a de S a n P e d r o q u e a v e c e s p a r e c ía e n t ra r e n é x t a s i s , c o mo l a S a n t a T e r e s a d e B e r n i n i de t a n t o c o mo l e l l e ga b a l a mú s i c a ” (V.M.R., “Con Seisdedos”, artículo i nédi to. Arch ivo de J.A.G.M.). La ex periencia en el diario Odiel y la t entativa cultural de la revista So rpresa dejan un fe liz balance en la memoria de Víct or Márque z. Por un la do, su primer contacto directo con e l periodismo le a porta un amplio conocimiento del oficio, como demuestran los div ersos trabajos qu e debe realizar en la r edacción y los 130 aproximadamente mi l artículos que firma con la aprobación de sus directo res. Ad emás, este acercamiento a la prensa le permite conocer la realidad informativa de un país sometido a la dictadura, al férreo control de la censura fr anquista qu e, según Víctor Márquez Reviriego, era para dójic amente más re lajada en un diario como Odiel , vinculado al Movimiento 102 ; aunque el periodista estaba obli gado fin almente a delimitar los temas y e l lenguaje ut ilizados por no caer en el riesg o de posibles sanciones. 102 “ Odiel no te nía censura. Como era per iódico del Movimiento, la censura estaba delegada en el director . Era un p eriódico, en ese sentido, paradójicamente m ás liberal que otro s que no fueran d el Movimiento” (Co nversacione s con V.M.R., Ma drid, 2 8 - II -2008 ). 131 2.3.4. INFORMACIONES (1964) A finales de a gosto de 19 63, Víctor Márqu ez abandona Odiel par a hacer las prácticas de milicias en Za ragoza, de alférez, dura nte los cuatro mese s que le c orresponden de campamento por sus estudios universitarios. Por aquellas fechas y a era novio de la que sería su futura mujer, Pilar S almerón 103 , a la que conocía desde tiem po atrás en Villanueva de los Castillejos, donde el padre de ella había sido destinado como funcionario del Estado en el Servicio Nacional de Trigo (SNT). No es casual, por tanto, que le asignaran al cuartel de intendencia de Zaragoza para hacer el se rvicio mili tar : Víctor había solicitado aquella c iudad para coincidir con Pilar. “Mi mujer había hecho Mag i sterio e iba a empez ar Filosofía y Letras, y está allí. Luego al padre lo trasladan a un pueblo de A ragón y el la, mi novia ent onces, iba a e mpeza r Filosofía y Let ras en Zarag oza. Y co n tal motivo, yo a la hora de pedir destino para hacer las prácticas de alférez pido t odos los que hay en Zarag oza, y afortunadam ente me m andan a Zaragoz a. Ella estaba en Zarag oza en una r esidenci a de Acción Católica y yo de alférez en un cuartel. Éramos n ovios, pero ya nos conocí amos de Cast illejos” (Conversacion es con V.M. R., Madrid, 28- II -2008). A pesar de acudir a filas, Víctor no se desvincula totalmente del diario Odiel , debido al buen trabajo q ue había d esarrollado en su redacción. En los cuat ro me ses que permanece en Zaragoza 104 , continúa enviando al periódico diversos artículos de opinión, que son gratificados excepcionalmente 105 por el di rector Antonio Gallardo con 2.000 pesetas mensu ales, una cifra nada d esdeñable en 1963 para un joven todavía estud iante de la Escuela O ficial de Periodismo. Gracias a ese dinero y al sueldo que t iene asignado como alférez, decide no regresar a Huelva cuando finaliza el campamento, y p ermanece “en los prime ros meses de 1962 conociendo Aragón y C ataluña”. E sa “escapada” momentánea del hoga r familiar le sirve para visi tar por primera vez lug ares como Tarrag on a, Lérida o Barcelona, dond e coincide c on su amigo Seisd edos, “que se había 103 Vícto r Márquez contrae matrimonio co n P ilar Salmerón en 1968 . Am bo s tendrían dos hijo s: Ciro, nacido en 197 0, y Eva, que viene al mundo un a ño más tard e. 104 E n relació n a s u e stancia e n Zaragoza, Víctor Már quez co menta q ue la capital arag onesa es una “ciudad d e grato recuerdo para mí […]. Allí p asé cuatr o d e los mejores meses de mi v ida, no por estar de alférez, si no po rque mi ho y mujer ta mbién estaba en Zaragoza estudiando filosofía” ( V.M. R., 10 - III - 2003). 105 A ningún colabo rador externo de Od iel se le pagaba por aquellas fechas. 132 formado pictóricamente en el Círculo San L luc” (Conversaciones con V.M.R., Madrid, 28- II -2008). “Conozco Barcelona, y es o creo que es una cosa importante en mi vida. Esa fue la primera gran ciudad que c onocí después de Mad rid, contando que Sev illa y Zaragoza aún no eran grandes urbe s. Creo que de ahí llega m i amor a Catal uña, mi comprensión a Cataluña, que por escritores ya la tenía. Estoy de enero a marz o, pero fluctuando entre Aragón” (Conv ersaciones c on V.M.R., Madr id, 28 - II -2008). Tras estos viajes, vuel ve a C astillejos por un breve periodo de tiempo y comprueba, quizás, que s u horiz onte se habí a que dado pequeño en Huelva. Así, en abril de 1962 emprende camino una vez más a Mad rid para s eguir probando suerte en el periodismo. Sin embargo, la situac ión laboral que en cuentra no es la esperada y d ebe mantenerse durante varios meses aceptando pequeños trabajos, incluso como profesor particular de jóvenes asp irantes a ingresar en la E scuela Naval, a los que imparte clases de Matemática s. “Ya no qui ero seguir en Huelva. Huelva estaba muy bien, pero el peligro que v eo en Huelva es que pensab a: ‘O me convierto en un inadaptado total o me adapto a la situación’. Y m e digo: ‘Me voy a Madrid, a ver qué pasa’. Entonces , buscar trabajo, en cierto sentido, era peor incluso que ahora. Paso meses buscando trabajo en Madrid, con trabajos pequeño s…” (Co nv er saciones con V.M.R., Madrid, 28- II - 2008). Entre esos “trabajos pequeños” y esporádicos que acepta se encuentra una colaboración con el sem anario de sucesos El Caso , entonces con un a gran d ifusión en la prensa española. A pesar de que no firma el texto , consigue que el escabr oso reportaje que ha investigado – un presunto infanticidio en Madrid – aparezca en portada. “Lo primero que logro pu blicar en Madrid es un reportaje sin f irm a en El Caso , un semanario de crímenes y suces os. Publico un r eporta je sobr e un crimen ter rible de una chica que había tenido un hijo fuera de matrimonio, com o se decía entonces, y lo m ata. Un infanticidio … Es una cosa terrible. Eso lo conse rvo aún. Fue un reportaje por el que m e pagaron 300 pesetas, que no era mucho entonces, ta m poco poquísimo. Fue portada de El Caso y l es resolví la semana, por que fue una exclusiva rigurosa. Fui el úni co que logró hablar con la herm ana de la pr esun ta infanticida, y lo logré con humildad, 133 diciendo que lo nece sitaba, porque si no, no me pagaban. L ogré entrar, me contaron la historia y encima m e dieron de merendar un café con leche con unas galleta s María. Eso no lo conté, po r que esas cosas no se contab an enton ces en los pe riódicos, p ero l ueg o para el llam ado Nuev o Periodismo lo que hubiera tenido m ás valor sería haber contado eso” (Conv ersaciones con V.M.R., Madr id, 28 - II -2008). Haciendo fr ente a un difícil panorama laboral, en el verano de 1964 decide solicitar prácticas en la Escuela Oficial de Periodism o, donde aún cursaba su últim o año. Entre l as diferentes opciones que b araja, eli ge la del di ario Informa ciones 106 , un periódico madrileño, de tirada vespertina, qu e entonces dirigía Luis F ernando Bandín Ramos 107 , al que y a conocía como profesor de la EOP. Aunque tenía un a difusión notable – competía con el diario Pu eblo en el mercado periodístico de la ta rde – , Informaciones no disponía de demasiados recursos para s acar adelante su labor diaria. En vez de tomarlo como una adv ersidad, la escasez económica y el carácter humilde del periódico resultaron, a fin de cuentas, factores posit ivos para Víctor Márquez , puesto que dichos obstáculos debía salvarlos con una entrega ma y or en su trabajo. A diferencia de otros periódicos, donde los alumnos de práctica s pasaban des apercibidos entre el resto de los empleados – configurando, a lo sumo, el trab ajo de mes a – , en I nformaciones Víctor se ocupa de nume rosas ta reas que estaban por cubrir. Y lo más importante: sale a la calle para rec abar las noti cias o labra r de primera mano sus reportajes. “Com o estaba en últim o año de Periodism o y tenía que hacer unos m eses de prácticas en un periódico, sol icité ha cerlas y me mandaron al Informaciones de Ma drid, que era un di ario de la t arde. Estuv e en j ulio, agosto y septiem bre de 1964. Allí hice de todo, 106 Fu ndado en 192 2, In formaciones tenía su sede en la madrileña calle de Sa n Roque. E st uvo vinculado en sus i nicios al ba nquero Juan Marc h y ad optó una post ura acomodaticia co n respecto a los di stintos regímenes po líticos, ap o yando ora a la d ictadura de P rimo de Rivera y a la monarquía, ora a la República. Con el inicio de la Guerra Civil, se dec antó por un p osicionamiento “nacional - católico ” (Alonso de los Ríos, 2 005: 229). Tras p asar por las manos de B ilbao Editor ial y Unió n De mocrátic a Española, el periód ico inició un p rogresivo giro ideo lógico a p artir de 1968 , b ajo el control administrat ivo d e un gr upo de banq ueros liderad os por Emilio Bo tín. Info rmaciones acogió entonce s fir mas co m o la d e Víctor de la Serna, que se con virtió en co nsejer o delegad o del ro tativo; su hermano Jes ús de la Ser na, que se encar gó de la direcció n; J uan Luis Ce brián, que ocupó el p uesto d e subdirecto r; Jesús Ceber io, Alfons o Sánchez Martínez, Rafael Conte o Fe rnando Lóp ez Agudín. D urante la Transició n, el d iario ap oyó la re forma política y la aper tura democrá tica. Sin e mbargo, desd e 1 976 comenzó un lento declive, m o tivado por la crisis e mpresarial y la salida d e numerosos p e riod istas hacia El Paí s . En 1 983 d ejó de editarse definitivamente. 107 “El d irector de Informacion es se llamaba Luis Fernando Bandín Ra mos. Era hijo de un general y él mismo había sido oficial del E jército en la División Azul. Obviame nte, q ueda dicho que er a rigurosamente franquista. Per o tengo q ue d ecir que e l ho mbre, en el tie mpo q ue e stuve, no intervino y se portó bien” (Conversaciones co n V.M.R., Madr id, 28 - II -2008). 134 porque era un periódico p obre. S i me hubieran mandado al Abc o a l Ya , que eran los m ás importantes entonces, seguram ente m e hubiera limitado a recortar teletipos y a pegarlos, y a subrayar l as mayúsculas o versales, que era como se decía en Periodism o. Pero aquí, com o er a un peri ódico tan m odesto, resulta que en el mes de agosto estuv e de confeccionad or único del periódic o y, a veces, hasta de redactor - j efe. Adem ás, escribía todos los días un artículo, hacía un repo rtaje de l as verbenas de Madrid en verano – particularm en te de Las V istillas –, escribía alguna cosa que cayera… Y el doming o, a lo me j or, me i ba a la Sierr a de Ma drid, a repartir con una furgoneta l os periódicos por allí y encima me traía cinco reporta jes para toda l a semana, para la últim a página. Siempre com o m ás se apr ende en u n periódico es y endo a uno m odesto. Cuan to peor sea m ás se aprende. Si t e mandan al New York Times , a lo mejor lo único que haces es ponerle un café a un redactor veterano. Pero en un periódico pobre, t e puede pasar lo que a mí, que de pronto en el m es de agosto me encuentro confeccionando todo el periódico. S i el r edactor- j efe al gún día no venía, porqu e sólo había uno, m e encontraba yo ejerciendo de redac tor- jefe o poco menos” (Conv ersaciones con V. M.R., Madrid, 28 - II -2008). Al igual q ue le ocu rre en Odiel , Víctor Márquez desarrolla un a experiencia corta pero int ensa en Informac iones , ejerciendo labo res de confeccionador 108 , re portero y articulista – además, de casual redactor -jefe, cuando las nece sidad es del periódico lo requerían – , que le a portan un may or dominio del oficio. En apenas tres meses de práctica s, entre julio y se ptiembre de 1964, public a alrededor de un centenar de trabajos periodísticos. Sin embargo, el hecho más significativo de su paso por Informaciones no será únic amente este notable rendimiento. En aque lla redacción coincide con el periodista Pablo C orbalán, que o cupa entonces el puesto de redactor -jefe y s e convierte en la persona más importante para Víc to r durante aque lla etapa. Más allá de la confianza y el amplio margen que le brind a a la hora de h acer sus traba jos, Corbalán entabla amistad con Ví ctor Márquez, compartiendo ambos una actitu d contraria al régimen fr anquista 109 . Esta proximidad tanto personal como ideológica ser á, un año después, la llave con la que Víctor Márquez accede a Triunfo , cuando Pablo Corbalán, y a presente en el seman ario, decida ll amarlo para cubrir un puesto de r edactor, en la que repre s entará la gran oportunidad de su vida profe s ional. 108 En una entrevista realizada por Francisco Correal (2 9 - III -1990 : 3 7), Víctor Már quez ap untó q ue e n Informacio nes “confeccionaba los artículos que escrib ía a mano César González Ruano”. 109 Francisco Ma rtínez Cor balá n era “hijo de u n periodista r epublicano […] y m iembro del Par tido Comunista, natural mente cland estino” (Conversacio nes con V. M.R. , Ma drid, 28 - II -2008). 135 Pero antes de integrar la plantil la de Triunfo – la que será, sin duda, la empresa más importante de su carrera – , Víctor Márq uez atra viesa un br eve periodo de incertidumbre, ante la c o mplicada situación de la profesión periodística. A fa lta de un empleo que le aportara estabilidad económica, tanto a nivel personal como a nivel familiar, solicita ayuda a Antonio Gallardo, director de Odiel , con el que mantenía contacto gracias a los artículos que aún escribía para el diario onub ense. Éste le recomienda en el periódi co abanderado de la Pr ensa del Movi miento, Arr iba , donde le ofrecen un puesto de confecc ion ador. “Después de Informaciones , estoy en la calle y, finalmente, por recomendac ión del director de Odiel , entro en Arri ba , diario f ascista por antonom asia, contratado como ayudante de confección. Curio samente, en parte por evitar t ener que escribir de cos as con las que no estaba de ac uerdo, me tiré por la confección, donde había muy poca gente entonces en los perió dicos. Era una cosa puramente técnica. Y ahí estoy hasta que m e l argo, por que ya veo allí casi las orej as al lob o” (Conversacione s con V.M.R., Madrid, 28- II -2008). En Arriba , órgano oficial del ré gimen franqui sta, Víctor Márquez evit a la espinosa situación de tener que escribir sobre cual quier asunto y, por tanto, de alabar, en contra de su ideolo gía, al caudillo. En la redacción de la ca lle L arra es consciente del peligro que corre si se d escubre su vinculación a las Juventudes Socialistas y opta por marcharse. D e tal forma que, a principios de 1965, se en cuentra una vez más sin trabajo y con p erspectivas inciertas de cara al futuro. “Decido preparar una oposición a estadíst ico -faculta tivo, que es enton ces la oposició n que tiene entonces el n ivel más alto. Creo que tenía el niv el 28, sobre el máxim o que era el 30, y se gún el nivel tenías el sueldo. Me c onsider aba preparado para esta oposición, porque era l icenciado en Po l íticas, ten ía la parte de De recho y H umanidades, y al mism o tiempo por mi f ormación de Matemáticas, de cuand o preparé ingreso en I ngenieros” (Conversacion es con V.M. R., Madrid, 28- II -2008). Durante un mes combina los áridos estudios para las oposiciones con el trabajo de confeccionador en Sábado Gráfico , una revista que él mismo considera “entre dicharachera y sensacio nalista” (Conversaciones con V.M.R., Madrid, 28 - II - 2008). Justo en ese momento de indecisión, en el que le embarga un cierto escepticismo, 136 puesto que ll ega a plantearse abandonar el period ismo, es cuando r ecibe l a llamada d e su antiguo c ompañ ero Pablo Corbalán para in corporarse a Triunfo . “Cuando llevaba dos meses prepar ando la oposición de es tadístico facultativ o, me ll ama Pablo Corbalán, que había dej ado de ser redactor-jefe de Informac iones y l uego jef e de internacional en el Alcázar . Me llam a y me dice que estaba de redactor - jefe en Triunfo , y me pr egunta si quería entrar como redactor allí. Para mí eso fue com o si se le aparece San Pedro o San Pablo a una persona creyente. Triunf o era la revista de la izquie rda, en la que yo creía com o si fueran los santos evangelios para mi madre” ( Conv ersaciones con V.M.R., Madrid, 28- II -2008). Con 28 años y tras cuajar una intensa experiencia en di ferentes medios, Víctor Márquez se encuentra en el verano de 1965 ante su gran oportunidad com o periodista. Triunfo , revista que ya leía asiduamente, representaba la ocasión de trabajar con ma y or libertad en una publicación acorde a su ideología –“era para mí la Biblia, [ …] el no va más como semanario progresista”– . Era, en su o pinión, el mejor semanario español de información general, situado, a su jui cio, a un mi smo nivel que Destino , editado en Barcelona –“un a anti gua r evista f alangista, l uego conv ertida en m oderadamente catalanista y liberal”– , y por encima de otr as com o Sábado Gráfico , que ya conocía de cerca, por el trabajo que realizó allí durante un mes; Gaceta Ilustrada –“una revi sta bien hecha, pero burguesita”– o La Actualidad Española , “que era del Opus Dei” ( Conversaciones con V.M.R., Madrid, 28 - II -2008) . En definitiva, Triunfo suponía el gran salto cualitativo en su carrera periodística y el punto de partida para una tra y ector ia que, a partir de entonces, ga n aría en madurez y estilo. 137 2.4. TRAYECTORIA EN TRIUNFO (1965-1982) 2.4.1. LA LLEGADA A LA CALLE DE SAN LEONARDO El 26 de julio de 1965, Víctor Márquez Reviriego tom a contacto por primera vez con la redacción de T riunfo , situada entonces en la m adrileña calle d e San Leonardo. A la sombra de unos “rascacielos enanos” (Brenan, 19 85: 20) – el Edificio España y la Torre Madrid – , las oficinas de la revista respiraban el aire más cosmopolita de la ciudad. La incomodidad que p resentaba el tráfico – el trasiego constante de automóvil es entre la calle Princ esa y la Gran Vía – , e ra p aliada por el privilegio de hallarse en el corazón de las finanzas y el show business . Aquella era la cuarta sede de Triunfo desde su fundación en Val encia, allá por el año 1946 110 , cuando su rge como una revist a especializada en cine y espectáculos 111 ; y el lugar donde se había gestado el cambi o empresarial e infor mativ o que relanzaría al semanario a partir de 1962. En la década de los sesenta, Triunfo empez aba a ab andonar su i magen caracter ística hasta ento nces, la de una “publica ción frívola, dedicada al chismorreo” (Alfaya , 2003: 199), en la que semana tras semana aparecían en portada starlettes internacionale s o modelo s españolas ganadoras de concurso s de belleza. La revista, que había tratado el cine desde el prisma del espectác ulo, y no tanto como un hecho cultural, como así lo defe ndieron publica ciones como Cinema Universitario 112 , se de sprendería paulatinamente de dicha línea editorial, para dirigirse a un público más amplio, interesado por la literatura, el arte o los acontecimientos de la política exterior, puesto 110 L a pri m era oficina de Triunfo estuvo en la céntrica calle de Ribera, en Valencia. Más adelante, en 1948 , cuando la revista i ntenta alcanzar una mayor pro yección a nivel naciona l, la redacció n se tras lada a Madrid, al edificio que c o m pa rtía co n Prensa Gr áfica S. A. e n la ca lle de Her mosilla; y e n 19 54, emprende una nueva a ventura en e l llamado P alacio d e la Prensa madrileño, en la po pulosa plaz a del Callao. E n 1962 , co incidiendo co n la ve nta d e la cabecera al grupo Mo vierecord, la r ed ac ción se ubi ca en la ca lle de San Leonardo, que sería, a la po stre, la primera o ficina de Triunfo donde trabajaría Vícto r Márquez Reviriego. 111 En sus orígenes, Triu nfo se ocuparía preferentemente d e lo s co ntenidos cine matográficos , j usto en una época en la que alcanzan gra n d ifusión en E spaña las public aciones dedicad as al “séptimo arte”, co mo es el caso de Radiocinema , Cámara , Primer Plan o ( órgano “oficioso” del cine español, que contaba con protecció n estatal), Imág enes , Cine Mund o , Cine-Autógrafo , Arcinema , Objetivo o Fotograma s , esta última fundada también en 1946 y, a la p ostre, única superv iviente de aq uella ép oca d e eclosión d el sta r- system . 112 La r evista Cinema Un iversitario surgió de la iniciati va de Basilio Martín P atino, Jo aquín de Prada y otros estudiante s vinculado s al Cine-Club Universitario de Sala manca. Fue dirigida, desd e su segundo número, por Lucia no Go nzál ez Egido y e n el la colab oraro n firmas co mo la de José María Gut iérrez, Ricardo Muñoz Sua y, Antonio T ovar, Enrique T ierno Galván, Luis García Ber langa, J uan García Hortelano, Mario Vargas Llosa o Ro mán G ubern. S u grup o fundador fue ta mbién el i mpulsor de las Conversaciones Cinemato gráficas de 1 955, en las q ue se rec hazó la pro ducción ci nematográfica espa ñola apegada al régim en y se p ropug no u n n uevo m od elo ar tístico de car ácter rea lista y c rítico. Cinema Universitario desap areció en 19 63, tras tener una period icidad o scilante. 144 Tras este primer trabajo, Márquez Revirieg o firma dos nuevos reportajes, “Nueva York , ciudad de violencia” (21 -V III-1965: 18- 23) y “Los gladiadores del siglo XX” (28 -VIII-1965: 50 -55), que se sitúan en la misma línea del anterior – ambos cuentan con un despliegue fotográfico destacado, procedente de la a ge n cia inglesa Camera P ress, con la q ue Ezcurra había f i rmado un convenio – . El p rimero de esos textos lo elabora Víctor Márquez a trav és de notas e informa ción ex terna –“lo escribí, por cierto, sin haber esta do en Nu eva York, aunque después sí estuve” (C onversaciones con V.M.R., Madrid, 28- II -2008) – , reseñando la alta tasa de criminalidad ex istente en la ciudad norteamericana; mientras que en el segundo trabajo, “ L os gladiadores del siglo XX”, ya se apo ya en su experiencia personal sobre la materia: en este caso la lucha libre, de l a que había disfrutado como asiduo espectador durante sus años en el Cole gio Santo Tomás de Aquino en Sevilla. “En Sevilla, en mis años de colegio, fui muy af icionado a l a lucha libre. No es que yo fuera un gran atleta, pero en Sevilla había una gran afición. Menc ionaba al famoso Mar co ‘ El Maldito’, Márqu ez ‘El Indom able’, Ariz a ‘El Estilista’, Abolaf io…, que eran los cuatro ‘apóstoles’ de l a l ucha libre en Sev illa. Tuve una afición desm edida, como también otros del colegio. Éste de ‘Los gladiadores d el si glo XX’ fue el primero más personal que hice, porque hablaba de mi experiencia diez años ant es en el col egio en Sevilla, cuando iba al cine Campoam or, un cine de verano, o al cine Osar io, y los dom ingos por la mañana había lucha libre. Nos sa bíam os de m e m oria los nom bres” ( Ibídem ). Aún en el pe riodo estival de 1965, Víctor publica su cuarto trabajo consecutivo: un reportaje sobre las investigaciones científicas d el ejército de los Estados Unidos, que lleva por tí tulo “Huntsvil le, el reino de Von Braun” (4 - IX -1965: 50-5 7). En pleno co ntexto de la Guerra Fría, avanzada y a la c arrera espacial y el apro visionamiento armamentístico por parte de los bloques nortea me ricano y soviétic o, el d esarr ollo mili tar se había convertido en u n tema recurrente en las páginas de Triunf o , como demuestran las páginas d e información internacional firmad as por Haro Tecglen 120 . En esta ocasión , el texto de Márquez Reviriego ahondaba en un matiz no tanto político, sino científico. Debido a sus estudios de Matemátic as, conocidos por Ezcurra, a lo larg o de sus 120 En aquel año d e 19 65, Haro T eclgen p ublicaría d iver sos trabaj os r elacionados con la carr era ar m a m e ntística y la tensió n p olítico -militar entre los frente s ca pitalista y co munista. Entre ellos destacan “Menos ar m a s para 1 965” (30 -I-1965: 1 2- 13 ), “El eq uilibrio del bienestar, futura etap a de la p az” (10 - II - 1965: 12- 13) y “Vietnam: gases o negociaciones” ( 3 - IV -196 5: 20 -23). 145 primeros años Víctor hace frente a contenidos que le resultan ajenos al resto d e redac to res de T riunfo ; t emas que, en su m a yor p arte, están relacionados con la ci encia o la tecnología, como es el ca so de este reportaje. “Al principio, lo que tendía n a adj udicarm e e ran temas que no hacía nadie. Si había alg o que hacer de cine, lo hacía n César Santos y Jesús García de Dueñas. Si había algo de política internacion al, l o hacía Haro. Si había algo de política nacional o parecido, Rico. Entonces, lo que no sabía n, me caí a a mí, que es una cosa m uy propia cuando lleg as de joven neófito a un sitio. Hasta t erm iné haciendo un reportaje sobre el neutri no, que es una partícula atómica y estuve estudiando mucho. La idea que t enía Ezcurra era que, a diferencia de todos l os que había allí, toda la gente de Letras, yo er a un señor riguroso. […] En aquella época, aparte de lo que me gano en Tri unfo , y mientras estaba en Madrid, m e estuve ganand o la vida duran te meses dando clases de Matemáticas a gente que preparaba el ingreso en la Escuela Naval. Yo sabía algo de Matemáticas, había estudiado, aunque no tenía t itulaciones” (Conv ersaciones con V .M.R., Madrid, 28 - II - 2008). Tras encadenar estos cuatro primeros trabajos, Víctor Márquez Revirie go no vuelve a publicar hasta fina les de aquel 1965, cuando aparece un reportaj e de mod a y sociedad ti tulado “Maniquíes” (4 -X II-1965: 38- 45). Durante ese tiempo , el periodista experimenta la aclimatación a l nuevo puesto de trabajo, cubre las bajas v eraniegas de algunos compañeros de r edacción y muestra sobrada soltura p ara realizar los pertinentes trabajos de mesa – corrección de pruebas, confección de páginas, cie rre, etc. – . Esos primeros cinco meses le sirven par a d emostrar no sólo su capacidad para solventar las tareas cotidianas de reda cción, sino para or ganizar y estru cturar el tr abajo, manteniendo el contacto con el ascendente número de colaboradores qu e poseía Triunfo . De hecho, su buena gestión se convierte en una de las principales baz as que le permiten ascender al puesto de redactor-jefe en 1970, aunqu e, en la práctica, este trabajo venía ejerciéndolo desde a l gunos años antes. 146 2.4.3. DOS REPORTAJES ANDALUCES: GIBRALTAR Y G IBRALE ÓN La tarea comprom etida de Víctor Má rquez Rev iriego en la redacción de Triunfo y la cantidad de hor as que d ebe permanecer d edicado a ordenar l as secciones explican que su producción escrita no sea tan abundante como en etapas anteriores, como así ocurrió en Odiel o en Informaciones , donde ejercía pur amente como redactor y articulist a. Aun así, a lo lar go de 1966, firma nueve tr abajos, que oscilan fundamentalmente entre el reportaje histórico –“Westminst er cumple 900 años” (5 - II -1966: 51 - 55) y “Operación fuga” (19 - II -1966: 18-25) son al gunos ej emplos – y el reportaje d e actualidad , más apegado a la noticia o a la información de la semana. P recisamente, entre estos últimos se encuentran al gunos de los textos más interesantes de esta primera etapa de Víctor Márquez en Triunfo . Son dos los re portajes de actualidad que merecen un a nálisis detenido: “Gibraltar: 25.000 familias ante un problema” (5 - XI - 1966: 26-31) y “Gibraleón: los negros andaluces” (24 - XI -1966: 12-22), ambos recogidos posteriormente e n su pri mer libro, Donde acaba Andalucía (1978a). El primero de esos trabajos, el referido a Gibr altar, pasa por ser uno de los trabajos periodísticos pio neros en el tratamiento cr ítico e histórico de la relación entre la colonia ing l esa y los pueblos gaditanos de su entorno. Para la rea liz ación de este reportaje, Víctor M árquez emprende viaje a An dalucía a finales de oct ubre de 1966, junto al fotógrafo italiano Gigi Corbetta 121 , con el objetivo de recoger el te stimonio de las personas afectadas laboralmente por el cierre de la f rontera gibraltareña. La tensión política exist ente entre los g obiernos d e Fra nco y el br it ánico se había recrudecido en aquellas fechas y , como consec u encia, h abía r epercutido e n el desempleo de miles de trabajadores and aluces – principalmente residentes en La L ínea de la Conc epción, San Roque, Algeciras y Los Barrios – , que cada día cruzaban la aduana co n destino a Gibraltar para trabajar. Sumidos en una situación desesperante por la falta de empleo y de recursos, en un a d e l as comarcas más d eprimidas económicamente de Andalucía, como es el Campo de Gibraltar, esos obrero s se convierten en prot agonist as del reportaje; algo que no resultaba demasiado habitual en la prensa española, decidida a silenciar el asunto y aceptar las consignas dirigidas desde el régimen. En u n tono directo 121 “Voy con Gigi Corb etta, un magnífico fotógra fo milanés, p ersona estupenda, q ue ahora es alto ejecutivo del BBVA en España, muy aficio nado a lo s coche s y las m oto s” (Conversacio nes con V.M.R., Madrid, 2 8- II -2008). Al tener p asaporte italiano, Corb etta co nsigue e ntrar e n Gibraltar para hacer el repor taje gráf ico, indispensab le para ilus trar los textos de Márquez Reviriego. Éste, por su parte, debe permanecer en La Línea, al no serle autorizada la entrada por la p olicía br itánica. 147 –cercano a l enfoque del llamado “nuevo periodismo” – , Víctor Már quez prese ntaría el reportaje con una narración ág il y atractiva. “Frente al edificio amarillento de la aduana, en la Explanada, está el guardia J osé Díaz, estudioso de la medic ina natural, que di ce ser el ‘verdader o y único hijo de Anastasia , m i viej a’. El r eseco viento de Levante balancea l as hojas de palmera y mueve las r amas de acacia, bajo cuya sombra sestean inm óviles las bicicletas y motos – cien, doscientas , acaso más – que esp eran a quí la salida de sus dueños. Estos naci eron e n La Lí nea, en San Roque, en Algeciras, en Los Barrios, en Tarifa, en Cádiz, en Málaga, en Córdoba, en Almería, en otras provincias españolas, y ahora que empieza a caer la tarde van saliendo de ganarse el sueldo – una libra, libra y media – en G ibraltar” (V.M.R., 5 - XI - 1966: 27). El periodista irá alternando la descripción de l ugares y personas – la f rontera entre La Línea y el Peñón, los trabajadore s, los policías… – con datos históricos y de actualidad, como, por ejemplo, el número d e parados, el precio de los alim entos básicos o el porcentaje ascendente de andalu ces emi grados entre las décadas de los cincuenta y sesenta. Intercalará, ade más, las voces de al gunas person as, los es casos comentarios – por temor a posibles repre s alias – de los trabajadores, que corroboran la penosa situación: “Com o hoy no salí a l a mar, me fui a buscar unas matas a ver si me sacaba los cuarent a durillos para la casa. Ahora m e quiero colocar en la fábrica del pescado, que aunque no dan m ucho es una cosa seg ura. Porque no se crea usted, aquí con mil pese tas a la semana no se tira muy bien” (V.M.R., 5 - XI -1966: 28). A esa información, suma un recorrido por el Campo de Gibraltar para comprobar las alternativas d e empleo ex istentes para esos trabajadores expulsados de Gibraltar. El panorama, a ojos del periodista, resulta desolador, puesto que no existe una opción eficaz para las bajas laborales. Aún quedaba lejano el proyec to de la refinería de Cepsa en San Roque y no s e vi slumbraba nin guna salida para el estancamiento económico de la zona. “Busco la res puesta por el Campo de Gibral tar. Desde lo alt o de un búnker próxim o a la refinería de Puente Mayor ga, busco las chimenea s que hagan compañía a estas tres, en 148 construcción, de la Cepsa. Pero no están. Están muy lej os: en Avilés, en Bilbao, en Barcelona… Aquí, no. Y las fábricas de por ahí tienen el cupo cubierto” (V.M.R., 5 - XI - 1966: 29). A lo largo de este reportaje, Márquez Reviriego utiliza la primera persona, con la que pretende foc alizar de una manera cercana, inmediata, una situación luctuosa. Denuncia el estado de subdesarr ollo de esta comarca andaluza y ofre ce una comparación con las posibili dades laborales en Gibraltar, donde los trabajadores españoles podían acogerse a sindicatos – no verticales, como los del franquismo – y tenían derecho a huelga. De esta forma, “Gibraltar: 25.000 familias ante un problema” se convierte en un trabajo que anticipa otras investigaciones – periodísticas o de carácter ensay ístico 122 – apartadas del discurso oficial del rég i men. A continuación de ese viaje a Gibraltar, si gu iendo una ruta por And alucía, Víctor Márquez se d esplaza a Huelva para realizar un nuevo reportaje. Buen conocedor de la provincia onubense, el p eriodista toma como destino la loc alidad de Gibraleón, muy cercana a su pu eblo natal, con el objetivo de abo rda r ot ro caso olvidado, sin antece d entes en la prensa española y con una escasa investigación cientí fica 123 . C on el título de “Gibraleón: los negros andaluces”, Víctor Márquez Reviriego da a conocer en Triunfo la historia de un grupo de descendientes de esclav os negros procedentes de África , que desde mediados del siglo XV fueron trasladados a la ría de Huelva, y desde allí a otros destinos, como Lisboa o algunos señoríos de Cádiz o S evilla. En estos últimos casos, esa pobla ción ne gra sirvió a l a casa de Medina Sidonia y tomó asiento definitivo en pueblos de Huelv a, como Niebla, Moguer o P alos de la Frontera. No obstante, el núcleo más i mportante se cons ervaría en Gibraleón, y hasta allí se desplaza Márquez Reviriego pa ra conocer su evolución. Al igual que en el texto de Gibraltar, el periodista ofrece una d escripción casi literaria de su viaje: mue stra una pano rámica gen eral de la provincia hasta ubicarse, en 122 Aún a pr incipio s del siglo X XI, diferente s autores co ntinúan i nvestigando sobre el pasado y el prese nte de Gib raltar, como pone d e manifiesto Ma nuel Leg uineche en su libr o Gib raltar. La roca en el zapa to de España (2002), en el que aplica un enfoque period ístico simil ar al d e Víctor Márquez. 123 Hasta 1966, ún ica m e nte era conocid o en España un trab aj o antro pológico realizado po r Arcadio de Larrea (III - 1952), “Los negros en la provincia de Huelva”. T ambién, a mediados de los años cincuenta d el siglo XX, etnólo gos ale manes investigarían el o rigen de estos esclavos ne gros. Poco s autores se ocupar ían de este asunto d espués de q ue lo hiciera Márquez Reviriego, ni siq uiera en democraci a. Un rep ortaje publicado por I ldefonso Olmedo (1 - III - 1998) , “Esclav o s en Huelva” , r escatar ía 32 años desp ués la historia de esta co munidad . Basándose en los d ocume ntos d e Arcadio d e Larrea y Víctor Márquez, Olmedo i ndagaría en la pr esencia, aún a finales d el siglo XX, de desce ndientes direc tos d e aquellos esclavos negros. 149 un plano corto, en Gibraleón, concretamente en lo s barrios de San Rafael, El Otero y La Bocina, donde s e localizan los neg ros. Allí encuentra un ambiente de pobreza, de familias de “morenos”, como eran llamados en la z ona, que aún viven en chozas de adobe y juncos, en las mismas condiciones que tres décadas antes, cuando aquellos arra b ales sirvieron de acogida para muchos refugiados de la Guerra Civil. “Allí vivían, y aún viven, bastantes mor enos . En la guerra se unieron a ellos r efu giados pobres de otro s pueblos de Huelva, huidos en los primeros mom entos. T odos organizaron su v ida como pudieron. En choz as d onde entra ba el agua cuando llov ía; con jornales de ham bre unos dí as, los menos; con hambre si n jor nales otros días, los m ás” (V.M.R., 24- XI - 1966: 14) . Lo que a primera vista podía considerarse un rep ortaje histórico va toma ndo, a medida que avanza el te xto, un c arácter social, de actualidad. Víctor Márqu ez recoge los testimonios de aquellas personas para pon er de r elieve su situación, las c ondiciones de desempleo, miseria y ex clusión que ex perimen tan 124 . A través de las p alabra s de algunos de estos hombres , obreros en el Polo Químico de Huelva, retrata la dureza de sus traba jos – de once horas diarias – , la distancia que los separa de sus puestos en las fábricas – a 15 kilómetros de Gibraleón, cubiertos en bicicleta – y los peligros para la salud que corren a l est ar expuestos a elementos químicos. “Con once horas diarias de trabajo, el m ayor de los Ramírez – un moreno de treinta años que parece tener casi cuarenta – saca entre mil cien y m il trescientas pesetas a la sem ana. La bi cicleta que utiliza le l levó el su eldo de dos sem ana s. Y el calzado anual l e da también un buen bocado al pres upuesto. Van c alzados de cuero rec io: el contac to constante con el cemento lo exige. La base quím ica que tiene se combina con el ácido de l a piel y la sal resultante pr oduce ulceraciones peligrosas. Es la dermitis por álcali a la que están expuesto s los hom bres empleados en hacer cim entaciones” (V.M.R., 24- XI - 1966: 17). 124 Vícto r Márquez re vela la disc ri m i nación racial “late nte” qu e sufren estas persona s y el disimulo co n el que i ntentan ocultar sus o ríg enes a lgunos d e el los, instalad os ya e n á mbitos de la clase media o la burguesía on ubense: “Los moreno s viven cal lada m e nte este señalamie nto, apenas manifiesto, per o siempre latente. Si alg uno asciende en la escala social – y son muy pocos en conse guirlo – , tratará de disimular su o rigen. T area, sin d uda, inútil frente a esta es pecie de memoria sagrad a ” (V.M.R., 24 - XI - 1966: 21). 150 A través d e este reportaje, la hist oria d e aquellos descendientes d e es clavos negros ce d e paso a la de las familias del presente, que paradójicamente, varios siglos después, repiten un mi smo destino de exclusión. Ése es el mensaje velado en el tex to de Víctor Márquez Reviriego, ofrecido a modo de de nuncia y comprometido con su tierra : un destino que se prese nta tamb ién incierto par a los niños de Gibraleón, con los que cierra el texto 125 . “Me pregunto por el futuro de estos ni ños y miro con temor la vida de sus pad res: no tuvieron juventud. Saltaron de la adolescen cia a l a m adurez; tr aba jaron desde los di ez años, si podían hacerlo. Se casaron j óvenes, tal v ez sin apenas elegi r, porque sus jornadas laboral es eran largas y duras y no hubo lugar para ‘galante os, con novias detrás de rejas florecidas de m acetas’. Antes de ir al servicio, muchos de ellos tendrían ya un o o dos hijos. Lueg o pasaron el paro estacional, la emigración tempore ra, la eventu alida d de un empleo sometido al des pido trimestra l… Así f ueron viviendo. Cuando se les pregunta cóm o, r esponden simplem ente: ‘Vam os t irando’” (V.M.R., 24 - XI - 1966: 22). Este reportaje será reconocido por el director de Triunfo y destacado en p ortada de la revista. Inmediatamente, el trabajo alcanza una dimensión inusitada en la provincia de Huelva, y es censurado desde diversos ámbitos, hasta el punto de que su autor recibe amenaz as y es d eclarado “persona non gra ta” por el A y untamiento de Gibraleón. Así lo recuerda el propio Víctor Márquez: “El r epor taje de Gibraleón tiene su historia, porque, a diferencia de las cosas que se hacían, de eso no se había escrito nunca, o se había h echo en plan casi folcló rico. Hablo de los negros y digo que son descendientes de esclavos. Porque la muy c atólica m onarquía españo la, uno de los centros de esclavi tud m ás i mportantes que tuvo en Europa fue la ría de Huelv a. Un gran negocio de, entre otros , los duques de Medin a Sidonia. Pues bien, yo hablo de eso, que era molesto para la historia de España. Digo algo mucho peor: hablo de apellidos que v enían claram ente de lo s negros, cuan do ya eran personas a lo mejor de la burguesía y y a blancos o blanqueados por el tiempo. D igo otra cosa todavía peor : hablo de fusilados en Gibraleón, donde la represió n fue terrorífica” (Co nversacion es con V.M .R., Madrid, 28 - II -2008). 125 En relación a la historia d e los negro s d e Gibraleó n y la esc asez de tr abajo para ello s, Víctor Márquez describe la situació n general de la agricu ltura andal uza, par a cr iticar seguida mente el uso ine ficaz o inexistente de unas tier ras fértiles: “Son par te de las d oscien tas mil hec táreas de tierra que p er m anece n improductivas en la p rovincia , a la espera d e una política agraria q ue las red ima” (V.M. R., 24 - XI -1966: 22). 151 Más allá de su repercusión social, “Gibraleón: los neg ros andaluces” se convierte en un repo rtaje modélico para Triunf o , que aún no había entrado de lleno en la información nacional, y en un referente par a la tra y ectoria de Ví ctor Márquez Revirieg o, que ve recon ocido su trabajo “de calle”, como repo rtero capacitado p ara realizar tareas “vivas” , p or encima del trabajo de mesa o de redacción en Madrid. Es un ejemplo, a demás, del tipo de trabajos periodísticos que realizará en el futuro. Aunque Víctor no regresa con f recuencia al g énero d el reportaje – a diferencia de l uso extens o que hace de l a cr ónica, la entrevista o e l artículo – , ex iste una serie de matices coincidentes en sus textos, sobre todo, en el proceso de el aboración y en la ex posición de la información. El periodista onubense se sirve repetidamente de sus con ocimientos o investigac ion es sobre la historia para cimentar su s relatos. Y en est e caso de Gibraleón – como también ocurre en el anterior reportaje d e Gibraltar –, la “memoria”, como el propio Márquez Reviriego ll ama a esos datos históricos, juega un papel fundamental a la hora de construir el mensaje periodístico, co mo base do cumental p ara des cribir o interpretar el presente. A lo largo de su tra yectoria, como se comprobará en adelante, Ví ctor huirá del “prese ntismo” –“la en fermedad del p eriodismo actual”– para ahondar en los antece d entes de la notici a. Para él, no ex iste una información de actualidad sin pasado. O c omo le gusta comparar, en una espec i e de metáfora: “ Las hojas de un árbol no se explican sin las raíces” (Conversaciones con V.M.R., Punta Umbría, 28 - VI -2008). La historia es, por t anto, un elemento r ecurrente en sus trabajos, un pilar ind ispensable en el que se ha apoyado toda su obra periodística. 152 2.4.4. DE LA CIENCIA AL CINE Tras la publicación de estos primeros reportajes sobre Gibr altar y Gibr aleón, Vícto r Márquez finaliz a el año de 1966 con un trabajo q ue acapara l a portada d el número 23 5 de Triunf o . Bajo el título de “ L a guerra de los gigantes supersónicos” (3 -XII-1966: 34- 41), el periodista regresa a los temas de cien cia y tecnolo gía, que, como a ntes qu edaba referido, le eran e n comendados en la redacción del semanario. Dos meses antes, e n oct ubre de 1966, Már quez R evirieg o había realizado otro reportaje r elacionado con este tema, “El Carabela IV” (22 -X-1966: 24-25), aprovec h ando su ruta p or Andalucía. E n esta o casión, se trataba de un reportaje d e campo, realizado también en Huelva, con motiv o del lanz amiento del p rimer cohete espacial español desde Cabo Arenosillo. Por la ubicación de esta área militar, próxima a la playa d e Mazagón, el periodista irá m ás allá del hecho noticioso – el despegue del artefacto, que queda rec ogido en imágenes por Gigi Corbetta – , para centrarse en las inquietudes de la población onubense ante el evento. De tal forma, el periodista refleja la preocupación de muchos vecinos que temen por los posi bles errores en el lanzamiento y l as consecuencias ecológicas que e ste desastre podría acarrear a la z ona, cuy o principal activo e conómico se con centraba en el turismo. Al hilo de estos argumentos, describe la situación social de Huelva, una provincia castigada por el paro y la emigración. “El turismo cuenta mucho en Hue lva y Ca mpo Arenosillo está junto a l a play a de Mazagón. No por l o que es, sino por lo mucho que es peran de él , Huelv a es una provincia rica que vive pobr emente – hay en ella pueblos de cuatro mil habitantes con m il personas en Alemania – y dada a los manás y a las evasiones” (V.M.R., 22 -X -1966: 24). Además, el autor aprovecha para ironizar sobre aque l pro yecto científico español, que intenta sum arse – con pobres recursos – a la carrera espacial liderada por l as principales potencias internacionales du rante la G uerra Fría. Su crítica se v ierte a través de los testimonios de algunos onub enses, que realizan comentarios jocosos sobre el cohete. P or otra parte, en un tono más serio, pone de manifiesto la escasa inversión que realiza el gobierno franquist a en materia científica; un hecho que repercut ía en la fu ga 153 de investi gadores e spañoles – sobre todo, in genieros a eronáuticos – que debían ampliar estudios y de s arrollar su trayec to ria en universidades ex tranjera s. “Una emig ración de cerebr os, que se van a produ cir a sitios de donde, más tarde, hemos de comprar pa tentes, que salen m il veces más caras que cualquier investig ación. […] Un país en vías de desarrollo tiene que emplear más dinero, porque ésta es la única forma de liberarse de la col onizac ión cien tífica. El problema español será peor dentro de unos años: nuestro lastre m ayor es la edad media de l os cientí ficos (los pocos que hay), que se estim a en cuarenta y tantos años, de m asiados para una época como l a actual donde la tecnología progres a tan rápidam ente que el investigador está de hecho reeducándos e casi continuam ente” ( V.M.R., 22 -X-1966: 25). Sin embarg o, a pesa r de estas críticas, deja un mensaje final esperanzador, al considerar este pro y ecto del Carabela IV como u n “punto de partida” en la trayectoria científica e sp añola. En el año si guiente, 1967, aparecen seis t rabajos firmados po r Márquez Revirieg o en Triunf o , de los cuales m erecen d estacarse “El c áncer del aire” (15-V II- 1967: 50- 57) y “Elke Sommer en Madrid - Las Vegas” (19 -V III -1967: 32-37), por mostrar en ellos una faceta más a ctiva o creativa, alejada de l a producción realizada en la propia redacción de Triunf o . En “El cáncer del aire”, el pe riodista onubense abo rda un tema casi desconocido, apenas generalizado en la sociedad española por aquellas fecha s: l a cont aminación atmosférica 126 . A raíz de unos datos de la Organizació n Mundial de la Salud, que indi caban el aumento de la polución en algunas ciudades españolas, como Madrid o Barcelona, Víctor Má rquez toma la iniciativa de investigar sobre este asunto y contrasta las opini ones de algunos ex pertos en medio ambiente que y a alarmaban acerca d el cre cimiento urbano desordenado, la carencia de zonas verdes y la ex pulsión de gases c ontaminantes en las ind ustrias 127 . Acompañado de gráficos y cuadros explicativos, el reportaje se p resenta con un lenguaje sen cillo, intentando divulgar un fenómeno qu e aún no había alcanzado su verdadera dimensión en la prensa 126 “No se hab laba j am ás. T anto no se hablab a de co ntamin aci ón que se decía p olución” (Conversacio nes con V.M.R., Ma drid, 2 8 - II -2008). 127 A través de los dato s q ue ofrece, Vícto r Má rquez trata de informar e incluso alertar a los lectores sobr e la co ntaminación, estab leciendo co nexiones co n al gunos ca sos d e fallecimie ntos po r cáncer en ciudad es como L ondres o Nu eva York, en la lla m ada “ruta del hum o”: “Nadie ha muerto en España por la contaminació n del aire, pero el prob lema está aq uí y en al gunas zonas los aquejad os de enfermedades en las vías respirato rias han visto agudizado su pad eci m ie nto. La atmós fera está viciada” ( V.M. R., 15 -VII- 1967: 52). 256 Fagoaga han optado por distinguir otro tipo d e géneros, que se corresponde con ma yor fidelidad a la realidad pe riodística de esos países. Esos géneros son los int erpre t ativos, que suelen sit uarse en un terreno intermedio entre los inform ativos y los de opinión, por tomar rasgos d e ambos. La cróni ca y el reportaje interpretativo son, a juicio de Martínez Albertos, los géneros caracter ísticos de este grupo híbrido. A grandes rasgos, esta distinción de los géneros periodísticos en tres bloq ues – informativos, int erpre taivos y de opini ón – planteada por Martínez Albertos será la qu e nos guíe en nuestra investigación, centrada esp ecialmente en la crónica. S u división escueta, pero c larificadora, nos servirá para ubicar, clasificar y va lorar los trabajos publicados por Ví ctor Márquez Reviriego, y más concretamente para seleccionar sus crónicas parlamentarias, que constitu y en aquí el objeto principal de estudio. Por ello, antes de avanzar en esta dirección, r esulta conveniente aproxim arnos a l os géneros interpretativos, par a definir más tarde los rasgos de la crónica, a fin de establecer una base teórica amplia sobre la que podamos trabajar. 257 3.2. LA INTERPRETACIÓN Hasta 1945, coincidiendo con el fin de la II Gue rra Mundial, el estudio del Periodismo había g irado en torno a dos teor ías simplificadoras: las propuestas po r el “pe riodismo ideológico”, de carácter editorializante e, incluso, doctrinario; y el “periodismo informativo”, apoyado en la narración de los hechos. Sin em bargo, el establecimiento de un nuevo orden intern acional exigiría a mediados del siglo XX un a revisión de esos dos modelos hist óricos, es decir, una actualización de los contenidos, que debían adaptarse a una realidad periodística más compleja y competit i va, tras la irrupción de la radio y la televisión. Surgía así el llamado “periodismo de expli cación”, que adoptaría también los nombres de “periodismo interpre tativo” y “periodismo en profundidad” . Una nueva actitud dist ing ue al periodismo realizado a par tir de 1945. Un nuevo carácter que responde a l a teoría de la responsabilidad social de l a prensa y qu e se basa en la profundización en el relato de los hechos y en los comentarios. En esta etapa, el mensaje periodístico no se basta con la narración de los acontecimientos por una parte, y la exposición de las opiniones por otra. C omo señala Martínez Albertos, los periódicos comienzan a trabajar con l a mentalidad de valorar las noti cias y situarl as en un contexto, en el que co brarían significación. Se hace n ecesario desde entonces rastrear en los ante cedentes de la información y aventu rar futuras repe rcusiones. El francés Fernand Terrou se referiría en 1958 a este tipo de periodismo como “prensa de explicación”; mi entras que en Estados Unidos, la Comi sión Hut chings lo calificaría en 1947 como “periodismo interpr etativo”. Actualmente, esa últ ima de nominación, la de “ p eriodismo interpretativo”, es la más generalizada entr e l os investigadores. En pa labras d e Concha Fagoaga, el término “interpre t ativo” resulta má s coherente que el con cepto “explicativo”, pues se adapta con mayor ex actitud a la finalidad de los mensajes. Coincide con ella Luisa Santamaría (1990: 20), quien advierte que este tipo de periodismo nace mucho antes, en torno a 1923, con la aparición de l a revista Time ; aunque su difusión internacional no se produce hasta después d e la II Guerra Mundial. Fue el llamado timestyl e , como señala Fagoaga (1982: 24), la primera manifestación relevante del periodismo interpretativo, justo cuando Estados Unidos at ravesaba po r una depresión económica y su gobierno adoptaba una política intervencionista 238 . La revista norteamericana divulg aría el deep 238 Seg ún Lorenzo Go mis (19 77: 109 -110), las dos guerras mundiales, el c rack bursá til de 1 929 y la depresió n consiguiente pusiero n de manifiesto que el modelo infor m a tivo hasta e ntonces imperante e n la 258 report , que más tarde se conocería como “relato en profundidad”, es decir, la narración personal de unos acontecimiento s, que cuestionaría los presupuestos de la “ objetividad”. “Se trata de volver a plantearse qué es l o objetiv o, par tiendo del análisis de que lo s hechos a islados resul tan herm ét icos en no pocas o casiones y, en consec uencia, deben ser analizados, valorizados , explicados, sin que esta forma de codifi car q ue plantea el Periodism o inter pre tativo se desvíe hacia el m odelo de hacer propio de los comentari os de opinión” (F agoaga, 1982 : 8). En el mismo sentido se pronuncia Luisa Santamaría, quien ubica el periodi smo de interpretación a mita d de camino entr e los géneros informativos y de opinión. Para esta autora, el periodismo interpre tativo “utiliza equilibradamente ambos géneros básicos – relato y comentario – , pero los colo ca en una nueva perspectiva, favorecien do la práctica d e sit uar los hechos en un contexto, en un background significativo, con un fuerte andamiaje de docu mentación” (Santamaría, 1990: 20). No obstante, esta afirmación sobre el equilibrio entre relato y coment ario que existe – o debe ex istir – en el periodismo interp retativo no responde m ás que a una formulación teórica. La praxis periodística, com o advierte Martínez Albertos, ofrece una cara bien distinta, puesto que en multitud de ocasiones la balanza que mide la información y la opinión de una crónica o un r eportaje interpretativo se decanta por uno de los lados, generalmente el segundo. En esa confusión entre interpretación y opinión reside, para Mar tínez Alb ertos, el peligro para la credibilidad del periodismo. Conscientes de la exigua frontera lin güística que separa la opinión de la explicación, Casals Carro y Sant amaría (2000: 19 ) observan que “habría que detenerse a examinar la natur aleza d e los juicios que se utilizan y se esgrimen en ambas actuaciones y comprend er qu e uno s son simplemente int erpre t ativos aun ace pt ando toda su inevitable carga inductiva, mientra s que otros posee n una na tu raleza absolutamente opinativa, es decir, subj etiva”. Por ello, ambas autoras proponen un a clasifi cación de los juicios utilizados por los periodistas en los textos interpretativos y editorializantes: Juicios analíticos: son el resultado de la percepción de un problema, de una realidad compleja que p uede tener consecuencias. S e trata de “juicios ‘a priori’ prensa estado unidense no era su ficiente, quedab a o bso leto . La noticia pura y p untual no b astaba al lector, pues éste debía comprender los aco ntecimientos de for ma m ás amplia. S urgía así el periodismo d e explicación o interpretativo, que ofrecía m aterial co mplementario a la in formación, sobre los antecedentes, el contexto, etc. Además de Time , o tras publicac iones co mo Newsweek o Rea der´s Dig est harían frente a la nueva de m a nda. 259 porque lo que se intent a es llamar la atención sob re determinados asuntos e implicar al receptor en esa preocupación” (Casals Carro y Santamaría, 2000: 19). El juicio no se manifiesta explícitamente, sino que se observa por la construcción del relato de los hechos, por la acentuación de unos temas, por ofrecer d atos contex tualizadores, los antecedentes, la relación pasado -presente y las posibles consecuencias. Los jui cios analíticos suelen estar presentes en las crónicas y en los reportaj es de investi gación. Ha y que dist inguirlos de los j uicios opinativos sobre los hechos que se narran. Juicios sintéticos: se expresan “a posteriori ”. Implican el conocimiento de unas causas y el establecimiento de unas consecuencias constatables. Se b asan en la experiencia y permiten predecir ciertas realidades. No juzgan lo s hecho s, pero son fundamentales e n las arg umentaciones. Con esta clase de juicios, el relato puede proyectar s e hacia el futuro y obliga al análisis causal. Juicios hipot éticos: aparecen cu ando no es posible deducir unas consecuencias. El jui cio implícito queda abierto a una o varias hipótesis que se formulan como resultado del análisis. Se utiliz an en los relatos interpre tativos y en las argumentac ion es. Juicios disy untivos: plantean una bifurcación en u na alternativa. Tras el an álisis, puede ser útil para adver tir sobre lo que puede pasar: una opción u otra. Ahora bien, se desaconseja decantarse por una d e las opciones. En el caso de elegir una, el jui cio deja de ser dis y untivo para m anifestar id eológicamente una opinión. Juicios categóricos: “son juicios cerrados y ex plícitos. J uzgan hechos, per sonas o sit uaciones sin dejar espacio para la disc repancia cuando no se han r azonado mediante ar gumentos” ( Casals Carro y Santamar ía, 2000: 20 ). El jui cio suele ser previo – y contundente – al análisis de las c ausas y las consecuencias. Son siempre opinativos y pu eden subdividirse en tres categorías: a. J uicios de hechos o realidades: abundan los adjetivos y adverbios. Son plenamente subjetivos e ideológicos. Pueden e njuiciar un suceso y a desde el titular. Va n mu cho más allá que la interpretación. b. Juicios de intenciones: juzgan las intenciones supuestas en un a ctor político o cualquier otro individuo. Son subjetivos y libremente 260 opinativos. Son presuposiciones que no suelen sustentarse en un razonamiento rac ional. c. J uicios de valor: “juzgan personas, hechos y sit uaciones con adjetivos contundentes que se refieren a un os valores jerarquizados y de cualquier índole: sociales, éticos, políticos, religiosos… Constitu y en la ex presión de la máxim a subjetividad entendida ésta no como un concepto siemp re negativo sino como lo que simplemente es: op inión” (Casals Carro y Santamaría, 2000: 21 ). No deben aparecer en la interpretación, “en esos gé n eros n arrativos como el reportaje y la crónica cuyo carácter más libre en su ejecución no s ignifica la ausencia total de límites” ( Ibídem ). El juicio valorativo le corresponde al lector. “El periodista narrador le ofrece los datos, hechos, análisis, síntesis y hasta ciertas conjeturas justificadas para ello” ( Ibídem ). Como apuntan Casals y Santamaría, todos los j uicios anteriores, ex cepto los categór icos, se utilizan e n los re latos interpretativos, “dependiendo de la s nec esidades explicativas y contextualiz adoras de los sucesos que protagonizan el texto” ( Ibídem ). La interpretación ex ige a nálisi s y síntesis, y sin tales elementos no puede definirse como tal. En el caso de que existan juicios ca tegóricos en el te xto periodístico, éstos deben pertenecer a fuentes iden tificadas y confrontadas, pero no al periodista. Pues el objetivo del periodismo interpretativo es ofrecer her ramientas útiles y a biertas para que el rece pto r conforme su propia opinión, de manera independiente: “Es el receptor quien ha de formularse sus propios juicios de hechos, de realidades, de intenciones y de valor es” ( Ibídem ). A través d e los juicios analíticos, sintéticos, hipot éticos y dis yuntivos, el periodista teje la interpretación, cu y a finalidad no es otra que la de orientar al lector, y no la de ofrecer comentarios conclu y entes sobre un acontecimiento. Ahí es donde radica principalmente la difere ncia entre el pe riodismo interpretativo y el de o pinión, “en la utilización de los juicios: ellos sitúan los límites entre la interpretación y l a opinión” ( Ibídem ). Es, por t anto, la manifestación de esos juicios, hil ados en un disc urso cohere nt e y analítico, la que determina la singularidad del reportaje interpretativo frente al editorial, o la de la crónica frente a l artículo. 261 3.3. LA CRÓNICA: UN GÉNERO HÍBRIDO Y DE AUTOR 3.3.1. ORÍGENES Hablar d e la crónica en el ámbito periodístico es hacerlo sobre uno de lo s géneros con mayor tradición y sin gularidad. Como s eñalan nu merosos autores, la crónica constitu y e una herramienta indispensable para los periodistas que desean informa r y evaluar la realidad; un instrumento expresivo que, por su in mediatez, cuenta con pl ena vigencia en los distintos medios, y a s ean escritos o audiovisuales. Su presencia, t an frecuente en las pág in as de los diarios o en los pro gramas televisivos y radiofónicos, pued e conducirnos a un concepto equivoca do ace rca de sus orígenes. Una no ción errónea que pu ede hacernos p ensar en la crónica como un género relativamente mode rno, delimitado exclusivamente al terr eno del periodismo. El estudio histórico de la crónica muestra, si n embargo, unos antecedentes mucho más lejanos. Varios siglos antes de que surgiera el periodismo moderno, la crónica ex istía ya como un género histórico y literario asentado. As í lo pone de manifiesto el profe so r Manuel Berna l Rodrí guez: “Cuando nació el periodis mo, l a crónica era ya un g énero; des de sus com ienzos, el periodism o la adopt ó como una de las formas m ás ef icaces de contar un acontecim i ento y, poco a poco, la fue adap tando a sus peculiares necesidades expresiv as. Este proceso va det erminando que, en per iodism o, cr ónica designe u n g énero en evolución, que v a sufriendo transform aci ones paulatina s, desde sus orígenes histó rico -literarios, hasta la especificidad del periodism o infor m ati vo. Por eso es posible ver en la cr ón ica un eslabón entre literatur a y periodism o y, en su estudio, una vía privilegiada para ilustrar sus íntim as e ininterrum pidas relaciones” (B ernal Rodr íguez, 1997: 5). Bernal Rodríg uez inscribe los orígene s de la crónica en la Antig üedad clásica. Fue en el entorno gre colatino donde aparecieron unos tipos de narraciones muy esquemática s, que tomaban sus princip ales referentes de la historia y la li teratura; de ahí que aún s e manten gan estos elementos en la crónica periodística, sobre todo en la practica d a en países latin os – como España, Italia y F rancia – , y , en menor medida, en los ang losajon es. Generalmente, se ha atribuido a Heródoto de Halicarnaso (4 84 -425 a.C.) un papel esencial en la c onfiguración tex tual de l a crónica. Heródoto es consi derado el “padre de la historiografía” precisamente por el uso de estos rela tos-crónicas en Los 262 nueve libros de historia , que pasaron a la posteridad por ser las p rimeras d escripciones realizadas sobre el mundo antiguo a gran escala y ser, además, el primer texto conserva do en prosa griega. No obstante, c om o señala Berna l, buena p arte de sus escritos se basa n en la epopeya y la le yenda, con lo cual la narr ación tiende a pe rder elementos de la realidad, para alimentarse, en cambio, de rasgos ficticios o literarios. Al tratar algún c on flicto, Heródoto no investiga “ las ca us as inme dia tas […] , s ino qu e indaga sobre los mot ivos profundos que los pr ovocaron” (Cant avella y Serrano, 2008: 398). De la Antigüedad romana suelen destacarse los Comentarios a la guerra de las Galias y los Comentarios a la guerra civil ; las crónicas en las que Cayo Juli o César (100-44 a.C.) narra , en tercera pe rsona y a modo de memorias, sus operaciones militares. Los Comenta rios fue ron una fuente documental de gran v alor para los historiadores futuros, por la cantidad de descripciones y detalles que ap arecían en e llos. Sin embargo, sus tex tos no resultan totalmente fiables para conocer la his toria, pue sto que, al estar escritos por el p ropio J ulio César, los hechos y empresas guerreras se presentan magnificados. Así pues, estamos ante unos tex tos que pudieron ser, casi con total seg uridad, falseados y manipulados, c on el fin de engrandece r ciertas a cciones y minimizar otras que no le resultaron ta n favorables al empera do r. Junto a los Comentarios de J ulio César, los anales romanos aparecen co mo los otros grandes precedentes de la crónica en la Antigüedad 239 . En ellos quedaba n recogidos, de fo rma concisa y cronológica – año por año – , los hechos más notables ocurridos en el Imperio. Probablemente, los Anales más célebres fueron lo s de Cornelio Tácito, quien, en dieciséis libros, registró l a historia de Roma desde la muerte de Augusto a la de Nerón. Este modelo de narra ción alcanzó su cénit durante la Edad Media, periodo en el que se multiplican las crónicas históricas escritas por encargo de nobles, casas reales, órdenes eclesiásticas u otros grupos de interés, como los gremios. Coincid e este auge de la crónica con la form ación de las nacion es europeas y el poder de determinada s familias nobiliarias, que deseaban engrandecer sus li najes dejando impresos sus oríge n es y hechos más destacados del pasado, s iempre en un tono propagandístico y apologético. En la li teratura castellana sobre salen las crónicas de Alfonso X El Sabio, 239 Así lo afir m a n Ca ntavella y Ser rano (2008: 398): “De esta primera modalidad de narrac ión histórica se desprendiero n las crónicas, qu e alcanzaron u n peso co nsiderable con los autores q ue se aficionaro n a ellas durante la Edad Media”. 263 escritas en el siglo XIII con la colaboración de la Escuela de Traductores de Toledo: la Estoria de España – tam bién conocida como Pri mera crónica general , en la edición de Menéndez Pidal – y l a Gr ande e gen eral estoria . E n ellas exist e, a decir de Cantavella y Serrano, un vasto trabajo de documentación hist órica, que se dilu y e entr e referencias bíblicas, ley endas y recreaciones literarias. “En la red acción de sus crónicas mez cla lo que sabía de l pasado po r f uentes div ersas con l eyendas y exagera ciones, l o que da i dea del afán alfonsí de no li m it arse tan sólo a los hechos, sino recrearlos y dar les una calidad estétic a. En realidad, tales textos son una crónica de crónicas que han es crito otros y que él reelabora para sacar de ahí, más que una relación de sucesos, unas páginas dotadas de v alores artísticos” (Cantavella y Serrano, 2008: 3 99). Según Bernal Rodríguez, en la Edad Media se produce, además, el salto de la crónica a la narratividad, al plano puramente literario. Es a p artir del periodo de las cruzadas cuando ju glares y trovadores hacen de la cróni ca un género híbri do, en el que resulta difícil discernir lo s límites entre la historia y la literatura. “Las crónicas comienzan a impreg narse del espíritu caballeresco de la época. Se va así propiciando una confusión entre lo estrictam ente docum ental histórico y l o fantás tico e imag inario. Todo ello perm it irá que, desde la aparición de la imprenta, que f acilitó extraordinar iamente la di fusión de las crónicas, se im priman indi stintam ente, bajo la denominación de crónica, relatos e n los que el predo minio de l com ponente histórico - documental no ex cluye l a inco rporación de datos imaginarios y fabulosos” (Bern al Rodríguez , 1997: 12). Otra aportación funda m ental a la crónica hispánica fue la realizada por los primeros exploradores e historiadore s que visitaron las I ndias. Tras el descubrimiento de América en 1492, numerosos autores describieron con asombro las novedades que les deparaba el nuevo mu ndo: la naturaleza, la vid a de los indígenas, sus rit os, las gestas de los conquistadores… Estos cronistas fueron, a decir de Virginia R ioseco (XII -2008: 30), “testigos de algo inédito, de algo jamás visto, no registrado, y lo expresan con tonos de asombro y admira ción”. También en estos caso s, los relatos partían de la observación de la realidad y ter minab an por confun di rse con lo ficticio y lo maravilloso. 264 “Son los es critores que se dieron a conocer con mem orables obras, al contar lo que estaban viendo cuando llegaron a las tierras americanas: lo hicieron como conquistadores o com o acompañante s de las grandes figuras, de las cua les se encargaban de t ransm itir sus gesta s o, simplem ente, de poner por escrito todo lo que les llenaba de admiración. En est a tarea destaca ron f iguras como Cristóbal Colón y Hernán Cortés, pero tam bién fray Bart olom é de las Casas, el Inca Garcilaso de la V ega, Gonzalo Fernández de Oviedo, fray Pedro Aguado, Antonio de Herrera, Pedro Hernández , fray Pedro Simón, Antonio de Solís y Ber nal Díaz del Castillo, entre ot ros” (Cantavella y Ser rano, 200 8: 399). La s crónicas indianas repr esentan para Mercedes Serna una m ezcla de autobiografía , testimoni o ajeno, observación de la realidad y amor por las cos as, evangelización, sorpresa ante los ritos y creencias, admiración po r el h eroísmo propio y por la conducta ajena: “Nacen de la necesidad de contar lo insólito y lo nunca vist o, de la disputa con otros con quistadores, de l a nostal gia d el pasado, de la bú squeda de la fama, del honor, o la re tri bución esperada” (Serna , 2000: 56). A lo largo de la Edad Moderna, estas crónicas histórico -literarias permanecerían, sobre todo en el ámbito latino, para d escribir otro s ti pos de sucesos, guerras o biografías de reye s y nobles. Ejemplo de estas últ imas son la Crónica del conde Fern án González (Sevilla, 1545), la Crón ica de don Álvaro de L una, condestable de Ca stilla (Milán, 1516), la Crónica del santo rey don Fernando III (Sevilla, 1551 ) o la Crónica del rey don Alfonso e l Sabio (Valladolid, 1554), e ntr e otras muchas. En todas ellas se r epiten los mismos e squemas narra tivos, unos patrones e stilísti cos y lingüísticos, donde lo ficticio envuelve al re lato histórico, dando paso así al origen de la novela. Hasta el na cimiento del periodismo moderno, la crónica perten ecería exclusivamente al mundo de la literatura y la hist oria 240 . La introducción de este género en el quehacer p eriodístico no se produciría hasta el siglo XI X, tr as un lar go proceso de adaptac ión, du rante el cual los r elatos se fueron despre ndiendo de los elementos ficticios para acercarse a los acontec imientos de la actualidad. No obstante, el carácter personal e interpretati vo de las crónicas s e mantendría v ivo en las nuevas manifestaciones insertas en la prensa. 240 Virginia Rioseco ( XII-20 08: 4 4) señala q ue la cr ónica co menzó a des vincularse d e la historio grafía a partir del siglo XIX, cuando esta d isciplina fue ad optando métodos estricta mente cie ntíficos. Desd e ese m o mento, la crónica “migró” hacia la literatura y el per iodismo, ocupando únicamente estos esp acios hasta ho y . 265 Esa desvincul ación d e la crónica con el discu rso li terario se produce justo cuando se desarr olla en Europa y América el modernismo. Hacia 1890, según apunta José-Carlos Mainer en La edad de plata (1 98 1), la crónica irrumpe en la prensa española por influencia fr ancesa. Autores modernistas firman por esas fechas unos textos periodísticos basados en la narración y la i nterpretación de los hechos noticiosos. Así lo rec onoce tambié n Susana R otker en La invención de la crónica (2005), al otorgarle un importante papel a los es critores lat inoamericanos en la difusión de este gé n ero. Para Rotker, aut ores de la talla d e J osé Martí, Rubén Darío o Gutiérrez Nájera aplicaron en sus crónicas recursos tanto informati vos como poéticos que se anticipaban cinco o seis décadas a las supuestas innova ciones del llamado “Nuevo Periodismo” norteamer i cano. “Con el com i enzo de la m oderni dad, la autonom í a literar ia modernista apor tó una ruptura con el sistema de escritura tr adicional. La crónica es una r uptur a por sí misma, aun m ás fuerte porque desde el c omienz o cuestion a y par ticipa d e esa a utonom ía, contradiciéndo la y reforz ándola, aportando criterios que los sistem as de escritura apena s comienz an a explica r un siglo después. Fueron la pr osa y la poesía modernist as las primeras en comprenderl o y el aborarlo en este hemisferio. […] Las crónicas m odernistas son los antecedentes directos de l o que en los años cinc uenta y sesenta del siglo XX habría de llam ar se ‘ nuevo periodismo’ y ‘l iteratura de no ficción’” (Rotker, 2005: 227- 230) . A modo de corolario, se puede afirmar qu e la c rónica no es un género sur gido en el seno d el p eriodismo, sino que hunde sus raíces mucho más atrás en el ti empo, en los propios albores d e la historiogr afía y la li teratura. En todo c aso, podemos considerarla como un antecedente inm ediato del periodismo, e s decir, como una manifestación del llamado “pre - periodismo”, que ha evolucionado, que se especializado 241 y se ha adaptado a las necesidades informativas que se revelan, sobre todo, a partir del siglo XIX. Se gún C antavella, el periodismo moderno h a sabido aprovechar las cualidades d e la crónica como género histórico -literario, su c arácter informativo y a la par estético, hasta el punto de integ rarlo plenamente en la prensa y los medios audiovisuales, y convertirlo en un elemento indispensable de la c o municación ac tual. 241 “Cuando el periodis m o se co nvierte justamente en periódico, [...] el an tiguo cronista, rec olector de ‘aquello que pasó’, se traslad a a la especializac ión periodística par a convertirse en period ista” (Gargurevich, 198 7: 60 ). 272 problemas en la praxis. La crónica es, probablemente, uno de los géne ros periodísticos más difíciles de dominar por el complejo equili brio que se requiere entre i nformación y comentario. L a crónica exige al periodista co locar en una balanza los elementos informativos y los interpretativos, la narración de hechos noticiosos y los juicios emitidos sobre ellos. Deben medirse ambos elementos , con el fin de que pr evalezcan los primeros – las informaciones – sobre los segundos – los comentarios – . Así lo recomiendan aut ores como Martínez Al bertos (1993: 346) y Martín Vivaldi (1973: 128-129), quienes consideran prio ritario lo noticioso en las cróni c as. La información debe preval ecer sobre l a opini ón, y a que si no se produce d e tal manera nos encontraríamos ante un artículo u otro ti po d e género. La valoración, po r tanto, debe quedar supeditada a la exposición o información de los hechos y, como advi erte el Libro de estilo de El País , el autor debe explicar y razonar las interpretac ion es que ex prese. Es decir, el periodista tiene que manifestar su perspectiva a través d e juicios ana líticos o sintéticos, a través de ra zonamientos lógicos y coherentes, b asados en los antecedentes y en el contex to. Por ello, no resultan tolerables las categorizaciones, los jui cios de hechos, de intenciones y de valor, ni tampoco “la coletilla que refleja opiniones personales o hipótesis aventura das” ( El País , 2007). Como a conseja Alex Grijelmo (2001: 101-102), una buena crónica debe evitar las opiniones editorializantes – más propias de la línea ideológica del medio de c omunicación – y r ebajar el grado de valoración inser to en el texto. Este difícil equilibrio e ntre informa ción e int erpretación qu e ex ige la crónica explica que sea un géne ro respetado por muchos periodistas. S e trata d e u n género que requiere especialización y un claro dominio de los elementos discursivos, que se adquieren con la experiencia. Es un género que demanda invest igación y capacidad analítica, requisitos que deben desarrollarse por parte del periodista con cierto sosi ego profesional, con el ti empo y el espacio suficientes como para pr ofundizar en el tema abordado. Sin embar go, la ma y oría de los medio s no está dispuesta a asumir estas condiciones, debido a la competitividad del mercado informativo y la s exigencias económicas de los grupos de comunicación. Por ello, se observa un franco retroceso en el número de crónicas publicadas en la p rensa en las ú ltimas década s, un a disminución similar a la que vive el reportaje y que reduce es tos géneros a determinadas secciones – internacional, espectáculos, deportes – o a publicaciones específicas, como los suplementos domi nicales, donde s e supone ma yor índice y detenimiento en la lectura; a 273 pesar d e qu e por ellos, p or géneros como la crónica o el r eportaje, pasa el futuro de la prensa. “La prensa tiene en estos relatos explicativ os una de sus razones de seguir existiendo. La realidad selecc ionada, explicada y t rabajad a logra dotar de sentido a l os sucesos qu e ocurren en el m undo. Sin eso no tend ríamos referen cias indispensa bles para entende r nuestro tiem po” ( Casals Ca rro, 2005: 478). Como apunta Susana Rotker (2005: 225), la crónica es “un producto híbrido, u n producto marginado y m arginal”, que atra vi esa a principios del s iglo XXI uno de sus peores momentos de difusión, a pesar d e ser un gé nero imprescindible para comprender la actualidad por su carácter interpretativo. Los fa ctores económicos, las coacciones que impone la rentabilidad d e los productos informati vos, obligan a cabeceras históricas en España a disminuir el número de crónicas publicadas y a transformarlas en textos más directos, que imitan prácticamente a la información servida en los medios audi ovisuales. Así lo reconoce el Libro de estilo de Abc : “Aunque la crónica cuenta en Abc con una notable tradición literar ia, l as lim itaciones de espacio han i m puesto un n uevo es tilo m ás directo, i nform ativo y analítico f rente a lo subjetiv o de antaño. Hoy prevalece m ás lo investigativo e interp retativo que l o puramente n arrativo o desc riptivo” ( Abc , 2001: 1 66). No obstante, a p esar de e ste abandono que sufre la crónica, la consideramos aquí como un género necesario en el ámbito periodístico actual, digno de se r estudiado con mayor profundidad. Este género se caracteriza por la limitación del suceso relatado en el espacio y en el ti empo, por su re gular id ad y esp ecialización, por exigir l a presencia, el testimonio directo del informador sobre los acontecimi entos, y por aportar la visión personal del autor a través de u n estilo y un a estructura libre; rasgos que vamos a analizar a c ontinua ción. 274 3.3.4. REGULARIDAD Y ESPECIALIZACIÓN Una de las principales características que se observa en la crónica es su regularidad. A diferencia de otros géneros informativos, como el report aje o la entrevista, que aparecen en los medios de forma puntual, la crónica suele repetirse con una frec u encia determinada al hilo de u nos acontecimientos o d e una co yuntura pa rticula r. Un mismo autor, un mismo tema o un mismo espacio de ref erencia pueden reiterarse, por ejemplo, en las páginas de un diario que cubre el desarrollo de unos hechos. Ocurre, sobre todo, durante el transcurso de una guerra, en la cual el enviado especial de be atender el día a día del conflicto; o bien , a lo lar go de una l egislatura polí tica, en la que el cronista parlamentario debe rea liz ar un seguimiento detallado de las se siones celebradas. La regularidad de un asu nto, de un espacio o de una firma ge nera un víncu lo de familiaridad entre el cronista y el lector, comparable al que s e establece entre el columnista y el lector. La crónica no suele p resentarse como un texto aislado en el tiempo, sino que posee una continuidad de lugar o temática. De tal manera, nacen unos lazos entre el periodista y su audiencia, qu e se manifiestan a través de un estilo más llano, directo, personal e, incluso, desenfadado; como si se tratara de una corre spond encia entre ami gos. L a crónica alimenta la cercanía entre e l periodist a y el lector, quien sob rentiende muchos aspectos na rrados e interpretados, p uesto que ha seguido anteriore s t extos publicados por el mismo autor. “Esta continuidad y reg ularidad […] establece generalm ent e un vínculo com o de familiaridad ent re el cronista y sus lectores, vínculo que no suele existi r en otro s géneros informativ os […]. Hay, indudabl em ente, una ci erta dosis de paternalism o subyacente en las relaciones comunicativ as entre cr oni stas y sus lectores. El cronista es m ucho m ás que un r eportero oca sional […]. Es com o un confidente del lecto r. De hecho el lector no se siente m ovido a la lectura de las crónicas – dicho sea esto con ánimo generaliz ador – si previa mente no experimenta cierto mov imiento de sim patía y atracción hacia las idea s y estilo l ite rario del c ronista habitual […]. Los cronistas, en este caso, se aureolan con el m ismo parecido carism a que da fuerz a a los com entaristas o escritores d e artículos sob r e tem as de actualidad” (Martínez Alb ertos, 1993: 348 ). 275 A veces, como señala Martínez Albertos, el cronista ejerce un “patern alismo subyacente” sobr e sus lectores más fie les, pue s éste es e l encarg ado de suministrarles información y d e velar por sus int ereses, como si se tratara de un con fidente particular. Al tratarse de un género int erpretativo, la crónica tendrá la función de orientar a la audiencia, de guiarla por una perspectiva concreta, simil ar a la función que asumen los profesores con sus alumnos. “Y es que el cronista, además de i nform ar a sus lectores, ejerce sobre ellos una func ión orientadora, cas i didáctica. Eso expl ica el comportam i ento singular de los lectores que, en muchos casos, aun cuando hayan asistido ellos m is mos como testigos al acontecim i ento nar rado (deportivo, cultural, político, t aurino, etc.), buscan des pués el relato de su cronista preferido y lo l een con avidez. Porque el cronista les proporciona rá datos sobre el contexto y los anteceden tes del aconteci miento, que acaban de pr es enciar, que les permitirán compre nder actitudes que para ellos eran inexplicables, o aclara r puntos oscuros. Adem ás, buscan cont rastar su propia percepc ión del acontecim iento con la del cronista, que representa para ellos una referenci a cualificada. Y así podrán reafirm arse en sus valoraciones, si se produce la coincidencia con l as del cro nista, conocerán las r azones en virtud de l as cuales deben matizarlas o rectificarlas” (Bernal Rodríguez , 2007: 33-34). Precisamente, esa re gularidad de las cróni cas es la qu e provoca un a especialización temática en el periodista, otro de los rasgos esenci ales del género. El cronista que testimonia unos hechos debe c ono cerlos ampliamente, debe poseer un dominio del lugar que cubre o del tema qu e trata, de sus antecedent es y de sus particularida d es. Ocurre así, por citar al gún caso, en las retransmisiones d eportivas o taurinas, en las qu e el periodi sta tiene que dominar una se rie d e tecnicismos que d efinen estos espectáculos. Para autores como Martínez Albertos, una correcta preparación sobre el ambiente y e l tema, junto a una a mplia formac ión cultural y psi cológica, resultan requisitos fundamentales para el cronista , puesto que éste deb e n o sólo nar rar los hechos sobre la marcha, sino que tiene que interpr etarlos. Así pues, disponer de unos amplios conocimientos sobre la materia que s e trata puede ser el mej or punto de partida para el c ronista y una garantía para trabajar con rigor. A p artir de esos cimientos, el estilo se irá labra ndo p rogresivamente. 276 “Lo importante es que el reportero -corresponsal se someta a una disciplina m ental antes de ponerse a escribir su crónica. Diríam os que ésta es una obligación elemental de respeto a los lector es e incluso a sí mism o. Y es ta obligación de rigor y de m eticul osidad es es pec ialmente precisa para l os periodistas j óvenes y también para aquellos con años de experiencia, pero no tocados con el sello divino de la fácil y definitiva im provisación creadora” (Ma rtínez Alber tos, 1993: 350). 277 3.3.5. LA NARRATIVA DE LA CRÓNICA: EXP LICAR Y MOST RAR La crónica, al i gual que todo texto in terpretativo, se asienta sobr e una b ase discur siva homogénea: por una pa rte, la narrac ión d e unos hechos noticiosos, y, por otra, la valoración d e los mismos. Su estilo es, como señala María Jesús Casals Carr o (2005: 456), “impresionista”, sobre todo si se compara c on otr os géneros más im personales y asépticos, como pueden s er la noti cia y algún tipo de reportaje. Las crónicas, en cambio, proponen el relato de l a realidad “desde un pu nto de vista p articular, y con escasa perspec tiva temporal cuando se re fieren a hechos inm ediatos, aunque con el aporte del propio background que posee el periodista”. E sa personalización y esa inmediatez determinan el carácter de la crónica. Para C asals Carro (2005: 456), “ este ma y or nivel de interpretación da como resultado unos relatos más e laborados, con más fuentes o relaciones, con análisis y síntesis”. Podemos afirmar, siguiendo a Casals C arro, que la crónica, junto al rep ortaje, propone una de las construcciones discursivas más trabajada s y complicadas del periodismo 243 , no sólo porque exi ge una especialización y el dominio de un léxi co específico, sino porqu e demanda una formulación narrativa elaborada, que alterna “explicación” y “ visibilidad”, según la terminología usada por Casals. “Tanto las cró nicas como l os reportajes son re latos ba sados en algún aspecto de lo real y pueden tomar dos cam i nos: la expl icación y la v isibilidad. Am bos constituyen modos m u y diferentes de interpretac ión de l a realidad y cada uno tiene su oportunid ad de eficacia. […] Am bos enfoques, explicar y mostrar, requ ieren distinta estructura y muy diferentes pr ocedim ientos narrativos. En rea lidad no es el tem a el que decid e esta estructura s ino cómo se qui era com unicar” (Casals Ca rro, 2005: 45 6). Explicar y mostr ar remiten, según la autora citada, a “significados de acción comunicativa” ( Ibíd : 460), es decir, a la p articipación del periodista en el entramado informativo desde el comienzo hasta el fin al, de sde que e l cronista fija s u atención en unos acontecimientos d eterminados, selecciona lo s hechos noti ciosos que c o nsidera más relevantes, los ordena con cohere ncia y los redacta. Estas acciones eliminan por completo la ilusión de objetividad en est e género. Al h ablar de explicación, Casals 243 Cas als Carro (200 5: 460) califica a la crónica y a l repo rtaje como “los géneros más n arrativos del period ism o”. 278 Carro se refiere a uno d e los elementos indispen sables que componen el relato d e la crónica, a la interpretación de los hechos mediante la relación de distintos elementos – antece d entes, contexto – y mediant e juicios analíticos, sintéticos, hipotéticos o disyuntivos – nunca categóricos – . “La explica ción se basa en el análisis, la síntes is, la hipótesis y la disyunción […]. La ética periodís tica y la racionalidad del informador radican en realizar estas operacion es lógico- lingüísticas después de haber acudido a las fuentes pert inentes y haber form ulado preguntas en su caso. El t rabajo del periodista no consiste sólo en suministrar datos y hechos si no en interp retarlos y en dotar con la me jor estructura a su narración” (Casals Carro, 2005 : 478). En cambio, cuando se re fiere al concepto de “visi bilidad”, Casals hace hin capié en otro d e los instrume ntos básicos en la narración de la c rónica. “Hace r visible” equivale a “ mostrar”, a despertar la atención o la sensibilidad del receptor po r cuestiones de “interés humano” 244 . “Cuando un editor le dice a su reportero que le dé a la crónica o reportaje u n toque de interés humano le está pidiendo visibilidad en la narración, es decir, que el periodista encuentre un caso que ejemplifique en su historia el alcance de lo acaecido” (Casals Carro, 2005: 457). Así, por ejemplo, cuando un corre spons al se enfrenta a una crónica d e guerra no se limita a narrar el avance de un ejército o los hechos bélicos, sino que profundiza e n aspectos c on cretos, en los daños ocasionados en las poblaciones o en el testimonio de familias destrozadas por el conflicto. Para lograr esa “visibilidad”, el cronista debe reflejar la realidad qu e observa. Debe dibujar con sus palabras ambientes y p ersonas, para que les resulten cercanos a los lectores. Por ello, resulta esencial en la crónica la descripción. Sin el recurso descript ivo difícilmente podría sac arse adel ante un a c rónica, ya que es el and amiaje s obre el que s e sustenta todo el relato noticioso. Pero desc ribir, como adviert e Casals Ca rro, no es un a tarea sencilla, p or más q ue se realice frecuentemente. Se tr ata d e una a cc i ón intelectual y lin güística que requiere unas cualidade s especiales en el periodista. 244 Aunque matiza Casals Carro (2005: 457 ) que “interés hum ano no d ebe confundirse con el espectáculo del rea lity show . No tiene nad a que ver aunque e se sea el p retexto ad ucido en la prese ntació n de este tipo de circo s en los medios audio visuales funda mentalmente”. 279 “Describir es por tanto una operación f recu ente, una comunicac ión básica, y, sin embarg o, es di fícil. Difícil porqu e requiere el conocim iento de un amplísim o vocabulario, un léxico pertinente y apr opiado a cada circunstanci a. Y esto no se resuelve con la adjetiv ación sino con el nom br e de l as cosas, con el contraste y, muchas veces, con l a comparac ión. Las imág enes visuales también pueden ser útiles. Y las m etáf oras socorren aunque consti tuyen un peligro porque solem os acudir a m etáf oras y a hechas, g astadas: el orig en de m uchos tópicos” (Casa ls Carro, 2005 : 462). Así pues, la “expli cación” y la “visibilidad” pu eden de finirse como los dos pilares fundam entales sobre los que se asienta el edificio de la crónica. S u narración depende de estos dos ele mentos: el relato y la interpretación de los hechos. Éstos son l os que confieren a la crónica una personalidad propi a, que la hace atractiva y la dist ingue de otros géneros más neutros; pero son también el gran reto al qu e tendr á que enfre nt arse el auto r: “El periodista bien formado ha de saber dominar lingüísti camente estas posibilidades de ex presión porque cada u na de ellas pose e una finalidad y una utilidad comunicativas muy m arcadas en beneficio del receptor” (Casals Carro, 2005: 460). Del dominio de estos recursos dependerá, en gran medida, la redacción de una buena crónica. 280 3.3.6. UN ESTILO PERSONAL Y LIBRE Como y a se h a r eferido anteriormente, la crónica e s uno de los géneros más personales de cuantos exist en en el periodismo. Al tratarse d e un tex to interpretativo, que combina información y comentario, la crónica prima la subjetividad del periodista, su enfoque particular de los hechos a los que asiste. Co mo escribe Gomis (2008: 163), “la crónica no pide la estricta asepsia informativa de la noticia”. Por ello, resulta indispensable en toda crónica la firma d el autor, como r equisito necesario que sin gular iza el texto. L a firma es, como apunta Martín Vivaldi , el “precinto de garantía” de la crónica, su seña de identidad, por la c ual los lectore s pueden sentirse atra ídos y fa miliariz ados, si e se nombre aparece c on re gularidad en las páginas del periódico. La presencia d e elementos valorativos en la crónica con duce a los teó ricos a estimarla especialmente como “un género de autor”, es decir, un género con sello personal, donde se advierte la traza del autor, que enjuicia y prioriza los hechos a su manera. Ex iste en la c rónica una evidente car ga interpretativa qu e le imp rime carácter entre el re sto de los te xtos periodísticos. Así lo apunta Rafael Yanes, quien destac a el estilo subjetivo del género y l a indelebl e huella p ersonal presente en las crónicas, sobre todo en las latinas. “En la crónica se distingu e un estilo característico que es la esencia m isma de este género. Se trata de un relato inform ativo, es dec ir, l a unión del relato y el comenta rio subjetiv o de lo notic iable, ya que es un traba j o en el que se da cuenta de un suceso de actualidad a través de la visión personal de su autor. Es información, aunque por la subjetiv idad que supone la interpretación del cr onis ta y por el estilo ameno con el que está escrito, pertenece al p eriodism o de opinión” (Y anes Mesa, 2 004: 183). Asimismo, la firma confiere pr ecisión a los investig adores que se acercan a estudiar la ob ra periodística de un autor. C omo ex plica Casasús (1991), s upone el sello por el que se reconocen fácilmente sus trabajos; a diferencia de los textos anónimos, que dificultan la identifica ción de los mensajes. Gra cias a ello, resulta más viable el desarrollo de los estudios históricos en P eriodismo, como herramienta documental básica para inici ar una investigación, reconstruir u na tra y ectoria p rofesional completa o caracter izar un a época determinada. 281 Sin duda, e l e stilo de una crónica vien e marcado por el carácter personal de la misma. A este respecto , se puede afirmar que no ex isten dos crónicas iguales, ni siquiera sim ilares. C ada a utor confie re a su tex to una perspectiva y una estructura distinta, dependiendo de la actitud más o menos interpr etativa d e la qu e parta. Cuanto más interpretativa sea una crónica, m a y or será el interés del cronista en expli car los acontec imientos sobre l os que previamente se ha informado. En este caso, el tex to relacionará unos he chos con otros, se ofrecerá documentación suficiente y será menos exigible la precisión inf ormativa. Por tanto, la crónica ser á aún más p ersonal en el estilo. La libe rtad de estilo y técnica empleados en la crónica carac t erizan a este género. Sin embarg o, resulta difí cil, por no decir im posible, ti pificar estos rasgos esti lísticos tan abiertos y personales. Un repaso detenido a l os principales manu ales de R edacción Periodística muestra el caos que existe a la hora de establecer unas p autas para su escritura. No ex iste unanimidad a la hora de delimitar las carac terísti cas de estilo de la crónica, si ex ceptuamos la afirm ación generalizada que reincide en su c arácter directo, llano, personal y desenfado; rasgos que también podrían estar p resentes en otro tipo de gé n eros. “En efecto, las norm as de redacción de la crónica aparecen form uladas en un tono absolutament e ecléctico y, con frecuencia, insisten en una serie de lugares comunes que son válidos para la redacci ón de cualquier tipo de t exto period ístico. Y así, por ejem plo, se aconseja al cronista que manteng a el equilibrio entre inform ac ión y valoración, sin dejarse arrastrar por la tentación editorializant e; se recom ienda sencillez y clari dad en el lenguaje pero se subraya que el estilo debe ser person al y puede adornarse con todo tipo de figuras r etórica s; se pro clama la libertad del cronista pero se le señala un lím ite: el servicio a la información, a la noticia , etc.” (Bernal Ro dríguez, 2007: 40). No exist en unos patrones de conducta o un dec álo go de normas periodísticas que deban seguirse a la ho ra de es cribir una crónica. Como asegura M artín Vivaldi, “no puede hablarse de la exist encia de un estilo objetivo predeterminado para la crónica. […] El estilo – entendido como expresión de una personalidad li teraria, co mo modo de hacer personalísimo – es aquí libre”. Ante este p rincipio de libert ad discursiva, sólo cabe recoger las opiniones y l os consejos imprecisos de diversos autores sobre l a técnica y el estilo de la crónica. 288 indirectos o párra fos de contexto, aquellos conocidos como nut paragraph en el periodismo norteamer i cano. - De agenda: son entradas de carácter noticioso, más descriptivas aun que l as de sumario, en las que se r esumen los aspectos principales de un suceso, casi a modo de las not as de prensa. Álex Grijelmo las c onsid era d e poco interés para l a crónica, al tratarse de un “ mero párrafo notarial”. Puede aparecer en piezas en las que se cuid en especialmente los aspectos informativos, en las que el asunto abordado sea de gran tra scendenc i a, aunque en ge neral se desaconseja pa ra las crónicas. - Descriptiva o de ambiente: en este tipo de entrada se propone el dibujo de la “atmósfera” o trasfond o en el que se desarrolla la crónica . Juega con la descripción de un lu gar, o bien con el bosquejo de las circunst ancias q ue lo rodean. - Anecdótic a: comienza habitualmente con la hist oria de una p ersona o hecho, que, siendo ilustrativos, no constituyen propiamente el núcleo informativo de la crónica. Permite el “a terr izaje” cómodo en asuntos de gran c omplejidad. - Narrativa: cuenta una hi sto ria, de manera que e l lector pueda sentir que esté presenc i ando los hechos. Se trata de un recurso d e corte li terario que está mu y presente en las crónicas de guerra o en las de suc esos, en las cuales el peri odista se involucra intensame nt e en la narración. - Con énfasis en una persona: es una entrada similar a la an ecdótica, pues utiliza la historia o la descripción de una persona concreta para ilustrar la sit uación. En muchas ocasiones, esta persona a caba convirti éndose en prot agonista de la crónica complet a. - De pr egunta: la entradilla se abre con un a interrogación o un conjunto de ellas. Este tipo de leads prolifera en asuntos de complejo análisis o en temas donde deben ser fijados los pun tos básicos de discusión. S irve, por tanto, para focalizar con mayor claridad el asunto que se va a tratar en la crónica, al tiempo que llama la atención d el lector. Dado su tono atr activo, es posible encontrar est e ti po de entradillas en otros gé n eros, como la noticia. - De sorpresa: también llamadas “de contraste”. Son entr adas de difícil clasificación, puesto que pueden adoptar múltiples formas. Generalmente, este tipo de lead intenta sor prender al lector mediante el c ontraste de ele mentos [Document text truncated for crawler view.]