Por una filosofía del límite: Servio Cotta, intérprete de Montesquieu
Abstract
Junto a André Masson y a Robert Shackleton, Sergio Cotta ha sido el mayor estudioso e intérprete deMontesquieu en el siglo XX. Además de haber cuidado la primera edición crítica completa del Esprit des lois (Lo spirito delle leggi, Torino, 1952), tiene el
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LA ILUSTRACIÓN Y SUS HERENCIAS Por una filosofía del límite: Sergio Cotta, intérprete de Montesquieu Thomas Casadei (Universidad de Modena y Reggio Emilia, Italia) Domenico Felice (Universidad de Bolonia, Italia)* 1 Resumen Junto a André Masson y a Robert Shackleton, Sergio Cotta ha sido el mayor estudioso e intérprete deMontesquieu en el siglo XX. Además de haber cuidado la primera edición crítica completa del Esprit des lois (Lo spirito delle leggi, Torino, 1952), tiene el mérito de haber realizado la primera monografía auténticamente científi ca sobre el conjunto del pensamiento de Montesquieu (Montesquieu e la scienza della società, Torino, 1953). Propugnador de la interpretación “sociológica” de Montesquieu (Montesquieu es el fundador de una ciencia empírica de la sociedad), Cotta ha aportado contribuciones originales a la hora de sacar a la luz aspectos fundamentales del pensamiento del fi lósofo francés, como la concepción de la religión y del cristianismo en particular como elementos generadores de orden social y político a la vez que como fuente de libertad; la visión dialéctica del bien común y de la libertad junto con la valoración relacionada del papel de los partidos y del pluralismo político-social; la idea del límite como clave de acceso privilegiada para el análisis y la resolución de los problemas de la política y de la moral. Nadie como Cotta ha sabido delinear la imagen quizá más apropiada y convincente de Montesquieu, la de “fi lósofo del límite”. Palabras clave: Sergio Cotta, Montesquieu, religión, política, libertad, cienza social, fi losofía del límite Abstract Sergio Cotta, along with André Masson and Robert Shackleton, has been the most important interpreter of Montesquieu in the 20th century. Not only * Traducción de Antonio Hermosa Andújar. 1 El presente escrito es fruto de un diálogo iniciado en 1998, y continuado en el tiempo gracias también a proyectos de investigación y actividades editoriales conjuntas. El texto ha sido concebido, discutido y revisado por ambos autores en cada una de sus partes; empero, a fi nes pulcramente académicos, cabe atribuir a Thomas Casadei la redacción de los parágrafos 3º y 4º, y a Domenico Felice la de los parágrafos 1º y 3º. De l’Esprit des Lois (1748) de Montesquieu se abrevia siempre con la sigla EL. Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, N° 21. Primer semestre de 2009. Págs. 3-26. Araucaria21-1-.indd 3Araucaria21-1-.indd 3 15/04/2009 12:21:0015/04/2009 12:21:00
4Thomas Casadei y Domenico Felice because he edited, although in Italian translation, the fi rst complete critical edition of the Esprit des lois (Lo spirito delle leggi, Torino 1952), but for the fi rst truly scientifi c monograph on the whole thought of Montesquieu (Montesquieu e la scienza della società, Torino 1953). Advocate of the “sociological” interpretation of Montesquieu (Montesquieu as founder of an empirical science of society), Cotta has brought original contributions in focusing some fundamental issues of the thought of the French philosopher, such as the conception of religion – and of Christianity in particular – as elements that bring about social and political order and, at the same time, as a source of liberty; the dialectical vision of common good and liberty with the connected appraisal for the role of the parties and of the social-political pluralism; the idea of boundary as a key concept to access the analysis and the resolution of political and moral problems. No-one but Cotta could create a better image of Montesquieu as a “philosopher of the boundary”. Keywords: Montesquieu, Sergio Cotta, religion, politics, liberty, social science, philosophy of boundary 1. El enfoque metodológico: Montesquieu, fundador de las modernas ciencias sociales En la dedicatoria de su Montesquieu, publicado por la editorial italiana Laterza en 1995, escribe Sergio Cotta con legítimo orgullo (y no sólo para recordar su intensa relación de colaboración y de amistad): “A la memoria de André Masson y Robert Shackleton –éramos tres (Alla memoria di André Masson e Robert Shackleton –nous étions trois)”. En efecto, se trata de los tres estudiosos más importantes de Montesquieu en el siglo XX: Masson (1900-1986), por haber cuidado la que sin duda puede defi nirse la mejor edición crítica disponible hasta hoy de los escritos de Montesquieu2; Shackleton (1919-1986), por la más importante biografía crítica del Président3; Cotta (1921-2007), por haber preparado, de un lado, bien que en edición italiana, la primera edición crítica íntegra del EL (Lo spirito delle leggi, 1952); y, de otro, la primera monografía ‘científi ca’ genuina sobre el entero pensamiento de Montesquieu (Montesquieu e la scienza della società, 1953). 2 Œuvres complètes de Montesquieu, publiées sous la direction de M. André Masson, 3 vols., Paris, Nagel, 1950-1955. Como se sabe, la Voltaire Foundation está llevando a cabo una nueva edición crítica, de la que hasta el momento sólo se han publicado nueve volúmenes –muy poco homogéneos, además, desde el punto de vista de la estructura del análisis– de los veintidós previstos. 3 R. Shackleton, Montesquieu. A Critical Biography, Oxford, Oxford University Press, 1961. Araucaria21-1-.indd 4Araucaria21-1-.indd 4 15/04/2009 12:21:0015/04/2009 12:21:00
5 Por una fi losofía del límite: Sergio Cotta, intérprete de Montesquieu Aun cuando en los mismos años en los que Cotta trabaja en su edición crítica del EL, Jean Brethe de La Grassaye se dedique a la suya, sin embargo esta última ve la luz integralmente sólo a lo largo de un decenio (1950-1961): antes de la edición de Cotta sólo sale, en 1950, el primero de los cuatro tomos previstos, que contiene los libros I-VIII. Por otro lado, es digno de nota que, incluso frente a la edición completa de Brethe, en nuestra opinión la de Cotta sigue siendo, aún hoy, la más cuidada (y esto vale también frente a la edición de Édrate de 1973) respecto del aparato crítico y, en especial, respecto de lo concerniente a la individuación y la investigación de las fuentes clásicas (Aristóteles, Platón, Polibio, Cicerón, Tito Livio, Tácito, Plutarco, etc.) del EL4. Volviendo a la monografía5, puede observarse que el libro, con su examen tout court de la obra del Président, ha constituido el efectivo punto de partida de mucha de la historiografía científi ca sobre Montesquieu, y que ha ejercido, y aún ejerce, una infl uencia fundamental sobre amplios segmentos de la literatura crítica montesquiana, tanto en Italia como fuera. El estudio –que sigue en toda la producción fi losófi ca y literaria de Montesquieu “el gradual proceso de formación de una ciencia empírica de la sociedad”6, dando amplia cuenta de las numerosas y poco conocidas obras 4 Tales fuentes han sido escasamente individuadas, sea por Brethe que por Derathé, quien, en pequeño, sigue por completo sus huellas. La traducción de Cotta fue publicada en la prestigiosa colección recién nacida “Classici della politica”, dirigida por Luigi Firpo, en 2 voll. (Torino, Utet, 1952; reediciones y reimpresiones se harán en los años siguientes: 1965, 1973, 1996, 2001). Se trata de la genuina primera edición crítica italiana de la obra maestra montesquiana, y una de las mejores en absoluto junto, cierto, a las cuidadas por Jean Brethe de La Gressaye (4 vols., Paris, Société Les Belles Lettres, 1950-1961) y por Robert Derathé (2 vols., Paris, Garnier, 1973). Por vez primera, en efecto, se provee al texto de Montesquieu de un amplio y detallado aparato crítico que no sólo proporciona, respecto a la edición seguida (la póstuma de 1757), las principales variantes de las demás ediciones fundamentales del Esprit des Lois publicadas durante el siglo XVIII y del único manuscrito de la obra que se ha conservado (Bibliothèque Nationale de France: Nouv. Acq. Fr. 12832-12836), sino que también propone continuos cotejos con los restantes escritos editados y entonces inéditos del Président, junto al fi ltro crítico de las múltiples fuentes citadas expresamente por él y la individuación de las que silencia, de manera que puedan seguirse las infl uencias de aquél y señalarse todo lo que la crítica moderna haya aceptado de los resultados de su investigación. Fueron numerosas por entonces las reseñas e indicaciones de la traducción en cuestión, entre las que nos limitamos a recordar aquí las de Norberto Bobbio (“Atti dell’Accademia delle Scienze di Torino”, vol. 88, t. II [Classe di Scienze morali, Storiche e Filologiche], 1952-53, pp. 460-462) y de Robert Shackleton (“French Studies”, 7 [1953], pp. 266-267). 5 S. Cotta, Montesquieu e la scienza della società, Torino, Ramella, 1953. Numerosas, también en este caso, han sido las reseñas e indicaciones, entre las que recordamos aquí las de Norberto Bobbio (“Atti dell’Accademia delle Scienze di Torino”, vol. 89, t. II [Classe di Scienze morali, Storiche e Filologiche], 1953-54, pp. 438-440), de Renzo De Felice (“Società”, 11 [1955], p. 160) y de Robert Shackleton (“French Studies”, 9 [1955], pp. 167-169). 6 S. Cotta, Prefazione a Montesquieu e la scienza della società, cit., p. 8. Para una exposición de las principales tesis del libro, cf. D. Felice, Montesquieu in Italia (1800-1985), Bologna, Clueb, 1986, pp. 98-102. Araucaria21-1-.indd 5Araucaria21-1-.indd 5 15/04/2009 12:21:0015/04/2009 12:21:00
6Thomas Casadei y Domenico Felice póstumas– ha constituido y constituye aún la más equilibrada alternativa a la interpretación ‘global’ de Montesquieu propuesta por Shackleton (por muchos considerado el mayor estudioso del fi lósofo francés). La diferencia de fondo radica en el hecho de que allí donde Shackleton intenta hacer de Montesquieu un ilustrado tout court7, Cotta intenta en la monografía, como en los sucesivos escritos, destacarlo de la fi losofía francesa de las Luces y proyectarlo, por así decir, en el futuro. De ese enfoque dimanan sus tesis fundamentales, que, de manera esquemática, cabe reducir a cinco: a) Montesquieu fundador (y no ‘sólo’ precursor) de una ciencia empírica de la sociedad, o bien Montesquieu como genuino fundador de la sociología8; b) Montesquieu historicista y, en determinados aspectos, precursor del Volksgeist de Hegel9; c) Montesquieu cristiano (y por tanto netamente contrapuesto al Montesquieu deísta de Shackleton); d) Montesquieu teórico del constitucionalismo liberal y, sobre todo, del pluralismo de partidos, o, también, del pluralismo político y social10. Así pues, los dos puntos de mayor “disenso” con Shackleton son su separación de la ilustración francesa y su creencia en el cristianismo, como el propio 7 Acerca de esta interpretación que ve en Montesquieu uno “hombre de las Luces”, cf. el ensayo de Marco Platania, Robert Shackleton e gli studi su Montesquieu: scenari interpretativi tra Settecento e Ottocento, en D. Felice (ed.), Montesquieu e i suoi interpreti, 2 voll., Pisa, Ets, 2005, vol. II: pp. 862-897, en part. p. 885. 8 Tal es la tesis desarrollada por Raymond Aron, quien, como es sabido, marca las etapas de su reconstrucción del pensamiento sociológico justamente a partir de Montesquieu: Les étapes de la pensée sociologique. Montesquieu, Comte, Marx, Tocqueville, Durkheim, Pareto, Weber, Paris, Gallimard, 1967. Para una comparación, cf. M. Iofrida, Uno “spectateur engagé” del XVIII secolo: Montesquieu letto da Raymond Aron, en D. Felice (ed.), Montesquieu e i suoi interpreti, cit., vol. II: pp. 839-865. Recientemente ha llamado la atención sobre tal clave interpretativa también Paola Natalicchio: Montesquieu e le scienze sociali: nuovi percorsi di lettura entro un’opera “enciclopedica”, “Quaderni di teoria sociale”, 7 (2007), pp. 315-324. Para unas nuevas propuesta y articulación di ese enfoque permítasenos remitir a D. Felice, Per una scienza universale dei sistemi politico-sociali. Dispotismo, autonomia della giustizia e carattere delle nazioni nell’”Esprit des lois” di Montesquieu, Firenze, Olschki, 2005. 9 Cf. A. Rotolo, Hegel interprete di Montesquieu. “Geist der Gesetze” e dominio della politica, en D. Felice (ed.), Montesquieu e i suoi interpreti, cit., vol. II: pp. 505-549. 10 Son ésas las tesis que retornan, en formas análogas, en la summa que el propio Cotta compone en la voz Montesquieu de la Enciclopedia fi losofi ca (vol. III, Venezia-Roma, Sansoni, 1957, pp. 688-691), en donde se lee que la aportación de Montesquieu al pensamiento moderno europeo “si despliega en tres direcciones principales: 1) la fundación de una ciencia empírico-naturalista de la sociedad che precede a la sociología comtiana y a la más reciente sociología del derecho; 2) la teorización del constitucionalismo liberal, gracias non sólo a la teoría de la división de poderes, sino sobre todo a su concepción dialéctica de la libertad política, fundada en la libre manifestación y comparación de las opiniones y de los partidos; 3) la concepción de la historia come desarrollo centrado en la compleja individualidad (ética, jurídica, económica, social) de los diversos pueblos, que anticipa perspectivas historicistas (por lo que le valió el alto elogio de Hegel) y algunas tendencias de la historiografía romántica y contemporánea”. Araucaria21-1-.indd 6Araucaria21-1-.indd 6 15/04/2009 12:21:0015/04/2009 12:21:00
7 Por una fi losofía del límite: Sergio Cotta, intérprete de Montesquieu Cotta afi rma asimismo en la recensión de la ‘biografía crítica’ de Shackleton11. Al respecto, explica Cotta: Pero mi disenso es más claro (y más antiguo) en lo relativo a la concepción religiosa de Montesquieu, a quien Shackleton considera deísta, mientras que en mi opinión se mueve en el ámbito de una esencial, bien que libre, fi delidad al cristianismo, a lo que no resultan ajenos ciertos acentos agustinianos y pascalianos (…). Empero, (…) la principal razón de nuestro disenso proviene del hecho de que Shackleton inscribe por entero a Montesquieu en el ámbito de la Ilustración, viéndose así llevado a atribuirle la Weltanschauung general (ciertamente deísta cuando no antirreligiosa) de dicho movimiento. Yo, en cambio, propendo a separar a Montesquieu, en lo esencial al menos, del ámbito ilustrado, sin por ello alinearlo forzosamente en las corrientes tradicionalistas. En efecto, me parece difícil considerar un ilustrado (…) a quien poseía una visión antiracionalista y relativista de la política, una perspectiva historicista y una concepción realista y anti-perfeccionista de la condición humana12. Así pues, Cotta lleva a cabo una operación –en muchos aspectos– inversa a la de Shackleton: mientras éste intenta hacer de Montesquieu un ilustrado consecuente, Cotta hace de él un proto-romántico y un ‘sociólogo’. Desde esta óptica interpretativa, la “simpatía” con la que Montesquieu considera la religión, y en particular el cristianismo, “marca la distancia de las ideas de los philosophes contemporáneos suyos, y abre el camino a algunas corrientes de pensamiento que se manifestarán seguidamente, a partir del Romanticismo”13. Montesquieu anticipa el Romanticismo y se distancia de los philosophes también por la idea de que la religión es un elemento constitutivo de la individualidad espiritual de un pueblo: la cual, en efecto, no puede formarse ni desarrollarse sin la contribución de la religión14. La tesis según la cual Montesquieu sería “el fundador de una ciencia empírica de la sociedad” ha de ser examinada con mayor detenimiento15. 11 Cf. “Rivista di fi losofi a”, 54 (1963), pp. 481-483. 12 Ibid., p. 483. Prescindiendo de la referencia directa a Agustín y Pascal, sobre lo que convendría desarrollar quizá algunas consideraciones más problemáticas, nos parece la de Cotta la tesis más convincente (cf. infra). 13 S. Cotta, La funzione politica della religione secondo Montesquieu (1966), en Id., I limiti della politica, Bologna, Il Mulino, 2002, pp. 189-190. 14 Ibid., pp. 183-185. Véase infra. 15 Si bien en su última entrevista Cotta habla de Montesquieu como “precursor de las modernas ciencias sociales” (Leggere Montesquieu, oggi: dialogo con Sergio Cotta, a cura di D. Felice e M. Cotta, en D. Felice [a cura di], Montesquieu e i suoi interpreti, cit., vol. II, pp. 893-905, en p. 895), en realidad, y más propiamente, lo considera, al igual que Aron, “el verdadero fundador de la ciencia política y social moderna” (son ésos los términos a los que se recurre en S. Cotta, L’idée de parti dans la philosophie politique de Montesquieu, en Actes du Congrès Montesquieu, réuni à Bordeaux du 23 au 26 mai 1955 pour commémorer le IIe centenaire de la mort de Montesquieu, Araucaria21-1-.indd 7Araucaria21-1-.indd 7 15/04/2009 12:21:0115/04/2009 12:21:01
8Thomas Casadei y Domenico Felice Dicho planteamiento epistemológico y metodológico “distingue” y “aísla” a Montesquieu de los demás ilustrados franceses. En su tensión por proyectar a Montesquieu fuera de esa corriente de pensamiento y lo más adelante posible en el tiempo, Cotta llegará nada menos, con su ensayo introductorio a la antología de 1995 (Il pensiero politico di Montesquieu), que a ir más allá del Montesquieu científi co de la política y de la sociedad, en un intento de convertirlo en “fenomenólogo”16. En relación a ese juicio, nos parece ciertamente más sólida la interpretación, elegantemente argumentada en la monografía de 1953, de un Montesquieu como efectivo fundador de la ciencia de la sociedad y de la política17. Bordeaux, Delmas, 1956, pp. 257-263, en p. 259). 16 El intento, con todo, no nos parece del todo logrado, como se ha podido argumentar, bien que de manera más difuminada, en otro lugar: D. Felice, reseña a S. Cotta, Il pensiero politico di Montesquieu (Roma-Bari, Laterza, 1995), “Teoria politica”, 11 (1995), n° 3, pp. 197-198. En este su nuevo esfuerzo Cotta reconstruye, de un lado, el itinerario personal y metodológico de Montesquieu, además del fondo fi losófi co en que se sustenta su EL; de otro, examina –con rigor y competencia notables– dos de sus conocidas teorías políticas, a saber, la teoría de las formas de gobierno y la de la constitución inglesa o de la división de poderes. Las conclusiones a las que llega, sea en la valoración global del pensamiento político montesquiano que en las concernientes a sus momentos o aspectos singulares, tienden a ir más allá de sus iniciales hipótesis interpretativas, particularmente en su monografía fundamental de 1953 sobre Montesquieu e la scienza della società. Si no cabe dejar de destacar que, en su conjunto, las tesis allí elaboradas constituyen una contribución nueva e importante en la dirección de una valoración de la obra del fi lósofo di La Brède, por otro lado nos parece en exceso ‘actualizante’ la propuesta de connotar el EL ya no como “una ciencia de la sociedad”, sino como “una fenomenología empírica (…) de la realidad social” (donde evidenciar de manera más adecuada –señala Cotta– “sus más amplias [y más interesantes] potencialidades de apertura fi losófi ca” [Il pensiero politico di Montesquieu, cit., p. 22]). Otras innovaciones signifi cativas serían, en opinión de Cotta, las “anticipaciones” o los “adelantos” de los que estarían ‘cargadas’, por así decir, algunas teorías o concepciones montesquianas, como por ejemplo la relativa al estado de naturaleza social que anticiparía “de un lado la hipótesis de la justicia dentro del ‘velo de la ignorancia’ de John Rawls y, de otro, la sexual socialidad inicial que se da en la familia y en los sistemas de parentesco delineados por Claude Lévi-Strauss” (ibid., p. 40); o bien la relativa a la república democrática, que prefi guraría la forma social comunitaria, y en concreto el modelo de “sociedad cerrada” analizado por Henri Bergson en las Deux sources de la morale et de la religion (1932) (ibid., pp. 67-68); o, en fi n, la concerniente al despotismo, que presentaría importantes “analogías” o “semejanzas” –el carácter totalizante del gobierno, el “decisionismo”, la gran extensión territorial, la generalización del miedo, etc.– con los regímenes totalitarios del siglo XX y, de manera señalada, con el nacionalsocialismo alemán y el imperio soviético (ibid., pp. 73-74). Las ‘prefi guraciones’ propuestas por Cotta a lo largo de su ensayo, con todo, no siempre resultan convincentes, aun cuando, en medida diversa, sean bastante estimulantes y merecedoras de suma atención por parte de los estudiosos e intérpretes de Montesquieu deseosos de aprehender las potencialidades ínsitas en una obra tan densa y rica de primicias como la del Président. 17 “Il faudra attendre la naissance de la sociologie –escribe Cotta (Montesquieu et Filangieri. Notes sur la fortune de Montesquieu au XVIIIe siècle, “Revue internationale de philosophie”, 17 [1955], pp. 387-400, a p. 400)– pour que justice soit rendue aux buts scientifi ques de Montesquieu”. Esa frase la cita Derathé, y la critica al fi nal de su Introduction a la edición del EL cuidada por él, cit., t. I, p. LXVI. Araucaria21-1-.indd 8Araucaria21-1-.indd 8 15/04/2009 12:21:0115/04/2009 12:21:01
9 Por una fi losofía del límite: Sergio Cotta, intérprete de Montesquieu Hipótesis interpretativa, la última, que aparece aún válida y desde luego como la que ha ejercido una infl uencia determinante, en Italia y fuera de Italia, en los estudios sobre Montesquieu18: a diferencia de los philosophes –Voltaire, Rousseau, Diderot, etc.–, que conciben la política como una ciencia de “lo que debe ser”, Montesquieu elabora una “ciencia empírica de la sociedad”, estudiando “lo que es” a fi n de recabar de ello las leyes del desarrollo social. Por lo demás, es ésa la tesis asumida por Bobbio en su célebre estudio sobre La teoria delle forme di governo19, pero también por Lando Landi en su monumental investigación acerca del papel jugado por el sistema inglés dentro del contexto de la visión político-institucional montesquiana20, además de en la totalidad de los manuales de historia de la fi losofía del derecho, del pensamiento sociológico y de las doctrinas políticas: de Guido Fassò a Franco Ferrarotti, de Sergio Landucci a Alberto Izzo, de Antonio Zanfarino a Gian Mario Bravo y Corrado Malandrino21. 2. Intuiciones fecundas: la relación entre religión y política Luego de la monografía de 1953, Cotta se mueve en tres principales direcciones (recordadas todas durante su última entrevista22): a) la idea de partido; b) la relación religión y política; c) el tema de la libertad política (estrechamente vinculado a la idea de ‘partido’). Esos itinerarios de investigación muestran hasta qué punto la lectura interpretativa de Montesquieu realizada por Cotta haya sido elaborada a partir de fecundas intuiciones. 18 Se ha intentado mostrar la profundidad de semejante perspectiva en el ya citado Per una scienza universale dei sistemi politico-sociali, del que las tesis de Cotta y de Norberto Bobbio (sobre todo para la interpretación del despotismo como forma autónoma de Estado: pp. 1-71), constituyen la principal base de partida. 19 N. Bobbio, La teoria delle forme di governo nella storia del pensiero politico, Torino, Giappichelli, 1976, en part. pp. 133-134: el EL, se lee aquí, es una “teoría general de la sociedad”. 20 Véase L. Landi, L’Inghilterra e il pensiero politico di Montesquieu, Padova, Cedam, 1981, donde se afi rma que la interpretación sociológica es “plenamente correcta en la sustancia e indispensable para comprender el sentido del pensamiento montesquiano”, pp. 33, 697 ss. 21 G. Fassò, Montesquieu, en Storia della fi losofi a del diritto, vol. II: L’età moderna, Bologna, Il Mulino, 1968, pp. 287-297 (ed. puesta al día por C. Faralli: Roma-Bari, Laterza, 2003, vol. II, pp. 230-238); F. Ferrarotti, I presupposti dell’indagine sociologica in Montesquieu, en Id., Trattato di sociologia, Torino, Utet, 1968, pp. 39-42; A. Izzo (ed.), Charles-Louis de Secondat barone di Montesquieu, en Storia del pensiero sociologico, vol. I: Le origini, Bologna, Il Mulino, 1974, pp. 37-48; S. Landucci, Montesquieu e l’origine della scienza sociale, Firenze, Sansoni, 1972; A. Zanfarino, Montesquieu, en Id., Il pensiero politico dall’Umanesimo all’Illuminismo, Napoli, Morano, 1991, pp. 327-348; G.M. Bravo, C. Malandrino, Alle origini del costituzionalismo moderno: Montesquieu, en Profi lo di storia del pensiero politico. Da Machiavelli all’Ottocento, Roma, La Nuova Italia Scientifi ca, 1994, pp. 190-203. 22 Leggere Montesquieu, oggi: dialogo con Sergio Cotta, cit., pp. 896-901. Araucaria21-1-.indd 9Araucaria21-1-.indd 9 15/04/2009 12:21:0115/04/2009 12:21:01
10 Thomas Casadei y Domenico Felice Tema fundamental en la perspectiva de Cotta y, si bien se mira, en la de Montesquieu ‘rectamente entendido’, es el de la relación entre religión y poder. La cuestión de la religión es para Cotta, desde el comienzo de sus estudios, un punto de relevancia particular, sea para mejor comprender la posición de Montesquieu en la cultura de su siglo, sea, más generalmente, para evaluar sus vínculos con los sucesivos desarrollos del debate científi co-cultural acerca de la política y de la confi guración del poder (sin pasar además por alto que se trata de un tema central también para la personal refl exión y elaboración fi losófi ca del propio Cotta). En Montesquieu Cotta descubre “una signifi cativa sintonía” con algunas concepciones suyas23. Si en Montesquieu e la scienza della società había sacado a relucir el modo en el que la posición religiosa del fi lósofo de La Brède se conciliaba con una “ciencia empírica de la sociedad”, en un estudio posterior, de 1966 (La funzione politica della religione secondo Montesquieu24), lo que se analiza más en detalle es el signifi cado asignado por Montesquieu a la religión en la vida política. El enfoque de Cotta aspira a poner en claro el itinerario que el bordelés llevará a cabo en EL, que compendia así: De una posición inicial que veía en la religión un simple instrumentum regni, gracias al cual (en anticipación casi marxiana) se mantiene sometidas a las masas ignorantes, en las Lettres persanes se abre camino el reconocimiento de la importancia de la religión (de la natural especialmente, pero también el de las positivas) como un poderoso factor de orden y cohesión social. Por último, en el Esprit des lois Montesquieu despliega un discurso más articulado y sistemático, individuando para cada forma de gobierno el específi co aporte de la religión. En la república, la religión eleva la sacralidad de las leyes e inspira el amor a la patria; en la monarquía, constituida en una de las bases más fi rmes de los poderes intermedios, contribuye a impedir la degeneración hacia el despotismo; fi nalmente, en el despotismo, si de un lado contribuye a reforzar la obediencia de los súbditos, de otro introduce un elemento de estabilidad que, en un régimen que de suyo carece de ella, atenúa parcialmente al menos el carácter más extremo del mismo25. 23 Ibid., p. 899. 24 En “Rivista internazionale di fi losofi a del diritto”, 43 (1966), pp. 582-603; traducido al francés con el título Le rôle politique de la religion selon Montesquieu, en Mélanges offerts à Jean Brethe de La Gressaye, Bordeaux, Éditions Bière, 1967, pp. 123-140. La versión italiana del estudio se ha reproducido también, según se aludió, en S. Cotta, I limiti della politica, cit., pp. 167-190. 25 Leggere Montesquieu, oggi: dialogo con Sergio Cotta, cit., p. 899. Acerca del papel de la religión en el despotismo, a partir de las consideraciones desarrolladas por Cotta en el estudio citado, véase D. Felice, Dispotismo e libertà nell’”Esprit des lois” di Montesquieu, en D. Felice (ed.), Dispotismo. Genesi e sviluppi di un concetto fi losofi co-politico, 2 tt., Napoli, Liguori, 20042, pp. 196-197, 202-203, 208, 218, 235-238 (con el título Dispotismo e libertà dicho ensayo, en Araucaria21-1-.indd 10Araucaria21-1-.indd 10 15/04/2009 12:21:0115/04/2009 12:21:01
11 Por una fi losofía del límite: Sergio Cotta, intérprete de Montesquieu Cotta, además, se demuestra atento al observar que “la importancia de la religión retorna asimismo en otro contexto: aquél en el que Montesquieu individua los elementos que defi nen el espíritu general, vale decir, los factores fundamentales que gobiernan a los hombres. Aun si las formulaciones varían en el tiempo, la religión es siempre para Montesquieu uno de esos elementos (junto al clima, las leyes, las costumbres, los principios fundamentales de gobierno, etc.)”26. De manera más específi ca, Cotta argumenta que para Montesquieu “la religión, si bien constituye primariamente un elemento de orden en la sociedad, representa igualmente una fuente de libertad, sea porque en ella arraiga el pluralismo de la sociedad, sea, en fi n, porque inspira poderosamente la libertad interna en relación al poder”27. Se da así con una ulterior confi rmación del alejamiento de Montesquieu de la mentalidad de los philosophes: en la posición del Presidente es posible percibir, ante todo, un comportamiento menos dominado por el prejuicio antirreligioso y por el rechazo de las religiones positivas, vistas como un pasado por superar, e interesado en cambio por explorar empíricamente un fenómeno del que se aprehende toda su importancia. Ese modo de afrontar la cuestión consentiría a Montesquieu, al decir de Cotta, un conocimiento más articulado del fenómeno religioso y de su múltiple relevancia social28. versión revisada y bibliográfi camente actualizada, ha sido republicado en Id., Per una scienza universale dei sistemi politico-sociali, cit., pp. 1-71; las frases citadas se encuentran en las pp. 8-9, 14-15, 22, 32, 51-54). 26 Leggere Montesquieu, oggi: dialogo con Sergio Cotta, cit., pp. 899-900. Cf. la defi nición última del espíritu general propuesta en EL, XIX, 4: “Muchas cosas gobiernan a los hombres: el clima, la religión, las leyes, las máximas del gobierno, las tradiciones, las costumbres, los usos; ahí se forma un espíritu general que es su resultado”. 27 Ibid., p. 900. 28 Sin embargo, junto a dicho comportamiento científi co objetivo, a Cotta “le parece que haya de poner de relieve una actitud de fondo en la que no falta, junto a la crítica a menudo despiadada en relación con las degeneraciones de las religiones positivas, una comprensión simpatética de los valores de la religión cristiana y de su signifi cado que va más allá de la pura esfera política y social” (ibid.). Para lecturas de otra orientación sobre la relación de Montesquieu con la religión cristiana, básicamente en sintonía con la interpretación de Shackleton referida más arriba, véanse en particular las siguientes aportaciones de Lorenzo Bianchi: Religione e tolleranza in Montesquieu, “Rivista di storia della fi losofi a”, 49 (1994), pp. 49-71 (nueva versión: Montesquieu e la religione, en D. Felice [ed.], Leggere l’”Esprit des lois”. Stato, società e storia nel pensiero di Montesquieu, Napoli, Liguori, 1998, pp. 203-227); La funzione della religione in Europa e nei paesi orientali secondo Montesquieu, en L’Europe de Montesquieu, Actes du Colloque de Gênes (26-29 mai 1993) réunis par A. Postigliola et M.G. Bottaro Palumbo, Napoli-Paris-Oxford, Liguori-Universitas-Voltaire Foundation, 1995, pp. 375-387; Histoire et nature: la religion dans “L’Esprit des lois”, en Le temps de Montesquieu, sous la direction de M. Porret et C. Volpilhac- Auger, Genève, Droz, 2002, pp. 289-304; Leggi divine e leggi umane. Note sulla religione nel libro XXVI dell’”Esprit des lois”, en D. Felice (ed.), Libertà, necessità e storia. Percorsi dell’”Esprit des lois” di Montesquieu, Napoli, Bibliopolis, 2003, pp. 243-275; “L’auteur a loué Bayle, en l’appelant un grand homme”: Bayle dans la “Défense de l’Esprit des lois”, en Montesquieu œuvre Araucaria21-1-.indd 11Araucaria21-1-.indd 11 15/04/2009 12:21:0215/04/2009 12:21:02
18 Thomas Casadei y Domenico Felice la medida en la que en el pensamiento de Montesquieu coexiste la totalidad de los fundamentos de la arquitectura del liberalismo contemporáneo. Según se desprende del ensayo sobre la Nascita dell’idea di partito, el aspecto clave del análisis de Cotta consiste en la visión de la armonía como fruto de las ‘disonancias’, reinterpretado por Montesquieu de manera original. Bajo este punto de vista, el “bien común” (la armonía) “no se presenta ya como una caracterización objetiva de la realidad social que todos los miembros del cuerpo político deben aceptar en cuanto preconstituida, y a la que deben adecuar sus opiniones y acciones en cuanto unívocamente (porque objetivamente) determinada y determinable. Para Montesquieu, en cambio, aquélla se presenta como una realidad creada por los hombres en el fulcro de la historia, por medio de un laborioso esfuerzo que, si bien supera los contrastes, los presupone; en suma, como resultado de una dialéctica concordia discors de la que los partidos son los elementos indispensables”. La concepción clásica del Estado fundada sobre “la justicia como igualdad” es sustituida, por tanto, por una nueva concepción fundada sobre la “justicia como libertad”50. Así pues, es a partir de una concepción específi ca de la idea de partido como se origina, para la mirada atenta de Cotta, la idea de la libertad prefi gurada por la obra de Montesquieu. El ensayo de 1998 es, en esta perspectiva, el punto de arribo de una sostenida refl exión, y como tal ofrece la más sistemática concepción de la libertad descubierta por Cotta en las páginas del fi lósofo francés. Con el análisis montesquiano de la constitución inglesa claramente presente, Cotta desarrolla una comparación en profundidad entre aquéllos a quienes considera los dos padres del liberalismo moderno, Locke y Montesquieu –excluyendo de manera implícita que papel semejante pueda reconducirse hasta Hobbes51. Cotta lleva a cabo su análisis resaltando las afi nidades, pero sobre todo las diferencias entre ambos autores, tanto en el nivel de la situación histórica de referencia como en el nivel teórico-epistemológico. A diferencia de Locke, para Montesquieu la libertad política deriva de la condición paritética de los diversos poderes, no de su jerarquía. Respetar la tripartición de los poderes (legislativo, ejecutivo, judicial) constituye la clave hermenéutica del entero razonamiento montesquiano a favor de la libertad. No hay libertad en y del cuerpo político donde no está centrado en tres poderes: distintos en cuanto a los contenidos; autárquicos en cuanto a su estructura de origen; separados en cuanto a su especifi cidad y función52. p. 901. 50 S. Cotta, La nascita dell’idea di partito nel secolo XVIII, en Id., I limiti della politica, cit., p. 59. 51 Permítasenos remitir al respecto a Th. Casadei, Il mosaico dell’”Esprit des Lois”, nota a D. Felice (ed.), Leggere l’”Esprit des Lois”. Stato, società e storia in Montesquieu (Napoli, Liguori, 1998), “Giornale critico della fi losofi a italiana”, 80 (2001), pp. 196-201. 52 S. Cotta, Montesquieu e la libertà politica, en Id., I limiti della politica, cit., pp. 208-209. Araucaria21-1-.indd 18Araucaria21-1-.indd 18 15/04/2009 12:21:0315/04/2009 12:21:03
19 Por una fi losofía del límite: Sergio Cotta, intérprete de Montesquieu El aspecto más original de la interpretación de Cotta, ya presente en germen en sus primeros escritos y profundamente delineado en este ensayo, es sin embargo el de la dialéctica del poder intrínseca al sistema tripartito montesquiano. Mediante una razonada incursión en el libro XIX de EL el estudioso vincula “noéticamente” la dialéctica entre los poderes constitucionales con otra específi ca dialéctica, característicamente propia de un entero pueblo, siempre movido por específi cas pasiones. Esta última dialéctica, que a lo ‘político’ une lo ‘social’, emerge del “cuádruple e intercambiable cruce de sus cuatro actores: los dos poderes (pouvoirs) institucionales [legislativo y ejecutivo] y los “deux partis” de los ciudadanos [Whig y Tory]”53. El confl icto asume así un valor positivo, uniéndose en su raíz con la idea misma de libertad: ese punto de vista caracteriza de manera original el pensamiento de Montesquieu, diferenciándolo del de los iusnaturalistas modernos, Hobbes, Locke, Pufendorf, pero también de pensadores como Harrington y Bolingbroke. La realista (y moderna) interpretación dialéctica del fenómeno de los partidos –espejo de la articulación pluralista de la sociedad– por parte del fi lósofo francés, además, se contrapone netamente a la visión de Rousseau y del ‘roussonismo’, en la que la comunidad es el gran todo (grand tout), sea en el plano fi losófi co que en el práctico-político54. Mediante el resalte de las dos dialécticas, Cotta prueba la capacidad de Montesquieu de traspasar su tiempo y de entregar al futuro una visión de la política y de la sociedad regulada y bien ordenada: Montesquieu, “mayeuta de la moderación”, conjuga la libertad a partir del pluralismo, abriendo de ese modo los horizontes de lo ‘político’ a la posibilidad de una convivencia entre los hombres que las leyes consienten merced a una estructura separada y limitada del poder. El esquema de ambas dialécticas mutuamente complementarias –entre los poderes institucionales, entre las varias fuerzas políticosociales– confi rma a ojos de Cotta la medida en que Montesquieu se distancie de su tiempo y se asome a épocas sucesivas como privilegiado interlocutor del valor de la libertad, o bien “pone de manifi esto que Montesquieu ha alcanzado el vértice de su comprensión de la realidad político-social, iluminante también para el futuro”55. La idea montesquiana de libertad, según se desprende de las páginas de Cotta, se delinea tanto sobre el plano de los contenidos como teoría 53 Ibid., pp. 215, 217. 54 Tal lectura crítica de Rousseau como pensador monista y estadolátrico (y, por ende, potencialmente ‘totalitario’) –en analogía a la llevada a cabo por Jacob Talmon (J. Talmon, Le origini della democrazia totalitaria [1952], tr. it. di M.L. Izzo Agnetti, Bologna, Il Mulino, 1967)– ha sido bien recompensada en algunos escritos que Cotta ha dedicado al Ginebrino, recopilados ahora en I limiti della politica: Filosofi a e politica nell’opera di Rousseau (1964), pp. 225-245; Come si pone il problema della politica in Rousseau (1973), pp. 247-262; Teoria religiosa e teoria politica in Rousseau (1965), pp. 263-284. 55 S. Cotta, Montesquieu e la libertà politica, en Id., I limiti della politica, cit., pp. 222, 224. Araucaria21-1-.indd 19Araucaria21-1-.indd 19 15/04/2009 12:21:0415/04/2009 12:21:04
20 Thomas Casadei y Domenico Felice dialéctica, donde la dialéctica política (o sea, el equilibrio constitucional) se entreteje con la dialéctica social (o sea, los partidos), cuanto sobre el de los valores (a la libertad se la entiende como valor último). Quizá sea de interés, al hilo de este esquema de interpretación, observar qué autores después de Montesquieu (emblemáticamente califi cado como “fi - lósofo de la libertad”) acojan ampliamente su modelo de libertad basado sobre el pluralismo y la idea de límite. En su Introduzione a I limiti della politica, Giuliano Marini incluye oportunamente a Kant entre los teóricos de la división de los poderes como “límite más alto puesto frente a la política”56, pero es menester añadir a otros más, en especial a Hannah Arendt. Nadie, creemos, ha insistido más que Montesquieu y Arendt en el concepto de límite a la hora de defi nir el sentido y las formas de la política y de la libertad: concepto ése que constituye la esencia de su fi losofía (no sólo política, sino también moral –”el bien político, como el bien moral, se halla siempre entre dos límites” [EL, XXIX]– y antropológica –vale decir, el proceso que vincula nacimiento y muerte). Y si la idea de límite es la clave de todo el pensamiento fi losófi copolítico de Montesquieu y de Arendt (lectora atenta de Montesquieu57), no sólo la política, sino también “la virtud tiene necesidad de límites”, al igual que, de manera constitutiva, también la existencia y las cosas humanas conocen un límite: al respecto, Montesquieu observa, “todas las cosas humanas tienen un fi n”, esto es, un límite (EL, XI, 4, 6). En dicha dimensión parece situarse también la perspectiva fi losófi ca de Cotta: la fi losofía del límite es la única verdaderamente ‘humana’ (fuera se halla la ‘bestial’ o sin límites –absoluta– de Hobbes y de quienes piensan la existencia y lo político a partir del miedo58); además de un sistema político y moral, aquélla delinea una concepción del mundo, una fi losofía de vida, un modus vivendi59. 56 G. Marini, Introduzione. Sui limiti della politica, cit., p. 10. De ese modo Kant repropondría las tesis de Montesquieu, vale decir, del “teórico más consecuente de una limitación racional de la política” (p. 9). 57 Véase al respecto Th. Casadei, Il senso del ‘limite’: Montesquieu nella rifl essione di Hannah Arendt, en D. Felice (ed.), Montesquieu e i suoi interpreti, cit., vol. II, pp. 805-838. Observa Arendt en Los orígines del totalitarismo: “Las fronteras de las leyes positivas son para la existencia política del hombre lo que la memoria es para su existencia histórica: garantizan la preexistencia de un mundo común, la realidad de una continuidad que trasciende al espacio de vida individual de cada generación, absorbe todos los nuevos orígenes y se nutre de ellos” (H. Arendt, Los orígenes del totalitarismo, Madrid, Taurus, 1999, p. 565). 58 Cf. sobre dicha contraposición D. Felice, Pace e guerra in Hobbes e Montesquieu, ovvero le alternative della modernità, en Id., Per una scienza universale dei sistemi politico-sociali, cit., pp. 147-170. 59 La esencia del pensamiento fi losófi co de Cotta se une así a otras trayectorias. La fi losofía del límite atraviesa la cultura del mundo occidental (pero es también la clave de bóveda de la de Confucio): a partir del lema del oráculo de Delfos (Ne quid nimis = nada en exceso / Conosci te stesso = conoce tus límites), pasando por el término medio aristotélico hasta la moderación/ Araucaria21-1-.indd 20Araucaria21-1-.indd 20 15/04/2009 12:21:0415/04/2009 12:21:04
21 Por una fi losofía del límite: Sergio Cotta, intérprete de Montesquieu Es a ese marco, en efecto, al que remiten las refl exiones de Cotta acerca de dos términos-clave de su amplia obra: el de la libertad y el de la paz. Y si para defi nir este último Cotta se apoya en autores como Agustín y Rosmini60, es a través de Montesquieu como la fi losofía del límite se interseca precisamente con la noción de libertad: “la contribución de Montesquieu se extiende, junto al campo de una ciencia de la sociedad, también al de una fi losofía política centrada en la idea de libertad”; y la idea de la libertad no se da sin límites61. En ese marco cabe colocar también la contraposición estructural entre Hobbes y Montesquieu y el ‘anti-hobbesianismo’ de Cotta, quien, en una conferencia de 1992, habla de “oposición total” entre ellos62. Hobbes y Montesquieu están en el origen de dos perspectivas, o directrices, opuestas (e incompatibles) características del pensamiento jurídico-político moderno o contemporáneo: la absolutista (o autoritaria o despótica) y la liberal (o anti-autoritaria o moderada). Una oposición que puede reformularse en términos de una antítesis entre fi losofía del no-límite (o de lo absoluto) y fi losofía del límite (o de la medida), vale decir, entre una fi losofía que no puede prescindir de la guerra y una fi losofía que mira a la paz63. fi nitud de Montesquieu, retomada por Arendt, delinea una concepción recurrente que no deja de intersecarse con los problemas nuevos que cada época plantea. A esa hilera cabe por cierto añadir Kant, pues si bien con sus imperativos categóricos y sus formalismos parece referirse a los ángeles más bien que a los hombres de carne y hueso, es indudable que también para él, en la horma de Montesquieu, la política se halla “sometida a límites jurídicos y morales” (G. Marini, Introduzione. Sui limiti della politica, cit., p. 10). 60 Junto con el amplio tratamiento contenido en Dalla guerra alla pace. Un itinerario fi losofi co, Milano, Rusconi, 1989, véanse los ensayos La questione della pace. Elementi di un’analisi teoretica (1985) y Pace (1996), reunidos en I limiti della politica, cit., respectivamente en las pp. 483-495 e 523-536. 61 Leggere Montesquieu, oggi: dialogo con Sergio Cotta, cit., p. 904. A este respecto, no parece por tanto casual el anuncio de Benito Mussolini, en un discurso célebre dirigido en 1939 a los magistrados, de la muerte sin gloria de Montesquieu y del eclipse de su lección del mundo de las ideas si comparada a la grandeza ‘total’ del fascismo, y “con la unidad sin límites de su poder”; ello sucede justamente mientras Guido Calogero invita por aquellos años a los jóvenes antifascistas fl orentinos “a leer y releer a Montesquieu” (come recuerda Mario Galizia: Paolo Barile, il liberalsocialismo e il costituzionalismo, “Il politico”, 66 [2001], fasc. 2, pp. 193-228). Cf. Th. Casadei, La libertà sta nel “sentimento del limite”. Note sulla fi losofi a etico-politica di Calogero, “Teoria politica”, 21 (2005), n° 1, pp. 89-106. 62 Al término de la Asamblea general de la “Société Montesquieu”, celebrada en la Université Paris 7 Jussieu, el 25 de enero de 1992, Cotta impartió una conferencia titulada Quelques aspects de l’opposition de Montesquieu à Hobbes. El texto de la conferencia se publicó, primero, con el título L’opposition de Montesquieu à Hobbes, en el “Bulletin de la Société Montesquieu”, 1992, n° 4, pp. 11-20; y después, con el mismo título, en G. Sorgi (ed.), Politica e diritto in Hobbes, Milano, Giuffrè, 1995, pp. 63-74 (la cita está en la p. 64). 63 La conexión entre paz y límite (y, a la inversa, entre guerra y “ausencia de límites”) queda claramente probada cuando Cotta hace notar que “a la paz normalmente se la defi ne como orden, concordia, medida, etc.; a la guerra, como desorden, desarmonía, discordia, desmesura” (S. Cotta, La questione della pace, en Id., I limiti della politica, cit., p. 491). Araucaria21-1-.indd 21Araucaria21-1-.indd 21 15/04/2009 12:21:0415/04/2009 12:21:04
22 Thomas Casadei y Domenico Felice Entre los puntos que llevan a Cotta a ‘simpatizar’ con Montesquieu se halla de hecho también el de la crítica del último a la visión hobbesiana del hombre, crítica “basada en una interpretación de los caracteres del ser humano mucho más compleja que la del autor inglés”64. Para Montesquieu el hombre, como emerge con claridad del mito de los trogloditas en las Lettres persanes65, no se reduce a egoísmo y utilitarismo; al contrario, lleva en sí tanto la posibilidad del egoísmo como la de la virtud y, sobre todo, no puede prescindir, en sus acciones, de la moral66. Ése de la ambivalencia humana es un tema que Cotta empieza a afrontar justo a partir de su refl exión sobre Montesquieu, y que enseguida llegará a ser como el fi l rouge de su exquisitamente fi losófi ca investigación. 4. Montesquieu contra Rousseau: las raíces de la filosofía del límite de Cotta No cabe, pues, asombro si una de las fuentes, la principal quizá, de la fi losofía de Cotta la constituya la obra de Montesquieu, pensador esencial para orientarse en el presente, y al que Cotta se dirige para dar una respuesta a los problemas que él mismo se plantea. Y sobre Montesquieu, como sobre Agustín y Rousseau, el fi lósofo fl orentino ha vuelto recurrentemente, en prueba de la profunda infl uencia de un sistema de pensamiento sobre el ánimo de quien lo ha estudiado, quien se ve inducido a vueltas y precisiones en su búsqueda de ulteriores y más meditadas respuestas. Montesquieu es una fuente en la que abrevar al objeto de comprender las diversas sociedades, sus transformaciones, como también para actuar en el interior de las mismas, para tomar posición. La moderación, y por tanto la idea de límite, es la clave, según se dijo, del entero pensamiento fi losófi co y político de Montesquieu. Prueba sufi ciente la constituyen los tres cruciales fragmentos siguientes de su obra maestra, el EL (fragmentos que Cotta conocía a la perfección y que cita en diversas ocasiones): “(…) constituye una experiencia eterna el que todo hombre con poder es llevado a abusar del mismo; eso sucede hasta que se topa con límites. ¡Quién lo diría! La propia virtud necesita límites. A fi n de impedir el abuso del poder es menester que (…) el poder refrene el poder” (XI, 4); “Lo afi rmo, y hasta creo 64 Leggere Montesquieu, oggi: dialogo con Sergio Cotta, cit., p. 896. 65 Cf. Lettres persanes XI-XIV, en Œuvres complètes, cit., vol. I, C, pp. 26-36. 66 Una Pensée, la n° 207, revela nítidamente el anti-hobbesianismo y también el anti-maquiave- lismo de Montesquieu: el hecho de que los españoles, con sus crueldades y devastaciones, lograran sus propósitos durante el descubrimiento (o sería mejor decir conquista) del Nuevo Mundo, para nada les justifi ca: “Es verdad que las acciones son siempre juzgadas por el éxito, pero ese juicio de los hombres es en sí mismo un abuso deplorable de la moral”. Y en Cotta, lector atento de Montesquieu pero también de Agustín, la relación entre política y moral también comprende siempre el derecho, “que se indaga como problema teorético” (G. Marini, Introduzione. Sui limiti della politica, cit., p. 8): al respecto, véase S. Cotta, Per una fondazione del rapporto tra morale e politica (1989), en Id., I limiti della politica, cit., pp. 497-521. Araucaria21-1-.indd 22Araucaria21-1-.indd 22 15/04/2009 12:21:0415/04/2009 12:21:04
23 Por una fi losofía del límite: Sergio Cotta, intérprete de Montesquieu no haber escrito esta obra [el EL] sino para demostrarlo: el espíritu de moderación debe ser el del legislador; el bien político, como el bien moral, se halla siempre entre dos límites” (XXIX, 1); “Lo afi rmaré siempre: es la moderación lo que gobierna a los hombres, nunca el exceso” (XXII, 22). Son, las enucleadas, tres afi rmaciones capitales que ‘rigen’ todo el EL y la entera fi losofía de Montesquieu, conceptos que no podían escapar al fi ltro de un exegeta y fi no intérprete crítico como Cotta. La fi losofía política, la fi losofía moral y la antropología de Montesquieu (junto a su visión de la estructura institucional) representan un fresco perfecto respecto de las posibilidades ínsitas en la idea de límite, según demuestran los textos apenas citados: el gobierno moderado es el gobierno en el que un poder es “frenado (arrêté)”, o “limitado (limité)”67, por otro poder; “el bien político, como el bien moral, se halla siempre entre dos límites”; es “la moderación” (vale decir, el punto focal, el eje arquimédico de la fi losofía del límite) “la que gobierna a los hombres, nunca el exceso” (vale decir, la fi losofía de lo ilimitado). Esa tensión por el sentido de la mesura y contra todo exceso queda bien recogida en otros textos del EL: “(…) el exceso mismo de la razón no es deseable, (…) los hombres casi siempre acomodan mejor los términos medios que los extremos” (XI, 6, in fi ne); “No hay que conducir a los hombres por las vías extremas” (VI, 12). En ese horizonte es donde halla una explicación última la antítesis entre Montesquieu y Rousseau, sobre la que se apoyan las interpretaciones del pensamiento político moderno (mas también contemporáneo, dado que de ambos autores surgen dos modelos esenciales de sociedad y de política que van más allá de la época en la que vivieron) por parte de Cotta68. El interés por Rousseau, a partir de los primeros años sesenta del pasado siglo, no signifi ca un alejamiento de Montesquieu, sino que más bien apunta a una más amplia exploración de los modernos puntos de arribo al tema político. Como explícitamente declara Cotta, el estudio de los dos grandes autores dieciochescos sirve, “mediante una especie de comparación implícita, para 67 Cf. Pensée n° 918: “Todo gobierno moderado, es decir, aquél en el que un poder está limitado por otro poder, requiere siempre mucha sabiduría para poder establecerlo, y mucha sabiduría para poder conservarlo”. 68 Para un cuadro conjunto de la interpretación cotidiana véase la recopilación, citada varias veces –de título marcadamente anti-roussoniano– I limiti della politica. Una aproximación entre ambos fi lósofos, con miras esta vez a señalar sus convergencias, se contiene en el circunscrito, pero aún estimulante, estudio de P. Janet, Comparaison des théories politiques de Montesquieu et de Jean-Jacques Rousseau, en Id., Histoire de la science politique dans ses rapports avec la morale, Paris, Alcan, 18873, pp. 465-477. Cf. también el análisis comparado llevado a cabo por M.A Cattaneo en sus dos estudios: Le dottrine politiche di Montequieu e Rousseau, Milano, La Goliardica, 1964, Montesquieu, Rousseau e la Rivoluzione francese, Milano, La Goliardica, 1967; y el rico ensayo di Viola Recchia, Uguaglianza, sovranità, virtù. Rousseau lettore dell’”Esprit des lois”, en D. Felice (ed.), Montesquieu e i suoi interpreti, cit., pp. 67-108. Araucaria21-1-.indd 23Araucaria21-1-.indd 23 15/04/2009 12:21:0415/04/2009 12:21:04
24 Thomas Casadei y Domenico Felice profundizar las (…) refl exiones acerca de la política y de sus problemas”69. El estudio de Rousseau surge también de la exigencia de dar una respuesta a cierta infatuación ‘politicista y democraticista’ de un amplio espectro de la intellighenzia, la cual, en los pasados años sesenta y setenta, consideraba haber hallado en el “demócrata” Rousseau a uno de sus profetas (relegando al olvido al “liberal” Montesquieu). Los estudios sobre el Ginebrino70 sirvieron por tanto a Cotta “para arrojar luz al callejón ciego en el que, en defi nitiva, culmina el razonamiento de dicho autor y, en sustancia, a los límites de la política como instrumento de resolución de los problemas fundamentales del hombre” –límites que emergen claramente “de una discusión más atenta de sus escritos”71. Como subraya Cotta en estos estudios, la posición de Rousseau respecto de la política se caracteriza por dos aspectos fundamentales (ambos lo alejan netamente de Montesquieu): El primero se refi ere al planteamiento gnoseológico y metodológico de fondo: si para Montesquieu el estudio de la política se dirigía en lo esencial a comprenderla en su realidad y en sus leyes, para el Ginebrino el conocimiento se orienta en cambio a transformar el mundo, a instaurar una sociedad nueva que sane las defi ciencias de la existente. La fi losofía de Rousseau, que en ese punto anticipa algunos desarrollos importantes del siglo sucesivo, es ciertamente una fi losofía de la revolución. El segundo punto se refi ere al lugar de la política en la experiencia humana; como se ha subrayado ya, el interés preminente de Montesquieu por la política no lo induce, cierto, a desconocer la relevancia de otras experiencias humanas (comenzando por la religión, pero no sólo); en Rousseau, en cambio, emerge una verdadera y propia primauté du politique, una concepción, en suma, que hace depender de la política la resolución de los problemas del hombre de manera radical. 69 Leggere Montesquieu, oggi: dialogo con Sergio Cotta, cit., p. 901. 70 El primer estudio apareció en “De homine”, 3 (1964), pp. 293-310; y, precedentemente, traducido al francés con el título Philosophie et politique dans l’œuvre de Rousseau. Un essai d’interprétation, en “Archiv für Rechts- und Sozialphilosophie”, 49 (1963), pp. 171-189; el segundo, en “Giornale di metafi sica”, 19 (1965), pp. 1-21; y traducido al francés col título Théorie religieuse et théorie politique chez Rousseau, en Rousseau et la philosophie politique. Colloque de l’Institut international de philosophie politique (22-23 juin 1962), Paris, Puf, 1965, pp. 171- 194. Los dos estudios se hallan hoy reunidos, con los mismos títulos italianos, en S. Cotta, I limiti della politica, cit., pp. 225-245 e 263-284 (cf., supra, nota 53). 71 Leggere Montesquieu, oggi: dialogo con Sergio Cotta, cit., p. 902. Sobre esta crítica a los excesos de la política –que se manifestó concretamente en los años de la contestación a partir de mayo del 68– ha dirigido la atención Francesco D’Agostino: Ricordo di Sergio Cotta, “L’occidentale” [27.V.2007], http://www.loccidentale.it/node/2431. Para un estudio equilibrado sobre las instancias democráticas contenidas en la obra de Rousseau, véase V. Mura, La teoria democratica del potere. Saggio su Rousseau, Pisa, Ets, 1979. Para la interpretación democrática, véase también el célebre I. Fetscher, La fi losofi a politica di Rousseau. Per la storia del concetto democratico di libertà (1968), tr. it. di L. Derla, Milano, Feltrinelli, 1972. Araucaria21-1-.indd 24Araucaria21-1-.indd 24 15/04/2009 12:21:0515/04/2009 12:21:05
25 Por una fi losofía del límite: Sergio Cotta, intérprete de Montesquieu Para Rousseau, además, “al ser la sociedad la fuente de la desnaturalización y de la corrupción del hombre respecto de su inocencia originaria, la salvación deriva de un cambio político radical y de la prevalencia de esa estructura estatal caracterizada por la supremacía de la volonté générale, la cual, con su exaltación del grand tout benéfi co y ordenado, niega la dialéctica de las opiniones. Lo más diverso, pues, de la visión de Montesquieu de las relaciones entre sociedad y política”72, así como de la articulación pluralista de la sociedad, con sus ‘promanaciones’ partidistas73. Empero, conviene recordar, aunque sea de manera incidental, que según una interpretación elaborada por Cotta que comportará gran discusión, la centralidad de la política no será la última palabra de Rousseau. En otro célebre trabajo suyo (Rousseau ou de l’insuffi sance de la politique [1978]74) “el reduccionismo político del Ginebrino cede fi nalmente paso, en las Rêveries du promeneur solitaire (1776-1778), a una desilusión profunda por la política y a un redescubrimiento de la interioridad en relación con la sumisión del individuo al deber cívico y a la opinión pública”75. Otro modo, por parte de Cotta, para remachar los límites de la política (más que sus “razones”76) y para sugerir que 72 Leggere Montesquieu, oggi: dialogo con Sergio Cotta, cit., p. 902. De manera análoga en Filosofi a e politica nell’opera di Rousseau: “Con aboluta coherencia, la fi losofía como revolución de Rousseau desemboca en el Estado ético y totalitario, único instrumento posible de aquella restauración del orden absoluto y perfecto propio de la primera condición de inocencia que para el Ginebrino constituía la única garantía de paz y de concordia entre los hombres. Pero que haya allí lugar para la autonomía del individuo y para la dialéctica de la libertad en ese ‘gran todo’, lo niego” (I limiti della politica, cit., pp. 244-245). Dialéctica de la libertad –observa Cotta en nota– che constituye en cambio el “gran descubrimiento de Montesquieu” (ibid., p. 245, nota 35). Aspecto ése igualmente puesto en resalte por Arendt quien, en la horma de Montesquieu, se opone frontalmente al republicanismo roussoniano. Para un análisis de dicho aspecto, permítasenos remitir a Th. Casadei, Il senso del ‘limite’: Montesquieu nella rifl essione di Hannah Arendt, cit., en part. pp. 826-838. 73 Como para Montesquieu, Cotta explora también para Rousseau el tema de la relación entre religión y política, extrayendo todas las diferencias. “Si, como ya se ha dicho, Montesquieu, luego de una reductiva visión inicial de la religión como instrumentum regni, ha ido reconociendo el signifi cado y la fuerza autónoma de la religión (y en especial de la cristiana) respecto de la política, muy diversa es en cambio la posición de Rousseau, quien en el Contrato social (1762), o sea, en su obra principal, al atribuir a la política una efectiva función soteriológica (de ella depende no sólo la salvación política y temporal, sino también la moral y espiritual del hombre), llega a una genuina divinización del Estado, mientras reduce la religión a una simple función social” (Leggere Montesquieu, oggi: dialogo con Sergio Cotta, cit., p. 903). 74 En “Rivista internazionale di fi losofi a del diritto”, 55 (1978), pp. 847-860. En italiano, con el título Rousseau. L’insuffi cienza della politica, el ensayo se publicó en “Il Veltro. Rivista della civiltà italiana”, 22 (1978), pp. 235-246, y ahora se halla en S. Cotta, I limiti della politica, cit., pp. 285-299. 75 Leggere Montesquieu, oggi: dialogo con Sergio Cotta, cit., p. 903. 76 Hace referencia todavía a un texto –simpatético en este caso, sin embargo, respecto del punto de vista roussoniano– que se inserta en el debate en torno a las tesis de Rousseau: M. Reale, Le ragioni della politica. J.-J. Rousseau dal “Discorso sull’ineguaglianza” al “Contratto sociale”, Roma, Edizioni dell’Ateneo, 1982. Araucaria21-1-.indd 25Araucaria21-1-.indd 25 15/04/2009 12:21:0515/04/2009 12:21:05
26 Thomas Casadei y Domenico Felice la salvación del hombre se da en su interioridad, en su dimensión espiritual77. Y que, en defi nitiva, quepa hallar confi rmación de eso justo en los resultados últimos de la refl exión del fi lósofo de la “hipertrofi a de lo político”, o sea, de Rousseau, no hace sino demostrar la fuerza de la intención teorética de Cotta, además de su persistente compromiso con esa fi losofía del límite magistralmente pespunteada por Montesquieu. 77 Si bien se mira, la perspectiva de Montesquieu al respecto, como la de Arendt, tiende a un mayor arraigo en la dimensión social y ‘terrena’. En una entrevista sobre el enfoque intelectual (pero también existencial) de Arendt, George Kateb afi rma: “(…) Arendt [s]e ha ocupado del mal que nace de las acciones de la política y del modo en el que la política, emprendida con espíritu adecuado, deviene junto a la vida contemplativa la más alta actividad del hombre. En mi opinión, el motivo principal de su atractivo reside en el hecho de que, aun habiendo estudiado la política en la peor de sus formas, Hannah Arendt insista en considerarla, cuando se realiza en su modo mejor, una de las más altas aspiraciones del hombre. Al menos en el siglo XX ningún otro teórico de la política ha logrado, como sí le sucedió a Arendt, unir una comprensión tan profunda del mal que puede surgir de la actividad política con la convicción, igual de fi rme y profunda, de que la vida dedicada a la política, siempre que asuma su forma mejor, es una de las conquistas humanas más altas. Su tenaz interés por lo peor y lo mejor de la vida política no sólo constituye el secreto de su atractivo, sino que es a la vez el hilo conductor de sus numerosos escritos sobre el tema. Desde el punto de vista de la evolución del pensamiento de Arendt, el interés por la forma peor de la política es el primero en encenderse con el libro sobre los Orígenes del totalitarismo, de 1951; las refl exiones sobre el modo virtuoso de confi gurarse la política llegan después, en 1958, en Vida activa. Desde la publicación de ambos trabajos, durante el resto de su vida Hannah Arendt se preocupó por indagar lo peor y lo mejor en el ámbito político, así como su relación” (G. Kateb, Hannah Arendt – L’origine del totalitarismo [1992], http://www.emsf. rai.it/scripts/interviste.asp?d=91). Tales consideraciones devuelven precisamente la tensión que aproxima a Arendt a Montesquieu: aquélla refl exionó sobre el totalitarismo (el abismo / las tinieblas) y la libertad (el vértice / la luz), sobre la opresión y sobre la libertad, sobre la ‘bestialidad’ y sobre la ‘angelicalidad’ de la política, tal y como Montesquieu refl exionó sobre el despotismo y sobre las formas del gobierno moderado. Diversamente a cuanto sostiene Cotta, Montesquieu (y también Arendt) ha trabajado sobre la dimensión ‘terrena’ del hombre: a partir del análisis del abismo ha ‘imaginado’ las posibilidades de una ‘salvación’ terrena (que es salvación del dominio, de la violencia), a la que el hombre –libremente– puede añadir también la ultraterrena; ambas dimensiones no se excluyen, pero la segunda no debe desviar de la primera, y de ahí el enfoque del todo singular de Montesquieu al cristianismo, a su dimensión ‘mundana’, según se ha argumentado de manera sucinta en las páginas precedentes. Araucaria21-1-.indd 26Araucaria21-1-.indd 26 15/04/2009 12:21:0515/04/2009 12:21:05