La Querella de las Mujeres en la deconstrucción del imaginario patriarcal
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Mercedes Arriaga Flórez y Eva María Moreno Lago Literatura, Lenguajes e Imaginarios Sociales - 69 LA QUERELLA DE LAS MUJERES EN LA DECONSTRUCCIÓN DEL IMAGINARIO PATRIARCAL Mercedes Arriaga Flórez Eva María Moreno Lago Universidad de Sevilla La Querella de las mujeres como trasformación del imaginario patriarcal En la red intertextual que se produce en la cultura del Humanismo y Renacimiento, conocida como la Querella de las Mujeres, participan escritoras y escritores europeos, que en el terreno de lo imaginario simbólico confron- WDEDQXQD´YLVLyQGHOPXQGRµPLVyJLQDGHFRUWHPHGLHYDO y clerical, contra la nueva concepción humanista laica que concedía a las mujeres un papel relevante, aunque fuera siempre subordinado al hombre, en la sociedad, la cultura y, sobre todo, en la familia. Estos textos siguen de cerca el desarrollo de un discurso social más amplio, del que pue- GHQFRQVLGHUDUVH´VXSOHPHQWRVµ$QJHORWHQWRUQR a las mujeres y al rol que se les asigna, especialmente en la cultura. El imaginario colectivo en el que se elabora el sentido y la narrativa sobre la vida de una determinada sociedad también está atravesado por la categoría de género puesto que en él co-existen imaginarios femeninos1 y masculinos 1 En opinión de Rebolledo podemos considerar como imaginario femenino Ğů conjunto de imágenes, símbolos y representaciones míticas de la mujer como miembro de una comunidad, las cuales habrían sido producidas por las mismas mujeres como expresión de su particular forma de existir como grupo, dentro de
La Querella de las Mujeres en la deconstrucción del imaginario patriarcal 70 ʹ Literatura, Lenguajes e Imaginarios Sociales que se asocian, se incluyen, pero también se contradicen y se oponen. En la Querella de las Mujeres la identidad de género de escritores y escritoras, que tiene como base el cuerpo sexuado, reelabora simbólicamente la cultura a partir de categorías de sentido y de significación (Rebolledo, 2006). Se producen de tal suerte transformaciones sociocognitivas en esas mismas identidades, en los géneros literarios, imágenes, símbolos y representaciones de hombres y mujeres. Los textos de la Querella constituyen heterodoxias que corroen la lógica del discurso dominante patriarcal poniendo de manifiesto su incoherencia, sus contradicciones y sus arbitrariedades. En los orígenes del debate, figura la idea de los pedagogos humanistas de extender la educación también a las mujeres que llevó, en sustancia, a concederles una dignidad intelectual antes negada, rompiendo así con la herencia biológica sostenida desde el discurso médico y filosófico, que proclamaba la inferioridad también mental de las mujeres2. Las escritoras italianas humanistas que escriben o declaman en latín o griego se constituyen como HMHPSORVYLYRVTXHGHVPLHQWHQOD´QDWXUDOH]DµIHPHQLQD descrita desde los filósofos y médicos griegos, pasando por los padres de la iglesia, como torpe, simple, incapaz, imbecilitas sexus . Entre ellas y los iconos y personajes femeninos presentes en los catálogos de mujeres ilustres o en los manuales de conducta dirigidos a mujeres, se produce un choque de imágenes, conceptos, símbolos en el que las HVFULWRUDVOXFKDQSRUDILUPDUVHFRPRPXMHUHV´VLQJXOD UHVµDGMHWLYRHQWHQGLGRHQVXGREOHDFHSFLyQGHLQGLYL duales y de excepcionales. ƵŶĂƐŽĐŝĞĚĂĚ;ZĞďŽůůĞĚŽϮϬϬϲͿ 2 Según ŽƵƌĚŝĞƵůĂĚŝǀŝƐŝſŶĚĞůŵƵŶĚŽďĂƐĂĚĂĞŶƌĞĨĞƌĞŶĐŝĂĂůĂƐĚŝĨĞƌĞŶĐŝĂƐ biológicas y sobre todo a las que se refieren a la división del trabajo de procreación y reproduĐĐŝſŶĂĐƚƷĂĐŽŵŽůĂŵĞũŽƌĨƵŶĚĂĚĂĚĞůĂƐŝůƵƐŝŽŶĞƐĐŽůĞĐƚŝǀĂƐ;ŽƵƌͲ dieu 1980: 366).
Mercedes Arriaga Flórez y Eva María Moreno Lago Literatura, Lenguajes e Imaginarios Sociales - 71 Contra las representaciones serializadas de los catálogos compilados por hombres, como el De mulieribus claris (1362) de Boccaccio, donde las mujeres atienden a diferentes personificaciones de arquetípicas esencias de mujer, representaciones más o menos sofisticadas de una femineidad metafísico-discursiva, personajes símbolos de vicios o virtudes, o contra los manuales de conducta, como el de Francesco Barberino, Reggimento dei costumi di donna (1320) que las clasifica en grupos de solteras, vírgenes, casadas o viudas, las escritoras humanistas afirman su identidad personal saliendo de lo indiferenciadocolectivo femenino para entrar en lo particular e intransferible masculino. A las escritoras les resulta problemático identificarse con estas figuras que encarnaran las virtudes más apreciadas por la sociedad patriarcal: el silencio, la castidad, la modestia y la belleza, que comportan la obediencia y la renuncia de sí misma en pos de ser lo que 6LPRQHGH%HDXYRLUOODPD´FXHUSRUHDORVLPEy OLFRSDUDRWURVµ Si los escritores convierten las mujeres reales del pasado en iconos, las escritoras realizan la operación contraria, convirtiendo en mujeres encarnadas los iconos, despojándolas de su carácter estereotipado para devolverles una humanidad que les había sido negada. Así para Christine de Pizan (1364-1430) figuras como Circe o Me- GHD ´IXHURQ PXMHUHV TXH VH HTXLYRFDURQ PXFKR SRUTXH DPDURQ PXFKRµ FRQFHGLHQGR XQ VWDWXV SULYLOHJLDGR DO error, como instrumento de transformación y de indagación de la experiencia personal. Louise Labé (1525-1566) parece recoger esta idea y, GLULJLpQGRVHDVXVLQWHUORFXWRUDVHVFULEH´Damas, no me culpéis si es que he amado,/si es que he sentido antorchas PLODUGLHQWHVPLOIDWLJDV\PLOSHQDVPRUGLHQWHVµ/DEp 2011: 45), considerando la equivocación como una forma de afirmación vital, que desmonta las rígidas categorías binarias de la cultura patriarcal en la que solo existe el
La Querella de las Mujeres en la deconstrucción del imaginario patriarcal 72 ʹ Literatura, Lenguajes e Imaginarios Sociales acierto o el error, en las que se pierden todos los matices intermedios. No se queda atrás Teresa de Cartagena (1420/1435 - ¿?) que en su libro La arboleda de los enfermos (1481), pone en el mismo plano del resto de los humanos a quienes sufren discapacidades como ella, sorda de nacimiento. No solo liberándoles de la culpa de sus malformaciones, sino atribuyéndoles un mayor amor de Dios, cuya prueba es su libro que, según ella, le fue dictado por el sumo hacedor al oído. Las escritoras lucharon con sus textos y sus palabras por incluir en el imaginario colectivo la diversidad, al pugnar por incluirse a sí mismas en los sistemas de representación con la otredad o la diversidad que ellas mismas encarnaban. Todas ellas tuvieron que enfrentarse a un sistema que las negaba como sujetos y que las apartaba de la cultura, no solo en cuanto mujeres, sino y, sobre todo, HQFXDQWR´GLIHUHQWHVµ\WDPELpQHQFXDQto potenciales ´GLVLGHQWHVµ Desplazamientos en la auctoritas Si el autor es, como sostiene Foucault (1984), una función cultural que como sistema de inclusión aglutina los saberes previos (géneros literarios, corrientes filosóficas, etc.), las escritoras van a tener que colocarse en ellos trasgrediendo los códigos literarios y contestando algunas de las ideas firmemente arraigadas en la cultura. Por otra parte, como sistema de exclusión, la función de autor rechaza las biografías de las escritoras al no cumplir las androcéntricas reglas vigentes que no contemplaban, por ejemplo, la figura de la escritora como mujer casada, que se ocupaba al mismo tiempo de la casa y de la literatura como Cassandra Fedele (1465-1558) o Laura Cereta (1469-1499).
Mercedes Arriaga Flórez y Eva María Moreno Lago Literatura, Lenguajes e Imaginarios Sociales - 73 Las escritoras redefinieron el paradigma de la auctoritas , que muchas veces les fue negada por sus contemporáneos o por la crítica póstuma, sustituyendo las figuras masculinas que reúnen la influencia, el poder y el prestigio con otras femeninas, lo que instaura una cadena de mujeres promotoras y garantes de la cultura, pero también una vinculación entre ellas a través de los textos literarios. Estas posturas desacatan el orden hegemónico establecido que concede a los hombres el poder de la autorización o desautorización en la cultura. La re-apropiación de los códigos amorosos en la escritura, cuya tradición oral era femenina, en la Península Ibérica, con las poetas de Al-Andalus (s XII al XIII), en Occitania con las Trobairitz (XII) y en Italia con poetas como Monna Nina siciliana (siglo XIII), ofrecen en poesía los primeros ejemplos de este cambio en la representación de la autoría, en el que las figuras masculinas (autor y yo que habla en el texto) no solo quedan descentradas o sustituidas por las femeninas, sino que este cambio comporta también un desplazamiento en los valores éticos, estéticos y emocionales. En estas tres generaciones de poetas, el código amoroso queda transformado por la utilización de un yo poético femenino que, rompiendo el código del silencio im- SXHVWRDODVPXMHUHVH[SUHVDVXVVHQWLPLHQWRV´siento tal amor por ti que si los astros lo sintiesen/ no brillaría el sol, ni la luna saldría, /ni las estrellas emprenderían su QRFWXUQRYLDMHµ:DOODGDbint al-Mustakfi, siglo XI), sus deseos eróticos sin QLQJXQDFODVHGHSXGRU´0XFKRPH place, desde que sé que es el más valiente/ aquel que más GHVHRTXHPHSRVHDµ&RQGHVDGH'tDVLJOR;,,RVXVRSL QLRQHVSROtWLFDV´&RQWHPSOD6HxRUWXUHEDxRDOUHGHGRU Ceñido por lobos que pretenden devorarlo;/Contempla cómo se extingue todo el honor de Italia/Porque en otro lugar habita el gran Pastor, Ortensia de Guglielmo, siglo XIV), contradiciendo de esta forma el canon de la lírica
La Querella de las Mujeres en la deconstrucción del imaginario patriarcal 74 ʹ Literatura, Lenguajes e Imaginarios Sociales amorosa petrarquista que presupone una mujer idealizada, alejada de toda realidad social o cotidiana, objeto de amor y veneración, pero muda (Cox, 2013). En la poesía petrarquista la irrupción de este yo femenino, que va a ocupar el lugar de la enunciación sustituyendo al poeta, tiene consecuencia no solo la aparición de un doble retrato femenino en el soneto, que recoge la imagen de la poeta y la de la mujer alabada, interlocutora y, a veces, destinataria real del texto, sino también la materialización de un imaginario en el que se establece un ´DSDUDWRGHFRQPHPRUDFLyQ\OHJLWLPDFLyn de edificación \HQVHxDQ]Dµ$QJHORWSURWDJRQL]DGRSRUPX jeres. Ambas, la poeta y su amiga o conocida alabada, quedan unidas en la inmortalidad que produce la poesía, eludiendo así el carácter inmanente impuesto a la condición femenina, que cancela nombres y hechos de mujeres. La poesía dirigida a otras mujeres por las poetas pe- WUDUTXLVWDVDFXVDGDVSRUODFUtWLFDOLWHUDULDGH´RSRUWX QLVPRµGHQRUHVSRQGHUDOWHPDDPRURVR tout cour y ta- FKDGDVGHHVFULELUVRQHWRV´GHRFDVLyQµHQUHDOLGDGH[ plora universos nuevos de significación para lo femenino. Podemos encontrar un ejemplo en Il primo libro delle opere toscane (1569) de Laura Battiferri (1523-1589) en el que los nombres propios de las mujeres elogiadas se escriben con mayúsculas y se convierten en caligramas en los que la interpretatio nominis despliega una gran variedad de significados simbólicos etimológicos y míticos. La intención de Battiferri es que esos nombres queden grabados en la memoria colectiva para que no puedan ser olvidados, devolviendo así a cada una de sus interlocutoras su singularidad y personalidad. Al unir su nombre al de ellas está autorizándose, de hecho, como auctoritas con el poder de consagrarlas y consagrase como monumentos para la posteridad. En el soneto dedicado a Leonora de Toledo escribe:
Mercedes Arriaga Flórez y Eva María Moreno Lago Literatura, Lenguajes e Imaginarios Sociales - 75 A Vos, real dama, consagro y doy, aunque vil mérito frente al valor vuestro, esta mano, esta pluma y esta tinta amaestro, y si alguien he sido, seré o soy. Si solo el sonido de mi musa pudiera igualar hoy lo que pienso de Vos, que a otros no muestro, como gloria y honor del siglo nuestro diría lo que razonando en el corazón voy. Y quizás como quién en el Sorga cantando elevó el laurel a tanto honor, siempre iría volando a cualquier lado, que Vos cuál sol, que al ciego mundo otorga luz, con vuestro dulce noble esplendor claridad aportaríais a mi obscuro legado (Arriaga, Cerrato, 2020: 73). Por otra parte, en el imaginario poético de Laura Battiferri muchas de las mujeres sobre las que escribe (Virginia Varano della Rovere, Eleonora di Toledo, Vittoria Farnese, Leonora Cibo de Vitelli, etc.), demuestran la excelencia femenina y, por tanto, son colocadas como axis mundi , diosas paganas o vírgenes María. Representadas bajo las metáforas del sol como centro del universo en el plano simbólico de idealización, pero también bajo las formas mundanas del princeps optimus , estas mujeres saben gobernar y gozan del público reconocimiento de sus súbditos por sus cualidades personales. Si nos trasladamos a la prosa, la afirmación de las escritoras como autoras-creadoras y, por tanto, como origen y propietarias de la creación de su obra, podemos encontrarla en géneros tan dispares como las memorias o los tratados filosóficos. Muchas veces el discurso de apropiación responde a un anterior intento de deslegitimación. 7HUHVD GH &DUWDJHQD /DXUD &HUHWD 7XOOLD '·$UDJRQD
La Querella de las Mujeres en la deconstrucción del imaginario patriarcal 76 ʹ Literatura, Lenguajes e Imaginarios Sociales (1510-1556), e incluso el grupo de poetas marquesanas del siglo XIV (Ortensia de Guglielmo, Eleonora della Genga, Giustina Levi Perotti, Livia del Chiavello y Elisabetta Trebbiani) van a verse despojadas de su autoría por parte de grupos que ostentan el poder cultural, haciéndose portadores de una opinión pública socialmente aceptada que desautoriza a las mujeres en la escritura. Por tanto, las (re)afirmaciones de estas escritoras, dichas y contradichas, transcienden el texto literario para desafiar directamente la función de autor y la autoridad patriarcal que la sustenta (Luna, 1995). Como escribe Teresa de Cartagena: Muchas veces me es dado a entender, virtuosa señora, que algunos de los prudentes varones y, también, hembras discretas se maravillan o se han maravillado de un tratado que, con la gracia divina administrando mi flaco entendimiento femenino, escribió mi PDQR«<GHHVWRVHKDVHJXLGRTXHODREUD femenina y de poca sustancia, que digna es de reproche entre los hombres comunes, con mucha razón sería hecha digna de admiración en la aprobación de los hombres singulares y grandes, pues el prudente no se maravilla sin causa cuando ve que el necio sabe hablar (Cartagena, 1967: 52). Teresa apunta ya la existencia de un nuevo público masculino de educación humanista que puede desafiar los convencionalismos sociales en torno a las capacidades fe- PHQLQDV(VWRVKRPEUHV´VLQJXODUHV\JUDQGHVµVRQORV que van a convertirse en mecenas y aliados de las escritoras y los que introducen en sus obras nuevas imágenes de lo femenino. La autoría como fuente de verdad, en contra de las versiones de otros, se propone en las Memorias (1404) de
Mercedes Arriaga Flórez y Eva María Moreno Lago Literatura, Lenguajes e Imaginarios Sociales - 77 Leonor López de Córdoba (1362-1430), que constituyen un ejemplo del complejo entramado entre verdad, identidad y escritura autobiográfica, pero sobre todo, un texto marcado por la auto-afirmación de un yo femenino que se legitima a sí mismo en la escritura, a través del recurso retórico de la comparecencia ante un tribunal: Yo, Doña Leonor López de Córdoba.... juro SRU HVWD VLJQLILFDQ]D GH HQ TXH \R DGRUR como todo esto que aquí es escrito es verdad que lo vi y pasó por mí y escríbolo a honrra y alabanza de mi Señor Jesu Christo e de la Virgen Santa María su madre que lo parió... [...] es mi intención que quede por memoria, mandélo escrevir así como vedes (Ayerbe- Chaux, 1977: f. 195). No podemos dejar de leer en estas palabras el eco de una rebeldía a las normas sociales establecidas en el siglo XV en el que vive su autora, en el cual la palabra de las mujeres ante los tribunales tiene un escaso valor testimonial. El acto de escribir de Leonor López de Córdoba tiene consecuencias simbólicas de ruptura cultural y social al mismo tiempo, al conceder licencia a un sujeto mujer doblemente desautorizado: a hablar en público y a ofrecer su versión de los hechos, que se enfrenta, además, con la ´YHUVLyQµRILFLDOGHOSRGHU Paralelamente, Christine de Pizan, en su Ciudad de las damas (1404), se autoriza a sí misma a ofrecer una versión diferente de las mujeres en general y de algunas figuras del pasado, en particular, con la ayuda de tres damas: Razón, Rectitud y Justicia. Utilizando las alegorías femeninas de forma consciente, sustituye los modelos de auctoritas masculinos, presentándolos como incongruentes, mientras que la personificación de estos valores femeninos abstractos la ayudarán a desenmascarar la verdad (Caraffi, 1998).
La Querella de las Mujeres en la deconstrucción del imaginario patriarcal 84 ʹ Literatura, Lenguajes e Imaginarios Sociales en los hombres organiza el cuerpo y lo prepara para recibir al alma racionaO « $Vt que, si Eva se hubiera condenado a sí misma, el pecado de ella, como dañino solo para la pecadora, hay que estimarlo más leve. Adán introdujo en sí mismo el pecado y, por ende, en todas las generaciones y, siendo el representante de los que estaban por nacer, fue la primera causa de su ruina (Nogarola, 2013: 51). 7DPELpQ7XOOLD'·$UDJRQD-1556) en su Dialogo dell'infinità d'amore (1547), desarrolla en su texto el papel de filósofa que demuestra su supremacía a través de sus conocimientos retóricos y de su ironía, elementos que le permiten contestar la auctoritas de sus interlocutores, hombres intelectuales, que son llamados a callar y a escuchar. TULLIA No pienses en esto, y cuida de seguir; y, si es posible, allana las cosas, y desmenuza minuciosamente, sin mirar lo que sé, o no sé; que a decir verdad no me parece saber nada, salvo que no sé nada. VARCHI Eso no sería poco; y podrías compararte con Sócrates, que fue el hombre más sabio y mejor de toda Grecia. TULLIA No lo he dicho en este sentido. Haces las cosas demasiado finas. Pero si era tan bueno y tan santo, ¿por qué no lo imitáis vos? Como sabéis, todo lo confió a su Diotima, y aprendió de ella muchas cosas hermosas, especialmente de los misterios del amor. VARCHI ¿Qué hago ahora más que eso? TULLIA Hacéis lo contrario de lo que él hizo: porque él aprendía, y tú enseñas (D'Aragona, 1912: 27).
Mercedes Arriaga Flórez y Eva María Moreno Lago Literatura, Lenguajes e Imaginarios Sociales - 85 7XOOLD'·$UDJRQDDxDGHDVXLQDSURSLDGDFRQGLFLyQ GHPXMHUVXRILFLRSDUDPXFKRV´LQGLJQRµGHFRUWHVDQD aunque paradójicamente este status le permite evadir el decoro vigente en el lenguaje de las mujeres respetables (Cox, 2013) y acceder de forma más libre al discurso. Puede así afrontar el tema del amor rompiendo con los esquemas del neoplatonismo, en los que la mujer tiene un papel pasivo, aunque sea el instrumento de elevación espiritual y moral de la perfección masculina para proponer un nuevo modelo de relación entre hombre y mujer. La fórmula de Tullia invierte los planteamientos de otros filósofos y poetas que conceden mayor importancia a la persona que ama, mientras que ella concede ese valor a la persona amada. El cambio no es baladí puesto que estas dos posiciones amorosas están marcadas por posiciones de género, en las que los hombres ocupan el lugar activo y las mujeres el pasivo. Concediendo relevancia a la persona amada, se equilibran las desigualdades entre hombres y mujeres en las relaciones amorosas, en las que muchas mujeres se resisten a convertirse en meros objetos de deseo sexual de los varones. Por otra parte, se equipara la unión espiritual con la unión carnal entre los amantes, lo que implica una dignificación del cuerpo de las mujeres. Las ideas de Tullia contribuyen a fracturar en las relaciones amorosas diferentes órdenes hegemónicos y a propugnar una igualdad entre hombre y mujer imposible en otros ámbitos. La presencia de Diotima en su discurso es un enclave genealógico que se encuentra también en otras autoras como Cassandra Fedele o Laura Cereta, que tutela las escritoras estableciendo su capacidad moral para emitir una opinión cualificada.
La Querella de las Mujeres en la deconstrucción del imaginario patriarcal 86 ʹ Literatura, Lenguajes e Imaginarios Sociales Perturbaciones en los imaginarios de género En el tratado italiano di Leon Battista Alberti, Sofrona (1437), en el latino de Martino Filetico, Locundissimae disputationes (1462) y, posteriormente, en Gli Asolani (1505), de Pietro Bembo se produce una nueva representación de la figura femenina como interlocutora en un diálogo filosófico. Los protagonistas masculinos son los que toman la palabra y llevan el peso del discurso, mientras que las mujeres tienen un margen de intervención reducido, que se irá ampliando en algunos textos. A partir de los años cuarenta del siglo XVI, en plena moda literaria de los diálogos, van a proliferar las mujeres oradoras, sobre todo en aquellos que tratan de la conducta o el papel de las mujeres, de la familia, del amor o la belleza, argumentos considerados femeninos. Se produce, entonces, un cambio en el imaginario cultural, al considerar sus autores que los personajes femeninos son los que mejor pueden hablar de estos argumentos, reconociendo y trasladando estéticamente al texto la existencia de otro tipo de vivencias experienciales diferentes a las masculinas. La identidad monolítica masculina que ostentaba la visión-representación artística completa de lo real, incluye por primera YH]OD´GLIHUHQFLDIHPHQLQDµDXQTXH sea desde una visión androcéntrica y aunque sea motivada por la conveniencia social de los escritores de congraciarse con las mujeres de familias nobles. Se puede afirmar que la presencia literaria de las mujeres en tratados, diálogos, textos médicos, epistolarios, etc. está ligada a la organización social de este periodo (siglos XV y XVI), interconectada con factores políticos y económicos. Muchos de los tratados a favor de la educación de las mujeres o de la igualdad entre los sexos están dedicados a mujeres que ocupan puestos claves en el poder o en mecenazgo en cortes o señoríos italianos. Bartolomeo
Mercedes Arriaga Flórez y Eva María Moreno Lago Literatura, Lenguajes e Imaginarios Sociales - 87 Goggio, escribe De laudibus mulierum (1497), para Leo- nor de Toledo, alabada por su capacidad de ser al mismo tiempo madre-esposa y mujer de cultura y gobierno. Este texto supone una apertura en las funciones que una mujer podía desempeñar y establece claramente la legitimidad de las mujeres que actúan en un ámbito público, de la que se beneficiarán las escritoras, las mecenas, las lectoras y el público femenino. Desde el punto de vista de la representación, el diálogo renacentista coloca en un mismo escenario a hombres y mujeres, incluyendo a estas últimas en círculos de debate mixtos que constituyen una novedad cultural. En Siena, la Academia de los Intronati , fundada en 1525, constituye un buen ejemplo del clima de colaboración cultural que se establece entre los miembros de la Academia y las mujeres nobles de la ciudad, entre las que se encuentran también numerosas poetas. Los Intronati organizan veladas y otros acontecimientos culturales en los que participa un público femenino, promueven una cultura en lengua italiana para favorecer su acceso a las mujeres que no estudian latín e incentivan la participación de las poetas en la cultura con certámenes o lecturas públicas de sus textos (Mauriello, 1971). Aunque los protagonistas del sistema literario siguen siendo los escritores, también irrumpen como elementos nada despreciables las receptoras, interlocutoras o autoras. En este sentido fue importante la colaboración de polígrafos como Nicolò Franco (1515-1570), Lodovico Dolce (1508-1568) o Ludovico Domenichi (1515-1564), que editaban e imprimían textos de escritoras a cambio del patrocinio de estas para sus propias obras, promocionando y difundiendo, de hecho, la cultura producida por las mujeres. Mientras que la poesía lírica petrarquista sigue siendo un género monopolizado por un yo masculino que habla de sus sentimientos y del amor, la prosa concede a
La Querella de las Mujeres en la deconstrucción del imaginario patriarcal 88 ʹ Literatura, Lenguajes e Imaginarios Sociales las mujeres una presencia y una voz, aunque sea mediada y filtrada a través de las posiciones más o menos filóginas de sus autores. En este contexto nacen los diálogos en los que intervienen mujeres reales como personajes que exponen sus ideas y posiciones ideológicas en torno a muchas cuestiones, no solo amorosas sino también políticas o religiosas. Emblemático fue el ejemplo de Ortensio Lando (1510-1558), que mantuvo una intensa colaboración textual con Lucrezia Gonzaga, de cuyas palabras e ideas se hace portavoz en diferentes obras (Ray, 2009). Los textos filóginos de los escritores que participan en la Querella de la Mujeres ponen de manifiesto la naturaleza discursiva de la categoría de género, que resulta imposible desligar de las intersecciones políticas y culturales en las que se produce. En estos textos hay una clara voluntad de superar el binarismo y las rígidas posiciones GH´KRPEUHµ´PXMHUµRFXDQWRPHQRVXQDSUREOHPDWL]D ción de esas categorías. En algunos textos se producen anomalías o disonancias en las que los hombres hablan a favor de las mujeres o, al contrario, las mujeres hablan a favor de los hombres y en contra de sí mismas. Los escritores que hablan por boca de sus personajes femeninos, pueden utilizarlos para exponer ideas y argumentos misóginos, como sucede por ejemplo en el Dialogo della dignità delle donne (1542) de Sperone Speroni (1500-1588) en el que la noble Beatrice Pio degli Obizzi, sostiene la tesis aristotélica de la naturaleza inferior de las mujeres para justificar la sumisión al marido dentro del matrimonio. Estos personajes femeninos, utilizados precisamente por su conexión y empatía con las lectoras, las obligan a leer contra la propia subjetividad de mujer y a identificarse con ese punto de vista y con un sistema de valores misóginos. Autores como Alessandro Piccolomini (1508-1579) y Pietro Aretino (1492-1556) utilizan la máscara y el tra-
Mercedes Arriaga Flórez y Eva María Moreno Lago Literatura, Lenguajes e Imaginarios Sociales - 89 vestismo, volviéndose ventrílocuos de personajes femeninos sexualizados, como Raffaela o Nanna, celestinas y rufianas, que aconsejan a otras mujeres sobre la forma de comportarse inmoralmente. Por otra parte, un grupo de autores (Girolamo Ruscelli, Lodovico Domenichi, Luigi Dardano, Alessandro Piccolomini, Ludovico Dolce, Aonio Palleario, Cristofano Bronzini) van a considerarse a sí mismos abogados, protectoUHVR´GHIHQVRUHVµGHODVPXMH res (Dialetti, 2003), desplegando el discurso de la excelen- FLDIHPHQLQD\FRORFiQGRVHHQFRQWUDGHVXV´HQHPLJRVµ Son escritores que se reconocen como parte de una élite social y cultural, herederos de valores caballerescos, iluminados, virtuosos y refinados, que se enfrentan dialécticamente con los despreciados misóginos, hombres sin cultura, malvados, calumniadores, envidiosos y de baja extracción social5. Colocarse de parte de las mujeres permite a estos autores forjar distinciones hegemónicas dentro de la masculinidad y remarca su identidad socio-cultural, al mismo que tiempo que estrechan lazos de amistad y redes de influencia con los demás miembros de su círculo. Se produce también un enfrentamiento simbólico entre textos escritos por hombres y mujeres, a pesar de que todos traten los mismos argumentos: el papel de las mujeres en el amor, la sociedad, su educación, las virtudes que deben seguir, etc. Los escritores fluctúan en sus posiciones misóginas o filóginas según el periodo de su vida, de sus alianzas, de los géneros literarios que utilizan o de las partes de una misma obra. En cambio, y, al contrario, las escritoras, aun teniendo una concepción elitista de sí mismas con respecto a otras mujeres, se abstienen de condenar a todo su sexo, haciendo una generalización que las perjudicaría in primis a ellas mismas. Christine de Pizan 5 ĞŵŽƐƚƌĂŶĚŽĐŽŵŽůĂƐƌĞůĂĐŝŽŶĞƐĚĞŐĠŶĞƌŽƐĞĞƐƚĂďůĞĐĞŶĞŶƚƌĞƐƵũĞƚŽƐƐŽĐŝĂůͲ ŵĞŶƚĞĐŽŶƐƚŝƚƵŝĚŽƐĞŶĐŽŶƚĞdžƚŽƐĞƐƉĞĐşĨŝĐŽƐ;ƵƚůĞƌϮϬϬϭϰϯͿ
La Querella de las Mujeres en la deconstrucción del imaginario patriarcal 90 ʹ Literatura, Lenguajes e Imaginarios Sociales recriminaba precisamente a Jean de Meum la generalización del retrato negativo de las mujeres que no distinguía entre las de moral irreprochable y las deshonestas. En cambio, ella considera que existen mujeres pecadoras, merecedoras de castigo, pero también otras virtuosas y dignas de alabanza. Esta distinción, elaborada en otros términos, la recoge Laura Cereta en su epístola a Lucilla Vernacula: Pero no puedo soportar a las mujeres chismosas y murmurantes que, inflamadas por la ebriedad y el vino, calumnian con sus palabras petulantes no solo a su sexo, sino, más aún, a sí mismas. Estas débiles mentales elegidas, de entre sus vecinas, de la cacerola tabernaria, como consultoras en numerosísimas votaciones, en seguida intentan aniquilar a aquellas que sobresalen de manera más extraordinaria con la bilis de su hígado (Cereta, 2020: 63). A partir de la obra de Christine de Pizan, en la que se afirma que la inferioridad femenina es el resultado de una educación desigual entre hombres y mujeres: Si la costumbre fuera mandar a las niñas a la escuela y enseñarles las ciencias con método, como se hace con los niños, aprenderían y entenderían las dificultades y sutilezas de todas las artes y ciencias tan bien como ellos (Lemarchand, 1995: 63). Otras escritoras, como Teresa de Cartagena, Laura Cereta, Isotta Nogarola, Cassandra Fedele, Louise Labé y Verónica Franco (1546-1591) van a reafirmarse en sus consignas. Su intento es demostrar la falacia de la biología femenina inferior y la arbitrariedad cultural que se esconde tras su argumentación. Lo consiguen a través de
Mercedes Arriaga Flórez y Eva María Moreno Lago Literatura, Lenguajes e Imaginarios Sociales - 91 ejemplos concretos de mujeres reales contemporáneas, y de ellas mismas como prototipos de mujeres que, utilizando la cultura lograron llegar a una excelencia igual o mayor a la de los hombres. Es muy significativo el retrato que Cassandra Fedele hace de la reina Isabel I de España, a través de su perfil político, guerrero y religioso, cuyos éxitos son incomparables: De hecho, todos están conformes en afirmar que vos bajasteis del cielo para componer estas divisiones y para reprimir a los enemigos del cristianismo, que ningún mortal ha podido reprimir, tanto que si alguno ha osado hacerlo su intento ha sido en vano. En verdad, vos habéis sido la única que bajo vuestro mando habéis sabido conducir un ejército de tropas a vuestro servicio contra una horda gigantesca de bárbaros infieles (Fedele, 2020: 79). Estas mujeres, que son excepciones a las reglas, al mismo tiempo, las ponen en entredicho señalando una vía de fuga para el resto de las mujeres, no cierto a un nivel familiar o social, en donde las estructuras jerárquicas permanecen inalteradas, pero sí en un nivel cultural, simbólico e utópico en el que las marcas de género quedan desdibujadas. Laura Cereta, Cassandra Fedele, Isotta Nogarola o Christine de Pizan se convirtieron en el imaginario FXOWXUDO HQ ´PXMHUHV YLULOHVµ WHQLHQGR TXH LJXDODUVH DO grupo de hombres que constituían los círculos humanistas con los que se relacionaban, pero al mismo tiempo en sus obras no dejaron de oponerse a una visión masculina de la vida, insertando en los razonamientos teóricos heredados experiencias vitales femeninas y denunciando la falta de libertad de las mujeres. En el imaginario renacentista de género se despliega una red de discursos, por parte de escritores y escritoras,
La Querella de las Mujeres en la deconstrucción del imaginario patriarcal 92 ʹ Literatura, Lenguajes e Imaginarios Sociales que producen y promueven nuevas representaciones de género y que nos remiten a sujetos culturales plurales y contradictorios. Las escritoras, y en menor medida los escritores filóginos, se convierten en predecesores y antecedentes de un discurso político que, como sostienen Deluze \*XDWDULH[SUHVDFRQGLFLRQHV´HQWDQWRSRWHQFLDVGLDEy licas del futuro o como fuerzas revolucionarias por cons- WUXLUVHµ'HOX]H\*XDWDUL(VWRVWH[WRVDOWHUDQ y desplazan la opinión hegemónica, por lo que son difícilmente legibles en lo inmediato (Angelot, 2015: 267), o como asegura Lotman (1999), contienen en sí todas las posibilidades de desarrollo futuras, un estallido de espacio de sentido todavía no desplegado. Por otra parte, esos textos tienen un carácter heurístico, que busca resolver la desigualdad y la inferioridad femenina a través de la creatividad literaria y de un pensamiento divergente, cuyo mecanismo se apoya en bases filológicas y críticas. Las escritoras utilizan un doble procedimiento que comprende la escritura pero, sobre todo, la relectura disidente (Fetterley 1978) de textos clásicos y contemporáneos, para evidenciar sus contradicciones, sus límites y sus fallos6. Simbolizar la diferencia, construir genealogías Las escritoras y escritores que participan con sus textos en la Querella de las Mujeres se constituyen como una genealogía en el sentido que Foucault concede a este tér- PLQRFRPRRSRVLFLyQDOD´KLVWRULDµWUDGLFLRQDORWRWDOFRQ la magnitud transgresora que presentan la visión alternativa del discurso histórico literario. La genealogía en este sentido detecta la singularidad de cada uno de ellos, 6 Anticipando así el concepto de revisión que para ĚƌŝĞŶŶĞZŝĐŚĞƐĞůĂĐƚŽĚĞ mirar atrás, de mirar con ojos nuevos, de asimilar un viejo texto desde una nueva orientación crítica, esto es para las mujeres más que un capítulo de historia cultuƌĂůĞƐƵŶĂĐƚŽĚĞƐƵƉĞƌǀŝǀĞŶĐŝĂ;ZŝĐŚϮϬϭϬϰϴͿ
Mercedes Arriaga Flórez y Eva María Moreno Lago Literatura, Lenguajes e Imaginarios Sociales - 93 y de sus obras, muchas veces consideradas marginales, heréticas o excéntricas. Algunos de los autores filóginos fueron acusados de protestantismo y heterodoxia (Bronzini y Domenichi), otros condenados a la hoguera (Paleario). Algunos textos de escritoras terminan en el índice de los libros prohibidos (Arcangela Tarabotti), o son ignoradas por la crítica literaria hasta el punto que permanecen en latín hasta el siglo XX (Isotta Nogarola, Cassandra Fedele, Laura Cereta). Las escritoras se representan a sí mismas en sus textos utilizando conscientemente lo que hoy llamamos el paradigma de la diferencia sexual (Cavarero, 1987), es decir, remarcando una visión y una posición relacionada con el hecho de ser mujer y tener que actuar en un mundo de hombres al que se enfrentan y en el que tienen que buscar un espacio para existir. La escritura y el lenguaje constituyen el instrumento para crearse ese espacio que, no solo afirma su presencia en la literatura y desafía la invisibilidad femenina, sino que también establece una trascendencia, una tradición literaria paralela a la canónica en la que cada una de las autoras es receptora y predecesora, constituyendo un nudo de una red genealógica que será retomado por escritoras y escritores posteriores. Christine de Pizan, Laura Cereta, Cassandra Fedele, Louis Labé, Laura Battiferri o Laura Terracina construyen su propia genealogía de mujeres del pasado y de su presente colocando a las mujeres en la historia bajo una luz interpretativa diferente, que desafía la estructura simbólica patriarcal. Lejos de aspirar a modelos de perfección (la perfecta casada, la perfecta soltera, la perfecta viuda), aspiran a legitimar sus experiencias vitales colocándolas al mismo nivel de conocimiento que las teorías construidas por el pensamiento masculino, lo cual constituye un manifiesto desacato. La genealogía constituye para ellas una forma de legitimación de su auctoritas , pero también una afirmación
La Querella de las Mujeres en la deconstrucción del imaginario patriarcal 100 ʹ Literatura, Lenguajes e Imaginarios Sociales RICH, A. (2010) Sobre mentiras, secretos y silencios . Madrid. Horas y Horas TERESA DE CARTAGENA (1967) Arboleda de los enfermos y Admiraçión operum Dey . L. J. HUTTON (ed.). Madrid: Anejos del Boletín de la Real Academia Española XVI, pp. 11-114. TIMONER, C., DEL MAR, M ´)XH OHYDGR PL HQWHQGL miento: Teresa de Cartagena y la escritura mística en IHPHQLQRµ Scripta, Revista internacional de literatura i cultura medieval i moderna , núm. 8 / desembre, pp. 148-163.