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Intervenciones en los Dólmenes de Antequera (1840-2020). Una revisión crítica

Mora Molina, Coronada; García Sanjuán, Leonardo

Abstract

Los monumentos megalíticos de Antequera (Málaga) han sido objeto de numerosas excavaciones arqueológicas, trabajos de restauración y proyectos de “urbanización” desde que entre 1842 y 1847 se iniciara la excavación de Menga y en 1903 y 1904 la exploración de Viera y El Romeral. El objetivo principal de estas intervenciones ha sido ampliar el conocimiento sobre las construcciones prehistóricas, mejorar su estado de conservación y facilitar su acceso al público. Sin embargo, muchas de ellas han tenido consecuencias negativas para la conservación y el conocimiento científico de los monumentos. Este artículo valora críticamente estas intervenciones a partir del análisis de la documentación disponible, consistente en proyectos previos, informes y memorias, planimetría, fotografías y publicaciones. Además, planteamos un conjunto de criterios que todas las actividades futuras realizadas en los megalitos antequeranos y sus alrededores deberían cumplir para evitar el deterioro y la pérdida de registro arqueológico.

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TRABAJOS DE PREHISTORIA 77, N.º 2, julio-diciembre 2020, pp. 255-272, ISSN: 0082-5638 https://doi.org/10.3989/tp.2020.12255 Copyright: © 2020 CSIC. Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia de uso y distribución “Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional” (CC BY 4.0) RESUMEN Los monumentos megalíticos de Antequera (Málaga) han sido objeto de numerosas excavaciones arqueológicas, trabajos de restauración y proyectos de “urbanización” desde que entre 1842 y 1847 se iniciara la excavación de Menga y en 1903 y 1904 la exploración de Viera y El Romeral. El objetivo principal de estas intervenciones ha sido ampliar el conocimiento sobre las construcciones prehistóricas, mejorar su estado de conservación y facilitar su acceso al público. Sin embargo, muchas de ellas han tenido consecuencias negativas para la conservación y el conocimiento científico de los monumentos. Este artículo valora críticamente estas intervenciones a partir del análisis de la documentación disponible, consistente en proyectos previos, informes y memorias, planimetría, fotografías y publicaciones. Además, planteamos un conjunto de criterios que todas las actividades futuras realizadas en los megalitos antequeranos y sus alrededores deberían cumplir para evitar el deterioro y la pérdida de registro arqueológico. ABSTRACT The Antequera dolmens have been the object of numerous archaeological excavations, restoration work and “urbanisation” projects since the first explorations were carried out at Menga between 1842 and 1847, and at Viera and El Romeral in 1903 and 1904 respectively. Although the main aim of these interventions was to increase the existing knowledge on these prehistoric constructions, improve their state of preservation and make them accessible to the wider public, the truth is that many of them had negative consequences for their conservation and scientific knowledge. In this paper, we attempt a critical valuation of the long history of interventions at the site, based on the analysis of the available documentation, including ‘grey literature’ (planning documents, projects, reports, planimetry and photographs) as well as published material. As a result, we propose a set of criteria that all future activities carried out at the site and its surroundings should meet in order to avoid previous problems, including the deterioration of the monuments themselves and losses to the archaeological record. Palabras clave: Patrimonio Mundial; Megalitismo; Menga; Viera; El Romeral; Península ibérica. Key words: World Heritage; Megalithism; Menga; Viera; El Romeral; Iberian peninsula. 1. INTRODUCCIÓN Los dólmenes de Antequera están enclavados en el norte de la provincia de Málaga, entre el valle del Guadalquivir y la cordillera bética (Fig. 1). Este gran sitio megalítico ha despertado un excepcional interés científico, académico y público desde que Rafael Mitjana y Ardison (1847) publicara un breve resumen de sus excavaciones en el dolmen de Menga. Durante el siglo XIX, la considerable celebridad de Menga le convertíría en un referente para el estudio de la monumentalidad prehistórica a nivel nacional e internacional (p. ej. referencias en Tenison 1853; Rojas 1861, 1874, 1879; Hancock 1882; Harlé 1887 y una excelente síntesis en Sánchez-Cuenca 2011). En 1886, el gran dolmen fue el primer sitio prehistórico español en lograr la declaración de Monumento Nacional, anticipándose en varias décadas a la cueva de Altamira. El descubrimiento del dolmen de Viera y el tholos de El Romeral a comienzos del siglo XX aumen- Intervenciones en los Dólmenes de Antequera (1840-2020). Una revisión crítica* Interventions in the Antequera Dolmens (1840-2020). A critical review Coronada Mora Molinaa y Leonardo García Sanjuána * Este trabajo es resultado del Proyecto “Biografías megalíticas: el paisaje monumental de Antequera en su contexto temporal y espacial” (HAR2017-87481-P, 2018-2021), Plan Nacional de I + D, Ministerio de Economía y Competitividad, Gobierno de España. a Grupo de Investigación ATLAS (HUM-694). Dpto. de Prehistoria y Arqueología. Universidad de Sevilla. C/ María de Padilla s/n. 41004 Sevilla. España. Correo e.: [email protected] https://orcid.org/0000-0002-5062-2604; LGS correo e.: [email protected] https://orcid.org/0000-0002-8404-9252 Recibido 8-V-2020; aceptado 5-VI-2020. 256 Coronada Mora Molina y Leonardo García Sanjuán Trab. Prehist., 77, N.º 2, julio-diciembre 2020, pp. 255-272, ISSN: 0082-5638 https://doi.org/10.3989/tp.2020.12255 tó el interés por el conjunto megalítico antequerano, lo cual se reflejó en la rápida sucesión de publicaciones en sus primeras décadas (Gómez-Moreno 1905; Velázquez 1905; Mergelina 1922; Leisner y Leisner 1943, entre otros). En la década de 1940 se hicieron las primeras grandes intervenciones de restauración y musealización in situ de los tres monumentos (Giménez Reyna 1946), pero las investigaciones arqueológicas escasearon en la segunda mitad de la centuria. A partir de finales de los 1980, la configuración en España de un nuevo sistema descentralizado de gestión patrimonial, y la asunción de las competencias en materia de Patrimonio Histórico por parte de la Junta de Andalucía intensificaron notablemente las intervenciones de todo tipo, incluyendo sucesivos proyectos de investigación dirigidos desde las universidades de Málaga (1986-1995), Granada (2005-2006) y Sevilla (2013-2021). La revisión que aquí presentamos forma parte de las investigaciones que esta última viene desarrollando desde 2013. En los últimos años se han logrado avances importantes en dos ámbitos del estudio del sitio antequerano hasta hace poco casi desconocidos: su dimensión territorial y paisajística (p. ej. García Sanjuán 2009; García Sanjuán y Wheatley 2009; García Sanjuán et al. 2015, 2021; Díaz-Guarda- mino et al. 2020) y sus complejas biografías (García Sanjuán y Lozano Rodríguez 2016; Bueno Ramírez et al. 2013b, 2017; García Sanjuán y Mora Molina 2018; García Sanjuán et al. 2019, etc. 1). Estos progresos, y la ampliación del marco epistemológico de investigación y de gestión del sitio que implican, fueron de gran importancia para su inclusión en la Lista de Patrimonio Mundial de UNESCO en julio de 2016. La citada inclusión por UNESCO supuso la culminación de un largo proceso, hasta cierto punto iniciado por Mitjana y Ardison, y a la vez abrió una etapa nueva en la que la investigación y gestión patrimonial 1 C. Mora Molina, “Los monumentos megalíticos de Antequera (Málaga): una aproximación biográfica”. Tesis Doctoral Inédita. Universidad de Sevilla, 2019. Fig. 1. Ubicación de los dólmenes de Menga, Viera y El Romeral en la península ibérica y en la provincia de Málaga (diseño Manuel Eleazar Costa Caramé, a partir de cobertura de altimetría del Instituto Geográfico Nacional, en color en la edición electrónica). Intervenciones en los Dólmenes de Antequera (1840-2020). Una revisión crítica 257 Trab. Prehist., 77, N.º 2, julio-diciembre 2020, pp. 255-272, ISSN: 0082-5638 https://doi.org/10.3989/tp.2020.12255 del sitio deben venir presididas por criterios técnicos de la mayor exigencia, encaminados a lograr una tutela integral de excelencia. Creemos de gran importancia abrir esta nueva etapa con una reflexión crítica sobre la trayectoria de actuaciones realizadas, valorando sus aciertos y errores. A partir de esta reflexión se podrá ofrecer una visión propositiva de cara a su futuro, tanto desde el punto de vista de la investigación científica, como de las actuaciones orientadas a su mejor conservación y difusión pública, valorando sus efectos recíprocos. Nuestra revisión se basa en el análisis de una ingente cantidad de documentos inéditos (sobre todo proyectos e informes de las actuaciones) y numerosas publicaciones disponibles en la actualidad. De especial interés han resultado los planos y las fotografías que recogen de manera gráfica el estado de los monumentos a lo largo del tiempo. La valoración de esta documentación es esencial para conocer las múltiples transformaciones y modificaciones que los mismos han experimentado en los últimos dos siglos. Entender el impacto y las consecuencias de las intervenciones en las arquitecturas megalíticas es básica para su conservación y conocimiento futuros. La imagen que ofrecen actualmente los monumentos no solo es resultado del genio creativo de las comunidades neolíticas y calcolíticas de Tierras de Antequera y de las sucesivas reutilizaciones que han conocido durante los últimos seis mil años, un tema que venimos investigando desde hace una década, sino que es también producto, en muy gran medida, como expondremos, de las decisiones tomadas por quienes han asumido la responsabilidad de su estudio y manejo como bienes culturales en los últimos doscientos años, y muy especialmente en las últimas cuatro décadas. En este sentido, consideramos muy importante diferenciar entre las actividades arqueológicas que han conllevado una transformación material de los dólmenes de Antequera, de aquellas que no lo han hecho. Nos centramos en las de naturaleza intrínsecamente destructiva, como la excavación, que generan un nuevo episodio (a menudo irreversible) dentro de la biografía del monumento, o del sitio, dejando de lado actividades no destructivas, numerosas entre 1985 y 2019, como prospecciones de superficie y geofísicas, estudios de materiales arqueológicos, análisis científicos, etc. El organismo que tiene encomendada la responsabilidad administrativa de la gestión del sitio (Conjun- to Arqueológico de los Dólmenes de Antequera, CADA) no ha publicado hasta la fecha la correspondiente, y muy necesaria, nomenclatura oficial de los elementos constructivos principales de los tres monumentos (incluyendo ortostatos, cobijas, pilares y jambas), por lo cual usaremos la que venimos aplicando nosotros mismos (García Sanjuán y Mora Molina 2018; García Sanjuán et al. 2019, etc.) (Fig. 2). 2. MENGA La primera alusión al dolmen de Menga aparece en una licencia ordinaria de 1530 concedida por César de Riarío, Obispo de Málaga, y Bernardino de Contreras, su Provisor y Vicario General, al clérigo presbítero Francisco Gavilán para la construcción de una ermita en honor a Nuestra Señora de Belén. Menga, denominada antrum, se cita por estar a unos 750 m del sitio designado para la construcción, el actual Convento de Belén. La primera obra que menciona la cueva de Menga es Discursos Históricos de Antequera de 1587 (Rallo Gruss 2005). En el siglo XVII, el dolmen fue descrito o mencionado en cinco obras originales, tres de ellas inéditas y otras dos publicadas, y en siete copias inéditas posteriores. Salvo en dos de ellas, se indicaba que la altura en el interior del monumen- to era de dos varas (1,66 m). Esta sugerencia de que el espacio interno del dolmen estaba parcialmente colmatado se repetiría a principios del siglo XIX 2. En efecto, cuando Mitjana lo excavó en una fecha imprecisa entre 1842 y 1847, el interior del dolmen estaba en parte colmatado por un relleno de piedras y tierra. El túmulo externo alcanzaba la altura de los ortostatos, pero no cubría las tres primeras cobijas (C- 1, C-2 y C-3) (Mitjana 1847: 5, 17-18). El vaciado de ese relleno aumentó la altura del espacio interior algo más de 1 m, hasta alcanzar los 2,7-2,8 m (Mitjana 1847: 5-6, 17), dejando visible el tercio inferior de ortostatos y pilares. Después intervendria en el centro de la cámara, bajo la última cobija (C-5). Allí descubrió el pozo que se halla en el interior del dolmen, vaciando también su relleno hasta una profundidad que hemos estimado entre -5,4 y -7,02 m (discusión en García Sanjuán et al. 2018). Mitjana y Ardison (1847: 19) rompió también la losa de cabecera mediante la apertura de un orificio rectangular de entre 1,2-1,5 m de lado (Tenison 1853: 276), a partir del cual excavó una zanja en el sector oeste de la estructura tumular (Mitjana 1847: 19). Estas actuaciones cambiaron la apariencia interior y exterior de Menga, no sólo por la apertura de un nuevo acceso al interior del monumen- to en el sector de la cabecera, sino también por la presumible acumulación de la masa tumular extraída en otra zona del túmulo. Al finalizar los trabajos dispuso una verja a la entrada del monumento (Mitjana 1847: 6). Paradójicamente, ello no impediría el acceso 2 Véase nota 1. 258 Coronada Mora Molina y Leonardo García Sanjuán Trab. Prehist., 77, N.º 2, julio-diciembre 2020, pp. 255-272, ISSN: 0082-5638 https://doi.org/10.3989/tp.2020.12255 al interior, puesto que la descripción hecha por Tenison, tres años después de que Mitjana publicase su informe, sugiere que el orificio hecho en la losa de cabecera permanecía abierto. En todo caso, para 1861 esta verja ya había desaparecido (Rojas 1861: 295). Entre la excavación de Mitjana y Ardison y 1900 la arquitectura y entorno del monumento sufrió actuaciones incontroladas y no registradas, pero resumibles en cuatro aspectos. El vaciado de su relleno hizo que la altura interior del monumento alcanzase los 3 m (Tenison 1853: 274; Hancock 1882: 68; Harlé 1887: 80), o incluso más, llegando hasta los actuales 3,45 m (Rojas 1879: 21). La cancela de protección de Mitjana y Ardison había desaparecido antes de 1861 (Rojas 1861: 295). La cubrición tumular de las cobijas había variado ligeramente. La primera (C-1) no estaba cubierta por el túmulo, la segunda (C-2) estaba casi completamente descubierta, y en algunos puntos de las otras tres (C-3 a C-5) se veía su superficie externa (Harlé 1887: 81). Por último, el pozo volvió a colmatarse, no quedando registrado en el croquis que del dolmen haría Manuel Gómez-Moreno en 1868 (García Sanjuán et al. 2018: 340). Trinidad de Rojas (1874: 58, 1879: 25) lo mencionó dos veces, probablemente, a partir de su publicación de 1861. Incluso si el pozo hubiera continuado abierto entonces, en la segunda Fig. 2. Plantas de los dólmenes de Menga y Viera y el tholos de El Romeral (Antequera, Málaga) (diseño Coronada Mora Molina). Intervenciones en los Dólmenes de Antequera (1840-2020). Una revisión crítica 259 Trab. Prehist., 77, N.º 2, julio-diciembre 2020, pp. 255-272, ISSN: 0082-5638 https://doi.org/10.3989/tp.2020.12255 mitad de la década de 1870 ya no sería visible: no se vuelve a mencionar hasta su redescubrimiento en 2005. El dolmen de Menga fue declarado Monumento Nacional mediante Real Orden de 1 de junio de 1886. En los meses siguientes el Estado tramitó la compra a su propietario, Manuel Zarco del Valle y Espinosa de los Monteros. El contrato se inscribió en el Registro de la Propiedad de Antequera el 4 de agosto de 1886 (Ruiz González 2011: 21-22). En 1904, Mariano de Mazas realizó una nueva intervención en Menga sobre la que no se dispone de información. Debió abrir un hoyo, al menos de 0,50 m, “en el rincón de la derecha del fondo”, donde se localizó un hacha (Obermaier 1919: 27-28). Entre 1921 y 1922, Cayetano de Mergelina y Juan Cabré hicieron una nueva excavación, consistente en el vaciado parcial de las zanjas y alveolos de cimentación de ortostatos y pilares (Mergelina 1922: Lam. IIIb y V), localizando una segunda hacha junto al primer ortostato del lateral izquierdo de la cámara (Mergelina 1922: 85-86). Estos vaciados debieron ser rellenados entre 1922 y 1933, ya que así aparecen en las fotografías del interior del monumento que hicieron Georg y Vera Leisner durante su visita en febrero de 1933 o 1934 (Leisner y Leisner 1943, lam. 104.1, 104.2 y 105.2). Mergelina (1922: 77) apuntó que había tapiado “el enorme boquete de la cabecera” abier- to por Mitjana y Ardison 80 años antes. Sin embargo, a principios de los 1930 los Leisner aún lo encontraron abierto (Leisner y Leisner 1943: 178), lo que coincide con la descripción de Giménez Reyna (1946) (vide infra). La zanja que Mitjana y Ardison (1847: 19) abrió al exterior, en el túmulo tras la losa de cabecera, continuaba abierta a esta altura, según consta en las plantas y secciones del monumento de varios autores (Gómez-Moreno 1905: 83; Obermaier 1919: 27; Mergelina 1922, lám. IV; Leisner y Leisner 1943, lám. 56) y en sus descripciones (Mortillet 1921; Hemp 1934; Leisner y Leisner 1943). Varios autores indicaron que la primera, la segunda y la última cobija (C-1, C-2 y C-5) estaban parcialmente descubiertas (Amador de los Ríos [c.a. 1907]: 32; Hemp 1934: 407; Leisner y Leisner 1943: 178), es decir, que la cubrición tumular sobre estas losas era mínima. Todas las cobijas asomaban en la parte superior del túmulo, según Paris (1921: 10), una apreciación similar a las de Mitjana y Ardison (1847) y Harlé (1887) en la segunda mitad del siglo XIX. El túmulo tendría, al menos desde mediados del siglo XIX, muy poca potencia estratigráfica sobre las cobijas. Esto parece coherente con lo descubier- to en la excavación del equipo de la Universidad de Málaga (UMA en adelante) en 1991 (Ferrer Palma 1997a), que dejó al descubierto el trasdosado de varios ortostatos y los laterales de varias cobijas. En el ortostato 8 (O-8) y la cobija 4 (C-4), según una fotografía publicada ese año, la potencia del relleno de tierra que recubría C-4 variaba entre 20 cm y 50 cm, pudiendo corresponder los últimos 10 cm al sedimento aportado en la restauración de 1940-1941 (AA. VV. 1993: 43). En 1913 se colocó una nueva verja a la entrada del dolmen (Mortillet 1921: 476) que debió desaparecer a los pocos años, pues en 1922 se dispuso una tercera (Mergelina 1922: 77). Al comparar la fotografía del acceso a Menga tomada por Juan Becerra en 1896 con las publicadas entre 1905 y 1943 (Fig. 3), en las segundas aparece un camino que corta fundamentalmente el lateral izquierdo o sureste del túmulo y que no se distingue en la primera. El camino se abriría entre 1896 y 1905 rompiendo, al menos, el borde sureste del túmulo y la entrada que entonces presentaba el monumento. La fotografía de Leisner y Leisner (1943, lám. 98.4), tomada en 1933 o 1934 (Fig. 3), muestra otro cambio destacado: un murete de mampostería en el lateral sureste del túmulo. A fecha de hoy se desconoce si ese murete fue construido entre 1921 y 1933, o es una estructura más antigua. Entre 1940 y 1941 se produjo la primera gran actuación de restauración y puesta en valor de los megalitos antequeranos, incluyendo una intervención integral para posibilitar su acceso y visita en tanto que destacados monumentos nacionales. La Junta de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional y la Delegación de Zona de Bellas Artes financiaron con un presupuesto de 3.000 y 2.000 pesetas las actuaciones en Menga y Viera, dirigidas por Francisco Prieto-Moreno y Pardo, arquitecto de Zona de Bellas Artes, y supervisadas por Simeón Giménez Reyna (1946: 37-43 y lám. XIII-XVII), Comisario Provincial de Excavaciones Arqueológicas. En aquellos años el túmulo de Menga tenía grandes hoyos (probable resultado de los buscadores de tesoros a los que Trinidad de Rojas ya había hecho referencia) y seguía abierta la zanja de Mitjana y Ardison en el trasdosado de la losa de cabecera. El interior estaba sucio, al menos con 60 cm de relleno respecto al suelo ‘original’, y muy deteriorado por filtraciones de agua (que alcanzaban el interior desde la cubierta). Continuaba abierto el hueco que Mitjana y Ardison hizo en el lateral derecho de la losa de cabecera. Se había fracturado también el ortostato 14 (O-14), desprendiéndose una lasca que sujetaba un puntal de madera apoyado en el pilar 3 (P-3), y los pilares 1 y 2 (P-1 y P-2) presentaban importantes pérdidas de materialidad en su tercio inferior (Giménez Reyna 1946: 38). En estos años parece que Menga fue utilizado como vivienda por “una tribu de gitanos” (Giménez Reyna 1946: 37), presumiblemente desalojada antes de iniciarse la restauración. 260 Coronada Mora Molina y Leonardo García Sanjuán Trab. Prehist., 77, N.º 2, julio-diciembre 2020, pp. 255-272, ISSN: 0082-5638 https://doi.org/10.3989/tp.2020.12255 Los trabajos en el interior del dolmen consistieron en: i) la reparación de la cancela de entrada; ii) el tapado del hueco abierto de la losa de cabecera; iii) la reposición de la lasca desprendida del O-14, fijada con cemento y sujetada con grapas al resto del ortostato; y iv) el recrecido del tercio inferior de los pilares mediante la disposición de una capa de cemento aislante (Giménez Reyna 1946: 38). En el túmulo se centraron en: i) tapar los hoyos y el hueco abierto tras el lateral derecho de la losa de cabecera; ii) disponer una capa de arcilla impermeable por toda su extensión; iii) ensancharlo “a su debido diámetro, que los labradores vecinos habían ido menguando”; y iv) abrir unas cunetas de desagüe a su alrededor (Giménez Reyna 1946: 38). Para favorecer y facilitar su visita se dispuso a la entrada un poste indicativo, y se construyeron un camino para coches desde la carretera Antequera-Archi- dona hasta el dolmen y una plazoleta delante del monumento, delimitándose ambos elementos con cipreses y flores (Giménez Reyna 1946: 38-39), así como un camino hacia el dolmen de Viera que discurría por el lateral noroeste del túmulo (Giménez Reyna 1946: 43 y Lam. XVIII). En 1966, el Ayuntamiento de Antequera compró las tres parcelas en las que se ubican Menga y Viera, Fig. 3. Fotografías de la entrada del dolmen de Menga (Antequera, Málaga): A. 1896 (Barrera 1896: 1); B. circa 1905 (Gómez-Moreno Martínez 1905: 133); C. 1913 (Mortillet 1921: 476); D. circa 1921 (Paris 1921: lám. 3); E. circa 1921-1922 (Mergelina 1922: lám. 3); F. y G. 1933 (Leisner y Leisner 1943: lám. 105.1 y 98.4); H. 1934 (Hemp 1934: lám. 53.2). Intervenciones en los Dólmenes de Antequera (1840-2020). Una revisión crítica 261 Trab. Prehist., 77, N.º 2, julio-diciembre 2020, pp. 255-272, ISSN: 0082-5638 https://doi.org/10.3989/tp.2020.12255 todas plantadas de olivos viejos 3. Posiblemente a partir de este momento se delimitaría físicamente el conjunto Menga-Viera mediante su vallado. En 1967, se ejecutaron nuevas “obras de urbanización” en el entorno de ambos dólmenes. Por acuerdo entre el Director General de Bellas Artes y el alcalde de Antequera, tras la adquisición de los terrenos por parte del Ayuntamiento, los futuros trabajos de “urbanización, accesos y embellecimiento de la zona en la que están enclavadas las cuevas prehistóricas” serían asumidos por la Dirección General 4. Para ello, el Arquitecto Conservador de los Monumentos de la 7.ª Zona, Francisco Prieto-Moreno y Pardo, remitió al Comisario General la Memoria de obras de urbanización. En ella se planteaba: (i) reponer los cipreses a lo largo del camino de acceso a los dólmenes; (ii) pintar las cancelas y los carteles; (iii) limpiar las cunetas construidas en 1941 para mejorar la evacuación de agua de lluvia; (iv) reforzar los pavimentos empedrados mediante la disposición de una nueva capa de mortero; (v) eliminar los arbustos de los muretes de mampostería construido en Menga entre 1921 y 1933 y en Viera en 1941 a ambos lados de los accesos a los monumentos y su recrecido en unos 50 cm para impedir el desprendimiento de tierra procedente del túmulo 5. El Archivo Central del Ministerio de Cultura transfirió ya los expedientes sobre dichas obras al Archivo General de la Administración de Alcalá de Henares (Ruiz González 2011: 35). Los únicos datos publicados sobre esta intervención apuntan que “recientemente el Ayuntamiento de Antequera ha reparado el camino de acceso y cuida su vigilancia” (Giménez Reyna 1968: 28). En 1983-1984 se reanudaron las intervenciones en el entorno de Menga y Viera (Haro Ruiz 1990: 95). Las fotografías aéreas del Vuelo Interministerial de 1973-1986, el Vuelo Nacional de 1980-1986 y las tomadas en 1987 por Paisajes Españoles S.A. demuestran que este proyecto debió ejecutarse casi en su totalidad. Se abrió la entrada del lateral suroeste del conjunto, el camino que discurre desde dicho lateral hacia Viera, de 110 m de longitud y 6 m de anchura, la plaza central y el camino hacia Menga por el lateral noroeste de su túmulo, decorándose el recorrido con plantaciones de jardinería. También en este momento se hizo la primera ampliación longitudinal hacia el este del corredor de Viera, que quedó con una longitud de 9 3 Actas Capitulares, Sesión 19 de abril, Archivo Histórico Municipal de Antequera, libro 2210, folio 78. 4 Actas Capitulares, Sesión 1 de marzo de 1966, Archivo Histórico Municipal de Antequera, libro 2116, folio 58. 5 F. Prieto-Moreno y Pardo, “Memoria de obras de urbanización en los alrededores de las Cuevas de Menga y Viera. Antequera (Málaga)”. Ministerio de Educación y Ciencia. Conservación de Monumentos de la 7.ª Zona, mayo, 1967. C/70.835. m en el lateral norte y 8 m en el lateral sur. Se modificó por completo el acceso al mismo y se amplió su diámetro a 50 m en el eje este-oeste. A partir de 1984 se transfirieron las competencias en materia de cultura desde el Estado a la Junta de Andalucía, quien las asumió y desarrolló a través de las Delegaciones Provinciales 6. El cambio de las figuras de protección de los bienes patrimoniales por la Disposición Adicional Primera de la Ley de Patrimonio Histórico Español 13/1985 inició una etapa totalmente nueva en la gestión de los dólmenes de Antequera. Administrativamente pasaron a ser Bienes de Interés Cultural, conformando en 1986 una Unidad Administrativa dependiente de la Consejería de Cultura 7, aunque el personal no se incorporaría de forma efectiva a dicha Unidad Administrativa hasta 2004. Los tres monumentos pasaron a ser propiedad del Estado. Con el cambio del contexto administrativo, la Dirección General de Bienes Culturales de la Junta de Andalucía encargó a los arquitectos Enrique Haro Ruiz y Manuel Salado Ordoñez un “Proyecto de Ordenación General del Recinto Primero del Conjunto Arqueológico Dólmenes de Antequera”, que sería aprobado en 1990 (Ruiz González 2011: 38-41 y 150). El proyecto diseñado contemplaba por un lado el “estudio arqueológico, restauración y limpieza de los monumentos”, y por otro “la restauración y la construcción del paisaje en torno a los monumentos” (Haro Ruiz 1990: 95). Esta actuación se haría en estrecha colaboración con la UMA, que desde 1986 había iniciado el Proyecto General de Investigación (PGI) “Reconstrucción Arquitectónica y Paleoambiental en la Necrópolis Megalítica de Antequera” con el patrocinio y la financiación de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. Estas actuaciones perseguían dos objetivos fundamentales. El primero era el estudio arquitectónico de los monumentos, incluyendo informes geológicos y excavaciones en el interior, en los túmulos y en su entorno, a cargo de un equipo dirigido por los profesores José Enrique Ferrer Palma e Ignacio Marqués Merelo (Ferrer Palma 1997a, 1997b). El segundo era la restauración y limpieza de los monumentos, siguiendo las indicaciones que fueran formuladas por el equipo de arqueólogos de la UMA, y la eliminación de los caminos rodados al interior del conjunto y de la vegetación plantada en la intervención de 1983-1984 (Haro Ruiz 1990: 95), trabajos que finalmente no se llevaron a cabo. 6 Rel Decreto 864/1984, de 29 de febrero, BOE 113 de 11 de mayo de 1984 y Real Decreto 1124/1984, de 29 de febrero BOE 143 de 15 de junio de 1984. 7 Decreto 395/1986, de 17 de diciembre, BOJA 115 de 26 de diciembre de 1986. 262 Coronada Mora Molina y Leonardo García Sanjuán Trab. Prehist., 77, N.º 2, julio-diciembre 2020, pp. 255-272, ISSN: 0082-5638 https://doi.org/10.3989/tp.2020.12255 Las actuaciones arqueológicas comprendieron prospecciones arqueológicas desarrolladas en un radio de 5 km con centro en Menga y Viera (Marqués Merelo et al. 2004b: 180) en 1986 (eje este-oeste) y 1988 (eje norte-sur), que localizaron varios yacimientos (Ferrer Palma 1997a: 131, 136). Además, se efectuaron excavaciones arqueológicas en Menga y Viera, consistentes en 58 cortes arqueológicos (Ferrer Palma 1997b; Ferrer Palma et al. 2004; Marqués Merelo et al. 2004b). Se tapó la galería que discurre por el trasdosado de la losa de cabecera y los ortostatos del lateral norte de Viera en 1988, mediante la reconstrucción de la masa tumular (Ferrer Palma 1997a: 134). Por último, se tomaron muestras para estudio palinológico en los cortes abiertos en los túmulos de Menga y Viera (Ferrer Palma 1997a, 1997b). En el marco del citado PGI, aunque de manera diferenciada del resto de actuaciones arqueológicas, Rafael Atencia Páez dirigió en 1988 una excavación destinada a documentar la actividad de Edad Antigua en el entorno de los monumentos. Se abrieron 10 cortes, 3 en la ladera noreste donde se erige Menga (8 x 1,5 m: 2 con ampliaciones de 2 x 1,5 m en su lateral norte hacia el oeste) (Anexo 1) y 7 (6 x 6 m) en el lateral sur del recinto de los dólmenes, entre Viera y la carretera Antequera-Archidona (Anexo 2). Los resultados de esta intervención permanecieron inéditos hasta su publicación parcial, basada en el archivo fotográfico disponible y los materiales conservados en el Museo de Málaga (Aranda Jiménez et al. 2015). La UMA abrió en Menga 33 cortes de excavación: 6 en 1986, 11 en 1988 y 16 en 1986. Se localizaron 10 en el trasdosado de los ortostatos, 20 en otras zonas del túmulo y del entorno del dolmen, 2 en el atrio y 1 en el interior, cuyos límites fueron sobrepasados, excavándose amplias zonas del interior del monumen- to (Ferrer Palma et al. 2004: 186; Marqués Merelo et al. 2004b: 180) (Anexo 1). La gran cantidad de cortes excavados en el túmulo de este dolmen (como en el de Viera) y su ulterior cubrición solo con placas de fibrocemento afectaron negativamente a su estado de conservación, pues los cortes permanecieron abiertos varios años, apareciendo humedades por filtración. En 1995, tras la última campaña de excavación (en Viera), se rellenaron con tierra, aunque los problemas de filtración de agua de lluvia habrían de continuar. Ya en 1997 hubo una actuación de emergencia en Menga y en Viera, dirigida por Pedro Lobato Vida 8. Como resultado de la misma, en primer lugar se impermeabilizaron ambos túmulos, rellenándose los socavones existentes en las catas abiertas por el equipo 8 P. Lobato Vida, “Conjunto Dolménico de Antequera, Málaga. Informe Complementario Emergencia Dólmenes de Menga y Viera”. Informe inédito. Delegación Provincial de Cultura de Málaga, 1997. de la UMA con una capa de 40 cm de albero mejorado con cal, compactado manualmente, y mediante una capa continua de albero enriquecido con cal de unos 15 cm. En segundo lugar, se instaló un nuevo sistema de drenaje en el corredor de Viera. Por último, se dispuso un nuevo suelo con pendiente ascendente hacia el interior, consistente en una capa de albero compactado, para evitar la entrada y la acumulación de agua en el interior de la estructura ortostática. Estos trabajos provocaron una importante alteración en la forma del túmulo, recrecido unos 15-20 cm tras el rellenado de las catas y la disposición de la capa de albero. El problema de la filtración de agua en el interior de Menga persistió. En 1999 un nuevo proyecto de impermeabilización, poco agresivo, dispuso una película de polietileno sobre el túmulo del dolmen y una nueva capa de albero y cal de cubrición. En 2001 una tercera intervención en el túmulo de Menga 9 intentó atajar el persistente problema de la entrada de agua de lluvia al interior. La empresa de construcción Hermanos Campano S.L. ejecutó la actuación centrada en el sector noreste-norte del túmulo. Ello tuvo un gran impacto sobre la apariencia exterior del monumento, al construirse una estructura aterrazada de lajas, morteros de cal y mallas de fibra de vidrio en el lateral noreste del túmulo para contener los rellenos de tierra que se dispusieron seguidamente en su cuadrante noreste-norte. Entre 2001 y 2002 la empresa de restauración Crest Arte S.L. intervino en los ortostatos, cobijas y pilares Menga. Esta actuación, que implicó la restitución volumétrica de los soportes pétreos, pudo ocasionar importantes desperfectos al implicar la eliminación de los materiales añadidos en restauraciones anteriores y de los grafitis que contenían los soportes, así como la limpieza de todos los elementos pétreos. Esta serie de actuaciones, calificadas posteriormente de “impactantes” (Carrera Ramírez 2009: 235), ya estaban planteadas en el proyecto de “consolidación” de Menga redactado en 1997 y desestimado por la Junta de Andalucía por su excesiva agresividad. Las dos últimas grandes actuaciones arqueológicas en el dolmen de Menga, efectuadas entre 2005 y 2006, implicaron nuevos cortes arqueológicos y excavaciones en el interior, en el túmulo y en el entorno inmediato del monumento. En la primavera de 2005, Verónica Navarrete Pendón dirigió el “Proyecto de Actividad Arqueológica Preventiva del tipo Seguimiento Arqueológico de la Obra de adecuación del pavimento, iluminación y accesos para minusválidos al sepulcro megalítico de 9 I. Baceiredo Rodríguez, “Memoria Final de las Actuaciones en el Dolmen de Menga, Antequera, Málaga”. Memoria inédita. Delegación Provincial de Cultura de Málaga, 2002. Intervenciones en los Dólmenes de Antequera (1840-2020). Una revisión crítica 263 Trab. Prehist., 77, N.º 2, julio-diciembre 2020, pp. 255-272, ISSN: 0082-5638 https://doi.org/10.3989/tp.2020.12255 Menga”. En realidad, la actuación conllevó nuevas excavaciones en el interior y exterior del dolmen que incluyeron sectores y cortes ya excavados previamente por el equipo de la UMA en 1988 y 1991, y también cortes que fueron planteados y excavados ex novo. Recientemente se ha publicado una monografía de esta excavación con un amplio estudio del registro y de los materiales recuperados (Mora Molina et al. 2018: 59-62). En octubre de 2005 se inició el proyecto “Intervención Arqueológica en el Conjunto Megalítico de Menga y Viera (Antequera, Málaga)”, bajo la dirección de Francisco Carrión Méndez, de la Universidad de Granada, cuya ejecución se extendería hasta marzo de 2006. Este proyecto supuso un amplio estudio geoarqueológico de los tres monumentos antequeranos y su entorno, bajo la dirección de José Antonio Lozano Rodríguez, y nuevas excavaciones en el dolmen de Menga 10. La excavación se materializó en tres cortes arqueológicos, ubicados en el sector noroeste (1), en el cuadrante suroeste del túmulo (2) y en el lateral norte del cerro (3) donde se erige el dolmen. En la actualidad está en preparación una monografía que recogerá los principles resultados de esta intervención. Después de 2006 no ha habido intervenciones de importancia en el dolmen de Menga. En 2019 fue retirada la cancela de entrada al monumento, que había quedado obsoleta como dispositivo de protección desde que el recinto fuese completamente vallado y se articulasen medidas de vigilancia a partir de la declaración por parte de UNESCO en 2016. 3. VIERA Las mismas obras de los siglos XVI y XVII que citan el dolmen de Menga mencionan de pasada otra “cueva” en sus inmediaciones, probablemente en referencia a Viera. Sin embargo, el monumento no sería explorado hasta principios de 1903 cuando lo descubriesen los hermanos José y Antonio Viera, de los que el dolmen tomaría su nombre. Lo publicado en las descripciones de la prensa del momento 11 sugiere cómo se realizó la excavación y cómo se accedió al interior del megalito. La entrada al dolmen se encontraba oculta, por lo que los Viera excavaron una zanja en el túmulo para acceder al corredor y la cámara, que es- 10 F. Carrión Méndez, T. Muñiz López, D. García González, J. A. Lozano Rodríguez, P. Feliz y C. F. López Rodríguez, “Intervención arqueológica en el Conjunto Megalítico de Menga y Viera (Antequera, Málaga)”. Memoria inédita. Delegación Provincial de Cultura de Málaga, 2006. 11 El Defensor de Granada, año XXV, n.º 13.128: 1, Granada, 28 de octubre de 1093: “Desde Antequera”. La Vanguardia, año XXIII, n.º 8887: 2, Barcelona, 4 de noviembre de 1903: “Monumento druida”. taban parcialmente colmatados 12. Es posible que la puerta perforada que separa ambos espacios (O-15) estuviera cegada. Se alcanzó, o se excavó, la galería que recorre el trasdosado de la losa de cabecera y el lateral derecho o norte del corredor. Es difícil precisar la fecha de apertura de esta galería, que permanecería abierta y transitable hasta 1988 (Ferrer Palma 1997a: 134): ello pudo ocurrir en la Antigüedad, el Medievo o la Edad Moderna y que los hermanos Viera la descubrieran, aunque tampoco es descartable que ellos mismos la excavaran. Si la galería fue abierta de antiguo, pudo permanecer transitable varios siglos sin que colapsara el edificio, ya que las cobijas sobrepasan la anchura de los soportes ortostáticos entre 0,45 m y 1,38 m desde el trasdosado de los ortostatos, apoyando sobre el encachado construido en torno a la estructura ortostática (Ferrer Palma et al. 2004: 206). Este solo estaba desmontado en parte por la excavación de la citada galería. Creemos que los hermanos Viera pudieron excavar la fosa abierta en la zona central del suelo de la cámara en 1903. El interior de Viera fue excavado por completo, y para su cerramiento se colocó una puerta de madera (Amador de los Ríos [c.a. 1907]: 36) sin que, al parecer, entre la fecha de su excavación y 1933 se llevaran a cabo tareas de mantenimiento en su interior. Según Cayetano de Mergelina (1922: 81) la parte descubierta del corredor estaba colmatada por tierra procedente del exterior, algo que representa en su sección del monumento (Mergelina 1922: Lam. VIII). Ello sugiere que entre 1903 y 1922 el tramo de corredor descubierto se fue volviendo a colmatar poco a poco, llegando en 1922 casi a la misma altura que los ortostatos en ciertos tramos. Además, al menos desde esa fecha, la primera cobija conservada completa (C-4) se encontraba partida en dos (Mergelina 1922: Lam. VIII). Viera fue declarado Monumento Nacional en 1923 sin que, al parecer, ello implicara a corto plazo una mejora en su estado de conservación. Cuando Georg y Vera Leisner visitaron el sitio y estudiaron los tres monumentos, en febrero de 1933 o 1934, hallaron en Viera un relleno sedimentario de unos 0,6-0,8 m de espesor en el tramo descubierto del corredor y derrumbados en el interior del mismo varios de los ortostatos, incluyendo, al menos, los O-27, O-28, O-29 y O-30 y la cobija C-2 (Leisner y Leisner 1943, lám. 106.2). El matrimonio alemán indicó también que, en ese momento, se estaba trabajando en una reconstrucción del corredor y en la estabilización del túmulo (Leisner y Leisner 1943: 182). Las actuaciones debieron comple- 12 La Vanguardia, año XXIII, n.º 8881: 4, Barcelona, 26 de octubre de 1903: “Monumento prehistórico”. 270 Coronada Mora Molina y Leonardo García Sanjuán Trab. Prehist., 77, N.º 2, julio-diciembre 2020, pp. 255-272, ISSN: 0082-5638 https://doi.org/10.3989/tp.2020.12255 pios problemas de conservación, como se ha comprobado, por no salir de la propia provincia de Málaga, en la cueva de Nerja. Esta preocupante tendencia a la cosificación, masificación y banalización en la estrategia de difusión del sitio resulta tanto menos adecuada cuanto que, a fecha de hoy, y a la espera de que se inaugure el futuro Museo del Sitio, el visitante carece de herramientas cualificadas (p. ej., una cartelería in situ), que le sirvan para entender lo que está viendo. 7. CONCLUSIÓN Resulta de la mayor importancia reflexionar sobre las luces y las sombras de los últimos 180 años de intervenciones de los dólmenes de Antequera y extraer las necesarias conclusiones. Sin duda, dicha trayectoria aúna el esfuerzo sincero, y muchas veces desinteresado, de decenas de personas que creyeron en la excepcional importancia patrimonial y científica del sitio y que, colectivamente, han logrado que el mismo adquiera el rango que merece a nivel nacional e internacional. Podría parecer que la declaración por parte de UNESCO en 2016, por ser un innegable éxito en sí misma, condona y refrenda todo lo realizado hasta ese momento, o después. Nada más lejos de la realidad. Precisamente, la declaración de UNESCO obliga a aplicar los criterios más exigentes y cualificados en todo lo concerniente a la conservación, investigación y difusión del sitio, que además va a ser objeto de un mayor escrutinio por parte de la comunidad científica nacional e internacional, por no decir de la propia UNESCO. En ese sentido, creemos que todas las actuaciones desarrolladas en los megalitos antequeranos y su entorno deben adherirse a un conjunto de criterios cuidadosamente establecidos por expertos, con base técnica y científica. Es muy importante que la tarea de supervisar y revisar todas las intervenciones que se propongan en el sitio, evitando los problemas de inadecuación de criterios, falta de proporcionalidad y encarnizamiento urbanístico que se han dado en el pasado, recaiga sobre un órgano multidisciplinar de especialistas en patrimonio megalítico que cumpla su función de manera independiente. El papel de este órgano es tanto más crucial cuanto que dicha tarea de supervisión técnica debe ser colegiada y fundamentada en el mérito, la capacidad y la experiencia, no pudiendo recaer en la dirección del órgano administrativo al que en cada caso y en cada momento le corresponda la gestión del sitio. Como ejemplos de los criterios que deben regir dichas intervenciones, proponemos los siguientes: 1) Ser dirigidas por personal con contrastada experiencia en la investigación, excavación y conservación de arquitecturas megalíticas y depósitos prehistóricos asociados. 2) Contar con el asesoramiento del equipo o los equipos que en cada momento sean responsables de su investigación, de manera que las intervenciones estén informadas por los datos y la experiencia científicos disponibles respecto al sitio y sus monumentos, y el conocimiento derivado pueda ser contrastado con el previamente existente. 3) Una planificación cuidadosa y racional con objetivos explícitos, proporcionados y justificados, de manera que la metodología aplicada durante cada intervención se ajuste a la consecución de los mismos. 4) Minimizar los trabajos invasivos o destructivos, evitando en todo caso ocasionar daños a las arquitecturas megalíticas, a sus depósitos estratigráficos y materiales asociados y a su entorno. Ello incluye minimizar el uso de la excavación arqueológica como método, muy especialmente en los dólmenes de Menga y Viera, donde se ha practicado en exceso. 5) Las intervenciones arqueológicas deben incluir financiación suficiente tanto para el trabajo de campo en condiciones de máximas garantías técnicas como también para completar el trabajo post-excavación, incluyendo los estudios de materiales y pruebas científicas necesarias, así como su ulterior publicación. 6) Las restauraciones, obras de conservación y de tapado de cortes arqueológicos deben emplear materiales respetuosos con la naturaleza de estos bienes evitando los que sean anacrónicos y/o puedan generar ulteriores daños a los monumentos a corto o a largo plazo. 7) Contemplar la publicación de las actuaciones realizadas y los resultados obtenidos de la forma más exhaustiva en el plazo más breve posible tras su finalización. Otra cosa dificulta la correcta tutela, protección y difusión, e imposibilita la ulterior investigación de los monumentos. 8) Contar con un equipo técnico y científico experimentado y multi-disciplinar que incluya especialistas de diversas disciplinas (arqueólogos, geólogos, restauradores y arquitectos), con trayectorias solventes y contrastadas en sitios con monumentos megalíticos. Este equipo debe integrarse en un órgano colegiado responsable de la supervisión de las intervenciones en el sitio, y que produzca las necesarias directrices técnicas para todo tipo de actuaciones, desde trabajos de campo (criterios de registro, nomenclatura y publicación), hasta restauración y puesta en valor, dentro de un plan de acción que evalúe todos los problemas de conservación presentados por el sitio y proponga las soluciones más apropiadas. 9) Retomar la línea de publicaciones técnicas que, encabezada por la revista Menga, el CADA tuvo entre 2010 y 2017 y que, inexplicablemente, ha dejado de Intervenciones en los Dólmenes de Antequera (1840-2020). Una revisión crítica 271 Trab. Prehist., 77, N.º 2, julio-diciembre 2020, pp. 255-272, ISSN: 0082-5638 https://doi.org/10.3989/tp.2020.12255 existir. Las publicaciones científicas y técnicas aparecidas en ese periodo (ocho números de la revista Menga, y dos monográficos de la misma) fueron de enorme importancia en el proceso de selección de la candidatura del sitio por parte de UNESCO, y dieron un marco de solvencia a las actuaciones realizadas en ese periodo, a la vez que sirvieron para traer a la luz los resultados de intervenciones inéditas, estudios puntuales, reuniones científicas, etc. Sería muy recomendable que estos criterios fueran tenidos en cuenta dentro de los proyectos de actuación arqueológica, conservación y musealización contemplados en el “Plan Director del Conjunto Arqueológico Dólmenes de Antequera (2018/2025)” aprobado por Orden de la Consejería de Cultura de 4 de mayo de 2018 (AA. VV. 2018). Pero con independencia de este punto, creemos que es de la mayor importancia que la tarea de gestión de este sitio se base en criterios técnicos, y ciertamente no políticos, emanados de una comisión técnica independiente y solvente, compuesta por especialistas de experiencia contrastada. ANEXOS En la edición electrónica de este artículo, disponible en libre acceso en la página web de la revista, se incluyen las siguientes figuras: Anexo 1: Planimetría de las intervenciones llevadas a cabo en el dolmen de Menga (Antequera, Málaga) en los últimos 40 años. Anexo 2: Planimetría de las intervenciones llevadas a cabo en el dolmen de Viera (Antequera, Málaga) en los últimos 40 años. BIBLIOGRAFÍA AA. VV. 1993: “Intervenciones Arqueológicas. Málaga”. Anuario Arqueológico de Andalucía / 1991, I. Sumario. Junta de Andalucía. Cádiz. AA. VV. 2010: “Memoria de gestión de las actividades arqueológicas de la provincia de Málaga”. Anuario Arqueológico de Andalucía 2004.2. Málaga. Junta de Andalucía. 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