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HISTORIA AGRARIA. 21 •Agosto 2000 • pp. 99-126. ©SEHA El trabajo asalariado en la agricultura de la Baja Andalucía. Siglos XVIII y XIX Antonio Florencio Puntas Antonio Luis López Martínez INTRODUCCiÓN: ¿CAMPESINOS OJORNALEROS? La consideración de jornaleros que, en algunos padrones fiscales del siglo XVIII, se atribuye a una parte importante de la población activa rural, ha hecho pensar que la proletarización de la mano de obra campesina se habría inicíado en fechas muy tempranas. Sin embargo, esta pretendida precocidad del proceso de la proletarización rural ha sido cuestionada recientemente por una serie de historiadores. La figura del jornalero como trabajador que vive exclusivamente de su salario es considerada como excepcional omarginal y sólo se daría en circunstancias muy concretas y en momentos puntuales1. De modo que sólo a partir de los procesos de industrialización yurbanización sería posible hablar de proletarización (Schwarz, 1989:21). Para períodos anteriores sólo se podría hablar con propiedad de una asalarización imperfecta de la mano de obra, sin que ni siquiera se pueda considerar como proletariado al campesinado sin tierra". La universalidad de la condición de asalariado en las empresas latifundistas no permite hablar de la proletarización de los trabajadores ni del carácter capitalista del sistema latitundista". Los interrogantes se Fecha de recepción del original: Septiembre de 1999. Versión definitiva: Marzo de 2000 . • Antonio Florencio Puntas y Antonio Luis López Martínez son profesores de Historia Econámica de la Universidad de Sevi!!a. Departamento de Historia eInstituciones Económicas, Facultad de Ciencias Económicas yEmpresariales, Univer.ridad de Sevi!!a, Ramón y Cajal, n"1, 410 I8Sevi!!a, E-mail;[email protected][email protected] GARRABOU, R. (1987: 345-348); SCHWARZ, L. (1989: 25). OOBADO, R. (1990): GARRABOU, PUJOL, COLOMÉ ySAGUER (1992: 30). PETRUSEWICZ (1989). 99
Antonio Florencio Puntas / Antonio Luis López Martínez plantean, en primer lugar, a la hora de determinar la naturaleza real de los llamados jornaleros y, en segundo lugar, al tratar de valorar el papel de los salarios monetarios en las economías familiares. Respecto a la naturaleza del jornalero, Garrabou, sin negar la existencia del trabajo asalariado, ha cuestionado, incluso, la posibilidad teórica de una proletarización completa de la mano de obra agrícola. Las fuertes fluctuaciones en la demanda de trabajo, especialmente en la cerealicultura, sólo garantizaban la ocupación durante un número limitado de jornadas con lo que no se podría aportar los ingresos mínimos que garantizasen la reproducción de la fuerza de trabajo. Sólo en aquellos lugares en los que a los jornales procedentes de la agricultura el trabajador uniese los procedentes de otras actividades -bonificación de las tierras en la llanura padana, ointegración de la agricultura con la ganadería en Inglaterrafue posible que se diese, tempranamente, una proletarización de la mano de obra rural". En otras zonas de Europa más que de proletarios agrícolas habría que hablar de pequeños campesinos pobres, obligados aprocurarse salarios para hacer frente al gasto monetario'. El carácter deficitario de buena parte de las explotaciones familiares para garantizar la subsistencia familiar determinaría la necesidad de buscar otra fuente de ingresos. Por ello, aunque en las economías preindustriales eran numerosos los que ganaban jornales durante parte del año, para Schwarz eran muy pocos los perceptores regulares de jornal. Según Petrusewicz debía ser mixta la condición de jornalero ypequeño propietario o colono. Respecto al papel jugado por los salarios en la subsistencia de la familia jornalera en el periodo preindustrial la unanimidad es casi total. Todos se muestran de acuerdo en que los salarios no son el único ingreso, sino que sólo constituyen una parte de los ingresos familiares. Dicha parte no es la básica, ni siquiera la más importante, en ocasiones es la más pequeña. Ni aún en el caso de que trabajasen todos los miembros de la familia los salarios permitirían el mantenimiento de la misma", La familia actúa como una unidad económica tratando de encontrar los ingresos allá donde pudiesen encontrarse. En ocasiones se desempeñan actividades económicas que transcurren al margen de la esfera mercantil -cultivos de pequeñas parcelas, espigueo, derechos colectivos tradicionales, industria doméstica, mendicidad ...tGarrabou considera que los ingresos familiares son la suma de una serie de elementos que incluirían salarios monetarios y en especie, producción doméstica, ingresos de otras actividades no agrarias, hurtos y apropiaciones de bienes libres". También la historiografía andaluza reproduce esta polémica. Frente a las tesis que plantean el carácter plenamente capitalista de los modernos latifundios y la tem- GARRABOU, R. (1987: 345). PETRUSEWICZ, M. (1989: 152). PETRUSEWICZ, M. (1989: 150-151). SCHWARZ (1989: 30). GARRABOU (1987: 355). 100 HiJ/. A;;rar. 21· A¡;OJ!f) ..!()OO -pp. 99-126
El trabajo asalariado en la agricultura de la baja Andalucía. Siglos XVIII y XIX prana e intensa proletarización de la mano de obra rural", en los últimos años se ha abierto paso entre determinados agrarista andaluces una vía interpretativa que pone en entredicho las tesis antes citadas. Los primeros en abrir fuego fueron Sevilla- Guzmán y Pérez de Yruela, al considerar a los jornaleros campesinos sin tierra que participan de una posición social similar a la de los pequeños productores agrícolas, eintegrados todos en la comunidad campesina de la que únicamente queda fuera la minoría latifundista, a cuyo beneficio contribuyen". Jornaleros ypequeños agricultores aparecen unidos por esa dependencia común y por toda una red de relaciones sociales, lazos familiares, normas y valores compartidos, ayuda mutua, etc., que difuminan las fronteras entre unos y otros. Esta linea interpretativa se ha reforzado yprofundizado en trabajos más recientes del propio Sevilla-Guzmán y de González de Molina ". En ellos se cuestiona el carácter capitalista del latifundio como forma de explotación, no desde la óptica de los propietarios, sino desde la del proceso de trabajo utilizado y de la mano de obra que participa en dicho proceso. En este sentido se considera el latifundio como una forma de explotación sólo "formalmente capitalista", porque dada la baja composición de capital presente en la misma, la escasa división técnica del trabajo, el predominio de la cooperación simple, etc., el capital sólo se apodera de algunos aspectos del proceso de trabajo "pero no logra subordinar totalmente los mecanismos de reproducción y subsistencia del trabajador directo", además la mayor parte del trabajo se sigue obteniendo através de la familia y en el seno del grupo doméstico se siguen conservando los medios de trabajo y los saberes": No hay mercantilización ni del proceso de trabajo ni de la mano de obra. Por eso el campesinado andaluz habría mantenido, al menos en parte, una lógica y una estrategia de reproducción no del todo capitalista, la maximización del beneficio y el consumo, sino más bien propia de las comunidades campesinas preexistentes, es decir, orientadas acubrir las necesidades del grupo doméstico. La penetración del capitalismo en el campo no habría diluido las comunidades campesinas, no es sinónima de descampesinización. Por ello es explicable encontrar grupos domésticos en los que sus integrantes pueden combinar distintas formas de explotación y, por tanto, de relaciones de producción". Al negar la existencia de relaciones de producción exclusivamente capitalista, se pone en entredicho la condición proletaria del jornalero, su diferenciación del campesino, en términos de relaciones de producción, es decir, por el sólo hecho de percibir un salario periódicamente. Además éste no retribuye todos los factores del trabajo, ya que algunos bienes yservicios los obtiene através de la comunidad o del BERNAL (1988), MARTíNEZ ALlER (1968). 10 SEVILLA-GUZMÁN (1979), SEVILLA-GUZMÁN yPÉREZ DE YRUELA (1976). 11 GONZÁLEZ DE MOLlNA y SEVILLA-GUZMÁN (1991); GONZÁLEZ DE MOLlNA (1992, 1993, 1996); SEVILLAGUZMÁN y GONZÁLEZ DE MOLlNA (1993). 12 GONZÁLEZ DE MOLlNA (1993: 301). 13 GONZÁLEZ DE MOLlNA (1992). Hnl. Agrar. 21 • Agosto 2000· pp. 99-126 101
Antonio Florencio Puntas / Antonio Luis López Martínez grupo doméstico, verdadera unidad de reproducción yconsumo y no el individuo. La conclusión final es que, por su cultura del trabajo, por su racionalidad reproductiva, por su práctica conflictiva, el jornalero deber ser considerado como un campesino, en este caso, como un campesino sin tierra". Sin negar la validez de tan autorizadas hipótesis lo que sí parece que se puede matizar es la extensión geográfica de las mismas. Karl Kautsky consideraba que el uso generalizado de trabajo asalariado, la comercialización de los productos del latifundio, la centralización de la producción yadministración, la división del trabajo y la cooperación de varias haciendas en el seno del latifundio como precondiciones que hacían de este una empresa capitalista". Lo que pretendemos en esta comunicación es demostrar que la existencia, al menos desde el siglo XVIII, de la gran explotación agraria orientada al mercado en la Baja Andalucía generó una importante oferta de empleo, a cuya cuantificación intentaremos aproximarnos apartir de diferentes fuentes públicas yprivadas. Que la atención a dicha demanda implicó a un porcentaje muy elevado de la población rural de la zona, que ante la ausencia de ingresos alternativos de cierta entidad experimentó una precoz proletarización. Incluso, la insuficiente capacidad de la mano de obra local para atender la fuerte demanda de trabajo en momentos puntuales, por parte de la empresa agraria, motivó el recurso a mano de obra de otras zonas que encontraron en este trabajo estacional las rentas monetarias necesarias para completar los ingresos familiares. 1. EL MERCADO DE TRABAJO EN ANDALUcíA 1.1. Oferta de empleo Si tuviéramos que señalar un rasgo que caracterice a la agricultura bajoandaluza en la época contemporánea, sin duda sería la gran propiedad y su forma de explotación. No es privativa de la zona, en otras regiones españolas yeuropeas han existido grandes propiedades, sin embargo sus sistemas de explotación, basados en la parcelación de los grandes predios entre colonos yaparceros, han determinado la preeminencia de las explotaciones familiares, tanto en relación al número como a la superficie, en la agricultura de esas regiones. Por contra, en el Valle del Guadalquivir, determinados factores han facilitado la existencia de grandes explotaciones, que si bien no son númericamente mayoritarias, acaparan, no obstante, la mayor parte de la superficie productiva de la reqión". Gran propiedad y gran explotación agraria aparecen, pues, como condicionantes de primer orden en el quehacer agrícola de la Baja Andalucía. 14 SEVILLA-GUZMÁN y GONZÁLEZ DE MOLlNA (1993: 128). 15 KAUTSKY (1903: 160-161). 16 BERNAL (1988). 102 H¡JI. Agrar. 2/ •Agosro 2000 • pp. 99-/26
El trabajo asalariado en la agricultura de la baja Andalucía. Siglos XVIII y XIX Efectivamente, grandes labradores han conseguido reunir importantes extensiones de tierra que han explotado directamente sin necesidad de parcelarias ni de recurrir a su cesión a terceros. Estas grandes explotaciones están constituidas, principalmente, por cortijos dedicados al cultivo del cereal de secano, dehesas para pastos dedicados a mantener el ganado de labor y el de granjería y, en menor número, haciendas olivar. Todo ello ha permitido constituir grandes explotaciones agropecuarias con cientos ymiles de hectáreas cultivadas bajo una misma directriz. En el Cuadro 1 hemos reunido algunas de estas grandes explotaciones, que sin pretender tener un carácter exhaustivo ni sistemático sólo intenta ofrecer una muestra de lo que han significado las grandes explotaciones en algunos municipios de la Baja Andalucía en los siglos estudiados. CUADRO 1. TAMAÑO DE LAS EXPLOTACIONES AGRARIAS EN LA BAJA ANDALUcíA (SS. XVIII-XIX)*** Superficie Superficie cultivada como cultivada como Localidad Período Labradores propietario colono Total Utrera siglo XVIII 7 5.135* 1908 20 15.518 11.414 26.932 Morón siglo XVIII 14 2.006 3.935 5.941 Duque de Osuna** 1730 64 31.725 31.725 Carmona 1752 12 2.287 9.229 11.516 1850 15 14.382 12.217 26.599 Jerez de la Frontera 1819 13 3.452 20.022 23.477 1854 19 9.254 33.359 42.613 1907 18 16.567 27.045 43.612 Marchena 1863 8 4.403 14.345 18.748 Ecija 1905 12 6.300 8.135 14.435 Datos en hectáreas *Tierras sembradas ** Arrendatarios del duque de Osuna en los pueblos de Morón, Osuna, Arahal yPuebla de Cazalla. *** Fuentes: Utrera: siglo XVIII, particiones notariales de bienes en Archivo de Protocolos de Utrera; Utrera, 1908, AMU, libro 678, Expediente tramitado para el recuento general de la ganadería existente en este término municipal ysu agregado Los Molares, 1908; Morón: Sánchez Lora (1997); arrendatarios del duque de Osuna: Contreras, J. (1979); Carmona: Cruz Villalón (1980:150 y224); Jerez de la Frontera: 1819, Archivo Histórico Provincial de Cádiz, Cuadernos de apeos de predios rústicos...; 1854, Archivo Municipal Jerez de la Frontera, Amillaramiento, Contribuciones, 426-429; 1907, Montañés (1997); Marchena, 1863, Archivo Municipal, lib. 1502, Cuaderno General de Riqueza; Écija, Archivo Municipal de Écija. Hist. Agrar. 21. Agosto 2000. pp. 99-126 103
Antonio Florencio Puntas / Antonio Luis López Martínez Se trata de grandes explotaciones capitalistas, claramente orientadas al mercado. Explotaciones de las dimensiones observadas en el CUADRO 1, en ningún caso pueden ser consideradas como de mera subsistencia oautoconsumo y, por el contrario, su orientación es claramente mercantil. Cifras sobre la producción ocantidades de granos ycaldos almacenados en graneros yalmacenes, ofrecidas en particiones de bienes, son muestra inequívoca de que el mercado es el destino de la producción de estas grandes explotaciones. Algunas contabilidades privadas que hemos podido consultar nos permiten, incluso, cuantificar el porcentaje de la producción que se comercializaba. Así, el cortijo de Espartinas de Jerez, propiedad de los jesuitas, que lo explotaban directamente, destinó a la venta, entre 1711 y1766, el 49% del trigo y el 49% de la cebada que producían las 700 has de su explotación cerealística, el 67% del aceite producido por sus 50 has de olivar y el 62% del vino de sus 27 has de viñedo. Mayor era aún la proporción comercializada por el convento de Sta. Inés de Écija, que entre 1772 y1796 vendió el 85% de la producción de sus 235 has de olivar. En las particiones de bienes de 14 grandes propietarios-arrendatarios de Morón en el siglo XV11117, se incluyen las siguientes especies en sus graneros y almacenes: 27.397 fanegas de trigo, 8.592 fanegas de cebada, 9.356 arrobas de aceite y 4.595 arrobas de vino. Como muestra de los grandes labradores sevillanos del siglo XIX se puede citar el caso de Vicente José Vázquez, muerto en 1830 y entre los bienes quedados a su muerte se encuentran 49.792 fanegas de trigo, 11.109 fanegas de cebada y 7.290 arrobas de aceite. Por su parte, José M. Benjumea dejaba a su muerte, en 1859, además de 1.394 hectáreas de tierra, 5.309 cabezas de ganado valoradas en más de un millón de reales y frutos diversos en 1.314.994 reales. Es cierto que la mera existencia de grandes cantidades de productos y ganado y de su circulación no implica la existencia de una explotación capitalista, ya que la riqueza se transforma en capital cuando se obtiene a partir de un sistema basado en el salario como forma de retribución del trabajo libremente adquirido en el mercado. Precisamente, una de las características distintivas de la agricultura bajoandaluza es el empleo masivo de mano de obra asalariada". Entre personal fijo y asalariado las grandes explotaciones agrarias andaluzas ocupaban casi permanentemente a decenas e, incluso, centenares de trabajadores. Son numerosos los intentos que se han llevado a cabo para cuantificar las necesidades de mano de obra por unidad de superficie dependiendo de los diferen- 17 SÁNCHEZ LORA (1997). 18 Sobre el carácter capitalista de las grandes explotaciones agrarias bajoandaluzas existe una controversia entre los que, como BERNAL (1988) o MATA OLMO (1987), sostienen su condición capitalista y los que, por contra, lo niegan omatizan, considerando que en dichas explotaciones seguia predominando la renta sobre el beneficio. Nosotros consideramos que las precondiciones que según KAUTSKY (ver nota 15) determinaban que un latifundio pudiese ser considerado como empresa capitalista se daban en las grandes explotaciones aquí analizadas. Por otra parte, estas explotaciones buscaban una maximización del beneficio movilizando sus recursos productivos, de lo que la cría del ganado de granjería a gran escala y la del ganado de lidia, en concreto, constituye una clara muestra del afán de los grandes labradores por mejorar sus beneficios (LóPEz MARTíNEZ, 1998). 104 Hisr. Aj!,Ytlr. 21 • Agosto 2000 • pp. 99-/26
El trabajo asalariado en la agricultura de la baja Andalucía. Siglos XVIII y XIX tes cultivos y categorías, así como su distribución a lo largo del año. En su mayor parte, estos análisis se han efectuado para la segunda mitad del siglo XIX y han tenido como base fuentes de carácter oficial, cartillas evaluatorias, memorias de ingenieros agrónomos ytrabajos agronómicos elaborados por la Comisión Central de Evaluación y Catastro. Sin embargo son muy pocos los realizados para el siglo XVIII y los que han tomado como fuente las contabilidades privadas. Para paliar estas lagunas contamos con las contabilidades de dos explotaciones de la primera mitad del siglo XVIII, el cortijo de Gambogaz y la hacienda de Esteban Arones", ambas pertenecientes a la Cartuja de Sevilla y explotadas directamente por la comunidad. El cortijo de Gambogaz se hallaba situado en los términos municipales de Sevilla y Camas. En el siglo XVIII, según un libro de cuentas (1704-1740) remitido al Procurador Mayor de la Cartuja era explotado directamente por la comunidad mediante el trabajo asalariado a las órdenes de un hermano administrador perteneciente a la orden". La explotación estaba constituida por cereal de secano cultivado mediante el sistema de año yvez, según datos procedentes del libro de cuentas los cartujos sembraban cada año una superficie media de 30 cahices que equivalen a 360 fanegas, o sea 232 hectáreas. Esto supone una superficie cultivada de unas 464 hectáreas. La superficie dedicada al olivar, según los datos disponibles, era de 219 aranzadas que equivalen a 98,5 hectáreas en 1717. El viñedo se hallaba en regresión y la superficie cultivada era de 6 a 8 hectáreas. La mano de obra estaba compuesta por trabajadores fijos, llamados en el libro asalariados. Desempeñan funciones de gestión de la explotación -aperador mayor, capataces de olivar, viñas y carretas-, cuidado del ganado de labor -caballerizo, boyeros y zagales de bueyes-, mantenimiento de los aperos -zagal de arados-, vigilancia -guardas acaballo y a pie- y, por último, los temporiles, que se contrataban en número variable cada año. La mayor parte de los contratos eran por el año entero, aunque, también, aparecen contratos por varios meses, especialmente entre los temporiles. Las cuentas nos dan, aproximadamente, la presencia de 10 trabajadores fijos de manera permanente en el cortijo, cuyo número podía incrementarse algunos años con la contratación anual o mensual de uno o varios trabajadores temporiles. De ahí que durante el período estudiado el número de trabajadores fijos osciló entre 10 Y 16 anualmente. La segunda categoría, la más numerosa estaba compuesta por trabajadores eventuales, contratados a jornalo adestajo, casos de los segadores en el cereal y la recogida de la aceituna. El número total de peonadas que la explotación ofrecía para trabajadores eventuales era de 10.600, media anual del período analizado. Sin embargo la distribución de estos jornales es muy desigual, tanto si se tienen en cuenta los cultivos, como si se distribuyen a lo largo del año. Según los diferentes cultivos la distribución media anual durante el período estudiado era la siguiente: cereal, 7.719 peonadas, olivar, 2.242 y viñedo, 640. •9 Archivo de la Provincia Bética Franciscana, códices 203 y204. 20 Esta contabilidad, en la parte referida anúmero de jornales ysalarios de las diferentes faenas agrarias ha sido analizada en LÓPEZ MARTíNEZ (1997b). Hist. Agrar. 21 • AgoJ!O 20()() •pp. 99-126 105
Antonio Florencia Puntas / Antonio Luis López Martínez La mayor parte del trabajo eventual era el efectuado en la explotación del cereal. siendo su distribución desigual a lo largo del año tal como muestra el gráfico 1. En el libro de contabilidad estas faenas se agrupan en tres apartados: 1) faenas anteriores a la siega o barbecho. con un total de 3.021 peonadas; 2) faenas de siega y trilla. con 2.719 peonadas" y 3) faenas después de la siega con 1.900 peonadas (GRÁFICO 1). Las faenas relacionadas con la siega y la trilla producen el 36% de las peonadas de trabajadores eventuales en el cultivo del cereal. que se concentran además en un corto período de tiempo. unos dos meses. lo que equivale a unas 1.400 peonadas mensuales. Aunque el resto de las faenas. antes y después de la siega. no suponen la misma concentración -604 peonadas antes y 380 peonadas al mes después de la siegaexiste en la explotación cerealística actividad suficiente que requiere la presencia de un elevado contingente de trabajadores eventuales -unos 25 antes y unos 15 después de la siegaque hacían que este tipo de explotación ofreciese trabajo. aunque de diferente categoría y salario. prácticamente durante todo el año. Hemos calculado que el promedio de peonadas dadas por la explotación atrabajadores eventuales era de 33.3 por hectárea sembrada y 16.6 peonadas por hectárea cultivada y año. GRÁFICO 1. DISTRIBUCiÓN DE lAS FAENAS AGRíCOLAS EN EL CEREAL DE SECANO DEL CORTIJO DE GAMBOGAZ. 1704-1740 peonadas 3000 2 5 OO -------------------------------------- 2 OOO ~--.---.------------------ .. -------- 1 :. OO ----------------------------------- --------- ------.-. ---.-----I-I- ... -; ene feb mar abr may jun siega jul ago s e po ct nov o¡c .. numero de peonadas Fuente: Libro de cuentas del cortijo 21 En el cuaderno de cuentas correspondiente al cortijo de Gambogaz utilizado y del que proceden las anteriores apreciaciones sobre el número de peonadas de las diferentes labores agricolas en el citado cortijo. las de siega y trilla aparecen agrupadas. sin asignarlas a ningún mes en concreto. adiferencia de las del resto de las faenas que sí se distribuyen mensualmente. De ahí. que a la hora de elaborar el Gráfico 1, dichas faenas de siega y trilla, que en el cortijo de Gambogaz venían a durar. en su conjunto, de 40 a 60 días, hayamos preferido mantenerlas agrupadas en una columna, aunque ello violente la distribución mensual del resto de las labores. Con ello intentamos destacar. al mismo tiempo, la mayor intensidad de trabajo que las citadas faenas de siega y trilla requieren. 106 Hist, Agra,.. 2/ •AgoJ/O 2000 • pp. 99-/26
El trabajo asalariado en la agricultura de la baja Andalucía. Siglos XVIII y XIX La oferta de trabajo por el cortijo Gambogaz se completaba con el requerido para el cultivo de olivares y viñedo, que aunque en menor medida que el cereal suponía una importante oferta de trabajo. También en el olivar se producía una elevada concentración de trabajo en la época de recolección de la aceituna, el 74% de las peonadas ofrecidas por dicho cultivo, durante los meses finales del año, en los que había una menor actividad relacionada con el cereal. La hacienda de Esteban Arones, situada en Tomares, en el Aljarafe de Sevilla, tenía entre 50 y 60 has de olivar y 10 has de viñedo. En ella se ocupaban 5traba- jadores fijos por término medio y se daban un promedio de 3.090 peonadas anuales atrabajadores eventuales. Aunque carecemos de otras contabilidades similares, para fechas posteriores si tenemos indicadores que nos pueden dar una idea del elevado número de jornales que requerían las grandes explotaciones andaluzas. En 1830 el cortijo Casaluenga con 662,5 hectáreas cultivadas al tercio, situado entre La Rinconada yAlcalá del Río, pagó 11.719 peonadas. En 48 explotaciones del término de Carmona pernoctaban 993 trabajadores durante el mes de mayo de 185122.Hidalgo Tablada (Cuadro 2) nos da para mediados del siglo XIX el número de trabajadores fijos y peonadas de trabajadores eventuales necesarias en varios cortijos de Jerez y Utrera, todos ellos cultivados al tercío>. CUADRO 2. OFERTA DE EMPLEO DE VARIOS CORTIJOS DE JEREZ Y UTRERA AMEDIADOS DEL SIGLO XIX Municipio Utrera Jerez Jerez Superficie (hectáreas) 1.350 3.895 675 Trabajadores asalariados 15 58 Peonadas a eventuales 27.150 90.315 12.285 Fuente: Hidalgo Tablada (1864) Para finales del siglo XIX existe una gran abundancia de datos sobre el número de jornales requeridos para diferentes faenas agrarias. Tal vez el documento más importante en este sentido sean la Cartillas Evaluatorias elaboradas por la Comisión Central de Evaluación y Catastro en 1897 y 1898. Aunque lamentablemente no se conservan para todos los municipios, hemos escogido algunas de ellas que pensamos que son suficientemente ilustrativas de la oferta de empleo por parte de la agricultura bajoandaluza (Cuadro 3). 22 Archivo Municipal de Carmona (AMC), legajo 472, Cédula de inscripción que forma la Junta Municipal de todas las personas que han pernoctado, año 1857. 23 HIDALGO TABLADA (1864: 241-279). HiN. Agrar. 21 • AgoJ!O 2000 •pp. 99-126 107
Antonio Florencia Puntas / Antonio Luis López Martínez El segundo de los casos estudiados en el área de las grandes explotaciones andaluzas es Guillena, municipio próximo a Sevilla con 22.492 hectáreas de superficie. Tiene tierras de vega y campiña, casi en su totalidad dedicadas al cereal, si bien, buena parte del término (58,7%) son baldíos en la presierra bética". La mayor parte de la superficie cultivada (93%) se la reparten entre la Iglesia y la nobleza. Procediendo del mismo modo que en Carmona hemos encontrado 226 individuos clasificados en el censo de 1752 como jornaleros. De ellos 148 son cabeza de familia y los 78 restantes son hijos y familiares que conviven con un cabeza de familia. Por tanto, 105 jornaleros cabeza de familia (71%), no tienen ni hijos ni familiares que trabajen, computándose su jornal como el único ingreso salarial de la unidad familiar. Respecto al patrimonio territorial de estos jornaleros, se comprueba en el Catastro que hay 21 que poseen 155,4 hectáreas, 13 llevan en arrendamiento 187,9 hectáreas y 61 son propietarios de algún tipo de ganado, buena parte de ellos de una sola cabeza. Sin embargo, 87 jornaleros cabeza de familia (58,8%) carecen de cualquier propiedad rústica, ni llevan tierras en arrendamiento, ni tampoco poseen ganado alguno. El segundo momento que estudiamos de Guillena corresponde a 1867 fecha que registra un incremento de un 36% de la superficie cultivada que se sitúa en 10.387 hectáreas'". En el padrón de población de dicho año el número de jornaleros registrado es de 388, de los que 222 son cabeza de familia y 166 son hijos y familiares que conviven con ellos, por lo que quedan 131 jornaleros cabeza de familia (59%) que no tienen ningún familiar conviviendo con ellos que desarrolle un trabajo remunerado. Del amillaramiento se desprende que 47 jornaleros poseen 537,7 hectáreas y que 36 jornaleros son propietarios de una o varias cabezas de alguna especie de ganado. Por todo ello, quedan 164 jornaleros cabeza de familia (74%) que no cultivan tierras ni poseen ganado alguno. A pesar de lo limitado de la muestra, sólo dos municipios, en dos fechas separadas por algo más de un siglo, creemos que son suficientemente representativos para aproximarnos al análisis de la naturaleza de los trabajadores agrarios asalariados en la zona de las grandes explotaciones agrarias andaluzas. Como se puede observar en el Cuadro 6, existen dos categorías de asalariados agrarios. Por una parte, los "campesinos pobres" -pequeños propietarios, colonos, dueños de algún ganado-, cuyo porcentaje oscila entre el 17 y 41% en la muestra anaüzada>. Además de estos campesinos que se declaran jornaleros, es probable que otros vecinos que en la documentación utilizada no figuran como jornaleros, participasen ocasionalmente como asalariados en las faenas agrarias intensivas en trabajo. 37 BERNAL (1979:158). 38 BERNAL (1979:159). 39 Sobre la funcionalidad de las pequeñas explotaciones en el contexto latifundista vid. BERNAL (1974) Y MATA OLMO (1987). 114 Híst, Agr"r. 2/ •AgOJlo 2000 •pp. 99-126
El trabajo asalariado en la agricultura de la baja Andalucía. Siglos XVIII y XIX Pero es evidente, también, que el mayor número de trabajadores asalariados son jornaleros puros. Así, se observa que en Carmona entre el 70 y el 83% y en Guillena entre el 59 y 71%de los individuos que se declaran jornaleros en los respectivos censos y padrones son cabezas de familia que no tienen a su cargo hijos ni familiares que desempeñen trabajo remunerado. Se podría pensar que ciertos trabajos agrarios son realizados por mujeres y niños, lo que podría significar ingresos familiares complementarios. Sin embargo, pensamos que en la mayoría de los casos que estamos estudiando esto no se daría, ya que en el censo se clasifican como jornaleros a niños a partir de unos 10 años de edad, y en este caso se habrían contemplado en los porcentajes que ofrecemos. Respecto al grupo doméstico jornalero tenemos otros datos del mayor interés. Hay un predominio absoluto de la familia nuclear y un aumento del número de familias jornaleras tanto en Carmona, un 14%, como en Guillena, un 38%. El importante incremento de Guillena evidencia que en determinados municipios la privatización de las tierras públicas acentúa el proceso de proletarización y no el de campesinización. El tamaño de la familia, en el caso de los jornaleros casados, tiende aestabilizarse en Carmona, a mediados del s. XVIII la media de hijos es de 2,03 mientras que a mediados del s. XIX es de 2,02; en tanto que en Guillena el tamaño medio aumenta pasándose de 2,09 hijos de media a 2,91 entre las dos fechas consideradas. Tal vez el incremento de la superficie cultivada ya mencionada, un 36 %, con el consiguiente aumento del trabajo necesario, permite dicho aumento. Lo que parece evidente es que el modelo familiar desarrollado por los jornaleros bajoandaluces, en el que es perceptible un control del tamaño de la familia, permite garantizar de forma más eficaz su reproducción. El elevado número de casados yviudos sin hijos, así como de solteros, matrimonios tardíos, familia nuclear y no extensa, serían las respuestas de las familias jornaleras a unas condiciones poco favorables de reproducción. En cuanto a las posibilidades de que los jornaleros pudiesen efectuar labores por su cuenta, ya sea como pequeños propietarios o como colonos, el Catastro de Ensenada para el siglo XVIII y los amillaramientos para el siglo XIX nos niegan tal presunción. En Carmona entre el 74 Y el 83% y en Guillena entre el 58,8 y el 71% de los jornaleros cabeza de familia no cultivan tierras propias ni las llevan en arrendamiento, ni poseen ganado alguno. El único ingreso que se le puede computar a esta mayoría de jornaleros es, pues, su retribución como trabajador asalariado. La posibilidad de que los miembros del grupo doméstico diversificaran su actividad mediante la ocupación de algunos de ellos en el trabajo manufacturero -industria ruralera bastante limitada. Sobre la industria dispersa en Andalucía en el siglo XVIII, Parejo observa que la actividad textil lanera sólo se detectaba en 37 localidades del reino de Sevilla y en la mayoría "".apenas superaban los límites del autoconsurno":". Por su parte, la industria sedera se localizaba sólo en los mayores núcleos urbanos, mientras que las industrias lineras ycañameras del reino de Sevilla 40 PAREJO BARRANCO (1987:56). Hist, Agrar. 21 • AgoJto 20()() • PI}, 99-126 115
Antonio Florencia Puntas / Antonio Luis López Martínez estaban situadas en la franja montañosa del norte y, aún ahí, la producción escasa y de baja calidad estaba destinada al autoconsumo o al mercado local. No parece, pues, que fuese la industria rural la alternativa para que las familias jornaleras de la Baja Andalucía encontrasen el complemento a sus salarios agrarios. Otras posibilidades de ingresos, aparte de sus salarios, con las que contaban los jornaleros de las campiñas béticas serían aquellas que se derivan de su inserción en una comunidad a través de la cual se obtienen determinados bienes yservicios, en concreto, el aprovechamiento de los usos yderechos comunales, que en principio les permitirían beneficiarse de los baldíos yeriales comunales yde las derrotas de mieses de las propiedades particulares. Tampoco en este caso las oportunidades fueron muchas. Las grandes explotaciones agrarias se convirtieron en importantes competidores de los jornaleros a la hora de beneficiarse de los derechos comunales. La gran explotación agraria andaluza tiene un carácter mixto agrícola ypecuario, su gran demanda de animales para la labor les ha llevado ainternalizar la reproducción de dicho ganado de labor, lo que además les permite obtener unos ingresos complementarios de la comercialización de una ganadería de granjería que es un excedente de la reproducción del ganado de labor de las grandes explotaciones. Algunos ejemplos extraídos de particiones de bienes yotras fuentes documentales" nos muestran la gran cantidad de ganado que existía en las grandes explotaciones agrarias andaluzas (Cuadro 7). CUADRO 7. CABAÑAS GANADERAS PERTENECIENTES AGRANDES LABRADORES DE LAS PROVINCIAS DE SEVILLA YCÁDIZ. SIGLOS XVIII Y XIX. Número de Lanar y labradores- Vacuno Caballar Asnal Mular cabrio Cerdos Siglos ganaderos (cabezas) (cabezas) (cabezas) (cabezas) (cabezas) (cabezas) XVIII 122 33.522 5.518 3.303 124 129.668 11.264 XIX 118 26.469 7.350 3.240 648 65.372 1.030 Fuente: ver nota 41. 41 Para elaborar el Cuadro 7 se han utilizado numerosas descripciones notariales de bienes corrspondientes a los tres siglos, además, para el siglo XVIII se han usado las respuestas particulares del Catastro de Ensenada de pueblos de la provincia de Sevilla -Carmona. Dos Hermanas...- y de la provincia de Cádiz -Jerez, Alcalá de los Gazules, Medina Sidonia y Arcosypara el siglo XIX, los amillaramientos de pueblos de la provincia de Sevilla -Arahal. Caria, Dos Hermanas yÉcijayde la provincia de Cádiz -Jerez. Arcos yAlcalá de los Gazules. 116
El trabajo asalariado en la agricultura de la baja Andalucía. Siglos XVIII y XIX Tal cantidad de cabezas de ganado en manos de estos grandes labradores les llevó a adoptar estrategias que inclinasen a su favor la práctica de los usos y derechos comunales, privando de este modo a los jornaleros de buena parte de sus derechos en este sentido. Una primera práctica bastante extendida ydesde siglos atrás fue el cerramiento de sus propiedades por parte de los grandes terratenientes andaluces. Los cerramientos permitían un aprovechamiento más integral de las tierras en el caso del cultivo directo y la posibilidad de incrementar la renta en el caso de su cesión en arrendamiento. Eran especialmente importantes para los grandes labradores porque excluían sus tierras de las prácticas comunales. Será, sobre todo, en la década de 1640 cuando la Corona, acuciada por la necesidad de dinero comience a vender licencias de cerramiento con gran prodiqalidadv. En el proceso de cerramientos participará tanto la nobleza como la Iglesia. Como muestra de la actividad cerradora de esta última destacan los jesuitas, que entre 1639 y 1644, sólo los colegios situados en la ciudad de Sevilla, adquirieron licencia de cerramiento para 7 de sus propiedades con un total de 4.050 hectáreas. Sánchez Lora señala como desde 1725 va tomando cuerpo en Morón la falta de tierra de pasto para los vecinos menos acomodados, debido a los continuos cerramientos de tierras particulares y de propios o por la dedicación de dehesas a la cría de yeguas y potros -una vía de exclusión sin necesidad de cerramientos u otros métodos- o simplemente por abusos de los más poderosos. Ya en 1742 de 31.900 fanegas de monte, 19.820 están cerradas y la práctica del cerramiento va en aumente": En una estadística elaborada en 1768 a partir de los datos del catastro de Ensenada aparecen 167 cortijos con licencia de cerramiento que ocupan más de 50.000 has". Durante el siglo XVIII las autoridades ilustradas clamaban por la abolición de esta servidumbre (Olavide), lo que llevó a muchos propietarios acerrar sus tierras sin adquirir licencia real, caso del duque de Osuna en la década de 1820. Por último, en 1836 se autorizó a cualquier propietario a que cerrase sus tierras a la práctíca de la derrota de mieses o a cualquier otra limitación de su propiedad de carácter comunal. Asegurada, en exclusiva, el disfrute integral de sus explotaciones, los grandes labradores intentaron también controlar el acceso a las tierras comunales, para lo que se valieron de su posición en la oligarquía local" ocupando, sobre todo, los cargos de regidores municipales". Como afirma Bernal, el tipo de ganadería dominante en Andalucía, principalmente caballar y vacuno, requería grandes inversiones de dinero, lo que hizo como objetivo más inmediato de los grandes terratenientes-labradores el privatizar las tierras comunales". Dos procesos significativos de la privatización de BERNAL, 1988: 61-64. SÁNCHEZ LORA (1997:130). ORAIN, M. (1976: cuadro L) JIMENEZ Bl.ANCO (1996: 248) En las particiones notariales de bienes de grandes ganaderos utreranos en el siglo XVIII y comienzos del siglo XIX se puede constatar la condición de regidores que ostentaban la mayoría de ellos. '7 BERNAL (1997: 127). Hist. Agrdr. :: J•AgoJto 20()O • pp. 99-126 117
Antonio Florencia Puntas / Antonio Luis López Martínez grandes espacios de tierras comunales en Andalucía lo constituyen las Marismas del Guadalquivir y los montes públicos de Jerez de la Frontera. Algunos datos son significativos del proceso de monopolización de su uso llevado a cabo por los poderosos prácticamente culminado a finales del siglo XVIII, antes de que la privatización de esta tierra se hiciese efectiva. En un expediente de 1783 sobre la ocupación de 21 hatos encontramos entre los beneficiarios de dicha ocupación a cuatro monasterios, 4 títulos nobiliarios yalgunos destacados labradores de Sevilla y de Alcalá del Río -F.Freire, Rull, Adorna...-4B En una relación de ganado entrada a Isla Mayor dada por el guarda en 1818 resulta la siguiente distribución: CUADRO 8. GANADO ENTRADO EN ISLA MAYOR (MARISMAS DEL GUADALQUIVIR) EN 1818 Especie Vacas Yeguas Carneros Ovejas Cabezas 4.205 415 9.870 8.760 Propietarios 65 30 18 15 Cabezas/propietario 65 14 548 584 Fuente: Archivo Municipal de Sevilla, Colecciones Alfabéticas, libro 462 En Jerez de la Frontera el proceso de privatización de las tierras comunales que ocupaban 54.754 hectáreas según el Catastro de Ensenada, ha sido estudiado por J.!. Jiménez Blanco que afirma que a finales del siglo XIX, 9 de cada 10 unidades de superficie de titularidad municipal han pasado apropiedad privada, estando presente en dicho proceso los intereses de los grandes ganaderos jerezanos". Durante el siglo XVIII y después en el XIX fueron frecuentes los procesos de reparto de tierras comunales entre campesinos sin tierras que llevaron a cabo los ayuntamientos y los señores jurisdiccionales'", Aunque no supusieron una transferencia completa de la propiedad, que la siguió conservando el ayuntamiento, se transfirió el dominio útil de la tierra mediante la fórmula del censo reservativo que le suponía a las arcas municipales el ingreso de una renta anual. Estos repartos iban dirigidos a los campesinos sin tierras y, también, se hicieron repartos de carácter patriótico para militares tras la guerra de la Independencia. En principio, tuvieron una funcionalidad social al propiciar el acceso a la tierra a los braceros, sin embargo como veremos la virtualidad de estas medidas de reparto fue más bien escasa. Dos hechos limitaron el alcance social de los repartos. En primer lugar, sólo alcanzaron a un número limitado de jornaleros, así el Ayuntamiento de Morón repartió tierras en 48 GONZÁLEZ ARTEAGA (1993). 49 JIMÉNEZ BLANCO (1996:249-254). 50 BERNAL (1979), CABRAL CHAMaRRa (1996) y JIMENEZ BLANCO (1996) 118 Hist. Agr({r. 2I •/vgost o 2000 • pp. 99-126
El trabajo asalariado en la agricultura de la baja Andalucía. Siglos XVIII y XIX 1773, 1774 Y1775, que en total supusieron unas 850 hectáreas, quedando 700 peticiones sin atender", En Carmona se repartieron tierras en 1841 respondiendo a la requisitoria de las autoridades publicada en el Boletín Oficial de la Provincia (27-X- 1841), el reparto afectó a la dehesa de Azanaque de 613 fanegas, que se dividió en suertes con una superficie de 6a 9 fanegas. Aunque se habian inscrito 701 braceros pobres el reparto sólo benefició a103 de ellos. En segundo lugar, la efectividad de los repartos fue limitada por la dificultad de los braceros para sostener los lotes que les habían correspondido, Como ya dijimos los lotes no se cedían en propiedad, sino que el colono estaba obligado a pagar una renta anual por conservarlos, además las suertes requerían para su cultivo elevadas dosis de capital de explotación fijoS2 estando, en ocasiones, muy distantes del núcleo de población. Todo ello llevaba a los colonos a endeudarse y ante la imposibilidad de pagar las deudas se veían obligados a desprenderse de sus lotes, generalmente en manos del mismo acreedor'<. Son muy numerosos los ejemplos que ilustran dicho proceso y sólo vamos a referirnos a dos de ellos. El primer caso corresponde a la dehesa de La Alcaparrosa con 820 fanegas, equivalente a487 hectáreas. Pertenecía a los propios de Utrera siendo repartida acenso en 1770 en suertes de 30 fanegas apelentrines de Utrera, Las expresadas porciones fueron acumulándose poco a poco por diversas causas, siendo la más importante la distancia de 2,5 leguas que la separa de la población y la falta de capital necesario para roturarla ymeterla en cultivo. En 1836 toda la dehesa estaba en manos de un sólo individuo Tomás Pintor que pidió el reconocimiento al ayuntamiento de Utrera que se la dio a censo enfitéutico. En 1855 apoyándose en la ley de Desamortización pagó el capital del censo por lo que le correspondió la propiedad de dicha dehesa". Por último, en 1876 la anteriormente citada dehesa Azanaque de Carmona, con 310 has, pertenecía casi en su totalidad a Fº' J. Caro Cárdenas que había adquirido 90 suertes de la misma en sucesivas compras desde 184555 , Muy pocas eran, pues, las oportunidades que les quedaban a los jornaleros para aprovechar sus derechos comunales, sin ganados propios el uso de los comunales no controlados por los grandes labradores y ganaderos se limitaba a recoger espárragos, algo de caza y al carboneo, No parece, sin embargo, que la demanda de estos productos por los mercados próximos permitiese ingresos de alguna consideración para los mismos, hasta el punto de convertir el salario en un ingreso marginal. Así, "...Ios braceros ycampesinos pobres faltos de capital, abandonados a su suerte en lugares desiertos y sin posibilidad alguna de construirse el coto acasarado [..,] acabaron por sucumbir ante los campesinos medios y ricos"56 La mayoría de los individuos clasificados como jornaleros en el Catastro de Ensenada, Censo de 51 SÁNCHEZ LORA (1997: 132-133), 52 J IMENEZ BLANCO (1996: 254), 53 WINDLER-DIRISIO (1994:101) que ha estudiado el reparto de tierras en Morón y Osuna llega a la conclusión de que es difícil sostener la hipótesis de un proceso de campesinización en el Valle del Guadalquivir, 54 Archivo Protocolos Notariales Sevilla (APNSE), 1, 15.714p, tt. 3,886 Y ss. APNSE, 1, 15,830, ts. 3,241 y ss. 56 CABRAL CHAMüRRü (1996:192) Hist. Agrar. 21· AgoJ/O 20()()· flj!. 99-126 119
Antonio Florencia Puntas / Antonio Luis López Martínez Floridablanca y los padrones de población del siglo XIX de los pueblos de las campiñas béticas no tenían más posibilidad de ingresos que los procedentes de su trabajo asalariado en las grandes explotaciones. b) Trabajadores forasteros. La incapacidad del mercado de trabajo local para cubrir la oferta de empleo por parte de la gran explotación agraria de las campiñas béticas obliga a buscar trabajadores forasteros, especialmente, en la época de mayor intensificación de las faenas agrícolas, las recolecciones. La movilidad de la mano de obra rural está documentada en Andalucía desde la Edad Media, sobre todo, en lo que se refiere a la cogida de la aceituna". También existen abundantes testimonios literarios de esta movilidad relacionados, en este caso, con la siega, incluso hay datos puntuales, ya mencionados aquí -pernoctaciones en Carmona de 185758 y huelga de segadores de Jerez de 188359_, que nos aproximan al volumen alcanzado por tales desplazamientos. Pero son, sin duda, los pasaportes de interior el principal documento para conocer la importancia que alcanzó dicha movilidad, así como las circunstancias de la misma. En anteriores ocasiones hemos estudiado dicho documento y de él hemos extraído las siguientes conclusiones. En primer lugar la fuerte vinculación de la movilidad de los trabajadores con las épocas de la siega y, en menor medida, con la recolección de la aceituna y la vendimia y, en segundo lugar, las áreas de procedencia de tales desplazamientos. Para elaborar el Cuadro 9 se han manejado los pasaportes de 4.360 individuos" que como profesión han puesto "jornaleros" y que en la causa del viaje han colocado "buscar trabajo". CUADRO 9. PROCEDENCIA DE LOS TRABAJADORES DEL CAMPO REGISTRADOS EN LA PROVINCIA DE SEVILLA, SEGÚN SUS PASAPORTES DE INTERIOR, 1817·1850 PROCEDENCIA Andalucía Occidental (Sevilla) Andalucía Oriental (Almería) Badajoz Orense-Zamora Soria Otros Fuente: Florencio Puntas y López Martinez (1993) NÚMERO 2.697 (2.331) 751 (538) 398 203 171 140 57 BORRERO FERNÁNDEZ (1988). 58 Archivo Municipal de Carmona, Cédula de inscripción que forma la Junta Municipal de todas las personas que han pernoctado (mayo de 1857), legajo, 472. 59 Archivo Municipal de Jerez, Huelga de segadores. Vigilancia, Expediente 142. 60 Los libros de registro de pasaportes corresponden a los archivos municipales de Benacazón, Constantina, Écija, Morón y Pilas, todos ellos en la provincia de Sevilla. estando comprendidos, cronológicamente, entre los años 1817 y 1852 120 Hisr. Agrar< 21 • Agosto 20()() •pp. 99-126
El trabajo asalariado en la agricultura de la baja Andalucía. Siglos XVIII y XIX Lo primero que destaca es, lógicamente, el elevado número de individuos procedentes de la provincia de Sevilla, lo que indica la importante movilidad de jornaleros que se originaba entre los pueblos vecinos. En segundo lugar, hay que resaltar otra serie de áreas de procedencia: Almena, Badajoz yOrense-Zamora, a las que habría que añadir, gracias a otras fuentes", las serranías gaditana ymalagueña y Portugal. Todo ello nos permite configurar la geografía del mercado de trabajo de las grandes explotaciones de las campiñas béticas". , Para conocer la naturaleza de estos migrantes estacionales hemos escogido como ejemplo significativo la provincia almeriense. La provincia de Almería registró durante la segunda mitad del siglo XVIII y siglo XIX un mayor crecimiento demográfico que las provincias occidentales andaluzas, que se tradujo en un mayor incremento de la población dedicada a la agricultura (Cuadro 10). CUADRO 10. POBLACiÓN DEDICADA A LA AGRICULTURA EN ANDALUcíA, SS. XVIII V XIX 1787 1860 1900 Provincias número índice número índice Número índice Almería 17.874 100 76.674 272 93.201 331 Cádiz 44.171 100 75.146 158 83.003 174 Sevilla 51.516 100 120.143 204 138.814 236 Andalucía 338.005 100 757.830 224 913.018 270 Fuente: datos censales Este incremento va a dar lugar a una ratio muy inferior de superficie cultivada por individuo de Almería (1,76 hectáreas/activo agrario) respecto a las provincias occidentales (3,86 en la provincia de Cádiz y 7,09 hectáreas/activo agrario en Sevilla). Esto unido a los modelos de repoblación seguidos en el Reino de Granada tras la conquista cristiana'", así como los diferentes sistemas de cultivo, con una mayor presencia del regadío, han dado lugar a una mayor fragmentación de las explotaciones en Almería (4,83 hectáreas/propietario) que en las provincias occidentales (19,12 en Cádiz y 35,54 hectáreas/propietario en Sevilla). Todo ello unido a la peor calidad del suelo agrario en la provincia de Almería da lugar a una elevada presión de la población sobre los recursos en esta provincia. Más en detalle se puede observar este presión en el caso de algunos municipios del levante almeriense, que tuvieron una activa participación en los desplazamientos hacia Andalucía Occidental (Cuadro 11). 61 En el expediente ya citado sobre la huelga de segadores de Jerez, en 1883, hay relaciones de jornaleros con su lugar de procedencia elaboradas ainstancias de las autoridades. 62 Acerca de las migraciones estacionales rurales en Andalucía, hemos concluido un trabajo más exhaustivo en el que también se estudian las migraciones de corto radio dentro de la campiña sevillana, FLoRENcia PUNTAS y LÓPEZ MARTiNEZ (2000), 63 GÓMEZ DiAZ, D. (1993), Hist. Agrar, 21' Agosto 2000' pp, 99-126 121
Antonio Florencio Puntas / Antonio Luis López Martínez CUADRO 11. ESTRUCTURA DE LA TENENCIA DE LA TIERRA EN HUÉCIJA, LUBRíN yVERA (EN TORNO A1850) Tamaño de las número de superficie superficie/ explotaciones (has) cultivadores % (has) % cultivador (has) Oa 0,5 752 44 145,6 4 0,19 0,51 a 1 294 17 211,2 60,72 1,01 a 5 475 28 1.100,9 31 2,32 5,01 a 10 118 7 826,1 23 7,00 > 10 71 4 1.297,5 36 18,27 TOTAL 1.710 100 3.581,3 100 2,07 Fuente: Amillaramientos El exiguo tamaño de las explotaciones de estos municipios almerienses hacía prácticamente imposible la supervivencia de las unidades familiares que se veían obligadas abuscar un complemento a los escasos ingresos proporcionados por sus pequeños predios. La emigración estacional arealizar faenas de siega en Andalucía Occidental aparecía como una de las más importantes opciones a estos minúsculos labradores. Hemos localizado en los amillaramientos a varios de los titulares de pasaportes de estos municipios desplazados a la provincia de Sevilla, resultando que 34 titulares de Huécija cultivan entre todos 11 fanegas de tierra, lo que da una media de un tercio de fanega por cada uno de ellos. En el caso de Lubrín 57 trabajadores cultivan entre todos unas 70 fanegas de tierra, o lo que es lo mismo 1,21 fanegas por individuo. Parecida era la situación en el Algarve portugués, otra de las principales zonas de procedencia de segadores a las grandes explotaciones. La población del Algarve experimentó un fuerte crecimiento a lo largo del siglo XIX, entre 1821 y1911 la población algarvía se multiplicó por 2,27. El concejo municipal de Loulé tuvo un especial incremento en el último cuarto del siglo, en que su población creció en un 53%, superando a la de toda la región, que fue de un 31%. Durante el siglo XIX el Algarve conoció, según todas las evidencias, un fuerte dinamismo demográfico. Si nos fijamos en los datos sobre nupcialidad proporcionados por el Algarve tiene, tanto para mujeres como para hombres, las tasas de edad de acceso al matrimonio yde soltería definitiva más bajas del país, mientras que la intensidad del matrimonio es la más elevada 64 Lo cual nos da para 1911 una fuerte tasa de natalidad, 37,32, mientras que la tasa de mortalidad con 18,17 era de las más bajas. En Loulé era aún menor con 16,34 frente a una media nacional del 20,2. El 37% de la población de Loulé en 1900 tenía menos de 15 años. 64 ROWLAND (1988:113) 122 ut». Agrar. 21· AgoJ!O 2000. pp. 99-126
El trabajo asalariado en la agricultura de la baja Andalucía. Siglos XVIII y XIX La actividad económica más importante de la región era la agraria a la que se dedicaba, según los datos censales, el 70% de la población activa en 1911. Se trataba de una agricultura de huertas y arboles frutales que comprendían las dos terceras partes de la superficie cultivada. La propiedad se encontraba muy repartida. En 1912-13, los propietarios eran el 4,21% de la población algarvía frente al 3,24% de todo el país. El 84% de las explotaciones agrarias no superaban las 6 has y sólo el 0,27% de las explotaciones tenían más de 127 hectáreas'". También en el caso de las serranías gaditanas Montañés (1997) ha observado un comportamiento similar. Aquí se produce un superávit de los jornales disponibles respecto a los necesarios para las faenas agrarias de la comarca. Los datos catastrales de los partidos judiciales serranos -Grazalema y Olveramuestran la presencia de un importante grupo de propietarios (35 y 54%), respectivamente, entre la población activa agraria. La mayor parte de ellos poseían muy poca tierra, por lo que obtenían ingresos anuales insuficientes y debían recurrir al trabajo asalariado en otras zonas. CONCLUSIONES Tres son, a nuestro juicio, las principales conclusiones que se desprenden de este estudio: a) La temprana proletarización de la mano de obra rural en Andalucía Occidental motivada por la existencia de una fuerte y, relativamente, continua oferta de trabajo por parte de la gran explotación agraria orientada a la comercialización del producto agrario y no a la mera subsistencia. Al tiempo que los jornaleros ven dificultado su acceso a los aprovechamientos colectivos, debido a las demandas de pastos para los ganados de los grandes labradores. b) La formación de un mercado regional de trabajo, en el que los campesinos de Andalucía Oriental aportan mano de obra a las grandes explotaciones agrarias de la Baja Andalucía en momentos concretos del año agrícola, especialmente durante las recolecciones. Las migraciones estacionales de trabajo, por los ingresos complementarios que generan, van a contribuir a la estabilidad del sistema minifundista en Andalucía Oriental, permitiendo a la población de la zona un fuerte dinamismo demográfico. c) La segmentación del mercado de trabajo, al quedar reservado el empleo más estable para los trabajadores locales, mientras que la oferta de trabajo durante la época de la recolección era atendida por una mano de obra foránea, principalmente de Andalucía oriental. Este comportamiento del mercado de trabajo hacía recaer sobre la mano de obra forastera las consecuencias de las posibles perturbaciones que se produjesen en el mismo. De modo que una disminución en la demanda de trabajo por parte de las grandes explotaciones era soportado por los trabajadores forasteros que veían reducidas sus posibilidades de ser contratados, lo que evitaba las posibles tensiones sociales entre trabajadores vecinos yforasteros. 65 LÓPEZ MARTiNEZ (1998) HiJ!. Agrar. 21 • AgoJ!o 2000 •pp. 99-126 123