El romance de La Serrana de la Vera: la pervivencia de un mito en la tradición del sur
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El romance de La Serrana de la Vera. La pervivencia de un mito en la tradición del Sur Pedro Manuel PIÑERO Universidad de Sevilla Virtudes ATERO Universidad de Cádiz Acabada ya la recolección de romances que durante los últimos años hemos llevado a cabo en la provincia de Cádiz 1~ podemos señalar que, entre los temas de mayor interés encontrados, destacan las versiones de La Serrana de la Vera, recogidas todas por miembros de nuestro equipo que realizaron la encuesta en el Campo de Gibraltar Estas versiones que vamos a publicar aquí proceden de Tarifa y Algeciras, y suponen la mues - tra evidente de la vitalidad del tema por toda la península, si bien es ver - dad que en las investigaciones que hemos hecho hasta la fecha, no sólo por Cádiz sino también por diversos enclaves de Huelva y Sevilla, estos son los únicos ejemplos de este romance que hasta ahora hemos hallado. De cualquier forma, se trata de las versiones más meridionales del ro - mance de La Serrana de la Vera de que se tiene noticia hoy. El tema, como es sabido, se documenta con más amplitud y varíedad en toda la zona nor - teña peninsular hasta la Extremadura septentrional y en Canarías. Estos textos andaluces confirman la pervivencia aún en estas tierras meridionales de una leyenda de configuración mitica que se mantiene en la tradición tanto en el folklore como en los textos literarios: es, en esencia, el relato del viandante que encuentra en su camino a la mujer guardadora del paso que le obliga a un determinado peaje, lleno siempre de inquietan - tes resultados. La historia se manifiesta en distintas formas literarias y conlleva ambiguos significados. Es el tema de la mujer seductora, devoradora de hombres, que con formas o apariencias distintas, unas veces de figura monstruosa, otras revestida de belleza, se documenta ya en los lejanos tex - tos medievales. Las serranas del Arcipreste de Hita pudieran ser los prime - ros ejemplos castellanos de un tipo de mujer selvática que procede de este 1 Cf,-. Pedro M. PIÑERO: «Romancero de tradición oral moderna en Andalucia Occi - dental: la encuesta de Cádiz», en Literatura populary proletaria (Sevilla: Universidad de Sevi - lía, 1986), pp. 279-296, y vh-tudes ATERO: «Algunos datos sobre el romancero de la tradición oral moderna en la provincia de Cádiz», en Anales de la Universidad de Cádiz. 2 (1986), pp. 441-453. T)ICFNDA, Cuadernos de Filología Hispánha. n«6-309-41R Fdit tlniv Comnlut. MadrA 09”
400 Pedro Manuel Piñero tuito femenino. En una forma u otra, esta clase de mujer protagoniza histo - rias romancisticas o piezas dramáticas alo largo de los siglos áureos. Por su comportamiento puede ser considerada como la otra cara de la dama o pastora que recorre los versos de las serranillas y pastorelas y puebla Las páginas de la bucólica renacentista enamorando a los pastores ocíosos en los valles amenos. En lineas generales, estas mujeres —monstruosas, selvá - ticas o de bella figura— encarnan la presencia del mal por sus criminales acciones, como los monstruos que se presentan a las ninfas en la Diana de Jorge de Montemayor 2 Claro es que, como vamos a ver en este análisis. nuestra serrana es algo más, pues este personaje romancistíco es el resulta - do literario, en este género tradicional. dc un mito que. en su configuración poética, aún tiene diversos significados >~ Sin entrar en la polémica de los origenes del terna, aceptamos las con - clustones a las que ha llegado 1 Caro Baroja en su primer análisis de la leyenda. que luego atuplió en trabajos posteriores. Este texto del estudioso vasco resume sus conclusiones: «El tetna de la Serrana de la Vera no es un tema histórico: se trata de un tema mitico que ha quedado en el folklore de una región bajo formas especiales, pero del que se pueden encontrar tam - bién vestigios en el folklore de otras partes. Los romances y las comedias basadas en él no son sino una elaboración final del tema por un pueblo con tendencias evemeristas, a través de la cual se ven muchos de los ele - mentos miticos prituitivos. que se podrán fijar mediante otros testimonios de carácter tipicamente folklóricos, que deben busearse en las localidades donde se dice queocurrió el hecho» ~. Caro Baroja se refiere aquí alas teo - rias sustentadas sobre todo por estudiosos extremeños que veian en la serrana la plasmación literaria de un hecho local ocurrido en el pasado en 2 Jorge de MONTEMAYOR: Los siete libros de la Diana, cd. de E. López Estrada (Madrid: Espasa-Calpe. l97O~). p. 87 y ss. Cfn A. D. DEYFRMoNI: El hombre salvaje en la novela senti - mentaL en Actas del Segundo (iongreso Internacional de Hispanistas (Madrid. 1967). p¡. 265-272. Estamos de acuerdo plenamente con lo que el profesor Fran~ois Delpech ha escrito en su interesante trabajo sobre la Serrana de la Vera: «je nc prétends pas suggérer que cette bis - roire est composite, fabriqude á cotíps dernprunts á des répertoires légendaires différents, pu¡sant ses motifs dans le fonds commun dun folklore curopéen ou international. Au con - traire. Je pense qWil sagit dune création organique. complexe et originale, comme le soní la plupart des productions dccc quil convient dappeler la culture populaire» y más adelante: «II sagit bien dtine seule histoire. mais elle fonetionne selon les procédures du récir mytbi - que. cest-á-dire quelle ménage une polysémie. une tiuvalité douvertures de sorties. Cette labilité interne permet des renoersements, des transpositions de seos» en «Variations autour de La Serrana», en Travaux de Linstitut détudes hispaniques et portugaises de LVniversité de Tours: Tours: Série «Etudes Hispaniques». II. Publications de Ltjniversité de Tours (1979). pp. 59-77, La cita en PP. 75-76. Julio CARO BAROJA: «¿Es de origen mitico la leyenda de la Serrana de la Vera?», en RDTI? 2(1946). pp. 568-572. La cita en p. 569. Vid. su trabajo posterior donde amplia su estutilo: «La Serrana dc la Vera, o un pueblo analizado en conceptos y sinsbolos inactuales», en Ritos y mitos equívocos (Madrid: Istmo. 1974), pp. 259-338.
El romance de La Serrana de la Vera. La pervivencia... 4111 Garganta la Olla, provincia de Cáceres ~. La existencia del mito, base de este romance, es muy anterior a cualquier suceso histórico de la zona al que el texto poético pudiera referirse. Lo que ocurre es que deteríninados acontecimientos históricos locales se revisten del ropaje del mito, siempre en el caso deque la leyenda, origen del romance, estuviera basada en acon - tecimientos concretos, como sostenian los estudiosos extremeños. Según esto, lo determinante y en lo que hayque hacer hincapié es que el romance de La Serrana de/a Vera recrea un vtejo mito de la mujer seductora y selvá - tica y en el que, en conclusiones a las que ha llegado F. Delpech —y que nosotros compartimos en lineas generales—, se articulan tres niveles de significación: «Primero se trata de un mito sacrificial: eliminación del obs - táculo —aqui un monstruo en forma de mujer— que impide el paso de la vida salvaje ala cultura. En segundo lugar se distinguen muy bien las eta - pas sucesivas de una leyenda iniciática: las pruebas vespertinas y noctur - nas tmpuestas aun joven por una maga antes de una liberación que cobra cl aspecto de un triunfo solar Por fin esta leyenda se relaciona estrecha - mente con una serie de cuentos matrimoniales que narran la unión ago - nistica de la «mujer fuerte», o de la «mujer salvaje» con un hombre al que se pone a prueba por una lucha y unos juegos erótico-deportivos, juegos destinados a despenar o manifestar sus aptitudes para desempeñar el pa - pcI carismático de paredro de la diosa grande. A cada uno de estos tres niveles se representa un combate en que se van a decidir el paso de la vida salvaje a la civilización, el dominio de un sexo sobre elotro, y. por lo tanto, la elección del tipo de comunicación cultural sobre el que va a fundarse la vida social inaugurada por este combate» 6 Nuestro trabajo no pretende ahondar en las significaciones múltiples de esta leyenda. Nuestra intención es dar a conocer este pequeño corpus~ de las versiones de La Serrana de la Vera localizadas en unos enclaves concretos de la Andalucia Occidental que, por su rareza en toda la región del Sur, resultan de sumo interés, y analizar estos textos para mostrar cómo la leyenda se actualiza en la tradición moderna andaluza con rasgos distinti - vos frente ala tradición romancistica panhispánica. Estas son las verstones gaditanas: Vid para esta cuestión simplemente J. CARO BAROJA: «La Serrana de la Vera, o un pueblo...». pp. 271-295. 6 F. DLLP¡cI~t: «La leyenda de la Serrana de la Vera: las adaptaciones teatrales», en La mujer en el teatro y la novela del siglo XVII. (Actas del 11.0 Coloquio del grupo de Estudios sobre Teatro Español, Toulouse. l6-17. noviembre 1978) (Toulouse: Universidad de Toulou - se-Le Mirail, 1979). pp. 23-38. la cita en p. 27.
402 Pedro Manuel Piñero —1— Allá en Barranca la Olla, orillitas de Pac,encía, 2 se pasea una serrana alta, rubia, muy morena, con su escopetita al hombro guardando la suya cueva, 4 y vio venir a un galán alto, rubio como ella; se echó el trabuco a la cara, un trabucazo le pegn. 6 El galán iba delante abriendo campo y verea, la vio subida en un pino peinándose las melenas. 8 Lo ha cogido de la mano, lo lleva a la suya cueva. —¿Para qué son tantas cruces, tantos montones de tierra? lO —Nueve hombres que he matado dentro de la mia cueva; contigo ha de ser lo mismo si tu amor no me conlempla. 12 Aviaron de cenar tres perdices y un conejo y otras cosillas más buenas. 14 Cuando la pilló dormida, el galán cogió la puerta. Tarifa (Las Canchorreras), cantó Dolores Perea Rondón. dc 45 años. Recogido por Francisco Vegara y Carmen Tizón en 1979. Esta es la primera versión recolectada en la zona. La misma informan - te cantólos dos textos siguientes. Para nuestro análisis no vamos a tener en cuenta dicha versión, desordenada e incompleta por manifiesto fallo de memoria de la transmisora. —2— Allá en Barranca la Olla, caminito de Paciencia, 2 se pasea una serrana alta, rubia y muy morena, con su trabuco en la mano guardando la suya cueva. 4 Vio de venir un galán que a ella le pareciera; lo ha cogido de la mano, lo llevó a la suya cueva. 6 —¿Para qué son tantas cruces, tantos montones de tierra? —Nueve hombres que he matado dentro de la mm cueva: 8 contigo ha de ser lo mismo si tu amor no me contempla. Aviaron de cenar lO tres perdices y un conejo y otras cosillas más buenas. Galonearon las camas con lindas colchas de seda. 12 Cuando la pilló dormida, el galán cogió la puerta. La piedra con que atrancaba más de mil arrobas pesa. 14 Cogió la honda en la mano, la piedra en la raldriquera: cada hondazo que ha pegado lo alejaba legua y media. 16 En el pueblo más cercano ha dado parte de ella: cuatro miembros de justicia vienen a reconocerla; 18 el galán iba delante abriendo campo y verea. La vio subida en un pino peinándose las melenas. 20 Se echó el trabuco a la cara y un trabucazo le pega. De cintura para arriba de persona humana era. 22 y de cintura pa abajo era estatura de yegua. Tarira (Las Canchorreras). cantado por Dolores Perea Rondón. dc 48 años. Recogido por Francisco Vegara en abril ~ N52
El romance de La Serrana de la Vera. La pervivencia... 403 —3— Allá en Barranca la Ollá orillitas de Paciencia, 2 se pasea una serrana alta, rubia, muy morena. con su escopetita al hombro guardando la suya cueva. 4 Vio de venir a un galán alto, rubio como ella; lo ha agarrado de la mano, lo lleva a la suya cueva, 6 —¿Para qué son tantas cruces, tantos montones de piedra? —Nueve hombres he matado dentro de la mia cueva; 8 contigo ha de ser lo mismo si tu amor no me contenipla. Aviaron de cenar lo tres perdices y un conejo y otras cosillas más buenas. Cuando la pilló dormida, el galán cogió la puerta. 12 En eí pueblo más cercano ha dado parte de ella: cuatro miembros de justicia vtenen a reconocerla: 14 eí galán iba delante abriendo campo y verea. La vio subida en un pino peinándose las melenas, 16 se echó el trabuco a la cara y un trabucazo le pega. De la cintura pa arriba de persona humana era, 18 de la cintura pa abajo era estatura de yegua. Tarifa (Las Canchorreras), cantó DoloresPerea Rondón, de 48 años, Recogida, en diciembre de 1982. por Carmen Tizón y Fran - cisco Vegara. —4— Allá en Barranca la Joya, orillita de Placencia. 2 se pasea una serrana alta, rubia, muy morena. con una escopeta al hombro, que anda siguiendo sus penas. 4 Vio de venir a un galán alto y rubio como ella; lo ha cogido de la mano. lo lleva a la suya cueva, 6 —Dime: ¿qué son tantas cruces, tantos montones de arena? —Son de hombres que he matado dentro de la mía cueva; 8 contigo ha de ser lo mismo si tu amor no me contempla. La piedra con que atrancaba ocho mil arrobas pesa. 10 dos perdices y un conejo y otras cosillas más buenas. Cuando la pilló dormida. el galán cogió la puerta. (Y ella se levantó) 12 Lo vio que iba por el camino montado en su yegua negra; puso la piedra en la honda. lo ha alejado legua y media * 14 La vio que estaba en un pino peinándose las melenas; se echó eí trabuco a la cara: cuatro balazos le pega. 16 Al pueblo más cercano ha dado cuenta de ella. —Cudir, cudir. valentones, cudir a reconocerla: 18 de la cintura pa abajo tiene estatura de yegua. de la cintura pa arriba de persona humana era. 20 Aquí tenéis los motivos que fuera hecha una fiera. Tarifa (Los Majares), cantó Luisa Benítez Valencia. de 77 años. Recogido por Francisco Vegara en julio de, 1983. * Después del vs. ¡3 la infonnante cantó: «Un cazador que cazaba/un trabucazo le pegan, pero inmediatamente corrigió el texto tal como lo presentamos.
404 Pedro Manuel Viñero —5— Allá en Barranca la Olla, orillita de Plasencia. 2 se pasea una serrana blanca, rubia, muy morena, con una escopeta al hombro, que anda siguiendo sus penas: 4 cada vez que le da sed. baja a la suya ribera. Ve de venir a un galán que a ella se pareciera; 6 lo ha agarrado de la mano, lo lleva a la suya cueva. —Dime: ¿qué son tantas cruces, tantos montones de tierra? 8 —Son de hombres que he matado dentro de la mía cueva: contigo he de hacer lo mismo si tu amor no me contempla.— lO Arregló muy bien la cama y con el galán se acuesta. Cuando se quedó dt,rmida, el galán cogió la puerta; 12 se dispierta la serrana y sin el galán se encuentra. lo vio de ir por el camino montado en su yegua negra: 14 se echó el trabuco a la cara cuatro balazos le pega. Tarifa, cantó Josefa Noria Romero. Recogida por Francisco Vegara. Carmen Tizón y Karl Heisel en septiembre de1985. —6— Allá en Barranca la Olla y orillita de Pacencia. 2 se pasea una serrana blanca, rubia, muy morena. con una escopeta al hombro que anda quitando las penas. 4 Se encuentra con un galán muy parecido a ella: lo ha cogido de la mano, se lo ha llevado a su cueva, 6 —¿Para qué son tantas cruces, tantos montones de tierra? —Son de hombres que he matado dentro de la mía cueva: 8 contigo ha de ser lo mismo st tu amor no me contempla. Intentaron de comer y una cosita muy buena, 10 y después de haber cenado, la serrana va y se acuesta. Cuando se quedó dormida. el galán cogió la puerta. (Atrancó la puerta con una piedra que pesaba mucho) 12 Cuando ella se despierta y sin el galán se encuentra. se lo ve de ir por caminos montado en su yegua negra: 14 se echó el trabuco a la cara: cuatro mil balazos pega. Al pueblo más cercano se fue a dar cuenta, 16 y cuatro miembros de justicia vinieron a reconocerla: de cintura para arriba de persona humana era. 18 de cintura para abajo tiene estatura de bestia. (Al final la matan) Algeciras. cantó Maria Santos Valencia de 43 años. Recogida por Francisco Vegara, Carmen ‘rizón y Karl Heisel en septiembre de 1985, —7— Allá en Barranca la Olla, sonilito de Plasencia, 2 se pasea una serrana blanca, rubia y es muy bella, con una escopeta al hombro, que va siguiendo sus penas: 4 se vio de veni(r) un galán que a ella se pareciera: lo ha agarrado de la mano, lo llevó a la suya cueva. 6 —Dime: ¿qué son tantas cruces, tantos montones de tierra? —Son de hombres que he matado dentro de la mía cueva: 8 contigo ha de ser igual si tu amor no me contempla.—
El romance de La Serrana de la Vera. La pervivencia... 405 (Bueno,aquí hay unos versos que no me acuerdo perfectamente; pero se trata de que ella come una exageración y él también). La piedra con que atrancaba cuatro mil arrobas pesa. lO Cuando sc quedó dormida, el galán cogió la pueda, y cuando se despertó, que sin el galán se encuentra, 12 se echó la escopeta al hombro, la piedra en (a faltriquera. y allá se lo vio de ir montado en su yegua negra; 14 metió la piedra en la honda, la ha alejado legua y media. Se echó el trabuco a la cara, cuatro balazos le pega. 16 De cintura para arriba de persona humana era. de cintura para abajo tiene estatura de yegua. Tarifa, cantó Antonio Triviño Iglesias. Recogida por Francisco Vegara y Carmen Tizón, octubre de 1985. —8— Allá en Barranca la Olla. 2 se pasea una serrana alta, rubia, muy morena. con una escopeta al hombro, la piedra en la faltriquera. 4 Se vio de veni(r) un galán que a ella se pareciera. —¿De qué son tantos montones, tantos montones de arena?— 6 Hombre(s) y hombres que ha matado dentro de su misma cue - —Contigo haré lo mismo si tu amor no me contempla.— iva. 8 Se dispierta la doncella y sin eí galán se encuentra; se echó la escopeta al hombro, las piedra(s) en la faltriquera, lO y allá se lo vio venir montado en la yegua negra. Le ha dado siete balazos, lo arretira siete leguas. 12 Y allá sela ve subida en lo alto de un pino verde peinándose las melenas. 14 De cintura para arriba de persona humana era, de cintura para abajo tiene estatura de yegua. 16 Y aquí se ven los motivos de que sea como una fiera. Algeciras. cantó Pepa Santamaria Rodriguez. 36 años. Recogida por Carmen Tizón, Francisco Vegara y Karl Heisel, noviembre de 1985. A pesar de las múltiples variantes de intriga que el romanee ofrece en las distintas zonas de la tradición actual, yen nuestros propios textos, dis - tinguimos para el análisis de estas versiones gaditanas las siguientes se - cuencias narrativas que configuran su fábula: 1. Localización de la acción y presentación de la serrana. 2. La serrana encuentra al galán y lo lleva a su cueva. 3. La cueva y fases de la seducción amorosa. 4. Huida del galán y persecución por parte de la serrana. 5. Desenlace. Secuencia 1: a) Localización. Todas las versiones gaditanas comienzan ubicando la historia en un lugar concreto: Garganta la Olla, cerca de Pla - sencia. Parece evidente que los informantes andaluces, desconocedores del topónimo exacto extremeño, lo han sustituido por el más familiar de Ba - rranca, y como la mayoria de ellos tampoco conoce la ciudad de Plasencia,
406 Pedro Manuel Fulero el término aparece de distintas formas en los incipit («Pacencia. Placencia, Paciencia, Pacencia»). Frente a esta uniformidad de nuestros textos, en otras zonas españolas el romance puede comenzar con una imprecisión local, utilizando una fórmula especial propia del estilo romancistico: «Allá arriba en aquel alto», «En aquellas altas sierras», «En cierta tierra de España», etc., cuando no lo hacen con la indicación precisa del lugar, Gar - ganta la Olla, en la Vera de Plasencia, como ocurre, sobre todo, en los tex - tos extremeños y en las zonas colindantes. Hay unas versiones, las me - nos, que sitúan la acción en otro lugar de España («En los montes de Car - mona»). De todas formas, nuestros textos han conservado la ubicación de la fábula en un terreno abrupto, diftcil y apartado. Garganta —o Barranca— hablan al lector u oyente de paso estrecho y dificultoso, y las indicaciones de que el viandante o galán «iba delante abriendo campo y verea» expre - san a las claras lo abrupto del lugar, que precisa de la ayuda de un guia para franquearlo a salvo y sin errar b) Presentación de la serrana. La presentación de la serrana en nues - tras versiones se reduce, de modo uniforme, al retrato idealizado de la mis - ma: es alta, rubia y muy bella. Debemos resaltar que. frente a esta descrip - ción basada en el canon de la belleza tradicional, la mayoría de nuestros textos señala que la serrana es también «muy morena». Es cierto que en muchos de los ejemplos de las otras zonas que nos están sirviendo de pun - to de referencia en este análisis, se indica que la protagonista es «ojimore - na»; parece probable que lo inusual del término haya provocado su susti - tución por la fórmula más fácil de «muy morena», pero también pudiera interpretarse esta variente como una premonición, por parte de los infor - Para nuestro análisis sólo hemos utilizado un número de versiones de otras zonas españolas que, aunque evidentemente codo, representan el prototipo del romance en esas regiones, ya que nuestra intención no ha sido el cotejo exhaustivo de las versiones gaditanas con ellas. Pensamos que nuestras conclusiones quedan apoyadas de modo suficiente con este limitado número de textos citados. He aquí las colecciones que hemos manejado: Narci - so ALONSO CoRrÉs: Romances de Castilla (Valladolid: Institución Cultural Simancas, 1982). Manuel GARÚA MAros: Cancionero popular de la montaña, II (Santander: Sociedad Menén - dez Pelayo. 1934). Ramón MENÉNDEZ PIDAL: Flor nueva de romances viejos (Madrid: Espasa - Calpe. 19682). Manuel ALvAR: Romancero viejo y tradicional (México: Porruá. 19792). Marceli - no MENÉNDEZ PELAYO: Antología de poetas líricos castellanos; IX (Santander: CSIC. 19452), Maximiano TRAPERO: Romancero de Gran Canaria. 1. Zona Sureste (Las Palmas de Gran Canaria: Excma. Mancomunidad de Cabildos de Las Palmas, Instituto Canario de Etnogra - fta y Folklore, 1982); La FlordelaMarañuela. Romancero General de las Islas Canarias, cd. Dicgo Catalán y otros, 1 y II. Madrid: Cátedra Seminario Menéndez Pidal-Gredos (1969). Voces nuevas del romancero castellano-leonés, Aier. 2, ed. Suzanne 1-1, Petersen y otros. Madrid: Seminario Menéndez Pidal-Gredos (1982). Para evitar que la lectura de este trabajo resulte enojo - Sa con numerosas citas que indiquen la procedencia de los textos que tomamos como ejempío, y por tratarse dc un número reducido de versiones quc cl csíudioso conoce o fácilmcntc puede tener a la mano, reduciremos estas citas a aquellos casos en que lo creamos significa - tivamente necesario.
El romance de La Serrana de la Vera. La pervivencia... 407 mantes andaluces, de la maldad que inmediatamente va a manifestarse en el comportamiento de la serrana, ya que es sabido que en la literatura tra - dicional el color moreno conlíeva las notas de fealdad e incluso de repro - chables comportamientos éticos. Así, se dice en la canción tradicional: Aunque soy morenica y prieta a mí qué se me da, que amor tengo que me servtra Y: Yo me soy morentca, yo me soy morena. Lo moreno, bien mirado, fue la culpa del pecado, que en ml nunca fue hallado. ni jamás se hallará <. Pensamos que esta interpretación es posible porque las variantes intro - ducidas en la transmisión de un romance responden, las más de las veces, no ala invención caprichosa de un informante, sino a la utilización espon - tánea de las fórmulas y recursos propios del género romancístico & Esta inquietante belleza de nuestra serrana contrasta con las figuras monstruosas y repulsivas de las de Juan Ruiz. La descripción de sus rasgos fisicos se completa con otros elementos que indican su condición de mujer salvaje: «con su trabuco en la mano», «con su escopetita al hombro». «la piedra en la faldriquera». «guardando —en actitud hostil— la suya cueva». Todos nuestros textos, excepto el 2,3 y 8, añaden que este comportamiento y forma de vida agresiva en que se pre - senta ala serrana está justificado por una misteriosa vida anterior que los versos no explicitan, pero que se deja entrever; de ahi que la serrana ande «siguiendo sus penas». ¿Es esta una huella, aunque minima, en la concien - cia colectiva de los informantes gaditanos dc la leyenda, según se desarro - lla en la versión dramática de Vélez de Guevara, en la que la serrana huía al monte después de ser violentada, decidida ala venganza de su ultraje con este feroz comportamiento con el hombre? Los textos de las otras zonas peninsulares consultados presentan con mayor rique?a de detalles el retrato y la actividad de la protagonista. La mayoria de ellos se detiene en describir su abundante cabellera, que tren - zada se oculta bajo su montera, al tiempo que se resalta su condición de Textos tomados de La canción tradicional Aproximación y Antología. cd. Vicente Beltrán, Arbolí. 2 (Tarragona: Tárraco. 1976), PP. 139 y 125. Véase D. CATALÁN: Catálogo General del Romanceropan-hispánico. Teoria General (Ma - drid: Seminario Menéndez Pidal, l984), p. 160.
414 Pedro Manuel Piflero que este motivo en las sureñas por el valor simbólico de la montura negra como muerte, frecuente en otros textos poéticos andaluces: Fn la luna negra de los bandoleros cantan las espuelas. Caballito negro, ¿dónde llevas tu jinete muerto? 22 Sin más dilación, los textos gaditanos narran la persecución de la serra - na que pretende detener al jinete o bien con su honda o bien a trabucazos. A esto se reduce esta secuencia en las versiones que comentamos, mientras que en el resto de las peninsulares la escena se alarga con más riqueza de detalles y, frecuentemente, con las palabras que la serrana dirige al huido intentando hacerle volver para que recoja una prenda, por lo común su montera, que ha olvidado en la cueva o que le ha derribado de una pedra - da o de un tiro, e incluso, en algunos casos, añade la súplica de que le lleve una carta a sus familiares. De cualquier forma, el parlamento de la serrana concluye con el mego de que no la delate, a lo que el joven contesta iróni - camente que no, hasta el primer puesto, venta o pueblo: Se levanta la serrana por aquella sierra fuera. —Vuelva usted, el caballero, se le olvida la montera, —Aunque fuera de oro y plata no volviera yo por ella: en casa tendrán mis padres de qué hacerme otra más nueva, y aunque no la tuvieran, en la tienda la hubiera. —Vuelva usted, el caballero. lleve esta carta a su tierra. —Tráigala usted, la serrana, y venga usted con ella. —Por Dios le pido, eí caballero, que no lo parle en su tierra. —No. señora, no lo parlo, hasta la ciudad primera. (Versión de Reinusa, Santander, Romances de Castillo. p. 176> Esta huida y persecución con todas las variantes señaladas significa la vuelta victoriosa del caballero que ha superado las pruebas iniciáticas y re - torna transformado asu mundo. Se llega así, con un héroe fortalecido, al desenlace de la historia. Secuencia 5. Desenlace. No es extraño que sea en esta secuencia final donde el lector encuentre mayor variabilidad. De todos es conocido que son los finales los que más cambian de una versión a otra en el romancero de la tradición oral moderna, ya que es en ellos donde las fábulas se adap - tan a los códigos éticos y estéticos de la época en la que el romance se re - produce. De este modo las historias se actualizan y mantienen su vigor para cada tiempo y para cada hombre. 22 Federico (iARCtA LoRcA: «Canción del jinete» en Obras completas (Madrid: Aguilar, 196tl),p. 185.
El romance de La Serrana de la Vera. La pervivencia... 415 Las versiones sureñas tienden a completar la historia en consonancia con la tendencia habitual del romancero moderno. Según esto, lo más fre - cuente —como ocurre en las versiones 2, 3.4, 6y 7— la fábula tiene un fi - nal lógico: la muerte del extraño ser que encarna el mal. En la versión 8 no se produce la muerte de la serrana, sino que el galán huye y ella queda, señera y arrogante. peinando su cabellera, con lo que el romance viene a admitir la permanencia del mitico ser monstruoso en la tierra. Por último, la versión 5 puede considerarse como un texto tmncado, donde el frag - mentismo abre al lector a distintas posibilidades interpretativas: oel man - cebo ha logrado escapar a pesar de los trabucazos de la serrana, o se sobreentiende que ha caído bajo las balas de su escopeta. Por otro lado, esta variabilidad se presenta también en las distintas for - mas en que la serrana es abatida: en las versiones 2, 3 y6 el galán, recu - rriendo a la justicia establecida, busca en el pueblo más próximo a sus miembros, que le acompañan al monte donde la serrana es muerta por él mtsmo (versiones 2y 3)o no se identifica al ejecutor (y. 6.). En las versiones 4 y7 es el galán quien corre con la responsabilidad de acabar con -ella en solitario, si bien luego se encaminará al primer pueblo para dar cuenta de su hazaña (y. 4). Como muestra de la variabilidad de estos desenlaces, la informante que cantó la versión 4 ofreció una variante en este punto, atri - buyendo la muerte de la serrana aun cazador, con lo que se confirmaba la creencia popular de que esta mujer era considerada como una fiera. En las otras zonas de la tradición oral moderna los finales son simila - res a los nuestros, aunque con fórmulas discursivas diferentes, si bien es frecuente que en ellos no muera la serrana, interrumpiéndose el romance con las palabras del huido que anuncia su intención de delataría en el pueblo más cercano. También los ejecutores de la fiera mujer, en los casos en que se da su muerte, pueden ser otros: lo usual es que sea un pajecillo quien la ejecuta por la espalda mientras que ella da la cara ala muche - dumbre que viene a buscarla. Lo cual, pensamos. pudieratener una lectura simbólica: es el joven sin culpa quien es capaz de acabar con la personifi - cacion del mal. Hay que resaltar que en cuatro de nuestras versiones la última actitud en que aparece la serrana es «subida en un pino peinándose las melenas». En estos casos, hasta el último momento de la historia, la serrana se pre - senta como un ser ambivalente con su apariencia de belleza que oculta su monstruosidad. El mito se desarrolla alo largo del texto, e invariablemente la perversa dama hace alarde de su belleza y de sus artes de seducción ala espera de su nueva presa. Es en este momento cuando, en las versiones 2, 3 y 4, la ejecuta el caballero. Los cabellos largosfemeninos se haninterpreta - do como símbolo de la provocación sexual y de la fertilidad. El dejarlos sueltos, el peinarse la melena o lavársela significaba por parte de la mujer la provocación evidente al varón. Así se presenta al final de su historia esta
416 Pedro Manuel Pi/lera serrana selvática que vuelve invariablemente ala seducción del incauto viandante. Todas nuestras versiones, menos la 5. que la hemos considerado inaca - bada. terminan con dos versos de configuración formulaica que maniftes - tan la sorpresa de todos al descubrir su verdadera naturaleza e identidad monstruosa: De la cintura pa arriba de persona humana era. de la cintura pa abajo era estatura (le yegua. Se ha concluido la fábula y el ínisterio de la extraña mujer agresiva y salvaje queda desvelado con su dualidad extraordinaria; como una strena o una nereida de la antiguedad grecolatina, nuestra serrana de la Vera niuestra su terrible simbiosis: la belleza que vela la maldad. Finales más ingenuos, como los casos de las versiones 4 y8 aclaran al lector no iniciado las razones de la conducta inexplicable de esta mujer: y aquí se ven los motivos de que sea como una fiera. Esta monstruosidad tan poéticamente expresada en nuestras versiones, se insinúa, desde luego no con los logros estilisticos de estos textos~, en algunos romances leoneses, queacaban con la sorpresa que produce en to - dos el tamaño descomunal de la serrana: Siete arrobas pesa eí cuerpo. tres y media cada pierna, dos y media cada brazo y tres para la cabeza. (AJER. II. pp. 76-77) A modo de conclusión. Hace ya muchos años quedon Ramón Menéndez Pidal dejó asentado que una de las diferencias más significativas del ro - mancero del Sur frente al del Norte era la tendencia ala reducción de las fábulas, y másaún de las intrigas en los textos meridionales. Por otra parte, consideraba él que estas versiones estaban más alejadas de los textos pri - meros., y que por lo tanto eran más modernas 23 Hoy seguimos mantenien - do lo mismo, con más documentación que con la que contó el maestro. Efectivamente, después de las investigaciones que llevamos realizadas, por no hablar más que de nuestros trabajos, el número de temas y versiones recogidas han venido a confirmar, si esto fuera necesario, que los textos andaluces son más cortos y más modernos. También es cierto, y esto lo reconocen los especialistas del romancero, que las versiones meridionales. 23 Romancero Hispcinic-o (Hispano-ponugués americano y sejórdil Teoría e Historia (Madrid: Espasa-Calpe, 19682). II. pp. 4t)2-4t13.
El romance de La Serrana de la Vera. La pervivencia... 417 por ser más modernas y reducidas, han ido ganando terreno en el amplio mapa del romancero hispánico, y que cuando no han hecho olvidar las más circunstanciadas versiones de otras zonas, conviven con ellas. En este caso, en el romance que hemos analizado en sus versiones gaditanas, la reducción opera como un mecanismo esencializador de la historia, consiguiendo, a nuestro entender, textos de aceptables logros lite - ranos. En primer lugar, su reducción ha conducido a una condensación de los recursos poéticos utilizados: el uso del eufemismo da al verso una mayor carga lírica, obligando a una lectura más figurada de la narración; la rápida enumeración, con precisas pinceladas en las descripciones de los personajes impresionan más fuertemente al lector; la configuración estico - mitica de los versos que se suceden alo largo del poema sin encabalga - mientos. fija de modo efectivo la historia en eloyente; la ausencia de nexos de enlace entre las secuencias subraya la andadura acelerada de la fábula; la imagen de la serrana subida en el pino con los cabellos al viento, que opera como un fotograma de pelicula impresionista, además de la adensa - ción simbólica que supone, deja grabada la figura de la seductora en la memoria del receptor con gran eficacia poética; la terminación habitual de estas versiones, con dos versos formulaicos organizados de modo parale - listico. con correlación y antítesis, confirma, del mismo modo, la altura poética de estos textos. Este ritmo rápido en que se cuenta la historia hace que las secuencias prescindan de todo aquello que se considera superfluo y circunstanciado. El texto sólo dice lo esencial pero de modo condensado. Los diálogos que encontrábamos en las otras versiones peninsulares se reducen aqui a una sola pregunta en la que se vuelca toda la sorpresa y espanto del caballero, y si este brevisimo diálogo no ha desaparecido también de nuestros textos, es precisamente porque en la transmisión andaluza se considera un motivo fundamental en la fábula, anunciador de la maldad sin limites de la se - rrana. El poema asi reducido, condensado, no ha conservado el más minimo residuo de una historia noya local. síno ni siquiera temporal. Lo que nues - tras versiones ofrecen es la presentación de un mito, y como tal atemporal y universal. Es una historia en la que la mujer seductora atrapa con su amor a los hombres a los que sacrifica después de gozarlos. Como las sire - nas. que atraian alos navegantes con la belleza de su canto para sumergir - los en el piélago tenebroso donde encontraban la muerte, nuestra serrana de la Vera seduce a los viandantes con su belleza irresistible y su melena altiva para hundirlos en la cueva donde termina sacriftcándolos. Sólo la llegada del héroe —varón que supera las pruebas iniciáticas a las que es sometido— cambia el curso de la historia destruyendo, las más de las veces, a esta mujer transgresora del orden social que se ve asi restaurado. Otras veces, las menos, aunque el joven supera las pruebas. no logra aca - bar con la mujer salvaje y el proceso de restauración de este orden queda
418 Pedro Manuel Pi/lera incompleto. Esta serrana, selvática por su forma de vida, es una represen - tante más, con toda su carga mítica, alineada en la galería de mujeres mal - vadas de nuestra literatura misógina. Nosotros no queremos entrar en este momento en la discusión de si el romance de La serrana de la Vera surgió a partir de una historia concreta. Lo que no nos cabe duda es que si esto fue así, este presunto suceso se configuró literariamente echando mano de los elementos que estructuraban este mito de la mujer en la antiguedad. Las versiones andaluzas, más aleja - das de los textos primeros, como señalé don Ramón, han olvidado total - mente la historia que pudiera haber provocado el nacimiento del romance, para resaltar el mito antiguo que vuelve en estos textos por sus fueros. Aqul ha quedado la serrana de la Vera exclusivamente como prototipo de esta mujer legendaria.
