El Triunfo del Ave María : romance historico
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I INTRODUCCION. Al son de mi dulce lira quiero evocar de mi patria de otros tiempos las grandezas, de otros dias las hazañas. De mi patria tan valiente como áveces calumniada; de mi España que hoy dormita entre laureles ypalmas. Pero jguay del que atrevido piense en inferirla infamia! íguay del audaz que se burle de sus creencias sagradas!... ¡Que aquí los niños en héroes se truecan para vengarla, ydonde ponen los ojos allí con su acero alcanzan! HERNAN PEREZ DEL PULGAR. El año mil cuatrocientos noventa yuno, Granada se adormia al blando arrullo de sus festines yzambras. Un rey cobarde yaltivo en sus muros se encerraba, entregado álos errores de la ley mahometana. \Sus huestes ya se batian \tristes ydesalentadas; yel emir Muza tan solo ¡en la victoria soñaba. Los caballeros cristianos \en valor rivalizaban, iyseguian el asedio |con indómita pujanza. Uno existia entre todos que en temerario tocaba: \Hernán I^ez del Pulgar, el que touib áescala franca del Salar el gran castillo, cuyo título le honraba. \Ycierta noche reuniendo unas diez ódoce lanzas, les habló así: «Por mi nombre \«las dilaciones me cansan, «y he resuelto que una vuelta j«hoy nos demos por Granada.» IAmparados de la noche lllegaron hasta la plaza, donde la grande mezquita |erguida se levantaba: |yel del Pulgar apeándose }un grande cartelon saca \pintado de azul oscuro, ldonde con letras doradas iAve María decia, lde la Reina sacrosanta j la invocación mas sublime, 1la mas tierna ymas galana.
2BIBLIOTECA DE LA El valeroso Hernán Perez ató el cartel ála daga, ycon brazo el mas robusto, ae una sola puñalada, de la puerta en la mezquita clavólo en las férreas mallas, ydespués arrodillándose, con voz que el llanto mojaba, dijo: «¡Oh Reina de los cielos! «de este instante consagrada «esta mezquita áti queda, «que será iglesia cristiaña: «aquí tu nombre les dejo «á las gentes musulmanas; «;ay! si le infieren ofensa «con hechos ócon palabras.» De esta guisa el caballero habló cón voz reposada, ysin temor al peligro que cerca le amenazaba, diz que les dijo álos suyo3, que las voces escucharan de las rondas que venian lanzando mil amenazas; diz les dijo: «No aturdirse, «que la Virgen nos ampara; «así, corazón sereno «y lista yfirme la espada.» Yátravés de las legiones que el camino les ceríában, de la ciudad se salieron ála vega solitaria, batiéndose cual se baten los. bravos hijos de España. GARCI-LASO. De la noche las tinieblas disipa ya el sol radioso, ypor la vega cabalga rápido un ginete moro. Le acompañan diez esclavos de negro ybrillante rostro, que lucen niveos turbantes, fajas yalquiceles rojos. Al Real de Santa Fé se dirigen presurosos ILUSTRACION POPULAR. I los once ginetes bravos, los bravos ginetes moros. Es el que marcha delante decidido yanimoso, Abd-Allah-ben-Tarfe, gefe de una taifa de los pocos \que aun los muros de Granada, \aun defienden valerosos, 5con la fiereza del tigre \ycon la astucia del lobo. $Sobre la robusta pica *ostenta Tarfe orgulloso \un cartelon relumbrante, ¡dó áveces fija los ojos 1con mofa, y«Ave María» \dice con acento bronco, \espoleando al troton \que galopa sudoroso. \Por fin al Real llegaron, dó los cristianos curiosos lavanzando contemplaban laquella tropa de moros. \Paró Tarfe de los muros <cerca del profundo foso, \empinóse en los estribos, |ycual el valiente toro <con su pupila candente fiero observa desde el coso Iálos que tras de las vallas |le contemplan jactanciosos; 1así Tarfe álos cristianos \miró decidido yoseo, \ydespués con voz robusta dijo de cólera ronco: [«Perros, que ahí guarecidos «estáis temblando medrosos, «salid, cobardes, que llega «á vuestros fuertes un moro; |«no las tinieblas le encubren «de que os amparais vosotros «para llegar áGranada i«ocultos ycuidadosos. |«Yo vengo ála luz del dia, «porque yo jamás me escondo, i«y áprovocaros me acerco «sin temer vuestros enojos. |«Salid, canes ladradores, \«uno áuno, ósalid todos, \«que ahí en la próxima vega 1«os espera Tarfe solo.
EL TRIUNFO DEL AVE MARÍA. «Y este cartel que dejasteis «en Granada, ydel que mofo, «mirad cuánto le desprecio, «mirad dónde le coloco.» Yvolviéndose ála grupa de su caballo brioso, de la atacóla prendiéndolo se alejó muy poco ápoco. * -X -K ¿Habéis visto cuando el cielo se oscurece pavoroso, ylas nubes agrupándose forman enlutado toldo, ylas brisas enmudecen, yse callan los arroyos, ysus nidos van buscando los pájaros silenciosos, yni se agita una hoja, ni recruje un viejo tronco? Pues así en el campamento mudos quedaron yabsortos los cristianos que en cien lides se batieron valerosos. Yera que hervía la cólera en sus pechos de tal modo, ¡que la voz robó ásus lábios yhasta la luz á sus ojos! Pero después cual sucede ála calma el quejumbroso bramido de la tormenta, que llena el espacio cóncavo; después se oyó un fuerte grito brotar de los pechos todos; grito que clamó: «¡venganza!» unísono ypoderoso, yque cual fiero estampido de destructor terremoto, retemblando prepotente tragó el eco cavernoso. * En su tienda pensativos están los Reyes católicos, yde la parte de afuera se escucha recio alboroto: lo causan los caballeros que se acercan presurosos ásolicitar su venia para dar castigo pronto al audaz que en su osadía, teniendo la vida en poco, iála Reina de los cielos lagraviara de tal modo. IMientras esto sucedía \de sus altezas en í°rll0^i I en una tienda apartad*^** se vía áun gallardo mozo aun imberbe, casi un niño, que se armaba presuroso un blanco arnés de Vizcaya, sescaso en ricos adornos. i—«Ñuño, g’ritó, mi caballo.» Yal llamamiento afanoso ^acudió un viejo escudero, \llevando del diestro un potro de mallas eucubertado Iyrelinchando gozoso, iMontó el doncel con presteza len el impaciente tordo, que no bien sintió al ginete \sobre sus robustos lomos, ¡salió al galope tendido Ientre una nube de polvo. í* 5 ,* * ;De una frondosa alameda al grato abrigo sombroso, >descabalgó el audaz Tarfe, ¡yaguardando quedó solo. Al breve rato dormía, dormía tranquilo el moro, cual enfrente del peligro ise duermen los valerosos. \Ala frondosa alameda llega ya el imberbe mozo, el de la blanca armadura, el del impaciente tordo. >Con la visera calada \entra en el sitio frondoso, \yencarándose con Tarfe le apostrofa de este modo: —Por tu cabeza aquí vengo desdichado jactancioso, 1tu cabeza que insegura ¡está ya sobre tus hombros. \--¿Quién eres? pregunta Tarfe. \—¿Qué importa si te provoco? \—Es que yo nunca me bato con aquel que no conozco. \Alzó el doncel la visera, |yal ver su juvenil rostro, miróle Tarfe admirado
ILUSTRACION POPULAR. 4BIBLIOTECA DE LA ysonriendo afectuoso. —¡Bien, rapaz!... ¡muy bien! le has empezado bien pronto (dijo, ábuscar árduas empresas, mas me pareces bisoño. Vuelve al Real, yal de Córdova, que es tan ardido yfamoso, di le que Tarfe le espera, dile que le espera solo. —Vengo ábatirme contigo, dijo el doncel, que en su enojo barbotaba las palabras va convulso ytembloroso. •j —¡Estás temblando!... —¡De cólera!... —¡Ó de miedo!... —¡Calla, moro! Gritó el doncel balbuciente adelantando furioso, yalzando la fuerte lanza, por el cuento dió en el rostro de Tarfe ,con ciega furia un rudo golpe afrentoso. No con mas ñera pujanza ruge el león cuando el plomo del cazador le atraviesa yse vóde sangre rojo. No mas ágil ni imponente, mas feroz, ni mas indómito, se arroja sobre su presa que Tarfe acometió al mozo. Por la solitaria vega uu golpe se escuchó sordo: ya de los dos combatientes las lanzas se habían roto; ya brillaban los aceros con destellos fulgurosos las armaduras dejando sin sus brillantes adornos.... * ** Media hora ha trascurrido yvá el doncel ufanoso galopando por la vega sobre su incansable tordo. Lleva un cartel sobre el pecho en que con letras de oro se vé el nombre de María 5destacarse esplendoroso. *Yen la diestra mano lleva, ílleva un sangriento despojo, \es la cabeza de Tarfe Jque él ha cortado animoso. s* <** (Armado de todas armas llega un ginete de pronto I junto al jóven yle dice entre risueño yquejoso. —¡Garci-Laso, Garci-Laso, «en verdad me causa enojo l«el ver que dejando vais \«mi lanza en constante ócio!... tYsonriendo indulgente lle abrazó con alborozo. IEra Gonzalo de Córdoba ¡que al reto acudía ansioso \del iluso áquien mataran lsu temeridad yarrojo. \* i-te te <Yde entonces álos Lasos dieron los Reyes Católicos, ^de la Vega el apellido, ;que siempre ha sido famoso: £concedióndoles pusieran en sus escudos honrosos \un cuartel dó se leyese }de María el nombre hermoso. \Yel pueblo de Santa Fé lentre sus fastos gloriosos 1conmemora aquella hazaña \ostentando el cuartel propio \en su escudo que corona ¡una cabeza de moro. i* IYa ves, pueblo de mi España \si estar puedes orgulloso Icuando ves que si pretende \alguien cubrirte de oprobio ^ytus creencias cristianas \áescarnecer osa loco, 5tus niños saben vengarte, |yvalientes yhazañosos \llegan siempre con su espada j ádonde ponen los ojos. Agustín Lobez. Valencia: Imp. de J. M. Ayoldi.