Los orígenes de la crisis de 1541-43 en la política indiana de la Monarquía.
Abstract
El autor arranca del hecho de que la historiografía sobre historia del comercio con las Indias en el siglo XVI, y sobre la encomienda, han avanzado en paralelo sin tomar en consideración la relación histórica existente entre ambas realidades. De ahí se señalan contradicciones económicas surgidas en dicha relación en la primera mitad de dicho siglo, hasta confluir en la crisis política de 1541-1543.
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Anuario de Estudios Americanos, 62, 2, julio-diciembre, 103-134, Sevilla (España), 2005 ISSN: 0210-5810 Los orígenes de la crisis de 1541-1543 en la política indiana de la monarquía Antonio Acosta Universidad de Sevilla El autor arranca del hecho de que la historiografía sobre historia del comercio con las Indias en el siglo XVI, y sobre la encomienda, han avanzado en paralelo sin tomar en consideración la relación histórica existente entre ambas realidades. De ahí se señalan contradicciones económicas surgidas en dicha relación en la primera mitad de dicho siglo, hasta confluir en la crisis política de 1541-1543. PALABRAS CLAVE: Comercio, encomienda, consulado, leyes nuevas, siglo XVI. The author starts from the fact that the historiography on the commerce with the Indies in XVIth century, and on the encomienda have run in parallel without considering the historical relationship existing between both realities. From there, economic contradictions aroused within that relationship are pointed out and studied until the political crisis of 1541-1543. KEYWORDS: Commerce, encomienda, consulado, leyes nuevas, XVIth century. 1. Capital mercantil y encomienda: de espaldas en la historiografía Que el descubrimiento de las Indias por los europeos desencadenó una serie de efectos extraordinarios en la economía y la sociedad de Castilla —y de Europa—, es algo de sobra conocido pero, quizá y precisamente por ello, no analizado aún en todas sus dimensiones. Es claro que un artículo no es el lugar para abordar tan descomunal problemática pero puede serlo para considerar, aunque sea con alcance limitado, algunas de las consecuencias que se derivaron de dichos efectos sobre la política de la Monarquía con respecto a las mismas Indias en la primera mitad del siglo XVI, cuestión que, aunque ha sido objeto de estudio por muchos autores, pudiera aún ser considerada desde una nueva perspectiva.1La tesis que pro- 1 Por ejemplo, Elliott, John: El Viejo Mundo y el Nuevo. 1492-1650, Alianza Ed., Madrid, 1990; Giménez Fernández, Manuel: El Plan Cisneros-Las Casas para la reformación de las Indias. Sevilla, Escuela de Estudios Hispano-Americanos (en adelante, EEHA), 1955, y Política inicial de Carlos I en Indias, EEHA, Sevilla, 1960; Vilar, Pierre, Oro y moneda en la Historia: 1450-1920, Eds. Ariel, Barcelona, 1969. AEA, 62, 2, julio-diciembre, 2005, 103-134. ISSN: 0210-5810 103
pone este trabajo es que el desarrollo de las fuerzas económicas derivado directamente de la evolución que seguían la conquista y la colonización indianas, terminó por provocar fuertes contradicciones de intereses no sólo entre sectores sociales relacionados directamente con América, sino también en el seno del gobierno de la Monarquía, lo cual derivó en una profunda crisis política a comienzos de la década de 1540. A muy grandes rasgos y englobando importantes complejidades y posiciones diferentes en el seno de los grandes bloques que se tomarán en cuenta, se pueden distinguir por un lado la Corona y su política, en representación de los intereses de la Monarquía con un proyecto que evolucionó de los Reyes Católicos a Carlos V —aunque en el interior de su propio gobierno había actitudes contradictorias con los objetivos del mismo—; el gran espacio financiero-mercantil con su principal base en Sevilla, que también presentaba posiciones encontradas a las que se aludirá más adelante; y, en tercer lugar, el gran bloque de los encomenderos indianos que, pese a su comunidad de intereses, también manifestaba grandes variaciones en su interior, como se indicará. La crisis derivada de la confrontación de objetivos de estos grandes bloques y que la historiografía sólo reconoce en una de sus facetas, tuvo un alcance mayor que el que hasta ahora se ha entendido y lo que se plantea en estas páginas es que, del desenlace de la misma y como parte de un único proceso, surgieron en años consecutivos las llamadas Leyes Nuevas (1542) y la creación del Consulado de Cargadores a Indias de Sevilla (1543), decisiones que estaban relacionadas entre sí por la coyuntura económica y que venían a redefinir en términos legales la relación de fuerzas existentes en el proceso colonial, en función de los intereses del proyecto imperial de la Monarquía.2 Para abordar esta perspectiva conviene comenzar por recordar que la Corona castellana o, dicho de otro modo, el gobierno de la Monarquía estaba sometido a profundas transformaciones económicas y sociales que afectaban no sólo a Castilla, sino a buena parte de Europa ya desde la segunda mitad del siglo XV.3Con el capital comercial jugando uno de los papeles protagonistas, estaban en marcha importantes cambios en varias direcciones, una de las cuales consistía en la expansión y diversificación del uni- 2 Sólo Schäfer, Ernst: El Consejo Real y Supremo de las Indias, EEHA-CSIC, Sevilla, 1935- 1947, 2 vols. y después Hanke, Lewis: La lucha española por la justicia en la conquista de América. Aguilar, Madrid, 1959. 3 Miskimin, Harry: La economía europea en el Renacimiento tardío (1460.-1600), Cátedra, Madrid, 1981 ANTONIO ACOSTA AEA, 62, 2, julio-diciembre, 2005, 103-134. ISSN: 0210-5810 104
verso social de los sectores urbanos.4En el caso castellano estos cambios repercutían en la composición de los intereses dominantes en la sociedad, y se traducían en nuevas alianzas pero también en conflictos de intereses que, además de en otros espacios, tenían su expresión en el ámbito del Estado, donde miembros de las nuevas oligarquías urbanas comenzaban a incorporarse a las estructuras administrativas cada vez más extensas de la monarquía junto a los representantes de las tradicionales clases dominantes castellanas —la nobleza, la alta jerarquía eclesiástica y las corporaciones militares y religiosas—.5Estas últimas estaban reforzando su alianza para seguir ejerciendo el poder en torno a una Monarquía que se movía en un esfuerzo centralizador, lo que no era óbice para que continuara existiendo un importante ámbito de jurisdicción señorial con su propio sistema fiscal, en paralelo al de la Corona, dando naturalmente lugar a roces y también a complicidades en el funcionamiento de la maquinaria del Estado. La importante fragmentación de jurisdicción que existió en Castilla a todo lo largo de la Edad Moderna dificulta poder hablar de Estado con propiedad en términos teóricos, pero la utilización del concepto y la expresión de Estado Moderno por la historiografía ha solucionado este obstáculo y, la investigación en esta línea en todo caso, con los matices necesarios, ha permitido la tesis de la existencia de un conglomerado de intereses de las clases dominantes en el control de la Monarquía. Y es precisamente en este marco donde encajan las observaciones que seguirán a continuación.6 * * * Para iniciar la reflexión sobre el primero de los principales bloques de intereses económicos presentados arriba, conviene dejar claro que, en primer lugar, la condición “sine qua non” de los viajes castellanos a América a partir de 1492, y consiguientemente de su conquista y colonización, fue 4 Watts, Sheldon. J.: A Social History of Western Europe (1450-1720), Hutchinson University Library. Londres, 1984. 5 Domínguez Ortíz, Antonio: El Antiguo Régimen: Los Reyes Católicos y los Austrias, Alianza Ed., Madrid, 1973; González Alonso, Benjamín: Sobre el Estado y la Administración de la Corona de Castilla en el Antiguo Régimen, Siglo XXI, Madrid, 1981; MacKay, Angus: “Hacienda y sociedad en la Castilla bajomedieval”, en Benassar, B. et al.: Estado, Hacienda y sociedad en la Historia de España, Universidad de Valladolid, Valladolid, 1989, págs. 45-78. 6 Anderson, Perry: El Estado absolutista, Siglo XXI, Madrid, 1979; Yun Casalilla, Bartolomé: La gestión del poder. Corona y economías aristocráticas en Castilla (siglos XVI-XVIII), Akal, Madrid, 2002. ORÍGENES DE LA CRISIS DE 1541-1543 EN LA POLÍTICA INDIANA DE LA MONARQUÍA AEA, 62, 2, julio-diciembre, 2005, 103-134. ISSN: 0210-5810 105
la existencia de una tradición de formación de capital mercantil en el sur de la Península Ibérica que estaba relacionada, en última instancia, con la evolución de la demografía y la economía europeas desde fines de la Edad Media. A dicha condición puede añadirse naturalmente la disponibilidad y el deseo de ciertos sectores sociales castellanos de emigrar a las nuevas tierras por diferentes motivos. Pero, de hecho, ninguno de ellos habría podido viajar a Indias ni haber visto cumplidas todas sus expectativas, cualesquiera que éstas fuesen, de haber faltado el capital necesario para los viajes, cuyos propietarios por otra parte, y como es ley en el funcionamiento del capital, exigían una tasa de ganancia para seguir operando. Para comprender el sentido último de la historia económica de la colonización española en Indias, especialmente en el siglo XVI, no se puede perder de vista la citada condición primigenia. El capital comercial que fue el motor inicial a la colonización de América dio lugar a una de las primeras e importantes etapas de la acumulación originaria del capital industrial, y a un proceso mucho más largo y tortuoso de inserción de las sociedades americanas al sistema capitalista internacional.7 Aunque desde el primer viaje de Colón la Corona castellana pretendió monopolizar el tráfico con América, su incapacidad inversora hizo que, a partir de 1498, reconociera esta condición y cediera el terreno para que fuese el capital mercantil privado el que básicamente se hiciera cargo de financiar el grueso de las expediciones de descubrimiento que iban a ponerse en marcha.8Finalmente no puede ignorarse que el papel de la Corona terminó siendo el de promotora, coordinadora y beneficiaria también de los resultados de dichos viajes. La Monarquía castellana se encontraba en una etapa de consolidación impulsada por los Reyes Católicos y, lógicamente, quiso tener el control de la ocupación de los nuevos territorios que pasarían a formar parte de su patrimonio; por eso, además de fijar la jurisdicción sobre los mismos, emprendió la organización necesaria para poder percibir las rentas que le correspondieran de las diversas actividades económicas que se derivaran del comercio y su colonización. Pero, siendo esto así, ya en el viaje inaugural de Colón la participación del capital privado fue fundamental y la posterior secuencia de viajes a las Indias sería inimaginable sin las inversiones de los cambistas y comer- 7 Marx, Carlos: El capital, FCE, México, 1946, vol I, cap. XXIV. 8 Algunas excepciones, en Mena, Carmen: “Lo privado y lo público en la exploración y conquista del Nuevo Mundo”, en De la unión de Coronas al Imperio de Carlos V, Sociedad Estatal... de Felipe II y Carlos V, Madrid, 2000, vol. II, págs. 399-439. ANTONIO ACOSTA AEA, 62, 2, julio-diciembre, 2005, 103-134. ISSN: 0210-5810 106
ciantes en Sevilla y otros puertos menores.9Para el capital los nuevos territorios indianos se convirtieron muy pronto ante todo en mercados, donde la especulación y el riesgo —a partir de distancias, duración de los viajes, naufragios, capacidad negociadora, etc.— marcaban la tasa de beneficio que, lógicamente, exigía la existencia de un retorno que la hiciera posible. Y aquí es donde es imprescindible dirigir la mirada a los territorios transatlánticos, de donde debería proceder el contravalor de las inversiones capitalistas que hiciera posible su ganancia.10 Para presentar otro de los bloques de intereses apuntados arriba quizá conviene señalar que, procedente de las Indias y derivado precisamente de las características de su conquista, llegó uno de los más poderosos e imprevistos cambios económicos en la estructura social de la Monarquía a comienzos del XVI, cuyos efectos perduraron varias décadas. En el transcurso aproximado de medio siglo, de una manera gradual y creciente, surgió un nuevo sector en la sociedad castellana que, aunque físicamente se encontrase a miles de kilómetros de distancia de la Península, tuvo un potencial y unos efectos económicos extraordinarios, y modificó la estructura social y las relaciones entre sus miembros. Este sector fue el de los encomenderos de indios, esto es, el conjunto de personas —y en ocasiones corporaciones— que recibieron en Indias cuotas de familias de nativos para apropiarse del excedente económico que fuesen capaces de extraerles mediante una amplia diversidad de fórmulas, en función de las características de las economías de las mismas poblaciones indígenas. Los componentes de lo que, sin mucho riesgo teórico, pudiera considerarse como una clase social —ya que muy pronto tuvieron conciencia de la especificidad de sus intereses y comenzaron a comportarse social y políticamente de forma acorde con ellos—11 procedían de los sectores popula- 9 Francisco Pinelo, que invirtió 1.400.000 mrs. para que, junto a los fondos de Luis de Santángel, se pudieran preparar los barcos del primer viaje colombino, como es bien sabido, era de origen genovés y un conocido mercader internacional en el Mediterráneo y en el Atlántico; fue jurado y fiel ejecutor de Sevilla, se le ha atribuido la propuesta inicial que dio origen a la Casa de la Contratación y se incorporó como uno de los primeros oficiales de la institución. Otte, Enrique: Sevilla y sus mercaderes a fines de la Edad Media, Universidad de Sevilla, Sevilla, 1996; Alberto Boscolo, “Il genovese Francesco Pinelli amico a Siviglia di Cristoforo Colombo”, en Presencia italiana en Andalucía (siglos XIV-XVII), EEHA-CSIC, Sevilla, 1985, págs. 248-265; Schäfer, El Consejo Real..., vol. I, pág. 9; Pike, Ruth: Enterprise and Adventure. The Genoese in Sevilla and the Opening of the New World, Cornell University Press, Ithaca-New York, 1966, pág. 19. 10 Bernal, Antonio Miguel: La financiación de la Carrera de Indias (1492-1824), Fundación El Monte, Sevilla, 1992. 11 Sobre muestras tempranas del sentimiento de grupo de los encomenderos, ver Jiménez Fernández: Política inicial..., pág. 157. ORÍGENES DE LA CRISIS DE 1541-1543 EN LA POLÍTICA INDIANA DE LA MONARQUÍA AEA, 62, 2, julio-diciembre, 2005, 103-134. ISSN: 0210-5810 107
res tanto rurales como urbanos de la Península, tratándose a veces de personas que, pertenecientes a algunos de estos espacios sociales, se habían enrolado al servicio, militar o civil, del rey aprovechando el crecimiento del aparato institucional de la Monarquía desde fines del siglo XV y especialmente en la conquista de América. Es cierto que, en los primeros años de la conquista y ocupación de los nuevos territorios, algunos destacados personajes de la vida política española que nunca pisaron las Indias fueron titulares de encomiendas en el Caribe y gozaron de sus rentas, pero esta práctica fue suprimida hacia 1518 por considerarse incompatible.12 Sin embargo, se puede afirmar que, salvo estas excepciones, el colectivo de los encomenderos no se trataba de gente poderosa, ya propietaria en términos económicos que hubieran ampliado el espacio de su poder, sino de gente que tenía poco o nada en la Península y que, súbitamente, se vio convertida en “propietaria” de decenas, centenares o miles de campesinos que estaban a su servicio, con una productividad en muchos casos realmente extraordinaria, que incluía enormes cantidades de oro y de plata ente otros bienes.13 Es importante recalcar, en todo caso, que la formación del bloque de los encomenderos fue teniendo lugar a lo largo del proceso de conquista y ocupación de los sucesivos territorios indianos y que, en función de las características económicas y sociales de las poblaciones nativas conquistadas, la base y el poder económico de los encomenderos fue diferente, como se detallará más adelante, lo que influyó en sus relaciones con el ámbito del comercio y con la misma Corona. Y es que, en efecto, para tratar del tercer bloque mencionado arriba, el de la Monarquía, hay que señalar que desde los ámbitos relacionados con las Indias en el gobierno metropolitano —Consejo de Castilla, Consejo de Indias, secretarios de los monarcas y otros— numerosos personajes trataron por diversas vías de controlar y beneficiarse de las grandes ventajas que comenzaban a proporcionar las Indias. Así, Lope de Conchillos, Juan Rodríguez de Fonseca, Francisco de los Cobos, fray García de Loaysa, Juan Suárez de Carvajal, etc., establecieron vínculos con conquistadores y encomenderos, colocaron a paniaguados en posiciones clave, obtuvieron rentas o beneficios económicos, y con ello consiguieron ampliar su cuota 12 Ver Acosta, Antonio: “La formación del Estado Moderno y la Hacienda colonial a comienzos del XVI”, en De la unión de Coronas al Imperio de Carlos V, Sociedad Estatal... de Felipe II y Carlos V, Madrid, 2000, vol. II, págs. 463-496. 13 Pese a los claros fundamentos jurídicos de la encomienda, lo que explica las comillas, la realidad es que los encomenderos actuaban frecuentemente con sus indios y sus bienes como si fuesen verdaderos propietarios de los mismos. ANTONIO ACOSTA AEA, 62, 2, julio-diciembre, 2005, 103-134. ISSN: 0210-5810 108
de poder personal. Muchos de los encomenderos, por su parte, a veces convertidos en autoridades en la colonia, actuaron en la misma dirección y aprovechando los efectos de las riquezas obtenidas de la población indígena sobre los políticos en la Península, vieron favorecidas sus posiciones. * * * Pues bien, lo interesante es que después de décadas de importantes avances en el conocimiento de estas tres parcelas de la historia colonial, la historiografía apenas las ha relacionado entre sí en conjunto, pese a que su interacción resulta fundamental, como parte de un único mecanismo, para comprender mejor el proceso de la colonización en Indias, la evolución del capital mercantil e incluso la de sectores específicos de la propia economía castellana.14 En efecto, por un lado, existe una larga, intensa y muy variada tradición (tanto desde el punto de vista teórico como metodológico) en el estudio del fenómeno comercial con Indias. Desde la perspectiva institucional en la que cabe mencionar a muchos autores, hasta la denominada historia serial, renovada con el paso de los años, pasando por los aspectos sociales del tráfico, y hasta la del más esencial análisis económico del fenómeno de la financiación y el crédito, la historia del comercio ha avanzado muchísimo y, aunque todavía hoy faltan parcelas por conocer, es bastante lo que se sabe acerca de lo fundamental de su evolución.15 Naturalmente, en esta prolífica corriente historiográfica la presencia del Estado, el papel de la Monarquía ha estado siempre presente pues las relaciones con el capital mercantil y con el comercio han sido necesariamente estrechísimas. Mientras tanto, por otra parte, resulta difícil tratar de sintetizar en breves líneas la igualmente decisiva corriente historiográfica que, también durante décadas, ha venido avanzando en el conocimiento del fenómeno (nos resistimos a llamarla simplemente institución) de la encomienda y sus 14 Trabajos como el de Carlos Alberto González Sánchez: Dineros de ventura: la varia fortuna de la emigración a Indias (siglos XVI-XVII), Universidad de Sevilla, Sevilla, 1985, no invalidan la afirmación que aquí se hace. 15 Destacar a Haring, Clarence: Comercio y navegación entre España y las Indias en la época de los Habsburgos, FCE, México, 1979; Chaunu, H. et P.: Seville et l’Atlantique (1504-1650), SEVPEN, Paris, 1959, 11 vols.; Morineau, Michel: Incroyables gazettes et fabuleux métaux: le retour des trésors américaines d’après les gazettes honllandaises: XVIe-XVIIIe siècles, Cambridge University Press-Maison des Sciences de l’Homme, London-Paris, 1985; Pérez-Mallaína, Pablo E.: El hombre frente al mar: naufragios en la Carrera de Indias durante los siglos XVI y XVII, Universidad de Sevilla, Sevilla, 1996; Bernal, La financiación... ORÍGENES DE LA CRISIS DE 1541-1543 EN LA POLÍTICA INDIANA DE LA MONARQUÍA AEA, 62, 2, julio-diciembre, 2005, 103-134. ISSN: 0210-5810 109
alcances. Del mismo modo que en el caso del comercio, la encomienda ha sido tratada institucionalmente, también en sus efectos y como base para estudios demográficos, en sus consecuencias económicas, etc.16 Y del mismo modo que en el caso del comercio, en este gran ámbito de la historia de las Indias que es la encomienda la Corona ha estado siempre presente, bien en sus decisiones tomadas desde la metrópoli, bien a partir de la actuación de las autoridades coloniales. Sin embargo, lo que parece sorprendente es que ni los historiadores del comercio hayan tomado en consideración, puede decirse que nunca, la perspectiva de la encomienda en sus diferentes fases evolutivas, con sus distintas dimensiones económicas a lo largo del proceso de la conquista y de la colonización en el XVI al menos —porque sería esta centuria, a grandes rasgos, el período de tiempo para el que esta observación tuviera mayor importancia—; y, en sentido contrario, igualmente sorprende que quienes se han interesado por el mundo local americano y la encomienda, no hayan tenido en cuenta los flujos mercantiles y la evolución del capital, lo cual podría haber enriquecido los análisis de los primeros asentamientos en Indias en muchos casos. Parece como si ambas corrientes historiográficas hubiesen progresado de espaldas una a la otra. Es evidente que la encomienda fue una fuente capaz de generar metales y otros bienes y, desde otra perspectiva, de controlar la mano de obra indígena y transformar su valor en el mercado a veces en importantes magnitudes. Este hecho tuvo una relación muy estrecha en muchos lugares y períodos temporales con la existencia de medios de pago en la colonia en mayores o menores cantidades para adquirir bienes europeos, con la demanda de los mismos, pero también como se verá con la posibilidad de entrar en negocios mercantiles, que originalmente estaban en manos de los comerciantes peninsulares. Pues bien, esta interrelación apenas si ha sido apreciada por la historiografía y las siguientes páginas sólo pretenden apuntar algunas de las líneas generales que siguió la evolución de ambos procesos. 16 Zavala, Silvio: La encomienda indiana, Junta de Ampliación de Estudios, Madrid, 1935; Gibson, Charles: Los aztecas bajo el dominio español. 1519-1810, Siglo XXI, México, 1967; Puente Brunke, José de la: Encomienda y encomenderos en el Perú. Estudio social y político de una institución colonial, Diputación Provincial, Sevilla, 1992; Trelles Aréstegui, Efraín. Lucas Martínez Vegazo: Funcionamiento de una encomienda peruana inicial, Pontificia Universidad Católica, Lima, 1982; Eugenio Martínez, M. Ángeles: Tributo y trabajo del indio en Nueva Granada (de Jiménez de Quesada a Sande), EEHA-CSIC, Sevilla, 1977; García Bernal, Cristina: Yucatán. Población y encomienda bajo los Austrias, EEHA-CSIC, Sevilla, 1979. ANTONIO ACOSTA AEA, 62, 2, julio-diciembre, 2005, 103-134. ISSN: 0210-5810 110
2. La penetración del capital mercantil en el Caribe Desde los primeros años de Colón el tráfico con Indias implicó un grado importante de riesgo, componente esencial en el que se basó el capital comercial para ampliar sus beneficios en relación con el tipo de operaciones en que actuaba hasta entonces en el Viejo Mundo: en el Mediterráneo, el Atlántico europeo o la costa occidental de África.17 Existía un riesgo físico que debían correr los maestres, los comerciantes u otros que fletaban un barco con destino a las Indias, sobre la base del cual el capital operaba por medio del crédito a interés; pero, además, las ganancias se justificaban precisamente sobre la base del riesgo —éste no ya físico, como el anterior, sino de inversión— que corría el dueño del capital que lo prestaba y que era mayor, como se ha dicho, en el caso del comercio con Indias que en el de otros destinos conocidos hasta entonces.18 El factor en el que se sustentaban, ante todo, las ganancias del capitalista era el trabajo de los maestres (si no eran propietarios de los barcos) y de los marineros. En realidad era el trabajo de estas personas el que permitía que los navíos viajaran de puerto a puerto, se entregasen las mercancías a un agente o factor, y subiese su precio. Naturalmente en la fijación del precio jugaban también los demás costes de la operación, entre los cuales se encontraba el interés que había que pagar al prestamista, la demanda de la mercancía en el lugar de destino; y por último, indudablemente la masa de medios de pago existente en el momento de la venta. Aunque sea elemental, es importante recordar esta base sobre la que funcionaba cualquier otro aspecto del comercio con Indias. Era a partir de este principio como se fueron tomando decisiones como las de modificar el tamaño y tonelaje de los barcos, el número y las condiciones de viaje de los tripulantes, en parte también el precio de las mercancías —que era factor y consecuencia de fenómenos económicos—, etc. En efecto, es claro que el precio de las mercancías en origen —que se había formado mediante mecanismos que aquí no hacen al caso— y la magnitud de las operaciones mercantiles tenían 17 Otte, Enrique: “El comercio exterior andaluz a fines de la Edad Media”, en Actas del II Coloquio de Historia Medieval andaluza: Hacienda y comercio, Diputación Provincial, Sevilla, 1982; Aznar Vallejo, Eduardo: “Relaciones comerciales entre Andalucía y Canarias a fines del siglo XV y comienzos del siglo XVI”, en Idem.; Rosa Olivera, L. de la: “Francisco de Riberol y la colonia genovesa en Canarias”. Anuario de Estudios Atlánticos, vol 18, págs. 61-138, Madrid-Las Palmas, 1972; Ladero, Miguel Ángel: “Almojarifazgo sevillano y comercio exterior de Andalucía en el siglo XV”, en Anuario de Historia Económica y Social, n.º 2, págs. 69-116, Madrid, 1969. 18 Este ha sido siempre el argumento usado por el capital. Ver Marx, El capital..., vol. I, cap. V. ORÍGENES DE LA CRISIS DE 1541-1543 EN LA POLÍTICA INDIANA DE LA MONARQUÍA AEA, 62, 2, julio-diciembre, 2005, 103-134. ISSN: 0210-5810 111
por la demanda que empezaba a crecer en la isla. Pero, por otro lado, Gaspar de Espinosa llegó a ser encomendero en Panamá donde, a comienzos de la década de 1520, algunos de los indios de sus encomiendas generaban una renta de hasta 3.000 pesos anuales. Espinosa tenía en realidad 500 indios de encomienda distribuidos entre 4 caciques y sólo el tributo extraído a 200 de ellos produjo un valor en 1522 de 1.953 pesos en el mercado y, en 1523, de 3.000 ps. No se conoce la composición del tributo que recibía Espinosa, pero a mediados de la década, otras encomiendas vecinas entregaban parte de su tributo en oro de minas y otra parte en maíz, ají, aves, cerdos, melones, sal y otras “granjerías” lo que indica que, aún antes de llegar a las sociedades de las altas culturas continentales, los españoles ya habían conseguido que los indios de algunas zonas de Tierra Firme produjesen especies europeas para ellos. Finalmente, es de sobra conocido es que G. de Espinosa llegaría a financiar la expedición de Francisco Pizarro para la conquista del Perú, de lo que se tratará más adelante.29 Lo que interesa retener de casos como los de Caballero y Espinosa es que ambos tuvieron ocasión de tener acceso a medios de producción, esto es, a indios a los que extraer el valor de su trabajo, aunque fuera por diferentes medios: a través de la figura jurídica de la encomienda o utilizándolos directamente como lo hacía Caballero en las pesquerías de perlas. En fases posteriores de la conquista las cosas serían distintas y el control de indios por parte de los comerciantes se volvería imposible. Ahora bien, frente a estos ejemplos no se debe dejar de señalar, sin embargo, que aunque en una menor pero significativa medida, algunos encomenderos y otros colonos prósperos también llegaron a acumular suficientes recursos con los que emprender ellos también expediciones de conquista. Este sería el caso, por ejemplo, de Hernán Cortés, hombre adinerado y bien relacionado en las Antillas, quien en 1519 organizó en Cuba la armada con destino a México que daría comienzo a la conquista de Nueva España. Cortés aportó más de 5.000 castellanos y 7 navíos suyos y de sus amigos, en tanto Diego Velázquez colaboraba con casi 2.000 castellanos, 3 navíos y provisiones traídas, entre otros lugares, de Jamaica, lo que daba idea de la importante acumulación de recursos que se estaba produciendo en manos de muchos de los primeros colonos en Indias.30 29 Lohmann Villena, Guillermo: Les Espinosa. Une famille d’hommes d’affaires en Espagne et aux Indes à l’époque de la colonisation, SEVPEN, Paris, 1968, págs. 141 y 161. 30 Paso y Troncoso, Francisco de (recop.). Epistolario de Nueva España. 1505-1818, Antigua Librería de José Porrúa, México, 1939. 16 vols., I, pág. 44 ANTONIO ACOSTA AEA, 62, 2, julio-diciembre, 2005, 103-134. ISSN: 0210-5810 118
* * * No obstante, hacia fines de la década de 1510 pareció iniciarse un ciclo relativamente adverso para el tráfico comercial y cabe preguntarse si también para el capital mercantil en su conjunto. En primer lugar, por aquellos años la crisis demográfica en las Antillas empezaba a generar otra subsiguiente en la producción de oro.31 La catástrofe demográfica indígena, que no conseguía ser subsanada con importación de indios caribes ni de esclavos africanos, tuvo una relación directa con la caída de las remesas de oro y probablemente la pérdida de beneficios para el capital. Si se toma la referencia de la curva de E. Hamilton de remesas de metales a la Península, a pesar de la falta de fiabilidad precisamente de la correspondiente al sector privado debido al fraude de las cantidades que se enviaban a España sin registrar,32 se observa justamente que a partir de 1517 el envío de oro desde las Antillas comenzó una seria caída: si en el quinquenio 1511-1515 habían llegado a la Península más de 1.195.000 pesos, entre 1516 y 1520 la cantidad descendió a unos 993.000, pero de 1521 a 1525 la cifra bajó a 134.170 pesos (de estas cantidades, sólo algo más de 25% correspondía a la Corona).33 El inicio del ciclo azucarero en Santo Domingo, que llegó a alcanzar una relativa importancia en el contexto de la economía colonial de la época, no fue ni de lejos una alternativa a la pérdida de peso que esta isla tenía sobre todo gracias a la producción de oro.34 Por otra parte, tampoco el inicio de la conquista de México desde 1519-1521 supuso por el momento una compensación al descenso de la importancia del Caribe en términos de producción de metales. A pesar de la riqueza de las nuevas tierras invadidas por Cortés, su rentabilidad en términos europeos, esto es, la gran oleada de metales que los conquistadores y los comerciantes esperaban no fue inmediata aunque, en realidad, la auténtica riqueza indígena era otra. Ni siquiera la expansión de la geografía que se continuaba ocupando sin cesar, 31 Moya Pons, Frank: Después de Colón. Trabajo, sociedad y política en la economía del oro, Alianza América, Madrid, 1986. 32 Esta falta de fiabilidad ya era señalada por Chaunu, Seville..., T. VII, pág. 697. 33 Hamilton, Earl: El tesoro americano y la revolución de los precios en España. 1501-1650, Ariel, Barcelona, 1975, pág. 34. 34 Rodríguez Morel, Genaro: Economía y sociedad en La Española. Los orígenes de la industria azucarera durante el siglo XVI (en prensa). ORÍGENES DE LA CRISIS DE 1541-1543 EN LA POLÍTICA INDIANA DE LA MONARQUÍA AEA, 62, 2, julio-diciembre, 2005, 103-134. ISSN: 0210-5810 119
como sucedía por ejemplo en Centroamérica con Pedrarias Dávila, llegaba a suplir la caída del oro remitido a la Península, aunque aparentemente en principio se ampliaran las posibilidades de negocio, lo que no siempre resultaba fácil.35 Por añadidura buena parte de la década de los 20 estuvo marcada por el enfrentamiento de Castilla con Francia, que producía una creciente inseguridad en el comercio atlántico, sometido a un acoso por parte de corsarios franceses a ambos lados del Atlántico.36 Para mayor adversidad del complejo financiero-comercial en Sevilla, el ataque de corsarios franceses y berberiscos a los barcos que retornaban de Indias había hecho necesario implantar la avería para sostener las armadas, lo cual venía a sumarse a los costes de las operaciones, encareciéndolas, en años en que el retorno era precisamente menor.37 No se dispone de un registro de la evolución de las tasas de interés de los créditos para la época y, por otra parte, seguramente que esta variable no tenía en el siglo XVI un comportamiento tan institucionalizado como el que hoy conocemos en nuestro mundo financiero. De todas formas, el único y valioso intento que se ha hecho para penetrar en este terreno parece sugerir que en esta década de 1520 los tipos de interés más comunes, que habrían ascendido después de 1508, podían estar oscilando entre el 75% y el 80%, sin que sea posible precisar una tendencia a corto plazo.38 Ahora bien, una vez más, lo que merece destacarse es que al estudiar un factor tan determinante para el tráfico comercial con las Indias se hayan tenido en cuenta las condiciones económicas en Europa —Chaunu no se interesó por el crédito ni el interés, pero sí por los precios de las mercancías en Castilla y Bernal se interesa por las condiciones de la economía local— pero no se tome en consideración la coyuntura americana como, por ejemplo, cuánta 35 Lohmann, Les Espinosa..., pág. 253. En Nicaragua, en la misma década de 1520, un factor comercial castellano que acompañaba a los conquistadores comunicaba que la ropa de Castilla que había recibido para venderla allí no valía nada porque los colonos usaban ropa de la tierra —es decir, tejidos indígenas— de la que “hay tanta... que sobra en todas partes”. 36 Chaunu, Seville..., T. II, pág. 144. 37 Céspedes, Guillermo: “La avería en el comercio de Indias”, en Anuario de Estudios Americanos, vol. II, Sevilla, 1945, págs. 515-698. 38 Bernal, La financiación…, págs. 182 y ss.: “…hasta 1508 el tipo de interés dominante parece que fuera el 100%, que afectaría al 15% de los contratos; decrece en los años siguientes hasta remontar, suavemente, de nuevo, en los tramos finales de 1539-1542 a 1546-1551…”. Esto parece contradecirse con lo que expresa en la columna siguiente de la misma página: “A Indias, con frecuencia el 30% hasta 1517-19, sobre todo los suscritos entre (sic) maestres y marinería. El 50% comienza a destacar entre 1497 y 1506 y se erige un tipo preferente desde 1508, usual en las garantías de riesgo que tenían como garantía la nao… En su evolución cronológica el 60%, sería el tipo de interés dominante hasta 1508, mientras que el 75% y el 80% lo serían a partir de entonces.” ANTONIO ACOSTA AEA, 62, 2, julio-diciembre, 2005, 103-134. ISSN: 0210-5810 120
plata se pensaba que hubiera, o había en realidad disponible, lo que también condicionaba el precio de las mercancías en destino y, a su vez, también debía formar parte de la especulación para establecer el precio del dinero. La década de 1520 parece representar pues uno de los dientes de sierra que se iban a vivir en estos primeros años en la evolución del espacio comercial y financiero en el que, si acaso, aparecía un factor favorable a los intereses del crédito como era el crecimiento del riesgo con la ampliación del negocio comercial a tierras continentales. La conquista de Nueva España, que comenzaba a exigir un flujo de tráfico superior al de otros puntos de Tierra Firme hasta entonces, implicaba no tan sólo el acceso a un potencial metálico extraordinario, que pronto comenzaría a dar sus frutos —mayor disponibilidad de medios de pago y aumento de las ganancias al comercio—, sino una notablemente mayor duración de los viajes desde la Península hasta alcanzar el puerto base de la Nueva España, al fondo del Golfo de México, que era Veracruz. Como bien explicaron P. e H. Chaunu, el continente —el “auténtico” continente en términos coloniales frente a las Antillas y las “islas continentales” que eran las distintas zonas de Tierra Firme— estaba mucho más lejos de Europa de lo que estaban las islas. Entre las Antillas y Veracruz la verdadera distancia, en términos de días de navegación, significaba la cuarta e incluso la tercera parte de la distancia global del viaje desde la Península. Sólo desde Canarias a las Antillas el viaje tomaba de media unos 30 días, mientras que pasar de las islas a Veracruz era añadir 20 ó 30 días más de navegación a una ruta ya larga. Y los regresos pasando por La Habana no eran mucho más cortos y sí bastante arriesgados.39 Todo ello significaba una prima de riesgo que debía estarse trasladando a las operaciones crediticias a comerciantes con ventaja para los prestamistas y como reto para los comerciantes. En medio de esta coyuntura adversa de los inicios de la década de los 20 para los intereses de los comerciantes y del capital mercantil de Sevilla, en 1523 se produjo otro revés importante y fue el primer secuestro por parte de la Monarquía de metales preciosos remitidos desde Indias para el sector privado. Las conocidas necesidades financieras de la Corona, que empezaba a generar su deuda, la movieron a incautarse de una cantidad aproximada a 300.000 ducados que, pese a ser compensada por juros, no 39 Chaunu, Seville..., T. VIII-1, pág. 687. ORÍGENES DE LA CRISIS DE 1541-1543 EN LA POLÍTICA INDIANA DE LA MONARQUÍA AEA, 62, 2, julio-diciembre, 2005, 103-134. ISSN: 0210-5810 121
dejaba de ser un duro golpe para el negocio del crédito y el comercio. El efecto de tal decisión, por inédita y por lo cuantioso de la cifra, fue impactante en los medios sevillanos y produjo quiebras, desconfianza y una reacción contraria entre comerciantes y cambistas. En este complejo mundo de intereses cruzados que giraban en torno al sistema financiero, mercantil y fiscal, dos años después —aunque muy posiblemente antes— de este primer embargo de metales de particulares que se acaba de referir, se producía la primera toma de postura de una parte del sector financiero y comercial relacionado con Indias. En efecto, en 1525, un grupo de hasta trece personas que se denominaban mercaderes se dirigía al monarca y le manifestaba que: “...con mucha insistencia han procurado que SM les diese la gobernación y jurisdicción de la Casa de Contratación por vía de Consulado, quitando a los oficiales que la sirven”. Aparte de uno de ellos que se declaraba banquero además de mercader, entre los nombres de conocidos e importantes comerciantes de la lista llama la atención el de Luis Fernández de Alfaro, que había sido oficial asistente de contador de la Casa de la Contratación y que ahora también reclamaba la creación del Consulado. Pese a la fluidez de la situación, la coyuntural recesión en el volumen de negocios por las razones ya expuestas y el golpe recibido por el secuestro de las remesas hacían que el capital y los mercaderes tuvieran la decisión de dirigirse al rey para pedirle “con mucha insistencia” un espacio institucional autónomo para manejar el comercio americano.40 Esto era muy importante y significa el comienzo, visible al menos, de una definición de intereses en el mundo mercantil sevillano de cara al comercio con Indias. Del texto se desprende, además, que la petición ya había tenido lugar antes de 1525 y, por otra parte, parece pertinente resaltar que esta primera petición de creación de un Consulado tenía lugar inmediatamente después del primer embargo de remesas de metales indianos con destino a particulares, lo que parece indicar una probable relación entre ambos hechos que nadie ha señalado hasta ahora. Las presiones fiscales de la Corona, que seguirían ocasionando problemas similares pocos años más tarde, eran sin duda un factor muy influyente en el mundo comercial con las Indias, pero no menos importantes eran las circunstancias en el terreno de las propias colonias, que eran el destino de este comercio, donde las cosas estaban cambiando a pasos agigantados. 40 AGI, Justicia, 943; Bernal, La financiación..., págs. 123 y ss. ANTONIO ACOSTA AEA, 62, 2, julio-diciembre, 2005, 103-134. ISSN: 0210-5810 122
3. Predominio de la encomienda sobre el capital mercantil en Nueva España Las sociedades indígenas que descubrió Cortés al penetrar en el continente a partir de 1519 no tenían mucho que ver en términos económicos con las que estaba habituado a tratar en las Antillas y en Tierra Firme. De entrada eran muchísimo más densas demográficamente, su agricultura era también más productiva sin comparación con la de las islas, se trataba de sociedades muy diversificadas, de una fuerte base campesina y con una capacidad productiva artesanal extraordinaria. La estructuración social muy acentuada daba lugar, en el caso de la Triple Alianza, al pago de grandes cantidades de tributos a las autoridades, generados por sociedades conquistadas con una mano de obra muy disciplinada en el trabajo, otra gran diferencia con las Antillas. No dejan de sorprender en este sentido las cantidades que se calcula que ingresaban anualmente a Tenochtitlan al margen de la propia producción en la ciudad, que dan una idea de la productividad de aquellas economías campesinas y que se resumen en: cerca de 7.000 toneladas de maíz, más de 4.000 toneladas de frijol y otras 8.000 más de diversos vegetales como el huauhtli o amaranto. A esto se añadían 21 toneladas de cacao, 36 toneladas de chile seco, 1.500 cantarillos de miel y más de 2.500 de maguey. La tributación anual en vestuario no era menor, de modo que las mantas sumaban más de dos millones de unidades y las de henequén casi 300.000. Además se entregaban unas 240.000 naguas y otros tantos huipiles, 144.000 maxtlatl, junto con 4.400 fardos de algodón al natural. La cuantía del trabajo requerido para la siembra, cosecha y elaboración de todos estos textiles es digna de ser resaltada. Pero, para hacerse una idea completa de la tributación anual de las sociedades conquistadas, habría que agregar muchos otros productos, algunos de gran valor, que iban desde armas y rodelas, plumas diversas, leña, papel, jícaras, cañas de hacer flechas, cal, petates, aparejos para llevar carga, grana, cochinilla, copal, ámbar, conchas de mar, objetos de cobre, piedras preciosas y hasta oro en polvo y en tejuelos.41 En suma, a los ojos de los conquistadores, pese a los graves incidentes bélicos que vivieron, se abrió rápidamente la posibilidad de organizar otro tipo distinto de economía colonial a la que habían dejado atrás. De entrada, el apoyo que recibió Cortés en todos los terrenos de determinadas naciones 41 Molins i Fábrega, N.: El Códice Mendocino y la economía de Tenochtitlán, Eds. Libro-Mex. México, 1956, págs. 28 y ss. ORÍGENES DE LA CRISIS DE 1541-1543 EN LA POLÍTICA INDIANA DE LA MONARQUÍA AEA, 62, 2, julio-diciembre, 2005, 103-134. ISSN: 0210-5810 123
indígenas, como los tlaxcaltecas, fue decisivo en la conquista y sin dicha ayuda probablemente habría terminado en fracaso. Después, inmediatamente y pese a la oposición de la Corona tras la pésima experiencia de la encomienda para la población indígena en las Antillas, el conquistador comenzó a repartir indios entre su hueste en calidad de “depósito”, una modalidad sólo jurídicamente distinta a la encomienda, pero que conduciría a ella merced al poder económico y político de los encomenderos, como acabó sucediendo. La década de 1520 fue particularmente grave para las poblaciones indígenas que estaban siendo conquistadas en Nueva España, debido a las enfermedades y al trato al trato que les proporcionaban conquistadores, encomenderos y colonos en general, produciéndose una alta mortalidad, así como una abundante esclavización, aunque no es objeto de este trabajo extenderse en ello. Pero lo que se derivó de la incontrolada explotación de los indígenas fue que los colonos pronto iniciaron el camino hacia una economía claramente más autónoma que la que existía en las tierras del Caribe. La capacidad agrícola y de trabajo, en general, de los indios de Nueva España permitió a los colonos imponerles cultivos como el trigo y otras especies peninsulares, así como la cría de animales domésticos, con lo que comenzaron a cubrir una cuota de necesidades superior a la que podían cubrir anteriormente en las islas. No es que los colonos no necesitaran vino, aceite y otros productos europeos pero, ya antes de 1530, Cabildos y autoridades de Nueva España habían establecido algunas tasas a la venta de mercancías procedentes de la metrópoli de manera que, probablemente a causa de protestas de comerciantes, la Corona tuvo que emitir una real provisión prohibiendo tasaciones que se consideraban arbitrarias declarando que “los mercaderes pudiesen vender en Nueva España las mercaderías que llevasen en ella, a los precios que pudiesen, sin que los justicias les presiesen tasa alguna”. 42 No se conoce sobre qué productos en concreto se habían establecido dichas tasas, pero es claro que los colonos de Nueva España trataban de adoptar una posición proteccionista en algunos artículos, lo que da idea de que la economía encomendera temprana en las nuevas regiones del continente daba signos de una, aunque mínima, autonomía eso sí, sobre la base de la explotación de las poblaciones nativas. El capital comercial y el comercio, que estaba experimentando la citada recesión en los años 1520 y sufriendo en Sevilla la presión de la Corona, como se ha visto en 1523, comenzaba a percibir ahora en 42 Chaunu, Seville..., T. II, pág. 206. ANTONIO ACOSTA AEA, 62, 2, julio-diciembre, 2005, 103-134. ISSN: 0210-5810 124
Nueva España síntomas de un posicionamiento contrapuesto a sus intereses por parte de los encomenderos, con lo que seguía creciendo la definición de bloques de intereses encontrados en el sistema colonial. De todas formas, en el segundo quinquenio de la década de los años veinte el tráfico con las Indias comenzó a recuperarse de nuevo, y parte de esa recuperación era debida al comercio con Veracruz que comenzaba a dar salida a los metales de las primeras minas mexicanas como Taxco, Sultepec o Tlalpujahua, con lo que crecía la masa de medios de pago para las mercancías procedentes de España y debían subir los beneficios empresariales. Además, en 1529 se había firmado la Paz de Cambrai entre España y Francia y se avecinaban algunos años de mayor tranquilidad en el mar y de disminución de costes en el comercio, en la medida en que no sería necesario emplear tantos recursos para la protección de los barcos en el Atlántico. Ahora bien, si en las Antillas y áreas de Tierra Firme el capital comercial de origen peninsular había sido capaz de penetrar en la economía colonial participando en diferentes operaciones de conquista y en la organización de compañías para conseguir mano de obra esclava suplementaria a la de los indios encomendados, en Nueva España, donde las correspondientes acciones eran de mucha mayor envergadura, el capital prácticamente estuvo ausente a la hora de su organización, bastándose casi exclusivamente los colonos con los recursos extraídos sobre el terreno a las poblaciones indígenas locales ya conquistadas. Era un abastecimiento sobre la base de la población campesina autóctona. Una de las muchas operaciones que pueden citarse a título de ejemplo en la que el capital peninsular ya no estaba presente es la expedición organizada por Hernán Cortés para conquistar la Huasteca en la que, además de 450 soldados españoles, movilizó un ejército aliado compuesto probablemente por más de 50.000 guerreros indígenas ya que, según el cronista Ixtlilxóchitl, sólo de aculhuas participaron más de 40.000 efectivos. Otro caso un poco más tardío fue el de la operación organizada por Nuño de Guzmán, presidente de la Primera Audiencia, para conquistar el territorio de los teúles chichimecas. En su salida hacia Michoacán, Guzmán encabezaba a unos 400 españoles de a pie y de a caballo, cerca de 12.000 indios aliados mexicanos y tlaxcaltecas, más 12 piezas de artillería.43 Natural- 43 Assadourian, Carlos Sempat: “Esclavos, plata y dioses en la conquista de los teúles chichimecas”, en Menegus, Margarita (coord.): Dos décadas de investigación en historia económica comparada en América Latina, El Colegio de México y otros, México, 1999, págs. 63-65. ORÍGENES DE LA CRISIS DE 1541-1543 EN LA POLÍTICA INDIANA DE LA MONARQUÍA AEA, 62, 2, julio-diciembre, 2005, 103-134. ISSN: 0210-5810 125
mente el abastecimiento y el armamento de todas estas tropas indígenas era proporcionado por las comunidades étnicas de procedencia, sin coste ni necesidad de crédito para los españoles. Y es que el nivel que podía alcanzar el excedente económico extraído por un encomendero a sus indios en Nueva España era altísimo y, al igual que en el caso de tributo a Tenochtitlan, reflejaba la capacidad productiva de las comunidades. También a título de ejemplo se puede citar el caso del encomendero Miguel Díaz de Aux —que había sido oficial real en Puerto Rico antes de pasar a México— quien tuvo encomiendas en Tempoal (Pánuco) y en Meztitlán, antes de ser encomendero de Tepatlaostoc, en Texcoco.44 De esta última encomienda, sólo en un año, 1527-1528, envió a sus minas de oro que distaban 30 leguas de la encomienda a 1.200 tamemes, o indios de carga, junto con diez indias y varios principales del pueblo, los cuales llevaron 3.700 cargas de maíz, gallinas, etc. Además, recibió de los indios de su encomienda 40 tejuelos de oro, 12 cargas de ropa, 80.000 granos de ajo (sic, ¿por ají?), 200 panes de sal, 80 fanegas de frijoles, 800 de maíz molido, 800 de harina de maíz, 20 cargas de bizcocho, “300 tamemes de gallinas” y 60 cargas de pinole.45 Estaba claro que no en términos cuantitativos en cuanto al tráfico marítimo —que hacia 1530 se estaba recuperando—, pero sí en cuanto a presencia en la economía colonial, el papel del capital mercantil con base en Sevilla había disminuido en comparación con el protagonismo que todavía tenía en el Caribe, y en Nueva España no había figuras como G. de Espinosa o D. Caballero. Los comerciantes de Sevilla, con algunos de sus agentes y empresarios en las Antillas y Tierra Firme, continuaban controlando el tráfico y el negocio de mercancías en el Atlántico, pero estaban ausentes de la producción de bienes y de su circulación en el interior de Nueva España. E incluso en relación con el crédito en la nueva economía encomendera, aunque era posible ver a algunos comerciantes sevillanos en la colonia, iba a estar asegurado no sólo por la producción indígena, sino también por otros recursos que veremos a continuación. Se puede decir que se estaba definiendo una nueva relación de fuerzas entre el capital mercantil y los nuevos encomenderos en la que aquél estaba encontrando un techo, un límite a la expansión y a la posibilidad de negocios en el interior de los 44 Gerhard, Peter: A Guide to Historical Geography of New Spain, At Cambridge University, Cambridge, 1972, págs. 183, 216 y 312. 45 Ruiz Medrano, Ethelia: Gobierno y sociedad en Nueva España: Segunda Audiencia y Antonio de Mendoza, El Colegio de Michoacán, Zamora, 1991, pág. 73. ANTONIO ACOSTA AEA, 62, 2, julio-diciembre, 2005, 103-134. ISSN: 0210-5810 126
nuevos territorios coloniales. Esta limitación venía definida por el hecho de que en las nuevas conquistas del continente los comerciantes no habían conseguido acceder al control de los medios de producción, esto es, los indios y la tierra, que ahora eran monopolizados por los encomenderos, al contrario de lo que había sucedido antes en el Caribe. Esto era lo que marcaba la diferencia. 4. Agudización de contradicciones entre encomenderos, capital y Corona A fines de 1533 llegaban a España las primeras e impactantes noticias de la extraordinaria conquista que se había iniciado en Perú, para cuyo comienzo precisamente había sido necesario el financiamiento facilitado por Gaspar de Espinosa.46 El flujo general del comercio con Indias se recuperaba, aunque a ritmo lento y desigual, gracias al crecimiento del tráfico con Nueva España y, en menor medida, con las incursiones que la conquista realizaba hacia múltiples direcciones del Nuevo Mundo: Venezuela, Nueva Granada, Florida, etc.; y entonces, Nombre de Dios como destino, con su proyección al Perú, vino a modificar radicalmente el equilibrio de fuerzas existentes hasta ese momento en los negocios comerciales. El arranque no estuvo exento de altibajos pero, sobre todo en los primeros años, la cantidad de metales puestos en el mercado fue fantástica. Hay que recordar que la fundición de oro y plata que siguió al rescate de Atahualpa en Cajamarca, ascendió a casi un millón y medio de pesos, de los que correspondieron a la Corona más de 220.000 en concepto de quintos, pero la que tuvo lugar en Cuzco tras la conquista de la ciudad fue todavía mayor y supuso más de 1.900.000 pesos, con lo que los quintos del rey fueron aún superiores. Eran cantidades nunca conocidas. Recurriendo de nuevo a los datos de Hamilton sólo a título de referencia, frente a los 1.038.437 pesos del total de las remesas percibidas en España en el quinquenio 1526-1530 —lo que ya era un incremento importante en relación con los años 1521-1525—, entre 1531 y 1535 se recibieron 1.650.230 ps. (el 26,2% de la Corona), y entre 1536 y 1540, 3.937.892 (el 34% correspondiente al rey), es decir que en diez años se había incrementado en un 379% el total de los metales recibidos de América, lo que en gran medida tenía su origen en Perú.47 46 Lohmann, Les Espinosa... 47 Hamilton, El tesoro..., pág. 34. ORÍGENES DE LA CRISIS DE 1541-1543 EN LA POLÍTICA INDIANA DE LA MONARQUÍA AEA, 62, 2, julio-diciembre, 2005, 103-134. ISSN: 0210-5810 127
ción del capital mercantil, al tiempo que a una derrota de los encomenderos, todo lo cual daría pie a la aparición de nuevas formas de producción en la economía indiana. Permítasenos de todas formas añadir como apostilla y en letra pequeña que, pese a todo, a medio plazo podría apreciarse pronto que ni todos los encomenderos fueron totalmente derrotados, ni el capital mercantil triunfó completamente pues sus limitaciones se harían evidentes en el siglo XVII y, como se adelantó, muchos políticos en la metrópoli continuaron “flotando” en las esferas del poder. Pero ésta es otra historia. Recibido el 1 de marzo de 2005 Aceptado el 20 de julio de 2005 ANTONIO ACOSTA AEA, 62, 2, julio-diciembre, 2005, 103-134. ISSN: 0210-5810 134