El quehacer y la evolución periodística desde las redacciones del Vídeo a las de la Tele
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------------------------------------------------------------------- Capítulo 6. Págs. 46 a 60 ------------- Capítulo 6 El quehacer y la evolución periodística desde las redacciones del Vídeo a las de la Tele * María Díaz Cañete ** Consolación Guerrero ** Ana Sánchez ** * Intervenciones tenidas en el Encuentro “Del Vídeo Comunitario a la Televisión Local en Andalucía”. ** Los nombres de las intervinientes están por orden alfabético de apellidos. Véase el texto inicial del presente Capítulo donde se indica el puesto profesional o cometido que desempeña cada una de las autoras. l segundo día del Encuentro comenzó con el Panel que tuvo como tema “El quehacer y la evolución periodística desde las redacciones del Vídeo a las de la Tele”. Contó con la presencia de tres mujeres que tienen un bagaje desde los tiempos del Vídeo Comunitario y están en el hoy televisivo: Consolación Guerrero, ex subdirectora de TV Local en Utrera; María Díaz Cañete, directora de Informativos en Lora del Río de Telecable Andalucía, y Ana Sánchez, directora del Programa “Balcón comarcal” y redactora de Uvitel TV. He aquí cuanto dijeron... Consolación Guerrero: La primera vez que me preguntaron qué quería hacer de mayor estaba en el salón de mi casa, en Utrera, envuelta en una sábana con las flores del jarrón puestas en la cabeza, sentada en el sillón como si fuera un carro de gitanos errantes, imitando a Lola Flores en una de las películas que ponían en blanco y negro. Entró mi madre, que estaba de broma con mis tíos, y me preguntaron: ¿Tú qué vas a hacer cuando seas mayor? Y yo le dije que quería ser “cuentacosas”. Evidentemente con el tiempo me di cuenta de que la profesión de “cuentacosas” no existía. En los primeros años de estudiante yo soñaba con ser actriz, un poco con ser periodista y presentar el telediario de la primera o con ver un libro mío en E
una librería muy importante, asistir a una gala donde se reconociera la labor periodística y con esas ideas hice lo que en aquella época era EGB, en la que sacaba muy malas notas; no era una gran estudiante. Eso sí, todos los poemas, los teatros y las fiestas de fin de curso que se realizaban en el colegio estaban a mi cargo y salían estupendamente. Yo me sentía muy orgullosa de aquellos pequeños triunfos artísticos que, evidentemente, después no me puntuaban mucho en la nota final. Cuando terminé la EGB, seguí en el Instituto con el mismo pensamiento de coger el autobús algún día y venirme para Sevilla a hacer Periodismo, pero me tocó, como está pasando ahora en muchas casas españolas, vivir la crisis y cambió muchísimo el ambiente y la economía familiar. Con dieciséis años me subí a una furgoneta que tenía mi padre, que era transportista, y me dediqué a descargar artículos de droguería por toda la zona de Andalucía, arrastrando una carretilla y levantándome a las cuatro de la mañana y llegando a mi casa a las diez de la noche. Me hice muy fuerte, pero también lloré mucho planteándome todos los días si realmente después de tantos sueños y tantas ilusiones aquélla iba a ser mi vida, si realmente todo se había truncado en aquel año. De la misma empresa donde trabajaba mi padre me sacaron y me metieron en un supermercado porque estaba muy mal visto que una mujer descargara material en una furgoneta. Entonces me pusieron en una caja y nuevamente la frustración fue tremenda. Yo creo que los diecisiete años son el inicio de todos los sueños y de todos los proyectos tanto personales como profesionales que tiene una persona y yo sentí en aquel momento que se habían quedado ahí y que no iba a tener más posibilidades. Me daba la sensación de que el tiempo pasaba muy deprisa, de que lo estaba perdiendo en una cosa que no me gustaba. Cuento todo esto para que entendáis con qué ilusión recibí la noticia de que querían hacerme una prueba en el Vídeo Comunitario de Utrera. Era lo más cercano a un Medio de Comunicación que yo había visto en mi vida. Cuando entré tuve un poco de desilusión porque se trataba de un piso donde la realización estaba montada en la cocina y el salón era el plató. Luego estaban dos dormitorios que hacían las veces de sala de redacción y de dirección y el cuarto de baño. No era el Medio de Comunicación que yo había soñado, pero allí estábamos. Entré del tirón. Fui un sábado por la mañana porque el director me iba a hacer una prueba que consistía en meterme en un directo con llamadas telefónicas haciendo un concurso, con el sistema de los barquitos. Imaginad un panel con muchos cuadritos; cada cuadrito tenía un premio de un bazar del pueblo. Ése fue mi primer estreno televisivo en vivo y en directo del que yo salí emocionadísima como pueda salir Concha Velasco de una obra de estreno.
Era una estrella. Todo el mundo me conocía por la calle. Evidentemente, la relación con la fama se vive igual en Madrid que en Utrera. Yo iba al supermercado y me conocía todo el mundo, iba a la gasolinera y me conocía todo el mundo. Después me empezó a pesar igual que les pueden pesar a los artistas con fama nacional o internacional. Yo nunca me he podido pasar en una discoteca ni en una feria porque era “Conso, la de la tele”. Tenía que guardar unas formas a las que me obligaba mi profesión. No ganaba lo mismo que pudiera ganar Hermida, pero en lo que era mi entorno y mi localidad tenía las mismas responsabilidades que un presentador con fama a nivel nacional. En el año 1987, el Vídeo Comunitario en Utrera era nuestra Televisión, donde veíamos las cosas que nos afectaban realmente de cerca, eran vídeos domésticos, eventos populares que grababa cualquiera con su camarita y que luego se emitían y era una información tan cercana que perdía importancia la calidad con la que la recibíamos. El espectador y la cercanía de la información eran más importantes que la calidad con la que estaba emitida. Esto es algo que hoy ha cambiado muchísimo. La gente cada vez quiere más calidad, más nitidez. El presupuesto que teníamos era cero. Yo todavía hoy no sé lo que es hacer un proyecto televisivo con un mínimo presupuesto. Siempre que he preguntado por un presupuesto me han dicho que era cero. Imaginad decorados a base de telas y atrezo comprado en los bazares. A los dos o tres meses de estar haciendo el programa de los barquitos, emprendí el proyecto de un programa infantil con cuatro set en aquel salón - podéis haceros una idea-, con cinco colaboradores, cada uno llevaba su espacio: un programa de dos horas y, evidentemente, sin cobrar ni un duro. Pero, un año después nos trasladamos a unas nuevas instalaciones, donde por fin montamos un plató. Teníamos un par de cámaras, más de focos y un espacio decente para la realización. La primera sala de redacción tenía una mesa grande y una máquina de escribir en la que había que hacer turnos para poder escribir los guiones. Los redactores no tenían título, eran gente aficionada al deporte, al cine, a la cocina que hacía sus propios programas. Eran presentadores, directores, redactores y, en algunas ocasiones, también eran cámaras, entrevistadores, locutores y grafistas. Hay una anécdota que siempre recuerdo con mucho cariño y era cómo se hacían los títulos de crédito. Los escribíamos en mayúsculas con la máquina de escribir y los pegábamos con precinto en la pared y luego el cámara iba haciendo una panorámica desde el principio hasta el final. Luego el montador lo tenía muy difícil para que aquello saliera con un poquito de movimiento. Con
ese sistema de trabajo empezamos a hacer lo que fue una de las primeras televisiones por cable de España. Luego vino gente de Televisión Española a hacer reportajes para ver cómo se estaba montando aquello. Se estaba montando con gente muy joven, sin cargas familiares. No teníamos absolutamente nada que perder y con muchos sueños y muchas ilusiones montamos una programación con información, magazines, programas infantiles o temáticos. Una programación bastante extensa para siete u ocho personas que hacíamos de todo. En aquella época yo estaba de redactora, dirigía y presentaba cuatro programas, hacía locución en off. Estaba en continuidad desde las cinco de la tarde que empezaba la programación hasta las doce de la noche que terminábamos y poníamos películas estupendas. El baremo de la audiencia era muy peculiar. Primero, porque no existía un control de audiencia como existe en las grandes televisiones, donde los trabajos de los redactores y de los presentadores se rigen por la repercusión del programa y va medida por el índice de audiencia. En la Televisión por Cable el índice de audiencia lo encontrabas en la calle. La felicitación o la bronca no te la echaba el director del programa, sino el ciudadano de a pie donde te viera: en el médico, en la frutería o de paseo y si te tenía que echar una bronca y decirte que habías hecho el mamarracho en Televisión te lo decía y punto, igual que si te daba dos besos emocionado diciéndote: “Qué bonito lo que has hecho, me ha gustado mucho”. Ése era nuestro índice de audiencia. ¿Cómo subía la publicidad? Porque nuestros espectadores hablaban de lo que habían visto en la Televisión en las tiendas. Y las tiendas se interesaban y entonces surgió el papel del comercial que era el que se dedicaba a vender publicidad. En el tema de redacción, aprendí por instinto a no quedar en ridículo, que era algo que me espantaba. Me buscaba toda la documentación posible, pero, al tratarse de personajes locales, no la encontrabas en las enciclopedias de la biblioteca o en los periódicos. Tenías que ir al barrio a investigar quién era la persona que ibas a entrevistar para no quedarte en blanco o fuera de juego, para sacarle toda aquella información que tú creías realmente que era la que le iba a interesar al espectador. Aprovechando mucho una curiosidad innata que he tenido desde pequeña, yo me decía que si a mí me interesaba algo, ese algo le podía interesar a alguien más y ahí exprimía preguntas a todo el que se me pusiera por delante. Ése era el nivel de documentación y la forma de documentarte. Evidentemente, el informativo tenía un director, un redactor, un presentador y un reportero que era el mismo y él hacía todo el informativo, pero con todos sus apartados: noticias sociales, culturales, deportivas. Para deportes teníamos un redactor fanático del deporte. Todo lo hacía uno, no existía un
equipo de redactores ni la sala de redacción inundada de ordenadores. Sólo había una persona con su libreta y con un operador de cámara al lado para acompañarla en alguna aventura de la que no sabía cómo iba a salir. Desde aquel plató vimos la inauguración de Canal Sur, de Telecinco y de Antena 3 cuando nosotros ya llevábamos unos tres o cuatro años haciendo una programación de ocho horas diarias. Ahí empezaron las preguntas de por qué no te vas a un casting de Canal Sur o de Telecinco. Pero, yo no quería irme de Utrera porque soy muy nostálgica de mi pueblo. Entonces, teníamos un sueldo medio de unas veinte o veinticinco mil pesetas y de contrato no se podía hablar. Comenzaron a aparecer las locales por onda y el Vídeo Comunitario dio el bajón y se inició en mi ciudad TeleUtrera. Con TeleUtrera se unió un grupo de gente, también con pocos títulos, pero con una experiencia bastante sólida y se empezó a luchar por el fin de su alegalidad. No éramos ni legales ni ilegales. Por aquel entonces, yo me había preocupado de hacer todos los cursos que estaban a mi mano, de operador de cámara, realizador de informativos, guiones y de locución. Hice este último curso porque quería “hablar bien” el castellano. A mí me resultaba ridículo hablar así en Utrera y me fui del curso. En este sentido, trabajar en el Vídeo Comunitario fue una apuesta muy personal porque yo tenía veinte años, no tenía cargas familiares, lo que ganaba lo entregaba en casa para que me dejasen trabajar en lo que me gustaba y era mi hobby, mi pasión y mi oficio. Aposté por el medio local, porque además tenía toda la seguridad de que alguien tenía que hacerlo, que alguien tenía que ocupar ese puesto de la localidad donde nadie llega, porque nadie se va a preocupar si en tu barrio hay un problema o ha pasado cualquier cosa. De hecho, a Utrera los Medios sólo vienen para hacer reportajes de flamenco o porque haya sucedido alguna tragedia. El resto del año también pasa cosas que sólo cubren las locales. El sueldo era el mismo aunque estábamos en la onda. Ya empezamos a hacer publicidad y también estuve vendiendo publicidad. Poco a poco fue aparentando ser una Televisión más consistente. La redacción no cambió, los presentadores seguían haciendo todo absolutamente para llevar a cabo todos los programas. Por fin, llegó un día en el que había una ley reguladora, ya éramos legales. Antes había gente que no nos concedía entrevistas porque no éramos legales y teníamos un enorme complejo de “piratas”. Pero, en el momento en el que fuimos legales, el Ayuntamiento empezó a invertir y seguíamos los mismos cuatro o cinco locos, bohemios totalmente del Periodismo, que luchábamos dándonos exactamente igual lo que cobrábamos. Poco a poco conseguimos nuestros contratos y nuestro sueldo fue subiendo algo y llegaron los ordenadores. Guardamos la máquina de escribir y empezaron a llegar los correos electrónicos. En Utrera el concepto nota de prensa no existía. Antes,
para seguir una noticia tenías que ir con una libreta a la parroquia, al Ayuntamiento, a las instituciones y preguntar directamente. Cuando llegan los ordenadores las noticias llegan hechas. Empiezan a aparecer las notas de prensa y las recibes cómodamente en tu despacho sin salir a la calle. Aparecen los teléfonos móviles que facilitaban contactar con la gente. Todo ello posibilitó el gran paso a nivel local. Empezaron a llegar los ordenadores para la realización, los programas para los montajes, las cámaras ya no pesaban tanto. Antes mi compañero tenía que venir con la cámara, el magnetoscopio, las cintas, las baterías en un total de 18 kilos encima. A la gente de Canal Sur y de Telecinco le sorprendía que con ese equipo se retransmitiera con una sola cámara y en directo partidos sin que se vaya el balón o corridas de toros. TeleUtrera cerró en julio de 2009, después de veinte años de trayectoria porque no consiguió la licencia de TDT. Tengo mi propia opinión sobre por qué no se consiguió, ya que se luchó muchísimo. Lo cierto es que fue una Televisión pionera, que tenía todos los ingredientes para haber pasado a digital, pero hubo gestiones equivocadas y matices. Yo vi nacer y morir TeleUtrera. En mi opinión, los que pensaron en ella como un negocio para hacer dinero se equivocaron totalmente. TeleUtrera era una empresa con mucho corazón, con mucho empuje y gallardía, con un equipo humano con una gran experiencia, con un equipo técnico muy consolidado que podía haber pasado perfectamente a la digital porque tenía trayectoria, programación y venía de vuelta de muchísimas cosas, pero cerró. Después, quedan los recuerdos. Por ejemplo, desde 1991 en Navidad hacíamos unas galas preciosas en el teatro municipal, que es uno de los más importantes de Andalucía. Era en falso directo, con una media de diez actuaciones y entregas de premios. Venía gente de Canal Sur y de otros Medios y no entendían cómo con ocho personas (la directora, el realizador, una coordinadora, tres cámaras y dos presentadores) se podía hacer un falso directo sin cortarse ni una sola vez delante de un público de entre trescientas y quinientas personas, que eran las plazas que había en el teatro. Hay otro tema y es la cercanía de la noticia cuando la das tú en tu Medio local. El que llega de Madrid a cubrir una noticia a Utrera, no conoce ni Utrera ni los vecinos que protagonizan los hechos. Pero, cuando tú vives en Utrera y has nacido en Utrera, las noticias te tocan de otro modo porque tú sí conoces a los protagonistas desde pequeño. Te afecta muchísimo la cercanía. Os voy a poner dos ejemplos. Uno es el de Fernanda de Utrera, cantaora de flamenco y de sobra conocida. Cuando es la hora de su muerte, llegan periodistas flamencos de distintos puntos de España alabando la trayectoria profesional de Fernanda. A mí me tocó cubrir esa noticia, como me tocó cubrir otras muertes de muchos
personajes importantes de Utrera. El asunto es que yo, además de ser periodista, era amiga de Fernanda de Utrera y además de verla en los escenarios iba a verla a su casa a tomar café con ella. La perspectiva de la noticia cambia radicalmente, pues yo no puedo hablar de un vecino mío con la misma cercanía con la que puedo hablar de una persona de Madrid que no conozco absolutamente de nada. Otro ejemplo es el de la muerte por malos tratos de una chica en un barrio de Utrera a la que yo conocía desde pequeña cuando había el oratorio que yo coordinaba siendo educadora juvenil. Yo no podía afrontar como profesional esa noticia igual que el que lo hace conociendo solamente el suceso. Por lo tanto, la cercanía de la Prensa local influye. Tienes que ser una persona muy fría o muy neutral o ponerte un escudo muy grande para que el hecho no te afecte. Sin embargo, aunque nos hemos visto en muchas ocasiones rodeados de periodistas de televisiones nacionales o regionales, jamás nos hemos sentido menos que ellos, nunca nos hemos achicado. Tengo el convencimiento de que al profesional no lo hace la noticia que cubre. Da igual que cubra una noticia en una casa real o que la cubra en uno de los barrios de mi pueblo. Creo que el profesional se hace según como trate la noticia, se la que sea, pero no al revés. No considero a nadie más profesional que yo o que los compañeros que han estado conmigo porque hayan tratado noticias más importantes. Yo los catalogo por las formas de tratar la noticia. El día que cerró TeleUtrera fue un momento terrible. Cuando apagamos la señal y tuvimos que quitar la mosca y desapareció de la pantalla lo que habíamos trabajado a base de perder sueldo, oportunidades y muchas horas -en las televisiones locales, hasta hace muy poco daba igual que fuera Semana Santa, sábado o domingo, lunes o martes porque se cobraba todo igualvimos truncados todos los sueños e ilusiones. Cuando se acaba la Televisión, el Medio por el que tú has luchado, crees que se acaba todo. Hasta el momento nunca se ha escuchado que se haya entregado un premio Ondas a un presentador local. No hemos tenido ningún premio ni reconocimiento por muy buenos que hayan sido los programas y reportajes. Me gustaría que eso cambiara. Yo puedo decir que a mí me compensa la falta de reconocimiento o no haber ganado dinero en la profesión por varias razones. Primero, por haber podido coger un micrófono y no haberme quedado trabajando de cajera siendo una amargada toda la vida; segundo, por haber tenido la experiencia que me ha dado acercarme al público que tampoco me habría dado otro Medio de Comunicación a otros niveles y tercero, porque he sido libre para trabajar. No he sufrido manipulaciones ni censuras, algo que sí se sufre en otros Medios porque son empresas para ganar dinero. La libertad y cercanía que se encuentra en una Televisión Local para aprender no se encuentra en otros Medios. Formar, informar y entretener fueron tres pilares en
los que se basaron las programaciones tanto del Vídeo Comunitario en los años ochenta como en la Televisión Analógica de los noventa y yo espero que sea el futuro de las televisiones digitales. Realmente, siempre me he preguntado hasta qué punto se siente profesional un redactor, un periodista, un presentador que tiene detrás a un equipo de veinte personas buscándole documentación, preparándole los guiones y diciéndole por el pinganillo lo que le tiene que preguntar al invitado. Creo que te sientes mucho más periodista cuando tú coges desde el principio el barro y terminas de sacar del horno lo que tú has construido. Soy consciente del debate que existe sobre la titulación universitaria para ejercer de periodista y de hecho he vivido más de una vez algún que otro comentario sobre que mi puesto lo tendría que ocupar una persona titulada, pero yo lloré mucho por no poder venir a sentarme en las sillas en las que estáis hoy ustedes sentados y tuve que desarrollar mi titulación a base de tropezones, pero creo firmemente que un profesional es aquel que trabaja y se mantiene con la actividad que desarrolla y yo durante más de veinte años he hecho Periodismo local, del que me siento muy orgullosa porque son informaciones que no dan otros Medios ni otros periodistas. He trabajado por la ciudad que quiero con toda mi alma. El título no os va a solucionar la vida, tenéis que demostrar de qué material estáis hechos en la realidad de la calle. Si queréis conocer el cien por cien del Periodismo, os recomiendo los Medios locales y ojalá algún día pueda ver a algunos de vosotros recoger un premio Onda. Ahora estoy en paro porque sigo como empecé, sin padrinos, sin patrocinadores y sin título. Los más de veinte años de experiencia de momento me han servido para poco, pero conseguí lo que quería ser desde pequeña que era ser una gran “cuenta cosas”. María Díaz Cañete: Estoy aquí para hablar de nuestro día a día en la redacción de la Televisión, pero antes me gustaría presentaros la empresa en la que trabajo y en el entorno en el que nos movemos para entender mejor la labor que desempeñamos. Telecable Andalucía es una empresa privada, relativamente joven que ofrece servicio de teléfono, Internet y Televisión por Cable en distintos pueblos de la provincia de Sevilla. Este servicio lo ofrece a través de una red propia de fibra óptica en los ayuntamientos de Arahal, Las Cabezas de San Juan, Lora del Río y Utrera. Es en el ámbito de la Televisión donde voy a centrarme. En la actualidad, Telecable Andalucía ofrece un paquete de Televisión de sesenta canales, entre los que se ofrecen canales específicos de información local y regional en Lora del Río, Arahal y las Cabezas de San Juan. Os preguntaréis con qué medios y cómo trabaja una Televisión Local. Aunque es cierto que en las televisiones locales -me refiero a las televisiones locales privadas y, sobre todo, de los pueblosno cuentan con muchos recursos
técnicos, también es verdad que el desarrollo y la evolución de las tecnologías, así como los nuevos modelos de comunicación, permiten que cada vez más, el trabajo en las redacciones de las televisiones locales sea más fácil. Tanto Lora del Río como Arahal son pueblos con gran proyección, por eso el principal argumento que justifica nuestra existencia es la cantidad de información que diariamente se genera y me refiero con esto a las numerosas actividades culturales, los eventos deportivos, las actividades juveniles que se desarrollan a lo largo de la semana y, cómo no, las fiestas populares que tienen lugar cada año, como es el caso de la Feria y la Romería de la Virgen de Setefilla en Lora o la Feria del Verdeo en Arahal. Por eso, nuestro objetivo no es más que dotar a los ciudadanos de un Medio de Comunicación que sea un vehículo de expresión, divulgación y participación ciudadana. Es cierto que en los tiempos que corren la justificación de un canal local se antoja difícil. Con el nacimiento de la TDT y la gran variedad de canales que hay en la actualidad, si antes teníamos seis o siete canales, ahora la oferta es de casi cuarenta con contenidos variados, canales temáticos, etc. Es muy difícil que una Televisión Local llegue a la audiencia deseada. Sin embargo, y a pesar de que en un primer pensamiento se encuentra grandes desventajas con respecto a los Medios de Comunicación generales, la Televisión Local juega con una gran baza, la cercanía y la proximidad al espectador. Hablamos, por tanto, de un Medio cálido de comunicación, un Medio muy cercano al espectador que habla de cosas que a él le interesan, cosas que le preocupan, cosas que ven día a día, en definitiva, las cosas que pasan en su pueblo y de las que no hablan los Medios de Comunicación generales. Así, desde la redacción de Telecable, pasamos la línea de la empresa privada para convertirnos en algo que sobrepasa lo estrictamente privado y entra en el fomento y divulgación de los asuntos locales y públicos, creando opinión y conformando una identidad sobre la historia más reciente del municipio. A la hora de realizar nuestro trabajo es importantísimo que el público al que nos dirigimos se identifique con nuestras exposiciones y comparta nuestros criterios. Para alcanzar este reto con éxito es imprescindible conocer las necesidades y las exigencias de la audiencia para así, poder adaptarnos a ella. Pensamos que ninguna Televisión Local puede ser impuesta a la comunidad, sino que debe ser el resultado de la respuesta a una necesidad. Precisamente, creemos que uno de los aspectos que distingue a una Televisión Local de un Medio general en lo íntimo, en lo social y en lo organizativo, es precisamente la capacidad de integrar a la comunidad en el proceso informativo. Es importante ser conscientes de que en la actualidad el adjetivo “local” no es necesariamente limitado. Hay casos de televisiones locales como, por ejemplo, la de Lora que tiene audiencias grandes, sobre todo, en determinadas franjas horarias. Os doy