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La designación aleatoria de las magistraturas y su relación con la democracia

Sancho Rocher, Laura

Abstract

En este artículo se analizan los efectos de la aplicación del sorteo a las magistraturas principales en Atenas. Dado que el sorteo estuvo asociado al gobierno democrático, aquí se examinan los argumentos favorables que asocian la libertad y la igualdad de la democracia con el mecanismo del sorteo de los cargos. En ese aspecto, nos preguntamos si los demócratas defendieron el sorteo como vía para mejorar la formación política de los ciudadanos o solo como forma de contener a los poderosos, y si hay algo de verdad en la afirmación de que los pobres se interesaban por ser sorteados exclusivamente para cargos remunerados.

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HABIS 48 (2017) 65-84 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 65 LA DESIGNACIÓN ALEATORIA DE LAS MAGISTRATURAS Y SU RELACIÓN CON LA DEMOCRACIA* Laura Sancho Rocher Universidad de Zaragoza / Grupo Hiberus [email protected] THE RANDOM DESIGNATION OF MAGISTRATES AND ITS RELATIONSHIP TO DEMOCRACY RESUMEN: En este artículo se analizan los efectos de la aplicación del sorteo a las magistraturas principales en Atenas. Dado que el sorteo estuvo asociado al gobierno democrático, aquí se examinan los argumentos favorables que asocian la libertad y la igualdad de la democracia con el mecanismo del sorteo de los cargos. En ese aspecto, nos preguntamos si los demócratas defendieron el sorteo como vía para mejorar la formación política de los ciudadanos o solo como forma de contener a los poderosos, y si hay algo de verdad en la afirmación de que los pobres se interesaban por ser sorteados exclusivamente para cargos remunerados. PALABRAS CLAVE: sorteo, igualdad, libertad, mérito, sueldos, archaì megálai. ABSTRACT: In this article I study the effects of the application of sortition in Athens for the appointment of principal public offices. Given that allocation by lot was associated with democratic government, I analyse the favourable arguments that link democracy’s freedom and equality with the use of lot. I explore also whether democrats defended sortition as a way to improve citizens’ political education or just as a way to contain those in power. I examine as well the claim that poor people were interested in being drawn for remunerated offices only. KEYWORDS: drawing of lots, equality, liberty, merit, wages, archai megalai. RECIBIDO: 07.05.2016. ACEPTADO: 01.09.2016 El sorteo suele ser mencionado en las fuentes clásicas como un procedimiento asociado a la democracia que, en los detalles, solo resulta bien conocido por el escenario ateniense de época clásica. En Atenas, previa selección o presentación de los candidatos, eran sorteados los que iban a desempeñar muchos de los * Trabajo realizado en el marco del Proyecto HAR2015-63549-P, financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad de España (FEDER/MINECO). http://dx.doi.org/10.12795/Habis.2017.i48.05 66 HABIS 48 (2017) 65-84 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 LAURA SANCHO ROCHER cargos anuales; se sorteaba también entre la bolsa de los seis mil jueces –previa y anualmente designados por sorteo– a aquellos que, en días concretos, debían actuar en tribunales de entre 201 y 2001 jueces; y además se asignaba por sorteo los casos a cada tribunal. El procedimiento del sorteo, a pesar de lo dicho, es conocido ya antes de la introducción de la democracia, pero esta lo fue aplicando de forma creciente y paulatina, tal vez como consecuencia de experiencias específicas. En Atenas el sorteo, para ser parte del funcionamiento democrático, había de estar abierto a todos e ir acompañado de requisitos como la remuneración del ejercicio de las funciones políticas y la limitación de la permanencia en los puestos así adjudicados (cf. Arist. Pol. 1317b 23-24; Ath. Pol. 62.3). El sueldo hacía viable que cualquiera estuviera dispuesto a dedicar su tiempo a la ciudad durante algunos periodos de su vida; prohibir la repetición del desempeño de un cargo posibilitaba que todos ejercieran el poder por turno (ἐν μέρει) y evitaba la profesionalización1. Como era evidente que el sorteo podía producir una selección indeseada, dos mecanismos introducían alguna corrección. En primer lugar, la dokimasía que apartaría del poder a los no dignos y a los no aptos; en segundo, la colegialidad que atenuaba los efectos de una posible escasa capacidad individual. En este ensayo trataré del origen y desarrollo del principio de la designación por sorteo aplicado a las magistraturas más elevadas, así como de los argumentos que, mayormente a su favor, se pronuncian en el seno de la democracia. Un reflejo de lo que los ciudadanos atenienses oían decir del sorteo lo encontramos en fuentes como la retórica y la tragedia, y es casi siempre positivo. El discurso democrático consideraba el sorteo como uno de los pilares de la soberanía del dêmos. En otro trabajo2 he analizado las propuestas que, con la vista puesta en un pasado idealizado en el que la ciudad se regía por una supuesta verdadera democracia, intentaban justificar fórmulas que equilibraran elección y sorteo, así como la valoración de las apreciaciones más negativas sobre el procedimiento. 1. Arcontes y estrategos Se considera que el acto inaugural de la democracia en Atenas se produjo cuando Clístenes arrumbó la vieja organización tribal de las cuatro phylaí jonias, instituyó diez tribus de base territorial e introdujo un nuevo Consejo predeliberativo, cuyos quinientos miembros procedían de las nuevas phylaí a razón 1 Cf. Arist. Pol. 1317b 16ss; Hignett 1970: 227-230. Ober (2008a: 7) argumenta que, a diferencia de las denominaciones de sistemas políticos que toman el término arkhḗ en su composición, demokratía es el régimen que evita que uno o pocos monopolicen el poder, ya que el dêmos no puede detentar colectivamente el gobierno. Democracia significaría “the empowered demos” y, por eso, el sistema nunca tuvo como núcleo del mismo las elecciones. Ober (2008b: 156-164) considera que un sistema de este tipo no favorece la formación de expertos o profesionales, pero facilita el intercambio de conocimiento entre instituciones y hace real la formación cívica para que los ciudadanos ejerzan como jueces y asambleístas, de modo que los rhḗtores no estuvieran en situación de poder controlar la toma de decisiones. 2 Sancho Rocher 2016. HABIS 48 (2017) 65-84 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 67 LA DESIGNACIÓN ALEATORIA DE LAS MAGISTRATURAS Y SU RELACIÓN... de cincuenta hombres por cada una. Seguramente desde el primer momento ya se aplicaría el sorteo3 como modo de selección de los consejeros, y también se implantaría quizás la limitación de pertenencia a esa cámara a ciudadanos mayores de treinta años y en un máximo de dos ejercicios (Ath. Pol. 62.3). Pero todavía quedaban excluidos del Consejo los thêtes y nadie era remunerado por sus servicios de consejero o prítano (Sinclair 1988: 66). El Consejo ya no era esencialmente aristocrático, aunque tampoco era todavía plenamente democrático; en todo caso, las cautelas tomadas sobre el reparto, mezcla y sorteo de sus miembros, tratándose de un órgano tan nutrido y tan influyente, buscarían evitar la formación de facciones de poder en su seno. No voy a ocuparme aquí de la adaptación del método del sorteo a todas las instituciones democráticas, pero conviene recordar que la mezcla de los ciudadanos que, como esencial para la extensión de la participación (Ath. Pol. 21.1), preveían las medidas clisténicas fue canalizada a través de la generalización del uso del sorteo. Así se hizo con el sorteo de las tritias que conformaron cada tribu y con el de los integrantes anuales de las diez pritanías que accedían a la Bulé. Sí que me voy a centrar, por el contrario, en el efecto del sorteo sobre las magistraturas más importantes, las que los autores clásicos denominan megálai en contraste con las mikraí, pues parece que los pensadores antiguos estimaron que este fenómeno era el acelerador determinante de la transformación de un sistema político equilibrado en otro en el que los líderes populares adquirieran excesiva influencia sobre la asamblea. Será necesario, en primer lugar, abordar una reconstrucción de las etapas más significativas y, en segundo, analizar aquellos pasajes en los que se puede leer y a través de los cuales nos podemos aproximar a la visión democrática de los beneficios de sortear los cargos. Cuando Clístenes entró en la escena política lo hizo a causa de la pugna contra Iságoras por el arcontado. Parece que, tras la tiranía4, el arcontado fue, al menos por un tiempo, electivo en Atenas y que ello supuso el regreso de la conflictividad entre los más poderosos ya que se trataba de la magistratura más relevante. Las fuentes hablan del apoyo de las heterías a Iságoras y de que Clístenes, viéndose derrotado optó por poner al dêmos en su bando, para lo cual le habría 3 Demont 2003: 41. A finales del s. IV a. C. comenta Ath. Pol. (43.2) que el sorteo se hace por phylaí. El primer documento que vincula Consejo y sorteo es el decreto de Eritras (453/2 a. C.; ML 40 l.9) que ordena la creación de un Consejo como el ateniense para esta ciudad de la Liga naval. Según Ath. Pol. 21. 3, la asignación de una tritia de cada una de las tres regiones a cada tribu se hizo por sorteo. 4 No tenemos una información clara y unívoca sobre un periodo tan largo e importante como es el de la tiranía en Atenas. Heródoto (1.59.6) y Tucídides (6.54.6) afirman que Pisístrato no hizo cambios en las leyes ni en la elección de los arcontes, mientras que la Ath. Pol. (22.5, cf. 22.1) relata que antes de 487 los arcontes habían sido siempre elegidos. Un documento epigráfico (ML 6, frg. C) hace sospechar la intervención de la mano de los tiranos, extremo que no ocultan tampoco los historiadores citados. Parece lógico sospechar que los tiranos no permitirían que cualquiera pudiera usurparles protagonismo. Develin (1979: 466) plantea la hipótesis de que durante la tiranía el pueblo hubiera elegido a los arcontes y el Areópago adjudicara los arcontados. 68 HABIS 48 (2017) 65-84 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 LAURA SANCHO ROCHER entregado las riendas del poder. Lo que ahora importa es que, entre el año 508 y el arcontado de Telesino (487 a. C.), seguramente el arcontado fue el foco de la philotimía de la elite, a pesar de que tuviera que actuar con un Consejo y una Asamblea democráticos. Se ha planteado la hipótesis de que ambos todavía fueran convocados y presididos por el arconte epónimo5. El cambio de 487 introdujo el sorteo entre cien candidatos, elegidos previamente a razón de diez por cada una de las tribus6. Pero no cambió la que parece ser norma soloniana de que los aspirantes al arcontado procedieran de las dos clases superiores (Ath. Pol. 26.2). Por lo tanto, y siguiendo criterios meramente aristotélicos (Pol. 1300a 31-33; 1305a 28-34), esta norma no era una medida necesariamente democratizadora7, aunque sí pudieron serlo otras tomadas a la par, o las consecuencias de los cambios iniciados con ella. Leamos primero el texto de la Ath. Pol. 22.5: …sacaron a sorteo mediante habas (ἐκυάμευσαν), a los nueve arcontes por tribus, de entre los quinientos previamente elegidos (προκριθέντων) por los habitantes de los demos, por primera vez después de la tiranía, ya que todos los anteriores habían sido elegidos (αἱρετοί) (ed. y trad. A. Bernabé). El número de quinientos y el papel de los demos en la prókrisis, función donde esperamos ver a las tribus, sugieren a Rhodes confusión por parte del autor con la mecánica de selección de los consejeros8. Es lógico suponer, además, que en esta fecha sería añadido el secretario de los tesmótetas9 para adecuar finalmente el viejo arcontado a la nueva constitución decimal. También habría que corregir en este pasaje la cifra de quinientos (φ’) por la de cien (ρ’), haciendo coincidir la presente noticia con la de 8.1: Por eso se mantiene en las tribus la elección a suertes (κληρο[ῦ]ν) de diez por cada una, a la que sigue un sorteo por medio de habas (κυαμεύει[ν]) entre estos (ed. y trad. A. Bernabé). Mientras que para Staveley10 y Hignett11 este estatuto formaba parte de un plan más amplio para que los estrategos se convirtieran en el “nuevo ejecutivo”, 5 Ste. Croix 2004: 221. 6 Tal como expongo a continuación, este pasaje acumula muchas incoherencias y es muy poco fiable. Cfr. Sancho Rocher 2016 donde se analizan las medidas de Solón y se argumenta por qué parecen muchos cuarenta preelectos en 594 a. C. También son muchos cien en 487 a. C. cuando todavía el acceso al arcontado estaba limitado a las dos clases superiores. Por esta razón creo que habría que pensar en un número inferior: por ejemplo tres por phylḗ, uno por tritia, que serían un total de treinta para sortear a diez arcontes. 7 Ste. Croix 2004: 216; en contra, Hansen 1991: 52. 8 CAP 263; cf. también Hignett 1970: 173. 9 Rhodes CAP: 274. 10 1982: 40. 11 1970: 187. HABIS 48 (2017) 65-84 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 69 LA DESIGNACIÓN ALEATORIA DE LAS MAGISTRATURAS Y SU RELACIÓN... Badian12 rebate el supuesto de la pérdida de nivel del arcontado así como del rango de los arcontes a partir de la fecha y cree que, solo tras Eurimedonte y la consolidación de la política imperial, la strategía habría dado el salto definitivo que la convirtió en la magistratura mayor. En relación con el motivo que pudo haber originado el cambio y a tenor de los efectos que tuvo, es pertinente el comentario de Mulgan13, quien afirma que el sorteo entre electos disminuyó el control del dêmos y, por tanto, la posibilidad de desarrollo de líderes populares14. Seguramente el motivo que impulsó la medida fuera canalizar la conflictividad de los más ambiciosos, así como cohesionar y homogeneizar a la elite15; y eso tuvo por consecuencia, quizás no buscada directamente, frenar la aparición de demagogos por esa vía. Pero, para que se produjera este resultado, sería esencial que el ejercicio del arcontado estuviera limitado a un año, pues es la condición que hace realidad el turno del poder y evita su concentración. Los arcontes hasta 457 siguieron perteneciendo a las dos clases censitarias más elevadas (Ath. Pol. 26.2) y, por tanto, si el sorteo establecido en 487 tuvo un efecto democratizador, este consistiría en poner un freno a hipotéticos liderazgos personalistas que, sin embargo, tenderían a desarrollarse por otras vías. Cuando en 457 a. C. el arcontado se hizo accesible a los zeugitas (ἐκ ζευγιτῶν προκρίνεσθαι τοὺς κληρωσομένους τῶν ἐννέα ἀρχόντων; Ath. Pol. 26.2), este paso adelante en la democratización se incluía ya entre las reformas de finales de los sesenta y la década siguiente, las atribuidas a Efialtes y Pericles. Recordemos que la medida de Efialtes, del año 462, había recortado poderes político-ju- diciales al Areópago (25.2; cf. Ar. Pol. 1274a 7-8), y que los areopagitas afectados eran exarcontes. En líneas generales la evolución pergeñada por pseudo-Aristó- teles para la época inmediatamente precedente al año 462 es que, tras las guerras médicas, hubo una fase (17 años) de buena dirección política, con predominio del Areópago, en la que colaboraron Temístocles y Aristides, el uno como general y el otro como “consejero” (en el sentido de ‘demagogo’; 23.3) y que, una vez convertida Atenas en indiscutible gran potencia imperial con la consiguiente abundancia de recursos (χρημάτων … πολλῶν), Aristides aconsejaba a los ciudadanos rurales que acudieran a la ciudad pues allí habría sustento (τροφή) para todos, bien en el ámbito militar bien en el civil (24.1). De ser correcta la reconstrucción que leemos en el tratado aristotélico, la idea de los sueldos públicos (24.3) precedería a la introducción del misthòs dikastikós por Pericles (27.3; cf. Ar. Pol. 1274a 8-9) que, seguramente, significó la generalización o regularización de la política de subvenciones políticas. Aunque no sabemos las fechas exactas, a partir de ese 12 1971: 20 y 30. 13 1986, n. 56. 14 También Arístóteles (Pol. 1305a 28-34) cree que elegir previamente en las tribus reduce el peligro de demagogia. 15 Podemos imaginar que la competencia electoral de los poderosos se valiera de apoyos clientelares que el sorteo y el misthós trataron, más tarde, de contrarrestar. Sobre la persistencia en época clásica de vínculos que pueden ser calificados de clientelares, cf. Plácido & Fornis 2011. 70 HABIS 48 (2017) 65-84 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 LAURA SANCHO ROCHER momento (desde 452 a. C.) la remuneración por el ejercicio de un cargo se haría extensiva a consejeros, arcontes y resto de magistrados16 (en total, setecientos en la polis y setecientos en el imperio, según Ath. Pol. 24.3). Cuando los oligarcas del 411 elaboraron su propaganda hicieron correr la voz de que suprimirían los sueldos de todos, salvo los de los que estuvieran en campaña (Th. 8.65.3: οὔτε μισθοφορητέον εἴη ἄλλους ἢ τοὺς στρατευομένους) y, cuando finalmente resultaron depuestos los Cuatrocientos, la primera asamblea del Pnyx decidió rescindir los sueldos a todos los cargos (97.1: καὶ μισθὸν μηδένα φέρειν μηδεμιᾷ ἀρχῇ). Es de sobra sabido que la supresión del sueldo excluye, casi automáticamente, de la actividad política a más de la mitad de la ciudadanía. Sin embargo, los misthoí seguramente serían restablecidos poco después ya que, tras la victoria de Cízico (410 a. C.), oímos hablar de la diobelía y podemos suponer que la situación permitió previamente volver al pago de jornales políticos17 (Ath. Pol. 28.3). Pseudo-Jenofonte que, seguramente, escribía entre 424 y 415 a. C., constata la generalización de los sueldos a casi todas las magistraturas, excepto las militares (strategía e hiparquía, 2.3), extremo que se deduce asimismo del hecho de que pseudo-Aristóteles enumere los cargos que eran pagados en su época y, seguidamente, añada que, a diferencia de los anteriores, las magistraturas militares podían desempeñarse varias veces (Ath. Pol. 62.2-3). Lo que la Constitución de los Atenienses esboza es un progresivo aumento de la capacidad política del dêmos, como producto del incremento de los recursos de la ciudad y de su utilización para la trophé de los ciudadanos. El esquema aplicado por el autor anónimo responde a la reconstrucción de la última y más evolucionada democracia que hace Aristóteles en la Política (1293a 1-6), en la que los 16 En el Gorgias (515e-516a), Platón se hace eco de la censura contemporánea y antidemocrática de los sueldos. La aseveración de que los sueldos habían corrompido al pueblo se habría reflejado en la misma condena de Pericles al final de su vida; cf. Ober 1998: 209 para quien la medida forma parte del proceso que, según Platón, lleva al dêmos/la mayoría a transformarse en tirano. Pericles habría instituido los primeros sueldos para competir con Cimón (Ath. Pol. 27.3-4; Plu. Kim. 10.1). Y, si bien de este modo rompió con la tendencia aristocrática del clientelismo, pudo también fomentar una relación de patrón-clientela entre la ciudadanía y el dēmagōgós de turno, como comenta Kosmetatou 2013: 241. No se puede entrar en este lugar en un tema tan debatido y ramificado como el del significado económico, los fines sociales (¿subvenciones?), y el contenido político de los sueldos políticos. Se ha calculado que el estipendio anual de un consejero en el s. IV a. C. pudiera ascender a 250 dracmas, mientras que la de los jueces, cuyo jornal era la mitad y no ejercían de forma regular (como mucho, se reunirían unos 200 días al año) sería sensiblemente inferior. No obstante con tres óbolos se podía adquirir el cereal necesario para alimentar un día a una familia. La asamblea, cuya asistencia empezó a ser retribuida a principios del s. IV, todavía se reunía menos veces, pero los asambleístas cobraban el doble. Además de las razones económicas o sociales que indujeron a introducir el misthós en la asamblea, los estudiosos barajan razones políticas e ideológicas: las asambleas serían más aburridas por lo que se buscaría incentivar la asistencia, mientras que en los tribunales las clases bajas se sentían poderosas y, por tanto, eso no era necesario. Cf. Markle 1981; Gallo 1984; Podes 1995; y Gauthier 1993. La polémica sobre el pago a magistrados en el s. IV, que Hansen ha negado repetidas veces (1979; 1991: 241; 2014) frente a diversos estudiosos (especialmente Gabrielsen 1981; y recientemente Pritchard 2014), repercute en la interpretación global de la democracia restablecida en 403. Los argumentos de Hansen no parecen concluyentes. 17 Gabrielsen 1981: 26-27. HABIS 48 (2017) 65-84 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 71 LA DESIGNACIÓN ALEATORIA DE LAS MAGISTRATURAS Y SU RELACIÓN... magistrados carecían del poder que había ido pasando a la asamblea y a los demagogos (cf. 1298b 28-32; 1317b 28-30). Si en 457 a. C. se mantuvo la elección, como forma de preselección en las tribus18, siendo ya autorizada la presentación de candidatos populares –al menos miembros de la clase zeugita– hay que pensar que, o bien la competencia con los miembros de la elite resultaría desventajosa para los hombres menos relevantes, o bien ya estaba sucediendo que a los ciudadanos de las dos primeras clases censitarias no les atrajera demasiado el arcontado. Treinta años después del arcontado de Telesino, los estrategos –generales de la armada y del ejército de tierra en una ciudad muy militarizada– eran políticamente más influyentes que los arcontes, sobre todo desde que los areopagitas (exarcontes) también se habían visto despojados de la jurisdicción de las denuncias por eisangelía a través de las cuales, como tribunal, controlaban a los poderosos. La elección de los generales19 empezó a realizarse “por tribus” en 501/0 a. C., uno de cada una, precisa el texto aristotélico (ᾑροῦντο κατὰ φυλάς, ἐξ ἑκάστης φυλῆς ἕνα, Ath. Pol. 22.2). La innovación aquí no reside en la creación de los estrategos sino en el modo de su designación, que es y será siempre la elección (Ath. Pol. 43.1; 44.4; 61.120), al menos a partir de entonces, en la asamblea (Hdt. 6.104.2) aunque uno por cada una de las nuevas diez tribus21. Es preciso, por tanto, reconstruir el modo en el que se realizaban las elecciones y pensar en una fórmula de proposición de candidatos. Piérart22, basándose en las estrategias descritas por Platón en su último diálogo, ha sugerido que la προβολή la hicieran terceras personas, amigos o compañeros de tribu, y no los mismos aspirantes. Luego, uno a uno, y por tribus, los candidatos serían sometidos a la kheirotonía de toda la asamblea. Al margen de cómo fueran los detalles de la votación, esto supone que las nominaciones recaían en personajes populares y la asamblea, al designarlos en repetidas ocasiones, ratificaba o aupaba su carisma. Muchos individuos (Cimón, Pericles, Nicias, Alcibíades, Trasibulo) vieron en la strategía el mejor trampolín para alcanzar el liderazgo democrático23. 18 Contemporáneamente a la redacción de la Constitución de los Atenienses, se procedía a un doble sorteo: en las tribus y en la ciudad (62.1). No sabemos cuándo se introdujo el cambio que afectaba a la primera fase. 19 No había límite censitario oficial para ser elegido estratego, lo que no significa que los bienes personales no desempeñaran papel alguno para aspirar y ejercer el cargo, cf. Roberts 1986: 364. 20 La elección ἐξ ἁπάντων, es decir no por tribus, que recuerda este pasaje ha dado pie a numerosas reconstrucciones. Piérart (1974: 126) sugiere que el cambio se produciría en el marco de las reformas de Clístenes. Rhodes (1981: 131), quien sigue a Piérart, propone que ante la asamblea antes de proceder a la votación fueran leídos los nombres de los candidatos de cada tribu. Sea como fuere, lo evidente es que hubo alguna relajación de la norma inicial ya que desde 460/59 se comprueba en diferentes ocasiones la existencia de más de un estratego de la misma tribu. Mitchell (2000) ha propuesto volver a la idea de que los estrategos siempre fueron elegidos entre candidatos preelegidos en las tribus, pero supone que en ocasiones no habría candidatos de una tribu o, por conveniencia, se decidía enviar a una región concreta a personajes determinados que la conocían. 21 Rhodes CAP: 264; 1981: 129. 22 1974: 139-142. 23 Cf. Plácido 1997. 72 HABIS 48 (2017) 65-84 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 LAURA SANCHO ROCHER El autor de la Constitución de los Atenienses se toma la molestia de dejar constancia de que en 490 a. C. todavía era comandante en jefe del ejército el arconte polemarco, pero no informa sobre cómo era designado. Seguramente toma de Heródoto (6.109.2) la noticia de que en el momento de la batalla de Maratón, diez años después de la medida que hacía a los estrategos elegibles en la asamblea, Calímaco, un hombre sorteado, ocupó el primer lugar en el ala derecha como correspondía a su rango de comandante en jefe, y también decidió inclinar la balanza hacia la decisión, patrocinada por el estratego Milcíades, de presentar batalla a los persas. El historiador optó por subrayar la diferencia en la forma de designar ambos cargos por resultarle llamativo que alguien sorteado tuviera mayor grado que diez generales elegidos. Por eso cuesta creer que se trate de un simple anacronismo de Heródoto como opinó Macan24. Para el autor anónimo de la Ath. Pol. era significativa la noticia sobre la jerarquía de los oficiales, pero debió de desconfiar de la precisión herodotea de que el polemarco hubiera sido seleccionado por suertes. ¿Hemos de dudar nosotros de Heródoto y fiarnos solo del silencio de Ath. Pol.? Resolver el puzzle de este modo no hace justicia a la información proporcionada por el historiador que no es sencillo rechazar. Por otro lado, Plutarco, citando a Idomeneo de Lámpsaco (Arist. 1.8), sostiene que Aristides fue arconte elegido, y no sorteado. Demetrio de Falero erróneamente fechaba la circunstancia justo después de la batalla de Platea, en lugar de la fecha real, al año siguiente de la victoria de Maratón y, por tanto, un año antes de que fueran aprobados los cambios que empezaron a funcionar en 48725. En todo caso, lo que parece claro es que, de 490 a 487, los estrategos pasaron a dirigir el ejército, mientras que el arconte polemarco perdió esa prerrogativa. Antes de la comentada reforma, tal vez todos los arcontes fueran elegidos como miembros del colegio arcontal, pero cada destino fuera objeto de sorteo. Con ocasión de la victoria de Maratón, se haría evidente la relevancia popular que concedía la elección y las ventajas técnicas que procuraba la posibilidad de repetir el cargo. Así pues, la elección en sí no es rechazada por la democracia. La característica democrática de los cargos militares electos en Atenas procede de la escasa independencia de los elegidos, del control exhaustivo sobre su acción, y de la severidad con la que el dêmos vigila y penaliza las infracciones o el incumplimiento de 24 1973 [1895]: 365. 25 Badian (1971: 22-25) prefiere como fuente a Heródoto, de quien dice que debió de tener informantes atenienses y también un auditorio local para las lecturas de su obra. Por el contrario, Idomeneo es un autor poco fiable. Su solución es que, antes del arcontado de Telesino, los arcontes eran elegidos pero se sorteaban los destinos. Demont (2000: 78, n. 23) interpreta que la polémica entre Idomeneo y Demetrio, que Plutarco recoge, es la prolongación helenística de la discusión clásica sobre el papel del sorteo. El argumento de Demetrio fallaría al equivocar la fecha del arcontado de Aristides, que no fue posterior a la batalla de Platea, sino a la de Maratón (Plu. Arist. 5.9). Ste. Croix (2004: 226-7) piensa que la disyuntiva que se produjo antes de Maratón convencería a los atenienses para hacer ya a los estrategos comandantes en jefe del ejército. HABIS 48 (2017) 65-84 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 73 LA DESIGNACIÓN ALEATORIA DE LAS MAGISTRATURAS Y SU RELACIÓN... los deseos populares26. Siempre que se requieran virtudes específicas, la elección directa es preferida sobre el sorteo (Ar. Pol. 1317b 20-21; 27ss; cf. 1309b 4-8). Y, cuando se trata de un puesto militar como es el caso de los estrategos que, aunque componen un colegio de diez, en muchas ocasiones han de actuar en solitario, no es posible que las carencias de uno se vean suplidas por la acción en grupo. Importan y mucho las características personales de los que asumen este cargo. En Atenas, parece que hasta la época de Pericles la vía de la strategía era la más común para que un individuo se elevara a la prostasía toû dḗmou, si bien a partir de la guerra del Peloponeso se afianzó una tendencia que lleva a separar a rhḗtores de generales, tendencia que se consolidó en el s. IV. La razón por la que los estrategos no se transformaron simplemente en demagogos en la primera parte del s. V seguramente depende de su elitismo de origen pero, sobre todo, de su mayor dedicación a las cuestiones militares que al debate de la asamblea. Este hecho, junto al debilitamiento del arcontado, favorecería el surgimiento de verdaderos líderes populares o demagogos, hombres que no dependían de elecciones, sorteos, ni plazos sino exclusivamente de su capacidad de arrastrar a las masas. 2. El sorteo y la democracia Cuando Heródoto (ca. 430 s.) en el famoso Debate Constitucional hace pronunciar a Ótanes un discurso contra la tiranía y a favor de la isonomía-demo- cracia, uno de los tres rasgos elegidos para poner de relieve las ventajas de esta forma de gobierno es el sorteo de las magistraturas (3.80.6, πάλῳ μὲν ἀρχὰς ἄρχει). Los otros dos son la obligación de rendir cuentas tras haber ejercido un cargo y la necesidad de deliberar todo en común (βουλεύματα δὲ πάντα ἐς τὸ κοινὸν ἀναφέρει). No dice que los cargos deban ser sorteados entre todos los ciudadanos27, aunque tal vez deba entenderse así teniendo en cuenta el significado de isonomía como reparto político igualitario, y la importancia dada a la participación de todos en la deliberación (ἐν γὰρ τῷ πολλῷ ἔνι τὰ πάντα). Como se trata de argumentar contra la arbitrariedad del poder unipersonal, no sometido a control (ἀνευθύνῳ, 80.3), el orador opta por destacar aquellos procedimientos de la democracia que evitarían el abuso de poder. Es importante que Ótanes no reivindique el poder soberano de la asamblea. En realidad, es más común que la justificación democrática de la democracia recurra a exponer las ventajas de este 26 No existe, pues, lo que modernamente se denomina “mandato imperativo” que es la base de la libertad de acción de los electos (Cf. Manin 1997: 152). Por otra parte, si bien antiguamente los “demagogos” se hacían tiranos por la vía del generalato, en época clásica el medio óptimo para ello era la retórica: cf. Zoepffel 1974: 71-72. Canfora (2016: 124-127) sostiene que en el s. V no existía la aprobación mensual de los estrategos y que, al parecer, si eran reelegidos también se libraban de la rendición de cuentas. De ser así, los generales electos tendrían mucha capacidad de maniobra y acumularían mucho prestigio. 27 Al acabar el discurso de Darío, es el mismo Ótanes el que propone seleccionar un rey, entre los siete Grandes presentes, por elección o por sorteo: κλέρῳ γε λαχόντα ἢ ἐπιτρεψάντων (3.83.1); pero la selección, prácticamente, se dejará al azar: cf. Saxonhause 1996: 56. 80 HABIS 48 (2017) 65-84 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 LAURA SANCHO ROCHER Atenágoras tras afirmar, en la asamblea de Siracusa, que el dêmos incluye a todos mientras que la oligarquía representa solo a una parte (ἐγὼ δέ φημι πρῶτα μὲν δῆμον ξύμπαν ὠνομάσθαι, ὀλιγαρχίαν δὲ μέρος), cita a los ricos, a los inteligentes y a la mayoría como “partes” que participan en la democracia καὶ κατὰ μέρη καὶ ξύμπαντα48, es decir, bien como segmentos sociales homogéneos en sí, bien como suma total de individuos iguales entre sí (39.1). Niega que los ricos sean los que mejor ejercen el poder (ἄρχειν), aunque admite que administren mejor el dinero; afirma que para aconsejar bien están los inteligentes (βουλεῦσαι δ᾽ ἂν βέλτιστα τοὺς ξυνετούς), aunque concluye que decide mejor la mayoría tras haberse informado (κρῖναι δ᾽ ἂν ἀκούσαντας ἄριστα τοὺς πολλούς)49. Este razonamiento le lleva a definir la democracia como un sistema de igualdad de las partes, o como un sistema que distribuye en partes iguales el poder entre todos los ciudadanos (ἐν δημοκρατίᾳ ἰσομοιρεῖν). El interés que para nosotros tiene ahora este fragmento reside en analizar cómo ve Atenágoras –que habla desde la óptica de un demócrata– el valor del mérito en el sistema democrático, y si es este el criterio que la democracia prioriza para el buen gobierno. Lo primero y evidente es que Atenágoras niega que el mérito esté asociado sin más con la riqueza. Lo que dice sobre los ricos explicaría, como mucho, que les fuera encomendada la administración del tesoro público. El mérito relevante consistiría en dar buen consejo, deliberar bien, y eso es algo que no nace de la riqueza sino de la inteligencia, lógicamente porque los discursos de los inteligentes son los capaces de hacer llegar a la mayoría los mensajes y argumentos provechosos para ella. Atenágoras, que niega el derecho de gobierno a la riqueza, tampoco lo concede a la inteligencia, sino que lo reclama para la mayoría porque el conjunto de los ciudadanos, tras ser bien aconsejados, sería el que mejor decide50. Desgraciadamente Atenágoras no explica por qué, por lo que se puede sospechar que esté verbalizando una convicción relativa al principio del sumatorio (cf. Arist. Pol. 1281a 39 ss.): la superioridad de la suma de elementos mediocres sobre el mejor individuo excepcional o una minoría excelente; o porque, como Ótanes, sospecha que un gobierno arbitrario de uno o de pocos, aunque fueran en principio los mejores, degeneraría en la perversión de la ley y el bien comunes. Lo más cerca que los antiguos estuvieron del argumento moderno que defiende el carácter formativo de la acción política democrática se plasma en alegatos como el que hemos visto en boca de Atenágoras. En suma, tanto el pasaje comentado del epitáphios pericleo como la frase del político siracusano estarían hablando del mérito como virtud asociada a la 48 Gomme & Dover (HCTh III: 305-6) señalan la ambigüedad de la frase en la que Atenágoras podría estar hablando de igualdad de los individuos al margen del grupo de pertenencia, o de igualdad de los grupos, o de igualdad entre los de cada grupo. Personalmente creo que se refiere a la igualdad de los ciudadanos como individuos que es la única que toma cuerpo en una votación asamblearia producida tras la deliberación. 49 Hornblower (CTh III 414) con razón habla de coincidencia con Pericles (Th. 2.40.2) y con Ótanes (Hdt. 3.80.6) sobre la deliberación en común. 50 Cf. Gomme & Dover HCTh III: 305. HABIS 48 (2017) 65-84 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 81 LA DESIGNACIÓN ALEATORIA DE LAS MAGISTRATURAS Y SU RELACIÓN... deliberación política, disociándolo de la pertenencia a un determinado grupo caracterizado por la riqueza. Y ese mérito, según ambos oradores, nada tiene que ver obviamente con el sorteo. Como sabemos, sin embargo, los rhḗtores pertenecían, si no a la aristocracia, al menos sí a la minoría de los más ricos, debido al coste que suponía la exigencia de prepararse para hablar en público sobre cuestiones que afectaban a la ciudad. Debían disponer de tiempo, es decir skholḗ, o lo que es lo mismo, no estar obligados a trabajar a diario por el jornal. Dado que el sorteo de los cargos políticos entre todos los ciudadanos, a los que había que remunerar para animarlos a participar, y cuyo ejercicio fue limitado temporalmente, condujo a la poca relevancia de los puestos sorteables, la cuestión, finalmente, queda formulada así: ¿hizo el sorteo de los cargos accesible a todos realmente, de manera igualitaria, el gobierno, o mejor dicho, el poder?, ¿evitó el desarrollo de liderazgos fuertes y peligrosos?, ¿sirvió a la formación política de los ciudadanos comunes?51 Conclusiones Sustituir la elección por el sorteo como mecanismo habitual de designación de la mayoría de los cargos políticos fue una vía democrática para evitar la concentración y el exceso de poder, y propiciar la participación política de la mayor parte de los ciudadanos. En la mentalidad de los demócratas, ser libre equivalía a no ser gobernado por nadie, sino tener poder o, al menos, tenerlo temporal y parcialmente. Para cumplir las expectativas de participación popular fue necesario, a la par, reducir o anular las exigencias censitarias de acceso a las magistraturas, e implementar algún tipo de remuneración para los que llegaran a ellas. El sorteo era menos proclive a amaños y trucajes que las elecciones, hacía inútiles también las presiones de las clientelas personales; ambas cosas evitaban una determinada corrupción. Además anulaba los efectos psicológicos que en los electores tenía el prestigio asociado al rango social. Como el sorteo fue acompañado de la fragmentación de funciones –a causa de la multiplicación de los colegios de magistrados– y de una normativa que impedía la iteración, contribuyó a fomentar la conciencia cívica, la preparación política del hombre común y el autogobierno, así como a reducir la potencia ejecutiva de las magistraturas. El vacío en la cúspide de poder quedó compensado de forma casi espontánea por un aumento de las competencias de las asambleas y tribunales, y el consiguiente incremento efectivo de la influencia de los oradores. Los demócratas juzgaron que sortear y controlar a los magistrados frenaba la arbitrariedad y el despotismo y favorecía el gobierno de la ley (escrita); el sorteo 51 Komestatou 2013: 242-243, argumenta a favor de esta cuestión. La implicación política de los hombres comunes, aunque fuera en ámbitos muy parciales de la vida política, habría mejorado la información de los individuos en otras áreas, reforzado la lealtad hacia el sistema y avivado la cohesión cívica. 82 HABIS 48 (2017) 65-84 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 LAURA SANCHO ROCHER hacía visible la igualdad de todos los ciudadanos quienes, en consecuencia, experimentaban el poder emanado de la libertad de su estatus personal. Aunque para los demócratas el mayor problema no parece haber sido el de establecer el mejor gobierno, estaban convencidos de que el reparto generalizado del poder introducía mayor justicia que la oligarquía o la tiranía. Los opositores a la democracia, por el contrario, calificaron el sorteo de irracional, injusto e ineficiente. Obras citadas Badian 1971: E. Badian, “Archons and Strategoi”, Antichton 1 (1971) 1-34. Canfora 2016: L. Canfora, Tucidide. La menzogna, la colpa, l’esilio, Bari 2016. Demont 2000: P. Demont, “Le tirage au sort des magistrates à Athènes: Un problème historique et historiographique”, F. Cordano et Gr. Grotanelli eds., Sorteggio pubblico e cleromanzia dell’Antiquità all’età moderna. Atti della Tavola Rotonda 26-27 Gennaio 2000 (Milano 2000) 63-81. Demont 2003: P. Demont, “Le κληρωτήριον (“machine à tirer au sort”) et la démocratie athénienne”, BAGB (2003) 26-52. Delli Carpini 2009: M. Delli Carpini, “The Psychology of Civic Learning”, E. Borgida, C. M. 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