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Compromiso social y Gallo de Vidrio

Gil, José Matías

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93 Compromiso social y Gallo de Vidrio José Matías Gil Doctor en Filología Hispánica, Universidad de Sevilla Fundador de Gallo de Vidrio Sras. y Sres., queridos amigos: Se ha insistido e insiste, quizás en demasía, en la dimensión social de Gallo de Vidrio, en detrimento de otras facetas que también le son propias. En cualquier caso, ciñéndome al tema propuesto, es cierta la presencia de este componente en las reuniones, actos y escritos desde sus inicios (1972). Entonces, sin embargo, era un elemento más, incluso no el más destacado, pudiéndose decir que, en un primer momento -también por encima de lo andaluz, aunque se definía como “movimiento poético sevillano”-, era evidente la primacía del intimismo. Intimismo al modo de Aleixandre, por ejemplo, que no pierde de vista a Andalucía con sus luces y sombras, y que lleva en las venas la esencia del Pueblo Andaluz. Quiero hacer hincapié en esta última faceta porque, por encima de posicionamientos ideológicos, Andalucía es lo que mejor nos identifica, nos envuelve como ámbito y atmósfera, nos arropa y abraza como una madre. 94 1991. En la manifestación contra la Guerra del Golfo. Benito Mostaza, Villar, Enrique Soria Medina, Isabel Lebrato, Jesús Troncoso, Adrián, su hijo, Maribel Pavón y Ramón Reig. Versos de León Felipe en la pancarta. (Nota de los coordinadores). El ser andaluz determina nuestra forma de vivir, pensar y sentir. Llegado el momento de ondear la blanca y verde, Gallo de Vidrio lo asumió como lo más propio e irrenunciable, dejando claro con Machado que nadie es más que nadie, y que la dignidad de Andalucía no está por debajo de la de ninguna otra comunidad o patria. En este contexto cabían y caben legítimamente -por qué nola temática amorosa, el esteticismo y el subjetivismo bien llevado con que empezamos a escribir en Sevilla, y que adquirieron en nuestros primeros tiempos una relevancia que, en sucesivas etapas, fue perdiendo la fuerza primitiva que no se volvió a recuperar, pasando a primer plano el compromiso social en el que permanecemos. Nuestra colección de libros originaria, “Algo Nuestro”, en el número 1 y el próximo 40, del “Cuarentenario” que estamos celebrando, lleva títulos tan identificativos de nuestra tierra como A-Z-ulejos y A-Z-otea. La A y la Z, letras tan simbólicas como las griegas alfa y omega, que representan el principio y el fin del universo. Andalucía, encrucijada de caminos, territorio de tránsito, es universal. Y la elección que hemos hecho de dichas palabras para las antologías, es una muestra de la entrega de Gallo de Vidrio al universalismo característico de nuestra cultura griega y romana, judía y musulmana y cristiana, ilustrada y progresista, 95 contemporánea y global, del amor que sentimos por esta parte del mundo y por sus gentes, nuestra gente. Con el tiempo, el crecimiento del grupo y la incorporación de otras sensibilidades fueron en menoscabo de lo becqueriano, por decir algo, aunque a veces llegaban entusiastas que revitalizaban dicha tendencia estética. Esta aparecía y desaparecía, y aún hoy, al cabo de cuarenta años, mantiene brotes, pero que no dejan de ser el Guadiana y no el permanente eje de cohesión. De esta forma, lo propiamente lírico no es elemento menor en el actual Gallo de Vidrio, pero está lejos de tener el peso que tuvo antaño. Ahora el compromiso social es efectivo, incontestable y primordial, pero ello no quiere decir que sea obligado, exclusivo ni excluyente, en absoluto, ni que se rechace para nada lo lírico; más bien es cultivado y alentado con simpatía, en especial, como viene ocurriendo, cuando le acompaña la música. En los primeros años setenta, dominaba entre los miembros de Gallo de Vidrio la poesía personalista y la preocupación por la forma. El eco de la multitud apenas si nos llegaba. La máxima contestación a que nos atrevíamos por aquellas fechas -lo digo en plural y no entro en matices-, tenía un carácter de inconformismo y, sin ánimo de denuncia, apenas si criticábamos, por escrito o de palabra, en actos públicos y entrevistas radiofónicas, la hipocresía moral imperante. Sentíamos una desazón, incluso un malestar creciente ante el atraso, el autoritarismo y la ramplonería cultural que dominaban nuestro país; pero, con nula experiencia en carne propia de la represión ejercida desde el poder franquista, estábamos lejos de alinearnos con los movimientos subversivos en auge. Por ello, nuestras creaciones tenían escasa carga social y lo político era imperceptible. Si acaso, algo apuntaba en las proclamas de Manolo Bordallo, mientras lo sentimental estaba representado por Juan Antonio Ballesteros, lo cernudiano por José Luis Portillo y lo vital o existencial era muy propio de Juan Manuel Vilches. La mía era una actitud más bien ecléctica. Hoy, de alguna forma y salvadas las distancias, podrían adscribirse, por ejemplo, Rosa Díaz a la línea de Ballesteros, Carmen Arjona a la de Portillo, Benito Mostaza a la de Vilches y Ramón Reig a la de Bordallo, que ha pasado -ya sin la antigua inocencia-, de la crítica genérica de su primer verso (“GENTE en todas partes”, Azulejos, Sevilla, 1973, pp. 21-22), a la posición política de la extrema izquierda, con el icono demasiado televisivo del alcalde de Marinaleda. Este lugar paradigmático, por cierto, fue uno de los frecuentados por los Gallos en tiempos del bueno de Diamantino, tan echado ahora de menos -circunstancia resaltable en relación con el tema que nos ocupa-. Así, en la temporada de la recogida de la aceituna, nuestro hombre convive con los campesinos de la Sierra Sur sevillana, como un jornalero más, compartiendo la indignación y el sufrimiento de los millones de expulsados del mundo laboral, que están cargando con las culpas de la Banca usurera y planetaria. 96 Tal actitud es bien visible en el personaje Mileurito el Valiente (“El Aljarafe enladrillado”, Azotea de la calle Redes, 2012, en prensa). Cosa curiosa -de la que no sé si se ha dado él cuenta-, el último verso de este actualísimo poema de Manolo -tan coherente como sabemos sus amigos desde la adolescencia-, termina con la misma palabra con que empezó hace cuatro décadas: “Igual que otra mucha GENTE”. Es de destacar asimismo, en estas coplas, su sentida exaltación de la Andalucía del momento. Exaltación unida de forma indisoluble, al compromiso social más efervescente. El Gallo de Vidrio de hoy, como no puede ser de otra manera y dije antes, sigue envuelto por el andalucismo al que acabo de referirme, defendiendo el patrimonio cultural de nuestra tierra sureña -que llega incluso a la promoción entusiasta del cante “jondo” por José Cenizo y Carmen Arjona, entre otros-. Todo lo cual confirma mi idea de que seguimos manteniendo esta postura al mismo nivel o superior que el del compromiso social del que os hablo. Con todo, se puede estar de acuerdo en que lo emocional, también con reminiscencias juanramonianas, era el rasgo más destacado del grupo que empezamos a organizar, en el otoño de 1971, los cinco estudiantes universitarios que he citado en primer término. Grupo informal que hizo su aparición en febrero del 72, en un pequeño círculo de amistades. La onda expansiva que provocó su primera publicación, fue sorprendente e inimaginable. Se trataba de cuatro folios casi translúcidos con cuatro copias, mecanografiadas por alguno de ellos, amante de las Letras. Al cabo de diez meses, aquellas frágiles hojas se habían transformado en unos cuadernos multicopiados, con honores de imprenta en la portada, sostenidos por aportaciones voluntarias, y una tirada de doscientos cincuenta ejemplares en el decimocuarto número, extra de Navidad, gratuito como los anteriores. Sesenta y cinco firmas (entre ellas las de Miguel Ángel Villar e Isaac Prieto, actuales Presidente y Administrador del Colectivo, localizables a su vez en la vertiente social), sesenta y cinco firmas, como digo, habían aparecido en la revista hasta el veinticinco de diciembre de su primer año de vida, con 69 prosas y 175 poemas en verso. De ellas, treinta y siete eran de poetas inéditos y sólo seis con obra publicada. Emulando a la dieciochesca Academia de Letras Humanas de los Blanco White, Alberto Lista, Reinoso y Roldán, el lugar de la Redacción fue pasando de uno en otro domicilio de los componentes de aquella incipiente asociación (por ejemplo en casa de la familia Vilches), que todavía no se cobijaba bajo las alas del Gallo de Vidrio, apelativo que apareció un año más tarde, en febrero de 1973. Los medios técnicos (la primera Olivetti, el ciclostil, las máquinas de imprimir y de grapar, la guillotina, y hasta las brochas para la cola y el pegamento) eran propiedad del Ayuntamiento de Sevilla. De sus talleres tipográficos de la calle Don Fadrique (barrio de la Macarena), salía, una o dos veces al mes, aquella publicación humilde y gloriosa, sin pretensiones de comerse el mundo ni transformar nada, ni siquiera a sus jóvenes escribidores. 97 Por la tarde, finalizada la jornada laboral y ausentes ya los cajistas y linotipistas, a punto de marcharse el Director de la imprenta, Cristino Braojos, venía el arriba aludido factótum con la carpeta atestada de manuscritos y folios en blanco. Llegaba en compañía de Santiago Antón, maestro de Pozoblanco (Córdoba), depositario de las llaves y de la confianza de aquel funcionario municipal y crítico taurino de la Hoja del Lunes, de seudónimo “Monte”. Braojos, padre de nuestro amigo Alfonso, Director de la Hemeroteca y el Servicio de Publicaciones del Excmo. Ayuntamiento, daba muestras de comprensión y generosidad, hacía una última recomendación y se ausentaba. Entonces pasaba a la acción el mecanógrafo, y más adelante el impresor condescendiente, que daban existencia a las inquietudes de aquellos estudiantes, trasvasando sus sensaciones e ideas a los papeles que, dada su difusión en aumento, desde el tercer cuatrimestre, tuvieron que contar con permiso gubernativo y el preceptivo Depósito Legal. Fallecidos ya los tres benefactores citados, desde aquí dedico este recuerdo a aquellas bellísimas personas que tanto nos ayudaron. Las emisoras de la ciudad (Radio Sevilla, Radio Nacional, Radio Vida, La Voz del Guadalquivir) y los periódicos (El Correo de Andalucía, ABC, Diario “Sevilla”), con Juan Manuel Espinosa, Fausto Botello, Manuel Barrios, Mariló Naval, Antonio Mª Calero, Felipe Pérez, Manuel Fernández Calvo, Arcadio Ortega…), saludaron y aplaudieron la iniciativa e hicieron votos por su continuidad. Todos elogiaban el interés de aquellos muchachos por la literatura, muy decaída en la capital andaluza, otrora punto de referencia nacional y faro esplendoroso de la poesía española. Los ecos de la revista llegaron a Madrid, Barcelona y Tenerife, desde donde Rafael Alfaro, Carlos Garulo y Víctor Rodríguez Jiménez, por ejemplo, pedían información más detallada que la que daba La Estafeta Literaria, entre otros medios. Hasta de México, país de nuestras Consejera Rosalba Mancinas, llegaron propuestas de intercambio, siendo el loreño Juan Cervera quien, en 1976, dio a conocer en América a los poetas sevillanitos. Prueba de tan favorable acogida fue el hecho de que, en el número Extra de Navidad, que cerró el año, publicaron en él dos catedráticos y miembros de número de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras: D. Francisco López Estrada y D. Antonio García del Moral, que también colaboraban económicamente. Desde su cátedra de Literatura de la Universidad de Sevilla, D. Francisco sería, pocos años después, el nexo de Gallo de Vidrio con el Presidente de la Real Academia Española y suscriptor a la revista, Dámaso Alonso, inspirador del tema social con su libro Hijos de la Ira. Pero ya antes estaba con nosotros López Estrada y había publicado, en dicho número del 21 de diciembre del 72, su encantador cuento “El camellero de Gaza”. Por su parte, D. Antonio -que padeció cárcel por apoyar a unos obreros granadinos perseguidos, con muy graves consecuencias-, en aquellos días invernales, sin dárnoslo a 98 conocer, acudió con su hermano Amalio -el gran pintor y posterior miembro eminente de Gallo-, a una representación teatral de aficionados, que habíamos montado para recaudar fondos y, como explico, puso el broche de oro al núm. 14 de Algo Nuestro, que así se llamaba nuestra publicación. El suyo fue un extensísimo y magnífico comentario a “El canto de la ramera”, cancioncilla popular hebrea: “Toma tu cítara/ y recorre la ciudad,/ ramera olvidada.//Canta bien al son de sus cuerdas/ y repite tu canción/ por ver si eres recordada.///” (Isaías, 23, 16). Como se ve, la tendencia del colectivo no era claramente social, pero ya se vislumbraba que el intimismo lírico iba siendo rebasado. Sin pausa pero sin nombre, estuvo aquella criatura hasta que, con cuatro meses, en junio, a propuesta de la madrileña Mª Rosario de Paz, fue etiquetada con el referido marbete de “Algo Nuestro”, expresivo de que se trataba de una especie de cenáculo que la aislaba del entorno al que, paradójicamente, se había dado a conocer a instancia de Antonio Troncoso, buen amigo y hermano de Jesús, otro de los históricos, que tuvo y tiene mucho predicamento entre nosotros. El martes 21 de noviembre de 1972, a las diez y media de la noche, el escritor Antonio Luis Baena decía en Radio Peninsular de Sevilla: “Sugerimos un desdoblamiento (…) que ALGO NUESTRO sea la revista en que vosotros os contéis vuestras cosas y que, con otro nombre menos restringido, saquéis al exterior vuestro arte en una revista exclusivamente poética”. Aquello no cayó en saco roto y, en la última página del número trece de la publicación (27/11/72), decía Portillo: “Por su parte, Pepe Gil está consultando y proponiendo un nuevo nombre de la revista para el año próximo: GALLO DE VIDRIO -Vigilante como el gallo, Transparente como el vidrio-. Es una expresión tomada de García Lorca (Gallos de vidrio cantaban/ por Jerez de la Frontera) a la que deseo buena fortuna”. El 9 de diciembre, tras larga discusión en la Plaza Nueva de Sevilla, se hizo una preselección de diez de los treinta títulos que habían sido propuestos: Algo Nuestro, Azulejos, Hijos de la Alegría, Gallo de Vidrio, Minarete, Tierra y Poesía, No Oficial, El Grito del Poeta, Sudores y Marisma y, el sábado 3 de febrero de 1973, fue elegido, por los numerosos asistentes a la votación, nuestro título definitivo, Gallo de Vidrio que, sin ser el más arriesgado, tenía una carga de valentía ajena al anterior, del que se distanciaba no poco. La efigie identificativa del Ave Noble -cuya autoría preserva el Notario de Sanlúcar la Mayor, Manuel Santos López, por aquel entonces miembro del Consejo de Redacción de la revistallegó de El Viso del Alcor a nuestras manos el 6 de marzo. Las portadas de la revista para todo el año fueron impresas el día 13. El 14 se empezó a encuadernar la primera entrega, de 250 ejemplares. El martes 20 de marzo de 1973, con su primer canto auroral o kikirikí, salió, gratis, el número 1 de Gallo de Vidrio, ya con su auténtico nombre. Al día siguiente, comienzo 99 de la primavera y fiesta de la poesía, el primer ejemplar fue entregado, antes que a nadie -dejando aun más claro si cabe su dimensión andaluza y social, que subrayo a instancias del Sr. Director de estas Jornadas y termino-, a El Correo de Andalucía.