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Composiciones poéticas presentadas á SS. MM.

Paez de la Cadena, Juan Miguel

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COMPOSICIONES POÉTICAS 'CJen¿ac/a<j c¿ POR EL SEMINARISTA MAYOR DEL REAL SEMINARIO DE NOBLES DE VERGARA Don Juan Miguel Paez de la Cadena, EN SU FELIZ LLEGADA A DICHA VILLA el dia 12 de Junio de 1828, CON LICENCIA: EN BILBAO: IMPRENTA DE J. BASOZABAL. EN LA FELIZ LLEGADA DE SS. MM. A LA VILLA DE VERGARA. ODA ¿ J-Jo n d e ; Cielos camina esa intrépida hueste respirando mortandad y ruina ? ¿ Quien irritó del Ínclito Fernando la espada vengadora, y tarde ya su atrevimiento llora? La multitud guerrera inunda las ciudades y caminos: cual en veloz carrera Guadalquivir asalta los vecinos campos, cuando el ivierno feroz le arroja de su lecho eterno. [ 4 ] De polvo negra nube la cristalina atmósfera obscurece/ un ronco fragor sube á los astros; el suelo se estremece y tiemblan los corazones al pasar arrastrando los cañones . ¡ Ay de los altos muros contra quienes se asesten indignados \ No se juzguen seguros al verse de guerreros coronados; no si los borrascosos mares entraran sus profundos fosos. ¿ Y qué solo amenaza á la guerra el furor de la impía guerra ? ¿No el exterminio traza de cuanto cubre la espaciosa tierra ? ¿ No alcanzan sus extremos á los sepulcros ? ¿ Míseros, que liaremos/? [ 5 ] Que haremos P j En que asilo podremos ele la muerte libertarnos p Adiós hogar tranquilo, adiós campos dispuestos á pagarnos todas nuestras fatigas en alegres racimos, y en espigas. Adiós, á las entrañas de los montes corremos a escondernos: y entre las alimañas de los ñeros humanos guarecernos: ó á la intemperie, al hambre dar de la vida el delicado estambre* Si, que ya desabridos asordan redoblando los tambores; y trotan, encendidos los caballos en bélicos furores; y ruedan los morteros á destrozar ejércitos enteros. Huyamos pues, si queda tiempo... si mas no vale... pero huyamos. Sálvese aquel que pueda; y los mas infelices perezcamos de una vez...; Mas que veo ! ¿ Es ilusión del crédulo deseo d j Ah ! No hay duda ninguna: desde lo mas profundo del abismo nos alza la fortuna á las estrellas. ¡ Es nuestro Rey mismo ! ¡ Sí, nuestro padre blando ! ¡ Y su esposa , la esposa de Fernando ! ] Son Fernando y su esposa ! \ O ventura ! Sonoros instrumentos, y tú, ya no espantosa artillería, sus , romped los vientos; y con salvas festivas acompañad nuestros alegres vivas. [ 7 ] Mas vosotros, amigos, ¿ Adonde vais? volved, volved ligeros; ya no temáis castigos, insultos no temáis: esos guerreros son nuestros defensores; esas armas son paz, ó labradores^ Venid y la presencia os asegurará, de vuestro dueño . 1 ¿ Sabéis que su clemencia vuestra dicha anheló con tanto empeño que por no aventurarla resolvió por sí mismo cimentarla ? Y cuando á sus oidos el trágico rumor de nuestros males llevó con repetidos ayes la Fama, al punto sus reales entrañas se angustiaron; y ser de un padre en su dolor mostraron. Ni ya descanso tuvo hasta que su descanso posponiendo con nosotros estuvo; mas y mas de nosotros mereciendo el título de padre: que no hay ninguno que tan bien le cuadré* No , pues cuando conviene arrojarse al peligro con firmeza en vano le detiene del indomable ivierno la crueza; ni una corte llorosa, ni el lúgubre silencio de su esposa* Y al punto acompañado de algún fiel servidor de sus bondades instrumento, el pesado tránsito emprende pasa cien ciudades y llega dó la Fama iris de paz en torno le proclama. [ 9 ] Llega , y cual desvanece las tinieblas el claro autor del día súbito desparece de nuestro suelo la discordia impía y murmurando en vano huye rabiosa allende el Océano. Reina entretanto el gozo en la antigua colonia ele Barcino : mas luego el alborozo dobla con su llegada aquel divino, de virtudes modelo, bella para la tierra y para el cielo. ¿ Y serán solamente Cataluña y Valencia venturosas P ¿ Al deseo impaciente de las demas provincias generosas resistirá Fernando, sin visitarlas á Madrid tornando P 2 f Mientras en raudo vuelo, batiendo en derredor las alas de oro,, baja el placer del Cielo, para enjugar el lloro de la que llama Iberia su tesoro. No en vano, gran Señora, vuelan lioy á tus pies los corazones: todo Español te adora, y en himnos y canciones te colma sin cesar de bendiciones. Tuya, tuya es la palma; tuyos, Madre querida, los laureles; tu voz, tu nombre calma nuestras penas crueles.... i Salve, ó delicia de tus pueblos fieles Si la virtud reinara, segunda vez ciñeras la corona; si el ingenio mandara el Mundo, la Sajona Musa se proclamara en Helicona. Si fuese la hermosura.... ¡ Ali ! templa el ceño, Magestad severa., que la filial ternura no engaña lisongera, ni sufre su candor mancha grosera. Pero tal resplandeces A nuestros ojos, peregrina Amalia, que la gloria obscureces de Venus Acidalia, y los modelos que produjo Italia. Solo el pincel de Urbino en sus efigies pudo retratarte, mezclando tu divino hechizo, con la parte de austeridad que obliga á venerarte. Tu hechizo, que apacible mereció de Fernando el himeneo; tu austeridad temible al humano deseo que á tus pies encadena por trofeo. Pero ¿ que repentina modulación las auras estremece i* c ; Es la triste Malvina, que apenas desfallece la luz entre las nubes aparece ? ¿ Y de la edad pasada canta las hermosuras los guerreros, del harpa acompañada; y los vientos ligeros repiten sus gemidos lastimeros ? Ah no; la voz suave que la nocturna suspensión altera no el infortunio grave de su dueño pondera; ni los estragos de la guerra fiera. Mas alegre sembrando en derredor su angélica armonía, solo dice « Fernando, « siempre bendigo el dia * que á tu fortuna encadenó la xnia» r*9] Y luego en religiosa piedad ardiendo, canta el inefable Misterio dó rebosa el amor entrañable de Jesús al humano miserable. O amor ! ó maravilla incomprehensible ! ¡ ó cántico inspirado por una fé sencilla en un pecho abrasado de caridad, y á Cristo consagrado ! En el pecho de aquella que sirve á los mendigos la comida; ni entonces menos bella parece, que seguida de guardias y á su trono conducida. ¿ Pues qué ? ¿ Si á la morada donde la muerte reina entre mil males 7 lleva ropa labrada de sus manos reales; y al huérfano infeliz blandos pañales P Y aguardarás, Dios Santo, á premiarla en un mundo mas dichoso No, que ya puede tanto su ruego fervoroso que detiene tu rayo impetuoso. Un tiempo fue...Las furias concitadas del Báratro salieron, á vengar las injurias que los hombres te hicieron; y en humo denso el Sol obscurecieron Llantos, incendios, robos, sangre, sangre sembrando por España como rabiosos lobos cuya intestina saña se ensoberbece mas cuanto mas daña. Entonces un insano furor se apoderó de los mortales: hermano contra hermano alzaron los puñales; yacieron los impulsos naturales. Y mientras excitaba nuestra demencia indignos regocijos; España zozobraba; y sin pretextos fijos se destrozaban sus incautos hijos. Atletas malhadados que de los dientes del dragón Dirceo de saña y hierro armados nacieron; y al Leteo al punto los volvió su arrojo feo. Sí, que mil venturosas almas pidieron al Señ%r clemencia; mas como de las rosas sobresale la esencia; y toda flor su cetro reverencia: Asi sobresalia elevándose al cielo la plegaria que Amalia dirigía; y A la parte contraria movió la rueda de la Diosa varia. Cesaron nuestros males; amistosas buscáronse las manos; y con pechos leales oyeron los Hispanos la voz de sus benignos Soberanos. ! Ah, vuestra fué la empresa Rey pacificador. Reina piadosa ! Asi de pronto cesa la tempestad furiosa y encadenado el piélago reposa. Asi león sañudo en el circo rugiendo se abalanza al gladiador desnudo; y al mirar su pujanza muere en los corazones la esperanza Mas si la generosa fiera conoce al que sanó su herida en ocasión dichosa, le da vida por vida; y se postra, y le lame agradecida. -