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Elementos para el estudio del problema ferroviario en España. V.5

Cambó y batlle, Francisco de Asís; España. Ministerio de Fomento

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de *, 2 ¡a al A Ie a ese eN ELEMENTOS PARA EL ESTUDIO DEL PROBLEMA FERROVIARIO ras 4 “EN ESPAÑA “A 7 » e Í ELEMENTOS PARA EL ESTUDIO DEL PROBLEMA FERROVIARIO EN ESPAÑA A e O Y edo! 1 Y + o a Y PARA EL ESTUDIO DEL PROBLEMA EA L/ DES A : pe o “sy RECOPILADOS BAJO LA DIRECCIÓN DEL i E EXCMO. SR. D. FRANCISCO DE A. CAMBÓ Y BATLLE | 7 AITOR E ! MINISTRO DE FOMENTO a > / A Í e a $ pl . y Y A q r J a . A po 1 ' : col US ' EA Yi + * 1 2 ; y A % ES de Ms y y , y . r > y £ / 4 í 7 y , í e vi y lá 1 Á ' y 1 ole ' " / $ ñ 169 , “ $ y E Ye 7 1é a PAN e A o vi E a A O PE MADRID 23 O! ao: OSA A ; Artes GrÁFicas <Marev» Hdi Lo E AS : RS Ra E Paseo del Prado, 34 o: e E 1920 b h e DS < , - " y e | COLABORADORES DE ESTA OBRA D. ANTONIO VALENCIANO Y MAZERES Ingéniero Jefe de Caminos, Canales y Puertos y Abogado, Jefe del Negociado de Concesión y Construcción de Ferrocarriles del Ministerio de Fomento D. JOSÉ MARÍA DE ZUMALACARREGUI Y PRAT Doctor en las Facultades de Derecho y Filosofía y Letras, Catedrático de Economía y Hacienda Pública x de la Universidad de Valencia Ñ _D. PEDRO PABLO DE ALARCÓN Y CONTRERAS Ingeniero de Cámitas: Canales y Puertos, con destino en la Primera División de Ferrocarriles , D. RAFAEL MARÍN DEL CAMPO Y PEÑALVER Capitán de Ingenieros, con destino en el Primer Regimiento de Ferrocarriles a —D. FÉLIX ESCALAS Y CHAMENI. Doctor en Derecho, Vicesecretario de la Cámara de REE NN de Barcelona á t AD): JOSÉ TORINO Y GUINOT Es - £ O: | Ayudante de Obras Públicas, Jefe de Negociado, Oficial del Negociado de Eo cesión qe y Construcción de ferrocarriles del Ministerio de Fomento o | D. JULIO ALVAREZ Y BUZNEGO f PrSrdOS mercantil, Oficial del Cuerpo de Profesores Mercantiles al servicio de la ar ñ 3 OO E D. JUAN BAUTISTA MARTÍNEZ DE DIEGO 4 E Jefe de Negociado, Oficial del NE FOciadO de Concesión y Construcción de PEARCE de. d del Ministerio de Fomento es : á * Página 6 34 45 58 13 90 92 92 Ha 96 102 103 104 113 117 119 130 131 136 176 382 424 473 475 AT + Dn BN mues y, A E) 5 : z E Fe $ y m A MP 2 di > Y ee e, 2 ee d Chao | FE DE ERRATAS DEL TOMO.V MI ICACIÓN Línea Os Dice Debe decir Texto : esta. no fueron ricos, no fueran ricos, » 1 año 70 año 79 » LS) el tráfico? del tráfico? s » 30 ; Livorna Liorna (o Livorno) » 19 tal resolución dicha reducción » 17 los extremos; la extrema izquierda; » 719 ALLAN y 1912, ) 13 1905, 1907 y 1911. 1905, 1907-08 y 1911-12. » 24 de la que de las que » 41 En 1911 En 1910 E 5 92 por 100; aumentó 52 por 100, aumentó » 36 En Mayo En Marzo / es mucho mayor de 12 li- | es de 11'60 liras por lira ras porlira de producto, de producto, contra 8'50 : contra seis liras por lira francos por franco de d do y 44 de ducto, término ducto, término me- producto, té producto, térm medio en otras nacio» dio entre las principales : NES TAA d Ra TA CIONES: 1.2 columna 23 llegase a la conclusión llégase a la conclusión » 15 cuando partiendo ¿cuando —partiendo Nota Ultima Eiseinbahnverwaltungen Eisenbahnverwaltungen Ñ UA mo rótulo : 1912-1915 ' 1912-13 Antepenúltima — 1 % + 91 %o Texto a) se ejecución su ejecución , 15 eslehtadas pon ias Í celebradas entre el Go- | bierno y las Rótulo del cuadro vi de seis de las seis -V.—Estado del Personal, Gastos etc.—Lí- nea: Idem (íd.) ajenos al personal.—Co- 46'61 44'61 lumna: Alemania. —Media columna: Por 100 | - En la cubierta de los Gráficos falta la siguiente nota: (1) Los once gráficos que siguen son originales. Para dibujarlos nos hemos atenido exc/usí- vamente a los datos incluídos en los cuadros de este mismo Apéndice A, con objeto de que aque- llos respondan, en lo posible, a idénticas normas. De este modo, sólo se nos han presentado du- das respecto a algunos datos relativos a 1910, por no ser siempre exactamente iguales en los di- versos cuadros de este Apéndice en que figuran; y para solventarlas, nos hemos guiado, en lo que a dicho:año concierne, por el cuadro núm. 200, que, por tener que utilizarlo forzosamente para algunos gráficos, lo hemos adoptado como base para todos aquellos en que había que represen» tar longitudes de líneas en 1910. Gráfico 81 (VID.—En este gráfico, las cuatro curvas están corridas diez milímetros a la derecha, con relación al eje de abscisas. Así, los puntos de dichas curvas correspondientes a un año cual- quiera, el 1900, por ejemplo, no son los de intersección de las mismas con la vertical de este año, sino con la del 1905. Además, en éste y en todos los gráficos deben tenerse presente los peque- ños e inevitables errores debidos a las contraccionss del papel, al no matemático ajuste de las máquinas, etc., etc. ID A A RATA 1 a SR dos AR TA da a AA, a bo e TOMO V INDICES Páginas AA OT APÉNDICES AL TÍTULO SEXTO APENDICE 1.—Breves INDICACIONES SOBRE LOS FERROCARRILES DE DISTINTOS PAÍSES... +00 00000 oiccoccco oo... 401 TER USA A A, o O A A AA E ON e e a O 403 Historia y il TE LARA DA at A O A, o E ES A AOS h REIS TMETOS LOCAL IA A se NO AN AECE E dano 405 ¿ PE A Gastos de establecimiento de la red de interés general.....ooooooconoconco no 405 pd Explotación de las Compañías rusas de ferrocarriles........ e RD pe ed E Va AC Ferrocarriles explotados por el Estado............. EA PR O NO AA ASPAS e 406 ROA. CULODEA nat danazol A O APA o ROA e DA EIA AO BD Red ASIAUCA dr de ee loa 3 A ia de A A A ADO, ' 08 Repercusión de la explotación de los ferrocarriles rusos en los presupuestos del Estado........ 407 STUAcIOnanSnciera de Je iRea de ESTA Odo ense do a IEA ARE AO A A ARO Y o 408 ALSINA AS e A O E E a IE, AI as UT TE RO 8] OA. RN E E ADA TO OA e A A ns ca NS! ; E j - Algunos datos estadísticos. (En Alo CUAdrOs) ió. a O AS os a 0400 > e 5 Ma E E o o AS AN 414 E AU IIA Pes per E E NS EN TN ON ER A SA Os lt loo cod 1d. PE: Períodos que comprende la historia de la política ferroviaria AUS iTiaCca as cel EÍA ES Primer período (orígenes a 1841). TS E RA ARAS, L O AA e od 1d a ; Segundo período (1841- A e peer A A A SAT A A 2 Tercer periodo (1858-1877)... O o o Cale cs e Eo e A na 16 : il ER Cuarto período (1877 en AdSlantorWl ads NDA ID IAS Aedo, A A Se eN MY ; Eo: PS Resultados de la explotación de la Red del Estado co OS A DA AS LO lod SA A Ferrocarriles locales... A a A E nin ARE E O O De A y E) Ue A E a O PAN AOS LEIA RARAS EP E ST O RE ao E UA Y e Le E ARE ESMAS 420 7 Algunos datos estadísticos Bera] los rada de Austria-Hungría. (En seis cuadros). 420 A ea o ie NE dedo ra O a O o e UA: O Red god y dle E | $ E Monay deoiasia Ras ALO OA e a A ON DNA a e. 426 1d AE e gISlaCiO ad eo ero ROO e e ds ARE AR Eds A E O Y, ¿ ] A ESTA El rescate de los ferrocarriles privados.. ....... PEN ON SB TO NOR A eN NO, RADO Y 2 Resultados obtenidos como consecuencia del rescate ......0o.oooo0o yoo oom.... o Le AA ecc el E + Conclusión... ........0...o. E Ir EN MA dí a ES alicia dad OO RA AOS EIA Algunos datos estadísticos. (En tres cuadros) sarOd a Mars die Ue iS aa APO rn ROO, : SES Es IV.—Orros Países. a E AN O ro eb A 2 a Mata e dio AA [TA ZO ca E oda O ARES A AS o EAN SEN VEA e a VAGAS ARA Y EL AO pas a E DINamarca da ruido ds O a o ia AL [9 PO AR (recia Pi A O E O ON o E Pe io 0 AS $ o land rca ad O AE o lada) ole E E A ALTE ÍA, ALU e mburgo pad E AS A DANI da A Tao AO de A SEA NE E OA Ae A A LUN E CUE IT e E Portugal. A A A O DE roads: 2020 : AE e O E ¿adi OO pea e DÍ A dE Li dd E 443 aca None Dn id ad Y e AS o NOA 444 ví MY : E a ea ION A A OS ci oi NVI Cde -0s e NR E DE ea RAI vs A A E A a AG: MINO j A A AO O A ORAR A ES 6 E h 0 E . ” e v n Ñ Ge le A A o O 447 yl E A a OO UE cdo ie on 448 e A A A A O AB El a A O OA A O A A OO CAOS AY AO od LE A USC DAR AORTA 4 449 ess CAR Africa. RO de lio de O CASO Le ata Pa : E A a a E e | A e A e E ORIOL -451 ci PTA )S DATOS. esrapísTicos SOBRE LOS FERROCARRILES DE TODOS LOS PAÍSES DEL MUNDO. (Consta ui me pradiós EA once > gráficos) . | o a pal reos 145300 A j InpICE GENERAL DE LA Ora: ELEMENTOS PARA EL ESTUDIO DEL PROBLEMA FERROVIARIO EN ES- e -—PAÑA. (Con un cuadro-resumen de los mapas, gráficos y cuadros que con» se tieno ld Obra) asa da ora a den Ur e A IN y - 7 E CI POR TAE a da as Eee ERC O Ea O OD h e ERRATAS NO SEÑALADAS EN LOS TOMOS ANTERIORES - oo occcccocnno cnn oocererecrcnn retire peccen Ao : . ADVERTENCIA COMÚN A TODOS LOS TOMOS 0 00oococorccccreccirtecos poda ai da ME AGAR * / NA 5 » XVI NUMERO En En el Título la Obra Sexto 139 XXXVI 140 XXXVII 141 XXXIX 149 Xx 143 XLI 144 XLIH ; 145 XLIII 146 XLIV ; 147 XLV 148 XLVI 149 XLVI 150 XLVII 151 XLIX 159 EN 153 LI 154 LI 155 LU 156 LIV 157 LV 158 LVI 159 LVII 160 LVII 161 LIX 169 LX 163. LXI 164 TEXTIL 165 LXHI 166 LXIV 167 LXV 168 LXVI 169 : - LXVI 170 LX VII 171 XIX 172 LXX 173 1 INDICES TOMO V !.—Indice de Cuadros del Tomo Quinto Páginas Suiza Afite d. Desarrollo sucesivo y distribución de los ferrocarriles suizos desde 1880 a TOTT........ 48 Coeficientes de explotación de los ferrocarriles suizos (no funiculares) de 1897 a TOTO. . 50 Resultados generales de la explotación de los ferrocarriles federales suizoS............- .50 Algunos datos financieros de los ferrocarriles federales suizos ......... e PS NON 51 Estadística de los ferrocarriles suizos (no funiculares) correspondiente al año T9TT..... ol Algunos datos de los ferrocarriles funiculares suizos correspondientes al año T9TT...... 99 Italia Desarrollo sucesivo de los ferrocarriles jtalianos..........ooooooocmrrrrrrcrrrr rr 127 Resultados de la explotación y financieros de la Red de ferrocarriles italianos de interés Peneralid pata es Roa iO dee a ea oie ale 128 Distribución del tráfico en 1904 y 1912 en las doce regiones de la red del Estado ita» liano creadas por Decreto de 5 de Agosto de TOT2..0ooooococrocro crac rar 130 Algunos otros datos relativos a los ferrocarriles del Estado italiano........ +0. .......... 130 Francia Resultados de la explotación del conjunto de las seis grandes redes francesas, de 1913 ALO LAA e oe UI Te ad A o A O E O O 382 Resultados de la explotación de cada una de las seis grandes redes francesas, en 1915 A a nad io OA ai IA 383 Desarrollo de los ferrocarriles franceses desde su origen hasta 1848, y comparación con Otros ipalsestiini Adan da at Data a aaa AE e e ea a IO eS Ud RIOS E Cuadro presentado a las Cámaras en 1846, con la situación de los gastos por ferro- carriles a cargo de las Compañías y del Estado... .. ooo .ooooooocoororaararr rr 387 Situación de los ferrocarriles franceses de interés general en 1848 (en explotación) ..... 387 Situación de las seis grandes Compañías, al final del ejercicio 1808-09................ 388 Productos necesarios en cada Compañía, conforme a las Convenciones de 1868, para que no sea necesaria la garantía del Estado........ocoooroornrorrrrrrrrr rr 390 Situación de los ferrocarriles franceses al fin del Segundo Imperio y en 1870........... 390 Comparación de los resultados de la explotación de las líneas de interés general en 1809 LOTO Es Ea Abe. DU aaa Es A A OA AENA E Ie 391 Promedio de la cotización de las acciones y de las obligaciones al 3 por 100 de las gran» des Compañías de ferrocarriles, durante los años de 1869 y 1870 .....ooooommmmm... P0301 Aumento de la red francesa, conforme a los proyectos de 1879... .oococorcccoo o... 391 Resultados de la explotación de la RED ANTIGUA de las seis grandes Compañías, de (SO a 1892 ambos inclui A ia toallita dada oa io A 392 Resultados de la explotación de la RED MODERNA de las seis grandes Compañías, de T805a41892 ambos Incluso isaac lao Mec iar da al OBVIA SIN 392 Longitud y gastos de establecimiento de los cti franceses en 3T de Diciembre ABEL EI A AI E Ros dai AS AN 393 Gastos de explotación de las líneas de interés general en el año 1882..........-- Na 394 Cantidades transferidas por la red antigua de 1804 a 1883 ............ ICO SIS OOO Pe Deidalaquevatredr do 1B02 A O ind RAN O oe ORO eee coa a 395 Nueva distribución de la red francesa en 1.” de Enero de 1884. A O 396 Longitud total de la red francesa en 31 de Diciembre de 1882 .....000ooooccooccccroo 396 Situación de la deuda de garantía en 31 de Diciembre LOS aci IA 396 Insuficiencias de los productos de la explotación de 1863 a 1882 ADO AS E A - 397 Resultados de la explotación de la red del Oeste después del rescate. ..... . A 397 Rusia a de las Redes rusas de interés general en 1.2 de Enero de 1913 ....0.0ooo..om.. 409 cda sucesivo de las iS rusas europeas y asiáticas de interés general (Estado y ompañías) Resultados de o TES e A BIBLIOTECA ce, o ESITARÍIA TUS NiVi Ul PS VILLA TOMO V NUMERO En En el Título la Obra Sexto 174 0:01! 175 LXXHI 176 LXXIV 177 LXXV 178 LXXVI 179 LXXVIU 180 LXXVHI 181 LXXIX 182 XXX 183 LXXXI 184 LXXXII - 185 LXXXIn 186 LXXXIV - 187 LXXXV 188 LXXXVI 189 LXXXVII 190 LXXX VIH! 191 LXXXIX 1992 XG 193 Xx] 194 XCH 195 XCIHI 196 XCIV 197 XCV 198 XCVI 199 XCvVII 200 XCVInI 201 XCIX 202 C 203 CI 204 CU INDICES Resultados de la explotación (FINANCIEROS) de las siete grandes Compañías rusas... Resultados de la explotación de la Red europea del Estado ruso..........o.ooooooo oo... Resumen comparativo de los resultados de la explotación de las Redes de la Rusia euro» pea (Estado y Compañías.—Medias anuales por período).......... O Resultados de la explotación de la Red asiática del Estado ruso............. ....o..ooos Desarrollo de las líneas rusas situadas en Asia........¿ ooo iooo0o oo... coommacaoro.oo.o Resultados definitivos de la explotación de los ferrocarriles pertenecientes al Estado ruso, de IO AMO AAA do. Md e ad ad AE AR RA E ARAS BT: Austria-Hungría Desarrollode los errocarrlesten Austral Mola ee ta NN UN Resultados financieros de la Red de ferrocarriles del Estado austriaco... ....00200000o.. Desarrollo delos ferrocarrilesten Hungria. ÓN Resultados financieros de la Red de ferrocarriles del Estado húngaro................... Resumen general de la distribución de la propiedad de los ferrocarriles en Austria-Hun- gríajen 1:" de Enero: de 1OTO SA Moa Dl o A NN AAN Estadística de los ferrocarriles que forman parte de la Unión Alemana «VEREIN» co- v«rrespondientetal:año TOTO A A AM Japón Compañías privadas de ferrocarriles del Japón incluídas en la ley de rescate de 31 de Marzo de 1906. (Evaluación del precio de rescate presentada con motivo de la discu- sión y votación del proyecto de ley)........... A TR A anti ida Desarrollo y datos diversos de los ferrocarriles japoneses, de 1875 a 1908............. Algunos otros datos sobre los ferrocarriles japoneses... .....oooooocooooconr ooo Datos estadísticos sobre los ferrocarriles de todos los países del mundo Desarrollo de las líneas de ferrocarriles en las diferentes naciones del mundo durante el siglo xix y longitud y densidad de aquéllas al finalizar el mismo..................... Desarrollo de las líneas de ferrocarriles en las diferentes partes del mundo, de 1840 a1910 Incrementos decenales de la longitud de las líneas de ferrocarriles en las diversas partes delimundo dis teta e A AS EN a ad A Incremento de la longitud de las líneas de ferrocarriles en las diversas partes del mundo y en las principales naciones durante el primer decenio del siglo xx ........0....0.... Longitud y densidad de las líneas de ferrocarriles en las diferentes naciones de Europa y en'algunas del resto del mundo en OL a EN Anchos de vía establecidos en los distintos países del mundo... .......0.ooooooooooomooos Longitudes de los ferrocarriles del mundo clasificados con arreglo a sus anchos de vía, ¿envlos; comienzos del siglo Xx ls edo Aa IO O OU CU h XIX Páginas 411 411 411 412 412 412 413 421 421 422 422 422 423 439 440 440 459 460 461 Longitudes de los ferrocarriles de las distintas partes del mundo clasificados con arreglo * a sus anchos de vía, en los comienzos del siglo XX ...............oooooooooooooo o... Capital total de establecimiento de los ferrocarriles de Europa y del resto del mundo, de "18680 A TOTO Si e ae 10 a ar o AA ET A AA Capital de establecimiento total y por kilómetro de línea de los ferrocarriles de las prin- cipales naciones del mundo, a fines del primer decenio del siglo xX.................. Distribución de la propiedad de las líneas de “ferrocarriles de las diversas naciones del mundo, en el año TOTO, entre los respectivos Estados y'Empresas privadas.......... Productos brutos kilométricos medios recaudados diariamente en las principales Redes de.ferrocarrilesdelmundoaiad iodo ln oa DA EOS Comparación entre los principales datos estadísticos ferroviarios de las Redes más im- portantes de;Europay Américatiitade tal das da y RR Resumen comparativo, de 1905 a 1911, de los resultados de la explotación de la Red total de ferrocarriles de uso público de España ........o.ooooooocorocoo ono roonn oo Resultados de Ja explotación, en 1911, de la Seo total de ferrocarriles de uso público de ESPAña Saa su de ol RA oa ra IAS RO A 462 . 462 462 463 466 467 468 AA A rl a EE a it SAME il E de ESA l XX NUMERO En En el Título la Obra Sexto 81 VI s2 VII 83 IX 84 X 85 XI 86 XII 87 XII 88 XIV 89 XV 90 XVI 91 XVII INDICES TOMO V 1.—Indice de Gráficos del Tomo Quinto (Incluídos en el Apéndice ll al Título Sexto) Páginas Desarrollo de las líneas de ferrocarriles en el mundo y en sus distintas partes........... 475 Desarrollo de las líneas de ferrocarriles en los Estados Unidos y en el conjunto de las restantes naciones de AMÉTICA nee air olaa eu alero e das Te USAS Ol SO AU 476 Desarrollo de las líneas de ferrocarriles en el conjunto de las cinco naciones principales de Europa y en el total de las restantes .......oooooocoococorroncrrrr «0. E NEO ATR. Desarrollo de las líneas de ferrocarriles en cada una de las cinco naciones principales de ElrOpas An da a sara de coles E coccion de aio 478 Desarrollo de las líneas de ferrocarriles en cada una de las cinco naciones de Europa que en este aspecto figuran inmediatamente después de las cinco principales............. 4719 Longitud de líneas férreas por miriámetro cuadrado en 1912 en las diversas naciones de LUTODA ea eo iento dae EA EIA edo ROO rico PIDO 480 Longitud de líneas férreas por 10.000 habitantes en 1912 en las diversas naciones de ETODA AN aos A A CO EA E o A A OSA 481 Distribución en 1910 de la propiedad de las líneas de ferrocarriles del mundo y de cada una de sus partes entre los diferentes Estados y Empresas privadas..... cai TARO Distribución en 1910 de la propiedad de las líneas de ferrocarriles de las diversas na- ciones de Europa entre los respectivos Estados y Empresas privadaS................ 483 Densidad de los distintos anchos de vía (ancha, normal y estrecha) en los ferrocarriles del mundo y de cada una de sus partes en los comienzos del siglo XX.............:.. 484 Densidad de líneas con vía única y con dos o más vías en las principales Redes de Eu- 485 ropa y América en 1908B.....oooocccoccoromo rro rro AS RS A TITULO SEXTO ALGUNOS DATOS SOBRE LA POLITICA FERROVIARIA DE DIVERSAS NACIONES (CONCLUSIÓN) tos . mix istemas imen de Estado. 8 4 doptaron Ss ¡ones que a Y = MES) ES O a E O 9 q sE S ¡O ES O > Y a e sa > Grupo de nac ma ; S z E Au E A arca TE AS E y CAPITULO VI Suiza. Preliminar. No constituye, ciertamente, Suiza un modelo de obligado estudio en varios de los aspectos que presentan los ferrocarriles. Lo diminuto de su territorio es causa de que el desarrollo de sus redes fe- rroviarias y el volumen de su tráfico sean mucho menores que en la mayoría de las naciones y, desde luego, que en aquéllas que la circundan. Por otra parte, su terreno, excepcionalmente quebrado, ha impreso al conjunto de la red de vías férreas que lo surcan un carácter tan particular que se hace muy difícil encontrar otro país semejante y al que, por consiguiente, pudieran ser aplicadas ciertas normas que forzosamente han tenido allí que adoptarse. Su misma Constitución política hace también de aquél un país excepcional, pues aun cuando el régimen federal haya sido adoptado por numero- sas e importantísimas naciones en todo el mundo, Suiza puede decirse que es un caso singular, por la profusión verdaderamente extraordinaria de pequeños Estados o Cantones, cuyo conjunto forma una Confederación tan reducida como la Helvética. Esta última circunstancia, que en cierto modo, según acabamos de indicar, podía ser un nuevo argumento que justificara la no inclusión de Suiza en este Título, es, desde otro punto de vista, uno de los motivos que nos han impulsado a ocuparnos de dicha nación. Efectivamente, algunos de los caracteres más esenciales que distinguen a los ferrocarriles, han impreso tarde o temprano deter- minadas normas en su construcción y explotación, que, desdeñadas en parte por ciertos países, se han impuesto por fin o están a punto de imponerse a todos. En pocas naciones, sin embargo, podrá ofrecerse un conjunto de circunstancias tan desfavorables y, digámoslo así, tan antitéticas con el fe- rrocarril, como en Suiza, que hasta cierto punto parece en esta materia el reverso de la medalla de Bélgica. A las dificultades que lo quebrado y pobre del suelo y subsuelo de aquélla ha ofrecido para el desarrollo de ese medio de comunicación, se han sumado las derivadas de su Constitución política, de ese cantonalismo, cuya naturaleza es evidentemente contrapuesta a la de las vías férreas, que ne- cesitan para su pleno desenvolvimiento un régimen de centralización, que no nos atrevemos a afirmar deba ser absoluto, pero sí que es incompatible con un exagerado atomismo funcional. En este as- pecto, Suiza nos ofrece grandes enseñanzas, y, dada la índole de esa nación, la evolución de su po- lítica ferroviaria constituye una de las comprobaciones prácticas más elocuentes de ciertos principios generales, que, muy discutidos antes, van siendo ya admitidos por todos los pueblos. Además, la misión que en la políticainternacional de Europa desempeña Suiza desde hace muchos años y que tantos puntos de contacto tiene con la misión social de los ferrocarriles, su situación geo- eráfica y aun las propias características que hacen de éste un país excepcional, por más de un con- cepto, nos han ofrecido nuevos motivos para ocuparnos de él, si bien lo haremos sólo en la forma y medida necesaria para que nuestros lectores puedan sacar la debida utilidad de esta monografía, a la que, por las razones antes esbozadas, nos hemos visto obligados a imprimir un carácter particular que difiere sensiblemente del de casi todas las demás que se incluyen en este Título. 6 SUIZA | TOMO V A | A Lineas generales de la evolución política en Suiza. | Ñ | Resumen hasta el final del siglo XVII. «Mil años atrás—dice el Dr. Th. de Liebenau (1)—el monje de Saint-Gall, Notker, calificaba al país que hoy día constituye Suiza, como una tierra de hombres rudos, de fé ruda, habitando un | suelo más rudo todavía: dura viris, dura fide, durissima gleba. En el siglo XIII, en el momento en A | que en los pequeños Cantones se establecieron los primeros cimientos de la Confederación suiza, el | suelo de esta región montañosa era casi totalmente improductivo: no brotaban en él ni vides ni es- | pigas. Era una pobre comarca de pastores casi exclusivamente dedicados a la industria alpina. >»Quinientos años más tarde, al finalizar el siglo XVIII, el país se hallaba desconocido. La indus- tria de los habitantes y la obra de los Gobiernos le había transformado por completo. Era la admira- ción de los viajeros, de los sabios y de los escritores que, como Voltaire, hacían notar que hasta la misma naturaleza del suelo había cambiado. El cultivo de los campos, en el que las fundaciones pías, los conventos, las municipalidades y los Gobiernos rivalizaron en celo, había encauzado los torrentes y suavizado la rudeza del clima. Aunque la mayoría de los habitantes no fueron ricos, hermosas y amplias carreteras surcaban la comarca. Numerosos puentes, artísticamente construídos, se habían tendido sobre los ríos. Por doquier se alzaban establecimientos de beneficencia, lo mismo en los ele- vados puertos de los Alpes, queenlasricas ciudades industriales y en las pintorescas aglomeraciones. Este pueblo, en otros tiempos tan rudo, había realizado admirables progresos en las artes y en las cien- cias. Ello se observaba, no sólo en la Suiza occidental, foco de la civilización del país durante los pasados siglos, sino en los Cantones primitivos y en las montañas de Appenzell, donde los habitan- tes mostraban la misma inteligencia... » Justo es consignar que los viajeros que nos han pintado un cuadro tan risueño de Salta; no han visto de ella sino sus facetas más atractivas. En realidad, los escritores extranjeros que habla- ban de nuestra vida, de nuestras leyes, de nuestro régimen, no hacían más que repetir los juicios de las personas ilustradas de las clases altas o los en cierto modo recusables de las “gentes del país. Lo que, por el contrario, tenían completa razón para alabar todos ellos, era la bon- dad, la honradez y la hospitalidad proverbiales en los montañeses, la antigua bravura de la nación. No faltaban gentes que consideraban a Suiza como el pueblo más dichoso de Europa y el asilo de la libertad. A los transeuntes les parecía ver en nuestro país una especie de ciudadela inexpugnable, cu- yos habitantes, gracias a su patriotismo, se hallaban al nivel de los pueblos más cultivados y adelan- tados. Estos filósofos tenían cierta semejanza con Tácito, cuando comparaba la Roma de la decaden- cia con los primitivos germanos. La belleza y variedad del suelo, la industria floreciente y la cultura . ampliamente extendida, les engañaban acerca del estado real de Suiza. Cuando, por ejemplo, veían la acogida que se hacía a los proscritos en todo el territorio helvético, se imaginaban que Suiza, a pesar de la diversidad de ideas políticas y religiosas en ella dominante, era la tierra clásica de la libertad. En realidad, existía en cada Cantón una tendencia política netamente marcada: en ninguna | parte se hallaba admitido el principio de la libertad civil y religiosa. Pero ello no impedía tolerar a los desterrados, acogerlos hasta con simpatía, según un antiguo derecho admitido, y permitirles vivir - pacíficamente en el país, a condición de no mezclarse en modo alguno en los asuntos de Suiza ni en los de sus Cantones. Los Soberanos de los Estados vecinos, que reconocían la neutralidad de Suiza no creían que ello pudiera desvirtuarla. (1) <La Suisse a la fin du siécle dernier». TOMO V SUIZA 7 »Pero la tranquilidad idílica de que gozaba nuestro país desde 1712, fué precisamente la causa de su ruina. Se hallaba dividida en dos campos: los protestantes y los católicos... Faltaba un verda- dero Gobierno. Suiza marchaba plácidamente en su inercia. Se dejaba explotar sin resistencia por sus vecinos. No llegaba a adquirir conciencia de lo que ella sería capaz de realizar, agrupando todas las fuerzas que no utilizaba. » Montesquieu hace notar que en una Monarquía la gloria y la seguridad reposan sobre la confian- za, pero que la República para vivir tiene necesidad de inquietud... Ocurre a las sociedades lo que a las aguas estancadas: cuanto más tranquilas se encuentran, más tienden a corromperse. La República de los confederados, que duraba desde el siglo XIII, esta República, que los más grandes Capitanes no habían podido vencer y que los diplomáticos y los Reyes habían vanamente intentado ganar a su política, fué socavada con tal rapidez que todos podían ver entonces que el viejo edificio, imponente por su bella ornamentación, se hallaba hacía largo tiempo minado, carcomido y agrietado por todas partes. > Y es que en los ciudadanos de los Estados libres que componían esta Confederación, no se encontraba ni virtud cívica, ni espíritu de Cuerpo, ni comprensión de lo que Suiza representaba en el mundo. Por el contrario, esos Cantones, separados por sus creencias desde el final del siglo XVI, desgarrados por las guerras de 1529, 1531, 1656 y 1712, eran como hermanos enemistados los unos con los otros. Y cuando los Gobiernos con un fin patriótico intentaban rellenar los fosos abiertos por la política y por la religión, ora tomando medidas propias para favorecer el comercio y la industria, ya reclutando tropas, o bien extendiendo la educación popular, sus nobles intentos eran frecuente- mente desconocidos o mal interpretados. Y ello acontecía, no sólo entre Cantones de religiones dife- rentes, sino también entre los de la misma confesión... El pueblo no quería saber nada de una felici- dad oficial. Todos los cuidados que sus gobernantes dedicaron a la mejora de la selvicultura, de la agricultura, de la viticultura, a transformar, como lo habían hecho, la árida comarca del país de Vaud, en un jardín que era la admiración de Europa, a desarrollar el comercio y la industria, no les conquis- taron el amor de sus gobernados... >Si se contempla la Suiza de fines del siglo XVIII, sin Constitución; los miles de Tratados que ligaban a los Cantones entre sí y con el extranjero; la multitud de Estados confederados, aliados, protegidos, sin contar las bailías cantonales y confederadas, gobernadas por dos y hasta por doce cantones; los infinitos matices de la vida política, desde las libertades modernas a los privilegios de] patriciado y de la servidumbre, se comprende que el observador escrupuloso considerase este país como un verdadero anacronismo, cuya existencia era incompatible con las doctrinas de libertad e igualdad que ganaban terreno día por día...» Períodos que comprende la historia política de Suiza durante el siglo XIX y carácter general de cada uno de ellos. Tal era la situación de Suiza al finalizar el siglo XVIII, esto es, al estallar la revolución francesa y cernirse sobre Europa las guerras napoleónicas. Durante el siglo XIX la historia política de Suiza puede dividirse en cuatro grandes períodos, cada uno de los cuales comprende a su vez varios sub-períodos (1). Abarca el primero, de 1798 a 1815, y por haber sido invadida la nación varias veces por los extranjeros, que la impusieron leyes, Constitución, contribuciones, etc., puede llarmarse «El Protec- torado». Como sub-períodos, pueden considerarse: la invasión francesa (1798); la República helvé- A A (1) Numa Droz.—Histoire politique de la Suisse au XIXéme siécle. 8 SUIZA TOMO V tica (1798-1803); Suiza bajo el Acta de mediación (1803-1813); y la larga Dieta y los Tratados de Viena (1814 y 1815). El segundo período—<«La Regeneración» — se caracteriza por los esfuerzos que de 1815 a 1848 hizo aquel país por reconquistar la plenitud de su autonomía, desembarazarse de las oligarquías ca12- tonales y crear un Poder central fuerte y respetado. Son los sub-períodos: Suiza bajo la Restauración (1815-1830); las primeras luchas para la reforma constitucional (1830-1833); los conflictos con el extranjero (1834-1838); las revoluciones cantonales (1839-1844); y los jesuítas, los cuerpos francos y el Sonderbund (1844-1848). En el tercer período (1848-1874) —<«El Estado Federal» —aparece Suiza dueña ya de sus desti- nos, organizándose sobre la base de un régimen federal y parlamentario, vigilando siempre con la mayor diligencia por el mantenimiento de su neutralidad y entregada exclusivamente a su vida polí- tica interior, al desarrollo de su riqueza, al fomento de todas las fuentes de su progreso. Los sub-pe- ríodos que aquí pueden establecerse, son: los principios del nuevo régimen (1848-1856); Neuchátel y Ginebra (1856-1864); y las luchas por la revisión federal (1864-1874). El cuarto y último período —«La Democracia» —que comienza en 1874, se caracteriza por la extensión de la democracia, por el crecimiento de las facultades del Poder central, y, en fin, por un movimiento general en favor de las reformas sociales y económicas. Puede dividirse en dos sub-pe- ríodos: el de 1874 a 1890, en que se apreciaron las dificultades políticas y económicas originadas por la aplicación de la última Constitución de 1874; y el de 1890 en adelante, al que imprimen un sello especial los progresos de la democracia y del socialismo de Estado. Orígenes de la actual Constitución federal suiza. La Constitución federal vigente hoy en Suiza es la de 29 de Mayo de 1874, con las diversas modificaciones que han ido después introduciéndose en ella paulatinamente. Según ha podido ya deducirse de la lectura de las precedentes líneas, esta Constitución es a su vez el resultado de modi- ficaciones sucesivas de otras anteriores, atribuyéndose sus orígenes a las llamadas Constitución de la Malmaison de 1801, Segunda Constitución helvética de 1802 y Acta de mediación de 1803 (1); debiendo mencionarse también el Pacto federal de 1815 y, sobre todo, la Constitución de 1848, que en realidad es la primera a la que puede aplicarse en rigor el nombre de Constitución federal suiza. El Pacto federal de 1815 no era en realidad otra cosa que un tratado de alianza entre los 22 Cantones soberanos, un seguro mutuo entre sus Gobiernos. La Constitución de 1848. ñ «La Constitución federal de 1848 ha sido, dadas las necesidades de la época, tna verdadera obra maestra. Su mérito principal consiste en haber sabido resolver felizmente el arduo problema de la soberanía... Entre la confusión producida por el Pacto de 1815 y la tiranía que habría de resultar de una Constitución basada exclusivamente en la soberanía popular..., la Dieta ha encontrado un término medio que garantiza la prudencia, al menos relativa, de las decisiones futuras. Respetando siempre los Cantones—organismos antiguos, pero desiguales, que, formados libreniente, tienen inte- reses especiales y, por consiguiente, derecho a vivir— esa Constitución corrigió los efectos enojosos de tal desigualdad, y situándose sobre un plano paralelo a la base histórica, introdujo la ley de la mayoría popular, que permite a los grandes Cantones hacer sentir su peso en las decisiones, sin que (1) Doctor Charles Hilty.—L'état actuel du Droit public suisse. E e LEA e BO ela a EA : ; ' | A TOMO V SUIZA éstas dependan de ellos exclusivamente. Así fueron creadas dos Cámaras: el Consejo Nacional o Cámara popular, elegido en los Cantones según su importancia (un diputado por cada 20.000 almas o fracción superior a 10.000 almas); y el Consejo de los Estados, en el que cada Cantón nombra dos representantes y uno sólo los Semicantones. Las dos Cámaras tienen las mismas competencias; deliberan separadamente y su acuerdo es necesario para que haya Ley. De igual modo, para toda revisión constitucional se requiere el acuerdo de la doble mayoría del pueblo y de los Cantones. En esa creación estriba la verdadera originalidad de la Constitución de 1848; a ella se debe su éxito. Para consolar a los unitarios que pretendían se renovara.+la nefasta experiencia de la República helvé- tica, se les dijo entonces que los tiempos no estaban aún maduros para el principio único de la sobe- ranía popular, pero que ésta ciertamente llegaría. Desde entonces, la tendericia unitaria se ha acen- tuado efectivamente ganando terreno» (1). La Constitución de 1874. La vigente Constitución federal de 1874 aumenta considerablemente las atribuciones adminis- trativas y judiciales del Poder central. Según lo expresa su artículo segundo, los fines que debe llenar la Unión federal, son los siguientes: . 1.2 La protección común de la independencia exterior. 9. El mantenimiento del orden general interior. 3.2 La protección de ciertos derechos individuales del ciudadano, que éste posee a tenor de la Constitución de su Cantón o de la Constitución y legislación federales; y 4.2 El fomento de todas las empresas destinadas a la cultura y a la prosperidad generales. Para llenar el primer fin, la Confederación se halla representada en el extranjero, según los casos, por ministros plenipotenciarios, ministros residentes, o cónsules generales con carácter diplo- mático. Y tanto para lo que se refiere a esos asuntos exteriores, como alos interiores definidos antes, existe una Administración federal que, a pesar de crecer continuamente en armonía con las nuevas necesidades de estos últimos tiempos, es una de las más sencillas de Europa, al menos en lo que se refiere a sus organismos superiores o directivos, que mencionamos a continuación: Existe, en primer lugar, el Consejo Federal permanente de siete miembros, creado por la Cons titución de 1848, en el que reside el poder ejecutivo. La Asamblea Federal, también creada en 1848, es la reunión de las dos Cámaras, que, según ya hemos dicho, se denominan, respectivamente, el Consejo Nacional y el Consejo de los Estados. El tercer organismo o Autoridad central, que data igualmente de 1848, es el Tribunal Federal, entiende en las diversas cuestiones de derecho y, entre ellas, en las que se suscitan entre los que Cantones o entre éstos y la Confederación. e afecta a las Constituciones Cantonales, sólo diremos que la política interior de los otablemente de uno a otro, pero con tendencia cada día más marcada a uniformarse. Cantones como en la Confederación existe el referendum. obligatorio en unos ros a petición del número de ciudadanos activos previamente determinado por ién se apela en ciertos casos en que hay que ventilar asuntos especiales de a vida pública. Por lo qu Cantones varía N Y tanto en los casos; aplicado en ot las leyes; y al que tambi notoria importancia para l (1) Numa Droz.—Ob. cit. A o 10 SUIZA TOMO yv Acción internacional de Suiza. Desde el momento en que Suiza llegó a la plenitud de su independencia del extranjero y a la unión de sus diferentes Estados o Cantones, la principal preocupación de sus estadistas y de todos sus habitantes ha consistido en mantener la neutralidad, cuyo reconocimiento por las demás poten- cias tantas fatigas les costó y que tantos beneticios les ha reportado durante el tiempo relativamente escaso que llevan distrutándola. A ese espíritu de neutralidad tan arraigado en el pueblo suizo, debe atribuirse principalmente la intensa acción internacional que viene ejerciendo gustosa y decididamente en todas aquellas relacio- nes que por medios pacíficos tienden a estrechar los lazos de unión entre los diferentes países, Si bien sería injusto negar la existencia de otros móviles más elevados, espontáneos y desinteresados, que nacen de las bellas cualidades de inteligencia y de carácter que adornan a aquel pueblo, de sus concepciones políticas y de la notable extensión e intensidad que allí ha alcanzado la cultura pú- blica. : Bastará aquí recordar la Convención de Ginebra; la Cruz Roja; la primera Sociedad que se fundó en Europa (1830) para el fomento de la paz mundial y cuya residencia fué Ginebra; el primer «Congreso de paz y libertad» (1867), también celebrado en Ginebra, en el que salió a luz la idea de los Estados Unidos de Europa; la «Oficina internacional de la paz», creada en Berna en 1891; la cuarta «Conferencia interparlamentaria», celebrada en la misma ciudad en 1892, que dió origen a la creación de una oficina permanente interparlamentaria en dicha capital; y las «Uniones universales», domiciliadas en Suiza y cuyas oficinas internacionales se hallan establecidas también en Berna, a saber: la Unión telegráfica internacional; la Unión postal universal; la Unión de los transportes in- ternacionales de las mercancías por ferrocarril; la Unión para la protección de la propiedad indus- trial; y la Unión para la protección de las obras literarias y artísticas. Esas y otras tentativas, congresos e instituciones, hayan nacido allí o en cualquier otra nación, han tenido siempre en Suiza la mejor acogida y hospitalidad, o de ella han recibido el más decidido y entusiasta apoyo. Ojeada general. / El esclarecido historiador y hombre de Estado suizo, Numa Droz (1), dice que al contemplar el conjunto de la historia de su país durante todo el siglo XIX, se ven tres grandes ideas en marcha: la idea liberal, la idea democrática y la idea nacional; las cuales «no siguen líneas paralelas, contun- diéndose a menudo y luchando frecuentemente también la una con la otra, así como con el espíritu del pasado, que significa: privilegios, oligarquías, cantonalismo estrecho». Así, la idea liberal tomó cuerpo al final del siglo XVIII, bajo la influencia de la revolución fran- cesa, esbozándose, no más, la idea democrática y la nacional. De 1803 a 1830, vive Suiza bajo el régimen de privilegios, de oligarquías y de estrecho canto- nalismo; desapareciendo la idea democrática, no manifestándose apenas la liberal, pero afirmándose, en cambio, la nacional, aunque no con entera decisión. j De 1830 a 1848, en medio de las luchas y contradicciones de aquel tiempo, las tres menciona- das ideas van adquiriendo, sin embargo, consistencia, conciliándose por fin felizmente en la Consti- tución de 1848. En los años subsiguientes avanzan las tres desigualmente: la idea liberal se desarrolla de un (OD: cit: TOMO V SUIZA 11 modo extraordinario, ampliándose los derechos individuales, tanto en el dominio político, como en el económico y social; se acentúa también la idea nacional, así dentro del país como en las relaciones con el extranjero; permaneciendo relativamente obscurecida en ese período la idea democrática. En la epoca actual, «la idea liberal se halla batida en brecha: de un lado, por la idea nacional que tiende a convertirse en unitaria, en mayor grado del que las necesidades reales exigen; y del otro, por la idea democrática». En cuanto al porvenir, Numa Droz, elevado por el voto de sus conciudadanos a los puestos más altos de la República, y cuyo prestigio se halla al margen y por encima de las luchas de partido, poco antes de morir, daba a sus compatriotas el siguiente consejo: «La salud de la idea democrática, idea justa y necesaria, está en una prudente conciliación con la idea liberal, idea no menos justa y nece- saria, así como con la idea nacional. El terreno de esta conciliación lo ofrece la historia entera del siglo XIX. Nada de unitarismo, que habría de herir violentamente a numerosos grupos de población; nada de opresión de los sentimientos religiosos y contra las minorías políticas, ni en la Confederación ni en los Cantones; nada de medidas económicas que tiendan a secar las fuentes vivas de la activi- dad nacional. Tales son los límites que la democracia suiza debe obligarse a respetar, si quiere que su acción sea bienhechora para el país». En igual sentido se expresan muchos otros hombres esclarecidos de Suiza, de ese pueblo que con tan reducida extensión, tan escaso número de habitantes, y no obstante la rudeza de su suelo y de su clima, ha sabido hacer en el último siglo los mayores progresos en todos los órdenes. kk Al terminar esta recapitulación histórica, y a pesar de habernos concretado en ella a trazar las grandes líneas generales, confesamos nuestro temor de haber rebasado los debidos límites, exten- diéndonos más de la cuenta. Pero cuando al principio señalábamos el interés especial que ofrece el estudio de la política ferroviaria desarrollada por la Confederación helvética, ya esbozamos los mo- tivos que nos obligaban a dar a esta monografía una fisonomía particular. Y por si con lo expuesto no tuviera el lector los suficientes elementos para formar juicio acerca de la psicología política de Suiza, terminaremos reproduciendo un concepto del Dr. Hilty, que en nuestro sentir retrata con fidelidad el alma de aquel pueblo. El cual, según el citado escritor, ha apro- vechado más las lecciones de la experiencia que las de la razón; y así parece, en efecto, demostrar- lo su historia, expresándolo gráficamente dos proverbios muy conocidos en el país: | Es el primero: «Confusione hominum et Dei providentia Helvetia regitur». (La confusión de los hombres y la providencia de Dios rigen a Suiza.) Con él se expresa esa desconfianza tradicio- nal en el pueblo suizo hacia sus gobernantes, a la vez que cierta seguridad en los destinos de la nación. Y en realidad —exclama Hilty— ¡cuántas veces ha debido Suiza su salvación, no a la sabi- duría de sus estadistas, sino a circunstancias exteriores fortuitas y casi providenciales! | Dice el segundo proverbio: «Vach der That hcelt der Shweizer Rath». (El suizo obra primero y luego piensa.) En este proverbio, a la vez que se censura la necesidad imperiosa de obrar sin haber reflexionado muchas veces previamente, se alaba la calma, sangre fría y raciocinio con que los suizos miden y ponderan las consecuencias de sus actos impremeditados y sus esfuerzos para repararlas. Esas dos cualidades, opuestas en apariencia, pero que recíprocamente se contrapesan, imprimen, según observa Hilty, un sello especial a las costumbres políticas y a las instituciones sui- zas. Ellas—agrega—son las que han mantenido la existencia del pueblo suizo y las que han afirmado su unión hasta el presente, a través de mil peligros y combates. MAA SE AS IAN 12 SUIZA TOMO V Las comunicaciones en Suiza. Antes de entrar de lleno en el examen de la evolución de la política ferroviaria desarrollada por la Confederación helvética, conviene dar una idea, siquiera sea muy somera, de lo que eran en Sui- za los otros medios de comunicación en el momento en que comenzaron a establecerse los ferroca- rriles en el mundo. Empezaremos ocupándonos del servicio de postas, bajo cuyo nombre, usual por otra parte, comprenderemos de un modo general las comunicaciones por carretera, tanto en lo que se refiere a la conducción de correspondencia, como al transporte de viajeros y mercancías. No obstante ser mucho menores las complicaciones que las comunicaciones por carretera llevan consigo, de las que suponen los transportes por ferrocarril, de antiguo se pusieron en Suiza bien de manifiesto dos graves inconvenientes que se oponían al rápido y completo desarrollo de sus medios postales de comunicación. Era el primero la configuración geográfica del país; no siendo necesario reflexionar mucho para comprender la inferioridad en que Suiza se hallaba con relación al resto de Europa para establecer y multiplicar las carreteras a través de su quebradísimo suelo. Consistía el segundo en su Constitución política; no requiriéndose tampoco gran esfuerzo para darse cuenta de las dificultades financieras, administrativas y orgánicas de todo género que para el desarrollo de vías, cada una de las cuales debía atravesar buena parte del país, ofrecía su división en numerosos y minúsculos Cantones soberanos. La fugaz «República una e indivisible» del final del sí- glo XVIII, centralizó la explotación de las postas, declarándolas regalía del Estado y disponiéndose a mejorarlas y ampliarlas. No obstante lo cual, hubo Cantones en los que dicho servicio no llegó a entregarse a la República, continuando en manos de los que antes venían desempeñándolo. Pero estas excepciones no tuvieron consecuencias, una vez que el 9 de Agosto de 1803 la Dieta devolvió a los. Cantones, en toda su extensión, la regalía de las postas que, según hemos indicado, había pasado a serlo del Estado en 3 de Septiembre de 1798. Aparte de ese hecho, que puede calificarse de puramente episódico, las postas en Suiza han reciendo la mayor variedad el régimen de Cantones la explotación corría a sido esencialmente cantonales y locales hasta 1848, of explotación a que aquéllas se encontraban sometidas: en únos cargo de particulares que la detentaban en virtud de antiguos privilegios; en otros eran ciertas corporaciones, igualmente privilegiadas, las que explotaban; en algunos se subastaba el servicio; y también se crearon en ocasiones «Administraciones postales cantonales», que en ciertos casos no se limitaban a administrar las postas de su territorio, sino que extendían su acción a las de otros! Cantones que en virtud de convenios especiales les habían encargado de regir su Administración postal. Fácil es comprender los numerosos y graves inconyenientes de tal situación, sin necesidad de especificar en cada una de las ramas del servicio de postas, para lo que, por otra parte, no dispone- mos de suficiente espacio. En 1848 se centralizó dicho servicio, que en esa fecha se hallaba distribuído en catorce Adminis- traciones independientes; con ello vino a satisfacerse una necesidad sentida hacía largo tiempo, cada día con mayor apremio, y se daba cumplimiento a las disposiciones que en la matería establecía la Constitución del indicado año. Prescindiendo del régimen de peajes que ofrecía también una grandísima variedad, y que igual- rro TOMO V SUIZA 13 mente fué unificado, transcribimos las prescripciones de la referida Constitución de 1848 relativas al régimen propiamente postal. «La Confederación se encarga de la Administración de Correos en toda Suiza, conforme a las 7 sobe | prescripciones siguientes: (0) a . »1.2 El servicio de Correos, en su conjunto, no debe mermarse en relación con el que existe en la actualidad, sin el consentimiento de los Cantones interesados. ,2.2 Las tarifas se fijarán con arreglo a los mismos principios y tan equitativamente como sea posible en todo el territorio de Suiza. ,3.2 La inviolabilidad del secreto postal queda garantizada. ,4.2 La Confederación indemnizará a los Cantones por la cesión que le hacen del derecho de regalía postal, en la siguiente forma: »a) Los Cantones recibirán cada año el promedio del producto neto de Correos sobre su terri- torio durante los tres años de 1844, 1845 y 1846. Sin embargo, si el producto neto obtenido por la Confederación no bastara para satisfacer tales indemnizaciones, se hará a los Cantones una reduc- ción proporcional. »b) Cuando un Cantón no haya percibido nada directamente por el ejercicio del derecho pos- tal, o cuando, en virtud de un tratado de arrendamiento establecido entre dos Estados confederados, un Cantón haya recibido mucho menos del producto neto y comprobado del ejercicio del derecho de regalía postal sobre su territorio, será tomada equitativamente en consideración tal circunstancia al fijar la indemnización. »c) Si el ejercicio del derecho de regalía postal hubiera sido cedido a particulares, la Confe- deración se encarga de indemnizarles, si ha lugar. »d) La Confederación tiene el derecho y la obligación de adquirir, mediante una indemnización equitativa, el material perteneciente a las Administraciones de Correos, siempre que sea propio para el uso a que está destinado y que la Administración tenga necesidad de él. »e) La Administración federal tiene el derecho de utilizar los edificios actualmente destinados a Correos, mediante una indemnización, adquiriéndolos o alquilándolos. » La suma a que ascendieron las referidas indemnizaciones fueron fijadas por un Decreto federal en 1.486.561 francos. La Constitución de 1874 modificó las prescripciones anteriores en el sentido de suprimir la in- demnización a los Cantones, atribuyendo el producto de Correos y Telégrafos a la Caja federal; por lo demás, dejaba subsistente el régimen postal establecido por la Constitución de 1848. de Conocido sobradamente por todo el mundo es el progreso que, a partir del año últimamente ci- tado, ha adquirido en Suiza el servicio a que venimos refiriéndonos, así como también es proverbial la fama de sus quebradas, pintorescas y magníficas carreteras. + El telégrafo eléctrico fué introducido en Suiza por ley de 23 de Diciembre de 1851, establecien- do la de 27 de Junio de 1889 que las instalaciones telefónicas se incorporasen a la Administración federal de Telégrafos. También es universal la reputación de que goza esta última. RATA ENE En cuanto a las comunicaciones fluviales, nadie ignora la intensidad con .que el turismo ha f A e : O- «mentado la navegación por sus pintorescos lagos; habiéndose llegado a pensar en unir algunos de de 14 SUIZA TOMO V éstos por medio de canales navegables, empresa que, dado lo accidentado del terreno, parece ofre- cer dificultades insuperables. 2 Períodos en que puede dividirse la historia de los ferrocarriles suizos. La evolución de los ferrocarriles y de la política ferroviaria de la Confederación helvética com- prende, a nuestro juicio, cuatro períodos bien definidos: : Se extiende el primero desde 1844, año en que apareció en Suiza este medio de comunicación, hasta 1852, fecha de la primera ley federal relativa al establecimiento y explotación de los ferroca- rriles. Como vamos a ver inmediatamente, éste es, en realidad, un período preparatorio. Alcanza el segundo hasta 1872, en cuyo año fué promulgada la segunda ley federal sobre la materia, sustituyendo a la antes mencionada. Y como la de 1852, que rigió durante esos veinte años, se limitaba a regular las cuestiones ferroviarlas, según más adelante indicaremos, en un sentido muy liberal, puede llamarse este segundo períado de libertad y empresas privadas. A LA La ley de 1872, vigente hasta 1898, imprime carácter al tercer período, que pudiera designarse con el nombre de intervencionista, dadas las facultades que se asigna en aquélla el Poder federal y que coartan notablemente la libertad de que, en virtud de la ley de 1852, venían disfrutando las Empresas. | Votada en 15 de Octubre de 1897 y aceptada por el pueblo en el referendum de 20 de Febrero de 1898 la ley de rescate de las principales líneas, se abre en dicha fecha el cuarto y último perío- | do, en el que la política ferroviaria suiza se transtorma en estatista . | A Primer períiodo.—Preparatorio.—1844-1852. 7 JAS di e A Dificultades que se oponían al establecimiento de los ferrocarriles en Suiza. —Primeras líneas construidas. Los dos graves inconvenientes que, según indicamos con anterioridad, se oponían en Suiza al rápido y completo desarrollo de los medios postales de comunicación, actuaron también de rémora en lo referente a las vías férreas. Pero ni lo hicieron con igual intensidad que sobre las carreteras, ) ni produjeron idénticos efectos, ni fueron los únicos conque se tropezó; cosas todas ellas muy Pa naturales, dadas las diferencias existentes, tanto en la época como en la naturaleza de ambos me- he e dios de transporte. p | A mediados del siglo XIX, esto es, cuando comenzaba a iniciarse en unas naciones y a desarro- llarse decididamente en otras la aplicación práctica de los ferrocarriles, ya habían alcanzado las ca- s rreteras suizas un desarrollo y un perfeccionamiento que constituían la admiración de Europa y que llegaron a conseguir los habitantes y Gobiernos cantonales de aquel país a fuerza de voluntad y | perseverancia, luchando contra los grandes obstáculos que les oponían la naturaleza del suelo y el sistema de construcción y explotación de los caminos, que si bien se amoldaba al régimen político, era desfavorable en grado sumo para obtener la finalidad concreta que se perseguía. Por otra parte, huelga demostrar las hondas diferencias de diversos órdenes que existen, en la construcción y explotación, entre las carreteras y los ferrocarriles, por ser de todos sobradamente conocidas. Cuando se afirmó en el mundo el invento de la locomotora y empezaron a construirse ferroca- y | rriles en las principales naciones —y entre ellas, en las que rodean a Suiza—en ésta nadie osaba acometer tales empresas: ni gobernantes, ni gobernados; ni nacionales, ni extranjeros. Frente a los TOMO V SUIZA j 91 a lo desconocido, que podía traducirse en un desastre financiero. Por otra parte, los Cantones veían en perspectiva, en tal caso, que la Confederación, para remediar el déficit que la empresa habría de producir, apelaría a sus Haciendas, con arreglo al artículo 30 de la Constitución, o bien a la elevación de los derechos de Aduana. Había también ciertos Cantones entusiastas que desplegaron gran acti- vidad en lo relativo al establecimiento de ferrocarriles, y que llegaron a creer que podrían prescindir para ello del apoyo financiero de la Confederación. Por si estos motivos no fueran suficientes, se alzaba además contra el estatismo, el individualismo tan potente todavía en aquella época, y e diciones del pueblo suizo, aun cuando éstas, en ciertos aspectos, hubieran sufrido puños embates como, por ejemplo, la centralización del servicio de Correos, decretada, según hemos visto, por la propia Constitución de 1848. ] En definitiva, rechazando de plano la propuesta del Gobierno, el Parlamento votó la ley de 93 de Julio de 1852, según la cual se confería a los Cantones la facultad de establecer y explotar los ferrocarriles, pudiendo aquéllos delegar dicha facultad en la industria privada, en cuyo caso también eran competentes para otorgar las oportunas concesiones, las que, sin embargo, habían de ser aprobadas por la Confederación. Se declaraba aplicable la ley de Expropiación mencionada anteriormente, a todos los ferrocarti- les que se construyeran en el territorio suizo, cuyas Empresas quedaban obligadas a hacer gratuita- mente el transporte de Correos. Contenía la ley, además, diversas disposiciones relativas al establecimiento de las líneas tele- gráficas a lo largo de la vía, a los transportes del personal y material de guerra, a las obligaciones de las Empresas relativas a las líneas de enlace, etc., otorgándose al Consejo federal la facultad de de- cidir los casos dudosos que pudieran presentarse. La Asamblea federal quedó encargada por la ley de ratificar las concesiones otorgadas por los Cantones y de fijar las condiciones de tal ratificación. La ley había de aplicarse por analogía en aquellos casos en que se establecieran y explotaran los ferrocarriles directamente por los Gobiernos cantonales. Se facultaba, por último, al Parlamento para intervenir y tomar las oportunas medidas siempre que un Cantón negase la autorización necesaria para establecer sobre su territorio una lies de interés general para el país, a menos de encargarse el Cantón de construirla, o dificultara el es- tablecimiento o explotación de alguna línea ya concedida. Cláusulas generales de las Concesiones. El Parlamento ratificó en Agosto de 1852 las primeras concesiones, cuyas cláusulas generales nticas, sometiéndose a la aprobación cantonal los Estatutos de las Compañías, el plan líneas que habían de construirse y el emplazamiento de las estaciones; y requiriéndose también la autorización de los Cantones para abrir a la explotación las líneas, sobre las cuales habrían de ejercer aquéllos la alta inspección. Igualmente se marcaban las bases fundamentales concernien- tes a tarifas, a velocidades de los trenes y a plazos de entrega. Quedaba también establecido en las concesiones el derecho de rescate por los Cantones o la Confederación, fijándose plazos de treinta, cuarenta y cinco, sesenta, setenta y cinco, noventa, o no- venta y nueve años a partir del comienzo de la explotación sobre toda la línea, mediante dE aviso dado con cinco afíos de antelación y una indemnización cuyas bases se determinaban exactamente para los distintos plazos de rescate; y respecto a las dudas que pudieran suscitarse en materia de indemnizaciones, Se encomendaba su resolución a un tribunal arbitral. fueron casi idé general de las 22 SUIZA TOMO V Aplicación de la ley de 1852. El desarrollo de los ferrocarriles, favorecido por la gran corriente industrial de 1850 a 1855, ad- quirió inmediatamente, bajo el régimen de la ley de 1852, un impulso que rebasó los cálculos más op- timistas. En Basilea, en Zurich, en Saint-Gall, en Schaffhausen se crearon comités, de los que na- cieron las Compañías del Central, del Nordeste, de la línea de Saint-Gall-Appenzell, etc. Otras Em- presas: el Sudeste y las diversas líneas (Valais, Oeste, Jougne, Verriéres, Jura) que constituyeron después la Compañía del Jura-Simplón, se hallaron desde el principio secundadas por el capital ex- tranjero. Fuera de alguna contadísima excepción, los Cantones y los Municipios apenas se intere- saron financieramente en tales negocios. Todas esas Empresas atravesaron momentos de graves dificultades y crisis financieras, que lle- varon consigo pérdidas definitivas de gran consideración para los primeros accionistas de algunas. Otras, en cambio, no tardaron en reponerse y extender su red, como el Central y el Nordeste. creándose, además, por la fusión de las diversas líneas, en el Este la «Unión Suiza» (1857), y en el Oeste la «Suiza occidental» (1864). En su deseo de disfrutar del nuevo: medio de comunicación, los Cantones concedieron a las Compañías derechos de exclusión, de prioridad y de preferencia, que les evitaron la posibilidad de ; competencias, asegurándolas un monopolio duradero. Mas una vez que se hallaron sólidamente coris- tituídas, empezaron a producirse entre unas y otras, entre ellas y las autoridades cantonales, así como también entre las mismas y el público, numerosos conilictos sobre las cuestiones de estableci- : miento de nuevas líneas, traspaso de éstas, líneas de enlace, regulación de itinerarios, tarifas, etcé- tera, etc. En tales conflictos llevaban la mejor parte las grandes Compañías que atravesaban el te- rritorio de varios Cantones, porque uno solo de éstos no se bastaba siempre para hacerse respetar, ni la inteligencia entre varios era posible en muchos casos, dada la diversidad de los intereses que les afectaban y de las disposiciones que respectivamente habían establecido respecto a las Compañías. Por otra parte, las luchas políticas entre los diversos partidos y Cantones eran muy vivas, y cualquier coyuntura les ofrecía ocasión para manifestarse ruidosamente. Así ocurrió que, salvada en su conjunto la crisis financiera a que antes hemos aludido! la situación de los ferrocarriles al finalizar. LE | el año 1860 era en general satisfactoria, llegando algunas Compañías en los años sticesivos a repar- | tir dividendos de cierta importancia, como ocurrió en 1868, en que los del Central y el Nordeste fue- ron, respectivamente, de 6,97 y 7,53 por 100. Esa relativa prosperidad de los negocios de ferroca- ps -rriles, por un lado dió motivo a muchos políticos de los partidos populares para excitar a éstos con- e Py : tra los que fueron llamados «barones de”las finanzas, de los ferrocarriles y de la industria», y por otro, despertó en varias comarcas y entre distintos elementos, ideas de lucro, fomentando el espíritu de empresa, así como dando lugar a maniobras con las que se tendía a impulsar nuevos negocios, a expensas, muchas veces, de otros ya en marcha que procuraban destruirse. Y relacionándose esos sucesos con los análogos ocurridos durante el tercer período, en algunos de los datos que al reseñar éste hemos de exponer, se encontrará el enlace entre ellos. Corrientes de opinión contra la ley de 1852.—Primeras tentativas de rescate y fracaso de las mismas. Por todo lo dicho empezó a extenderse en el país la opinión de que la ley de 1852 protegía in- suficientemente los intereses generales del mismo, no dando a la Confederación, encargada de velar por ellos, los medios necesarios frente a los agiotistas, a los Cantones y a las Compañías, > Ya en 1862 propuso Stámpfli (1) el rescate de los ferrocarriles, proposición que no tuvo resul- (1) Fué miembro de la Comisión parlamentaria de 1851 y Presidente de la Contederación. TOMO V A E tado por la indeferencia y oposición que encontró, siendo uno de los motivos de esta última la creen- cia generalmente extendida de que para realizar los proyectos de perforación de los Alpes, entonces existentes y que tanto interesaban al país, se obtendrían con más facilidad las necesarias SDiEnciO: nes de los Estados extranjeros a quienes afectaba igualmente el problema, si la Confederación no se encargaba de la construcción de las nuevas líneas. . Los pasos proyectados eran el Simplón, el Gotardo, el Lukmanier y el Spliigen. La perforación del Mont-Cenis entre Francia e Italia había enfriado el entusiasmo de ésta por la empresa del Sim- plón al Oeste; la falta de acuerdo sobre el Lukmanier y el Spliigen hizo fracasar la del Este; llevando pues, la ventaja el paso del Gotardo, hacia el cual se inclinaron también los Estados ic hs teresados en su apertura, los que en 1866 rogaron al Consejo federal tomara la iniciativa en este asunto, preparando un proyecto que pudiera servir de base a las negociaciones necesarias. Así lo hizo aquél, dirigiéndose al efecto al Comité de la Unión de los Cantones y de las Compañías de ES rriles suizos que se había constituido con objeto de perforar los Alpes, y también a los Gobiernos cantonales, llegándose como resultado de todo ello al convenio de 15 de Octubre de 1869, entre Italia y Suiza, al que se adhirió Alemania en 28 de Octubre de 1871, fijándose en 85 millones el total de las subvenciones, de los que debía satisfacer Italia 45, y 20 cada una de las otras O nAOnES -—aumentándose. esas cantidades en otros 28 millones (10 Italia, 10 Alemania y 8 Suiza) en virtud del convenio adicional de 12 de Marzo de 1878—y constituyéndose definitivamente en 6 de Diciembre ; de 1871 la sociedad anónima encargada de la obra, cuyos trabajos empezaron bajo la dirección del ingeniero Luis Favre, de Ginebra, el 13 de Septiembre de 1872. Visto el fracaso de la proposición de Stámpfli y de otras tentativas hechas en el mismo sentido comprendió el Consejo federal la impopularidad de la idea del rescate; pero consideró que en eE ría de ferrocarriles no podía continuar el statu quo y que era imprescindible reformar la ley de 1852 en el sentido de otorgar a la Confederación las atribuciones de que carecía, y cuya falta, según hemos dicho, tantas complicaciones e inconvenientes produjo. Así nació la ley de 1872, de que ) seguidamente nos ocuparemos. La situación al final del segundo período.—Juicios críticos sobre la Ley de 1852 Al final de este período contaba Suiza con 1.471 kilómetros de ferrocarril, en lugar de los 650 propuestos, Como vimos, por la Comisión técnica de 1850. El desarrollo del nuevo medio de comu- nicación había contribuido notablemente al aumento de la riqueza del país, el cual puede apreciar- se con sólo los siguientes datos: la renta de Aduanas, que produjo 4 millones en 1850, se había elevado a 12,5 en 1872; siendo en dichos años de 60 y 288 millones, respectivamente, las cifras a que ascendieron las sumas depositadas en las cajas de ahorro; se crearon nuevas industrias que al- canzaron después gran prosperidad; y huelga, por último, decir cuántas fundadas esperanzas des- pertó la empresa del Gotardo, acometida al terminar este segundo período. + No obstante las crisis financieras y dificultades de todo género con que se tropezó, la política ferroviaria de conjunto, derivada de la ley de 1852, ha sido juzgada muy favorablemente por algunos de los que muchos años más tarde se han ocupado de estudiarla. Como expresión de tales juicios s, nada nos parece más oportuno que insertar íntegramente los comentarios que el doctor favorable A. Georg (1) dedica “a este período: e A uizo, autor de la obra Voies de communication, de la que tomamos numerosos datos acerca de la (1) Escritor S ocarriles suizos hasta fines del siglo XIX, y que se cita en las notas bibliográficas de este Título historia de los ferr 24 SUIZA TOMO V < ... Al contemplar tales resultados, no cabe lamentarse de que la Asamblea federal haya ape- lado a la iniciativa privada, a sus recursos y a su espíritu de empresa para asegurar la construcción de los ferrocarriles en Suiza; el desarrollo relativamente considerable adquirido por las nuevas vías de comunicación es, sin duda, uno de los principales, y no es expuesto a error afirmar que no habría podido alcanzarse si la Confederación, excluyendo toda competencia y lanzándose, contra: lo que le dictaba su deber, a una empresa arriesgada, hubiese tomado a su cargo dotar al país de una red de vías férreas. Por el contrario, la iniciativa privada estimulada por la libertad de que gozaba en este dominio, ha invadido además otras esferas de acción, creando y manteniendo esa sana emulación que es siempre una prenda de bienestar y de prosperidad. Es necesario, en fin, recordar que los in- numerables millones que perdieron los creadores de nuestra red nacional, no han sido perdidos para el país; desde el momento en que'una línea cubre sus gastos de explotación, es útil desde el punto de vista del interés general, porque el capital de establecimiento ha sido perdido por algunos, y una línea explotada sin pérdida aprovecha a todos. » okt Otros, en cambio, han criticado mucho la decisión tomada en 1852; no faltando tampoco espíritus completamente desapasionados que se expresen sobre el asunto en unos términos que parecen reve- lar la mayor serenidad e imparcialidad. Para dar idea de aquellas críticas y de estos juicios, creemos conveniente insertar lo que a fines de siglo exponía sobre él tema el insigne Numa Droz, ya citado, quien concisamente ha logrado esclarecerlo: <... Desde entonces (1852) ha sido vivamente criticada la ley de 1852; se ha supuesto que la red hubiera sido construída más racional y económicamente por el Estado y que la explotación habría resultado más provechosa para el país. Difícil es demostrarlo, así como probar lo contrario, puesto que ambas experiencias no han podido hacerse a un tiempo. Lo que sí es cierto es que entonces nadie se dió cuenta exacta del alcance del voto de las Cámaras. No se vislumbraba sino muy vaga- mente en Suiza, como en el extranjero, el porvenir de los ferrocarriles; se imaginaba—las leyes de entonces y los primeros pliegos de condiciones lo prueban—que los ferrocarriles podían asimilarse á las carreteras, en las que cada cual circula libremente, y que mediante una cantidad pagada al pro- pietario de la línea (derecho de peaje), las diversas empresas de transporte podrían hacer circular por ella sus máquinas y material, con arreglo a un turno; no se'preveía que la creciente multiplicidad de los trenes y las medidas de precaución para la seguridad de los transportes, exigirían la consti- tución de: monopolios absolutos. Si se hubiera previsto todo eso, ¿quién es capaz de adivinar la re- solución que se habría tomado? La experiencia de los otros países no ha probado en todos los casos que la construcción por el Estado hubiera sido más económica, más racional, más rápida para el des- arrollo de la red, sino todo lo contrario. En contra de la iniciativa privada, es incontestable que la historia ha registrado graves faltas, cuyas consecuencias, sin embargo, han pesado mucho más sobre los accionistas, en parte extranjeros, que sobre las mismas poblaciones. De ello no se deduce, ni mucho menos, que los acontecimientos se hubieran desarrollado a completa satistacción, bajo todos los aspectos, si las Cámaras hubiesen adoptado otra resolución.> Tercer periodo.—Intervencionista.—1872-1898 Ley de ferrocarriles de 1872.—Carácter general que imprime al tercer período. La ley de 23 de Diciembre de 1879 que, como hemos dicho, se creyó necesario promulgar para evitar los principales inconvenientes de la de 1859 y, sobre todo, la impotencia ante ellos del Poder federal, ha sido la fundamental de este tercer período, al que por lo tanto da carácter. 4 TOMO V SUIZA 95 La nueva ley transfirió a la Confederación el privilegio de las concesiones, reservando tan sólo a los Cantones la facultad de informar previamente. Estos no pueden oponerse a una resolución de la Asamblea; pero cada uno de ellos tiene el derecho de encargarse por sí mismo de la construcción y explotación del ferrocarril en su propio territorio. La ley de 1872 marca detalladas prescripciones sobre el contenido de las concesiones y la situa- ción legal de los concesionarios. Establece el principio de que las concesiones no son contratos si- nalagmáticos, sino actos de soberanía que en nada limitan los derechos del legislador; reserva al Consejo federal la aprobación de los Estatutos, previo informe de los Gobiernos cantonales; subor- dina al beneplácito de la Confederación los traspasos de las concesiones; confía a ésta la aproba- ción de los proyectos de construcción, reglamentos de explotación y horarios; la faculta para exami- nar las cuentas y Memorias anuales de las Compañías, así como para exigir todas las informaciones necesarias para hacer una estadística uniforme; la concede el derecho. de declarar, en determinadas condiciones, las caducidades por incumplimiento de contrato y de proceder a la adjudicación pública del ferrocarril; de resolver muchas cuestiones relativas a la construcción, explotación y policía; la autoriza para intervenir en la formación de las tarifas, y fija los principios destinados a garantir, den- tro de los límites de las concesiones, la aplicación uniforme de aquéllas; la encarga de decretar las me- didas necesarias para asegurar la unidad de los ferrocarriles desde el punto de vista técnico; y la orde- na de un modo general fomentar el desarrollo de las vías férreas y apoyar las tendencias que se habían puesto de manifiesto en favor de la perforación de los Alpes al este, al centro y al oeste del país. En tiempo de guerra, la Confederación podía encargarse de la explotación de todos los ferro- carriles, así como de los barcos de vapor, y contiarla a sus propios funcionarios, que fueron poste- riormente organizados en una subdivisión de ferrocarriles del Estado Mayor general. ES Algún escritor suizo expresa que «puede decirse que la ley de 23 de Diciembre de 1872 nacio- nalizó los ferrocarriles suizos»; y aunque trata a renglón seguido de aclarar el alcance del vocablo agregando que esa nacionalización se hizo «suprimiendo en lo que a los ferrocarriles concierne las barreras cantonales y dando al otorgamiento de las concesiones y a la alta inspección de la construc- ción y de la explotación el carácter de unidad cuya necesidad se había hecho sentir tan vivamente» nos parece impropia, por exagerada, la palabra nacionalización, que no es costumbre aplicar a sis- temas como el que, según hemos reasumido, establecía la ley de 1872. Por esta razón hemos aplicado al período de que nos ocupamos, la calificación de intervencionista, que a nuestro juicio no puede dar lugar a dudas, revelando su verdadero carácter, que no estriba en haber suprimido las Compa- fíías privadas, ni en haberlas quitado en absoluto, ni mucho menos, la libertad de acción; pero por eso mismo y por otros motivos que han de resaltar en el curso de los párrafos siguientes, tampoco se llegó, no ya a la estatificación, mas ni siquiera a la nacionalización de los ferrocarriles suizos, limitándose, pof consiguiente, la nueva ley a ampliar considerablemente las facultades intervencio- nistas del Poder central, que fueron confirmadas por la Constitución federal de 1874. Resumen general de este período. Esa ampliación de facpltades exigió la creación de un Departamento federal de Ferrocarriles, e al principio se unió con el de Comercio, y que hoy lo está, formando uno solo, con el de Correos. El trabajo que tuvo que desarrollar el nuevo Departamento fué considerable, dada la gran acti- ad que en materia de ferrocarriles venía desplegándose y que siguió creciendo, como lo demues- el progreso de las vías férreas durante este período, cuyos hechos más salientes trataremos de qu vid tra reasumir. 26 SUIZA TOMO V En 1867, el Gobierno de Berna había decretado subvencionar con 6.950.000 francos la cons- trucción de una red de 161 kilómetros en el Jura bernense, con promesa de ceder a la nueva Com- pañía, contra acciones y a precio de coste, las líneas del Estado de Berna, Berna-Bienne y Neuveville- Bienne. La línea de Porrentruy-Delle quedó abierta en 1872, no tardando en prolongarse en la otra dirección hasta Basilea, después de haber obtenido una subvención de cuatro millones y medio de la Compañía francesa del Este. En la misma época se construyeron las líneas de Berna a Lucerna y de Soleure a Berthoud por ¡ el Emmenthal; y más al este, con Winterthur por centro, las locales que dieron origen a la famosa Compañía Nationalbahn que debía unir, por medio de una línea directa, el NE. de Suiza con el lago 3 Léman. : El origen de la Compañía últimamente citada es curioso y confirma algo de lo dicho al historiar el segundo período. Los crecidos dividendos repartidos en 1868, según indicamos, por el Central y el Nordeste, dieron un pretexto más a los enemigos políticos de Mr. Alfred Escher—cuyo talento e influencia eran grandísimos, y que además de ser presidente del Nordeste lo era también del Banco del Crédito Suizo— para combatirle rudamente. Aparte de los Bancos cantonales de Estado—de los que no hemos de ocuparnos aquí, y que fueron creados contra la Banca privada, respondiendo a los programas de los demócratas—un medio que pareció excelente para el indicado objeto fué la crea- ción de una nueva red de ferrocarriles en competencia que, partiendo de Singen (Gran Ducado de Baden) y pasando por Winterthur, Baden, Lenzbúrg, Zofingue, etc., dejaría a un lado a Zurich, ciudad liberal sometida a la influencia de Escher, y acabaría uniéndose en Lyss con la red bernense y con la de la «Suiza occidental» algunos de cuyos directores eran correligionarios políticos de los que idearon la línea que acaba describirse y que recibió el nombre de ferrocarril nacional (Wational- bahn). Presentaba este proyecto tan pocas probabilidades de constituir un negocio saneado, que parece no hubiera podido realizarse sin el apoyo de las cuatro ricas ciudades antes mencionadas, que lanzándose a la empresa llenas de entusiasmo, acabaron por sufrir amargas decepciones. Muchas fueron también las presiones que se hicieron en varias comarcas sobre el Central y el Nordeste con objeto de que construyeran nuevas líneas más o menos convenientes para la población de aquéllas, pero contrarias en general a los intereses de estas Sociedades. El Central, más libre de compromisos políticos que el Nordeste, resistió con bastante firmeza a tales influencias; pero el Nordeste, manejado por hombres políticos que no querían disgustar a sus electores, tuvo que ceder en varias ocasiones con grave quebranto para sus intereses. En suma, la fiebre de construcción y especulación se extendió por todas partes, produciendo como consecuencia la crisis que llevó a la liquidación a la Compañía Berna-Lucerna en 1876, y a la E Nationalbahn dos años después, peligrando entonces también el Central y el Nordeste, y consumién- e y dose en gran parte los recursos de los Cantones interesados en esas líneas. Ello obligó a la Confe- j deración, para poder cumplir lo estipulado en el convenio adicional de 1878 sobre el Gotardo—en el que, según hemos dicho, correspondía a Suiza pagar otros ocho millones— a hacerse cargo de la parte de subvención con que debían contribuir a la total los mencionados Cantones. La ley necesa- ría para ello fué votada en 22 de Agosto de 1878, en que se apeló al referendum, obteniéndose una Ba | votación favorable gracias a que también se otorgó una subvención análoga de cuatro millones y A medio a los Cantones interesados financieramente en los otros dos proyectos de perforación de los Alpes, al este y al oeste de Suiza. "8 , Otro hecho muy saliente de este período fué la terminación de los trabajos del Gotardo, cuya línea se abrió en 1.” de Junio de 1882, fecha a partir de la cual mejoraron en general los negocios de ferro; carriles, debiéndose en gran parte esta mejora a la apertura de dicho túnel. Por de pronto, la propia línea del Gotardo confirmó gallardamente las esperanzas que había despertado. El Nordeste y el TOMO V SUIZA or Central se salvaron del peligro que habían corrido. La Unión Suiza se benefició grandemente con la apertura de la línea del Arlberg. Se otorgaron numerosas concesiones a nuevas Empresas, especial- mente en el Oberland bernense y en el Jura de Neuchátel. En fin, las Compañías, por propia ini- ciativa o a rúegos de la Autoridad federal, completaron y mejoraron sus redes. También en esta época, en 1.2 de Enero de 1890, se creó la importante Compañía del Jura- Simplón, por la fusión de la «Suiza occidental» con la «Jura-Berna-Lucerna». Por lo demás, en los datos estadísticos que se insertan en el apéndice de este capítulo, se encon- trarán las cifras correspondientes a diversos años y al final de este período. Asociación de las Compañías de ferrocarriles suizos. Debemos citar aquí también, aun cuando haciendo la advertencia de que se trata de un organis- mo que funcionaba ya durante el segundo período, la Asociación de las principales Compañías de ferrocarriles suizos. Las Administraciones de dichos ferrocarriles, después de varias conferencias que empezaron el 25 de Septiembre de 1860, fijaron en un reglamento de 15 de Agosto de 1863 los principios genera- les de dicha Asociación, confirmada y robustecida posteriormente por el Convenio de 26 de Noviem- bre de 1887. Las Compañías asociadas fueron muchas, figurando entre ellas, desde luego, las cinco más importantes, cuyo rescate, según más adelante hemos de decir, ha sido hecho por la Confederación. Esas Compañías estimaron que, en vista de que los asuntos a tratar entre ellas aumentaban incesantemente, se hacía necesario organizar conferencias o comisiones especiales con objeto de estudiar todas las cuestiones de una manera detallada y profunda. Así organizaron las siguientes: 1.2 Conferencia de los jefes de control de ingresos. 9.2 Idem de las reclamaciones. 3.2 Comisión técnica, dividida en tres secciones: vía; tracción; y explotación. 4.2 Idem de dirección para los asuntos técnicos. 5.2 Idem de las tarifas de viajeros. 6.2 Idem íd. de mercancías. De ese modo la Asociación de los ferrocarriles suizos contribuyó poderosamente a unificar la explotación en sus diversas ramas, pues de dichas conferencias y comisiones nacieron diversos regla- mentos y prescripciones uniformes relativas a la explotación propiamente dicha, a la construcción, al material, a los asuntos jurídicos, comerciales, etc., etc. Como ejemplo, merecen citarse: los tipos uniformes adoptados para la superestructura y para el material móvil; los pliegos de condiciones, también uniformes, para los materiales destinados a una y otro; llegándose a la misma uniformidad en la designación de las vías en las estaciones y de las diversas clases de locomotoras y vehículos, en los avisos colocados en los coches de viajeros, en los horarios, etc., etc. Por todo lo cual, dichas Compañías pudieron decir con justicia en un opúsculo que presentaron en la Exposición de Ginebra de 1896, que con él pretendían «demostrar la amplia metlida en que las pañías de los ferrocarriles suizos se han esforzado desde su origen en unificar todo cuanto con- e a la explotación de sus líneas, y cómo se dedican sin desmayo y con particular esmero a tar los medios de seguridad y de confort en el transporte de viajeros». Com ciern aumen Ferrocarriles de montaña. ocarriles de montaña, tan característicos, en Suiza, fueron introducidos en este país al Los ferr ndo período, pero corresponde mencionarlos en el tercero, según impone su historia final del segu que vamos rápidamente a reseñar. 28 SUIZA TOMO y Nicolás Riggenbach, muerto en 1899 y a quien ya hemos citado anteriormente, estableció en Suiza por vez primera esta clase especial de vías férreas. Los primeros pasos que dió en tal sentido, han sido por él mismo relatados en sus «Souvenirs d'un vieux mécanicien»: «Hacía largo tiempo que yo trataba de remediar el inconveniente de las fuertes rampas, en que patinan las ruedas de las máquinas. Tuve la idea de establecer una cremallera y de emplear ruedas dentadas, construyendo un modelo de la vía proyectada y exponiendo mis planes, que provocaron la iucredulidad de muchos, llegando algunos a decir: «Ese pobre Riegenbach descarrila». Sin embargo, Mr. Hitz, cónsul suizo en Wáshington, exclamó al oirme: «¡Perfectamente, Mr. Riggenbach! ¡Subi- remos en tren al Righil». Frase profética que precisó mis proyectos, pero cuya realización se hizo esperar, no obstante haber sido patentada mi invención en Francia en Agosto de 1863. Solamente a mi vuelta de América fué cuando, a fuerza de perseverancia, pude constituir una Sociedad y reu- nir capital para la construcción de la línea proyectada en el Righi. En 1870 se inauguró un trozo de ella. Pero los prusianos empleaban en sus fortificaciones los carriles encargados a Alsacia, hacién- dose necesaria la intervención del general Róder, embajador alemán en Berna, para salvar ese con- tratiempo. Por fin, el 21 de Marzo de 187 1, después de tantos años de luchas y trabajos, la línea fué solemnemente inaugurada en presencia de las autoridades políticas y eclesiásticas.» En Olten, auxiliado por excelentes colaboradores que principalmente estudiaban el aspecto téc- nico, hizo Riggenbach numerosos proyectos de líneas de cremallera para las diversas partes del mundo, ocupándose él en persona de un modo especial del: aspecto económico y financiero de las correspondientes Empresas. La cremallera inventada por Riggenbach sufrió diversas modificaciones antes de alcanzar su actual grado de perfección, distinguiéndose en esta materia principalmente el suizo Mr. R. Abt, que fué uno de sus colaboradores, habiéndose extendido mucho el material de cremallera y locomotoras que lleva su nombre. A la antes indicada línea Vitznau-Righi, sucedieron muchas otras, tales como las Righi-Schei- degg (1874), Uetliberg y Arth-ktighi (1875), Pilatos (1889), Generoso (1890), Brienz-Rothhorn y Glion-Naye (1892), Schynige-Platte y Wengern-Alp (1893)... : Y no fué empleada solamente la cremallera, sino que se combinaron los diferentes sistemas Co- nocidos: la vía normal y la estrecha; la vía estrecha ordinaria de simple adherencia y la cremallera (Brunig, líneas del Oberland, Viége- Zermatt, Stansstad-Engelberg, etc.); cremallera con el vapor o la electricidad como motores (Gornergrat, Jungfrau ); funiculares movidos por la electricidad (Stanserhorn, San Salvatore, Biirgenstock, etc.), por turbina (Lausanne-Ouchy) , por contrapeso de agua (Beatenberg, Ragatz- W artenstein, Territet-Glion, etc.). En suma, los suizos han surcado sus montañas de vías férreas, aprovechando todos los adelan- tos de la técnica, no siendo los menos importantes los que garantizan la seguridad de los viajeros, acreditándolo así el escaso número de accidentes que ocurren. Como dato significativo en este as- pecto, al hablar del desarrollo técnico de los ferrocarriles suizos, refiere Barbey que cuando se hicie- ron las:pruebas oficiales del funicular Territet-Glion, pudo contemplarse a un vigoroso anciano bajar completamente solo de Glion a Territet, en un coche desconectado del cable y retenido sobre el abismo únicamente por los frenos poderosos que él mismo había estudiado para ese funicular de 57 por 100 de pendiente. Era Nicolás Riggenbach, a quien muchos no volvieron a ver en público, pues desde entonces hasta su muerte vivió ya casi por completo retirado. Antecedentes, preparación y votación de la Ley de rescate de los ferrocarriles de 1897-1898. En la parte correspondiente al segundo período hablamos de la propuesta de rescate hecha en 1862 por Mr. Stámpfli, que, según también dijimos, no fué la única tentativa de aquel tiempo en TOMO V SUIZA 29 ese sentido. La ley de 1872, dando a la Confederación una intervención mucho más amplia y eficaz en materia de ferrocarriles, contribuyó a que durante algunos años no volviera a plantearse seria- mente la cuestión del rescate, cuya fecha fué fijada por aquélla para 1.” de Mayo de 1888 como más próxima, estableciendo la de 1.2 de Mayo de 1883 para la denuncia. En 1883, Mr. Arthur Chenevitre, de Ginebra, propuso al Consejo Nacional el rescate del Cen- tral, pero la cuestión no se hallaba aún suficientemente estudiada. El Consejo federal, por su'parte, no creyó entonces oportuno usar de su antes mencionado dere- cho, por estimar demasiado alta la cifra de gastos de primer establecimiento que figuraba en las cuentas de las Compañías; pero, para introducir una mayor regularidad en los balances e impedir que se gravaran indebidamente las partidas de la cuenta de construcción, hizo votar en 21 de Di- ciembre de 1883 una ley de contabilidad. Según las concesiones, la indemnización debida por el rescate había de ser igual a veinticinco veces el producto medio de los diez años inmediatamente anteriores al aviso de aquél, con deducción de las sumas dedicadas a amortización O destinadas a fondo de reserva, pero el ningún caso podía ser inferior a los gastos de primer establecimiento. Además, por lo que concierne a la determinación del precio de rescate del Gotardo, había que tener hos reservados a las subvenciones por el Convenio internacional. Ahora bien, dependiendo el cálculo de los productos de la manera de estar hechas las cuentas de construcción, los errores de éstas habían de influir necesariamente en la fijación del precio del rescate. Tal era la argumentación empleada por el Consejo federal en apoyo del proyecto. Ese proceder del Gobierno no quiere decir que renunciara, ni mucho menos, a la esperanza de llevar los ferrocarriles al conjunto del patrimonio nacional. Estimando imposible el rescate desde el punto de vista financiero, buscó una avenencia amistosa con las compañías. Las negociaciones en- tabladas con el ferrocarril Nord-Este, llegaron a un proyecto de convenio en 18 de Enero de 1888. Las gestiones se iniciaron cerca de esta Compañía con preferencia a las otras, por pensar que la situación en que se encontraba había de hacer más fácil la inteligencia. En efecto, comprometida a construir ciertas lineas secundarias CUYO déficit estaba descontado, había empezado los trabajos, teniendo que suspenderlos luego por no encontrar los capitales necesarios para terminarlos. Los Cantones interesados temieron que la Confederación, al ser propietaria, suspendiera indefinidamen- te las obras, por exigencias del presupuesto, por cuya causa hicieron una oposición tan viva en el Parlamento, que el Consejo federal hubo de dar por rotas sus negociaciones. Dos años más tarde, en 1890, se ofreció ocasión al Gobierno para hacer un nuevo intento. El Cantón de Berna poseía la mayor parte de las acciones de la Compañía Jura-Berna-Lucerna; los de Friburgo, Vaud y Valais eran igualmente propietarios de las de la Suiza Occidental. El conjunto de estos títulos representaba 77.000 acciones de la Jura-Simplon, formada por la fusión de las dos nombradas Compañías, frente a un total de 104.000. La Asamblea federal ratificó la transferencia de las concesiones a la nueva Sociedad, pero tuvo buen cuidado de reservarse el derecho de rescatar toda la red en 1.2 de Mayo de 1903, o, pasado este plazo, en cualquier época, mediante denuncia hecha con dos años de antelación, si la construcción de la línea del Simplón hasta la trontera italiana era acordada por el Gobierno. El cantón de Berna estimó con- veniente la venta de Sus 30.000 acciones de prioridad. El precio de rescate fué fijado en 600 francos por acción, pagaderos en títulos de la renta al 3 por 100, justipreciados al tipo de 90 por 100 y reembolsables a la par en un plazo máximo de sesenta años. El 27 de Junio de 1890, una disposición federal aprobaba el contrato de compra con el cantón de Berna; la Confederación quedaba además autorizada para adquirir otras acciones de prioridad Jura-Simplón, con la reser- va de que el precio no sería mayor que la cifra fijada en el contrato. Los excedentes previs- tos, resultantes de la diferencia entre los dividendos anuales y los atrasos pendientes de pago, en cuenta los derec 134 ño 1, 4 30 SUIZA TOMO V se destinaban a constituir un fondo especial cuyo empleo habría de ser determinado por una dis- posición federal. | Animado por este éxito: parlamentario, que no provocó oposición en el pueblo, el Consejo fe- deral entabló al año siguiente negociaciones con un consorcio de Bancos alemanes y suizos que le ofrecía 50.000 “acciones del ferrocarril Central al precio de 1.000 francos por acción, y acep- taba, en cambio, títulos de renta federal a 3 por 100. El fin que perseguía el Gobierno al proceder así, era llegar al rescate completo del ferrocarril, por lo que también se dirigió a la Compañía para conocer en qué condiciones consentiría en cederle su red. Las Cámaras no habían discutido aún la oferta del consorcio, cuando el Consejo les sometió un proyecto de rescate íntegro que suponía necesariamente la creación de una deuda de 200 millones. Aprobado este último por el Parlamento, se promovió la petición de un referendum, como resultado del cual el pueblo, estimando que el precio era demasiado eleyado, rechazó el proyecto por 289.406 votos contra 130.729, en 6 de Di- ciembre de 1891, lo que ocasionó la dimisión del consejero federal Mr. Welti. Sucedió a éste en el cargo el Dr. Joseph Zemp, de Lucerna, que, hostil en un principio a la idea, se convirtió en decidido partidario del rescate, preparando la operación por medio de diversas leyes contra las empresas ferroviarias, siendo la más notoria la de 27 de Marzo de 1896 sobre la contabilidad de las Compañías de ferrocarriles, ley que fué aceptada por el pueblo, no sin gran lucha previa, el 4 de Octubre del propio año, por 223.238 votos contra 176.574. Esta ley derogaba la de 1883 y tendía a establecer los precios de rescate, ligando a las Com- pañías. Para ello se invocaba como razón la obscuridad de las cláusulas de las concesiones y la necesidad de regular sobre nuevas bases la determinación de los productos y del capital de esta- blecimiento. Al mismo tiempo, la ley de 1896 quitó a los tribunales arbitrales el conocimiento de los pleitos que se suscitaran con ocasión del rescate, transfiriendo dicha atribución a la Confederación. El Gobierno propuso inmediatamente el rescate de las líneas de las cinco grandes Com- pañías que bajo el régimen entonces vigente acabaron por concentrar en sus manos la casi totalidad de la red de vía normal: Jura-Simplón, Central Suizo, Nordeste, Unión Suiza y Gotardo. Votada la ley de rescate en 15 de Octubre de 1897, el pueblo la aceptó en 20 de Febrero de 1898, por la enorme mayoría de 386.634 votos contra 182.718. FOR OR Además de las leyes antes citadas, se promulgaron otras varias durante este período, y debe- mos citar, entre ellas, la de 1899 sobre la duración del trabajo en la explotación de los ferrocarriles y otras Empresas de transportes, y la de 1895 que se refiere al derecho de voto de los accionistas de las Compañías ferroviarias y a la participación del Estado en la administración de las mismas. En todo o en parte, pueden ser consideradas varias de esas leyes como preparatorias de la de rescate de 15 de Octubre de 1897, refrendada por el voto popular en 20 de Febrero de 1898, según acabamos de indicar. V Argumentos aducidos por los partidarios y enemigos del.rescate de los ferrocarriles. Causas determinantes de dicha medida. Los adversarios del rescate adujeron contra él los siguientes argumentos: El rescate—decían—es contrario a las tradiciones e ideas del pueblo suizo, como así lo ha mani: testado éste en las diversas ocasiones en que se le ha consultado sobre el particular. Hoy habrá de manifestarse, sin duda, más opuesto a que se lleve a cabo esta operación, de mucho mayor coste en la actualidad que en aquellas ocasiones. Además, reprochaban al Gobierno el no fijar exactamente AE = 3 RS AS E z A Nes id PA MATOS E RN e pa y TOMO V ASE 31 el precio del rescate; y si bien es cierto que el Consejo federal había previsto en bl de mil millones, las Compañías reclamaban algunos cientos de millones más. Ed un coste que no se hubieran establecido previamente las condiciones del empréstito pa z E el rescate, cuyo éxito podía reputarse como muy dudoso. En suma, todas esas Ad realizar mismo género, venían a constituir una acusación contra el Gobierno por lanzarse a da A E costosa y trascendental empresa sin el debido estudio previo y como por sorpresa n delicada, A los argumentos anteriores se añadían los relativos a la cuestión de com Ce A Ae administrativa necesaria para dirigir los ferrocarriles, que los contrarios al .— EEE a el Estado en el grado necesario, aduciendo ejemplos de otros países; por lo cual OCÓN nes que agregaban, independientes de la mayor o menor capacidad del EÓ il > n desastre financiero para l Por otra parte, les pare de ferrocarriles organizado laban en interrumpir las comu huelga de la Compañía del No durado sólo dos días. En fin, de un modo general, Estado se ha convertido en pro productos que fabrica, O SÚ coeficie que el de los particulares O Empresas encontraban muy conformes CoN las principal que el Estado se desenvuel políticos, mientras que el industrial sólo tencia, le obliga a desenvolverse en sus nes técnico que en el ec a Confederación a corto plazo. cía peligroso transformar en funcionarios federales a 25.000 emplead . OS s en sindicato, que recientemente acababan de demostrar que no vaci icaci í vaci- nicaciones del país para imponer Sus pretensiones, como ocurrió en la rdeste en 1897, sin que desvirtuase su gravedad el hecho de haber invocaban las experiencias hechas en todos los países en que el ductor o empresario, según las cuales el precio de coste me ES nte de explotación, es más elevado, en igualdad de o privadas; resultados prácticos que los enemigos del pa previsiones del buen sentido, por varias razones, siendo la ve en todas sus esferas de acción elscindo: a móvile atiende a su interés personal que, en virtud de la pa ocios aquilatando todo lo posible, lo mismo en el orden onómico. e se invocaron, principalmente, las siguientes razones: nes de orden económico y social: Los ferrocarriles no debían ser explotad s, sino atendiendo sólo al interés general. Según el Consejo fétera la reunión de las cinco grandes Administraciones ferroviarias en una sola, había de permitir la su e leos, la mejora de la suerte del personal, y además una E sión de un gran número de emp rebaja en el precio de coste de los transportes, así como también numerosas refo e rma ¿ 1: s beneficiosas en las condiciones de los mismos. En segundo lugaf, razones de orden nacional: Las compañías formaban un Estado extranj , dentro del Estado. El día en que el movimiento de concentración de OS 7 O todavía, el peligro E Para un país pequeño, en que la neutralidad corre el riesgo de ya desde el punto de vista económico, ya desde el punto de vista ER , gularmente grave. No hay duda de que para realizar la nacionalización 5 ; había de verse obligada a recurrir a empréstitos que suscribirían Pai ES Ad ros. Pero no es lo mismo tener acreedores en otros países, que tener accio se e pañías ferroviarias del propio. Los acreedores quedan solamente con su nistas les sean pagados nO hay que temer ingerencia alguna por su barte El s Cupo- también de orden exterior: la competencia internacional en | lanas / En favor del rescat En primer lugaf, razo en interés de unos cuanto verse amenazada, peligro hácese sin pobre en capitales, capitalistas extranje extranjeros el las COM nes, y mientras éstos evitaría además otro peligro, ferrocarriles. Entre 1950 y 1960 —se decía—Francia entrará casi gratuitamente en posesión de su el Estado francés podrá entonces rebajar las tarifas y atraer hacia sus líneas ¿ as ¿un red ferroviaria; Le e A IT E > mediatamente después de refrendada por el pueblo la ley de rescate de 1897, consideramos abierto 392 SUIZA TOM O V Ni tráfico de tránsito cada vez mayor. Lo mismo ocurrirá en otros países de la Europa Central que S están ya en posesión de sus vías férreas y que habrán tenido tiempo para amortizar el capital de E construcción o de nacionalización. Si quiere Suiza encontrarse entonces en condiciones igualmente ventajosas, es preciso—se añadía—que rescate inmediatamente y organice la amortización del capi- tal de sus ferrocarrilles para realizarla en sesenta años. Eo ok La brillante victoria que en la votación popular obtuvo la ley del rescate, constituyó para mu- chos, aun dentro de la misma Suiza, una verdadera sorpresa. No se explicaban cómo podía haber votado en tal sentido un pueblo que en diversas y recientes ocasiones se había manifestado con tanta claridad contrario al rescate. ¿Cuáles han sido—se preguntaban—las causas determinantes de cambio tan radical? En primer lugar, hay que tener en cuenta la evolución de la mentalidad política. En aquellos años, sobre todo a partir de 1890, se notó, según ya indicamos en su lugar, que la idea nacional y la democrática iban arraigando muy de prisa en el pueblo, a expensas de la idea liberal. La impul- sión de este doble movimiento hacia la centralización y hacia el socialismo de Estado, afirma Numa Droz que partía con más frecuencia de arriba que de abajo, hallando la expligación de este fenó- meno, por una parte en la tendencia de la Administración federal a ensanchar su esfera de acción, y por otra, en la opinión de las clases directoras, según la cual el medio para encauzar el socialis- mo, es implantar «el socialismo de Estado, o sea una serie de instituciones que, con el fin de ignalar entre los ciudadanos las condiciones de la lucha por la existencia, hacen del Estado el dis- tribuidor del bienestar general, bajo la forma de seguros, de instituciones de crédito, de monopolios diversos». En segundo término, las razones de orden nacional antes expuestas constituían, sin duda, un argumento decisivo a favor del rescate en las esferas gubernamentales. Esto parece probarlo la tenacidad de los Gobiernos que, según se ha explicado, no abandonaban esa idea a pesar de los fracasos de sus tentativas en tal sentido, siendo sumamente significativo el hecho, que también ha sido relatado, del cambio de criterio del Dr. Zemp, y su actuación cuando, formando parte del Con- sejo federal, tuvo ocasión de estudiar el problema con toda clase de elementos de juicio, dándose así el caso de que quien hizo votar la reversión fuera él, es decir, un antiguo enemigo del rescate y sucesor de Mr. Welti, que tuvo que abandonar el cargo precisamente por haber intentado hacer lo propio. es En suma, entre los contrapuestos argumentos y a través de las vivas discusiones y luchas soste- nidas por los defensores y adversarios del rescate, parece que el éxito de los primeros se debió a la tehacidad de los Gobiernos, provocada a su vez por motivos de alto interés nacional que aquéllos estimaban decisivos, y allanando considerablemente el camino la evolución política que se estaba operando en el país en sentido centralista y democrático. " Cuarto periodo.—Estatista.—1898 en adelante. Ejecución de la Ley de rescate de 1897-1898.—Dificultades con que se tropezó.—Coste de la operación. SN z Aun cuando la incautación de las líneas por el Estado no empezó, como puede suponerse, in- Eo En + : aci) BURGESS. 0 este período en 1898, año en que se verificó el indicado referendum y a partir del cual comenzaron las operaciones preliminares para llevar a cabo la reversión. AT NCAA ACE Eine ES E 8 0 nd a ¿TOMO V SUIZA 33 ] Según los términos de la ley de rescate, la nacionalización debía hacerse de conformidad con la legislación federal y también en armonía con las cláusulas de las respectivas concesiones. La ley sobre el derecho de voto de los accionistas, así como la de contabilidad, que ya han sido mencionadas anteriormente y que, según se indicó, fueron leyes de circunstancia promulgadas con objeto de facilitar a la Confederación el rescate de los ferrocarriles, produjeron gran revuelo en Suiza, del mismo modo que entre los muchos alemanes poseedores de una parte considerable de los capitales empleados en los ferrocarriles de dicho país. : Entre los numerosos incidentes que con tal motivo surgieron, hay uno capital que no podemos dejar de reseñar. Las cinco Compañías que iban a ser rescatadas recurrieron en apelación al Tribu- Ñ nal federal contra el procedimiento que el Gobierno había fijado para hacer el cálculo del producto neto en que debía basarse el establecimiento de las anualidades de rescate. En la mayor parte de -los puntos el Tribunal se pronunció en favor del Gobierno, pero al ocuparse del rescate del ferro- carril Central resolvió con carácter general que las cláusulas de las concesiones, y no las de la ley de contabilidad, debían servir de base para el establecimiento de la indemnización de rescate. Con cuya sentencia el mencionado Tribunal venía a reconocer implícitamente que la tantas veces citada ley de 27 de Marzo de 1896 sobre la contabilidad de los ferrocarriles, era defectuosa y en cierto modo supérflua, ya que, por lo dicho, cuando existiera contradicción entre el texto de esa ley y el de las concesiones, era este último el que debía prevalecer. El Gobierno había dispuesto, por otra parte, que el producto neto medio anual debía ser calcu- lado hallando el promedio de las diferencias existentes en los últimos diez años entre los productos y los gastos de la explotación. Las Compañías se negaron a admitir esta regla, que sólo encontra- : ban justa mientras el capital de establecimiento no hubiera variado durante esos diez años. | En resumen, las mencionadas leyes de circunstancia puede decirse que constituían por 10 menos una interpretación unilateral de los términos de las concesiones, interpretación dada con objeto de reducir al mínimo el producto neto de la explotación de las Compañías, aparte de otros fines; y como, con arreglo a las concesiones, la indemnizazión de reversión debía ser, según se dijo, igual a veinticinco veces el producto neto anual medio de los diez años que precedieran inme- diatamente a la fecha de la denuncia para la reversión —deducción hecha de ciertos fondos y te- 14 niendo en cuenta también otras limitaciones—resultaba que dichas leyes y demás medidas comple- y mentarias del Gobierno habían de reducir forzosamente el precio o indemnización de reversión. Los peritos nombrados por el Gobierno, sujetándose a las bases antes aludidas que éste les dió, calcularon que el indicado precio habría de elevarse para la red de las cinco grandes Compañías io - a 964 millones de francos, suma a la que convenía añadir como primer capital de explotación : otros 57, lo que hacía un total de 1.021 millones. ES En vista de la sentencia del Tribunal federal a que acabamos de referirnos, el Gobierno tomó el partido de tratar amistosamente con cada una de las Compañías en lo referente al precio de rever- E sión. Las negociaciones que tuvieron lugar hasta conseguir que el rescate fuera un hecho, resulta- Y ron en extremo laboriosas. có Y * og 19 " e Con objeto de dar una idea, siquiera sea muy ligera, acerca de las mismas, diremos que la dificultad principal con que se tropezaba en las negociaciones para hacer efectivo el rescate, opera- i Ó ción ya de suyo muy difícil en todos los países y circunstancias, era la prosperidad que alcanzaban en aquella época los ferrocarriles, lo que naturalmente aumentaba el precio que el Estado debía | : pagar por ellos a las Compañías concesionarias. y En efecto, si se compara el rescate suizo con el prusiano, que tuvo lugar muchos años antes, se 3 » A Ey 173 34 SUIZA TOMO V observa que al final del año 70 los valores de los ferrocarriles alemanes, a consecuencia de una larga crisis económica, habían experimentado tal depreciación que el Estado prusiano pudo pagar por ellos un precio superior a st cotización en Bolsa; es decir, pudo dejar satisfechos a los accio- nistas, realizando él también un buen negocio. En cambio, en Suiza se decretó el rescate en la época más favorable para los accionistas y más desfavorable para el Estado, desde el punto de vista del precio. En páginas anteriores hemos mencionado los diferentes intentos de rescate hechos en distintos años y que no llegaron a feliz término. Entre ellos, indicamos las negociaciones entabladas con el ferrocarril Nord-Este, que llegaron a traducirse en el proyecto de convenio de 18 de Enero de 1888, en virtud del cual el Estado se comprometía a pagar a la Compañía 600 francos por acción de capital y 500 francos por las participaciones de fundador, todo ello pagadero en obligaciones fede- rales cotizadas a lá par. En aquella época, ya lo dijimos, ese ferrocarril acababa de sufrir una importante crisis; pero cuando se votó la ley de rescate de 1897 la situación había cambiado radi- calmente, puesto que la Compañía había terminado de construir su red casi por completo, obte- niendo rendimientos muy satisfactorios y ofreciéndosela perspectivas todavía más brillantes. ES En 1900, vencidas por fin las muchas dificultades con que se tropezó y que en líneas anteriores hemos esbozado, se firmó el contrato entre la Confederación suiza y el ferrocarril Central, cuya Compañía fué la primera con la que se llegó a un acuerdo. En dicha ocasión y con tal motivo, el ministro M. Zemp se expresó del modo siguiente: | : <La aprobación del presente contrato será considerada por el «Bundesrath» como una invitación para continuar por este camino. La feliz conclusión de un convenio con el primer ferrocarril consti- tuiría un buen presagio para las futuras operaciones de rescate. Nosotros abrigamos la firme espe- ranza de que el Gobierno podrá negociar del mismo modo con las otras Empresas. Las conversa- ciones entabladas hasta la fecha con algunas Compañías de ferrocarriles, permiten ya esperar resul- tados satisfactorios. La línea del Gotardo, para la cual la fecha de incautación más próxima es el 1. de Mayo de 19098, no debe ser tenida en cuenta por el pronto. Pero el asunto es relativamente sencillo respecto al «Jura-Simplón» y a la «Unión de los ferrocarriles suizos». Las opiniones y los cálculos divergen mucho más en lo que concierne al Nord-Este». Y, en efecto, el rescate del Nord-Este suscitó no pocas dificultades de las que da idea un folleto que, bajo el título «Enquétes sur la valeur de rachat du Nord-Est Suisse», apareció por aquella época firmado por el Dr. Curti de reconocida competencia y que, aun cuando pertenecía al Consejo de Administración de dicha Empresa, supo escribir esa pequeña obra (en que además se trata del conjunto del rescate de todos los ferrocarriles suizos) de un modo que mereció el siguiente comentario que oficiosamente la dedicaron los centros oficiales: «El tono tranquilo y reposado en que se halla, escrito este folleto, le es favorable, y diferentes consideraciones que en él se insertan de orden general, económico y político, han de merecer la aprobación universal. Por otra parte, a todos los partidos y comarcas interesadas les conviene que todo se realice en amistosa inte- ligencia». j > : El autor declaraba que, una vez que el «Bundesrath» pretendía negociar amistosamente, no había de ser él quien agriara la cuestión, haciendo una crítica del rescate de los ferrocarriles en Suiza. No obstante esa declaración, pintaba en las siguientes líneas el modo de obrar del Poder público: «Con sus propios recursos, después de haber trabajado y luchado sin cesar, las Empresas privadas han conseguido tener hoy día casi completamente terminada la red de ferrocarriles suizos, a la que han consagrado grandes capitales. Una vez vencidas las dificultades y las crisis de toda especie, - TOMO V SUIZA 35 debía por fin comenzar para esas Empresas un período tranquilo de desarrollo progresivo y de prosperidad creciente; pero entonces se las dijo: «Sic vos non vobis»! pues fué precisamente en el momento en que iban a empezar la recolección esas Sociedades, cuando el «Bundesrath» decidió aprovechar su derecho de rescate. La nacionalización de nuestros ferrocarriles ha sido preparada por medio de la amenaza y de la opresión. A favor de leyes de excepción y de circunstancia, el «Bundesrath» empleó medios de todas clases para obligar a los accionistas a ceder. Tales procedi- mientos no obtuvieron gran resultado, pero las acciones de ferrocarriles que representan una parte bastante considerable de la fortuna pública, experimentaron sensibles depreciaciones». ES En definitiva, desde 1899 a 1903 se realizó el rescate de cuatro de las cinco grandes Compañías; la del Gotardo fué rescatada más tarde. De todo ello da suficiente idea el cuadro sobre el desarrollo sucesivo y distribución de los ferrocarriles suizos, que forma parte de las estadísticas que se insertan al final de este capitulo. El total de la red costaba a la Confederación cerca de 1.200 millones, cifra bastante superior a la prevista en 1897. De esos 1.200 millones que la Confederación ha pagado como precio total de su red, unos 400 representan el capital-acciones, y el resto el capital-obligaciones. El pago del capi- tal-acciones se ha realizado con ayuda de emisiones de renta federal, o mediante la entrega a los accionistas de títulos de la misma: una mitad del 3 y 1/2, y la otra mitad del 4 por 100. En cuanto a los 800 millones del capital-obligaciones, su pago se ha realizado mediante empréstitos de conversión hechos en Francia desde 1899 a 1902. En virtud de estas operaciones: 4/10 han pasado del 4 por 100 al 3 y 1/2; más de 5/10 eran ya de ese tipo; y menos de 1/10 han quedado al 4 por 100, pues no podían ser convertidos. Organización general de los ferrocarriles federales Suizos. Según los términos de la ley de 1897, debe distinguirse en la Administración de los ferrocarriles tederales, la Dirección superior y la Administración propiamente dicha. El Consejo federal (Consejo de Ministros) y la Asamblea federal (reunión de ambas Cámaras), esto es, el Estado, tienen la Dirección superior. El Consejo federal se ha reservado atribuciones importantes: nombra los miembros de la Direc- ción general y de las Direcciones locales de los ferrocarriles, reservándose además la inspección legal reglamentaria y técnica de la Administración de los ferrocarriles federales, así como la de las Compañías ferroviarias privadas. Además, nombra el Consejo federal una minoría de los miembros de los Consejos de que se hablará después; presenta a las Cámaras el presupuesto, las cuentas y el informe anual de la Administración de los ferrocarriles federales, etc. La Asamblea federal legisla sobre los sueldos y haberes, sobre las tarifas y sobre la adquisición y construcción de nuevas líneas; ratifica los empréstitos y sus cuadros de amortización; aprueba el presupuesto; examina y aprueba las cuentas y el informe anual de la gestión administrativa. La Administración propiamente dicha comprende un organismo central y organismos locales. El organismo central se compone de la Dirección general y del Consejo de Administración. La Dirección general es una colectividad de cinco o siete miembros nombrados por seis años por el Consejo federal, a propuesta del Consejo de Administración; reside en Berna. El Consejo federal designa por tres años, entre los miembros de la Dirección, un Presidente y un Vicepresidente. El Presidente es el verdadero jefe de los ferrocarriles federales. : La Dirección general, en principio, está encargada del conjunto de la gestión de los ferrocarri- les federales. Nombra el personal de la Administración central y los jefes de servicio de las direccio- 3 ¿0 qn EXA A AE SA AT NA A A a AAA A EA A AS _ ria, o rm cer + 36 SUIZA TOMO V nes de distrito; elabora el presupuesto, las cuentas, el informe anual; regula el servicio, etc., etc. El Consejo de Administración se compone de 55 miembros: 25 son nombrados por los Cantones y Semi-Cantones; y cinco son elegidos por los Consejos de distrito de su propio seno (la mayoría de estos Consejos es nombrada por los Cantones). Las representaciones cantonales tienen, pues, mayoría en el referido Consejo. Hechos estos primeros nombramientos, el Consejo federal provee los 25 puestos restantes; pero sin poder elegir más de nueve individuos entre los miembros de las Cámaras federales; y ha de pro- curar que en esos nombramientos queden convenientemente representadas la agricultura, el comercio y la industria. El Consejo es nombrado por tres años. Ejerce poderes generales de vigilancia e ins- pección; resuelve en última instancia sobre los contratos de cierta importancia; emite determinados informes; tiene ciertos derechos de iniciativa y de ratificación (para el nombramiento de los jefes de servicio, por ejemplo). La Administración local está confiada a las Direcciones locales y a los Consejos de distrito. Hay cinco Distritos (1), y en cada Distrito hay una Dirección que se compone de tres miembros. A su lado existe un Consejo de distrito, compuesto de 15 a 20 miembros, cuatro de los cuales son nombrados por el Consejo federal y los demás por los Cantones o Semi-Cantones del Distrito. Los poderes de la administración local son muy extensos en la red que le corresponde. Todas esas autoridades tienen carácter colegial: son verdaderas colectividades, no: son individuos. Ko % Dicha organización se halla combinada de manera que asegure a los ferrocarriles federales una muy amplia autonomía. Esta autonomía puede ser considerada, ya desde el punto de vista administrativo, ya desde el punto de vista financiero. La autonomía administrativa, esto es, la independencia con respecto al poder político, se afirma con la recluta del personal de la Administra- ción y también con los poderes de que se halla investida. Muy amplia es, en verdad, la autonomía administrativa de los ferrocarriles federales; pero su autonomía financiera es más amplia aún. El pre- supuesto de los ferrocarríles federales es un presupuesto aparte, enteramente distinto del presupues- to general de la Confederación. Lo mismo ocurre con las cuentas anuales. Dicho presupuesto es doble: un presupuesto de explotación, y otro de construcción. El presupuesto de explotación com- prende los probables ingresos y los gastos de servicio, las anualidades e intereses del capital, las entregas al fondo de renovación del material, de las vías, etc., previstas por la Ley, las entregas a los fondos de seguros de incendios y las amortizaciones legales. En una quincena de presupuestos anexos se resume la gestión de los talleres y de los economatos de los ferrocarriles federales. Estos diversos establecimientos tienen una administración puramente industrial. Los ferrocarriles federales les pro- porcionan el capital necesario con el correspondiente interés y les pagan luego los servicios de los objetos que producen. El presupuesto de construcción indica los gastos que los ferrocarriles federales se proponen hacer durante el ejercicio para la construcción de líneas nuevas o ejecución de nuevos trabajos, para el material móvil, mobiliario, utensilios y servicios accesorios en cada uno de los dis- tritos. Estos gastos han de ser cubiertos mediante empréstito; pero una pequeña parte de los mismos ha de ir a cargo de la explotación, por lo que el presupuesto de construcción está subdividido en tres columnas: en la primera, figura la cifra total que se ha de gastar; en la segunda, la parte que corres- ponde al presupuesto de construcción; en la tercera, lo referente al de explotación. La Ley determina minuciosamente las categorías de .gastos que han de ser inscritas en cada una de dichas columnas. (1) 1. Lausamne.--II. Basel.—I. Zurich. —IV. St. Gall.—V. Luzern. TOMO V SUIZA Sí Con arreglo al artículo 8. de ley de 1897, la contabilidad de los ferrocarriles federales está «separada de la de las demás ramas de la Administración federal, y se lleva de manera que la situa- ción financiera de los ferrocarriles pueda ser en todo momento determinada con exactitud». El empleo del producto neto de la explotación está rigurosamente prescrito en el propio artículo. Queda afecto, en primer lugar, al pago de los intereses y a la amortización de la deuda de los ferro- carriles; el 20 por 100 del sobrante, si lo hay, se ingresa en un fondo de reserva especial que se lleva aparte del resto del activo de los ferrocarriles federales, hasta que dicho fondo alcance, con los inte- reses capitalizados, la suma de 50 millones. El 80 por 100 restante se ha de emplear en beneficio de los propios ferrocarriles, en perfeccionar y abaratar el coste de los transportes, y especialmente en reducir de una manera proparcional las tarifas de viajeros y mercancías y en extender la red suiza, la de las líneas secundarias en particular. Cuando los ingresos ordinarios, unidos a los saldos activos no empleados, no basten para pagar los gastos de explotación, los intereses del capital de construc- ción y la amortización, habrá llegado el caso de poderse tomar del fondo de reserva la cantidad necesaria. Resultados de la explotación y gestión de los ferrocarriles federales suizos. En los párrafos que siguen pretendemos aclarar y ampliar en la medida necesaria los datos in- cluídos en algunos de los cuadros estadísticos que acompañan a este capítulo. El examen de los resultados obtenidos en la explotación y gestión de los ferrocarriles federales suizos, debe partir del año 1903 inclusive, pues aun cuando en 1902 empezó la Confederación a ex- plotar diversas redes, y a pesar de que hasta 1909 no tuvo a su cargo la red del Gotardo, como en el expresado año de 1903 ya explotó cuatro de las cinco grandes Compañías, es fácil considerar, a partir de ese año, bien la gestión de los ferrocarriles federales propiamente dichos, o bien, para faci- litar la comparación, como hemos hecho en alguno de nuestros cuadros, suponer, desde luego, que la red del Gotardo formaba parte de la de los ferrocarriles federales a los solos efectos de este examen. Desde luego, el cuadro de los coeficientes de explotación comparados, demuestra que en Suiza, como en las demás naciones, a la incautación y gestión directa de los ferrocarriles por el Estado ha acompañado una subida instantánea de dicho coeficiente (1). | *oEok En la Memoria anual correspondiente a la liquidación del ejercicio de 1907, la Dirección general de los ferrocarriles federales suizos expone ante el Consejo federal las siguientes consideraciones, a modo de resumen: | «El resultado del ejercicio es favorable en lo que concierne a los productos de la explotación que han continuado aumentando. »Es cierto que dicho aumento es menos importante que anteriormente, lo que constituye un indi- cio seguro de paralización en el desarrollo del tráfico y aun quizás el principio de un período de re- troceso. En cambio, el crecimiento persistente de los gastos de explotación da motivo a ciertos te- mores: por una parte, proviene, como precedentemente, del gran aumento de los gastos relativos al personal, producido asu vez por la elevación de los salarios y la reducción de las horas de trabajo; por otra parte, ese aumento es consecuencia del encarecimiento de las materias de consumo, en par- ticular de la hulla y de los metales, el cual nos ha afectado a pesar de los precios reducidos a que (1) Téngase en cuenta lo que sobre el coeficiente de explotación se dice en la Introducción y en varios capítulos de este Título. o tm En A SUIZA TOMO V habíamos hecho las compras gestionadas con anterioridad en condiciones ventajosas, una vez termi- nadas las cuales apenas nos será posible beneficiarnos de dicha reducción. El excedente de la explo- tación se eleva a 46.484.602,89 francos, mientras que en 1906 era de 45.429.666,95 francos (1); en realidad es necesario reducirlo en 2.500.000 francos, a que ascienden los aumentos concedidos con motivo del encarecimiento de la vida. »El coeficiente de explotación se ha elevado... El saldo activo de la cuenta de pérdidas y ga- nancías, que era en 1906 de 4.828.523,79 francos, comprendidos 2.580.000 francos por los aumentos concedidos al personal con arreglo al Decreto de 12 de Abril de 1907, ha descendido a 2.854.206,95 francos, del que deben deducirse además 2.500.000 francos por los aumentos otorgados al personal, en cumplimiento al Decreto federal de Diciembre de 1907. Los detalles de este resultado poco satis- factorio se exponen en los capítulos siguientes. » : Añadamos, para completar lo que en esas líneas se dice, que mientras las amortizaciones fue- ron, en 1903, de 4.300.000 francos; en 1904, de 4.645.000; en 1905, de 5.211.000; y en 1906, de 6.500.000; el aumento neto de la cuenta de construcción fué, en 1903, de 15.100.000; en 1904, de 20.600.000; en 1905, de 16.250.000; y en 1906, de 16.050.000 francos. Desde que se efectuó el rescate hasta 1907, inclusive, la Deuda propia de los ferrocarriles te- derales aumentó en 77 millones. En vista de tales cifras, el Ponente de la Comisión permanente, al dictaminar sobre el presupuesto para 1908, concluía expresando que consideraba necesario se mo- derasen las pretensiones formuladas respecto a los ferrocarriles federales, si no se quería inaugurar un período de déficits crónicos. En la Memoria anual correspondiente a la liquidación del ejercicio de 1908, la Dirección general de los ferrocarriles federales suizos se expresa del modo siguiente: «El resultado del ejercicio es muy desfavorable, porque no solamente la disminución de los in- gresos que habíamos previsto se ha realizado efectivamente, sino que además los gastos han au- mentado de nuevo en considerables proporciones. >»Resulta de aquí que el excedente de los productos sobre los gastos, que era de 46.484.603 francos en 1907, ha descendido a 41.170.368; y que la cuenta de pérdidas y ganancias, no com- prendidos los aumentos otorgados con motivo del encarecimiento de la vida, acusa, en lugar del ex- cedente activo de 2.854.207 francos, del ejercicio 1907, un saldo pasivo de 2.854.074, mientras que el presupuesto para 1908 sólo preveía un déficit de 73.790 francos. »Este desdichado resultado es debido, no sólo a la disminución del tráfico, sino también al cre- cimiento de los gastos, en particular, de los relativos al personal; proviene, por otra parte, del au- mento de gastos de entretenimiento y renovación del material móvil, del encarecimiento de los car- bones y del crecimiento de las cargas financieras originado por los empréstitos hechos para mejoras - y construcciones nuevas. Cierto es que el mismo fenómeno se ha producido en los Estados vecinos, pero este hecho que puede servir de explicación, no basta, sin embargo, para calmar las inquietudes que despierta esta situación. Por lo cual hemos comenzado ya durante el curso del ejercicio a recurrir a medidas propias para reducir la cifra de los gastos, y podemos demostrar que durante los dos pri- meros meses de 1909, estos últimos han disminuido en 913.478 francos, con respecto al mismo pe- ríodo de 1908. Parece posible, dedicándose a ello seriamente, mejorar la situación financiera sin re- yd (1) Las diferencias que se encuentran entre estas cifras y las que aparecen en el cuadro que expresa los resulta- - también la red del Gotardo. Sirva esta advertencia para lo sucesi dos generales de la explotación de los ferrocarriles federales suizos, son debidas a que en dicho cuadro se incluye vo en los casos análogos. 1 á +18 e 1, +8 > P ; “e > P E E AS TOMO V SUIZA 39 currir a medidas excepcionales, como sería, por ejemplo, una notable elevación de las tarifas. Pero para ello habrá que atenerse a una justa medida, efectuando la revisión de la ley sobre los sueldos, actualmente en preparación; se requerirá tambien, al revisar los salarios, suprimir los trenes innece- sarios, y suspender admás los trabajos de ampliación que puedan hacerse hasta la época en que un nuevo aumento del tráfico, que tarde o temprano habrá de producirse, permita de nuevo realizar ma- yores gastos.» El Consejo de Administración de los ferrocarriles federales suizos, al elevar al Gobierno la Me- moria de que acabamos de copiar los párrafos que anteceden, hace constar su opinión de que «las cau- sas del resultado desfavorable radican principalmente en el nuevo crecimiento de los gastos»; y entre las consideraciones que expone, creemos conveniente reproducir las que siguen: «Los resultados que tenemos a la vista no nos sorprenden en modo alguno. Las cargas aumen- tan de año en año, en particular con motivo del aumento en el recorrido de los trenes; y encontrándo- se, por consiguiente, disminuida la elasticidad del presupuesto, era de preveer que una paralización en el desarrollo del tráfico, o lo que es más grave todavía un descenso del mismo, tendría por efec- to alterar el equilibrio financiero de la empresa. i »Se creía que desde el momento en que una red pasaba a manos de la Confederación, debía dar- se satisfacción inmediata a todas las reivindicaciones, a todas las reclamaciones, a todos los deseos que las Compañías privadas se habían negado a tener en cuenta; las exigencias concernientes a la explotación, al confort, a la reducción de tarifas y al aumento del número de trenes, ya no tenían límites. >Del mismo modo, en todas partes se reclamaba el establecimiento de dobles vías, la supresión de los pasos a nivel, la transformación y ampliación de las estaciones existentes, etc., trabajos que siempre se decía eran de la mayor urgencia y no consentían el menor retraso, y nadie parecía preo- cuparse de los gastos que habían de ocasionar. »La marcha siempre creciente, a partir del rescate, del tráfico y de los productos, hacía creer al público que los recursos de los ferrocarriles federales eran inagotables; y la Administración, bajo la influencia de la opinión pública, así como de las agobiantes recomendaciones de las Autoridades cantonales y federales, quizá no se ha opuesto siempre con todo el vigor necesario a las exigencias con que se la ha asediado. »Sea de ello lo que quiera, nos encontramos en presencia del hecho de que el coeficiente de explotación ha aumentado notablemente a partir del rescate: se elevó a 65,53 en 1903; 67,68 en 1904; 66,42 en 1905; 67,49 en 1906; 69,17 en 1907; y sube a 72,82 en 1908. El aumento e 3,65 que se ha producido de 1907 a 1908 es inquietante.» «No desconocemos que es muy especialmente en la reducción de los gastos donde hay que buscar el restablecimiento del equilibrio. Cuando las Compañías privadas se encontraban en situa- ciones idénticas, podían disminuir o suprimir el pago de los dividendos a sus accionistas, lo que les facilitaba la solución. Los ferrocarriles federales no disponen de ese recurso; deben pagar regular- mente los intereses de su deuda, que es próximamente de 1.239 millones en números redondos, y proveer además a la amortización de su capital de establecimiento. > «No podemos prescindir de hacer notar desde este momento, que los ferrocarriles federales tendrán que soportar nuevas € imponentes cargas, empezando ya desde este año, como consecuen- cia del aumento legal de los sueldos en 1.” de Abril de 1909 y del que, como derivación del mismo, han de experimentar también los abonos a la Caja de pensiones y socorros, así como también para hacer frente a los compromisos ya adquiridos en materia de construcción y a los que todavía sobre- vendrán. Debemos, asimismo, recordar la revisión próxima de la ley sobre los sueldos que llevará consigo un aumento notable en los gastos, aun cuando se obre con gran prudencia.» 46 TOMO V SUIZA En lo que se refiere a los viajeros, la rebaja más notable es la que concierne a los billetes de ida y vuelta (1). La situación del personal ha sido notablemente mejorada. La ley de 29 de Junio de 1900 sobre los sueldos y jornales, tomó por base las cifras más favorables de las antiguas Compañías del Central, del Nordeste, de la Unión Suiza y del Jura-Simplón, excepto para las dos primeras clases de emplea- dos cuyos sueldos se han reducido siguiendo las tendencias democráticas. Con estas diversas mejoras en las condiciones del transporte y en la suerte del personal, ha coincidido un extraordinario aumento del tráfico. Las previsiones del Mensaje del Consejo federal de la época de la reversión (1897), han sido desde este punto de vista rebasadas en erado extremo. Desde 1903 a 1913, ambos inclusive, los productos de la explotación de la red general han pasado de 134 a 213 millones, y el producto kilométrico, que era inferior a 50.000 francos, ha rebasado los 70.000. E El programa, la finalidad con que la reversión se perseguía, podía reasumirse esencialmente de este modo: hacer los ferrocarriles suizos independientes del extranjero; y amortizar en sesenta años su capital de construcción, de manera que hacia 1960 puedan encontrarse aquéllos en situación tan ventajosa como los de los países vecinos. Dado el tiempo relativameute muy corto que ha transcurrido a partir del rescate, no es posible todavía deducir consecuencias demasiado generales, las que, por otra parte y según hemos dicho repetidas veces en el curso de la presente obra, nos hemos vedado formular por nuestra cyenta. Creemos, sin embargo, haber dado al lector los elementos necesarios para establecer las conclusio- nes a que es posible llegar dentro de la limitación que acaba de indicarse. E ERE Terminaremos recordando que en el cuarto período a que venimos refiriéndonos, ha quedado abierto el famoso túnel del Simplón, el más largo del mundo, y del cual no procede nos ocupemos - en este lugar; pero hubiéramos creído omisión imperdonable dejar de mencionarlo, habiéndolo hecho con el del Gotardo, no tan importante. Nos limitaremos, a título de curiosidad, a indicar que el pri- mer anteproyecto de dicho túnel data nada menos que de 1857, y que fué formulado como conse- cuencia de la concesión que el Cantón de Valais y la Confederación suiza otorgaron en 1853 a un grupo de financieros y contratistas franceses para construir un ferrocarril que, partiendo del lago Léman, remontara el valle del Ródano y atravesara los Alpes por el Simplón. La unión de las dos galerías norte y sur del túnel se verificó a las siete de la mañana del 23 de Febrero de 1905, a 9.387 metros del arranque sur (lado de Iselle) y a 10.344 del norte (lado de Brigue). También como datos curiosos de los ferrocarriles suizos, diremos. que los 415 túneles que en ellos existían en 1910, sumaban 165 kilómetros, siendo varios de considerable longitud, y sobresa- liendo entre ellos el Simplón (20 kilómetros) y el Gotardo (15 kilómetros). De las extraordinarias pendientes de los ferrocarriles de montaña, no sólo funiculares, sino tam- bién de cremallera, ya hemos hecho la suficiente indicación. — - En fin, la más elevada de las 1. 364 estaciones y apeaderos que existian en Susa en el referido año de 1910, era la «Mer de glace» del ferrocarril de la Jungfrau, situada a 3.174 metros de altitud; y la más baja, la estación «Reazzino» en el Lago Mayor, a 205 metros sobre el nivel del mar. Los cuadros estadísticos que siguen contienen otros datos interesantes que por figurar en ellos no hemos de repetir aquí. A (1) Claro es que nos referimos a la época anterior a la guerra. a a GR IR + Ml 3 K. Y RN ; pd : 0 A ya : eE e a Al el Es A Co y bt ¿de E E Més; E ñ re qe j . es Fa APÉNDICE AL CAPÍTULO VI Algunos datos estadísticos (1). m f | (1) Ténganse en cuenta al examinar estos cuadros, además de sus notas especiales, ] ¡ : as observaci Estadística hechas en las Advertencias generales y en la Introducción del presente Título : de Eu e ES EN haz " AR RR IA lencia » , | de moco 4 (E a al e ES EA? Le ¿de PY 4 $3 A sr des 48 APÉNDICE AL CAPÍTULO VI CUADRO NÚM. 139 (XXXVI) - Ferrocarriles de vía normal (1) .......... Idem de vía estrecha :2)......o...o.o.. ... Idemmdaecremalleradd nano no qosda dera Suman las redes principales y secundarias...... Rerrocariles de via rUnicaass event e apulo Identde doble viaria palas o PEE Eerrocarrilestederales conc. eo to don doler Piecasanexas (does ains as cota Compañía del Jura-Simplón (5)... AS IldenmdeliNordeste (o) aer ad oo dt io cibiiO 1d o Idem del Central SUIZO (Doc ccnraroroaconno nt Idem de la Unión Suiza (5)...........r 0 0.oooc.ol: ¡dende nGotardo O tua ea eo aro » Suman las redes principales. .... ......c.o.o.o.. 2.478'794 (6) Redesisecundarlas a ot O aia cia UU 84341 (7) Ferrocarriles funiculares (8). ¿.coco.moo...co.. a ; 2 2.563'135 2,313'441 249694 A A A A AAA A A (qú——_—_—___ »> 2.667'359 (6) 1890 >» » » 3.100'949 -2,620'353 480'596 » » 989'609 650774 394'010 300'106 240'444 2.574'943 526'006 » E A TOMO V » » » 3.447117 2.836'997 610120 » Y) 1.078'596 7135'074 394010 300'106 240444 2.748'230 698'887 16720 » » » 3.707'038 2.975'501 731587 >» Ñ >» 1.064'331 770924 395'255 972533 2.803'352 903'716 94531 Y Desarrollo sucesivo y distribución de los ferro. Lo 3.019'641 a y secundarias. (7) En la clasificación adoptada en aquellos años esas cifras corresponden a las llamadas entonces líneas especiales, entre las que las habla: di únicas líneas de turismo, quo hay entre las lineas secundarias no pocas construídas también con el único objeto de fomentar el Mipcbiia S Y de e AT 15 Y , Ny AN ; TOMO V APÉNDICE AL CAPÍTULO VI 49 A i carriles suizos desde 1880 a 1911 (en kilómetros) A O A o ¿8 1002 1903 1904 1905 1906 1907 1908 1909 1910 1911 Í » » » 3.286'735 3.257'086 | 3.274'521 3.376771 3.325'984 3.408'986 3.448'374 Ñ » » » 786411 864684 949'944 941430 1.069163 | 1.066'169 1.101*695 No > » » 96'263 96263 96269 95438 96320 97375 102296 : UN 3.843'512 | 4.002'872 | 4.111'121 4.169'409 | 4.218'033 | 4.320734 4.413'639 4,491,067 4.572'530 4.652:365 y 4.085655 | 3.219'864 | 3.202058 | 3.302%582 | 3.316'856 | 3.389'517 3.098,715 3.159'801 3.224'978 3.308,336 z 157857 783'008 819'063 866'827 901177 951217 1.314,924 1.331'266 1.347'552 1.344'029 2 | 1.467'075 | 2.394'859 2.395'342 2.388'930 | 2.410'741 2.410'572 2.410'582 2.625'939 2.639:596 2.639'541 RES 112275 119'470 60112 60112 60112 60112 | 60112 97767 97167 | ] 1 ; 056'688 » » » » >» » » » >» 3 » > » » » >» > » » ES » » » » > » » » » » » > » » » » » » » Ml 272533 272'533 272533 272:533 | - 272533 272'533 272533 » » » Lá | 2.796'296 | 2.779'667 2.787'345 2.721575 | 2.743'386 | 2,743,217 | 2.743'997 2.686'051 2.737'363 2.137'308 í 1.047'216 1.223'205 1.323776 1.447'834 1.474'647 1.577517 1.670'412 1.805'016 1.835'167 1.915'057 25635 26'284 26284 26'420 27397 31,850 32650 32650 38'684 42'823 (€ das por el Estado por cuenta de las Compañías propietarias.—(5) Estas cinco Compañías, que eran las más importantes, han sido rescatadas sucesivamente por el mar dicha red.—(6) En la clasificación adoptada en aquellos años esas cifras corresponden a las llamadas entonces /íneas normales, entre las que las había principales normal o estrecha, o con cremallera.—(8) Estas cifras son independientes de todas las anteriores; advertimos que los ferrocarriles funiculares no constituyen las APÉNDICE AL CAPÍTULO VI CUADRO NUM. 140 (XXXVIID. Coeficientes de explotación de los ferrocarriles suizos (no funiculares) de 1897 a 1916. COEFICIENTES DE EXPLOTACIÓN Del conjunto Del conjunto de los ferrocarriles de los ferrocarriles suizos federales y del Gotardo De los derrocariiles Icdetales 60'66 1898 5912 » >» 1899 57'43 » > 1900 58'81 | » > 1901 62'51 ; | » j >» 1902 57'48 » » 1903 61'06 640 655 1904 63'34 e6'0 Y El, 1905 6210 y 648 : 66'4 1906 6131 662 , 675 1907 63'04 68'6 692 1908 67:34 730 : 728 1909 6312 > : 703 1910 ' 59'55 : > : O EGDIO 1911 59'00 » : 643 » » » » » CUADRO NUM. 141 (XXXIX. | | Resultados generales de la explotación de los Ferrocarriles Federales suizos 0. CUENTA DE LA EXPLOTACIÓN (EN MILLONES DE FRANCOS) Productos Gastos : Productos netos 1343 859 484 138'4 | OA | ATO 146:2 | 947 515 1614 106'8 546 ] 1735 | 1191 544 i O, de: 1713 | 1951 1 CO T 1743 1996 | Mo | NS - 1876 1008 1965 1263 20641 1376 2127 | 1494 1835 1359 1783. 1255 dl ] o AA (1) Conobjeto da poder comparar los distintos años con la mayor exactitud posible, se han incluído en las cifras anteriores no sólo los resultados correspondientes ala red de los Ferrocarriles Federales, PO nIAmente dichos, sino también los del Gotardo, aun cuando ads pon DIO o On 1 Cen caEld desd un principio, Según aparece en otro de los cuadros 4d ae AE ese lo los resultado omparables, pue i ¡ ederales, en los 3 PrES an y teniendo en cuenta lo dicho, Zólo ha sido de unos 100 Alonerosi on a ocarisS , CS TOMO V APÉNDICE (AL CAPÍTULO VI CUADRO NUM. 142 (XL). 91 Algunos datos financieros de los Ferrocarriles Federales suizos (en millones de francos). 1910 1911 1912 1913 1914 1915 AN Deuda consolidada . 470 48*] 516 529 Al 56“1 Intereses de los empréstitos. Deuda flotante. . ... 3% 74 95 9 14 09 Entregas a los fondos de amortización . . ........ 80 107 97 155 102 108 Estado de los fondos de amortización... . . AS 419 500 579 | 662 (OZ 84:6 Empréstitos consolidados. . ....... 0.0.0... 1. + | 1.3638 | 1.457'2 | 1.4744 1.4944 | 1.5597 | 1.5618 MeddatHotante o e PO ARE : 1209 635 646 ' 696 344 53'4 tr ll a 655 747 | TO ES 78'4 815 Le AAN CUADRO NUM. 143 (XL). Estadística de los ferrocarriles suizos (no funiculares) correspondiente al año 1911. I.—Longitudes : De vía única.. Kms. 1.453184 A A A A LE De MABIERias y 1.186:357 LO TALA: A O A » 2.639'541 - $ Devía única... » 89343 LTNeaS anexas aca 00 Ro o DEODlEMraa % 8494 A a oi ee e » 97767 o $) De vía única.. » 1.542'527 as itedes principales: vera o TO LO A Da doble ia. $ 1194781 A A o Nc » 2.737'308 : ¡ De vía única.. » 1.765'809 Cda o e e Lian SUE Eo ISO y 149048 TOTAL a al vi OA ES OO » 1.915'057 qe d , > a 1 Suman las redes principales y secundarias ooo oo, ) E dbblEoras z E LOTA Us a A O o » 4.652'365 menocamiles:de viamormal (1435100 ai cos sd O » 3.448'374 Icsmido via estrecha (1: m3 07500 OS Cota RADO » -1.101'695 Idem de cremallera (1'435 m., 1 M0 SOT O A A AN NÓ » 102296 LOTA A: e E NI » 4.652'365 I1.—Capitales Ferrocarriles Federales: Capital total ... ee TAS SANS O o a TES Frs. — 1.507.268.311 Líneas anexas (acciones, 18 millones; obligaciones, 165 millones; subvenciones, etc., 15 mi- HOMES AGAN Italo tal o us o ARNO An da A AR » 35.872.675 Capital total de las redes principales.....:... ca DA o AN a Ide $ A IS 1.543,140.986 Redes secundarias (acciones, 262 millones; obligaciones, 2265 millones; subvenciones, etcé- tera 18 millones): Capital totali. iosectoso Da ol EL A E AA e » 506.930.830 CAPITAL TOTAL DE LAS REDES PRINCIPALES y SECUNDARIAS +... ......... dee » 2.050.071.816 52 APÉNDICE AL CAPÍTULO VI M.—Gastos de primer establecimiento de las líneas explotadas FERROCARRILES FEDERALES : Vime instalaciones Has cios ndda iaa pica A ae O DS de Frs. Material móvil, mobiliario y utensilios ........ ....... LO e O ed ESA » Gasto total de primer establecimiento...........-. A O A NA ES : » Idem íd. de id. íd. POR KIO ME Mi: A AR pao » Líneas anexas: Capital total de primer establecimiento......... O E O pd ADE » REDES SECUNDARIAS: y IBeuistalacionesiildstor oia oa apio a an eh Mia ARO » Material móvil, mobiliario y utensilios....... do E A O oO a ie » Gasto total de. primer establecimiento. cea led ada OE CONJUNTO DE LAS REDES PRINCIPALES Y SECUNDARIAS: Vía e instalaciones fijas ............... Material móvil, mobiliario y utensilios Gasto total de primer establecimiento........ .o.ooo.oo.... Idem íd. de íd. íd. por kilómetro......... Locomotoras: Número total (incluídas 58 eléctricas) Idem por kilómetro de línea ........... Idemideejes totalrodin quen da e too Idem de íd. por kilómetro de línea...... Recorrido útil... A A EOS RAE SO Dd Idem de maniobras, trenes de trabajos, etC ..........o. ..... ...-.*...... Idemtotal ee o Recorrido medio anual por máquina... ... Coches de viajeros: Número total de coches...... 0 0.0... 0. Idem medio de ejes por coche... ..... Idem total de asientos.. ........... ES Idem íd. de ¡íd. por kilómetro de línea. ........ Aden dde Id pOr eo apa Recorrido total......... “Idem medio anual por ej8.....oocormmerecco. o .. AL A ET: PEO O 3 Utilización media de los asientos de viajeros. ... TÍ e! Vagones de mercancías: Número total de vagones........... Idem medio de ejes por vagón. Capacidad deicareatota alos e Idem de íd. por kilómetro de línea......... IRA A A DECORO OA c o: Idem medio anual por eje... A Utilización media de la capacidad de Carga........o ...ooo... 3 Oia fare a ao o e cs... o ...0.0.00+:...0.000.-.1...0. V.—Movimiento de trenes Recorrido total de los trenes de viajeros y mixtos........ Idem id. delos íd. demercancías........... 0 IMA TA RO pa Número medio de ejes de vehículos por tren. .......... - Idem diario de trenes a distancia entera. .. cre , ES Y > E é DO, $ É ? ¿ 3 1 PD Gasto kilométrico de la línea principal. ...*.1.e0..000. ......... . .60O..LIO0(5 . ES . . . 5) 2.5010 ¿8 As Kms. TOMO V 1.138.096.940 243.526.109 1.381.623.049 518.484 34.203.416 345.601.807 60.482.096 406.083.903 1.515.869.780 - 306.040.588 1.821.910.368 388.908 1.590 0326 8.325 1709 49.848.451 8.515.687 58 364.138 31.005 4.794 981 299.241 Ñ 47'06 1702 449.757.246 E TOMO V APÉNDICE AL CAPÍTULO VI 13) VI.—Resultados generales de la explotación a) RESULTADOS TOTALES Productos: Francos Por 100 VIAJELOS + E ea A RN O NE PA AA 101.788.118 4479 Equipajes tanimalestr mercancias eo o oo A E CO eN A 125.475.929 5521 Productos de los transportes...... . .. A A O 227.274.047 95'85 Ide Varios a HR E E A EI MS IN 9.831.054 415 PRODUCTOS TOTALES ........ Paria RN AA IE 237.105.101 100'00 Gastos: PRE POR AUMmimstración Seal A EN en a E E 5.411.761 404 Entretenimiento y vigilancia de darvian a es a OS . 24.031.029 17'92 | EXPedicióney. MOVIDA a as o 0007 co 46.202.399 34'46 4 INACCIONy mate AS aaa EN: A OS 58.441.747 43'58 9 ; ASS USoXxplOtación redes. carino ao q ao O. DOOR RON 134.086.936 88'87 o ICI ALIS A. rei io od E E E A LA a e e E AO 16.798.541 1113 ó CASTUS TOTALES Sea AO o OA AO 150.885.477 6364 e PEOUUCIO eto (Tenduento OS 86.219.624 3636 Ys do Coeficiente dee xplotació an A AS E NO 5900 po b) RESULTADOS POR KILÓMETRO DE LÍNEA (1) Y DE RECORRIDO 'DE TRENES a POR KILÓMETRO POR KILÓMETRO a | E E E Productos: Francos Francos E O A a PA O INS PL OS 21.493 2:77 (2) se Equipajes animales y MEXCancias ae a 26.492 Da) 3 Productos de los transportes... .....0.. 00.00... Nr AN AS 47.985 462 3 ¡MINAS a A o a MO ANS aa MT 020. :N ERODUCTOS TOTALES Bora docs AN Nodo MRE 50.060 482 3 GASTOS TOTALES Tubo are lO ad Aa Ae 31.857 SO ES Producto neto (rendimiento) ..... ...oooommmo... AS ; 18.203 17A bs A C) RENDIMIENTO 038 Produetometo:por*100 del capital de establecimiento a ON 3'34 por 100. H Dividendos o intereses medios satisfechos a las acciones de la primera categoría ...oooomeocccooc... 15925 j AN Idem íd. íd. íd. a las: dia de da Sep mada dd ire On AA ON e pt E ¡Y Idem Ad. íd. íd. a las obligaciones O empréstitoS...... ....ooooooommo.... 358 » | 3 . d) RESULTADOS ESPECIALES DEL TRÁFICO DE VIAJEROS a. Por 100 Por 100 eS | At A JerOS del producto $ RfIMera Clasica is Ia TO IE REO PEI ee PEN Co AN a E 5 ; , 3 Segitida ide. oa ERA Da 0 ¡8 Tercera idem......... AA dd PE RA ENE AGA ON 0 A A AN E ca e GlASe-ÚUMICa at a OL eg 86 78 65/30 >. O A RS RO A EE 547 4:09 ON Nuúmero'total de Viajeros lie OIL o do. cae ÓN 10000 La AiO la q Producto total.de viajeros 101108 t1S Trancoso ÓN OS ; 7 00:00 Ey e Billetes ordinari0S............ OA o aaa MS O O O CS, O O ; rl le Adm dada ta os ED AS RI ] LEA OS 3 : Idemiderprecio reducido an AN O A ds ara dle 4478 98:63 e . pa . A e Y Número deiviajeros por lomo ad IM O 24.771 y Idem de viajeros-kilómetro... .....o.... IO RE Ri lle e A o Ad 2,437.780.726 $ Y Idem de id. por kilómetro de línea.... E AA PT Ad O + 514,691 3 Idem de id. por íd. de recorrido de rene olaaa AO UN 663 E Recorrido medio de un viajer0.... .. ...... o O E a EE LESTOE dia TS . Kms. 2078 44 Producto kilométrico de MAJO AA ie ATA NA 057 21.493 ; Idem medio por viajero-kilómetro.. ......... A AO ad e is EA » 00418 3 ¡EMI Una ro ias O rta AR O e A » O 7 E (1) Longitud media explotada (sin deducir los trozos comunes): 4.736 kilómetros. h E Por kilómetro de tren. 3) Siendo, para un capital anual de 1.757.978.192 francos, el rendimiento neto de 58.631.843 francos. 2 Y >. E 54 APÉNDICE AL CAPÍTULO VI TOMO V €) RESULTADOS ESPECIALES DEL TRÁFICO DE MERCANCÍAS Por 100 Por 100 . : del número ¿2 de toneladas del producto 1 Por 100 de equipajes ......... Ideales Idem de mercancías de toda especie.. ..o... . ARA, A RE SE 174 TO! A e AS 132 3'05 E a aia 9694 89'94 Número total de toneladas de mercancías: 18.202.898 A És 10000 » Producto total de mercancías: 125.475.999 A O e O A » 10000 Lo ro..o.»o.»o n..oÁoo.oo E ST IS RS o Distribución del tráfico de mercancías (toneladas): E Gran velocidad. .... ho rso nor no ooo Expediciones parciales A A NE Pequeña velocidad. - Vagones completos. e eE aos e O IÓN 200.606 A A o AA da tr PO 808.534 A O OO A INDOBTESE IO RA OA Tarifas excepcionales. .*+*..0.0..0.00.00/. CA RR A A Número de toneladas por kilómetro de línea . A TS Idem — de toneladas-kilómetro........... a di a os OOOO Idem de íd. POr lo metro de nea ce e AA A A O a 282.188 Idenmtidern di poreid dá recorrido de trenes ..... Recorrido medio deta tonelada e. all ea A So ÍCTIS 73'43 AN A E AS e 26.492 A > : 271 O e NO NR A e MT O 00939 O e MS aaa aa UNES VOR AER. ASEOS OE ELA ARO 243 O A aa ACTO y Ue LAO 10) : 635 ] Producto kilométrico de mercancías ..... SAR ES E co art UA e Idem medio por kilómetro de recorrido de trenes Idem íd. por tonelada-kilómetro....... a SDE Idem íd. de una tonelada de equiPajes ie Idem íd. de una tonelada de animales...... IA SS Idem íd. de una tonelada de mercancías de toda especie. EI O CIN qa es A e 52 ne RA - VIL—Personal Administración general. ....ooooo. heno. Entretenimiento y vigilancia de la vía Expedición y MOVIE eo o Tracción y talleres...........: O O O E O 1.560 A Me A a a a O e o LEAL A A A be Suma el personal de los servicios principales. CAOS 41.578 Número de empleados por kilómetro de línea (servicios proce add AE ds e Ta ASS : ¡ pco Idem de íd. por cada 10.000 francos de productos totales de la explotación .00:-0000.060:<06 175 Personal de los servicios accesorios....... o AO 153 ia ala o RAI | RO O ORO .oos A OR IE A A RS: DA A O . A SN a di nr alo ino La a AA O LN A - SUMA TOTAL DEL PERSONAL, ... VIII —Accidentes eS 0 : A) CIFRAS TOTALES ENUELOS Heridos.. .. A O LIO E ci Pi o Bl AER EN O 72. | ; ToraL (NO COMPRENDIDOS LOS SUICIDIOS). ........., ... 1.656 AO A b) PROMEDIOS DE VÍCTIMAS O | AS | E elsa Muertos | Heridos - Viajeros: Por 1.000.000 de viajeros transportados......... ADAL 010 0:52 | 0% - Agentes: Por 100.000 kilómetros de recorrido de locomotoras. | re 0'05 253 958 - Ofras personas: Por 100 kilómetros de línea... ooo a A Nota al cuadro anterior. K —Los datos que figuran en este cuadro están tomados de la estadística oficial. : 6 Sid: dd A e a do poa E, A % a » . E AS GA: Cel pio a F e y AN APÉNDICE AL CAPÍTULO VI CUADRO NUM. 144 (XLID. Algunos datos de los ferrocarriles funiculares suizos correspondientes al año 1911 0. e o RO o Pr PO A A O, “823 Gastos'totales.de establecimiento] oa saca O RO TP e UE Pe hs 28.309.164 Gastos de establecimiento por kilómetro de línea........ . .. ... z A 577.207 Kilómetros recorridos por los trenes.. .... .......... E RA e as (Ey 777.167 Número de trenes diarios a distancia entera................ O : SS S 50'60 Idemitotal de VIajerOS:. + és. cases rai ea ¿ AO : 7.562.735 Idem de viajeros-kilómetro.......eoooococcocococnooo o, LA POLE, OD IO55 500 Idem total de toneladas de mercancías . ........o.o.oooooocorcoromooo. A A 152.995 “"Prodtictos dela explOtaciól sc. coros NN A A SEO: BOB Gastos dela demo. cade. ora desa o ol NS 1.335.567 ETOQUCIO MELO daga estos Deseo de iaa ts NR ME ARE 1.265.779 Goéeficientede explotación carece canos a ci9 a Tai NR AO E AS 5134 NúmerD de empleados: 7.0 cos arto deca a iaa DUE DOS AO AUS NN AS E 377 Idem de íd. por:Kilómetro de mts A O TAS Se 8'96 «¡Idem de heridos por'accidentes (ningún muerto)... dansa roooo cada bo coda Da 7 (1) Tomados de la estadística oficial. AS A O rr 7 o A AA AAA ARAN q... a as » e O 7 - | CAPÍTULO VII Italia. Interés que ofrecen las vicisitudes experimentadas por los ferrocarriles italianos en su desarrollo y organización, y división de su estudio en cuatro períodos. A primera vista, pudiera parecer raro que acudiéramos a Italia en busca de lecciones fructíferas por lo que al estudio de las cuestiones ferroviarias se refiere, ya que dicha Nación no constituye ciertamente, en varios aspectos, un tipo tan característico como la mayor parte de aquéllas de que con relativa extensión nos ocupamos en este Título; pero ocurrieron en Italia durante el segundo ¿ercio del siglo XIX, tantas y tan radicales mudanzas políticas, y tales han sido, como consecuencia directa o indirecta de las mismas, las vicisitudes sufridas por sus ferrocarriles y la diversidad de los sistemas ensayados para construirlos y organizarlos, que es realmente excepcional el interés que ofrece el examen de estas particularidades, a las que únicamente habrá de referirse nuestro estudio. La actual red de ferrocarriles italianos se hallaba, en su origen, constituida por una serie de líneas dispersas construidas o concedidas sin plan de conjunto alguno por los Gobiernos de los pequeños y múltiples Estados independientes en que se hallaba fraccionada aquella Península desde 1815. Las concesiones hechas se basaban en el otorgamiento de muy variados auxilios para favorecer el des- arrollo de estas vías de comunicación, como eran: adelantos de capital; garantía de interés; subven- ciones fijas para la construcción; y subvenciones anuales para la explotación. Algunos de los indica- dos Estados construyeron las líneas por su propia cuenta; otros las compraron después, pagándolas a mayor o menor precio; y también los hubo que las adquirieron sin pagarlas. Se ensayaron, igual- mente, los más distintos sistemas de administración: la explotación directa por el Estado; el arriendo de la misma a Compañías particulares, por tanto alzado o con participación en los beneficios... A tan gran variedad de modalidades obedece el que, al tratarse en Italia de las relaciones entre el Estado y los ferrocarriles, hablen hoy por experiencia propia cuantos de tales materias se ocupan, sin que les sea tan necesario como en otras naciones apelar a ejemplos, teorías o prejuicios más o menos exóticos y cuya eficacia práctica no puede ser la misma en los distintos países. Crece, además, para nosotros el interés ofrecido por el estudio de la política ferroviaria italiana, a causa de las múltiples semejanzas entre aquella Península y la Ibérica en los aspectos climatológi- co, orográfico y étnico. Pobre es igualmente el suelo de ambas naciones, cuya industria dista mucho de haber alcanzado el desarrollo que en la Europa central, aun cuando debamos reconocer, para ser justos, la superioridad de Italia sobre España en tal materia y en otras muchas, en especial desde que realizó el sueño dorado de su unidad nacional... En suma: esperamos que la lectura del presente capítulo podrá ser tan útil en conjunto y más interesante aún, bajo ciertos aspectos, que la de los dedicados a otras naciones, aunque la importan- cia ferroviaria de estas últimas fuera indiscutiblemente mayor. Hook Contiene nuestro estudio cuatro partes, correspondientes a los cuatro períodos en que conside- ramos puede dividirse la historia de la política ferroviaria en Italia. 58 ITALIA TOMO V Se extiende el primero desde 1836, en que fué concedida por el Rey de las Dos Sicilias la pri- mera línea que se construyó de Nápoles a Portici, hasta 1870 en que quedó definivamente constituida la unidad nacional italiana. Difícil sería encontrar un calificativo adecuado para dar idea del régimen ferroviario de este período, pues, según veremos inmediatamente y ya hemos apuntado, se ensaya- ron durante el mismo toda clase de sistemas sin sujetarse a plan alguno de conjunto. Puede decirse, sin embargo, que predominó el régimen de concesiones y de explotación por Compañías privadas. Abarca el segundo período de 1870 a 1885, época en que, atravesando difícil situación finan- ciera las Compañías últimamente formadas en virtud de las Convenciones de 1865, y trascendiendo, por otra parte, a los ferrocarriles las consecuencias de la unidad nacional que acababa de realizarse, el Gobierno se decidió a emprender el rescate sucesivo de las diversas líneas y redes, adoptando, por consiguiente, una política estatista, a la que imprimió, sin embargo, carácter muy confuso y dis- tinto del observado en otras naciones. Comprende el tercer período de 1885 a 1905, pudiendo afirmarse que ésta fué en realidad la primera época en que los ferrocarriles italianos gozaron de estabilidad orgánica. Propietario ya el Estado de gran parte de las vías férreas y estimando como un fracaso la explotación directa que había ensayado en algunas líneas durante el período anterior, firmó los convenios de 1884-1885, en virtud de los cuales arrendó aquélla a varias grandes Compañías explotadoras. De 1905 a 1914 se desenvuelve el cuarto y último período, en que, ante la agudeza de las cuestio- nes relativas al personal ferroviario, se adhirió Italia decididamente a los principios estatistas, acaban- do de rescatar las pocas grandes líneas que aún rio poseía, y explotándolas todas por sí directamente, Desencadenada la guerra europea en 1914 y habiendo sido Italia uno de los países beligeran- tes, para nada habremos de tener en cuenta los incidentes acaecidos en los ferrocarriles con poste- rioridad a dicho año, sobre los que carecemos de informes fidedignos. Primer período (1836-1870). Breve reseña de las vicisitudes políticas de Italia, en relación con el desarrollo y organización de sus ferrocarriles. En 1836 se hallaba Italia dividida en gran número de pequeños Estados, cada uno de los cuales ! trató de establecer sus ferrocarriles aislándolos de los demás. La primera línea construída, cuyo primer trozo se abrió a la explotación en 1839, fué la de Ná- poles a Portici, concedida en 1836 por el Rey de las Dos Sicilias. A ella siguió la de Milán a Monza . construída en 1840 por el Gobierno austriaco que ocupaba y dominaba la Lombardía y el Véneto. En 1842 el Gobierno de las Dos Sicilias disponía la construcción, por cuenta directa del Estado, de la línea de Nápoles a Capua, por Caserta, y su prolongación hasta Salerno, quedando terminada en 1856. En 1848 se inauguró en Toscana la línea de Florencia a Livorna; y en 1851 los Estados Ponti- ficios convinieron con el Gran Ducado de Toscana y el Gobierno austriaco, la construcción y enlace de varias líneas en sus dominios respectivos, a cuyo fin se constituyó en 1856 la llamada «Sociedad de los ferrocarriles Lombardo-Vénetos y de la Italia Central», que en 1859 terminó las líneas de Pla- sencia a Bolonia y Pistoya, con un ramal de Reggio a Borgoforte por Suzara. En los Estados Pontificios se habían constituído dos Sociedades llamadas «Pío Central» y «Pío Latina» a las que fueron otorgadas diversas concesiones, realizándose sólo las relativas a las líneas de Roma a Frascati y de Roma a Civita- Vecchia en 1859, con las respectivas longitudes de 20 y 81 kilómetros. ES OS y A | 3 « 4 pl 38 le. ea 3 Y 4 hi 2 eS 4 A A OS 4 14 IPALIA 59 TOMO V En el Reino de Cerdeña, desde el año 1830 se habían iniciado los primeros intentos de construc- ción de ferrocarriles sin ningún resultado práctico, decidiéndose por fin el Gobierno de aquel Estado, en 1844, a ejecutar por su propia cuenta las obras de diversas líneas, llegando a terminar, en 1853, la de Turín a Génova, a la que siguieron otras varias establecidas por el Estado y por diversas Socie- dades particulares.' | En 1848 habían alcanzado muchos de los Estados italianos el tan suspirado régimen constitucio- nal, en que fundaban grandes esperanzas para la realización de la unidad nacional basada en una confederación de aquéllos, con el ansia, por todos compartida, de sacudir el yugo austriaco que pesa- ba sobre las ricas provincias de la Lombardía y del Véneto. Erigiéndose en paladín de las aspiraciones nacionales, el rey de Cerdeña, Carlos Alberto, declaró la guerra al Austria, sufriendo en Noyara una completa derrota. Dieron lugar aquellos sucesos a la interyención de franceses y españoles, que ocu- paron Roma para asegurar al Papa la posesión de los Estados Pontificios; y no puede extrañar, con tales y tan hondos transtornos, la paralización casi absoluta que por aquellos años sufrieron en su desarrollo los ferrocarriles italianos. Víctor Manuel II, en quien abdicó Carlos Alberto el día de Novara, encontró en su ministro Cavour un auxilio eficacísimo para la reconstitución de las fuerzas de aquel país, tarea ajla que ambos se dedicaron con gran empeño desde 1850 a 1859, impulsando la construcción de los ferrocarriles en tales términos que al finalizar el último de los citados años contaba aquel Estado, a pesar de la estrechez, pobreza y orografía de su territorio, con 819 kilómetros de vías férreas en explotación. Algo habían alcanzado en el propio sentido los demás Estados en que se hallaba dividido el territorio de la península, existiendo en la indicada fecha 522 kilómetros en explotación en la Lom- bardía y el Véneto, 272 en el Gran Ducado de Toscana, 101 en los Estados Pontificios y Ducados de Parma y Módena, y 99 en el reino de las Dos Sicilias; de suerte que en el citado año de 1859 sumaban 1.813 kilómetros, en conjunto, las líneas de ferrocarriles existentes en Italia. Las tropas francesas, que habían peleado unidas a las italianas por primera vez en la guerra de Crimea, volvieron nuevamente a auxiliar a Italia en 1859 contra Austria, después de haberse hecho pública la alianza secretamente concertada por Napoleón III y Victor Manuel II; y Magenta "y Solfe- rino, victorias francesas, conquistaron para el Rey sardo la feraz Lombardía, provocándose poco des- pués, o sea a fines de 1860, gracias a movimientos políticos de orden interior y con el concurso de Garibaldi, la ici de alo dla dinastías imperantes en los Estados de la Italia central y meridio- nal y la anexión de los mismos al reino de Cerdeña, resultando de hecho realizada la unidad nacional de la península, con excepción del Véneto y de los Estados Pontificios. Proclamóse, en efecto, rey de Italia a Víctor Manuel, en Marzo de 1861, empezando desde entonces a establecerse los enlaces de las varias líneas férreas que, con un desarrollo total de 2.189 kilómetros, existían en Italia; y aun cuando los propósitos del nuevo Gobierno tendían decididamente a impulsar con vigor la construcción de los ferrocarriles, estimados con razón como poderoso factor para consolidar la unidad nacional, tropezó aquél con la grave dificultad de la escasez de sus recur- sos propios y del recelo con que acogía el país el concurso de los capitales extranjeros. No era fácil tarea la de acometer inmediata y fructuosamente la construcción de ferrocarriles en todas las provincias del nuevo reino, dada la pobreza y accidentes de su suelo, ni la de regularizar las concesiones otorgadas por los antiguos Estados, cuyas divisiones políticas y regionales persistían aún en el fondo; pero después de cuatro años de ímprobos trabajos, logróse unir, por medio de nue- vas líneas, a Turín y Milán con Florencia, Roma y Nápoles, consiguiéndose además, por una serie de fusiones sucesivas, impulsadas por el propio Estado, la constitución de cuatro Compañías importan- tes, cuyas redes ofrecían cierta consistencia geográfica, por amoldarse en su conjunto a la configu- 60 ITALÍA TOMO V ración general de la península y a las más apremiantes necesidades de la industria y del comercio de la nación. De. ahí nacieron las convenciones concertadas por el Gobierno italiano en 1865, formándose | al amparo de ellas las cuatro Compañías de la Alta Italia, de los ferrocarriles romanos, meridio- A rr ena AAA O der nales, y calabreses-sicilianos, cuya designación indica ya las regiones de la península a que cada una de esas redes había de servir, debiendo tenerse en cuenta que no se trataba solamente de asegurar con dicha reorganización ferroviaria la explotación de las líneas existentes, sino de tomentar la construcción de otras nuevas, en términos que pudieran llegar a verse satisfechas las | necesidades del país. ; En 1865 se trasladó la capitalidad del reino de Turín a Florencia, estallando al año siguiente la guerra con Austria, en que, gracias a la alianza con Prusia, obtuvo Italia, a pesar de sus derrotas, la provincia del Véneto, agregándose las líneas existentes en ella a la red de la Alta ; Italia. Roma, capital geográfica de la nación, constituía la última aspiración que Víctor Manuel no 3 había podido aún realizar, por haberla ocupado en 1866 los franceses a fin de proteger al Soberano Ke] Pontífice contra las agresiones del patriota italiano Garibaldi; pero llamadas las tropas de Napo- | león lll en 1870 para acudir a la defensa de su país invadido por los alemanes, fué anexionada en definitiva dicha ciudad al reino de Italia que trasladó inmediatamente a ella su capitalidad, coro- E nando así la obra de la unidad nacional. y e A k 7 3 Características de las Convenciones de 1865 concertadas por el Gobierno italiano con las Compañías de la Alta Italia, F. C. Romanos, Meridionales y Calabreses-Sicilianos. Volviendo a las convenciones de 1865 y a la constitución de las cuatro grandes Compañías en- | tonces creadas, cabe ya indicar a grandes rasgos su extensión respectiva y los objetivos esenciales Ed que con ellas se perseguían. > La primera de las citadas Compañías era la llamada de la Alta Italia, constituida por las líneas | pe piamontesa del Estado Sardo, las de la Lombardía y del Véneto, cedidas por el Austria al perder A dichas provincias, y otras varias comprendidas en las regiones septentrionales de la península, de las que el Estado italiano era en parte propietario. La red de la Alta Italia, primeramente constituida, alcanzaba un desarrollo total de 1.902 kilómetros en 1865 (1), debiendo satisfacer la expresada Compañía al Gobierno italiano 200 millones de liras en pago de los 1.133 kilómetros de líneas pia- montesas, a las que garantizaba aquel un producto bruto anual de 28 millones de liras, reservándose la facultad de rescatarlas en determinadas condiciones. Las líneas lombardas, así como las vénetas, éstas últimas incorporadas después de la gúerra de 1866 a la red de la Alta Italia en una longitud po, de 455 kilómetros, y otras líneas además, habían sido objeto de concesiones por parte del Gobierno : austriaco a una Compañía particular llamada de los Ferrocarriles del Sur de Austria, Lombardo- Vénetos y de la Italia Central. Esta Compañía siguió subsistiendo en realidad para formar el núcleo ES ; principal de la nuevamente constituída de la Alta Italia. Las concesiones otorgadas por el Gobierno es | austriaco fueron ratificadas para un plazo de noventa años por el Gobierno italiano, que garantizaba : una renta del 5,20 por 100, tanto al capital invertido en la construcción de dichas líneas, como al que había de emplearse para la terminación de la red y para la compra del material móvil que se creía necesario, a fin de asegurar la buena explotación de la misma. , - Las líneas de la Toscana y demás provincias centrales de Italia, en que radicaban los antiguos Estados Pontificios, constituyeron el núcleo de la Compañía llamada de los ferrocarriles romanos, ABE ES AA O AY: Í 5 pd E ES E he . Líneas piamontesas, 1.133 kilómetros; líneas lombardas, 478; líneas de la Italia Central, 291; total, 1.902 ilómetros. : TOMO V ITALIA 61 debiendo completarse sú red con los enlaces necesarios entre las líneas existentes y con la cons- trucción de otras nuevas, a cuyo fin el Gobierno italiano otorgaba a la expresada Compañía un subsidio de 13.250 liras anuales por kilómetro, mientras los productos kilométricos de las líneas fueran inferiores a 12.500 liras; pasado este límite debía aplicarse la mitad del exceso de dichos productos a una reducción equivalente de la subvención, cesando de percibirse ésta en cuanto los referidos productos llegaran a importar 30.000 liras anuales por kilómetro. En el Sur de la península se había constituído la llamada Compañía de los ferrocarriles meri- dionales, sobre la base de las concesiones otorgadas por el Estado de las Dos Sicilias en 1860. Dichas concesiones fueron ratificadas en 1865 por el Gobierno italiano, el que, para fomentar el desarrollo de la expresada red con la construcción de nuevas líneas, garantizaba a las mismas el percibo de una subvención anual de 20.000 liras por kilómetro, mientras el producto bruto kilomé- trico fuera inferior a 7.000 liras anuales; al ser rebasado dicho límite, la mitad del exceso debía aplicarse, como en los ferrocarriles romanos, a una reducción equivalente de la subvención, siempre que el producto bruto por kilómetro no llegara a 15.000 liras; de obtenerse mayores rendimientos, todo el exceso de los mismos sobre ese segundo límite, debía deducirse también de la subvención asegurada. A la red de los ferrocarrilles rales se incorporaron posteriormente las líneas O y sicilianas, concedidas en 1863 a la Sociedad Víctor Manuel, que, no habiendo podido cumplir sus compromisos para la terminación de la red, hubo de ceder sus derechos al Estado italiano, el cual, a sú vez, arrendó la explotación de aquélla a los ferrocarriles meridionales, que debían abonar al Estado los productos de la misma, percibiendo en cambio, en pago de los gastos ocasionados por dicha explotación, un subsidio fijo de 3.200. liras por kilómetro y un canon determinado por cada tren-kilómetro puesto en circulación, satisfaciendo además el Estado los gastos de carácter extraor- dinario motivados por las mejoras de dichas líneas, las reparaciones importantes de las mismas y la renovación tanto de su material fijo como del móvil. Existían, además, en la parte occidental de la isla de Sicilia, otras líneas concedidas a diversas Compañías, ocurriendo lo propio en la de Cerdeña, líneas todas ellas que por su escasa importancia relativa y absoluta, no merecen especial mención. Tanto la Compañía de la Alta Italia, como las de los ferrocarriles romanos y meridionales, habían de explotar sus redes respectivas como propias, ya que las líneas construídas por el Estado habían sido cedidas en forma tal que los contratos al. efecto concertados tenían el carácter de ver- daderas concesiones. diferenciándose esencialmente de los convenios posteriores, que, ASE! dire- mos más adelante, se reducían a simples arrendamientos. Situación de los ferrocarriles italianos al finalizar este primer período de su historia. Difícil en extremo, por no dedir imposible, se hace la rebusca de detalles y datos exactos que den idea clara del estado financiero de las líneas italianas durante el período que acaba de reseñarse, período cuya historia ferroviaria resulta verdaderamente caótica, por la diversidad de criterio y falta de unidad de acción de los diversos Estados y Gobiernos existentes en Italia. Al predominio casi absoluto de los intereses locales se debió en dicha época el descuido de cuan-- to afectaba a las tarifas combinadas y-al tráfico general, cuyo desarrollo se hacía necesario favorecer para acrecentar los productos de las líneas y.el crédito de las respectivas Compañías, tanto más nece” sario para la vida de las mismas, cuanto mayores desembolsos, o mejor dicho, ampliaciones de capi- tal, exigían de aquéllas los convenios concertados para asegurar la rápida ampliacion y desenvolvi- nto de sus redes Con la construcción de nuevás líneas, problema estimado entonces cunda mental: mie r todos conceptos preferente para el porvenir de Italia. y.po 62 | ITALIA TOMO V Como indicaciones de carácter general, diremos que en 1870 la longitud total de los ferrocarri- les italianos era de 6.233 kilómetros, representando los gastos originados por su construcción un capital de 1.633.357.500 liras. Los productos brutos totales alcanzaban la cifra de 115.296.383 liras, ascendiendo a 62.785.433 los gastos de explotación. Correspondían, pues, éstos a un coeficiente de explotación del 54,45 por 100; y obtenía, en bromedjo, el capital invertido en la construcción de las líneas, una renta del 3,21 por 100. Segundo periodo (1870-1885). Resultados de la aplicación de los Convenios de 1865. La guerra de 1866 que arruinó al comercio, encareciendo el carbón y el hierro, trajo como con- secuencia el curso forzoso del papel-moneda en Italia. Las complicaciones internacionales para sepa- rar las líneas italianas de las austriacas, las dificultades interiores, especialmente las de orden eco-. nómico, y la mala situación financiera del Estado después de proclamada la unidad del Reino, hizo muy penosa la actuación de las Sociedades constituídas en 1865 para la explotación de los ferroca- rriles italianos, a pesar de su sólida apariencia, viéndose obligado el Gobierno a intervenir constan- temente para garantizar los intereses, tanto del público, como de los acreedores y accionistas de dichas Sociedades. El ejemplo de Alemania y Bélgica por una parte, y por otra, ciertas considera- ciones de carácter político, entre las que pesaba en primer término la falta de crédito de las referidas Sociedades para llevar a cabo por su cuenta la terminación de la red nacional. acabaron por decidir al Estado al rescate sucesivo de la mayor parte de las líneas. - Líneas calabresas y sicilianas. Comenzó este rescate, según antes indicamos, por la red de la Sociedad Víctor Manuel, o sea por los ferrocarriles Calabreses-Sicilianos, cuya situación había llegado a hacerse insostenible, exi- giendo que el Gobierno asumiera todas las cargas y compromisos de la expresada Sociedad, y con- certándose, además, un acuerdo con los contratistas de algunas líneas en construcción, para que éstas pudieran terminarse. Ferrocarriles de la Alta Italia. —Convenio de Basilea. Por el tratado de paz de 1866 se convino en hacer una separación completa, tanto económica como administrativa, entre aquellos ferrocarriles de la Alta Italia y los de la Sudbahn austriaca, esta- blecidos en territorio italiano, que pertenecían y se explotaban real y verdaderamente por una sola Sociedad, con nombres distintos en cada una de las naciones referidas, razón por la cual se hacía casi imposible de hecho la separación aludida. Esta circunstancia y la de hallarse íntimamente liga- dos los intereses de la Compañía de la Alta Italia, no sólo con la Sudbahn austriaca, sino también con la Compañía francesa del París-Lyon-Mediterráneo, entidades ambas extranjeras, cuya actua- ción o influencia podía traducirse en medidas desfavorables para el desarrollo del comercio nacional y peligrosas para la defensa del país, suscitaban en Italia grandes recelos y mucha desconfianza. De ahí nació el convenio firmado en Basilea en 17 de Noviembre de 1876, por el que todas las líneas de la Compañía antes citada fueron rescatadas por el Gobierno italiano, mediante el pago de un canon de 29.569.887,12 liras anuales hasta fin de 1954, y de 12.774.751,26 liras desde 1955 hasta 1968, debiendo, además, entregarse por el Gobierno italiano a la expresada Sociedad la suma de 139.123.139,81 liras al aprobarse el contrato. SR io a A O A ON E poe 3 TOMO V ITALIA 63 Primeros intentos de explotación de los ferrocarriles italianos por el Estado. Quiso entonces aprovechar la ocasión el ministro. Spaventa para proponer la explotación por el Estado de todas las líneas italianas; pero como no se hallaba preparada la opinión pública para un cambio de tan capital importancia, suscitó la idea gran oposición, ocasionando en Marzo de 1876 la caída del Ministerio Minghetti-Spayenta. En 29 de Junio del propio año, logró el Ministerio Depretis que el Parlamento aprobara una ley estableciendo un convenio con la Sociedad Sudbahn, por el que ésta se encargaba durante dos años de la explotación de la red de la Alta Italia, haciéndose constar con tal motivo en términos muy explícitos que debía estimarse de mayor conveniencia para el país en general la gestión de la indus- tria privada en la explotación de los ferrocarriles que la del Estado, razón por la que encomendó el Parlamento al Gobierno la preparación del oportuno proyecto de ley, presentado por Depretis a fines de 1877, según el cual debían rescatarse los ferrocarriles Romanos y Meridionales, y organizarse la explotación de todos los de Italia, agrupándolos en dos grandes redes simétricamente dispuestas a lo largo de la Península. No llegó a discutirse este proyecto por la repentina caída del Ministerio Depretis, transcurriendo así los dos años concedidos a la Sudbahn para la explotación de las líneas de la Alta Italia, sin que se tomara resolución alguna, por lo que apresuradamente hubo de promulgarse una nueva ley en Julio de 1878, encargándose provisionalmente el Estado de la explotación de la expresada red y creándose a la vez una Comisión investigadora que debía estudiar a fondo el problema ferroviario, dedicando muy especial atención al examen de cuantos datos, antecedentes y Opiniones pudieran reunirse, para decidir la mayor o menor conyeniencia de confiar al Estado o a la industria privada la explotación de los ferrocarriles en todo el país. Bases esenciales de la organización adoptada para la explotación por el Estado de la red de la Alta Italia. Forzado el Estado italiano, por circunstancias en cierto modo ajenas a su voluntad, a tomar por su cuenta la explotación de las líneas de la Alta Italia, hubo de organizar dicho servicio promulgando al efecto la ley de 8 de Julio de 1878, completada por el reglamento de 6 de Marzo de 1879, dispo- siciones según las cuales quedaba aquél a cargo del Ministerio de Obras Públicas, creando para diri- girlo un Consejo de Administración, cuyos miembros, ajenos al Parlamento, debían nombrarse por Real Decreto. | A dicho Consejo incumbíia la dirección de la red, mediante la actuación de un Director sujeto a las órdenes del Consejo, en cuyas deliberaciones no podía intervenir y a quien se hacía responsa- ble de la marcha de todos los servicios de la explotación propiamente dicha, sin darle, en realidad, las atribuciones necesarias para el caso. Del Consejo dependía también el Inspector central, encargado de formalizar y fiscalizar la con- tabilidad de gastos e ingresos, a cuyo efecto debía relacionarse con todos los servicios de la explo- tación, cuidando de cuanto se relacionaba con la expedición de billetes, lo mismo ordinarios que especiales y de favor, y de lo referente a la formalización y pago de las nóminas y cuentas de gastos. Existía, además, la Caja central, puesta también bajo las órdenes directas del Consejo de Admi- nistración, que debía atender todos los asuntos de Tesorería. Tanto el Consejo como la Inspección central y la Caja, se hallaban sujetas a una Comisión es- pecial del Tribunal de Cuentas del Reino, que había de intervenir todos los contratos y decisiones relacionadas con los productos y gastos de la explotación, para asegurar el cumplimiento de las dis- posiciones legales reguladoras de la gestión de la Hacienda pública. Las deliberaciones del Consejo y las decisiones del Director concernientes al personal para nombramientos, ascensos, suspensiones de 64 ITALIA TOMO V empleo, rebajas de clase, etc., debían transmitirse a la Comisión especial del Tribunal de Cuentas, para ser visadas y sancionadas por la misma, sin cuyo requisito carecían de validez efectiva las deli- beraciones y decisiones indicadas. A la propia Comisión se hallaba sometida la comprobación de las recaudaciones, las concesiones de créditos para los gastos y la revisión de todos los documentos de , pago, en términos que'cuando el parecer de aquélla difería de los acuerdos del Consejo, debía some- A terse la diferencia al Ministro, que, en el caso de insistir la Comisión del Tribunal de Cuentas en sus propuestas, tampoco tenía autoridad bastante para imponer una resolución determinada. Como se ve, careciendo realmente, no ya el Director, sino el propio Consejo de Administración, de las facultades precisas, tanto para disponer dentro de límites racionales de los recursos con que habían de atenderse las necesidades de la explotación, como para nombrar y separar el personal de los distintos servicios, quedaba sujeta en realidad la dirección de los ferrocarriles a una sección del Tribunal de Cuentas del Reino, cuya naturaleza y esfera de acción, harto extensa, no le permitía ocuparse con el debido detalle, la precisa competencia técnica y la rapidez necesaria, de las cuestio- nes relacionadas con la explotación ferroviaria de la red del Estado, tarea que resultaba, además, de carácter en cierto modo secundario para tan alto Centro, realmente exento de toda "responsabilidad. No es de extrañar, pues, que con tales trabas, basadas en un criterio de rígida sumisión a los princi- pios de la más estrecha fiscalización previa de todos los actos, acuerdos y previsiones requeridas por la explotación de una red ferroviaria algo extensa, resultara desastrosa la marcha de la misma, tanto para los intereses del Estado como para los del comercio y de la industria, motivando el descontento general y siendo causa de que la Comisión investigadora antes mencionada pusiera gran empeño en estudiar a tondo el problema que se había sometido a su examen, según más adelante se verá. Para terminar con lo que a los ferrocarriles de la Alta Italia se refiere durante este período de su historia, se apuntan a continuación los siguientes datos: La longitud total de la red, en 1880, era de 3.471 kilómetros (1), de los que 2.572 pertenecían totalmente al Estado italiano, copropietario además de otros 420 kilómetros, correspondiendo los 479 restantes a varios concesionarios que habían arrendado a la Compañía de la Alta Italia la explotación de sus líneas. ls Los productos brutos totales de la explotación de la red ascendieron en el citado año de 1880, a 110.519.000 liras, correspondiendo al kilómetro una recaudación media de 30.863. E Los gastos importaron 63.806.000 liras, con un promedio kilométrico de 17.818, resultando : ser de 58 por 100 el coeficiente de explotación. El coste kilométrico de la red fué muy variable, habiendo grupos de líneas en que resultó de 176.000 liras, en otros de 335.000 y en otros de 432.000. Durante le gestión de la Compañía de la Alta Italia recibió ésta del Estado, en formas diversas, subsidios por un valor total de 50.314.000 liras, percibiendo, en cambio, el Estado, en forma de im- puestos de todas clases y derechos de aduanas, sin tener en cuenta otros beneficios indirectos, la suma de 122.557.000 liras. Ferrocarriles romanos. La Sociedad de los ferrocarriles romanos, a la que el Estado italiano había concedido la explo- tación de la expresada red, según el Convenio de 1865, debía terminar todas las líneas de la misma y en especial la llamada Liguriana, que había de establecerse a lo largo de la costa de la antigua L;- guría, a cuyo fin trató aquélla de buscar el capital necesario para el cumplimiento de sus compromi- hb (1) - Esta era la longitud de las líneas en territorio italiano. Incluyendo los trozos en territorio extranjero, inme- diatos a las fronteras, ascendía esa longitud a 3.582 kilómetros. : AIR A TOMO V ITALIA 14 se sucesivamente dichas tasas, a medida que aumentara la distancia de transporte, de 100 en 100 kilómetros, hasta 1.000 kilómetros. Reconoció, sin embargo, la expresada Comisión que sólo cabía sujetar a tales reglas las tarifas generales, debiendo dejarse en piena libertad a las explotaciones ferroviarias para el establecimiento de las tarifas especiales, en virtud de Jas consideraciones que se transcriben literalmente a continuación: «La fijación de tarifas especiales no puede sujetarse a límites estrechos, debiendo disponerse, para su aplicación, de toda la elasticidad y movilidad necesarias para acomodarlas a las exigencias de la oferta y la demanda, en relación con la competencia que puedan hacer otros medios de trans- porte. Las reglas frías y rígidas en que han de inspirarse todos los proyectos de unificación de ta- rifas, no permitirían satisfacer en debida forma las conveniencias genuinamente comerciales en que ha de basarse el estudio y fijación de las tarifas especiales. Al amparo de estas tarifas vive la casi totalidad del tráfico ferroviario, etectuándose, gracias a ellas, el abastecimiento de los grandes cen- tros de población, el intercambio regional e internacional de toda clase de mercancías y los trans- portes de primeras materias y de productos manufacturados. Constituyen las expresadas tarifas el E » . , r . + . 7 a ? nervio de la riqueza del país, cuya vida económica se halla íntimamente ligada con el estudio de las mismas. >» ARGUMENTOS EN FAVOR DE LA EXPLOTACIÓN DE LOS FERROCARRILES POR EL ESTADO A la información practicada por la Comisión italiana. acudieron los partidarios de la explotación de los ferrocarriles por el Estado, aduciendo una serie de argumentos, cuya síntesis es la siguiente: Ha de reconocerse a los transportes ferroviarios, por su importancia y trascendencia sobre la economía nacional, el carácter de servicio público, cuya organización, según fuere buena, mala'o mediana, ejercerá siempre una influencia capital en cuanto se relacione con el desarrollo de la indus- tria y del comercio del país. Debe, pues,-estimarse dicho servicio como función propia y privativa del Estado. Constituyen, por otra parte, los ferrocarriles, un verdadero monopolio, por la imposibilidad prác- tica de someterlos a la acción reguladora de una competencia eficaz, ya que la actuación en tal sentido de otras líneas o de otros medios de transporte, como son los fluviales y marítimos, es efímera o se reduce a un campo muy limitado, demostrando claramente la experiencia que siempre se llega a un acuerdo entre las empresas rivales, el cual anula la primitiva competencia, cuando no acaba por sucumbir en la lucha la más débil de aquéllas. Disponiendo de las tarifas y de las condiciones impuestas a los transportes, ejercen los ferroca- rriles verdadero dominio sobre el país, pudiendo favorecer determinadas industrias y centros de producción o consumo en perjuicio de otros, con manifiesta mengua de toda justicia; y como en la explotación de aquéllos por una empresa particular, ésta siempre ha de tender a satisfacer preferen- temente su propio interés, sin preocuparse de las conveniericias generales, incurrirán fatalmente tales empresas en todas las injusticias que estimen ventajosas para su negocio. | En cambio, si el Estado monopolizara directamente el expresado servicio, habría de inspirarse e: los intereses verdaderamente generales del país, favoreciendo el desarrollo de su tráfico y preocu- pándose, no sólo de los beneficios inmediatos, sino de los futuros, atendiendo con preferencia al desenvolvimiento de la riqueza pública. La igualdad en el trato sería para el Estado regla inmutable, lo mismo en la fijación de las tarifas y condiciones del transporte, que en la organización de todos los detalles del servicio ferroviario; reduciría las tasas y todas las percepciones, tanto en el trans- porte de viajeros, como en el de mercancías, con indudable ventaja para la industria nacional; unifor- A A A A A 72 | ITALIA TOMO V maría las tarifas en todo el país, sin tolerar aquellas especiales tan provechosas para unos como lesivas para otros; y, dueño en absoluto de modificar la tarificación a su libre voluntad, podría, en caso necesario, compensar con sus aumentos o reducciones los BRECIOS de una legislación aduanera poco equitativa o mal establecida. Si los ferrocarriles llegaran a ser propiedad nacional, se conservarían en buen estado, asegurando así su explotación: las estaciones serían más desahogadas, tanto en edificios como en vías, muelles, etcétera; se aumentaria el material móvil en relación con las necesidades del tráfico y la variedad de los transportes que han de efectuarse, dotando al destinado a los viajeros de todas las comodidades apetecibles; se aumentaría también el número de trenes y su velocidad, dando al comercio mayores facilidades para la expedición y recepción de mercancías. Los litigios suscitados por los transportes ferroviarios habrían de ser menos frecuentes, resolviéndose con mayor prontitud y equidad las cues- tiones relativas a la indemnización de las averías ocasionadas por tales transportes. La administración de los ferrocarriles sería sencilla y uniforme, pudiendo funcionar con entera independencia de las influencias políticas, sin resultar más costosa que las de las Compañías, obedeciendo, en caso contra- río, el mayor gasto a la mayor perfección del servicio. En manos del Estado, los ferrocarriles se organizarían en forma que dieran plena satistacción, tanto en tiempo de paz como en tiempo de guerra, a las exigencias de carácter militar. No cabe estimar peligrosa esa ampliación de las facultades y medios del Estado, tratándose de un país que se gobierna libremente, sin contar con que los riesgos de carácter político que podrían imputarse a la explotación por el Estado, serian tanto O más de temer dejando esta explotación en manos de empresas particulares que, para la defensa de sus intereses, no habrían de vacilar en ejercer grandísima presión sobre todos los elementos políticos del pais. El ejemplo de los correos y telégra- fos puestos en manos del Estado y cuyo funcionamiento se estima satisfactorio cuando menos, es la mejor prueba de que el Estado podria encargarse también de explotar los ferrocarriles, con gran ventaja para el público en general. ARGUMENTOS EN FAVOR DE LA EXPLOTACIÓN DE LOS FERROCARRILES POR EMPRESAS PARTICULARES : A las razones que acaban de apuntarse, opusieron las siguientes, en la información abierta por la Comisión italiana, los elementos contrarios a la explotación directa de los ferrocarriles por el Estado: La idea de que, por la importancia económica, política y militar de los ferrocarriles, debía esti- marse la"explotación de los mismos como función privativa del Estado, es abstracta y descansa sobre un equivocado concepto de los hechos y de la misión de aquél, basándose esencialmente en las teorías socialistas que implicarían la imposición al pais de un verdadero absolutismo. La explotación de los ferrocarriles es en realidad la resultante de una serie de hechos económicos, cuyo origen y cuyos fines son esencialmente industriales y comerciales. Tal explotación constituye una verdadera industria, tanto desde el punto de vista económico como en su aspecto jurídico; y aunque por su importancia, por su propia índole y por su estrecha relación con los intereses públicos ha de constituir en cierto modo un monopolio, resultan de hecho tan atenuados los inconvenientes de entregar el mismo a empresas privadas, no sólo por la competencia de otros medios de comunicación constantes y poderosos, muchas veces, como son los transportes marítimos en una nación peninsular, sino también por la intervención que ejerce el Estado reglamentando y fiscalizando la expresada explotación, que el supuesto monopolio queda prácticamente anulado. Y en cuanto a la calificación de servicio público, que por su trascendencia sobre la economía Aa merece la explotación de es ferrocarriles, nadie podrá negar eye del mismo modo que el h TOMO V ITALIA 73 crédito público, cuyo mantenimiento interesa en tan alto grado a toda la sociedad, puede ser y se halla realmente sujeto a los reglamentos y leyes del Estado, sin que éste se convierta en banquero monopolizando los negocios de esa clase, la explotación de los ferrocarriles puede reglamentarse y fiscalizarse también por el Estado en forma que garantice plenamente las conveniencias generales, sin necesidad de que aquél la tome directamente a su cargo. De hecho, el Estado en Italia reguló la construcción y explotación de ferrocarriles, reservándose una intervención muy minuciosa en los servicios de los mismos; a las deficiencias de los convenios a concertados y a la relativa falta de recursos de las Compañías, deben atribuirse las quejas suscitadas ón por la actuación de las mismas, en lugar de dar por sentada la imposibilidad de acomodar ésta a las ' necesidades verdaderas del país. Respecto a tarifas, el Estado determina sus valores máximos para cada clase de viajeros yet: cancías, disponiendo de la facultad de aprobar las reducciones que se propongan, medio por el cual puede corregir los abusos y evitar los peligros del monopolio. Es totalmente equivocada la creencia de que si el Estado explotara los! ferrocarriles podría reducir considerablemente las tarifas: sí una reducción de tarifas hubiera de conducir al aumento del producto neto de las líneas, las Compañías tendrán siempre gran interés en conseguir un resultado tan beneficioso para ellas; en cambio, si el objeto de tal reducción estribara en favorecer el tráfico de determinadas mercancías, incapaces por su naturaleza y precio de sostenerse en el mercado, ni las Compañías podrían, ni el Estado debería | consentir tal resolución que, implicando un quebranto efectivo para quien efectúa el transporte, obli- | garía al Estado a imputarlo al Erario público, imponiendo injustamente la carga correspondiente a la Ea masa de los contribuyentes de la nación. Las tarifas ferroviarias deben mantenerse entre los límites establecidos por la naturaleza y el valor de las mercancías, por la competencia interior y exterior a que se hallan sujetas las mismas en 8 los mercados de consumo, por las condiciones especiales en que se efectúan los transportes y por los gastos de la explotación que en tan íntima relación se hallan con el interés del capital invertido en la construcción y utillaje de las líneas. El objetivo a que han de tender las tarifas es el de trans-. portar la mayor masa posible de viajeros y mercancías a precios moderadamente remuneradores, 58 sosteniéndose, precisamente, en los tiempos modernos toda industria y comercio ejercido por enti- dades privadas, gracias a la realización de beneficios mínimos aplicables a un gran número de ope- TS raciones comerciales, caso idéntico al de los transportes por ferrocarril. Los que confían en la reducción de tarifas, en Cuanto se halle en manos del Estado la explotación S e de las vías férreas, olvidan que es el Estado el que por los impuestos establecidos sobre el tráfico ] ferroviario, y que tanto se resiste a desgravar, encarece más dichas tarifas, corriéndose el riesgo de me que, considerando dicho servicio como fuente de ingresos, no vacile, para saldar los presupuestos generales del país, en aumentar las tasas sin más limitación que la de su propia voluntad, por no existir autoridad capaz de refrenarla. Y si en alguna ocasión predominaran tendencias excesiva- mente proteccionistas en materia de intercambio, por seguro puede darse que, además de los dere- chos arancelarios, echaría mano el Estado de las tarifas ferroviarias, estableciéndolas en la forma necesaria para favorecer, tal vez con exceso, la producción nacional. No dejarían tampoco los políti- cos de valerse de este medio para proteger determinados intereses y localidades, a fin de acrecen- tar su prestigio y asegurar éxitos electorales. De suerte que las tarifas en manos del Estado queda- | rían fatalmente expuestas a todas las influencias burocráticas, fiscales y políticas. : a Engañosa también es la esperanza de obtener del Estado trenes más frecuentes, rápidos y con- cd tortables. Cuando estas pretensiones resultan realmente justificadas por las necesidades del tráfico, e las Compañías tienen, y tendrán siempre, gran interés en atenderlas, para aumentar los productos de sus líneas. Pero es el caso que muchas de las pretensiones de este género no son ni deben ser / IR UE A Mi E 79 ITALIA TOMO V maría las tarifas en todo el país, sin: tolerar aquellas especiales tan provechosas para unos como lesivas para otros; y, dueño en absoluto de modificar la tarificación a su libre voluntad, podría, en caso necesario, compensar con sus aumentos o reducciones los SECO de una legislación aduanera poco equitativa o mal establecida. Si los ferrocarriles llegaran a ser propiedad nacional, se conservarían en buen estado, asegurando así su explotación: las estaciones serían más desahogadas, tanto en edificios como en vías, muelles, etcétera; se aumentaría el material móvil en relación con las necesidades del tráfico y la variedad de los transportes que han de efectuarse, dotando al destinado a los viajeros de todas las comodidades apetecibles; se aumentaría también el número de trenes y su velocidad, dando al comercio mayores facilidades para la expedición y recepción de mercancías. Los litigios suscitados por los transportes ferroviarios habrían de ser menos frecuentes, resolviéndose con mayor prontitud y equidad las cues- tiones relativas a la indemnización de las averías ocasionadas por tales transportes. La administración de los ferrocarriles sería sencilla y uniforme, pudiendo funcionar con entera independencia de las influencias políticas, sin resultar más costosa que las de las Compañías, obedeciendo, en caso contra- rio, el mayor gasto a la mayor perfección del servicio. En manos del Estado, los ferrocarriles se organizarían en forma que dieran plena satisfacción, tanto en tiempo de paz como en tiempo de guerra, a las exigencias de carácter militar. No cabe estimar peligrosa esa ampliación de las facultades y medios del Estado, tratándose de un país que se gobierna libremente, sin contar con que los riesgos de carácter político que podrían imputarse a la explotación por el Estado, serian tanto o más de temer dejando esta explotación en manos de empresas particulares que, para la defensa de sus intereses, no habrían de vacilar en ejercer grandísima presión sobre todos los elementos políticos del pais. El ejemplo de los correos y telégra- fos puestos en manos del Estado y cuyo funcionamiento se estima satistactorio cuando menos, es la - mejor prueba de que el Estado podria encargarse también de explotar los ferrocarriles, con gran ventaja para el público en general. ARGUMENTOS EN FAVOR DE LA EXPLOTACIÓN DE LOS FERROCARRILES POR EMPRESAS PARTICULARES A las razones que acaban de apuntarse, opusieron las siguientes, en la información abierta por la Comisión italiana, los elementos contrarios a la explotación directa de los ferrocarriles por el Estado: - La idea de que, por la importancia económica, política y militar de los ferrocarriles, debía esti- marse la“explotación de los mismos como función privativa del Estado, es abstracta y descansa sobre un equivocado concepto de los hechos y de la misión de aquél, basándose esencialmente en las teorías socialistas que implicarían la imposición al pais de un verdadero absolutismo. La explotación de los ferrocarriles es en realidad la resultante de una serie de hechos económicos, cuyo origen y cuyos fines son esencialmente industriales y comerciales. Tal explotación constituye una verdadera industria, tanto desde el punto de vista económico como en su aspecto jurídico; y aunque por su importancia, por su propia índole y por su estrecha relación con los intereses públicos ha de constituir en cierto modo un monopolio, resultan de hecho tan atenuados los inconvenientes de entregar el mismo a empresas privadas, no sólo por la competencia de otros medios de comunicación constantes y poderosos, muchas veces, como son los transportes marítimos en una nación peninsular, sino también por la intervención que ejerce el Estado reglamentando y fiscalizando la expresada explotación, que el supuesto monopolio queda prácticamente anulado. Y en cuanto a la calificación de servicio público, que por su trascendencia sobre la economía pugui merece la explotación de as ferrocarriles, nadie podrá negar que, del mismo modo que el AA! ' p! A A Ds E y OR IAN O A AA An 7 PS Xy ” 13 TOMO V ITALIA crédito público, cuyo mantenimiento interesa en tan alto grado a toda la sociedad, puede ser y se halla realmente sujeto a los reglamentos y leyes del Estado, sin que éste se convierta en banquero monopolizando los negocios de esa clase, la explotación de los ferrocarriles puede reglamentarse y fiscalizarse también por el Estado en forma que garantice plenamente las conveniencias generales, sin necesidad de que aquél la tome directamente a su Cargo. De hecho, el Estado en Italia reguló la construcción y explotación de ferrocarriles, reservándose una intervención muy minuciosa en los servicios de los mismos; a las deficiencias de los convenios concertados y a la relativa falta de recursos de las Compañías, deben atribuirse las quejas suscitadas por la actuación de las mismas, en lugar de dar por sentada la imposibilidad de acomodar ésta a las necesidades verdaderas del país. Respecto a tarifas, el Estado determina sus valores máximos para cada clase de viajeros y mer- cancías, disponiendo de la facultad de aprobar las reducciones que se propongan, medio por el cual puede corregir los abusos y evitar los peligros del monopolio. Es totalmente equivocada la creencia de que si el Estado explotara los ferrocarriles podría reducir considerablemente las tarifas: si una reducción de tarifas hubiera de conducir al aumento del producto neto de las líneas, las Compañías tendrán siempre gran interés en conseguir un resultado tan beneficioso para ellas; en cambio, si el objeto de tal reducción estribara en favorecer el tráfico de determinadas mercancías, incapaces por su naturaleza y precio de sostenerse en el mercado, ni las Compañías podrían, ni el Estado debería consentir tal resolución que, implicando un quebranto efectivo para quien efectúa el transporte, obli- garía al Estado a imputarlo al Erario público, imponiendo injustamente la carga correspondiente a la masa de los contribuyentes de la nación. Las tarifas ferroviarias deben mantenerse entre los límites establecidos por la naturaleza y el valor de las mercancías, por la competencia interior y exterior a que se hallan sujetas las mismas en los mercados de consumo, por las condiciones especiales en que se efectúan los transportes y por los gastos de la explotación que en tan íntima relación se hallan con el interés del capital invertido en la construcción y utillaje de las líneas. El objetivo a que han de tender las tarifas es el de trans-. portar la mayor masa posible de viajeros y mercancías a precios moderadamente remuneradores, sosteniéndose, precisamente, en los tiempos modernos toda industria y comercio ejercido por enti- dades privadas, gracias a la realización de beneficios mínimos aplicables a un gran número de ope- raciones comerciales, caso idéntico al de los transportes por ferrocarril. Los que confían en la reducción de tarifas, en cuanto se halle en manos del Estado la explotación de las vías férreas, olvidan que es el Estado el que por los impuestos establecidos sobre el tráfico ferroviario, y que tanto se resiste a desgravar, encarece más dichas tarifas, corriéndose el riesgo de que, considerando dicho servicio como fuente de ingresos, no vacile, para saldar los presupuestos generales del país, en aumentar las tasas sin más limitación que la de su propia voluntad, por no existir autoridad capaz de refrenarla. Y si en alguna ocasión predominaran tendencias excesiva- mente proteccionistas en materia de intercambio, por seguro puede darse que, además de los dere- chos arancelarios, echaría mano el Estado de las tarifas ferroviarias, estableciéndolas en la forma necesaria para favorecer, tal vez con exceso, la producción nacional. No dejarían tampoco los políti- cos de valerse de este medio para proteger determinados intereses y localidades, a fin de acrecen- tar su prestigio y asegurar éxitos electorales. De suerte que las tarifas en manos del Estado queda- rían fatálmente expuestas a todas las influencias burocráticas, fiscales y políticas. Engañosa también es la esperanza de obtener del Estado trenes más frecuentes, rápidos y con- fortables. Cuando estas pretensiones resultan realmente justificadas por las necesidades del tráfico, las Compañías tienen, y tendrán siempre, gran interés en atenderlas, para aumentar los productos : de sus líneas. Pero es el caso que muchas de las pretensiones de este género no son ni deben ser > A A AS AS A A 2 74 ITALIA TOMO V motivadas por la importancia del tráfico, teniendo, infundadas exigencias, a las que el Estado le sería di deseosos de obtener la creación de trenes onerosos por el contrario, el carácter de caprichosas e fícil resistir ante los apremios de los políticos, para la explotación, a fin de complacer a sus electores; citándose en la información italiana el caso del fren directo de los Abruzzos a Roma, que transportaba, en promedio, un cuarto de viajero de primera clase, un viajero de segunda y tres cuar- tos de viajero de tercera, o sea, dos viajeros diarios, cuando la circulación del tren ocasionaba un gasto, diario también, de 800 liras. Por lo que a las necesidades estratégicas se refiere, demostraron | as informaciones recibidas por la Comisión italiana, que en las guerras de aq uella península había sido tan eficaz y provechosa la actuación de las Compañías como la del propio Estado, para asegurar la defensa nacional, y que ningún obstáculo habían opuesto las primeras al segundo para atender sus deseos, por lo que a este extremo se refiere, tanto en tiempo de paz como en tiempo de guerra, en la inteligencia de que si para las necesidades militares hicieren falta vehículos especiales, lógico y natural parece que al Mi- nisterio de la Guerra y al Estado incumba exclusivamente la adquisición del expresado material en torma que no grave los resultados económicos de la explotación ferroviaria propiamente dicha. Las importantísimas empresas industriales de explotación de los ferrocarriles requieren organiza- ciones administrativas verdaderamente industriales también, y, por lo tanto, sencillas, diligentes y severas, haciéndose preciso que el personal de todas clases tenga clara idea de su responsabilidad y pueda ser nombrado, despedido, premiado o castigado con arreglo a sus merecimientos y aptitudes. Nunca podrá el Estado ajustarse a tales normas, por ser una institución puramente política, cuya misión esencial estriba en favorecer el interés público y defender los derechos políticos, sin atender a miras industriales. De ahí que la Administración pública resulte en extremo complicada por sus for- malidades minuciosas y la intervención recíproca y constante de sus organismos, donde han de im- perar forzosamente las preocupaciones jerárquicas, resultando aquélla lenta en sus procedimientos, sujetos siempre a trámites dilatorios, y careciendo sus agentes de la libertad de acción necesaria y del acicate que supone el libre juego de los estímulos y sanciones propias para avivar el celo y hacer efectiva la responsabilidad. Siendo los ferrocarriles un organismo del Estado, los nombramientos y ascensos de todos los agentes adscritos a la explotación de las vías férreas habrían de acomodarse a las reglas establecidas para los empleados públicos, incurriéndose en la profusión abusiva de exámenes y concursos para el reclutamiento de dicho personal, cuyos ascensos se otorgarian preferentemente a la antigiiedad, en vez de atender al mérito personal y a las aptitudes especiales de los agentes, que contraerían los hábitos rutinarios de la burocracia, en lugar de verse impulsados por estímulos indispensables para una buena explotación ferroviaria. Los altos puestos se reservarían a funcionarios públicos de ele- vada categoría, faltos de la experiencia y actividad necesarias y en cierto modo indiferentes a las exigencias de la expresada explotación. Bien claro se vió, al pasar a manos del Gobierno los ferrocarriles de la Alta Italia, que en poco tiempo perdió el personal de dicha red el celo, los hábitos de trabajo y la rigurosa disciplina a que les había acostumbrado la antigua Compañía. Y como, en general, los empleados del Estado son menos laboriosos que los de las Compañías, sería preciso aumentar su número para atender al servi- cio de la explotación, cuyos gastos crecerían en la proporción consiguiente, como ocurrió en Bélgica después del rescate de los terrocarriles y en Inglaterra cuando el Estado tomó a su cargo el servicio telegráfico. La explotación de los 8.600 kilómetros de líneas que formaban la red de terrocarriles jta- llanos cn 1880, constituía una tarea bastante difícil, no ya para un Gobierno, sino aun para la - Compañía mejor organizada. La unidad de dirección conseguida, sometiendo los múltiples y com- ñ TOMO V ITALIA 75 plicados asuntos de dicha explotación a las decisiones de un Consejo de Administración y de una Dirección general establecida en Roma, no podría, en modo alguno, simplificar la buena marcha del servicio, complicándola, por el contrario, con todas la trabas de la centralización, agravadas por la inestabilidad del Jefe supremo, el ministro de Obras públicas, a cuya decisión habrían de someterse todos los proyectos y planes de reformas y mejoras. Los datos examinados por la Comisión italiana permitían asegurar que la explotación de los ferrocarriles por el Estado resulta siempre más cara que la de las compañías privadas. En 1874- 1875, el coeficiente de explotación fué de 67 por 100 para los ferrocarriles del Estado belga, y de 55 por 100 solamente para la red de la Alta Italia explotada por una Compañía. Las redes explotadas durante el año 1876 por varios Estados. citados en el informe de la Comisión, con tarifas más elevadas que las de Bélgica, daban para el coeficiente de explotación un promedio del 61 por 100, que se reducía al 52 por 100 para otras líneas que también se mencionaban, admi- nistradas por empresas privadas. De explotarse por el Estado los ferrocarriles, los presupuestos generales de la nación se hallarían expuestos a gran incertidumbre y perturbación, como lo demostró Lord Derby en el Parla mento inglés, haciéndose totalmente imposible establecer sobre una base segura las previsiones al efecto necesarias. Análogas manifestaciones expuso en Bélgica en la Cámara de Diputados, Mon- sieur Le Hardy de Beaulieu, insistiendo, al informar sobre el presupuesto de ferrocarriles de 1880, sobre la inestabilidad y la incertidumbre en la evaluación de los productos y de los gastos de una explotación industrial sometida a todas las fluctuaciones de la situación económica del país. Adujé- ronse, además, ante la Comisión italiana, varios ejemplos, tan patentes como sugestivos, de la influencia perniciosa que las costumbres políticas ejercían sobre la explotación de los ferrocarriles del Estado, tanto en el sentido de ampliar servicios completamente improductivos, como en el de conseguir tarifas especiales en beneficio de determinadas localidades y en perjuicio de otras, a fin de atender intereses y exigencias electorales, demostrándose claramente que las facultades del Estado en materia de ferrocarriles habían sido en parte utilizadas para corromper el sufragio y dañar, al propio tiempo, a la explotación ferroviaria. CONCLUSIONES ADOPTADAS POR LA COMISIÓN ITALIANA Grandemente hubieron de influir en el ánimo de la Comisión italiana los argumentos aducidos en contra de la explotación de los ferrocarriles por el Estado, cuando, por unanimidad, acordó decla- clarar que era por todos conceptos preferíble confiar aquélla a la industria privada. Al examinar los diversos sistemas por medio de los cuales podía obtener el Estado el concurso de empresas particu- lares, concedió la Comisión preferencia absoluta a las concesiones, propiamente dichas, sobre los simples arriendos; pero como una buena parte de las líneas italianas pertenecían ya al Estado, que se había impúesto enormes sacrificios para su adquisición o rescate, no podía buenamente la Comi- sión anular los hechos consumados, decidiéndose contra su voluntad y convicción a proponer el arriendo de las líneas. Dos procedimientos cabían para el caso: consistía el primero en abonar el Estado a la Compa- ñía arrendataria determinada cantidad anual para que, por cuenta de esta última y como si se tratara de un destajo, se atendieran los gastos de la explotación, percibiendo aquel la totalidad de los productos de la misma; estribaba el segundo en limitar el devengo del Estado a una determinada fracción de los productos de las líneas, en concepto de canon de arriendo, dejando los ingresos restantes a favor de la Compañía que hubiere de tomar a su cargo la explotación para atender por su cuenta y riesgo las atenciones de la misma. sr mal FE a a at ci a cr 16 ITALIA TOMO Y Por el primero de los sistemas indicados había de asumir el Estado todas las eventualidades dej negocio, que con el segundo procedimiento debían pesar sobre las Compañías arrendatarias; y como precisamente se trataba de que el Estado eludiera. la parte aleatoria de la expresada explo- tación, inclinóse resueltamente la Comisión italiana en favor de la segunda solución, desechando los convenios propuestos en 1874 por el ministerio Minghetti-Spaventa basados en los de la primera. principios CONVENIOS PROPUESTOS EN 1874 POR EL MINISTERIO MinGHETTESPAVENTA.—Según estos convenios, que fueron estudiados por la Comisión, el Estado debía entregar a la Sociedad o Sociedades arrenda- tarias las respectivas líneas en buen estado de conservación, con su material móvil y motor corres- pondiente en relación con la importancia del tráfico establecido sobre aquéllas, reservándose facul- tades amplísimas en lo referente a la fijación de tarifas, e imponiendo: a la Sociedad arrendataria la obligación de atender a la conservación y vigilancia de la vía y a la buena organización y fun- cionamiento de todos los servicios de la explotación, entre los cuales' se contaban las reparaciones de que hubiere menester todo el material fijo y móvil de las líneas. En justa compensación debía recibir anualmente la Sociedad arrendataria un determinado canon kilométrico, además de otra can- tidad proporcional al tráfico de las líneas, obtenida por +la: aplicación de ciertos precios unitarios a los transportes realmente efectuados, adoptando para la evaluación de estos las unidades corrien- tes de viajero-kilómetro y tonelada kilométrica de mercancías. Reseryábase a favor de la Sociedad arrendataria, para interesarla en el desarrollo del tráfico, una fracción determinada de los produc- tos brutos, destinándose otra parte de los mismos a la constitución de fondos de reserva con los cuales habían de atenderse los gastos ocasionados por las renovaciones de la vía. La Comisión parlamentaria que en 1874 había examinado estos proyectos de convenios, los informó en el sentido de que la complicación excesiva e innecesaria de las condiciones estable- cidas para la explotación de las líneas y las cargas harto pesadas que se imponían al Estado por tal concepto, constituían defectos de tanta gravedad que aconsejaban desechar dichos proyectos, máxime teniendo en cuenta otros varios inconvenientes que podían asimismo objetarse, aunque no llegaran a alcanzar la importancia de los dos anteriormente señalados. Del mismo parecer fué la Comisión: de 1878, haciendo observar las: grandes dificultades existentes para dar forma contractual a los arriendos de ferrocarriles establecidos sobre tales bases, dificultades relativas no sólo a la adopción de procedimientos suficientemente equitativos para computar los gastos de explotación, sino también a las consecuencias del hecho de no pertenecer la red explotada a la Sociedad arrendataria, que no habría de tener gran interés en mejorarla a fin de fomentar el consiguiente desarrollo del tráfico, ya que puesta la Compañía en la alternativa de acometer gastos considerables paraplesamplación: de lasiesta ciones grelerzo de _ la vía, aumento de su material móvil, etc., etc., ante la esperanza de beneficios eventuales y difíciles de calcular, o de renunciar a tales beneficios evitando los expresados gastos, forzosamente había de inclinarse dicha Sociedad hacia esta última solución, sobre todo en cuanto se hallara pró- ximo a expirar el plazo de su arriendo. La: mayor minuciosidad y precisión en los términos del contrato, no podía evitar, a juicio de la Comisión, cierta vaguedad en las cláusulas relativas a la entrega del ferrocarril en buen estado al finalizar dicho plazo, estimando, por el contrario, surgirían interpretaciones distintas por una y otra parte contratante que habían de originar conflictos y litigios. 1877 por EL MINISTERIO DeprETIS.—Proponía el ministro Depretis en los etidos a la deliberación del Parlamento en 1877, y que también estudió CONVENIOS PROPUESTOS EN proyectos de convenios som TOMO V ITALIA 77 la Comisión de 1878-81, agrupar todas las líneas italianas en dos redes llamadas Mediterránea y Adriática, que habían de extenderse a lo largo de la península y a cada lado de la misma. Fijábanse en 150 millones de liras anuales los productos brutos de ambas redes, de los que debían abonar las Sociedades arrendatarias el 30 por 100 al Estado, quedando el resto a favor de dichas Compañías para atender a los gastos de sus explotaciones respectivas. Estipulábanse también determinadas variaciones en el canon a percibir por el Estado, regulado por el precio medio a que hubiera de pagarse el carbón de Cardiff necesario para la tracción de los trenes. Establecíase, además, una serie de tarifas a las que debían acomodarse las Compañías arrendatarias, pudiendo introducir en ellas, previa aprobación del Gobierno, las rebajas que creye- ran oportunas, rebajas que de ser impuestas por el propio Estado, ocasionando una disminución en los productos brutos de las redes, imponían al Gobierno la obligación de satisfacer una indemni- zación equivalente a las Compañías. Los aumentos que pudieran sufrir los productos brutos de las líneas habían de distribuirse, asignando el 55 por 100 para las Compañías y el 45 por 100 restante para el Estado. Y en el caso dé obtener el capital social de aquellas beneficios superiores al 7,50 por 100, la mitad de tales excesos debía ser abonada al Estado. Esta combinación dejaba a cargo de las Compañías arrendatarias todos los gastos ordinarios y extraordinarios de la explotación, salvo los relativos al establecimiento de dobles vías y nuevas estaciones; a las ampliaciones del material fijo de estas últimas y de sus diversos edificios; a la sustitución de obras de arte provisionales por otras definitivas; a la renovación de los carriles de hierro por otros de acero; al aumento de material móvil en caso de manifiesta insuficiencia del mismo; y a la reparación de los desperfectos debidos a causas de fuerza mayor, como terremotos, inundaciones, etc., etc. Se dejaba a:las Compañías la facultad de fijar los horarios e itinerarios de los, trenes. En cuanto a tarifas, debían acomodarse a las incluídas en el contrato, el cual mereció favorable acogida por parte de la Comisión parlamentaria de 1878-81, expresando ésta, sin embargo, ciertas dudas respecto a la exactitud y equidad del sistema propuesto para el reparto de los productos brutos de las líneas, en consonancia con las variaciones que los mismos pudieran sufrir. Bases PROPUESTAS POR LA COMISIÓN PARA EL ARRIENDO DE LOS FERROCARRILES ITALIANOS. —Después de ex- presar la necesidad de establecer los convenios para la explotación de los ferrocarriles italianos en forma clara y sencilla, que redujera al mínimo posible los riesgos impuestos al Estado, evitando toda causa de discusión o desacuerdo entre ambas partes contratantes, la Comisión de Les 81 propuso, para los referidos convenios, las siguientes bases: El material móvil, así como todo el mobiliario de las estaciones, debía pertenecer en propiedad a la Compañía arrendataria, la que había de tomar a su cargo los gastos de explotación, o sean, los referentes a la vigilancia y conservación de los edificios y material Dl y móvil de las líneas, así como todos los relativos al tráfico y a la tracción. Debía constituirse un fondo de reserva para hacer frente a los gastos exigidos por el desarrollo | del tráfico, y otro fondo de renovación para atender a la del material fijo y móvil, mediante la asignación de una determinada fracción de los productos brutos anuales, fijando, al efecto, los tantos por ciento correspondientes del producto bruto respectivamente destinados a la adquisición del material móvil que fuera necesario; a la renovación de la vía; a las ampliaciones y mejoras de las líneas; así ccmo a las reparaciones extraordinarias de que hubieren de ser objeto por causas de fuerza mayor; y, por último, a la explotación de las nuevas líneas que se construyeran, a fin de cubrir las insuficiencias de sus productos con los sobrantes obtenidos en las anteriormente exis- tentes. E A a E E SA A A E E a ab 76 ITALIA TOMO Y , Por el primero de los sistemas indicados había de asumir el Estado todas las eventualidades dej | negocio, que con el segundo procedimiento debían pesar sobre las Compañías arrendatarias; y como precisamente se trataba de que el Estado eludiera la parte aleatoria de la ex tación, inclinóse resueltamente la Comisión italiana en favor de la segunda solución, convenios propuestos en 1874 por el ministerio Minghetti-S de la primera. presada explo- desechando los paventa basados en los principios CONVENIOS PROPUESTOS EN 1874 POR EL MINISTERIO MinGHETT-SPAVENTA.—Según estos convenios, que fueron estudiados por la Comisión, el Estado debía entregar a la Sociedad o Sociedades arrenda- tarias las respectivas líneas en buen estado de conservación, con su material móvil y motor corres- pondiente en relación con la importancia del tráfico establecido sobre aquéllas, reservándose facul- tades amplísimas en lo referente a la fijación de tarifas, e imponiendo: a la Sociedad arrendataria la obligación de atender a la conservación y vigilancia de la vía y a la buena organización y fun- cionamiento de todos los servicios de la explotación, entre los cuales! se contaban las reparaciones o de que hubiere menester todo el material fijo y móvil de las líneas. En justa compensación debía de recibir anualmente la Sociedad arrendataria un determinado canon kilométrico, además de otra can- za tidad proporcional al tráfico de las líneas, obtenida por sla: aplicación de ciertos precios unitarios a los transportes realmente efectuados, adoptando para la evaluación de estos las unidades corrien- tes de viajero-kilómetro y tonelada kilométrica de mercancías. Reservábase a favor de la Sociedad arrendataria, para interesarla en el desarrollo del tráfico, una fracción determinada de los produc- tos brutos, destinándose otra parte de los mismos a la constitución de fondos de reserya con los cuales habían de atenderse los gastos ocasionados por las renovaciones de la vía. La Comisión parlamentaria que en 1874 había examinado estos proyectos de convenios, los informó en el sentido de que la complicación excesiva e innecesaria de las condiciones estable- cidas para la explotación de las líneas y las cargas harto pesadas que se imponían al Estado por tal concepto, constituían defectos de tanta gravedad que aconsejaban desechar dichos proyectos, máxime teniendo en cuenta otros varios inconvenientes que podían asimismo objetarse, aunque no llegaran a alcanzar la importancia de los dos anteriormente señalados. E Del mismo parecer fué la Comisión: de 1878, haciendo ANA las: siagess dificultades | existentes para dar forma contractual a los arriendos de ferrocarriles establecidos iS ln bases, dificultades relativas no sólo a la adopción de procedimientos suficientemente equitativos para computar los gastos de explotación, sino también a las EOrea no IdióS del nESnO ES 110 pertenecer la red explotada a la Sociedad arrendataria, que na habría de tener gran Imetas en mejorarla a fin de fomentar el consiguiente desarrollo del tráfico, ya que puesta la Compañía en la alternativa de acometer gastos considerables para la ampliación de las ESTACIONES: refuerzo de la vía, aumento de su material móvil, etc., etc., ante la esperanza de beneficios eventuales y difíciles de calcular, o de renunciar a tales beneficios evitando los expresados gastos, forzosamente había de inclinarse dicha Sociedad hacia esta última solución, sobre todo en cuanto se hallara pró- ximo a expirar el plazo de su arriendo. La mayor minuciosidad y precisión en los términos del contrato, no podía evitár, a juicio : de la Comisión, cierta vaguedad en las cláusulas relativas a la entrega del ferrocarril en buen estado al finalizar dicho plazo, estimando, por el contrario, surgirían interpretaciones distintas por una y otra parte contratante que habían de originar conflictos y litigios. CONVENIOS PROPUESTOS EN 1877 POR EL MINISTERIO Derreris. —Proponía el ministro Depretis en los proyectos de convenios sometidos a la deliberación del Parlamento en 1877, y que también estudió TOMO V | ITALIA nan la Comisión de 1878-81, agrupar todas las líneas italianas en dos redes llamadas Mediterránea y Adriática, que habían de extenderse a lo largo de la península y a cada lado de la misma. Fijábanse en 150 millones de liras anuales los productos brutos de ambas redes, de los que debían abonar las Sociedades arrendatarias el 30 por 100 al Estado, quedando el resto a favor de dichas Compañías para atender a los gastos de sus explotaciones respectivas. Estipulábanse también determinadas variaciones en el canon a percibir por el Estado, regulado por el precio medio a que hubiera de pagarse el carbón de Cardiff necesario para la tracción de los trenes. Establecíase, además, una serie de tarifas a las que debían acomodarse las Compañías arrendatarias, pudiendo introducir en ellas, previa aprobación del Gobierno, las rebajas que creye- ran oportunas, rebajas que de ser impuestas por el propio Estado, ocasionando una disminución en los productos brutos de las redes, imponían al Gobierno la obligación de satisfacer una indemni- zación equivalente a las Compañías. Los aumentos que pudieran sufrir los productos brutos de las líneas habían de distribuirse, asignando el 55 por 100 para las Compañías y el 45 por 100 restante para el Estado. Y en el caso dé obtener el capital social de aquellas beneficios superiores al 7,50 por 100, la mitad de tales excesos debía ser abonada al Estado. Esta combinación dejaba a cargo de las Compañías arrendatarias todos los gastos ordinarios y extraordinarios de la explotación, salvo los relativos al establecimiento de dobles vías y nuevas estaciones; a las ampliaciones del material fijo de estas últimas y de sus diversos edificios; a la sustitución de obras de arte provisionales por otras definitivas; a la renovación de lós carriles de hierro por otros de acero; al aumento de material móvil en caso de manifiesta insuficiencia del mismo; y a la reparación de los desperfectos debidos a causas de fuerza mayor, como terremotos, inundaciones, etc., etc. Se dejaba a-las Compañías la facultad de fijar los horarios e itinerarios de los, trenes. En cuanto a tarifas, debían acomodarse a las incluídas en el contrato, el cual mereció favorable acogida por parte de la Comisión parlamentaria de 1878-81, expresando ésta, sin embargo, ciertas dudas respecto a la exactitud y equidad del sistema propuesto para el reparto de los productos brutos de las líneas, en consonancia Con las variaciones que los mismos pudieran sufrir. BASES PROPUESTAS POR LA COMISIÓN PARA EL ARRIENDO DE LOS FERROCARRILES ITALIANOS.— Después de ex- presar la necesidad de establecer los convenios para la explotación de los ferrocarriles italianos en torma clara y sencilla, que redujera al mínimo posible los riesgos impuestos al Estado, evitando toda causa de discusión o desacuerdo entre ambas partes contratantes, la Comisión de 1878-81 propuso, para los referidos convenios, las siguientes bases: | | El material móvil, así como todo el mobiliario de las estaciones, debía pertenecer en propiedad a a de tomar a su cargo los gastos de explotación, o sean, los la Compañía arrendataria, la que habí n de los edificios y material fijo y móvil de las líneas, así referentes a la vigilancia y conservació como todos los relativos al tráfico y a la tracción. Debía constituirse un fondo de reserva para hacer frente a los gastos exigidos por el desarrollo | del tráfico, y otro fondo de renovación para atender a la del material fijo y móvil, mediante la asignación de una determinada fracción de los productos brutos anuales, fijando, al efecto, los tantos por ciento correspondientes del producto bruto respectivamente destinados a la adquisición del material móvil que fuera necesario; a la renovación de la vía; a las ampliaciones y mejoras de las líneas; así com de fuerza mayor; y, Por último, a la explotación de las nuevas líneas que se construyeran, a fin de cubrir las insuficiencias de sus productos con los sobrantes obtenidos en las anteriormente exis- tentes. o alas reparaciones extraordinarias de que hubieren de ser objeto por causas LAA IS 18 ITALIA TOMO V Independientemente de las reservas referidas, debían las Sociedades arrendatarias constituir las de carácter estatutario, exigidas por la importancia.de los servicios puestos a su cargo. Los productos brutos de las líneas, una vez deducidas las fracciones de los mismos destinadas a la constitución de las reservas, debían destinarse: por una parte, a saldar los gastos de explotación, así como los intereses y amortización de los capitales, al efecto invertidos por la Sociedad arrenda- taria; y por otra, a remunerar en lo posible el capital de primer establecimiento aportado por el Estado. En el caso de exceder de determinado tanto por ciento de su capital social los beneficios realizados por la Sociedad arrendataria, debía prorratearse dicho exceso entre el Estado y la expre- sada Sociedad. Habian de formar parte integrante del contrato las tarifas generales aplicables a los transportes ferroviarios, con las condiciones de aplicación correspondientes, tarifas cuyas tasas no podían ser aumentadas a peticición de una u otra de las partes contratantes, sin obtener previamente la apro- bación del Parlamento. Podía, sin embargo, la Sociedad arrendataria proponer y someter a la deci- sión del Gobierno las reducciones de tarifas que estimara oportunas para favorecer el desarrollo del tráfico. El Estado, por su parte, en casos especiales y cuando el interés general del país lo recla- mara, se reservaba la facultad de ordenar a la Sociedad arrendataria la aplicación de tarifas inferio- res a las generales figuradas en el contrato, cabiéndole a dicha Sociedad el derecho de imputar al Estado, en el caso de no aceptar aquélla las expresadas reducciones de tarifas, tanto los beneficios como las pérdidas que pudieran dimanar de las referidas reducciones. Debía crearse en el Ministerio de Obras públicas un Consejo especial para la tarificación ferro- viaria, compuesto de altos funcionarios y notabilidades del comercio y de la industria, a fin de estu- diar todas las cuestiones relativas a la referida tarificación. Precisaba detallar en los convenios, con la mayor claridad posible, las obligaciones de la Socie- dad arrendataria, así como los derechos del Estado, para el establecimiento del número, composi- ción y velocidad de los trenes de cada línea. ] La duración del contrato debia ser de sesenta años, pudiendo dividirse en dos períodos de treinta, al final de cada uno de los cuales podía rescindirlo cada una de ambas partes contratantes, creyéndose de gran conveniencia la fijación de un plazo bastante largo para el arriendo, a fin de asi- milar en lo posible las condiciones del mismo a las de una concesión propiamente dicha, para esti- mular las iniciativas de la Sociedad arrendataria en cuanto implicara la realización de los gastos considerables requeridos para la mejora de las líneas, ante la seguridad de contar con el lapso de tiempo necesario para el disfrute de los beneficios correspondientes a las expresadas mejoras. Con la adopción de las bases citadas estimaba la Comisión que resultaría en extremo sencilla la acción fiscalizadora del Estado, ya que había de bastar la comprobación de los productos brutos de las líneas arrendadas, sin preocuparse de los gastos ocasionados por la explotación de las mismas, salvo en lo referente a la inversión de los fondos de reserva; y en cuanto al beneficio neto, cuya participación eventual correspondía al Estado, en el caso de exceder de cierto límite dicho beneficio, la determinación del mismo había de resultar siempre tarea en extremo fácil, mediante una simple comprobación de las cuentas generales de la respectiva Sociedad. TOMO V ITALIA 79 Convenios de 1884-1885.—Bases esenciales de los mismos. A las bases propuestas por la Comisión especial de 1878-1881 se acomodaron en su esencia los convenios de 1884 (1), aprobados por la ley de 27 de Abril de 1885, para el arriendo de los ferro- carriles, reservándose el Estado, según el texto de los mismos, la propiedad de todas las líneas y de su material móvil y fijo y cediéndolas en arriendo, por un plazo de sesenta años, divisible en tres períodos de veinte, al final de cada uno de los cuales podía cualquiera de las partes contratantes denunciar el convenio, mediante aviso dado con dos años de antelación. Las líneas peninsulares se agrupaban en dos redes, llamadas Mediterránea y Adriática, corres- pondiendo a la primera las internacionales de Ventimiglia-Mont Cenis y Novara-Pino, así como casi todas las que terminaban en el litoral mediterráneo, a excepción de las de Liorna y Nápoles, adjudi- cadas a la Sociedad Adriática, constituida sobre la base de la antigua Compañía de los ferrocarriles Meridionales, cuya red pertenecía ya a la expresada Sociedad, circunstancia que permitía al Estado eludir el rescate de la misma. Y así como la red Adriática llegaba al Mediterráneo, como ya se ha dicho, por Liorna y por Nápoles, la Mediterránea, a su vez, se extendía hasta el Adriático en Brin- disi y Tarento, existiendo en Roma, Milán, Pavía, Plasencia, Florencia, Liorna, Nápoles, Tarento y Brindisi, estaciones comunes a las dos redes citadas. Común era también a ambos el trozo de Milán- Chiasso para facilitar a una y otra el acceso a la línea del San Gotardo. Las líneas orientales de la isla de Sicilia se cedían en arriendo a otra Compañía, continuando las de la parte occidental de dicha isla, así como las de Cerdeña, en manos de las antiguas Socieda- des concesionarias. Constituían la red Adriática 5.863 kilómetros, de los cuales 1.692 formaban anteriormente parte de la red de la Alta Italia; 624, de la de los ferrocarriles Romanos; 1.633, de la de los Meridionales; correspondiendo los 1.914 restantes a las líneas complementarias, de las que sólo se hallaban total- mente terminados 33 kilómetros. : La red Mediteiránea alcanzaba un desarrollo de 6.074 kilómetros, de los que se hallaban en ex- plotación 4.106, y en cénstrucción los 1.968 restantes, constituidos por las líneas complementarias en construcción. De los 4.106 en explotación, correspondían 1.521 a las líneas de la Alta Italia; 1.068, a la red Romana; 738, a las líneas de Calabria y Sicilia; 87, a la red de ferrocarriles Meridionales; 456, a diversas líneas sueltas, de las que el Estado era copropietario y se explotaban por unas u otras Administraciones; y 236 a la red complementaria o secundaria. La red Siciliana comprendía 599 kilómetros en explotación y 523 de líneas complementarias en construcción o en estudio, sumando en conjunto 1.122 kilómetros. Las Compañías arrendatarias debían comprar al Estado el material móvil y los acopios de diver- sos materiales pertenecientes al mismo, mediante tasación previa, que llegó a importar unos 250 millones de liras en números redondos, debiendo correr a cargo de aquéllas el expresado material, imputando a la cuenta de explotación los gastos por tal concepto ocasionados. ; El Estado, a su vez, había de invertir el producto de la venta referida en la adquisición de nuevo material y en la ejecución de obras complementarias o de mejoras que se estimasen necesarias para atender las exigencias del tráfico y para fomentar su desarrollo. Los productos brutos de las líneas, estimados en 112 millones de liras anuales para la red Medi- terránea, y en 100 millones para la Adriática, debían repartirse a razón del 62,50 por 100 para las Compañías, a fin de atender los gastos corrjentes de la conservación y explotación de las líneas, y (1) Los convenios con las dos empresas explotadoras de las redes Adriática y Mediterránea son de fecha 23 de Abril de 1884, y el de la red Siciliana de 11 de Junio del mismo año. O SO ITALIA TOMO V del 27,50 por 100 para el Estado en concepto de canon de arriendo de sus pertenencias, reserván- dose el 10 por 100 restante para la constitución de fondos de reserva, especialmente destinados a las renovaciones de la vía, a las adquisiciones de material móvil y motor, a las mejoras y ampliacio- nes de las estaciones y líneas y a las reparaciones de carácter extraordinario. Los aumentos que pudieran experimentar, sobre las cifras citadas, los productos brutos de las líneas hasta el límite de 10 millones para cada red, habían de repartirse a razón del 56 por 100 para las Compañías, del 28 por 100 para el Estado, y del 16 por 100 para reforzar los fondos de reserva; pasado dicho límite habían de prorratearse los aumentos de producto, asignando el-50 por 100 para la Compañía arrendataria, el 6 por 100 para la reducción general de las tarifas establecidas por la misma, y el 44 por 100 restante para los fondos de reserva. El producto bruto de la red Siciliana se estimó en ocho millones de liras, debiendo repartirse a razón del 82 por 100 para la Compañía, del 3 por 100 para el Estado, y del 15 por 100 para los fon- dos de reserva. Los aumentos de los productos brutos de dicha red, hasta el límite de seis millones, debían prorratearse a razón del 65 por 100 para la Compañía, del 6 por 100 para el Estado, y del 29 por 100 para los fondos de reserva. Pasado el límite citado, el reparto de los aumentos obtenidos en los productos brutos debía establecerse sobre la base de percibir la Compañía el 64 por 100 y el 16 por 100 el Estado, destinándose el 20 por 100 restante a los fondos de reserva. * € Estipulábase, además, para todas las redes, con carácter general, que, en el caso de obtener las Compañias arrendatarias beneficios que les permitieran distribuir a sus accionistas un dividendo superior al 7,50 por 100, debían repartirse por igual entre el Estado y las Compañías las ganancias superiores a dicha renta. Los gastos y productos correspondientes al trozo de línea común a las redes Mediterránea y Adriática debían repartirse por partes iguales entre ambas Compañías, correspondiendo la dirección de los servicios en dicha línea a la Sociedad Mediterránea, con facultad para la Adriática de hacer circular sus trenes a lo largo de aquélla, sometiendo a la decisión del Gobierno italiano los desacuer- dós o dificultades que, con' motivo de esta comunidad de explotación, se produjeran. | Los Consejos de Administración de las Compañías referidas, así como fos directores y todo el personal técnico y administrativo de las mismas, debían ser de nacionalidad italiana, constituyén- dose unos Consejos especiales, compuestos de tres representantes del Gobierno y otros tantos de cada una de las Sociedades arrendatarias antedichas, para distribuir el personal de las distintas líneas, así como el material móvil y los acopios de los almacenes respectivos. Respecto a las tarifas se aceptaban en un todo las indicaciones de la Comisión de 1878, ya deta- lladas en otro lugar. Por lo que toca al personal, debían acomodarse las Compañías arrendatarias a las plantillas ya establecidas, respetando los sueldos de aquél, e incumbiéndoles la redacción de un reglamento general para los ascensos, premios, castigos y retiros de todos los agentes, reglamento que habia de someterse a la aprobación del Gobierno. Ferrocarriles complementarios Desde el año 1873 se había preocupado el Gobierno italiano, de igual modo que los de otros muchos países de Europa, de la ampliación de su red ferroviaria, dictando una ley por la cual se concedía a las nuevas líneas que se construyeran un subsidio anual de 1.000 liras por kilómetro durante treinta y ocho años. qe Escasa, por no decir nula, fué la eficacia de dicha ley para fomentar el desarrollo de las redes fe- rroviarias de Italia, modificándose aquélla en 29 de Julio de 1879 (1), con el propósito de asegurar la (1) En25 de Agosto de dicho año de 1579, nombró el Gobierno italiano una Comisión encargada de estudiar la TOMO V ITALIA 81 construcción de 6.000 kilómetros de nuevas líneas llamadas complementarias, que se dividían en cua- tro categorías, respectivamente designadas con las denominaciones de nacionales, interprovinciales, provinciales y locales. El Estado tomaba totalmente a su cargo las primeras, subvencionando las restan- tes con el 90, el 80 y el 60'por 100 de su coste, mientras éste no excediera de 80.000 liras por kilómetro. Destinó el Estado a las precipitadas subvenciones la suma de 1.268 millones que debían repar- tirse en veintiún años, disponiendo que las obras se realizaran con la más estricta economía en las de vía normal, y que se adoptara la vía estrecha para las líneas en que por sus condiciones especia- les no pudiera emplearse aquélla sin acrecentar exageradamente su coste. Pero los apuros del Te- soro público, agravados por la inexactitud de los presupuestos, notoriamente insuficientes, de muchas líneas, hicieron pronto ilusorios los preceptos de la expresada Ley, y aun cuando por otras de 1881 y 1882 se concedieron facultades al Gobierno para recabar anticipos de fondos de los constructores de las citadas líneas, mediante el abono de intereses a razón del 5 por 100, tales llegaron a ser las dificultades financieras del Estado, que al concertarse los contratos de 1884 sólo se habían cons- truído, cono ya se ha dicho, 33 kilómetros de líneas complementarias adscritas a la red Adriática, y 236 kilómetros agregados a la red Mediterránea. Estimada de conveniencia pública la terminación del plan de ferrocarriles complementarios, aprovechó el Gobierno italiano la ocasión de concertar los convenios de 1884, para imponer a las Sociedades arrendatarias la construcción de las expresadas líneas, en la parte que a cada una corres- pondiera, a cuyo fin el Gobierno, para procurarse los fondos necesarios, se obligaba a emitir Obliga- ciones al 3 por 100, asignando 50 millones de liras anuales al pago de los expresados títulos para las líneas de la red Mediterránea, 40 para la red Adriática y 12 para la.Siciliana. * Ninguna de estas líneas complementarias debía tenerse en cuenta para la evaluación y prorrateo de los productos brutos de las trés redes establecidas por los convenios de 1884, estipulándose, por el contrario, que los ingresos de las nuevas líneas se repartirían a razón del 50 por 100 para la Compañía arrendataria, 40 por 100 para el Estado y 10 por 100 para los-fondos de reserva. Debía, además, abonar el Estado una subvención anual de 3.000 liras por kilómetro construído, mientras el producto bruto kilométrico no llegara al límite de 15.000 liras, pasado el cual habían de incorporarse sucesivamente las nuevas líneas complementarias a la red general correspondiente, sometiéndolas a las mismas condiciones estipuladas para esta última. La situación al final del segundo período. El detalle de la situación al final de este período, se encuentra en los datos antes expuestos y en los que más adelante se incluyen en el resumen de los cuatro períodos en que hemos dividido la evolución de la política ferroviaria italiana; no creemos supértluo, sin embargo, añadir los siguientes que aclaran y completan lo dicho en las páginas anteriores. | La distribución de las líneas adoptadas como base de los convenios de 1884, fué la que expresa el adjunto cuadro. En él se ve la composición de las tres redes en que para su explotación se agru- paron aquellas líneas, que constituían la casi totalidad de los ferrocarriles italianos, pues sólo dejan de incluirse las correspondientes a la parte occidental de la isla de Sicilia y las de Cerdeña que, según ya hicimos notar, continuaron en poder de las antiguas Sociedades concesionarias, y sin agre- carse, por lo tanto, a ninguna de las Empresas arrendatarias de las tres nuevas redes. clasificación detallada de los nuevos ferrocarriles secundarios, a que hacía referencia la citada ley de 29 de Julio, así como las economías qoe en su construcción y explotación pudieran introducirse. El notable informe que esta Comisión emitió en 28 de Diciembre siguiente, ha sido, en gran parte, reproducido en el Apéndice al título V. de la presente obra (V. tomo II). No era ésta, según sabemos, la única Comisión que en aquella fecha funcionaba, pues fueron varias las que simultáneamente estudiaron diversos aspectos del complejo problema ferroviario planteado entonces en Italia. 6 EP e cit 2 A A ra Aa A - — A ÉÁ === — = A A A A A A AA . e < ca Ri 2 89 ITALIA TOMO V rn o — | REDES LÍNEAS Mediterránea. Adriática. | Siciliana. | | Kilómetros. + Kilómetros. Kilómetros. nn dd Sa, ee E A A. ñ Líneas en explotación: | e | a Id TA ARA | ee Ad eo (ss Sin » Líneas pertenecientes a! Estado. ; F C Romamos . .. ¡y 1,057 + 3.116 624 ; 2. | » A eS F. C. Calabreses-Sicilianos. . 738 y » y 599 Líneas en que el Estado es copropietariO....oooooooo. o...... ; 456 nl » di ' Atari oi aci ada . 200 213 | » Líneas concedidas ............ F. C. Romanos . | 11 | 298 » 1.908 | » | ES ERO: Meridionales. As SN 87 1.633 » Red complementaria (Estado)... - ..ooooooooo..o. AA 236 PE 3 e Longitud total, en explotación, de cada red (Enero 1884). .... . 4.106 3.982 599 Líneas complementarias en construcción 0 en estudiO ....oooooo... _ 1.968 OS A OLOR Longitud total de cada red... .oooo.o.oo... A AO 6 074 5.863 122 Longitud total del conjunto de las tres redes ... ... ...... La: 13.059 a ES E E S Resulta de aquí que los ferrocarriles en explotación de las tres redes indicadas, sumaban 8.687 kilómetros en Enero de 1884; y como en la misma fecha, según las estadísticas oficiales, el total de ferrocarriles italianos en explotación era de 9.455 kilómetros, se ve que existía una diferencia de 768 kilómetros. Esta diferencia es debida a que en el cuadro anterior no se han incluído las líneas de la Sicilia occidental y de Cerdeña, por la razón antes expuesta. Con arreglo a dichas estadísticas oficiales, las líneas de la Sicilia occidental sumaban en aquel momento 189 kilómetros, y las de Cerde- ña, 414; arrojando un conjunto de.603 kilómetros entre ambos grupos. Los 165 kilómetros de diferen- cia entre esos 603 y los 768 antes indicados, corresponderán indudublemente a algunas líneas suel- tas, o bien obedecerán a uno de esos pequeños errores que es dificilísimo no encontrar cuando se confrontan cuidadosamente dos estadísticas, aun en el caso de que ambas procedan del mismo origen. O Tercer período (1885-1905). Aplicación de los convenios de 1884-1885. —Dificultades surgidas con tal motivo. En 1.* de Julio de 1885 empezaron a regir los contratos de arrendamiento de los ferrocarriles italianos, cuyas bases esenciales se han apuntado anteriormente. Coincidió la implantación de este nuevo régimen con la crisis confercial que sufrió Italia en aquella época a causa de la adopción de ] una política arancelaria francamente proteccionista, que ocasionó la ruptura del Tratado de comercio con Francia, paralizando el movimiento de expansión y desarrollo del tráfico, de que habían venido beneticiándose las explotaciones ferroviarias en años anteriores. A pesar del grandísimo celo e inteligencia demostrados por la Comisión parlamentaria, de cuyo informe nacieron los expresados convenios, adolecían realmente éstos de capitales defectos, des- collando entre ellos su extremada complicación y la sujeción excesiva a la influencia del Estado en que colocaban a las Compañías arrendatarias. Intervenía el primero continuamente, con sus pro- cedimientos peculiares, la gestión de las segundas, dejando, además, de cumplir muchas de las obligaciones que se había impuesto, sin que existiera medio legal eficaz para evitarlo, agraván- dose la situación por las exigencias con que, al decir de las Compañías, se veían éstas abrumadas constante y no pocas veces injustamente por parte del Estado. Con los productos brutos de las líneas, cuyo aumento continuo se había descontado con exce- so, debían las Empresas, no sólo cubrir los gastos de explotación propiamente dichos, sino atender a las mejoras y perfeccionamientos de todas las instalaciones, pretendiéndose, además, que contri- NA E E DA EP E E : E a A TOMO V ITALIA | 83 buyeran también a la construcción de otros ferrocarriles; a cuyo fin fijaban los convenios las trac- ciones de los referidos productos que habían de aplicarse a cada uno de los objetivos indicados. Pero es lo cierto que este reparto de los productos brutos no se acomodaba a las verdaderas ne- cesidades de la explotación, cuyos gastos crecían siempre en mayor proporción que los referidos productos, resultando así perjudicadas las Compañías arrendatarias, que no habían de tener interés alguno en fomentar el tráfico de las líneas por la reducción que en definitiva sufrían los productos netos de las mismas. Eran, además, insuficientes los productos brutos con todos sus aumentos para cubrir con ellos tan numerosas atenciones; y como el Estado, que, en caso de insuficiencia, debía aprontar por su cuenta los fondos necesarios, andaba muy remiso por sus agobios financieros, ni pudo llevarse a cabo la construcción de nuevas líneas con la actividad que esperaba el país, ni dis- ponían las Compañías arrendatarias de los recursos precisos para realizar en las líneas antiguas las mejoras de que habían menester. Concentrada la atención de los legisladores de 1884-85 en el examen de datos y hechos del pasado, dejaron de ver las necesidades presentes y futuras para la explotación de las líneas italia-" nas, que, como todas las del mundo, cuando constituyen redes extensas e importantes, requieren continuos y considerables dispendios, no ya para mantener el equilibrio estático y, por decirlo así, pasivo, que implica la conservación de lo existente, sino para mejorar y ampliar todos los elementos de la explotación, a fin de atender debidamente las crecientes exigencias del tráfico y del público. Ansía éste, en efecto, mayores comodidades en sus viajes, con el consiguiente aumento del peso muerto de los coches, y mayores aceleraciones en la marcha de los trenes, para las que ha de acrecentarse la potencia y peso de las máquinas, así como la resistencia de todos los elementos de la vía, mediando, además, la circunstancia de que al construirse las lineas italianas se había procu- rado acomodar las obras y elementos de las mismas a las exigencias de una exagerada economía, pecando, por lo general, de estrechez y pobreza las estaciones, sus edificios, muelles, vías, etcé- tera, deficiencias todas ellas que no tardaron en ponerse de relieve y que era urgente subsanar. Para tan grandes y apremiantes necesidades no bastaba, ni con mucho, el 10 por 100 de los productos brutos, reforzado con el 16 por 100 de los aumentos obtenidos en los mismos, asignado por los convenios a las obras de mejora de las líneas, ya que, como ha demostrado siempre la expe- riencia, a duras penas resultan suficientes, no ya estas fracciones reducidas de dichos productos bru- tos, sino los aumentos totales de los mismos, para garantizar la renta que han de absorber los em- préstitos o ampliaciones del capital social, con que deben atenderse los gastos antedichos, prescin- diendo de todo cuanto atañe a la construcción de nuevas líneas. Y como el Estado no facilitaba ni garantizaba los capitales expresados, ni podían las Compañías arrendatarias buscarlos por su cuen- ta, en atención al carácter precario de sus contratos, permanecían las líneas en situación estaciona- ria, O poco menos, sin ser objeto de las mejoras que necesitaban, y que el país reclamaba con más viveza cada día. Bastará un ejemplo, entre muchos, para puntualizar lo que acaba de exponerse. Al Estado in- cumbia, con arreglo al texto de los convenios, adquirir a su costa el nuevo material móvil que fue- re preciso, pero tratanlo de rehuir aquél los gastos considerables requeridos para el caso, excusa- ba su resistencia, pretendiendo que las Compañías arrendatarias no obtenían el debido rendimiento del material con que contaban. Suscitábanse, por esta causa, interminables discusiones, que agra- vaban el mal en vez de remediarlo; y como cada vez más se demostraba la insuficiencia de los fon- dos de reserva, constituídos en la torma ya expresada, para satisfacer todas las apuntadas necesi- dades, haciéndose algunas de ellas tan apremiantes que no admitían mayor espera, fué preciso acudir con suma frecuencia al Parlamento italiano para que votara créditos adicionales con que atender los expresados gastos. AS A E 84 ITALIA TOMO V En materia de tarifas se hacía también en extremo difícil la gestión de las Compañías arrenda- tarias, constantemente acosadas por los Gobiernos para conceder rebajas contrarias a sus intereses y alos preceptos de los convenios, sin poder nunca alcanzar el abono de las indemnizaciones al efecto estipuladas. Acabó de colmar la medida la insuficiencia de los fondos destinados a las instituciones de pre- visión creadas a favor del personal, fondos que debían nutrirse con determinados descuentos sobre los salarios de este último y con ciertas subvenciones, aportadas tanto por las Compañías arrenda- tarias como por el Estado. Mostrábase éste tan poco diligente para satisfacer sus débitos en tal pe : materia, como generoso para amparar las pretensiones, cada vez mayores, de los agentes de las ¡ Compañías, deseosos de que se redujeran los descuentos por ellos sufridos, cundiendo, con tal motivo, entre el personal, la agitación y el descontento, que, con gran pericia, cuidaron de fomen- tar los políticos de ideas avanzadas y los propagandistas del socialismo, aconsejando la adopción de medidas tan extremas como la huelga, contingencia no prevista ni sospechada, a pesar de su sa- gacidad, por ninguna de las personalidades que, con sus informes, estudios y propuestas, habían con- tribuído a la formalización y concierto de los convenios de 1884-1885. Con todo esto, mostrábase cada día más descontento el país de la actuación de las Compañías, | cuya organización y funcionamiento, estimado por ellas serio y adecuado al servicio que desempe- e ñaban, suscitaba, sin embargo, la animosidad general que las culpaba de tendencias abusivas, incul- | pación de que ellas se descargaban, afirmando, por el contrario, ser las víctimas de aquella situación confusa y agitada. A la vez se acrecentaba el clamor y la influencia de los partidarios del socia- E lismo de Estado que pretendían confiar a éste directamente la explotación de los ferrocarriles en : | general, obedeciendo quizás dichas tendencias a los mismos fines que una personalidad suiza apun- 2 taba al ocuparse de este asunto con relación a su país, según ya dijimos en el capítulo anterior. Informe de la Comisión parlamentaria de 1898-1903. Cediéndo el Gobierno a la presión de unos y otros elementos, acordó someter el estudio del problema a otra Comision parlamentaria, que fué nombrada por Real Decreto de 11 de Noviembre de 1898, recibiendo el encargo de estudiar y proponer la organización que estimara más conveniente on | para asegurar la explotación de las redes del país, a partir del momento en que expirase el primer E plazo de veinte años, ya próximo a su vencimiento, en que, según oportunamente hemos indicado, podían denunciarse los convenios de arriendo que entonces se hallaban en vigor. Esta Comisión fué presidida por el senador Sr. Saporito, y en 18 de Mayo de 1903, terminados sus trabajos, presentó un notabilísimo informe cuajado de datos en extremos interesantes, en el que se hacía un estudio muy completo. del problema y se proponía la solución del mismo. Los datos de hecho que aparecieron en el informe, no sólo se referían a los ferrocarriles italia- nos, sino también a los extranjeros; y las conclusiones a que se llegaba no eran meramente teóricas, ni en el orden práctico se limitaban a las líneas generales, sino que se desmenuzaba y detallaba concretamente lo propuesto, fija siempre la mirada en las realidades de la Nación. Dada la índole de la presente obra, sólo debemos ocuparnos de dos partes del mencionado informe. ES Se refiere la una a los resultados financieros obtenidos por las Compañías y por el Estado du. rante los diez y siete años transcurridos de 1885 a 1902, es decir, desde que se pusieron en vigor los contratos de arrendamiento que ya conocemos, hasta poco antes de ser redactado el informe de la : Comisión. Extractaremos los principales resultados que se exponen en esta parte del Informe. LAA AM TS e o A ARA A E EAS ¿E E as [AR a E > HT > Ñ ES o TOMO V ITALIA 85 La Compañía de la red Mediterránea distribuyó a sus accionistas, de 1886 a 1901, un dividendo 'medio anual de 5,15 por 100, habiendo constituído un fondo de reserva de 15 millones. La Compañía de la red Adriática repartió durante el mismo período un dividendo medio neto de 6,53 por 100, constituyendo una reserva de ocho millones, aparte de la de 19 millones que poseía como Empresa que era de los ferrocarriles Meridionales cuando en 1885 se encargó de la explotación de la red Adriática, en cuya fecha esa reserva sólo ascendía a ocho millones. El dividendo total, comprendido el correspondiente a esa segunda reserva, fué de 6,85 por 100 neto. La Compañía explotadora de la red Siciliana distribuyó en el período antes indicado un dividen- do medio neto de 6,63 por 100. Su reserva fué de seis millones próximamente. Los dos años siguientes fueron menos prósperos para las dos primeras Compañías. La Medlte- rránea no repartió en 1901-1902 más que un 3 por 100 de dividendo, haciendo subir, no obstante, su fondo de reserva a 16 millones; la Adriática distribuyó en 1901-1902, igualmente, un 6 por 100 de dividendo, aumentando su reserva en 300.000 liras y su otra reserva privada en 900.000 liras. La Compañía de la red Siciliana obtuvo un beneficio superior al antes dicho; su dividendo fué de 7 por 100, y el aumento de su fondo de reserva de 400.000 liras. En cuanto a las cargas de las Compañías, dice el informe del Sr. Saporito que no habían podi- do evaluarse por falta de los elementos necesarios para determinarlas. Dichas cargas eran: la una, concerniente a la Caja de retiros del personal; y la otra, al Estado, para saldar el déficit de las Cajas de pensiones y para restituirle las sumas que aquél las anticipó en forma de subvenciones. La Compañía de la red Mediterránea construyó para el Estado dos grupos de vías férreas: uno en 1888, 1889 y 1901, por valor de 180 millones de liras; otro, en 1886, 1900 y 1901, que importó 99 millones de liras. La Compañía de la red Adriática Sd varias líneas en 1888 y una en 1999, recibiendo 190 millones por las primeras y nueve por la segunda. La Compañía de la red Siciliana construyó también por cuenta del Estado un grupo importante de vías férreas por valor de más de 82 millones, pero no lo hizo directamente, sino que, en virtud de las cláusulas del pliego de condiciones, contrató la construcción con la Empresa Marsaglia. El con- trato con esta Empresa fué tan oneroso para la Compañía Siciliana que, lejos de ola ningún be- neficio, experimentó, por el contrario, pérdidas considerables. Los resultados financieros del Estado en la explotación de esas grandes redes durante el período de contratos de arrendamiento a que venimos refiriéndonos, consistían esencialmente, con arreglo a las condiciones establecidas en los mismos, en la participación de aquél en los productos brutos. Con respecto a las redes principales Mediterránea y Adriática, el Estado percibió el 27 por 100 del pro- ducto bruto inicial, y el 28 por 100 del producto bruto suplementario. De la red principal de Sicilia, le correspondió al Estado el 3 por 100 y el 6 por 100, respectivamente, de dichos productos. En cuanto a las redes secundarias, los tantos por ciento de los productos brutos correspondientes al Estado, fueron: el 40 por 100 en las pertenecientes a las dos primeras redes, y el 20 por 100 en las de la Siciliana. | La longitud total de las tres redes principales, que era de 7.608 kilómetros en 1885, pasó a ser al final del período que se considera de 9.687 kilómetros; el producto bruto total de 203.212.816 liras al principio, se convirtió en 286.219.174 liras. El beneficio del Estado osciló entre 54.055.791 y 62.149.034 liras, dando un promedio de 26,55 por 100 del producto bruto. La longitud total de las tres redes secundarias, que era de 621 kilómetros, alcanzó al fin de los diez y siete años que se computan, 3.065 kilómetros; el producto bruto total pasó de 1.763.500 a 18.792.597 liras; pero la explotación fué improductiva para el Estado, y la pérdida se elevó de uno a seis millones, dando un promedio de 32 por 100 del producto. qa ITALIA TOMO V reducir los gastos de explotación, perfeccionando los servicios de modo que fuesen menos costo- sos, no*podría de ningún modo reducir las tarifas más allá de los límites ya alcanzados por las Compañías arrendatarias. Además, hubiera tenido que corregir las insuficiencias de entretenimien- to del material. A pesar de los dos lkandos en que se hallaba dividida la opinión, se desconfiaba, aun por muchos de sus propios partidarios, de la explotación por el Estado, por temor a las ingerencias políticas, inevitables en países con régimen parlamentario, temiéndose que el espíritu rutinario y burocrático gubernamental anulara el industrial, aumentando los gastos y las dificultades de la ex- plotación. : Organización de la explotación por el Estado. “Prescindiendo de otras modificaciones secundarias, más o menos importantes, entre 1905, año en que el Estado se encargó de la explotación, y 1911, se promulgaron tres organizaciones distintas para ésta: las de 1905, 1907 y 1911. Tal hecho, que puede parecer inverosímil, deriva en parte del apre- mio con que fué votada la repetida ley de 1905, según hemos relatado en párrafos anteriores, lo que obligó a tomar entonces únicamente aquellas medidas indispensables para que dos meses después, o sea en 1. de Julio, pudiera el Estado dirigir la explotación. Tales fueron las premuras, que solamente seis semanas antes de esa fecha se nombró Director general al Sr. Bianchi, que lo era de los ferro- carriles sicilianos, encomendándosele toda la nueva organización y gestión, en las que han tenido que ponerse a prueba sus aptitudes, reconocidas como excepcionales por propios y extraños, pues sea cualquiera el juicio que objetivamente pueda formularse acerca del período que estamos reseñando, hay que reconocer que las dificultades que tan ¡lustre personalidad ha tenido que vencer, han sido inmensas, y quizá insuperables bajo ciertos aspectos. Indispensable es decir algo acerca de cada una de las tres referidas organizaciones, y conviene, antes de entrar en materia, trazar los rasgos generales de la que en el período anterior habían adop- tado las tres grandes Compañías explotadoras del Mediterráneo, de los F. C. Meridionales y de los Sicilianos. Cada una de éstas se hallaba regida por una Dirección general, con domicilio en Milán, Floren- cia y Palermo, respectivamente. La Dirección general de los ferrocarriles del Mediterráneo, tenía bajo sus órdenes, en Turín y Nápoles, dos Direcciones de explotación, encargadas cada una, en sus límites geográficos, del entre- tenimiento y vigilancia de la vía, de la explotación, de la tracción y del material. Existía en Turín un servicio autónomo de abastecimientos. Los servicios administrativos, comprendidos la caja cen- tral y contabilidad, se hallaban unidos a la Dirección general. En conjunto, esa organización se apro- ximaba mucho a la administrativa usada en Alemania y Austria. La Compañía de los ferrocarriles Meridionales se había inspirado, en cambio, en los modelos de Francia e Inglaterra. Dependiendo de la Dirección general, existían tres Direcciones especiales, no poseyendo cada una de ellas más atribuciones que las referentes al servicio que tenían encomendado, pero cuya autoridad, en lo tocante al mismo, se extendía por toda la red. Residía en Ancona la Direc- ción de entretenimiento y mabgoE de la vía; en Bolonia, la de explotación; y en Florencia la de tracción y material. | Los ferrocarriles Sicilianos no tenían más que una Dirección general sin servicios divisionarios. Al encargarse el Estado de la explotación, en 1. de Julio de 1905, se confió la administración de toda la red a una Dirección general, sujeta a la inspección del.ministro de Fomento, no encon- . TOMO V ITALIA 93 trándose en este punto dificultades especiales, ya que no hubo más que transterir las atribuciones de las extinguidas Direcciones generales de las Compañías a la nueva autoridad del mismo nombre del Estado, contribuyendo a facilitar el cambio, el hecho de que en lo posible se conservó el antiguo per- sonal de aquéllas. La Dirección general se constituyó con doce servicios centrales, todos bajo la alta autoridad res- ponsable del Director general, que fué investido de extensos poderes. Tales servicios eran los siguien- tes: 1.” Secretaría; 2.” Contabilidad; 3.” dd 4.2 Personal e instituciones patronales; 5.? Ser- vicio médico; 6.” Abastecimientos y almacenes; 7.” Explotación; 8.” Servicio comercial; 9.” Navega- ción; 10. Tracción y material; 11. ad y vigilancia de la vía, y 12. Trabajos nuevos. No obstante las amplísimas facultades otorgadas al Director general, ciertas decisiones impor- tantes se reservaban a la aprobación del Consejo de Administración, presidido por aquél, y del que nos ocuparemos especialmente al reseñar la organización de 1907. Bajo la suprema autoridad de la Dirección general, se crearon ocho Direcciones regionales, agru- pándose en cada una, para su circunscripción respectiva, todos los servicios en las cinco divisiones siguientes: Secretaría; Contabilidad; Explotación y servicio comercial; Tracción y material; y Entre- tenimiento y vigilancia de la vía. Cada Dirección regional—con su Director responsable de toda la circunscripción, como el presidente de una Dirección de los Ferrocarriles prusianos—estaba destina- da a servir una zona territorial tan homogénea como fuera posible, desde el punto de vista del tráfi- co, formando una unidad administrativa independiente con un presupuesto autónomo, con lo que se pretendía estimular su interés en pro de los resultados de su gestión. La creacción de estas Direcciones regionales tropezó con graves dificultades, a causa del cam- bio de sistema, especialmente, entre las dos redes continentales, por lo que concernía a los ferroca- rriles Meridionales que, según hemos indicado, no tenían nada análogo en su organización y cuyas líneas, por lo tanto, se prestaron mucho menos que las de la antigua red Mediterránea a la transfor- mación que el nuevo régimen implicaba. Agravó tal estado de cosas el hecho de que dicha Compa- ñía no venía explotando solamente las líneas pertenecientes al Estado, sino que, según sabemos, po- seía gran cantidad de kilómetros de líneas propias, con cuya explotación continuó hasta un año después en que pasaron a ser propiedad del Estado. De modo que en 1905 sólo una parte de las líneas de la extinguida Red Adriática pasaron al Estado y los servicios administrativos con su perso- nal quedaron en la Compañía de los F. C. Meridionales, arrendataria de la referida red. Se resolvió, en vista de ello, conservar en todo lo que fuera posible la antigua organización sobre esta parte de la red del Estado, creando, bajo la inmediata dependencía del Director general: en Bolonía, un ser- vicio de inspección de la explotación, del servicio comercial y de la tracción; en Ancona, otro servi- cio de inspección para la construcción y entretenimiento de la vía; y agregándose los abastecimien- tos directamente a uno de los servicios centrales de la Dirección general. Esta derogación de la cons- titución normal de las Direcciones regionales uniformes no debía ser más que una medida transitoria; "subsistió, sin embargo, en sucesivas reformas el criterio de no implantar Direcciones regionales en las líneas de los antiguos F. C. Meridionales. En cada circunscripción había, junto a las Direcciones regionales, pero: directamente afectos a los servicios centrales respectivos, dos servicios independientes: el contencioso y el sanitario. Dependiendo de las Direcciones se crearon, para la inspección del servicio local, secciones espe- ciales que no fueron suprimidas en las posteriores reorganizaciones. Tales son las líneas generales de la organización de 1905, con la que el Estado empezó a ex- plotar los ferrocarriles. Se ve, por consiguiente, que se hallaba inspirada en el modelo alemán; pero no debemos perder de vista en esta materia que el éxito de toda organización de cualquier gé- nero no reside en el esquema de la misma, sino principalmente en los detalles de adaptación y, so- 94 ITALIA TOMO V bre todo, en el espíritu y unidad de miras de los encargados de hacerla funcionar. Así, por ejemplo, las Direcciones regionales, antes descritas, padecían de gran insuficiencia de atribuciones propias, lo que indudablemente disminuía mucho su virtualidad. Analizando esta organización, dice Schapper, asesor del Gobierno en Berlín, que era suscepti- ble de un desarrollo racional y que las referidas Direcciones regionales hubieran bastado para des- empeñar cometidos más importantes de los que desde luego les fueron asignados. «El reparto feliz—añade—de las Direcciones de explotación en todo el Reino, sentaba las bases del éxito para una gran descentralización interior, y en Italia, más aún que en otros países, exigen sus condiciones económicas una descentralización racional; basta pensar en el contraste económico absoluto de las condiciones del país, tan civilizado e industrial en el norte, con lo inerte aún, pero que tan ricas perspectivas ofrece para el porvenir, del sur. Se comprende lo funesto que debe ser para un país con necesidades tan diversas, el que sean atendidas por una sola Administración central y con arreglo a un programa único. Se hubiera podido suponer, en efecto, que la evolución ulterior de la forma administrativa de los ferrocarriles se haría en sentido descentralizador, tanto más cuanto que en los debates parlamentarios se reconocía la conveniencia, apoyada por casi todos los oradores, de ir descentralizando progresivamente; pero, como es muy frecuente en la vida pública italiana, fué precisamente lo imprevisto aquello que ocurrió: la tendencia a la centralización, tan arraigada en los pueblos de raza latina, venció completamente». La organización de 1905 no tuvo tiempo de adaptarse por completo, ni aun apenas de tomar carta de naturaleza, una vez que fué reemplazada por la que marca la ley de 7 de Julio de 1907 y el Real decreto de 12 de Marzo de 1908, que reglamentaba su aplicación, cuyas disposiciones, si bien dejan subsistente la ley de 22 de Abril de 1905 y las demás leyes y disposiciones posteriores sobre la materia en todo cuanto no se opusiera a la nueva promulgada, modificaban de tal modo el sistema primitivo de 1905 que suponían una verdadera reorganización. La referida organización de 1905 no fué juzgada en Italia como algunos autores estiman mere- cía serlo, esto es, como un sistema bien meditado en sus líneas generales, que, además de inspirarse en buenos modelos, habían sido trazadas por personas muy capacitadas y aleuna de ellas eminente, sistema cuyos pormenores fueron establecidos con grandes prisas ante los apremios de la incautación, pero que se prestaba a futuros y beneficiosos desarrollos y perfeccionamientos sin variar el criterio tundamental a que obedecía. Coincidió, por otra parte, el comienzo de la explotación por el Estado con un gran aumento del tráfico, y con la penuria en que, para atenderlo, habían dejado a las líneas las antiguas Compañías arrendatarias, tanto por las dificultades de todo género con que tuvieron que luchar, y que ya han sido apuntadas, como por lo reducido que era el plazo forzoso de veinte años del arriendo para permitirlas lanzarse por un camino de mejoras en los medios de explotación, que si bien eran muy necesarias, suponían para las Empresas un peligro cuyas consecuencias hubieran sido tan graves como seguras. En la confusión producida por tan múltiples causas, flotaba el deseo general de reformar la orga- > nización entonces vigente, naciendo así la de 1907. Las principales críticas que en contra de la de 1905 se hicieron en Italia, pueden resumirse di- ciendo que se consideraban excesivas las facultades otorgadas al Director general y, por consiguiente, se estimaba precaria la intervención de los supremos jetes políticos; y en cuanto a las Direcciones regionales, no obstante la insuficiencia de atribuciones propias de que, en comparación con otros paí-- ses, padecían, se les reprochaba su autonomía, en parte, por estimarla perjudicial para la marcha TOMO V ITALIA 95 financiera del conjunto de la empresa, y quizá principalmente a causa de lo arraigado que se hallaba el espíritu centralizador, según antes se indicó. Se ve, pues, que esos juicios de la opinión, así en lo tocante a la organización suprema, como a la regiona], se amoldaban exactamente a la mentalidad centralista del país y, sobre todo, de los políticos . Examinando en particular la cuestión de las Direcciones regionales, dice Schapper: «Ciertamen- te, no se comprende bien cómo la Dirección general, con sus numerosos servicios centrales y sus grandes poderes, no había podido limitar convenientemente ese patriotismo local; si no lo alcanzó, . puede sospecharse que la causa radicaba más bien en la insuficiencia de unidad de miras y en falta de energía por parte de la Dirección general, que en las Direcciones regionales, encargadas precisa- | mente de defender con vigor los intereses de sus circunscripciones. No se puede examinar aquí hasta qué punto los temores, públicamente manifestados por el Ministerio, con respecto al sentimiento creciente de autonomía de las Direcciones regionales, han existido realmente, y si han sido compar- tidos por el Consejo de Administración y la Dirección general, o bien se han puesto de relieve para motivar la reorganización propuesta, por razones de táctica política». Con arreglo a ese espíritu centralista se hizo la reforma de 1907, cuyas líneas generales exter- nas son las siguientes: La administración, bajo la alta inspección del ministro de Fomento, se confió a un Consejo de ocho miembros, presididos por un director general, todos nombrados por Real decreto a propuesta de aquél, que ha de haber dado conocimiento al Consejo de Ministros; y aunque los consejeros sean incompatibles:con todo cargo parlamentario, se comprende que no fuera fácil sustraerse a las exigencias políticas. El ministro de Fomento, después de deliberar con el Consejo de Ministros, puede prohibir la ejecución de las decisiones del Consejo de Administración, pero sin sustituirlas con su propia decisión; su derecho es únicamente el de veto. Esto no constituye una administración verdaderamente autónoma, a cuya existencia se afirmaba que no es factible llegar en el seno del Estado, donde, se decía, no puede existir un organismo abso- lutamente libre del enlace con la Administración pública. De los ocho citados consejeros, cinco son funcionarios: dos pertenecientes a los ferrocarriles del Estado y tres a otras administraciones; los tres restantes se escogen entre personas que han probado altas capacidades técnicas y administrativas, pero resultando siempre que son nombrados por el ministro. El presupuesto es anexo al de Fomento, presentándose a la aprobación del Parlamento. Los aprovisionamientos constituyen un fondo aparte con gestión e, limitándose la in- tervención preventiva del Tribunal de cuentas a los contratos o a la aprobación de gastos supe- riores a 10.000 francos; las cantidades para trabajos de carácter patrimonial son adelantadas por el Tesoro, al que la Administración paga los intereses y amortizaciones. El 2 por 100 de los ingresos se destina a un fondo de reserva para gastos extraordinarios, y otro 2 por 100 a pequeñas mejoras que no tengan carácter patrimonial, esto es, que no aumenten sensiblemente el valor de las líneas. En asuntos de transportes y tarifas, la nueva Administración ha de ajustarse a las cláusulas del convenio de Berna; debe, asimismo, simplificar las tarifas, en las que cualquier aumento ha de ser decidido por una ley; la revisión de ellas se hará cada cinco años, y su reducción, modificación o creación de cualquier tarifa especial ha de ser aprobada por el ministro de Fomento, de acuerdo con los.de Hacienda y Agricultura; debían, también, establecerse tarifas reducidas para trenes de obreros y estudiarse una reducción general en las de viajeros. - Las Direcciones regionales centralizadas fueron suprimidas, haciéndose independientes las anti- -guas Divisiones. Se mantuvo en sus rasgos esenciales el reparto de líneas entre las circunscripcio- nes, pero en cada una de éstas coexisten tres divisiones autónomas: explotación, tracción y vía; y tres oficinas: contabilidad, contencioso y servicio sanitario; hallándose directamente relacionada cada 96 ITALIA TOMO V una de estas divisiones y oficinas con el respectivo servicio central de la Dirección general, recibien- do sólo de ésta las órdenes correspondientes. | Como vestigio original de la antigua Dirección regional, no quedó más que el director o presi- dente, cuyas facultades y cometidos eran: hallarse en contacto con los remitentes; tener conocimiento de todos los documentos de las. referidas divisiones y oficinas; esforzarse en conciliar las divergen-. cias de opiniones entre ellas; impulsar las mejoras; presidir el Comité de explotación, compuesto además de los jefes de las tres divisiones, y encargado especialmente de deliberar sobre los asuntos que a todas ellas interesan, pero sín poder ejecutivo; y presidir también el Consejo regional de terro- carriles, de que seguidamente hablamos. | Se creó un Consejo general del tráfico junto a la Dirección veneral, y los Consejos regionales a que acabamos de aludir. El público esperaba que en estos Consejos, puramente consultivos, entra- rían en gran proporción representantes de la agricultura, de la industria, del comercio y de diversas entidades; y, en efecto, en los dos primeros proyectos de 1904 y 1905 parecía dibujarse esa tenden- cia. Sin embargo, el Consejo general del tráfico, presidido por el ministro de Fomento o por el Di- rector general, quedó compuesto, en'su mayoría, por funcionarios del Estado y miembros designados por el Gobierno, ocurriendo aproximadamente lo propio en los regionales que, presididos por el Di- rector respectivo, se constituyeron con dos funcionarios de la Dirección, dos miembros designados por el Ministro de Fomento, dos representantes de las Cámaras de Comercio y dos de la Agricultu- ra, siendo el voto del presidente decisivo en caso de empate, como en el Consejo general. Se creó, por último, el arbitraje obligatorio entre el Estado y los empleados de ferrocarriles. Para ello se dividió el personal en categorías, cada una con su Consejo particular; los presidentes de éstos forman un Consejo general. En los conflictos que afecten a todo el personal hay cinco árbi- tros designados por el Consejo general; y para los que sólo se refieren.a una categoría, es el Con- sejo. particular correspondiente el que designa los árbitros en número de dos. La Administración nombra igual número de árbitros, con los que se forma el Comité de arbitraje, con un presidente, que no ha de ser empleado ni estar al servicio del Estado; y si para este nombramiento no estuvie- ran de acuerdo los delegados de ambas partes que forman el Comité, será designado por los presi- dentes del Senado, de la Cámara y del Tribunal de casación de Roma. Es el primer ejemplo de ar- bitraje en la legislación italiana, sobre el que insistiremos más adelante. ok En los dos primeros años de hacerse cargo el Estado de las líneas, no es de extrañar se pro- dujera alguna confusión, que cesó en 1907, mejorando después el servicio de un modo muy sen- sible. Dista mucho, sin embargo, este mejoramiento de ser proporcional a su coste. Italia no ha sus- tituído, en realidad, la explotación del Estado a la de las Compañías; no ha hecho más que practi- carla abiertamente después de haberla realizado de modo encubierto durante veinte años. Pero la experiencia de los primeros años de explotación directa por el Estado no fué muy halagiieña para - éste, ni en lo relativo a la explotación, ni en lo que se refiere a la terminación de la red. Y no es. que el sistema de arrendamiento, en la forma en que se practicó en Italia, diera realmente resulta- dos satisfactorios, pero sí los dió superiores a los obtenidos hasta ahora con la explotación por el _Estado, al menos desde varios puntos de vista; los coeficientes de explotación, entre otros datos, lo acusan bien claramente. | : En 1911 ya empezó a apreciarse, por la situación financiera e inconvenientes de orden social, que la explotación por el Estado no había logrado, ni mucho menos, remediar los defectos que tan- tas críticas suscitaron contra las Compañías: los servicios técnicos eran defectuosos, proyocando quejas; se aumentaron las tarifas; y la deuda creció enormemente en cinco años a Causa de dicha TOMO V ITALIA 07 explotación. Ante los clamores de la opinión pública, a fines del último indicado año de 1910, el cabinete Sacchi sometió al Parlamento un proyecto de ley encaminado, por una parte, a mejorar las condiciones del personal de ferrocarriles, y por otra a transformar radicalmente la entonces vigente organización administrativa de éstos, de 1907-1908. Según dicho proyecto, se dividía la red del Estado en cuatro grandes circunscripciones, con sus respectivas Direcciones regionales en Turín, Bolonia, Nápoles y Palermo. Estas Direcciones, encargadas de la administración efectiva de toda la red, debían comprender cada una varias secciones para los distintos servicios. Quedaban, pues, su- primidas las 10 Direcciones regionales, que, aun cuando con las escasas atribuciones que hemos indi- cado, funcionaban como consecuenciafde la reorganización de 1907-1908. Además, la Dirección ge- neral de Roma debía reducirse mucho, tanto en personal como en facultades, pues muchas de éstas pa- saban a las cuatro Direcciones regionales; de modo que aquélla continuaría siendo en lo sucesivo el organismo superior de los ferrocarriles del Estado, pero sólo se ocuparía, en realidad, de inspec- cionar y coordinar la labor de las cuatro referidas Direcciones regionales, verdaderos ejes del sistema. En suma, se volvía a los principios de la organización de 1905, pero acentuándolos de un modo no table, descentralizándose múcho más radicalmente, y dando así satisfacción a cuantos clamaban con- ira los tres gravísimos inconvenientes a que había dado lugar el sistema de 1907-1908, a saber: da centralización; desmedido aumento de la burocracia, sobre todo en la Dirección general, exagera e involucración innecesaria y perniciosa de atribuciones, entre ésta y las Direcciones regionales, que ha hecho a aleunos calificar la organización de 1907-1908 como «un mal sistema híbrido». studiarlo detenidamente, fué aceptado ese proyecto por la mayoría de la Comisión esupuestos, estando a punto de convertirse en ley; pero al procederse a su dis- cusión en la Cámara, en Febrero de 1911, el Gobierno retrocedió ante las observaciones que hicie- ron algunos diputados, deseosos de que predominase en la materia gran prudencia y cautela, para evitar los incesantes, radicales y perturbadores cambios de organización. Se votó, pues, la ley en 13 de Abril de 1911, otorgando al personal importantes mejoras; pero en lo relativo a organización nada dispuso en definitiva, limitándose a investir al Gobierno de am- poderes para proceder por medio de Real decreto, si bien debía asesorarse previamente de una ón especial en la que tigurasen representantes de las fuerzas vivas del país, incluso de las Asociaciones obreras; marcándosele, además, un criterio orgánico de simplificación, economía y des- centralización. En cuanto a las mejoras en la situación del personal decretadas por la repetida ley de 13 de Abril de 1911, no sólo se referían al aumento de los sueldos y salarios, sino también a otros puntos, tales como participación en las economías que resultaran de la próxima reorganización, ins- tituciones de previsión para viudas y huértanos, etc.; esto sin contar con la intervención de los em- Después de e parlamentaria de pr plios Comisi pleados en la reglamentación de los asuntos a ellos concernientes, cerca de la Dirección general, por : medio del famoso «Partamento de ferroviarios», de que luego hablaremos, y que fué creado con carácter de permanencia, debiendo celebrar sesiones periódicamente. No hemos de relatar los trabajos y laboriosísimas discusiones de la indicada Comisión especial encargada del estudio de la nueva reforma orgánica, en que desempeñaron papel tan preponderante ministro Sacchi y, sobre todo, el director general de ferrocarriles, Bianchi. Nos contentaremos con no fué el Real decreto orgánico de 28 de Junio de 1912, el cual dejó subsistente el 907-1908, modificando sólo algunas particularidades que no afectaban en el decir que su térmi sistema tan criticado de 1 realidad a la esencia de dicha organización. Así, por ejemplo, las Direcciones regionales, que entonces eran 10, se convirtieron en 12 , siendo fijada con exactitud la circunscripción de las mismas por Decreto de 3 de Agosto de 1912; pero sus atribuciones y funcionamiento permanecieron invariables en su esencia, no obstante las mo- dificaciones introducidas, que, en rigor, son más bien de carácter formulario. Algo análogo puede 98 E : ITALIA | TOMO v decirse respecto a los servicios y oficinas centrales de la Dirección general, así como en lo relativo a las atribuciones del Consejo de administración, del Director general, del Ministro y del Parlamento, Este último, a partir de la organización de 1907, viene fiscalizando la Administración y explotación de los ferrocarriles del Estado por medio de una Comisión permanente de inspección, compuesta de seis senadores y seis diputados, que debe presentar al Parlamento una Memoria anual. En suma, después de estar a punto de cambiarto radicalmente, se ha mantenido el sistema de 1907-1908, desistiendo de aquel primer intento, lo que hizo exclamar al Consejero alemán doctor von Ritter: <En resumen, la reforma será una decepción para aquellos que estaban descontentos de la Administración actual; y más de uno, considerando las largas discusiones que han tenido lugar en la Comisión de presupuestos, en plena Cámara y en la Comisión especial, pensará involuntariamen- te en el parto de los montes». “Para terminar: en el cuarto período histórico de los ferrocarriles italianos, el Estado, sin contar las medidas transitorias a que se atuvo durante los primeros meses de su gestión, ni las modifica- ciones de importancia secundaria introducidas en distintas techas, ha “adoptado sucesivamente tres distintas organizaciones: la de 1905, la de 1907-1908, y la de 1911-1912; no llegando a conseguir, ni aun con ésta última, la estabilidad orgánica que tanto necesitaba y apetecía para la buena admi- nistración y funcionamiento de su Red, según puede verse en las páginas 103 y 104, Sucesivas agitaciones y peticiones del personal. Por la mencionada ley de 13 de Abril de 1911, se aumentaron los salarios en más de 20 millones. A consecuencia de ello, las Cámaras aprobaron el mismo año un aumento de tarifas de que el públi- co protestó. Los nuevos gastos que debían cubrirse con ese aumento de tarifas, no se derivaron únicamente de las mejoras otorgadas al personal; pero estas últimas constituían el principal renglón. En un principio, se creyó que con la economía que habría de realizarse en virtud de la reorga- nización de 1911-1912, podrían compensarse los nuevos gastos. No ocurrió así. Por el contrario, la Deuda pública siguió creciendo considerablemente a causa de la explotación nacional de los ferroca- rriles, que en realidad producía al Estado un déficit anual de mucha consideración, que, según más. adelante diremos, pasó de 200 millones efectivos de liras en la liquidación del ejercicio 1912-1913. No obstante haberse concedido tantas mejoras al personal por medio de la repetida ley de 13 de Abril de 1911, volvieron a otorgársele, por la de 19 de Junio de 1913, otra porción de ventajas, que “se aumentaron de nuevo, juntamente con las tarifas, en Julio de 1914, a consecuencia del informe de la Comisión de que luego hablaremos. En definitiva, sólo el capítulo de personal arrojó un aumento de varias decenas de millones en los pocos años del cuarto período histórico de los ferrocarriles italianos transcurridos hasta 1914, Teniendo en cuenta, además, los nuevos gastos debidos a otras causas, a que en las páginas siguien- tes habremos también de referirnos; no olvidando que el Estado se vió en la necesidad de poner las líneas en debidas condiciones; y computando, en fín, todas las circunstancias, esperamos que el lec- tor, al terminar este capítulo, se habrá dado cuenta exacta de los motivos a que ha obedecido la marcha observada en los ferrocarriles italianos desde el punto de vista financiero. Pero antes de exa- minar este aspecto con detalle, conviene-detenerse un poco en la cuestión del personal. En Italia, como en tantos otros países, han abundado los hombres de cándida buena fe que es- peraban que con la explotación nacional de todos los servicios públicos, a los continuos conflictos entre los capitalistas y sus obreros, sucedería una era de perdurable armonía entre el Estado-patro- no y sus funcionarios. - ae | sel : por lo que afecta a los ferrocarriles, tales ilusiones se desvanecieron bien pronto eñ Italia: gran- de fué, en efecto, el asombro que a muchos partidarios de la reversión produjeron las inmediatas le TOMO V ITALIA 90. peticiones de los agentes, quienes a veces llegaban a decir que el Estado es un patrono más rígido, menos acomodaticio, menos dado a la equidad y más accesible al favoritismo que los que dirigen una Empresa privada. Al tomar el Estado otra vez la explotación de las líneas en 1.” de Julio de 1903, ya dijimos que una de las consideraciones dominantes en favor del rescate había sido la esperanza de. que, convir- tiendo a los agentes de las Compañías en tuncionarios públicos, se evitarían nuevas huelgas. La operación, como se sabe, fué precedida de una ley orgánica que proporcionaba a los empleados im- portantes ventajas, pero les privaba del derecho de huelga. Más tarde y no habiendo logrado conseguir en un principio se les reconociera esé derecho, volvieron los agentes a la lucha, empleando el obstruccionismo, primeramente, y la huelga después. El jefe del Gobierno abandonó el campo presentando la dimisión. Los artículos negando el derecho de huelga al personal fueron abolidos y aquella cesó. Sin embargo, a pesar de las mejoras obteni- das, no se mostró satisfecho “el personal, y en 1907, cuando las huelgas de Milán y Turín, los empleados de las líneas del Estado cesaron de trabajar, pero la unánime reprobación de la opinión pública hizo fracasar el movimiento. En 1908 hubo huelga de guardabarreras. La Dirección general despidió a 114 agentes, de los que más tarde fueron reintegrados 94, y retardó el ascenso a 6.346 empleados. Los agitadores revolucionarios que habían dirigido esos movimientos perdieron la confianza del personal a causa de los fracasos, heredando su influencia otros más moderados; pero después de algunos años la propaganda revolucionaria hizo nuevos progresos. Ya se sabe que en 1911 se nombraron representantes del personal que tenían por mandato presentar y examinar con el Director general todas las cuestiones de carácter colectivo relativas a los intereses materiales y profesionales. El personal se ha dividido para ello en 46 categorías, de las que cada una elige, por sufragio de doble grado, un representante y un suplente; cada elector dis- pone de un número de votos proporcional a sus años de servicio; y aunque no se podía asegurar el resultado que daría esta institución llamada vulgarmente «Parlamento de ferroviarios», algo podía preveerse por lo ocurrido en Francia, donde había una institución análoga. Hubo conferencias parciales en Agosto de 1912, que duraron diez y ocho días, terminando con concesiones a favor de los agentes, que representan un gasto suplementario anual de más de cuatro millones. Conferencias en pleno hubo en 11 de Diciembre de 1911, 6 de Agosto de 1912, 4 y 5 de Febrero y 30 de Marzo de 1913, para el examen de las reivindicaciones de los agentes. Como se ve, el famoso Parlamento de ferroviarios había dado en dos años resultados bastante apreciables; pero los grupos sindicalistas no estaban satistechos aún: uno de ellos había hecho saber que no aceptaba la representación del personal más que con la intención de derribar la ley que la instituía. La mayoría de los representantes se atribuían un derecho mucho más extenso que el defi- nido por la ley, permitiéndose censurar improcedentemente los actos del Gobierno y de la Adminis- tración. Así se propagó, poco a poco, una fermentación, que se manifestó en 4 de Febrero de 1913, por el envío, en nombre de 32 representantes, de una declaración en que se acusaba a la Adminis- tración y especialmente a su Director, Sr. Bianchi, de violar las leyes y no sostener las promesas. Los 32 protestantes se retiraron y no aparecieron en la sesión de 30 de Marzo; pero la Administra- ción se creyó en el caso de castigar su indisciplina multándolos. Se solidarizaron entonces todos los representantes con ellos, pretendiendo ver en aquella medida una limitación a su libertad de pensar. En 28 de Abril el diputado socialista Sr. Turati llevó a la Cámara este asunto, promoviéndose un vivo debate, en el que aquél dijo que la representación del personal se había creado con el objeto de garantizar los intereses de los empleados y del público contra los perjuicios de declaraciones de huelgas inesperadas, pero que para alcanzarlo no se pueden restringir los poderes de esa represen- 100 ITALIA TOMO + tación. Expresó, además, que habiendo transcurrido demasiado tiempo sin convocar la Asamblea y sin que ésta conociera ciertas medidas que se habían adoptado, el personal no podía estar satisfecho y los mandatarios se hallaban irritados al pensar el papel que hacían; por otra parte, agregaba, es incompatible con la responsabilidad el que los delegados sufran penas disciplinarias, e insistía en que no se trataba de garantir una inmunidad parlamentaria, sino de recabar la libertad de emitir las propias opiniones, cosa necesaria para hacer obra útil. El Ministro de ferrocarriles, Sr. Sacchi, contestó que los delegados habían sido sometidos ju: - tamente a un Consejo de disciplina, por haber escrito una carta abierta publicada en la Prensa antes de que su destinatario tuviera conocimiento de ella, en la que se injuriaba al Director general, se le reprochaba el haber atropellado los derechos de los representantes del personal, de hacerse instru- mento de opresión y de permitir al Ministro que hiciera declaraciones falsas en el Parlamento. La Cámara juzgará, decía Sacchi, si es posible que se tolere una manera tan grosera de obrar y mucho más en personas que, pretendiendo ver en aquella medida una limitación a su libertad de opinión, no pueden olvidar que son empleados y deben consideración a la Administración de que forman parte; pero aun sin contar la forma ofensiva de la carta, sus declaraciones demuestran un gran desconoci- miento de los derechos y deberes de esa representación: existen delegados que creen que su misión les permite inspeccionar los actos de la Administración y del Parlamento en cuestión de ferrocarriles y atacarlos públicamente de palabra o por escrito; ignoran, por lo visto, que deben ocuparse de lo que se refiere a los intereses del personal, exponer sus deseos y presentar proposiciones para alcan.- zarlos, pero de ningún modo pueden franquear estos límites, inmiscuyéndose en cuestiones técnicas que no son de su dominio e invadiendo con ello, en cierto modo, la estera de acción de la Adminis- tración y del Parlamento. No se calmaron los ánimos con esas declaraciones y al convocar nuevamente la Asamblea en 9 de Junio, en lugar de examinar conforme a la orden del día la cuestión de ascensos y del procedi- miento disciplinario, los delegados reclamaron con arrogancia explicaciones sobre el contenido de las protestas de los 32, atacando a la vez al Director general Bianchi, que se vió obligado a amenazarles con retirarles la palabra; logrando hacerse oir para declarar que si los delegados fueron castigados es porque habían cometido una falta, y que se refería, para toda explicación, a lo manifestado. en la Cámara por el Sr. Sacchi; rechazó, además, una Memoria firmada por 33 delegados que se refería a la sanción disciplinaria origen de la discusión. La actitud de los representantes del personal llegó a ser tal, que fué preciso levantar la sesión. Desde entonces el Parlamento de los ferroviarios no ha sido convocado, habiendo terminado en 30 de Junio de 1913 el mandato de los delegados elegidos por dos años en 1911. En diez años han aumentado los salarios del personal en muchos millones; además, la ley Sacchi de 19 de Junio de 1913 les concedió una porción de ventajas en lo que se refiere a pensio- “nes, instituciones de previsión y otras mejoras de está clase. Los gastos para el personal, que en 1902-1903 eran de 142 millones de liras, subieron a 271 millones en 1912-1913. No obstante, los ferroviarios italianos continuaban en sus reclamaciones. En el mes de Marzo de 1914 dirigieron al Gobierno una especie de ultimatum, en-que sé enumeraban una serie de peti- ciones para el porvenir, que consistían en descansos quincenales, mejoras de turnos de servicio y. horarios, nuevas condiciones de indemnización en caso de malaria, servicios definitivos de los anti- Zu li : , ER . E guos militares, reglamentos especiales y mejoras de condiciones para billetes, así Como sobre el des- pido de empleados, institución de escuelas profesionales, reglamentación de la situación de antiguos emplead 7 : PS : DS os, etc. Además, se reclamaban con urgencia salarios mínimos de tres liras para el persona! inferior ió E. ed , a le de los salarios para los empleados asimilables en todas las categorías, abolición no as 14 511 a , . .” . rie Ñ tas de mérito y de ascensos por elección, indemnización de una peseta por individuo en los ser- a a ls y TA mm — . abu Gli > ERA he ESOS A MO EN ad AR e, > E A 7 Y RR TOMO V ITALIA 101 vicios de noche, revisión del decreto que regula los turnos de servicio y horarios, y mejoras y modi- ficaciones en los retiros. El conjunto de reivindicaciones importaba alrededor de 100 millones por año; las exigencias inmediatas suponían 50 millones; anunciándose al propio tiempo que se declara- ría la huelga en 15 de Abril, si no se les daba satisfacción. ' El Gobierno no estaba desarmado contra la huelga u obstrucción: aparte de los artículos del Código penal aplicables a los empleados de ferrocarriles según la ley de 1907, en que se establecen multas hasta de 3.000 liras para los funcionarios que abandonen un servicio público, contaba con todos los ingenieros y alto personal, con empleados de diversos Ministerios y elementos militares; pero prefirió ceder y dar de nuevo satisfacción a los obreros. En consecuencia, el Comité sindica- lista, reunido en Ancona el 19-20 de Abril, adoptó, después de discusiones violentas, una orden del día renunciando, por el pronto, a la huelga, pero dando a entender que ello sólo significaba una suspensión provisional del conflicto. La situación al estallar la guerra europea. En la discusión del presupuesto para 1907-1908, el ponente Sr. Abignente decía a la Cámara de diputados: «Lo que nos hace reflexionar seriamente no es sólo que la explotación de los ferroca- rriles empeora día por día y que los gastos aumentan mientras que el producto neto disminuye —estos hechos podrán ser transitorios y esperamos que así lo sean, aun cuando se nos haya predicho que «los ferrocarriles se bastarán a sí mismos»—lo que nos hace reflexionar seriamente son las siguien- tes consideraciones de orden financiero: Cuando el producto neto que el Estado percibía con el anti- guo régimen permanecía invariable o disminuía a pesar del aumento del tráfico, si ello no podía satisfacernos, al menos no nos inquietaba con respecto a la cohesión y solidez del presupuesto. Ya no puede ocurrir lo propio». En la misma Cámara, el exministro del Tesoro, Sr. Salandra, hacía notar, en 2 de Marzo de 1910, que la Administración de los ferrocarriles del Estado había sido exonerada de las cargas financieras correspondientes al capital empleado en las vías férreas antes de implantarse el nuevo régimen de 1905, cuyo capital ascendía a unos 5.500 millones de liras; y que, por consiguiente, las cargas financieras impuestas a dicha Administración habían quedado extraordinariamente rebajadas y únicamente reducidas a pagar los intereses y amortización correspondientes a los nuevos gastos de ampliación y mejora hechos a partir de 1905. Tales cargas, que en las cuentas de 1906-1907 ascendían a 22 millones, se elevaron a 40,5 en 1908-1909; y preveyendo los nuevos gastos extraordi- narios ya acordados, exclamaba el Sr. Salandra: «Esta deuda se halla destinada a crecer en el pre- sente y en los venideros años, y, por lo tanto,.a aplastar con el peso de los intereses y de la amorti- zación el presupuesto de los ejercicios sucesivos». En uno de los cuadros del apéndice Il de este capítulo, se reproducen los datos de las cuentas oficiales relativos a los resultados de la explotación y financieros de la red alcanzados en los dife- rentes años del cuarto período de que ahora estamos ocupándonos. Según advertimos en una de las notas del mencionado cuadro, es indispensable hacer importantísimas aclaraciones sobre el particu- lar, pues de lo contrario, el solo examen de dichas cifras oficiales escuetas daría una idea muy equi- vocada de la situación. Ante todo, sorprende la notable diferencia entre los gastos realizados en el último ejercicio co- rrespondiente al régimen de explotación por compañías (1904-1905), y los siguientes en que viene ex- plotando el Estado, así como el incesante aumento de aquéllos en los diversos años del cuarto período. La causa principal de dicha progresión ascendente es el aumento de salarios del personal: la ley de 22 de Abril de 1905 que ordenaba la aplicación retroactiva de las disposiciones referentes a [Document text truncated for crawler view.]