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La casa

Calderón de Anta, Salvador

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LA CASA Salvador Calderón de Anta Trabajo Final del Máster en Escritura Creativa Universidad de Sevilla Curso 2019/2020 LA CASA P E R S O N A J E S : DOS SOMBRAS MAITE ALBERTO AMELIA ENRIQUE MARÍA 2 A mis abuelos. A mis padres, que ahora también lo son. 3 Who lets so fair a house fall to decay? William Shakespeare, Sonnet XIII. Los seres humanos, ¿se dan alguna vez cuenta de lo que es la vida mientras la están viviendo? Emily, Acto III de Nuestro pueblo. Thornton Wilder. 4 L A C A S A En las estancias de una casa duermen unos cuantos muebles llenos de polvo, esperando que alguien entre a saludarlos. Son aquellos muebles de toda la vida, mezcla extraña de utilidad y adorno, repletos de cosas. Algunos, incluso, han sobrevivido a varias generaciones. En la pared del fondo, un piano lleva años guardando sus notas, que reposan junto a estanterías y aparadores. En el lateral contrario a la puerta de entrada, el silencio colgado de un viejo reloj de cuerda. En el centro, un sofá y dos sillones, suspendida su conversación y cubiertos por sábanas viejas que los defiendan del polvo. Detrás de ellos, una mesa camilla. Sentadas en dos sillas, bajo sus faldas, hay dos SOMBRAS. Su atuendo oscuro solo desvela los rostros, ya ancianos. 5 1. SIEMPRE HIZO FRÍO EN ESTA CASA MAITE (Desde fuera.) Está dura. A ver ahora.... Ya. (El sonido de una madera vieja, entumecida, acompaña el movimiento de la puerta.) Entran MAITE y ENRIQUE, su hijo. Encienden la luz. Van abrigados. Hace frío. A veces, incluso, se escapa vaho de sus bocas. ENRIQUE ¿Doy la calefacción? (Comienza a quitarse el abrigo.) MAITE No, no hace falta. Ya te dije que es solo cuestión de cinco minutos. Para decirles algo a tus tíos. ENRIQUE (Al final se deja el abrigo puesto pero deposita los guantes y la bufanda sobre un aparador. Se da cuenta de algo al hacerlo y pasa la mano.) Esto está lleno de polvo. Menuda limpieza tendremos que hacer. MAITE (Quitándose a su vez los guantes.) No te preocupes. De eso ya se encargarán. Nosotros solo tenemos que abrir, comprobar que no se haya roto nada y decirles a los tíos que todo está en orden. Quedamos en hacerlo una vez al mes. ENRIQUE Ahá. MAITE empieza a recorrer las estancias de la casa. Lo hace de forma metódica. Apaga y enciende luces. Desaparece por la puerta de la cocina para comprobar llaves del agua, radiadores… Mientras, ENRIQUE deambula por el salón sin mucha convicción y con las manos en los bolsillos, que saca de vez en cuando para tocar algún objeto que llama su atención. ENRIQUE (Se detiene frente a un mueble. Alto para que MAITE le escuche desde otra habitación.) ¿Esta foto no es….? MAITE (Desde fuera.) ¿Cuál? ¿La foto en blanco y negro? ENRIQUE No, en la que estamos todos. (Coge la foto enmarcada.) MAITE (Entra secándose las manos con un paño y se acerca a mirar rápidamente, echando un mínimo vistazo.) ¿No te acuerdas? (Le habla mientras se da cuenta de lo que le queda por hacer.) Las bodas de oro. 6 ENRIQUE Ah, claro. (Mira pensativo.) Aún estaba Papá, así que tuvo ser por lo menos… MAITE (Vuelve a lo suyo. Se la escucha en la cocina abriendo y cerrando las puertas de algún armario con poca delicadeza.) Diez años, Enrique. (Entra de nuevo. Va junto a ENRIQUE. Evocando.) Diez años... ENRIQUE Antes de mi primer destino. Aún estaba en la universidad. (Pausa.) Qué lejos me parece. MAITE Pues ya ves. En el fondo, entonces eras todavía un crío. (Con cariño, orgullo y un punto de melancolía.) Mírate ahora. Cada vez te pareces más a él. ENRIQUE (Reprendiéndola.) Mamá... MAITE Bueno, bueno, no te pongas así. (Acordándose de algo.) Déjame ver… (Va hacia la esquina contraria del escenario mientras ENRIQUE mira la foto.) Listo. Pues creo que no hay que revisar nada más… (Vuelve hacia el centro, al lado de ENRIQUE. Ambos quedan mirando la foto en silencio. Las SOMBRAS, que han seguido sus movimientos, los miran ahora con intensidad.) ENRIQUE Parece mentira. MAITE ¿El qué? ENRIQUE Pues qué va a ser. (La mira como si tuviera que saber la respuesta.) Que ya no estén aquí. Con un movimiento lento las SOMBRAS se levantan. MAITE ¡Ah! Ya. Después de tanto tiempo... ENRIQUE ¿Cuándo hicieron la casa? MAITE Uf. Eso tendrás que preguntárselo a tu tío. 1970, 71… qué sé yo. Ya sabes que él es mucho mejor para las fechas. ENRIQUE Así que cuando nací yo…. MAITE ...Llevaríamos unos veinte, sí. Algo menos. (Recordando con desgana.) El verano que naciste lo pasé ahí tirada. Estaba cansadísima. No podía ir a ningún sitio. Y el jardín siempre estaba lleno de bichos… ¡Qué verano, por dios! Menos mal que tu hermana nació en enero. ENRIQUE ¿De quién era la finca? 7 MAITE De tu bisabuelo. Él se quedó todo esto y sus primas, el resto hasta el final de la calle. Pero, bueno, el que siempre estaba al tanto de esas cosas era tu padre, que para eso era el yerno favorito y el abuelo revisó con él todos los papeles. (Silencio.) Él la disfrutaba mucho. Más que yo. (Se deshace de la evocación del pasado con un breve suspiro, coge los guantes y empieza a ponérselos.) Vámonos. Siempre hace frío en esta casa. ENRIQUE ¿Cuándo pusisteis el anuncio? MAITE Hace dos meses. Ya te lo dije por teléfono. ENRIQUE No me lo dijiste. MAITE Claro que te lo dije, Enrique. ENRIQUE No, me dijiste que ibais a hablar con los de la inmobiliaria, no que ya hubierais puesto el anuncio. MAITE Es lo mismo. ENRIQUE No, no es lo mismo. MAITE Claro que es lo mismo. Hablamos con ellos y pusimos el anuncio. ENRIQUE ¿Así, sin más? MAITE Bueno. ¿Qué más había que hacer? ENRIQUE No sé… Pensar. MAITE ¿Pensar en qué? ENRIQUE Pues si venderla… o no. MAITE (Lo mira a los ojos y se pone seria. Ya ha tenido que hablarle así muchas veces, aunque desde hace tiempo con menos frecuencia.) Vamos a ver. Ni tus tíos ni nosotros podemos asumir los gastos de esta casa ni nadie de la familia va a vivir en ella. ENRIQUE ¿Y Amelia? MAITE ¿En serio? Tu tía ya pasó demasiados años aquí como para querer volver. ¿De verdad te la imaginas cuidando la huerta y podando los setos? ENRIQUE No, pero... MAITE Además, a todos nos vendrá bien el dinero, especialmente a ella, que no sé qué líos tiene, como siempre. ENRIQUE ¿Y si yo…? 8 MAITE ¿Venirte aquí? ¿Con María? ¡Estás tonto! (Inoculando con dulzura la dosis necesaria de realismo.) Si no sabes siquiera dónde te tocará dar clase el año que viene. (Pausa. El efecto de sus palabras se nota en la cara de ENRIQUE, que la agacha.) Lo que sí te vendrá bien de esta casa es la parte que os corresponde del reparto. Sobre todo a tu hermana. ENRIQUE ¿Qué te dijo Elena? MAITE ¿Qué va a decir? Pues que le hace falta. Ya sabes que allí todo es cuestión de dinero y ella acaba de empezar, como quien dice. ENRIQUE Ya. O sea que con ella sí lo hablaste. MAITE Igual que contigo. Lo que pasa... ENRIQUE ¿Qué? MAITE Pues que a veces parece que no quieres enterarte. (Le pasa la mano por la mejilla, cariñosa, pero termina el gesto bruscamente. Silencio.) Venga, vámonos. Que tengo que pasar por la inmobiliaria y llamar a tus tíos y aquí hace un frío que pela. ENRIQUE vuelve a colocar la foto en su lugar, pero se queda algo absorto. Mientras, MAITE sale con las llaves en la mano. Las SOMBRAS abandonan la mesa y se acercan a él por detrás, una a cada lado, mirando la misma foto. ENRIQUE no se percata de su presencia a pesar de la cercanía. MAITE (Desde fuera.) ¡Enrique! ENRIQUE ¡Voy! (Y se dirige a la salida recogiendo precipitadamente la bufanda y los guantes. Se gira y echa un vistazo hacia atrás cuando ya está en la puerta. Entonces su mirada se cruza fugazmente con la de las SOMBRAS.) OSCURO 9 ALBERTO O sea, que lo cojamos. MAITE Bueno, dice que a lo mejor hay margen para negociar algo. Pero diez o quince mil a lo sumo. AMELIA Qué miseria. MAITE Bueno, mirad. Yo creo que después del trabajo que nos llevó liquidar lo de las cuentas y cambiar los titulares de los contratos esto es lo de menos, así que... ALBERTO ¡Lo de menos! Te recuerdo que es nuestra casa. MAITE Era nuestra casa, Alberto. Ya no. Ninguno vivimos aquí. AMELIA Que no vamos a venir a vivir está claro, pero tampoco se trata de malvenderla. (Pausa. Cuando vuelve a hablar lo hace más bajo.) A Papá y Mamá no les gustaría. MAITE No podemos pensar en lo que habrían hecho ellos. Ahora es diferente. AMELIA Para vosotros es más fácil. ALBERTO ¿Cómo que más fácil? AMELIA Pasasteis aquí menos tiempo. MAITE No me vengas con eso ahora. AMELIA ¡Es verdad! (A ALBERTO.) Tú te fuiste justo después de lo de Félix. (A MAITE.) Y tú ya estabas casada. Yo tuve que quedarme con Papá y Mamá cuando estaban destrozados. No os hacéis a la idea. MAITE Pues claro que pasaste más tiempo aquí, con ellos, ¡el mismo que no pasaste en la residencia! AMELIA ¿Qué quieres decir? ALBERTO Vamos, Amelia, Maite, no es momento... MAITE Sabes perfectamente lo que quiero decir. AMELIA Y tú sabes perfectamente que no podía. MAITE Tú nunca puedes... AMELIA Qué sabrás de mi vida. MAITE Es cierto. No tengo ni idea de qué haces con tu vida. Solo sé que nunca estabas cuando hacía falta. AMELIA Para mí era... MAITE Qué. 16 AMELIA No lo entendéis. Era muy difícil. MAITE Y muy cobarde, también. AMELIA ¡Para! (Se lleva las manos a la cara, llorando. Las SOMBRAS se han levantado alarmadas durante la discusión. La SOMBRA 1 intenta retener a la SOMBRA 2, que se dirige hasta el respaldo del sillón donde AMELIA llora y acerca sus manos para consolarla.) MAITE (Dejando de gritar, sale un último reproche, cargado de resentimiento.) Si no te hubieran tenido tan mimada. AMELIA (Levantándose y separándose, por tanto, del abrigo de la SOMBRA. También en un tono más pacífico, pero con despecho.) Otra vez. Lo mismo de siempre. Nunca tuve las cosas tan claras como vosotros. Ese fue siempre mi problema. MAITE ¡Pues haber…! AMELIA Haber ¿qué? ALBERTO ¡Vale ya! ¡Las dos! (MAITE y AMELIA callan de golpe y lo miran a él, que se ha levantado. Las SOMBRAS, también.) Parecéis unas crías. ¿Creéis que les gustaría veros así? AMELIA Tampoco sería la primera vez. ALBERTO ¡Vale! MAITE Ahora no está Papá para justificarte. AMELIA Ni Mamá para darte la razón. ALBERTO (Imponiéndose por fin.) ¡He dicho que vale! (Pausa.) Volvamos a la casa. Ahora es lo que importa. Se hace un silencio. Apenas escucharían, si pudieran, el rumor de los trajes de las SOMBRAS mientras vuelven a su sitio, el de las faldas de la mesa camilla. El desahogo da paso a una conversación más calmada. AMELIA Es poco. MAITE Lo sé. ALBERTO (Sentándose.) En eso estamos todos de acuerdo. AMELIA Contaba con… algo más. ALBERTO Sabes que si necesitas... 17 AMELIA No es eso. MAITE Os dije que no os ilusionarais. Sabíamos desde el principio que no iba a ser fácil. ALBERTO La gente ahora no quiere fincas tan grandes y la casa... AMELIA ¿Qué le pasa? ¿No es tan vieja, no? ALBERTO Cuando uno va a comprar echa cuentas de lo que quiere cambiar y a alguien joven todo esto... AMELIA Ya. Y tampoco podemos esperar demasiado. MAITE Exacto. Si dejamos esto cerrado y esperamos a que alguien ofrezca doscientos... pasará el tiempo y la casa acabará cayéndose a pedazos. Y entonces no habrá nada que hacer. AMELIA En eso tienes razón. Mira cómo está todo. Una casa en la que no vive nadie acaba siendo una ruina. MAITE Por no hablar de lo que gastaríamos en mantenerla mientras tanto. Os recuerdo que seguimos pagando la luz, el agua, el seguro, la contribución y todo lo demás. Se hace un silencio reflexivo. MAITE se levanta a por agua y roza a las SOMBRAS. Bebe y mira a todos mientras está de pie. AMELIA Entonces, pídele diez más. Si no hay más remedio... ALBERTO Para sacar diez tendrás que pedirle quince. MAITE Vale. Le pido ciento sesenta y cinco y si dice que sí, aunque baje a ciento sesenta, ¿arrancamos el papeleo? Las SOMBRAS se tapan los oídos. El resto asiente, aunque sin mucha convicción. ALBERTO Es una pena. Seguro que vale mucho más. (Se levanta.) O valía. MAITE Claro que es una pena, pero no podemos hacer otra cosa. Si hubiera sido en otro momento... AMELIA Solo faltaba. MAITE ¿Qué? 18 AMELIA Que solo faltaba. Echarles a Papá y Mamá la culpa de haberse muerto ahora, al final de una epidemia y en plena crisis. ALBERTO La crisis, la crisis… Cuándo no hay una maldita crisis. ALBERTO se levanta y se sirve otra copa con cuidado de que no se viertan los posos. Le hace un gesto a AMELIA, que niega con la cabeza. Mientras cae el vino, clareado por el tiempo, las SOMBRAS miran a su único hijo, como si pidieran una reconsideración. MAITE Lo bueno… (Se para. La miran. Rectifica.) ...si es que hay algo de bueno, es que el tipo debe de tener el dinero en la cuenta. AMELIA Y eso, ¿qué más da? ALBERTO Sería más rápido, Amelia. No tendría que pedir hipoteca. Eso agiliza los trámites. (Pausa.) Te vendría bien. AMELIA (Levantándose también.) Ya. Como soy un desastre… ALBERTO No he dicho eso. MAITE Nos vendría bien a todos. ¿O no? Un nuevo silencio. Caras que se sienten culpables, SOMBRAS que se sienten despojadas. AMELIA ¿Y todo esto? ¿Qué hacemos con todo esto? ALBERTO Algo nos darán, digo yo. MAITE Pues este hombre ha dicho que quiere la casa, pero vacía. Así que habrá que llamar a alguien. Quedan todos en pie, mirando las paredes llenas de aquellos objetos que los acompañaron durante décadas, que tal vez por un momento les pidan compasión. ALBERTO Vendremos cada uno a recoger lo que queramos llevarnos. Antes de... ¿Os parece? 19 MAITE Sí, claro. (Pausa.) Se lo diré a Enrique, si no lo veis mal. Elena está demasiado lejos. No vendrá hasta el verano. Y eso con suerte. (Los otros asienten.) ALBERTO Tú deberías llevarte el piano. AMELIA Ese piano... MAITE ¿Qué le pasa? AMELIA Nada. Ya pensaré. (Silencio.) ¿Y el reloj? Es lo más valioso. (TODOS miran hacia la pared donde cuelga el reloj. Las SOMBRAS, también.) ALBERTO Uno de nosotros tiene que llevárselo. Es de… 1890 o algo así. Del... MAITE ¿Tatarabuelo? AMELIA Yo, imposible. En mi piso no cabe. MAITE ¿Funciona? AMELIA Hay que darle cuerda pero creo que sí. Déjame ver. AMELIA se acerca, levanta la tapa y coge una llave que gira para dar cuerda. Tal vez despertándose o rebelándose, el reloj sorprende a todos dando sonoramente los cuartos. OSCURO 20 3. LAS COSAS PARA TODA LA VIDA NO SON BARATAS Las SOMBRAS, sentadas tal y como estaban al apagarse la luz, aparecen extrañadas. La SOMBRA 1, anciana, reacciona antes, suspira y se levanta. SOMBRA 1 (Mientras se dirige a manipular la llave correspondiente en la cocina.) ¡Qué obsesión con la calefacción! Así vienen luego los recibos que vienen. SOMBRA 2 Déjalo. Total, ahora los pagan ellos. SOMBRA 1 Por primera vez en su vida. SOMBRA 2 (Se levanta y va hacia el centro del escenario con las manos en los bolsillos.) Ahora son los responsables de todo. SOMBRA 1 Sí, ahora son los responsables y mira. (Recoge las copas y la botella de encima de la mesa, vuelve a poner la sábana sobre el sillón, revisa los muebles que han usado.) Se comportan igual que cuando eran críos. SOMBRA 2 Siguen discutiendo. SOMBRA 1 En todas las casas cuecen habas. Pero la sangre nunca llegó al río. SOMBRA 2 En el fondo… se quieren, ¿verdad? SOMBRA 1 Claro que se quieren. Como debe ser. (Pausa.) Pero parece mentira que no hayan aprendido a recoger antes de irse. Siempre tengo que hacerlo yo. SOMBRA 2 Como toda la vida. SOMBRA 1 Eso. Como toda la vida. SOMBRA 2 No exageres. (Pausa.) ¿Quieres parar? SOMBRA 1 No estoy exagerando. ¿Te parece normal que dejen las cosas así? ¡Es su casa y mira cómo la cuidan! Si tuvieran un poco más de respeto... SOMBRA 2 ¿Respeto? 21 SOMBRA 1 Sí, respeto. Por todo lo que queda aquí. SOMBRA 2 Lo que queda aquí ya no les interesa. Ya oíste. A lo sumo el reloj, el piano, el tocadiscos, las fotos, algún recuerdo... SOMBRA 1 (Ya ha acabado con las tareas.) Pues eso es lo que no entiendo. SOMBRA 2 ¿Qué no entiendes? SOMBRA 1 (Se dirige al centro del escenario, junto a la SOMBRA 2. Le habla directamente.) Que no les importe. Sabes muy bien que aquí está todo lo que conseguimos con tanto esfuerzo. Ellos no saben lo que fue trabajar así. No son tonterías, son las cosas que les han rodeado durante años. ¡Años! ¡Algún cariño les tienen que tener! (Después de una pausa, vuelve a hablarle a la SOMBRA 2, pero ahora señala y se acerca con breves pasos a cada objeto que va nombrando. Es un inventario de recuerdos, no el de un guardamuebles.) Mira, esta es la vajilla con la que hemos celebrado todas las fiestas, ¡todas!; ¿cuánto nos costó el piano de Amelia para que estudiara, aunque fuera de segunda mano?; Alberto se sacó la carrera en esa mesa; y si Félix…¿Te acuerdas de cuando fui con ellas dos al taller de pintura? ¿Y de cuánto tiempo se pasaron los cuatro jugando a este parchís? ¿O sentados en la alfombra viendo la tele? Enrique se entretenía horas con esas figuritas, estuvo mil veces a punto de romperlas. ¿Cuántas tardes pasamos juntos en el porche? SOMBRA 2 (Se acerca a la SOMBRA 1, la agarra con ternura y la calma.) Pero nada de esto lo necesitan ahora. Ya los oíste. Tienen de todo. SOMBRA 1 De todo, de todo. (Se separa, más tranquila.) Tendrán cubiertos, pero no esta cubertería. (Abre un cajón y enseña un cubierto.) ¿Te acuerdas de cuánto nos costó? SOMBRA 2 La pagamos a plazos. SOMBRA 1 ¡Claro! Porque queríamos construir una casa para toda la vida. Y las cosas para toda la vida no son baratas. (Se planta delante de la mesa camilla. El recuento la ha agotado, así que, después de apoyarse en el respaldo, se sienta.) Y, ¿qué van a hacer ahora? ¿Tirarlo? Perdona, pero a mí me parece un despropósito. SOMBRA 2 (Le habla mientras sigue de pie.) Tirarlo… o venderlo. Pero ¿qué quieres que hagan? Cada uno tiene su casa, su familia... SOMBRA 1 Me dirás qué familia tiene Amelia. SOMBRA 2 Bueno, es un decir... 22 SOMBRA 1 Podría vivir aquí perfectamente. Así no estaríamos solos. SOMBRA 2 Pero ella... Es imposible que viva en el pueblo. Aquí no tiene el trabajo ni las amigas ni... SOMBRA 1 Ni qué ¿el novio? Si se hubiera echado novio... (Pausa.) Debería casarse. SOMBRA 2 Mujer, que tiene casi cincuenta años… SOMBRA 1 Por eso mismo. Estará sola. Y ese trabajo... SOMBRA 2 Ya estás otra vez. Tomó una decisión. A ella le gusta. SOMBRA 1 Le encantará el teatro, pero eso no es un trabajo. ¿Cuántas veces tuvimos que ayudarla? Nunca sacó lo suficiente. ¿Quién va a pagar ahora las facturas del local? SOMBRA 2 Se las arreglará. Como todos. Es mayorcita. SOMBRA 1 ¿Tal y como están las cosas? SOMBRA 2 (Le coge las manos, conciliador.) Ya lo verás. Confía. (Se gira hacia al público después de mirar con pena a su alrededor.) Lo cierto es que ninguno va a venirse a vivir aquí. Ya los has oído: quieren vender y hay alguien interesado. Debemos asumirlo. Sé que no nos gusta, pero no hay remedio. SOMBRA 1 ¿Asumir que no veremos a nuestros bisnietos? SOMBRA 2 (Volviéndose de nuevo hacia la SOMBRA 1.) ¿Qué bisnietos? SOMBRA 1 Ya verás cómo Enrique tiene hijos pronto. SOMBRA 2 No lo veo yo muy por la labor. SOMBRA 1 Tú hazme caso. SOMBRA 2 No sé. Aún es joven. SOMBRA 1 ¿Joven? A su edad nosotros... SOMBRA 2 Ya lo sé. Pero eran otros tiempos. 23 SOMBRA 1 Tú siempre igual. Que ya no es como antes. Pues la gente se sigue casando y teniendo hijos y trabajando y comprando a plazos como antes. SOMBRA 2 (Concediendo.) Yaaa. Pero eso no quiere decir que las cosas no cambien. Lo que hacíamos nosotros con veinticinco ellos lo hacen casi a los cuarenta. Trabajan más tarde, se casan más tarde, tienen hijos más tarde... SOMBRA 1 O no los tienen. SOMBRA 2 Bueno, eso ya es cosa suya. SOMBRA 1 ¿Cosa suya? ¿A quién recuerdas tú que en el pueblo no quisiera tener hijos? (Se levanta y vuelve a hablarle directamente, mirándole a los ojos.) Hasta que los tienes no te das cuenta de qué es el futuro, no tienes por quién preocuparte, a quién dedicar tu trabajo; entonces comprendes que, de alguna manera, alguien va a continuar, que lo que haces tiene un sentido porque será para ellos. Si no, ¿para qué tanto esfuerzo? ¿O no nos pasamos la vida sacrificándonos para que tuvieran lo mejor? SOMBRA 2 (Con orgullo.) Y lo conseguimos. SOMBRA 1 Claro que lo conseguimos. Pudieron estudiar y tener una buena vida. Mejor que la nuestra. (Silencio. Se acerca al mueble que está detrás de la mesa. Coge la foto de novios, en blanco y negro. La señala cuando habla.) Entonces sí que bailábamos. SOMBRA 2 (Acercándose a ella, iniciando un abrazo.) Aún lo hacemos bien. SOMBRA 1 (Fingiendo que rechaza el abrazo con una palmada sin fuerza en el pecho.) ¡Tonto! Hasta de viejo sigues con tus embustes. SOMBRA 2 (Con complicidad. La abraza.) Y tú igual de cariñosa. SOMBRA 1 (Volviendo la atención a la foto.) Pero ya ves. ¿Qué teníamos entonces? SOMBRA 2 Lo sé, pero eso no significa que nos deban nada. Hicimos lo que teníamos que hacer. Como casi todo el mundo. SOMBRA 1 Claro que sí. Nunca nos arrepentimos de eso. Pero ahora les toca a ellos. SOMBRA 2 ¿Qué se supone que les toca? ¿Mudarse otra vez a esta casa? 24 SOMBRA 1 No sé. Mantenerla viva. Seguir… (Quedan pensativos. Se sientan y acomodan las faldas de la mesa camilla.) La clave es Enrique. Tiene que casarse y tener hijos. SOMBRA 2 Hay tiempo... SOMBRA 1 ¡Qué pesado con que hay tiempo! Tiene que ser pronto, si no... SOMBRA 2 Si no, ¿qué? SOMBRA 1 Que a lo mejor no lo vemos. ¿No querrías conocer a tus bisnietos? SOMBRA 2 Qué pregunta. Pues claro. SOMBRA 1 Pues algo hay que hacer. No vamos a quedarnos así eternamente. SOMBRA 2 ¿Cómo lo sabes? SOMBRA 1 No lo sé. Bueno, sí. ¡Yo qué sé! Una vez que vendan la casa no podremos quedarnos, estoy segura. SOMBRA 2 (Alelado.) Yo pensé... SOMBRA 1 Tú siempre igual. Como a ti no te urge nada… Hazme caso. Si la casa se vende nos iremos. SOMBRA 2 ¿Adónde? SOMBRA 1 ¡Qué más da adónde! El caso es conseguir tiempo. Si no, va a ser imposible. No me mires así, no pongas esa cara de tonto. SOMBRA 2 Es que... SOMBRA 1 Es que… ¿qué? SOMBRA 2 Me parece una locura. SOMBRA 1 Pues es lo más lógico del mundo. ¿Has visto a Félix? SOMBRA 2 ¡A Félix! Pero si hace treinta años que... SOMBRA 1 ¡Por eso! Seguro que pasó un tiempo así, como nosotros, aunque no nos diéramos cuenta. (Lamentándose.) ¡Si hubiera sabido que lo tenía tan cerca…! 25 AMELIA (Nerviosa.) ¿Qué? MAITE Que hasta que no esté todo reparado... AMELIA ¿Qué? MAITE Pues que puede que la firma se retrase. La casa tiene que venderse sin cargas. Suena el timbre. MAITE, más cerca de la puerta, se dirige a ella rápidamente. AMELIA se queda quieta. Las SOMBRAS vuelven, apresuradas, temerosas, a sus sillas de siempre. OSCURO 32 5. TAMBIÉN LA MÚSICA MARÍA, vaqueros y jersey, con una cazadora sobre los hombros, está sentada en el suelo al lado del tocadiscos. Mira las páginas de un álbum de fotos, que pasa de vez en cuando. ENRIQUE, de pie, al fondo, examina y aparta libros de la estantería para colocarlos en la mesa camilla, al lado de una caja grande de cartón. Suena de nuevo Tea for two, pero en versión clásica de jazz, con Frank Sinatra y Dinah Shore. Las SOMBRAS, al otro lado del escenario, la bailan agarradas con movimientos muy suaves, a la vez abstraídas y pendientes de lo que hacen los jóvenes. La luz de la tarde de invierno se aletarga. ENRIQUE ¿Seguro que estás cómoda ahí? MARÍA Que sí, pesado. ENRIQUE Como quieras. Pero puedes sentarte en el sofá si prefieres. MARÍA Ya te he dicho que no. Además, esta alfombra es una pasada. (Pasa la mano por su superficie.) Nunca había visto otra igual. ENRIQUE Bueno, es otra reliquia. Como casi todo aquí. MARÍA No está tan vieja. Aún sirve. ENRIQUE Así es como dice mi madre: “reliquias”. Aunque sigan sirviendo. (Pausa.) Supongo que es más por el aspecto que otra cosa. Siempre prefiere que algo parezca nuevo. MARÍA Pues yo creo que hay cosas modernas que envejecen mucho peor. Hay gente en Madrid que se pegaría por muchos de estos muebles. ENRIQUE (Girándose hacia ella.) ¿Tú crees? MARÍA Ahora todo es decoración vintage. ENRIQUE No creo que el trapero lo vea igual. Esas modas no llegan al pueblo. MARÍA ¿Y si lo vendieran por internet? ENRIQUE Y qué van a hacer, ¿sacar fotos a cada mueble y sentarse a esperar que les lluevan ofertas? No hay tiempo para eso. En un mes estará vendida. Es el mismo instante en que termina la canción y las SOMBRAS dejan de bailar, se separan y siguen la conversación con gesto preocupado. MARÍA Pues es una pena. 33 ENRIQUE Ya. Son tantas cosas. Mira los libros. Me los llevaría todos. MARÍA No caben en casa. ENRIQUE Lo sé. Por eso lo digo. Da pena dejarlos. Al final los venderán al peso. (Según los va nombrando muestra los ejemplares a MARÍA.) Mira: Delibes, Galdós, León Felipe, Rosa Chacel… Este Tiempo de silencio es el que leí en Bachillerato. La colección de Celia… A mi abuela le encantaban. Fuentes... MARÍA ¿Leerían todo eso? ENRIQUE (Encogiéndose de hombros.) Ni idea. Compraron varias colecciones, eso sí. Clásicos universales, contemporáneos, libros de RTVE… Entonces estaba de moda. “Cultura para todos”. “Una biblioteca para la familia”. ¡Aquí está! MARÍA ¿Qué? ENRIQUE La primera vez que leí a Cortázar. (Muestra el libro orgulloso.) Lo cogí aquí. Era verano. Tendría dieciséis o diecisiete. Me fascinó. (Pausa.) Media vida... MARÍA Oye. (Señalando el álbum.) ¿Y esto? ENRIQUE ¿Qué? (Deja el último libro sobre la mesa, se acerca a MARÍA y se acuclilla junto a ella para ver mejor.) ¿Esta foto? MARÍA Bueno, todas estas. ¿Qué sitio es? ENRIQUE ¿No te das cuenta? Así estaba antes el jardín. MARÍA ¿De veras? ENRIQUE ¿No te lo crees? (Va señalando algunos elementos en las fotografías mientras describe.) Esta parra ya no está, pero aquí se ve un poco el tilo del fondo. Y el muro. Esto apenas ha cambiado. Bueno, la alberca, que ahora está seca. MARÍA No me lo imaginaba así. ENRIQUE La primera vez que viniste ya estaba todo descuidado. Acababan de ingresar... MARÍA (Completando.) ...en la residencia. Ya lo sé. ¿Y este eres..? ENRIQUE (Con algo de vergüenza.) Soy yo, claro. MARÍA (Lo mira, cariñosa.) Qué guapo. ENRIQUE (Le devuelve la mirada, azorado. La besa.) Ya. Seguro. Menudas pintas. 34 MARÍA De verdad. (Vuelve la vista a las fotos de nuevo.) Y ellas también. Tan jóvenes. Parece mentira. ENRIQUE Debían de tener veintitantos. MARÍA Eso ya lo sé. Bueno, me imagino. ¿Y este que está con tu tío es…? ENRIQUE Sí, Félix. MARÍA ¿Cuándo murió? ENRIQUE Poco después, supongo. ¿Qué fecha pone ahí? MARÍA Septiembre. Del 90. ENRIQUE Sí, creo que fue ese año. MARÍA ¿Podría ser…? ENRIQUE ¿Su última foto? (MARÍA asiente.) Pues… tal vez, sí. Da vértigo pensarlo. MARÍA Qué raro es todo. (ENRIQUE y las SOMBRAS la miran pidiendo que se explique.) Que sigan todos sonriendo después de morirse. (Pausa.) Quedan así, fijos, con el mismo gesto mientras los demás cambiamos tanto. ENRIQUE ¿Tú crees? Seguimos siendo parecidos. MARÍA Ya, pero ¿no te parece cruel? Las SOMBRAS se miran, extrañadas por la dureza de la palabra, y se acercan a la pareja. Mantienen una cierta distancia mientras otean las páginas que sostiene MARÍA, comprobando el efecto del tiempo, las dimensiones de la memoria. Durante la conversación acaban sentándose sobre la alfombra. ENRIQUE ¿Cruel? MARÍA Verse así para siempre. Guardar la imagen de ese momento, cuando estabas riendo, tan joven, y parecías feliz. (Pausa.) Es una sonrisa tan hermosa, tan abierta… ¿Te acuerdas de él? ENRIQUE Apenas. Alguna imagen borrosa. Era alto. Tenía la voz grave. (Pausa.) Yo… era muy pequeño. MARÍA Qué lástima. ENRIQUE Lo sé. Me lo he preguntado muchas veces. MARÍA ¿El qué? 35 ENRIQUE Cómo nos habríamos llevado, qué vida habría tenido. Era tan joven. Tenía dieciocho años. Si no fuera por las fotos… Además, decían que yo me parecía. MARÍA ¿Y volver a verlas no te hace sentir peor? A veces parece que sirven más para recordar lo que falta, lo que has perdido. Eso quería decir con que resultan crueles. ENRIQUE Por eso a mi madre no le gustan. Pero a mí… Igual me pasa con mi padre. De los muertos solo nos quedan algunas cosas. Trastos viejos que no tiramos porque nos traen recuerdos. Y las fotos. Una foto es... como una pinza. De las de tender la ropa. La sostiene en la cuerda para que puedas reconocerte. Como si cada prenda fuera un recorte de la memoria. ¿De cuántas cosas no te acordarías si no fuera porque alguien te sacó una foto y la pegó en un álbum? MARÍA Ya, pero a mí me da la impresión de que a veces creamos el recuerdo a partir de la foto. Que en realidad no nos acordamos. ENRIQUE No te digo que no, pero... MARÍA Y a lo mejor dejamos de recordar otros momentos porque nadie los grabó. Como si no existieran. ENRIQUE A estas alturas es imposible saberlo. MARÍA ¿Y no te da rabia? ENRIQUE (Dubitativo.) Sí… Claro. MARÍA (Después de un silencio.) ¿Y a nosotros? ENRIQUE Qué. MARÍA Si nos va a pasar igual. ENRIQUE (Sin entender a qué se refiere.) ¿Igual? MARÍA Pues si nos vamos a ver así, como ellos, tantos años después, cuando seamos viejos. ENRIQUE Aún falta mucho para que lo seamos. MARÍA Ya, pero imagina. ¿Crees que volveremos a ver las fotos que sacamos ahora? ENRIQUE Buf. Serían miles. Ellos llenaban las estanterías; nosotros, la memoria del teléfono. MARÍA ¿Y pareceremos felices? ENRIQUE ¿En las fotos? Espero que sí, María. ¿Por qué no íbamos a parecerlo? ¿No es eso lo que pretende todo el mundo cuando se las saca? 36 MARÍA No sé. (Mira al albúm. Lo toca con delicadeza.) Tal vez deberíamos tener un álbum como este. ENRIQUE Eso sí que sería vintage. MARÍA Llámalo como quieras. Pero también sería bonito, ¿no? ENRIQUE Ya. Un disco duro no es lo mismo. MARÍA Esto… Es como una historia, ¿no crees? ENRIQUE Una historia... MARÍA Sí, una historia. La vuestra. ENRIQUE ...pero sin palabras. MARÍA No hacen falta. Al menos mientras recuerdes. ENRIQUE Si no la recuerdas es imposible contarla. Y aún así... MARÍA Se perdería. Y eso sí que sería una pena. ENRIQUE No te pongas dramática. Siempre… Lo importante nunca se olvida. MARÍA ¿Seguro? A veces hay cosas que no lo parecen y luego... ENRIQUE Puede ser. Pero de todas formas nadie sabe cuáles son hasta que... MARÍA ¿Hasta que es tarde? ENRIQUE Sí. MARÍA (Después de otro silencio.) ¿Y todas las sacaba tu abuelo? ENRIQUE Claro. MARÍA Casi no sale. ENRIQUE Bueno, en algunas. (Pasa una página y señala.) ¿Ves? Lo que pasa es que intentó enseñar a Alberto para que las sacara y nunca se le dio muy bien. La SOMBRA 2 se levanta, contrariada, y se dirige al fondo, junto a la mesa. La SOMBRA 1 lo mira, pero permanece junto a MARÍA. MARÍA Ya veo. ENRIQUE Odia las cámaras. Y todos los aparatos en general. MARÍA ¿Tu tío? (ENRIQUE asiente.) ¿Por qué? 37 ENRIQUE No sé, supongo que después de haber visto tantas quedó asqueado. Nunca dijo por qué. MARÍA Qué raro. ENRIQUE Ya ves. Cosas de mi tío. (Pausa. Se levanta y se dirige de nuevo a la estantería.) Todos le tenemos manía a algo, ¿no? MARÍA (Pasando otra página.) Supongo. ENRIQUE continúa su donoso escrutinio. MARÍA, con las últimas páginas del álbum. Cada una de las SOMBRAS supervisa sus movimientos. Ternura. Momentos después él se queda quieto con un libro grueso entre las manos. Tapas duras. Verdes. Lo abre y examina las primeras páginas. MARÍA (Sonriendo. También la SOMBRA 1.) Aquí ya pareces tú. Creciste rápido, aunque supongo que a todos nos ocurrió lo mismo. (Al sentir que ENRIQUE no contesta, lo mira.) ¿Pasa algo? ENRIQUE No, nada. MARÍA ¿De verdad? ENRIQUE No, es que... MARÍA ¿Qué? ENRIQUE Nada. Este libro. No sabía... MARÍA ¿Qué libro? ENRIQUE El Quijote. Una edición del Quijote de Calleja, del 42. Con la firma de mi abuelo. MARÍA (Levantándose y acercándose. La SOMBRA 1 también se aproxima levemente a mirar.) ¿A ver? Es una preciosidad. Y está cuidadísimo. ENRIQUE Él era así con todo. Apuntaba, colocaba… El coche, por ejemplo. Tú no lo viste porque ya no conducía, pero lo tenía impecable. Intentaba arreglarlo todo para que durara. ¿Ves? Aquí se rasgó una página y la pegó con celo. Y debió de ponerle cola en esta parte del lomo. Se nota. Seguro que era un libro especial para él. (La SOMBRA 2 acerca la mano a las páginas, quedándose apenas a unos milímetros.) Y eso que debía de ser de las ediciones más baratas de la época. Lo compraría cuando estudiaba. MARÍA Pero ¿no se había dedicado siempre a la fotografía? 38 ENRIQUE Sí, bueno. Pero hizo algo de perito. En Valladolid. No lo tengo muy claro. Entraría de aprendiz entonces. No me contó mucho de esa época, la verdad. MARÍA A veces quedan muchas cosas por contar. ENRIQUE Siempre. Lo malo es no poder preguntarles. (La SOMBRA 2, impotente, queda mirándolo a corta distancia.) MARÍA (Abrazándolo por la espalda.) ¡Eh! No te pongas así. ENRIQUE ¿Así, cómo? MARÍA Triste. ENRIQUE No estoy triste. Es solo... MARÍA Qué. ENRIQUE (Girándose, la abraza a ella también.) ¿Y si no hubiera aprovechado lo suficiente mientras estaban? ¿Si aún estuvieran esperando la oportunidad para decirme…? Las SOMBRAS se miran entre sí. Tragan saliva. MARÍA (Consolándolo.) Nunca dejaste de venir a verlos. ENRIQUE Ya, pero... MARÍA ¿Entonces? Lo mismo es que preferían simplemente estar contigo, ¿no? Preguntarte qué hacías, si estabas bien. ENRIQUE Puede ser. MARÍA ¿No lo hacemos todos? ENRIQUE ¿El qué? MARÍA Pues estar. Estar juntos, sin más. Pasar el tiempo. (Pausa.) Y tú pasaste mucho tiempo aquí con ellos, ¿no? ENRIQUE Sí, claro. Cada verano. Las vacaciones. Las fiestas. Y después... MARÍA Pues eso es lo que cuenta. ¿O no? ENRIQUE (Formándose en su cara una leve sonrisa, melancólica.) Si tú lo dices. 39 ENRIQUE y MARÍA se besan abrazados. Luego ella apoya la cabeza en su pecho. La SOMBRA 1 se acerca a la SOMBRA 2 y le coge la mano, haciendo que se gire y la mire a ella. Tras unos instantes que se hacen largos MARÍA se separa de ENRIQUE. MARÍA (Señalando al tocadiscos.) ¿Quieres que ponga otro? ENRIQUE (Emocionado. Tal vez secando unas lágrimas tímidas.) Vale. MARÍA (Rebusca entre los discos hasta que elige uno.) ¿Qué marchosos tus abuelos, no? ENRIQUE ¿Por? MARÍA Mambo nº 5. ENRIQUE Bueno, era su época. MARÍA ¿No es un poco flipante? Gente de este pueblo bailando música cubana. ENRIQUE Estaría de moda. MARÍA No tenían mal gusto. ENRIQUE Supongo que es lo que necesitaban. MARÍA ¿Música de orquesta? ENRIQUE Bailar. Las SOMBRAS salen de la mano al proscenio y amagan con unos pasos de baile, pero se paran cuando vuelven a escucharles hablar. MARÍA ¿Lo pongo? ENRIQUE No. Espera, déjame mirar. (Se agacha junto a MARÍA y coge un LP.) Aquí está. Creo que este era su favorito. MARÍA ¿María Dolores Pradera? ENRIQUE Les encantaba. (Pone el disco. Las SOMBRAS, atentas. Después del típico arrastrarse de la aguja comienza a sonar Toda una vida. Después se levanta y le ofrece la mano a MARÍA, que se levanta también.) ¿Bailas? 40 Las dos parejas bailan al mismo tiempo. Los jóvenes, desacostumbrados, algo más torpes que las SOMBRAS, que saben llevar el ritmo pegando sus caras como mozos enamorados. Al terminar la canción ENRIQUE y MARÍA se besan durante unos segundos. Las SOMBRAS los miran enternecidos, tal vez recordando besos y abrazos de otros tiempos. MARÍA Tuvo que ser difícil, ¿verdad? Toda una vida, ellos. ENRIQUE No lo sé. Supongo que como todo el mundo. Siempre me pareció que estaban bien. MARÍA La procesión va por dentro. ENRIQUE No, en serio. Creo que… Bueno, suena cursi, pero creo que se querían, que estaban satisfechos de lo que habían vivido juntos. MARÍA Ojalá nosotros también lo estemos. Algún día. ENRIQUE Ya sabes cómo era entonces: los hijos, el trabajo, la casa… (Pausa.) Nosotros... MARÍA No me parece un plan tan malo. ENRIQUE (Con picardía.) Ah, ¿no? MARÍA niega con la cabeza y, siguiéndole el juego, lo vuelve a besar metiendo su mano en el bolsillo trasero de su pantalón. Las SOMBRAS hacen un leve gesto de reproche, incómodas pero enternecidas. ENRIQUE Va a ser mejor que demos la luz. Ya casi no se ve. MARÍA ¿Qué hora es? ENRIQUE (Separándose. Mira el reloj. Luego se acerca a la pared para encender la luz.) Las seis y media. Deberíamos ir recogiendo. Hay que llegar a casa y tengo que devolverle el coche a mi madre. Ayúdame con los libros. MARÍA (Recogiendo el álbum del suelo y mostrándoselo.) ¿Y las fotos? ENRIQUE Mi madre y mis tíos se las repartirán. O harán copias, no sé. Ponlo con los otros. MARÍA Deberías conservar algunas, por lo menos. (Mientras coloca el álbum.) Oye, ¿no son pocos álbumes para un fotógrafo? 41 SOMBRA 1 Tú siempre disculpándolo todo. ¡Me tienes harta! SOMBRA 2 Buenooo… Déjalo, anda. SOMBRA 1 Eso. Será mejor que lo dejemos. Las SOMBRAS, algo enfurruñadas, de nuevo en el centro del escenario, cara al público y con los brazos cruzados. El cuerpo y el rostro de la SOMBRA 2, sin embargo, mudan de repente. Una idea o un recuerdo, sobrevenido, lo dejan indefenso, desnudo, vulnerable. SOMBRA 2 (A la SOMBRA 1, dispuesto a implorar clemencia.) Las fotos…, ¿sabes? SOMBRA 1 ¿Que pasa ahora con las fotos? SOMBRA 2 Estaban en un par de cajas en el desván. SOMBRA 1 ¿Están en el desván? SOMBRA 2 (Agacha la cabeza, como el niño que ha roto algo después de que le advirtieran mil veces.) Ya no. SOMBRA 1 (Enfadada.) ¿Cómo que ya no? SOMBRA 2 (Traga saliva antes de confesar.) ¿Te acuerdas de cuando vino el antenista? SOMBRA 1 ¿El antenista? SOMBRA 2 Sí, creo que fue el año antes de... SOMBRA 1 ...irnos. SOMBRA 2 Sí. (Pausa.) Bueno, él vio las cajas. Era muy majo y le enseñé algunas. Le gustaron. Me pidió... SOMBRA 1 ¿Qué te pidió? SOMBRA 2 … que se las dejara llevar para pasarlas a un ordenador. SOMBRA 1 ¿Y se las dejaste? SOMBRA 2 Me dijo que no quería nada, que era aficionado y las apreciaba y que así las conservaríamos mejor. Que en una semana me las devolvería. SOMBRA 1 ¡Dios mío! ¿Cómo es posible? Toda la vida has dejado que se aprovecharan de ti. ¿Sabes dónde estarán ahora tus fotos? En el Rastro o en algún otro sitio parecido. (Pausa.) Y lo peor es que ese fulano tenía ojo: eran buenas fotos. 48 SOMBRA 2 Ya, pero ¿de qué iban a servir ahora? SOMBRA 1 Qué sé yo. Un fondo, un museo, una exposición, un archivo... SOMBRA 2 Por mucho que pudieran valer no iban a salvar la casa. SOMBRA 1 ¡Claro que no! Pero es una pena. Por eso las estaban buscando. Habría sido una buena manera de conservar lo nuestro, de no perderlo todo. Silencio cargado. La culpabilidad abruma a la SOMBRA 2, que se tapa la cara, desmoronado, tal vez en lágrimas. La SOMBRA 1 se acerca e intenta consolarlo. SOMBRA 1 Vamos. Venga. Cálmate. Qué le vamos a hacer. Si se han perdido, pues se han perdido. SOMBRA 2 (Abrazándose.) Lo siento. SOMBRA 1 Ya está. Tras unos segundos la SOMBRA 2 se separa y recompone. SOMBRA 2 ¿Qué hacemos ahora? SOMBRA 1 ¿Qué hacemos de qué? SOMBRA 2 De la casa… ya están empezando a embalarlo todo. Enrique... SOMBRA 1 (Interrumpiendo.) Una vida no cabe en una caja. SOMBRA 2 No sé cómo vamos a hablar con él si no vuelve. SOMBRA 1 Estoy segura de que volverá. (La SOMBRA 2 se sorprende.) No me mires así. El problema es la venta. SOMBRA 2 Pues no vamos a prenderle fuego. SOMBRA 1 ¡Claro que no! ¡Ni se te ocurra! SOMBRA 2 ¿Entonces? SOMBRA 1 (Levanta los hombros. Silencio.) Yo me tengo que sentar, que estoy molida. SOMBRA 2 (Mientras la acompaña a la silla.) Pues como no venga una nevada o un temporal… 49 SOMBRA 1 Eso cada vez es más difícil. SOMBRA 2 Sí. Eso también ha cambiado. Cuando éramos críos... SOMBRA 1 ...nos pasábamos medio invierno paleando nieve. SOMBRA 2 Acabábamos con las manos en carne viva. SOMBRA 1 Y sin guantes. SOMBRA 2 Tirándonos bolas en la plaza, delante de la iglesia. SOMBRA 1 Y el cura, ¿te acuerdas? (Recreando la figura del párroco enfurecido.) Se ponía como un basilisco, así todo colorado cuando nos gritaba que paráramos. SOMBRA 2 (Sonriendo.) Para el caso que le hacíamos... SOMBRA 1 Normal. ¿A quién se le ocurre prohibir jugar a los niños? Ambas SOMBRAS siguen hablando, sonrientes por fin, entretenidas, desmadejando recuerdos, mientras la luz se va apagando lentamente. OSCURO 50 7. TANTO PUEDE PESAR LA NIEVE MAITE, ALBERTO y AMELIA recorren en silencio la sala del teatro hasta colocarse frente al escenario. Sus pisadas deberían hacer crujir la nieve bajo las suelas. Bien abrigados, observan la casa desde fuera bajo la luz tímida de un mediodía invernal. MAITE Qué despropósito. ALBERTO (Señalando.) ¿Por que se habrá vencido el tejado justo ahí? ¿Tanto puede pesar la nieve? AMELIA ¿No había un nido? ALBERTO Si lo había debía de estar vacío. AMELIA Te dije que la casa se resiste, Maite. MAITE Lo que no sé es si vamos a aguantar nosotros. ALBERTO Tranquila, que esto sí que lo cubre el seguro. MAITE Más nos vale. (Pausa.) ¿Cuánto hacía que no nevaba así? AMELIA Treinta años, por lo menos. (Respondiendo a las miradas de sus hermanos.) Eso me han dicho en el bar. ALBERTO No puede ser. MAITE Me acuerdo perfectamente. Y eso que ya vivía en... AMELIA ¿Cómo no nos vamos a acordar? MAITE Era domingo. ALBERTO Por qué tendríamos que ir a esa maldita fiesta. AMELIA Es lo que decían Papá y Mamá. MAITE Nadie se imaginaba que estaría nevando toda la noche. ALBERTO Ya. Quién iba a saber. Se enciende la luz en el salón vacío. Desde el fondo aparecen las SOMBRAS, décadas más jóvenes, en bata. La SOMBRA 2 se acerca a la ventana. SOMBRA 2 No me gusta nada. Cada vez se está poniendo peor. 51 SOMBRA 1 ¿Por qué los has tenido que dejar ir a la verbena? SOMBRA 2 Mujer, yo qué sabía. SOMBRA 1 Tú nunca sabes nada. Pero cuando ese aire viene de la sierra... SOMBRA 2 Pues el hombre del tiempo, en la predicción... SOMBRA 1 De esa gente no te puedes fiar. Y aunque no nevara… (Arropándose con la bata.) Adónde van a ir con este frío. SOMBRA 2 Es carnaval. SOMBRA 1 Y, además, en coche. SOMBRA 2 Si apenas son diez kilómetros. SOMBRA 1 Ni aunque fueran cinco. (Se acerca también a la ventana.) No se ve nada. Espero que al menos no se les ocurra cogerlo hasta que pare o amanezca, una de dos. SOMBRA 2 ¿Y dónde van a pasar la noche? SOMBRA 1 Pues donde sus primos, dónde si no. ¿No habían quedado con ellos? SOMBRA 2 Eso han dicho. SOMBRA 1 Pues eso. (Pausa.) Voy a llamar a Gloria. SOMBRA 2 ¿A estas horas? SOMBRA 1 (Contestando mientras va hacia el fondo del escenario.) Seguro que están despiertos. Con todo este trajín de la fiesta... La SOMBRA 2 se queda apoyada en la ventana. MAITE, ALBERTO y AMELIA siguen recordando, cegados por el brillo de la nieve. MAITE Entonces no limpiaban las carreteras. Fue una locura. ¿Quién le mandaría? ALBERTO Era su novia. AMELIA El bueno de Félix. ALBERTO Por qué no me haría caso. MAITE A quién iba a hacer caso con dieciocho años. Lo que no tenías es que haberle dado las llaves. ALBERTO No viste cómo se puso. Quería llevarla a casa como fuera. 52 AMELIA Para que no pensaran mal, decía. MAITE Qué tontería. Si estabais todos allí, cercados por la nieve. Medio pueblo se quedó a dormir. Si hasta abrieron el ayuntamiento ¿no? AMELIA Para resguardarnos. Y tomar algo caliente. ALBERTO Es verdad. Hicieron chocolate. Y churros. AMELIA Sí, pero se nos atragantaron a todos. ALBERTO Fue entonces. Cuando estaban repartiendo el chocolate. AMELIA Gloria, la prima de Mamá. La estoy viendo como si la tuviera aquí delante. Fue ella quien nos dijo que los habían encontrado. MAITE No me lo recuerdes. (A AMELIA.) Cuando me llamaste aún no había amanecido. La SOMBRA 1 vuelve a entrar desde el fondo. Preocupación. Un mal presentimiento. SOMBRA 2 ¿Qué te ha dicho? SOMBRA 1 (Negando con la cabeza.) Que no sabe. Pero que antes vio tu coche aparcado enfrente de los soportales, donde siempre. Y que ahora no está. SOMBRA 2 ¿Que no está? SOMBRA 1 (Abrazándolo, compungida.) ¡Ay! Si les pasara algo no me lo perdonaría. ¡Nunca! SOMBRA 2 (Intentando consolarla, pero con el mismo temor.) Tranquila, mujer, tranquila, ya verás cómo están bien. SOMBRA 1 (Después de unos instantes, se separa, aunque sigue agarrándolo por los brazos.) Le he dicho a Gloria que vaya a preguntar. Al cuartel, al ayuntamiento, donde sea. No he hecho mal, ¿verdad? SOMBRA 2 (Volviéndola a abrazar.) Claro que no, cielo. Claro que no. ALBERTO se adelanta y se gira hacia el público para hablar más directamente a sus hermanas. ALBERTO Os juro que lo intenté. Razonar con él. Que esperara. 53 MAITE Pero al final se salió con la suya. Como siempre que tomas unas cuantas copas. ALBERTO Qué tendrá que ver. MAITE Claro que tiene que ver. Si no hubieras cedido… Te respetaba. Más que a nadie. Te adoraba, Alberto. ALBERTO Gracias, doña Perfecta. Por recordarme cuánto la cagué. Como si no bastaran treinta años dándole vueltas a la cabeza. AMELIA No fue culpa nuestra. MAITE Yo no he dicho eso, pero... ALBERTO (Encarando a MAITE.) ¿Crees que si hubieras estado con nosotros no habría ocurrido? ¿Eh? Dilo, venga. Di que si hubiera hecho algo distinto la persona a la que más quería en el mundo seguiría viva. ¿Sabes lo que es vivir con eso treinta años? AMELIA (Agarra a ALBERTO del brazo, intentando que se contenga.) Tranquilo, Papá y Mamá nunca nos lo reprocharon. MAITE Porque toda la responsabilidad la asumieron ellos. Casi se hunden. AMELIA Dímelo a mí. Durante años esta casa se convirtió en un infierno. ALBERTO Y te quedaste sola. MAITE Fue difícil para todos. AMELIA No sabéis cuánto. Las SOMBRAS se han separado durante el diálogo de los hijos. La SOMBRA 1 no deja de moverse desde entonces, inquieta, mientras la SOMBRA 2 está sentada en un sillón, casi fuera del asiento, inclinada hacia delante, la cabeza gacha, los dedos entrelazados. SOMBRA 1 Deberían haber llegado. Por muy mal que esté la carretera deberían haber llegado. ¡Ha pasado casi una hora! SOMBRA 2 (Con la garganta seca, casi inaudible.) No sé. Lo mismo... SOMBRA 1 ¿Lo mismo qué? ¡Diez kilómetros! ¡Tú mismo lo dijiste! SOMBRA 2 Con el frío… el motor… A lo mejor la gasolina... SOMBRA 1 No seas ridículo. Siempre se lo dejas con el depósito lleno. SOMBRA 2 (Llevando las manos a la cabeza.) No recuerdo si... 54 SOMBRA 1 Ese coche no se ha parado nunca. Y ahora, cuando más falta hace, ¡no llega! SOMBRA 2 (Empieza a mover compulsivamente la pierna derecha.) Llegará. Tienen que llegar. SOMBRA 1 ¿Cómo puedes estar seguro? La SOMBRA 1 sigue moviéndose nerviosa en el escenario. La SOMBRA 2, sentada. La espera se eterniza. MAITE (Iniciando el movimiento hacia la puerta, en el lateral del escenario.) Vamos. Hay que mirar cómo ha quedado por dentro. AMELIA (Estremeciéndose. Se echa a andar tras MAITE.) ¡Qué frío! ALBERTO (Mirando al tejado, como si allí estuviera su memoria.) Aquella mañana… (MAITE y AMELIA se paran y lo miran.) Era incapaz de notar el frío. MAITE Todo fue distinto a partir de entonces. ALBERTO (A AMELIA.) Debería haberme quedado con vosotros, Amelia. Con ellos. AMELIA (Le da la mano.) Déjalo. Qué importa ahora. Solo lo habrías pasado peor. Además, los únicos capaces de animarlos fueron sus nietos. MAITE Ni se enteraron, los pobres. Eran tan pequeños… Venga. Vámonos. Los tres hermanos se dirigen hacia la puerta por el lateral hasta desaparecer en la oscuridad. La SOMBRA 2 levanta la mirada, como si pudiera asegurar la respuesta con sus ojos, pero la SOMBRA 1 se da cuenta de que están a punto de ser tragados por un remolino. Dicen que entonces, en el centro de ese remolino, igual que en el de los tornados, un momento de paz precede a la catástrofe. SOMBRA 1 (Floja. Entrecortada.) Dime que no va a pasar nada. Que estás tranquilo, como siempre. (La SOMBRA 2 le responde con la cabeza, afirmando. Ella parece tranquilizarse aunque los movimientos de él invitan a creer todo lo contrario.) Tienes razón. Habrá sido una avería. Un percance sin importancia. ¿Te imaginas? ¡Lo mismo solo han cambiado el coche de sitio! ¡O han arrancado el motor para que no se enfríe! ¿No decías que se podía enfriar? (La SOMBRA 2 vuelve a asentir por compromiso, pero la tensión de sus miembros dice que miente.) Vete a saber. Estos chicos son capaces… de cualquier cosa. 55 En las últimas palabras de la SOMBRA 1 se impone finalmente el desánimo. Entonces dirige la mirada de nuevo a la ventana y el timbre riguroso del teléfono sacude a ambos. Se miran. Otro timbrazo. La SOMBRA 2 se levanta impulsiva. Se miran otro instante. Apura la distancia hasta salir por el fondo del escenario mientras la SOMBRA 1 agarra el crucifijo que lleva colgado con las dos manos. OSCURO 56 8. DESPUÉS TE VAS A DAR CUENTA DE QUE ES TARDE ENRIQUE y las SOMBRAS se encuentran en el centro del escenario. Una luz tenue los recorta desde el fondo, convirtiéndolos en siluetas y ocultando el mobiliario de la habitación. ENRIQUE Sabéis que en realidad esto no puede suceder, ¿no? Que no puede ocurrir de verdad. SOMBRA 1 Anda, anda, déjate de tonterías. ENRIQUE ¡Cómo que tonterías! En el mundo real no se pueden tener estas conversaciones. SOMBRA 1 Qué sabrás tú. ENRIQUE Es que... SOMBRA 1 ¿Pero no estamos ahora aquí? SOMBRA 2 ¿No nos estás viendo? SOMBRA 1 ¡Y tan normal! ENRIQUE Hombre, muy normal no es. SOMBRA 1 ¿Por qué? ¿Porque estamos muertos? (ENRIQUE contiene una respuesta.) Tampoco te creas que nosotros sabemos cómo funciona, pero seguimos aquí, ¿no? Y tú nos escuchas, ¿verdad? (ENRIQUE asiente.) Pues eso es lo que importa ahora. Para qué vamos a andar con tonterías de que si es real o no es real. SOMBRA 2 Haz caso a tu abuela, Enrique. ENRIQUE Pero, ¿cómo es posible…? SOMBRA 1 Mira, yo no sé por qué está pasando esto. A lo mejor tú lo entenderías mejor si quisieras. Tú siempre has sabido mucho de estas cosas. ENRIQUE ¿Que sé…? 57 9. TODO LES PARECEN TRASTOS Las SOMBRAS, sentadas a las faldas de la mesa camilla. Sobre ella, un periódico y cinta de embalar. En el centro, donde antes reposaban los sillones y el sofá, solo queda una caja grande de cartón. De las estanterías y aparadores han desaparecido las fotos enmarcadas y una buena cantidad de libros. La pintura gastada de la pared clarea delimitando el hueco exacto que tapaba el piano. Con la tristeza de los ojos del cordero las SOMBRAS observan cómo ALBERTO saca unos sobres grandes de un cajón, comprueba los papeles que hay en su interior y los coloca sobre la mesa, apartándolos. Después, busca en el resto de los cajones y en las repisas de la pared del fondo. Mueve objetos y revuelve más papeles. Al principio, con cuidado; después, nervioso, con mayor rapidez. ALBERTO (Según examina algunos papeles. Murmurando para sí.) Facturas… Más facturas… El banco… El agua… La luz… (Pausa.) Nada. Aquí no está. (Cogiendo un archivador y abriéndolo.) A ver este… Tampoco. (Queda de pie con los brazos en jarras, contrariado, observando el salón en busca de alguna pista, pero desiste pronto y decide llamar por teléfono.) Hola. Maite, ¿puedes hablar? Mira, estoy aquí. En la casa, sí. Sí, he visto el tejado. Quedó bien, no hay por qué preocuparse. Se nota que las tejas son nuevas por el color, pero enseguida con el verdín… Oye, que lo que no encuentro por ningún lado es el recibo, el de los obreros. Te dijeron que lo dejarían aquí, ¿verdad? Pues no veo nada. En el mueble hay un montón de papeles, pero ese no está. Sí, ya sé que tiene que llevar el membrete de la constructora, pero no lo veo. Lo más lógico sería que estuviera sobre la mesa, pero ya ves. (Levanta los sobres que ha apartado, revisando de nuevo.) Nada. Aquí no está. Sí, lo otro ya lo tengo. Los dos sobres, sí, las copias del testamento y de los certificados de defunción. Pero el condenado recibo no aparece. Ya no sé dónde mirar. 64 La SOMBRA 2 mira a la SOMBRA 1 y se levanta. Le señala la mesa, pero ella niega con la cabeza. Ya sé que es importante por si hubiera algún problema, pero estoy cansado de darles vueltas a todas las estanterías. Esto está lleno de chismes. No hay quien se aclare. ¿Cuándo venía el trapero a vaciarla? El viernes. OK. Lo intentaré. Sí, Amelia ya vino. El piano ya no está, no. (Las SOMBRAS miran hacia su sitio vacío en la pared.) (Mientras habla y sujeta el teléfono con una mano, sigue rebuscando con la otra, de forma automática.) Creo que un tipo de un bar, para decorarlo. Me lo contó la semana pasada. Sí, ya ves. Pero bueno, con estas cosas es así. Mientras le dieran algo… Mientras, la SOMBRA 2 se acerca a la SOMBRA 1, poniendo los ojos a la altura de los suyos, agachándose, casi en cuclillas. Pone la mano en su cuello y ella provoca la caricia moviendo la cabeza. Él le vuelve a señalar la mesa. Ella vuelve a negar. Él afirma, retira su mano y se yergue, guardándolas en los bolsillos. Ella agacha la cabeza. Saca un papel doblado que deposita, culpable, sobre el borde de la mesa. La gente ya no repara las cosas, todo le parecen trastos. Claro que da rabia. (Al pasar junto a la mesa camilla se cae el papel que la SOMBRA 1 acaba de dejar. ALBERTO siente que algo se ha movido, se para y descubre el papel en el suelo. Mientras sigue hablando, lo coge y lo desdobla.) Espera. Espera un momento. ¡No me jodas! ¡Por fin! Nada, que acabo de encontrarlo. El recibo, sí, ¿qué iba a ser? Pues en el suelo, tirado. Ni idea pero, bueno, ya qué importa. Sí, ya está todo. (Dirigiendo la vista fugazmente al reloj.) Bueno, casi. 65 Te dejo que tengo que terminar. Venga, ya hablamos el viernes. Hasta luego, Maite. Chao. (Guardando el teléfono y mirando el recibo.) ¿Será posible? (Lo guarda en el bolsillo de la cazadora.) ALBERTO queda parado en medio de la escena. Despacio, va recorriendo el salón con la mirada, hasta detenerse en la pared donde cuelga el reloj. Las SOMBRAS, entonces, miran también hacia allí. La SOMBRA 1 se levanta cansada, con dificultad, apoyándose en el brazo de la SOMBRA 2, cuya mano agarra. ALBERTO se acerca al reloj, lo contempla unos segundos y pone la oreja sobre su esfera para escuchar el mecanismo. (Para sí.) Viejo cabezota. Solo faltas tú. ALBERTO descuelga con cuidado el reloj fijándose en cómo se desprende su trasera de las escarpias que lo sujetaban. La suave resistencia de las raíces de una flor al ser trasplantada. Es relativamente pesado, por lo que lo sostiene con ambas manos. Mientras lo contempla se acercan a su espalda las SOMBRAS, que inmediatamente deberán apartarse cuando se gire para trasladarlo hasta la caja que observó, impasible, sus idas y venidas por el salón. Del periódico que estaba junto a ella arranca varias páginas con las que hace bolas que van rellenando la caja. El sonido del papel al rasgarse y arrugarse estremece a las SOMBRAS. Cuando la caja se llena, la cierra, coge la cinta y termina de embalar. Entonces se oye un golpe seco, como un portazo, que lo pone alerta. ¿Félix? 66 Las SOMBRAS se miran, sorprendidas. El instinto y la memoria llevan a ALBERTO al fondo del escenario, por donde desaparece rápidamente buscando su cuarto. Vuelve, sin embargo, despacio y cabizbajo unos segundos después. Se dirige de nuevo a la mesa. Pone sobre la caja los sobres y vuelve a pasar revista al salón. De pronto recuerda algo y se dirige rápidamente a cada pared. En cada una, el mismo gesto con el que desencadena el sonido con que se rinden las persianas. Tres veces que se llevan cada una un tercio de la luz. Cuando todo queda en penumbra, ALBERTO recoge la caja y se dirige a la puerta, que abre con el codo. En el umbral vuelve la vista hacia el escenario, donde las manos de las SOMBRAS lo despiden con la mano en alto, sentenciadas por los ruidos de la puerta al golpear y del cerrojo. OSCURO 67 10. TODOS SE HAN IDO El escenario, vacío. Un fondo blanco que casi deslumbra con la luz del mediodía. Las SOMBRAS de pie, a un lado, de viaje pero sin maletas, sus manos deseando agarrar algo que no tienen, los rostros serios. Sus trajes oscuros las empequeñecen. Hormigas sobre la nieve, fuera de un lugar que no lo es. Desde ese extremo del escenario echan a andar hacia el otro lado. Sin embargo, apenas dan un par de pasos, la SOMBRA 1 se para y se da la vuelta para mirar lo que dejan atrás. La SOMBRA 2 tarda un paso más en darse cuenta de que su compañera se ha parado y vuelve con ella. SOMBRA 1 Míralos. Ahí van. Entrando como si nada. SOMBRA 2 Ahora... SOMBRA 1 Ya lo sé. La casa es suya. Que hagan lo que quieran. Pero ¿hace falta un camión tan grande? Cuando nosotros vinimos... SOMBRA 2 Nosotros no vinimos. Levantamos la casa y luego… Luego la fuimos llenando. SOMBRA 1 Con cuatro niños se llena rápido. SOMBRA 2 Parece mentira. Diría que fue ayer cuando... SOMBRA 1 Porque fue ayer. (Después de un silencio.) ¿Viste? Ellos también tienen uno. SOMBRA 2 Sí. Cómo ha cambiado todo. SOMBRA 1 ¡Qué pesado con que todo cambia! SOMBRA 2 Quiero decir que cuando nuestros chicos... SOMBRA 1 Ya. Entonces la plaza se llenaba. SOMBRA 2 Voces nuevas. SOMBRA 1 Muros viejos. SOMBRA 2 Todos se han ido. SOMBRA 1 Para qué iban a quedarse. SOMBRA 2 Ya. (Silencio.) Pero a pesar de todo... SOMBRA 1 Qué. SOMBRA 2 ¿Crees que fueron felices? 68 SOMBRA 1 ¿Aquí? (La SOMBRA 2 asiente.) Claro. Igual que nosotros. (Cómplice.) ¿O no? Las SOMBRAS retoman el camino. La SOMBRA 2 lleva a la SOMBRA 1 del brazo, como hacían los novios y los matrimonios antiguamente. Dan unos pasos poco decididos. Al llegar al centro del escenario es la SOMBRA 2 la que se detiene esta vez. SOMBRA 2 Se me hace tan raro. ¿Crees que ellos lo serán? SOMBRA 1 ¿Qué? ¿Felices? (La SOMBRA 2 asiente de nuevo.) No sé. La vida da muchas vueltas. Ojalá. SOMBRA 2 Sí. Ojalá. Quedan unos segundos en silencio. La SOMBRA 2 vuelve a coger del brazo a la SOMBRA 1 para seguir caminando hacia el otro lado. SOMBRA 2 Anda, vamos. SOMBRA 1 (Suspirando.) Es una pena que no nos haya dado tiempo. (La SOMBRA 2 la interroga con la mirada.) A ver a nuestro bisnieto. Van a tenerlo. Lo sé. Estoy convencida. SOMBRA 2 (Sonriendo.) Mira que eres terca. SOMBRA 1 ¿Terca yo? Lo que pasa es que estas cosas las veo venir. ¿Te acuerdas de cuando Maite nos dijo que se iba a casar? SOMBRA 2 ¡Eso lo sabía todo el pueblo! ¡Llevaban cinco años de novios! SOMBRA 1 Pues yo lo supe antes. SOMBRA 2 Eres tremenda. SOMBRA 1 Cuando tengo razón, tengo razón. (Pausa.) Es más, no creo que tarden. SOMBRA 2 (Concediendo, como siempre.) Si tú lo dices… SOMBRA 1 Y algún día vendrán por aquí. SOMBRA 2 ¿Al cementerio? ¿Tú crees? SOMBRA 1 (Señalando hacia atrás.) No, hombre, aquí. Y Enrique les contará cómo era la casa, lo que hacía... SOMBRA 2 ¿Les? 69 SOMBRA 1 Pueden tener más de uno, ¿no? SOMBRA 2 Sí, claro. (Pausa.) ¿Y Elena? SOMBRA 1 Elena también. Cuando vuelva. SOMBRA 2 Espero que... no tarde demasiado. Para que no se olvide. (Pausa.) ¿Les hablarán también de nosotros? SOMBRA 1 Quién sabe. SOMBRA 2 Sí. Quién sabe. SOMBRA 1 Es lo de menos. Lo más importante es que... SOMBRA 2 Tranquila. Confía en ellos, mujer. SOMBRA 1 (Suspirando.) A ver. Qué remedio. Las SOMBRAS, cogidas del brazo, llegan por fin al otro lado del escenario. Antes de desaparecer, se giran y dirigen una última mirada. A la casa, a su vida. OSCURO FINAL 70