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Agua y espacio habitado: propuestas para la construcción de ciudades sensibles al agua

Lara García, Ángela

Abstract

El trabajo que se presenta tiene como objetivo proporcionar herramientas conceptuales, metodológicas y operativas que faciliten la realización de propuestas para la construcción de ciudades sensibles al agua. Para ello, además de introducir los principales debates y experiencias actuales en torno al agua en el espacio habitado, el libro contiene una propuesta metodológica, y su correspondiente aplicación práctica, para la incorporación del ciclo urbano del agua en los procesos de intervención urbana.

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6 Ángela Lara García 6 Ángela Lara García Agua y espacio habitado La configuración de los núcleos de población ha estado muy condicionada históricamente por las relaciones que se producen entre el agua, el territorio y las sociedades que lo habitan. Estas relaciones han ido complejizándose conforme los procesos de urbanización han adquirido mayor presencia a escala global, de manera que en la actualidad la gestión del agua en las ciudades se enfrenta a nuevos retos que el contexto social y biofísico impone: reducción de la presión sobre los recursos, mayores exigencias de calidad, garantía, eficiencia y equidad, incorporación del riesgo de cambio climático, así como mayor transparencia, rendición de cuentas y participación social en la gestión. El trabajo que se presenta tiene como objetivo proporcionar herramientas conceptuales, metodológicas y operativas que faciliten la realización de propuestas para la construcción de ciudades sensibles al agua. Para ello, además de introducir los principales debates y experiencias actuales en torno al agua en el espacio habitado, el libro contiene una propuesta metodológica, y su correspondiente aplicación práctica, para la incorporación del ciclo urbano del agua en los procesos de intervención urbana. Esta propuesta se apoya en la reformulación de la relación de la ciudad con el agua y otros recursos, considerando el conjunto del ciclo socio-hidrológico y la contextualización de las aguas urbanas en los sistemas naturales, institucionales y sociales, todo ello desde una perspectiva multidisciplinar que integra capacidades y saberes relativos a la sostenibilidad urbana, la gestión integral del ciclo urbano del agua y los procesos de participación social. Esta metodología, que ha sido testada en el Barrio de las Huertas en Sevilla, surge desde la vocación de incorporar el ciclo urbano del agua como elemento del proyecto urbano de conjunto (vivienda, transporte, energía, espacio público, etc.), proporcionando además a los agentes sociales las herramientas necesarias para su reconocimiento como actores capacitados en la gestión sostenible de su hábitat. Ángela Lara (Sevilla, 1979) es arquitecta y doctora en Geografía por la Universidad de Sevilla (2017) con la tesis “Metodología para la gestión ecointegradora y participativa del ciclo del agua en el espacio habitado”, además de máster en Ordenación y Gestión del Desarrollo Territorial y Local (US, 2008) y en Energías Renovables, Arquitectura y Urbanismo Sostenible (UNIA, 2011). Como investigadora ha participado en diversos proyectos, destacando el trabajo de coordinación del equipo interdisciplinar que elaboró la “Guía para la integración de la gestión sostenible del agua en áreas urbanas” (Aqua-Riba). También ha sido ponente en numerosos congresos y jornadas técnicas sobre sostenibilidad en la gestión del agua y el espacio urbano. Miembro activo de organizaciones sociales y ecologistas, como la Fundación Nueva Cultura del Agua, su experiencia profesional ha sido desarrollada en el campo de la arquitectura bioclimática y las soluciones basadas en la naturaleza para la gestión del agua y el espacio urbano. Ha trabajado también como asesora de urbanismo en el Ayuntamiento de Sevilla y actualmente es miembro del Consejo de Administración de la empresa pública de aguas de Sevilla (EMASESA). EDITORIAL UNIVERSIDAD DE SEVILLA 9 788447 228447 ISBN 978-84-472-2844-7 Agua y espacio habitado Ángela Lara García Prólogo de Leandro del Moral Ituarte SEVILLA 2018 Propuestas para la construcción de ciudades sensibles al agua Agua y espacio habitado Reservados todos los derechos. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación y sistemas de recuperación, sin permiso escrito de la Editorial Universidad de Sevilla. © EDITORIAL UNIVERSIDAD DE SEVILLA 2018 C/. 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AGUA, SUELO Y SOCIEDAD.......................................................................... 29 1.1. Evolución histórica de las relaciones entre el agua y la ciudad........................................................................................................ 29 1.2. Contexto socio-institucional del agua urbana en el estado español...................................................................................................... 35 2. DEBATES Y EXPERIENCIAS EN TORNO AL AGUA EN EL ESPACIO HABITADO .......................................................................................................... 41 2.1. El paradigma de la sostenibilidad urbana...................................... 42 2.2. Participación para la gestión del agua urbana............................. 55 2.3. La transición hacia ciudades sensibles al agua............................ 59 2.4. El agua en la planificación urbana integral: ejemplos buenas prácticas ..................................................................................................... 74 3. PROPUESTA METODOLÓGICA PARA LA INTEGRACIÓN DEL DISEÑO URBANO SENSIBLE AL AGUA..................................................... 93 Introducción....................................................................................................... 93 3.1. Fase 1: diseño del proceso................................................................... 96 Índice 3.2. Fase 2: análisis del contexto................................................................ 100 3.3. Fase 3: definición de objetivos e indicadores............................... 106 3.4. Fase 4: elaboración de un plan de actuación................................ 109 3.5. Fase 5: implementación de las medidas......................................... 130 3.6. Fase 6: gestión, seguimiento y evaluación .................................... 132 4. APLICACIÓN DE LA METODOLOGÍA PROPUESTA AL CASO DE ESTUDIO: EL BARRIO DE LAS HUERTAS (SEVILLA) ............................. 135 4.1. Presentación del caso de estudio...................................................... 135 4.2. Caracterización y diagnóstico del caso de estudio..................... 143 4.3. Definición de estrategias de actuación y estudio de alternativas ......................................................................................................... 166 4.4. Evaluación de los resultados en escenarios futuros................... 205 4.5. Conclusiones extraídas del caso de estudio.................................. 231 5. CONCLUSIONES Y RETOS FUTUROS ........................................................ 239 BIBLIOGRAFÍA.......................................................................................................... 247 ÍNDICE DE TABLAS.................................................................................................. 261 ÍNDICE DE FIGURAS............................................................................................... 265 ÍNDICE DE IMÁGENES........................................................................................... 269 15 Prólogo El lema en el que se basó (Agua, ciudad y salud de los ecosistemas: Integrando perspectivas, proponiendo soluciones) y las conclusiones que produjo el IX Congreso Ibérico de Gestión y Planificación del Agua de la Fundación Nueva Cultura del Agua (Valencia, septiembre de 2016), en el que la autora de esta obra participó activamente, son una buena expresión de esta reactivación, que este libro en sí mismo representa y expresa. Como manifestó el presidente del Congreso, el profesor Francesc La Roca, en su presentación, la gestión del ciclo integral del agua urbana presenta actualmente una serie de disfunciones y retos que es necesario abordar. Los sistemas técnicos e institucionales desarrollados desde finales del siglo XIX y a lo largo del XX se enfrentan hoy a un contexto –tanto biofísico como socioeconómico y político– muy diferente del momento en que se planearon. Desde diferentes posiciones se viene reclamando la necesidad de definir un nuevo marco regulador del abastecimiento y el saneamiento, que por un lado alinee la gestión del ciclo integral del agua urbana con las nuevas exigencias y dé respuesta, por otro, a la demanda de mejora de dichos servicios. Más precisamente, se requiere un marco de criterios e instrumentos que orienten y asistan a los prestadores de los servicios en el cumplimiento de su misión. Como este libro explica en detalle, el nuevo modelo de gestión del ciclo urbano del agua que se requiere reformula la relación de la ciudad con el agua y con otros recursos (territorio, suelo, energía). No incluye solamente el suministro de agua potable, su distribución y su evacuación sino que contempla e integra el conjunto del fenómeno agua en el espacio urbano, incluyendo las aguas de lluvia, la red hidrográfica sobre la que se asienta la ciudad, los paisajes fluviales, el drenaje, las aguas regeneradas y los procesos de recirculación. Los nuevos planeamientos proponen incorporar la gestión del ciclo del agua como elemento del proyecto urbano de conjunto y reconocen a los agentes sociales como actores capacitados en la gestión sostenible de su propio hábitat. Estos son los temas, con estos nuevos enfoques, que este libro desarrolla y a los que, a lo largo del proceso de investigación en el que se basa, ha contribuido. Su autora, Ángela Lara García, tiene la potente formación que una obra de estas características requiere. Es arquitecta por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad de Sevilla (2006), máster en Ordenación y Gestión del Desarrollo Territorial y Local (2008) y en Energías Renovables, Arquitectura y Urbanismo Sostenible (2011), así como doctora en Geografía (2017), con una tesis titulada “Metodología para la gestión ecointegradora y participativa del ciclo del agua en el espacio habitado. Aplicación al caso del barrio de Las Huertas (Sevilla)”, de la que se nutre este libro. Conoce la realidad del mundo del agua en Latinoamérica, en la emblemática ciudad de Cochabamba, uno de los referentes del nuevo ciclo de pensamiento y Agua y espacio habitado. Ángela Lara García 16 producción científica y social sobre el modelo de gestión del ciclo urbano del agua. Ha desarrollado una actividad profesional, en régimen de cooperativa (Mazetas), aplicada a los sistemas hídricos en el espacio habitado y actualmente (2018) participa en calidad de técnica en el desarrollo de un programa de política urbana en el marco de un grupo municipalista progresista. Esta trayectoria le ha permitido profundizar en el conocimiento teórico y práctico sobre las características, problemas, alternativas, contextos técnicos, económicos y políticos del ciclo urbano del agua. En la base de esta formación y experiencia, y explicando sus características, se encuentra la personalidad fuerte, disciplinada, comprometida y sumamente dinámica de Ángela. Con una línea de pensamiento, coherente y mantenido en el tiempo, enraizada en los principios de solidaridad, comu - nidad y emancipación. Detrás de este trabajo, pilotado por la autora de este libro, ha habido equipos, imprescindiblemente numerosos, diversos, multigeneracionales y multidisciplinares: arquitectos, ingenieros industriales y de caminos, canales y puertos, biólogos, sociólogos, educadores sociales, economistas, juristas y geógrafos. Equipos en sus tareas anteriores, en sus actividades actuales y en la etapa del proyecto de investigación Sistemas de Gestión Sostenible del Ciclo Urbano del Agua en la Rehabilitación Integral de Barriadas en Andalucía (AquaRiba), desarrollado entre los años 2013 y 2015, que es la base de su tesis doctoral y del propio libro que se presenta. En relación con esta dimensión colectiva del trabajo y de sus resultados quiero destacar dos aspectos. En primer lugar, la capacidad de Ángela Lara para coordinar equipos; capacidad basada en la claridad y firmeza de sus ideas unidas a la flexibilidad de fondo de su mente, en la intensidad de su trabajo y en la efectividad que consigue darle al esfuerzo colectivo. En segundo lugar, más allá de la dimensión multidisciplinar del trabajo de equipo, hay que destacar la voluntad, basada en claros criterios conceptuales y teóricos, de ir más allá de las fronteras de la academia, de lo científico-técnico, asumiendo y experimentando de una forma coherente y creíble los planteamientos de la transdisciplinariedad, entendida como cogeneración de conocimiento, como aplicación de prácticas de ciencia ciudadana. Unas cualidades muy de desatacar, porque estos enfoques, con fundamentos en la ciencia postnormal a la que se hace referencia en el marco teórico del trabajo, se defienden actualmente con frecuencia pero no siempre con la coherencia y la operatividad con las que lo hace Ángela Lara. Finalmente, el producto del trabajo, el contenido mismo del libro: una valiosa herramienta para facilitar la mejora de la gestión del ciclo urbano del agua integrando un conjunto de estrategias prácticas y operativas, situándolas en el marco de procesos de intervención urbana más amplios. El libro 17 Prólogo se ocupa del ciclo urbano del agua en su conjunto, incorporando con rigor todos sus aspectos, sin especializarse específicamente en ninguno de ellos, aunque aportando la información necesaria para profundizar en cada uno, según las distintas necesidades de los diferentes lectores a los que va destinado: tanto estudiantes e investigadores, como los protagonistas de los procesos de intervención urbana, entre los que se encuentran los responsables político-administrativos y los técnicos, así como los agentes sociales (miembros de asociaciones y comunidades de vecinos y otros colectivos sociales), a cuya formación como actores capacitados en la gestión sostenible de su hábitat se quiere contribuir. El libro no ofrece una compilación de soluciones simples para problemas concretos de gestión. Su contenido pretende ayudar a reformular la relación de la ciudad con el agua y con otros recursos (fundamentalmente suelo y energía) y a redefinir la forma en la que estas relaciones se pueden enfocar. Este libro constituye un hito de los trabajos sobre gestión del ciclo urbano del agua con el que sin duda se enriquece la Colección Sostenibilidad de la Editorial Universidad de Sevilla. Leandro del Moral Ituarte Universidad de Sevilla, Fundación Nueva Cultura del Agua Sevilla, mayo de 2018 19 Introducción Presentación y objetivos de la publicación La configuración de los núcleos de población ha estado muy condicionada históricamente por las relaciones que se producen entre el agua, el territorio y las sociedades que lo habitan. Estas relaciones, que trascienden los aspectos físicos y socio-económicos para penetrar en lo cultural y simbólico, han ido complejizándose conforme los procesos de urbanización han adquirido mayor extensión a escala global. De esta manera, los procesos urbanizadores nos han llevado en la actualidad a una situación sin precedentes en lo que se refiere a los niveles de presión ejercida sobre los recursos, entre ellos el agua. Podemos afirmar que en este momento en el Estado español se cuenta con sistemas modernos de gestión del ciclo urbano del agua que, en términos generales, permiten satisfacer los servicios de abastecimiento y saneamiento. Por otra parte, se han ido produciendo avances tanto en la normativa de agua como en la territorial y urbanística que han tratado de hacer frente a las consecuencias de los procesos de expansión urbana acaecidos en las últimas décadas. A pesar de ello, la gestión del agua en las ciudades se enfrenta hoy a nuevos retos que el contexto social y biofísico impone. Se hace necesario reducir los impactos sobre el medio a la vez que se incrementa la calidad y garantía de los servicios, generar mayor resiliencia respecto a las incertidumbres ambientales y sociales, democratizar las estructuras de gestión, e incorporar visiones complejas y diversas en los procesos de planificación. En este sentido, el ciclo iniciado con la entrada en vigor de la Directiva 2000/60/CE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 23 de octubre de 2000, por la que se establece un marco comunitario de actuación en el Agua y espacio habitado. Ángela Lara García 20 ámbito de la política de aguas, conocida como Directiva Marco del Agua (DMA), ha contribuido a generar cambios normativos tendentes a superar los modelos convencionales de gestión (basados principalmente en la presión sobre los ecosistemas), comenzando además a exigir procedimientos de planificación transparentes y participados, que incorporen mecanismos de seguimiento y evaluación. El trabajo que se presenta a continuación, alineándose con la DMA en la consecución de estos principios, se plantea como objetivo principal realizar una propuesta metodológica, con sus correspondientes herramientas prácticas y operativas, para la incorporación del ciclo urbano del agua (CUA) en los procesos de intervención urbana desde un enfoque eco-integrador y participativo. Se pretende así que el CUA se convierta en elemento clave del proyecto urbano de conjunto, incorporando estrategias que permitan minimizar las entradas y salidas del sistema (recursos hídricos, energéticos y vertidos) así como recuperar y conservar, en la medida de lo posible, las condiciones naturales de los flujos de agua previas a los procesos de urbanización, proporcionando además a los agentes sociales mecanismos de participación efectiva en todas las fases del proceso. Para ello se propone una perspectiva multidisciplinar que integre capacidades y saberes relativos al diseño del espacio urbano, la gestión del agua y los procesos de participación. Este trabajo sintetiza los resultados de la Tesis Doctoral realizada por la autora con el título “Metodología para la gestión eco integradora y participativa del ciclo del agua en el espacio habitado. Aplicación al caso del barrio de Las Huertas (Sevilla)”, presentada en el marco del programa de doctorado del Departamento de Geografía Humana de la Universidad de Sevilla bajo la dirección de los doctores Leandro del Moral Ituarte y Jaime Navarro Casas. La evolución de las relaciones entre el agua y el espacio habitado Ya comentábamos al comienzo de este texto, que las relaciones entre el agua, el suelo y las sociedades han tenido una gran influencia en los procesos de conformación de los núcleos de población. Como tantas veces se ha explicado (Postel 1993; Bal 2007; Tvedt & Coopey 2010), el agua (los cursos fluviales, los deltas y estuarios, los lagos y lagunas, las fuentes y manantiales) ha impreso, y sigue imprimiendo, una profunda huella sobre el lugar (la situación y la posición), las funciones, la estructura y la morfología de los asentamientos de población. El abastecimiento de agua para cubrir las necesidades vitales (agua potable “de boca”, agua para la higiene) ante todo, pero también el agua para la comunicación y el transporte (red hidrográfica 21 Introducción que facilita las vías de comunicación, llegando, en los casos más favorables a ríos navegables) y para la obtención de recursos básicos (pesca, bosques de riberas, agua para el regadío). Sin olvidar la evacuación de residuos, otra función importante de las aguas a la que milenariamente las sociedades humanas han dedicado los ríos, generalmente sin grandes impactos hasta época reciente. Pero más allá de estos aspectos materiales esenciales (hidrológicos, hidrográficos, urbanísticos, arquitectónicos) y socio-económicos (recursos disponibles, sectores productivos), el agua ha tenido, y sigue teniendo muy frecuentemente, una potente dimensión simbólica, tanto para la construcción de la imagen y el sentido de la ciudad, como para el sentimiento de pertenencia y la memoria colectiva de su población. Las relaciones agua-territorio-asentamientos humanos son, pues, fundamentales, lo que no significa que sean sencillas ni mucho menos idílicas. El agua es un recurso imprescindible y cargado de potencialidades, a la vez que una fuente de conflictos, riesgos y amenazas. Su escasez, irregularidad, insuficiente calidad o torrencialidad han obligado a la humanidad desde el origen de los asentamientos urbanos a intervenir sobre el medio hídrico, regulando, canalizando, almacenando, levantando sistemas de defensa (intervenciones estructurales) y elaborando complejos sistemas de normas para su uso, distribución, reparto y protección (arquitectura institucional). A partir de los procesos de industrialización y la expansión del territorio urbanizado que se desarrollan a lo largo del siglo XIX, el aumento de la presión de las actividades humanas sobre el ciclo hidrológico provoca que las relaciones agua-ciudad se vayan haciendo más conflictivas, especialmente en aquellas áreas urbanas que experimentan un mayor crecimiento y concentración de la población. En el último siglo, estos procesos han generado a escala global una aceleración de la transformación de recursos, entre ellos el agua, y consumos de energía sin precedentes (Fernández Durán 2011). Actualmente, por primera vez en la historia, la población mundial urbana supera en número a la población rural, lo que, ya desde hace tiempo, ha hecho evidente que la acelerada urbanización del planeta es uno de los mayores problemas que la humanidad tiene que enfrentar (Bettini 1998). En este contexto, se hace imprescindible plantear un cambio de paradigma en la gestión de aquellas áreas de centralidad donde cada vez se concentra más población humana: las ciudades. En nuestro entorno más cercano, si bien desde 2008 se ha producido una estabilización del proceso de urbanización, el ritmo de expansión urbana también ha sido muy intenso (Cruz Villalón 2003). Buena parte de este crecimiento se ha producido a través de procesos ordenados por el planeamiento urbanístico, afectando Agua y espacio habitado. Ángela Lara García 22 principalmente a aglomeraciones urbanas y al litoral, provocando tensiones en relación con la disponibilidad de recursos e impactos sobre el dominio público hidráulico –red fluvial y aguas subterráneas–, a los que la normativa, tanto de agua como urbanística y territorial, ha tratado de hacer frente. En la actualidad, los avances tecnológicos y económicos, junto con la presión de las demandas sociales, han hecho que en los denominados países desarrollados, como es el caso de España, el servicio de agua y saneamiento cubra prácticamente al conjunto de la ciudadanía. En el proceso de formación del actual sistema urbano del agua, la prioridad fue el abastecimiento domiciliario de agua en cantidad y calidad adecuadas, luego la malla completa de alcantarillado y drenaje, y más tarde la depuración de las aguas residuales y el control del vertido. Este proceso, que se extiende a lo largo de más de un siglo y que llega hasta nuestros días, no ha sido lineal, sino que ha estado marcado por grandes diferencias territoriales y sociales: determinadas ciudades, o barrios dentro de ellas, ya disponían del ciclo completo en buenas condiciones, cuando otros territorios o sectores sociales todavía no tenían el problema básico del agua de boca garantizado. En estos momentos, ya bien entrado el siglo XXI, se puede decir que la gran mayoría del territorio del Estado español cuenta con un sistema moderno de gestión del ciclo urbano del agua, con capacidad técnica, administrativa y económica para garantizar el suministro y el saneamiento básicos suficientes al conjunto de la población, aunque con notables deficiencias en la gestión de efluentes. No obstante, la gestión del ciclo urbano del agua se enfrenta hoy a objetivos más ambiciosos y acordes con los retos que el contexto social y biofísico impone: reducción de la presión sobre los recursos, mayores demandas de calidad, incremento de la garantía, la eficiencia y la equidad, incorporación del riesgo de cambio climático, mayor transparencia y rendición de cuentas, participación social en la gestión, así como la adecuada integración de las políticas territoriales, urbanísticas e hidrológicas. En esta línea, la Ley 11/2005 de Modificación del Plan Hidrológico Nacional, plantea la necesidad de coordinar la planificación hidrológica con la territorial y urbanística para reducir los impactos sobre el dominio público hidráulico y garantizar la disponibilidad de agua para consumo humano (Del Moral et al. 2015). No se trata sólo de afrontar un problema de escasez, sino también de calidad del recurso, que condiciona su auténtica disponibilidad. Por otra parte, hoy los abastecimientos urbanos necesitan también mayores niveles de garantía, o lo que es lo mismo, menores probabilidades de fallo aceptado en el suministro. En lo que se refiere a la gestión de la red de saneamiento, actualmente esta fase del ciclo urbano se sigue concibiendo con el único objeto de la 23 Introducción evacuación rápida de las aguas sobrantes de todo tipo, pluviales o residuales, dirigiéndolas por el camino más corto, hacia el punto de vertido. Además, como se ha indicado, aún existen núcleos urbanos, especialmente los de menor tamaño, donde no se han alcanzado los niveles adecuados de calidad en la depuración y vertido, lo que implica el incumplimientos de la normativa estatal y europea (Directiva 91/271/CEE y RD Ley 11/95). Por otra parte, el Reglamento de Dominio Público Hidráulico (RD 1290/2012), que regula el tratamiento de aguas de tormentas, introdujo la necesidad de laminación de las mismas para evitar desbordamientos de sistemas de saneamiento. La interpretación que se está haciendo de esta normativa tiende a defender la construcción de nuevas infraestructuras, los denominados “depósitos de detención” o tanques de tormentas, estrategia que se sitúa en la línea del modelo convencional de gestión del ciclo urbano del agua, la conveniencia de cuya continuidad se discute en este trabajo. Basado en la centralización de las infraestructuras, en la fragmentación de los diferentes elementos del sistema y en el uso intensivo de energía, el modelo convencional en el que se basan mayoritariamente los actuales sistemas de agua urbana, ha proporcionado resultados positivos en las últimas décadas, pero requiere profundas modificaciones para ajustarse al actual contexto de cambio económico, social, tecnológico y climáticohidrológico. El alto consumo energético requerido y los impactos que genera sobre los ecosistemas acuáticos de los que dependemos –alteración de regímenes fluviales, depresión de acuíferos y deterioro de calidad– son algunas de las consecuencias propias de este modelo que cuestionan su sostenibilidad en el futuro. Frente a este enfoque, la Directiva Marco del Agua (DMA) se ha constituido desde su aprobación en el año 2000 en un instigador del cambio (Del Moral 2009; Pita et al. 2014). El objetivo de la DMA es salvaguardar las masas de agua superficiales, subterráneas, costeras y de transición, manteniendo o restaurando en todas ellas el buen estado ecológico. Para ello, la DMA adopta como idea nuclear el concepto de integración, que supone la incorporación de distintas disciplinas, enfoques y experiencias en los distintos niveles de decisión y la coordinación entre administraciones. Con la entrada en vigor de la DMA, tras su transposición al marco legal de los estados miembros en 2003, el modelo de gestión, al menos conceptualmente, ha sido revisado según criterios de sostenibilidad, obligando a la búsqueda de medidas alternativas que eviten la continuación de los enfoques convencionales centrados en la presión sobre los ecosistemas, además de exigir procedimientos transparentes y participados, y en los que se realice el seguimiento y evaluación periódica de la planificación (Arrojo y Naredo 1997; Arrojo 2001; Del Moral et al. 2003; Hernández-Mora 2016). Agua y espacio habitado. Ángela Lara García 24 El enfoque de gestión eco-integradora y participativa para la construcción de ciudades sensibles al agua La propuesta de un modelo de gestión eco-integradora y participativa para la construcción de ciudades sensibles al agua que este trabajo presenta, se alinea con la DMA en la consecución de estos principios. La propuesta surge desde la vocación de incorporar el ciclo urbano del agua (CUA) como elemento del proyecto urbano de conjunto (vivienda, transporte, energía, espacio público, etc.), proporcionando además a los agentes sociales las herramientas necesarias para su reconocimiento como actores capacitados en la gestión sostenible de su hábitat. Para ello, se basa en el concepto de ciudad sensible al agua (Water Sensitive City), surgido en los primeros años del siglo XXI en Australia, y con el que se pretende transformar la visión tradicional del diseño urbano proponiendo su integración con la planificación hidrológica. Para la consecución de los objetivos de la ciudad sensible al agua, se debe desarrollar un nuevo enfoque del diseño urbano que integre espacios dedicados al agua y promueva la implantación de alternativas tecnológicas sostenibles, fortaleciendo así una nueva cultura del agua en el ámbito urbano que ponga en valor y proteja este recurso, de manera que esa transformación cultural llegue tanto a las instituciones como a la sociedad. Todo ello implicará enfrentar las limitaciones y barreras existentes a nivel socio-cultural, institucional, administrativo, educativo, técnico y financiero, para superar los arraigados paradigmas urbanos y de gestión del agua del siglo XX (Brown et al. 2008; Ferguson et al. 2015; Villegas y Molina 2015). Para alcanzar estos objetivos, el enfoque eco-integrador y participado propuesto parte de la comprensión del CUA como un sistema complejo, en el que se han de considerar el conjunto de variables urbano-territoriales y socio-institucionales que intervienen en su gestión. Este enfoque, además de integrar todos los componentes del CUA (captación, aducción, potabilización, distribución, saneamiento, depuración), considera el conjunto del sistema socio-hidrológico en el que este se inserta, haciendo énfasis en la necesidad de que todas las administraciones competentes e instituciones interesadas se coordinen para garantizar que esa integración se consiga. La participación efectiva de los diferentes actores sociales será la herramienta por medio de la cual complementar las visiones más técnicas y analíticas con el conocimiento contextualizado de las condiciones locales. Se pretende así que las intervenciones que se realicen en el espacio urbano incorporen nuevos objetivos encaminados a la protección de los ecosistemas 31 Agua, suelo y sociedad de alcantarillado como los que Roma construyó (Malissard 1996; Fernández Casado 1985), prueba de ello es la Cloaca Máxima romana, en funcionamiento desde hace más de dos mil años hasta la actualidad (Novotny et al. 2010). Resulta por tanto importante reconocer y valorar estos avances en su contexto, entre otros motivos, porque hoy hemos entrado en una fase de revisión de estas estrategias y de planteamiento de nuevas alternativas, que sustituyen, o combinan, el modelo de la “domesticación” del agua por estrategias adaptativas. También en nuestro entorno geográfico-histórico próximo es inevitable mencionar la herencia de la cultura del agua de la civilización árabe-andalusí (Glick 1988, Trillo San José 2009). Manteniendo y desarrollando las aportaciones anteriores –como en el caso del acueducto romano-almohade de Sevilla, los Caños de Carmona–, en esa etapa se impulsaron especialmente los aspectos relacionados con el regadío y, en lo que afecta más directamente a nuestro tema de investigación, las huertas urbanas y periurbanas, hoy amenazadas por la presión urbanística, residencial e infraestructural, la reducción de superficie, la fragmentación y la disminución de población activa agraria. Así, en las zonas de valles fértiles que se encontraron bajo dominación árabe, como el sur y el levante de la península ibérica, los asentamientos de población se configuran a partir de los sistemas de acequias y caminos que conectan unas poblaciones con otras. Estos sistemas se desarrollan en paralelo a los cursos fluviales, delimitando la zona de cultivos de los asentamientos con la denominada acequia de borde. Las poblaciones están atravesadas por una serie de canalizaciones, a lo largo de las cuales se sitúan los antiguos molinos, fuentes, abrevaderos, lavaderos, etc., que transportan el agua hasta allí desde la acequia mayor o desde fuentes situadas en la zona más alta (Benito 2009). En estos territorios los sistemas tradicionales de gestión del agua marcan no sólo las características socioeconómicas y culturales, sino muy especialmente la configuración espacial de los núcleos poblados (Marsalek et al. 2008). En las ciudades islámicas, las conducciones de agua mencionadas, denominadas atanores, estaban formadas con tubos cerámicos ensamblados, que podían servir para transportar aguas de consumo, residuales o pluviales. Ejemplos de ello encontramos en Zaragoza, la Alhambra o Medina Zahara. En este último caso, una red de cloacas muy jerarquizada, fue planeada y construida previamente a la ciudad (Reklaityte 2012). Mientras, en toda la Europa medieval el sistema más extendido consistía en desechar los residuos a través de pozos negros, desde los que eran transportados posteriormente a muladares donde se compostaban para formar Agua y espacio habitado. Ángela Lara García 32 un mantilllo muy preciado por los agricultores para el abono de los cultivos. De este modo, las epidemias que sufrió el continente a lo largo de los sucesivos siglos estuvieron en gran parte provocadas por la ausencia de condiciones higiénicas adecuadas en este modelo de gestión de residuos. Así, en el S. XVI el ayuntamiento de París, por miedo a la peste, obligó a ubicar baños en las viviendas conectados a pozos ciegos, a los que les impusieron una serie de requisitos constructivos para tratar de evitar la infiltración de aguas fecales. Si bien no sería hasta el siglo XVIII cuando aparece en Europa, ubicado en las mansiones aristocráticas, el inodoro tal y como lo conocemos en la actualidad (Guerrand 1991). La sociedad industrializada en la ciudad y el agua Con la llegada de los procesos de industrialización en el siglo XIX, las ciudades empiezan a acoger grandes oleadas de migrantes y se produce un rápido crecimiento de su población, multiplicándose los problemas de abastecimiento, evacuación y contaminación de las aguas, así como las enfermedades vinculadas a ello. De este modo, las autoridades se ven obligadas a comenzar a realizar inversiones en nuevas infraestructuras para la gestión del agua urbana, aunque no sin grandes controversias y contradictorias estrategias. Como explica Ivan Illich, en el caso de Londres se establecieron en el Parlamento Británico entre 1848 y 1855 no menos de seis comisiones para mejorar su alcantarillado. En 1849 y nuevamente en 1853-54, epidemias de cólera asiático quitaron la vida a unas 20.000 personas. En medio de la epidemia, el Parlamento aprobó una nueva ley para hacer efectiva la recogida de las basuras que cubrían las calles. Pero la contaminación del Támesis no tenía como causa principal tales desechos: se debía especialmente a las clases altas que habían instalado el WC en sus domicilios y lo habían conectado a la precaria red de alcantarillado. Por su parte, París no siguió el ejemplo de Londres: un decreto de 1835 de L’Institut de France rechazó la proposición de adoptar el WC y canalizar los excrementos al Sena. La decisión no fue motivada por la preocupación por el río, sino por el cálculo del enorme valor económico como fertilizante de la agricultura periurbana de los excrementos de los caballos y de la población, que se perdería por el desagüe (Illich 1989: 111-116). Sin embargo, a lo largo del siglo, la opinión técnica y científica fue cambiando decididamente hacia la solución tout à l’égout, en paralelo al hecho de que los colectores unitarios de aguas pluviales y de aguas negras se iban implantando en otras ciudades europeas. Hacia finales del siglo XIX, la presión conjunta de la enfermedad, la aparición de los abonos inorgánicos y el creciente rechazo social a la proximidad con las heces humanas, ya habían transformado la concepción 33 Agua, suelo y sociedad pre-moderna del orden urbano e introducido una nueva serie de relaciones entre el agua y la sociedad urbana. Como dice Matthew Gandy: “Con el crecimiento del uso privado de cuartos de baño, el olor de los excrementos humanos empezó a perder la significación asociada a la fertilidad rural: desde ese momento se convirtió en indicador de desorden, decadencia y repulsión física” (Gandy 2014: 44). Aunque surcado por estos debates y con grandes diferencias entre países, el urbanismo experimenta en estos años un gran impulso, surgiendo nuevas propuestas de expansión urbana preocupadas, entre otras cuestiones, por mejorar la salubridad de las ciudades. Como hemos comentado, se extienden los sistemas de saneamiento para la conducción de aguas fecales y de lluvia con el objetivo principal de expulsar las aguas de la ciudad a la mayor velocidad (Perales y Andrés 2007). Aparecen también a principios del siglo XX los primeros sistemas de depuración, como el tanque Imhoff, si bien tardarían aún mucho tiempo en hacerse extensivos al conjunto de grandes ciudades europeas. Se realizan a la vez importantes operaciones de canalización y soterramien- to de cursos naturales de agua, buscando generar nuevas zonas de expansión urbana. Estos procesos de modificación de la hidrología natural, a los que se añadió la extensión de grandes superficies pavimentadas e impermeabilizadas, provocaron así mismo problemas de incremento de la escorrentía urbana superficial, que llevarían acarreadas grandes inundaciones en las zonas más bajas de las ciudades, además de una disminución notable de la recarga en los acuíferos (Novotny et al. 2010). De este modo, el crecimiento de la población en las ciudades occidentales fue sustituyendo la arquitectura tradicional por nuevos modelos urbanísticos, constructivos e infraestructurales, que han supuesto una importante modificación de la red hidrológica de las áreas urbanas (Marsalek et al. 2008). A lo largo del siglo XX, estos procesos de expansión urbana no hacen más que intensificarse y multiplicarse, incrementándose de manera importante la demanda de agua vinculada tanto al abastecimiento urbano como a los usos agrarios e industriales. Entramos en una época de fuerte expansión de las obras hidráulicas, sustentada en los avances que la ingeniería civil e industrial venía realizando desde el siglo anterior. Las políticas de agua se basan entonces en proporcionar agua suficiente para satisfacer la demanda de los diferentes agentes sociales, con obras hidráulicas –principalmente presas y canales– muy condicionadas por las necesidades del abastecimiento urbano, la extensión del regadío y la generación de energía hidroeléctrica. Se trataba por tanto de un modelo basado en la gestión de la oferta, cuyo objetivo principal era satisfacer el crecimiento de la demanda (Pedregal 2005). Agua y espacio habitado. Ángela Lara García 34 El urbanismo experimenta también grandes transformaciones como con - secuencia de estos acelerados procesos de expansión de las ciudades. En el siglo XIX, las propuestas de crecimiento urbano se basaban en diferentes modelos de plan-proyecto –ensanche, ciudad jardín, ciudad lineal–, que unificaban todo el proceso urbanístico bajo una misma idea, aunque con una perspectiva parcial desde el punto de vista espacial. El urbanismo del siglo XX, sin embrago, estableció una organización por escalas –plan general, plan parcial, proyecto de urbanización– que, aunque comenzó a ver la ciudad en su conjunto, segregó las diferentes facetas de lo urbano, como son la funcional, la social, la formal y la constructiva, convirtiendo el proyec- to urbano en un sumatorio de disciplinas poco interconectadas. En lo que se refiere a las infraestructuras, su diseño se ve supeditado cada vez más a las condiciones impuestas por las compañías, generando importantes condicionantes sobre el modelo de ciudad (Herce y Miró 2002). Las políticas de desarrollo urbano generan además procesos especulativos que ejercen una gran presión sobre aquellas zonas condicionadas por la existencia de cursos de agua y áreas de inundación. El objetivo principal es salvaguardar a la población y conseguir nuevas áreas de expansión, por lo que se realizan nuevas inversiones en la canalización y modificación de los cursos de agua, produciéndose su desnaturalización y pérdida de valor ecológico (Novotny et al. 2010). No obstante, en muchas ocasiones el incremento de la superficie impermeabilizada y de la velocidad de los flujos no hace más que trasladar el problema aguas abajo, una problemática presente y que se ha ido agudizando hasta el momento actual. En estos años las políticas de expansión económica y urbana, y de explotación de recursos naturales, empiezan a generar graves problemas ambientales que comenzarían a ser denunciados a partir de la década de los setenta. Concretamente en el año 1972, se aprobaría en EE.UU. la Clean Water Act (Ley Federal de Aguas Limpias), generando un cambio de paradigma en la gestión del agua urbana no sólo en ese país, sino en muchos otros que progresivamente fueron adoptando leyes similares. Comenzaron entonces a realizarse grandes inversiones para la construcción de plantas de tratamiento de aguas residuales con el objetivo de proteger las condiciones físicas, químicas y biológicas de los cuerpos de agua. Muchas de las medidas adoptadas desde entonces tienden hacia soluciones de final de tubería, y basándose en los principios de la economía de escala, generan la necesidad de transportar las aguas residuales largas distancias hasta las grandes plantas de tratamiento (Novotny et al. 2010). Estos sistemas, que hasta ahora son los más extendidos, precisan de un alto consumo de energía, tanto en los bombeos requeridos para el transporte, como en los tratamientos biológicos utilizados. En Europa, a partir de la Directiva 35 Agua, suelo y sociedad de Tratamiento de Aguas Residuales de 1991 (DTAR, 91/271/EEC) 1 , estos sistemas también se han generalizado, si bien hasta la entrada en vigor en el año 2000 de la Directiva Marco del Agua (DMA 2000/60/EC)2, no se ha centrado el foco en la protección y calidad de las masas de agua receptoras (Perales y Andrés 2007). Hay que señalar, asimismo, que a partir de 2015 se desarrolla un proceso de revisión de la Directiva de Agua Potable 3 , que data de 1998, a través del cual se trasladan parcialmente las concepciones de preservación del buen estado de los ecosistemas acuáticos y enfoque de riesgo a esta última, más centrada hasta el momento en aspectos relacionados con la calidad físico-química del agua de abastecimiento (European Commission 2015). 1.2. Contexto socio-institucional del agua urbana en el estado español En este apartado se sintetiza la evolución de la política de aguas en las últimas décadas en el caso español, prestando especial atención a los aspectos normativos y socio-institucionales. Es necesario partir de la idea de que no es hasta finales de siglo XX, y especialmente principios del siglo XXI, que el ordenamiento jurídico español da formalmente prioridad a la utilización racional y a la preservación de la función ecológica de los recursos naturales, ya reconocida en el art.45.2 de la Constitución. A partir de la aprobación de la DMA y su posterior transposición al derecho español, este principio aparecerá también como prioritario en la legislación de aguas, reflejándose en el texto refundido de la Ley de Aguas (TRFLA) de 2001 y sus sucesivas reformas, especialmente la Ley 62/2003 de medidas fiscales, administrativas y de orden social 4 , a través de la cual se produce concretamente esa incorporación de la DMA a la legislación española. No obstante, esta transposición se realiza de forma insuficiente, de tal manera que hasta la actualidad, encontramos problemas de ajuste de la política de aguas española al marco europeo, reflejado en el conflicto entre una tradición basada en la oferta de recurso, por medio de la intervención 1. Directiva de Tratamiento de Aguas Residuales (DTAR). Directiva 91/271/CEE del Consejo, de 21 de mayo de 1991, sobre el tratamiento de las aguas residuales urbanas. 2. Directiva Marco del Agua (DMA). Directiva 2000/60/CE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 23 de octubre de 2000, por la que se establece un marco comunitario de actuación en el ámbito de la política de agua. 3. Directiva de Agua Potable. Directiva 98/83/CE del Consejo de 3 de noviembre de 1998 relativa a la calidad de las aguas destinadas al consumo humano. 4. Ley de Aguas, 2001. Real Decreto Legislativo 1/2001, de 20 de julio, que aprueba el Texto Refundido de la Ley de Aguas (TRLA). Modificada por el artículo 129 de la Ley 62/2003 de medidas fiscales, administrativas y de orden social. Agua y espacio habitado. Ángela Lara García 36 infraestructural sobre el sistema hidrológico, y la orientación prioritaria de la DMA hacia la conservación de los ecosistemas acuáticos, en un contexto de análisis económicos rigurosos y participación pública activa. En este sentido, la disposición final primera de la Ley 11/2005 de Modificación del Plan Hidrológico Nacional, vino a modificar de nuevo el TRLA de 2001. Especialmente significativa resultó la nueva redacción del artículo 25, que plantea la necesidad de coordinar la planificación hidrológica con la territorial y urbanística con el fin de garantizar la aceptabilidad de las actuaciones sobre el dominio público hidráulico y la disponibilidad de agua para consumo humano en condiciones de cantidad y calidad adecuadas. El artículo mencionado incluye la exigencia de que el informe, que las Confederaciones Hidrográficas deben emitir de manera preceptiva sobre los planes de ordenación territorial y urbanística, se pronuncie sobre la existencia o no de recursos suficientes para satisfacer las nuevas demandas derivadas de aquéllos (Esteve 2008; Figueroa 2011). Evolución de la política de aguas a partir de la DMA A lo largo de este proceso sectores sociales progresivamente más extensos exigen medidas para la conservación de los ecosistemas acuáticos a través de la disminución de la demanda de agua. Se extiende la argumentación de que la planificación de recursos hídricos debe de avanzar así hacia el modelo de gestión de la demanda –en contraposición al modelo de gestión de la oferta de décadas anteriores–, con un conjunto de actuaciones orientadas a mejorar la eficiencia en el uso de los recursos disponibles, entendiéndose ésta como una fase de transición hacia modelos de planificación integrada del agua y el territorio, la oferta y la demanda, las políticas sectoriales, y las diferentes perspectivas e intereses en juego (Pedregal 2005). Poco a poco, se va poniendo en evidencia que la clave de la nueva política de aguas es la reconducción de las dinámicas territoriales vigentes, lo que implica el impulso institucional y la extensión en la sociedad de nuevos valores y objetivos consistentes con modelos de desarrollo más adaptados a los límites de los recursos. En este marco, en el que los Informes del Observatorio de la Sostenibilidad en España (OSE) y la Estrategia para la Sostenibilidad de la Costa (Documento de inicio, septiembre 2007) desempeñaron un papel significativo, se sitúa la valoración de las potencialidades de las nuevas políticas sectoriales –especialmente la nueva política de Desarrollo Rural, clave por su incidencia fundamental en el agua– que van incorporando valores, criterios y mecanismos concretos de sostenibilidad y haciendo suya la experiencia de la integración. Nuevas políticas que conllevan impulsos a mecanismos de cooperación interadministrativa, que constituyen uno de 37 Agua, suelo y sociedad los déficits prácticos y concretos más notables para la implementación real de la integración de políticas. A la reorientación de estas políticas sectoriales, hay que añadir las potencialidades de las nuevas experiencias en ordenación del territorio, con planes subregionales avanzando en la definición de criterios, distribuciones y límites a los usos del suelo. En relación con estas funciones, las Comunidades Autónomas podrían adoptar un papel más activo en el ejercicio de sus competencias en materia de ordenación del territorio a escala regional y sobre todo subregional, con fuerza normativa y directora, aunque con flexibilidad, incorporando la evaluación ambiental estratégica, mayor énfasis en el diálogo social y en la concertación institucional, y prestando más atención al seguimiento y a la evaluación de los resultados (Del Moral 2009). También hay que destacar el proceso de coordinación e interconexión en la legislación y la planificación en materia de agua y suelo, especialmente centrada en la función que el suelo tiene de almacenamiento, filtración y transformación del agua, ejerciendo una importante influencia sobre la cantidad y calidad de los recursos hídricos. En España, a partir de la aprobación del Reglamento de Planificación Hidrológica en 20075, además de aspectos relacionados con la gestión del territorio, empiezan a adquirir importancia en estos planes cuestiones relativas a las afecciones de la actividad urbanística sobre las masas de agua. Del mismo modo, la Ley del Suelo de 2008 6 establece la necesidad de incorporar una serie de informes en la planificación urbana sobre riesgos de inundación, existencia de recursos hídricos, etc., aunque a algunos de ellos no se les provee de un carácter vinculante (Álvarez 2008, Figueroa 2011). En Andalucía, la Ley de Aguas de 2010 establece también las limitaciones en relación a los usos permitidos en zonas inundables, que a nivel estatal se regularían posteriormente a través del RD 638/2016 en materia de gestión de riesgos de inundación, caudales ecológicos, reservas hidrológicas y vertidos de aguas residuales. Se entiende por tanto, que los instrumentos y los principios que rigen la planificación en nuestro territorio en el siglo XXI, no deben ser los mismos que se aplicaban en las épocas del desarrollo del siglo XX, o en etapas anteriores. El objetivo de la planificación no puede seguir siendo el incremento de la disponibilidad de recursos –como todavía, pese a las reformas señaladas, preconiza la legislación vigente– sino la estabilización o incluso la reducción de las extracciones en beneficio de la restauración ambiental. 5. Real Decreto 907/2007, de 6 de julio, por el que se aprueba el Reglamento de la Planificación Hidrológica. (BOE núm. 162, de 7 de julio de 2007). Desarrollado por la Instrucción de la Planificación Hidrológica (Orden ARM 2656/2008 de 10 de septiembre). 6. Real Decreto Legislativo 2/2008, de 20 de junio, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley de suelo (BOE núm. 154, de 26/06/2008). Agua y espacio habitado. Ángela Lara García 38 La previsión de crecimiento de recursos y demandas a largo plazo carece de sentido en sociedades desarrolladas, que no deben perseguir el crecimiento en la utilización de recursos naturales, sino su estabilización y su perfeccionamiento. En el ámbito del agua, lo que precisan las sociedades desarrolladas, más que la planificación del crecimiento a largo plazo, es una gestión continua orientada a mejorar la garantía, la calidad y la seguridad de los abastecimientos, con capacidad de respuesta rápida a las posibles oscilaciones de la demanda, que necesariamente han de ser limitadas en este tipo de sociedades (Olcina Cantos 2013). El consenso básico sobre el que se construye la DMA es la idea de que la mejor manera de asegurar una disponibilidad permanente del agua necesaria para la vida y las actividades humanas es el mantenimiento en buen estado de los ecosistemas acuáticos y los terrestres asociados. De este consenso básico se deriva el reparto de atribuciones: la fijación concreta de los objetivos corresponde al ámbito de las ciencias naturales, mientras las ciencias sociales contribuyen de manera destacada al diseño y elección de los instrumentos para alcanzar dichos objetivos (Prat 2012). El nuevo marco de decisión participativa plantea un conjunto de exigencias que no se daban en el antiguo modelo tecnocrático, aún vigente. El tipo de trabajo necesario para la identificación de la solución óptima, cocinada y evaluada en el ámbito de los iniciados, es muy distinto del que requiere la construcción y comunicación de unos elementos de decisión provenientes de diversas disciplinas que contribuyen a hallar el mejor medio de alcanzar los objetivos. Sobre todo, porque la noción de lo que es mejor, al abrirse a la interacción de agentes que no sólo representan diversos intereses, sino que parten de sistemas de valores heterogéneos, se complica notablemente en comparación con la simplicidad del criterio tradicional de maximización del nivel de explotación del recurso en usos consuntivos (Del Moral 2003 y 2009). Incorporación del derecho humano al agua y al saneamiento Para finalizar, es necesario señalar cómo desde que en 2010 la Asamblea General de Naciones Unidas, a través de la resolución A/RES/64/2927, reconociese el Derecho Humano al Agua potable y el Saneamiento (DHAS) como derecho humano esencial, son muchas las iniciativas que la sociedad 7. Naciones Unidas (2010): Declaration on the right to water. A/RES/64/292. General assembly. New York: UN. <http://www.un.org/en/ga/64/resolutions.shtml>. Naciones Unidas (2010): Human rights and access to safe drinking water and sanitation. A/HRC/ RES/15/9. New York: UN. <http://daccess-dds-ny.un.org/doc/UNDOC/GEN/G10/166/33/ PDF/G1016633.pdf>. 39 Agua, suelo y sociedad civil ha emprendido para hacer efectivo este derecho y que sea reconocido en los diferentes niveles institucionales. En septiembre de 2015, el pleno de la Eurocámara respaldó la iniciativa ciudadana ‘Right2Water’, que busca garantizar el derecho al agua para todas las personas y la trasposición a la legislación de los estados miembros del derecho humano al agua y al saneamiento. En el caso español, desde la sociedad civil se impulsó el denominado Pacto Social por el Agua Pública, al que se han adherido decenas de ayuntamientos en todo el Estado e incluso algunas instituciones a nivel regional, como el Defensor del Pueblo Andaluz, que ha publicado un informe en este sentido, ahondando en las medidas a incluir en las ordenanzas reguladoras de estos servicios (DPA 2015). Además de los principios generales y normativos del DHAS, en el Pacto se incorporan compromisos y responsabilidades propias de las entidades que prestan los servicios de agua, constituyendo de esta forma una completa hoja de ruta para la transformación de los mencionados modelos de gestión. Estos debates tienen de novedoso que incorporan las dimensiones económicas, tecnológicas y ambientales, pero también las de gobernanza o laborales, colaborando en la construcción de nuevos enfoques de las políticas de agua y sus modelos de gestión en los ámbitos urbanos (Cabello et al. 2016). Aparecen también como parte de estos debates los principios de buena gobernanza: participación, transparencia y rendición de cuentas, que son de gran relevancia tanto a escala internacional como europea y española y en los que profundizaremos a lo largo de este trabajo. 47 Debates y experiencias en torno al agua en el espacio habitado dotado de solventes estrategias urbanas apoyadas por una ciudadanía activa, evitando así generar mayores dependencias de las ciudades respecto de grandes corporaciones que posean un mayor control de la información (y por tanto de las ciudades) que los propios gobiernos (Prats et al. 2017). 2.1.2. La apuesta por la regeneración urbana integrada Durante los últimos 20 años, la superficie urbanizada en muchos países europeos se ha incrementado hasta en un 20%, mientras que el crecimien- to demográfico en esos años se ha situado en torno al 6%, haciendo de la transformación y des-naturalización del territorio una de las peores consecuencias del proceso urbanizador. Recientemente el Ministerio de Fomento ha proporcionado datos actualizados y desagregados para España que concretan para nuestro país esta dinámica (Ministerio de Fomento 2016). Resulta paradójico además que, mientras se consolida la idea de que las ciudades mediterráneas, por su compacidad y complejidad, son uno de los ejemplos que con más facilidad alcanzarían los retos de la sostenibilidad urbana (Rueda 2005), el modelo de ciudad dispersa y consumidora de territorio se haya extendido masivamente en España y otros países mediterráneos en las últimas décadas de manera espectacular. Según el Observatorio de la Sostenibilidad de España, en el periodo que va desde 2001 a 2007, en este país el crecimiento medio del suelo de naturaleza urbana de las capitales de provincia que crecieron en ese periodo fue del 38,13%, seis veces por encima del crecimiento poblacional, desarrollándose un modelo de ciudad difusa con fuertes impactos medioambientales y sociales, y que desvincula el crecimiento urbano de la necesidad de ocupación del territorio, entendiéndolo simplemente como motor de economía. Asimismo, de acuerdo con el último informe de este organismo, en 24 años, los transcurridos entre 1987 y 2011, la ocupación de la primera franja litoral –500 metros desde el mar– ha crecido en nuestro país un 32,9%, a una velocidad de 22,7 kilómetros al año (Observatorio de la Sostenibilidad 2016). Si bien tras el estallido de la burbuja inmobiliaria el proceso urbanizador –aunque no el especulativo– se ha visto frenado, las consecuencias tanto ambientales como económicas, y sobre todo sociales, de estos procesos se han recrudecido más si cabe, demostrando que en el triángulo de la (in) sostenibilidad, los aspectos económicos, sociales y ambientales están claramente vinculados entre sí (Novotny et al. 2010). Existe además una parte importante del territorio urbano, especialmente en las zonas más periféricas de las ciudades centrales europeas y españolas, Agua y espacio habitado. Ángela Lara García 48 formado por barrios a los que se les atribuye cierta obsolescencia, dado que fueron construidos respondiendo a modelos sociales y urbanos ya superados. Estos barrios han sufrido una cierta degradación como consecuencia del paso del tiempo, y por supuesto, están muy lejos de cumplir con los criterios de eficiencia en el uso de recursos a los que nos hemos referido en apartados anteriores (Meiss y Feijó 2012). En la actualidad, es clara la necesidad de apostar por la mejora cualitativa frente a la insostenibilidad de la expansión territorial del urbanismo reciente, potenciando un crecimiento interior que atienda a la cualificación del espacio público, la implementación de nuevos equipamientos y la incorporación de infraestructuras verdes que constituyan una alternativa para la gestión del metabolismo urbano. Es de destacar en este campo las aportaciones realizadas desde el Grupo de Investigación para una Arquitectura y un Urbanismo Sostenibles de la ETSAM (UPM), que a partir de una revisión crítica de las experiencias en rehabilitación urbana que se vienen dando en España, especialmente a través de las Áreas de Rehabilitación Integral (ARI) y del programa URBAN, plantea la necesidad de poner en marcha planes y programas que atiendan a la complejidad de los problemas y agentes implicados. Para ello, presenta como una posible solución la regeneración urbana integrada, entendida como “una actuación global que permita una mejora duradera en las acciones económicas, físicas, sociales y ambientales de una zona, mediante la implicación de todos los agentes” (Hernández 2013, p.1). Este trabajo se sitúa claramente dentro de este paradigma, asumiendo que sólo desde una comprensión eco-integradora del conjunto de aspectos que intervienen en el espacio habitado, y con la participación de todos los actores implicados, se puede aspirar a implementar estrategias de intervención que permitan avanzar hacia ciudades más equilibradas en la gestión de los recursos, así como justas y equitativas en las relaciones entre sus habitantes. Los procesos de planificación urbana integral Si bien la incorporación de la perspectiva de la sostenibilidad a los proyectos urbanos y arquitectónicos cuenta con una trayectoria de décadas, ha sido en el campo de la eficiencia energética y del transporte donde se ha centrado fundamentalmente el discurso hasta hace unos años, probablemente motivado por la importancia de los conflictos y problemáticas ambientales derivadas de la cada vez más escasa energía barata (Fernández Durán 2011). En este sentido, el diseño bioclimático fue pionero en volver a situar la adaptación al medio circundante en el centro del proyecto, proporcionando no sólo nuevas 49 Debates y experiencias en torno al agua en el espacio habitado metodologías y soluciones constructivas, sino principalmente rescatando la conexión entre el espacio edificado y su entorno arquitectónico (López de Asiain y González 1995; López de Asiain 2001; Serra y Coch 1995). Desde principios del siglo XXI, la preocupación por la resolución de los conflictos socio-ambientales en los espacios urbanos adquiere una perspectiva más integral, en la que se consideran los aspectos sociales, los impactos sobre el territorio, y el análisis de los flujos metabólicos, incorporando tanto la energía como el agua y los materiales. Desde esta perspectiva, se detecta que las principales deficiencias en la práctica actual del urbanismo en nuestro entorno serían (Gaffron et al. 2008): —Un enfoque predominantemente sectorial, en detrimento de los análisis integrales. Si bien participan profesionales de diferentes sectores, no se genera un diálogo e interconexión entre los planteamientos de unas disciplinas y otras, más allá del puramente instrumental. —Una toma de decisiones centralizada y de arriba abajo, sin procesos participativos. La iniciativa de los procesos proviene o bien del privado (propietario o promotor) o bien de la administración pública, bajo las condiciones de un modelo que deposita sobre los profesionales la capacidad de consecución de los objetivos planteados, en ocasiones obedeciendo a intereses particulares. —Ausencia de monitorización y evaluación de los resultados. Los procesos de intervención son lineales y acotados en el tiempo, delimitándose al periodo durante el cual se ejecutan los trabajos, pero sin que se prevea un seguimiento de la evolución de estas intervenciones a lo largo de su vida útil. Como hemos analizado anteriormente, este modelo de planificación urbana ha tenido graves consecuencias ambientales y socio-económicas en nuestro entorno, de especial relevancia en el caso del estado español, revelándose incapaz de resolver las problemáticas existentes en las ciudades en la actualidad. Ante esta situación, surgen nuevas corrientes que proponen replantear los objetivos, estrategias y procedimientos del urbanismo tradicional, en la búsqueda de modelos tendentes al equilibrio urbano sostenible, y en los que la ciudadanía adquiera un mayor protagonismo en la gestión del espacio urbano. Dentro de las iniciativas llevadas a cabo destaca el Proyecto Ecocity9. Concebido dentro del marco del Quinto programa de política y actuación en 9. Proyecto ECOCITY: Desarrollo urbano de estructuras adecuadas para el transporte sostenible (2002-2005). Coordinador: Prof. Dr. Uwe Schubert, Instituto para el Desarrollo Agua y espacio habitado. Ángela Lara García 50 materia de medio ambiente y desarrollo sostenible de la Comisión Europea, e inicialmente diseñado para generar alternativas de transporte sostenible, fue ampliando su ámbito de reflexión y aplicación hasta convertirse en un programa integral de investigación sobre la sostenibilidad urbana en Europa. Consistió en el desarrollo simultáneo de siete proyectos piloto en siete ciudades europeas con realidades muy diferentes, con el fin de dilucidar qué criterios y qué instrumentos comunes podían constituir la base de unas directrices europeas para el desarrollo de ciudades sostenibles. En el proyecto participaron 30 entidades de 9 países europeos entre las que se encuentran universidades, consultoras y organismos municipales. En España se desarrolló un proyecto en el barrio barcelonés de Trinitat Nova, a cargo del equipo de Gea 21 (Gea 21 2004, Gaffron et al. 2008). Este proyecto plantea como fundamentos para la creación de una eco-ciudad tres aspectos que permiten superar las deficiencias detectadas en el urbanismo convencional: 1. Enfoque integrado del planeamiento: reconociendo la complejidad del proceso urbano y abordándolo desde un enfoque multidisciplinar, a través de la integración de los estudios sectoriales. De esta manera, el análisis y evaluación de la realidad urbana se plantea en torno a los siguientes elementos: el contexto, la estructura urbana, el transporte, los flujos de energía y materiales, y los aspectos socioeconómicos. 2. Participación: planteado como uno de los elementos más importantes, en base principalmente a dos argumentos básicos, el conocimiento –nadie sabe más de una ciudad que sus habitantes–, y el conflicto –los diferentes intereses y necesidades de cada uno de los actores, si no son tenidos en cuenta desde el principio, generarán disfunciones del proceso–. 3. Monitorización y evaluación: como único mecanismo capaz de permitir los ajustes continuos que será necesario realizar. Puede darse en la fase de planificación, permitiendo de este modo reajustar los objetivos en base a circunstancias cambiantes, o en la fase de uso de la realidad construida, lo cual proporcionará información para evaluar el cumplimiento de las hipótesis planteadas y ajustarse al uso realizado por sus destinatarios. En la actualidad, los procesos de diseño urbano parten principalmente de un enfoque de arriba-abajo, estando el control del proceso en manos de los Ambiental y Regional, Universidad de Ciencias Económicas y Administración de Empresas de Viena. El Proyecto ECOCITY ha sido financiado por la Dirección General de Investigación de la Comisión Europea dentro del Quinto Programa Marco. 51 Debates y experiencias en torno al agua en el espacio habitado promotores de la intervención (públicos o privados) y de los equipos técnicos de planificación. Por el contrario, el Proyecto Ecocity (Gaffron et al. 2008) plantea el desarrollo urbano como un proceso cíclico, que entendido como principio fundamental de la ecología, se incorpora como base de la planifi - cación integrada conforme al paradigma de la sostenibilidad (figura 1). Para ello, incorpora dos nuevas fases en los procesos de intervención urbana: el ciclo de vida –gestión y mantenimiento– y la transformación y obsolescen - cia. La incorporación de estas dos fases dentro del proceso es lo que hace que éste se convierta en cíclico, iterativo y revisable. De esta forma permite superar la visión convencional, lineal y acotada en el tiempo, proporcionando además un papel protagónico a los destinatarios de la intervención, sus habitantes, que podrán tomar parte en la monitorización y evaluación de las intervenciones, y de ese modo reajustar los objetivos y acciones en cada uno de los ciclos de planificación. Como veremos más adelante, también los nuevos planteamientos respecto a los procesos de planificación del ciclo urbano del agua, se basan en ciclos iterativos de planificación. Detección de la necesidad de intervención Definición de objetivos Proceso de planificación urbana Diseño del espacio urbano/edificado Ejecución de los trabajos Ciclo de vida (gestión y mantenimiento) Transformación y obsolescencia Figura 1. Proyecto Ecocity. La intervención urbana como proceso cíclico. Fuente: Adaptado de Gaffron et al. 2008. Existen otros trabajos que, partiendo de principios similares a los del Proyecto Ecocity, hacen una revisión crítica de los procesos convencionales de planificación y diseño del espacio habitado. Podemos señalar entre estos trabajos los manuales The Green Studio Handbook (Kwok y Grondzik 2007) y Agua y espacio habitado. Ángela Lara García 52 Sustainable Infrastructure: the guide to green engineering and design (Sarte 2010). En la tabla 1 podemos ver una comparativa de las diferentes fases del proceso de intervención urbana que cada una de estas propuestas plantean. Como podemos observar, existen grandes paralelismos en las etapas en las que estos autores estructuran el proceso de intervención urbana. El análisis comparado de estas propuestas, nos permite identificar seis fases en los procesos de intervención urbana integral, que podríamos resumir en: — Fase 1. Fase previa de identificación de la necesidad de actuación y conformación del equipo de trabajo. — Fase 2. Identificación de los factores determinantes. Realización de un diagnóstico y definición de los objetivos y criterios de actuación. Estos criterios de actuación podrán traducirse en indicadores para la valoración de las soluciones adoptadas. — Fase 3. Identificación de las soluciones posibles y diseños conceptuales. Testado de estas soluciones a través de modelos. Evaluación en base a indicadores. — Fase 4. Desarrollo de las actuaciones y proyectos. Definición de soluciones tecnológicas y constructivas. — Fase 5. Proceso de ejecución y construcción. — Fase 6. Uso, mantenimiento y monitorización. Evaluación y adaptación de las soluciones adoptadas. Tabla 1. Comparativa de los procesos de planificación propuestos. Proyecto Ecocity Identificación de la necesidad de actuación. Identificación de objetivos y criterios de actuación. Ordenación urbana. Desarrollo de planes y proyectos. Ejecución y construcción. Uso y mantenimiento. Obsolescencia. Evaluación y verificación. Operación y Mantenimiento. Construcción. Construcción y puesta en marcha. Desarrollo del diseño. Soluciones tecnológicas. Desarrollo del diseño. Documentación constructiva. Diseño conceptual. Testado del modelo. Diseño conceptual. Desarrollo de indicadores. Definición de objetivos. Recopilación de información. Identificación de factores determinantes. Visión y objetivos. 1 2 3 4 5 6 Conformación del equipo. Conformación del equipo. Green Studio Handbook Sustainable Infraestructures Fuente: Elaboración propia a partir de Gaffron et al. (2008), Kwok y Grondzik (2007) y Sarte (2010). 53 Debates y experiencias en torno al agua en el espacio habitado En cualquier caso, como hemos señalado anteriormente, es la participación de los diferentes agentes sociales involucrados en el proceso lo que permite que los profesionales del diseño urbano realicen un diagnóstico adecuado, identifiquen los factores significativos y la raíz de los problemas existentes, lo que posibilita que las soluciones aportadas se adapten a las necesidades y aspiraciones de la comunidad, resolviendo los problemas existentes (Dias et al. 2014). Dedicaremos un apartado específico dentro de este capítulo a la integración de la participación en estos procesos. 2.1.3. El agua en el enfoque integrado del planeamiento En la actualidad se están realizando importantes reflexiones en el campo de la ingeniería sobre el necesario cambio de paradigma en relación al papel de las infraestructuras urbanas en la consecución del equilibrio urbano sostenible. De esta manera, Pandit et al. (2015) plantean que en el paradigma actual del desarrollo de las infraestructuras urbanas existe un enfoque fragmentado y carente de visión sistémica. Frente a ello, estos autores establecen una analogía entre los sistemas de infraestructuras y los sistemas ecológicos en base a su complejidad, interconexiones y capacidad para intercambiar materiales, información y energía entre ellos y con el medio. De este modo, proponen adoptar un enfoque de la ecología de las infraestructuras que permita comprender mejor sus dinámicas e interacciones, haciendo de ellas sistemas más eficientes y resilientes. Estos autores identifican seis componentes en los sistemas urbanos de infraestructuras: socioeconómico, agua, energía, trasporte, suelo y medio natural. Como hemos señalado, el Proyecto Ecocity identifica también cinco elementos muy similares a través de los cuales analizar y evaluar la realidad urbana: el contexto, la estructura urbana, el transporte, los flujos de energía y materiales –en los que incluye el agua– y los aspectos socioeconómicos. De manera similar, S. Sarte (2010), define cinco pilares sobre los que sustentar las estrategias de intervención urbana que permitirán generar un impacto positivo sobre el entorno: agua, energía, materiales, ecología y comunidad. Para este autor, dependiendo del nivel de compromiso adquirido, las estrategias permitirán alcanzar un mayor grado de equilibrio con el medio, tal y como se refleja en la figura 2. Agua y espacio habitado. Ángela Lara García 54 Como podemos observar, en todas estas propuestas se definen de manera muy similar los elementos sobre los que sustentar este análisis, que no son otros que aquellos sobre los que se basan los análisis realizados también desde la perspectiva de la ecología urbana, que comprendiendo la ciudad como un ecosistema, aplica el concepto de metabolismo al ámbito urbano buscando simular la eficiencia de los ciclos de la naturaleza en la planificación urbana integral (Broto et al. 2012 en Tollin 2015). Resulta de interés identificar dentro de estos sistemas, aquellos aspectos que, desde la perspectiva del planeamiento urbano integral, se proponen para una adecuada gestión del CUA. En general, se parte de la necesidad de realizar un adecuado análisis del contexto local en relación con la gestión de los recursos hídricos –condiciones climáticas, disponibilidad de agua, caracterización de la demanda, etc. –, entendiendo que la sostenibilidad y eficacia de las soluciones aportadas dependerá en gran medida del conocimiento y la información que tengamos sobre el ámbito de actuación (Gaffron et al. 2008). Los diferentes autores analizados coinciden en definir tres estrategias fundamentales para alcanzar un mayor grado de sostenibilidad en la gestión del agua en el espacio habitado (Gaffron et al. 2008, Kwok y Grondzik 2007 y Sarte 2010): — Minimizar la demanda de agua potable, mediante la mejora de la eficiencia –con dispositivos de ahorro o xerojardinería– y la utilización de recursos alternativos para usos que requieran menor calidad (fit for purpose), como las aguas pluviales o las aguas grises recicladas. Figura 2. Cinco pilares para la intervención urbana. Fuente: Adaptado de S. Sarte (2010). Equilibrio hídrico Reutilización del agua Reciclaje de aguas Eficiencia hídrica Captura/Sin emisiones Generación con renovables Alta eficiencia Sistemas pasivos De la cuna a la cuna Materiales locales Reutilización y materiales cercanos Reciclaje Restauración del entorno Regeneración sistemas naturales Conservación y Protección Mitigación del Impacto Integración comunitaria Mejoras en la capital Educación y empleo Sin impacto a la comunidad AGUA IMPACTO POSITIVO ENERGÍA MATERIALES ECOLOGÍA COMUNIDAD 55 Debates y experiencias en torno al agua en el espacio habitado —Evitar la contaminación de las masas de agua, reduciendo el caudal de evacuación y tratando adecuadamente las aguas contaminadas antes de ser vertidas. — Minimizar las alteraciones –incluso restaurando los flujos– del ciclo natural del agua, manteniendo los cauces, flujos de infiltración y escorrentía originales a través de la aplicación de sistemas urbanos de drenaje sostenible (SUDS). En función de la escala de trabajo y del grado de compromiso alcanzado en la intervención, estas estrategias se plantearán objetivos más o menos ambiciosos y aplicarán tecnologías diferentes. Según Sarte (2010), el nivel más básico pasa por la eficiencia hídrica, el siguiente paso sería la recuperación de los flujos de agua, el tercer nivel estaría basado en la reutilización, y como objetivo final y más ambicioso, se encontraría el equilibrio hídrico, definido como la conservación de las condiciones del ciclo del agua lo más similares a las existentes antes del proceso de urbanización, satisfaciendo a su vez las necesidades sociales generadas. Sobre estas cuestiones profundizaremos ampliamente en el apartado siguiente. 2.2. Participación para la gestión del agua urbana 2.2.1. La participación en los procesos de intervención urbana Participar implica tomar parte, ser protagonistas de lo que nos sucede. Es también intervenir para responder a nuestras necesidades y deman - das, que existan las posibilidades reales para la toma de decisiones sobre los temas que nos afectan, y los mecanismos suficientes para que las personas relacionadas con una situación o problema tengan voz propia en su resolución. Desde la proclamación de la Agenda Local 21 en 1992, la idea de involucrar a todos los actores en los procesos urbanos se ha convertido en un principio formalmente incuestionable en las últimas décadas. La Agenda Local 21 propone la creación de un plan que promueva la colaboración de las autoridades locales con sus ciudadanos para dirigir el desarrollo local hacia una mayor sustentabilidad (Rieznik y Hernández Aja 2005). No obstante, dado que el tránsito hacia la sostenibilidad real requiere de cambios de envergadura que afectan a nuestros estilos de vida y a los modelos de organización económica, bajo los que subyacen fuertes conflictos de intereses, estos sólo podrán ser acometidos si existe un amplio consenso social y un esfuerzo compartido. La participación se ha revelado como una vía esencial para construir consensos y aunar esfuerzos, propiciando que los deseos y Agua y espacio habitado. Ángela Lara García 56 necesidades de un número más amplio de personas sean tenidos en cuenta. De esta forma, la participación puede tener un efecto integrador de intereses en los procedimientos de toma de decisiones (Heras 2002). En los procesos de participación urbana, la participación efectiva de los diferentes agentes sociales implicados supone una aproximación al planteamiento y ejecución de propuestas técnicas que respondan a la realidad, necesidades y posibilidades de estos agentes sociales. Por ello, a la hora de plantear intervenciones integrales en barriadas, se hace imprescindible el encuentro de, al menos, dos tipos de conocimientos: por un lado el técnico que aporta información especializada desde los campos técnicoconstructivos, espacial, normativo, económico, de dinamización social y del funcionamiento de los ecosistemas, y por otro, la ciudadanía que aporta información en la definición de necesidades, expectativas y posibilidades (Parés y Ballester 2015). Principios de la participación ciudadana A partir de los principios de la ciencia postnormal definidos por Funtowicz y Ravetz (2000) –que en cierta medida también se corresponden con los de la teoría de la sociedad del riesgo de Beck– los sistemas socio-ambien- tales son definidos como sistemas complejos, es decir, sistemas que por su propia naturaleza, implican profundas incertidumbres y una pluralidad de perspectivas legítimas e intereses en juego que deberán ser considerados. Además, los sistemas socio-ambientales incluyen subsistemas humanos e institucionales caracterizados por su carácter reflexivo, por lo que adquieren una intencionalidad propia (Del Moral y Pedregal 2002; Paneque 2003, Kallis et al. 2006). En el ámbito de las políticas públicas, esta concepción de sistemas complejos ha motivado un replanteamiento general de los enfoques tecnocráticos de la gestión, evolucionando desde un modelo de toma de decisiones jerárquico y centralizado donde la sociedad es destinataria de las decisiones, hacia una toma de decisiones participada, con una nueva cultura de la gestión que incorpore procesos de aprendizaje institucional (Del Moral 2014). En este sentido, cada vez está más asumido entre los especialistas en procesos de decisión, que en los temas ambientales complejos, que carecen de soluciones óptimas y requieren del apoyo de todos los actores implicados, es fundamental llevar a cabo procesos de toma de decisiones de calidad para obtener resultados efectivos (Paneque 2003). 63 Debates y experiencias en torno al agua en el espacio habitado En respuesta a estas limitaciones, el nuevo modelo de gestión eco-integra- dora y participativa del CUA ofrece una nueva perspectiva y exige una reevaluación de los enfoques actuales y –cuando sea necesario– la aplicación de cambios fundamentales, avanzando así en una nueva dirección contrapuesta a la idea de resolver los problemas a través de costosas inversiones, destinadas a la expansión de la infraestructura existente, y de las tecnologías de final de procesos. Principales rasgos de la gestión eco-integradora y participativa del ciclo urbano del agua Frente al modelo tradicional, la gestión eco-integradora y participativa del ciclo urbano del agua (CUA) trata de reformular la relación de la ciudad con el agua y con otros recursos –suelo, energía– y redefine las maneras en las que estas relaciones se pueden enfocar. La gestión eco-integradora del CUA no incluye solamente el suministro de agua potable, su distribución domiciliaria y su correcta evacuación –lo que ya es mucho– sino que contempla e integra todo el fenómeno agua en el espacio urbano, incluyendo las aguas de lluvia, la red hidrográfica sobre la que se asienta la ciudad, las escorrentías, las aguas regeneradas y los procesos de recirculación. Figura 3. Flujos metabólicos en la planificación. Fuente: Adaptado del Proyecto Ecocity (2002-2005). (Gaffron et al. 2008. Libro II, p. 27). El nuevo enfoque propuesto se caracteriza por potenciar los siguientes rasgos: —Contextualización de manera más clara y profunda del ciclo urbano en el marco de los ecosistemas acuáticos de los que depende para la obtención de recursos y para el vertido de efluentes. — Consolidación del principio, ya actualmente bien establecido, de gestión conjunta de las fases de abastecimiento –captación, Agua y espacio habitado. Ángela Lara García 64 potabilización y distribución– y saneamiento –alcantarillado, depuración, vertido–, a lo que se añade mayor atención a la integración de las aguas pluviales, los procesos de escorrentía, la red de drenaje, los espacios públicos, la vegetación, la infiltración y las aguas subterráneas. — Consideración de todos los componentes del CUA como partes de un sistema, y énfasis en que todas las administraciones e instituciones interesadas deben involucrarse en garantizar que esa integración se consiga. —Sustitución, como resultado de esta integración reforzada, de los diseños lineales de entrada y salida del sistema por funcionamientos circulares, de reutilización y recirculación, que reducen entradas y salidas a este mismo sistema. — Preferencia por las tecnologías innovadoras y flexibles, seleccionadas en base a una evaluación integral del ciclo del agua y a la sostenibilidad a largo plazo del sistema en conjunto. — Potenciación de la integración de los ciclos del agua y la energía –captación de energías renovables, reducción de consumos energéticos, captación de CO 2 –. —Integración en la gestión del CUA de criterios de eficiencia y responsabilidad de costes, combinados con valores de solidaridad y equidad. — Puesta en práctica de nuevas formas de participación pública que garanticen transparencia y participación ciudadana efectiva y proactiva, tal y como establece la Directiva 2003/35/, de 26 de mayo de 2003, transpuesta a la normativa española por la Ley 27/2006, de 18 de julio, reguladora de los “derechos de acceso a la información, de participación pública y de acceso a la justicia en materia de medio ambiente”. —Adaptación del conjunto de las estrategias anteriores a las condiciones del contexto físico y social del área de trabajo. 2.3.2. La planificación estratégica y participada para la gestión integral del agua urbana (GIAU) Como decíamos previamente, en los últimos años se han desarrollado un buen número de programas y proyectos de investigación con el objetivo de buscar nuevos planteamientos y herramientas para la mejora de la gestión del agua en entornos urbanos. En este apartado analizaremos de manera especial las aportaciones realizadas por uno de ellos, el Proyecto SWICTH: Gestión integral del agua urbana para la ciudad del futuro 10 , por destacar como un 10. Proyecto SWITCH: Gestión integral del agua urbana para la ciudad del futuro (2006-2011). Coordinador: Peter van der Steen (UNESCO-IHE). El Proyecto fue cofinanciado por la 65 Debates y experiencias en torno al agua en el espacio habitado importante referente a escala internacional, tanto por congregar a un gran número de equipos de investigación que son líderes en la materia, como por la envergadura y profundidad de las investigaciones realizadas, que englobaban 12 casos de estudio en todo el mundo, y por la gran cantidad e interés de documentos publicados. Este proyecto tuvo como precedente el Proyec- to WAND 11 y fue en gran medida continuado a través del Proyecto TRUST 12 . La concepción que el Proyecto SWICTH tiene de la GIAU se define como: “El proceso de planeación estratégica para la GIAU es un proceso de planificación con una estrategia a largo plazo en su núcleo […] El proceso consiste en el desarrollo e implementación de una estrategia flexible que considera de manera integral todas las áreas del ciclo del agua urbana, así como otros sectores de la gestión urbana. El proceso facilita la optimización del sistema de agua urbana y la selección de soluciones que tienen más probabilidades de tener éxito en los diferentes escenarios de un futuro cada vez más incierto […] El proceso se muestra como una secuencia lógica de pasos, aunque en realidad hay una gran cantidad de reiteración y revisión de las diferentes fases. El orden de las diferentes tareas también puede variar. Sin embargo, lo que es consistente en el proceso de planeación estratégica es la necesidad de la revisión continua de los resultados frente a un conjunto de indicadores diseñados para medir el progreso. La capacidad de reacción ante circunstancias inesperadas es la clave de su éxito.” (Vam Begin et al. 2011: 1, p. 23) El proyecto plantea además la necesidad de involucrar a todos los actores que, de un modo u otro, se vean afectados por la problemática del agua urbana, de manera que todas las preocupaciones, intereses, experiencias y recursos puedan converger en buscar la mejor solución. El proceso de planificación propuesto por el Proyecto SWICTH consta de cinco fases. De manera previa al inicio del proceso, el proyecto plantea la construcción del equipo de trabajo, partiendo de los actores interesados y de la coordinación con las administraciones competentes. Se parte además de la existencia de un equipo multidisciplinar e incluye metodologías para la participación de los actores involucrados, la valoración de alternativas a través de indicadores, la construcción de escenarios y la adaptación continua de la planificación mediante la monitorización y evaluación de resultados. Dirección General de Investigación de la Comisión Europea dentro del Sexto Programa Marco <www.switchurbanwater.eu>. 11. Proyecto WAND: Gestión del ciclo del agua en nuevos desarrollos (2003-2005). Coordinado por el Centre for Water Systems, de la Universidad de Exeter (UK). 12. Proyecto TRUST: TRansitions to the Urban Water Services of Tomorrow (Transición hacia los servicios urbanos de agua del futuro) (2012-2015). El Proyecto fue financiado por la Comisión Europea a través del Séptimo Programa Marco <www.trust-i.net>. Agua y espacio habitado. Ángela Lara García 66 Como comentábamos previamente, la modificación de las inercias existentes para permitir la incorporación de estos cambios en los sistemas de gestión de agua urbana, requiere de procesos de transición hacia los nuevos sistemas a través del aprendizaje y la experimentación. En este sentido, el Proyecto TRUST ha desarrollado en los últimos años una importante base de conocimiento a través de la investigación en la gobernanza, la tecnología, la modelización, las herramientas de toma de decisiones y los nuevos enfoques para integrar la evaluación de la gestión del agua, la energía y las infraestructuras, y conseguir así la transición hacia nuevos modelos sostenibles de gestión del agua urbana. 2.3.3. Estrategias de diseño urbano sensible al agua Alcanzar niveles óptimos de sostenibilidad en la gestión del agua en nuestros espacios habitados, como ya hemos comentado, pasa principalmente por evitar los impactos y la contaminación sobre los ecosistemas acuáticos y por minimizar la demanda de agua potable, las alteraciones del ciclo natural del agua y los consumo energéticos asociados. De esta manera, desde el enfoque eco-integrador se busca rescatar y preservar los procesos propios del ciclo natural del agua para ser reproducidos, en la medida de lo posible, en el ciclo urbano, manteniendo los niveles de calidad del servicio con los menores impactos sobre el medio. Figura 4. Proceso de planificación estratégica para la GIAU. Fuente: Adaptado de Vam Begin et al. 2011. 67 Debates y experiencias en torno al agua en el espacio habitado Para alcanzar estos propósitos, es necesario implementar una serie de estrategias, las cuales a su vez implican un conjunto de tecnologías asociadas que, seleccionadas en base al diagnóstico y las características de cada contexto, nos permitan acercarnos a los objetivos concretos definidos para cada caso. Algunas de estas estrategias y tecnologías son: —Ahorro de agua: dispositivos ahorradores, xerojardinería, baños secos. — Adaptación de la calidad del agua a la demanda –en inglés fit for purpose– incorporando recursos alternativos para satisfacer usos poco exigentes: reciclaje de aguas grises, captación de pluviales, aguas subterráneas. — Incorporación de energías renovables para cubrir las necesidades energéticas del CUA (tratamientos y bombeos), y para la generación de agua caliente sanitaria (ACS). — Sistemas urbanos de drenaje sostenibles (SUDS): cubiertas vegetadas, superficies permeables, jardines de infiltración, estanques de retención, etc. — Sistemas extensivos de tratamiento y depuración de aguas residuales. A continuación describiremos algunas de estas estrategias en relación a cada una de las fases del CUA (abastecimiento, drenaje y saneamiento urbano), siempre bajo la premisa de que todas ellas forman parte de un sistema integrado en el que todos los elementos se hayan interconectados. Una definición más amplia de cada una de estas estrategias se puede encontrar en el apartado 3.4 del siguiente capítulo y en la Guía para la incorporación de la gestión sostenible del agua en áreas urbanas. Aplicación a la rehabilitación de barriadas en Andalucía (AQUA-RIBA 2015). Abastecimiento urbano La mejora de la eficiencia en la gestión del agua con el objetivo de dis - minuir la demanda en el ámbito urbano, ha sido sin duda una de las primeras y más efectivas políticas públicas llevadas a cabo en la gestión del agua urbana, muy especialmente en el Estado español. De hecho, cabe señalar que en nuestro entorno existe desde hace años una tendencia decreciente del consumo de agua en términos unitarios (litros/ persona y día) y absolutos (hm 3 /año), sin menoscabo de la calidad de vida de la ciudadanía, teniendo en cuenta además que la población se ha incrementado. Agua y espacio habitado. Ángela Lara García 68 A pesar de los avances conseguidos hasta la fecha mediante la concienciación social y otras medidas técnicas, económicas y sociales, es posible seguir realizando mejoras en el sector. Para ello, es necesario: — Completar la incorporación de dispositivos y electrodomésticos hidroeficientes en la totalidad de los edificios para seguir reduciendo la demanda de agua por parte de éstos. —Utilizar recursos alternativos a las fuentes hídricas tradicionales, que reduzcan la presión sobre los ecosistemas naturales. Para ello, se propone la optimización del consumo de agua potable potenciando la adecuación de calidades a los usos (fit for purpose), y mediante la reutilización y/o reciclaje de las aguas aprovechando flujos antes desperdiciados (aguas pluviales, las aguas grises, etc.). — Aumentar el control y el mantenimiento de las redes para la reducción de la demanda debida a pérdidas. — Mejorar la eficiencia de los usos exteriores, a través de sistema de jardinería hidroeficientes. — Potenciar soluciones en el ámbito energético en aspectos relacionados con el abastecimiento de agua, como la implementación de energías renovables para agua caliente sanitaria. La tradición existente en este sentido, hace que sea abundante la bibliografía científica y los manuales que desde distintos ámbitos se han publicado (universidades, instituciones, empresas de gestión, organizaciones de profesionales, etc.). En relación a la mejora de la eficiencia en el uso de agua en ámbitos urbanos, cabe señalar los trabajos realizados desde el Instituto Tecnológico del Agua (ITA) de la Universidad Politécnica de Valencia, a través de la línea de “Uso eficiente del Agua” en el suministro urbano, cuyo responsable es el profesor Ricardo Cobacho (Cobacho et al. 2004 y 2012), así como por el equipo de los profesores Jaime Navarro y Juan José Sendra en la ETSA de Sevilla (Navarro et al. 2009). El Ayuntamiento de Zaragoza se ha convertido también en un referente en este sentido gracias a iniciativas como “Zaragoza ciudad ahorradora de agua” o la “Ordenanza municipal para la ecoeficiencia y la calidad en la gestión integral del agua. En Madrid, el área de I+D+i del Canal de Isabel II, bajo la dirección de Francisco Cubillo, también ha realizado un importante número de investigaciones y publicaciones. Otras organizaciones y organismos que han realizado trabajos y publicaciones de interés en relación a esta cuestión son la Fundación Ecología y Desarrollo (ECODES 2000 y 2002), el Instituto Valenciano de la Edificación, 69 Debates y experiencias en torno al agua en el espacio habitado o la Asociación Española de Empresas de Tratamiento y Control de Aguas (AQUAESPAÑA), que ha publicados dos guías técnicas para la gestión de recursos alternativos –aguas pluviales y aguas grises–. En relación a la utilización de recursos alternativos para usos domésticos, existen interesantes referentes a nivel internacional. Encontramos publicaciones en relación a estas cuestiones en instituciones como la OMS (2006), la FBR alemana (Asociación alemana para la captación de aguas pluviales y la reutilización del agua), o la San Francisco Public Utilities Commmision (Broome et al. 2012). También existen interesantes organizaciones de la sociedad civil, como la “Grey Water in Action for Sustainable Water Culture” (<greywateraction.org>). Encontramos a su vez información en relación a las tecnologías para una más eficiente gestión del abastecimiento urbano, en los proyectos de investigación ya mencionados previamente, como el SWITCH (Vam Begin, et al. 2011: Módulo 3), el WAND (Butler et al. 2010: 38-45) o la Guía AQUA-RIBA (AQUA-RIBA 2015: 68-99), y en autores ya referenciados en apartados anteriores (Sassi, P. 2006, 253-285; Kwok et al. 2007 229-249; Novotny et al. 2010: 228-311). En relación con el binomio agua-energía, en aquellos aspectos relativos al abastecimiento de agua urbana –principalmente ACS y sistemas de presión–, existe también un gran número de publicaciones y manuales. Algunos de los trabajos de interés son los realizados en España también desde el ITA de Valencia por Enrique Cabrera (2011), o por la Fundación de la Energía de la Comunidad de Madrid, que en su Guía sobre Hidroeficiencia energética (Fenercom 2012) reúne artículos de los principales investigadores en la materia del Estado. Drenaje urbano La impermeabilización creciente de las superficies urbanas ha generado una modificación de la capacidad natural del suelo para retener e infiltrar las aguas, y como consecuencia, un aumento importante de las aguas de escorrentía, que aumenta el número y gravedad de las inundaciones y sobrecarga las redes unitarias, convirtiéndolas en fuente de contaminación difusa. Agua y espacio habitado. Ángela Lara García 70 Imagen 1. Encauzamiento del Arroyo Sequillo. Fuente: Asociación por la Defensa del Territorio del Aljarafe, 2011. La necesidad de afrontar este reto desde una perspectiva diferente a la tradicional, que combine aspectos hidrológicos, medioambientales y sociales, está favoreciendo un rápido aumento a nivel mundial del uso de Sistemas Urbanos de Drenaje Sostenible (SUDS). La filosofía de los SUDS consiste en reproducir, en la medida de lo posible, el ciclo hidrológico natural previo al proceso urbanizador, tratando con ello de disminuir la cantidad y mejorar la calidad de la escorrentía, maximizando la integración paisajística y el valor social y ambiental de las intervenciones realizadas. Su integración en el planeamiento de las ciudades está dando lugar a nuevos enfoques en el diseño urbano, que se conocen bajo la denominación de desarrollos urbanos de bajo impacto –del inglés LID, low impact development–, siendo en gran medida este nuevo modo de entender las intervenciones en el espacio urbano las que dan origen a la denominación más genérica de diseño urbano sensible al agua. A causa de los procesos de urbanización creciente y de la mayor incertidumbre que incorpora el cambio climático, el control de la cantidad y la calidad de la escorrentía urbana es una de las principales preocupaciones de muchos gobiernos locales y regionales, tanto a nivel internacional como nacional. En los países anglosajones –Reino Unido, EEUU y Australia– existe ya una trayectoria importante de trabajo con SUDS, convirtiéndolos en 71 Debates y experiencias en torno al agua en el espacio habitado referentes en la implantación de estos sistemas. Ejemplo de ello son el Plan de infraestructuras Verdes para la ciudad de Nueva York (NYC Environmental Protection 2010); el plan Ciudad Verde, Agua Limpia en Filadelfia; o el Plan de Acción por el Drenaje Sostenible de Londres (Greater London Authority 2015). No obstante, en la actualidad este tipo de planes se están extendiendo por Europa, existiendop ya interesantes ejemplos en ciudades como París o Lisboa. Muchas de estas iniciativas han sido completadas con la realización de manuales y guías de diseño, así como con la puesta a disposición de instrumentos de ayuda para el diseño urbano sensible al agua a través de plataformas y publicaciones. Entre ellas destacan la UK SuDS Tools Website (<uksuds.com>); Southern California LID Manual (LIDC 2010), Stormwater Design Guide Lines (San Francisco Public Utilities Commision 2009) o las publicaciones realizadas por la asociación inglesa CIRIA (Woods-Ballard et al. 2015). También encontramos referencias a estos sistemas en la bibliografía referenciada en apartados anteriores (Kwok et al. 2007 243-267; Novotny et al. 2010: 177-228). Encontramos herramientas específicas en relación a esta cuestión en los proyectos de referencia ya mencionados como el SWITCH (Vam Begin, et al. 2011: Módulo 4), WAND (Butler et al. 2010 45-52) y AQUA-RIBA (pp.99-112). Imagen 2. Cubierta verde en Benaguasil (Proyecto E2Stormed). Fuente: Ignacio Andrés Doménech. Agua y espacio habitado. Ángela Lara García 72 Además, en el Estado español destacan los trabajos sobre la materia y proyectos piloto realizados en Valencia a través de la colaboración del Institu- to Universitario de Investigación de Ingeniería del Agua y Medio Ambiente de la Universidad Politécnica de Valencia, el Ayuntamiento de Benaguasil y otros socios – Proyectos Aquaval y E2Stormed – así como los emplazamientos experimentales realizados desde el SUDSlab del Grupo de Investigación de Tecnología de la Construcción (GITECO) de la Universidad de Cantabria, por la Universidad de Granada a través del proyecto “Gestión Sostenible de Aguas Pluviales en Zonas Urbanas”, así como los realizados por el Grupo de Ingeniería del Agua y del Medio Ambiente (GEAMA) de la Universidad de La Coruña, autores junto al CEDEX de la guía “Gestión de aguas pluviales. Implicación en el diseño de los sistemas de saneamiento y drenaje urbano” (2009). Saneamiento urbano Si bien en general la depuración de aguas residuales en grandes ciudades tiende a realizarse con sistemas centralizados y tratamientos convencionales o intensivos, cuando nos referimos a pequeñas aglomeraciones urbanas, o a la reutilización de aguas regeneradas, en especial las aguas grises –procedentes de lavabos, bañeras y duchas–, las tecnologías no convencionales o extensivas de tratamiento de aguas representan una buena herramienta tecnológica con la que abordar una gestión descentralizada. Se trata de soluciones con una gran versatilidad, adaptabilidad y capacidad de integración en el entorno natural, además de unos costes de implantación y explotación por debajo de los estimados en los tratamientos convencionales o intensivos. La diferencia de funcionamiento entre un sistema de depuración intensivo y uno extensivo radica en la velocidad de procesos de depuración, ya que en los sistemas extensivos se trabaja a la velocidad natural propia de los procesos, sin apenas gasto energético ni reactivos. En Europa, los sistemas extensivos han tenido cierto desarrollo para su implantación en pequeñas y medianas poblaciones, especialmente a partir de la Directiva Marco 91/271 sobre el tratamiento de aguas residuales urbanas, siendo Francia uno de los países donde estas tecnologías más desarrollo han encontrado (CE 2001). El Proyecto SWITCH recoge también una buena muestra de estas tecnologías (Vam Begin, et al. 2011: Módulo 5). En nuestro territorio, se han realizado desde hace décadas estudios y proyectos para la implantación de estas tecnologías, si bien aún su uso no se ha extendido en toda su potencialidad . El CEDEX (Centro de Estudios y Experimentación en Obras Públicas), perteneciente al Ministerio de Fomento, 79 Debates y experiencias en torno al agua en el espacio habitado inclusivo, mediante la implicación en el proceso de transformación urbana de las personas que lo habitan. Para el desarrollo del proceso, la asociación de vecinos planteó la necesidad de un proyecto integral de renovación urbana que abordase al tiempo los problemas constructivos, urbanísticos y sociales de un barrio en situación de claro declive. Tras identificar los déficits y las potencialidades del barrio, las entidades ciudadanas se convirtieron en interlocutoras de las administraciones en los diferentes procesos de negociaciones, en las que se acordaron un marco económico y unos objetivos consensuados. Para reunir todas las ideas y propuestas que surgieran desde el barrio, se constituyeron una serie de espacios de trabajo como el Comité Técnico de Trabajadores Públicos en el barrio, el Grupo Vecinal de Urbanismo y Remodelación y una Comisión Socio-Educativa. Así mismo se articuló un equipo de trabajo profesional de apoyo formado por la Universidad Autónoma de Barcelona (en las áreas de pedagogía, sociología y antropología) y profesionales independientes (Gea21, Ecoinstitut, Aiguasol, etc.). Como principales resultados obtenidos, los 8.000 vecinos y vecinas se benefician de las mejoras de urbanización, rehabilitación de los bloques residenciales, calidad del espacio público y transporte público. Se han rehabilitado 206 viviendas para instalar ascensor y se han incorporado 431 viviendas a las obligaciones constructivas de ecoeficiencia. El barrio está totalmente transformado y han disminuido los índices de envejecimiento, conflictividad social y abandono que lo caracterizaban. Como resultado del proceso de participación, destaca la propuesta de convertir Trinitat Nova en el Barrio del Agua. El agua se convierte así en un elemento de identidad del barrio gracias a la rehabilitación de una antigua estación de bombeo en la “Casa del Agua” –equipamiento de referencia que funcionará como centro de interpretación del agua y de educación ambiental y que se ha convertido en símbolo de la transformación de Trinitat Nova– y a la visibilización del ciclo del agua, que permite crear una nueva relación más consciente y responsable del agua como elemento natural. En el conjunto de medidas propuestas para una utilización sostenible del recurso agua en el barrio de Trinitat Nova encontramos: — Consumo racional de agua, mediante el control de pérdidas de agua potable y la implantación de instalaciones de agua según criterios de ahorro de agua y de energía, así como la implantación de aparatos sanitarios ahorradores de agua. Agua y espacio habitado. Ángela Lara García 80 — Reciclaje de las aguas grises mediante un sistema de doble tube - ría tanto para su recogida como para el suministro. Para conseguir un buen rendimiento, se propone un sistema semicentralizado con una planta depuradora cada dos bloques de viviendas. — Depuración natural de aguas grises dentro del conjunto de la Casa del Agua, entendido como el modelo idóneo desde el punto de vista didáctico, para demostrar el ciclo natural del agua y la capacidad de auto-depuración de la naturaleza. — Cubiertas verdes. Construidas con el fin de filtrar y retener la lluvia, disminuyendo el volumen de escorrentía, atenuando el caudal pico y mejorando en general la calidad del agua de lluvia. — Pavimentos permeables que reduzcan el volumen anual de escorrentía, diseñándose zonas de aparcamientos para vehículos con un pavimento empedrado mosaico consistente en un 50 % de losas muy resistentes y un 50 % de tierra vegetal, mediante el cual se ha conseguido una permeabilidad de casi el 100 %. — Se busca obtener espacios verdes de alta calidad urbana y a la vez de bajo mantenimiento y consumo de agua siguiendo los principios de xerojardinería. El proyecto ha sido merecedor del premio de Buenas Prácticas del Concurso de Naciones Unidas en su convocatoria de 2008. BedZED - Beddington Zero Energy Development (Londres, Reino Unido)16 Beddington Zero Energy Development (BedZED) es un conjunto residencial de Energía Cero ubicado en Hackbridge (Londres), con espacios destinados a actividades económicas y servicios comunitarios que conforman un entorno ecológico y de alta eficiencia energética. El proyecto responde a la necesidad de nuevas viviendas sociales y ha reconvertido 1,6 hectáreas de terrenos baldíos de una antigua depuradora abandonada en un ejemplo atractivo y asequible de vivienda sostenible. La ecoeficiencia de BedZED supone que todo el barrio sea casi autosuficiente en términos de energía eléctrica y de consumo de agua. La integración de una instalación de recogida de las aguas pluviales junto a un sistema de tratamiento de las aguas residuales in situ, del tipo “living 16. Referencias: Energy Cities (2005): “A collection of case studies demonstrating exemplar ‘sustainable community’ projects across Europe” y Leyva, D., (2013): Londres, BedZED: en busca del balance perfecto con el medio ambiente, Revista digital Vector de la Ingeniería Civil. Especial Vivienda, México. 81 Debates y experiencias en torno al agua en el espacio habitado machine” 17 , ha permitido una notable reducción de la demanda de agua potable. El objetivo principal ha sido crear un área residencial que persiga el principio Zero Energy Development, es decir, el consumo cero de energías fósiles (carbón, gas y petróleo) a través del empleo de estrategias solares pasivas, 777 m 2 de paneles solares fotovoltaicos instalados en las azoteas de las viviendas, una caldera especial de biomasa, el empleo de materiales de kilómetro cero y reciclados, y un uso responsable del agua. Para llegar a reducir el 50 % el consumo de agua con relación a la media nacional (150 l/hab/d), en BedZED se han dado soluciones como: —Instalación de dispositivos ahorradores de agua en los hogares, con electrodomésticos eficientes (lavadoras, lavavajillas), cisternas de bajo consumo y reductores de caudal en duchas. 17. EL término “living machine” se refiere a un tipo de tecnología de fitodepuración para el tratamiento de aguas residuales que imitan los procesos naturales de depuración que se producen en ríos y lagunas pero en un medio artificial (por ejemplo, un conjunto de depósitos dispuesto en serie). Imagen 5. Edificios de viviendas de BedZED (Londres). Fuente: Tom Chance (Bajo licencia Creative Commons). Agua y espacio habitado. Ángela Lara García 82 — Planta de tratamientos de agua residuales “living machine”, consistente en una planta de lodos activados con aireación prolongada que tratan el agua biológicamente. — Está previsto que el 18 % del consumo diario de Bedzed provenga de la utilización del agua de lluvia (recogida de los tejados, calles y aceras), reciclada en la planta de tratamientos y utilizada para el inodoro y riego del jardín. — La incorporación de gravas en el revestimiento de la superficie de los aparcamientos, con el fin de minimizar la escorrentía. —La distribución a todos los residentes de una guía que contiene consejos para reducir el consumo de agua en los hogares y anima a la población a adoptar buenos hábitos de selección de los residuos. El proyecto recibió en 2002 el Premio Internacional Energy Globe Award que reconoce BedZED como el ejemplo más importante de la energía sostenible en la construcción y la vivienda. Fue finalista de los Premios Stirling en 2003, los premios a los diseños arquitectónicos más importantes del Reino Unido. Ecociudad de Sarriguren (Navarra)18 La Ecociudad de Sarriguren se plantea como respuesta a la escasez de vivienda y su elevado precio a través de una intervención pública, siguiendo criterios de arquitectura y urbanismo bioclimáticos. El proyecto está basado en los principios de sostenibilidad urbana, planteando el medio natural como soporte del modelo urbano, la preservación de la estructura de núcleos rurales de la comarca, la diversidad de tipologías arquitectónicas y la gestión responsable de los recursos y residuos urbanos, incluyendo la gestión del ciclo completo del agua. Asimismo, en su diseño urbanístico se tiene en cuenta el transporte urbano y la integración de las áreas de empleo y residencia. Uno de los elementos esenciales que contribuyen a la calidad ambiental de la Ecociudad de Sarriguren es el “sistema verde y azul”. Se trata de un conjunto de elementos interrelacionados que generan un entorno urbano en sintonía con la naturaleza del entorno, integrando el corredor verde del río Arga y otros cursos fluviales, así como las propuestas de lago, de sistema de parques y jardines, y la denominada “malla blanda”, una auténtica red 18. Referencias: Navarra de Suelo y Vivienda S.A., (2009): “Sarriguren Ecociudad Ecocity”, Gobierno de Navarra, Departamento de Vivienda y Ordenación del Territorio (Pamplona) y Urban-e. Territorio, Urbanismo, Paisaje, Sostenibilidad y Diseño Urbano (2013): “La ecociudad de Sarriguren”. 83 Debates y experiencias en torno al agua en el espacio habitado alternativa de transporte y movilidad compuesta por caminos peatonales y ciclistas, facilitando la continuidad de la red de caminos y paseos procedentes de la ciudad de Pamplona. Sobre las áreas residenciales, destaca el compromiso bioclimático del proyecto. Respecto a las áreas productivas y los equipamientos, en el Parque de la Innovación de Navarra destaca de manera singular el Centro Nacional de Energías Renovables (CENER), por ser un edificio construido también bajo criterios bioclimáticos y medioambientales, que reduce la demanda energética con estrategias y soluciones arquitectónicas de carácter pasivo, como por ejemplo la cubierta vegetal. El Proyecto se concibe como una operación piloto de arquitectura y urbanismo bioclimáticos, y supone una de las operaciones más ambiciosas de vivienda protegida en la región. Uno de los principios de la Ecociudad es la gestión completa del ciclo del agua, siendo las estrategias llevadas a cabo en el proyecto las siguientes: — Control del consumo de agua, mediante la implantación de sistemas de ahorro de agua en viviendas y programas de concienciación del uso del agua. —Depuración de las aguas residuales procedentes de la Ecociudad de Sarriguren, a través del sistema separativo de aguas grises y negras, así como la recogida y utilización de aguas pluviales que permiten ahorros superiores a 50 litros por persona y día. —Retención de las aguas de escorrentía, permitiendo la recuperación de los niveles freáticos y la regulación de forma natural de las condiciones entorno, aumentando la humedad ambiente y la regulación térmica del microclima. — Aliviar el efecto la isla de calor en la zona urbana gracias al papel singular que cumple el Lago, regulando el caudal ecológico del Barranco Grande y sirviendo de toma de agua para el sistema de riego. — Xerojardinería. Selección de especies autóctonas adecuadas a las condiciones climáticas, buscando sistemas eficientes de riego y utilizando recubrimientos que reducen las pérdidas de agua por evaporación. El proyecto, que ha sido pionero en su reconocimiento internacional, recibió en el año 2000 la catalogación como “Buena Práctica” por el Centro para los Asentamientos Humanos de las Naciones Unidas, y en 2008 obtuvo el Premio Europeo de Urbanismo en la categoría de Medio Ambiente/ Sostenibilidad. Agua y espacio habitado. Ángela Lara García 84 2.4.2. Proyectos sectoriales para la mejora del ciclo urbano del agua Plan Municipal de Gestión de la Demanda de Agua de Madrid19 El Plan, puesto en marcha por el Ayuntamiento de Madrid en el año 2005, es un instrumento estratégico para la gestión integral, racional y sostenible del agua en la ciudad de Madrid. Este Plan se integra dentro del Plan de Acción de la Agenda 21 Local de Madrid que define las bases de un proceso a largo plazo de mejora continua hacia un desarrollo más sostenible de la ciudad. El Plan Municipal trata de atender las necesidades de agua existentes en la capital, con una menor cantidad de recursos, aumentando la eficiencia en el uso del agua. Del mismo modo, pretende promover la utilización del agua de menor calidad que la potable en usos que no requieran las mismas exigencias sanitarias y de calidad que el consumo final humano. Asimismo, busca el ahorro del consumo de energía en las labores de captación, potabilización, distribución y depuración del agua. Entre las principales novedades de este Plan se encuentra la elaboración y puesta en marcha de una nueva Ordenanza de Gestión y Uso Eficiente del Agua, así como la creación de la Oficina Azul, órgano gestor que vele por la aplicación de las diferentes medidas propuestas. Como objetivo fundamental, el Plan de Gestión de la Demanda del Agua determina la reducción del consumo de agua en un 12% para el año 2011, la disminución del consumo energético asociado al ciclo del agua en la ciudad, además del aumento de la eficiencia del consumo de recursos hídricos a medio plazo y la concienciación de los agentes socioeconómicos y de los ciudadanos en la necesidad de ahorrar un recurso escaso como el agua. Al mismo tiempo, el Plan quiere asegurar la calidad y cantidad que se suministra a los ciudadanos; fomentar cooperación y coordinación entre Administraciones Públicas para conseguir un uso más sostenible del agua; promover el ahorro de agua potable mediante la reutilización de aguas pluviales y de aguas depuradas para usos compatibles con su calidad; y crear desde la Administración local disposiciones normativas y mecanismos de mercado que potencien el ahorro y la eficiencia. 19. Referencias: Ayuntamiento de Madrid- Área de Gobierno de Medio Ambiente y Servicios a la Ciudad (2005): “Plan municipal de gestión de la demanda de agua en la ciudad de Madrid”; Viñuales Edo, V., Fernández Soler, M., Lapeña Laiglesia, A., Presa Abos, C., y Sainctavit, L. (2008): “10 Años de trabajo fomentando el uso eficiente del agua en las ciudades: balance de resultados”, Fundación Ecología y Desarrollo, Zaragoza. 85 Debates y experiencias en torno al agua en el espacio habitado El Plan contempla una extensa serie de líneas de actuación que se articulan en programas de gestión, ahorro, eficiencia y reutilización. Todas estas medidas persiguen no sólo la identificación de consumos sino que también contemplan una serie de previsiones que afectan al diseño y construcción de los nuevos desarrollos urbanos; a la planificación urbanística, promoviendo el uso de materiales permeables en la pavimentación o impulsando el establecimiento de redes de recogida, a través de estudios de viabilidad de la reutilización de aguas pluviales y regeneradas. En este sentido, hay que destacar también propuestas como la “Casa del Agua”, un foro temático dedicado a la reflexión, divulgación y promoción de esa nueva cultura del agua, la implantación de un sistema de tarificación del agua reutilizada que genere el Ayuntamiento o el establecimiento de diferentes programas de eficiencia para uso residencial, dotacional y de los sectores productivos. El Plan incluye propuestas para conseguir una mejor gestión y uso eficiente del agua, como: —Control de la erosión y contaminación del agua en áreas que se encuentran en construcción y obras en la vía pública. —Limitación de caudales máximos de riego de parques, jardines y zonas verdes, limitación de horarios o medidas específicas para los campos de golf. — Creación de un registro municipal de piscinas tanto públicas como privadas. — Regulación del consumo y mejor mantenimiento para fuentes, estanques e instalaciones hidráulicas ornamentales. Tras la implantación del Plan, el uso responsable de agua y la mejora de las instalaciones ha supuesto que en 2013 el consumo de agua haya sido de 140 litros/hab/día según el INE, y el gasto total 525 hm3 en 2012 entre uso industrial, comercial y doméstico –cercano a los 505 hm3 consumidos en 1998–, a pesar de que la población creció en 1,5 millones de habitantes. Plan Futura para la gestión eficiente del agua del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz20 El Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz promueve desde 2004 una serie de planes integrales para la gestión del agua. Estos planes se traducen en un 20. Referencias: Ayuntamiento de Vitoria Gasteiz: “Plan Futura. Fomento de la Utilización Racional del Agua en Vitoria Gasteiz”. Agua y espacio habitado. Ángela Lara García 86 conjunto de actuaciones que han contribuido a prestar un Servicio Integral del Agua cada vez más eficiente y de mínimo consumo. Todo ello, además, respondiendo a los objetivos de sostenibilidad señalados en los Planes de Acción Ambiental de la Ciudad, y al propio Plan Estratégico de AMVISA (Aguas Municipales de Vitoria-Gasteiz S.A.). Las acciones propuestas para el período 2014-2017 han respondido a tres líneas de trabajo relacionadas entre sí: 1. Caracterización, análisis y seguimiento de los consumos de agua por sectores y tipo de tarifa; 2. Asesoría técnica y realización de diagnósticos de gestión del agua; 3. Información, difusión y sensibilización ciudadana hacia el valor del agua y la gestión eficiente de la misma. La puesta en marcha de estos planes comienza con el desarrollo del Plan Integral de Ahorro de Agua 2004-2008, que tiene continuidad a través del primer Plan Futura 2009-2012, y del segundo Plan Futura 2013-2017. Este último consolida actuaciones ya iniciadas anteriormente y consideradas prioritarias. Para ello se estructura en una serie de programas sectoriales (residencial, institucional, industrial y comercial), un programa transversal de comunicación y un programa de análisis de recursos hídricos locales. Entre las acciones desarrolladas a través de la aplicación de estos planes destacan: — Elaboración de informes técnicos de caracterización de los consumos trimestrales y anuales de agua de la ciudad. — Asesoramiento a más de 80 establecimientos de hostelería. — 64 nuevos diagnósticos realizados y 38 buenas prácticas identificadas en instalaciones municipales, comerciales, industriales y del sector servicios. — Información, difusión y sensibilización en centros municipales y en todos los centros educativos de la ciudad. —Desarrollo del programa de concienciación ambiental dirigido a escolares “En Vitoria-Gasteiz, el agua nos importa”. — Trabajos de sensibilización y difusión del Objetivo 110, propuesto por el Plan Futura con objeto de rebajar el consumo doméstico medio de la ciudad por debajo de los 110 litros por persona y día. Desde 2003, año anterior al inicio de las actuaciones de gestión de la demanda de agua en la ciudad, hasta la finalización de la última fase de trabajos del Plan Futura en 2012, la evolución de los indicadores asociados a los planes en marcha muestra un alto grado de cumplimiento de los objetivos previstos por AMVISA. 87 Debates y experiencias en torno al agua en el espacio habitado Los datos de consumo en la ciudad de Vitoria-Gasteiz en 2012 –año de la Capitalidad Verde Europea– descendían en el consumo doméstico hasta 108,1 l/hab/día –respecto a los 110 l/hab/día previstos–, el descenso de la dotación de agua hasta 222 l/hab/día –respecto a los 240 previstos l/hab/ día– y la cantidad total de agua suministrada a la ciudad hasta 19,75 hm 3 / año –cuando lo previsto es 22hm 3 /año–. San Francisco Public Utilities Commission (San Francisco, EEUU)21 La Comisión de Servicios Públicos de San Francisco (San Francisco Public Utilities Commission, SFPUC) es un organismo público de la Ciudad y Condado de San Francisco que se encarga del abastecimiento y depuración de aguas, y del servicios de energía eléctrica de la ciudad. Desde 2005, gestiona un sistema de suministro de agua complejo que abastece de agua a 2,4 millones de usuarios para usos residenciales, comerciales e industriales. La ciudad de San Francisco está llevando a cabo el ambicioso objetivo de convertirse en una “ciudad de emisión cero” en 2030. En este estudio prospectivo, SFPUC está implementando soluciones innovadoras centradas en dos ámbitos principales: el agua y la energía. La SFPUC ha instaurado el Programa de Mejoramiento del Sistema de Aguas, para reparar y mejorar sistemáticamente el sistema de agua local y regional, que abarca 86 proyectos. Uno de los Programas que la Comisión lleva a cabo es el Programa de Reducción de la Demanda y Recursos Alternativos. La SFPUC quiere así reducir la demanda de agua un 25% a través del compromiso de los usuarios con la conservación del agua. Además, se están desarrollando suministros de agua alternativos para actividades industriales y de refrigeración, así como fuentes decorativas, riego de parques y jardines. Actualmente, la Comisión tiene puesto en marcha una serie de proyectos de infraestructuras verdes (SUDs) que facilitan la integración de pavimentos permeables y jardines adaptados a la pluviometría en el paisaje urbano para gestionar las aguas pluviales a través de la infiltración, reduciendo la carga sobre el sistema de alcantarillado y contribuyendo a la disminución del riesgo de inundaciones y vertidos no depurados. El uso de jardines de lluvia con vegetación y pavimento permeable en las áreas de estacionamiento ha embellecido y modificado visualmente el espacio urbano, haciéndolo más acogedora para los peatones y los ciclistas. 21. Referencias: <www.sfwater.org>. Agua y espacio habitado. Ángela Lara García 88 Otro de los programas que llevan a cabo es el Programa de Mejoramiento del Sistema de Alcantarillado que, con una proyección a 20 años, tiene el propósito de renovar las infraestructuras de alcantarillado, asegurando la fiabilidad del sistema incluso bajo condiciones de actividad sísmica. Como herramienta de apoyo a los planificadores la SFPUC ofrece revisiones de proyectos, directrices de apoyo, asistencia técnica y guías entre las que destaca la de Diseño de la Gestión de Pluviales (Stormwater Design Guidelines), o la de Uso Eficiente del Agua (Water Efficient Landscape). Otros programas puestos en macha por la SFPUC en el ámbito doméstico son: — La instalación de sistemas de recogida de aguas pluviales en el hogar, que permiten reducir el volumen y el caudal pico de aguas pluviales que entran en el alcantarillado, reduciendo así las inundaciones y desbordamientos de alcantarillado de manera combinada, además de proporcionar un recurso alternativo para usos domésticos de menor exigencia como el riego. —Reutilización de aguas grises domésticas, que supone la reducción del uso de agua potable y de los flujos al sistema de alcantarillado. El agua gris procedente del aseo personal se destinará al riego de jardines. Programa de Lavandería (Laundry-to-Landscape) que reutilizará las aguas grises provenientes de las lavadoras para el riego de jardines. Para promover este programa, la SFPUC ha elaborado un manual de diseño para riego con aguas grises. Desde 2012, el agua reciclada producida por el Distrito Norte del Condado de San Mateo ha sido utilizada para el riego del Harding Park y un Campo de Golf. Planta Experimental de Depuración de Aguas Residuales de Carrión de los Céspedes (Sevilla)22 Se trata de un centro de investigación que nace en el año 1994 ubicado en la población sevillana de Carrión de los Céspedes. Impulsado por la Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio de Andalucía y empresas públicas y privadas del sector, el proyecto CENTA se afianza como centro de referencia internacional en 2008 con la creación de la Fundación Centro de las Nuevas Tecnologías del Agua (Fundación CENTA). La Fundación CENTA desarrolla su trabajo en base a tres objetivos fundamentales: 22. Referencias: <centa.es>. 95 Propuesta metodológica para la integración del diseño urbano sensible al agua Figura 5. Esquema de las fases que componen la propuesta metodológica. El proceso comienza con una adecuada identificación de los actores y la conformación de un buen equipo de trabajo. A partir de ahí, se trata de un proceso cíclico cuya evaluación continua permitirá, en cualquiera de las fases, reconducir el proceso. Esta propuesta pretende distanciarse de las dinámicas convencionales de intervención urbana, basadas en procesos productivos y estructuras socioinstitucionales y de reparto del poder tradicionales, en las que la acción urbanística se concreta espacial y temporalmente de manera rígida (Tollin 2015). Frente a esto, la propuesta descrita incorpora el reto de definir nuevos procedimientos de regeneración urbana integral que incorporen al agua como elemento fundamental, capaces de adaptarse a la naturaleza cambiante y compleja de los sistemas socio-ambientales sobre los que interviene, y cuyo objetivo sea la construcción de procesos de transición hacia sistemas urbanos sostenibles. De este modo, también se modifica el reparto convencional de atribuciones propio del enfoque tecnocrático de gestión, evolucionando hacia una toma de decisiones participada que incorpore una nueva cultura de organización capaz promover procesos de aprendizaje socio-institucional (Vam Begin 2011). Por ello, resulta de especial importancia en la primera fase, conformar un buen equipo de trabajo interdisciplinar y realizar un adecuado mapeo de los actores implicados, ya que este condicionará y legitimará en gran medida tanto el desarrollo del proceso como sus resultados. Así, la participación efectiva de los diferentes agentes sociales permitirá aproximarnos a Agua y espacio habitado. Ángela Lara García 96 propuestas técnicas que respondan adecuadamente al contexto en el que se sitúan, y para ello las diferentes fases definidas llevan aparejadas sesiones de trabajo con los actores sociales implicados. Es importante señalar que la metodología propuesta no pretende marcar un protocolo estricto de actuación, sino que en cada caso se deberá adaptar el proceso de intervención a las circunstancias y posibilidades del contexto en el que se sitúa, y sobre todo, definir el marco de participación, y por tanto el grado de implicación que corresponda a los actores involucrados. No obstante, la propuesta metodológica se describe incorporando todos los niveles de participación posibles: informar, involucrar en el diagnóstico, definir criterios, tomar decisiones y gestionar. Las sesiones definidas podrán desarrollarse en una o varias jornadas, y siempre bajo los criterios y con la metodología específica diseñada por los profesionales encargados de la facilitación y dinamización social de la intervención. También conviene señalar que las seis fases descritas no implican necesariamente una sucesión consecutiva de acciones. En muchas ocasiones se puede producir un solapamiento entre las fases, especialmente a la hora de llevar a cabo el trabajo con los actores sociales. Ejemplo de ello podría ser que las primeras tomas de contacto proporcionen información valiosa para el análisis del contexto, o que el diagnóstico participado pueda proporcionar la base para la definición de criterios de valoración. En los siguientes apartados se describen una a una las fases del proceso metodológico propuesto. En cada apartado encontraremos una descrip - ción de las principales cuestiones a considerar en cada una de las etapas. Al final de esta descripción, un cuadro resumen mostrará una síntesis de los objetivos, acciones a desarrollar y los resultados que se prevé obtener en cada fase del proceso. Dentro de las acciones se señalarán, de manera particular, el trabajo a desarrollar con los actores sociales. 3.1. Fase 1: diseño del proceso El principal objetivo de esta fase inicial, es incorporar a todas las partes implicadas en la conformación del equipo de trabajo, y con ellas, alcanzar los acuerdos necesarios para la definición de la hoja de ruta del proceso de intervención. En los procesos de participación urbana, la participación efectiva de los diferentes agentes sociales implicados supone una aproximación al 97 Propuesta metodológica para la integración del diseño urbano sensible al agua planteamiento y ejecución de propuestas técnicas que respondan a la realidad, necesidades y posibilidades de estos agentes sociales. En este caso concreto, focalizado en los procesos relacionados con el CUA, es fundamental que establezcamos desde el principio a quién/quiénes/cómo y cuándo se va a involucrar, y para qué. 3.1.1. Conformación del equipo técnico motor El equipo técnico se encargará de definir el proceso completo de intervención en la barriada y en particular la incorporación de los agentes sociales. Será un espacio/grupo de trabajo desde saberes diversos y donde se debe cubrir al menos tres planos de conocimiento, con personas con capacidad y conocimientos sobre: el funcionamiento de los procesos de intervención urbana y del CUA; las dinámicas sociales del territorio y la dinamización y participación de grupos sociales; y sobre estrategias y soluciones tecnológicas que incorporen los criterios y saberes anteriores. Este equipo técnico motor impulsará diferentes espacios de interlocución con los diferentes agentes descritos, para que tengan la posibilidad de definir su participación en el proceso de intervención. También existe la posibilidad de que haya un espacio de coordinación en el que, conjuntamente con el equipo técnico, se diseñen las etapas y acciones del proceso de intervención y participación. 3.1.2. Definición del marco de participación El primer paso consiste en definir con claridad el marco general de la intervención con la comunidad y el territorio. Para ello se debe tener claro quién impulsa el proyecto de intervención urbana. Este tipo de proyectos pueden estar propuestos tanto por entidades de la administración pública, colectivos ciudadanos o una combinación de ambos. Saber quién/quiénes impulsan nos puede servir para detectar dónde reforzar alianzas y anticiparnos a las posibles resistencias por parte de otros agentes. Por otra parte, de cara a planificar el proceso de participación, se debe clarificar cuál es el sentido de lo que se pretende conseguir, es decir, a qué nivel de participación pretendemos llegar, si bien, como ya hemos comentado en la introducción, se recomienda alcanzar el máximo nivel posible. Es fundamental definir y compartir desde el principio este marco de participación con todos los agentes implicados. Agua y espacio habitado. Ángela Lara García 98 Básicamente planteamos cinco posibilidades o niveles de participación: — Informar. — Involucrar en el diagnóstico. — Definir criterios. — Decidir. — Gestionar. En este sentido, será fundamental identificar adecuadamente los objetivos del proceso de participación y aquellos aspectos sobre los que se va a intervenir, recursos disponibles y agentes implicados inicialmente, así como establecer los compromisos propios de cada uno de ellos. 3.1.3. Mapeo de actores Para la caracterización de los agentes y su relación con el territorio conviene identificar al conjunto de agentes que intervienen, sus características y sensibilidad respecto al ciclo urbano del agua, así como las necesidades e intereses que trascienden al mismo, aquellos relacionados con los anhelos y retos de las personas de la comunidad, desde la cercanía y el contac- to directo. Es fundamental partir de una adecuada identificación de los actores partícipes que garantice que todas las organizaciones y los grupos afectados e implicados de la gestión del agua sean considerados, permitiendo a todos aquellos que muestren interés, desarrollar un papel activo en el curso de las acciones. Los actores que pueden ser identificados en tres categorías: ciudadanía, ya sean usuarios u organizaciones; administraciones públicas, bien porque sean competentes en la materia o porque gestionen patrimonio público dentro del área de actuación; y actividades empresariales, que también pueden ser proveedoras o usuarias de servicios vinculados al agua urbana. Otro criterio para clasificar a los involucrados serán las competencias que ejerzan, y por lo tanto su poder en la toma de decisión y consecuentemente en la ejecución de las resoluciones. En este sentido, determinados actores pueden ejercer un papel fundamental en la gestión del agua urbana, y por tanto cumplir una función clave dentro del proceso de intervención. Por ello, resultará de vital importancia analizar las disponibilidades y resistencias de cada colectivo para su implicación en el proceso, así como de sus sensibilidades y prioridades en relación a la gestión del agua. 99 Propuesta metodológica para la integración del diseño urbano sensible al agua Será interesante que el proceso de análisis de los involucrados se realice de forma participativa, ya que tener diferentes perspectivas y conocimientos ayudará a caracterizar cualitativamente las relaciones que se producen entre ellos. En relación a la población, nos interesa obtener información sobre su situación socioeconómica y laboral, edades, modelos familiares, relaciones intergeneracionales, maneras de organizarse a la hora de tomar las decisiones y presencia de grupos organizados (asociaciones de vecinos y vecinas, peñas, asociaciones juveniles, etc.). Toda esta información es necesaria para posteriormente proponer estrategias y propuestas técnicas que se FASE 1 DISEÑO DEL PROCESO DE PARTICIPACIÓN E INTERVENCIÓN OBJETIVO Incorporar a todas las partes implicadas en la conformación del equipo de trabajo, y con ellas, definir la hoja de ruta del proceso de intervención. ACCIONES — Identificar al agente o agentes impulsores del proyecto. — Conformación del equipo técnico motor. — Definir los objetivos del proceso y el marco de participación. — Mapeo de actores y sus relaciones. Disponibilidades y resistencias. — Definición de la hoja de ruta. SESIÓN 1: PRIMEROS CONTACTOS — Realización de entrevistas individuales y grupales para establecer los primeros contactos con los actores sociales clave. — Definición del marco de participación: comunicar de manera explícita cuál es el nivel de participación que se quiere alcanzar en el proceso. RESULTADOS — Configuración del equipo de trabajo y espacios de coordinación. — Planificación de la hoja de ruta del proceso de intervención. — Mapeo de actores. Figura 6. Cuadro resumen Fase 1. Agua y espacio habitado. Ángela Lara García 100 adapten a la realidad de la comunidad y que respondan a sus necesidades y posibilidades. Para que se produzca esta caracterización de agentes y diagnóstico de la realidad necesitamos: identificar las principales fuentes donde obtener información acerca del territorio (Ayuntamientos, entidades, empresas públicas o privadas, etc.); recopilar información básica del territorio y sus agentes (estadísticas sociales y demográficas, estudios anteriores, etc.); y muy especialmente, tomar contacto con agentes clave. Para ello algunas de las herramientas que se pueden utilizar son: — Reuniones y entrevistas abiertas o semi-estructuradas con agentes clave. — Cuadernos de campo o fichas de recogidas de datos cualitativos (opiniones y percepciones de las personas contactadas). — Flujogramas. — Mapas sociales. La elaboración de esta información permitirá la definición del marco de trabajo y las características de la comunidad. 3.2. Fase 2: análisis del contexto Aplicar un enfoque eco-integrador y participado de la gestión del CUA en el espacio habitado pasa necesariamente por un conocimiento profundo de las características del territorio, comunidad e interacción entre los diferentes agentes sociales del ámbito de trabajo. La participación de los implicados en este análisis proporcionará una multiplicidad de perspectivas y conocimientos que permitirán acercarnos a la complejidad de la realidad socio-ambiental analizada. Algunas de las herramientas que pueden ayudarnos a realizar este trabajo son: —Búsqueda y análisis de fuentes de datos, información bibliográfica y documental. — Trabajo de campo: observación y toma de datos in situ. — Recopilación de planes y proyectos con incidencia sobre el área de actuación. — Recopilación de planimetría del área de intervención. — Elaboración de planimetría actualizada del área de trabajo. — Entrevistas estructuradas o semi-estructuradas con agentes clave. 101 Propuesta metodológica para la integración del diseño urbano sensible al agua — Análisis socio-estadístico, si es posible a partir de la realización de encuestas estadísticamente representativas de la muestra. — Paseos o derivas acompañados por el vecindario: recorridos semiestructurados con el vecindario, de manera que puedan narrar sus percepciones acerca de diferentes aspectos relacionados con la gestión del CUA en la barriada, así como relativos a sus características urbanas y socio-económicas. 3.2.1. Caracterización del ámbito de estudio Con la caracterización del ámbito de estudio pretendemos realizar una recopilación, sistematización y análisis de información relativa al contexto urbano-territorial y socio-institucional que condicionan el CUA en el área de trabajo. Caracterización urbano-territorial Debe recopilar todos aquellos aspectos del contexto físico y espacial que de algún modo pueden condicionar la intervención en relación al CUA. — Condiciones ambientales: clima (temperaturas, pluviometría y evapotranspiración potencial), hidrología (cursos y masas de agua superficiales y subterráneas, profundidad de la capa freática), topografía, geología (permeabilidad, porosidad del suelo), superficie de espacios verdes, vegetación y fauna, áreas sensibles y fuentes de contaminación. — Condiciones urbanísticas: usos, propiedad y gestión del suelo; dimensión y naturaleza de las superficies de suelo; características y nivel de conservación de los elementos de la urbanización (vallados, alumbrado, mobiliario, etc.); intensidad de tráfico en los viales; uso del espacio público, espacios simbólicos y de reunión y zonas degradadas o residuales. Valoraciones de los vecinos. — Características de la edificación: uso y configuración de los espacios; características constructivas (cubiertas, tipo y ubicación de las cimentaciones, etc.); características y ubicación de las instalaciones de abastecimiento y saneamiento. Obras y reformas realizadas. Espacios e instalaciones de uso común, modelo de gestión y empresas de servicios implicadas (administrador de fincas, limpieza y mantenimiento de las instalaciones, etc.). Principales problemas y conflictos detectados por el vecindario. — Características de las viviendas: nº de habitantes por vivienda; configuración espacial; ubicación de cuartos húmedos y redes de agua y saneamiento; reformas realizadas en baños y cocinas; tipo de Agua y espacio habitado. Ángela Lara García 102 equipamientos (tipos de grifos, existencia de dispositivos de ahorro, tipo de cisterna, sistemas de ACS, etc.). — Ciclo urbano del agua (CUA): consumos medios mensuales de los diferentes usuarios (domésticos y no domésticos); elementos y configuración de las redes locales de abastecimiento, riego, saneamien- to y drenaje; conexión de estas redes con las infraestructuras de la ciudad (potabilización y depuración). Organismos implicados y modelo de gestión. Caracterización socio-institucional Es fundamental conocer las cualidades propias del contexto social del ámbito de trabajo para poder adecuar el proceso y sus objetivos a las potencialidades y disponibilidad de los agentes implicados. Para ello será importante recopilar información relativa a: — Caracterización socio-demográfica de la población: edad, género, nivel educativo, nivel de ingresos, etc. — Hábitos de uso de los distintos usuarios del agua en la barriada, tanto domiciliarios como no domiciliarios (comercios, bares, colegios, etc.). — Percepción de los usuarios sobre los elementos y cuestiones vinculadas al agua: presión, calidad, precio, calidad del espacio público y las zonas verdes, etc. —Identificación y análisis del marco normativo y competencial, formal e informal, relativo a la gestión del agua en la barriada. Además, cualquier otra información sobre la realidad social de la barriada proporcionará ayuda en relación a la manera de aproximarse e involucrar al vecindario así como de optimizar la asistencia a las jornadas de trabajo: horarios, disponibilidades, formas de contactar, etc. También interesará recopilar información sobre cómo se organizan a la hora de tomar decisiones que atañen a la comunidad, relaciones informales entre los diferentes agentes, clima que se respira, etc. 3.2.2. Diagnóstico participado El objetivo fundamental es discutir las diferentes percepciones existentes sobre la situación de la barriada, de modo que se genere un diagnóstico colectivo más completo e integrado de la misma. Puede constituir la primera invitación formal a participar del proceso que se realice a los actores involucrados, y por lo tanto, deberá formularse 103 Propuesta metodológica para la integración del diseño urbano sensible al agua cuidadosamente. Los diferentes actores deben abordarse de diferentes maneras, buscando que cada uno pueda encontrar respuesta a sus intereses. El análisis de la información aportada en la fase anterior puede ser de gran utilidad. El diagnóstico participado constituye uno de los elementos clave de la de información útil para un proceso de intervención urbana. Realizado de manera adecuada, permitirá conocer las necesidades, comportamientos y hábitos de los usuarios, y de esta forma proponer soluciones que respondan a las demandas y particularidades del contexto social en el que trabajamos. Además, será una oportunidad para incorporar aquellos saberes y conocimientos que se sitúan fuera del análisis técnico, pero que por su vinculación y cercanía al territorio sobre el que se interviene, resultan vitales para hacer un adecuado diagnóstico de la situación de partida. Este diagnóstico debe incluir una identificación y priorización de problemáticas, necesidades, potencialidades y deseos que los diferentes actores proyecten sobre la barriada, que conformarán la base sobre la que construir las estrategias de intervención y los criterios de valoración. 3.2.3. Ciclo urbano del agua A partir de los datos recopilados podremos realizar una síntesis del conjunto de flujos internos y de entrada y salida, así como de los elementos característicos del CUA en la situación de partida. En la figura 7 podemos ver el esquema convencional del CUA propio de una barriada de nuestro entorno. En este diagrama conviene incorporar datos fundamentales que, de manera sintética y en relación a valores medios anuales, caracterizan el CUA en el área de trabajo: superficies (m 2 ), flujos de agua (m 3 /año) y consumo energético (kWh/año). Agua y espacio habitado. Ángela Lara García 104 Figura 7. Esquema convencional del ciclo urbano del agua. 111 Propuesta metodológica para la integración del diseño urbano sensible al agua características del contexto de intervención, y de la visión y los objetivos acordados con los agentes del proceso. Una vez definidas las estrategias a desarrollar y el grado de compromiso a alcanzar, éstas deberán concretarse en unas medidas, estructurales o no estructurales, que llevarán asociadas una serie de requisitos, costes y resultados. 3.4.2. Medidas de actuación y tecnologías de aplicación Para facilitar su descripción, las medidas de actuación podemos agruparlas en tres bloques relativos a cada una de las etapas del CUA: el abastecimien- to, las aguas pluviales y las aguas residuales. A continuación enumeraremos las principales medidas a implementar en relación a cada una de estas etapas, ya sean medidas estructurales o no estructurales. Existen diversas publicaciones donde estas tecnologías son descritas en profundidad, tal y como exponemos en el apartado 2.3.2 de este libro, si bien cabe destacar la Guía para la incorporación de la gestión sostenible del agua en áreas urbanas. Aplicación a la rehabilitación de barriadas en Andalucía (AQUA-RIBA 2015), en la que encontramos un anexo con fichas específicas para cada una de ellas, así como la tesis doctoral de Ana Prieto Thomas “Sistematización de tecnologías para una gestión sostenible del ciclo urbano del agua. Repercusiones espaciales, constructivas y económicas en la edificación y el urbanismo” (Universidad de Sevilla 2016). Abastecimiento de agua En general, muchas de las medidas para la mejora del abastecimiento urbano son aplicables en las diferentes escalas (ciudad, barriada, bloque y vivienda), con la diferencia fundamental de la creciente complejidad de gestión según se eleva la escala de la intervención, por el mayor número de agentes sociales y la mayor divergencia de intereses implicados. Medidas no estructurales —Medidas económicas y normativas: tarifación por bloques, subvenciones y ayudas, normativas y planes de reducción de la demanda, guías para la mejora de los hábitos de uso o certificación de productos. —Medidas sociales y educativas: campañas de concienciación e información, asesoramiento técnico a usuarios y profesionales, o seminarios, publicaciones y trabajos de investigación. Agua y espacio habitado. Ángela Lara García 112 Medidas estructurales Dispositivos de ahorro de agua Son mecanismos o dispositivos que se colocan en las instalaciones de tipo hidráulico de los edificios y cuya finalidad es reducir la demanda de agua potable proporcionando la misma calidad de servicio. Pueden ser dispositivos que se incorporan a las instalaciones existentes (difusores, reductores de caudal, etc.) o elementos a sustituir (grifería hidro-eficiente, electrodomésticos de bajo consumo, etc.). Suelen tener fácil aplicación, costes no muy altos y capacidad para reducir el consumo doméstico entre un 20% y un 40%. Para cuantificar los ahorros económicos, deben ser considerados tanto los ahorros de agua como de energía asociada a ésta. Para calcular el grado de implementación y los resultados que pueden proporcionar la incorporación de estos dispositivos, es importante conocer previamente qué tipo de instalaciones existen en los hogares, así como la antigüedad de posibles reformas realizadas. Tabla 3. Dispositivos de ahorro de agua. TIPO DE DISPOSITIVO AHORRO (%) COSTE MEDIO (€) ADICIONALES GRIFERÍA Baño Cocina - Aireadores y perlizadores 40 6,0 6,0 - Limitadores de caudal 50 2,7 2,7 SUSTITUCIÓN GRIFERÍA - Monom. estándar 40 49,4 70,4 - Monom. de apertura en dos fases 50 67,55 89,8 ADICIONALES DUCHAS - Atomizadores 40 6,0 — - Reductor de caudal en duchas 2,7 — SUSTITUCIÓN DUCHAS - Termostática 60 141,5 — - Rociadores 40 24,0 — ADICIONALES INODORO - Por desplazamiento (2 lts) 22 2,0 — - Por interrupción de la descarga 40 26,3 — - Sistema de doble pulsador 60 50,5 — SUSTITUCIÓN PIEZAS INODORO 113 Propuesta metodológica para la integración del diseño urbano sensible al agua TIPO DE DISPOSITIVO AHORRO (%) COSTE MEDIO (€) - Sustitución cisterna (9 por 4,5 lts) 50 60,0 — SUSTITUCIÓN ELECTRODOMÉSTICOS - Lavadora hidro-eficiente (7 kg) 25 — — - Lavavajillas hidro-eficiente 40 — — Fuente: Elaboración propia a partir de datos de ECODES (ECODES 2002). Gestión activa de fugas Se trata de medidas que se aplican tanto a nivel urbano como edificatorio, y cuya finalidad es la reducción de las pérdidas de agua a lo largo de la red desde los depósitos de almacenamiento urbano hasta los grifos de los usuarios finales. Se trata de medidas que principalmente han de tomarse cuando se va a realizar una intervención en profundidad, ya que tienen importantes requerimientos espaciales y constructivos. Para reducir problemas en el futuro, el hecho de que las instalaciones discurran por galerías de servicio es una buena solución. Optimización de los grupos de presión En viviendas ubicadas en bloques, a partir de cierta altura, es necesario instalar grupos de bombeo que garanticen una presión adecuada de servicio en todas las plantas del edificio. Estos equipos pueden presentar desajustes en su configuración o en su gestión que corrigiéndose redundarán en una racionalización del consumo de agua y energía. Se deberá analizar la instalación y, en base a la normativa, asegurarse de que no existen sobre-presiones o presiones por debajo de las nece - sarias en ninguna de las plantas de la edificación. Es habitual que, por falta de una red partida que proporcione presiones diferentes a las plantas más bajas y más altas de las edificaciones, se producen importantes desajustes. La envergadura de las actuaciones dependerá de si es necesario realizar una modificación de las redes, o simplemente se trata de ajustar las presiones máximas y mínimas de consigna. Los ahorros en agua y energía de un adecuado ajuste de las presiones pueden resultar muy significativos. Agua y espacio habitado. Ángela Lara García 114 Recursos alternativos y adecuación de calidades Se trata de utilizar recursos hídricos alternativos que hasta hace poco eran considerados de desecho, como las aguas grises o pluviales, con el objetivo final de reducir el volumen de agua potable consumida. Para ello se aplica el principio de adecuación de calidades (“fit for purpose”), de modo que se adapta la calidad del agua a los distintos requerimientos de los diferentes usos, consiguiendo así reducir la demanda sobre la red urbana de abastecimiento y reducir los vertidos a la de saneamiento. Las fuentes alternativas son principalmente dos: —Las aguas blancas: pluviales, superficiales y subálveas, subterráneas, etc. De muy buena calidad y mínimas necesidades de tratamiento, que se pueden aprovechar en una gran cantidad de usos y pueden ser almacenadas largos periodos de tiempo. — La reutilización de aguas: aguas grises de los edificios y aguas depuradas procedentes de EDARs. Son potencialmente reutilizables en otros usos menos exigentes en cuanto a calidad, tras un tratamiento adecuado. No se recomiendan para ellas largos periodos de almacenamiento. En relación a las posibilidades de reutilización de aguas residuales, distinguimos por un lado la reutilización de las aguas grises, entendidas estas como aquellas que provienen de aparatos sanitarios con baja carga contaminante, tales como bañeras, duchas, lavabos, bidés o lavadoras, y que tras un tratamiento adecuado, pueden ser utilizadas para usos auxiliares como riego, evacuación de inodoros, limpieza de vehículos, etc. Por otra parte, denominamos aguas regeneradas a las aguas residuales depuradas que, en su caso, han sido sometidas a un proceso de tratamiento adicional o complementario que permite adecuar su calidad al uso al que se destinen, y que están reguladas en la legislación española por el RD 1620/2007. En el caso de la reutilización de aguas, ésta puede aplicarse en diferentes escalas de intervención: — Reutilización directa: en el interior de la vivienda. — Reciclaje de aguas grises: a nivel de edificios y barriadas. — Reutilización de aguas regeneradas: riego de parques y jardines o para la agricultura a escala territorial. 115 Propuesta metodológica para la integración del diseño urbano sensible al agua Figura 11. Distribución de los usos del agua en viviendas plurifamiliares. Fuente: Adaptado de Canal de Isabel II (Cubillo et al. 2008). La implementación de estas medidas tiene importantes exigencias constructivas y espaciales, ya que precisan duplicar las redes de saneamiento y distribución en función de la calidad de las aguas, además de espacio para los procesos de depuración y almacenamiento. Será preciso realizar un adecuado dimensionamiento de estos sistemas que permita optimizar las inversiones a realizar. Para ello, primero se deberá hacer un cálculo de la demanda según la calidad del agua requerida, y compararlo con la oferta de recursos mes a mes. La correlación en el tiempo entre la oferta y la demanda será la clave para el dimensionado de los sistemas de almacenamiento, así como para el análisis de la viabilidad a nivel espacial y económico. La utilización de recursos alternativos puede generar disminuciones de la demanda de agua potable que pueden llegar a alcanzar entre un 30% y un 50 %. En determinados sistemas, los costes de mantenimiento y explotación de la instalación resultan relativamente bajos, aunque los costes de inversión inicial deben de ser valorados cuidadosamente. Jardinería hidroeficiente Aunque en porcentajes muy variables, una parte considerable de la demanda de agua urbana está destinada al riego de jardines. Dependiendo de las diferentes tipologías urbanísticas y constructivas este porcentaje fluctúa entre un 5% –en zonas residenciales densas con escasa superficie de zonas verdes– y un 50% –en espacios urbanos de edificación aislada y muy Agua y espacio habitado. Ángela Lara García 116 ajardinados–. En todos los casos, las potencialidades del aumento de la eficiencia hídrica en la jardinería son muy elevadas. La aplicación y efectividad de cada una de estas medidas dependerá de las condiciones climáticas, características edafológicas y del tipo de cultivos, así como de las superficies cultivadas o los hábitos de riego. Algunos sistemas propuestos pueden suponer importantes inversiones iniciales. No obstante, en función de los costes del recurso, éstas pueden ser recuperadas con más o menos prontitud. Agua caliente sanitaria solar térmica Es una medida obligatoria para nuevas edificaciones y en determinados proyectos de rehabilitación, desde la entrada en 2006 del CTE, si bien aún no cuenta con el suficiente grado de implementación en nuestro entorno, a pesar de contar con condiciones muy favorables gracias al alto número de horas Imagen 8. Recolección de aguas pluviales. The Philip Merrill Environmental Center (EEUU). Fuente: Chris Brueckner (bajo licencia Creative Commons). 117 Propuesta metodológica para la integración del diseño urbano sensible al agua de sol anuales con el que contamos. Los criterios y procedimientos de dimensionado son detalladamente proporcionados por la normativa (CTE-HE 4). Existen diferentes tipologías de instalación en función del tipo de captadores, la centralización de determinados elementos (intercambiadores, acumuladores, etc.), así como de los sistemas de apoyo con los que cuenten, que siempre serán necesarios en las épocas más frías. Precisan de importantes inversiones y consensos para su implementación, si bien el coste creciente de la energía, la proliferación de estas instalaciones, y los programas de financiación y subvención pública de los que suelen beneficiarse, hacen que cada vez resulten más rápidamente amortizadas. Aguas pluviales Las soluciones de los problemas de aguas de lluvia pueden facilitarse si al inicio del proyecto se planifica la red de drenaje de manera coordinada con el resto de elementos de la urbanización. Las medidas se ordenan sucesivamente en relación a la escala de intervención, en lo que denominaremos como la cadena de gestión, que engloba cuatro niveles (Perales 2014): 1. Prevención: medidas no estructurales para controlar la escorrentía y evitar que la contaminación entre en contacto con el agua, como la educación y sensibilización, la planificación urbana, o la gestión de los residuos. 2. Gestión en origen: es el control de la escorrentía lo más cerca posible del lugar donde se genera a través de pozos de infiltración, cubiertas vegetadas, superficies permeables, etc. 3. Gestión en entorno urbano: medidas de gestión de la escorrentía procedente de áreas mayores –barrios o pequeñas ciudades–, a través de sistemas de retención, infiltración y laminación, o infraestructuras de transporte. 4. Gestión en cuencas: Son las técnicas que gestionan la escorrentía proveniente de grandes áreas, y que generalmente requieren de un mayor espacio para ponerlas en práctica. Grandes estanques de retención o detención y humedales artificiales sirven de ejemplo. Medidas no estructurales — Planeamiento y diseño urbano: estas medidas incluyen incorporación de los sistemas drenaje sostenible en los estadios tempranos del planeamiento; protección de las áreas sensibles; respeto y Agua y espacio habitado. Ángela Lara García 118 recuperación, en la medida de lo posible, de los sistema de drenaje natural de la zona, quebradas y cauces naturales existentes; disminución de la escorrentía mediante una buena combinación de áreas permeables e impermeables; y formación y asesoramiento de los técnicos municipales y proyectistas. — Mantenimiento del viario: limpieza de las redes de drenaje y eliminación regular de contaminantes de la calle antes de su entrada al caudal de escorrentía. — Concienciación ciudadana: campañas sobre buenas prácticas en el hogar, tendentes a eliminar el desecho de residuos y aceites por los sumideros; limpieza periódica de superficies impermeables, etc.; minimizar el uso de fertilizantes, pesticidas y otros agroquímicos en la gestión de zonas verdes; incorporación de cartelería explicativa en las nuevas obras de drenaje sostenible donde se explique el funcionamiento de las mismas. Medidas estructurales Sistemas urbanos de drenaje sostenible El conjunto de medidas aplicables para la mejora del drenaje urbano se agrupan bajo la denominación de sistemas urbanos de drenaje sostenible (SUDS), que tienen como objetivo principal disminuir los impactos que la urbanización produce sobre la cantidad y calidad del agua de escorrentía en los entornos urbanos, disminuyendo con ello los riesgos de inundación y mejorando la capacidad de recarga de los acuíferos, además de producir beneficios en términos paisajísticos y de biodiversidad. La selección de las mejores alternativas técnicas, pasa por un proceso por etapas que permita priorizar los objetivos de nuestra intervención y aborde los siguientes aspectos: —Protección y mantenimiento de las condiciones naturales, preservando e integrando los elementos de la red natural de drenaje existentes, especies vegetales autóctonas, cursos de agua, humedales, etc. — Disminuir la escorrentía, reduciendo al máximo la superficie de las áreas impermeables y favoreciendo el drenaje hacia zonas que permitan la retención e infiltración. — Favorecer la retención, tratando de captar el agua de lluvia en el punto donde se produce la escorrentía. — Usar cadenas de tratamiento para la eliminación de contaminantes, disponiendo distintas etapas de tratamiento para asegurar una calidad de las aguas adecuada en su llegada al cuerpo receptor (tabla 4). 119 Propuesta metodológica para la integración del diseño urbano sensible al agua Tabla 4. Número de tratamientos en la cadena de gestión. CARACTERÍSTICAS DE LA ESCORRENTÍA SENSIBILIDAD DEL MEDIO RECEPTOR Nivel Bajo Nivel Medio Nivel Alto Tejados/cubiertas 1 1 1 Calles residenciales/ áreas de aparcamiento/ zonas comerciales 223 Zonas de recogida de residuos/ áreas industriales/ muelles de carga/autovías-autopistas 334 Fuente: Adaptado de The SUDS Manual (CIRIA 2007). Los SUDS pueden realizar diversas funciones relacionadas con la mejora de la calidad del agua y con el control de caudales. Según estas funciones, podemos clasificarlos como sistemas de: — Control en el origen: aljibes, superficies permeables, pozos de infiltración y cubiertas vegetadas. — Filtración y transporte: drenes filtrantes y cunetas vegetadas. —Filtración e infiltración: zanjas de infiltración, franjas filtrantes, áreas de bioretención. — Almacenamiento y tratamiento: depósitos de infiltración (enterrados o en superficie), depósitos de detención, estanques de retención, humedales artificiales. Imagen 9. Cuneta vegetada en Xátiva (Valencia). Proyecto Aquaval. Fuente: Ignacio Andrés Domenech. Agua y espacio habitado. Ángela Lara García 120 El dimensionado de los SUDS se realizará en función a tres factores: — Características climáticas: pluviometría media anual, régimen pluviométrico y precipitaciones extremas (definiendo la precipitación de proyecto en función a las curvas IDF y el periodo de retorno estimado). — Características del suelo: principalmente profundidad de la capa freática, permeabilidad y espesor de las capas drenantes superiores. —Características de las superficies urbanas: el área de las superficies y su naturaleza (caracterizada por el uso de las mismas y su coeficiente de escorrentía), la configuración de las pendientes y la ubicación de los elementos de desagüe de la red. Una vez caracterizada el área de intervención, en el árbol de decisión de la figura 12 se presentan algunos criterios para la selección de los SUDS más adecuados a cada situación. Aguas residuales Una depuración adecuada de las aguas residuales las somete a procesos físicos, químicos y biológicos con el fin de reducir sus contaminantes y permitir su vertido o bien su reutilización, minimizando los riesgos para el medio ambiente, la salud y cerrando ciclos. La eliminación de los contaminantes se realiza de forma secuencial y ordenada a través de diferentes etapas, que aplicadas de forma sucesiva, proporcionan un grado de tratamiento creciente de las aguas. Estas etapas son: —Pretratamiento: Operaciones físicas y mecánicas, que tienen por objeto separar del agua la mayor cantidad posible de contaminantes –sólidos gruesos, arenas y flotantes–. —Tratamiento Primario: su principal objetivo es la eliminación de sólidos sedimentables y flotantes. — Tratamiento Secundario: el objetivo es eliminar materia orgánica biodegradable disuelta o en forma coloidal, así como el resto de sólidos y parte de los nutrientes presentes en el agua. Aquí podemos distinguir entre dos tipos de tecnologías. •Extensivas o no convencionales. •Intensivas o convencionales. — Tratamiento Terciario: permite obtener efluentes de mayor calidad, para ser vertidos en zonas con requisitos más exigentes o para aguas que van a ser reutilizadas. Generalmente se busca la eliminación de patógenos y de nutrientes. Los procesos físicos, químicos y 127 Propuesta metodológica para la integración del diseño urbano sensible al agua 3.4.3. Construcción de escenarios y evaluación de alternativas Hacer un ejercicio de evaluación implica realizar un estudio científico para ayudar en un proceso de toma de decisiones a definir las actuaciones que mejor se adaptan a los propósitos definidos. Para ello, los resultados deben estar científicamente justificados y ser fáciles de entender y útiles para quienes participan en el proceso. Existen muy diversos procedimientos y metodologías de evaluación, desde los más elementales, aunque no por ello menos útiles, como el análisis coste-beneficio, pasando por diferentes modalidades de evaluación ambiental, hasta los más completos como los basados en modelos multicriteriales o la denominada evaluación integral, que combina conocimientos técnicos y conocimientos locales en un proceso de participación en el que se debate sobre el modelo deseado (Paneque 2013). Desde la perspectiva eco-integradora y participada, el reto está en incorporar procedimientos de toma de decisión en los que integremos la información técnica con los conocimientos y prioridades de los actores sociales. Para ello tendremos que desarrollar procesos de discusión en los que, a partir de los objetivos y criterios definidos en las fases anteriores (ambientales, sociales, tecnológicos y económicos), podamos realizar una evaluación de las posibles alternativas de actuación. Finalmente, se deberá consensuar una hoja de ruta que recoja las soluciones de compromiso acordadas por los actores del proceso. En este sentido, la metodología de escenarios y los sistemas de ayuda a la decisión (SAD) son herramientas de gran utilidad para alcanzar estos propósitos. Metodología de escenarios y aplicación de SAD Los sistemas complejos implican un conjunto de factores físicos y sociales sobre los cuales existen grados considerables de incertidumbre que no podemos evitar. Bajo esta premisa, la elaboración de escenarios se convierte en una herramienta para identificar el impacto que pueden tener los diferentes factores en el resultado según la situación planteada, así como su posible evolución en el tiempo. Se trata por tanto de plantear situaciones futuras posibles y las respuestas a proporcionar en cada caso, incorporando la incertidumbre que rodea a algunos factores del contexto y a las decisiones y los comportamientos de los actores del proceso. Agua y espacio habitado. Ángela Lara García 128 De esta manera, la metodología de escenarios se puede emplear con dos objetivos: —Explorar el efecto de diferentes situaciones socio-económicas, tecnológicas o ambientales para una propuesta de intervención determinada, es decir, en función a la variación de los factores del contexto. — Investigar los resultados obtenidos y la percepción de los usuarios sobre éstos, considerando diferentes opciones de intervención, es decir, en función de diferentes alternativas de actuación. Por tanto, la construcción de escenarios puede ser utilizada para evaluar diferentes situaciones futuras que pueden haber sido planteadas en el proceso de participación, así como para mostrar el resultado de la acción integrada de diferentes combinaciones de alternativas que pudieran formularse. Por otra parte, la metodología de construcción de escenarios puede incorporar diferentes modalidades en su proceso de análisis. Algunas incorporan herramientas de modelización sofisticadas, que pueden ser utilizadas para predecir cambios, basándose en la combinación de una variedad diversa de datos. En otros casos, las actividades se centran más bien en cómo los actores perciben el futuro y qué influencia ejercen sobre éste. En cualquier caso, resulta de utilidad usar herramientas de ayuda a la decisión que permitan combinar toda la información que proviene de fuentes diferentes para generar uno o varios escenarios plausibles sobre la base de la información disponible. Estas herramientas permitirán además que, a partir de los criterios e indicadores definidos en la fase anterior, podamos realizar una evaluación multicriterial de las alternativas de intervención existentes. Existe un gran abanico de sistemas de ayuda a la decisión, entre los que se deberán seleccionar aquellos que mejor se adapten en cada caso. Podemos encontrar una extensa variedad de estas herramientas en el proyecto SWITCH (Vam Begin, et al. 2011: Módulo 6), el WAND (Butler et al. 2010) o en la Guía AQUA-RIBA (AQUA-RIBA 2015: Anexo 3.2). 3.4.4. Devolución a los actores y elaboración del Plan de Actuación Como ya comentábamos en capítulos anteriores, la incertidumbre y la pluralidad de perspectivas legítimas que se dan en un proceso de este tipo, nos lleva a que la necesidad de asumir riesgos en los procesos de tomas de decisión deba ser compensada por la participación y la transparencia 129 Propuesta metodológica para la integración del diseño urbano sensible al agua democráticas. De esta manera, la exposición al escrutinio público de las conclusiones y propuestas de los técnicos y expertos no es simplemente una cuestión de profundización democrática, sino también una necesidad epistemológica y una condición para alcanzar resultados efectivos. En este sentido, la cuarta fase del trabajo con los agentes sociales implica la realización por parte del equipo técnico, de una devolución a los actores del proceso de la información relativa a las alternativas de actuación en el ámbito de intervención, de manera que estas sean debidamente comprendidas, debatidas y priorizadas. FASE 4 ELABORACIÓN DEL PLAN DE ACTUACIÓN OBJETIVO Análisis de las alternativas de actuación que respondan a los objetivos planteados y proceso de debate para la toma de decisiones relativas al Plan de Actuación. ACCIONES — Definición de las estrategias de intervención. Selección y estudio pormenorizado de las tecnologías de aplicación. — Evaluación de alternativas. Modelización del sistema y construcción de escenarios. — Elaboración del Plan de Actuación. SESIÓN 4: DEVOLUCIÓN Y ELABORACIÓN DE ACUERDOS. Se realiza una devolución por parte del equipo técnico a los actores de las alternativas analizadas y los escenarios posibles para, entre todos, debatirlos y priorizarlos. Esta parte del proceso de participación deberá culminar con la adopción de los acuerdos necesarios para la elaboración del Plan de Actuación. RESULTADOS Plan de actuación: definición de las acciones a llevar a cabo para poner en práctica las estrategias planteadas. Debe contener: — Medidas y proyectos a desarrollar. — Prioridades y programa previsto de los trabajos. — Costes y medios disponibles. — Responsabilidades y reparto de tareas para su consecución. Figura 14. Cuadro resumen Fase 4. Agua y espacio habitado. Ángela Lara García 130 De esta manera, y en base a las herramientas metodológicas expuesta en el apartado anterior, los diferentes agentes participan en el proceso de toma de decisiones para la evaluación de las alternativas en discusión, teniendo capacidad de priorizar y decidir sobre las soluciones técnicas que finalmente vayan a ser implementadas. Este proceso requiere siempre de una adecuada traducción de las propuestas técnicas adaptadas a los distintos actores sociales, de manera que la información pueda ser entendida y valorada por todos ellos. Los diferentes escenarios y las alternativas de intervención que representan, pueden ser presentados en esta devolución a los actores del proceso, valorando el cumplimiento que permiten de cada uno de los diferentes objetivos que se habían planteado. El proceso de debate sobre las posibilidades de intervención existentes, debe concluir con acuerdos sobre las medidas a implementar, los plazos asumidos y los medios necesarios para ello, así como las tareas de las que se responsabiliza cada uno de los agentes intervinientes. Todos estos acuerdos estarán recogidos en el denominado Plan de Actuación, que deberá ser consensuado y asumido por las partes implicadas. 3.5. Fase 5: implementación de las medidas En esta parte de los trabajos, cuya temporización dependerá del programa establecido en el Plan de Actuación, se irán materializando cada una de las medidas seleccionadas, en base al orden y prioridad establecidas en el propio plan. La responsabilidad de la materialización de cada medida, en función del tipo de actuación, recaerá en un actor u otro. En cualquier caso, estas responsabilidades deberán haber quedado claramente definidas en el Plan de Actuación, si bien la entidad que lidere el proceso velará por el cumplimiento de estos acuerdos. La puesta en práctica de las actuaciones, en el caso de tratarse de medidas estructurales, llevará aparejada la elaboración de documentación técnica, incluyendo el diseño y definición constructiva de soluciones tecnológicas a aplicar, así como la elaboración de la medición y presupuesto. Esta documentación deberá, habitualmente, contar con un proceso de tramitación de la documentación requerida ante los organismos competentes: proyectos técnicos, visados, licencias, permisos. Finalmente, la licitación y contratación de los trabajos permitirá la puesta en marcha de las medidas y ejecución de las obras necesarias. 131 Propuesta metodológica para la integración del diseño urbano sensible al agua En el caso de la implementación de medidas estructurales, la incorporación del agente constructor en el diseño final de las soluciones constructivas puede ayudar a involucrarlo en el proyecto, hacerlo partícipe de los objetivos del mismo y que, de este modo, pueda hacer aportaciones coherentes con los objetivos de la intervención a lo largo del proceso constructivo. Participación en el proceso de implementación La participación de la población y otros actores en esta última fase de implementación puede resultar de gran interés desde distintas perspectivas. En primer lugar, para garantizar la transparencia en los procesos de Figura 15. Cuadro resumen Fase 5. FASE 5 IMPLEMENTACIÓN DE LAS MEDIDAS DE ACTUACIÓN OBJETIVO Materializar cada una de las medidas seleccionadas, en base al orden y prioridad establecidas en el propio plan. ACCIONES — Elaboración de documentación técnica, diseño y definición constructiva de soluciones tecnológicas a aplicar. — Tramitación de la documentación requerida ante los organismos competentes. — Licitación y contratación de los trabajos. — Puesta en marcha de las medidas y ejecución de las obras necesarias. SESIÓN 5: INFORMACIÓN Y FORMACIÓN SOBRE LAS MEDIDAS A IMPLEMENTAR Realización de talleres para la formación del vecindario en la gestión y mantenimiento de las medidas implementadas. Incorporación de mano de obra local. RESULTADOS — Puesta en marcha de las medidas propuestas. — Comisiones para el mantenimiento y gestión de las actuaciones. Agua y espacio habitado. Ángela Lara García 132 licitación y contratación de las obras, donde además puede llevarse a cabo la contratación de mano de obra local, existiendo diversas experiencias exitosas en este sentido. De esta manera, se favorece la mejora de la situación socio-laboral del vecindario, especialmente en situaciones con altos niveles de paro y precariedad, y se contribuye a generar una mayor vinculación e identificación social con las medidas adoptadas, lo cual repercutirá positivamente en su cuidado y mejor gestión. Finalmente, esta implicación puede centrarse en capacitar a los usuarios en la gestión posterior de las tecnologías aplicadas. En este sentido, esta fase de implementación puede ser una buena oportunidad para informar y formar a los actores sociales en la gestión de las soluciones propuestas. Puede ser de utilidad conformar una o varias comisiones, con representación de los diferentes actores implicados, para el seguimiento y control de los trabajos. Para este fin, las denominadas tecnologías “blandas” o “verdes” de gestión del agua, cuentan con la ventaja de que, contando con las instrucciones adecuadas, permiten que las labores de gestión y mantenimiento puedan ser llevadas a cabo con cierto grado de autonomía por parte de la comunidad, disponiendo siempre de profesionales de la fontanería, la jardinería, etc. para la realización de ciertas tareas, pero disminuyendo la dependencia tecnológica respecto a los proveedores de los sistemas. De esta manera, la realización de talleres de formación en la gestión y mantenimiento de las instalaciones permitiría asegurar un correcto funcionamiento a lo largo de su vida útil, fomentando la cultura del mantenimiento y conservación de elementos comunes, la capacidad de autogestión de la comunidad y la conciencia del vecindario respecto de las necesidades de mantenimiento para una mejor conservación de las instalaciones (Lapanadería 2010). 3.6. Fase 6: gestión, seguimiento y evaluación Se trata de poner en marcha mecanismos para llevar a cabo adecuadamente las labores de uso y mantenimiento de cualquier instalación, permitiendo por un lado optimizar su funcionamiento y rendimiento, y por otro, lograr alargar su vida útil y de esta manera, mejorar la relación costeeficiencia de la inversión. Para ello, será imprescindible que el equipo técnico desarrolle un adecuado “Manual de Uso y Mantenimiento”, adaptado, en la medida de lo posible, a las particularidades de las instalaciones ejecutadas y de la población 133 Propuesta metodológica para la integración del diseño urbano sensible al agua destinataria. Los talleres realizados en la fase anterior, pueden resultar de gran utilidad en este sentido. Así mismo, el seguimiento y evaluación de las medidas implementadas permitirá realizar las correcciones oportunas en el Plan de Actuación. De esta manera, el proceso de intervención se transforma en un proceso continuo, dinámico y participado. Plan de seguimiento, control y evaluación El objetivo general de esta fase de trabajo con los actores implicados, y muy especialmente con los usuarios, será asegurar el correcto funcionamiento de las tecnologías aplicadas a lo largo de su vida útil. Será interesante hacer consciente a la comunidad y dotarla del conocimiento necesario sobre los elementos de la instalación, así como sobre los requerimientos de mantenimiento y control, cómo se realizan y qué tipo de trabajos especializados requerirán. Para ello, se debe establecer un “Plan de Seguimiento, Control y Evaluación” que contenga una definición clara y concreta de las operaciones de mantenimiento y control a realizar: responsabilidades, periodicidad y costes. Será fundamental para el éxito de esta fase, estructurar los mecanismos organizativos que permitan una adecuada gestión (comisiones de trabajo, reuniones periódicas, etc.), y que deben estar recogidos en el Plan de Seguimiento, Control y Evaluación. Finalmente, la evaluación deberá contemplar, en primera instancia, un análisis del proceso de participación realizado hasta ese momento y del grado de satisfacción con los resultados obtenidos. En un medio plazo, también deben evaluarse los resultados y mejoras alcanzadas, así como la evolución de las medidas aplicadas. Para ello, se podrá tomar como referencia la información recogida a través del Plan de Seguimiento, Control y Evaluación, que constituirá la base fundamental a la hora de replantear las acciones previstas a largo plazo, mejorando o solventando problemas aparecidos, y comenzando así un segundo periodo de planificación, esta vez sobre la base de la experiencia acumulada. Agua y espacio habitado. Ángela Lara García 134 FASE 6 MANTENIMIENTO Y EVALUACIÓN OBJETIVO Adecuado uso y mantenimiento de las instalaciones para conseguir un funcionamiento óptimo, y evaluación de los procesos y resultados de las medidas para corregir en siguientes ciclos de intervención. ACCIONES — Elaboración de Manual de Uso y Mantenimiento. — Establecimiento de un Plan de Seguimiento, Control y Evaluación. — Sesiones de evaluación. SESIÓN 6: SEGUIMIENTO Y EVALUACIÓN DE LAS MEDIDAS Sesiones de evaluación para el análisis de resultados y replanteamiento de las estrategias recogidas en el Plan de Actuación. RESULTADOS — Manual de Uso y Mantenimiento. — Plan de Seguimiento, Control y Evaluación. Figura 16. Cuadro resumen Fase 6. 135 Aplicación de la metodología propuesta al caso de estudio: el barrio de Las Huertas (Sevilla) 4.1. Presentación del caso de estudio Justificación del caso de estudio E l caso de estudio que presentamos tiene como objetivo la aplicación de la metodología propuesta en un ámbito territorial coherente con el objeto del trabajo realizado. Se llevó a cabo en el seno del proyecto de investigación “Sistemas de Gestión Sostenible del Ciclo Urbano del Agua en la Rehabilitación Integral de Barriadas en Andalucía” (AquaRiba), proyecto de I+D+i relativo al ámbito competencial de la Consejería de Fomento y Vivienda de la Junta de Andalucía. Se hace necesario señalar que, situándose este trabajo en el ámbito de una investigación académica, no fue posible la implementación real de las propuestas surgidas del proceso de participación, si bien podrán llevarse a cabo aquellas que la propia energía social generada por el proyecto sea capaz, eventualmente, de impulsar con recursos propios. No obstante, esta era una premisa con la que todos los actores que han participado en el proceso contaban desde su inicio. Se trata por tanto de un proceso informal, liderado desde un proyecto de investigación académica sin competencias para acometer actuaciones de intervención urbana, lo cual fomenta la creación de un espacio abierto en el que los actores pueden realizar aportaciones de manera más libre, enriqueciendo así el debate (Vam Begin et al. 2011). No obstante, esta condición también hará que disminuya la motivación de los actores para su implicación en el transcurso de los trabajos. Esta circunstancia es clave para contextualizar ciertas limitaciones que el proceso llevado a cabo contiene. 4 Agua y espacio habitado. Ángela Lara García 136 Para la realización del caso de estudio se contó con la colaboración de la Agencia de Vivienda y Rehabilitación de Andalucía (AVRA). La selección del ámbito de estudio tuvo como premisa la búsqueda de un ámbito territorial coherente con el objeto de la investigación, la gestión del CUA en los procesos de intervención urbana a escala de barrio. Como punto de partida del proceso de selección, se realizó un análisis de las principales características del parque de viviendas en Andalucía, así como una reunión con técnicos de AVRA en la que se expusieron las problemáticas y retos a los que se enfrentan desde esta entidad, en el contexto de la gestión del parque público andaluz de viviendas, en relación a las instalaciones del ciclo urbano del agua (CUA). A partir del análisis, se seleccionó el ámbito de trabajo aplicando los siguientes criterios: — Representatividad, relativa a parámetros como la tipología y altura de la edificación, antigüedad, características urbanísticas y perfil socio-demográfico de la población. — Diversidad de situaciones presentes en relación al espacio público, las problemáticas detectadas, las alternativas aplicables y las variables en presencia. —Viabilidad del estudio respecto a la información disponible, receptividad de los actores, accesibilidad y carácter abarcable de la escala. Las alternativas a considerar se basaron en el conjunto de promociones de vivienda pública gestionadas por AVRA en la provincia de Sevilla, y dentro de éste, en aquellos grupos conformados por más de 100 viviendas, con objeto de tener una escala de trabajo coherente con el enunciado de la investigación. La barriada seleccionada finalmente fue la de Las Huertas, ubicada en Sevilla capital. Se trata de un conjunto residencial de 600 viviendas de promoción pública, en régimen de propiedad y alquiler, construido en el año 1973. Situado entre dos grandes infraestructuras viarias, la vía del ferrocarril y la Avda. Kansas City, el conjunto está constituido por cuatro núcleos edificatorios con bloques de PB+7 y PB+10 plantas, ubicados paralelamente a las infraestructuras viarias mencionadas, y una banda longitudinal de espacios públicos y equipamientos. En esta barriada se dan además situaciones que se han considerado de interés en el estudio de la gestión del CUA, como una presencia importante de espacios libres, la cercanía respecto al antiguo cauce del Tagarete o la existencia en el momento del trabajo de un proyecto para la construcción de un tanque de tormentas previsto dentro del ámbito de estudio 24 . 24. La construcción de este tanque de tormentas se inició finalmente por parte de EMASESA en agosto de 2017. 143 Aplicación de la metodología propuesta al caso de estudio: el barrio de Las Huertas Comunidad educativa Se realizaron entrevistas con la dirección del centro educativo existente en el barrio, CEIP Baltasar de Alcázar, y con la presidenta de la AMPA. Ambos manifestaron predisposición a colaborar en la investigación, resultando de especial interés para el trabajo la iniciativa que estaban llevando a cabo de manera conjunta en el centro educativo: un huerto escolar basado en los principios y técnicas de la permacultura. A modo de síntesis, podemos decir que la organización social del vecindario de Las Huertas se estructura principalmente en torno a la AAVV Félix Rodríguez de la Fuente. Asociación muy activa pero con ciertas limitaciones por la elevada edad de las personas más implicadas y la falta de renovación generacional. Los sectores de edad correspondiente a la juventud o mediana edad no participan en esta asociación, ni tampoco existe ningún otro colectivo que los articule. Sí que existe deseo manifiesto de relación entre la AAVV y el AMPA para organizar temas conjuntos. Además, la AAVV Félix Rodríguez de la Fuente es una asociación de vecinos totalmente legitimada en el vecindario, por lo que constituye un vector de información y convocatorias fundamental. Por otro lado ofrecen mucha información acerca de la trayectoria histórica, del funcionamiento del vecindario, su realidad, y cualquier temática relacionada con el funcionamiento de la barriada. 4.2. Caracterización y diagnóstico del caso de estudio 4.2.1. Descripción del proceso Este apartado corresponde principalmente con la Fase 2 de la metodología, que como hemos comentado, en su dimensión social se solapa en parte con la fase anterior. Dedicada al análisis del contexto, se realizó en base a tres aspectos fundamentales: —Caracterización de las condiciones físicas y materiales sobre las que se sustenta el CUA en el barrio de Las Huertas. — Realización de un análisis socio-estadístico de una serie de dimensiones que caracterizan el CUA en los hogares: características sociodemográficas, de las instalaciones domésticas, hábitos de consumo y valoración de elementos del CUA. Agua y espacio habitado. Ángela Lara García 144 — Desarrollo de la dimensión social del proyecto, implementando estrategias para la incorporación del vecindario y otros actores sociales en el diagnóstico de la barriada en relación a la gestión del CUA. Con todo ello se pudo construir una imagen del contexto físico y socioinstitucional de la barriada, así como un diagnóstico participado realizado por el conjunto de actores que intervienen en el proceso. Figura 20. Esquema del proceso de diagnóstico. La caracterización de las condiciones físicas y materiales, se concretó en el análisis de las condiciones ambientales, urbanas y de la edificación, así como de las infraestructuras del agua en sus diferentes escalas. Para ello, además de las entrevistas mencionadas en el apartado anterior, se precisó de la realización de las siguientes tareas: — Recopilación de información documental de diversas instituciones (AVRA, EMASESA, Ayuntamiento de Sevilla, IGME, etc.) y otras fuentes documentales y bibliográficas (trabajos de investigación, publicaciones, etc.). — Visitas de campo a la zona de estudio, donde se han realizado inspecciones oculares, levantamiento de datos y comprobación de información in situ, acompañados en ocasiones por vecinos del barrio. —Estudio de los usos no domésticos a través de visitas y toma de datos en los establecimientos públicos. 145 Aplicación de la metodología propuesta al caso de estudio: el barrio de Las Huertas —Realización de planimetría específica del área de estudio, en base a la información recopilada. — Análisis y sistematización de la información. Para la caracterización socio-estadística del ámbito de estudio, se llevó a cabo una encuesta domiciliaria, estadísticamente representativa, que ha permitido identificar y analizar las características sociodemográficas fundamentales de los hogares (composición, estructura de edades, sexo, niveles de instrucción, renta, población flotante), las características de las instalaciones domésticas (sanitarios, equipamiento, caudal) y los hábitos de consumo (ahorro, estacionalidad). También se han identificado las valoraciones de los vecinos del barrio y usuarios del servicio sobre diferentes aspectos vinculados con el ciclo urbano del agua (CUA) en la barriada. Para el desarrollo de esta fase del trabajo se contó en el proyecto Aqua-Riba con el asesoramiento de una cooperativa de estudios sociológicos que co - laboró para la correcta realización, desde el punto de vista socio-estadísti- co, del proceso de encuestación y análisis de resultados. La metodología de trabajo se caracterizó por la aplicación de un cuestionario presencial con preguntas cerradas, semi-cerradas y abiertas. De un universo de estudio de 600 viviendas, se llevaron a cabo 200 encuestas, lo que proporcionó un nivel de confianza del 95,5%. La información se estructuró en base a seis bloques temáticos: 1. Características sociodemográficas. 2. Características del hogar. 3. Valoración de las características de la barriada. 4. Características del suministro. 5. Características de las instalaciones. 6. Hábitos de consumo. Existen dos dimensiones principales que atraviesan todo el estudio: la dimensión opinática y la observable. Se quiso combinar ambas para dotar a los resultados de un mayor alcance y una mayor profundización en la comprensión de la realidad del barrio. Por una parte se preguntó a la población acerca de su opinión y percepción sobre determinados elementos, y por otra se complementó esta información con la observación directa por parte del personal encuestador de ciertas características del equipamiento del hogar. Finalmente se realizó un análisis de correlación entre algunas de las variables estudiadas, para conocer si se producen este tipo de relaciones entre ellas. Agua y espacio habitado. Ángela Lara García 146 También de modo paralelo, se comenzó a trabajar en la dimensión social del trabajo, cuyo objetivo en esta fase fue desarrollar estrategias para la incorporación del vecindario en la caracterización y diagnóstico de su ba - rriada en relación al CUA, planteando las problemáticas, preocupaciones y aspectos a mejorar que considera más importantes. Para ello, además de las entrevistas individuales y grupales mencionadas en la fase 1, se realizó una deriva por la barriada –un paseo comentado con un recorrido no estructurado– en la que las vecinas y vecinos nos iban mostrando y narrando diferentes aspectos relacionados con la gestión del CUA (figura 21). Para dar a conocer el proceso de participación que se estaba iniciando en el barrio y dar difusión a la primera sesión de trabajo que se realizaría con el vecindario, se desarrolló además una campaña de comunicación, buscando un modelo de convocatoria que provocase el deseo de acudir, generando cierta expectación y extrañeza al respecto. Así se elaboró la campaña “AGUA DE LAS HUERTAS”, que se desarrolló tanto por bloques, como en el espacio público de la barriada, y con agentes individuales. En los bloques se colocaron un cartel publicitario y otro informativo de la campaña, y en la barriada se ubicaron una serie de carteles, algunos de ellos con cierto sentido cómico, en los que se señalaban aspectos de la barriada relacionados con la gestión del CUA, y que habían sido comentados por el vecindario durante la deriva vecinal (imagen 13). Algunos carteles señalaban zonas cuidadas por el vecindario con frases como: “Esto está hecho Imagen 13. Imágenes de la campaña “Agua de Las Huertas”. 147 Aplicación de la metodología propuesta al caso de estudio: el barrio de Las Huertas Figura 21. Plano de síntesis de la deriva vecinal. En el plano se detallan uno a uno los elementos identificados por el vecindario como: 1. Problemas percibidos; 2. Elementos valorados positivamente; 3. Elementos potenciales, previstos o reivindicados. Fuente. Elaboración propia. Agua y espacio habitado. Ángela Lara García 148 un jardín”; “¿Quién me limpia?” o “Baldean las vecinas”. Otras marcaban potencialidades como “Se podría regar con agua de lluvia”, “Quieren poner un tanque de tormentas” o “Falta una fuente”. Por otra parte, la convocatoria a la primera sesión de trabajo con el vecin - dario se hizo de forma individual. Para ello se repartieron “mensajes en una botella” a 35 personas identificadas como agentes relevantes, así como a algunas vecinas y vecinos que se encontraron en los paseos. Finalmente se llevó a cabo la primera sesión con el vecindario. Una merienda-debate en el local de la AAVV a la que asistieron un total de 13 vecinas y vecinos de diferentes edades, y en la que todas las personas asistentes participaron de manera activa. El diálogo mantenido dio pistas sobre las necesidades y percepción por parte del vecindario de su propia realidad, así como los temas que centraban su interés. A continuación se presentan, de manera sintética, los resultados de esta fase 2 del trabajo, relativos a la caracterización urbano-territorial y del contexto socio-institucional para finalizar con una descripción del funcionamiento del CUA de la barriada. 4.2.2. Características urbano-territoriales Situación de la barriada y descripción general del conjunto El conjunto residencial al que hemos denominado la barriada de Las Huertas, está situado en el municipio de Sevilla, dentro del distrito San Pablo- Santa Justa. Delimitan la barriada dos grandes infraestructuras viarias, una ferroviaria –por la que transita el AVE– y otra de tráfico rodado de alta intensidad, la Avda. de Kansas City-vía de salida del núcleo urbano hacia la A-4 que une Sevilla con Madrid (imagen 14). El área de estudio, delimitada en la figura 22, tiene forma de polígono irregular alargado con eje principal SO-NE, y dimensiones medias de 108 x 635 m. La superficie total de los terrenos es de 67.856,04 m2, si bien la edificación residencial ocupa aproximadamente 11.470 m 2 y la de los equipamientos 1.261m 2 , quedando el resto como espacios libres, públicos o de parcela. 149 Aplicación de la metodología propuesta al caso de estudio: el barrio de Las Huertas Imagen 14. Plano de situación de la barriada de Las Huertas. Fuente: Elaboración propia a partir de planimetría de Geoportal IDEA, Junta de Andalucía. Figura 22. Delimitación del área de trabajo. Agua y espacio habitado. Ángela Lara García 150 En cuanto a su estructura, la barriada está formada por dos bandas longitudinales paralelas a la Avda. Kansas City. La banda más cercana a las vías del tren es donde se ubican los edificios de uso residencial y dotacional –2 edificios docentes en cada uno de los extremos del barrio– alternándose con algunos espacios libres tanto públicos como de parcela. La banda que linda con la Avda. de Kansas City está formada por espacios libres públicos con diferentes usos: una zona deportiva, con una pequeña edificación auxiliar de servicios, dos parques infantiles y varias bolsas de aparcamientos, además de zonas ajardinadas. Contexto ambiental Comenzaremos la descripción del contexto ambiental por la caracterización climática. Sevilla tiene un clima mediterráneo continental, de inviernos suaves y veranos cálidos. La pluviometría muestra grandes variaciones interanuales e intermensuales, concentrándose principalmente las lluvias de octubre a marzo, siendo la precipitación total anual media de Sevilla de 542 mm (figuras 23, 24 y tabla 5). Figura 23. Precipitaciones totales anuales de Sevilla en milímetros. La línea punteada se corresponde con la tendencia de la serie anual. Fuente: Elaboración propia a partir de la base de datos CRU TS 3.21. 151 Aplicación de la metodología propuesta al caso de estudio: el barrio de Las Huertas PRECIPITACIÓN (l/ m2/mes) MES Ene Feb Mar Abr May Jun Jul Ago Sep Oct Nov Dic Promedio 65.2 68.1 66.4 49.2 31.9 12.3 1.87 3.4 20.8 64.5 78.7 79.5 Máxima 335.2 227.2 211.2 158.1 109.4 95.8 25.6 38.0 88.8 237.8 308.4 311.8 Mínima 0.0 0.0 0.3 0.5 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 0.3 0.4 Figura 24 y Tabla 5. Régimen pluviométrico de Sevilla en milímetros mensuales. La línea superior es la precipitación máxima registrada en un mes concreto, la línea inferior es la mínima y las barras marcan el régimen mensual de precipitaciones medias de la ciudad de Sevilla (1991-2012). La tabla muestra estos valores en milímetros. Fuente: Elaboración propia a partir de la base de datos CRU TS 3.21. Tabla 6. Resultados curva Intensidad-Duración-Frecuencia. Frecuencia (Tr) I (mm/h) D (min) 5 años 32,1 mm/h 59,78 min 10 años 39,5 mm/h 52,13 min 25 años 48,8 mm/h 47,50 min Fuente: Elaboración propia a partir de datos de la estación E061 Sevilla Tablada. En relación a su caracterización geográfica, hay que señalar que la ciudad está ubicada en el centro de una amplia llanura fluvial, en un territorio atravesado por el río Guadalquivir y tres arroyos afluentes, los cuales a lo largo de la historia han sufrido muchas modificaciones para permitir la expansión de la ciudad. El barrio de Las Huertas se sitúa en las inmediaciones del antiguo trazado del arroyo Tagarete, sobre un relleno de origen antrópico de entre 3,00-5,00 m de espesor, bajo el cual el suelo tiene una permeabilidad media. El nivel freático, que está conectado al río, se sitúa entre los Agua y espacio habitado. Ángela Lara García 152 5,30-9,00 m de profundidad, según un estudio geotécnico realizado en la zona (Vorsevi 2007) (imagen 15). Los espacios públicos y dotaciones En general, la barriada cuenta con suficientes zonas verdes, conformadas por el Parque Francisco Manzano Pastor, dos parques infantiles, una serie de pequeños jardines pertenecientes a los bloques y cuidados por el vecindario, y una serie de plazas y espacios peatonales. También existen un número considerable de áreas de aparcamiento, en algunos casos dotadas de arbolado. La circulación viaria se concentra en la avenida central –Avda. 28 de Febrero–, que sólo acoge tráfico local, y la conexión con el puente sobre el ferrocarril –calle Alcalde Manuel del Valle–, con mayor intensidad de tráfico (imagen 16). En relación a los pavimentos que recubren las diferentes superficies, podemos clasificarlos en: superficies impermeables (cubiertas de edificaciones y patios interiores; acerados y plazas; viarios asfaltados) y superficies Imagen 15. Ubicación del barrio de Las Huertas en el plano hidrográfico de Sevilla. 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Demanda de agua según número de habitantes por vivienda....................................................................................................... 164 Tabla 9. Propuestas para la gestión eco-integradora del CUA en Las Huertas..................................................................................................... 171 Tabla 10. Tipología de dispositivos y posibilidades de implantación en Las Huertas. ..................................................................................... 172 Tabla 11. Ahorros de agua y energía por vivienda y número de habitantes. ...................................................................................................... 174 Agua y espacio habitado. Ángela Lara García 262 Tabla 12. Ahorros de agua y energía por escalas residenciales en la barriada. .................................................................................................. 174 Tabla 13. Coste, ahorros y periodo de amortización por vivienda y nº habitantes. ........................................................................................ 175 Tabla 14. Coste, ahorros y periodo de amortización por escalas residenciales. ................................................................................................ 175 Tabla 15. Oferta y demanda de aguas grises (AG) en Las Huertas. ...... 176 Tabla 16. Ahorros de agua y energía con la reutilización de AG. .......... 179 Tabla 17. Cuota por vivienda para instalación de un sistema compacto para AG. ...................................................................................... 180 Tabla 18. Cuota por vivienda para instalación de un sistema extensivo para AG. ............................................................................................ 180 Tabla 19. Superficie y volumen de captación por tipo de cubierta...... 181 Tabla 20. Comparación de capacidad de captación de pluviales y demanda de riego. ............................................................................. 182 Tabla 21. Costes de la intervención para la captación de pluviales. .... 183 Tabla 22. Consumos medios mensuales de usos no domésticos. ........ 184 Tabla 23. Ahorros esperados en el riego de jardines. ................................ 187 Tabla 24. Ahorros energéticos y económicos anuales previstos. ......... 189 Tabla 25. Dimensionado del sistema en la situación estimada o en la real. ........................................................................................................... 192 Tabla 26. Periodo de amortización de instalación de ACS termo-solar.... 194 Tabla 27. Costes por vivienda media para la instalación de ACS solar térmica..................................................................................................... 194 Tabla 28. Escorrentía superficial media anual. ............................................. 198 263 Índice de tablas Tabla 29. Distribución sintética de precipitaciones.................................... 199 Tabla 30. Características, resultados y costes de SUDS para Las Huertas. ................................................................................................. 204 Tabla 31. Valoraciones a las propuestas en la primera sesión (2A)....... 206 Tabla 32. Valoraciones a las propuestas en la segunda sesión (2B)...... 207 Esta edición de “Agua y espacio habitado” se terminó de imprimir el día 17 de enero de 2019 6 Ángela Lara García 6 Ángela Lara García Agua y espacio habitado La configuración de los núcleos de población ha estado muy condicionada históricamente por las relaciones que se producen entre el agua, el territorio y las sociedades que lo habitan. Estas relaciones han ido complejizándose conforme los procesos de urbanización han adquirido mayor presencia a escala global, de manera que en la actualidad la gestión del agua en las ciudades se enfrenta a nuevos retos que el contexto social y biofísico impone: reducción de la presión sobre los recursos, mayores exigencias de calidad, garantía, eficiencia y equidad, incorporación del riesgo de cambio climático, así como mayor transparencia, rendición de cuentas y participación social en la gestión. El trabajo que se presenta tiene como objetivo proporcionar herramientas conceptuales, metodológicas y operativas que faciliten la realización de propuestas para la construcción de ciudades sensibles al agua. Para ello, además de introducir los principales debates y experiencias actuales en torno al agua en el espacio habitado, el libro contiene una propuesta metodológica, y su correspondiente aplicación práctica, para la incorporación del ciclo urbano del agua en los procesos de intervención urbana. Esta propuesta se apoya en la reformulación de la relación de la ciudad con el agua y otros recursos, considerando el conjunto del ciclo socio-hidrológico y la contextualización de las aguas urbanas en los sistemas naturales, institucionales y sociales, todo ello desde una perspectiva multidisciplinar que integra capacidades y saberes relativos a la sostenibilidad urbana, la gestión integral del ciclo urbano del agua y los procesos de participación social. Esta metodología, que ha sido testada en el Barrio de las Huertas en Sevilla, surge desde la vocación de incorporar el ciclo urbano del agua como elemento del proyecto urbano de conjunto (vivienda, transporte, energía, espacio público, etc.), proporcionando además a los agentes sociales las herramientas necesarias para su reconocimiento como actores capacitados en la gestión sostenible de su hábitat. Ángela Lara (Sevilla, 1979) es arquitecta y doctora en Geografía por la Universidad de Sevilla (2017) con la tesis “Metodología para la gestión ecointegradora y participativa del ciclo del agua en el espacio habitado”, además de máster en Ordenación y Gestión del Desarrollo Territorial y Local (US, 2008) y en Energías Renovables, Arquitectura y Urbanismo Sostenible (UNIA, 2011). Como investigadora ha participado en diversos proyectos, destacando el trabajo de coordinación del equipo interdisciplinar que elaboró la “Guía para la integración de la gestión sostenible del agua en áreas urbanas” (Aqua-Riba). También ha sido ponente en numerosos congresos y jornadas técnicas sobre sostenibilidad en la gestión del agua y el espacio urbano. Miembro activo de organizaciones sociales y ecologistas, como la Fundación Nueva Cultura del Agua, su experiencia profesional ha sido desarrollada en el campo de la arquitectura bioclimática y las soluciones basadas en la naturaleza para la gestión del agua y el espacio urbano. Ha trabajado también como asesora de urbanismo en el Ayuntamiento de Sevilla y actualmente es miembro del Consejo de Administración de la empresa pública de aguas de Sevilla (EMASESA). 9 788447 228447 ISBN 978-84-472-2844-7