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Economía, Sociedad y Democracia Europea, bajo la dictadura de los mercados

Torres López, Juan

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LA ODISEA DE EUROPA EN LA GLOBALIZACIÓN: ¿un viaje sin destino? EUROBASK ISBN: 84-695-3405-X 97 JUAN TORRES LÓPEZ. Catedrático de Economía Aplicada. Universidad de Sevilla. Miembro del Consejo científico de ATTAC–España. ECONOMÍA,SOCIEDADYDEMOCRACIAEUROPEA,BAJOLADICTADURADELOSMERCADOS Agradezco enormemente a EUROBASK la invitación que me ha hecho para participar en este curso. Y felicito a sus impulsores por haber organizado un curso plural, en el que se puedan conocer puntos de vista alternativos, algo que desgraciadamente no suele ser lo habitual hoy día, ni siquiera en los ámbitos académicos en donde cabría suponer que el diálogo entre quienes no piensan lo mismo se entendiera como el camino más expedito para alcanzar la verdad, que es su horizonte más preciado. Y me alegra que lo haga en este aniversario de la puesta en marcha de su ya largo compromiso europeísta, porque si algo me parece a mí que está quedando claro en Europa es que seguir una sola senda de pensamiento, una orientación ideológica exclusiva no es la vía más efectiva para resolver los problemas y para consolidar la democracia y la libertad sin las que el proyecto europeo no creo que pueda tener atractivo para la ciudadanía. El título que me propusieron desarrollar los organizadores lleva ya una gran carga de profundidad y no sé si estoy en condiciones de desarrollarlo en toda su extensión en el tiempo del que dispondré para presentar mi reflexión. Mi propósito es bastante modesto porque me parece que los tiempos que está viviendo Europa no demandan discusiones muy abstractas ni generalistas, sino más bien una combinación lo más acertada y operativa posible de principios de actuación y propuestas concretas. No estoy seguro de saber conseguirlo y por eso me voy a limitar a ofrecer lo único que puedo aportar, una modesta reflexión sobre lo que yo entiendo que está ocurriendo en Europa partiendo del convencimiento de no hay manera eficaz de resolver los problemas sociales, y en general de cualquier aspecto de la vida, si no se plantean claramente sus causas, si no se acierta en el diagnóstico de los males que se quieren arreglar. Y partiendo también de que me parece que está costando demasiado que Europa, sus ciudadanos y dirigentes se miren a sí mismos con sinceridad y rigor para tratar de descubrir de veras lo que nos pasa. Aunque también puede ser posible que, habiendo hecho ese ejercicio de introspección, no nos atrevamos a poner las vergüenzas descubiertas sobre la mesa. Estamos viviendo en una época en la que se dan demasiadas cosas por buenas e indiscutibles cuando en realidad no hay evidencia empírica detrás de ellas. Se reproducen constantemente normas de actuación que se han terminado por convertir en auténticas letanías porque simplemente con mencionarlas se da por cerrado cualquier tipo de debate social al respecto, gracias a que se ha logrado convencer a la población de que, como decía hace unos días el presidente de la Comisión, "no hay alternativa". Un principio materialmente falso que lo que de verdad indica es el deseo de abolir cualquier indicio de debate social sobre las cuestiones que a la postre afectan al bolsillo y al bienestar de las gentes y que por sí mismo nos podría llevar, afectivamente, a pensar que vivimos en una situación que, al menos en lo que atañe a las decisiones económicas –tan vitales– tiene más que ver con la dictadura que con la auténtica democracia. Mi reflexión se centrará en comentar el contexto en el que creo que se están dando los problemas que vive estos días Europa, justamente para mostrar que, en mi opinión, no son problemas "del día", sino que tienen que ver con factores estructurales que habría que remover necesariamente si se quiere crear unas condiciones diferentes a las que actualmente nos están sumiendo en una debacle económica y en un estado de frustración y desafección tan generalizada hacia el horizontes europeo. ¿Qué nos está ocurriendo? Juan Torres López LA ODISEA DE EUROPA EN LA GLOBALIZACIÓN: ¿un viaje sin destino? EUROBASK ISBN: 84-695-3405-X 98 En estos momentos prácticamente la mitad de los estados miembros de la Unión Europea han sido de alguna forma intervenidos, bien por el Fondo Monetario bien por la propia Unión, si entendemos por ello que han tenido que poner en marcha obligatoriamente y contraviniendo lo que sus gobernantes ofrecieron hacer en su día a los votantes, duros programas de ajuste que suponen severas pérdidas de bienestar para su población, en el presente y quizá durante bastantes años. Se habla últimamente de Grecia casi con exclusividad por la dureza de las medidas que se le está obligando a adoptar y porque en ese país se concentra en las últimas semanas el mayor riesgo de contagio, a pesar de su dimensión relativamente pequeña, pero en realidad son otros muchos los que viven en una constante perturbación y bajo el riesgo, en algunos casos ya confirmado, de quebrar, de recortar derechos sociales básicos o de entrar en una atonía productiva que hace que seguir hablando en Europa de la estrategia de Lisboa para convertir a la UE "en la economía del conocimiento más competitiva y más dinámica del mundo, capaz de un crecimiento económico sostenible acompañado de una mejora cuantitativa y cualitativa del empleo y de una mayor cohesión social", suene casi a broma macabra. En mi opinión lo que está ocurriendo en Europa es que no se está haciendo frente a la crisis como lo que esta es verdaderamente: una fractura sistémica de la economía internacional que afecta principalmente al modo de organizar las finanzas internacionales y, a su través, al conjunto de la vida económica. En lugar de abordar un problema de esta naturaleza con los instrumentos y respuestas que ésta requiere, Europa se empecina en hacer frente a la crisis con el mismo puñado de principios ideológicos liberales con los que viene dedicándose simplemente a proteger a los grandes intereses corporativos que, sobre todo desde la aprobación del Acta Única, se hicieron con su gobierno efectivo. Unos principios que son realmente los que provocaron la crisis y que por tanto no parece que sean los más adecuados para salir de ella. Todo lo contrario. Con ellos, ni Europa puede salir de la crisis ni va a dejar que salga el resto del mundo. En mi opinión esta crisis es una más, aunque en escala cada vez más ampliada, de las que llevan consigo los grandes cambios que se produjeron en los últimos años en la economía capitalista y que, entre otras consecuencias que no puedo analizar aquí, modificaron el "centro de gravedad" de la obtención del beneficio, trasladándolo desde la producción de bienes y servicios a la actividad financiera. La acumulación de liquidez, la aplicación de nuevas tecnologías (que, entre otras cosas permiten que hoy día se pueden invertir 1000 millones de dólares en operaciones financieras altamente rentables en tan solo cuatro segundos) y los cambios normativos e institucionales que se llevaron a cabo para permitir que el dinero fluya con absoluta libertad en el mundo financiero, han consolidado a la actividad financiera como el espacio más atractivo para la colocación de los capitales. Los últimos datos del Banco Internacional de Pagos señalan que fluyen cada día alrededor de 4 billones de dólares en los mercados de divisas, obviamente en su mayor parte dedicados a comprarlas y venderlas con finalidad puramente especulativa y desvinculada del comercio real; y, aunque es sumamente difícil determinar la cantidad real que representan, algunas estimaciones señalan que el mercado de productos derivados podría alcanzar los 700 billones de dólares, una cifra descomunal de capital ficticio que traslada sus continuas perturbaciones y oscilaciones sobre la economía productiva pues, aunque funciona con lógicas separadas, a la postre la condiciona y afecta. Este cambio sustancial de la economía capitalista tiene algunos efectos fundamentales. Por un lado, actúa como una especie de bomba de absorción de recursos porque es natural que los inversores que simplemente buscan el máximo beneficio orienten hacia la actividad financiera sus capitales, lo que produce a su vez una constante escasez de financiación en la actividad real que da lugar a la gran paradoja económica de nuestro tiempo: la extraordinaria abundancia de recursos para Economía, sociedad y democracia europea, bajo la dictadura de los mercados LA ODISEA DE EUROPA EN LA GLOBALIZACIÓN: ¿un viaje sin destino? EUROBASK ISBN: 84-695-3405-X 99 financiar la economía es solo falsa porque se trata solo de dinero ficticio; en realidad, el capitalismo de nuestros es un "productor de escasez", como lo denominaba el desaparecido profesor David Anisi. Por otro, la extraordinaria acumulación de recursos en la actividad especulativa/financiera proporciona una alta rentabilidad, pero ésta obviamente va a asociada a un igualmente elevado nivel de riesgo. Los teóricos y académicos al servicio de estos intereses han tratado de demostrar en los últimos años que esto no era problema porque el riesgo no era tan alto y porque, en cualquier caso, podría ser absorbido automáticamente y sin dificultad por los mercados. Pero la realidad de las cosas ha demostrado que todos estos modelos de consumo habitual en las escuelas de finanzas y a partir de los cuales se construye el imaginario social de la solidez y la seguridad bancaria no valen para nada. Lo cierto es que, como ha mostrado un estudio publicado por el Banco Mundial, desde después de la segunda guerra mundial hasta 1970 apenas se registraron crisis financieras mientras que desde entonces hasta el 2000 se han producido casi 130 situaciones de crisis o perturbación financiera severa en todo el mundo. Es decir, que se pueda afirmar que la crisis financiera, más o menos extendida, y la inestabilidad se han convertido en algo consustancial a la aplicación de las políticas liberales de desregulación de los mercados de los últimos años, en contra de lo que se quiere hacer creer que proporcionan. Y la última crisis (global) ha mostrado, por añadidura, que ya el riesgo no solo muy abundante sino, además y por primera vez, sistémico porque afecta al conjunto de la vida en el planeta. En tercer lugar hay que considerar que todo este cambio ha tenido una fuente y un mecanismo transmisor fundamentales. La fuente no ha sido otra que el extraordinario incremento de la desigualdad que ha concentrado cada vez más riqueza en los niveles de mayor renta que son, como es sabido, los que pueden dedicar una mayor parte de esta última al ahorro y a la inversión financiera. Es evidente que por mucho que haya podido darse el capitalismo "popular" de los últimos años (promovido más por razones de legitimación social que de necesidad de disposición de sus recursos) no es del ahorro de los asalariados o de pequeños y medianos propietarios de donde se ha podido nutrir ese flujo billonario que engorda las finanzas de nuestra época. Basta comprobar en qué medida han aumentado las rentas de la población más rica para comprobar que efectivamente es su ahorro el que alimenta la especulación financiera. Sirva como ejemplo el que, según los datos del Censo, en los ochos años del mandato de G. Bush el 1% de la población de Estados Unidos más rica de Estados Unidos se apropió del 75% del ingreso generado. Y si la desigualdad fue la fuente de alimentación de los flujos financieros de nuestros días, la banca ha sido el mecanismo que ha permitido realizar el by pass, sirviendo como siempre de intermediaria pero ahora no entre el ahorro y la inversión productiva, sino entre aquel y la inversión financiero/especulativa. Prueba del incremento del papel de la banca como consecuencia de su vinculación con este proceso es que en Estados Unidos los cinco mayores bancos hayan pasado de poseer activos que suponía menos del 5% del PIB en 1980, al 60% en la actualidad. La vinculación entre esta expansión del negocio bancario y el gran problema de nuestro tiempo que es la explosión de la deuda no suele ser conocido por la gente corriente porque se habla habitualmente de él como si fuese algo al margen de la banca, sin mencionarse que justamente al revés, porque la generación de deuda es precisamente el objeto del negocio bancario. Resulta que la banca se ha desnaturalizado, convirtiéndose en la fuente de la inversión financiera y al hacerlo y obtener así una rentabilidad extraordinaria ha podido gozar de la influencia y el poder suficientes como para imponer políticas deflacionistas que han generado constantemente una merma de ingreso que ha obligado a recurrir de forma permanente al crédito. Y por eso va a resultar realmente imposible controlar el aumento de la deuda sin poner límites al negocio de los bancos y, sobre todo, al poder político adquirido por los banqueros y los financieros en general que ahora se ocultan tras la impersonal expresión tan de moda de "los mercados". Finalmente, para alimentar constantemente la actividad que tan lucrativa resulta en estas actividades se ha procedido a desarrollar la ingente y creativa ingeniería que ha hecho cada vez más opaca y complicada de manejar a la inversión financiera que, gracias a ello, termina además por estar Juan Torres López LA ODISEA DE EUROPA EN LA GLOBALIZACIÓN: ¿un viaje sin destino? EUROBASK ISBN: 84-695-3405-X 100 controlada por menos manos. Y esa ingeniería fue, como yo creo que ya es bien sabido, la que dio lugar a la difusión engañosa (puesto que se hizo con el evidente conocimiento de la banca pero también con la connivencia de las agencias de calificación y de las autoridades que miraron a otro lado cuando se estaba produciendo) de las hipotecas luego llamadas basura y de los variados productos financieros derivados de ellas. La actual crisis no es, pues, solo el efecto de esto último, como tantas veces se ha querido hacer creer, sino del incremento de la desigualdad que ha dado alas a la transformación de la economía capitalista en un casino, como la calificó el Premio Nobel de Economía Maurice Allais, en el que principalmente se juega en una ruleta financiera que, para mayor inri, funciona trucada. La equivocada respuesta a la crisis de la Unión Europea Frente a todo esto, los dirigentes europeos, que habían tenido antes mucho que ver con la gestación de todos esos procesos aplicando las políticas de desregulación que facilitaban el negocio bancario y aumentaban la desigualdad, se han vuelto a equivocar tomando medidas frente a la crisis. O mejor dicho, han vuelto a aplicar políticas que solo se dirigen a salvar los intereses de los financieros y de las grandes corporaciones europeas. Primero se dedicaron a salvar a los bancos causantes de la crisis, en lugar de salvar al sistema financiero (que no es lo mismo), y eso ha tenido como consecuencia que, gracias a las voluminosas ayudas recibidas, los bancos han comenzado a tener multimillonarios beneficios sin que las empresas y consumidores hayan recobrado la financiación que necesitan para mantener la actividad y el empleo. Los planes de gasto que pusieron en marcha para evitar el colapso de las economías fueron insuficientes, como demuestra el que no hayan sido capaces de lograr la plena recuperación económica, se retiraron antes de tiempo y, además, fueron destinados principalmente a fortalecer a los sectores que habían venido apuntalando un sistema productivo que es insostenibles (en el caso español de la construcción mucho más) y a los modos de usar los factores productivos que justamente había producido los problemas de desigualdad, asimetrías y falta de productividad que coadyuvaron a que la crisis fuese tan aguda. Europa fue incapaz de llevar a cabo las reformas del sistema financiero que hubieran sido imprescindibles para evitar que los bancos volvieran a reproducir su viejo modo de actuar, de forma que su refortalecimiento, como acabo de señalar, ni devolvió la financiación ni evitó la anterior generalización de las actividades especulativas. Rendidas ante el poder renacido de la patronal bancaria, las autoridades europeas se limitaron a tomar medidas de fachada, como permitir cambios normativos para disimular la situación real de los bancos o llevar a cabo pruebas de stress verdaderamente bochornosas desde el punto de vista del rigor (como puso de relieve que los bancos irlandeses las pasaran brillantemente en 2010 y pocas semanas después tuvieran que ser salvados con un rescate de 80.000 millones de euros). Era evidente para cualquier analista que el inicial incremento de gasto público, incluso cuando hubiera estado bien realizado y mucho más cuando no lo estaba, unido a la pérdida de ingresos que la crisis inevitablemente llevaba consigo iba a producir un incremento de la deuda de los estados. Pero en lugar de afrontar este efecto con previsión y ordenadamente (lo que no hubiera comportado demasiados problemas cuando se encontraba en su origen) las autoridades europeas demostraron una vez más que trabajan para los grandes poderes financieros y, en lugar de hacer frente a esa necesidad extraordinaria de financiación, dejaron que ésta se convirtiera en un nuevo y gigantesco negocio para las finanzas privadas, aunque eso pudiera llevar consigo, como está sucediendo, el riesgo que la propia unión monetaria y Europa en su conjunto saltara por los aires. Economía, sociedad y democracia europea, bajo la dictadura de los mercados LA ODISEA DE EUROPA EN LA GLOBALIZACIÓN: ¿un viaje sin destino? EUROBASK ISBN: 84-695-3405-X 101 Con el dinero que prácticamente recibían gratis con el fin de que devolvieran la financiación a las empresas y consumidores, los bancos, en lugar de ello, se convirtieron en los prestamistas de los estados y aprovecharon la ocasión para extorsionarlos y obligarles a adoptar programas de nueva y más severa liberalización que provocan nuevas mermas en su capacidad de generar ingresos y, por tanto, que los llevan directamente a una única y absurda salida posible: querer resolver el endeudamiento con nuevas inyecciones de deuda. Solo tardíamente y de modo vergonzante y cuasi clandestino, el Banco Central Europeo ha intervenido secundariamente para evitar la presión insoportable de los especuladores contra los Estados tratando de encarecer día a día la financiación. Pero fue tarde y se hizo mal. Ahora la situación es ya alarmante. La presión especuladora ha encarecido de tal modo la financiación que ya es realmente insoportable y no creo que pueda haber otra alternativa en las próximas semanas que comenzar a reestructurar deudas de varios Estados europeos, en un proceso que no tengo seguridad de que ahora ya pueda controlar el Banco Central Europeo, lo que hace que no se pueda descartar que en los próximos tiempos se produzca una nueva crisis financiera en Europa de proporciones descomunales por la torpeza y mala gestión de sus dirigentes. O más concretamente, por su complicidad con una banca y con unas entidades financieras que se han mostrado claramente incapaces de controlar su voracidad de beneficios. Europa había tenido otra salida Europa tuvo otra salida, podía haber mantenido planes de apoyo a la actividad que hubieran fortalecido la estrategia, ahora más necesaria que nunca, orientada a consolidar la economía del conocimiento, evitando que la economía se ralentizara de nuevo cuando estaba empezando a recobrarse. Y, sobre todo, que comenzaran a poner fin a las políticas que han creado en Europa demasiadas asimetrías espaciales, sectoriales y personales. Debería haber asumido con decisión y firmeza frente a los poderes financieros las reformas de los mercados y las instituciones financieras ¡que los propios dirigentes conservadores afirmaron que eran imprescindibles al iniciarse la crisis! pero que no han tenido el coraje de llevar a cabo. Y, como ya he dicho antes, deberían y podrían haber evitado desde el primer momento que las deudas públicas nacionales, que necesariamente iba a crecer como consecuencia del "roto" que la banca internacional había hecho en el traje de la economía mundial y de las nacionales respectivas, se disparasen, mediante planes de financiación directamente aplicados desde el Banco Central Europeo. Y, al mismo tiempo, poniendo en el dique seco a los auténticos terroristas financieros (la expresión "terrorismo financiero", que a mí me parece perfectamente ajustada fue utilizada por el presidente de la Junta de Andalucía para referirse a los ataques especulativos que se venían produciendo contra España y otros Estados europeos) para que no hubieran podido llevar a cabo la estrategia que ahora nos ha puesto en una situación quizá irresoluble sin un trauma que dure muchos años y que quizá paralice para siempre el sueño europeo. Las razones de fondo del fiasco europeo El balance de la gestión de la crisis en Europa, tal y como señalaba al principio, no puede ser más lamentable. Aunque, como tantas veces en Europa, de resultado muy desigual. Para los pueblos es desastrosa. Pero los capitales que van a hacerse con el patrimonio público griego y poco a poco con la provisión de servicios públicos en toda Europa como ya se hicieron de los activos privados más importantes de las periferias viven días de gloria en medio de la tempestad que nos sacude a los demás. Basta comentar la situación con los directivos de las grandes empresas que, como sus corporaciones, está empezando a ganar más dinero que nunca de nuevo, para conocer cuál ha sido y cuál su estado de ánimo durante la crisis y ahora. Juan Torres López LA ODISEA DE EUROPA EN LA GLOBALIZACIÓN: ¿un viaje sin destino? EUROBASK ISBN: 84-695-3405-X 102 Preguntarse si esto va a ser sostenible, si el presidente de la Comisión va a poder seguir diciendo que no hay alternativa y los respectivos líderes nacionales realizar recortes de salarios y derechos sin solución de continuidad sin que estalle una protesta social nunca antes vista en las calles de toda Europa, no es una cuestión de retórica, ni algo ingenuo o que solo responda a la confusión entre el deseo y la realidad de los radicales que, por cierto, ahora lo son por reclamar reformas o medidas de justicia fiscal o derechos laborales, por ejemplo, que democratacristianos o incluso liberales de mínimo talante social llevaron a cabo hace treinta o cuarenta años. Mi opinión particular no es muy optimista teniendo en cuenta que creo que la ineficacia e incompetencia con que se ha gestionado la crisis en Europa no es el resultado de una incapacidad o de un fundamentalismo repentinamente sobrevenidos. Me parece que el problema de fondo es que hemos llegado al momento en que el defectuoso diseño "de fábrica" con el que nació el euro nos pasa una carísima y quizá definitiva factura. Los países de la periferia pagamos ahora el haber aceptado una entrada en el euro concebida para desmantelar nuestro ya de por sí débil aparato productivo poniendo nuestros activos en manos del capital extranjero, que no nos proporciona resortes para incrementar nuestra capacidad de generación endógena de ingresos, o que lo hacía de modo muy insuficiente; y que, al mismo tiempo que nos iba a mantener en una situación de desventaja a la hora de competir (porque los motores del euro no iban a dedicarse a fortalecer a sus propios competidores), nos dejaba sin resortes de defensa frente a los mercados y sin poder recurrir a políticas macroeconómicas de ajuste, aunque éstas fueran el ajuste de los pobres, es decir, la devaluación de la moneda. Y Europa en su conjunto paga ahora la extraordinaria irresponsabilidad histórica de haber creado una unión monetaria sin estructura política o Estado por encima, capaz de cementar las piezas y de reestructurarlas internamente cuando se produjeran los inevitables impactos externos que siempre se producen pero mucho más en un contexto de mundialización exacerbada y de crisis continuadas como el de nuestra época. Esto último es lo que explica que los problemas de un espacio relativo tan reducido como el griego constituyan una amenaza tan grave para el conjunto de Europa y que haya realmente un peligro efectivo de que todo salte por los aires si las fichas de dominó siguen cayendo solo un poco más. Ahora pagamos la factura que supone no haber sido capaces de poner sobre la mesa que aceptar que la economía europea gravite sobre la alemana es discutible pero que asumir que esa gravitación se haga como se está haciendo es sencillamente suicida. Me refiero a que es intrínsecamente problemático establecer que una unión monetaria (decimos bien, una "unión" y no un conglomerado o un imperio) se articule en torno a un motor prepotente como es la capacidad exportadora alemana. Pero digo que es discutible porque, al fin y al cabo, poner ese hecho en cuestión significa cuestionar lo que hoy día es, lo queramos o no, Europa. Sin embargo, lo que a mi entender resulta suicida es que una potencia exportadora en el marco de una unión monetaria se empeñe, por un lado, en imponer políticas que merman constantemente la capacidad adquisitiva de sus compradores y, por otro lado y al mismo tiempo, en debilitar continuamente su mercado interno para poder destinar su excedente a financiar esa demanda, y para colmo hacerlo solo en una pequeña parte porque en la mayor se dedica a inflar burbujas y a promocionar actividades improductivas que ni siquiera redunda en su favor exportador. Esta es la consecuencia y la prueba de que el capital financiero, los bancos alemanes, se han impuesto al capital productivo más tradicional logrando establecer una lógica que prima la generación de deuda sobre la obtención del beneficio en las actividades de producción de bienes y servicios. Y así nos va. Economía, sociedad y democracia europea, bajo la dictadura de los mercados LA ODISEA DE EUROPA EN LA GLOBALIZACIÓN: ¿un viaje sin destino? EUROBASK ISBN: 84-695-3405-X 103 De esa manera resulta que son los alemanes, quienes cultivan la idea y el imaginario de la maldad intrínseca de la deuda, los principales responsables de su crecimiento y las clases trabajadoras alemanas quienes van a terminar pagando la lógica irracional que la banca alemana ha establecido. El problema principal de este planteamiento es que lleva a una situación que finalmente es insatisfactoria para todos: Alemania no genera suficiente demanda interna y la suple con exportaciones. Digamos que salva su desempleo interno generándolo en el exterior pero esto, a la postre, produce insatisfacción y desequilibrio no solo en el exterior, sino en su propio interior y es por eso que la situación está condenada a ser irresoluble. Una zona monetaria así concebida es en realidad una deriva constante a la desunión y no tiene otro horizonte posible que su desintegración. De no modificarse las condiciones de partida a las que me voy a referir enseguida creo que a nadie le debería quedar duda de que la cuestión a dilucidar no ya si el euro saltará por los aires, sino cuándo y de qué modo empezarán a saltar sus diferentes piezas. El instrumento utilizado para desarrollar esta estrategia han sido, por un lado, las reglas de estabilidad que, sin embargo y en contra de lo que se decía que iban a traer consigo, han sido incapaces de generar disciplina y cuando la han generado, como en el caso de España antes de la crisis, no han servido para evitar males mayores. Y, por otro, las políticas deflacionistas que, como acabo de señalar, son las que provocan el deterioro constante de la demanda principalmente en los países de la periferia como una forma, contradictoria tal y como acabamos de señalar, de evitar que puedan resultar competitivos respecto de Alemania. Un siguiente factor que creo que hay que señalar como principal responsable de la incapacidad europea para hacer frente con algo más de éxito a la crisis es el Banco Central Europeo. No solo no vio la llegada de la crisis (o no quiso verla o anunciarla, que sería aún peor) y sus directivos ni siquiera ha tenido el momento de honradez de reconocerlo, como hicieron incluso los del Fondo Monetario Internacional; ha permitido que se inflase en Europa una de la peores burbujas de todos los tiempos y que aumentara desmesuradamente la deuda privada, sencillamente para dar aire al negocio de la banca privada europea; y no hizo nada para imponer disciplina supervisora dando por buena la insensata existencia, en una época de relaciones financieras como la actual, de 27 supervisores financieros en Europa. Y, tal y como he señalado antes, su actuación ante el problema de las deudas soberanas quizá algún día deba juzgarse con independencia para que se depure su grado de responsabilidad en los daños que va a sufrir y que ya está empezando a sufrir la población de los países afectados. La modificación de su estatuto es un requisito esencial para que Europa pueda salir de la situación en la que se encuentra. Finalmente, me parece que las políticas europeas nos están llevando al final desastroso en el que nos encontramos como resultado de la ideologización neoliberal que las domina. Los principios que la inspiran, por ejemplo, en el reciente Pacto del Euro Plus, son simplemente el resultado de creencias ideológicas y no de verdades o de evidencias empíricas y eso tiene un coste tremendo no solo para el bienestar social, sino también para la eficacia de las medidas que se toman porque, sin fundamento, al final resultan ser piedras que entran en el agua pero salen rebotadas de nuevo hacia tierra. Los dirigentes europeos se empeñan en basar la política económica en la moderación salarial y del gasto público argumentando que así aumentarán la competitividad y el empleo cuando hoy día se sabe a ciencia cierta que esa secuencia no se da y que la reducción del salario no crea empleo, sino todo lo contrario. En un reciente trabajo he señalado que los investigadores Jesus Felipe y Utsav Kuma demuestran que la tesis que utilizan las autoridades europeas para justificar sus políticas, según la cual para obtener más producción y empleo es preciso menor crecimiento salarial, no está de ningún modo contrastada. Y que si los costes laborales unitarios han subido en los años o países con peores Juan Torres López LA ODISEA DE EUROPA EN LA GLOBALIZACIÓN: ¿un viaje sin destino? EUROBASK ISBN: 84-695-3405-X 104 niveles de empleo, que es el argumento que utilizan los neoliberales para imponerlas, no es porque hayan subido los salarios, sino los precios, como consecuencia del enorme poder del que disponen las grandes empresas y al que nunca le hacen frente. Otros investigadores, Sylvain Broyer y Costa Brunner demostraron hace poco que la evolución de las cuotas de mercado intraeuropeas no tiene nada que ver con los costes de competitividad y que para que se pudiera producir el efecto que se pretende alcanzar con las medidas de ajuste salarial que impone el pacto del Euro Plus, tendría que suceder que todos los países de la zona exportaran los mismos productos, que fuesen perfectamente sustituibles, que es justo lo contrario de lo que ocurre en Europa en donde la tendencia realmente observada es la de una progresiva especialización. Hace también poco tiempo, James Galbraith y Deepshikha Chowdhury han demostrado que de los datos sobre salarios y empleo en Europa entre 1980 y 2005 no se puede deducir que deban disminuir los salarios para que aumente el empleo, porque lo cierto es que las variaciones de los salarios y del empleo en ese largo periodo han ido de la mano: cuando han aumentado los salarios ha subido el empleo y cuando se han reducido ha bajado. Y desde finales de los años noventa se viene haciendo numerosos estudios por autores como Dean Baker, Laurence Ball o Thomas I. Palley que demuestran que la evolución del desempleo en Europa no depende de variables que tengan que ver con instituciones "rígidas" del mercado de trabajo, sino con las políticas macroeconómicas de austeridad y moderación salarial dominantes. Hasta la propia OCDE, unos de los baluarte desde los que se diseñan las políticas neoliberales, tuvo que reconocer en 2006 que diferentes países habían podido lograr buenos resultados en materia de empleo aplicando políticas "extremadamente diferentes", lo que significa que nada de lo que se propone en el Pacto del Euro como imprescindible para ganar competitividad o crear empleo es seguro que vaya a conseguirlo. No es verdad, pues, que las medidas de recorte salarial contempladas en el Pacto del Euro vayan a permitir crear empleo. Hay mucha más base empírica para asegurar que la austeridad que se está imponiendo va a debilitar la capacidad de crearlo y que va a llevar a Europa a una atonía de muy graves consecuencias sociales durante años. Para poder salir del atolladero en el que se encuentra, Europa necesita otra constitución monetaria y económica que no agrande constantemente las asimetrías tan profundas hoy día existentes, sino que permita cerrarlas mediante políticas de bienestar e igualdad. Y Europa necesita que sus líderes, en lugar de empeñarse desde su resistencia numantina en convencer a la población de que no hay alternativa, fueran los impulsores de un debate social, plural y franco, realmente democrático, sobre la Europa que hemos creado, sobre sus verdaderos paganos y beneficiarios y sobre la posibilidad efectiva de mantener el status, que beneficia con tanto privilegio a las finanzas y grandes corporaciones, al que hemos llegado. Si no se hace, no van a dejar más salida que la frustración y la indignación entre la ciudadanía y que ésta, antes o después, tome las calles para reclamar, cada vez de modo más contundente, otra Europa. Pero a nadie se le puede escapar que cuando eso se produzca las cosas ya no van a discurrir con la tranquilidad deseada. Las autoridades europeas han convertido Europa en un polvorín y nos obligan a estar sentados sobre él como si no fuese a pasar nada. Pero me temo que esto es imposible. Los hechos nos demuestran que las cosas ya han empezado a pasar. LA ODISEA DE EUROPA EN LA GLOBALIZACIÓN: ¿un viaje sin destino? EUROBASK ISBN: 84-695-3405-X 105 JORNADA20DEJULIO DARÍO VALCÁRCEL. Director de la revista Política Exterior. ESTADOVERSUSEUROPA:LOSDILEMASDELAGLOBALIZACIÓN Para entrar en materia, es necesario afirmar que Europa, la nueva Europa, nacida en el entorno terrible de 1945 con varios países literalmente arrasados, no es el euro, no son sus instituciones, no es unidad geográfica ni económica, ni política. Europa es, sobre todo y por encima de todo, un espíritu de reconciliación entre europeos, de defensa de la paz, de la promoción de la paz, de una sociedad europea que tiene además el proyecto de llevar estas ideas al mundo exterior, pero ello exige, en primer lugar, construirse, ser, actuar en la esfera internacional. Es la defensa, sobre todo, de una Europa sin vencedores ni vencidos, asunto que tiene mucho que ver, por ejemplo, con franceses y británicos de un lado y alemanes de otro, rusos, etc… de otro, pero también lo de los vencedores y vencidos de los españoles, vascos, andaluces, baleares, de todos los españoles en realidad. Europa es espíritu y sin ese espíritu Europa, sencillamente, no es nada. Y lo que sucede actualmente en la globalización es precisamente eso: Europa como espíritu está hoy extremadamente debilitado, difuso y perseguido. Eso también es una de las causas de las ansiedades y angustias de Europa de este cuarto de hora, pues además de muchas otras cosas Europa es un proceso breve si bien esperemos que no efímero. Todo ese espíritu no es nada difuso, sino muy concreto, con una fuerte e invisible red de unión basada, entre otras cosas, en la idea de la dignidad individual, dignidad colectiva y promoción y defensa de esos valores de modo organizado y sistemático sin los cuales el espíritu de Europa no existe. El espíritu de Europa hoy vive en gran parte en EEUU, en la América al sur del Rio Grande y vive también en pequeños espacios de China e India. India es hoy en día una traducción muy extraña, pero enormemente influida, por la democracia británica. Y por ello Europa tiene que compartir ese diverso y unitario legado, que no creo que sea únicamente cultural, sino que es algo que va mucho más allá: la fuerza de los valores que se aplican cada día, cada mañana, cada tarde e incluso por la noche. Y no es solo la vieja monserga de la Catedral de Reims, la Catedral de Colonia, la fuerza del cristianismo, la Plaza de la Concordia, donde degollaron a Luis XVI, sino la aplicación diaria de la idea de la libertad y dignidad individual y colectiva de los pueblos europeos, que esos mismos pueblos europeos quieren llevar fuera de sus fronteras. En este año de su 60 aniversario quisiera realizar un breve homenaje a EUROBASK, modelo verdadero de cómo hay que hacer las cosas desde la base de la sociedad –yo no hablo nunca de la sociedad civil, no creo que exista una sociedad militar ni eclesiástica…– hacia los poderes públicos. Otras cosas, como el intento de hacer Europa para los europeos, pero sin los europeos, no funcionan. Hoy echamos la culpa a la Sra. Merkel de las dudas y dificultades que atraviesa Europa, pero hay que tener en cuenta que Alemania es un país de 82 millones de habitantes, de los cuales 60 millones son votantes. El problema no es la Sra. Merkel, somos nosotros. Si hubiera en España 5 o 10 EUROBASK, otro gallo nos cantaría. Es una organización que está ahí, en el origen del proceso de integración europeo, en 1948 en el Congreso de la Haya del que surgió el Movimiento Europeo Internacional y que llegó a presidir nada menos que Winston Churchill. Hoy la emergencia, segundo capítulo de mi introducción, es el euro. Pero ya he hecho ese pequeño repaso: la II Guerra Mundial, la paz, la integración. A los jóvenes alumnos que hay aquí les quiero pedir y les quiero convencer de que gasten un poco de dinero en la compra de un libro indispensable para conocer lo que Europa es y lo que quiere ser: las memorias de Jean Monnet, el padre fundador de Europa, que explica muy bien lo que ese dúo tan extraño de Monnet y Schuman aportó a Europa en los años 40 –en plena guerra mundial– y en los 50, desde Nueva York. Monnet, como saben, era un hombre de familia acomodada de Burdeos y su padre no quiso que perdiera el tiempo haciendo