Cortijos, haciendas y lagares : arquitectura de las grandes explotaciones agrarias de Andalucía: Provincia de Cádiz
Full text
L A ARQUITECTURA AGRARIA EN A NDALUCÍA
Fe r nando Olmedo Granados
13
L A ARQUITECTURA AGRARIA EN LA PROVINCIA DE C ÁDIZ 21
Intr oducción 23
Apr oximación a la geografía de la pr ovincia 29
El mar co agrario. Historia y paisaje 33
La ar quitectura agraria 43
La casa de viña 56
Los edificios del olivar 68
El cortijo de secano 81
Los cortijos ganader os 98
Las explotaciones for estales 111
Panorama actual 115
I NVENT ARIO DE EDIFICIOS 124
Jer ez y costa nor oeste 126
Del Guadalete medio a la sierra 288
La Janda y el Campo de Gibraltar 390
R EGISTRO DE EDIFICIOS 451
B IBLIOGRAFÍA 507
Í NDICE DE EDIFICIOS Y MUNICIPIOS 517
Índice
INTRODUCCION
Cortijos, haciendas y lagar es
Ar quitectura de las grandes explotaciones agrarias de Andalucía
Pr ovincia de Cádiz
Cor tijos, haciendas y lagar es
Arquitectura de las grandes explotaciones agrarias de Andalucía
Pr ovincia de Cádiz
Consejería de Obras Públicas y T ransportes
Dir ección General de Arquitectura y V ivienda. 2002
C ONSEJERA DE O BRAS P ÚBLICAS Y T RANSPOR TES
Concepción Gutiérr ez del Castillo
VICECONSEJERO DE OBRAS PÚBLICAS Y TRANSPOR TES
Luis Gar cía Garrido
SECRET ARIO GENERAL DE PLANIFICACIÓN
Damián Álvar ez Sala
D IRECTOR G ENERAL DE A RQUITECTURA Y V IVIENDA
Juan Morillo T orr es
C OORDINADOR A DJUNTO DE A RQUITECTURA Y V IVIENDA
Luis González T amarit
J EF A DEL S ER VICIO DE A RQUITECTURA
María Dolor es Gil Pérez
AUTORES DE ESTUDIO EN LA PROVINCIA DE CÁDIZ
José Manuel Astiller o Ramos y Enrique Vélez Cortines
(municipios de Ar cos de la Frontera, Bornos, Espera, Prado del Rey ,
Puerto Serrano y V illamartín)
José Manuel Aladr o Prieto, Pedro Ledo Már quez y Jesús Orúe Vázquez
(r esto de la provincia)
D IRECCIÓN DEL E STUDIO Y DE LA EDICIÓN POR LA D IRECCIÓN G ENERAL DE
A RQUITECTURA Y V IVIENDA
Servicio de Arquitectura
C OORDINADOR DEL E STUDIO P ARA A NDALUCÍA
Fernando Olmedo Granados
C OORDINADORA DEL E STUDIO Y DE LA EDICIÓN POR EL S ER VICIO DE
A RQUITECTURA
Magdalena T orr es Hidalgo
Con la colaboración de Nicolás Ramír ez Moreno
E QUIPOS REDACTORES EN A NDALUCÍA
Almería: Salvador Cruz Enciso, Domingo Ortiz Soler . Córdoba: Juan
Cantizani Oliva, Gr egorio Córdoba Estepa. Granada: Nicolás T orices
Abar ca, Eduardo Zurita Povedano. Huelva: José Carlos Fernández Reyes,
Águeda V illa Díaz. Jaén: Jacobo Ber gés T orr es, Juan V icente Cór coles de la
V ega. Málaga: Ignacio Molina González, Juan María Montijano Gar cía,
Pablo Mor eno Aragón, Juan Soriano Bueno. Sevilla: Francisco Javier
Herr era Gar cía, Guillermo Pavón T orrejón, Fernando Quiles Gar cía,
Álvar o Recio Mir , José Carlos Sánchez Romero, Javier T ejido Jiménez.
F OMENTO DE LA A RQUITECTURA
Santiago Copado Gar cía, María José Domínguez Castellano, Heriberto
Duver ger Salfrán, Salomé Gómez Millán, Francisco Sánchez Comas, Nicolás
Ramír ez Moreno, José Luis T orr es Gar cía, Magdalena T orres Hidalgo, Ana
V alle Coronado
EDICIÓN
F OTOGRAFÍA
Javier Andrada, Atin A ya, José Morón y autores del inventario
P LANIMETRÍA
Ar quitectos de cada sector , excepto los de la Cacería de Alcalá del V alle,
r ealizados por Pedro Enrique Santos Buendía y los de la Alcaría de Jer ez
de la Fr ontera, realizados por Ángel Baleato Rebollar
D ELINEACIÓN
Antonio Or ellana Encinas, Javier Perdigones Gómez, Alejandr o V ozmediano
To r r e s
G EORREFERENCIACIÓN Y ELABORACIÓN DE MAP AS
SEEDA
C AR TOGRAFÍA
Instituto de Cartografía de Andalucía
C OLABORACIÓN
Inmaculada Natera Marín, Ana V alle Coronado, Marisa de Alba Muñoz
I MAGEN Y DISEÑO
Manuel Ortiz
M AQUET ACIÓN
V icky R. Gallardo
F OTOMECÁNICA
Lucam
I MPRESIÓN
Brizzolis
Agradecimientos: Eduar do Ar güeso, Julio Cobañas, Víctor Corral,
Joaquín Cortes, Emilio Gar cía, Genar o Gil, Ramón Guerr er o, Alejandr o
Lacave, Antonio León Manjón, familia López de Carrizosa, Antonio Luis
López Martínez, Luis Modet, Miguel Montaño, Mer cedes Mor enés, José
Manuel Pér ez Cabo, familia Pérez Luna, Pablo Pomar , Kiko Sánchez,
Pedr o Enrique Santos Buendía y a todos aquéllos –encar gados, capataces,
pr opietarios y trabajadores del campo en general– que con su amabilidad
han facilitado la r ealización de este estudio
Coor dina la edición: Secretaría General de Planificación. Servicio de Polí-
tica Comunitaria, Pr ogramas y Publicaciones
© Junta de Andalucía. Consejería de Obras Públicas y T ransportes
Nº Registr o: JAOP/A V -25-02
ISBN: 84-8095-307-1
Depósito Legal: M-31932-2002
C on esta volumen corr espondiente a la pr ovincia de Cádiz, se continúa la publicación de los r esultados del Estudio
Inventario de Cortijos, Haciendas y Lagar es de Andalucía. Se va completando así el proyecto de investigación iniciado años
atrás con el objetivo de desentrañar y dar a conocer uno de los aspectos más destacados y significativos del patrimonio ar qui-
tectónico andaluz, el que atañe a las construcciones de implantación rural r elacionadas con la pr oducción agrícola. Este pr oyec to se ins-
cribe en el mar co de los estudios e inventarios que la Dir ección General de Ar quitectura y V ivienda desarr olla sobr e la ar quite ctura civil
de Andalucía como parte de sus cometidos específicos, por vocación pr opia y en cumplimiento de las atribuciones y obligaciones que le
fuer on conferidas desde el traspaso de competencias.
En el caso de la pr ovincia de Cádiz cabe afirmar que el trabajo r ealizado colma con cr eces y aún supera las expectativas inicia les. La
notable variedad y riqueza agrícola, geográfica e histórica de su territorio tienen fiel corr elato en la ar quitectura agraria. Grandes corti-
jos de secano que encarnan a la perfección el modelo ideal de la construcción rústica de la r egión, haciendas y molinos que ens anchan
el panorama de la ar quitectura olivar era del conjunto de la Comunidad, casas de viña que configuran un grupo tipológico de mar cada
personalidad sobr e el que descansa la r enombrada pr oducción vinatera gaditana, instalaciones ganaderas dedicadas a la cría del toro de
lidia, del caballo de pura raza, del bovino r etinto autóctono, entr e otr os, hacen de esta pr ovincia uno de los exponente más co mpletos y
valiosos que puedan encontrarse. Su estado de conservación, además, resulta envidiable en unas construcciones sometidas a un pr oceso
de transformación, deterior o, y muchas veces abandono, bastante generalizado en otras comar cas de nuestra geografía.
Si bien el estudio es una herramienta práctica que ha de servir tanto a investigadores como a los distintos or ganismos afectados, la
difusión mediante publicaciones, exposiciones, confer encias, for os y otras iniciativas constituye un pr opósito básico, ya que la sociedad
en general es su destinataria última y principal beneficiaria. Pr etendemos fomentar que los agentes sociales asuman la conserva ción y sal-
vaguar da de este patrimonio como algo pr opio, pues la administración, aunque deba ser la principal impulsora, difícilmente podrá por
sí sola hacer fr ente a un pr oceso que sobr epasa sus posibilidades y r ecursos y que exige el concurso de todos.
Concepción Gutiér r ez del Castillo
Consejera de Obras Públicas y T ransportes
Nota editorial
E n el año 1990 la Dir ección General de Ar quitectura y V ivienda inició la pr eparación del que sería uno de sus inventarios de
ar quitectura civil andaluza más complejo. El estudio tenía como objetivo principal la localización, la selección y el análisis de
los edificios de mayor interés asociados, ante todo, a la actividad agraria del olivar , el cer eal, la viña y la ganadería en nu estro
territorio, y su finalidad era r escatar del olvido un patrimonio edificado de muy alto valor per o hasta ese momento sólo conocido, de
forma puntual, por unos pocos, escasos, especialistas.
Junto al trazado del perfil básico de la ar quitectura agraria en toda Andalucía, por encima de tópicos, localismos y confusione s topo-
nímicas, se planteaba de forma pr efer ente determinar su situación actual en cuanto a estado de conservación, cambios de uso, po sibili-
dades de futur o etc. Como mar co general, el conocimiento de esta ar quitectura, además de suponer una importante apor tación al c ampo
de la investigación, debía facilitar la r eflexión sobr e los cambios rápidos y pr ofundos a que se está viendo sometida en las úl timas déca-
das, fomentar su valoración y servir de apoyo para la elaboración de propuestas y pr ogramas de inter vención orientados a su apr ovecha-
miento, conservación y recuperación.
Las primeras cifras que sur gieron en la fase de pr eparación del estudio, -número de edificios a visitar , kilómetros que habría que r eco-
rr er , cantidad de personas necesarias para abor dar el trabajo, plazo de tiempo, etc.- eran abrumadoras. Ello obligó a llevar a cabo una pla-
nificación minuciosa y exhaustiva del estudio a fin de aquilatar al máximo el rigor científico, los plazos y el pr esupuesto tot al. La difi-
cultad principal se planteaba en la r ealización del trabajo de campo ya que había que visitar miles de edificios dispersos a lo lar go y ancho
de nuestra geografía, con graves pr oblemas de acceso en muchos casos, y de los que no existía casi ningúna información pr evia. Por ello,
la definición de la metodología a emplear y de los instrumentos más adecuados para desarr ollar este trabajo de campo se convirtió en
nuestra principal pr eocupación. Objeto de meses de análisis, una vez planteada fue ampliamente debatida y contrastada tanto den tr o
como fuera de la pr opia Dir ección General.
Como primer paso, los historiador es Elvira Or dóñez y Fernando Olmedo llevar on a cabo una búsqueda bibliográfica y documental
para determinar en qué grado se encontraba r ecogida esta ar quitectura y a fin de establecer las primeras r efer encias de edificios concre-
tos. A partir de aquí se planteó una metodología de trabajo que se puso a prueba en dos estudios piloto: uno abor daba el sector sur de la
pr ovincia de Cór doba y otr o las comar cas gaditanas de Ar cos de la Fr ontera y V illamartín. Compr obada la validez del planteamiento gene-
ral, y tras leves r ectificaciones, se inició la contratación por fases de las difer entes zonas de estudio, para cuya definición se utilizó el sis-
tema convencional de división por pr ovincias. Esta división no se corr esponde con la r ealidad geográfica del r eparto de las dis tintas
variantes ar quitectónicas del campo andaluz, per o se consideró la opción más operativa de las varias que se analizar on. A junio de 2002,
el trabajo de campo se encuentra prácticamente finalizado en toda Andalucía y veinticinco técnicos de distintas disciplinas, ar quitectos,
historiador es, geógrafos… han participado en su r ealización.
Respecto a la publicación de los datos, la serie de volúmenes pr ovinciales se inició con Málaga, ahora le corr esponde el turno a Cádiz
y en un futur o próximo irá apar eciendo el r esto de las pr ovincias. Dentr o de este pr oceso de difusión, una exposición itinerant e muestra
en la actualidad un avance del estudio en aquellos municipios de nuestra Comunidad que poseen una mayor riqueza en el campo de la
ar quitectura agraria. De forma paralela se han establecido contactos con or ganismos de distintas administraciones cuyas competencias
inciden en este patrimonio, como pueden ser los r esponsables de Or denación del T erritorio y Urbanismo, Cultura, Medio Ambiente,
Agricultura, T urismo, etc. a fin de trasvasarles los datos para aquellas facetas de su actividad que lo requieran. En este sent ido, se ha pr o-
mulgado una or den conjunta de las Dir ecciones Generales de Or denación del T erritorio y Urbanismo y Ar quitectura y V ivienda que obli-
ga a incorporar la ar quitectura agraria r ecogida en el inventario en la r edacción del planeamiento urbanístico general.
Por último, se está analizando la viabilidad de intervención directa, dentr o de los programas de Intervención en el Patrimonio Público
de Interés Ar quitectónico, en algunos edificios de titularidad pública que por su singularidad e interés son dignos de ser r ecu perados del
estado de abandono en que se encuentran.
Respecto a la pr esentación de los contenidos de esta publicación, se inicia con una intr oducción al contexto geográfico, histórico y
ar quitectónico de la pr ovincia, sigue con una selección de los edificios de mayor interés y concluye con un r egistr o de todos los visita-
dos, incluyendo algunos inventariados en el curso del trabajo. La selección y el interés de los edificios han sido fijados por los equipos
r edactor es en función de la configuración actual de las construcciones. El interés ar quitectónico que pr esentan al día de hoy es pues, el
primer criterio de valoración.
Si bien el númer o total de edificios inventariados en la pr ovincia ha sido de 338, se ha optado en la publicación por r educir é ste a
186. Se han agrupado en tr es apartados que corr esponden a sectores de la pr ovincia delimitados en virtud de una r elativa coher encia geo-
gráfica y constructiva dentr o del ámbito rural, tratando de salvar , y asumir en algunos casos, las limitaciones que impone una división
meramente administrativa. Cada sector se desarr olla en sucesión alfabética de municipios, or denándose también alfabéticamente los edi-
ficios según su corr espondiente topónimo.
En Cádiz, como en otras zonas de Andalucía, se encuentran algunas grandes explotaciones mixtas que disponen de varios edificios
dispersos, especializados según los distintos apr ovechamientos que se dan en ellas. A veces, esta forma de or ganizar la producc ión es
fruto de una planificación pr evia en los orígenes de la explotación, per o en otr os casos deriva de una agrupación posterior de fincas, en
principio independientes, en manos de un solo pr opietario, bien por compra o bien por her encia. Cuando se ha considerado que, i nde-
pendientemente de su origen, existe una unidad derivada de una forma concr eta de or ganizar la producción, los edificios que se encuen-
tran dentr o de una misma explotación se han agrupado en una sola entrada, bien bajo una denominación común –caso de T orr e Breva o
la Almoraima- o bien manteniendo los distintos topónimos – Cortijos de las Quinientas y Roalabota, Cor tijos de la Mariscala y los
Establos-. Sin embar go, lo más frecuente es que los distintos edificios de una misma pr opiedad funcionen como unidades independien-
tes e inconexas. T ratar de diferenciar qué conjuntos forman una unidad de explotación y cuáles no ha r esultado a veces complejo, pero,
a pesar de ello, se ha optado por pr esentarlos agrupados. Ésta es una forma de r esolver la multifuncionalidad de una gran explo tación
poco conocida, inter esante y difer ente a aquellos casos, como las haciendas, en que las dependencias ligadas a los distintos ap rovecha-
mientos se concentran en una construcción única.
Sobr e cada edificación se ofr ece una r eseña monográfica encabezada por su denominación en cartografía junto a otras detectadas en
el trabajo de campo o fuentes documentales, un epígrafe r elativo a los usos que haya podido soportar , un plano de situación basado en
la cartografía a escala 1:10.000 y a continuación un texto en el que se describe y documenta cada unidad, junto a las per tinen tes refe-
r encias fotográficas y planimétricas.
A pesar de que en la intr oducción se han establecido categorías basadas en los cultivos o explotaciones tradicionales, en la pr esenta-
ción de los edificios se ha r enunciado intencionadamente a establecer una clasificación tipológica cerrada para cada uno de ellos desde un
punto de vista funcional o espacial en razón de la diversidad de variantes y complejidad que se han podido compr obar al analizar la evo-
lución y fisonomía actual que pr esentan las construcciones. Adscribir cada uno de estos edificios a un grupo de estricta definición, más
allá de la toponimia, r esultaría en exceso r educcionista. Más bien se ha pr etendido ofr ecer una base abierta a difer entes inter pretaciones.
La ar quitectura
agraria en Andalucía
Fernando Olmedo Granados
La ar quitectura
agraria en la
pr ovincia de
Cádiz
E l Estudio Inventario de Cortijos, Haciendas
y Lagar es en la pr ovincia de Cádiz se llevó
a cabo entr e los años 1993 a 1998. La meto-
dología de trabajo utilizada fue la establecida por la
Dir ección General de Ar quitectura y V ivienda, y es la
misma que se ha aplicado a la totalidad del territorio
de la Comunidad Autónoma.
El trabajo de campo ha sido el ver dader o punto de
partida y principal base para su r ealización. Se partió
de un listado inicial elaborado fundamentalmente a
partir de la car tografía existente sobr e la zona, apoya-
da en el Inventario de T oponimia Andaluza y en el pr o-
pio conocimiento de la comar ca de los miembr os de
los equipos. Paralelamente se consultó una numer osa
bibliografía que pr opor cionó datos r elevantes en cuan-
to a información general de las comar cas estudiadas.
El mapa topográfico de Andalucía a escala 1:10.000
elaborado por el Instituto de Cartografía de Andalucía
ha sido el principal instrumento en la localización de
las piezas y en la elaboración del primer listado de ele-
mentos a visitar . La escala de esta cartografía permite
su utilización para r ecabar una primera información
acer ca de la forma de la planta y tamaño apr oximado
de las edificaciones. Esto permite r ealizar una primera
selección de piezas en función de sus dimensiones,
perfectamente per ceptibles en los mapas. Igualmente
ha pr opor cionado datos iniciales, aunque necesaria-
mente r evisables, sobr e los usos del suelo, cultivos
dominantes, topografía, etc. Ha sido igualmente im-
pr escindible para la pr eparación de los viajes, permi-
tiendo establecer itinerarios y rutas de campo. En las
pr oximidades de las poblaciones la cartografía veía
limitada su utilidad a causa del mayor índice de cam-
bios al que están sometidas estas zonas, y a las pr opor-
ciones que en la periferia de algunas ciudades ha alcan-
zado el fenómeno del hábitat disperso e incontr olado.
Fenómeno éste especialmente r elevante en Chiclana,
El Puerto de Santa María y Jer ez de la Frontera. En
estos casos la localización de las piezas ha exigido una
mayor labor de rastr eo sobr e el terr eno. En general es
una documentación de bastante fiabilidad en cuanto a
la información pr opiamente cartográfica y en lo r elati-
vo a topónimos y usos del suelo. Sin embar go, y a con-
secuencia de los continuos cambios que experimenta
el mundo rural, tampoco están ausentes impr ecisiones
en las denominaciones, edificaciones que han desapa-
r ecido, caminos cortados o abandonados, etc.
El mapa militar de España escala 1:50.000 del
Servicio Geográfico del Ejér cito de 1970, por la ampli-
tud de su escala, no ha sido un instrumento especial-
mente r elevante en la elaboración del primer listado
r ealizado, pues su nivel de detalle pr opio no permite la
caracterización de los elementos construidos. Sí ha
sido, sin embar go, un instrumento válido para deter-
minar los itinerarios generales y establecer rutas y via-
jes antes de pasar a concr etarlos definitivamente sobr e
la anterior cartografía, lógicamente más exhaustiva y
minuciosa en la definición de ver edas y caminos rura-
les. El gran valor de esta cartografía radica igualmente
en que permite mantener una imagen global del con-
junto del territorio y de las piezas estudiadas, imagen
que ha sido fundamental durante la r ealización del tra-
23
La arquitectura agraria en la provincia
Intr oducción
bajo y especialmente tras la finalización de éste para
conocer la situación territorial de las difer entes tipolo-
gías, tanto en r efer encia a su distribución por munici-
pios como a su localización en el interior de los mis-
mos: r elaciones de pr oximidad entr e las distintas pie-
zas, distancia a las poblaciones, etc.
En cuanto a la bibliografía consultada, hay que
r eseñar que no es muy amplia la existente sobr e ar qui-
tectura rural, y son casi inexistentes los estudios espe-
cializados r ealizados sobr e la misma en esta pr ovincia.
A este r especto ha sido de gran importancia el trabajo
Hábitat rural y gran explotación en la depr esión del
Guadalquivir de Gema Florido T rujillo. En esta obra se
r ecoge un estudio exhaustivo de las diversas explota-
ciones agrícolas y prácticamente por vez primera se
analiza la tipología edificatoria del viñedo jer ezano.
Este estudio ha pr opor cionado un inestimable punto
de partida para afr ontar nuestros análisis de los datos
r ecopilados, pr opor cionando un documento con el que
confr ontar nuestras pr opias conclusiones. Además de
este estudio, se ha manejado bibliografía encaminada a
la obtención de datos generales sobr e la geografía, his-
toria, agricultura y ganadería de la pr ovincia de Cádiz,
bibliografía general sobr e temas agrícolas y rurales de
carácter genérico que facilita el conocimiento del mun-
do del hábitat rural, censos y estudios sobr e datos esta-
dísticos r elacionados con la pr oducción agr opecuaria
de la zona, y , por último, los trabajos conocidos sobr e
temas dir ectamente r elacionados con la ar quitectura y
las tipologías rurales, ya sea en la pr ovincia o en el
r esto de Andalucía.
En las visitas r ealizadas a los distintos elementos, la
r ecogida de información se ha basado en tr es pilar es
fundamentales: inspección visual y documentación
fotográfica, levantamiento de cr oquis y consultas ora-
les. En la inspección visual se atendió tanto a la anota-
ción de características generales de la edificación,
estructura or ganizativa, uso original y tipología, siste-
mas constructivos, localización de elementos y depen-
dencias características, númer o de plantas, dimensio-
nes apr oximadas, estilos ar quitectónicos, etc., como a
la anotación de cir cunstancias particular es concurren-
tes en las distintas dependencias visitadas: elementos
estructurales y constructivos particular es, elementos
ornamentales, disposiciones singular es, etc. La amplia
documentación gráfica r ecogida ha sido un inestima-
ble complemento para la elaboración posterior de las
fichas de cada uno de los elementos, y supone un
importante anexo a la documentación escrita, especial-
mente r elevante para dar una visión de conjunto de la
r ealidad edificada del campo gaditano, y no sólo de sus
mejor es piezas. En aquellos elementos de mayor inte-
rés se ha ampliado la serie fotográfica, incluyendo
tanto visiones de conjunto como detalles par ciales
externos e internos. Se han levantado cr oquis de todos
los elementos considerados de r elevancia, y que cons-
tituyen casi la totalidad de los que posteriormente han
sido incluidos en el inventario. Los cr oquis elaborados
atienden generalmente a distribuciones en planta. En
aquellos casos de superior interés se han r ealizado
también cr oquis de elementos o secciones r elevantes e,
incluso, de detalles par ciales de la edificación que exi-
gían un estudio más pormenorizado o una mayor esca-
la de r epr esentación.
Paralelamente a la inspección de la edificación, la
conversación con los habitantes o trabajador es de la finca
ha pr opor cionado una valiosa información acer ca de la
misma: datos r efer entes a las dimensiones y cultivos de
la finca, historia del edificio, fecha de construcción, des-
tino original, transformaciones y ampliaciones r ealiza-
das, uso actual y primitivo de las difer entes dependen-
cias, etc. La importancia de esta información oral debe
ser valorada en su justo término, por lo que siempr e que
fue posible se intentó contrastarla con otras fuentes y
con la pr opia r ealidad. Conjuntamente a la información
sobr e la construcción, el contacto con los habitantes de
la misma ha sido fundamental para incorporar a nuestr o
trabajo el léxico habitual de estas comar cas y para apr en-
der y entender el ciclo y necesidades de las faenas agrí-
colas, actuales y desapar ecidas, que tanto tienen que ver
con la utilidad de las distintas dependencias y con la
motivación funcional de su formalización. De gran utili-
dad ha sido también la información que podían pr opor-
cionar sobr e los accesos y rutas hasta la siguiente finca,
uso agrícola de la misma, interés r elativo, etc.
Esta metodología expuesta, basada fundamental-
mente en el conocimiento in situ de la realidad física
existente, ha r esultado ser la más adecuada para r eali-
zar un examen r eal y rigur oso del estado actual de
nuestra ar quitectura rural y avanzar en el estudio y
conocimiento de la misma. La r ealización del trabajo de
campo ha exigido un esfuerzo temporal y humano que
ha r esultado muy superior a lo que se pudo pr ever ini-
cialmente. El trabajo que ha supuesto localizar muchas
de las piezas y la pr oblemática que entraña cir cular por
los caminos rurales ha dificultado más de lo pr evisto la
r ealización de esta fase del trabajo, que, por otr o, lado
se veía continuamente supeditado a las inclemencias
atmosféricas, lluvia, viento, etc. El importante númer o
de elementos visitados e inventariados ha pr opor ciona-
24 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
do una ingente cantidad de información. Desentrañar ,
or denar y pr ocesar tal volumen de datos ha sido pr oba-
blemente la mayor traba que encontramos a la hora de
elaborar la memoria, para que, de la forma más sintéti-
ca y estructurada posible, pudiera quedar r ecogida toda
esta información.
25
La arquitectura agraria en la provincia
T otal pr ovincia de Cádiz
Alcalá de los Gazules
Alcalá del V alle
Algar
Algodonales
Ar cos de la Fr ontera
Barbate
Los Barrios
Benalup-Casas V iejas
Benaocaz
Bornos
El Bosque
Castellar de la Fr ontera
Chiclana de la Fr ontera
Chipiona
Conil de la Fr ontera
Espera
El Gastor
Grazalema
Jer ez de la Fr ontera
Jimena de la Fr ontera
Medina Sidonia
Olvera
Paterna de Rivera
Prado del Rey
Puerto Real
El Puerto de Santa María
Puerto Serrano
Rota
San José del V alle
San Roque
Sanlúcar de Barrameda
Setenil de las Bodegas
T arifa
T rebujena
V ejer de la Frontera
V illaluenga de Rosario
V illamartín
Zahara
186
5
2
0
5
17
1
5
0
0
1
1
1
2
0
0
2
1
0
71
4
10
5
0
0
3
3
1
2
8
0
6
4
7
1
4
0
14
0
338
12
2
1
6
66
2
6
0
1
4
1
1
3
0
0
14
1
0
91
6
21
7
0
1
6
4
3
2
10
0
7
5
11
1
7
0
36
0
Publicación Inventariados
857
52
7
5
16
125
11
20
3
3
5
4
4
6
1
5
30
2
7
176
30
53
20
2
10
15
27
15
2
16
11
15
20
22
3
19
1
90
4
Registrados
Municipios y resultados
26 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
Mapa de georreferenciación de los edificios que se incluyen en la publicación. Sin numerar y en distinto color aparece el resto de los que han sido inventariados.
27
La arquitectura agraria en la provincia
74. Cortijo de Guerra
(Puerto Real)
75. Cortijo Huerta de San José o
Hacienda de San José
(Puerto Real)
76. Cortijo de Villanueva
(Puerto Real)
77. Casa Nuestra Señora del
Carmen (Puerto de Santa María)
78. Casa de la T orre de San
Cristóbal (Puerto de Santa María)
79. Cortijo las Beatillas
(Puerto de Santa María)
80. Rancho el Administrador
(Rota)
81. T orre Breva (Rota)
82.Caserío Miraflores Alta
(Sanlúcar de Barrameda)
83. Cortijo de Cabeza Alcaide
(Sanlúcar de Barrameda)
84. Cortijo de la Cañada
(Sanlúcar de Barrameda)
85. Cortijo de Évora
(Sanlúcar de Barrameda)
86. Cortijo y Molino de
Monteagudo
(Sanlúcar de Barrameda)
87. Viña y Casa Maestre
(Sanlúcar de Barrameda)
88. Cortijo Alventus (T rebujena)
D EL G UADALETE M EDIO A LA S IERRA
89. La Cacería o Casa de
T omillos (Alcalá del V alle)
90. Cortijo del Baldío
(Alcalá del V alle)
91. Cortijo de Cerillar
(Algodonales)
92. Cortijo Molino Nuevo
(Algodonales)
93 Cortijo de la Nava de San Juan
(Algodonales)
94. Cortijo de Santiago
(Algodonales)
95. Molino del Dornajo
(Algodonales)
96. Cortijo de Albardén
(Arcos de la Frontera)
97. Cortijo Casa Blanquilla (Arcos
de la Frontera)
98. Cortijo Casablanca
(Arcos de la Frontera)
99. Cortijo Faín
(Arcos de la Frontera)
100. Cortijo de Fuensanta
(Arcos de la Frontera)
101. Cortijo o Hacienda el Peral
(Arcos de la Frontera)
102. Cortijo de Jadublón o de
Jaulón (Arcos de la Frontera)
103. Cortijo Nuevo o el Guijo
(Arcos de la Frontera)
104. Cortijo de las Posadas
(Arcos de la Frontera)
105. Cortijo del Rey
(Arcos de la Frontera)
106. Cortijo San Rafael
(Arcos de la Frontera)
107. Cortijo Soto del Almirante
(Arcos de la Frontera)
108. Hacienda de San Andrés
Nuevo (Arcos de la Frontera)
109. Hacienda el Santiscal
(Arcos de la Frontera)
1 10. Hacienda el Vicario o la
Vicaría (Arcos de la Frontera)
1 1 1. Molino del Bachiller Viejo
(Arcos de la Frontera)
1 12. Molino Nuestra Señora de la
Luz o Barrancos
(Arcos de la Frontera)
1 13. Molino de Salvatierra
(Bornos)
1 14. Casa Hortales (El Bosque)
1 15. Cortijo de San Antón
(Espera)
1 16. Molino la Carrasca (Espera)
1 17. Molino Palomino (El Gastor)
1 18. Cortijo Chirivanas (Olvera)
1 19. Cortijo Corbones (Olvera)
120. Cortijo de Lora (Olvera)
121. Cortijo de la Mota (Olvera)
122. Cortijo Orihuela (Olvera)
123. Cortijo el Parroso
(Puerto Serrano)
124. Cortijo de Chorreadero Viejo
(San José del V alle)
125. Cortijo el Molino
(San José del V alle)
126. Cortijo Pajarete Alto
(San José del V alle)
127. Cortijo Parralejo Bajo o Villa
Antonia (San José del V alle)
128. Cortijo Parrilla Alta
(San José del V alle)
129. Cortijo el Pícaro o El Picao
(San José del V alle)
130. Cortijo Sotillo Nuevo
(San José del V alle)
131. La Gigonza
(San José del V alle)
132. Cortijo de Aguilera Alta
(Setenil de las Bodegas)
133. Cortijo de Excalanta Baja
o Escalante
(Setenil de las Bodegas)
134. Cortijo la Preciada
(Setenil de las Bodegas)
135. Cortijo T ejarejo
(Setenil de las Bodegas)
136. Cortijo la Ahumada
(Villamartín)
137. Cortijo Alberite (Villamartín)
138. Cortijo la Chirigota
(Villamartín)
139. Cortijo la Higuerilla
(Villamartín)
140. Cortijo las Rosas de Santa
Ana (Villamartín)
141. Cortijo T ierras Nuevas del
Cuartel (Villamartín)
142. Cortijo la V entolera
(Villamartín)
143. Hacienda la Buena Suerte o
la Máquina (Villamartín)
144. Hacienda la Granja
(Villamartín)
145. Hacienda los Huertos
(Villamartín)
146. Hacienda el Rosalejo
(Villamartín)
147. Hacienda de San Rafael
(Villamartín)
148. Hacienda el Serrecín
(Villamartín)
149. Molino de las Montañas
(Villamartín)
L A J ANDA Y EL C AMPO DE
G IBRAL T AR
150. Cortijo las Cobatillas
(Alcalá de los Gazules)
151. Cortijo y Ermita de los
Santos (Alcalá de los Gazules)
152. Cortijo Isla V erde
(Alcalá de los Gazules)
153. Cortijo la Palmosa
(Alcalá de los Gazules)
154. Cortijo el Pradillo
(Alcalá de los Gazules)
155. Cortijo y Ermita de la
Porquera (Barbate)
156. Cortijo de las Albutreras
(Los Barrios)
157. Cortijo de Almoguer o la
Almoguera
(Los Barrios)
158. Cortijo Grande de
Guadarranque (Los Barrios)
159. Cortijo Viña el Patrón
(Los Barrios)
160. Dehesa María del Campo o
Casas del Castaño (Los Barrios)
161. La Almoraima
(Castellar de la Frontera)
162. Cortijo Barría
(Jimena de la Frontera)
163. Cortijo de Buenas Noches u
Hoyos del Guadarranque
(Jimena de la Frontera)
164. Cortijo Fábrica la Bomba
(Jimena de la Frontera)
165. Cortijo Sambana
(Jimena de la Frontera)
166. Cortijo los Alburejos
(Medina Sidonia)
167. Cortijo Charco Dulce Alto
(Medina Sidonia)
168. Cortijo Corbaina o
Escorbaina (Medina Sidonia)
169. Cortijo el Lobo
(Medina Sidonia)
170. Cortijo Pocasangre
(Medina Sidonia)
171. Cortijo la Quinta Alta y Baja
(Medina Sidonia)
172. Cortijo Rendón
(Medina Sidonia)
173. Cortijo de V alcargado
(Medina Sidonia)
174. Cortijo del Y eso
(Medina Sidonia)
175. Cortijo la Zorrera
(Medina Sidonia)
176 Cortijo del Acebuchal (T arifa)
177. Cortijo de Azicar (T arifa)
178. Cortijo de la Cuesta del
Carpintero (T arifa)
179. Cortijo de Iruelas (T arifa)
180 .Cortijo de Palmosilla (T arifa)
181. Cortijo del Pedregoso
(T arifa)
182. Cortijo de la Zarzuela
(T arifa)
183. Cortijo la Pastora
(V ejer de la Frontera)
184. Cortijo Sierra Graná o el
T orero (V ejer de la Frontera)
185. Jandilla
(V ejer de la Frontera)
186.Molino San Cayetano
(V ejer de la Frontera)
J EREZ Y C OST A N OROESTE
1. Cortijo las Bóvedas o Inglés Alto
(Chiclana de la Frontera)
2. Cortijo Casa de la Guardia
(Chiclana de la Frontera)
3. Casa Alta
(Jerez de la Frontera)
4. Casa del Barco
(Jerez de la Frontera)
5. Casa de las Carreñas
(Jerez de la Frontera)
6. Casa de la Compañía
(Jerez de la Frontera)
7. Casa de la Esperanza
(Jerez de la Frontera)
8. Casa de las Gallegas o Viña
Sabel (Jerez de la Frontera)
9. Casa o Hacienda la Rabia
(Jerez de la Frontera)
10. Casa de las Monteras o Viña
Ponce (Jerez de la Frontera)
1 1. Casa la Pescadera
(Jerez de la Frontera)
12. Casa San Cayetano
(Jerez de la Frontera)
13. Casa de Santa Bárbara
(Jerez de la Frontera)
14. Casa de la T orre
(Jerez de la Frontera)
15. Casablanca
(Jerez de la Frontera)
16. Cortijada la Blanquita
(Jerez de la Frontera)
17. Cortijo de la Alcaría
(Jerez de la Frontera)
18. Cortijo Alijar
(Jerez de la Frontera)
19. Cortijo los Arquillos
(Jerez de la Frontera)
20. Cortijo Berlanga
(Jerez de la Frontera)
21. Cortijo de las Cabezas Viejas
(Jerez de la Frontera)
22. Cortijo de Cápita o de Arana
(Jerez de la Frontera)
23. Cortijo de la Cartuja de
Alcántara (Jerez de la Frontera)
24. Cortijo Casarejo
(Jerez de la Frontera)
25. Cortijo de Ducha
(Jerez de la Frontera)
26. Cortijo de Espartinas
(Jerez de la Frontera)
27. Cortijo del Herrador
(Jerez de la Frontera)
28. Cortijo los Isletes Altos
(Jerez de la Frontera)
29. Cortijo los Isletes Bajos
(Jerez de la Frontera)
30. Cortijo de la Jara
(Jerez de la Frontera)
31. Cortijo de Marrufo
(Jerez de la Frontera)
32. Cortijo Matamoro
(Jerez de la Frontera)
33. Cortijo de las Mesas de
Santiago (Jerez de la Frontera)
34. Cortijo de la Peñuela
(Jerez de la Frontera)
35. Cortijo de Pérez Lio o Lila
(Jerez de la Frontera)
36 Cortijo de la Plata
(Jerez de la Frontera)
37. Cortijo de Pozuela Alta
(Jerez de la Frontera)
38. Cortijo de Romanina Alta
(Jerez de la Frontera)
39. Cortijo Salto al Cielo
(Jerez de la Frontera)
40. Cortijo San José de Prunes
(Jerez de la Frontera)
41. Cortijo Santo Domingo
(Jerez de la Frontera)
42. Cortijo de la Sierra
(Jerez de la Frontera)
43. Cortijo del Sotillo Viejo
(Jerez de la Frontera)
44. Cortijo T oril de las Pitas
(Jerez de la Frontera)
45. Cortijo de la T orre
(Jerez de la Frontera)
46. Cortijo de T orrecera
(Jerez de la Frontera)
47. Cortijo de la Zangarrina
(Jerez de la Frontera)
48. Cortijos de Campanera y
Fuente del Rey
(Jerez de la Frontera)
49. Cortijos de Frías y Bolaños
(Jerez de la Frontera)
50. Cortijos de la Mariscala
y de los Establos
(Jerez de la Frontera)
51. Cortijos de Monte Corto Alto
y Monte Corto Bajo
(Jerez de la Frontera)
52. Cortijos del Olivillo y la
V entosilla (Jerez de la Frontera)
53. Cortijos las Quinientas y
Roalabota (Jerez de la Frontera)
54. Cortijos el Rizo y del Duende
(Jerez de la Frontera)
55. Cortijos de Vicos y Garrapilo
(Jerez de la Frontera)
56. Macharnudo o Cortijo de
Majuelo (Jerez de la Frontera)
57. T orre de Santa T eresa
(Jerez de la Frontera)
58. Viña Amorosa
(Jerez de la Frontera)
59. Viña Aranda o los Arcos
(Jerez de la Frontera)
60. Viña de Arriba o la Riva
(Jerez de la Frontera)
61. Viña el Caballo
(Jerez de la Frontera)
62. Viña el Calderín del Obispo
(Jerez de la Frontera)
63. Viña la Canariera
(Jerez de la Frontera)
64. Viña las Cañas
(Jerez de la Frontera)
65. Viña Caribe
(Jerez de la Frontera)
66. Viña Cerro Nuevo
(Jerez de la Frontera)
67. Viña Cerro V iejo
(Jerez de la Frontera)
68. Viña el Corregidor
(Jerez de la Frontera)
69. Viña el Cuadrado o del
Cuadrado Nueva
(Jerez de la Frontera)
70. Viña de Estévez
(Jerez de la Frontera)
71. Viña Picón
(Jerez de la Frontera)
72. Viña la Soledad
(Jerez de la Frontera)
73. Viña V erango
(Jerez de la Frontera)
29
La arquitectura agraria en la provincia
Apr oximación a la
geografía de la pr ovincia
L a pr ovincia gaditana constituye un territorio
complejo difícilmente fraccionable en uni-
dades claramente delimitadas. En su térmi-
no se superponen y solapan distintos sistemas natura-
les cuya delimitación es aún más compleja en tanto en
cuanto que la división administrativa, pr ovincial y
municipal, como es habitual, no se corr esponde con
unidades naturales. T ambién entr e municipios las di-
fer encias son destacables en cuanto a superficie y
población. Desde los grandes municipios de la franja
central de la pr ovincia, con Jer ez a la cabeza, con
1.187 km 2 , a los pequeños términos coster os y serra-
nos, siendo Cádiz el menor con 11 km 2 . Y en cuanto a
densidad de población, desde Cádiz con más de
13.000 hab/km 2 , hasta V illaluenga, con 13 hab/km 2 . La
distribución de la población por el territorio pr ovin-
cial tampoco es homogénea. El hábitat en la pr ovincia
es básicamente concentrado; Cádiz es una pr ovincia
de ciudades y pueblos grandes. Existe un esquema de
doble concentración. Por un lado, un alto por centaje
de la población r eside en las ár eas litorales, en detri-
mento del territorio interior , mucho menos poblado.
Por otr o, esta población se agrupa fundamentalmente
en los núcleos cabecera de los términos municipales.
El ár ea más densamente poblada la constituye el sec-
tor nor oeste y , en concr eto, la bahía de Cádiz. En el
extr emo opuesto, el interior del Campo de Gibraltar es
la zona de más débil demografía.
El principal elemento discriminador dentr o de la
pr ovincia es la pr opia or ografía. El r elieve se convierte
en el elemento definidor y delimitador de ár eas y
comar cas. Existe una pr ofunda dicotomía entr e la mi-
tad occidental y la oriental. En el paisaje pr ovincial se
distinguen las grandes llanuras occidentales que se
convierten de forma brusca en abruptas serranías de
fuertes pendientes. Esta difer enciación orográfica ha
influido determinantemente en el paisaje vegetal y
agrícola. El sector occidental, llano, de génesis pr efe-
r entemente sedimentaria y de r elleno postor ogénico,
pr esenta un paisaje eminentemente agrario. En la
mitad oriental, montañosa, de génesis tectónica y mor-
fológica pr efer entemente estructural, pr edomina el ar-
bolado, con poblaciones de encinas, algarr obos, queji-
gos en las sierras del nor este y bosque de alcornoques
desde Ubrique hasta el sur de la pr ovincia.
Aceptando el r elieve como elemento difer enciador
es posible establecer cuatr o grandes unidades natura-
les r econocibles en el ámbito pr ovincial. Este esquema,
aunque simplificador , se ve avalado una vez analizados
los hechos climáticos pr ovinciales. Podemos por tanto
difer enciar: la campiña, en el sector central de la mitad
norte de la pr ovincia, el litoral occidental, comprendi-
do entr e las desembocaduras de los ríos Barbate y
Guadalquivir , las ar eniscas del Campo de Gibraltar y la
sierra nor deste, de r elieve claramente alpino. Estas
cuatr o unidades medioambientales no pueden consi-
derarse a su vez como ár eas homogéneas de similar es
r ecursos naturales, ni su ámbito está claramente defi-
nido. Por el contrario, cada una de ellas engloba a su
vez ár eas o comar cas cuyas características peculiar es o
devenir histórico han condicionado la explotación de
sus r ecursos naturales o el uso de la tierra.
La campiña central es la zona geográfica delimitada
por los cursos medios de los ríos Guadalete y Barbate,
con amplios valles para la agricultura y escasa altitud. Su
apr ovechamiento natural es básicamente agrario en
grandes explotaciones de secano. Está formada por
terr enos casi llanos, salpicados por pequeñas colinas ter-
ciarias, con abundantes depósitos eocenos, depósitos
oligocenos formados por sedimentos marinos –las cono-
cidas tierras albarizas– y depósitos miocenos en una
franja coincidente con el valle del Guadalete, y una
r epr esentación de terr enos más modernos, pliocenos y
cuaternarios, formados por sedimentos ar enosos, limo-
sos y fluviales. Con un clima de tipo mediterráneo de
matiz oceánico, la cer canía al mar y su baja topografía
hacen que la r egión se vea sometida a la influencia marí-
tima y a los vientos de poniente, más fr escos y húmedos,
que amortiguan las altas temperaturas del verano y des-
pejan las posibilidades de heladas. La temperatura
media anual es de 18º c y la pluviosidad es elevada.
Entr e los agentes atmosféricos es necesario desta-
car el viento de levante, cuya sola influencia divide en
dos zonas la campiña gaditana: al sur de la línea que
uniría San Fernando y Paterna, donde el levante con-
diciona la práctica agrícola generalizada, y al norte de
esta línea, donde su importancia es menos decisiva.
Los suelos más r epr esentativos de la campiña son
los bujeos y albarizas. Los bujeos son los suelos típicos
de las campiñas gaditanas y la tierra característica de
los cortijos andaluces. Son suelos ar cillosos, pr ofun-
dos, con un alto poder r etentivo de la humedad y una
alta capacidad de abonado. Conforman un paisaje de
pequeños llanos y suaves lomas que se extiende al este
de Sanlúcar , norte del Puer to y oeste de Jer ez, en las
campiñas de las Mesas entr e Jer ez y Ar cos, y en
Medina, Benalup, Alcalá y V ejer . Son suelos muy pr o-
ductivos en secano, excelentes para el cultivo cer ealis-
ta, que ha sido su dedicación principal y que hoy con-
vive con el algodón y sobr e todo con la r emolacha.
Hacia el este, en el contacto campiña-sierra, apar ecen
también los olivar es. La zona sur , la conocida como
comar ca de La Janda, compr ende las campiñas ganade-
ras de Medina y T arifa. Formada por colinas de suelos
30 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
Mapa físico de
la provincia de Cádiz
de bujeos y suelos pr ocedentes de la laguna de la
Janda, bujeos muy ar cillosos. En la actualidad se dedi-
can principalmente a cultivos de secano r esistentes al
levante y a pastos en las dehesas ganaderas.
Las albarizas son los suelos típicos del Mar co de
Jer ez, triángulo de suaves cerr os y lomas compr endido
entr e el Guadalete y el Guadalquivir , dedicados funda-
mentalmente al cultivo de la vid. Son suelos con un
alto contenido calizo que alimenta escasamente a la
planta, lo cual le confier e longevidad a la misma y cali-
dad al fruto. Existen en los términos de Jer ez, sobr e
todo al oeste, en Sanlúcar , al este del término del
Puerto de Santa María, en T r ebujena y en pequeños
r etazos en otr os lugar es.
La cuenca del Guadalete es una de las ár eas de
mayor apr ovechamiento agrícola y de r egadío de la
pr ovincia. En esta zona destacan las grandes explota-
ciones, con abundantes r egadíos pr ocedentes de los
embalses del Guadalete que abastecen a los términos
de Jer ez, Puerto de Santa María y Puer to Real. En las
zonas de marismas y su periferia se cultivan, entr e
otr os cultivos, arr oz y algodón.
El litoral oeste gaditano es el ár ea costera compr en-
dida entr e las desembocaduras de los ríos Barbate y
Guadalquivir , aunque la delimitación entr e litoral y
campiña no es demasiado terminante. Región baja de
marismas y bahías y de origen cuaternario, el pr oceso
de r elleno ha sido lento por lo que aún permanece una
amplia zona donde no existen sedimentos aluviales del
río, sino ar cillas salitr osas, fangos marismeños y dunas.
La masa oceánica pr opor ciona una mayor r egulari-
dad térmica y un más elevado índice de humedad
atmosférica, lo que permite el cultivo al air e libr e de
plantas que necesitan poca agua de riego –zanahorias,
tomates, melones, sandías, etc.–. La incidencia del
Levante es muy acusada y decisiva al sur del Puerto de
Santa María.
La costa nor oeste constituye por sí sola una peque-
ña comar ca agrícola con características pr opias. El
suelo es ar enoso, muy manejable, formado por dunas
continentales de ar enas y barr os r ojizos. En esta zona
se concentra gran parte del r egadío intensivo de horta-
lizas de la pr ovincia –Chipiona, Rota, parte de
Sanlúcar y del Puerto–. Hasta hace poco estos terr enos
eran parte de los cultivos de secano, aunque siempr e
existier on varios tipos de semirr egadíos en huertos y
en los característicos navazos. Los huertos, a pesar de
la escasa agua de pozo, pr osperaban por la elevada
humedad ambiental. Los navazos son cultivos de semi-
rr egadíos en ar enas, obtenidos r ebajando el terr eno
hasta situarlo a una vara por encima del manto fr eáti-
co, con lo que la planta se nutr e de agua por sus raíces,
obteniendo extraor dinarias calidades, altos r endimien-
tos y sobr e todo, pr ecocidad de fruto.
Al sur del Puerto de Santa María, donde el Levante
es más combativo, se r epr oduce la situación agrícola
de la vecina campiña. En la zona del litoral entr e
Chiclana y Conil se encuentra de nuevo el esquema
viñedo-huerta, característico de la zona entr e Sanlúcar
y Chipiona, per o sin llegar a tener la importancia pr o-
ductiva de éste.
Paisajes típicos del litoral gaditano son las maris-
mas y salinas. Suelos de r elleno fluvial, muy salitr osos
y ar cillosos y difícilmente cultivables, por lo que siem-
pr e se usar on como pastizales ganader os de baja cali-
dad o para la extracción de sal.
El ár ea del Estr echo o Campo de Gibraltar compr en-
de todo el ár ea geológica del macizo de Aljibe y sus pr o-
longaciones hacia el sur , hasta Gibraltar y T arifa. Son
sierras de escasa altitud formadas por r ocas ar eniscas
oligocénicas de carácter silíceo, muy blandas, que con-
forman un paisaje de r elieve de lomas y sierras no muy
altas, en el que destacan lar gos estratos rocosos aislados
y paralelos que se pr olongan hasta el Estr echo.
Climatológicamente de características templadas,
esta ár ea se encuentra muy afectada por el influjo
marino que le pr opor ciona una mayor r egularidad tér-
mica. La acción de los vientos es notable, principal-
mente la del Levante, que se hace más acusada al apr o-
ximarse al Estr echo.
Constituye la principal zona de arbolado de la pr o-
vincia. Las r ocas ar eniscas han favor ecido el desarr ollo
de potentes bosques de alcornocales, encinas y acebu-
ches que han generado importantes apr ovechamientos
for estales encaminados fundamentalmente a la obten-
ción de cor cho. Esta actividad la convierte en la pri-
mera zona cor chera de España. Abundan en esta
comar ca los terr enos adehesados. La ganadería se dedi-
ca principalmente al ganado bovino en explotaciones
extensivas y , anteriormente, hasta la llegada de la
peste, también al por cino.
El sector meridional de la comar ca, focalizado en
Algeciras, pr esenta una mayor variedad de cultivos.
Existen arr ozales en la zona del T esorillo y r egadíos en
torno a las cuencas de los ríos Guadiar o y Palmones
que concentran la mayor parte de la pr oducción de
cítricos de la pr ovincia.
La sierra compr ende las ár eas del macizo de
Grazalema y de las estribaciones meridionales de las
serranías Subbéticas, lindando ya con la pr ovincia de
31
La arquitectura agraria en la provincia
var es disminuyer on en más de 4.000 aranzadas a lo
lar go del siglo, mientras que la vid crecía algo más de
5.000 en el mismo período.
Los pr ocesos desamortizador es que a lo lar go del
siglo consolidarán la gran pr opiedad afectarán negati-
vamente a la ganadería. La disminución de tierras del
común, que eran apr ovechadas para el pequeño pasto-
r eo o para beneficio de los grandes ganader os, la r otu-
ración de pastizales y la desaparición del enorme patri-
monio ganader o de las órr denes r eligiosas harán que
en la segunda mitad del XIX la cabaña ganadera sufrie-
ra un importante descenso. La desaparición de pastiza-
les afectó especialmente al númer o de ganado caprino
y ovino. El ganado de labor sin embar go se incremen-
tó –caballo, asno y sobr e todo mulos– ante las nuevas
necesidades de r oturación. El ganado vacuno, que
sufrió un fortísimo r etroceso, se estabilizó en el último
cuarto de siglo. Su destino seguía siendo principal-
mente las labor es del campo. Por su parte la ganadería
de lidia experimenta un pr oceso expansivo, como r en-
table complemento de grandes pr opiedades de secano
con manchones de pasto y monte. T ras la desamortiza-
ción, la mayor parte de esta ganadería está en manos de
particular es, y se extiende a veces por la campiña sus-
tituyendo en algunos casos al ganado lanar . El mante-
nimiento del sistema tradicional de cultivo al ter cio
pr opiciará que los nuevos ganader os sean en muchas
ocasiones los mismos grandes pr opietarios de tierras,
que de esta forman se aseguran el apr ovechamiento de
la hoja de descanso y el abonado natural de las tierras.
Siglo XX
El siglo XX es sin duda el de las grandes transfor-
maciones para el sistema agrario y la sociedad rural,
que pondrá contra las cuer das el modo tradicional de
pr oducción.
El viñedo de la pr ovincia, que a finales del siglo
XIX estaba r epr esentado ampliamente en casi todos los
términos municipales, sufrió tal crisis con la filoxera
que desapar eció prácticamente en menos de tr es años.
La mayoría del viñedo no volvió a r eplantarse sino que
fue sustituido por olivar . T an sólo fue replantado en el
Mar co de Jer ez y en Chiclana, r educiéndose las nume-
r osas y antiguas variedades de uva antes empleadas a la
palomino casi exclusivamente, que es la que se ha con-
vertido en la uva típica de Jer ez. Aquí los que replan-
tar on lo hicier on inmediatamente, y en 1906 se habían
r eplantado ya 5.312 ha. en el contexto de las 8.464 que
existían antes de la epidemia. El enorme volumen de
vino que acumulaban las bodegas en esta época salvó
las exportaciones, el negocio y , en definitiva, al cultivo
de la vid de su desaparición. La crisis culmina en 1923,
y a partir de esta fecha comienza un ciclo alcista que se
verá quebrado por la Segunda Guerra Mundial. En
1950 la situación volvió a la normalidad y en la segun-
da mitad de la década las exportaciones aumentar on
sin parar hasta alcanzar un máximo histórico de
725.000 botas en 1972. El éxito llevaría a sobr edimen-
sionar el negocio, duplicándose casi la superficie culti-
vada entr e 1970 y 1982. La crisis internacional de los
setenta supuso un fuerte r etroceso en las expor tacio-
nes, que encontrar on un negocio hiper dimensionado e
iniciar on un período de ajuste que se pr olonga hasta
hoy día. Para fr enar la crisis debido al exceso de pr o-
ducción se arrancar on, en 1983, 2.300 ha. de las
21.700 existentes. A principios de los noventa, con un
nuevo plan de r egulación, se arrancar on 4.000 ha. más,
superficie que en su mayoría se dedicó a plantas indus-
triales: girasol, r emolacha, etc. En este pr oceso, las
viñas situadas fuera de la zona considerada «Jer ez
superior» han r etr ocedido más rápidamente. Así ha
ocurrido en las tierras ar enosas de Chipiona donde
han desapar ecido prácticamente y en su lugar se siem-
bran tomates u otr os cultivos de primor .
En cuanto al olivar , a pesar del cr ecimiento que
experimentó a principios de siglo, su superficie se ha
ido r educiendo poco a poco. Hasta 1965 fue desapar e-
ciendo lentamente, y de esta fecha hasta hoy de modo
casi fulminante en algunos municipios. Actualmente se
r educe a las zonas más alejadas de la costa: Olvera,
Algodonales, Setenil, Puerto Serrano, Ar cos, etc. Las
causas fundamentales de esta disminución son tr es: el
clima marítimo, que no es el adecuado para el olivo por
las muchas plagas que sufr e, el alto costo de la r ecolec-
ción y , por último, el estar asentado sobr e suelos que
son más r entables utilizados para otr os cultivos. En la
actualidad, en el montante total de la pr oducción pr o-
vincial car ece de la importancia de otr os cultivos.
La ver dadera expansión agrícola, en términos abso-
lutos, se pr oduce en las grandes superficies de secano,
más por el cambio en los sistemas de pr oducción que
por el incr emento de las tierras de cultivo. Dos hechos
fuer on fundamentales: la incorporación del abono y la
aparición de los primer os tractor es americanos, la
mecanización. Hasta estas fechas el cultivo clásico de
las buenas tierras de secano se hacía por el sistema de
cultivo al ter cio, por que no había la suficiente capaci-
dad técnica para mantener una pr oductividad sostenida
en todas las tierras, con el abono necesario para su
r ecuperación tras la siembra. La aparición del guano del
Perú, en 1860, y del nitrato de Chile, en 1902, supuso
38 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
un incr emento de la pr oducción de trigo y la siembra
de la hoja de barbecho, per o no supuso un cambio del
sistema. T ras la Guerra Civil y el Plan de Estabilización,
los tractor es y las cosechadoras comienzan a sustituir al
ganado de labor y a las primeras máquinas de trillar , de
manera que en los sesenta es ya testimonial el trabajo
con bestias. La mecanización supuso un cambio funda-
mental en el modo e intensidad de cultivar la tierra. Se
adoptó el sistema de año y vez, empleándose toda la su-
perficie de las explotaciones, desapar eciendo poco a
poco la hoja de pastos y cultivándose en toda su ampli-
tud la hoja de barbecho semillado con plantas indus-
triales como el algodón, la r emolacha, el girasol, etc.,...
altamente pr oductivas. La aparición de la máquina de
cosechar autopr opulsada en 1952 mar có un nuevo hito
al permitir la r ecolección con rapidez, lo cual hacía
muy r entable el cultivo del trigo.
La otra gran r evolución agrícola del siglo es sin
duda el aumento de los sistemas de riego. La superficie
de r egadío existente hoy en la pr ovincia, en torno a
52.000 ha., ha sido puesta en su mayoría a partir de
1942, cuando comenzó su actuación el Instituto
Nacional de Colonización. Antes sólo existían en la
zona r egable del pantano de Guadalcacín, El Portal, El
T esorillo, y los riegos de navazos en Sanlúcar . En esta
pr ovincia la puesta en riego de cultivos no fue nunca
apr emiante por el alto índice pluviométrico que parte
de ella soporta y por que nunca existió una tradición
secular del r egadío.
La propiedad de la tierra
El conocimiento del par celario agrícola, su origen
y evolución es determinante para el entendimiento de
la ar quitectura tradicional del mundo rural. Durante
la dominación r omana la estructura de la pr opiedad se
basaba en pequeñas explotaciones familiar es y gran-
des fincas agrícola-ganaderas. En estas explotaciones
del Bajo Imperio, cuyos r estos se encuentran disemi-
nados por toda la Bética, se ha querido ver el origen
de los cortijos, per o no existen datos capaces de asen-
tar esta teoría con absoluta seguridad. La etapa islá-
mica es mal conocida en lo que se r efier e a estructuras
de pr opiedad y explotación, limitándose el conoci-
39
La arquitectura agraria en la provincia
Mapa impreso de la
delimitación del sector
oriental del término de
Jerez, hacia 1729.
Archivo Catedralicio,
Cádiz.
miento compr obado de su influencia a la puesta en
r egadío de r educidas superficies en las pr oximidades
de las poblaciones.
El origen del latifundio andaluz se encuentra en la
casi total señorialización del territorio que se pr oduce
a partir de la r edistribución de tierras tras la recon-
quista cristiana. En una primera época, tras la con-
quista, la r epoblación se or ganizó en torno al repar to
de las tierras entr e los poblador es y los conquistador es,
mediante her edamientos y donadíos. Hay tierras para
todos, conquistador es y r epoblador es, pr opiedades
más o menos extensas sin apenas pr oletariado rural.
En una segunda fase, casi inmediata, el desinterés de
algunos beneficiados venidos de fuera y la venta masi-
va de los pequeños pr opietarios puso en mar cha un
pr oceso que culminaría con la concentración de gran-
des patrimonios territoriales en manos de la Iglesia y
de las casas señoriales. La costumbr e del mayorazgo
que empezó a implantarse durante la Reconquista pr o-
tegía a estas grandes pr opiedades nobiliarias de su
fragmentación.
Así, el siglo XVI se inicia con la pr ovincia pr ofun-
damente señorializada. El dominio nobiliario era espe-
cialmente intenso en la zona costera del sur y al norte
de la pr ovincia, mientras en la franja central era mayo-
ritaria la pr opiedad comunal y la sierra norte constituía
una zona intermedia entr e la nobleza, vecinos secula-
r es y pr opiedad comunal. Durante todo el Seiscientos
se pr odujer on cambios importantes en la pr opiedad de
las tierras y grandes capitales urbanos pr ocedentes del
comer cio se invirtier on en el agro. Los pr opietarios, en
general, intentar on una consolidación de sus posesio-
nes adaptando para ello las explotaciones, la pr oduc-
ción y los beneficios a la nueva r ealidad. Se observa
una pr eocupación cada vez más acr ecentada por los
cer camientos de fincas y dehesas a costa de los terr e-
nos baldíos y comunales. Señor es y vecinos poder osos
cer can fincas del común, pr eviamente arr endadas, y
con el paso del tiempo se adueñan de las mismas. Las
fincas aumentar on su extensión y con ello vino la pr o-
letarización del campesinado. Los caseríos y cortijos se
afianzan como elementos peculiar es del agr o andaluz
r esultantes de estos esquemas de pr opiedad.
Durante el XVIII se pr oduce la consolidación del
moderno latifundio y la conversión de gran parte de la
población activa dedicada a las labor es del campo en
trabajador es a jornal. Es importante destacar que gran
parte de las pr opiedades de la alta nobleza, y la mayo-
ría de las eclesiásticas, estaba cedida en arr endamien-
to. De ello se beneficiaban poder osos labrador es,
muchos de los cuales no poseían ninguna en pr opie-
dad, a pesar de lo cual constituirían con el tiempo ver-
daderas oligar quías locales. Este fenómeno explicará
en gran medida el cambio de pr opietarios experimen-
40 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
Viña de Macharnudo, en
término de Jerez de la
Frontera, en una
litografía de mediados
del siglo XIX.
tado en el siguiente siglo y determinadas característi-
cas pr esentes en las construcciones rurales, como por
ejemplo la ausencia casi generalizada de señorío en los
cortijos de secano.
El siglo XIX verá r eafirmarse la gran pr opiedad, el
latifundio andaluz, a la vez que contempla como cam-
bia de titular es. La pr ovincia de Cádiz, junto a Sevilla
y Ciudad Real, son los máximos exponentes naciona-
les de la concentración de grandes extensiones de tie-
rra en pocas manos. Más del 50% de las fincas supera
las 250 ha. y en algunas comar cas estos por centajes se
agrandan: Jer ez cuenta con un 73% de fincas mayor es
de 250 ha. y Castellar alcanza casi el 100%. Las razo-
nes últimas de este fenómeno hay que buscarlas en tr es
pr ocesos acontecidos a lo lar go del siglo: la subasta de
pr opiedades pr ovenientes de las desamortizaciones
eclesiástica y civil, las desvinculaciones y ventas de las
tierras nobiliarias, y los pr ocesos de compraventa que
afectan a las tierras dadas en r epartos a finales del
XVIII y principio del XIX.
Las desamortizaciones eclesiásticas de Mendizabal y
las civiles de Madoz pusier on en cir culación enormes
cantidades de tierra pr ocedentes del estamento ecle-
siástico e instituciones civiles. La der ogación de la figu-
ra del mayorazgo aceleró la disolución de los patrimo-
nios nobiliarios, sujetos a las leyes generales de her en-
cia y , por tanto, sometidos a divisiones y a la posibili-
dad de venta por parte de cualquiera de los sucesivos
her eder os. Las pequeñas par celas pr ovenientes de los
r epartos de tierras entr e colonos acaban siendo vendi-
das en pocos años y quedando las fincas en manos de
los grandes y medianos arr endatarios y pr opietarios.
Estos pr ocesos, lejos de modificar la estructura latifun-
dista, contribuyer on a r eforzarla, al tiempo que facilita-
r on el acceso a la pr opiedad de buena parte de la anti-
gua bur guesía de negocios. Muchas de las propiedades
salier on a la venta sin subdividirse, para no r estarles
valor , de manera que sólo pudier on acceder a ellas
aquéllos que ya contaban con una solvente posición
económica. En general los nuevos pr opietarios pertene-
cían a la bur guesía, comer ciantes y ricos labradores
arr endatarios habituales de las tierras que ahora salían
a la venta, o a la tradicional oligar quía terrateniente no
titulada, que con ello acr ecentó sus bienes.
En menos de un siglo se había pasado de una gran
pr opiedad unida a los estamentos nobiliario y eclesiás-
tico y a las corporaciones e instituciones civiles, a otra
individual y concr eta per o igualmente minoritaria. La
gran concentración de la pr opiedad se dio sobr e todo
en las fincas de cer eales y en las dehesas, mientras que
en las tierras dedicadas a viñedos la extensión media
casi nunca llegaba a superar las 100 ha., abundando
más en cambio, la pequeña y mediana pr opiedad. La
gran cantidad de capital invertido por los nuevos terra-
tenientes en la compra de fincas limitó las posibilida-
des de r ealizar auténticas inversiones dirigidas a
modernizar los cultivos e incr ementar los r endimien-
tos, por lo que no pudo pr oducirse una ver dadera
modernización de la agricultura.
En 1930 un 2,7% de los pr opietarios contr olaba el
68% de las tierras cultivables de la pr ovincia, mientras
que el r esto quedaba divido entr e unos 20.000 peque-
ños y medianos pr opietarios. Las fincas mayor es de 250
ha. r epr esentaban el 60% del total, mientras que las
menor es de 10 ha., poco más del 10%. Durante la II
República se intentó poner r emedio a esta situación
mediante una r eforma agraria de carácter r evoluciona-
rio, cuyos efectos desapar ecier on tras la contienda civil.
Durante el régimen de Franco la política de coloniza-
ción fue el intento más importante de actuación sobr e
la r ealidad agraria. No obstante, la estructura de distri-
bución de pr opiedad de tierras se mantuvo casi intacta.
En el año 1984 la r ecién cr eada Junta de Andalucía
intentó un nuevo pr oceso de r eforma poniendo en
mar cha la Ley de Reforma Agraria, que nace como r es-
puesta global a las necesidades de transformación,
modernización y desarr ollo de las estructuras agrarias,
estableciéndose la posibilidad de expr opiación de las
fincas manifiestamente mejorables. Los r esultados r ea-
les de este nuevo intento están aún por llegar . La evo-
lución de la pr opiedad en los últimos años sigue un
pr oceso de r eor ganización a nivel de municipios ten-
dente a la polarización, acentuándose el carácter mini-
fundista de los pequeños municipios y , al contrario,
desapar eciendo poco a poco la pequeña pr opiedad de
los municipios de latifundio.
41
La arquitectura agraria en la provincia
La ar quitectura de las construcciones rurales está
íntimamente ligada formal y compositivamente a los
sistemas de pr oducción. Esto no significa que la evolu-
ción general de la ar quitectura y de los estilos artísticos
no haya dejado huella en las construcciones rurales;
esta impr onta existe y es claramente per ceptible en las
grandes unidades edificadas, especialmente cuando se
sitúan en las pr oximidades de las poblaciones. A medi-
da que desciende la importancia de la edificación, o nos
alejamos de las principales poblaciones, las influencias
estilística se diluyen en favor de una ar quitectura fun-
cional, entr oncada con el pr opio lugar y casi atemporal.
Las villas r omanas y las instalaciones agrícolas islá-
micas han sido interpr etadas habitualmente por la tra-
tadística tradicional como antecedentes e incluso ger-
men dir ecto de las grandes edificaciones actuales. Di-
cha hipótesis se ha visto r efr endada en otras comar cas
con la aparición de r estos de ambas culturas en las pr o-
ximidades de explotaciones actuales, e incluso con ins-
talaciones islámicas r eutilizadas. Sin embar go, en las
comar cas objeto de este estudio, la existencia de r estos
de estas características o de yacimientos ar queológicos
que hagan pr esuponer la pr eexistencia de instalaciones
agrícolas de esta época en las edificaciones actuales es
quizás más episódica o minoritaria, aunque no estén
por completo ausentes, según se apr ecia en el caso de
varios cortijos de Jer ez, por ejemplo, ligados a vestigios
de antiguas alquerías. Sí se han encontrado insertos
con mayor claridad en conjuntos edificatorios poste-
rior es r estos de construcciones defensivas islámicas,
torr es y fortalezas, de las cuales se han r eaprovechado
algunos espacios interior es y , principalmente, mur os y
estructuras como apoyo de nuevas construcciones.
En los siglos XVI y XVII, con la pacificación defini-
tiva de Andalucía y la expansión de la agricultura, se
dan las condiciones socio económicas necesarias para
generar una nueva ar quitectura rural. Per o no será
hasta bien entrado el XVII cuando se pr oduzca el gran
fenómeno ar quitectónico que dará a luz a una ar quitec-
tura rural andaluza de características pr opias. Este
acontecimiento no es más que la aparición de lo que se
ha venido a llamar barr oco sevillano, que manifestará la
más adecuada expr esión de la sociedad estamental, r eli-
giosa hasta el fanatismo, y agrícola de la Andalucía de
los siglos XVII y XVIII. Será en este contexto histórico
artístico cuando germinen las dos tipologías de mayor
extensión en el campo andaluz, el cortijo de secano y la
«hacienda olivar era». A los primer os momentos de esta
trayectoria pertenece la Cacería, en Alcalá del V alle,
todo un pr ecedente del pr oceso por venir , y quizás el
ejemplo más antiguo de los inventariados. El cortijo y
la hacienda, tal como hoy los entendemos, son her ede-
r os de la nueva concepción espacial y formal que nace
con el Barr oco. Per didos los valor es r enacentistas basa-
dos en el or den y en la concepción unitaria de la obra,
los fragmentos adquier en valor por sí mismos y no
necesariamente por su pertenencia a un conjunto com-
positivo. No existe un or den a priori ni una posición
pr edeterminada para cada elemento, y éstos se combi-
nan de manera difer ente en cada edificación.
El fenómeno ar quitectónico de las portadas constitu-
ye el ejemplo mas patente de esta nueva concepción de
la ar quitectura, fuertemente influida por los efectos esce-
nográficos y por la tradición r etablística, tan importante
43
La arquitectura agraria en la provincia
La ar quitectura agraria
Cortijo de la Cañada,
Sanlúcar de Barrameda.
en el Barr oco. Las portadas se diseñan como elementos
autónomos que se superponen al fondo murario, enten-
dido éste como mer o soporte. Por otr o lado, la estilística
barr oca está fuertemente influenciada por el fenómeno
r eligioso, a cuyo servicio estará volcada gran parte de la
pr oducción ar quitectónica del momento. La ar quitectura
rural no podrá abstraerse de este pr oceso y elementos
claramente originarios de conventos y templos se incor-
porarán al mundo rural: portadas, espadañas, torr es, etc.
Es en el XVIII cuando la ar quitectura rústica alcanza
su plenitud en la Baja Andalucía. A este período pertene-
ce la mayoría de las piezas más antiguas que han podido
ser inventariadas en las comar cas de estudio. Durante el
siglo XVIII los air es r enovador es que auspician la subida
al tr ono de los Borbones y sus ideas ilustradas llegan al
campo a través de las actuaciones colonizadoras. Per o la
influencia barr oca en la ar quitectura rural se pr olongará
durante todo el siglo e incluso se adentrará en el XIX. Las
estructuras agrarias aún se mantienen en manos de los
estamentos más r eacios a las nuevas ideas y la ar quitec-
tura por ellos pr omovida permanecerá próxima a los pr e-
supuestos barr ocos, aunque adoptará de la etapa borbó-
nica un mayor sentido del lujo y la ostentación, que tras-
ladarán a sus viviendas rurales. Resultado de esta
corriente son algunas suntuosas haciendas y casas con
molino de aceite de la comar ca de Ar cos.
44 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
El cambio de titularidad de las tierras que se pr o-
duce durante el siglo XIX sitúa al fr ente de las mismas
a una bur guesía culta y adinerada que acoge con entu-
siasmo las nuevas ideas ilustradas y los nuevos estilos
artísticos y ar quitectónicos. En esta zona de estudio el
ejemplo más sintomático de la nueva situación se en-
cuentra en las construcciones del viñedo del Mar co
del Jer ez. Durante el siglo XIX se pr oduce el gran des-
pegue del negocio vitivinícola y se construye la mayor
parte de las casas de viña inventariadas. Fruto de este
pr oceso y de las nuevas concepciones ar quitectónicas
nace la casa de viña tal como hoy la conocemos. La
estética neoclásica y su r ecuperación clasicista de los
elementos ornamentales, el pragmatismo y la funcio-
nalidad pr opia de la mentalidad ilustrada y el rigor
compositivo de la nueva ar quitectura están pr esentes
en estas construcciones. Fachadas y plantas r espon-
den en general a una nueva concepción de conjunto y
ya no son fr ecuentes elementos característicos de la
etapa anterior , como torr es y portadas. T ambién en
otras tipologías se manifestará este cambio de menta-
lidad. En las explotaciones olivar eras, al cambio de
titularidad se suma, en la segunda mitad del siglo, la
aparición de las nuevas tecnologías industriales. Las
almazaras que se construyan a partir de este momen-
to lo harán acor de con los nuevos pr eceptos ar quitec-
45
La arquitectura agraria en la provincia
Viña Cerro Nuevo,
Jerez de la Frontera.
tónicos. En los cortijos pasarán mucho más desaper ci-
bidos los nuevos air es estilísticos. Por otra parte, la
inestabilidad política y social que aqueja a buena parte
de la centuria decimonónica r edunda en la concep-
ción hermética y la incorporación de algunos elemen-
tos defensivos, como garitas de vigilancia, en numer o-
sas edificaciones de ár eas donde la inseguridad se hace
endémica durante décadas, como la sierra y las cam-
piñas altas colindantes.
Conjuntamente a las innovaciones estilísticas, du-
rante el siglo XIX se pr oducirá la irrupción de las tec-
nologías derivadas de la r evolución industrial y que
46 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
De arriba abajo y de
izquierda a derecha, La
Cacería, Alcalá del V alle;
Hacienda el Rosalejo,
Villamartín; Cortijo de la
Cañada, Sanlúcar de
Barrameda; y Hacienda
de San Andrés Nuevo,
Arcos de la Frontera.
afectarán definitivamente a la ar quitectura rural en sus
aspectos constructivos y pr oductivos. La incorporación
de la ar quitectura del hierr o, y la difusión de las cer-
chas, primer o de madera y tirantes metálicos y comple-
tamente metálicas posteriormente, posibilitará cubrir
mayor es luces sin necesidad de apoyos intermedios y
con menor es espesor es en los mur os de apoyo. La intr o-
ducción de la máquina hidráulica inaugurará un pr oce-
so que culminará con la aparición de la electricidad y
las grandes maquinarias y con la desaparición de unas
tipologías ar quitectónicas formalmente ligadas a deter-
minados pr ocesos pr oductivos ya obsoletos. Entr e los
casos más patentes se encuentran la almazara de viga y ,
a la lar ga, la estancia de ganado.
En los primer os años del siglo XX se pr oduce el
fenómeno de la ar quitectura r egionalista amparada en
la Exposición Iber oamericana de Sevilla de 1929. Entr e
la ar quitectura rural y los movimientos r egionalistas se
establecerá un pr oceso de r etr oalimentación. En los
primer os momentos esta nueva ar quitectura volverá
sus ojos hacia los grandes ejemplos rurales, y en espe-
cial a las haciendas sevillanas. Posteriormente será la
ar quitectura rural la que importe estilemas y ornamen-
tos pr opios del decorativismo r egionalista: r ecer cados
de huecos, azulejerías, elementos islámicos y mudéja-
r es, mirador es y ar querías, etc. Durante este siglo se
acelerará también el pr oceso de desaparición de la téc-
nica de construcción tradicional y la incorporación
definitiva al campo de la construcción actual, sobr e
todo en su versión industrial.
Apuntes para una clasificación tipológica
Al hablar de una clasificación funcional de la ar qui-
tectura rural es necesario hacer r efer encia a la denomi-
nación popular que r ecibe en estas comar cas, puesto
que originalmente la pr opia terminología suponía una
clasificación y difer enciación funcional. Las voces más
habituales se r efier en a las construcciones rurales co-
mo cortijos, dehesas o casas. Durante la r ealización del
trabajo, se ha podido compr obar que la terminología
tradicional, al menos en la zona de estudio, ha per dido
gran parte de su significado, confundiéndose los con-
ceptos y denominándose con el mismo término r eali-
dades difer entes. Como norma común se ha constata-
do que el término cortijo se emplea para designar tanto
a la pr opia finca como a cualquier construcción rural
de cierta entidad, independientemente de su origen y
funcionalidad. Dentr o de esta confusión terminológica
cabe destacar como excepción a las edificaciones aso-
ciadas al viñedo. Estas construcciones rara vez r eciben
la denominación de cortijo, designándose como casas
de viña o más corrientemente sólo viña y , en casos muy
contados de la comar ca de Ar cos, como hacienda. Ante
dicha situación, la utilización única de ésta terminolo-
gía en el sistema clasificatorio induciría a un mayor
grado de confusión.
Definir una tipología supone establecer una serie de
características comunes a un conjunto de elementos
ar quitectónicos, características que, además, deben ser
capaces de singularizar y definir dichos elementos. Estas
cir cunstancias comunes a los miembr os de una clasifica-
ción tipológica, estos invariantes, se encuentran en la
estructura pr ofunda de la forma, están en el origen mismo
de esta ar quitectura que en ellos encuentra explicación.
T ipo y forma no son elementos identificables, y no
es posible a priori asociar a una tipología una única
r espuesta formal. Para obtener una clasificación tipo-
lógica de la amplia variedad constructiva del mundo
rural partir emos de la premisa, que aunque necesaria-
mente r educcionista no es por ello menos cierta, de
que la ar quitectura rural es ante todo la r espuesta
ar quitectónica a una serie de necesidades funcionales
r elacionadas con los pr ocesos y faenas agrícolas. Desde
este punto de vista es posible establecer la difer encia-
ción de las edificaciones rústicas y clasificarlas con
r elación a la función para la cual fuer on generadas: el
cultivo de la tierra calma, el olivar y la pr oducción de
aceite, el ganado bravo, la explotación for estal, el labo-
r eo del viñedo y la elaboración de la uva, etc. Esta cla-
sificación supone aceptar como invariantes de una
clase tipológica aquellas dependencias que r esponden
a las funciones básicas de la tipología. Lógicamente
47
La arquitectura agraria en la provincia
Hacienda de San Andrés
Nuevo, Arcos de la
Frontera.
dichas dependencias no constituyen hechos aislados
sino elementos interr elacionados entr e sí. Por lo tanto,
estas r elaciones y mutuas interfer encias son así mismo
invariantes del tipo ar quitectónico.
Sin embar go, no todo en la arquitectura rural en-
cuentra explicación en la mera funcionalidad de su
misión agrícola. Existen otras cir cunstancias dignas de
ser tenidas en cuenta, y que r esponden a otra serie de
48 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
M AP A DE RELACIÓN ENTRE AL TITUD Y FUNCIÓN DE LOS EDIFICIOS
La mayoría de los edificios inventariados en la provincia de Cádiz se concentra en cuatro espacios geográficos claramente definidos: la cuenca
meridional del río Guadalete, la campiña central comprendida entre los cursos medios de los ríos Guadalete y Barbate, el sector más oriental de la
comarca del Campo de Gibraltar -entre los ríos Palmones y Guadiaro-, y la franja nordeste de la provincia, en las estribaciones de las sierras
Subbéticas. En los tres primeros casos aparecen amplias zonas llanas en las que apenas se alcanzan los 400 m de altitud mientras que en el último
el relieve es más accidentado y con altitudes mayores que, puntualmente, superan los 800 m.
El 70% de la superficie total de la provincia se sitúa entre los 0 y 200 m de altitud, el 17% entre los 200 y 400 m, el 7% entre los 400 y 600 m y el 6%
restante en altitudes superiores a los 600 m. El 81% de las unidades inventariadas se encuentra en altitudes comprendidas entre los 0 y 200 m (de
las cuales el 55% se sitúa entre los 0 y 100 m y el 26% entre los 100 y 200 m), el 15% entre los 200 y 400 m y tan sólo el 4% supera los 400 m.
En un análisis más detallado de la altitud que ocupan los edificios según las distintas tipologías funcionales existentes, no se observan diferencias
significativas que permitan establecer correlaciones claras entre ambos factores. De los edificios cerealistas, el 83% se sitúa entre los 0 y 200 m de
altitud, el 13% entre los 200 y 400 m, el 2% entre los 400 y 600 m y sólo el 3% supera los 600 m. El 43% de los edificios de olivar se encuentra entre
los 0 y 200 m de altitud, el 52% entre los 200 y 400 m, mientras que el 4% restante ocupa altitudes comprendidas entre los 600 y 800 m. El 100% de
las construcciones ligadas al viñedo se sitúa entre los 0 y 200 m de altitud y en el caso de la ganadería, prácticamente el 94% se localiza ente los 0
y 200 m de altitud, mientras que el 6% restante se reparte equitativamente entre los 200-400 m y los 400-600 m. En cuanto a las unidades mixtas, el
77% se sitúa entre los 0 y 200 m de altitud, el 17% entre los 200 y 400 m, el 2% entre los 400 y 600 m y el 4% restante supera los 600 m de altitud.
55
La arquitectura agraria en la provincia
LA CASA DE VIÑA
La ar quitectura del viñedo del Mar co del Jer ez con-
forma como grupo el tipo más peculiar del campo
gaditano. T radicionalmente conocidas por «casas de
viña», o simplemente «viñas», constituyen un conjun-
to ar quitectónico de gran singularidad y particular es
características. T erritorialmente se concentran en un
ámbito muy determinado, cerrado y de r educido tama-
ño, constituido por el triángulo nor occidental de la
pr ovincia compr endido entr e los términos municipales
de Jer ez de la Fr ontera, Sanlúcar de Barrameda, Puerto
de Santa María, Chipiona y T rebujena. La ar quitectura
de estas casas no es homogénea en todo el Mar co de
Jer ez. Los mejor es ejemplos y por tanto la mayor parte
de los elementos inventariados se sitúan al oeste del
término de Jer ez y al este del Puerto de Santa María,
donde se concentran las explotaciones de las principa-
les firmas exportadoras y las mejor es tierras albarizas,
suelo tradicional del viñedo. En el r esto de los munici-
pios las explotaciones han sido tradicionalmente de
menor tamaño y la pisa se r ealizaba habitualmente en
las poblaciones, facilitado esto último por una mayor
pr oximidad a las mismas. En consecuencia las cons-
trucciones, salvo determinadas excepciones, se desti-
nan principalmente a alber gar utensilios de la vendi-
mia o dar cobijo a los trabajador es. En general son de
menor r elevancia y pequeño tamaño, es inusual la pr e-
sencia del lagar y en su mayoría han quedado fuera de
este inventario.
Las casas de viñas son construcciones destinadas
fundamentalmente a la obtención del mosto o zumo de
las uvas en la pr opia viña, evitando tener que transpor-
tar el fruto hasta las ciudades. Son por tanto complejos
agr oindustriales caracterizados por la pr esencia del lagar
como la pieza definitoria de su función. Gran parte de
los elementos inventariados se edificó durante el siglo
XIX siguiendo unos patr ones determinados que aten-
dían tanto a su estructura funcional como a su formali-
zación. Las r ealizaciones posterior es han mantenido una
forma de construir que ya estaba suficientemente acep-
tada e integrada en el contexto del viñedo gaditano.
Para compr ender en su totalidad la ar quitectura del
viñedo jer ezano es necesario atender a determinadas
cir cunstancias históricas. Durante los siglos XVIII y
XIX las firmas exportadoras de vino, despr ovistas de
terr enos, r ealizar on compras masivas de tierras trans-
formando la estructura minifundista del viñedo. Las
grandes familias acaparar on la pr oducción, transfor-
mación, almacenamiento y exportación y adquirier on
un enorme pr estigio y posición social, conformando
una clase social elitista de aspiraciones aristocráticas.
En las nuevas pr opiedades quedar on englobadas las
primitivas casas de viña que, en general, mantendrían
sus funciones al car go de sus tierras.
Las explotaciones de gran tamaño disponían de
varias casas r epartidas por el territorio, algunas de las
cuales compatibilizaban sus tar eas tradicionales con
dependencias extra agrícolas para dar servicio a la
comunidad de trabajador es: escuelas para los niños o
capillas para los servicios dominicales. Mediante
pequeñas piezas distribuidas por toda la finca se ejer-
cía el contr ol de la explotación a la vez que se evitaba
que los trabajador es tuvieran que per der demasiado
tiempo en desplazarse, mejoraba la vigilancia, etc.
Algunas de estas pequeñas piezas dispersas car ecen de
lagar , per o mantienen las características ar quitectóni-
cas del conjunto y por lo tanto pueden englobarse y
estudiarse en el mismo grupo. Generalmente mantie-
nen el mismo esquema de planta, per o la casa de la
gente sustituye al lagar en su posición de centralidad
(Casa de la Panameña o V iña Romano). El r esto de las
edificaciones menor es suele ser de modesta entidad y
rudimentaria construcción, y se destina a alber gar los
utensilios de la vendimia y pr opor cionar abrigo a los
jornaler os. En general su interés es escaso.
A consecuencia de la concentración de la pr opiedad
sur gió la necesidad de construir casas que ejer cieran de
cabecera de la explotación. Estas edificaciones mantu-
vier on el carácter agrícola per o nacier on como símbolos
del poderío económico y social de sus dueños. En su
construcción se pr estó mayor interés a las soluciones
ar quitectónicas y a la imagen y pr esencia del edificio, y
se incluyer on amplios y ornamentados señoríos que rara
56 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
M AP A DE UNIDADES
VITÍVINÍCOLAS
Un total de 57 edificios
cuenta con instalaciones
para la explotación de la
vid. De ellos, 42 tienen
una dedicación exclusiva
y 15 la combinan con
otros usos, lo que
representa un 74% y un
26% del total
respectivamente.
vez se ocupaban fuera de la época de vendimia. Estas
casas constituyen algunas de las piezas más r elevantes
de la ar quitectura del Mar co, per o en modo alguno pue-
den considerarse como elementos r epr esentativos ni
definitorios del conjunto de las casas de viñas. Hoy en
día, cuando muchos negocios familiar es han dado lugar
a sociedades anónimas, estos edificios mantienen su
carácter r epr esentativo convertidos en símbolo y buque
insignia de las grandes firmas exportadoras.
Al mar gen de lo que se entiende como Mar co del
Jer ez se encuentra el viñedo del término de Chiclana,
que aunque su vino no se inscribe en dicha denomina-
ción, sus tierras entran en la clasificación de zona pr o-
ductora de Jer ez. A pesar de que la superficie plantada
de vides alcanzó gran importancia durante los años
setenta, la pr oximidad a la capital y las r educidísimas
dimensiones de las explotaciones favor eció que las
uvas habitualmente se trasladaran al pueblo para ser
pisadas, por lo que las necesidades de las casas rurales
se r edujer on a las pr opiamente r esidenciales del guar-
da o capataz y a las de almacenaje de los aper os de
labranza. Esto ha pr ovocado que desde el punto de
vista de la ar quitectura rural el viñedo chiclaner o
car ezca de elementos r elevantes en comparación con el
pr opio Jer ez y los demás municipios del Mar co.
Caso aparte, a su vez, es el viñedo de otras ár eas de
la pr ovincia, como la sierra y la comar ca de Ar cos, de
pequeña extensión y en acentuada r ecesión desde la pri-
mera mitad del siglo XIX. En Ar cos y la campiña del
curso medio y alto del Guadalete la pr oducción vitiviní-
57
La arquitectura agraria en la provincia
Macharnudo, Jerez de la
Frontera.
cola solía apar ecer integrada en grandes haciendas con
múltiples funciones (Hacienda el Rosalejo), siendo muy
contados los ejemplos de edificios especializados en el
viñedo que, en todo caso, se r emiten tipológicamente a
las estructuras tradicionales de haciendas y casas moli-
no de olivar , gracias a los paralelismos de sus cir cuitos
pr oductivos (Hacienda la V icaría o el V icario). En la sie-
rra, mientras tanto, pr edominaba el labor eo y elabora-
ción de la uva a partir de los pueblos e instalaciones ur-
banas, detectándose, sin embar go, algunas pequeñas
edificaciones rurales con el nombr e de lagar que han de
r elacionarse con el lagar de montaña malagueño y las
variantes del lagar tradicional de las pr ovincias interio-
r es de Andalucía, cuyo principal condicionante morfo-
lógico estriba en su adaptación al uso de pr ensas de viga,
por completo ausentes del ár ea jer ezana.
Implantación en el territorio
Una característica de las plantaciones de viña es su
pr opio paisaje, determinado por la implantación de las
casas sobr e las suaves lomas de la campiña jer ezana.
Innumerables volúmenes blancos y limpios que desta-
can sobr e el ver de vivo de las cepas, definiendo un pai-
saje que por sí solo constituye un valor cultural.
T radicionalmente las casas de viña se han asentado
sobr e las lomas más altas de las fincas. Desde su posi-
ción privilegiada se podía ver y ser visto. V er , para po-
der ejer cer el contr ol y la vigilancia de la finca, y ser
visto para mostrarse ante los demás, haciendo mani-
festación expr esa de su pr esencia en el territorio. Esto
último es especialmente evidente cuando la edificación
quería apar ecer como símbolo de la posición económi-
co social de su pr opietario.
La localización en alto r espondía también a una
necesidad funcional. T anto el asoleamiento de la uva
en el almijar como los pr ocesos de fermentación y
crianza del vino necesitan para su buen desarr ollo de
58 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
Viñas en el Marco de
Jerez. Arriba, a la
derecha de la imagen,
Viña Cerro Nuevo
Viña los Arcos,
Jerez de la Frontera.
la libr e exposición a las corrientes de air e. En especial
a los vientos de la costa, más húmedos y fr escos. Por
los mismos motivos las edificaciones se orientaban
pr efer entemente de manera que las bodegas y lagar es
quedaran al nor oeste, donde es menor el nivel de inso-
lación, y el sol del mediodía pudiera incidir sobr e el
almijar sin que el pr opio edificio le hiciera sombra.
En el conjunto de la finca la casa se coloca de mane-
ra que desde ella se visualiza la entrada a la pr opiedad
y es posible contr olar el r ecorrido a través del camino
de acceso. La entrada se formaliza mediante dos pilones
de cantería que sostienen una cancela de fundición.
Desde ella se inicia un r ecorrido ascendente hacia la
plataforma horizontal sobr e la que se asientan casa y
almijar . Éste constituye un primer elemento de transi-
ción entr e el territorio y la edificación. El portal supo-
ne el segundo tamiz que da paso definitivo al interior .
Se compone de esta manera un r ecorrido casi pr ocesio-
nal que desde la entrada en la pr opiedad va intr odu-
ciendo gradualmente desde la carr etera hasta el lagar .
Dependencias
La casa de viña es un complejo destinado a r esolver
las necesidades funcionales y espaciales derivadas de
las labor es pr opiamente agrícolas (cuadras, pajar es,
sotillones...) y de los pr ocesos iniciales de obtención y
transformación del zumo de la uva (lagar es, almijar es,
etc.). La casa es, además, una edificación r esidencial:
en ella habita el caser o o capataz de la finca y los tra-
bajador es tempor er os que necesitan habitaciones para
el descanso y cobijo nocturno.
De labor
El almijar constituye una amplia explanada a cielo
abierto situada habitualmente delante de la casa y en
comunicación dir ecta con el lagar . Imprescindible en
las casas de viña, aunque no constituya parte pr opia-
mente de la edificación, es determinante en la implan-
tación de los edificios, en la definición de la estructura
general de la explotación y en general en la r elación
que establece la casa con el pr opio territorio. Su for-
59
La arquitectura agraria en la provincia
El almijar de Casa de la
Esperanza, Jerez de la
Frontera.
malización no pasa habitualmente de ser una superfi-
cie terr osa, limpia y apisonada, que cuando la or ogra-
fía lo exige queda delimitada por un mur ete que hace
las veces de mur o de contención y permite la nivela-
ción del terr eno. En el almijar se r ealizaba el soleo de
las uvas, primer escalón del pr oceso pr oductivo del
mosto. El tiempo de exposición de las uvas al sol varia-
ba en función de la calidad de la cosecha, las condicio-
nes meteor ológicas y del tipo de vino a que estuvieran
destinadas. El pr oceso r educía la humedad del fruto y
aumentaba su graduación alcohólica.
Conforme a la función esencialmente pr oductiva de
las casas de viña, el lagar constituye la pieza esencial del
conjunto, pues es aquí donde se r ealizan las operacio-
nes necesarias para extraer el mosto. En el Mar co de
Jer ez la extracción del zumo de los frutos se ha r ealiza-
do tradicionalmente mediante la pisa dir ecta de los mis-
mos. No hay constancia de que en algún momento his-
tórico se utilizaran otr os pr ocedimientos de extracción,
tipo pr ensas de viga u otr os artilugios que sí existen en
comar cas r elativamente próximas, como la pr opia sie-
rra gaditana. La pisa y pr ensado de la uva se r ealizaba
en grandes cajones de madera denominados también
lagar es, de ahí que en algunos sitios, aunque no es muy
corriente en Jer ez, a la habitación que los contiene se le
conociera comúnmente como casa de lagar es. Estos
60 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
Asoleamiento en el
almijar , pisado y
prensado de la uva en
Macharnudo, Jerez de la
Frontera, a principios del
siglo XX.
Lagares y prensa
sanluqueña en Viña los
Arcos, Jerez de la
Frontera.
cajones, normalmente de pino de Flandes, tenían unas
dimensiones en torno a los 3,5 m, se levantaban del
suelo sobr e apoyos de unos 80 cm de altura, conocidos
como caballetes, y en el centr o tenían un husillo con
una gran tuer ca de madera (marrana o cochina). Hasta
la aparición de las pr ensas mecánicas en los lagar es se
r ealizaba la pisa y el posterior pr ensado de la masa de
uva. La uva era triturada por los pisador es pr ovistos de
calzados de cuer o y suelas con clavos. T erminada la
pisa, la masa r esultante se agrupaba y apr etaba con tiras
de esparto (empleita, pleita) en torno al husillo, en el
cual, mediante un apar ejo de madera, se exprimía para
obtener el caldo r esultante. A partir del siglo XIX el
último pr ensado se r ealizaba en pr ensas independientes
que primer o fuer on manuales, accionadas mediante
volantes y que r ecibier on el nombr e de sanluqueñas, y
posteriormente hidráulicas. Estos nuevos aparatos se
colocaban en las mismas naves de pisa, pues su peque-
ño tamaño no r equería otr os espacios. La mecanización
comenzó a finales del XIX con la intr oducción de las
primeras pr ensas mecánicas. Éstas ocupaban inicial-
mente menos espacio que los lagar es, por lo que se ubi-
car on en la misma nave. Con la gran expansión del sec-
tor vinater o a mediados del siglo XX los principales
exportador es construyeron enormes plantas de pr oduc-
ción en los cascos urbanos, por lo que este pr oceso dejó
de r ealizarse en gran parte de las viñas. En algunos
casos la función del lagar se mantuvo incorporándose
las más modernas maquinarias y en otr os las necesida-
des espaciales de los grandes tr enes de pr ensado exigie-
r on la construcción de nuevos lagar es, que ya se cons-
truyer on con la tecnología pr opia del sector industrial
(El Calderín del Obispo).
La dependencia del lagar es fr ecuentemente la pieza
más r elevante de la casa de viña. Ar quitectónicamente
no exige una formalización determinada, bastaba con
que el espacio fuera amplio y de suficiente altura para
permitir la colocación en batería de varios lagar es. Son
pr efer entemente alar gados y habitualmente de dos na-
ves separadas por los pórticos que sopor tan la cubier-
ta, normalmente a dos aguas. Para facilitar el trasiego
de los trabajador es entr e los lagar es, estos pórticos se
r esuelven mediante grandes ar cadas o con esbeltos
soportes que pr opor cionan total diafanidad entre las
crujías. Al exterior se manifiestan por sus grandes
paños de teja y mayor altura, o bien desapar ecen em-
butidos en el conjunto edificatorio.
En contra de lo que pudiera par ecer común, las
bodegas no son elementos habituales en las casas de
viña. La costumbr e de almacenar los mostos en el
campo hasta ener o o febr er o desapar eció a mediados
del XIX, fecha en la que se construye gran parte de
estas casas, por lo cual los pr ocesos de crianza tradi-
cionalmente se han r ealizado en los complejos bode-
guer os de las poblaciones. En las pequeñas explotacio-
61
La arquitectura agraria en la provincia
Prensas horizontales
en Casa del Cuadrado
Nueva, Jerez de la
Frontera
La nave de lagares de
Viña el Corregidor , Jerez
de la Frontera.
nes se utilizaría como bodega de mostos la misma nave
del lagar , cuya espaciosidad pr opor cionaría el volumen
de air e y las condiciones ambientales necesarias para el
pr oceso de la fermentación. En algunos casos existen
naves anexas a los lagar es y de semejantes característi-
cas a éstos, lo que hace pensar que quizá pudier on es-
tar destinadas a este fin (V iña Caribe). Los ejemplos de
bodegas de mosto que encontramos hoy día son en su
mayoría de nueva construcción y corr esponden princi-
palmente a explotaciones que tienen en funcionamien-
to modernos tr enes de pr ensado (V iña las Cañas, La
Pescadera...). Las bodegas de crianza nunca existier on
como tales en las viñas. A pesar de ello se pueden
encontrar dependencias destinadas a este fin, general-
mente de pequeño tamaño, destinadas al consumo
interno en viñas familiar es o bien con carácter r epr e-
sentativo en los centr os de las grandes firmas exporta-
doras. En estos casos se construyen naves paralelas a
los lagar es y comunicadas con éstos (Macharnudo).
Algunas casas han incorporado más r ecientemente
nuevos espacios para bodegas de crianza, o han r euti-
lizado para tal fin otras dependencias, como el lagar o
la casa de la gente. (Cerr o V iejo y V iña Las Cañas r es-
pectivamente).
Además de las instalaciones r eseñadas, las casas
r epiten una serie de elementos menor es per o impr es-
cindibles para el buen funcionamiento del complejo y ,
por tanto, definitorios del mismo. Uno de los más
característicos es el portal. Abier to en la fachada prin-
cipal, es paso intermedio y espacio de comunicación
entr e el almijar y los lagar es. Como espacio cubierto
era utilizado por los trabajador es en la hora del des-
canso para pr otegerse del inclemente sol de la vendi-
mia, y aquéllos de mayor es dimensiones podían utili-
zarse para r esguar dar las uvas, que estaban asoleándo-
se, de un exceso de humedad nocturna. El aljibe per-
mitía disponer de agua para el consumo doméstico y
animal, especialmente en los meses de verano durante
los cuales se r ealizan las principales tar eas agrícolas en
las viñas. Son subterráneos y habitualmente están loca-
lizados bajo el almijar . Exteriormente se manifiestan
62 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
A la izquierda, bodega
de Viña las Cañas, Jerez
de la Frontera.
A la derecha, patio de
una bodega de Jerez en
torno a 1920
El portal de Viña los
Arcos, Jerez de la
Frontera.
en los típicos br ocales de cantería y en los elementos
de captación y conducción del agua (canalones y
bajantes de plomo), pr esentes en fachadas y cubiertas.
La cuadra suele ser de escasas dimensiones, desti-
nada a los animales de tir o impr escindibles para las
faenas agrícolas, normalmente yuntas de mulos, y a
alguna que otra montura necesaria para desplazarse
por las viñas. Generalmente se sitúan en la fachada
principal con acceso desde el exterior a través del por-
tal. La cuadra suele contar con un pequeño almacén
para la paja, denominado tr oja, situado sobr e la misma
cuadra y en ocasiones en una habitación anexa. Otr os
elementos menor es de pr esencia habitual en las viñas
son los sotillones o soberaos. La gran altura de las
naves de lagar se desdoblaba en dependencias meno-
r es, utilizando este espacio superior a modo de alma-
cén o traster o donde guar dar los utensilios de labranza
y vendimia de una temporada a otra. El acceso se r ea-
liza desde el pr opio lagar mediante escaleras de mano.
De habitación
Es habitual que las casas de viña dispongan de
vivienda para el encar gado o capataz, que reside habi-
tualmente en la viña y se encar ga del mantenimiento
de la edificación, y de dependencias para los trabaja-
dor es (fogarín, casa de la gente y cocina). Sin embar-
go no es fr ecuente que dispongan de señorío.
La vivienda del capataz o encar gado es, por lo gene-
ral, de pequeño tamaño y carácter modesto. Están
constituidas por las estancias r esidenciales básicas y
comunicadas dir ectamente con el lagar . El acceso habi-
tual es desde el portal y en ocasiones exclusivamente
desde el pr opio lagar . Constructivamente se integran
en el conjunto de la edificación, car eciendo de ele-
mentos difer enciador es, a excepción, lógicamente, de
unos mayor es huecos de ventilación.
Como casa de la gente se conoce la dependencia
que en los cortijos de secano se denomina gañanía, es
decir , la r eservada para uso del personal. Normalmente
son habitaciones alar gadas, comunicadas directamente
con los lagar es, que se usaban tanto de comedor como
de dormitorio, sin más mobiliario que grandes mesas y
banquetas corridas. El fogarín es fundamentalmente
un hogar de grandes dimensiones constituido por la
campana de humos y el fogón, en el cual los trabaja-
dor es se pr eparaban la comida y se r eunían durante el
tiempo libr e. Podía constituir una habitación indepen-
diente, anexa a la casa de la gente o estar integrado en
ésta, en un extr emo de la misma. En aquellos conjun-
tos más r educidos, el pr opio fogarín se utilizaba a
modo de dormitorio y más corrientemente como coci-
na de los trabajador es. Habitualmente se manifiesta al
exterior a través de una chimenea más o menos gran-
de. En algunos ejemplos la cocina es una habitación
independiente del fogarín.
La ausencia casi generalizada de señorío está justi-
ficada por la pr oximidad de los viñedos a las poblacio-
nes, lo que permitía r esidir más cómodamente en las
ciudades y desplazarse al campo cuanto fuera necesa-
rio. En algunos ejemplos las casas disponen de vivien-
da para el pr opietario. Señorío en cuanto que vivienda
del señor de la explotación per o car ente de formaliza-
ción expr esa y en ningún modo piezas de especial
capacidad. En general no se difer encia de la del encar-
gado; su situación y tamaño es semejante y car ece de
pr etensiones r epr esentativas y formales. Sólo en algu-
nos casos muy puntuales la vivienda adquier e ver da-
63
La arquitectura agraria en la provincia
Interior de la casa de la
gente. Viña el
Corregidor , Jerez de la
Frontera.
deras condiciones de señorío. Este hecho se pr oduce
en aquellas edificaciones que junto a su función agrí-
cola asumían el papel de sello de imagen y r epr esenta-
ción social de la familia pr opietaria. Estas viviendas, a
su vez, se convertían en una segunda r esidencia que
sólo se usaba habitualmente durante la vendimia. La
vivienda adquier e entonces una ver dadera r elevancia
en la edificación, convirtiéndose en uno de sus ele-
mentos vertebrador es y estructurantes. El tamaño y
númer o de las dependencias es mayor y se pone espe-
cial énfasis en su decoración y formalización, tanto
exterior como interior . Aparecen por ches, terrazas y
jar dines e incluso en los casos más destacados, capilla.
(Macharnudo y Cerr o Nuevo).
Sistemas constructivos y elementos formales
Como en el r esto de la ar quitectura rural, la cons-
trucción está dir ectamente influenciada por los mate-
riales habituales en la zona y la posibilidad de disponer
de ellos. No existen grandes variaciones r especto a
otras modalidades de edificación rural.
Las características generales de esta ar quitectura
son mur os exterior es de car ga, soportes interior es en
los grandes espacios, forjados leñosos y cubiertas de
teja. Como característica particular se observa una
mayor pr esencia de la piedra en elementos decorativos
y estructurales que en otr os conjuntos rurales debido
a la cer canía de las canteras de la sierra de San
Cristóbal, tradicional suministradora de piedra ar enis-
ca. Esta piedra es fácilmente trabajable y extraor dina-
riamente útil en lagar es y bodegas por su capacidad
para r etener la humedad. Los mur os pueden ser de
tapial o mampostería de cantos sin desbastar , cal y tie-
rra. La cantería rara vez se utiliza en paramentos com-
pletos, r eservándose habitualmente para refuerzo de
los mur os en las esquinas de la edificación o en dinte-
les y jambas de puertas y ventanas. Para lograr una
mayor amplitud y diafanidad en las naves mayor es,
lagar es sobr e todo, se sustituyen los mur os por pilar es,
que pueden ser de ladrillo o sillar ejos, y que soportan
ar querías o dir ectamente la viguería de cubierta. Los
ar cos pueden trazarse mediante ladrillos y r elleno de
mampuesto. Las cubiertas y forjados se construyen
mediante viguería de madera, habitualmente de pino
Flandes. Es tradicional en esta comar ca el empleo de
par es, contrapar es y ladrillos por tabla, solución ésta
muy común también en las r esidencias urbanas. En
las cubiertas a dos aguas, cuando existen pór ticos
interior es, los par es apoyan dir ectamente en éstos y en
los mur os de cerramiento. Cuando no hay posibilidad
de apoyo intermedio, las soluciones habituales, par e
hilera o par y nudillo, pueden llegar a ser más com-
plejas, formando ver daderas cer chas de madera que en
algunos de los casos más sobr esalientes salvan toda la
luz de la edificación. Para la pavimentación habitual-
mente se usa alber o compactado en lagar es y bodegas,
enlosándose las dependencias vivideras fr ecuente-
mente con losas de T arifa.
Formalmente, las casas r eflejan con fidelidad los
sistemas constructivos. Al exterior se manifiestan en
volúmenes simples que se yuxtaponen, y las más sen-
cillas como un único volumen bajo cubierta a dos
aguas. Los huecos de lagar es y bodegas, pequeños y
altos para captar las brisas, le dan un aspecto sólido y
ensimismado, sólo r oto por los huecos mayor es de las
viviendas y los portales de la fachada principal. El
elemento externo más definitorio es sin duda el por-
tal o galería de portales en la fachada principal.
Adintelado, con soportes y dintel de madera, o en
64 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
La vivienda principal de
Viña Cerro Nuevo, Jerez
de la Frontera.
tes de Sevilla, Morón y otr os pueblos». Con la mejora de
las r edes de transporte, se impone una pr ogresiva espe-
cialización agrícola que en Cádiz se traduce en el
aumento del viñedo y en la r egr esión del olivar en sus
espacios históricos para desplazarse a otr os nuevos.
Por que, a pesar de todo, la superficie del olivar gaditano
experimenta un sustancial cr ecimiento entr e los siglos
XIX y XX: de 10.442 ha. en 1858, pasa a ocupar 26.140
en 1935. Sin embar go, en cifras absolutas el olivar gadi-
tano sigue siendo poco significativo en el conjunto
andaluz –el olivar de Jaén compr ende 320.000 ha. en
1935–, y su ritmo de expansión, inferior . Los nuevos oli-
var es de Cádiz se tienden en antiguas tierras adehesadas
y manchones de monte y pasto salidos al mer cado en el
curso de las desamortizaciones, sobr e todo la de bienes
comunales, es decir , sobr e terr enos de cierta pendiente
de las comar cas de Ar cos, Olvera y el r ebor de oriental
del término de Jer ez. La colonización olivar era muestra
tímidos, per o incesantes pr ogr esos en la segunda mitad
del XIX, para dispararse con el cambio de siglo: entr e
1898 y 1900 la superficie del olivar pasa de 13.163 a
18.865 ha., fenómeno que se materializa en la construc-
ción de numer osos molinos y almazaras de tecnología
hidráulica en el primer ter cio del siglo XX. Con el avan-
ce de la centuria, y la agudización de la especialización
de cultivos a escala r egional y nacional, el olivar gadita-
no vuelve, en definitiva, a per der terr eno. T ras la crisis
iniciada en la década de 1960 –después del paréntesis
ruralista y autár quico de la posguerra– el olivar de
Ar cos, V illamartín y Jer ez se sumer ge en una crisis ter-
minal que lo minimiza hasta su desaparición casi total.
Sólo habrá de per durar hasta el pr esente, con cierta
importancia, en puntos aislados de Ar cos y V illamar tín,
y en Olvera y otr os términos serranos del nor deste
–Algodonales, Setenil, Zahara…–.
Dentr o de los distintos modelos estudiados en esta
pr ovincia, en la explotación olivar era concurr e la doble
cir cunstancia de ser un grupo poco numer oso y de ser
sin duda el que peor ha mantenido las características
ar quitectónicas y agr oindustriales originales. La pér di-
da de sus características originales viene determinada
por dos factor es principales: la r ecesión casi total del
cultivo del olivar en muchos de estos municipios, como
se ha visto, y la pér dida de funcionalidad de unas
estructuras ar quitectónicas fuertemente ligadas a deter-
minadas tecnologías agr oindustriales. Entr e los moli-
nos inventariados sólo ejemplos aislados –Santa
Antonia, en Olvera, o el Callejón, en V illamartín– man-
tienen la pr oducción aceitera, y lo hacen evidentemen-
te con maquinaria hidráulica. Entr e las diversas causas
que originar on la caída de la pr oducción olivar era qui-
zás la más trascendental, por la imposibilidad de su so-
lución, es la pr opia climatología de las comar cas más
próximas al mar , que favor ece la aparición de todo tipo
de plagas entr e los olivos. Además, en aquellos munici-
pios en los que se conserva el cultivo, la extracción del
aceite se r ealiza por r egla general en grandes cooperati-
vas situadas en las ciudades, como Algodonales o Olve-
ra, por lo que estas instalaciones están desapar eciendo
del campo, allí donde las hubo.
Por otr o lado, las primitivas explotaciones olivar e-
ras, de pr ensa de viga, son pr obablemente las cons-
trucciones más mediatizadas por una tecnología en
concr eto. La desaparición de esa tecnología a finales
del siglo XIX supuso la pér dida de sentido de estas
construcciones que, difícilmente r eutilizables, queda-
r on abocadas en muchos casos al abandono y posterior
desaparición, o a su total transformación.
El cultivo del olivar ha convivido en esta pr ovincia
desde siempr e en grandes pr opiedades con otr os culti-
vos compatibles, generalmente de tierra calma y con
explotaciones ganaderas, especialmente de ganado
por cino que se alimentaba de las aceitunas que se des-
pr endían de los árboles. La explotación del olivar estu-
vo ligada en el Antiguo Régimen a los estamentos favo-
r ecidos, a la alta aristocracia, grandes mer cader es y al
cler o r egular , debido a los altos beneficios que estas
explotaciones pr oducían. De esta cir cunstancia se deri-
va que en las construcciones olivar eras encontr emos el
conjunto pr obablemente más rico ar quitectónicamen-
te hablando, especialmente en lo que se r efier e al grado
de formalización e intención ornamental de sus ele-
mentos constructivos. Esta mayor riqueza se encuentra
71
La arquitectura agraria en la provincia
M AP A DE UNIDADES DE
OLIV AR SEGÚN LA
TECNOLOGÍA DE SU
ALMAZARA
De un total de 62
unidades que incluyen
instalaciones para la
explotación de olivar , el
48% cuenta con
almazara de tipo
industrial, en el 44% es
de tipo tradicional y un
8% carece de
instalaciones específicas
para la obtención de
aceite.
lógicamente en las edificaciones mayor es, puesto que
las construcciones menor es, los simples molinos, son
ante todo instalaciones funcionales y normalmente
car ecen de intenciones formales.
En cuanto a su denominación, en la cultura popu-
lar de la zona han desapar ecido, si existier on, términos
expr esos para definir las explotaciones olivar eras y sus
caseríos. La terminología actual más empleada se r efie-
r e a ellas como cortijos de olivar , haciendas, molinos o
casas molino, con un alto grado de impr ecisión. La pri-
mera de estas denominaciones –cortijo– par ece referir-
se a las grandes explotaciones que tradicionalmente
disponían también de otr os cultivos de secano. Como
molino se suele entender aquellas pequeñas construc-
ciones dedicadas en exclusiva a la extracción agr oin-
dustrial del aceite. Las haciendas y casas molino, por
su parte, se vinculan a las fincas olivar eras de mayor
enver gadura, que también podían comprender otr os
apr ovechamientos, como la viña o el cer eal, si bien el
cultivo del olivo y la elaboración de aceite constituían
el principal rasgo distintivo de la explotación. Per o
tampoco la separación entr e estos términos r esulta
muy clara, habida cuenta de que se r efier en a cons-
trucciones que en su mayoría han cambiado de fun-
ción desde hace décadas.
Implantación en el territorio
Las explotaciones olivar eras no r equier en espacios
al air e libr e para actividades laborales, como la era o el
almijar , por lo que su r elación con el territorio que la
soporta es de una mayor independencia. Como es lógi-
co en aquellas explotaciones mixtas sí apar ecerán los
elementos que le son pr opios a los r espectivos apr ove-
chamientos que puedan incorporar .
El agua es un elemento básico en la elección del
asentamiento, puesto que es impr escindible en el pr o-
ceso pr oductivo del aceite. La pr oximidad a cauces,
72 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
Hacienda los Huertos,
Villamartín. Los cambios
de cultivos producen
imágenes como ésta:
una tradicional
construcción olivarera
emerge entre el cereal.
arr oyos o pozos es quizás el único condicionante
externo del emplazamiento del caserío de olivar . Por lo
general a la hora de ubicarse en el territorio se sitúan
en puntos elevados, apar eciendo con una mayor asi-
duidad que en otras explotaciones el uso del arbolado
de gran porte como mar ca o r eferencia en el paisaje,
necesaria para destacar por encima de la masa del oli-
var . Las construcciones se orientan de manera que las
dependencias olivar eras queden en la medida de lo
posible a r esguar do del sol, importante agente oxidan-
te del aceite. Por lo demás la portada principal se
orienta y expone hacia el camino de acceso.
Dependencias
Las dependencias que caracterizan tipológicamente
a las construcciones olivar eras son básicamente aque-
llas que forman la almazara, es decir las que constitu-
yen el núcleo funcional del complejo agr oindustrial: la
torr e de contrapeso, la nave de molino y pr ensa, el tru-
jal, los tr ojes y el almacén de tinajas. Paralelamente a
éstas, las dependencias r esidenciales van apar eciendo a
medida que se complica la pr opia explotación. Lógi-
camente las piezas anteriormente descritas se corr es-
ponden con la almazara tradicional, la de pr ensa de
viga. Con la pr ogr esiva industrialización del sector , la
especificidad funcional de estos espacios fue desapar e-
ciendo, en clara tendencia hacia ocupar espacios cuyas
principales características debían ser la amplitud y dia-
fanidad, junto con la flexibilidad funcional.
En los casos de explotaciones de carácter mixto,
que compatibilizaban el cer eal con la pr oducción oli-
var era, r eapar ecen las dependencias pr opias de los cor-
tijos de secano: graner os, estancias, cuadras, etc. De
manera general r epiten las características básicas ex-
pr esadas para dichos cortijos, si acaso con un mayor
grado de formalización ar quitectónica acor de con las
explotaciones olivar eras.
De labor
El molino o la almazara es la fábrica de aceite, es
decir el conjunto de dependencias en las cuales se desa-
rr olla el pr oceso de extracción y el almacenaje tanto del
fruto, la aceituna, como del pr oducto, el aceite.
En las comar cas de estudio el pr ensado de las acei-
tunas se ha r ealizado tradicionalmente mediante pr en-
sas de viga. Esta almazara tradicional se compone bási-
camente de los tr ojes o depósitos para la aceituna cose-
chada, el trujal o dependencia con el empiedr o o moli-
no pr opiamente dicho con las piedras, la pr ensa de viga
para la faena de pr ensado que facilita la extracción del
aceite y las bodegas de aceite para almacenar el pr o-
ducto elaborado. La nave de viga es el elemento defini-
dor de esta tecnología. El sistema de la pr ensa de viga
se basa en el principio de la palanca. Consiste en un
gran mader o de unos diez a dieciocho metr os con uno
de sus extr emos fijado a una torr e maciza que actúa de
contrapeso limitando el desplazamiento de la viga
durante la faena de pr ensado. La viga se encastra en la
torr e entr e unos mader os denominados «vír genes» si-
tuados en el interior de una hornacina o «capilla» de la
torr e. En el extr emo opuesto de la viga penden grandes
piedras –quintales o pesillo– unidas a un tornillo sinfín,
el husillo, que permite alzarlas o situarlas en posición
de descanso para aplicar el efecto de palanca sobr e el
car go de capachos con aceituna molida sobre los que se
descar ga la presión r esultante de la viga.
La nave de la viga es quizás la pieza cuya formaliza-
ción ar quitectónica está más íntimamente ligada a su
pr opia función. Son naves estr echas y lar gas, general-
mente a dos aguas, con escasos huecos de ventilación y
r ematadas por la torr e contrapeso. En el mismo espacio
de la viga se disponían otr os elementos auxiliar es en el
pr oceso del pr ensado: la caldera y la bomba. La caldera
era un fogón con una gran chimenea en la que se calen-
taba el agua para r ociar la masa molida antes de pasar al
pr ensado, y se hervían los capachos usados o nuevos. La
bomba o pozuelo es un pozo que r ecoge el pr oducto del
pr ensado, y en el cual, por decantación, se separa el
aceite del alpechín, agua con r esiduos, que se deposita
73
La arquitectura agraria en la provincia
Molino San Cayetano,
V ejer de la Frontera. En
la imagen del patio se
aprecia, al fondo, la torre
de contrapeso.
en el fondo y se elimina al exterior . Originalmente estos
pozos se r ecubrían de barr o, posteriormente de hojalata
o hierr o. T ras este primer descuelgue se traspasa el acei-
te a las tinajas de decantación.
El trujal es el espacio donde se situaba el molino.
Con la molienda se r ompe la aceituna, pr eparándola
para la pr ensa, y se obtienen los primer os jugos. En las
explotaciones menor es el molino se situaba en la pr o-
pia nave de la viga; más habitualmente ocupaba un
pequeño espacio generalmente a la cabecera de la viga,
en comunicación dir ecta con ésta. El molino tradicio-
nal era accionado «a sangr e», generalmente movido
por caballerías. El modelo más corriente consta de una
o varias piedras tr oncocónicas, rulos, que por la acción
del animal se deslizan girando alr ededor de un eje
sobr e otra piedra de granito cir cular denominada sole-
ra. En los tr ojes se almacenaban las aceitunas hasta su
pr ensado. Habitualmente la nave de almacén estaba
subdividida mediante particiones de ladrillo o mam-
postería que nunca alcanzaban la altura de la nave, y
en las cuales se separaban las aceitunas distinguiendo
pr ocedencia, momento de r ecolección, tipo, etc. Estas
subdivisiones son la que r eciben concr etamente el
nombr e de tr oje. Al igual que el molino, éstos podían
ocupar espacios r esiduales en la nave de la viga o bien
constituir espacios independientes. En la bodega de
tinajas se guar daba el aceite. Éste se almacenaba tradi-
cionalmente en grandes tinajas de cerámica semiente-
rradas para poder mantener una temperatura unifor-
me. Estas tinajas se disponían en naves destinadas a tal
fin o en patios interior es, siempr e en comunicación
dir ecta con la nave de la pr ensa, o incluso compartien-
do espacio con la misma. Las bodegas son ámbitos
generalmente de escasa altura y poca iluminación, para
evitar en la medida de lo posible la entrada de la luz,
importante oxidante del aceite.
74 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
Nave de la prensa de
viga del Molino San
Cayetano, V ejer de la
Frontera.
A la derecha,
sector de la almazara del
Cortijo de Cabeza
Alcaide, Sanlúcar de
Barrameda.
T orres de contrapeso de
(izquierda a derecha),
Cortijo Casa de la
Guardia, Chiclana de la
Frontera; Cortijo o
Hacienda el Peral, Arcos
de la Frontera; Cortijo de
la Cañada, Sanlúcar de
Barrameda; y Hacienda
el Serrecín, Villamartín.
A principios del siglo XX había desapar ecido defini-
tivamente la almazara tradicional. Las pr ensas de viga
se sustituyer on por pr ensas hidráulicas intr oducidas
desde el segundo ter cio del siglo XIX, inicialmente
manuales, posteriormente a vapor , y más tar de eléctri-
cas. Los molinos a sangr e dier on paso a los de tracción
mecánica y la torr e contrapeso dejó de tener sentido.
Las exigencias espaciales de las nuevas tecnologías eran
mucho menor es, y la almazara ya no necesitó una for-
malización especial, ubicándose en naves r elativamente
espaciosas que podían hasta ocupar los bajos del pr opio
señorío. Con la industrialización las tinajas se sustitu-
yer on por grandes r ecipientes subterráneos alicatados y ,
posteriormente, por grandes depósitos metálicos. Las
naves originalmente de poca altura tuvier on que trans-
formarse en grandes volúmenes para alber gar los nue-
vos depósitos. En fechas r ecientes, la generalización del
transporte ha acabado con las pequeñas almazaras, y el
pr ensado habitualmente se r ealiza en las poblaciones,
en grandes centr os de pr oducción.
Respecto a las dependencias ganaderas, son fr e-
cuentes las zahúr das además de las pr opias del ganado
de labor auxiliar , sobr e todo mulos. De estas últimas su
importancia es r elativa en las explotaciones olivareras,
al ser menor el númer o de faenas agrícolas a r ealizar ,
pr edominando las cuadras para las faenas del olivar , el
transporte por la finca y para tir o en el molino. La for-
malización de zahúr das y cuadras en general suele ser
irr elevante en el conjunto, y sus características no
difier en de las vistas en los cortijos de secano.
De habitación
Las explotaciones olivar eras exigen una escasa mano
de obra permanente per o una gran aportación de tem-
por er os en el momento de la r ecolección. Sin embar go,
la habitual pr oximidad de estas explotaciones a las
poblaciones ha dado lugar a que las dependencias de
habitación no sean elementos definitorios del tipo. La
vivienda del caser o, guar da o encar gado es el elemento
r esidencial que apar ece con mayor fr ecuencia, aunque
no en todas. Son viviendas medias, con las dependencias
suficientes para pr opor cionar un cierto grado de habita-
bilidad y que por lo general apar ecen perfectamente
integradas en el conjunto de la edificación sin pr esentar
elementos r elevantes. Suelen situarse en las pr oximida-
des de la puerta de ingr eso para controlar entradas y sali-
das. En las grandes construcciones es fr ecuente que ocu-
pen la planta baja de la r esidencia señorial.
75
La arquitectura agraria en la provincia
Interior de la vivienda
principal de Hacienda los
Huertos, Villamartín.
Jardín de Hacienda el
Rosalejo, Villamartín.
El señorío es un elemento característico de las gran-
des explotaciones olivar eras, especialmente en aquellas
de carácter mixto en las que las construcciones alcanzan
un determinado grado de complejidad. Pr evistas inicial-
mente para contr olar la época de r ecolección, a menudo
se convirtier on en segunda residencia de sus pr opieta-
rios. Es necesario r eseñar que, excepto en algunos casos,
el señorío que se encuentra en las comar cas gaditanas
estudiadas queda bastante lejos del de muchas haciendas
sevillanas, consideradas habitualmente como pr ototipo
de estas explotaciones. Aún así, podemos considerar que
junto a las explotaciones de ganadería de lidia, las oliva-
r eras son las que con mayor asiduidad pr esentan carac-
ter es de ver dader o señorío en las dependencias de habi-
tación de los dueños. Son r esidencias normalmente
amplias, dispuestas en general en planta alta y abiertas al
exterior en busca de la mejor orientación, o hacia el inte-
rior , hacia un patio doméstico de señorío. Como rasgo
fundamental sobr esaliente del r esto de la edificación,
pr esentan numer osos y amplios vanos, que contrastan
con el hermetismo de las dependencias de la almazara.
Normalmente se dotan de jar dín exterior , o ajar dinan el
patio al cual abr en. Algunos cuentan incluso con capilla,
como se observa en varios casos de la comar ca de Ar cos.
Aunque la pr esencia del señorío singulariza el exterior
de un sector de la edificación, especialmente por el
tamaño de los huecos, en líneas generales no destaca de
forma r elevante del r esto de la edificación, sino que más
bien éste queda afectado en su formalización general por
la pr esencia de la r esidencia señorial.
Con la gañanía ocurr e algo semejante a lo indicado
r especto al señorío. Es pieza habitual en grandes ex-
plotaciones de carácter mixto olivar -cer eal, y general-
mente está ausente en las pequeñas instalaciones
exclusivamente de transformación aceitera. Por lo de-
más sus características no difier en básicamente de las
especificadas en los cortijos de secano: naves amplias,
bancadas perimetrales, hogar y chimeneón.
76 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
Interior de la vivienda de
trabajadores del Cortijo
de Cabeza Alcaide,
Sanlúcar de Barrameda.
Sistemas constructivos y elementos formales
Constructivamente, las edificaciones del olivar no
manifiestan grandes difer encias con las r estantes unida-
des inventariadas. Los elementos más destacables son
aquéllos que pr ovienen dir ectamente de la especificidad
de la instalación, es decir , los r elacionados con la nave de
la pr ensa de viga. La torr e de contrapeso de la viga es un
bloque compacto, construido habitualmente con para-
mentos de ladrillo, y con pr esencia esporádica de sillar es,
como esquinales de r efuerzo o decorativos, que envuel-
ve un r elleno interior de grandes mampuestos trabados.
La nave de la viga se r esuelve estructuralmente con
mur os de car ga exteriores y forjado de madera, casi siem-
pr e a dos aguas y apoyado sobr e los mur os y en algunos
casos sobr e un pórtico central, habitualmente de ar que-
ría para facilitar el trasiego interior . Las dependencias
aceiteras se pavimentaban con elementos que debían ser
r esistentes, para soportar el trabajo del animal del moli-
no, y fácilmente limpiables para poder eliminar los r es-
tos aceitosos. Habitualmente se solaba el andén del moli-
no y cuadras con cantos r odados y las naves con losas de
piedras, baldosas cerámicas o adoquines.
Como medida higiénica era fr ecuente el uso de la
cal en los interior es de las dependencias de la almaza-
ra, incluidas bombas y tinajas. Desde principios de
siglo se comenzó a alicatar primeramente los elemen-
tos de almacenamiento, extendiéndose posteriormente
al r esto de la nave.
Formalmente, como ya ha quedado r eseñado, y junto
con las unidades de ganadería de lidia, las explotaciones
olivar eras constituyen el conjunto que pr esenta un
mayor nivel de intención ornamental y voluntad ar qui-
tectónica. Partiendo de esta pr emisa general, hay aclarar
que esta afirmación es aplicable a los conjuntos cons-
tructivos de mediano y gran tamaño, y a los pertenecien-
tes a grandes explotaciones mixtas. En los pequeños
molinos, car entes de otras dependencias que las de trans-
formación, apenas son r elevantes las cuestiones orna-
mentales. T ambién es cierto que esta mayor intención
ornamental se concentra casi exclusivamente sobr e ele-
mentos concr etos, especialmente la torr e, la portada, el
señorío o la capilla, en un intento de dar mayor r ealce al
conjunto. Se trata de una ar quitectura de raíz rural orna-
mentada mediante elementos extraídos de la ar quitectu-
ra culta urbana: molduras, filetes, baquetones, espada-
ñas…, según las prácticas extendidas por el barr oco
andaluz e interpr etadas con posterioridad mediante la
aplicación de otr os lenguajes estilísticos como el acade-
micismo de inspiración neoclásica o el eclecticismo.
El elemento formal definitorio por excelencia de estas
explotaciones es la torr e de contrapeso de la viga, que
habitualmente destaca sobr e la edificación. La pieza fun-
cional se emplea como elemento ornamental. Para ello se
culmina con diversos r emates que van desde la simple
cubrición de tejas, al almenado, la construcción de elabo-
rados chapiteles piramidales o su terminación en un mira-
77
La arquitectura agraria en la provincia
A la izquierda, Molino
Nuestra Señora de la
Luz o Barrancos, Arcos
de la Frontera.
A la derecha, Hacienda
el Rosalejo, Villamartín.
dor . El otro elemento característico es la por tada, que
señaliza el hueco de acceso principal de la edificación.
Generalmente su colocación viene determinada por la
or ganización interna del edificio y , en concreto, por la ubi-
cación del patio del señorío y con este mismo, con los que
establece r ecorridos visuales y funcionales. La formaliza-
ción de la portada habitualmente r ecoge elementos pro-
pios del barr oco urbano –fr ontones mixtilíneos, pilastras,
hornacinas y espadañas–, y en otr os casos más sencillos se
limita al r ecer cado o almenado del hueco de entrada. La
portada como tal es un elemento característico de la alma-
zara tradicional, cuya fachada principal, a menudo casi
ciega, se anima con estos elementos sobr epuestos.
La industrialización de las explotaciones también
supuso modificaciones en la formalización de las cons-
trucciones. Los señoríos se sitúan entonces pr efer ente-
mente en la crujía de acceso y la portada como tal
desapar ece. La fachada se estudia de manera global,
mediante composiciones or denadas de aspecto más
urbano. Apar ece un gran númer o de huecos, amplian-
78 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
Molino la Carrasca,
Espera.
Molino San Cayetano,
V ejer de la Frontera.
do considerablemente la pr opor ción r especto al maci-
zo, y en los elementos decorativos se tiende hacia líne-
as más clásicas, menos barr oquizantes.
En general las edificaciones del olivar en Cádiz son
conjuntos que r esponden en mayor medida que otras
explotaciones a actuaciones planificadas y que, por
tanto, se pr esentan de forma más compacta, menos
abierta que los cor tijos de secano, por ejemplo, car e-
ciendo por lo r egular de piezas dispersas. Causan una
mayor sensación de or den en su volumetría, pr efer ente-
mente horizontal, que contrasta con la verticalidad de
sus elementos singular es: torr es, espadañas, portadas.
Organización espacial
La explotación olivar era es quizás el conjunto que
pr esenta una mayor variación en su formalización
tipológica. Las piezas básicas que definen el tipo de
una edificación de olivar son aquellas impr escindibles
para su pr opio funcionamiento como complejo agr oin-
dustrial, es decir las dependencias que constituyen la
almazara: nave de pr ensa, trujal, tr ojes y bodegas. Es-
tos elementos se estructuran dentr o de la edificación
en virtud de las r elaciones funcionales que se estable-
cen entr e ellos. Lógicamente, la pr ensa debe estar en
comunicación con las otras tr es dependencias de ela-
boración. En la disposición más r epetida, las distintas
dependencias constituyen una L en la que la torr e con-
trapeso construye el codo de la misma, y a la cabecera
de la nave de viga se sitúa el trujal. A las piezas básicas
se le han ido añadiendo posteriormente distintas
dependencias a medida que las instalaciones y explo-
taciones se hacían más complejas. En virtud de la etapa
a la que se adscriban en este pr oceso, es posible deter-
minar una serie de características comunes que permi-
ten clasificar los edificios de olivar en función de ellas.
Los «molinos» de aceite son aquéllos compuestos
casi exclusivamente por las piezas básicas para la pr o-
ducción del aceite y , ocasionalmente, por alguna peque-
ña vivienda para un guar da, caser o o moliner o y las
dependencias de animales impr escindibles para el fun-
cionamiento del molino. De pequeño tamaño y estruc-
tura simple, se or ganizan habitualmente de forma com-
pacta en L, siguiendo el esquema clásico de la pr opia
instalación aceitera. A este grupo corr esponden algunas
de las piezas más r elevantes de las inventariadas entr e
los edificios de olivar: Molino San Cayetano (V ejer)
Molino la Carrasca (Espera) Molino de las Montañas
(V illamartín). De los inventariados, algunos son moli-
nos de una sola viga, con las r estantes dependencias
construyendo el otr o brazo de la L, como San Cayetano.
En otr os casos, la misma estructura en L es válida para
disponer dos pr ensas paralelas en uno de los brazos,
como en el Molino del Dornajo, en Algodonales, o para
que las dos naves sean las que dibujen esta forma, como
es el caso del Molino de Monteagudo de Sanlúcar de
Barrameda. Siguiendo una tendencia natural, común a
toda la ar quitectura rural pr ovincial, algunas de estas
edificaciones han terminado cerrando con tapias y
construcciones menor es el espacio interior de la L, defi-
niendo de esta forma un patio de ingr eso más o menos
formalizado (Molino del Dornajo). Constituyen la uni-
dad funcional mínima del pr oceso pr oductivo, per o
car ecen de los elementos necesarios para funcionar
como explotación independiente, por lo que cabe
deducir que estas piezas pertenecen o per tenecían a
conjuntos dispersos de edificaciones que disponían de
un caserío mayor que ejer cía de cabecera de la explota-
ción y que concentraba las demás dependencias r esi-
79
La arquitectura agraria en la provincia
Molino la Carrasca,
Espera) y Molino San
Cayetano, V ejer de la
Frontera.
denciales y agrícolas. T ambién podían servir de meras
instalaciones de transformación para una diversidad de
par celas dispersas, quizás de distintos pr opietarios,
jugando un papel similar al de los molinos de harina,
por lo r egular no ligados a una explotación en exclusi-
va o en ninguna medida.
En los «caseríos y casas molino» de olivar a la pieza
básica de transformación se han añadido nuevas depen-
dencias, principalmente de carácter r esidencial y habi-
tualmente para uso del pr opietario de la explotación.
Característica fundamental del caserío es la aparición
del patio como elemento estructurante de la edifica-
ción. Las distintas dependencias abr en pr efer entemente
a estos espacios y el acceso se r ealiza desde ellos. Las
distintas dependencias de la almazara –nave de pr ensa,
tr ojes…–, ocupan gran parte del volumen edificado,
convirtiéndose en pr otagonista del patio, ocupando dos
de sus lados (Molino Nuevo, Algodonales). Junto a la
vivienda apar ecen otras dependencias vinculadas a ésta,
siendo las más habituales las cuadras (Cortijo Casa de
la Guar dia, Chiclana). Cuando el rango de la explota-
ción lo exige, la r esidencia adquier e ver dader o rango de
señorío, apar eciendo otras viviendas menor es para el
encar gado u otros trabajador es. Se estructura de forma
cerrada, en torno a uno o dos patios, siendo lo más
habitual un único patio central, de manera más o
menos r egular y con tendencia a la forma cuadrada
(Cortijo de la V iña de Estévez, Jer ez).
Difícil r esulta establecer una delimitación tipológica
taxativa entr e las casas molino y las «haciendas» de oli-
var , términos que en la toponimia se solapan y confun-
den, y también con las unidades que apar ecen bajo la
designación de «cortijo», sobr e todo en su área de distri-
bución pr efer ente en los términos de Ar cos y V illamartín.
En general, puede decirse que las haciendas tienden a
vincularse a explotaciones mixtas en las que las depen-
dencias olivar eras comparten espacio con las dedicadas
al cer eal y al ganado de labor , aunque destaque en espe-
cial su dedicación olivar era. En las haciendas se r epiten
las tr es unidades funcionales, adoptando un mayor pr o-
tagonismo la dedicada pr opiamente al olivar y la r esi-
dencial. Se trata de grandes explotaciones olivar eras que
80 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
Molino del Bachiller
Viejo, Arcos de
la Frontera y
Hacienda el Rosalejo,
Villamartín.
Cortijo Casa de la
Guardia, Chiclana de la
Frontera y Hacienda de
San Andrés Nuevo,
Arcos de la Frontera.
la cantidad necesaria para varias semanas; el r esto per-
manecía al exterior formando grandes montículos,
denominados almiar es, que formaban parte del paisaje
de los cortijos. Además de los almacenes de pr oductos
agrícolas existen otras dependencias destinadas a
alber gar todos aquellos utensilios y objetos relaciona-
dos con las labor es del campo y del ganado: almacenes
para aper os, cobertizos, herr erías y guadarnés cuando
hay caballos, entr e otr os.
De habitación
Las gañanías eran las habitaciones r eservadas para
el personal jornaler o del cortijo, especialmente nume-
r oso durante las épocas de siembra y cosecha. La gaña-
nía era la pieza destinada tanto al descanso nocturno
como al almuerzo de los trabajadores, por lo que habi-
tualmente estaba dotada de un hogar con una gran
campana de humos que, además de calentar , permitía
cocinar los alimentos. Esta campana r ecibe habitual-
mente el nombr e de chimeneón. En algunas ocasiones
el chimeneón constituye una habitación independien-
te, a modo de cocina anexa a la gañanía, donde se dis-
ponen los fogones necesarios para la pr eparación de
los alimentos. Las más de las veces se incluye en la
misma gañanía, al fondo de ésta, a modo de gran chi-
menea, o en medio de la habitación como una simple
campana de humos dispuesta sobr e cortos sopor tes
con el hogar instalado en el pr opio suelo. Las gañanías
son por lo general estancias alar gadas que permitían
disponer lar gas mesas y bancadas de mampostería ado-
sadas a los mur os. Habitualmente estas bancadas dis-
ponen de suficiente anchura como para extender sobr e
ellas los jer gones para dormir; en otras ocasiones, éstos
se tiraban sobr e el mismo suelo.
Originalmente las gañanías no eran dependencias
habituales en los cortijos, y los trabajador es se acogían
en casetas, cobertizos, pajar es o establos del ganado. Por
este motivo, en los cortijos más antiguos muchas de las
gañanías que encontramos son construcciones posterio-
r es al conjunto principal y se han edificado en naves
anexas a las originales o, como es más corriente, en
naves independientes, próximas a la edificación princi-
pal per o con un cierto grado de aislamiento funcional.
Más r ecientemente, en las grandes explotaciones se
construyer on gañanías independientes para hombr es y
mujer es, e incluso naves con compartimentos para
familias completas. Hoy en día la motorización ha anu-
lado en su gran mayoría la función de dormitorio de
estas dependencias y algunas son usadas como come-
dor es y estancias para el día de los trabajador es. Otras
87
La arquitectura agraria en la provincia
Antigua tahona del
Cortijo Sotillo Nuevo,
San José del V alle.
Autor: Miguel de Giles
López de Carrizosa.
Realizada entre 1925-
1935.
gañanías se han r eutilizado como almacenes de todo
tipo y sólo son r econocibles aquéllas más formalizadas
que tenían banquetas de obra o grandes chimeneas.
Junto a las dependencias de los jornaler os, en todo
cortijo existen viviendas secundarias destinadas al capa-
taz o caser o y su familia. Son viviendas de escaso tama-
ño, tr es o cuatr o dependencias, situadas habitualmente
en fachada principal y car entes de r elevancia en el con-
junto de la edificación.
A pesar de las r eferidas dimensiones de las pr opie-
dades, y también de algunas construcciones, es inter e-
sante señalar que buena parte de estas edificaciones
car ece de dependencias señoriales. La explicación de
esta car encia se encuentra en el pr opio sistema de
explotación tradicional de las fincas, el arr endamiento,
que determinaba que los pr opietarios no r esidieran en
la finca. T ras la desamortización los nuevos pr opietario
sí explotan a menudo dir ectamente las fincas, aloján-
dose en ellas con más fr ecuencia. Sin embar go, bajo la
nueva óptica empr esarial con la que se enfocaba la
explotación agrícola se construyer on viviendas de
carácter meramente funcional sin pr etensiones ni dis-
tinción señorial. Lo más habitual es que haya una serie
de dependencias r esidenciales de uso exclusivo del
pr opietario que no destacan y apar ecen integradas en
el conjunto. Normalmente se sitúan en planta alta,
sobr e la vivienda del caser o o encar gado, o en dos
plantas. Como norma general, su acceso se r ealiza de
manera independiente, per o igualmente desde el patio.
Estas dependencias son señoríos en tanto que r esiden-
cia del pr opietario de la finca, per o no desde el punto
de vista de constituir piezas que asuman papeles pr o-
tagonistas en la edificación.
En un númer o no muy amplio de los cortijos in-
ventariados estas r esidencias se dotar on de mayor es
comodidades y alcanzar on una mayor pr esencia en el
conjunto, desarr ollando el papel de ver dader o señorío.
Se sitúan generalmente en sitios pr eponderantes de la
edificación, adoptando las mejor es posiciones de vistas
y soleamiento. Y en muchos casos se dotan de jar dines
y de algunas características pr opias de la ar quitectura
culta y urbana. Entr e los elementos de que se dotaban
para dignificar el conjunto están las capillas, escasa-
mente r epr esentadas en esta pr ovincia. Normalmente
abiertas a espacios comunes para permitir el acceso del
personal, se manifiestan a través de portadas más o
menos elaboradas y pequeñas espadañas. Habitual-
mente portada y espadaña se decoran con los estilemas
88 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
La casa de amasijo de
Sotillo Nuevo (San José
del V alle) a principios del
siglo XX. Autor: Miguel
de Giles López de
Carrizosa. Realizada
entre 1925-1935.
pr opios del barr oco popular . En todo caso, en los cor-
tijos de secano el señorío rara vez alcanza el grado de
formalización que éste tiene en algunos ejemplos de
las explotaciones de ganado de lidia u olivar eras, en
donde adopta ver daderas posiciones de privilegio
sobr e el conjunto.
Por otra parte, dentr o de la provincia la pr esencia del
señorío en el secano par ece ir por zonas, detectándose
en algunos sector es una mayor pr esencia que en otras.
Así por ejemplo, en el término de T arifa casi todo los
edificios de cer eal inventariados cuentan con importan-
tes señoríos. Las razones de ello son difíciles de deter-
minar , aunque algunas de ellas se intentan apuntar en el
análisis pormenorizado de la comar ca corr espondiente.
Por último cabe señalar que en los últimos años algunos
pr opietarios han descubierto los beneficios de pasar
temporadas en estos lugar es «apartados de la civiliza-
ción», y para ello han modernizado antiguas dependen-
cias señoriales o incluso han construido o adaptado
otras en el caso de que no existieran o fueran escasas.
En los últimos años se han incorporado nuevos ele-
mentos a la ya lar ga lista de dependencias: casas de
máquinas, oficinas, transformador es eléctricos, surti-
dor es de gasolina, etc. que habitualmente se han incor-
porado al paisaje del cortijo en nuevas construcciones
destinadas a tal fin, y en algunos casos han r eutilizado
aquéllas que el paso del tiempo ha dejado obsoletas,
como estancias o graner os.
89
La arquitectura agraria en la provincia
T rabajadores en la casa
de amasijo del Cortijo
Chorreadero Viejo, San
José del V alle.
Sistemas constructivos y elementos formales
Los sistemas constructivos de los cortijos gaditanos
no difier en en gran medida de los métodos tradiciona-
les empleados en la ar quitectura popular de la Baja
Andalucía. Destaca casi exclusivamente una mayor asi-
duidad en el empleo de materiales pétr eos como prin-
cipal característica difer enciadora. Aunque no son
habituales los paramentos de sillar es, la cer canía de
zonas de cantera se per cibe en un mayor uso del mam-
puesto de piedra en detrimento del tapial, en los pavi-
mentos de cantos r odados, pr esentes en la mayoría de
los patios, o de las características losas de T arifa en
interior es y en la aparición ocasional de sillar es en
soportes y r efuerzos de muros.
Los sistemas estructurales son los habituales de
mur os de car ga, prefer entemente exteriores, y pór ticos
interior es de pilar es o en ar cadas para lograr mayor es
luces y diafanidad en las naves de ganado y graner os.
Los elementos horizontales y estructuras de cubierta se
construyen mediante elementos de madera. Habitual-
mente las cubiertas a dos aguas se r esuelven con la tra-
dicional estructura de par y nudillo, o, más común-
mente, apoyando el caballete de cubierta sobr e los
soportes interior es. La madera más utilizada es el pino,
per o lo corriente era disponer de la que se encontrara
más próxima. En la comar ca de T arifa se han encon-
trado cubiertas de quejigos, madera extr emadamente
dura incluso para las maquinarias actuales. Como es
90 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
La Cacería,
Alcalá del V alle.
Cortijo Casablanca,
Jerez de la Frontera.
habitual en la ar quitectura rural se tiende a utilizar los
materiales que abundan en los alr ededor es. Así por
ejemplo en los municipios más al sur es corriente
emplear como material de construcción la caña. Se
construyen tabiques de entramados de cañas unidas
por yeso, y también forjados, disponiendo las cañas
con yeso sobr e r ollizos de madera.
Las soluciones constructivas y estructurales más
inter esantes suelen ser las de graner os y estancias, que
son las dependencias con mayor es r equerimientos fun-
cionales y espaciales. En los graner os de dos plantas es
fr ecuente encontrar soluciones abovedadas en el piso
bajo, adecuadas a la car ga que debían sostener . Ha-
bitualmente se trata de bóvedas de aristas, separadas por
ar cos diafragmas que apoyan en gruesos y cortos pilar es.
En otr os casos, para acortar la luz de la viga central, se
utilizan mader os diagonales que, desde puntos interme-
dios de la viga, apoyan en los pilar es a modo de cer cha
primitiva. En las estancias las exigencias funcionales son
superior es a las de car ga, y por lo mismo las soluciones
encontradas r esultan las más ingeniosas. La estructura
de doble pilar soluciona positivamente el paso entr e las
pesebr eras, per o no el apoyo en cumbr era de la cubier-
ta. Este doble pr oblema, en algunos ejemplos de la
comar ca de Olvera, se ha solucionado eliminando los
dos pilar es a media altura, uniéndolos mediante peque-
ños ar cos o dinteles de los que arranca un único apoyo
que soporta la viga de cumbr era.
Las construcciones del cortijo de secano se mani-
fiestan en el paisaje como grandes conjuntos horizon-
91
La arquitectura agraria en la provincia
Secciones de estancias
y pajares.
De izquierda a derecha y
de arriba abajo: Cortijo
T oril de las Pitas, Jerez
de la Frontera; Cortijo la
Preciada, Setenil de las
Bodegas; Cortijo el
Lobatón, Alcalá de los
Gazules; Cortijo la
Pastora, V ejer de la
Frontera; Cortijo de la
Zarzuela, T arifa; y Cortijo
del Recurso, Chiclana.
A la izquierda, Romanina
Alta, Jerez de la
Frontera.
A la derecha, Sotillo
Nuevo, San José del
V alle.
tales en los que pr edominan las piezas de una sola altu-
ra. Se componen de volúmenes simples, que unas
veces se yuxtaponen conformando grandes bloques y
otras apar ecen dispersos en apar ente desor den. En las
comar cas serranas se ha detectado una mayor tenden-
cia a construir en dos plantas, conformando bloques
más compactos, menos espar cidos.
Son edificaciones volcadas hacia el interior , abiertas
hacia sus amplios espacios internos y que se manifies-
tan al exterior a través de mur os ciegos, de escasos
huecos. Apar ecen como bloques de pequeños vanos y
gran opacidad, sólo r ota por los huecos mayor es de las
r esidencias principales y por el portalón de acceso al
r ecinto. La entrada, ocasionalmente, se formaliza me-
diante sencillas portadas de her encia barroca.
Decorativamente la austeridad de estos conjuntos
es su característica definitoria. El uso del color , alma-
gras o alber os, para r esaltar determinados elementos
constructivos, ya sean cornisas de aler os o r ecer cados
de huecos, y ocasionalmente la piedra vista en estos
mismos elementos o en esquinales, constituyen casi
los únicos intentos decorativos de la fachadas. Estas
fachadas por r egla general car ecen de criterios compo-
sitivos de conjunto, habiéndose r esuelto cada pieza de
manera independiente y en r elación con las necesida-
des internas y de funcionamiento de cada una de las
dependencias que abr en a ella.
Algunos cortijos del siglo XIX, especialmente si
son de gran tamaño, tienen una mayor unidad volu-
métrica y compositiva. Construidos al calor de la
ar quitectura más clasicista del XIX, pr esentan sime-
trías en las disposiciones de los volúmenes, o fachadas
racionalizadas con r eparto r egular de huecos. Incor-
poran también un mayor númer o de elementos for-
males extraídos de esta misma ar quitectura culta, ven-
tanas a modo de cierr os, cornisas y otr os r ecursos.
Dentr o de la austeridad habitual, la cerrajería de forja
es uno de los pocos elementos que pueden denotar
una car ga ornamental.
Organización espacial
La estructura actual de los cortijos cer ealistas es
consecuencia de las sucesivas ampliaciones y adapta-
ciones que han sufrido a lo lar go del tiempo. Este pro-
ceso al que se ha visto sometida la casi totalidad de las
explotaciones ha dado lugar a conjuntos de edificacio-
nes dispersas, más o menos próximas, agrupadas en
torno al que fuera el núcleo inicial.
Las dependencias básicas que definen tipológicamen-
te el cortijo de secano son los graner os, estancias, vivien-
das del personal permanente y las gañanías. Fundamen-
talmente, estas dependencias han tendido a situarse pró-
ximas unas de otras, normalmente agrupadas en conjun-
tos más o menos compactos y rara vez como naves inde-
pendientes en torno a una amplia explanada.
Es posible difer enciar dentr o de la tipología del cor-
tijo de secano aquéllos que r esponden a la concepción
del cortijo como unidad funcional y edificatoria de
aquellos otr os que car ecen de esta unidad. Un ter cer
grupo lo componen aquellas explotaciones que, r enun-
ciando a la pr oximidad física de las instalaciones, dis-
tribuyen las dependencias básicas en conjuntos edifi-
catorios considerablemente separados. En un último
grupo se r ecogen las cortijadas, que pr esentan unas
características difer entes r especto a la pr opiedad de la
tierra y a su utilidad r esidencial que las distinguen de
los otr os grupos.
En los cortijos cerrados, las dependencias principa-
les constituyen un único conjunto edificatorio, de
planta más o menos r ectangular y con patio central.
Habitualmente se segr egan diversas piezas, principal-
mente la estancia, que por motivos higiénicos y de fun-
cionalidad se situaban próximas, per o separadas de las
habitaciones vivideras, como en los cortijos Cabezas
V iejas, de Jer ez, o T ejar ejo, en Setenil. Básicamente el
edificio principal se estructura como un or ganismo
cerrado en torno a un único espacio central descubier-
to que distribuye las distintas dependencias constru-
yendo normalmente sus cuatr o lados mediante edifica-
ciones de una sola planta, que generalmente se dupli-
ca en la vivienda principal y , en menos ocasiones, en el
graner o –Cortijo Casablanca, Jer ez–. El patio se cons-
tituye en corazón de la edificación en torno al que se
or ganiza funcionalmente la vida en el edificio y desde
el cual se accede a las distintas dependencias. En Cádiz
es fr ecuente encontrarlo empedrado con grandes chi-
nos y rara vez cuentan con galerías o soportales. El
acceso se r ealiza a través de un zaguán o portal abier to
en la fachada principal. El patio, cerrado de esta mane-
ra al exterior , además de ser el distribuidor de la plan-
ta se convierte en un espacio útil más. En él se r ealizan
las primeras faenas del día antes de partir al campo: se
pr eparan los aper os, el capataz da las primeras or denes
y se guar da todo tipo de trastos durante la noche.
En raras ocasiones la estancia de bueyes se integra
en la edificación, compartiendo el patio con graner os y
viviendas. En algunos casos el acceso a la misma se
r ealiza exclusivamente desde el patio, y en otr os tiene
también un acceso exterior dir ecto. En estos ejemplos,
en el patio se pueden r ealizar también labor es de ma-
nejo del ganado al iniciar y acabar el día, or ganizar las
92 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
yuntas, car gar y descar gar bestias, como se apr ecia en
el Cortijo de la Mota, de Olvera.
En cuanto a la distribución de las distintas depen-
dencias, no existe una r egla fija, de manera que adoptan
posiciones diversas en función de condicionantes cons-
tructivos, de la explotación, o simplemente por motivos
casuales. Únicamente se mantiene de forma casi invaria-
ble la posición de las viviendas principales, ya sea para el
pr opietario, caser o o encar gado, que habitualmente se
disponen en la fachada principal o de acceso, aunque su
entrada se r ealice igualmente desde el espacio interior .
El graner o principal se sitúa habitualmente en la
crujía opuesta a la entrada al patio y sólo a veces
ocupa la fachada principal. Estos casos suelen coinci-
dir con piezas de excelente factura, de dos plantas,
que construyen el zaguán de entrada al patio con uno
de los tramos de la ar quería o bóveda de la planta baja
–Cortijo Sotillo Nuevo, en San José del V alle, Cortijo
Alijar , de Jer ez.
Generalmente en origen el cortijo se establece con
un único patio central. Son infr ecuentes los plantea-
mientos originales de construcciones en torno a dos o
más patios, y los ejemplos existentes son construcciones
singular es –Cortijo la Por quera, en Barbate, Cortijo de la
Cacería, Alcalá del V alle–. La clásica división de doble
patio, r esidencial y de labor , tan corriente en algunos
edificios de olivar , es inusual en los cortijos de secano.
En algunos casos esta dualidad es consecuencia de la
evolución de la edificación que, al cr ecer , ha cerrado el
espacio que la separaba de la estancia –Casa Alta, de
Jer ez, Cortijo Palmosilla, en T arifa–. A medida que las
necesidades de la explotación lo exigen, se hace necesa-
rio ampliar el cortijo. Las nuevas dependencias adopta-
rán dos posiciones difer enciadas: o se adosarán a lo ya
construido o emer gerán como piezas aisladas indepen-
dientes del núcleo original. A las piezas añadidas al con-
junto se accederá desde el exterior o a través de las pri-
meras. Fr ecuentemente estas nuevas piezas se or ganiza-
93
La arquitectura agraria en la provincia
Planta baja del Cortijo
Cabezas Viejas, Jerez
de la Frontera, y del
Cortijo de la Mota,
Olvera.
Planta baja de la
Cacería, Alcalá del V alle,
y Cortijo de la
Palmosilla, T arifa.
rán en torno a espacios que pueden llegar a constituir
nuevos patios y alcanzar el grado de formalización de
los originales, e incluso construir complejos conjuntos
de tr es o más patios –Cortijo de Guerra, Puer to Real, o
Cortijo de la Romanina Alta, Jer ez–. Más frecuentemen-
te, estos nuevos patios quedan como espacios secunda-
rios, y en la mayoría de los casos, abiertos al exterior o
cerrados por tapias. Otras veces, y especialmente en las
ampliaciones más r ecientes pr opiciadas por las nuevas
tecnologías y las necesidades de espacios para casas de
máquinas, silos, etc., las nuevas piezas se colocan inde-
pendientemente, distribuyéndose de manera dispersa en
torno al conjunto principal, sin mantener una pauta
concr eta a la hora de su implantación. En algunos casos
se agrupan en pequeños conjuntos que normalmente no
se formalizan y que r esponden a un mismo momento
constructivo o a necesidades funcionales. En otras oca-
siones todas las piezas se or ganizan en torno a una
explanada sin formalización alguna que hace las veces
de patio de labor , y que originalmente pudiera corr es-
ponder con el espacio r eservado a la era –Cortijo de las
Mesas de Santiago, Jer ez–.
Podemos concluir que la estructura actual de estos
cortijos es la suma de un conjunto de piezas dispersas
que mantiene una r elación de pr oximidad entr e ellas,
y que existe una pieza mayor que adopta una posición
de centralidad, que por lo general es la más antigua y
el origen del conjunto, y que, a su vez, se estructura
como casa patio en torno a un espacio central.
Los cortijos abier tos, aunque poco numer osos en la
pr ovincia, son aquéllos que han r enunciado a consti-
tuir un bloque edificatorio principal, de manera que
las distintas dependencias se formalizan individual-
mente y se disponen y orientan en r elación con sus
pr opias necesidades funcionales y ar quitectónicas.
Generalmente entr e las distintas piezas quedan ence-
rradas amplias explanadas que juegan el papel del
patio central en los conjuntos agrupados, y que fun-
cionan como patio de labor de la explotación –Cortijo
de Frías y Bolaños, Jer ez–. En ocasiones la disgr ega-
ción de piezas es sólo par cial y el cortijo se subdivide
en pequeños núcleos edificatorios cerrados o compac-
tos que a su vez se estructuran en torno a explanadas
o linealmente al bor de del pr opio camino de acceso a
los mismos –Cortijo Berlanga, Jer ez–. En general, estos
conjuntos car ecen del interés de los anterior es por no
construir edificaciones r elevantes, sin menoscabo de
que algunas de estas piezas por sí solas puedan consti-
tuir ejemplos de interés.
Con el nombr e de cortijos dispersos se alude a las
explotaciones de secano que han distribuido algunas
de sus dependencias por la finca, a distancia. No se
trata de aquellas grandes explotaciones que disponen
de diversos caseríos, más o menos especializados,
per o que funcionan independientemente unos de
otr os. Los cortijos dispersos constituyen una única
unidad funcional, de forma que cada una de las piezas
o conjuntos dispersos no se entendería sin la existen-
cia de los otr os –Sotillo V iejo, en Jer ez, o Cortijo de
Azicar , en T arifa–. Habitualmente esta dispersión se
corr esponde con grandes pr opiedades que mantenían
una importante cabaña ganadera, tanto de labor como
de r enta, y que disponían las naves ganaderas alejadas
94 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
Planta baja del Cortijo de
la Plata y del Cortijo
Berlanga, Jerez de la
Frontera
de las dependencias r esidenciales y de almacenaje de
grano, constituyéndose de esta manera dos conjuntos
difer enciados y alejados. Con fr ecuencia, la depen-
dencia de los tempor er os, la gañanía, se situaba junto
a las del ganado –Cortijo del Recurso, de Chiclana–.
Por lo general el núcleo r esidencial r esponde a las
características básicas del cortijo cerrado de patio
central ya expuestas. Las naves ganaderas se disponen
formando conjuntos más o menos cerrados, en los
que los corrales pueden contribuir a delimitar los
espacios entr e ellas –Cortijos de la Mariscala y de los
Establos, de Jer ez, Cortijo de Azicar , de T arifa–. Hoy
estos conjuntos, en muchos casos, han sido divididos
y vendidos a distintos pr opietarios. Se han agr egado
nuevas dependencias para suplir las car encias que
pr esentaban por separado, y funcionan de manera
independiente.
Dentr o de los conjuntos de secano, las cortijadas
constituyen el grupo menos numer oso de los inventa-
riados, con sólo dos ejemplos incluidos. Pudiera par e-
cer contradictorio incluir como subgrupo de los corti-
jos de secano la denominación de cortijada, puesto que
ambos términos se han empleado tradicionalmente
para definir entidades constructivas difer entes. Sin
embar go, dicha diferenciación nominal no alude a las
características funcionales básicas de la edificación, ni,
por tanto, a su clasificación tipológica dentr o de las
explotaciones de tierra calma.
Las cortijadas son edificaciones de gran tamaño en
las que r eside habitualmente un grupo más o menos
numer oso de distintas familias. Y éste es el elemento
caracterizador de las cortijadas. A difer encia de las otras
tipologías, aquí convive un determinado númer o de
familias de forma más o menos independiente, de tal
manera que la construcción r esidencial se convierte en
el elemento principal del conjunto ocupando gran par-
te del mismo. Sin embar go, la realidad difer enciadora
no es que en estos conjuntos habite un mayor númer o
de familias. La principal característica que las hace di-
fer entes es la estructura funcional que adoptan las edi-
ficaciones r esidenciales, y que por tanto define al con-
junto completo. En las cortijadas se ha r enunciado par-
cialmente a una estructura unitaria que construya espa-
cios de comunidad en beneficio de una mayor autono-
mía de las distintas unidades r esidenciales.
Las cortijadas pueden entenderse como un escalón
evolutivo de los cortijos de secano en cualquiera de sus
otras clasificaciones. A partir del cor tijo tradicional, con
una o dos viviendas familiar es y una nítida estructura de
la pr opiedad, se ha llevado a cabo una transformación
que, manteniendo los elementos que le son pr opios y
sobr e todo el patio, permite absorber un nuevo entendi-
95
La arquitectura agraria en la provincia
Planta de cubiertas de
Sotillo Nuevo, San José
de V alle y del Cortijo de
Azicar , T arifa.
miento de la pr opiedad y de lo r esidencial dentr o del
mismo conjunto. La concepción unitaria y jerár quica
del edificio da paso a unidades agr egadas, de lógica pr o-
pia, que van configurando una serie de espacios y cons-
trucciones cuya estructura or ganizativa puede llegar a
alcanzar grados próximos a situaciones pr eurbanas. En
la actualidad, consecuencia lógica del despoblamiento
rural, algunas de estas viviendas se han convertido en
segundas r esidencias para fines de semana y vacaciones,
según se apr ecia en la cortijada de Bar ca Mor eno.
De cómo se formaliza la estructura general de estos
conjuntos, sólo podemos hablar en r efer encia a los dos
ejemplos inventariados, y es significativo r eseñar que
manifiestan en este aspecto difer entes r esultados. Par e-
ce poder deducirse que de acuer do con esa pr oximidad
a sistemas pr eurbanos, las distintas cortijadas puedan
evolucionar siguiendo modelos casi espontáneos de
difer entes conjuntos poblacionales. En el caso de Las
Habas se r econoce una mayor deuda con el cortijo de
secano cerrado. Es un único y extenso conjunto edifi-
cado del que más r ecientemente se han desgajado las
grandes estancias de ganado. Las distintas dependen-
cias y viviendas, construidas como unidades simples, se
asocian y yuxtaponen entr e ellas configurando patios y
pasajes interior es que, a modo de calles y plazas, van
dando acceso a las distintas dependencias. La Bar ca
Mor eno pr esenta una or ganización muy diferente.
Generada al bor de de una carr etera, r ecoge característi-
cas de las típicas poblaciones lineales nacidas sobr e vías
de cir culación. El camino se convierte en el elemento
vertebrador del conjunto y el r esponsable de su estruc-
turación, de forma que las distintas viviendas se distri-
buyen a ambos lados del mismo. El conjunto principal
se or ganiza con una pieza longitudinal paralela al cami-
no que actúa como cierr e de la edificación y contra la
que se van construyendo perpendicularmente las
demás edificaciones. Entr e éstas se van configurando
distintos patios que quedan abiertos hacia el camino, y
que constituyen los accesos a cada sector del conjunto.
En lo que r especta a las r estantes dependencias,
ganaderas y de almacenaje, nada hay en ellas difer ente
a las de las r estantes clasificaciones. Si acaso destacar
que en las cortijadas, debido a la fragmentación fun-
cional y de la pr opiedad, es mayor el númer o de estas
dependencias y , por ende, menor el tamaño de las mis-
mas. Lógicamente cada individualidad funcional
r equerirá al menos de los espacios agrarios esenciales,
aunque estos sean de r educido tamaño.
Edificios de secano inventariados
Alcalá de los Gazules: Cor tijo las Cobatillas, Corti-
jo Lozano, Cortijo la Palmosa.
Alcalá del V alle: La Cacería, Cortijo del Baldío.
Algodonales: Cortijo de Cerillar , Cortijo de Santiago.
Arcos de la Fr ontera: Cortijo Abrajanejo, Cor tijo
Albar den, Cortijo Algarabejo, Cor tijo de Alper chite,
Cortijo de Buenavista, Cor tijo de Cacina, Cortijo de
Canillas Nuevo, Cortijo de Canillas V iejo, Cor tijo de
Cantarranas, Cortijo de las Carboneras Altas, Cor tijo
Casa Blanquilla, Cortijo Casablanca, Cor tijo del Ce-
rrado, Cortijo el Concejo, Cor tijo del Convento V iejo,
Cortijo Doñana, Cor tijo el Drago o V illa Luisa, Cortijo
de Escuchagrano, Cortijo la Fábrica, Cor tijo de la
Fuensanta, Cortijo Guadaper o Alto, Cortijo las Han-
deras, Cortijo el Higueral, Cor tijo el Jadublón, Cortijo
de Jédula, Cortijo de Jedulilla, Cor tijo de Manflora,
Cortijo de Mar charaví, Cor tijo el Matite, Cortijo los
Navazos, Cortijo la Norieta, Cor tijo Nuevo o el Guijo,
Cortijo el Palomar , Cortijo las Posadas, Cortijo el
Postuer o, Cortijo el Regantío Alto, Cor tijo el Regantío
Bajo, Cortijo el Regino, Cor tijo del Rey , Cortijo el
Robledillo Alto, Cortijo de San Antonio, Cor tijo de San
Pedr o, Cortijo de San Rafael, Cor tijo la Saucedilla y
Ojuelos, Cortijo la Soledad, Cor tijo Soto del Almiran-
te, Cortijo de T ablellina, Cortijo de la T orr e, Cortijo de
T orr es, Cortijo o Hacienda la Zorrilla.
Barbate: Cortijo y E. la Por quera, Cortijo del Pericón.
Los Barrios: Cor tijo de Almoguer , Cortijo Grande
de Guadarranque, Cortijo V iña el Patrón.
Bor nos: Cortijo de la Laguna, Cor tijo de Puertolla-
no, Cortijo de V aldeinfantes.
El Bosque: Casa Hor tales.
Castellar de la Fr ontera: La V aqueriza, del conjun-
to de la Almoraima.
Chiclana: Cortijo las Bóvedas, Cor tijo del Recurso.
Espera: Cortijo el Amar guillo, Cortijo Carija, Cor tijo
el Infierno, Cortijo el Morisco, Cor tijo las Peñas, Cortijo
Puertollanillo, Cor tijo S. Antón, Cortijo S. Bernar dino.
Jerez de la Fr ontera: Casa Alta, Casa de las Majadi-
llas, Casa la Rabia, Cortijo Alijar , Cortijo los Ar quillos,
Cortijo Berlanga, Cor tijo el Boyal, Cortijo Casa Blanca,
Cortijo de las Cabezas de Santa María, Cor tijo de las
Cabezas V iejas, Cortijo de Cápita, Cor tijo Casar ejo,
Cortijo de la Ducha, Cor tijos de Frías y Bolaños, Cortijo
Fuente del Rey , Cortijo del Herrador , Cortijo de los
Isletes Altos, Cortijo de los Isletes Bajos, Cor tijo de la
Jara, Cortijos de la Mariscala y de los Establos, Cor tijos
de Matanza y Matancilla, Cortijo de las Mesas de San-
tiago, Cortijo de Monte Cor to Bajo, Cortijos del Olivillo
y de la V entosilla, Cortijo de la Plata, Cortijo de Pozuela
96 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
mente transformadas por la importancia de las instala-
ciones ganaderas. El andén, pieza clave, puede apar ecer
integrado en el conjunto de la edificación o separado de
ésta, como ocurr e con los grandes andenes industriales.
Los conjuntos dispersos son el grupo de aquellos
cortijos ganader os que han renunciado a concentrar
sus instalaciones, distribuyéndolas normalmente de
forma amplia por la pr opiedad. Por lo general están
constituidos por un núcleo principal, que agrupa
determinadas dependencias, y por una serie de naves y
construcciones espar cidas por la finca y que, de alguna
manera, acer can determinadas instalaciones al ganado.
En el núcleo principal suelen agruparse la vivienda del
encar gado, las cuadras y un pequeño almacén de gra-
nos o paja. En algunos casos se completa con una
pequeña estancia, como en el Cortijo Clavijo, de Alcalá
de los Gazules. El señorío, cuando existe, forma parte
de este conjunto edificatorio, confiriéndole entonces
un mayor grado de formalización y de calidad ar qui-
tectónica –Cortijo Fr esnillo Bajo, Alcalá de los
Gazules–. En cuanto a la estructura or ganizativa de
estas dependencias, no se puede determinar un esque-
ma único, r esolviéndose en cada caso en función de las
distintas piezas con que cuente. Si acaso, es posible
intuir una cierta tendencia hacia las estructuras cerra-
das, característica ésta, por otr o lado, común a todas
las tipologías rurales –Cortijo de la Cuesta del Car-
pinter o, T arifa–. La dispersión de las r estantes piezas,
las más íntimamente r elacionadas con el ganado –an-
denes, estancias, plazas de curas…–, está muy r elacio-
nada con la amplitud de algunas de estas pr opiedades.
En grandes extensiones par ece lógico situar determi-
nadas instalaciones en los sitios próximos a los lugar es
de pasto habitual del ganado, y los diversos andenes en
las pr oximidades de comeder os o abr evader os.
Cortijos ganaderos inventariados
Alcalá de los Gazules: Cor tijo de Clavijo, Cortijo
Don Álvar o, Cortijo el Duque, Cor tijo Fr esnillo Bajo,
Cortijo Isla V er de, Cortijo el Lobatón.
Arcos de la Fr ontera: Cortijo Campo de la V er dad,
Cortijo el Hornillo.
Los Barrios: Cor tijo la Granja.
Castellar de la Fr ontera: Casa Cuar tel, del conjun-
to de la Almoraima.
Espera: Cortijo San Pedr o.
Jerez de la Fr ontera: Cortijo Garrapilo, Cor tijo del
Duende, Cortijo del Marrufo, Cor tijo de Monte Corto
Alto, Cortijo del Palomar , Cortijo de V icos.
San José de V alle: Cortijo el Pícar o, la Gigonza.
Medina Sidonia: Cor tijo la Canaleja, Cortijo Char-
co Dulce Alto, Cortijo Corbaina o Escorbaina, Cor tijo
el Jurado, Cortijo el Lobo, Cor tijo las Por queras.
T arifa: Cortijo Cerr o del Rey , Cortijo de la Cuesta
del Carpinter o.
103
La arquitectura agraria en la provincia
Planta baja del Cortijo
Cerro del Rey , T arifa, y
Charco Dulce Alto,
Medina Sidonia.
La ganadería brava
Las explotaciones dedicadas principalmente a la
cría del ganado de lidia poseen una serie de peculiari-
dades que las sigularizan r especto al r esto de las explo-
taciones agrarias. Dentr o del panorama rural gaditano
constituyen el conjunto de edificaciones de menor
antigüedad, cir cunstancia que, unida a la particular
idiosincrasia de su dedicación, las convierten en la
tipología que en mayor medida mantiene su funciona-
lidad original. Dos son los factor es que han determina-
do la especificidad de este tipo de explotaciones: la
peculiaridad de las instalaciones destinadas a este tipo
de ganadería y la importancia que adquier en las depen-
dencias señoriales. Estas explotaciones normalmente
han compatibilizado la cría del ganado de lidia con la
explotación agraria de parte de la finca. En general, se
trata de pr opiedades de grandes dimensiones que si
bien en determinados casos han derivado hacia activi-
dades ganaderas a consecuencia del escaso r endimien-
to agrícola de la zona, principalmente a causa del Le-
vante, no siempr e es así, y aún en esos casos casi siem-
pr e es posible obtener cosechas de plantas forrajeras
para alimento del ganado.
Los caseríos de estas explotaciones son en gran
medida her eder os del cortijo de secano, dedicación que
en algunos casos era la original de estas construcciones
y que, con el paso del tiempo, se adaptar on y ampliar on
para la ganadería brava. T ambién, aunque en menor
númer o, algunas antiguas explotaciones olivar eras se
r econvirtier on para esta función. Es, por tanto, normal
que compartan características comunes. En ellas se da la
cir cunstancia singular de que su utilización no se ha
modificado sustancialmente al cabo del tiempo, como
ha sucedido en el r esto de las unidades agr opecuarias, ya
que las faenas r elacionadas con el mundo del tor o ape-
nas han sufrido alteraciones desde el siglo XIX.
Paralelamente al fenómeno anterior , en los cortijos de
bravo se han conservado en gran medida las caracterís-
ticas formales de las construcciones originales. Esta cir-
cunstancia hay que entenderla dentr o del peculiar y
complejo mundo sociocultural de lo taurino, inmerso
en algunas de las más ancestrales y arraigadas costum-
br es de nuestra tierra, y que ha adoptado como seña de
identidad ester eotipos formales y ar quitectónicos extra-
ídos dir ectamente del mundo rural. Dentr o de este
mismo contexto debe entenderse también la importan-
cia que adquier en las dependencias r esidenciales como
escenario en el que se desarr olla la elaborada paraferna-
lia social que envuelve al mundo del tor o.
Es importante r eseñar que el ámbito geográfico de
esta pr ovincia está considerado como una de las cunas
de la ganadería de lidia y , por tanto, solar original de
tales explotaciones. En concr eto, es en el término
municipal de Jer ez, en pr opiedades de los frailes cartu-
jos, donde se tiene noticia en el siglo XVIII de una de
las primeras ganaderías dedicadas exclusivamente a
este fin, y que bien pudiera ser origen de gran parte de
los hierr os actuales. A pesar de lo dicho, las edificacio-
nes dedicadas hoy en día a la ganadería de lidia consti-
tuyen el conjunto de construcciones de menor antigüe-
dad en la pr ovincia. Muchas de ellas son construccio-
nes de los últimos cincuenta o sesenta años, nacidas a
raíz de la gran expansión que ha experimentado el
negocio del tor o de lidia desde mediados del siglo XX.
Otras de funciones y origen anterior es fuer on pr ofun-
damente r eformadas para adaptarlas al ambiente socio-
cultural generado en torno a estas explotaciones.
Paralelamente al ganado de lidia, estos establecimientos
suelen contar con un importante númer o de cabezas de
ganado equino. Ganado por lo general escogido y de
estirpe selecta cuya cría y selección en los últimos años
está muy ligada a la ganadería brava, en ocasiones r ela-
cionada con la práctica del r ejoneo o tor eo a caballo.
Respecto a su distribución geográfica, el cortijo de
ganadería de lidia apar ece sobr e todo en la campiña de
la mitad sur de la pr ovincia, en terr enos de las comar-
cas de Medina, Barbate o Algeciras, donde el Levante ha
dificultado tradicionalmente las explotaciones de sem-
bradura, así como en sector es del término de Jer ez.
T ambién se han localizado e inventariado algunos cor-
tijos de ganado bravo, aunque en menor númer o, en las
comar cas serranas de Olvera y Ubrique y r ebor de nor o-
riental de la comar ca de Ar cos, ár eas donde la acciden-
tada or ografía llega a coartar la extensión de las zonas
ganaderas. El mayor contingente de cortijos de ganado
de lidia se contabiliza en el municipio de Medina
Sidonia y al sur del término de Jer ez de la Fr ontera,
donde la acción eólica más benigna les ha permitido
tradicionalmente compatibilizar la ganadería con la
pr oducción agrícola. No existen difer encias notables
entr e las explotaciones de las difer entes comar cas, apar-
te de las que puedan derivarse del ya r eferido mayor
carácter mixto de las pr opiedades jer ezanas. Dichas
difer encias no exceden de una mayor pr esencia de las
dependencias pr opias de las explotaciones de secano.
Implantación en el territorio
Las explotaciones ganaderas poseen las edificacio-
nes más claramente abiertas al territorio y conectadas
a él. La edificación se r elaciona con el campo a través
de sucesivos corrales que permiten el acer camiento
104 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
gradual de las r eses. Buscan instalarse en lugar es
donde sea fácil acceder con el ganado, lógicamente en
campo abierto y terr enos más o menos nivelados. En
aquellos conjuntos en que la casa principal constituye
un núcleo independiente se suelen situar en un altoza-
no, sobr e todo si el asiento del cortijo se dedica tam-
bién al cer eal y alguna vez tuvo era. La edificación pr o-
piamente ganadera se ubica normalmente alejada de la
carr etera, mientras que una r ed de caminos particula-
r es da acceso a las distintas piezas de la explotación. Al
contrario que los campos de secano, y por motivos
obvios, las tierras ganaderas están siempr e valladas. Al
igual que ocurr e con las casas de viña, la portada de
acceso a la finca, generalmente formada por dos pilo-
nes y la cancela, se convierte en elemento destacable al
bor de de las carr eteras y caminos con el nombr e o hie-
rr o de la ganadería.
Dependencias
Como se r eseñaba anteriormente, los cortijos de
ganado bravo están en general al servicio de explota-
ciones de carácter mixto que mantienen parte de las
tierras para cultivos de secano. Así pues, pueden con-
tar con dependencias pr opias de este tipo de explota-
ciones –graner os, casas de máquinas, etc.– con sus
corr espondientes características. Por otr o lado, las
dependencias que singularizan estas explotaciones son
aquéllas derivadas dir ecta o indir ectamente de la pr e-
sencia del tor o en la finca, bien para su tienta y selec-
ción –tentader o, toriles, cajones…–, bien para su cría
y mantenimiento –corrales, pajar es…–, o bien para su
venta y explotación –señorío, salones…
Ganaderas
Las dependencias destinadas a cuadras adquier en
especial r elevancia por la importancia del caballo como
principal medio auxiliar en la briega con el ganado.
105
La arquitectura agraria en la provincia
Ganadería brava hacia
Algar y Montes de
Propios de Jerez.
Son instalaciones amplias, normalmente de cierta cali-
dad constructiva, sin clar os condicionantes formales.
Por norma general se trata de naves diáfanas compar-
timentadas en cuadras individuales. En algunos casos
se han r eutilizado para este cometido las antiguas es-
tancias de bueyes, ya despr ovistas de función. A la
valía como animal de trabajo hay que añadir la tradi-
cional importancia que tiene la ganadería equina selec-
ta en esta zona, y su dir ecta vinculación con el mundo
del tor o. Esto ha dado lugar a explotaciones mixtas de
tor o bravo y caballo, en cuyo caso las cuadras adquie-
r en aún mayor r elevancia en el conjunto y mayor es
grados de formalización. Paralelamente a la importan-
cia del caballo está la del guadarnés. Fundamental en
el mundo de exhibición que r odea a estas explotacio-
nes, se convierten en piezas extr emadamente cuidadas
en su arr eglo y decoración, como dependencias r epr e-
sentativas y casi museísticas de la ganadería. Como
espacios no suelen pasar de habitaciones no muy gran-
des insertas en el conjunto de la edificación y lógica-
mente próximas a las cuadras. Las explotaciones que
mantienen también ganado equino suelen contar con
un picader o, explanada terriza delimitada habitual-
mente con vallas de madera, empleadas para ejer citar y
adiestrar a los caballos en la br ega con el animal, para
el r ejoneo o la doma de exhibición. Los pajar es son
grandes naves de amplias luces que alber gan el pienso
del ganado. Habitualmente son naves de r eciente cons-
trucción y tecnología industrial, estructura metálica y
cerramientos de chapa. La paja también se apila en
grandes montones a la intemperie o r esguar dados bajo
simples cobertizos.
Evidentemente, las dependencias más r elevantes
son aquéllas r elacionadas dir ectamente con el tor o. La
plaza de tientas es una pequeña plaza de tor os donde
se r ealiza la tienta de las r eses para compr obar su bra-
vura. El ruedo, normalmente de alber o, se delimita con
tapia de fabrica pr ovista de burlader os de madera. La
forma de los ruedos habitualmente es cir cular . Sin
embar go, es interesante r eseñar varios ejemplos de ten-
tader os no cir cular es, poligonales o r ectangular es
–Cortijo de Roalabota, de Jer ez, de considerable anti-
güedad, el Parr oso, en Puerto Serrano–. El tentader o
suele contar con un pequeño palco o tribuna adosada,
techada y en alto desde donde se pr esencia la tienta.
Junto al tentader o se sitúan los chiquer os o toriles, que
son departamentos a modo de pequeños corrales en los
cuales se mantiene a los animales que van a participar
en la tienta. Los chiquer os se dividen en comparti-
mentos conectados entr e sí, sobr e los cuales se dispo-
nen pasos elevados desde los que es posible visualizar
al ganado y accionar las puertas, habitualmente de gui-
llotina, que los comunican. Los encierr os son los dis-
tintos corrales en los que se mantiene al ganado sepa-
rado según las distintas fases por las que pasa el com-
plejo sistema de selección y r epr oducción que exige
esta ganadería. Suelen delimitarse con cer cas de esta-
cas y alambradas. La manga no es más que otr o corral
en forma de embudo abierto en su par te más ancha que
facilita la intr oducción de las cabezas de ganado en los
chiquer os o en otr os corrales. Existe otra serie de
corrales en los que se r ealizan las distintas faenas que
exige el cuidado del ganado: destete, pr esentación de
corridas, herraje de caballos, entr e otras.
106 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
Cortijo Alventus,
T rebujena; y Cortijo la
Peñuela, Jerez de la
Frontera.
En los cortijos mayor es algunos de estos corrales se
destinan a una función en concr eto; en estos casos
r eciben una formalización especializada r elacionada
con la faena que en ellos se lleva a cabo. El corral de
enlazar es el caso más singular . De forma prefer ente-
mente cir cular , interrumpida para que el animal no
gir e, disponen de un burlader o en el centr o desde el
cual se le enlaza. En la actualidad esta faena se r ealiza
de forma más rápida en cajones donde se inmoviliza la
r es, por lo que estos corrales están desapar eciendo.
Existen otr os elementos de menor es dimensiones y
funciones muy específicas pr esentes en las explotacio-
nes de mayor importancia. T ales son la manga de curas
–pasillo donde se intr oduce al animal para vacunarlo o
r ealizarle alguna cura–, el cajón de embar que –para el
traslado en camiones–, báscula, tr en de lavado, etc.
De habitación
El funcionamiento laboral de las explotaciones
ganaderas es difer ente a las meramente agrícolas. Los
trabajador es temporales son mucho más numer osos en
éstas que en aquéllas, que a su vez exigen un mayor
númer o de empleados fijos. Esto ha condicionado que
en los cortijos ganader os la gañanía sea un elemento
prácticamente inexistente y que, por el contrario, exis-
ta un mayor númer o de viviendas completas, con alto
nivel de habitabilidad, destinadas a los empleados, en
buena parte construidas durante las últimas décadas. A
este r especto conviene mencionar que son sin duda las
explotaciones del hábitat rural gaditano con mayor
númer o de inquilinos habituales. Entr e las viviendas
destacan algunas de mayor es dimensiones destinadas
al mayoral, guar da o caser o. Por lo general, son cons-
trucciones de gran dignidad, de mediano tamaño,
car entes de elementos r elevantes y próximas formal-
mente a la ar quitectura rural tradicional.
El señorío alcanza ver dader o rango, convirtiéndose
en el elemento fundamental en la imagen y or ganización
del edificio. Habitado a veces por los dueños, las depen-
dencias privadas son el lugar donde se desarr olla gran
107
La arquitectura agraria en la provincia
T entadero de Salto al
Cielo, Jerez de la
Frontera.
parte de la parafernalia social que gira en torno a la fies-
ta nacional. Para estas r euniones, el señorío se dota de
salones y estancias que se convierten en elementos r epre-
sentativos de la categoría y pr estigio social de sus dueños
y de la ganadería. Dentr o del pr opio señorío se inscriben
muchas veces dependencias destinadas a oficinas de la
ganadería, desde las que se llevan tanto los asuntos de
contr ol y selección ganadera –ar chivos, etc.–, como los
estrictamente comer ciales. En algunos casos, cuando
r esidencia y tentader o conforman un único conjunto,
existen unos salones anexos a las plazas desde los que se
pueden seguir lo que ocurr e en ésta. De alguna forma
sustituyen a la tribuna o palco de la plaza por un lugar
más cómodo cuando la climatología no es favorable.
Normalmente de grandes dimensiones, el señorío se
manifiesta al exterior de forma acusada, mediante porta-
das, mirador es, capillas y elementos decorativos.
Pr ecedido con fr ecuencia por un jar dín, determina la
imagen principal del cortijo, adoptando posiciones pr o-
tagonistas en el conjunto de la edificación.
108 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
Capilla de Salto al Cielo,
Jerez de la Frontera.
Señorío de la Peñuela,
Jerez de la Frontera.
Sistemas constructivos y elementos formales
En líneas generales no existen difer encias destaca-
bles entr e los sistemas constructivos empleados en las
explotaciones de ganado de lidia y en los cortijos de
secano, por lo que no es necesario incidir de nuevo en
aquellos elementos comunes a ambos. No está de más
sin embar go, recor dar que al igual que en las demás
explotaciones, el uso de la piedra como elemento
constructivo y decorativo es mayor en las zonas gana-
deras que en otras comar cas. Del carácter señorial de
las explotaciones y de la peculiaridad del ganado que
aquí se cría derivan las mayor es singularidades cons-
tructivas. Las plazas de tienta, toriles y otr os elementos
de encierr o necesitan ser suficientemente fuertes para
r esistir los embates del ganado. Por tal motivo, tapias y
cer cas se construyen habitualmente de mampostería de
cantos de piedra y morter os de cal y tierra. En virtud
del celo que se pone en el embellecimiento y cuidado
de las instalaciones estos mur os suelen estar enfosca-
dos y encalados. Por el mismo motivo se pr esta una
mayor atención a los pavimentos, interior es y exterio-
r es: patios empedrados con cantos r odados en ocasio-
nes haciendo dibujos, terrazas y galerías enlosadas con
piezas cerámicas… siempr e, desde luego, manteniendo
una línea de materiales tradicionales y afectos al
ambiente del mundo taurino.
En conjunto, las explotaciones ganaderas apar ecen
como construcciones muy dilatadas en superficie, con
escasas dependencias en segunda planta y acusada
horizontalidad. La apertura al exterior de las distintas
viviendas, especialmente del señorío con sus terrazas y
mirador es, y la jar dinería decorativa contribuyen a
ofr ecer una imagen abierta y permeable de la edifica-
ción, ajena por completo al hermetismo del cortijo de
secano. Existe una clara intención de r ealzar y embe-
llecer el caserío con la pr opia ar quitectura, especial-
mente mediante las dependencias del señorío. Sin
embar go, hay que destacar que este interés ornamental
no se nutr e de la ar quitectura «culta» como pudiera
ser el caso de determinadas explotaciones olivar eras,
sino que, por el contrario, r ecurr e a los elementos más
característicos de la ar quitectura popular de la comar-
ca. Los mur os encalados, la teja árabe, la cerrajería de
fundición y la azulejería se combinan en galerías por-
ticadas, portadas y patios. Por este motivo no es casual
que la ar quitectura r egionalista tuviera un gran pr edi-
camento en estos cortijos, construyéndose o r emozán-
dose señoríos y conjuntos enter os según las fórmulas y
motivos que le son característicos. Los temas taurinos
y faenas del campo, ejemplar es de la pr opia ganadería
y tr ofeos obtenidos por la misma son las fuentes de
inspiración de la decoración casi monográfica que se
emplea pr ofusamente en patios, terrazas y dependen-
cias privadas. En las dependencias taurinas, plaza de
tientas, etc., la decoración se concentra en la tribuna
del tentader o y , en especial, en el guadarnés. En el
r esto de las instalaciones se manifiesta un cuidado
escrupuloso en el mantenimiento de las construccio-
nes, tapias y cer cados, ya sin apenas r ecursos decora-
tivos, si acaso la combinación tradicional de los blan-
cos, almagras y alber os.
Organización espacial
Los cortijos r elacionados con la ganadería de lidia
configuran un conjunto de gran homogeneidad funda-
mentada en la especificidad de las piezas taurinas, que
dejan poco mar gen a la variedad, y en el escaso mar gen
de tiempo en el que se han construido gran parte de ellos.
En el caso de r eutilización de estructuras pr evias, parale-
lamente al pr oceso de mutación funcional se pr oduce la
transformación tipológica de dichas estructuras. El
carácter peculiar que implican las nuevas instalaciones,
el vuelco que supone la transformación en señorío de
primitivas viviendas rurales o la apertura al territorio y al
paisaje de construcciones manifiestamente intr overtidas,
implican un cambio tal que transforman la estructura
pr ofunda de la tipología anterior , imprimiéndole un
nuevo carácter a la instalación. Carácter que se manifies-
ta entr e otr os aspectos en una nueva r elación con el terri-
torio y en una utilización intencionada de la ar quitectu-
ra como elemento simbólico y evocador .
Estos cortijos se or ganizan en torno a dos centr os
funcionales: el señorío y la plaza de tientas. A su alr e-
dedor se sitúan las distintas dependencias auxiliar es
constituyendo dos sector es bien difer enciados funcio-
nal y formalmente. Anexos a la plaza de tientas se
encuentran los chiquer os, cajones de cura y embar que,
pajar es y distintos corrales de funciones más o menos
pr ecisas. Se or ganizan siguiendo el funcionamiento
natural de la briega con el ganado, en un conjunto com-
pacto, normalmente anexo a los grandes encierr os de
acer camiento de los tor os y pr ecedido por la manga que
posibilita el apartado de los mismos. En la casa princi-
pal, junto al señorío, se sitúan las demás dependencias
r esidenciales, las cuadras, almacenes y los elementos
dir ectamente r elacionados con la explotación agrícola,
en caso de que la haya –graner os, casa de máquina…–.
Las distintas dependencias se or ganizan en estruc-
turas semiabiertas más complejas que en los cor tijos
cer ealistas. Los patios siguen siendo los elementos
estructurantes por excelencia, per o construyendo
109
La arquitectura agraria en la provincia
esquemas de menor rigidez. Los grandes conjuntos se
or ganizan en varios patios, en torno a los que se distri-
buyen las dependencias, or ganizándose por sectores
funcionales: el patio del señorío, de las cuadras, vivien-
das de los trabajador es, etc., de manera jerar quizada
funcional y constructivamente. El señorío se sitúa en
lugar pr eponderante, habitualmente en la fachada
principal pr ecedido por un jar dín, y aislado de las
dependencias más molestas. En aquellos conjuntos
que tienen como base un cortijo de cer eal se mantie-
nen los esquemas más rígidos y el habitual patio cen-
tral. El cortijo ganader o, aunque se or ganice en torno
a patios, no vuelca hacia el interior sino que se abr e al
territorio que lo cir cunda y mantiene con éste una
mayor dependencia, r elación necesaria para que el
señorío luzca en su vistosidad y para posibilitar las
labor es de manejo del ganado.
Dentr o de la tipología del cortijo de ganado bravo
es posible r ealizar una clasificación en función del
modo en que sus dos sector es fundamentales se r ela-
cionan entr e sí y ocupan el territorio. Conjuntos com-
pactos son aquéllos en los que los dos sector es articu-
lan un único conjunto edificatorio: la plaza de tientas
y las dependencias auxiliar es se disponen junto a las
habitaciones r esidenciales. Pueden originarse por la
anexión de las dependencias taurinas a caseríos pr ee-
xistentes, normalmente cortijos de secano, o, con
menor fr ecuencia, como r esultado de un plan cons-
tructivo pr emeditado –Cortijo de los Albur ejos, Medi-
na Sidonia–. En el primer o de los casos se pr oduce la
yuxtaposición de los dos sector es funcionales en una
clara estructura de agr egación –Cortijo de Iruelas, en
T arifa–. En estos conjuntos compactos los espacios
libr es pueden jugar un doble papel. Habitualmente sir-
ven a las habitaciones r esidenciales y demás depen-
dencias pr opias del conjunto señorial, quedando las
instalaciones taurinas al mar gen de los patios, con
accesos exterior es aunque normalmente conectadas
por algún punto con el señorío o salones anexos
–Cortijo de la Peñuela, de Jer ez, y Cortijo de los
Albur ejos–. Per o en otr os casos, los espacios libr es se
disponen entr e ambos núcleos actuando más a modo
de patio de labor que con funciones r esidenciales
–Cortijo la Zorr era, Medina Sidonia–.
En el por centaje más elevado de los casos, los dos
sector es funcionales del cortijo de ganadería de lidia se
disponen en núcleos independientes, conformando
conjuntos edificatorios difer enciados. Estos conjuntos
pueden localizarse a corta distancia unos de otr os o a
distancias que pueden llegar a ser considerables, como
muestra el ejemplo del Cortijo los Granujales, de V ejer
de la Fr ontera. En el primer caso, la explanada que
queda entr e los dos sector es puede ser ocupada por
dependencias menor es y utilizada para las labor es del
ganado –Cortijo de Roalabota, de Jer ez– o incluso estar
cer cada como último encierr o de la ganadería pr evio a
su salida o tienta –Cortijo de las Albutr eras, Los Ba-
rrios–. Entr e estos núcleos, especialmente cuando las
distancias son muy grandes, se establecen caminos
interior es que funcionan a modo de r ed arterial de la
explotación. Esta drástica división de las dependencias
es a veces consecuencia de la r eutilización de un case-
110 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
Planta baja de los
Alburejos,
Medina Sidonia.
río pr evio para las dependencias r esidenciales y la ins-
talación posterior del tentader o en un sitio de condi-
ciones más apr opiadas. Con esta división apar ece una
mayor intención de apr opiación del territorio.
Colonización que se ve aumentada por los caminos
internos de la finca y por las tapias y cer cas que deli-
mitan los encierr os. En algunas explotaciones la divi-
sión se ha extr emado al disgr egarse la edificación en
varios núcleos de pequeña entidad que se disponen,
guar dando cierta pr oximidad, en estructura abierta en
torno a una gran explanada –Cortijo Mar telilla del
Mar qués, Jer ez.
Cortijos de ganado de lidia inventariados
Alcalá de los Gazules: Cor tijo el Angarillón, Cor-
tijo el Pradillo.
Algodonales: Cortijo de las Hermanillas, Cor tijo de
la Nava de San Juan.
Los Barrios: Cor tijo de las Albutr eras, Dehesa Ma-
ría del Campo.
El Bosque: Casa Hor tales.
Jerez de la Fr ontera: Cortijo de Campanera, Cor-
tijo Martelilla del Mar qués, Cortijo Matancilla, Cortijo
de la Peñuela, Cortijo Roalabota, Cor tijo Salto al Cielo,
Cortijo de la Sierra, Cor tijo de Spínola.
Jimena de la Fr ontera: Cor tijo Fábrica la Bomba.
Medina Sidonia: Cor tijo los Alburejos, Cortijo la
Cantora, Cortijo Montepaz, Cor tijo la Quinta Alta y
Baja, Cortijo de V alcar gado, Cortijo el Zapater o, Cor-
tijo la Zorr era, Cortijos Coloma y Monr eala.
Olvera: Cortijo la Sabina.
Puerto Real: Cor tijo San José del Pedr oso.
Puerto Serrano: Cor tijo el Parr oso.
San José del V alle: Cortijo Fuente Imbr o.
T arifa: Cortijo de la China, Cortijo de Iruelas.
T rebujena: Cor tijo Alventus.
V ejer de la Frontera: Cor tijo los Granujales, Cortijo
Libr er os, Cortijo Sierra Graná o el T orer o, Jandilla.
LAS EXPLOT ACIONES FOREST ALES
Con el nombr e explotaciones for estales y dehesas se
clasifica una serie de edificaciones cuya funcionalidad
original está r elacionada con la explotación comer cial
del bosque. Se excluyen aquí los establecimientos vin-
culados a dehesas pr efer entemente ganaderas, ya r evisa-
dos en apartados anterior es. Dentro de las posibilidades
del apr ovechamiento for estal se engloban la explotación
mader era, mediante la r ecogida de pequeño ramaje o
tala selectiva de árboles, la extracción del cor cho, o las
r elacionadas con la fauna y flora menor , piñas, setas o
caza. En la pr ovincia de Cádiz el apr ovechamiento for es-
tal de mayor r elevancia económica es la extracción de
cor cho, en explotación dir ecta del gran alcornocal que
atraviesa buena parte de los municipios gaditanos y que
ha convertido a Cádiz en la primera pr ovincia cor chera
de España. Paralelamente a ésta, se mantienen otras
industrias menor es que extraen del bosque otr os benefi-
111
La arquitectura agraria en la provincia
Ordenación general del
Cortijo de V alcargado,
Medina Sidonia.
cios: madera, caza, etc. T ambién ha alcanzado cierta
r elevancia la r ecolección de la piña para el consumo de
los piñones como fruto seco, siendo Cádiz una de las
primeras pr oductoras de España.
En r ealidad, es algo aventurado considerar que
exista una tipología específicamente for estal y que las
edificaciones asociadas a estas explotaciones hayan
generado un conjunto ar quitectónico que pueda
entenderse como una tipología independiente. De las
más de tr escientas explotaciones inventariadas, sólo
unas pocas se han considerado claramente como uni-
dades for estales, como el Cortijo de Buenas Noches de
Jimena de la Fr ontera, datado en 1891, o el Cortijo de
la Alcaría en Jer ez de la Fr ontera.
La inclusión de este apartado en la clasificación
general no intenta deducir invariantes, ni elaborar una
teoría sobr e una tipología de difícil concr eción. Sólo
pr etende dejar constancia de un uso específico del
suelo, el for estal, que supone la explotación de una
amplia parte del territorio pr ovincial. En cualquier
caso tendrá validez como análisis alternativo de unas
edificaciones rurales que quedan al mar gen de las
grandes tipologías estudiadas. Por otra parte, es nece-
sario puntualizar que en muchos casos la explotación
for estal supone una vertiente más de la pr oducción de
las grandes pr opiedades con terr enos de dehesa y
monte. En estos casos, la especificidad de esta explota-
ción desapar ece bajo otras variantes de mayor caracte-
rización ar quitectónica, como se apr ecia en el Cortijo
del Pedr egoso, de T arifa. A esta cir cunstancia ha con-
tribuido el característico latifundismo que se manifies-
ta aún más acusado cuando se trata de terr enos no
dir ectamente explotables para la agricultura, y que ha
posibilitado que un pequeño númer o de grandes fincas
abar que un importante por centaje de arbolado.
La distribución territorial de estas construcciones
lógicamente corr e paralela a la extensión de las masas
arbór eas por la pr ovincia. Per o no todo el bosque pr o-
vincial es igual, ni lo son sus posibilidades de explota-
ción. En el bosque gaditano se distinguen dos unidades
bien difer enciadas. Una es el macizo de Aljibe, soporte
fundamentalmente de la gran masa del alcornocal, y la
otra gran mancha ver de es el Par que Natural de la Sierra
de Grazalema, poblado principalmente por encinas,
quejigos, algarr obos y pinsapos. De las dos, la primera
pr esenta una potencialidad económica muy superior ,
derivada fundamentalmente de la explotación cor chera,
y también de otras, como la piñonera. Es esta masa
arbór ea la que ha pr oducido alguna edificación r eseña-
ble. En las r estantes explotaciones apar ecen simples
casas de guar das o pequeñas edificaciones de montaña.
El alcornocal se asienta sobr e el sustrato de ar enis-
cas que constituyen el macizo del Aljibe, donde convi-
ve con pinar es y otras especies. Casi la totalidad de
estos bosques queda englobada en el Par que Natural
de los Alcornocales, que atraviesa la pr ovincia diago-
nalmente desde las estribaciones más al este de Jer ez
de la Fr ontera hasta el término de Algeciras, abar can-
do gran parte de los municipios de Alcalá de los Gazu-
les, Benalup, Medina Sidonia, Jimena, Los Barrios y
T arifa, y casi la totalidad del término de Castellar . El
alcornocal es más denso entr e los municipios de Cas-
tellar , Alcalá y Jimena.
Implantación en el territorio
La pr esencia de estas edificaciones sólo es posible
en el interior o en las pr oximidades del bosque que
explotan. Junto a esto y fr ente a las escasas exigencias
funcionales, las cir cunstancias de implantación no
serán difer entes de las de cualquier hábitat humano:
agua, asoleamiento, posibilidad de acceso, etc. El acce-
so hasta estos caseríos desde las carr eteras más próxi-
mas se r ealiza a través de difíciles vías for estales, de
firme pr ecario, y en algunos caso próximas a ser devo-
radas por la vegetación. Respecto a elementos de cie-
rr e, estas fincas de gran tamaño generalmente han
car ecido de delimitaciones físicas claras. En la actuali-
dad, el alza del negocio cinegético ha impulsado des-
lindes y vallados para evitar la pér dida de piezas debi-
do a su desplazamiento natural. Esta cir cunstancia ha
multiplicado el númer o de cancelas o angarillas en las
vías de comunicación a través de las fincas, que en
muchos casos permanecen cerradas con candado fuera
de los horarios normales de la jornada laboral.
Dependencias
Las labor es de explotación del bosque necesitan
muy pocas o casi ninguna dependencia específica. No
son necesarios los grandes espacios de almacenaje, ni
las estancias de ganado de labor , y las principales exi-
gencias son las r elacionadas dir ectamente con la r esi-
dencia humana.
Ganaderas y de almacenaje
La pr oducción for estal no exige dependencias espe-
cializadas de almacenaje. El cor cho, las piñas o la leña,
no necesitan r esguar darse de la intemperie y se acu-
mulan dir ectamente a cielo abierto. No existen por
tanto más almacenes que los necesarios para guar dar
los aper os y utensilios de trabajo, o los pr opios de la
112 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
119
La arquitectura agraria en la provincia
120 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
121
La arquitectura agraria en la provincia
La oposición que existe dentr o de cada municipio
entr e las pequeñas explotaciones, localizadas princi-
palmente en las pr oximidades de los núcleos urbanos,
y las grandes fincas que abar can la mayoría de las tie-
rras, existe también a nivel pr ovincial entr e los distin-
tos municipios. A grandes rasgos es posible señalar
que en los amplios términos municipales interior es
–Jer ez, Medina, Alcalá…– pr edominan las grandes
pr opiedades de estructura latifundista, mientras que
en los municipios de la costa atlántica el peso de la
pequeña pr opiedad es mucho más importante. En los
extr emos de esta situación se encuentran municipios
como Alcalá de los Gazules y Chipiona. En el primer o
de ellos, el númer o de grandes pr opiedades supone
casi un ter cio del total, mientras que en Chipiona la
pequeña pr opiedad supera el 95% de las explotaciones.
A medio camino entr e estas dos situaciones se encuen-
tran los municipios de El Puerto de Santa María, V ejer
o Setenil, en los cuales el númer o de explotaciones de
mediano tamaño (5-50 ha.), alcanza valor es muy pró-
ximos a los de la pequeña pr opiedad, o T arifa, donde
las fincas de medianas dimensiones suponen más del
50% del total. Dentr o del fenómeno latifundista es
necesario destacar el caso de la finca la Almoraima, en
el municipio de Castellar , la pr opiedad más extensa de
España, que con sus más de 14.000 ha. compr ende la
mayoría del término municipal.
El sector vitícola r epite la estructura del conjunto
de la actividad agraria, per o en ningún caso llega
alcanzar valor es extr emos. La concentración de gran
parte de las tierras en un pequeño númer o de propie-
dades se pr oduce sobr e todo en Jer ez, donde el tama-
ño de la explotación media es superior al r esto de la
zona, y en El Puerto de Santa María y Puer to Real, en
menor medida. Por el contrario, en Sanlúcar ,
T rebujena, Chipiona, Rota y Chiclana existe una mul-
titud de pequeñas pr opiedades y explotaciones que
podría caracterizarse como minifundismo vitícola.
De la arquitectura rural
Los pr ocesos de transformación que han experi-
mentado los sistemas constructivos y pr oductivos
durante los últimos años han dañado irr emediable-
mente la ar quitectura rural. La obsolescencia de las
estructuras, el alto coste de mantenimiento y la gene-
ral pér dida de funcionalidad han sido las causas prin-
cipales del deterior o sufrido.
Las dependencias agrícolas, originadas en las nece-
sidades formales y funcionales de determinados pr o-
cesos pr oductivos ya desapar ecidos –la pr ensa aceite-
ra de viga, el lagar jer ezano, las estancias de bue-
yes…– han quedado vacías de contenido y funcionali-
dad, y se han visto condenadas a desapar ecer . Parale-
lamente, las nuevas condiciones socioeconómicas y
laborales y la r evolución de los medios de transporte
humanos y de mer cancías han contribuido al abando-
no de los espacios de r esidencia y almacenaje, car en-
tes ya de sentido y funcionalidad: gañanías, antiguos
graner os, tr ojes…
En los últimos años se ha pr oducido el abandono de
algunos de muchos edificios rurales, y , con ello, la pér-
dida de parte de nuestr o patrimonio cultural y arqui-
tectónico, aunque a este r especto es necesario destacar
cómo este pr oceso de abandono del campo y de sus edi-
ficaciones ha tenido una menor r eper cusión en la pr o-
vincia de Cádiz que en otras. Per o tan importante o más
que los edificios desapar ecidos es la pr ofunda transfor-
mación que han sufrido muchos de los existentes, con
el r esultado de un palpable deterior o de sus caracterís-
ticas y valor es originales. Las nuevas tecnologías han
transformado radicalmente la imagen de las edificacio-
nes, incorporando grandes silos, casas de máquinas,
torr etas eléctricas… Las r elaciones tradicionalmente
M AP A DE USO ACTUAL
DE LOS EDIFICIOS
INVENT ARIADOS
Actualmente, el 86% de
los edificios
inventariados mantiene
algún tipo de uso
agrícola o ganadero; el
4% se destina a otros
fines (residencial,
hotelero….) y el 9%
restante se encuentra sin
uso.
existentes entr e los distintos elementos se han alterado,
pr oduciendo pr ofundas modificaciones en las estructu-
ras or ganizativas definitorias de las diversas tipologías,
per diéndose en gran medida el sentido or ganizador de
los patios. Por otr o lado, el gran volumen construido
que suponen en muchos casos estas edificaciones, la
habitual solidez constructiva de las mismas, y la r elati-
va versatilidad de sus espacios diáfanos han sido la
causa principal de que no se haya pr oducido su total
desaparición. Las tipologías de menor es dimensiones e
inferior calidad constructiva –construcciones ganade-
ras, casa de huertas, etc.– son las que más han sufrido.
Este pr oceso no ha afectado, con todo, de igual manera
a las diversas tipologías estudiadas.
El conjunto más afectado es sin duda el del olivar .
En el extr emo opuesto se sitúan los cortijos de ganado
de lidia y , en gran medida, las casas de viñas jer ezanas.
Las explotaciones olivar eras, con el olivo prácticamen-
te desapar ecido, es la tipología que pr esenta un mayor
grado de transformación. Su r econversión en explota-
ciones cer ealistas ha conllevado en muchos casos la
pér dida de sus características originales, en algunos
ejemplos meramente adivinables, y la desaparición de
las piezas características de las almazaras.
Los cortijos de secano son el conjunto edificatorio
que mayor númer o de piezas conserva en funciona-
miento. Por lo general, muchos de estos cortijos conti-
núan manteniendo su funcionalidad agraria, en algu-
nos casos r econvertidos en grandes explotaciones
agr oindustriales, y en otr os como simples conjuntos
agrícolas adaptados a los nuevos sistemas de cultivo.
Sin embar go, el mantenimiento del uso primitivo no se
corr esponde en líneas generales con un buen estado de
conservación de la edificación, que a menudo ha sufri-
do pr ocesos de adaptación escasamente r espetuosos
con la ar quitectura original.
Las casas de viña pr esentan un panorama singular .
Se ha per dido un númer o importante de ellas y la
mayoría car ece de lagar en funcionamiento, siendo
usadas como simples almacenes y para cobijo del per-
sonal en las vendimias. Per o, sin embar go, se mantiene
bien conservada la mayor parte de las mejor es piezas.
En general éstas pertenecen a grandes complejos bode-
guer os que las pr eservan en buen estado, quizá cons-
cientes de su valor patrimonial, como parte impor tan-
te de la pr opia imagen de la firma.
En los cortijos de ganadería de lidia se pr oduce un
fenómeno semejante. Su estado de conservación, por lo
general, es bastante aceptable e incluso muy bueno. El
motivo radica en que estas explotaciones han adoptado
la estética rural tradicional como imagen de las pr opias
ganaderías, por lo cual el mantenimiento de la aparien-
cia tradicional del cortijo, e incluso su imitación, se con-
sidera esencial para la pr opia instalación ganadera.
A modo de conclusión exponemos una serie de
r eflexiones suscitadas por la r ealización de este traba-
jo y extraídas unas del estudio de campo y otras de la
documentación consultada y la posterior elaboración
del inventario. En contra de lo que en un principio
cabría esperar , y de lo compr obado en otras pr ovin-
cias, en la de Cádiz se ha detectado un alto índice de
ocupación de la ar quitectura rural. El abandono r esi-
dencial del campo no es un fenómeno generalizado
en todas las comar cas gaditanas. Un alto por centaje
de las piezas localizadas se mantiene en uso, y la gran
mayoría de éstas permanece habitada. Además, no
existen síntomas que permitan pr ever que esta situa-
ción vaya a cambiar de forma inminente. Es posible
afirmar que de manera general las tipologías rurales
estudiadas mantienen un aceptable estado de conser-
vación. Evidentemente éste no es óptimo, per o sí
suficiente para no temer por la masiva desaparición
de este patrimonio ar quitectónico, como ocurr e en
otras pr ovincias.
122 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
M AP A DE EST ADO DE
CONSERV ACIÓN DE LOS
EDIFICIOS INVENT ARIADOS
De los 338 edificios
inventariados en la
provincia de Cádiz, se
puede considerar que el
67% se encuentra en un
estado de conservación
aceptable, el 25% está
mal conservado, el 4%
se encuentra
parcialmente en ruinas y
otro 4% está
completamente ruinoso.
Entr e los distintos factor es causantes de la degrada-
ción de las construcciones rurales, la falta de uso se
manifiesta como el principal y más mortal enemigo. La
llegada al campo de las nuevas tecnologías ha r elegado
al abandono determinadas piezas car entes hoy por hoy
de funcionalidad. Caso paradigmático de esta situación
son los graner os, piezas muchas de ellas de gran inte-
rés per o que han sido sustituidas por silos metálicos
industriales. La aparición de estos elementos no debe
entenderse como una agr esión, sino como la evolución
natural de las explotaciones, tal como en su día ocurrió
con las almazaras hidráulicas. Sin embar go la aparición
de los silos supone el abandono de los graner os tradi-
cionales, y esta falta de uso constituye el germen de la
posterior desaparición de la construcción.
La conservación del patrimonio rural pasa sin duda
por el mantenimiento del uso agrícola de las instala-
ciones y por la búsqueda de nuevos usos y posibilida-
des de r eutilización de las dependencias obsoletas. Las
alternativas funcionales ensayadas, principalmente
hoteleras, no pasan de ser soluciones de compr omiso
válidas para piezas concr etas, per o car entes de posibi-
lidades como solución global.
123
La arquitectura agraria en la provincia
Inventario
de edificios
126 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
De las tr es secciones en que se ha dividido la pr ovincia para
pr esentar la selección de edificios inventariados, en las páginas
que siguen se r eseñan los corr espondientes a las comar cas y tér-
minos del nor oeste del territorio pr ovincial. Se incluyen aquí los
municipios en torno a la capital, Jer ez, y los términos coster os
entr e la desembocadura del Guadalquivir y la bahía de Cádiz.
Junto a algunos de muy escasa o nula significación en lo r efer en-
te a la ar quitectura agrícola dispersa, como Cádiz, otr os, como
Jer ez, destacan por la cuantía, la variedad y el interés de sus edi-
ficaciones.
Jer ez y costa nor oeste
127
Jerez y costa noroeste. Inventario
El término municipal de Jer ez es el más extenso de la pr ovin-
cia y uno de los más amplios de España, con una superficie de
1.186 km 2 que se desarr olla sobr e la campiña del nor oeste gadita-
no y una pr olongación hacia el este que alcanza hasta las ár eas
serranas colindantes con Ubrique, el límite con Málaga y Alcalá de
los Gazules. Esta pr olongación –tránsito de la campiña a la sierra–
ha visto muy mermada su extensión y casi truncada su continui-
dad como r esultado de la segr egación del municipio de San José
del V alle, dotado con un término de 226 km 2 , el último y mayor
r ecorte del dilatado alfoz o tierra que r ecibiera la ciudad en la
segunda mitad del siglo XIII tras la conquista cristiana. Término
agrícola por excelencia, con una superficie dedicada al cultivo pró-
xima a las 100.000 ha., la agricultura y la industria de transforma-
ción han sido y siguen siendo los motor es de su economía. En la
actualidad constituye el primer centr o r emolacher o de Eur opa. Por
su amplitud y por la riqueza y variedad de sus suelos, el ámbito
comar cal de Jer ez figura como primer pr oductor de la mayoría de
las variedades agr opecuarias que se dan en la pr ovincia, tanto en
pr oductos agrícolas como ganader os.
Es lógico por tanto que el término con mayor númer o de ele-
mentos inventariados sea éste, y que Jer ez aventaje considerable-
mente a todos los demás municipios en el númer o de piezas loca-
lizadas e inventariadas. En consecuencia, todo lo descrito con
anterioridad para las distintas variantes edificatorias del campo
gaditano es lógicamente aplicable y suele encontrar r eflejo en el
ámbito jer ezano. Sobr esale, en primer lugar , la importancia del
cultivo de la vid, que en Jer ez supone apr oximadamente el 20% de
la pr oducción agrícola total. A su vez, los cortijos de secano y
ganader os de esta zona constituyen uno de los conjuntos induda-
blemente más notables de la pr ovincia. En cuanto a instalaciones
r elacionadas con el olivar , aporta también ejemplos de considera-
ción, incluso a pesar de que la segr egación de San José lo haya pri-
vado de varias piezas de la franja de terr enos olivar er os que corr en
hacia el nor este, desde el nuevo municipio en dir ección a Ar cos,
V illamartín y Olvera.
De las tipologías estudiadas, en Jer ez r esalta la casa de viña
como elemento emblemático y distintivo asociado al negocio vina-
ter o. En su término se distribuye la más numer osa y variada r epr e-
sentación de la casa de viña, encabezando las cifras pr ovinciales en
cuanto a casas localizadas e inventariadas. Entr e las piezas inclui-
das en el inventario cabe señalar , por un lado, las casas de San
Cayetano, Los Ar cos o V iña Ponce, como pr ototipos de la casa de
viña funcional, básica, nacida como mer o complejo agr oindustrial
para la transformación de la uva y , por otr o, Macharnudo o Cortijo
del Majuelo, Cerr o Nuevo o La Canariera, como ejemplos de una
ar quitectura que sumó a la funcionalidad la búsqueda de una ima-
gen de pr estigio para la empr esa o la familia. Edificio a edificio, en
el r ecorrido por la casa de viña jer ezana se apr ecian de manera
detallada sus variantes y su evolución, desde las construcciones
más humildes y utilitarias –formando sencillos bloques de enver-
gadura limitada–, a las más extensas y elaboradas –a base de varios
volúmenes en U o en torno patios, con abundantes r efer encias de
estilos urbanos y cultos…–.
Las extensas campiñas de magníficos bujeos pr opor cionan una
amplia superficie para el cultivo extensivo del cer eal con un alto
r endimiento pr oductivo, lo que convierte a la comar ca de Jer ez en
la primera pr oductora cer ealista de la pr ovincia. Y es en su térmi-
no en el que también se han localizado e inventariado mayor
númer o de cortijos de secano. De los cor tijos incluidos en inven-
tario en la zona estudiada, 38 pertenecen a Jer ez, contándose entre
ellos varias de las mejor es piezas, como el Cortijo de Romanina
Alta, el Alijar o el cortijo constituido por Los Establos y la
Mariscala. En conjunto, los cortijos de Jer ez son una excelente
muestra del ar quetipo clásico del cortijo andaluz, r esultado de las
grandes explotaciones y los esquemas de gran pr opiedad sobr e las
tierras de calidad de la depr esión del Guadalquivir . Desde un
punto de vista constructivo, abar can desde unidades de planta cua-
drada o r ectangular en torno a un patio a otras alr ededor de varios
patios, con piezas distribuidas en un radio inmediato al núcleo
principal, segr egadas en varios núcleos o dispersas por el territo-
rio de la finca.
En cuanto a la ar quitectura tradicional del olivar , Jer ez cuenta
asimismo con un grupo de piezas inventariadas. Aunque en la
actualidad el cultivo se ha r educido a mínimos, el olivar mantuvo
en el término una pr esencia histórica, en pagos cer canos a la ciu-
dad, interpolándose con la viña, y en las ár eas limítr ofes con las
comar cas más pr opiamente olivar eras –Ar cos, Olvera–. Entr e las
piezas más inter esantes inventariadas se pueden señalar varios cor-
tijos de olivar , como el de Pér ez Lila, que r esponde a la disposición
de un molino tradicional con pr ensa de viga y torr e de contrapeso
almenada.
Paralelamente a la importancia de la pr oducción agrícola en
Jer ez se ha mantenido una fuerte tradición ganadera que la sitúa
como principal tenedora de cabezas de ganado bovino, y sin com-
paración con otra en lo r efer ente a la cría caballar y avícola. No es
casualidad, por tanto, que en el término municipal de Jer ez se si-
túen los dos grandes cortijos-cuar tel de V icos y Garrapilo, ambos
pertenecientes a la yeguada militar .
Respecto a los cortijos de ganadería de lidia, aunque el númer o
de los inventariados no es muy elevado, conviene destacar la anti-
güedad de algunas de las piezas que se conservan. No es casual que
los historiador es hayan situado en la Cartuja de Jer ez uno de los
orígenes de las ganaderías bravas, y que sea en el Cortijo del Salto
al Cielo, que perteneció a dicha or den, donde se conser ve la plaza
de tientas más antigua localizada hasta el momento, fechada por
una inscripción a finales del siglo XVIII. Otra pieza de gran interés
es la magnífica edificación del Cortijo de la Peñuela, antigua explo-
tación olivar era y de secano adaptada a la cría de r eses bravas.
Respecto a los otr os cortijos ganader os, a pesar de la importan-
cia del númer o de cabezas existentes en la comar ca, y de acuer do
con lo expr esado en la definición del tipo –sencillez, escaso volu-
men constructivo, car encia de piezas de r elevancia por las carac-
terísticas de la explotación…–, no se han localizado muchas pie-
zas de interés. Apenas se han r ecogido algunas, como El Marrufo,
partícipe de la ar quitectura ecléctica de fines del XIX y principios
del XX que se observa en grandes construcciones de dehesas tanto
en Jer ez como en San José del V alle y otr os términos más meri-
dionales. De dir ecta inspiración inglesa es, por su parte, el caserío
de la dehesa la Alcaría, modelo de las grandes explotaciones for es-
tales y cinegéticas, en las que se combinan los apr ovechamientos
del cor cho, leña, carboneo en el pasado, ganadería mayor y menor ,
de lidia incluso, la caza, en la actualidad una fuente de ingr esos
esencial.
Al oeste de Jer ez quedan los términos municipales del ámbito
comar cal de Sanlúcar de Barrameda, delimitado al norte por el
cauce del río Guadalquivir en su desembocadura y a poniente por
la costa atlántica: Chipiona, Rota, Sanlúcar de Barrameda y
T rebujena. Los tr es municipios costeros poseen amplias super ficies
ar enosas y una importante tradición hor tícola, constituyendo uno
de los principales r efer entes de la pr ovincia en estos cultivos. Estos
pr oductos, junto con la flor cortada, suponen más del 90% de la
totalidad de la pr oducción agrícola en estos términos. Debido al
peso de esta dedicación de los suelos comar cales, a las extensiones
de terr enos impr oductivos en el bor de de marisma, a la urbaniza-
ción cr eciente, el númer o r elativo de piezas inventariadas es bajo,
no habiéndose r egistrado ninguna en el municipio de Chipiona.
Por otr o lado, varias de las edificaciones inventariadas en Rota per-
tenecían a una única gran pr opiedad, lo que r ecuer da una vez más
la importancia que adquirió el latifundio en estas comar cas de la
baja Andalucía.
El cultivo del cer eal se ha desarr ollado principalmente en las
tierras interior es del municipio coster o de Sanlúcar y en el térmi-
no de T rebujena, habiéndose inventariado un total de siete cor tijos
de secano. El más inter esante de todos los inventariados, el Cortijo
de Alventus en T rebujena, constituye un ejemplo paradigmático de
cortijo de patio único y estancia ganadera independiente. Cuenta
también con una inter esante plaza de tientas poligonal añadida al
incorporarse una explotación de ganadería de lidia.
La vid, a pesar del r etr oceso que sufr e en los últimos años, tuvo
y mantiene una destacada pr esencia en los términos de Sanlúcar y
T rebujena. En este último supone casi el 50% de la pr oducción
agrícola. Sin embar go, en estos municipios la tipología de la casa
de viña no ha alcanzado el desarr ollo que tiene en Jer ez o El Puerto
de Santa María. En T rebujena no se ha inventariado ninguna,
mientras que en Rota y Sanlúcar una cifra apr eciable de las piezas
inventariadas r esponde en cierta medida a condicionantes distin-
tos a la pr opia pr oducción agrícola, siendo edificaciones que con-
jugan además cometidos r esidenciales como casas de r ecr eo de los
pr opietarios. Son ejemplos el Caserío de Miraflor es Alta o el
Cortijo de Charruado Par do. T ambién se per cibe una cer canía y
superposición de funciones en casas de viña que pudier on r elacio-
narse antes o simultanear sus labor es con las del secano.
Constituye una muestra singular el Cortijo de T orrebr eva, con una
torr e-mirador de seis plantas, única en el agr o gaditano, caserío
que apar ece acompañado por otras instalaciones especializadas
para la viña, el cer eal y r esidencia de los dueños en el mar co de una
dilatada pr opiedad a caballo entr e Rota y Sanlúcar .
Mención aparte mer ecen las variantes de la arquitectura del oli-
var . Aunque los plantíos de olivar hoy han desaparecido por com-
pleto de la comar ca, en el pasado alcanzar on r elevancia y exten-
sión en el municipio de Sanlúcar de Barrameda. La climatología
marítima y la idoneidad de los suelos para el cer eal favor eció su
definitivo cambio de dedicación y transformación en tierras de
sembradura. La importancia que alcanzó en Sanlúcar la explota-
ción aceitera se r efleja en que los tr es elementos inventariados en
este municipio mer ecen el máximo grado de interés entr e los moli-
nos y caseríos de olivar de la pr ovincia. El Molino de Monteagudo
y el Cortijo de Cabeza Alcaide constituyen dos magníficos ejem-
plos de molino de aceite y cortijo de olivar con instalaciones tra-
dicionales de pr ensa de viga, el segundo también con una pieza de
graner o digna de r eseña. El ter cer elemento inventariado, el
Cortijo de la Cañada, aunque muy transformado, conserva algu-
nos elementos formales de gran interés, como la portada de acce-
so y una de las más atractivas torr es de contrapeso localizadas en
la pr ovincia, de fisonomía muy similar a las de las vecinas hacien-
das sevillanas.
Al sur de la comar ca sanluqueña se halla el ámbito comar cal de
Cádiz, con los municipios de la capital, Chiclana de la Fr ontera, El
Puerto de Santa María, Puer to Real y San Fernando. Dada la diver-
sidad del medio geográfico –marismas, ester os, ar enales, campiñas
hacia Jer ez y Medina Sidonia, vastas aglomeraciones urbanas y
urbanizaciones…– es la comar ca más heter ogénea en cuanto a la
distribución y pr esencia de los cultivos. En el conjunto de la
comar ca es posible distinguir una franja costera, dedicada princi-
palmente a pr oductos hortofrutícolas, difer enciada de las tierras
más interior es en las que ostentan la primacía los cultivos extensi-
vos de secano. En general ninguna de las tipologías constructivas
estudiadas ha dado lugar a piezas de interés elevado en r elación al
total de la pr ovincia.
El municipio de Cádiz, totalmente urbanizado, car ece de labo-
r es agr opecuarias. En San Fernando, con buena parte de sus terr e-
nos inadecuados para la agricultura y destinados a explotaciones
salineras, la pr oducción agrícola la absorben casi por completo los
pr oductos hortofrutícolas. En ninguno de los dos términos men-
cionados se ha inventariado ninguna pieza.
La vid mantiene su pr esencia y volumen de pr oducción en el
Puerto de Santa María, encontrándose en una acusada r ecesión en
Chiclana. A pesar de ser El Puerto el segundo pr oductor de vino,
la importancia de su industria vinatera no tiene un r eflejo equiva-
lente en el campo. Aunque la cifra de casas de viñas existentes en
128 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
su término es considerable, las muestras más significativas de esta
variante tipológica se ubican en el vecino municipio jer ezano. De
ahí que sólo se haya seleccionado para el inventario un corto
númer o de piezas entr e las visitadas, como el caserío de Campín
Alto. En Chiclana las particular es condiciones del desarrollo del
viñedo no han pr oducido edificaciones rurales de interés para su
selección en el inventario.
El cultivo del olivar ha desapar ecido en la actualidad. De moli-
nos de olivar se conserva un interesante caserío de olivar en
Chiclana, la Casa de la Guar dia, no habiéndose inventariado nin-
gún otr o elemento en la comar ca. Pieza de carácter singular y
mer ecedora de atención por su or ganización y arquitectura de
buena factura, r ecuer da el papel sobr esaliente que tuvo en el pasa-
do la pr oducción aceitera de Chiclana ligada al comer cio ultrama-
rino, actividad de la que apenas han quedado testimonios, ya que
su declive se inició en fechas lejanas, cediendo terr eno desde
entonces a la expansión del viñedo.
El cultivo del cer eal se ha desarr ollado tradicionalmente en las
tierras interior es del término de El Puerto y sobr e todo en los lla-
nos puertorr ealeños. En la actualidad en El Puerto de Santa María
el cultivo en secano de plantas industriales ha desplazado en gran
medida al cer eal tradicional. En Puerto Real, uno de los grandes
pr oductor es cer ealistas junto con las comar cas de Jer ez y Medina,
el cer eal supone en torno al 50% de la pr oducción total. En
Chiclana el peso del cultivo es menor , afectado ya por la acción del
viento de levante como sucede en los términos meridionales. El
cortijo de secano más inter esante de los inventariados en la comar-
ca es el Cortijo de Guerra, en los llanos del mismo nombr e en el
término de Puerto Real. Es un ejemplo de transformación de una
antigua instalación de cer eal en un moderno complejo agr oindus-
trial, dedicado a la exportación de pr oductos hortofrutícolas. Las
Beatillas, en el Puerto de Santa María, ofr ece un ejemplo poco fre-
cuente por el cuidado tratamiento de su ar quitectura de cantería,
con una gran portada, una torr e y dependencias residenciales con
galería y jar dín. La escasa incidencia de las explotaciones ganade-
ras en la comar ca se r efleja en la escasez de piezas inventariadas
que, en r ealidad, se r estringen a una sola muestra, y de menor inte-
rés, el cortijo de ganadería de lidia de San José del Pedr oso, en
Puerto Real, en las pr oximidades de las tierras ganaderas de
Medina Sidonia.
129
Jerez y costa noroeste. Inventario
Situada sobr e una loma y con un camino de acceso bor deado de árboles en el pago de
Macharnudo, al nor oeste de Jer ez, considerado tradicionalmente uno de los mejor es dis-
tritos vitícolas del mar co jer ezano, pertenecía al conjunto de casas diseminadas en la gran
pr opiedad de Domecq encabezada por El Majuelo, conjunto que P . Madoz, a mediados del
siglo XIX, cifra compuesto por 9 casas entr e grandes y pequeñas diseminadas en difer entes
puntos . El tamaño de la Casa de la Compañía es mayor de lo habitual en la mayoría de las
casas de viña, or ganizándose mediante una estructura que se cierra en forma de U.
Muestra una ar quitectura austera de pequeños huecos exterior es, con portada de acceso al
patio y zócalo de color almagra como únicos elementos ornamentales. En la bodega de la
firma en la ciudad se conserva montado uno de los lagares de la viña.
Casa de la Compañía [6]
Jer ez de la Fr ontera
136 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
ÁREA: Campiña
SITUACIÓN: 1048/1-3
USOS: casa de viña.
Estructura nuclear agrupada pr oducto de la ampliación y r enovación en 1935 de una
casa construida en 1840 y muy semejante a Casa San Cayetano. El núcleo original, de
planta r ectangular , se desarr olla bajo una única cubierta de grandes faldones a dos aguas
de teja árabe. El portal adintelado sobr e pilares a todo lo lar go de la edificación soporta el
aler o de la cubierta. La planta sigue la disposición habitual de crujías longitudinales en la
que el lagar de pisa ocupa el espacio central desde el que se accede a las demás depen-
dencias –vivienda del capataz, cocina, etc–. La distribución original se ha transformado
par cialmente para alber gar la vivienda de los propietarios, ocupando par te del lagar y
Casa de la Esperanza [7]
Jer ez de la Fr ontera
ÁREA: Campiña
SITUACIÓN: 1047/4-4
USOS: casa de viña.
Cepas y tejas construyen el paisaje del viñedo jerezano.
Abajo y a la izquierda, la explanada del almijar se
prolonga bajo la cubierta del portal, donde se
guarecería el fruto de la lluvia y la noche.
137
Jerez y costa noroeste. Inventario
dependencias menor es. Al exterior , en el lateral meridional, se ha añadido un pequeño
por che acristalado que sirve de entrada a la misma. La estructura de la cubierta se apoya
en dos ar querías centrales de pilar es de sillar es de piedra ar enisca, ar cos de ladrillo y r elle-
no de mampuesto de piedra y tierra. Hace unos años se r eformar on todas las cubiertas sus-
tituyéndose las vigas y alfarjes de madera por similar es elementos de hormigón armado,
manteniéndose el ladrillo por tabla y las tejas.
El primer edificio se amplió con nuevas naves destinadas a alber gar la bodega y los laga-
r es hidráulicos. La disposición y tamaño de las naves desfiguró el conjunto original, aunque
exteriormente se trató de mantener cierta unidad en la fachada al almijar , enrasando las nue-
vas construcciones a la pr eexistente. La nueva nave del lagar se construyó con cer chas y pila-
r es metálicos y cubierta de fibr ocemento y hoy , tras el desmantelamiento de los lagares
hidráulicos, alber ga la casa de máquinas. Al introducirse la maquinaria hidráulica, el lagar
de pisa pasó a usarse como casa de la gente. Algunos de los lagar es se conservan desmante-
lados. En la actualidad es la r esidencia del pr opietario de una explotación a la que también
pertenecen la Casa de la Carpintera, colegio de los niños de los trabajador es, y el Calderín
del Obispo, donde se situaba la capilla para los oficio r eligiosos. Situada al oeste de la pobla-
ción en medio de un ár ea con abundantes casas de viña, desde la explanada del almijar se
contempla una vista inmejorable de Jer ez. Pertenece en la actualidad a Bodegas Soto.
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11 P LANT A BAJA
1 almijar; 2 aljibe; 3 porche; 4 vivienda capataz;
5 vivienda propietario en la actualidad; 6 antiguo lagar
de pisa, posteriormente casa de la gente; 7 vivienda;
8 cocina trabajadores; 9 cocina vivienda del propietario;
10 bodega; 1 1 lagares hidráulicos desmantelados, en la
actualidad casa de máquinas
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Casa de las Gallegas o V iña Sabel [8]
Jer ez de la Fr ontera
138 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
ÁREA: Campiña
SITUACIÓN: 1048/1-3
USOS: casa de viña, destinada hoy día
fundamentalmente a almacén.
Edificación pr obablemente de mediados del siglo XIX compuesta por un volumen
principal a dos aguas que alber ga el lagar y una estrecha crujía con la vivienda del encar-
gado y la cuadra, ahora cocina. Sobr e la cuadra se sitúa la tr oja, almacén de paja, y sobr e
el lagar existe un sotillón para almacenaje. Destaca el fogarín, singular pieza exenta a
modo de pequeño pabellón con cubierta a cuatr o aguas de la que sobresale la chimenea.
Poco habitual también es el br ocal del aljibe integrado en la fachada principal. La cons-
trucción es de gruesos mur os exterior es de tierra apisonada, ar quería central y cubierta de
madera. Al exterior pr esenta teja curva, zócalo, recer cado de huecos, esquinales y cornisa
r esaltados en alber o. Pertenece a las Bodegas Pedr o Domecq.
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La fachada principal y el singular pabellón del fogarín
cierran en L la explanada del almijar .
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P LANT A BAJA
1 almijar; 2 lagar; 3 vivienda encargado; 4 antigua
cuadra, ahora cocina; 5 fogarín; 6 aljibe
P LANT A AL T A
1 soberao; 2 troja
Construcción originaria de 1825, muy r eformada con posterioridad, de cuidada ar qui-
tectura. El señorío es de amplias dimensiones, lo que pr obablemente viene determinado
por las nuevas necesidades que r equería la explotación olivar era y equina. Goza de una
situación privilegiada y acceso independiente, a través del jar dín, mediante una galería
P LANT A BAJA
1 patio de labor;
2 porche; 3 antiguo
granero, en la actualidad
cuadras; 4 zaguán;
5 patio empedrado;
6 aljibe; 7 gañanía;
8 fogarín; 9 antigua
cuadra; 10 granero;
1 1 señorío, antiguo
granero; 12 planta baja
viviendas de
trabajadores y
encargado, planta alta
soberao; 13 jardín del
señorio; 14 cercado y
establo; 15 picadero
Casa o Hacienda la Rabia [9]
Jer ez de la Fr ontera
139
Jerez y costa noroeste. Inventario
ÁREA: Campiña
SITUACIÓN: 1047/4-4
USOS: en origen cortijo de secano en el que se
introduce luego la cría de ganado equino, usos que
mantiene en la actualidad. En los años cuarenta se
plantaron olivos.
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Compositivamente muy cuidada,
simétrica y horizontal, se ofrece la fachada principal de
la casa hacia el almijar .
Arriba, fachada del señorío al jardín, al que se accede
mediante una galería elevada. A la derecha, patio
relacionado con el señorío.
140 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
Casa de las Monteras o V iña Ponce [10]
Jer ez de la Fr ontera
ÁREA: Campiña
SITUACIÓN: 1048/1-3
USOS: casa de viña, que se utilizó como escuela
para los niños de las familias que trabajaban en la
empresa.
elevada. La estructura se compone de un bloque cerrado con patio central pr ecedido por
el patio de labor , cer cado posteriormente. Destaca el patio, de cuidada composición, pavi-
mento de chinos lavados y pórtico en sus cuatr o lados con galerías de ar cos carpaneles.
En él se sitúan señorío, gañanía y graner os. Fruto de la r emodelación de un graner o ante-
rior son las cuadras abiertas a través de una amplia ar quería al patio de labor .
Pr ototipo de casa de viña, posiblemente de mediados del siglo XIX, con estructura
nuclear agrupada. Se trata de un único volumen con portal de acceso desde el almijar , casa
del encar gado, cuadra a los lados y lagar como espacio principal. Posteriormente se le aña-
dió una estr echa crujía trasera para casa de la gente. La estructura es de mur os exterior es
de car ga, con dos pórticos interior es de pilar es, cubierta de viguería de madera, ladrillo
por tabla y teja curva. La composición exterior es simétrica, con recer cados, zócalo y cor-
nisas en color alber o y algunas singularidades como el númer o de ar cos del portal, cuatr o,
y la sección cilíndrica de los pilar es. Pertenece a las Bodegas Pedr o Domecq.
En el desocupado lagar se aprecia la doble hilera de
pilares que lo construye.
141
Jerez y costa noroeste. Inventario
Estructura originalmente en L a la que la adición de una nueva pieza transformó en un
conjunto en U que engloba el almijar a modo de patio de acceso y labor y centr o de dis-
tribución de la edificación. Esta situación se ha visto favor ecida por la disposición en
terraza sobr eelevada del almijar y la r educción del acceso al mismo a un estr echo pasaje
entr e las dos edificaciones. En la pieza primitiva se dispone la nave del lagar y la vivienda
del capataz, independizada de las habitaciones de los trabajador es –casa de la gente, foga-
rín y primitiva cuadra, hoy vivienda– que se disponen en el otr o brazo de la L con acceso
a través de un portal en ar cada. Las piezas que cierran el conjunto se destinar on a peque-
ñas bodegas de crianza. Más r ecientemente se ha construido una nueva nave para bodega
con grandes depósitos de fermentación. Contaba con cinco lagar es de pisa y tr es pr ensas
de jaula, de las que se conserva sin uso una del tipo sanluqueño, accionada manualmen-
te por ruedas y volantes. Se desmantelar on en 1977 para sustituirse por pr ensas hidráuli-
cas eléctricas que se instalar on en el mismo lagar . La estructura es la tradicional de muros
Casa la Pescadera [11]
Jer ez de la Fr ontera
ÁREA: Campiña
SITUACIÓN: 1048/1-3
USOS: casa de viña en origen que comparte hoy
esta explotación con el cultivo de cereales.
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P LANT A BAJA
1 almijar; 2 aljibe; 3 porche; 4 posible cuadra, ahora
almacén; 5 vivienda del encargado; 6 lagar; 7 vivienda
de los trabajadores; 8 antigua escuela
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exterior es de car ga y cubierta de madera, r esuelta mediante cer chas en la casa de lagar es.
La cubrición se r ealiza mediante teja curva a dos aguas y azotea en la vivienda principal,
mientras que en las naves posterior es la construcción es de tipo industrial. Al exterior pr e-
senta una ausencia total de elementos e intenciones ornamentales.
A la derecha, elevada sobre una plataforma horizontal,
la viña se cierra en torno al almijar . A la izquierda,
estructura de grandes cerchas de madera para el lagar .
142 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
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P LANT A BAJA
1 aljibe;
2 almijar;
3 vivienda del capataz;
4 lagar hidráulico;
5 casa de la gente;
6 planta baja vivienda,
planta alta soberao;
7 almacén;
8 tornillo sinfin;
9 bodega de mosto;
10 bodega de más
reciente construcción
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Estructura nuclear agrupada muy sencilla, posiblemente de mediados del siglo XIX,
constituida por un único volumen r ectangular bajo cubierta de teja árabe a dos aguas. En
la fachada principal el faldón de la cubierta se apoya sobr e un pórtico adintelado de pila-
r es de fábrica de ladrillo construyendo un portal de gran efecto plástico.
La planta pr esenta una disposición habitual en las casas de viña. Desde el zaguán se
accede a la vivienda del pr opietario, a la cuadra y al lagar , que da paso a las demás habi-
taciones. Parte del lagar ha sido ocupado por la r esidencia del propietario. Posteriormente
se ha añadido una pequeña cochera. La decoración se r educe a r ecer cados y zócalos pin-
tados en alber o. Conserva sin uso tres lagar es de pisa y una prensa de jaula.
P LANT A BAJA
1 almijar; 2 porche; 3 vivienda propietario;
4 cuadra, desmantelada; 5 vivienda del capataz;
6 lagar; 7 escalera de acceso a almacén, soberao;
8 cochera; 9 aljibe
Casa San Cayetano [12]
Jer ez de la Fr ontera
143
Jerez y costa noroeste. Inventario
ÁREA: Campiña
SITUACIÓN: 1048/1-3
USOS: casa de viña convertida hoy en venta.
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El portal de acceso, magnífico en su simplicidad
constructiva y formal, cierra la explanada del almijar y
precede al lagar , transformado hoy en el comedor de
una venta.
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Edificación de estructura nuclear agrupada que constituye un buen ejemplo de cómo
llevar a cabo una ampliación y r eforma siguiendo la pr opia lógica de la construcción. El
núcleo original, de pequeño tamaño, r epite el esquema básico de la casa de viña: portal
con dependencias laterales, una nave mayor para el lagar y fogarín, todo ello cerrado con
cubierta de teja. La ampliación r epitió algunos de estos elementos y trasladó el almijar a
la parte posterior a consecuencia de la nueva disposición del lagar . En 1994 se demolió
una capilla existente fr ente a la fachada. Destaca el nuevo lagar , a dos aguas sobr e sopor-
tes centrales. Se usa de casa de máquinas desde que se instalar on lagar es hidráulicos, tam-
bién desmontados, en naves anexas. Se conservan los dos fogarines. La casa del capataz,
de dos plantas, se abr e a la fachada lateral con una composición muy urbana de grandes
cierr os con r eja de fundición.
P LANT A BAJA
1 almijar; 2 aljibe; 3 lagar hidráulico;
4 lagar desmantelado, ahora casa de máquinas;
5 casa de la gente; 6 fogarín; 7 cuadra, en planta alta
troja; 8 porche; 9 vivienda del capataz, planta baja y
alta; 10 capilla, demolida
Casa de Santa Bárbara [13]
Jer ez de la Fr ontera
144 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
ÁREA: Campiña
SITUACIÓN: 1047/4-3
USOS: casa de viña.
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Interior del lagar principal, con el chimeneón del
fogarín, y vista exterior donde se aprecian el portal de
acceso al núcleo primitivo y los cierros residenciales.
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P LANT A BAJA DEL LAGAR HIDRÁULICO
1 púlpitos por decantación; 2 prensadoras;
3 escalera subida a púlpitos; 4 prensa hidráulica;
5 lagareta; 6 bomba moledora
Casa de la T orr e [14]
Jer ez de la Fr ontera
145
Jerez y costa noroeste. Inventario
ÁREA: Campiña
SITUACIÓN: 1047/4-4
USOS: primitiva casa de viña asociada en la
actualidad a una explotación de secano.
Esta casa, al igual que muchas otras, pr esenta una planta en U fruto de un pr oceso de
cr ecimiento en el que a un primitivo núcleo en L, iniciado en 1711, se añade una pieza
exenta, destinada a lagar hidráulico, que cierra par cialmente el almijar . La casa de la gente,
aún en uso, cuenta con dos fogarines, uno de ellos, en habitación independiente, conser-
va los antiguos fogones de fábrica. Existen dos aljibes subterráneos, abiertos al almijar ,
construidos con bóvedas de cañón. Constructivamente utiliza cubiertas de teja curva,
mur os de car ga y apoyos interiores en ar quería en la casa de la gente y lagar . Se conservan
sin uso y a medio desmantelar varias pr ensas de jaula y el lagar hidráulico eléctrico que se
montó en los años cincuenta, así como los pequeños cuartos que se usaban como púlpi-
tos para decantación.
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P LANT A BAJA
1 almijar; 2 aljibe; 3 lagar hidráulico; 4 vivienda del
capataz; 5 planta baja casa de la gente, planta alta
vivienda del capataz; 6 fogarín; 7 antigua cuadra
El antiguo almijar , parcialmente cerrado a modo de
patio, e interior de la casa de la gente.
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En una suave loma al oeste del municipio, junto a lo límites con Sanlúcar y El Puerto,
el Alijar se sitúa «donde empieza el término de Jer ez de la Fr ontera», según r eseña P .
Madoz a mediados del siglo XIX al destacarlo entr e los cortijos jer ezanos. Además de un
excelente modelo de la ar quitectura cer ealista tradicional de la pr ovincia de Cádiz, el cor-
tijo r epr esenta una muestra de la evolución y continuidad del hábitat rural. Su asiento se
ha r elacionado con una aldea o alquería musulmana de las que pr oliferaban por el agr o
jer ezano hacia el siglo XIII. La misma voz «alijar», según el Diccionario de la R. A. E.,
equivale, además de a «dehesa», a «aduar» –casas– y a «cortijo». T ras la conquista cris-
tiana, ya en el siglo XV , la torre del «Elijar» es citada entr e las torres almenaras y de arr e-
bato –Melgar ejo, Pedr o Díaz, Santiago, Mesas de Asta– que completaban la r ed de casti-
llos, como el de Gigonza, del sistema defensivo jer ezano. La mayor parte de ellas aún se
detecta a la vista o, más bien, integradas en los cortijos establecidos a su alr ededor .
El conjunto del cortijo está formado por una pieza principal, r ectangular , de gran
tamaño y otras dos piezas longitudinales independientes, antiguas estancia y zahúr da. La
construcción conserva gran parte de sus características originales gracias a cuidadas
ampliaciones y a mantener un uso agrícola y ganader o muy próximo al original. El edifi-
Sencillos volúmenes
encalados construyen la
imponente imagen del
cortijo en el paisaje.
Cor tijo Alijar [18]
Jer ez de la Fr ontera
152 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
ÁREA: Campiña
SITUACIÓN: 1047/3-3
USOS: ocupando el emplazamiento de una antigua
torre defensiva, se centra desde sus orígenes en el
cultivo de secano; posee un importante número de
cabezas de ganado equino.
cio principal es de una sola altura, excepto en las crujías fr ontales del graner o y señorío.
Se or denaba mediante una estructura cerrada en torno a un único patio central, que fue
seccionado por una pieza destinada a almacén, pr oduciendo un pequeño patio de servicio
y r elegando la entrada a las gañanías al exterior . Posteriormente se adosó en la parte tra-
sera una nave para casa de máquinas. Las cubiertas de este sector son en su mayoría a dos
aguas y de teja árabe. El cuerpo del graner o constituye una pieza de gran interés. Centrado
P LANT A BAJA
1 portada; 2 zaguán; 3 patio
empedrado; 4 granero, reutilizado
como salón-estar en planta baja,
granero en planta alta; 5 almacén;
6 almacén, antes granero; 7 oficina;
8 pajar; 9 cuadras; 10 torre;
1 1 señorío en planta baja y alta;
12 granero, reutilizado como
guadarnés, en planta baja/ granero
en planta alta; 13 granero, reutilizado
como vivienda del encargado, en
planta baja/ granero en planta alta;
14 aljibe; 15 fogarín; 16 gañanía de
hombres, reutilizada como comedor;
17 gañanía de mujeres, reutilizada
como almacén; 18 casa de máquinas;
19 cocherón; 20 almacén; 21 cuadras
de mulos; 22 secadero de trigo;
23 estancia de ganado, ahora
almacén; 24 zahúrda, reutilizada
como granero; 25 cercado;
26 pajar; 27 picadero
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Jerez y costa noroeste. Inventario
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Austeridad de cal y tejas en el patio primitivo y en las
dependencias ganaderas.
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Conjunto de amplias dimensiones y buena orientación, de estructura abierta y una sola
planta excepto en el graner o principal, con un núcleo de mayor tamaño y algunas otras
piezas dispuestas muy próximas. El sector principal es de planta irr egular como conse-
Cor tijo los Ar quillos [19]
Jer ez de la Fr ontera
154 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
en la fachada principal, se construye con mur os de car ga exteriores y pór tico central en
ar quería que sostiene el forjado intermedio y el caballete de la cubierta, ambos de vigue-
ría de madera. La planta inferior está compartimentada para diversos usos. Uno de los ojos
de la ar quería constituye el zaguán, construido con tr es imponentes ar cos de medio punto
de ladrillo visto que caracterizan la fachada principal como único elemento destacado,
junto con un pequeño azulejo devocional.
El señorío sobr esale a un lado de la fachada principal, r eapr ovechando los r estos
enmascarados de la antigua torr e medieval de sillar es de cantería bien labrados, de origen
defensivo r elacionado con la privilegiada situación de la edificación, a cota muy alta r es-
pecto al entorno. La r esidencia abr e al exterior con grandes cierr os de forja y sin caracte-
rísticas formales significativas que vayan más allá de las pr opias de una casa tradicional de
labrador . En ángulo con el señorío, las cuadras de caballos resuelven la cubier ta median-
te cer chillas de madera que r efuerzan la viguería preexistente. Las del ganado mular , dis-
puestas en un costado, posiblemente un añadido posterior , se construyen con ar quería
central y tejado a una sola agua. La estancia, r eutilizada de almacén, pr esenta la estructu-
ra típica de doble fila de pilar es con los pesebr es entr e ellos. La viguería es de madera
nueva y la cubierta de fibr ocemento.
ÁREA: Campiña
SITUACIÓN: 1062/4-3
USOS: en origen cereal de secano, explotación con
la que sigue relacionado en la actualidad.
155
Jerez y costa noroeste. Inventario
cuencia de un pr oceso de cr ecimiento paulatino a partir del núcleo primitivo. Al patio ori-
ginal, empedrado, abr en las viviendas, los graner os y las cuadras. Existía un antiguo moli-
no de grano a sangr e de tracción animal y una carpintería. Las últimas piezas construidas,
para casa de máquinas, taller y vivienda se disponen en un segundo patio de labor . Las pie-
zas exterior es dispuestas paralelamente a la edificación construyen un ter cer espacio abier-
to, con la estancia, gañanía y casa de máquinas.
El graner o principal, única nave de dos plantas, es la pieza más destacable del conjun-
to y pr obablemente su germen. Grabado en una piedra a la entrada de la parte alta se con-
serva bajo una cruz la inscripción «AÑO DE 1750». La planta baja se cubre con una bóve-
da de cañón y se construye con gruesos mur os de car ga. La cubierta es a un agua, con for-
jado de madera de alfajías y ladrillo por tabla. A la espalda de la edificación se conserva,
r eutilizada como basur er o, una alber ca o muladar que servía para acumular estiér col des-
tinado al abono. El conjunto ofr ece una mar cada horizontalidad, con ausencia de ele-
mentos ornamentales y mínimos huecos al exterior , algo transformados por las grandes
puertas para las máquinas.
A fines del siglo XV los Ar quillos se menciona entr e las tierras de apr ovechamiento
ganader o de los bienes de pr opios de Jer ez de las que se r eparten par celas para su labran-
za por vecinos de la ciudad. A mediados del XIX, es mencionado por Madoz como «des-
poblado y cortijo» del término jer ezano.
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P LANT A BAJA
1 acceso principal; 2 patio empedrado; 3 antiguo molino
de grano de tracción animal; 4 antiguo granero en dos
plantas; 5 vivienda; 6 vivienda en planta baja, en planta
alta granero; 7 antiguo granero; 8 antigua cuadra;
9 granero, 10 antigua carpintería; 1 1 jardín; 12 casa de
máquinas; 13 estancia; 14 gañanía; 15 casa del boyero
Al exterior y en el patio principal sólo el volumen del
granero sobresale por encima de la horizontalidad
dominante.
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Singular conjunto iniciado en 1908 y formado por tr es grupos edificatorios indepen-
dientes y funcionalmente difer enciados. Como es habitual en muchos edificios cer ealistas,
car ece de r esidencia de pr opietarios, concentrándose las viviendas de los trabajador es en
dos bloques lineales enfr entados que conforman un patio interior cerrado mediante tapias
y cancela. En un segundo conjunto se sitúan los graner os, taller es y la primitiva gañanía,
r eutilizada como graner o. Originalmente constituía una estructura cerrada en forma de U,
formada por dos naves paralelas adosadas perpendicularmente a un cuerpo de dos plan-
tas. Posteriormente se construyó una ter cera nave colmatando el espacio del patio. En el
ter cer bloque, constituido por una única nave a dos aguas muy alar gada, se encontraban
la estancia y el molino y almacén de grano para alimento del ganado. La estancia está
actualmente en ruinas. Destaca el graner o de dos plantas, de amplias dimensiones, gran
altura y cubierta de pabellón a cuatr o aguas de teja cur va. El acceso a la segunda planta se
r ealiza desde la nueva nave de taller . Las distintas naves que constituyen el conjunto se
construyen con mur os de car ga y cubiertas de teja curva y estructura leñosa. La estancia
y la nave de taller más r eciente se r esuelven con cer chas de madera y fibr ocemento en esta
última. En el Cortijo de Berlanguilla, situado en las cer canías, se encontraban las zahúr-
das del conjunto del Cortijo de Berlanga.
Aunque las edificaciones que hoy se contemplan no r emontan el siglo, las r efer encias
r especto a Berlanga, situado al este del término, son muy anterior es. Figura ya hacia 1269
entr e los tr einta donadíos –grandes pr opiedades sobr e todo de tierras de pan cedidas por el
r ey a sus allegados tras la conquista– establecidos por Alfonso X para su r eparto en Jer ez.
El anterior carácter y la importancia de la finca, que debió conservar cierta unidad, es pues-
De izquierda a derecha, entre girasoles, el núcleo
residencial, el del granero, cuyo volumen sobresale en
el conjunto, y la estancia.
Cor tijo Berlanga [20]
Jer ez de la Fr ontera
156 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
ÁREA: Campiña
SITUACIÓN: 1062/4-1
USOS: vinculado a los cultivos de secano,
explotación que se mantiene.
ta de r elieve a mediados del XIX por Madoz, quien describe bajo el epígrafe de Berlanga:
Dehesa… de Jer ez de la Fr ontera, con una venta llamada el Zumajo, la fuente del Lobo, cuyas
aguas dividen esta dehesa de la de Berlanguilla, y el río Guadalete que la baña por el oeste…
El ter r eno, pr opio del mar qués de V alhermoso y consortes, es montuoso, con encinas y acebu-
ches, y pr oduce pastos, granos y semillas, alimentando algunos ganados; hay caza de conejos y
per dices … Se trata así de una típica explotación tradicional en la que se combina la pr o-
ducción cer ealista y la ganadería, perteneciente al título que en el siglo XVIII encabezaba la
lista de mayor es contribuyentes particular es de Jerez. T ambién es prolija, por último, la
información de Madoz acer ca de Berlanguilla: Dehesa… al este de Jer ez de la Fr ontera, con
el rico manantial llamado del Lobo que la divide de la de Berlanga. El ter r eno que perteneció a
los PP . dominicos de Alcalá de los Gazules, es montuoso, con encinas, alcornoques y álamos
blancos; los baña el Guadalete… Pr oduce pasto y bellota de encina y alcornoque, y cría gana-
dos… M. Ramos Romer o concr eta estos datos especificando que la dehesa de Berlanguilla,
comprada en 1516 por el convento de Santo Domingo, compr endía 2.000 aranzadas «de
tierra, de bellotas», arr endada en 1835, justo antes de iniciarse el pr oceso desamortizador ,
a Domingo V ar ela. A mediados de 1837 fue sacada a subasta y vendida en más de dos millo-
nes de r eales.
P LANT A BAJA
1 viviendas; 2 cuadra; 3 horno; 4 jardín; 5 almacén;
6 antiguo taller de carpintería, en la actualidad granero;
7 granero; 8 taller; 9 antigua gañanía; 10 planta baja
almacén, planta alta granero; 1 1 estancia en ruina;
12 molino de grano para el ganado en planta baja, en
planta alta granero
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Jerez y costa noroeste. Inventario
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Patio del núcleo residencial e interior de una
de las dependencias, con gruesos muros, vigas de
madera y tejas.
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Estructura tradicional poco transformada, con el edificio principal cerrado en torno a
un patio central que acoge las funciones agrícolas y r esidenciales, y la estancia, r eutiliza-
da como zahúr da, independiente al otr o lado del acceso. El conjunto es de una gran cali-
dad constructiva aunque car ente de ornamentación e incluso de portada destacada. Se
cubr e a dos aguas con teja curva y en él destacan el granero y la estancia. El graner o cuen-
P LANT A BAJA
1 zaguán; 2 patio; 3 granero en planta baja y alta;
4 gañanía; 5 viviendas en estado ruinoso; 6 casa de
máquinas; 7 cuadra; 8 molino de grano; 9 vivienda de
encargado; 10 antigua estancia de ganado, reutilizada
como zahúrda; 1 1 zahúrda
Cor tijo de las Cabezas V iejas [21]
Jer ez de la Fr ontera
158 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
ÁREA: Campiña
SITUACIÓN: 1048/2-2
USOS: cortijo de secano, con un aprovechamiento
complementario en la actualidad de ganadería
porcina.
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Inserto en el paisaje de la campiña, la horizontalidad
predomina en el conjunto. A la derecha de la edificación
se distingue la larga nave de la estancia.
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ta con dos plantas con ar quería central en ambas y acceso a la superior desde el patio por
una amplia escalera para animales de car ga. Muy alar gada y a dos aguas, la estancia dis-
tribuye los comeder os en una doble fila de pilar es centrales. Al exterior , los empujes se
contrarr estan con contrafuertes de sección cilíndrica y r emates cónicos. Es singular la dis-
posición del hogar dentr o de la gañanía, con la campana en medio de la nave soportada
por cortos pilar es.
Estructura y funcionalidad asociadas. Dobles pilares y
corredor central para la estancia de ganado y poderosa
arquería central para el granero.
159
Jerez y costa noroeste. Inventario
El cortijo se estructura en dos conjuntos edificatorios con funciones difer enciadas. El
núcleo principal se encuentra desvirtuado por las sucesivas ampliaciones y transforma-
ciones, or denándose en torno a un patio cerrado por viviendas y graner os y con un segun-
do espacio de labor , de construcción posterior , con naves para la manipulación del grano.
Cor tijo de Cápita o de Arana [22]
Jer ez de la Fr ontera
ÁREA: Campiña
SITUACIÓN: 1034/1-4
USOS: mantiene su uso original relacionado con el
cereal de secano.
Vista del núcleo principal desde la explanada de
acceso. A la izquierda de la imagen el jardín de la
capilla.
P LANT A BAJA
1 zaguán; 2 patio; 3 vivienda; 4 cuadras, reutilizadas
como vivienda del administrador; 5 capilla; 6 jardín;
7 granero compartimentado; 8 granero; 9 secadora y
limpiadora de trigo; 10 almacén; 1 1 molino de trigo
eléctrico; 12 pista de tenis; 13 báscula de camiones;
14 patio de labor; 15 surtidores de combustible; 16 casa
de máquinas; 17 vivienda de trabajadores;
18 estancia de ganado; 19 gañanía
160 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
Las dependencias originales son de bastante interés. Uno de los graner os está comparti-
mentado en tr ojes y posee una estructura de cer chas de madera. La vivienda del adminis-
trador , con caracter es de señorío, abr e a un jar dín al que se incorpora la capilla existente.
El segundo bloque lo componen naves destinadas a servicios más molestos: máquinas,
estancia y gañanía, ocupando dos estructuras en L enfr entadas que conforman un patio.
Las cubiertas son a dos aguas, de teja curva o chapa, excepto en las viviendas de la crujía
de la fachada principal que se ha aterrazado.
Situado en los límites septentrionales del término, en 1991 se detectar on en los cerr os
de Cápita y Mojón Blanco los r estos de una alquería musulmana que par ece corr esponder
a la de Jarana, citada por los cr onistas árabes como una de las aldeas de Jer ez. Más tar de,
en la segunda mitad del siglo XIII, el Cortijo de Arana se cuenta entr e los treinta donadíos
del alfoz jer ezano concedidos por Alfonso X a diversas instituciones y particular es.
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La finca se r emonta a una de las pr opiedades que poseía la Cartuja de Jer ez en las tie-
rras inmediatas al este del monasterio, donde llegó a configurar un vasto latifundio com-
puesto por cortijos de sembradura, pr edios de olivar y viña, dehesas y manchas de monte.
En este caso concr eto, corr esponde a la viña con 34 aranzadas de superficie y 76 de man-
chón enajenadas a raíz de la desamortización de los bienes car tujos durante el T rienio
Liberal (1820-1823) y «llamada después de la Cartuja». Se hallaba en el ár ea denominada
Mata del Olivar , donde abundaban, inter calándose, los plantíos de olivar y viña, adyacen-
te a la principal posesión de los cartujos, el Cor tijo de la Peñuela, y a otra de sus grandes
fincas, el donadío o Cortijo de Alcántara, her edad de pan y tierras de palmares de 2.100
aranzadas de superficie, donado en 1467 por Álvar o Obertos de V aleto, pr omotor de la
fundación monástica. A mediados del siglo XIX, Madoz r eseña el topónimo de Alcántara
como antes aldea, y hoy despoblado y pago de viñas en el término de Jerez.
El edificio es obra posterior a la pr esencia de los cartujos, construido en su conjunto
hacia 1880, dado que los monjes debier on centrar sus actividades pr oductivas en el veci-
no caserío de la Peñuela, de compr obada antigüedad. En el curso de la centuria decimo-
nónica, la viña debió ser sustituida por el olivar , según la tendencia observada en el tér-
mino, que r edundó en la concentración de la viña en los pagos occidentales de albarizas
en perjuicio de antiguas tierras de viña sobr e ar eniscas de las ár eas orientales. La edifica-
ción que se conserva, sin apenas trasnformaciones de importancia, es de estructura abier-
ta, de una planta. Cuenta con las dependencias de una almazara hidráulica, en la actuali-
dad inactiva y totalmente desmantelada. El señorío y la almazara se disponen conforman-
do una T . El señorío, de planta cuadrada y patio central, distribuye habitaciones a lo lar go
de un pasillo central y conserva la capilla, de altar gótico, integrada en el resto de la depen-
dencias. Destaca también el artesonado de madera de algunas habitaciones, los zócalos de
azulejos y la chimenea ejecutada en ladrillo de cara vista y azulejos serigrafiados a mano.
A la izquierda, la amplia explanada frente a los
almacenes. A la derecha, el portal de acceso al señorío
recuerda a los de las viñas próximas.
Cor tijo de la Cartuja de Alcántara [23]
Jer ez de la Fr ontera
161
Jerez y costa noroeste. Inventario
ÁREA: Campiña
SITUACIÓN: 1048/3-3
USOS: edificio relacionado en origen con el olivar ,
con una almazara hidráulica. En la actualidad, bien
conservado, está al servicio de una explotación de
secano.
Casa de viña de notable interés, pr obablemente del XIX, aunque transformada y muy
ampliada con posterioridad. Resulta una edificación singular por la r esolución de su
fachada y por la capilla. Cuenta con un amplio almijar aterrazado, hoy transformado en
jar dín, con pozo-aljibe.
Compone una unidad de estructura nuclear , formada por la casa original y por varias
piezas añadidas, con naves y cuadras en fachada. Las funciones agrícolas se han traslada-
do a los nuevos cuerpos, de características industriales. La construcción primitiva está for-
mada por dos cuerpos de dos alturas, asimétricos en planta y fachadas, unidos en planta
baja por el portal de acceso, de triple ar cada, y la que debió ser nave de lagar . A la izquier-
da del portal se sitúa la capilla, con vitrales y espadaña. El cuerpo der echo es de caracte-
rísticas r esidenciales, con balcón central y r ejería de forja. La pieza del lagar está compar-
timentada y transformada en salón. Se ha añadido un cuerpo terminando la ter cera crujía,
añadiéndolo al espacio del lagar como salón y dormitorios. Resalta la atractiva fachada
principal, cuya cuidada composición se inspira en los r ecursos de la ar quitectura culta,
ateniéndose a las fórmulas del clasicismo decimonónico, que se r efleja en el empleo de
fuertes pilastr ones almohadillados, en el trazado de las líneas horizontales mediante cor-
nisas y en el diseño de los huecos, de modo que el cuerpo r esidencial r ecuer da a las edifi-
caciones urbanas del XIX del Puerto o Jer ez. Los elementos ornamentales destacan en
calamocha sobr e el fondo blanco de la casa.
264 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
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P LANT A BAJA
1. Antiguio almijar , jardín actual; 2 portal; 3 capilla;
4 salón, posible antiguo lagar; 5 vivienda; 6 almacén;
7 dormitorio; 8 salón; 9 dormitorio; 10 almacén;
1 1 cuadras; 12 nave; 13 casa de máquinas; 14 taller;
15 pajar; 16 pozo
Fachada principal hacia el antiguo almijar .
Su singular volumetría resalta poderosamente sobre los
alomados viñedos.
Cortijo de pequeño tamaño, fechado en 1938, cuyo uso mixto se traduce en la pr e-
sencia de bodegas y graner os. Dispone de una estructura cerrada con un único acceso y
un patio central que distribuye las distintas dependencias. En planta baja se disponen las
instalaciones agrícolas y en la alta la vivienda, abierta a la fachada principal sobr e la por-
tada. El aspecto exterior es cerrado, con escasos vanos y cubiertas de teja curva. La porta-
da de acceso al patio se formaliza mediante un ar co de sillar es de cantería y un tejar oz. En
los hastiales de las naves apar ecen unos singular es huecos elípticos. Destaca la gran altu-
ra de la nave de la bodega.
P LANT A DE CUBIERT AS
1 acceso a patio; 2 patio; 3 bodega; 4 granero
Casa de la T orr e de San Cristóbal [78]
Puerto de Santa María
265
Jerez y costa noroeste. Inventario
ÁREA: Campiña
SITUACIÓN: 1047/3-4
USOS: explotación de carácter mixto de viña y
secano, usos que se mantienen en la actualidad.
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Arriba la fachada principal con la portada de acceso.
Abajo, la trasera se muestra hermética y compacta.
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Construcción de pequeño tamaño y gran interés por su antigüedad y calidad cons-
tructiva. Se trata de una edificación compacta y cerrada, quizás de origen conventual,
fechada en el r eloj de sol existente en la torr e en 1718.
Aunque prácticamente abandonado, el cortijo se mantiene estructuralmente en buen
estado gracias a la solidez de su fábrica. El conjunto se distribuye en torno a dos espacios
abiertos difer enciados: el jardín, en un lateral, ante el señorío o sector r esidencial, limita-
do por una tapia baja, y un amplio patio r ectangular de labor delimitado por una L cons-
truida donde se sitúan el graner o, la estancia y la gañanía, y cerrado por altas tapias que
En el volumen cerrado y compacto del cortijo,
la torre es el referente continuo que potencia la
horizontalidad del conjunto.
Cor tijo las Beatillas [79]
Puerto de Santa María
266 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
ÁREA: Campiña
SITUACIÓN: 1061/4-1
USOS: cortijo vinculado a la explotación de tierras
de labor; hoy día se encuentra sin uso.
Interior del patio de labor con el granero al fondo, la
pieza de mayor volumen. A la derecha, la portada de
acceso de aire conventual y fina labra de cantería.
267
Jerez y costa noroeste. Inventario
configuran un patio r ectangular . Una nave de viviendas conectada con el señorío se inter-
pone entr e este patio y el espacio ajar dinado. Los mur os del conjunto son de sillería de
piedra enfoscada y las cubiertas de teja árabe. Los huecos y esquinas del edificio se tallan
en grandes sillar es de la misma piedra dejados a la vista.
Destacan las dependencias r esidenciales y la torr e. Las primeras se conforman median-
te dos piezas en L abiertas al jar dín. La nave mayor disponía de una galería con apoyos de
columnillas de mármol con capiteles y basas labradas en el mismo material, que en la
actualidad están embutidas en un nuevo cerramiento. La torr e es de planta cuadrada con
tr es cuerpos difer enciados por la moldura de las impostas de los forjados y con cubierta a
cuatr o aguas. Dispone de acceso desde el exterior y desde el patio a través de un amplio
ar co de sillar es de cantería. El exterior es muy cerrado y hermético, con huecos escasos y
de pequeño tamaño, destacando sólo la gran portada de acceso al patio principal. Esta por-
tada está tallada en su totalidad en sillar es de cantería y se conserva en bastante buen esta-
do. De composición clásica y corte barr oco, se trata de un gran ar co plano flanqueado por
pilastras almohadilladas sobr e zócalo, constituyendo una de las portadas de mayor interés
de la ar quitectura rural de la pr ovincia.
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P LANT A BAJA
1 acceso; 2 patio; 3 aljibe; 4 granero; 5 gañanía;
6 estancia de ganado; 7 torre; 8 señorío; 9 cocherón;
10 jardín
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El Rancho del Administrador compone una estructura cerrada or ganizada en torno a
dos patios de desigual tamaño y función. El núcleo original, r ectangular , se distribuye en
torno a un pequeño patio porticado en tr es de sus lados. A ambos lados del patio se situa-
ban dos amplios graner os, con soportes centrales y a dos aguas, de los cuales uno se ha
arruinado y el otr o se usa como bodega de crianza. Al patio abr en también la gañanía, ya
desmantelada, y las dependencias señoriales: una pequeña capilla y la vivienda del pr o-
pietario. Esta última, de dos plantas, vuelca al interior y al jar dín construido en el solar
del antiguo graner o. Este conjunto está pr ecedido por un amplio patio de labor en forma
de U cerrado en su cuarto lateral por una simple tapia. En él se sitúan un lagar industrial,
máquinas, cuadras y la vivienda del encar gado. El frente del patio está ocupado por una
galería en ar cada a la que se ha desmontado la cubierta donde se situaban primitivamen-
te los lagar es. Las cubiertas son de teja plana y se han sustituido en algunas naves por
fibr ocemento. Car ece de elementos ornamentales a excepción de la sencilla espadaña que
anuncia la pr esencia de la capilla, situada sobr e la fachada del núcleo interior .
A la izquierda, el pequeño patio porticado interior . A la
derecha, en el patio mayor sólo los arcos permanecen
de la antigua galería de lagares.
Rancho el Administrador [80]
Rota
268 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
ÁREA: Costa noroeste
SITUACIÓN: 1047/2-3
USOS: caserío asociado en origen a las labores de
sembradura, se amplió y transformó con
posterioridad para atender a una explotación
vitícola.
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12 P LANT A BAJA
1 almijar; 2 cuadras; 3 lagar hidráulico; 4 galería en la
que se ha desmontado la cubierta; 5 casa de máquinas;
6 vivienda del encargado; 7 patio; 8 vivienda del
propietario; 9 capilla; 10 patio, granero demolido;
1 1 gañanía, desmantelada; 12 bodega de crianza,
posible granero
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La Casa de T orre Br eva constituía la cabecera de una gran explotación, propiedad de los
duques de Montpensier , con numer osos edificios espar cidos por el territorio de la finca, que
se dilataba a lo lar go de varios términos municipales desde Sanlúcar hacia el sureste. Así, la
Casa de la Mer ced era lagar , la Casa del Almirante cortijo de secano, la Casa de San Lor enzo,
el caserío del guar da de los cotos de caza, las actuales oficinas del complejo de la Ballena,
servían de tentadero de la finca, y Casa Maestr e, en el término de Sanlúcar de Barrameda,
cumplía la función de casa de r ecr eo y pabellón de caza. Pr ecisamente en los terr enos de esta
posesión, durante una jornada de cacería, fallecería el célebr e aristócrata galo.
T orr e Br eva [81]
Rota
269
Jerez y costa noroeste. Inventario
ÁREA: Costa noroeste
SITUACIÓN: 1047/2-3
USOS: gran explotación mixta de secano, viña y
ganadería con edificios especializados dispersos
por la propiedad. Hoy día, con algunas
construcciones abandonadas, se mantiene un
uso agrícola.
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La Casa de T orre Br eva deriva, al parecer , de una primitiva edificación asociada a la
explotación de tierras de labor , aunque, tras su pr esumible r eforma hace ya más de un
siglo, su fisonomía r esponde más bien a la de una casa de viña. En la actualidad cuenta
con instalaciones de lagar es hidráulicos y bodegas de mosto, aunque no están en funcio-
namiento. Las plantaciones de parrales que la r odean en el pr esente se destinan a la pr o-
ducción de uva de mesa.
P LANT A BAJA
1 acceso; 2 zaguán; 3 patio empedrado; 4 aljibe;
5 viviendas, reutilizadas como oficinas; 6 gañanía,
reutilizada como bodega de mosto; 7 torre mirador;
8 acceso a torre; 9 vivienda en planta baja, vivienda del
administrador en planta primera, almacén en planta
segunda; 10 almacén; 1 1 antigua capilla; 12 viviendas;
13 lagar hidráulico; 14 bodega de mosto; 15 plaza para
uncir los bueyes
270 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
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P LANT A BAJA , PRIMERA ,
SEGUNDA , TERCERA DEL
SECTOR DE LA T ORRE
1 acceso a torre;
2 vivienda;
3 almacén;
4 palomar;
5 torre mirador
Arriba, en la fachada principal de T orre Breva, la
espadaña referencia el acceso al patio. A la derecha, el
volumen del señorío con la torre resalta del resto de la
edificación.
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T orre Br eva presenta una estructura cerrada de patio central empedrado al cual abr en
todas la dependencias: viviendas, bodega, una antigua capilla, la gañanía r eutilizada como
bodega de mosto, etc. La edificación sur ge de la ampliación de un núcleo original com-
puesto por la torr e y la casa adosada. Este núcleo ofr ece un singular carácter por su altu-
ra, de tr es plantas la casa y hasta seis la torr e mirador , mientras que el r esto de la edifica-
ción se desarr olla en una única planta. El acceso a la torr e se r ealiza por medio de la esca-
lera de la pr opia casa, y posteriormente continúa a través de una escalera de caracol. La
casa, dedicada a r esidencia temporal para estancia y descanso de los pr opietarios, con
amplios salones, pr esenta la fisonomía de una vivienda en dos plantas, con almacén y palo-
mar en la ter cera. La torr e contiene también espacios de almacenaje y un mirador en la
parte alta. Este mirador se cubr e a cuatro aguas con tejas curvas vidriadas en blanco y azul.
La cubierta se r esuelve con una estructura de madera y tablazón del mismo material.
Al exterior , el conjunto car ece de elementos ornamentales, r emitiéndose a un trata-
miento sencillo de corte popular . La composición de las fachadas principales de la casa se
La torre, quizás el edificio más alto del campo gaditano,
compite en el paisaje con las esbeltas palmeras. Desde
el mirador de la torre, cubiertas de teja y campos de
invernaderos. A pie de página, restos ruinosos de La
Julia en los que aún pueden apreciarse su fisonomía
neomorisca y la finura de su arquitectura.
271
Jerez y costa noroeste. Inventario
r esuelve a base de huecos r egular es pr esididas por un balcón en posición central. El r esto
de las construcciones mantiene una sobriedad ornamental similar , con la excepción de la
espadaña que pr eside el acceso al patio, con cubiertas de teja curva y forjados de viguería
de madera con alfarjías y ladrillo por tabla.
Situada en las cer canías de la línea de costa, la Casa de San Lor enzo o La Julia, muy
arruinada, es una pequeña casa de ar quitectura neomudéjar con huecos con ar cos de
herradura y un atractivo torr eoncillo octogonal, muy similar en sus esquemas compositi-
vos al palacio ducal de Sanlúcar , atribuido al ar quitecto «de cámara» de los duques Juan
T alavera de la V ega, pionero de la intr oducción del estilo neomorisco. La obra de este
pabellón es de fábrica vista de mampostería de cantos de piedra y ladrillo fino, mientras
que en el torr eón se apr ecia el uso de fábrica mudéjar de hileras alternativas de ladrillo
macizo y sillar ejos de piedra.
La Casa de la Mer ced, emplazada en las pr oximidades de T orre Br eva, ser vía como casa
de viña en la que se situaban los lagar es de la gran explotación mixta en la que T orre Br eva
hacía las veces de cabecera. Configura una estructura cerrada r ectangular de patio central,
con los lagar es distribuidos en torno al patio bajo cobertizos. El acceso se enmar ca con
una portada con cancela de forja. La Mer ced traza un conjunto hermético, sin apenas
vanos al exterior casi ciega, a excepción de los corr espondientes a la casa del encar gado.
T ambién en las inmediaciones de T orre Br eva se levanta la Casa del Almirante, que res-
ponde a la disposición de un cortijo de secano cerrado, fechado en una inscripción en
1890. La Casa del Almirante es una construcción de forma r ectangular , de dos plantas,
ampliada y algo transformada. Se or ganiza alrededor de un patio central pavimentado con
bolos y losas de piedra, con galerías porticadas en tr es de sus lados –en el lado frontal con
una alta ar quería par cialmente cegada, y en los otr os dos laterales, adinteladas sobr e pilas-
tras y puntales metálicos– y forjados a base de viguería de madera. Su ar quitectura es de
carácter rural, car ente de ornamentos. La opacidad del conjunto sólo se r ompe en el sec-
tor destinado a vivienda, que se distingue por sus grandes vanos y por la pr esencia desta-
cada de una terraza mirador .
La Casa de la Merced
Patio porticado y vista exterior , en la que destacan los
grandes cierros de forja del sector residencial, de la
Casa del Almirante.
272 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
Construcción perteneciente a una pr opiedad de 34 aranzadas fechada en el brocal del
pozo en 1888. Es de estructura cerrada con una única planta y patio central empedrado
con bolos. El patio se encuentra r odeado en tr es de sus lados por una galería de columni-
llas de fundición y viguería de madera. En una esquina del r ecinto se levanta una torr e
mirador incorporada a la vivienda. A pesar de la singularidad de su estructura central, las
distintas dependencias r esponden a las características básicas de las casas de viña: lagar
con soportes centrales, casa de la gente con fogarín, cuadra, etc. Constructivamente dis-
pone de mur os de car ga y cubiertas de teja curva a dos aguas. Como es habitual, carece de
elementos ornamentales, aunque al exterior sobr esalen la torr e y los grandes contrafuer-
tes de la nave del lagar .
A la izquierda, la fachada de acceso precedida por la
explanada del almijar . A la derecha la torre mirador
junto a los grandes contrafuertes del lagar .
P LANT A BAJA
1 almijar; 2 zaguán; 3 patio empedrado; 4 cuadra;
5 vivienda, ruina; 6 lagar , ruina; 7 casa de la gente;
8 torre
Caserío Miraflor es Alta [82]
Sanlúcar de Bar rameda
273
Jerez y costa noroeste. Inventario
ÁREA: Costa noroeste
SITUACIÓN: 1047/3-3
USOS: casa de viña, abandonada y parcialmente
en ruinas.
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Monteagudo es una explotación mixta con un complejo sistema de edificaciones
independientes y especializadas funcionalmente: las labor es aceiteras se centralizaban en
el Molino de Monteagudo, en el cortijo lo r elacionado con el cereal, en la Casa de la V iña
se situaban los lagar es y en la Casa del Palmar la vivienda del pr opietario. El cortijo es
una edificación datada en 1849 y cerrada en torno a un único patio. La portada de acce-
so, ligeramente formalizada mediante un fr ontón curvo, constituye el único elemento
ornamental del conjunto. Destaca el graner o, de dos plantas de amplias dimensiones,
cubierta a dos aguas y apoyos centrales. Las cubier tas han sido r eemplazadas en su mayo-
ría por planchas onduladas.
Cor tijo y Molino de Monteagudo [86]
Sanlúcar de Bar rameda
280 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
ÁREA: Costa noroeste
SITUACIÓN: 1047/4-1
USOS: en origen explotación mixta de olivar , cereal
y viña con edificaciones especializadas dispersas en
la propiedad. El molino, de doble prensa de viga,
sirve ahora como pajar , ya que actualmente la
explotación se dedica en exclusividad al cultivo de
tierras de sembradura.
En la imagen del cortijo destaca sobre las restantes
piezas el volumen del granero, que ve realzado su
tamaño por los pequeños huecos.
P LANT A BAJA . M OLINO
1 trojes; 2 empiedro; 3 nave de prensa de viga;
4 capilla, torre contrapeso; 5 almacén de tinajas de
aceite en estado ruinoso; 6 almacén de construcción
más reciente.
P LANT A BAJA . C ORTIJO
1 acceso; 2 patio; 3 pozo; 4 graneros; 5 vivienda en
planta baja y granero en alta; 6 molino de grano;
7 vivienda del encargado; 8 gallinero; 9 cuadra; 10 pajar;
1 1 cercado; 12 casa de máquinas; 13 cochera; 14 silos
281
Jerez y costa noroeste. Inventario
El molino es un edificio de pequeño tamaño, pr obablemente fruto de una r eforma de
mediados del XIX sobr e una obra anterior , que contó con dos pr ensas de vigas y que, per-
dida su función original, se usa de pajar , encontrándose en pr oceso de ruina. Es de estruc-
tura nuclear , de una sola planta y singular disposición. Las dos naves de viga se disponen
en L, ocupando el codo de la misma, tras las torr es de contrapeso, la bodega de tinajas, y
el interior de la L los tr ojes. Una ar cada actualmente tapiada comunicaba trujal y bodega.
Esta última ha per dido la cubierta, conservándose las tinajas cerámicas semienterradas.
Posteriormente se añadió una nave para almacén que no ha alterado el conjunto original.
La estructura es de mur os de car ga, con grandes contrafuertes piramidales al exterior . La
cubierta de las naves se r ealiza mediante una estructura de madera de par , nudillo y tiran-
te. Los mur os y las torr es de contrapeso se construyen con sillar ejos de piedra y ladrillos
macizos. El conjunto pr esenta volúmenes yuxtapuestos con una cubierta muy movida de
teja curva. Los contrapesos sobresalen escasamente por encima del plano de los tejados,
cubriéndose igualmente con teja curva a dos aguas. T iene escasos y pequeños huecos, lo
que le imprime un aspecto mar cadamente rústico.
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El Molino de Monteagudo en un paisaje agrícola que
hoy le es completamente ajeno.
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Casa Alta, núcleo residencial de Casa Maestre, con las
cocheras en primer plano, la vivienda del administrador
y , al fondo, el pabellón de caza.
V iña y Casa Maestr e [87]
Sanlúcar de Bar rameda
282 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
Y a en 1283 se r eseña el trueque que lleva a cabo Alonso Pér ez de Guzmán de su villa
de Alcalá Sidonia –Alcalá de los Gazules–, dada su peligr osa y expuesta situación fr onte-
riza, por los «olivar es de Monteagudo», uno de los pagos olivar er os de mayor raigambr e
de la pr ovincia. En documentos posterior es, del siglo XVI, Monteagudo vuelve apar ecer
como pago de olivar es y también como uno de los donadíos, grandes posesiones de tierra
calma y pastos, que tenían los Guzmán en la jurisdicción de Sanlúcar , junto con los de
Évora, Alventus y Almonaster ejos.
ÁREA: Costa noroeste
SITUACIÓN: 1047/2-3
USOS: conjunto formado por un primitivo cortijo de
secano, conocido como Casa Baja, hoy muy
transformado para la cría de caballos, y tres
edificios de carácter residencial denominados
Casa Alta.
A la izquierda, trasera de la edificación con los restos
ruinosos de la bodega de aceite en primer plano. A la
derecha, vista desde el patio de acceso en el que las
discretas torres de contrapeso apenas resaltan sobre
los restantes volúmenes.
283
Jerez y costa noroeste. Inventario
Este conjunto perteneció a los duques de Montpensier y formaba par te de la gran pr o-
piedad que, encabezada por la Casa de T orre Br eva en el término de Rota, disponía de un
amplio númer o de piezas a caballo entr e los dos términos municipales, cada una de las
cuales se destinaba a una función concr eta en el conjunto de la explotación. Casa Maestr e
era principalmente el centr o r esidencial y r epr esentativo y , ya en Rota, la Casa de la
Mer ced era lagar , la Casa del Almirante el cortijo de secano, con graner os y cuadras, la
Casa de San Lor enzo el caserío del guar da y las actuales oficinas del complejo de la Ballena
el tentader o de la finca.
En Casa Baja se disponían las dependencias de graner os y cuadras. El edificio original,
cerrado, de planta r ectangular y patio central, se ha transformado sustancialmente para
adaptarlo a la cría de caballos y se le ha adosado una nave de gran tamaño de construc-
ción industrial. Casa Alta se compone de tr es edificios independientes. El mayor de los
tr es, de dos plantas y pr ovisto de torr e mirador , se usaba como pabellón de caza y casa de
r ecr eo, el segundo era la vivienda del administrador , y el ter cer o, almacenes y cocheras. El
conjunto se r odea de un vistoso bosquecillo de palmeras. El pabellón principal y la vivien-
da se atienen a la línea estilística neomorisca habitual en las construcciones de los Orleans
en Sanlúcar y Sevilla, a base de huecos con ar cos de herradura, alfices de cerámica vidria-
da, cornisas molduradas y almenados, pinturas a la almagra de algunos elementos, y fal-
sos apilastrados. Los mur os de piedra concertada, dejada vista, los r efuerzos de ladrillo en
r ecer cados y esquinales, etc. le dan una apariencia externa singular , mientras que el r esto
de los edificios r ecibe un tratamiento más sencillo desde el punto de vista ornamental.
A la izquierda, el pabellón principal de Casa Alta. Abajo,
el otro núcleo de Casa Maestre, Casa Baja.
La finca –denominada Alventus y también Alvento o Alventos– se sitúa a caballo entr e
la campiña y la marisma cer cana a la desembocadura del Guadalquivir . Corresponde a un
enclave de lar ga trayectoria histórica, donde se localizaron la llamada cueva de Alventus,
enterramiento de cr onología pr ehistórica, y un yacimiento r omano y árabe medieval r ela-
cionado con la navegación. Además, aquí se encontraba a principios del siglo XVI un
embar cader o por donde se despachaban car gamentos de vinos de Jerez.
Según el documento r elativo a la r epoblación de T rebujena fechado en 1494, los cor ti-
jos de Alventus y Almonaster ejo o Monaster ejos figuraban como los donadíos que poseían
Cor tijo Alventus [88]
T r ebujena
284 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
ÁREA: Costa noroeste
SITUACIÓN: 1033/4-3
USOS: cortijo de secano al que se añadió la
explotación de ganadería de lidia en el primer tercio
del siglo XX, dedicado en la actualidad al cultivo de
tierras calmas y al ganado bovino de engorde.
P LANT A BAJA
1 acceso; 2 zaguán; 3 patio empedrado;
4 vivienda; 5 granero, ocupado parte por
viviendas; 6 gañanía; 7 señorío en planta baja y
alta; 8 cuadras; 9 almacén; 10 pozo; 1 1 patio;
12 estancia de ganado, transformada como
casa de máquinas; 13 pajar; 14 tentadero;
15 toriles; 16 cercado
285
Jerez y costa noroeste. Inventario
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Amplias dimensiones para la explanada de acceso
frente a la fachada principal y para el patio.
Al fondo de éste se aprecia el frontal de la gañanía
y la portada del señorío.
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en el término los duques de Medina Sidonia, señor es del lugar , cuyas tierras arr endaban
como pastos a los vecinos del pueblo. Así, según las noticias existentes y dadas las carac-
terísticas del terr eno, las tierras de Alventus han servido de pastizales para ganado junto
con una por ción cr eciente a lo lar go del tiempo para la sembradura, gracias a la deseca-
ción y acondicionamiento de suelos marismeños. Alventus se cuenta entr e las grandes
pr opiedades históricas de T rebujena, con una cabida de más de 1.000 hectár eas.
El caserío de Alventus pr esenta la estructura habitual de un cortijo cer ealista con el
añadido de algunas dependencias pr opias de la ganadería de r eses bravas, r esultado de la
intr oducción de dicha explotación pr obablemente en el siglo XIX. Se trata de un cortijo
cerrado de disposición característica: edificio principal con un único y gran patio central
empedrado y una estancia de ganado independiente, configurándose entr e ambos núcleos
un amplio patio de labor poco formalizado. Para la ganadería de lidia se construyó una
inter esante plaza de tientas octogonal, r esultando inusual la disposición de la plaza y los
toriles adosados junto a la estancia de ganado y otra sucesión longitudinal de toriles.
Las viviendas de encar gados, granero, gañanía y señorío delimitan el patio principal.
El señorío y las cuadras se habilitar on en la edificación de uno de los antiguos graner os.
Las cuadras se abr en al patio a través de una galería de ar cos r ebajados, hoy r epartida entr e
cuadras de caballos y garajes. El señorío, de ar quitectura neomedievalista con ventanas
moriscas de herradura, está fechado en 1851. Sus rasgos estilísticos y su cr onología apun-
tan a su posible r elación con las obras de similar carácter que por entonces se llevaban a
cabo en Sanlúcar bajo los auspicios de la familia Orleans. La portada de acceso al patio
apar ece almenada y r ealzada por un antiguo azulejo de iconografía mariana bajo un friso
decorativo también de azulejería.
La estructura general de la obra es de mur os de mampuesto de cantos y sillar ejos de pie-
dra, con grandes contrafuertes al exterior . Las cubiertas son de madera y teja curva, a excep-
La imagen mariana de la sencilla portada de acceso
convive con los aires moriscos del señorío.
286 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
ción de la estancia, que se cubr e mediante faldones de fibr ocemento. Fr ente a la fachada
principal existe un pozo de gran tamaño, muy elaborado y con un pequeño abr evader o peri-
metral. Se conserva una lápida conmemorativa con el siguiente texto: «Su majestad el rey
Don Alfonso XIII se dignó de honrar este Cortijo de Alventos el día 3 de marzo de 1908 ejer-
citándose por vez primera en el acoso y derribo de r eses de la ganadería de D. Carlos de
Otaolaurruchi. Don Álvar o Dávila y Agr eda Mar qués de V illamarta Dávila dueño de dicha
posesión dispuso perpetuar en este mármol el r ecuer do de tan grato suceso».
287
Jerez y costa noroeste. Inventario
En la plaza de tientas la cubierta de los toriles
perimetrales actúa de tribuna al aire libre sobre
el ruedo.
En esta sección se pr esentan los edificios seleccionados corr es-
pondientes al ter cio nor oriental de la pr ovincia, enmar cados,
según la delimitación de ámbitos funcionales del Sistema de
Ciudades de la Junta de Andalucía, en los ámbitos de Ar cos,
Olvera y Ubrique, junto con el término de San José del V alle, un
ár ea que abar ca desde las campiñas del curso medio del río
Guadalete hasta los parajes más elevados y abruptos de la sierra
gaditana.
Se r ecogen a continuación, por una parte, las unidades inven-
tariadas en la comar ca de Ar cos, integrada por los municipios de
Algar , Ar cos de la Fr ontera, Bornos, Espera, Prado del Rey , Puerto
Serrano y V illamartín. En este conjunto, Ar cos r epresenta el 50%
de la superficie de la zona, con una diversidad de condiciones his-
tóricas y geográficas que se traducen de modo significativo en su
edificación rural tradicional. Así, los municipios de mayor anti-
güedad se hallan vinculados a las tierras más pr oductivas, mientras
los de formación más r eciente, como Prado del Rey y Algar , se
desarr ollar on más bien sobr e términos de tierras de mediana y baja
calidad. En la actualidad, la superficie labrada de la comar ca se
acer ca al máximo posible, y , así, en Espera, por ejemplo, alcanza el
288 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
El Guadalete medio y la Sierra
93,4% del término. Como principales unidades ambientales de la
zona, se distingue, primer o, la campiña que se dilata desde Ar cos
a V illamartín, de terr enos llanos o suavemente ondulados, de sue-
los fértiles muy adecuados para los cultivos de secano, distribuida
en grandes pr opiedades y extensas explotaciones, con pr edominio
de tierras calmas –destinadas tradicionalmente a cultivos cer ealis-
tas y , desde fechas más r ecientes, a plantas industriales– per o tam-
bién con enclaves de olivar , en r ecesión desde hace décadas. Otra
unidad ambiental está formada por el somontano, de r elieve más
movido, por los términos de V illamartín y Prado del Rey , área de
lomas, cerr os y pequeñas sierras hacia el este de la comar ca, al pie
de la serranía, donde pr edominan el monte de encinas y alcorno-
ques y par celas aptas para el olivar y la viña. Por último, los rue-
dos y vegas irrigadas en las cer canías de las poblaciones constitu-
yen una ter cera unidad ambiental de características singular es. En
cuanto a los apr ovechamientos en el momento pr esente, cabe
señalar el abrumador pr edominio de las labor es de sembradura de
secano de cultivos de cer eales y plantas industriales –girasol,
r emolacha–, con una escasa pr esencia del olivar , como consecuen-
cia del sistemático desmonte de las plantaciones anterior es a 1970,
la r educida entidad de la viña, junto con la existencia de pastiza-
les, dehesas, monte y algunas formaciones for estales r estringidas a
los r eductos de r elieve más quebrado.
En consonancia con las cir cunstancias indicadas, el por centaje
más elevado de las unidades ar quitectónicas inventariadas en la
comar ca de Ar cos corr esponde a los cortijos vinculados a la explo-
tación de tierras de sembradura mediante grandes labor es, abun-
dando, desde un punto de vista constructivo, los de considerable
enver gadura así como los caseríos de un tamaño que podría califi-
carse como mediano. Ar cos, el término más extenso y fértil, aca-
para la cifra más nutrida de cortijos cer ealistas, con ejemplos tan
r elevantes como San Rafael o El Guijo, mientras en los demás
municipios también se encuentran otr os dignos de atención, como
la Cor dillera, la Ahumada, T ierras Nuevas del Cuar tel o la
Higuerilla, de V illamartín. En líneas generales, denotan una estr e-
cha r elación tipológica con los cortijos de la campiña jer ezana y
con los del conjunto de la depr esión bética, estructurándose en
torno a uno o varios patios, con construcciones de poca altura,
articulando núcleos en los que prima la horizontalidad, y a menu-
do con piezas desgajadas –sobr e todo dependencias ganaderas,
estancias o zahúr das– en las inmediaciones o a cierta distancia del
asiento principal del cortijo. Las fichas que se pr esentan son
demostrativa de la variedad y riqueza de las soluciones ar quitectó-
nicas que ofr ecen –graner os en altura con rampas de acceso, dis-
posición de las estancias, toriles conectados con éstas como corral
descansader o de los bueyes…–, junto con su manifiesta sencillez,
en la que viviendas de pr opietarios o elementos de intención pura-
mente ornamental, por ejemplo, suelen cobrar escasa r elevancia.
De gran interés es el grupo de unidades ar quitectónicas de esta
comar ca dedicadas en origen a la explotación del olivar y la elabo-
ración de aceite, hasta el punto de configurar el conjunto de cons-
trucciones olivar eras más destacado de toda la pr ovincia. Sin
embar go, la aguda recesión de este cultivo en las últimas décadas
las ha privado de su primitiva dedicación casi en todos los casos,
r eutilizándose para otr os cometidos agrícolas o de distinto or den,
con las consiguientes transformaciones de los edificios o r elegán-
dose, simplemente, al abandono. La importancia del olivar históri-
co en términos como Ar cos, Espera o V illamartín se traduce en la
existencia de haciendas, casas molino y molinos aceiter os de tec-
nología pr eindustrial, con instalaciones de pr ensas de viga, torr es
de contrapeso, etc., que oscilan desde complejas unidades ar qui-
tectónicas en las que podían llegar a centralizarse diversos apr ove-
chamientos, dotadas de considerables sector es r esidenciales –el
Rosalejo, en V illamartín, Faín o el Peral, en Ar cos–, a núcleos más
especializados –Barrrancos, Bachiller V iejo, en Ar cos, el Serr ecín,
en V illamartín– u otr os de casi exclusiva orientación funcional
especializados en la pr oducción de aceite, como el Molino la
Carrasca de Espera. A estos elementos inventariados de mayor
antigüedad se incorpora además otr o importante grupo más
moderno, encuadrable entr e mediados del siglo XIX y el primer
ter cio del XX, de haciendas y molinos dotados de tecnología
industrial, con almazaras hidráulicas, en los que se mantiene un
alto grado de calidad ar quitectónica, como San Andrés, de Ar cos,
o San Rafael y los Huertos, en V illamar tín.
Las edificaciones de la viña, que en época lejana pudier on tener
mayor r elevancia en la zona, han dejado escasos testigos, r ecogi-
dos en el inventario mediante piezas como la Hacienda la V icaría
o el V icario, de Ar cos, y otras unidades menor es, junto con la pr e-
sencia de la explotación en el mar co de grandes unidades en las
que se han aglutinado diversas explotaciones, como el Rosalejo, de
Ar cos.
Los cortijos ganader os, de bovino de engorde y de ganadería de
lidia, se hallan también pr esentes en el ámbito comar cal de Ar cos,
aunque sin el peso que tienen en otras comar cas meridionales.
Según la norma dominante en estos grupos tipológicos, los de
bovino de engor de suelen r esponder a instalaciones sencillas de
escasa complejidad ar quitectónica, mientras los de ganado bravo
son r esultado de adaptaciones de establecimientos agr opecuarios
anterior es o fruto de construcciones r elativamente modernas.
Entr e los inventariados cabe señalar el Cortijo el Parr oso, de
Puerto Serrano.
San José del V alle, al sur de Ar cos y Algar , fruto de una r ecien-
te segr egación a partir del término de Jer ez, presenta condiciones
similar es a los municipios colindantes, con excelentes ejemplos de
grandes cortijos cer ealistas, como los de Sotillo Nuevo, con una
espléndida pieza de cuadras y graner os en el cuerpo de fachada del
caserío principal, y Chorr eader o V iejo, con un núcleo de limpia
disposición en torno a patio que se r emonta al siglo XVIII, acom-
pañado por varias piezas dispersas en las pr oximidades. Este
municipio r eúne además instalaciones de olivar , como Parrilla
Alta, con almazara hidráulica, cortijos ganader os, como el Pícaro o
Picao, y unidades tan singular es como la Gigonza, con una forta-
289
Del Guadalete medio a la sierra. Inventario
Edificación de tamaño medio que constituye un ejemplo poco habitual de estructura
cerrada al estar integrada la estancia dentr o del cuadrado que conforma la edificación. Un
graner o de dos plantas, de gran tamaño, ocupa el lugar pr efer ente. Otr o graner o menor y
las viviendas cierran el conjunto. Parte de la planta alta se ha incorporado a la vivienda del
caser o. El zaguán primitivo queda r eservado para acceso a la vivienda del propietario y se
ha abierto una segunda entrada seccionando la estancia. Las nuevas naves trasdosadas, uti-
Imagen exterior con el añadido de las cabrerizas
en primer plano. Vista del patio con la estancia al fondo
e interior de la misma.
Cor tijo del Baldío [90]
Alcalá del V alle
296 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
ÁREA: Sierra
SITUACIÓN: 1037/1-3
USOS: explotación en origen mixta secano
ganadera. Dedicada durante años al ganado
porcino, hoy día el caprino es la ocupación principal
y residualmente el olivar y el cereal.
Cor tijo de Cerillar [91]
Algodonales
297
Del Guadalete medio a la sierra. Inventario
lizadas como cabr erizas, no han desvirtuado la estructura original. La ar quitectura y la
construcción son de tipo tradicional, intr overtida y austera, con algunos rasgos ornamen-
tales en la vivienda del pr opietario. Conserva los forjados originales de cañas, yeso y vigue-
ría de r ollizos de madera y el empedrado del patio. Se han sustituido las cubiertas en las
dos zonas r esidenciales. Destacan las soluciones constructivas empleadas en la estancia y el
graner o principal, las piezas más r elevantes del conjunto. La estancia, con la típica doble
hilera de comeder os, r esuelve la dicotomía de doble pilar y apoyo central de la cer cha con
pequeños pórticos de fábrica. El graner o, también de cer chas de rollizos, incorpora made-
r os transversales que apuntalan a los pilar es las vigas principales, disminuyendo su luz.
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ÁREA: Sierra
SITUACIÓN: 1035/4-3
USOS: asociado en origen a una explotación de
cereal de secano, en la actualidad se dedica a este
mismo cultivo y a ganadería bovina.
P LANT A BAJA
1 zaguán,
entrada original;
2 patio empedrado;
3 señorío;
4 vivienda casero;
5 estancia;
6 entrada actual;
7 almacén, granero;
8 trojes;
9 antiguo granero,
cabreriza;
10 antiguo granero,
almacén;
1 1 cochera;
12 sala de ordeñar;
13 corral de cochinos;
14 cobertizo;
15 corral de cabras
298 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
Edificación de pequeño tamaño y estructura cerrada con zaguán, patio y estancia
incorporada en la edificación. V olumetría variada por la asociación en torno al patio de
piezas independientes que r esponden a su pr opia lógica funcional: viviendas, estancias,
cuadras, etc. El graner o se sitúa sobr e las cuadras, con acceso exterior . Ha sufrido trans-
formaciones y cambios de uso. Conserva el empedrado de la era. Se ha reformado gran
parte de las cubier tas tradicionales sustituyéndolas por viguetas y rasillones cerámicos, y
fibr ocemento en algunos casos. Car ece de suministr o de agua potable. Construcción y
ar quitectura tradicional, desornamentada, car ente de elementos r elevantes. Estancia exte-
rior de construcción industrial de bloques y fibr ocemento.
P . Madoz se r efier e a la existencia de un manantial de aguas sulfur osas en la «dehesa
de Serrillar» o «el Cerrillal», una de las nueve dehesas de Algodonales pr opiedad de los
duques de Ar cos y Medinaceli, que contaban en el municipio con extensas posesiones
desapr ovechadas para el cultivo en opinión del autor en las fechas en que r edactaba su
Diccionario…, a mediados del siglo XIX.
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A la izquierda la fachada principal precedida por la
explanada de la era. A la derecha el acceso al granero
desde el patio principal.
P LANT A BAJA
1 era; 2 zaguán; 3 patio; 4 viviendas; 5 casa máquinas,
antigua estancia; 6 cuadras planta baja, granero planta
alta; 7 guadarnés; 8 cochera, almacén; 9 cobertizo,
pajar; 10 corral; 1 1 estancia
299
Del Guadalete medio a la sierra. Inventario
De privilegiada situación, este edificio constituye un r efer ente paisajístico para un
amplio territorio, a lo que contribuyen las palmeras de gran porte. Pr esenta una estructu-
ra cerrada, dividida funcionalmente en dos bloques conectados por el zaguán. Lo r esi-
dencial, volcado al exterior , conforma la fachada r epr esentativa. El patio traser o es sólo de
labor y no estructura funcionalmente la edificación. Contaba con una almazara hidráuli-
ca, de molino de rulo y pr ensa de fundición. El patio, porticado en tr es de sus lados, actúa
a modo de trujal. Utiliza fórmulas constructivas tradicionales de buena factura, con cui-
dada r esolución de las esquinas, buena solución de cubiertas y una ar quitectura desorna-
mentada con escasos huecos, potente volumetría y un atractivo patio porticado.
Cor tijo Molino Nuevo [92]
Algodonales
ÁREA: Sierra
SITUACIÓN: 1036/2-3
USOS: olivar en origen, con una almazara
hidráulica, se mantiene relacionado con este cultivo.
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P LANT A BAJA
1 zaguán; 2 patio; 3 galerías, trojes;
4 almazara hidráulica; 5 estancia;
6 viviendas trabajadores planta baja
y propietario en planta alta; 7 horno;
8 almacén y cochera
Refer ente paisajístico por su situación y atractivo conjunto volumétrico, la Nava de
San Juan es un conjunto disperso constituido por la edificación r esidencial, varias estan-
cias próximas y las instalaciones taurinas situadas en el camino de acceso. La construc-
ción principal data pr obablemente del siglo XIX y es de amplias dimensiones y varias plan-
tas. Apar entemente su función primor dial es alber gar el sector residencial, con la vivien-
da de los pr opietarios y el encar gado entre otras. Se trata de una ar quitectura cuidada y de
buena factura constructiva, con fachadas de r egulada composición, grandes huecos tipo
cierr os, estudiada r esolución de cubiertas, etc. La estancia principal es de gran tamaño,
forma cuadrangular y estructura cerrada. Dispone de toriles y plaza de tientas de buena
factura constructiva.
La dehesa de la Nava, según consigna Madoz al r eferirse al municipio de Algodonales,
se contaba a mediados del XIX entr e las pr opiedades de los duques de Ar cos. Como en la
del «Serrillar», en sus tierras se encontraba un manantial de aguas sulfur osas. Al escribir
sobr e los caminos del término, cita «la dehesa y cortijo de la Nava».
Los tres núcleos que constituyen el cortijo: las
estancias, el tentadero y la edificación residencial.
Cor tijo de la Nava de San Juan [93]
Algodonales
300 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
ÁREA: Sierra
SITUACIÓN: 1036/1-3
USOS: conjunto disperso relacionado desde su
origen y en la actualidad con una ganadería brava y
cereal de secano.
Construcción de mediano tamaño que sigue el modelo de estructura cerrada, patio
único y estancia exterior . Está constituido por un bloque principal de dos plantas y cubier-
ta de pabellón, y las r estantes dependencias, en una sola planta, conformando el patio. El
graner o ocupa la planta alta. La estancia está en ruinas. Ar quitectura tradicional, de buena
factura constructiva, atractiva imagen y car ente de elementos ornamentales. Estéticamente
se encuentra muy cuidado y arr eglado. La situación or ográfica y la claridad volumétrica
de la edificación lo convierten en r eferente paisajístico.
Exterior del bloque principal con el granero en planta
alta. Patio empedrado e interior de la estancia.
Cor tijo de Santiago [94]
Algodonales
301
Del Guadalete medio a la sierra. Inventario
ÁREA: Sierra
SITUACIÓN: 1035/4-3
USOS: en origen la explotación asociada al edificio
fue el cereal, uso que mantiene en la actualidad.
Pequeño molino de aceite, perteneciente a una de las fincas más antiguas de la zona,
que dejó de moler hace unos cincuenta años y se encuentra en la actualidad muy trans-
formado. Al describir la r ed de caminos de la pr ovincia hacia 1846, Madoz se r efier e al que
va de Algodonales a Puerto Serrano, junto al cual se encuentran los 4 molinos de aceite lla-
mados del Dornajo . Hoy dispone de una estructura cerrada formada por dos naves de viga
dispuestas en L y unas edificaciones menor es (galliner os), posterior es, que cierran el espa-
cio. Las torr es de contrapeso de las vigas construyen la rótula de la L, disponiéndose entr e
ambas la nave del molino con soberao. Pr obablemente la nave mayor sea adición poste-
rior a la primitiva estructura básica en L. Se conservan las capillas de ambos contrapesos,
las madr es de la mayor y los r emates de las misma, de forma cuadrada y con cubiertas de
teja a cuatr o aguas. La transformación alteró los espacios interior es al construirse forjados
intermedios en ambas naves, subdividiéndose para vivienda del pr opietario y habitaciones
de alquiler para los trabajador es de la cantera cer cana.
La ar quitectura y la construcción son de tipo tradicional, rural, de gruesos mur os, pies
de amigo y cubiertas de r ollizos. Es una arquitectura car ente de elementos ornamentales,
transformada en cuanto a huecos y de potente volumetría de masiva y atractiva estética.
Molino del Dornajo [95]
Algodonales
302 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
ÁREA: Sierra
SITUACIÓN: 1036/2-3
USOS: olivar con prensa de viga, se utilizó luego
para la cría de cerdos y en la actualidad tiene sólo
uso residencial.
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P LANT A BAJA
1 patio; 2 nave de prensa de viga, dividida en
habitaciones; 3 vivienda en zona del empiedro; 4 nave
de viga, transformada en cochinera y hoy en gallinero;
5 torres contrapeso; 6 gallinero; 7 corrales, gallineros;
8 cercados
P LANT A AL T A
1 habitaciones; 2 soberao, hoy vivienda; 3 soberao
Caserío r eedificado en 1932 sobr e otr o pr eexistente a mediados del siglo XIX. Cuenta
con un destacado señorío de dos alturas, patio central interior y edificaciones en su entor-
no de una planta, todas con cubiertas a dos agua de teja. La fachada principal pr esenta un
ambiente de villa r esidencial, evocador de las construcciones efectuadas en Sevilla con
motivo de la Exposición de 1929. En la década de 1980 el conjunto fue objeto de modifi-
caciones para la habilitación de diversas dependencias para vivienda y cuadras.
Según M. Mancheño, el topónimo «morisco» Albar den es indicio de un asentamiento
de origen árabe. En 1684 Albar dén apar ece clasificada como «dehesa de baldío», citándo-
se en 1729 que el duque de Ar cos don Joaquín her eda de su padr e este cortijo y dehesa.
Albar dén es mencionado a mediados del siglo XIX por Madoz como pr opiedad de los seño-
r es duques de San Lor enzo; sobr e sus tier ras hay impuesto, con r eal facultad, un cap. de censo
de 86.000 rs. que dejó D. Manuel de la Peña, natural de Aldeanueva de Camer os (pr ovincia de
Logr oño, part. jud. de T or r ecilla), para dotación de la escuela de primeras letras, r epar o del
local, y conservación del ór gano de la Iglesia de dicha villa . El Nomenclator de 1900 recoge
Albar dén como cortijo con seis edificios.
Fachada principal del cortijo con el área
de acceso empedrada.
Cor tijo de Albar dén [96]
Ar cos de la Fr ontera
303
Del Guadalete medio a la sierra. Inventario
ÁREA: Campiña
SITUACIÓN: 1048/4-4
USOS: asociado desde su origen a la explotación
de dehesa y la labor de sembradura, con un notable
componente residencial en su caserío.
Conjunto formado por el cortijo y la estancia. El núcleo del cor tijo es de tamaño gran-
de con un amplio patio interior , de planta cuadrangular formada por la unión de diversas
piezas de difer ente ancho de crujía y altura, pr edominando sobr e las de mayor anchura.
Al fondo del patio sobr esale una construcción de doble altura que sirvió de señorío. La
obra denota cierta antigüedad y se conserva en su integridad, a excepción del sector orien-
tal, de factura r eciente y cubiertas de fibr ocemento. La antigua estancia del ganado de
labor , en posición exenta, despierta par ticular interés por sus dimensiones y característi-
cas constructivas. «Casablanquilla» se incluye en la r elación de cortijos del término de
Ar cos r eseñada por P . Madoz.
Cor tijo Casa Blanquilla [97]
Ar cos de la Fr ontera
304 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
ÁREA: Campiña
SITUACIÓN: 1049/2-1
USOS: explotación de tierras de labor de secano a
la que se ha sumado una porción de regadío.
Caserío de extensión considerable con un núcleo cerrado en torno patio, con el por-
tón bajo un cuerpo que r esalta sobr e la línea de cubiertas, viviendas, antiguas cuadras y
otras dependencias de labor . Junto al asiento principal del cortijo destaca una nave a dos
aguas de notable longitud, quizás antigua estancia, pajar y después dedicada en exclusiva
a graner o, con llamativos contrafuertes cónicos en varios de sus ángulos. En opinión de
M. Mancheño, el asentamiento corr esponde a la antigua ciudad de Lacca, mientras Madoz
Cor tijo Casablanca [98]
Ar cos de la Fr ontera
ÁREA: Campiña
SITUACIÓN: 1048/4-4
USOS: unidad asociada a la explotación de
sembradura de secano que en la actualidad incluye
una yeguada.
Cor tijo Faín [99]
Ar cos de la Fr ontera
305
Del Guadalete medio a la sierra. Inventario
lo r eseña a mediados del XIX como «cortijo y baños», por la existencia de un manantial
de aguas termales, sulfur osas, a pocos metr os del cortijo, con la pr esencia de restos de
construcciones. En 1890 el Cortijo de Casablanca era pr opiedad del sr . Piña Guerra, quien
lo labraba.
ÁREA: Campiña
SITUACIÓN: 1049/2-3
USOS: dedicado primordialmente, en origen, a la
explotación del olivar y la elaboración de aceite,
aprovechamiento que persiste junto con la
sembradura de secano y el uso residencial y
turístico.
A la izquierda, vista de conjunto con la estancia y pajar
y , arriba, gañanía.
A la izquierda, portal de acceso y patio empedrado, con
los antiguos trojes tapiados. A la derecha, patio de labor
trasero desde el acceso posterior .
312 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz
jías adosadas hacia el patio empedrado donde se hallaban los tr ojes, en el pr esente cerra-
das y dedicadas a vivienda y otr os usos. Cierra el fondo del patio otra crujía con habita-
ciones y otras dependencias.
En el segundo patio se alternan las construcciones de cierta antigüedad con otras r esul-
tado de r emodelaciones r ecientes, de orientación cer ealista y ganadera. Destaca, en primer
lugar , una dilatada pieza longitudinal de dos alturas, la inferior –antigua cuadra y establo–
articulada mediante bóvedas de arista sobr e pilares y la superior –que fue graner o– con
acceso por medio de una rampa. Enfr ente se distinguen otr o edificio apoyado sobr e un
grueso mur o que par ece r esto de una vieja muralla y , a continuación, una nave, muy r efor-
mada, utilizada como almacén de grano, en el lugar de la estancia del ganado de labor .
Completan el perímetr o del extenso patio una pieza de caballerizas y pajar , la vivienda de
caser os y la gañanía, situadas a los lados de la entrada trasera, con portal cubier to, que pr o-
por ciona acceso dir ecto a este segundo patio.
El Peral apar ece clasificada en 1684 como «dehesa de baldío», mencionándose ya en
1767 la existencia de un olivar , parte del cual era pr opiedad del colegio de Santa Catalina
de Ar cos, y de un molino de dos piedras, que en 1754 pertenecía a doña Mariana Ponce.
En ener o de 1820 sirvió de centro de operaciones al general Riego, quien llegó aquí en la
madrugada del día 2 con el batallón de Asturias para r eunirse con otr os batallones y
empr ender el asalto de Ar cos. T ras su victoria, los gobernadores de Ar cos, el subinspector
Blanco, el brigadier Gavani y los generales Fournás y Sánchez Salvador , fuer on conduci-
dos como prisioner os al Cortijo del Peral, conver tido en cár cel impr ovisada. En 1824
Frasquita Larr ea lo visita, siendo pr opiedad del sr . Martel, y más tar de P . Madoz lo inclu-
ye entr e las haciendas de olivar con caserío y molinos de aceite del término de Ar cos. El
Nomenclator de 1900 hace r efer encia al Peral como «caserío» de cinco edificaciones.
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