Cavafis. Constantinopla-1885 / Cartagena-1985 (Homenaje privado)
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CAVAF I S Constantinopla- 1885 / Cartagena- 1985 ( Homenaje privado) Carmelo Vera Saura Siendo uno de los poetas extranjeros que mejor se conocen últimamente en España me voy a permitir un regocijo personal, sólo permisible por ese profundo amor que uno tiene hacia ciertos escritores o poetas que ya forman parte del mundo intimo e intransferible de una persona: me refiero al aniversario privado de la estancia de Cavafis en Constantinopla ( hoy Estam bu11 justamente hace 1 00 años. Allí vivió de 1882 a 1885, es decir, entre los 1 9 y 22 anos, y precisamente quizá sea la afinidad de la edad lo que me haya impulsado, en Última instancia, a tan gozosa efemérides. Porque, por supuesto, otros motivos poderosos hay que se dejarán traslucir contrastivamente en los breves motivos de exposición. Desde luego Cartatpna no posee el sincretismo y la promicuidad de Constantinopla, pero transmutados, el mar es el mismo, y la brisa. y el oro de la tarde, y el rumor de los cuerpos que pueblan las mlles. Cambia el personaje, pero la sensibilided también es la misma. Desgraciadamente la Cartagena de 1984, cuya fama llegó a las Indias, es aún ( incomprensiblemente) más impermeable ( reducto militar de
involución) que la Constantinopla de 1 884 a esas palabras tantisimas veces repetidas por nuestro poeta, por mi, y por otros artistas que crecen en el ultimo reducto de la libertad: la belleza y el placer. Dos hechos marcan decisivamente la vida de Cavafis en dicha ciudad: la precariedad y el inicio de sus relaciones homosexuales. Sus primeras relaciones nunca contaran como un hecho que sucedió en el tiempo y que paulatinamente van perdiendo magia y estimulo. Su estructura vital jamás concebir6 el sexo con un medio, algo relegado a un sentimiento enmáscerado por las parafernalias cotidianas. Cavafis siempre concebirá el sexo como un fin en sí mismo, y más que sexo yo diría erotismo, esa zona penumbrosa donde se confunden amor, deseo, atracción, belleza, platonismo ... En Constantinopla comenzará el estudio de la literatura griega, de la historia de la antigua (irecia, de Roma y de Bizancio ( y yo tengo el presentimiento de que comienza a conocer la poesía árabe y persa ), comenzara también a escribir sus primeros poemas y, como he apuntado antes, iniciará su andadura por eso tan breve y tan largo que se llama erotismo. Su penuria económica se hace patente a la hora de poder comprar libros, y puesta de manifiesto por el hecho de que sus hermanos le mandan dinero a él y a su madre, sobre todo su hermano Yanis, que tanto luchario por él. Su experiencia vital esth llena de coílictos íntimos por el temor a revelar su inclinación homófila, sobre todo en su relación epistolar con sus amigos Mijail Peridis y Stéfanos, los cuales le piden que les cuente asuntos personales, e incluso le invitan a ir "al Arapina para ver a las mujeres árabes y turcas cómo bailan desnudas". Parece ser que Cavafis tuvo alguna relaclbn con mujeres durante esta época, pero no pasaría de un mero hecho. Stéfanos se queja: "No me escribes nada de tu vida privada". Su inclinación sexual comenzó a manifestarse en Constantinopla, en 1 883, a los veinte años, con su primo Yorops Psilíaris. No se sabe si su primo fue su amante, su confidente o si ambas cosas a la vez: De tales primeras experiencias nace un pequeño poema en septiembre de 1915: Cuando entré en la casa del placer, no me quedé en el salón donde, con cierto decoro,
se celebran aceptados juegos de amor. Me fui a las habitaciones secretas y en sus lechos me recliné y me eché, que ya cuando yo era muchacho mi cuerpo deseaba ilimitadamente. Me fui a las habitaciones secretas cuya sola mención avergüenza. Mas yo no siento vergüenza, porque entonces ¿qué poeta sería yo y qué artista? Mejor haber sido un asceta. Estaría más a tono, mucho más a tono con mi poesía que hallando placer en el promisyo salón. O este otro de 19 13, que pasa por ser uno de los más logrados del corpus cavafiano: Nada me ató. Me liberé de todo y caminé. A placeres que, medio reales, medio soñados, rondaban en mi alma, a través de la noche iluminada. Y bebí de los más fuertes vinos, como de los que beben los héroes del placer. El verbo wafiano es de una perfección asombrosa. un& o muy pocas veces se ha dicho poéticamente ese sentimiento de liberación humana y sensual con tan pasmosa sencillez y tan estemecedora emoción. Pero entonces, a aquella edad, no comprendía Cavafis la verdadera y profunda significeción de esos primeros goces, goces que más tarde se pondrán al servicio de una estética rigurosamente deflnlda y acabada. A aquella edad no operaba aún la consciencia de una juventud madura, hecho que nos explica que nuestro poeta no fue precoz, no poetizó su experiencia en el momento en que ésta necia, porque (hay que decirlo francamente) no tuvo la capacidad para ello en aquel entonces. Cavafis, frente a otros poetas geniales en la juventud, tuvo su genialidad en plena madurez. No todo fueron pm y alegrías. Las tendencias eróticas de Cavafis lo sumergen en una gran angustia frente a la sociedad de su tiempo.
Hay una nota en sus manuscritos inéditos donde nos dice: "Esta noche me pasO por la imaginación escribir acerca del amor. Sin embargo no voy a hacerlo. ¡Qué fuertes son los prejuicios! Yo. por mi parte, me he liberado, pero pienso en los que todevia están ligados a ellos y bajo cuyos ojos podría caer este papel. Me contengo. ¡Qué cobardia! Tener que sefialar con una letra "T" como símbolo de este momento. 9-XI- 1902. La letra '7" no se sabe con exactitud qué significaba. Probablemente suple el nombre de una persona, o, como se puede interpretar, significaría la inicial del poema "Muros" ( TeOxh en griego) de 1896: Sin miramientos, sin piedad, sin pudor, grandes y,altas murallas en torno mío levantaron. Y ahora estoy aquí sin esperanza. No pienso sino que este &tino devora mi razón; porque fuera mucho tenia yo que hacer. ¿Por qué, ay, no reparé.cuando iban levantando la muralla? Mas nunca oí el ruido ni la voz de sus autores. Sin sentirlo desde fuera me mrcaron. Es una imagen serena pero dolorosa la que describe Cavafis sobre esa barrera de prejuicios morales y sociales que levantan a su alrederor lentamente. Hay otro poema de 1 9 1 8, "Comprensión", que reflexiona sobre lo que representó su j uventud inclinadg a los placeres. Cavafis ve en su experiencia la preparación de su estética posterior, pero ya desde esa estética madurada. La poesía para Cavafis supone una intensificación de la vida, un embellecimiento de lo vivido. No se refugia en la poesía como desahogo a sus tristezas o frustraciones. En él no hay renuncia (comoen el poema: "yo queodié losamoresy losgocesde rutina") es una renuncia al sentimiento mediocre y nunca a la vida. De ahí resulta que lo que fue hermoso en la vida en el poema asciende en la escala de la belleza para hacerse apolíneo: Los anos de mi juventud, mi vida de placer con cuánta claridad veo ahora su sentido.
Qué inútiles remordimientos, qué estériles ... Pero entonces no veia el sentido. En medio de mi vida disoluta de juventud iban formandose las tramas de mi poesía, se iba dibujando el contenido de mi arte. Por ello jamás hubo firmes arrepentimientos. Y los empeños por dominarme , por cambiar , duraban dos semanas a lo más. Como anteriormente he apuntado la poética de Cavafis es a posfwiori de las experiencias, es decir, comprende el sentido de ellas mucho tiempo despuh de haber las vivido. t1 mismo nos lo dice: "Pero entonces no veia el sentido". Es el Único reproche que se puede hacer a esa filosofía hedonista cavafiana, la no consciencia del goce de los aAos de juventud. Nuestro poeta de Cartagena ha escrito en 1 983: Pensar en la juventud ahora que gozamos y somos j Wenes es el verdadero paraíso terrestre. La juventud es la m& alta razón de amor y la adolescencia su más bello atributo. Y ello exactamente cuando tenia 2 1 años, la misma edad que el Wafis de Constantinopla, pero he shí el Único y poderoso elemento diferenciatbr que ha operado en 1 00 años de conciencia poética, no de civilización: la consciencia de que ser joven, gozar la juventud (o poder gozarla), la edad de mayor hermosura física es la mayor felicidad que puede existlr en este mundo. Así termina otro poema de nuesto poeta mtegenero: Nunca tendremos la piel tan madura para el amor. De recordar la juventud en la madurez se pasa a ser consciente de la dicha juventud siendo joven. Del recuerdo idealista cavafiano (todo recuerdo es idealista de por sí) a la tensión presente, breve y efímera, pero consciente. De ahí que abunden en Cavafis poemes que recrean
(magistralmente, claro) el pasado, con todos sus errores y frustraciones, lo que pudo ser vivido y no se vivió, poemas. como "Deseos" de 1 904, "Desde la nueve" de 1 9 1 8, "Un viejo" de 1 897, o "Septiembre de 1903" de 1904; en este ultimo nos cuenta con frialdad increíble: Ahora me engaño al menos con ilusiones para no sentir mi vida vacía. 5 Si bien Cavafis recordó los placeres de juventud no consumados, jamás hay en él un triste resentimiento o una posición derrotista que ponga en peligro su propio ego, su visión apasionada de la vida. La clbica lamentación no existe en su obra, he ahí uno de los principales rasgos que lo diferencian de muchos poetas, por ejemplo del tono lamentativo de nuestro Cernude. En este sentido Cavafis estaría compuesto por tres fenómenos sobre todo: el sentimiento que se experimenta, el recuerdo (siempre idealista), y el deseo en su sentido platónico de querer concordar la belleza física con la idea & belleza. Si bien antes me he referido a la poética a pusteriori cavafiana, algo tendria que matizar, y es que Cavafis sentia la necesidad de distancia temporal para que sus experiencias se plmaran en versos, como él mismo nos dice al final de un poema de 192 1 : Cómo se ha enriquecido, en cambio, la vida del poeta. Mañana, pasado o años más tarde se escribirán los versos vigorosos que aquí tuvieron su comienzo. Pero hay que pensar que esta pastura es propia de la madurez del poeta, y que en la adolescencia de sus 20-2 1 años no era consciente de la vida que tenia en sus manos ni de lo que representaban aquellas experiencias con respecto a su futura poética. Cavafis, hay que decirlo, no tuvo la capacidad de plasmar poéticamente los placeres de su adslescencía al mismo tiempo que las experimentaba. En este sentido vida y poesía quedan disociados por el tiempo para quedar asimilados posteriormente en la conciencia del poeta. Cavafis no fue un poeta precoz. Vivió antes de escribir. La sintesis de ambas lo hubiera hecho otro Rim baud. Precisamente por esa senseción de
insuficiencia en la distancia temporal respecto a la experiencia excluye de su selección definitiva "Media hora", un epléndido poema erótico de 19 17, poema que lleva el sello inconfundible de este orífice del verso erótico: Ni te he poseído, ni nunca, creo, te poseeré. Algunas palabras, un contacto, como en el bar anteayer, y nade más. Es, aunque no lo diga, triste. Mas nosotros, siervos del Arte, en ocasiones con la intensidad del pensamiento y, desde luego, sólo por poco tiempo, creamos un placer que parece casi real. Así en el bar anteayer -con la ayuda, por lo demás, del muy compasivo alcoholgocé media hora de total erotismo. Y lo comprendiste, me parece, y adrede te quedaste un rato m&. Era sumamente necesario. Porque con tanta fantasía y el mágico alcohol tenía que mirar tus labios, tenía que estar cerca de tu cuerpo. No hay frustración, ni sim bolm, sólo estemecimiento, sinceridad, tensión interior de un sentimiento que posee tanta belleza como el ser amado. El sentimiento sublimado como embellecimiento, como otro ser que existe en nomtros y que merece nuestro culto para ascender en la escala de la belleza. Frases totalmente aplicables al poema anterior son éstas de Juan Oil-Albert: "La resignación es el acatamiento del fraceso; sólo eso. Nuestro amor sobrevive, y es por lo que podemos sentirnos desgraciados, no derrotados -la derrota estriba en perder facultades. Son, pues, desgracias vivificantes. Aceptbmoslo. Y bendigamos nuestro sino". No es fácil seguir el camino emprendido por Cavafis. Quien busca la belleza y el placer debe renunciar a muchas cosas: dogmas, lisonjas, envidias, rutinas, banalidades, hopocresía ... esa es la belleza que buscaba nuestro Último poeta del helenismo. A sus veinte años, delgado,mesurado, ávido, estudim,estremecido y
temerm ante la belleza física, de la meno de su primo Yorgas o -solitario por las calles, sentía la llamada de la que fue su más alta razón de vida, en aquella ciudad donde placer y cultura comenzaban a . formar su sabiduría de poeta. Aquel Cavafis que vagaba por las calles de Constantinopla quizá renazca en estos versos de un poeta que vaga por las cal les de Cartagena: Vivo constantemente seducido. Vago por las calles impresionado y ocioso. Me gusta pasear levemente por esta ciudad donde los placeres son humildes. El tiempo halaga los sentidos. Anoche disfruté una calma inefable. El aire estaba imperceptible, los árboles quietos, las sensaciones blancas como una página. Cuando la naturaleza calla la amistad se ahonde y el amor transparenta como el aire. La luna entre las nubes fulgía como un sueño que se acaricia entre gasas. Pusiste una flor amarilla en mi solapa, y luego, sudorosa bajo las sábanas, me besabas. Hoy me envuelve una inmensa quietud. Entre la exaltación y la nostalgia la felicidad es una rara armonía. No añoro nada. El tiempo es un sosiego meridional e intenso. Sólo me apetece pasear y adormecerme entre los versos de algún poeta. Cartagena 1 2, Octubre, 1 985