El gradualismo en «El origen del hombre» de Darwin. Una perspectiva crítica
Abstract
Según Darwin existe una perfecta continuidad entre los animales y el ser humano. Sus diferencias se deben únicamente a un mayor desarrollo de sus facultades simples. En estas páginas se ofrece un punto de vista diferente.
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Naturaleza y Libertad. Número 10, 2018. ISSN: 2254-9668 289 EL GRADUALISMO EN EL ORIGEN DEL HOMBRE DE DARWIN. Una perspectiva crítica. Francisco Rodríguez Valls Universidad de Sevilla Resumen: Según Darwin existe una perfecta continuidad entre los animales y el ser humano. Sus diferencias se deben únicamente a un mayor desarrollo de sus facultades simples. En estas páginas se ofrece un punto de vista diferente. Palabras clave: Darwin, gradualismo, animal, ser humano. Gradualism in Darwin´s The descent of man. A critical point of view. Abstract: According to Darwin, a perfect continuity exists between animals and human beings. Their differences are only due to a bigger development of their simple faculties. In this paper we consider a different point of view. Keywords: Darwin, gradualism, animal, human being. Recibido: 1/09/2017 Aprobado: 5/11/2017 Convertir a Darwin en interlocutor principal de mi intervención es una opción que puede ser fácilmente justificada. El carácter innovador del biólogo inglés y la profundidad de sus conclusiones teóricas hacen que cualquier debate sobre la evolución de la vida deba tener como referencia su pensamiento incluso ciento cincuenta años después de haberse formulado. La obra que mejor cuadra al tema horizonte que nos congrega es la que publicó en el año 1871 y a la que tituló El origen del hombre. Dentro de ese libro, ya que es
Francisco Rodríguez Valls Naturaleza y Libertad. Número 10, 2018. ISSN: 2254-9668 290 un escrito de notable extensión, la temática que nos interesa se encuentra desarrollada en los capítulos tercero y cuarto. En ellos se propone demostrar “que no hay diferencia esencial en las facultades del hombre y los mamíferos superiores” (Darwin, 1979: 65). Natura non facit saltus y, en consecuencia, hay una continuidad completa que lleva desde las formas más elementales de vida a las más complejas. A esta tesis es a la que se denomina con el nombre de gradualismo y es la que quiero evaluar brevemente considerando los cinco objetos de reflexión a los que Darwin apela para sostenerlo en la línea que va desde los mamíferos superiores al ser humano. Por supuesto, Darwin no es un gradualista “ingenuo” ya que entiende que tanto el origen de la vida como el origen del psiquismo aparecen como dos “singularidades” que no pueden explicarse en su época y que plantea como reto a un futuro que tendrá que resolverlas. El problema es que el futuro en el que nos movemos —ciento cincuenta años después— tampoco ha despejado las incógnitas y tenemos que proyectarlas hacia otro aún más lejano sin tener tampoco la certeza de que las pueda resolver. Por ello su idea queda, de momento, en hipótesis. Pasemos revista a los cinco objetos sobre los que Darwin realiza su reflexión: las facultades intelectuales de los animales y el ser humano, el lenguaje animal y el humano, el sentimiento de belleza que perciben los animales y el que tiene el hombre, la creencia en Dios y el origen de la religión y la semejanza entre la conciencia moral animal y la humana. He tratado también de la misma temática en mi libro Orígenes del hombre. La singularidad del ser humano, publicado a finales de Abril de 2017 por la editorial Biblioteca Nueva, concretamente en las páginas que van de la 94 a la 108. Las precisiones que
El gradualismo en El origen del hombre de Darwin Naturaleza y Libertad. Número 10, 2018. ISSN: 2254-9668 291 se realizan aquí son complementarias de aquellas y justifican una nueva publicación. 1. Las facultades intelectuales de los animales y el ser humano Como mamíferos que somos, los seres humanos compartimos con muchos animales un sinfín de capacidades: desde la estructura sensorial global a la posesión de memoria, imaginación, etc. La tesis que Darwin sostiene es que se puede afirmar que “las formas superiores de la abstracción, de la conciencia propia, etc., no son otra cosa que resultados del desarrollo y combinación de las facultades simples” (Darwin, 1979: 83). Creo que como hipótesis está suficientemente bien formulada, pero igualmente creo que esa cuestión es precisamente lo que hay que demostrar y que hasta la fecha no ha dejado sino de funcionar como supuesto indemostrado. Mi postura es que la idea de inteligencia que de ahí se derivaría por aplicación de los mecanismos evolutivos, si admitiésemos el supuesto, sería a lo sumo una que la concibiese como capacidad de resolución de problemas: dado un estímulo del medio ante el que no se tiene una respuesta instintiva se busca la forma de reaccionar ante él para adaptarse a los requerimientos naturales. Lo más que puede explicar es un cierto ámbito de aprendizaje que se ejerce con la finalidad de sobrevivir. Y creo que eso no hace justicia a la comprensión humana. No se trata solamente de hacerse con un entorno del mundo en el que se vive sino de crear más mundo. Lo propio de la inteligencia humana no se da en los ámbitos del instinto ni del aprendizaje sino en el de la creación. Y para ello el
Francisco Rodríguez Valls Naturaleza y Libertad. Número 10, 2018. ISSN: 2254-9668 292 comienzo es la capacidad no de resolver problemas sino el de problematizar las soluciones. La esencia de la inteligencia humana no es resolverse en adaptación al medio a fuerza de solucionar las dificultades que le surjan para ello sino en crear cada vez más dejando atrás el medio natural: las culturas son, precisamente, “mediaciones” respecto de la naturaleza. Y son mediaciones múltiples: el ser humano es capaz de muchos mundos de los que él mismo es artífice. No parece que ese ámbito de creación a corto plazo y en tantos aspectos sea patrimonio de otra especie particular salvo de la humana. 2. Las diferencias en el lenguaje animal y humano Tanto los mamíferos superiores como los seres humanos tenemos formas complejas de comunicar. Ciertamente, como Darwin reconoce, el lenguaje articulado es propio del hombre. Pero, a su juicio, no es tan expresivo — supongo que con ello quiere decir que no puede comunicar tantas cosas— como el lenguaje animal. Para él la expresión de las emociones es mucho más intensa que cualquier lenguaje conceptual. Nuestros gritos de dolor, temor, sorpresa, ira, junto con las acciones a ellos apropiadas, y el arrullo de la madre que mece a su hijo querido, son más expresivos que todas las palabras (Darwin, 1979: 84). Y razón no le falta si con ello quiere dar a entender que para la supervivencia es mucho más importante una correcta expresión de las emociones que cualquier discurso teórico ya que este surge, como Aristóteles afirmaba
El gradualismo en El origen del hombre de Darwin Naturaleza y Libertad. Número 10, 2018. ISSN: 2254-9668 293 en la Metafísica, en el ocio de la vida resuelta. La cuestión es que también el hombre es capaz de expresar las emociones, puesto que es tan animal como los demás y comparte las estructuras emocionales de los mamíferos, pero los demás animales no lo son de dar el paso al discurso teórico y eso da razón de una singularidad específica humana. Estamos hablando de dos niveles de comunicación: una emotiva que compartimos y otra a través del concepto que es propia del ser humano. Así como puede decirse que la comunicación emotiva humana puede ser resultado de la evolución de la comunicación emotiva animal, es dudoso que la comunicación conceptual pueda derivarse de cualquier simbolismo animal siquiera incipiente. La convivencia de dos canales comunicativos en lo humano da razón de su singularidad sin que pueda afirmarse con certeza, como pretende Darwin, que uno es evolución del otro. 3. El sentimiento de belleza Darwin entiende por belleza el sentimiento de agrado que surge ante lo sensible: colores, formas, sonidos. El problema que me planteo es si entre los mamíferos y otros géneros de especies animales puede existir un sentimiento de belleza independientemente de su utilidad natural. Evidentemente los colores, las formas y olor de las flores tienen una finalidad reproductiva inmediata así como la tiene la cola del pavo real o el canto del ruiseñor. ¿Qué finalidad reproductiva o natural puede tener no solo la contemplación estética sino también la creación de arte? ¿Cuál es la esencia “natural” del artificio
Francisco Rodríguez Valls Naturaleza y Libertad. Número 10, 2018. ISSN: 2254-9668 294 artístico? El propio Darwin advierte que es necesaria cierta educación para apreciarlo y que ciertos elementos están sometidos a aprendizaje cultural. ¿Es capaz esa función que genera lo bello natural de crear un sentido simbólico al estilo de la interpretación foucaultiana de las Meninas de Velázquez o de descubrir la belleza de un sistema de ecuaciones? Es precisamente por ello que en el ser humano convive tanto el sentimiento de belleza animal como otro que difícilmente puede comprenderse, por su inutilidad natural, como evolución suya. 4. La creencia en Dios y la religion ¿Tiene el mismo significado el descubrimiento de lo sagrado que el sentimiento de amor de un perro a su amo o el sentimiento de dependencia de las hembras de la manada de gorilas del macho alfa? Darwin admite que no existe una total correspondencia, pero ve en ello una relación de analogía evidente de tal forma que no le resulta imposible que de las segundas resulte la primera. Sin embargo, albergo dudas más que razonables de que el origen de la religión sea el sentimiento de dependencia más que el de grandeza que se produce ante lo que los fenomenólogos de la religión han llamado el “misterio tremendo y fascinante”. En el descubrimiento de lo sagrado que está en el inicio de toda religiosidad no se trata del descubrimiento de la propia bajeza frente al amo ni incluso el de la grandeza del otro que tiene más poder sino el de la grandeza de otra realidad que es capaz de engrandecer la propia condición: de hacernos partícipes de ella. Así como hay formas animales y
El gradualismo en El origen del hombre de Darwin Naturaleza y Libertad. Número 10, 2018. ISSN: 2254-9668 295 humanas de sometimiento, la religión en sí misma no lo implica. Es más, aparece como una forma a través de la cual se consigue la redención de la propia contingencia y, en algunas religiones, incluso la salvación post-mortem. La religiosidad humana entraña, más que una “domesticación”, un “endiosamiento”. 5. La conciencia moral Esta característica es aceptada por Darwin como la principal diferencia entre lo humano y lo animal (cfr. Darwin, 1979: 94). Ahora bien, no por ello supone a su juicio una discontinuidad: Darwin postula continuidad entre la posesión de instintos sociales y el surgimiento de la conciencia moral. La ética humana estaría en continuidad con una proto-ética animal que tendría su centro en el altruismo mutuo. Esa es la base, según Darwin, de todo tipo de ética ya sea animal o humana. Y no negaré que el altruismo forma parte de la ética en los animales sociales. Lo que sí entraré a discutir es la idea de ética que Darwin sostiene al afirmar esto porque, a mi parecer, desilusiona bastante por su carácter, podríamos decir, chato y romo: Obvio es que, poseyendo una conciencia ancha, todo hombre pueda satisfacer sus deseos con tal que estos en nada perjudiquen a los instintos sociales, esto es, al bien del prójimo; mas para estar del todo libre de remordimientos, o al menos de ansiedad, es absolutamente necesario no merecer la desaprobación, razonable o no, que venga de los otros. Ni deberá tampoco oponerse a los hábitos fijos de la vida, sobre todo cuando estos estén apoyados en la razón, porque, de lo contrario,
Francisco Rodríguez Valls Naturaleza y Libertad. Número 10, 2018. ISSN: 2254-9668 296 experimentará seguramente pesares e inquietudes. Por último, tiene que huir también de la reprobación del dios o dioses en que, según sus conocimientos o supersticiones, crea; mas en estos casos interviene frecuentemente el temor de un castigo divino (Darwin, 1979: 112-113). No perjudicar, evitar emociones destructivas, actuar por temor a un castigo. Eso describe bien una ética animal fundada en el sometimiento y la fuerza, en el altruismo como medio para garantizar la reciprocidad e incluso con algunos tintes de generosidad en el cuidado de la progenie. Pero dista mucho de una ética de la excelencia y de la virtud, de una ética de la existencia auténtica basada en el don de sí y en el cuidado dadivoso de la totalidad del planeta. Estas últimas son características posibles para la vida humana y no lo son, sin embargo, para los mamíferos superiores. Conclusión Estoy de acuerdo con Darwin en que hay que reconocer una cognición animal, una comunicación emotiva animal, un sentimiento de belleza con finalidad reproductiva, una cierta veneración derivada del sometimiento y un altruismo interesado como ética animal natural. También estoy de acuerdo en que todos esos ámbitos aparecen en el ser humano. Pero junto a ellos aparecen en la especie humana —y eso también hay que reconocerlo— otras formas de conocimiento, de comunicación simbólica, de creación artística, de religiosidad y de ética de la excelencia que son muy diferentes y que requieren de la posesión de facultades que difícilmente surgen por mera
El gradualismo en El origen del hombre de Darwin Naturaleza y Libertad. Número 10, 2018. ISSN: 2254-9668 297 combinación de otras inferiores o, al menos, hasta ahora no se ha explicado ese surgimiento más que planteándolo como posibilidad a demostrar. Ellas nos sitúan en un ámbito específico de novedad en el que es difícil concebir que surjan por la eficacia biológica que exige la selección natural. La postura de Darwin consiste en postular que entre unas y otras hay una exquisita continuidad. Yo no lo veo tan claro y, sin renegar de mecanismos evolutivos que no podemos considerar ahora, lo que veo es una discontinuidad evidente. No veo nada claro el dicho de que la naturaleza no dé saltos cuando se aplica entre los mamíferos superiores y el ser humano. Más bien sostengo la posibilidad de que entre los mamíferos superiores y el ser humano (y otras especies que pudiera haber como la humana, poseedoras de conciencia y libertad) haya un salto claro: un Rubicón invadeable. Hay que plantear la naturaleza de esa discontinuidad y si obedece a mecanismos evolutivos diferentes de los darwinistas o bien a otros mecanismos distintos. Pero eso ya cae fuera del propósito que me he marcado en este escrito y que ha sido dictado por el tiempo asignado. Referencias bibliográficas Ch. Darwin, El origen del hombre, Madrid, Edaf, 1979. F. Rodríguez Valls, Orígenes del hombre. La singularidad del ser humano, Madrid, Biblioteca Nueva, 2017. Francisco Rodríguez Valls [email protected]