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HEIDEGGER. Martin (2009). Tiempo y Ser. Madrid. Tecnos [Reseña]

Guillén, Antonio

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Differenz Revista internacional de estudios heideggerianos y sus derivas contemporáneas 219 AÑO 4, NÚMERO 3: JULIO DE 2017. ISSN 2386-4877 [pp. 219-223] Recibido: 28/04/2017 Aceptado: 08/06/2017 HEIDEGGER. Martin (2009). Tiempo y Ser. Madrid. Tecnos. 112 pp. Trad. Manuel Garrido. José Luís Molinuevo y Félix Duque Antonio Guillén Universidad de Sevilla Mucho se ha hablado del supuesto giro del pensamiento de Martin Heidegger, que se iría gestando en escritos posteriores a Ser y Tiempo, para consumarse definitivamente alrededor de los años cuarenta. Sin embargo, el pensador alemán siempre consideró que en su pensamiento había una continuidad, en lugar de una ruptura radical, aunque se diese el paso de una filosofía concentrada en la hermenéutica de la facticidad y la analítica ontoexistencial del Dasein al estudio fenomenológico-hermenéutico de los textos de grandes autores de la historia de la filosofía en vistas a pensar la historia del ser [Seinsgeschichte] como historia de las diversas manifestaciones del ser recogidas en un lógos por el Dasein humano a partir del despliegue en que el ser viene a la presencia y es desocultado por el pensar. La conferencia que da título a este libro es, por una parte, una demostración de la continuidad que hay pese a la famosa kehre en el pensamiento de Martin Heidegger, y de cómo este sigue pivotando en torno a dos asuntos sumamente vitales en su filosofía: El Ser y el Tiempo. Pese a esto, cabría decir que la torna se hace visible no ya en el cambio del orden de ambos conceptos en el título, sino, ante todo, en el cambio de la perspectiva en que ambos son tratados. En este texto, retomará las preocupaciones de la que es frecuentemente considerada 220 ANTONIO GUILLÉN RESEÑA: HEIDEGGER. MARTIN. (2009). TIEMPO Y SER. MADRID. TECNOS. 119PP. TRAD. M. GARRIDO, ... su obra magna, Ser y Tiempo (1927), pero desde un enfoque nuevo, que ya no se centra en la estructura existencial del Dasein como punto de acceso a la comprensión del ser1, y además con muchos años más de recorrido vital e intelectual. Pero el asunto al que es dirigido el pensar es el mismo: El ser, cómo este recibe su determinación desde el tiempo, y la historia de la metafísica como historia del olvido del primero, en su sentido originario de venida a la presencia, a costa de cierta noción del segundo, lo que acabaría asentando una metafísica de la presencia, en la que todavía estaríamos sumergidos y que ha permitido el predominio de una perspectiva que dirige su atención a lo ente frente al propio emerger que da presencia. Entre Ser y Tiempo y Tiempo y Ser no sólo ha ocurrido el penosamente famoso y desafortunado compromiso de Heidegger con el régimen nacionalsocialista, en el que muchos tienden a obcecarse, sino que también se ha producido una evolución en su pensamiento, surgida de la lectura exhaustiva de muchos de los grandes autores de la tradición filosófica, de los que llevará a cabo una interpretación personal que resultará sumamente fructífera para su pensamiento. Heidegger los estudia de forma profunda y radical, tratando de vislumbrar su papel como pensadores del ser que, estando a la escucha de éste, lo recogen y ponen a buen recaudo, formando parte activa del desarrollo de la Seinsgeschichte, en la que paulatinamente se va gestando el olvido del ser y la consiguiente consumación de la metafísica óntica de la presencia. Pero, sobre todo, a donde Heidegger se dirige como fuente de un pensamiento acerca del ser no necesitado de metafísica y previo a ésta, es al pensamiento presocrático, principalmente, al de Heráclito, Parménides y Anaximandro, ya que nos da la oportunidad de abrirnos a la posibilidad de llevar a cabo un pensamiento no fundamentado en lo ente y, por tanto, no metafísico. Esta lectura de los presocráticos, al ser conjuntada con las relativas a de Platón y Aristóteles, donde piensa que se van asentando los cimientos para la configuración de la metafísica de la presencia y la preeminencia de lo venido ante el propio venir, y las dedicadas a autores de la modernidad, donde el alemán considera que esta metafísica se halla ya consumada hasta el punto de que inexorablemente conduce al advenimiento del olvido del ser, le llevan a considerar la historia de la filosofía como historia de las manifestaciones del ser, que son recogidas en la palabra del pensador y el poeta. Es en esta historia donde el olvido del ser se va haciendo más patente y donde la necesidad de recuperar la diferencia ontológica se hace cada vez más urgente, pero también más difícil, debido a la lejanía de este pensar presocrático, que aún no partía de la perspectiva de lo 1 Esto sería debido, en gran medida, a su afán por alejarse de las interpretaciones antropocéntricas que se habían hecho de su pensamiento, véase su Carta sobre el humanismo, en Hitos, Alianza Editorial, Madrid, 2015, pp.259-299. 221 DIFFERENZ. AÑO 4, NÚMERO 3: JULIO DE 2017. ISSN 2386-4877, pp. 219-223 ente para caracterizar al ser. Será precisamente para recobrar esta diferencia ontológica por lo que Heidegger acudirá a los diversos discursos acerca del ser, para tratar de vislumbrar a qué nos referimos cuando hablamos de este, y qué ha sido olvidado en el transcurso de esta historia. De este modo, el de Messkirch continúa con su propósito de pensar el ser, pero se tratará ahora de pensarlo sin referencia alguna a lo ente, ni siquiera a través del Dasein como ente que tiene la condición privilegiada de preguntarse por el ser, sino sólo a través de aquello que puede de alguna forma determinarlo, que, para Heidegger resulta ser el tiempo. Por esto mismo Heidegger tratará de estudiar la relación interna [Verhältnis] entre tiempo y ser, para lo cual no podrá servirse de las representaciones cotidianas que la actitud natural se hace de éstos. A lo largo de esta historia ha habido una tendencia predominante, instituida desde la instauración de una lógica de la validez, que empezaría a desarrollarse en Platón para culminar en la modernidad, dedicada a juzgar y normativizar al imperar emergente que da presencia en virtud de lo que trae a la presencia, sometiendo con ello el acontecer mismo a criterios epistemológicos y morales, y devaluando la noción originaria de verdad como alétheia, lo que daría paso a una verdad en términos de adaequatio que exige la correspondencia entre aquello que ocurre y la estructura racional del sujeto epistémico. Esta tendencia, connatural a toda la tradición metafísica, es la de caracterizar al ser como presencia. Esta caracterización del ser como presencia sería en último término lo que posibilita la confusión de lo presente con el mismo venir a la presencia, y, por tanto, el olvido del ser. Al caracterizar el ser como presencia, desde esta habla el presente, lo que nos conduce a que el ser sea determinado como presencia en el tiempo, por lo que pareciera que su determinación se produce desde el tiempo. Pero también el tiempo es determinado desde el ser, ya que pasado, presente y futuro se determinan a partir de la presencia de un ente y su permanencia o no en el tiempo. Pese a esto, hemos de ser conscientes de que tal y como el ser no es ninguna cosa concreta, es decir, nada ente, tampoco lo es el tiempo, que permanece constante en su pasar, así como tampoco el ser es nada temporal al modo de lo ente, sino que es subyacente al propio flujo de los entes que trae a la presencia. El ser y el tiempo se determinan recíprocamente, sin ser subsumido el uno por el otro, sin ser confundido ninguno de ellos con algo ente o algo temporal. Los dos, por su propia disposición, se sitúan en una relación indisoluble que resulta constitutiva para ambos. Tras hacer este recorrido, Heidegger concluye que “No decimos: el ser es, el tiempo es, sino: se da el ser y se da el tiempo” (p.31), habiéndose de esclarecer ahora cómo puede ser determinado este dar que da ser y este dar que da tiempo, que los ofrenda a ambos, inscritos en una recíproca pertenencia. Para esto hemos de pensar el dar que da 222 ANTONIO GUILLÉN RESEÑA: HEIDEGGER. MARTIN. (2009). TIEMPO Y SER. MADRID. TECNOS. 119PP. TRAD. M. GARRIDO, ... ser, con lo que nos encontraremos con que se trata de un dejar estar presente, un traer a lo abierto. Así, pudiera decirse que “El Ser Se da[Es gibt] como el desocultar del estar presente” (p.32). Hemos de tener en cuenta que el presente de la presencia desde la que se caracteriza el ser no es idéntico al presente del ahora. A Heidegger no le interesa el tiempo como sucesión de instantes, calculable y mesurable, sino el tiempo que él llama auténtico, y que ha de ser determinado desde el mismo estar presente. El estar de este estar presente quiere decir permanecer en el tiempo, aguardar en este, y por esto mismo puede establecer Heidegger que “Presencia quiere decir: el constante seguir aguardando que atañe al hombre, que lo alcanza y que le es ofrendado” (p. 40). Pero lo presente no sólo atañe al hombre en el sentido del presente referido al ahora. También lo pasado y lo todavía por venir nos resultan de alguna manera presentes, siendo la ausencia también una forma de presencia, lo que permite concluir que no toda presencia es propia del tiempo presente. Por consiguiente, la presencia no se limita al tiempo presente, sino que remite a la extensión de pasado, presente y futuro, a los que pertenece en común su unidad, el ofrendarse mutuo entre uno y otro de aquello que viene a la presencia en cada uno de ellos. Los tres tienen un carácter temporal, pero el tiempo mismo no es nada temporal, así como nada ente. La unidad de estas tres dimensiones del tiempo descansa en el juego de cada una con las otras, en el ofrendarse recíproco antes mentado, que constituye para Heidegger por sí sólo una cuarta dimensión, que sería la primera según la índole de la cosa pensada, en este caso, el tiempo. Esta cuarta dimensión, entendida como juego en el que se produce un trasvase del estar presente entre pasado, presente y futuro, aporta a cada una de estas tres dimensiones el estar presente que le es propio, manteniéndolas separadas, pero también en cercanía. El dar que da tiempo se da desde la cercanía de las tres dimensiones y es denominado por Heidegger como “la regalía esclarecedoraocultadora” (p.44), como región donde se produce la posibilidad del esclarecimiento de un múltiple estar presente. Al seguir este recorrido, nos percatamos que tanto el ser como el tiempo aparecen como don de un se da, que a partir de este dar debe ser determinado. Este dar aparece desde el punto de vista del ser como destinar del estar presente en sus transformaciones epocales y desde el punto de vista del tiempo como regalía esclarecedora, perteneciéndose ambos mutuamente, al reposar el uno en el otro. En ambos se muestra un apropiarse, tanto del ser como presencia, como del tiempo como ámbito de la apertura. Lo que los determinará a ambos en lo que tienen de propio, que es su recíproca pertenencia, es lo que Heidegger llama el acaecimiento apropiador [Ereignis]. Este los mantiene a ambos 223 DIFFERENZ. AÑO 4, NÚMERO 3: JULIO DE 2017. ISSN 2386-4877, pp. 219-223 en esta copertenencia que les es propia, preservándolos y manteniéndolos en ésta, que es su condición natural. El Se o Ello que da ser y da tiempo es el Ereignis, que en ningún caso es algo presente al modo de lo ente. La regalía esclarecedora reposa en él a una con el destinar. Desde el Ereignis reciben su determinación el dar y su don. Pero este Ereignis no es un concepto superior que abarque a ser y tiempo, ni siquiera pretende ser un planteamiento radicalmente novedoso, sino algo que estaba ahí desde los albores del pensamiento occidental, “lo primordialmente antiguo, que se oculta en el nombre de alétheia” (p. 53). Así, el ser y el tiempo resultan ser determinados desde el desvelamiento, que se hace posible en el juego de esclarecimiento y ocultamiento de la venida a la presencia en el tiempo. Al pensar el ser desde la alétheia, resulta posible considerar una caracterización del ser no fundamentada en el ente mismo, lo que era precisamente el propósito del pensador, que se desliga de esta forma del camino trazado por la metafísica de la presencia, y orienta nuestra mirada hacia el venir mismo de la presencia, hacia su emerger en el campo de fenomenalidad. Además de la mencionada conferencia, encontramos en esta edición el protocolo de un seminario acerca de ésta, que permite ahondar en el camino por ella marcado y ver de forma más nítida su relación con Ser y Tiempo y otros escritos del autor. También es incluido el breve ensayo El final de la filosofía y la tarea del pensar, donde se plantea en qué sentido se puede hablar de un acabamiento de la filosofía, en tanto esta es suplantada por ciencias de carácter técnico e instrumental dedicadas a diversos ámbitos de lo ente, y qué es aquello que concierne a un pensar que se pretende ajeno a la metafísica y a la ciencia tecnificada, así como la breve nota autobiográfica Mi camino en la fenomenología.