scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Burgos: la prensa republicana y anticlerical en la ciudad de los militares y religiosos

Chomón Serna, José María

Abstract

Burgos, conocida como ciudad de rancho y agua bendita, por la influencia de los militares y religiosos, acogió en el último cuarto del siglo XIX una prensa republicana, obrera y anticlerical muy activa. Fue posible por un grupo de periodistas, cuyos nombres se repiten en la fundación de periódicos defensores de las ideas republicanas. Sufrieron censura, sanciones y prisión. El caso más grave afectó a Nicolás Pasca, condenado a ocho años de cárcel. No se conservan ejemplares de estas cabeceras, que han podido ser inventariadas gracias a las escasas referencias halladas en algunos archivos y en los periódicos de la época.

Full text

Burgos: la prensa republicana y anticlerical en la ciudad de los militares y religiosos institucionales.us.es/ambitos/ José María Chomón Serna Universidad de Burgos [email protected] English Version: Burgos: the republican and anticlerical press in the city of the military and religious Burgos, conocida como ciudad de rancho y agua bendita, por la influencia de los militares y religiosos, acogió en el último cuarto del siglo XIX una prensa republicana, obrera y anticlerical muy activa. Fue posible por un grupo de periodistas, cuyos nombres se repiten en la fundación de periódicos defensores de las ideas republicanas. Sufrieron censura, sanciones y prisión. El caso más grave afectó a Nicolás Pasca, condenado a ocho años de cárcel. No se conservan ejemplares de estas cabeceras, que han podido ser inventariadas gracias a las escasas referencias halladas en algunos archivos y en los periódicos de la época. Palabras clave: Burgos, prensa, republicana, anticlerical, oligarquía. Abstract: In the 19th century in Burgos, which is known as a military and religious city, existed a very active republican and anticlerical press. The existence of this press was possible because of a group of journalists. The names of this group members are often repeated in the foundation newspapers, which defend the republican and anticlerical ideas. These journalists were censored and they also suffered economic sanctions and prison sentences. The most serious case of that was the one of Nicolas Pasca, who received an 8 years prison sentence. Even so, we do not have evidences of this cases and these could have been invented because of the scarcity of sources and information from the documents and newspapers from that century. Keywords: Burgos, press, republican, anticlerical, oligarchy. 1. INTRODUCCIÓN La prensa se vio sometida en el siglo XIX a un variopinto panorama legislativo, propiciado por la aprobación de hasta siete textos constitucionales, -incluidos el Estatuto Real de 1834 y la Constitución de 1856, que no llegó a entrar en vigor-, y el desarrollo de una gran variedad de textos legislativos. La inestabilidad política propició la existencia múltiples leyes y normativas en las que se reconoció la libertad de prensa y de otras en las que se sometió a la prensa periódica a un férreo control. 1/22 A esta inestabilidad y presión jurídica, se sumaron las dificultades de los periódicos para sobrevivir. Se trató de una prensa de vida efímera, producto de la debilidad económica de las empresas periodísticas y del amplio porcentaje de analfabetismo entre la población, lo que hacía que los potenciales lectores fuesen una minoría. Los periódicos sobrevivían gracias a los ingresos provenientes de la publicidad y de las suscripciones. Con tirajes reducidos e ingresos publicitarios escasos, su supervivencia fue difícil y, consecuencia de ello, se convirtió en habitual el cierre de cabeceras. En la España de la Restauración se produjo una proliferación de periódicos. A ello ayudó una legislación más aperturista, los avances en la alfabetización de la población y el uso de la prensa para la promoción social y política. Los periódicos se convirtieron en “fuente de dinero e influencia política” para sus editores y propietarios y sus recursos los obtenían por las ventas, la publicidad y los “fondos reservados o de reptiles”. En este sentido Sánchez Illán (1999:54) señala que algunos ministros, especialmente el de Gobernación, “repartían discrecionalmente” dinero del que disponían para “gastos secretos”. Este reparto del fondo de reptiles fue perdiendo protagonismo a lo largo de la Restauración y se hizo más habitual “conceder a todos los periódicos, tanto adictos como hostiles, un trato de favor en el encasillado electoral”. Lo cierto es que la prensa fue utilizada como trampolín para acceder a cargos políticos. Desde el punto de vista político lo más destacado en el último tercio del siglo XIX en España fue la hegemonía de dos partidos que se alternaron en el poder de manera sistemática. El Partido Conservador, de Cánovas, que llegó a integrar por su derecha a grupos católicos y tradicionalistas; y el Partido Liberal, de Sagasta. En este contexto se inició una etapa para la prensa en la que se alternaron períodos de férreo control y otros de mayor aperturismo. La Restauración se inició con fuertes restricciones en materia de prensa. Las cabeceras republicanas fueron suprimidas, se prohibió atacar el sistema monárquico, se aprobaron sanciones que podían llegar al cierre de los periódicos, se crearon tribunales especiales para los delitos de imprenta, se exigió licencia previa y se endurecieron las condiciones económicas para la publicación de periódicos… y, aunque la Constitución de 1876 estableció la libertad de prensa, la legislación concreta limitó este derecho. Los gobernadores tuvieron amplias potestades para vigilar y sancionar a los periódicos y hacer cumplir las órdenes emanadas desde el Ministerio de Gobernación. El contacto entre los gobernadores en los diferentes territorios provinciales y el Ministerio se hacía mediante telegramas, con la finalidad de que las órdenes se cumplieran de forma inmediata y se impidiera la más mínima posibilidad de que circulase prensa censurada: Sírvase ordenar el secuestro de los ejemplares del número 22 del periódico La Igualdad, denunciado por los sueltos bajo el epígrafe Crónica vigiliana que inserta en la plana segunda, remitiendo los ejemplares al fiscal de imprenta de esta Corte. [1] Este es solo un ejemplo de telegramas remitidos desde el Ministerio de la Gobernación al Gobierno Civil de Burgos, ordenando el secuestro y recogida de ejemplares antes de su distribución. Fueron decenas los telegramas idénticos con los que se ordenaba el 2/22 secuestro de cabeceras como La Correspondencia Ilustrada, El Eco de Madrid, La Mañana, El Siglo, El Constitucional Español, La Nueva Prensa, El Liberal, La Mar, El Mundo Político… Estos mandatos provocaban la inmediata intervención de los funcionarios, dando cumplimiento a las órdenes de secuestro emanadas del poder central: “Han sido recogidos, en virtud del telegrama de V. E. los números del periódico La Viña, los cuales se remiten hoy al fiscal de imprenta de esa Corte”. [3] Los Dos Mundos, El Mundo Político, El Siglo, Los Debates, Gaceta Universal… fueron, entre otros muchos, periódicos secuestrados a su llegada a Burgos, según consta en los legajos del Archivo General de la Administración (AGA). Es evidente que estas mismas órdenes se enviaban a todo el territorio nacional. La presión gubernamental y legislativa sobre los periódicos políticos no impidió la proliferación de cabeceras de distinto signo político. A mediados de los ochenta existió una prensa republicana, obrera y anticlerical tanto en Madrid como en las capitales de provincia (Marimon, 2013:249). La implantación del liberalismo en España facilitó la creación de esta prensa, que se convirtió en uno de los arietes que golpeó a la Iglesia (Hernández, 2016:62). Según Aubert (196:177), las ideas anticlericales estaban en todos los partidos republicanos y obreristas revolucionarios. La repulsa desde los sectores eclesiásticos a esta prensa y partidos fue enérgica y ello derivó en un diálogo imposible con mutuas descalificaciones (Molina, 1998:289). La libertad de prensa no comenzó a ser una realidad hasta 1881, cuando el Partido Liberal ocupó por primera vez el poder. En 1883 se aprobó la Ley de Policía e Imprenta, que consolidó la libertad de prensa y sometió los delitos de prensa a la legislación ordinaria. La responsabilidad de lo publicado se concretaba en el director y propietario de la publicación. Esta fue una de las razones por las que en la prensa republicana se recurrió a situar como directores a hombres de paja. Solían ser personas con pretensiones de protagonismo “y lo hacían a cambio de un mísero sueldo” (Seoane, y Saiz, 2007: 135). Aunque la Ley de 1883 fue beneficiosa para la prensa, fue frecuente el recurso al artículo 17 de la Constitución de 1876 que permitía la suspensión de las garantías constitucionales cuando así lo exigía la seguridad del Estado. En este marco de restricciones y de represión gubernamental y legal (1874-1881) y de mayor libertad (1881-1898) se tuvo que desenvolver la prensa política republicana y anticlerical, que en Burgos fue objeto de sanciones económicas, censura y condenas de cárcel para sus redactores y directores/propietarios. Los republicanos y socialistas tuvieron una escasa presencia en Burgos y las élites familiares tradicionales dominaron la escena política en la provincia. Ello no impidió la aparición de una prensa local progresista, republicana y anticlerical muy activa, a la vez que minoritaria y efímera. En este contexto cabe destacar, por ejemplo, que en Burgos y Soria se obtuvieran algunos de los mejores resultados de ventas de El Porvenir, el periódico del partido de Ruiz de Zorrilla -fallecido y enterrado en la capital burgalesa-. Y ello tenía una explicación: “Soria era la provincia de origen de Ruiz Zorrilla y en Burgos se concentraban la mayor parte de las propiedades de la familia de su mujer. Eran, por tanto, [2] 3/22 dos provincias donde el líder radical mantenía una fuerte influencia” (Higueras, 2014: 50). Precisamente a esta prensa del Partido Progresista Democrático pertenecieron las sucesivas cabeceras locales que tuvieron su origen en el periódico de El Orden Público. De esta forma Burgos, conocida como la ciudad de rancho y agua bendita, por la importante presencia e influencia de los militares y religiosos, acogió una activa y desconocida prensa republicana de izquierdas y anticlerical. De sus cabeceras no se conservan ejemplares y existe una escasa documentación o referencias en organismos oficiales y archivos. Las referencias en los archivos (muy escasas), y de Hergueta (1929); y la búsqueda de informaciones insertadas en la prensa de la época que aún se conserva, han hecho posible obtener un inventario de la misma y de los periodistas que se embarcaron en estos proyectos, así como de su adscripción y orientación política. En su fundación y dirección estuvieron implicados un grupo de periodistas cuyos nombres aparecen de forma sistemática en las diferentes cabeceras que iban apareciendo y desapareciendo. El nacimiento de esta prensa estuvo vinculado al surgimiento en España de fuerzas sociales y políticas con ideales anticlericales, entre las que se encuadraban todos los partidos republicanos y obreristas. Estos movimientos tuvieron en la prensa periódica un medio para defender y extender sus ideas. Según datos de la Nunciatura en 1898, de un total de 1.078 periódicos existentes en ese momento en España, 204 eran católicos, de ellos 96 políticos; 688 liberales no hostiles a la religión y 186 hostiles a la religión (Revuelta, 2002:177). En los periódicos hostiles solían aparecer contenidos de dura crítica a las instituciones eclesiásticas, que la Iglesia católica consideraba ofensivos (Cárcel, 1988:958). Tal y como apunta Louzao (2012:77), el anticlericalismo no pudo constituirse como un movimiento social independiente de las organizaciones políticas, especialmente de las republicanas, que lo iniciaron y vehicularon. Quiere decir ello que las cabeceras defensoras de las ideas obreras, republicanas y anticlericales estuvieron vinculadas a movimientos obreros y políticos. 2. METODOLOGÍA El hallazgo y relación de cabeceras republicanas y anticlericales editadas en Burgos es producto de una investigación sistemática de la prensa y periodistas del siglo XIX. Para ello se ha realizado un inventario cuantitativo de todas las cabeceras y su localización en archivos y bibliotecas provinciales y nacionales y en los periódicos que se conservan de la época que insertaron informaciones y contenidos sobre las mismas y sus periodistas. Asimismo, se ha realizado una completa relación de periodistas y editores que participaron en estas publicaciones periódicas. Junto a la investigación cuantitativa se ha procedido a una recopilación documental de carácter histórico-cronológico de las noticias, entrevistas y comentarios editoriales que tienen relación con el propio desarrollo del periodismo y su posición frente a otros medios de comunicación y a las autoridades y poderes de cada momento. Producto de esta investigación se ha podido realizar un inventario de las cabeceras adscritas al ideario republicano, obrero y anticlerical de la época. Junto a las investigaciones académicas señaladas, se han utilizado, lógicamente, fuentes 4/22 bibliográficas y hemerográficas –archivos, periódicos del S. XIX, revistas y libros científicospara obtener datos de la prensa de la época y su proyección social y académica. Una vez resuelto el estado de la cuestión, se han extraído referencias de periódicos que se conservan, y que han servido para conocer a los precursores de la prensa republicana y anticlerical, así como las sanciones, censura y condenas a las que tuvieron que enfrentarse. Se ha procedido igualmente a reconstruir la actividad profesional de los periodistas republicanos y anticlericales más destacados y para ello se ha acudido a fuentes archivísticas, bibliográficas y hemerográficas. 3. CONTEXTO SOCIAL La industria de la prensa en el último cuarto del siglo XIX no era ajena a la situación socioeconómica de España, con una población mayoritaria analfabeta, carencia de capitales inversores, amplios sectores dependientes de una agricultura poco productiva, retrasos en la construcción de nuevas infraestructuras de transporte y comunicación y existencia de una industria escasamente desarrollada. Al incremento de la población se sumó un movimiento rural excedente hacia las ciudades. Como apunta Carr (2008:414), la fuerza social más potente aparecida en la Restauración y en las décadas posteriores fue la de los financieros y empresarios industriales, que llegaron a dominar la vida social y económica de las ciudades. La alfabetización de la población, elemento esencial para afianzar la venta y lectura de periódicos, fue lenta pero progresiva. Los esfuerzos contra el analfabetismo supusieron un incremento potencial de consumidores de prensa. En 1860 un 20 por ciento de la población sabía leer y escribir; un 25 por ciento en 1877 y 29 por ciento en 1887 (Gabriel de, 1997:202). Los lectores se concentraban en Madrid y en las capitales de provincia. Las grandes capitales, y especialmente Madrid y Barcelona, se configuraron como los centros de mayor producción de prensa. El alto índice de analfabetismo y el elevado precio de la prensa fueron la causa de los bajos tirajes y de que los lectores pertenecieran a las minoritarias clases media y alta: abogados, médicos, maestros, comerciantes, banqueros, industriales… No existe un censo fiable de las publicaciones periódicas editadas en España en el S.XIX. Se pueden contar por centenares, aunque, como advierte Guereña (1982:82), “se desconocen muchas publicaciones, cuya localización ha sido siempre difícil, a veces infructuosa”. Estos datos estadísticos oficiales no son reflejo del número real de cabeceras. Según los datos de las estadísticas recogidas por Juan Luis Guereña, en 1867 en Burgos había tres periódicos; en 1879 siete; en 1882 seis; en 1887, nueve; y en 1892 nueve. Sin embargo, los anuarios estadísticos no recogieron la totalidad de las publicaciones periódicas reales (Chomón: 2017). En Burgos, y es posible que ocurriera lo mismo en el resto de provincias, el número de cabeceras fue superior al recogido en los datos estadísticos oficiales. 5/22 Estos datos reflejan lo que el propio Guereña advertía sobre “la dispersión y la carencia de las fuentes que representan una gran dificultad de la investigación en historia de la prensa”. Y es posible que el número de cabeceras fuera superior, ya que de algunas se conoce el año de inicio y se desconoce la fecha de su desaparición. Cazotes y Rubio (2012) mantienen que en menos de un siglo España llegó a tener 1.347 periódicos y ello fue posible por los cambios políticos, sociales y los avances técnicos registrados en el siglo XIX. Sólo en Burgos entre 1874 y 1899 fueron más de 150 las cabeceras que se editaron, la mayor parte de vida muy efímera. La existencia de un número amplio de publicaciones no fue reflejo de vitalidad de la prensa escrita, sino que representaba todo lo contrario, una cierta inmadurez y la inexistencia de un mínimo sector social interesado capaz de garantizar la supervivencia de las empresas periodísticas por la vía de las suscripciones y venta de sus números (Almuiña, 1996:14). En el último cuarto de siglo, especialmente desde 1880, comenzó a surgir una prensa más profesional, vinculada al desarrollo de la sociedad de masas y a su consolidación como sector económico autónomo (Timoteo, 1981: 385). Burgos, con apenas 11.000 habitantes a principios de siglo y algo más de 30.000 a finales, era una ciudad administrativa y de servicios en la que desempeñaron un papel fundamental comerciantes, propietarios y profesionales liberales, sobre todo abogados, pero también médicos, catedráticos, y algunos industriales (Castrillejo: 2007:20). De las filas de esta burguesía surgieron la mayoría de los políticos locales y parlamentarios. Eran los propietarios de las fincas urbanas de la ciudad, muchas compradas en la desamortización. La otra cara de la moneda la formaba la inmensa mayoría de la población, afectada directamente por la pobreza o expuestos a ella en los momentos de crisis. Jornaleros, obreros, peones, buhoneros, pobres, criados y mendigos…, conformaban las clases populares, entre las que el proletariado industrial era muy minoritario. Destacada era también la presencia e influencia de los militares y religiosos. A finales de siglo había del orden de 1.700 militares, es decir, casi el 6 por ciento de la población. La influencia eclesiástica fue también muy importante. Muchos niños eran escolarizados en centros religiosos y a través del Círculo Católico se monopolizó la educación de los adultos. Hubo otros intentos por extender la educación, pero fracasaron debido a la oposición de la Iglesia. En 1882 se constituyó en Burgos la Liga contra la ignorancia 6/22 (Martín, 2003:527), “una institución educativa promovida por la masonería, con el objetivo de formar a los hombres para estar en el mundo, es decir, para servir a la humanidad”. Puede afirmarse, como señala Álvarez (2002:62), que en el terreno de la práctica escolar, “el librepensamiento decimonónico impulsó un contingente de instituciones educativas, entre las que destacaron la Liga contra la ignorancia de Valencia y Burgos en el decenio de 1880”. Fue la Logia Iris de Burgos la que promovió esta iniciativa, que tuvo una gestación difícil. Los profesores e integrantes de la Liga contra la ignorancia eran miembros de la Logia y la financiación se obtenía con donativos masónicos o profanos. A pesar de que tuvo cierto éxito en sus inicios, la falta de apoyos, la oposición eclesiástica y la extensión del proyecto del Círculo Católico provocó su cierre. La Iglesia dispuso además de una red de periódicos afines, que defendieron los ideales católicos y conservadores: El Heraldo de Castilla, La Fidelidad Castellana, La Lealtad Burgalesa, La Verdad o El Castellano… Así, por ejemplo, La Fidelidad Castellana insertó de forma regular en su primera página la serie “El liberalismo es pecado”, una colección de artículos escritos por Félix Sardá y Salviny en los que se defendía la tesis pecaminosa que suponía el liberalismo político. Esta colección tuvo una gran difusión entre los periódicos neocatólicos de tendencia ultraconservadora de toda España. La Iglesia católica de Burgos, con estas cabeceras, atacó a los periódicos liberales y, especialmente, a los que defendieron ideas republicanas y anticlericales. La prensa burgalesa se caracterizó por ser conservadora, reflejo de una sociedad con vértigo a las nuevas ideas y clases sociales, aunque ello no impidió la presencia de iniciativas aperturistas y defensoras de ideas consideradas en aquellos momentos por una buena parte de la población como revolucionarias. 3.1. La oligarquía política Afirman Castrillejo y Fernández (1994:141), que “la élite política burgalesa estuvo dominada entre 1875 y 1923 por oligarquías familiares”. En su obra, “Aproximación a un estudio de las élites castellanas durante la Restauración”, puede observarse cómo los mismos nombres o los de hermanos o hijos se sucedieron en el Congreso y Senado. Los políticos burgaleses cosieron sobre su electorado redes caciquiles que garantizaban su reelección. De esta forma los escaños tuvieron un carácter casi patrimonial y vitalicio, que se heredaban de generación en generación. Se trató de políticos liberales y conservadores, con escasas diferencias ideológicas, a los que los republicanos y socialistas no hicieron sombra. Las sagas familiares de Diego Arias de Miranda, Manuel Alonso Martínez, Manuel de la Cuesta y Cuesta o Martínez del Campo dominaron el Partido Liberal en Burgos. Destacó Manuel Alonso y Martínez, que fue uno de los políticos más influyentes de Burgos. Diputado entre la legislatura 20 y 36 (1854-1886), fue también presidente de la Cámara baja desde el 14 de junio de 1889 hasta el 29 de diciembre de 1890. Ministro de Fomento, de Hacienda y de Gracia y Justicia-. La otra gran familia de oligarcas políticos fue la de Martínez del Campo, que ocupó sucesivamente escaños en el Congreso entre 1810 y 1898. Manuel, Antonio, Eduardo y Federico Martínez del Campo fueron congresistas, sucediéndose en el escaño. Manuel Martínez del Campo fue el primero de la saga familiar que resultó elegido en febrero de 1810 con 13 votos de los 21 electores del censo de su 7/22 distrito. Resultó elegido como diputado suplente por el procedimiento para las provincias ocupadas en parte por los franceses. Las Cortes anularon estas elecciones por múltiples defectos. En el Partido Conservador las familias más destacadas fueron las de Aparicio y Ruiz, Santiago de Liniers y Muguiro. Santiago de Liniers fue diputado por Burgos entre 1884 y 1899. Representó el ejemplo de político cunero. Nacido y fallecido en Madrid (1842-1908), en el año 1900 se le concedió el título de Conde de Liniers. El clan familiar de los Muguiro se inició en la política con José Francisco Muguiro, diputado por Burgos en 1834; al que siguieron Juan Muguiro, en 1836; Fermín de Muguiro, en 1876; Andrés Caballero y Muguiro en 1881 y Juan Muguiro en 1891. Se trató de una familia de banqueros y negocios asentada en Madrid y con una fuerte relación con Burgos. Juan Muguiro, abogado y banquero, construyó en la capital burgalesa el Palacio de la Isla en 1883, en el que se alojó en 1891 la familia Real. Este inmueble, actual sede del Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, fue también residencia de Franco entre 1837 y 1839, durante el denominado Gobierno de Burgos. También se produjeron trasvases políticos. Liberales, como Lorenzo Alonso, hijo de Manuel Alonso Martínez; o Manuel de la Cuesta y Cuesta acabaron en el Partido Conservador. Algunos de estos políticos se apoyaron en la prensa local para extender su influencia e incluso llegaron a dirigir o fundar algunos periódicos, como fue el caso de Víctor Ebro, elegido diputado en 1891 y que fundó el periódico conservador y católico El Heraldo de Castilla, o Aparicio y Ruiz, que dirigió el Caput Castellae, periódico del Partido Conservador. Este político fue elegido consecutivamente diputado entre 1891 y 1923, es decir, desde la legislatura 37 a la 52. Fue además ministro de Instrucción y Bellas Artes. 4. PRENSA REPUBLICANA Y ANTICLERICAL EN BURGOS Los periódicos políticos del XIX se convirtieron en órganos de confrontación ideológica y en defensores de sus propios ideales. Burgos tuvo un buen número de periódicos de este tipo, en algunos casos muy vinculados a los partidos y, en otros, reflejo de los ideales personales de quienes los patrocinaban y ponían en marcha. La Oja (1836-1836) puede considerarse como el primer periódico político en Burgos, aunque desconocido, ya que no aparece en ningún inventario ni catalogación de las realizadas hasta la fecha. Fue creado por orden del gobernador, Antonio Ayarza, para la difusión de la propaganda política, con motivo de las elecciones a Cortes. En ese momento era presidente del Consejo de Ministros, Francisco Javier Isturiz Montero. La Oja se elaboró en la redacción del Boletín Oficial de la Provincia (Imprenta de Timoteo Arnaiz), pero su distribución y edición estaban separadas. Se editó con regularidad desde que se anunció su salida en junio, hasta que se celebraron las elecciones, en julio de 1836. En el Boletín Oficial de la Provincia de Burgos número 153 del 17 de junio de 1836 se anunció de esta forma la publicación de La Oja: La redacción del BOP, deseosa de contribuir a la publicación de cuantas noticias puedan interesar al acierto en la elección de los que nos han de representar en las próximas Cortes revisoras, ha tomado a su cargo la impresión de La Oja, acordada por el Sr. 8/22 Gobernador Civil, en la cual se insertarán cuantos discursos, artículos y observaciones se juzguen interesantes a este gran negocio. En Burgos existió en el siglo XIX una prensa política activa, con periódicos liberales, como El Eco de Castilla (1860-1867) La Voz del Pueblo (1868-1869), El Eco Popular (1869), La Brújula, (1890-1891), El Correo de Burgos, (1896-1898)…; periódicos conservadores, como el Caput Castellae (1877-1880), El Heraldo de Castilla (1880-1881), La Opinión (1885)…; o periódicos carlistas, como El Castellano Viejo (1869-1869), La Fidelidad Castellana (1883-1890), La Lealtad Burgalesa (1889-1991)… En este contexto de una sociedad conservadora, con enorme influencia de los estamentos militar y religioso y con una clase política dominada por las oligarquías familiares, surgió una prensa republicana y anticlerical, que se caracterizó por sus tiradas muy cortas, vida efímera, vocación e instrumento de propaganda y sus bajos precios. Ejemplo de ello fue El Fomento, que se publicitaba como el periódico más barato de los de su clase. En la aparición y mantenimiento de esta prensa, un reducido grupo de periodistas aparecen como denominador común de casi todas las cabeceras. Lisardo Blanco, Francisco Vega de la Iglesia, Fernando Lasso de la Vega, Antonio Luna, Nicolás Pasca, Idelfonso Cuellar, Pedro Hernando… fueron algunos de sus principales impulsores. Tuvieron problemas con la justicia y la administración, que les impuso sanciones económicas, secuestros de ediciones y condenas de prisión. Hubo un semanario, El Papa Moscas (1878-1920), satírico, de orientación liberal (en una de sus etapas se convirtió en periódico del Partido Liberal) y defensor de la libertad de expresión, que destacó por sus numerosas referencias en defensa de los periódicos republicanos y anticlericales, cuando éstos fueron censurados y sancionados. Este semanario y su director, Jacinto Ontañón, también se vieron sometidos por lo menos “a tres secuestros, cinco denuncias, que no prosperaron, más de cuarenta mutilaciones y una causa criminal de tres trimestres y pico” [4]. El Papa Moscas no fue un semanario de izquierdas, revolucionario y anticlerical, pero sí que destacó por la defensa que hizo de las publicaciones republicanas y anticlericales, especialmente del proyecto de El Orden Público y sus sucesivas cabeceras, vinculadas al Partido Democrático Progresista. Sin embargo, también es cierto que mantuvo unas relaciones muy tensas y distantes con Lisardo Blanco y las cabeceras que éste fundó y dirigió. Ello demuestra que probablemente en Jacinto Ontañón, fundador y director de El Papa Moscas, influyeron sus afecciones personales. De hecho, Ontañón apodó a Lisardo Blanco y sus periódicos como “Tropezones”. 4.1 Las cabeceras de El Orden Público El Orden Público. Periódico Democrático de la tarde (1880-1883); El Progreso de Castilla (1883-1833); El Orden (1883-1833) y La Voz del Orden Público (1883) fueron todos hijos del mismo proyecto periodístico, que tuvo constantes problemas con la justicia y que llevaron, en más de una ocasión, a sus directores y algunos de sus redactores a prisión. Los procesos judiciales, secuestros, censuras y sanciones económicas a las que se vieron sometidos fue la causa del cambio constante de cabeceras para sortear la prohibición de su publicación. 9/22 Castellana. El Popular tuvo serias dificultades. Fue prohibido por el Arzobispado por sus críticas a los religiosos. Tuvo que buscar en Valladolid una imprenta, dado que en Burgos ninguna estaba dispuesta a seguir con su publicación: Un periódico local recientemente apercibido y condenado por el señor Arzobispo, y que no encontraba imprenta en Burgos donde imprimirse, se trasladará a Valladolid, sin cambiar las tendencias ni el título. Esto al menos decían ayer los amigos del periódico en cuestión. Mal oficio este del periódico para hacerse en un lado y publicarse en otro. Pero sobre gustos no hay nada escrito [29]. Lisardo Blanco, fundador de El Fomento, El Criterio o El Popular, fue también uno de los precursores de la cabecera El Porvenir Social. Semanario imparcial y defensor de los intereses de los pueblos (1893-1893), transformado en El Porvenir Español (1893-1897) y en El Porvenir de Burgos (1897-?). 4.3. De la Voz de la Industria a La Unión Republicana Entre 1891 y 1894 se sucedieron cinco cabeceras, que formaron parte de un proyecto periodístico común. Se trató de La Voz de la Industria y del Comercio. Semanario político independiente y mercantil, defensor de los intereses morales y materiales de la provincia (1891-1892), dirigido por Julián San Juan González. Tras su conversión en diario, fue absorbido el 1 de marzo 1892 por El Noticiero de Burgos (1891-1892), que dirigía Pedro Arraiz del Olmo, y que se postulaba como republicano: el periódico El Noticiero aparece el domingo, declarándose republicano, y predicando paz y concordia [….] ¿Entre los príncipes cristianos? ¡No, hombre, no! Entre los afiliados al partido [30]. A pesar de ser diario, atravesó por diversas dificultades que hicieron que su periodicidad fuese irregular. Pasó a semanal para convertirse de nuevo en diario. El 30 de julio de 1892 El Noticiero de Burgos cambió su nombre por el de La Voz del Pueblo (1892-1894), periódico en el que también trabajó Nicolás Pasca. [31] Dos años más tarde, el 7 de abril de 1894, se fusionó con La Unión Republicana (1893-1894), conservando la denominación de La Voz del Pueblo, cuyo último número se publicó el 16 de noviembre de 1894. La Unión republicana (1893-1894), fue un semanario fundado por Félix Cecilia Barbadillo y que desapareció el 7 de abril de 1894, cuando fue absorbido por La Voz del Pueblo. Se trató de un semanario político muy inestable, como lo demuestra el número de directores que tuvo en su corta vida. Dirigido primero por Francisco García, y posteriormente por Gumersindo Brioso, Aniceto Llorente, y Julio Díez Montero. Se publicaba los sábados en el establecimiento tipográfico de El Comercio a cargo de Antonio de Luna (quien estuvo en El Progreso de Castilla, El Orden Público, El Correo de los Inocentes, El Fomento…). Pocos meses después de la desaparición de La Voz del Pueblo (cuyo último número fue del 16 de noviembre de 1894) se publicó La Revolución, periódico republicano de periodicidad bisemanal, que se editaba los miércoles y sábados y que estuvo dirigido por Gregorio Izquierdo Díez. Aunque se desconoce cuánto tiempo estuvo publicándose, se sabe que el primer número salió el 30 de marzo de 1895. 16/22 5. LOS PERIODISTAS Blanco y Álvarez, Lisardo. De ideología de izquierdas, republicano y anticlerical, tuvo problemas con la justicia y mantuvo intensos debates y enfrentamientos con otros compañeros periodistas, especialmente con Jacinto Ontañón, director y fundador de El Papa Moscas. Este le puso como apodo “tropezones”. Lisardo Blanco falleció el 12 de abril de 1906. Sus malas relaciones con otros periódicos quedan acreditadas en el escaso eco que tuvo su desaparición. El Papa Moscas insertó una breve referencia y lo mismo hizo Diario de Burgos, que se limitó a señalar que “el señor Blanco fue un periodista muy conocido que había pertenecido a las redacciones de muchas publicaciones burgalesas”. Fundador y director de El Fomento (1881-1883), El Criterio, El Correo de los Inocentes (del que sólo salió un número que tuvo problemas con la justicia), El Porvenir Español, El Regenerador, El Porvenir Social y El Popular. Publicó artículos en El Pueblo Español, El Porvenir de León… en los que expresó con vehemencia sus ideales sociales y políticos. Compatibilizó la actividad periodística con su actividad profesional de funcionario público. En 1870 fue escribiente en la sección de cuentas municipales del Gobierno Civil de Burgos y tres años después fue ascendido a oficial. En 1902 alcanzó la plaza de jefe de la sección de Cuentas Municipales. Compatibilizó sus actividades periodísticas y profesionales con los negocios. Díez Montero, Julio. Abogado que fue director de La Unión Republicana, Guasa Viva (que se refundió con El Papa Moscas), y de El Papa Moscas. De ideología liberal y republicano, fue un activo periodista político. En julio de 1918 cesó de forma voluntaria como director de El Papa Moscas, aunque siguió colaborando en sus páginas. Escribió también en El Pueblo, semanario democrático de Burgos del siglo XX, a cuya plantilla dejó de pertenecer en 1920 por problemas de salud. Fue presidente del Partido Republicano de Burgos, por el que se presentó a las elecciones en 1920 [32]. Asimismo, fue elegido diputado provincial en 1894. Su compromiso con los obreros le llevó a pedir al Ayuntamiento que subvencionase a la Sociedad de Socorros Mutuos de obreros republicanos. En 1916 se constituyó la Asociación de la Prensa de Burgos, de la que Mariano Rodríguez fue su primer presidente y Julio Díez Montero el tesorero. Fue asimismo presidente de la Junta directiva de la Sociedad Salón de Recreo. Lasso de la Vega, Fernando. Natural de Lucena (Córdoba). Agente de comercio que fue concejal del Ayuntamiento de Burgos. Fue socio de Lisardo Blanco, con quién promovió y dirigió periódicos como El Criterio y El Fomento, que cedió en 1893 a Pedro Hernando y Telesforo Sixto Ruiz y Lázaro. Durante su estancia en Burgos colaboró en la práctica totalidad de cabeceras republicanas. Ingresó en prisión en varias ocasiones, consecuencia de sus artículos. 17/22 Además de periodista y agente de negocios, fue un activo político. Corporativo en el Ayuntamiento de Burgos, se llegó a presentar para diputado provincial por el Partido Republicano Progresista. Falleció en Lucena (Córdoba) en enero de 1900: “Repentinamente ha fallecido en Lucena D. Fernando Lasso de la Vega, que tras muchos años de ausencia de dicha ciudad, regresó a ella donde la ha sorprendido la muerte” [33]. Pasca, Nicolás. Destacó por su activismo político. Participó en proyectos periodísticos republicanos y de izquierdas, entre ellos El Progreso de Castilla y las cabeceras de El Orden Público. Fue condenado por la Audiencia provincial de Burgos a ocho años de prisión y a una multa de 500 pesetas “por desacato al rey” por el artículo “Los reyes se van”, que publicó en El Progreso de Castilla. La condena fue ratificada por el Tribunal Supremo y en junio de 1884 ingresó en el presidio de Burgos [34]. Un año antes, en 1883 Nicolás Pasca fue también detenido e ingresó en el presidio, junto a Francisco Vega de la Iglesia y el repartidor de El Orden Público, acusados de “publicación clandestina” [35]. Pasca compatibilizó su actividad como periodista con la de trabajador no cualificado, aunque instruido. Se conoce que representó en Burgos los productos de ultramarinos de C. Castilla y Compañía, así como que optó a una plaza de conserje en el Teatro Principal, aunque no le fue concedida. Vega de la Iglesia, Francisco. Nacido en Burgos y fallecido en Sevilla, fue abogado y periodista. Director de D. Javier, Ecos de Burgos, Martinillo, La Gaceta de la Administración, El Fomento y El Progreso de Castilla, todas publicaciones de corta vida. Colaboró también en El Orden Público, periódico del que se marchó por diferencias políticas y en el que ejerció como director interino. Participó también en el único número que se publicó de El Correo de los Inocentes. Sus ideas revolucionarias le llevaron a tener que hacer frente a numerosos procesos judiciales y sufrir penas de cárcel. Perteneciente a una familia de ideas progresistas y republicanas, muy vinculada a la actividad política. Hijo de Nicolás de Vega, también abogado y natural de Castrojeriz (Burgos), y Telesfora de la Iglesia, contrajo matrimonio en Bilbao en 1887 con Segunda Manteca. Perteneciente al Partido Republicano Progresista y al Partido Liberal Progresista, fue candidato a diputado a las Cortes y abandonó Burgos en 1885, tras obtener la licenciatura en Derecho por la Universidad de Valladolid, para residir en Bilbao, donde continuó con su actividad política. Su hijo Ernesto llegó a ser entre 1931 y 1939 gobernador de Cádiz, Granada, Gran Canarias, Guadalajara, Burgos y Albacete, siendo fusilado en esta última ciudad el 16 de noviembre de 1939. 6. CONCLUSIONES En el siglo XIX, Burgos fue una ciudad conservadora, en la que las élites políticas y económicas tenían un especial protagonismo. Gran importancia e influencia tuvieron el Ejército que, con su importante presencia, se convirtió en uno de los bastiones económicos de la ciudad; y la Iglesia, que controlaba la educación y que dispuso de una red de periódicos para potenciar su poder e influencia. 18/22 En este contexto de ciudad tradicional y religiosa, surgió una prensa republicana y anticlerical, que se inició en el último cuarto de siglo, coincidiendo con una legislación más favorecedora de la libertad de prensa y con la aparición de movimientos sociales y políticos republicanos y obreros que se extendieron por todo el territorio nacional. Fueron una veintena de cabeceras de vida muy efímera, auspiciadas por un grupo de intelectuales, que estuvieron presentes de formar repetida en los diferentes proyectos. El cierre de una cabecera suponía que se fundara otra con nombre similar o diferente, pero con orientaciones idénticas. Estos periódicos, de los que ninguno de sus ejemplares se ha conservado, tuvieron grandes dificultades y desaparecían al poco de su nacimiento. Los editores, directores y periodistas se enfrentaron a la censura y a sanciones económicas, y, en algunos casos, fueron condenados a penas de prisión, constituyendo el caso más grave el de Nicolás Pasca, que fue condenado a ocho años de cárcel. Se trató, en algunos casos, de políticos que participaron en la actividad electoral y que defendieron sus ideas a través de las cabeceras que fundaron, y en otros, de periodistas de segunda ocupación que tenían una actividad económica principal, abogados, agentes de negocios… Los gobernadores ejercieron una fuerte presión política de control y censura. Pero además las instituciones burgalesas, como el Ayuntamiento o la Iglesia, actuaron igualmente contra estas cabeceras. El Arzobispado y buen número de religiosos llevaron a cabo actuaciones judiciales, que supusieron condenas, y de presión religiosa, mediante resoluciones de excomunión y prohibición de su lectura. Los periódicos republicanos, socialistas y anticlericales tuvieron que hacer frente a una estructura institucional que presionó y provocó su desaparición. Esta estructura estuvo conformada por los poderes políticos y eclesiásticos. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Libros ALMUIÑA FERNÁNDEZ, C. (1996). La prensa vallisoletana durante el siglo XIX. Valladolid, Servicios de publicaciones de la Diputación provincial. ÁLVAREZ LÁZARO, P. F. (2002) Cien años de educación en España. Madrid. Ministerio de Educación. AUBERT, P. (1996). Religión y Sociedad en España (siglos XIX y XX). Madrid. Casa de Velázquez. CÁRCEL ORTÍ, V. (1988). León XIII y los católicos españoles. Informes vaticanos sobre la Iglesia en España. Pamplona. Eunsa Ediciones. CARR, R. (2008). España 1808-1975. Barcelona. Ariel Historia. CASTRILLEJO IBÁÑEZ, F. “2007). Burgos y los burgaleses en el siglo XIX. Burgos. Institución Fernán González. 19/22 CHOMÓN SERNA, J.M. (2017). Burgos: Prensa y periodistas burgaleses del S XIX. Madrid. Editorial Fragua. HERGUETA DOMINGO (1929). La imprenta en Burgos y su provincia 1475-1920. Tomo IV. Burgos. Obra inédita. MOLINA MARTÍNEZ, J.L. (1988). Anticlericalismo y literatura en el siglo XIX. Murcia. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Murcia. SÁNCHEZ ILLÁN, J.C. (1999). Prensa y política en la España de la Restauración. Rafael Gasset y El Imparcial. Madrid. Biblioteca nueva. SEOANE, M.C. y Dolores SAIZ, M. (2007). Cuatro siglos de periodismo en España. Madrid. Alianza Editorial. TIMOTEO ÁLVAREZ, J. (1981). Restauración y prensa de masas. Los engranajes de un sistema (1875-1883). Pamplona. Universidad de Navarra. Capítulos de libros GUEREÑA, J.L.: Las estadísticas oficiales de la prensa. En BARRERÉ et al (1987): Metodología de la prensa española. Madrid. Siglo XXI de España Editores.1982, pp. 81- 118. REVUELTA GONZÁLEZ, M.: El anticlericalismo español en el siglo XIX. En AUBERT DESVOIS (2002). Religión y Sociedad en España. Siglos XIX y XX. Madrid. Casa Velázquez, pp. 155-178. Artículos en revistas CASTRILLERO, F. y FERNÁNDEZ, A.: “Aproximación a un estudio de las élites castellanas durante la Restauración”. Burgos. Boletín de la Institución Fernán González (BIFG). Año LXXIII, nº 9, 208, (1994), pp. 141-161. CAZOTTES, G. y RUBIO, R.: “El auge de la prensa periódica”. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, (2012), http://www.cervantesvirtual.com/nd/ark:/59851/bmckw625 GABRIEL de, N.: “Alfabetismo, semialfabetismo, y analfabetismo en España (1860-1991)”. Revista Complutense de Educación. Vol. 8, nº1, (1997), pp. 199-231. HERNÁNDEZ FUENTES, M.A.: “Velar por la fe y las costumbres. Censura eclesiástica sobre la prensa zamorana durante la Restauración”. Revista Internacional de Historia de la Comunicación, nº 6, (2016), pp. 61-81. HIGUERAS CASTAÑEDA, E.: “Prensa y partido en el republicanismo progresista: El Porvenir (1882-1885). Historia Contemporánea, 50 (2014), pp. 41-73. LOUZAO VILLAR, J.: “La creación de un marco de sociabilidad anticlerical. El caso vizcaíno durante la Restauración”. Historia Social, nº 73, (2012), pp. 59-79. 20/22 MARIMON RIUTORT, A.: “En tierra hostil. La prensa diaria republicana en las Islas Baleares durante la Restauración Canovista (1879-1894)”. Historia Contemporánea 48, (2013), pp. 245-281. MARTÍN, L.P.: “Las logias masónicas: una sociabilidad pluriformal”. Hispania LXIII/2, nº 214, (2003), pp. 523-549 — [1] Ministerio de Gobernación. 18 de mayo de 1880. Legajo nº 50. Signatura y Topográfico (08)2544/00189. Archivo General de la Administración [2] Ministerio de Gobernación. 21 de agosto de 1880. Legajo nº 101. Signatura y Topográfico (08)2544/00189. Archivo General de la Administración [3] Gobierno Civil de Burgos. Legajo nº 125. Signatura y Topográfico (08)2544/00189. Archivo General de la Administración [4] El Papa Moscas (1883). Nº 279, del 17 de junio, p. 2 [5] Ministerio de la Gobernación. 1880. Legajo nº 1894: 34. Archivo Histórico Nacional [6] El Papa Moscas (1883). Nº 295, del 7 de octubre, p. 2-3 [7] El Papa Moscas (1883). Nº 293, del 23 de septiembre, p. 2 [8] El Eco de la Provincia (1883). Nº 1.247, del 11 de octubre, p. 3 [9] El Buque de San Águeda era la referencia que los periodistas y periódicos de Burgos hacían cuando hablaban del Centro Penitenciario [10] Gobierno Civil de Burgos. 16 de enero de 1880. Legajo nº 12. Signatura y Topográfico (08)2544/00189. Archivo General de la Administración [11] El Papa Moscas (1880). Nº 101 del 1 de febrero, p. 3 [12] Gobierno Civil de Burgos. Denuncia del periódico El Progreso de Castilla. 10 de junio de 1883. Leg. 12. Signatura y Topográfico (08)2544/00189. Archivo General de la Administración. [13] La Correspondencia de España (1883). Nº 9.218, del 18 de junio, p. 1 [14] El Eco de la Provincia (1884). Nº 1.327, del 30 de enero, p. 2 [15] Crónica Meridional (1884). Nº 7.287, del 1 de julio, p. 2 [16] La Unión Democrática (1883). Nº 1.540, del 11 de noviembre, p. 3 [17] El Papa Moscas (1883). Nº 294, del 30 de septiembre, p. 2 [18] El Papa Moscas (1883). Nº 288 del 19 de agosto, p. 3 [19] El Papa Moscas (1885). Nº 364, del 1 de febrero, p. 3 21/22 [20] El Papa Moscas (1880). Nº 128, del 1 de agosto, p. 3 [21] Semanario Católico (1883). Nº 678, Tomo 3º Año III, del 1 de diciembre, p. 10 [22] Semanario Católico (1884). Nº 127, Tomo 3º Año IV, del 1 de febrero, p. 8 [23] Boletín del Clero Obispado de León (1884). Nº 1, Tomo XXXII, del 3 de enero, p. 15 [24] El Papa Moscas (1883). Nº 307, del 30 de diciembre, p. 3 [25] El Papa Moscas (1884). Nº 309, del 13 de enero, p. 3 [26] El Papa Moscas (1891). Nº 694 del 12 de abril, p. 3 [27] El Papa Moscas (1888). Nº 529 del 1 de abril, p. 3 [28] La Fidelidad Castellana (1889). Nº 1841, del 22 de junio, p.1 [29] El Papa Moscas (1890). Nº 636 del 2 de marzo, p. 3 [30] El Papa Moscas (1892). Nº 741 del 6 de marzo, p. 3 [31] La Voz del Pueblo. En El Papa Moscas (1892). Nº 767 del 4 de septiembre, p. 2 [32] El Pueblo (1920). Nº 61, del 17 de enero, p. 1 [33] Diario de Córdoba (1900). Nº 14.681, enero, p. 3 [34] Crónica Meridional (1884). Nº 7.287, del 1 de julio, p. 2 [35] El Eco de la Provincia (1883). Nº 1.247, del 11 de octubre, p. 3 — BREVE SEMBLANZA DEL AUTOR: José María Chomón Serna: Licenciado en Periodismo y Derecho y Doctor en Comunicación Audiovisual. Ha sido redactor de Radio Nacional de España (RNE) en Burgos durante 30 años y en la actualidad es profesor de la Universidad de Burgos. Autor de libros y artículos científicos sobre el periodismo de proximidad y la historia del periodismo. – Recibido: 13/11/2017 – Aceptado: 19/03/2018 Ámbitos. Revista Internacional de Comunicación, n.40, edición de primavera, 2018. 22/22