Informes de la Construcción Vol. 61, 516, 37-52, octubre-diciembre 2009 ISSN: 0020-0883 eISSN: 1988-3234 doi: 10.3989/ic.09.027 Fecha de recepción: 08-06-09 Fecha de aceptación: 30-07-09 Diseño y construcción de muros en el primer gótico cordobés Walls design and construction during the first gothic of Córdoba RESUMEN Las primeras iglesias cristianas de Córdoba constituyen un homogéneo conjunto, comenzado además en un corto período de tiempo a finales del siglo XIII. Esto ofrece una plataforma idónea para estudiar sus soluciones constructivas tipo, entre las que son trascendentales los sistemas de muros. Utilizando magnífica sillería, se construyen sabiendo adaptar las técnicas cristianas nortepeninsulares a las tradiciones locales y al aprovechamiento de los sillares de acarreo islámicos. Esto incidiría en el aparejo a soga y tizón mayoritariamente utilizado, aunque el muro sigue siendo el gótico de tres hojas, con dos paramentos y relleno interior. Estas características, así como la solución de cimentación, el mortero utilizado o el posible uso de la vara burgalesa como unidad de medida, suponen una manera de proceder nueva en la ciudad, apuntando a la más que probable intervención de canteros castellanos. El análisis dimensional del conjunto permite también detectar la lógica y coherencia en la asignación de espesores a los muros. Existe gradación de los mismos según sus circunstancias y posición en el organismo arquitectónico, e igualmente coincidencias dimensionales entre los distintos edificios para un mismo tipo de muro; todo esto apunta al uso de reglas preestablecidas, posiblemente muy sencillas. Por último, el conocimiento y objetivación de todos estos aspectos aporta interesantes datos sobre el proceso edificatorio, que, frecuentemente, priorizaría las cabeceras; y también, en edificios casi destruidos como la iglesia de S. Andrés, incluso es posible elaborar hipótesis fundadas para su reconstrucción. Palabras clave: muro, obra de sillería, dimensionamiento, arquitectura medieval cordobesa, gótico. A. J. García Ortega(*) SUMMARY The first Christian Churches of Córdoba constitute a homogeneous set, which was started up during a short period of time at the end of the XIIIth century. These facts make them an ideal set of buildings to study their typical constructive solutions, among which the wall systems are of outstanding importance. Using grand stonework, they are built adapting the Christian techniques from the North of the Iberian Peninsula to the local traditions and they make use of the available Islamic stones. This fact influenced the stonework, by the alternate positioning of the stones, one longitudinally and the next transversally. Nevertheless, the wall was gothic of three parts, with two stone walls, and an inner filling. This constructive system, together with the foundation characteristics, the mortar used, or the possible use of the measuring stick of Burgos as the measure unit, are the reflection of a new way of building in the city, and show evidence of the possible intervention of castillian stonemasons. The dimensional analysis of the architectural set allows the detection of the underlying logic and coherence in the assignment of the wall widths. There is graduation among them according to their circumstances and their positions within the building, as well as dimensional coincidences among the different buildings for the same type of wall. All of these show evidence of preestablished rules, probably very easy. Finally, the objective knowledge of all these aspects contribute interesting data about the building process, that frequently prioritizes the apses; and also, in almost destroyed buildings like the S. Andrés Church, it is possible to elaborate rigorous hypothesis for its reconstruction. Keywords: wall, stonework, dimensioning, medieval architecture of Córdoba, gothic. (*)Dr. Arquitecto. Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Sevilla, Sevilla (España) Persona de contacto/Corresponding author:
[email protected] (A. J. García Ortega) 173-1
38 Informes de la Construcción, Vol. 61, 516, 37-52, octubre-diciembre 2009. ISSN: 0020-0883. eISSN: 1988-3234. doi: 10.3989/ic.09.027 A. J. García Ortega 1. EL PLANTEAMIENTO DE LA CUESTIÓN En Córdoba, la antigua capital del califato, durante el último tercio del s. XIII se inician las primeras construcciones cristianas de cierta importancia, principalmente iglesias, impulsadas por el nuevo poder castellano que conquista la ciudad en 1236. Unos edificios que en su mayoría, aun sin desprenderse de las persistentes formas cistercienses, incorporan algunas novedades del gótico burgalés. También, para levantar con agilidad y economía los nuevos contenedores religiosos, se opta por un sencillo tipo basilical, un modelo repetido insistentemente que nos ha dejado un amplio y homogéneo conjunto arquitectónico, además prácticamente coetáneo. Por todo ello, estas iglesias constituyen una plataforma idónea, e infrecuente, para estudiar cómo se resuelven, al margen de particularismos, los aspectos constructivos en el arranque del gótico andaluz. Junto a formas y tipología, con fuerte impronta castellana, se importan modos de hacer, técnicas constructivas, etc., que en conjunción con las tradiciones locales y los inevitables condicionantes del material, implementarán soluciones constructivas adaptadas a las particulares circunstancias del momento. Los muros, constituidos por dos hojas de sillería y relleno interior, fueron uno de los sistemas constructivos más importantes del nuevo edificio; tipológicamente conformaban su planta y en la erección de éste suponían una de las partidas de obra de mayor repercusión económica y necesidades de material. Pese a todo esto, su completa definición constructiva carece todavía de un estudio arquitectónico específico, pasando inadvertida en los diferentes trabajos que hasta la fecha han abordado, desde múltiples puntos de vista, las primeras iglesias de la ciudad de Córdoba. Esta tarea, además, va a aportar interesantes indicios sobre el proceder del constructor gótico en cuestiones como el dimensionamiento estructural, la adaptación de las técnicas al uso, la influencia del material, el proceso constructivo del edificio, o incluso quiénes pudieron ser sus ejecutores materiales. Se trata, una vez más, de aspectos ignorados o que, pese a su evidente interrelación, rara vez son abordados conjuntamente en los estudios existentes; muchos de ellos, además, se limitan a un único edificio. Junto al análisis directo del conjunto de las fábricas, tanto constructivo como dimensional, para este trabajo se han rastreado los datos conocidos por las intervenciones practicadas en las iglesias, muchos de ellos recogidos en documentos o expedientes oficiales inéditos (1), o fruto del seguimiento del autor a los edificios durante más de una década. Afortunadamente, desde el último cuarto del s. XX, han sido frecuentes las restauraciones, consolidaciones y refuerzos, inspecciones tras derrumbes, estudios o catas específicas, prospecciones arqueológicas, etc.; esto ha permitido conocer multitud de pormenores constructivos, a veces visibles por un limitado período (figura 1). Un conocimiento fragmentario, si se considera por edificios aislados, pero mucho más significativo al tener en cuenta su carácter de grupo, capaz de constituir una base de datos suficiente para abordar el trabajo que aquí se plantea. 2. LAS PRIMERAS IGLESIAS DE CÓRDOBA Y SUS ARTÍFICES La construcción civil o militar de los primeros tiempos tras la conquista del valle 1 1. Derrumbe de arcada norte de Santiago (año 1988). Detalles de entronque con cabecera y hastial.
39Informes de la Construcción, Vol. 61, 516, 37-52, octubre-diciembre 2009. ISSN: 0020-0883. eISSN: 1988-3234. doi: 10.3989/ic.09.027 Diseño y construcción de muros en el primer gótico cordobés Walls design and construction during the first gothic of Córdoba del Guadalquivir fue muy escasa, y en Córdoba tan sólo se destaca la obra del nuevo Alcázar cristiano, ya en el siglo XIV. En el ámbito religioso, y a la espera todavía de las primeras catedrales andaluzas, será en los modestos templos parroquiales de Córdoba, Jerez, y aisladamente en la sevillana iglesia de Santa Ana, donde primero se aprecian las formas góticas en los nuevos territorios andalusíes; formarán parte de masivos edificios que, pese a todo, intentaran adelgazar el muro espeso del románico y tímidamente estilizar sus espacios. La pérdida o grave transformación de las parroquias jerezanas, las particularidades y arcaísmo de otros conjuntos como el jienense, o lo tardío y casi mudéjar del sevillano, deja a la producción cordobesa como una de las más nutridas y significativas del primer gótico andaluz. Pese a que la ciudad se conquista en 1236, hasta el último tercio del doscientos no tomó forma un ambicioso programa constructivo que renovaría las viejas sedes parroquiales, alojadas en modestas y oscuras mezquitas. La pequeña iglesia de La Magdalena se tiene por la primera, a la que no en mucho tiempo debieron seguir S. Miguel, S. Lorenzo, S. Pedro, Santiago, Sta. Marina, S. Andrés (hoy casi destruido) y S. Nicolás, ésta tardíamente. El resto de las sedes parroquiales no nos han llegado, se empiezan tardíamente o la reutilización del primitivo contenedor islámico se dilató más allá de la etapa bajomedieval. Se incluyen en este estudio el templo dominico de S. Pablo, un tanto arcaizante y coetáneo a La Magdalena, y el franciscano de S. Pedro el Real, de principios del s. XIV; en ellos junto a la coincidencia temporal concurren también claras afinidades arquitectónicas. Estos dos templos conventuales y las ocho parroquias relacionadas, constituyen el arranque de la arquitectura gótica en la ciudad, anticipándose a las capillas funerarias o a las importantes intervenciones en la sede catedralicia. Posteriormente, sobre la mitad del s. XIV, estarían en marcha las importantes fábricas de la colegiata de S. Hipólito y el templo conventual de S. Agustín; éstas participarían de las mismas características constructivas, demostrando la persistencia y validez de las primeras formas y técnicas implementadas en la nueva arquitectura cordobesa. La empresa edificatoria, en su conjunto, debió desbordar las posibilidades de sus promotores en aquellos difíciles tiempos, sacudidos por las razzias islámicas, guerras civiles o frecuentes pestes y carestías. Tanto la tipología a adoptar, como las técnicas constructivas debían ser sencillas y económicas, esto permitiría dar viabilidad y acortar los plazos de obra. El modelo arquitectónico fue muy similar para la mayoría de los nuevas iglesias parroquiales y el templo dominico de S. Pablo, diferenciándose tan sólo el franciscano (figura 2). Salvo en este caso, se adopta una organización basilical de tres naves, con arcadas pétreas formalizadas con el desfasado muro armado del románico, y que sostienen techumbres de madera (figura 3). Éstas, más económicas y rápidas de ejecución que las bóvedas, serán de par y nudillo en la nave 2 3 2. Plantas a la misma escala de las primeras iglesias parroquiales y conventuales de Córdoba (restitución omitiendo añadidos). 3. Sección transversal “tipo” de iglesia gótica cordobesa.
40 Informes de la Construcción, Vol. 61, 516, 37-52, octubre-diciembre 2009. ISSN: 0020-0883. eISSN: 1988-3234. doi: 10.3989/ic.09.027 A. J. García Ortega central y de colgadizo en las laterales (2). Los accesos serán por los dos costados y el hastial de los pies, un muro piñón cuyos tres niveles reproducen los de las naves y cualificado por un rosetón (figura 4). La cabecera sería triabsidiada, con huecos estrechos y verticales, casi saeteras en algunos casos. Las capillas, rectangulares o con fondo poligonal, son bastante profundas ya que principalmente las últimas suman al tramo semioctogonal otro recto, con abovedamiento cuatripartito. Sus bóvedas responden a una formalización característica, secundada también por multitud de edificios sevillanos bajomedievales (3). Son ya ojivales, y a veces están recorridas por el característico nervio de espinazo burgalés. La solución original de la cubierta de muchos de estos ábsides sería en azotea, a jugar por las gárgolas aún hoy existentes en las iglesias de S. Miguel, S. Pedro y S. Lorenzo, aunque salvo en ésta y en el ábside norte del templo franciscano de S. Pedro el Real se han sustituido por paños inclinados de teja (figura 5). Historiográficamente no tenemos dato alguno de autorías, pero por sus características arquitectónicas deben atribuirse a maestros de segunda fila. Superadas ya antiguas hipótesis sobre la participación del cantero real, o de maestros itinerantes que luego hubieran a marchado a Jerez y Sevilla (4), hoy tan sólo se admite genéricamente la intervención de artífices cristianos, quizás canteros burgaleses formados en los talleres del monasterio cisterciense de Las Huelgas o en la fábrica de la catedral. Será una cuestión sobre la que el estudio realizado va a aportar algún indicio nuevo. La resolución de la cabecera, con capillas absidiales contiguas, o la formalización de algunos elementos y motivos decorativos, junto con un indudable aire cisterciense, apuntan al vínculo con el citado complejo monacal; también el característico nervio de espinazo de las bóvedas ojivales de la catedral o algún otro goticismo, constituyen préstamos casi expresos de esta fábrica burgalesa. Unas formas que tuvieron también marcada influencia en infinidad de edificios peninsulares del doscientos y aún del trescientos, evidenciando la diáspora de los artesanos formados en sus talleres. Además, el trasvase norte-sur de recursos humanos se vio fomentado por el hecho de que, según R. Cómez (5), los salarios de la construcción en Andalucía y Extremadura eran más altos que los del área entre Toledo y el Duero. Los mudéjares también se detectan en la construcción cordobesa del momento (Alcázar, reparación de murallas, reformas en la Mezquita-Catedral) (6), ejerciendo de albañil o cantero, a veces en conjunción con maestros cristianos como en la Torrefortaleza del Carpio (h. 1325-28) (7). Sin embargo, en general su peso en el sector de la construcción local debió ser muy limitado, si atendemos a los estudios demográficos y socioeconómicos de la época, que no detectan una amplia base poblacional musulmana en los territorios andalusíes reconquistados. Además el dominio de técnicas y formas tradicionalmente llamadas mudéjares no debe considerarse como una prueba de su intervención. Las cubiertas lígneas, tan características de la construcción andaluza posterior, debieron formar parte del bagaje común de cristianos y musulmanes. También motivos ornamentales supuestamente 4 4. Fachada de S. Lorenzo.
41 Informes de la Construcción, Vol. 61, 516, 37-52, octubre-diciembre 2009. ISSN: 0020-0883. eISSN: 1988-3234. doi: 10.3989/ic.09.027 Diseño y construcción de muros en el primer gótico cordobés Walls design and construction during the first gothic of Córdoba islámicos, obedecen a cierta contaminación visual que siglos de convivencia en la península hace inevitable; como ha señalado Ladero (8), tanto hispano-cristianos como mudéjares participaban de un mismo fondo étnico y cultural remoto que explica muchas analogías. 3. LOS MUROS EN EL CONJUNTO DEL SISTEMA PORTANTE Más que una descripción exhaustiva de la resolución constructiva de las iglesias, se va a prestar atención a cómo el sistema de muros, que junto con los pilares son la estructura portante vertical más importante del edificio, se integra en el conjunto. Muros absidiales y perimetrales de las naves, y las dos grandes arquerías interiores, eran los elementos conformadores de la planta del edificio, y los que inevitablemente debían levantarse en primer lugar. Tanto de los muros, que posteriormente se analizan exhaustivamente, como de los pilares y los contrafuertes absidiales, se ha realizado un estudio constructivo a partir de toda la información disponible, incluyendo el análisis de los paramentos visibles (figura 6, pág. siguiente ). Las cabeceras son el conjunto constructivo más sólido y mejor trabado. Las bóvedas enlazan con las cabezas de los muros, que así no quedan sueltas, a la vez que la yuxtaposición de capillas favorece el equilibrio y contrarresto de los empujes, afianzándose además el muro perimetral con contrafuertes. Todo esto permitirá construir una 5 estructura portante vertical bastante estable, obteniéndose unos muros absidiales más delgados que los del resto del edificio. Éstos coincidirán con el resto en su resolución constructiva, dos hojas de unos 40 cm que confinan un relleno. Los contrafuertes de estos ábsides son modestos, pero han resultado suficientes ante las moderadas luces de los espacios a cubrir, ya que ni en las capillas mayores se llegan a superar los ocho metros. Salvo un leve incremento de resalte en el tercio inferior, mantendrán su sección en toda la altura. Se trata, sin embargo, de elementos que dejan entrever las dudas de sus constructores, dada su gran dispersión dimensional o incluso, ocasionalmente, el mal direccionamiento en relación al empuje. Su despiece exterior tiene una traba sencilla y, salvo los de S. Pedro obtenidos íntegramente con sillería, estamos ante una cáscara pétrea de en torno a 20-22 cm, que aloja una mezcla de mortero y ripios; la técnica es análoga a la usada para los muros, aunque el paramento de piedra es ahora más delgado. Esta solución permitió dimensionar con flexibilidad el ancho del contrafuerte, con sólo variar el espesor del relleno interior. Las naves son un cuerpo arquitectónico más inestable, dada su esbeltez y el poco peso y arriostramiento de las cubiertas. Su formalización es sencilla, un gran cajón mural dividido en tres naves por dos arquerías apuntadas. Éstas tienen un fuerte entendimiento longitudinal, sin la sectorización que hubiera supuesto la cobertura con tramos de bóvedas, 5. Zona superior del ábside central de S. Lorenzo.
42 Informes de la Construcción, Vol. 61, 516, 37-52, octubre-diciembre 2009. ISSN: 0020-0883. eISSN: 1988-3234. doi: 10.3989/ic.09.027 A. J. García Ortega 6 sustituidas por una larga e indiferenciada techumbre de madera. Los muros perimetrales son masivos, perforados con estrechos huecos abocinados, sin articulación formal con el suelo y muy elemental en coronación: interiormente unas molduras semicirculares, y por fuera ménsulas en cuarto de círculo, que sustentan una tímida cornisa. Se obtienen con dos paramentos de entorno a 40 cm, con un relleno cuyo espesor varía según el grosor total del elemento a construir. Los pilares se formalizan como un núcleo cuadrado, con semicolumnas adosadas en la dirección del pórtico y pilastras en la otra, mejorando así la rigidez y precaria estabilidad del pórtico ante vuelco lateral. Su formalización, pues, es extremadamente sencilla, quedando el soporte desprovisto de las cualidades estéreas que le hubieran otorgado las articulaciones formales necesarias para recoger los nervios de una bóveda. Esto, en cambio, le permite integrarse con comodidad y gran lógica arquitectónica en la acentuada direccionalidad de la arcada (figura 7). El estudio realizado para S. Pedro detecta un perímetro de sillares de arenisca labrados exclusivamente al exterior, alojando un conjunto de escasa compacidad constituido por un mortero de cal con trozos de piedra y bolos (9). Esto parece lo habitual, a juzgar por los despieces visibles, y ha sido comprobado, por ejemplo, en el derrumbe de Santiago. Aquí el cimiento es sensiblemente cuadrado y, sorprendentemente, tampoco se cuaja con sillería toda la sección, cuyo 6. Soluciones constructivas detectadas en distintos edificios para pilares, muros y contrafuertes.
43Informes de la Construcción, Vol. 61, 516, 37-52, octubre-diciembre 2009. ISSN: 0020-0883. eISSN: 1988-3234. doi: 10.3989/ic.09.027 Diseño y construcción de muros en el primer gótico cordobés Walls design and construction during the first gothic of Córdoba 7 8 núcleo vuelve a ser un relleno poco cualificado (figura 8). Estas soluciones constructivas debieron motivar más pronto que tarde patologías: desvinculación mecánica entre la cáscara pétrea y el relleno, arenización de éste, humedades por capilaridad en el fuste que debilitan piedra y soporte, etc. Se sabe ya de actuaciones en el s. XVI en los pilares de S. Pedro o Santa Marina, y en las restauraciones abordadas en las últimas décadas están siendo frecuentes refuerzos para subsanar colapsos por aplastamientos del fuste, o asientos diferenciales (10). Las arcadas, por último, más bien parecen un muro armado románico, doblado, y ligeramente adelgazado. Sin embargo sus arcos se apuntan y el conjunto incrementa su altura en lo posible para dar verticalidad al espacio. Su construcción es análoga a la del resto de muros, reduciendo lo necesario el espesor de los paramentos pétreos para obtener un elemento constructivo que, al carecer de bóvedas superiormente, depende extraordinariamente del arriostramiento que proporciona en coronación la armadura de par y nudillo. 4. TÉCNICAS CONSTRUCTIVAS Y MATERIALES DE LOS MUROS. ESPECIFICIDADES Y ANTECEDENTES LOCALES Se van a analizar los tres grandes tipos de muros que constituían el arranque de la fábrica en superficie: absidiales, laterales de las naves y el del hastial principal. Salvo excepciones, dentro de un mismo edificio su resolución constructiva va a ser prácticamente idéntica en los tres tipos, solventando la diferencia de espesor con la variación en la potencia del relleno interior; esto posibilita su descripción constructiva de manera conjunta. La piedra utilizada es una arenisca frecuente en las cercanas estribaciones de Sierra Morena, y ha sido analizada en detalle para algunas obras como las de restauración de S. Pedro. Aquí, por testigos extraídos en abril de 1991, se define como procedente de “rocas areniscas porosas constituidas por una matriz silícea (arenas) unida por una fracción cementante de material calizo, y con una importante componente fosilífera” (11). Los sillares tendrían un ajuste posterior a pie de obra, ya que bajo el pavimento de algunos templos, S. Pedro o La Magdalena, se han hallado picaduras de arenisca; en el primero forman parte de rellenos apisonados 7. S. Miguel: pilares y arcada. 8. Santiago: Pilar y su cimentación (año 1988).
44 Informes de la Construcción, Vol. 61, 516, 37-52, octubre-diciembre 2009. ISSN: 0020-0883. eISSN: 1988-3234. doi: 10.3989/ic.09.027 A. J. García Ortega y que alcanzan la considerable potencia de 1,20 m. La masa mural esta constituida íntegramente por sillería y, a diferencia de los antecedentes islámicos, rara vez nos encontramos con elementos significativos reutilizados; excepcional y únicamente se utilizaron algunas columnas monolíticas de mármol en los arcos torales de las cabeceras (S. Pablo y S. Lorenzo). Tanto en las catas murales extraídas para el citado estudio de S. Pedro, y sus posteriores obras de emergencia (1993) (12), como en los derrumbes generales de La Magdalena (1990) y Santiago (1988) (13), se detectan los dos paramentos de sillería ya comentados para cada uno de los tipos de muro, confinando un relleno de mortero y trozos de piedra. Esta fábrica mixta de tres hojas es una característica común con las 9 construcciones góticas contemporáneas, demostrando la independencia respecto a la manera de aparejar las piezas y el formato de éstas, aspectos que en Córdoba tendrán importantes particularidades (figura 9). El despiece de los paramentos varía de unas construcciones a otras (figura 10). Salvando algunas zonas de mampostería, detectables en La Magdalena (14) y S. Lorenzo, con carácter general se pueden establecer dos grandes modalidades. La de traba convencional utiliza un único tipo de sillar de dimensiones moderadas, y colocado con juntas verticales alternantes entre hiladas; las piezas no suelen superar los 70 cm de longitud, siendo lo más habitual entre 40 y 50 cm, y con una altura de 30-40 cm. Será el adoptado por los edificios más antiguos de la ciudad, el templo conventual de S. Pablo y la parroquia de La Magdalena (figura 11). Sin embargo son más frecuentes los lienzos que alternan una soga con un tizón, recurriéndose a sillares bien trabajados e inusualmente grandes en el contexto peninsular, donde prosiguió la tendencia reductora iniciada siglos antes (15). Incluso en la importante Catedral burgalesa, con la que tantos vínculos se han establecido, las longitudes no suelen sobrepasar habitualmente los 60 cm, con alturas de 26 a 40 cm (16). En cambio los muestreos realizados en las fábricas de S. Miguel, S. Lorenzo, Santa Marina, S. Nicolás de la Villa, S. Pedro, Santiago y S. Andrés, establecen como frecuentes para las sogas los 100-110 cm (oscilando generalmente en un intervalo entre 78 y 113 cm), para los tizones 20-21 cm (intervalo 17-30 cm) y como altura de sillares (o de hilada) 40-41 cm (intervalo 32-43 cm). Para este tipo de despiece, en los casos que se ha podido determinar, el espesor de 40 cm de cada hoja del muro se obtiene con dos sillares contiguos, trabados por un tizón transversal. Los mismos, al manifestarse en las esquinas, dan la característica duplicidad de tizones, que en definitiva están evidenciando la construcción y espesor de la hoja exterior; presumiblemente la interior sería similar. Tan sólo circunstancialmente por cuestiones de despiece del lienzo se triplica el tizón en la esquina (figura 12). La solución se hace eco de tradiciones detectadas ya en época romana (17) y generalizadas bajo dominio musulmán (18). Será una señalada característica del grupo parroquial, siendo utilizada poco después en la construcción del nuevo Alcázar cristiano (h. 1328), y perpetuándose durante el resto del bajomedievo cordobés tanto en edificios religiosos como civiles; esto la convertirá en un señalado localismo constructivo, no 9. Sección constructiva “tipo” de muro de nave lateral.
45 Informes de la Construcción, Vol. 61, 516, 37-52, octubre-diciembre 2009. ISSN: 0020-0883. eISSN: 1988-3234. doi: 10.3989/ic.09.027 Diseño y construcción de muros en el primer gótico cordobés Walls design and construction during the first gothic of Córdoba 10 11 detectable en otras iglesias del alfoz cordobés, ni tampoco con carácter general en la arquitectura coetánea andaluza. El alzado de los lienzos nos recuerda más a los muros islámicos de la ciudad que a los de los templos cristianos de la meseta, con una simple traba de juntas verticales alternantes. No obstante, existen sustanciales diferencias con las técnicas islámicas, ya que al menos en las grandes construcciones de la ciudad, la soga se alterna con dos o más tizones, según la época, para construir íntegramente con sillería un muro macizo (19). Será excepcional que el tizón sea único, algo sólo detectable en la primera arquitectura de etapa emiral, como las partes más antiguas de la Mezquita aljama (s. VIII); posteriormente, como han señalado numerosos autores (20), los despieces islámicos evolucionarán aumentando el número de sillares atizonados a la vez que se reduce su anchura (figura 13). En cambio en los lienzos parroquiales la norma es la alternancia de la soga con un solo tizón, con la excepción comentada de las esquinas, y el muro no es macizo como el islámico. También hay que tener en cuenta que los sillares atizonados no resuelven todo el espesor del lienzo, sirviendo tan sólo 12 10. Tipos murales, dimensiones y relación con luces y alturas. 11. Cabecera de La Magdalena. Despiece convencional de sillares. 12. S. Miguel: Muro a soga y tizón. 13. Muro de la Mezquita aljama (s. X). 13 para trabar los dos sillares contiguos a soga y solidarizar mecánicamente con el relleno interior. Muchos de los muros superan los 120 cm de espesor, llegando algunos hasta los 150 cm, por lo que hubieran sido necesarias unas piezas excepcionalmente grandes, y las sogas medidas en los paramentos son inferiores a 110 cm (figura 14, pág. siguiente). Los parecidos se deben al probable reaprovechamiento del sillar islámico, una hipótesis coherente con la similitud que presentan los formatos utilizados en ambos casos. Los autores que estudian la producción islámica local establecen como habituales 70-110 cm
52 Informes de la Construcción, Vol. 61, 516, 37-52, octubre-diciembre 2009. ISSN: 0020-0883. eISSN: 1988-3234. doi: 10.3989/ic.09.027 A. J. García Ortega (26) Graciani García, A. Ob. cit., 247. (27) Marfil Ruiz, P. Informe y memoria científica. Intervención arqueológica de urgencia en la Iglesia de Santa María Magdalena (inédito). Córdoba, 1996. (28) Vorsevi S. A. Ob. cit., pp., 5 y 40. (29) Vorsevi, S. A. Reconocimiento geotécnico. Iglesia de S. Nicolás de Córdoba (inédito), Sevilla, 1995. También, Romero Pérez, F. Proyecto Básico y de Ejecución de recalce de cimentación en muro lateral derecho de la parroquia de S. Nicolás de la Villa (inédito), Córdoba, 1999. (30) Pinto Puerto, F. “Fábrica y forma del templo gótico”. La Catedral gótica de Sevilla. Fundación y fábrica de la obra nueva, pp. 209-96. Secretariado de publicaciones de la Universidad de Sevilla, Sevilla, 2007. (31) Luna Osuna, D.; Zamorano Arenas, A. M. Ob. cit. También, Tabales Rodríguez, M. A. Ob. cit., p. 1080. (32) Cortón de las Heras, M. T. La construcción de la Catedral de Segovia (1525-1607), p. 251, Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Segovia. Segovia, 1997. (33) Heyman, J. Teoría, historia y restauración de Estructuras de fábrica, pp. 2-3, Instituto Juan de Herrera, Madrid, 1995. (34) Bechmann, R. Villard de Honnecourt. La pensée technique au XIII siècle et sa communication, pp. 53-70, Picard, Paris, 1993. (35) García Ortega, A. J. “Mecanismos de proyecto medievales. El caso cordobés a partir de sus parroquias”. Ra, nº 5 (2003), pp. 3-12. (36) Hernández Jiménez, F. “El codo en la Historia Arabe de la Mezquita Mayor de Córdoba. Contribución al estudio del monumento”. Al-Mulk. Anuario de Estudios Arabistas, nº 2 (1962), pp. 5-52. (37) Cassanelli, R. Talleres de Arquitectura en la Edad Media, p. 16, Moleiro, Barcelona, 1995. * * *