La antropología y la etnología prehistóricas
Full text
LA ANTROPOLOGIA Y LA ETNOLOGÍA PREHISTÓRICAS
'nww U ANTROPOLO0ÍA la etnología MADRID Imprenta: Rollo, 7, bajo 1891
LA ANTROPOLOGÍA Y LA ETNOLOGÍA PREHISTÓRICAS Encargado de inaugurar el cuarto con¬ greso de la sociedad antropológica ale¬ ona, la saludo con gran satisfacción e n este valle del Rhin, que desde hace ^ás de mil años es testigo del comercio entre las naciones más cultas de EuroP a > y que ha visto desarrollarse la civi¬ lización más rica y variada acaso que en ningún otro paraje de nuestra patria alemana. ¿Qué sitio de reunión podía convenir
LA ANTROPOLOGÍA mejor á una sociedad sabia que se ha propuesto el estudio de la humanidad? ¿Podría encontrarse otro más propicio que esta fértil y célebre tierra, donde durante el curso de los siglos, se han confundido los pueblos del Norte y del Mediodía, donde los romanos, el pueblo más poderoso de la antigüedad, se fija¬ ron é impusieron leyes y costumbres, origen de la civilización alemana, donde en la Edad Media, los tres principados de Tréveris, Colonia y Maguncia, de tan pequeño territorio, manejaban los destinos del pueblo aleman, donde en los modernos tiempos han nacido algu¬ nos de los más grandes talentos con que la humanidad se enorgullece, donde, en fiu, reina hoy en todos los domipios de actividad humana, arte, ciencia, in-
LA ANTUOPOLOGÍA 7 Austria, un ardimiento hasta aquí des¬ conocido? El magnífico desarrollo de nuestra so¬ ciedad demuestra que se ha fundado en tiempo oportuno, y que los hombres más distinguidos de nuestra patria coloboran en sus trabajos. Nos llamamos Sociedad de antropología , de etnología y de arqueología prehistóricas ; Pero, á lo que parece, esta última cien¬ cia ha absorbido demasiado exclusiva¬ mente nuestra atención. La causa debe buscarse en los sor¬ prendentes descubrimientos de los últi¬ mos tiempos y en la circunstancia de que sólo las ciencias naturales nos per¬ miten llegar más allá de las tradiciones y arrojan alguna luz sobre nuestros más lejanos orígenes,
8 LA ANTROPOLOGÍA Demostraremos con algunos ejemplos la estrecha relación que une la antropo¬ logía á las investigaciones de la etnolo¬ gía y de la arqueología prehistóricas. La antropología estudia al hombre en su naturaleza corporal é intelectual, y una de sus teorías es la simultaneidad del desarrollo de la organización y el de la potencia intelectual. Algunos sabios, como Johannes, Mu11er, Rodolfo Wagner y Volkmann du¬ dan de que la inteligencia dependa del cerebro, pero en mi opinión este hecho está hoy día demostrado irrefutablemen¬ te, siendo base de la apreciación de la naturaleza humana. La etnología y la arqueología prehis¬ tóricas nos dan precisamente las prue¬ bas más convincentes.
LA ANTROPOLOGÍA No pretendo comparar al hombre en¬ fermizo y raquítico con el que está sa¬ no, y bueno ni investigar las diferencias físicas de los individuos diversamente dotados. Las mismas razas, miradas bajo este punto de vista, pueden ser coordinadas e n larga serie. Los buschimanes y los australianos forman el grado inferior de la escala del desarrollo; el grado superior los pueblos europeos. El peso de los cerebros europeos pue¬ de exceder de 1.800 gramos en algunos hombres privilegiados, y, según Broca, Puede también bajar á 1.024 gramos en Jos hombres sanos de espíritu, y á 975 en las mujeres. El cerebro de los negros africanos es,
LA ANTROPOLOGÍA iÚ ciones idénticas de los pueblos salvajes. Cuando la vida en familia no está or¬ denada y reglamentada, la paternidad de un niño es siempre dudosa, y sólo los derechos de la madre son indiscu¬ tibles. Obrando así, el hombre quiere afirmar su paternidad, reconocer el hijo, y por ello tan extraña costumbre adquiere una importancia considerable en la vida de estos pueblos primitivos y poco adelan¬ tados. Por la misma causa entre los pueblos salvajes no se lega la herencia á los hi¬ jos, sino que se trasmite á los herma¬ nos y á sus descendientes. Con ayuda de la etnología se ve ope - rar el desarrollo del espíritu humano ba* jo el punto de vista de la religión, de las
LA ANTROPOLOGÍA 17 costumbres y de la vida social y política c °n más facilidad que sería posible hac erlo por medio de la historia, porque no empieza hasta cierto grado de utilización; el origen de las concepciones humanas es mucho más antiguo, y Podemos entreverlo en la vida moral de l° s pueblos que carecen de historia. Cuanto más se ensanchan nuestros c °nocimientos relativos á los diversos Pueblos de la tierra, más comprobamos uniformidad de la marcha de la civi¬ lización, á pesar de la diferencia de ra2as y de la variedad de condiciones cli¬ matológicas en medio de las cuales viVen , y cuya influencia sufren. No nos admira la pintura de un puebl ° aficionado á la antropofagia. En casi todos los pueblos se encuen3
18 lA ANTROPOLOGÍA tran rastros de esta primitiva barbarie, porque, en cierto modo, es una necesi¬ dad que todos han sufrido. ¡Cuántos conceptos religiosos de los pueblos civilizados aparecen claros cuan¬ do vemos que la regularidad de una ley natural se reconoce hasta en el desarro¬ llo de la noción de Dios! La primera impresión fué el temor: ella creó los espectros y los demonios. Obligado á luchar el hombre para prolongar su existencia, vi ó en todas las grandes fuerzas superiores de la natu¬ raleza divinidades airadas, que por ex¬ piación exigían sacrificios humanos. Esta idea primitiva estaba tan profun¬ damente arraigada, que ha dejado ras¬ tros hasta en el cristianismo. A la vista de los astros y de los be-
LA ANTROPOLOGÍA 19 ll °s aspectos de la naturaleza, se levanta un ser benévolo y empieza á iluminar l as almas una nueva fé. Los mismos hombres que dominan á ios demás, bien porque introduzcan en Ls razas salvajes los primeros gérmenes d e civilización, ó porque den nueva dire cción á la vida intelectual de los pue¬ blos civilizados, son considerados como dioses. Uuanto más detenidamente estudia - las conquistas intelectuales de la humanidad, mayor es la convicción de ( l u e la humanidad entera trabaja para e Uas, y q U e no hay nada que sea obra de u uo solo. Unimos al nombre de los grandes hombres la historia del mundo y de la c ivilización.
20 LA antropología ¡Quién se atrevería á despreciar la importancia de una gran personalidad! Pero la ciencia impone hasta á los mismos grandes hombres una ley uni¬ versal de orden superior, y más digno es creer en ella que divinizar á los hom¬ bres, como generalmente se ha hecho hasta en el arte y en la ciencia. Todo gran descubrimiento que, al parecer, nace espontáneamente de la ca¬ beza de su inventor, estaba preparado. Con frecuencia, el mérito de los gran¬ des pensadores consiste en reunir los elementos hasta entonces dispersos, ó en encontrar la expresión precisa, la forma acabada de ciertas ideas que es¬ taban, por decirlo así, en la atmósfera, y que se habían señalado por diferentes puntos.
LA ANTROPOLOGÍA 21 Si Newton descubrió la ley de la gra¬ vedad, no debe olvidarse que Iveplero e stuvo á punto de hacerlo antes que él. Lo que bajo este punto de vista pier¬ de el genio del individuo, lo gana la sa¬ biduría del Creador, que ha enseñado al género humano el camino del progreso. Citaré todavía algunos ejemplos para demostrar los importantes problemas an¬ tropológicos que sólo la etnología puede resolver. La cuestión de la variabilidad de la uaturaleza se presenta también á propóSl to de las razas y de los pueblos. Unos sostienen que el clima y el sue¬ le influyen en la vida intelectual de los Pueblos. Otros, como el conde Grobineau, han defendido la invariabilidad del carácter
32 LA ANTROPOLOGÍA de la raza, y opinado, por ejemplo, que la descripción de los antiguos galos he¬ cha por Julio César se aplica igualmen¬ te á los franceses de hoy día. Los alemanes se parecerían también á los germanos de Tácito, y los ingleses á los bretones y áloshivernesesdeStrabón. Teoría semejante pone en tela de jui¬ cio todos los progresos del género hu¬ mano. Puede seguramente concederse que la naturaleza conserva con tenacidad cier¬ tos caractéres físicos ó intelectuales, y que áun mantiene los primeros á pesar de que las condiciones climatológicas va¬ ríen. Por ello se encuentran en España los cabellos rubios de los germanos, y en
LA ANTROPOLOGÍA 23 duchas ciudades de las orillas del Rhin la cabellera negra de los romanos; pero ni nguna formación orgánica puede con¬ secrarse invariable, y cuando sucede es to, es porque las influencias que deter¬ minan los cambios no han obrado toda¬ vía. Los cabellos rubios son ahora en Ale¬ mania menos frecuentes que en tiempo de Tácito; este es un hecho indicado, á mi juicio con sobrada justicia , por Prichard. Prejuzgando la invariabilidad del ca¬ rácter de la raza, Renán se vió conduci¬ do á considerar á los semitas como raza mferior, llegada al monoteísmo por la ^posibilidad de abrazar el politeísmo, á causa de no poseer ni ciencia ni poe¬ sía.
2 LA ANTROPOLOGÍA Preciso es reconocer que en el curso de la historia del mundo los indo-ger¬ manos estaban destinados á grandes éxi¬ tos en las artes y en las ciencias, y que debían formar los más poderosos rei¬ nos. Chwolson ha defendido brillan temen, te á los semitas contra los ataques de Renán, probando que la noción de Dios ha sido entre ellos más clara que en los demás pueblos, y que ellos han enseña¬ do la humanidad y la moral, fundando tres religiones princip ales, el judaismo, el cristianismo y el mahometismo, y te¬ niendo, durante largo tiempo, el comer¬ cio del mundo en sus manos. Su maduréz política la demuestra el hecho de no haber entre ellos aristocra¬ cia, y áun cuando hoy se encuentren fa^
1A ANTROPOLOGÍA 25 filias nobles entre los árabes, no po- «een privilegios. Los de Babilonia inventaron los pe¬ sos y medidas y nuestra división del tiempo; los asirios fueron maestros de los griegos en las artes, y sabido es á qué grado se elevó la cultura individual e ntre los árabes de España. Las consideraciones que acabo de ex¬ poner bastan para hacer ver cual es el valor de los estudios etnológicos para la inteligencia de la naturaleza humana, y por tanto para la antropología. La arqueología prehistórica no es me¬ nos importante bajo el punto de vista las investigaciones antropológicas. Una de las cuestiones de mayor inte¬ rés que está llamada á resolver es la si¬ guiente:
32 LA AXTROPOLOCÍA Había entre ellos un cráneo peruano, dos de indios, uno de negrito, uno de antiguo celta, uno de bretón, uno de tártaro, uno de neocaledoniano, uno de negro, uno de javanés y dos de anti¬ guos cementerios. Singular es que Jacquart, que los ha descrito, no haya notado esta circuns¬ tancia. Añadiremos que el prognatismo del mayor número de estos cráneos, adver¬ tido ya por el mismo Jacquart, es prue¬ ba en apoyo de la opinión de que perte¬ necen á ün grado inferior de organiza¬ ción. Si los diez y seis cráneos presentan un ángulo facial de 82,09 es porque su ma¬ yor ángulo facial para la apreciación del desarrollo del cráneo casi nada signifi-
LA ANTROPOLOGÍA 33 Ca >* el término medio en siete cráneos solamente no es más que de 67,64. El hueso interparietal en el hombre no es signo de raza, sino un desarrollo mferior en la bóveda del cráneo. En los cráneos de razas inferiores y una época remotísima es donde prinCl Palmente se encuentra este carácter, aunque no aparezca con frecuencia. Yo mismo lo he visto en cuatro crá11608 de la última especie. Welker también dice que este hueso es muy raro, no habiendo encontrado más cinco ejemplares entre 857 cráneos. Sabido es que cuando se descubren re *tos humanos antiquísimos se puede e ° cierto modo prever las señales partiCu i ares que indicaran una formación pri¬ mitiva.
34 LA ANTHOPOLOGIA Puedo citar un ejemplo convincente, y siento que la importancia del más fa¬ moso descubrimiento de este' género, el de Neanderthal, haya sido puesta en du¬ da por hechos nuevos que á él pueden referirse. Hablo de los rastros de una afección mórbida de los huesos. ¿Las enfermedades que Virchow seña¬ la como raquitismo de la juventud y artritismo en la edad madura, son capa¬ ces de producir la forma general de esta cubierta craniense? No creo que se haya observado nun¬ ca nada parecido, y que estas enferme¬ dades, ó cualquier otra, una atrofia ó una hipertrofia de los huesos pueda al¬ terar de tal modo el cráneo humano* Además, debe suponerse qqe este
LA ANTROPOLOGÍA 35 hombre salvaje prehistórico estaba en tocha perpétua con los animales de los bosques y endurecido por violentos trabaJ° s > testigos su masa huesosa y sus po¬ etes cavidades frontales. puedo figurarme que este hombre ^ a ya sido tan enfermizo, que sólo los cui¬ dos de la familia bastarán para con¬ ducirle á la vejéz. que sabemos del raquitismo y del atr itisrno hace inverosímil que un homk r e en estado libre y salvaje pueda sutales enfermedades; el raquitismo s °breviene, según vemos, por la insufiCle ucia de alimentación en las clases Populares que viven miserablemente, ó d consecuencia de dolencias debilitantes 8 > como la sífilis; sabemos que la gota es e nfermedad de las clases acomodadas,
56 LA ANTROPOLOGÍA que se alimentan con manjares especia¬ dos y vinos finos, desconocidos del hoifl' bre del Neanderthal. Los dolores reumáticos son la dolen¬ cia que con más frecuencia sufren lo s salvajes, cuyo desnudo cuerpo está ex¬ puesto á todas las inclemencias de las estaciones. Los rastros de inflamación y de ulce¬ ración crónica observados en las osa¬ mentas fósiles de las cavernas, deben sin duda alguna atribuirse á periostitis» que se pueden producir fácilmente en I a húmeda atmósfera de las cavernas, ó á lesiones traumáticas que difícilmente curan, y dan lugar á supuraciones cróni' cas. El malum coxsd senile, que puede tañí' bien compararse con la enfermedad ele
LA ANTROPOLOGÍA 3 ? habitante de Neanderthal, ha recibido e l nombre de reumartritismo, y entre las causas que lo producen se ha indica¬ do también la influencia de la humedad. Cree Virchow que la curvatura del fémur y el estado horizontal del cuello de este hueso reconocen por causa un es tado mórbido del sistema huesoso. Verdad es que ambos caracteres se e ncuentran en los raquíticos; pero al la¬ do de esta explicación patológica hay °f r a que es morfológica ó etnológica. En efecto, las mismas particularida- , des se observaa también en las razas in¬ feriores. La desviación del fémur no es tan ge¬ neral entre los negros como pretenden duchos escritores, pero es frecuente e ntre los otros salvajes.
38 LA ANTROPOLOGÍA El mismo Virchow observa que el hú¬ mero está poco contorneado entre los ne¬ gritos de Filipinas, y el fémur es muy encorvado. Yo mismo he advertido en las razas inferiores la posición horizontal del cue¬ llo del fémur, siendo evidente en un celta masculino y buschiman de la co¬ lección de Berlín. Ambos caracteres son también comu¬ nes á los monos antropoideos, y espe¬ cialmente al gorilla y al chimpanzé. ¿La atrofia de las protuberencias pa¬ rietales, descubierta por Yirchow, asig¬ na al hombre de Neanderthal una edad más avanzada? Lo dudo, porque, comparando Pozzi diversos casos de esta naturaleza, indi¬ ca seis presentados en personas jóvenes.
LÁ ANTROPOLOGÍA 39 No opino, como algunos, que la for¬ jación del cráneo de Neanderthal sea Patológica y puramente individual; la considero como un tipo inferior que se acerca incontestablemente á la forma animal. Confirma esta opinión el hecho de co¬ nocerse ya muchos cráneos antiquísi¬ mos que presentan análoga formación, aunque no sea tan marcada. En los Congresos de Stuttgard y de bruselas en el pasado año he enseñado ios dibujos de estos cráneos, compara¬ dos con el de un gorilla hembra. Además de los de Neanderthal, hay cráneos de esta especie de Equisheim, de Canstadt, de Gibraltar y de Brüx, á los que es preciso unir el que reciente¬ mente ha descrito Sauvage, descubierto
40 LA ANTROPOLOGÍA en 1844 en la toba volcánica de Denise; Quatrefages y Hamy han hecho de es¬ tas formas cranienses su raza cuater¬ naria más antigua (Crania etimológica, París 1873.) Creo, con Virchow, que es prematuro hablar de razas de estos antiquísimos tiempos prehistóricos,, porque sólo po¬ seemos algunos cráneos, la mayor parte incompletos; y si en ellos descubrimos algunos rasgos concordantes de un tipo primitivo, este tipo ha podido ser co¬ mún á muchas razas, como hoy lo ve¬ mos. También estoy conforme con Virchow en no poderse determinar la época á que pertenecen los huesos de Neanderthal por las dos hachas de piedra pulida que, según Fulhlortt, se han encontrado le-
LA ANTROPOLOGÍA 4i jos de Neanderthal, pero en la misma ca pa arcillosa. Importante es el descubrimiento que ba JO este punto de vista se ha hecho en u na gruta próxima á Neanderthal. En las mismas condiciones en que se ha hallado un diente de oso de las caver¬ nas, se han encontrado muchos dientes de hiena, cuya superficie gris amarillen¬ ta, cubierta de dendritas, recuerda exac¬ tamente la extructura exterior de los huesos de Neanderthal. Si recientemente, para poner eu duda la grande antigüedad del cráneo de Briix, Se ha rechazado el carácter diluvial de la capa de arena donde se encontró, es¬ ta crítica no es de grande importancia, porque lo que diferencia las dos capas, e l diluvium y los aluviones, son las épo*
48 LA ANTROPOLOGÍA al hombre, el cual ha llegado á ser lo que es, pero no ha sido creado así. Además, si el estudio de otros seres organizados nos obliga igualmente á ad¬ mitir un desarrollo progresivo de que el hombre no puede ser excluido, este hecho quedará doblemente probado para el hombre. Dícese que la obra de Darwin no hu¬ biera obtenido el éxito que ha alcanza¬ do si sólo hubiera tratado de las trasformaciones de las plantas y de los ani¬ males, y de sus orígenes, ascendiendo hasta las formas primitivas de que, á excepción de algunos sabios, nadie se ocupa. El interés no hubiera llegado á ser ge¬ neral á no verse obligado, como lo hizo en su segunda edición, á aplicar alhom-
LA ANTROPOLOGIA 49 hre las leyes que había formulado. No se negará, sin embargo, que, apar¬ te de la ley de selección natural de Darw * n , se habían acumulado y mantenido t°s hechos y las demostraciones en apo¬ yo de la teoría del origen natural del hombre. Harwin no ha añadido nada á esta teoría científica. Ha desarrollo su ley de selección na¬ tural bajo un punto de vista tan estre¬ no y tan exclusivo, que un escritor hu¬ morista en un librito titulado Ueber die Auflosung der Arten durch natürliche Zuchtwahl (de la disolución de las espe¬ jes por la selección natural) ha inten¬ tado la prueba de que la selección na¬ tural, lejos de producir en lo porven *r mayor multiplicidad y perfección en 7
50 LA ANTROPOLOGÍA las formas de la vida, conduciría más bien á nivelar por completo todas las desigualdades por la simplificación con¬ tinua de los organismos, del mismo mo¬ do que todas las fuerzas naturales se re* funden en el calor universal. El cerebro humano, del que el mayor número de hombres hace tan poco uso, descendería en el curso de los tiempos al nivel de el del mono; el hombre se trasformaría en mono, pero no sucede¬ ría lo contrario. Todas estas proposiciones se apoyan ciertamente en hipótesis inexactas, y debe sostenerse, al contrario, el progreso de la naturaleza enseñado por DanvinJ pero el librito á que me refiero indica uno de los puntos más débiles de su teo¬ ría.
LA ATROPOLOGÍA 51 Equivocadamente supone que la cauSa del progreso del desarrollo se en¬ cuentra en los mismos, y desdeña la re* tación fisiológica de los cuerpos vivos con el mundo exterior, bajo cuya in¬ fluencia se organizan aquellos tan por completo como las circunstancias lo Permiten, modificándose progresivamen¬ te con ellas y poniéndose siempre en equilibrio con la naturaleza circundante. Los anfibios no se han trasformado en Mamíferos por la selección, sino á causa Ael levantamiento del suelo y del des¬ arrollo de la vegetación que le cubría. Si la selección natural fuese una ley A e la naturaleza, tendría un valor gene¬ ral, pero no se aplica al hombre. El genio no se trasmite de padre á Lijo.
52 la antropología Todos los nacidos con felices disposi¬ ciones pueden llegar á ser grandes hom¬ bres, si obran en su vida las circunstan¬ cias más favorables de la manera más propicia. Y es inútil decir que si la selección natural no conviene al hombre, es por¬ que entra en juego en él una nueva fuerza, la fuerza intelectual, que se bur¬ la de aquella ley natural. El desarrollo intelectual del hombre no es, sin embargo, un elemento com¬ pletamente nuevo, sino la continuación del desarrollo de capacidades que prin¬ cipia en el mundo animal y está unido á'la organización de los seres, Los progresos de la humanidad des¬ cansan esencialmente en los progrésos de las ciencias.
53 LA ANTROPOLOGÍA Estas no deben sus adelantamientos a la selección natural de los sabios, sino á nuevos hechos de observación que la casualidad indica con frecuencia, pero *lue, de seguro, estaban previstos en el 0r den del mundo. Los descubrimientos, de esqueletos ámanos fósiles y de nuevos monos an¬ tropoideos, son los que han hecho avan2ar nuestra ciencia; no la selección na¬ tural de los antropólogos. Para los ojos penetrantes de la cienCla > todo el desarrollo del género humaUo hasta el día parece ser la última obra la fuerza creadora que jamás descanSa y que desarrollará cuanto está com¬ prendido en su plan. El origen de cada desarrollo, y por °cnsiguiente el del hombre, podemos
54 LA ANTROPOLOGÍA someterlo á nuestras investigaciones; pero no estamos autorizados para deter¬ minar el objeto final, cualquiera que sea. El explendor á que han llegado los.es¬ tudios antropológicos y la general afi¬ ción que despiertan, están motivados por la circunstancia de que nuestras in: vestigaciones se refieren á los intereses más directos del hombre. Lo único sensible es que todo el mun¬ do interviene en estas diicusiones á pe¬ sar de exigir conocimientos'más exten¬ sos y numerosos que las demás cien¬ cias, y trae al debate sus convicciones religiosas, filosóficas, morales ó políti¬ cas. Estas convicciones no tienen derecho á ser escuchadas, porque la ciencia no
LAANTROPOLOGÍA 55 depende de ellas, atendiendo sólo á la ^actitud de los hechos y á sus legíti - consecuencias. Los resultados de la ciencia no se Cenen bien siempre con nuestras ideas Preconcebidas, y. necesitamos aprender a pensar en muchas cosas de un modo ^ s tinto que antes, si queremos gozar de Csa satisfacción intelectual que es el ob¬ jeto más elevado á que puede el hombre dirigirse. Ll atacar nuestros estudios sirven tan s ólo para fortificarlos, porque nos esfor¬ cemos entonces en establecer más só¬ lidamente nuestras teorías y en presen¬ cias de un modo más convincente. Si el objeto de nuestra sociedad an¬ tropológica, como el de todas las demás sociedades sabias, es trabajar en común
56 LA A NTROPOLOGÍA para la solución de los problemas de la ciencia, reunir con ardiente celo las ob¬ servaciones hechas en el dominio de nuestras investigaciones, despertar y mantener por todas partes el gusto ha¬ cia nuestros estudios,.conste que tam¬ bién nos asociamos para gozar de los re¬ sultados obtenidos hasta el día y para defender nuestra ciencia contra sus .ad¬ versarios. Desdeñaremos los ataques injustos, pe¬ ro acudiremos sin odio al combate con nuestros adversarios científicos, pelean¬ do con armas iguales y por la verdad.