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Caracterización de la población canaria a comienzos del siglo XXI. Una perspectiva de la sociedad insular desde la demogeografía

Díaz Hernández, Ramón

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1 CARACTERIZACIÓN DE LA POBLACIÓN CANARIA A COMIENZOS DEL SIGLO XXI. UNA PERSPECTIVA DE LA SOCIEDAD INSULAR DESDE LA DEMOGEOGRAFÍA Ramón Díaz Hernández Departamento de Geografía de la ULPGC Abril, 2003 2 1. LA COMPLEJIDAD SOCIODEMOGRÁFICA DE LAS ISLAS CANARIAS A COMIENZOS DEL SIGLO XXI 1.1. Introducción: la población y el poblamiento ante los recientes cambios económicos y territoriales. En poco tiempo se han producidos mutaciones sociodemográficas de todo tipo y de hondo calado como son: fuerte concentración urbana, éxodo rural, rápida desagrarización y consecuentemente terciarización de la economía. Todavía no han sedimentado del todo las secuelas dejadas por esos cambios cuando la sociedad insular se prepara para empezar el siglo XXI con una economía en plena fase expansiva1 desde el punto de vista cuantitativo, presentando una composición, estructura y distribución de gran complejidad, definida por bruscos e intensos cambios socio-territoriales2 y culturales que se caracterizan por su rápida implantación. Hecho este último que deja en el ambiente una cierta sensación de desestructuración social y de despersonalización generalizada ante la pérdida de referentes identitarios como son los valores culturales tradicionales y las costumbres cívico-sociales tan propias de las economías premodernas. El comienzo de los cambios comentados se detecta claramente a lo largo de la década de los años 50, cuando las islas se empezaron a convertir en un destino preferente de atracción turística. Eso provocará de una parte el progresivo aumento de la llegada de visitantes extranjeros procedentes de países democráticos desarrollados, con hábitos, ideas y creencias profundamente diferentes y con un elevado nivel de consumo. Y de otra parte, el aprovechamiento de esta nueva función económica de los territorios insulares va a exigir la creación de servicios e infraestructuras para dar respuesta a la demanda turística, hecho éste que va a provocar la arribada desde otras comunidades del Estado español de un importante número de personas con la intención de trabajar en las nuevas instalaciones y servicios. Ambos fenómenos, la movilidad habitual turística y la inmigración interregional de tipo económico, conjuntamente con la cada vez mayor influencia de los medios de comunicación y transportes, así como la consolidación de un sistema de libertades democráticas, van a determinar cambios sustanciales en la configuración de la nueva sociedad residenciada en las islas durante la 1 El Archipiélago vive un “boom” demográfico parecido al de los años sesenta, coincidiendo con la etapa de desarrollismo que caracteriza a la economía española de la segunda mitad del siglo XX. 2 Según el ISTAC, entre 1987 y 1995, nada menos que un doce por ciento de la población de derecho (lo que afecta a un total de 178.857 personas) cambió dentro de la región su residencia a otra provincia canaria, lo que conlleva casi siempre también un cambio de domicilio habitual hacia una isla diferente de la que se ha nacido. Ello pone en evidencia la importancia que están adquiriendo estos movimientos en el interior del Archipiélago. 3 primera etapa de estabilización de la “industria” turística. En efecto, la entrada del turismo de masas en la década de los años cincuenta y principios de los años sesenta va a implicar importantes consecuencias sobre el tipo de comportamiento individual y colectivo de la población isleña preexistente. Uno de los resultados más visibles de estas mutaciones proviene de la transición de una sociedad rural casi cerrada, endogámica, caracterizada por las relaciones de proximidad (con una fuerte cohesión familiar y social), a una sociedad urbana más abierta, individualista y especializada en servicios, definida por una mayor movilidad social y espacial. En otras palabras, la figura del “ruralita” va a ser progresivamente sustituido por la del “urbanita”. Este cambio de paisaje y de paisanaje suscita impactos de diversas repercusiones, con una ruptura de los valores individuales y colectivos que definían hasta entonces a la sociedad insular: de la familia extensa plurigeneracional se pasa a la familia nuclear (cuando no a la monoparental3) y los lazos familiares se debilitan a pasos agigantados. En poco tiempo se desdibuja y hasta cierto punto se abandona la otrora sacrosanta solidaridad intergeneracional basada en los lazos de sangre, en un determinado orgullo de pertenencia a una saga o clan familiar con una sólida cohesión en su seno. La influencia social como elemento vertebrador de la sociedad isleña da paso al individualismo y al distanciamiento de las relaciones interpersonales. Con el transcurso del tiempo, los procesos de modernización y estandarización de nuestra sociedad están incidiendo también en las mutaciones que se van generando en las funciones sociales del matrimonio como institución4, el rol de la mujer y el papel de la educación. Por lo tanto, la situación sociodemográfica que nos encontramos en la actualidad difiere notablemente de la de mediados del siglo XX y se puede definir por una serie de rasgos distintivos, entre los que destacaremos los siguientes: 1.2. En las dos últimas décadas se aprecian cambios relevantes en la demografía con la reducción del grupo de los jóvenes y el envejecimiento que está experimentando su población. Aunque todavía se está lejos de alcanzar la media estatal, es evidente que también en el Archipiélago se asiste a un progresivo envejecimiento de las estructuras demográficas5 a causa, de una parte, del descenso de la natalidad y de la fecundidad6 desde 1975. Y de otra parte, por la reducción de 3 Esta cuestión no deja de tener una notable y espacial incidencia por cuanto que ya en 1996, 73.635 viviendas familiares ocupadas estaban habitadas por una sola persona y otras 90.926 por sólo dos personas (Anuario Estadístico de Canarias de 1999, ISTAC). 4 En Canarias, el volumen de separaciones, divorcios y nulidades totales registrados dividido entre el número de matrimonios formalmente celebrados en cada año fueron, de acuerdo con los datos del ISTAC, muy superiores a los índices del Estado español entre 1991 y 1995. Es más, la tendencia de las rupturas matrimoniales en estos mismos años es la de seguir aumentando: 53%, 56%, 62%, 55% y 71%, cuando los índices estatales se inscriben en una horquilla comprendida entre el 31% y 41%. 5 La población mayor de 64 años era del 7,3 por ciento en 1981, pasó a ser del 9,5 por ciento en 1991, para alcanzar finalmente un volumen de más del 11,0 por ciento en el año 2001. En sólo veinte años la proporción de mayores se ha incrementado en 4,08 puntos. 6 De 25.000 nacimientos anuales en 1980 se ha pasado a menos de 17.000 en 1996 según el INE. La caída de la tasa bruta de natalidad en un 32 por ciento, ha ido acompañada de un drástico recorte de la fecundidad que ha descendido también desde una media de 3,7 a 1,20 hijos por mujer en edad de procrear. 4 la mortalidad general, tanto de la infantil (con 5,5 por mil en 1998) como la de la misma gente mayor7. Contrariamente al modelo demográfico que prevaleció durante la primera parte del ciclo turístico (1950-1975), que se caracterizaba por el aumento del número de nacimientos y por las bajas tasas brutas de mortalidad, sin embargo, se implanta a partir de estos momentos, desde mediados de la década de los años setenta, nuevas pautas sociodemográficas en las cuales el rasgo más sobresaliente es el significativo descenso de la natalidad y de la fecundidad, que implica un mayor desarrollo en la moderación del crecimiento vegetativo que como consecuencia de ello se ha reducido en una tercera parte desde 19808. Ambos factores provocan en la estructura demográfica cambios de diferente sentido; por un lado, la disminución cada vez más notable del peso de las edades infantojuveniles9; y de otra parte, la llegada desde el exterior de un contingente cada vez más numeroso de jóvenes y adultos atraídos por la demanda laboral. El resultado final no es otro que una progresiva concentración de las edades de la población en los diferentes tramos comprendidos entre los 25 y los 50 años. 1.3. Una nueva redistribución de los residentes en cada una de las islas. En Canarias no se ha producido sólo un aumento de la población sino además una redistribución de sus efectivos en el interior de cada una de las islas. Esto último se debe relacionar con las novedosas pautas de comportamiento residencial de los habitantes y que se registra muy especialmente durante las décadas de los años cincuenta y sesenta. A lo largo de los últimos decenios del pasado siglo XX se continúa observando una distribución desigual de los efectivos demográficos sobre el territorio de las islas. Sin embargo, aparecen determinados cambios que muestran nuevas tendencias en la ubicación de la población residente, resultado de una evolución cambiante en los comportamientos residenciales de la población. Esta movilidad residencial es reflejo de la intensificación de la movilidad a nivel regional, insular e intramunicipal. Es, por así decirlo, la manifestación de un fenómeno de retorno residencial a determinados municipios del interior, especialmente a los que rodean a las capitales insulares (Las Palmas de Gran Canaria, Santa Cruz de Tenerife, Arrecife, Puerto del Rosario o Santa Cruz de La Palma) y hacia los núcleos tradicionales de los principales ejes de comunicación (autovía Las Palmas 7 Canarias es, después de la ciudad autónoma de Melilla, la Comunidad española con menor tasa de mortalidad: 7,37 por cada mil habitantes en 1998 (INE), cuando la media del Estado español está en 9,4 por mil para 1999. En el 2001 alcanzó el 6,5 por mil. Los datos sobre mortalidad permiten comprobar que se está produciendo una disminución relativa tanto en hombres como en mujeres debido al incremento de la esperanza de vida fijada en 84 años para las féminas y en 76 años para los varones. 8 El saldo vegetativo entre 1981 y 1999 no ha hecho más que recortarse pasando de 8,9 por mil a sólo 4,13 por mil. El crecimiento vegetativo de Canarias bajó en un 44 por ciento sólo entre 1981 y 1991. La tendencia a corto plazo parece proseguir ese proceso disminuyente, si bien más lentamente. 9 La población joven de 0-14 años de edad era del 31 por ciento en 1981. Desde entonces este grupo de edades no ha hecho más que p erder peso relativo a un ritmo incesante, como lo demuestra el que en 1991 baje a 22,1 por ciento, en 1995 a 19,37 por ciento y en el 2000 a 17,99 por ciento, si bien es preciso recordar que siempre y en todo este tiempo ha estado por encima de la media española con un diferencial de hasta tres puntos. 5 de G.C. a Maspalomas, Santa Cruz de Tenerife-La Laguna-TacoronteLa Orotava o Santa Cruz de Tenerife-Candelaria-El Rosario-Arafo). Pero la movilidad comporta también el reconocimiento de una creciente multirresidencialidad por parte de los canarios que surge cuando el nivel de vida permite acceder a las modernas comunicaciones y a la generalización del vehículo particular. Cuadro Nº 1: Evolución de las densidades de poblamiento por islas y provincias 1900 1940 1970 1991 1998 2001 Canarias 48,93 92,37 151,12 200,58 218,88 273 Lanzarote 21,66 32,15 48,63 76,72 100,29 169 Fuerteventura 7,03 8,29 18,81 22,23 29,53 55 Gran Canaria 82,09 180,35 314,02 427,02 458,97 533 Las Palmas 38,8 79,27 135,02 188,87 209,02 252 Tenerife 67,5 128,79 233,02 306,66 333,08 411 La Gomera 42,6 80,51 61,99 43,14 45,38 7 La Palma 65,68 90,45 10416 111,39 110,45 124 El Hierro 28,88 36,46 21,61 26,62 28,54 38 Sta. Cruz de Tenerife 61,03 108,13 170,5 214,67 230,74 145 Fuente: INE e ISTAC Estos nuevos movimientos residenciales se han de considerar en el marco de un proceso de creciente ‘rururbanización’, con el retorno de población hacia los espacios periurbanos y rurales de las islas (“neoruralismo”), así como el surgimiento de nuevos núcleos residenciales de trabajadores de los servicios turísticos y de la construcción. Con relación al referido cambio residencial destacaremos al menos algunas cuestiones que nos parecen fundamentales: 1.3.1. El crecimiento demográfico prosigue a ritmo trepidante. Entre enero de 2000 y el mismo mes de 2001 la población canaria ha proseguido su habitual ritmo de crecimiento vertiginoso pasando de 1.716.276 a 1.781.366 habitantes, lo que supone un aumento neto de 65.090 nuevos habitantes en tan sólo un año. La población canaria representa ahora mismo el 4,41 por ciento de la del conjunto del Estado, absorbió el 10,55 por ciento del crecimiento demográfico español interanual y se sitúa en el octavo puesto de las comunidades autónomas según su importancia poblacional. Pero este ritmo de elevado crecimiento no es el resultado de una coyuntura aislada o de un ciclo pasajero. Todo lo contrario. Es, por así decirlo, un ritmo de crecimiento trepidante habida cuenta de que viene produciéndose así constantemente desde finales del siglo XIX y, como se aprecia en el cuadro nº2, es el término que mejor define el desarrollo demográfico de Canarias durante 6 Cuadro nº. 2: Disparidades en el ritmo de crecimiento entre la población canaria y española, 1900 a 2002 (en %) ETAPAS CANARIAS ESPAÑA 1.900 - 1.930 54,8 26,9 1.931 - 1.950 42,9 18,7 1.951 – 1.975 75,8 28,3 1.976 – 1.986 15,1 8,3 1.987 – 1.991 1,8 1,0 1.992 – 1.996 7,5 2,0 1.997 – 2.002 14,8 7,3 Fuente: Censos y padrones oficiales (INE e ISTAC) todo el siglo XX. Como consecuencia de ello la población canaria está adquiriendo cada vez más un mayor peso respecto al de la nación. Lo que se puede ver en el siguiente cuadro. Cuadro nº 3: Peso de la población canaria en relación con la del Estado (en %) 1.900 1.950 1.975 1.986 1.991 1.996 2.002 1,93 2,83 3,58 3,81 3,93 4,10 4,41 Fuentes: INE e ISTAC. Censos y padrones oficiales. 1.3.2. La población canaria tiende a concentrarse en las islas centrales. Las islas capitalinas absorben prácticamente toda la población del Archipiélago, quedando un resto muy escaso para distribuirse entre las cinco restantes. Para exponerlo más gráficamente, basta con señalar que de cada cien canarios 44,5 viven en Gran Canaria y 41,5 lo hacen en Tenerife; mientras que a las islas de Lanzarote y La Palma le corresponderían 5 habitantes a cada una de ellas; 2,5 a Fuerteventura, 1 a La Gomera y tan sólo 0,5 a El Hierro. Con ello se pone de manifiesto el notable desequilibrio existente en cuanto a la distribución de la población se refiere. Pero ese desequilibrio viene acompañado a su vez de otros contrastes no menos graves como es el que en cada una de las islas se está manteniendo y acentuando desniveles muy relevantes que se han agudizado en 7 las cinco últimas décadas entre las áreas urbanas (ocupadas por la expansión turística y residencial) por un lado y las áreas rurales tradicionales por otro. Cuadro n.º 4: Distribución de la población por islas y provincias de Canarias 1900(%) 1940(%) 1970(%) 1986(%) 1998(%) 2001(%) Lanzarote 5,03 3,95 3,65 3,9 5,2 5,7 Fuerteventura 3,2 2 1,59 2,2 3 3,55 Gran Canaria 35,14 40,89 43,53 44,9 43,9 43,12 Las Palmas 43,47 46,84 48,77 51 52,13 52,39 Tenerife 37,8 38,08 42,11 41,9 41,6 41,37 La Gomera 4,32 4,33 2,04 1,2 1 1,08 La Palma 12,76 9,31 6,55 5,5 4,8 4,65 El Hierro 1,86 1,42 0,51 0,5 0,5 0.51 Sta. Cruz de Tenerife 56,74 53,15 51,22 49,1 47,87 47,61 Fuente: INE e ISTAC. Elaboración propia La capitalidad insular es un hecho irrefutable y determinante desde cualquier punto de vista que se mire. Las empresas y negocios o cualquier otra actividad no se consideran importantes si no se realizan o se instalan en un ámbito espacial de centralidad inequívoca o principal en la escala de valores establecidos. En este sentido, las capitales insulares han venido sobresaliendo por el peso e influencia del funcionariado y por la potente centralidad administrativa y económica que ejercen sobre sus respectivas islas. Por eso precisamente en cualquiera de las siete islas, la población correspondiente al municipio de las capitales insulares10 sigue concentrando una parte sustancial de sus recursos humanos totales, aun cuando algunas capitales hayan ralentizado su ritmo de crecimiento y puede que incluso estén en trance de reducir el número absoluto de habitantes, puesto que se les escapan ciudadanos debido a la expansión de sus áreas residenciales hacia los términos municipales vecinos, que engloban sus respectivas zonas metropolitanas de influencia. Estaríamos, pues, ante una modalidad de éxodo urbano. Las capitales de las islas de Lanzarote, Fuerteventura, Gran Canaria, La Gomera y El Hierro absorben prácticamente entre un 40 y hasta más de un 50 por ciento de sus respectivas poblaciones, en tanto que los municipios capitalinos de La Palma y Tenerife contarían entre un 20 y un 30 por ciento de sus correspondientes totales insulares 10 Según el Ministerio para las Administraciones Públicas en el año 2001 Canarias contaba con 105.468 empleados públicos que suponen el 4,77 por ciento del total español. De estos, 22.021 corresponden a la Administración del Estado, 55.128 a la Comunidad Autónoma, 23.194 a los Ayuntamientos y 4.325 a las Universidades. Este volumen de empleados supone el 17 por ciento de los trabajadores afiliados a la Seguridad Social (al 31-08-2001) en Canarias. 8 Las demás áreas con densidades elevadas corresponden a los espacios que soportan una actividad turística en grado intensivo. El crecimiento vertiginoso de Lanzarote entre 1986 y 2001 ha beneficiado sobre todo a Arrecife11, como capital insular que es, pero no menos que a Yaiza (que ha multiplicado por tres sus efectivos), Tías o San Bartolomé de Lanzarote. Es decir, todo el litoral meridional conejero que se extiende desde Playa Blanca hasta Costa Teguise constituye en la práctica un espacio fuertemente humanizado y alterado por las urbanizaciones turísticas, residenciales, avenidas marítimas, red de carreteras, puertos pesqueros y muelles deportivos, polígonos industriales, grandes superficies comerciales y aeropuerto. Igualmente de espectacular es el caso de Fuerteventura cuyo vigoroso crecimiento está posibilitando una expansión urbana sin precedentes a Puerto del Rosario y a los dos extremos de la isla: Corralejo (término municipal de La Oliva), por el Norte, y Morro Jable (municipio de Pájara), por el Sur. Otro tanto de lo mismo ha sucedido también en Gran Canaria con los municipios sureños de Santa Lucía12, San Bartolomé de Tirajana y Mogán, estos dos últimos especializados en servicios turísticos, en tanto que el primero se beneficia de la función residencial de trabajadores de los servicios, junto al espectacular crecimiento de Telde, en el Nordeste de la isla. A su vez, Santa Brígida y Valsequillo, en el límite del área metropolitana de Las Palmas de Gran Canaria, también se han visto afectados por la creciente expansión de los polígonos de viviendas sociales, áreas residenciales de baja densidad y pequeñas urbanizaciones de ‘chalets’ aislados, adosados o pareados. En Tenerife los municipios sureños de Granadilla, Adeje, Arona, Guía de Isora y Santiago del Teide, han dado un salto considerable apoyándose en el espectacular crecimiento de la actividad turística, en tanto que Candelaria y El Rosario deben su dinamismo actual a la proximidad con la aglomeración de Santa Cruz de Tenerife-La Laguna. Aunque los desequilibrios subinsulares y comarcales están presentes en todas las islas, los mayores contrastes entre municipios que pierden población y los que ganan en habitantes están localizados en La Palma y La Gomera. Las razones de este fenómeno son más o menos las mismas: por una parte están los núcleos urbanos con fuerte actividad administrativa y de concentración de infraestructuras turísticas y de servicios; y por otra parte, aquellos otros lugares fuertemente caracterizados por las actividades agrícolas o propias del mundo rural que son los que todavía identifican a “una Canarias profunda, arcaica en sus modos de vida y en la explotación de los recursos naturales, y que, no sin dificultades, se esfuerza por adaptarse 11 Arrecife de Lanzarote ha pasado de 31.387 habitantes en 1986 a contar con 48.847 en 2001 debido a la inmigración intrarregional, peninsular y extranjera que agregada a su notable crecimiento vegetativo (con más de 7 por mil entre los años 1995 y 1999) le está generando un crecimiento desbordante. Aunque la expansión urbana se concentra en los barrios de San Francisco Javier o La Vega, en Lanzarote asistimos a un proceso muy dinámico de conurbación en torno a su capital insular en donde participan los núcleos urbanos de los municipios limítrofes de Tías, San Bartolomé y Teguise. 12 En Vecindario es donde se reúne la mayor parte de la población del municipio de Santa Lucía de Tirajana. La población de este término municipal ha pasado de 30.528 habitantes en 1986 a 53.046 en el 2003, convirtiéndose en el tercero de la provincia y el quinto de la región. 9 al modelo de desarrollo económico mediante las fórmulas del turismo rural y el reconocimiento de sus valores culturales”13. Cuadro N.º 5: Los municipios con mayor crecimiento de Canarias 1991 2001 VARIACIÓN EN % Agüimes 15.986 22.012 25,88 Arrecife 33.398 44.980 34,67 Arucas 25.986 32.466 24,93 Gáldar 20.370 22.154 8,75 Haría 2.626 4.027 53,35 Ingenio 21.684 24.439 12,7 La Oliva 7.950 10.548 32,68 Pto. Del Rosario 16.883 21.296 55,51 San Bartolomé de L. 6.798 13.030 91,67 Sta. Brígida 12.224 17.598 43,96 Sta. Lucía de T. 32.732 47.652 45,58 Telde 77.640 87.949 13,27 Teror 10.341 12.042 10,34 Tuineje 7.001 9.843 40,6 Valsequillo 6.467 7.964 21,38 Adeje 9.708 20.255 108,64 Arona 22.721 40.826 79,68 Candelaria 10.688 14.247 33,3 Granadilla 16.884 21.135 26,34 Guía de Isora 11.915 14.982 25,74 La Orotava 35.142 37.438 7,38 Los Realejos 29.829 33.438 12,09 El Rosario 8.103 13.462 66,13 La Laguna 110.895 126.822 16,16 San Miguel 5.118 8.398 64,08 Sta. Ursula 8.599 10.803 25,63 Santiago del Teide 5.914 9.303 57,3 Tacoronte 17.074 20.295 18,86 Fuente: Censos de Población del INE. Elaboración propia. La isla de La Gomera pierde efectivos humanos en términos generales a excepción de su capital insular (San Sebastián) y los núcleos de Alajeró y Valle de Gran Rey por disponer de urbanizaciones especializadas en turismo intensivo. Mientras tanto, el resto de esa isla se distingue cada vez más como territorio de ausencias por emigración masiva, por despoblamiento ininterrumpido y, sobretodo, por sus estructuras sociodemográficas fuertemente envejecidas. La Palma es otra isla que 13 PÉREZ GONZÁLEZ, R. (2000): Gran Atlas Temático de Canarias, p. 165. 16 2.1.8. El mayor dinamismo del mercado de vivienda nueva y usada en municipios agrícolas de tamaño medio y pequeño a precios más asequibles para jóvenes parejas y matrimonios de segundas nupcias constituye un aliciente importante. 2.1.9. Desprecio por la vivienda de alquiler y sentimiento de propiedad muy arraigado. En Canarias, desde hace varias generaciones, la vivienda en propiedad siempre ha significado una inversión segura. Un símbolo de solvencia y de prestigio social. Las viviendas nuevas y usadas en las zonas céntricas presentan el inconveniente de ofertarse a precios muy elevados. La vivienda nueva en La Laguna, Las Palmas de G.C. o Santa Cruz de Tenerife suponían cantidades que iban, en 1999, desde las 149.945 a las 172.731 pesetas el metro cuadrado, incrementándose esos valores durante los años 2000 a 2002, muy por encima de la media estatal28. Mientras que la vivienda usada en esas mismas localidades costaba entre las 115.548 y las 149.782 pesetas29. Ante unos precios tan inaccesibles, es lógico que los mercados inmobiliarios periurbanos tengan en estos momentos un mayor atractivo en términos comparativos para las jóvenes parejas. 2.1.10. El efecto nostalgia del paraíso perdido que asocia vida rural con felicidad, es otra forma de atracción nada desdeñable. La opción por abandonar las ciudades impersonales, con frecuencia hostiles a ciertas sensibilidades, casi siempre está vinculada al fallecimiento de un miembro importante de la familia, un problema de corazón, una insuficiencia respiratoria o, en suma, un acontecimiento impactante que trunca o cambia radicalmente la rutina cotidiana de los sujetos afectados o de sus familiares. 2.1.11. La autoconstrucción de viviendas de primera necesidad social en un momento en que las promociones públicas estaban desbordadas ante el éxodo rural. Sin duda, la apremiante demanda de viviendas en las décadas de los sesenta y setenta unido también a la idiosincrasia del canario, que ante todo desea vivir más independientemente en la periferia, puede tal vez justificar la importancia que ha tenido entre nosotros el fenómeno de la autoconstrucción de viviendas de primera necesidad tanto legal como ilegalmente, o como se prefiere señalar con el tecnicismo de “fuera de ordenación”.30 28 Canarias es la quinta comunidad en el ranking de las subidas del precio de la vivienda nueva durante el año 2001 con 12,4 por ciento, cuando la media española está en 8,9 por ciento. (El País, viernes, 4 de Enero de 2002, p. 52). 29 ISTAC (2001): Anuario Estadístico de Canarias, Año 1999. Pág. 262. 30 La Consejería de Política Territorial del Gobierno Canario tiene censadas hasta 1997 más de 50.000 viviendas y edificaciones ilegales localizadas fundamentalmente en las islas centrales y en las proximidades de las capitales provinciales. Después de esa fecha se han abierto alrededor de cuatro mil expedientes sancionadores por la Agencia de Protección del Medio Natural y Urbano. 17 2.1.12. La evolución del chabolismo y de las infraviviendas típicas de las zonas periurbanas en asentamientos urbanos dignamente consolidados. Muchos de los antiguos asentamientos de chabolas e infraviviendas se han ido dignificando bien por el propio esfuerzo de sus ocupantes o bien gracias a la intervención de las instituciones públicas que han conseguido en determinados casos (La Cabritas o Taco, en Santa Cruz de Tenerife; El Polvorín o El Buque de Guerra en Las Palmas de Gran Canaria) mejorar las condiciones de vida de los trabajadores de clase media baja, tanto vulnerables como excluidos socialmente, acomodándolos bien en bloques de viviendas sociales, en adosados muy dignos o rehabilitando las viviendas que ya ocupaban.31 En todos los casos se consigue el mismo efecto que es el de instalar a estas familias en nuevas barriadas situadas casi siempre en las afueras de las grandes concentraciones. 2.2. La creciente importancia de la dispersión del hábitat y el surgimiento de la “ciudad-isla”. En la última década, el territorio canario se ha visto sometido a la presión combinada de la prosperidad social32 y el desgobierno del territorio, dejado de la mano del mercado inmobiliario, con lo que se ha multiplicado hasta extremos desconocidos la demanda de suelo para usos residenciales, infraestructuras y zonas de ocio, extendiendo el proceso de suburbanización iniciado en los años sesenta hasta consumir cantidades ingentes de suelo agrícola. En este sentido tiene razón L. FernándezGaliano cuando afirma que “A medida que se desdibujan los límites entre la ciudad y el campo, desflecando las tramas de tejido urbano y contaminando con construcciones azarosas los espacios abiertos del ámbito rural, el paisaje se transforma en una amalgama incierta y heteróclita gobernada por las leyes cambiantes del beneficio y la oportunidad, y este naufragio consentido alimenta el fervor por lo que desaparece”33. De la ciudad formalizada y compacta, característica del modelo de poblamiento tradicional, se está pasando al asentamiento disperso de imitación estadounidense. Lo demuestra el crecimiento imparable de urbanizaciones residenciales o la rápida ocupación de las márgenes de las grandes vías de comunicación interurbanas y aledaños de autopistas radiales con radicación de grandes superficies comerciales y polígonos industriales34. Las grandes ciudades insulares están optando por una expansión sobre el territorio rural circundante de las infraestructuras y los usos residenciales generando asentamientos escasamente conectados entre sí y propiciando 31 El Gobierno de Canarias viene desarrollando desde 1987 con cierto éxito Planes de Rehabilitación de Viviendas Rurales y un Plan de Erradicación del Chabolismo, entre (1994-1998. 32 Las viviendas secundarias han pasado de 43.606 unidades en 1981 a 72.824 en 1991, constituyendo un índice de casi un 13 por ciento del Censo de Viviendas de Canarias. Más de la mitad de éstas se encuentran en Gran Canaria y Tenerife. Últimamente el fenómeno de la vivienda secundaria se extiende también a las islas periféricas existiendo ya 6.913 en Lanzarote, 4.695 en La Palma, 2.711 en Fuerteventura, 1.370 en La Gomera y 1.139 en El Hierro. 33 FERNANDEZ–GALIANO, L. (2001): La Ley de la Tierra. El País, Sábado 12 de mayo, p. 31 34 Los urbanistas denominan este fenómeno con el término inglés de sprawl o balsa de aceite. En Canarias, como en todas partes, los grandes centros de ocio y de compras situados en las afueras han distorsionado y desestructurado la trama urbana generando abundante tráfico. 18 embotellamientos de tráfico en las horas punta para entrar o salir hacia o desde las nuevas zonas residenciales a los lugares de trabajo. Con este proceso se está desarrollando una ciudad en huida, como una ciudad expandida y sin fin, que en el presente está generando graves alteraciones territoriales y paisajísticas al desestructurar los usos agroganaderos preexistentes para terminar en un futuro no muy lejano enfrentándose a problemas de mantenimiento por su alto coste económico. El imparable “continuum” urbano es paralelo a la creciente y rápida desagrarización del Archipiélago. Sin embargo, y en contra de la lógica que rige al mercado, las zonas agrícolas cada vez menos productivas y rentables en vez de reducir su valor intrínseco lo están acrecentando al menos desde 1983 al introducirse dentro de la oferta urbanística y paraurbanística. En efecto, a principios de los ochenta el precio medio general estaba en 2.361,9 euros la hectárea, por encima del promedio estatal. Hoy en día el precio de mercado del suelo agrícola se sitúa en 16.155,2 euros las hectáreas, cuando la media nacional está en 5.811,8 euros35. El precio de terrenos para uso agrario en las islas viene siendo uno de los más altos de España, tanto que mientras la evolución de la tasa anual acumulada fue para el conjunto nacional de 5,2 por ciento, en Canarias fue del 12,1 por ciento, es decir, más del doble, entre 1983 y 1997. Por otra parte, el mercado hipotecario de fincas rústicas ha mantenido un dinamismo que en nada se compadece con el bajo nivel que el Valor Añadido Bruto aportado por el sector primario supone para el conjunto de la economía de las Islas, y que durante el quinquenio 1991-1996 no significó más que un escuálido 5 por ciento de la producción total. A menos que se trate de operaciones que encubren lavado de dinero negro, no deja de producir cierta extrañeza que las inversiones en suelo agrícola hayan alcanzado cifras récords en los tres últimos años con 725, 617 y 1859 operaciones, que han movilizado créditos hipotecarios del orden de los 35,4; 30,3 y 90,2 millones de euros, respectivamente para 1999, 2000 y 2001. Ahora bien la expansión urbana no encaja nada con el índice de viviendas desocupadas (12,17 por ciento), uno de los más altos de la Unión Europea. Hecho este último que no deja indiferente a nadie en una región en donde cada vez hay menos matrimonios, la natalidad se ha reducido en más de un 30 por ciento y la tendencia a la desfamiliarización avanza a pasos agigantados. Entonces cabe preguntarse ¿para quién se proyecta la explosión constructiva que se está efectuando en Canarias desde hace más de una década y que va más allá incluso de lo que debería representar el sector inmobiliario en una economía que se supone que debe ser equilibrada como corresponde a un país moderno?36. La respuesta parcial a esta cuestión viene dada en que el mercado inmobiliario en su opacidad satisface a la demanda de bienes de uso inmediato, pero además juega un papel de receptor 35 Fuente: Ministerio de Agricultura y Pesca e I.N.E.. 36 El número de empresas de la construcción y la venta de cemento entre 1995 y 1999 han pasado de 6.118 a 8.378 inscritas en el Directorio Central de Empresas y de 1.177.838 Tms. a 1.902.445 Tms. según el Anuario Estadístico de Canarias, ISTAC, págs. 262-263. 19 de inversiones especulativas al recibir órdenes orientadas a la reventa de edificaciones, inversiones de la RIC para supuestas oficinas y locales de negocios o se utiliza para el afloramiento de capitales de proveniencia desconocida. 3. CONTINUIDAD DE LOS FLUJOS INMIGRATORIOS HACIA LAS ISLAS. El análisis de la evolución de la población de Canarias a lo largo de los últimos años nos muestra el papel decisivo que sobre su crecimiento tienen los residentes llegados a las islas a través de diferentes agregados foráneos. La conjunción de estas tres principales corrientes de llegadas (inmigrantes peninsulares, residentes extranjeros de descanso, inmigrantes laborales extranjeros y entrada de personas indocumentadas37), han comportado un notable crecimiento demográfico que implica, entre otras cuestiones, que en el Padrón de Habitantes del primero de enero de 2000 la población canaria alcanzara la cifra de 1.716.276 habitantes, lo que supone un 6,8 por ciento más respecto al Padrón de 1996. En este sentido, Canarias es, después de Madrid, Cuadro n.º 6: Factores del crecimiento demográfico de Canarias durante 1995 a 2001 Factores de crecimiento En cifras absolutas En % Llegadas desde otras comunidades autónomas(a) 94.901 59,52 Llegadas desde otros países (b) 33.282 20,87 Crecimiento vegetativo (c) 31.282 19,61 Crecimiento total (a+b+c) 159.465 100,00 Fuente: ISTAC. Elaboración propia Cataluña y Baleares, la comunidad española que ha experimentado un mayor crecimiento poblacional en el último quinquenio. Si a esta cifra de crecimiento absoluto le restamos la diferencia entre nacimientos y defunciones registrados, nos resulta un saldo migratorio positivo y numéricamente 37 El Archipiélago canario cambió el signo migratorio negativo en los años sesenta. Desde entonces la inmigración se ha impuesto a la emigración siendo significativa su protagonismo y su participación en el crecimiento absoluto de la población. Entre 1971 y 1986 el saldo migratorio de Canarias arrojó 57.359 llegadas más que las salidas. Sólo en los años 1987-1995 entraron en las Islas 117.243 inmigrantes peninsulares y 16.900 extranjeros que suman un total de 134.000 residentes más. 20 destacado38. Esta dinámica demográfica no es extraña al notable crecimiento económico que vive el Archipiélago que desde marzo de 1996 hasta enero de 2002 ha aumentado su población activa en 190.695 trabajadores, lo que supone un 38,97 por ciento, o sea, más de once puntos por encima de la media nacional. Tan sólo el ejercicio correspondiente a 2001 supuso un crecimiento del empleo de 24.261 puestos de trabajo, con lo que se registró una cifra record de inscripciones en la Seguridad Social que terminó dicho año con 679.974 personas, es decir, un 3,7 por ciento más respecto al 2000. Con una situación así de expansiva, la acentuación de las entradas inmigratorias registradas a lo largo de este último decenio del siglo XX se hace imparable en correspondencia con las siguientes tipologías de flujos que pasamos a describir. 3.1. Inmigrantes que proceden de áreas deprimidas que componen la corriente Sur-Norte. La mayoría proviene de América Latina y de África. El 65 por ciento de los procedentes de África son magrebíes, siendo el resto originarios de países subsaharianos ribereños al océano Atlántico. A mucha distancia le siguen los grupos asiático (hindúes, pakistaníes, palestinos, filipinos, coreanos, chinos y japoneses) y de la Europa central y oriental. Conforman un contingente inmigratorio emergente cuyo móvil es esencialmente laboral y de claro carácter económico. Este grupo inmigratorio está experimentando un notable aumento ligado a la creciente demanda de mano de obra relacionada con el auge del sector de la construcción, en el que se ha registrado coyunturalmente una coincidencia entre la aceleración de la iniciativa constructora del sector privado y un importante plan de inversiones públicas39. La agricultura, los servicios y el comercio también son sectores expansivos que vienen demandando gran cantidad de puestos de trabajo en las islas. La expansión de la construcción40 se ha traducido en una intensificación de la llegada de inmigrantes laborales procedentes mayoritariamente del Magreb, compuesta, en general, por personas con un nivel muy bajo de cualificación socioprofesional.41 Desde la perspectiva de que en los primeros años del siglo XXI se anuncia un decaimiento por agotamiento cíclico de la actividad del sector de la construcción, tanto de iniciativa privada como pública, a causa de la finalización de las obras públicas ligadas a los planes de vivienda y de infraestructuras, así como de una recesión que extiende su acción paralizante al conjunto de las iniciativas productivas, esta población inmigrada dudará entre quedarse al margen del mundo 38 Pese al todavía estimable crecimiento vegetativo registrado en Canarias, éste ya no aporta al incremento absoluto de la población menos de un 25 por ciento, siendo el resto el correspondiente al saldo migratorio. (Informe anual 2000 y 2001 del Consejo Económico y Social de Canarias). 39 En los últimos años se ejecutan planes de infraestructuras, equipamientos y dotaciones en todas las Islas000 millones de financiación estatal y europea. 40 Véase la cita número 35. 41 La economía sumergida es causa y a la vez consecuencia del incesante incremento de la inmigración. Según el periódico La ProvinciaDLP (13 de mayo de 2001), reproduciendo el estudio de la Junta de Galicia titulado La Economía Sumergida, el sector informal de la economía canaria movió en 1999 unos 612.000 millones de pesetas, cifra superior al Presupuesto de la C. A. C. para el ejercicio 2002. 21 laboral y en una situación de paro o verse en la obligación de retornar a sus respectivos países de origen de manera más o menos forzada o cuanto menos no deseada. La situación actual ya es poco estable porque la mayoría poseen contratos de trabajo de duración muy corta o disponen de un nivel de precariedad muy alta. De acuerdo con estas, circunstancias se puede estimar que posiblemente una parte del contingente actual de extranjeros y peninsulares se quede a vivir en las Islas. Esta situación puede traer consigo un proceso de reunificación familiar que daría lugar a una bolsa de marginación económica y/o de pobreza que podría afectar a miles de personas durante las primeras décadas del siglo XXI. Los residentes africanos, iberoamericanos, asiáticos y de la Europa oriental se aproximan en la actualidad a más treinta mil personas. Respecto de esta población agregada foránea habrá que perfilar nuevas estrategias de integración y de formación para su asimilación en un tiempo razonable. Cuadro N.º 7: Extranjeros en Las Islas Canarias (2002) Origen geográfico Provincia de Las Palmas Provincia de Santa Cruz de Tenerife Canarias Población canaria 872.179 801.257 1.673.436 Población extranjera 52.379 55.551 107.930 Procedentes de África 9.399 2.727 12.126 Procedentes de Sudamérica 13.432 12.305 25.737 Procedentes de Europa 24.620 37.334 61.954 Otros extranjeros 4.928 3.185 8.113 Fuente: Ministerio del Interior. Recuérdese las vicisitudes que las islas vivieron durante la recesión económica de mediados de los setenta con el regreso de los expatriados del Sáhara Occidental, cuando todavía la integración de los expulsados de Sidi-Ifni y Guinea Ecuatorial no había concluido. 3.2. Continuidad del aporte peninsular. La expansión del sector de la construcción, de los servicios y la demanda de mano de obra en la pesca y agricultura de exportación también ha atraído a otros flujos inmigratorios procedentes de la 22 Península, especialmente de Galicia42 y Portugal. Naturalmente estos últimos no plantean serios problemas de adaptación ni de integración y el retorno a las zonas de partida, en la medida en que se vaya enfriando la fase expansiva en los subsectores de la construcción y los servicios, está siendo asumido por sus protagonistas. A veces la permanencia en las islas depende de un cambio en las actividades que desempeñan. 3.3. Aplicación de los tratados de libre circulación de personas por el territorio eurocomunitario Cabe esperar en este sentido la continuación de nuevas llegadas a las islas por parte de residentes comunitarios altamente especializados desde el punto de vista socio-profesional, acogidos a los tratados de libre circulación de capital humano en el ámbito de la Unión Europea. Su privilegiada vinculación al mundo de las empresas multinacionales y a las grandes cadenas hoteleras, de transportes, comerciales y financieras, pueden ocasionar impactos sociolaborales significativos en el Archipiélago. El Acta Única de la Unión establece claramente la ausencia de barreras que obstruyan la movilidad de los trabajadores en el seno de los países miembros. Su presencia aquí es ampliamente mayoritaria en relación con los extranjeros censados, destacando alemanes, británicos y originarios de los países bálticos. 3.4.Prolongación de la estancia vacacional. Finalmente constatar que prosigue el mantenimiento de la tendencia al aumento en el número y duración de la estancia de los residentes extranjeros por motivos de descanso y ocio, muy especialmente por parte de personas de edades maduras y mayores con un buen nivel de vida43. Las prejubilaciones y jubilaciones de comunitarios a una media de 57-58 años de edad ha aumentado esta tendencia. La colonia alemana de personas mayores que pasa largas temporadas en Canarias ha sido estudiada recientemente por T. Breuver (Universidad de Regensburg) comprobándose que su número se aproxima a las 90.000 personas. 3.5.Inmigración y rejuvenecimiento de la pirámide de edades. Las edades de los inmigrantes repercute en la estructura de edades de Canarias favoreciendo los tramos correspondientes a los jóvenes y adultos. En 1996, el 70 por ciento de los extranjeros censados estaban por debajo de los 49 años de 42 La importancia de la colonia gallega en las islas se percibió claramente por primera vez en las últimas elecciones autonómicas celebradas por la Comunidad céltica, durante el otoño de 2001, en que las distintas fuerzas políticas que concurrían a las mismas dedicaron tiempo y esfuerzo a captar apoyos de sus conciudadanos residentes en el Archipiélago. Con cierta exageración hemos leído últimamente referencias aparecidas en medios de comunicación peninsulares que afirman que Canarias es la quinta provincia gallega. 43 Es frecuente encontrar en los medios de comunicación testimonios como el de Ilsen Dore Scweizer, alemana de 87 años, trabajadora de la industria automovilística jubilada, que vive siete meses al año junto al mar en Las Palmas de Gran Canaria y lo viene haciendo desde hace once año consecutivos. La Provincia-DLP, sábado, 22 del XII de 2001. 23 edad. Por su parte, la inmigración irregular acentúa aun más si cabe los rasgos enumerados al reforzar con su aportación los peldaños de la pirámide de edades correspondientes a las edades 15-54 años, especialmente los tramos 20-34 años44. Cuadro nº 8: Irregulares llegados a Canarias (1999-2002) 1.999 2.000 2.001 2.002 Total Lanzarote 393 254 959 1.790 3.396 Fuerteventura 1.755 1.858 3.136 7.045 13.793 Gran Canaria ---- ---- 33 212 245 Provincia de Las Palmas 2.148 2.112 4.127 9.047 17.434 Fuente: Ministerio del Interior El resultado de todo ello es que, al final de las distintas fases de implantación y afianzamiento de las actividades turísticas en Canarias, confluyen tres categorías de población residente en la actualidad. Esas categorías son el resultado de los distintos flujos migratorios que han venido llegando a las islas en los últimos 50 años. Este hecho implica una coexistencia espacial y temporal de los diferentes grupos poblacionales que se han ido agregando a la población insular de la fase preturística. Este conglomerado nos permite, sin embargo, distinguir: De una parte, la población autóctona, herencia de la situación anterior a la imposición del modelo turístico de masas, conformada por las personas y descendientes de la población preexistente en las Islas anterior a los años cincuenta. Sobre esta población y su descendencia se agrega posteriormente un contingente poblacional proveniente de las distintas regiones de la Península Ibérica. Configuran estos flujos migratorios, que van entrando en las islas durante estas cuatro o cinco últimas décadas, una población de aluvión con una identidad cultural diferente a la propia de los insulares. Este hecho provoca un primer impacto sociocultural y un cierto aliento a la resistencia en una etapa de colonización y marginación ante el absoluto control administrativo, social y económico del poder central sobre las islas durante el franquismo y la transición preautonómica45. Estos inmigrantes peninsulares incidieron de manera significativa sobre el crecimiento absoluto de la población de las islas, tanto desde la perspectiva de los 44 DOMINGUEZ, J., DIAZ, R. y PARREÑO, J. M. (2001): I nmigración extranjera e integración. La inmigración irregular en Canarias (1999-2000). Pág. 125. 45 Lo que en su día provocó el surgimiento de movimientos independentistas organizados como Canarias Libre, Movimiento p ara la Independencia del Archipiélago Canario, la Unión del Pueblo Canario y Pueblo Canario Unido. 24 agregados de personas adultas, como de los jóvenes que vienen a trabajar. Se produjo también reagrupamiento familiar con personas del mismo origen y se constituyeron a su vez parejas mixtas entre autóctonos y alóctonos. Así como oleadas de retorno bien por jubilación o bien por promoción sociolaboral. Lo que sí se puso de manifiesto es que ambos factores van a provocar un aumento de la natalidad al tiempo que también influirán en el sensible incremento de la población insular, como ya se ha señalado46. A partir de los años ochenta y muy especialmente durante la década de los noventa, se registra una intensificación de los flujos migratorios (cuya insistencia no ha cesado aun) compuesto por ciudadanos procedentes de distintos países europeos, fundamentalmente de la Unión Europea. Esta corriente, sostenida todavía a un buen ritmo, está constituida a su vez por diferentes tipos de contingentes poblacionales: La más importante está formada por una inmigración de corta duración motivada por la búsqueda de descanso y placer. El atractivo climatológico47 y la seguridad son, sin la menor, duda los principales alicientes junto a otras condiciones no menos favorables como son la cercanía relativa, la accesibilidad, los precios y la oportunidad de inversión en el mercado inmobiliario, tanto de viviendas ubicadas en urbanizaciones residenciales costeras como en el interior de los pueblos de las Islas o en sus respectivos espacios rurales48. El mercado local de viviendas rurales para su reforma y rentabilización en régimen de alquiler o en compraventa se ha activado en todas las Islas, incorporándose a esta tendencia las islas Lanzarote, La Palma, La Gomera y El Hierro49. El aumento de los residentes extranjeros que vienen a descansar y la creciente afluencia de turistas internacionales, que superan ya los doce millones de personas al año, provoca una segunda oleada de entradas de carácter laboral ligada a los residentes europeos que llegan a las Islas con la intención de trabajar en ocupaciones de elevada responsabilidad y de alta cualificación socioprofesional. La presencia de esta población comunitaria se puede relacionar con la movilidad que estimula la demanda de especialistas del sector turístico, tanto vinculados a los tours operators como a las cadenas hoteleras y redes de transportes multinacionales (guías turísticos, técnicos, animadores, directivos de hostelería y especialistas de salas de diversión, espectáculos y recreo). Además se sienten atraídas personas del mundo de los negocios inmobiliarios (oficinas de compraventa de inmuebles, agentes inmobiliarios, intermediarios, financieras, etc.) y los empresarios que, en su mayoría, se dedican a negocios relacionados con los servicios, tanto del sector turístico como de las 46 El Plus de Residencia y la descanarización de las administraciones públicas al objeto de impedir aventuras emancipadoras de corte neobolivariano. 47 Véase la cita número 43. 48 La Ley Strauss, por la que se premiaba fiscalmente las inversiones alemanas en el exterior, supuso la llegada de cuantiosas inversiones en el Archipiélago, especialmente en el sector turístico. 49 A este respecto véase las citas números 30, 31 y 33, en donde se relaciona la importancia de las viviendas ilegales y secundarias por Islas. 25 comunicaciones y los transportes. También se pueden incluir en este apartado los free lance, teletrabajadores extranjeros, artistas, creativos, funcionarios y profesiones liberales que viven en su mayoría como autoempleados de forma más o menos habitual o con estancias prolongadas en las islas. 4. TERRITORIO, IDENTIDAD Y SOSTENIBILIDAD. El paisaje distingue y singulariza al Archipiélago. Las encuestas demoscópicas y los sociobarómetros cuando preguntan a turistas y nativos coinciden en sus respuestas, casi siempre hasta en un ochenta por ciento, al señalar que el paisaje es el rasgo diferenciador de las Islas Canarias, seguido de la bondad de un clima inigualable que condiciona estrechamente al territorio con sus usos50. Pero el paisaje es en nuestro caso algo más porque está íntimamente asociado a la cultura, a las tradiciones y a las formas de vida tan características de los canarios. En todas las instancias de la vida insular se tiene conciencia de la fragilidad y escasez del territorio canario, formado por pequeñas islas volcánicas a poco más de cien kilómetros del desierto más tórrido y extenso del mundo. Pero esa conciencia más o menos generalizada no ha sido capaz de conciliar desarrollo y conservación del recurso más importante y atractivo con que cuenta el Archipiélago como es el paisaje. Aunque parezca contradictorio, da la impresión que, después de tantos siglos de pobreza, de calamidades seculares y de emigración, los canarios no tengamos otro referente ni otro objetivo mejor que no sea vivir sin límites lo mejor posible y a costa de lo que sea. La ambición lucrativa y el bienestar individual a escala desmesurada están produciendo impactos tan brutales sobre el territorio que lo amenazan gravemente: sólo en los últimos cuarenta años hemos ocupado más suelo que en los quinientos precedentes. Consumimos cinco veces más productos fitosanitarios y plaguicidas por hectárea cultivada que cualquiera otra parte del Estado español. Hemos desecado las reservas de agua fósil y favorecido la intrusión marina que saliniza los niveles freáticos. La desforestación y el abandono de las actividades agroganaderas facilitan la erosión y pérdida del suelo vegetal. Ya referimos en otro apartado de este ensayo como el parque móvil se duplicó en poco tiempo. Los 1.553,89 kilómetros de costas presentan graves alteraciones por construcción de nuevos núcleos residenciales y turísticos en sus inmediaciones. La contaminación de las orillas del litoral es palpable y los asentamientos urbanos avanzan ahora con fuerza hacia el interior de las islas cubriendo grandes espacios con carreteras y edificios. El precio que estamos pagando por nuestro extraordinario desarrollo supera lo razonable. Las señales de alarma han saltado ya y se pide una inflexión de las tendencias desarrollistas y una reorientación global que limite 50 Sociobarómetro del Gobierno de Canarias correspondiente a los meses de Marzo y Julio de 2001 publicados en La Provincia-DLP el sábado 24 de Marzo, págs.8-12, y el sábado 28 de Julio, págs. 6-12. 32 índice del 0,65. Su reciente evolución también nos muestra una tendencia constante hacia la reducción de este índice. Parcialmente relacionada con las referidas tendencias de las tasas brutas de natalidad, de fecundidad y de reproducción se encuentra también la progresiva disminución del número de Cuadro n.º 12: Natalidad, mortalidad y saldo vegetativo de Canarias entre 1997 y 2001( por mil) Años Natalidad Mortalidad Saldo vegetativo 1997 10,69 6,78 3,91 1998 10,55 7,07 3,48 1999 11,22 7,09 4,13 2000 10,76 6,87 3,89 2001 9.99 6,56 3,43 Fuente: ISTAC matrimonios, que desde 1975 en adelante se traduce en un descenso constante de las tasas de nupcialidad. En el pasado no casarse era una extravagancia o una tara. El estado civil de las personas imprimía carácter. Contraer matrimonio era alcanzar la consideración de persona de orden. Lo romántico era no casarse. En cambio hoy en día el matrimonio está empezando a ser un acto de rebeldía a sabiendas que tres de cada cinco parejas se divorcian. En 1981 contrajeron matrimonio un total de 8.575 parejas. Esta cifra experimenta una drástica reducción diez años después, para luego estancarse a partir de 1996, año en que se registran 7.391 nupcias que supusieron una tasa bruta de 4,61 por mil; tres años más tarde, sólo se produjeron 6.062 casamientos. Hay gente que se casa por la Iglesia (matrimonio canónigo) y gente que se casa por lo civil. Eso no excluye otras alternativas convivenciales al margen del espacio matrimonial y familiar propiamente dicho. También se casan personas del mismo sexo, se unen o se confían bajo un mismo techo. Aunque todavía tengamos dificultades para acceder a registros estadísticos oficiales, sabemos que las parejas de hecho (homosexuales y heterosexuales) están aumentando en las islas cada vez más como corresponde a las sociedades abiertas y permisivas, en donde la tendencia de los humanos es siempre a exacerbar actitudes individualistas (libertad de cargas y compromisos limitadores) o a uniones o relaciones estables periódicas en vez de continuas. Además de los cambios sociales, en donde la soltería emerge como una opción cada vez más aceptada, el fenómeno de la reducción de las cifras de enlaces 33 matrimoniales indica también las numerosas dificultades con que se están encontrando los jóvenes para iniciar el proceso de creación de nuevas parejas. En 1997, los índices brutos más próximos a la media regional se localizaban en Gran Canaria y Tenerife. En las islas de La Palma, Lanzarote y Fuerteventura la tasa de nupcialidad se distancia un punto como mucho por debajo de los valores totales. En cambio El Hierro y La Gomera se alejan hasta en más de dos puntos de la citada referencia. En este proceso evolutivo sí se aprecia como, prácticamente desde 1980 en adelante, se están retrasando progresivamente las edades de contraer matrimonio. Entre la referida fecha y el momento actual, la edad media de los contrayentes ha aumentado en uno, dos y hasta tres años. Las edades en que predominantemente se suelen celebrar los enlaces matrimoniales, tanto en los hombres como en las mujeres, se sitúan entre los 25 y los 30 años61, con diferencias notorias entre las distintas islas. Por ejemplo, en 1999 la edad media de los varones gomeros al contraer nupcias se situaba en 45,91 años, mientras que sus homólogos herreños eran más precoces con 27,77 años. La media de edad de las mujeres es algo más baja y oscila entre los 24,81 años en el caso de las herreñas a los 28,72 de las tinerfeñas. Este cambio contrasta fuertemente con el pasado inmediato puesto que, hace tan sólo tres décadas atrás, la nupcialidad canaria se distinguía por la precocidad de los cónyuges a la hora de contraer matrimonio62. ¿Cómo influye la caída de la tasa de nupcialidad en la natalidad? Por tradición y por influencia del cristianismo en los países de Europa occidental, el descenso actual de la fecundidad se suele asociar con un descenso de la nupcialidad y un aumento de la fragilidad de los matrimonios, tal como se aprecia en la creciente tasa de separaciones y divorcios. Sin embargo, la realidad demuestra que las tasas de nupcialidad y de divorcios tienen cada vez una menor importancia como variables obstaculizadoras o favorecedoras de la fecundidad, debido al incremento de la cohabitación de parejas de hecho fuera de la institución matrimonial y del aumento de las tasas de nacidos al margen del marco oficial del matrimonio formalizado tanto civil como canónicamente. 5.3. Principales causas y factores que explican la reducción de la natalidad y la fecundidad. Los impactos socioculturales del desarrollo del turismo y la modernización que ha traído consigo desde una perspectiva occidental de la sociedad insular, han implicado importantes mutaciones sobre los rasgos característicos de la población canaria que habitaba en las islas antes de la 61 En el Anuario Social de España de 2001 se dice que en Canarias los varones suelen casarse por término medio a los 30,3 años y las mujeres a los 27,8 años. 62 Señala E. Burriel (Canarias: población y agricultura en una sociedad dependiente p. 146-147, Ed. Oikós-Tau, 1982) que todavía en la primera mitad de los setenta el 30 por ciento de las mujeres canarias se casaban con menos de veinte años. 34 llegada del turismo de masas. Desde la un enfoque demográfico, estos cambios aparecen siempre ligados a transformaciones sociales que se van imponiendo progresivamente a lo largo de los últimos cuatro decenios. De entre todos éstos sobresalen los siguientes: 5.3.1. La progresiva desaparición de la familia extensa y su sustitución por la familia nuclear. Mitología y crisis de la institución nuclear. Por definición, la familia constituye un ámbito privilegiado de maduración de las personas, de transmisión de valores, de seguridad económica o afectiva y, en definitiva, de autoprotección de sus componentes. Esta concepción, sin duda tradicional, ha sido hasta hace poco patrimonio exclusivo de las opciones ideológicas conservadoras, en buena medida como resultado de la renuncia de los sectores progresistas a reconocerle un status social positivo. Nuestra sociedad ha descuidado en los últimos años esta figura por lo que se empieza a hablar sin tapujos de incipiente proceso de desfamiliarización. Con el resurgimiento de problemas como la delincuencia juvenil, el fracaso escolar, las desavenencias convivenciales o el creciente endeudamiento, las miradas se vuelven a centrar de nuevo en la maltrecha salud de la institución familiar afectada como es sabido por un sin fin de cuestiones serias y complejas como la incomunicación, desestructuración, subvaloración de su relevancia social o las derivadas de las penurias económicas de una parte considerable de las mismas. Lo cierto es que esta crisis se está haciendo notar externamente. La familia actual no responde a las funciones que la sociedad tradicional le encomendó. De ahí el que se esté produciendo en estos momento un debate tendente a redefinir la adecuación de la institución familiar a las nuevas exigencias sociales y económicas. Se duda poco a estas alturas de que la familia y las situaciones matrimoniales seguirán cambiando todavía más de lo que ya lo vienen haciendo. La existencia de familias con un solo progenitor, con padres no biológicos por adopción o por nuevos y sucesivos matrimonios, con hijos nacidos fuera del matrimonio, el matrimonio de homosexuales o lesbianas, son algunos de los cambios que perdurarán y se extenderán. Nos encontramos, pues, en pleno proceso de deconstrucción y reconstrucción de las figuras del matrimonio y de la familia hacia fórmulas que poco o nada tienen que ver con el pasado. Y no se trata de una fase meramente coyuntural, con un principio y una fecha de terminación con la que se dan por concluidas las mudanzas, como si de una moda pasajera se tratara; sino de una etapa en la que se está entrando de una forma cada vez más dinámica. Es por lo que, en los últimos años, estamos asistiendo a un redescubrimiento de las potencialidades de esta institución y por lo tanto, cualquiera que sea su perfil final, por los efectos positivos que recaen en una sociedad equilibrada, se hace necesario potenciar. Este contexto tan característico de los países avanzados de Europa occidental es fácilmente extrapolable a una sociedad con tanta apertura y liberalidad como históricamente ha sido la canaria. 35 Los cambios sociales y culturales que se registran en el Archipiélago desde aproximadamente la mitad del siglo XX implican el paso de una sociedad rural, fuertemente agrarizada, por una sociedad urbana con hegemonía del sector servicios. Este hecho comporta la progresiva desaparición de formas tradicionales de familia de tipo extensa, troncal o multigeneracional, que hasta entonces predominaba en la sociedad rural insular desde prácticamente sus orígenes más remotos. Esos rasgos se están perdiendo paulatinamente a la vez que se van sustituyendo por otro modelo de familia nuclear, compuesta por padres, madres e hijos, y que se irá imponiendo en la fase de expansión urbana, con tendencia a ir disminuyendo en cuanto al número de sus componentes, así como normalizando otras alternativas convivenciales toda vez que se empieza a admitir que una familia puede estar formada por cualquier combinación de personas, heterosexuales u homosexuales, que compartan sus vidas de manera íntima (no necesariamente sexual y no necesariamente intermediadas por controles administrativos o sociales). Poco a poco se está aceptando que los niños pueden ser tan felices en una familia de adopción como con sus padres biológicos, como también se está admitiendo que una familia no está obligada a la fuerza a tener descendencia. Una mujer no tiene por qué sentirse menos mujer porque decide no tener hijos. Según la oficina estadística de la U. E. (EUROSTAT) uno de cada cuatro europeos nacieron en 1997 de padres no casados. Una proporción que va en aumento, porque era sólo del 10 por ciento en 1980. En España también se avanza en esa dirección de forma que de un escaso tres por ciento se ha pasado a un 11,1 por ciento los hijos tenidos o concebidos fuera de la institución matrimonial. El hecho mismo de que las personas estén transformando el concepto tradicional de familia es indicio de una sociedad sana que supera atavismos y se sacude los viejos prejuicios. Dice S. Hite63 que la estructura cambiante de la familia ha hecho que cada vez haya más mujeres al frente de ella. Hoy son muchas las personas (tanto hombres como mujeres), en el mundo occidental, que prefieren renunciar a la institución familiar definida en términos estrictos y crear unas familias con rasgos propios. Esta circunstancia traerá consigo importantes consecuencias en el comportamiento social y geodemográfico de la población insular. En el antiguo modelo de familia extensa campesina, la dimensión de los hogares posibilitaba un refuerzo de la mano de obra y por lo tanto más ayuda familiar. La dimensión productiva de la familia estaba en íntima relación con el tamaño de la misma, favoreciendo por lo tanto a las más amplias con numerosos miembros, como consecuencia del modelo económico imperante en una sociedad premoderna, con limitado uso de los avances tecnológicos. Así mismo, las personas mayores tenían un papel significativo y decisivo en el seno de las familias mientras vivían. En la sociedad urbana, por el contrario, el tamaño de la familia implica, en primer lugar, problemas relacionados con la dimensión del espacio, ceñido casi siempre a pisos con pocas 63 Secciones habituales de S. Hite en El País Semanal, 2001. 36 habitaciones para la pareja y sus hijos que deben conformarse a núcleos familiares medios de tres a cinco miembros por unidad. El precio de los pisos guarda una relación muy íntima con el tamaño de los mismos. Las familias en general no tienen acceso a ingresos complementarios en forma de ayuda familiar para hogares más amplios64, ya que el tipo de trabajo en las ciudades es de contratación individual y no familiar como en cierta medida sucedía antiguamente en las fincas agrarias y en las comarcas tomateras con la aparcería como sistema de arrendamiento de tierras cultivables. Poco a poco, estos cambios implican un debilitamiento de los vínculos intergeneracionales y de los valores familiares marcados por la tradición. Pero esta situación económica es complementaria a los problemas de alojamiento vinculados al tamaño y a la tipología de las viviendas de los núcleos urbanos, casi siempre menos espaciosas que las rurales. Ambos hechos incidirán sobre una progresiva reducción de la dimensión de la familia por una parte, y sobre la problemática de la acogida de personas mayores por otra. Por lo tanto, en la actualidad, predomina un tipo de unidad familiar en la que es muy frecuente encontrar conviviendo juntos a un menor número de componentes, a consecuencia, por otra parte, de la creciente reducción del número de hijos por mujer en los últimos decenios. Pasamos seguidamente a comentar el panorama general de la familia en Canarias. 5.3.2. La familia en Canarias al finalizar el Siglo XX. Para empezar este apartado hay que señalar que el sociobarómetro realizado por el Gobierno canario el pasado mes de julio de 2001 destacaba que el 97,9 por ciento de los encuestados valoraban mucho/bastante a la institución familiar. Sólo un 31,7 por ciento consideraba a la familia como un ente pasado de moda. Estas valoraciones ponen de manifiesto la fuerte consideración que todavía tiene en Canarias el matrimonio y la familia. Pues bien, sobre esta cuestión lo primero que debemos destacar es que en nuestro Archipiélago la mayor parte de la población de derecho vive en familias nucleares (exactamente el 99,4 por ciento para el año 1996)65, distribuidas entre 355.206 familias que disponen de un núcleo, quedando fuera de esta consideración un total de 6.538 personas. Ahora bien, existen 472.567 hogares66, de los cuales 77.356 son hogares no familiares67 y 12.422 hogares familiares sin núcleo68. En ese mismo escenario apreciamos también como las parejas con hijos ascienden a 234.792 64 Hasta el año 2001, España ha venido destinando a la protección familiar un 245 por ciento menos de la media comunitaria (EUROSTAT). 65 ISTAC (1999): Encuesta de Población. Las familias. Comunidad Autónoma e Islas. Canarias 1996, 182 págs.+XIV. 66 Se considera hogar a la unidad formada por la totalidad de los individuos que están inscritos en una misma vivienda familiar o alojamiento. Las diferencias entre hogar y familia son dos: 1) El hogar puede ser unipersonal pero la familia no. Y 2) los miembros del hogar no tienen que estar necesariamente emparentados, mientras que los miembros de la familia sí. (ISTAC, 1996, pág.8). 67 Se refiere a aquellos hogares compuestos por miem b ros entre los que no existe ninguna relación de parentesco. Se incluyen aquellos en los que figura únicamente una persona en el hogar (de 16 y más años) y aquellos que se componen de dos o más personas que no presentan ningún vínculo de parentesco con la persona principal (ISTAC, 1996, págs.8). 68 Se trata de hogares cuyos miembros están emparentados entre sí, es decir, pertenecen a una misma familia, sin embargo, entre ellos no existe ninguna relación de tipo paterno-filial o de conyugalidad, por lo tanto no existe ningún núcleo familiar. Este grupo comprende también las familias sin núcleo con otras personas no emparentadas. (ISTAC, 1996, págs.8). 37 unidades, mientras que las sin hijos suman unas 65.755, en tanto que las familias monoparentales (es decir, aquellas que están constituidas por madres solas con hijos o padres solos con hijos) se elevan a 54.659 unidades. Junto a esas situaciones cabe indicar que en Canarias existen además otras 27.583 familias con dos o más núcleos69; 123.343 hogares con personas mayores de 64 años (34,7 por ciento de las familias) y 31.661 hogares con personas mayores de 79 años (8,9 por ciento de las familias). Y, finalmente, un dato importante de cara a la edad media de emancipación y por ello sociológicamente significativo proviene del hecho de que casi un 14 por ciento de las familias isleñas convive con hijos de edades comprendidas entre los 25 y 29 años. Como no podía ser menos la aportación foránea a la estructuración familiar del Archipiélago es también relevante si nos atenemos al volumen alcanzado, puesto que supone ya un 25,08 por ciento del total, siendo 50.714 los hogares en donde residen inmigrantes procedentes de otras Comunidades españolas y 38.441 los formados por inmigrantes extranjeros. A la vista de lo que acabamos de exponer podemos destacar unas cuantas apreciaciones que por su notorio alcance pasamos a reseñar seguidamente: Primera, las parejas con hijos suponen una amplia mayoría, con un 66,1 por ciento del conjunto de las familias canarias. Pero queda fuera de esta consideración un resto importante. El 33,9 por ciento de las parejas viven solas. Esta cantidad invita a pensar que la familia de toda la vida cada vez lo es menos. En efecto, la mitología sustentada en el hecho de que una persona no es completamente normal si no consigue formar una familia nuclear empieza a agrietarse. Segunda, las parejas sin hijos elevan su participación a un porcentaje de 18,5 por ciento de las familias, cifra nada desdeñable evidentemente. Cada vez habrán más parejas que vivan solas y esta tónica al parecer tiende a prolongarse en el tiempo. Tercera, las familias monoparentales alcanzan ya el 15,38 por ciento, y se componen (46.406 unidades en 1996) en su mayoría por madres solas con hijos70, frente a las 8.253 formadas por padres solos con hijos. Cuarta, un 32,8 por ciento de los hogares canarios acogen a una persona mayor de 64 años o mayor de 79 años. Se trata de una cifra significativa que no debemos perder de vista. En términos comparativos supone un porcentaje ciertamente elevado que nos permitirá esbozar un enfoque socioasistencial diferenciado en relación con los modelos imperantes en las sociedades occidentales en donde ni por asomo se da una situación parecida. 69 Se trata de hogares cuyos miembros forman una familia que está compuesta por dos núcleos familiares resultado de la existencia de una o dos relaciones de conyugalidad y/o de filiación entre las personas del hogar. De las diferentes combinaciones de dos núcleos p osibles dentro de una familia, se consideran: 1) dos parejas sin hijos; b) dos parejas con hijos; c) dos parejas, una con hijos y otra sin hijos y d) dos núcleos monoparentales con hijos. Incluyen casos de dos padres solos con hijos, dos madres solas con hijos o padre y madre solos con hijos. (ISTAC, 1996, pág. 9). 70 Un porcentaje muy elevado de las familias monoparentales están encabezadas por mujeres solas que tienen que criar uno o varios hijos sin ninguna ayuda de nadie. 38 Quinta, los jóvenes mayores de edad que siguen conviviendo con sus padres suponen todavía un porcentaje significativo. En Canarias los hijos suelen permanecer bajo el mismo techo de sus progenitores hasta los 29 años por término medio. Lo cual está incidiendo en el retraso de las edades de acceso al matrimonio e indirectamente acortando la duración del tiempo fértil en el caso de las mujeres que planean concebir hijos dentro de la institución familiar. Y sexta, los hogares con población inmigrante procedente del extranjero y de las restantes comunidades españolas alcanzaron una cifra relevante en relación con la estructura familiar regional, con un 18,85 por ciento del total. Podemos concluir este apartado señalando que el número de familias tiende a reducirse a la vez que a tener menos miembros por unidad. Cada vez habrá más personas que vivan solas o en familias monoparentales. Cada vez es más frecuente encontrarnos con familias con cónyuges que estuvieron antes casados o con nuevas familias creadas a partir de casados en segundas nupcias. Las parejas de hecho y otras alternativas de cohabitación son también modalidades de conyugalidad a las que debemos acostumbrarnos. 5.3.3. Repercusiones de los cambios señalados en los valores sociales. Los referidos cambios, que poco a poco están contribuyendo a subvertir la estructura sociocultural de prevalente signo retardatario y subdesarrollado, tienen también, como es lógico, sus palpables repercusiones sobre la tipología y los rasgos característicos de la población actual de las Islas. Por ejemplo y para decirlo de un modo muy preciso, las transformaciones socioeconómicas incidieron sobre las formas de percepción tradicional de la institución familiar. Las nuevas circunstancias sociodemográficas de las Islas han impactado sobre un tipo determinado de familia tradicional, implicando el surgimiento de fórmulas innovadoras de emparejamiento, aceptación social de la soltería definitiva como opción libremente elegida, aflorando tipos inéditos de comportamiento y de conyugalidad en las parejas y en la aparición de perfiles y roles familiares hasta ahora desconocidos y, en cierto modo, inaceptados. Podemos aseverar que no existe un modelo unívoco de familia. Aunque incipiente aun, la nueva diversidad en la configuración de las familias forma parte de un pluralismo positivo, una transición fundamental en la organización de la sociedad, que necesita de una mentalidad abierta y la aportación de nuevas ideas. Si la reproducción ya no es la prioridad más urgente en las sociedades modernas, no es de extrañar que haya una rebelión contra la familia tradicional. Era, para decirlo con palabras de S. Hite, hasta históricamente inevitable. Entre las causas más significativas que han venido influyendo sobre estos cambios sociodemográficos, destacaremos por su importancia las siguientes: 39 A lo largo de las décadas de implantación del turismo de masas se registró una transición desde una sociedad cerrada, conservadora, tradicional y eminentemente católica hacia una sociedad más abierta, liberal, mestiza y secularizada. Esta secularización del pensamiento y de las actitudes conductuales implica a su vez una disminución de la influencia religiosa, al tiempo que se pone en resalte el valor del individuo y su desenvolvimiento personal71. Valga como ejemplo de la citada secularización los cambios que se vienen produciendo en los diferentes tipos de matrimonios. En el año 1991, el 70,9 por ciento de los matrimonios se realizaban a través del matrimonio católico, cifra que en los años 1997 y 1998 bajó al 68,1 por ciento. Por otra parte, el tipo de casorio por lo civil ha pasado en los últimos años a ser de un 31,9 por ciento72. La evolución de la sociedad canaria ha implicado pues la implantación de un cambio significativo en las ideas y en el comportamiento de las personas que suponen el poder superar sin penosos traumas la concepción y función tradicional del papel del matrimonio, lo que ha supuesto además un debilitamiento del combinado sexualidad-legitimación matrimonial-procreación. A partir de ese momento se enfatizan las relaciones de pareja. Desde esta perspectiva, la opción actual por la procreación se deja a la libre disposición de las parejas, pero al mismo tiempo se impone la práctica de una planificación familiar que se ha convertido en uno de los imperativos que mayor incidencia han tenido en el descenso de la natalidad y de paso como la principal consecuencia de la aceleración del proceso de envejecimiento de las estructuras demográficas insulares. La presencia de las familias numerosas con más de cuatro hijos, que en 1996 representaban el 52,33 por ciento del total, disminuyen progresivamente. Así el tamaño medio de los hogares canarios pasó de 3,9 a 3,38 miembros por unidad, entre 1981 y 1996. Los hogares con ningún menor de 6 años pasaron de 313.759 en el año 1991 a ser 383.803 en 1996 (ISTAC, 1996). En estos últimos decenios crece, por otra parte, el número de familias con un solo hijo o dos hijos como mucho. Paralelamente en Canarias aumenta el porcentaje de hijos nacidos de madres no casadas (maternidad de adolescentes, solteras, viudas, separadas o divorciadas)73. En 1995 y 1996 estos últimos nacimientos alcanzaban el 20,26 y el 22,43 por ciento del conjunto de los nacimientos, cuando en 1975 la maternidad extramatrimonial no llegaba más que al 2,78 por ciento de los nacimientos de mujeres casadas. El sociobarómetro del mes de Julio de 2001 incluía respuestas como que el 84,9 por 71 El sociobarómetro del Gobierno canario de julio de 2001 señalaba que el 53,5 por ciento de los canarios valora poco o nada la religión. No obstante el 76,2 por ciento asegura que pertenece a alguna religión, mayoritariamente a la católica, frente al 23,2 por ciento que dice no pertenecer a ninguna fe religiosa. La mayoría señala que aun habiendo sido educado religiosamente en su casa, en un 42,2 por ciento nunca o prácticamente nunca acude a una iglesia. Sólo el 12,8 por ciento confiesa que va una vez a la semana a la iglesia. La fe religiosa es calificada de importante para un 15,1 por ciento de los encuestados. 72 ISTAC: Movimiento Natural de la Población, Cuadernos 3 al 7 de 1997 a 1998. Anuario Social de España 2001. 73 Según A. Arbelo Curbelo la natalidad ilegítima hasta los años cincuenta del siglo XX fue elevada oscilando entre un 5 y 7 por ciento de la natalidad general. Desciende luego entre los cincuenta y los sesenta, para empezar a repuntar desde los años setenta en adelante. (Población de Canarias, Siglos XV al XX, y sus fenómenos demográficos sanitarios 1901-1981, págs. 164-168) 40 ciento de la población canaria aprobaba el que una mujer tenga un hijo como madre soltera sin querer mantener relación estable con hombre alguno74. Todos los hechos enumerados implican la existencia de nuevas formas de corresidencia y/o cohabitación que hemos venido señalando hasta aquí. Se aprecia, pues, una creciente importancia de las formas familiares basadas en la cohabitación, lo que implica también un cambio semántico que sustituye al oprobioso concepto de concubinato que empleaba tendenciosamente la sociedad conservadora y tradicional en tiempos pretéritos. Apréciese, además, que el porcentaje de separados/as y divorciados/as se ha duplicado, pasando de 1,9 a 3,3 por ciento sobre el conjunto de la población entre 1991 y 1996 y las rupturas de parejas tiende a elevarse. La cohabitación se estima también que está aumentando desde mediados de la década de los ochenta a esta parte. De todas las maneras cabe señalar que, en general, no se trata todavía de una opción clara por un estilo de vida familiar alternativo, ya que un porcentaje elevado de esta tipología de corresidencia corresponde a segundas o terceras oportunidades de reemparejamiento por parte de personas que antes habían estado casadas. Desde la perspectiva de los cambios económicos durante la mencionada etapa turística, las Islas Canarias se caracterizan por la transición desde una sociedad pobre a una sociedad con un aceptable nivel de bienestar. Pero esta última afirmación no pretende ocultar la existencia de niveles de exclusión social y marginación así como determinadas dificultades económicas y, en suma, la pervivencia de aspectos adversos en cierta medida. Por ejemplo, los grandes obstáculos para encontrar empleo por parte de los jóvenes. De acuerdo con la EPA (13.08.2001) la tasa de paro para los menores de 25 años era de 24,36 por ciento, duplicando la media general. Ello es debido, por una parte, a la débil oferta y/o déficit de nuestros viveros de trabajo; y de otra parte, a la existencia de un mercado laboral inflexible y con muchos elementos de precarización en los contratos. Estos puntos negativos en el panorama sociolaboral no contribuyen a crear las mínimas garantías de estabilidad con vistas a la formación de una familia y menos aún a la procreación intensiva. Así mismo, estos aspectos se complementan con la escasez de viviendas asequibles, circunstancia que está asociada a la especulación del suelo y al control oligopolista del mercado residencial por los promotores urbanísticos. Se ha producido también un cambio decisivo en el papel que la mujer desempeña en la sociedad insular durante el período turístico, lo que lleva aparejado la superación del binomio mujertrabajo-reproducción. El acceso de la mujer al trabajo asalariado extradoméstico también incidirá en los cambios sociodemográficos como no podía ser menos. La tradicional interrelación mujer-trabajoreproducción sufre los primeros síntomas de agrietamiento en igual proporción a medida que se van 74 Los nacimientos de madres no casadas se multiplican por 2,7 por ciento al pasar de 1.400 en 1980 a 3.800 en 1996. Al margen de las adolescentes que conciben hijos precozmente y sin desearlo, la madre soltera actual responde casi siempre al perfil de mujer mayor de 30 años, independiente, con estatus socioeconómica medio alto y con una profesión. 41 imponiendo progresivamente los nuevos roles conductuales asumidos por la mayor parte de las mujeres isleñas. Desde esta perspectiva es muy importante destacar las transformaciones sociológicas que han favoreciendo a su vez cambios sin precedentes en el papel desempeñado por las mujeres en la sociedad actual y que se debe relacionar con distintas causas como son el aumento del nivel de instrucción o el proceso de secularización de las ideas. Es una prueba más de que el desarrollo económico moderno en sociedades abiertas y democráticas ofrece más autonomía individual a las personas que lo hacen posible. Eso ha generado, entre otros muchos aspectos, la superación del papel de la mujer como madre y como reposo del guerrero. La mujer en los últimos decenios ha tenido a su alcance más posibilidades de escolarización, lo que comporta mayores oportunidades de acceder a niveles educativos y formativos de máximo rango. Esta última circunstancia ha permitido, a muchas de ellas, aumentar su participación en el mercado laboral, aun cuando la tasa de paro femenino sea del 17,61 por ciento (EPA), superior en cinco puntos a la media regional. En tiempos pretéritos, la función de la mujer como madre y criadora de hijos no se acababa nunca hasta cumplir los cincuenta años. En la actualidad se ha reducido considerablemente el período reproductivo, tanto en el tiempo de tener los hijos como en el dedicado a su crianza. Durante la década de los veinte del siglo que acaba de terminar, el 50 por ciento de las mujeres de entre 35 y 44 años habían tenido cinco o más partos. Este porcentaje se redujo al 14 por ciento en el año 1970, al 8 por ciento en 1985 y al 6 por ciento en 1991. Hay quien advierte que esta tendencia puede tal vez interrumpirse parcialmente, porque está emergiendo cierta propensión por la que determinadas personas están descubriendo la paternidad en plena madurez, configurando un fenómeno sociodemográfico novedoso, aunque no mucho más. Llegado a este punto cabe señalar que sobre estas circunstancias también ha intervenido el descenso de la mortalidad infantil. Recuérdese que en 1900 eran necesarios 5; 6 ó más hijos para poder garantizar la reproducción demográfica de la familia. Y que, en 1950, sólo eran suficientes tres hijos. En cambio, actualmente, sólo harían falta un poco más de dos para asegurar la sustitución generacional. La caída de la tasa de mortalidad infantil gracias al avance de la asistencia médico-asistencial ha contribuido de modo decisivo a superar los condicionantes de la reproducción intensiva. Canarias presentaba un índice de mortalidad infantil de 5,5 por mil en 1998 por detrás de Ceuta, Galicia, Melilla, Andalucía y Madrid. El resultado final es una reducción de la fecundidad como nunca hasta ahora se había podido verificar a lo largo de la historia de nuestras Islas. Otros aspectos de carácter legislativo o político, como es el caso de la aparición a principios de la década de los años ochenta de la Ley de Divorcio o la Ley que regula la interrupción del embarazo, que han significado importantes cambios en los riesgos de vulnerabilidad de la mujer a lo largo de su vida. Esto último que repercute, de una parte, en el aumento de familias de tipo monoparental; y de otra parte, un mayor cuidado por parte de las mujeres respecto de los hijos que realmente desea tener. 48 del grupo de personas de 65 y más años, es causa directa del descenso de la mortalidad específica del expresado segmento de edad de la población insular. El acceso cada vez más notable de un contingente de personas al tramo de las edades superiores es una de las principales causas del proceso de envejecimiento. Este aumento, cada vez más relevante, con creciente aceleración de su ritmo a partir de ahora, deriva sobre todo como consecuencia de los impactos que incidieron sobre el sector sanitario hechos tan trascendentales como son, entre otros muchos, los siguientes: la financiación estatal del sistema público de salud, la generalización de los hábitos saludables en higiene y alimentación, el despliegue de la asistencia social en atención primaria y hospitalaria, las pensiones de jubilación y la universalización de la enseñanza no universitaria. Estos beneficios y sus indudables repercusiones deben tenerse en cuenta para la necesaria adaptación y reorientación que las situaciones futuras demanden en el rumbo seguido hasta este momento por las políticas sociales y económicas del estado de bienestar. En esa dirección es preciso prever y planificar a corto y medio plazo puesto que las situaciones que ya se vienen generando a este respecto serán sin duda de incesante acumulación de personas de edades elevadas que desbordarán las dotaciones y servicios existentes si no se incrementan pronto y adecuadamente los niveles de gasto en atención social, en el dispositivo sanitario, farmacéutico, hospitalario y residencial. Se trata, en definitiva, de atender necesidades que en estos precisos momentos pasan a ser prioritariamente centrales a las demandas específicas de las mencionadas edades y que, suponen por ejemplo, la adaptación de las viviendas particulares, la supresión de barreras arquitectónicas que impidan la movilidad y la accesibilidad a las instalaciones sanitarias y hospitalarias, a las residencias de la tercera edad, a los centros de día y a las áreas o zonas de ocio, deportivas y de recreo (sector hotelero, gimnasios, balnearios y centros de mayores) mediante el aumento de los presupuestos sociales destinados a la población anciana. A estos efectos es preciso desarrollar también servicios especializados de cara a los mayores como son la investigación básica y aplicada en geriatría, la aplicación de los avances geriátricos en todos los ámbitos, la atención domiciliaria, las tecnologías avanzadas para el cuidado o el seguimiento de personas mayores y/o vulnerables aisladas. Todo lo cual lleva implícito un aumento sustancial de las partidas presupuestarias, especialmente en aquellos casos de atención a las personas más viejas (senectas u octogenarias) y/o al conjunto de la gente pertenecientes al grupo de los mayores con disfunciones o discapacidad. Por otra parte, el consumo de determinados medicamentos específicos, vacunas y prótesis ligados a disfunciones especiales por razones de edad en los mayores (por ejemplo, determinados reductores de grasas y azúcares en sangre, implantes óseos, operaciones de cataratas o la propia viagra), y que hasta hace poco se consideraban superfluos, están pasando ya a la consideración de absolutamente necesarios para elevar en lo posible el nivel de la calidad de vida de las personas. Estas nuevas necesidades, que anteriormente no se 49 entendían como tales, tienen lógicamente una cierta incidencia a su vez en el desarrollo de la industria farmacéutica y en las empresas que producen prótesis y adminículos para diferentes aplicaciones. Señalar de paso que en materia de cobro de las pensiones también se aprecia un cierto interés por captar clientes con la introducción de campañas publicitarias y de “marketing” para atraer a las personas mayores a las distintas entidades bancarias y/o financieras. La tercera edad está posibilitando la creación de nuevas actividades productivas motivo éste por lo que atrae la atención de fabricantes y publicistas deseosos de hacer negocios y de acogerse a estas oportunidades que se les ofrecen. Por último destacar que, en el ámbito de las prestaciones de servicios a los mayores, cabe mencionar su papel como factor potenciador de nuevas actividades económicas y/u optimización de otras que ya están en funcionamiento y como yacimiento de nuevas profesiones y/o reconversión de empleos ya existentes, entre las que podemos destacar la especialización de asistentes sociales, gerentes de residencias, monitores y educadores de la tercera edad, atención domiciliaria, guías para actividades al aire libre, animadores de talleres de destrezas y habilidades, enfermeros, masajistas y fisioterapeutas, psicólogos, psiquiatras, farmacéuticos y médicos especializados en atender dolencias relacionadas con la geriatría así como una larga lista de actividades que requieren el concurso de expertos en la atención y cuidado de nuestros mayores y que de una u otra forma tendrán que ir dando respuestas a la alta demanda de actividades culturales, educativas, deportivas o de entretenimiento que ya se están generando o que, con toda seguridad, a muy corto plazo, aumentarán exponencialmente83. La red regional de clubes de la Tercera Edad y de residencias para mayores está ya prácticamente consolidada en todo el Archipiélago. Lo que no quiere decir que sea suficiente para la demanda real existente. Las administraciones públicas canarias tienen que poner a disposición de los mayores más recursos para cubrir efectivamente estas nuevas exigencias. En los últimos años se están haciendo verdaderos esfuerzos por ampliar la red de residencias y minirresidencias a escala local que cubrirá razonablemente bien toda la geografía insular en poco tiempo. En este sentido y desde las propias instituciones oficiales se apuntan iniciativas plausibles como es el borrador de la Ley Canaria de Educación y Formación Permanente de Personas Adultas que junto a la próxima creación de una red pública de Centros de Educación de Adultos por el Gobierno canario introducirán nuevos y mejores servicios a la comunidad que redundarán en su calidad de vida. 8. CONCLUSIONES GENERALES: UNAS ISLAS ABOCADAS AL PROGRESIVO ENVEJECIMIENTO DE SU POBLACIÓN. 83 PÉREZ RAMÍREZ, B. y CARRILLO BENITO, E. (2000): Desarrollo local: Manual de Uso , Capítulo Xº, págs .323-368. 50 A título de conclusiones podemos señalar que, a nuestro juicio, a lo largo de los últimos años del siglo XX y comienzos del XXI, las principales características sociodemográficas de Canarias se pueden resumir con la exposición de los siguientes aspectos: - La importancia de la expansión demográfica experimentada durante los años 1965 a 1975 nos permite asegurar un crecimiento poblacional positivo con efectos perdurables, incluso más allá del 2000. La reciente adopción de pautas cada vez más restrictivas en la natalidad y la fecundidad, con cifras tendenciales inferiores a la renovación generacional, no remitirán previsiblemente en todavía. En los últimos años del siglo XX y en la primera década del siglo XXI, se acentuará la situación de decrecimiento o implosión en el movimiento natural de la población insular. Esta afirmación se basa en la existencia de un contingente importante de mujeres nacidas durante los años de fecundidad elevada y de nacimientos numerosos (comprendida entre 1960-1975), hecho que implica que, cuando aquéllas culminen su ciclo biológico, el saldo vegetativo resultante tenderá a reducirse más, incluso mucho más todavía en comparación con las etapas precedentes. Por consiguiente, lo que está fuera de toda duda es que de persistir las actuales tendencias desnatalizadoras, lo único que se podría dar es una transformación de este crecimiento natural positivo de momento en otro negativo tal vez allá por los años 2011 al 2021. Hecho este último que puede revertir en un descenso del número absoluto de habitantes, siempre y cuando esta inversión del crecimiento natural no esté compensado por una corriente inmigratoria de sustitución poblacional de cierta intensidad como la que se ha venido produciendo. No olvidemos que el saldo inmigratorio es el responsable del 75 por ciento del crecimiento real. Ante el panorama que se nos viene encima hay voces que sugieren la implantación de políticas pronatalistas más persuasivas que animen a las parejas canarias a tener un mayor número de hijos a través de incentivos económicos, facilidades laborales y mejores dotaciones de servicios públicos. Se invita por ello a considerar experiencias seguidas por determinados países como Suecia o Francia en donde han probado fórmulas parecidas y han obtenido resultados parcialmente exitosos. - Un descenso progresivo del peso de los jóvenes de menos de quince años. La proyección de su presencia en los últimos años del final del siglo pasado muestra un índice del 27,6 por ciento en 1996 para reducir su proporción en el 2001 a menos del 20 por ciento sobre el total de la población canaria. Esta Comunidad atlántica inicia su andadura por el nuevo milenio desdibujando sus típicos rasgos juveniles en su estructura sociodemográfica, cuando durante varios decenios había sido su referente demográfico más visible. - Un aumento importante del peso de los mayores de 50 años, que en 1996 pasó a ser de 25,86 por ciento, equivalente en cifras absolutas a 430.610 personas y que vienen a suponer nada menos que una cuarta parte de la población canaria. Es la primera vez que se registra un hecho de esta naturaleza en la evolución demográfica de las Islas. 51 - Un incremento relevante del número de personas con más de 64 años, que se apropia actualmente del peso que van dejando los más jóvenes, con un porcentaje que pronto superará el 12 por ciento de la población total. En muy poco tiempo el índice de envejecimiento de la población canaria ha aumentado notablemente al pasar de 7,3 por ciento en 1981 a más de un 11 por ciento sobre el total de la población en el 2001, y que, pesar de ello, sigue ostentando el porcentaje más bajo en relación con el resto del Estado. En el año 2011 Canarias tendrá 250.666 mayores de 64 según la proyección de envejecimiento realizada por el ISTAC, es decir, alcanzará un índice de 14 por ciento respecto a la población total, con lo que casi igualará al número de jóvenes menores de 15 años en la primera década del siglo XXI. Cabe señalar dentro del grupo de los mayores una incorporación masiva de personas con más de 75 años, especialmente manifiesto en el caso de las mujeres, lo que implica un proceso de feminización de la vejez. Desde esta perspectiva, el prototipo de persona mayor en la actualidad aparece representado por una mujer de edad media alta, viuda, sola, frecuentemente analfabeta y con un mínimo de ingresos económicos. Es, entre otras razones, la consecuencia de la diferencia intersexos respecto a la esperanza de vida, factor que comporta un elevado incremento del número de viudas. Esta última circunstancia incide también sobre el aumento de los grupos unipersonales que viven solos, que pertenecen mayoritariamente al sexo femenino, y que presentan graves problemáticas de riesgo de vivir bajo umbrales de pobreza extrema, severa o moderada. Este incremento de los tramos con personas de más de 64 años no adquirirá rasgos espectaculares de momento por el hecho de que experimenta los efectos de la caída de la natalidad durante la segunda mitad de los años treinta y durante buena parte de la década de los cuarenta. En cambio, los efectos indirectos del Baby boom de los años cincuenta y sesenta, cuando le toque incorporarse al tramo de los sesenta y más años de edad durante la etapa 2001-2015, darán un vuelco demográfico espectacular a la estructura de edades del Archipiélago canario en tanto en cuanto que se producirá una fuerte concentración de gente mayor en la parte más alta de la pirámide. - Una población adulta de edades comprendidas entre los 15 y los 64 años de edad que continúa ascendiendo y elevando su peso relativo de forma manifiesta. Pero dentro de este segmento de población se está constatando a su vez una clara tendencia a la sobreacumulación de personas en los tramos de edades comprendidos entre los 40 y los 64 años. Este corrimiento hacia las edades situadas en las vísperas del envejecimiento en un futuro próximo de poco más de una década, anticipa ya lo que a corto plazo será uno de los rasgos fundamentales de la evolución sociodemográfica de Canarias. - Mientras todo eso sucede, se registra también una continuación y acentuación de los flujos inmigratorios tanto legales como irregulares. A lo largo de la década de los noventa estas corrientes han registrado niveles muy importantes relacionadas con hechos de carácter coyuntural y ligados a la expansión del sector de la construcción, agricultura y servicios. Estos flujos pueden sufrir, todavía, 52 importantes cambios debido a factores externos a la situación de las Islas. Por una parte, cabe destacar la continuación de la llegada de residentes extranjeros procedentes de diferentes países de Europa Cuadro nº. 15: Emigrantes retornados entre 1996-2002 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 Canarias 1.600 1.654 1.865 2.012 3.282 3.283 3.854 España 26606 27447 30171 35442 44538 47788 51338 Fuente: Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales Occidental y Nórdica, hecho relacionado con las funciones residenciales del territorio canario (prejubilados y jubilados). Por otra parte, en relación con los conocidos movimientos Sur-Norte cabe destacar la cada vez más numerosa inmigración laboral ligada a las actividades turísticas y/o servicios residenciales, junto a una población residente ya establecida que practica el teletrabajo desde las Islas. Todos ellos contribuyen a potenciar unas inmigraciones laborales de tipo económico procedentes de manera cada vez más notable, desde Latinoamérica, países del Magreb y de África en general, con contingentes de desigual importancia llegados desde Europa oriental y desde Asia. A ello se suma el retorno de canarios cuyo número se ha elevado desde 1996. - La mejora de las infraestructuras de carreteras, energía, agua, puertos y aeropuertos, así como la mejor dotación asistencial y de servicios en general que se vienen registrando en las Islas desde 1993 a esta parte constituye un factor que repercute en el cambio de comportamiento residencial de la población insular e implica nuevas demandas sociales de cara la residencia habitual de personas situadas en pueblos del interior y de las nuevas urbanizaciones que se han venido construyendo, en ocasiones como residencias secundarias inicialmente. Este hecho también ha conllevado cambios que pueden incidir en el continuo declive demográfico de una buena parte de los municipios rurales ubicados en las áreas deprimidas que se corresponden a municipios agrícolas tradicionales, que si bien continúan constatando un retroceso en la natalidad, han alcanzado signos de despoblación que vienen arrastrando desde la década de los cincuenta. Sin embargo algunas de estas mismas zonas se han podido dinamizar últimamente a consecuencia de que vienen registrando saldos migratorios positivos y que por esta razón se pueden convertir en potenciales áreas de absorción de nuevos residentes (neorrurales e inmigración laboral). En este sentido se viene apreciando últimamente una cierta reactivación de los diferentes movimientos migratorios intrarregionales, subinsulares, intercomarcales y submunicipales. - Conjuntamente a los aspectos señalados anteriormente, se constata además una continuación del incremento e intensidad de ocupación de los municipios litorales y/o turísticos en los que se concentra 53 una parte importante de la población insular. Estas áreas más dinámicas registran todavía en la actualidad un número elevado de jóvenes y una estructura demográfica más vigorosa. Sobresale en este sentido el dinamismo de la población de los municipios especializados en actividades turísticas como Tías, Yaiza, Pájara, La Oliva, San Bartolomé de Tirajana, Mogán, Puerto de La Cruz, Arona, Adeje, Santiago del Teide y Guía de Isora. - Otros aspectos que merecen la pena señalar aquí son los cambios en los riesgos de vulnerabilidad a lo largo de la vida de las personas. La legalización del divorcio en el año 1981, como respuesta afortunada a una demanda social muy sentida, se erige sin embargo en una de las causas que más ha influido en el aumento de los referidos riesgos, especialmente en el caso de las mujeres en edades muy maduras que se ven abocadas a la separación matrimonial y tienen dificultades para su inserción en el mercado laboral, de acuerdo con su educación tradicional y su escasa experiencia en el mismo. - En los últimos años del siglo XX, la reducción del número de nacimientos también ha tenido importantes repercusiones sociales. En primer lugar implica una menor demanda y/o presión en la solicitud de servicios en el campo de la educación de los niños y de los jóvenes de escolarización obligatoria. En general, después de una fase expansiva inicial, entre 1983 y 2001, el número de alumnos matriculados en la enseñanza no universitaria se está desacelerando puesto que las cifras han pasado de 347.953 a 328.626 lo que arrojan una disminución de 19.427 matrículas, a pesar de la ampliación del servicio educativo obligatorio desde los tres hasta los dieciséis años con las reformas recientes del sistema educativo. En donde se nota más la reducción es en el segmento de la Enseñanza Primaria que prácticamente ha perdido la mitad de su potencial en ese mismo período. En teoría, este hecho puede repercutir en una mejora de la calidad de la educación, especialmente en una racional relación entre el número de alumnos y el de maestros/profesores. Por el contrario, se corre el riesgo de que este servicio también podría experimentar ciertas repercusiones negativas si los gobiernos decidiesen reorientar parte de los presupuestos dirigidos hasta ahora a la educación infantojuvenil hacia las diversas demandas educativas de la población adulta, así como a las numerosas tipologías de ocio, cultura y distracción ofertadas de cara a una gente mayor que cuenta cada vez con más poder de decisión electoral. Es esto último lo que explica el que la parte proporcional del gasto destinado a la Educación por la Comunidad canaria ha pasado del 31 por ciento en el 2000 a sólo un 29 por ciento en el 2002. Como resultado de lo anterior, y en segundo lugar, la crianza y la educación de los hijos pueden resentirse como consecuencia de los cambios presupuestarios introducidos que tienden hacia una menor dotación del gasto finalista orientado a la enseñanza pública. - Y, finalmente, en tercer lugar, digamos que la incertidumbre derivada de la decadencia que empieza a experimentar la nupcialidad no se sabe a ciencia cierta hacia donde conducirá en materia de formalización de nuevas familias, pero sin duda, sí se notará de forma ostensible a corto y medio plazo 54 si el número de matrimonios prosigue la tendencia a limitar su presencia nada más que a la propia pareja. 9. BIBLIOGRAFÍA GENERAL BAKER, ROBIN (2001): El futuro del sexo. Reproducción y familia en el S.XXI. Ed. GrijalboMondadori. Col. Arena Abierta .Barcelona. CENTRO DE INVESTIGACIONES SOBRE LA REALIDAD SOCIAL (CIRES): La realidad social en España 1995-1996. 850 páginas. BBK, Fundación BBV y Fundación Caja de Madrid. 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