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De textos y semillas. Una aproximación carpológica a la explotación de los recursos vegetales por la población prehistórica del yacicimiento de El Tendal (San Andrés y Sauces, La Palma)

Morales Mateos, Jacob

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UNIVERSIDAD DE LAS PALMAS DE GRAN CANARIA FACULTAD DE GEOGRAFÍA E HISTORIA DEPARTAMENTO DE CIENCIAS HISTÓRICAS ÁREA DE PREHISTORIA DE TIEXTOS Y SEMUJLAS. Una aproximación carpológica a la explotación de los recursos vegetales por la población prehistórica del yacicniento de El Tendal (San A ndrés y Sauces, La Palma) I.AN ¡-'••M.ivsAS C2 G. C-WARiA i N " Doc.r,:',,10 ál^l»<á_33_Su V° B° La Directora Memoria de Licenciatura que presenta Jacob Morales Mateos, dirigida por la doctora Amelia del Carmen Rodríguez Rodríguez. Departamento de Ciencias Históricas de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria índice ÍNDICE 0. INTRODUCCIÓN 1. EL ESTUDIO DEL APROVECHLAMIENTO DE LOS PRODUCTOS VEGETALES EN LA PREHISTORIA. LOS ANTECEDENTES. 1.1. El sxirgir de una disciplina. La paleocarpología. 1.2. Los estudios carpológicos en la Península Ibérica. 1.3. Canarias y la Arqueobótanica. 2. LOS RECURSOS PARA EL ESTUDIO DE LA EXPLOTACIÓN DEL MEDIO VEGETAL EN LA PREHISTORIA DE CANARIAS. 2.1. Las fuentes Etnohistóricas. 2.1.1.Una introducción. 2.1.2. El ecosistema explotado. 2.1.3. La actividad recolectora. 2.1.3.1. La alimentación. 2.1.3.1.1. Frutos y semillas. 2.1.3.1.2.Órganos subterráneos. 2.1.3.2. El forraje. 2.1.3.3. Los combustibles. 2.1.3.4. Las herramientas de trabajo. 2.1.3.4.1. La madera. 2.1.3.4.2. Las fibras vegetales. 2.1.3.4.3. Las hojas. 2.1.3.4.4. La corteza. 2.1.3.5. Productos químicos. 2.1.3.5.1. Sustancias tóxicas. 2.1.3.5.2. Pigmentos. 2.1.3.5.3. Gomas o resinas. 2.1.3.5.4. Aromas y esencias. 2.1.3.5.5. Recursos fitomédicos 2.1.3.6. Características en la relación sociedad planta. 2.1.3.6.1. La percepción del medio vegetal. 2.1.3.6.2. Aspectos biofísicos. De textos y semillas. Una aproximación carpológica a la explotación de los recursos vegetales.. 2.1.3.6.3. Los aspectos socioeconómicos. 2.1.4. El sistema Productivo Agrícola aborigen. 2.1.4.1. Los medios de producción. 2.1.4.2. Las actividades agrícolas. 2.1.4.3. Las relaciones sociales de producción. 2.2. Las fuentes etnográficas. 2.2.1. Introducción. 2.2.2. La recolección vegetal. 2.2.2.1. Los recursos comestibles. 2.2.2.2. El forraje. 2.2.2.3. El combustible. 2.2.2.4. Herramientas de trabajo. 2.2.2.4.1. La madera. 2.2.2.4.2. Las fibras vegetales. 2.2.2.4.3. Las hojas. 2.2.2.4.4. Corteza. 2.2.2.5. Los productos químicos. 2.2.2.5.1. Productos tóxicos. 2.2.2.5.2. Tintes y colorantes. 2.2.2.5.3. Látex. 2.2.2.5.4. Aromas y esencias. 2.2.2.5.5. Productos fitomédicos. 2.2.2.6. Aspectos socioeconómicos de la recolección. 2.2.2.6.1. Relaciones sociales. 2.2.2.6.2. La división laboral. 2.2.3. El sistema agrícola. 2.2.3.1. Las actividades agrícolas. 2.2.3.2. Relaciones sociales de las actividades agrícolas. 2.3. Las fiíentes arqueológicas. 2.3.1. Introducción. 2.3.2. La recolección. 2.3.2.1. Los productos comestibles. 2.3.2.2. El forraje. 2.3.2.3. El combustible. 2.3.2.4. Las herramientas de trabajo. 2.3.2.4.1. La madera. 2.3.2.4.2. La fibra vegetal. 2.3.2.4.3. Las hojas. 2.3.2.4.4. La corteza. 2.3.2.5. Los productos químicos. 2.3.3. La explotación de los recursos agrícolas. índice 2.3.3.1. Las actividades agrícolas 2.3.3.2. Las relaciones sociales de producción. 3. PROPUESTA METODOLÓGICA PARA EL ESTUDIO DEL APROVECHAMIENTO PREHISTÓRICO DE LOS RECURSOS VEGETALES. LA PALEOCARPOLOGÍA. 3.1. Propuesta metodológica para la recogida de información etnobotánica. 3.1.1. La recuperación de la información etnográfica. 3.1.2. La recuperación de la información etnoarqueológica. 3.2. Propuesta metodológica para el estudio de los restos paleocarpológicos. 3.2.1. El muestreo. 3.2.2. La recuperación de los restos carpológicos. 3.2.2.1. La técnica de flotación. Ventajas y problemas. 3.2.3. La conservación de los restos carpológicos. 3.2.4. Los criterios de identificación. 3.2.4.1. La ilustración de los restos carpológicos. 3.2.4.2. Los rasgos identificativos. 3.2.5. La interpretación de los restos. 3.2.5.1. La tafonomía. 3.2.5.2. El tratamiento estadístico. 3.2.5.3. Distribución de los restos dentro del yacimiento. 3.2.5.4. La reconstrucción del paleoambiente. 3.2.5.5. La reconstrucción de los aspectos socieconómicos. 3.2.5.5.1. Las actividades agrícolas. 3.2.5.5.2. La dieta. 3.2.5.5.3. Las relaciones sociales en las actividades agrícolas. 4. LA PRÁCTICA. APROXIMACIÓN ARQUEOBOTÁNICA A LA EXPLOTACIÓN DE LOS RECURSOS VEGETALES DURANTE LA PREHISTORIA DE EL TENDAL. 4.1. Planteamiento de la investigación. 4.1.1. Historia de la investigación arqueológica en La Palma. 4.1.2. La sociedad auarita. Estado de la cuestión. 4.1.3. La problemática. 4.2. La Cueva de El Tendal. Historia de su investigación. 4.2.1. El proyecto de las Cuevas de San Juan. 4.2.2. Las Campañas arqueológicas De textos y semillas. Una aproximación carpológica a la explotación de los recursos vegetales.. 4.3. La Cueva del El Tendal. Geografía física. 4.3.1. Rasgos fisiográficos. 4.3.2. Geomorfología. 4.3.3. Rasgos biocümáticos. 4.3.4. Disposición interna. 4.3.4.1. Área A. 4.3.4.2. Área B. 4.3.4.3. Área C. 4.4. AnáUsis de los macrorrestos vegetales. 4.4.1. El muestreo. 4.4.2. La recuperación de los macrorrestos. 4.4.3. La identificación de los macrorrestos. 4.4.3.1. Estudios precedentes. 4.4.3.2. Metodología empleada en la identificación de los carporrestos. 4.4.3.3. Las especies identificadas. 4.4.4. La interpretación de los datos. 4.4.4.1. La cuantificación de los datos. 4.4.4.2. El paleoambiente. 4.4.4.3. Las actividades de explotación del medio vegetal: La agricultura y la recolección. 4.4.4.3.1. Las especies cultivadas. 4.4.4.3.2. Las actividades agrícolas. 4.4.4.3.3. Las actividades de recolección silvestre. 4.4.4.4. La dieta de los habitantes de El Tendal. 4.4.4.5. Las relaciones sociales. 5.CONCLUSIÓN. 6.GLOSARIO. 7. ANEXO. RELACIÓN DE MATERIAL BOTÁNICO DE REFERENCIA 8. BIBLIOGRAFÍA. índice 0. INTRODUCCIÓN. El trabajo que aparece en las siguientes páginas es el reflejo de mis intentos por conjugar dos aspectos del conocimiento por los que siempre me he sentido atraído, la historia y la botánica. En primer lugar está mi interés por la historia, por las personas y por los procesos de cambio experimentados a lo largo del tiempo que nos han llevado a ser lo que somos. Esta búsqueda de una comprensión de la realidad humana, haciendo especial hincapié en el esclarecimiento de los orígenes, ha sido uno de los factores que me incitó a matricularme en la facultad de Geografía e Historia. Por otro lado se sitúa la atracción que siempre he experimentado por el mundo vegetal. Una afición a las plantas muy influida por la constante presencia en mi entorno de la rica Flora Canaria, así como por los tempranos estímulos familiares. Estas dos disciplinas se conjugan en los estudios paleoetnobotánicos, por lo que estos constituían un campo de trabajo doblemente atrayente para mí. Por una parte, con ellos podría lograr hacer realidad ese deseo de investigar en ambas vertientes del conocimiento. Por otra, colmar un vacío en los estudios sobre la prehistoria de las islas, ya que son muy escasos los trabajos referidos al tema que hay publicados en el Archipiélago. Mis primeros conocimientos sobre esta temática los adquirí en un trabajo de la asignatura de Prehistoria de Canarias que al final ha terminado dando como resultado esta tesina. Y esto se debió en gran medida al rápido apoyo que recibí por parte de mi profesora, quien a la postre sería también directora, Amelia Rodríguez. Hasta estos últimos años, los estudios sobre la explotación de los productos vegetales, especialmente las semillas y frutos, por las sociedades prehispánicas se limitaban a los datos extraídos de las fuentes etnohistóricas, más conocidas como crónicas, y a unos pocos restos arqueobotánicos analizados de forma fragmentaria. La carencia de especialistas autóctonos y de una metodología eficaz en la recuperación de las evidencias arqueobotánicas perpetuaba esta limitación. En el caso de la prehistoria de La Palma esto significaba asumir, tal como afirmaban los textos, que en esta isla la agricultura no había sido practicada por sus habitantes, dedicándose a la ganadería y a la recolección marina y vegetal como principales actividades proveedoras de alimentos. Sin embargo, durante la campaña de excavaciones llevada a cabo en el yacimiento de "El Tendal", en 1987, apareció un conjunto de semillas que, analizadas de forma preliminar, proporcionaron los primeros datos sobre la práctica de la agricultura en La Palma. De esta manera, los datos materiales contradecían a los textos y proporcionaban nuevas pistas sobre un aspecto totalmente desconocido de la población auarita. No obstante, estos primeros resultados no se publicaron monográficamente debido a que presentaban algunas carencias, pues habían sido realizados por especialistas foráneos que desconocían muchos aspectos de la Flora Canaria. Con De Textos y semillas. Una aproximación carpológica a la explotación de los recursos vegetales... estos antecedentes, se me dio la posibilidad de estudiar el material carpológico del Tendal para la realización de mi tesina, lo que fue una perfecta oportunidad para acercarme a un aspecto desconocido de la prehistoria palmera y por extensión del archipiélago. Esto suponía, en primer lugar, introducirme en un mundo apenas conocido por mí, la arqueobotánica. La carencia de especialistas en carpología en el archipiélago implicaba la necesidad de establecer relaciones en el exterior, pero a la vez iniciar un trabajo botánico relacionado con la Flora Canaria que debía empezar desde cero. Con estos objetivos establecimos contacto con Lydia Zapata Peña, arqueobotánica asociada a la Universidad del País Vasco, que se prestó a introducirme en esta faceta de la arqueología. A la vez, y este hecho supuso un paso fundamental en el progreso de esta investigación, iniciamos un acercamiento al Jardín Botánico " Viera y Clavijo" con la intención de obtener la instrucción imprescindible sobre todos aquellos aspectos relativos a la botánica en general. Gracias a este contacto, Águedo Marrero Rodríguez investigador del citado jardín se prestó a asesoramos. El resultado de esta fructífera colaboración se refleja en una parte importante del trabajo que aquí se presenta. Sin embargo, esta memoria de licenciatura no se limita a ofrecer un trabajo botánico de identificación de especies arqueológicas. El objetivo básico de este trabajo es relacionar estas semillas con las personas que las manipularon, y para ello se debe partir de una conceptualización de las sociedades que explique de una forma coherente su funcionamiento. Así, me fui introduciendo en el apasionante mundo de la epistemología. Entre todos los enfoques sobre los que hemos discutido he optado por una visión que combinara el estructuralismo y el marxismo. Estructuralista en el sentido de diseccionar la sociedad en múltiples aspectos, entre los cuales la realidad material e ideal juegan un papel simétrico, lo que va a centrar mis indagaciones tanto en la producción como en las relaciones sociales que la articulan, no descartando tampoco la percepción del entorno que nos rodea como un determinante del comportamiento social. Y marxista en la manera de entender la historia como un proceso de cambio, el cual está dinamizado por una dialéctica que enfrenta a las diferentes estructuras de la sociedad y a los propios individuos. Combinando esta posición teórica con un estudio sistemático, riguroso y pormenorizado de los restos carpológicos he intentado introducirme en la explotación de los recursos vegetales por parte de la gente que habitó el Tendal durante un amplio período de la prehistoria auarita, que abarca desde la llegada de los primeros colonos a la isla de La Palma, hasta un momento de la fase cerámica III, anterior al siglo X d.C. Para ello he articulado el presente trabajo en cuatro capítulos mediante los cuales se expusiera el fruto de mis investigaciones. En el primer capítulo he tratado de acercarme a los estudios precedentes sobre la temática aquí propuesta, con el fín de entender el panorama actual y justificar la elección de un aspecto de la arqueobotánica que está apenas despegando en este territorio. Para ello presento una historia de la investigación que haga referencia tanto al desarrollo de estos estudios en el extranjero, como en el ámbito nacional y regional. Introducción Una vez expuesto el contexto histórico que enmarca esta disciplina de la arqueología, la siguiente fase del trabajo consiste en presentar los recursos con que se cuenta en Canarias para estudiar la explotación de los recursos vegetales durante la Prehistoria. Por ello, en el segundo capítulo presento tres grandes apartados. En un primer momento trato las fuentes etnohistóricas. Para ello parto de una crítica hermenéutica que intenta discriminar las posibles distorsiones que ofrecen los textos. Luego, a través de una estructuración que se va a repetir en el análisis de las fuentes etnográficas y arqueológicas, selecciono todos aquellos datos que ofrecen algo de luz sobre el aprovechamiento de las plantas por la población prehispánica. De una forma similar se plantea una lectura de las fuentes etnográficas, que constituye el segundo apartado. En este caso, el volumen de información a tratar es mucho más ilimitado que las fuentes etnohistóricas, debido a que existen más textos que tratan directamente, pero sobre todo de manera tangencial, el uso del mundo vegetal por parte de la población canaria. Por tanto este es el subcapítulo menos exhaustivo, a pesar del volumen que ocupa. El objetivo principal que me he marcado en el mismo es obtener criterios fidedignos para ir discriminando qué usos y plantas han sido introducidos tras la conquista y cuáles otros son pervivencias del pasado prehispánico. El tercer apartado presenta todos aquellos datos arqueobotánicos que sobre la prehistoria de Canarias se han publicado. El objetivo de un análisis tan pormenorizado de los recursos literarios con que se cuenta en Canarias para el estudio del aprovechamiento vegetal es mostrar, empleando la misma estructuración, las limitaciones de cada una de las fuentes y lo que esto supone para la comprensión de estos aspectos. Al exponer las deficiencias se consigue una percepción ideal para proponer un nuevo método de estudio que corrija dichos errores. En el tercer capítulo de esta memoria hago una propuesta metodológica que permita subsanar las carencias antes citadas. Para ello parto de los trabajos etnobotánicos y arqueobotánicos que se han ido desarrollando a lo largo de los últimos 40 años. Con esto pretendo obtener un Corpus de datos rigurosos que permita avanzar en el estudio de este aspecto de la prehistoria canaria. Esta parte la considero fundamental, debido a que la aplicación de una metodología inadecuada ha provocado la pérdida de infinidad de datos arqueobotánicos, y con ello el estancamiento de estos estudios. Por último, en el cuarto capítulo trato de poner en práctica esta metodología aplicándola a los restos carpológicos recuperados en el yacimiento de "El Tendal" en la citada campaña de excavaciones de 1987. Este sitio arqueológico constituye uno de los enclaves del Archipiélago más apropiados para comenzar a aplicar este modelo. En primer lugar, las intervenciones arqueológicas formaban parte de un ambicioso proyecto que intentaba, desde una perspectiva ecológico-cultural, desentrañar muchos aspectos del modo de vida de los antiguos auaritas a lo largo de un importante segmento cronológico. El Tendal fue el lugar donde se centró el trabajo de campo, librando una ingente cantidad de material que ha servido para que numerosos investigadores hayan realizado interesantes contribuciones en distintos aspectos relacionados con la De Textos y semillas. Una aproximación carpológica a la explotación de los recursos vegetales... cultura material, con los procesos productivos e incluso con la evolución paleoambiental. Todos esos datos están ahora disponibles para enriquecer y contrastar los obtenidos en mi trabajo. Sin embargo, la cueva no se concebía como un lugar aislado de su contexto, sino como reflejo material de la relación entre las diversas estructuras que componían la realidad física y social que configuraba el "mundo" aprehensible de los palmeros prehispánicos. Los resultados de esta investigación pretenden ser una primera toma de contacto con el estudio de los restos carpológicos. Mi principal aportación en este trabajo se centra en la identificación e interpretación de los macrorrestos encontrados, tratando de recomponer en lo posible, con la ayuda de los recursos etnográficos y etnohistóricos, la forma que tomó, entre los habitantes del Tendal, la explotación de los recursos vegetales y como ésta se articula en el modo de vida de esta población prehistórica. Aunque por otro lado también es básico el comenzar a resolver una problemática histórica que ha mantenido estáticos algunos aspectos del pasado canario. Antes de empezar, como dicen que de bien nacido es ser agradecido, me gustaría mostrar mi reconocimiento a todas aquellas personas que han hecho posible este trabajo. En primer lugar a mi madre y a mi padre, quienes a pesar de todas las dificultades siempre han estado en el lugar que yo necesitaba para realizar esta tesina. En segundo lugar, a Amelia Rodríguez, directora y compañera que desde un principio confió en mi. Mucho de lo que sé sobre la prehistoria, la ciencia y la amistad se lo debo a ella. Además, esta tesina es también finato de su trabajo y dedicación, y como tal se merece una retribución por todo ese esfuerzo. Junto a Amelia, Águedo Marrero ha sido mi otro mentor. Con él he aprendido todo lo que sé sobre botánica, y me ha enseñado a mirar con otros ojos a las plantas. Gracias por todo ese tiempo y empeño que has dedicado a la realización de esta investigación. Espero que esta tesina no sea sino el comienzo de un fructífero trabajo, con el que pueda seguir enriqueciendo los conocimientos de la prehistoria y la botánica canarias. Por supuesto, este trabajo también debe una gran parte a Lydia Zapata, quien ha sido mi guía por este mundo de la arqueobotánica, y que junto a Leonor Peña, han conectado estas pequeñas islas con lo que se hace en el resto del mundo. Entre todos aquellos que han arrimado el hombro no me gustaría olvidarme de nadie. A Ernesto Martín, Manolo Ramírez y Antonio Betancor tengo que agradecerles su ayuda en los aspectos técnicos de esta tesina. Tampoco puedo olvidarme de los ánimos y las ideas que siempre me han ofrecido los chiquillos y chiquillas de la arqueología: Félix, Julián, Marcos, Alejandro, Pepillo, Tere, Abel, Elieser, Orlando, Paco el "ruin", Gloria y más, porque siempre han estado esperando que este trabajo saliera para adelante. Gracias también a otros no tan chiquillos como Xabi, Vero o Valentín, que han confiado en mi como persona y arqueólogo, y a la gente del Jardín botánico "Viera y Clavijo", por lo rápido que me han acogido. Por supuesto a toda mi familia y a toda la basca del garaje. Gracias por aguantarme a mí y a mis semillas. Y en fin, gracias a todos los que de alguna forma u otra han permitido que yo presente esta tesina. Me siento orgulloso de que hayan sido ustedes y no otros los que aparecen citados en estas líneas. Capítulo 1 Entre los primeros investigadores que empezaron a interesarse por los restos arqueobotánicos destaca Sebastián Jiménez Sánchez, quien en sus actividades arqueológicas desarrolladas a partir de los años 40 comienza a recuperar restos vegetales prehispánicos en la isla de Gran Canaria, principalmente semillas, tejidos y maderas. Fruto de su excavación en una casa aborigen en la Hoya del Paso, Tamaraceite (Gran Canaria) es el descubrimiento de un recipiente cerámico con lo que él definió como trigo ennegrecido por el tostado y que supone el primer vestigio directo sobre el consumo de cereales por la población de Gran Canaria (Jiménez Sánchez, 1952). Su labor arqueológica a este respecto se completa con la recuperación de lo que Jiménez designa como trigo, cebada, mocanes e higos, en diversas cuevas de Guayadeque y Acusa, también en Gran Canaria. Con ello completaba la visión que sobre esta actividad proporcionaban las fuentes etnohistóricas, hasta entonces las únicas utilizadas. Este trabajo (Jiménez Sánchez, 1952) también incluía el análisis del aparato digestivo de una momia procedente de Acusa, que le fue enviada al Dr. Julio Martínez Santa Olalla, quien remitió que habían encontrado en su interior semillas de doce plantas diferentes que no se especifican, encontrándose entre ellas las de trigo. La mayor importancia que tuvo en la prehistoria de Gran Canaria la explotación de los productos agrícolas, junto a la existencia de grandes estructuras donde se conservaban estos productos, supuso una mayor visibilidad arqueológica de estos vestigios, que motivó un rápido interés por su estudio. En el resto de las islas en cambio, el interés por estos datos se ve reducido por la carencia de este tipo de evidencias. En el caso de la provincia occidental, la ausencia de restos visibles se suple con el amplio trabajo etnográfico desarrollado por Luis Diego Cuscoy, otro de los primeros investigadores de la arqueología canaria interesado en estos aspectos. En su trabajo en tomo a la cueva sepulcral de Roque Blanco, en Tenerife (1960) presenta sus estudios etnográficos sobre la recolección de algunas plantas comestibles, así como los resultados del análisis del contenido intestinal de una momia procedente de esta cueva. Estos restos fueron analizados por el Dr. Mathiesen y demostraron el consumo de cebada, semillas de pino y rizomas de helécho por parte de la población prehispánica de Tenerife. Además Diego Cuscoy también será el responsable de algunos trabajos en los que sintetiza los conocimientos sobre determinadas tecnologías sobre materia vegetal como en su obra dedicada a las armas de los aborígenes (1961). Estos datos, junto con otros referentes a restos de maderas, generalmente tablones funerarios y herramientas domésticas encontradas en Gran Canaria, Tenerife, La Palma, El Hierro y La Gomera, componen el abanico arqueobotánico que utilizarán los investigadores en sus aproximaciones a la explotación de productos vegetales, completando la información con la ayuda de las fuentes etnohistóricas. Así, las aproximaciones generales a la arqueología de las islas como la llevada a cabo por Celso Martín de Guzmán en Gran Canaria (1984, 1986) se basan, para su reconstrucción de la explotación de los productos vegetales, cultivados o recolectados, exclusivamente en los datos suministrados por las fuentes etnohistóricas. Como excepción a esta diná15 De Textos y semillas. Una aproximación carpológica a la explotación de los recursos vegetales.. mica se sitúa el trabajo de Bertila Galván, quien se interesa por el estudio de los tejidos vegetales recogidos en el Museo Canario, identificando las especies y la tipología de esta industria (1980). En otros trabajos, como el realizado por Antonio Tejera Gaspar y Rafael González Antón sobre las sociedades de Gran Canaria y Tenerife (1987) las fuentes etnohistóricas son completadas con datos etnográficos sobre la agricultura que practica la población beréber actual así como con trabajos generales sobre las actividades económicas en sociedades primitivas, destacando en este aspecto el recurso a la obra de M. Sahlins (1983). La limitación de los datos arqueológicos, debido a su escasez, así como la nula formación en botánica, condicionan en gran parte esta aproximación a la explotación de los recursos vegetales, que además también carece de datos etnográficos referidos al campesinado histórico de las islas. En este aspecto, la obra de síntesis sobre la economía de Gran Canaria de D. Martín (1980) fue más crítica con las fuentes etnohistóricas. En ella se hace un llamamiento a la intensificación de la búsqueda arqueológica de restos que permitan reconstruir la explotación prehistórica de los recursos vegetales que se desarrolló en el archipiélago. A partir de la segunda mitad de los años 80 esta dinámica se transforma gracias al interés que comienza a darse por las actividades económicas y el medio vegetal. Ello motiva la aparición de otras hipótesis de explicación general que parten de la ecología cultural (Arco Aguilar, 1987; Martín Rodríguez, 1986) y que tratan los condicionantes medioambientales como parte fundamental del desarrollo de las sociedades. Como consecuencia de este interés se desarrollan los estudios antracológicos de la cueva de El Rincón * (R. Piqué, 1993) y el análisis preliminar por parte de R. Buxó e I. González de una muestra de los restos carpológicos de la cueva del Tendal (Rodríguez Rodríguez, 1990). Por otro lado, fruto de esta dinámica interesada en la economía es el análisis de los carporrestos recuperados de la Cueva de Don Gaspar en 1977, que fueron publicados en 1985 y 1990 por M.C. del Arco Aguilar, y que suponen el estudio más completo realizado hasta el momento sobre restos de semillas procedentes de un conjunto arqueológico aborigen. Este estudio fue ejecutado por la investigadora alemana Mary Hopf quien como ya hemos comentado, se ha interesado profundamente por este tipo de evidencias en España a falta de otros especialistas nacionales, proporcionando unos datos muy valiosos sobre la actividad agrícola y recolectora de la población prehispánica de Tenerife. A su vez se intensifica el estudio sobre otras materias vegetales, destacando Carmen Gloria Rodríguez Santana (1989) quien se interesa sobre el trabajo de las fibras vegetales para la realización de tejidos, cestería y cordelería, revisando para ello el material del Museo Canario. También es necesario mencionar el trabajo de M. Jorge Blanco (1989) quien realizó una identificación rigurosa de los restos vegetales del túmulo arqueológico de la necrópolis de Arteara (Gran Canaria) a partir de material de referencia actual. 16 Capítulo 1 Este interés en la explotación de los productos vegetales provoca que también se lleven estudios etnográficos sobre la población campesina del Archipiélago, que hasta este momento había pasado desapercibida para los prehistoriadores canarios. Fruto de esta tendencia es el trabajo de M" García Morales (1989), quien rastrea en los documentos etnográficos sobre la población histórica datos que extrapola al pasado prehistórico. Ya en la década de 1990 la figura que más va a destacar en el estudio de los restos arqueobotánicos es la de María del Carmen Machado Yanes, quien se va a interesar por la identificación e interpretación de los carbones prehistóricos. Esta rama de la arqueobotánica, la antracología, hace hincapié principalmente en la explotación forestal así como en los cambios del medio vegetal. Con ello se obtiene un recurso indispensable en la interpretación paleoecológica de los yacimientos, así como en el análisis de la relación entre cualquier sociedad y su entorno. Fruto de su trabajo es la amplia producción bibliográfica referida a diversos yacimientos prehispánicos repartidos por Tenerife (1994 y 1999; Machado et ali. 1997; Machado y Galván, 1998; Machado y Ourcival, 1998), La Palma (1995; Machado Yanes y Martín Rodríguez, 2000) y Fuerteventura (1996) que proporcionan los primeros datos arqueológicos sobre la evolución del paisaje durante la ocupación aborigen de las Islas Canarias. Junto a los estudios antracológicos destacan aquellos llevados a cabo sobre el contenido de elementos vegetales en las momias, proporcionando excelentes resultados que han sido publicados en la obra derivada del I Congreso Internacional de Estudios Sobre Momias (1992) celebrado en Tenerife. Entre estos trabajos despuntan algunos en los que se analiza el material botánico con que se solía preparar al muerto para su momificación, destacando la identificación de polen, corteza, y semillas en el contenido estomacal de varias momias; lo que pone de manifiesto la importancia de este tipo de conservación de los productos vegetales para la interpretación y reconstrucción de las formas de vida prehispánicas. En lo que respecta al estudio de las semillas arqueológicas, su estudio ha estado bastante paralizado a lo largo de los 90 y sólo podemos contar con el trabajo realizado por Pérez Jordá (Fontugne et ali. 1999) para un material recuperado en la Cueva Pintada de Gáldar, Gran Canaria, que supone la primera identificación rigurosa de material carpológico llevada a cabo en Gran Canaria junto con la observación preliminar, que sobre material procedente del Museo Canario, realizó el Dr. D. Rivera Núñez (Medina et ali. 1996). Además, hay que destacar, aunque aún no haya sido publicada, la tesina presentada por Cecilia González Hernández (1997) en la Universidad de La Laguna. Su trabajo, denominado Estudios etnobotánicos. Aproximación al atlas carpológico de Tenerife, propone a través de los datos etnohistóricos, etnográficos y arqueológicos, un modelo de explotación vegetacional para la Prehistoria de Tenerife. El cuerpo de su investigación se concentra en la realización de una serie de tablas con todas aquellas especies vegetales que tienen un carácter etnobotánico, para trasladar su uso a la población prehispánica. Para ello indaga en todos los datos arqueológicos prehispánicos, los relatos etnohistóricos, así como en los trabajos etnográficos realizados en Canarias y el norte de África. Sin embargo se 17 De Textos y semillas. Una aproximación carpológica a la explotación de los recursos vegetales... aprecia la ausencia de cualquier tentativa de sistematizar el estudio de los restos carpológicos, quedándose en una mera aproximación realizada a partir de los datos ya publicados. Por último mentar el trabajo más extenso que sobre la explotación de los recursos vegetales se ha realizado en Canarias. En esta obra, realizada por M.C. del Arco (1993) se hace un extenso repaso a los datos que existen sobre la explotación vegetal prehispánica, a través de las fuentes arqueológicas, etnohistóricas y las etnográficas de la población actual canaria, dando mucha más importancia que los anteriores autores a este último tipo de fuentes. 18 Capítulo 2.1 2. LOS RECURSOS PARA EL ESTUDIO DE LA EXPLOTACIÓN DEL MEDIO VEGETAL EN LA PREHISTORIA DE CANARIAS. 2.L LAS FUENTES ETNOHISTORICAS. 2.1.1.Una Introducción. Aunque este trabajo de investigación se va a centrar en un yacimiento arqueológico de La Palma, El Tendal, en un principio voy a realizar una aproximación a todos los datos que existen referidos a la explotación de los recursos vegetales en todo el archipiélago canario, de tal manera que primero se cuente con una visión global de partida. Tradicionalmente la fuente de información más recurrente sobre la explotación de los recursos vegetales por parte de los aborígenes procede de las fuentes etnohistóricas. Aquí vamos a seguir la propuesta de Celso Martín de Guzmán (1986) quien ha clasificado estos textos cronológicamente y temáticamente. Este corpus documental se inicia con el relato de la primera expedición europea de la que se tiene noticia cierta, la dirigida por Angiolino del Teggia y Nicoloso de Recco en 1341, y finaliza en 1694, fecha de la edición de la obra de Tomás Marín de Cubas. Estas publicaciones se proponen describir las islas y su historia haciendo referencia, de forma muchas veces muy escueta, a las costumbres de la población aborigen que se encontraba en las islas antes y durante la conquista europea. El autor clasifica estos textos en tres ciclos dependiendo de su fecha de realización, y por tanto de su cercanía a las fiíentes directas, es decir la sociedad aborigen. Dentro del primer ciclo se incluye el texto atribuido a Bocaccio, quien escribe el relato del viaje de Teggia y da Recco en 1341 (Bocaccio, 1998), además de las versiones de Le Canarien cuyo texto original fue redactado por los clérigos Fierre Bontier y Jean Le Verrier en 1402, y las relaciones de los expedicionarios portugueses Cadamosto y Azurara. Estas descripciones ofrecen unos testimonios muy valiosos sobre las islas antes de su conquista, pues se trata, sobre todo en el caso de los viajeros italianos y los autores portugueses, de unas narraciones que tienen en común haber sido dictados o redactados por testigos oculares. Se trata de informes náuticos y cartográficos, que incluyen referencias etnográficas sobre la población aborigen, y aunque los datos son escasos reportan la primera información etnohistórica. El segundo ciclo, que engloba las denominadas crónicas, trata sobre el proceso de conquista, con especial referencia a la isla de Gran Canaria. En primer lugar se encuentran las crónicas que historian el reinado de los reyes Católicos, realizadas por Alonso de Falencia, Diego de Valera y Andrés Bemáldez, y que relatan la anexión militar de las islas de realengo, añadiendo algunos pasajes de gran valor tocantes a los canarios. Muy importantes son también las crónicas de la sumisión de Gran Canaria designadas como Ovetense, Lacunense y Matritense. Se trata de compilaciones y copias tardías que resultan claramente elogiosas hacia la persona de Juan Rejón 19 De Textos y semillas. Una aproximación carpológica a la explotación de los recursos vegetales... y provienen de un original no encontrado realizado en el entorno familiar de Alonso Jáimez de Sotomayor, alférez mayor de la conquista de la isla. En cambio, las crónicas atribuidas a Antonio Sedeño y a Pedro Gómez Escudero, parten de este mismo original, pero para denigrar la persona de Juan Rejón, proporcionando una visión filoindígena que ha incitado a pensar a Jorge Onrubia (1998) que en el caso de la obra de Sedeño, ésta se elaboró en un ambiente cercano y favorable a los descendientes de Femando Guanarteme o de su pariente Catalina de Guzmán. Al igual que en la obra de Sedeño, Escudero elogia al bando vencido en contra de los conquistadores, incluyendo una valiosa información etnográfica que pudo ser proporcionada por los descendientes y parientes de Femando Guanarteme (Onrubia, 1998). No es fácil fijar la cronología de estos textos, sin embargo parece que en sus datos etnográficos sobre la población aborigen se nutren de información proporcionada tras la conquista, y esto introduce costumbres que pudieron ser adquiridas tras este episodio. Por último, se incluye el "ciclo historiográfico renacentista" tal y como lo define C. Martín de Guzmán, que se inicia a fines del siglo XVI y que se extiende hasta finales del siglo XVII. Estas obras mantienen una fuerte dependencia del tipo historiográfico de la crónica medieval, a pesar de que el ciclo finaliza en pleno Barroco. En ellas los datos sobre la población aborigen se recogen a través de la tradición oral de los descendientes de los aborígenes, realizando también refundiciones de compilaciones anteriores, por lo que se convierten en obras historiográfícas por su metodología. Esto provoca muchas contradicciones entre los diferentes autores incluyendo datos posteriores a la conquista, aunque se presentan como los textos más creíbles y rigurosos. De ellos destacan las obras de Leonardo Torriani realizada en 1592 (1978), Fray Alonso de Espinosa en 1594 (1980), Fray José Abreu Galindo en 1634 (1977), López de Ulloaen 1646 (Morales Padrón, 1993), IvánNúñezde laPeñaen 1676(1994), Fray José de Sosa en 1678 (1994) y Tomás A. Marín de Cubas (1986) quien es considerado como el último etnohistoriador, realizando su obra en 1694, lejos ya en el tiempo de la sociedad prehispánica que se afana en describir. Además, también se deben incluir algunos escritores como Antonio de Viana (1991; publicada por primera vez en 1604), que si bien utilizan una narrativa poética, incluyen dentro de sus textos valiosas informaciones sobre la población aborigen, aunque sus datos deriven como en el caso de los anteriores historiadores, de obras precedentes. La producción de los datos etnohistóricos se encuentra supeditada como se ve a la modalidad en la recogida de los datos, así como a la calidad de los informantes. En lo que respecta al primer caso, salvo las primeras relaciones de viajeros italianos y portugueses, los relatos etnohistóricos surgen de la información proporcionada por la población de ascendencia aborigen, denominados en los textos como canarios viejos. Ello resta valor etnográfico a una información que no es directamente percibida, sino transmitida de forma oral, tras años de desaparición de la sociedad prehispánica como entidad políticamente autónoma. Descubrir quien relata la información es por tanto una labor fundamental si se quiere discriminar el valor etnohistórico de estos datos. En el caso de las crónicas de la conquista de Gran Canaria, parece que esta documentación procede del ámbito familiar de Femando Guanarteme. Como sugiere Onrubia (1998), la 20 Capítulo 2.1 percepción que van a ofrecer estos testigos esta mediatizada por su posición privilegiada en la desaparecida sociedad prehispánica, filtrando una realidad, que para perpetuar esta situación de poder en la nueva sociedad (no pagar impuestos, derecho a tierras de cultivo), es ajustada a las formas sociales europeas. Se trata de una europeización de la sociedad prehispánica que busca naturalizar la posición de esta parte del grupo privilegiado aborigen, lo que es rápidamente aceptado por los cronistas que asumen esta percepción no traumática del cambio producido tras la conquista. Además, no se puede obviar el filtro conceptual que interponen los propios autores etnohistóricos, entre lo que ven y les cuentan, y lo que ellos reflejan en sus textos. Su percepción, encuadrada en unas formas lingüísticas ajenas a la realidad prehispánica, ya tiene una imagen preconstruida del "otro", en este caso el aborigen. Esta representación reduce lo "otro" a lo conocido. Pero para distinguirlo y diferenciarlo, se invierten los rasgos, sobre todo los referidos a la tecnología y las costumbres culinarias, que se primitivizan creando de esta forma una imagen negativa por la cual la cultura europea se define a si misma (Masón, 1990). Este proceso de asimilación es una estrategia de dominio y violencia simbólica por la cual, la diferencia con el "otro" es eliminada y el "otro" es reducido al yo, es decir una europeización del aborigen. Es indispensable, por lo tanto, estudiar estas fuentes partiendo desde esta perspectiva, desconfiando de los datos proporcionados por unos autores que reflejan en sus descripciones etnohistóricas muchos de las visiones tópicas sobre las poblaciones bárbaras y que además proyectan en la sociedad aborigen esquemas de su sociedad medieval, como sucede con los títulos de la jerarquía social, para de esta manera perpetuar una sociedad que rápidamente se asienta en las islas. En estos textos se ofrece una visión de una actividad agrícola y recolectora muy simplista, en la que una tierra edénica y generosa ofrece una increíble riqueza sin apenas realizar trabajo o través de unas técnicas muy rudimentarias. Por otro lado también se describen unas costumbres culinarias primitivas, pues su dieta está compuesta de hierbas y frutos silvestres, además de no comer pan sino goflo, que es una forma "primitiva" de preparar y consumir los productos agrícolas. Resulta muy curioso la existencia de una convergencia entre la imagen de la dieta vegetal prehispánica y la que se ofrece de la población campesina que se asienta en las islas tras la conquista, coincidencia que apunta a similares técnicas para crear identidades, que servirán luego para materializar las diferencias sociales. Esta convergencia explica en cierta manera la utilización de analogías etnográficas entre ambas poblaciones, lo que estaría obviando las peculiaridades del discurso etnohistórico y antropológico en general. A pesar de todo, los datos etnohistóricos son de gran importancia para completar la visión que sobre la explotación de los productos vegetales se tiene, pues se ofrecen observaciones sobre una actividad que ya sólo se puede inducir a través de sus restos arqueológicos; proporcionando pistas sobre el régimen de tenencia de las tierras, la organización del trabajo, las cualidades que se atribuían a las plantas, etc. Por lo tanto, mientras las fuentes arqueológicas no proporcionen más datos hay que seguir contentándose con esta visión, un tanto sesgada y estática, pues 21 De Textos y semillas. Una aproximación carpológica a la explotación de los recursos vegetales... sólo refleja el último siglo y medio de ocupación prehispánica del archipiélago, que al menos estaba ocupado por este contingente de población desde mediados del primer milenio antes de Cristo. Para abordar el tema se ha optado por ordenar todas las actividades relacionadas con los recursos vegetales en función de su transformación en cultura material. La definición de la cultura material ha sido objeto de diversas propuestas, lo que implica la existencia de dificultades para delimitar los aspectos que puede abarcar. En Canarias tradicionalmente se incluye dentro de la cultura material los objetos fabricados en cerámica, los utensilios líticos y biológicos empleados en las actividades agrícolas, recolectoras y artesanales, así como armas, vestidos y adornos (González Antón y Tejera Gaspar, 1987), es decir todos aquellos artefactos que se pueden a recuperar del registro arqueológico. Sin embargo yo entiendo la cultura material como la objetifícación del ser social, es decir, aquellos aspectos materiales en los que una determinada sociedad expresa su funcionamiento (Criado Boado, 1993) y que por su misma definición va a abarcar no sólo la cultura material como se ha entendido tradicionalmente, sino todo el medio percibido y explotado por una determinada sociedad. La objetifícación surge del hecho de que las personas transforman a través de la actividad social los objetos de la naturaleza en cultura material, siendo a la vez producto de las relaciones sociales y parte de la estructura social (McGuire, 1992). Partiendo de esta postura intentaré introducirme, a través de los textos, en la relación que se estableció entre las sociedades aborígenes y el medio vegetal en Canarias. Para ello empezaré por estudiar el medio explotado, que ya por esta misma definición se designa como medio socializado y por tanto, dentro de la cultura material de las sociedades prehispánicas. 2.1.2. El ecosistema explotado. Las diversas zonas explotadas por la población canaria han estado siempre limitadas por el carácter insular y las peculiaridades ecológicas de cada isla; en ellas las diferencias altitudinales y climáticas juegan un papel fundamental en la creación de diferentes ecosistemas potencialmente explotables. Así, las dos islas orientales, Fuerteventura y Lanzarote, carecen de un relieve significativo que permita el proceso de condensación del Alisio y por tanto de formaciones boscosas significativas. Este hecho provoca una explotación del medio vegetal muy poco diversificada. En estas islas el régimen de precipitaciones invernales, irregular y escaso en general, influye mucho en la presencia de recursos botánicos, aunque no se pueden obviar las especiales condiciones que se dan en las montañas. Mientras, en el resto de las islas, con altitudes más significativas y por tanto con precipitaciones más regulares, se va a originar una multiplicación de las diferentes formaciones vegetales, que serán explotadas a su vez de forma de diversa. Al analizar las fuentes etnohistóricas la distinción entre ecosistemas debe ser deducido por las actividades económicas que se realizan; pudiendo percibirse por un lado un territorio para realizar los cultivos de las plantas domésticas y por otro una zona donde se establecen las actividades recolectoras. 22 Capítulo 2.1 Los campos que van a ser cultivados pueden ubicarse por todos los territorios de las islas ''''plantaban e sembraban en muchas partes de la isla los gentiles canarios y tenían sus huertas de arboledas y bosques, asi en las costas como en las medianías y cumbres con que estaban siempre la tierra muy proveída" (Sosa, 1994:301) refiriéndose a Gran Canaria. Es precisamente esta isla la que ofrece más datos, pues en el resto sólo se menciona que se cultiva una determinada especie pero no se especifica donde. Lo más probable es que aprovecharan los cauces de los barrancos donde las tierras eran muy fértiles, o las vegas en el caso de que las hubiera, tal como dice Cedeño para Gran Canaria: "...por aprovechar con el riego buenas tierras; que llaman la Vega" (Morales Padrón, 1993:372). Tanto cerca del mar, como en el interior, "la gente noble vivía la tierra adentro, donde tenían su asiento y ganado y sementeras"{AbrQ\xGdL\m.áo, 1977:148), se van a establecer las explotaciones agrícolas. En lo que respecta a la zona explotada durante la actividad recolectora, las referencias no son directas y se deben interpretar a través de las especies vegetales. En este caso la mayor parte de los productos recolectados, tanto madera como frutos, proceden de la zona de Monteverde. Así, los mocanes {Visnea mocaneray, bicácaros {Canarina canariensis), madroños (Arbutus canariensis), heléchos (Pteridium aquilinum), fayas (Myricafaya) y otras especies nombradas en los textos se encuentran en la actualidad en esta formación vegetal (Bramwell y Bramwell, 1990). Sin embargo la zona de recolección podía ascender hasta las cumbres como en el caso del amagante (Cistus symphytifolius), los pinos (Pinus canariensis) y los cedros (Juniperus cedrus) o descender hasta la costa como en el caso de las tabaibas (Euphorbia sp.), palmeras (Phoenix canariensis), etc. Una vez establecidos los ecosistemas donde son realizadas las actividades agrícolas y recolectoras, el siguiente paso para descifrar el funcionamiento de éstas consiste en describir el desarrollo de su explotación. 2.1.3. La actividad recolectora. En primer lugar voy a tratar la recolección de los productos vegetales silvestres, destacando su extensa aplicación dentro de las actividades culturales de los habitantes prehispánicos de Canarias. Tradicionalmente se englobaban dentro de estos productos los recursos comestibles y los pertenecientes a la cultura material. Sin embargo, en este caso pretendo incluir además otros aspectos relacionados con las plantas recolectadas como especies forrajeras, así como aquellas destinadas a su uso como combustible o en el aprovechamiento de los productos fítoquímicos, tanto para satisfacer las demandas materiales como aquellas ideales (religiosas y simbólicas). Con ello se lograría una visión global de la relación entre los grupos humanos y el mundo vegetal. Esta dependencia general de las culturas prehispánicas de los productos vegetales para per- ' Los nombres científicos de las plantas citadas se recogen en un glosario, situándolos sólo una vez en el texto para hacer más ágil la lectura; en el caso de que no hayan datos sobre el nombre científico de la planta se especificarán en el texto 23 De Textos y semillas. Una aproximación carpológica a la explotación de los recursos vegetales.. petuar sus formas de vida supone admitir y señalar la importancia de la recolección como una de las principales actividades económicas aborígenes. La explotación de los recursos vegetales silvestres va a estar determinada tanto por las condiciones ecológicas del medio como por las características socio-culturales de los grupos estudiados, originando unas relaciones especiales entre las sociedades humanas y las plantas. Estas relaciones han sido estudiadas en la obra editada por P. Descola y G. Pálsson (1996), destacando la importancia de tratar tanto los aspectos materiales como inmateriales de la cultura para dilucidar todo lo referido al desarrollo de la convivencia entre personas y plantas. Así, a la hora de estructurar los medios que van a ser empleados en la obtención de los recursos vegetales recolectados se deben tener en cuenta los medios materiales, tales como las herramientas de recolección destinadas al acopio de recursos, su transporte, almacenamiento y procesamiento (hachas, palos excavadores, cestos, esteras, etc.). Pero también aquellos no tangibles, dentro de los cuales es indispensable incluir el Conocimiento Botánico Tradicional, que mediante la trans- • misión oral perpetúa la percepción y conocimiento del medio vegetal, y por tanto de la explotación de sus recursos. Para su estudio hay que acudir a algunas figuras claves, entre las cuales debe destacar el estudio de la taxonomía de las especies, es decir, la base de la denominación de las plantas, tratando de descubrir los lazos culturales que una determinada sociedad crea con respecto al medio vegetal; así como las relaciones simbólicas y rituales del grupo con las plantas, dotándose de esta manera de una visión integral de la relación entre la cultura y su entorno (Descola, 1996). Sin embargo a partir de las fuentes etnohistóricas es muy difícil descifrar estos aspectos de la cultura, y en los textos analizados sólo se hace referencia a algunos nombres de plantas y ciertos rituales (p.e. invocación de la lluvia con ramas, en Gran Canaria), con los problemas de traducción y de interpretación que conllevan las fuentes etnohistóricas. Trataré de ir mostrando estos aspectos a la vez que voy exponiendo los usos a que han sido destinados los recursos vegetales recolectados. 2.1.3.1. La alimentación. En primer lugar voy a situar aquellos recursos que fueron usados por sus propiedades alimenticias. Estos, tradicionalmente se han considerado como un complemento alimenticio a otras actividades productoras como la agricultura o la ganadería, pues la mayor parte de ellos se usaron en épocas históricas durante períodos de crisis "para engañar al hambre", y de ello se deduce la baja calidad nutritiva de los mismos. Por ello la continua reiteración a que " sólo tienen poca cebada..., su comida se compone de leche y hierbas, como bestias" (Zurara, 1998:55), debe ser entendida como una parte del discurso etnohistórico que trata de ofrecer una imagen primitivizada del aborigen, utilizando los hábitos culinarios para diferenciarlos de los "humanos" europeos. 24 Capítulo 2.1 (Frutuoso, 1964:120), demostrando la enorme versatilidad y resistencia de la tea, denominación aborigen según Wolfel (1996) del pino canario. Además de en la construcción, el uso de la madera se diversifica en otras labores como en la fabricación de herramientas. La encontramos en la realización de agujas de coser, hechas según Fray Alonso de Espinosa (Espinosa, 1980:37) a partir de las púas de las palmeras. También en las labores agrícolas se utilizan arados y plantones realizados en madera, aunque no se especifica la especie. Asimismo, en las actividades pesqueras se emplean para cafias de pescar " las varas de sabina largas i encorbadas a las punctas" (Morales Padrón, 1993:374) si bien esto es en Gran Canaria, pues para Lanzarote Abreu señala que allí los mataban a palos, forma mucho más contundente que la anterior. Espinosa señala incluso el aprovechamiento de la madera de drago (Dracaena dracó) en Tenerife para la realización de colme2 ñas con los que explotar la miel que producen las abejas. El uso del drago para este fin se debe a que su estructura interna es bastante porosa, con una gravedad específica muy baja, lo que lo hace muy ligero. Por eso, tal como pasa con otras culturas del planeta, donde las maderas con menos peso específico son empleadas en la fabricación de embarcaciones (Cotton, 1996), la referencia de Torriani en la que cita la existencia de "... pequeñas embarcaciones hechas de árboles de drago y palma" (Torriani, 1978:32) no resulta tan descabellada. Los dragos y las palmeras, englobadas dentro de las plantas monocotiledonas posen una madera muy ligera que las convierte en las idóneas para la fabricación de embarcaciones, en el caso de que realmente se utilizaran por la población aborigen de Gran Canaria. Entre los usos de las herramientas de madera hay que destacar la realización de armas, ya que la inexistencia de metales obliga a construir en materia vegetal lo que los conquistadores europeos realizaban sobre el duro mineral. En este caso la mayor parte de los autores que describen las costumbres de la población prehispánica destacan la utilización de armas de madera, subrayando el hecho de que los diseños europeos eran luego copiados en madera por los nativos. De ello se deduce que la amplia variedad de armas que relatan las crónicas responde en realidad al conflicto con los invasores europeos y no a un repertorio originado por guerras endémicas entre los propios habitantes de las islas. Estos instrumentos eran: "labradas con piedras, quemadas y tostadas a fuego" (Frutuoso, 1964:101). De esta manera la madera se endurecía y podía ser utilizada como arma. Las especies utilizadas en estas labores se caracterizan por la dureza y el alto peso específico de sus tejidos celulares, de modo que sean más resisten- ^ Es necesario puntualizar que ha sido identificada (Marrero, 2000) una nueva especie de drago en Gran Canaria {Dracaena tamaranae), que en el caso de haber sido aprovechada por la población aborigen, aumentaría el número de especies utilizadas 31 De Textos y semillas. Una aproximación carpológica a la explotación de los recursos vegetales... tes para el peculiar uso que se le da. Los textos nombran principalmente la tea, refiriéndose al Pinus canariensis, acebuche {Olea europaea subsp. Guanchicaf, sabina (Juniperus turbinata ssp canariensis), barbusano {Apollonias barbujana) y otras especies englobadas con el término de "palos de montaña" (Morales Padrón, 1993:432). Se puede apreciar que se trata de las mismas especies empleadas en la construcción de sus viviendas, aprovechando que en las dos actividades necesitan las mismas propiedades de la madera; sólo hay que destacar la excepción del drago que al ser muy ligero es empleado en la fabricación de escudos. Las armas descritas son espadas, lanzas y escudos que según el autor y la isla a la que se refiera van a recibir un nombre u otro. Para Gran Canaria se describen: "... rodelas muí grandes de altura de un hombre, eran de una madera estoposa de un árbol llamado drago. La spada llamaban majido i el broquel tarja; las spadas eran delgadas, i puntiagudas(...). Tenían otro arma a modo de chuso pequeño de tea tostado i lo arrojaban apuñó" (Morales Padrón, 1993:367). En Lanzarote en cambio a los "garrotes de acebuche, de vara y medio de largo, (...) llamaban tezzeses ", mientras que en Tenerife las denominaban "añepas" y "banof, recibiendo en la isla de La Palma el nombre de "mocas". Hay que destacar también el empleo por parte de la población aborigen canaria de bastones con los que se ayudaban a caminar y que podían ser utilizados como armas en el caso de necesidad, tal como sucedió en El Hierro (Abreu Galindo, 1977:146), siendo su uso más corriente el de apoyo para saltar, tal como relata Viana: "... se despeñaban de los cerros altos con un dardo en las manos, decayendo muy rectos en sus tercios estribando." (Viana, 1991:93). Los recursos madereros tienen innumerables posibilidades, y dentro de estas también se pueden englobar los juegos. El caso que se recoge más que un juego parece un desafío para demostrar la virilidad, y es que los habitantes de Gran Canaria según Torriani: "Sobre aquellas cumbres fijaban un madero muy grande, que llevaban a cuestas con gran trabajo, demostrando con ello sus fuerzas" (Torriani, 1978: 111), lo que sumando lo escarpado de nuestras cumbres, debía dar un enorme prestigio a aquellas personas que lograran cumplir esta proeza. Por último cabe señalar la utilización de la madera en facetas rituales, que pueden mostrar aspectos sociales que no se hacen tan presentes en las otras herramientas. Destaca el comentario de las Memorias del Reinado de los Reyes Católicos donde se señala: "En la Gran Canaria tenían una casa de oración: llamavan allí atorina, e tenían allí una imagen de palo tan luenga como media lanza, entallada ^ Esta nueva denominación responde a la reciente separación entre la especie de Madeira, la de Canarias y la de Marruecos (Vargas, Hess, Muñoz Garmendia y Kaderet, 2001). 32 Capítulo 2.1 con todos sus miembros de muger, desnuda e con sus mienbros defuera, e delante della una cabra de una madera entallada, con sus figuras de henbra que quería concebir, e tras della un cabrón entallado de otro madero, puesto como que quería sabir a engendrar sobre la cabra" (Morales Padrón, 1993:510); si bien es complicado interpretar la imagen, su materialización va a manifestarse sobre material vegetal, destacando el papel de éste incluso dentro de las creencias. Más evidente es el empleo de la madera para la realización de ataúdes, destacando el hecho de que van a ser los nobles los que se entierren en estas sepulturas. Esta cita para Gran Canaria (Abreu Galindo, 1977) y otras para la isla de Tenerife como la que indica que: "... llevaban adelante una vara delgada, llamada añepa, bien labrada, que era la insignia real.''' (Torriani, 1978: 178) ilustran de una manera muy clara las desigualdades sociales dentro de la cultura aborigen a la hora de acceder a los recursos, incidiendo en las diferencias de ritual y los materiales vegetales empleados, para de esta manera caracterizar y crear unos procesos de identidad dentro del grupo que controla el acceso a los medios de producción, diferenciándolos del resto, y de esta forma perpetuando esas relaciones. 2.1.3.4.2. Las fibras vegetales. Sobre la utilización de las fibras vegetales hay constancia de numerosos y variados datos, aunque en este caso van a referirse principalmente a las islas de Gran Canaria, La Gomera y Tenerife. Sin embargo las especies vegetales empleadas en la producción de estas fibras, juncos y hojas de palmera, no se encuentran solamente en estas islas mencionadas sino que se reparten por todo el archipiélago. Esto induce a pensar que van a ser otros factores, y no estrictamente los medioambientales los que generan este determinado uso de los recursos vegetales. En el vestuario de los propios habitantes de Canarias hay referencias al uso de las fibras vegetales, así Gómez Sendero señala : "/oj hombres en todas las demás islas (salvo Lanzarote) cubrían sus partes verendas con unas empleitezuelasflecadas de palma, atadas por la cinta hasta medio muslo" (Morales Padrón, 1993:432). Sin embargo la mayor parte de las referencias al vestuario hecho a partir de fibra se sitúan en Gran Canaria : "£/ vestido de los canarios eran unos toneletes hechos de juncos majados muy juntos al cuerpo" (Abreu Galindo, 1977: 157) , seguido de la referencia en la isla de La Gomera a que: "... traían atadas unas vendas por la ft-ente, de junco majado tejido" (Abreu Galindo, 1977: 74). Junto con las ropas, aparecen datos sobre la realización de esteras que van a ser explotadas de diferentes maneras: en las camas actuando como colchones y "cobertores" (Morales Padrón, 1993:162); como cestos (Sosa, 1994:290) y para guardar y pasar los higos (Ficus carica) como refiere Abreu para Gran Canaria: 33 De Textos y semillas. Una aproximación carpológica a la explotación de los recursos vegetales... "Guardábanlo todo el año; echábanlo a pasar en esteras de junco, y guardábanlos después de pasados en grandes espartones como seras, que llamaban cananas; después los prensaban y hacían llanos, y los ensartaban en juncos y los colgaban y guardaban." (Abreu Galindo, 1977: 161), entrando de este modo a formar parte de la tecnología de conservación de los alimentos y convirtiéndose a su vez en una herramienta muy importante en la reproducción biológica y social de la población. En las actividades pesqueras también se aprecia la aportación material de la fibra, utilizada en: "... redes para pescar de hilo de juncos y juncia, y nazas de juncos merinos sobre maderas puestas en la mar" (Marín de Cubas, 1986:260), con las que se conseguían las cantidades más importantes de capturas pesqueras. Además en la cita de Torriani sobre las embarcaciones aborígenes, señalaba que las velas eran realizadas con "palmas", mientras que : "La cuerda para el anguelo hacían de stopa de las palmas una tomicita mui fuerte i delgada i otra grueza" (Morales Padrón, 1993:374), aumentando de esta manera la importancia de las fibras en otras actividades productivas de la isla de Gran Canaria (todas las citas se refieren a esta isla). El uso de las fibras aparece incluso en otras actividades aparentemente no relacionadas como son los armas; pues en los textos de Viana para la isla de Tenerife se comenta la existencia de "hondas de juncos o torviscos" con la que lanzaban sus proyectiles Uticos, mientras que Cedeño indica que: "Agotábanlos con unos manojitos de juncos marinos o uaritas en las pantorrillas u acentaderas" (Morales Padrón, 1993:373), dándoles pues, el uso de látigos. Incluyendo por último dentro de las citas:"... una lanza inhiesta con una como bandera hecha de juncos muy prima" que Abreu describe como estandarte del mencey en la isla de Tenerife, expresión que puede ser entendida como una copia, al igual que las armas, de toda la parafemalia que los europeos desplegaban en las batallas y alrededor de sus dirigentes militares. 2.1.3.4.3. Las hojas. Dentro de este apartado voy a incluir el uso de las hojas, pero no en forma de fibra vegetal sino por entero. No existen muchos testimonios sobre el empleo de estos órganos, de ellos destaca el uso de las acículas de pino como piso o suelo en las casas de los canarios (Morales Padrón, 1993:194). También se menciona el aprovechamiento de los heléchos en la isla de El Hierro para cubrir los techos de sus viviendas y como camastro (Abreu Galindo, 1977:87). Dentro de este apartado incluyo las hojas de los ñames {Colacasia esculenta), pues aunque no se este seguro de su presencia en la etapa aborigen, hay que destacar su empleo como contenedor de agua (Morales Padrón, 1993:371), utilización que se ha mantenido hasta hace pocos años en las medianías de Gran Canaria. 34 Capítulo 2.1 Por último, se engloban dentro de este apartado el uso de las ramas y hojas de los árboles para los ritos propiciatorios de la lluvia; hecho muy destacado por las fuentes etnohistóricas donde se menciona que: "...guando auía esterilidad, juntaba la jente y la lleuaua en prosesión a la orilla del mar con varas y rramos en las manos, clamando en altas boses en su lengua y mirando hacia el sielo, pidiendo a Dios agua, y llegadas a el mar daban en el muchos golpes con las bar as y rramos " (Morales Padrón, 1993:161), realizando este rito en Gran Canaria, donde la llegada de las lluvias debía marcar el inicio del ciclo agrícola, y por tanto el arranque de la producción. 2.1.3.4.4. La corteza. Al igual que sucede con las hojas, sobre el aprovechamiento de la corteza existen pocos datos, siendo estos muy puntuales. Sobresale la información que Cedeño proporciona sobre la pesca en Gran Canaria, donde según él utilizaban «voias de corteza de pino i pencas de palma" (Morales Padrón, 1993:374), aumentando aún más los instrumentos vegetales utilizados en las labores pesqueras. En lo que respecta al vestuario también existen algunos datos, así Gaspar Frutuoso señala para todo el archipiélago en general , el aprovechamiento de la "cascara de pino" para curtir las pieles de cabra y oveja con las que hacían sus vestidos (Frutuoso, 1964:92); y por otro lado Alonso de Falencia describe para la isla de La Palma la utilización de: "cortezas de árboles, se tejen las mujeres una especie de coraza para cubrir su pechó" (Morales Padrón, 1993:475). También incluyo en esta sección los instrumentos musicales descritos por Núñez de la Peña cuando refiere: "Los instrumentos con que tocauan eran calabagas secas con piedrecillas dentro, y tamboril de drago y pieles, flauta de caña, y gaytas de cañuelas de paja de ceuada " (Núñez de la Peña, 1994:33) en este caso para la isla de Tenerife; aunque esta cita se presenta problemática debido a que no se tienen noticias de la existencia de calabazas {Cucúrbita pepo) en el archipiélago en el período anterior a la conquista, ya que esta planta es originaria de América; por lo que se puede suponer que en realidad se trata de una adquisición tras la conquista. Este hecho advierte del peligro que se corre si se comienza a trasladar información desde las fuentes etnohistóricas a la Prehistoria sin una crítica previa. L. Siemens (1978) afirma que estos instrumentos citados por Núñez de la Peña responden a un repertorio musical europeo. El uso más extendido de las cortezas se produce durante el proceso de momificación, cuando tras el secado y lavado de los cuerpos, se procede a rellenarlos de "poínos de cascara de pino i mocanes con arena..." (Morales Padrón, 1993:380). De todas formas este aspecto lo desarrollo más adelante cuando trate las propiedades químicas de los vegetales, que son las empleadas durante el proceso de momificación de los muertos. Es de destacar el escaso aprovechamiento de las cortezas en 35 De Textos y semillas. Una aproximación carpológica a la explotación de los recursos vegetales... Canarias, posiblemente debido a que el uso que se le da en otras culturas, como tejados, vestidos o para construir canoas (Cotton, 1996), ya lo cumplen en el archipiélago otras órganos vegetales. 2.1.3.5. Productos químicos. Dentro de este apartado se incluyen aquellas especies que han sido aprovechadas por las propiedades químicas de sus diferentes órganos. La utilización de estos productos por una determinada cultura indica que ésta posee un conocimiento botánico bastante especializado, acumulado durante largos procesos de observación y asimilación grupal Al igual que sucede con los otros aprovechamientos aplicados por la población aborigen, las propiedades químicas van a tener variadas funciones, algunas se ellas destinadas a actividades productivas, mientras que otras presentan una función ritual o estética más especializada 2.1.3.5.1. Sustancias tóxicas. Entre estos recursos destacan aquellos elegidos por su carácter tóxico o venenoso, aprovechando para ello las sustancias químicas que la propia planta emplea para repeler otros organismos: herbívoros, insectos, microbios, hongos, etc.; y que luego las personas reutilizan en sus actividades de subsistencia. Estos compuestos químicos se han empleado tradicionalmente como venenos para cazar y pescar, perfeccionando la eficacia de sus técnicas y herramientas. En el caso de Canarias destaca el uso de la tabaiba en las actividades pesqueras, que tal como relata Frutuoso:"... si la echan en agua donde hay peces, luego quedan amortecidos y flotando " (Frutuoso, 1964:104); aunque persiste la duda de si se trata de la tabaiba salvaje (Euphorbia obtusifolia) como dice Frutuoso o en realidad se trata del cardón. Este último es recogido por Viera y Clavijo en su "Diccionario de Historia Natural" (1982), según él aún seguía usándose en su tiempo. Sin embargo si se atiende al resto de las fuentes etnográficas se encontrarán más citíis sobre el uso de la tabaiba salvaje, siendo lo más probable que se usasen ambas. Me estoy refiriendo al "embarbascado", que es como tradicionalmente se le ha denominado a esta actividad. Con ella, los triterpenos, compuestos químicos que se encuentran presentes en el cardón y la tabaiba salvaje (Pérez de Paz y Hernández Padrón, 1999), producen el envenenamiento del pescado, que anteriormente ha sido encerrado en pequeñas oquedades o charcos que permitan la expansión de la acción tóxica. Esto provoca en los peces problemas respiratorios, parálisis muscular o ataques al corazón, quedando el pez a flote y dispuesto para una fácil captura; destacando el hecho de que las Euphorbiaceas son empleadas por otras culturas en todo el mundo para este fin (Cotton, 1996). Se desconoce si las numerosas especies de Euphorbiaceas que se encuentran en el archipiélago fueron empleadas por lapobla36 Capítulo 2.1 ción aborigen para la caza u otros fines, sin embargo si se sabe que fueron capaces de investigar y descubrir las propiedades químicas de plantas totalmente nuevas, como es el caso del cardón, endémico de las Islas Canarias. 2.1.3.5.2. Pigmentos. Dentro de la amplia gama de sustancias fítoquímicas aprovechadas por las sociedades también vamos a incluir aquellas explotadas por sus pigmentos, que luego suelen ser reutilizados por sus propiedades colorantes para teñir ropa, pintar cuerpos humanos, medicina, etc. Los pigmentos son desarrollados por las plantas para atraer a los polinizadores, como protección contra las radiaciones ultravioleta, o más comúnmente para realizar la fotosíntesis; procesando para ello sustancias fítoquímicas variadas que los individuos emplean en otros menesteres. En el caso de Canarias las fuentes etnohistóricas relatan la coloración, de objetos y personas, con los tintes de varias especies vegetales. Entre estas especies se mencionan los dragos, las higueras, los pinos, el cardón, los tajinastes, la hierba pastel (Isatis tinctoriá) y otras especies no identificadas. De estas plantas la población prehispánica va a obtener diferentes colores, así, en Gran Canaria de la sangre de drago se consigue el rojo (Morales Padrón, 1993:366) al igual que de las raíces del tajinaste (Abreu Galindo, 1977:74), mientras que el azul era extraído de la hierba pastel estas dos últimas para la Gomera (Abreu Galindo, 1977:74). El blanco, de la resina del cardón y de la higuera, en este caso para la isla de Tenerife (Núñez de la Peña, 1994:33); y por supuesto el negro del carbón. Con estos colores y otros más, se proceden a pintar múltiples superficies, para ello se procesan los pigmentos de órganos vegetales tan diferentes como raíces, cortezas, resina, hojas, etc. Destaca la coloración de las ropas, tanto las fabricadas en cuero como aquellas realizadas sobre fibras vegetales; así como de las armas, que eran decoradas en el caso de los escudos de los canarios "... en ajedrez de blanco y colorado " (Marín de Cubas, 1986:88) posiblemente a imitación de los escudos castellanos; e incluso sus propios cuerpos como refiere Alvise de'Ca da Mosto para todas las islas: "Tanto hombres como mujeres suelen pintarse el cuerpo con jugos de hierbas de color verde, rojo, amarillo y colores diferentes" (Mosto, 1998:73) o los cabellos que eran "enrrubiados" en Gran Canaria (Sosa, 1994:288). Sin embargo lo que más llama la atención es la realización de pinturas sobre maderas con la intención de hacer retratos, tal como se cuenta para la isla de Tenerife (Nuñez de la Peña, 1994; Viana, 1991), aunque esta cita hay que tratarla con cuidado, pues como ya se comentó al comienzo, algunos autores entre los que se incluye a Núñez de la Peña, se encuentran muy alejados cronológicamente de los hechos que relata en su libro, y esto se materializa en datos bastante inverosímiles si se contrastan con el resto de información o con otras fuentes como las arqueológicas 37 De Textos y semillas. Una aproximación carpológica a la explotación de los recursos vegetales... 2.1.3.5.3. Gomas o resinas. Estas sustancias fitoquímicas van a ser aprovechadas a su vez en la realización de otras actividades, para ello ahora me centro en la explotación del látex de las especies vegetales canarias. En nuestro archipiélago las únicas especies, de las que se tiene noticia, explotadas para este fin corresponden a las Euphorbiaceas, utilizadas de esta manera en gran parte del planeta. El látex es un compuesto formado por cadenas poliméricas, que son completadas con sustancias específicas de cada taxón, presentando propiedades aislantes y elásticas. Este hecho va a ser aprovechado por la población prehispánica canaria para realizar algunos útiles; como 'Higas" para cazar pájaros, aprovechando la cualidad adhesiva de la resina seca, y citadas para Tenerife (Espinosa, 1980:30); en la actividad pesquera del embarbascado o en la tintórea, ya comentada; y de forma bastante curiosa, como "depilador", en la isla de Gran Canaria: ".../a naturaleza les dispuso con qué cortársele, que era como un betume que hazían de un árbol que llaman tabaiua silvestre y de otro de cardón. Estas materias de árboles dan, hiriéndolos, vna destilación blanca y algo pegajoza, y la disponían con tal templanza que la hacían como una massa blanda, y ella en sí es tan fuerte, que untántose con este género se arranca todo el pelo, y luego templauan el rostro con leche natural del suero della, y se quedauan muchos días señalados, hasta que era necessario voluer a hazer aquel género de rasura que la naturaleza y necessidad es maestra aun entre las naciones más baruaras" (Morales Padrón, 1993:313). Más que la naturaleza, es la necesidad la que induce a la población la búsqueda de productos fítoquímicos, que se encuentran naturalmente en el reino vegetal pero que no son descubiertos si los individuos no tiene el interés de utilizar estos productos. Esta afirmación originada por el comentario del texto creo que se puede aplicar al resto de los productos vegetales, explotados según las necesidades sociales del grupo y no por las características de las plantas que conforman el medio vegetal de las culturas. 2.1.3.5.4. Aromas y esencias. Después de comentar los usos recogidos por las fuentes etnohistóricas sobre el látex, voy a detallar aquellas especies utilizadas por sus propiedades aromáticas. Las esencias han sido aprovechadas tradicionalmente en muchas culturas como condimentos en las comidas, repelentes de insectos, para la conservación de los alimentos, fragancias, etc. Para ello se ha empleado los aceites volátiles presentes en los órganos vegetales, desarrolladas por las plantas para atraer animales polinizadores, defenderse de las plagas o como protección contra el fuego. Muchos órganos con propiedades aromáticas están ampliamente distribuidos por todo el reino vegetal, incluyendo los compuestos terpénicos, dentro de los cuales se incluyen los carotenos, sustancia asociada a la clorofila y por lo tanto presente en todos los vegetales. 38 Capítulo 2.1 En el caso de las Canarias prehispánicas se cuenta con algunos datos extraídos de los textos, destacando la aplicación para estas tareas de las teas de los pinos, y en menor importancia otras como la leñabuena, también conocida como orijama {Neochamaelea pulverulenta), el granadillo (Hyperícum canariense), el ajoporro {Allium ampeloprasum), el cardón, la leña noel, los aloes, brezos {Erica arbórea) y el mocan. En las crónicas se comenta el uso de estas plantas por sus cualidades aromáticas para ambientar las casas, dar sabor a la comida y sobre todo para conservar las momias, siendo en este caso donde más referencias existen. En lo que respecta a la ambientación de las casas resalta la utilización de maderas, con las que: "... ajumaban con (roto en el original) que era de rajas de tea que encendían aprima noche en las puertas de las casa; quemaban raís de cardón que da algún olor i arde bien que esjénero de tea; i leña nuel" (Morales Padrón, 1993:376). Esta cita para Gran Canaria se completa con la reseña para Tenerife de la quema de: "aloes, que son olorosos, y puestos algún pedazillo sobre unas brasas, su humo es medicinal contra ponzoña" (Nuñez de la Peña, 1994:24); mientras que para aromatizar las comidas sólo he encontrado la cita de Gómez Scudero refiriéndose al uso de "ajos silvestres" en Gran Canaria (Morales Padrón, 1993:435) . Sin embargo, como ya se ha señalado, las referencias a la utilización de "leñas olorosas para excequias de los difuntos" (Morales Padrón, 1993:431) son las más comentadas por aquellos autores considerados como etnohistóricos. Hay que destacar el uso, indicado por casi todos los textos, del pino que luego se completa con polvos de brezo o mocan, según el autor que lo trate. Perfectamente descrito para la isla de Tenerife, expongo el testimonio de Nuñez de la Peña: "para mirlarlos, hazian un labatorio de hojas de granadillo, y de muchas yerbas y flores, y con el lauauan el cadáver, y después con unas confecciones, que hazian de manteca de ganado, y de cascara de pino, polvos de bresco, y tosca, y de gumos de yeruas, le llenauan el vientre " (Núñez de la Peña, 1994:34). Al igual que sucede en otros casos, es el pino canario el ejemplar más citado dentro de este apartado. Esto se debe a las propiedades conservativas de los aceites volátiles de su madera; denominándose como pineno y trementina las esencias fundamentales del pino, desarrolladas por éste para protegerse de los insectos y del fuego, y reutilizadas luego por los isleños para los fines ya comentados. 2.1.3.5.5. Recursos fitomédicos. Por último voy a comentar todos aquellos recursos vegetales empleados por la población aborigen para desarrollar su sistema médico tradicional. Antes que nada es necesario realizar matizaciones al respecto de los métodos curativos que emplean las plantas como recursos terapéuticos. En general se han clasificado estas prácticas en dos categorías: " hierberos" y "chamanes"; mientras estos últimos buscan el origen de las enfermedades en causas espirituales, j De Textos y semillas. Una aproximación carpológica a la explotación de los recursos vegetales... los hierberos aplican sus conocimientos a problemas "naturales", aunque esta dicotomía radicaliza las posturas, pues ambos sistemas médicos combaten tanto enfermedades naturales como espirituales (Cotton, 1996). Este matiz implica un uso diferente de los vegetales. Por un lado, los chamanes buscan principalmente plantas con efectos psicoactivos o simbólicos, más útiles para ceremonias en las que se propician estados alterados de la conciencia. En cambio, los "hierberos" desarrollan un conocimiento botánico mucho más especializado, recogiendo todas las propiedades curativas del medio vegetal que los circunda. En el caso de Canarias, las vagas noticias ofrecidas por las fuentes etnohistóricas indican que existieron determinadas personas, tanto hombres como mujeres, que se especializaron en ciertas actividades como los procesos de momificación, rituales de nacimiento así como prácticas adivinatorias (Tejera Gaspar, 1988). Estas personas tenían un gran prestigio dentro del grupo, lo que ha permitido conservar sus nombres: Guañamene en Tenerife, Hapalapu en La Gomera, Yone en el Hierro, y Tibiabin o Tamonante en Fuerteventura. En el caso de Gran Canaria, esta figura se había institucionalizado en el cargo de Faycan o en el de las Harimaguadas, posición que fue ocupada por varias personas que realizaban ciertas prácticas propiciatorias para diversas actividades, generalmente productivas (Arco Aguilar, 1993); los cuales podrían haber tenido algún conocimiento especial sobre algunas propiedades sicoactivas de determinadas especies vegetales canarias. Sin embargo no existen datos sobre las plantas que se utilizaron en estos ritos, pues aunque existen múltiples especies que potencialmente podrían inducir estados alterados de la conciencia, no ha quedado huella de ello en las fuentes etnohistóricas. Las pocas noticias que al respecto han llegado van a referirse a los remedios empleados en curar determinados males. Lo que unido a los estudios desarrollados por Pedro L. Pérez de Paz y otros sobre las propiedades fítoquímicas de las plantas utilizadas como remedios médicos (Pérez de Paz y Medina Medina, 1988; Pérez de Paz y Hernández Padrón, 1999) permite llegar a comprender mejor la base del conocimiento botánico de la población aborigen. Por los textos se constata que: "curaban asimismo las heridas con bálsamo odorífero, compuesto de yerbas y de flores salutíferas" (Viana, 1991,Tomo I: 92), descubriendo muy pocas citas concretas a remedios vegetales. Destaca el uso medicinal que tiene el látex de las tabaibas y en concreto la del cardón al cual, las crónicas normandas, lo describen "lleno de leche de maravillosa virtud" (Bontier y Le Verrier, 1980:169). Así, se refiere para Gran Canaria que: "usan de purgas de titímalo, tabaiba i cardón que es venenoso i ellos lo usaban con seguridad" (Morales Padrón, 1993:437); mientras que para Tenerife se comenta sus propiedades para fortalecer los dientes (Espinosa, 1980:29). Otra especie ya usada en otras tareas y también con 40 Capítulo 2.1 Galindo, 1977:159). Esto supone una inicial división laboral producto de una jerarquización bastante acusada, que dará lugar a una sociedad clasista entendiendo como tal aquellas en la que se produce una división de las personas en función del lugar que ocupan en el proceso de producción (Godelier, 1989). Así, descuella el ejemplo de Gran Canaria, donde existía una especialización de las mujeres a la hora del procesado de las fibras vegetales, tal como refiere la crónica ovetense: ''Las mujeres hasían esteras de juncos majados y curados para se cubrir y para colchones como está dicho, que éste era su ordinario exersicio " (Morales Padrón, 1993:163). Esto documenta unas diferencias sociales en las actividades productivas, y que además van a determinar la percepción que sobre el medio vegetal tenga la población femenina. Como ya se ha comentado, esto se confirma cuando se cotejan los datos etnohistóricos referidos a las actividades productivas del sexo femenino, encargado también de llevar a cabo las actividades agrícolas (salvo la preparación de la tierra) así como la recogida de leña y la realización de pinturas (Abreu Galindo, 1977:159). Se trata pues de una manifestación clara de las relaciones de producción en que se encontraban las mujeres con las plantas y con respecto a los hombres. Encargadas de la mayor parte de las actividades productivas y sin embargo excluidas de la toma de decisiones políticas, las mujeres, como reflejan los textos, estaban sometidas, al menos para la isla de Gran Canaria, al poder de los hombres (Rodríguez Rodríguez, 2001). Por lo que se refiere al resto de las islas, los textos presentan un panorama social que aparece dominado por una estructura no clasista, donde predominan la organización familiar de las actividades productivas, la ganadería y la agricultura, y en la que aparentemente no se detecta ninguna diferencia social a la hora de acceder a los recursos vegetales recolectados. Si bien en las fuentes, se hace referencia a la existencia de una división territorial en "bandos", que estaban encabezados por jefes o reyes, emparentados entre si, pero que ya apuntan una división social, en este caso sexual, al menos en las labores de gobierno. Estos apuntes, aunque someros, ilustran todas las formas que pueden adquirir las aproximaciones que se pueden realizar a la explotación de los recursos vegetales por parte de la población aborigen a partir de unas fuentes tan controvertidas como son las etnohistóricas. 2.1.4. El Sistema Productivo Agrícola aborígen. Al igual que sucede con los recursos vegetales recolectados, las fuentes etnohistóricas recogen valiosos datos, aunque muy parciales como ya he referido, sobre las actividades agrícolas realizadas durante la ocupación prehispánica del archipiélago canario. Con esos datos voy a intentar reconstruir en lo posible el sistema agrícola aborigen. Para ello trataré todos los aspectos 47 De Textos y semillas. Una aproximación cdrpológica a la explotación de los recursos vegetales... de la agricultura, estudiando tanto las fuerzas productivas (medios de producción y la organización técnica de las actividades productivas), como las relaciones sociales que organizan la labor agrícola; este modelo presenta, en mi opinión, de una forma mucho más integral y contextualizada las actividades agrícolas que se van a desarrollar dentro de una determinada sociedad. Con esto no quiero decir sin embargo, que esta estructuración exista y sea percibida por la sociedad; se trata de una herramienta con la que pretendo entender de una forma más completa y rigurosa el funcionamiento de este aspecto del pasado. Además se debe tener en cuenta que las fuentes etnohistóricas a este respecto son bastante escuetas, limitándose la mayor parte de las veces a mencionar datos sobre la islas de Gran Canaria y Tenerife, obviando el resto del Archipiélago, lo que lleva incluso a negar la existencia de agricultura en La Palma durante la Prehistoria. 2.1.4.1. Los medios de producción. Designo como medios de producción a aquellos elementos materiales e ideales que permiten a los individuos la realización de las tareas productivas, en este caso agrícolas. Esto incluye tanto lo que son las herramientas como el propio objeto de trabajo (Bate, 1998). Establecer los caracteres de los medios de producción se presenta como algo básico de cara a reconstruir y comprender la manera en que se van a llevar a cabo las actividades agrícolas. El grado de desarrollo y los cambios de estos medios puede determinar la explotación del medio vegetal, la formación socioeconómica y el desarrollo histórico en las Islas Canarias en general durante la ocupación prehispánica. Los medios con que contaban los habitantes prehistóricos eran, desde el punto de vista de los conquistadores, primitivos y bárbaros, tal y como describían a sus poseedores. Este énfasis en el carácter rudimentario de las herramientas hay que entenderlo como un tipo de discurso global etnohistórico que pretende justificar la asimilación y aculturación de la sociedad aborigen dentro de la cultura occidental, argumentando que la tosquedad de los aborígenes se debe a su paganismo y que por ello es necesario su adoctrinamiento. Dentro de estos instrumentos de producción considero en primer lugar la tierra, entendiéndose ésta como herramienta y objeto de trabajo. Esta será un recurso fundamental sobre la cual se van a desarrollar las actividades agrícolas, y que es considerado como el medio de producción básico en los estudios sobre la Prehistoria de Canarias (Martín de Guzmán, 1986; Tejera Gaspar y González Antón, 1987; Velasco et ali. 1999, entre otros) pues de su tenencia va a derivar la distribución de sus frutos. En lo que respecta a los útiles técnicos de trabajo los textos inciden en que eran muy pocos y simples, lo que responde a un atraso técnico que para los europeos ilustraba su condición primitiva. A la hora de trabajar la tierra la mayoría cita el uso de "...cuernos de cabras o unas como palas de ^ea'XEspinosa, 1980:39) para arar el terreno, lo que en el caso del cuerno de cabra creo muy improbable debido a que su acción de aireo sobre el suelo es nula, pues el surco que puede abrir se limitaría a unos pocos centímetros, su cita en este caso supondría una inclu48 Capítulo 2.1 sión destinada a realzar las carencias aborígenes, o sería el resultado de una percepción errónea por parte de los cronistas, que estarían proyectando una actividad aborigen dentro de los esquemas europeos. También se incluyen dentro de las herramientas agrícolas, aquellas destinadas a procesar la producción, ya que son indispensables para el aprovechamiento final de la cosecha. En el caso de la trilla la realizaban con palos, según Abreu Galindo (1977); en cambio, para el consumo de los cereales empleaban molinos de piedra, tostadores de cerámica y cernidores fabricados en cuero. Estos instrumentos, empleados también en otros menesteres son los que va a permitir el consumo de las especies cultivadas, y así en Gran Canaria algunas cuevas estaban provistas de las reservas de grano y su correspondientes molino, tostador y cedazo con los que se realizaba el gofio (Morales Padrón, 1993). Los textos etnohistóricos para Gran Canaria, y para Tenerife las datas (Serra Rafols, 1978), comentan la existencia de acequias con las que traían aguas de las cumbres para el regadío de los cultivos así como depósitos "...en las tierras que plantaban de riego recogían el agua en altercas i la repartían con buena orden" (Cedefío en Morales Padrón, 1993:376). La introducción del riego artificial va a transformar al agua, un recurso natural cuyo acceso es libre, en una importante herramienta productiva, permitiendo la intensificación de la producción agrícola, pero a la vez condena a sus usuarios al monopolio de sus propietarios. En este análisis de los medios de producción voy a incluir a las plantas cultivadas, que pueden ser consideradas como un desarrollo tecnológico pues son una innovación humana creada a partir de las primeras selecciones genéticas efectuadas sobre los ancestros silvestres. Esto convierte a las semillas de estas plantas en el principal útil de cara a realizar un cultivo, por lo que se definiría como herramienta y objeto de trabajo. Al no ser un recurso natural al que se tenga libre acceso, su posesión y conservación será de gran importancia de cara a dilucidar las relaciones de poder en cualquier sociedad. A la hora de establecer la existencia de las diferentes especies en cada isla existen muchos problemas derivados de los testimonios señalados por los textos. Sus datos pueden confundir debido a las constantes contradicciones entre un autor y otro. En lo que se refiere a los cereales, se menciona la cebada llamada "azamotan" en Gran Canaria y "tamo" en Tenerife (Abreu Galindo, 1977) y que según Cedeño era de dos tipos en Gran Canaria: "..los granos que tubieron fueron seuada, hauas i una cenada sin aristas que llaman seuada pelada o Romana" lo que podría hacer referencia a la cebada vestida {Hordeum vulgare var. vulgare) en el primer caso y en el segundo a la cebada desnuda {H. vulgare var. nudum) que no presenta las típicas marcas o "aristas" de la cebada vestida. Viera y Clavijo (1982) también las cita, aunque a la variedad "Romana" la discrimina como llegada tras la conquista, lo que coincide con los datos arqueológicos (Arco Aguilar, 1993; Fontugne et ali.1999; Martín Rodríguez, 1992). Además de estas dos islas, también se cita el cultivo de cebada en Lanzarote (Bontier y Le Verrier, 1980; y otros.), en La Gomera y en El Hierro (Bontier y Le Verrier, 1980; Frutuoso, 1964). 49 De Textos y semillas. Una aproximación carpológica a la explotación de los recursos vegetales... El trigo era también cultivado por los aborígenes, aunque en este caso su importancia era menor. Entre las causas tecnológicas está la ausencia de homo para su panificación, aunque tenían otras formas de cocinarlo, lo que minimiza este factor limitante. También hay que tener en cuenta los condicionantes ecológicos, al no ser tan resistentes a la sequía y las plagas como la cebada (Buxó, 1997). Asimismo pudieron existir otros motivos culturales entre los que cabe destacar los gustos culinarios. "Llamaban al trigo yrichen" (Abreu Galindo, 1977:298). Este y otros autores citan su presencia sólo para las islas de Gran Canaria y Tenerife, aunque en Le Canarien también se menciona su cultivo en El Hierro (Bontier y Le Verrier, 1980). Por último hay que aludir a la existencia de una cita sobre la presencia de avena {Avena sativa) en Gran Canaria (Femandes 1998: 84) aunque no hay ningún dato arqueológico que corrobore esta noticia. De las legumbres en cambio no se tiene tanta información y sólo se mencionan las habas {Vicia faba) en Gran Canaria (Sosa, 1994:299) y Tenerife (Espinosa, 1980:37)) ; las arvejas {Vicia o Pisum sp) denominados junto a las habas como ''hacichey", según Abreu Galindo (1977:298), quien es el único autor que la menciona y sólo para la isla de Tenerife; y por último el chícharo o ieros blancos {Lathyrus sativus) únicamente citado en Gran Canaria (Marín de Cubas, 1986:258). Restan las islas de La Palma y Fuerteventura para las que no hay referencias etnohistóricas sobre el cultivo de cereales o leguminosas domesticadas. Sin embargo, a tenor de las continuas contradicciones entre los diferentes autores y de los resultados arqueobotánicos que aquí se presentan, se debe comenzar a intensificar la labor arqueológica tratando críticamente la información etnohistórica, que muchas veces distorsiona la realidad. Aparte de los cereales y de las legumbres, los aborígenes también cultivaron las higueras. Se ha desarrollado un gran debate en tomo al origen de su cultivo (Lorenzo Santos, 1993), pues los textos muchas veces se contradicen argumentando que en realidad fueron introducidas por los mallorquines en la isla de Gran Canaria (Abreu Galindo, 1977), aunque el primer relato etnohistórico derivado de la expedición de Da Recco a las islas en 1341 ya señala la presencia de higos dentro de las casas de los canarios (Bocaccio, 1998). Parece que esta evidencia y la semejanza de los nombres aborígenes dados a la higuera con los que les dan los bereberes (Lorenzo Santos, 1993), desnivelan la balanza hacia su procedencia premallorquina. A este argumento se une la identificación en la isla de Tenerife de algunos carbones de higuera en estratos bastante antiguos muy anteriores a la conquista (Machado et ali., 1997). Con esta evidencia material se puede dar por zanjado este debate, sin embargo a su vez se abren las puertas a nuevas preguntas, pues ahora también hay que incluir a los habitantes prehistóricos de Tenerife en este cultivo. ¿Existían higueras en el resto de las islas, introducidas por la población aborigen?. ¿Cuál era el tipo de arboricultura que se realizaba?. ¿Qué régimen de propiedad existía sobre ellos?. ¿Qué importancia tenía en la dieta?. Cuestiones que necesitan una indagación más profunda a través de la interrogación de las fuentes arqueológicas y etnográficas, y que comienzan a responderse buscando en lugares tan insospechados como en los dientes (Delgado Darlas, 2001). 50 Capítulo 2.1 En el caso de Gran Canaria a través de los textos se sabe que tenían gran importancia en la dieta "...pues con solo cabras, sebaday higuerales sustentaban tanta gente" (Morales Padrón, 1993:142), su distribución por toda la isla y el ensañamiento de los conquistadores con estos "...acordaron de talarles los panes y higuerales a los canarios" (Morales Padrón, 1993:128) parecen señalar que no se trataba de un simple complemento de la dieta sino que jugaba un papel muy destacado en el sostenimiento de la población. En los textos se refieren además a la denominación aborigen de los higos en el caso de Gran Canaria: "Cuando verdes los llamaban arehormaze, y cuando maduros y dulces y pasados, tehaunenen" (Abreu Galindo, 1977:161) loque indica un conocimiento bastante especializado sobre las características físicas de los higos. Las fuentes añaden a estas especies el "ñame", denominación que en Canarias se le da a la Colocasia esculenta, mientras que en el resto del mundo se la conoce como "taro"; junto a esto, el hecho de que en otras regiones del planeta el "ñamé" es el nombre de las Dioscorea sp. ha provocado numerosas confusiones en lo que respecta a su consumo por la población aborigen. En las fuentes etnohistóricas se encuentra una referencia a su uso: "Tenían una raís mui gruesa maior que patata, algunas ai mui grandes que han pesado ochoydies libras, comíanlas cocidas en agua i sal, crudas son malas a el gusto porque se asemejan a la taragontia, llámanles niames o ñames" (Morales Padrón, 1993:371), lo cual van a aumentar las dudas respecto al consumo de esta especie, pues los autores que han tratado este tema (Arco Aguilar, 1993) creen que se trata de una confusión y que en realidad la cita se refiere a un hábito que los canarios pudieron adquirir tras la conquista. El texto citado, atribuido a Cedeño, se habría realizado en el segundo cuarto del siglo XVI (Onrubia, 1998), lo que estaría confirmando esta tesis. Sin embargo esto significa hablar de un fenómeno aculturizador muy acelerado, sobre todo si se tiene en cuenta el hecho de que se trata de un cultivo totalmente diferente, cuyo ciclo, cuidados, riego, cosechado, consumo y sabor son distintos a los cereales y legumbres. Además, desde un principio el ñame es un cultivo que no se destina a la exportación, siendo consumido por las gentes más pobres, lo que vuelve a recalcar la asimilación, no excenta de intencionalidad, de las costumbres prehispánicas y las populares a través de los textos etnohistóricos y etnográficos. Por ello no hay que descartar el uso por parte de la población prehispánica de este importante recurso al menos en su periodo final, que de haber sido consumido por el contingente aborigen de Gran Canaria, aumentaría la lista de cultivos domésticos. A este respecto cabe destacar la cita de Alphonse de Candolle (1886) quien en su pionero libro sobre el origen de las plantas cultivadas ya menciona el conocimiento de la C. esculenta por parte de los antiguos egipcios, por lo que la existencia de esta planta en el continente africano se puede considerar como antigua, aunque provenga del sur asiático. M.C. del Arco Aguilar opina que en realidad la cita de Cedeño hace referencia al consumo de la taragontia {Dracunculus canariensis), a pesar de que el propio Cedeño lo niega: " ... se asemejan a la taragontia, llámanles niames o ñames" y que Gómez Scudero también confirma el consumo de ñame (Morales Padrón, 1993:431). Asistimos pues, a un problema por ahora no resuelto con las fuentes disponibles, y sólo las evidencias arqueológicas de C. esculenta podrían dilucidarlo, aunque debido a factores tafonómicos es muy difícil de recuperar en un yacimiento. 51 De Textos y semillas. Una aproximación carpológica a la explotación de los recursos vegetales... Como se ve por los datos proporcionados por los textos, el sistema agrícola prehispánico va a combinar, en el caso de Gran Canaria y Tenerife, el cultivo de cereales y leguminosas. Esta unión clásica permite que, además de complementarse mutuamente en el ámbito dietético para proporcionar una alimentación nutritiva, se logre un equilibrio en el mantenimiento de la fertilidad del suelo, pues las legumbres, gracias a la asociación con un hongo que vive en sus raíces, tienen la facultad de fijar el nitrógeno del aire al suelo, lo que impide el agotamiento de la tierra por el cultivo continuado de cereales. A su vez, en estas dos islas el consumo de higos se une a los anteriores vegetales cultivados para complementar la dieta, aumentando su importancia por el hecho de que pueden ser almacenados y consumidos en época de crisis o escasez. Por último dentro de los medios de producción me gustaría incluir los conocimientos técnicos agrícolas, indispensables para iniciar y reproducir esta actividad. En las fuentes etnohistóricas no se menciona directamente esta faceta, pero se puede deducir a partir de las menciones que se realizan sobre los calendarios lunares de Gran Canaria y Tenerife (Núñez de la Peña, 1994), que existía un conocimiento sobre el ciclo anual, el cual estaba muy relacionado con las tareas agrícolas. Esto se refleja perfectamente en las fiestas que se celebraban durante la cosecha denominadas "beñesmer" en Tenerife (Abreu Galindo, 1977:297), y que en el caso de Gran Canaria duraban "por nueve días continuos hazian grandes vailesy convite, y casamientos haviendo cojido sus sementeras" (Marín de Cubas, 1986:254). Además de estos conocimientos técnicos, es necesario nombrar aquellos saberes que si bien no juegan un papel objetivo en la práctica agrícola, dentro de la cultura donde se inscriben se presentan como indispensables. Me refiero a ceremonias rituales destinadas a proporcionar fertilidad a la tierra, y que en el caso de Canarias se materializa en las ceremonias propiciatorias de la lluvia. Es esta perspectiva la más eficaz para entender los ritos de la agitación de la rama en Gran Canaria (Morales Padrón, 1993) y la del baladero de las ovejas en Tenerife (Espinosa, 1980:34), cuya eficacia física podía ser dudosa pero que dentro de sus propios valores culturales cumplirían una función fundamental como medio para la producción de las cosechas. Y esta importancia es más evidente cuando por control de estos rituales, una persona o grupo, se apropia de una parte de la cosecha. 2.1.4.2. Las actividades agrícolas. Entiendo que una actividad agrícola es aquella acción que está destinada a la transformación del objeto de trabajo en un producto útil de cara a un individuo o a la comunidad. El primer aspecto que concierne a la actividad agrícola es la preparación de la tierra para su puesta en cultivo; según las fuentes etnohistóricas "aprovechanse de los cuerno de las cabras para cultibar las tierras i con punctas de palos grandes i fuertes tostados primero. Se juntaban mucho aiudandose unos a otros, i armaban un cantar i vocería, i muchos juntos afilaban una grande estaca i apretando con fuerza hacia la tierra todos a una después apalancaban i arrancaban los céspedes, i después las mujeres los deshacían; allanaban la tierra i hacían esta obra a las primeras aguas que estubiese la tierra anegada"(Moxúts Padrón, 1993:372) esto indica pues una preparación de la tierra, aunque de forma bastante somera, pero que para el caso de Gran Canaria 52 Capítulo 2.1 y Tenerife (Espinosa, 1980) ya informa de una sistematización, planificación y especialización de las labores agrícolas. Además como se refiere en todas las fuentes, esta labor era desarrollada conjuntamente, por lo que se podría denominar como trabajo comunal aunque ya se profundizará en ello más adelante. Una vez preparada la tierra, de manera que ésta se hubiera oxigenado, el siguiente paso es la siembra. Como manifiesta la cita anterior (Morales Padrón, 1991:372) y otras obras más "/a tierra para sembrar a la primera lluvia aran con cuernos de ca6ro«"(Marín de Cubas, 1986:151), es decir que esta variaba con las condiciones climatológicas y geográficas dentro de la propia isla, aunque por lo general se haría entre Noviembre y Diciembre, cuando comienzan las lluvias invernales en el archipiélago. Sin embargo, en el caso de que las tierras fueran regadas artificialmente la siembra no dependería de la llegada de las primeras lluvias, y quizás podría estar en función de algún calendario; además en el caso de que se produjeran dos cosechas al año, tal como dice Marín de Cubas " danse los trigos o sementeras dos vezes al año por los riegos con poco benefició" (1986:115), los ciclos de las actividades agrícolas se transformarían radicalmente. Sobre el modo de sembrar, si era a boleo o con uso de plantones, hay poca información sólo "así rebolvian la tierra e cubrían el grano" (Morales Padrón, 1993:510) por lo que es más lógico pensar que según fueran arando irían sembrando y luego recubriendo la semilla, aunque también se utilizarían los plantones de los que existen datos arqueológicos (Arco Aguilar, 1993). En lo que se refiere al riego, las condiciones pluviométricas mínimas que necesitan los cereales no exceden los 300mm (Buxó, 1997) coincidiendo con las cantidades normalmente recogidas en las islas en la actualidad, por lo que en muchos casos se trataría de una agricultura de secano. Sin embargo en las fuentes se habla de una intensificación de la producción a través del riego artificial: "lo mas que cultibaban era de regadío para lo qual ingeniosos sacaban grandes acequias y canales de cuias christalinas corrientes se repartían despedazados arroios que bañaban los alegres prados(..) encaminándola artificiosamente de unas vegas en otras" (Sosa, 1994:302), sobre todo en el caso de Gran Canaria, aunque en los textos de repartimiento de tierras tras la conquista en la isla de Tenerife se menciona la existencia de acequias de la época de los guanches (Serra, 1978:320), lo cual permitiría el cultivo de áreas marginales y tal como refiere Marín de Cubas la recogida de dos cosechas anuales. En los textos no se encuentra ninguna referencia a labores de escarda, por lo que ateniéndose a estas fuentes, esta labor no se produciría. Sin embargo si se cuenta con algunos datos referidos a la regeneración de la fertilidad de las tierras de cultivo para la isla de El Hierro, como se comentó en el caso de los cochinos, lo cual va a ser un aspecto indispensable para la reproducción del sistema agrícola. En cambio, en lo que respecta a la cosecha si existen más datos, y muy significativos; así se dice que " Las mujeres las cogían llevando un zurrón colgado del cuello, y cogían solamente la espiga" para el caso de Gran Canaria, y en Tenerife " La segada era que la dejaban secar y cortaban la espiga y dejaban la paja en el rastrojo" (Abreu y Galindo, 1977:160). En cualquier 53 De Textos y semillas. Una aproximación carpológica a la explotación de los recursos vegetales... caso se ve que ambos coinciden en el hecho de que solamente recogen la espiga y dejan en el campo la paja, lo que supone evitar la inclusión de malas hierbas en la cosecha así como un posterior aprovechamiento de la paja como comida para el ganado, lo que implicaría también un aporte nutricional para la tierra gracias al abono que suponen las defecaciones del ganado que pasta en los cultivos segados. En lo que respecta a la época de la cosecha hay más datos, así Cedeño dice "guando habían acauado la sementera, que era por fines de Junio"(Morales Padrón, 1993:378) aunque luego Espinosa se refiere a esta en el de agosto (Espinosa, 1980:39) al igual que Abreu y Galindo, mientras que da Mosto dice que "... por ser el país muy cálido, recogen sus cereales en los meses de marzo y abril" (1998:71) en el caso de Tenerife. Ante estos datos, las conclusiones indican que dependiendo del año y de sus condiciones meteorológicas y pluviométricas, así como de la situación geográfica dentro de la propia isla de la zona de cultivo, se va a establecer la época de la cosecha; debiendo ser más temprana en la costa que en las medianías y cumbres. Lo que queda claro es que indiferentemente de la fecha de la cosecha " guando acabavan de coger sus ceuadas, y leuantar su heras, de hazer grandes fiestas, y regozijos" (Nuñez de la Peña, 1994: 33) en Tenerife, así como en el caso de Gran Canaria (Marín de Cubas, 1986). Una vez recogida la cosecha debe procederse a su procesado para separar el grano de los otros restos vegetales y así prepararlos para su consumo o almacenamiento. Para ello lo primero que se hace es separar el grano de la espiga, es decir la trilla. Su mención es escueta en la mayor parte de las fuentes "sus granos gue las mujeres cojen, las espigas majan" (Marín de Cubas, 1986:151) en Gran Canaria, siendo Abreu Galindo quien más se extiende en esta actividad "cogían solamente la espiga, gue después apaleaban y pisaban con los pies" (1977:160) Se trataría por lo tanto de una trilla bastante simple, que se ve facilitada por el hecho de que sólo recogían la espiga eliminando con ello las dificultades que supone el trillar toda la paja y las malas hierbas. De todas formas hay que ser muy cautos a la hora de interpretar estos datos, pues se engloban dentro de un tipo de discurso que trata de primitivizar la tecnología agrícola aborigen, justificando de esta manera la imposición de los modelos europeos. El aventado, que consiste en la separación del grano de otras partes ligeras de la espiga (glumas y fragmentos de raquis) y de las semillas de malas hierbas desprendidas tras la trilla, va a ser realizado con unos métodos y herramientas tan simples como las anteriores, "... con las manos la aventaban" (Abreu y Galindo, 1977:160) o " avenían con las manos y palos" (Marín de Cubas, 1986:151) para Gran Canaria. Se trata pues de una labor a la que apenas se le destina una atención tecnológica, lo que supone que las manos eran lo suficientemente eficaces para no tener que emplear otros útiles. Sin embargo, si se le aplica una lectura crítica a la fuentes se observa la misma estrategia de enmascaramiento, que a su vez sirve para ofrecer una imagen edénica de los trabajos agrícolas prehispánicos a los colonos europeos, y de nuevas tierras para colonizar donde "no es posible, por mal gue se trabaje la tierra, que no viniesen ganancias mayores de cuanto se podría decir" (Bontier y Le Verrier, 1980:168). En todo caso la operación para separar el grano de los desperdicios debió realizarse de alguna manera, aventándolo o con la ayuda de un cernidor. 54 Capítulo 2.1 A la hora de su consumo existían dos procesos diferentes dependiendo del cereal que se tratara. Así, el trigo "comíanlo en frangollo partido en los molinillos de mano, comíanlo con leche a manera de arroz" (Sosa, 1994:299) en el caso de Gran Canaria y Tenerife (Abreu Galindo, 1977:298). En cambio la cebada ''tostaban en una tostadora de barro que tenian después, lo molían en unos molinillos que hacían de mano(...) la paja o salbado que llaman afrecho comunmente los sacaban serniendolos por unos sedagos que hacían de cuero muy estirado con muchos aguxerillos muí subtíles y juntos estos los hacían en gauígos o tijinates. Este gofio (..) se amaga(...) con (...), caldo de carne gruesa leche o con miel de abeja y manteca de cabras" (Sosa, 1994:298). Se trata del gofio, alimento básico de los aborígenes, que según Abreu (1977) se denominaba "ahoren" en Tenerife o "gofio" en Gran Canaria. Además el afrecho del trigo y la cebada era luego destinado a la maceración de las pieles para su curtido, tal como se ha interpretado de los datos proporcionados por Cedeño (Rodríguez Rodríguez, 1997). Las habas "eran comunmente para comerse verdes, las cecas las tostaban y hacían un genero de salmuera de agua y sal solamente y allí las echaban bien calientes y ablandándose asi en aquella salmuera las comían y otras veses puramente tostadas y cecas las usaban" (Sosa, 1994:299) en el caso de Gran Canaria. Como se ha visto en el caso de los tres cultivos procesados, el molino va a ser una herramienta indispensable en cualquier espacio doméstico de los grupos aborígenes. Sin embargo existía una parte del cereal que no era consumido y se destinaba para su almacenamiento tanto para comida como para plantarlo en la siguiente cosecha. En el caso de Gran Canaria esto queda perfectamente tratado en las fuentes etnohistóricas "encerraban estos frutos en las cuebas de risco más altas para que se viese allí estar más bien guardada i más durables"(Morales Padrón, 1993:373) lo que se corresponde con los silos o graneros colectivos que hay repartidos por toda la geografía insular. Además, Marín de Cubas refiere que observó en unas casa de Gáldar estructuras de almacenamiento, "repartían dentro aposentos para graneros" (1986:264) seguramente utilizadas para un consumo inmediato dentro del espacio doméstico. En lo que respecta al almacenamiento de granos para sembrar sólo he encontrado la cita de "Le Canaríen" (1980) para la isla de Lanzarote: "hemos vivido con un poco de cebada que hemos encontrado en el país, que los canarios habían reservado para sembrar (Bontier y Le Verrier, 1980:41), aunque no se menciona de qué lugar lo habían robado los conquistadores normandos. 2.1.4.3. Las relaciones sociales de producción. Se ha visto pues, cómo se articulaba el sistema agrícola a través de la información que proporcionan las fuentes etnohistóricas. Sin embargo, la visión de este sistema tan complejo que es el agrícola queda incompleta si no se incluyen los aspectos sociales que organizan todas las etapas de la producción, distribución y consumo, y que en última instancia van a ser los que determinen la caracterización y perpetuación de este sistema. 55 De Textos y semillas. Una aproximación carpológica a la explotación de los recursos vegetales... En el caso de Gran Canaria, donde los datos etnohistóricos sobre la organización del sistema agrícola son más completos, se puede emplear perfectamente un modelo de relaciones sociales complejas basadas en una estructuración clasista. En este caso, las relaciones sociales de producción están definidas por la desigualdad a la hora de la apropiación de los medios de producción y el control de los mecanismos de redistribución; que van a originar la formación de dos grupos sociales, uno caracterizado por la retención de los medios de producción y canales de redistribución, "los nobles" y "religiosos", y el otro será la mano de obra que se va a encargar de trabajar en las labores agrícolas, "los trasquilados" (Martín de Guzmán, 1986; Velasco Vázquez etali.1999). Lo mismo sucede con la estratificación social que se puede observar a través de la lectura de las fuentes para Tenerife, donde se menciona la existencia de dos grupos sociales diferenciados, al igual que en el caso de Gran Canaria, por la apropiación de los medios de producción y canales de redistribución; aunque en el caso de Tenerife la base fundamental de su modo productivo es la ganadería y las referencias a las labores agrícolas relacionadas con este aspecto son más escasas. En Gran Canaria funciona una organización comunal de los trabajos agrícolas, "Ayudábanse unos a otros a sembrar, que en acabando uno avian de ayudar luego a su vezino hasta que acabase" (Morales Padrón, 1993:162) además de que " todos los bienes heran comunes en quanto a la distribución y alimento natural. Al Señor reconocían la superioridad y obediencia, y siempre se le daua lo mejor" (Morales Padrón, 1993:315). Los textos revelan pues un grupo productor, los campesinos o agricultores que se organizan comunalmente a la hora de realizar los trabajos y repartirse la producción, pero que a su vez están sometidos, a través del pago de una parte de la producción al "Señor", que será quien les ceda la tierra para su cultivo. Sin embargo se puede comprobar cómo dentro del mismo grupo productor existe una división, en este caso laboral, sobre la base de la condición sexual; "este oficio de arar, y sembrar era de los hombres, y el segarlo, y desgranarlo, hasta ponerlo en la cueva era a cargo de la mujeres (Núñez de la Peña, 1994: 32). Esta división laboral de las actividades agrícolas generaría diferentes estatus sociales para hombres y mujeres, acumulando estas últimas una gran parte de los trabajos productivos. Al nivel de la élite esto se manifiesta en unas relaciones matrilineales de transmisión del poder, donde las mujeres o sus hermanos van a traspasar los derechos hereditarios sobre la propiedad de la tierra, aunque en la realidad el poder lo ejerzan los hombres (Rodríguez Rodríguez, 2001). Ello justificaría la estrecha endogamia que se desarrolla entre los propietarios, reteniendo de esta manera la propiedad de la tierra. Esto se puede aplicar en Gran Canaria y en Tenerife donde también se encuentran estas referencias: "El Rey no casaba con gente baja y, a falta de no haber con quién casar, por no ensuciar su linaje, se casaban hermanos con hermanas" (Espinosa, 1980:42), en este caso "ensuciar su linaje" podría significar dividir la propiedad. 56 Capítulo 2.2 vendría a confirmar los datos aportados por las crónicas, además de comprobar la pervivencia de conocimientos etnobotánicos prehispánicos entre las poblaciones rurales a lo largo de cinco siglos. Aparte de estos frutos, los documentos etnográficos citan el consumo de otras especies como la faya de la que existen datos etnográficos sobre el consumo en forma de gofio o frescos para la isla de Tenerife, Gran Canaria y la Gomera (Lorenzo Perera, 1983), así como en El Hierro en época histórica (Viera y Clavijo, 1982). Para su procesado en forma de gofio eran secadas al sol después de recolectarlas, siendo luego molidas, aunque también podían ser almacenadas hasta la llegada del invierno. Asimismo también existen datos sobre el consumo de los frutos del saúco {Sambucus palmensis), especie que fructifica en verano en lo más húmedo de la laurisilva. También se ha incluido el posible consumo del aderno o sacatero {Heberdenia bahamensis), del delfino {Pleiomeris cañariensis), de la gibaldera (Semele andrógina) así como de la norza {Tamus edulis) especies que producen frutos comestibles, pero de los que no se disponen datos etnográficos de su consumo por la población rural canaria. Por este hecho creo muy atrevida la sugerencia que realiza M^ García (1989) sobre su utilización por la población rural y también aborigen. Cuando se estudia la relación entre las sociedades y las plantas no sólo se debe tener en cuenta las propiedades de los vegetales, sino que hay que rastrear en el conocimiento botánico tradicional, que juega un papel fundamental, y en las relaciones sociales de producción. Estas serán en última instancia los que determinen la percepción, apropiación y utilización de un recurso; es por ello que no se puede sugerir el consumo de las especies antes nombradas, pues sus propiedades no justifican su empleo por las sociedades humanas. Esto implica que el conocimiento del medio vegetal nunca es completo, y que además está cambiando constantemente, generando una relación dinámica que modifica tanto los caracteres del medio vegetal así como los de las culturas humanas, obligándolos a una adaptación mutua como forma de perpetuarse (Godelier, 1989). No se agotan aquí los recursos vegetales comestibles, pues existe constancia etnográfica del consumo de otras especies como la barrilla {Mesembryanthemum crystallinum) y el cosco o cofe-cofe (Mesembryanthemum nodiflorum), plantas rastreras que se pueden encontrar en las zonas costeras del archipiélago y que fueron consumidas en forma de gofio; tal como refiere Vemeau en Fuerteventura: " un hombre puede recoger alrededor de dos kilos en un día. Se trillan las cápsulas, se limpia el grano, haciéndolo pasar a través de un cernidero fino, y se tuesta. Molidos en seguida en un mortero, dan una harina, que durante meses, es el único alimento de cientos de seres humanos " (Vemeau, 1981:155). Este consumo también está recogido por Viera para el siglo XVIII durante las épocas de carestía (Viera y Clavijo, 1982), así como por Diego Cuscoy quién comenta que era recolectado de forma masiva durante los años posteriores a la guerra civil española (Diego Cuscoy, 1960). En este momento me gustaría hacer un inciso para referirme a los datos etnográficos procedentes de las actuales poblaciones bereberes que han sido utilizados en la Prehistoria de Canarias. Aunque la principal fuente es la etnografía de la población histórica canaria, pues ecológicamente está más cerca del pasado aborigen, no dudo del valor de los datos 63 De Textos y semillas. Una aproximación carpológica a la explotación de los recursos vegetales... etnoarqueológicos derivados de los grupos bereberes, que culturalmente se encuentran más cercanos a la población prehispánica. Numerosos autores (Cabrera Pérez et ali. 1999; Jiménez González, 1990; Navarro Mederos, 1992; Tejera Gaspar y González Antón, 1987; y otros) se han referido a usos actuales de la población beréber para buscar en ellos argumentos que confirmen la visión de las fuentes etnohistóricas o justifiquen el uso de un determinado producto vegetal que se encuentra en las islas por los aborígenes. Este tipo de indagación etnoarqueológica debe ser, a mi parecer, utilizada de una forma más crítica. En la visión de la población actual beréber no se debe ver una sociedad aborigen congelada en el tiempo; se trata de sistemas culturales que están inscritos en el curso de la historia y que se van modelando por los cambios medioambientales, como la desertificación del Sahara, o políticos, como las sucesivas ocupaciones romana, árabe y francesa. No se debe obviar estos procesos en la formación de la actual identidad beréber y hay que rastrear en estas fuentes de una forma crítica y rigurosa (Camps, 1994). Dentro de los productos vegetales consumidos por las actuales poblaciones bereberes y del Norte de África en general se encuentran algunas especies que pueden reafirmar determinados datos propuestos por las fuentes etnohistóricas y las etnográficas referidas a la población campesina canaria. Entre ellos se puede citar el consumo de la harina de jara (Cistus sp) en el norte de Marruecos para su consumo humano (Rivera Núñez y Obón de Castro, 1991), dato que entroncaría con la citas etnohistóricas para el consumo de gofio de amagante. Otro tanto podría decirse de los frutos del madroño {Arbutus unedo) y de las moras {Rubus sp) (Lydia Zapata, comentario personal). También destaca la información proporcionada por Diego Cuscoy (1968) quien señala que una especie de barrilla {Mesembryanthemum forskali) era consumida por la población del norte de África para substituir a los cereales cuando estos escaseaban, lo que podría estar relacionado con el consumo en época histórica de las dos especies de Mesembryanthemum canarias. Sin embargo a la hora de trasladar estos usos al pasado prehispánico se debe ser cauto; estos vegetales se consumen en determinadas condiciones sociales como carestías o por grupos sociales desfavorecidos que no tienen un acceso a la producción agrícola. Por ello hay que rastrear en el pasado estas condiciones sociales para poder plantear el uso de estas especies en la prehistoria y hacer un correcto uso etnoarqueológico. Además, no hay que obviar que existen numerosas contradicciones como la ausencia de constatación del consumo de las raíces de helécho por parte de la población beréber; el empleo de la patilla (Aizoon canariense) por las poblaciones del Ahaggar para hacer harina (Cabrera Pérez et ali. 1999), actividad que no ha sido constatada en las islas; o el consumo de las gamonas de las que en Canarias se comían los tubérculos mientras en el Ahaggar son las semillas y las hojas las que se toman (Navarro Mederos, 1992). Esto demuestra que el conocimiento tradicional botánico está continuamente transformándose, adaptándose al medio vegetal y a las situaciones sociales en que se encuentran las poblaciones humanas. Siguiendo con las fuentes canarias, también destaca el empleo de muchas gramíneas que crecen comúnmente en los cultivos de cereales y leguminosas, y que hasta hace muy poco eran cosechadas y procesadas juntas, al menos en la isla de La Palma, tal como recoge Jorge Pais 64 Capitulo 2.2 (1996). Este es el caso de las centillas (Bmchypodium distachyorí), el alpiste {Phalaris canariensis) y los balangos (Avena fatua). A estas especies se pueden unir aquellas nombradas por Bethencourt, que según él eran consumidas en el siglo XIX, como los cenizos o ''chamejes" (cf, Chenopodium sp). Esta especie está citada también por Viera y Clavijo (1982). Otras en las mismas condiciones son el "tebete" (cf. Beiapatellaris), la cebadilla {Hordeum murinum), el "acaben" (cf. Lolium sp), el "aceitillo" o "joyo" {Bromus madritensis), la esparraguera (Asparagus sp), acelgas {Beta sp), malvas (Malva sp.) y la amapola blanca (cf Papaver dubium) todas consumidas en forma de gofio (Bethencourt Alfonso, 1994), Sin embargo, no se pueden extrapolar al pasado prehispánico, como hace Bethencourt, todas estas especies usadas, ya que se negaría las adiciones posteriores a la colonización europea. Asi, todas las especies nombradas por Bethencourt han sido consumidas en la Península Ibérica durante las carestías o para acompañar a los cereales (Rivera Núñez y Obón de Castro, 1991), al igual que algunas citadas por el resto de autores, lo que quizás esté designando un hábito adquirido tras la conquista. Muy significativa es la recolección de las semillas de los pinos, de la que se tienen datos de su aprovechamiento en La Palma (País País, 1996) y en Tenerife (Lorenzo Perera, 1983). Eran recogidas entre agosto y septiembre para su consumo por los pastores, o mediante partidas comunitarias destinadas exclusivamente para recolectar este producto. Su importancia radica en la coincidencia con la mención de los textos etnohistóricos sobre el empleo de los piñones del pino, certificando el uso continuado de este aprovechamiento por la población rural. Además del fruto y de las semillas se tiene constancia etnográfica del uso de los tubérculos o rizomas de algunas especies. En primer lugar hay que citar el caso del helécho, que ya se menciona en la época prehispánica, y del que se dispone de mucha documentación. Según Diego Cuscoy (1960) esta especie era consumida en las cinco islas de mayor relieve (en Lanzarote y Fuerteventura no se haya esta especie) y se encontraban todo el año, aunque su mejor época para recolectar se situaba en marzo-abril (Lorenzo Perera, 1983) o en verano (Diego Cuscoy, 1960). Para extraer el rizoma de los heléchos se cavaba un hoyo alrededor de la planta con piedras, cuernos o palos hasta que se sacaba todo el órgano, generalmente de medio metro aunque a veces superaba el metro de largo; luego se limpiaba y se ponía a secar, tras lo cual era reducido a pequeños pedazos. Una vez seco, el rizoma se molturaba en los molinos de pieProceso de extracción de los rizomas de helécho (Barlovento, La Palma) dra. El producto resultante era cernido, destinándose la harina a la fabricación de tortas y el afrecho o fracción gruesa que queda en el cernidor para forraje de los cochinos. Las tortas o bollos se procesaban de manera diferente según las islas, siendo común a todas su tostado y mezcla con otras harinas de cereales y leguminosas, así como con la manteca de cochino, logrando de esta manera eliminar el sabor a tierra que tenía el rizoma si se consumía solo. De Textos y semillas. Una aproximación carpológica a la explotación de los recursos vegetales... Entre los otros componentes de nuestra flora, de los que eran aprovechados los tubérculos, hay que destacar también las citas del consumo de la taragontía en El Hierro y Tenerife (Diego Cuscoy, 1960). Antes de comerlo debía ser procesado pues es muy tóxico, produciendo picores y quemaduras si se comía crudo; para ello se raspaba la piel y partidos por la mitad o enteros se guisaban, molturándolos luego hasta producir una papilla que era sazonada con sal. Tras esto: "De esta masa tomaban trocitos para darle la forma de tortas del tamaño y la forma de la palma de la mano, que después de espolvoreada con gofio de cebada, las ponían a las brasas o al tostador a fuego intenso. No bien adquirían un color dorado por ambas caras, se las comían todo lo caliente que pudieran soportar para disfrazar el picor con la temperatura" (Bethencourt Alfonso, 1994:433-434). Al igual que sucede con los heléchos, la taragontía pudo ser consumida tanto en época histórica como prehistórica pues ya Cedeño se refiere a ellas en sus crónicas de conquista (Morales Padrón, 1993), aunque esto también se puede deber a que en la Península Ibérica se consumen las raíces de otra especie de Dracunculus de la misma forma (Rivera Núñez y Obón de Castro, 1991). Asimismo hay constancia de la explotación del tubérculo de las "norsas", que se comía tras ser asado o guisado con sal, encontrándose ambas especies en el Monteverde. Sumando a estas otros órganos subterráneos de diferentes especies como el "Tarambuche" (no hay datos), los ajoporros o "chirringues", los "patangos" (no hay datos), "somillo " (no hay datos), la zanahoria silvestre ( cf. Daucus carota), la "pata de gallo" (Geranium canariense), la cebolleta ( cf. Leopoldia comosa), la cebolla albarrana (cf. Urginea marítima) y de la hierba camellera (Heliotropium ramosissimum), se demuestra la amplia variedad de recursos a los que debía acudir la población histórica en momentos de hambruna o para completar la dieta (Bethencourt Alfonso, 1994). Aunque, como no me canso de repetir, todos estos productos pueden responder a la introducción, tras la conquista de las islas, de nuevos conocimientos sobre las propiedades de las plantas ya existentes, como pasa con los tallos de la norsa que ha sido consumida en épocas históricas en la Península Ibérica (Rivera Núñez y Obón de Castro, 1991). Como se ha podido ver con la explotación de los granos, frutos y órganos subterráneos, los documentos etnográficos presentan una selección de las especies destinadas a su consumo, explotando solamente ciertas plantas que producen órganos comestibles. Sin embargo existen algunas especies que deben ser procesadas antes de su uso, lo que genera un conocimiento etnobotánico en estrecha relación con la tecnología de que dispone el grupo. Tal como señala Anna Stahl (1989) en su trabajo sobre el procesado de los vegetales, muchas veces la intensificación de la producción no se aumenta con una recolección más extensa de un producto, sino que se consigue a través del desarrollo de nuevas herramientas y conocimientos sobre el procesado de los alimentos. Hay que entender las diferentes técnicas de procesado como estrategias de intensificación de la explotación de los recursos vegetales, para mantener o aumentar las condiciones materiales, en este caso la alimentación, de existencia de un determinado grupo. 66 Capítulo 2.2 Entre las formas de procesar los vegetales citadas por las fuentes etnográficas se encuentran: 1. la molturación, que permite la separación de los elementos fibrosos de los no-fibrosos, concentrando la materia comestible y haciéndola más digerible para las personas. 2. la cocción, que impide la acción tóxica de ciertos compuestos fitoquímicos encontrados en muchas plantas, aumentando este efecto si se añade sal al agua, y transforma el almidón en hidratos de carbonos comestibles por la fermentación de estos compuestos, lo que a su vez permite la conservación de estos productos. 3. el tostado, cuya acción es utilizada para conservar los alimentos, facilitar el descascarillado de las semillas de algunos vegetales como los cereales, eliminar ciertas toxinas, así como hacer más nutritivo y digestible determinados productos (Stahl, 1989). Es evidente que a la hora de explotar un determinado recurso no sólo cuenta su calidad sino que prima también la facilidad de procesado, es decir el tiempo total destinado a su preparación. Por lo tanto, cuando estudiamos la explotación de los recursos vegetales es necesario establecer la tecnología productiva con la que cuenta la sociedad analizada para estimar qué productos vegetales pudieron ser consumidos. De esta generalización sólo se salvan las partes blandas de las plantas como las hojas o los tallos, que también fueron utilizadas para la alimentación en época histórica, y que se consumen crudas y frescas. Entre estas se encuentran los jaramagos (Raphanus raphanistrum) y las cerrajas {Sonchus sp.) (Lorenzo Perera, 1983). Las lechugas de mar {Astydamia latifoliá), los rillabueis {Suene vulgaris) y los hinojos (Foeniculum vulgare) en La Palma (Pais Pais, 1996). Y la alcachofa silvestre {Cynara cardunculus var. ferocissimd), el ortigón tierno (cf. Urtica morifolia), la labasa (Rumex sp.), el almirón {Wahlebergia lobelioides), el apio silvestre (Apium sp.), los cardos {Carduus sp.), los mostazones (cf Sinopsis alba) y mastuerzos (Lobularia sp.), la algafíta (Poterium verrucosum), la maljurada (Hypericum sp.), el rapasayo (no hay datos), los tafertes (Sisymbrium sp.), el perejil silvestre (cf. Petroselinum crispum), el perejil de mar {Crithmum maritimum), la alfiletera {Erodium sp.), la tagardina (Scolymus sp.), la verdolaga {Portulaca olerácea), la uña de gato (cf Astragalus hamosus), la vinagrera (Rumex sp.), el hedindo (Boseayerbamora), el rabo de gallo (no hay datos), la garasera (sin datos) y el cardoleño (no hay datos) que según Bethencourt eran usadas en las islas: "para hacer caldos o potajes o comerlas crudas como conduto (nombre genérico que se da en el archipiélago a todo estimulante con que se come el gofio, como queso, miel, lechuga, etc.)" (Bethencourt Alfonso, 1994:425) y que amplían en gran manera todo el abanico de recursos vegetales empleados por la población rural canaria. Por último, también me gustaría incluir dentro de este apartado los datos etnográficos sobre la provisión de agua en la isla de El Hierro mediante la condensación de las nubes en las hojas de los árboles. Como ya se comentó en las fuentes etnohistóricas, el Garoe o Árbol Santo se va a convertir en un recurso indispensable, pero tras su pérdida no se señala la utilización de otros árboles para este fin. Sin embargo, en el reciente trabajo sobre las pervivencias de la 67 De Textos y semillas. Una aproximación carpológica a la explotación de los recursos vegetales... lengua aborigen en El Hierro, publicado por M. Trapero (1999) se cita una palabra aborigen "Guásamo o guársano o guásimo " que hace referencia a las concavidades naturales o labradas en los pinos para recoger el agua que la condensación de las nubes deposita sobre las acículas (hojas) de dichos árboles. Sin más datos, se asiste a la repetición del mismo principio del Garoe, aunque en este caso la especie no es un til sino que son los pinos los aprovechados para esta curiosa utilización. Los datos etnográficos aumentan considerablemente el número de especies silvestres consumidas con respecto a las citadas por las fuentes etnohistóricas, aunque hay tener en cuenta que la mayor parte de ellas sólo eran aprovechadas para completar la dieta, o en épocas de hambrunas o crisis, y que más que alimentar su función era diversificar los sabores y aportar vitaminas que no proporcionaban los productos cultivados. Este aumento se puede justificar pues como una omisión de las fuentes etnohistóricas o como un cambio sustancial en la percepción de los recursos vegetales silvestres por parte de la población rural histórica, originado por la llegada de nuevas poblaciones con unos conocimientos etnobotánicos diferentes y otras especies vegetales introducidas, que añaden al repertorio que de la población aborigen mantuvo la nueva sociedad que se formó tras la conquista. Además, no se puede obviar la propia dialéctica entre el medio y la sociedad, que origina un proceso constante de cambios en los recursos explotados, dando pie a una experimentación individual en el aprovechamiento de una determinada especie que luego es sancionada y apropiada por el grupo. Este hecho se aprecia claramente cuando se indaga en los usos dados a las plantas endémicas que, desconocidas por los recién llegados, debieron ser objeto de una experimentación con el fin de explotar sus propiedades. A esto habría que añadir que este aprovechamiento no era socialmente homogéneo, sino que la mayor parte de los recursos anteriormente citados eran explotados por los grupos sociales más empobrecidos, mientras que la clase más favorecida contaba con otros bienes que les permitían sobrevivir en periodos de crisis. Por lo tanto, es obligatorio tener en cuenta las nuevas formas de dominación sobre el campesinado, que irán evolucionando a lo largo de todo el periodo histórico, aunque la formas económicas se mantengan prácticamente estáticas, para comprender este aumento de las especies recolectadas y su papel en la dieta global de la sociedad canaria rural. Esto se puede comprobar cuando se percibe que las citas etnográficas del aprovechamiento de los recursos vegetales son bastantes homogéneas para las islas que comparten parecidas formaciones vegetales, pues los modelos de relaciones sociales impuestos tras la conquista se desarrollan en todas las zonas rurales de las islas de una forma parecida. Sin embargo me gustaría destacar el consumo de dos vegetales, el gofio de helécho, del que hay constancia de su aprovechamiento durante el periodo prehispánico, y que para mucha gente campesina se convirtió en un recurso habitual, así como el gofio de cosco, sobre todo en el caso de Lanzarote y Fuerteventura, donde no hay heléchos, aunque su traslación a la Prehistoria es más problemática pues el cosco y la barrilla fueron posiblemente introducidos en el Mediterráneo en el siglo XVIII, 68 Capítulo 2.2 procedentes de la región del Cabo, en Sudáfrica (Rivera Núñez y Obón de Castro, 1991). Estos recursos vegetales recolectados se convertían en sustitutos de los cereales cultivados, completando una dieta muchas veces deficitaria y que vuelve a recordar las diferencias sociales a la hora del acceso a los recursos vegetales silvestres. 2.2.2.2. El forraje. Al igual que sucede con los recursos vegetales comestibles, la cantidad de especies recogidas por los textos etnográficos para su utilización como forraje supera con creces el número indicado por las crónicas etnohistóricas. Entre todos los textos hay que destacar la obra de Jorge Pais para la isla de La Palma, quien a través de un exhaustivo trabajo etnográfico hace una recopilación de todas aquellas especies tradicionalmente explotadas en las actividades pastoriles, proporcionando datos sobre las calidades de esos recursos, su época de consumo, etc. Creo que este es un trabajo más profundo que debería ser desarrollado por otros especialistas dedicados al estudio de la explotación ganadera, por eso este acercamiento no va a ser tan profuso como en otros apartados. Sin embargo esto no reduce la importancia de estos recursos, indispensables para el mantenimiento de la cabana ganadera y por tanto de las condiciones materiales de la existencia así como de las relaciones sociales derivadas de las actividades productivas pastoriles. Como introducción se debe anotar que, en palabras de los propios pastores, el ganado en general, y sobre todo las cabras, se come todo lo que encuentre por delante, por lo que enumerar todos los vegetales consumidos sería una labor interminable. Además, habría que referirse a los diferentes medios vegetales de todas las islas que son aprovechados pastorilmente. Trataré por tanto de dar una visión de los recursos más consumidos por el ganado y más valorados por los propios pastores por su calidad forrajera. Entre estas especies incluyo las ya mencionadas por las crónicas, es decir, los rizomas de los heléchos que son citadas para Tenerife (Lorenzo Perera, 1983), las retamas consumidas por el ganado en las cumbres de La Palma, así como las gamonas que se reparten por amplias áreas del archipiélago (Pais Pais, 1996). A ellos se puede añadir un amplio repertorio de costa a cumbre entre los que destacan los salados (Schizogyne sericea), las encimbas {Senecio papyraceus), los bejeques {Aeonium sp.), los tajinaste, las hierbas de risco {Lavandula multifida ssp. canariensis), las sabina, las palmeras, los dragos, los balangos, los cerrillos {Aristida coerulescens), las tederas {Asphaltium bituminosurrí), las vinagreras, las cerrajas, los faros {Gonospermum canariense), los viñátigos {Persea indica), las creces de las fayas, las agrias {Rumex maderensis), la pata de gallo, la pata de cuervo {Geranium rotondifolium), los cabezote^ {Carlina fálcala), las gacias {Teline stenopetala), los tagasastes {Chamaecytisus proliferus), la uña gato {Ornithopus compressus), las garbanceras {Vicia sp. nova), el iguaje {Galium apariné), el jorjal {Senecio tussilaginis), los balos {Plocama péndula), el trébol de risco {Dorycnium eriophtalmum), los amagantes, los corazoncillos {Lotus hillebrandii), los sauces {Salix canariensis), los codesos {Adenocarpus viscosus), los retamones {Teline benehoavensis), cedros, las retamas de cumbre {Spartocytisus 69 De Textos y semillas. Una aproximación carpológica a la explotación de los recursos vegetales... supranubius), la crespa {Plantago webbii), los hinojos, la lengua de pájaro {Globularia salicina), y un amplio etcétera que abarca una gran parte de la actual flora canaria. En este caso destacan los datos para La Palma de Jorge Pais, así como los de Viera y Clavijo para el archipiélago durante el siglo XVIII. Esta perfecta adaptación de la cabana ganadera, cabras, ovejas y cerdos, al medio vegetal canario es la que permitió y ha permitido el amplio desarrollo de las actividades pastoriles en el archipiélago desde la ocupación prehispánica hasta la actualidad. No hemos de desdeñar el aprovechamiento de recursos vegetales para otros fines relacionados con el ganado, como remedios medicinales, cuencos para recoger la leche, etc. Sin embargo, la explotación pastoril también ha originado unas consecuencias no tan positivas sobre el medio vegetal, siendo las cabras y las ovejas los grandes culpables de la deforestación de amplias regiones del archipiélago, con especial relevancia sobre aquellas especies endémicas, más indefensas ante la actividad pastoril (Nogales etali. 1992). 2.2.2.3. El combustible. La amplia variedad vegetal de Canarias, sobre todo en las islas más montañosas ha permitido la explotación de diversos ejemplares, arbustivos y arbóreos, para su uso como leña a la hora de hacer la comida, así como para alumbrarse y como combustible en actividades artesanales. Sin embargo tal como sucede con los efectos producidos por la acción del ganado, esta actividad produce unas consecuencias muy apreciables sobre el medio, originando unos cambios irreversibles sobre las formaciones vegetales, que impiden hacer extrapolaciones de las especies explotadas para este fin durante la ocupación prehispánica. Los más de dos mil quinientos años de ocupación humana del archipiélago canario han generado profundos cambios medioambientales, que se manifiestan en la actual deforestación de gran parte de la superficie de las islas. A la hora de presentar los datos etnográficos sobre la recolección de combustible vegetal se debe, por tanto, tener en cuenta los cambios en la disponibilidad de estos recursos, y a su vez la adaptación de las actividades productivas ante este dinamismo; lo que genera un proceso dialéctico entre el medio vegetal y las sociedades humanas, que se puede hacer extensible al resto de actividades de recolección silvestre. En primer lugar hay que referirse a las plantas que se utilizaron para encender el fuego, de las que se dispone de algunos datos para Tenerife. Bethencourt Alfonso (1994) dice que empleaban el berode (cf Kleinia nernfolid) como base sobre la que frotar un palo de balo y de esta forma encender el fuego, datos contradictorios respecto a los proporcionados por las fuentes etnohistóricas para la ocupación prehispánica, aunque en ambos se tratan de maderas esponjosas. Entre los combustibles más utilizados hay que destacar el pino canario o tea, la leñabuena u orijama y la raíz de cardón, todos ellos ya utilizados para el mismo fin durante la ocupación prehispánica, y que van a seguir explotándose en épocas históricas tal como reflejan Bethencourt 70 Capítulo 2.2 Alfonso y Vemeau para todas las islas montañosas. A estas especies se le suman otras como la leña de sabina, de brezo, de faya, de acebiño, de laurel (Laurus azoricd) o de acebuche, (Sánchez Pinto, 2000) así como diferentes hierbas, entre las que destaca la médula de los juncos nombrado por Viera para el siglo XVIII (1982), y que se untaban con cebo de cabra para hacer velas (Vemeau, 1981). Sin embargo, creo que cualquier madera disponible en el entorno de los hábitats podía ser potencialmente aprovechada para su uso como combustible, como demuestra la deforestación actual de las islas y las evidencias antracológicas que se citarán más adelante, aunque no dudo que los preferidos eran los nombrados en primer lugar. 2.2.2.4. Herramientas de trabajo. Los datos provenientes de las fuentes etnográficas sobre el empleo de productos vegetales silvestres en la realización de los pertrechos no son muy abundantes debido al poco interés de los autores por estos aspectos, centrados en facetas más llamativas del uso de los recursos vegetales. En su estructuración voy a basarme en las partes u órganos vegetales utilizados, tal como se desarrolló con las fuentes etnohistóricas, lo que proporcionará una visión más analítica de las plantas aprovechadas. 2.2.2.4.1. La madera. Las especies utilizadas en las labores constructivas se van a localizar sobre todo en las zonas de Monteverde y en el pinar, pues el bosque termófilo está muy degradado y su explotación se ha reducido considerablemente. Entre todas ellas destacan los acebuches, los acebiños, el barbusano, los brezos, los codesos, el laurel, la orijama, las palmeras, el palo blanco {Picconia excelsa), los pinos, la sabina, el sanguino {Rhamnus glandulosá), los tarábales {Tamarix sp.) y otras más (Viera y Clavijo, 1982). Generalmente la madera se ha utilizado para cubrir los techos de las casas, aprovechando los vegetales característicos de la zona donde se ubican, siendo las más empleados las ramas y troncos de escobones, codesos y sobre todo los pinos que han sido objeto de una intensa explotación maderera hasta casi la actualidad (Lorenzo Perera, 1983). Además de en la construcción, la madera es aprovechada para elaborar herramientas para múltiples actividades económicas. Así, dentro del hogar rural la mayor parte de los instrumentos estaban fabricados sobre madera. Las sillas, no muy abundantes, se realizaban en madera de pino o en barbusano, al igual que las mesas, siendo más habitual la madera de la primera especie en Gran Canaria (Grau-Bassas, 1980); aunque a este respecto hay que señalar que prácticamente todos los modelos de este tipo de muebles en el archipiélago son importados de Europa y de América (Cruz Rodríguez, 2000). El resto de objetos, como los cuencos o escudillas se realizaban con "madera de brezo, tea o de cualquier palo" (Lorenzo Perera, 1983:107), las cucharas las hacían de escobón y codeso, mientras los cuchillos los hacían de madera de sabina, siendo estas citas para la isla de Tenerife. Otras herramientas domésticas también solían ser fabricadas a partir de madera como las agujas 71 De Textos y semillas. Una aproximación carpológica a la explotación de los recursos vegetales... y lanzaderas de los telares (Viera y Clavijo, 1982), hechas con leñabuena. Muy habitual también era el uso de los mancebos, especie de candeleros hechos con un "verode invertido , en que tres de sus gajos hacían el oficio de patas y el tallo de soporte de una laja de tosca, que era el recipiente" (Bethencourt Alfonso, 1994:411), donde se va a colocar los combustibles con los que alumbraban sus casas. Se trata de un amplio repertorio de útiles realizados en madera que cumplen una función primordial en sociedades de carácter pastoril, no perjudicar la movilidad del grupo. Por ello las herramientas de madera se convierten en un sustituto de la cerámica, pudiendo acceder a estos recursos y trabajarlo cualquier persona, lo que en islas como El Hierro, donde la cerámica es de mala calidad y el modo de vida pastoril dominante, explica la amplia explotación de estos recursos (Sánchez Perera, 2000). En las actividades pesqueras muchos de los materiales con que son fabricadas las herramientas se componen de materia vegetal. Así, de las varas de donde salen las támaras se realizaban tambores para coger morenas (Gómez León, 1999). Bethencourt Alfonso recoge datos en la isla de Tenerife, durante el siglo XIX, sobre la fabricación de anzuelos con madera de leñabuena, de los que también se hacen fijas o fisgas (nombre que se da en Canarias a los arpones para pescar y marisquear) de esta madera. El mismo autor refiere un comentario sobre la utilización de barcos de tabaiba: ''He hablado con personas de todo crédito, que han visto después de mediado el siglo XIX echar en el puerto de los Cristianos una sola tabaiba seca, de 3 cuartas y 'A de diámetro el tronco, sobre la que se encaramaban dos hombres para pescar a viejas , después de fondearla con una pótala" (Bethencourt Alfonso, 1994:472). Sin embargo, tal como se ha proclamado al principio del texto, se debe ser muy críticos en la lectura de las fuentes. Algunos de estos autores, como el propio Bethencourt, realizaban su trabajo etnográfico como una forma de acercarse al pasado "guanche", describiendo la cultura campesina histórica como un fósil del pasado prehispánico. En sus textos se proyectan datos que quizás no respondan a la realidad sino a una distorsión generada por los métodos de recogida de información y al deseo romántico de recuperar una cultura perdida. A pesar de esto, la importancia del trabajo antropológico de Bethencourt se hace patente a la hora de tratar actividades tradicionales como la pesca, la caza y otras, que no son mencionadas por casi ningún autor. Sin embargo, a la hora de reconstruir el pasado prehispánico muchos de sus datos provienen de la memoria oral que entre la población campesina y pastoril todavía se guardaba de los momentos anteriores a la conquista, lo que supone una distorsión de unos datos ya de por si bastante problemáticos y pone en aviso a la hora de interpretar sus testimonios. En las actividades pastoriles, aparte del forraje, los objetos fabricados en materia vegetal juegan también un importante papel; los cuencos para ordeñar el ganado estaban hechos en madera de brezo (Lorenzo Perera, 1983), materia prima 72 Capítulo 2.2 Por otro lado las esencias, producidas por las plantas para defenderse de los insectos, son aprovechadas por las personas en la creación de repelentes contra mosquitos u otros parásitos, destacando especies como el mastranto {Mentha spicata) o el poleo (Bystropogon sp.), que manifiestan estas propiedades perfectamente detectables por las personas y por tanto aplicables en sus diferentes usos (Viera y Clavijo, 1982). En este caso las plantas aprovechadas por sus cualidades preservativas por la población prehispánica en la momificación de los muertos han perdido totalmente su sentido y este conocimiento etnobotánico con ellos. 2.2.2.5.5. Productos fitomédicos. En último lugar voy a tratar los recursos fítoquímicos usados con fines curativos, de los que se cuenta con numerosas evidencias, debido probablemente a que la población hizo y sigue haciendo un amplio uso de estos productos. Existen testimonios del empleo de estos recursos, tanto para las personas como para el ganado doméstico (Pais Pais, 1996; Lorenzo Perera, 1983), lo que demuestra la importancia de las plantas medicinales en la perpetuación biológica de todos los componentes de la sociedad rural canaria. En el caso de las plantas de la flora canaria, actualmente se tiene constatado propiedades medicinales en 803 especies diferentes de los dos mil taxones silvestres contabilizados, aunque la mitad se han naturalizado en los últimos quinientos años (Pérez de Paz y Hernández Padrón, 1999). Sin embargo estas suposiciones se basan en que la población prehispánica no introdujo consigo ninguna especie foránea, explotando únicamente las mil especies autóctonas o nativas que se encontraban en el archipiélago cuando se produjo la primera ocupación de las islas; lo que facilitaría en cierta manera la labor de descarte. Pero yo creo que la población prehispánica pudo introducir consigo un amplio repertorio de especies, cultivadas y silvestres, que van a ser explotadas igualmente, aunque he procurado descartar en el estudio actual aquellas de las que existen datos sobre su origen posthispánico. Por otro lado, creo que los usos que en la actualidad tienen algunas especies autóctonas no se derivan directamente de los aprovechamientos prehispánicos, sino que algunos de estos se han adquirido tras la conquista europea, desechando antiguos usos y adoptando otros nuevos, en medio de un proceso dinámico entre la sociedad canaria y el medio vegetal que no se puede obviar. Sin embargo este último aspecto es muchas veces ignorado por los prehistoriadores del Archipiélago, que asocian el uso de una planta endémica con una pervivencia prehispánica. Esta asociación, aborigen y plantas endémicas, hunde sus raíces en una concepción simplista de la Botánica y la Prehistoria que pretende asociar estos dos conceptos, aborigen y planta endémica, como una forma de crear unas señas de identidad propias de una nación canaria que se definiría por exclusión a la población y las plantas introducidas tras la conquista. 79 De Textos y semillas. Una aproximación carpológica a la explotación de los recursos vegetales... No voy a proponer una lista de las plantas medicinales usadas por la población rural porque supondría la realización de un trabajo especialmente destinado a este fin. Este tipo de información está extensamente expuesta en diferentes trabajos como los realizados por Viera Clavijo (1982), Bethencourt Alfonso (1985 y 1994), Jaén Otero (1984) y las recopilaciones realizadas por Pérez de Paz y otros (Pérez de Paz y Medina Medina, 1988; Pérez de Paz y Hernández Padrón, 1999). Por último, hay que señalar la importancia que tiene rastrear entre las poblaciones bereberes los usos medicinales dados a las plantas, pues de esta forma se puede ir señalando qué propiedades son conocidas en el norte de África, y así obtener pistas sobre las especies usadas por la población prehispánica. Si se mira en la Kabilia se aprecia que algunas plantas tienen un aprovechamiento parecido al dado por las poblaciones canarias, como el látex de las tabaibas que es usada para los dientes picados, la leche de las higueras contra las verrugas, o la ruda {Ruta sp.), empleada para aliviar los dolores intestinales (Laoust Chantréaux, 1990). Estas coincidencias, que también pueden responder al descubrimiento de las mismas propiedades por diferentes poblaciones, resaltan la importancia y el valor que tienen los datos etnográficos, a pesar de todos sus inconvenientes, en la dilucidación de las formas de vida prehistóricas. 2.2.2.6. Aspectos socioeconómicos de la recolección. Como ya se pudo comprobar durante el análisis de las fuentes etnohistóricas, los aspectos socioeconómicos son imprescindibles a la hora de reconstruir la relación que se va a establecer entre la sociedad y el medio vegetal. En este caso mi intención es dilucidar aquellos aspectos que expliquen por qué se han mantenido los usos etnobotánicos que recogen las fuentes etnográficas. Para ello planteo dos caminos: el análisis de la etnotaxonomía de la población rural canaria, tratando de buscar pervivencias en el habla canaria que proporcionen datos para completar este trabajo; y por otro lado el estudio de las relaciones sociales derivadas de las actividades recolectoras, imprescindibles para comprender su uso en épocas históricas. A la hora de estudiar las pervivencias de la lengua aborigen dentro del idioma actual, se han publicado algunas obras que tratan este tema, destacando entre ellas el libro "Los nombres de las plantas canarias" (1995) realizado por la filóloga M^.T. Cáceres Lorenzo y el biólogo M. Salas Pascual. En esta obra se analiza el origen de los nombres aplicados por la población canaria a las plantas de las islas, recogiendo 47 acepciones que pueden ser catalogadas como prehispánicos, lo que indica un conocimiento continuado de estas especies por la población canaria hasta la actualidad, añadiendo algunas especies más al listado propuesto por D. Woelfel. Sobre este aspecto también destaca la obra de M. Trapero sobre las pervivencias del lenguaje aborigen en la isla de El Hierro (1999) y que recoge a través de los testimonios orales un conocimiento ancestral importante a la hora de identificar aquellas plantas que han seguido usándose desde el periodo prehispánico. Además, como complemento a esta información lingüística están aquellos datos 80 Capítulo 2.2 que genera el estudio de la toponimia, proporcionando un importante testimonio sobre antiguos medios vegetales, ya desaparecidos, pero de los que permanece su nombre y que pueden indicar, por la planta citada, la explotación a que estuvo destinado ese lugar. A través de los porcentajes de frecuencia, se ha logrado aislar aquellos componentes del paisaje botánico más significativo para la población que lo explota, destacando en el caso de Gran Canaria, que es la isla donde se han llevado a cabo este tipo de estudios, la preeminencia del pino en un 34% de lo topónimos compuestos con nombres de plantas, seguido de la palmera en un 28 % y más lejos ya la sabina y el drago en un 9 y 7 % respectivamente, correspondiendo dichas especies con aquellos taxones más ampliamente utilizados por la población canaria desde la ocupación prehispánica hasta la actualidad (Montelongo Parada, 1997). 2.2.2.6.1. Relaciones sociales. Para dilucidar las relaciones sociales que se establecen en las actividades recolectoras, las fuentes etnográficas derivadas de las poblaciones campesinas históricas de Canarias suponen un recurso bastante problemático. Hay que partir del hecho clave de la conquista castellana, y cómo ésta va a generar un cambio importante en las relaciones sociales de producción. La situación se caracteriza por la imposición de un marco para todo el archipiélago en general, aunque se deben realizar las oportunas matizaciones en el caso de Fuerteventura, Lanzarote, La Gomera y El Hierro, islas sometidas a los señoríos, mientras el resto de las islas se mantuvo bajo dominio directo de la Corona castellana. En ella una clase de propietarios se hace con el control de la tierra, a la vez que la Corona establece un sistema fiscal de recaudación sobre los sectores rurales de la población. De esta manera se siguen perpetuando aquellas relaciones desiguales a la hora de acceder a los medios de producción y a la redistribución de esa producción, que ya se vieron reflejadas durante el análisis de las fuentes etnohistóricas en el caso de Tenerife y Gran Canaria. Sin embargo este hecho poco diría sobre la explotación de los recursos vegetales silvestres del pasado prehispánico, sino fuera por la cuestión de que en determinadas zonas rurales la imposición de una situación bastante parecida a la prehispánica perpetua unas formas de vida, que aunque diferentes en su manifestación cultural global, mantienen ciertos aspectos tecnológicos, sociales y ecológicos que perviven de forma estructural en dicha población. Partiendo de este planteamiento se pueden deducir algunos aspectos sobre las actividades recolectoras aborígenes que aún se conservan en las zonas rurales. Lamentablemente esto se manifiesta claramente en la división social de las actividades recolectoras, pues van a ser muy habitualmente las personas más desfavorecidas las que hagan uso de estos recursos, de menor calidad, ante la imposibilidad de adquirir otros bienes. Como claro ejemplo se puede citar el uso de los recursos comestibles recolectados como el cosco o el helécho, que tal como dice 81 De Textos y semillas. Una aproximación carpológica a la explotación de los recursos vegetales... Serra Rafols reflejan: "M« seguro signo de miseria, como insuficiencia de la alimentación básica, que reduce a los que la padecen a tratar de suplirla con toda clase de sucedáneos que hallan a su alcance" (Serra Rafols, 1960:53). El acceso al resto de los productos vegetales, sobre todo en el caso de las formaciones arbóreas va a estar controlado por la administración de las diferentes islas que regula el aprovechamiento de los mismos mediante unas ordenanzas de 1531 (González de Chaves, 1983) otorgando una cierta libertad a la hora explotarlos. Sin embargo, en el caso de Gran Canaria a partir del siglo XVIII se establece un sistema de licencias que controlan la explotación de los montes públicos y que limitan para los sectores más desfavorecidos el acceso a estos recursos tan indispensables para mantener el nivel material de vida de la sociedad rural; esto terminará en el siglo XIX con el repartimiento de los montes públicos, beneficiándose de ello la clase propietaria que aumenta de esta manera sus pertenencias en detrimento del campesinado que pierde otra fuente de recursos muy importante. Esta limitación de acceso a la posesión de los recursos recolectados silvestres determina la utilización que de estos se haga, y resulta imprescindible a la hora de entender el consumo de productos como el cosco o el helécho. 2.2.2.6.2. La división laboral. Aunque muchas veces la actividad de recolección es llevada a cabo por toda la familia como en el caso del acopio de las semillas de pino y de los rizomas de helécho, referido a Tenerife (Lorenzo Perera, 1983); la mayor parte de las veces las actividades depredadoras sobre el medio vegetal, ya sea para leña, forraje o alimentos, son realizadas por mujeres y niñas (García Morales, 1989), que al igual que sucedía durante el periodo prehispánico soportan una parte importante de las actividades económicas sobre sus espaldas. Esta división sexual de las labores productivas vuelve a recalcar las diferencias dentro de la sociedad canaria, manifestándose de esta manera una jerarquización básica que en el ámbito doméstico se conserva desde la Prehistoria. Y que también se vuelve a ver en las poblaciones bereberes del norte de África, donde la mujer se asocia con las plantas. Va a ser ella la que se haga cargo de casi todas las actividades recolectoras, aunque luego sean los hombres los que a través del intercambio de estos productos se apropien de este trabajo (Ferchiou, 1979; Laoust Chantréaux, 1990; Louis, 1979). 2.2.3. El sistema agrícola. Dentro del presente estudio los recursos etnográficos se presentan como una importante fuente de información, que además puede dar una visión directa sobre aquellas actividades agrícolas, ya prácticamente desaparecidas, que muy probablemente conservaron muchos de los gestos técnicos prehispánicos. Sin embargo no se pueden obviar las variaciones, sobre todo las referidas a la introducción del metal dentro de las herramientas agrícolas y a la llegada de nuevas 82 Capítulo 2.2 especies cultivadas, que modificaron sustancialmente el paisaje de los campos de cultivo isleños. Esto se hace extensivo a la propia intensificación en la explotación del medio vegetal por la población histórica que dio como resultado una rápida deforestación de las islas, ya desde los primeros años de ocupación europea (Rivero Suárez, 2000; Quintana Andrés, 2000). Tras la conquista castellana todas las islas van a sufrir esa intensificación de los cultivos, reservando las mejores tierras para los productos de exportación como el azúcar y el vino, y destinando el resto a cultivos tradicionales de cereales, legumbres, tubérculos, hortalizas y frutales. Este hecho transforma el sistema agrícola prehispánico, que ahora debe acomodarse a las nuevas circunstancias impuestas tras la ocupación europea, por lo que es muy complicado tratar de extrapolar los datos etnográficos a la población aborigen. Sin embargo en ciertas zonas marginales o no óptimas se sigue manteniendo cultivos de autosubsistencia que de alguna forma guardan una estrecha relación con el modelo prehispánico, y de los que se puede tratar de recuperar algunas pervivencias aborígenes. En primer lugar hay que señalar que las plantas cultivadas van a aumentar si se las compara con las especies nombradas por las fuentes etnohistóricas para el periodo aborigen. Sin embargo estos taxones preeuropeos van a seguir cultivándose. Gran parte de los autores citan como sigue sembrándose la cebada, que se convierte en un alimento "Je naturales y esclavos" (Aznar Vallejo, 1992), es decir de la clase más desfavorecida o del ganado. Por los datos que da Viera (1982) denominándola como ''rabuda", se puede identificarla como cebada vestida {Hordeuní vulgare), a la que se le queda un "rabo" o fragmento de raquis tras la trilla. El trigo también se va a seguir cultivando, aunque en este caso su importancia aumenta con respecta al periodo aborigen, y ya en el siglo XIX Grau-Bassas (1980) comenta cómo en Gran Canaria el trigo era el cultivo más generalizado, con diferentes variedades, todas desnudas (al trillarse no permanecen las glumas adheridas), destacando en las medianías el trigo "candeal" y el "español", mientras en la costa se sembraba el trigo "castellano", la "raposilla", el "babillo" y el "morisco". En lo que respecta a las legumbres, los textos indican que se siguen cultivando las habas, también se cultivan las arvejas o guisantes (Pisum sativum), los chícharos y las lentejas, con dos variedades la del grano pequeño {L. culinaris var. microsperma) y la del grano grande (L. culinaris var. macrosperma) (Viera y Clavijo, 1982). Como ya comentamos en el análisis de las fiíentes etnohistóricas, se debe incluir a la higuera dentro de las especies cultivadas por la población aborigen, y por tanto su continuidad en época histórica es muy interesante de cara a su estudio. En el caso de Viera (1982) se cita la existencia de 6 variedades, que van a ser claramente superadas por las 23 variantes que basándo- ».iSÍ Policultivos (cebada, almendros y palmeras datileras) a las orillas de un oued. Ib Aissa, Goulimin, Marruecos De Textos y semillas. Una aproximación carpológica a la explotación de los recursos vegetales... se en las combinaciones de los colores de la piel y la pulpa, ha recuperado Lorenzo Santos (1991, 1993) para todo el archipiélago, mostrando la gran diversidad de esta especie, al menos para la actualidad. Igualmente, si se indaga dentro del mundo beréber, sobre todo en las poblaciones más cercanas al Mediterráneo, se ve que el repertorio de especies cultivadas coincide con el registro prehispánico. El trigo, vestido y desnudo (Peña Chocarro, 1999; Ferchiou, 1979) y la cebada, que es ampliamente cultivada (Lefébure, 1985), se convierten en los cereales más aprovechados, y en muchos sitios los únicos. Entre las legumbres sólo he encontrado referencia a las habas (Laoust Chantréaux, 1990). También se desarrolla el cultivo de la higuera, que se convierte en un recurso primordial, y que junto a los olivos {Olea europaed) conforman el espectro de árboles cultivados de muchas comunidades bereberes mediterráneas (Laoust Chantréaux, 1990), aunque este último no se ha identificado en las islas durante la ocupación prehispánica. En este paquete de cultivos de la población beréber no se encuentran referencias a la explotación de los ñames. Viera (1982) dice que la variedad cultivada en su tiempo (s. XVIII) provenía de América, mencionando además que la denominación de ñame proviene del portugués "ihame". Este dato que puede ser definitivo a la hora de solucionar el polémico debate, obvia el hecho de que el ñame se introdujo en América tras la conquista y que ya estaba presente en África desde la antigüedad. Actualmente se defiende el origen afronegroide del vocablo ñame, aunque se imputa a los portugueses su introducción en las islas Macaronésicas (Perdomo Molina, 2000). 2.2.3.1. Las actividades agrícolas. A la hora de exponer las actividades agrícolas se comprueba que, efectivamente, algunas pervivencias se han mantenido a pesar de los cambios acaecidos; pervivencias o convergencias que están determinadas por las posibilidades técnicas y ecológicas del medio ambiente canario. Así en el momento de la siembra, esta se llevaba a cabo según llegaran las lluvias (Lorenzo Perera, 1983) por lo que muchas veces las citas etnográficas divergen en cuanto al periodo de siembra, siendo la principal variante la pluviometría. En cuanto a la preparación de las tierras consiste en la limpieza del suelo y en el arado para airear los terrenos, sin embargo muchas veces se siembra sin arar ni quitar las piedras (Verneau, 1981) lo que coincide con los datos proporcionados por las fuentes etnohistóricas para la población aborigen. En el caso de las actividades agrícolas realizadas por la población beréber, me gustaría destacar los datos proporcionados por la investigadora francesa Germaine Laoust Chantréaux (1990), quien en sus estancias a principio de siglo en la Kabilia argelina, describió de una forma muy clara las tareas del campo y el papel de las mujeres en éstas. Entre sus notas se encuentran testimonios sobre el inicio del ciclo agrícola, que en estos lugares marcaba el comienzo del año que, anunciado por el morabito local, coincide con el 17 de Octubre. Hay que señalar que existen una serie de actividades rituales, que si bien desde un punto de vista técnico no tienen mucha importancia, en las relaciones sociales cumplen un papel básico. Se han señalado varios ritos con los que dan comienzo los trabajos campesinos y que se materializan en la apertura del primer surco de tierra, labor que realizan los hombres con el arado, dando por comenzado el ciclo 84 Capítulo 2.2 agrícola. Junto a estos se llevan a cabo otras ceremonias encaminadas a propiciar las buenas cosechas o para hacer que desaparezca el viento y llegue la lluvia. Entre uno de esos ritos destaca el que lleva a cabo una mujer de la familia del morabito local para propiciar la lluvia, quien porta una cuchara de madera adornada como una muñeca, que luego es llevada por los niños por las casas del poblado bendiciendo a la vez que cantando rogativas, sobre los granos y sobre el agua. Al final de la cosecha los chiquillos van a mojar el títere en la fuente a la vez que se rocían mutuamente. Según Servier (1985) todos los ritos que llevan a cabo las mujeres bereberes están destinados a propiciar la fecundidad. Para la siembra del grano los testimonios son más abundantes, pudiéndose hacer a voleo tras abrir la tierra con un arado, o en el caso de no disponer de estos medios se tapaba el grano con el sacho o azada, lo que hacía disminuir el rendimiento (Grau-Bassas, 1980). Cuando se intentaba evitar la aparición de malas hierbas y buscar la máxima rentabilidad de las semillas, se realizaba la siembra con palos cavadores (Lorenzo Perera, 1983). Generalmente los cereales y legumbres cultivados por la población campesina son de secano, aunque a veces se practicaba el regadío, lo que era aprovechado para plantar legumbres en octubre y de esta manera renovar la fertilidad del terreno a través de la fijación del nitrógeno al suelo, aumentando además la producción (Grau-Bassas, 1980). No hay constancia de que en terrenos de regadío se produjeran dos cosechas anuales, tal como relatan las crónicas para la agricultura de la Gran Canaria prehispánica, no sé si por imposibilidad material o porque las mejores tierras de cultivo y las que eran de regadío se destinaban a otros cultivos más rentables en un tipo de explotación capitalista. Así en el caso de los cultivos de millo se llegan a producir en terrenos de regadío hasta tres o cuatro cosechas anuales (Vemeau, 1981). Sin embargo, en Lanzarote y Fuerteventura, se cultivan los cereales y legumbres aprovechando un método de riego artificial denominado como "gavia". Estas gavias son pequeñas huertas que se realizan en sitios escalonados que aprovechan el desnivel y así acumulan el agua de las lluvias en el terreno. Este se prepara con unos surcos para retener el líquido que trae el barranco, aprovechando de esta manera los pocos caudales con que cuentan las islas. En Lanzarote perviven las maretas, construcciones que ya se imputan a la población prehispánica, y que continúan manteniéndose en una isla donde tan preciada es el agua, que en ella se han descrito seis formas diferentes de almacenar y explotar este recurso (Perera Betancort, 2000). En lo que respecta a las actividades encaminadas a la renovación de la fertilidad de los campos, imprescindible para la reproducción del sistema agrícola y por tanto de todo el complejo social que existe tras el, no se decanta el campesinado por el abono sino por el barbecho, al menos en tierras de secano y en costas, donde se ponían tres años en cultivo y otros tres en barbecho o regeneración; aprovechando también las propiedades de las legumbres para fijar el nitrógeno al suelo (Grau-Bassas, 1980). Aunque a veces, se introduce abono animal a través de las heces del ganado, que tras la cosecha va a pastar los rastrojos que permanecen en el terreno; y también a partir de la recogida de los excrementos en los establos, colocando ramas que servi85 De Textos y semillas. Una aproximación carpológica a la explotación de los recursos vegetales... rán de lecho para el abono. Este hecho ilustra de una manera perfecta la relación que se establece entre la agricultura y la ganadería tradicional, dependientes una de otra para su reproducción y perpetuación, y que probablemente jugaron de forma conjunta un papel ñindamental en el desarrollo de las culturas prehispánicas e hispánicas que se asentaron en las islas. En el caso de las poblaciones bereberes, según los informes recogidos en la Kabilia (Laoust Chantréaux, 1990), algunas grupos abonan los cereales durante la primavera, así como las higueras, aprovechando el estiércol doméstico que es esparcido a mano por las mujeres. Una vez realizada la siembra, las actividades agrícolas se reducen considerablemente, y sólo he hallado una mención a las labores de escarda, en el caso de Gran Canaria, donde se especifica que se eliminan las malas hierbas de los sembrados sólo una vez, cuando "e/ trigo está en caña" (Grau-Bassas, 1980:51). El resto del tiempo, hasta la cosecha, se dedicaría a otras actividades no agrícolas, lo que resalta la ventaja de los cultivos de cereales y legumbres sobre otras especies más exigentes de cuidados. Tras este paréntesis, se vuelve a una etapa de actividad intensa, la cual, junto a las labores de siembra, se conforman como las principales actividades agrícolas, empezando este trabajo con la siega o cosechado. La época de la cosecha se va a modificar según se comporte la climatología y dependiendo de la situación geográfica del cultivo dentro de la isla, variando desde febrero en las zonas costeras hasta junio en las zonas de medianías y cumbres. En lo referido a la propia siega, la mayor parte de los datos mencionan la utilización de hoces para segar, aunque cuando la espiga es demasiado pequeña (generalmente por la ausencia de lluvias) se recolecta arrancándola a mano, lo que aún es habitual en el Bco. de Guayadeque o en Lanzarote y Fuerteventura. Incluso se cuenta con testimonios recogidos en la zona de Masca (Tenerife) que refieren la recolección de los cereales arrancando solamente las espigas con la mano, y colocándolas luego en un zurrón que llevaban colgado al cuello (Lorenzo Perera, 1983), aunque no se menciona si utilizaban algún instrumento para efectuar el corte de la espiga (imprescindible, pues los cereales que se cultivan en Canarias tienen el raquis rígido). En Alt Hichem (Kabilia), la siega se realiza arrancando las plantas con las manos debido a la mala calidad de las tierras y a la necesidad de almacenar la paja para alimentar al ganado doméstico en invierno (Laoust Chantréaux, 1990), mientras que en el norte de Marruecos la recogida del shkaliah {Triticum monococcum) se realiza con hoz, salvo cuando el porte de las plantas es pequeño y esta actividad se realiza también a mano (Lydia Zapata. Comentario personal). Una vez cosechado, el siguiente paso es separar el grano de la espiga mediante el trillado, que generalmente se realizaba con la trilla o con animales. Sin embargo, en el caso de Masca y otros lugares de las islas, las espigas se disponían en un ''''tesón" o terreno endurecido, sustituto de la era, donde se procedía a desgranarlos golpeando las espigas con varas y ramas de palma. Esto se ha recogido por el propio Lorenzo para Tenerife, Gran Canaria, Fuerteventura y Lanzarote (Lorenzo Perera, 1988). El aventado, separar el grano de los fragmentos ligeros de la espiga y de 86 Capítulo 2.2 las pequeñas semillas, se realiza de la misma forma que en el resto del país, empleando herramientas de madera como las horquetas o cestos de fibra vegetal con las que se lanza al aire el subproducto del trillado. Cuando el grano está limpio, el rastrojo se destina como forraje al ganado o se utiliza como elemento de construcción, aunque para este último caso la paja no puede ser trillada sino que se le aplica la sacudida, que consistía en golpear las espigas contra una laja de piedra hasta que se desgranara completamente (Orribo Rodríguez y Rodríguez Martín, 1997), techando luego los cobertizos con las gavillas de paja, o empleándola como materia prima para la elaboración de cestos, %ovchiQxo%,jarneros o cedazos, etc. Así en el caso de Lanzarote se empleaba la paja como cortavientos de los cultivos o de zonas de actividad humana (Lorenzo Perera, 1988). Siguiendo el procesado de la cosecha, el grano tras ser cernido para limpiarlo de los restos de glumas, raquis y otros fragmentos pesados de la paja, así como de las semillas de malas hierbas, era tostado en vasijas de cerámica o metálicas y luego era molturado en los molinos de piedra circulares, aunque en el caso de la cebada, al tratarse de la variedad vestida el procesado era más complejo. En este caso el grano debe ser "desrabado", es decir, se ha de eliminar el fragmento de raquis que permanece pegado a la semilla tras el trillado. Para ello, en el caso de La Palma se metían estos granos con "rabo" dentro de un saco que era pisado durante el tiempo necesario para separar el grano del fragmento de raquis; o en la isla de El Hierro, donde la cebada se bateaba en un pilón de madera que era destinado especialmente para desrabar el grano (Sánchez Perera, 2000). Para realizar este proceso de desrabado el grano se molturaba en seco, aunque para preparar determinados platos como \ajaya el grano se Umpiaba tras ser previamente tostado (Bethencourt Alfonso, 1994). Luego se criba el grano y el procesado ha terminado, destinándose la cascarilla al ganado y la semilla a la molienda (Orribo Rodríguez y Rodríguez Martín, 1997). Igualmente si se busca información en las poblaciones del norte de África se observan semejanzas a la hora de limpiar el grano, que es cribado en cedazos realizados en cuero (Laoust Chantréaux, 1990), limpiándolos luego a mano para eliminar las impurezas. Para su molienda se utilizan molinos de piedra circulares que son propulsados con las manos, sobre todo cuando esta actividad se realiza en el ámbito doméstico, destinando las diversas fracciones a la preparación de la comida y el afrecho o salvado a los animales domésticos. A la hora de preparar la cebada para su consumo, quitar la gluma y el fragmento de raquis, se maja el grano una vez limpio, lo cual se realiza en un mortero, separando luego con un tamizado la cascarilla del grano (Ferchiou, 1979). Aldea de Agjllui (Goulimin, Marruecos). En primer término se pueden observar las eras De Textos y semillas. Una aproximación carpológica a la explotación de los recursos vegetales... E\ gofio, forma de preparar los granos que se conserva entre las clases populares durante todo el proceso histórico hasta la actualidad, estaba hecho a partir de trigo, cebada, habas, lentejas, etc, previamente tostados.; luego se consumía mezclando la harina resultante, el gofio, con diferentes condimentos como caldo de carne, caldo de pescado, leche, y un amplio etcétera del que da buena cuenta Bethencourt Alfonso en ''Historia del pueblo guanche" (1994). Sin embargo, este mismo autor recoge otras modalidades de consumo de los cereales aparte del gofio en la isla de Tenerife, como: " El frangollo y la Jaya: Frangollo: Hacíanlo de ordinario de trigo crudo molido rolón o avincado o séase harina groseramente pulverizada; a la que mezclaban agua en la proporción de una envasada por dos cuartillos, y después de templarla con sal, guisaban el todo hasta que adquiría una consistencia dura. Comíanla después de frío con miel, leche o suero caliente o bien solo. Jaya: La preparaban de cebada tierna que no había alcanzado su madurez. Ripiaban las espigas para desgranarla o lo que es lo mismo, las pasaban por el pulgar e índice derechos como por un laminador; estregaban el grano para limpiarlo de aristas o pláganos y después de aventarlo, lo sometían al tofe (tostado) hasta que tomara un color dorado. Luego lo volvían a estregar para desrabarlo, lo aventaban por segunda vez y unos lo dejaban en este estado y otros lo llevaban a las piedras para molerlo avincado. Confeccionaban la vianda con leche o agua. No bien hervían estas, le iban añadiendo el grano o gofio hasta que quedara pastosa, revolviéndolas a la vez con un palito." (Bethencourt Alfonso, 1994:433). Esta cita presenta otras formas diferentes de consumir los cereales ya explotados por la población aborigen, y harían referencia al uso de los morteros o molinos naviformes, también encontrados entre los restos arqueológicos prehispánicos, pues su acción sobre el grano no lo transforma en harina, sino que este se fragmenta de 'forma grosera". Además el grano también se consume entero, como en los típicos caldos de trigo de La Palma. En el norte de África también se encuentran algunos testimonios referidos al consumo de los cereales por la población beréber que pueden ser utilizados de forma etnoarqueológica. Entre las formas de preparar los granos hay referencias al consumo de estos tras ser previamente tostados, tanto el trigo como la cebada, para luego ser mezclados en forma de harina con aceite, miel o manteca (Laoust Chantréaux, 1990; Ferchiou, 1979). Para ello los granos se recogen apenas maduro o aún verdes, dejándolos secar al sol antes de realizar la molienda. Esta forma de preparar la comida está directamente relacionada con el gofio que se conoce en Canarias, pues en Europa cereales como la cebada no se consumen en forma de harina sino como cerveza (Buxó, 1997), y están indicando por tanto una raíz evidentemente norteafricana. Además, existen otras formas de consumir los cereales que no se pueden obviar. En lo que se refiere al trigo, se encuentran algunos platos como el borgól que consiste en consumir los granos enteros guisados en una marmita, o el cuscus y la mhamza vianda muy consumida compuesta de la sémola y la harina del grano. La cebada, al igual que el trigo, tiene diversas formas de prepararse según los tamaños de la fracción que resulte del cribado de los granos tras su molturación. Mientras la fracción más gruesa, el malmút, se cuece al vapor; la mediana, la dsisa, se emplea en los potajes; y la fracción más fina, bsisa o zumita, se utiliza para hacer la harina (Ferchiou, 1979). Por otro lado, en la zona 88 Capítulo 2.3. 2.3. LAS FUENTES ARQUEOLÓGICAS. 2.3.1. Introducción. Tras la estructuración y análisis de las fuentes etnohistóricas y etnográficas para su utilización como fuentes etnoarqueológicas me dispongo a la presentación de los propios datos arqueológicos. En mi opinión de este tipo de fuentes es de donde debe emanar la mayor parte de información que se utilice en la reconstrucción de las sociedades pasadas. Sin embargo, en Canarias este objetivo no se puede cumplir debido a una serie de problemas estructurales entre los que el más grave es la escasez de yacimientos excavados de forma sistemática. Junto a eso, el hecho de que la recuperación escrupulosa de los vestigios no se haya llevado de manera rigurosa, con especial referencia a los restos arqueobotánicos, ha provocado que la visión que se tenga sobre las sociedades aborígenes sea bastante estática e incompleta, debiendo acudir a otras fuentes, sobre todo las etnohistóricas, para subsanar la ausencias. Con la intención de mostrar estas deficiencias, me propongo el intentar completar los esquemas de explotación de los recursos vegetales que he utilizado con las fuentes etnohistóricas y etnográficas, en este caso con los datos arqueobotánicos y arqueológicos en general, disponibles. Este planteamiento permitirá comprobar qué aspectos se ven reflejados en el registro arqueológico y que parte de la explotación vegetal prehispánica queda totalmente ausente en este mismo espacio. Para ello, en primer lugar comenzaré por aquellas especies que han sido interpretadas como vegetales recolectados. Entiendo que tanto las especies consumidas, como aquéllas explotadas para realizar herramientas o medicinas, entre otras, forman parte de la cultura material de una determinada sociedad y como tal se conservan en el registro arqueológico. 2.3.2. La recolección. Como rápidamente se comprobará, las actividades humanas derivadas de la recolección de los productos vegetales generan testimonios arqueológicos muy escasos, y ello se debe principalmente a las características fisicoquímicas de la materia vegetal, que si no se conserva en condiciones muy específicas como carbonizada, bajo el agua o en recintos sin humedad, no podrá soportar la acción agresiva de los agentes microbióticos. A esto hay que sumar las costumbres culinarias, que son las que provocan que los restos vegetales entren en contacto o no con el fuego y se conserven. A continuación se comprobará cómo este hecho se confirma en los testimonios arqueológicos hallados. 95 De Textos y semillas. Una aproximación carpológica a la explotación de los recursos vegetales... 2.3.2.1. Los productos comestibles. Como he señalado, a la hora de estudiar los recursos comestibles a partir de los datos arqueobotánicos sólo se dispone de escasas referencias para la Prehistoria canaria; en este caso destacan los hallazgos de múltiples semillas carbonizadas de mocan {Visnea mocanerá) en el yacimiento de la Cueva de Don Gaspar, Tenerife (Arco Aguilar et ali. 1990) y que según los datos aportados por las fuentes etnohistóricas han sido interpretados como restos de su consumo por los habitantes de esta cueva, que ya empezaron a alimentarse con estos frutos desde el siglo III d.C. Junto a estas evidencias se pueden situar aquéllas proporcionadas por las excavaciones llevadas a cabo en el yacimiento de la Cueva Pintada, Gran Canaria (Fontugne et ali. 1999) y en la Cueva de la Higuera Cota, Tenerife (Arco Aguilar et ali. 2000), donde han sido recuperadas e identificadas varias semillas carbonizadas de palmera canaria {Phoenix canariensis) que han sido interpretadas de la misma forma que en el caso de las semillas de mocan. En ambos casos, las evidencias arqueológicas están demostrando su utilización por la población prehispánica, que según la aportación de las fuentes etnohistóricas aparecen en el registro arqueológico porque fueron objeto de consumo. Sin embargo, normalmente los frutos recolectados se consumen frescos y no suelen aparecer entre las evidencias fosilizadas pues su aprovechamiento se desarrolla fuera del yacimiento y por tanto no facilita su conservación. Esto sería así a menos que se recolecten de forma sistemática, transportándolos a las casas, o se procesen de alguna forma antes de su consumo. No hay que olvidar que las fuentes etnohistóricas comentan que tanto del mocan como de la palmera se destilaba una especie de "arrope" para su uso alimentario y medicinal, momento en el que muy fácilmente estas especies pudieron entrar en contacto con el fuego. Quizás esto pueda explicar el hecho de que sólo aparezcan estas dos especies en el registro, mientras que otros frutos consumidos en el acto o sin ningún procesado previo, no se reflejen en el mismo. También hay que hacer referencia al trabajo de Jiménez Sánchez (1952) quien relata el hallazgo de mocanes en diferentes cuevas de Guayadeque y Acusa, aunque a falta de otros datos en los que se especifiquen los rasgos que permitieron identificar dicha especie no se puede juzgar esta cita. Sin embargo todo ello supone una importantísima información sobre la relación entre las sociedades prehispánicas y el mocan, árbol que pudo haber sido protegido por la población aborigen para que se reprodujera en detrimento de otras especies competidoras y así aprovechar sus propiedades nutritivas y medicinales; esta actividad puede relacionarse con las actuales formaciones de mocanes que se encuentran en Tenerife y La Palma, o en la toponimia de muchas islas donde localidades denominadas como elMocanal son abundantes en las zonas de Monteverde. Además de estos hallazgos carbonizados de frutos recolectados se cuenta con un tipo de conservación, muy propio de las Islas Canarias, que ha propiciado la recuperación de múltiples restos vegetales, se trata de la momificación. Todo el tratamiento que se aplicaba a los muertos para su preservación y las especiales condiciones de conservación de las cuevas sepulcrales ha provocado que algunos de los contenidos estomacales de las momias hayan sobrevivido, y con 96 Capítulo 2.3. ellos una evidencia muy valiosa sobre la dieta de la población aborigen. De las múltiples momias analizadas destaca aquella estudiada por Mathiesen (1960) que identificó, dentro del contenido intestinal de un niño, inhumado en la cueva sepulcral de Roque Blanco, La Orotava (Tenerife) una gran cantidad de fragmentos, grandes y pequeños, de semillas de pino (Pinus canariensis) así como restos de rizomas de helécho {Pteridium aquilinum). De esta manera los restos vegetales encontrados en el interior de esta momia estarían indicando la última comida consumida por el niño fallecido. Estos datos supondrían a su vez la comprobación arqueológica del consumo de estos dos vegetales, las semillas de pino y los rizomas de helécho, que también han sido recogidos en las fuentes etnohistóricas y etnográficas. En otras momias analizadas los resultados no son tan espectaculares. Así en el estudio realizado por Sánchez Pinto y Ortega (1992) sobre el contenido abdominal de dos momias de Tenerife, se encontraron algunas semillas de mocan, así como acicalas (hojas) de pino y otros restos vegetales como tallos de gramíneas y polen de brezo {Erica arbórea). En Gran Canaria sólo se ha publicado el contenido del intestino de una momia (Jiménez Sánchez, 1952), que según el profesor Martínez Santa Olalla contenía doce semillas diferentes, una de las cuales era trigo, lo que implica que el resto serían semillas recolectadas. Este hecho, la amplia variedad de especies vegetales que se identifican dentro del contenido de las momias, ha hecho dudar, en el caso de otros lugares donde también se han encontrado momias con estas mismas características, de que el contenido estomacal sea representativo de la dieta más común que desarrollara la sociedad en la que se inscribiera el muerto. En el caso de Dinamarca, donde los muertos enterrados en turberas permiten conservar sus contenidos estomacales, estos han sido estudiados mostrando como la cantidad de restos vegetales recolectados era siempre desproporcionadamente mayor que los restos vegetales cultivados, lo que llevó a sus estudiosos a proponer la hipótesis de una última comida ceremonial donde se represente no su dieta normal sino una de carácter más ritual (Buxó, 1990). Cuando se analizan las momias canarias prehispánicas se ve que estos rasgos se repiten, y que la proporción entre plantas recolectadas y cultivadas es favorable al primer grupo de una forma que creo que no refleja la realidad, al menos en el caso de Gran Canaria donde los estudios bioantropológicos han demostrado el consumo dominante de los cereales cultivados (Velasco Vázquez, 1999); por lo que quizás se esté ante un carácter estructural que se repita en varias formaciones sociales sin relación filogenética. Aunque también hay que tener presente los efectos de la digestión en la conservación de los alimentos, pues según Holden (1994) los endocarpos de los frutos y las carióspides de las semillas son los compuestos más resistentes mientras que las tejidos parenquimales son los menos resistentes. Esto quiere decir que si un grano cultivado se muele para su consumo es muy difícil que entre a formar parte del registro arqueológico, por lo que los restos identificados en las momias prehispánicas, puede que no representen toda la dieta, sino aquella fracción más resistente a los jugos gástricos. Por último me gustaría mencionar las evidencias de rizomas de helécho que se han encontrado en algunos yacimientos de la Gomera y La Palma (Navarro Mederos, 1992; Machado Yanes y Martín Rodríguez, 2000). En el último caso se hallaron rizomas carbonizados en La 97 De Textos y semillas. Una aproximación carpológica a la explotación de los recursos vegetales... Zarza, que fueron identificados por comparación de los tejidos parenquimáticos, y aunque se han interpretado como combustible, su aparición ya apunta al conocimiento de este órgano vegetal (Machado Yanes y Martín Rodríguez, 2000). En La Gomera aunque no se mencionan los criterios para su identificación y el estado de los restos, su aparición en varias cuevas sepulcrales estaría indicando su uso, al menos como ofrenda alimenticia o yacija funeraria, en la Prehistoria gomera. Salvo estos datos, el registro arqueológico ya no presenta más información sobre el consumo de productos vegetales recolectados, lo que en mi opinión se debe al hecho de que su conservación es muy dificultosa, junto al poco interés mostrado por los especialistas canarios en la recuperación de estos restos y en la reconstrucción de esta actividad económica. Sin embargo su información es muy valiosa para rastrear la forma e importancia que adquirió la depredación silvestre entre la población prehistórica de Canarias. A pesar de todos los inconvenientes metodológicos, la recuperación de los restos de las especies recolectadas, supone la caracterización de una actividad, que si se la compara en proporción con las especies cultivadas, es secundaria con respecto a la agricultura; aunque si se indaga en el contenido intestinal de las momias, estos productos están presentes de forma conjunta en la dieta y pudieron tener una importancia simbólica relevante. Ante estos datos no se puede mas que proponer la existencia de una explotación recolectora que abarca las támaras, los mocanes, los heléchos y las semillas de pino, que se combina con las plantas cultivadas para completar una parte de la dieta prehistórica. 2.3.2.2. El Forraje. A este respecto, la información arqueológica no ha proporcionado ningún dato válido para los propósitos de este estudio salvo el reciente estudio publicado sobre los restos de Don Gaspar (Arco Aguilar et ali. 2000) donde apareció una semilla de tedera {Asphaltium bituminosum) que ha sido interpretada como evidencia de su uso como forraje debido a que se recogió en una zona donde también aparecieron coprolitos de ovicápridos. Esta escasez de datos incita a reconstruir estos aspectos a partir tanto del estudio de restos arqueobotánicos como de los propios hallazgos faunísticos, que al igual que los restos humanos pueden proporcionar excelentes datos sobre su alimentación y por tanto de su sistema pastoril. 2.3.2.3. El Combustible. Como ya se mencionó en la historia de la investigación, los estudios antracológicos llevados a cabo por C. Machado Yanes, suponen el avance más destacado referido al estudio de las evidencias arqueobotánicas en Canarias. Y gracias a su trabajo se puede contar con un corpus de datos paleobotánicos para interpretar la prehistoria de Canarias con un enfoque diacrónico. La antracología supone el estudio de los carbones prehistóricos, que generalmente provenientes de hogares. Son vestigios de una actividad social (cultura material) y como tal deberían permitir, a través de su estudio, la reconstrucción de las pautas humanas que dieron lugar a las evidencias recuperadas en los yacimientos. En este caso, la actividad que ha proporcionado estos vestigios es la quema de leña para su uso como combustible, aunque también se pueden 98 Capítulo 2.3. deber a otras actividades domésticas como la fabricación de herramientas, medicinas, comida, etc., pero que no pueden ser fácilmente descubiertas a partir del análisis de los carbones (Machado, 1995). Esta madera suele ser recolectada en los alrededores del yacimiento, generalmente en un radio entre 1 y 6 Km (Machado, 1995), lo que permite reconstruir la vegetación leñosa que se haya en la proximidad de los yacimientos así como tratar su evolución en el tiempo, completando de esta manera unos datos muy valiosos para la compresión de la relación que se establece entre las sociedades aborígenes y el medio vegetal canario (Machado y Galván, 1998). Por tanto la información antracológica es de carácter paleoecológico así como etnobotánico, pues informa del medio ambiente y de las actividades humanas. Entre los estudios llevados a cabo por la investigadora debemos situar los análisis efectuados en tres islas, Tenerife, la Palma y Fuerteventura. La primera isla es la más extensamente estudiada, especialmente el norte (Machado Yanes, 1994 y 1999; Machado Yanes et ali. 1997; Machado y Ourcival, 1998 ) y la cumbre (Machado y Galván, 1998), donde la antracóloga ha logrado establecer varias secuencias cronológicas en las que se puede apreciar un cambio en el medio vegetal, que ella ha relacionado con el impacto de las actividades humanas, principalmente agrícolas y pastoriles, sobre el entorno de los yacimientos. Esta antropización del medio se manifiesta en la progresiva disminución de la leña proveniente del bosque termófílo, que debido a su extensa explotación, debe ser sustituida en fechas posteriores por aquella recolectada en el Monteverde (Machado y Ourcival, 1998). Una situación parecida se produce en la zona de Las Cañadas del Teide, donde en apenas dos siglos, los que van del XIII al XV d.C, se produce la desaparición de las especies arbóreas como el pino y el cedro a favor de plantas forrajeras y arbustivas como la retama {Spartocytisus supranibus), el escobón (Chamaecytisus proliferus) y los codesos (Adenocarpus sp.) lo que indica claramente la intensa explotación ganadera al que estuvo sometido este entorno, propiciando un cambio en la vegetación más acorde con la intensificación de las actividades antrópicas-pastoriles (Machado y Galván, 1998). En el Caso de La Palma, el análisis de los carbones de la cueva del Tendal (Machado, 1995) muestra un cambio en el patrón de recogida de leña, que se podría interpretar como un cambio medio ambiental, natural o antrópico. Así se pasa en los primeros estratos de un registro en el que abundaban los acebiños y las fayas, a los últimos estratos en que las especies más propias del monteverde como el laurel o el viñátigo aumentan su proporción considerablemente. Según su opinión, ello es reflejo de la antropización del medio y de una explotación vegetal que tras la deforestación del entorno inmediato lleva a la búsqueda de nuevas especies con las que mantener el sistema social creado. En el caso de la Zarza no se han podido establecer secuencias temporales debido a que su ocupación se circunscribe a la última fase de ocupación auarita, sin embargo si se han detectado especies como la palmera y los rizomas de helécho, que por las características de su madera pudieron haber sido utilizados como mechas para facilitar el proceso de encendido y que indican su recogida en diferentes medios vegetales (Machado Yanes y Martín Rodríguez, 2000) 99 De Textos y semillas. Una aproximación carpológica a la explotación de los recursos vegetales... Esta antropización del medio, que se traduce generalmente en la deforestación del mismo, tanto para su aprovechamiento como combustible como para crear zonas de explotación agrícola y/o ganadera, se muestra con toda crudeza en el caso de la isla de Fuerteventura. En esta isla, en la actualidad sin ninguna masa forestal natural apreciable, se produjo la deforestación más radical, pues en los resultados del análisis antracológico de los carbones procedentes del yacimiento de La Cueva de Villaverde, se han identificado en niveles fechados entre los siglos III y VII d.C. evidencias de la existencia de especies que actualmente no se encuentran en esta isla o lo hacen de una manera anecdótica como el madroño, el mocan, el laurel o incluso el viñátigo, árboles que requieren alta humedad y que se encuentran en el Monteverde de las islas más montañosas. Para los niveles posteriores, a partir del siglo IX, este repertorio decae totalmente, desapareciendo las especies arbóreas del registro arqueológico. Este hecho, que podría interpretarse como un fenómeno atmosférico de sequía pertinaz, debe ser descartado en cuanto que no es detectado en las otras islas, que por su registro antracológico parecen indicar lo contrario; debiéndose a la acción directa de las sociedades aborígenes el cambio tan notorio en el medio vegetal. La práctica intensiva y extensiva del pastoreo, junto a la explotación forestal, se presentan pues como los principales factores de transformación en el medio vegetal (Machado, 1996). Estos estudios llevados a cabo por Carmen Machado suponen un cambio sustancial en la visión de la relación entre las sociedades aborígenes y el medio vegetal canario, mostrando un proceso dialéctico que lleva a la modificación paulatina, y a veces radical, del entorno botánico, lo que se manifiesta en la deforestación de este a favor de una vegetación arbustiva o esteparia, es decir, un medio socializado más en consonancia con la explotación agrícola y ganadera que practican estas gentes. De esta manera se borra de nuestras mentes el estereotipo del aborigen inocente que vivía en una tierra edénica, y con la que convivía en mutua armonía; los datos arqueológicos demuestran que esta relación supuso el desencadenamiento de procesos que afectaron negativamente a la riqueza y diversidad de la flora de Canarias, y que a su vez provocaron la desertización y erosión del medio insular, 2.3.2.4. Las herramientas de trabajo. Cuando me refiero a las herramientas de trabajo, como ya comenté anteriormente, pretendo abarcar todos aquellos objetos que en diversas actividades y funciones fueron empleados por las sociedades aborígenes en la reproducción de su sistema social. En el caso de los objetos hechos sobre materia vegetal sólo se han conservado aquellos realizados con maderas y fibra vegetal, el resto, debido a la precariedad de su conservación no se ha podido rescatar en las excavaciones arqueológicas. 2.3.2.4.1. La Madera. En lo que respecta al uso de la madera para la construcción de las casas y cuevas se han conservado, sobre todo en el caso de Gran Canaria, múltiples restos de vigas de tea y de sabina que se emplearon en la construcción de las techumbres de las casas así como para su sostén (Jiménez Sánchez, 100 Capítulo 2.3. 1946). Esto coincide con la información proporcionada a este respecto por las fuentes etnohistóricas, aunque no estén todas las especies nombradas por estas, debido seguramente a la carencia de un análisis riguroso de las maderas recuperadas. De las actividades domésticas también se han recogido evidencias arqueológicas, aunque en este caso, referidas a otras islas del archipiélago. Destacando entre estos objetos los recipientes, encontrados en El Hierro (Arco Aguilar, 1993; Ruiz González et ali. 1999), La Gomera (Navarro Mederos, 1992), La Palma (Martín Rodríguez, 1992), Tenerife y Gran Canaria, que en los dos últimos casos corresponden casi en su totalidad a saqueos, pudiendo encontrarlos expuestos en los museos arqueológicos de ambas islas. Lo que también sucede con otros objetos hechos en madera como, cucharas, punzones o agujas, que han sido encontrados en lugares descontextualizados pero que tienen una clara adscripción aborigen, conservándose la mayor parte de ellos en esos mismos museos insulares. Cuando se trata otras labores como la pesca los datos arqueológicos son nulos, en muchos casos debido al intenso saqueo a que fueron sometidos los vestigios aborígenes durante el siglo pasado o a la dificultad de interpretar las evidencias. Este objeto de madera (Navarro Mederos, 1995), en el que aparecen incisos varios caracteres del alfabeto líbicobereber, ha sido interpretado como palo cavador. La inclusión de esta grafía incita a relacionarlo con alguna práctica ritual, posiblemente ügada a la obtención de la fertilidad de los campos de cultivo. Así, se cuenta con varios objetos en el caso de Gran Canaria, Tenerife y La Gomera, que han sido interpretados como plantones o palos cavadores, destacando en el Museo Canario (Gran Canaria), un instrumento expuesto como un sacho o azada. Sin embargo en el caso del armamento y la enseñas jerárquicas, así como en el mobiliario fiínerario si se han encontrado numerosos testimonios arqueológicos. En lo que se refiere al armamento, éste se reduce en la mayor parte de las islas, salvo Gran Canaria y Tenerife, a bastones circulares, que según las fiíentes etnohistóricas, hacían las veces de garrote de uso pastoril, apareciendo la mayor parte de ellos en ajuares fiínerarios (Arco Aguilar, 1993). Como excepción existen cuatro piezas de tea que han sido denominadas como bastones de mando, boomerang o crosses y que fiaeron descubiertos en Bajamar y en San Andrés y Sauces, en la isla de La Palma. Se caracterizan por tener forma de hoz alargada cuyo perfil interior se termina en doble bisel y el extremo proximal aparece adecuado como empuñadura. En tomo a su significado se han propuesto varias teorías que los identifican como emblemas jerárquicos o como instrumentos musicales, en fiínción de su parecido con otros usados para este fin en Egipto y Australia (Martín Rodríguez, 1992). De Textos y semillas. Una aproximación carpológica a la explotación de los recursos vegetales... En el caso de Tenerife los hallazgos arqueológicos de estos instrumentos son más abundantes, quizás por ritos funerarios donde si se depositaba ajuar, al contrario de Gran Canaria. Destacan ios hallazgos en la parte meridional de Tenerife, procedentes tanto de yacimientos sepulcrales como de habitación. Se pueden clasificaren tres tipos (Arco Aguilar, 1993). • Bastones de pastor, varas pulidas con frecuencia hechas sobre madera de pino, aunque también las hay de orijama, acebuche, cornical y retama. Sus medidas llegan hasta los 2,5m. en incluso hasta los 3m. de largo, interpretándose como garrotes para apoyarse o saltar como indica el hecho de que algunos de estos objetos posea regatones fabricados en cuernos de cabra. • Armas arrojadizas, aunque semejantes a las anteriores se van a caracterizar por presentar un ensanchamiento en el tercio superior que estaría destinado para un mejor agarre de cara a su propulsión. • Bastones jerárquicos, presentan un ensanchamiento en el extremo proximal que toma la forma de distintas figuras geométricas, y a los que se adjudica una función simbólica dentro de la jerarquía social. Por último destaca el empleo de la madera en la construcción de tablas o tablones para su destino como elementos funerarios o sepulcrales. En este caso, al igual que en las anteriores actividades, las islas de Fuerteventura y Lanzarote carecen de un registro arqueológico concreto, debido a la escasez de estas materias primas, a factores tafonómicos, así como al escaso interés en la excavación de recintos funerarios. En el caso de La Gomera la mayor parte de los hallazgos de este tipo se pueden encontrar en la vertiente oriental, aunque sean escasos y a veces descontextualizados, destacando unas andarillas o parihuelas formadas por dos listones con travesanos hechos de varas de especies arbóreas o arbustivas diversas, que actuaban como soporte para un cadáver (Navarro Mederos, 1992). Aunque también, simplemente se depositaba un lecho con astillas y ramas de sabina y orijama, como apareció en la Cueva del Roque de la Campana (Diego Cuscoy, 1948). Mientras, en El Hierro existen datos más sustanciosos que parecen indicar que estos tablones se labraban y pulían, a veces con ayuda del fuego, encontrándose un tablón en Guarazoca que presentaba una inscripción líbico beréber (Diego Cuscoy, 1975). Para La Palma, en cambio sólo se tiene noticia del hallazgo de un tablón funerario fabricado en madera de pino en la cueva de La Palmera, Tijarafe, así como en el Espigón donde se encontró una parihuela (Hernández Pérez, 1977), pudiéndose apreciar en su superficie las huellas del instrumento lítico con las que se realizó el acabado (Martín Rodríguez, 1992). 102 Capítulo 2.3. En las dos islas centrales los hallazgos de este tipo son más abundantes, proporcionando la isla de Tenerife evidencias de piezas de diferentes dimensiones y grosor, labradas en tea y en otras maderas por determinar, que han podido ser utilizadas primero como parihuelas para el transporte del cadáver y luego como lecho sepulcral. En correspondencia a su complejidad social, Gran Canaria manifiesta una mayor diversidad de estos restos, como refleja el ataúd de madera de pino que se encuentra en el Museo Canario y que fue extraído de un yacimiento tumular en Agaete por Jiménez Sánchez (1963). También destaca el uso de tablones de tea, sabina y barbusano para cubrir los cierres de las cistas, labrando en ellos unas perforaciones para su abertura, tal y como se puede ver expuesto en el Museo Canario; así como tablones para depositar a los muertos y dividir el espacio tumular. Por último voy a citar el excepcional caso de una pieza de madera encontrada en Juan Grande, Gran Canaria, y que está expuesta en El Museo Canario, la cual representa por un lado un vientre, el triángulo púbico y la vulva de una mujer, junto al arranque de los muslos, en disposición abierta; mientras, por el otro lado tiene forma de recipiente con una vertedero, por lo que se puede asignarle una clara función ritual y simbólica. Esta mayor magnitud y complejidad de la cultura material realizada en madera que se puede encontrar en Gran Canaria y Tenerife refleja de una forma muy clara la diferente estructuración de las sociedades que se desarrollan en estas dos islas, a la vez que establece un carácter discriminativo con respecto al resto del archipiélago. Además, los pocos datos que se disponen sobre las especies utilizadas indican una explotación de todos los pisos de vegetación, desde el bosque termófílo al pinar, pasando por el monte verde lo que refleja un extenso conocimiento y búsqueda de recursos para elaboración de su cultura material y con ella la reproducción de las condiciones materiales de dichas sociedades. 2.3.2.4.2. La fibra vegetal. La rica información que proporcionan las fuentes etnohistóricas sobre el empleo de la fibra vegetal se ve correspondida con un repertorio a veces bastante amplio de los testimonios arqueológicos de dicho material. Aunque si se procede a la enumeración de los vestigios encontrados en cada isla, rápidamente se comprueban las diferencias en la explotación de estas manufacturas. Destacan las islas de Lanzarote, Fuerteventura y El Hierro, para las que no existe ningún resto arqueológico que atestigüe el empleo del junco y la palmera en la realización de cestería, cordelería o tejidos. En la isla de La Gomera, tal como señalaban las fuentes etnohistóricas el empleo de este tipo de material tiene su reflejo en el registro arqueológico. Aunque son bastantes escasos, destaca los hallazgos de restos de cuerdas, realizadas a partir de junco trenzado, que se localizan en contextos funerarios (Navarro Mederos, 1992). 103 De Textos y semillas. Una aproximación carpológica a la explotación de los recursos vegetales... Para La Palma, las fuentes etnohistóricas no comentaban ningún dato que pudiera hacer pensar en el aprovechamiento de las fibras vegetales por parte de sus habitantes; sin embargo la arqueología se ha encargado de rectificar lo silenciado por los documentos. Así, se tiene conocimiento de cestos o sombreros, ya señalados por Vemeau durante el siglo pasado (1981) en la cueva de La Mundina en Barlovento; y de cuerdas trenzadas a partir de junco, en este caso procedentes de yacimientos de habitación y funerarios, como el que en una cueva de El Espigón (Puntallana) se destinó a la sujeción del fardo funerario de un enterramiento (Hernández Pérez, 1977). Como se ve, los textos etnohistóricos muchas veces ofrecen una visión incorrecta de las sociedades prehispánicas, que luego van a determinar y perpetuar las interpretaciones que sobre las formas de vida se hagan; por ello creo necesario una revisión crítica de dichas fuentes, tratando de recuperar aquellos datos que realmente correspondan con el desarrollo de las sociedades prehispánicas. En el caso de Tenerife, lo relatado por las fuentes etnohistóricas tampoco va a coincidir con el repertorio de hallazgos arqueológicos, pues estos se reducen a cuerdas, elaboradas sobre juncos, que al igual que en La Palma fueron utilizadas para atar los restos funerarios amortajados (Arco Aguilar, 1993). Sin embargo, tampoco se deben obviar los factores tafonómicos, sobre todo en el caso de los tejidos vegetales, muy frágiles ante la descomposición, y que muy probablemente son los que explican el hecho de que estos hallazgos se produzcan siempre en cuevas, mejor protegidas que en los yacimientos al aire libre. Esta es una tónica que se encuentra en todas las islas y que se debe apreciar de cara a realizar las interpretaciones del material encontrado. Como contraste al panorama anterior destaca Gran Canaria, cuyo patrimonio arqueológico en fibra vegetal es mucho más abundante y variado que en el resto del archipiélago. En mi opinión, esto es fruto de una explotación más intensa de estos recursos, motivado por las necesidades impuestas por una estructuración socioeconómica más compleja, que tiene su reflejo en todos los ámbitos materiales de dicha sociedad. En Gran Canaria el análisis de las materias primas revela la selección de varias especies para esta labor, siendo identificadas la palmera canaria así como diversos juncos Holoschoenus vulgaris, Scirpus holoschoenus y Juncus acutus (Jorge Blanco, 1989 y Rodríguez Santana, 1989). Además, al observar la fibra se ha logrado descubrir el procesado de ésta. Así, en el caso de los juncos, el disociado de las fibras se realizaba machacando el vegetal con un percutor, mientras que el caso de la palmera debieron estar sometidos a desecación abriendo en dos los foliólos para luego trabajarlos (Rodríguez Santana, 1989). 104 De Textos y semillas. Una aproximación carpológica a la explotación de los recursos vegetales... Los Otros restos de especies cultivadas que han sido rigurosamente identificados corresponden a estructuras de almacenamiento o al contenido intestinal de las momias. En el primer caso, las semillas que se encuentran expuestas en el Museo Canario, que corresponden a trigo, cebada y frutos de higueras que provienen de la recuperación nada sistemática llevada a cabo por Jiménez Sánchez (1952) en los graneros colectivos de Acusa y Guayadeque. Además también se han recogido granos de haba que fueron identificados junto a los de trigo y cebada por el etnobotánico Diego Rivera de forma preliminar (Jiménez Medina et ali. 1996). De estos testimonios sólo se puede extraer que los granos y frutos eran conservados en seco, que en el caso del trigo y la cebada ya estaban trillados, aunque esta última aún mantiene las glumas adheridas; mientras que los higos eran almacenados tras ser "pasados" o secados, tal como indican las fuentes etnohistóricas. Cualquier otro tipo de información que pudiera extraerse de estos hallazgos se ha perdido debido a que no se recogieron de forma sistemática. Por último señalar la recuperación de granos carbonizados depositados dentro de un cuenco de cerámica en Tamaraceite, Gran Canaria (Jiménez Sánchez, 1952), y que fueron identificados como trigo, aunque la metodología en el estudio de estos cereales me hace dudar de esta asignación. Del contenido intestinal de las momias canarias se han podido extraer también restos carpológicos derivados de la agricultura. En Gran Canaria sólo se cuenta con el análisis de una momia procedente de Acusa y en cuyo interior, enviado al Dr. J. Martínez Santa Olalla, se constataron doce semillas diferentes, entre ellas una de trigo (Jiménez Sánchez, 1952). En Tenerife destaca la momia encontrada en la cueva sepulcral de Roque Blanco, donde el investigador danés Dr. J. Mathiesen identificó aristas, ligadas de dos en dos, de algunos granos de cebada, probablemente consumidas tras ser tostados (Mathiesen, 1960). Ambos hallazgos suponen una prueba incontestable del consumo de estos productos agrícolas por parte de la población aborigen de Gran Canaria y Tenerife. Además, el hecho de que aparezcan las aristas de cebada en el estómago está diciendo que la limpieza del cereal no se realizó de una manera eficaz; lo que no se sabe es si esto se hizo consciente o inconscientemente para aprovechar el consumo humano del salvado o afrecho. 2.3.3.2. Las relaciones sociales de producción. La interpretación de las escasas evidencias existentes se ve dificultada aún más por la poca rigurosidad y descontextualización de los hallazgos. Esto limita la reconstrucción de las actividades agrícolas, y por consiguiente la posible inducción de las relaciones sociales que organizan este sector productivo. En mi opinión, siempre y cuando sea posible, la labor de cualquier arqueólogo, incluidos los arqueobotánicos, consiste en tratar de recuperar todos aquellos aspectos de una sociedad que ayuden a comprenderla mejor. Desde mi posición creo que la dilucidación de las relaciones sociales de producción es indispensable para la comprensión de las diferentes formas que adquieren las culturas humanas; y que en nuestro caso estas relaciones deben ser inducidas a partir de los restos materiales. Sin embargo, este tipo de información es muy difícil de detectar, y a lo largo de todo este siglo ha sido uno de los puntos más conflictivos de la labor arqueológica (Trigger, 1992). Sin embargo estos contratiempos no deben mermar Capítulo 2.3. Gran Canaria es la isla que ha proporcionado la mayor cantidad de instrumentos destinados a la molturación. Este es otro indicio que corrobora la importancia que en ella tuvo la alimentación cerealistica En el yacimiento de La Cueva Pintada y a partir de estos datos, solo se puede inducir que las semillas identificadas estaban preparadas para su inmediato consumo, hecho que motiva que no se hayan encontrado restos de trilla ni de vegetación sinantrópica entre el sedimento. La gran cantidad de restos de cebada mucho más abundantes que los de trigo, estaría confirmando los datos proporcionados por las fiíentes etnohistóricas que señalaban la preferencia de la población prehispánica por la cebada. En el yacimiento de Don Gaspar no se han identificado restos de trillado ni de malas hierbas, pero esto se puede deber a una carencia metodológica, pues estas evidencias se suelen recoger en cribas entre 0,25mm, y 1 mm. Sm embargo, algunos de los granos de cebada allí encontrados guardan aún las glumas adheridas, lo que estaría indicando que a estas semillas aún les faltaba una parte del procesado, el desrrabado o descascarillado; labor que implica una morturación a través de la cual se desprenda la gluma del grano. Luego ambos productos se separan mediante un cribado, y los granos de cebada ya están listos para ser molidos en los molinos de mano y ser aprovechados en su consumo. Al igual que sucede en la Cueva Pintada, el porcentaje de los granos de cebada es mucho mayor que el del trigo, tendencia que se va reforzando desde los estratos más antiguos (s, HI d.C.) a los más modemos donde el trigo ya no aparece (Arco Aguilar et ali. 1990). Además en este yacimiento aparecen semillas de habas y una sola dudosa de guisante, especies que no aparecen tan bien representadas en el registro arqueológico debido a que en su preparación culinaria raramente entra en contacto con el fuego. Sin embargo, tal como pasa con el trigo, las hshas van disminuyendo conforme va pasando el tiempo, para dejar de aparecer en el último estrato, lo que estaría indicando una tendencia al monocultivo de la cebada por parte de los habitantes de La Cueva de Don Gaspar Además, algunos cotiledones de haba presentan perforaciones realizadas por brúnquidos (Brunchus sp), coleóptero que sólo afecta a las semillas durante su almacenamiento, y que estaría indicando claramente la conservación de estos granos para su consumo posterior o como simiente para la siguiente cosecha. Para el yacimiento del Tendal se ha publicado el análisis de una muestra correspondiente a un estrato, donde se constata la presencia de cebada y trigo aunque en menor grado que la primera, así como lentejas y chícharos que estarían designando la práctica del multicultivo, combinando cereales y legumbres. La identificación de Galium aparine, típica especie sinantrópica asociada a los cultivos sería una señal inequívoca de que estos se realizaron en suelos nitrificados. Debido a que a continuación me enfrentaré a la revisión del matenal carpológico de este yacimiento pospongo el estudio de estos materiales a un apartado independiente. Capítulo 2.3. nuestro interés, por el contrario, obligan a poner un mayor énfasis en la metodología de recuperación de los datos materiales y a contrastarlos con otras fuentes de información, como las ya comentadas de la etnoarqueología y la etnohistoria. Partiendo de esta postura, en Canarias se puede observar a través de los restos carpológicos algunos de los aspectos que estructuran las relaciones de producción. En este caso voy a centrarme en el acceso a la producción agrícola que en Gran Canaria va a presentar un aspecto muy diferente al resto del archipiélago. Este hecho se materializa en la construcción de los silos colectivos, lugares donde se almacenaba el grano y que en otras islas no existen o no se materializan de una forma tan evidente. La presencia de estos graneros a los que el acceso esta restringido, pues siempre se situaban en lugares inaccesibles y protegidos, indica que la cosecha o una parte de ésta era almacenada y controlada en estos lugares. Este hecho queda perfectamente reflejado en las fuentes etnohistóricas, que se refieren a los silos como lugares donde se depositaban las reservas de grano que componían las rentas que el campesinado debía pagar a los propietarios y al estamento religioso de la isla. En el registro arqueobotánico estas relaciones se manifiestan en la aparición de granos dentro de los silos. Pero también comienzan a hacerse evidentes en la no-aparición de restos de trilla dentro de los hábitats, pues el grano se almacenaba ya procesado. Esta característica es la que presentan los restos carpológicos de la Cueva Pintada, en la que sólo aparece el grano listo para su consumo, sin ninguna evidencia de trilla o restos de especies sinantrópicas, lo que supone que los habitantes de las casas estudiadas no tenían un acceso inmediato y directo a los recursos agrícolas, sino que éstos llegan a la vivienda después de haber sufrido una sofisticada manipulación, probablemente relacionada con los procesos de redistribución.. Sin embargo, la inexistencia de estructuras de almacenamiento colectivo en las otras islas podría estar indicando un acceso más directo, sin la presencia de redistribución, a los productos agrícolas. Este hecho estaría señalando una complejidad socioeconómica no tan desarrollada como en Gran Canaria, aunque serían necesarios estudios más profundos y metódicos sobre los repertorios carpológicos para dilucidar estos aspectos. 113 Capítulo 3 3. PROPUESTA METODOLÓGICA PARA EL ESTUDIO DEL APROVECHAMIENTO PREHISTÓRICO DE LOS RECURSOS VEGETALES. LA PALEOCARPOLOGÍA. Tras indagar en los distintos tipos de fuentes que existen en Canarias para estudiar la explotación de los recursos vegetales durante la Prehistoria se aprecian claramente las deficiencias que presentan cada una de estas aproximaciones. Los datos arqueológicos no han sido bien estudiados, salvo en el caso de los carbones, y esta carencia de información deriva en el abuso de la lectura de las fuentes etnohistóricas para tratar de reconstruir estos aspectos de las sociedades prehispánicas. Ello lleva a perpetuar una visión que muchas veces es incompleta o errónea, debido al sesgo que entraña la descripción de una cultura a cargo de unos individuos que provienen de una sociedad medieval y moderna ajena a la realidad aborigen. Esta perspectiva de los autores etnohistóricos está condicionada por su bagaje cultural y por los intereses que se han creado tras la conquista de las islas, europeizando y a la vez barbarizando a la población prehispánica. Además, no hay que olvidar que el poblamiento prehistórico del Archipiélago se produce desde al menos el 500 a.C, mientras que las fuentes etnohistóricas reflejan sólo los últimos 150 años de ocupación prehispánica. Por ello creo que las fuentes etnohistóricas no deberían ser la base para el estudio de la relación entre las sociedades prehispánicas y el medio vegetal canario. Por otro lado, los recursos etnográficos han sido aplicados a la Prehistoria de Canarias sin ninguna consideración previa, obviando todos los cambios y adiciones que se pueden ir desarrollando a lo largo de 500 años de Historia, en el caso de la sociedad campesina canaria, o de 2500 años, para la población beréber. Además, hemos podido comprobar errores de método, como por ejemplo el hecho de que no se ha podido establecer el nombre científico de ciertas plantas, debido a la falta de sistemática en la recogida e identificación de las especies, lo que impide comparar los resultados y establecer generalizaciones. Todo lo cual lleva a perpetuar una visión de la Prehistoria canaria fragmentaria, ilusoria y anquilosada en las fuentes escritas. Como alternativa a esta situación, propongo la intensificación en la indagación arqueobotánica y etnográfica, de tal forma que esto suponga el superar ese pesado lastre que son las fuentes etnohistóricas, y proporcione un corpus de datos materiales que puedan ser aplicados al estudio de la explotación de los recursos vegetales durante la Prehistoria de las islas. Sin embargo esto no significa rechazar la información escrita previamente. Como fuente es de un 115 De Textos y semillas. Una aproximación carpológica a la explotación de los recursos vegetales... valor muy grande, pero antes de su interpretación deben ser releídos de una forma crítica, discriminando, con la ayuda de los recursos arqueológicos y etnográficos, aquellos datos que no concuerdan con la realidad. Ya se ha comentado que a través de la etnografía se pueden establecer analogías y estructuras básicas, que de una forma coherente pueden proporcionar datos etnoarqueológicos para ser aplicados a los estudios prehistóricos. Para ello parto de que la existencia de una formación social determinada, en la que las relaciones sociales que se establecen entre los individuos dentro del modo o los modos de producción juegan un papel primordial, desarrolla estructuras y formas particulares acorde con esta formación. Es decir, una determinada formación social, que pudo darse en el pasado o se da actualmente materializa determinados comportamientos que pueden compararse con los de otras formaciones sociales diferentes, teniendo siempre en cuenta las especificidades de cada sociedad, su historia y su medio (Hernando Gonzalo, 1995). Esto permite interrogar más específicamente a las fuentes etnográficas, a la búsqueda de datos etnoarqueológicos de aquellas sociedades que por las características de su formación se puedan equiparar a la que se esté estudiando. Con esta aportación se puede llegar a comprender e interpretar los resultados que tras una excavación se rescatan. Pero para ello es necesario antes recuperar los restos vegetales arqueológicos e identificarlos de una forma metódica y rigurosa. Sin estos datos nuestro conocimiento va a ser siempre incompleto. Mi propuesta se basa pues en una recuperación de los datos etnográficos y arqueológicos de una forma metódica e incorporando las nuevas tendencias que se han ido desarrollando a este respecto. 3.1. PROPUESTA METODOLÓGICA PARA LA RECOGIDA DE INFORMACIÓN ETNOBOTÁNICA. Tal como se manifiesta cuando se procedió al análisis de sus datos, uno de los grandes problemas de los trabajos etnográficos relacionados con Canarias consiste en que la metodología empleada es irregular y en la mayor parte de las veces está expuesta de manera explícita. Esta carencia impide la comparación de diferentes trabajos con el fin de obtener unos resultados que puedan ser objeto de generalización o analogía. Además, una gran parte de los problemas de ausencia de concordancia de resultados se debe a que no se han podido identificar de una manera metódica y rigurosa los vegetales cuyo uso ha podido ser constatado etnográficamente. Es pues un objetivo principal en esta propuesta el subsanar estos problemas de procedimiento que impiden desarrollar al máximo la capacidad de las fuentes etnográficas. En primer lugar, debo destacar que aunque mi atención se dirige especialmente al campo de la etnobotánica, esto no supone cerrarse en una especialización y compartimentación de los conocimientos,'pues se debe abordar este espacio desde disciplinas tan distintas como la antro116 Capítulo 3 pología, la botánica, la lingüística y la farmacología (Cotton, 1996). La recuperación del conocimiento botánico tradicional, en lo que respecta a la observación y a la realización de entrevistas estructuradas, debe ser realizado mediante las técnicas de campo de la Antropología. Al tomar parte de la metodología, que procede de la antropología, se están también adoptando sus modelos teóricos y aunque no es mi intención presentarlos ahora, es necesario tener en cuenta este hecho. 3.1.1. La recuperación de la información etnográfíca Con respecto a la realización de entrevistas, estas deben ser estructuradas, de manera que a la hora de la interpretación de los datos no haya dificultades para cotejarlos. Interesa que la información recogida pueda contrastarse con otros estudios, que si practican una metodología similar, podrán prestarse a esta tarea. Estas entrevistas estructuradas se suelen separar en dos tipos según la información que se vaya a recoger, por un lado entrevistas "cuantitativas" y por otro lado entrevista "cualitativas" (Cotton, 1996). Las entrevistas "cuantitativas" abarcan varias formas de acercarse a la fuente de información, y gracias a su estructuración en un modelo estandarizado se facilita la verificación de datos dentro de una comunidad o entre varios informantes. Éstas consisten en cuestionarios, ya preparados de antemano, que el informante debe ir completando, y en el que se interroga sobre los datos que conciernen a la investigación (Urtug-Yuras, 1997). Otra forma de acercarse cuantitativamente se ejerce a través de la proposición de listados de plantas y de los usos supuestos que éstas tienen, y que los entrevistados completen esa relación ofreciendo su opinión al respecto, valorándola en números que luego puedan ser cuantificables, creando una especie de ranking o tabla. De esta forma se pueden elaborar índices numéricos por los cuales estimar los usos locales y el valor de una planta dada (Cotton, 1996). Para comparar estos datos entre varias especies se utiliza el concepto de uso-valor, por el que la función de una determinada planta se cuantifica por números con respecto a varias categorías: construcción, comida, medicina, tecnología y comercio. Luego se crean unas tablas en las que se pueden comparar estos datos. Esto también facilita la selección de aquellos entrevistados que demuestren un conocimiento botánico más profundo, para una posterior entrevista cualitativa. En lo que respecta a las entrevistas "cualitativas" se pueden establecer a su vez dos modalidades. Por un lado está la realización de entrevistas abiertas o semiestructuradas, en las que las preguntas se van proponiendo conforme avanza la conversación y el ritmo lo lleva en cierta medida el entrevistado. Por otro lado existe la realización de actividades o trabajos tradicionales relacionados con el tema de investigación. Se trata de compartir junto al entrevistado o a un grupo de ellos, salidas al campo para recolectar plantas o participar en tareas agrícolas, desarrollando una especie de "entrevista práctica", que supone la visualización de las actividades a estudiar. A través de estos dos métodos el etnobotánico puede descubrir una cantidad de conocimientos muy profundos que de otra manera sería más difícil recuperar. Además se facilita el desarrollo de una relación más informal y amena entre el investigador y el/los entrevistado/s, 117 De Textos y semillas. Una aproximación carpológica a la explotación de los recursos vegetales... no hay que olvidar que la primera actitud de los habitantes de medios rurales es la desconfianza hacia la gente del exterior. Por último, este método, en especial la última modalidad, proporciona una experiencia práctica en el uso de los métodos tradicionales (Peacock, 1996). La elección de los encuestados es también una decisión fundamental para el desarrollo de la investigación. Su selección va a variar dependiendo de los objetivos planteados al comienzo del trabajo. Así, en el caso de acercarse por primera vez a una comunidad es muy útil la realización de muéstreos salteados que den una visión general del conocimiento tradicional botánico que posee ese grupo en conjunto. Estos muéstreos deben tener en cuenta aspectos sociales como el sexo, la edad, ocupación, educación, clase social, etc., de tal forma que se acumule una información global sobre la comunidad estudiada. Cuando se desea una información más especifica se debe elegir el informante, y para ello son muy útiles las encuestas de uso-valor. A través de ellas se puede tasar el conocimiento etnobotánico de los entrevistados, realizando luego una entrevista abierta a aquellas personas que interesen más. Como información adicional para completar los contenidos de la entrevista, es muy útil la recogida de material audiovisual, así como la realización de dibujos, tanto para la interpretación final como para realizar la publicación (Guomundsson, 1996). Este tipo de material constituye un recurso indispensable, sobre todo por el valor histórico que posee. Por otro lado, como ya se dijo al principio, la recuperación de información etnográfica implica también el acercamiento al campo de la lingüística, en este caso a través de la denominación taxonómica de la plantas que posee una determinada comunidad o individuo. Así algunos estudios han demostrado la correlación que existe entre la estructura lingüística del nombre de una planta y la importancia cultural de la misma. Esto quiere decir que la mayor parte de las plantas de nuestros campos que no poseen nombres vulgares no suelen tener utilidad para la sociedad. Este aspecto de la etnobotánica se denomina etnotaxonanía (Cotton, 1996) y proporciona una información anexa de cómo percibe una determinada comunidad el medio vegetal. Además también nos puede introducir, a través de la distribución espacial de las características lingüísticas de determinadas plantas (p.e. las domesticadas), en la reconstrucción de los modelos de dispersión de las poblaciones y de sus recursos durante la prehistoria (Cavalli-Sforza, 1996). Para ello es necesario, cada vez que se presente el recoger las denominaciones tradicionales de las plantas, pero tanto las usadas como las de aquellas aparentemente inútiles. La recopilación de los especímenes vegetales para su posterior identificación, de acuerdo a los criterios botánicos de la moderna ciencia occidental, se presenta como uno de los pasos fundamentales en la metodología etnográfica propuesta. De esta manera se pueden correlacionar los datos de otros trabajos, tanto dentro del propio territorio de Canarias, como incluso fuera de él; sin embargo si esta identificación no se produce las conclusiones no tendrán la misma fiabilidad. Así por ejemplo, algunas especies silvestres comestibles de La Palma recogidas por Jorge Pais (1996) como la chicharaca o el chícharo salvaje, no vienen acompañados de su nombre científico, por lo que una posible comparación con la dieta de otras islas no es viable, por lo menos entre estas especies; y los dos nombres pueden responder incluso a la misma planta utilizada en diferentes partes de esta isla. 118 Capítulo 3 Como esta identificación es muy difícil de realizar con todas las plantas en el campo, es necesario su recogida para su posterior identificación, con la ayuda de especialistas si es posible. Para ello deben recogerse todos los órganos de la planta en perfecto estado, con especial cuidado de conservar la hoja, la flor, y el fruto; pudiendo de esta manera conservar el espécimen en un herbario, o utilizarlo como estímulo en otras entrevistas, de tal forma que los encuestados visualicen el material por el que se les interroga. Es muy útil el realizar además, una ficha de cada planta en la que queden recogidos datos referidos al nombre local de la planta, la altitud y suelo donde se recogió, qué usos tiene localmente y cómo es procesada para su utilización, completando esta tarjeta con una foto de la planta (Ertug-Yuras,1997). Por último esta información se puede completar con datos farmacológicos, sobre los principio activos que contiene cada planta (Cotton, 1996). 3.1.2. La recuperación de la información etnoarqueológica. La utilidad de las fuentes etnográficas puede ser compendiada en dos puntos, por un lado informar de la relación individuo-planta dentro de una determinada comunidad, y por otro lado ofrecer datos que pueden ser de carácter etnoarqueológico. Sí el primer agrupamiento ya ha sido tratado, en el caso del segundo las implicaciones son diferentes. Cuando la principal prioridad es el obtener datos etnoarqueológicos, es decir, aquellos que, provenientes de la etnografía o la experimentación, estén orientados a la interpretación de los restos arqueológicos directos, es necesario enfocar de otra manera los objetivos propuestos en la realización de una investigación. La información oral y botánica que se vaya a recoger estará centrada en una perspectiva material. Esto se debe a que las evidencias que se van a recuperar en un yacimiento arqueológico son estrictamente de esta naturaleza. Por ello es necesario que a la hora de estudiar cualquier actividad relacionada con la explotación de los recursos vegetales se registren todos los aspectos físicos que genere esta labor, y que sean factibles de aparecer en el registro arqueobotánico. Así, en el caso del estudio de comunidades agrícolas hay una serie de pasos que deben seguirse a la hora de estructurar la recogida de información (Peña Chocarro, 1996 y 1999) y que están relacionados con las tareas agrícolas. Estos trabajos hacen especial hincapié en los cereales, aunque también hay que extrapolarlos a las legumbres, a pesar de que su procesado no genere tantos subproductos. Las entrevistas y observaciones realizadas deben recoger información y evidencias materiales (dónde se produce, qué deshechos genera,...) sobre el tratamiento del suelo (si hay arado, de que tipo, etc.), la siembra (cuando, cómo, por quien, etc.), la escarda, el riego y el abonado si lo hay, la forma de cosechar, herramientas utilizadas en la siega, procesado del material cosechado (trilla, aventado, cribado, torrefactado, etc.), almacenamiento, usos (del grano, de la paja, de los restos del procesado), preparación del producto para su consumo (tanto si es para las personas como para el ganado doméstico) y otros datos adicionales que pueden explicar cómo se organiza un sistema agrícola (Peña Chocarro, 1996). Esta información se debe completar con la recogida de material botánico, semillas de malas hierbas y de las plan119 De Textos y semillas. Una aproximación carpológica a la explotación délos recursos vegetales... tas cultivadas, así como fragmentos de las plantas cultivadas, procedentes de todas las fases en las que se divide el trabajo agrícola. De esta manera se pueden correlacionar los restos encontrados en una excavación con una determinada fase o aspecto de las actividades agrícolas, permitiendo una reconstrucción bastante aproximada del sistema agrícola (Pearsall, 1988). Por esta razón es muy importante que se recoja el material de una forma metódica, asociando los restos con su actividad en el espacio. Al igual que en la actividad agrícola, cuando se trata de estudiar la explotación de los frutos silvestres se debe recoger toda aquella información y todo el material que se deriven de dicha actividad. Adquieren especial interés aquellos productos que son procesados de alguna forma, para lo que deberá registrarse todos los pasos desde la recolección hasta el consumo final del producto, documentando si es posible las herramientas empleadas, los desperdicios que genera, la estacionalidad de la recolección así como el papel de estos productos en la dieta global. Sólo de esta manera se puede estar seguro de detectar en el registro arqueológico las actividades de recolección vegetal. 3.2. PROPUESTA METODOLÓGICA PARA EL ESTUDIO DE LOS RESTOS PALEOCARPOLÓGICOS. La mejor forma de empezar a plantear un estudio riguroso y sistemático es analizando las carencias que han presentado los estudios carpológicos durante el desarrollo de la arqueología en Canarias. De ellos ya se ha mencionado la ausencia de cualquier sistematización en la recuperación de los restos arqueobotánicos, la carencia de especialistas que se dediquen a la identificación e interpretación de estas evidencias, la inexistencia de una colección de referencia a través de la cual identificar los taxones recuperados en las excavaciones y el desinterés en la reconstrucción arqueológica de este tipo de actividades. Todo ello va a generar una imagen bastante distorsionada e incompleta, sobre todo lo relacionado con la reconstrucción de la explotación de los recursos vegetales durante la Prehistoria de Canarias. El objetivo de la metodología que se expone es, a grandes rasgos, la recuperación de los macrorrestos vegetales, con especial referencia a los restos carpológicos presentes en el área excavada en un yacimiento arqueológico. De esta forma, una vez identificados los diferentes taxones, se podrá hacer una reconstrucción lo más completa posible de las actividades humanas y de las formas de vida de las personas que habitaron ese lugar, basándose en los restos materiales que han generado las sociedades en su relación con el medio vegetal. Para ello es necesario sistematizar todos los aspectos de la metodología, de tal forma que se pueda lograr un óptimo en los resultados así como también crear un modelo de investigación que permita la comparación de los resultados de diferentes autores. Este modelo metodológico que aquí se propone debe convertirse en una poderosa fuente de información arqueológica, dotándonos de una base material e interpretativa, con la que poder intensificar el nivel de análisis en los estudios sobre las sociedades pretéritas. 120 Capítulo 3 En este caso voy a partir de los trabajos realizados principalmente en el mundo anglosajón, donde la aplicación de una metodología exclusiva para la recuperación, identificación e interpretación de los macrorrestos vegetales se lleva practicando desde la década de 1950 (Jones, 1991). Sin embargo eso no implica obviar las singularidades de la prehistoria insular, por lo que la actual aproximación metodológica pretende tener en cuenta todas nuestras peculiaridades. 3.2.1. El muestreo. El primer paso a dar es la recogida de los carporrestos. Recuperar los macrorrestos botánicos a partir de la simple observación durante el proceso de excavación es un método que a la vista de los resultados que produce es cuando menos ineficaz, pues el pequeño tamaño de las evidencias, como los granos de cebada que son de los más usuales en Canarias y apenas miden 6 mm., impiden su identificación en el terreno. Esta forma de recuperar los carporrestos es a mi juicio una herramienta inservible en los trabajos arqueológicos. Por otra parte, distorsiona los resultados, pues se produce una selección artificial de aquellos elementos con mayor visibilidad arqueológica. Es por tanto una cuestión ñmdamental, y que los arqueobotánicos están continuamente replanteándose, el cómo realizar una recogida de estas evidencias de tal forma que queden representadas todas las especies que componen el registro arqueológico (Jones, 1991). A través de todos estos años de desarrollo de la disciplina arqueobotánica se ha demostrado que la recogida del sedimento, en el cual se encuentran incluidos todos los macrorrestos vegetales, y su posterior separación, es la mejor forma de extraer las evidencias paleobotánicas. El objetivo del muestreo de sedimentos es obtener de una forma eficiente, en lo que respecta a la relación eficacia / costos, una cantidad de tierra donde se incluya aquel material botánico que sea representativo de todo el yacimiento. Así, la recuperación total de todo el sedimento del yacimiento es la solución ideal que se puede plantear de cara al objetivo propuesto. Sin embargo, las características de ciertas excavaciones (p.e.: yacimientos de grandes dimensiones excavados en extensión) lo hacen inviable debido a la cantidad de trabajo que se debe invertir (Buxó,1997). En otros casos, la recuperación total del sedimento es incluso insuficiente en asentamientos prehistóricos muy antiguos donde los restos arqueobotánicos son muy exiguos, como es el caso de la mayor parte de los yacimientos paleolíticos (Creig,1989). Es usual también, recoger la totalidad del sedimento en áreas reducidas donde la concentración de los restos obliga y permite tal operación: hogares, agujeros de postes, recipientes y todo tipo de contenedores son la figuras más representativas de este tipo de recogida, lo que en el caso de Canarias se debería materializar en los silos u otras áreas de almacenamiento cuyo muestreo debe ser completo debido a la importante información que proporcionan. En otros yacimientos la gran cantidad de sedimentos impone una selección que se sistematiza a través de varios métodos y técnicas para la recogida de muestras. La naturaleza del muestreo viene determinada en primer lugar por los objetivos de la investigación. Cuando se desea averiguar el estado de preservación de los restos, su cantidad y distribución en el yacimiento, la contaminación por movimientos de tierras, etc., el muestreo debe ser más completo 121 De Textos j semillas. Una aproximaáón carpológica a la explotación de los recursos vegetales... El análisis de las formas de conservación ya propone información, ofreciendo datos sobre algunas actividades económicas (almacenamiento, cuando se encuentran los restos en seco) o patrones de asentamiento (situación litoral del yacimiento, en el caso de restos inundados). Sin embargo el grueso de la información procede del siguiente paso, la identificación taxonómica. 3.2.4. Los criterios de identífícación. Una vez establecido el estado en que se encuentra el material voy a centrarme en una de las actividades más fiíndamentales de la labor de cualquier arqueobotánio, la identificación y clasificación por taxones de los restos encontrados. Los criterios para identificar a las semillas de cada especie se basan principalmente en el tamaño y la forma, descartando el color pues éste se pierde la mayor parte de las veces (pe. todos los restos carbonizados son negros). Partiendo del hecho de que cada especie va a presentar una semilla de un tamaño y forma diferente al resto, se utilizan estos rasgos como diagnósticos (Werker, 1997). Estos caracteres son determinados genéticamente, aunque pueden verse afectados por el medio ambiente o por el lugar que ocupan dentro del fruto. Así en el caso de algunas legumbres, como las Vicieae, muchas de las semillas toman una forma esférica debido a que generalmente algunos óvulos no son fertilizados y abortan, mientras que los chícharos y las guijas (Lathyrus cicero) varían dependiendo de su posición en la vaina (Werker, 1997). Además, cuando las semillas se carbonizan y son afectadas por otros factores postdeposicionales, los rasgos característicos de cada especie se pueden perder por lo que el nivel de análisis es más genérico. Asimismo, al carbonizarse, las semillas reducen su tamaño debido a la deshidratación y pierden, por la modificación de su estructura interna, el poder de germinación, lo que también sucede con las semillas conservadas en seco. Para comparar el tamaño y la forma de las semillas y a su vez sistematizar su clasificación se realiza la medición de éstas siguiendo tres parámetros métricos: largo, ancho y grosor. La relación numérica entre las tres variables permite realizar cálculos estadísticos en torno a la variación de su tamaño y por tanto ayudar en el trabajo de identificación (Buxó, 1997). Además se pueden medir otros rasgos, como el germen (hilo), que también tienen un valor diagnóstico (Hubbard, 1992). Todos estos caracteres no son observables a simple vista y deben ser analizados y medidos con la ayuda de una lupa binocular (xlO o x20 aumentos) no siendo necesario el microscopio, que se utiliza sólo para analizar las características de la superficie de la semilla. La lupa binocular permite una observación precisa de las semillas Capítulo 3 Los métodos para realizar la identificación se pueden dividir en dos: por un lado la utilización de la información bibliográfica y por otro lado el empleo de una colección de referencia. Para el primer método se cuenta con un amplio corpus bibliográfico que puede ser utilizado a este respecto. En el caso de las especies cultivadas la información bibliográfica es amplísima, y cada autor hace referencia en sus publicaciones a los caracteres morfológicos de los restos encontrados, sin embargo se pueden destacar algunas síntesis como la realizada por Hubbard (1992) para los cultivos más representativos del Viejo Mundo. Para el resto de vegetales también existen una serie de atlas de semillas (Bergreen, 1969) que muestran fotos y claves para la identificación de los diferentes taxones. Entre todos los trabajos bibliográficos publicados en el Viejo Mundo al respecto destaca el de Kóber-Grohne (1991). Sin embargo, su uso en el archipiélago canario se ve bastante restringido debido a las peculiaridades de nuestra vegetación; la filiación africana de muchas de sus especies (Bramwell y Bramwell, 1990) y el gran número de endemismos (Marrero y Pérez, 1997) dejan un amplio margen de semillas sin información bibliográfica. Es en estos casos cuando hay que hacer uso de una colección de semillas de referencia. Aunque su uso es obligado para todos los arqueobotánicos del mundo, en Canarias las deficiencias detectadas hace más imprescindible su uso. Por ello hay que destacar la fructífera colaboración del Jardín Botánico "Viera y Clavijo" con el Departamento de Prehistoria de la Universidad de Las Palmas. El asesoramiento de sus botánicos y el uso de instalaciones, como la Biblioteca y el Herbario con que cuenta el Jardín ha sido decisivo para que las carencias mencionadas puedan ser subsanadas. De todas formas, dentro de la labor de cualquier arqueobotánico, está la creación de una colección individual de referencia de todos aquellos taxones presentes en su área de trabajo. Además, para una mayor fiabilidad en la labor de comparación e identificación sería necesaria la carbonización de las semillas de referencia. 3.2.4.1. La ilustración de los restos carpológicos. Tanto para la realización de Atlas de semillas como para la publicación de los resultados de una excavación, es necesaria y muy útil la ilustración de los restos, pues permite dar conocer los taxones a otros investigadores. La importancia de las ilustraciones se debe a que es mucho más sencillo identificar una semilla por una imagen que utilizando un sofisticado vocabulario botánico, además que siempre es más atractivo a la hora de una publicación (Goddard y Nesbitt, 1997). Para ello se han utilizado tradicionalmente tres medios: la fotografía, el dibujo, y el Microscopio Electrónico de Barrido (S.E.M.) En lo que respecta al uso de la fotografía en las publicaciones, esta es muy útil para mostrar grupos significativos de semillas de un tamaño relativamente grande como se puede comprobar en algunas publicaciones, del ámbito de Canarias (Arco Aguilar et ali., 1990). Para ello se utiliza una cámara con macro. En el caso de microfotografía realizada con una cámara acoplada, la experiencia revela que la ausencia de profundidad de campo impide enfocar por 129 De Textos y semillas. Una aproximación carpológica a la explotación de los recursos vegetales... completo a la semilla, además de que la iluminación es bastante problemática. Esto provoca que la fotografía no se use para mostrar los caracteres diagnósticos de cara a la identificación (Creig,1989). El uso del S.E.M. también presenta una serie de limitaciones. Así, aunque los problemas de profundidad de campo ya no existen, la representatividad en tres dimensiones, mostrando todas las caras así como la sección, no es posible. Además sólo puede ser usado para figuras menores de 3mm. de longitud, a menos que varias fotos se acoplen juntas. Su empleo es pues rentable para semillas pequeñas, aunque lo costos de su utilización lo alejan de las posibilidades reales de aplicación (Goddard y Nesbitt, 1997). El dibujo se presenta por tanto como una de las herramientas más poderosas para mostrar los rasgos identificativos de las especies ilustradas (Creig,1989). Con él se pueden reflejar los caracteres diagnósticos, obviando el resto; no existen problemas de profundidad de campo, ni de tamaño y la semilla puede ser dibujada desde todas sus perspectivas. Sin embargo tiene una desventaja, y es la inversión de tiempo que requiere un buen dibujo, aunque la utilidad que posee lo hace rentable en la relación costos beneficios. Sería ideal que el propio carpólogo fuera quien dibujara las semillas, pues de esta forma va "haciendo el ojo" y memorizando mientras dibuja todos aquellos rasgos que le van a ayudar en la identificación. Para esta tarea existen algunas convenciones que guían la presentación de las ilustraciones en todas las publicaciones, siendo recogidas en el trabajo de Goddard y Nesbitt (1997). Así, cuestiones como la escala a la que deben ser representadas las semillas, los frentes y secciones que deben aparecer, etc., quedan reguladas por estos criterios, de manera que se pueden comparar las ilustraciones de diversas publicaciones. 3.2.4.2. Los rasgos identificativos. Con todas estas herramientas se pueden identificar las diferentes especies encontradas en el registro arqueológico, sin embargo sin una metodología que los sistematice su estudio sería bastante lento e inconexo. Existen una serie de pasos que deben ser realizados en primer lugar, como es el hecho de conocer la vegetación que circunda el área excavada, para de esta manera ir reduciendo el margen de taxones a estudiar. Por otra parte, la identificación de un taxón a nivel de género o especie requiere una serie de requisitos. Así para realizar el diagnóstico a nivel de especie, ésta debe existir en el medio en el que se inscribe el yacimiento o en caso contrario, por descarte a través de la comparación morfológica con otras especies potencialmente presentes en el área (Johannessen, 1988). Si estos requisitos no se cumplen, la identificación sólo se puede realizar a nivel de género, tipo, familia o grupo. Para finalizar voy a mostrar algunos de los rasgos más característicos de las cuatro principales restos carpológicos que suelen aparecer en los yacimientos canarios: plantas cultivadas, restos del procesado de las plantas cultivadas, plantas recolectadas y plantas sinantrópicas. Dentro de las plantas cultivadas se encuentran tanto cereales como legumbres, aunque estas últimas en menor cantidad debido a su forma de preparación para ser consumidas, pues en su procesado no suelen entrar en contacto con el fuego. 130 Capítulo i Entre los cereales hay dos tipos de cebada, la cebada vestida de dos carreras {Hordeum vulgare subsp. distichum) y la cebada vestida de seis carreras {Hordeum vulgare subsp. vulgare). Ambas presentan unas semillas con forma angulosa en los extremos, las dos caras aplanadas y ligeramente convexas, un surco central ancho, y en la mayoría de los casos se marcan bien las nervaduras. Se diferencian en que la cebada de dos carreras tiene los granos simétricos, mientras que la de seis carreras presenta dos tercios de los granos asimétricos (Hubbard, 1992; Lone et ali, 1993). También son muy abundantes los trigos, que en este caso pertenecen a las variedades de trigo común/trigo duro {Triticum aestivum /durum), y que no se pueden distinguir en el grano por lo similar de sus caracteres. Estos granos son elípticos, su cara ventral es plana y la dorsal abombada, con el ancho más importante muy cerca del escutelo (Fontugne et ali. 1999; Hubbard, 1992; Lone et ali,1993). En el caso de las legumbres, las únicas publicadas para Canarias son las habas {Vicia fabo), que se caracterizan por ser semillas grandes, redonda-elípticas y cilindricas; donde el hilo es grande, lanceolado en la parte lateral y mide 3 o más milímetros (Arco Aguilar et ali. 1990; Buxó, 1997; Hubbard, 1992; Lone et ali, 1993); y las lentejas {Lens Jtigo Triticum aestivum/durumproCulinaris) encontradas en La Palma (Martín Rodríguez, 1992) ^^^^^^^ '^^ ^^ ^^^'^^ que presentan unas semillas circulares y planas, de sección convexa, y el hilo, situado en el margen, es sobre todo anguloso, bastante pequeño y muy lanceolado (Buxó, 1997; Hubbard, 1992; Lone et ali, 1993). También hay que señalar la presencia de un posible guisante (cf Pisum sp) en la cueva de Don Gaspar (Arco et ali. 1990) que se caracteriza por tener forma redondeada o esférica, de un tamaño variable y con un hilo oval corto (Moulins, 1993). En lo que respecta a los restos de procesado de las plantas cultivadas, en Canarias hasta el presente trabajo no se habían identificado evidencias de esta actividad, debido fundamentalmente a la metodología de recuperación de estos restos. Estos residuos de las labores agrícolas están compuestos por las partes de las plantas que no se consumen como la paja, los raquis o las glumas, y que se eliminan durante diversos momentos. El raquis es la prolongación del tallo en la inflorescencia, continuación al mismo tiempo del rabillo de las espiguillas, mientras las glumas o brácteas son órganos vegetales que encierran a la semilla o carióspide, es la comúnmente llamada cascarilla Para el caso de las semillas y fi"utos recolectados los hallazgos son muy escuetos, destacan los restos de mocan hallados en la cueva de Don Gaspar (Arco Aguilar et ali. 1990), los de palmera en Gáldar (Fontugne et ali. 1999) y en la Cueva de la Higuera Cota, Tegueste (Arco Aguilar et ali. 2000) y los más difíciles de interpretar de leñabuena repartidos por La Gomera, Tenerife y Gran Canaria. Este hecho se debe a que los frutos recolectados suelen ser consumidos al momento, o en su preparación raramente entran en contacto con el fuego. Dentro de las nuevas líneas de investigación abiertas está la realización de una colección de referencia con todas estas especies recolectadas así como la creación de unas claves para identificar estas semillas, De Textos y semillas. Una aproximación carpológica a la explotación de los recursos vegetales... Por Último, las plantas sinantrópicas, es decir, aquellas que habitan los nichos ecológicos formados por la acción antrópica, como pueden ser las orillas de los caminos, las tierras de cultivo, los basureros, etc.(Behre y Jacomet, 1991). Su presencia en las publicaciones realizadas en Canarias, al igual que con los restos del procesado de los cereales, es nula debido a la metodología empleada. Sin embargo pueden ofrecer una información muy valiosa sobre el sistema agrícola. Estas especies engloban todas las malas hierbas típicas de nuestros campos como los balangos {Avena sp.), las vinagreras (Rumex sp), los rillabuey {Suene sp.) etc., y que también pudieron tener una finalidad alimenticia. Para identificarlas existen algunos trabajos con claves y dibujos (Berggren, 1969; Jacomet et ali. 1989; Lone et ali.,1993, etc.) que pueden ayudar en este trabajo; el hecho de que las plantas sinantrópicas sean, junto con las cultivadas, las más extendidas por el mundo facilita la labor de identificación al poder acudir a estas publicaciones. 3.2.5. La interpretación de los restos. Una vez identificados los restos carpológicos y clasificados por taxones, la siguiente tarea es interpretar los resultados obtenidos. Si para todos los pasos anteriores la formación arqueológica y botánica es fundamental, ahora se debe desarrollar una visión humanista e histórica que intente ofrecer respuestas a cuestiones que traten de comprender la relación entre estos restos materiales y las sociedades que los generaron. La labor del arqueobotánico no puede quedarse en una mera enumeración de taxones, sino que debe aproximarse a los gestos sociales que dieron lugar al registro carpológico por él estudiado. Por esto, la tarea interpretativa es la más compleja y la que está más comprometida ideológicamente. 3.2.5.1. La Tafonomía. En primer lugar es fundamental la tarea de establecer la naturaleza tafonómica de los restos encontrados. Para ello se debe conocer, por un lado cómo llegaron al registro arqueológico y por otro la naturaleza del modo de dispersión de las semillas y las características postdeposicionales de éstas. Cuando se interpreta la forma en que las semillas van a llegar al área excavada hay que tener claro dos puntos: a) El trabajo de un carpólogo concierne al origen particular de las plantas que aparecen en la muestra y sólo secundariamente al lugar que ocupan éstas entre la comunidad vegetal de una región. b) Tanto en sitios agrícolas como urbanos, la mayor parte de las semillas llegan como resultado de una actividad humana. La observación de asentamientos agrícolas tradicionales en la actualidad, revela que la casi totalidad de los productos vegetales que contienen semillas derivan de los campos de cultivo y los pastos, y sólo una pequeña proporción de las comunidades vegetales silvestres (Hillman,1991). 132 Capítulo 3 Partiendo de este fundamento, el arqueobotánico debe plantearse cuestiones tales como: • ¿En qué comunidad vegetal actual aparece la planta que se trata de estudiar? • ¿Cuál es el lugar de esta planta en una comunidad vegetal anterior a cualquier acción humana? • ¿Qué usos tenía ese taxón por la comunidad estudiada?. Por supuesto para conocer estos datos son necesarios muchos estudios de carácter paleoambiental realizados a través del estudio del polen, de los que actualmente se carece en Canarias. Muy importante es también el conocer qué uso dieron a las plantas las gentes que vivían en ese yacimiento, y para eso el manejo de las fuentes etnográficas y etnohistóricas es imprescindible. De esa manera se intentará establecer desde un principio qué plantas eran utilizadas como comida, cuáles como leña, forraje, herramientas, o incluso aquéllas que pudieron llegar en los excrementos de los animales domésticos (Persall, 1988). Todos estos datos son indispensables si se quiere dar una interpretación lo más ajustada a la realidad posible. Así un método que puede ayudar, y que luego se desarrollará más profundamente es el relacionar a través de correlaciones numéricas todos los tipos de restos (granos, restos del procesado, semillas de malas hierbas, semillas recolectadas) según el lugar en el que su presencia sea más abundante; de esta manera si por ejemplo las semillas de malas hierbas sólo aparecen en muestras con restos del procesado de plantas cultivadas, esto indicará que tienen la misma procedencia, es decir, los campos de cultivo (Hillman, 1991). Una vez conocida la forma en que llegaron los restos carpológicos al yacimiento es necesario acudir a otros datos tafonómicos para así conocer su verdadera importancia dentro de las culturas en las que se generaron. La presencia de ciertas semillas en el registro arqueológico va a depender de: a) La probabilidad de incorporarse al sedimento y mantenerse de una forma en la que pueda ser identificada, condiciones que varían según el taxón, la sociedad o grupo social que los manipula y las condiciones sedimentarias. b) Los efectos producidos por el movimiento de tierras y de sedimentos en los estratos en que se conservan las semillas (Gee y Giller, 1991). c) Por supuesto también va a depender de la metodología que se emplee en su recuperación (muestreo, flotación o cribado, etc.). d) Las características reproductoras y de dispersión de cada planta. Así el número de semillas que produce, la época en que éstas maduran (si coinciden o no con la maduración de las plantas cultivadas) determinan que un taxón pueda estar o no representado en una muestra. (Buxó, 1997). e) Otro de los factores, y quizás el más importante, es el de la relación que establezca el grupo estudiado con las plantas. Las diferencias en la parte de la planta que se consuma, hoja, fruto, 133 De Textos y semillas. Una aproximación carpológica a la explotación de los recursos vegetales... raíz, etc.; en la forma de prepararla (si es cocida, asada, tostada, molida, etc); si se consume en el campo o en el asentamiento, etc., son factores estrictamente sociales que van a propiciar que se pueda encontrar un taxón determinado en un yacimiento. Esta amplia cantidad de factores que determinan la conservación de los restos impide tener certeza de contar con todos los vegetales usados por los habitantes del asentamiento que se estudia, y también puede dificultar las comparaciones con otros asentamientos por la conservación diferencial. Sin embargo a este respecto se han desarrollado algunos métodos como por ejemplo tests que tratan de comprobar si la preservación es la misma entre dos yacimientos (Johannessen, 1988). 3.2.5.2. El tratamiento estadístico. Desde el momento en que he comenzado a hablar de interpretación, he estado analizando datos numéricos, lo que indica la importancia que un buen análisis estadístico tiene para el estudio de un conjunto carpológico. Estos tratamientos dependen en primer lugar del método de muestreo por el que se haya optado, y claro está del test estadístico elegido; todo lo cual está en función de los objetivos que se hayan planteado a la hora de comenzar la excavación. Si la unidad de análisis para el tratamiento estadístico es la muestra, la unidad contable o que va a ser expresada en números es el grano, entero o fragmentado. Para ello la semilla debe poseer el embrión y ser identificable por alguno de sus caracteres morfológicos, contándose como un individuo. Lo mismo sucede con un fragmento de raquis o de espiguilla. En el caso de la leguminosas cultivadas y otras semillas de gran tamaño, que suelen aparecer fragmentadas en dos, se calcula el número mínimo de individuos dividiendo el total entre dos (Buxó,1997). A la hora de cuantificar los restos se han desarrollado varios métodos dependiendo de las características del yacimiento y de la muestra estudiada, ya que al encontrarse con un área de almacenamiento, por ejemplo, los datos pueden falsear la representatividad total del yacimiento. Para sistematizarlo seguimos los trabajos de Popper (1988) y Jones (1991). En primer lugar, por ser el más utilizado, ésta el recuento absoluto, que en teoría debería representar fielmente la relación de los individuos con las plantas. Pero los factores tafonómicos y de otra índole producen una interpretación errónea. Otra propuesta utilizada se basa en la ubicuidad o análisis de la presencia de los restos. Rechazando los postulados del recuento absoluto, este método plantea considerar la presencia o no de un taxón en una muestra. Para ello contabiliza como un taxón la presencia de 1 a 100 restos por muestra de la misma especie para luego establecer la frecuencia de ese taxón. Así por ejemplo, si se recupera trigo en 4 muestras de 10 (sin importar la cantidad de granos por cada muestra) se tiene un índice de ubicuidad del 40%. Como principal característica de este recuento hay que destacar que los datos de un taxón no afectan al de otra especie, y aunque los valores son relativos permiten el que determinadas concentraciones no falseen los datos. De esta manera se tiene un valor de la presencia en el yacimiento de un determinado taxón, que puede ser útil para ver su evolución a lo largo del tiempo o para compararlo con otros yacimientos. Además reduce. 134 Capítulo 3 aunque no elimina, los efectos de la preservación diferencial de los restos. Sin embargo sus resultados van a depender mucho del muestreo que se realice y no proporcionará información suficiente para detectar las formas de uso y procesado de las plantas. Un método que también ofrece datos interesantes para la interpretación es el modelo "jerárquico" o de ranking. En esta forma de recuento se parte de unas bases tafonómicas. Así la cantidad de ejemplares de una determinada especie se establece en baja, media y alta, dependiendo dichos valores de la probabilidad de encontrarse con dicha especie en el yacimiento, valores pues que dependen de cada especie y del uso que tengan, así como de las condiciones del yacimiento. Este modelo proporciona unos datos muy valiosos sobre cada taxón y sobre la importancia que tuvieron para el grupo estudiado, eliminando errores tafonómicos. Sin embargo sus resultados dependen en alto grado de que los restos se conserven en buen estado y en gran número para de esta forma poder aplicar los valores jerárquicos establecidos, y poder hacer comparaciones entre varios yacimientos. Por último, otra de las formas de recuento se denomina índice de " diversidad ", y está basada en la cantidad de restos de cada especie y en su distribución en el yacimiento. Así una alta cantidad de taxones, dispersos por múltiples muestras indica una alta diversidad, y viceversa. Su utilidad es importante para establecer las diversas áreas funcionales de un yacimiento y la relación entre los taxones, aunque a veces puede llevar al equívoco al encontrarse con gran cantidad de especies muy poco repartidas por el asentamiento. Una vez contabilizados los restos, es muy ilustrativa la representación gráfica de esos datos, así como el relacionarlos a través de estadísticas. A la hora de la representación gráfica la mayor parte de los trabajos presentan la información a través de tablas de datos, gráficas con dos ejes, barras de frecuencia etc. El uso de cada sistema se deriva de la intención y los datos que se pretendan mostrar .Uno de los modelos más aplicados (Buxó, 1997; Miller, 1988; Moulins 1993; Toll, 1988; Van Zeist, 1991; etc.). es el de realizar una tabla de datos en la que se representa en un eje los diferentes taxones identificados y en el otro se sitúa cualquier otra variable (distribución por áreas del yacimiento, diferentes yacimientos, factores temporales, etc.). Siguiendo este modelo de enfrentamiento de variables se realizan otras representaciones como las curvas, las barras de frecuencia y otros. Una modificación de este modelo son los diagramas triangulares en los que se manifiesta la relación que puede haber entre tres variables. Esta relación de las variables se establece mediante la realización de ratios, que están destinadas a resolver ciertos problemas sobre la relación de diferentes datos, sean estos muestras, taxones, yacimientos, etc. (Jones, 1991). Generalmente se han aplicado para comparar muestras de diferente peso o con diferentes circunstancias de deposición y preservación, así como para estimar las cantidades de materiales que difieren en sus características pero que son equivalente en algún rasgo. Estos análisis mediante ratios se pueden clasificar en dos aproximaciones (Miller, 1988): 135 De Textos y semillas. Una aproximación carpológica a la explotación de los recursos vegetales... a) Un primer tipo de ratio en el que el numerador es incluido en el denominador. Este modelo se usa para analizar la densidad, los porcentajes y las proporciones. La densidad se expresa como el número o peso de restos carbonizados por volumen de sedimento, y se usa para comparar la consumición de un taxón o para establecer la intensidad de una ocupación. Los porcentajes son proporciones multiplicadas por 100. De esta manera se estandarizan los contenidos de la muestras en forma de porcentaje y así se pueden comparar; en el caso de una misma muestra se realiza una simple proporción. b) Un segundo tipo de ratio, en el que el numerador y denominador son datos diferentes. Denominadas como "comparaciones", se centran en la relación entre dos variables, como por ejemplo "cebada -trigo", "carbón-semillas", etc. y que son usadas para establecer los efectos de una preservación diferenciada en diferentes contextos o para identificar los distintos usos de un lugar donde se haya extraído la muestra. 3.2.5.3. Distribución de los restos dentro del yacimiento. Dentro de la ciencia arqueológica es fundamental el estudio del yacimiento en extensión para así poder establecer todas las áreas funcionales de este. En la metodología arqueobotánica este problema fundamental de la investigación se plantea desde un inicio con la planificación del muestreo, cuya base está determinada por el tipo de funciones que se quiere detectar y las que se van a obviar en un yacimiento concreto. A la hora de la interpretación de los datos proporcionados por el muestreo, se parte de que las variaciones en la composición de los restos vegetales, excluyendo los procesos tafonómicos, refleja la realización de diferentes actividades dentro del área excavada (Hastorf, 1988). Para el análisis de esta distribución y su posterior interpretación creo que es básico la ayuda que proporciona la información etnohistórica, la etnográfica y la experimentación, las cuales constituyen una herramienta complementaria, junto a los análisis estadísticos, para establecer las diferentes funciones del asentamiento. A partir de esta información se pueden reconstruir los rasgos y procesos más relevantes de la relación que establece el grupo con las plantas que le rodean. °Es en función de esta diferenciación del contenido vegetal de las muestras que podemos establecer el medio donde actúan y la estructura socioeconómica de las sociedades prehistóricas. 3.2.5.4. La reconstrucción delpaleoambiente. La visión que en la actualidad se tiene del medio ambiente que nos rodea es el de un sistema compuesto por múltiples elementos como el clima, el suelo, los seres vivos, etc., que se relacionan a través de ciclos de energía y que forman un todo global, siendo estudiado de esta manera por la Ecología. Sin embargo, hay algunos elementos, como la vegetación, que individualmente pueden dar una visión bastante aproximada de lo que es un medio ambiente. Partiendo de esta base la ciencia arqueobotánica se ha encargado de reconstruir gracias a los restos de polen, madera y semillas, la vegetación que pudo conformar los paleoambientes en los que se enmarcaban las sociedades prehistóricas. 136 Capítulo 3 Como fuente más importante para la reconstrucción de paleoambientes está el polen (Behre y Jacomet, 1991). Sin embargo en Canarias la falta de especialistas y de lugares propensos para la deposición del polen, como lagos o marismas, ha impedido el desarrollo de una fuente de información paleoambiental tan poderosa. Los análisis de las maderas carbonizadas constituyen la segunda fuente importante, y en Canarias gracias a la labor de Carmen Machado están proporcionando una información muy valiosa y sorprendente, como en el comentado caso de Fuerteventura, en la tarea de reconstruir el paleoambiente que encontraron los primeros habitantes de Canarias así como su posterior evolución. Sin embargo, los restos carpológicos proporcionan una información más fragmentaria para la reconstrucción del paleoambiente, ya que no responden a restos de toda la vegetación circundante, sino a aquellas especies aprovechadas económicamente o que habitan en zonas explotadas por los grupos humanos. Por esto, su información es más escasa aunque no menos importante. Generalmente, el método más utilizado para reconstruir un paleoambiente a través de los restos botánicos es asignar a un determinado taxón un medio ecológico, basándose en los datos que la moderna fitosociología o geobotánica tiene asignados para dicha especie (Behre y Jacomet, 1991). Según esta dinámica, si se recoge en un yacimiento arqueológico una semilla de una planta que actualmente pertenece a un ambiente determinado (p.e. orilla del mar), se puede deducir que el paleoambiente de ese yacimiento era similar o que se producía una explotación económica de ese nicho ecológico, y que por lo tanto trajeron esa semilla de dicho lugar. Sin embargo se han desarrollado muchas críticas a este modelo de interpretación paleoecológica, sobre todo por parte de los propios ecólogos. Según algunos autores como Gee y Giller (1991) y Küster (1991) la validez de los datos arqueobotánicos se ve relativizada tanto por los procesos tafonómicos como por los métodos de muestreo. Además, la composición de los ambientes pueden variar por factores extrínsecos como el clima y la geología, o intrínsecos que ya dependen de las características de cada planta; y estos a su vez varían con el tiempo, por lo que una planta que está asociada a un determinado nicho ecológico en la actualidad, hace 10.000 años podría haber estado asociado a otro (Gee y Giller, 1991). Esto se une a que determinadas especies, como las plantas sinantrópicas (malas hierbas), tienen un amplio espectro ecológico. Así, especies características de todos los cultivos del Viejo Mundo y de nuestro archipiélago como el Galium aparine, Rumex acetosella y Chenopodium álbum pueden aparecer tanto en campos de cultivo, como orillas de caminos, claros de bosques, etc., por lo que su interpretación ecológica es muy complicada (Küster, 1991). Un último punto destacado en la dificultad para establecer estudios paleoambientales a través de los restos carpológicos es el hecho de que las prácticas agrícolas que dan como resultado la aparición de una determinada vegetación sinantrópica han variado a lo largo de la historia. Los diferentes tipos de azadas, la introducción del riego en zonas secas, el drenaje en regiones muy húmedas, y otros cambios en los métodos agrícolas generan diferentes condiciones a las que se adaptarán distintas plantas (Hillman, 1991). Es por ello que se debe ser muy cauto cuando se asigna a una determinada especie un único medio ecológico. 137 De Textos y semillas. Una apmximación carpológica a la explotación de los recursos vegetales... A pesar de la importancia que tiene la dilucidación de la estructura social para la comprensión de las sociedades, este tipo de aproximaciones ha originado una gran polémica durante todo el discurrir de la disciplina arqueológica (Trigger, 1992). Este debate se nutre de las dificultades que existen para rastrear a partir de los datos materiales la dinámica de las relaciones sociales. Mucho más difícil se presenta la tarea si se intenta discernir estos aspectos mediante los datos carpológicos. Sin embargo, estas dificultades no deben ser un obstáculo aspirar a una interpretación más completa del registro arqueobotánico. A pesar de que hay que ser conscientes de lo fragmentario de los datos arqueológicos y de lo escaso de la información que puede proporcionar, su interpretación pasa necesariamente por la indagación en este tipo de aproximaciones, que analizan el subproducto de una actividad humana y por tanto social, y como tal reflejan, aunque de una manera bastante fragmentaria, el aspecto material de un conjunto de relaciones sociales que vertebran la existencia de esas comunidades. Esta necesidad ha sido resaltada por algunos investigadores arqueobotánicos, que han orientado sus estudios carpológicos hacia la detección de este tipo de rasgos. En uno de los aspectos en que más se han aplicado los recursos carpológicos es en el estudio de las relaciones sociales de género (Gero y Conkey, 1991), partiendo de la asociación positiva que existe entre el ámbito femenino y el mundo vegetal. Desde esta perspectiva se ha logrado identificar dentro del espacio doméstico las áreas de influencia femenina a partir de la distribución de los restos vegetales (Hastorf, 1991; Jackson, 1991). Sin embargo, donde más se han extendido este tipo de investigaciones es en los intentos de detectar una complejización de las relaciones sociales. Para ello se basan sobre todo en las huellas que reflejan la distribución y consumo de los productos vegetales. Así, el almacenamiento de los granos en lugares colectivos estaría indicando una redistribución de la producción, en contraposición al almacenamiento en el ámbito doméstico que estaría indicando un acceso directo a los recursos y por tanto una complejidad social no tan acusada como en el primer caso (Weber, 1999). También se ha rastreado cómo el consumo de determinados vegetales domesticados ha servido como seña de identidad de los grupos étnicos (Hastorf, 1998). Por eso, una homogeneización de los productos cultivados entre todas las etnias supone la imposición por una institución supraétnica de unos determinados cultivos, sobre todo especies que sirven de base en la alimentación, para mantener una jerarquía social y unificar la identidad de los diferentes grupos bajo un mismo poder (Hastorf, 1999). O incluso se han sugerido procesos de jerarquización apoyándose en el descubrimiento de especies domésticas que sólo pueden subsistir a través del riego artificial, y que estarían indicando una intensificación de la producción agrícola para sostener una clase dirigente (Castro et ali. 1999). 144 Capítulo 3 A través de este somera inmersión en los estudios que tratan las relaciones sociales se puede comprobar las amplias posibilidades que proporcionan este tipo de aproximaciones, partiendo para ello de unos simples granos. 145 Capítulo 4 4: LA PRACTICA. APROXIMACIÓN ARQUEOBOTANICA A LA EXPLOTACIÓN DE LOS RECURSOS VEGETALES DURANTE LA PREHISTORIA DE EL TENDAL. 4. L PLANTEAMIENTO DE LA INVESTIGACIÓN. El ejercicio de cualquier investigación en el mundo de la ciencia debe partir siempre de una problemática, una cuestión, un reto, una base desde la cual empezar a trabajar. Para el estudio de la explotación de los recursos vegetales en la Prehistoria de Canarias se cuenta con las fuentes ya comentadas: la etnografía, la etnohistoria y la arqueología. Este cúmulo de conocimientos presenta enormes lagunas que propician múltiples preguntas. El planteamiento de esas cuestiones es el arranque para analizar los distintos aspectos de la interrelación entre la sociedad auarita y el medio vegetal. La base material para realizar esta aproximación está constituida por los carporrestos prehispánicos que se han recuperado en la Cueva del Tendal. A ello hay que añadir un corpus teórico derivado principalmente del estructuralismo marxista, que es el que ha guiado la perspectiva de análisis y ha producido los resultados que aquí se ofrecen. Para mí, el estructuralismo marxista es una herramienta con la que poder acceder al conocimiento de las sociedades. El análisis de las relaciones sociales y de la estructura y desarrollo de las fuerzas productivas puede ser muy clarificador para la carecterización del funcionamiento de los grupos humanos. Ello no quiere decir que las formaciones sociales se presenten de esta forma en la realidad; esta estructuración sólo es una lente con la que se puede distinguir ciertos aspectos, que a la vez obviará otros. Además se debe tener en cuenta que estas estructuras no son estáticas. La raíz marxista de la que aquí se parte, lleva implícito la concepción de la misma desde la dialéctica, entendida como oposición y enfrentamiento, generado por las luchas de poder que despliegan los individuos o grupos de ellos, para cambiar o mantener su posición dentro de esas estructuras sociales. 147 De Textos y semillas. Una apmximación carpológica a la explotación de los recursos vegetales... 4.1.1. Historia de la investigación arqueológica en La Palma. El interés por los vestigios del pasado y por reconstruir las forma de vida de los auaritas se inicia en La Palma ya desde mediados del siglo XVIII. En 1752 se produce el descubrimiento de los grabados de Belmaco (Mazo), que marcan el punto de arranque de los estudios prehistóricos en la isla y que ya originan el interés de historiadores como Viera y Clavijo. Sin embargo, es a partir del siglo XIX cuando se profundiza en los estudios arqueológicos, con una recogida sistemática aunque no metódica, de los vestigios más espectaculares. Mientras una gran parte de este material fue a parar a manos de coleccionistas y aficionados particulares, otra porción se depositaba en la Sociedad Cosmológica de Santa Cruz de la Palma que a manera de museo guardaba estos restos. En ella no había intelectuales interesados en su estudio, sino que actuaban como simples aficionados aunque sin ningún interés por su estudio, sólo como mero coleccionismo (Arco Aguilar et ali. 1992). En las cuatro primeras décadas del siglo XX los estudios prehistóricos permanecen en estado de letargo hasta que en 1942 comienzan a funcionar Las Comisarías de Excavaciones Arqueológicas. Con el nombramiento de L. Diego Cuscoy como Comisario Provincial de Excavaciones de las Canarias Occidentales empiezan a realizarse las primeras aproximaciones más o menos sistemáticas a la Prehistoria de La Palma. Fruto de este trabajo son las excavaciones realizadas en Belmaco y El Roque de La Campana ambas en Mazo, y que proporcionaron las primeras series estratigráficas de Canarias. A pesar del cuidado puesto en la recuperación metódica del material arqueológico, los expolios realizados por aficionados y coleccionistas privados se van a suceder hasta prácticamente la actualidad, con el daño que esto supone al patrimonio prehistórico insular. En los años 70, con la creación del Departamento de Arqueología y Prehistoria de la Universidad de La Laguna se potencia los estudios sobre la prehistoria de La Palma. Este interés se debe a la riqueza de las estaciones de grabados rupestres y a la potencia estratigráfíca observada en algunos yacimientos. Todo ello se materializa en las excavaciones de Los Guinchos y El Humo (Breña Alta) dirigidas por M. Pellicer. Además, la formación proporcionada por este departamento posibilita la profesionalización de investigadores isleños como M. Hernández quien realiza la Contribución a la Carta Arqueológica de la Isla de La Palma y el libro La Palma prehispánica (1977) y que a través de sus investigaciones arqueológicas establece una secuencia cronológica para la isla de La Palma. Los años 80 suponen la consolidación de los estudios prehistóricos. La financiación de varios proyectos de investigación así como la realización de tesis doctorales generan un amplio Corpus de datos que van a completar o cambiar la visión que sobre el pasado auarita se tenía. Entre los Proyectos de Investigación realizados destacan el de las Cuevas de San Juan, que incluye la de El Tendal, a la que dedicaremos este estudio, dirigido por J. F. Navarro Mederos y E. Martín Rodríguez; el de Las Cuevas del Rincón, dirigido por A. del C. Rodríguez Rodríguez 148 Capítulo 4 y Felipe J. Pais Pais; el Corpus de Grabados Rupestres de La Palma, dirigido por J. F. Navarro Mederos y E. Martín Rodríguez; así como el inventario Arqueológico y Etnográfico del Parque y Preparque de La Caldera de Taburiente, dirigido por F. J. Pais Pais. Junto a estos proyectos se han culminado varias tesis doctorales como la de E. Martín (1986) sobre la economía prehistórica de La Palma, así como la de A. Rodríguez (1990) acerca de las industrias líticas del Tendal. Ello generó un modelo de poblamiento y explotación económica de la Prehistoria de la isla, propuesto en 1987, que sigue vigente hasta la actualidad y que se muestra como de los más coherentes y mejor refrendados arqueológicamente en el Archipiélago (Navarro Mederos y Martín Rodríguez, 1987). En la última década del pasado siglo, se ha presenciado una extensión de estos estudios destacando la lectura de la tesis doctoral de F. J. Pais (1992) acerca de la ganadería prehispánica y la de C. G. Rodríguez (1994, publicado en 1997) sobre las evidencias del consumo de pescado. Además se ha extendido la especialización hacia el estudio de determinados repertorios materiales como los carbones, con los estudios llevados a cabo por C. Machado en El Tendal (1995) y en la Zarza (Machado Yanes y Martín Rodríguez, 2000), o hacia los restos bioantropológicos con los trabajos realizados por M. Amay de la Rosa y E. González Reimers (1992) y la reciente tesina leída por E. Pérez González (2000). 4.1.2. La sociedad auarita. Estado de la cuestión. Como ya se ha comentado, el análisis de las fuentes disponibles suscita un gran número de interrogantes que actúan como punto de partida en nuestra investigación. En ellas se presenta una sociedad, asentada en la isla de La Palma desde al menos la primera mitad del primer milenio a.C. (Navarro Mederos y Martín Rodríguez, 1987), manteniéndose esta ocupación desde este momento hasta la conquista castellana a finales del siglo XV. En La Palma se ha logrado establecer una evolución diacrónica que se extiende desde los primeros momentos de su ocupación hasta la llegada de la población europea. Para ello se ha tomado como referencia los cambios de las formas cerámicas a lo largo de todo el proceso. La distinción de determinados aspectos, como la calidad de la pasta, el tratamiento de ésta, su decoración y la forma de los propios recipientes, se establecen como marcadores de un proceso de ocupación, que ha sido dividido en cuatro fases (Navarro Mederos et ali. 1990), que permite establecer la primera secuencia cronológica completa del archipiélago canario para el periodo aborigen. Este trabajo propone la probable llegada de dos contingentes de población procedentes del Norte de África. Un primer grupo coloniza la isla a mediados del primer milenio a. C y probablemente procedería de la zona oeste del Magreb, abarcando un periodo que se prolongaría hasta el siglo VII d.C. donde se desarrollarían por orden de aparición, las fases cerámicas I, II (a y b) y III, esta última con cuatro subfases ("a", "b", "c" y "d") (Navarro Mederos, 1998). 149 De Textos y semillas. Una aproximación carpológica a la explotación de los recursos vegetales... Cuando finaliza la fase cerámica Illd, se produciría la llegada de nuevos contingentes de población, esta vez procedentes de zonas más cercanas al Sahara y que propician la aparición de la fase cerámica IV, de una factura muy diferente al resto de la cerámica de las fases anteriores (Martín Rodríguez, 1992). Esta secuencia hace referencia especial pero no única a los cambios que se producen en la fabricación de las cerámicas, y supone una herramienta de vital importancia para situar cronológicamente los diferentes yacimientos de la isla Los primeros colonizadores de La Palma comenzaron a poblarla desde la desembocadura de los barrancos, por los que fueron introduciéndose al resto de la isla. Esto se puede observar a través de la disposición de los asentamientos, que conforme avanza el tiempo se van expandiendo por la orografía palmera. Aunque es sobre todo a partir de la fase cerámica III cuando esta ocupación es más evidente, lo que también es sintomático de un auge demográfico. Las zonas elegidas para los asentamientos estables de población son aquellas que ofrecen mayores posibilidades en lo referente al acceso a los distintos recursos. Estos toman la forma de cuevas naturales así como de poblados con casas o cabanas individualizadas, con zócalo de piedra y cubierta vegetal, que pueden llegar a formar auténticos núcleos con cerca de 100 estructuras, como en Cruz de La Reina (Martín Rodríguez, 1992). Los auaritas han sido tradicionalmente percibidos como pastores, que obtenían de la cabana ganadera no sólo los componentes básicos de la dieta alimenticia sino también gran parte de las materias primas empleadas en la elaboración de una parte de su cultura material. Los rebaños estarían compuestos por cabras, ovejas y cerdos, estos últimos aprovechados principalmente por su carne mientras los dos primeros lo serían por su leche. Para ayudar en labores pastoriles, se disponía de dos razas de perros, aunque en momentos de penuria podían llegar a comérselos, al igual que a los gatos (Pais Pais, 1996). Según la mayor parte de los autores (Martín Rodríguez, 1992 y Pais Pais, 1996) la ganadería se complementaría con una agricultura de subsistencia, en la que se cultivarían cereales y legumbres, tal como atestigua el repertorio carpológico del Tendal. Sin embargo, la sociedad auarita, no es una formación estática que se abastece únicamente de la producción para obtener alimentos y herramientas. Desde los primeros momentos, el consumo y aprovechamiento artefactual de peces, moluscos, aves y plantas está comprobado arqueológicamente variando sus componentes e importancia a lo largo de toda la ocupación (Rando et ali. 1996; Rodríguez Santana, 1997; Rodríguez Rodríguez y Navarro Mederos, 1999). Así en el propio Tendal se ha comprobado como la importancia de los recursos marinos era superior a los ganaderos al comienzo de la ocupación, para pasar luego a una proporción inversa. Este aspecto también se aprecia en el registro antracológico del Tendal, que evidencia un cambio en el patrón de recogida de leña a lo largo de la utilización de la cueva (Machado, 1995). La tecnología de la que disponía la sociedad auarita para realizar todas estas actividades procedía de la explotación de los recursos anteriores y de las materias primas que ofrecía la isla. Entre estas últimas destaca la cerámica, cuya evolución ha proporcionado los datos para crear la 150 Capítulo 4 cronología relativa de la prehistoria de La Palma. En lo que respecta a la industria lítica, hay que destacar los datos proporcionados por el Tendal, donde se ha detectado un taller así como piezas, destinadas a diversas funciones, realizadas en basalto y en vidrios volcánicos (Rodríguez Rodríguez, 1990 y 1998). Mientras que de los materiales producidos y recolectados se obtendrían diversos útiles, empleados como ropas, herramientas, contenedores, adornos, etc. Se trata por tanto, de una sociedad que vive en una relación de estrecha dependencia con los recursos que le ofrece el entorno. Sin embargo, a la hora de su acceso, producción, consumo y distribución existían unas relaciones sociales cuya dilucidación es indispensable para comprender a la sociedad auarita. Esta estructura social se ha calificado como segmentaria (Martín Rodríguez, 1992). Se trata de comunidades que estarían ligadas por estrechos lazos de parentesco, pero que tendrían sus propias demarcaciones territoriales de parecido potencial ecológico, de tal manera que cada grupo dispusiera de recursos equivalentes. Todas ellas estarían ligadas a un linaje superior que se configura como una compleja red de intereses recíprocos, consolidándose en situaciones conflictivas y disolviéndose en periodos estables. La célula básica de todo este sistema de relaciones sería la familia extensiva patrilocal, integrada por dos o más parejas conyugales y sus hijos. Dentro de la unidad familiar los roles estarían perfectamente asignados ejerciendo el papel dirigente el hombre, guerrero y pastor, mientras la mujer se ocuparía de las labores domésticas como la preparación de la comida, la recolección vegetal o la realización de la cerámica (Martín Rodríguez, 1992). Sin embargo en los enterramientos no se aprecia una distinción entre hombres y mujeres. Los auaritas se enterraban fundamentalmente en cuevas, generalmente entremezcladas con las áreas de habitación, pero en aquellas que ofrecían peores condiciones de habitabilidad. El rito funerario empleado con más frecuencia era la inhumación. Para ello se depositaba al muerto sobre una yacija vegetal, generalmente de pinocha, aunque en La Palmera (Tijarafe) el cadáver se depositó sobre un tablón de madera (Martín Rodríguez, 1992). En su lecho, el fallecido se hacía acompañar de un variado ajuar funerario compuesto de cerámica, industria lítica, lígnea y ósea, fibra vegetal, objetos de adorno y ofrendas alimentarias. Por último, me gustaría citar la importancia que ocupa en el registro arqueológico los grabados rupestres. El análisis espacial ha establecido una estrecha relación entre las estaciones rupestres y los lugares de pastoreo y abrevadero. Este hecho ha motivado que entre las explicaciones aparezcan las que lo constatan como una forma simbólica por la que los auaritas pretendían garantizar la existencia y abundancia de aquellos recursos naturales más necesarios. Así, el agua tan escasa a veces en nuestras islas estaría representada por las espirales, cuya forma trataría de mimitizar el recurso ansiado por los auaritas (Martín Rodríguez, 1998). 4.1.3. La problemática. Este estado de la cuestión ha sido voluntariamente breve con el objeto de centramos en el único yacimiento que hasta el momento ha proporcionado un repertorio variado de evidencias vegetales cultivadas y recolectadas. Los resultados que se obtengan competen al grupo que vivió 151 De Textos y semillas. Una aproximación carpológica a la explotación de los recursos vegetales... en el Tendal y el poblado de Cuevas de San Juan, y las relaciones que estableció con su entorno inmediato de la cuenca de este frondoso barranco. Algunas cosas podrán luego extrapolarse a manera de hipótesis a las relaciones que los auaritas, como etnia o etnias tuvieron con la isla que ocuparon a lo largo de, al menos, dos milenios. Para comenzar en esta labor se parte de dos cuestiones: ¿Qué importancia ha tenido la explotación de los recursos vegetales durante la ocupación prehistórica del Tendal,? y ¿cómo se manifiesta esta explotación en los testimonios arqueológicos extraídos del Tendal?. Con ellas voy a tratar de introducirme en las formas de vida de la población prehistórica del barranco de San Juan, de tal manera que su contestación articule el desarrollo del proceso de investigación. Para ello propongo dos hipótesis que van a guiar el trabajo, y que son las siguientes: a) "La forma en que se lleva a cabo la explotación de los recursos vegetales por cualquier sociedad está determinada por el desarrollo de su estructura socioeconómica y por la configuración del medio vegetal explotado". Es decir, que dependiendo de las características de sus modelos productivos, incluyendo dentro de estos las fuerzas productivas, las relaciones sociales y la percepción del medio, así como la configuración del entorno botánico, se va a generar un patrón de la relación que se establece entre el medio vegetal y los grupos humanos genuino de cada grupo social en su territorio particular. Esto supone que la manera en que cualquier sociedad aprovecha los recursos vegetales va a estar condicionada por el carácter de sus actividades económicas, ya sean estas depredadoras, agrícolas, pastoriles o industriales, y también por el grado de desarrollo de las fuerzas productivas aplicadas (tecnología y fuerza de trabajo). Igualmente importantes son las relaciones sociales de producción, que regulan la forma en que los recursos vegetales son producidos, apropiados, distribuidos y consumidos entre todos los miembros de una sociedad. A su vez, y tan significante como el carácter de las actividades y su organización, hay que tener en cuenta la percepción del medio vegetal, que va a sancionar ideológicamente la apropiación de un aspecto definido del entorno, constituyendo la base para la realización de la cultura material, entendida como objetificación del ser social. Esta relación estará a su vez condicionada por las propiedades físico-químicas de las plantas, que impondrán los límites o constricciones entre los que debe manejarse cualquier sociedad. Esto quiere decir, que a la hora de manifestarse como un grupo vivo que actúa en un determinado medio vegetal, las sociedades deben adaptarse a los caracteres que imponen las especies vegetales, sin embargo estas constricciones ecológicas actúan como marco y no como principio dinámico bajo el cual se desarrollan las formaciones sociales. b) Este hecho da paso a la segunda hipótesis general desde la cual voy a iniciar el estudio: "la estructura socioeconómica de cualquier sociedad va a determinar, junto a las características ecológicas del medio ambiente en que se inscribe el grupo humano, la forma que adquieren los entornos explotados por dichos grupos". Esto supone que cualquier actividad humana va a originar una transformación en el medio vegetal en que ésta lleve a cabo, y que estas transforma152 Capítulo 4 ciones están directamente relacionadas con el carácter del modo o modos productivos al que se adscriban los grupos humanos. Por tanto se debe dar una importancia elevada a la acción humana en la formación del medio ambiente que se genera en su territorio de explotación. Partiendo de estas dos hipótesis generales, se supone en primer lugar, que las evidencias vegetales del Tendal, base material del estudio, están directamente relacionadas con las actividades humanas efectuadas en el entorno y que por lo tanto a través del análisis de las cualidades, cantidades y disposición espacial de los carporrestos se puede llegar a reconstruir, al menos en parte, los procesos que dieron lugar a su materialización en el yacimiento arqueológico. Esto a su vez permite, en la medida de los posible, intentar dilucidar aquellas relaciones sociales bajo las cuales se organizaron las actividades que se han podido entresacar del registro estratigráfíco, y también reconstruir el entorno vegetal. Como se ha comentado, se dispone de una base material, el conjunto de carporrestos recogidos en la campaña de excavaciones de 1987. A este repertorio se le aplicará la base metodológica desarrollada en el capítulo anterior. Con ello pretendo impulsar el estudio de una faceta muy importante de la economía de la población prehispánica canaria, la explotación de los recursos vegetales; mostrando en que medida esta peculiar relación a dos bandas entre los grupos humanos y las plantas, dio lugar a la formación de unas sociedades y unos entornos ambientales particulares, y que en un continuo proceso dialéctico fueron transformándose mutuamente. 4.2. LA CUEVA DEL TENDAL. HISTORIA DE SU INVESTIGACIÓN. Para comprender e interpretar los resultados del análisis arqueológico de los carporrestos recuperados en el Tendal, es imprescindible dilucidar cuál es la disposición de los lugares excavados, para ello es necesario saber qué se excavó, de qué forma y cuándo se hizo, así como por qué se llevó a cabo esta investigación. Para ello considero que se debe hacer un breve resumen de las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en el Tendal, penetrando en los objetivos con que se plantearon dichos trabajos. 4.2.1. El proyecto de Cuevas de San Juan. La excavación del yacimiento del Tendal se encuadraba dentro de un amplio proyecto dirigido por J. F. Navarro Mederos y E. Martín Rodríguez (1990), que denominado como "Proyecto de Investigación Arqueológica en Cuevas de San Juan", pretendía renovar muchos de los aspectos de la prehistoria de La Palma que aún permanecían desconocidos. Entre los principales objetivos que articulaban la estructuración del proyecto destacan los siguientes (Navarro Mederos y Martín Rodríguez, 1990): a) Valoración de los factores medio ambientales en la configuración de los asentamientos y en su desarrollo económico; para ello, entre otros datos, se investi153 De Textos y semillas. Una aproximación carpológica a la explotación de los recursos vegetales... gó la potencialidad económica del entorno en relación a las diferentes formas de explotación, la capacidad de carga de éste, así como la definición de las áreas de captación, los usos históricos del territorio, etc. b) Descubrir los modelos de poblamiento a la vez que los patrones de asentamiento en el barranco de San Juan. Con este fin, entre 1980 y 1981, se realizaron diferentes prospecciones que afectaron a toda la cuenca de San Juan y su tributario el barranco de Alen, así como el espacio territorial circundante. c) Profundizar en la evolución del poblamiento, a la vez que se haría referencia a la articulación interna de los asentamientos, por medio de las excavaciones arqueológicas en la cueva del Tendal y en la Cueva Derrumbada. Estas excavaciones se plantearon con dos objetivos: • En el caso del estudio de la evolución del poblamiento, se buscaba obtener una lectura vertical de las series estratigráfícas intentando relacionar los datos de la comarca con otros obtenidos en diferentes puntos de la isla en lo referente a conseguir una cronología completa de la ocupación de La Palma. • Para analizar la articulación interna, en este caso del yacimiento del Tendal, se planteó la lectura horizontal de los sucesivos niveles de ocupación humana que se hallaban en la cueva. Con tal finalidad se efectuaron las excavaciones en una zona determinada de la cueva, denominada como área B, durante las campañas de 1981, 1983, 1985, 1986 y 1987 cubriendo en total una superficie de 24 metros cuadrados en la que se han obtenido importantes datos acerca de la distribución funcional del espacio así como referidos a la reconstrucción de las cadenas operatorias en las distintas actividades tecnológicas, económicas o simplemente domésticas que en tal espacio se desarrollaron. 4.2.2. Las Campañas Arqueológicas. a) Campaña de 198 L La primera campaña de excavaciones se llevó a cabo en 1981, aunque en este caso los trabajos realizados se dividieron en tres apartados. Por un lado la prospección de los vestigios arqueológicos del barranco, catalogando los yacimientos según su función dentro de la sociedad aborigen. En segundo lugar, un trabajo etnográfico con los pocos pastores de la zona buscando datos sobre los usos y aprovechamientos del barranco. Y en último lugar la excavación de una parte de la cueva del Tendal. Se procedió a excavar en un área de cuatro metros cuadrados, demostrando desde esta primera aproximación la suma importancia de este yacimiento como referente para la prehistoria de La Palma. Esto se hace patente en las cerámicas que se encontraron en el estrato V, adscritos a una nueva fase cerámica pues aún no estaban identificados en otros yacimientos de la isla; además, el registro material se completaba con un excelente filón de industria lítica tallada en basalto y obsidiana así como restos fáunicos, ícticos y malacológicos. 154 [Document text truncated for crawler view.]