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Tras la fotografía de moda contemporánea: Annie Leibovitz, Peter Lindbergh y Steven Meisel

Garnica Fernández, Irene

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LEIBOVITZ LINDBERGH MEISEL TRAS LA FOTOGRAFÍA DE MODA CONTEMPORÁNEA ANNIE LEIBOVITZ, PETER LINDBERGH Y STEVEN MEISEL TRABAJO FIN DE GRADO DOBLE GRADO PERIODISMO Y COMUNICACIÓN AUDIOVISUAL IRENE GARNICA FERNÁNDEZ JUNIO 2023 TUTORA: CONCHA PÉREZ CURIEL FACULTAD DE COMUNICACIÓN UNIVERSIDAD DE SEVILLA COPYRIGHT © BY ANNIE LEIBOVITZ, PETER LINDBERGH Y STEVEN MEISEL TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS A LOS AUTORES TODAS LAS FOTOGRAFÍAS UTILIZADAS TIENE ÚNICAMENTE FINES ACADÉMICOS NO SE PERMITE LA REPRODUCCIÓN TOTAL O PARCIAL DE ESTE LIBRO, NI SU INCORPORACIÓN A UN SISTEMA INFORMÁTICO, NI SU TRANSMISIÓN EN CUALQUIER FORMA O POR CUALQUIER MEDIO, SEA ESTE ELECTRÓNICO, MECÁNICO, POR FOTOCOPIA, POR GRABACIÓN U OTROS MÉTODOS, SIN EL PERMISO PREVIO Y POR ESCRITO DEL EDITOR Y AUTOR. Icónicas instantáneas se recogen en este libro de la mano de los tres grandes fotógrafos más influyentes de nuestro tiempo. La fotografía, más allá de ser disciplina artística, es historia individual y colectiva de cada momento. Este recopilatorio es una insinuación de algunas historias que las miles de instantáneas guardan. Annie Leibovitz, autora de la imagen de Lennon desnudo junto a Yoko Ono antes de morir; Peter Lindbergh, con su instantánea de las top model vistiendo camisas blancas; y Steven Meisel con su retrato de Linda Evangelista, trazan, entre otros, la historia contemporánea de la fotografía de moda. La moda, y todo lo demás, se consolida a través de capturas que se concentran en las principales cabeceras de moda como Harper’s Bazar o Vogue. Plasmar imágenes de moda no se ciñe únicamente a las tendencias, sino que transmite todo un universo social, artístico y cultural. Nuestros tres fotógrafos contemporáneos no han sido otra cosa que guías para consolidar a las grandes celebridades de finales del siglo XX. Sus trabajos son una forma de activismo por y para sus causas. Reflejan en cada obra un punto de vista basado en sus inquietudes y creencias propias. Ver la presente recopilación es ver a través de los ojos de aquellos que hacen de la fotografía de moda lo que conocemos hoy. Es un paseo por sus principales instantáneas que se han instalado en nuestro recuerdo y que deben ser entendidas en su contexto. Si bien muchos creen que hacer fotografías es únicamente estar en el momento y lugar correcto; lo de Leibovitz, Lindbergh o Meisel es distinto. “Una concatenación constante de aciertos, de sentido de la oportunidad y de haber estado allí donde era preciso hasta obtener la foto perfecta”, según Blánquez para El Mundo. 9 La fotógrafa mejor pagada del mundo no necesita introducciones. Annie Leibovitz cuenta con una amplia galería con la que, se puede decir, ha tenido la fama a sus pies. Es conocida por sus retratos a celebridades de la política, la cultura, la realeza, las artes. Retratar a las personas como cree que son, y no por lo que siente por ellos, es su mantra. La fotografía de John Lennon desnudo junto a Yoko Ono el mismo día que fue asesinado es, sin duda, la más célebre, la insignia por la que muchos la conocen. Además, ha sido la primera mujer en exponer su obra en la Galería Nacional de Retratos de Washington D. C. Leibovitz es un personaje más en los ambientes que trata, gracias a la confianza generada con su sujeto. Sus infinitas imágenes, únicas e inimitables, construyen su leyenda y la de aquellos que se pusieron por delante de su objetivo. La mezcla entre fotografía documental y de moda en revistas definen su trabajo. La escandalosa biografía de Annie la marcan miles de instantáneas que han dado la vuelta al mundo. Incansable, enérgica y constante, ha vivido su vida a través de una lente y encuadrando todo lo que mira. Muy familiar en lo personal, provocativa en lo profesional. Su carrera no ha sido un camino de rosas, ya que se sumergió hasta lo más profundo de las historias que contaba. Actualmente, la podemos seguir encontrando detrás de las campañas para las cabeceras más importantes, como Vogue o Vanity Fair. Leibovitz es una mujer de instantes. Dada su larga trayectoria profesional, fue madre tardía. Tiene tres hijas, Sarah, nacida en 2001, y las gemelas Susan y Samuelle, en 2005 por gestación subrogada. Originaria de Connecticut, es firme defensora de la transformación cultural y social de Estados Unidos. Como figura pública y lesbiana, explica para Leibovitz at work (2008) que nunca ha creído necesario utilizar su trabajo como vía para reflejar su vida privada. Siempre ha guardado con recelo su intimidad. La mujer alta, de inconfundibles gafas de pasta, nariz aguileña y pelo largo, se ha mantenido firme a sus creencias. ANNIE LEIBOVITZ Duane and Greg, Allman Brothers, 1971 17 Cuando todavía era estudiante, contactó con la revista Rolling Stone y se convirtió en colaboradora. Anne Lou no pasó a llamarse Annie hasta este momento, a sus 25 años. Cargada con una bolsa llena de fotografías, como si de una maleta se tratase, se presentó en las oficinas de la revista en San Francisco, y consiguió una reunión con el director creativo, Jan Wenner, quien decidiría publicar dos de sus imágenes. Tres años después, ascendió a jefa de fotografía de la misma revista para documentar el tour de los Rolling Stones. Así, hasta 1983 el nombre de Leibovitz se fue consagrando como sinónimo de excelencia. En la consagrada revista musical aprendió que “lo que no parecía nada, podría ser algo”, le proporcionaron su propio espacio y nunca le dijeron qué hacer. La periodista empezó a fijarse en sensaciones y detalles que a otros se les escapaban. Pronto comenzó a trabajar con el periodista Hunter Thompson. Ambos reconocieron en el otro una energía y espíritu similar. Esta relación profesional tiene su culmen en la dimisión de Richard Nixon en 1974. Thompson llevaba esperando este acontecimiento tanto tiempo que se bloqueó y no pudo escribir siquiera una pieza. En su lugar, se publica un reportaje de Leibovitz, fruto de su acercamiento, sin tener acreditación de ningún tipo, a la Casa Blanca. Plasmó la escena de Nixon montándose en el helicóptero, ahora bien, también la escena de los guardias enrollando la alfombra, instantánea que ha pasado a la historia. Ya comenzaba a adquirir prestigio entre las filas de la célebre revista. Sumergirse durante dos o tres días en la vida de aquellos que iba a fotografiar era su modus operandi. Formar parte de aquello que la rodeaba era la única manera de conseguir un alto nivel de comprensión y profundidad. “Estar sin que nadie se dé cuenta y hacer las fotos que quieras”, explicaba Annie. La imagen de Fleetwood Mac o Allman Brothers son prueba de ello. Como en un viaje familiar, los acompañaba en autobús cuando tomó la mítica foto. Fleetwood Mac, 1977 Mick Jagger, Nueva York, 1975 The Rolling Stones, Filadelfia, 1975 Keith Richards, San Francisco, 1972 The Rolling Stones, Tour de las Américas, 1975 24 Es en el año 1975 cuando Annie se lanzó a documentar la gira de los Rolling Stones. Keith Richards recuerda que empezó a pasar desapercibida y que a nadie se le hacía raro que estuviese fotografiando de un lado para otro. Mick Jagger, por su parte, rememoraba la perseverancia de Annie: “Siempre estaba allí, socialmente también”. Y es que, ante cualquier circunstancia, ella seguía haciendo fotos, incluso cuando le tomaron puntos a su compañero tras haberse pillado la mano con una puerta. Para la memoria quedaron la pila de momentos grabados durante los conciertos. Exploraba nuevas perspectivas desde el foso del escenario o desde el backstage. Movimientos de fantasía, saltos, euforia y mucho “rock and roll” en las instantáneas para el grupo. “No sabía dónde me metía. Fue algo muy estúpido, elegir a ese grupo de hombres en esa situación para intentar formar parte de algo”, declaraba para el documental Annie Leibovitz: Life Through a Lens, dirigido por su hermana Bárbara Leibovitz en 2006. Todo su alrededor sabía que no saldría beneficiada de un trabajo de este calibre, incluso el editor jefe de la revista, Jann Wenner, le recomendó que no lo aceptara. Sin embargo, para Annie era una oportunidad irresistible. Como si todas las historias de grupos de rock se hicieran realidad, ella acabó siendo una más en la gira: “Hice todo lo que se suponía que había que hacer si ibas de gira con los Rolling Stones. Todo lo que te puedes imaginar”. Por otra parte, el traslado de las oficinas de la revista a Nueva York acontece apenas dos años después de su incorporación. La gran ciudad era para ella un traslado temporal. Asimismo, resultaba difícil encontrar apoyo entre las filas de la revista. “No había un sistema de apoyo para quienes llegaban allí. Era como soltar a unos niños en una gran ciudad”, menciona. No obstante, su talento pronto fue valorado por artistas de la talla de Bea Feitler, leyenda del diseño. Annie recuerda que Bea le ayudó a entender cómo se percibía su trabajo: “Bea sabía elegir las fotos al momento”. Para esa fecha, el público bien conocía el trabajo de Annie. Las ansiadas fotos de cada número de la revista eran esperadas como si fuesen fascículos de una novela. De finales de la década de los 70, destacan fotos como la Meryl Streep quitándose una máscara, Patti Smith con fuego, o The Blues Brothers, que fue recibida como basura por la crítica del momento. Los toques de humor y la ironía eran habituales. Las grandes ideas partían de ocurrencias estúpidas y simples, como por ejemplo, pintarles, según su nombre, de azul. Al mismo tiempo, la llegada de Annie a la costa oeste coincidió con sus primeras composiciones fotográficas y el encargo de trabajos fuera de la revista Rolling Stone. Se pueden citar aquí el retrato de Robert Penn Warren o la imagen de Tess Gallagher con caballos para la revista Life. La poesía comenzó a formar parte de sus fotografías. Dan Aykroyd and John Belushi, Blues Brothers Hollywood, California, 1979 Arnold Schwarzenegger, California, 1988 Meryl Streep, Nueva York, 1981 35 Leonardo di Caprio, 1997 | Whoopy Goldberg, 1984 | Demi Moore, 1991 A los 13 años en Rolling Stone, ya a mitad de los 80, decide dar un cambio radical a su carrera: entra en Vanity Fair. Este giro profesional supuso una mejora personal. “Queremos que seas la Edward Steichen de Vanity Fair”, señaló la editora jefe, Tina Brown. Le ofrecieron así “llevar su trabajo a un área mainstream”. Por suerte para ella, dijo adiós a una vida marcada por las drogas para entrar en la célebre revista estadounidense y reconducir su vida. Así, la fotógrafa del rock and roll comenzó su recuperación con ayuda de profesionales para, finalmente, salir adelante. Atrás quedó la época en la que creía que la cocaína le haría enfocarse. Tina Brown sabía que corría un gran riesgo al sumar a su equipo a una figura tan relacionada con el mundo underground, pero a su vez, Annie fue la clave que empujó a muchos artistas a colaborar con dicha revista. En un principio, que la gente se arreglara expresamente de manera artificial y fingida le parecía una tontería. Tampoco entendía aquello de tener un perfil bueno y uno malo. Sea como fuere, acabó coronando piezas que parecen verdaderos cuadros. Siguiendo la máxima de no juzgar a un libro por su portada, Leibovitz defendía que sus fotografías reales estaban dentro de las revistas. Que la portada, más que una fotografía, era un anuncio para vender. La fotografía de moda como forma de explorar, de expresarse. Si su recorrido ya había sido lo suficientemente intenso, su paso por la revista de Condé Nast fue frenético. Inmortalizó infinidad de reconocidos rostros en icónicas imágenes: Julia Roberts y George Clooney para Green Issue, Whoopy Goldberg bañada en leche, Arnold Schwarzenegger a caballo, Demi Moore embarazada, Jhonny Depp y Kate Moss, Leonardo DiCaprio… No es hasta el nuevo milenio cuando se sumerge en sus identificables trabajos con Disney. Estos son pioneros en lo que posteriormente se consagraría como fotografía fine art. Jhonny Depp y Kate Moss, Nueva York, 1994 Michael Jackson, Los Ángeles, 1989 Natalia Vodiánova, Alice in Wonderland, 2003 39 Le siguieron sus trabajos para Vogue USA. Incluso Anna Wintour pensó que estaba demasiado cotizada para que quisiera colaborar con la revista. “Hay muchos fotógrafos que no sufren ni agonizan ni se obsesionan tanto con el trabajo. [Annie] Se preocupa e implica tanto que al final tienes una foto que nadie más te podría dar”, desarrolla la directora en el documental. Sin duda, este estilo de vida ha dejado huella en su protagonista. “Vivir en el mundo de las celebridades te cambia”, explica una de sus hijas, Susan Leibovitz. Llegada a la cima de su carrera profesional, los trabajos de Annie eran cada vez más complicados: lluvia, fuego, coches, aviones y animales de circo eran algunos de los elementos que introducía. En ese impasse, decidió volver a sus inicios, a la fotografía más documental. Esta vez, en la Guerra de Sarajevo. En un principio temía ser juzgada por otros fotoperiodistas por no pertenecer a la fotografía de guerra. Cámaras pequeñas y fotorreportajes le devolvieron a sus comienzos. Pequeños equipos para grandes historias. La experiencia le dio la perspectiva necesaria para retomar su trabajo en América. Recién llegada, el primer lugar que documentó, por recomendación, fue el depósito de cadáveres. Tras vivir un conflicto de estas características, fotografiar celebridades, como por ejemplo a Barbra Streisand, le parecía irrelevante. En lo económico, en 2009 Annie tuvo dificultades para afrontar una deuda de 24 millones de dólares. Correspondían a un préstamo, de intereses estratosféricos, que había solicitado para renovar dos de sus propiedades en Manhattan. En 2014, acaba vendiendo su mansión en el West Village de Nueva York por 28 millones y medio de dólares. 40 Durante todos estos años hay un nombre latente en la vida de la estadounidense: Susan Sontag. La escritora y pensadora norteamericana, de característico mechón blanco, era una persona de palabras. Annie, a su lado, hablaba con imágenes. Por este motivo, se complementaban. Según familiares cercanos, “Aprendieron la una de la otra y descubrieron partes inexploradas de ellas mismas”. A diferencia del trabajo de Annie, que es público, la vida privada ha sido poco conocida. Su relación con Susan era vox populi, pero los detalles de su intimidad se mantuvieron durante un largo tiempo en secreto. En lo personal, eran muy distintas. “No soy una gran lectora y eso me pesaba en la relación. Me gusta leer, pero me absorbe y no me deja ver más”, reflexiona Annie en el documental. Recuerda los 15 años que pasó a su lado como “un privilegio y un honor”, ya que tuvo un gran impacto en ella y en su trabajo. No obstante, la relación fue complicada desde el primer momento, estuvo llena de maltratos y humillaciones por parte de Susan. Ella discutía su trabajo como nadie había hecho antes: “Eres buena, pero podrías ser mejor”, rememora Annie. Además, tenía una relación conflictiva con su bisexualidad y una obsesión con el futuro y la inmortalidad, lo que le llevaba a consumir grandes cantidades de speed para alcanzar un alto rendimiento. Sus caminos acabaron bifurcándose y Annie puso fin a la relación, pero el vínculo nunca desapareció. Así pues, cuando Susan contrajo cáncer, Annie fue su donante de médula. Finalmente, la escritora falleció en diciembre de 2004 en Seattle. A la pregunta de cómo es la vida de un fotógrafo en el documental Life through a lens, Annie responde que es ver la vida a través de una lente. Entusiasta, solicitada, trabajadora, autoritaria, atrevida. Sus naturales imágenes de las figuras menos corrientes permanecerán perennes en nuestra memoria colectiva. Una galería de lo más completa se construye gracias a innumerables celebridades que han pasado por delante de su objetivo. Lo suyo es un trabajo brillante, pero sobre todo humano. Annie es “famosa por hacer fotos a gente famosa”, como precisó Hillary Clinton. Y es por eso por lo que, en revistas o documental, con grandes equipos o cámaras pequeñas, “la vida es mucho más complicada y grande que un momento unidimensional”. Sarah Jessica Parker, Nueva York, 2005 Natalia Vodiánova, Alice in Wonderland, 2003 Estelle Lefébure, Karen Alexander, Rachel Williams, Linda Evangelista, Tatjana Patitz y Christy Turlington White Shitrs, Santa Mónica, 1988 50 Consideraba su fotografía, más allá de la moda, como parte de la cultura contemporánea. Muchos fueron los rostros que desfilaron delante del objetivo de Peter Brodbeck, su verdadero nombre. Aparecer en una de sus instantáneas era sinónimo de éxito. Era un ges- to atrevido, sin duda. Enfrentarse al ojo de Lindbergh implicaba, en el sentido figurado de la palabra, desnudarse. La realidad salía a flote, lo que suponía una situación de vulnerabilidad. Esto quedaba a un lado por la energía y confianza profundamente sinceras que desprendía, independientemente del sujeto. Las mujeres fueron sus principales musas. De su trabajo resultaron íntimas imágenes que reclamaban el espacio de la mujer de una forma no vista hasta el momento. Como una especie de adalid para las mujeres, defendió en su última entrevista en vida para Vogue Alemania que “se las tiene que liberar de la idea de mantenerse siempre jóvenes”. Caras y cuerpos de juventud eterna copaban las revistas, al mismo tiempo que Peter buscaba en los rostros de sus modelos rastros de vida. Siempre se ha relacionado las disciplinas artísticas con el poco rendimiento académico. En el caso de Lindbergh, él tampoco fue precisamente el alumno más aventajado de su promoción: a los 14 años abandonó sus estudios. El centro de su ciudad Duisburgo, actual Polonia, era su principal fuente de inspiración durante la adolescencia. Esto le llevó a empezar a trabajar como escaparatista de los almacenes Karstadt, la versión alemana de las conocidas Galerías Lafayette. Su familia queria que se dedicara al oficio de soldador al ser un empleo estable. Sin embargo, a él lo guiaban la aventura y la creatividad. Teniendo el autostop como método e influido por el universo de Van Gogh, se lanzó a buscar nuevos lugares. Primero, en Arlés, donde pasó casi un año. Después, por España y el norte de África. Esta época nómada le marcaría de por vida. A los 18 años, tras evitar realizar el servicio militar mudándose a Suiza, inició sus estudios en la Escuela Superior de Bellas Artes de Krefeld. La memoria familiar y el registro del entorno era su único contacto con la fotografía por el momento, comenzó fotografiando a sus sobrinos. Gracias al arte conceptual, descubrió esta disciplina como medio artístico y de expresión. En la escuela conoció el trabajo de artistas como Joseph Kosuth, Lawrence Weiner o Douglas Huebler. La máxima de este movimiento artístico es anteponer la idea a la obra en sí, su influencia en las fotografías de Lindbergh es evidente. Alek Wek, Nueva York, 2018 Christy Turlington y Mark Vanderloo, 1995 Linda Evangelista, Michaela Bercu y Kirsten Owen, Pont-à-Mousson, 1988 Helena Christensen y Debbie Lee Carrington, El Mirage, 1990 55 Su inicio en la fotografía, se puede decir que, fue casi accidental. Comenzó a trabajar para revistas de moda y publicidad como asistente para Hans Lux, un fotógrafo que conocía a través de un amigo. “Era un auténtico fotógrafo publicitario. Con él aprendí que la fotografía es un medio fantástico para expresarse y para comunicar”, declaró Lindbergh en una entrevista. En el año 1969 tuvo lugar la primera exposición de su obra. No fue hasta 1978 cuando se trasladó a París para trabajar para Vogue, la que fue el trampolín para fotografiar a modelos y celebridades de todo el mundo. Las ediciones italiana, británica y francesa le abrieron sus puertas. De Peter Lindbergh siempre se ha oído hablar sobre su trabajo. Pensar en su vida personal es hacerlo en clave discreta, el hombre detrás del artista se ha querido mantener oculto ante las curiosas miradas. Casado y vuelto a casar, tuvo cuatro hijos fruto de este segundo matrimonio. Benjamin Lindbergh, uno de sus hijos, es un fan acérrimo de su trabajo, como no podía ser de otra forma: “era una persona muy generosa, y estas mujeres le devolvieron el gesto con su trabajo para él”. Hoy en día, sigue regentando la Peter Lindbergh Foundation. La mítica portada de Michaela Bercu es ley. La imagen de la modelo israelí, tomada en 1988, ataviada con un top joya de Christian Lacroix se convirtió en un icono. Anna Wintour le confió su primera portada al mando de Vogue USA. Se dice que era tan distinta a todo lo anterior, que cuando la recibieron en la imprenta quisieron llamar a la directora para corroborar que no fuese un error. Lejos de mitificar su trayectoria, el artista no encontró apoyo desde el primer momen- to. Meses antes, reunió en una playa de Santa Mónica a Estelle Lefébure, Karen Alexander, Rachel Williams, Linda Evangelista, Tatjana Patitz y Christy Turlington. El vestuario era sencillo: camisas blancas. La portada White Shirts, que a posteriori se elevaría como legendaria, fue directa a la basura tras pasar por las manos del director artístico de Condé Nast, Alexander Liberman, y de la editora, Grace Mirabella. 56 Como uno de los fotógrafos más influyentes de la moda en los 90, hizo su famosa portada para Vogue UK en 1990, donde reunió a Naomi Campbell, Cindy Crawford, Linda Evangelista, Tatjana Patitz y Christy Turlington. La por entonces directora de la edición británica, Lix Tilberis, solicitó un trabajo en el que toda la década quedara representada. Como respuesta, Peter declaró para The Guardian que creía que nadie podría hacerlo con una sola modelo. Esta instantánea es conocida como The Five. Siguiendo el hilo de la moda, acabó en el gran mundo de la publicidad. Trabajó para campañas de las marcas más grandes del mundo como Giorgio Armani, Tom Ford, Calvin Klein, Dior, Prada o Louis Vuitton, entre muchas otras. La “era de las supermodelos” no puede entenderse sin el “padre de las supermodelos”. A partir de la portada para la edición británica de Vogue, muchos se interesaron por las caras que en ella aparecían. George Michael contó para su videoclip Freedom! 90 con el mismo cast. Más tarde, las nuevas supermodelos desfilaron con la colección de otoño-invierno de 1991 para Versace. Peter no solo trabajó para “La Biblia”. Estuvo entre las filas de la revista Stern Fotografie, junto a Guy Bourdin, fotógrafo francés de moda provocativo y surrealista, y Helmut Newton, fotógrafo de moda alemán que exploró la sexualidad y el poder. En cualquier caso, pronto se separó de ellos para construir su propio discurso. Frente a las artificiosas fotografías de moda de los 80, apostó por un tipo de fotografía fresco, con modelos sin apenas maquillajes y poses naturales. “Cuando un rostro está cerca de la perfección, retratar en color, resta mérito”, defendía así su inconfundible sello: el blanco y negro. Cindy Crawford, Tatjana Patitz, Helena Christensen, Linda Evangelista, Claudia Schiffer, Naomi Campbell, Karen Mulder y Stephanie Seymour. The Wild Ones, Nueva York , 1990 65 Bimba Bosé, Rossy de Palma, Maribel Verdú, Estrella Morente. Madrid y Sevilla, 2010 Un árbol desnudo era la imagen más bella para el artista, recordó su íntimo amigo Juan Gatti, diseñador y fotógrafo argentino, en una entrevista para El País. El ojo del alemán era singular. Esta declaración es una representación del filtro con el que veía la realidad. Gatti le acompañó desde una campaña para Loewe en 1986, donde trabajaron juntos. Se dice que hay que huir de trabajar con familia y amigos, en este caso, la proximidad del fotógrafo con su equipo le trajo relaciones para toda la vida, salidas directamente del estudio. A pesar de que es complicado no sentirse fuera de lugar en un país extranjero, Peter encontró en la familia Ortega su segunda familia. Marta Ortega ha sido íntima amiga y le ha hecho sentir como en casa. El día de su boda pudo contar con increíbles recuerdos sin aderezos ningunos, al más puro estilo Lindbergh. El artista cubrió la boda de la heredera del imperio de Inditex. Ya no resulta extraño el interés de Marta por la fotografía y sus grandes nombres. Igual que con la reciente exposición de Steven Meisel, del que más adelante hablaremos, A Coruña fue escenario en 2021 para Untold Stories, exposición en honor al trabajo del artista con más de ciento cincuenta fotografías de su archivo personal. Esta misma exposición ya había tenido lugar en Düsseldorf, Alemania, unos años antes. De una manera anticipada, que parece casi calculada, Peter recopiló su propia obra durante los años previos a su fallecimiento. Este archivo reúne material de entre los ochenta y noventa. Instantáneas icónicas del más alto nivel junto a imágenes inéditas y desconocidas hasta la fecha. Las legendarias top model reaparecieron intactas: Claudia Schiffer, Karen Elson o Milla Jovovich. Para que quedase suficiente constancia de esta recopilación, Taschen la presentó en formato libro: Peter Lindbergh: Untold Stories. Si bien la exposición se hizo de manera póstuma, el artista estuvo muy implicado en el proceso. “Fue muy abrumador enfrentarme de ese modo a mí mismo”, reveló. Además, de la mano de la misma editorial, se publicó en 2016: Peter Lindbergh. On Fashion Photography, un recorrido por los más de 40 años de carrera junto a una introducción de lo que para él es la fotografía de moda. Untold Stories, 2020 Por Anne Orthen Amber valetta, 1993 Linda Evangelista, 1988 y 1989 Kate Moss, Los Ángeles, 2016 Kate Moss, Nueva York, 1994 Naomi Campbell, Ibiza, 2000 Uma Thurman, Nueva York, 2016 Luciana Curtis, Nueva York, 1998 81 Está claro que Steven Meisel es la silueta que se dibuja al pensar en transgresión y fotografía de moda contemporánea. El joven que hacía “pellas” para salir en busca de modelos por las calles de Nueva York, no ha dejado nada a la suerte. Desde pequeño estuvo obsesionado con el mundo de la moda y las celebrities. Steven se sumergía en sus innumerables dibujos y bocetos de aquellas mujeres que veía en anuncios y revistas. Se le conoce por aplicar un filtro de moda único a todo lo que sucede en el mundo del cine, la pintura, la performance, el reportaje y la cultura pop. Refleja las historias a través de un viaje emocional que saca a relucir el lado más bello de cada acontecimiento. “Su estilo es ‘urgente’, sus fotos tienen la verdadera necesidad de salir del cuadro”, indicó Beatriz Guerrero en La evolución de ‘Vogue’ a través de sus cuatro grandes fotógrafos. Steven nació en Nueva York en 1954. Creció en el seno de una familia acomodada cuya influencia fue fundamental en su desarrollo artístico. Su núcleo familiar lo formaban su padre, promotor de una compañía discográfica; su madre, vocalista de jazz, aunque relegada al papel de ama de casa por su marido; y su hermana. Esta posición privilegiada en pleno Manhattan fue el punto de partida de su interés por la moda y su mente crítica y contestataria, como reacción a la situación de resignación artística en casa. Provocador, subversivo y polémico, utiliza la fotografía de moda como un idioma y las revistas como el canal de comunicación. Ya que una imagen vale más que mil palabras, a él no le hace falta abrir la boca para entrar al juego. Su obra es también política. STEVEN MEISEL Steven Meisel, GAP, 1988 Por Annie Leibovitz Primrose Archer, Marc Jabos, 2019 84 El joven de estética ochentera podría haber salido directamente del club, pero no de uno cualquiera. Por su padre, Leonard Meisel, al frente de la discográfica London Record, pudo haberse relacionado con lo más alto del panorama musical: Tom Jones, The Supreme, Frank Sinatra o The Beatles. Pelo largo negro, piel morena, eyeliner llamativo y grandes gafas de sol son los ingredientes de lo que podría considerarse el estereotipo punki. Aun cuando siempre ha estado detrás de la cámara, tiene una extravagante imagen digna de estar en el foco. “Él tenía tal presencia y era tan increíble mirarle que pensé: ‘Tengo que hacerme amiga de este chico ahora mismo’”, recordó Anna Sui, diseñadora e íntima del artista. Steven ha sido reservado con su vida privada, de modo que ha concedido una única entrevista a lo largo de su carrera, para 032 Magazine en 2008. En lo profesional, se ha mantenido fiel al papel y a las revistas, por lo que no ha publicado ningún libro y rara vez ha participado en exposiciones. Meisel fue el herrero con cuchillos de palo que no quiso tener ninguna de sus fotografías en casa. Primero, porque repararía en cada uno de los errores y, segundo, la mayoría de los que aparecen son, en el fondo, desconocidos. Sea como sea, admite para el periodista Pierre Alexandre de Looz que es importante tener tanto fotos propias, para aceptarse a uno mismo, como de conocidos. Del misterioso fotógrafo, pocos retratos hay: la instantánea que tomó Annie Leibovitz para GAP y, en movimiento, su aparición en la película Portfolio (1983), que “poco tiene que ver con cómo es realmente su trabajo”, señaló él mismo. A diferencia de Lindbergh o Leibovitz, cuyo interés inicial no era precisamente la moda, a Steven Meisel fue lo que le llevó justamente a darle al disparador. El paparazzi, denominación en clave de humor, en sus inicios, llegó incluso a esperar a las modelos en la puerta de la agencia para poder captar sus vestimentas y esencias. Salir a la calle con una pequeña instamatic era en él habitual. La época Warhol, The Factory y las polaroids marcaron su juventud. Antes que la fotografía, el neoyorkino fue ilustrador de profesión, concretamente para el diseñador Roy Halston. Desde pequeño dibujaba a las mujeres buscando en ellas la elegancia y el glamur, imaginando a personalidades como Gloria Guinness y Babe Paley, ambas conocidas por ser parte de esa “socialité” de referencia. Meisel se formó durante los setenta en Parsons, la cotizada escuela de diseño de la Gran Manzana. Mientras trabajaba a jornada completa como ilustrador para Women’s Wear Daily, empezó a fotografiar a modelos los fines de semana, cuando la agencia Elite Management le dio la oportunidad de concertar algunas sesiones con sus perfiles. Para Steven esta época fue realmente mágica. Las mujeres neoyorkinas del momento, que parecían salir directamente de las revistas, le California Designer Sportswear, Women’s Wear Daily, 1976 Calvin Klein, 1995 87 fascinaban. “Se maquillaban y peinaban ellas mismas, eran muy creativas. Iban a los trabajos ‘hechas un pincel’”, rememoró. Su carrera como fotógrafo comenzó con un encargo para la revista Seventeen. Después, pasó a la revista Lei, donde inició su amistad con Franca Sozzani, con quien pegó el salto en 1988 a Vogue Italia. Durante el tiempo que la periodista italiana estuvo a la dirección, Steven se encargó de todas las portadas, un total de cincuenta y dos, siendo cuarenta y dos de ellas seguidas. “Dispara lo que quieras disparar mientras sea brillo”, fue la premisa a seguir. Ya a principios del siglo XXI, tras más de diez años en la edición italiana, el trabajo de Meisel era legendario. Según Vince Aletti en Issues: A History of Photography in Fashion Magazines: “Número tras número, ha demostrado ser el único verdadero heredero de Avedon”. De una manera similar, también fue el niño bonito de Anna Wintour, directora de la edición estadounidense. Allí se involucró durante la década de los noventa en, como mínimo, una historia al mes. Y es que abandonar las cabeceras de Condé Nast nunca ha estado en sus planes. En 2016, tras el fallecimiento de su querida compañera, Sozzani, publicó un editorial con el que salió de la revista dejando la puerta entreabierta. En los últimos años, ha regresado a la edición británica de Vogue para presentar varias portadas. Dicen que el tiempo acaba dando respuesta a las preguntas. Para Lindbergh, el tiempo fue su gran ventaja. Abrazó la moda desde todos los ángulos y construyó una relación con el concepto de belleza. El estilo e imaginería construida alrededor de sus modelos lo ascendieron rápidamente a lo más alto. Meisel no descubrió como un cazatalentos a sus chicas, pero sí se podría decir que ayudó a situarlas en el mapa. Stella Tennant, Amber Valletta, Shalom Harlow o Kristen McMenamy fueron algunas de ellas. Además, también se le relacionó con el estereotipo de heroin chic, estilo noventero caracterizado por la delgadez, las ojeras, la piel pálida y un aspecto, en general, demacrado. Kate Moss y su campaña para Calvin Klein son una muestra de ello. Esta denominación concuerda con el ‘boom’ de la heroína y la aparición del VIH. Daniel Blaylock and Kristen McMenamy, Grunge and Glory, Pound Ridge Reservation, 1992 Amber Valetta, 2003 Linda Evangelista, Makeover Madness, 2005 Makeover Madness, 2005 El antes y el después. Makeover Madness, 2005 Asexual Revolution, 2004 Madonna, Sex, 1992 Madonna, Like a Virgin, 1984 104 Si hay una obra por el que se conoce a Meisel es, evidentemente, el libro Sex de Madonna. Hablar sobre sexo siempre ha sido tabú. Este trabajo permitió poner sobre la mesa algo que también es parte de la vida. Esta serie quedó para la cultura popular e inició una larga lista de colaboraciones, nuevas oportunidades para la reina del pop. También fue el encargado de la portada de su álbum Like a Virgin. Hasta esta publicación nadie había sexualizado objetivamente a los hombres. Nadie había recurrido a la idea de igualdad sexual, concepto que se puede extraer de las fotografías. El contenido explícito en sus trabajos fue habitual, podemos recuperar Asexual Revolution, que hizo años más tarde, pero que iba en la misma dirección. Introducir la idea de los hombres como objetos sexuales era sencillamente transgresora. La apariencia que se esperaba era la del típico hombre fornido, la del ‘macho alfa’. En este proyecto, sin ir más lejos, los protagonistas fueron hombres de aspecto más andrógino, hecho por el que algunos atribuyen al neoyorkino la invención del término ‘género fluido’. Pasar de representar a la mujer como objeto sexual, a representar al hombre de la misma forma, tampoco es que fuera “un paso adelante y positivo como tal, pero sí fue un avance en cuanto a liberación y sentimientos con nosotros mismos”, explicó Steven para 032. Otro proyecto centrado en la moda masculina es el editorial de sesenta páginas para la revista Per Lui. Hamish Bowles y su retrato contrapicado junto a la ventana es una icónica escena. Los antecedentes de fotografía de moda basaron su éxito en mostrar ropa bonita. Por ejemplo, el vestido de volumen Balenciaga en el retrato de Irving Penn, que además de moda parecía arquitectura. Ahora, “si vendes camisetas y vaqueros tienes que ser llamativo porque hay muchas imágenes ahí fuera”, señaló Meisel. Debido a la necesidad de inundar los espacios con campañas publicitarias, lo escandaloso ha ido adquiriendo más peso. Pero definitivamente, “no tiene que ser pervertido para ser bueno”, aseguró el fotógrafo. Su relación con las modelos no ha sido exclusivamente profesional y en los resultados se nota. Con Cindy, Linda y Naomi ha tenido una muy estrecha relación. Formaban un grupo de amigos con el que viajaban, compartían habitaciones y vivían experiencias. En estas frenéticas vidas no pararon de hacer fotos y documentarlo todo. Para ellos parecía que hacer fotos implicaba únicamente pasárselo bien con sus amigos. Naomi confesó para 032 que Meisel le permitía ser adolescente al “combinar trabajo, noches de baile, compras y viajes”. Quienes hoy recuerdan a las top model de los noventa, no lo hacen solo por la perfecta estética, sino por el estilo de vida de opulencia, fiesta y felicidad que proyectaban. No eran solo maniquíes, como se les ha llamado históricamente, eran historias personales que fueron escritas y plasmadas a lo grande. 105 Hamish Bowles, Nueva York, 1993 Iselin Steiro, State of Emergency, 2006 Super Mods Enter Rehab, 2007 Hilary Rhoda e Iselin Steiro, State of Emergency, 2006 Naomi Campbell, Black Issue, 2008 118 Romper la norma puede llegar a tener muchas implicaciones. El límite de la ética profesional del fotógrafo se limita a estar en un limbo que baila entre la denuncia y el morbo. Muchos críticos han sido tajantes con temas como la guerra de Irak o el terrorismo y lo han acusado de idealizar y embellecer asuntos serios. “Todo el mundo interpreta las cosas a su manera, pero no significa que esa sea mi intención. Considero que simplemente estoy sujetando un espejo”, se defendió. Por la serie Super Mobs Enter Rehab, polémica cuanto menos, fue acusado de romantizar el proceso de desintoxicación de las modelos. A la pregunta de qué fue lo que más le cautivó del mundo de la moda, respondió que simplemente reaccionaba a la belleza. Entiende la belleza como un cuadro. El trato que ha tenido con sus modelos traspasó la página impresa y dejó huella en la historia de la moda. Entrena a sus sujetos en posturas, expresiones y actitudes. Se sienten seguras en un ambiente relajado y entienden en todo momento lo que el alemán quiere. “Te hace sentir como un camaleón, como si pudieses adoptar cualquier personaje imaginable”, explicó Naomi Campbell. La dinámica de su trabajo funciona como un juego de roles en el que adoptar un papel hace que todo fluya. Su cabeza es el único recurso para sus sesiones, produce sin storyboard siquiera. Agota así todas las posibilidades de localizaciones y atrezzo según el presupuesto dado por el cliente. Después, explica a su equipo, una y otra vez, aquello que quiere conseguir. De la misma forma que Lindbergh, la relación de Meisel con España pasa por la presidenta de Inditex, Marta Ortega. Su fundación, MOP, que corresponde a las siglas de su nombre, ha organizado en la primera mitad de este año 2023 la exposición Steven Meisel 1993: A Year In Photographs en A Coruña. Solo en 1993 hizo ciento veinte historias y veintiocho portadas, de las que se cumplen tres décadas este año 2023. Se han presentado cien retratos clásicos, descritos como “subversivos, ingeniosos y cálidos” por el folleto informativo de la exposición. 1993 fue un año clave en la carrera de nuestro fotógrafo. Esta exposición concentra algunas de las fotografías más importantes de la historia de la moda. Composición de Meisel, 2017 Issa Lish, Horror Movie, 2014 121 “Steven es mucho más que un gran fotógrafo; es un visionario, un perfeccionista, un verdadero amante de la moda y la belleza en todas sus formas. Un artista exquisito que cuida cada detalle y que no deja nada al azar”, desarrolla Marta Ortega en el folleto informativo. La gallega reserva un espacio en honor a la moda y a aquellos ojos que han determinado en cierto modo el cómo la entendemos. “Nos recuerdan que es un artista, un auténtico maestro del estilo”, declara. Esta ha sido la excusa perfecta para que las favoritas de Meisel, Naomi Campbell, Karlie Kloss, Christie Turlington e Irina Shayk, pasen por la ciudad gallega. Según Moffat, se ha elegido ese año como representación de su prolífica carrera. En lo que se refiere a sus influencias, Steven cree que aquello con lo que uno crece forma parte de su manera de mirar y en cierto modo le pertenece. Deborah Turbeville o Guy Bourdin fueron algunos de sus referentes. Si ya en 2006 el artista consideraba que el glamur era algo del pasado, hoy en día podría estar directamente extinto. La mujer sigue hoy día un rol estilizado y cosificado que perpetúa el papel que jugaron en el siglo XX. Glamur y belleza son cosas distintas. La belleza para Meisel poco tiene que ver con la fama y más con ese cierto magnetismo o carisma que es difícil de explicar con palabras. Ahora, pocas dudas quedan de que Steven Meisel entiende las luces y las sombras, la umbra y la penumbra, la luz y la oscuridad de cada una de las personas que pasaron por delante de su lente. Su obra no pasa desapercibida, podría definirse como agitador. Selecciona sus trabajos favoritos por lo que han permitido decir, que es, a fin de cuentas, su objetivo. El neoyorkino ha seguido un ritual que es “mágico como enamorarse”, en palabras de Sui, para resultado mordaz.