Descubriendo a la Diosa: un diálogo entre la naturaleza, el arte y la espiritualidad
Abstract
Desde los albores del tiempo, nuestros ancestros han considerado a la naturaleza sacra y femenina, identificándose con una gran Diosa Madre, de la que todo nacía y a la que todo regresaba, al morir, para renacer. Este proyecto surge entonces del interés por establecer conexiones entre la naturaleza, la mujer y la espiritualidad, tomando de guía momentos clave del culto a la Madre Tierra en Europa, cuna de la cultura occidental, con el fin de ahondar en los conceptos que construyen la obra propia a la vez que se explora cómo se refleja la evolución de estas creencias religiosas en las manifestaciones artísticas a lo largo de la historia.
Full text
TRABAJO DE FIN DE GRADO Grado en Bellas Artes Universidad de Sevilla Curso 2020/2021 DESCUBRIENDO A LA DIOSA UN DIÁLOGO ENTRE LA NATURALEZA, EL ARTE Y LA ESPIRITUALIDAD MARTA BARROSO CARRETERO
TRABAJO DE FIN DE GRADO Grado en Bellas Artes Universidad de Sevilla Curso 2020/2021 Descubriendo a la Diosa: un diálogo entre la naturaleza, el arte y la espiritualidad. Autora: Marta Barroso Carretero Tutor: Alberto Mañero Gutiérrez
“ La imagen de la Diosa ha regresado a los altares, al mismo tiempo que la mujer culmina la gesta de su liberación y la sociedad patriarcal se bate en retirada”. - El Regreso de la Diosa (2003), Luis G. la Cruz.
CONTENIDO 8 RESUMEN Desde los albores del tiempo, nuestros ancestros han considerado a la naturaleza sacra y femenina, identificándose con una gran Diosa Madre, de la que todo nacía y a la que todo regresaba, al morir, para renacer. Este proyecto surge entonces del interés por establecer conexiones entre la naturaleza, la mujer y la espiritualidad, tomando de guía momentos clave del culto a la Madre Tierra en Europa, cuna de la cultura occidental, con el fin de ahondar en los conceptos que construyen la obra propia a la vez que se explora cómo se refleja la evolución de estas creencias religiosas en las manifestaciones artísticas a lo largo de la historia. PALABRAS CLAVE Mujer, Naturaleza, Medio ambiente, Espiritualidad, Madre Tierra, Diosa, Principio femenino 9 01 INTRODUCCIÓN Antecedentes Acotación del tema Objetivos Metodología 02 MARCO TEÓRICO Capítulo I. La Europa aborigen. Las culturas animistas de la Prehistoria. 2.1. La adoración de la Naturaleza como origen del arte. Representaciones rituales de la fertilidad y la caza. 2.2. El poder cíclico de la vida. Simbología de la eternidad. Capítulo II. La muerte del viejo mundo. La irrupción de la guerra y el patriarcado. 2.3. El paso de una sociedad pacífica a una dominadora. Plástica de la guerra. 2.4. El monoteísmo como modelo patriarcal. Escenas bíblicas y naturaleza impura. 2.5. La castración de la Diosa y proceso de demonización. Imágenes de la santa frente a la pecadora. 2.6. La ausencia del Principio femenino. Androcentrismo y perspectivas matemáticas. Capítulo III. La recuperación de valores ancestrales. La Diosa regresa a los altares. 2.7. Neopaganismo y ecofeminismo. El cuerpo femenino como arma social. 03 APORTACIONES ARTÍSTICAS 04 CONCLUSIONES 05 FUENTES DOCUMENTALES Referencias bibliográficas Índice de ilustraciones 14 16 16 19 22 22 24 27 28 32 32 78 79 83 10 12 12 12 13 36 76
10 11 01 INTRODUCCIÓN El hombre primitivo, a la vez que toma conciencia de su posición en el mundo, advierte que a su alrededor ocurren hechos para los que no tiene ninguna explicación satisfactoria, los cuales identifica con lo sobrenatural. Estos sucesos, tan misteriosos para él, eran principalmente el origen de la vida y el sentido de la muerte, dos etapas del viaje terrenal del ser humano que marcan nada menos que el comienzo y el fin de la existencia individual, entre las cuales veían surgir muchos otros fenómenos inexplicables en la naturaleza (Pangui, 2014). Con mayor intensidad en la Antigüedad, las personas han sido sujeto de experiencias como el temor ante las tormentas eléctricas o la adoración de la noche estrellada, los crepúsculos o los paisajes de vegetación exuberante, lo cual afectó profundamente a la sensibilidad y espiritualidad de las sociedades prehistóricas. Nuestros ancestros, como observadores apasionados del mundo, comprendieron y marcaron los ciclos naturales, advirtiendo así el círculo sagrado de la vida, presente en todo el universo. Allí se constituye, por primera vez, un sistema de creencias mágicas en el cual la naturaleza y la religión son una. Por otro lado, el investigador Luis Fernando Molina establece que, desde sus orígenes, el arte ha recurrido al medio natural en busca de soporte y materiales que permitan la creación artística, como pigmentos minerales o vegetales, madera o piedra. Sin embargo, también le debe a la naturaleza la esencia de la representación (Molina, 2013: 2-3). La Prehistoria está repleta de estos símbolos mágicos, cuya lectura nos revela la religión primigenia. En este culto, la sagrada Naturaleza solía ser vinculada con una gran Diosa madre. Sin embargo, a lo largo del tiempo, se fueron dando ciertos cambios en la mentalidad de la sociedad que alteraron drásticamente la forma en la que el hombre se relacionaba con su entorno. En esto tuvo mucho que ver el desarrollo de sociedades patriarcales y la posterior llegada de las religiones abrahámicas. Lynn White, historiador y activista medioambiental, señaló como máximo culpable de perpetuar estos valores al cristianismo, cuyo dogma consideraba a la naturaleza un objeto para nuestro uso y disfrute (White, 1967: 92). Por tanto, una imagen maternal de la Tierra y el fin de la explotación que supone, eran un obstáculo para la Iglesia católica. Así, la Inquisición erradicó el paganismo y la caza de brujas legitimó definitivamente la infravaloración de la mujer, por la cual “las sabias pasaron de ser sanadoras a adoradoras del diablo” (Mestre, 2011: 9). Esta subestimación de la naturaleza y de la mujer convergieron en una postura que fue asumida por la sociedad europea, persistiendo hasta el día de hoy. Con la globalización, el poder de la cultura occidental capitalista se ha expandido y asentado prácticamente en cada rincón del mundo, dañando nuestro planeta y desplazando los conocimientos y valores de los pueblos sometidos. Como explican Jesús Ballesteros y José Pérez en su estudio Sociedad y medio ambiente (1997), un consumismo insaciable devora el medio ambiente sin tener en cuenta la frágil subsistencia de nuestra especie ante el ya muy palpable fin de los recursos naturales. La creciente escasez de agua potable, la deforestación, la extinción de miles de especies al año, la destrucción de la capa de ozono, etc, evidencian una naturaleza que agoniza. Y mientras tanto, la especie humana parece estar sumida en un sueño muy profundo, inducido por un sistema económico en el cual lo único que prima es generar riqueza. ¿Pero qué fue lo que llevó a nuestra sociedad a despreciar a la naturaleza, a desacralizar su poder y a vivir al margen de ella? ¿Qué valor tenían la Tierra y sus ciclos vitales para nuestros ancestros? ¿Qué papel desempeñaba la mujer en esta espiritualidad? ¿Cómo se refleja esta evolución social y religiosa en las manifestaciones artísticas a lo largo de la historia? Todas estas cuestiones y otras se abordarán de un modo reducido en el presente Trabajo de Fin de Grado, pues esta no pretende ser una investigación al uso, sino que trata más bien de establecer un marco teórico que contextualice la obra artística personal, mediante la cual se busca despertar una conexión espiritual con la Madre Tierra ante esta situación social y ambiental. Pues como propuso Lynn White (1967: 96), “puesto que las raíces de nuestro problema son en tan gran medida religiosas, el remedio debe también ser esencialmente religioso, lo denominemos así o no”.
12 13 Antecedentes Acotación del tema En esta sociedad consumista, el dinero se torna nuestra mayor obsesión desde muy temprana edad, lo cual nos desliga de nuestro entorno natural. Sin embargo, siempre ha existido en el ámbito particular una profunda conexión con la naturaleza. Ésta, junto con la mujer y lo sagrado, aparece de forma constante en la obra propia y resulta fundamental establecer relaciones entre dichos conceptos. La figura femenina, que suele protagonizar la escena, es acompañada en ocasiones de animales y representada como un ser sobrehumano o una divinidad, con una actitud poderosa y en situaciones que parecen provenir de extraños mitos. A menudo se muestran símbolos procedentes del ocultismo, la astrología, la brujería y otras tradiciones paganas íntimamente relacionadas con la naturaleza, cuyos valores y prácticas están presentes en la espiritualidad personal. La producción, fundamentalmente pictórica, refleja así un universo íntimo marcado por el esoterismo mediante imágenes emergidas del trance, la contemplación y la fantasía, queriendo resaltar el principio femenino del cosmos, además de promover la concienciación medioambiental y la recuperación de nuestra conexión con la naturaleza y sus ciclos, la cual era tan esencial para nuestros ancestros. El tema de este proyecto se enfoca en torno a la adoración de la Diosa madre. Se busca así establecer conexiones entre la mujer, el medio ambiente y la espiritualidad a través de exponer momentos clave del culto a la Madre Tierra en Europa, cuna de la civilización occidental. De esta forma, abordaremos superficialmente su origen y evolución al mismo tiempo que explicamos cómo el desarrollo histórico de esta religiosidad se refleja en el mundo del arte. Cabe reiterar que no se quiere iniciar una investigación convencional acerca de estos temas, sino ahondar en los conceptos que construyen la producción plástica de la autora mediante estas acotaciones teóricas. - Explorar los orígenes del culto ancestral a la Madre Tierra y su evolución en la antigua Europa, estableciendo relaciones entre la mujer, la naturaleza y la religión. - Identificar los motivos por los cuales la veneración hacia la figura de la Diosa fue desplazada, teniendo por consecuencia la desacralización de la mujer a la vez que esto sucedía también con nuestro planeta, así como poner en valor el principio divino femenino. - Analizar el estado de esta religiosidad en el marco de la Era Contemporánea, insistiendo en el neopaganismo y en el activismo ecológico y feminista como máximos impulsores del regreso de la Diosa. - Investigar cómo se reflejan los asuntos anteriores en la historia del arte desde los orígenes del culto, pasando por su disolución, hasta lo que parece ser su regreso definitivo a partir de mediados del siglo XX. Objetivos Metodología En el presente trabajo se ha seguido una metodología de tipo deductiva, ya que se establece un diálogo entre el arte, la naturaleza, la mujer y la espiritualidad con el fin de adentrarnos en nociones más precisas sobre la conexión entre ellas y así entender la importancia de estos conceptos en el marco de la obra artística personal. Atendiendo a esto, el proceso queda estructurado en dos partes: En la primera se desarrolla el contenido teórico, respaldado no sólo en el ámbito artístico, sino también en ciertas fuentes filosóficas, antropológicas, metafísicas e históricas a través de un amplio análisis bibliográfico y web. De esta forma, se estudian momentos clave del culto a la Madre Tierra en Europa, dividido en diferentes etapas: su nacimiento y consolidación, su evolución hacia ideologías patriarcales y su estado en el marco contemporáneo. A su vez, se establecen relaciones entre los puntos anteriores y su reflejo en la historia del arte. En la segunda parte se lleva a cabo un dossier de obras previas y se plantea un nuevo conjunto de pinturas en base a la temática que se está tratando, de forma que las ideas aquí estudiadas se expandan para entrelazarse con la sensibilidad propia mediante la creación artística. En la obra personal, de forma general, la naturaleza es concebida como una gran diosa, siendo esta la base de la que proceden las ideas y el motor que impulsa este proyecto. Por supuesto, no se pretende trazar una línea histórica completa desde los inicios del culto a la Naturaleza hasta la actualidad, tampoco analizar el cambio climático, sino tratar de contextualizar nuestra creación artística y de comprender cómo hemos llegado a esta situación social y ambiental desde una perspectiva espiritual o religiosa, más allá de los hechos evidentes. Se considera que solo así, entendiendo nuestros orígenes e indagando en las raíces más profundas de la conexión entre la naturaleza, la mujer y nuestro ser, podríamos, también de raíz, solucionar esta situación tan fatídica. Dicho esto, los objetivos principales de este trabajo se centran en:
14 15 02 MARCO TEÓRICO Debemos comenzar haciéndonos una pregunta clave: ¿A qué se refiere la palabra “naturaleza”? Los científicos Denis Couvet y Frédéric Ducarme asocian su origen etimológico con el vocablo griego physis, que alude al crecimiento de forma espontánea de los seres vivos. Por parte de la ciencia, esta es considerada como el universo físico o material, entendiéndose como un todo que abarca a los seres vivos, las sustancias como el fuego, el agua, la tierra y el aire, además del clima, la atmósfera, los ecosistemas y todos los procesos de interacción que se producen entre ellos. Por supuesto, también se relaciona con el espacio cósmico, las galaxias, los cuerpos celestes… en definitiva, todo lo que se ha desarrollado de manera natural sin la intervención del ser humano (Couvet y Ducarme, 2020). Además, en la naturaleza existe una dinámica de interacción muy armoniosa entre todas sus partes, entre la materia inerte, la viva y la actividad de la propia Tierra. André Bretón se pronuncia sobre este asunto en El arte mágico: “Por grandes que sean las diferencias que separan unos de otros a todos los seres de la creación, animales, plantas y minerales, una serie de relaciones en las que se manifiesta una armonía pasmosa y providencial establece la más estrecha solidaridad entre ellos” (2019: 41). La necesidad del ser humano de entenderse a sí mismo y, por tanto, a su entorno natural, viene de muy atrás. Desde el nacimiento de la humanidad, sabemos que muy pocos han sido los pueblos que han carecido de un sistema de creencias religiosas. Los hallazgos arqueológicos nos han permitido conocer que las primeras sociedades prehistóricas, según Mircea Eliade, ya tenían una fe panteísta. Esto quiere decir que consideraban sagrado todo lo que les rodeaba, sin hacer distinción entre el universo, la naturaleza y la deidad. La Tierra conformaba una unidad cósmica, viva y activa, pues esta tenía la capacidad de engendrar la vida como si de un vientre materno se tratase (Eliade, 1981: 262). Debido a esta concepción divina del mundo, surge el culto primitivo a la Madre Tierra, al asociar la naturaleza con una mujer, una gran madre. Por otro lado, con gran fuerza durante la Prehistoria, aunque también en épocas posteriores, estas creencias primigenias se ven plenamente reflejadas en la expresión artística de las diferentes comunidades, tomando un carácter ritual. El arte, en palabras de Riane Eisler, es una forma de comunicación simbólica que nos muestra cómo esta gente vivió y murió, al igual que nos enseña también cómo pensaban y experimentaban su realidad vital (Eisler, 2005). Y es que estas representaciones, a menudo en cuevas muy oscuras y de difícil acceso, parecen reclamar algo más que la mera decoración estética. Como veremos en las siguientes páginas, el culto a la Diosa es tan antiguo como el ser humano y las sociedades primitivas que la adoraban se caracterizaban por ser pacíficas y sostenibles con el entorno. Pero en un determinado momento nos desviamos gradualmente de esa trayectoria hasta la actualidad, o hasta la decadencia, pues a medida que estos pueblos fueron invadidos por civilizaciones dominadoras y patriarcales, sus costumbres, creencias y símbolos se vieron prácticamente aniquilados, dejando incluso de venerar a la deidad femenina. La mujer, al igual que la naturaleza, pierde su carácter divino; y no sólo eso, sino que ambas se convierten en objetos destinados al uso y disfrute del hombre. Así, lo sagrado femenino sucumbe ante Dios, un único varón todopoderoso.
16 17 Capítulo I. La Europa aborigen. Las culturas animistas de la Prehistoria. La adoración de la Naturaleza como origen del arte. Representaciones rituales de la fertilidad y la caza. Desde los albores de la humanidad, la naturaleza ha sido considerada sacra y femenina, identificándose con una gran Diosa Madre, de la que todo nacía y a la que todo regresaba, al morir, para renacer. Este culto primitivo comienza a vislumbrarse en el Paleolítico superior, fortaleciéndose en el Neolítico gracias a la fundación de las primeras ciudades y evolucionando hacia las cosmogonías de la Europa oriental, como en Creta, y en la Europa occidental, con los celtas, además de en toda Asia, América y Oriente Medio. Para el antropólogo Fernando Klein, esta religiosidad se centra en el misterio y el poder del alumbramiento. Desde este enfoque, se enlazan la fertilidad de la tierra y la fecundidad femenina: “la tierra es una mujer y la mujer es la tierra” (Klein, 2009: 15), pues ambas pueden producir vida y comprenden el enigma de la creación. Por el mismo motivo, Luis G. La Cruz, entre otros autores, expone que la mujer también se asociaba íntimamente con los animales, pues comparte con todas las hembras la condición de madre (La Cruz, 2003: 12); Morrigan se convertía en cuervo, Hécate en una perra, Epona en una yegua y un largo etcétera. Esta sensibilidad les llevó a manifestar ese temor o asombro que les producían los fenómenos naturales o las fases vitales mediante el objeto sagrado, lo que ahora conocemos como “arte ritual”, y el ritual propiamente dicho, pues este juega un papel fundamental en las creencias religiosas de muchas culturas. En el marco artístico personal, el rito mágico está presente de forma constante, por lo que resulta importante comprender su esencia. Según nos dice el antropólogo Joseph Maxwell, “es la expresión de una voluntad fuerte, afirmada en cada detalle del ritual, que tiende a la subyugación de seres sobrenaturales o a la dominación de las fuerzas naturales sustraídas por lo general al imperio del hombre” (citado en Bretón, 2019: 26). Atendiendo a esto, podemos decir que tanto el objeto ritual como el ritual en sí mismo, ambos con carácter mágico, tienden a “la propiciación o conciliación de poderes superiores”, como observa Frazer (citado en Bretón, 2019: 26). Ante esto, resulta fácil notar que la magia representa la parte más primitiva del ser humano. Esta “no es en sí nada más que una voluntad, y esa voluntad es el gran misterio de toda maravilla y de todo secreto; opera por el apetito del deseo del ser”, afirma Jakob Böhme (citado en Bretón, 2019: 24), y al mismo tiempo busca una salida en un mundo, el nuestro, en el que todo ha conspirado para cerrársela. Para Frazer, en el origen, “los hombres imaginaron que, ya que eran capaces de ejercer un control sobre sus ideas, debían estar igualmente en condiciones de controlar las cosas” (citado en Bretón, 2019: 31). Surge así el concepto de magia simpática, la cual gira entorno a dos ideas: que lo similar produce lo similar y que dos cosas que hayan estado unidas en algún momento permanecerán siempre en contacto (Frazer, 1981: 34). Se trata, por tanto, de una práctica propiciatoria por la cual las representaciones animales están orientadas a incentivar la caza. Un buen ejemplo de esto son también las Venus paleolíticas, estatuillas femeninas con senos, caderas y vúlvas extremadamente exagerados; imágenes de la Diosa que buscan impulsar la fertilidad de Fig. 1. Venus de Willendorf. Paleolítico superior, 24000 - 22000 a.C. Piedra caliza. Neunkirchen, Austria. Museo de Historia Natural de Viena.
30 31 Esta ausencia del principio femenino y la primacía del masculino se expresa con fuerza en el arte humanista del Renacimiento, marcado por un profundo antropocentrismo -y también androcentrismopor el cual “el hombre es considerado el centro del Universo y medida de todas las cosas” (FemMón, 2017), como se observa en el Hombre de Vitruvio de Da Vinci (fig. 8). Así, el cuerpo del varón se establece como el canon perfecto de la especie humana y como el símbolo máximo de belleza, como ya se veía en la cultura grecorromana. De esta forma, los artistas de la época, en su gran mayoría hombres, encontraron en las representaciones de varones con exageradas musculaturas “su yo ideal, espejo magnificado y narcisista de ellos mismos” (Museé d’Orsay, 2013). Abundan también los retratos de intelectuales como filósofos, poetas y oradores, un ámbito donde las mujeres no tenían cabida. Un buen ejemplo de esto es La escuela de Atenas de Rafael (fig. 9), un fresco que representa nada menos que los orígenes del pensamiento occidental y en el cual la presencia masculina domina la escena. Como vemos, la razón y la fuerza, atributos históricos del hombre, acaparan el panorama artístico dejando a la mujer en segundo plano. Además, como refleja Molina en su ensayo Arte y naturaleza, en este periodo las imágenes de entornos naturales son sustituidas por ambientes urbanos y escenarios arquitectónicos debido al creciente interés por la perspectiva matemática (2013: 8) y así, la naturaleza y la figura femenina se vuelven prácticamente invisibles. Fig. 8. Hombre de Vitruvio. Da Vinci. Renacimiento, 1492. Tinta sobre papel. Galería de la Academia de Venecia Fig. 9. Detalle de La Escuela de Atenas. Rafael. Renacimiento, 1510 - 1511 . Fresco. Museos Vaticanos, Ciudad del Vaticano.
32 33 Capítulo III. La recuperación de valores ancestrales. La Diosa regresa a los altares. Neopaganismo y Ecofeminismo. El cuerpo femenino como arma social. “En cada época hay mujeres y hombres cuyas almas han sido tocadas profundamente por la naturaleza, gente que oye la poesía silenciosa y llena de gracia de las estrellas y que para ellos la hierba y la profundidad de los bosques son los templos del alma. Estas personas son los paganos y las paganas” (Federación Pagana, citado en Meenee, 2011: 44). Con el fin de la caza de brujas, en la segunda mitad del siglo XVIII, resurge el principio femenino en la cultura europea y “como acudiendo a una llamada ancestral, los hombres de nuevo levantan su mirada hacia el cielo estrellado donde descubren a la más antigua Diosa” (La Cruz, 2003: 84). En esta época, el arte se inspira en el antiguo paganismo nativo y nace el interés por el mundo de los sueños, el inconsciente y el ocultismo. Se da en el mismo momento la primera ola feminista y la mujer comienza a reclamar el lugar que le corresponde en una sociedad dominada aún por valores patriarcales. La plástica del Romanticismo supone una ruptura con todo lo anterior, pues se busca la libertad de representación frente a las normas académicas, y los sentimientos y la sensibilidad, rasgos asociados a la naturaleza femenina, sustituyen a la razón. De esta forma, la mujer y la naturaleza se convierten de nuevo en el centro de las representaciones de las artes modernistas europeas. Según afirman Carolina Prieto y Mar Rodríguez, “dentro de la poética romántica observamos dos contextos principales de los que participa el desnudo”: por un lado se trata con gran erotismo y sensualidad, como vemos en El Baño turco de Ingres, aunque también con dramatismo y sentimiento de lucha, respondiendo “a obras con un tema trágico y conmovedor” (Prieto y Rodriguez, 2010), como se refleja en La libertad guiando al pueblo de Delacroix. Esta contemplación del cuerpo femenino como algo bello, tan alejada ya de la visión medieval, permitió vincular de nuevo a la mujer con la naturaleza y representar la feminidad en sus facetas más enigmáticas, sexuales y destructivas. Así se crea el arquetipo de la mujer mística o la mujer fatal, una imagen poderosa en la cual convergen el miedo y la pasión. La historiadora Raquel Sánchez la define como “la mujer inaccesible”, que “alcanza una dimensión casi incorpórea” (2004: 73), símbolo de un amor imposible. Pero esta representación de lo femenino no se limita sólo a las escenas eróticas o trágicas, sino que adopta una perspectiva más realista y la mujer también se muestra como protagonista indiscutible del ámbito privado o cotidiano. Esto se manifiesta con fuerza en las obras de Goya, donde la presencia femenina llega a dominar sobre el resto de personajes y las mujeres comienzan a conducir su mirada hacia el espectador. Manuela Mena, conservadora del Museo del Prado, mantiene que la obra de Goya sobre la mujer “no descubre nada nuevo: está viendo cómo son, cómo viven en su sociedad y cuáles son los problemas a los que se enfrentan, que son los mismos que ahora, la desigualdad y la violencia, y los va señalando” (Mena, citado en Bayona, 2018). Como La Maja desnuda (fig. 10), estas mujeres están lejos de la idealización de otros períodos artísticos. Son mujeres reales: viejas alcahuetas, damas de la alta sociedad, mujeres del pueblo… en definitiva, mujeres que tienen ahora una identidad propia. En cuanto a las imágenes de la naturaleza, en el Romanticismo surge también un sentimiento de desesperación frente al mundo, lo cual se ve reflejado en la representación de “ambientes en ruinas, o paisajes sórdidos y lúgubres, siniestros y melancólicos” (Molina, 2013: 9), lo que da lugar al género pictórico del paisaje sublime. A diferencia de otros periodos, la naturaleza aparece ahora como nunca antes fue vista, pues el poder y la grandiosidad del entorno destacan sobre la insignificante presencia del ser humano, como se observa en El monje a la orilla del mar de Friedrich. Posteriormente, a finales de los años 60 tiene lugar la segunda ola feminista y, debido a las primeras alertas medioambientales, rebrota también la fe pagana. Es así como nace el neopaganismo, definido por Harita Meenee (2011: 44) como un sistema de creencias basado en la deificación y preservación de la naturaleza, además de la adoración de los ciclos vitales y la aceptación del principio femenino y el masculino de lo Divino. Además, también promueve valores sociales como la solidaridad, la colaboración y la comunidad. • La Rueda del Año Los ciclos de la naturaleza son honrados por los neopaganos a través de la Rueda del Año, un calendario utilizado para marcar las 8 festividades anuales, que coinciden con los momentos de siembra, cosecha y otros eventos de trabajo en el campo (Samhain, Imbolc, Beltane, Lughnasadh), o bien encajan con los solsticios y equinoccios (Yule, Ostara, Litha, Mabon), marcando así el comienzo de las estaciones. En el proyecto divulgativo Suarra (2017), Fig. 10. La Maja desnuda. Goya. Romanticismo, 1795 - 1800. Óleo sobre lienzo. Museo Nacional del Prado, Madrid.
34 35 Los movimientos de liberación femenina y las luchas sufragistas del Romanticismo impulsaron el inicio de la participación activa de la mujer en el arte a finales de los 60. Artistas como Judy Chicago, Miriam Schapiro o Louise Bourgeois, entre muchas otras, toman conciencia de su historia y surge así el movimiento artístico feminista, cuyas obras constituyen una crítica al sistema socio-político patriarcal del momento. Aparecen entonces nuevos modos de tratar el cuerpo de la mujer, tanto física como psíquicamente, y lo estéticamente bello es sustituido por imágenes que buscan suscitar “sentimientos de sorpresa, provocación y temor” (Sosa, 2013). Así, donde el cuerpo femenino era objetivizado por la mirada del hombre, este se transforma ahora en un arma contra la desigualdad de género. Al mismo tiempo, feminismo y ecologismo convergen en ecofeminismo, que encuentra puntos comunes entre la explotación de la mujer y la naturaleza y que tiene también sus frutos en el arte. Varias artistas retomaron la representación de la gran Diosa Madre mediante la vinculación de sus cuerpos con la tierra, estableciendo una conexión física y espiritual con esos lugares asociados históricamente a los cultos matriarcales. En ese sentido, Alicia Campos sostiene que uno de los mayores referentes es Mary Beth Edelson, quien incluso crea sus propias deidades como vemos en la obra Goddess Head (fig. 11). En este fotomontaje aparece una figura femenina con cabeza de caracola fosilizada que “nos indica una actitud de receptividad y a la vez de proclamación y resistencia” (Campos, 2020: 16). No cabe duda de que esta enigmática diosa está vinculada con la naturaleza y las energías creadoras ancestrales. De tal manera, el siglo XX corresponde con la vuelta definitiva de la Diosa a los altares, pues “seguramente estamos ante el alba de un tiempo nuevo cuyo protagonismo corresponderá al principio femenino, como sucedió durante el amanecer de la evolución humana” (La Cruz, 2003: 94). Guillermo Piquero explica que para ilustrar estas celebraciones se basaron en una religiosidad dualista, en la cual la Diosa-Madre da a luz al Dios hijoconsorte, acompañándole a lo largo de su vida, enamorándose y quedando embarazada de él en su madurez. Y cuando el Dios muere, ella espera su posterior renacimiento en un nuevo giro de la Rueda. Se considera, por tanto, que su origen es tan antiguo como las primeras culturas, pues no solo encontramos referencias a este mito en los pueblos europeos, sino que estuvo presente en las creencias de todas las civilizaciones agrícolas del Neolítico, como Mesopotamia, Egipto o el Indo. Esta historia evolucionó a lo largo del tiempo y las deidades adquirieron diversos nombres, pero la Iglesia hizo desaparecer su primitivo sentido original, eliminando a la Diosa y convirtiendo al Dios (Cernunnos, Osiris, Dionisio, etc) en “el mayor enemigo de la cristiandad” (Piquero, 2017). No obstante, tal era el valor de la Rueda del año que sus ritos no pudieron borrarse y aún se siguen celebrando, escondidos tras nombres católicos como la Navidad, San Juan, la Candelaria, el día de Todos los Santos o la Pascua. Fig. 11. Goddess Head, Double Spiral. Mary Beth Edelson. Arte ecofeminista, 1975. Fotomontaje. The Getty Center, Los Ángeles.
36 37 03 APORTACIONES ARTÍSTICAS Aunque en la creación artística personal se hacen uso de diferentes técnicas como la escultura o el grabado, resulta más sencillo expresarse con la pintura al óleo, pues esta facilita la representación de efectos lumínicos, aparte de producir colores muy vivos y aportar una gran riqueza en las texturas. Además de una función estética, la luz siempre ha tenido en la obra propia una potente carga simbólica, pues este elemento suele asociarse especialmente con la divinidad y la espiritualidad, aunque también con el conocimiento, la belleza y la vida en un sentido panteísta de vínculo con la naturaleza. Se trata de una luz irreal, ya que carece de una base científica o natural. De esta forma, mediante destellos, rayos, halos, dorados y otros tipos de brillos resplandecientes asociados con lo sagrado se crean imágenes inverosímiles que transcienden la mera materialidad. Por otro lado, los fondos refuerzan el simbolismo divino de la luz, pues las figuras se sitúan en un escenario indeterminado que, si bien no muestran un espacio físico, suponen un ambiente metafísico ligado a lo religioso. “La luz es la metáfora por excelencia de la sabiduría, del bien y del amor, la más ancestral y al mismo tiempo la que más íntimamente enlaza con la propia experiencia vital, pues los monstruos de nuestra infancia siempre habitaban en las sombras, y todo aquel que alguna vez se ha dirigido al baño a oscuras acaba siendo dolorosamente consciente de que antes debería haber encendido la luz” (Bilbao, 2016). EL SENTIDO METAFÍSICO DE LA LUZ
38 39 El yin y el yang, lo femenino y lo masculino, el bien y el mal, el cuerpo y el alma… Todos estos conceptos, al igual que esta imagen, hacen referencia a la dualidad existente en toda la naturaleza y, por tanto, también en la existencia humana. No hallamos el día sin la noche, el frío sin el calor, la vida sin la muerte. Se trata de dos aspectos contrarios que se complementan y se necesitan el uno al otro. Dos figuras femeninas, versiones enfrentadas de una misma, constituyen el punto central de la representación. La utilización de colores complementarios -rojo y verderesalta esa contraposición y manifiesta que en cada individuo coexisten estos dos principios opuestos: la materia y el espíritu. Por otro lado, los rayos de luz que emanan de los ojos de estos seres sobrehumanos y una especie de nebulosa psicodélica en el fondo, creada mediante la técnica de pouring o acrílico fluído, realzan el carácter sobrenatural de la escena. Aristóteles es muy explícito al afirmarlo: “el cuerpo y el alma constituyen una única sustancia, y la relación entre ellas dos es igual a la de la materia y forma. El alma es la forma del cuerpo al igual que el cuerpo la materia del alma. La separación de estas dos fuerzas sería la destrucción del ser al cual formaban. Un alma sin cuerpo no es nada, y un cuerpo sin alma deja de ser un organismo”. Por tanto, el camino de la virtud consiste en no alterar el curso natural de las cosas, dejando que ambos conceptos convivan en equilibrio, sin imponerse uno sobre otro, hacia la búsqueda de la verdadera armonía. Materia y espíritu Fig. 12. Materia y Espíritu. Marta Barroso Carretero. Técnica mixta: óleo y acrílico fluido sobre tabla. 60 x 90 cm. 2019.
40 41 La Iluminación es el grado de consciencia más elevado en el desarrollo espiritual. Al alcanzarlo se manifiesta una sensación de unidad con el cosmos que nos acerca a la divinidad y se llega a percibir el aprendizaje realizado a lo largo de la evolución del alma. En esta pintura al óleo, construida mediante manchas planas de color, la imagen de una mujer protagoniza la escena. Esta aparece mirando hacia arriba, con las palmas de las manos extendidas y con numerosos ojos cubriendo su cuerpo y rodeando su cabeza en forma de aureola. Además, un halo de luz radiante se coloca sobre ella, y su rostro refleja una expresión de embeleso o éxtasis, como si todos los entresijos ocultos del universo se hubiesen desbloqueado en una experiencia mística. Este despertar espiritual le hace ver con claridad. El camino de la iluminación es, por tanto, penetrar en el sustrato de nuestro ser y tener una comprensión profunda acerca del mundo y de nuestra verdadera identidad. Consiste descorrer el velo del olvido para descubrir el sentido de este viaje que es la vida, pues como seres conscientes este es nuestro propósito más elevado. Revelación Fig. 13. Revelación. Marta Barroso Carretero. Óleo sobre lienzo. 100 x 80 cm. 2019.
42 43 Una criatura marina toma una posición central en esta pintura. La figura, de aspecto monstruoso, observa al espectador con una mirada de superioridad y una expresión serena que evidencian su naturaleza divina. Esta se identifica con la diosa Tiamat, que según la antigua mitología babilónica, es conocida como el principio primordial femenino del agua salada y el mar. En el poema épico Enûma Elish, Tiamat se une a Abzú, el dios del agua dulce, para dar a luz a la siguiente generación de deidades mesopotámicas. “Ti” significa vida y “amat” madre, por lo que es considerada una diosa creadora. Por otro lado, los juegos de claroscuro y el dinamismo de la figura aportan gran teatralidad a la escena. Asímismo, cabe destacar la predominancia de tonalidades frías, como el verde y el azul, que buscan trasladarnos a las oscuras profundidades del océano. Esto se debe a que esta divinidad también es asociada con la encarnación monstruosa del caos, habitando el abismo marino y adoptando la forma de una serpiente acuática. Tiamat Fig. 14. Tiamat. Marta Barroso Carretero. Óleo sobre lienzo. 100 x 80 cm. 2019.
45 44 Muchos somos los que opinamos que todo es energía. La sentimos en todas partes, pero resulta muy complicado percibirnos a nosotros mismos como una central energética con sus puntos de generación, transformación y distribución. En esta pintura, una figura femenina de aspecto sobrehumano mantiene una posición estática, frontal y centrada en la composición, además de un gesto solemne en su rostro. Sobre ella se elevan los 7 símbolos correspondientes a los chakras, pues la obra explora estos puntos que, según la cultura oriental, se sitúan en el cuerpo humano. Existe un marcado contraste entre la figura, representada con una degradación de colores brillantes que reflejan los tonos respectivos a cada uno de estos centros de energía, y un fondo completamente oscuro y vacío, comparable con la Nada y la ignorancia. Por otro lado, se ha utilizado pintura dorada para resaltar el poder y la sacralidad de los chakras, los cuales nos otorgan una visión profunda acerca de nosotros mismos, así como un amplio desarrollo psíquico y una mayor conexión con la naturaleza y con lo divino. Se busca, por tanto, plasmar esa ascensión desde el plano terrenal al espiritual, desde el Muladhara al Sahasrara, este último ubicado sobre un par de alas que muestran la libertad que nos proporciona alcanzar la consciencia pura. El despertar Fig. 15. El despertar. Marta Barroso Carretero. Óleo sobre lienzo. 130 x 81 cm. 2019.
46 47 Siguiendo en la línea de los seres mitológicos, mágicos o fantásticos, esta escultura de bulto redondo representa una versión femenina del monstruo Yacuruna, uno de los espíritus más importantes de las aguas dulces del Amazonas. Modelada en arcilla polimérica, la figura se presenta como un híbrido entre mujer y pez o anfibio, con rasgos subacuáticos como branquias o la falta de orejas. La estatuilla ha sido policromada con pintura acrílica en tonos azulados y verdosos, y su cuerpo desnudo y estilizado parece emerger de las aguas oscuras de un río o pantano, creado con resina epoxi sobre una base circular de madera. Según cuenta la leyenda, esta deidad tiene la capacidad de comunicarse y controlar a todos los seres que viven en el medio fluvial, por lo que chamanes y curanderos a lo largo de la historia han invocado a esta critatura con bastante frecuencia (El pensante, 2020). Yacuwarmi Fig. 16. Yacuwarmi. Marta Barroso Carretero. Arcilla polimérica, resina epoxi y acrílico. 40 x 30 x 30 cm. 2019.
48 49 A pesar de que el feminismo se alza en contra de doctrinas que perpetúan valores masculinos y patriarcales, como es el cristianismo, puede encontrar un apoyo en la Virgen ya que su culto es lo único que queda de las tradiciones ancestrales que adoraban a las Diosas madre dadoras de vida. Esta escultura invita a profundizar en la figura de María, tomar un momento para esclarecer su imagen y recuperar una visión más próxima a nuestra espiritualidad, pues es muy probable que no hayamos simpatizado mucho con este modelo tradicional de diosa, demasiado perfecta y pulcra, demasiado distante. Se trata de un alto relieve realizado con arcilla polimérica y policromado con pintura acrílica en tonos pastel. El retrato se encuentra en el centro de la composición, sobre un tondo de madera decorado con una fondo celestial. Sus ojos en blanco y su expresión solemne le aportan un carácter divino, que también viene reforzado por los atributos propios de la Virgen como el manto, para el que se ha utilizado un trozo de ganchillo, y la corona, elaborada con dedos de resina creados a partir de moldes. En este marco, María se suma a la cadena primigenia de las grandes Madres, mujeres divinas cuya bendición es la fecundidad. Por lo que al fin de cuentas, debería representar lo mismo que las primeras: la devoción hacia la mujer como fuente de la vida, como símbolo de la conexión con la naturaleza, así como máximo ser inspirador del amor y de la espiritualidad, aportando el equilibrio necesario en la vida en comunidad. Luna Maris Fig. 17. Luna Maris. Marta Barroso Carretero. Arcilla polimérica, resina epoxi y acrílico. 15 x 30 x 30 cm. 2019.
62 63 Correspondencias de Yule Conceptos clave: Máxima oscuridad, Solsticio de invierno, reposo. Otros nombres: Solsticio de invierno o Navidad. Colores principales: Rojo, verde y dorado. Diosa: Cailleach, diosa anciana y reina del invierno. Animales: Reno, lechuza, buho. Plantas: Acebo, roble, muérdago, enebro, laurel, canela. Piedras: Rubí, esmeralda, aventurina, diamante, cuarzo blanco, granate. Símbolos habituales: Estrellas, velas, copos de nieve, tronco de Yule. En Yule se celebra el Solsticio de invierno, que coincide con la noche más larga del año. Nos encontramos en la época más oscura y fría del ciclo en la cual la vida descansa sumida en un profundo letargo, pero es a partir de este momento cuando los días se alargan trayendo consigo el renacimiento de las fuerzas de la naturaleza. Esta celebración está dedicada a la familia y a la fertilidad, pues simbolizaba el triunfo de la vida sobre la muerte y de la luz sobre la oscuridad. Familiares y amigos se reunían junto a las hogueras, que incitaban al sol a recobrar su fuerza, y comían y bebían en abundancia buscando acelerar la llegada de la primavera en forma de magia simpática. Yule es el momento de plantar las semillas de los cultivos de invierno, al igual que debemos plantearnos lo que sembraremos, personalmente como individuos, en la época luminosa, que llegará pronto. YULE 21 - 22 diciembre Fig. 24. Yule, serie “La Rueda del año”. Marta Barroso Carretero. Óleo sobre lienzo. 30 x 30 cm. 2021.
64 65 Esta festividad tiene lugar justo a mitad del invierno y, a pesar de que la naturaleza aún duerme, ya se pueden observar los indicios de su despertar. Aunque el mal tiempo y las bajas temperaturas aún perduran en el entorno, en Imbolc, que significa “en el vientre”, el frío comienza a suavizarse y la flora y fauna vuelven a la vida tras su periodo de reposo. Las semillas están a punto de germinar y nacen los primeros corderos del año. Este sabbat es el festival de luz y del amanecer, tiempo de esperanza y jovialidad. Tradicionalmente, se suelen encender hogueras y velas para debilitar el poder del invierno y celebrar el notable aumento de la duración de los días. Esta última celebración invernal está consagrada a la diosa Brigid, que suele representarse sosteniendo una vara blanca de sauce, con la cual regenera la tierra sin vida y engendra una nueva ronda de nacimientos entre animales. Durante Yule, hemos reflexionado sobre nuestros deseos, sobre qué queremos que prospere en este nuevo año y qué queremos dejar atrás. Ahora es el momento de desechar, de elegir, de ponerse en marcha y tomar acción. IMBOLC 1 - 2 febrero Correspondencias de Imbolc Conceptos clave: Amanecer, esperanza. Otros nombres: La Candelaria o día de Santa Brígida. Colores principales: Blanco, amarillo, dorado, crema, marrón. Diosas: Brigid, diosa del hogar, la inspiración y la paz. Animales: Oveja, cabra, ganso, cisne. Plantas: Escaramujo, galanto, narciso, todas las flores blancas o amarillas. Piedras: Granate, turquesa, cuarzo rosa, cuarzo blanco, cuarzo citrino, ámbar. Símbolos habituales: Cruz de Brigit, velas, lana, flores blancas. Fig. 25. Imbolc, serie “La Rueda del año”. Marta Barroso Carretero. Óleo sobre lienzo. 30 x 30 cm. 2021.
66 67 Con el buen tiempo y las temperaturas en ascenso, la chispa de la vida se expande en todas direcciones. Los campos reverdecen, florecen muchas especies vegetales, los animales recien nacidos exploran el medio que les rodea, las manadas se reúnen; todos los seres vivos experimentamos cierta alteración en nuestros sentidos y nuestro estado de ánimo y vitalidad mejoran radicalmente. Ostara marca el comienzo de la primavera, justo el momento en el que la noche y el día están en perfecto equilibrio. A partir de entonces, la luz comienza a ganar terreno a la oscuridad. Por ello, se celebra el fin del invierno, la vuelta del sol y el renacimiento de la vida. Tras su reposo durante los meses anteriores, la tierra se encuentra en una etapa de fertilidad y tiene lugar la primera siembra del año, tanto física como espiritual. Así pues, es buen momento para comenzar nuevos proyectos, marcarnos objetivos y meditar acerca de cómo podemos alcanzarlos. Es tiempo de salir y de interaccionar con el mundo tras la pausa invernal, aprovechando las energías de expansión. Correspondencias de Ostara Conceptos clave: Renacimiento, fertilidad, primera siembra, primavera. Otros nombres: Equinoccio de primavera, Pascua o Luz de la Regeneración. Colores principales: Tonos pastel, verde claro, azul, rosa y amarillo. Diosa: Eostre, diosa de la fertilidad, del despertar y de la primavera. Animales: Conejo, liebre. Plantas: Rosa, jazmín, margaritas, lirio, violeta, diente de león. Piedras: Cuarzo rosa, piedra lunar, amazonita, aguamarina, cuarzo claro, ágata musgosa. Símbolos habituales: Semillas, guirnaldas de flores, huevos decorados. OSTARA 20 - 22 marzo Fig. 26. Ostara, serie “La Rueda del año”. Marta Barroso Carretero. Óleo sobre lienzo. 30 x 30 cm. 2021.
68 69 Durante esta época, las fuerzas de la naturaleza estallan y la mayoría de los seres vivos se encuentran en periodo de apareamiento. El auge reproductivo se muestra en multitud de bailes y cortejos entre los animales, mientras que las flores se abren esperando ser fecundadas con ayuda de los insectos. Beltane indica el comienzo de la mitad iluminada del año, dando lugar a días más cálidos que invitan a salir al aire libre. Este es un sabbat muy creativo y de índole sexual, lo cual se manifiesta mediante un sinfín símbolos de la fertilidad. Ejemplos de ello son las hogueras, que tradicionalmente se encendían para asegurar la fertilidad de la familia y de la naturaleza; la recogida de flores, las cuales representan los órganos reproductores de las plantas; y la danza alrededor del Palo de mayo, una alegoría del pene del Dios en el interior de la Diosa. En época celta, los jóvenes pasaban toda la noche en los bosques, celebrando hasta el amanecer y realizando uniones de parejas. Los sentimientos afloran y la pasión nos invita a dejarnos llevar. Es un momento de amor, entrega y placer, pero también de intimidad, aceptación y descubrimiento de los aspectos más sensuales y secretos de nosotros mismos. Correspondencias de Beltane Conceptos clave: Reproducción, sexualidad, fertilidad. Otros nombres: Los Mayos. Colores principales: Rosa, verde, amarillo, naranja y rojo. Diosa: Danu, diosa madre de la vida y de la creación. Animales: Vaca, golondrina, mariposa. Plantas: Rosa, jazmín, magnolia, lirio, azucena, margarita, menta, cereales. Piedras: Esmeralda, zafiro, aventurina, jade, malaquita, cuarzo rosa, citrino, ámbar, jaspe rojo. Símbolos habituales: Cintas de tela, pájaros, flores. BELTANE 30 abril - 1 mayo Fig. 27. Beltane, serie “La Rueda del año”. Marta Barroso Carretero. Óleo sobre lienzo. 30 x 30 cm. 2021.
70 71 En esta época, las temperaturas ascienden dando lugar a días calurosos que aceleran el crecimiento y la madurez de los animales y las plantas que han nacido este año. Esta festividad se corresponde con el Solsticio de verano, el día más largo del año en el que se celebra el máximo esplendor del sol y la naturaleza. Además, la La noche de Litha es considerada una de las más místicas del año y en el aire flotan todo tipo de energías mágicas. Se cree que al ponerse el sol los seres elementales como duendes y hadas se manifiestan para mezclarse con los humanos en su festejo, lo que hace que resulte más sencillo comunicarse con ellos. Es una época de plenitud en la que vemos cómo se completan nuestros propósitos y disfrutamos de las energías expansivas que nos ofrecen los días casi eternos. Sin embargo, este momento también implica que el sol se debilitará poco a poco y los días serán más cortos, por lo que pronto dará comienzo la fase oscura e introspectiva. Correspondencias de Litha Conceptos clave: Verano, plenitud, esplendor del sol, magia, seres elementales. Otros nombres: Solsticio de verano, Midsummer o San Juan. Colores principales: Rojo, naranja, amarillo, verde, azul, dorado. Diosa: Áine, diosa del amor y del verano y reina de las hadas. Animales: Caballo, lagarto, abeja. Plantas: Helecho, hiedra, verbena, romero, lavanda, azucena, frutos rojos. Piedras: Ojo de tigre, granate, jade, lapislázuli, fluorita, citrino, ámbar, cornalina, ágata. Símbolos habituales: Sol, fuego, hogueras, conchas. LITHA 21 - 22 junio Fig. 28. Litha, serie “La Rueda del año”. Marta Barroso Carretero. Óleo sobre lienzo. 30 x 30 cm. 2021.
72 73 Durante esta época, las plantas que crecieron y florecieron durante la primavera comienzan a marchitarse, no sin dejar antes sus frutos, cuyas semillas darán lugar a una nueva generación el próximo año. Los días son todavía bastante largos y aún están marcados por las altas temperaturas, pero el crecimiento se vuelve aparentemente más lento y menos visible, ya que se encuentra enfocado hacia dentro. Lughnasadh marca en muchos lugares el comienzo de la primera cosecha. Pero en plena celebración de la vida, la abundancia y la prosperidad, la muerte comienza a intuirse. Representa, por tanto, un momento de sacrificio ya que la naturaleza está agotando sus energías y podemos observar su decadencia, recordándonos que la vida es cíclica y que todo lo que nace y crece debe perecer llegado su momento. Así pues, siendo una festividad vinculada a la cosecha, este sabbat es ideal para meditar sobre todo lo obtenido durante el año, sobre todo aquello que sembramos y que finalmente hemos recogido, y mostrar agradecimiento por ello. Correspondencias de Lughnasadh Conceptos clave: Primera cosecha, recolección, sacrificio, agradecimiento. Otros nombres: Lammas. Colores principales: Amarillo, dorado, naranja, marrón. Diosa: Tailtiu, diosa de la tierra, la cosecha y el trigo. Animales: Gallo, ciervo, águila. Plantas: Girasol, zarzas, espino, rosa amarilla, lavanda, pino, amapola, trigo, avena. Piedras asociadas: Cuarzo citrino, cornalina, ojo de tigre, aventurnina, periodoto, turmalina, obsidiana. Símbolos habituales: Mazorcas, espigas, hoz. LUGHNASADH 1 - 2 agosto Fig. 29. Lughnasadh, serie “La Rueda del año”. Marta Barroso Carretero. Óleo sobre lienzo. 30 x 30 cm. 2021.
74 75 En esta época comienza a soplar el viento y se da una bajada de las temperaturas. La vegetación se tiñe de rojos, amarillos y ocres, algunas plantas producen sus últimos frutos y otras empiezan a perder sus hojas. Mientras tanto, los animales se preparan para el frío y buscan refugio en sus madrigueras. Mabon coincide con el Equinoccio de otoño, cuando el día y la noche están en equilibrio de nuevo. La oscuridad, a partir de ahora, gana terreno y se aprecia notablemente el declive de la vida en la naturaleza. En este tiempo de cosecha siempre existía la posibilidad de que el tiempo arruinara todo el trabajo, por lo que la llegada de los alimentos recogidos a casa constituía un gran alivio y era motivo de celebración, organizándose una fiesta en la que todos los agricultores disfrutaban de comida y bebida en abundancia. Las energías de esta fiesta son especialmente buenas para mirar hacia nuestro interior, para sanar y deshacernos de todo aquello que ya no nos sirve, del mismo modo que hacen los árboles con sus hojas. Correspondencias de Mabon Conceptos clave: Otoño, declive de la vida, cosecha, introspección. Otros nombres: Equinoccio de otoño o Fiesta de la cosecha. Colores principales: Ocre, naranja, rojo, dorado, violeta. Diosa: Modron, diosa madre del otoño y la cosecha. Animales: Ardilla, lobo, zorro. Plantas: Caléndula, manzano, castaño, roble, avellano, hongos, canela, cereales. Piedras: Amatista, lapislázuli, citrino, ágata amarilla, ámbar. Símbolos habituales: Hojas secas, manzanas, cornucopia, frutos del otoño. MABON 20 - 22 septiembre Fig. 30. Mabon, serie “La Rueda del año”. Marta Barroso Carretero. Óleo sobre lienzo. 30 x 30 cm. 2021.
76 77 A lo largo de estas páginas se ha tratado de mostrar a la mujer como una Diosa de la fertilidad, tan ligada a la naturaleza que esta parece no poder existir sin ella, pero también a la mujer como sujeto que ha sido postergado a lo largo de toda la historia. Hemos podido observar cómo los cultos matriarcales que veneraban a la Diosa y a los ciclos naturales fueron desapareciendo, a la vez que surgían nuevas creencias que atribuían un mal inherente a lo femenino. En consecuencia, al mismo tiempo que se infravaloraba a la mujer, comenzaba la explotación del medio ambiente, acrecentada por los valores dominadores y patriarcales de las religiones del Libro. De forma paralela, se ha estudiado cómo estas creencias religiosas se han reflejado en la expresión artística de los pueblos europeos a lo largo del tiempo. Encontramos en la prehistoria un despliegue de símbolos vinculados a la naturaleza y a la Diosa, de una marcada función ritual. Sin embargo, a medida que la guerra y el monoteísmo irrumpen en occidente, la representación de la naturaleza es relegada a un segundo plano y el cuerpo femenino, antes ejemplo de belleza y fecundidad, queda desacralizado para dar paso a la exaltación de los atributos masculinos, que dominarán la escena artística hasta el siglo XVIII. No obstante, resulta inevitable para el ser humano volver a sus orígenes, surgiendo en la Modernidad una nueva fe basada en el antiguo paganismo, así como los movimientos sociales ecologista y feminista como respuesta al sometimiento por parte del varón. La Madre Tierra ancestral no sólo se resistió, si no que finalmente acabaría por ganar esta gesta milenaria, siendo el siglo XX el escenario de su regreso definitivo al altar de la espiritualidad humana, esperemos que para no marcharse nunca más. Ahondar en estos temas ha sido necesario para poder reflexionar sobre la identidad propia y así, llegar a comprender en profundidad la producción artística personal, además de la magnitud que la espiritualidad, la naturaleza y lo femenino alcanzan en ella. De esta forma, en el marco conceptual, asociaciones entre símbolos o procesos rituales que antes se llevaban a cabo de forma inconsciente, cobran ahora sentido. Esto refuerza nuestro discurso y aporta valor a nuestra obra, que se convierte en una metáfora de un mundo íntimo, así como en el reflejo de las creencias primigenias, mas puras e instintivas del ser humano. Pero más que el final de un ciclo académico, este trabajo constituye un importante punto de partida para la creación de nuevos proyectos que materialicen un imaginario propio repleto de símbolos a los que podamos acudir cuando nos veamos cansados de la realidad material. 04 CONCLUSIONES
78 79 05 FUENTES DOCUMENTALES Referencias bibliográficas Ballesteros, Jesús y Perez, José. 1997. Sociedad y medio ambiente. Madrid: Trotta. Biblia Reina-Varela. 1960. Versión de Casiodoro Reina (1569), revisada por Cipriano Varela (1602). España: Sociedades Bíblicas Unidas. Bretón, André. 2019. El Arte Mágico. Colección Imaginario Vera. Girona: Ediciones Atlanta. Calvo, Yadira. 2002. La canción olvidada. Heredia, Costa Rica: Euna. Campbell, Joseph. 2000. Las máscaras de Dios: mitología primitiva. Madrid: Alianza Editorial. Daly, Mary. 1985. Beyond God the Father [en línea]. Boston, Estados Unidos: Beacon Press. Disponible en: https://ipctacoma.org/wp-content/uploads/2017/09/TRS-2018-02- Daly-Beyond-God-The-Father.pdf Durkheim, Émile. 1992. Las formas elementales de la vida religiosa: el sistema totémico en Australia. Madrid: Akal. Eisler, Riane. 2005. El cáliz y la espada: nuestra historia, nuestro futuro. Santiago de Chile: Editorial Cuatro vientos. Eliade, Mircea. 1981.Tratado de Historia de las Religiones II [en línea]. Madrid: Ediciones Libros
80 81 Cristiandad. Disponible en: https://mfrr.files.wordpress.com/2012/07/eliade-mircea- tratado-de-historia-de-las-religiones-2.pdf Frazer, James George. 1981. La rama dorada: Magia y religión [en línea]. Mexico: Fondo de Cultura Económica. Disponible en: https://antroporecursos.files.wordpress.com/2009/03/ frazer-j-g-1890-la-rama-dorada.pdf Gibson, Clare. 2012. Cómo leer símbolos: una guía sobre el significado de los símbolos en el arte. Madrid: Hermann Blume. Jung, Carl. 1995. El hombre y sus símbolos [en línea]. Barcelona: Paidós Ibérica. Disponible en: http://www.derechopenalenlared.com/libros/el-hombre-y-sus-simbolos-carl-gustav- jung.pdf Klein, Fernando. 2009. Cuando Dios era mujer: lo sagrado femenino. Córdoba: Arcopress Ediciones. La Cruz, Luis G. 2003. El regreso de la Diosa: El principio femenino en la naturaleza y el cosmos. Madrid: América Ibérica. McCannon, Tricia. 2017. Los orígenes angelicales del alma: descubrir tu propósito divino. Rochester, Estados Unidos: Inner Traditions. Meenee, Harita. 2011. Neopaganismo: El renacimiento de la antigua religión. Castellón: Ellago Ediciones. Nietzsche, Friedrich. 2005. Así habló Zaratustra [en línea]. Madrid: Editorial Edaf. Disponible en: https://www.academia.edu/43330088/Friedrich_NIETZSCHE_As%C3%AD_ Hablaba_Zaratustra Sagrado Corán. 2005. Versión castellana de Julio Cortés [en línea]. El Salvador: Biblioteca Islámica Fátimah Az-Zahra. Disponible en: http://www.jzb.com.es/resources/el_sagrado_ coran.pdf Shiva, Vandana. 1995. Abrazar la vida. Mujer, ecología y supervivencia. Madrid: Editorial Horas y horas. Artículos Alberro, Manuel. 2000. “Las tres leyendas célticas de Macha: reflejos de la transición hacia una sociedad patriarcal”. El Anuario Brigantino [en línea], Nº 23, pp. 57-74. Disponible en: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=7336367 Chinchilla, Ana Ruth. 2014. “El discurso patriarcal en los textos de los evangelios: un abordaje desde la teología feminista”. Revista Espiga [en línea], Vol. 13, Nº. 27, pp. 9-18. Disponible en: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/5340124.pdf Couvet, Denis y Ducarme, Frédéric. 2020. “¿What does ‘nature’ mean?”. Palgrave Communications [en línea], Nº 6, 14. Disponible en: https://www.nature.com/articles/ s41599-020-0390-y Kahle, Madayo. 2010. “Los ciclos cósmicos y la imagen del continuo renacer en los Vedas”. Ilu, Revista de Ciencias de las Religiones [en línea], Vol. 15, pp. 105-128. Disponible en: https://revistas.ucm.es/index.php/ILUR/article/view/ILUR1010110105A/25618 Molina, Luis Fernando. 2013. “Arte y Naturaleza: del Paleolítico al siglo XXI”. En Arte y Naturaleza. Colección Pensamiento y Creación Artística, Nº 5: IV Encuentro Arte y Naturaleza “Lo defendible”, Jardín Botánico José Celestino Mutis, Bogotá, 14 y 15 de Junio de 2013 [en línea]. Bogotá: Universidad Distrital Francisco José de Caldas, pp. 121-134. Disponible en: https://www.researchgate.net/publication/278302557_Arte_y_ naturaleza_del_Paleolitico_al_siglo_XXI Pangui, León. 2014. “Ensayo: Naturaleza y Religión”. Revista Regional [en línea]. 8 de mayo de 2014. Disponible en: http://www.revistaregional.cl/?p=176 Pascua, Juan Francisco. 2005. “El arte paleolítico: Historia de la investigación, escuelas interpretativas y problemática sobre su significado”. Arqueoweb [en línea], Vol. 7, Nº 2. Disponible en: https://webs.ucm.es/info/arqueoweb/pdf/7-2/pascua.pdf Prieto, Carolina y Rodríguez, Mar. 2010. “El cuerpo femenino: desnudos de la mujer en el arte del siglo XIX”. El Genio Maligno, Revista de Humanidades y Ciencias Sociales [en línea], Nº 7. Disponible en: https://elgeniomaligno.eu/el-cuerpo-femenino-desnudos-de- mujer-en-el-arte-del-siglo-xix-carolina-prieto-quiros-y-mar-rodriguez-rodriguez/ Sánchez, Raquel. 2004. Imágenes de la mujer en el Romanticismo de Espronceda (Sancho Saldaña). EPOS, Revista de Filología [en línea], Nº 20-21, pp. 69-83. Disponible en: http:// e-spacio.uned.es/fez/eserv/bibliuned:20860/imagenes_mujer.pdf Soler, Francisco. 2016. “Mujer y naturaleza”. La Opinión de Málaga [en línea]. 9 de marzo de 2016, opinión. Disponible en: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2016/03/09/ mujer-naturaleza-28443271.html Sosa, Roxana. 2013. “La construcción cultural de la identidad femenina: la iconografía del cuerpo como propuesta artística desde la sociología de género”. Revista de estudios feministas [en línea], Vol. 21, Nº 3, pp. 1001-1013. Disponible en: https://www.redalyc.org/ pdf/381/38129769014.pdf Vicente, Pilar. 2017. “La mujer como objeto de representación hasta principios del siglo XX”. Atlánticas, Revista Internacional de Estudios Feministas [en linea], Vol. 2, Nº 1, pp. 271-296. Disponible en: https://ruc.udc.es/dspace/bitstream/handle/2183/22289/ Atlánticas_2_2017_13.pdf?sequence=3&isAllowed=y White, Lynn. 1967. “The Historical Roots of our Ecological Crisis”. Revista Science [en línea], Nº 155, pp. 1203-1207. Disponible en: https://www.cmu.ca/faculty/gmatties/ lynnwhiterootsofcrisis.pdf