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Tradición y ruptura en la poesía neohelénica

Moreno Jurado, José Antonio

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TRADICION Y RUPTURA EN LA POESIA NEOHELENICA1 José Antonio Moreno Jurado T hc two featurcs that guarantee t hc con ti nuity of classic culture in N co hc ll en ic po ctry have to be look cd for in t hc maintcnance of l an guage and the developmcnt of a natio nal liternturc. lf it seems implausiblc to admit a br e ak in relation to language. but a l og ic cvolution of its constitutive elemcnts, in rcl at ion to Iiternture th e continuity of the cla ss ic peri od is estab li shcd both in po pu la r son gs from Byzantine and Neohcllcnic Geece - particula rl y in those knownk as «paralogés»- , a nd in the dcvelopment of Greek po ctr y fr om 1821 on. T he refore, the works of Sy kelianó s. Kavafis, Scfcris and Elytis are ex am i ncd . Nunca resulta fácil confrontar dos parcelas, diferentes o complementarias, de la creación humana. Y si aquellas parcelas resultan t er ritori os tan vírgenes, es pecialmente en nuestra lengua, como la búsqueda de re laciones entre la tradición clásica y la propia po esía neohelé ni c a, asumimos el ri esgo de que nuestras interpretaciones no s ean definitivas, y la certidumbre de que sólo formarán un conjunto de notas o aproximaciones para estudios venideros. En realidad, la s c on sideraciones iniciales que se me plantearon, al abordar un tema tan sumamente atractivo y, al mismo ti empo, tan comple jo, me ll evaban a pensar que el fiel de la balanza se inclinaría más por el la do ' El presente a rt ículo co nstitu ye una reelaboración de la co nferencia pronunciada, el 3-Xl-9 1. en l as Jo rn a da <; de Es tudios Bizantinos y Ncogri cg os de la Asociación Prómacos en la Universidad de Sevill a. 332 José Amonio Moreno Jurado de la ruptura que de la continuidad del mundo clásico en la poe sía neohelénica. Pero tampoco tal premisa, o tal hipótesis de trabajo si se prefiere, se me presentaba como de finitiva, como real, como fácilmente demo st rable. Pensaba, a priori, que el pueblo griego había guardado duran te siglos, por cir cu nstancias históricas diferentes y concretas, un profundo silencio, si no verdadera impotencia, en la elaboración y de sa rrollo de obras literarias. Evidentemente, c uando un pu eb lo cua l quiera guarda silencios literarios tan prolongados, o tan intermitentes, pare ce lícito admitir que ha sufrido una ruptura respecto a sus producciones ant eriores. Y, de la misma manera, cuando ese pueblo consig ue sa lir un día de su mutismo, siente el vértigo, urgente y prioritario, de orientar todas las creaciones literarias hacia sus necesidades inmediatas, hacia la plasmación de su propia realidad para asumirla o rechazarla, persi gu i endo valores éticos, sociales, políticos y olvidando , incluso con tra su voluntad, los vestigios del pasado. Ta l aserto parece convenir al desarrollo histó ri co de la literatura neohelénica, desde sus in icios hasta la Independencia de 1821 y desde allí hasta nuestros días. De hecho, no todos los autores -entiéndase, los que se ocupan de tales problemas -se han puesto de acuerdo a la hora de fijar los orígenes de la literatura griega mode rn a. P or ci t ar só lo un ejemplo , es curioso observar que dos extranjeros, un francés y un ita! iano, difieren notablemente en la fijación de la cronología. Mientras, para André Mirambel, el inicio de la literatura neoheléni ca viene marca do por la caída de Bizancio en 1453, para Mario Vitt i, por el co ntrario, debe situarse bastante tiempo atrás, «antes y después», dice textualmente, «de la cu arta cruzada2 ». No es de extrañar, así, que entre los propios autores griegos exista la misma disparidad de cr it erios. De hecho, aunque muchos hi storiadores tradicionales hacen coincidir los orígenes de la literatura neohelénica con la caída ele Bizancio, los nuevos estudiosos, aproximadamente a partir de la Generación de 1 930, comienzan a pensar en la fecha de 1204, la toma de Bizancio por los cruzados, o incluso en los al bores del renacimiento hizantino de los s. X y XI. para fijar los inicios de la li teratura neogriega '. Vengo, contra mi vo luntad, a estos datos, verdaderamente resumidos, porque demuestran la falta de voluntad literaria, de «concien cia literaria nacional», diríamos , en la que están inmersos estos siglos medi eva l es. Y es eviden te que, desde este punto de vista, la ruptura con la tradici ón clásica se nos presenta como un hecho concreto e inevitable. Mari o Vitt i.' Iatopía · tíic; veotcA.A.r¡v1KiiS A.oyo-rexv í ac;. Ed. Od yssc as. Atena s. 1978. traduc. de Mvrsinis Tsorh:ís de Storia della /e11erat11ra neogreca, Ed. ERI. RAI , Torino. 1971. ' véanse Aristos Kamhanis.' latopía tiii; vÉm; e:>..A11v 1 Kiic; A.oyo-rexvíai;. Ed . A. Karavías. Atenas, cuarta e di c. mejorada de 1971. p. 1 1. y' Erríi:oµr¡ iatopí.a t1ic; VEOEAAT]VtKiiS A.oyo-rexvím; , Yorgos Vale l as, Ed . Pc lr os K. Ranos, Atenas. 1966. p. 19 . Tradicúí11y1·11p111ra e11 /a poesía 11e11he/é11ica 333 Aunque los estudios sobre educación en Bizancio van demostrando le nt amente cómo y con qué intensidad sienten los hombres cultos la influencia del período clásico, dejo a un lado, conscientemente, la realidad de la literatura bizantina, cuya oscuridad es todavía manifiesta, por dos razones, para mí al menos, esenciales: primero, porque seguimos discutiendo aún si toda esa literatura responde únicamente a un mimetismo servil de las fomrns clásicas, produciendo sólo manieri smos tras manierismos, o si, por el contrario, contiene factores de auténtica originalidad; y segundo, porque toda Ja literatura bizantina no tiene, como parece lógi co, conciencia de ser neohelé nica. Además, el mismo hecho de que los educadores bizantinos utilicen una serie de procedimientos o ejercios didácticos concretos (fórmulas mnemotécnicas, aprendizaje y explicación de vocabulario, etc.) evidencia Ja distancia que existe entre el gr iego clásico y la lengua hablada, entre las formas cultas y las populares y, finalmente, e ntre Ja «idealización» del mundo clásico por parte de los escritores cultos y la «v ivencia» del pasado por parte del pueblo. Sin embargo, podríamos asombrarnos si, respecto a nuestro tema concreto, «tradición y ruptura de lo cl;'ísico en Ja poesía neohclénica», adoptamos un punto de vista diferente: el punto de vista de la lengua y el punto de vista de las canciones populares. Estos dos elementos constituyen, en verdad, el hi lo de unión de la literatura neohelénica con la tradición clásica. Y sólo a través de ellos podemos asegurar, sin ningún tipo de reservas, que Ja tradición clásica se mantiene, que la ruptura, cuya realidad intuíamos al principio, es só lo relativa y, finalmente, que, desde este punto de vista, podemos enfrentarnos a la discusión de si existe tradición o ruptura, con mayor libertad de juicio, sin falsos lugares comunes, aunque tengamos que olvidar los caracteres nacionales que se añadirán más tard e, por razones puramente históricas, a la literatura neohelénica. Como se comprenderá, no puedo en trar, por razones de procedimiento, en el estudio del desarrollo de la lengua griega4. Tampoco es necesario. Sólo quiero indicar, co mo simple ejemplo, que la lengua del Nuevo Testamento se encuentra 1mís ce r ca del gr iego moderno de lo que se cree en algunas Universidadcs5. Y que ello apoya también la tesis de la continuidad de la tradición clásica. Sin embargo, conviene que nos detengamos un instante en el segundo elemento, las ca nciones populares, porque pueden aclararnos la sensatez de es te punto de v ista 4 Para un estudio detallado de este desarrollo. Mediew1/ ami M11der11 Greek. Rob ert Browning, Hutch in so n and Co . Lmt., London, 196 9. Es imprescindible la lectura <le 'Anó 'tTÍV ícrtopícx tiji; éU11v11<1)i; yA.rommi;. Stylianós Kapsórncnos, Ed. Universidad A ri stot61ica de Tesalónica. 19 85 ' Manolis Triandafyli<lis en su memorable NEOEAAllVl KT'¡ fpcx~tµCXtlKrf. Un iversidad Arist. de Tesalónica. 1988. r eimp resión de la edición de OESB de 1941. en la p. 3. nos dice: «En las novedades de la ko iné heknís1ica tenemos tan abundantes y tan característic as anticipacion es de nuestra lengua. que podernos clasificar esa koiné de la época de Cristo como el punto m ás significativo de nuestra historia lingüística y como principio y primera aparición de la lengua neohclénica ... El Nuevo Testamento es de los primeros y grandes textos que rcíle jan esta lengua y se cons idern una de sus fuent es principales ... ». 334 José Antonio More no Jurado adoptado. Los cantos populares griegos vienen dividiéndose, ba jo un acuerdo unánime entre los estudiosos, en tres grandes ciclos: a) Canciones que se refieren, co n fórmulas exp resivas mu y co ncretas, a diferentes manifestaciones de la vida co mún : «canciones de amor», «de novias», « nana s», «canciones navideñas», «de expatriación», « de las palmas» (cantadas por los niño s la víspera de la resurrección de Láza ro), « de l os difuntos», « de oficios» y «Sa tíricas6». b) Al seg undo ciclo pe rt enecen las canciones que tienen un mar cado carácter históri co o un origen histórico. Compr enden especialmente las cancio nes akríticas qu e se desarrollan en torno, aunque no exclusiva mente , a la figur a de Digenís Akritas, a lr ededor del s. X, y las ca nciones kléftikas que, tras to mar elementos y ca racter es de las canciones akrí ticas (adjetivación épica, exaltación del héroe , se ntimient o dramático) se c ant an y se ex panden por toda Grec ia desde 1650 ha s ta 182l7. c) AJ tercer ciclo pertenecen las ca nciones populares denomin adas « 1t O: po:A.oy É <; ». Só lo ellas nos inter esa n verdaderamente, en este mom ento, par a nu estro estudio. So n ca nciones que se relacionan directamente co n el mun do mítico y con cancion es primitivas de otros pueblos indoeuropeos. Las denominadas «El Puente de Ar ta» y «El hermano muerto», junt o a las canciones en que una madre da a comer a su marido la carne de su hi jo asesinado, se relacionan indiscutiblemente co n la antigüedad8• La pal abra actual «I1apaA.oyi¡-napW..oy8;» proviene de la antigua <<7tapo:xmW..0yrf» (cambio de tono o de ritmo en un recitado) y se relaciona direct amente con la p antomima trágica ('tpo:ytKÜ<; 1tO:V'tÓµtµ o<;) del s. IV antes de Cri sto 9• En estas trag ed ías ('tpo:yoobic <; , de donde proc ede la a ct ual palabra « 'tpayo ÚOt», «Ca ncióm> ), se entonaban canciones bailables qu e «C on sus ritm os emotiv os y sus versos épico-líricos pasaron a la bo ca del pu eblo y se hicieron demóti cas 1 º». Por ello, es evidente que, si mirarnos los orígenes de la literatura neohelénica de sde esta perspectiva, aunque se Lrate de un hilo finísimo de unión guardado sab i amen te en Ja bo ca del pu eb lo griego, debemos afirmar que existe un a clara co ntinuidad de la tradición clásica hasta nuestros días. Y, curi osa mente, esta cla ra continuidad nos ll ega de la mano de l demótico, no de la lengua culta del Imperio Bizantino. La paradoja está servida. Y los estudiosos debe rí an afrontar este camino en la línea de s us investigaciones: la literatura popular durante el Imperio Bizantino, el folklore conservado por transmisión oral, la cu ltur a qu e se desarrolla fu era de la cor te y, lógicament e, '' La clasificación está to mada de K. Z. Dimarás: l cr topio. tfj~ veoeAA.11v 1Kij ~ A.oyotqvía~. &l. lkaros. Atenas, octava edic. de 1987. p. 9. 7 Una a nt ología de este ti po puede l ee r se en To Ol]µO'tlKO tp o.yoúlit, K Af:<!>ttKO.. al cuidado <l e Alexis Politis. Eu. NÉa ÉU. l]VtKT\ PiPA.to0i\Kl]. Atenas, J 97J. ' Están recogidas en una antología titulada napa>.oy{s-. al cuidado de Yorgos Yoanu, &l . NÉa M.A.l]VlK Tt PtPA.t.oOt\Kr¡, At enas. 1970. '1 lbidem, p. 36 '° Yorgos Va l eta~, op. cit., p. 29. Tradicián y rttprura en la puesia neohelénica 335 la literatura viva, auténtica, espontánea y marginal que existe desde el s. IV a. C. ha sta los siglos XVII y XVIII. En esta lengua, el demótico, se escriben los can tos épicos que no sólo giran en torno a la figura de Digenís Akritas. a partir del s. X, sino también en torno a o tro s personajes y héroes cuyas hazañas, como las de Digenís , se mantienen, con toda v iveza de detalles, en la conciencia del pueblo. Sin embargo, no puedo realizar a nálisi s comparativos, co mo es obvio, entre la s ca nciones de gesta del occidente europeo y el ciclo de las canciones akríticas 11 , ni entre los goliardos europeos y las comp osiciones prodrómicas12, como tampoco entre la literatura provenza l y las canciones de amo r de la isla de Chipre, anteriores a los poemas de tono petrarquista que se escriben en la isla alrede dor de 1560 13 • Desgraciadamente, no ex isten aún estudios rigurosos en este terreno medieval, tan resbaladizo, en el que practicamos más un voluntarioso acercamiento que una profunda analítica. Es curioso, sin embargo, aunque perfectame nte lí cito para la época, que, tra s la caída de Bizancio, un espléndido grupo de «humanistas» se reuniera en Fa nari, barrio de Constantinopla situado frente al golfo Keratio, en torno al Arzobispo de la Poli s (Arzobispado Ecuménico), con el propósito de conservar, preservar y engrandecer su lengua y su cultura. Sus continuadores, a los qu e se conoce co n el término de «fanariota s>> y, por extensión, «cultos», han con se rvado su herencia hasta nue stro propio siglo, manteniendo el uso de una lengu a, la kazarévusa, prete nd idamente heredera de la lengua clásica, y oponiéndose obstinadamente, con mayor o m enor virulencia seg ún las épocas, a las consecuciones del demótico, la lengua popular. A partir de aquí, la e clo sión del Renacimiento se ha ce notar, preferentemente, en la literatura y en el arte cretenses. El dilema más obv io de cuantos se han formulado para el estudio de esta épo ca, es saber si las obras aparecidas en Cr eta, ba jo es te período, contienen auténti ca originalidad o si co nstituyen simples imitacion es del Renacimiento europeo, especialmente italiano y francés14. Para mí , al menos, tienen la virtud de haber conseguido disminuir el aislamiento de Ja literatura gr i ega e intensificar su acercamiento a los planteamientos estéticos occidentales. Tal vez, se mejante optimismo me venga dictado por mi ca rácter de hombre occidenta l. De h ec ho, desde la perspectiva griega varían algunos elementos. Yorg os Sefcris, impresionado, en su primera estancia en Londres, por el descubrimiento de un pequ eño 11 Juan Valero Garrido dedica al tema un pequeño capítulo, «Di ge nís, El Cid y Roldám >. insuficiente co mo el mismo autor confiesa, en su DiK enís Akrita.~ . Ed. Bo sch, Barcelona, 1981, p p. 62-66. " El sustantivo está tomado a pai1ir de Pródro mo s. au tor satírico del s. XII y principios del XII I. T oda la li teratura satírica de la época se conoce, por extensión, co mo prodromismo. 1' K. Z. Dimará s. op. cir .. p. 66, asegura que los poemas co n «rima» se encuentran en Chipre por pr im era ve z en el s. XIV. '* Aparecerá próximamente en castella no El sacr ificio de Abralwm, en traducción Ll e Manu el Gonzálcz Rincón. Las conclusion es del traduct or sobre las fuent es de la obra pueden orie nt arnn< "" la com pr ensión del Re na cimiento cretense 336 José i\¡¡/011io Moreno Jurado cuadro de El Greco, y sahiendo de memoria, desde su más tierna infancia, los versos del Erotókritos, ohra de Vincenzo Kornaros'\ que recitaban y editaban constantemente en la ciudad de Esmirna, durante los primeros lustros de nuestro siglo, mantendrá a lo largo de su vida una opinión positiva y favorable ante el Renacimiento creten se 1 6. Por el contrario, Odysseas Elytis ha expresado, en diferentes ocasio nes, una posición diametralmente opuesta a la visión seférica. Para Elytis, el Renacimiento europeo - como más tarde el Neoclasicismo-constituyó un movimiento nafasto para Grecia, pues preconizaha una vuelta a la clasicidad entendida bajo los matices y la s valoraciones del pensamiento europeo 17 • Se trataba, así, de una cl as icid ad de seg und a mano y Grecia olvidaba las auténticas fuentes del espíritu cl ásico. Sea como fuere, desde 16 50 hasta 1 821 y desde 1821 hasta 1880, resulta incongruente, e injusto, profundizar en la existen cia de una continuidad o una ruptura entre la literatura neohelénica y el espíritu c lá sico. Si, durante el primer período aludid o, ti enen lugar las canciones demóticas - Kl éftikas especialm ente-, las Enseña nzas Populares, los grandes oradores religiosos del demótico y estupendos ilustrados de la talla de Koraís y Rigás, Iras la Independencia de Grecia en 1821, en el segundo período arriba indicado, la literatura neohelénica realiza un fonnidable es fu erzo para definir su propia nacionalidad, su helenis mo , tanto en la Escuela del Heptaneso como en la Escuela de Atenas, con figuras fundamentales corno So lomós y Kalvos, y lenguajes tan atractivos como los de Makr i yan i s'~ y Kolokotronis. Desde 1880 hasta 1922, se de sarrolla una formidable batalla en defensa del demótico, con autores de la ta ll a de Psijaris que, con To Tal;iOt µou (Mi viaje), provocó una auténtica revolución al enarbolar, valiente y sistemáticamente, la bandera del demótico; de Palamás, que abandona bien pronto sus primeras composiciones en kazarévusa para combat ir por la lengua del pueblo; de K. Kavafis, a quien -co n una lengua «mezclada» y un nuevo concepto de la estéti caes dif ícil encasillar, co mo veremos más tarde, dentro de estas generaciones; de Papadiamandis o Karkabitsas en la prosa y, finalmente, de Katsantzakis y Sikelianós, entre un a verdadera plé ya de de excelentes escritores. 1' Se t ra ta de un poema h er oi co de ptincip ios del s. XV II que narra. en ve rsos tradicion al es, la s aventur as y amores de Erotókrit os y Aretusa. La ohr a, atribuida al nombre Vincenzo Kornaro s. autor d el Renacimiento cretense. ma rca el desarrollo de una leng ua poética, mezclada con fórmul as dialec ta l es cretenses, que ayuda i ndi scutiblemente al afian za mi e nt o del demó ti co. "' El pe ns a mi ento de Scferis se en cue nt ra en sus óOKtµÉi;. dos vo lúmenes. Ed. lkaros, Atenas. quinta cdic. de 1984. El ptimer tomo contiene ensayos escritos por Sc feri s desde 1936 hasta 1946: el segu nd o. desde 1947 hasta abril de 1967. 1' Véase' Av1 xta xapná . en donde Elytis recoge todos sus ensayos publicados hasta la fec ha. Ed. lk aro s, Atena s. segunda e di c. de 1982. 1• Makriyanis (1797-1864). hombre de escasísi ma cultura y va leroso combatiente por la Independencia, escribió un as Mem or ias que ab arcan cronológicamente hasta 1850. Fueron pub li cadas en 1907 por Yanis Vlajoyanis. Su de móti co y su valor p op ular fu eron alabados por ca.~ i todos los mi embros de la Generaci ón de 1930. Tradiáiín y mptura en la poeJÍtl 11en/1elénica 337 Ganada la batalla por el demótico, las generaciones sig ui entes co n seguirán conducirlo a las más altas cimas de expresión y exacti t ud. Aunque la pérdida del Asia Menor en 1922 y la disolución definitiva de la Gran Idea inundan de pesimismo el espí ri tu de los jóvenes, la literatura neohelé ni ca se incorpora, definitivamente y con carácter propio, a Jos movimientos europeos. El espacio temporal que conocemos como período de Entreguerras, está ocupado por dos generaciones diferentes: la Gen eración de 1920, dominada casi exclusivamente por la personalidad de Karyotakis 1 ~. y la Generación de 1930, constituida por Sefcris, Elytis, Gatsos, Ritsos, Embiricos, Engonópulos, etc.w Tras la Ocupación alemana, las experiencias pe rsonales de los escritores son bien distintas. Sus preocupaciones no consisten ya en conduc ir el demótico a su más el evada capacidad de expresión, puesto que lo heredan de las generaciones precedentes en óptimas co ndiciones, sino transmitir el pálpito y el dolor de la Resistencia, de la Guerra Civil y de ciertas dic t aduras~'. Sin duda, no es posible resumir, en tan pocas páginas, la historia secular de una literatura vi va y, me atrevería a deci r, en gest ación constante. Pero el propósito de analizarla sólo y exclusivamente desde el lado de vista de su instrumento, la lengua popular, nos sirve de base, como decíamos, para entender la continuidad del período clásico en la literatura neohelénica. Si no es así, ¿a qué podremos llamar cont inuidad de la clásico? ¿A una actitud o un modo de ser frente a la realidad? Creo que no. Una ac titud, o un modo de ser, depende más de l car ácter y la educación del autor que de una voluntad de continuidad de la clásico. ¿A un propósito de seguir los cánones de los géneros literarios utilizados en Ja clasicidad? Creo que no. Los autores asumen, de ordinario, la tradición de los géneros para superarlos y hacerlos progresar, hast a el punto de encontrarnos con la moderna confusión, mejor fu sión, de los mismos ¿,A l manejo co nstante de ci ta s o paráfrasis de autores antiguos en la estructura superficial de un poema? Creo que no. A citas y glosas de escritores clásicos han acudido poetas de todas las nacionalidades y todas las épocas -p iénsese en Eliot, Pound y, mucho más cerca de nosotros, en toda la poesía culturalista española de las últimas déca das- , s in que podamos afirmar, en buena lógica, que todos ma ntengan la tradición clásica só lo y exclusivamente por la utilización de ese procedimiento. ,., Kostas Karyotakis ( 1896-1928). maestro indiscutible de la Generación de 19 20. sólo publicó tres libros de poemas: /"' pe11a de lo. ~ lwmhres y las cosas ( l 919), Nipenzi ( 1921) y Ele¡.:ía y sátiras ( 19 27). Lt influencia de su obra, pesimisla y desencantada, creció deso rbitadamcntc tras su suicid io en Prévetsa. Sus seguidores consti!Uycron un movimiento denominado por la críti ca «Karyotakismo». Algunos de sus poema~ pueden leerse en Ja rev. Kalimera. Sevilla. Facultad de Filología. año l. núm. l. 'º Para un acercamiento a los propósit os y logros de esta Generación véase mi A nt olo¡.: ía de la Poesía Neohelénírn (La Generación de 19 30), Ed. El Bardo, Barcelona. 1987, y m is «Notas sobre litera tur a neohelénica», Postdata. núm. 2, Murcm. 1988. pp. 45-53. " Como principales representantes deben considerarse Takis Sinópulos, Tasos Lívaditis, Nanos Valaoritis. Manol is Anagnostakis. Titos Patrikios. entre otros. 338 José Antonio Moreno Jurado Para el poeta griego, sin embargo, y el escritor griego en general, l as citas y paráfrasis de autores clásicos presentan un matiz distinto. En realidad, están utilizando, dentro de sus propias obras, citas o paráfrasis escrit as en su misma lengua y en ell a, y no en otros elementos añadidos, radica la continuidad de lo clásico. Creo que se entenderá mejor cuanto quiero decir, si citamos algunos ejemplos de Ja literatura recie nt e, tomados al azar, sin predilección ni predisposición por mi parte. Y orgos Seferis, Premio Nobel de 1963, acude a Ja Helena de Eurípides, concretamente al verso 1137, «o 'tt fü:oc; r; µT¡ 8Eoc; r; 'to µfoov .. .22», para incluirlo en su poema homónimo de Diario de a bordo fil, cua ndo nos dice: «Kt ó cXOEpcj>óc; µou 'Ar¡Oóvr¡, ar¡Oóvr¡, ar¡Oóvr¡, 't' EtVCXt 8EÓ<;; n µT¡ 9EÓ<;; KO:l 'Ú t' cXVÓ:µE<JÓ tOU<;; 21 » De la misma manera, as imila el verso 1044 de Las Euménides de Esquilo, idéntico al 1047 con el que termina la obra, ' 1 1 , ~ - ' ' 1 - 24 « ... 011.011.U\iO:'tE VUV E7tl µ011,7tO:t1; ... », en un poema sin título incluido póstumamente en su Cuaderno de Ejercicios ll, «ÜL :EEµvec; únocrxé9r¡KO:V O''tOV 'E7tÍO'K07tO-' ApXtEpfo va l;cx.vo:µnouvE O''tO 0'7tftAO:tÓ 'touc; KCX.l µÉVOV't<X<; ÉKEL va 7tpOO''t<l'tEÚOUV 'ti¡v 7tÓAr¡ roe; 'ti¡ O'UV'tÉAEt<X 'tWV CXlVWV. To 7tpÓO''tCXSE ó ei::oc; 'tfjc; • EA.A.ciooc;. 'OA.oA.úl;o:'tE vuv É7tÍ µoA.miii;, vuv Éní µoA.mx'lc; • 1 1 , r 2~ 011.011.U~O:'tE ... » · En Seferis, palabras como « \ilUXcxµot~Ó<; » (Esquilo, Agamenón, v. 438), «AovTpá» (Esquilo, Las Coéforas, v. 46 1) , «LU µnA.r¡ycioEc; » (Eurípides, Medea, vv l y 2), «cX 0'7tÓ:Acx9oc;» (Platón, La R ep1í hlica, 615 e), « A.awµE'icx.» (Tucídides, Historias, VII, 87) o expresiones como «OO:Kpucrµévo yé'A..t0>> (de «OO:K puói::v yi::'A.ácracro:», Homero, '/líada, VI, 484) y « µEAÉ't'l'] So:vÓ:'tOU» (Platón, Fedón, 81 a) funcionan en la estructura superficial del poema como un eleme nt o más de su propio lenguaje, hasta el punto n doq~~D~ooo~D~ocl~~m~~ . ~ ~· «Y ¿mi hermano? f Gorrión, gor ri ón, gorrión, f ¿qué es Dios?. ¡,q ué no es Dios?, ¿cuál es su punto medio?». " « ... entonad ahora, tras mis cantos, el grito ritual». ~· «Las Venerables prometieron al Obispo-Prelado f vo l ver a entrar en sus cuevas I y, permaneci en do en ellas, proteger la ci u dad/ hasta In consumación de lo s sig los. Lo ordenaba el Dios de Grecia. / Gritad ahora tras mi s cantos, f ahora tra~ mis cantos f gritad». Trad1citín y ruplttrll en la poeJía 11eolielé11irn 339 de que los términos que elige, de un autor clásico cualquiera, quedan tan perfectamente engarzados con las palabras que los rodean, que se hace difícil la identificación de la cita. Lo mismo ocurre en numerosos poemas de Odysseas Elytis, Premio Nobel también , en 1979. Un texto platónico, concretamente Fedón, 110 c, 1-4, ... «éK€l 8€. mfocxv 1i)v yfjv be 'tülO'Ú'tCOV et Vat x:a't 7tOAU l:'.n éK A.aµrrpo1Épwv Ka't Ka9aponÉpwv ii 1oú1wv; 1T¡v µf.v yap O:A.oupyfj €tVCXl (Kai) 9auµacni¡v 'tO KCÍAO<;, 'ti¡v OE XPU<JütOfj, 'ti¡v OE OO'Tl AfUKi¡ yÚ\j/OU Tl XtÓvoc; AfUKW'tÉpay2 6», le sirve para elaborar un poema titulado «Partenogenesis», de su libro María Nefeli: «Tt va µriv cíxa m:eávct anó Kmpó Kat va' xa OH ÓXJ1t€p Ol CXVCXKÚ7t'tOV't€<; €K 'tT\<; 9af..ácrcrric; 1xeúcc; Kcívri rrou rí-rcxv ri wc; aA.T\ecóc; ytj. A mrív 9ÉAW va 8w KCXl aU't'ÍjV VO'. Ka't01 KTÍ<JCO , 't1ÍV aAOl>py'Íj Kat 9uµacr'ttjV 'ta KáA.f..ri, 'tTÍV XPUO'OtOTÍ, 1tjv Af:uKrí, -rtjv yÚ\j/OU Kat XtÓvoc; AcUKO'tÉpcxv .. .27». Los ejemplos podrían multiplicarse hasta el infinito. Creo, sin embargo, que los aducidos aquí son oportunos y suficientes para ratificar mi convicción de que sólo en griego moderno puede darse esta perfecta asimilación de los autores clásicos. Es evidente que, en cualquier otro código lingü ís ti co, el autor se vería obligado a t raducir la cita clásica a su propia lengua o la dejaría en su original clásico, produciendo una oscuridad voluntaria en el significado del poema. Procedimientos, estos últimos, que marcan Ja diferencia entre las otras lenguas y el griego moderno cuya tradición, po r esencia, es la cultura clásica. Y, si todo ello es posible en el plano de la lengua, algo bien distinto es el enfrentamiento de los autores griegos con el espíritu de la clasicidad, porque ese enfrentamiento, asimilación o rechazo, sí lo comparten con los autores de cualquier otra nacionalidad o lengua. Todos ellos, en mayor o menor grado, y atendiendo preferentemente a las necesidades de cada época, asumen la tradición clásica. Sería interminable elaborar ahora un estudio detallado de ta les actitudes. Y, por esa razón, dejando a un lado las grandes personalidades de Solomós, Kalvos, Palamás, Valaoritis y tantos otros, sólo me acercaré, lo más resumidamente que pueda, a las actitudes de Sikelianós, Kavafis, Seferis y Elytis. 0• «Allí. toda la tierra tiene estos colores que son aún má s brillantes y puros que l os nueslros: por una part e. es púrpura y ti ene un a belleza admirable; por otra. es dorada y. por otra, blanca, más blanca que el yeso y Ja nieve». " «¿Por qué no haber muerto tiempo alrás y haber I visto, como peces que emergen del mar / a la que fue mi verdadera tierra?. I Quiero verla y habilarla, / la purpúrea y de belleza admirable, la dorada , / la blanca, más blanca que el yeso y la nieve ... ».