scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

El imperativo monstruoso y la mujer sadiana

Pérez Pérez, Concepción

Abstract

Este artículo aborda el tema de la monstruosidad entendida como imperativo categórico en el universo del marqués de Sade. Partiendo de una contextualización en torno a la figura del autor y de la definición de monstruo en el debate del siglo de las Luces, la noción de monstruosidad integral es premisa constitutiva del personaje del libertino sadiano. A lo largo del artículo se abordan una serie de espacios problemáticos y difusos en lo que respecta a la cuestión del género en el universo de Sade y a la figura de la mujer libertina liberada centrándonos esencialmente en la monstruosa gesta de Juliette.

Full text

Colección Escritoras y Escrituras De literatura y otras monstruas Colección ESCRITORAS Y ESCRITURAS Eva María Moreno Lago y Caterina Duraccio Directoras Comité científico Antonella Cagnolati, Universidad de Foggia, Italia Katjia Torres Calzada, Universidad de Sevilla Patrizia Caraffi, Universidad de Bolonia, Italia Ana Maria Díaz Marcos, Universidad de Conecticutt, USA Kostantina Boubara, Universidad Aristotele di Tesálonica, Grecia Diana del Mastro, Universidad de Secheskin, Polonia Rocio González Naranjo, Universidad católica del Oeste, Angers, Francia Camilla Cederna, Universidad de Lille, Francia Carolina Sánchez-Palencia, Universidad de Sevilla Verónica Pacheco Costa, Universidad Pablo de Olavide Isabel Clúa Gines, Universidad de Sevilla Milagro Martín Clavijo, Universidad de Salamanca Mercedes González de Sande, Universidad de Oviedo Yolanda Morató Agrafojo, Universidad de Sevilla Estela González de Sande, Universidad de Oviedo Daniele Cerrato, Universidad de Sevilla De literatura y otras monstruas Alejandro Miranda Rodríguez (Editor) No está permitida la reproducción total o parcial de este libro, ni su incorporación a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio, sea este electrónico, mecánico, por fotocopia, por grabación u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito del editor. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual (art. 270 y siguientes del Código Penal). Diríjase a Cedro (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra. Puede contactar con Cedro a través de la web www.conlicencia.com o por teléfono en el 917021970/932720407. Este libro ha sido sometido a evaluación por parte de nuestro Consejo Editorial Para mayor información, véase www.dykinson.com/quienes_somos © Alejandro Miranda Rodríguez (editor) © Imagen de portada: Alejadro Miranda Rodríguez Editorial DYKINSON, S.L. Meléndez Valdés, 61 - 28015 Madrid Teléfono (+34) 91 544 28 46 - (+34) 91 544 28 69 e-mail: [email protected] http://www.dykinson.es http://www.dykinson.com ISBN: 978-84-1170-269-0 Maquetación: Realizada por los autores Índice TRAS LAS HUELLAS DE SOR JUANA. Alejandro Miranda Rodríguez, Universidad de Sevilla………………………………………………………………………………….……....8 Áɴɢᴇʟᴀ ᴅᴇ Aᴢᴇᴠᴇᴅᴏ ʏ sᴜs ᴘᴇʀsᴏɴᴀᴊᴇs ғᴇᴍᴇɴɪɴᴏs: ᴍᴜᴊᴇʀᴇs ᴏᴜᴇ ᴇᴍᴇʀɢᴇɴ ᴅᴇ ʟᴀ sᴏᴍʙʀᴀ. Serena Provenzano, Università del Salento……………………………………………………...…..10 Mᴏɴsᴛʀᴜᴀs ᴅᴇ ʟᴀ ᴄᴏʀᴛᴇ: ᴍᴜᴊᴇʀᴇs ᴇɴᴠᴇɴᴇɴᴀᴅᴏʀᴀs ᴇɴ Lᴀ Rᴇɪɴᴀ Mᴀʀɢᴏᴛ. María del Rosario Martínez Navarro, Universidad de Sevilla……………………………………………….…..23 ¿Dᴏɴᴅᴇ ᴇsᴛᴀ sᴏʀ Jᴜᴀɴᴀ? Sᴜ ɪɴᴇxᴘʟɪᴄᴀʙʟᴇ ᴀᴜsᴇɴᴄɪᴀ ʏ sᴜ ᴘᴇʀᴛɪɴᴇɴᴛᴇ ᴘʀᴇsᴇɴᴄɪᴀ ᴇɴ ʟᴀ Eᴅᴜᴄᴀᴄɪᴏɴ Oʙʟɪɢᴀᴛᴏʀɪa. María Querol-Bataller, Universidad Católica de Valencia San Vicente Mártir………………………………….……………………………………………..45 Eʟ ɪᴍᴘᴇʀᴀᴛɪᴠᴏ ᴍᴏɴsᴛʀᴜᴏsᴏ ʏ ʟᴀ ᴍᴜᴊᴇʀ sᴀᴅɪᴀɴᴀ. Concepción Pérez-Pérez, Universidad de Sevilla…………………………………………………….…………………………………..67 Lᴀ Sᴇʀʀᴀɴᴀ ᴅᴇ ʟᴀ Vᴇʀᴀ, ᴇʟ ᴍɪᴛᴏ ᴅᴇ ᴅᴏɴᴊᴜᴀɴ ᴇɴ ғᴇᴍᴇɴɪɴᴏ. Raquel E. López Ruano, Universidad de Málaga……………………………………………………………………….86 EL CUERPO FEMENINO NO-NORMATIVO Y LA MONSTRUOSIDAD EN LA LITERATURA EN LENGUA INGLESA DE LOS SIGLOS XX YXXI. Triana Domínguez Quesada, Universidad de Sevilla………………………...…………………….……….……….……………….………98 Cᴜᴀɴᴅᴏ ʜᴜɪʀ sᴇ ᴠᴜᴇʟᴠᴇ ʟᴀ ᴜɴɪᴄᴀ ᴏᴘᴄɪᴏɴ: ᴀɴᴀʟɪsɪs ᴅᴇ ʟᴀ ᴠɪᴏʟᴇɴᴄɪᴀ ᴛʀᴀᴠᴇsᴛɪᴄɪᴅᴀ ᴇɴ Eʟ ʟᴜɢᴀʀ sɪɴ ʟɪᴍɪᴛᴇs (1966), Tᴇɴɢᴏ ᴍɪᴇᴅᴏ ᴛᴏʀᴇʀᴏ (2001) ʏ Lᴀs ᴍᴀʟᴀs (2019). María Alonso Herrero, Universidad Complutense de Madrid……………………………………………………… 109 LA REPRESENTACIÓN FEMENINA EN LA POESÍA DE RENÉE VIVIEN: ᴇʟ ɪᴍᴀɢɪɴᴀʀɪᴏ ᴍɪᴛᴏʟᴏɢɪᴄᴏ ᴇ ʜɪsᴛᴏʀɪᴄᴏ ᴅᴇ ʟᴀ Fᴇᴍᴍᴇ Fᴀᴛᴀʟᴇ. Celia G. Cuevas Alonso, Universidad de Sevilla…………………………………………..….…….…….…….…….…….…….……120 7 Eʟ ɪᴍᴘᴇʀᴀᴛɪᴠᴏ ᴍᴏɴsᴛʀᴜᴏsᴏ ʏ ʟᴀ ᴍᴜᴊᴇʀ sᴀᴅɪᴀɴᴀ THE MONSTROUS IMPERATIVE AND THE SADEIAN WOMAN Concepción PÉREZ-PÉREZ Universidad de Sevilla Resumen Este artículo aborda el tema de la monstruosidad entendida como imperativo categórico en el universo del marqués de Sade. Partiendo de una contextualización en torno a la figura del autor y de la definición de monstruo en el debate del siglo de las Luces, la noción de monstruosidad integral es premisa constitutiva del personaje del libertino sadiano. A lo largo del artículo se abordan una serie de espacios problemáticos y difusos en lo que respecta a la cuestión del género en el universo de Sade y a la figura de la mujer libertina liberada centrándonos esencialmente en la monstruosa gesta de Juliette. Palabras clave: Sade, monstruosidad, mujeres, feminismo, Juliette. Abstract This article addresses the issue of monstrosity understood as a categorical imperative in the universe of the Marquis de Sade. Starting from a contextualization around the figure of the author and the definition of monster in the debate of the century of Enlightenment, the notion of integral monstrosity is a constitutive premise of the character of the Sadian libertine. Throughout the article, a series of problematic and diffuse spaces are addressed regarding the question of gender in Sade's universe and the figure of the liberated libertine woman, focusing essentially on the monstrous feat of Juliette. Keywords: Sade, Monstrosity, Women, Feminism, Juliette. 1. Pʀᴇᴀᴍʙᴜʟᴏ. Dᴇʟ Mᴀʀǫᴜᴇs ᴅᴇ Sᴀᴅᴇ ʏ ʟᴀ ᴍᴏɴsᴛʀᴜᴏsɪᴅᴀᴅ Es innegable, a pesar de la recuperación del nombre del marqués de Sade desde el pasado siglo después de circular oculto durante todo el XIX, del cada vez más fácil acceso a su obra, tanto impresa como en internet, en ediciones eruditas –el acceso a la Pléiade fue todo un hito- o en formato de bolsillo, en versión original o traducido en todo el mundo, es innegable, repetimos, que la relación que mantiene el otrora maldito con sus lectores es compleja y 67 De Literatura y Otras Monstruas ambivalente. “Brindarle una simpatía demasiado fácil es traicionar a Sade”40, decía Simone de Beauvoir en su célebre ensayo Faut-il brûler Sade? (Beauvoir, 2011: 94). Ciertamente, el divino marqués no es un autor de fácil interpretación, y, como él mismo decía “sólo me dirijo a las mentes capaces de entenderme, y esas me leerán sin peligro”41. De hecho, a pesar de brindar su obra a los “voluptuosos de toda edad y cualquier sexo” (La filosofía en el tocador) o al “amigo lector” (Los 120 días de Sodoma), detrás de cada invitación se esconde un recorrido de terror, una bajada a los infiernos donde la crueldad se imprime en la palabra y en la carne de manera indeleble. A decir verdad, Sade nos ofrece, como observa Lucienne Frappier-Mazur, un “texto que puede agredir al lector y más aún a la lectora, a veces de manera intolerable” (Frappier-Mazur, 1991: 5). En efecto, si de agresión al lector puede hablarse, tanto más en lo que atañe a la lectora como mujer, si consideramos el universo sadiano como esencialmente misógino y a la mujer como víctima preferente, como ejemplifica más allá de toda resiliencia el cuerpo de Justine durante toda su existencia desplegada y amplificada a lo largo de las diferentes versiones del texto, desde Los infortunios de la virtud hasta La Nueva Justine. Como observa Stéphanie Genand, especialista en Sade, la presencia y visibilidad de las mujeres en el corpus literario del siglo de las Luces es espectacular. Sin embargo, “esa visibilidad, por muy sorprendente que sea, no basta para fundar un pensamiento en femenino” (Genand, 2014: 8). Entre los entusiastas que celebraron en Sade una dimensión esencialmente liberadora para el ser humano, cuando no libertaria, destaca por su papel pionero en los albores del siglo XX Guillaume Apollinaire, para quien el divino marqués no solamente era “el espíritu más libre que haya existido jamás”, sino que “tenía sobre la mujer ideas particulares y la quería tan libre como el hombre”. Refiriéndose a las dos figuras femeninas antitéticas que polarizan el universo de ficción sadiano, Justine la siempre infortunada virtuosa y Juliette la excelsa libertina, el precursor del surrealismo consideraba, como la crítica sadiana se complace en subrayar, que “Justine es la antigua mujer, sometida, 41 Son las palabras de Dolmancé en el panfleto “Franceses, un esfuerzo más si queréis ser republicanos” de La filosofía en el tocador: “[…]Expongo aquí las ideas que desde que tengo uso de razón se han identificado conmigo y a las cuales el infame despotismo de los tiranos se ha opuesto durante tantos siglos: peor para aquellos a quienes estas grandes ideas puedan corromper, peor para los que sólo saben captar el mal en las opiniones filosóficas, susceptibles de corromperse con todo; quién sabe si no se gangrenarían con las lecturas de Séneca y de Charron, no es a esos a quienes hablo, yo sólo me dirijo a mentes capaces de entenderme, y esas me leerán sin peligro” (Sade III: 126). Utilizamos como edición de referencia para la obra de Sade la establecida por Michel Delon en la biblioteca de la Pléiade compuesta por tres volúmenes. Como criterio general aludimos directamente al volumen de la edición de Delon al que corresponde la cita y a las páginas concretas de la edición original en francés que, al igual que con el aparato crítico, traducimos en cada caso. La referencia completa a la fuente original del texto sadiano la encontrará el lector en la bibliografía colocada al final de este artículo. 40 La traducción de este y de todos los textos citados en el presente artículo es nuestra. Transcribimos directamente la expresión en español para no cansar al lector. Las páginas que se indican en las citas remiten a la fuente en la que figura el texto original y que aparece citada en las referencias bibliográficas. 6 De Literatura y Otras Monstruas Diríase, en base a todo cuando acaba de ser expuesto, que es el sexo masculino el que detenta en su mayor grado esa condición que Pierre Klossowski definía como monstruosidad integral. De hecho, hemos seleccionado adrede la cita que encabeza el presente epígrafe recogiendo las palabras que Clairwil, la institutriz y amiga de Juliette, dirige al ministro Saint-Fond reconociéndose en inferioridad como “monstruo” con respecto a este, quien la supera “cada día”. Del mismo modo, en la mencionada cita de Klossowski, el “signo clave” de dicha monstruosidad lo constituye la sodomía, que supone la negación del sexo femenino, que los más consumados libertinos suelen detestar pidiendo incluso que se disfrace o esconda. Pero las cosas, en realidad, son bastante más difusas. De hecho, la sodomía es también un intercambiador sexual que anula las diferencias entre sexos, al tiempo que una reivindicación como inclinación natural que alcanza una recurrencia obsesiva como crítica a una mentalidad y a un sistema penal que llegaba a castigar con la muerte dicha práctica en el siglo XVIII47. Por otra parte, conviene señalar que el ferocísimo y antropófago Saint-Fond es un ministro con plenos poderes, de hecho es su voluntad la que decide sobre los destinos del país, al tiempo que se dedica a vaciar las arcas del estado en beneficio propio, a encerrar arbitrariamente a miles de inocentes haciendo uso (o mejor dicho, abuso) de las lettres de cachet48 y a madurar su gran proyecto consistente en eliminar a dos tercios de la población de Francia acaparando víveres y provocando deliberadamente una hambruna. En este contexto, la acción monstruosa que sobrepasa a la ya difícilmente superable Clairwil se inscribe en una crítica demoledora del Antiguo Régimen y del abuso de poder. ¿Qué ocurre entonces con la monstruosidad femenina? ¿Por qué la gesta libertina gloriosa -épica- la encarna Juliette, una mujer? ¿Por qué Juliette es mujer, como se preguntaba Annie Le Brun (Le Brun, 2006: 127-157)? En el universo libertino a menudo vemos cómo hombre y mujer aparecen representados desde la óptica de una masculinidad misógina, separados por una brecha tal que los sitúa como dos especies distintas. Así lo corrobora la nota a pie de página que figura como apostilla al discurso contra las mujeres de Belmor en la inauguración de su presidencia de la Sociedad de amigos del crimen en la Historia de Juliette: 48 La lettre de cachet era una prerrogativa del Antiguo Régimen que dependía directamente del rey para transmitir una orden de encarcelamiento o destierro sin requerir acusación formal ni juicio y que podían obtener las familias influyentes (el equivalente español sería la orden reservada).Todos los encarcelamientos de Sade hasta 1790 lo son por este sistema, abolido durante la Revolución francesa en marzo de ese año por la Asamblea Constituyente. 47 El propio Sade fue vícima de ello en la sentencia a muerte formulada por la corte de justicia de Aix-en-Provence en 1772 contra él y su lacayo Latour “por envenanemiento y sodomía” (ver nota 4), sentencia que ante la fuga de los condenados fue ejecutada en efigie. En 1778 la suegra de Sade consiguió la revisión del juicio y la anulación de la condena. 7 De Literatura y Otras Monstruas No cabe la menor duda de que existe una diferencia tan cierta, tan importante, entre un hombre y una mujer como entre el hombre y el mono de la selva; tendríamos el mismo fundamento en rechazar que las mujeres formen parte de nuestra especie como lo tenemos en rechazar que la especie de los monos sea hermana nuestra; examínese atentamente a una mujer desnuda junto a un hombre de su edad y desnudo como ella, se convencerán fácilmente de la diferencia sensible que existe (aparte del sexo) en la composición de esos dos seres, se verá claramente que la mujer no es más que una degradación del hombre; las diferencias existen igualmente en el interior, y la anatomía de una y otra especie, hecha al mismo tiempo y con la más escrupulosa atención, descubre estas verdades” (Sade III: 637). Belmor pronuncia en efecto un discurso misógino, que remonta a la tradición platónica y se apoya en la conocida sátira de Acidalius publicada de manera anónima a finales del siglo XVI Disputatio nova contra mulieres, qua probatur eas homines non esse y reimpresa en los siglos XVII y XVIII. Su posicionamiento se inscribe en el histórico debate sobre las mujeres que desde la antigüedad atraviesa las distintas épocas llegando al siglo de las Luces, y es rebatido en el artículo “Mujer” de la Enciclopedia francesa. Ahora bien, conviene tener presente que el discurso de Belmor se inscribe en el marco de una crítica a la concepción sentimental idealista del amor con la consiguiente sublimación desencarnada de la figura de la mujer, y concluye su intervención con una diatriba (si bien sucinta) contra el sexo masculino, que sería asimismo detestable para las mujeres. Pero lo realmente interesante es recalcar que la presidencia de la Sociedad de amigos del crimen es rotatoria, y a ella también acceden las mujeres. De hecho, Noirceuil manifiesta su negativa a acudir al club por este motivo: Le pregunté a Noirceuil si iba a la asociación de mi amiga. Mientras los hombres tenían el predominio, me respondió, acudía con una escrupulosa exactitud; he renunciado desde que todo está entre las manos de un sexo cuya autoridad no me gusta, Saint-Fond ha seguido mi ejemplo. No importa, añadió Noirceuil, si esas orgías te divierten puedes seguirlas con Clairwil. Hay que probar todo lo que es vicio, no conozco nada más aburrido que la virtud (Sade III: 442). Este empoderamiento por parte de las mujeres es especialmente interesante si consideramos que las asociaciones y clubs femeninos llevaban prohibidos desde 1793 por un decreto de la Convención, y la Historia de Juliette se publica en 1801, es decir, que Sade está tomando partido por las mujeres, si bien lo hace a su manera, integrándolo en un universo perverso y monstruoso. Las cosas, sin embargo, no son tan simples. De hecho, Juliette tiene que sufrir toda clase de sometimientos e incluso vejaciones en su ceremonia de iniciación así como en numerosas orgías, bien a iniciativa ajena (ejerce como puta), bien por iniciativa propia. Sin embargo, la 7 De Literatura y Otras Monstruas brecha entre hombres y mujeres, ¿es realmente infranqueable? Los estatutos de la Sociedad de amigos del crimen requieren en sus afiliadas básicamente los mismos requisitos que se esperan en los hombres, de manera que toda mujer que desee ser admitida debe ser “atea, cruel, impía, libertina, sodomita, tríbade, sanguinaria, hipócrita y falsa, esas son las bases del carácter de una mujer destinada a la Sociedad de amigos del crimen, esos son los vicios que debe adoptar si quiere encontrar aquí la felicidad” (Sade III: 566). En cualquier caso, el universo sadiano va más allá de lo binario, a través de personajes “que están en la frontera de la animalidad, y que rozan la categoría de lo monstruoso por sus apetitos insaciables. [Sade] coloca personajes de identidad sexual imprecisa, oscilando entre heterosexualidad y homosexualidad” Coudurier, 2013/14 :67). De hecho la sodomía, como señalábamos antes, es un intercambiador sexual, que hace que incluso en personajes marcadamente homosexuales, como es el conde de Bressac en Justine, funcione como instrumento de apropiación del otro sexo, como muy bien nos recuerda Michel Delon (Delon, 1980: 45). El propio Bressac, cuya homosexualidad en realidad sobrepasa cualquier tipología reductora, incapaz de conceptualizar lo que le parece una incoherencia, se extraña ante lo que califica de “extravío de la mente”: “¡Si conocieras los encantos de esta fantasía, si pudieras comprender lo que se siente ante la dulce ilusión de convertirse en mujer! Increíble extravío de la mente, se aborrece a este sexo pero se le quiere imitar” (Sade II: 181¦ 2.1. Juliette, monstrua en un mundo de… hombres “La mayor desgracia que pueda suceder en un mundo completamente corrompido es querer protegerse sola del contagio general”. (Sade III: 673) Con estas palabras expresa Juliette su amargura tras su primer paso en falso en la “carrera del libertinaje” al no alcanzar las monstruosas expectativas del ministro Saint-Fond por no atreverse a llevar a cabo su proyecto de devastación de Francia y que provocará su huida a Italia. El mundo es en realidad un lugar monstruoso y lleno de peligros (o de “senderos espinosos”, como diría Sade). Conviene recordar a este respecto cómo inicia Juliette su andadura, arrojada bruscamente del convento donde había sido felizmente iniciada en el libertinaje por su amiga la superiora Delbène a un mundo hostil del modo más cruel. La razón del abandono y expulsión por parte de su iniciadora y “amiga” es doble: por un lado económica, puesto que Juliette y Justine acaban de perder padres y hacienda, lo que supondría asumir una carga, y por otro filosófica. Desde este último punto de vista, la Delbène en realidad está arrojando a su pupila Juliette a la crueldad de la vida en su primera lección práctica, contemplando en carne propia que no se es digno de la menor consideración en este mundo si no se tiene dinero, y, sobre esta premisa irrefutable, aprendiendo estoicamente que 77 De Literatura y Otras Monstruas no cabe lugar para el lamento, sino para la acción encaminada a superar la adversidad encontrando en la propia energía las armas necesarias para salir adelante. Todo lo cual Juliette, dotada de inteligencia, juventud, belleza, imaginación infernal y maldad “filosófica” más que suficientes, capta inmediatamente y pone en práctica sin perder un minuto. En el mundo al que es arrojada esta joven promesa del más excelso libertinaje perverso, su ascenso social y la salvaguarda de su persona sólo pueden hacerse a través de hombres, por la sencilla razón de que son los hombres los que copan las posiciones de poder. El gran protector de Juliette y su introductor en la alta comunidad libertina, es Noirceuil, “negro umbral”49 que, desde ese nivel liminar, conecta e impulsa a Juliette. Es él quien la presenta ante el todopoderoso Saint-Fond y quien le hará conocer a su maestra libertina, Clairwil. Está directamente implicado en el destino de Juliette, ya que es el asesino de su familia y el causante de su bancarrota. La relación que mantiene Juliette con sus protectores Noirceuil y Saint-Fond es una relación ambigua, ya que si bien ellos sitúan a la joven libertina en el disparadero del poder y la fortuna –sobre todo el ministro- y por tanto de la liberación, la contrapartida exigida es la sumisión que como mujer lleva asociada (“ en cuanto a la sumisión que me pides, le dice Juliette a Noirceuil, será entera, dispón de mí, te pertenezco; como mujer me pongo en mi lugar, sé que la dependencia es mi sino… [Sade III: 363]). Esta es total y absoluta en el caso de Saint-Fond, auténtico ególatra parodia de monarca absolutista y es un contrato innegociable que ella debe aceptar: Aquí, me dijo Saint-Fond, no seréis más que una puta; fuera de aquí, una de las más grandes damas de Francia. En todas partes, en todas partes vuestra esclava, monseñor; en todas partes vuestra admiradora y el alma de vuestros más delicados placeres (Sade III: 386). Juliette en realidad está al servicio del todopoderoso ministro, con el encargo de organizar las sanguinarias partidas de placer del libertino, astronómicas en todos los sentidos, revelándose como una eficiente gestora de eventos porno-crueles y macabros. En realidad la libertina sobrepasa siempre con creces las expectativas del ministro, superándose a sí misma en la monstruosidad que se le requiere, y ello gracias a una prerrogativa esencial en los libertinos y que Juliette posee en el más alto grado: la imaginación. En la relación que se establece entre Juliette y Noirceuil resulta interesante reflexionar sobre un aspecto centrado en el contexto referido al género, concretamente a la movilidad más allá de lo binario a la que hemos aludido con anterioridad. En efecto, Noirceuil, libertino sodomita coleccionista de esposas que va enviando a la muerte, no es precisamente partidario 49 El nombre de Noirceuil permite jugar con “noir” (negro) y por proximidad fonética con “seuil” (umbral). 7 De Literatura y Otras Monstruas del sexo femenino. Sin embargo, siente verdadera fascinación por Juliette en quien ve nada menos que “una criatura análoga”: Las extravagancias de vuestra cabeza hacen que se dispare la mía; sólo aspiro a imitaros. ¡Ah, rediós!, exclamó Noirceuil hundiéndome la lengua en la boca, no he visto nunca una criatura más análoga a mí; hasta creo que la adoraría, si pudiera amar a una mujer… (Sade III: 342). Este acento puesto en la analogía (o el “parecido”, como también se le denomina) establece un nexo de unión y de reconocimiento entre los libertinos que funciona también como salvaguarda al tiempo que elimina la barrera del género. 2.2. Juliette y las monstruas En su recorrido existencial, Juliette transgrede todos los tabúes ligados a la ley, la norma, la moral y el sexo: seducción, incesto y muerte infligida al padre (que oportunamente reaparece en escena para tal fin), aborto del feto concebido con su propio padre, asesinato del marido, infanticidio por consentimiento de su hija Marianne, además de los innumerables horrores cometidos en las distintas orgías: crímenes, torturas rebuscadas, descuartizamientos, antropofagia, así como todo aquello ligado a lo que se considera en la época perversión sexual, inscrito en un sostenido ataque a la religión a través de la blasfemia, constante obsesiva en el universo sadiano. Y, por encima de todo, el acceso al más alto estatus de la filosofía. El relato de su historia es en este sentido la plena demostración de ello: “Por qué tener miedo de publicarla? dijo Juliette. Cuando es la pura verdad la que le arranca sus secretos a la naturaleza, por mucho que se estremezcan los hombres, la filosofía debe decirlo todo” (Sade III, 1261). Juliette alcanza así las más altas cotas de transgresión que configuran eso que P. Klossowski denominaba monstruosidad integral, hasta poder resumir en la siguiente fórmula la divisa de su existencia: “El pasado me enardece, el presente me electriza, poco temo el porvenir” (Sade III: 1257). Y en esta dinámica de liberación imbricada en la monstruosidad, puesto que “ser una mujer libre en una sociedad que no lo es implica un comportamiento monstruoso”, como señalábamos más arriba recordando a Angela Carter, la relación de Juliette con las mujeres, y particularmente con sus homólogas monstruas, es fundamental. De la Delbène, quien abre el camino en el aprendizaje filosófico-existencial de Juliette, a la Durand, con quien se cierra el ciclo narrativo, una galería de monstruas cómplices va jalonando la existencia de la gloriosa hermana de la infortunada Justine. O, situándonos en otro contexto, la dinámica existencial de Juliette describe un recorrido que parte de la superación de la religión (la Delbène, atea y libertina, es la superiora del convento de 7 De Literatura y Otras Monstruas Panthémont) para asentarse en la ciencia (la Durand, esa especie de bruja alquimista, es en realidad una experta en química y física). La tríada esencial es la que podríamos denominar francesa, constituida por Juliette, Clairwil y la Durand. A lo largo del periplo italiano, otras figuras se irán asociando o sustituyendo a las anteriores, siendo la tríada la configuración que aparece como privilegiada, con todas las connotaciones simbólico-mitológicas que ello implica: las tres gracias que se metamorfosean en parcas de crueldad inmisericorde, etc. Las libertinas italianas, como su tierra ardiente y volcánica, patria de Nerón y Mesalina, son terribles e insaciables, de mente retorcida y crueldad extrema, pero finalmente resultan ser libertinas más “por temperamento” que por convencimiento filosófico (la “antorcha de las pasiones” debe alumbrarse siempre desde “la antorcha de la filosofía”), por lo que Juliette juzga que deben ser victimizadas. Mención especial merece Olympe Borghèse, que demuestra unas dotes libertinas en el mal más que excepcionales, y que forma tríada con Clairwil y Juliette. Sin embargo, ambas deciden conspirar contra ella, sometiéndola a una muerte lenta y arrojándola a las entrañas del útero ardiente del Vesubio (la lectura simbólica es clara). La justificación de Juliette (si es que los libertinos necesitan alguna) es que no era una auténtica libertina de mente, pero a decir verdad esto no es creíble desde la lógica del relato: la impresión que nos merece es que más bien estorba en la relación entre Juliette y Clairwil. Es interesante observar que la aparición de Clairwil en la vida de Juliette viene motivada por un deseo de esta, quien ruega a Noirceuil: Quisiera tener como modelo a una mujer más cercana a mí, desearía que fuese mayor que yo, que me amase, que tuviera mis gustos, mis pasiones y que, aunque nos masturbásemos juntas, me permita otras libertades sin nada de celos; me gustaría que tuviese una especie de poderío sobre mí, pero sin intentar dominarme, que sus consejos fueran buenos, que tenga infinita condescencencia con mis caprichos y experiencia en el libertinaje; sin religión como sin principios, sin buena conducta ni virtud, con infinito calor en la mente y el corazón de hielo (Sade III: 408). Y el modelo dibujado en la mente de Juliette se torna en majestuosa mujer de carne y hueso, a cuyas excelencias físicas se une una mente superior; era muy instruida, singularmente enemiga de los prejuicios… desarraigados por ella desde la infancia, era difícil en una mujer llevar más lejos la filosofía; muchos talentos por otra parte, un perfecto conocimiento del inglés y del italiano, actuando en la comedia como un ángel, danzando como Terpsícore, versada en química y física, componiendo bonitos versos, conociendo bien la historia, el dibujo, la geografía, escribiendo como Sévigné (Sade III: 418).  De Literatura y Otras Monstruas En cierto modo Clairwil –perfectaes “creada” por Juliette, puesto que surge de su deseo, cual Atenea (o Minerva) salida de la cabeza de Zeus. De hecho, según Jean Caneparo (Caneparo, 1980: s.p.), Claiwil se asociaría a Minerva por detentar “el privilegio de la razón” (la propia libertina reconoce: “Soy dueña de los afectos de esta alma, de sus deseos… de sus movimientos; en mí todo está a las órdenes de mi cabeza” [Sade III: 419]). Juliette desea identificarse plenamente a ella: “Oh, sí, Clairwil, tendré todos tus gustos, quiero identificarme en ti si puedo; no puede haber en el mundo felicidad para Juliette hasta que no haya tomado todos tus vicios” (Sade III: 432, el subrayado es nuestro) y en cierto modo, termina devorándola.Clairwil, la gran maestra de Juliette en Francia, se convierte en seguidora suya a raíz del reencuentro en Italia: la discípula ha superado con creces a la maestra. El problema en realidad es que estas monstruas se aman entre ellas, aunque el metadiscurso filosófico libertino rechace el amor como entrega y don de sí. Es, parece ser, una contradicción, pero el libertinaje perverso –y el universo de Sadeestá lleno de ellas, y se define esencialmente en el oxímoron (ver nuestro estudio en Pérez, 2007: 122-146). Clairwil, la Durand y Juliette configuran la auténtica tríada monstruosa, o mejor dicho, la monstruosidad integral en grado puro. A las dos primeras les gustan preferentemente las mujeres, aunque Clairwil es más militante en este sentido y, si bien no le hace ascos a torturar a víctimas de su propio sexo, para “la disolución total de la materia”, como ella dice (empleando el lenguaje de la filosofía materialista) utiliza siempre víctimas masculinas, preferentemente jóvenes, para vengar a su sexo “de los horrores que ellos (los hombres) le hacen sufrir, cuando los perversos son los más fuertes” (Sade III: 439). La escena más espantosa en este sentido es una orgía en la que tras las torturas de rigor “la feroz criatura abre el vientre del joven muchacho que le ha sido entregado, le arranca el corazón, y se lo mete todo caliente en el coño”, a lo que añade Juliette que “se masturba con él”, todo ello “aullando de placer” (Sade III: 668). Ni que decir tiene que la discípula no es menos “feroz” que la maestra y no pierde un segundo en ponerse a imitarla. Por su parte, la Durand está por encima de Clairwil y de Juliette, que acuden juntas en busca de conocimiento a su casa en los arrabales parisinos. Como tres brujas o parcas suelen finalizar sus hazañas entre cadáveres, “rojas como bacantes”, jadeantes y desmelenadas en medio de orgasmos desatados como furiosos ataques de nervios de una violencia arrolladora en orgías sangrientas encadenadas sin fin. La Durand es una especie de maga, que dice la buena ventura y predice el futuro, hace aparecer o desaparecer, el jardín de su casa es un enorme cementerio, visible cuando ella lo decide, es experta en venenos y su poder es absoluto sobre la vida y sobre la muerte. Nada más conocerla despierta una inmediata fascinación en Juliette:  De Literatura y Otras Monstruas Era imposible estar mejor hecha, tener las carnes más frescas, más firmes y blancas: Durand tenía, sobre todo, las más hermosas nalgas y las más hermosas tetas que fuera posible ver, y un clítoris… ¡Oh! en nuestra vida habíamos visto uno ni tan largo ni tan tieso. Confieso que sentí desde ese momento una inclinación inviolable hacia esa mujer (Sade III: 659). Obsérvese que la “inclinación inviolable” que provoca la Durand en Juliette aparece inmediatamente después de referirse al clítoris portentoso que posee esta especie de hermafrodita (más adelante se nos dirá que tiene la vagina cerrada), “única en mi género”50, como ella misma se reconoce: […] la vida de los hombres está entre mis manos: puedo extender pestes, envenenar ríos, propagar epidemias, infectar el aire de las provincias, corromper casas, viñas, vergeles; transformar en veneno la carne de los animales, incendiar casas, hacer morir súbitamente a quien respire una flor, o abra una carta; soy, en una palabra, única en mi género, nadie puede disputármelo (Sade III: 665). Pero la Durand es bruja porque es experta en química y física, muy por encima de todo lo que pueda conocer Clairwil. Si admite reconocer que “toda la naturaleza está a mis órdenes”, ello es así porque esta naturaleza siempre será “de las voluntades de quienes la estudien: con la química y la física se llega a todo. Arquímedes sólo pedía un punto de apoyo para levantar la tierra; y yo sólo necesito una planta para destruirla en seis minutos…” (Sade III: 663). Así pues la Durand no sólo sigue la voz de la naturaleza, como eximia libertina, sino que en su monstruosidad integral imbuida de ciencia la supera, situándose así por encima de la mayoría de los más consumados libertinos. Pero, además, ella es la gran Parca dueña de los destinos. El reencuentro con Juliette, que viene a ser casi una resurrección, ya que ha fingido su propia muerte, supone la eliminación de Clairwil, cuya sentencia ya había formulado en París cinco años antes la bruja a modo de “profecía”. Es Juliete quien envenena a Clairwil, pero es la Durand la Parca que ha manejado los hilos movida por los celos y el deseo de poseer ella sola a Juliette. Y sin embargo, no es un dúo la estructura que pone fin a la novela, sino nuevamente el trío, completado por Noirceuil, ahora con mucho más poder tras haber asesinado a Saint-Fond. Noirceuil, el “negro umbral”, les encomienda a ambas “el timón de la nave a la que quiero conduciros”, nave estigia más allá del bien y del mal, de la vida y de la muerte. 50 También Juliette, al final de la novela, es definida como una “mujer única en su género”.  De Literatura y Otras Monstruas  AMODO DE CONCLUSIÓN Nos hacíamos eco más arriba de una serie de preguntas, entre ellas la formulada por Annie Le Brun y retomada por Lydia Vázquez en su interesante edición crítica sobre Juliette o las prosperidades del vicio (Vázquez, 2021: introducción): “¿Por qué Juliette es mujer?”. Para Le Brun la superioridad de la excelsa libertina radica esencialmente en la capacidad de desarrollo y autocontrol sobre una imaginación que consigue que no quede atrapada en lo físico, sino que, alcanzando una total autonomía, lo somete. Pero la respuesta en última instancia, a decir verdad, queda sin responder. A nuestro parecer, la cuestión debería formularse de otra manera: “¿por qué existe Juliette?” El propio Noirceuil, que no es amante de las mujeres, da la clave: “eres necesaria a mi existencia; sólo me gusta cometer el crimen contigo” (Sade III: 1225) y decide elevarla a las mismas cotas de poder que él posee. Cuando Juliette formula su réplica de sumisión ante él reconociendo que “como mujer la dependencia es mi sino”, Noirceuil inmediatamente la corrige: El nivel del que disfrutas, tu talento y tu carácter te eximen por completo de esa esclavitud. Sólo someto a ella a las mujeres esposas oalasputas, y en ello sigo las leyes de la naturaleza, que, como ves, sólo les permite a esos seres reptar; el ingenio, los talentos, la riqueza y la influencia hacen salir de la clase de los débiles a los que la naturaleza hizo nacer allí, y desde el momento en que entran en la de los fuertes, todos los derechos de estos, la tiranía, la opresión, la impunidad y el entero ejercicio de todos los crímenes les son completamente permitidos(Sade III: 363). Juliette entra pues en “la clase de los fuertes”, superando las barreras de género hacia un espacio superior. En este sentido, es ese ser de alas portentosas, liminar (al igual que Noirceuil), en el umbral hacia una nueva humanidad como profetizaba Apollinaire. Pero al mismo tiempo la clase de los fuertes es la que oprime a los débiles, del mismo modo que, como decía Artaud en su Teatro de la crueldad, “la vida es siempre la muerte de alguien”: Sade, más que ofrecer respuestas, nos hace plantearnos constantemente preguntas.  De Literatura y Otras Monstruas Rᴇғᴇʀᴇɴᴄɪᴀs ʙɪʙʟɪᴏɢʀᴀғɪᴄᴀs APOLLINAIRE, Guillaume (1909). L’oeuvre du marquis de Sade. París: Bibliothèque des curieux. Col. Les maîtres de l’amour. BEAUVOIR, Simone de (2011, 1ª ed. 1955). Faut-il brûler Sade? París: Gallimard. BOURDIN, Paul (1929). Correspondance inédite du marquis de Sade, de ses proches et de ses familiers. París: Librairie de France. Recuperado de Gallica https://gallica.bnf.fr/ark:/12148/bpt6k97539606/f15.item.texteImage [fecha de consulta: 29/12/2022] CANEPARO, Jean (1980). Dialogues singuliers pour des épreuves d’histoire. Anthropos, FeniXX (edición digitalizada). CARTER, Ángela (1979). La femme sadienne. París: Henri Veyrier. COUDURIER, Perrine (2013-2/2014). “Sade, les femmes et le féminisme dans les années 1950.L’identité et le genre en question”. En Sade et les femmes. Itinéraires. Recuperado de http://journals.openedition.org/itineraires/674 [Fecha de consulta: 29/12/2022] DELON, Michel, dir. (1997). Dictionnaire européen des Lumières. París: P.U.F. DELON, Michel (1980). “Le prétexte anatomique”. Dix-huitième siècle,n o 12, p. 35-48 DIDEROT, Denis (2020). Oeuvres philosophiques. París: Gallimard, Biblioteca de la Pléiade (ed. de Michel Delon). DIDEROT Y D’ALEMBERT, coord (1756). Encyclopédie, ou Dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers. París, vol. 10. [disponible en versión digitalizada] FRAPPIER-MAZUR, Lucienne (1991). Sade et l’écriture de l’orgie. París: Nathan. GENAND, Stéphanie (2013-2/2014). “Introduction”. En Sade et les femmes.Itinéraires. Recuperado de http://journals.openedition.org/itineraires/640 [Fecha de consulta: 29/12/2022] KLOSSOWSKI, Pierre (1967, 1ª ed. 1947). Sade mon prochain, précédé de Le philosophe scélérat. París: Seuil. LEBRUN, Annie (2006). On n’enchaîne pas les volcans. París: Gallimard. PÉREZ, Mª Concepción (2007). Sade. Madrid: Síntesis. Sᴀᴅᴇ Oeuvres, ed. Michel Delon (1990-1995-1998), París: Gallimard, Biblioteca de la Pléiade, 3 vols. (1990-1995-1998): Justine ou les malheurs de la vertu (vol. II) La philosophie dans le boudoir (vol. III) Juliette ou les prospérités du vice (vol. III) 8