Megaciudades e hiperedificios: el impacto de la globalización sobre la estructura espacial y social
Abstract
La autora analiza la tendencia hacia la creación de megaciudades definiendo sus características y explorando su «razón ».
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MEGACIUDADES E HIPEREDIFICIOS El impacto de la globalización sobre la estructura espacial y social Angelique Trachana La autora analiza la tendencüi hacia la creación de megaciudades definiendo sus características y explorando su «razón». La humanidad se encamina hacia un mundo de urbanización generalizada. Ya se sabe no sólo porque los datos indican que la mayoría de la población del planeta vivirá en áreas urbanas a principios del siglo XXI, sino porque las áreas rurales tienden ya a formar parte del sistema de relaciones económicas, políticas culturales y de comunicación organizado a partir de los centros urbanos. Si tendencialmente todo es urbano, necesitamos ya nuevas categorías conceptuales, distintas de las que definen la ciudad, para definir las nuevas formas de relación entre el espacio y la sociedad. Las nuevas formas de producción inscritas y determinadas por esa segunda revolución tecnológica, la de los medios de comunicación e información, permiten la globalización económica e inducen a nuevos modos de organización social, ya sea en las áreas metropolitanas, las regiones o los continentes. La articulación entre tecnología, economía, sociedad, cultura y espacio, aunque constituye un proceso abierto, variable e interactivo, está supeditado y condicionado por la comunicación informacional a nivel global. La comunicación en la base de las expresiones culturales de la sociedad y del imaginario de los individuos está crecientemente globalizada a partir del sistema emergente de los multimedia. Este sistema representa un nuevo poder que controla financiera y tecnológicamente a través de grandes grupos internacionales con representación institucional, el gobierno de la economía mundial. La globalización económica, la informacionalización y la difusión urbana generalizada parecen converger hacia una nueva forma de relación entre sociedad y territorio y hábitat. Tras milenios -IX- 9 ASTRAGALO, 17 (2001) Attribution-NonCommercial-ShareAlike - CC BY-NC-SA Article, ISSN 1134-3672 https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.2001.i17.02 Arquitecto. Profesora de la Universidad de Alcalá.
de existencia, las ciudades y la cultura urbana, o la cultura como consecuencia de lo urbano, entran en un inevitable declive histórico. De los epifenómenos de ese proceso de la urbanización generalizada hay que destacar la dramática precariedad de los asentamientos humanos; la baja calidad constructiva y ambiental del hábitat; las intricadas relaciones espaciales entre vivienda, trabajo y servicios; las «nuevas» formas de socialización que coinciden meramente con el consumo. La agudización de los problemas medioambientales como consecuencia del sistema depredador y contaminador del asentamiento humano aplicado tendencialmente en la totalidad del territorio, señala la insostenibilidad de una civilización y la debilidad de una cultura. Cultura que se materializa como expresión de un hacer tecnocrático y de un pensamiento unidimensional. Esa forma que se ciñe al paradigma económico tiene como consecuencia la desaparición de la ciudad como expresión cultural. La nueva forma cultural articula el mundo de la urbanización generalizada en un sistema específico de relaciones socio-culturales y de instituciones que ha suplantado la ciudad y establecido una nueva forma de control sobre la vida de los ciudadanos. Hay que destacar dos ritmos tendenciales de lo urbano: uno es el que organiza el mundo en torno a grandes aglomeraciones difusas, de funciones económicas y asentamientos humanos diseminados a lo largo de vías de transporte con zonas semirrurales intersticiales, áreas periurbanas incontroladas y servicios desigualmente repartidos en una infraestructura discontinua. El segundo es aquel que organiza «lo global» en torno a centros direccionales, tecnológicos y resi- 1 O denciales de elite conectados entre sí por comunicaciones a larga distancia y redes electrónicas. Mientras, la población tiende a individualizar su hábitat en la difusión urbana o agruparse en comunidades defensivas de ideología casi tribal para asegurar su supervivencia en un mundo estructurado globalmente en su centro y desestructurado localmente en múltiples periferias. Pero el proceso inscrito en la lógica del potente sistema tecnoeconómico emergente y las promesas de prosperidad material y optimismo que irradia, dramáticamente no puede ser compartido por una perspectiva de creatividad cultural y moral, ya que en la cultura de la era de los massmedia y en la base de la educación lo que existe no es más que un conocimiento instrumental capaz tanto de aportar recursos humanos de fuerza de trabajo cualificada apto para gestionar el nuevo sistema técnico-económico como de proporcionar consumidores al sistema de producción. La integración cultural de sociedades cada vez más diversificadas bajo la hegemonía de ciertos valores universalizados, a la vez que se defiende la construcción del particularismo con base histórica y territorial, son hoy los elementos básicos para la institución de las sociedades. La producción espacial ha de proporcionar para los individuos un denominador cultural común y aglutinador de los fragmentos sociales de muy diversos referentes culturales y patrones de comportamiento que compiten entre sí y se sitúan frente a los flujos globales de poder y riqueza; esos sí establecen códigos de comunicación entre las distintas culturas. -X-
La globalización y la informacionalización de los procesos de producción, distribución y gestión vienen a modificar profundamente la estructura espacial y social de las ciudades en todo el planeta. Los nuevos procesos de transformación urbana se articulan entre lo local y lo global; podemos decir que giran entorno a los siguientes ejes: En primer lugar, los servicios avanzados e industria de alta tecnología estratégicamente dominantes. La emergencia de nuevos patrones espaciales de asentamiento, tanto en los países desarrollados como en aquellos en vías de desarrollo. Consideramos en particular la emergencia de megaciudades; el modelo de «ciudad dispersa» y las intricadas articulaciones entre viejas y nuevas formas de urbanización. -La constitución de una espacialidad urbana polarizada, intrametropolitana en un sentido históricamente nuevo y basado en la movilidad. La economía informacional global está organizada sobre la base de centros direccionales capaces de coordinar, gestionar e innovar las actividades de empresas estructuradas en redes de intercambio interurbano y trasnacional (Hall, 1995). En el centro de los nuevos procesos económicos están las actividades financieras, de seguros, inmobiliarias, de consultoría, de servicios legales, de publicidad, diseño, marketing, relaciones públicas, seguridad, obtención de información y gestión de sistemas informáticos (Daniels, 1993). Asimismo, las actividades de I+D son 11 determinantes en la industria, la agricultura y los servicios. El conjunto de estas actividades tienen algo en común: son flujos de información y conocimiento (Norman 1993). Por tanto, a partir de un sistema desarrollado de telecomunicaciones podrían localizarse en cualquier lugar del planeta. Y sin embargo, el nuevo patrón espacial de la localización de servicios avanzados se caracteriza por la simultaneidad de su concentración y su dispersión: lo importante es su interrelación mediante una red de flujos (Graham, 1994; Moss, 1987). Esos sectores de actividad, que son los de más rápido crecimiento, se convierten en los sectores más dinámicos en las inversiones urbanas de las principales áreas metropolitanas (Enderwick, 1989). Su concentración en nodos de algunos países según un modelo jerárquico entre centros urbanos, como se ha mostrado en el estudio clásico de Saskia Sassen sobre la ciudad global, crea el dominio conjunto de Nueva York, Londres y Tokyo en las finanzas internacionales. Así, otras ciudades mundiales forman los eslabones de la cadena dominante de gestión global, como es el caso de Hong Kong, Osaka, Francfort, París, Zúrich, Los Ángeles, San Francisco, Ámsterdam y Milán (Sassen, 1995). Nuevos «centros regionales» emergen, conforme se extiende la red de interacciones en que se basa la economía global: entre otros, Madrid y Barcelona, Sao Paolo, Buenos Aires, México, Taipei, Moscú. Cada región del mundo que se articula a la economía global, «dinamizando su economía y sociedad locales», el requisito que tiene que cumplir es la constitución de un nodo urbano de gestión de servicios avanzados organizados, invariadamente, en - XI - ASTRAGALO,17(2001)ISSN 1134-3672
12 tomo a un aeropuerto internacional; un sistema de telecomunicaciones por satélite; hoteles de lujo, con seguridad adecuada; servicios de asistencia -secretaria!, idiomas, etc.-; empresas financieras y de consultoría con conocimiento de la región; oficinas de los gobiernos regionales y locales capaces de proporcionar información e infraestructura de apoyo al inversor internacional; además de un mercado de trabajo local con personal cualificado en servicios avanzados e infraestructura tecnológica. En cumplimiento de estas funciones, está transformándose profundamente la estructura espacial y la imagen de las ciudades. Los hiperedificios, grandes estructuras en altura, de gran despliegue tecnológico y de imagen, se presentan a veces justificados como solución al problema de hiperdensidad y forma de descongestión de territorio urbanizado. Pero siguen siendo en la realidad los viejos símbolos del nuevo poder económico y tecnológico. Así mismo, se transforman sustancialmente las relaciones entre ciudad y su región. En Europa por ejemplo, el estudio de Cappelin sobre las redes de servicios en las ciudades europeas muestra la creciente interdependencia y complementariedad entre los centros urbanos de dimensión media. Según dicho estudio, «la importancia relativa de las relaciones entre ciudad y región parece disminuir con respecto a las relaciones que vinculan entre sí las ciudades de distintas regiones o países. Las nuevas actividades se concentran en polos específicos, lo cual implica una creciente disparidad entre los polos urbanos y sus hinderlands respectivos» (Cappelin, 1991, p. 237). La nueva era (económica) concibe la fl exibilidad como mecanismo básico de gestión de las economías de la aglomeración, al mismo tiempo que admite altos niveles de incertidumbre inducidos por el cambio tecnológico y tolera la descalificación del mercado, la desregularización y la globalización. Para ello requiere un reforzamiento de la estructura de las funciones de control -sobre las funciones de control se estructura una gran parte de los serviciosdetermi- nantes del intercambio de información y da lugar a las concentraciones locacionales de la información. Sobre esa base, la jerarquía interurbana está sujeta a una competición feroz entre sectores tan volátiles como las finanzas o las inversiones inmobiliarias. El fracaso relativo de la planificación urbana se debe, según Daniels, a que los grandes proyectos urbanos y de desarrollo de las ciudades se convierten en rehenes de factores internacionales externos sobre los que existe escaso control (p. 166). La volubilidad del desarrollo de los centros urbanos ilustra la extrema dependencia actual de las ciudades de los flujos incontrolables de la inversión global. El nu evo papel estratégico para las grandes ciudades dentro del esquema combinatorio de di spersión espacial e integración global se desempeña a la vez como puntos direccionales de la organización de la economía mundial, altamente concentrados y como mercados para los propios productos y servicios producidos (Sassen, 199.1 ). - XII -
Junto a la concentración direccional en los centros de las grandes metrópolis, se ha constituido una red dispersa y articulada en la gestión de los servicios, localizada en las periferias metropolitanas, así como en los centros metropolitanos regionales de menor entidad. Lo significativo del proceso espacial no es, por tanto, ni la concentración ni la dispersión de actividades, sino la relación entre ambas tendencias. Es decir, la constitución de una red inderdependiente y jerarquizada de complejos productores de servicios a partir de flujos de información telecomunicados. La ciudad se transforma en una red de nodos urbanos de distinto nivel y con distintas funciones que se extiende por todo el planeta y funciona como centro nervioso de la nueva economía, en un sistema interactivo de geometría variable a la que deben adaptarse las ciudades y la que determina la suerte de los ciudadanos. Así que los procesos tecnológicos y económicos conducen a una profunda transformación de la estructura espacial urbana en una relación intrincada con la historia, la cultura y las instituciones de cada país, región y ciudad. El modelo tendencia! es la constitución de las megaciudades, sobre todo en los países de nueva industrialización. Las megaciudades son algo más que gigantescas aglomeraciones territoriales de seres humanos. Ciertamente, asistimos al proceso de formación de asentamientos humanos por encima de 10 millones de personas. Pero el tamaño no es lo que realmente define las megaciudades. Son en realidad los nodos de la economía global y de las naciones más poderosas. En su territorio concentran las funciones superiores de dirección, producción y gestión del planeta; los centros de control político; el control de los medios de comunicación; la capacidad simbólica de creación y difusión de los mensajes dominantes. Casi todos ellos distintos de la matriz cultural europeo-norteamericana todavía dominante: Tokyo, Sao Paolo, Nueva York, Ciudad de México, Shanghai, Bombay, Los Ángeles, Buenos Aires, Seúl, Pekín, Río de Janeiro, Calcuta, Osaka, según la clasificación de Naciones Unidas para 1992. Pero a este club habría que añadir a mediados de los noventa, Yakarta, Moscú, El Cairo, Nueva Delhi, Londres, París, Lagos, Dacca, Karachi y Tianjin. No todos son centros dominantes de la economía global, pero en todos los casos conectan a dicha economía global procesos y funciones que afectan a cientos de millones de personas. Las megaciudades deben ser definidas en términos de su poder gravitacional en relación con amplias regiones del mundo. Las megaciudades articulan la economía global, conectan las redes informacionales y concentran el poder mundial. Pero, y sobre todo, son receptáculos de inmensos sectores de población que luchan por sobrevivir. En cuanto a estructura espacial, lo más significativo de las megaciudades es que están conectadas externamente a las redes globales, mientras que están internamente desconectadas a aquellos sectores de sus poblaciones locales considerados funcionalmente innecesarios o socialmente perturbadores: los «desechables». Y esto es tan cierto de Nueva York como de México DF o Yakarta; internamente son desconectadas social y espacialmente. Las megaciudades son una forma espacial caracterizada por vínculos funcionales establecidos en un amplio territorio, -XIII - 13 ASTRAGALO,17(2001)ISSN 1134-3672
14 al tiempo que muestran una gran discontinuidad en su patrón de ocupación del suelo. Sus jerarquías sociales y funcionales son confusas; organizadas en unidades territoriales segregadas y sembradas de fragmentos urbanos de usos sociales no siempre reconocidos por el sistema. Como ilustración de esa perspectiva analítica, una de las megaciudades que se presenta como la potencialmente más importante de siglo XXI, actualmente en proceso de formación, es la del Río de las Perlas, constituida por un sistema de relaciones funcionales en un vasto territorio en torno a los núcleos de Hong Kong, Shenzhen, Cantón, Delta del Río de la Perlas, Macao y Zhuhai. Pero tendencias actuales apuntan ya hacia la formación de otra megaciudad asiática de dimensión humana y económicamente aún mayor que la del sur de China. En efecto, a principios del siglo XXI, el corredor Tokyo-Yokohama-Nagoya, que ya constituye una unidad económica-funcional, conectará con la constelación Kyoto-Osaka-Kobe, con la que posee fácil comunicación por tren de alta velocidad, creando la mayor macro-región metropolitana en la historia de la humanidad, no sólo en número de habitantes, sino en concentración de potencial económico y tecnológico. La gran concentración urbana a pesar de los graves problemas sociales y medioambientales que acarrea, será el gran imán para las funciones y sectores sociales de alto nivel. El sueño ecológico alternativo de un universo de pequeñas comunidades en la naturaleza, conectadas por medios electrónicos, quedará reducido a una pequeña elite californiana, o más significativamente a la marginalidad social y funcional de las áreas rurales en todo el mundo. Las grandes aglomeraciones urbanas no constituyen solamente los centros del dinamismo económico, tecnológico en sus países y en el sistema global, sino que son los centros de «innovación cultural», de creación de símbolos y de investigación científica, es decir, de los procesos estratégicamente decisivos en la era de información. Son, por tanto, centros de poder político por la fuerza ideológica y económica que representan. Por ser los puntos de conexión del sistema mundial de comunicación y de gestión estructurado en su entorno, el futuro de la humanidad se está jugando en ellas. Según Borja y Castells, cualquier intento de rechazar lo inevitable, en lugar de adaptarlo a las necesidades sociales y de gestionar sus contradicciones y conflictos, conducirá a una distancia creciente entre la realidad y la teoría urbanas. El futuro inmediato es la urbanización generalizada y la tendencia a la gran concentración urbana en nodos estratégicos de gran dimensión humana y territorial que constituirán las megaciudades. Esa nueva realidad urbana tiene no obstante su especificidad en los procesos de urbanización de las áreas desarrolladas en Norteamérica y Europa, determinada por dos historias urbanas diferenciadas. En Norteamérica se vive una nueva oleada de expansión territorial en la periferia urbana, en cierto modo imitada en otras áreas del mundo. El periodista Joel Garreau (1991) caracteriza la nueva forma espacial como Edge City, o ciudad de borde. Cada una de estas unidades espaciales se extiende sobre decenas de kilómetros de edificios de oficinas, servicios comerciales y -XIV-
áreas residenciales cada vez más densas, todas de nueva planta, conectadas por una red de autopistas. Es una civilización de áreas de urbanización diseminada, en la que la vida se organiza en tomo a la bipolaridad trabajo informatizado/hogar individualizado y dominado por la cultura audiovisual. El desarrollo de estas constelaciones resalta la interdependencia funcional de diferentes unidades y procesos del sistema urbano, minimizando el papel de la contigüidad territorial y maximizando la importancia de las redes de comunicaciones, tanto en línea telefónica como en transporte terrestre. Este modelo de urbanización responde a la experiencia histórica y cultural norteamericana, caracterizada por un continuo intento de superar los problemas económicos, sociales y urbanos mediante la movilidad geográfica (Kunstel, 1993). Primero, mediante la emigración a América para escapar de las condiciones de los países de origen. Después, mediante la marcha hacia el Oeste y la colonización de un vasto continente. Más adelante, mediante el abandono de las ciudades centrales por las clases medias para construir una nueva civilización suburbana en torno al automóvil, la televisión y la propiedad de una casa unifamiliar subvencionada por el Estado. Y ahora, mediante la superación de los suburbios constituidos, la disertación de las áreas rurales y la formación de la Edge city a lo largo de ejes de autopista sin otra orientación que lugares de trabajo igualmente dispersos, residencias individuales en paquetes densos, sin referencia urbana, y centros de servicios en nudos de intercambio de autopistas. Aunque no es el fin de las ciudades, ya que Nueva York, San Francisco y tantos otros centros urbanos continúan vibrando de actividad social, cultural, comercial y direccional, sí asistimos a la separación de una pr op or - ción creciente de población norteamericana -más de la mitad en esos momentosde cualquier experiencia urbana en su cotidianidad. En las viejas ciudades europeas en procesos de profunda reorganización funcional, cultural y espacial, las tendencias de globalización económica e informacional de las sociedades se articulan de formas particularmente claras (Hall, 1995; Martinotti, 1993). El aspecto más acentuado de esta transformación es un nivel segregacional muy alto. La nueva elite gerencial y tecnocrática que ocupa la cúpside del nuevo sistema crea sus espacios exclusivos, tal como lo hizo la anterior elite burguesa. En la mayor parte de las ciudades europeas (París, Bruselas, Roma, Madrid, Ámsterdam), a diferencia de las ciudades norteamericanas, las clases superiores habitan, en su mayoría, en la ciudad central y en barrios distintivos aunque no siempre con el mayor valor histórico y cultural de los espacios urbanos, pero sí con su nivel de conservación y equipamiento. El mundo suburbano de las ciudades europeas es altamente diferenciado. En él se incluyen en particular las periferias de clase obrera y trabajadores de servicios entorno a los polígonos de viviendas públicas o subvencionadas construidos durante el período álgido del Estado del Bienestar urbano. Son también lu gares de producción industrial, tanto tradicional como de nuevas - XV - 15 ASTRAGALO,17(2001)ISSN 1134-3672
16 tecnologías. En varios países (Francia, Suecia, Inglaterra) han sido estructurados en torno a «ciudades nuevas» habitadas generalmente por clases medias profesionales y núcleos de actividad y de servicios descentralizados, frecuentemente públicos o parapúblicos. Sumándose a esa diversidad social y funcional, numerosos conjuntos habitacionales de vivienda pública en los suburbios, han ido convirtiéndose en guetos de minorías étnicas inmigrantes conforme sus primitivos ocupantes fueron encontrando mejores alternativas en el mercado de vivienda. Las ciudades centrales también se caracterizan por la mezcla de reminiscencias de tiempos históricos y la superposición de funciones y culturas en un mismo espacio. Tanto las nuevas clases urbanas ascendentes como los inmigrantes y las contraculturas juveniles se rivalizan los centros urbanos. También se encuba la marginalidad, los guetos étnicos y los procesos acelerados del deterioro de su espacio físico. El nuevo paisaje urbano está hecho, en fin, de una superposición de procesos socioeconómicos y tiempos históricos que trabajan sobre un espacio construido, destruido y re construido en oleadas sucesivas de transformación urbana. Lo que la globalización produce específicamente es la aceleración de ese proceso continuo de adaptación urbana en función de objetivos cada vez más externos a la sociedad local. En último término, las ciudades europeas mantienen la fachada de una historia urbana culturalmente enraizada, pero la cultura glogal penetra en todos los aspectos de la vida urbana. BIBLIOGRAFÍA Jordi BORJA y Manuel CASTELLS, Loc al y global. La gestión de las ciudades en la era de la información, Taurus, Pensamiento, Madrid, 1997. R. CAPPELIN , << Intemati ona l Networks of citi es> > en R. CAMAGNI, In nova/ion Networks: Spatial Perspectives, Belh aven Press, Londres, 1991, pá g. 237. P. W. DANIELS, Service Industries in the Word Economy, Blackwe ll Publishers, Oxford, 1993. Javi er ECHEVERRÍA, Telépolis, Destino, Barcelona, 1995. P. ENDERW I CK , Multinational Service Firms, Routledge, Londres, 1989. J oe l GARREA U, Edge City. Lif e on the New Frontier, Doubleday, Nueva York, 1991. S. GRAHAM, << Networking Cities: Telem at i cs in Urban Poli cy-A Critica! Review >>, lnternational Journal of Urban and Regional Research, vol. 18, n° 3, 1994, págs. 416 -431. P. HALL , <<Towards a Ge neral Urban Th eo ry >> en Brotchie et alia (ed s.), Cities en competition. Productive and sustainable cities for the 21st century, Longman Australia, Sidney, 1995. págs. 3-32. J. H. KUNSTL ER, The Geography of Newhere, Simon and Schuster, Nu eva Yo rk, 1993. G. MARTINOTTI, Metropoli. La nuova morfología socia/e de la cittá, 11 Mulino, Bo lonia, 1993. M. MOSS, << Telec ommuni cations, Wo rd Cities, a nd Urban Policy», Urban Studies, no 24, 1987, págs. 5 34 - 546 . A. L. NORMAN , lnf ormational society. An economic theory of discovery, invention a nd innovation, Kluwer Academic Publishers, Bo ston, 1993. J. L.RAMÍREZ , << La co nstru cc i ón de la ciudad co mo l óg ica y co mo ret ór ic a> >, Astrágalo X/1, Madrid, 1999. S. SASSEN , The Global Ci ty. New York , London, Tokyo, Princeton Univercity Press, Prinseton, N.J. 199 1. S. SASSEN, Cities in a Wo rd Economy, Pine For ge Pr ess, Thousand Oaks, Ca lifornia, 1994. - XVI -