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Vivir y morir en Risco Chimirique. Investigaciones arqueológicas en la cuenca de Tejeda (Gran Canaria)

Martín Rodríguez,Ernesto Manuel,Velasco Vázquez, Javier,Alberto Barroso, Verónica,Rodríguez Rodríguez, Amelia del Carmen

Abstract

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Full text

Núm. 49 (2003) 163 VIVIR Y MORIR EN RISCO CHIMIRIQUE 68 VIVIR Y MORIR EN RISCO CHIMIRIQUE. INVESTIGACIONES ARQUEOLÓGICAS EN LA CUENCA DE TEJEDA (GRAN CANARIA) P O R ERNESTO MARTÍN RODRÍGUEZ, JAVIER VELASCO VÁZQUEZ VERÓNICA ALBERTO BARROSO y AMELIA RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ RESUMEN Risco Chimirique (Tejeda, Gran Canaria) es uno de esos sitios arqueológicos que han pasado desapercibidos como consecuencia de la monumentalidad del contexto arqueológico en que se insertan. Situado en la frontera del municipio de Tejeda con San Bartolomé de Tirajana, apenas destaca si lo comparamos con conjuntos arqueológicos como el del Roque Bentaiga, Cuevas del Rey o Montaña del Humo, todos ellos próximos y visibles desde los abrigos y solapones que lo integran. Sin embargo, los yacimientos que se sitúan en la parte media y alta de esta elevación revelan una importante actividad humana que alcanza desde al menos el siglo VII d.n.e. hasta prácticamente nuestros días con la reutilización de estos solapones por los pastores históricos. 164 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLÁNTICOS E. MARTÍN RGUEZ., J. VELASCO VÁZQUEZ, V. ALBERTO BARROSO Y A. RODRÍGUEZ RGUEZ. 2 1. ANTECEDENTES DE LA INVESTIGACIÓN La investigación realizada en la Caldera de Tejeda apenas si la podemos calificar de relevante desde un punto de vista científico ni tampoco de abundante desde la perspectiva de los trabajos de campo o publicaciones, bastante escasos en uno y otro caso. Las primeras referencias para esta zona, si exceptuamos los datos proporcionados por las fuentes etnohistóricas, se deben a Victor Grau-Bassas que en su obra Viajes de exploración a diversos sitios y localidades de Gran Canaria reconoce alguno de los conjuntos más relevantes de la zona como pueden ser el Roque Bentaiga o Cuevas del Rey, sin que recoja, ni aun cuando describe el relieve de la zona, la presencia del Chimirique que, por otra parte, debería aparecer como una prolongación del Aserrador. Posteriormente R. Verneau y también G. Chil y Naranjo consignarán en su obra la presencia de estos sitios, aunque de manera superficial. En la década de los años cuarenta y cincuenta S. Jiménez Sánchez visitará en diferentes ocasiones la zona, recogiendo en su obra Excavaciones Arqueológicas en Gran Canaria, del Plan de Excavaciones Arqueológicas de los años 1945, 1946, 1947 y 1948 las prospecciones que realiza en distintos yacimientos de Tejeda y Artenara. Para el término de Tejeda cita en 1948 los siguientes yacimientos: necropolis del Peladero y la Asomada, Lomada del Entierro de la Cochinilla (casas cruciformes), Pinar de Ojeda (casas cruciformes), poblado y necrópolis del Bco. del Peladero, poblado y necrópolis de Pilancones y Llanos de Majada Alta, cueva funeraria del Bco. del Caidero de Majada Alta, poblado y necrópolis del Baco. De la Cueva de las Niñas, Tumba del Gigante, poblado y necropolis de Ñameritas. En 1953 en su obra Nuevas estaciones arqueológicas en Gran Canaria y Fuerteventura, recoge el yacimiento de El Carpio, integrado por una casa de planta circular hoy destruida por la instalación de una torre del tendido eléctrico. A pesar de la cercanía de Risco Chimirique a este yacimiento que se divisa desde el abrigo 1, tampoco Jiménez Sánchez recoge ningún dato sobre la zona que estudiamos. Posteriormente dedicará el número 8 de la re- Núm. 49 (2003) 165 VIVIR Y MORIR EN RISCO CHIMIRIQUE 3 vista Faycan (1961) estudia las manifestaciones pictóricas (antropomorfos) de la cueva de Majada Alta. Entre 1975 y 1981 M. S. Hernández Pérez lleva a cabo distintos trabajos en Gran Canaria: en 1975-76 excavará en la cueva del Sastre y en otra sepulcral del Bco. de Guayadeque (Agüimes-Ingenio); en 1977 en varios yacimientos del término municipal de Tejeda y entre 1978 y 1981 en el poblado de El Pajar (Santa Águeda, San Bartolomé de Tirajana). Inicia así un proyecto de investigación que, en palabras del propio autor pretendía definir, en el caso que existieran, ambos complejos culturales (se refiere al horizonte de las cuevas y los túmulos) y aproximarnos al problema, aún no resuelto, del poblamiento prehispánico de esta isla. Los trabajos en Tejeda se centraron en el Bentaiga, Cuevas del Rey y El Toscón, donde excava varias cuevas con diferente fortuna y realiza la planimetria de los principales elementos que definen cada uno de estos conjuntos. En el Toscón excavará dos estructuras tumulares que no contenían las esperadas evidencias óseas, lo que le lleva a plantearse si realmente son túmulos o son construcciones recientes o antiguas con otra finalidad. La corta historia de la investigación arqueológica del municipio de Tejeda se completa con los trabajos de prospección y excavación realizados en esta década por el Museo Canario bajo la dirección de J. Cuenca Sanabria. Entre ellos destacaremos la excavación de una cueva funeraria en la Solana del Pinillo —que permanece sin publicar—, la localización y reproducción de varias estaciones rupestres en este municipio y en el de Artenara y, especialmente, la carta arqueológica de Tejeda. Este documento sí recoge el conjunto arqueológico del Chimirique aunque lo denomina con la voz incorrecta, pero también utilizada en la comarca, de Risco Chirimique. En este documento se incluye la estructura circular ya señalada y algunos de los solapones, entre ellos los estudiados por nosotros, aunque por el tono de la descripción y el nivel de fragilidad que se propone apenas si se reconoce algún interés para la investigación a estos yacimientos. Esta es pues la corta y poco relevante, salvo algunos trabajos muy puntuales, historia de la investigación realizada en el 166 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLÁNTICOS E. MARTÍN RGUEZ., J. VELASCO VÁZQUEZ, V. ALBERTO BARROSO Y A. RODRÍGUEZ RGUEZ. 4 municipio de Tejeda que atesora en su territorio un rico, diversificado y emblemático patrimonio arqueológico. 2. LA EXCAVACIÓN ARQUEOLÓGICA DE RISCO CHIMIRIQUE El Risco de Chimirique, como tradicionalmente se le conoce, conserva abundantes vestigios arqueológicos que demuestran la presencia de grupos humanos en este entorno desde época prehispánica. Dicha situación propició el diseño y puesta en marcha de un Proyecto de Investigación para esta zona, en el que se contemplaba, como primera fase de trabajo, la intervención y correspondiente estudio de dos de los yacimientos arqueológicos existentes en este ámbito. Para ello se seleccionaron los depósitos de dos cavidades naturales que fueron designadas a partir del nombre genérico de la zona y un número para identificarlos: Chimirique-1 y Chimirique-2. 2.1. Chimirique 1 La unidad arqueológica número 1 (Chimirique-1) viene definida por una cueva natural de dimensiones considerables, abierta en la cara este del Risco Chimirique. Este solapón, de una morfología elipsoidal, presenta unas dimensiones de diez metros en su eje mayor (norte-sur) y de tres a cinco metros en su eje menor (oeste-este). Muestra Chimirique-1 una boca de gran amplitud, observándose un alzado que, en buena parte de su desarrollo, supera los cuatro metros de altura. La superficie de la cavidad presenta una topografía que, en términos generales, puede calificarse de regular, si bien exhibe un ligero buzamiento de dirección oeste-este que, en determinadas zonas, se acusa en mayor medida definiendo la existencia de pequeñas cubetas de deposición. Es justamente en las zonas en las que el desnivel del suelo natural de la cueva alcanza mayores proporciones donde, precisamente, ha existido una mayor sedimentación, situándose en dichos espacios las zonas de máximo interés arqueológico. Núm. 49 (2003) 167 VIVIR Y MORIR EN RISCO CHIMIRIQUE 5 Las comentadas singularidades de la morfología natural de esta cavidad han condicionado de forma evidente, como ya señalábamos, las características del relleno arqueosedimentario. Con relación a ello cabría señalar algunas cuestiones: En primer lugar, y como también referiremos luego, el gran tamaño de la apertura de la boca ha debido propiciar la acción directa de agentes naturales en la formación del depósito arqueológico1. Del mismo modo, tales factores han debido ser partícipes activos, también, de las alteraciones postdeposicionales observables en determinadas zonas de esta unidad arqueológica2. En segundo lugar el buzamiento del suelo natural de la cueva ha propiciado que la acumulación de sedimentos arqueológicos, en algunas áreas de este espacio habitacional, sea sensiblemente mayor en el extremo este de la oquedad. En este mismo sentido, las zonas en las que la roca madre presenta un desnivel más acentuado es donde precisamente el relleno sedimentario muestra una mayor potencia. En tercer lugar, esta misma circunstancia viene propiciada por los acondicionamientos de este espacio durante su uso como recinto habitacional en época prehispánica. Efectivamente, la construcción de una pared de piedra seca en el extremo este de Chimirique-1 favoreció, sin duda, la acumulación de un relleno arqueológico más importante en este entorno. Las especificidades descritas no sólo han propiciado una dinámica de sedimentación particular, sino que además, y desde un punto de vista cultural, parece ser el área donde la actividad antrópica fue más intensa. Ello hizo posible, además, que aumentara la extensión del espacio susceptible de ser aprovechado por las poblaciones prehistóricas aquí asentadas, de tal suerte que la progresiva 1 Con ello no pretende negarse la existencia de cierres, a partir de estructuras permanentes o ligeras en la boca de Chimirique-1. No obstante la valoración de las características fundamentales de los sedimentos arqueológicos apunta hacia una activa participación de los fenómenos medioambientales en la definitiva configuración de este relleno arqueológico. Sin embargo, ello no va en contradicción con el hecho de que la máxima responsabilidad en la formación de este paquete sea antrópica. 2 Especialmente en aquellos sectores de la cueva más expuestos a los agentes medioambientales, fundamentalmente el extremo sur de la cavidad. 168 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLÁNTICOS E. MARTÍN RGUEZ., J. VELASCO VÁZQUEZ, V. ALBERTO BARROSO Y A. RODRÍGUEZ RGUEZ. 6 acumulación de sedimentos en un mismo sector de la cueva aumentó el espacio útil de la misma, tal como ha podido ser observado en otros recintos habitacionales en cueva natural del Archipiélago. Con ello no quiere señalarse que la ocupación de esta cavidad se circunscribiera únicamente a este entorno. Es probable que la mayor horizontalidad del resto del suelo natural de la cueva, así como su mayor exposición a los agentes naturales haya favorecido su progresivo lavado, limitándose, por tal eventualidad, la posibilidad de la existencia aquí de un relleno arqueológico de mayor potencia3. 2.1.1. La secuencia arqueosedimentaria A lo largo de los trabajos de excavación en el abrigo de Chimirique-1 se puso de manifiesto la existencia en este lugar de un relleno arqueológico de un espesor significativo, que alcanza, en sus zonas de máxima potencia, una profundidad que oscila entre los 25 y 30 centímetros en relación con el suelo circundante. Desde un punto de vista general, el relleno arqueológico muestra una dinámica de deposición en la que la sedimentación de origen antrópico alcanza el máximo protagonismo, combinada, a su vez, con los aportes naturales previamente descritos. Los niveles de interés arqueológico guardan, en términos generales, una disposición tendente a la horizontalidad, lo que viene a demostrar la ralentización de la génesis de estos estratos. Muestran asimismo, una potencia desigual en todo su desarrollo, alcanzando un espesor máximo en el extremo este del paquete arqueológico, mientras que en su flanco más occidental sólo están presentes, en algunos casos, de modo testimonial. Esta circunstancia responde a la acomodación de los diferentes niveles arqueológicos al buzamiento natural del suelo de la cueva 3 La presencia de materiales arqueológicos en la totalidad de la superficie de la cueva, así como las propias características del recinto, lleva a pensar en una plena ocupación de este espacio, si bien con variaciones horizontales con relación a las actividades desarrolladas en toda su extensión. Núm. 49 (2003) 169 VIVIR Y MORIR EN RISCO CHIMIRIQUE 7 que sirve de soporte a todo el paquete sedimentario. A tal efecto, pudieron constatarse las consiguientes variaciones horizontales de los niveles arqueológicos, documentándose con ello las significativas disimetrías del proceso de sedimentación que originó cada uno de ellos4. El relleno arqueológico de Chimirique-1 está compuesto por una única estructura sedimentaria constatable a lo largo de la totalidad de la secuencia. Muestra, si bien con algunas variaciones horizontales y verticales, una misma dinámica formativa en la que adquiere un especial protagonismo, como ya indicábamos, el uso prehistórico conferido a este espacio. En dicha estructura se pudieron individualizar dos niveles arqueológicos5 diferenciados6, cada uno de ellos caracterizado por una dinámica sedimentaria particular que, en el mismo sentido, parecen ser el reflejo de usos diferenciados del espacio definido por Chimirique-1. Estrato superficial Constituye un nivel sumamente alterado, caracterizado por un sedimento muy suelto, de matriz arenosa y coloración grisácea oscura. Presenta igualmente gran abundancia de piedras de dimensiones medias (entre 10 y 15 centímetros) en su superficie, procedentes, la mayor parte de ellas de la desagregación mecánica del soporte natural del yacimiento. Este nivel muestra señas evidentes de la reutilización de este espacio en época 4 Este hecho adquiere una especial relevancia a la hora de individualizar los diferentes niveles localizados en los trabajos de excavación arqueológica, y de los materiales en ellos contenidos. Fue por ello necesario llevar a cabo un decapado microestratigráfico de los sedimentos, a fin no sólo de constatar sus variaciones verticales, sino también las desigualdades en la dinámica de formación horizontal de cada no de ellos. 5 Además de un nivel denominado superficial, también incluido en la descripción de la secuencia estratigráfica. 6 Del mismo modo, en cada uno de estos niveles pudieron documentarse sendos subniveles arqueológicos, netamente distinguibles de los paquetes sedimentarios en los que se encuentran incluidos. 170 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLÁNTICOS E. MARTÍN RGUEZ., J. VELASCO VÁZQUEZ, V. ALBERTO BARROSO Y A. RODRÍGUEZ RGUEZ. 8 reciente de Chimirique-1 para el resguardo de ganado menor. Esta circunstancia ha favorecido igualmente la remoción de parte de este estrato superficial así como el desplazamiento de los repertorios materiales ubicados en las cotas más elevadas del relleno arqueológico. La presencia de restos arqueológicos es ciertamente abundante, localizándose preferentemente en la cuadrícula B-5 y en las zonas más inmediatas a ésta. Destacan entre los artefactos, los restos de cerámica manufacturada, no observándose evidencias materiales de época postconquista. La potencia de este primer nivel es bastante homogénea en su distribución horizontal, no alcanzando más de siete centímetros en sus zonas de máxima potencia. A juzgar por sus características macroscópicas su origen más probable parece ser la alteración de las zonas más elevadas del Nivel I, así como la sedimentación natural originada desde el abandono del uso prehistórico de Chimirique-1 y la formada a consecuencia de las reutilizaciones sufridas por este entorno en relación directa al uso tradicional dado al conjunto de Chimirique. Estrato I Se encuentra localizado inmediatamente bajo el superficial, siendo el contacto entre ambos de carácter difuso a consecuencia de los aspectos señalados previamente. Se caracteriza por un sedimento de coloración grisáceo oscuro7 que muestra también, en parte de su extensión, tonalidades marrón oscuro, dando cuenta así de la diversidad de factores (naturales y antrópicos) que dieron lugar a su formación. Corresponde este Nivel I a un estrato que muestra una superficie tendente a la horizontalidad, presentando una mayor potencia en el extremo este de las cuadrículas objeto de excavación, reduciéndose significativamente su grosor a medida que se aproxima al flanco oeste de las mismas. Este nivel I viene igualmente caracterizado por la presencia en su cota más elevada de al menos tres puntos de sedimentos 7Localizado preferentemente en el extremo oriental de la cuadrícula B-4. Núm. 49 (2003) 171 VIVIR Y MORIR EN RISCO CHIMIRIQUE 9 termoalterados de coloración blanca, de naturaleza limosa y de textura muy compacta. En su conjunto, y dada su proximidad es posible afirmar que corresponderían a una estructura de combustión con diferentes focos de encendido, si bien todos ellos localizados en un mismo sector (cuadrícula B-4). En torno a ella se localiza un sedimento grisáceo oscuro, ceniciento y de textura muy suelta. Sin lugar a dudas, podemos hablar de la documentación de un hogar plano, sin acondicionamiento estructural, si bien limitada su localización a un espacio my concreto de la zona excavada. Presenta una morfología de tendencia elíptica, definida fundamentalmente por el sedimento más intensamente termoalterado compuesto por carbonataciones de pequeño tamaño y una matriz limosa compacta. Sedimentológicamente presenta una estructura laminar (hojaldrada) debida a la plena combustión de los elementos orgánicos quemados en el hogar. Bajo ésta se localiza un pequeño nivel de coloración negra en el que abundan los puntos de carbón, y que cubre un nuevo subnivel de matriz cenicienta de coloración gris clara. Todos ellos son el testimonio inequívoco de la presencia en este lugar de una actividad de combustión, definiendo un espacio de hogar que, como trataremos de exponer luego, parece constituir un elemento aglutinador de la actividad antrópica desarrollada en Chimirique-1. En torno a esta estructura de combustión, y prolongándose en ambas cuadrículas, se localizan abundantes cenizas que, en definitiva, constituyen el componente sedimentario fundamental de este nivel I. No obstante presentan una especial concentración en torno al hogar, cuyo origen más probable ha de ser la evacuación y limpieza periódica del mismo. Este hecho viene a manifestar el uso continuado del fuego en un mismo emplazamiento, con ligeras variaciones en lo que se refiere a la localización del principal foco de combustión. Como señalábamos previamente, este nivel I, a lo largo de su desarrollo vertical, presenta variaciones horizontales derivadas, fundamentalmente, de las diferencias de actividades antrópicas desarrolladas en este espacio. De este modo, mientras que en las zonas próximas al fuego, el origen de los sedimentos hay 178 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLÁNTICOS E. MARTÍN RGUEZ., J. VELASCO VÁZQUEZ, V. ALBERTO BARROSO Y A. RODRÍGUEZ RGUEZ. 16 fundamental en la articulación del espacio habitacional. En torno a él se ubica una de las zonas de máxima concentración de materiales. En definitiva, y a juzgar por las observaciones de campo, el fuego se erige como el centro de la actividad doméstica que se lleva a cabo en el interior de este recinto. Casi todas las estructuras de combustión se asientan sobre la roca madre que sirve de soporte natural a los niveles de interés arqueológico. Por esta razón no resulta arriesgado señalar que la posición conferida al fuego permanece constante desde el mismo momento en el que se decide emplear este espacio con un fin doméstico. Pero, además, parecen existir pruebas de que este papel preponderante se mantiene a lo largo del período útil de la cavidad. Como ya señalamos, la presencia de concentraciones de cenizas en diferentes áreas, así como el carbón disperso, podrían ser el producto del vaciado y limpieza de la zona en la que se realizan los fuegos, evidenciando un uso prolongado de éstos. Dentro de este nivel se distingue un subnivel denominado IIB, individualizado tanto por sus características sedimentológicas, como por el hallazgo de nuevos focos de combustión, en parte diferenciados de los anteriormente descritos. Esta unidad se asienta directamente sobre la roca madre, y se caracteriza por ser un sedimento ceniciento de color grisáceo oscuro y de textura muy suelta. Como ya señalábamos se localizaron tres nuevos focos de combustión, de igual modo asentados sobre la roca madre y con unas características muy similares a las antes descritas. Al igual que las estructuras de combustión sitas en el Nivel II, la ubicación de estos hogares planos directamente sobre la roza madre ha provocado una evidente termoalteración de ésta. Entre otros efectos, estos fuegos han provocado cambios en la coloración de este soporte natural (amarillento-naranja), así como craqueladuras térmicas de dimensiones notorias21. A lo largo de todo el proceso de excavación se pudieron individualizar un total de nueve focos de combustión, si bien algunos de ellos (fundamentalmente el 8 y e 9) deben responder a 21 Esta circunstancia ha provocado que el Nivel IIB quede caracterizado por la presencia de clastos de pequeño tamaño (5-10 centímetros) originarios de esta desagregación térmica de la roca madre. Núm. 49 (2003) 179 VIVIR Y MORIR EN RISCO CHIMIRIQUE 17 hogares de un uso muy limitado en el tiempo o al resultado de actividades muy localizadas. El foco número siete es el mas destacable, ya que presenta una extensión mayor y cuenta, además, con una zona de evacuación de cenizas perfectamente limitada en el espacio y un mayor volumen de carbones. Los hogares denominados 5, 6, 4, 3, 2 y 1 parecen formar parte de una única macroestructura de combustión que si bien muestra diferentes focos a lo largo del período de tiempo en el que se utiliza Chimirique-1, definen la continuidad de una dinámica de funcionamiento en la organización de este espacio habitacional. Como ya indicamos, serán estos fuegos los elementos que sirvan como «aglutinador» de una parte muy significativa de las actividades cotidianas llevadas a cabo en esta cueva. Corresponden en todos los casos a hogares planos simples, constituidos sin la elaboración de ningún tipo de estructura artificial reconocible que delimite su extensión. Todas las pruebas parecen apuntar a la existencia en Chimirique-1 de una ocupación de este enclave con un carácter aparentemente estacional. Sin embargo, sí resulta evidente que los momentos de abandono de este lugar debían ser especialmente cortos en el tiempo, a juzgar por la dinámica de continuidad en buena parte de la secuencia arqueológica. Es más que probable que, además, la ocupación humana de este entorno esté ligada a las prácticas pastoriles, si bien serán necesarios nuevos trabajos a fin de tratar de confirmar esta hipótesis. La lectura de los diferentes niveles arqueológicos lleva a plantear que los dos niveles individualizados (I y II) marcan, al menos, sendos momentos diferenciados en la ocupación humana de Chimirique-1. El uso prehistórico de este espacio parece ser especialmente intenso y continuado a lo largo del lapso temporal en el que se forma el Estrato II. A partir de este momento las evidencias de actividad antrópica se reducen de forma muy significativa, disminuyendo sensiblemente tanto las pruebas de la intensidad de esta ocupación en las unidades sedimentarias (fuegos) como en el repertorio ergológico documentado en este Nivel I22. 22 El estudio detallado de los materiales arqueológicos procedentes de cada uno de los dos niveles podrá aportar nuevos puntos de vista en los que poder fundamentar o matizar esta hipótesis. 180 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLÁNTICOS E. MARTÍN RGUEZ., J. VELASCO VÁZQUEZ, V. ALBERTO BARROSO Y A. RODRÍGUEZ RGUEZ. 18 3.2. Chimirique-2 El yacimiento corresponde a la tipología de abrigo en cueva natural, asimilándose a una forma de asentamiento frecuente en los parajes de cumbre de la Isla. En la actualidad está integrado por una cavidad de dimensiones medias, a la que se añade un espacio exterior, cubierto, originado por el desplome de una gran roca que quedó adosada a la boca de la cueva. No obstante, la configuración que hoy presenta Chimirique-2 se ha visto altamente modificada, precisamente como consecuencia del mencionado episodio de desplome, variando en gran medida su aspecto original. Dicha transformación va a llevar aparejada una significativa reducción del espacio útil de este emplazamiento, derivándose como principal repercusión de este acontecimiento un marcado cambio en el uso y función del lugar. De tal forma que, en un primer momento, antes de producirse el desprendimiento del bloque, la morfología de Chimirique-2, habría de vincularse con un amplio espacio cubierto, configurado a partir de dos cavidades, emplazadas en sendos extremos de un gran solapón, no excesivamente profundo. Estos elementos constituirían un solo conjunto, unidos físicamente sin solución de continuidad, constituyendo las dos cavidades laterales el cierre del mismo. El mencionado complejo se encontraría orientado al E., ocupando Chimirique-2 el lateral izquierdo del mismo. Con posterioridad, en un momento que aún no es posible precisar, si bien ocurrido con toda seguridad durante la ocupación prehistórica del sitio, la techumbre de este gran solapón se desprendió, dando lugar a la caída de grandes bloques de piedra que se instalan en el frente del mismo y que todavía hoy se pueden reconocer en la zona. Este fenómeno determinó la desestructuración del emplazamiento, eliminando el espacio a resguardo que significaba el solapón y aislando las cavidades laterales que a partir de este suceso se convierten en unidades independientes, con una dinámica de funcionamiento particular. Núm. 49 (2003) 181 VIVIR Y MORIR EN RISCO CHIMIRIQUE 19 Por lo que al uso del espacio se refiere, la naturaleza de este asentamiento tiene un carácter eminentemente habitacional, relacionado en gran medida con las actividades de pastoreo. No obstante, es preciso señalar que el cambio acaecido con el desplome de la visera del solapón va a suponer una alteración en las condiciones de uso de este enclave. En este sentido, mientras el abrigo mantiene los rasgos originales de espacio y orientación se utiliza exclusivamente como lugar de habitación, documentándose en él aquellas actividades domésticas inherentes a esta clase de yacimientos, similares a las que se han reconocido en otros enclaves con semejante funcionalidad, fundamentalmente mediante la presencia de un abundante registro ergológico: producciones líticas y alfareras, así como a partir de las evidencias relacionadas con la preparación de alimentos: estructuras de combustión y detritus alimenticios. En un segundo momento, al reducirse las dimensiones del espacio habitable resguardado, una parte de Chimirique-2, concretamente la grieta que se forma en la boca del abrigo con el desplome de uno de los grandes bloque de la techumbre del solapón, se va dedicar a un uso funerario, acogiendo los cuerpos de, al menos, tres individuos. Por su parte, las condiciones que hoy presenta el depósito arqueológico no permiten documentar la continuidad en el uso de este abrigo como lugar de habitación en época aborigen tras producirse las citadas inhumaciones. Las razones que determinan esta situación hay que relacionadas con la reutilización histórica del abrigo como redil hasta fechas muy recientes. Aspecto que ha representado la alteración y destrucción de una parte importante del relleno sedimentario de este yacimiento. De cualquier forma, una reducción tan significativa del espacio útil protegido, además de la orientación sepulcral, debió haber significado una modificación sustancial en las condiciones de hábitat de este emplazamiento, provocando un reajuste a las nuevas condiciones de estructuración espacial, pudiendo incluso influir en el traslado hacia otras zonas dentro de la propia montaña. 182 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLÁNTICOS E. MARTÍN RGUEZ., J. VELASCO VÁZQUEZ, V. ALBERTO BARROSO Y A. RODRÍGUEZ RGUEZ. 20 Como ya se ha referido anteriormente, Chimirique-2 está integrado por una cueva natural de medianas dimensiones, y el recinto que se forma bajo un gran bloque desplomado que se adosa a la boca de la misma. Al constituir dos ámbitos claramente diferenciados, tanto desde el punto de vista de los factores que los han originado como desde el comportamiento cultural que los define, han sido tratados como unidades independientes, integrándose posteriormente en el estudio del yacimiento. En esta línea, la denominación Chimirique-2a, hace referencia de manera exclusiva al proceso documentado en el abrigo propiamente dicho, mientras que el depósito funerario intervenido bajo la roca se designó como Chimirique-2b. 3.2.1. La excavación de Chimirique-2 Se trata de una cavidad natural, orientada al N. Presenta una planta de tendencia semicircular, definiendo un recinto de 4,50 m. de largo por 4 m. de ancho. La altura del techo va disminuyendo desde la boca, donde aproximadamente alcanza los 1,70 m, hasta la zona del fondo, donde no es posible mantener una posición erguida, situándose en torno a los 25-30 cms. En cuanto a las características del suelo éste se mostraba en superficie prácticamente horizontal, salvo en el área inmediata a la boca, es decir, en la franja de contacto con Chimirique-2b, donde manifestaba una acusada pendiente hacia el exterior. En la actualidad el acceso al interior de la cavidad se encuentra en parte obstruido por la presencia del bloque de piedra desprendido que se apoya en la boca de la misma. Esta posición define un espacio abierto en ambos laterales de la boca, como únicos puntos libres que permiten el tránsito hacia la cueva. Tales zonas de comunicación se hallan parcialmente cerradas por la construcción de sendos muros de piedra seca, paredes que en la línea que define la visera del abrigo se conectan mediante la prolongación de un muro que recorre todo el frente de la cavidad, separando este ámbito del que delimita la roca en el exterior (Chimirique-2b). Actualmente sendos muros se encuentran desmantelados en Núm. 49 (2003) 183 VIVIR Y MORIR EN RISCO CHIMIRIQUE 21 parte, lo que permite el acceso al interior del recinto por ambos laterales. No obstante, la construcción ubicada en el lateral izquierdo manifiesta un alzado de mayor desarrollo vertical, lo que parece indicar que en algún momento éste pudiera haber estado cerrando completamente o casi por completo esta zona, con lo cual tan sólo se mantendría funcionando un único punto de acceso a la cavidad. Además, esta situación de cierre total a partir de la construcción de una pared de piedra seca implica que la cavidad quede completamente disimulada al exterior, siendo precisamente el mencionado lateral el elemento más visible del abrigo desde cualquier punto inferior de la ladera en la que éste se sitúa. Mientras que el acceso opuesto se mantiene prácticamente oculto al abrirse entre rocas. Por lo que se refiere a las técnicas constructivas, ya se ha mencionado que se trata de muros de piedra seca, realizados con los materiales del entorno. Para ello se han dispuesto los bloques de mayor tamaño en la base, levantando sucesivas hileras con otros de menores dimensiones, construyendo un lienzo de pared de una sola hilada. La mencionada construcción del lateral izquierdo, muestra dos momentos diferenciados en función de su origen, correspondiendo las hileras superiores a un momento más reciente, vinculado a la rehabilitación de este lienzo de pared en época histórica. Por otra parte, los grandes bloques de la base, que a su vez tienen continuidad a lo largo de toda la línea que define la visera de la cavidad, parecen responder a una construcción de filiación prehispánica relacionada con la intención de aislar e independizar el ámbito dedicado a las inhumaciones del que se establece en el interior del abrigo. Por su parte, el desplome de esa gran roca que se adosa a la boca del abrigo propició la formación de una nueva zona, dando lugar a un pequeño recinto, a modo de grieta, ocupando un espacio que anteriormente había formado parte de la superficie útil de la cavidad. Las dimensiones aproximadas del mismo son de 3 m. por 2,5 m., configurando un área de morfología relativamente circular, que permanecía acotada parcialmente por un muro de 184 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLÁNTICOS E. MARTÍN RGUEZ., J. VELASCO VÁZQUEZ, V. ALBERTO BARROSO Y A. RODRÍGUEZ RGUEZ. 22 piedra de factura anterior a la caída de la roca y que ha de relacionarse con la función habitacional del solapón antes de su desmantelamiento. Asimismo, la altura del recinto era muy reducida, quedando la base de la roca próxima a la superficie sobre la que se apoya, presentando en la zona superior en torno a 1 m de alto. En general, la superficie de este recinto también evidenciaba una disposición horizontal, mostrando un ligero buzamiento hacia el norte. Precisamente afectando a aquellas zonas más cercanas al exterior y donde la ausencia del muro eliminaba el elemento de contención (cuadrícula C-9). Por lo que se refiere al muro documentado en el interior de este espacio, ya se ha mencionado que presenta un origen anterior al episodio de desplome de la techumbre del solapón y, por tanto, al margen de la actividad funeraria a la que se va a dedicar este recinto. 3.2.2. La secuencia estratigráfica de Chimirique-2 La intervención en Chimirique-2a se organizó en función de los objetivos anteriormente señalados, intentando dar solución a las cuestiones en ellos planteadas. Para tal fin era necesario abordar tanto la excavación del interior del abrigo como el recinto sepulcral designado como Chimirique-2b. El trabajo de campo se inició con el establecimiento de un sistema de cuadriculado en el que quedaban interrelacionados ambos espacios. La superficie se dividió en unidades de trabajo de 1 m2, definidas a partir del establecimiento de dos ejes perpendiculares. Dichas unidades se denominaron mediante la combinación de letras y números. La aplicación de este sistema permitiría en todo momento registrar la distribución espacial exacta de cualquier evidencia arqueológica, a partir de las variables X e Y, propias del sistema cartesiano. A lo que se une el valor Z, que introduce la variable profundidad. Además de los valores de orientación y pendiente determinados a partir de un código preestablecido en relación con el fondo de la cueva. Núm. 49 (2003) 185 VIVIR Y MORIR EN RISCO CHIMIRIQUE 23 En el interior del abrigo la zona seleccionada para su excavación correspondió a las cuadrículas B-5/C-5 y la mitad inferior de B-4/C-4, definiendo un área de 2 m. por 1,50 m., próxima a la boca de la cueva. Posteriormente, las condiciones de conservación del relleno arqueológico impusieron que la zona de trabajo fuera ampliada, afectando a las cuadrículas B-6/C-6. La elección de esta área estuvo motivada porque en ella el paquete sedimentario presentaba una potencia máxima que podía observarse en un agujero que recientemente se había practicado en el lateral izquierdo, junto a la base del muro que cierra este acceso y porque su localización favorecería la prolongación de los trabajos en Chimirique-2b, correlacionando ambas zonas. Con esta actuación quedaban ampliamente documentados los factores que intervienen en la formación y conservación del relleno arqueológico, permitiendo, a su vez, definir las relaciones estratigráficas en relación con el depósito funerario de Chimirique2-b. Por otra parte, la excavación de Chimirique-2b, organizada metodológicamente como Chimirique-2 y Chimirique-1, afectó a las cuadrículas B-7, C-7, B-8, C-8, C-9, y parte de D-8 y D-9, así como también se recogió el material en superficie de las cuadrículas C-10 y C-11. La excavación en Chimirique-2 y 2b se realizó respetando la topografía natural de los sedimentos, subdividiéndose en levantamientos en aquellos casos en que la potencia de la unidad sedimentaria que se estuviera trabajando, por su espesor, requiriera de unos mecanismos de análisis de mayor precisión. En este sentido, los levantamientos estuvieron determinados por el volumen y disposición del registro ergológico, presentando en términos generales un espesor medio entre 3 y 5 cms. En Chimirique-2 los trabajos de campo permitieron documentar cuatro unidades sedimentarias, correspondiendo a los niveles I, II, III y IV, habiéndose efectuado 4 levantamientos en el nivel I. Por su parte, en Chimirique-2b se registraron a su vez 4 niveles, de los que el nivel III también presenta 4 levantamientos. De estos 8 niveles identificados independientemente, 4 para Chimirique-2 y 4 para Chimirique-2b los niveles III y IV son co- 186 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLÁNTICOS E. MARTÍN RGUEZ., J. VELASCO VÁZQUEZ, V. ALBERTO BARROSO Y A. RODRÍGUEZ RGUEZ. 24 munes para ambos depósitos, mientras que los niveles I y II de Chimirique2a y 2b respectivamente funcionan de forma independiente. Los trabajos de excavación llevados a cabo en este yacimiento han puesto de manifiesto un importante depósito arqueológico, tanto por el propio desarrollo del mismo como por los elementos estructurales que lo originan, manifestando toda una serie de singularidades que lo destacan en el conjunto de yacimientos arqueológicos conocidos en el sector cumbrero de la isla. Pero en un sentido más amplio representa un destacado avance en la investigación prehistórica insular, aportando una serie de datos totalmente novedosos para la reconstrucción de las formas de vida de los canarios, permitiendo asimismo contrastar y profundizar otros aspectos que, hasta ahora, habían quedado un tanto relegados en favor de otras manifestaciones consideradas más relevantes como consecuencia de su aspecto sensiblemente más espectacular. En este sentido, además de los magníficos repertorios de materiales recuperados, en el depósito arqueológico han quedado registradas las evidencias de la actividad humana, tanto en el plano de las tareas domésticas de carácter cotidiano como en el de las prácticas funerarias. Ya se ha señalado que Chimirique-2 funciona en un primer momento como un asentamiento de carácter temporal, probablemente vinculado al pastoreo de cumbre en el aprovechamiento estival de los pastos. En esta fase tiene lugar la formación de un depósito de considerable entidad, asociado a la ocupación del sitio como lugar de habitación. Tal caracterización se deriva de la presencia de un abundante y variado repertorio de manufacturas: líticas y alfareras, así como de un destacado conjunto de restos fáunicos vinculados a los desechos culinarios generados por el grupo humano que ocupó este enclave. A lo que habría que añadir, en estrecha relación con los materiales, la existencia de una serie de estructuras sedimentarias, de marcado origen antrópico, como son las estructuras de combustión y todos aquellos testimonios a éstas asociadas. En último término tales aspectos, conjuntamente, constituyen la expresión más evidente de la dinámica de funcionamiento acaecida en este lugar. Núm. 49 (2003) 187 VIVIR Y MORIR EN RISCO CHIMIRIQUE 25 De igual forma, las características intrínsecas del depósito y las condiciones de preservación que confluyen en su conservación han permitido documentar algunos de los cambios que afectan a este asentamiento en el uso del espacio a lo largo del tiempo. Así, con la modificación que supone el desplome de la visera del solapón que se encontraba unido al abrigo en estudio, las condiciones de habitabilidad se transforman sustancialmente. Con posterioridad a este fenómeno se constata un uso funerario en el recinto que se origina con el desprendimiento de la roca, procediéndose a la inhumación de tres individuos, un adulto y dos infantiles. Sin embargo, en el proceso de excavación no fue posible precisar si tras el reajuste que supone la caída del bloque, el interior de la cavidad (Chimirique-2) continua funcionando como lugar de hábitat, puesto que la reutilización de ésta en época histórica como lugar para guardar los animales, implica el desalojo de buena parte del relleno sedimentario y con él los materiales que éste contenía, con el fin de despejar el suelo hasta dejarlo en la roca madre. En el proceso de acondicionamiento que se describe, solamente se mantiene in situ el paquete de tierra, localizado en la boca de la cueva (Cuadrículas B-6 y C-6), puesto que en esta zona la topografía original del sustrato base presenta una pendiente muy pronunciada hacia el exterior, con lo que su eliminación crearía un desnivel de la superficie poco apropiado para el aprovechamiento al que se va dedicar la cavidad. No obstante, la superficie del relleno arqueológico conservado en este espacio se encontraba alterada, tanto por los mencionados actos de acondicionamiento y presencia de animales, como por la acción de clandestinos que recientemente habían afectado de forma notable esta zona. Afortunadamente aún se conservaba una importante muestra del contenido arqueológico lo que ha permitido conocer con precisión la evolución sincrónica y diacrónica en la secuencia de Chimirique-2. Las unidades sedimentarias de Chimirique-2a están muy diversificadas en cuanto a su caracterización debido a las las variables que participan en su formación. En concreto, la se- 194 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLÁNTICOS E. MARTÍN RGUEZ., J. VELASCO VÁZQUEZ, V. ALBERTO BARROSO Y A. RODRÍGUEZ RGUEZ. 32 medianas dimensiones, que han de relacionarse con el desplome de parte de los muros que delimitan el acceso. Concentradas mayormente en torno al muro lateral derecho, se disponían, al igual que el resto de las evidencias arqueológicas, siguiendo la pendiente natural del suelo. El paquete presenta un desarrollo vertical variable, oscilando entre los 8-10 cms de potencia mínima hasta unos 20 cms aproximadamente de espesor máximo. La zona de mayor desarrollo coincide con la de pendiente más acusada, quedando el desnivel relleno por estos sedimentos23. Esta situación afecta a las cuadrículas B-6 y C-6 así como a la mitad inferior de B-5 y C-5. Por lo que se refiere al material arqueológico éste es bastante escaso, a excepción de las industrias líticas que manifestaron una frecuencia considerable, destacándose con diferencia las industrias sobre rocas fenocristalinas de grano grueso, si bien también se recuperaron algunas evidencias en obsidiana y sílex, siempre de reducidas dimensiones mientras que las piezas en rocas fenocristalinas mostraban un formato mucho mayor. Además del conjunto lítico se documentó un limitado repertorio de pequeños fragmentos cerámicos de escasa entidad. En relación con los registros fáunicos el volumen de evidencias resulta francamente bajo, alejándose de lo que suele ser la tónica habitual en los yacimientos de habitación prehispánicos. Ésta se restringe a unos pocos fragmentos óseos, fundamentalmente de ovicaprinos, intensamente fracturados. Dentro de los restos fáunicos es necesario distinguir entre las evidencias aportadas intencionalmente por el hombre en relación con su alimentación y aquellas que tienen un origen natural, vinculadas a los episodios de abandono antrópico que registra la cavidad. Este grupo esta integrado por las evidencias esqueléticas de pequeños roedores y lagartos, siendo su representación en este nivel extraordinariamente alta, manifestando una dinámica diametralmente opuesta con respecto a la frecuencia de las restantes especies animales. 23 En función del mayor desarrollo que presentaba el nivel superficial en esta zona se decidió excavarlo a partir de sucesivos levantamientos (levantamientos 2 y 3), determinados por el volumen y disposición del material, manteniendo siempre la topografía natural que describía la deposición de los mismos. Núm. 49 (2003) 195 VIVIR Y MORIR EN RISCO CHIMIRIQUE 33 Este particular comportamiento de los materiales arqueológicos, en los que prácticamente sólo se documentan evidencias líticas y antracológicas se explica en parte por las condiciones que dan lugar a la formación del nivel. Éste corresponde a la alteración que experimentan los estratos arqueológicos al producirse el acondicionamiento del sitio para acoger a los animales. Ya se ha comentado que en este proceso se produce el desalojo de una parte importante de los sedimentos y de los materiales arqueológicos en ellos contenidos, mientras que el paquete que se conserva en el interior se ve afectado por el pisoteo de hombres y animales, dando lugar al desplazamiento de tierras y objetos de su posición original. Por tanto, y aunque este nivel no se encuentra in situ, forma parte del relleno arqueológico de la cueva. Por otra parte, al tratarse de un nivel que se forma en unas condiciones particulares de presencia y actividad humana, en un período cronológico posterior a la ocupación prehispánica, incluye otros elementos no relacionados con la presencia aborigen. Dicha aseveración no se refiere tanto a evidencias materiales de asignación histórica, sino a la intensidad con la que participan los agentes naturales en la formación de este paquete. En este sentido, el nivel de incidencia parece ser bastante elevado, reduciéndose la aportación antrópica. De ahí que el origen de este nivel se deba tanto a la contribución de sedimentos arqueológicos como naturales, asociados al uso del abrigo como redil. En cualquier caso, tal argumentación no resuelve satisfactoriamente el por qué de un registro ergológico con unas características tan particulares, en el que resultan extraordinariamente abundantes los repertorios líticos y prácticamente están ausentes otros registros habituales en los yacimientos de habitación. El contacto con el nivel inferior es neto. 3.3. El depósito funerario de Chimirique-2b La documentación bioarqueológica de los depósitos sepulcrales constatados en el Risco Chimirique, constituía uno de los 196 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLÁNTICOS E. MARTÍN RGUEZ., J. VELASCO VÁZQUEZ, V. ALBERTO BARROSO Y A. RODRÍGUEZ RGUEZ. 34 objetivos básicos del proyecto. En dicha pretensión se aunaban, como en el resto de la intervención programada, los intereses patrimoniales con aquellos estrictamente científicos. A tal efecto trataba de recuperarse toda la información que aún pudiera quedar en este entorno con relación a los diferentes usos que pudo dársele durante su ocupación prehispánica. Un hecho éste que cobra una especial relevancia si tenemos en cuenta que, al menos el depósito sepulcral al que aquí hacemos referencia, había sido parcialmente alterado en época reciente. A ello ha de sumarse que los espacios mortuorios sitos en esta zona de la isla eran prácticamente inéditos para la investigación arqueológica reciente, con lo que resultaba fundamental documentar sus posibles particularidades. 3.3.1. Estudio bioantropológico La valoración y desarrollo de estimaciones bioantropológicas básicas resulta un hecho cada vez más extendido en las intervenciones arqueológicas de la naturaleza de la aquí recogida. Se trata de asegurar con ello una inicial aportación de esta línea de estudio que colabore en la propia interpretación del depósito sepulcral sometido a examen. Por otro lado, garantiza la obtención, in situ, de medidas y valoraciones morfológicas que, por circunstancias diversas, pueda ser imposible volver a realizar en los estudios de laboratorio (ya sea por él mal estado de conservación de las evidencias esqueléticas, etc.). El primer aspecto a considerar con relación al depósito sepulcral de Chimirique-2 es la determinación del número mínimo de individuos incluidos en este recinto. Tal parámetro contribuirá de forma determinante al conocimiento de su significación cultural, en tanto que esta variable constituiría un reflejo evidente del uso sepulcral conferido a este lugar. El N.M.I. localizado en el depósito de Chimirique 2B asciende a un total de tres, correspondientes, como expondremos luego, a un individuo adulto y dos sujetos infantiles. Este resultado, unido al hecho de que fue posible observar una secuenciación temporal relativa de los depósitos sepulcrales, lleva a Núm. 49 (2003) 197 VIVIR Y MORIR EN RISCO CHIMIRIQUE 35 estimar que este espacio mortuorio, habilitado tras la finalización del uso doméstico de este enclave, fue usado a lo largo de un período prolongado en el tiempo. Las pruebas arqueológicas confirman este extremo, descartando, por otro lado, que el depósito sepulcral de Chimirique 2 fuera el producto de la inhumación de los individuos descritos en un único momento, o, lo que es lo mismo, que pudiera clasificarse dentro de la categoría de sepultura múltiple. Al contrario, estos resultados ponen de manifiesto el carácter colectivo de este depósito sepulcral, siguiendo así la tónica descrita para la mayor parte de los enclaves sepulcrales en cueva en Gran Canaria. Como ya se ha señalado por parte de varios autores, en buena parte de las ocasiones los espacios sepulcrales en Gran Canaria, van a estar destinados y habilitados para la recepción sucesiva de restos humanos a lo largo del tiempo, un extremo éste que también pudo ser documentado en el caso concreto de Chimirique-2. Este va a ser uno de los aspectos fundamentales que van a definir la configuración y funcionamiento de las propias necrópolis, razón por la que resulta lógico que el emplazamiento de las mismas se lleve a cabo con perspectivas de continuidad y con una vinculación estrecha a las propias zonas de poblado. De este modo, los espacios sepulcrales normalmente se van a encontrar estrechamente asociados a los espacios dedicados al hábitat, bien localizándose en zonas anexas o bien en sus cercanías, pero siempre dentro de lo que podría denominarse «el espacio socializado» por el grupo que rinde homenaje a sus difuntos. Desde el punto de vista espacial es constatable la intención de garantizar la continuidad y la estabilidad tanto de las áreas de habitación como de aquellas destinadas a dar sepultura a los muertos del grupo. En el caso de Chimirique, todos estos aspectos quedan perfectamente constatados. La imposibilidad de continuar usando el enclave de Chimirique-2 como lugar de habitación llevó a que los grupos que frecuentaban este entorno habilitaran este lugar para la recepción sucesiva de inhumaciones, sin perder los estrechos vínculos que unirían a vivos y muertos en un mismo lugar. 198 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLÁNTICOS E. MARTÍN RGUEZ., J. VELASCO VÁZQUEZ, V. ALBERTO BARROSO Y A. RODRÍGUEZ RGUEZ. 36 Las particularidades de los sujetos objeto de la práctica fúnebre permiten abundar en algunas de las cuestiones planteadas hasta el momento. Individuo número 1 Los restos identificados como individuo 1 corresponden a un sujeto adulto. La ausencia de aquellas regiones anatómicas que nos permitirían determinar con total precisión las variables de edad y sexo (fundamentalmente cráneo y pelvis) hace que deba recurrirse a otros medios que, si bien no ofrecen un porcentaje de acierto tan elevado, sí que garantizan unos índices de error permisivos (Ubelaker, 1979). La observación de los caracteres morfológicos del esqueleto postcraneal del individuo número 1 permiten estimar que correspondería, a todas luces, a un sujeto de sexo femenino. Estas apreciaciones, consideradas a partir del elevado grado de dimorfismo sexual de la población prehispánica de Gran Canaria, se basan fundamentalmente en la longitud y, especialmente, en la robustez y desarrollo de las inserciones musculares observadas en la extremidad superior, la extremidad inferior y en el raquis vertebral de este individuo en cuestión, siguiendo los parámetros descritos por varios autores (W. Bass, 1987; W. Krogman y M. Y. Iscan, 1986). La determinación de la edad presentaba unos problemas similares a los descritos para el sexo, toda vez que aquellos entes anatómicos más significativos en este sentido no pudieron constatarse en el depósito sepulcral de Chimirique-2 o presentaban un grado de fragmentación tal que quedaban inhabilitados para este propósito. Para la determinación de la edad de la muerte del individuo número 1 hubo de recurrirse a la valoración del grado de fusión de las epífisis de algunos de los huesos largos en los que fuera observable esta región anatómica. De este modo, a partir de la estimación del grado de fusión que presentaban el extremo esternal de la clavícula derecha de este sujeto y la epífisis proximal del fémur derecho, pudo valorarse que el individuo número 1 debió fallecer con una edad que oscilaría entre 20 y 25 años. No obstante y a fin de minimizar Núm. 49 (2003) 199 VIVIR Y MORIR EN RISCO CHIMIRIQUE 37 los errores provocados por el método de determinación de este parámetro es preferible hacer referencia a que correspondería a un individuo adulto-joven. Los individuos denominados 2 y 3 corresponden a sujetos fallecidos en edad infantil, razón por la cual es necesario pasar a considerar algunos aspectos metodológicos. Como indican A. M. Tillier y H. Duday (1992), los hallazgos de enterramientos infantiles han constituido hasta hace pocos años un fenómeno muy poco frecuente, y en un número tal que difícilmente podían llegar a dar idea de los índices de mortandad infantil en la sociedad objeto de estudio. En la mayor parte de las ocasiones los vestigios de individuos infantiles, como es el caso, se asociaban a individuos adultos, siendo mucho más anecdóticos los descubrimientos de sujetos de corta edad en contextos especialmente habilitados para ellos. Individuo número 2 Atendiendo al grado de erupción de las piezas dentarias deciduas y permanentes, así como al momento de desarrollo de los incisivos central (I1) y lateral del lado derecho (I2) (Ubelaker, 1978; W. Krogman y M. Y. Iscan, 1986; M. Y. Iscan, 1989) pudo valorarse que este sujeto debió fallecer entre los 6 y los 7 años. Estos resultados fueron contrastados con la valoración de otras regiones anatómicas (caso del fémur derecho de este sujeto que, mostraba aún sin epifisar su extremidad superior (cabeza del fémur). Individuo número 3 Aunque tan sólo se conservaba el lateral derecho de su mandíbula, pudo evaluarse, siguiendo un método análogo al antes descrito, que este sujeto debió fallecer entre los cuatro y los cinco años de vida (Ubelaker, 1978; W. Krogman y M. Y. Iscan, 1986; M.Y. Iscan, 1989). El diagnóstico del sexo a partir de las evidencias esqueléticas constituye un obstáculo no resuelto para los sujetos inmaduros, 200 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLÁNTICOS E. MARTÍN RGUEZ., J. VELASCO VÁZQUEZ, V. ALBERTO BARROSO Y A. RODRÍGUEZ RGUEZ. 38 siendo éste un problema mayor cuanto más cercana está la edad de muerte al nacimiento. Algunos autores han propuesto utilizar, como para los adultos, los caracteres métricos y morfológicos del coxal y, particularmente, del ilión. Sin embargo, es realmente difícil poder situar con precisión los puntos osteométricos de referencia, adversidad ésta a la que debemos añadir la constatada variabilidad interpoblacional en este sentido. No obstante, dadas las especificidades del material aquí considerado hemos considerado oportuno la estimación de algunas cuestiones en relación al individuo número dos. Dada la edad estimada para este individuo, los elementos del esqueleto postcraneal conservados presentaban un grado de robustez importante, lo cual podría llevarnos a aventurar que correspondería a un individuo de sexo masculino. No obstante, y como ya señalábamos, este tipo de apreciaciones no permite obtener un índice de fiabilidad tal que permita indicar esta posibilidad como la más certera. Independientemente del sexo de los individuos constatados en Chimirique 2, lo que sí resulta del todo sintomático es la presencia de dos individuos infantiles en este contexto. Un hecho llamativo si tenemos en cuenta la escasa significación de sujetos en este intervalo de edad, o más jóvenes, en buena parte de los yacimientos sepulcrales conocidos en Gran Canaria. Es más que probable que la aplicación de una metodología específica al estudio de los depósitos funerarios y el estudio de los materiales, más allá de pretensiones morfométricas, lleve a la progresiva documentación de individuos infantiles en las necrópolis de los canarios, incrementándose así nuestro conocimiento sobre aspectos paleobiológicos que aún permanecen como incógnitas: estructura paleodemográfica de estas poblaciones, esperanza de vida, índices de mortandad infantil, etc. 3.3.2. Acondicionamiento del espacio funerario Buena parte de las cuevas destinadas a fines funerarios serán objeto de un acondicionamiento previo a la recepción de los cadáveres. En algunos casos se procederá a la regularización del Núm. 49 (2003) 201 VIVIR Y MORIR EN RISCO CHIMIRIQUE 39 suelo original de la cavidad, especialmente en aquellos casos en los que se prevé la colocación de más de un individuo. Sin embargo, el elemento más característico es la denominada yacija, esto es, la ubicación bajo los restos humanos de un elemento cobertor que aísle al difunto del soporte natural de la cueva. Esta práctica se constata de forma generalizada en numerosos depósitos funerarios de Gran Canaria como en otras islas del Archipiélago, apareciendo incluso documentado por las fuentes escritas. El enclave sepulcral de Chimirique 2 no constituye una excepción en este sentido. Los trabajos arqueológicos desarrollados en este lugar pusieron de manifiesto la existencia de un acondicionamiento previo a la deposición de los cadáveres. La disposición de los restos humanos sobre el denominado Nivel III, correspondiente éste a un suelo de ocupación previo hace pensar en una inicial limpieza de esta superficie. No obstante tal operación no supuso una sustancial alteración de su morfología ni de su composición (del nivel III), sino quizá tan sólo el desplazamiento superficial de los repertorios materiales ubicados en este lugar. Dentro del acondicionamiento específico para la recepción de los cadáveres, pudo documentarse en relación directa con el individuo número tres, la disposición de una yacija elaborada a partir, fundamentalmente, de pinocha (folículos de Pinus canariensis), a la que se añadían otros elementos como ramas de pequeño porte, fragmentos de corteza de pino, etc. Esta preparación debió de afectar, a la luz de las evidencias constatadas, a toda la superficie de deposición de este sujeto, si bien fue localizada principalmente en la zona correspondiente al tracto superior del esqueleto. Con relación a este aspecto ha de señalarse igualmente que, tanto el individuo número uno como el tres, fueron envueltos en tejidos vegetales elaborados a partir de juncáceas, algunos de cuyos fragmentos pudieron recuperarse en el transcurso de la investigación arqueológica. Todas las pruebas parecen apuntar a que estos tejidos cubrirían plenamente al cadáver, constituyendo auténticos «fardos funerarios». Las evidencias textiles se documentan preferentemente en las zonas periféricas y sobre los cuerpos, posiblemente a consecuen- 202 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLÁNTICOS E. MARTÍN RGUEZ., J. VELASCO VÁZQUEZ, V. ALBERTO BARROSO Y A. RODRÍGUEZ RGUEZ. 40 cia de la interacción de varias cuestiones. En primer lugar en las zonas con mayor contacto con el cuerpo (superficie dorsal del sujeto 1 y lateral izquierdo del 2) los procesos de esqueletización debieron motivar que los tejidos vegetales sufrieran un proceso de descomposición más acelerado, razón por la cual tan sólo pudieron evidenciarse parcialmente y en espacios muy localizados y siempre, en un estado de deterioro muy significativo. En segundo lugar es probable que los agentes postdeposicionales, tales como la humedad, la acción de roedores, etc. hayan propiciado que las circunstancias antes descritas se incrementen, precisamente en aquellos emplazamientos en los que aumentaba la superficie de contacto con el sedimento. No puede descartarse, en el mismo sentido, que las acciones de rebuscas o remociones de materiales por las gentes que han frecuentado este entorno en períodos recientes, hayan conllevado también consecuencias negativas a la conservación y representación de las envolturas que originariamente sirvieron de «sudario» a los cadáveres. Dentro de las prácticas de preparación asociadas a la deposición de cadáveres ha de llamarse la atención sobre un comportamiento no documentado hasta el momento en las cuevas funerarias de Gran Canaria. Efectivamente, una vez colocados los cadáveres, éstos fueron cubiertos completamente por piedras, abarcando todo el espacio funerario. Esta circunstancia es especialmente evidente con relación al individuo número 2, caso en el que los clastos dispuestos sobre el cadáver han supuesto un condicionante directo de los movimientos de los componentes esqueléticos derivados del proceso de descomposición. Como puede observarse en el repertorio gráfico que acompaña esta memoria, las piedras han supuesto en este sentido fenómenos de comprensión parcial de los elementos costales, así como han promovido un «efecto barrera» (H. Duday, 1992) en los desplazamientos de equilibrio gravitacional de vértebras, costillas y brazo derecho. El individuo número 1 fue también cubierto por piedras de tamaño medio, las cuales constituían buena parte de lo que se denominó Nivel Superficial de Chimirique 2B. Mientras que en el caso del sujeto dos estas piedras definían una estructura que Núm. 49 (2003) 203 VIVIR Y MORIR EN RISCO CHIMIRIQUE 41 cubriría tan sólo su volumen corporal, en este caso concreto esta capa superaba netamente esta zona, extendiéndose sensiblemente hacia ambos laterales del cadáver. No obstante en este caso, la selección de materiales y su disposición sobre el cuerpo es notoriamente menos cuidada que en el caso del individuo dos. Los individuos números 1 y 2 se encontraban siguiendo una orientación NW-SE con la cabeza dirigida hacia el NW. El sujeto adulto presentaba una posición de decúbito supino extendido, guardando una aparente simetría entre ambos flancos del cuerpo. A juzgar por la situación de los huesos de la extremidad superior, así como si atendemos a la localización de carpos y metacarpos debió tener ambos brazos cruzados sobre el pecho o sobre la región abdominal. A diferencia de lo expresado previamente, el individuo número 2 se encontraba, con similar orientación, en posición de decúbito lateral izquierdo. La orientación del ilion, a pesar de no conservarse en su posición originaria la extremidad inferior, lleva a suponer que las piernas presentarían esta misma posición de decúbito lateral izquierdo, si bien con una ligera flexión a la altura de las rodillas y de la articulación fémur-ilíaca. Del mismo modo, el brazo derecho, el único documentado, se encontraba en una posición de hiperflexión a la altura de la articulación húmero-cubital, con la disposición paralela al eje axial del cuerpo del húmero, cúbito y radio. En muchos casos parece que quizá sea más preciso significar una adaptación de la disposición de los restos humanos al espacio habilitado para tal fin. Por esta razón resulta permisible concebir que la posición y la orientación del cadáver (en las sepulturas primarias) no debe constituir un elemento tan fundamental en el rito funerario como para supeditarlo al soporte físico que lo acoge y a la propia ordenación del enclave mortuorio. En cualquier caso es extremadamente difícil plantear generalizaciones con relación a cualquier aspecto relacionado con el ritual, sus manifestaciones, y más aún su significado, especialmente en un caso como el de Chimirique-2B, dado el desconocimiento de otros enclaves funerarios en este entorno. Lo que no deja de resultar sugerente es la existencia de evidentes diferencias entre el individuo adulto y el infantil en cuan- 210 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLÁNTICOS E. MARTÍN RGUEZ., J. VELASCO VÁZQUEZ, V. ALBERTO BARROSO Y A. RODRÍGUEZ RGUEZ. 48 FAUNA POR ESTRATOS EN CHIMIRIQUE-2 I TotalII IIIEspecies FAUNA VERTEBRADA TERRESTRE DE CHIMIRIQUE-2 Total N.R.Especie OVICAPRINOS 499 CABRAS 13 OVEJAS 9 CERDOS 37 MAMÍFERO MEDIO 241 AVES 3 GALLOTIA STHELINI 25 MICROFAUNA 195 CONEJOS 24 INDETERMINADOS 81 TOTAL 1.127 FAUNA MARINA DE CHIMIRIQUE-2 Total N.R.Especie ICTIFAUNA 11 MALACOFAUNA 2 TOTAL 13 OVICAPRINOS 47 — 17 64 CERDOS 9 — 5 14 MAMÍFERO MEDIO 43 — 23 66 AVES 3 — — 3 G STHELINI 1 — 3 4 MICROFAUNA 141 9 9 159 ICTIOFAUNA 4 — 1 5 MALACOF. MARINA — — 2 2 MALACOF. TERREST. 1 — — 1 CONEJO 21 — — 21 INDETERMINADOS 43 — — 43 TOTAL 313 9 60 382 Núm. 49 (2003) 211 VIVIR Y MORIR EN RISCO CHIMIRIQUE 49 4.2. La fauna vertebrada terrestre En total se ha recuperado un conjunto óseo de fauna vertebrada terrestre integrado por 1391 fragmentos (98,72%). En los yacimientos de Chimirique el grueso de las evidencias fáunicas está constituido por restos óseos correspondientes a animales domésticos que han de relacionarse con la explotación de la cabaña ganadera y las actividades de pastoreo. En este sentido, el registro se halla integrado exclusivamente por huesos de cabras, ovejas y cerdos, destacando cuantitativamente las dos primeras especies (582 fragmentos, 41,8%), frente a los cerdos (53 fragmentos, 3,81%) que como en el resto del archipiélago aparecen siempre en una proporción más reducida. A este grupo habría que añadir los restos adscritos a la categoría de mamífero medio, compuesto en gran medida por restos de ovicaprinos (347 fragmentos, 24,94%). Además de las especies domésticas en el registro fáunico se documentó una importante proporción de evidencias relacionadas con especies silvestres: aves, lagartos y micrótidos, de los que una gran mayoría fueron aprovechados como recurso alimenticio por el grupo humano asentado en Chimirique (345 restos, 17,6%). Destacando en este panorama los restos de aves y FAUNA POR ESTRATOS EN CHIMIRIQUE-2B Superficie TotalI IIIEspecies OVICAPRINO 21 386 28 435 CABRAS — 13 — 13 OVEJAS 3 6 — 9 CERDOS — 14 9 23 MAMÍFERO MEDIO 5 152 18 175 G STEHELINI 3 17 1 21 MICROFAUNA — 31 5 36 CONEJO 3 — — 3 ICTIOFAUNA — 2 4 6 INDETERMINADO 9 29 — 38 TOTAL 44 650 65 759 212 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLÁNTICOS E. MARTÍN RGUEZ., J. VELASCO VÁZQUEZ, V. ALBERTO BARROSO Y A. RODRÍGUEZ RGUEZ. 50 Gallotia sthelini, lagarto de grandes dimensiones, propio de la isla de Gran Canaria. 4.2.1. Cabras y ovejas Cabras y ovejas constituyen las principales especies que sustentan el modelo ganadero aborigen. En general, ambos animales siempre están presentes en los yacimientos de habitación aborigen, si bien la enorme dificultad que representa la identificación específica de estos animales dada la similar morfología de sus esqueletos ha provocado que su estudio se realice de forma conjunta, englobándolos en una categoría común que se conoce como ovicaprinos. Así, el cómputo global de restos de cabras y ovejas incluidos en este grupo ascienden a 559 fragmentos (40,18%) Esta dificultad a la que aludimos ha influido notoriamente en que no se conozca con exactitud el verdadero papel que cada uno de dichos animales desempeñaba en el sistema económico de las formaciones sociales prehispánicas de Canarias, que con toda seguridad debió estar diferenciado en función del aprovechamiento económico al que estaban destinados según la composición de las manadas, así como de la distribución territorial de los rebaños. No obstante, en determinadas ocasiones es posible la diferenciación a partir de la conservación de ciertas regiones anatómicas, fundamentalmente las zonas articulares. En el caso que nos ocupa, si bien no contamos con los resultados definitivos del estudio zooarqueológico, y a pesar de que el material se encuentra altamente fracturado y descalcificado, parece existir un ligero predominio de las cabras frente a las ovejas que habrá de ser confirmado en función del número mínimo de individuos (N.M.I.) que se constate. Por el momento, los restos de cabra (Capra hircus) registran un total de 14 fragmentos (60,86%) frente a los de oveja (Ovis aries) que están representados por 9 (39,13%). La identificación certera de cabras tan sólo fue posible en un resto óseo en Chimirique-1, mientras que las restantes 13 evi- Núm. 49 (2003) 213 VIVIR Y MORIR EN RISCO CHIMIRIQUE 51 dencias corresponden a Chimirique-2b, no habiéndose identificado especificamente en el abrigo denominado Chimirique-2. Por su parte, las ovejas sólo se reconocieron en Chimirique 2-b. En cuanto a las pautas de sacrificio de estos animales se observa una marcada estructuración en cuanto a la edad y sexo de los individuos seleccionados. Así el grupo mayoritario de ejemplares sacrificados para su consumo está representado por hembras plenamente desarrolladas, mientras que los machos, aparecen en un porcentaje mucho más reducido, y sólo a partir de animales que no han alcanzado aún la madurez (jóvenes), en segundo lugar se situaría el grupo de los infantiles, constituido por ejemplares a punto de alcanzar el estadio de jóvenesadultos. Un tercer grupo, aunque de menor relevancia, estaría integrado por animales neonatos con muy pocos días de vida. Este tipo de comportamiento en relación con el sacrificio de los animales denota una explotación de la cabaña ganadera perfectamente organizada, encaminada al aprovechamiento secundario de los rebaños, es decir, a la obtención de productos lácteos. En este caso la explotación cárnica se produce en primer lugar a partir del sacrificio de aquellos ejemplares de la manada que han perdido el interés lechero o reproductor, seguidos por el aporte de los individuos juveniles, con una importante intervención de machos, que se dejan crecer hasta alcanzar un volumen cárnico considerable. En este modelo llama la atención la escasa frecuencia de neonatos, en comparación con las cifras documentadas en asentamientos de carácter estable, donde alcanzan unas proporciones más destacadas a tenor de su participación en la dieta. Es muy probable que esta baja incidencia esté relacionada con el carácter temporal de los asentamientos de Chimirique y el momento concreto del año en que éste se ocupa, vinculado a la explotación estival de los pastos de cumbre. Por lo que se refiere al régimen de pastoreo, en el estado actual de los conocimientos, apenas si es posible aportar algún tipo de información. En íntima relación con la distribución y cualidad de los pastos se produciría el desplazamiento de animales y pastores desde los centros de habitación en busca de los 214 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLÁNTICOS E. MARTÍN RGUEZ., J. VELASCO VÁZQUEZ, V. ALBERTO BARROSO Y A. RODRÍGUEZ RGUEZ. 52 recursos pastables requeridos por los rebaños a lo largo de las distintas estaciones del año, al igual que sucede en época histórica. No obstante, dicha actividad ha de hallarse netamente dirigida por la organización territorial y las características socioeconómicas de la formación desde la que se realiza, convirtiéndose así en un campo de conocimiento de difícil acceso. Cabras y ovejas constituyen el grupo mejor representado, evidenciando un registro esquelético casi absoluto. En este sentido, se ha documentado perfectamente el esqueleto craneal y postcraneal, incluyendo tanto los elementos del raquis como los de las extremidades, quedando ausente del registro tan sólo las unidades esternales. En general, y como es habitual en cualquier yacimiento de habitación, independientemente del carácter de su ocupación, las evidencias óseas más frecuentes son las piezas de dentición y fragmentos de diáfisis de huesos largos, mostrando un volumen inferior aquellos pertenecientes a las cinturas escapular y pelviana. En la muestra recuperada llama la atención la importante frecuencia de carpiales/tarsianos y falanges, fenómeno documentado por el momento, en el yacimiento habitacional de San Antón, Agüimes (V. Alberto, 1998) y totalmente dispar a otros conocidos para la prehistoria de Tenerife o La Palma. 4.2.2. Los cerdos También la cabaña porcina se encuentra representada en los yacimientos de Chimirique, si bien con una participación relativamente baja en comparación con el protagonismo de cabras y ovejas. El cómputo global de restos recuperados en las labores de excavación asciende a 53 fragmentos (3,81%). Correspondiendo 16 (30,18%) a Chimirique-1 y 37 (69,81%) a Chimirique-2. El aprovechamiento de los cerdos está destinado principalmente a la obtención de productos cárnicos. Estos animales en su fase de madurez pueden alcanzar los 150 Kg e incluso superarlos, convirtiéndose en excelente suministrador de carne, si bien como ya ha sido indicado la cabaña ganadera de los canarios se sustenta en la explotación de cabras y ovejas. Núm. 49 (2003) 215 VIVIR Y MORIR EN RISCO CHIMIRIQUE 53 El régimen de crianza de estos animales nos es del todo desconocido, aunque existen diversas posibilidades que han sido apuntadas para la isla de La Palma, a partir de la información etnográfica que de época histórica se tiene sobre la cría este animal (J. Pais, 1991 y 1996) y que resultan perfectamente aplicables en este caso: — En régimen de cautividad encerrados en goros o pequeñas cuevas. Ideal para grupos familiares reducidos. — Régimen de semilibertad, muy parecido al de los rebaños de ovicaprinos, con una o varias salidas diarias para que los animales se alimentasen por sí mismos. — Régimen de libertad permanente, dejando que los animales vaguen libremente sin trabas de ningún tipo, pues no acostumbran a alejarse demasiado de los enclaves de habitación humanos. Por el momento, una explotación de carácter doméstico parece representar el sistema más adecuado para gestionar un recurso alimenticio muy importante, además de evitar de una manera efectiva que los animales sueltos sin control pudieran causar cualquier perjuicio en aquellos parajes dedicados a la explotación agrícola, actividad productiva que en el caso de la prehistoria de Gran Canaria adquiere una notable relevancia, e incluso pudiendo redundar en un beneficio para dichas tareas al aprovechar sus excrementos como abono, su actividad de remoción de tierra con el hocico para oxigenar los campos de labor, etc. Algunos investigadores han querido identificar cerdos salvajes o jabalíes en la isla a partir del gran tamaño de las defensas de algunos ejemplares encontrados (D. Martín 1980); sin embargo, es ésta una hipótesis que carece de base real pues se parte de un absoluto desconocimiento de las características biológicas y morfológicas de la raza de cerdos que ocupaba la isla en época aborigen. Además, dicha afirmación implica importantes repercusiones a nivel socioeconómico pues se relaciona con una estrategia económica de carácter depredador como son las actividades cinegéticas frente a las productivas como la cría de cer- 216 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLÁNTICOS E. MARTÍN RGUEZ., J. VELASCO VÁZQUEZ, V. ALBERTO BARROSO Y A. RODRÍGUEZ RGUEZ. 54 dos domésticos, absolutamente contrarias entre sí, sin que por el momento exista evidencia alguna que nos permita intuir la puesta en práctica de cacerías sobre suidos salvajes24. Los restos de cerdo (Sus domestico) recuperados en Chimirique corresponden principalmente a individuos jóvenes-adultos, cuyo sacrificio representaría un aporte considerable de masa cárnica. Además, es preciso destacar la presencia de un individuo infantil en Chimirique-1. La representación anatómica de los cerdos está mucho más limitada que la de cabras y ovejas, destacando las piezas de dentición y los elementos de las extremidades como metápodos y falanges, registrándose en menor medida fragmentos longitudinales de diáfisis de algunos huesos largos. 4.2.3. Otros animales Entre los animales que fueron objeto de consumo por parte de los antiguos habitantes de Chimirique, además de las especies domésticas que integraban la cabaña ganadera de los canarios, se encuentran algunas especies silvestres de pequeña talla, que ocasionalmente eran capturadas, interviniendo de forma esporádica en la dieta de este grupo humano. Este grupo está constituido por algunas aves, lagartos y es probable que también algunos micrótidos. Por lo que se refiere a las aves, su presencia en el registro fáunico de Chimirique es notablemente baja, habiéndose recuperado un solo resto en Chimirique-1 (0,37%) y tres en Chimirique-2 (0,26%). En cualquier caso, las evidencias óseas de aves en yacimientos habitacionales relacionadas con el consumo humano son siempre muy bajas. En cuanto al grupo de los lagartos su estudio se revela ciertamente significativo, pues junto a otros registros insulares recientemente analizados (V. Alberto, 1998) parecen indicar un aprovechamiento de cierta entidad de estos animales. Esta situa24 Sin embargo, no se descarta la posibilidad de un régimen de crianza en semilibertad que favoreciera el asilvestramiento de alguno de estos ejemplares, lo que en ningún caso implica la presencia de jabalíes. Núm. 49 (2003) 217 VIVIR Y MORIR EN RISCO CHIMIRIQUE 55 ción afecta directamente a las poblaciones de Gallotia sthelini, de gran talla. Aunque, como ya se mencionaba anteriormente, otras evidencias de lacértidas de menores dimensiones también pudieron ser aprovechados como recurso comestible. La muestra de Gallotia sthelini esta constituida por 30 unidades anatómicas. De las que 5 corresponden a Chimirique-1 y 25 a Chimirique-2. Sin embargo, cabe la posibilidad de que algunos de los individuos incluidos en el depósito no mantengan relación alguna con la actividad antrópica, sobre todo teniendo en cuenta que en las conductas de estos animales parece predominar cierta predilección por los espacios que se forman entre rocas en el interior de las cavidades naturales. Por otra parte, y referido a su consumo, en algunos huesos han quedado marcadas señales inequívocas de tal aprovechamiento por parte de la población aborigen. De tal forma que, además de encontrarse entremezclados con otros desechos culinarios de origen animal en coherente relación estratigráfica, presentan claros indicios de manipulación antrópica como son ligeras huellas de cortes en sus superficies, determinadas fracturas óseas o la alteración térmica del hueso por efecto del fuego. El consumo de estos reptiles representa un complemento proteínico en la dieta del grupo humano, así como un elemento de diversificación de los productos comestibles a su alcance que en principio no parece responder a la puesta en marcha de una estrategia dirigida, sino más bien al aprovechamiento ocasional y oportunista de un recurso disponible en el entorno. En esta línea, la captura y consumo de lagartos ha de entenderse como una actividad organizada en el seno del grupo familiar o local. Por el momento, Gallotia sthelini sólo se había documentado en el yacimiento habitacional de San Antón en Agüimes, constatándose por segunda vez en el registro óseo de Chimirique. Es probable que este hecho constituya un comportamiento generalizable para el contexto insular, de ahí la importancia de llevar a cabo los correspondientes estudios zooarqueológicos aplicados a los conjuntos fáunicos de los numerosos yacimientos prehispánicos que se conocen en Gran Canaria. 218 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLÁNTICOS E. MARTÍN RGUEZ., J. VELASCO VÁZQUEZ, V. ALBERTO BARROSO Y A. RODRÍGUEZ RGUEZ. 56 4.3. Tratamiento carnicero y preparación culinaria La manipulación de la que son objeto los animales tras su sacrificio hasta que son consumidos conlleva toda una serie de acciones de importantes repercusiones biológicas (dietético/ nutricionales), pero a su vez también ponen de manifiesto de forma clara diversos rasgos culturales inherentes al grupo humano en el que se desarrollan. En la investigación prehistórica del Archipiélago estos aspectos habían pasado desapercibidos, si bien recientes estudios en este campo han puesto de manifiesto la existencia de modelos carniceros perfectamente definidos aunque por el momento sólo se trata de aproximaciones que requieren un mayor desarrollo (V. Alberto 1996, 1998). A tal efecto, los restos óseos de Chimirique muestran una diversidad esquelética bastante completa en la que están representadas de manera amplia todas las unidades anatómicas del animal, por lo menos en el caso de las cabras y las ovejas. El tratamiento carnicero deja en el hueso ciertas huellas que permiten la reconstrucción de dicho proceso. En este sentido, el repertorio en estudio manifiesta algunas de estas marcas, siendo muy evidentes en determinados huesos, como por ejemplo en el caso vértebras y costillas en los que han quedado grabadas las señales de cortes producidas en el despiece y descarnado del animal, asimismo resultan significativos los puntos de impacto producidos al golpear con un utensilio contundente los huesos largos de las extremidades para fracturarlos. En el caso de los cerdos la reconstrucción de las actividades carniceras se encuentra menos avanzada pues existe una clara subrepresentación de restos óseos correspondientes al esqueleto apendicular, aunque quizá esta característica pudiera ser consecuencia del propio patrón carnicero empleado, que se diferencia del de cabras y ovejas. En el proceso de preparación de los animales para su consumo también habría de considerarse la incidencia del fuego, relacionado con el modo de cocinar la carne. En este sentido un porcentaje relativamente importante de los restos presenta una Núm. 49 (2003) 219 VIVIR Y MORIR EN RISCO CHIMIRIQUE 57 tonalidad anaranjada vinculada a la acción que ejerce el calor sobre los huesos al asar la carne. De esta consideración evidentemente se excluye las abundantes evidencias óseas que han experimentado un contacto directo con las llamas. Esta clase de alteración térmica no está relacionada con las formas de preparar la carne, sino con las condiciones que afectan a los huesos una vez que han pasado a constituir detritus culinarios en el caso de la fauna consumida o se encuentran incluidos entre los sedimentos en el caso de las deposiciones naturales no vinculadas con el hombre (micrótidos). Esta situación se refleja en las superficies de los huesos mediante una serie de tonalidades que van desde el negro hasta el blanco pasando por una amplia gama de grises y azules, que denotan estados de completa carbonización o calcinación en los casos más extremos. Sin duda, tales estados de termoalteración están directamente relacionados con las numerosas manifestaciones de combustión documentadas en los yacimientos, en los que la presencia de hogares manifiesta una importancia considerable. 4.4. Alteraciones en el registro faúnico En este apartado se hace referencia a las modificaciones que otros animales provocan en el registro óseo una vez que estos han sido desechados por el hombre. En los yacimientos de Chimirique se ha constatado un elevado conjunto de huesos que presentan en sus superficies claras huellas provocadas por la intervención de roedores. Tales huellas se materializan en superficies roídas en las que quedan las marcas de los dientes de estos animales, llegando incluso, en algunos casos, a producir la destrucción de parte del hueso como consecuencia de las mordidas que practican sobre el hueso. Este tipo de alteraciones presenta un claro patrón de afección que recientemente ha sido documentado con las mismas características en el yacimiento habitacional de San Antón Agüimes (1998). Éste se manifiesta con mayor frecuencia en las falanges que prácticamente en su totalidad aparecen roídas o mordidas, afec- 226 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLÁNTICOS E. MARTÍN RGUEZ., J. VELASCO VÁZQUEZ, V. ALBERTO BARROSO Y A. RODRÍGUEZ RGUEZ. Con respecto a los vidrios volcánicos, hay que destacar en primer lugar las reducidas dimensiones de la mayoría de los soportes, producto principalmente del pequeño tamaño de los bloques originales que se pueden recuperar en la isla de esta materia prima. La obsidiana sufre tres sistemas de explotación, que la escasez de elementos nos impide jerarquizar según la frecuencia de su utilización. Por una parte, se emplea el sistema bipolar, consistente en golpear con un percutor a un soporte, que está apoyado sobre un yunque. Con ello se imprime una presión conjunta desde dos polos opuestos, creándose extirpaciones lascares con negativos contrapuestos amén de una gran cantidad de fragmentos informes. También se registra una explotación direccional, con planos de percusión escasa o nulamente preparados, que crea productos de lascado de tendencia alargada. Por último, se han constatado tres ejemplos de explotación centrípeta, uni o bifacial, con las mismas características que la descrita para las rocas volcánicas de grano grueso. Queda realizar un comentario final sobre las rocas silíceas sedimentarias. Este es igualmente un grupo con escasos efectivos, entre los que sólo se contabilizan lascas con escasos negativos de lascado, restos de talla y fragmentos informes, con lo que no puede deducirse de manera fiable la forma de explotación que se empleó con ellas. De todas formas, ésta debió ser similar a la de los vidrios volcánicos, a los que se asemejan por el tamaño de los bloques naturales y por la estructura afanítica de la materia prima. 5.2.2. Las industrias líticas piqueteadas y abrasionadas En esta categoría se han incluido aquellos elementos fabricados en rocas volcánicas vacuolares de grano grueso. La especial estructura de este tipo de roca la vuelve especialmente indicada para las labores de molturación, pues la gran irregularidad 64 Núm. 49 (2003) 227 VIVIR Y MORIR EN RISCO CHIMIRIQUE de sus superficies les confieren de forma natural la mordiente necesaria para efectuar esa labor en óptimas condiciones. En el caso del yacimiento de Chimirique, han sido efectivamente esas cualidades las que han influido para que todos los artefactos elaborados con esta materia prima hayan participado de esas labores de molturación. En este apartado sólo se tendrán en cuenta aquéllas piezas que han sufrido labores de conformación, de manera que ya no guardan su morfología original. Hay que tener en cuenta que el material recuperado se encuentra en un estado muy fragmentario, lo que impide una reconstrucción más elaborada de los sistemas puestos en práctica para su fabricación. En general, lo que se observa en un piqueteado o machacado intencional para eliminar los puntos más sobresalientes de la topografía del bloque original, así como un posterior frotado de algunas zonas. Sólo unos pocos fragmentos son lo suficientemente grandes como para reconstruir la morfología original del artefacto. Se trata en todos los casos de molinos de tipo circular. En una ocasión se puede determinar que se trata del elemento superior del molino, registrándose la presencia de una depresión de delineación subcircular y sección semicircular, situada muy cerca de la parte externa del perímetro, que debía servir para apoyar un palo que ayudara a girar este elemento activo. 5.2.3. Otros elementos líticos Existen también diversos artefactos de piedra cuya morfología original no fue modificada intencionalmente o lo fue en escasa medida. Por una parte hay varios cantos rodados, de superficies bastante lisas cuya funcionalidad es difícil de determinar. Uno de ellos, de pequeño tamaño, aparece fuertemente impregnado de almagre, por lo que quizá sirvió para triturar o extender este producto. Otra categoría corresponde a cantos rodados con huellas de percusión en sus extremos más salientes, que debieron servir 65 228 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLÁNTICOS E. MARTÍN RGUEZ., J. VELASCO VÁZQUEZ, V. ALBERTO BARROSO Y A. RODRÍGUEZ RGUEZ. como percutores o machacadores. En algún caso se pueden observar deslascados producidos por la acción violenta de esa percusión. También se ha identificado otro canto rodado que sirvió como yunque, es decir como elemento sobre el que apoyar otros objetos que iban a ser golpeados. En él se observan una serie de cupulillas agrupadas que conforman una especie de hoyuelo de delineación irregular aunque con tendencia circular. Existen también fragmentos de rocas vacuolares de grano grueso con huellas de desgaste que parecen haber sido producidas por su uso como raspadores o manos de molino. Dentro de esta misma categoría se puede incluir un canto rodado cuya materia prima no es vacuolar, aunque sí tiene grano grueso. En este último caso, se ha realizado un piqueteado intencional de la superficie destinada a ser activa, a fin de conferirle la mordiente necesaria para realizar de manera eficaz las labores de molturación. Las industrias líticas de Chimirique, elaboradas fundamentalmente en rocas volcánicas de grano grueso, son una muestra de la gran variedad de procedimientos técnicos que dominaban los antiguos canarios para configurar los artefactos que necesitaban. Los tres ámbitos de intervención no muestran diferencias significativas en cuanto a la composición de este elemento de la cultura material, con la posible excepción de la presencia casi exclusiva de disyunciones columnares en Chimirique 2B. Este último tipo de soporte apareció allí conformando un conjunto aislado, relacionado con fragmentos cerámicos y no con otros elementos de naturaleza pétrea, indicando claramente que se trataba de un depósito especial cuya funcionalidad deberá ser establecida con el correspondiente análisis traceológico. 66 Núm. 49 (2003) 229 VIVIR Y MORIR EN RISCO CHIMIRIQUE L 222 1 — 43 16 LR 15 — — — — F26—3256 FR 1 — — — — (IRR)U 2 — — 1 — (IRR)B 2 — — — — (IRR)M 2 — — — — (CRR)U 3 — — — — (CRR)B 2 — — — — E técnica 1 — — — — N bipolar — — — 1 — Rest. talla 37 — — 132 8 Otros 2 — — 1 — TOTALES 315 1 3 203 30 Soporte RVGG RVGF RV vacuol. Obsidiana R Silícea CHIMIRIQUE-2. TIPOS DE SOPORTES POR MATERIAS PRIMAS L 962—582 LR 9———— F4—13— FR 7———— DCR 1 — — — — (IRR)B 1 — — — — (IRR)M 1 — — — — (CRR)U 1 — — — — E técnica 1 — — — — N bipolar — — — 1 — TOTALES 122 2 1 62 2 CHIMIRIQUE-1. TIPOS DE SOPORTES POR MATERIAS PRIMAS Soporte RVGG RVGF RV vacuol. Obsidiana R Silícea 67 230 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLÁNTICOS E. MARTÍN RGUEZ., J. VELASCO VÁZQUEZ, V. ALBERTO BARROSO Y A. RODRÍGUEZ RGUEZ. 5.3. La cerámica Una de las evidencias con representación en Chimirique es la cerámica, si no tanto en el abrigo 1 si en el sector B del 2. La cerámica prehispánica de Gran Canaria es quizás junto con la industria lítica uno de los aspectos peor estudiados a pesar de la importante colección que custodia en sus fondos el Museo Canario. Si en otras islas, como sucede en La Palma o en Tenerife, la cerámica se ha revelado como un instrumento de gran valor para diferenciar los procesos diacrónicos que tienen lugar en el seno de las comunidades prehistóricas, para Gran Canaria sólo tenemos estudios tipológicos antiguos, desfasados por este motivo o por su arbitrariedad, de modo que muy dificilmente se pueden utilizar estos datos con los fines señalados. Tampoco conocemos la funcionalidad de los recipientes oponiéndose complejas y decoradas formas a una cerámica tosca y sin decoración o pequeños recipientes frente a granCHIMIRIQUE 2B. TIPOS DE SOPORTES POR MATERIAS PRIMAS L 185 1 — 62 15 LR 26 — — 6 — F22161711 FR 3 1 — — — DC 12 — — — — (IRR)U 3 — — 2 — (IRR)B 4 — — — — (IRR)M 3 — — — — (CRR)U 3 — — — — (CRR)B 2 — — — — E técnica 4 1 — — — N bipolar — — — 5 — Rest. talla 16 2 — 54 18 Otros 9 — — 1 — TOTALES 292 6 6 147 44 Soporte RVGG RVGF RV vacuol. Obsidiana R Silícea 68 Núm. 49 (2003) 231 VIVIR Y MORIR EN RISCO CHIMIRIQUE des vasos usados para el almacenamiento. La amplia variedad formal de la cerámica de Gran Canaria junto a la extensa diversidad de decoraciones y tratamientos, parece ser fiel reflejo de la complejidad de la sociedad que elabora este registro cerámico. El ajuar cerámico de Risco Chimirique no reviste la riqueza que se puede apreciar en los poblados costeros excavados, léase Cueva Pintada de Gáldar o El Pajar de Arguineguin. Es básicamente una loza funcional sin que ello suponga demérito alguno. Los materiales obtenidos presentan un elevado nivel de fragmentación, a pesar de lo cual se han podido remontar parcialmente algunas piezas lo que nos ha permitido recontruir algunas formas para uno y otro abrigo. Se trata por lo general de grandes recipientes de formas globulares con o sin cuello que probablemente estarían dedicados al almacenamiento de granos o de productos secos. Esta afirmación no es gratuita sino que está sustentada en el estudio de las carácterísticas de las pastas de estos recipientes que son, por lo general, de mala calidad con desgrasantes medios o gruesos y un proceso de cocción deficiente, factores que no otorgan a la pasta la estanqueidad necesaria para almacenar o contener líquidos. Por otra parte su fragilidad unida al considerable peso que deberían tener les confiere el estatismo que caracteriza a los recipientes empleados con estos fines. Esta cerámica no presenta decoración y el tratamiento de las superficies tanto externas como internas suele ser por alisado aunque también encontramos superficies toscamente espatuladas. Chimirique 1 no cuenta con la variedad de tipos cerámicos registrados en Chimirique 2, de hecho en este yacimiento sólo se ha podido comprobar la existencia de un tipo cerámico definido por grandes recipientes ovoides o de tendencia esférica con cuellos indicados o bien marcados. Por el contrario en Chimirique 2, sector B, la cerámica es más variada y abundante, también presenta formas y apéndices de mayor complejidad. Se han reconstruido varios tipos recogidos en la bibliografía tradicional: — Tipo 1: Recipientes ovoides de grandes dimensiones con cuello indicado o bien marcado y fondo plano. Pastas 69 232 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLÁNTICOS E. MARTÍN RGUEZ., J. VELASCO VÁZQUEZ, V. ALBERTO BARROSO Y A. RODRÍGUEZ RGUEZ. poco cuidadas, desgrasantes medios o gruesos. Sin decoración y superficies alisadas o espatuladas. Las encontramos tanto en Chimirique 1 como en 2. — Tipo 2: Recipientes de tendencia esférica con o sin cuello. Presentan apéndices variados generalmente asas de cinta simples o más complejas adosadas a un vertedero. Las pastas son más cuidadas, con desgrasantes finos o medios y cocción más regular. Pueden ser lisas o estar decoradas mediante engobe. — Tipo 3: Recipientes de tendencia semiesférica. Superficies alisadas, pastas más cuidadas, sin decoración. — Tipo 4: Recipientes en forma de casquete esférico. Características parecidas al tipo anterior. — Tipo 5: Recipientes de tendencia troncocónica y fondo plano. Pastas cuidadas y superficie externa decorada con engobe rojo. — Tipo 6: Recipientes compuestos con línea de carena a media altura que combinan formas esféricas y troncocónicas con bordes divergentes. Es de destacar, aun cuando su representación sea más bien anecdótica, la presencia de un fragmento de borde divergente de un recipiente minúsculo, de los denominados tradicionalmente como microcerámica. 5.4. Los tejidos y las pieles Las evidencias de este tipo estan circunscritas al sector B del abrigo 2, lugar en el que se localiza el espacio de enterramiento superpuesto al piso de ocupación como vivienda anterior. Tanto las pieles como los tejidos aparecen asociados a los individuos inhumados, presentan un estado fragmentario y gran fragilidad como consecuencia de los intensos niveles de humedad que registra el sedimento durante buena parte del año. Los fragmentos de tejido recuperados corresponden al tipo número 2 de la clasificación propuesta por Bertila Galván Santos (1980: 55-56), presentando éste las siguientes características: 70 Núm. 49 (2003) 233 VIVIR Y MORIR EN RISCO CHIMIRIQUE La urdimbre y la trama están formadas por tallos de Holoschoenus vulgaris Link desecados y majados. El tejido se realiza haciendo pasar cada uno de los hilos de la trama en sentido opuesto, entre cada dos hilos de la urdimbre, de forma alterna en cada hilera, tanto para los tejidos longitudinales, como para los radiales. (...) La urdimbre y la trama suelen guardar las mismas proporciones, presentando texturas de varios grosores, desde los tejidos realizados con tallos completos machacados hasta los trabajados con algunas fibras solamente. Arqueológicamente este tipo de tejido está evidenciado por numerosos hallazgos registrados tanto en cuevas naturales de habitación como en cuevas naturales de enterramiento… Además de los fragmentos de tejido vegetal señalados, se obtuvieron varios fragmentos, pequeños y en muy mal estado, de cuero que contuvieron algún tipo de decoración dificil de apreciar. Uno de ellos presenta un cosido del tipo del tipo IIb señalado por G. Mies28. Estos fragmentos se observaron al microscopio a fin de identificar el tipo de piel aunque sin resultados ya que es imposible observar el poro de la misma. De cualquier manera, por las características externas y su ligereza debe tratarse de pieles de ovicápridos, muy utilizadas por otra parte en Gran Canaria en las envolturas funerarias, el vestido y para confeccionar objetos de ajuar personal y doméstico. 3. LAS DATACIONES ABSOLUTAS Los resultados obtenidos en Risco Chimirique fueron bastante alentadores en cuanto a las expectativas iniciales e interesantes en muchos aspectos, especialmente los referidos a la dieta alimenticia de estas comunidades aunque también lo son otros como la diacronía y funcionalidad del espacio, etc. Sin embargo no encontramos la continuidad estratigráfica que se perseguía debido fundamentalmente a las características de estos sitios y a las transformaciones naturales o antrópicas que modificaron sus condiciones originales. Aún así fue posible recons28 G. MIES, Intersuchung einiger Lederarbeiten der Ureinwohner der Kanarischen Inseln, El Museo Canario, XXI (75-76), pp. 413-423. 71 234 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLÁNTICOS E. MARTÍN RGUEZ., J. VELASCO VÁZQUEZ, V. ALBERTO BARROSO Y A. RODRÍGUEZ RGUEZ. truir la secuencia estratigráfica y datar mediante C-14 alguno de sus hitos más significativos, lo que si bien no soluciona ninguno de los problemas planteados por la investigación arqueológica que se desarrolla en la isla, sí contribuye a mejorar el nivel de comprensión de esta. La arqueología insular se enfrenta a dos problemas que son, desde nuestro punto de vista insolubles por el momento. Uno es la inexistencia de datos estratigráficos que permitan articular entre sí los diferentes componentes y procesos culturales que tenemos documentados, bien a través de la arqueología, bien a través de las fuentes documentales. Otro es la escasez de dataciones absolutas que permitan establecer el marco cronológico en el que se desarrolla el poblamiento insular, del que sólo conocemos con seguridad el límite superior. Las dataciones absolutas29 a nuestra disposición —C14— además de presentar una distribución espacial irregular, tienen distinto valor científico en función de su antigüedad. Así aproximadamente el 52,38% del total corresponden a la Cueva Pintada (Gáldar) y están calibradas, frente al 34,92% que no lo están y que además tienen algunos —las más antiguas— problemas en relación tanto con la procedencia como con la metodología empleada en su obtención. Nos queda por tanto un 12,69% que corresponden a yacimientos excavados en los últimos años localizados en el sector suroriental y central de la isla. Varios son los factores que concurren en los bajos niveles que presenta la investigación en la isla o en el Archipiélago, aunque el más importante sea la errada y obsoleta política llevada a cabo desde la administración en la última década. La ausencia de proyectos plurianuales ha multiplicado las intervenciones de urgencia dotadas también con presupuestos de urgencia que en ocasiones apenas alcanzan para sufragar los gastos que originan los trabajos de campo. Por este motivo, cuando se consigue superar este umbral la precariedad de recursos obliga a recurrir a los estándares del método, como sucede con el Carbono 14, pues si ya éstas tienen un precio 29 E. MARTÍN RODRÍGUEZ, Dataciones absolutas para los yacimientos de Risco Chimirique (Tejeda) y Playa de Aguadulce (Telde), Vegueta (Las Palmas), 5:29-46. 72 Núm. 49 (2003) 235 VIVIR Y MORIR EN RISCO CHIMIRIQUE elevado el que alcanzan otras técnicas más sofisticadas resulta prohibitivo (AMS). En relación a las muestras más antiguas hemos considerado que era mejor reciclarlas que rechazarlas, para lo cual las hemos calibrado utilizando el programa elaborado por el Dr. C. Bronk Ramsey (BRONK RAMSEY, 1994, 1995) del Oxford Radiocarbon Accelerator Unit. Creemos que de esta manera se mejora el dato cronológico aún cuando persistan los problemas relativos a la metodología empleada en la obtención de alguna de las muestras (caso de las muestras identificadas con las siglas GRO-). Los resultados obtenidos son los siguientes: Los datos más significativos de esta tabla son los referidos a los yacimientos que se disponen a lo largo del corredor natural que conforma el barranco de la Aldea. Así las muestras obtenidas en conjuntos de la importancia de Acusa o Cuevas del Rey están en consonancia con las fechas más antiguas proporcionadas por yacimientos costeros como Caserones o Lomo Granados. Esta circunstancia tampoco tiene mayor relevancia, salvo, si se quiere, para apuntar la antigüedad del poblamiento de ambas zonas y de los componentes culturales que se le asocian ya desde los primeros momentos, dejando así de lado ciertas veleidades enquistadas en la historiografía tradicional. GRO-1191: 1665±60BP Cuevas del Rey (Tejeda) madera 240AD-540AD GRO-1127: 1520±45BP Acusa (Artenara) madera 420AD-630AD GRO-1188: 1380±60BP Acusa (Artenara) Piel momia 550AD-780AD GRO-1189: 1410±60BP Guayadeque (Agüimes-Ingenio) Piel momia 520AD-770AD GRO-1190: 1120±60BP Guayadeque (Agüimes-Ingenio) Piel momia 780AD-1020AD GRO-1872 950±40BP Cascajo de las Nieves (Agaete) madera 1000AD-1180AD GRO-1192 875±60BP La Guancha (Gáldar) madera 1030AD-1260AD GAK-13035 1700±100BP Lomo Granados (La Aldea) madera 110AD-560AD GAK-8062 730±80BP Los Caserones (La Aldea) madera 1150AD (91.9%) 1410AD GAK-8063 1080±110BP Los Caserones (La Aldea) madera 680AD-1170AD GAK-8064 1890±150BP Los Caserones (La Aldea) madera 250BC (93.7%) 450AD GAK-8065 1140±100BP Los Caserones (La Aldea) madera 660AD1050AD GAK-8057 1740±90BP El Hormiguero (Firgas) Óseo humano 70AD (92.8%) 460AD GAK-8055 1470±110BP El Pajar (S. Bartolomé) carbón 250AD-800AD GAK-8056 1030±110BP La Restinga (Telde) conchas 700AD-1250AD Código Fecha BP Procedencia Materia 95,4% confianza 73 FIGURA 7 FIGURA 8 FIGURA 9 FIGURA 10 244 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLÁNTICOS E. MARTÍN RGUEZ., J. VELASCO VÁZQUEZ, V. ALBERTO BARROSO Y A. RODRÍGUEZ RGUEZ. FIGURA 11 82 Núm. 49 (2003) 245 VIVIR Y MORIR EN RISCO CHIMIRIQUE LÁMINA 1 LÁMINA 2 83 246 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLÁNTICOS E. MARTÍN RGUEZ., J. VELASCO VÁZQUEZ, V. ALBERTO BARROSO Y A. RODRÍGUEZ RGUEZ. LÁMINA 3 LÁMINA 4 84 Núm. 49 (2003) 247 VIVIR Y MORIR EN RISCO CHIMIRIQUE LÁMINA 5 LÁMINA 6 85 248 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLÁNTICOS E. MARTÍN RGUEZ., J. VELASCO VÁZQUEZ, V. ALBERTO BARROSO Y A. RODRÍGUEZ RGUEZ. LÁMINA 7 86