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Las parroquias rurales de Gran Canaria en la encrucijada de los dos siglos de la contrarreforma: administración y servicio pastoral (1598-1621)

Rodríguez Suárez, Auxiliadora

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1 LAS PARROQUIAS RURALES DE GRAN CANARIA EN LA ENCRUCIJADA DE LOS DOS SIGLOS DE LA CONTRARREFORMA: ADMINISTRACIÓN Y SERVICIO PASTORAL (1598-1621) Auxiliadora Rodríguez Suárez 2 DEDICATORIA A mi familia, por su cariño y paciente ayuda AGRADECIMIENTOS Es difícil exponer en estas líneas brevemente los nombres de todos aquellos que han contribuido a la realización de este trabajo, por eso destacar a las personas que desde un principio confiaron en mí o que con su ayuda o colaboración lo han posibilitado: a mi directora la Dra. Elisa Torres Santana, a mis compañeros de investigación por su experiencia, a los archiveros eclesiásticos o laicos que facilitaron mi labor, y a todos aquellos profesionales que desinteresadamente contribuyeron a la terminación de este trabajo. 3 ABREVIATURAS Act. Actos AHN. Archivo Histórico Nacional AHPLP. Archivo Histórico Provincial de Las Palmas AMC Archivo del Museo Canario APNSCA. Archivo Parroquial Nuestra Señora de la Concepción de Agaete APNSCM. Archivo Parroquial Nuestra Señora de Candelaria de Moya APNSPT. Archivo Parroquial Nuestra Señora del Pino de Teror APSB. Archivo Parroquial Santa Brígida APSCG. Archivo Parroquial Santiago de los Caballeros de Gáldar APSJBA. Archivo Parroquial San Juan Bautista de Arucas APSMG. Archivo Parroquial Santa María de Guía APSSA. Archivo Parroquial San Sebastián de Agüimes Art. cit. Artículo citado Cfrs. Confróntese D. Don Dr. Doctor Dra. Doctora Fol. Folio Fols. Folios Ldo. Licenciado Mrs. Maravedís Op. cit. Opus cita P. Página Pp. Páginas Sr. Señor 4 ÍNDICE PRÓLOGO I. INTRODUCCIÓN ................................................................................................................. 6 1. Fuentes y metodología ................................................................................................... 12 2. Marco teórico y estado de la cuestión: El gobierno eclesiástico. La parroquia..................................................................................................................... 16 2.1. La Diócesis Canariense-Rubicense y su organización eclesiástica............ 19 II. IGLESIA Y CLERO EN LA EDAD MODERNA................................................................. 29 1. Servicio pastoral tras el Concilio de Trento. Los párrocos en la Diócesis Canariense-Rubicense..................................................................................................... 31 2. Los pastores de almas: eclesiásticos de parroquias rurales en Gran Canaria (1598-1621) ............................................................................................... 50 III. ECONOMÍA PARROQUIAL: FÁBRICAS Y ADMINISTRACIÓN .................................... 63 1. Política parroquial de la diócesis y medidas de control.............................................. 63 1.1. Visitas............................................................................................................... 65 1.2. Visitadores....................................................................................................... 72 1.3. Los mandatos .................................................................................................. 76 2. Servidores de la parroquia ............................................................................................. 88 2.1. Mayordomos.................................................................................................... 88 2.2. Otros servidores de las iglesias..................................................................... 95 3. Fuentes de financiación de las fábricas parroquiales ............................................... 102 3.1. Rentas e ingresos.......................................................................................... 103 4. Parroquia rica o parroquia pobre: factores diferenciales en la isla de Gran Canaria.............................................................................................................. 121 5 IV. CONCLUSIONES......................................................................................................... 138 V. FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA......................................................................................... 143 APÉNDICE 6 I. INTRODUCCIÓN En los últimos tiempos se ha visto renovado el interés en la historiografía española por la Historia de la Iglesia. Ejemplos de ello lo constituyen la celebración de Congresos como las V Jornadas de Castilla-La Mancha sobre investigación en archivos, dedicado exclusivamente a la Iglesia y religiosidad en España, o, el X Congreso de Historia Agraria, donde se dedica una de sus sesiones al estudio económico de las haciendas eclesiásticas, muy relacionado con este estudio, y otros tantos que son posteriores a la realización de este trabajo. Asimismo, mencionar la especial aportación que tuvo hace una década, cuando la que esto escribe iniciaba su carrera académica en Las Palmas de Gran Canaria, la III Reunión Científica de la Asociación española de Historia Moderna, dedicada a la Iglesia y sociedad en el Antiguo Régimen, celebrada en la dicha ciudad 1 . De igual modo, entre otras tantas obras que han visto la luz en fechas cercanas a esta publicación, destacamos dos de ellas por su madurez, su síntesis y su rigurosidad a la hora de manejar y presentar la documentación que para esta línea de investigación disponemos para el ámbito estatal. Sólo mencionarlas porque será el lector el que deberá valorar su aportación a nuestra historiografía: Ignasi Fernández Terricabras centra su objeto de estudio en la época de Felipe II y la repercusión que sobre el clero secular tuvo la aplicación del Concilio de Trento, 1 Son obras que citaremos más adelante, a lo largo de este trabajo: Actas de las V Jornadas de Castilla-La Mancha sobre investigación en archivos. Iglesia y religiosidad en España.Historia y archivos. ANABAD Castilla-La Mancha, Asociacón de Amigos del Archivo Histórico Provincial de Guadalajara, Guadalajara, 2002, 3 volúmenes. X Congreso de Historia Agraria, Departamento d’Història i Institucions Econòmiques de la Universitat de Barcelona, Seminario de Historia Agraria (SEHA), 2002, CD-ROM. 7 y, con otro enfoque, Arturo Morgado García nos expone en el título de su obra un resumen de años de investigación de la Historia de España concretado en los clérigos del Antiguo Régimen 2 . Sin embargo, también van surgiendo nuevos estudios en campos como el socioeconómico y la Historia de las mentalidades, aunque aún hay grandes lagunas y vacíos que abordar sobre el clero como grupo social, especialmente en la historiografía canaria. Este desconocimiento sobre el clero canario ha llevado al estudio en esta obra del clero rural, tanto secular como regular, cuya labor espiritual y la influencia social que desempeñaban era aún más relevante por su mayor grado de cercanía a la feligresía. Aunque su espectro de influencia en esta sociedad va a ser menor debido a las especiales características del sistema de organización socioeconómica de la Iglesia, pues, frente al poder económico y social, el prestigio y la influencia política del alto clero urbano, se nos presenta como un grupo numeroso aunque pobre y deficientemente formado. Esa es la idea topificada que se extrae de la mayor parte de la bibliografía estudiada y de las obras literarias, impresas y manuscritas que se conservan de la época. Es el marco del que partimos para estudiar, en este periodo del reinado de Felipe III, la Diócesis Canariense-Rubicense y su organización eclesiástica en su unidad básica, que sería la parroquia. Gran Canaria se convierte en nuestro objeto de estudio dado que constituía uno de los ejemplos del archipiélago más complejos de organización eclesiástica en su red parroquial junto con el de 2 FERNÁNDEZ TERRICABRAS, Ignasi, Felipe II y el clero secular. La aplicación del concilio de Trento, Sociedad Estatal para la conmemoración de los Centenarios de Felipe II y Carlos V, Madrid, 2000. MORGADO GARCÍA, Arturo, Ser clérigo en la España del Antiguo Régimen, Universidad de Cádiz, Cádiz, 2000. 8 Tenerife, además de ser el centro institucional y socioeconómico de la Iglesia canaria hasta el siglo XIX, aunque con intervalos de vacío de poder o de residencia de parte de la jerarquía diocesana en la isla de Tenerife en algún corto periodo de tiempo a lo largo de estos siglos. Sin embargo, será en Gran Canaria, y, en concreto, en Las Palmas, donde se establezcan desde temprano la sede episcopal, la catedralicia, y las demás instituciones políticas del archipiélago. En la actualidad entendemos que, desde el punto de vista sociológico, la parroquia es una agrupación de bautizados ubicados geográficamente en un territorio, presidido por el párroco, representante del obispo, y que se rigen por unas normas y valores socioculturales. Ha sucedido al sentido de «Iglesia local» o comunidad de culto y fraternidad, que en un principio se concentró exclusivamente en torno al obispo, y que como comunidad diocesana encontramos en las grandes ciudades de la antigüedad cristiana. Sería en la época de Constantino cuando, al surgir la diócesis con un carácter más territorial, nacieron las parroquias como fraccionamiento necesario de aquéllas, como parcelas más pequeñas. Esto se debió a la distancia al extenderse el culto por los pagos circundantes de las urbes. Así se pudo facilitar la vida comunitaria a todos los creyentes. Por eso debemos entender la misión de la parroquia como auxiliar de la diócesis, como una concentración en un lugar concreto de las funciones directas o delegadas de la Iglesia diocesana. Y será en el párroco donde reside la autoridad que le confiere el prelado y el derecho canónico 3 . 3 DUOCASTELLA, Rogelio, Cómo estudiar una parroquia, Nova Terra, Barcelona, 1965, pp. 45-47. 9 Por lo tanto, por todos nosotros es conocido que las parroquias constituyen un marco social, religioso, jurídico y administrativo importante en nuestras vidas cotidianas, pero fue durante la «Contrarreforma» 4 –a partir de mediados del siglo XVIcuando adquieren una relevancia aún mayor, puesto que con el Concilio de Trento se constituyen en la unidad básica de todo ordenamiento jurídico y de toda vida social, ya que en torno a ellas se articulaban las relaciones de poder, la religiosidad del pueblo, sus actividades sociales y culturales, su labor educativa, hospitalaria o asistencial y la circunscripción geográfico-administrativa. Ya en 1970 Antonio Domínguez Ortiz 5 había resaltado su importancia al hablar del llamado bajo clero -el que servía los curatosy la relación con sus parroquianos, especialmente directa en las comunidades rurales. E, igualmente, había resaltado que la heterogeneidad de las rentas eclesiásticas, junto con la carencia de datos precisos hasta el catastro del Marqués de Ensenada, imposibilitaban dar cifras puntuales sobre los bienes de la Iglesia 6 , que sólo investigaciones locales, como ésta que presentamos para el ámbito rural, podrían resolver. Por eso, y por todo lo que en las siguientes páginas especificaremos, aún hoy se convierte en un reto desentrañar del olvido historiográfico a este grupo social y su marco parroquial a través de la documentación que fragmentariamente ha llegado a manos del historiador. También lo es estudiar la parroquia en sí y su administración a través 4 Término al que, junto con el de «Reforma Católica», aludiremos a lo largo del texto para referirnos a este contexto histórico al margen de discusiones terminológicas. Lo mismo haremos con términos como «Antiguo Régimen» o «Estado Moderno», para facilitar así la lectura de este trabajo, pero son de reseñar los debates historiográficos que sobre la terminología se puedan presentar. 5 DOMÍNGUEZ ORTIZ, Antonio, La sociedad española en el siglo XVII. II. El estamento eclesiástico, Universidad de Granada, Centro Superior de Investigaciones Científicas, Granada, 1992, pp. 59-60. 6 Ibidem, p. 131. 16 2. Marco teórico y estado de la cuestión: El gobierno eclesiástico. La parroquia Pese a la definición somera que recogemos en la introducción debemos hacer un mayor hincapié en lo que entendemos por parroquia. El Derecho Canónico actual dice que una parroquia es cada una de las partes en que se puede dividir una diócesis o cualquier otra iglesia particular. Al tener personalidad jurídica en virtud del mismo Derecho, es fundamental que recurramos a éste, para comprender mejor esta entidad, puesto que la arriba expuesta es una definición muy simple. Si ahondamos en este concepto, podremos acercarnos a la idea que muchos tenemos en mente y que se aproxima más a la realidad de una parroquia, un tanto alejada de sus orígenes pero que ha mantenido su esencia, en sus funciones especialmente, desde la época histórica que vamos a investigar. Esta realidad es recogida en el Código Civil, que especifica refiriéndose a parroquia, como aquella que se constituye de modo estable, y su cuidado pastoral se encomienda a un párroco que lo ejerce bajo la autoridad del obispo. Es a éste al que compete en exclusiva erigirlas, suprimirlas y cambiarlas 11 . Del mismo modo – continúa-, cuando por circunstancias peculiares no haya sido erigida, pero tenga sacerdote encargado de su cura pastoral, se habla de cuasiparroquia y se equipara a la parroquia. Es decir que aún no existiendo jurídicamente, si se cumple con la cura pastoral o servicios pastorales del sacerdote con la comunidad 11 Diccionario Espasa Jurídico, Fundación Tomás Moro, Espasa Calpe, Madrid, 2001, pp. 10901091. 17 religiosa congregada, se la puede considerar como parroquia. Actualmente el Código de Derecho Canónico de 1983 permite confiar varias parroquias a un equipo de sacerdotes, a un diácono, a un laico o a una comunidad. Favorece la participación de los laicos en el seno del consejo pastoral. La parroquia es concebida más como una comunidad de bautizados cuya tarea pastoral es asumida por clérigos y laicos 12 . Por otro lado, la parroquia, también llamada pila, feligresía o fieldad en Galicia, en cuanto a su territorialidad, designa un espacio vasto que comprende uno, o varios concejos, o cabildos en Canarias, y puede haber coincidencia entre esta demarcación territorial o no 13 . El origen del término procede del latín tardío, «parochia», y éste del griego παροιχια, que significa ‘avecindamiento’, siendo en latín corriente desde San Jerónimo el uso del término en el sentido actual 14 . Siguiendo esta misma definición deberíamos considerar parroquia todo aquella reunión de una comunidad religiosa donde se ejercía un servicio pastoral o de culto católico por parte de un sacerdote, incluyendo así en Canarias como tales las ermitas –generalmente surgidas en nuevos asentamientos o a raíz de la construcción de ingenios azucareros-, pero éstas servían en las parroquias o iglesias principales como ayudas, y no eran consideradas como parroquias propiamente dichas. En nuestro estudio partimos de la base de que la organización eclesiástica, religiosa, administrativa y territorialmente estaba centrada en lo que llamamos curatos parroquiales, fueran 12 CHRISTOPHE, Paul, Breve diccionario de la Historia de la Iglesia, Desclée de Brouwer, Bilbao, 1995, p. 93. 13 MOLINIÉ-BERTRAND, Annie, Diccionario Histórico de la España el Siglo de Oro, Acento, Madrid, 1998, p. 63. 14 COROMINAS, Joan y PASCUAL, José A., Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico, ME-RE, Gredos, Madrid, 1997 (4ª reimpresión), pp. 413-414. 18 éstos beneficiales o amovibles, aunque es de tener en consideración que tanto ermitas como conventos también se encargaban del servicio religioso en las distintas zonas urbanas o rurales, al igual que las misiones jesuitas que recorrían las islas de este archipiélago. Algunos autores han calculado para el siglo XVIII el número de las parroquias de la geografía española en unas 19.000, siendo el engranaje más sólido para la Iglesia para llevar a cabo su influencia y su mensaje moral, según argumenta Margarita Ortega López. Según esta autora, su influencia se dejaba sentir como un supremo censor moral que imponía los modelos de conducta a toda la sociedad, especialmente a las clases populares campesinas, y con más profundidad en las zonas menos favorecidas, con una población ignorante y aislada 15 . Sin embargo, para Canarias veremos que en las zonas donde era difícil hallar un cura realizando su pastorado, especialmente las rurales, no siempre se dará una influencia y control moral tan profundo, puesto que era notorio en algunos casos el incumplimiento de la asistencia a misa y demás oficios por parte de la población de la comunidad. Pero, en este punto podemos preguntarnos, ¿cómo se planteaba la organización parroquial en nuestra diócesis? 15 ORTEGA LÓPEZ, Margarita, Conflicto y continuidad en la sociedad rural española del siglo XVIII, Síntesis, Madrid, 1993, p. 62. 19 2. 1. La Diócesis Canariense-Rubicense y su organización eclesiástica Pese a que sus orígenes se retrotraen en el tiempo hasta la Diócesis teldense o a la Diócesis del Rubicón (fundada el 7 de julio de 1404), nos ocupa la Diócesis Canariense-Rubicense, que en esta época abarcaba todo el archipiélago. Estaba bajo Patronato Regio de la Corona de Castilla desde la bula de Inocencio VIII, Ortodoxia fidei, de 12 de diciembre de 1486, y su sede y Catedral se radicaría en Las Palmas de Gran Canaria 16 o «ciudad de Canaria», tal como aparece citada en la documentación. El derecho del Patronato deriva del de fundación, dotación y edificación en el Archipiélago. De su jurisdicción quedaban excluidos los monasterios y conventos. Quedaba reducido a las Catedrales e iglesias que cumpliesen la condición de que sus frutos, réditos y ventas excedieran de 200 florines de oro. Los patronazgos de particulares quedaban sometidos y necesitaban autorización real. Igualmente, los diezmos, cedidos por el Papa a los Reyes Católicos con la contraprestación de sostener iglesias y clero, fueron reintegrados por los monarcas para su administración a las Catedrales, reservándose los dos novenos o las llamadas tercias reales 17 . En el caso de esta diócesis, su organización parte de los estatutos que se constituyeron en reunión del Cabildo en Sevilla el 22 de mayo de 1485, interviniendo para ello la diócesis metropolitana 18 , citado año en que será trasladada su sede a la dicha ciudad. 16 CAZORLA LEÓN, Santiago, Historia de la Catedral de Canarias, Real Sociedad Económica de Amigos del País, Las Palmas de Gran Canaria, 1992, p. 6 17 BÉTHENCOURT MASSIEU, Antonio de, Problemas de la diócesis de Canarias en relación con el Patronato Real, “IX Coloquio de Historia Canario Americana”, tomo II, Cabildo Insular de Gran Canaria, (Separata), p. 8. 18 RONQUILLO RUBIO, Manuela, Administración civil y eclesiástica en Historia de Canarias en Historia de Canarias, Volumen I, Prehistoria-Siglo XV, Prensa Ibérica, Valencia, 1991. 20 En Gran Canaria, específicamente, como centro de atención de nuestro estudio, el complejo entramado de la red parroquial aparece reflejado con confusión en la documentación, por lo que pretendemos en las siguientes líneas aclararlo para situarnos geográficamente en el contexto de la organización eclesiástica insular. Entendemos como parroquia aquella constituida en un territorio con población de cierta entidad en número y de extensión variable, generalmente como cabeza de comarca. Era erigida jurídicamente por el obispo o designado por la Catedral su servicio de curato en esa zona, refrendado por la tradición, como parroquia o anexo de ésta, beneficial o amovible, asociada a un templo consagrado para tal efecto, que en su origen en algunos casos pudo ser una ermita pero que con el tiempo adquirió la categoría de templo parroquial. Tal como la hemos definido en el apartado precedente que presentamos como marco de nuestro estudio (véase Introducción, Punto 2) En esta misma ciudad de Canaria, estaría el primero de sus curatos en la parroquia del Sagrario, con dos curas atendiendo el servicio pastoral, pero de ésta al ser la parroquia matriz dependían curatos o lugares anexos de más de 30 vecinos, como las parroquias de Moya, Arucas 19 , Teror, San Bartolomé de 19 De esta parroquia también eran feligreses los vecinos de Firgas que eran atendidos por los dominicos. El convento de San Juan de Ortega había sido fundado el 18 de noviembre de 1613, según cita Viera y Clavijo, en el pago de Firgas o Filgas, jurisdicción del curato y lugar de Arucas. Cfrs. VIERA Y CLAVIJO, Joseph de, Noticias de la Historia General de las Islas Canarias, 8ª edición enriquecida con las variantes y correcciones del autor, introducción y notas de Alejandro Cioranescu, 2 tomos, Ediciones Goya, Santa Cruz de Tenerife, 1982, tomo II, pp. 760-761. En época de Don Cristóbal de la Cámara y Murga y de la visita que éste realizó y apuntó en sus sinodales había en el mismo tres religiosos, que atendían a la feligresía oficiando la misa y enterrando a algunos. Sin embargo, éste advierte a los curas de Arucas que se habían de bautizar 21 Tirajana 20 , La Vega (Santa Brígida) 21 y el señorío episcopal de Agüimes 22 , con sus correspondientes pagos, lugares, o caseríos. A raíz de la división de la parroquia matriz radicada en la Catedral y parroquia del Sagrario, se desmembraron otros dos beneficios: Gáldar y Telde 23 . En 1480 los Reyes Católicos habían comisionado al gobernador Pedro de Vera para que pudiera repartir las tierras y aguas, así como los bienes conquistados y para organizar los repartimientos creó tres distritos, el de Gáldar, que comprendía desde el barranco de Aumastel hasta la Aldea de San Nicolás, el de Las Palmas, desde Aumastel hasta el límite con Telde, y éste que se extendía por el resto de la isla hasta la Aldea de San Nicolás 24 . Estos beneficios, a su vez, se convirtieron en los beneficios matrices de otras parroquias o curatos. Gáldar, que se había escindido al igual que la de Telde de la parroquia del Sagrario, se convirtió en la parroquia matriz de Guía y Agaete, también erigidos como beneficios curados, y tenía bajo su jurisdicción a los vecinos de Artenara y Acusa, que eran sus feligreses. Igualmente, Telde será otro de los beneficios desgajado de la parroquia matriz de la ciudad de Canaria, la parroquia del Sagrario, y si se conservara esta documentación en su archivo para y cumplir con los sacramentos, a no ser que tuvieren licencia del cura, y oír misa los días más señalados, en su parroquia, por no ser justo que estas funciones se desempeñaran en otra parte. Cfrs. Constitvciones Sinodales del obispado de la Gran Canaria, y sv Santa Iglesia con sv primera fundación, y traslación vidas sumarias de sus Obispos, y breve relacion de todas las siete Islas. Compuestas y ordenadas por el Doctor don Cristóbal de la Camara y Murga, Magistral de tres iglesias, Badajoz, Murcia y la S ta . de Toledo Primada de las Españas, y Obispos de dicho Obispado dirigidas a la Catolica Mag d . del Rey don Felipe IIII nuestro Señor, Monarca y Emperador de las Españas, Madrid, Viuda de Iuan Gonçalez, 1634, fol. 340r. 20 En esta parroquia no se conservan los libros de fábrica para el periodo estudiado. 21 Eran feligreses los vecinos de Tejeda en este periodo hasta 1622 en que se les dota de sacerdote propio, constituyéndose en parroquia de gran parte de la zona occidental y medianías de Gran Canaria. En esta época depende de la Iglesia del Sagrario. 22 Cfrs. CAZORLA LEÓN, Santiago, Agüimes. Real Señorío de los obispos de Canarias (14861837), Real Sociedad Económica de Amigos del País, Las Palmas de Gran Canaria, 1984. 23 Telde contaba con dos beneficiados, pero la documentación de las visitas de fábrica no se conserva en su archivo más que para la segunda mitad del siglo XVII. 24 AZNAR VALLEJO, Eduardo, La integración de las Islas Canarias a la Corona de Castilla (14781526). Aspectos administrativos, sociales y económicos, La Laguna, 1983, p. 230. 22 este periodo seguramente podríamos llegar a la conclusión de que era una de las parroquias que poseía más ingresos. Además de estos beneficios iniciales debemos tener en cuenta que la Corona había concedido Agüimes en señorío a los obispos de Canaria en 1486. Desde el siglo XVII y hasta comienzos del siglo XIX no se registra en la isla, alteración administrativa alguna, por lo que los núcleos de población existentes son los mismos que se fueron configurando tras la conquista y posterior colonización del territorio insular: Agaete, Agüimes, Artenara, Arucas, Gáldar, Guía, Firgas, La Vega, Moya, Telde, Tejeda (que se convertirá en parroquia independiente en 1622), Teror, Tirajana, La Aldea y San Lorenzo. Será entre 1800 y 1815 cuando se incremente su número ya que los pueblos de San Mateo, Valsequillo, Ingenio, Mogán y Santa Lucía de Tirajana se emancipan de La Vega, Telde, Agüimes, Tejeda y Tirajana. A diferencia de otros lugares como San Lorenzo, La Aldea, Firgas o, incluso, Valleseco, la parroquia precede la creación del municipio 25 . Pero para este periodo de estudio en Gran Canaria nos encontramos sólo con once parroquias de extensión variable diseminadas por la geografia insular, de las cuales sólo estudiaremos ocho, que se corresponden con las parroquias que serán beneficios o curatos rurales. Igualmente, estudiamos aquellas parroquias que cuentan con Libros de Fábrica o, especificando, de Visitas de Fábrica en sus archivos, que se hallan perdidos para la primera mitad del siglo XVII en los casos de Telde y San Bartolomé de Tirajana. 25 SUÁREZ, Vicente, RIVERO, Benedicta, LOBO, Manuel, GONZÁLEZ, Alejandro, La comarca de Tirajana en el Antiguo Régimen, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Excmo. Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana, Las Palmas de Gran Canaria, 1995, p. 25. 23 Sólo las parroquias principales radicadas en Telde, Gáldar, Guía, y Agaete eran beneficios curados, las demás serían curatos amovibles, en los que el cura era puesto por el obispo o el Cabildo Catedral. En el caso de la parroquia del Sagrario se daba la situación particular de que siendo la parroquia matriz fuera servida por dos o tres curas párrocos amovibles, dependiendo de la época y las necesidades que hubiera en el servicio pastoral. Es decir, que su sacerdote era designado por el Cabildo porque estaba a cargo de esta institución el curato de toda la ciudad, aunque debía ser designado con la aprobación del obispo. De este modo, los que allí servían eran sólo tenientes de cura puestos por la voluntad y por el tiempo que el Cabildo Catedral decidiera 26 . Durante este periodo el número de curas que llegó a servir simultáneamente el curato de la ciudad fueron tres, pero en 1607 se acordó que sólo fueran dos los curas que debían atender la parroquia del Sagrario y que no serían nombrados más sino fuere por una causa urgente, con la obligación de hallarse en la iglesia desde el primer toque de campana de Prima para confesar a los señores prebendados y demás fieles. Se mandaba que llevaran todas las obvenciones dando su parte al sacristán, además de percibir el diezmo que se dividían en tres partes de lo que llevarían dos partes de tres del noveno de todo pan y dinero, dando la tercera parte íntegra a los curas del campo como salario 27 . En La Vega, Teror, Arucas, Moya y Tirajana era la 26 El Cabildo Catedral el 4 de abril de 1598 le retira el nombramiento y llaves del curato al cura Encinoso debido a que éste había dicho palabras injuriosas contra ellos, dado que se recurrió a la propiedad de este oficio que poseía esta institución, por lo que nombran por nuevo cura a un miembro capitular, el racionero Espino. MILLARES TORRES, Agustín, Extractos de Actas del Cabildo de Canarias, 1515-1791, Joseph de Viera y Clavijo, Biblioteca del Museo Canario. I-E-2. Fol. 105r. 27 MILLARES TORRES, Agustín, Extractos..., op. cit., fol. 116r. 24 Catedral junto con los vecinos los que pagaban un cura 28 . Sin embargo, nos encontramos con situaciones de conflicto jurisdiccional entre esta institución y los obispos, como sucedió en la reunión del Cabildo Catedral del 14 de octubre de 1600, en la cual entró un Secretario e intimidó con un auto del Obispo mandando al Cabildo nombrara curas de la Vega, Teror y Arucas, que estaban por entonces vacantes. Dos días más tarde le contestaba el Cabildo que tenía que ser el Obispo quien nombrara los dichos curas ya que era la norma acostumbrada en estas parroquias desde época de sus predecesores 29 . Sin embargo, y con fecha anterior, en 19 de junio de 1598, el Cabildo acuerda el concierto con el cura de La Vega para que por un cierto precio les administre los sacramentos y diga misa a las fiestas, por lo que era éste el que en la práctica contrataba cura para atender la feligresía de esta parroquia 30 . Por otro lado, Francisco Caballero Mújica opina que, en función de la erección jurídicamente constatada de beneficios curados en el plan beneficial del obispo Vázquez de Arce de 1515, Arucas no era curato o ayuda de parroquia dependiente del curato del Sagrario de la Catedral sino que era un beneficio curado. Tendría derecho como las restantes parroquias a contar con pila bautismal autónoma, a que se administrasen sacramentos en un templo parroquial por cura propio, obligando a su sacerdote a la residencia fija habitual, porque los fieles también pagaban sus diezmos y primicias, y por eso habían de ser debidamente atendidos espiritualmente, según derecho. Su cura podía celebrar 28 FERNÁNDEZ MARTÍN, Luis, Aspectos económicos, administrativos y humanos de la diócesis de Canarias en la segunda mitad del siglo XVI, “Anuario de Estudios Atlánticos”, 21 (1975), Fundación «Jerónimo Zurita», Centro Superior de Investigaciones Científicas, Patronato «Casa de Colón», Madrid-Las Palmas, p. 125. 29 CAZORLA LEÓN, Santiago, SÁNCHEZ RODRÍGUEZ, Julio, Obispos de Canarias y Rubicón, Eypasa, Madrid, 1997, p. 165. 30 MILLARES TORRES, Agustín, Extractos..., op. cit., fol. 106r. 25 dos misas los domingos y días festivos de obligación, que eran numerosos: Una en el templo parroquial y otra en las ermitas de los ingenios azucareros, tanto en Arucas como en Firgas o San Andrés. Como dote para la manutención del cura beneficiado, que se reitera para casi todos los del archipiélago, alcanzaba: Quince fanegas de trigo y 10.000 maravedíes al año, que se extraían de la masa común de todos los diezmos de la localidad en cuestión; además de esto se debían extraer otros 5.000 maravedíes para las necesidades de la fábrica parroquial, parecida dotación al del resto de fábricas parroquiales de la diócesis 31 . Sin embargo, este ingreso no se halla en la parroquia de Arucas en sus cuentas, ya que no aparece el concepto de los diezmos registrados en los Libros de Visitas de Fábrica en el periodo estudiado, lo que da a entender que esta parroquia no percibía el terzuelo de fábrica como sí lo percibían otros beneficios curados radicados en Gáldar y Agaete. Nada nos parece indicar en la documentación consultada que se tuviera constancia de este hecho en la época, así que tendríamos que discrepar con respecto a la opinión de este autor, dado que en las fuentes recibe un tratamiento jurídico diferente al estipulado en fecha tan temprana por el obispo Vázquez de Arce. Así que el mapa parroquial de Gran Canaria hacia 1621 podríamos resumirlo en el que aparece en el siguiente cuadro, aunque sin contar con todos los pueblos o lugares que estaban bajo su feligresía: 31 CABALLERO MÚJICA, Francisco, Canarias hacia Castilla. Datos de un proceso histórico. II, Caja Insular de Ahorros de Canarias, Las Palmas de Gran Canaria, 1992, pp. 947-948. 32 lucha contra la disidencia protestante, a una figura relevante en esta sociedad, los llamados «pastores de almas». Tratando especialmente la importancia que para su desarrollo tendría el papel desempeñado por los obispos y párrocos. Por ello interesaba tanto su control en esta época tanto por parte de la propia Iglesia como de la Corona. Según el Concilio de Trento, los obispos se convertían en agentes de su aplicación a través de la entrega periódica del informe sobre el estado de su diócesis en el transcurso de las visitas ad limina. A su vez en los reinos hispánicos éstos eran designados por el rey gracias al poder que le daba su Real Patronato sobre el nombramiento de los miembros del alto clero. No había una imagen del obispo ideal, no había un modelo, pero las cualidades que se le exigían estaban presentes en la literatura de los tratadistas de la época. Se pretendía conseguir que el obispo ajustando su vida personal a los ideales de la Reforma Católica o Contrarreforma, se convirtiera en el motor de la renovación del clero y del pueblo cristiano que le habían sido encomendados. En Canarias ejercería esta función como estipulaba el Concilio de Trento a través de sus visitadores y sus mandatos, contando éstos con su potestad delegada, aunque en algunos casos actuarán en sede vacante. Así sucedía para Gran Canaria con su provisor el Sr. Dr. D. Diego de Herrera Haro que en 1615 toma cuenta al mayordomo Sebastián Afonso de la parroquia de Nuestra Señora de Candelaria de Moya en sede vacante, antes de la llegada del prelado D. Antonio Corrionero, que seguidamente realizaría visita ese 33 mismo año a la citada localidad 44 . Casos similares suceden en otras parroquias como Santiago de los Caballeros de Gáldar, Nuestra Señora de la Concepción en Agaete 45 , y con la parroquia de San Sebastián de Agüimes 46 . Sin embargo, las cualidades que se les exigían a lo obispos, según Vizuete Mendoza, eran la residencia en el territorio de su jurisdicción, una vida honesta de costumbres moderadas, predicar personalmente, organizar la enseñanza religiosa, conservar los bienes de la Iglesia, visitar las parroquias de su diócesis, celebrar sínodos, erradicar los vicios públicos de los diocesanos, repartir limosnas entre los pobres y velar por la ortodoxia doctrinal. La literatura especializada de la época elaboró “espejos” literarios en los que éstos podían mirarse, como el Stimulus pastorum del arzobispo de Braga Bartolomé de los Mártires, con su primera edición en Roma en 1564; el Buon vescovo de José Crispino, publicado en 1682, y las Riflessioni ai Vescovi de Alfonso María de Ligorio, en 1744 47 . Evidentemente, no todos cumplían con estos requisitos, especialmente en Canarias con el tema de la residencia de los obispos debido al absentismo eclesiástico registrado desde fechas tempranas en la diócesis. En el caso de Fray Francisco de Sosa, cuyo pontificado duró de 1607 a 1610, sabemos que nunca visitó las islas y que tomó posesión de su obispado dos años después de su nombramiento, el 19 de marzo de 1608. Administró la Diócesis a través de un pariente suyo, Juan Porras Sosa, 44 APNSCM. Libros de Visitas de Fábrica, fol. 27r. 45 APNSCA. Libros de Visitas de Fábrica, fol. 191v. APSCG. Libros de Visitas de Fábrica, fol. 28r. 46 APSSA. Libros de Visitas de Fábrica, fol. 344r. El Sr. Dr. D. Pedro Espino de Brito era por entonces el que dirigía la diócesis al hallarse ésta vacante, acumulando cargos importantes como los de Arcediano de Canaria, Gobernador, Provisor, Juez Oficial, Vicario General y Visitador de Canaria, Lanzarote y Fuerteventura. 47 VIZUETE MENDOZA, J. Carlos, La Iglesia en la Edad Moderna, Síntesis, Madrid, 2000, pp. 186187. 34 tesorero de la Catedral 48 . Igualmente, sucedería con Nicolás Valdés de Carriazo, obispo de Canarias entre 1610 y 1611, que tomó posesión el 29 de noviembre de 1610 a través de su apoderado el Arcediano de Canaria D. Pedro Espino de Brito, al que citaremos más adelante pues aparece visitando las parroquias de la isla 49 . Pese a esto, ejemplos de este control y atribuciones episcopales sobre los citados agentes de la reforma del clero y la feligresía lo observamos en la Diócesis Canariense-Rubicense cuando el obispo Fray Juan de Guzmán en 1623 denuncia que para Canarias en su visita ad limina había expulsado a un gran número de clérigos foráneos que no contaban con su licencia: «Hanse redusido a sus obispados algunos clérigos que hallé presbíteros, de que estas islas suelen ser molestados mucho.» 50 Se pretendía acabar así con errores doctrinales, con el vagabundeo de algunos clérigos, e igualmente con que éstos pasaran a América sin la pertinente licencia, utilizando estas islas como puerta de salida libre al ser el último enclave marítimo en el camino hacia las Indias. Así que el párroco, que es la figura que aquí nos interesa , era el otro agente activo de la Reforma Católica, ya que tenía un papel central en la vida socioeconómica de su comunidad. Era el que se hallaba a la cabeza de cada parroquia, y en la terminología latina se le designa como «presbyter» o «sacerdos», aunque en la lengua romance a menudo se utilizan los términos «cura» o «rector». Su obligación principal consistía en administrar los sacramentos 48 CAZORLA LEÓN, Santiago, SÁNCHEZ RODRÍGUEZ, Julio, Obispos ..., op. cit., pp. 175-176. 49 Ibidem, p.181. 50 En la relación de su visita ad limina recogida y publicada por: SÁNCHEZ HERRERO, José, Las visitas..., art. cit., “X Coloquio de Historia Canario Americana (1992)”, tomo II, Cabildo Insular de Gran Canaria, 1994, p. 475. 35 a todos los parroquianos: bautizar a los niños y esclavos, decir misa al menos los domingos y fiestas, cuidar de la confesión y comunión pascual, visitar a los enfermos y administrarles la penitencia y la extremaunción, entre otras funciones hospitalarias o asistenciales. Desde mediados del siglo XIII se les encomienda la predicación dominical, al menos en Adviento y Cuaresma, así como la catequesis 51 , dada su labor educativa. Domínguez Ortiz define las relaciones entre feligreses y párrocos, distinguiendo entre parroquias urbanas y rurales, puesto que en las primeras el párroco era el jefe de un grupo de beneficiados, sacerdotes de rango inferior que colaboraban con él en las tareas parroquiales, muchas veces de forma casi burocrática. Los parroquianos tenían obligación de acudir a él para la recepción de los sacramentos obligatorios, aunque para los actos corrientes de culto y las nuevas devociones que se iban introduciendo hallaban un medio más propio en los conventos 52 , lo cual generaría la conocida competencia entre parroquias y conventos como muestra de los conflictos jurisdiccionales que se registraron en la Iglesia del Antiguo Régimen. Así que, volviendo a esta estrecha relación del cura con sus feligreses, ésta era evidente especialmente en las pequeñas poblaciones, donde el contacto entre cura y parroquianos era directo, constante, y afectaba todos los matices de la vida cotidiana, desde los más favorables a los más adversos. El cura sería el consejero natural de los aldeanos, su compañero de caza, de tertulia y otras recreaciones honestas; por su carácter sacerdotal y su cultura podría instruirlos, representarlos, defenderlos contra los abusos de las autoridades, al menos en el plano teórico. Pero también podía 51 DÍAZ IBÁÑEZ, Jorge, La organización institucional de la Iglesia en la Edad Media, Arco Libros, Madrid, 1998, p. 42. 52 DOMÍNGUEZ ORTIZ, Antonio, La sociedad..., op. cit., pp. 59-60. 36 multarlos por no acudir a la misa dominical o excomulgarlos si no diezmaban. En algunos casos, llevaba la lista del cumplimiento pascual, que luego enviaba a la administración episcopal, haciendo constar los que habían omitido esta obligación, que para algunos resultaba penosa, como veremos más adelante con los mandatos. No pocas veces –especifica con esta semblanza general Domínguez Ortizpodía atraerse réplicas airadas, al reprender vicios o abusos, o eran sórdidos motivos económicos los que le enfrentaban a sus feligreses 53 . Toda esta visión, no son más que conjeturas que podríamos desentrañar a través de la consulta contrastada de las visitas parroquiales, la rendición de cuentas de los mayordomos de las fábricas rurales, las visitas inquisitoriales, y los protocolos notariales, entre otras fuentes. Otra es la humana semblanza biográfica que de un cura moderno esboza y al que da vida la obra creativa de Miguel de Unamuno, escrita en 1930, sobre un párroco de pueblo, Valverde de Lucerna, de la España rural más aislada, preocupado en gran manera por sus feligreses y sus dudas existenciales o religiosas, por sus vidas, sus asuntos cotidianos, pero que paradójicamente no tenía fe, y aún así se le consideraba santo en vida y mártir, era San Manuel Bueno, mártir 54 . Esa imagen contemporánea, tan estudiada por la crítica literaria y filosófica, no está muy alejada de la que nos ofrece arriba la 53 Ibidem, pp. 59-60. 54 UNAMUNO, Miguel, San Manuel Bueno, mártir, Cátedra, Letras Hispánicas, Madrid, 1993. Este relato corto no nos corresponde aquí comentarlo como obra literaria sino tomarlo como referente de una obra en la que, dentro de concepciones metafísicas y de lo que se ha dado en llamar la «intrahistoria», Unamuno ofrece la visión de una realidad social colectiva, con un lenguaje que une y relaciona todo lo que de caótico y fragmentado tiene la realidad, como especifica su editor Mario Valdés. Sucede ésto también en la Historia, entendida como resultado de investigaciones realizadas con fuentes diversas, dispersas e incompletas –parcelas de “realidad”- con las que se pretende construir una interpretación global del pasado, y, en este caso, fijamos nuestra atención en un personaje que a nosotros nos interesa porque desdibuja la labor social y la vida en una comunidad rural de forma muy similar a lo que podríamos encontrar en nuestra época de estudio, acercándolo al complejo mundo de lo sentimental, humano y personal, que sólo la literatura puede plasmar. 37 semblanza histórica sobre la vida de un párroco rural, que tanto puede aportar ejemplos de dedicación a los demás (como «pastores de almas») como de falta de vocación religiosa, dadas las características propias de la carrera eclesiástica en el Antiguo Régimen, pues las motivaciones de acceso a las órdenes sacras variaban entre las vocacionales (por la mentalidad religiosa imperante en la época), las económicas (como oficio o modo de subsistencia ) y sociales (como garante de la pertenencia a un grupo jurídicamente privilegiado que otorgaba prestigio y honor a una familia), que exponen tanto la historiografía general y específica como las propias fuentes de la época, inclusive las eclesiásticas. Unamuno, en 1895, enmarcada dentro de su concepción filosófica, creó y nos aportó una imagen del cura de aldea y su importancia dentro de la comunidad a la que pertenecía, definiéndolo como un «órgano de la conciencia común». Cabe citar esta visión contemporánea donde desdibuja en su personaje de Paz en la guerra la esencia del papel que estos hombres desempeñaban en el contexto de la mentalidad de la época: El cura de aldea, aldeano letrado, segundón de casería pasado de la laya al libro, recibe en su cabeza el depósito del dogma, y se encuentra al volver a su pueblo saludado con respeto por sus antiguos compañeros de bolos. Es un hermano y a la par el ministro de su Dios, hijo del pueblo y padre de las almas, ha salido de entre ellos, de aquella casería del valle o de la montaña, y les trae la verdad eterna. Es el nudo del árbol aldeano, donde se concentra la savia de éste, el órgano de la conciencia común, que no impone la idea, sino que despierta la dormida en todos. Cuando les hablaba, bajaba desde el púlpito la palabra divina como una ducha de chorro fuerte sobre aquellas cabezas recias y consolidadas, recitábales en su lengua archisecular 38 el dogma secular, y aquellas exhortaciones en el silencio de la concurrencia, eco vivo que las redoblaba, eran de efecto formidable 55 . Si a Unamuno lo concebimos como autor del contexto histórico de fines del siglo XIX y principios del siglo XX, dentro de la mentalidad del Antiguo Régimen aún era más patente la importancia de la religión católica en la vida cotidiana de estas comunidades que radicaba en la base misma de la religiosidad de una sociedad que no concebía más que una religión bajo la cual se hallaba la salvación. Uno de los documentos más importantes para la Historia de la Iglesia será la bula Unam sanctam de Bonifacio VIII del 18 de noviembre de 1302 pues en ella se afirma y resume la mentalidad religiosa imperante durante siglos en la Europa católica: que sólo hay una Iglesia y fuera de ésta Iglesia única no hay salvación; que su cabeza es Cristo que obra por su vicario, el apóstol Pedro y sus sucesores; que las dos espadas, espiritual y temporal, pertenecen a la Iglesia aunque ésta sólo maneja la primera y deja la segunda al rey bajo la guía de los sacerdotes; que la potestad espiritual sobrepasa en dignidad a toda potestad temporal a la que puede instituir y juzgar, mientras que la suprema autoridad espiritual sólo puede ser juzgada por Dios; que el que la resiste, a Dios resiste; de ahí, concluye, que sea «absolutamente necesario para obtener la salvación que toda criatura humana esté sujeta al romano pontífice» 56 . Este documento fue anterior al surgimiento de las iglesias nacionales y la reforma protestante que tanto se proponía combatir la Iglesia Católica de Roma en 55 UNAMUNO, Miguel de, Paz en la guerra en Obras completas, Escelicer, Madrid, 1967, p. 142. 56 VIZUETE MENDOZA, J. Carlos, La Iglesia...,op. cit., p. 15. 39 este periodo de la Contrarreforma, pero –como hemos visto arribase corresponde con una realidad vigente durante siglos. De ahí, que los sacerdotes se convirtieran en un agente importante para la salvación de las almas a través del ejercicio de su cura animarum, por lo que debían ser un ejemplo honesto para sus feligreses que encomendaban su salvación a los clérigos. De este modo, en la Biblia se cita resumidamente la justificación de la función que debía tener el sacerdote o el clero, que enviado por Dios debía procurar mediante la palabra la conversión del fiel: «... a los que yo te envío para abrirles los ojos, para convertirlos de las tinieblas a la luz, y del poder de Satanás a Dios, para que reciban el perdón de los pecados y parte entre los santificados por la fe en mí» (Act. 26,17s) Las constituciones sinodales del obispo D. Cristóbal de la Cámara y Murga también se hacen eco de en esta cuestión al reiterar que: ...exhortamos, y siendo necessario mandamos a los beneficiados, y Curas de nuestro Obispado, prediquen a lo menos los Domingos, y Fiestas solenes, declarando al pueblo, segun la capacidad de sus oyentes, lo que están obligados a saber para salvarse, los vicios de que se han de apartar, las virtudes que han de seguir, como se han de guardar de la pena eterna, y alcanzar la bienaventuranza 57 . El poder del sermón y la tarea educativa y adoctrinadora de la Iglesia fueron las piedras fundamentales sobre las que se pudo levantar el sólido edificio de la unidad de la fe, especialmente en el Seiscientos con la cultura del Barroco y la Contrarreforma en los reinos hispánicos, tal como pretendieron los Reyes 57 Constitvciones Sinodales..., op. cit., Constitvcion I, capítulo V, fol. 78v. 40 Católicos y la labor reformadora de Cisneros y sus sucesores, los Austrias. Fue así como la Iglesia se introdujo en todos los resquicios de la vida española 58 . Así el sermón, no tanto como exposición de doctrina cristiana, o elemento retórico, sino como vehículo transmisor de pautas de comportamiento, se nos aparece algo fundamental, y más en una sociedad de marcado carácter auditivo donde la divulgación de ideas escritas, sometidas a regia censura, era limitada fuera de los ambientes intelectuales 59 . De otro modo, también todo resquicio de desviación religiosa fue encausado por el Santo Oficio de la Inquisición controlando todo contenido doctrinal del sermón que se saliera de la norma religiosa, como sucedió en Canarias entre 1604-1606 en el proceso seguido contra Fray Juan Felipe Cabeza, franciscano en Garachico (en la isla de Tenerife), por haber afirmado en un sermón que San Pedro negó a Cristo y fue hereje. Aunque ésta no era la única causa de su proceso sino también el delito de solicitación de mujeres en acto de confesión 60 . Este ejemplo nos da una idea de lo importante que era para la Iglesia el control sobre sus clérigos, su función y su actividad pastoral dada la gran responsabilidad que recaía en ellos en el contexto de esta sociedad, como 58 NEGREDO DEL CERRO, Fernado, Levantar la doctrina hasta los cielos. El sermón como instrumento de adoctrinamiento social en III Reunión científica. Asociación española de Historia Moderna (1994), Volumen I: Iglesia y Sociedad en el Antiguo Régimen, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, 1994, pp. 55-56 59 Ibidem, p. 56. 60 AMC. Inquisición, XIV-3. Se le condenó a que en la sala de la Audiencia se leyera su sentencia en presencia de los prelados de los conventos de la ciudad de Canaria y de los confesores y los curas de ella, privándole de confesar mujeres perpetuamente. Un estudio en el que se realiza un análisis de la solicitación para este periodo es el realizado por: MORENO FLORIDO, María Seruyá, Mujer y Transgresión moral ante el santo oficio en Canarias. 1598-1621, Cabildo de Lanzarote, 2000. 41 observamos en los mandatos y visitas realizadas a las parroquias, pero también que controlara la asistencia de sus parroquianos a los oficios religiosos. Para reformar al clero era imprescindible controlar a la feligresía pues la práctica religiosa se definirá por un acentuado localismo. Como veremos más adelante (véase Capítulo III, Punto 1, apartado 1.3.), la experiencia religiosa de los fieles iba, en algunas ocasiones, por caminos totalmente distintos a los que la Iglesia pretendía marcar puesto que la herejía se desarrollaba con más facilidad en los lugares menos controlados por el poder religioso, especialmente en los territorios más aislados o situados en lugares de paso o enclaves comerciales como las Canarias, como puertos abiertos a nuevas realidades sociales o religiosas procedentes de otras naciones. De este modo, el modelo de religiosidad acuñado por la Reforma Católica será ante todo el de la presencia social, por lo que se impone el control del espacio y de la sociedad, lo que algunos autores alemanes han llamado la «confesionalización» de la sociedad 61 . Para ello, la Iglesia debía adoptar medidas a la hora de controlar el acceso a las órdenes eclesiásticas, dado que la formación y honestidad de los clérigos en el desenvolvimiento de sus funciones eran requisitos indispensables con miras a realizar su pastorado. 61 Lo recoge en su libro este autor como idea de los historiadores alemanes Reinhard y Schilling: MORGADO GARCÍA, Arturo, Ser clérigo..., op. cit., p. 22. 48 salido de las islas para ir a estudiar a la Península. Éste era el sacerdocio propiamente dicho que calificaba al ordenado para impartir los sacramentos, si recibía las pertinentes licencias, y así poder administrar misa. Una vez conseguida la ordenación in sacris el camino que les había de preocupar en su carrera eclesiástica era también largo, pues se veían sometidos a la normativa canónica vigente y a los controles episcopales a través de las visitas. Estos eclesiásticos también tenían que pasar por ciertos requisitos para acceder a la vida clerical, son los que refieren la vida y honestidad del clero y que tanto preocupaban a los prelados de las islas 79 . Su actuación en este campo es relativamente poco conocida –especialmente para los clérigos de menores que han dejado menos huella en la documentación que los ordenados de mayores, ya fueran capitulares o curas beneficiados-, puesto que no existen aún en nuestra historiografía monografías sobre este grupo. Sin embargo, cabe lugar en estas páginas, por entender que no se puede hablar de las parroquias sin mencionar este aspecto, en torno a la vida y costumbres de los eclesiásticos en las distintas localidades donde servían. Estaba todo bien reglamentado en las constituciones sinodales para no dejar ningún aspecto sin tratar y controlar tanto la vestimenta como las formas de vida de los eclesiásticos y sus relaciones con los feligreses, especialmente con las mujeres, dado que reiteraban en la época que el clérigo, como ministro al servicio 79 ALEMÁN RUIZ, Esteban, El clero canario del Antiguo Régimen, visto por sus contemporáneos. La opinión del episcopado, “Vegueta. Anuario de la Facultad de Geografía e Historia”, 4 (1999), Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. 49 de Dios, debía ser un buen ejemplo para sus súbditos, correspondiendo la entereza, la vida y la conversación con su oficio. De este modo, la presencia física del clérigo debía estar acorde a la imagen que en el Antiguo Régimen se tenía de éste al reglamentar los signos que correspondían en apariencia a su dignidad y posición social. Con lo cual, debía llevar “corona” acorde a su orden y la barba redonda y baja sin bigotes. Igualmente, no podía portar armas, aunque sabemos que algunos de ellos habían servido como militares en Indias o Flandes y defendido las islas junto con su obispo en los ataques corsarios 80 . En cuanto a la vestimenta mandaban que llevara bonete y vestidos adecuados como eclesiástico que era, pero prohibían que se abusara del uso de esta vestimenta, ya que el sobrepelliz, contrariamente a lo que sucedía en algunos casos, sólo debía usarse para el servicio de las iglesias y no para vestir diariamente. Igualmente regulaban los juegos o actividades mundanas, ya que no debía jugar o apostar o tener «tablagerías» en su casa. Se requería que fuera templado en la bebida y la comida. Les prohibían ser cabeza de bandos y parcialidades pues debía ser pacífico, o, que solicitara pleitos ajenos, especialmente de mujeres si no los contemplaba la ley. Tampoco podía ir de caza, no podía ser arrendador ni comerciar para comprar y vender, aunque de la documentación notarial seguramente podamos concluir que esta normativa no se cumplía, pese a que la Iglesia lo considerase inadecuado para su oficio: 80 Como ejemplo se citan varios casos de eclesiásticos capitulares que habían tenido ese pasado militar en: AHN. Consejos. Legajo 15199, II, expediente 6. De igual modo, el clero intervino en la defensa de la isla en este periodo cuando sucedió el ataque de Van der Doez en 1599, aunque a lo largo del siglo XVII también tomarían las armas cuando fuera necesario. Cfrs. VIERA Y CLAVIJO, Joseph de, Noticias..., op. cit., tomo II, p. 555. En 1666 hubo un motín en Tenerife dirigido por los clérigos de ésta contra la compañía de vino de los ingleses, teniendo que poner paz el obispo. 50 ..., siendo cosa tan indecente, y de donde se pueden seguir tantos pecados de vsuras y logros, y de malos exemplos, no viendo diferencia del Eclesiastico al seglar, en la demasiada codicia de adquirir hazienda. 81 Finalmente, también regulaban el uso del tabaco, y la relación que estos eclesiásticos establecían con la mujer, adoptando medidas sobre las convivencia con mujeres que no fueran de su familia, sobre las concubinas y herencias, sobre los incestuosos y los hijos ilegítimos y sobre el trato con las monjas y sus conventos 82 . Es difícil precisar el estado real de su aplicación al estamento eclesiástico pues la información disponible es insuficiente para acercarnos a su comprensión, así que un análisis pormenorizado de las distintas fuentes podría acercarnos a los «pastores del almas» y su vida en este periodo. 2. Los pastores de almas: eclesiásticos de parroquias rurales en Gran Canaria Ya hemos perfilado cómo en Canarias existía la jurisdicción real para el nombramiento de beneficiados, sin embargo, eran los obispos o el mismo Cabildo quiénes nombraban curas en las zonas rurales que dependieran de su jurisdicción cubriendo así el servicio pastoral en esas zonas. En estas líneas lo ejemplificaremos con mucho más detalle. 81 Constitvciones Sinodales..., op. cit., Constitvcion nona, fol. 127v. 82 Constitvciones Sinodales..., op. cit., Constitvcion nona, décima y undécima, fols. 124r-132v. 51 En primer lugar, habíamos especificado previamente que los beneficios estaban bajo Patronato Regio y el acceso a éstos debía ser por oposición, tal como sucedía tanto para el clero parroquial como el capitular, aunque a éste último no nos corresponda estudiarlo en este trabajo. Ya el Concilio de Trento había establecido que los beneficios debían concederse a personas adecuadas para ese ministerio: Los beneficios eclesiásticos inferiores, en especial los que tienen cura de almas, se han de conferir á personas dignas, hábiles, y que puedan residir en el lugar del beneficio. Y exercer por sí mismas el cuidado pastoral, según la constitucion de Alejandro III que principia: Quia monnulli, publicada en el concilio de Letran; y otra de Gregorio X en general de Leon, que principia: Licet canon. Las colaciones ó provisiones que no se hagan así, sean absolutamente irritas, y el Ordinario que las haga, sepa que incurre en las penas del decreto del concilio general, que comienza: Graue nimis 83 . En Canarias, siguiendo esta línea, para acceder a uno de estos beneficios, los clérigos debían pasar por diversos requisitos. Uno de ellos era la prioridad de ser pilongos –nacidos y bautizados en esa pila bautismalde la parroquia a la que debían acceder. Esto significa que para acceder a este oficio eclesiástico el opositor debía ser natural de las islas, siendo hijo de legítimo matrimonio y de padres avecindados en la parroquia al menos diez años en el momento del bautizo. Igualmente, como el mismo nombre de beneficio curado indica, debían 83 El sacrosanto y ecuménico concilio de Trento, traducido al idioma castellano por Don Ignacio López de Arala. Agregase el texto original corregido según la edición auténtica de Roma, publicada en 1564. Con privilegio, en Madrid en la Imprenta Real, MDCCLXXXV, pp. 94-95. Biblioteca del Museo Canario. 2ª V-E-198. 52 servir en la administración de los sacramentos y su oficio de cura. Y para ejecutar correctamente su oficio era requisito indispensable que éste residiera en la parroquia personalmente. Puesto que antes que se dividiesen y subdividiesen en las parroquias de las siete islas el rey nombraba a quien más le agradase ejerciendo así su Real Patronato, sin embargo, estos cargos caían en manos de clérigos que residían en la Península y no acudían a ejercer su oficio sino que delegaban en asalariados como servidores y vicarios que las administrasen 84 . Esta situación se daba porque los Reyes Católicos y su nieto Carlos V en función de este derecho nombraban para los curatos a clérigos foráneos, o sea, a castellanos, extranjeros e hijos de recién conversos, con las consecuencias arriba descritas. Así que para corregir estos abusos se desarrollará un fenómeno que podríamos llamar, como lo hace Béthencourt Massieu, de «localismo», arraigado en las Islas Canarias, especialmente en los núcleos rurales, y que identifica la parroquia con este hecho y la diferencia con respecto al resto de Castilla o de la Monarquía hispánica, pese a que en otras cuestiones de pensamiento y de rápida asimilación social de foráneos se mostrara más abierta 85 . El sistema se inició en 1533 con la Real Cédula de 5 diciembre donde se especificaba el derecho de pilonaje y que las oposiciones fueran celebradas en los Cabildos seculares, con participación en los jurados de los seglares o laicos. Esta Real Cédula también va a ser la que dividiese los beneficios de las islas, y en el caso de Gran Canaria ya hemos citado atrás la forma de hacerlo. El sistema de oposición así establecido para la propuesta de la terna de candidatos al Rey, según cita Viera y Clavijo, 84 VIERA Y CLAVIJO, Joseph de, Noticias..., op. cit., tomo II, pp. 636-637. 85 BÉTHENCOURT MASSIEU, Antonio de, Problemas..., art. cit., pp. 10-13. 53 serían verificadas en el citado Cabildo secular de cada isla. Así el Ayuntamiento designaba dos sujetos, otros dos eran elegidos por vecinos prestigiosos, y dos beneficiados, junto con el vicario de la isla o el propio obispo, que presidía la comisión 86 . Este sistema generaba ciertos problemas que atañían especialmente a la formación del clero canario, que no resultaba siempre ser el que mejor cumplía con los requisitos de acceso al beneficio. Así irán surgiendo críticas que para mediados del siglo XVII ha estudiado Béthencourt Massieu 87 . También ocurría los mismo con los beneficios capitulares con lo que en 1599 el Cabildo Catedral justificaba la provisión de prebendas de la Catedral en los naturales de las islas, solicitando a Felipe II que ratificara la medida tomada por el emperador Carlos V, en atención a la pobreza y a la suficiencia de los eclesiásticos de la diócesis 88 . Pese a esta situación, el clero canario constituyó en su configuración un ejemplo de integración social 89 , en una sociedad considerada de frontera –al ser enclave marítimo estratégico en las rutas oceánicas-, puesto que por su origen, jerarquía, motivaciones en su acceso a las órdenes y el desarrollo de sus funciones o actividades cotidianas nos dan el reflejo de una sociedad mixta, que estaba conformada en su seno por distintos grupos étnicos en todas las capas sociales y por lo tanto en el clero. Ésta se componía de población de origen peninsular –castellanos y portugueses fundamentalmente-, pero también estarán 86 Ibidem, p. 21. Béthencourt Massieu lo recoge de: VIERA Y CLAVIJO, Joseph de, Noticias..., op. cit., Tomo II, p. 643. 87 BÉTHENCOURT MASSIEU, Antonio de, Problemas..., art. cit., p. 11. 88 MILLARES TORRES, Agustín, Extractos..., op. cit., Fol. 107r. 89 BRITO GONZÁLEZ, Alexis y ALEMÁN RUIZ, Esteban, La entrada de hijos en el clero como instrumento de la integración social de los extranjeros en Gran Canaria en el siglo XVII, “XIV Coloquio de Historia Canario-Americana. 2000”, Casa de Colón, Ediciones del Cabildo Insular de Gran Canaria. En CD-ROM. 54 presentes los europeos (franceses, genoveses y flamencos en un principio), moriscos, descendientes de aborígenes, de negros y descendientes de judeoconversos, en distinta proporción. En la comarca noroeste de la isla, nos encontramos con uno de los territorios tradicionalmente dedicados al cultivo del azúcar a fines del siglo XV e inicios del siglo XVI, producto de exportación internacional que va a enriquecer y atraer a pobladores de diversa procedencia, como ocurre especialmente en el barranco de Agaete. Aún en esta época va a tener especial importancia este tipo de cultivo, ya que aparece citado en nuestras fuentes, pese a que será sustituido paulatinamente por el del viñedo. Los eclesiásticos de la zona, como los hacendados y comerciantes, denotan en la documentación su procedencia u origen, dado que el clero que servía los curatos de Gáldar, Guía y Agaete comparte con las distintas poblaciones extranjeras asentadas unas mismas características. Como ejemplos de esta sociedad podemos citar el caso de Juan de Figueredo Muxica, al que llamaban “buitrón”, como apelativo referente a su color de piel, dado que su padre era portugués y su madre negra, y que sería el bachiller Moxica que cita un informe que sobre la diócesis se envió al rey a fines del siglo XVI y que se halla en el Archivo General de Simancas, el cual se hallaba sirviendo el beneficio de Gáldar 90 y posteriormente el de Guía. En otros casos, resulta evidente la filiación de algunos apellidos de eclesiásticos con su origen genovés, como el caso de Bernardo Riberol, bachiller que sirvió en este periodo en estas parroquias como beneficiado. Fue la colonia genovesa con Francisco 90 FERNÁNDEZ MARTÍN, Luis, Aspectos económicos..., art. cit., pp. 95-129. 55 Riberol a la cabeza quien introdujo en esa zona los primeros ingenios azucareros de la isla, así que en el siglo XVI la familia se irá integrando dentro de la sociedad isleña 91 . Igualmente, podríamos citar otros muchos casos de clero capitular que tenía procedencia foránea, o bien descendían de aborígenes o de judeoconversos, transgrediendo en estos últimos casos la limpieza de sangre que requería el acceso a esta institución. En esta integración intervino el clero como agente importante aunque no debemos olvidarnos del estatuto de limpieza de sangre que existía para todas las instituciones, siendo elevado el número de los que lo transgredían. Esta situación venía dada porque los motivos para falsificar las genealogías que pasaban ante la Inquisición solían ser los de ordenarse, ingresar en Colegios Mayores en la península para estudiar, opositar a beneficio e ir a Indias 92 . Dentro de su concepción religiosa-educativa, el buen ejemplo que debían dar a sus fieles cristianos es reiterado en toda documentación eclesiástica, como las sinodales y mandatos canarios de la época. Para ello, se requería –ya lo hemos comentadocomo mínimo indispensable que los clérigos estuviesen bien formados, que residiesen en sus beneficios y que fuesen naturales, al menos en el caso de los beneficiados. Sin embargo, también se dan otras situaciones, pues nos podemos encontrar con una realidad muy distinta. Ésta variaba en función de los distintos 91 Se ha realizado un breve estudio local de las parroquias norteñas de la isla que citamos a continuación: RODRÍGUEZ SUÁREZ, Auxiliadora, Aproximación al clero secular en las parroquias del norte de Gran Canaria durante el reinado de Felipe III: Gáldar y Agaete en tiempos de Francisco Martínez de Cenicero, obispo de Canarias, “XIV Coloquio de Historia CanarioAmericana (2000)”, Ediciones del Cabildo de Gran Canaria, Las Palmas, 2002. 92 ANAYA HERNÁNDEZ, Luis Alberto, Judeoconversos e Inquisición en las Islas Canarias (14021605), Cabildo Insular de Gran Canaria, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Las Palmas de Gran Canaria, 1996, 347. 56 grupos que conformaban la heterogénea masa del clero diocesano, especialmente en las condiciones económicas –desiguales según el cargo desempeñado y la localidad donde servíanpero también en aspectos tan relevantes como la formación, ya que en Canarias es destacable –contrariamente a lo expuesto en el Concilio de Trentoel hecho de que no se instituyó un seminario hasta 1777 y que no existía universidad, teniendo que acudir a alguna de la Península los que tuvieran medios para ello. Ya en la misma época se tenía esta visión del estamento eclesiástico, puesto que la literatura se hacía eco de la situación real que podía estar viviendo la población clerical, en ocasiones no muy diferente a la descrita por la literatura picaresca ejemplificada en el Lazarillo de Tormes – salvando las críticas que éste infunde y su fecha de redacción-, convertido en ayuda de misa de un clérigo pobre en cuya casa no había nada de comer 93 . Las constituciones sinodales de D. Cristóbal de la Cámara y Murga de 1629 se hacen eco de una situación no muy diferente, que este prelado no estaba dispuesto a consentir en su pontificado diocesano, al establecer que el clérigo debía tener suficiente congrua para sustentarse. Las citadas sinodales, como ya habíamos comentado, establecían que se tuviera por lo menos 50 doblas de capellanía o beneficio, aunque también admitía que teniendo virtud, inclinación y habilidad para el oficio podría presentar capellanía de 25 a 30 doblas, mas lo restante de verdadero y legítimo patrimonio sin fraude, por no verlos mendigar y pasar pobreza, «...y mas en estas islas; que aunque los mantenimientos no son muy caros, sonlo los vestidos, y otras cosas, con que han de andar bien tratados» 94 . La 93 RICO, Francisco (Edición de), Lazarillo de Tormes, Cátedra, Madrid, 1992, pp. 46-48. 94 Constitvciones Sinodales ..., op. cit., Constitvcion Septima, Capítulo I, fols. 117r-v. 57 situación de los curas rurales era especialmente complicada, ya que en muchas ocasiones ni siquiera el Cabildo Catedral sabía con qué dotarlos para su sustento. El 3 de julio de 1598 se discutía en reunión de dónde debía sacarse lo que se había de dar a los curas del campo y el medio de repartirlo por cuanto hasta ese momento se venía sacando de los hacimientos generales 95 . Igualmente, en 1601 se remite al obispo que con la tercera parte del noveno del curato del Sagrario se podría dotar los curas del campo como se había acordado 96 . De este modo, la pertenencia al clero no garantizaba que esta numerosa población tuviera un alto estatus económico, pero su situación si que permitía la adopción de un estatus social relevante. Para los grupos sociales menos favorecidos en la escala social, se convertía en una forma de ascender a puestos de mayor responsabilidad, a un fuero privilegiado y a un prestigio social que sólo puede tener eco en una sociedad como la barroca donde existían grupos privilegiados según el estamento social al que pertenecieran, como en el caso del clero. La situación del clero de menores y capellanes es también difícil de precisar porque la documentación no permite hacer un estudio pormenorizado pues los avances en las investigaciones aún no aportan datos concluyentes para este periodo en el que inscribimos esta obra. Pero podemos decir, que ya destacaremos en las siguientes páginas, que lo que predomina a ojos de los obispos son las capellanías de corto valor, lo cual empeoraría la atención pastoral a determinadas zonas que cubrían esa función a través únicamente de los 95 MILLARES TORRES, Agustín, Extractos ..., Fol. 106r. 96 Ibidem, 26 de enero de 1601. 64 son una misma cosa, por cuanto ésta es el órgano representativo de aquélla; de esta forma, la fábrica es el organismo encargado de la administración autóctona de los bienes de una iglesia. A finales del siglo V, el Papa Gelasio I fijó una aportación a la fábrica (portio fabricae), consistente en la cuarta parte de las rentas eclesiásticas y de las oblaciones de los fieles y administrada por el obispo. Durante la época visigoda en la Península Ibérica, la contribución a la misma se deducía de los bienes raíces, en la proporción de un tercio que administraba también el obispo, potestativamente desde 630 y preceptivamente desde 693 (Concilio de Toledo XVI, capítulo 5), salvo en las iglesias monacales. Al mismo tiempo, el propio obispo contraía la obligación de reparar las iglesias rurales con un tercio de la tercera parte correspondiente al clero principal, que le había sido asignada en 516 por el Concilio de Tarragona I (capítulo 7) Con el final de la vida comunitaria de los cabildos catedrales y la consiguiente separación de las mesas episcopal y capitular, la administración de los bienes de la fábrica de la iglesia catedral se segregó del obispo y pasó al cabildo, que la encomendó a un «fabriquero», «mayordomo» u «obrero», generalmente canónigo; la de las iglesias parroquiales -que son las que vamos a estudiar para Gran Canariase habían organizado preceptivamente, al parecer en los siglos XII-XIII. Independientemente de los ingresos eventuales (donaciones, legados, mandas, etc.), las principales fuentes fijas de financiación de una parroquia a partir de la Edad Media eran: las rentas decimales, siempre que la parroquia tuviera ese derecho; los tributos; las sepulturas; y los recados de capellanías, aunque para Gran Canaria no aparecen incluidos en los libros de 65 visitas de fábricas, exceptuando el caso de Agüimes que incluiremos más adelante. La parroquia más rica o la fábrica con mayores ingresos era la de la basílica de San Pedro del Vaticano, como Catedral del Papa, cuyos ingresos por limosnas a cambio de favores especiales a los fieles generaron las polémicas que desembocarían en la escisión protestante de Lutero. Desentrañar de estas visitas los distintos conceptos de ingresos resulta enmarañado en algunas ocasiones por la forma de gestión de cada fábrica, diferente según los distintos mayordomos, pese a que las sinodales pretendieran unificar los criterios. De este modo, intentaremos realizar un estudio contrastado entre parroquias, incidiendo en las peculiaridades o localismos que cada una de ellas presente, pues esa va a ser una de las características de las pilas al regirse éstas por la costumbre que impere en cada zona. 1.1. Visitas Las visitas pastorales muestran su versatilidad como fuente en todos los puntos de estudio señalados, pues nos acercan a los aspectos más importantes de la vida cotidiana de los parroquianos y a la organización interna de la parroquia, aunque para Canarias muestra ciertos matices -que iremos aclarando en lo sucesivocon respecto al ámbito peninsular. Uno de los problemas con el que nos encontramos al abordar esta fuente es el de la falta de homogeneidad: por un lado, porque no todas las visitas son registradas por los escribanos y visitadores 66 de la misma manera, y, por otro lado, porque cuestiones de conservación y diferencia de gestión de los mayordomos impiden que nos hallemos ante una fuente debidamente seriada, contrastada en calidad en todas las parroquias; interviniendo también factores como la mayor o menor importancia de la parroquia dentro del orden diocesano, y su mayor o menor riqueza. No obstante, también esta fuente va a sustituir datos hoy perdidos –recordemos el ataque de Pieter Van der Doez en 1598 a la isla que arrasó con parte de la documentación de las instituciones públicas y otras catástrofes tales como el incendio de las Casas Consistoriales en 1842-, o, no consultables por su mal estado de conservación (por la humedad y otros factores) como los que aportan los protocolos notariales en el periodo citado para Telde (de la que tampoco se conservan los libros de visitas o de fábrica para el periodo estudiado), caso también de Agüimes, Gáldar, Guía y Agaete. También para parroquias o lugares como La Vega, que apenas aparecen reflejados en éstos. Tampoco contamos con los libros de recibo y pago, las cuentas propiamente dichas de los mayordomos, ni de misas o capellanías en su conjunto, aunque nuestro estudio en este capítulo está enfocado a la institución parroquial como organismo administrativo. Por lo tanto, los libros de fábrica nos van a permitir abarcar el análisis contrastado de las cuentas por parroquias, en este caso de los ingresos fundamentales para el sostenimiento del culto y del clero y servidores en los distintos oficios que requería la pila. Igualmente, en su conjunto, las visitas aportan una valiosa información sobre la forma de vida de la comunidad, el nivel de riqueza de la parroquia, ingresos y gastos, su dotación patrimonial a través de sus inventarios, la 67 religiosidad de los parroquianos, la normativa eclesiástica vigente y su aplicación práctica en la parroquia, las relaciones sociales en torno a la misma, y, los agentes del poder político y económico representados en muchas ocasiones en las mayordomías, mas la gestión administrativa de la parroquia y de la diócesis, en casos como Teror y La Vega. Las parroquias grancanarias van a ser visitadas de tarde en tarde por sus obispos. Así, por ejemplo, sólo aparecen visitadas por el prelado D. Antonio Corrionero en 1615. No será hasta 1623 cuando hallemos al obispo D. Fray Juan de Guzmán visitando la parroquia de Agüimes, y, hasta 1628 en otra visita realizada por un prelado a las parroquias grancanarias, así aparece registrada ese año la que el obispo D. Cristóbal de la Cámara y Murga realizó a la de Moya 109 . Se nos presenta un problema de seriación debido a que no hay una regularidad en la realización de las visitas, no sólo porque es raro que coincidan en el número de las visitas realizadas en este periodo, sino porque algunas de las parroquias van a ser visitadas los mismos años, dos o tres veces. No parece haber una política diocesana al respecto, pues la frecuencia del número de visitas y la rendición de cuentas ante los provisores u otros representantes del obispo en la ciudad de Canaria se muestran de forma aleatoria. De este modo, habrá una gran diferencia entre unas parroquias y otras, según son visitadas (véase también en el Apéndice el Cuadro XI): 109 En este último caso, hemos alargado el periodo de las visitas estudiadas por hallarse una laguna desde 1619 hasta la siguiente visita que fue realizada en 1628. Esta circunstancia no ha variado significativamente los resultados y conclusiones finales sobre la parroquia, que sigue siendo una de las peor dotadas económicamente. 68 GRÁFICO II 0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 AGAETE ARUCAS LA VEGA MOYA TEROR Frecuencia de número de visitas y rendición de cuentas de parroquias rurales de Gran Canaria 1598-1628 FUENTE: Libros de Visitas de Fábrica. Elaboración propia A raíz de todas estas implicaciones nos planteamos las siguientes preguntas: ¿qué era realmente una visita?, ¿en qué consistía?, ¿cuál era su normativa, su ceremonial?, ¿quiénes estaban implicados? y ¿de qué forma afectaba a la parroquia como entidad jurídica y social y a sus formas de vida?. En líneas generales, una visita debía efectuarse tanto a la iglesia como edificio, como a los aspectos del servicio pastoral, correcta administración de la 69 parroquia y sus bienes y cumplimiento de los mandatos eclesiásticos en esa pila. Debido a que el obispo no podía visitar por sí solo todo el obispado, delegaba en un representante que generalmente se instituía con el oficio de visitador. Por lo general, solían ser eclesiásticos cercanos al obispo o su familia, que gozaban de su confianza para realizar esa función. Las constituciones sinodales del obispado, recogidas para este periodo en las del pontificado de D. Cristóbal de la Cámara y Murga, son la mejor guía para describir una visita y de cómo debía realizarse acorde a la normativa canaria. En líneas generales se encargaban del estado de la iglesia y de sus ornamentos, libros, cuentas de fábricas, administración de los sacramentos, religiosidad de los parroquianos o feligreses, y en algunos casos de la honestidad y vida de sus clérigos. En primer lugar, tras llegar al lugar a visitar se comenzaba generalmente la visita sacramental al templo en la misa mayor que debía oficiar el visitador u otro clérigo en el cual éste hubiera delegado. Si se podía, debía ser día de precepto para que todos los parroquianos escucharan el edicto de los pecados públicos que se leía por éste o por una tercera persona. Así, se aseguraban que estuvieran presentes la mayor parte de parroquianos para evitar que algunos eludieran declarar lo que debían a la iglesia 110 . Tras esto, el visitador y toda la comitiva, entre la que generalmente se hallaban los alcaldes del lugar, curas, mayordomos y sacristanes de las iglesias, realizarían visita, siempre acorde al manual, en procesión cantada con aquél a la cabeza, revisando el estado de conservación del Santísimo Sacramento, la pila bautismal, los santos olios, describiéndonos el 110 Constitvciones sinodales..., op. cit., Constitvcion XLVIII, Capitulo II, F. 277r-v. 70 plano de la iglesia y algunos objetos litúrgicos, y comprobando la decencia y limpieza con que debían estar la iglesia, sacristía, coro, altares, ornamentos, y en algunos casos los cementerios. Esto les permitía supervisar la labor de beneficiados o curas y sacristanes en relación con las cosas de la iglesia, informándose cómo se celebraban en ella los oficios divinos, y dejar ordenado a través de los mandatos todo lo que conviniera. A continuación mandaba al mayordomo y colectores que le llevarán todos los libros tocantes a la visita de la fábrica, bautizados, casados, difuntos, confirmados, capellanes, testamentos, aniversarios. En algunas ocasiones, eran los vecinos los que solicitaban la revisión de los libros, como ocurrió en Gáldar con su beneficiado y mayordomo el licenciado Juan de Figueredo Muxica en 1602 111 . En otras ocasiones, era el propio mayordomo el que acudía a la ciudad de Canaria para dar sus cuentas por diversas causas, como ante un mandato expreso del visitador. Por lo que, en estos casos, pese a que las hemos incluido en este estudio, no podemos considerarlas estrictamente como visitas ya que generalmente se presentaban ante el provisor del Obispado, aunque se rinden cuentas de fábrica. El visitador, también debía informar en su memorial de los clérigos de órdenes mayores y menores con los que contaba la iglesia para su servicio, así como de las personas a cuyo cargo estaban las Ermitas y Cofradías, con sus mayordomos y ermitaños; aunque no siempre nos hallamos con éstos datos, ya que no aparecen registrados en los libros de visitas en su comparecencia ante el visitador, generalmente porque tenían sus propios libros que han de ser 111 APSCG. Libros de Visitas de Fábrica. F. 81r-82v. 71 rastreados y localizados en los distintos archivos eclesiásticos diseminados en el territorio insular o, en su defecto, en el Archivo Histórico Diocesano de Las Palmas. No obstante, la parte más importante de la visita solían ser las cuentas de fábrica que debían hallarse en los libros de visitas o fábrica. El primer paso era aclarar quién era el mayordomo, y si contaba con licencia o nombramiento de este oficio, para así corroborar la legitimidad de su gestión de los bienes de la iglesia. A continuación, vería las cuentas anteriores y las penas si las había, así como los mandatos que se hallaran sin cumplir, pudiendo castigar al mayordomo por no haberlos cumplido si se daba el caso 112 . A todo esto, debían asistir el beneficiado o los clérigos que conocieran las cosas de la iglesia para poder puntualizar lo que fuera necesario, y, sus cuentas se debían publicar en la misa un domingo o día de fiesta por si alguien tenía algo que objetar o notificar algún error en ellas 113 . Finalmente, para las cuentas el sistema empleado era el de partidas en las que se hacía constar a un margen el concepto de cargo (ingreso potencial) o descargo (gasto o descargo por no haber ingresado algún concepto que se debía) y al otro la cantidad correspondiente, generalmente en maravedíes o reales, especificando en la parte central del texto el concepto, años a los que correspondía, personas implicadas y demás características a tener en consideración. Se debían de pasar al mayordomo por papeles y cartas de pago o finiquitos, con el inventario de la hacienda de lo que 112 Constitvciones sinodales..., op. cit., Constitvcion XLVIII, Capítulo III, fols. 278v-279r. 113 En La Vega se da tiempo de 4 días para que los vecinos, o a través de dos o tres personas de confianza, vieran las cuentas y declararan ante el cura si había algun error o falta en las cuentas. APSB. Libros de Visitas de Fábrica, fol. 124v. 72 pertenecía a la fábrica, tanto en conceptos como diezmos, tributos, mandas o limosnas, entierros o sepulturas y testamentos, y los demás derechos que tocaran a la iglesia 114 . Todo este ceremonial constituía un acontecimiento social en la localidad al convertirse en un acto solemne e incluso ritual, no sólo meramente administrativo sino también político y cultural, que giraba en torno a la figura central del visitador respaldado por su comitiva, entre la que hallamos a sacerdotes, notarios apostólicos o públicos, criados, “familiares” –generalmente cuando se trataba de la visita de un obispo-, que residían por un tiempo variable en el lugar y generaban gastos que en parte cubrían los derechos cobrados al mayordomo de la fábrica en las visitas. 1.2. Visitadores Todo obispo estaba obligado a visitar periódicamente, de forma personal o por medio de su representante, todas las parroquias de su diócesis que estuvieran sometidas bajo su jurisdicción, para comprobar su estado material y espiritual. Esta obligación rara vez se cumplía personalmente en este periodo puesto que en el caso de Canarias se constata, por un lado, el grave absentismo episcopal, y por otro lado, la delegación de esta función en los visitadores. 114 Constitvciones Sinodales..., op. cit., Constitvcion XLVIII, Capítulo III, fol.279v. 73 Los visitadores de las parroquias grancanarias solían pertenecer al alto clero, formando parte de los prebendados o dignidades de la Catedral. De este modo, no sin previo juramento ante el obispo o su provisor de que realizaría su función sin otros fines y fielmente 115 , recibían poderes especiales del prelado, para que en su nombre realizaran la visita. Este oficio era ejercido en el siglo IV y posteriores por el Archidiácono, como persona escogida por el Obispo para ejercer la jurisdicción en una parcela de la diócesis, confluyendo en el cargo de Arcediano en época posterior aunque, como ocurría para Fuerteventura en el siglo XVI 116 , raramente coincidía con esta figura en el caso de la isla de Gran Canaria en el periodo estudiado. Solamente en un caso se dio esta coincidencia, hacia 1614 con las visitas que realizó a la comarca noroeste (en este caso, Guía, Gáldar y Agaete) el Sr. Dr. D. Pedro Espino de Brito. Acumulaba en sede vacante los cargos más importantes de la alta jerarquía eclesiástica de la Diócesis Canariense-Rubicense. Sumado a su cargo de Arcediano de Canaria aparece también como Gobernador, Provisor en sede vacante, Juez Oficial, Vicario general, Visitador y ordinario y consultor del Santo Oficio 117 . Generalmente, gozaban de la confianza del obispo para realizar esta función; podían formar parte de la familia del prelado como sucedía con el licenciado D. Martín García de Ceniceros, que era sobrino de D. Francisco Martínez de Ceniceros y que en este periodo visita la isla en los lugares de Teror, La Vega y Moya, o, bien ocupar altos cargos en la jerarquía diocesana 115 Constitvciones Sinodales..., op. cit., Constitvcion XLVIII, Capítulo I, fol. 277. 116 Como sucede en Fuerteventura en el siglo XVI. LAVANDERA LÓPEZ, José, Aspectos litúrgicos, administrativos y disciplinares de la Iglesia de Fuerteventura. Siglo XVI, “I Jornadas de Historia de Fuerteventura y Lanzarote. Tomo I. Historia y Geografía. Homenaje a Francisco Navarro Artiles”, Cabildo Insular de Fuerteventura, Puerto del Rosario, 1987, pp. 295-313. 117 APSMG. Libros de Visitas de Fábrica, fol. 58v. APSCG. Libros de Visitas de Fábrica, fol. 27r. APNSCA. Libros de Visitas de Fábrica, fol. 191v. 80 disciplinar contra éstos para que estos curas no pudieran llevar ningún interés y para que los vecinos enviaran cabalgaduras «por ser trabajosos los caminos» 129 . Las Constituciones Sinodales se hacen eco aún en 1629 de esta situación que permanecería bastante tiempo al ser el territorio bajo jurisdicción de las parroquias grancanarias bastante extenso, pero iba contra norma el cobro de determinados oficios: Porque la codicia suele ser tanta en algunos Eclesiasticos, que algunos se han atreuido à vender la administracion de los Sacramentos, y dispensasion dellos. 130 Así mandaban que ningún beneficiado, cura o sacerdote hiciera pacto, ni venta de ningún tipo de dinero, y que no la demandara si no era porque era ofrecida para ejercer los oficios, siendo penado como simoniaco, suspendiéndole de oficio por un año y pagando la cantidad de 10 ducados para el juez y denunciador, declarándolo como corruptela especialmente en los casos como el Bautismo –al haber alto riesgo de mortalidad infantily la Extremaunción 131 . Situación similar parecía ocurrir en La Vega pues hacia 1608 registra un mandato parecido al de Gáldar: el cura debía apuntar e informar ante su sacristán y remitir a los provisores de los que no iban a misa en las fiestas de guardar y de 129 APSCG. Libros de Visitas de Fábrica, fol. 33v. 130 Constitvciones Sinodales..., op. cit., Constitvcion XXXV. Capítulo II, fol. 243r. 131 Ibidem, Constitvcion XXXV, Capítulo II, fol. 243v. 81 los que trabajaban y quebrantaban las fiestas 132 . Sin embargo, en lo que respecta al cumplimiento de estos preceptos, en otras localidades como La Vega, los vecinos no acudían a misa por no tener notificación de ella, ya que la campana grande que se tañía para la misa estaba rajada y los vecinos vivían muy alejados y distantes entre sí. Por esa razón se les amonestaba para que se celebrara reunión después de oír la misa a que colaboraran en la obra de un campanario con su campana nueva 133 . La misma manda, aparece igualmente en la misma fecha en la parroquia de Gáldar, donde además de acabar el campanario se mandaba hacer una cadena de hierro para las campanas «interizas», penando con la excomunión mayor a quien las quitara. Sin embargo, en este caso no eran los feligreses los que debían pagar la campana sino que se estipulaba que debía ser hecha con el dinero de los alcances impuestos a los mayordomos que habían dado cuenta en 1608 134 . La misa era una de las devociones colectivas más importantes de la Contrarreforma, los momentos más culminantes seguían siendo el alzar el pan y el vino, añadiéndosele la recepción de la comunión. Estos actos serán cada vez más frecuentes y devotos, acorde con el ceremonial que alcanza en la época barroca la liturgia católica. Pues además de la asistencia a misa, el fiel católico tenía la obligación de confesar y comulgar una vez al año, a ser posible por Pascua Florida. Así en parroquias como Moya se ordenaba que el cura en la primera semana de Cuaresma elaborase un padrón y copia de las personas que siendo 132 APSB. Libros de Visitas de Fábrica, fol. 152v. 133 APSB. Libros de Visitas de Fábrica, fol. 152r. 134 APSCG. Libros de Visitas de Fábrica, fol.26r. 82 sus feligreses confesaban y comulgaban, para ver cuáles habían cumplido con la Iglesia y los que no lo habían hecho 135 . En el mundo católico, interesaba especialmente la asistencia obligatoria a este acto, pues siguiendo la normativa y las posiciones doctrinales de Trento, la Iglesia católica reaccionó contra el protestantismo revalorizando ciertas formas de piedad colectiva 136 . Los ejemplos arriba expuestos, son una clara muestra de la preocupación de la Iglesia grancanaria en esta época. Conforme avanzó el siglo en el contexto de esta sociedad se fue haciendo hincapié en cierta participación comunitaria y en el seguimiento de las oraciones que por todos pronunciaba el sacerdote. También, se caerá en la cuenta de adecuar los templos e iglesias por medio de una serie de obras y arreglos, por ejemplo acercar más el altar al pueblo, para hacer más vivo y comunitario el sacrificio eucarístico. Las visitas parroquiales hacían hincapié y regulaban la distribución de la estructura del templo y ordenaban realizar obras que debían responder a estas premisas impuestas a raíz de Trento en el seno de la Iglesia pues se debía velar por el correcto servicio religioso. Así el sacramento de la Eucaristía alcanzó una colosal importancia, pues –según Verdoyla presencia real de Jesucristo en el sacramento del altar recibió un impulso extraordinario, ya que el Santísimo se trasladó desde la capilla gótica del sacramento, situada en la pared lateral del coro, al centro de la Iglesia, al altar donde se levantaba generalmente el tabernáculo 137 . En muchas de las parroquias grancanarias los obispos o sus visitadores, ordenaron que se hicieran obras o 135 APNSCM. Libros de Visitas de Fábrica, fol. 28v. 136 VERDOY, Alfredo, Síntesis de Historia de la Iglesia. Baja Edad Media. Reforma y Contrarreforma (1303-1648), Universidad Pontificia Comillas, Madrid, 1994, pp. 284-287. 137 Ibidem, p. 286. 83 nuevos sagrarios para tener en buen estado el Santísimo Sacramento. Sin embargo, y pese a lo que se pudiera pensar de la época de la Contrarreforma, las supersticiones en torno a la liturgia no dejaron de practicarse dado que se trasladaron a este nuevo escenario. Pese a que los decretos de la Reforma Católica pretendieran que los ordinarios cuidaran que el Sacrificio de la misa se celebrara con el cuidado y veneración debidos por parte del clérigo, había casos en los que eran los parroquianos los que incurrían en actos contrarios a la norma, ya bien por ignorancia o por superstición. Era obligación de aquellos el prohibir y hacer desaparecer cualquier acto originado por la avaricia, que estaba al servicio de los ídolos –como vimos ejemplificado en páginas precedentesy hacer desaparecer la irreverencia que apenas se distinguía de la impiedad o la superstición, según especifica Josué Fonseca Montes al que citaremos más adelante. Del fiel católico se esperaba que cumpliera con el mayor escrúpulo posible una serie de preceptos, perfectamente delimitados y especificados en estos mandatos: la asistencia a la misa dominical, confesión y comunión pascuales y, en general, práctica asidua y correcta de los sacramentos, conocimientos suficiente de la doctrina cristiana y misterios de la fe, entre otras cuestiones 138 . Un ejemplo de ello lo tenemos en la parroquia de Gáldar, donde Melchor de Quintana , de diecinueve años, hijo del sacristán de la citada parroquia, que para entonces era Juan de Quintana, colocó debajo del ara de la iglesia, durante la misa del domingo, una 138 FONSECA MONTES, Josué, El clero en Cantabria en la Edad Moderna: un estudio sobre la implantación de la Contrarreforma en el norte de España, Universidad de Cantabria, Santander, 1996, p.25. 84 bolsa con un lienzo blanco doblado que le pidió D. Diego Sarmiento de Ayala que la pusiera allí. El joven –argumentó quehabía pensado que eran reliquias pero al final resultó ser un bazo de potro para hacer hechicería 139 . Esta situación no sería ajena a otros lugares puesto que en este mundo rural era difícil que se enraizaran las devociones y obligaciones cristianas 140 . En la misma parroquia de Gáldar se había dejado mandato en la visita de 1614 que realizó el Dr. D. Pedro Espino de Brito de que se hiciera un sagrario y se pusiera en el altar el Santísimo Sacramento para que estuviera con mayor decencia 141 , cumpliendo así una de las normas tridentinas. En algunos casos se especificaban hasta las medidas que debían tener, como en 1615 hizo el obispo D. Antonio Corrionero que manda en Agaete que se hiciera un sagrario nuevo sobredorado donde se pusiera el Santísimo Sacramento de ¾ de alto y media vara de ancho, donde estuviera así con mayor decencia 142 . Sin embargo, en la mayoría de los casos no se cumplía con estos mandatos, ya que tres años después seguía sin hacerse el tabernáculo: «...y porque ha sido remiso en hacer eso en habiéndose sido mandado por otras visitas mandamos que lo cumpla y ejecute dentro de seis meses, pena de seis ducados aplicados para la fábrica» 143 . Sin embargo, la falta de regularidad en las visitas era propicia para que el cumplimiento de este tipo de mandatos se llevaran a cabo tardíamente o se 139 AMC. Inquisición, CXXV-22, fols. 1r-2v. El lunes, 11 de septiembre de 1606 habiéndose leído el edicto el día anterior compareció por la mañana el citado Melchor de Quintana ante el señor inquisidor que se hallaba de visita en Gáldar y Agaete y denunció el caso. 140 Según cita Verdoy de Delumeau sobre el tema de la confesión en DELUMEAU, J., La confesión y el perdón, Alianza Universidad, Madrid, 1992. Cfrs. VERDOY, Alfredo, Síntesis...op. cit., p. 286. 141 APSCG. Libros de Visitas de Fábrica, fol. 33r. Dictado en Guía a 24 de abril de 1614. 142 APNSCA. Libros de Visitas de Fábrica, fol. 199r. 143 APNSCA. Libros de Visitas de Fábrica, fol. 219v. 85 dilataran por cierto tiempo, además de las propias dificultades económicas para acometer las dichas obras. Estas no eran las únicas obras que se debían realizar, en la parroquia de La Vega también el tejado necesitaba ser reparado y trastejado 144 . También en la parroquia de Gáldar había otras obras pendientes, así en 1606 aparece en los protocolos notariales de la comarca noroeste el contrato para la realización de la obra del campanario entre Luis de Morales, vecino de la ciudad de Canaria, y Miguel de Trexo Aguilar como mayordomo de la iglesia de Santiago de los Caballeros de Gáldar, a precio de 66 ducados y medio de a 11 reales cada uno 145 . Pero en 1614 la sacristía se hallaba aún sin encalar y el campanario sin reparar, pese a que se contaba con medios para ello, pues se había comprado la cal. En 1619 aún se hallaban sin acabar la sacristía y de aderezar el tejado de la iglesia. Y en 1621, se hallaba la sacristía sin arreglar, provocando problemas en la conservación de los ornamentos ya que al estar el campanario sobre la sacristía y tañer las campanas se estropeaba el techo y llovía y caía tierra sobre aquellos 146 . Lo mismo sucedía con la alacena de la pila bautismal donde debían ponerse los santos olios y los vivos 147 , pues aún estaba sin terminar. 144 Ibidem, fol. 152v. 145 AHPLP. Protocolos notariales. Leg. 2342, fols 93v-94v: Se comprometía a hacerlo del alto que demandaran las campanas, labrándolo y edificándolo sobre la pared de la sacristía de la dicha iglesia a la esquina de la capilla mayor que ya estaba hecha... El pago sería un tercio al contado, otro tercio cuando se fuera asentando la obra y el tercio restante acabada la obra. Para el primer tercio se le había de dar un cahíz de trigo a cuenta. 146 APSCG. Libros de Visitas de Fábrica, fol. 67r. 147 APSCG. Libros de Visitas de Fábrica, fols. 57r-v. 86 Sin embargo, no van a ser las únicas parroquias que por entonces se hallaban en obras. A inicios del siglo XVII la mayor parte de las iglesias de la isla estaban en reparación o ampliación, y los motivos que se aducían para ello era el crecimiento de los pueblos o la ruina de los edificios, pero la reiteración de algunos mandatos deja ver claramente su incumplimiento por parte de los curas y mayordomos, muchas veces por la falta de medios para acometerlas. Por eso los visitadores tomaban medidas para que los mayordomos por su cargo llevaran a cabo lo mandado 148 . En algunos casos, no era sólo el visitador interesado en mandar sobre las obras de las iglesias sino que los mismos vecinos pedían licencia para hacerlas, ya que las iglesias tenían que ser reedificadas. Esto es lo que sucede en la parroquia de Santa María de Guía en 1602 donde a la ruina del edificio, que también estaba apuntalado, se unía el hecho de que el pueblo había crecido y la mitad de la gente estaba en la calle para oír los oficios, además del hecho de que la iglesia vieja estaba a punto de caerse. En estos casos, surgirán otras cuentas aparte de las de fábrica para realizar las obras, e igualmente se nombran mayordomos para administrar las mandas y promesas que los vecinos habían comenzado a hacer para este fin. De este modo, serían dos vecinos del lugar los encargados de la administración de los ingresos por obras para la parroquia de Nuestra Señora de Guía, y ya en 1602 serían nombrados Nicolao de Franquis 149 , como mayordomo principal, y Alonso Gómez Castrillo como su compañero y coadjutor o superintendente en la fabricación 150 . Para tal fin, se había comprado la casa y solar de Marcos de la Peña, ya que los vecinos había 148 APSMG. Libros de Visitas de Fábrica, fol.24r. 149 También aparece en la documentación notarial como Nicolaio, Nicoloso o Nicolau o Niculau. 150 APSMG. Libros de Visitas de Fábrica, fols. 24v-25v. 87 considerado que era la más conveniente para ampliar tanto la iglesia como su capilla. Pero como no podían dejarse de hacer los oficios, se mantendría la vieja iglesia hasta que no se hubieran alzado las paredes de la capilla mayor, ya que para derribarla debían tener la licencia expresa del obispo o del visitador que actuaba como su representante. En San Juan Bautista de Arucas la capilla mayor estaba aún sin ladrillar en 1608 por lo que el visitador mandaba al mayordomo a realizar esta obra siempre que hubiera dinero 151 . Lo mismo sucedía en Agüimes, pues se estaba construyendo la torre y encalando y ladrillando dado que el pueblo había aumentado 152 . Sin esta licencia del prelado ordinario se penaba con excomunión mayor y 30.000 maravedíes 153 , que algunos reedificaran iglesia, monasterio o ermita, aunque algunos de hecho incumplían esta normativa según las sinodales de D. Cristóbal de la Cámara y Murga. Por ello los obispos mandan a los curas, beneficiados y mayordomos de las iglesias les dieran con tiempo aviso a ellos, o a sus provisores y visitadores del reparo que fuera necesario para así impedir la posible ruina del edificio o que les informaran de las iglesias que estuvieren caídas o necesitaran, como ocurre en los ejemplos arriba mencionados, ser ampliadas; para lo cual se penaba por su incumplimiento con 6.000 maravedíes. De igual modo, ésta era una de las obligaciones de los visitadores que debía informarse del estado de las iglesias y de tomar cuentas del dinero gastado en ellas 154 , como de hecho así lo hacían añadiéndose en los libros de fábrica las visitas de los ingresos y gastos por obras. Así sucedía en Teror en 151 APSJBA. Libros de Visitas de Fábrica, fol.136r. 152 APSSA. Libros de Visitas de Fábrica, fol. 343r. 153 Las sinodales penan con esta cantidad al que lo incumpliere: 2/3 de esta cantidad serían para la iglesia parroquial y 1/3 para el denunciador y pobres. Cfrs. Constitvciones Sinodales..., op. cit., Constitvcion XXVIII, Capítulo I, fol. 221v. 154 Constitvciones Sinodales..., op. cit., Constitvcion XXVIII, Capítulo I, fols. 221v-222r. 88 1606, en Arucas en 1619, al igual que en Guía por la misma fecha. En Moya la urgencia del arreglo de la iglesia era tal que se temía que se cayera 155 . Todo esto estaría a cargo de los mayordomos y de los curas que atendían cada parroquia, como veremos más adelante, ya que entraba dentro de sus funciones el velar por los intereses de la fábrica y sus posibles necesidades, pues este control de gestión era necesario para que pudiera llevarse el servicio pastoral a estas zonas. 2. Servidores de la parroquia El personal que atendía una parroquia no sólo estaba conformado por los clérigos sino que también había otros personajes que de alguna manera contribuían al funcionamiento de la citada institución. Incluso existían divergencias entre parroquias, pues no todas ellas contaban con un personal amplio que atendiera las necesidades de la misma, debido fundamentalmente a que no todas las fábricas podían sostener, además de a los mayordomos, a otros servidores como los sacristanes, organistas y demás personal que se encargaba de realizar trabajos menores, sin cuyo conocimiento sería difícil entender el funcionamiento de una parroquia. 2.1. Mayordomos Los mayordomos eran los que se encargaban de la hacienda eclesiástica, por lo que en cada iglesia debía haber un mayordomo de fábrica que velara por la 155 APNSCM. Libros de Visitas de Fábrica, fol. 38v. 89 administración del templo y su servicio. Solían ser nombrados por los visitadores, aunque en algún caso nos encontramos que debido a la falta de visitas, que se realizaban de tarde en tarde a algunas parroquias, los propios vecinos en cabildo nombraban nuevo mayordomo entre ellos, como ocurrió en La Vega. La situación lo requería, ya que la iglesia no podía estar sin mayordomo que la gestionase y el anterior, el capitán Alodio Peres, había pedido ser eximido de este oficio por causa de su enfermedad. De esta forma, en 16 de enero de 1611, el Licenciado Cervantes, cura de la parroquia, otros vecinos, Alonso Matías, Martín Monzón, Juan Gonsales y todos los demás vecinos se juntaron en la iglesia parroquial y nombraron nuevo mayordomo a Jacome de la Nuez, vecino del lugar, que lo aceptó firmando el documento 156 . Sin embargo este derecho pertenecía al obispo, y la realidad era que lo habitual fuera que el visitador o el obispo -si coincidiera con su visita pastorallo nombrara. Ningún mayordomo podía actuar sin este título emitido por éste o por su representante, para ello la pena era bastante dura, penando, a todo aquel que ejerciere este oficio sin licencia, con quitarle el salario correspondiente y siendo castigado conforme al derecho, ya que este cargo incluía ciertas preeminencias sociales y le permitía acceder al control de las rentas e ingresos eclesiásticos de su jurisdicción. El caso es que como salario las citadas constituciones no especifican nada al respecto sino que la cantidad fuera competente y fuera señalada en el título que había de recibir del visitador, sin el cual no podría hacer negocios en nombre de la iglesia. Aunque podemos encontrar casos en los que sí aparecen especificadas ciertas cantidades para los mayordomos en los descargos y no en los nombramientos estudiados en los libros 156 APSB. Libros de Visitas de Fábrica, fols. 153v-154r. 96 atendían, sin cuya labor sería difícil realizar los oficios religiosos. En este caso, la figura más importante sería el sacristán, que debía ayudar a los beneficiados y curas haciendo los «oficios de viuos y difuntos» que estos no podían realizar. Según las sinodales de D. Cristóbal de la Cámara y Murga los sacristanes, tanto mayores como menores, de las distintas parroquias canarias debían ser nombrados por el prelado, o actuar con su licencia 171 , pero no nos consta que este fuera el modo de su nombramiento a través de la información que disponemos. Su función, no sólo consistía en ayudar a los curas y beneficiados en los oficios, sino que también debían ser los que tuvieran en su poder y control todos los ornamentos de las iglesias, la plata y otras cosas que aparecen en los inventarios que se realizaban generalmente en las visitas. Eran ellos a los que debía entregar los bienes, ornamentos y demás cosas de la iglesia el mayordomo 172 . Así, que si se diera el caso que no cuidaran bien de las cosas de la iglesia, aquellos debían pagar por sí mismos o mediante su fiador lo que faltara. De este modo, el sacristán debía acompañar al cura cuando fuese a hacer inventario pudiendo ser penado con 8 reales debidos a la fábrica si lo incumplía, tal como se mandaba en 1619 en Teror. 173 Los requisitos que se requerían para hacer este oficio también están señalados en las citadas constituciones sinodales. Debían ser mayores de quince años, aunque era recomendable que pasará de los veinte años. También debían saber leer y escribir y el canto llano, para que pudieran hacer oficio de sochantre, 171 Constitvciones Sinodales..., op. cit., Constitvcion decimatercia, Capítulo I, fol. 14r. 172 APSMG. Libros de Visitas de Fábrica, fol. 24r. 173 APNSPT, Libros de Visitas de Fábrica, fol. 166v. 97 cantando en el coro para entonar los oficios, salmos, himnos y antífonas, comenzando así las misas; por eso debían ser examinados previamente en todas estas cosas. En ausencia y falta de los beneficiados y curas, debían de enseñar la doctrina a los niños, hijos y criados o esclavos de los parroquianos, y en el caso de la parroquia donde no existiera escuela, debía enseñar a los niños a leer y escribir, pagándoles los padres su trabajo 174 . Esta peculiaridad va a permitir que la formación en Canarias fuera mejor en el Antiguo Régimen que en los inicios de los tiempos contemporáneos, aunque será una educación de baja calidad en opinión de Béthencourt Massieu 175 . Este sistema se estableció junto con los centros institucionales, la escuela catedralicia y los centros conventuales, lugares de paso necesarios para la formación eclesiástica en las islas. Era la labor desarrollada por los curas párrocos, eclesiásticos, sacristanes, y, para las niñas, las «amigas de las niñas», según cita el mismo autor. Así aparecen los sacristanes de La Vega y Teror recibiendo su salario por enseñar la doctrina a los niños. En La Vega, donde el sacristán no recibía salario 176 , sí que percibe en los descargos de fábrica la cantidad de 24 reales por cada año de desempeñar esta función en 1616 y 1617 177 . Igualmente, en Teror, el sacristán percibió en 1607 y 1608 por paga de su salario 47 reales y por enseñar la doctrina unos 22 reales 178 . En las demás parroquias hemos de suponer que era el cura, siempre que éste fuera residente, el que se encargara de esta función y que por ella no debía llevar nada de la fábrica. 174 Constitvciones Sinodales..., op. cit., Constitvcion decimatercia, fol. 143r. 175 BÉTHENCOURT MASSIEU, Antonio de, La enseñanza primaria en Canarias durante el Antiguo Régimen, Universidad Nacional de Educacion a Distancia, centro asociado de Las Palmas de Gran Canaria, Las Palmas de Gran Canaria, 1999, pp. 17-18. 176 APSB. Libros de Visitas de Fábrica, fol. 149v 177 APSB. Libros de Visitas de Fábrica, fols.156r-v. 178 APNSPT. Libros de Visitas de Fábrica, fol. 163v. 98 De este modo, la Iglesia cumplía a través de sus curas y sacristanes letrados, como es aquí el caso, con una de las funciones que desempeñó en el Antiguo Régimen, la enseñanza, no sólo de las primeras letras sino también del catecismo y de las buenas costumbres. Sin embargo, se daría una notoria dificultad en las zonas donde la atención pastoral era insuficiente, afectando a la tarea educativa y doctrinal que debía desempeñar el sacerdote o, en su defecto, el sacristán. Esta tradición entró con fuerza en el momento de la conquista, como refiere el mismo autor, y ya aparece citado en las sinodales de 1497 del obispo Diego de Muros. Con esta función se cumplía, por un lado, con la contraprestación por los diezmos y primicias recibidos de los feligreses, que contribuía sin duda al sostenimiento de la Iglesia, y, por otro lado, con la percepción de un complemento por la labor realizada por los sacristanes, que así recibían otro ingreso para su sustento, como hemos comentado arriba 179 . Sin embargo, el cobro de estos ingresos procede de los gastos en estas parroquias, contrariamente a lo que sucedía en Tenerife en el siglo XVIII donde percibían de los padres campesinos al año una remanente de la «crez pupilar» de los pósitos de 12 fanegas de trigo tanto para maestros como para los sacristanes 180 . De este modo, las sinodales citadas arriba exponen lo que se debía enseñar a los niños en las parroquias: que el cura o lugarteniente tenga en su yglesia consigo otro clérigo o sacristán doto para que enseñe a los hijos de los perrochianos leer, escrevir e contar, e les enseñen buenas costumbres y aparte de los viçios y les instruyan en toda castidad y virtud, e les enseñen los mandamientos y todas la cosas que se contienen en la dicha 179 BÉTHENCOURT MASSIEU, Antonio de, La enseñanza..., op. cit., pp. 13-14. 180 Ibidem, p. 14. 99 tabla y en la cartilla, y se sepan signar e santiguar con el signo de la cruz, e les exorte obediençia e acatamiento a sus padres, e que los clérigos amonesten a sus parrochianos que enbíen sus fijos a la yglesia para que sean yndustriados en todo lo susodicho 181 . También apremian las citadas sinodales de Cristóbal de la Cámara y Murga para que si era posible el sacristán fuera eclesiástico, sacerdote u ordenado in sacris, o si no los había que fueran clérigos de Corona y Grados o casados. En algunos casos, también el sacristán tenía a su cargo el proveer hostias y vino para el misterio de las misas que se decían en las iglesias, como sucede en Guía. En esta parroquia, al asistir de ordinario muchos sacerdotes del monasterio de San Antonio de Gáldar, se enviaba a las tabernas o a los vecinos a buscar esta provisión, ante lo cual el visitador tomó la medida de mandar que el sacristán llevara 2 fanegas de trigo y 4 ducados cada año para que proveyera de su casa y a su costa las hostias y vino que se necesitaran 182 . Hemos de suponer que éstos no eran los únicos parroquianos que intervenían en el servicio de las iglesias parroquiales dado que también hallamos mencionados el trabajo que ofrecían los monaguillos, que aparecerían citados en las parroquias principales para la ayuda en los oficios, coincidiendo con las de mayores ingresos, como la de Gáldar. Así aparece cobrando en 1621 el 181 Ibidem, p. 31. Béthencourt Massieu lo cita del fiscal de la Audiencia, ZUAZNAVAR Y FRANCIA, J. M., Compendio de la Historia de Canarias formado en su principio..., para las escuelas de primeras letras de aquellas Islas. S.C.T., 1863, pp. 76-77. Lo copio con grafía no actualizada de la edición de los sínodos que realiza, CABALLERO MÚJICA, Francisco, Canarias..., op. cit., p. 716, que cita la copia del Archivo Parroquial de San Juan Bautista de Telde, fols. 6r-6v. 182 APSMG. Libros de Visitas de Fábrica, fol. 24v. 100 monaguillo Figueredo unos 40 reales de su salario de un año que se había cumplido por Navidad de 1620 183 . Igualmente, los mozos de coro debían también ayudar en el servicio religioso cantando en latín, así como diciendo versos y «lo demás necesario que allí se ofreciere», además de acompañar al semanero cuando éste saliera a decir misa, entre otros menesteres que establecía la costumbre. No se le debía admitir si no sabía cantar, aunque tanto a monaguillos como mozos estaba obligado a enseñarles a cantar y leer en latín el sochantre de la iglesia, encargado también de controlar su comportamiento y con potestad para castigar sus faltas y «travesuras que hicieren», dado que, como hoy día, solían ser jóvenes y que en el siglo XVII en algunos casos podrían seguir la carrera eclesiástica. Aunque en las parroquias rurales grancanarias no se constate su presencia estaba establecido que fuera uno de los oficios que recibía un salario extraído de la fábrica, estipulado en tres doblas y medio cahíz de centeno para la parroquia de San Salvador de Santa Cruz de La Palma 184 , «porque tiene rica fábrica», según la visión que de ella se nos ofrece en 1629 185 . Otros feligreses participaban de otra manera, como los que barrían la iglesia, aunque a veces era el mismo sacristán el que realizaba esta función 186 ; los que lavaban la ropa blanca de la iglesia; o los que elaboraban el monumento; según fuera costumbre en cada pila, llevándose una parte de los ingresos. Finalmente, también hemos de suponer que para estas funciones o para el servicio doméstico en casa del cura debían existir otros personajes que sirvieran de ayuda en los quehaceres cotidianos o en 183 APSCG. Libros de Visitas de Fábrica, fol. 63r. 184 CABALLERO MÚJICA, Francisco, Documentos..., op. cit., pp. 263-264. 185 Constitvciones Sinodales..., op. cit., fol. 354 r. 186 APSB. Libros de Visitas de Fábrica, fol. 151r-v. El sacristán no percibía sueldo en esta parroquia por lo que se llevaba su salario de hacer otros servicios, como el barrer la iglesia o enseñar la doctrina, aparte de los que ya desempeñaba. 101 las obras de la iglesia. En enero de 1601 se cita para la parroquia de La Vega el gasto de 720 maravedíes en una carreta y un esclavo que dio Manuel Pérez para la dicha iglesia 187 . Es raro hallar este tipo de mención en la cuentas de las parroquias pero no ha de extrañarnos tanto puesto que la Iglesia aceptó la esclavitud desde el mismo momento en que se convirtió en oficial tras el Edicto de Milán 188 . El hecho es que el clero participaba activamente en la trata, tanto en el comercio como en la detentación de su propiedad, así ocurría tanto con los residentes en Canarias como con los que estaban en colonias españolas y portuguesas. Según Manuel Lobo Cabrera, en Canarias, tanto obispos, canónigos, racioneros, chantres, clérigos, curas y frailes reunían en el siglo XVI un alto porcentaje de esclavos representando el 21% de los detentadores por orden socioprofesional, y en el siglo XVII serían el 28%. Sería un fenómeno general en todos los mercados y los empleaban en sus casas como servidores domésticos, se dedicaban en aprovecharse de su trabajo gratuito o arrendándolos a terceros, o, los colocaban como aprendices para cualificarlos en oficios y profesiones que les eran necesarias. De hecho, muchos cautivos adquirieron cierta destreza en la cerería, muy importante para los gastos de una parroquia o de un convento 189 . Por último, cabría ver qué era lo que llevaban estos servidores de las parroquias. Tanto los mayordomos, como los sacristanes y organistas solían cobrar alguna remuneración, ya fuera en dinero o en especie. Estas cantidades, 187 APSB. Libros de Visitas de Fábrica, fol. 124r. 188 LOBO CABRERA, Manuel, El clero y la trata en los siglos XVI y XVII: el ejemplo de Canarias en De la traite a l’esclavage. Tome I, Actes du Colloque International sur la traite des Noirs, Centre de Recherche sur l’Histoire du Monde Atlantique, Société Française d’Histoire d’Outre-Mer, Nantes, 1985, p. 483. 189 Ibidem, pp. 491-495. 102 ínfimas frente a los ingresos de la parroquia, eran percibidas a modo de salario según fuera la costumbre en cada una. Como ejemplo tenemos a Agaete donde el sacristán percibía cada año 104 reales por su oficio 190 . Igualmente, el organista era otra de las piezas fundamentales en la parroquia del barroco donde los actos religiosos van a alcanzar cierta espectacularidad en el culto a través del canto litúrgico. No sabemos cuántos órganos había en cada iglesia, pues sólo nos aparece mencionado para Gáldar a través del salario de su organista 191 , pero era usual en otras iglesias de cierta entidad que hubiera al menos dos de estos instrumentos musicales, como sucedía en la parroquia de San Juan Bautista de Telde y en la Catedral de Las Palmas 192 . Finalmente, en ocasiones, estas fuentes resaltan la presencia de otro servidor de la parroquia en la figura de los alguaciles, encargados de notificar los autos de los visitadores a los mayordomos, párrocos o sacristanes, tocantes a cuestiones de diversa índole, aunque su presencia en esta documentación pasa prácticamente desapercibida. 3. Fuentes de financiación de las fábricas parroquiales 190 APNSCA. Libros de Visitas de Fábrica, fol. 197v. 191 Al organista se le pagaba tanto en moneda como en especie, así en 1608 recibe Francisco Adorno 12 fanegas de trigo y 6 doblas que se pagaron por un año cumplido. Sin embargo, no todos los años cobraban la misma cantidad en fanegas de trigo. APSCG. Libros de Visitas de Fábrica, fol. 19r. En 1607, por tener necesidad el mismo organista había pedido un adelanto de su salario al mayordomo Miguel de Trejo Aguilar, y por ello daba fianza por él Pedro Quintana, vecino de Gáldar, ante notario: AHPLP. Protocolos notariales, 2344, fols. 282r-v. 192 ÁLVAREZ MARTÍNEZ, Rosario, Órganos y organistas de la parroquia de San Juan Bautista de Telde durante el Antiguo Régimen, “Guía Histórico-cultural de Telde”, 12 (2001), p. 40. 103 El acercamiento a la economía de la parroquia hemos de realizarlo a través de las visitas y rendición de cuentas de cada fábrica donde se nos remita a sus diversos ingresos, que van a aparecer desigualmente en cada parroquia. Pero frente a la jurisdicción episcopal que pretendía, al utilizar las visitas como instrumento, un control sobre las fuentes de financiación diocesana también nos encontramos con las costumbres de cada parroquia, lo cual nos acerca al fenómeno del localismo insular y a la gestión de cada una de las pilas de la isla realizada por curas, mayordomos y visitadores. 3.1. Rentas e ingresos En cuanto a los ingresos de las parroquias grancanarias, se ha establecido la clasificación en función de los distintos conceptos de percepción de rentas o ingresos, para así comprender mejor su tipología en cada pila (véase en apéndice tabla X) 193 . No podemos encontrar en esta documentación todos los ingresos totales en efectivos ya que quedan fuera obras pías y misas, pues no constituyen documentación relativa a las fábricas parroquiales. Los ingresos han de tomarse también en algunos casos como potenciales, dado el alto índice de deudas no cobradas que generaba la propia administración parroquial y que aparece reflejada en la fuente como alcances líquidos sin cobrar de las mayordomías. Es decir, que aparecen en los cargos como deudas no cobradas por la fábrica, tanto 193 Para dar las cifras y totales se ha contado como unidad el maravedí, y la conversión de cifras para realizar el cómputo, puesto que no todas las parroquias ni todas las visitas realizadas en éstas utilizan la misma moneda de cuenta. Se ha realizado tomando las monedas en función de la valoración que de cada una de ellas hacen las cuentas: el ducado equivaldría a 528 mrs; la dobla equivaldría a 500 mrs; el real equivaldría tomado por nuevo a unos 48 mrs; finalmente, el tostón equivaldría a 144 mrs. 104 los que se refieren a la resta de los cargos y descargos en las anteriores mayordomías que queda en alcance líquido o deuda a cobrar por el mayordomo que sucediere, como a los corridos de tributos y sepulturas sin cobrar de anteriores gestiones. Le seguirían en importancia, los tributos o censos y el diezmo, seguido de las limosnas que percibía la fábrica por mandas testamentarias como por donaciones hechas en moneda o en especie. Si bien, pueden observarse peculiaridades derivadas de la situación particular de cada parroquia o su tipología, como la diferencia entre beneficios y curatos amovibles, o entre parroquias que diezman y las que no tienen ese derecho de exacción al no ser beneficios curados, y también por cuestiones geográficas, como las parroquias costeras, de medianías y del interior, o cumbres de la isla. Esto significaría que la mayor parte de ingresos proceden de rentas monetarias si atendemos al concepto de deudas, y en menor porcentaje de ingresos en especie. Por otro lado, se han de tener en consideración igualmente factores coyunturales como la propia climatología, los tipos de cultivos establecidos en cada zona y su venta comercial, fuera local o exportable. Puesto que su influencia sobre estas comunidades rurales va a ser de gran relevancia en cuanto a los ingresos, ya que su capacidad de contribuir con los llamados derechos adventicios, pagos de censos y resolución de deudas depende directamente de estos factores. Entre otros, habría que mencionar las recurrentes crisis de subsistencias que afectarían no sólo a la percepción de los diezmos, sino también a los tributos, especialmente los impuestos sobre casas dado que afectaría a su buen estado de conservación, así como a arrendamientos de tierras 105 labradías y de agua, debidas a factores coyunturales como la peste que entre 1601-1604 afectó a localidades tan importantes como Las Palmas, Guía, Telde, Gáldar y otros lugares del interior 194 . Esto sumado al exceso de producción de trigo que abarató los precios en 1601 195 y 1605, las malas cosechas como la de 1602 196 , la langosta de 1607 197 , más la sequía que era un mal endémico en las islas, con dos puntos álgidos en 1603-1604 y 1620, temporales de viento y lluvia ocurridos en 1613 y 1615 que destruyeron casas y cosechas 198 . Es difícil precisar el efecto real que tuvieron todas estas circunstancias ya que no tenemos las cuentas año por año en la mayor parte de parroquias, pero con toda probabilidad incidieron en ellas. De estos ingresos, las deudas constituyen el 45,49% del total recogido para las parroquias estudiadas, pero ha de tomarse como ya hemos apuntado como potenciales en todas las parroquias, demostrando en algunos casos la incidencia de una debilidad estructural en la gestión de las fábricas. El caso de Santiago de los Caballeros de Gáldar resulta sintomático con respecto a esta situación dado que desde fecha anterior a 1599 se hallaban debiendo ciertos corridos de un censo, y, a lo largo de este periodo seguirá diversos pleitos por otros tantos, además de por la imposibilidad de cobrar los anteriores alcances a favor de la 194 ANAYA HERNÁNDEZ, Luis Alberto, La peste de 1601-1606 en las Islas Canarias, “Homenaje al Profesor José Peraza de Ayala, Revista Historia Canaria”, volumen I, tomo XXXVIII, 174 (19841986), La Laguna, Tenerife, pp. 175-201. 195 APNSPT. Libros de Visitas de Fábrica. 1603, fol. 20v. 196 ANAYA HERNÁNDEZ, Luis Alberto, La peste..., art. cit., p. 189. 197 BRITO GONZÁLEZ, Oswaldo, La Langosta en Canarias durante el Antiguo Régimen, “Anuario de Estudios Atlánticos”, 35 (1989), Patronato de la Casa de Colón, Madrid-Las Palmas, pp. 67-72. 198 NÚÑEZ PESTANO, Juan Ramón, La economía agraria en Historia de Canarias, Volumen II, Siglos XVI-XVII, Prensa Ibérica, 1992, pp. 317-332. 112 con el pan y viñas, que se cobraban aunque se hubiera vendido sin madurar. Igualmente, los diezmos de viña se podían cobrar de tres maneras, en uva, mosto o en vino, por lo que las sinodales mandan que en el obispado se guardara la costumbre que en cada zona se tuviera, diezmando el vino o mosto por medida y la uva, tomando de diez cestos uno 210 . En el archipiélago existía la peculiaridad del cobro del diezmo de la sal y orchilla en la isla de Lanzarote que pertenecían a los señores titulares de la isla 211 ; para Gran Canaria no se constata que fueran estos productos recogidos en el terzuelo de fábrica parroquiales. Según la visión que de Gran Canaria tenían en la época la isla debía ser bastante rica en mantenimientos, como relata Fray José de Sosa en su obra en la segunda mitad del siglo XVII, haciendo alarde de la riqueza vegetal y de especies de la isla, que sería diferente según el ecosistema predominante en cada zona; de este modo nos la describe junto con sus riquezas acorde a sus observaciones: (...) Todo lo que corre a la parte de el Norte y desde el sureste al oeste es tierra muy fresca y abundante de mucho provecho en los frutos de pan, vino, carnes y pescado que es el mas gustoso y saludable que se coge en sus riveras (por que es esta ysla quien provee maiormente a los barcos en los años esteriles por ser abundante de todo mantenimientos). La parte que cae hacia el sul es tierra muy fragosa y agria por los levantados riscos y trabaxosos lomos que tiene, y esta poco labrada por faltarle vezinos que la rompan. Crianse en sus asperezas cantidades de cabras y 210 Constitvciones Sinodales..., op. cit., Constitvcion XXXII, Capítulos II, III, IV, fols. 230r-234v. 211 BRUQUETAS DE CASTRO, Fernando y TOLEDO BRAVO DE LAGUNA, Luisa, Aproximación al estudio de los diezmos en Lanzarote (1620-1630) en III Reunión Científica. Asociación Española de Historia Moderna (1994). Volumen I: Iglesia y Sociedad en el Antiguo Régimen, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, 1994, p. 427. 113 otros ganados salvajes que abundan la ysla de carne y se embarcan para las otras quando les falta. Tiene divididas muchas montañas de pinales, lentiscales, palmares y otros diversos arboles frondosos. (...) De esta se sacaban grandissimos maderos que eran necessarios para los trapiches, ingenios y artificios en que se molian las cañas de los azucares quando se labraban en dicha ysla, y para otras fabricas de navios y edificios de cassas, y aun hasta los reinos de España embarcan sus maderas maiormente el barbusano y palo blanco, por ser de los mas fuertes que a topado la experiencia para los exes de carretas, carros y demas inveciones de cargas... 212 Sin embargo, en Gran Canaria se presentaba un déficit de cereales a inicios del siglo XVI 213 por su especialización en otro tipo de cultivos como la caña de azúcar, pero cederá paso paulatinamente entre fines del siglo XVI e inicios del siglo XVII al cultivo y exportación de la vid 214 , aunque, pese que en Gran Canaria era importante en zonas como la comarca noroeste de la isla ,Gáldar, Agaete y Guía, especialmente en esta última 215 , será la isla de Tenerife la que más se dedicara a su cultivo 216 . Así en Gáldar, en 1606, aparece Miguel de Trejo Aguilar, vecino de Gáldar y mayordomo de la iglesia, dando a tributo tres suertes de tierra de sequero por 23 doblas de a 500 maravedíes de moneda de Canaria con la obligación de plantar «parral de buenos vidueños» porque la sementera y cañas 212 SOSA, José de (Fray), Topografía de la isla afortunada de Gran Canaria, Introducción, transcripción y notas: Manuela Ronquillo Rubio y Ana Viña Brito, Cabildo Insular de Gran Canaria, Las Palmas de Gran Canaria, 1994, pp. 47-48. 213 LOBO CABRERA, Manuel, El trigo y el abastecimiento de Gran Canaria en el quinientos, “Anuario de Estudios Atlánticos”, 40 (1994), Casa de Colón, Madrid-Las Palmas, 1995, pp. 391441. 214 NÚÑEZ PESTANO, Juan Ramón, La economía..., art. cit., pp. 329-330. 215 Constitvciones Sinodales..., op. cit., fol. 339v. 216 MARTÍNEZ GALINDO, Pedro Miguel, La vid y el vino en Tenerife en la primera mitad del siglo XVI, Instituto de Estudios Canarios, La Laguna, 1998. 114 eran frutos perecederos 217 . Ya en la segunda mitad o fines del siglo XVII se habían decepado los cañaverales, según Sosa por «aver faltado el trato de los estrangeros» y se habían plantado muchas viñas, habiendo también miel de abejas y manteca que era el común sustento de los canarios, junto con los quesos y frutas y sus conservas con las que comerciaban los propios vecinos tanto entre ellos o las demás islas como en el norte de Europa o con las Indias y otras partes 218 . Otra visión nos resume más claramente los recursos de la isla, así lo expresa Andres Bernáldez en sus Memorias del Reinado de los Reyes Católicos: Gran Canaria es luego, que es grande isla y muy virtuosa de muchas aguas e ríos dulces, de muchos cañaverales de azúcar. Es tierra de mucho pan, trigo e cebada e vino e higuerales e muchas palmas de dátiles, e es tierra para muchas plantas. Tiene muchas viñas e muchos conejos. Está diez y ocho leguas adelante de Fuerteventura. 219 Según Manuel Lobo Cabrera, las cañas y vides convivieron en armonía durante gran parte del siglo XVI, unas dedicadas al comercio y otras para dar abasto a la población. Esta situación se daría hasta que sucede la crisis y el relevo de las primeras, que fueron sustituidas por las vides pausadamente 220 . La razón del por qué del cambio de cultivos, en la misma zona de la abundancia de azúcar en la comarca noroeste de la isla, por parte de la administración parroquial, se 217 AHPLP. Protocolos notariales. 2342, fols. 199v-216r. 218 SOSA, José de (Fray), Topografía..., op. cit., pp. 50-51. 219 MORALES PADRÓN, Francisco, Canarias: Crónicas de su Conquista, Excelentísimo Ayuntamiento de Las Palmas y El Museo Canario, Sevilla, 1978. 220 LOBO CABRERA, Manuel, El comercio del vino entre Gran Canaria y las Indias en el siglo XVI, Cabildo Insular de Gran Canaria, Las Palmas de Gran Canaria, 1993, p. 22. 115 podría deber a que su sustitución aportaba mayores ventajas a la fábrica parroquial. Pero en todo caso era el mayordomo quien decidía la política de gestión de las propiedades puestas a tributo. El viñedo además de más productivo era más seguro, pues daba cosechas anuales, exigía menos mano de obra y no dependía tanto de la coyuntura climática. Esto unido al comercio, especialmente después del descubrimiento de América, supuso la ampliación de los terrenos dedicados al cultivos de la vid, que poco a poco fue arrebatando terrenos a la caña de azúcar, a la vez que se ocupaban zonas incultas 221 . Igualmente, en los primeros momentos las zonas de cultivo van a coincidir con las de la caña de azúcar, es decir en las zonas bajas y costeras de Las Palmas, Telde, Arucas, Guía y Gáldar, aunque también en zonas no tan aptas para la caña, como en Teror 222 . Otros de los ingresos ordinarios que percibían las fábricas en moneda eran los arrendamientos de tierras de la iglesia, tanto labradías de la mayor parte de las parroquias como las huertas con higueras de Agaete, que en 1760 eran las mejores propiedades de la citada fábrica parroquial 223 . La importancia de estas últimas nos las refiere Fray José de Sosa, ya que las higueras abundaban en la ciudad Real de Las Palmas dado que se cultivaban en las huertas hortelanas todo el año y «...sus brebas las mexores de el mundo...». Según la edición de Manuela Ronquillo Rubio y Ana Viña Brito las referencias a la importancia de los higos son constantes en los cronistas desde la expedición de Nicoloso da Recco, también en Abreu Galindo, y Gómez Escudero entre otros y se remiten a la prehistoria de las 221 Ibidem, pp. 22-23. 222 Ibidem, p. 26. 223 APNSCA. Libros de Visitas de Fábrica, fol. 145r. Aparece puesto al margen en la visita de 1590. 116 islas 224 . No es de extrañar que entre las propiedades de la iglesia aparezcan mencionadas las higueras, ya que forman parte de lo que conocemos hoy día como cultivos tradicionales en las islas, pues desde época aborigen eran el árbol frutal más importante en la dieta de los antiguos canarios 225 . En moneda, eran percibidos los arrendamientos de suertes de agua como ocurre en Agüimes y Gáldar. Tanto unos arrendamientos como estos otros representaban en las parroquias grancanarias estudiadas el 3,38%. Sin embargo, no hallamos en las fábricas parroquiales grandes propiedades de tierras explotadas de forma directa, si exceptuamos el señorío de Agüimes como gran propiedad eclesiástica, pues sus haciendas demuestran mayor interés por los tributos como fuente de financiación que los arrendamientos o alquileres ya que estos últimos tan sólo representan el 0, 27% del total. Estos últimos impuestos sobre distintas propiedades, fueran cuevas –especialmente en Arucas o Agaeteo casas. Es difícil establecer una tipología puesto que en la mayor parte de los casos la información que se nos aporta es demasiado escueta, y a lo sumo nos refieren el lugar donde se hallan estas propiedades, pero no nos especifican linderos ni medidas exactas en la mayoría de los casos, probablemente porque ya eran conocidos por los parroquianos y, en otros casos, porque se desconocía su propiedad al faltar papeles que lo corroborarán. De ahí la reiteración de que se conserve y se registre bien en los libros esta información. De hecho, estas 224 SOSA, José de (Fray), Topografía..., op. cit., p. 64. 225 MORALES MATEOS, Jacob, Indagando en la dieta vegetal de los antiguos canarios. Los frutos y semillas depositados en el Museo Canario, “Noticias. El Museo Canario”, 2ª época, 6 (tercer cuatrimestre 2002), Las Palmas de Gran Canaria, pp. 34-37. 117 propiedades de las iglesias no rentaban todos los años, y su deterioro o desconocimiento como patrimonio dificulta el que conozcamos sus ingresos por este concepto, aunque podamos citar algunos ejemplos de ellas 226 . A través de la práctica diaria de la función pastoral y la religiosidad de los feligreses, la Iglesia cuenta con otro ingreso importante en los derechos adventicios o todas las actividades derivadas del ejercicio pastoral, aunque en las parroquias grancanarias no contamos mas que con las limosnas recogidas de diversas formas, según especificación, en trigo (1,90%) o en dineros (5,78%). Una parte de estas limosnas estaban exclusivamente destinadas a las obras de las iglesias o templos (4,40%), que en esta época estaban en reconstrucción o ampliación, ya que no sólo aparecen en las cuentas normales de fábrica. Las parroquias como Guía y Gáldar estaban reparándose o bien necesitaban ampliar su espacio debido al crecimiento del pueblo, generando en el caso de parroquias como Guía, Teror y Arucas cuentas aparte de las ordinarias en sus fábricas, como comentamos en su momento. Este ingreso resulta de cierta entidad si tenemos en cuenta su total con respecto a otros ingresos, pues sumarían más de la mitad de los ingresos de la fábrica, especialmente en el caso de Teror pues su fábrica recibió limosna de particulares seglares y clérigos e instituciones como el Cabildo Catedral (33,71%). Así en 30 de mayo de 1608 se acordó, en el Cabildo eclesiástico, tras ver el memorial del cura de Teror que para el caso era el Licenciado Pedro Márques, dar de limosna para ayudar a edificar su iglesia 32 226 RODRÍGUEZ SUÁREZ, Auxiliadora, Aproximación a las haciendas eclesiásticas en Gran Canaria: las parroquias rurales (1598-1621), “Vegueta. Revista de la Facultad de Geografía e Historia” (En prensa) 118 doblas 227 . Igualmente en 1620 estas dádivas coincidían con la bajada a la ciudad de Canaria de la virgen y patrona Nuestra Señora del Pino de Teror, debido a la sequía que afectaba a la isla, que iría acompañada de la imagen de Santa Brígida, patrona de La Vega. Entre otras donaciones de tocas, puños, andas, sayas, jubones, valonas, rosarios, que se habían dado en toda la isla para la imagen 228 ; los señores deán y cabildo habían donado para las necesidades de la iglesia 50 ducados 229 . En esta fecha también la fábrica de La Vega da de cuenta 350 reales que se gastaron en telas para la ocasión, que habían dado el obispo D. Antonio Corrionero y el deán y Cabildo de la Catedral 230 . En cuanto a las aberturas y sepulturas (2,62%) los clérigos seculares se encontraban con el problema de la competencia conventual a la hora de obtener limosnas, mandas y otras dádivas por lo que no resulta un ingreso importante en las fábricas parroquiales grancanarias. Esta situación se perpetuaría durante casi toda la centuria, pues se reitera el obispo don Fray Juan de Guzmán en su visita ad limina que los seculares competían con los regulares por los frutos religiosos y la situación se agravaba aún más porque los primeros no podían subsistir dignamente con las limosnas 231 . Sin embargo, los religiosos afirmaban que no se llevaban nada de lo perteneciente al clero secular, sino que los fieles libremente acudían a sepultar los cadáveres en sus iglesias y hacían los testamentos a su 227 MILLARES TORRES, Agustín, Extractos de actas del Cabildo de Canarias.1515-1791. Joseph de Viera y Clavijo. 228 APNSPT. Libros de Visitas de Fábrica, fol. 167r. Todo ello fue entregado al capitán Juan de Quintana. 229 APNSPT. Libros de Visitas de Fábrica, fol. 167v. 230 APSB. Libros de Visitas de Fábrica, fol. 163r-v. 231 SÁNCHEZ HERRERO, José, La diócesis..., art. cit., pp. 522-523. 119 favor, buscando en sus conventos todo lo necesario para sus almas, porque no les gravaban económicamente 232 . La mayor parte de estas sepulturas se hallaban en el interior de los templos, ya que el entierro en su interior fue un hecho generalizado en la Edad Moderna, pese a que los distintos concilios instaran a que se inhumara en los alrededores de las iglesias 233 . Por otro lado, según Lorenzo Pinar, los mayores atractivos de los entierros en el recinto sacro era la inviolabilidad de las tumbas, un mayor recuerdo a los familiares para que rogasen por el alma, la extensión de la creencia según la cual sólo resucitarían quienes hubiesen recibido una sepultura conveniente, o la idea de que la compañía de Dios podría comprarse mediante un sepulcro en la iglesia, considerando a ésta, la morada más tangible de la Divinidad 234 . Pero también era un signo de distinción social y espiritual, pues el tener un puesto o una sepultura en las capillas mayores de las iglesias era una forma de reconocimiento por parte de toda la comunidad, constituyéndose a veces en un derecho adquirido por toda una familia. Ejemplo de ello lo constituye el caso de Martín Francisco, al que en 1609, siendo vecino de la isla, se le dio una sepultura en la capilla mayor de la iglesia de Nuestra Señora del Pino de Teror: Se le dio una sepultura en la capilla mayor de la iglesia de consentimiento de todos los vecinos por ser hombre que la merece y por haber ayudado con su hacienda a la fabricación de la iglesia y porque ahora le dio y pagó 80 reales en derechos de contado, del que le dio finiquito. La qual 232 Ibidem, p. 523 233 LORENZO PINAR, Francisco Javier, Muerte y ritual en la Edad Moderna: El caso de Zamora (1500-1800), Universidad de Salamanca, Salamanca, 1991, pp. 202-204 234 Ibidem, pp. 202-204. 120 sepultura es para él, sus herederos y sucesores y para que de todo tiempo conste lo puso en el libro de la iglesia... 235 Una de las peculiaridades que hallamos en los ingresos de estas fábricas, va a ser la sal (0,142%), fundamental en la conservación de los alimentos y, especialmente en las pesquerías isleñas. Estos «cocederos» de sal salpicaban todo el litoral insular pero sólo aparecen representados en las fábricas de parroquias costeras como Santiago de los Caballeros de Gáldar y Nuestra Señora de Guía. Su explotación se realizaba mediante arrendamientos a medias, aunque en el caso de Guía se perdieron en 1619 236 . Serían de propiedad realenga y la propiedad útil correspondía al vecindario, de modo que cada vecino podría coger la sal necesaria para su abasto 237 . Igualmente aparece mención de una limosna que tenía por derecho la iglesia de Teror en madera de tea (0,59%) que sería vendida generalmente en Las Palmas o a algunos vecinos y que era fundamental para los ingenios azucareros o cualquier construcción, como la de las obras de las iglesias, que por entonces se hallaban en reparación o edificación y estas limosnas recibidas en dinero representaban el 4,40%. De este modo, nos encontramos con que las iglesias también vendían ciertos bienes como la cal de Teror y Guía y la madera en tablas de Arucas (1,11%) que aparecen con el concepto de otros. Si hacemos caso a Fray José de Sosa la isla tendría abundancia de cal ya que dice que su tierra en mayoría era quebrada «y mucha 235 APNSPT. Libros de Visitas de Fábrica, fol. 160r. 236 APSMG. Libros de Visitas de Fábrica, fol. 76v. 237 MACÍAS HERNÁNDEZ, Antonio, Un artículo vital para la economía canaria. Producción y precios de la sal (c. 1500-1836), “Anuario de Estudios Atlánticos”, 35 (1989), Centro Superior de Investigaciones Científicas, Patronato de la Casa de Colón, pp. 151-215. 121 de cal, por cuia causa no se podría fabricar fácilmente» 238 . Si hemos de atender a lo que apunta este autor esta abundancia de cal en las islas tiene su reflejo en la parroquia de Teror donde nos encontramos que la iglesia poseía seis hornos de cal con 270 cahíces, de los cuales dos hornos, que tenía 90 cahíces, se habían comprado a Sebastián Ruiz, vecino de Arucas, y otros dos se habían hecho durante la mayordomía de Bartolomé Díaz teniendo también 90 cahíces, siendo su gasto en su mayoría realizado en las obras de la iglesia en 1599 239 . Igualmente las partidas recogen particularidades que son pocos significativas a nivel general en los ingresos de cada parroquia como el ganado de las apañadas o ganado salvaje de Agaete (0,014%), y aunque no especifica qué tipo de ganado se cría libre podría tratarse de cabras, como especifica Fray José de Sosa 240 ; por otro lado también aparece como ingreso la redención de un censo en la parroquia de Agüimes con el 0,24%. Ya hemos podido vislumbrar la tipología de los ingresos de las parroquias, pero éstos tenían sus características particulares en cada una de ellas. En el siguiente apartado haremos más hincapié en esas cuestiones, pudiendo distinguir las parroquias por sus ingresos, su naturaleza jurídica y su ubicación geográfica. 4. Parroquia rica o parroquia pobre: factores diferenciales en la isla de Gran Canaria 238 SOSA, José de (Fray), Topografía..., op. cit., p. 47. 239 APNSPT. Libros de Visitas de Fábrica, fol. 110r. 240 Cfrs. con la obra citada atrás en su descripción de la isla de Gran Canaria. 128 GRÁFICA VI 60,158 4,024 32,866 1,893 0,194 0,583 0,145 0,134 0 10 20 30 40 50 60 70 DEUDAS TRIBUTOS DIEZMOS ARRENDAMIENTOS ALQUILERES SEPULTURAS LIMOSNAS SAL Porcentaje de ingresos de la Parroquia de Gáldar FUENTE: Libros de Visitas de Fábrica. Elaboración propia Santa María de Guía se había desgajado de la de Gáldar por Real Provisión de Carlos V, fechada en Monzón en diciembre de 1533, si bien de la lectura de este documento –según Pedro González Sosase deduce que esta situación se da debido a un informe del obispo de las islas, Fray Juan de Salamanca, tres años antes. Se deduce de los documentos del Archivo General de Simancas que la Real Provisión que dio origen al beneficio de Guía no fue un hecho aislado, sino comprendido en un plan general que incluía a otras islas. Según este autor, la parroquia estaría siempre en penuria económica al carecer de fábrica porque cuando se creó, en 1533, no se especificó dicha gracia y esto motivó que la 129 parroquia de Gáldar disfrutara de dos fábricas de renta decimal 244 . Lo cual puede explicar que hallemos tan importante ingreso en la parroquia de Gáldar en detrimento de la parroquia de Santa María de Guía. Esta situación obligaba a muchos vecinos a hacer sus contribuciones para el culto y reedificar el edificio con limosnas, proveyéndola así de los ornamentos necesarios. Si seguimos lo que citan las constituciones sinodales debía ser la parroquia de Santiago de los Caballeros de Gáldar la que, al llevar los diezmos de ésta otra, la proveyera de lo necesario y la reparara, pues estaba instituido en el concilio de Trento en lo concerniente al reparo de las iglesias que las que llevaren los diezmos de otras las debían ayudar, especialmente si éstas eran pobres o eran iglesias con poca fábrica 245 . Sin embargo, aunque desde mediados del siglo XVI, la imagen de la patrona y la propia iglesia van a ser dotadas con tributos de personas piadosas de la localidad o de otras que procedían de Guía pero que vivían en otros lugares, no van a ser suficientes para su sostén. No obstante, con respecto a las otras parroquias de la isla, Guía era una de las mejor situadas a través de sus ingresos de tributos que constituía el 34,10 % del total. Así –cita González Sosaalgunos de los beneficiados gastaron gran parte de su fortuna personal para atender el culto, reponer ornamentos e imágenes, como en época posterior a nuestra periodo de estudio lo haría D. Baltazar José Rodríguez Déniz, que dejó en un 244 Según cita Pedro González Sosa de las notas que en 1793 dejó Escolar y Serrano en su Estadística de las Islas Canarias comentado por Germán Hernández. HERNÁNDEZ, Germán, Compilación y notas de la edición de Estadísticas de las Islas Canarias, de Escolar y Serrano, tomo I, Caja Insular de Ahorros de Gran Canaria, , 1984, p. 279. Véase GONZÁLEZ SOSA, Pedro (Cronista oficial), Contribución para una Historia de Guía de Gran Canaria, Ayuntamiento de Santa María de Guía, 1985, pp. 121-127. 245 Constitvciones Sinodales..., op. cit., Constitvcion XXVIII, Capítulo 2, fol. 222v. 130 Memorándum todo lo que se había gastado en estos menesteres 246 . Los párrocos beneficiados también contribuían al mantenimiento de la iglesia, ya que por este periodo el bachiller Roque Merino venía pagando uno de los tributos de la parroquia que en 1601 corría en seis pagas cumplidas por Navidad sobre las casas que fueron de Martín Çerpa a razón de 250 maravedíes cada año, sumando en 1602 1.500 maravedíes 247 . GRÁFICA VII 25,427 34,107 0,776 6,208 10,491 20,783 0,971 1,232 0 5 10 15 20 25 30 35 DEUDAS TRIBUTOS ALQUILERES SEPULTURAS LIMOSNAS OBRAS SAL OTROS Porcentaje de ingresos de la Parroquia de Guía FUENTE: Libros de Visitas de Fábrica. Elaboración propia No es de extrañar que los tributos representaran el ingreso principal de esta parroquia, los hallamos contabilizados en 16 en este periodo. Resulta difícil desentrañar sobre qué estaban impuestos al carecer de la documentación notarial 246 GÓNZALEZ SOSA, Pedro (cronista oficial), Contribución..., op. cit., p. 128. 247 APSMG. Libros de Visitas de Fábrica, fol. 18v. 131 para todo el periodo de la escribanía de Guía, Gáldar y Agaete para realizar un estudio comparativo y pormenorizado. La mayoría de ellos estaban impuestos sobre casas, aunque en algunos casos la iglesia perdía ingresos debido a que algunas de ellas se hallaban caídas o en estado ruinoso, por lo que se mandó al mayordomo que las reparara. De este modo, en 1602 se manda, que una casa terrera que estaba junto al barranco de la villa que fue de María de León y que se la había anegado el dicho barranco, sea empleada para aprovechar la teja, piedra y madera para reparar otras casas de la iglesia 248 . Pese al panorama arriba expuesto, estas tres parroquias van a constituirse en las más ricas en concepto de ingresos potenciales, coincidiendo con el hecho de que dos de ellas eran beneficios curados y la tercera pertenecía al único señorío eclesiástico de las islas, y que tenían derecho a diezmos. Si bien estas parroquias estaban relativamente bien dotadas, las parroquias de menores ingresos especialmente los curatos como La Vega, Moya y Arucas no estaban tan bien dotadas como demuestran sus inventarios y mandatos sobre objetos de culto. De ellos se puede extraer el hecho de que muchas parroquias estaban mal dotadas de ornamentos adecuados –según se arguye en la épocapor su pobreza y, por lo tanto, según Escribano Garrido la Catedral no les proporcionaría los bienes que les correspondían de las rentas decimales para este fin 249 . 248 APSMG. Libros de Visitas de Fábrica, fol. 24r. 249 ESCRIBANO GARRIDO, Julián, Los jesuitas..., op. cit., p. 216. 132 En estas parroquias restantes, que no eran más que curatos, los ingresos dependían de la mayor o menor religiosidad de sus feligreses, puesto que había parroquias como Nuestra Señora del Pino de Teror que van a ser sostenidas en sus ingresos principales por las limosnas que doten a la fábrica, especialmente por la devoción a la virgen del Pino; por ello hallamos que las citadas dádivas representaban el 33,71% de sus ingresos. GRÁFICA VIII 12,28 17,763 5,99 2,66 33,711 12,147 11,948 3,499 0 5 10 15 20 25 30 35 DEUDAS TRIBUTOS MADERA (TEA) SEPULTURAS LIMOSNAS OBRAS TRIGO OTROS Porcentaje de ingresos de la Parroquia de Teror Fuente: Libros de Visitas de Fábrica. Elaboración propia El caso de la parroquia de Nuestra Señora de la Concepción de Agaete va a ser sintomático, pues pese a ser beneficio, desgajado de su parroquia matriz de Gáldar, y tener derecho a diezmo, que constituía su principal ingreso con un 32,86%, vendrá acarreando la situación de una de las parroquias más pobres en comparación con las restantes de la isla hasta que en el siglo XVIII aparezca 133 mencionada en las sinodales del obispo Dávila Cárdenas como curato amovible por su corto valor 250 . GRÁFICA IX 30,193 13,197 41,206 5,325 0,739 7,871 1,125 0,244 0,094 0 5 10 15 20 25 30 35 40 45 DEUDAS TRIBUTOS DIEZMOS ARRENDAMIENTOS ALQUILERES SEPULTURAS LIMOSNAS GANADO OTROS Porcentaje de ingresos de la Parroquia de Agaete FUENTE: Libros de Visitas de Fábrica. Elaboración propia En la parroquia de San Juan Bautista de Arucas los ingresos se hallaban bastante repartidos, aunque destacan los tributos con el 20, 63% seguidos de las limosnas por obras con 18,63% que se van a ver reflejadas en las visitas por cuentas tomadas a parte de las propiamente de fábrica, ya que también era misión de los visitadores supervisar las obras y tomar cuenta de lo gastado en el edificio, dando aviso al obispo, tanto los visitadores, curas y mayordomos de lo 250 VIERA Y CLAVIJO, Joseph de, Noticias..., op. cit., Tomo II, p. 644. 134 que hiciera falta reparar, engrandecer o reedificar, siendo penada su negligencia con 6.000 maravedíes para la fábrica de la iglesia 251 . GRÁFICA X 10,717 20,636 3,987 1,993 8,853 11,318 18,636 13,495 10,361 0 5 10 15 20 25 DEUDAS TRIBUTOS ARRENDAMIENTOS ALQUILERES SEPULTURAS LIMOSNAS OBRAS TRIGO OTROS Porcentaje de ingresos de la Parroquia de Arucas FUENTE: Libros de Visitas de Fábrica. Elaboración propia En la parroquia de Santa Brígida radicada en La Vega se da una situación bastante anómala, dado que en ella se observa la característica de que las sepulturas constituyen su principal ingreso. Es difícil aventurarse, con la escasa información que los cargos nos ofrecen sobre las sepulturas, a explicar el por qué de esta situación, pero lo cierto es que los entierros en el interior del templo también para esta parroquia resultan ser parte importante de sus ingresos, algo que comparte con la parroquia de Moya. Si exceptuamos este dato, el resto de los ingresos que aparecen reflejados en sus cuentas, se hayan casi equitativamente 251 Constitvciones Sinodales..., op. cit., Constitvcion XXVIII, Capítulo I, fol. 222r. 135 distribuidos entre los tributos, limosnas, deudas y otros ingresos menores, que la convierte en una de las parroquias peor dotadas de toda la isla. De hecho, las sinodales apuntan en 1629 que su iglesia era mediana y –erróneamenteque no tenía ninguna fábrica para sostenerla 252 . GRÁFICA XI 11,836 14,882 52,854 13,61 6,814 0 10 20 30 40 50 60 DEUDAS TRIBUTOS SEPULTURAS LIMOSNAS OTROS Porcentaje de ingresos de la Parroquia de La Vega FUENTE: Libros de Visitas de Fábrica. Elaboración propia La parroquia de Nuestra Señora de Candelaria de Moya era una de las más pobres de la isla y sus ingresos procedían fundamentalmente de los pocos tributos que tenía su fábrica. De hecho, en las visitas se contempla que por su pobreza tuvieron que darse los 30 reales del tributo de la iglesia al cura para sustentarse, con el único cargo de poner la cera, vino y hostias para el servicio del templo 253 . 252 Constitvciones Sinodales..., op. cit., fol. 341r. 253 APNSCM. Libros de Visitas de Fábrica.1628, fol.47v. Así lo manda el obispo D. Cristóbal de la Cámara y Murga en 1628. 136 Igualmente, las limosnas constituyen un ingreso importante en esta parroquia. Serían las limosnas por sepultura, ya que la iglesia a través de la potestad del prelado va a recibir un porcentaje significativo de sus ingresos. Muchos vecinos pretendían tener y abrir sepulturas en la iglesia, pese a que tenían un cementerio fuera del templo, dada la importancia que ésto tenía en aquella época, como ya hemos comentado en el apartado de los ingresos. Así en 1623 se insta a que los que quisieran tener las dichas sepulturas, y por ser la iglesia muy pobre, acudieran al obispo en dos meses para que se les hiciera título de ellas, prohibiendo al cura que enterrara a ninguno que no tuviere su posesión del prelado, para lo cual estipulaba la pena de excomunión mayor y 4 ducados para la iglesia 254 . También advertimos su situación económica paupérrima en la mayor incidencia de descuido en el culto, especialmente en lo que respecta al Santísimo Sacramento pues los visitadores se ven obligados a mandar que los vecinos se obliguen a dar aceite para la lámpara del Santísimo Sacramento hasta la cantidad de 6 arrobas cada año, pues muchos días estaba la dicha lámpara apagada 255 254 APNSCM. Libros de Visitas de Fábrica, fol.42r. 255 Así se manda en 1619 y se vuelve a reiterar en 1623. APNSCM. Libros de Visitas de Fábrica, fols. 38r, 39v. 137 GRÁFICA XII 30,145 35,374 2,677 3,541 15,399 9,057 3,794 0 5 10 15 20 25 30 35 40 DEUDAS TRIBUTOS ARRENDAMIENTOS SEPULTURAS LIMOSNAS TRIGO OTROS Porcentaje de ingresos de la Parroquia de Moya FUENTE: Libros de Visitas de Fábrica. Elaboración propia 144 Camara y Murga, Magistral de tres iglesias, Badajoz, Murcia y la S ta . de Toledo Primada de las Españas, y Obispos de dicho Obispado dirigidas a la Catolica Mag d . del Rey don Felipe IIII nuestro Señor, Monarca y Emperador de las Españas, Madrid, Viuda de Iuan Gonçalez, 1634. El sacrosanto y ecuménico concilio de Trento, traducido al idioma castellano por Don Ignacio López de Arala. Agregase texto original corregido según la edición auténtica de Roma, publicada en 1564. Con privilegio, en Madrid, en la Imprenta Real, MDCCLXXXV. Bibliográficas ALEMÁN RUIZ, Esteban, Críticas al exceso de clero en las Canarias de los Austrias, “Vegueta. 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Francisco de los Cobos 1599 Teror Secular Bachiller Juan Riveros 1600 Moya --- --- 1601 Arucas --- --- 1601 La Vega Secular Pedro de Santesteban 1601 Agüimes Secular Juan Gutierrez de Ávila 1601 Teror --- --- 1602 Guía Secular Bachiller Roque Merino 1602 Agaete Secular Bernardo de Riberol 1602* Gáldar Secular Licenciado Juan de Figueredo Muxica 1603 Guía Secular Bachiller Roque Merino 1603 Teror Secular Juan de Bolaños 1603 Arucas --- --- 1605 Agaete Regular Fray Francisco Domínguez 1606 La Vega Regular Fray Francisco Rodríguez 1606 Guía Secular Licenciado Roque Merino 1606 Teror Secular Licenciado Pedro Márquez 1606 Arucas Secular Thomas de León 1607 Moya Regular Fray Sebastián de Vera Muxica 1607 Agüimes Secular Juan Gutierrez Dávila 1607 Guía Secular Licenciado Roque Merino 1607 Agaete Regular Fray Luis Forte 1608 La Vega Regular Fray Francisco Rodríguez 1608 Moya Regular Fray Luis Forte 1608 Guía Secular Bernardo Riverol 1608 Teror Secular Licenciado Pedro Márquez 1608 Gáldar Secular Bernardo Riberol 1608 Arucas Regular Fray Jacome Agnez Colón 1608 Agaete Regular Fray Hernando Ximénez 1609 Agüimes Secular Juan Gutierrez Dávila 1610 Agaete --- --- 1611 Agüimes Secular Juan Gutierrez Dávila 1613 Moya --- --- 1614 Agüimes Secular Juan Gutierrez Dávila 1614 Guía --- --- 1614 Gáldar Secular Licenciado Marín de Cubas 1614 Arucas --- --- 1614 Agaete Secular Licenciado Francisco Roldán 152 1615 Moya Regular Fray Francisco de la Trinidad 1615 Agüimes Secular Juan Gutierrez de Ávila 1615 Guía --- --- 1615 Teror Secular Bachiller Francisco de Escobar 1615 Gáldar Secular Licenciado Pedro Ortíz 1615 Arucas --- --- TABLA I. CURAS DE PARROQUAS RURALES DE GRAN CANARIA (2) 1615 Agaete Secular Francisco Hernández Roldán 1619 Moya Secular Bartolomé Miralles 1619 Agüimes Secular Juan Gutierrez de Ávila 1619 Guía Secular Licenciado Roque Merino 1619 Teror Secular Licenciado Salvador de Morales 1619 Gáldar Secular Licenciado Pedro Ortíz 1619 Arucas Secular Licenciado Juan Pérez de Ojeda 1619 Agaete --- --- 1620 Teror Secular Licenciao Salvador de Morales 1620 Arucas Secular Licenciado Juan Pérez de Ojeda 1620 Agaete --- --- 1621 La Vega Secular Licenciado Sebastián de Gama Castaño 1621 Agüimes Secular Juan Gutierrez de Ávila 1621 Guía --- --- 1621 Teror Secular Licenciado Salvador de Morales 1621 Gáldar Secular Licenciado Francisco Roldán 1621 Arucas Secular Licenciado Juan Pérez de Ojeda 1621 Agaete --- --- 1623 Moya Regular Fray Juan Martínez 1628 Moya Regular Fray Luis Forte *Aparece en las cuentas de 1608 como el anterior cura y mayordomo de la iglesia hasta 1602 FUENTE: Libros de Visitas de Fábrica. Elaboración propia 153 TABLA II VISITAS DE LA PARROQUIA DE LA VEGA AÑO LUGAR CURAS MAYORDOMOS VISITADORES OTROS CARGOS 1596 La Vega D. Francisco de los Cobos Antonio Albares Dr. Gonzalo Hernández Denis Canónigo Gobernador de las islas y obispados 1601 Canaria Pedro de Santesteban Inasio Rodríguez Ldo. D. Martín García de Ceniceros Chantre Canónigo Provisor Juez oficial Vicario general 1606 La Vega Fray Francisco Rodrígues Cristóbal Suáres Ldo. Nicolás Martínez de Tejada Racionero Visitador general 1608 La Vega Fray Francisco Rodrígues Capitán Alodio Peres Dr. Gaspar Rodríguez del Castillo Provisor Juez oficial Vicario general Visitador deste obispado 1621 La Vega Ldo. Sebastián de Gama Castaño Luis de Vega Sr. Dr. D. Diego Vázquez Botello Tesorero de la Catedral Juez Comisario subdelegado de la Santa Cruzada, Subsidio y Excusado Visitador general FUENTE: APSB. Elaboración propia