La conquista de Tenerife, su transcripción pictórica y posibles fundamentaciones literarias
Abstract
Homenaje a D. José María de Azcaráte y Ristori
Full text
La conquista de Tenerife, su transcripción pictórica y posibles fundamentaciones literarias María de los Reyes HERNÁNDEZ SOCORRO y Santiago de LUXAN MELÉNDEZ Universidad de Las Palmas de Gran Canaria La pintura de historia en Canarias alcanza un cierto desarrollo en la segunda mitad del siglo xix y primeros años de la siguiente centuria, concretada fundamentalmente en la obra dc los pintoresGumersindo Robayna Lazo y Valentín González Méndez. Si consideramos la temá - tica representada por estos artistas, es necesarioresaltar el lugar prin - cipal queadquiere LA CONQUISTA DE TENERIFE. La conquista de Tenerife culminaría un proceso comenzado con el dominio de Lanzarotepor Jean de Bethencourt en 1402, y puede tener, por tanto, un cierto valor simbólico para el regionalismo canario de fi - nesdel siglo xíx —especialmente de Tenerife— que quiso ver en la re - sistenciaguanche a los conquistadores castellanos un papel semejante al ocupado por los tinerfeños en la defensa de la personalidad propia. Sin necesidad de acudir a más ejemplos,anotemos elcomentarioque mereció a M. Osuna y Van Den-Heede la primera batalla de Acentejo: «Nivaria apareció como el baluarte en que se defendía la independencia. ya perdida en las demás islas, de una nación valerosa; y cuando mezclados vencidos y vencedores forman el modernopuebloafortunado. el espíritu patrio de las Canarias se reconcentra en Tenerife, ya para hacerse inter - prete dc las libertades y fuerosregionates concedidos. y defenderlos tren- - te a las mismas prerrogativas de la Corona..,». A ,,a/es ¿h- -lo His reilo <leí Arle, 17 4. 1--buje nsj e al Pro Dr D José M de A,cá raje, Lid Cern pi Nl sd O d, 1 994
594 Moría de los Reves hernández Socorro y Santiago de 1. nisán Meléndez En la misma línea podríamos citar la interpretación indigenista de Nicolás Estévanez3. El siglo XIX es firme deudor en su conocimiento de los sucesos de la conquista de los cronistas cuyo sustento principal fue la obra delPadre Espinosa, un siglo posterior a los hechos que liarra. Después Del Ori - gen y Mí/agros de la Santa Imagen de Nuestra Senora de Candelaria, tIna pequeña nómina de historiadores-cronistasllenará los siglos xvíí y XVIII: Torriani,Abrcu y Galindo,Nuñez de la Peña, Marín y Cubas, A. del Cas - tillo y Viera y Clavijo’. A estos nombres debe sumarse con personalidad propia el. poeta-cronista Antonio de Viana, cuyaobra Antiguedades de las islas Afortunadas (...) Conquista de 7i=nerifr, publicada por vez pri - mera en Sevilla en l604~. serállamada a tener una enorme influencia pos- - tenor, transmitiéndonos una imagen épica y pastoril de la conquista en la que los primitivos guanches son presentados como caballeros ,yen la que al fina] se produce el hermanamiento entre vencedores y vencidos. reflejado en los amores del capitáncastellano Gonzalo del Castillo y la princesa Dácil. Los historiadores dcl xíx. especialmente lAertheiot, CUí y Millares, mantienen, en lo fundamental. el legado de las crónicas: es en nuestro siglo cuando se produce la revisión documental y el estableci - miento científico dc los hechos, tarea cuyo cololon puede estar repre - sentada por la obra de A. Rumeu de Armas”. Dc este modo, hoy día nos son conocidos de un modo mucho máspreciso los datos quenos trans- - mitieron los cronistas,poetizó Viana. sirvieron a la literatura romantica y finalmentepasaron a los lienzos de los pintores de historia. Antes de la integración de Tenerife a la Corona de Castilla, debemos estar atentos a la acción misional que a lo largo de los tiempossiempre ha precedido a la penetración colonial, y al proceso de concentración do- - minical que concluye con cl sometimiento formal a Diego (iiarcía y He - rrera de Gran Canaria (1461) y de los menceves de Tenerife (1464). ac - tos previos a la intervención de la Corona impetrando el derecho de conquista. Interesa destaear en este período,parafraseando el título del libro de Espinosa, el origen y milagros de la Santa Imagen dc Nuestra Señora dc Candelaria, que apareció en la isla tinerfeña. Las invesliga- - ciones de Hernández Perera y Rumeu de Armas, situarían la llegada de la imagen a mediados del siglo xv, adelantándose un poco en el tiempo a la labor evangelizadora dcl apóstol de Tenerife Fray Alonso de Bola - ños,.1~anto el comienzo de la conquista de Canarias (1402) como la apa - rición de la Virgen,han tenido su traducción en sendas pinturas quepo- - demos considerar de historia. En cuanto al primero de los casos, encontramos una obra firmada por F. Blanch titulada La Conquista de Canarias5 en la que se representa, según puedeleerse en el texto expli - cativo que la acompaña, el momento en que el primer señor de las islas
La conquista <le Tenerife, su transcripción pi<.tórica... 595 Jean de Bethencourt y su fiel Gadifer de Lasallerinden de rodillas pleitohomenaje al rey Enrique III de Castilla. La obra no es de gran interés aunque merece destacarse por la rareza de la imagenque nos brinda. «La aparición de la milagrosa imagen de Nuestra Señora de la Can de- ¿aria Patrona de las islas en la playa de Chirnisay», pintura parietal ubica - da en el Ayuntamiento de La Laguna, —estudiada por Hernández Pere - ray Rodríguez González<—, del pintor del siglo xvííí Carlos Acosta, ilustra de modo palpable esa precedencia de la evangelización a la conquista pro - piamente dicha a la que hacíamos referencia con anterioridad. Efectiva - mente, no puede entenderse el desembarco inicial de Añazo y por su - puesto, no hubiera sido posible la integración de vencedores y vencidos, dc no haber mediado la arribada previa de la imagen de la Candelaria. La aparición de la madre de Dios es temacentral del que se ocuparon todos los cronistas desde el E Espinosa, y desde luego cl poeta Viana. Debemos anotar que el mencey de Gílimar, que figura arrodillado entre los dos pas - tores situados frente a la imagen, siguiendo la tradición iconográfica del milagro, pertenece a los llamados bandos de paz, que aliados al Adelan - tado Alonso Fernández de Lugo, hicieron más fácil la conquista de la is - la. El acuerdo con los castellanos fue alcanzado unos años antes del pri - mer desembarco de Añazo”. Igualmente, es necesariorecordar, la actitud dc los papas protegiendo a los convertidos de la esclavitud, o la política de «Seguro» dc los RRCC para con los mencionados bandos. Desde este punto dc vista, el milagro de la Candelaria que Carlos Acosta sitúa entre otras escenas de la toma de Tenerife, nos colocaría ante dos problemas históricos de primer orden: la importancia de la acción misional que pro - piciaría un pronto acuerdo con los bandos de paz ya impregnados por la evangelización. dc un lado: de otro, como consecuencia de lo anterior, la protección contra la esclavitud, principal botín que compensaría mmc - diatamente los gastos de la conquista’, aquese habían hecho acreedores, independientemente de que el bautismo de los menceyes se sitúe en el tiempo con el final del sometimiento de los guanches2. Siguiendo la estela de Sabino Berthelot, poseedor de una copta, re - alizada en 1834, de uno de los escasos ejemplares del poema de la con - quista del bachiller Viana, en 1854 se produjo todo un acontecimiento editorial en la isla tinerfeña con la segunda edición de la obra del poe - ta cronista3.Como en el caso, un poco posterior, de la obra de Cairas - co de Figueroa en Las Palmas, la recuperación de Viana había tenido su primer acto en la prensa de Tenerife como folletín del «Noticioso de Canarias». Laformación de una conciencia regional no se limitó a Via - na: con anterioridadla Imprenta Isleña había dado a la luz la versión española de Le Canarien (1847), la segunda edición de la historia de Nuñez de la Peña (1847) y las obras del P. Espinosa. Abreu y Galindo y
596 María de los Reyes Hernández Socorre> y Santiago de Luxán Meléndez A. del Castillo (todas ellas en 1848). Diez años después, la edición dc las Noticias... de Viera y Clavijo, completaría este fondo histórico lite - rario del que se nutriría la naciente conciencia regionalMaría Rosa Alonso ha llamado la atención, incluso, sobre el nombre que como fru - to de este sentimiento adopta algún periódico local, como por ejemplo «El Guanehe»s. El interés y la resonancia que alcanzó el poema de Via - na queda demostrado por las cinco ediciones que mereció entre esta fe - cha y los comienzos dcl siglo xx>. Uno de los más interesantes propa - gadores del vianismofue, sin duda, i. DesiréDugour, periodista y escritor de origen francés, quesobre la parte menoshistórica del libro de Antonio de Viana, la relativa a los amores de la princesa Dácil y el capitán Gonzalo del Castillo, compuso un drama en verso —estrenado en noviembre de 1852—, titulado: Tenerift en 1492. El propio autor, en la dedicatoria del mismo, que figura en la edición salida de la Impren - ta Benítez en 1853, expresa su vianismo de modo explícito: «Mucho tiempo há que veía desarrollarse en mi imaginación el grandioso cuadro de la conquista de esta isla; identificáhame con el caracter franco. al parque majestuoso de Beneomo: contemplaba la noble y varonil figura de Tinguaro; veía en las encantadoras páginas de Viana a la hermosa Dácila, flor inculta nacida entre los verdes pensiles de la risueña Orotava; contem - pIaba en fin con entusiasmo a todos estos hombres, hijos de la naturaleza. pero toscos como los bosques de su pais; que tan solo esperaban un soplo dc civilización para hacerse grande como el Echeide que domina su isla». Esta reflexión abierta hacia el extranjero--conquistador de Dugour, auspiciada directamente por Viana, contrasta con la actitud de otros po - etas canarios como Negrín que un poco antes había publicado su finsa - yopoético sobre la Conquista de Tenerife (¡847), o el posteriorde N. Es - tévanez al que aludíamos al principio. Tenerijé en 1492 tiene especial interés para nuestrotrabajo por las im - plicaciones ulteriores que tendrá en la pintura. Dugour elige unapostura distinta ala de otros escritores canarios en relación a la historia de la con - quista, contribuyendo a crear un ambiente en el que el vianismo pueda de - sarrollarse, no sólo en la poesía, en el teatro, en la novela histórica, sino también en el campo de las artes visuales, aunque para la moderna críti - ca historiográfica el drama de Dugour no pasaría el examen. Siguiendo a Viana, Bencomo de Taoro y el Adelantado Fernández de Lugo acabaran entendiéndose, y el pueblo guanche integrándose pacíficamente en la Co - rona dc Castilla. Sin embargo, no deja dc presentarnos una imagen caba - lleresca y justa del principe aborigen que, a pesar de la victoria, está dis- - puesto a tender la mano al enemigo, del que duda por su enorme ambición. El punto de arranque de la obra, es el triunfo del pueblo tinerfeño en la primera batalla de Acentejo, puesto en boca del mensajero Sigoñe:
La conquista de Tenerife, su transcripción pictórica... 597 «Quela invenciblefalange De atrevidos estrangeros Noexisteya. Que los guanches Por Tinguaro acaudillados En el estrecho pasage De Acentejo. sorprendieron Al escuadrón formidable Que aniquilar pretendía Nuestra libertad.Audaces tnvadieron nuestras tierras Y prófugos miserables Huyen ahora «Esto dijo Mi señor Beneomo el Grande»7. En este ambienteapasionado de resurgimiento del mundo guanche. de indigenismo incipiente frente a recuperación integradora, hará su irrupción la pintura de historia. Gurnersinda Robayna Lazo (18291898)’> se incorpora pronto a este debate de asimilacióndel pasado bus - cando la inspiración en los versos de Antonio de Viana. Su interéspor la pintura histórica va másallá de la conquista de Tenerife, puestoque se ocupa de otros temas más cercanos en el tiempo, en los que casi ac - tuaría como cronista. («La proclamación de la Primera República» o «La batalla de Alcolea»), pero sin dudaalguna, la mayor relevancia la adquieren los cuadros referidos al siglo xv. Robayna escogió para sus lienzos, tres momentos del desarrollo de la conquista: El desembarco o fundación de Santa Cruz de Tenerife, Laprimera misa y La batalla de Acentejo. Alonso Fernández de Lugo, después Adelantado de Canarias, es el hombre clave de la conquista de las islas realengas. Recuérdcse su intervención en GranCanaria, su protagonismo en La Palma y, final - mente, su entrada en Tenerife19. Frente a élel personaje histórico fun - damental del pueblo aborigen tinerfeño es Benitoino de Taoro (el Bencomo de Viana), que sin embargo, no es recogido por los pinceles de Robayna>”. Los tres temas elegidos por este pintor forman un ciclo que se correspondería con elprimer intento frustrado de sometimiento de Alonso dc Lugo, entre los primeros días de mayo y la decena inicial de junio de 1494. El desembarco dcl Adelantado y la primera misa cele - brada en Tenerife, son momentos casi simultáneos en el tiempo, mien - tras que la matanza de Acentejo, se produciría a fines dcl mes de ma - yo, una vez que los castellanos abandonando el real de Santa Cruz se dirigieron a Taoro, siendo sorprendidos en el barranco de Acentejo por las huestes guanches, comandadas por Chimenchía y Benitomo. Por tan - to, Robayna que se ha inspiradoclaramente en Viana, se detiene en es - te momento, y en consecuencia, la visión que nos transmite es la más fa - vorable a los aborígenes, que han infringido un fuerte castigo al
598 Maríade los Reyes Hernández Socorro y ,Stati 1 idgO de 1. uxan Melé; de conquistador. Sin embargo, la trascendencia de las dos primeras obras enlaza con la subsiguiente conquista y sometimiento de los naturales. Efectivamente, el desembarco de Lugo portando una cruz en los bra - zos, emplazado en el lugar en queposteriormente surgiría la ciudad de Santa Cruz, está aunando los dos procesos a que el principio aludíamos (evangelización y conquista), y enlazando directamente con la celebra - ción de la primera misa. Cioranescu ha recordado como ese desembar - co con la cruz no tiene correspondencia documental sino que es fruto de la imaginación de los poetas--’). Antonio de Viana pone en boca de Sigoñe: e. llegaron prest<)s a pisar la arena Y el que primero en ella los pies puso sacó una insignia en brazos, mala o buena, con gran exceso, de que estoy confuso; dióme lemor mirarla, más no pena. que antes a cierto gozo me dispuso; dos palos son no más, pero cruzados. y no sin causa de ellos respetados. El cabo del madero más cumplido h icie rc,n en la arena. y lo adora ron; digo adoraron, por lo que be sent ido, que de volos ant e el se arrodillar’) n ( ... Del tema del Desembarco o flíndacián de Sonia Cruz se conocen tres versionesidentificadas, conescasísímas variaciones entre ellas, que afectan al tamaño y algunos cambios en la indumentaria y disposición de los personajes13). Dichas versiones fueron firmadas en 1854, 55 y 6<) respectivamente, teniéndose noticia (le otra obra del autor titulada «De - sembarco» que sería expuesta en los salones de la Junta dc Comercio, hoy en paradero deseonocido2t El teína central de la obra estaría cons - tituidopor el Adelantado Alonso Fernández de Lugo en el momento de plantar la cruz en la playa, rodeadopor sus huestes. como hemos es - crito, tomado directamente de Viana: «Pasó e silencio de la nocheobscura: amaneció la luzdel e la ro día, víspera de la Santa Cruz de Mayo. Celebraron la fiesta los de España, en el puerto de Anago. a quien pusieron desde aquél día eí venturosonombre de Santa Cruz, así por esta causa como porque en el punto desead o que saltaron en tierra. l)on Alonso. el General. sacó una cruz hermosa en los brazos a tierra, por principio de la predicación del Eva ugel i o ¼
La conquista de Tenerifr, su transcripción pictórica... 599 El cuadropresenta otrosfocos de interés. La bahía recortada por la cordillera de Anaga, donde se encuentran fondeadas las embarcaciones que desde Gran Canaria han trasladado al ejército castellano. Asimis - mo, oculto tras unos cardones,podemos observaral capitán Sigofle de Taoro que en el poemallevará a Bencomo el mensaje de la llegada de los extranjeros. El capitán desde La Laguna,vio acercarse a la flota, y por indicación de la princesa Dácil, a quién acompañaba, bajó hasta el puerto para ver de cerca lo que pasaba: «Cuando hoy del sol los rayos sc esparcían, de aquellos montes hacia el mar mirando, grandes bultos vi en él, que parecían pájaros negros por el agua andando: con alas blancastodos se movían, hacia la tierra juntos se acercando; causóme admiración, y a que los viese quiso la infanta que basta el puerto fuese Vi que llegaron cerca de la orilla y aquellas alas blancas encogieron; temor me dió y, por ver tal maravilla, de suerte me escondí que no me vieron (...~‘. Igualmente, conviene señalar la presencia de los menceyes, a los que se ha referido la historiografía artística27. Es posible reconocer a tres de ellos arrodillados delante de la cruz, entre Alonso de Lugo y sus caballe - ros; el cuarto, podría encontrarse entre los castellanos, o detrás del Ade - lantado acariciando el caballoque tanta admiraciónproduciría al guanche que observa agazapado el desarrollo de la escena. Gumersindo Robayna estaría pensando,posiblemente, en los menceyes de los bandos de paz, y especialmente en cl de Gúimar, que una vez desembarcado Lugo renova - ron los pactos de alianza. No volvería a ocuparse del tema de la conquista hasta la última década del siglo, en la recta final dc su vida, y, esta vez, pa - ra desarrollar un acto que debió de celebrarse simultáneamente al desem - barco y fundación de la ciudad santacrueera.De la obra titulada La pH - mera misa en Tenerife se conocentambién tres modalidades, dos bocetos (uno sin fechar y otro de 1892), y un tercer cuadro de 1894. La escena, de - sarrollada en el mismo emplazamiento que las pinturasanteriores, se abre ofreciéndonos un cuadro menos abigarrado que el precedente, aunque re - pitiendo muchos de sus elementos: la bahía y cordillera de Anaga con los barcos fondeados,esta vez muchomás en la lejanía, los elementos del pai - saje natural etc., El ejército se encuentra en orden militar con los jinetes en el primer término y los peonesdetrás, todos ellos frente a un altar, flan - queado por dosparejas de caballeros, en donde se sitúa la cruz. Entre las tropas y el ara, Lugo y sus oficiales, rodilla en tierra, asisten al sacrificio de la misa. La tradición afirma que los españoles, apenas desembarcados ofi -
600 María de los Reyes Hernández Socorro y Santiago de Luxán Meléndez ciaron misa en el mismo lugar del primer asentamiento. La fundamenta - ción de este asunto, procedería esta vez de Nuñez de La Peña, que incluso identificaría los nombres de los clérigos, presididos por el canónigo de Las PalmasAlonso de Samarinas~. Volvamos por último, a resaltar, con el pro - fesor Cioranescu, el valor simbólico de la primera misa: «Así y todo, la primera misa de Santa Cruz adquiere evidentemente una sig- - níficación particular: con independencia de su fecha exacta, es el momento a partir del cual se organiza sobre bases definitivas la vida religiosa del lu-- nar yde la isla ven cierto modo, es el bautismo de esta en la fe de Cristo»>. El boceto de «La Batalla de Acentejo». sin fecha, completaría el ci - clo inicial de la conquista de Tenerife, situándonosante el momento — considerado inexplicable por la historiografía reciente3” en que las tro - pas de Lugo totalmentedesbaratadas, iniciarían la huida despavorida hacia el real de Añazo para proceder a la evacuacion. En resumen, si consideramos como un conjuntotoda la obra de Ro - bayna dedicada ala conquista, tendríamos que resaltar dos cuestiones: de un lado, el pintor santacrucero ha puesto el énfasis, como escribía - mos antes, en la fusión inseparable de conquista y evangelización, sim - bolizados por la cruz queporta el capitán ante la que los propios men - ceyes se arrodillan; de otro, la fortaleza de los naturales que logran derrotar a los invasores en una batalla campal(matanza de Acentejo). mfiriéndose por lo tanto su capacidad de resistencia y su amor a la li - bertad. Para que la obra de Robayna siguiese totalmente Ja tradición vianesca, hubiese hecho falta traspasar a los lienzos el encuentro de paz e titre Beni tomo y el Adela o Lado, pero cii este punto, el pintor se incli - nó más porla historia que porla poesía. ManuelGonzález Méndez (1843-1909) dedicó también dos obras, en losúltimos momentos de suvida al tema de la conquista,considera- - dos de pobre facturapor la historiografía artística3. El desembarco de l906~~, repite el motivo principal de los cuadrosconsagrados a la fun - dación de Santa Cruz de Robayna, con una composición diferente. El Adelantado, cubierto y sujetando la cruz que adquiere mayores di-- mensiones que en la obra citada, es captado en el momento en que hincaen tierrael madero. Los frailes franciscanos del primer término, pue - den ser el punto de enlace con la acción evangelizadora de la orden tercera durante el siglo xv y, en definitiva, una recurrencia a la cone - xión entre conquista y cristianización. En la línea integradora dc ambas sociedades que se desprende del poema de Viana, y mostrándonos un conquistador dc rostro humano, se encontraría el cuadroque forma pa - reja con el anterior. «El Adelantado y los Guanches»»podría repre - sentar el concierto fina! de castellanos y aborígenes con que concluye
La conquista de Tenerife, su transcripción pictórica... 601 el poema de Viana .GonzálezMéndez habrfa dado el paso hacia la in - vención poética que no se atrevió a dar Robayna. De la segunda parte de la conquista, con las decisivas batallas de La Laguna(muerte de Chimenchía y Benitomo ) y Acentejo ( La Victo - ria), ambas de fines de 1495, no se ocuparon los pintores. Sí llamó su atención sin embargo, la rendición de los menceyes en la primavera de 1 496~~ y su sumisión formal posterior ante los ReyesCatólicos en la Cor - te de Almazán, dondeacudieron con Alonso de Lugo en elverano de aquel mismo año. Dos pinturas murales de Carlos Acosta, realizadas en ¡764 para el Ayuntamiento de La Laguna35, ilustran aquellos aconteci - mientos. Con toda probabilidad dentro del tono bucólico que imprimió Viana a muchas partes de su composicion --—--que habrían llegado al si - glo xviii a través del cordónumbilical con el poeta que representaron la obra de Núñez de la Peña y posteriormente Viera y Clavijo—, se si - tuaría La rendición ante el Adelantado. Con Los menceyes son presen - tados en la Corte, se culminaría, por último, la representación en ima - genes de la Conquista de Tenerife. En este cuadro el pintor del Ayuntamiento de La Laguna, optaríapor el testimonio de los cronistas haciendo comparecer ante Fernando e Isabel a los nueve reyes de Te - nerife, símbolo finalde la sumisión total de la isla». NOTAS U. REYERO, La imagen histórica de Lispaña (1850-1900), Madrid, 1987. M. de OSUNA ~ VAN DEN--HEEDE. EL regionalismo en Canarias, Santa Cruz de Tenerife. 19t)4 (reed. de 1983), p..33. M. Rosa ALONSO. «La literatura en Canarias durante el siglo xíx>s en AMI - LLARES TORRES. Historia general de las Pías Canarias, Las Palmas de Gran Cana - ria, 1977. tV. p.121. Fr. Alonso de ESPINOSA. Del Origen y milagros de la Santa imagen de Nuestra Señora de Candelaria que apareció en la isla cje Tenerife, con la descripción de esta isla, SC. de 1,1952, Leonardo ¡ORRIANI. Descripción e HiStoria del Reino dejas Pias de C4nariat SC. de [.1959. Fr. Juan ADREL Y GALINDO. Historia de la Conquista de las sie¿e islas de Canaria, 8. U. de T., 1955. juan NUNEZ DE LA PENA, Conquisto y antigñeda<les de las islas de la Gran Canaria, 5. U.. dcl.. 1847. Tomás MARíN Y CU- - BAS. historia de las siete islas de Canaria, Las Palmas. 1986, A. del CASTILLO RUIZ DE VERGARA. Descripción histórica y geográfica de las islas de Canaria, Madrid 1948960. José VIERA Y CLAVIJO, Historia de Canarias, Madrid. 1978. Antonio de VIANA, Conquista de Tenerife, SC. de T., 1986. M. R. ALONSO, El Poema de Viana. Estudio hisróri co-literario de un poema del siglo XVII, Madrid, 1952. ACORAN ESUD, «El Poema de Antonio de Viana», en Anuario de Estudios Attdnti- - cos (ALA), [6(1970), pp. 67-141. A. RUMEU l)E ARMAS, La Conquista de Tenerife 1494-1496, SC. de T.,1975. J. HERNANDEZPERERA, «Precisiones sobre la escultura de la Candelaria ve - nerada por los guanches de Tenerife» en ALA, 21 (1975), pp. 15--58. Y RUMEU DE ARMAS, ob. cit. pp.6I--64.