Las cuentas del cuarto viaje de Cristóbal Colón
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Las cuentas del cuarto viaje de Cristóbal Colón1 Juan Gil Universidad de Sevilla Se publican por primera vez, con comentario, las cuentas del cuarto viaje de Cristóbal Colón, firmadas por el propio almirante. PALABRAS CLAVE: Cristóbal Colón. América. Viajes. Descubrimiento. Hacienda real. The payroll of the fourth voyage of Christopher Columbus is here published for the fisrt time, signed by Admiral himself. A commentary is also furnished. KEYWORDS: Christopher Columbus. Discovery. Corría el 18 de noviembre de 1501 cuando, estando la corte en Écija, el tesorero Alonso de Morales entregó a su hombre de confianza, el converso sevillano Juan Fernández Enero, la instrucción que debía seguir en el despacho de Cristóbal Colón en su cuarto y último viaje2. Que el factor cumplió las órdenes recibidas lo demuestra ya una cédula del propio almirante, por la que en marzo de 1502 mandaba a Enero pagar los sueldos a los pilotos3. Lo que, al parecer, no ha advertido nadie es que las cuentas de Enero, firmadas por el propio Colón4, se conservan en los libros de Morales, como era de esperar5. Creo interesante darlas a conocer en su integridad acompañándolas de un breve comentario en este año en que, por feliz coincidencia, se conmemora el quinto centenario de aquel trágico viaje. Colón y su familia, puestos en la picota en 1500, recuperaron pronto el favor real. Los servicios prestados a la Corona, realmente incalculables, compensaban cualquier posible descarrío en la gobernación de las Indias. Además, el almirante había cumplido al parecer su ofrecimiento de descu- 1 Este trabajo forma parte del Proyecto de la DGCYT BHA 2003-02710. 2 Lo publicó por primera vez Pérez de Tudela, J.: “Una rectificación y tres documentos: ilustración a dos momentos colombinos”, Rev. Indias, n.º 54 (1953) 609 y sigs..; Pérez de Tudela, J. (director): Colección documental del descubrimiento (1470-1506), Real Academia de la Historia, Madrid, 1994, II, págs. 1346 y sigs. 3 Cf. Varela, C.: Cristóbal Colón. Textos y documentos completos (citado en adelante, si me refiero a textos colombinos, por Doc., número de documento y página), Alianza Editorial, Madrid, 1992, pág. 444 nota 4. 4 Así se lo ordenó Morales a Enero: “Después que todo esté gastado e pagado avéis de hazer de todos los gastos e pagos que se hizieren una nómina, la qual ha de firmar el dicho almirante” (Pérez de Tudela, J. (director): Colección documental del descubrimiento (1470-1506), II, pág. 1347). Es esta nomina la que aquí doy a conocer. 5 AGS, Contaduría mayor de cuentas. 1.ª época, 98, pliegos 203-205. Tomo LX, 2, 2003 611
brir el paso a Mangi, al Catay, a las islas del fin de Oriente. ¿Por qué no prestarle crédito ahora, cuando de nuevo proponía lo que tan bien sabía hacer, prometer oro a espuertas urdiendo fantásticos proyectos de navegación que luego salían ciertos? De este regreso a la confianza de los monarcas hablan muchos testimonios, pero ninguno de manera tan elocuente como un jugoso libramiento de los reyes a Colón en el mismo tesorero Morales, libramiento que también juzgo inédito: Al almirante Don Christóval Colón trezientas mill mrs., que Sus Altezas le fizieron merçed para ayuda de su costa, por su çédula fecha a xxviij de hebrero de quinientos e dos años6. No es de extrañar, en consecuencia, que en fecha tan temprana como el 21 de octubre de 1501 los reyes diesen orden al tesorero Morales de afrontar los gastos generados por la nueva expedición; tampoco sorprende que Morales, a su vez, delegase funciones en Juan Fernández Enero. Colón preparó cuidadosamente su nuevo viaje. Experiencia no le faltaba. Ganas de rehabilitar su maltrecho prestigio, tampoco. Herido en lo más profundo de su orgullo, incluso se las dio de arbitrista, proponiendo “hazer los navíos de nueva manera”, aunque este proyecto innovador encontrara por desgracia oídos sordos: “la brevedad del tiempo no dio lugar a ello; y, çierto, yo avía caído en lo que cumplía”7. Como siempre, Colón acierta mientras los demás se equivocan: con la pluma y ante un adversario mudo es fácil tener razón. Si nada sabemos de esas mejoras técnicas de las naves, un memorial suyo más pedestre, sin fecha pero probablemente escrito a finales de octubre o primeros de noviembre de 1501, inmediatamente después de conseguir la autorización regia, nos da a conocer las cosas que, a su juicio, se debían proveer para la navegación “que, con ayuda de Dios, ha de hazer”8. Esta propuesta la hizo suya de la cruz a la fecha el tesorero Morales en su instrucción a Enero, respetando incluso el orden un tanto anárquico del almirante, pero 6 AGS, Contaduría mayor de cuentas. 1.ª época, 98, pliego 197. En el mismo libro había anotado antes Morales: “A Bartolomé Colón diez mill mrs. de qu’el rey e la reina nuestros señores le fizieron merçed por carta de Sus Altezas fecha en Granada a xxj de otubre de dj años” (ibidem, pliego 183, cf. la cédula en Fernández de Navarrete, M.: Colección, III, pág. 521; Pérez de Tudela, J. (director): Colección documental del descubrimiento, II, pág. 1335). 7 Doc. LXXIV, pág. 499. 8 Publicado por Pérez de Tudela, J.: “Una rectificación y tres documentos: ilustración a dos momentos colombinos”, Rev. Indias, n.º 54 (1953); Varela, C.: Cristóbal Colón. Textos y documentos completos, pág. 442 y sigs.; Pérez de Tudela, J. (director): Colección documental del descubrimiento, II, pág. 1338 y sigs. JUAN GIL Anuario de Estudios Americanos 612
eso sí, aclarando algunos puntos que había dejado oscuros la nerviosa pluma del genovés. Sometamos la cuestión a un examen más detenido. Colón había imaginado un desembolso de 3.163.600 mrs. sólo en sueldos de oficiales y marinería. Enero, asesorado secretamente por Jimeno de Briviesca, tal y como le había encomendado el tesorero Morales, ahorró a la Hacienda real casi un millón, pues la suma total que se gastó en pagar a la gente y en aprestar navíos, vituallas y aparejos fue de 2.259.239 mrs., según la cuenta última que avaló el almirante con su firma el 28 de abril de 1502, pocos días antes de largar velas de Cádiz. Creo que lo más ilustrativo para el lector es presentar careadas las dos cuentas: el presupuesto inicial de Colón y los gastos reales, dividiéndolas en dos apartados (la gente y los bastimentos). La gente Veamos una por una las diversas partidas, señalando en cursiva las adiciones de última hora: Presupuesto Gastos reales Total sueldo Total sueldo Rango Número Salario de 6 meses Número Salario de 6 meses Capitanes 4 4.000 96.000 4 4.000 96.000 Piloto mayor — — — 1 2.000 12.000 Pilotos 4 2.000 48.000 — — — Maestres 4 2.000 48.000 4 2.000 48.000 Contramaestres 4 1.500 36.000 4 1.500 36.000 Marineros 40 1.000 240.000 43 1.000 258.000 Calafates 4 1.000 24.000 3 1.000 18.000 Lombarderos — — — 3 1.000 18.000 Chinchorrero — — — 1 1.000 6.000 Carpinteros 4 1.000 24.000 2 1.166 7.000 Toneleros — — 2 1.500 9.000 Escuderos 20 1.000 120.000 11 1.000 66.000 Trompetas — — — 2 1.000 12.000 Barberos — — — 1 1.000 6.000 Conocedor de tintes — — 1 1.000 6.000 Grumetes 489666 192.000 53 666 212.000 Pajes —— — 9 diversos salarios 24.000 ———— Contador mayor 1 5.000 30.000 1 2.916 17.500 Contadores 4 1.666 20.000 — — 9 Como se ha señalado, Colón en su memorial pone “40” por error. LAS CUENTAS DEL CUARTO VIAJE DE CRISTÓBAL COLÓN Tomo LX, 2, 2003 613
La comparación de ambas nóminas, si bien indica lo ajustado del presupuesto de Colón, muy ceñido a la realidad, depara también algunas sorpresas. Los cuatro pilotos se esfuman todos ellos en beneficio de un piloto mayor, cargo con el que al parecer D. Cristóbal no había contado y que desempeñó un gaditano, Juan Sánchez, muerto el 17 de mayo de 1504 en la refriega de los Porras contra Bartolomé Colón10. Esta falta tan notable como extraña de pilotos explica quizá la jactancia del almirante, cuando en su carta desde Jamaica se burló de la ignorancia de sus hombres: “De mi viaje digo que fueron .150. personas conmigo. Ninguno puede dar razón çierta por dónde fui yo ni bine”11. Y, desde luego, la única vez que nombra a Sánchez, sin mencionar para nada el rango que tenía, es para reprocharle que, por un descuido imperdonable, permitiera huir al Quibián12. Para salvar esta rara ausencia pueden aducirse tres razones, las tres poco probantes, como vamos a ver. Primera: en la cédula de Colón de marzo de 1502 y en la carta de Jamaica sí aparecen “los pilotos”, en el último texto para ser zaheridos precisamente por su escasa ciencia: ellos pensaban que las naves arribarían a Puerto Rico y aportaron en realidad a Magón, es decir, a Cuba: un error morrocotudo de cálculo13. Ahora bien, por más que sea probable que en marzo de 1502 Colón tuviera intención de llevar pilotos, ello no quiere decir que los contratara de verdad; y más bien me inclino a creer que por “pilotos” se refiere el almirante a los oficiales de la capitana, alistados el 16 de marzo de 150214; y lo que es evidente es que en la carta de 1503 Colón exagera para darse humos, según su costumbre: los “pilotos” son en realidad los marineros15. Segunda: ¿como se iba a llamar Sánchez piloto mayor si no existían otros pilotos de inferior categoría? Pues de la misma 10 Así consta por las cuentas de D. de Porras (Gil, J.-Varela C.: Cartas de particulares a Colón y relaciones coetáneas [en adelante Gil-Varela], Alianza Editorial, Madrid, 1984, pág. 307). Su participación en el motín de los Porras y su muerte la cuenta asimismo H. Colón (Le historie della vita e dei fatti di Cristoforo Colombo, CVII [edición de R. Caddeo, Milán, 1930, II, pág. 290]). 11 Doc. LXXIV, pág. 494. 12 Doc. LXXIV, pág. 49: el nombre aparece sólo en el Libro Copiador, no en el ms. tardío. H. Colón cuenta cómo se le escapó el prisionero (Historie, XCVII [II, pág. 243]), calificándolo de “piloto e uomo assai stimato”. Diego Méndez, en cambio, no menciona en su testamento a Sánchez, sin duda por no hablar mal de un muerto: “soltóse el caçique al que le llevaba por su mal recabdo” (Gil- Varela, pág. 336). Lo mismo hace Las Casas: Historia de las Indias, II 27 (BAE 96, pág. 70 a) en este pasaje, aunque da su nombre en II 35 (pág. 87 b). 13 Doc. LXXIV, pág. 494. 14 Cf. Gil-Varela, pág. 307. 15 En efecto, según D. de Porras, fue a los “marineros” a quienes tomó Colón las cartas de marear (Gil-Varela: pág. 304). Y en otra ocasión se refiere asimismo Porras a “algunas cartas de navegar de algunos de los marineros” (Gil-Varela: pág. 303).. JUAN GIL Anuario de Estudios Americanos 614
manera que Diego de Porras fue nombrado contador mayor sin que hubiera más contadores. La tercera, que a Pedro de Ledesma lo denominó H. Colón “piloto di Siviglia”16, carece también de verdadero peso: piloto e ilustre lo fue Ledesma después, cuando cuatro años más tarde sirvió con Solís-Pinzón (1508), mas en el cuarto viaje se enroló como marinero de la “Vizcaína”17. En conclusión: los pilotos no salen en las cuentas, ni en las de Enero ni en las de Diego de Porras, y lo que no sale en las cuentas no existe: ¿suplieron sus veces los capitanes o los maestres de las naves? Es lo que parece lo más probable, sin descontar que un Bartolomé Colón o algún marinero como Ledesma ayudaran en alguna ocasión con su experiencia náutica o cartográfica. Durante el viaje se dio el caso extraño de que un maestre, como Juan Pérez de Valda, fuera degradado a marinero el 23 de noviembre de 1503; no acierto a adivinar la causa de tan súbita mutación18. Dos oficios muy necesarios sufrieron recortes: los cuatro calafates quedaron reducidos a tres (a dos, Domingo de Arana y Domingo Vizcaíno, según las cuentas de Diego de Porras) y los cuatro carpinteros a dos (Diego Francés y Bartolomé Machín), otra rebaja muy sensible en una flotilla que iba a surcar aguas desconocidas y cuyas naves, por el calor y la humedad, iban ser carcomidas por la temible broma; claro es que los otros dos carpinteros parecen haberse transformado en toneleros (Juan de Noya, Martín de Arriera [¿Riera?]). De los cinco contadores sólo quedó al final uno, Diego de Porras, el gran enemigo del almirante, puesto por el tesorero Morales19 con la misión de vigilar el rumbo del viaje: la Corona parece haber temido que las naves colombinas fueran a aportar otra vez a la costa de las perlas, que Porras conocía sobradamente por haber ido en la segunda expedición de Cristóbal Guerra20; y éste era precisamente el plan 16 Historie, XCIX (II, pág. 252); CVII (II, pág. 292), cf. LXXXIX (pág 191). Tenía en el cuar- to viaje unos 45 años, según Las Casas: Historia, II 22 (BAE 96, pág. 59 b); cf. asimismo 29 (pág. 73 b), 35 (pág. 87 b); en este último pasaje es descrito como “hombre fiero y de cuerpo muy grande y la voz gruesa”. 17 Así consta por la nómina de Diego de Porras (Gil-Varela: pág. 315). 18 Cf. el trabajo fundamental de Varela, C.: “El rol del cuarto viaje colombino”, Anuario de Estudios Americanos, XLII (1985) 273. 19 Así lo confiesa el propio Colón en carta a su hijo Diego, escrita ya en Sevilla el 21 de noviembre de 1501: “el uno [Francisco] fue por capitán y el otro por contador, ambos sin abilidad d’estos cargos, e yo con atrebimiento de suplir por ellos, por amor de quien me los dio [Morales]” (Doc. LXXXI, pág. 509). 20 Por ello Diego de Porras indicó la proximidad del almirante a las tierras ya descubiertas cuando la flotilla llegó al Puerto del Retrete: “por aquí paresçían muchas muestras de la costumbre e uso de los indios de la tierra de las Perlas” (Gil-Varela: pág. 303). Y allí precisamente dio la vuelta Colón. LAS CUENTAS DEL CUARTO VIAJE DE CRISTÓBAL COLÓN Tomo LX, 2, 2003 615
que tenía D. Cristóbal, según nos confiesa su hijo Hernando, con la idea de descubrir el famoso estrecho costeando la costa venezolana21. “Los dos Porres... me desmancharon el viaje”, declaró patéticamente D. Cristóbal en la carta de Jamaica 22, sin duda porque se opusieron fogosamente a que la armadilla siguiera el derrotero inicial que Colón se había propuesto tomar. Una sorpresa nos deparan las cuentas más tardías de Sancho de Matienzo: el único escribano que iba en la armada era al parecer Diego de Porras; empero, la segunda nómina de pago (1506)23 nos da a conocer a otro escribano de la armada, Pedro Gentil, que se enroló como escudero en la carabela “Santiago”, la misma en la que iban los Porras. La duplicación de cargos es innecesaria: la única explicación que se me ocurre es que tal nombramiento se produjese a raíz del motín de los Porras. También se redujo drásticamente el número de escuderos (de veinte a once): en una navegación de descubrimiento se debió de pensar que no hacían falta muchos hombres de armas, vista además la superioridad manifiesta de las armas europeas en una costa “asiática” poblada por hombres semidesnudos y de escasa capacidad bélica. Frente a estos recortes se incrementó aún más el número de grumetes (de 48 a 53), lo que convirtió a la tripulación en un bullicioso tropel de adolescentes imberbes o barbiponientes. El 6 de febrero de 1503 Colón envió 70 hombres a explorar la tierra adentro: la efectividad de la fuerza, formidable en apariencia, disminuye de manera notoria cuando poco más adelante D. Cristóbal reconoce que esa tropa se componía en su mayor parte de marineros y “casi todos grumetes”24, “entre los quales”, como especifican las cuentas, “fue gente alguna para saltar en tierra”. Aparte de los hom- 21 Historie, LXXXVIII (II, pág. 183): “l’intenzione dell’ammiraglio... era di andare a riconoscer la terra di Paria e di seguir quella costa fin che ei desse nello stretto”. 22 Doc. LXXIV, pág. 502. Las pesquisas contra los Porras, que llegaron en una nave derrotada al Algarbe (Doc. LXXXIII, pág. 513 [Sevilla, 1 de diciembre de1504]), las proyectaba enviar el almirante a su hijo Diego para que éste las presentara ante la Corte (Doc. LXXXVI, pág. 517 [Sevilla, 13 de diciembre de 1504]). 23 Cf. Varela: “El rol”, pág. 263. 24 Doc. LXXIV, pág. 491. Según D. de Porras, que participó en la entrada, fueron a la misma no 70, sino 75 hombres (Gil-Varela: pág. 304), mientras que Hernando Colón rebajó su número a 68 (Historie, XCV [II, pág. 232]; cf. Las Casas: Historia, II 25 [BAE 96, pág. 65 b]). Aun así, el número era importante, dada la superioridad de las armas españolas: un contingente de 80 hombres (de 74, según Colón: Historie, XCVII [II, pág. 249]; Las Casas: Historia, II 27 [BAE 96, pág. 69 b]) logró apresar al Quibián y a sus hijos y otro de 70 mantuvo a raya a los indios de Jamaica, según relata Diego Méndez (Gil-Varela: pág. 336 y 341 respectivamente). El almirante pensó dejar 80 hombres como guarnición en Belén (Colón: Historie, XCVI [II, pág. 235]; Las Casas: Historia, II 26 [BAE 96, pág. 67 a]). JUAN GIL Anuario de Estudios Americanos 616
bres mencionados en el memorial de Colón (y, por supuesto, en la instrucción de Morales), se embarcaron catorce personas más: Dos trompetas Un barbero Un boticario Un conocedor de tintes Nueve pajes Los trompetas hacen sonora aparición por primera vez en un viaje de descubrimiento. En el tercer viaje había sentado plaza un “tamborino”, que con sus redobles no calmó, sino más bien exasperó los ánimos de los aborígenes. No se ve bien que cometido pudieran tener en una navegación incierta tan solemnes instrumentistas (Juan de Cuéllar y Gonzalo de Salazar), más apropiados para la corte de un duque que para una travesía, máxime cuando la anterior experiencia musical había distado mucho de tener resultados halagüeños. En cambio, el boticario parece una buena adquisición para un periplo al mundo de la especiería; lo que no preveía Colón era los disgustos que le iba a ocasionar maestre Bernal de Abellán25, un valenciano que se le subió a las barbas y a quien, en justo pago de su traición, acusó el almirante de haber matado en la Española a “dos hombres con medicinas por vingança de menos de tres fabas”26; ni que decir tiene que el boticario hizo de “físico” durante la travesía27. Tampoco faltó a la cita un cirujano, un genovés llamado Marco Durán; pero no debía de estar muy seguro de su ciencia, pues sentó plaza como escudero28 en la “Vizcaína”. Otra idea excelente es haber enrolado a un experto en tintes, en los que eran pródigas las islas de la India. Durante la travesía, sin embargo, no tuvo ocasión de lucirse este tintorero, que ha de identificarse con Batista Genovés, escudero en la carabela “Santiago”29. En cualquier caso, durante el cuarto viaje no fueron los tintes los que sorbieron el seso del almirante, sino el oro, el oro de la Áurea Quersoneso, donde aguardaban con impaciencia la llegada de los gallardos españoles las minas del rey 25 Sobre el motín de Bernal cf. Colón: Historie, CIV (II, pág. 279); Las Casas: Historia, II 3 (BAE 96, pág. 83 b). 26 Doc. XC, pág. 523. 27 Así lo llama en sus cuentas D. de Porras (Gil-Varela: pág. 308). 28 Así dice D. de Porras (Gil-Varela: pág. 317), pero como grumete es registrado en Varela: “El rol”, pág. 258. 29 Cf. Varela: “El rol”, pág. 264. Se trata probablemente del Batista, tintorero, que fue de despensero de la nao “Mediana” en el viaje de Pinzón-Solís (Manzano, J.: Los Pinzones y el Descubrimiento de América, Madrid, 1989, III, pág. 198). LAS CUENTAS DEL CUARTO VIAJE DE CRISTÓBAL COLÓN Tomo LX, 2, 2003 617
Salomón; y aunque ya no había ningún maestre Bellvís que se atreviera a cruzar el Océano para poner su ciencia al servicio del ensueño ofírico, entre la tripulación se encontraba al menos un minero, Luis Fernández, disfrazado de marinero en la “Gallega”30. Como escudero se enroló fray Alejandre, quien quizás ofició la misa ofrecida el 14 de agosto de 150231. Los nueve pajes, por su parte, sólo sirvieron para engrosar el número de la gárrula y alegre chiquillería32 que partió en 1502 con los ojos muy abiertos y el corazón palpitante en búsqueda de quimeras imposibles. La caridad empieza por uno mismo. Y así lo debió de pensar el almirante cuando presionó a los reyes para que concedieran sustanciosas salarios a los familiares que lo acompañaban en este viaje: 100.000 mrs. a su hermano D. Bartolomé y 60.000 a su hijo D. Hernando, a la sazón de trece años de edad. Por tanto, los 50.000 mrs. que, según las cuentas de Enero, se dieron a D. Bartolomé de ayuda de costa fueron, en realidad, el pago de seis meses de adelanto; lo mismo cabe decir de los 30.000 mrs. dados a D. Hernando, según demuestran los libros de Matienzo33, que especifican que el dinero se le entregó a D. Bartolomé (y es de suponer que también a D. Hernando) el 3 de abril de 1502, cuando sus nombres se asentaron de manera oficial en el rol. Como exigía la capitulación firmada en Santa Fe, Colón puso la octava parte del precio de las mercaderías cargadas en los navíos: 12.643 mrs. La contabilidad del alistamiento la llevó a cabo Diego de Porras. Era natural y lógico que así sucediera, ya que Porras, además de contador mayor de la armadilla, era cuñado de Juan Fernández Enero, y tanto Enero como los dos hermanos Porras (Diego y Francisco) sirvieron desde la atalaya de Sevilla al tesorero Morales en todos los asuntos de la contaduría ultramarina, tanto de América como de África34. Los asientos de Porras permiten apreciar el ritmo a que se produjo el enrolamiento de los 146 hombres que compusieron la tripulación de la flotilla, además de D. Bartolomé y D. Hernando35. No sorprende que entre los primeros en presentarse y cobrar 30 Cf. Varela: “El rol”, pág. 261. Otro tripulante que después ejerció la minería en la Española fue García de Polanco (cf. Varela: “El rol”, pág. 274). 31 Conocemos este detalle gracias a H. Colón (Historie, XC [II, pág. 201]). 32 Así lo puso de manifiesto Varela: “El rol”, pág. 286. 33 Cf. Varela: “El rol”, págs. 255-56. 34 Di datos sobre Enero y los Porras en Los conversos sevillanos y la Inquisición. Ensayo de Prosopografía, Universidad de Sevilla. Fundación El Monte. Sevilla, 2001, IV, pág. 12 y sigs. y V, pág. 88 y sigs. 35 El número se aproxima a los 146 rescatados por Varela, “El rol”: pág. 243 y sigs. JUAN GIL Anuario de Estudios Americanos 618
sus seis meses de adelanto, del 4 al 11 de marzo, se encontraran no pocos italianos, principalmente genoveses, atraídos por el prestigio de su ilustre paisano. El 15 de marzo sentó plaza el fiel mayordomo de Colón, Pedro Fernández Coronel. Después se fueron enrolando los grupos de amigos, aunque más adelante se tratara sabiamente de evitar el predominio regional a bordo de una nave: así, en la “Gallega” embarcaron juntos el mismo día no pocos hombres de Palos (los Quintero, los Barranco, Cabezudo, Delgado) o de Huelva (Ruy Fernández), amén de mozos flamencos (los grumetes Gonzalo flamenco y Pedro de Flandes); en la capitana, por el buen nombre del maestre Ambrosio Sánchez, sevillanos como el contramaestre Donato y Pedro de Maya; en la carabela “Santiago”, por amistad con los Porras, el tonelero sevillano Juan de Noya; en la “Vizcaína”, por último, y en diversas fechas los vascongados36. En buena medida, la tripulación de las naves quedó casi cerrada el 16 de marzo, pero hasta el 28 de abril siguió incorporándose la gente: hombres tan importantes en el curso del viaje como Diego Méndez, maestre Bernal y Pedro de Ledesma fueron casi de los últimos en acudir a la llamada de lo desconocido. Las naves fletadas comenzaron a ganar sueldo el 4 de abril de 1502: “La Gracia de Dios”, la capitana, de Mateo Sánchez, 9.000 mrs. al mes; la “Santiago” (llamada también “La Bermuda”, por su propietario), de Francisco Bermúdez, vecino de Palos, 10.000 mrs., precio a todas luces excesivo y del que se “agravió” con razón el dueño de la capitana; la “Gallega”, de Alonso “Çenjajero”, vecino de La Coruña, 8.333 mrs. y la “Vizcaína”, de Juan de Oquina37, vecino de Guetaria, 7.000 mrs. Las cuatro dejaron de cobrar por su abandono o desguace en 1503: el 15 de abril la “Gallega”, que quedó en Veragua; el 23 de abril la “Vizcaína” (comprada por el almirante al maestre el 15 de febrero de 1503 por 40.000 mrs., en un intento de ganar la Española, quizá en demanda de provisiones)38, comida por la broma y dejada en Nombre de Dios; el 23 de julio y el 12 de agos- to respectivamente la “Santiago” y la capitana, zabordadas adrede en Jamaica. 36 Relaciones de parentesco y porcentajes según el lugar de origen en Varela, “El rol”: pág. 286 y sigs. 37 Escrito otras veces “Orquina”. Oquina es nombre de una hermandad de la cuadrilla de Vitoria (cf. el Diccionario geográfico-histórico de España por la Real Academia de la Historia, Sección I, tomo II, Madrid, 1802, pág. 199 a). 38 “Para enbiar a la Española”, dice Porras (Gil-Varela: pág. 317). Sólo más tarde, después del 1 de marzo, decidió el almirante salir de Belén con tres naves (Colón: Historie, XCVIII [pág. 244]; Las Casas: Historia, XXVIII [BAE 96, pág. 70 b]); intento fallido, como se sabe. LAS CUENTAS DEL CUARTO VIAJE DE CRISTÓBAL COLÓN Tomo LX, 2, 2003 619
A çinquenta marineros, en que van tres calafates e tres lonbarderos e un chinchurrero66, a seis mill mrs. cada uno, de seis meses eçebto el chinchurrero, que non resçibió sinon tres mill mrs., ccxcvijU . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ccxcvijU A çinquenta e tres grumetes, entre los quales fue gente alguna para saltar en tierra, a presçio de quatro mill cada uno, de seis meses, ccxijU . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ccxijU A nueve pajes para los dichos navíos, a diversos presçios, veinte e quatro mill mrs. . . . . . . . . xxiiijºU Al margen67: Ojo. Las cosas contenidas en este pliego [el 204] suman j quento lvjU dcccclxjx, que entran68 en la69 nómina de los ij quentos ccljxU ccxxxjx de que se saca la suma adelante, e púsose aquí porque estava adelante por entero. Del salario de su persona de Juan Enero xxvU . . xxvU Que pagó a diversas personas que enbió a conprar e a despachar los navíos e bastimentos e todas las cosas neçesarias . . . . . . . . . . . . . . . xxU ccccº Que pagó mill quintales de vizcocho e quarenta arrovas de farina con las costas que fizieron fasta ponello en los navíos . . . . . . . . . . . . . . cxcviijºU dcclxvj Pagó tres mill e trezientas e treinta arrovas de vino de Caçalla a çiertos presçios e con las costas de lo traher fasta ponello en los navíos . . . . ccvijU ccxij Pagó por seisçientas arrovas de vinagre con las costas fasta lo traher a los navíos . . . . . . . . . xiiijºU dcxvj 66 Escrito disparatadamente ‘chenichurero’. El chinchorro es una barquichuela de pesca y el chinchorrero (en este caso Tristán Pérez) quien la lleva remando. La forma ‘chinchurrero’ me resulta desconocida (¿cruce con ‘churro’?); después el término aparece escrito correctamente. A lo que parece, la primera documentación de la palabra se registra en las cuentas de los viajes a Indias de 1494 (Pérez de Tudela, J. (director): Colección documental del descubrimiento (1470-1506), II, pág. 634: “quatro chinchorros para pescar”, cf. pág. 640: “quatro chinchorros”), 1495 (ibidem, II, pág. 772: “dos chinchorros”; pág. 828: “chinchorro, uno”), 1498 (ibidem, II, pág. 1078: “un chinchorro”) y 1499 (Ibidem, II, pág. 1210: “un chinchorro”); cf. asimismo las cuentas del viaje de Solís-Pinzón (Manzano: Los Pinzones, III, pág. 216). 67 En efecto, las partidas asentadas hasta ahora suman 1.157.268 mrs.; viene a continuación el desglose de 1.056.959 mrs. en el pliego 204, desglose que se quita porque la cantidad total se añade de nuevo en la suma final. La cuenta sigue en el pliego 205, empezando con la partida de los toneleros, y sumada la plana da 45.002 mrs. Así, 1.157.268 + 1.056.969 + 45.002 = 2.259.239 mrs. No me cuadran, sin embargo, los tres últimos números de las partidas del pliego 204 (el desglose de 1.056.969 mrs.), a pesar de que he revisado la cuenta una y otra vez: faltan sin duda cifras: alguna cy alguna i. 68 Parece escrito: entranla. 69 Tachado: cuenta. JUAN GIL Anuario de Estudios Americanos 626
Pagó por clxiiijº pipas e ocho quartos70 e xxiiijº barriles e clx botijas enseradas para el vino e vinagre e azeite . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . lU dcxliiijº Pagó por çien arrovas de queso añejo . . . . . . . . . . xxiijU dxcjx Que pagó por cccxxviijº arrovas de71 azeite puestas en los dichos navíos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . xxxijU cccxliiijº Pagó por dozientos toçinos . . . . . . . . . . . . . . . . . . xxxvjU cxl Pagó en Cádiz por çinco bueyes para çeçina, quitados los cueros, a jU dcccºxxv, . . . . . . . . . . jxU cxxv Pagó por xvj cahíces e xj fanegas de garvanço e quatro de favas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . xxxviijºU cclxxv Pagó de tollos e pescadas e bastida72 . . . . . . . . . . . viijºU dxvij Pagó xxv quintales de sevo, que costó con las costas fasta lo poner en los navíos . . . . . . . . . . xxU dcccclxxiiijº Que pagó de tablas e esteras e clavos e maestros para fazer los pañoles para los quatro navíos xvijU cclxxiij Pagó por xxiiijº dozenas de redes e filo e estopa e livanes73 d’esparto e trallas74 para los chinchorros e corachas e alquitrán para la xarçia xjxU ccxlviijº Pagó por xxxviijº quintales de xarçia para llevar . xxiiijºU dlxxj. Que pagó por diez lonas para levar de respetto e medio paño de agujas . . . . . . . . . . . . . . . . . . xU dcc Que pagó por quatro calderones grandes e dos pequeños e dos calderas para cozer pez75, que pesaron ccliij libras, a l la libra e quatro reales por las guarniçiones, . . . . . . . . . . . . . . . . xijU dcclxxxºvj Que pagó por çiertas cosas para la despensa para los76 dolientes e semillas e açúcar e almendras e arroz e pasas77 e otras cosas . . . . . . . . xxxiijU dccccxiij 70 Cf. “xvij quartos de toneles e sesenta barriles” (Manzano: Los Pinzones, III, pág. 216). 71 Tachado:ar. 72 Ignoro el significado de la palabra “bastida”, que se lee claramente. 73 El libán es ‘una cuerda de esparto’. 74 ‘Cuerda más gruesa que el bramante’. En 1498 llevó Colón “seis dozenas de trallas d’esparto” (Pérez de Tudela, J. (director), Colección documental del descubrimiento, II, pág. 1080). 75 En el viaje de Solís-Pinzón se dieron asimismo “ocho calderas de fierro: las quatro para adereçar de comer y las quatro para cozer brea” (Manzano: Los Pinzones, III, pág. 192). 76 Tachado: dien. 77 En 1494 se pensó enviar a fray Buil “açúcar y pasas y almendras para los religiosos qu’estovieren enfermos” (Pérez de Tudela, J. (director): Colección documental del descubrimiento (1470- 1506), II, pág. 664); en 1495 se llevó a Indias “açúcar e almendras e arroz” (ibidem, II, pág. 772); otros ejemplos ibidem, II, pág. 898, 900-01, 1259. Obsérvese que el arroz, tomado entonces en caldo, era todavía una medicina más. LAS CUENTAS DEL CUARTO VIAJE DE CRISTÓBAL COLÓN Tomo LX, 2, 2003 627
Que pagó por clxviijº varas e media de lienço para vanderas e baisanes78 para los navíos e para manteles a la gente, con el pintar de las banderas, . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . vijU dccccx Que pagó por xvj quintales de pez e quatro pellejos para llevar de respetto . . . . . . . . . . . . . . . iijU dccccxx Que pagó por el traher de los navíos de los puertos donde se79 tomaron e truxeron los tiros e pólvora . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . jxU dcccclxxxºvj Que pagó de averías e mangueras . . . . . . . . . . . . . jU dcccºxxxiij Que pagó por la herramienta e clavazón e anzuelos e otras cosas de fierro . . . . . . . . . . . . . . . . . . xxvjU lxvj Que pagó por dos pares de tapiales con su aparejo jU dcxx Que pagó por el armazón de lonbardas e80 espingardas e espingardones e lanças e dardos e vallestas, saetas e otras cosas . . . . . . . . . . . . xxxijU cclxxij Que pagó de la costa que fizo la gente de los dichos navíos desde que se començaron a cargar fasta que salieron del puerto de Cádiz xxxU dclvj Que pagó que se lieva de rescate cjU lxxxºiiijº, de los quales e de çiertas enboltura<s> sesenta e dos mrs., qu’es todo cjU cxlvj, de los quales pagó el dicho Juan Enero lxxxºviijºU diij e los xijU dcxliij pagó el almirante de su ochava parte . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . lxxxºviijºU diij Que dio el dicho Juan Enero al dicho almirante para si fuesen menester otras cosas lU en dineros . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . lU Al margen: Sácase adelante en la suma de los ij quentos ljxU ccxxxjx . . . . . . . . . . . . . . . . . . j quento lvjU dcccclxjx A dos toneleros, a jxU c cada uno, de su salario de seis meses, xviijºU . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . xviijºU A dos carpinteros, a vijU cc cada uno, de su salario de seis meses, xiiijºU ccccº . . . . . . . . . . . xiiijºU ccccº 78 La misma palabra, pero con diferente grafía, aparece en las cuentas del viaje de Solís- Pinzón: “Que pagué por teñir el maizán, que fueron quarenta varas, e çinco de la tolda de la gavia, que son quarenta e cinco varas, quatro reales” (Manzano: Los Pinzones, III, pág. 227). ¿Tendrá algo que ver con bausán, ‘figurón embutido de paja, en representación de un soldado, que se coloca en una fortaleza para impresionar al enemigo’ (Corominas-Pascual)? 79 Tachado: fletaron. 80 Tachado:va. JUAN GIL Anuario de Estudios Americanos 628
A maestre Bernal, boticario, de su salario de seis meses, doze mill e seisçientos e dos mrs. . . xijU dcij El un quento e çinquenta e seis mill e nueveçientos e sesenta e nueve mrs. restantes se gastaron en bastimentos, e en salarios de personas que entendieron en algunas cosas, e en sebo e tablazón e esteras e clavos e redes e filo e estopa e otra xarçia e calderas e cosas de despensa e vanderas e manteles81 e pez e herramienta, e de armazón de artillería e armas, e de costa que82 hizo la gente en tanto que cargavan e partían, e de cosas de restante, con çinquenta mill mrs. que quedaron en poder del dicho armirante, segund todo está por menudo en la dicha nómina del dicho armirante . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . j quento lvjU dcccclxjx Al margen: Ojo. Este j quento lvjU dcccclxjx es de las cosas contenidas en un pliego que está antes d’éste por menudo, que no se a de sumar en la cuenta porque entra en esta quantía. que son los dichos dos quentos e dozientas e çinquenta e nueve mill e dozientos e treinta e nueve mrs. los que así se gastaron, los quales han de ser resçibidos en cuenta al dicho thesorero por virtud de la dicha nómina firmada del dicho almirante, qu’es fecha a veinte e ocho días de abril de quinientos e dos años e de una çédula de Sus Altezas fecha en Granada a xxj de otubre de quinientos e uno, en que mandaron al dicho thesorero que gastase todo lo que fuese menester para lo susodicho e tomase fee d’ello al dicho almirante, con la qual manda que le sea resçibido en cuenta. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ij quentos ccljxU ccxxxjx Al margen: çédula de Sus Altezas. Nómina del almirante del pago. 81 Escrito: mantales. 82 Tachado: se. LAS CUENTAS DEL CUARTO VIAJE DE CRISTÓBAL COLÓN Tomo LX, 2, 2003 629
Apéndice II. Fecha de enrolamiento de la tripulación 4 de marzo Santiago: Batista Genovés, escudero; Bartolomé de Milán, lombardero. Vizcaína: Sanjuan, marinero; Marco Durán, genovés, cirujano, escudero. Grumetes: Domingo de Narbasta; Pascual de Ausurraga; Cheneco, paje. 5 de marzo Capitana: Guillermo de Sopranis, genovés, escudero; Gregorio Genovés, grumete. 11 de marzo Vizcaína: Batista Genovés, grumete. 12 de marzo Capitana: Diego Francés, carpintero. Santiago:Oficiales: Pedro Gómez, contramaestre. Marineros: Rodrigo Simón; Francisco Domingo; Juan de Quejo, vecino de Palos; Juan Rodríguez; Juan de la Feria, vecino de Redondela; Juan Camacho, vecino de Palos; Juan Grande, vecino de Palos; Juan Reinaltes; Diego Gómez; Diego Martín de la Cabrera; Alonso Martín Bermejo, vecino de Palos. Vizcaína:Marineros: Gonzalo Díaz (cuñado de Bartolomé Díaz, marinero de la capitana); Gonzalo Gallego. 15 de marzo Capitana: Pedro Fernández Coronel, vecino de Sevilla, escudero; Francisco de Morón, grumete. Gallega: Gonzalo Camacho, vecino de Sevilla, escudero; Diego de Santander, grumete. 16 de marzo Capitana:Oficiales: Diego Tristán, capitán; Ambrosio Sánchez, vecino de Sevilla, maestre83; Antón Donato, vecino de Sevilla, contramaestre. Marineros: 83 Me parece evidente que se ha de corregir “miércoles, <diez e> seis de mayo” en la nómina de Ambrosio Sánchez. Tomo LX, 2, 2003 631
Martín Dati; Pedro Rodríguez, hermano de Juan Rodríguez; Juan Rodríguez, hermano de Pedro Rodríguez y de Diego de Lepe; Alonso de Almagro, vecino de Almagro; Pedro de Toledo, vecino de Yepes; Pedro de Maya, vecino de Sevilla; Juan Gómez; Juan Gallego; Juan de Valencia. Escuderos: Francisco Ruiz. Grumetes: Diego de Portugalete; Martín Juan; Donís de Galve (¿Galwey?); Juan de Zumados; Francisco de Estrada; Alonso; Gregorio Sollo; Diego el Negro o Diego Álvarez (esclavo de Diego Tristán); Juan de Murcia. Calafate: Domingo Vizcaíno. Trompetas: Juan de Cuéllar, Gonzalo de Salazar. Santiago:Oficiales: Francisco de Porras, capitán; Diego de Porras, escribano y contador; Francisco Bermúdez, maestre. Grumetes: Juan Baudroxin; Diego de Mendoza. Tonelero: Juan de Noya, vecino de Sevilla. Gallega:Oficiales: Pedro de Terreros, capitán; Juan Quintero de Algruta (¿Algorta?), vecino de Palos, maestre; Alonso Remón, contramaestre. Marineros: Ruy Fernández, vecino de Huelva; Luis Fernández; Gonzalo García; Pedro Mateos; Julián Martín; Diego Cabezudo, vecino de Palos; Diego Martín Barranco, vecino de Palos; Diego Delgado, vecino de Palos; Rodrigo Álvarez. Grumetes: Pedro de Flandes; Bartolomé Ramírez; Antón Quintero, hijo del maestre Juan Quintero, vecino de Palos; Bartolomé de Alza; Gonzalo Flamenco; Pedro Barranco; Juan Galdilón; Alonso Peñate; Esteban Mateos; García Polanco; Juan García de Pegazanes; Francisco de Medina. Vizcaína:Oficiales: Bartolomé de Fiesco, genovés, capitán; Juan Pérez de Valda, maestre. Marineros: Juan Ferrón; Juan Moreno. Grumetes: Andrés de Sevilla; Luis de Vargas; Rodrigo de Escobar. 17 de marzo Capitana:Grumetes: Fernando de Ávila; Alonso de León. Santiago: Andrea Colombo, genovés, escudero. Grumetes: Alonso de Cea; Pedro de Villatoro, Ramiro Ramírez; Francisco Dávila. Vizcaína: Juan Pasán, genovés, escudero; Pedro de Monteser, grumete. 19 de marzo Capitana: Juan Sánchez, vecino de Cádiz, piloto mayor; Alonso de Zamora, escudero. Grumetes: Pedro Sánchez; Francisco Sánchez. Santiago: Francisco de Farías, vecino de Sevilla, escudero; Domingo de Arana, calafate; Diego Cataño, grumete. Vizcaína: Fray Alejandre, escudero. JUAN GIL Anuario de Estudios Americanos 632
21 de marzo Capitana: Juan de Miranda, grumete. Santiago: Juan Jácome de Carminatis, lombardo84, vecino de Palos, escudero. 22 de marzo Capitana: Diego Roldán, marinero: Gonzalo Rodríguez, marinero; Antón Chavarín, grumete. Santiago:Grumetes: Gonzalo Ramírez; Diego Rodríguez Simón, vecino de Palos; Aparicio Martín; Donís; Alonso Escarramán (murió antes del viaje el 23 de enero de 1502); Francisco Márquez; Juan de Moguer. 25 de marzo Capitana: Mateo, lombardero. Santiago: Pedro Gentil, escudero. 26 de marzo Capitana: Bartolomé García, marinero; Juan Barba, casado en Sevilla con María de Vera, lombardero. 30 de marzo Gallega: Juan de Sanmartín, grumete. 31 de marzo Capitana: Baltasar de Aragón, grumete. Vizcaína: Alonso de la Calle, vecino de San Juan del Puerto, marinero. 1 de abril Capitana: Martín de Fuenterrabía, contramaestre; Juan Garrido, grumete. Vizcaína: Miguel de Elorriaga, grumete. 2 de abril Santiago: Bartolomé Machín, carpintero. 84 De un “Bastiano” lombardo cuenta H. Colón (Historie, XCVIII [II, pág. 247]) que huyó de manera vergonzosa ante un ataque de los indios. ¿Se trata de este Juan Jácome o bien por “lombardo” hemos de entender “lombardero”, alternativa que propone dubitativamente Caddeo, aunque la verdad es que ninguno de los lombarderos se llamaba Sebastián? LAS CUENTAS DEL CUARTO VIAJE DE CRISTÓBAL COLÓN Tomo LX, 2, 2003 633
3 de abril Capitana: D. Hernando Colón. Santiago: D. Bartolomé Colón85. Vizcaína: Lope de Pego, marinero. 4 de abril Capitana: Martín de Arriera, vecino de Sevilla, tonelero. 21 de abril Capitana: maestre Bernal, físico. 22 de abril Capitana: Rodrigo Vergayo, marinero. 25 de abril Vizcaína: Pedro de Ledesma, vecino de Sevilla, marinero. 27 de abril Santiago: Diego Méndez, escudero. 28 de abril Capitana: Tristán Pérez, chinchorrrero. Vizcaína: Francisco de Levante, grumete. Se enrolaron en fecha desconocida Martín de Aton (n.º 10), Francisco de Córdoba (n.º 28), Pedro Escobar (n.º 41), Francisco Márquez (n.º 76), Alonso Ramírez (n.º 111) y Alonso de Vargas (n.º 141). Faltaron al alarde en Cádiz dos marineros (Juan Rodríguez y Fernando de Cifuentes) y un grumete (Juan de Salcedo). 85 La carabela en que iba el adelantado la indica Colón: Historie, LXXXVIII (II, pág. 188). Como señala en nota Caddeo, la carabela “Santiago” es el navío “sospechoso” de Doc. LXXIV, pág. 486. JUAN GIL Anuario de Estudios Americanos 634