Treinta Años Con Gorka
Abstract
1.- Los Años De Pamplona. La Tesis Y El Departamento De Antropología Ypsicología. 2.- Inglaterra Y Escocia En Los 90. El Manual De Antropologíafilosófica. 3.- La Sociedad Hispánica De Antropología Filosófica (Shaf). Lafundación Nosotros. 4.-Málaga. Euskadi. Los Doctorandos. Los Últimos Años. 5.-Perfil Psicológico E Intelectual. 6. - La Muerte Y Su Muerte.
Full text
THÉMATA. REVISTA DE FILOSOFÍA. Núm. 37, 2006. TREINTA AÑOS CON GORKA Jacinto Choza. Universidad de Sevilla Resumen: 1.- Los años de Pamplona. La tesis y el departamento de Antropología y Psicología. 2.- Inglaterra y Escocia en los 90. El manual de Antropología filosófica. 3.- La Sociedad Hispánica de Antropología Filosófica (SHAF). La fundación nosotros. 4.-Málaga. Euskadi. Los doctorandos. Los últimos años. 5.- Perfil psicológico e intelectual. 6.- La muerte y su muerte Abstract: Therty years with Gorka. 1.- The Pamplona’s years. The thesis and the Dpartment of Anthropology and Psychology. 2.- England and Scotland in the 90's. The Philosophical Anthropology Handbook.3.- The Hispanic Society of Philosophical Anthropology (SHAF). The Us Foundation. 4.- Málaga. Euskadi. The post-graduated students. Last years. 5.- Psychologic and Intellectual Profile.6.- The Death and his death. 1.- Los años de Pamplona. La tesis y el departamento de Antropología y Psicología. Gorka era pequeño, suave, peludo, cejijunto, radical y cascarrabias. Cuando llegó a la Facultad de Filosofía de la Universidad de Navarra, no había nada de particular en él que le hiciera destacar. Siempre aseguró que yo atraía a los alumnos por el procedimiento de no halagarlos en nada, y que su vocación a la Antropología filosófica quedó decidida cuando, al terminar primer curso, le dí la calificación de notable (o quizá de sobresaliente) cuando él aspiraba a matrícula de honor. En el recuerdo, tengo registrado mi primer encuentro en serio con él el día que, al empezar cuarto, me dijo que quería matricularse también de quinto curso para ganar un año y acabar así antes la carrera. Me sorprendió, porque era bastante joven, y no encontraba yo motivo aparente que justificara aquella premura. Pero como él estaba bastante decidido, le dije que me parecía bien. Cuando terminó la licenciatura, me dijo que quería trabajar conmigo en el departamento de Antropología y Psicología. Contesté que por mí encantado y empezó su tesis, «Acción y Sentido en Wittgenstein», que defendió en febrero de 1982. Inicialmente no entendía por qué quería que se la dirigiera yo, pero como estaba empeñado, lo hice. No tuve que hacerle prácticamente ninguna observación, como ocurre con los buenos alumnos, y además me quedó muy agradecido. Desde que se integró en el departamento, a finales de los 70, Gorka y yo trabajamos juntos, en una colaboración que ya no cesaría más que con su muerte, y quizá ni entonces. A pesar de la diferencia de caracteres, de inclinaciones intelectuales y de estilo de trabajo, nos acostumbramos a no hacer nada sin contar con el otro.
24 Homenaje a Jorge Vicente Arregui Para empezar, teníamos que constituir el Departamento de Antropología y Psicología, del que me habían nombrado director, después de obtener la plaza de profesor adjunto de antropología filosófica de la Universidad de Murcia en 1978 y haber regresado a la Universidad de Navarra habiendo pedido el paso a la situación administrativa de supernumerario. Gorka me hablaba de buenos estudiantes que estaban acabando y que querrían quedarse a trabajar con nosotros. Ignoro si él hacía su labor de captación entre el alumnado o si determinados alumnos, por sintonizar con él y conmigo, venían a hacer la tesis al departamento y luego hablaban de la posibilidad de quedarse. O quizá ambas cosas. Me hablaba de ellos. En algunos casos, de los tropiezos que habían tenido en diversas asignaturas, y así íbamos adoptando nuestros criterios de selección de personal. - ¿Que ha suspendido lógica…? Mejor… es uno de los nuestros. La gente que suspende lógica o que suspende ética, son los que están bien dotados para la antropología filosófica y la ontología, que es lo nuestro. A nosotros no nos interesa cómo deberían pensar los hombres, sino cómo piensan, ni tampoco cómo deberían actuar, sino cómo actúan… Desconfía del temple filosófico de los que se refugian en la lógica o en la ética, y mucho más de los que se especializan en campos de algunas de esas disciplinas. Y así Gorka venía ya con su selección bien hecha: - Mira, Jacinto, este quiere quedarse con nosotros. Es un tío muy listo… Y además… ¡ha suspendido lógica! De ese modo se fueron vinculando a nuestro departamento María Paz Ludeña, María Elósegui, Manuel Fontán, María García Amilburu, Guillermo Echegaray, Alicia García Navarro, y luego, cuando yo ya me había marchado, Higinio Marín, Ignacio Aymerich, Pau Arnau, Carlos Rodríguez Lluesma, y otros cuantos más que de un modo u otro aparecen entre estas páginas. La casa de Guillermo Echegaray, en la calle Sangüesa, potenciada por la hospitalidad de Fefa, su madre, se convirtió en la primera sede del hogar del antropólogo. Y la casa de Alicia García Navarro y Angel d’Ors, cuando se casaron, en la segunda. Allí rendíamos culto a la chuleta navarra o al ajoarriero, lo mismo que al tinto de Navarra o de la Rioja. Allí o en la venta de Andrés, en el asador de Sorauren o en el Martintxo de Cizur Menor. Por entonces no teníamos más problemas que los académicos, y, en algunos casos, los derivados de una incertidumbre existencial que resolvíamos por el procedimiento de lanzarnos a las grandes opciones. Pero poco a poco, esas grandes opciones que habíamos realizado, iban poblando de presagios oscuros y amargos nuestros horizontes por aquellos momentos despejados y libres. En 1979, con una beca de la Fundación Ford, me marché a pasar un año en Columbia University, en Nueva York, y a mi vuelta, en 1981, obtuve por oposición la plaza de profesor agregado de Antropología filosófica de la Universidad de Sevilla. Estuve ausente de Navarra de octubre de 1981 a diciembre de 1982, en que regresé después de acceder de agregado de Antropología filosófica de la Universidad de Sevilla, a catedrático de Antropología filosófica de la Universidad de Murcia, y después
25 Thémata. Revista de Filosofía. Número 37, 2006 de pedir de nuevo el paso a la situación administrativa de supernumerario. Estuve en Pamplona hasta octubre de 1983, en que volví a Sevilla, y a partir de entonces Gorka fue, de hecho, el director del departamento, que había pasado a llamarse de Estética, Antropología y Psicología. La directora fue, tras mi marcha, María Antonia Labrada, pero por provenir de una materia hasta entonces distanciada de nosotros (la estética), de una ciudad relativamente lejana (Madrid), y estar poco familiarizada con las tareas de organización y gestión en la Universidad de Navarra, la dirección efectiva del departamento recayó en Gorka. Y ahí se desplegó la enorme capacidad gestora y organizativa de Gorkika. Durante la década de los 80, yo viajaba periódicamente de Sevilla a Navarra, cada quince día o cada tres semanas, y despachaba con Gorka sobre la contratación de ayudantes, distribución de la docencia del departamento, cursos de doctorado, temas de tesis, tribunales de tesis y «política exterior», solicitud de subvenciones, distribución del presupuesto, e incluso problemas personales de los integrantes del grupo. Al principio trabajábamos en una sintonía tan perfecta que era casi una armonía preestablecida. Y luego me dí cuenta de que, en realidad, Gorka era el que lo hacía todo. Que en realidad, no tenía ninguna necesidad de consultarme, porque todo lo programaba y lo ejecutaba bastante bien. Creo que me consultaba o me pedía el visto bueno solo por inercia, por sentirse seguro o simplemente más tranquilo. Durante ese periodo de tiempo, yo fuí descargando la responsabilidad del trabajo de Pamplona cada vez más en Gorka y centrándome cada vez más en Sevilla. Se había promulgado la Ley de Reforma Universitaria, que transformaría cada universidad en una especie de gheto endogámico, y me dediqué con empeño a la formación y promoción del profesorado de la universidad de Sevilla. Jaime Nubiola, ya por entonces amigo y colega de Gorka, me reprochaba que prestase poca atención a su promoción fuera de Navarra, y me advertía que él ponía ante mi conciencia problemas y aspectos de mi relación con Gorka que el interesado, por lealtad, por afecto, y por confianza en mí, no se atrevería nunca a plantearme. No me daba cuenta bien entonces de lo que me quería decir Jaime, y tardé años en comprenderlo. Desde comienzos de los 80, mi relación con la universidad de Navarra empezó a hacerse problemática, a medida que me iba familiarizando con el pensamiento de Karol Wojtyla, ahora Juan Pablo II, especialmente con su concepción de la Iglesia y de la relación de esta con la sociedad de su tiempo. Y eso nos iba a acarrear problemas a Gorka y a mi. Mi modo de entender la Antropología filosófica era como una síntesis de la filosofía con las ciencias humanas y las ciencias sociales, y así lo enseñaba a Gorka y a los demás. Ese era el modo en que trabajaba también Juan Pablo II, pero el enfoque institucional de la Universidad de Navarra iba más en la línea de la antigua Psicología racional y, en general, de la filosofía escolástica y el tomismo promovido por la encíclica Aeterni Patris.de León XIII y por las directrices de San Pio X frente al modernismo. Esta divergencia fue determinante en mi segunda y definitiva marcha de Navarra a Sevilla en octubre de 1983.
26 Homenaje a Jorge Vicente Arregui Con esa inspiración de fondo, y de forma, de León XIII y de San Pio X, la editorial de la Universidad de Navarra, EUNSA, había iniciado la publicación de una colección de manuales para cubrir las materias de los estudios eclesiásticos institucionales de Filosofia y Teología, y me había encargado a mi el de Antropología filosófica, que ocuparía el lugar de la antigua Psicología racional. Estuve trabajando en ese libro desde 1981 hasta que lo acabé en 1988, y cuando lo hube concluido, lo hice con la sensación de haber esbozado una buena síntesis de la filosofía con las ciencias humanas y las ciencias sociales. Con la sensación de haber abierto un camino amplio y largo para la Antropología filosófica: - Gorkika, si una Antropología filosófica no sirve para los que no son cristianos, tampoco sirve para los cristianos. La editorial consideró que el libro no se ajustaba a las directrices señaladas para la colección. Entonces le encargó a Jorge Vicente que hiciera una adaptación del Manual de Antropología filosófica (publicado en Rialp en 1989), en términos de manual para los estudios eclesiásticos institucionales. 2.- Inglaterra y Es cocia en los 90. El manual de Antropología filos ófica. Las divergencias mías con la Universidad de Navarra se reprodujeron igualmente con Gorka. Para evitar fricciones con él, se le facilitó desplazarse como Academic Visitor a la Universidad de Oxford en febrero-septiembre de 1988, con objeto de realizar una investigación sobre «Actos de voluntad y acciones voluntarias». Por entonces empezó su adaptación de mi Manual, con su mejor disposición, hasta que, comentando su trabajo con una colega del Departamento, ésta le dijo que era muy necesario que lo hiciera bien y pronto, para poder borrar el nombre de Jacinto Choza para siempre de la Universidad de Navarra y de Eunsa. Semejante frase, que él recordó siempre como un trallazo, fue la gran sacudida de la pertinaz ingenuidad en la que vivía. Se repuso del golpe tras una reflexión y resolvió que si lo que trataban de hacer era borrar mi nombre de la universidad, él no estaba dispuesto a colaborar en esa tarea. «Conmigo que no cuenten para eso». Pero, en efecto, ese era uno de los objetivos de algunos cambios operados en la Facultad y en el Departamento, para lo cual lo más oportuno era marginar también al propio Gorka, que a su vez mantenía sus propias divergencias con la institución. Así fue como Gorka quedó ubicado para su trabajo en el Instituto de Ciencias para la Familia, dirigido por Pedro Juan Viladrich , en un pequeño y antiguo edificio del campus. Y así nos encontramos los dos en el verano de 1990 en la Universidad de Glasgow. A comienzos de julio de 1990 me recogía Gorka en el Aeropuerto de Glasgow , y me acompañaba al Bed and Breakfast que me había reservado junto a la torre de la biblioteca universitaria. Nos miramos muy penetrantemente, pero intercambiamos poca información verbal. Los dos estábamos bajo los efectos de crisis depresivas de cierta intensidad. Los dos sabíamos que se debía a nuestro conflicto con los criterios institucionales de la Universidad de Navarra. Los dos sabíamos que habíamos ayudado a no pocos compa-
27 Thémata. Revista de Filosofía. Número 37, 2006 ñeros a resolver esos mismos conflictos con el menor detrimento posible de su salud física y espiritual. Los dos sabíamos que eso era considerado actividad lesiva para la integridad institucional y que aumentaba nuestro estigma de personas deletéreas. En el refugio de las tierras escocesas, bajo la hospitalidad académica de un judío ortodoxo, solitario y marginado, Alexander Broadie, Gorka y yo aliviábamos nuestras heridas, como siempre, con el trabajo, sin buscar siquiera consuelo en contárnosla. A veces, después de la cena, nos encontrábamos en una de las tabernas escocesas que nos gustaban, y nos dedicábamos a arreglar el mundo con una pinta de cerveza por delante, hasta que descubrimos que el whisky escocés era más barato e incomparablemente de mayor calidad que la cerveza (escocesa). En el curriculum, ese periodo de la vida de Gorka durante los 90 suena a despliegue triunfante. Master of Philosophy por la Universidad de Glasgow (4 de julio de 1991, dentro de una estancia de investigación postdoctoral –julio 1990 a diciembre de 1991– sobre la estética de la ilustración británica, bajo la supervisión de Christopher Martin), Honorary Research Fellow en la Universidad de Glasgow (julio-septiembre 1993, para investigar sobre las relaciones entre el pensamiento estético de Gracián y el británico del siglo XVIII), Visiting Research Fellow en la universidad de Saint Andrews (octubre-diciembre 1993, para realizar una investigación sobre el sentido humano de la sexualidad), participando en 1992-1994 en proyectos conjuntos de investigación entre la Universidad de Navarra y la Universidad de Glasgow «para investigar las relaciones e influencias mutuas entre las filosofías española y escocesa» (dirigidos por Alejandro Llano y Alexander Broadie, y financiados por el Ministerio de Educación y Ciencia de España y el British Council). Cuando Gorka terminó su adaptación del Manual de Antropología filosófica según las directrices de Eunsa, el resultado tampoco fue satisfactorio, y otra vez ediciones Rialp aceptó el trabajo, que se publicó teniendo como coautores a Jacinto Choza y Jorge V. Arregui, y por título Filosofía del hombre. Una antropología de la intimidad, que fue el que Gorka le dio, y que en el momento de su muerte iba por la quinta edición. En realidad, no había ningún motivo para dudar de la corrección doctrinal cristiana e incluso de la ortodoxia tomista de ninguno de los dos libros, y del de Gorka, mucho menos. Pero las divergencias doctrinales, aunque ortodoxas, generaban problemas disciplinares que se traducían inmediatamente en recelo respecto a la ortodoxia de las posiciones intelectuales. Durante ese periodo Gorka desarrolló una buena tarea magisterial de dirección de tesis doctorales. Empezó a dirigir las de sus alumnos, y a «codirigir» las de otros doctorandos cuyos directores no podían dedicarles el tiempo que Gorka siempre encontraba para ellos. Así dirigió la de Higinio Marín, Pau Arnau, Carlos Rodríguez Lluesma, Oscar Pintado, y a «codirigir» las de Manuel Fontán, Ignacio Aymerich, Pilar Choza, Ignacio Sánchez de la Yncera y otros. Incubaba a sus doctorandos como una clueca, los cobijaba en el hogar del antropólogo, y organizaba reuniones y tertulias cada vez que yo iba a Pamplona para que ellos me conocieran a mi, su maestro y, en cierto modo, el abuelo académico de
28 Homenaje a Jorge Vicente Arregui aquellas promociones. Porque Gorka pensaba que conocerme a mi y hablar conmigo era parte de la formación que tenía que dar a sus alumnos. Ese grupo que se congregaba a su alrededor, fue el que finalmente él terminó denominando la «fundación nosotros», porque encontraba una especie de padres en nosotros dos, y porque era un grupo indeterminado, al que se vinculaban y del que se desvinculaban los graduados según circunstancias completamente incontrolables. Desde que nos llevamos a Brighton a casi toda la fundación en el verano del 88, para participar en el Congreso Mundial de Filosofía, acudíamos juntos a los congresos nacionales y a los internacionales, a las oposiciones y concursos para cubrir las plazas docentes en las universidades estatales, nos corregíamos los originales de los artículo, libros y conferencias, ensayábamos entre nosotros las actuaciones en público, nos transmitíamos la información oficial y la oficiosa sobre becas, ayudas, subvenciones y otras posibles fuentes de financiación para las investigaciones en curso. - ¿Que quiénes somos la fundación nosotros? Y respondía: Pues... nosotros, los que en estos momento trabajamos juntos... Nosotros... en cada momento somos... pues eso... nosotros. Podría decirse que constituíamos una especie de familia bien avenida y feliz, si no fuera porque las crisis existenciales implicaban para nosotros notables problemas. El diagnóstico de «trastornos depresivos» se estampó en la historia clínica de buena parte del grupo. Y la Universidad de Navarra dejó de ser nuestra casa y nuestro centro de trabajo para convertirse en la empresa hostil que, aduciendo reducción de plantilla o cualesquiera otros motivos, nos despedía de nuestro puesto de trabajo o simplemente de nuestro hueco en las mesas de consulta de la biblioteca de humanidades. A todos los mencionados, y a algunos más que mantenían una relación directa con «nosotros». Pero puede decirse también que nuestro sentido de la lealtad en la amistad dio lugar a que la «fundación» triunfase sobre todas esas quiebras, de manera que, en todas ellas, y en buena medida gracias a Gorka, todos «nosotros» tuvimos el consuelo de la compañía, la comprensión y el apoyo de los amigos, que no es poco. Quizá es lo más importante en la vida cuando no se tiene otra familia, y «nosotros» no la teníamos. O mejor dicho, puesto que la institución que nos albergaba oficialmente en su seno no podía ser nuestra familia realmente, porque no cabíamos y porque no podía mirarnos como suyos y como amigos, sino como desviados, como enemigos o incluso como traidores, la «fundación nosotros» se convirtió de hecho en nuestra real y verdadera familia. 3.- La Sociedad Hispánica de Antropología Filosófica (SHAF). La fundación nosotros . El alma de la fundación nosotros fue siempre Gorka, pues fue suya la ocurrencia de ponerle ese nombre a un grupo real de graduados en filosofía que continuaban sus estudios en torno a él, y a los que procuraba poner en relación conmigo. Pero el grupo no estaba constituido por devotos de la antropología filosófica. O bien, algunos nos dedicábamos a la Antropología filosófica, pero con un sesgo hacia otros campos o bien
29 Thémata. Revista de Filosofía. Número 37, 2006 con unas marcadas preferencias metodológicas. Gorka se había inclinado desde el principio por la filosofía analítica, y, en parte por eso, a los problemas de la metafísica y la psicología racional o psicología filosófica abordadas desde esa metodología. Manuel Fontán se había orientado desde el principio hacia la estética, María García Amilburu a la antropología de la educación, María Elósegui e Ignacio Aymerich a la filosofía y sociología del derecho, Higinio Marín a la filosofía de la cultura y de la historia, Carlos Rodríguez Lluesma a la filosofía de la economía. Había como una radiación hacia todos esos campos desde la antropología filosófica, entre otras cosas porque Gorka y yo creíamos que la mejor manera de orientar y dirigir la trayectoria intelectual de la gente era ayudarles a ir donde el corazón les llevase, hacia donde su inspiración apuntara. Y esa radiación permitía tener una panorámica bastante amplia y rica en perspectiva sobre los temas antropológicos que quisiéramos abordar. En esa situación de marginación en el Instituto de Ciencias para la Familia, de dedicación a un grupo nutrido de doctorandos bien dotados, de singular capacidad de gestión y de organización, y contando con los recursos económicos del citado Instituto, Gorka convocó a todos los profesores de Antropología filosófica de España, catedráticos, titulares y asociados, a un congreso sobre «La sexualidad en el pensamiento contemporáneo», que se celebró en varias sesiones a lo largo de dos años, y de los que salió diez años más tarde el volumen del mismo título, editado solamente por el Instituto de Ciencias para la Familia, sin mención alguna a la relación de éste con la Universidad de Navarra. Ahora habíamos logrado una nueva síntesis entre las ciencias humanas, las ciencias sociales y la filosofía, amplia, esclarecedora y cómoda, en el sentido de que en ella se podían encontrar todos los estudiosos del tema, los que querían saber de él a fondo, cualquiera que fuera su enfoque. Esta colección de estudios y esta síntesis no privilegiaban un planteamiento tomista o foucaultiano sobre el tema, pero los abría todos y los ponía en relación. Pero esta vez ni Ediciones Universidad de Navarra ni siquiera Ediciones Rialp querían aparecer con su nombre en un estudio sobre la sexualidad en el que se reunían todos los puntos de vista del pensamiento contemporáneo, dirigido por una persona, Gorka, que ya se había desvinculado de dicha universidad. El índice del mencionado volumen muestra, a través de los autores que participan en él, la capacidad de convocatoria de Gorka, su apertura intelectual y su voluntad de comprensión. Después de esa experiencia de Gorka, en la que se mostraba que entre los filósofos de la universidad española, o al menos entre los dedicados a la antropología, era más fuerte la voluntad de diálogo que la de autoafirmación ideológica en solitario, y que ya se había producido en España el deshielo comunicativo, me animé a constituir una sociedad de Antropología Filosófica de ámbito nacional para continuar con la tarea iniciada en el congreso sobre la sexualidad. Además, había otra razón secreta que me movía a la empresa. La situación de Gorka en la Universidad de Navarra había llegado a ser tan conflictiva que su despido se hacía inevitable. No le valdrían ya más los apoyos de Jaime Nubiola, su amigo
30 Homenaje a Jorge Vicente Arregui incondicional y secretario general de la Universidad por muchos años, porque él mismo no estaba ya convencido de que fuera un bien para Gorka mantenerlo a toda costa en aquel puesto de trabajo. Yo no sabía dónde iría a parar Gorka si no sacaba una titularidad en una universidad estatal y lo echaban de Navarra, pero creía que por lo menos la existencia de un foro como una Sociedad de Antropología podía ayudarle a encauzar parte de sus intereses y, al menos, a entretenerse. Por eso me lancé a la convocatoria del congreso fundacional de la sociedad en septiembre de 1996, con la ayuda del propio Gorka, de Gemma Vicente Arregui, su hermana y titular de Antropología filosófica de la Universidad de Sevilla y Montserrat Negre, también titular de la misma materia en la misma universidad. Y así nació la Sociedad Hispánica de Antropología Filosófica, SHAF, que recibió ese nombre porque el de Sociedad Española no resultaba del agrado de vascos y catalanes, y particularmente del propio Gorka. Los siguientes congresos se celebraron en Barcelona (1998), Valencia (200), Santiago de Compostela (2002), Málaga (2004) y Sevilla (2006), pero cuando se celebró el de Barcelona, Gorka ya había obtenido por oposición la plaza de profesor Titular de Antropología filosófica de la Universidad de Málaga. Una oposición que fue impugnada por el candidato local, que fue anulada, que se volvió a repetir cambiando al presidente, y que volvió a ganar con toda justicia Gorka, gracias a la hombría de bien, a la valentía y al trabajo de Vidal Peña, de la Universidad de Oviedo, de Carmen Revilla, de la Universidad de Barcelona, y de Carlos Fernández Liria, de la Universidad Complutense de Madrid. A pesar de que Gorka fue acusado ante ellos de ser un sectario del Opus, de ser encubridor de terroristas y etarras, y de haber sido poco original en sus trabajos siguiendo demasiado de cerca la línea de Jacinto Choza, a pesar de que por sus posiciones ideológicas ninguno podía ser considerado simpatizante de planteamientos cristianos ni de planteamientos nacionalistas, los tres, por la simple honradez de hombres de bien, apoyaron al opositor de fuera a pesar de las presiones locales en contra. Gorka entró a formar parte de ese 3 % de profesores titulares de universidad que provenían de otros centros distintos del que convocaba la plaza. - Si Jacinto hubiera tenido para colocarnos la capacidad y la habilidad que tuvo para formarnos, habríamos sufrido menos en nuestros itinerarios profesionales. Este era un comentario en tono de reproche que alguna vez me dirigía cuando hablaba con los demás de algunos episodios de nuestra historia compartida. Y yo no tenía nada que decirle a esa observación. No tenía y no tengo. Lo único que podía era ampararlo en la medida de mis posibilidades. Y lo hacía. Una vez se vino algunos días de verano a Cercedilla, cuando yo pasaba con mi madre parte de las vacaciones de verano. Alguna vez, se vino a casa de mi madre a Madrid, estando yo allí. Alguna vez, venía a refugiarse a mi estudio de la Avenida de Manuel Siurot, 3, de Sevilla. Siempre lo sentía yo así, como un refugiado. Cuando los dos, en nuestros últimos años de antiguos compromisos religiosos, nos instalamos más resueltamente en
31 Thémata. Revista de Filosofía. Número 37, 2006 nuestros estudios de Málaga y Sevilla respectivamente, entonces venía a mi casa con más frecuencia. Yo tenía siempre cervezas en el frigorífico, una cajita de porciones de queso camembert, una botella de coñac o de pacharán, ... y lo demás a él no le importaba. Cuando yo fumaba, tenia tabaco, mucho tabaco. Ducados. Y cuando dejé de fumar, ceniceros por toda la casa. Gorka había crecido entre seis hermanos más, y con el derecho de veto sobre cualquier alimento, concedido por Aurora a todos sus siete hijos. Y todo porque ella, desde niña, había sufrido tanto siendo obligada a comer, que creció jurando que nunca obligaría a ningún hijo suyo a comer algo que no quisiera. Mas de una vez, muchas veces, me acordaba de Gorkika cada vez que pasaba por el escaparate de una farmacia y veía el anuncio. «Si ya no sabe que hacer para que su hijo coma, dele...» Cuando se lo conté a Nicolás Grimaldi, un colega y amigo de la Sorbona que en los últimos años se había incorporado a la fundación nosotros, le dio un ataque de risa. Porque Gorka apenas comía. Bebía café continuamente, fumaba continuamente, y dejaba la casa impregnada y rebosante de humo, de posos de café, de ceniza y de colillas. Un día de esos, en Sevilla, sintió que se moría. Jacinto, llevame a urgencias... un dolor insoportable en el pecho.., un infarto... Lo llevé a urgencias. Al hospital universitario Virgen del Rocío, que tenía cerca de casa. Nos atendieron enseguida, y le calmaron. Era un ataque de angustia. Quedó un poco corrido, y me explicaba que nunca le había dado una cosa así de fuerte. Su salud no era nada buena, pero no le gustaba hablar de ello. Otro día, también en Sevilla, entré algo después que él en el cuarto de baño y vi que se le había descompuesto el vientre hasta extremos elevados... Gorkika, cuando te pase eso me lo dices, tengo medicinas, y yo vengo y limpio todo enseguida, y te preparo limonada... Y me miraba como un niño sorprendido en una travesura. 4.-Málaga. Euskadi. Los doctorandos . Los últimos años . Los registros oficiales refieren que a partir del 16 de noviembre de 1996, convertido en funcionario del Estado [BOE viernes 15 noviembre 1996, pág. 34689], ejerció como profesor titular de filosofía en la Universidad de Málaga. Los amigos, satisfechos de ver que había encontrado una salida con horizonte para el callejos sin salida en el que existencialmente estaba, le gastamos muchas bromas. Vamos a abrir una suscripción pública para alquilarle un piso en Melilla, de modo que pueda venir a Málaga a dar sus clases y volverse allí, sin que tenga que pasar en España más tiempo del imprescindible, y de manera que incluso no se vea obligado a vivir en España. Pasar de Euskadi a las costas norteafricanas será lo más llevadero para él, que, sin duda, se convertirá pronto en el profesor emérito más joven de España. Envuelto permanentemente en su nube de humos, hasta podría pasarle inadvertida España. Y así inició el último periodo de su vida académica.