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Monumentos antiguos y modernos :colección que constituye la historia de la arquitectura de los diferentes pueblos en todas sus épocas ...

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BOIX, Editor: I mpreso „ y tlIJ!¡1|;R;) SALLE ©£ ©AMITOS, Nym£])& 8 . ENERO BE I 8 Í-.» . >2 MONUMENTOS 55ib anch). 103 pies y 6 pulgadas hay desde la puerta al extremo del terraplén de que hablaremos en seguida El techo, de 17 pies y 10 pulgadas de elevación, está sostenido por dos órdenes de pilares diez y seis entre todos, y otros dos órdenes de pilares, en número de veinte; pero los pilares del centro están colocados de ma- nera que forman entre sí una cruz griega. Los dos brazos de esta cruz corresponden á dos puertas tan grandes como la de entrada, que dan salida á dos pórticos (13) laterales de 34 pies lü pulgadas de alto por 15 pies 5 pulgadas de ancho. El que cae á la parte meridional estaba en otro tiempo contiguo á un puente (16), el cual á la sazón se encuentra arrimado al puente, enfrente de la montaña, y en él sin duda existían las habitaciones de los sacerdotes. El camino de en medio, que empieza en la puerta del templo, va á parar al santuario (17), al cual conducen cinco escalones, yen el mismo se vé el símbolo venerado de la reproducción de los seres. En los huecos de las pilastras se descubren magníficas esculturas, y el techo, cubierto con la especie de estuco llamado Tclwuma, conserva todavía señales de algunas pinturas que ni el tiempo, ni el humo de las hogueras encendidas por el furor de Aureng-Zeb han podido borrar completamente. Dentro del templo, á derecha é izquierda del santuario, hay dos pequeñas puertas (18) que dan paso á un terraplén (19) situado al rededor del santuario y en comunicación con cinco capillas (20) cuadradas, des- iguales en dimensiones, y salientes, dos á los lados y tres detras del santuario. Las tres del fondo están ador- nadas con multitud de esculturas mitológicas; y la parte superior del templo, en torno del cual se ven agru- padas las capillas, termina en una especie de cúpula de forma piramidal, en que el talento de los artistas in- dios ha desplegado una admirable profusión de decoraciones y adornos diversos. La altura del gran templo, me- dida desde el terraplén, es de 50 pies. Pasemos ahora al patio (6) que circuye el monumento. A la altura del puente (5) que une el pabellón de entrada con la capilla (8) de Nandi, se ven en ambos lados dos elefantes gigantescos (¡21), que parecen re- presentar allí los dos, como si dijéramos caudillos, de los elefantes esculpidos en los basamentos del templo, y que aparentan sostenerlo del mismo modo que los elefantes divinos sostienen el mundo, en la mitología india. Detrás, y á la distancia de 11 pies de la capilla de Nandi, frente á las ventanas (9) laterales, se elevan dos obeliscos (22) que probablemente tendrían encima un león. La altura de estos obeliscos es de 58 pies; el lado de la base de 1 1 , y sobre el capitel no llegan mas que á 7. Pasando de la parte meridional del patio á la septentrional, por debajo del puente que precede á la ca- pilla de Nandi, se observa, frente ála entrada, y junto al basamento occidental de la capilla, un gran bajo relieve, que representa á la diosa Lakchmi, sentada sobre el loto sagrado encima de las aguas. Por ambos lados se ven dos elefantes que derraman sobre la cabeza de la diosa el vaso de las abluciones, mientras otros dos que hay debajo, adornados con sus campanillas, se ocupan en llenar cada cual un vaso. Dos eslátuas puestas sobre un pedestal á derecha é izquierda figuran los dos custodios de Lakchmi, armados con cuatro brazos. Sin embargo, no hemos citado aun todas las maravillas que se ven en el Relaza. El palio está rodeado de largas galerías, de las cuales algunas tienen varios pisos. El lado septentrional conforme se va desde el án- gulo occidental, ofrece á la vista varias grutas (23) precedidas de pilares y pilastras. Pero la mas notable de todas estas excavaciones es la que existe en el segundo piso, frente al pórtico septentrional del gran templo, llamada Para-Lanka (24). Súbese á ella por una escalera de veinte y siete escalones. La entrada tiene 7 pies y 7 pulgadas de altura por 3 y 8 pulgadas de ancho. Este pequeño templo, dedicado también al dios Siva , tiene de dimensión 70 pies 7 pulgadas de largo por 61 y 9 pulgadas de anchura; su elevación es de 14 pies y 6 pulgadas, y el santuario consta de 26 pies de altura por 59 de ancho. Es monumento muy bien conservado; descansa en gruesos pilares, y está adornado con magníficas esculturas; las pinturas del techo, aunque todavía se percibe algo de ellas, están cubiertas de humo. Conforme se baja del templo, se entra en una galería (25) sostenida por once pilares, que se prolonga volviendo hácia la parte de oriente apoyada en otros diez y siete pilares, y sigue después por el mediodía des- cansando sobre once de los mismos pilares. Todos estos tienen un grueso de 2 pies 8 1?2 pulgadas, y los huecos de las pilastras que corresponden á cada pilar están llenos de objetos y asuntos tomados de la mitología india, ofreciéndose en aquel ancho claustro á la admiración del devoto indiano una especie de Panteón. Los lados del norte y mediodía tienen 11 7 pies 8 pulgadas de longitud, y la parte del fondo 186 pies y 6 pul- gadas. Por lo general, la anchura de esta galería es de 13 pies, y la altura de 14 y 8 pulgadas. En algunos parajes tiene la roca de 7 á 22 pies y baja hasta 5. En el ángulo meridional se hace notar la falta de tres pi- lares, que dicen mandó quitar Aureng-Zeb, creído de que así se hundiría aquella mole, y liaría ver la impo- tencia del dios de los indios : pero salieron vanos sus pronósticos, y los indios dijeron que el dios se habia burlado del furor de aquel soberbio. La parte meridional del patio ofrece después varias excavaciones (26) mas ó menos profundas : la mas contigua al pabellón de entrada presenta la singularidad de un techo abovedado. Con esta parte se comunicaba el pórtico meridional del gran templo por medio de un puente de piedra, que iba á dar á un piso (27) donde están practicados dos departamentos, el uno de 60 pies de largo, que lleva ANTIGUOS Y MODERNOS. 3 el nombre de Lauca. Al lado derecho de este piso hay una escalera de 24 escalones que conduce á otro se- gundo, en el cual se ven ties piezas. , i , . b f 4, oartc del patio es la que representad grabado : a la izquierda, por el costado meridional, se ven las bajo del P ’ 1 enriquecido "'con tantas esculturas; detrás hay otro puente que se comunica con el gran emolo cuyTpórtico y el peristilo los encubren en parte el obelisco de la derecha y los restos del elefante que se advierte en el primer plano. En seguida viene el gran templo, que forma el tercer cuerpo de este curioso monumento, apoyado todo él en los elefantes tallados en la parte inferior; y un poco mas lejos se perciben, echados por tierra los restos del puente que abria la comunicación entre las dos piezas llamadas Lauca, si- toadas en el lado opuesto de la montaña: ünalmente nuestro punto de vista permite distinguir las eminencias ib las diferentes partes del gran templo y de las capillas laterales, eminencias que se asemejan mucho á unos arcos con techos de forma ojival saliente. En el fondo se descubre parte de la galería mitológica, en que faltan los nitores destruidos por orden de Aureng-Zeb, y á la derecha podrá observar el lector el lienzo meridional de liTmoritaüa , practicado por el artista en la roca viva. , , , Terminada ya la descripción, pasemos á expresar el sentimiento de asombro que embarga al espectador. ¿Uué 1 e de tal modo sorprende á la imaginación y la deja como extasiada? No será en verdad la elevación del es 0 \ . j a| | 0 q Ue su s formas son naturalmente toscas y, como si dijéramos chafadas; ni la extremada re- monumen o^, p Ues \ a desigualdad del terreno ha superado muchas veces al arte; ni la variedad del Ti ;lU< a ñora iie todo tiende allí á describir una figura cuadrada, ni finalmente el número de adornos, puesto !¡¡ cTstan empleados con excesiva profusión : pero aquella inmensa aglomeración de trabajos manifiesta el 1 _ i • 1 "1 . „ * ~ M ~ nn r*rwm /\ v\ni,n AAn P aKi*aV| 1 1 VYX O 11 A C* Cll ÍYl OVO 11 11 COllfl IT1 lOílIrt visiones, salones y pórticos . . , . . berana inteligencia del hombre, por mas imperfecta que aparezca sin embargo, considerada bajo el aspecto del arte I a uniformidad de las lineas predispone al alma á la tranquilidad religiosa, al paso que la variedad de adornos la perturba y la distrae. Si las bóvedas poco elevadas no la dejan remontarse hasta el trono de su dios en cambio gravitan mas sobre ella, y parece como que le traen mas cerca. Sér único y formas múl- tiples tales el gran misterio de la religión indiana, misterio que en cierto modo se ve realizado en este mo- numento á cuyo sistema de unidad se agrega un sinnúmero prodigioso de detalles. Cualquiera que fuese el pensamiento del autor, no pueden menos de sorprender, y arrebatar tanta audacia en la empresa, tanto acierto en el plan, y tan superior talento en ,1a ejecución. Este es el efecto que ha producido en todos los viaieros europeos , que dicen no es posible comprenderlo sin experimentarlo por sí mismo. Los que no creen en la espontaneidad del talento de los indios, hallarán en estas obras el carácter egipcio v hasta el mismo sello del arte griego : las pilastras, por ejemplo, que adornan el primer piso del pabellón de entrada son enteramente un recuerdo de la Grecia. Pero es menester confesar que aun cuando los artistas indios se hayan sentido inspirados por la contemplación délos monumentos extranjeros, han permanecido fieles á los sentimientos nacionales. Siempre se deja ver en alguna cosa la escuela donde se ha aprendido; mas en los monumentos de la India todo tiene su carácter propio, así el pensamiento y la ejecución, como las par- tes principales y las accesorias. En vano se citarán las columnas, los capiteles, los frisos, los frontis, los fes- tones las cornisas todas las demas riquezas de la arquitectura que dan irrefragable testimonio dé grandes progresos en el arte ; porque admitida la imitación, no se sabe cómo explicar todas las formas toscas, vio- lentas y acompasadas, que son en este caso otras tantas bellezas indígenas. En vano también se hablará de la corrección y exactitud de aquellas esculturas, algunas de las cuales dicen que exceden en gracia y delicadeza á todo lo que ha producido el cincel griego; porque supuesta la importancia del arte, no deja sin embargo de afear estas perfecciones la monstruosidad poco clásica de la mayor parte de las figuras. Pero es preciso no olvidar que el artista era indio, que reuma en sí lodo lo bueno y malo del país, que trabajaba sin tener pre- sente otra cosa que su patria, y que adquirió su inspiración en el magnífico espectáculo de la naturaleza que le rodeaba, en las sublimes descripciones de sus poetas, en las maravillosas fábulas de una mitología verdade- ramente gigantesca; y por último en las sinceras creencias que alimentaba su corazón. ¿ Tenia acaso necesi- dad de expatriarse para encontrar modelos? ¿No se levantaba á sus ojos el Ilimalaya con sus pirámides de granito sus picos de cristal y sus moles de rocas pintorescas; el Yindhya, lleno de grutas misteriosas y de majestuosos bosques, y el sagrado banano con sus columnas, pórticos y bóvedas vegetales? ¿No tenia de- lante aquella raza de hombres que vinieron un tiempo de la Escitia para habitar y embellecer las orillas del Ganges ? Bastábale mirar y copiar cuanto le rodeaba. Por esta razón el arte indio es una imitación en extremo nacional. Mandad labrar á un discípulo de la Grecia aquellas inmensas catacumbas, aquellas grutas oscuras, y se abogará, y pedirá un aire puro y un cielo despejado, mientras que el indio necesita para respirar, cuevas 4 MONI MEIN TOS lóbregas y profundas. Pedid á un discípulo de Fidias que represente en la piedra los prodigios de los poemas indios, y buscará formas siempre puras y sencillas, cerrando sus oidos á la brutal inspiración de las capri- chosas leyendas. El artista indio, en genio yen sentimientos, colocará sin repugnancia alguna á la puerta de todos sus edificios dos gigantes, y les pondrá cuatro brazos, creyendo que el pueblo debe conocerlas impresio- nes terribles antes que las halagüeñas; por esto también colocará en la entrada del templo del Relaza, por una parte á Bhavani, la esposa de Siva, con ocho brazos, y por otra á Caneza, su hijo, con cabeza de elefante. La capilla de Nandi tendrá en su parte occidental la imágen de Lakchmi, purificada por el agua que derraman dos elefantes sobre sil cabeza; hacia el mediodia estará grabada toda la historia de Rama y Ravana con sus diez cabezas, y la monstruosa figura del mono Hanuman; yen frente del norte la historia de la famosa guer- ra de los Pandus, donde se ven soldados de infantería, elefantes y carros tirados por caballos. En el centro del techo del gran templo parecerá que Lakchmi sigue atentamente con la vista al asombrado devoto. El es- cultor mostrará en las galerías mitológicas del fondo todos los peí sonajes venerados por las diferentes sectas, Brahma, Vichnú, Siva, Crichna y los distintos avataros, probando así, de un modo palpable hasta cierto punto, el famoso precepto de tolerancia universal consignado en el Bhagaval-cjitci, y enseñando á los pere- grinos que todos sus cultos deben confundirse en el de un Dios único, aunque con diversas apariencias. Chrichna ha dicho : « Los que sirven con fe á otros dioses, y no á mí, me adoran también involuntariamente»; y lo propio dice el escultor al reunir en una misma galería, y como en el asilo de la paz, las imágenes sim- bólicas de los divinos caudillos, bajo cuyas ensenas pueden combatir los hombres. Por lo demas, fácilmente pudiera ponerse en claro la cuestión de prioridad, si los anales indios nos suministrasen algunas noticias sobre el origen de los monumentos de Flora. SirCárlos Malet refiere dos tra- diciones muy diferentes respecto al rey que fue autor de aquellas obras. Los musulmanes las atribuyen al Radja-El, que vivió 900 años ha, y los indios las creen contemporáneas de Elú , que debió reinar en el Divapara-Yuga , es decir, hace mas de 7900 años. Los Pavanas hablan de un rey FJa , llamado en otro tiempo Pururá vas, que vivió en los principios de la monarquía india ; mas nosotros no podemos adoptar semejante antigüedad, ademas de que las esculturas grabadas en el monumento destruirían esta suposición. La presencia de Crichna y los Pandus entre los personajes que allí se representan; nos da ya una fecha posterior á la guerra descrita por el Mahabharata , que podría haber acaecido 1,200 á 1,000 afíes antes de nuestra era. El culto de Crichna no debió adoptarse hasta mucho después de su verdadera existencia; y si se atiende á varias figuras budhicas que se notan entre las esculturas de Elora, nos veríamos precisados á ad- mitir la época inmediata á nuestra era , en que la influencia de los brahmanes tenia por adversarios á los re- formadores cansados de su dominio. Parece pues que la antigüedad mas probable que se puede conceder á estas hermosas ruinas es la de dos mil años, en cuya suposición no es posible negar absolutamente las rela- ciones que pudieron mediar, parala perfección de las artes, entre la India y el occidente. Las hermosas me- dallas indo-bactrianas que con singular dicha hemos descubierto últimamente , pueden indicarnos los pro- gresos del arte griego; y en todo caso, dado que haya de privarse á la India de su originalidad, será forzoso convenir en que el arte griego sufrió una transformación, y se hizo indio. BIBLIOGRAFIA. Las obras que pueden consultarse con fruto para el estudio del helaza , son: l.° El VI tomo de las Investigaciones asiáticas, donde existe la memoria de sir Carlos Malet. 2 0 La gránelo obra de Daniel ( Uindoo excavations in the rricun- tainof Elora, near. Aurung-Abad in the Decan. i vol.cn folio con lám. iluniin.; Londres, 1803), arreglada en esta parte por los dibujos de un indio llamado Gangarama, di- bujante de sir Carlos Malet, ó por Mr. Walés. 3. ° El II tomo de los Monumentos antiguos y modernos delín- dostan , en que están reunidos los ante ccdenlcs dados por sir Cárlos Malet y Daniel. 4 . ° El III temo de las Transacciones de la sociedad literaria de Bombay, en que M. S\ kes insertó una memoria y varias láminas curiosas de Elora. 5.° The iconders of Elora, or the narrative ofájourney to ti e temples and du elling excava tet ont of a mountain of granite and extending upteards of a mileand a quarer, at Elora in the East Indies, etc. by Jolhn B. Seely (2. a edición) London, Witakcr, 1Í25. 1 vol. 8.° con 10 b'm. G .o Las vidas de la India , de la China y de las orillas del mar Rojo por el comodoro Mliot,obra escrita ceñios d< comentes ar- riba mencionados. TEMPLO DE EBÜAHBIJL , ÍPü©® ©©ÍKIiíMsIMi®® k M 1H1®1» JLjl viajero que camina orillas riel Wilo llega á un punto distante sesenta leguas al S.-O. de la primera catarata de aquel rio, y doce leguas al N.-E. de la segunda, y cuando mas entristecido está con la aridez que se ofrece á su vista, queda de pronto agradablemente sorprendido al descubrir á la mano derecha dos templos subterráneos, labrados en la roca con admirable artificio, yen su parte exterior varias figuras gigantescas, que recuerdan las mas bellas y famosas obras de la Tebaida. Aquel punto es Ebsambul (ó Ibsambul, y no Abu-Sambul ni Simbel como lo escriben varios viajeros). Este distrito es por sus antigüedades el mas in- teresante del pais de los kennos, en la Nubia inferior. Ebsambul, pues, célebre en algún tiempo por las relaciones de unos cuantos viajeros, no lia dejado de ser posteriormente el motivo principal de las expediciones de muchos Europeos, y el objeto de su admi- ración,- y este sentimiento unánime en todos ellos, no puede explicarse sino por el doble mérito de una empresa atrevida y de una ejecución perfecta. En el gran templo de Ebsambul es donde principal- mente brillan la grandeza arquitectónica, y las riquezas de la escultura y la pintura,- pero en otra noticia ha- blaremos mas estensamentc de este magnífico monumento; ahora trataremos solo del primer templo, que estaba consagrado á Athor. (1) Sirve hace mucho tiempo de asilo á los habitantes de Beyllagy, pueblo si- tuado cosa de media legua al sur, y á los de las poblaciones inmediatas, perseguidos por los beduinos del Gharb ó de la Libia , que infestan y roban todo el territorio desde Argo hasta Dakeh, y son los mismos que recorren los desiertos situados entre Tebas, Syut y el oasis de Ammon. Los kennos se meten en el templo con sus rebaños, y si los árabes vaná acometerlos, se defienden allí con ventaja : así se hallan en tan mal estado sus esculturas, ennegrecidas y ocultas en parte con el humo de las hogueras que en él encienden. El pais aquel es arenoso y cási estéril, y el terreno ferrujinoso; pero no lejos de allí se encuentra sén con abun- dancia, que es lo que constituye su única riqueza; el desierto inmediato está lleno de ónices, cornerinas y ágatas, y su calor es insoportable. No se puede concebir cómo en paises tan miserables han dejado los hom- bres monumentos de semejante magnificencia. Los templos están labrados en una montaña llamada Djebel Ebsambul (2); el mas pequeño de los dos está junto á la orilla del rio, y el otro mas distante. El primer viajero que estuvo en Ebsambul fué el ca- ballero Drovetti, cónsul general de Francia en Egipto y hombre muy distinguido, á quien son deudoras de notables descubrimientos las ciencias arqueológicas y la civilización; acompañóle M. F. Cailliaud, conocido después por sus viajes á Egipto y Nubia. Nada pudo persuadir á aquellos supersticiosos habitantes, sin em- bargo de la recompensa y seguridades que les ofrecieron, á que abriesen á nuestros compatriotas la puerta del gran templo, pues creían aquellas pobres gentes que lloverian sobre ellos lodo género de calamidades si daban entrada en él á los cristianos. Esto era por el mes de marzo de 1816; pero un año mas tarde pudo realizar Bclzoni aquel deseo, pues por orden de M. Salt consiguió entrar y llegar hasta el santuario. El fué el primero que sacó el dibujo del aspecto exterior de Ebsambul, que aunque muy imperfecto, daba ya una alta idea de su mérito. Siguiéronle poco después otros artistas y viajeros franceses, MM. Huyot y Gau, arquitectos, Rifaud, Cailliaud y Linant, continuándose así en Nubia lo que los franceses hicieron en Egipto afines del postrer siglo. Délos viajeros ingleses que acudieron á Ebsambul, citaremos principalmente á lord Frudhoc, al mayor Félix y á M. Wilkinson, pero ninguno de ellos examinó aquellos lugares con tanto cui- dado ni tan buen éxito como MJVI. Champollion el joven yRosellini, á quienes acompañaron MM. Bibent, N . Lhote , S. Cherubini, etc., enviados en 1828 por los gobiernos de Francia y Toscana para completar los descubrimientos de la comisión científica de Egipto. No pretendemos dar aquí una lista de todos los viajeros (1) Champelloq el joven en las cartas de Efjipto y de I\ubia dice que este templo se dedicó á la Venus egipcia (Athor) por Nofrc Arri* muger de Rhamses el grande. (2) Jpebel quiere decir montana. 6 . MONUMENTOS que han visitado a Ebsambul, mas sin embargo, haremos mención del barón de Piuppel y de MM. Cadel- vene y Rrekvery, cuya publicación es la mas reciente, así como del arquitecto M. Iioreau. Sensible es que M. Iluyot no haya dado á luz los hermosos dibujos que hizo en Ebsambul; M. Gau fue el que copió mas mi- nuciosamente la parte arquitectónica y las vistas exteriores. Nosotros ofrecemos á nuestros lectores otros di- bujos hechos sobre el terreno por un artista no menos hábil en reproducir el carácter de la arquitectura y decoración egipcia, que es M. Horeau ; pues aunque reducidos á menor escala, comprenden todos los detalles necesarios para hacerse bien cargo de los monumentos. El lector puede pasar ya á reconocer la primera lámina; la fachada que se le presenta es la del templo pequeño (y decimos pequeño comparándolo con el segundo monumento, que cae al mediodía, y que se deja ver en parte á la márgen del dibujo). La roca está cortada formando un plano inclinado, en la longitud de 27 metros (mas de 85 pies) y en una elevación de 12 metros (57 pies), casi con la inclinación ordinaria de los pilones egipcios, y después se han practicado seis concavidades altas y profundas , reservando lo necesario para seis estátuas colosales (*) esculpidas mas tarde con acabado primor, figuras de estilo grave, imponente y noble. Luego se dió principio á otra obra no menos gigantesca : los artistas nubios ó egipcios hicieron en la roca viva, con una profundidad de mas de 25 metros (71 pies) un pronaos (e) ( véase el plano y corte fig. i y 2), una celia ó naos ( f) un santuario (c¡) f y finalmente otras dos piezas pequeñas al extremo déla cella(h). Los sustentáculos del pronaos no son columnas, sino anchos pilares cuadrados y algo gruesos, que descansan sobre un ancho zócalo y están coronados por una cabeza de muger, esculpida en relieve como en Denderah y en lebas (templo de la orilla izquierda). La longitud de la celia ó la anchura del monumento es de 16 metros (cerca de 50 pies.) La vista de la fachada puede dar al lector una exacta idea del exterior del monumento y de su mages- tuoso ornato: interiormente está lleno de bajos relieves pintados, todos de buen estilo y excelente ejecución, y parecen representar asuntos religiosos ú ofrendas, ya á la divinidad principal, Albor, ya á los dioses que se veneran en el propio templo. El santuario está esculpido y adornado con geroglíficos, como todas las partes del monumento. En cuanto á asuntos históricos, civiles y militares, podrá haber algunos, pero no están dibujados, y solo en el gran templóos donde se ven con profusión. I oda la parte de adorno permanece bien conservada, aunque oscu- recida con el humo, como ya hemos dicho; el techo está pintado de azul y guarnecido con una orla de tres co lores. El hábil artista que mas pormenores ha dado sobre este templo, M. Gau, compara su fachada con la de los pilones , y la considera como el tipo de este género de construcción: si bien en lo que mas se pa- recen es en estar la fachada cortada en declive como un pilón, y en que los hondos nichos donde están los seis colosos, corresponden hasta cierto punto á cada una de las concavidades de los pilones en que se colocaba algunas veces un árbol triunfal. Dichos seis colosos, puestos simétricamente á derecha é izquierda de la puerta, consisten en una figura de muger colocada entre dos de hombre, todas ellas de una altura de 10 á 11 metros (55 á 56 pies), comprendido el adorno de la cabeza; la ejecución, sobre todo de la fiso- nomía, es muy buena, y las formas del cuerpo.no carecen de elegancia. Junto á las piernas de cada coloso hay dos figuras pequeñas ( dobles sin embargo del tamaño natural); y aunque varios viajeros han creído que representaban á los hijos é hijas de aquellos personajes gigantescos, se necesitan observaciones mas exactas pata admitir esta opinión. No puede ponerse en duda que el templo este dedicado á la diosa Athor al considerar los objetos que se ven representados en el santuario. Entre dos pilastras que tienen encima la cabeza femenina , como en fentyris, en lebas, etc., hay un relieve saliente (**) que represéntala becerra sagrada, cuya piel baja hasta la tierra, y este es el emblema de Athor, la Venus egipcia. La figura de muger esculpida delante de este simulacro parece estar cubierta y como vestida con dicha piel; mas lo desgastado de la escultura no per- mite ¡distinguir bien los accesorios de que se compone, aunque por otra parte la estatua debía ser muy lijera y e ' lca( l a - No haiemos mención de las divinidades adoradas en el misino templo, porque continuamente espenmen ta nuevas modificaciones el difícil estudio de la mitología egipcia . á medida que se van sucedien- 10 os descubrimientos. Respecto á la antigüedad del monumento, si no se han interpretado mal las leyen- das, y hemos de atenernos á los cartones ó medallones del grande y pequeño templo de Ebsambul, no puede reputarse este anterior á Rhamsés el grande, ó á Sesostris, puesto que se lee su nombre en los me- dallones: ademas de que una inmensa serie de esculturas pintadas representan los hechos militares corres- pondientes á a historia de este conquistador; de lo cual trataremos en otra noticia. Pero eí monumento que nos ocupa parece de la misma época, y aun presumimos que estuvo mas particularmente destinado al '*1 S ®S U1 1 ' a °P! nion de Charopollion el joven los seis colosos representan á Faraón (Rhamsés el grande) y ásumrger une tienen ¿ ¡o pies, et uno a sus hijos, y el otro á sus hijas con sus nombres y títulos. “ b 1 ( ) Véase OÍ nicho del santuario reproducido en la lámina: corte y plano núm. 3. antiguos y MODERNOS. 7 . culto, como quiera que todos los asuntos consisten en ofrendas á los dioses, ^presentadas poi -el rey egipcio y por una figura ricamente vestida que se cree sea la imagen de la rema. ( Yease la obra de M. Gau y otros.) Es muy posible que el techo pintado contenga objetos mas vanos é interesantes; pero por des- gracia los viajeros no los han copiado ó publicado, bien que, según parece, ni siquiera los han observado. También es de advertir que la proximidad del gran templo ha perjudicado al otro, dispertando mas admi- ración y atención en los viajeros á causa de sus estupendos colosos, y principalmente de la riqueza de sus pinturas históricas y etnográficas, casi comparables con las maravillas de Tebas. Sin embargo, la belle- za de la fachada del pequeño templo, prueba bastante la importancia que le dieron sus autores y debe mo- ver á cuantos en lo sucesivo lo visiten, á estudiar con detención todas sus partes ( 1 ) • Réstanos apreciar el mérito artístico del templo pequeño de Ebsambul, examinado bajo el aspecto del pensamiento arquitectónico y de la ejecución y ornato. Para hacer útil y completo este examen, seria me- nester fijar aquí los principios generales del arte egipcio, citar egemplos tomados de los modelos c esta ar- quitectura, y comparar después estos diversos tipos con el monumento de Ebsambul; pero este trabajo excedería á los límites que nos hemos prefijado, y seiá mas oportuno en una obra especial del estudio del arte en Egipto. considerado en sus diferentes ramos, y en que tengan lugar las dos grandes divisiones a que debe reducirse la arquitectura de las orillas del Nilo. Las obras construidas sobre el terreno, y las eje- cutadas en el seno de las montañas, que en el concepto mecánico seguramente no desmerecen de aquellas, entrarán también en este cuadro general , donde espondremos los caracteres peculiares de la arquitectura subterránea su origen mas probable, y el lugar que debe ocuparen la historia del arte: allí se descifrarán también las’denommaciones de speos y hemi-speos que se dan á los monumentos labrados entera ó parcial- mente en la roca y encubiertos á la luz del dia. Ahora nos limitaremos á comparar el plano del templo neauefío con algunos otros análogos. Los sustentáculos están cortados, no en forma de columnas, sino de pi- lares cuadrados, como en la mayor parte de los hipogeos de Tebas. Esta preferencia podría espirarse sufi- cientemente con la necesidad de mayor solidez; pero en este caso la figura cúbica del neto que hay sobie e mascaron femenino de la diosa Athor, requería la forma del pilar cuadrado, si bien es verdad que en Den- derah y en otros puntos no se ha tenido presente esta razón para labrar en forma de columna la parte infe- rior del sustentáculo. Así se esplica también la poca altura de los pilares comparada con su base , pues comprendido el zócalo, la proporción no es mas que de tres á uno. La sencillez y regularidad del plan no dan lugar á mas observaciones; y por lo que hace á la ejecución de las líneas de las figuras y de los carac- teres geroglíficos egipcios , ya hemos tenido ocasión de decir que era muy esmerada y semejante á la del 1110 Algunos viajeros, MM. Gau y Wilkinson, han daiWd nombre de Abusambal y Abu-simbel al sitio de Ebsambul • mas la ortografía árabe del nombre no adffiftftmejattte denominación, como tampoco dos palabras separadas •’ el uno se equivocó por la anología de la jfhmeralü^a con la de Abu, por la cual comienzan mu- chos nombres de lugares ; el nombre solo tiene trefsílqjgk q*»c escriben todas juntas. El sabio anticuario M. Wilkinson, parece que se dejó engañar por cierta rqgjfc aimgía que existe entre Abu-simbel y Abuncis, (ó Abocéis ), nombre de un lugar antiguo situado en* l;ijíf:i 1 Ig^quierda del Nilo; pero es preciso tener en (l) a los pormenores que acaban do leerse, añadiremos el siguiente? tomado del Bosquejo de la baja ft ubia, publ.cado por M ' C «I^asart™brim, que es lí antigua Premmis, desaparecen los nombreíWos soberanos griegos y romanos; los Faraones fueron los único» «que'ílevarón nías lejos lo. liiiiite^ae (le i l» r Lui^^se ^icef^ca^ unloTas^inonutñas n A n |a ! <ii;íi: U 1 quierdJ/ S q«é e :pena" 1 quc<la e t«*o n eMI^e , las ; E El — parece can ,,,,, fue.L, «„ a, ce., a dirección. , - mocas areniscas qnc se c c 11 asnera auebrada, se agbmeian y forman una especie de muelle formidable, -* P"T" a ' “‘ le ° al lili de la quebrada un ritió bailante espacioso, poco ,1,1 «Ta'do sobre el'oieef íel rio , completamente ceñido en los tres lados restantes por un alto moro de montañas. Este N U° . estaba aun aislado «por medio «de aqucll «punto y «veinte y «formando un ano relieve, del londo mismo en que se apoyan, e.» ... , , ,i., n .• .1;, , . ' { . 1 1 . 1 • r» ' t-i ¡nfliii 'trien crencral del declive poco sensible de la montana, dan a duna tachada ccmi’t entre os colosos crandes espolones, que siguiendo ta inclinación 1 .• «sema cune , •, • 1 ’ 1 r 0 Sesostris y a la rema Nufre Arri, su mujer, se distinguen poruña «nn isnecto incspltcable a primera vista. Estos colosos que representan a aesos u 1» j 1 . . 1 , • ? >. «un aspcciu _ t i tienen toda Ja morbidez y gracia de la naturaleza. La intervención de 5 los demas, y le hacen mas y mas y, cuyo alecto tierno y ccnsianle pormenores á veces lisonjeros y etudo el tiempo. Ademas de la sa- e mil y trescientos años, es tesoro aplican los colores mas agradables y la ‘ ‘ Colocado este ada escultura á los asuntos mejor elejidos y mas propios para espresar la idea única y fecunda que allí domina. Colocado est ? ai lado del inmenso hinoico de Ebsambul , conserva sin embargo su interés distinto, y de mí sé decir qne quiza lie espemnen «inapreciable un mon «mas esmer ” t K '(lo° m T ph!cc r e n ^r 'á de "cansa r e 7él' d e'las impresiones turbulentas que causa el monumento 'inmediato, que visitándolo desde luego :£n ^ mirada i aquellas cabezas que sobresalen entre la arena, como otras tantas copias de! Pohfemo «d 1 Fusino » [Revista Francesa, noviembre de t 82 »). 8 MONUMENTOS cuenta que Tolomeo, que es quien cita el nombre de Ab uncís , sitúa este punto á *1 ifó grados al sur de la gran catarata (es decir, de Huadi-Halfa) á 5 í/2 de Filoc, á 3 o 50’ de Sienc, y que Ebsambul está solo á 1;2, 2 o , 56’, y 2 o , 45’ respectivamente de dichos lugares (y no hablemos de la posición absoluta, cuyas diverjencias son mucho mayores) : ademas Ebsambul está al Norte de la segunda catarata y no al sui como Abuncis. M. Champollion el joven ha observado un cuadro aislado, esculpido en la roca exterior (en nuestra la- mina se véá la derecha del templo); y habiendo podido interpretar la inscripción geroglífica, leyó ef siguiente voto: «Que Amrnon conceda largos dias al príncipe para reprimir las incursiones de los Libios. «Sin- gular coincidencia es esta con el estado actual, pues las tribus de Gharb, que infestan todas las cercanías, obligan á los habitantes á retirarse á los templos con sus familias, bienes y ganados, para librarse délas usurpaciones de los beduinos africanos. La población de aquel punto débil y supersticiosa, la han caracteri- zado muybienBelzoniy M. F. Cailliaud; asi que, remitimos al lector á sus descripciones de Ebsambul. BIBLIOGRAFIA. I. 1 Narrativa of the operation and recent discoveries uxitli •• the pyramides, temples , tombs and excavations in Egypt and N ubia, etc., b\j Bclzoni ; London, 182Í 8.° con atlas fol., lám. ilum. Voyage en Egypte et en Nubie, par Bclzoni , traduit de Vanglais, aveedes notes, par Depping; Paris , 1821, 2 vol. 8.° y atlas. 2 . ® Antiquités de la Nubie ou rnonuments inédits des bords du Nil, entre la premiare ella secando cataracte, dessinés en 1819 par M. Gau; París. 1823, 1 tomo fol. con 03 lám. 3. » Voyage a Méroe en 1818, 1819 et 1820, por Fred. Cail- liaüd; París , 1823, 1 vol. fol., lám., litogr. 4. ° Voyage en Egypte, en Nubie et lieux circonvoisins , de puis 180;5 jusqu'en 1827, par Bifaut; 5 vol. 8.° y atlas de 300 lám. litogr. tj O Topography of T bebes , by Wilkinson; london, 1 vol. 8." y plan. fol. 6. ° Manners and custoim of the ancient Egyptians ; by li- li inson; london, 1837, 8 vol. 8.° con muchas válelas e» el texto. 7. ° lettres écriles d'Egqpte ct de Nubie en 1828 et 1829, par Champeliion jeune ; París, 1833, 1 vol. 8.° lana. 8. ° f. 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En la faz de esta roca se ven las esculturas y escavaciones actualmente llamadas Taklili-Ruslam , ó Trono de Ruslcim, Kabreslani Guiauran , ó Ce- menterio de los Gauros ó Güebros , y mas comunmente Nakschi-R.ustam , Imágen de JRustam, nom- bre, este postrero, que adoptaron los habitantes del pais, porque en las esculturas de la roca presumen des- cubrir la representación délos singulares combates y proezas de Ruslam, el héroe mas célebre de los tiem- pos fabulosos de la Pérsia. Los monumentos de Nakschi-Rustam pertenecen á dos épocas muy diferentes, unas anteriores á laes- pedicion de Alejandro, y otras que deben contarse desde el tiempo de los reyes Sasanidas. Constan los pri- meros de cuatro sepulcros tallados en la roca á la elevación de unos 60 pies, estando todos ellos decorados en su parte esterior con esculturas de relieve, ejecutadas en la misma roca. Uno de estos sepulcros, cuya fachada se ve cubierta de caractéres cuneiformes, sirvió de sepultura, según congetura Ker Portcr, á Darío, hijo de Histaspes (2); y aunque nosotros sabemos por las Pérsicas de Clesias, que la tumba de Darío es- taba labrada en la roca, y que no era posible llegar á ella sino subiendo por medio de cuerdas (3), con todo, no basta esta mera coincidencia para deducir la identidad del monumento, y el viajero inglés dejó de copiar las inscripciones , con lo que hubiera podido aclararse este interesante enigma ; puesto que hoy dia se conoce perfectamente el valor de los caractéres cuneiformes que componen los nombres de los princi- pales monarcas persas. (4) Pero ¿por qué estaban estos sepulcros abiertos en la roca y colocados á tan grande altura? ¿Por qué se destinaban precisamente para los reyes? Para resolver estas cuestiones, es menester entrar en algunos pormenores acerca de las prácticas que observaban con los difuntos los dis- cípulos de Zoroastro. En otro tiempo los Magos echaban los cadáveres á las fieras para que los devorasen, y aun los Güebros, descendientes de los Magos, conservan al presente esta costumbre, con algunas modificaciones. En Persia, y sobre todo en la India, donde habitan en las ciudades de Bombay, Surata, Nanzari y otras varias, llevan los cuerpos á un edificio situado á larga distancia de las poblaciones, y al que denominan Daklimeh. El Dakhmeh es una especie de torre redonda, cuyas proporciones varían según el número de cadáveres que han de depositarse en ella: los que Anquetil vió en Surata tenian 15 toesas de diámetro. En la plataforma ó azotea que corona el edificio , hay colocadas varias cajas de diferentes tamaños para hombres, mujeres y niños. El piso de esta azotea está en deelive, y en medio hay un sumidero muy semejante á un pozo, que sirve para el desagüe. Sobre la azotea es donde colocan los Güebros á sus di- funtos cubiertos en parte con un pedazo de lienzo viejo que hacen trizas inmediatamente los cuervos, buitres y otras aves de rapiña que en gran número concurren siempre á los alrededores de los dakhmehs. En breve devoran también la carne, y no quedan mas que los esqueletos, los cuales se echan al pozo en dos distintas épocas del año , cuando se limpia la azotea del dakhmeh. (1) Por pie entendemos constantemente el pie inglés, que hace once pulgadas y cuatro líneas y media del pie de rey. (2) Este príncipe subió al trono el ano 522 antes de J. C. (3) El estrado de Gtesias, conservado por Focio , dice asi : «Darío mandó construirse una tumba en el monte de dos cimas, y «luego que estuvo acabada, entró en deseos de verla; pero le disuadieron de ello los Caldeos así como sus padres. Estos sin eníb'ar- » go quisieron satisfacer su curiosidad , y les costó la vida ; porque habiendo visto unas serpientes los sacerdotes que los subían á la «cumbre de la montaña, se intimidaron de manera, que soltaron las cuerdas, y el príncipe y la princesa quedaron muertos al caer. «Esta desgracia causó mucha pena á Darío, que mandó cortar la cabeza á las cuarenta personas encargadas de subir á lo alío de la mou- » taña á su padre y á su madre». Véase Larcher , Historia de Her odoto, traducida del griego , tomo VI , págs. 225 y 226. (4) Los descubrimientos sucesivos de varios sabios nos han proporcionado un alfabeto cuneiforme de treinta y tres grupos, que es- presan treinta y nueve valores. Doce de estos son de M. Grotefend; tres de M. Saint-Martin, dos muy importantes, de M. Rask, y doce de M. Eugenio Burnouf. Mientras este último publicaba en París, en 1836 , su Memoria sobre dos incripcioncs cuneiformes halladas cerca de llama dan, M. Lassen imprimía en Bona una obra en que esponia resultados, que según nos han asegurado, difieren poco de los obtenidos por el sabio francés. No tenemos á la vista la obra de M. Lassen, y por esta razón nos es imposible csplicar con mas exactitud los descubri- mientos de este hábil profesor. ^ 10 ESTILO MEDO-PERSA. En tiempo que los reyes de Persia profesaban las doctrinas de los Magos , se eximían de la regía general; no echaban sus cuerpos á las fieras ni á las aves carnívoras, pero tampoco era permitido en- terrarlos ni quemarlos, por no manchar la Tierra ó el Fuego, que recomienda Zoroastro se conserven siempre puros. Estas son indudablemente las razones por qué los sepulcros de los antiguos reyes se la- braban en la roca ó se construían de piedra, á la manera de la torre cuadrada de diez pisos en que se depositó el cuerpo de Ciro en Pasargada. La causa de que la entrada de estos sepulcros fuese suma- S mente estrecha, estuviese sólidamente cerrada, y á tanta elevación de la tierra, era por librar á los ca- dáveres de toda profanación; pero la avaricia no reconoce ley, y ya en tiempo de Alejandro se abrió y saqueó el mausoleo de Ciro. En nada se distinguen uno de otro los cuatro sepulcros, por lo menos en su parte esterior. El que vi- sitó Ker Portee forma en la roca una cavidad de cerca de 14 pies, y siendo mas ancha en medio, ofrece el aspecto de una cruz griega. La altura total del monumento es de unos 100 pies, y lo componen tres cuerpos: el primero, enteramente liso, estaba sin duda destinado para poner una inscripción; el se- gundo, en que se ve la entrada del sepulcro, está decorado por cuatro columnas ( véase la fachada y plano número 1,) distantes entre sí respectivamente cosa de 7 pies. Los plintos de las bases de las columnas sobresalen un pie y seis pulgadas de la línea de entrada del sepulcro, y las cañas de dichas columnas están coronadas con capiteles que representan dos cabezas de toro cada una con un cuerno. Llena el espa- cio que hay entre las dos cabezas otro capitel compuesto de tres piedras cuadradas colocadas una sobre otra, la mas pequeña inmediatamente apoyada en la espalda del toro; el capitel sostiene un arquitrave sin mas adorno que una carrera de modillones en el canto superior. La entrada del sepulcro se halla en medio de las dos columnas del centro: debajo de un arquitrave encorvado hacia adelante y adornado con tijeras estrías , se ve una puerta figurada, perfectamente acorde en sus proporciones con el resto del mo- numento y dividido en cuatro compartimientos, el último de los cuales se halla en un estado total de de- gradación, debida, según las apariencias, á los esfuerzos que se hicieron para violar los sepulcros; porque la verdadera entrada existia debajo de esta puerta figurada, y forma un cuadrado de 4 pies 6 pulgadas de elevación. La anchura de este segundo cuerpo es de 55 pies. El cuerpo superior que se levanta sobre el sepulcro, contiene todas las esculturas del monumento. En primer lugar se ven dos hileras de catorce figuras muy semejantes á las cariátides, colocadas una so- bre otra. Tienen las manos levantadas sobre la cabeza y sostienen dos bellas cornisas de friso; el traje es el mismo en todos, á saber: una túnica corta sujeta por medio de un cinturón, del que tienen pendiente algunos un puñal que cae sobre el muslo derecho. Todos están representados con la cabeza desnuda, y sus cabellos esparcidos tienen la semejanza de una peluca. A cada lado del monumento hay una pilastra de forma muy estraordiuaria ; la base parece una urna en la cual estriba una pata de león con enormes gar- ras; la tercera parte de la pilastra tiene forma de columna, con medias cañas horizontales hasta la mitad de su altura; y por último la cuarta parte figura una cabeza de toro con un cuerno en medio de la frente y sin adorno alguno. Los toros apoyan la espalda en la parle superior de la cornisa. Dominando á todas estas esculturas y sobre un pedestal de tres gradas, se ve un personaje envuelto en una ancha túnica que le baja hasta los pies; en la mano izquierda tiene un arco de estraordinario grosor, símbolo del valor y de la fuerza ; el brazo derecho medio estendido , y la mano enteramente abierta. Lleva unos brazaletes; la cabeza enteramente descubierta; sus espesos cabellos peinados con esmero; la barba le cubre parte del pecho Esta es la imagen del rey muerto, delante de cuya figura se levanta otro pedestal también de tres gradas, en el cual se advierte un altar donde arde el fuego sagrado. Encima y á la dere- cha del mismo altar, hay un globo que generalmente se juzga como un emblema del sol. Entre el altar y el personaje que acabamos de describir, bien que en un plano mas elevado, hay una figura en el aire con un traje parecido al de la otra escultura, con la barba y los cabellos en la misma conformidad, pero lleva en la cabeza una corona redonda y acabañada. En vez de arco tiene en la mano izquierda un grande anillo macizo; la derecha está levantada y abierta. Ciñe su cuerpo una guirnalda colocada sobre una especie de alas, de las cuales parece que cuelgan dos estrenaos de un lazo ó cinta. Esta figura representa lo que el Zendavesta llama un feruher. Según la religión de Zoroastro, todos los seres racionales, hombres ó genios, producidos por Ormuzd, primer principio secundario del bien, están íntimamente unidos durante su vida á una sustancia inmaterial designada con el nombre de feruher, de la cual están privados los animales; el feruher sin embargo se dis- tingue de la inteligencia y de las demas facultades del alma : Anquetil lo contemplaba como el principio de las sensaciones. Los feruhers existían mucho tiempo antes de la creación de los hombres, únense al cuerpo en el momento de nacer, y no se separan de él hasta la muerte. Luchan con los malos genios, enjendros de Ahrimano, principio del mil. Después de la muerte, cada uno de los principios materiales del cuerpo del hombre va á reunirse con el elemento de donde lia salido, el aire con el aire, la tierra con la tierra, el agua con el agua y el fuego con el fuego: pero eí alma, la inteligencia y el juicio se reúnen con el SEPULCRO DENAKSCHI-RUSTAN. a feruher y forman con él un todo único é idéntico , que recibe el premio ó el castigo según las acciones en que se ha ocupado durante su unión con el cuerpo. No es, pues , posible poner en duda que la figura de que se trata es un feruher, pero ¿ representa el del rey, ó el del mismo Ormuzd? Iieeren no se ha resuelto á decidirlo: la semejanza que existe entre las dos figuras le ha hecho inclinarse á la primera opinión, mas la tiara y el anillo que como símbolos de la sobera- nía no podían pertenecer ya al feruher del rey difunto, inducen también á presumir al ilustre sabio que puede muy bien ser el feruher de Ormuzd. Los dos estremos de la cinta que están colgando representan el costi, ( 1 ) cinturón que llevan todos los sectarios de Zoroastro. 1 El monumento que acabamos de describir existe en una especie de fondo abierto en la roca. Las cuatro superficies csteiiores, las de los lados y las del frontis del monumento, tienen cada una por adorno tres fi- guras colocadas una sobre otra; las que se ven á la izquierda del altar y del espectador, que están con el rostro vuelto hádala espalda del personaje colocado en el pedestal, empuñan lanzas y llevan trajes semejan- tes al del personaje, y en la cabeza gorros de la misma forma que la corona del feruher, solo que no son acanalados. A la derecha del altar y del espectador hay otras figuras vestidas como las que acabamos de des- cribir, y parecen ser llorones; tienen la mano izquierda levantada a la altura del rostro, y cogida la falda de su túnica como para enjugarse las lágrimas. Otras tres figuras se descubren al costado , pero solo una de ellas está en actitud semejante á la de los llorones. Ker Porteí , que hizo le subieran con una cuerda , penetró dentro del sepulcro. Yió una pieza abovedada y enteramente ennegrecida por el humo de las lámparas ó del fuego, oscura y sin ventilación alguna. En su estre inidad había tres aberturas o nichos en forma de bóveda, (2) que ocupaban toda la longitud de la pieza. Cada una do estas aberturas se hallaba cerrada por una piedra, rota en uno de los ángulos: Ker Por- ter acercó una luz á dichas roturas, y se convenció de que los huecos destinados á recibir los cuerpos esta- ban enteramente vacíos. La profundidad de la concavidad que constituye toda la tumba tiene 34 pies de an- chura, y de altura 9. Cada uno de los nichos tiene también 9 pies desde la parte superior del arco hasta el nivel del suelo, 8 pies 3 pulgadas de profundidad, 3 píes de ancho, y 4 pies 4 pulgadas de elevación: el resto hasta los 9 pies está comprendido en el poyo en que se sostienen los arcos. El espacio libre de esta pie- za desde los nichos hasta la puerta es de unos 5 pies. En otro tiempo cerraban la entrada del sepulcro uno 0 mas pedruscos de mármol; y todavia se advierten los agujeros en que estaban colocados los ejes destinados á sostenerlos. J liaremos ahoia una sucinta descripción de los monumentos de la época de los Sasanidas, para que el lec- tor adquiera una idea exacta del conjunto de las esca vacionc's y esculturas de Nakschi-Rustam. Los monumentos de la época de los Sasanidas se componé| únicamente de bajos relieves, y están colo- cados á m ucna menos altura que los sepulcros, y aun no faltan algunos que se hallan medio enterrados en— tn a aicna atnontonada poi el tiempo al pie de la roca. Estos monumentos forman seis enormes cuadros de 1 e lie ve , Practicados en la roca. El primero representa dos personajes , uno de los cuales ofrece al otro un anillo con vanas cintas, que los eruditos tienen por la diadema real, emblema del poder soberano. Ker Por— ter cree que esta escena hace referencia á Bahramgur, (3) en el acto de admitir á la reina su esposa á la partici- pación de su autoridad soberana; esplicacion que parece muy satisfactoria, porque por mas que lo niegue Hoeck uno de los personajes es mujer, y el dibujo de Ker Porter no deja duda alguna en este punto. El segundo relie- ve y el cuarto representan dos guerreros á caballo peleando con lanza. Ker Porter reconoce también en am- bos cuadros a Lahramgur combatiendo contra un rey del Turquestan , de quien acaba de alcanzar victoria: pero ninguna íazou hay plausible en apoyo de esta conjetura, que por lo menos es muy dudosa. En el tercer bajo relieve vemos un rey persa á caballo con la mano izquierda en la guarnición de su espada, mien- tras que con la derecha coje las dos manos juntas de un personaje á pie que tiene delante, y otro hay que dobla la rodilla delante del rey. M. Morier ha creido hallar en este cuadro representado el triunfo de Sapor sobre el emperador Valeriano , (4) y la esplicacion del ingenioso autor de Haddji-Baba pasa ya hoy dia por incontestable. El quinto bajo relieve representa dos personajes principales, uno de los cuales ofrece al otro el mismo anillo con cintas de que ya hemos hablado ; lo cual quizá aludirá á Ardeschir hijo de Babee (o) arrebatando la corona á Ardavan, último rey de los partos. El seslo y último cuadro, situado al noroeste de los que acabamos de describir, es un rey puesto en una especie de cátedra ó tribuna, pronunciando un dis- curso. Al rededor hay vanos personajes. 1 (1) Los Güebros llevan el costi encima de la camisa, y no se lo quitan de dia ni de noche Este cinturón hecho ñor lo cnmnn a, lana o de pelo de camello , se compone de setenta y dos hilos, y debe dar dos vueltas por lo menos a cuerpo A los quince S 5a (2) via^kLSfT í POnerSC 00811 ’ Y d dia (IUC 10 8 astan Por primera vez se celebra con graídes’festejos q * V 3 ) hahramgur, sucedió á su padre Yezdequerd, por sobrenombre Alalhim , os decir el Malo el año 421 do i r (4) El ano 2C0 de J. C. ’ ue r. 'i Ardeschir se llama también Artaxare y Artaxerxes, y sucedió á los reyes partos el año 226 de J C 12 ESTILO MEDO-PERSA. BIBLIOGRAFIA. i.° 2 .° 3.o 4. u K.o 6 .° Voyages de Pietro orientales et aítíes te, la Palestino, la 1 c , francais par Car- lieux ( traductionde Utalien en ‘ ncaux); Roum \V^Ta«tm lien* v T%hLT^u¡ : ‘S- — «»'« * ''«™ 1811 fascícu- A ñJ, p™. 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London 1821 y ¿ 4 .0, láminas y cartas. CONSTRUCCIONES REUIftlOSAS. TEMPLO DE LA ISLA DE GOZO , Uigattí^a o ®orte lo» Ufante». liA Biblia y las tradiciones de los pueblos mas antiguos nos enseñan que las ideas religiosas precedieron entre los hombres á todo género de civilización , como origen que fueron de ella , y aun hoy día nos com- prueban los salvajes esta verdad ; por lo cual los primeros sacrificios datan , por decirlo asi , desde el tiempo de la creación. Una eminencia cualquiera , un rnontecillo artificial , ó unas cuantas piedras amontonadas, bastaban para formar los groseros altares destinados á recibir las primeras ofrendas que dejaron en las altu- ras según la espresion del Génesis , recuerdos tan sublimes. ? Estos primeros altares, construidos, como dice la Escritura , de piedras toscas y sin cimentos , cuando los puntos en que estaban situados ofrecían materiales á propósito , y en otras partes de tierra y césped, poraue las llanuras ó los desiertos no contenían elementos sólidos, se encuentran en la India. Luciano, refiriéndose al Asia menor , y á Heliópolis, lugar célebre por el culto del sol y de la gran deidad sideral de los Sirios , habla de un trono ó altar del sol , formado de cuatro piedras rústicas, colocadas en forma de mesa ; en Ortosia (Siria) se ve todavía una construcción análoga, situada en medio de un recinto descubierto que forman algunas piedras alineadas; y Artemidoro, citado por Estrabon, dice que en Ah ica, cerca o Cartago, se. daba culto sobre tres ó cuatro piedras, puestas unas sobre otra, al dios Melkart, o Hercules fenicio , práctica aprendida en Tiro. Este sistema tan grosero de construcción, aplicado a los altares primi- tivos V á los sagrados recintos que los rodean , del Asia y de Africa , como ya liemos visto , se propagó á Europa y especialmente á los países septentrionales , donde todas estas producciones de la primitiva civi lizacion se conocen con el nombre de monumentos célticos ó druídicos; y en América existen infinidad de ejemplos de construcciones semejantes , lo cual prueba cuánta analogía guardan entre sí las naciones nue- vas tratando de crear sus artes. . , , El Asia, pues, como cuna de las religiones mas antiguas , es la que parece haber dado pruncio ongen á estas construcciones primitivas. Siguiendo ¿ los fenicios á las partes occidentales del Mediterráneo , que fueron los primeros que las frecuentaron , dado que habitaban en las costas marítimas , vemos que llevaron su religión á Grecia, á Cerdeña , Córcega , España y las Islas Baleares, países todos donde aun se descu- bren restos de aquellos groseros monumentos á que se ha dado el nombre de pclasgicos , y cuya erección puede seguramente atribuírseles. * . . . , . . El edificio sagrado de mas importancia que dejaron en los pueblos occidentales es el que hace algunos años se denomina Jiganteya , ó torre de los ligantes , situado en el distrito de Kasal-Sciagra , en la pe- ceña isla de Gozo cerca de Malta. Los planos y cortes de este monumento que reproducimos aquí, si guiendo la publicación del conde de la Mármora, están sacados de los nuevos Anales del Instituto arqueo- l0gl En uMgran matare enormes trozos de piedra , irregulares en su forma , y colocados allernalivamcnte, ya rectos , ya en sentido longitudinal , dispusieron los constructores dos templos (A y B , lam. 2), com- puestos cada uno de cinco semicírculos no muy regulares, los cuales estaban en comunicación con una nave que forma el cíe de uno y otro edificio ; estos tienen una fachada común con dos pueilas (G y D) qi c tan entrada á ambos. Todas las piedras de que se compone la Jiganteya se sacaron de aquel mismo sitio ; son calcáreas, y de la especie mas común de piedras de talla. . . Las paredes del interior estaban cubiertas en un principio con grandes losas , c las cua es exis en davía algunas (E) , y lo propio puede decirse del pavimento : el umbral del mayor de los dos templos se compone de dos piedras elípticas que guardan cierta analogía con la disposición interior del e< i icio , longitud total (F. G.) es de 26 metros , 52 centímetros , y la anchura de 25 metros en la seguni a pai c del templo (II. I), y de 16 metros, 10 centímetros entre las dos paredes arqueadas ue la pai c ante- En el primer ábside situado á la derecha de la entrada , se ven desde luego varias piedras que forman un recinto sagrado , y en medio de él algunos escalones que facilitan el acceso al santuario ( Véase en L la lam. plano 2, el corle general , fig. 2); El escalón inferior es semicircular , y tema una reja cuya f nina 2 MONUMENTOS PELASGICOS. se adaptaba al plano de dicho escalón , según los encajes que se advierten todavía ; la reja y toda la dispo- sicion del santuario son muy semejantes á los dibujos del templo de Pafos en Chipre , sacados de medallas anticuas , que reproducimos aqui ( 'números 1 y 2). i i , . Pasada la entrada de la puerta se encuentran dos escalones de igual altura , separados por un claro en que quizá habria un umbral sagrado como los que se colocaban delante del santuario de los templos de Oriente umbral en que no podía ponerse el pie, pues hasta los mismos sacerdotes tenían que pasar sal- vándolo^). En el fondo del ábside, cubierto con anchas losas , se eleva un sacrarium ó sagrario (2) for- mado de piedras derechas coronadas por un arquitrave , en la misma forma que se ve en las monedas de Pafos ya citadas. Bajo esta especie de altar se hallaba colocada una piedra cónica representada en la lamina con el núm. 5. Esta era la deidad adorada en aquella parte del templo, pues la piedra cónica es completa- mente parecida á la estatua de la Venus de Pafos descrita por Tácito y por Máximo de Tiro; este era el emblema del fuego generador del Falo ó Lingain de los indios. Las dos medallas de Chipre tienen íepicsen- tados los sagrados conos. A entrambos lados del sagrario hay unos nichos formados por dos piedras derechas que parecen muti- ladas , y que quizá terminarían en horquilla , al modo que se ve en las medallas de Chipre y en una piedra grabada que publicó Viscontien su museo Pió Clementino, y reproducimos nosotros con el num. 4, lám. 2; al cono acompañaban dos cabezas groseramente esculpidas, que podrían ser de algunos dioses fenicios. • " Varias de las piedras del ábside tienen adornos toscos en figura espiral ( véanse los números o, 6,7, lám. 2). M. de la Marmora ha sospechado que estos adornos , repetidos en todo el trozo de recinto que for- ma la parte anterior del santuario, serian emblemas religiosos ; pero nosotios no los contemplamos mas que como objetos de decoración. En Egipto y en Grecia se usaba mucho de la espiral para adorno de los mo- numentos y vasos de los tiempos mas antiguos del arte , y donde principalmente se encuentra es en las va- sijas etruscas , y aun entre los salvajes, razón para que la consideremos, como una de las liases de decora- don al nacer esta en los diferentes pueblos ; y en un monumento tan primitivo como el de la isla de Gozo no debe admirarnos que la escultura de adorno esté tan en armonía con lo tosco de su arquitectura. En el ábside (K) situado frente por frente del que acabamos de describir , están las ruinas de un altar- de grandes dimensiones, detrás del cual hay una pila (c) ( vease el plano , ficj. 1, y el corte, ficj. o, lám. 1.) redonda y poco profunda que algunos anticuarios han considerado como un biaseio, y que M. de la Mánnoia contempla ¿ con mas fundamento, como un labrum ó labro para las abluciones; especialmente paia la de los pies ; y con efecto , antiguamente no entraban los orientales en ninguno de sus templos , y lo mismo hacen ahora, sin desnudarse del calzado; de manera que eran necesarias las fuentes para las abluciones : el mismo Moisés colocó entre el Tabernáculo y el Sanóla Sanclorum un labro de bronce para lavarse. Separad la segunda división del templo de la primera una gruesa pared, cubierta de losas verticales; y para llegar á la puerta situada entre esta área y la precedente , se sube una escalera. Todo el suelo que separa las tres ábsides está enlosado .' la parte derecha (i) la cierra un parapeto, en cuyo estremo hay un altar cúbico ; mas allá de este altar varias piedras derechas (e), colocadas paralelamente, y que paiecen haber estado destinadas á sostener algunas mesas; y detras de las piedras, y cu espesor de la pared que foima el ábside, se ven tallados dos hornos pequeños (íf), en que se distinguen señales de fuego. En ellos pro- bablemente se cocerían las pequeñas tortas sagradas, puesto que las dimensiones de los hornos no permi- ten que se introdujesen panes comunes. La Biblia hace mención muchas veces de estos panes, y Jere- mías (í) indica de qué manera se hacían los que se ofrecían á la reina del ciclo y á otros dioses esliaños. El altar cúbico (d) antes citado , serviría para hacer las ofrendas. .... En el punto (h) del mismo ábside (véase el corte lám. 1, fig. 4 h) se descubre una pila circular que debía contener el agua con que se humedecía la harina amasada en la mesa (e) , antes de llevaila á los hoi- nos (f y f); y al lado de esta pila hay una piedra larga con un pez esculpido, que reproducimos en mayor tamaño (lám. 2, núm. 8). Este pez denota aquí el emblema del agua y la sal que se usaban en los mis- terios , y en esta parte del templo mas que en ninguna otra. El ábside (II), opuesto á la que acabamos de examinar, tiene un santuario de una forma particular (g): se compone de grandes piedras derechas entre las cuales hay varias mesas, y en el fondo, siguiendo la curvatura del ábside, unas divisiones pequeñas y cuadradas , de igual profundidad y anchura, que tienen el aspecto de columbarios (véase lám. 1 , fig. 4, en el punto H). Fundándose M. de la Mármora en una medalla de An tonino que copiamos con el núm. 9 , creyó serian unos como cajoncitos destinados á las palomas sagradas que anidaban en los templos de la diosa de la naturaleza; costumbre que se lia conservado hasta la actualidad en el oriente , pues en los patios de las mosqueas de Constantinopla existen multitud (1) Jerera. VII, 18 . TEMPLO EN LA ISLA DE GOZO. 5 de aquellas aves. En las medallas de Palos y en la piedra grabada que publicó Visconti, se ven también nalnrms al rededor del templo de la diosa. 1 V ábside ( G ) que forma el fondo del templo , solo ofrece restos de algunas piedras colocadas en su su- es la mas elevada de todo el edificio, como lo manifiesta el corte general (fuj. 2 , lam. 1 , G). íyi o^hii/ anticuario que nos ha precedido en estos detalles, supone con razón que este era el sitio en que es- taha colorada la estatua de la diosa de la naturaleza, ó la Astarte de los Fenicios, á quien todo el edifi- cio oslaba 'consagrado : hipótesis que una vez admitida , esplicana la sorprendente analogía que se advierte entre el templo de Gozo y el de Palos , consagrado á Venus Urania, cuyo culto pudo proceder de Feni- cia en razón de su semejanza con el de Astarté. El segundo templo (B), mas pequeño que el primero , es de formas muy semejantes , si bien carece enteramente de esculturas y de adornos. En el ábside del fondo (M) hay un altar, hecho de una piedra sola , como lo indica el corte general (D. M.) del templo {lám. 5); y un monten de huesos de animales v vasiias rotas (K) que se ven allí , parecen indicar que el ábside pequeño situado a mano derecha én la segunda parte del edificio, servia después de los sacrificios como de depósito : conjetura tanto mas admisible cuanto que el ábside está cerrado en su parle anterior por cinco grandes piedras derechas (L). Ninguno de los dos templos de Gozo han tenido jamás, según parece , lechos ni bóvedas , sino que eran hinetros ó descubiertos , como el de Venus en Pafos , y como casi todos los que se consagraron á i divinidades cuyo culto guardaba alguna relación con el sabeismo (adoradores del fuego) ; sm embargo, M de la Mármora bace notar en el templo (A) cierto número de agujeros circulares y profundos practica- dos en el pavimento , y correspondientes á unas piedras derechas horadadas de parte á parte , como la fine renresentamos en la lám. 2, núm. 12 , y en el '¡llano núm. 13 ; y observa que las cscavaciones he- chas en el suelo podían servir para fijar ciertos mástiles que sostuviesen un velo ó toldo destinado á pre- servar del sol y de la lluvia cierta parte del templo: y que los agujeros hechos en las piedras derechas serian una especie de anillos donde se atarían las cuerdas necesarias para sostener aquel cobertizo. M. Muiitei hace mención de toldos parecidos á este . así verticales como horizontales, que había en el templo de ta- fos Los multiplicados agujeros de las piedras verticalmente colocadas que tema la Jiganteya , se harían tai vez para colear de ellos los votos , como se practicó desde tiempos muy antiguos en las paredes inte- riores v esteriores de los templos ; en cuyo caso podria considerarse la fig. num. 14 como uno de estos vo- tos pues las pequeñas dimensiones de la piedra y su forma regular inducen á sospechar que se llevaría allí de otra parte. La figura singular que se ve grabada en ella no sugiere esplicacion alguna; M. déla Mármora cree que es un signo fálico. Se encontró en el primer ábside derecho del gran templo (A) con un vaso de Hemos reproducido en la segunda lámina , num. 9 un plano del edificio de Gozo tal como lo publico jiouel quien lo delineó también antes de que se descubriese su verdadera disposición en las ultimas esca- nciónos : en este plano se advierte una cerca circular que estaba unida al edificio , pero no existe desde los tiempos de aquel viajero. M. de la Mármora la considera como un Témenos dedicado a Melkart, el ií ér- enles fenicio adorado en Malta , y que podía serlo asimismo en Gozo. Tres piedras dispuestas sin orden alguno en medio de aquel recinto, formaban sin duda el aliar del dios, semejante al de que liemos ha- blado al principio de esta noticia, citando á Artemidoro , que describe el culto de Hércules en Cartago. Esta cerca circular, y otra que ponemos por ejemplo con el núm. 10 , lám. 2, recuerda bajo todos as- pectos los círculos de piedras atribuidos á los Celtas y Galos, que se ven en Francia, en Inglaterra, en SueVia y Noruega y que como el circuito representado en la segunda lámina núm. 10, se componen de mandes piedras derechas , las cuales circunscriben un espacio en cuyo centro , sobre un suelo firme , ó so- bre la cima de un montecillo artificial se elevan altares ó dólmenes formados por tres ó cuatro piedras sm J a J )rar# * ^ La fia. núm. 11, representa un templo de la misma especie que el que se ve en la isla de Malla hacia la parte meridional. Ocupa la cima de una pequeña altura llamada Gibbel-Schil , cerca del pueblo de K rendí, y puede considerarse como monumento perteneciente á una época posterior á la del templo de Gozo , porque la mayor parte de las piedras de que consta están perfectamente cuadradas y corladas con mucho arte , lo cual no sucede en la liganteya. La posición de dicho templo en un punto elevado, y la piedra cónica que aun subsiste en medio de una de los dos ábsides que pueden considerarse como dos san- tuarios todo indica el culto de la misma divinidad. Reconocidos ya por la disposición interior de la Jiganteya su sagrado uso y el origen oriental de la di- vinidad á que allí se daba culto , réstanos únicamente examinar su construcción esterior. El conjunto del templo ofrece el aspecto de dos torres semi-elípticas unidas entre sí, con un muro por base común en que están abiertas las dos puertas de las naves (G y D). La forma del edificio es la que le ha dado en el pais el nombre de Torre de los ligantes. La ftg. 6, en la lám. 1. a dá á conocer la construcción de la Jiganteya, que se compone de enormes pie- 4 MONUMENTOS PELASOICOS. tiras, entre las cuales hay colocados, cual si fuesen pilastras , grandes pedruscos, puestos ver ica men e, y todo lo demas de la nuiralla es de hormigones de guijo. Entre esta construcción orrenta y la de los muros de i~ a ^/. íirio Wonioilne nnr Hoir, ules . dios de orinen lemcio, rema una stm janza sor[ loares, que pueden también atribuírseles con bastante fundamento, forman, con los monumenh» del norte de Europa , la base de la larga série de edificios cuya clasificación c— ye la historia deja arquitectura. A estas construcciones primitivas se les lia dado el nomine de Peí. g P embargo creemos que ninguna de ambas denominaciones les conviene : con la segunda detem d« > B _ eselusivamente el sistema posterior al que acabamos de examinar, en el cual tenían el cucil p g dor, los obreros que iban sobreponiendo las piedras de que se componían las murallas. BlBLMMiiB AFIA. l.° 2.° 3.o Houcl Vouaiie piltoresque dans le lies de Sicile, Lipari, Malte etc. Tova. IV. Taris 1782-1787, 4 vol.marccon lana. Mazzara (Loáis). Temple des Gcans, decouvcrt dans lile ‘ de Colapso. Taris , 1828 , folio con litografía. _ Arclieologia or miscellaneons traéis relating to antiquitg. London, 1829 , vol. XXII. . T . , o 4 .o Nouvelles anuales de VInstitut archeologique . Tom. 1. Taris, 1836. _ , _ „ »« títin 5 o Malte et le Goze , par M. Frederic Lacroix. París , 184 , i vol. 8.° Lira. (Collection de C univers pittores( v ue. CONSTRUCCIONES RELIGIOSAS. TEMPLO DE SEGESTA. Noticia por 91« Ravul-Rocliette, individuo del instituto 9 secretario de la academia de Sellas artes , etc., etc. No lejos del monte Bárbara , donde existen los miserables restos de la antigua población de Segesta , y sobre una colina aislada contigua á dicho monte, el cual está, casi por todos lados, rodeado de quebradas profundas y despeñaderos, se eleva el peristilo de un templo dórico, con su cornisamento y sus dos frontis. Este monumento, tan imponente de suyo, parece cobrar mayores proporciones, por su elevada situación y por el inmenso desierto que le rodea, á medida que se aproxima á él el viajero. Al llegar á aquel punto, no se descubre en varias millas en contorno señal alguna de morada humana; y á no ser algunos arbustos dé- biles que crecen en el terreno mismo del templo, ningún otro vegetal hermosea la colina en que descansa. Esta soberbia ruina se ostenta con toda su magestad, sin sombra alguna que la oscurezca, sin objeto de ningún género que la afee, con una montaña por pedestal, y por límites el horizonte; de manera qué na- da puede allí perturbar al artista ni al anticuario que van á estudiar en uno de los hermosos monumentos de la antigüedad griega, los grandes principios del arte, ó los sublimes recuerdos de la historia. Todo el que haya visitado las ruinas de Segesta, sabe la suerte que cupo á esta ciudad famosa. Su origen se pierde en la sagrada oscuridad de las tradiciones mitológicas , que reputaban por su fundador á Eneas, ó áuno de los jefes troyanos que le acompañaron en su peregrinación. Su poder, que tardó muy poco en acrecentarse insensiblemente, en medio de las poblaciones indígenas, por solo el ascendiente de la civilización griega, despertó en breve la rivalidad de Selinonta, qué de vecina, se trocó en enemiga suya; y de la lucha de ambas repúblicas, que necesariamente habian de existir una á espensas de otra, porque nadaquerian cederse mutuamente, provinieron las calamidades de toda la Sicilia. Después de una batalla que les ganó Selinonta, dejándolos espuestos á la venganza del vencedor, llamaron en su ayuda los se- gestanos á los atenienses, solícitos por tomar parte en las discordias de la Sicilia y apropiarse sus despo- jos; y sabido es el resultado de aquella espedicion imprudente, en qué perdió Atenas su ejército y su es- cuadra, su reputación y poderío: golpe no menos terrible para Segesta, que veía aumentarse el número y el odio de sus enemigos , mientras no le quedaba aliado alguno. En tan desesperada situación recurrieron los segestanos'á uno de los medios, ruinosos siempre para quien los emplea , y que ningún riesgo hace disculpables, porque ellos son ya en sí un grave riesgo: llamaron á los cartagineses á Sicilia, como lo ha- bian antes hecho con los atenienses. Pero como esta vez no eran ya griegos, que al fin aun cuando fuesen enemigos, sabian serlo generosos, sino bárbaros, que vencidos siempre en Sicilia tenían que vengar infinitas derrotas, y mostrarse inexorables; el primer resultado de aquella funesta intervención, fue la ruina de Se- linonta. Segesta, que había provocado aquel desastre , fue también víctima de él, pues tratada primero por los cartagineses como pueblo conquistado, privada de su libertad, y después reconquistada por los bárba- ros ó despreciada por los griegos á cada csiuerzo que hacia para rechazar su odioso yugo, solo consiguió & '% v3.w' r* ff* v > / w u ESTILO GRIEGO, decaer mas y mas, hasta que el favor de los romanos, de quienes se hizo amiga por la lábula de su ori- gen troyano, le ilió una existencia hasta cierto punto libre y gloriosa, la cual lúe poco á poco oscurecién- dose, sin que sepamos cómo terminó por fin, asi corno tampoco sabemos de que manera había comenzado. El único testimonio respetable de la existencia de Segesta, es el templo de que tratamos : monumen- to problemático también como la misma ciudad, porque descuella con toda su elevación en el sitio de una población que ha desaparecido completamente ; no pudiendo uno menos de preguntarse al verlo tan bien conservado, cómo ha podido salvarse de los desastres de tantas guerras, y los estragos de tantos siglos; y lo que todavía es mas admirable, cómo se encuentra casi intacto, no hallándose concluido. Examinemos, pues, mas circunstanciadamente un monumento interesante por tantos títulos. El templo de Segesta es hexástilo períptero (1), es decir, con seis columnas ele frontis y un peris- tilo de columnas en toda su circunferencia , forma esencialmente propia del genio de la arquitectura griega; porque es la que se advierte en la mayor parte de sus edificios, sin que, en un sistema que tan á oriente y occidente; de suerte que el templo, según estaba trazado, daba el írentc á la parte de la ciudad. Descansa el edificio en un basamento elevado ó estilóbato, dividido en cuatro gradas, la inferior de menor altura, y la superior incompleta por tres lados , y formando bajo cada columna de las que en ella se apoyan, una especie de neto, que en su actual estado presenta la apariencia de un pedestal. El peristilo se compone de treinta y seis columnas , dispuestas de manera que en cada lachada hay seis , y catorce. comprendidas las de los ángulos en cada uno de los dos lados. El diámetro de las columnas es de palmos 7, 5, 9, y su altura, comprendido el capitel, corresponde á algo menos de cinco diámetros. Los intercolum- nios, 7 poco mayores que el diámetro de las columnas, tienen de anchura palmos 9,7; pero estrechan hacia los ángulos, práctica usada en el arte griego por la necesidad de dar mas solidez á la construcción, y por la de conseguir, valiéndose de la anchura desigual de las metopas, la exacta distribución de los triglilos del friso, que debian siempre corresponder al eje de las columnas, y al centro de los intercolumnios. Es de notar la forma del capitel, que tanto por su dimensión como por la curva del cuarto de círculo, tiene cierto aspecto mas sólido y mas severo en el monumento original , tal como nuestra lámina lo repre- senta, que en el dibujo de M. llittorf. Los tres filetes que llenan en este todo el espacio del collarino, están separados del fuste de la columna, por dos partes lisas que forman como otros tantos grados en dis- minución encima de la columna, y que indudablemente deberían recibir en la conclusión de ella di- ferente forma , pero en nuestro concepto no autorizar la especie de restauración que creyó poder hacer M. llittorf de esta parte del monumento de Segesta. (Véase la fig. 3 de nuestra lámina de detalles.) Sobre el cornisamento , compuesto de un arquitrave , al cual adornan en su parte superior una série de gotas en cada tríglifo y un lisíelo en toda su longitud, está el friso, formado, como casi siempre, d ¿ triglifos que alternan con metopas lisas. El todo remata en una cornisa, adornada de modillones, con mol- duras de grave sencillez, que acaban de dar al conjunto un carácter severo y firme, añadiéndose al electo imponente de aquella masa, cuyas parles todas sugieren ideas de luerza y de poder, el frontis muy reba- jado; de forma que toda persona inteligente en el arle, que se coloque delante de tan hermoso templo dó- rico, adivina hasta dónde puede llegar el genio, cuando trata de vincular en los monumentos de una re- ligión la duración de que ésta carece, y de realizar en cierto modo,á falta de la deidad, la eternidad del templo. Una particularidad muy notable del templo de Segesta , aunque hay algunos ejemplos de ella en los monumentos de la bella arquitectura griega , es que las columnas, en vez de ser estriadas, según es pro- pio del orden dórico, presentan una especie de cubierta ó capa (2) que escode en dos onzas (3) á su diá- metro; y esta particularidad se hace mas de notar, por la circunstancia de haber en los dos estreñios del fuste un lístelo cuidadosamente ejecutado, que denota con toda exactitud el verdadero diámetro de las co- lumnas, y prueba que dicha capa, muy grosera por otra parte, y semejante á una funda, no es mas que la materia escedente que debía desaparecer cuando se ejecutasen las estrías. Resulta, pues, de esta observa- ción, que el templo de Segesta no llegó á terminarse, infiriéndose también, como nocion general, que las estrías se labraban en las columnas ya colocadas, sin duda con el objeto de que esta operación, practicada minuciosamente con arreglo á toda la disposición del edificio, correspondiese mejor á las condiciones del efecto que debía producir. Insistimos en esta observación, porque ha habido , y puede haber aun, escritores f 1 ) y<yise la figura i de la lámina de detalles. * '; 2 ' Véase la lámina de detalles , fig. 2. . [>) Modula siciliana , como el palmo citado anteriormente. Equivale á nuestro dedo. (N. del T.) TEMPLO DE SEGESTA. 15 ( *i lc eil | a cubiértfi de piedra de las columnas del mismo templo , crean ver cierta analogía con las columnas egipcias , y hallar una señal de remota antigüedad (1); ilusiones ambas que desvanecería el conocimiento, por superficial que fuese, del arte griego. . . i , . . i ; i Existen ademas en el templo de Segesta otros indicios que prueban no estar enteramente concluido: tales son los pequeños almohadillados, reservados para comodidad déla construcción, y que en tanto nú- mero se ven todavía en muchas partes del edificio, sobre todo en las gradas del basamento, y en el tímpano de los frontis : porque es evidente que semejantes excrescencias, do forma tan irregular y de trabajo tan des- cuidado, no podían destinarse á servir de ornato, como lo creyó el arquitecto inglés Wilkins, que en este concepto las puso en su restauración del templo de Segesta (á). Por consiguiente, es seguí o que hubieran desaparecido al acabarse el templo, si hubiesen permitido las circunstancias datle la última mano. Este mismo estado de imperfección, en la actualidad tan evidente, que manifiesta el templo de Se- gesta, sirve para hacerse cargo de otra particularidad, que mal inteipictada , podna dai también lugar á lili error muy grave, acerca de los netos ó zócalos (5) en que descansan las columnas del peristilo, y que pa- recen hacer oficio de base de las mismas columnas. Si se admitiese esta suposición, partiendo de la opinión de que el templo de Segesta, tal como hoy se halla, está realmente completo , por lo menos en aquella parte, resultaría que la arquitectura dórica de los griegos habría admitido en ciertos casos columnas con base en forma de neto ó zócalo, como se manifiesta ; mas á poco que se reflexione se convencerá uno de lo erróneo de semejante suposición. La grada superior sobre la cual debia descansar inmediatamente el fuste de las columnas, no se terminó mas que por un solo lado, el de la parte del norte, y las piedras de los tres restantes quedaron aisladas, conservando la apariencia de netos ó zócalos , lo cual no basta para constituir una base; ni esta circunstancia , debida únicamente al estado imperfecto de construcción, establece nada en contra 5 del uso constante de la arquitectura dórica, de no admitir liases para las columnas. Tal fue la observación hecha desde muy atras por M. Quatremere de Quincy (4) y tal la opinión á que se adhirió posteriormente el duque de Serradifalco (5). Si el templo de Segesta se hubiese concluido, se parecería á los demas templos dóricos que conocemos, asi en esta parte de su conformación, como en la del estriado- las columnas del peristilo hubieran descansado inmediatamente sobre la grada superior del basamento , y la circunstancia de una base estraña al orden dórico griego, no hubiera alterado , como lo está actualmente, el carcícter sencillo, grave y magestoso del monumento. . Es inútil añadir que habiendo quedado por la contrariedad de las circunstancias en el estado en que hoy lo vemos, no llegó á tener techumbre; y en comprobación de esto tampoco se observa en él ninguna señal ó cavidad de las que hubieran debido practicarse para recibir las trabes y armazón de dicha techumbre. Otro tanto sucede con la celia , cuya pared, que debia formar por los cuatro lados el recinto del templo, propiamente dicho, ningún vestigio ha dejado de su existencia; porque las piedras colocadas en algunos puntos, que se creyó pudieran ser una especie de arranques del muro de dicha celia, por el lugar que ocupan (6), y según el lístelo con que están adornaij^p, hacen presumir que serian materiales estraños á aquella parte del edificio. Sin techumbre y sin cdmffd acido al peristilo , y con las columnas cubiertas aun de una capa de piedra, tal era el templo de S^gpta cuaiido se suscitó, por causa de los mismos seges- tanos, la guerra que debia sembrar de ruinas el twritof|r,de toda la Sicilia; y por una singular fortuna, tal ha permanecido al cabo de tantos siglos, sin perder ninguno ¿le los elementos de su incompleta construc- ción, como si estuviera destinado á dar testimonio de la'' grandeza, y al propio tiempo, de los errores de Secresta* pues en efecto, no parece sino que los sigloá que han destruido todo cuanto allí existía, lo con- servan para perpetuar la sublime lección que, por'decirlo asi, contienen aquellas piedras, de que jamás debe un pueblo abusar de su prosperidad. . . . , , . Dúdase todavía, al considerar un templo tan magestuoso en medio de su imperfección, a que divi- nidad estaba consagrado. M. Quatremere de Quincy refiere la opinión que lo atribuía á Céres , sin em- bargo de no darle mucho crédito. M. de Serradifalco refuta las razones de los (pie lo consideran como un templo de Diana , alegando varias que á nuestro modo de ver, no todas tienen la misma fueiza. La existencia del culto de Diana m Segesta está terminantemente confirmada por Cicerón; y la presencia de una estátua de aquella Diosa parece indicar que en aquel templo había de ser adorada. No obstante el templo de Diana debió estar situado en la ciudad misma, y el nuestro, que está muy distante de' ella, se y. c ] tex t 0 ul ndo alas laminas que representan el templo de Segesta, en el Voyage pillorcsque de la Sicile, t. The Antiquitiés of Magna Ora’ oía, núm. V,lám. 3. Véase el plano , fig. 1. a „ „ r . , c , . TI , ,. , vo Dictionnaire d’Architecturc , 2. a cdicion.cn la voz Segeste, t. II, folio 453. (O ( 2 ) (3) (4) ( 5 ) (C) pana. la Sicile, 1. a entrega, lám. III. Anlichüá di Segesta, pág. 113. , . . ... , ,, . Véanse con este motivo las oliscrvacioncs del duque de Serradifalco, Antichiladi Segesta , pagina 114, y la lamina uue acom- tavola IV, lettera A. las cuales rectifican la inexactitud que habla en los trabajos de MM. IhUorff y Zanth , Archilecture de , A ESTILO GRIEGO. . construiría con otro objeto. Quizá pudiera atribuirse con mayor de Eneas, presunto fundador de Scgesta, se honraba en este /.unto con p r ¿¡ que ,lcbia, y pasa de una mera conjetura desprovea de toda especie de p neblí. ¿ Gual “'P 1 ^ ^ ’ ¿ intcrés no lleco á ser, el huésped de aquel templo? Este es uno de los misterios de su chiste™ 1 del arte y al interés histórico que inspira, añaden el de un problema no ^uclto ot ^ cometi(]a Réstanos , hablando de la antigua Scgesta , rectificar en breves palabras a ob ,. a mas com . por el duque de Serradifalco , hábil anticuario, y no menos sabio escritor, que nos I de s ta nieta que existe de los monumentos de Sicilia. Este escritor se inclina a creer 'l e fio J ^ se empleó principalmente en la época romana, en vez del de Egesla, que » s ^ o ¿“™^ s S cn la la ciudad; pero este error quedaría refutado con solo ver la serie completa de las mon^ época mas lloreciente de aquella ciudad griega, todas las cuales llevan la ^cyen c a < J es \ e hecho que la de Egestanos únicamente se vé en las medallas de bronce de una fabnca i omana única _ numismático era tan sabido del ilustre autor de las Antigüedades de Sici '^ d 11 j inteligencia por mente la podemos atribuir á yerro de escritura por su parte, cuando no sea nuia fe- to nuestra, BIBLIOGB AJFIA. Para tener conocimientos mas cabales del templo de Segesta , podrán consultarse pera fruto las siguientes o ras. , ntri obra titulada Vo- , O Olí a tr omero de Ouincv, Dictionnaire d’ Architecture, También debemos hacer mención tu 1 Naples et l,o Quatremere ue yumoy, pittoresgue ou Description des royaumes ue *. 2 'Vo 1C \Viíkiñs ' The kntiquitics oí Magna Gracia , Cam- de Sicile, de Saint-Nou tomo IV , \m- 9^ ' ¿ b ’j 6 pormenores %o \\ ílkins , ínp Aímgwti ñas 101 — 168 , en la cual se leerán con ínteres ios 1 > bridge 1807, bY? z-rnth** Architecture antigüe de la Sicile. concernientes al actual estado del templo e e S c ’ s tos porme- Íl ?riS TomcTde'la obra A nticlntá Lia Sicilia , de el observaciones que deben ser de M. ^ ¿ grado alian e de Serradifalco (Palermo, 1834 , fol. lám.) Todo este tomo ñores y observaciones no ten b an ya boy u . j a ; os de este SdeLdo áTos monumentos de Segesta, y por esto nos ha de exactitud é importancia que es de desear en ti J servido de base para nuestra descripción, genero. BASILICA DE S. CLEMENTE EN ROMA. 23 mosaicos de esmalte; ademas la parte anterior del cancel es mas preciosa que las laterales, pues se ven es- culpidas en ellas coronas y follajes juntamente con mármoles incrustados y embutidos de póríido amarillo y verde, á los cuales se da el nombre de opus Alexandrinum. Otro tanto puede decirse del pavimento del coro, que es una rica combinación de mármoles preciosos y de pórfidos, cuyo dibujo está indicado con bastante exactitud en nuestro plano y lámina de detalles: seme- jante á este es el de la gran nave. En el espacio comprendido entre el coro y la puerta principal de la iglesia, llamada por Anastasio porta basílica , puerta real , y porta mediana ó del medio I, se colocaban durante las ceremonias primeramente y cerca del cancel, los que comulgaban, en seguida los penitentes y catecú- menos iniciados, y por último, ya junto á la puerta del templo los catecúmenos neófitos. Al norte y mediodía de la parte central de la iglesia, están las dos naves secundarias ó colaterales que difieren, como hemos indicado, en sus proporciones de latitud. En las primitivas basílicas se suprimieron las galerías del primer piso, que á semejanza de las de las sinagogas y basílicas civiles de los romanos, es- taban reservadas a las mujeres, con el objeto de que no se mezclasen entre los hombres, y con el mismo designio se adoptóla disposición de poner á aquellas en la nave del norte, y á estos en la del mediodía. Asi están distribuidos todavía los fieles en muchas iglesias griegas , en que hay separaciones de madera para que, como en el origen del cristianismo, no puedan mezclarse mientras duren las ceremonias religiosas. Ademas se colocaban en los intercolumnios unas cortinas que acababan de interceptar la comunicación entre ambos sexos. , , ... En la nave colateral de los hombres se reservaban los primeros puestos comprendidos en un espacio llamado senalorium, para los senadores y dignidades ; detras de ellos asistian los monges y congregaciones religiosas, y el estreino de la nave lo ocupaban los ciudadanos y los artesanos. [Jn sistema análogo se observaba en la nave colateral del norte, pues se colocaban primero en el malro- neum las señoras de calidad, luego las vírgenes consagradas al Señor, y últimamente las mujeres de las clases secundarias de la sociedad. Respecto á la desigualdad de anchura de las naves colaterales de san Clemente, no es posible deter- minar con seguridad si asi se dispuso desde la fundación del edificio, bien que la regularidad del átno parezca indicar lo contrario, y aun marcarlas antiguas dimensiones de latitud de la basílica; pero de lodos mo- dos está averiguado que hubo casos en que las naves laterales del norte, destinadas esclusivamente á las mujeres, no se construyeron con proporciones tan cstensas como las del lado meridional que ocupaban los hombres, y que los templos de ciertas congregaciones religiosas, en que se prohibia la entrada á las mujeres, carecian ab olutamente de la nave lateral del norte. En la parte superior de la nave principal de la iglesia de san Clemente, se ven gran número de ven- tanas, que sin duda en un principio estaban rodeadas de pinturas de mosáico, como se echa de ver aun en varios edificios religiosos de Italia; los lienzos intermedios de estas ventanas tienen actualmente por adorno varias pinturas modernas y cuadros de mal gusto, que hemos suprimido, con el fin de dar al edificio su primitivo aspecto, en el corte geométrico que se ve grabado en la lámina de detalles : otro tanto hemos efectuado con el techo, no muy antiguo, que cubre la nave principal, contentándonos también con figurar el armazón de madera, que por lo común solia ser aparente en las basílicas. Algunas iglesias de los primeros siglos del cristianismo solo constan de las tres naves y el santuario, v casi todas tienen un pequeño pórtico que ocupa toda la anchura de la fachada del templo ; pero la basílica de san Clemente , mas completa que otras muchas de su género, olrece delante de su entrada un patio rodeado de pórticos con columnas y pilares; patio que los autores cristianos denominan atrium , y que como puede verse en el corte y en la pequeña vista de perspectiva que ponemos debajo del plano, présenla dos galerías paralelas á la fachada del templo, adornadas con arcos de diámetro completo, y otros dos pór- ticos en sus estremidades laterales compuestos de columnas con arquitrabes solos, según el antiguo sistema de construcción. . , . El objeto á que se destinaba el átrio no deja de ofrecer interes, porque completa el pensamiento que presidió á la construcción del edificio. En la galería L, inmediata al templo, y que le siivc de.póilico, existian las fuentes de purificación, uso tomado de los antiguos paganos y judíos, las mismas que poste- j iormente se colocaron en la nave principal y recibieron el nombre de pilas de agua bendita. Delante de la puerta déla ig’esia, adornada á veces con dos leones de mármol, se administraba justicia Ínter icones, y en el mismo pórtico permanecían durante las ceremonias religiosas los penitentes y pecadores, que con ora- ciones y lágrimas pedían ser admitidos á la participación del sacrificio divinó, á los cuales resguardaban del sol y de la lluvia unas cortinas que se ponían entre las columnas. En el pórtico de san Jorge de in Ye- labro se conservan los anillos destinados á este uso. Las primeras iglesias de Roma, como la mayor parte de las de la cristiandad, se construyeron extramuros; en las catacumbas y lugares que servian de sepultura común, porque según la ley romana, los mártires es- tiban enterrados fuera de las poblaciones. Esta primitiva situación de los templos cristianos inmediata á 1^ •í' • '** m U ESTILO LATINO, sepulcros, debió inspirar el designio, luego que cayó en desuso la antigua legislación, de enterrar á los cris tianos cerca de las basílicas , aun cuando estuviesen construidas en las poblaciones, pues asi descansaba) en un lugar santificado por la proximidad del templo, y no se alejaban, ni aun después de haber pagado ^ común tributo á la naturaleza, de los lugares en que se oraba. El atrio que en un principio solo habia salo una lonja ó un patio consagrado, se convirtió después en cementerio; Roma y algunas de nuestras ciu- dades de la edad media, ofrecen pruebas de esta alteración, y el atrio de san Clemente no deja duda alguna en este particular, sin embargo de no servir ya de enterramiento, pues en los ángulos de la fachada este- rior se ven todavía dos cabezas marmóreas de larvas ó mascaras sacadas de alguna rica sepultura antigua, restos de la superstición pagana adoptados por la cristiandad, y emblemas inequívocos, no menos que .irrefragables pruebas , del antiguo uso que se hacia del atrio. _ .£ En los pórticos P , se enterraba á los obispos y personas de distinción ? como lo demuestra la inscrip- ción tumularia de una mujer del tiempo de Teodosio, que se veía en Trieste, y publica Daniel Tomitano, que dice asi; PORTICIBUS SACRIS JAM NUNC TUMÜLATA. Comprueban también esto mismo las ricas tumbas que existen en los pórticos del atrio de la igl cs { a de san Gregorio el Grande en Ruma , y en las galerías que rodean el de la basílica de san Ambrosio de Milán. Finalmente se enterraba al común de los fieles en el piso mismo del recinto O, y en la parte descu- bierta rodeada por las galerías, ya en una especie de bóvedas , como se advierte en el atrio de santa Iha- xedesdcRoma, según la costumbre introducida en Italia, ya en la misma tierra, como lo verificábamos antes nosotros en los pórticos de nuestras iglesias. Para terminar la descripción de la basílica de san Clemente , añadiremos solo algunas palabras acerca del pequeño pórtico esterior que precede a la entrada del atno (vease la pequeña vista en pcispcctua it producida en nuestra lámina de detalles). El pórtico secundario que cubre la gradería y la puerta del patio sagrado, lo forman cuatro columnas de granito que sostienen una bóveda de aristas; encima se eleva una techumbre de tres piñones; y en una barra de hierro que estriba en los capiteles jónicos de las dos columnas anteriores, se ven aun multitud de anillos, délos cuales pendía una cortina colocada allí para que el ruido de la calle no distrajese á los fieles cuando estaban en oración. El dintel de la puerta es de mármol, ) tiene en toda su es tensión un adorno de muy buen gusto, del cual presentamos un dibujo con el mnn. o en nuestra lámina. El pequeño pórtico del álrio se eleva en medio de una fachada baja, sobre la cual se descubre la de la basílica, construida de piedras y ladrillos que alternan entre sí. En esta fachada se advierten algunas abei- turas á modo de barbacanas, y también vestigios de antiguas capas, que según las apariencias, debían ^ cl pinturas al fresco. La analogía que existe entre la iglesia de san Clemente y las basificas romanas, el sistema de arqu*' trabes empleado en el cimborio, asi como en las dos galerías del álrio, el carácter de las molduras fpa adornan todo el edificio, y particularmente el caucel del santuario y del coro, todo parece demostrar q il( el arte á que se arreglaba la construcción de las primeras iglesias, era tan solo una consecuencia de arquitectura antigua; mas sin embargo como se notan algunas alteraciones hechas por los cristianos, pj 1 ' mero en la forma de los arcos interiores que sin cuerpo alguno intermedio descansan en Jos capiteles < e as columnas, y segundo en todas las minuciosidades de escultura que ofrecen ejemplos de hojas puniaguias y retorcidas en forma de bisel, carácter distintivo de la decoración de la edad media, puu c < cense qi los artistas y escultores emprendían ya una senda nueva. mULIOGBiFlA. l.° Joannis Ciampini , Velera monumento, in quibus pras- cipue musiva opera sacrarum , profanarümque crdium slruc- tura, ele., iconibus illustranlur. -'Romas , 1690—99, 2 vol., fot. lám. 2.0 De S. Clemente papa el martyre ejusque basílica in urbe Roma, auctore Ph. Roudinimo , í'aventino. Roma, 1706— 4.°— lám. 3.0 A nastasii, Bibliotccarii, vitos romanorum póMifieum, a beato Petro ad Nicoláúm I Romas, 1718—4 vol. fot. 4.° Denkmalen der christlichen religión oder sammhtng der altes ten christlichen Jcirchen oder basiliken Roms vom vierten bis zumdrien zehnlemjahrnundert aufgenommen und - ausgegeben von /. G, Gutensohn. J. M.-Kuapp, archi- íecíen.-Stuttgnrd, Tulanga y Roma, 1822 - 24 - 27 - -folio, ó.» Itinéraire de Roma et de s es environs, redigé par Jí * A JSibby , d’apres ccluí de feu M. Vasi; Rome, 1829-2 ' 12.o ]ám. G. denceaulV . siécle jusqu 7 J. }.o líistoire de Varí par les monuments depuis sa < mee au IV. siecle jusqu ’ a son renouvellement an A» » < • R.L. G.Sevoux d’Agincourt -Paris, 1833, G vol. lo!. 7.0 De Caumont, Cours d’ a» t ¡quites monumentales- quatrieme parlic,Archilecture religieuse du mayen age, et París , 1831, 1 vol. 8. c atlas. , nacáM* 8.0 Les plus bolles eglises de Rosne , graves par irtaci Fontana; Rome 4 vol. fol. lám. 25 IGLESIA BE S. AI© AL EN ©AVENA. D a , , A „ á la Italia los godos , establecieron la capital de su imperio en Ravena; y uno espues de haber > . ii us t ra do y amante de las artes, mandó restaurar los antiguos edificios los anos o47 de nuesti. < T,,t; an o encargado del tesoro, y por último el arzobispo Maxi- X"o d" mosáieos, lo’ consagró en presencia de. emperador y de la emperatriz Icodoia. trpnevales del templo y los pormenores de su decoración, presentan un carácter particular une pertenece csdnsivamente al estilo bizantino, y distingue todas las producciones de los artistas orientales que pon a, 2 • i «ornrendente analogía que existe entre el plan de san Yidal y los de las Sofía menor) dan lugar á la suposición de que los fundadores se v*- l,cror iSa2t^f ¿ “a f sis se enlazan ,™ a “X^tm ““¿“í dilala’su snpeíficie por la galería que la mismo numero de tozos coit A q compuesta de dos columnas dispuestas simetnca- ínente m umLc^d^ciredm No se 'han reproducido las columnas delante del santuario E, para que no perjudicasen aUfcctod^ ^ sa g ra ,j a ,j c l templo por sus dos lados, y por los tres intercolumnios GG , que abren la comunicación entre está en dirección oblicua respecto al eje. No su- El vestíbulo ^erirnHI C n’el plano, pues siendo menor que hoy día solo cedía asi en el pórtico 'pnmittvoJ, segu p „„„i,, ar in: en sus estremidades se elevaban dos torres nprior une imita a tas que auoiium tuua» . 7 , , . per , q , i, r i muieres que según el rito griego, deben estar seguramente al propio uso, es decir, a colocar en ‘ A ^ j ¿ a ]alina . Dicha tribuna ocupa separadas de los hombres, como sucedía también en P 8 tortuosidades curvilíneas í =-“ 1 ju ,» .. — . ' ábside mira m interés las fachadas esteriores de la iglesia de sanVidal.pues A<x- natur^izada^por la constroccion del vestíbulo moderno , y por tantas reparaciones como se han hecho , no , i- * i nn .íf, cutí Vidal i restauró asi el vestíbulo según (1) Barozzi , que publico un plano (le san v obras modernas. restos hallados sin duda cuando se hicieron las 8 26 ESTILO BIZANTINO, conservan Je los tiempos antiguos mas que el conjunto referente á las descripciones que hace Eusebio de los templos edificados por Constantino y su madre en varios puntos de Siria y el imperio de Oriente. « Son, dice, muy elevados , y su forma la de un octógono, figura octaedra (i). Interiormente es donde ostenta el hermoso edificio de Ravena la originalidad de su plan , los porme- nores de su arquitectura, la riqueza en fin de su primitiva ornamentación. Lien se advierte en el corte grabado de la lámina de detalles, y en la vista de perspectiva que cada uno de los lados del octógono que forma la nave interior tiene un arco de grandísima elevación, qn que están situados los dos pisos de las galerías que circulan alrededor de la parte central del edificio: sobre estos randes arcos se alza la cúpula, cuya base se une al polígono inferior por medio de pequeñas pechinas colo- das en cada ángulo entrante de los que forman en su concurrencia los lados del octógono; en la parte ferior de la media esfera hay ocho ventanas , una sobre cada arco de los interiores ; finalmente , re- bata su cúpula encima de las mismas ventanas, y su singular construcción, que reproducimos con todos tw ( 7 , )a J.° ^ as % uras 3, 4, 5 y 5 bis, es el mejor ejemplo que puede darse del uso que se debe jpacer de las vasijas en la construcción de las bóvedas. Los antiguos habían dado también ejemplos de este T n/r* c ? muil i ca I~ es bgereza , y asi se ve en Roma en las bóvedas del templo de Minerva médica del Circo de Magencio, etc. En estos edificios las vasijas están metidas en la argamasa, y los arquitectos de san Vida dicion mas desai i olio á este ingenioso sistema de construcción. Desde el gran círculo horizontal que consti- tuye la base de la bóveda, hasta las claraboyas que hay encima délas las ventanas, forman la parte curva unos vasos grandes de ticira cocida, figura 4, colocados verticalmente, y que tienen la misma forma que las án- foras en que los romanos guardaban el vino; y como la parte inferior y puntiaguda de estas vasijas entra en el cuello de la que está inmediatamente debajo , resulta una unión perfecta entre ellas. Pero encima de las ventanas se modifica ya el sistema ; los vasos son mucho menores , figura 5 y 5 bis ; tienen la forma de un cilindro abierto por una de sus estremidades, y cerrado en el estremo opuesto por una punta como las ánforas. Encajadas las vasijas unas en otras, toman una posición horizontal, y forman una espiral continua cuyos circuios suben hasta la cima de la bóveda. la decoración arquitectónica de la iglesia de san Vidal, es, según dejamos ya dicho, enteramente bizantina; las columnas, bastante elegantes en sus proporciones, se cortaron para este monumento , como puede deducirse de los anchos lístelos en que terminan por sus estremos tanto superior como inferior; el gálibo chato de las bases , es parecido al que se vé en la mayor parte de los edificios de Constantinopla* (vease la figura 6 ); los capiteles macizos , cuya forma es casi la de una pirámide truncada y vuelta hácia aiajo, {véanse las figuras 7 , 8 y 9) son de invención puramente oriental, pues análogos á ellos los encon- tramos en la mayor parte de las iglesias del antiguo imperio griego; la escultura, poco saliente , cortada en cunas y generalmente aguda, que los adorna, es una consecuencia de la ornamentación fina y pronunciada te os antiguos pueblos del Oriente, y no deja duda alguna sobre la patria de los artistas que se encarga- ron de ejecutar estos capiteles. 1 1 b Adornan la especie de capitel doble ó jamba decorada que sirve de intermedio entre el orden y los arcos que sostiene (figura 10) varios monogramas, entre los cuales se distinguen el de Neo, obispo fun- ai or, y c < e u iano (fíguias 7, 7 vis y 8 ). La agregación de este elemento de arquitrabe, parece ser mvenc,on , bizantina, pues el Occidente no ofrece mas que ejemplos muy raros de esta disposición .i uai ¡^; a °s ai eos una forma muy elevada, forma que imitó después la arquitectura romana- instan adornados de esculturas algunos de estos capiteles dobles, y en la figura 9 se vé uno que representa s aves io< cadas de palmas y follaje bebiendo en un vaso; asunto místico muy común en el Oriente, y de que en solo la ciudad de Atenas , hallamos muchos ejemplos. rr , s cornisas y cornisamentos de la antigua iglesia de san Vidal, son lo mismo que lo demas del e i cío, de un estilo no muy conforme á las obras de Italia; en ellos se encuentra con corta diferencia la misma distribución de molduras, pero los detalles de la ornamentación tienen un carácter particular y una ejecución aguda que pertenecen al Oriente. La figura 11 de la lámina de detalles, ofrece reproducido un Iragmento de estas cornisas. La decoración interior de la iglesia de Ravena , presentaba una mezcla de mármoles ensamblados y i marrnoles solia « ocupar las partes inferiores, porque preservaban mas á los edificios de I a humedad del piso, y no estaban tan espuestos á destruirse. • • as mnimicla des pinturas, algunas de las cuales han sobrevivido á todos los principios de desorga - fprinrn . < | Ue SC an • ec arado en es P ac i° de catorce siglos, empezaban sobre la imposta de los arcos in- s , as que mejor se lian conservado existen en el santuario, al rededor de la ábside, santuano, según se advierte en la vista de perspectiva, asi como en la del plano y el corte, está (l) Ensebio, hb.m, cap . 5 p. IGLESIA DE S. VIDAL EN RAVENA. 27 cubierto por una bóveda de arista , adornada toda ella de mosáicos ; encima , y en un círculo que indica el lugar que ocupa la clave de la bóveda, se vé representado un cordero, con una aureola en la cabeza, y rodeado de algunas estrellas que están en el fondo. Las aristas que se inclinan á este centro común, están formadas por cuatro cordones de follaje entre líneas de oro , y sobre los lunetos que forman la bóveda, hay cuatro ángeles vestidos de blanco, puestos cada uno de pié sobre una esfera y alzando el brazo, como para sostener dicho círculo estrellado. Completan la ornamentación de los cuatro compartimientos una mul- titud de espirales, compuestas de frutos y flores, entre las cuales se ven también algunos animales. El arco apuntado que remata liácia la nave esta decoración contiene quince medallones, el retrato de Cristo y los de los doce Apóstoles, distribuidos de seis en seis, y en los estreñios inferiores san Gervasio y san Protasio. Otras pinturas de mosaico, no menos curiosas que las de la bóveda, se ven en los frontis laterales del- santuario al rededor de las tribunas. En el lado del evangelio está representado san Juan sentado , vestido: de blanco y con el libro en la mano ; un monopodio que está junto á él, tiene el tintero, la salvadera y el estilo; sobre su cabeza se mece el águila simbólica. En la parte opuesta manifiesta también sus escritos en un libro abierto san Lucas , acompañado del toro; á sus pies se vé un scrinium , caja cilindrica , donde hay arrollados varios manuscritos. Debajo déla tri- buna se distingue un cuadro semicircular con dos asuntos distintos; el uno el sacrificio de Abraham, y el otro el recibimiento que hizo á los tres ángeles. Entre la curva superior del cuadro y la parte baja de la tribuna , hay figurados dos ángeles que sostienen en el aire un círculo, en cuyo centro se deja ver una cruz cubierta de piedras preciosas, y con el Alfa y Omega griegas, es decir, el principio y el fin; emblema místico de Jesucristo : las demas curvaturas inmediatas al gran cuadro central de Abraham, las ocupan pol- lina parte el profeta Jeremías, puesto de pié á la vista de Jerusalen , y por la otra Moisés en Ja montaña. El lienzo del santuario que mira á la epístola , está en la misma disposición que el que acabamos de describir; en la parte superior los evangelistas san Marcos y san Mateo, el uno con un león y el otro con un ángel , y los correspondientes pupitres para escribir. En el mismo lado del cuadro semicircular que hace juego con el del sacrificio de Abraham , está el profeta Elias y dos figuras de Moisés; los personajes principales son Abel y Melchisedec, junto á un altar en que se ven dos panes y un vaso sagrado con vino. La ábside conserva también dos cuadros muy impor- tantes para la historia de la iglesia de san Vidal , uno situado á la izquierda , representa al emperador Justiniano, precedido de varios clérigos, entre los cuales se distingue á Maximiano, llevando en procesión un vaso que Ciampini cree ser un relicario con los restos de san Gervasio y san Protasio , reliquias cuya traslación se verificó concluido que estuvo el edificio ; detrás del emperador van algunos cortesanos y soldados. Ea misma composición tiene otro cuadro colocado á la derecha , que representa á la emperatriz Teo- dora, llevando también otro vaso ó relicario, y rodeada de varias doncellas que la introducen en el templo. Esta segunda escena pasa en el vestíbulo , según lo indica una fuente de agua lustral , que en la primitiva iglesia solo se hallaba en el pórtico ; y los velos suspendidos en las puertas indican de un modo que no deja lugar á dudas, que dicha procesión de mujeres se dirije hácia la nave. Estos dos cuadros sirven para comprobar el uso de los primeros cristianos, respecto á permanecer separados ambos sexos du- rante las ceremonias religiosas. Adornan la media cúpula que corona la ábside, cinco figuras ( véase la figura 12); en el centro del cuadro está Jesucristo sentado en un globo terrestre de grandes dimensiones, y la aureola con cruz en la cabeza: tiene un libro en la mano izquierda, y presenta una corona á san Vidal; sobre el vestido rojo lleva un pallium violado, debajo del cual Jflln mlfU^rama, N. ( Nazarethus ) que indica el lugar de su nacimiento ; y un ángel que lleva una varaMjJfada^Je jtoue la mano al santo en el hombro, y parece como que le dice: «Recibe la corona que te dáffee|J^L Et pintor ha representado á la izquierda de Jesucristo al fundador de la Iglesia, que por medí i deMHig&l ^nuestra una copia en pequeño del edificio que ha mandado construir. Las túnicas blanca^ $e iSjmgc^É se ven adornadas con dos gammas griegas, emblemas de la Trinidad. t* Varios restos de mosáicos que se conservan en las piíasbra^^Jin los arcos apuntados de la nave prin- cipal , denotan que toda ella estaba adornada del mismo mo^^omo lo están aun hoy dia algunas iglesias bizantinas de Con'stantinópla, y en particular la que los griegos llaman Moneteskoras ; y solo haciéndonos bien cargo de las pinturas de dichas iglesias del Oriente, hemos podido restaurar en el corte de la de san Vidal toda la parte de ornamentación, con el objeto de dar una idea de la riqueza de los templos cris- tianos construidos según los principios del arte bizantino. En el estremo superior de la gran cúpula hay un Cristo de tamaño gigantesco ; el espacio que ocupa, rodeado de una inscripción, forma un segmento esférico de superficie dorada; y una faja con varios retratos de santos y apóstoles sirve de intermedio entre esta parte superior de la media naranja y la que está ilumi- nada por las muchas ventanas, en que se ven varios personajes de la historia sagrada. Esta brillante deco- 28 ESTILO BIZANTINO, ración la completan los muros verticales de la nave , divididos en compartimientos curvilíneos y rectilíneos, juntándose con mármoles de diferentes colores. En los últimos siglos ha esperimentado la iglesia de san Vidal algunas modificaciones importantes. Ya hemos hecho mención de la alteración que se hizo en la forma primitiva del pórtico; probablemente por el mismo tiempo se creyó necesario levantar considerablemente el piso de todo el edificio , y á tal grado se llevó esta reforma respecto al pavimento interior compuesto de preciosos mármoles, que quedaron enter- radas no solamente las bases, sino también parte de las columnas. Este pavimento parece ser el mismo que se puso en un principio en el primer piso del templo, cuya planta puede verse en Ja figura 1 . a de nuestra lámina de detalles , ofreciendo mucha semejanza con el opus Alexandrinum de las iglesias latinas de Italia. En varios templos cristianos del Oriente, se con- servan asimismo restos de esta especie de mosaico, como uno que se vé en Patrás. El corte del edificio (véase la figura 2), indica por medio de la línea M, N, la altura actual del piso, y lo que han perdido de sus fustes las columnas. También la decoración arquitectónica tuvo sus vicisitudes, pues se llenaron las bóvedas y los arcos apuntados , cubiertos en otro tiempo de mosáicos, con casetones á la italiana; los escudos de las armas papales, sostenidos por ángeles (véase la vista de perspectiva ) ocultaron las pechinas y sirvieron de base á estátuas de pésimo gusto; las ventanas quedaron ahogadas por la confusión de las columnas, que apo- derándose de la faja interior déla cúpula, destruyeron su forma semi-esférica, é hicieron desaparecer su carácter bizantino ; y finalmente no se perdonó ni aun el santuario , pues se abrió sobre la ábside una gran ventana á la moderna, dividida en tres secciones, y quedó perdido el misterioso efecto que tanto buscaban los arquitectos orientales en esta parte tan sagrada de sus templos. BI1SLIOOEAFIA. 1.0 Fabri ( Girolamo ) le sagre memoi fe di Itavenna an - tica ; in Venclia, 1664 — 4. ° 2. ° Fabri(G), Ravenna ricercata, o vero compendio is- torico delle piu notabili dcll’ antica citta di Ravenna ore disoccupate ; in Rologna, 1678 — 8. ° 3. ° Ciampini (J) Vetera Monumenta, etc.; Romee, 1690 folio. 4. ° Beltrami, II forestiero istruito delle cose notabili in Ravenna ; Ravenna , 1783. 5.0 Sunti dell’ origine e della magnificenza della cittá di Ravenna, 1793—96, 2 vol. C.° lantuzzi ( 'Marco ), Monumenli Ravennati de secoli di mezzo per la maggior parte inedili; Venezia, 1801, 2, 3 et 4 ; 6 vol. 4. ° lám. 7.0 Von altdcutscher Raulcunst durch Slieglilz; Leipsic 1820 — 8. ° y atlas fol. de 34 lám. 8.0 Fanni, II forestiero á Ravenna, 1821. 9. ° Seroux d Agincourt , Uistoire dcl'art par les <M0* numents , etc.; París, 4 vol. fol. mayor lám. 1 0. ° A rchitecture civilepar le chev. Wiebekina • Munich , 1821—23—25 ; 3 vol. 4.° atlas fol. 11. ° Par alíele des edi fices ronds de l’Italie par M. M* Isabelle , arcliitecte; París 1831 fol. lám. 12 . ° Monuments franpais inedits, etc., par N. X. Vi- llemin París , 1809 — 1839. 2 vol. fol. 1 3. ° Manuel encyclopedique des Sciences et des arts, par un societé de gens de lettres, París, llerder, 1835. 2 vol. 4. ° lám. 14. ° B ard ( J ), Notice sur Saint Vital de Ravennc, in- sérte dans le Magasin universel ( aout 1839). 15. ° Ilope {Th) Uistoire de Varchitcclu 're, trad. de l’a’f glais par A. Harón; B ruxclles et París, 1839, 2 yol. 8, Q mayor, lám. ( TEMPLO DE Vlil ACARMA M £L®[í^a De las escavaciones de Elora , una de las mas interesantes , no tanto por sus dimensiones cuanto por la elegancia y novedad de sus formas , es la que se llama casa de Visuacarma. En ella se presenta el arte indio notablemente alterado, pues al lado de sus dimensiones cuadradas y de sus techos prolongados, se admira una galería , circular en parte , y una bóveda que en vez de elevarse en forma de ojiva, se cierra tra- zando arco, lo cual manifiesta ya algún progreso en el arte, en el hecho de dejar las fáciles líneas rectas y aventurarse á las dificultades mas ingeniosas de la línea curva. Pero ¿dónde hallaron los indios el modelo de una forma tan magestuosa como elegante? ¿dónde adquirieron esta idea nueva, tan diferente, al parecer, de sus primeras creaciones ? Trabajo cuesta en verdad considerar á los indios como imitadores serviles de un arte estranjero. ¿No tenian bastante para sentirse inspirados con los magníficos arcos de sus sagrados plátanos? Y por otra parte, ¿no será lícito suponer con probabilidad de acierto, que aprovechándose sus artistas de la configuración de un terreno en que la naturaleza habia practicado profundas grutas, vieron en la misma naturaleza un modelo á que dieron mayor magnitud y perfección ? Diremos ademas á todos los que á contemplar los monumentos indios manifiestan meramente una especie de sorpresa , pero no interés ni admiración, que todas estas obras anuncian la infancia del arte; que hay seguramente menos ciencia en el que penetra en el seno de una roca, prepara su terreno, taja la piedra en la misma cantera, la labra en forma de columnas, la abre figurando un peristilo, ó ahondándola llega á formar una bóveda , que en el que de varias partes compone todo un conjunto, y de unos cuantos pedruscos cortados con inteligencia, construye un trozo de edificio que se eleva ó va arqueándose hasta el punto en que la clave cierra la bóveda y la consolida. Pero si esto rebaja el mérito del arquitecto indio, no deja de hablar en favor de la anti- güedad de su obrar cuanto mas sencillo es el sistema, mas antiguo debe ser el arte; pero pasemos á la descripción del monumento, para entrar después en la cuestión de su antigüedad. La disposición del terreno en que tenia que trabajar el artista, y no sus cálculos premeditados, fué indudablemente lo que influyó en la variedad de plan que se advierte en todos los monumentos de Elora. A la casa de Visuacarma se entra por un gran patio cuadrado ( véase en la 1. a lámina de las 'plantas de los templos de Elora, el ntm . 2 de la fig. 3), pasando antes por una ancha abertura (1) practicada en la roca. El patio tiene 14 metros, 93 centímetros, y al frente está la fachada del templo, obra admi- rable no menos por su buen aspecto que por su trabajo. Debajo de dicha fachada hay un veranda, espe- cie de claustro que se prolonga alrededor ü derecha é izquierda (3), y tiene 2 metros, 50 centímetros de ancho, y 3 metros 04 centímetros de elevación, apoyándose en doce pilares cuadrados y dos pilastras. A la derecha del patio hay una graciosa cisterna, y en los dos lados del veranda varias salas oscuras (4), que servirian como de capillas, aunque privadas de todo adorno. Encima se vé un piso, al cual parece que se sube por una escalera abierta, situada á la izquierda déla entrada, y las piezas que habia á entram- bos lados de dicho piso, y que estaban adornadas de esculturas, hoy dia están ya destruidas. Estas piezas tenian varias puertas que daban á una galería, la cual forma un cuerpo saliente con la fachada de que hemos hablado: en ella se colocaban los músicos, y con el sonido de sus instrumentos llamaban a los devotos que pasaban por fuera, ó conmovían las almas de los que estaban dentro del templo. En el centro de esta galería esterior, que constaba de 4 metros y 26 centímetros, se halla una entrada interrumpida por dos pilares, por la cual se pasa á una galería interior, desde donde se veia todo el templo. Tres puertas (5) conducen al piso bajo de este ; la principal tiene 1 metro 25 centímetros de ancha, por 2 metros 50 centímetros de altura. Se pasa por entre dos pilares cuadrados, en los cuales descansa la galería interior que acabamos de citar, y desde aquí, á favor de la media luz que entra por la misma gale- ría, se descubre todo el monumento. A derecha é izquierda se estiende un peristilo estrecho (8) formado por treinta pilares octágonos , cuya altura, á causa de su bóveda plana, no pasa de 5 metros , siendo la an- chura desde los pilares hasta las paredes laterales de 2 metros 36 centímetros. M. Malet dá al templo por ESTILO INDIO. longitud desde la entrada hasta el fondo 24 metros, y por latitud 12 metros 79 centímetros; mientras que M. Sykes calcula la primera en 24 metros 37 centímetros, y la anchura en 12 metros 79 centímetros; y como la escavacion total tiene, según él, desde la entrada esterior , 50 metros 58 centímetros, existiría una diferencia de mas de 11 metros 60 centímetros, respecto al cálculo de M. Malet en sus Investigacio- nes asiáticas (*). La elevación de la nave (6), desde el pavimento al centro de la bóveda, es de 10 metros 17 centímetros, y puede compararse al casco vuelto de una embarcación, cuyas costillas salientes descan- sasen en un cornisamento sostenido por los treinta pilares de los lados. En el fondo de dicha nave se eleva hasta la altura de 7 metros 51 centímetros una masa cilindrica coronada por un globo aplanado, que remata en una porción de prismas pequeños y cuadrangulares. Llá- mase el clahgopa , construcción simbólica , que se encuentra en todos los templos búdhicos. En el centro de una especie de nicho adherido al clahgopa se vé la estatua colosal del dios (7) ó quien está consagrado el templo. En vano le han dado los bramanes, señores hoy de aquel territorio, la invocación de Visuacarma; la estátua representa evidentemente á Budha, sentado y con las piernas colgando; el cabello, las orejas, el aire del semblante, la posición de las manos, todo anuncia que el ídolo es enemigo del bramanismo, y que por ignorancia ó presunción se obstina en no reconocer su yerro; con todo, la existencia de los demas ador- nos y de las esculturas, debería servir de desengaño á los sectarios del culto dicho ortodoxo, pues nada hay allí que recuerde las leyendas mitológicas de los puranas, antes bien, al contemplar todos aquellos grupos de hombres y mujeres en tan graciosa desnudez , pudiera decirse que es un templo consagrado solamente al culto de la naturaleza. La arquitrabe de los pilares de los dos lados del templo está llena de figuras pe- queñas que, según el testimonio de M. Sykes, pertenecen á ambos sexos. Encima hay un friso mas ancho dividido en tantos compartimientos como pilares; los bajos relieves que contienen parece que aluden á la historia de Budha; sobre ellos, y en zócalos aislados, se ven varias estátuas aisladas, alternativamente de uno y otro sexo, y con la espalda apoyada en el punto en que remata cada uno de los arcos salientes que dividen la bóveda. Los dos pilares cuadrados del interior tienen capiteles esculpidos hasta casi la mitad de su altura; y en los pilares octógonos se vé, comoá los dos tercios de elevación, dos anillos, entre los cuales hay unas esculturas muy ligeras; pero la riqueza de los adornos y la delicadeza del cincel se reservaron principalmente para la fachada. Por toda ella scestiende un ancho friso con varios grupos esculpidos de hombres y mujeres ; debajo, y cubierta por un techo dividido en compartimientos cuadrados, está la galería destinada á la orquesta. L» ; pared del fondo ostenta un verdadero lujo, por decirlo así, de escultura, lujo que no es posible describir, porque todo se encuentra allí, desde el arabesco hasta la figura de carácter, desde el grotesco hasta el sím- bolo sagrado, desde el coloso, en fin, hasta la estátua mas pequeña. En el apoyo esterior de dicha galería* se vé otro friso interrumpido por compartimientos también cuadrados, con los cuales alternan algunos ara- bescos y grupos humanos de entrambos sexos. Por último, toda la circunferencia del patio está rodeada de un arquitrabe, en que se advierten representados cuadrúpedos de diferentes especies. La falta de regularidad que se nota en los adornos de la pared de la galería, hace sospechar que se ha reformado ó construido esta parte en distintas épocas. El templo, dedicado en un principio á Budha, debió llegar á verse ocupado por lossivistas, que esculpieron en él, á la izquierda, su obsceno símbolo, y á la de- recha sus disformes pigmeos celebrando la unión carnal de su dios y de su diosa , unión representada sin velo alguno. Pero en vano procuraríamos hallar las cruces que se advierten en el grabado de las Investiga' ciones asiáticas , y que reproduce Langlés; deduciendo de esta circunstancia consecuencias que caen por su propio peso. Tan cristiano es este monumento como musulmán, y la multitud de figuras que le adornan son tan contrarias al carácter mahometano , como al arte cristiano las figuras desnudas que se encuentran por donde quiera. Enhorabuena que como las basílicas del tiempo de Constantino , como la iglesia de san Ambrosio de Milán, y la catedral de Salerno, ó las mezquitas de Jerusalen, Damasco, Córdoba, etc., e stc precedido por un patio rodeado de galerías ;®pero es menester convenir en que semejante disposición única' mente se debe al terreno, y que en los demas monumentos de Elora los pórticos y las habitaciones destina' das á los sacerdotes existen en las partes laterales inferiores. Si en alguna cosa hay imitación, no es scg 11 ' ramente en la arquitectura que pertenece á la India, sino mas bien en la escultura, que por el primor y P’j reza de las formas hace recordar el cincel griego : sin embargo , al ver por una parte la fiel delicadeza de * imitación de cuanto existe en la naturaleza , y por otra la rusticidad y cstra vagancia de todo lo que es parto la imaginación, no se concibe que ningún maestro eslranjero, si es que hubo alguno, dejase de inspirar a s discípulo el gusto que le distingue en la invención, y que le sirve de guia cuando pasa de la contemplado de lo positivo á las creaciones de lo ideal. Esta reflexión nos hace ver mas claro el carácter del arle m ( 1 ’ ( ) Esta diferencia provendrá quizá de qucM. Sykes ha comprendido en su cálculo el espesor de la roca cortada de la entrad 3 ’ TEMPLO DE VISUACARMA EN ELORA. hábil en reproducirla naturaleza que tiene delante, mas no los modelos que sugiere la fantasía; imitador exacto, pero inventor poco feliz. Tal era el talento de! artista indio en la época inmediata á los principios de la era cristiana. Los datos ciertos de que carecemos no podemos suplirlos mas que por conjeturas. Es evidente que el templo de Yi- suacarma es búdhico y posterior al siglo VI antes de nuestra era, asi como debe ser anterior al IX de la misma. Casi todos los asuntos representados en las esculturas están tomados de la naturaleza, y no de la religión , de lo cual se puede deducir que cuando se empezó á construir el templo, aun no era muy antigua la religión búdhica, y por lo mismo no tenia tradiciones; pues de no haber sido asi , el artista, en vez de los informes grupos que repite tan á menudo, hubiera dado vida, si asi puede decirse, á las creencias, á las leyendas y símbolos que se hubiesen hecho populares. ¿Cómo ha de presumirse que á los santos, á los pa- triarcas engendrados en la imaginación de los sacerdotes budhenses, y á los personajes simbólicos que in- ventó su filosofía religiosa, se hubieran preferido las imágenes indecentes, queá nuestro modo de ver mani- fiestan lo reciente de un culto que carece del prestigio de la antigüedad? Por esta razón nos inclinamos á fijar en los siglos inmediatos al principio de nuestra era la época de las construcciones que acabamos de describir: época en que la India tuvo príncipes poderosos, en que la invasión estranjera debió dar grande ascendiente á los budhistas, en que las religiones procuraron hacerse prosélitos por medio de las artes ; se- ducción harto inocente, si no hubiese ido mas tarde seguida de persecuciones. Esto fue en efecto lo que acaeció mas tarde á los budhistas , que lanzados del templo que habían erigido á la gloria de su dios pro- feta , debieron saber en su destierro que al conservar sus vencedores aquellas imágenes , no habían hecho mas que alterar el nombre , y enarbolar únicamente en el esterior el signo triunfante de su propio culto. BliSLIOCIB AFIA. 1.0 Mamoire de sír Ch. Málet sur les monumento d’Ellorai Recherches asía tiques , lomo VII. 2. ° Daniell, Hindoo excavatíons inthe mountainof Ello- ra , near Aurun-Abad in the Decan , London, 1803 , 1 vol., fol. , lám. ilum. 3. ° Langlés , Honuments anciens et modernos de l Hin * doustan , decrits sousle double rapport archéologique ctpitto- resque , et precedes d’une notice geographique et d’un dis- cours sur la religión, la legislation et les masurs des Hin - dous; París 1821, 2 vol. fol. lám. 4. » Sykes , On the caves of Ellora ( Transactions of the Bombay Society, tom. III. ) 5.0 Grindlay, Remarles on certain sculptures in the cave temples of Ellora (Transactions of the roy. Asiatic Society, tom. III, pág 326. C.° Tood (J), Upon Ellora. 'Transactionts of the roy. Asiat. Soc. tomo II pág. 328.) 7. ° Erskíne, Observations of the remains of the Boud * dhist in India ( Transactions of the Bombay Society ; to- mo III.) 8. ° Seely fJ — B) The wonders of Ellora or the narrativo of a journey to the temples and dwellings excavated out ofa mountain of graniteand cxtendtng upwards ofa mile anda quarter of Ellora in the East- Indios, etc. London, 1825, 1 Vol. ,8.<> 10 lám. 9.o Hceren, De la politique et du commerce des peuples de l’antiquité, trad. de l’allemand par }V. Suckau; París 1830 — 34 , 6 vol. 8. ° lám. 10.° Elliot ’s (Cap. R) Vicws in the East, comprising In- dia, Cantón and the Shorcs of the Red Sea; with historical and descriptivo illustrations ; London 1833, 2 vol. 4.° lám. ’ TEMPliO »E AROERIÜ Eiv JE»FIJ En la orilla izquierda del Nilo, á un cuarto de hora de la parte baja del mismo rio, V* P" re ^ h> ^ aleiado su lecho del monumento, y hacia la cordillera arábiga, se encuentra el templo de Edfu, que esta situado en el alto Egipto á cosa de veinte leguas de Tebas, y por los 25° de latitud septentrional. 4 Es le templo, que en tiempo de los egipcios se llamaba de Hatfouh, y después templo de Apolhno- r Momia m on tiempo de los griegos, estaba principalmente dedicado á Aroens, el Apolo de la nulo tí £ ZoerLralijo S yformaba P r ,o P de la triada del templo f*) completada por o Bms Ííar-Hol, ciencia y luz celestiales personificadas, y cuya imagen en el mundo material os el sol, y 1- ~ »«-«* i -n- *?* ¿i*;* 1 '; ;irÍK'í"r¿“ r . : a -- 1 Adornan estos pilones unas esculturas gigantescas (véase la elevación geométrica de los pilones) ¿Hadas fn los mismos muros ; encima , en la gran fachada esterior y en dos hileras, se ven las divinidades del templo V las de los templos del no me ó provincia, sentadas en sus tronos y recibiendo las ofrendas de los Tolo- meos Solero II y de su hermano Alejandro, que se hicieron representar en estas esculturas , mandando se «SSSSÍSi r^ los'^oiihrol in foiómeo de tamil', o colosal que con el 1, arpón dMno Istiira á los pueblos rebeldes, á quienes tiene cogidos con una sola mano agrupados poi los católos. parte baia del cuerpo de la derecha se ve un bajo relieve pequeño y malo, inoportunamente anadulo, ,q representa al emperador Claudio adorando á las divinidades del templo y á las del nome; y finalmcutt en la SrinTerna dcd misino cuerpo se advierte, en medio de otras esculturas y ofrendas de devoción, un Tolo- », éJL. i» h r » i ¡«£33; r "" k" 2 í ’düSrí empavesados que sobresalían por encima de los pilones. ( ) case , i situada n Al norte i^pollinopoU, Magna Calía ApolUnopoH, Parva , ,„e conviene no confundir con ApoUm opalí, minar en la orilla izquierda , en frente de Anteopolis. , rUvinirlirl nrincinal que formaba parte do una triada reunida en D Todos los grandes templos de Egipto estaban dedicados a na ^^mulad pnne.pa^q , produ £ to de ambos . principio fie unidad divina , y compuesta de un prineipio mascuh , t onejj ^¿valos que contienen los nombres) , no admite (***) La lectura de estos nombres y antenombres., grados en os maraviUosos descubrimientos de nuestro ilustre Champo- vji á la sazón la menor duda ; al cabo empezamos ya a hacer justicia a ios mnwn musu Ilion el joven , que murió eu 1831. - ’’ • U 1U3 UIW taríos? dado que'' ignoraban la la loca d? EhTcuVm dSpto de Chons, en Tebas, se hallan algunos bajos relieves r*“) En los speos monumentos abiertos en eucmpio^ ^ f pucstos co „ el olqdo de anunciar la que representan los pilones . con isus mástil ^ V de color blanco, amarillo } rojo, que aun se distinguen, representan el entrada de un temido, y se supone que i¿m a , alto, medio y bajo Egipto. ESTILO EGIPCIO. vacion geométrica da los pilones.) Interiormente tienen unas escaleras que conducen desde la esplanada V. de las galerías del patio á los terrados de los pilones y á los cuatro pisos de piezas alumbradas por veuta- . ; ñas á través de las esculturas de los pilones, lo cual prueba que son posteriores las esculturas: un pequeño terrado que hay encima de la puerta principal del templo, sirve de comunicación entie los dos pilares. Obsérvase que en casi todos los lados de los pilones faltan las cornisas, y se ciee con algún funda mentó que las hiladas que las componían se derribaron á tierra para emplearlas en construcciones posterio- res; á no ser que se quitasen por mero espíritu de destrucción, y que existan entre las ruinas con los obeliscos BB, que debieron estar situados á derecha é izquierda de la entrada del templo. (*) La puerta por donde se entra al gran templo C, es todavía muy alta, á pesar de hallarse enterrada casi una mitad de su base; su jamba está cubierta de esculturas de ofrendas y coronada por una cornisa de perfil egipcio , que lleva por adorno el globo con serpientes aladas (**). Es notable esta puerta á causa de las dos consolas ó adrajas que tiene á derecha é izquierda el travesero superior ; en ninguna puerta de los monumentos conocidos de Egipto se encuentran semejantes piedras, las cuales dan lugar á sospechar que servirían para sostener una gran cortina, ó que se enlazarían con algún pórtico de madera del cual pendería un velamen, como se advierte frecuentemente en los bajos relieves de los monumentos. Esta puer- ta da entrada al patio D del templo, que está rodeado de pórticos E por tres lados, y precede á un hermo- so prónao de diez y ocho columnas F, situado en el fondo del patio; pero desgraciadamente tanto el prónao como el palio y los pórticos se hallan cubiertos en gran parte por la tierra. El edificio sirve hoy de almacenes á los granos y diezmos del gobierno de Mehemet-Alí, y esta ocupado todo el dia por unos muchachillos fellahs, que subidos en los terrados y en unas tapias bajas de tierra, mueven mucho ruido para evitar que se coman los pájaros las contribuciones del Estado. í)e entre los escombros se ven salir las jambas y cornisas del prónaos (fig. 5); las cornisas, según se advierte en la lámina de detalles , fig. 2, tienen mas elevación que las que coronan las pequeñas pa- redes unidas á los demas intercolumnios ; en el prónao se distinguen dos capiteles palmeras que contri- buyen mucho á la elegancia de su fachada. (***) (Véase la elevación geométrica de la fachada del prónao). Todas las columnas, frisos y cornisas, todas las caras de las murallas tanto interiores como csterio- res del patio y del prónao, están cubiertas de esculturas simbólicas, inscripciones geroglíficas, pinturas de ofrendas y devoción, y cartones de los Tolomeos, entre los cuales se ven los de lilopator , de su hijo Filomator , de Evergete II y de Sotero II. Champollion el joven observó en el prónao, entre las esculturas que le adornan, el dios del oriente, Ilar-IIot , identificado con el sol, su occidente y sus diferentes formas simbólicas en cada una de las doce horas del dia, con los nombres de todas estas. Al presente no permiten las ruinas penetrar mas en el templo por la parte del prónao , y únicamente pasando por una estrecha abertura que hay en el terrado, y por un pasillo angosto y oscuro, se liega á i» naos G, que sigue al prónao de que hemos hecho mención. Esta naos, sin luz ni ventilación, está lien» de murciélagos, que despertando de su sueño letárgico al ruido y á las luces, á cada momento amenazan con su fúnebre vuelo apagar la indispensable antorcha del observador. La elevación de los escombros amom tonados en este infecto recinto es tal, que apenas puede alcanzarse á ver la parte superior de algunos capí" teles de las doce columnas que comprende la naos, hallándose ademas completamente obstruida la puerta que conduce al santuario II. Unicamente por la parte estertor se advierten vestigios de las escaleras qn° subían desde el eslerior al terrado del monumento , y se pueden calcular las proporciones del santuario 1 y de los salones adyacentes. (****) En la superficie y encima del muro posterior del santuario K, hay esculpí os unos bajos relieves de ofrendas, y unos medios leones en estatua. Estos contenían unas gárgolas poi don salian las aguas é inmundicias del terrado. (*****) , Mas lejos existen los recintos que protegían el santuario contra las profanaciones esteriores, debiem ^ observar que ademas de los indicados en la planta L, debía haber otro recinto general, que hoy está com pletamente sepultado. r El mammisi, ó sitio de alumbramiento, que está en la parte anterior, y colocado oblicuamente co (*) Una rotura que existe en la cornisa déla puerta, no puede provenir mas que de la caida'de las hiladas de la cornisa riir, adviniéndose ademas que un trozo de ángulo de cornisa que se vé en la grande obra de la comisión francesa, » (*\) 1 Este globo que se encuentra en todos los monumentos egipcios, representa al sol con los símbolos de la inmortalidad del movimiento. (***) listos capiteles palmeras no se ejecutaron en Egipto hasta la época de los griegos. , , <],. ¡os (****). Hasta el tiempo de los griegos no estuvieron las puertas abiertas (sin travesanos) porque hasta esta época no sallen santuarios las representaciones de las divininades , yendo en procesión de un templo á otro. , ndeaba» ('****) Téngase presente quccnEgipto, sobretodo en el alto Egipto , rara vez llueve ; estos anim; les, pues, que avec.’S i los santuarios, ¿no podrá suponer» e que estaban allí por espantajos? TEMPLO DE AROERIS EN EDFÚ. relación al gran templo (véase la lámina de detalles , ftgs . 4 , 5 y 6) , es un monumento pequeño que conserva restos de un atrio, de una pieza y de una escalera para subir al terrado. En el fondo está la sala de alumbramiento con columnas en medio , y al rededor una galería que hoy dia solo existe en tres de sus lados. Los capiteles de este monumento son de flores de loto , y rematan en unos netos, cuyas cuatro caras están adornadas por una figura de Tifón (fig. 6) á quien está dedicado el mammisi. Esta divinidad, ó por mejor decir, este genio del mal, ha dado origen á la voz liphonium ó tifonio, con que asimismo se designa el mammisi. (*) Los bajos relieves que sirven de decoración al interior de la sala de alumbramiento, representan la lac- tancia, infancia y educación del joven Har-Sont-Tho , hijo y divinidad de la triada del gran templo, con la fisonomía de Evergetes II. Esta figura va acompañada de su cartón y representada en medio de divinida- des de todas clases que cuidan del joven Tolomeo. El mammisi de Edfú es uno de los mayores que se conocen. Este pequeño templo que se halla en cuantas partes se tributaba adoración á una tríada, era la imagen de la morada celestial en que se suponia haber dado á luz la diosa al tercer personaje de la triada. También las reinas iban á dar á luz en el mam- misi á los Faraones, que eran tenidos por semidioses. A pesar de que el templo de Edfú y su mammisi están en gran parte confundidos entre los escombros y chozas de los fellahs; á pesar de hallarse destruidos considerablemente y mutilados, y de que la orna- mentación por lo afectada y por su inconveniente profusión, manifiesta la decadencia de la noble y mages- tuosa gravedad de los monumentos construidos en la floreciente época faraónica , á pesar de todo esto, decimos tal como existe hoy , puede aun dar muy alta idea de la magnificencia y grandiosidad de la ar- quitectura entre los antiguos egipcios. Sabido es en efecto que los griegos, en cuyo tiempo se erigió este monumento, no lo destruyeron todo, como anteriormente lo habían hecho los persas, sino que por el con- trario restauraron, construyeron y dejaron que construyesen los mismos egipcios los templos de la religión egipcia. El observador que visite el monumento de Edfú observará en él gran sencillez en las masas, gra- vedad, severidad de líneas, que son el sello del sentimiento de perpetuidad que los egipcios se esforzaron en dar á sus monumentos, si es que no prefiere el estraordinario esmero empleado en la construcción pro- piamente dicha de aquellos inmensos peñascos, tan bien cortados, cuadrados y unidos entre sí, que apenas se distinguen sus junturas. En la disposición de la planta tan admirable y tan sencilla en sus líneas, cono- cerá que ademas de la gran cerca, hoy oculta entre la tierra, y que contenia una fuente de agua lustral, no estando el Nilo cerca del templo, conocerá, repetimos , que solo se podía penetrar desde el gran patio en el primer recinto del templo propiamente dicho j que únicamente por medio de varias salas mas y mas próxi- mas al santuario se podia penetrar en las otras salas y recintos contiguos al mismo santuario , y por fin que estas salas y recintos son progresivamente mas pequeñas , lo cual indica que en dicho santuario no po- dian penetrar sino muy pocos sacerdotes iniciados (**). En la ornamentación, que no es ligera, como la de otras muchas arquitecturas, verá también el observador todos los vegetales , animales y símbolos, consagra- dos por los egipcios (***) ; en la representación de los personajes con actitudes tan envaradas, advertirá las formas consagradas, calcadas y únicas para lodo el Egipto, y quizá la previsión del legislador que no quiso se tributase á la copia un culto debido solamente al original (****); en las pequeñas claraboyas que atravie- san las plataformas, y que bastan para dar luz á las salas tendrá una^prueba de que la arquitectura egipcia no es una arquitectura prestada, sino el resultado déla constitución del suelo, del clima, de las producciones, y la espresion exacta de las necesidades religiosas y políticas de la época, dando al n*\ m tiempo esta arqui- tectura por su grandiosidad y magnificencia un gran concepto de la pompa religiosa, y haciendo superior, mas bien que inferior, la reputación de este pueblo á su increíble lama. Réstanos solo desear que el templo de Edfú, tan completo e interesante, se vea enteramente libre Tifón que se halla siempre en los mammisis, estaba representado bajo las formas mas repugnantes, las mas veces ¡Como un orbe 'pequeño rechoncho y disforme. ladre los egipcios, pues, como entre otros muchos pueblos, a debilidad del hombre ulto,' arrastrada por el temor, al genio del mal , del mismo modo que & los dioses cuyos beneficios solicitaba. (V case la res- tauración de este mammisi en la grande obra de la comisión de Egipto:} (•*) Se ha creído equivocadamente que los egipcios adoraron a los animales, pero estos se cuidni ríos únicamente como obra de la divinidad impalpable é invisible, laminen es falso, la idea que se i uim/uuii . *, «mn/tinalmanfo rniKutian oro on nfrormna : joven itnber..„ ha dado culto cuidaron y alimentaron en los santua- tiene de que sus ceremonias ro- es menester ocultarse de ellos. también de ellas para hablar ; se hablaba como se antiguos que la historia. consistía en hacer todas las esculturas cuadradas, pero no aturalraente con formas determinadas. ESTILO EGIPCIO. , *' “TísS?: S^E^SES 1 d £r,Si ,« i¡»; m ™pfc —> *. '• i»í-' - »«- 1 ^ -«* * '« antiguos. (*) (*) Entre las innumerables esculturas pintadas que cubren todas las P^ e ^j® s de t Q5® s ^s T ^^¿^or^ e ,^n , de la vida re- procesiones religiosas, batallas campales y navales , victorias , fiestas, da . , < ' ^ menores detalles, y tan bien conser - ligiosa , política y privada de los egipcios y todo tan bien W ele estudio y observación, vado por otra parte^ en aquello que no mutilaron las manos de > los que . o so les oirá hablar ni se les queda uno perfectamente impuesto en lo que podían ser los antiguos egipcios , y a iscepc 1 verá obrar , puede uno visitarlos como si fuesen un pueblo de nuestro si^io. 1 . o Denon , Yoyage clans la haute et basse Egypte ; París, 1802, fol. — Iáms. J 2. ° Description.de VEgypte,publiée par ordre du gouver- nement ; París , 1809— 10 , testo en 4. ° atlas fol, 3. ° Descripción de VEgypte ; París , Denain , 1 ^ \ oí. 8. 4. ° Quatrémere de Quincy, Dictionnaired' Architccturc, article Edfou; París, 2 vol. 4. ° atmostrata 5. o Canina, la Architettura antxca descriUa cdimostrata coi monumenli , primera sección, arquitec , Travels in Nubia and Egypte ; Lon- dres , 1819. 4.° . , .. , 7. ° Belzoni, Voyage en Egypte, et en Nubie , traduit ae Vanglais avec des notes par Deppiny, París, 1821 2 vol. 8.° 8. ® Wicbeking, Theoretisch practische bugerliche Bau- kunde, durch Geschichte and Beschreibunde der merkwur dugs- íen 1 Baudenkmah le und ihre genauen Abbilddungen bcreic tei , Munich, 1821% 23 , 25, 3 vol. 4.° lám. y 2 atlas fol. 9. ° Rifaut, Voyage en Egypte, en ISubie et lieux circón- voisins , depuis 1805 jusqu’en 1827; París — 5 vol. 8. y atlas de 300 lám. litogr. 10. ° Champollion jeune , Lettres ócrites d Egypte et de Nubie en 1828 et 1829 ; París , 1833 , 1 vol. 8. c lám. , 11. ® Wilkinson, Topography o¡ 1 bebes and ( J e>1 view of Egypt. Being a Short account of the principal oüj worthy of notice in the vaUeg of the Nilc to the sec cataract and Wadee Samneh , with the Fyoom , Gases, eastern deser t , from Sooez to Berenicc with remar kson manners et customs of the ancient Egypttcns et the P> ductions of the country ; Londres 1835, 1 tomo 8. lam. 12. ° De Cadalvene et de Breuvcry, VEgypte etla luí / de 1829 « 1836; París, 1830 , 2 vol. 8.° mapas y lam. 13. ° Wilkinson, Manners and Customs of the anexen Egyptians ; Londres, 1837 , 3 vol. 8.° viuet. en el testo. 14. ° The British Museum — Egyplian, Antiquilies ; Lon- don, 1832 — 40, Ch. Knight , 2; vol. 8.° viuet. en el testo. 15. ° Lhote (N), Lettres écriles d’Egypte en 1838 et 1839, París, 1840, 8.° lám. , le,® Lenormant (Ch.) , Musce des Antiquites egypUennes, París, 1841 , fol. lám. „ . , , Vn1e ai- 17. ° Taylor et Ileybaud, la Syrie, l Egypte , la larí ne et la Judée ,'ctc. , París f <2, vol. 4. ° lám. . 18. o Salle (Ensebe de), Pérégrinations en Üncnt , ¡ a> «Jilo * Mor cali (Héctor), Panorama d' Egypte et de París, fol. lám. ilum. TESOROS o TESORERIAS# Como el mismo nombre indica, los Tesoros ó Tesorerías eran edificios destinados á encerrar, ya el dinero público, ya las riquezas de un príncipe, ya los vasos sagrados, ó ya en fin los ornamentos preciosos e a gun templo. Los primeros Tesoros , fueron ordinariamente las tumbas, mas inviolables aún por el respeto con q se las miraba, que por la solidez de sus construcciones y cerraduras. Mas adelante fueion también os te píos dedicados á encerrar estos sagrados depósitos: entre los griegos destinóse g eüCta ™ e J lte en a P ar e P terior de los mencionados templos una estancia para este uso , llamada el opistódomo. a era a isposic de los templos de Apolo en Delfos y de Júpiter en Olimpia; y de esta manera conservaba siempre Al el opistódomo del Parthenon, del sobrante de las rentas públicas, y de las contribuciones de as c griegas, mil talentos para los gastos improvistos del Estado; así también ponían allí en depósi o os p culares las sumas de dinero que no se atrevían á guardar en sus casas: y allí, en fin, se conservaban las 0 das hechas á los dioses, los ex- votos, los despojos preciosos arrebatados á los persas , y entre otros el trono de las ruedas de plata , sobre el cual se había Jerges colocado para ver el combate de Salamina. Los mas antiguos ejemplos de edificios construidos para servir de Tesoros existieron indudablemente entre los griegos Agamedes y Trephonius habían levantado para Hyrieo en Orchomene de Beocia un Tesoro , en va construcción habían hecho un secreto, cuyo conocimiento poseían ellos solos (*) .Hyrieo, notando que desaparecía su dinero, puso allí una trampa cu la que cayó Trephonius. Otro edificio del mismo género, si bien mas célebre, hubo en la misma ciudad de Orchomene , á saber; el Tesoro de Myrnas, de que hablaremos bien pronto al tratar del de Aireo, el mejor conservado que la antigüedad nos ha transmitido. Pausánias da el nombre de Tesoros á los pequeños edificios comprendidos en el recinto del Alcis en Olimpia, en donde cada ciudad tenia depositadas las ofrendas, estátuas y demas efectos votivos de toda es- pecie que consagraba al Dios. . , , , . Entre los romanos, se conocía el Tesoro con el nombre de Erarían, porque la primera moneda había sido de cobre. Hubo en Roma diferentes maneras de Tesoros, según la diversidad, ya de las monedas, ya dt los servicios á que las remas públicas pertcnecian. Durante mucho tiempo fué en Roma el templo de Saturno, situado en la pendiente del Capitolio, el depósito general de los fondos públicos. Entre los modernos no hay edificios que propiamente puedan designarse con el nombre de Tesoros : este nombre no se emplea ya sino para señalar la sala en donde se encierran los objetos preciosos de alguna iglesia, ¿le alguna capilla ó de algún monasterio. TESORERIA DE ATREO EN MICENAS. Contémplase aún en Micenas, dice Pausánias (**), la fuente de Perseo y algunos aposentos subterráneos, en donde se dice que Atreo y sus hijos ocultaban sus Tesoros. «No muy distante están las tumbas de Atreo, y de to- dos los que Agamenón llevó consigo, después de la loma de Troya, y Egisto hizo morir en el festín que Ies dió.» ' No hace Pausanias la descripción del Tesoro de Atreo, pero lo que dice del de Mynias en Orchomene se aplica tan perfectamente al edificio de Micenas, que es imposible desconocer la identidad de su destino. Hay pues sobrado fundamento para creer, que el monumento á que consagramos esta noticia, es seguramente el mismo que ha querido designar. A poca distancia de la Acrópolis de Micenas y sobre la pendiente de la montana que la sustenta , disten vastas construcciones de piedra, levantadas sobre un plano circular, y cuyas bóvedas presentan una forma pa- rabólica: el menos maltratado de estos edificios, es el que los viajeros des, guau con el nombre de tumba de Agamenón ó con el de Tesorería de Atreo. .... , , . , , „ Difícil seria, dice M, Blonet, contradecir esta opimon: sin embargo, puede creerse qne la tumba de Agamenón debía ser ó mas rica ó mas grandiosa que las que la rodean. Sin adoptar enteramente este dictamen diremos que la bóveda de la ruina inmediata á la puerta de los Leones, parece ser de la misma magnitud que la de que tratamos, lo cual baria mas bien presumir, en virtud de dicha semejanza, que estos dos monumentos debían ser, ó aquellos aposentos subterráneos, en donde se dice que Atreo y sus hijos oculta- (*) Paus., L. IX, cap. 3. (**) Corinto, L. ti, cap. 16. MONUMENTOS PELÁSGICOS. han sus tesoros, ó las tumbas de los compañeros que llevó Agamenón consigo, ó la tumba de Enrymedonte, su escudero, ó la de Toledamo y de Pélope, hijos de Casaudra, ó finalmente la tumba de Elcctra. No es, pues, suponible que esta curiosa y sencilla construcción haya sido la tumba de un gran rey, ni menos la de Atreo, cabeza de su raza, puesto que nada indica en esta ruina la distinción de su gerarquía.» Lo que parece cierto es que si no se puede afirmar que sea este monumento la tumba de Agamenón ó el Te- soro de Atreo mas bien que ningún otro de cuantos le rodean, veremos por su disposición que es mas que pro- bable que fuese un sepulcro y al mismo tiempo una Tesorería. Un ejemplo nos autoriza á creerlo asi: Plutarco refiere que Philopemeno fue enterrado en la tesorería de Mesenas, pero no da detalle alguno de la forma del edi- ficio. Todos los aposentos subterráneos de Grecia , de Sicilia y de Cerdeña fueron sin duda alguna los primeros sepulcros de los grandes personajes, en los mas apartados tiempos de la antigüedad, siendo construidos bajo el mismo principio que las pirámides egipcias, con las cuales guardan una grande afinidad. Menciona Ilonel algu- nas construcciones semejantes junto á Macara en Sicilia, habiendo muchas de ellas en Cerdeña, conocidas con el nombre de Noragis. Este nombre venia quizá de Norax, hijo de Mercurio y de Erytea, que á la cabeza de una colonia ibérica vino á fundar en Cerdeña la Ciudad de Nora. Lleguemos ya á la descripción del monumento en cuyo examen nos ocupamos. A escepcion de su fachada, se encuentra, pues, enteramente subterráneo, siendo su aspecto el de un túmulo. Un corredor ó pasadizo á cielo descubierto, de 6 metros 25 centímetros de latitud y de 19 metros cincuenta centímetros de longitud, formado por dos murallas de construcción ciclópica, en hileras regulares ( Detalles, figs. 1. a y 2. a ), conduce á la fa- chada que da frente á la Acrópolis, de que solo se halla distante algunos pasos. Este pasadizo está actualmen- te casi lleno de escombros y de tierra, no habiendo sido desembarazado de estas ruinas mas que delante de la puerta. Tiene esta 3 metros 17 centímetros de ancha en la parle inferior, y 2 metros y treinta y dos centímetros en su cima(Obs. la vista). Su altura es de 6 metros y treinta centímetros; pero es necesario observar (pie habién- dose levantado el suelo, la elevación y latitud de la puerta en su parte inferior han debido ser mas considera- bles. La construcción de esta fachada es de un aparejo regular y compuesto, como lo restante del edificio, de rocas perfectamente cuadradas de un mármol muy bello, de que se hallan formados los próximos cerros. Este mármol es el mas duro y compacto de Grecia, asemejándose al negro llamado Brema Tracaguina antica , qne se encuentra algunas veces en las ruinas de Roma. Los sillares son gruesos, anchos y generalmente angulosos-' su color trias ordinario el negro, la materia que les sirve de trabazón (el pouding) presenta diferentes maticé de amarillo. La parte mas notable de esta puerta es el dintel que la corona, formado de dos enormes piedras sobrepues- tas. La mayor penetra en la bóveda y tiene 8 metros 15 centímetros de largo, sobre (i metros, 50 centímetros de profundidad, comprendido el cuadradado, y un metro 22 centímetros de espesor, lo cual da un cubo de 64 metros y 63 centímetros, cuyo peso puede valuarse en 168, 684 kilogramos y 30 céntimos. 1 sceptuando el Egipto ó el Balbec, en ninguna parte se encuentra una roca comparable á esta masa gigantesca. El segundo dintel es de la misma altura y probablemente de la misma latitud que el ya mencionado, pero sus estretnidade» se hallan cubiertas por la tierra que envuelve todo el edificio. El frente de este dintel se vé adornado de dos molduras paralelas, que se prolongan sobre las jambas de la puerta. En la lámina de los detalles, figuras ^ y 7, ofrecemos la planta, el perfil y la elevación de esta interesante fábrica. Algunas señales de agujeros que L observan en las piedras que componen la fachada, han hecho sospechar á ciertos anlicuariosNjue debió esta decorada de ornamentos sostenidos por medio de grapas; pero nada nos parece tan fallo de fundamento co ^ esta conjetura, y sobre todo como la restauración enteramente hipotética que ha creído que podía prop 011 M. Donaldson en su Suplemento á las Antigüedades de Atenas , publicadas por Stuart. No es fácil determinar cómo se hallaba esta puerta cerrada, porque no se encuentra en elia vestigio ídg 1 * no de goznes: lo cual ha dado motivo a Dodovell para sospechar que la estancia principal puede haber esU siempre abierta y sin otra defensa que el espíritu religioso. En apoyo de esta suposición cita lo que Pausan^ escribe del antiguo templo de Mantinea, que fue construido por Trophonio y Agamedes, el cual estaba ceu a únicamente por una simple cuerda que atravesaba la entrada. Alpyto, hijo de Hippothoüs, que se atrevió á f° r zarla, se quedó instantáneamente ciego, muriendo al poco tiempo miserablemente. TESOROS Ó TESORERÍAS. Sobre el dintel de la puerta hay un nicho ó abertura triangular, que puede suponerse contuvo en el ori- gen algún bajo relieve por el estilo del de la Puerta de los Leones y propio del destino del edificio; pero es mas probable aún que no fuera mas que una especie de respiradero, destinado á dar paso al aire y ser- vir al par de alivio á las piedras que forman el dintel: su elevación es de 4 metros y su latitud de 2 metros 70 centímetros. La parte superior de esta abertura es mucho mas elevada en el esterior que la superficie interior del monumento. La entrada de las pirámides de Egipto ofrece esta misma disposición. Pasada la puerta, causa admiración el enorme espesor de las murallas, que tienen cerca de 6 metros, y que forman un corredor , por el cual se penetra en el interior del edificio. Encuéntrase una grande estancia circular, coronada poruña bóveda de forma parabólica [Obsérv. la vista interior y la lámina de detalles figs. 2 y a), cu- ya construcción denota su grande antigüedad. Los sillares que la componen, como puede verse en los cortes que ofrecemos á nuestros lectores [Det. figs. 2 y 3), se hallan tallados circularmente en el interior y puestos en es calonamiento unos sobre otros, de suerte que sigan ¡el corte que se quiso obtener: después de lo cual han sido destruidas las aristas inferiores de cada sillar para igualarlas con las aristas superiores de los sillares que se ha- llan debajo. Los lechos de estos sillares son horizontales, y no siendo concéntricas las junturas laterales mas que en una corta ostensión, lian sido rellenos de piedrezuelas los intervalos que separan cada sillar (Detalles, fig. 4). [ as K'fias son todas de forma paralelogramática: su latitud no es constantemente la misma; pero la al- tura de los sillares, de que existen hoy treinta y seis á la vista, es en todas partes de cerca de 06 centímetros, si bien parecen disminuir en la parte superior, lo cual debe ser asi por el natural efecto de la perspectiva. Estos sillares están unidos sin argamasa y con la mayor precisión. El descubrimiento de este edificio, tan interesante bajo la relación con la historia y con el arte de edifi- car, lia introducido bastantes dudas, respecto á la opinión, formulada ya sobre la época en que fue conocido en Grecia el uso de la bóveda; pero el exámen que una escavacion verificada en la parle esterior ha permiti- do hacer sobre la construcción, después de haber demostrado que, á pesar de su forma aparente, no tiene la Tesurería de Aireo una bóveda compuesta de claves radiosas hacia un centro común, sino sillares horizontales colocados escalonadamente, se ha podido seguir nuevamente la antigua convicción de que la verdadera bóveda era desconocida en Grecia en estos lejanos tiempos. En los mas antiguos monumentos de Italia se encuentra la misma disposición de sillares horizontales: bastaráme citar el calabozo inferior de la cárcel Mamerlina en Ro- ma y las dos estancias hemisféricas de la famosa tumba elrusca, descubierta en 1836 en Cere. Esta clase de construcciones tiene dos grandes inconvenientes: el primero hacer demasiado aguda y de consiguiente fácil de estallar la arista superior de los sillares: el segundo presentar poca solidez, dando oca- sión á l>s sillares á resbalarse unos sobre otros, como ha sucedido en la parte de la Tesorería de Aireo que mira á la puerta. Hallándose el suelo actual casi 1 metro y 50 centímetros sobre el antiguo, báse disminuido naturalmen- te la elevación y el diámetro de la ostensión. El diámetro, tomado á la altura de la tercera y cuarta fila de si- llares es en la actualidad de 14 metros ( Véanse ¡a planta y hs cortes ): levantando una de las piedras de la especie de anillo que forma la hilera superior de la bóveda , se ha podido echar un perpendículo, dando por resultado la altura de 1*2 metros y 50 centímetros. (Det. figs. .3 y ¿a.) Parece que este aposento debió estar adornado de algunas decoraciones interiores, porque todavía se yen fiios en las junturas de las piedras mas elevadas un gran número de clavos de bronce , que se contemplan también en diferentes hileras de sillares. Están clavados por mas de un tercio de su largo; las cabezas son an- (>has y s i n duda debieron sostener láminas de mármol ó mas bien de bronce (Véase ¡a plancha de detalles figu- 8 ) Esto podemos conjctúrar autorizadamente , en conformidad de cuanto sabemos sobre el monumento sub- , „,.„n,'idn de bronce míe la historia coloca en Argos, v en el cual se refiere que fué encerrada la terraneo guaiuLcmu 1 ° 1 hija de Acrisio. .... -ti \ la derecha de la grande estancia circular hay otra mas pequeña , que sin duda estuvo destinada a servir es lecialmente de sepultura [Véase el plano). La altura de la puerta que dá entrada ahora con mucha difi- cultad era de 8 metros y 20 centímetros , y su latitud en la parte inferior de 1 metro y 50 centímetros, y en la cima de 1 metro 30 centímetros (T. el corte 2). Sobre el dintel hay una cavidad triangular semejante á | a que corona la entrada de la puerta principal , de que hemos baldado. MONUMENTOS PELÁSGICOS. La segunda estancia es de forma rectangular; su longitud es de 18 metros y 60 centímetros ; su la- titud de 6 metros y 25 centímetros, y su elevación actual de 4 metros y 50 centímetros : antes de que se le- vantase el suelo debió ser de 6 metros. Habiendo sido esta estancia abierta enteramente en la roca, no fueron sus paredes cubiertas de manipos- tería. No se encuentra ya en ellas ningún vestigio del monumento funerario que debió allí existir indudable- mente, siendo posible que algún día nos rnanifiste la limpieza desemejante cueva que en este sitio, como en casi todas las tumbas subterráneas, existe un sarcófago, tallado en la misma piedra. Hánse hallado diversos fragmentos en las ruinas que embarazan el pasadizo que lleva á la entrada del mo- numento. Sin probabilidad alguna de éxito, en nuestro concepto, se ha creido que podrían hermanarse con el edificio. Las riquezas y el estilo délos ornatos que los cubren nos parecen eslraños de todo punto á la austera sencillez de un monumento coetáneo de la guerra de Troya. Sea como quiera, ofrecemos aquí el diseña de algunos de estos fragmentos, que han sido empleados por üonaldson en su proyecto de restauración. Las figuras 4,5, 6 y 7 ( Vista estertor) son fragmentos de mármol rojo antiguo, que han sido trans- portados á Londres. La figura 5 es un fragmento de mármol , y proviene también de las ruinas de Mycenas, La figura 2 es la base de un pilar que existia aún en 1829 en la estremidad del pasadizo, sobre el cual en sayo W. Gell una restauración, que nosotros reproducimos en la figura 1. Antes de terminar esta noticia, debemos decir algunas palabras acerca de otro edificio del mismo género, que hemos mencionado ya, aunque de paso, y que debió ser mas importante aún que el de Mycenas, tanto por su magnitud como por la riqueza de los materiales de que se componía.— Se trata del Tesoro de Mynia¡ en Orchomene. Pausanias (*) nos refiere que este Tesoro era de forma circular, y que su bóveda terminaba en punta, designándole como una de las maravillas de Grecia. Su forma era evidentemente la misma que la del Tesoro de Atreo en Mycenas, que Pausánias no hace mas que citar; pero parece que tenia mas colosales di- mensiones que este último. La bóveda del Tesoro de Wijnias se halla en la actualidad totalmente desplomada; pero la puerta permanece íntegra , bien que embarazada en la mayor parte de su altura , por la elevación su- cesiva del terreno, de manera que ya no se descubren sobre la superficie mas que seis lilas de sillares de una construcción regular, liene esta puerta en la parte aun visible 2 metros, 5 ) centímetros de altura, y 2 metros, 50 centímetros de latitud en la cima; ensanchándose progresivamente hácia la parte inferior, y podiendo creer que su altura total fué de 6 metros.— El dintel es de una sola roca, que tiene cerca de 5 metros de Ion gitud y un metro de espesor, lo que representa un peso, al menos, de 24,000 kilogramos. Este dintel, qu« forma en el interior un segmento de círculo, ha suministrado el medio de determinar aproximadamente el diámetro del edificio, que á la altura del mismo debió ser de cerca de 20 metros y 50 centímetros, dimen- sión bastante superior á la del Tesoro de Atreo . El tesoro de Orchomene se hallaba en su totalidad cons- truido de mármol blanco, que debió ser traído de muy lejos, porque no se encuentra en sus inmediaciones. (*) tiibro IX, capítulo 38. • t.“ Quatremere de Quincy, Diccionario de arquitectura, artículo tesoro; París, 1832, 2 vol. cu 4.° 2. a Poucqueville, Viaje á la Morca, á Constantinopla, á Albania y á otras muchas parles del imperio oto- mano, de 1798 á 1801 ; París, 1805, 6 v. en 8.°, pl. 3. ° Gell (W.), Argolis. — Londres, 1813, en 4." pl. 4. 1 ’ Stobhouse. Un Viaje, á Grecia-, Londres, 18Í3 , en 4.° i 5. ° Glarke [Edw. Dan.) Trabajos en varias comarcas de Europa, Asia y Africa ; Cambridge, 1810, 1819. 5 v. en 4.° lám. 6. * Dodwell (Edw.), Un viaje clásico y topográfico por j Grecia ; durante los años 1801, 1805 y 1808; Lon- dres, 1819 — 20 , en 4.° lám. T. Dodwell (Edw.), Viewsin Grecc ; Lond., 1819, en „ . f°j* láms. iluminadas. 8. btakelzerg (barón O. M. D.); La Grecia ; Vistas pin- torescas y topográficas. París, 1830 y 34, en fot.. Leake (Col.) Trabajos en la Morca-, Lond., 1830, 3 v. en 8.° con 3 planos , cartas é inscripciones. 10 Gell (W.) Probestucke von Stadte Mauern des alteo Griechenlands ; Munich, 1831 en 4.° lám. 1 i . illouct , Ravvisier , etc. Espedicion científica á la rea-, arquitectura y escultura : París , 1831 , 3 vol. en fol. liírn. 12 - Dodwell (Edw ) Pistas y descripciones de las conf' tracciones ciclópeas ó pelásgicas , encontradas Grecia y en Italia y de construcciones antiguó y* una época no sueños lejana , según los diseños «f difunto M- Ed. Dodwell, obra destinada á serv*‘i de suplemento á su viaje clásico y topográfico e7> Grecia, duran/e los años 1801 , 1805 y 1806 ; I’ a ' ris, 1834, en fol. , litog. lo Poucqueville, La Grecia, publicada en el Unive rt ° pintoresco ; París, 1835, en 8.° imtLfl OCHA FIA. 9." CONSTRUCCIONES MILITARES. Las tradiciones mas antiguas, dice M. Petit-Radel, y sin necesidad de ellas, la razón sola, manifiestan aue la existencia de los pueblos dispersos por la tierra fue nómada en un principio, hasta que pasado mas ó menos tiempo , y multiplicándose y reuniéndose , se vieron obligados á encerrarse dentro de cercas mu- 1 fortificadas para defenderse de las demas tribus que solo vivían del fruto de sus rapiñas. Tal fue eí orinen de la^ primeras sociedades, y tal el de la palabra griega polis, y el de la latina civüas , (reunión de ciudadanos, ciudad, pueblo). De manera que la fundación délas primeras poblaciones indica el trán- sito de la vida nómada á la civil y política.» , ,, Eleváronse murallas para proteger las poblaciones , y desde entonces las que empezaron por endebles tapias, se convirtieron después en obras artísticas, que, como tales, son dignas de nuestro interés } eXd Los*grandes Estados, según la acertada observación de M. Quatremere de Quincy, sometidos al dominio de uno solo, y defendidos por una población numerosa, no tuvieron tanta necesidad de poner sus ciudades á cubierto de agresiones frecuentes y repentinas ; y asi los pocos restos de murallas de ladrillo que se ven en Egipto, y que algunos pudieran reputar como ruinas de antiguas fortificaciones , eran única- mente cercas de templos ó de palacios. La Grecia, por el contrario , dividida en muchos Estados pequeños é independientes, y por lo común rivales, debió atender desde luego á la seguridad de sus poblaciones, y por esto la mayor parte de ellas se edificaron en puntos elevados como mas susceptibles de defensa. Poco accesibles por su posición, y rodeados de fuertes murallas, ofrecían asilo seguro contra una invasión cual- uniera • pero cuando andando el tiempo, se aumentaron los habitantes, y se vieron estrechados en tan limi- tados recintos, bajaron á los llanos y fueron estendiéndose al rededor de aquellas eminencias, que conver- tidas en ciudadelas, continuaron protegiéndolos , y retuvieron de su antiguo origen el nombre de acrópolis , que quiere decir ciudad ó población alta. En la acrópolis se siguió depositando todo lo mas precioso que tenían los habitantes, el tesoro público, los archivos, el templo de la deidad protectora , etc. ; la acró- polis , como recinto sagrado y fortaleza á la vez , era para los griegos lo que después fué el Capitolio para ios romanos. Casi todas las ciudades de Grecia tuvieron una acrópolis , y hoy mismo nos ofrece este país en su territorio innumerables ruinas de construcciones de este género , siendo las mas antiguas las murallas cicló- „eas ó pelásgicas. «La historia de la antigüedad griega ó latina, según el sabio autor de la Teoría pelás- riicá, nos presenta hasta ahora cerca de cuatrocientas ciudades que conservan señales de haber estado cer- cadas de grandes piedras , conforme á la construcción llamada ciclópea, y que indican haber sido cabezas de otras tantas colonias pclásgicas. Cada una de estas colonias emprendieron sucesivamente «pediciones bajo los auspicios de los oráculos, para buscar en puntos lejanos tierras que cultivar y lugares á proposito para edificar poblaciones, llevándose consigo el fuego sagrado que debían conservar, y que no podían volver á encender mas que en el hogar metropolitano, en el liieron , (lugar sagrado ó templo) de la colonia misma de donde lo habían sacado.» _ ^ . . . , , Entre las obras gigantescas de dichos pueblos que se ven aun en la Grecia, las primeras sin duda alguna, asi en importancia como en antigüedad, son las ruinas de los muros de la acrópolis de Tilinto; por las ? cuales daremos principio á nuestras investigaciones. ESTILO GRIEGO. No obró asi por cierto el embajador de Francia M. Choiseul-Gouffier , que hizo vaciar varios de los vesos aue existen en el musco del Louvre , y no tomó mas que una metopa descabalada y cuya adquisi- ción le facilitó nuestro cónsul en Atenas M. Fauvel. Esta metopa es la misma que después de muerto M Clíoiseul en 1818 adquirió el museo por la suma de 25,000 francos. Catorce metopas se ven aun en su lugar; en las escavacioncs hechas en el Partenon bajo la dirección de M. Pittakiss se hallaron algunos fragmentos; diez y seis desaparecieron, de las cuales quince existen en Londres v una en Paris ; las demás quedaron destruidas por el tiempo ó por la espiaron de 1687 , sin que se conserven de ellas otros restos que los dibujos de Carrcy. Las metopas de Londres y París , pro- cedentes todas de la fachada meridional , que era la que mejor se conservaba , representaban episodios del combate de los Centauros y los Lapitas , pero en las que han quedado y en las que se han perdido se re- presentaron otros asuntos. Las metopas del Partenon se han publicado muchas veces, y entre otros por Stuart Legrand y Bronsted. Las tres que damos en nuestra lámina bajo los números 7 , 8 y 9 , existen en el museo británico. ...... , , , , . A , T n pcíMiltura mas considerable es laque se conserva todavía del friso colocado debajo del artesonado o nlataforma del^ 15, m poco mas ó menos del suelo. Tiene este friso 1 .» 425 de altura por una longitud que no bajaba de 159,® 80. M. Bronsted calcula en unas trescientas veinte el numero de fi guras que debía contener , cuyos variados grupos representaban la procesión de la gran fiesta quinquenal de las panateneas. Estas esculturas tienen muy poco relieve, lo cual estaba admirablemente calculado pa- ra poder verlas desde abajo y sin retroceder, como tenia que hacerse atendida su colocación en un pórti- co bastante estrecho. Stuart y Revett dibujaron una gran parte de lo que existía aun en sus tiempos ( 1751 — 1755). M. de Clíoiseul adquirió un fragmento que contenía siete figuras, el cual se ve en el museo del Louvre ; pero lord Elginsacó un gran pedazo de unos 77,® de longitud, y lo remitió á Lon- dres Los arreos de los caballos del mismo friso eran de metal, y todavía se perciben claramente los agu- ieros donde entraban las abrazaderas que servían para fijarlos. Este friso también se ha publicado vanas veces, ya en todo, ya en parte, por los mismos autores que dejamos citados hablando de las metopas ; nosotros lo verificamos con los números 10, 11 y 12, el primero de los cuales se cree que representa á los Dioscures presentados á Júpiter. , Finalmente debemos hacer mención déla obra maestra de Fidias, la famosa estatua de Minerva, pues- ta en el santuario, y que desgraciadamente solo conocemos por la descripción que leemos de ella en los autores griegos y latinos. Esta estatua, que según Plinio, tenia 26 codos (11,® 70) de altura , com- prendido quizá el pedestal en esta dimensión, era de oro y marfil, y los adornos, hechos de la primera de estas materias , pesaban 44 talentos de oro ( 12 millones de reales). Colocóse en el templo el primer ano de la olimpiada 87. a ( 430 años antes de J. C. ) , pero cuando el tirano Lachares le quitó el manto de oro, reemplazándole con uno de tela, para que, según él decía, abrigase mas á la diosa, comenzó á destruir- se y lo fue definitivamente por los Godos , acaudillados por Alarico. ’ Tal era un templo que con razón se tuvo por un modelo en su género, así entre los antiguos como entre los modernos. BIllLlOCiBAFIA. 1 . ° Pausanias viaje á Grecia. 2. ° Spun y Wheler, Voyage en Greca , 16 76. _ 3. ° Fr. Franelji, Aleñe altica; Venezia , 1707-4.° 4 ’ o Afine Ackerhjelm, Ver Svenska bibliotheket , udg¡- vet of Cari Christoffer Gioervéll ; Trcdic Velen. Stockolm líos C ‘ 5 ^¿ ll Ru\ns^óf Athens vvith remains and other valuable antiquities in Greece, fol. London, !/.>!). 6. ° Leroy , Ruines des plus beaux monuments de la Me- ce— 2 vol. fol. Paris , 1770, lám. , . * . . 7. ® James Stuart and. Revett, The Antiqmties of Athens, , vol. fol. London, 1772. . . . . , , • \ 8.° Stuart ct Revett, Les antiquiles d Alheñes , tiadui- t es de Y ungíais , 4 vol. fol. Paris; 1808 . —Stuart uiul Re- vett, Pie Állerthumer zu Athen; Leipzig , 2 vol. fol. 9. ° Legrand, Monuments déla Grcce, fol. Paris 1 808.^-- 10. ° Memorándum on the subject of Ihe Earl of Elgin' s pursuits ín Greece; London, 1811== 8 .° 11. ° Stoblonse , A journey in Greece; London 1813, 4.° l 2 'o b Clarkc, Travels in various countries , London 1814-4.0 1 r , 13. ° E. J. Burron , The Elgin marbles , London, 1817 — 8.o 14. ° E. G. Visconti , Mémoire sur des ouvrages dé sculp- ture du Parthenon; Varis ,1811 — foi. 15. ° Quatrémcre de Quincy, Lettres écrites de Londres á Rome á Canova surtes marbres d’ Elgin ; Roma, 1818 -8.° 10. ° Dodwell , A Classical and topograph ¡cal tour throug Greece, London, 1819- 4.° 17 . ® YVilkins , on the sculptures of the Parthenon. (Ira. veis in varions countries of the Easl published by W al po- te ) ; London , 1 820 -- 4.° 18 . ® Robinson, Antiquités grecques , trad. de Y ungíais, 2 vol. 8.° Paris, 1822. 19. ° J. C. Reuvens, JHsputatio de simulacris tympano- rum Parthenonis (Clussical journal ; London, 1823). 20. ° Barbié du Bocage, Atlas pour le voyage du jeune Anacharsis. — Notes sur les deux frontons du Parthenon. 21 . ® P. O. Bronsted ,Voyages et rccherclies dans la Crece, fol. men. París, 1826. 22. ® O.Miillcr, De Phidioevita ct operibus commentatm nes tres ; Gattingue , 1827-- 4. 0 23. ° J. VVoods , Lettérs of an architect from France , Itahj and Greece, 2 vol. 4 .o London , 1828 , lain. 24. ® Quatreinére de Quincy i Monuments et ouviag d'art antigüe restilués , 2 vol. fol." 1829. 25. ® Qualremcre de Quincy, Diction 2 Vol. 4 . 1 832. 26. ° Leake , The topography of Athens , 2 vol. 8 don-- 1841. „ „ , nS t 27 ° Heger, Per tempel d. Minerva zu Athen. Parm fol. ’ d f Architecturf* o ton’ TE1IPLO DE THE§EO EHÍ ATEMAS» Fl tpmnlo que vamos á describir es entre los edificios religiosos de Atenas el que mas se remonta á una an- r’VlU prodigiosa. Refiérenos Plutarco que los atenienses erigieron un templo á Theseo , después de su 11 lta de Creta y de su victoria sobre el Minotauro. Ordenó el mismo Theseo que las rentas destinadas al sostenimiento de este templo y los gastos de los sacrificios que en él se hicieran, gravasen sobre el tributo que se pagaba al rey Minos, tributo de que él por su valor había librado á Aténas. Confio el cuidado de las ceremo- nias que deberían celebrarse en dicho templo á los descendientes de Phytalu, á los Phytalidas, que habían ido á recibirle junto al rio Cefiso , cuando llegó á Aténas por la vez primera, y que lo habían purificado a su rue- go No fué este el único templo que se consagró á Theseo durante su vida: los atenienses le dedicaron un gran número - pero él reservó para sí solamente cuatro, haciendo consagrar los restantes a Hercules, en reco- nocimiento de que este héroe lo había libertado de la prisión en que le tema Edoneo, rey de los Molosos, y cambiando también el nombre de ew«a que llevaban estos templos, en el de H P «xX«a. () _ Ningún vestigio de estos templos ha sobrevivido hasta nuestros días: pero poseemos casi intacto el que adelante fué erigido en honor de aquel héroe. Fué este monumento edificado 465 años antes de Jesucris- f 113 en el cuarto de la Olimpíada septuagésima séptima, cerca de ocho siglos después de la muerte de Theseo, cuarenta años antes de Pericles, y treinta de la construcción del Parlhenon. Apesar de la oposición de algunos arqueólogos, nos parece que no puede suscitarse duda alguna so- bre la dedicatoria de este templo al vencedor del Minotauro : pruebas inumerables de este parecer nos su- ministrarán los asuntos de las esculturas que lo decoran, y en las cuales, aunque mutiladas, es imposible des- conocer muchas de las empresas y espediciones del héroe ateniense. Este es pues, el templo que Plutarco y Pausanias colocan junto al gimnasio de Ptolomeo ((*) **). Existen todavía restos bastantes considerables de este gimnasio, y su situación respecto al templo corresponde perfectamente á las indicaciones que nos han legado los referidos autores. A ellos debemos también las causas de los honores tributados á Theseo: .1 lutarco, des- pués de haber contado sus heroicas acciones , la ingratitud con que los atenienses, presa de las facciones, pa- garon sus servicios, después de su expatriación y su muerte en el destierro, añade: «Muchos siglos después, los atenienses, llevados del concurso de diversas circunstancias, honraron á Theseo como á un héroe. Euu la batalla de Marathón creyeron un gran número de guerreros haber visto su espectro armado precipitarse á s- cabeza sobre los bárbaros. Después de la guerra de los medos , bajo el arcontazgo de Phedon, habiendo con, sultado los atenienses el oráculo de Apolo, les respondió la de Pythia que debían llevar á su pais los huesos de Theseo depositarlos con honra en el recinto de la ciudad y conservarlos allí religiosamente. Esta orden fué ejecutada, cuando Cimon, hijo de Milcíades, conquistó á Seyros. Después de largas investigaciones, descubrió los restos del héroe, que consistían en un esqueleto de alta estatura, con un hierro de lanza de cobre y una espada del mismo metal. Habiéndolos embarcado en su bajel, los trasportó á Aténas, en donde instituyó fiestas y juegos en honor del hijo de Egeo. En esta ocasión fué, pues, cuando acaeció el célebre concurso en- tre Esquilo y Sófocles, concurso en que vencido Esquilo, se condenó á un voluntario destierro, retirándose á Sicilia.» . El templo levantado en esta época para depositarlos despojos del héroe , es el mismo cuyas importantes ruinas vemos aún en nuestros dias. Fue en la antigüedad un lugar de asilo para los esclavos y para los ciudada- nos de condición inferior perseguidos por algún hombre poderoso, y esto en memoria de Theseo, cuya vida en- tera se había consagrado en defensa de la debilidad y del infortunio. Dedicóse también este templo á diferentes usos civiles y sirvió para las asambleas de los thesmotetas, pleiteándose en él mas adelante ciertas causas y lle- gando á ser una especie de prisión pública. (***) , Hállase el templo de Theseo situado sobre una pequeña eminencia que se destaca de la montaña del Areo- oago. Es hexástilo y períptero, asemejándose mucho al Parlhenon, al cual devióseivir probablemente de tipo. Componíase de un peristilo y de una celia , comprendiendo el vestíbulo, la nave ó santuaiio y el póshcum opistodomo. (Véase la planta.) La fachada principal del templo está vuelta al oriente, viéndose en el pórtico anterior una línea grabada en el suelo que se supone haber estado destinada á servir de meridiano. Descansa el templo sobre un estylóbato, compuesto de dos gradas. Su longitud, fuera del estylobato, es de 5 1 m , 80 sobre l4 m 25. Encuéntrase todo el templo formado enteramente de mármol pantélico, á escepeion de los cimientos, que se componen de grandes (*) Plutarco, vida de Theseo , , . , , , . , . p u ¿ enterrado en medio de la ciudad, junio al sitio en que existe hoy el gimnasio. (Plut. 1 eseo.) t.n el gimnasio que no esta muy (listante del Agora y que se llama Prolcmaemus, del nombre de quien lo hizo construir, hay trozos de piedras que merecen examinarse. Se ve también allí la estatua de bronce de Tolomeo y la de Juba, el Libio. Junto al gimnasio está el templo de Theseo paus. Alt. ch. 27.) (***) Esch, Orat. in Clesiph. ESTILO GRIEGO. trozos cuadran guiares de piedras del Píreo. En el ángulo N. O. han descubierto las plantas muchos asientos de esta fábrica, corno puede verse en la plancha, donde presentamos la parte posterior ú occidental del templo, y su deterioro á causa de la lluvia y las injurias del tiempo compromete la solidez de esta parte del edificio. Los pórticos que rodean el templo tienen m , 80 de latitud, desde el desnudo de las bases de las columnas hasta el pié de la celia. Las columnas de orden dórico acanaladas y sin bases no tienen astrágalos, siendo este miembro reemplazado por un pequeño hueco angular, que no hace mas que cortar las estrías sin destruirlas, lo cual se comtempla también en el Parlhenon. Son estas columnas en número de seis en cada una de las dos fachadas; su diámetro es en el pié del fuste de Q m 95 y en el nacimiento del capitel de O m , 85. La altura del 0 fuste es de 5 m 50, la del capitel de O m 58 40, lo cual da una altura total de 5 ra 68. La latitud de los intercolum- nios es de l m 65 escepto en los ángulos del edificio, en donde no es mas que de l m 45, á fin de dar mas solidez á la construcción, y sobre todo para traer los tríglifos á los ángulos y no disgustar la vista con la desigualdad de las metopas. Sustentan estas columnas un entablamento compuesto de una arquilrave de O m , 75 de alto, de un filete de O®, 58, de un friso de() m , 95 y finalmente de una cornisa de O m 25, de la cual arranca el lroton que lo corona. Forman las alas del indicado peristilo once columnas, sin tener en cuenta las de los ángulos. M. Woods ta- cha la poca elevación de sus capiteles; pero nosotros tenemos por infundado semejante lunar. Los capiteles del templo de Thcseo tienen proporcionadamente tanta altura como los de otros monumentos del orden dórico griego. Estos capiteles no presentan por bajo del equino mas que tres filetes como las columnas interiores del pórtico del Parlhenon: las columnas esteriores de este último templo tienen cinco filetes. ( Véase i aplancha de los detalles figura 4. ) Los paflones del pórtico están dispuestos de una manera verdaderamente singular: presentan una especie de grandes vigas de mármol á la altura de la cornisa, las cuales corresponden con poca diferencia á cada uno délos tríglifos, y dan la idea de la primera disposición de las maderámenes que formaban los templos en las mas lejanas épocas. La mayor parte de estas vigas, de un solo trozo de mármol de 2. m de logitud, subsis- ten aún en su sitio primitivo. Los casetones comprendidos entre estas vigas son todavía mas singulares: entre cada dos vigas se encuen- tran seis casetones dispuestos en dos filas y trabajados en tres planchas de mármol sobrepuestas y reunidas en- tre sí por medio de grapas. .Dos de estas planchas contienen cada una seis casetones : la tercera solo encierra cuatro. El centro de estos cajones se halla enteramente perforado, apareciendo relleno de una especie de cober- teras puestas encima, que se ajustan en diferentes canales, como pueden verse en nuestra segunda lámina de detalles, figura 5. — Sobre las vigas mencionadas se ven pintados ovarios, asi como sobre los bordes de las coberteras de los casetones, cuyo fondo estaba ocupado por estrellas igualmente pintadas. En muy pocos sitios con harta dificultad se encuentran huellas de los colores, pero no puede dudarse sin embargo de que hayan exis- tido. — Casi en todas partes se reconoce todavía el contorno de estos ornatos que habían sido trazados anticipa- damente con un instrumento puntiagudo, siendo fácil también el hallar el color en diversos sitios: en los tríglifos se ve el azul, en el fondo de las metopas el rojo y asi en otros lugares. Hasta nuestros dias nada se ha descu- bierto semejante á estos capitales, pareciendo cierto que esta decoración, al menos en el interior del pórtico, lio debió aplicarse al templo de Theseo, sino en una época posterior á su construcion, porque Plinio no hace remontar el uso de los colores en la ornamentación de los plafones mas allá del reinado de Alejandro. M. Dodwell supone que debieron estar las esculturas coloridas, como las del Parlhenon; M. Leake dice que observó en ellas restos del color, vestigios de bronce y de oro, paños verdes y rojos sobre un fondo azul , etc.; pero M. Prestad á quien debemos los dibujos que ofrecemos en la obra presente, que ha estudiado el monumento con el rnayoi cuidado, no ha podido descubrir el menor vestigio de decoración semejante. Como ya lo he observado, y puede verse en la planta, la celia comprendería el pronaos, la nave y el póstV cum ú opislodomo. El pronaos y el opislodomo se hallaban formados de una prolongación de los muros de la ce' lia , terminados por pilastras (antas), viéndose su plafón sostenido por dos columnas. Estas doscolumnas han des- aparecido del pronaos, para dar lugar al ábside y al altar, cuando el templo fué convertido en iglesia griega- En la misma época fué destruido el muro que separaba el pronaos de la nave; pero su situación está indicada del modo mas positivo por los arranques que se ven todavía en los muros laterales. Las columnas del opislodomo haú sido muy maltratadas. El pronaos y el pósticum no tienen las mismas dimensiones. El pronaos tiene 5 m , 10“ longitud sobre 6 m 55 de latitud; el pósticum solo tiene de largo 5 m 80. Asi como en el Parthen 011 carecia el opislodomo originariamente de comunicación con la cella(V. la planta), mientras que el pronaos pi’ e " sentaba la puerta principal de entrada; pero cuando el templo se trasformó en iglesia, se abrió una gran pucrt® en la muralla occidental, hallándose indicada en la planta dada por Stuart. Cuando Atenas fué tomada por 1°, turcos, para impedir á los infieles que profanasen la iglesia, entrando en ella á caballo, siguiendo su uso, cerrada dicha puerta sostituyéndola en el muro septentrional de la celia una de reducidas dimensiones. La ve ó templo propiamente dicho tenia en el interior 12“ 20 de longitud, sobre una latitud de 6“ 55. El p aVl mentó antiguo ha desaparecido enteramente; una bóveda semicircular de piedras sin pulimento atravesada P 01 TEMPLO DE THESEO EN ATENAS. , «. , . , no rppmnla/ado al nailon* que debió estar exornado suntuosamente. El templo esta- algunas pequeñas abertui P de mármo t P ; MM. Woods y Prestat han encontrado un fragmento de ellas ba cubierto en un P 111 ^ J f de su sitio. Los mismos arquitectos han reconocido sobre la comí- en la parte wper «a <W colocadas de dos en dos que debieron sostener añicos. sa, junto a la » ’M j ( ® ' t ' ( [ c xheseo estaba compuesta de cuatro grandes obras de escultura, el La decoración estcuoi «leí tempro i ^\J\ ns „/ ir f,c„ s en las dos estremidades de la colla. nos deterioros en la parte superior del costado uet anguiu ir. , - —o . " dTmeñor 1 vestiglo. Nada semejante se observa en el frentón del pósticun que .esta intacto, y sin embargo no parece haber n unca habido oin ® r ¡ eüta '[ y ] as cuatro primeras de la vuelta de cada lado se veían enriuS e i * “¿ Sis bajo-relieves tienen O» 76 de ancho sobre O™70 de alto. Conforme á lo que Sos al come, izar esta noticia respecto a la amistad que urna a Theseo y a Hercules, no causara admiración dijimos ai coi d , templo Xheseo las empresas de los dos héroes (*). Empezando el examen de lasirmetopal de"fSada por ‘el ángulo meridional, hé aquí los asuntos que en ellos hallamos repre- sentados : 1. ® Hércules y el león (le Cerneo. < 2. ° Hércules y lolas matando la hidra de Lcrne. 3. ° Hércules domando el jabalí de Erymanto» 4.0 Hércules en la isla de Greta, vencedor del toro enviado ñor Neptuno contra Minos. 1 5.o 1 Hércules robando los caballos de Diomedcs. 6.°. Hércules encadenando el Cerbero. m i „„ 7 .0 Esta metopa está muy maltratada ; se cice sin embaí go que representa á Hércules combatiendo a Cyneo , lujo ele Marte y de Pirene 8 0 Hércules robando á Hipólita , reina de las Amazonas. g' 0 Esta metopa representa dos personas llevando un cuer- po M Leake ha creido ver aqui ú Hércules abogando á Anteo, mientras que la tierra, su madre, le tiende los brazos para socorrerle, Stuart tiene este pasaje por desconocido. Tal vez pudiera verse en el «i Theseo ayudando a Arasto a retirar del po- der de los tbebanos los cuerpos de losargiviosmuertos ante los muros de Tebas. 10 Hércules robando, en fin-, las manzanas de oro (le huerto de las Hespérides. I », nrh0 metonas colócate á la vuelta en los costados del templo están consagradas á las empresas de Theseo. Las cuatro del lado de mediodía, partiendo del ángulo, representan: i . a Theseo matando el Minotauro. 2. a Theseo y el toro de Marathón. 3. a Theseo y Pytiocamptes. Las del lado septentrional figuran : 1. a Metopa muy deteriorada. Theseo matando á Coryneto ó Creon. 2. a Theseo y Gercion. 4. a Tal vez Theseo y Procusto. Estas dos últimas me topas se hallan en mal estado. 3. a Theseo y Scyron. 4. a Theseo y la jabalina de Crommion. Hiv motivos nara creer, segun lo que dice Pausanias, que estas esculturas del mas elevado estilo, pueden obra de Mveon, artista no menos hábil en la escultura que en la pintura, pues que fué el autor de la fa- ./ ' 1 ... I I n /{/vi A I >"» AA I APl'l (1 CC A BateiVé^U o e y de la entrada del pronaos hay un gran friso esculpido de im relieve de mucho mas bulto que el delParthenon : las figuras .tienen hasta O" 19 de saliente, y algunos miembros estaban enteramente destacados del relieve,’ .0 cual es en parte causa del estado de ruina “ “XTto'SJ Htófcl hdo'tW didivida en tres partes desiguales , por dos grupos de divinidades, asentadas sobre rocas. Hacia el iailo Uet Sud están Júpiter, Juno y ¡Minería: en el centro hay una diosa entre dos divinidades masculinas, v, endose detrás de la última un héroe, cuya clámide ondea á placer del viento, teniendo en sus manos una roca que se prepara á lanzar contra su adversario. Habiéndose roto el brazo de este , no es lac.l determinar de que se bal aba armado : con la mano izquierda se esfuerza en rechazar el golpe que le amenaza. Mas ojos se ve otro nersonaie en lucha también con un enemigo armado de una piedra encada mano, viéndose muerta a sus niJ «Ira finura que completa el número de cinco. A la derecha de este grupo hay igual numero de figu- ras/que supone Stuart haber sido puesto con el objeto de representar un triunfo: en efecto, una de ellas pa- haber atenienses ESTILO GRIEGO. rece hallarse ocupada en erigir un trofeo. Del lado allá de los dos grupos de las divinidades , se contemplan tres figuras / en medio de las cuales se vé una muerta de una estatura sobrenatural : todas están muy maltra- tadas, pero se reconoce en ellas sin embargo un combate de hombres armados de piedras contra otros ar- mados de espadas y escudos. La dimensión de la figura caída en el centro y las armas, de los demas que son rocas desproporcionadas con los combatientes, no dejan duda alguna de que el pasaje representado sea la ba- talla de los gigantes y los dioses. Puede suponerse que Apolo, Marte y Mercurio, asi como Hét cules, se ba- ilan empeñados en la acción. Detrás de Minerva, en la estremidad del piso y á la izquierda del espectador hay un grupo de un joven guerrero atando los brazos de un cautivo detrás de la espalda : el casco que tiene en la cabeza puede indicar á Marte. Participamos enteramente de la opinión de M. Leake, por hallarse in- finitamente nías acorde con el bajo relieve que la de Stuart, que quisiera reconocer en esta escultura la ba- talla de Marathón, en el momento en que el espectro de Theseo combate por los atenienses. El bajo relieve del friso del pósticum representa el combate de los Centauros y los Lapitas. Theseo es el único que ha dado en tierra con su rival : Mycon había hecho la misma distinción en una pintura de la mu- ralla de la celia, de que hablaremos mas adelante. Reconócese también á Ceno, que habiendo recibido de Nep- tuno el don de ser invulnerable, fué agoviado bajo los árboles y las rocas que los Centauros amontonaron so- bre él (*). Encima de los dos frisos, bajo el pórtico, reina un ornamento igualmente pintado, cuyo frente y perfil ofrecemos en la Pl, de los detalles figs. 5. a y 6. a El pincel había concurrido, asi corno el cincel, á la decoración del templo de Theseo. Los muros interiores de la celia se veian exornados de tres pinturas relativas á las empresas del héroe. M. Leake dice que existe aún el estuco sobre que estaban trazadas, y que puede verse que cada pasaje representado cubría toda la muralla desde el plaílon hasta G m 80 del pavimento. Sobre una de las paredes estaba la batalla de los atenienses y de las ama- zonas, asunto que se hallaba también grabado en el escudo de la Minerva del Parthenon y sobre el pedestal de la estatua de Júpiter Olímpico. Sobre otro muro se notaba el combate de los Centauros y Lapitas : en este cua- dro era donde solo Theseo había vencido á su enemigo, en tanto que permanecía igual la fortuna entre los demas combatientes. El cuadro pintado en la tercer muralla del templo, añade Pausanias, por medio del cual conocemos únicamente estas pinturas, que han desaparecido ya enteramente , es casi ininteligible para aque- llos que no conozcan el asunto , lo cual proviene, ó de qué el tiempo lo ha destruido en parte, ó de que My - con no pintó la historia completa. Hé aquí cuál es el asunto: cuéntase que habiendo exigido Minos que le probase Theseo que era hijo de Neptuno, sacándole del mar un sello que había arrojado al fondo, no sola- mente llegó el héroe á sacarlo, sino que trajo también una corona de oro que le había dado Amphitrite. En los tiempos modernos, después de haber servido el templo de Theseo muchos siglos de iglesia, bajo la invocación de san -Jorge, habia recibido un destino piadoso, siendo consagrado á panteón de los desgraciados viajeros que morían lejos de su patria. Abandonado durante algún tiempo , no era otra cosa que la escuela de los arquitectos que admiraban la pureza de las pinturas que reproducían sin cesar el brillante color dorado; en la actualidad se halla convertido en museo, en donde se han reunido en gran número aquellos preciosos fragmentos que el suelo de Atenas da continuamente á luz. Se demuestran en él muchas tumbas greco -roma' na¡¡, lápidas llenas de inscripciones, la estatua conocida con el nombre del guerrero de Marathón, etc., y una multitud de fragmentos dignos de todo el interés del artista y del anticuario. H Ovid. , Mct. . lib. XII. , V. 507 RIIII.BOCÍKAISA. l.° Pausanias, Viaje á Grecia. Francisco Bernou, Carta tle Grecia , Filo fot Trans. n.° i 2 i; Londres , 1 675. ; F° Spon y Wheler, Viaje de Grecia , Amsterdan , 1(576, en 12. F anelli , Atenas ática ; en 4°, 1707. ha ñas de Atenas que aún existen, y otras aprecia- • » y ^ es antigüedades de Grecia ; Londres, 1 75!), fo!. (i. Leioy, nimias de los mas bellos monumentos o ríenos : 2 v. en f. , 1770. 7 ." James Stuart y Revctt , Las antigüedades de Aleñas ; Londres, 1772 , 4 v. en f. Stuart y Revctt, Pie Alterthumer zu Athen ; Leip- zig, 2 v. en f. Chaudlce (Ricardo), Trabajos en Grecia y en Asia menor para una relación de un viaje hecho á ex- pensas de la sociedad de los Diletanti ; Londres y . Osúford , 1776 , 2 v. en 4 o , pl. liinuuUcr, Viajes al Asia menor y á Grecia , traducidos 9. ° 10 . 11 . 12 . 13. 14 . 15. 1G. 17. 18. del inglés; Paris, 180G, 3 v. en 8.° -Sjñ Legrand, Monumentos de la Grecia ; Paris, 1808, en L Stobhouse, Un viaje á Grecia-, Londres, 1813, en 4. D. Ciar he, Trabajos en varias comarcas-, Londres? 1814, en 4 o . Dodwell, Un clásico y topográfico viaje por Grecia Londres ^ 1819 , 4 o . Robinson , Antigüedades griegas , traducido del o 1 ' glcs; Paris, 1822, 2 v. en 8.° L. Dupré, Viaje á Atenas y á Gonstanlinopla ; P arl ’ 1825 y 38, en f. _ .. Woods(L), Cartas de un arqu 'tectq de Francia, l lia y Grecia ; Londres, 1828, 2 v. en 4 o . . Stakclbcrg (barón O. M. de) La Grecia , vistas pn u " rescas y topográlicas; Paris, 1830 , 3í en f. , í/y, ó Leake, La topografía de Atenas ; Londres, l8 jl > ' y. 0|} g _ 0 Bloucl, Expedición científica á la Morca, 3 v. publ¡ ca dos por Fermín Didot. TEMPERO DE MINERVA O 3PAIST3SSÍ©ST IQ)IH ÜOTHAS. ' . erande época del arte entre los griegos fué el periodo que se cuenta desde la Olimpiada SO.’ á la 111.' , \ al 336 antes de 3. C., en que está comprendido el siglo de Pendes y de Alejandro, y a dntt:, en tamfen los modelos mas admiribles que lian llegado hasta nosotros. Mucho tiempo antes hatóaTpre arl este vuelo sublime los sucesos políticos pues la guerra de, los persas al propm hemp mto mi movió la Grecia toda, (lió á los ánimos un impulso, por decirlo asi, una actividad, que ueiou auizá las principales causas de tan inmenso desarrollo. Atenas fué el principal teatro de aquella lucia, > quiza las pu | j n flmn do ‘íauellas causas: sus triunfos entusiasmaron a la nación, liacien- Km;^ exaltando ademes sus facultades intelectna- fcs y dc P áqd provinieron los sorprendentes progresos que se notaron sobre todo en el Anca, y que, segur. ¡líM'odoto (*) tuvieron principio en el ario 4.° de la Olimpiada o 7. Fortuna fué para Atenas producir á Cimon y Ferióles en la época en que su gloria, su poder y sis recursos hablan recibido el mayor incremento posible. Un abuso de poder y de confianza que solo a los • arl ; st ^ v d e i arqueólogo pueden ser disculpables por las obras que de el resultaron , facilito la como convirtieron la antigua Atenas, por una especie de encanto, en la ciudad mas maravillosa del mundo , y en escuela perpétua de los arquitectos y escullóles de todos países j <lC 10 Míreseos' pueblos del dominio de los persas, formaron una liga para hacer la guerra al gran rey, y los caudillos áticos se encargaron de fijar el contingente de cada pueblo; contingente, [oíos, que ¡a pi opuesta de \rístides , fué módico en un principio, pues solo ascendió á la suma total de 460 talentos (10 millones de reales). La primera contribución bajo la egemomci de Atenas fue esta. H tesoro se estableció primero n i» ^ u d e Ocios habitada únicamente por sacerdotes, cuyas virtudes los ponían a cubierto de toda sos ñocha de csnoliaeion ; pero andando el tiempo, y acrecentándose el poder y ambición de Atenas, as. como pcclia uc cspui ac , | aumentaron os tributos, acabando Atenas por situar dentro la disposición a abasar de uno y de la otja,^au. , tale „ t ’ 6 , , q „e como después veremos, se <e s"v'“',°,!| e o nfstollomo del lemplode Minerva. Este tesoro fué poco á poco aumentándose con algunas deposito enel la m ayor parte, primero cu obras de utilidad, y despuesen obras artísticas y meramente de lujo: con lo cual se demuestra ib h raciones ue ia ixiecia • y piepaio icciuoivu 4 »*^ r> ir ^ o ador hábil , hombre de suma audacia , de penetración poco común , y de una figura noble y magestuo a une hizo se le diese el sobrenombre de Olimpios, anadia Pendes a tan escelcntes dotes un delicado gario , nr l,,' arles como lo probó en el hecho de dar á Filfas la superintendencia de todas las obras que mando ejecutar. De 'todas ellas, la mas notable bajo cualquier aspecto que se considere, es el monumento de que vamos a tratan ^en ¿ c i u d a d e la de Atenas había un templo erigido á Minerva , con el nombre de Partean , fe, como homenaje tributado á la castidad de la diosa , bien por habérselo consagrado las lujas *) L . V. C. 78. ESTILO GRIEGO. «le Erecteo, llamadas frecuentemente Partenoi , vírgenes (Heschio). También tenia el nombre de Recatón pedon á causa de su estension, pues constaba de cien pies en el sentido de la fachada, y no en todas direc- ciones, como han presumido algunos autores. Nadie ignora que habiendo Jerjes asolado las tierras de los Focios é intentado inútilmente saquear el templo de Delfos, entró en la Atica, dejó completamente arrasada á Atenas y puso fuego á todos los templos, sin esceptuar el de Minerva, que era el mas antiguo de a ciudad y el que con mayor reverencia miraban los atenienses. I d tunamente se lian descubierto algunos de sus restos, y entre sus ruinas incendiadas en la Olimpiada 75. a (450 años antes de J. C. ) se lian liallai o tejas, piezas saledizas de barro cocido, medallas pequeñas de bronce, una multitud de lapiceros de piorno, que sin duda gastaban los arquitectos para dibujar en el mármol, y finalmente varios vasos azules y encar- nados , que debieron servir para pintar algunos trozos de arquitectura. El nuevo templo que mandó edificar Pericles, se situó en el punto mas elevado de la acrópolis, y es el primer monumento que llama la atención por cualquiera parte que se entre en Atenas, descubriéndose «íesde la embocadura del golfo de Engía. Los dos arquitectos mas hábiles de la época, Ictino y Cailicra- tes fueron los encargados , bajo la dirección de Fidias, de la erección del Partenon. (*) 5 El Partenon subsistió largo tiempo poco menos que intacto; los cristianos lo convirtieron en iglesia, y posteriormente los turcos, enseñoreados de Atenas, ó por indiferencia ó por olvido lo respetaron; y solo de vez en cuando molían los habitantes algún pedazo de mármol para hacer cal. Durante su permanencia en la Atica tuvieron Spon y Wheler la buena suerte de verlo entero en 1676; pero á poco tiempo el pro- veedor Morosini, que después fué dux, y el feld-mariscal sueco conde de Koenigsmarck , que mandaban á los venecianos en su guerra contra Turquía, pusieron cerco á Atenas. (**) Habían los turcos hecho el Par- tenon almacén de pólvora ; incendiólo una bomba el 28 de setiembre de 168/ , y aun se advierte en el pavimento roto la señal del punto en que cayó; de cuyas resultas el monumento quedó, por decirlo así, dividido en dos partes, desapareciendo ó formando un monton de ruinas todo el lado oriental de la celta , cinco columnas del pórtico, todas las construcciones interiores de dicha celia , ocho columnas del lado sep- tentrional del peristilo , seis del meridional, y finalmente todas las esculturas pertenecientes á otros puntos del edificio. Hasta el mismo frontis oriental, que en su parte arquitectónica no esperimentó deterioro al- guno, padeció bastante en sus esculturas; pero según el estado de sus ruinas es probable que estas sean en gran parte anteriores á los acontecimientos de 1687, probablemente de la época en que el templo se con- virtió en iglesia griega. Morosini, con el deseo de llevará su patria reliquias de tan soberbio monumento. Contribuyó mucho á su ruina: quiso entre otras cosas hacerse con la estatua, el carro y los caballos de Minerva que estaban en el frontis, pero por ignorancia de los encargados de la operación, todos aquellos modelos cayeron á tierra y se hicieron mil pedazos. (***) Todo el Partenon es de hermoso mármol blanco que se sacaba del próximo monte Pentélico. El tem- plo es dórico octaestilo, períptero é hipetro; su longitud, tomada desde la parte superior de la gradería en que se apoya, de 54, 111 78, y la latitud de 15, m 50. (****) Esta proporción respectiva de las dos dimen- siones principales es muy digna de observarse. Las alas tienen 1/ columnas, j las fachadas solamente 8, menos de la mitad, disposición que parece guardaron por lo común los griegos, pues también se advierte en el templo de Teseo que solo tiene 6 columnas de frente y 15 en los lados, y otro tanto puede decirse de los templos de Pesto. Así sucedía también con el de Júpiter Olímpico, que según Pausanias constaba de 95 p. por 230. Los romanos hicieron sus templos mucho menos largos. La longitud esterior de la celia, sin contar las antas voladizas de los dos estrenuos, es de 24, m — 17, y la anchura de 10, 111 75. fcl interior se divide en dos partes de desigual magnitud, siendo la mayor el tem- plo ó naos , y la otra, á la cual se entraba por la fachada posterior, el opistodomo. La estraordinaria orien- tación de este templo hadado lugar á un error, todavía bastante generalizado, á pesar de cuanto han escrito sobre él los arquitectos y anticuarios: se ha creído por mucho tiempo que el Partenon, como la mayor parte de los templos, miraba al occidente, y en efecto la fachada occidental es la que se ofrece al entrar en la acrópolis por los propileos, pero de aqui nace la dificultad : hácia este lado se encuentra en el interior de la celia la división mas pequeña ( véase la planta ), y los que están por la orientación ordinaria han creído que era una especie de vestíbulo ó pronaos ; mas admitida la hipótesis, ¿dónde estaría el opistodomo, que todos los autores antiguos convienen en situar en la parte posterior del templo? Es, pues , preciso confesar que (*) Vitruvio nos dice que Ictino había escrito con Carpion un libro 'sobre 'el Partenon, val mismo Ictino se debe el templo de Apolo Epicúreo de Fisalia, en Arcadia, templo que se descubrió casi íntegro en t«i2. (**) m. Brónsled refiere circunstanciadamente este sitio, tan funesto á los monumentos de Atenas, y sobre todo al Partenon. (***) Óe este asedio tan fatal para las artes , ni aun los venecianos sacaron ventajas, pues se vieron obligados á evacuar la acró- polis y la cuidad el 4 de .abril de 1088 , unos seis meses después de la conquista de la plaza, llevándose únicamente por trofeo los dos llenncs de mármol que existen todavía en la puerta del arsenal de Venecia. v * *) Estas medidas y todas las que demos en esta noticia, han sido hace paco temadas escrupulosamente porM. Traveis, qu® Ii»t tenido la bondad de facilitárnoilas. EL PARTENON DE ATENAS. 1 1 r mírnlvi hácia el oriente, y citaremos nuevas pruebas de esta aserción, cuando contra el uso, la ‘ de los frnnlis . A | rededor del templo hay un peristilo, según ya hemos dicho, hablemos de las escultm fachada, v 17 en cada uno de los lados. M. Travers nos ha comu- com puesto de 46 co u \ * > ^ ^ á saber: que todas estas columnas están inclinadas hacia el interior nicado una observaron ticnen doble inclinación, para sostener con mas del templo <1C ‘ J. fic¡o ,,, L a unión de las piedras que la forman es tal, que se necesita a tüerza atención para echarla de ver, y aun asi, es menor que el hilo mas delgado; igual perfección se ad- Sie en todo lo demas del edificio. Las columnas carecen de bases, y se apoyan en tres escalones muy elevados aue sirven de estilóbato á todo el monumento. La altura de las columnas, tompiem i o el capitel es de 10, ™ 452, y su diámetro de O,- 924, las de los ángulos son mas gruesas, y su diámetro es <le °’EUanitel que es muy sencillo, no tiene estrágalo , sino un inglete en su lugar que corta las cs- trias sin interrumpirlas (**)f está unido al fuste por medio de cuatro columnas (, fig • o y i); el abaco no tiene tafon n^sen” ¡ante moldura hubiera sido mezquina colocada en un orden tan severo; la altura total del ' it i ' i o m 674, 0, nl 333 para la esquina y los filetes, y O,'" 341 para el abaco. P r!! columnas son estriadas y de aristas en toda su longitud; pero para que resalten mas dichas ,. “ ma, sombra, no están cortadas en segmentos de circulo , pues entonces penetraría la luz estrías tiazan • (os Je )a concavidad, sino que son planas en el fondo para que sus extremos igualmente u ' una som | )ra m as marcada. Asi es que no se corlan repentinamente y en ángulo sobresalgan mas y 1 y t como cn la mayOT parte de los demas templos griegos, sino que se apro- reclo con tos . so , o que cn el p art enon, en vez de rematar como en Italia en un semicírculo, =i “ a su .. — . ¿ h hermosura de los mármoles que lo adornan , que por el carácter de solidez que denotan sus perfiles La fachada del triglifo cae verticalmente sobre la del arquitrabe, rega que Lcroy opina se siguió en Atenas luista los tiempos de Augusto, y que entonces se separaron de ella los griegos y en seguida los romanos, lusta ios tiempos o. t, , j i ^ ^ ]¡nea j c | arqmtra |, c . La altura de los triglifos del Partenon esde7»"335 su anchura de 0,™ 843. Advertiráse también en éste como en lodos los templos dóricos erieoos ’ que id ángulo del friso está flanqueado por un triglifo fig. 2) mientras que los romanos dejaban S e inanlo descubierto . y colocaban el triglífico en la misma línea que el eje de la columna. Una circunstancia bastante singular que MM. Fuente y Travers advirtieron primero en el Partenon, y desunes observaron en todos los templos griegos, es que el estilóbato no presenta una linea enterante.! c bnrívimtal sino una curva ligeramente convexa. La misma curva forma el cornisamento y ademas su fa- cbada ofrece™ a Hnea cóncava en cada uno de los lados del edificio , de manera que los ángulos no son 7 cría mente rectos , sino un poco agudos. El objeto de estas formas era evidentemente dar mayor solidez af templo ^haciendo que sus partes sirviesen como de pirámides, y oponiendo a la divergencia mayor resistencra^hacia^el Tas fechadas son perfectas, y sin embargo prefiere el templo de Tesen j os i a( | os . «/Porqué, dice, la columnata continua, coronada por un cornisamento derecho pidepropor- ¡nnp-í mas esbeltas que la que sostiene un frontis? Yo no sainé decirlo; pero me parece que la razón os osla En el Partenon la altura de las columnas es de 5 diámetros ~ , mientras que en el templo de Tosen' es de S diámetros ¡. Esta diferencia , tan pequeña al parecer, produce no obstante un efecto sensible - y ademas los intercolumnios en el Partenon son iguales á cosa de 1 diámetro T , y en el templo de Tesco son de 1 diámetro }. Sin duda á la mayor anchura del intercolumnio se debe principalmente la mavor ligereza del último de dichos edificios. » . El nórtico es doble en cada una de las fachadas del Partenon, y quiza no podra verse sin estrañeza pn u n lauta que las columnas de la segunda hilera puestas sobre dos escalones, eran de menor diámetro que i \ nórtico , y no correspondían todas exactamente á su eje; pero estas irregularidades que no podría i r la teoría del arte, en la ejecución son imperceptibles; y concurren por el contrario al efecto COilSL tt, . i — Iwxl nm*A/w\ rtiiA PAinoulnn nn nn r\imlA /1 a molo non timl \7 ílfllj jjj ‘SC11 um gui jjvs ~ p ste \y\iw arquitecto advirtió esta particularidad, no solo en el Partenon, sino cn todos los templos de Grecia y Sicilia que pudo reconocer. diámetros á sus columnas dóricas, no pusieron astrágalo probablemente porque este adorno . y 1» pi-uvba de ello « que dieron ó la esquina ,1c sus capllolcs poca .elevación , y por . * .«nabo vnoln liuuii'iu . * ti contrario mucho vuelo. ESTILO GRIEGO. es de 10, m 550: y el diámetro de 0, m 810. La altura total del capitel ( fig . 5) es de 0, m 550, 0, 111 280 de abaco, y 0, 264 de la esquina y filetes, que aquí no son mas que tres (fig. 6). En el otro las estrías del fuste están formadas por segmentos de círculo. El interior del templo tenia una disposición análoga á la de las basílicas construidas mas adelante pol- los romanos. Spon y Wheler alcanzaron todavía á ver en tres de sus lados la galería que hemos indicado en nuestra planta (fig. 1), y que se componía de dos órdenes sobrepuestos formados por 22 columnas. Todas estas se hallan á la sazón por tierra y destruidas : pero se ha podido restablecer su planta y encontrar algunos restos del orden inferior para fijar sus dimensiones. El fuste tenia 4, m 75, y su diámetro era de 0, m 612. El capitel, compuesto de un abaco, de una esquina y tres filetes, tenia 0, m 319 de elevación, el arquitrabe 0, ra 453, y el trigrifo 0, m 50; la anchura del intercolumnio era de eje a eje de 2, 111 510. Es de advertir que el tercio inferior de estas columnas (l, m 605) no presenta mas que estrías planas como en Pompe- ya, y que solo lo demas del fuste está sisado. Estas columnas formaban al rededor de la parte descubierta del templo un pórtico de 2, m 30 de anchura,- el hipetro tenia 4, m 90, lo cual hace 9, m 50 en la latitud interior del templo, que tenia i 5, 111 de longitud. La luz entraba por la puerta y por la claraboya central del techo ; cuando lo consagraron los cristia- nos hicieron una ventana al oriente , y construyeron un santuario en semicírculo. Los turcos no variaron casi en nada esta disposición ; pero después se demolió esta ábside. En el hipetro del templo y hacia el fondo, según puede verse en nuestra planta, estaba colocado el pedestal de la famosa Minerva, de que hablaremos en seguida, conservándose aun parte de la base de dicho pedestal, que tenia 3, m 50 por cada uno de sus lados. En la parte posterior del templo estaba el opistodomo , que por espacio de tanto tiempo se tuvo por un vestíbulo puesto delante del mismo templo. Tiene la misma anchura que el templo, y su longitud es de 6, m 55, es decir, una tercera parte de la de la celia. Stuart, Chandler y algunos otros incurrieron, tanto en su testo, como en sus dibujos, en el incon- cebible error de indicar que el opistodomo estaba sostenido por dos órdenes de seis columnas, cuando solo existían cuatro. Asi las represento M. Bronsted en su planta, y posteriormente comprobaron este hecho M. Leake y M. Travers , á quien debemos el dibujo rectificado que publicamos. Los turcos reem- plazaron una de las columnas, que estaba rota, con un pilar cuadrado de fábrica, que ya no existe, corno tampoco las tres columnas, las cuales, según Stuart, eran de la misma dimensión que las del orden pequeño del peristilo. Ademas de los productos de las rentas públicas y contribuciones de las ciudades de Grecia , se con- servaban siempre en el opistodomo 1,000 talentos para los gastos imprevistos del estado. Al empezar la primera guerra del Peloponeso (432 años antes de Jesucristo), época de la mayor prosperidad para Ate- nas, estaban depositados en el opistodomo 6,000 talentos (129.600,000 reales), según Barthelemy, y 9,/ 00 talentos (mas de 212.000,000) si lia de creerse á M. R. Rochette. Allí estaban inscritos los nom- bres de todos los acreedores del Estado, llamados Eggegrammenoi en te acropolei , y después que efec- tuaban el pago, Ex cicropoleos exaleliminenoi. Los particulares depositaban allí también las sumas que no se atrevían á guardar en sus casas , y lo mismo las ofrendas hechas á la Diosa , los ex-volos . cíñale - mata, y finalmente los despojos preciosos de los persas, y entre otros, el trono de pies de plata en que se sentó Jerjes para presenciar el combate de Salamina. De la arquitrabe eslerior del templo estaban sus- pendidos otios ti ofeos, como los escudos ganados al enemigo durante la guerra con los ruedos, y alternaban con inscripciones de bronce, á juzgar por las señales de los clavos que las fijaban. Los dos custodios del tesoro depositado en el opistodomo del Partenon eran Júpiter, Soler y Pluton, dios de las riquezas, representado con alas, y por una csccpcion particular á este dios con el órgano de la vista. (*) ‘ & A la sazón no puede ya dudarse del uso que los griegos hicieron de la pintura para decorar sus mo- numentos, pues las observaciones de Hittorff, Raoui-Rochelle , Letronne y Bronsted y las recientes in- vestigaciones sobre los templos dóricos de la Grecia y Siciliano dan logará la menor incertidumbre, sino que por el contrario confirman deuna manera positiva la aserción de Vitruvio (**) respecto á la cera azul, cera cceru- que indica ser el color usado en los triglifos, y las melopas parece que por lo general eran encarnadas. Por testimomos antiguos sabemos que todos los escultores célebres tenían á sus órdenes un pintor hábil encargado de pintar sus obras, y se conservan todavía varios de los nombres de estos artistas. «No liabia en toda I a Gtecici, dice M. Biousted, templo alguno construido con esmero que no estuviese mas ó menos dado ( c cofines, es deen, pintado de manera que fuesen mayores el efecto y la riqueza de aspecto del monumento poi os colores ai mónicos de las parles simétricas, y sobre todo de las partes mas elevadas de la construcción (**) lÍIv cap °a ’ ^Ojmologus ; Tucídidcs , L. Ií; Filostrato Eikon , 4‘> ; Démostenos, Schol.Orat.3 in Timocrat. PE V I'jSTA kh tivomu Tivon la anticua Tibur , cantada tan frecuentemente por los poetas, cuyo origen hace remontar Ph- i, in 7* ’ allá de la fundación de Roma, á la cual Horacio y Virgilio consideran como una colonia r U, }**T se halla situada á diez millas N. E. de la capital del estado pontificio, sobre la vertiente occidental k ,? : i/ ’ ( | e j ÜS Apeninos , levantándose en las escarpadas riberas del Tcverone , llamado antiguamente el ‘ j ? pn e ¡ Dunt0 en que este rio se precipita desde las montañas para llegar por medio de las numerosas cas- Á ? 1 nivel de las campiñas del Lacio. Esta ciudad, célebre por su posición que es sin duda una de las mas globo , no lo es menos por las bellas ruinas que se contemplan en su recinto por todas partes. Íí re los déspotos de templos, de tumbas , de palacios y de otros notables edificios, se distingue uno de forma circular colocado en el punto mas elevado y no muy distante de la primera caída del Amo, habiendo tomado nn! ros desde la misma cascada la vista que acompaña á esta noticia. Este monumento publicado por Palladlo y Servio, es conocido vulgarmente con el nombre de Templo de la Sibila ; pero no parece poderse aplicar, «n embarco, mas qub al culto de Vesla Mater. , /***\ Hánse emitido sobre este punto opiniones enteramente diversas y contradictorias: Ctuvicr ( ) opina, qi esluvo consagrado al dios Tiburno, genio tópico y fundador de Tibur. Otros sospechan que fue la tumba de Lucio Celio, porque se lee en él un fragmento de una inscripción que termina con aquel nombre, pero la forma del monumento, la puerta y las ventanas que decoran la odia, no pueden dar vado i la opimo., de que fué construido para servir de sepulcro. Kircher, Mam, Crocclnante, Corradin. y el abad de Chaupy lian visto en este edificio un templo consagrado á la Sibila Albunea, reedificado por Augusto y descrito por antiguos •nitores Es un liecho histórico que sirvió d ornamento á la ciudad de 1 ibur un templo dedicado a la biblia; ñero se halla situado en diferente terreno. Otros escritores han creído hallar también en el monumento de que , atamos , las ruinas del templo de Hércules , protector de a cuidad : esta atribución es contraria a los pre- mitos de Vitruvio, que dice que los templos de Minerva, de Marte y de Hercules deben ser de orden doñeo: Al'ilrm, Marti el Uerculi Jes dórica! fmnl. (****). El templo de Hércules en Tivoli lema una grande impor- Pincia- según .Tuve., al rivalizaba con el de la Fortuna de Prenesto, llamado boy Palestra*: habíase construí- (lo ü su lado una biblioteca, una tesorería, pórticos y otras dependencias considerables, que no hubieran podido en modo alguno existir en el estrecho collado que domina la primera cascada del Amo. _ Tomaban en la mitología dos divinidades el nombre de V esta: la una esposa del cielo y madre de Satur- no, era la diosa de la tierra : Varron, Arnevio y oíros autores la asimilan á Céres: la otra, virgen é hija de Sai urno v de Rhea era la diosa del fuego. En el. simbólico paganismo, debían ser de forma circular los tem- acipados á la tierra: de esta manera, como lo testifica Plutarco, hizo Numa disponer en Roma el que lons fró á Vesta viéndose figurado también en esta forma en todas las medallas antiguas que lo representan, SI* sitio restablecido sin cambiar nada de su disposición primitiva cuando e tiempo o los acon'ec- uiientos lo hubieron de reducir á un estado de ruma. La planta del templo de livol, es un circulo perfecto, como puede notarse en la plancha de los detalles adjunta á esta noticia, figura 1. Esta circunstancia sola po- «lTconsidcrarse como una razo» para creer que esluvo consagrado á Vcsta , s. ya no contribuyera a favorecer esta Opinión cuanto á él hace referéncia.-Llámase, en efecto, aún en nuestros días por los habitan es del país Veste al lugar en donde se levanta el edificio, representando una antigua pintura que dala indudablemente de muchos siglos y que se contempla en una casa de la ciudad la ruma del mismo y siendo designada de este maño- Templara testar, los atributos que decoran el friso del monumento son cabezas de buey, símbolos de u .Jpnlíiira- los frutos, las espigas y las flores que se miran en las guirnaldas y festones demuestran la fer- T l t Mi tierra - V finalmente, si sé restablece el templo según las formas indicadas por las numerosas re- !resentaciones análogas, grabadas en medallas antiguas, se le coronará de una bóveda hemisférica, imágen de ja Tierra *( Véase la plancha que contiene la fachada y el córte). (*) Pimío 1. XXV , Cíip. 49. llnmíMn l i i rwln * U) Virgilio, Eneida lib. Vil, v. 67 t.-Uoracio I. 11, odaC. i***) Clavier, Italia antig. (****') Yítruvio , I. 1 , cap, II. ESTILO GRECO-ROMANO. Piranesi que ha publicado este monumento , acompañándole de una notable memoria, M. Visconti que se encargó de escribir el testo déla obra de M. Yaladier sobre los monumentos de Roma y de sus alrededores, son de dictamen uno y otro de aplicar el ediíicio que vamos á describir , á templo de Vesta : el primero de los referidos autores restaura de este modo la inscripción , de que solo se encuentra una parte en el Iriso: /Edeu vestíe S. P. T. Pecunia. Restitüit. curatore. L. Gelio. L. F. Era cónsul de Roma el año de 682, setenta y dos antes de Jesucristo, un Lucio Gelio, apellidado Publiola. Habiendo llegado á ser mas adelante procónsul de Grecia , en donde su amor á la filosofía le hizo distinguirse, llenó en Roma las funciones de Censor juzgándole digno Cicerón después de la conspiración de Catilina, de la corona cívica. Tal vez debería Tibur á los cuidados de este ciudadano la fundación del templo de Vesta: la inscripción de que solo se lee el final en el friso mencionado, eia la dedicatoria. Levántase el monumento sobre la misma roca, que se vé formada por un calcáreo mezclado de conchillas, llamado por los antiguos piedra tibur tina y ahora travertino y traverlin. En el lado en queelAnio comienza á precipitarse, formando cascadas, al fondo del valle, construyeron los romanos dos órdenes de arcos, emplea- dos en los muros que sirven de contrafuertes; teniendo por objeto estas construcciones, el sostener la roca y evitar así los desmoronamientos que hubiera podido sufrir en la parte en que las aguas la conoian constan- temente con su caida, y permitiendo ademas estender y regularizar el terreno en donde debía levantarse el templo. Los materiales empleados en esta fábrica son el ladrillo y el canto, dispuestos en opus reclicuialum. Sobre la plataforma sostenida por estos muros, eslembase, pues, el área que precedía al templo: mas lejos sustenta directamente la roca al edificio. . , La planta general del templo es circular ( Lamina cíe- los detalles fig, I a .), asi como la de la celia que rodeaba una galería compuesta originariamente de diez y ocho columnas , seis de las cuales han resistido úni- camente á la destrucción. Esta columnata dispuesta al rededor del santuario, clasifica al edificio en el número de los perípteros (* ), siendo ademas de aquellos que Vitruvio califica de monopteros , cuando describe los templos redondos (*.*). Atribuyeles un embasamento bastante elevado, que era conocido con el nombre de tribunal ( Veáse la vista en perspectiva , así como la [achala y el corte restaurados). L na escalera, de la cual se conserva aún parte del macizo construido de piedra blanda y esponjosa, servia para recibir á la gale- rín! era, conduciendo después al santuario. Veíase un altar delante de este ascensión ó escalera. La cello , tic once ellas. En el centro del santuario debia sustentar la estatua de la Diosa un pedestal, de que ya no se encuen- tra fragmento alguno. ( Véase el corte restaurado). El ordenamiento total de la fachada guarda con poca diferencia los preceptos de Vitruvio: tiene el mbasamento la tercera parte de la altura de las columnas, y estas tienen de elevación ocho diamclios en lu gar de nueve y medio; ofrece el capitel dos menos una vigésima cuarta parle, y el entablamento, mas ligero lo que preceptúa el antiguo maestro, no ostenta ni aun el quinto del orden. Las dimensiones del edificio son reducidas, no excediendo su altura basta el final de la cornisa de metros y cuatro centímetros, divididos en esta forma: Embasamento, dos metros trescientos ochenta y nueve milímetros; Columna, siete metros trescientos catorce milímetros; Arquitrabe, trescientos noventa milímetros; Frisó, quinientos cuarenta y un milímetros; Cornisa cuatrocientos seis milímetros. Nada de cuanto coronaba el ordenamiento esterior lia sobrevivido por cima de la cornisa, viéndose mente en este sitio una parte del espesor de las piedras, que dispuestas desde el largo de la cornisa al mm° de la celia, formaban el paflón de la galería: este espesor aparente ahora, indica sobradamente que cubrían la columna para ocultar estas piedras, un techo y varios anleftxos corrientes, que guardaban probablemente la disposición que les liemos designado en la fachada restaurada adjunta á esta noticia. I na sobre-clevacion del muro de la celia debia sustentar la cúpula del centro, no permitiendo las ligeras proporciones del monumento el admitir que baya cubierto una media naranja de mayores dimensiones al mismo tiempo el santuario y la ga- lería. El estilo de las diversas partes que componen este conjunto esterior no se parece en nada al (pie fué adop- tado por los romanos en la arquitectura llamada corintia, en las mas brillantes épocas del arte, bajo el impe-* sola- {*) Vitruvio, lib, IV , cap. 7. (**) Vitruvio, lib. III, cap. 2. TEMPLO DE VESTA EN TIVOL1. cismes En el templo de que vamos tratando , desde la moldura inferior del embasamentp, trazada en la n ancha de los detalles fig. 7-., hasta la cima de la cornisa del orden (te misma plancha, fig. o .), lo- i I„ p “files se hallan dotados de una particular fisonomía , que recuerda los monumentos de la Grecia, y a dos los per denominación de Jilea, asi la moldura mas cercana al suelo es una especie de talón ancho, q " e firmeza v cuyas proporciones son una garantía de duración para las partes Inferiores del edificio: la “los- une corona el tribunal se halla dominada de una moldura prolongada, cuya forma es griega , vién- dose las ha-es desprovistas de zócalo, circunstancia que las acerca aún mas á las de los monumentos de Ate- as que carecían de dicho ornato desde el período arder, . r á la conquista de los romanos; fallando finalmen- te á’su severo perfil la escocia y los filetes estrechos que se encuentran en los monumentos tómanos. Las es- trias terminadas encuadro en la parte superior del fuste de la columna , terminan junto a la hase en una pendiente practicarla para el paso de las aguas, disposición que no se encuentra nunca cu los edificios < p n0d T os MnS^dfferentes en sus detalles á los preceptuados por Vitruvio, son una especie de compuesto, „ llva í orma e S mi ,v elegante, bien que ofrezca en sus proporciones generales mucha mas severidad que el ca- V ¡til /m intió Dos hileras de hojas rizadas y caladas de una manera notable ocupan la mitad inferior del capitel, 1 • lo también las pequeñas volutas centrales cuernos dispuestos en distinto sentido. ( Véase el capitel en «"“L de detalles, figura 2. a ). Envuelven estas volutas ligeras hojas y dan nacimiento á grandes florones . ‘ 1)cl¡0 (1 f ecl0 q¡.,c ocupan la mitad de cada frente del abaco, cuyas lineas rompen graciosamente. F¡ UM T \ e fine sostiene todas estas esculturas no es una costilla cómo en el capitel corintio, y sí una masa p, montan . E d nlimiar e i f usle de la columna. La arquitrabe que inmediatamente descansa sobre los Oles es poco elevada, permitiendo darle esta altura que satisface la vista el poco espacio de los mlerco- “.unios : sin embargo para mayor seguridad hizo el arquitecto sabir hasta la parte inferior del friso el sillar ,j e „iedra. en que se halla tallada la arquitrahe. Quiza le movió a esto la dificultad de hallar un asiento has lanté elevado a! Iriso en la altura que ¡nténtaha darle. El perfil del arquitrahe ( lamina de los del alies, figu- ra 5 . a ) pertenece completamente al estilo griego, siendo su principal carácter el de ofrecer dos liases des- ieualos y apareciendo la de abajo mas alta que la otra. g íallasc el friso exornado de un alto-relieve muy saliente, ejecutado con sencillez, y cuyos diferentes pla- ñir se véa muy acentuados. Veíanse en él, cuando el templo estaba completo, cincuenta y cuatro cabezas de . ” colocadas de cuatro en cuatro sobre una columna y ocupando las restantes los intervalos. Sostenían estas . s m/rnaldas de flores y otros frutos entrelazados con ellas, hallándose coronadas de rosetones y pateras, V siendo los lazos que uniati dichas guirnaldas las cintas que penden al lado de las cabezas referidas. No recuerdan cu este sitio las que suspendían y exornaban las cabezas dé las victimas, y esta circunstancia puede t ribuir á indicar la consagración del templo de Vesla malee, hallan, lose la , dea de las victimas mas ordi- nariamente (apresadas en los edificios por medio de calaveras o cabezas disecadas , acompasadas de las cuitas ,hd sa ' r, ““- genc¡lla cornisa CO r 0 na el iriso ofrece, por la severidad de sus proporciones y la total ca- rencia' de ornatos, ira feliz contraste con la riqueza de la parle inferior del monumento: su perfil, asi co- mo todos los restantes, presenta los caracteres de la escuela helénica. [Plancha de los detalles fig. o.) í ‘i c ‘dería que termina por un lado con la columnata y por el otro con el muro circular de la celia, no i- no de latitud mas que dos diámetros y un quinto í su pavimento, que se hallaba al nivel de la parte infe- r or de las basas, ha desaparecido completamente, reconociéndose su espesor por una entalladura hecha en el h m e forma én el exterior el coronamiento del *fib, mal: este sillar, formando encadenamiento, se cst, e l asta el interior. La parte alta de la galería se encuentra coronada por una cornisa cóncava haca e port.cn V convexa sobre el muro de la Celia, lío la figura 4. a dé la l'tmma de detalles hal aran nuestros lectores su nerfi • equivaliendo su altura casi á los dos tercias del coronamiento exterior del templo y sustentando lo. Sernos de las piedras que forman el paflón .* la galería. Vénse ahierlós en el espesor de eslas medras ca- "e tonos cuadrados , cuyo plano y perfil damos en la figura 4. a de la plancha de los de alies , ha laudóse en el centro decorados de rosetones , cuyas hojas son del mismo estilo que las .pie exornan los capiteles. Un ca- nal rectangular separa entre si los referidos casetones. Entrase desde la galena a la celia por una puerta de 11 , ¿rinde elevación, viéndose en el umbral los vestigios de los herrajes de las cerraduras: bien que el poco una o sc nola en la ejecución del socavamrento , da motivo para sospechar que no es antiguo el urn- esmero 1. i^do tenecien( j 0 ta i vez á la época en que el templo fué convertido en capilla, durante la , , nu ' i- i J ni lastras salientes de la puerta se componen de piedras puestas alternativamente derecha* 1 a V' CI s lechos áfin de formar una trabazón en el muro déla celia. {Véasela lámina del diseño pinto- l*Vl la finura 5. a de la plancha de detalles.) El marco déla mencionada puerta se halla perfilado según í A ’ '1 í Orv./o o teniendo las proporciones indicadas por Vitruvio: el friso ó hijpertyrum tiene coronando el tota, una comisa delicadamente dischada (figura 9,) Como hemos indicado al describir la planta, daban dos ventanas luz a la celia, no lejos de la puerta, ESTILO GRECO-ROMANO. viéndose cada una colocada al frente de un intercolumnio. Solo existe en la actualidad una de estas venta- nas, siendo muy elegantes sus proporciones (*) : en la parte esterior se halla sobrepuesto el marco por un apoyo exornado, cuyo perfil se encuentra trazado en la ligura 11.* El marco ofrece el mismo dibujo que la puerta separándole de la cornisa un friso apenas indicado, el cual se halla en perfecta armonía con las demas partes del monumento v cuyas proporciones son las tres cuartas partes del ya citado marco. (Plancha de detalle*, figura 10. a )* El vacío de la abertura de esta ventana disminuye conforme se levanta, siendo la diferencia entre su parte inferior y su cima de una vigésima parte del ancho. En la parte inferior del templo se contempla esta misma ventana decorada mas suntuosamente ( figuras o y 8. ) Su marco perfilado como el otro, en el estilo ático, da completamente la vuelta á la abertura, porque no tiene apoyo y se revuelve en círculos en alto y en bajo , careciendo de friso absolutamente y coronando una cornisa sin alero y de grandes proporciones el conjunto de la ventana. Las ruinas cuyos detalles acabamos de examinar, producen el mas agradable efecto en medio de las montarlas siempre verdes que las rodean y de las aguas espumantes de la cascada. El tribunal que sustenta el templo, lo levanta suficientemente para que puedan desde todas partes apreciarse la elegancia de sus proporciones, destacándose su color pardusco sobre la blanca roca que domina. La época de su construc- ción, cercana al fin de la república y la fisonomía griega que le caracteriza, añaden también nuevos encan- tos al interés que representa. Los monumentos de esta edad y de este estilo son por otra parte muy escasos en Italia y mas aún en Roma y sus alrededores, habiendo renovado el periodo imperial casi enteramente los edificios construidos por los cónsules. La escuela etrusca y mas adelante la griega dejaron sus huellas en todas las ruinas déla época republicana tanto en Roma como en la Campania; pero ninguno de estos es- casos monumentos presenta tanta perfección como el templo de Vesta Mater en Tívoli. Tal vez su superio- ridad incontestable pueda hacer admisible la opinión de que Lucio Gelio, que había morado largo tiempo en el Oriente como procónsul, se dirigiese antes de mandarlo construir á algún hábil arquitecto griego para que dibujase las trazas de tan célebre monumento. (*) Figura 6. a , plancha de los detalles. BSBU06EAFIA. 1. * Cluvier. Italia antigua : 162í enfol. 2. ° Kircher. Hetus Latinan. 1871 en fol. Z. 9 Crochiantc. Historia di la Chiesa di Tiboli. 4. » Marzi. Historia tiburtina. . 5. 0 Stefano Cabral y Fausto del Re. Helio talle et de piu notabili monumenti della cittá et del territorio di Tivoli. 6. * Et Abad de Ghaypy. Descubrimiento de la rasa de Horacio. 7. c Piranesi. Iiacolla di tempi antichi. 8. ° Valadier . Pacolla dellc piu insigni fabbricha di n°~ ma antica é sue adjacecose , etc. 1 Roma inferior- 9. ® Canina. Atchitectuta antica , descritta é demostra- la coi monumenti. Roma , 9 rol. en fol. . pl. ANFITEATRO FLAVIO KN BOU A* Lina medalla batida bajo el reinado de Vespasiano, y que nosotros reproducimos en una de nuestras láminas de Detalles , ¡ir/. 2 , indica de una manera innegable que este emperador mandó empezar en el año 7de la era cristiana , la construcción del Anfiteatro Flavio, monumento el mas vasto de cuantos en este género levantó !a antigüedad. El terreno elegido para Fabricar este inmenso edificio era una hondonada, situada entre los mon- tes Palatino, Celio y Esquilmo, al Oriente de la Velia y del cuartel de los Carelios; fue concluido á los pocos años, contribuyendo á su decoración cuanto lu;o pudieron desplegar la arquitectura y la estatuaria. Tito, que lo (as ejecuciones de los cristianos, es aún en nuestros dias uno de^ los mas bellos ornamentos de la ciudad papal: los restos imponentes llamados ruinas del Coliseo, en italiano Colosseo , deben esta denominación, ya á las di- mensiones del edificio, ya al Coloso de Nerón que se levantaba en sus inmediaciones. La planta del monumento, presenta la forma que fué adoptada generalmente para los anfiteatros: es elíp- tica: el grande eje AB, tiene 200 metros de longitud, el pequeño CD 167. Ochenta arcos distribuidos con re- gularidad en la circunferencia , conducen á dos galerías paralelas , situadas al nivel del pavimento hacia la parte esterior del edificio; al llegar á la segunda se dirigía el público por veinte y cuatro corredores, á otras dos ga- lerías concéntricas, como las primeras, situadas en medio de las construcciones, y destinadas á conducir á los asientos mas distinguidos del anfiteatro , á saber , los del podio ó podium , reservados á los senadores, á las vestales, á los embajadores, etc., y los de los caballeros, situados detrás. Estas dos secciones ó divisiones de gradas que la inscripción de los hermanos Arvóli, designa con la palabra meeniano, eran servidas, la primera por doce escaleras practicadas en el espesor del grueso muro inferior, mas cercano al podio ; la segunda por Otras seis contenidas entre dos muros , dirigiéndose desde la tercera galería hacia el centro del edificio y por el corredor F, situado en el nivel del primer piso. El pueblo subía directamente y desde el fondo á la tercera división por las numerosas escaleras que desembocaban en las galerías cercanas á la circunferencia. Finalmente, ios libertos los domésticos y los cortesanos se hallaban separados, siguiendo un decreto de Augusto, en las eradas superiores, lugar llamado sunrina canea. Llegábase allí por escaleras secundarias , apoyadas en las bó- vedas de la galería del segundo piso, ( Véase el corte general cid edificio g la planta con la letra (i.) Hallá- base dispuesta la planta de tal modo, que resultaban en los ejes del monumento entradas mas anchurosas, para dar un acceso fácil á las tribunas honorarias; la del emperador , situada en el punto E, sobre el pequeño diámetro, se distinguía en la fachada por medio de dos columnas salientes que sustentaban un frontón. Otras dos tribunas, colocadas en el grande eje, contenían los carros de victoria, el numerario , (Suetonio) editor (pie anime aba los juegos y los magistrados que los presidian. Todas estas construcciones, cuya planta acabamos de describir, formaban un macizo de 00 metros de es- pesor, encerrando en su circuito la arena, destinada á los juegos y á los combates: su forma era ovalada, ovi te y á encerrar los animales y . . c „ para el uso de las máquinas teatrales, llamadas pegmata por Marcial. Según Slacio y 1 rebebo Pofiou, lleva- ba también el nombre de cácea el conjunto de estas bóvedas subterráneas. La decoración esterior se componía de cuatro cuerpos de arquitectura, coronado cada cual de un enta- blamento completo , que daba vuelta al edificio. Los tres primeros órdenes ofrecían columnas adheridas al muro dóricas, jónicas y corintias, entre las cuales se abrían doscientos cuarenta arcos, ochenta en cada uno de los cuernos referidos. La parte superior del monumento, que formaba atrio, tenia cuarenta ventanas cuadradas, dispuestas simétricamente , decorando multitud de pilastras corintias sobre airosos pedestales, como en los órdenes del primero y segundo piso esta elevada muralla. Entre las pilastras del atrio reinaba, á los dos tercios de la altura del orden, una serie de doscientas cuarenta consolas, destinadas á sustentar igual número de barrones ó columnas de bronce, (pie atravesando la cornisa superior, se levantaban por encima de las construcciones para ( - ) El año de Roma 334, y de la era vulgar 84. Cuspiniani . Gomm. Aurelio , Casiod. Cónsul. ESTILO GRECO ROMANO. sujetar los cabos de un inmenso velario (velar inm), estendido sobre la totalidad del monumento, á lili de po- ner á los espectadores a! abrigo del sol, durante los espectáculos. Para que reinase el mayor orden desde la entrada del público en tan vasto edificio, los arcos del primer cuerpo se hallaban numerados por encima de las archivoltas, con cifras de una colosal dimensión que podian ser vistas fácilmente desde lejos. Estos núme - ros esteriorcs debían tener cierta correlación con otra numeración interior. La medalla de Vespasiano, ya mencionada en el comienzo de esta noticia, manifiesta que decoraban cuadrigas y estatuas el vacío de todas las hornacinas y aberturas del primero y segundo piso. Estas esculturas se hallaban colocadas sobre pedes- tales salientes que correspondían al apoyo ó antepecho (pie en el vacío de los arcos protegía de las caídas á aquellos que circulando por las galerías superiores se acercaban demasiado á la fachada. Los arcos inferio- res, al par que daban entrada al edificio, se hallaban cerrados en el intervalo de una á otra representación por vallas de madera, (pie estorbaban á los curiosos durante el «lia el errar por el monumento, y á la gente que carecía de asilo el refugiarse ailí de noche. Conlémplanse aún las huellas de estas clausuras, ó mas bien de los medios empleados para mantenerlas firmes de una manera sólida; consisten dichas huellas en unos agujeros cuadrados, practicados de dos en dos en cada lado de los pilares que corresponden al espesor del muro esterior , viéndose todos á la misma alliua y hallándose separados por un espacio que indica el espe- sor que tenia la referida valla de madera. Varios travesaños colocados en los agujeros, uno delante y el otro detrcás, y sujetos por un perno movible con cerradura, fijaban sólidamente la mencionada clausura, que po- día quitarse cuando se quisiera con suma presteza. Las bóvedas llanas, practicadas bajo las grande: escaleras, debieran servir para encerrar estas vallas durante las representaciones. La lámina de detalles que vá unida á esta noticia, dá á conocer en dimensiones bastante proporcionadas el estilo de los cuatro órdenes de ar juitectura que decoraban en el cslctior el monumento deque tratamos. Lafi' gura primera dá geométricamente las partes principales del orden dórico: la base, que. es de una forma particular, descansa sobre tres gradas; el capitel y el entablamento sencillos y graves en sus perfiles, armonizan de un modo digno con el destino del edificio; el friso se halla enteramente desnudo y desprovisto de trigifos. En la figura segunda está el corte del coronamiento completo. La imposta y la archivólla de los arcos inferiores se hallan trazadas en la figura tercera. El orden jónico de qué se halla decorado el segundo cuerpo (figs. 4. a y 5. a ) está estudiado, con la misma sencillez que el que lo sustenta, habiendo sido suprimidos los dentellones y otros detalles delicados y no viéndose en el friso ornato alguno. El mismo capi’el ha sido muy cuerdamente simpli- ficado con la supresión délos filetes que encuadran de ordinario las volutas; la base es de forma ática y descansa sobre su pedestal correspondiente. La figura 6. a es el detalle de la imposta y de la archivólla que decoran los arcos de este piso. El tercer cuerpo es de un orden (figs. 7. a y 8. a ) corintio, que no tiene mas de este estilo que las proporciones genera ’es : la base es la mas sencilla de todas las que decoran el monumento ; la? hojas del capitel, los tallos y los llorones no son mas que masas, viéndose despojados de los finos recortes que constituyen comunmente toda su riqueza. Decoran de una manera conveniente y digna estos tres severos cuerpos modillones cúbicos y sin escultura alguna, mezclándose con las molduras del entablamento. La figura 9 repro- duce la imposta y la archivólla de este tercer piso. El cuarto detalle (íig. 10) es el orden de pilastras que decora el ático: dicho orden es corintio; su capitel, formado por masas y sin escultura, tiene la particularidad de qué para evitar la delgadez á tanta altura, hizo reproducir el arquitecto en dos partes la segunda hilera de hojas, y las volutas, en lugar de perfilarlas en ángulo recto, como el poste de la pilastra y las hojas inferiores del capitel. El friso recibe una série de consolas coronadas por un perfil de arquitrave para evitar el demasiado saliente-' las columnas ó barrenes de bronce que sostienen el velarium, atravesando todo este coronamiento, lo inter- rumpen á distancias iguales , para venir á descansar sobre las consolas figuradas en corle y elevación en D plancha de los órdenes , figura 12. El interior del anfiteatro ofrecía el aspecto de un vasto embudo, en razón de la pendiente general esta- blecida para que desde todas partes se pudiera ver igualmente. Llamábase cacea el conjunto de esta dispo- sición en hueco. La suínma cacea era la parte superior que ocupaban los esclavos. Cada banco destina') 0 para que el público se sentara, formaba una grada (gradas,) estantío dividida en toda su estension por h- neas grabadas, que formaban espacios iguales é imitaban los asientos ó subsellin. (*) Las letras iniciales, y algunas veces los nombres enteros de los personajes ó de las corporaciones propietarias de estos asientos, se veian en ellos profundamente grabados: el fragmento de grada (fig. 9) colocado junto á la planta con- tiene el nombre de Vero. Los alientos que carecían de nombres ú otra cualquier serial , eran libres y ocu- pados por el público, que no tenia ni ejercía ninguna función en la repúbli a. Las gradas sé hallaban reuni- das en muchas filas, á fin de contener sin confundirlas las diversas clases de la sociedad, llamándose cada una de estás divisiones mahiianum (**), circuito, separación. Apartábanse unas de otras por medio de muros (*) Vitrubio, Lib. üí. p. 05 . .-**) Inscripciones de los arcali.- mas ANFITEATRO FLAVIO EN ROMA. ,i manes olevados ó por aradas muy alias para que difícil, neme pudieran ser invadidas, formando estas ' “ r¡cr , 0 m0 'l 0 fajas que se distinguían 'le las gradas por su elevación, y recibiendo el nombre detalles de estos cuerpos i„, firrnns 4 a 5. a v P>. a , unto al plano. Hallábase cádá división enteramente rodeada por estrechas escaleras, tuyos peldaños se velan- tallados fre- cuentemente de dos en dos en cada una de las gradas, como se observa por bajo de la figura o colocada so- bre el corte general del edificio. Estas escalera' arrancaban desde la altura de la dmsion delante de las puer- as de entrada, practicadas en los muros de separación o bal c, ,,o ocupando mas que la mitad inferior de la unto á la mencionada planta. En los notan grandes diferencias en sus alturas, cotimu. ______ _ pcctadores que llevaban cojines y ta- I, „re les (**) , cuyo uso ‘se ¡S á ' las" matronas y á ios senadores. Tenían todos los bancos citados una la- | uniforme y mas que suficiente para sentarse, con el objeto de que al pasar el público no recibiesen dañó; alguno las personas que hablan tomado ya asiento; delante de cada muro de división o de cada faja había un lO camino , p >r el r r L 1 , . . .. aaa r-í an lio camino , por el cual llegaba la muchedumbre antes de distribuirse en todos los asientos, r o u,nSKn iWnrada de una loma o galena de columna-;, dando vuelta al interior del tró en la campiña de Roma, y que . , , , . , , i • i nupvino Los cables del velarían , partiendo de los espigones o barrónos de bronce colocados en la cima de la fac' ad'a pasaban por cima de esta galería , dirigiéndose hacia el centro del monumento. Smm’li opin o,, de Víctor, contenía el Coliseo $7 ,1)00 espectadores. Algunos autores añ mero 30 Olk) personas, que llegando demasiado larde para hallar asiento en las gradas , pod, ¡Vie * -i Irruís para impedir ademas (pie fuesen invadidas por la múltitud las divisiones del edificio, reserva- j las diversas clases del Eslado por las leyes R>sna y Julia, colocaban los magistrados las correspondien- añaden á este nú- ian estar de pié ¡unto á los muros de división-, en los corredores de descansó y en las escaleras que separaban los cuncl.L a su- ¡na total de especlado.es ascendería de este modoá 107,000. Para mantener el orden entre tan considerable mi- Hiero SS teñían el 'nombre do locarii, y que vigilaban para que cada cual se acomodase según su ge- •n-u oia v sin producir estruendo ni confusión alguna. Los dichos guardias debían permanecer de pié junto á , ' InJiari , y demas puertas de entrada , y f rutaban con los 20,000 espectadores no sentados lo que Apir- evo llamó los rxcumul, es decir, b-s que se hallaban fuera de las cune,, i.a fila interior de esta Inmensa mu- S .re tellia delante de sí un apoyo, sostenido por el muro de piJ,o cuya cesación era según Cari, , de cinco me t ros f * * * ) . Habiendo ocurrido algunas desgractas en las filas inferiores, por la agilidad de las fieras que b' m. salvado el podio, se colocaron rejas encima para alimentar la elevación, sn, causar embarazo a la vista, V se añadieron rollos de madera, que giraban sobre ejes de hierro, para estorbar la subida a los animales. Detrás del n ,ro del pótlio había un corredor, ensanchado de distancia en distancia por prolutulos nichos. Los auto- res Hñn escrito sobre el Coliseo, han creído que se encerraban cu ellos los anímela (** *). Este corredor S muy estrecho y muy oscuro para admitir el que tuviera dicho declino, no pareciendo haber s.do dispuesto mas trae para el servicio; puesto que los animales eran conducidos en el momento de empezarse los espectacu- ia Illas de hierro , ó encerrados en las construcciones subterráneas de la arma, como hemos ya indicado en la ol iiita V piiede notarse en el corte general riel edificio. ui la I piani d ) 1 ( >se j as ficslas en ei anfiteatro, se entraba en la arena, y con cierta pompa religiosa se lniñan sacrificios á Júpiter, dios á quien estaban tos juegos consagrados. .(***** ) Lipsio opina que el altar se ha- ti' arte amandi ,U,v. 159. / **.* ) Jut. ilaC . , torn, II, !>• 180. Carli, Aut. ital. , T. , I P • (*****} ])c Ámphitealris, cap. Allí. 205 . ESTILO GRECO ROMANO. liaba colocado en el centro del monumento, y que exislia allí de una manera estable; Maflci cree por el contrario • •- *- i - 1 - - “-‘os altares eran muy redu- que el pequeño altar figu- que podía quitarse para que ño estorbase a los espectáculos. Las dimensiones de estos altares eran muy redu- cidas para que no causaran entorpecimiento en tan grande espacio. Es pues probable que el pequeño altar íi rado en el número 7 junto á la planta, se hallase consagrado á Júpiter y levantado en la arena. La medalla de Vespasiano, reproducida en la figura 2. a junto al plano del anfiteatro, ofrece en la cima del edificio y en toda su circunferencia tallos verticales coronados de un círculo: el grabador ha figurado tam- bién en la parle que representa el interior del edificio curvas revueltas como de panos ó ropajes. Estas diversas . * i nlpJifipm. fiiu-nntp tas re nrcsp.i ilaciones teatrales, nnra noner al longitud, atravesaban la cornisa superior del monumento por medio de agujeros practicados éntrelos modi- llones de esta cornisa: su estremidad inferior iba á fijarse en los entalles hechos ad hoc en las consolas aisla- das que se contemplaban en una misma línea á los dos tercios del orden de pilastras de que se hallaba el ático decorado, todo lo cual dejamos indicado arriba. {Véase la elevación restaurada ij el corte inmediato á ella ,) Los círculos que se encuentran figurados en la medalla encima de los borrones, recuerdan probablemente los escu- dos citados por un autor antiguo, como partes de la decoración del anfiteatro Flavio, teniendo tal vez por objeto el disfrazar ú ocultar las garruchas que servían para estirar los cables ó maromas del velanum. Los barrenes releí-i- dos aunque eran de metal, hubieran sido muy débiles para sostener el peso del velum, si no hubiesen sido fijados en el interior del edificio y el espesor del muro del atrio por medio de contra-goznes, completando este sistema va narrones sostener mi. i i . ? , ~ „ . na la parte fija del velarium. Las curvas revueltas en forma de ropaje que se contemplan en la medalla de Vespasiano, indican de una manera indudable que podían tenderse sobre los cablee por medio de anillos, cuer- das y garruchas cortinas movibles y de una latitud poco considerable, cubriendo así lodo el circuito formado por las gradas, desenvolviéndose desde la circunferencia del monumento, hasta la de la vela fija tendida sobre el espacio de la arena (Véase bajo el corte general, el detalle del velarium). Estas cortinas, cuando estaban replegadas junto á los barrones, debían formar una especie de ropajes al rededor del monumento, lo cual ha figurado el grabador en la medalla de que hablamos. Debiendo el conjunto del velarium inclinarse hacia el centro, por el peso considerable de las telas y de los cables, estaba sostenido en esta posición ligei arríente curva por medio de cuerdas, que partiendo de la circunlerencia de la parte lija y central , iban á atarse al muro del pódium. Este sistema general M velarium, mucho mas sencillo que los propuestos por Carli, Stancovich y otros autores que han tratado de los anfiteatros, ha sido ya esplicado en la descripción del anfiteatro de Nimes, á la cual remitimos los lectores que gusten de mas detalles. El coliseo hace mucho tiempo que está arruinado, para que se baya podido estudiar de una manera exac- ta la dirección que se daba á las aguas pluviales, para evitar que se posaran en las gradas de los corredores si* tuados al pie de los muros de división, en el suelo de la arena y en todas aquellas partes de este edlficiojñ-* menso, en donde hubieran causado grandes daños, si no hubiesen sido cuerdamente conducidas á ciertos acue- ductos. Mucho esmero y lujo habían, presidido a su construcción, para que no pueda tenerse la certidumbre de que el arquitecto había hecho un estudio muy especial de estos pormenores esenciales á la conservación del monumento. El anfiteatro de Nimes, tan completo en todos sus detalles, puede suplir á lo que falta al Coli- seo; debiéndose juzgar por él que si en las colonias servia la inteligencia del arquitecto para proveerlo todo, el que fué encargado por los emperadores Vespasiano y Tito de enriquecer la capital con el mas bello y vasto monumento que vio nunca levantarse en el recinto de sus muios, supo hacerse digno de aquella honrosa mi- sión, poniendo el mayor esmero en asegurar la conservación, armonizando los ijelqlles con la concepción total. n a 26 a. s si i ri i . 1/ Suetonii TranquilH; (C.) opus de vitis XII Caesafum, etc. == iu Vespasiano : Cap. X. 2. ° Cassiodori (Aurel.) opera var. , L. IV. 3. ° Serlio (Seb.), Architettura, L. III; Venecia, 1551. en fo!. 4. ° Cuspiniani Comment. in Aurel i. Casiodoro cónsules; Bailen, 1553. 5. ° Lipsi ;.Ui S to) de amphilheatris , Antuerpia; 1621, en f olio , pi. Montfaucon, La antigüedad esplicada, tom. III, segun- da part. París 17 íy, en fot. , lám. Fontana (Cario) 7/ Anfiteatro Flavio , desorillo c de~ linéalo : Nel Haia 1725, en fot. lám. Maflci; de ios anfiteatros. Verona, 1728 , en fot. lám. n. 7. X. 9. ° piranesi, La antigüedad romana ; Roma, 1750 , 5 V- en fot. , lám. 10. Joseph Vasi , Itinerario de Boma ; Roma, 178o; *°1 con láin. 11. Carli , Arquitectura italiana , 1788. 12. Mibfiy', Del foro romano , de la via sacra, del Anp" teatro Flavio g de los lugares inmediatos ; Roma» 1819, en 8.°, fig- . 13. Stancovich, Del anfiteatro dp Pola ; Fenecía, l82 s » en 8.° . pl- . . ' v lí. Canina, Arquitectura antigua, Parle Romana; h° ma; 3 v. en fot. y texto en 8. u 15. Quatremérc de Quincy, Diccionario de Arquitectura 1 artículo anfiteatro. aiveiteatk© be pola* T » Tctm nrovincia del imperio austríaco, desde los tratados de 1814, se halla situada en el centro del mar Vi V ? hañTsus costas por todas partes, á escepcion de la septentrional qne mira hacia la Carmola. Adriático, que 1 «na sus c . t ^ q de esla c¡(ldad belicosa, vió establecerse en sus playas muy Sometida e an ' . m i|¡t ares . Pola, que recibió después el nombre de Pietas Julia , fue una de las luego mullí u ^ de juzgarse por los numerosos monumentos antiguos que encierra todavía en su seno, mas floreciente, dg estos edificios es indudablemente un anfiteatro construido fuera de la ciudad en la ^ ^'enle^le una colina, el cual visto desde el mar vecino, produce por su bello conjunto un efecto sorpren- dente y grato solue j a fec j ia ( j e este monumento de un modo preciso. El canónigo Stancovich, que , , Dl í ÍCl "lEon en un sabio discurso publicado en Yenecia por los años de 1822, cree que es anterior ha hecho su deser pe en nue8tl ¿ juicio, no es muy probable, puesto que en esta época la nns- 8 Ima nteirsobrnenle anfiteatros construidos de madera. Sea de esto lo que quiera, las disposiciones m V Wm míe distinguen este edificio entre todos los que guardan con él analogía, son aun en tan gian |Wr ! CU i 10S mueven á darle cabida en nuestra publicación , cuyo objeto es el de dar a conocer los mo- numentos de todas las edades, y los matices que hacen diferenciarse entre sí a los de un mismo genero y un numeutus» uc — — i — 7 j mU W SSr'o de Pola ha conservado casi intacto todo su recinto esterior, como puede verse en la planta. El anfiteatro ^ d c detalles. Su posición especial, en la pendiente de una colina, es causa de la^ elipse en A se halle en un plano mas elevado que todo lo restante : el arquitecto tZTL esta disposición un medio dc economía, pues que el embasamento y el primer piso están supn- encontró en 1 narte de las eradas se encuentran sin otro apoyo que el de la montana millos en este lado, y que una ^ ' ' razonable en nuestro entender, ha sido sin embargo que las sustenta directamente. de este edilicio ejerciten su crítica y aun ha- causa dc que los viajeros y escritores . ZJ ro Mártir de Angleria lo vió en 1501 y lo tuvo por un Sro'-'cuando ' eT 1728 S Malíei á Pola cometió el mismo error, tomando la arena por una orquesta. Suscitándose después dificultades respecto á esta aplicación, y poseyendo por otra parte la ciudad un verda- dwubrimiéníra^que Wzo'&rU^hnYrSO^eñ 1788, por medio de escavaciones dirigidas por el in- • . rn ltocco Slesá las publicaciones dc Sluart y de Casas, las nuevas investigaciones hechas a cspensas de) 6 • 1 Marmont duque dc Ragusa, cuando era gobernador de Iliria en 1810, y finalmente los últimos mariscal Marmont, auqiie b ’ , 10r c ] emperador dc Austria, Francisco I, y proseguidos en 1821, trabajos manijados verificar , P re (mdo monumento ni sobre sus distribuciones interiores. En r ,^ ^isz£:!ízí:z¡i - — - — " « ' i» m sttxírrj ¡se Yése^'intcrrumpbk del perímetro en cuatro puntos distintos por cuerpos salientes (E) que ocupan 'la latitud de dos arcos^ ^fon^esUnados! 1 Sebastian sérlio”*q™ Vn *1 fis'l'ra^tó'imbre^e dare ™° S 0 ^qé C e r solo U habian sido construidas estas torres para fortificar la fachada, considerándolas portante mentó, optM M rafucrtes Ma | fei> a | afirmar que este edificio era un teatro, asegura que servían para la como otros ta tando ¡litaciones-, pero esta opinión cae por sí misma, puesto que estando situados eSC[ el^esteriór no podían ser v stos por los espectadores , á quienes reunían en este lugar representaciones de en otra bien distinta naturaleza. (*) Tito Livio , lib. //, cap. 8. , # * & . *• ^ * < 8 ¡ ESTILO GREGO ROMANO» Los arcos situados en las eslremidades del grande eje, conducían directamente a la arena. La mitad del f edificio que se halla opuesto á la montaña en C y da vista á la mar (esta fachada es la que está en la planta Entintada de negro ) se levanta sobre un embasamento , cuyas aperturas coronadas de platabandas, estaban ierradas en su mayor parte, á cscepciou de aquellas que conducían directamente á las escaleras destinadas al <\ -paso de los corredores del primer piso y del podio. Detras del muro de la fachada, estendíase una ancha ga- llería D, interrumpida del lado allá del grande eje en E por la {tendiente de la colina. Reproducíase la misma .'Sf distribución sobre el embasamento referido, con la diferencia únicamente de que la segunda galería interior F '*/ llevaba á las escaleras de la primera división, y daba la vuelta á todo el anfiteatro, teniendo establecido su nivel, á costa de la montaña en la parte del edificio opuesta al mar. Allí esta galería, casi abierta en la viva roca , se halla dominada por el pavimento que sustenta la fachada esterior A; habiendo necesidad para llegar á este si- tio de bajar una decena de gradas, mientras que hácia el mar dominaba el pavimento de la primera galería, si- tuada sobre el mencionado embasamenlo. Resulta de semejante disposición , que el espectador que se acer- caba al anfiteatro por la montaña, al hallarse al nivel del tercer cuerpo, debía descender para llegar al podio G yá las gradas de la primera división, en tanto que el que venia desde 1) mar tenia que subir un medio piso, después de algunos escalones, situados á la extremidad de las entradas que tendían al centro , para estar al nivel de las gradas inferiores cercanas al podio. Partiendo del segundo piso, llegaban á ser útiles, para desahogo del anfiteatro , las mencionadas torres. Hallándose tapiados los arcos á esta altura, continuaban la comunicación estrechas escaleras, colocadas entre la fachada principal y el muro contiguo del edificio. Llegábase por este medio á la altura de un cuerpo ático, que asentaba sobre la segunda hilera de arcos y en el cual se apoyaba en el interior una galería de columnas L, abierta en forma de terrado. Bajo esta galeríi se levantaba una división degradas de madera que era destinada para los esclavos y para las mujeres públicas, según la costumbre consagrada en la mayor parte délos teatros antiguos (Véase la planta.) Finalmente, la parte de las torres (pie se levantaba á la altura del ático, contenía otra escalera por la cual subían basta la cima del monumento los empleados en el servicio del velarium. Vamos á completar el exámen del plan general, por medio de la investigación de los procedimientos em- pleados por el arquitecto para poner á cubierto á un edificio tan vasto de las abundantes aguas que en tiempo lluvia hubieran inutilizado muy pronto la arena, las divisiones en que tenia asiento el público y aun las ya ci- tadas galerías. Entre las dos torres situadas sobre la colma en A, existe un acueducto que recogiendo las aguas que se enca- minaban al anfiteatro por las pendientes vecinas, las conducía al monumento por medio de dos canales dirigidos al centro, juntándose también en estos conductos las aguas que bajaban de las gradas superiores. Detenidas por el muro del podio, daban vuelta a la arena en un acueducto, destinado á reunir las que en dicho espacio caían, y desde alli se dirigían por seis salidas diferentes bajo délos principales corredores de la parle inferior del edificio , á un canal principal, construido en el pequeño eje G, y llevadas por él basta el mar vecino. La lachada del anfiteatro de Pola, como puede juzgarse por la perspectiva que ofrecemos de él á nuestros lectores, es de una arquitectura grandiosa y severa. La primera fila de arcos que falta hacia la colina, se ve sustentada en la parte del mar por un embasamenlo que consolidan robustos contrafuertes, viéndose á su altura, y princi- palmente en el saliente de las dos torres situadas en este lado de la fachada, varias puertas en cuadro, muchas de las cuales han sido tapiadas posteriormente. Este embasamento está construido (figura 5) con enormes piedras almohadilladas coronadas de una cornisa, cuyo perfil trazamos en la figura lü. Sobreesté coronamiento se le- vantan los pilares que sostienen la primera fila de arcos que se hallan exornados de pilastras dóricas, puestas sin base sobre un pesado pedestal, perfilado en la misma figura 10. El capitel de las pilastras referidas se baila dibu- jado en la figura 8. y la imposta de los arcos cu la 0. a El entablamento con que se cierra este orden es rús- tico, no distinguiéndose la arquitrave que carece de molduras del friso, mas que por un ligero movimiento sa- liente. La cornisa ofrece un perfil sencillo, cuyo diseño está reproducido en la figura 7. a El corle de la fachada demuestra que las torres están en sus partes laterales abiertas por una entrelarga ventana á la altura del pi s0 principal. La segunda hilera de arcos descansa en pilares menos anchos que los primeros, asentando sobre un estylóbato continuado, y viéndose decorados de pilastras dóricas sin basas, cuyo capitel, igual en lodo á los del orden inferior, se halla perfilado en la figura 5. a En las torres han sido reproducidos únicamente los ca- piteles, no existiendo los fustes. Los dos arcos comprendidos en la latitud de dichas torres están tapiados hasta la altura de la imposta, con el objeto, como lo hemos dicho al describir la planta , de ocultar las escaleras com- prendidas en el espesor de las mismas, escaleras que conducen al último piso. Montantes verticales de pied ,:l sirven todavía de clausura á los arcos en los arranques, al separarse de la imposta El perfil de este último micm- hio de la arquitectura del segundo orden se encuentra trazado en la figura (i. a El entablamento con que lermi' na este cuerpo ofrece las mismas condiciones que el primero: arquitrave saliente y sin molduras, friso rústico )' senci a cornisa, formada por una ancha media caña y un talón: hé armí las parles de que se componen. LVV/^ lafigb > a en donde damos el perfil.) 1 tcrcei cuerpo forma un atrio sobre los dos órdenes inferiores, siendo abierto en los ejes de jos arcos VGLEUIA PE «AXTA MARIA EN TPSCANELM. Toscanella, la antigua Tuscania, es una ciudad pequeña de los Estados del Papa, situada entre Yi- terbo y el Mediterráneo, á orillas del Marta, rio que corre entre profundas quebradas, y d cuya escén trica posición debe indudablemente el que se conserven casi íntegros sus monumentos de la edad media. Pro- curaremos dar aquí á conocer uno de los mas notables. Entre el antiguo recinto y el de la ciudad moderna, en un sitio llamado Panteón ó Pantano, se hallan dos iglesias, una dedicada á San Pedro y otra á la Virgen María. Esta es la que reproducimos al presente con todos sus detalles. Por una inscripción que tiene en su interior se viene en conocimiento de que no fue consagrada hasta el 6 de octubre de MCCVI por Raynier, obispo de Toscanella, en unión de los obis- pos Pedro de Sutri, Gerardo de Nepi, Mateo de Orvieto y otros varios,- sin embargo, por multitud de tra- diciones y por el estilo de su arquitectura, se ye que es fundación mas antigua. Lo indudable es que ocupa el lugar de otra iglesia anterior, cuya silla episcopal se trasladó ú mediados del siglo VIÍ á la iglesia de San Pedro; y esto lo confirma una bula de León IV, dirigida en el siglo IX á Virobono. obispo de Toscane- lla, que dice así: Ecciesiam Sanctce Marm , quceolim, capul Episcopii extitiL La arquitectura de Santa María de loscanella es románica; en todas partes se ve el medio punto, y la ornamentación ancha y llena de recuerdos de la antigüedad y del cincel bizantino, que domina particu- larmente en el interior y da al edificio un carácter que no tienen los templos románicos de los países sep- tentrionales. Varias pinturas que se conservan en las paredes, al rededor de la cúpula , del pulpito, y has- ta en las columnas, guardan completa analogía con la severidad del monumento. La planta es muy sencilla: mas ancha en el fondo del templo que en la fachada, forma un rectángulo poco prolongado, y en su estremidad oriental hay tres ábsides, una de las cuales se halla en un macizo cuadrado. La parte interior se divide en tres naves por medio de dos hileras de columnas que no están pa- ralelas entre sí hácia la puerta principal ,* ademas hay que subir tres escalones para llegar al santuario y á los cruceros, que están precedidos de dos gruesos pilares ó grupos de columnas y pilastras, como se ve co- munmente en los edificios románicos. Las paredes laterales están adornadas con columnitas empotradas, y en unos nichos comprendidos en la pared septentrional se ven varios altares particulares. En el ángulo norte de la fachada hay una capilla de fundación moderna; y el campanario , que no esta en el eje del monumen- to, se eleva á siete metros de distancia de la puerta principal, uniéndose con la fachada por medio de una pared bastante baja que forma una pequeña lonja. (Véase la planta en la lámina de detalles.) En la fachada, que es de piedra, hay que considerar cuatro partes distintas: l.° un antecuerpo que sobresale poco y comprende la puerta principal, sobre la cual hay una galería compuesta de diez arcos, sostenidos por nueve columnas, y en los estreñios varios animales. Encima se cstiende una cornisa que se apoya en consolas esculpidas, rematando dicho antecuerpo en una pequeña cubierta; 2.° una fachada cua- drada que indica serlo de la nave principal, en la cual se abre un magnífico íloron formado por varios cír- culos concéntricos , adornados de columnas y de multitud de calados formando estrellas ó lóbulos. El fron- tis de la fachada está destruido y solo se ven los apéndices de una arqueadora que formaba su cornisa in- ferior ; 3.° y 4.° dos paredes laterales que cierran las naves pequeñas y contienen las dos hermosas puertas por donde se entraba á ellas Por las fachadas laterales de la iglesia se conoce que estas paredes han sido levantadas en diferentes épocas. La puerta principal, construida de mármol, está adornada por dos anchas pilastras coronadas con ricos capiteles. En ellas están representados en bajo relieve San Pedro y San Pablo, con ropajes notables por la delicadeza y gran número de pliegues, costumbres traídas del Oriente. San Pedro, que se distingue por las llaves, y por una inscripción que dice : Pelre liga , está colocado solo en un nicho; la otra figura, que es mas grande, y sale de los límites de la pilastra , ha conservado algunos restos de colorido. Debajo de estas estátuas hay entrelizos de estraordinaria delicadeza , con los cuales están mezcladas varias repre- sentaciones de hombres y animales monstruosos. Las pilastras sostienen el dintel y el tímpano de la puerta. En el centro, poco mas ó menos, hay una Virgen, patrona de aquel templo, sentada en un trono con columnas, la aureola en la cabeza, y sobre sus rodillas el niño Jesús. El singular traje de estas dos figuras ofrece bastante analogía con el de las estátuas laterales, si bien es de trabajo mas grosero, y la escultura por lo mismo de época mas antigua. A la izquier- da de la Virgen está el cordero con la cruz, dentro de un círculo, y en el lado opuesto dos bajos relieves pequeños circulares que representan el sacrificio de Abraham , y probablemente la huida de Egipto. ESTILO ROMANICO. Toda la parte central que acabamos de describir está guarnecida de ligeras colummllas anuladas poi en medio , que sostienen infinidad de molduras, de las cuales únicamente tres se ven adornadas con foto* Los capiteles, que están bien conservados, son muy vanados y de una ejecución delicada, observándose todavía en algunos, restos de colorido. Fuera de esta parte principal se ven asimismo dos d ^ iay s tó proporción, esmeradamente acanaladas en espiral y sostenidas por unos leones, de los cuales el u mutilado. Los capiteles, deforma compósita, tienen encima grupos muy caprichosos pues el uno es um águila con un niño entre las garras, y el otro un horrible león próximo a devorar leu Í- del cual hay un enano barbudo con traje muy singular. Los Icones puestos a los lados de lapuei ta J dan la costumbre de administrar justicia en los pórticos de los templos , ínter tomes , entre * ^ ®°“‘ • Por separado de estas columnas aisladas, y en el espacio que a cada lado de la puerta completa el ante cuerno, había dos figuras colosales pintadas, que probablemente representaban a San ledro y San i al) o, según puede deducirse de los restos mutilados de la que estaba á la derecha. En la parte voladiza de dicl antecuerpo se descubren también restos de ornamentos pintados, compuestos de ligeros loliajes. L a galería que corona la puerta es asimismo de mármol, elevándose sobre una moldura salediza i perfil muy sencillo y delicadamente adornada; las columnas que se apoyan en ella son de pequeñas propor- ciones', y no tienen mas que tres diámetros, esto sin contar las bases y capiteles. Aisladas las mismas co- lumnas de la pared de la fachada, de manera que difícilmente dejan espacio para pasar un hombre sostie- mando puntas de diamante, y los ángulos de las galerías están ocupados por pilastras; mas alia se ven figuras de monstruos alados, especies de grifos, que devoran á otros animales. Las congolas ^ se ap y la cornisa y el techo del antecuerpo se componen de cabezas de hombres, carneros, toios y animales ian taS 'Tl florón de que hemos antes hablado ocupa casi toda la parte superior de la fachada, y es de mármol blanco con un gran cuadro circular formado de anchas molduras reforzadas. De este círculo estertor salen doce columnas que se dirigen al centro, como los rayos de una rueda, apoyando sus bases en otro, circulo saliente adornado de puntas de diamante. Entre estas columnas hay doce planchas de mármol agujereadas para dar luz á la nave, y la ventana principal practicada en cada una de ellas tiene la forma de una oí con seis lóbulos iguales, habiendo ademas varias estrellas caladas en los ángulos de las planchas. El centro e florón lleva una claraboya pequeña y circular ricamente guarnecida, partiendo de este punto central doc columnas mas pequeñas que las primeras y de poca altura, que se aproximan al gran círculo y sostienen oír tantos arcos pequeños con lóbulos, entre los cuales se han practicado igual número de aberturas en toril de estrellas multiplicadas. Sobre el fioron está el águila de San Juan; debajo el toio de San meas, y 11 león y un ángel, puestos en los extremos del diámetro horizontal, representan San Marcos y ^ Mateo. , .. nc «/, Las dos puertas laterales no son de iguales dimensiones; la de la izquierda es la mas pequeña, y es - adornada con ricas pilastras y dos columnas que tienen unos capiteles de formas originales; el dintel flev^ un adorno semejante á una flor de lis. En el tímpano se ve un bajo relieve, y en el centro de este un pei^ sonaje con cola de pescado, rodeado de pámpanos y pájaros fantásticos. La cimbra del arco la íorman va- rios cabriales quebrados y dos molduras ricamente esculpidas. El tímpano de la puerta de la derecha tiene cierta analogía con el que acallamos de describir, viéndose entre los pámpanos varias serpientes aladas y otros animales fantásticos. Los arcos se componen de cuati o molduras principales con adornos del mejor gusto, observándose entre ellos dos fajas de hojas anchas < estilo antiguo y de la mas perfecta ejecución. Los estreñios de los arcos descansan en unas pilastias y c lumnas empotradas, que hacen muy buen efecto por el modo con que están distribuidos en ellaslos adorno* * Sobre estas dos puertas hay unas arqueadoras que forman cornisas y están alternativamente pintadas < amarillo y encarnado. n La nave principal de la iglesia de Santa María está adornada á uno y otro lado por cuatro columnas c . grandes arcos de medio punto, guarnecidos de molduras que forman en su conjunto una arquivolta de no mosas proporciones. Por encima de esta decoración sobresalen las claves, y el intradós presenta una s< i de casetones pequeños cuadrados, en los cuales hay esculpidos unos florones pequeños que guardan ai m nía con los capiteles en que descansan los arcos. Las columnas tienen siete diámetros y medio ; en ci ^ medida se comprenden las bases y capiteles, que llevan adornos de gran riqueza. En nuestra lamina ^ detalles puede verse el partido que sacaron los artistas de la ornamentación bizantina, llena de recuer de la antigüedad, para decorar la parte mas importante del orden interior. Dos series de hojas de aca ^ agudas, por el estilo griego, sostienen unas volutas dispuestas como las del capitel corintio; el abaco, elevadas proporciones, está adornado de flores, cruces griegas, follajes y cntrelizos de muy buen 8°^°* Encima de los arcos se ve una cornisa compuesta de varias molduras, sostenidas á distancias igua esj ^ modillones muy variados en sus formas , la mayor parte con cabezas de hombres y animales , y algunos IGLESIA DE SANTA MARIA EN TOSCAAELLA. signos del zodíaco, caballos, aves, etc. Esta cornisa termina como la serie regular de arcos, en los pilares aglomerados, de que hemos hecho mención en la descripción de la planta. Las columnas empotradas y los ángulos salientes que forman estos pilares, suben mas que el orden en que se sostienen los arcos de la nave, á causa de los arcos abiertos en los cruceros , pues como son mayores que los otros , exigían también re- caídas de mas elevación. Unas pilastras que hay arrimadas á las paredes laterales de la nave y que suben mucho mas que la cornisa, indican el proyecto á que se renunció después de establecer un grande arco triunfal hasta la parte mas alta del edificio para separar la nave del santuario. Encima de la cornisa se abren algunas ventanas de forma estraordinariamente prolongada, con una arquivolta adornada de follajes , que dan una luz muy opaca al edificio; y sin duda con el objeto de que el altar estuviese mas alumbrado, se practicaron en los tiempos modernos, cerca del santuario y eneima délos arcos de los cruceros, unas ven- tanas pequeñas y cuadrangulares. La pared que constituye el fondo del templo termina también la nave principal; en ella se vé una ábside semicircular, coronada por una bóveda, y precedida de varios ángulos salientes y entrantes repro- ducidos en la parte superior , adorno que hace parecer muy rica esta parte importante del monumento. A la altura de la imposta y por todo el fondo de la nave principal, se estiende una cornisa sencilla y de buen perfil; á la izquierda del santuario se vé un nicho pequeño y cuadrado , abierto en la fábrica y ador- nado con una pintura, el cual estaba destinado á guardar las vinajeras y á vertedero de aguas, es decir,, era la piscina. Sobre la ábside', la pared del fondo se eleva á grande altura y termina en un ángulo obtuso , cuyos lados siguen la inclinación del techo aparente que corona la nave principal y las colaterales, según la cos- tumbre trasmitida por los primeros siglos del cristianismo. Las naves pequeñas están adornadas en toda la estension de las paredes laterales del templo por colum- nas ligeras y empotradas, que sostienen unos arcos cubiertos de molduras. Estos arcos, según puede verse en la planta que damos y en la vista, no tienen el mismo diámetro que los de la nave principal, de manera que los apoyos no tienen ejes comunes ; junto á la pared de la fachada del templo se ven varios pilares prismáticos, y unos hacecillos de columnas anulares, como las que dejamos citadas en la decoración de la puerta principal esterior. Los capiteles de dichos pilares y hacecillos presentan también la mayor analogía con los de las puertas, que se diferencian en esto de los coronamientos y columnas empotradas en los muros laterales délas naves pequeñas, todos del estilo románico mas caracterizado, como puede verse en los que reproducimos en la lámina de detalles. ipiy Las naves laterales están separadas de los cruceros por unos arcos grandes que por una parte descan- san en las paredes del templo, y por otra en unas medias columnas que forman parte de los pilares aglo- merados ya citados mas de una vez, y puestos en el origen mismo del santuario. Estos grandes medios puntos rematan en una arqueadura ligera que designa el arranque de los techos, y reproduce la que se vé en la parte esterior al rededor del monumento. Pasados los cruceros y en frente de las naves laterales , hay dos ábsides pequeñas establecidas en la pared del fondo, con muy poco vuelo en la parte esterior déla iglesia; la del norte está construida en un macizo cuadrado, y la otra cubierta con unas vidrieras que rodean el crucero destinado á sacristía. Estas ábsides secundarias ofrecen poco interés ; su decoración arquitectónica es nula , y únicamente conserva- ban algunas pinturas que les daban cierta analogía con el resto del edificio. La decoración pintada de la iglesia de santa María de Toscanella, aunque de época muy posterior á la de su fundación, completa el conjunto de este hermoso edificio; en las columnas de la nave principal y con dirección á la entrada, se ven representados varios santos de tamaño natural, algunos obispos vestidos de pontifical con báculo y mitra, diferentes diáconos, y una Santa Genoveva con su rebaño , figuras todas que tienen la aureola al rededor de la cabeza , si bien algunas están desgraciadamente muy deterioradas. La segunda columna de la izquierda conforme se entra , conserva los restos de una decoración mas rica que las demas: en primer lugar la Virgen sentada en su trono, con un precioso lienzo detrás, y el niño Jesús que sentado en sus rodillas tiene un pájaro en las manos; pero está mutilada esta pintura. Junto á este cuadro hay otros dos de menores dimensiones: el de encima representa á un sacerdote en el altar, y dos mujeres que se acercan acompañadas por un ángel; el cuadro que está debajo representa á tres personajes que están conversando entre sí. En las naves pequeñas hay también muchas pinturas, y casi todas las capillas situadas en la pared lateral del norte tienen asimismo cuadros encima de los altares y ricos adornos en los arcos ; una de nuestras láminas reproduce parte de la decoración que se conserva sobre la pila bautismal, que es una Virgen con el niño Jesús en los brazos, dos ángeles que coronan el trono en que está sentada, y varios santos, ademas de los que se ven en los dos arcos inmediatos. Las arquivoltas de los arcos están pintadas de amarillo y encarnado ; las molduras mayores llevan también adornos de diferentes colores. El santuario es la parte de la iglesia donde se hallan las mejores pinturas : sobre los grandes arcos de los cruceros una Anunciación y otros asuntos de la historia de la Virgen. El nicho cuadrado que servia de * ! '*«C ESTILO ROMANICO. f , f ,u«. -a - » — y -es rstr si tízíi s;,x;f¿ •rr^jí’z^sjxs^ »- 1. « 8 - FWyy por los pintores (le la edad media, q anóstoles , de tamaño natural , con las corres- cío de l!, ábside está cubierta por un superior de la 'bóveda hay un pendientes aureolas; sus vest.duras «m i de otras pinturas que parecen ángeles: teprSS I» ábside, tienen columnas arabescas y otros adornos, según el gusto deltÍ En P l°a pared que formad fondo de la na.principd, el Juicio final. Jesucristo ocupa la P ar e ¿ e j g evangelistas; debajo los doce apóstoles sentadosa parte triangular del cuadro la ocupan los atributos^ d ^ ^ mismo eje una cruz con los instrumentos de la b rí ssaSfc* i&sSH* r«— *«'•* — por las fauces de un monstruo. muebles de la iglesia. En la ábside existe aun la cátedra o No menos interesantes toda la curva ; el altar mayor , que se trono episcopal labrado en ¿“’ d „ cubo de mármol con estrechas pilastras en los ángulos; encuna aka sobre un escalón, s® 'ompone d columnas de esbeltas proporciones que sostienen hay una gran > nesa guaraña; ^Tarcos practicados en las cuatro fachadas, se ven interrumpidos por un cimboiio de fon • S , cual j ran g n lar que corona este pequeño monumento , sostiene una gi multitud de lóbulos , 5 , P i eslel .¡ orcs del cimborio hay pintadas figuras de santos, y la bóveda cruz dorada icntoas ^“Xienc los atributos (le los evangelistas, de grandes dimensiones, arista cons ^ „ p 0 p ia P una columna babilónica para el cirio pascual. Al pié de los tres escalones que sepa Ceica del a t. 1 j pulpito perfectamente conservado, y cuyo estilo gua ran el piso del santuario del de la nave, se «> H ^ rebajados que sc al , ren cn la parte completa armonía con el resto de m-írmol sin basas v de pequeñas proporciones; en las arqw inferior de dicho pulpito cuatro columnas de ma Irmol 1, ^ y var ;ó s adornos de voltas de los mismos arcos y en las parte “"as que las S» arnc “ n ’ sc os C3los dc co l or es que se mucha variedad sobre una cornisa y un f so, pmtódos « Cor realce á la riqueza de este advierten en los capiteles y en las pi as - sa q Ue g a ñdo solo abierto un espacio delante pulpito. Un antepecho, también .c maimo , „ antepecho adornado de palmas y entrclizos muy la escalera, para que pueda entrar c P ^ d«ulo. • que sostienen el atril donde * vanados, üene “ escalera del pulpito dá vueltas al rededor de uno de los pilares g* colocaba el bino (le los .Lvangeu , mlp descansan en un macizo semicircular. Lm semejante a, Ve hemos ya descrito; y la fachada principa ado ‘™ i V n!ía° S baulísma f^^tígín! y “ mcdio de la navc mMÍdio “ al: S °'T doB , T'Sí P , f i n d P grandes losas de piedra adornadas con perfiles y ricas escul tuias de ioset costumbre ^ ]a ¡ , esia dc Santa María de Toscanella no se consagró hasta £ Al pin p embargo, por los dibujos que acompañan á esta noticia, se había primeros anos del SI S “ ™ ’/,"fCum ido son románicas; pero examinando detenidamente los d* vado que las principales partes del , , as eolumnas ’ q ‘ e tornan las puertas, en el estí o y lies de a [adiada se advie t ¡“ column¡las de , a ¿feria y del fioron , cierto indicio de « forma de los capiteles, y . S periodo cu que debia desarrollarse la arquitectura llamada g WJfSttóíSSS-! r. «i .1 -» — r« — « *»-««* — — ^ ¡ 0 d c ¿ sr* Z VuUura? lisio es lo' que no podemos esptar. 1. .. - tumor* isloricltc deüa cilla, rucante £e oro ool- r/armente dicesi Toscanella, publícate <lall arnprcte Fran- cesco Antonio Turriozi, etc.; Roma, 1778 — i. bibUiograiia. 1 “t*-* rOVCldO 1 9 w Della capí® de’Tuscaniénsi , c del suo vcSC p0 ^ * verídica la citta ’di Viterboda quanta libro i nlitolato : Memone istonche della atta Tu pubUcatc nel 1778; Montefiíiscone , 1788, 4. PUERTA DE LOS LEONES EN MICENAS». L a f amosa Puerta de los Leones , que forma la entrada principal de la Acrópolis de Micenas , parece remontarse á la época (lela segunda fundación de esta ciudad por Perseo, mil cuatrocientos años próxima- mente antes de J. C. Llegábase á ella por una estrechura que tenia de longitud 17 m y 10 m de anchura (ña 1 ) la cual la ponia en comunicación con la ciudad, disposición análoga á la que se advierte en la Tesorería de Atreo del mismo punto. Las paredes que forman esta estrechura se componen de grandes piedras rectangulares, colocadas horizontalmente, unión sobre unión ( fbg . 2), disposición singular de que se ha hablado en la noticia sobre la acrópolis. La Puerta de los Leones está hoy probablemente en el mismo estado en que se hallaba el siglo II de la era cristiana, cuando Pausanias recorría la Grecia. La entrada está obstruida poruña porción de escombros hasta la altura del dintel, lo cual impide al viajero hacei se cargo de sus proporciones y conjunto; sin embargo Dodwell calcula su altura total en 5 m - 3o, y la anchura en su parte superior en 3 m - El arquitrabe consiste en una sola piedra de 4 m 80 de longitud, 2 m de altura y 1 m 20 de grosor. W. Gell no le dá mas que una altura de 1 m 33. Las puertas, que se doblaban y estaban sujetas por medio de unas barras, giraban sobre unos goznes , cuyos ejes , de unos 0 1,1 08 de profundidad , pueden verse todavía en la superficie inferior del arquitrabe. A la izquierda de la puerta, y en la muralla hay una abertura cuadrada, una especie de ventana, pero es solo efecto de la caida de una piedra que se encuentra no lejos de allí, en el suelo. Esta puerta debe principalmente su celebridad al bajo relieve que tiene encima (fig. 3) , y del cual ha tomado el nombre. Este bajo relieve, que sin duda es el ejemplo mas antiguo que poseemos del arte de los tiempos heroicos que precedieron á la guerra de Troya, está esculpido en una piedra triangular, empo- trada sobre el arquitrabe, de 3® de anchura , 20 en la base, 2 ra , 90 de alta, y 1 m 70 de gruesa. Esta piedra se ha considerado sucesivamente como un mármol ó como un basalto verde; pero una y otra supo- sición, dice M. Blouet , son erróneas; es un calizo gris muy duro y de grano muy fino, semejante á los que se encuentran aun en Mesenia y en Arcadia. En el centro del bajo relieve se alza una especie de pilar semicircular, que ofrecerla alguna analogía con el orden dórico, si no fuese porque contra el uso admitido, disminuye sensiblemente de arriba abajo. El capitel se compone de tres armellas algo distantes unas de otras; el abaco es el mismo del orden dórico, y sostiene cuatro cuerpos redondos, cubiertos á su vez por otro abaco semejante al primero. La base consiste en un toro sencillo que descansa en un basamento , compuesto de dos plintos, separados por una escocia. A los lados de este pilar se levantan dos animales que parecen servir de apoyos, y que en términos de blasón se designarían con el epíteto de rameantes. Las patas delanteras se apoyan en el basamento del pilar, y las de atrás en el arquitrabe de la puerta. Las colas no se parecen en verdad mucho á las de los leones ; las cabezas, que les faltan, se rompieron indudablemente en la época de la destrucción de Micenas por los de Argos, de manera que no puede saberse si estaban vueltas á la deicclia o á la izquicida, o si miiaban de frente; sin embargo, no es posible admitir la opinión de Clarke, que cree son unos tigres ó panteras, pues aunque no fuesen suficientes las pruebas deducidas del simbolismo que daremos después, los restos de melena que conserva aun el animal de la izquierda, y las patas, que son perfectamente agudas, bastarían para destruir todo género de duda: aun queda una parte del recinto, y una puerta, sobre la cual hay puestos unos leones ( Connth . c. 16). Aunque este bajo relieve se hizo al martillo, y parece un tanto duro y pesado en sus formas, no carece de cierto carácter severo que produce una grande impresión. Difícil es indicar de un modo cierto el pensa- miento que ha presidido á esta singular composición; pero al examinar los restos de esculturas mitriacas de la Persia tales como los que conocemos por las obras de Tavernier, Chardin, le Bruyn, Thevenot, Ker, Porter etc. , se halla en algunos de sus símbolos tanta semejanza con los que se representan en Micenas, que es imposible dejar de advertir un pensamiento único, un origen común. En todas partes se halla el mismo pilar, que evidentemente no es mas que el altar de fuego, el Pyratlmon , el aísclidan, que puede también verse en las medallas de los reyes persas de la dinastía de los Sasanidas , medallas de que presen- tamos dos ejemplos (fig> 5 y 6), ambas bien conocidas ahora por la escelente obra de M. Adriano de MONUMENTOS PELÁSGICOS. Longperier. La /¿g. 4 es una representación dei atschdan. ó vaso sagrado de fuego, dibujado por un eamafeo de calcedonia zafírea. Sabido es que bajo una forma análoga representaban los persas muchas veces al sol, como emblema del principio generador. En Amiclea habia un pilar, que era del mismo modo la imagen simbólica de Apolo. El león es muy conocido, por ser el emblema de Mithra, y se baila continuamente repetido en las esculturas persas. A los sacerdotes de aquel dios , según Porfiro, se les daba el nombre de leones. Todos estos símbolos, según Diodoro (L. II), se habían tomado del Egipto. Durante largo tiempo existieron relaciones íntimas entre los espartanos y los de Argos, y es cosa sabida que los ritos religiosos de los primeros, en lo relativo al culto del sol, eran los mismos que los de los persas, porque los espartanos sacrificaban caballos en el Taygetcs como los persas (*). Este culto se introdujo probablemente en Grecia mientras existieron las primeras relaciones entre los dos paises, según parecer de Herodoto y Jenofonte, ó pudo serlo también por las primeras colonias egipcias. Dodwell supone que estas traerían el bajo relieve que nos ocupa de las orillas del Nilo, como una especie de paladio: conjetura que nos parece inexacta, atendiendo al estilo mismo de la esculLura, que es muy diferente del antiguo estilo egipcio. íiéstanos esplicar las cuatro bolas ó discos que se ven sobre el pilar, porque como observa Dodwel, presentan una superficie plana, y no esférica. Se ha pretendido descubrir en ellos el símbolo de las revoluciones de la luna, de las cuatro estaciones, y de los cuatro ojos que, según Meursio, se veian en el simulacro de Apolo en Amiclea. Quizá estos cuatro discos no son mas que los estremos de los leños, puestos en el altar, y lo que se ha creido un segundo abaco será el perfil de los demás troncos vistos atravesados. Esta hipótesis , aunque prosaica en sí, no parece falta de verosimilitud, tanto mas cuanto que el monumento remataba en una llama, como lo indica la forma misma del bajo relieve que concluía en punta, y como inducen á creerlo los varios ejemplos que hemos citado. (*) Pausanias, Lacónica . BIBLIOGRAFIA. 1 . ® Chandlcr (Richard), Travels in Greece and in Asia minor ; oran account of á tour made at the expense of thc Socioty of the piletíanti; London and Oxford , 1776 , 2 vol. 4. ° Jámí Voyages dans \P Asie Mincure et en Grece en 1704, 65 y 60, por Richard Chandlcr, traduits de l* anglais, Parts 1806, 3 vol. 8. ® y atlas 4. ° 2. ° Pouqueville , Yoyage enMorée , d Constantinople , en Albanie et dans plusieurs autres parliet de P empire Otho- man , de 1798 á 1801; Parts 1805, 6 vol. 8.° larri. 3. ° Gell (W.) Argolis. — The itinerary of Greece uith a commentary on Pausanias and Strabo, and a>t account of the monumenls of antiquity at present existing in that country eompiled in the years, 1801, 1802, 805 and 800 ; London 1810, 4. ° lám. 4. ° Clarke (Edw. Dan), Travels in various countries of Europa, Asia and Africa; Cambridge , — 1810 — 1819, 5 vol. 4.° lám. 5. ° Dodwell (Edw.), A classical and topographical tour through Greece during the years 1801 , 1805 and 1806 ; Lon- don 1819, 2 vol. 4.® lám, 6. ® Dodwell (Edw.), Vieux in Greece, a series of b9 engra- vings, published to illustrate his travels in Greece; London 1819 fol. lám. iluin. 7. ® Stackelberg (barón O. M. de), la Grece-, vites pitlores- ques et topographiques; París , 1 830— 34— fol. lám. 8. ° Leake (col.), Iravels in the Morca; London, 1830, 3 vol. 8. con 30 planos, cartas ¿inscripciones. 9. ° Gell (VV.), Probeslucke von sladle Mauern des alten Griechenlarids ; Munich, 1831 , 4. ° láms. 10. Blouet, Ravoisier, etc., Expedí tion scicnti fique de Morée; architectoré el scelptüre; París, 1831, 3 vol., fol. lám. 11. Dodwell (Edw.), T leus and descriptions of cy'clopian, or pelasgic remains in Greece and Italy, ivith constructions of a later period; London, 1834, fol. lito"r. 1 ues et descriptions de constructions cyclopéennes ou pelas- giques trouvées en Grece, et en 1 tedie , et de constructions antigües ( P une epoque moins reculcc, d'aprés les dessins de feu Irl. Ed. Dodwell ; ouvrctge destiné á servir de supplcment á son t oyage classique et topographique en Grece , pendan t les années 1801. 1805 et 1806; París, 1834, fol. íitogr. 12. Pelit Radcl, Recherches sur les monuménts cyclopéens, et description de la collection des modeles en rélief cornposarit la galerie pelasgiquc de la Bihliothequc Mazarme ; Lat ís, 1841 , 1 vol. 8.® lám. ACROPOLIS 012 MICEIVAS. Mrr™ w hov Corvad en Marea, se cree que fue fundada por Micéneo, mil setecientos a, 'ios próximamente , l ^ T ,« ,.C risto v que se aumentó después considerablemente y edifico en cierto modo de nuevo por Perseo * hermano* dé Uto, hacia el año 1390 de la misma era. El nombre plural de Miccnas , My tunca, sm-íi en sí mismo una prueba de esta doble fundación , aun cuando no lo confiimase Apolodoio ( ) posm vaménteM&icir que Perseo elevó algunas fortificaciones delante de M, cenas y de Midea; en apoyo de cuya aserción, podrían citarse aun varios pasajes de fucú i< es. «nhbra Mvkes une quiere J T 71 nnmhn» de Mieenas se deriva , bien de su primer fundador, bien de la palalna myhcs , \ 1 i • , i mmrnicion de espada y hongo. Según varios autores, convendría adoptar esta ultima signi- n • 1 man antial donde apagó Perseo la sed, habiéndolo hallado debajo de un hongo. Dodwe ficacion, ] , nuestro concepto menos admisible, pues cree que proviene del aspecto de la propone ™ algo,, tinto á la forma de un hongo ; y sin duda seria preferible, como acrópolis, qie 6 . ’ , a de Nonno X li), que la compara con una corona mural, mas verosímil y p > c , u dades mas bellas del Peloponeso: Homero habla de la anchura de sus calles, Mieenas era » construida Eu/ctimenon ptolútron. La historia nos dice que Miccnas comenzó y le ' a cl ep ‘ Xidad su noder y población desde la época de la destrucción de la familia de Agamemnon, a fX if de los lié n aclid as P al Peloponeso , unos ochenta años después de la destrucción de Troya ( ). í ós d^ Areos °que no podian reprimir sus celos al ver que ochenta de sus habitantes participaban de la iríoria de los Espartanos en el combate de las Termopilas, acabaron con esta desdichada ciudad poco tiempo glona de los Espartan Olimpiada 78. a , cuatrocientos sesenta y ocho anos antes después de a inv, 'l c s „ s habitantes unos se retiraron á Cleonea, y mros CS Te fumo H mayor parte, áMacedonia con Alejandro, estableciéndose los demás en Cerrara, poldacion'de HAcaya. (***) Dicha ciudad existió novecientos veinte y dos anos después de su fundación P0 ' Abandonada así Mieenas, no volvió á poblarse mas, pues parece que hasta sus vestigios desaparecie- ron Es muy singular que Estrabon, que estaba en Conoto, á muy poca distancia de Mieenas, se al , viese á afirmar que no quedaba resto alguno de ella, bien que no es esta la única vez que aquel geógrafo borní 3 no decirlo así , del mapa ciudades que hoy dia ofrecen rumas de consideración. Pausan, as , que es- cribió ciento cincuenta años descle'Ta S rigmios^ormTnores 'sobremos monumentos de su desdichada rival, que como ciudad enteramente militar noThle”in1strado ¡deas del mayor interés. Las muchas construcciones que existen todavía en el le,- ronn de aauella : anticua ciudad , requieren algo mas qufe una mención pasajera. , . , La acrópolis de Mieenas se elevaba sobre ana colina situada entre dos altas montanas cónicas ([nz a < o minaban completamente. Según Plutarco, el primer nombre de esta ciudad era Argion , y MM. . G. y Dodwell convienen en decir je em la EsK U tS.'S í ¿Ti-»: *..iU P J i. a. A, s . a. 1. a—,, a. bolina une sostiene la acrópolis está separada de la parte septentrional de la montaña inmediata por un v^ ÍohiX y pedregoso; s!,s flancos son mas ó menos **^v£*£% ClúeZ añfc la parte oriental está unida á la montana poi una es ice ía ngi . menos elevada que estaba gua. Ademas de la colina de Argion, los muros de Mieenas contenían llela La atópoíisde Mieenas es un largo triángulo irregular que se esliendo casi desde Oriente á Occidente. T , mlXSuela cerca sigue las sinuosidades de la roca, y no está flanqueada de torres, diga lo que La muralla q 1 g , , supone que de trecho en trecho ha visto algunas poco mas altas en vei- TT ra ^ L muraba tmes como observa coi, razón M. Blouet , en aquella época aun se ignoraba semejante csíadq de defensa.’ W. Gell sin embargo hace mención de una especie de torre o bastión, pero que» a tan poco de ella, que refiriesen á épocas distintas: en cierto7 pimtos presenil 1 ffl'andes ^tr ozos de piedra rectangulares, colocados unos sobre otros, de ma- (*) Bibliot., lib. II, cap. 4, § 4. (***) I iíírod° n i¡b. IX.— Díod. lib. II.—' Pausanias lib. VIL 'S / MONUMENTOS PELÁSGICOS. uera que las uniones de tres ó cuatro piedras están precisamente en línea vertical, lo cual da a conjunto un aspecto singular y desusado ( véase la fig. 1); en otros, que son los mas, están compues- tas de pedruscos poligonales irregulares (ftg. 2), y en otros finalmente, en la inmediación e as p tas, están formadas de piedras regulares, casi todas sobrepuestas según el método ordinario, (pg. ó) ^ - bil arquitecto á quien debemos la mayor parte de los trabajos publicados en h Espedtcwn de Motea, y q nos ha suministrado muchos de los dibujos que acompañan á esta noticia , M. Biouct, hace ohseivai u circunstancia singular : que en aquella época tan atrasada se empleaba el sistema de piedras horizonta es y uniones verticales, el cual se abandonó después por otro método de construcción menos regular, que sin embarco se ha reputado por anterior al primero. . , . , Tres puertas daban acceso á la cindadela: la principal situada al Oeste (véate la planta, d) es la ce- lebre Fuerte de los Leones, á la que consagraremos una noticia especial ; la segunda , mas pequeña, situada al Norte (véase la planta, c), está formada por dos peñascos cuadrados y puestos vertical irien t, con otro tercero atravesado que sirve de dintel. Todavía se advierten en las jambas los agujeros donde enca- jaban los goznes. Finalmente M. Dodwell indica otra puerta mas pequeña todavía, de forma aguda, como las puertas ciclópeas mas antiguas de Italia ; esta se halla casi sepultada entre la maleza y as minas, y se ia ocultado á las investigaciones de muchos viajeros; recuerda las puertecillas secretas que daban a los os de los castillos de la edad media, y la semejanza de su forma ogival hace aun mas sorpi endenté si üfltilocía • i* 1 1 De la segunda puerta de que hemos hablado parte aun el antiguo camino que en rápido declive se di- rigía ála ciudad. Poruña parte, un parapeto de piedras cortadas é interiormente unidas, sirve de delensa contra el precipicio; y por la otra se levantan los muros de la acrópolis. Dodwell observa como una escepcion que al entrar quedaban á la izquierda las murallas, de lo que deduce con mucha razón que el escudo que se llevaba en el brazo izquierdo podia protegí a los sitiadores, al paso que los sitiados en sus salidas con- taban con la misma ventaja para defenderse de los ataques del enemigo. En lo interior de la ciudadela se hallan varias cisternas de diferentes formas: tal le pareció a DoUWcu haber sido el destino de un hueco circular practicado en la roca y de una forma análoga á a de la leso rería de Atreo. Otra cisterna, que está tallada en una roca de brecha, se vé revestida de estuco. Eos romanos no parece que tuvieron establecimiento en Micenas, y sin embargo tal es el estado de conserva- ción de este revestimiento, que no sabe uno cómo espigarlo al cabo de tantos siglos. «Una escavacion semejante, dice Clarkc, se observa también en la acrópolis de Algos , la natuia eza porosa de la brecha hacia indispensable el uso del estuco, y asi sin duda se esplica la fabula de las a- naides, precisadas sin duda á llenar la cisterna de Argos. » . En algunos parajes de la acrópolis de Micenas se advierten cimientos de habitaciones. Al eslíen oriental (véase la víanla, n) hay unos muros que han debido formar el recinto de un edificio nregulai , y • i : ,i„i .fortín i?n mintn mns olovadn déla colina ( víanla , A) hay principal Quinci de la rendición de Argos. — . . Délas ruinas de Micenas sellan sacado muy pocos objetos artísticos: W. Gell ha notado sin embarg en el ángulo meridional de la acrópolis un gran número de vasijas rotas, cubicitas con un barniz ncgio o blanco, y con líneas en forma espiral de un color pardo. Por último, el único fragmento de arquitectura cu que Dodwell ha podido hallar en Micenas cierta analogía con ios ornamentos griegos, es un medio Irighío que encontró en una iglesia inmediata á la tesorería de Atreo. biheiogíbafia. 1. ° Chandler (Richard), Tratéis in Grcece and in Asia Minar , or an qccount of a tour made at the expense of the Sociely of the IJilettanti : London and Oxford, 1776 — 2 vol 4.° lám. 2. ° y oí ¡age dans l‘Asie Mineare et en Grece en 1764 , 65 et 66 par Richard Chandler, tradnit de 1‘englais; París 1806, 3 vol. 8.° y atlas 4.° 3. ° Clarke (Ediw Dan.) Tratéis in varioys coun- tries of. Europa, Asia and Africa; Cambridge, 1810 —1819, 5 vol. /,.o 4. ° Dodwell (Edw, ), A classical and topogra- phical tour through Greece during the years 1801, 1803 and 1806,' London, 1819 , 2 vol. — 4. ° lám. 5. ° Stackelberg (barón O. M. de ) , la Grece ; vucs pittoresqaes et topographiqu es ; París 1830— 34 , fol. lám. 6. ° LeaKe (col), Tratéis in the Morca; Lon- II don , 1830 , 3 vol. 8.° con 30 plan. car!, c inscripc- 7. ’o Gell. (W) , Probestuche ton sladte Manen des Alten Grierhenlands . Munich, 1831,4.° \m- . 8. ° Blouet Ravoisicr, etc., Expeddton bcientiMf deMorée; Abciiitecture et Scülpturk; 1 ans 1»< 3 vol fol. lám. , , . \ A 9. ° Dodwell (Edw) Fieus and descnptionsj cyclopian or pelasgie remains m Greece and J 'J’ with constructions of « laler period ; London , fo 1 ]jj_ * yfies et descriptions des constructions cyclopeenn c* ou pelasgiques (routees en Grece et en Italie, etc; I ris, 1834, fol. litogrJ , 10. I'ctit-Radel , Pecherches sur les m°J iunien cyclopéem et description de la collecttion de moa <’ en relie f, comprenant la galerie pelasgique de la £> bliotheque Mazarine; París, 1841, 1 vol. 8 lám. 29 CATEDRAL DE DONA. La antigua patria de los Uhios, que en la edad media fué residencia de los electores, y hoy dia lo es de una universidad justamente célebre, Bona, ciudad bajo tantos conceptos histórica y científica, ofrece den- tro de sus muros diferentes testimonios de las diversas vicisitudes de su existencia , y varios de los monu- mentos que caracterizan las grandes épocas de un pueblo, y trasmiten su existencia á la posteridad. El via- jero y el anticuario encuentran en los edificios que la adornan, pertenecientes á todos los siglos , algo con que satisfacer su curiosidad ; en prueba de lo cual , citaremos la casa de ayuntamiento , de construcción moderna ; la plaza pública , embellecida con su monumento romano (1); el antiguo palacio, donde residían los electores de Colonia, construido con parte de las ruinas de la muralla que la circuía, y en el mismo sitio que ocupaba. Dícese que el rey de Prusia ha gastado cuantiosas sumas en reparar y arreglar este vasto edificio para las enseñanzas de la universidad, fundada en 1828, que es una de las mas famosas de Ale- mania *Este establecimiento es quizá el mas bello de los de su clase que se conocen en Europa , pues con- tiene las cinco facultades, una biblioteca de 60,000 volúmenes, el museo de antigüedades germánicas y romanas, una colección de vaciados en yeso de las mejores esculturas antiguas, y otras preciosidades. Pero no solamente puede envanecerse Bona por sus magníficas construcciones civiles , puesto que la religión tiene también templos muy dignos de interés , mereciendo toda la atención del arqueólogo y del viajero las iglesias de san Remigio, san Martin, san Pedro , la de los jesuítas, y especialmente la cate- dral , que se llama también el Munster , y que forma el principal objeto de esta noticia. La primitiva fundación de la catedral de Bona , asi como la de otras muchas , por ejemplo , la de san Gereon, en Colonia, etc., se atribuye generalmente á la emperatriz Elena; y una tradición refiere que la madre del emperador Constantino la consagró en el año 519 á la memoria de los santos Casio y Florencio, jefes de la legión tebana, que padecieron martirio; por lo menos á dicha época puede referirse la cripta que sostiene el coro. Esta fundación ocupaba un lugar muy distinguido en la antigua clasificación de las iglesias del arzobispado, porque su prior era el segundo después del de la catedral de Colonia (2). No existen documentos positivos que marquen la época en que se erigió el actual edificio ; sin em- bargo, en algunas de sus partes, y especialmente en la meridional del coro, se descubren vestigios de la antigua construcción. La ábside oriental y las dos torres que la acompañan , parecen del siglo XI ó 'prin- cipios del XII, y á la misma época, sobre corta diferencia, pueden atribuirse las dos ábsides polígonas y toda la nave de enmedio, hasta la segunda galería en que se advierte ya otro estilo; finalmente, opinan algunos anticuarios, que el resto del edificio , comprendido el campanario central, se concluyó por Ge- rardo, conde de Sayn, que murió en 1177; pero de esta opinión no participa el sabio arqueólogo Bois- serée antes bien, dice, que Gerardo aumentó el número de algunas fundaciones piadosas en aquel cabildo, sin añadir que se estendiese su liberalidad á terminar la obra de la catedral ; en esta última suposición, prosigue se ha confundido probablemente á Gerardo con Bruno, que también fué conde de Sayn, y algún tiempo después, de 1205 al 1208, arzobispo de Colonia. Esta conjetura parece casi infalible , después de los datos que suministra Cesáreo, monje de Heisterbach, acerca de las reliquias del mismo convento, pues cita entre ellas los huesos de los jefes de la legión tebana, y dice espesamente que se hallaron cuando se reedificó la catedral de Bona. Sabido es que la iglesia de Heisterbach se erigió en la época de 1 202 á (1) En la plaza de Saint-Remi, se vé un monumento antiguo, sumamente interesante. Lo forman varias columnas, está consa- grado á la Victoria, y tiene esta inscripción: De Victori/H sacrum. Pretenden algunos anticuarios que este altar era la verda- dera ara Ubiorüm, deque habíanlos autores antiguos, y cuya situación ha confundido tanto á los arqueólogos , que hasta el pre- sente nadie se ha atrevido á decidir si estaba comprendido en el recinto de Colonia ó en el de Bona. — Véase G. Ghelen, l)e admi- randá sacrá etcivili magnitudine Coloniae , 1645; memorias y noticia de Danville , sobre los Galos Malté-Brun. ( Compendio rfC (^ e °«Segun^aOTganizacion eclesiástica de la edad media, dice Lange , había siempre cierto número de parroquias dirigidas por un deán, cuyo distrito se llamaba D canato , y vanos de estos deanatos reunidos corrían á cargo de un archi- diácono, el cual de- pendía á’la vez de un obispo ó de un arzobispo. Por lo común el archi diácono era al propio tiempo prior de una colegiata impor- tante ; asi , por ejemplo el prior de la colegiata reunida á la iglesia de los santos mártires Casio y Florencio de Bona , era al mismo tiempo diácono de los deanatos del Aargau, del Zulpichghau y del Avelgau , en la diócesis arzobispal de Colonia: y si hay fundamen- to para deducir de aquí que la colegiata, residencia de dicho prior , era de las mas importantes, queda bastante autorizada la con- jetura en vista del dibujo que publicamos.» [Document text truncated for crawler view.]