Crecimiento, energía y medioambiente
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1 CRECIMIENTO, ENERGÍA Y MEDIOAMBIENTE María de la Palma Gómez-Calero Valdés María del Pópulo Pablo-Romero Gil-Delgado Universidad de Sevilla 1. Introducción Desde que el Club de Roma hiciera publico el informe sobre los limites del crecimiento, se ha prestado un interés notable sobre el modo en que el crecimiento económico genera daños medioambientales, y como la necesidad de reducir esos impactos implicaba la toma de decisiones sobre determinados factores, llegando incluso a debatirse la necesidad de frenar el crecimiento económico a fin de reducir el daño medioambiental. A pesar de que más adelante, estas visiones tan pesimistas se fueron abandonando, el interés en mostrar las relaciones entre el crecimiento económico y los efectos medioambientales ha sido creciente, pudiéndose destacar que una de las vías de contaminación más destacadas del propio crecimiento económico ha sido y sigue siendo el uso de energía. Es así que las tres variables se encuentran estrechamente relacionadas. La energía es necesaria para el crecimiento económico y este puede generar daño medioambiental. El uso de la energía implica en cualquier caso daños medioambientales, desde el proceso de extracción hasta su uso o consumo. Daños tales como polución, ruidos, daños en el terreno…, incluso daños geomorfológicos derivados de la propia extracción de la energía. De hecho, cualquier actividad humana requiere del uso de energía y por tanto genera daños medioambientales. En este sentido, como afirma Common (1995) el uso de energía puede considerarse una Proxy del impacto medioambiental de la actividad humana en general. Siendo esto así, afirma Stern el al. (2004), es imposible eliminar plenamente los daños medioambientales, pues toda actividad humana implica uso de energía y esta genera daños en el entorno. Es pues, que la reducción de los daños medioambientales dependen de de la reducción del uso de energía, pero esta reducción implica una reducción del crecimiento económico, al estar vinculado ambos factores. Los impactos medioambientales del uso energético, no obstante, difieren según las fuentes energéticas empleadas y del cambio tecnológico. Si bien es cierto que estos cambios a menudo generan nuevos impactos desconocidos hasta entonces. Es por tanto, que el análisis de los daños medioambientales ocasionados por la actividad productiva puede enfocarse mediante la relación de estas variables y estará
2 condicionado por las relaciones que existan entre energía y crecimiento económico y entre este último y daños medioambientales. En la figura 1, se recogen estas relaciones entre las variables y las principales fuentes de su análisis. Los estudios entre consumo energético y crecimiento económico se basan en el análisis de la relación de causalidad entre las variables. Esta relación es esencial de cara a determinar en que modo las reducciones de energía generan disminución de crecimiento económico. Los estudios entre crecimiento y daño medioambiental se basan en la conocida hipótesis de la curva de Kuznets ambiental. Esta curva muestra que si bien en estadios de desarrollos bajos, el crecimiento genera daño ambiental, y este es creciente, a partir de un determinado nivel de desarrollo, el crecimiento empieza a disminuir los daños medioambientales, por lo que mayor crecimiento resultaría ser favorable para el medioambiente. Esta hipótesis ha sido largamente debatida y tiene tanto puntos a favor como en contra que merecen ser analizados. Figura 1. Relación entre energía, crecimiento económico e impacto medioambiental consumo energético (E) crecimiento económico (Y) impacto medioambiental relación de causalidad hipótesis de la CKA Fuente: Elaboración propia Es así que en este trabajo, con el fin de analizar las relaciones entre las tres variables, vamos a dividir el estudio en dos grandes apartados. En el primero se analiza la relación de causalidad entre energía y crecimiento económico, y en el segundo, se analiza la curva de Kuznets ambiental, su difusión y sus limitaciones. 2. La relación de causalidad entre energía y crecimiento económico
3 La importancia del consumo de energía en el crecimiento económico moderno es un hecho que ya el propio Jevons destacó en 1865, diciendo que “con el carbón casi todas las hazañas son posibles o fáciles”. Más tarde, en 1934 Mumford publicó una obra en la que explicaba la relación entre los cambios energéticos y la evolución de la historia. Consideraba que la evolución se debía a un cambio tecnológico y este era posible por la disponibilidad de determinadas fuentes energéticas. Esta idea ha sido desarrollada más adelante por Cipolla (1962) y Wrigley (1962), que muestran el importante papel que juega el input energético en el desarrollo económico moderno. Estos estudios que relacionaban estas variables caían no obstante del lado de la historia y de la historia económica, cabiendo señalar que hasta esa fecha el único referente relevante que muestra la importancia de la energía en el ámbito productivo es el trabajo de Schurr et al. (1960) quienes analizan la evolución de economía americana entre 1850 y 1975 mostrando la complejidad y la importancia de este insumo productivo tanto para la producción fabril de cada unidad, como para la economía agregada. Aun así, este estudio de carácter económico, difiere de los estudios realizados con posterioridad, debido a que se enmarca dentro de lo que se conoce como Economía Política. El gran desarrollo de los estudios que relacionan la energía con el crecimiento económico vino algo después. Se puede situar en la década de los setenta después de que se declarara la crisis de la energía, momento en el cual los estudios sobre este tema se enfocan hacia el modo de establecer una adecuada política energética, siendo esencial la hipótesis para explicar la dirección de causalidad entre consumo de energía y PIB real. En este sentido, se barajan diversas posibilidades. La hipótesis del crecimiento implica que el consumo de energía contribuye directamente al crecimiento económico, de modo que limitar el consumo de energía conduce a disminuir la producción real. La hipótesis conservadora considera que las políticas de conservación energética que reducen el consumo de energía no tienen por qué impactar negativamente sobre el PIB. Por último, es posible que la relación de causalidad sea reciproca, indicando que los factores actúan de forma complementaria. La primera hipótesis se confirma si la relación de causalidad es única y la dirección va de la energía al crecimiento del PIB. La segunda, si la relación es única y su dirección del PIB a la energía y la ultima, si la dirección es bidireccional. Por ultimo, también es posible no observar ningún tipo de relación, en cuyo caso, la política energética es neutral respecto al crecimiento económico.
4 Este interés por determinar esta relación causal determino que fueran apareciendo sucesivos estudios, relativos inicialmente a la economía americana. Entre ellos se puede citar como primera referencia el trabajo de Brent (1974). No obstante, fue el trabajo seminal de Kraft and Kraft (1978) el que sirvió de referencia para el desarrollo de numerosos estudios posteriores. Si bien, y en general, los resultados no han sido clarificadores de la dirección de causalidad, ni siquiera de la existencia de esta relación, ya que los resultados están condicionados por el tamaño muestral, la medición de las variables utilizadas y la metodología econométrica empleada. Todos estos estudios de causalidad se basan en el concepto desarrollado por C. Granger a finales de los años 1960’s. En términos formales (Granger, 1969) esta causalidad se define como: si un evento “A” ocurre después del evento“B”, entonces “A” no puede causar a “B”, de tal forma que el futuro no puede causar el pasado. Por lo tanto, desde el punto de vista econométrico se deben estimar dos ecuaciones que muestran la relación entre las variables utilizando rezagos de la producción y de la energía, y cuya definición depende de la existencia o no de cointegracion entre las variables, siendo Stern (2000) el que propuso la incorporación de esta metodología en los análisis de causalidad entre energía y crecimiento económico. Por otro lado, los trabajos empíricos sobre la causalidad entre la energía y el PIB han demostrado ser sensibles a la elección de la estructura de rezagos de las variables explicativas, por ello los últimos trabajos publicados utilizan sistemáticamente el criterio de Hsiao (1981) que permite determinar el número de rezagos óptimos cuando se emplea el test de causalidad, para ello se apoyan en el criterio del Error de Predicción Final (EPF) de Akaike (1969). Estas etapas que se aplican en los estudios recientes se recogen en la figura 2, que se incluye con el ánimo de mostrar de forma esquemáticas el proceso de las estimaciones empíricas realizadas Así pues, la falta de evidencia concluyente respecto a la relación causal entre la energía y la actividad económica está condicionada con la metodología empleada, el tamaño muestral y el período cubierto. Por otro lado, la falta de consistencia de los resultados también esta relacionada con la omisión de otras variables esenciales para mostrar el crecimiento económica. Entre ellos, el trabajo, el capital y el cambio tecnológico (Stern y Clevelan, 2004). De hecho, trabajos recientes que incluyen estas variables tienden a ser más favorables para demostrar que es la energía la determinante del crecimiento. (Stern, 2004; Oh y Lee, 2004)
5 Figura 2. Etapas en la verificación empírica de la causalidad Fuente: Figura tomada de Chontanawat, J., et al. (2004). Notas: “MCE” = Modelo de Corrección de Errores, Tratando de resumir los resultados de los análisis realizados hasta el momento, podemos señalar varios estudios que han tratado de recopilar los diversos trabajos que siguen ofreciendo resultados heterogéneos, a pesar de que las técnicas econométricas se han perfeccionado notablemente. En el contexto de los resultados de los análisis referidos a las siete economías más poderosas del mundo, cabe mencionar el trabajo de Zachariadis (2007) cuyos principales resultados se recogen en la Tabla 1. Su conclusión principal es que no existe un sentido de causalidad concordante, ni entre países ni entre los propios países, pudiéndose dar hasta las cuatro posibilidades de relación entre las variables. Test de Integración E y PIB no integradas E y PIB integradas Test de Cointegración (Test Johansen ) E y PIB no cointegradas E y PIB cointegradas Test causalidad Existencia y Dirección “Hsiao” Test F conjunto en los rezagos de las variables independientes Existe causalidad (al menos en una dirección) Dirección “Hsiao” en “MCE” Test F conjunto en los rezagos de las variables independientes y en el término del MCE Primera fase Segunda fase Tercera fase
6 Tabla1. Resultados de recientes Estudios de Causalidad en los países del G-7 País Autores Método Periodo Resultado Erol & Yu (1988) Lee (2006) Granger Standard Toda- Yamamoto 1950-1982 1965-2001 E→ Y Chontanawat et al. (2006) Hsiao 1960-2000 E←Y Ghali & El-Sakka (2004) VECM 1961-1997 E↔Y Canadá Erol & Yu (1988) Soytas & Sari (2003) Granger Standard VECM 1950-1973 1950-1992 E–Y Soytas & Sari (2003) VECM 1950-1992 E→ Y Lee (2006) Toda- Yamamoto 1965-2001 E←Y Chontanawat et al. (2006) Hsiao 1960-2000 E↔Y Francia Erol & Yu (1988) Erol & Yu (1988) Granger Standard Granger Standard 1950-1982 1950-1973 E–Y Soytas & Sari (2003) VECM 1950-1992 E→Y Erol & Yu (1988) Granger Standard 1950-1982 E←Y Chontanawat et al. (2006) Hsiao 1960-2000 E↔Y Alemania Erol & Yu (1988) Lee (2006) Granger Standard Toda- Yamamoto 1950-1973 1965-2001 E–Y Erol & Yu (1988) Soytas & Sari (2003) Lee (2006) Granger Standard VECM Toda- Yamamoto 1950-1982 1950-1992 1965-2001 E←Y Chontanawat et al. (2006) Hsiao 1960-2000 E↔Y Italia Erol & Yu (1988) Erol & Yu (1988) Granger Standard Granger Standard 1950-1982 1950-1973 E–Y Soytas & Sari (2003) VECM 1950-1992 E→Y Japón Erol & Yu (1988) Lee (2006) Granger Standard 1950-1982 1965-2001 E↔ Y
7 Erol & Yu (1988) Toda- Yamamoto Granger Standard 1950-1973 Erol & Yu (1988) Chontanawat et al. (2006) Granger Standard Hsiao 1950-1982 1960-2000 E←Y Erol & Yu (1988) Granger Standard 1950-1973 E→Y Reino Unido Erol & Yu (1988) Soytas & Sari (2003) Chontanawat et al. (2006) Lee (2006) Granger Standard VECM Hsiao Toda- Yamamoto 1950-1982 1950-1992 1960-2000 1965-2001 E –Y Stern (1993) Stern (2000) Granger Standard VECM 1947-1990 1947-1994 E→ Y Kraft & Kraft (1978) Abosedra & Baghestani (1991) Granger Standard Granger Standard 1947-1974 1947-1974 E←Y Estados Unidos Yu & Hwang (1984) Cheng (1990) Granger Standard Hsiao 1947-1979 1947-1990 E–Y Fuente: Zachariadis (2007) Por otro lado, Shiu y Lam (2004) realizan un trabajo de recopilación de estudios similar al anterior pero para las economías asiáticas, resumido en la tabla 2. En este caso, la variabilidad es similar a la observada para los más desarrollados. Por ultimo, cabe señalar también, el mismo estudio realizado para los países latinoamericanos realizado por Jofre (2006), que vuelve a mostrar esta disparidad de resultados. Estos resultados se recogen en la tabla 3. Tabla2. Resultados de Estudios de Causalidad en países asiáticos País Autores Método Periodo Resultado Masih& Masih(1996) Asafu -Adjaye (2000) Corrección de error Corrección de error 1955-1990 1971-1995 E→Y India Ghosh (2002) VAR sin restricciones 1950-1997 E(el.)←Y Masih & Masih(1996) Corrección de error 1955-1990 E→Y Indonesia Asafu -Adjaye (2000) Corrección de error 1971-1995 E – Y Japón Erol & Yu (1987) Granger Stándard 1950-1982 E→Y
8 Erol & Yu (1987) Granger Stándard 1950-1973 E←Y Malasia Masih& Masih(1996) Corrección de error 1955-1990 E – Y Pakistán Masih& Masih(1996) Corrección de error 1955-1990 E←Y Yu & Choi (1985) Granger Stándard 1954-1976 E→Y Asafu -Adjaye (2000) Corrección de error 1971-1995 E↔Y Filipinas Masih& Masih(1996) Corrección de error 1955-1990 E – Y Glasure & Lee (1997) Corrección de error Granger Stándard 1961-1990 E↔Y Singapur Masih& Masih(1996) Corrección de error 1955-1990 E – Y Yu & Choi (1985) Granger Stándard 1954-1976 E→Y Glasure & Lee (1997) Corrección de error 1961-1990 E↔Y Korea del Sur Glasure & Lee (1997) Granger Stándard 1961-1990 E – Y Sri Lanka Masih& Masih(1996) Corrección de error 1955-1990 E→Y Yang (2000) Corrección de error 1954-1997 E→Y Cheng & Lai (1997) Granger and Hsiao 1955-1993 E←Y Taiwán Hwang & Gum (1992) Granger and Hsiao 1961-1990 E↔Y Masih& Masih(1998) Corrección de error 1955-1991 E→Y Tailandia Asafu-Adjaye (2000) Corrección de error 1971-1995 E↔Y Fuente: Shiu & Lam (2004) Tabla3. Resultados de Estudios de Causalidad en países Latinoamericanos País Autores Periodo Resultado Nachame, et al. (1988) 1950 – 1985 PIB – E Soytas, et al. (2003) 1950 – 1990 PIB↔E Argentina Chontanawat, et al. (2004) 1971 – 2000 PIB – E Bolivia Chontanawat, et al. (2004) 1971 – 2000 PIB – E Cheng (1997) 1963 – 1993 E → PIB Nachame, et al. (1988) 1950 – 1985 PIB– E Brasil Chontanawat, et al. (2004) 1971 – 2000 PIB ↔ E Nachame, et al. (1988) 1950 – 1984 PIB – E Chile Chontanawat, et al.(2004) 1971 – 2000 E → PIB Colombia Nachame, et al. (1988) 1950 – 1985 PIB – E
9 Chontanawat, et al. (2004) 1971 – 2000 PIB – E Costa Rica Chontanawat, et al.(2004) 1971 – 2000 PIB→ E Cuba Chontanawat, et al.(2004) 1971 – 2000 PIB→ E Falconí (2002) 1970 – 1998 PIB→E Ecuador Chontanawat, et al. (2004) 1971 – 2000 PIB – E El Salvador Chontanawat, et al. (2004) 1971 – 2000 PIB→ E Nachame, et al. (1988) 1950 – 1985 PIB – E Guatemala Chontanawat, et al.(2004) 1971 – 2000 PIB→ E Haití Chontanawat, et al. (2004) 1971 – 2000 PIB – E Honduras Chontanawat, et al. (2004) 1971 – 2000 PIB – E Jamaica Chontanawat, et al. (2004) 1971 – 2000 PIB – E Cheng (1997) 1949 – 1993 PIB – E Nachame, et al.(1988) 1950 – 1985 PIB – E Liddle (2004) 1965 – 2000 PIB – E México Chontanawat, et al. (2004) 1960 – 2000 E → PIB Nicaragua Chontanawat, et al. (2004) 1971 – 2000 PIB – E Panamá Chontanawat, et al. (2004) 1971 – 2000 PIB → E Paraguay Chontanawat, et al. (2004) 1971 – 2000 PIB – E Perú Chontanawat, et al. (2004) 1971 – 2000 PIB → E República Dominicana Chontanawat, et al. (2004) 1971 – 2000 PIB – E Trinidad y Tobago Chontanawat, et al. (2004) 1971 – 2000 PIB ↔ E Uruguay Chontanawat, et al. (2004) 1971 – 2000 PIB → E Cheng (1997) 1952 – 1993 PIB – E Nachame, et al. (1988) 1950 – 1985 PIB – E Venezuela Chontanawat, et al. (2004) 1971 – 2000 PIB → E Fuente: Jofre (2006)
16 por lo que al aumentar la renta la demanda aumenta más que proporcionalmente. Esto significa que a medida que aumenta el nivel de renta per cápita de un país sus ciudadanos están más preocupados por la calidad ambiental y por tanto, más dispuestos a pagar para obtener mejoras ambientales. Esta idea es la que prevalece en los trabajos de McConnell (1997), Selden y Song (1995), López (1994) y De la Calle (1999). No obstante, la validez de los modelos utilizados en esos trabajos ha sido cuestionada por diversos motivos. Entre esos motivos, cabe destacar que la calidad ambiental es por lo general un bien público (Roca y Padilla, 2003) o la existencia de resultados no concluyentes acerca de que un mayor nivel de ingreso aumenta la preocupación y la disposición de los consumidores por un medio ambiente de mayor calidad (Pereyra y Rossi, 1996; Stagl, 1999 y Costa, 1997). Otra explicación teórica de la hipótesis se basa en el efecto composición desde sistemas económicos basados en la agricultura hacia economías basadas en el sector servicios (Gitli y Hernández, 2002). Sector que adquiere más peso conforme el nivel de industrialización de una economía se acelera, y que es característico del patrón de crecimiento que han venido mostrando las economías desarrolladas. Quienes defienden este argumento asocian el desplazamiento que el sector servicios hace al sector industrial en las economías desarrolladas con una disminución de las emisiones de contaminantes al ser las actividades industriales las intensivas por excelencia en consumo de energía y emisiones tóxicas (Hettige et al., 1998 y Rothman, 1998). Frente a este argumento, se la señalado que si bien ese ha sido el patrón de crecimiento predominante en muchas economías hoy desarrolladas, eso no implica que necesariamente tenga que seguir siéndolo para las economías que aun se encuentran en vías de desarrollo, sobre todo, porque en algunas de ellas el principal componente del PIB lo representa el sector servicios, como sucede en el caso de Nueva Zelanda con el sector turístico. Una explicación adicional de la relación entre crecimiento económico y calidad ambiental planteada por la hipótesis de la CKA señala que el progreso tecnológico tiene dos efectos positivos sobre el medio ambiente. Por un lado, al aumentar la eficiencia de los procesos productivos reduce la cantidad necesaria de factores para producir la misma cantidad de producto. Por otro lado, es posible que el progreso tecnológico aumente la posibilidad de sustitución de recursos altamente contaminantes por otros menos perjudiciales para el medioambiente. Por último, el hecho de que los países en vías de desarrollo importen tecnología con lo que sus patrones de crecimiento tendrán efectos menos perjudiciales sobre el medioambiente. En relación a estos argumentos sobre la menor degradación medioambiental que genera
17 el cambio tecnológico se ha señalado que en muchas ocasiones éste también comporta nuevos procesos y productos con presiones ambientales asociadas que no tienen por qué ser menos preocupantes que la anterior tecnología, así como que sus efectos finales no siempre son fácilmente previsibles (Schipper, 2000; Giampietro, 1999). Conclusiones generales La relación entre energía, crecimiento y medioambiente, es propia de las economías actuales en sus diversos niveles de desarrollo. La relación entre energía y crecimiento se muestra empíricamente que existe en un 80 por ciento, aproximadamente, de los estudios realizados. No obstante, el sentido de esa relación no está determinado, habiendo varias causas que lo justifican. Entre ellas, los distintos modos de producción y uso energético. A pesar de ello, la relación existe y, por tanto, si el crecimiento se relaciona con el medioambiente, la energía también. Es más, no hay actividad humana que no implique uso de energía ni uso de energía que no altere el medio ambiente. Por tanto, todo crecimiento económico tiene efectos medioambientales. El estudio de estos efectos a través de la Curva de Kuznets Ambiental, ha ido evolucionando y mejorando la explicación del porqué a mayor crecimiento puede observarse en ciertos casos un descenso del deterioro medioambiental, poniéndose en entredicho lo que sugiere la hipótesis de la curva. En este sentido, factores como el cambio tecnológico, la calidad medioambiental y otros, sugieren la necesidad de apostar activamente por políticas de vigilancia y actuación sobre los efectos de las distintas actividades económicas y de las energías utilizadas para llevarlas a cabo. Bibliografia Akaike, H. (1969) “Statistical predictor identification”, Annals of the Institute of Statistical Mathematics, 21, pp. 203-217. Banco Mundial (1992) Informe sobre el desarrollo mundial 1992: desarrollo y medio ambiente. Oxford University Press. Primera Edición. USA. Beckerman, W. (1992) “Economic growth and the environment: Whose growth? Whose environment?” World Development 20, pp. 481-496. Brent, E.R (1974). “An economic interpretation of the Energy-GNP ratio” en Macrakis, Mc. Energy Demand, Conservation and Institucional Problems. Cambridge. MIT Cipolla, C.M. (1962) “Sources d'énergie et Histoire de l'Humanité” Annales E.S.C., 16 pp. 521-34.
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