Propuestas de participación mediática con enfoque de género interseccional en el Tercer Sector de la Comunicación
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Juan C. Figuereo Benítez
‒ 868 ‒ CAPÍTULO 47 PROPUESTAS DE PARTICIPACIÓN MEDIÁTICA CON ENFOQUE DE GÉNERO INTERSECCIONAL EN EL TERCER SECTOR DE LA COMUNICACIÓN M. CRUZ TORNAY-MÁRQUEZ Universidad de Nebrija JOSÉ CANDÓN-MENA Universidad de Sevilla 1. INTRODUCCIÓN La democratización de la comunicación fue durante largo tiempo una de las principales demandas de las organizaciones y movimientos sociales, de manera específica, en el contexto de América Latina (Segura, 2014). Desde mitad del siglo XX, multitud de experiencias demostraron la importancia estratégica del acceso a los medios, fundamentalmente, a las radios comunitarias, para las grandes masas excluidas del acceso y representación en los medios de comunicación privados (Peppino Barale 1998; 1999). A partir de la década de los noventa, la propiedad oligopólica de los medios de comunicación fue observada como un obstáculo a la garantía de derechos y libertades que en ese momento estaban siendo reconocidos con el retorno de las democracias. La reivindicación por la democratización de los sistemas mediáticos continuó hasta principios del siglo XXI, cuando la coyuntura política y legislativa en gran parte de los países del continente permitió el reconocimiento del derecho a comunicar en igualdad de oportunidades y condiciones, tratando de promover la participación de la ciudadanía y la creación de nuevos actores comunicativos (Ramos, 2013; Reyes, 2014; Ramos, 2018). En este contexto, el impulso democratizador del sector de la comunicación se convierte en una oportunidad para la participación ciudadana, el empoderamiento mediático y la activación de procesos comunitarios que de manera específica se vinculan con los medios de comunicación
‒ 869 ‒ sin fines de lucro pertenecientes al Tercer Sector de la Comunicación (TSC) (Ramos et al., 2018). Durante décadas, los movimientos sociales y colectivos han utilizado este tipo de medios como canal de expresión y auto-representación (Gumucio, 2001) haciendo de la comunicación una forma de activismo. Desde una perspectiva de género, el papel estratégico de la comunicación adquiere mayor relevancia, en tanto que el rol doméstico de la identidad femenina excluyó a las mujeres de la participación en la vida pública (Millet, [1970] 2010). Aún en la actualidad, la invisibilización de las mujeres en roles no tradicionales y la ausencia en puestos de responsabilidad y toma de decisiones prevalece en los medios de comunicación privados y públicos, pero, también, en aquellos medios sin ánimo de lucro. El cambio social que tradicionalmente se ha vinculado a este tipo de medios demanda estrategias que garanticen la inclusión desde una perspectiva de género interseccional. Las brechas de género que se producen en el ámbito de la expresión pública, la desigualdad estructural y la discriminación frenan la participación y presencia de las mujeres en las organizaciones, especialmente en aquellas en las que prevalecen lógicas masculinas. Las entidades deben contemplar las brechas de desigualdad que limitan el acceso de las mujeres al derecho a comunicar (Vega, 2010; 2014), más aún, entre aquellas poblaciones que han sufrido la violencia y la discriminación de manera histórica y que, todavía en la actualidad, presentan las mayores tasas de exclusión y obstáculos en el acceso a la educación, a la salud y a la justicia (CEPAL, 2020). Es evidente que sin la participación de las mujeres no es posible la democratización de la comunicación y, de ahí, la importancia de que los Estados, las organizaciones sociales y los medios de comunicación, incorporen un enfoque de género que promueva y garantice el derecho de las mujeres a comunicar. Por todo ello, en este trabajo se presenta una propuesta multidimensional que identifica los obstáculos de las mujeres al derecho a la comunicación y los elementos que deben ser tomados en cuenta para potenciar y favorecer la participación mediática y el empoderamiento comunicativo.
‒ 870 ‒ 2. METODOLOGÍA La realización de esta propuesta multidimensional se basa en la observación participante en medios del tercer sector de la comunicación, la realización de entrevistas en profundidad a expertos -miembros de medios y de organizaciones de medios comunitarios-, entrevista grupal en una radio comunitaria dirigida por mujeres afrovenezolanas y la realización de una intervención comunicativa comunitaria con mujeres indígenas kichwa en una emisora comunitaria. Además, se analizó la legislación en materia de comunicación desde una perspectiva de género interseccional en dos países de la región -Ecuador y Venezuelaque permitió determinar los requisitos que podrían obstaculizar el acceso de las mujeres a la solicitud de frecuencias. La información recabada fue sistematizada, dando como resultado dos tipos de resultados: aquellos que obstaculizan la participación de las mujeres y aquellos que la favorecen o potencian. Dentro de estas dos áreas se crearon categorías de análisis que permiten reconocer y caracterizar los elementos que obstaculizan o favorecen la participación y que son los siguientes: económicos/materiales; burocráticos/logísticos; simbólicos/inmateriales. 3. RESULTADOS Una mirada amplia sobre los medios de comunicación permite identificar tres áreas clave para el análisis desde una perspectiva de género: las áreas de la representación, la participación y la agenda mediática. Respecto a la representación, se observa una prevalencia de los estereotipos de género, lo que implica que las mujeres sean representadas de manera tradicional en roles domésticos o, bien, de manera hipersexualizada y cosificada (WMTN, 2021). Además, se produce la invisibilización de las mujeres como sujetos informativos y la casi desaparición de mujeres racializadas y, en consecuencia, la ausencia de referentes más allá de la blanquitud hegemónica. Con relación al área de la participación, se identifican brechas horizontales y verticales, es decir, la presencia de mujeres en secciones o puestos considerados feminizados -o secciones blandas- y la desaparición en puestos de dirección y toma de decisiones
‒ 871 ‒ (Vega & Ortega, 2014). Por último, el análisis de la agenda mediática contrasta con el de la agenda política de los movimientos de mujeres, si bien, es posible observar la inclusión de nuevas secciones de carácter feminista que aparecen en el contexto de las más recientes movilizaciones (Fernández-Hasan, 2016). Las organizaciones y movimientos de mujeres han entendido el carácter estratégico de la comunicación y de las tecnologías para la auto-repre- sentación, la articulación de redes y la coordinación de acciones en el ámbito virtual que consiguen amplificar las demandas y globalizar su impacto. A pesar de ello, las apropiaciones tecnológicas no están exenta de riesgos, en tanto que la presencia de activistas en redes sociales ha trasladado al ámbito digital diferentes formas de violencia, hostigamiento y discursos de odio (Lewis et al., 2016; Nadim y Fladmoe, 2019). Por otra parte, y continuando en el contexto latinoamericano, se identifican diferentes experiencias de acceso al derecho a la comunicación a través de medios digitales feministas (Janz, 2019), pero que, de manera general, se producen en un entorno urbano por parte de mujeres activistas, que han accedido a la educación y, por tanto, con mayores posibilidades de participación de las que son posibles entre mujeres de entornos rurales. Una vez descrito el diagnóstico del ámbito de la comunicación desde una perspectiva de género, a continuación, se plantean los elementos que frenan la participación de las mujeres y que se observan en tres categorías: económicos/materiales, burocráticos/logísticos, simbólicos/inmateriales. 3.1. ELEMENTOS QUE OBSTACULIZAN LA PARTICIPACIÓN La categoría de elementos Económicos/materiales recoge tres aspectos que condicionan o frenan la participación de las mujeres en el Tercer Sector de la Comunicación, donde existe un protagonismo de actividades y tareas de carácter voluntario. De manera general, las mujeres presentan mayores tasas de informalidad y precariedad en el empleo, siendo paradigmático el caso de Ecuador, donde solo el diez por ciento de la población indígena en edad de trabajar dispone de un empleo adecuado (INEC, 2022). Esta situación se considera un obstáculo para la
‒ 872 ‒ participación de mujeres cuya dedicación principal se centra en la obtención de recursos prácticamente en el día a día, lo que resulta difícil compaginar otro tipo de actividades, más aún si no son remuneradas. Por otro lado, la falta de recursos económicos también obstaculiza la realización de traslados o trámites relacionados con la participación de carácter voluntario. Una brecha fundamental entre poblaciones es aquella que se produce entre habitantes de territorios rurales y urbanos, la misma que ya fuera explorada por Pablo González Casanova (2006) en su teoría sobre colonialismo interno. Las poblaciones pertenecientes a zonas rurales, por ejemplo, mujeres indígenas campesinas, presentan mayores dificultades para realizar desplazamientos a las zonas urbanas donde habitualmente se encuentran las sedes de organizaciones del Tercer Sector, lo que, además, implica gastos de desplazamiento y el condicionamiento de los horarios del transporte público. El tercer elemento material identificado se relaciona con la existencia o, en este caso, ausencia, de organizaciones sociales que respalden el proceso comunicativo. La historia de los medios de comunicación en América Latina está intrínsecamente conectada con la historia de los movimientos sociales (Tornay-Márquez, 2021) que accedieron a los medios de comunicación, fundamentalmente, radios comunitarias, como estrategia para el cambio y la transformación social. Por ello, se considera relevante el hecho de que existan organizaciones o colectivos que sostengan el medio comunitario y promuevan la participación de sus miembros o, incluso, que destinen recursos a la contratación de personal en tareas de comunicación. La segunda categoría de obstáculos identificada es la de elementos burocráticos o logísticos que limitan la participación de las mujeres. En primer lugar, se plantea la mayor dificultad para la realización de proyectos relacionados con el medio comunitario, entre los que destacan los requisitos establecidos para la solicitud de frecuencias. El análisis de la legislación en el caso ecuatoriano, la Ley Orgánica de Comunicación y su reglamento, evidencia la complejidad de la documentación exigida, más aún para poblaciones que presentan las tasas más bajas de acceso a la educación. Por otra parte, a menudo los medios cuentan con limitaciones para ofrecer empleos de manera estable e, incluso, dificultades
‒ 873 ‒ para cumplir los requisitos que permitan la contratación de personal en caso de que existieran recursos económicos para ello. En la perspectiva logística, aunque conectado con elementos simbólicos/inmateriales, se haya la priorización de las tareas en el ámbito doméstico que impiden a las mujeres desarrollar un liderazgo social o el cuidado de personas a las que no pueden dejar desasistidas. En algunas comunidades rurales indígenas de la sierra central ecuatoriana, por ejemplo, el único tiempo de socialización se produce en la tarde de los sábados, cuando los miembros de la comunidad se reúnen para tratar asuntos de interés común. En el ámbito logístico también se sitúan aquellos elementos relacionados con las brechas de desigualdad asociadas a la pertenencia al territorio rural, entre las que se destacan las peores conexiones de transporte o el aislamiento de comunidades en época de lluvias. En tercer lugar, se identifican aquellos obstáculos pertenecientes a la categoría “Simbólicos/inmateriales” y que se relacionan con las violencias estructurales relacionadas con el colonialismo, el racismo y el machismo que intervienen como factores de exclusión. Entre ellos destaca la interiorización del carácter excluyente de los medios privados, asociados a la élite blanca y mestiza y, por tanto, a la no percepción como sujetos comunicativos de la otredad subalternizada. Las mujeres también pueden ver dificultada su participación es espacios públicos cuando no cuentan de apoyo familiar o de miembros de la comunidad, más aún en poblaciones en las que la cultura de pertenencia a la comunidad es relevante. En el trabajo desarrollado en comunidades rurales, a menudo quedaba de manifiesto la importancia de la aprobación de una figura masculina para la participación de las mujeres en actividades fuera de la comunidad. También, en el seno de las organizaciones, la cultura machista puede determinar la participación, o no participación, de las mujeres, por ejemplo, con la reproducción de los roles de género al interior de las organizaciones, donde las mujeres asumen tareas de menor relevancia o, en el caso de los medios de comunicación, siendo excluidas de tareas técnicas. Por otro lado, en el ámbito de la esfera virtual, el hostigamiento y violencia digital hacia mujeres comunicadoras y activistas parece haberse convertido en la cara oculta del empoderamiento
‒ 874 ‒ mediático y que ha convertido a las redes sociales, especialmente, Twitter, en espacios hostiles que disuaden la participación. De forma general, se observa como los elementos identificados en las distintas categorías responden a violencias estructurales que derivan en situaciones cotidianas de racismo, discriminación y exclusión y que obstaculizan la participación de las mujeres de forma general y las brechas en el acceso a derechos, incluido el acceso al derecho a la comunicación. TABLA 1. Elementos que obstaculizan la participación Obstáculos Económicos/ materiales Precariedad económica que impide la participación en actividades de carácter voluntario Ausencia de recursos para realizar trámites y desplazamientos relacionados con la participación Ausencia de organizaciones sociales que respalden el proceso comunicativo Burocráticos/ logísticos Dificultades para llevar a cabo la realización de proyectos relacionados con el medio comunitario Limitaciones de los medios para ofrecer empleos y retribuciones estables Priorización de las tareas del cuidado en el ámbito doméstico: dificultades para desarrollar un liderazgo social Pertenencia al territorio rural: brechas entre las comunidades y núcleos urbanos y precariedad en las conexiones Simbólicos/ inmateriales Interiorización del carácter excluyente de los medios privados, en relación al físico, la formación y al estatus social y económico Ausencia de apoyo familiar o de los miembros de la comunidad Cultura machista y excluyente en el interior de las organizaciones Hostigamiento y violencia digital hacia mujeres comunicadoras y activistas Situaciones de violencia, racismo, discriminación y exclusión Fuente: elaboración propia 3.2. ELEMENTOS QUE FAVORECEN LA PARTICIPACIÓN Seguidamente, como propuesta para promover la presencia de las mujeres en los medios de comunicación, específicamente, en aquellos sin ánimo de lucro, se indican aquellos elementos que pueden potenciar y
‒ 875 ‒ favorecer la participación mediática y el empoderamiento comunicativo y que son presentados en los ámbitos público, comunitario e individual. En el identificado como ámbito público se recogen cinco elementos que podrían potenciar la participación en el Tercer Sector de la Comunicación, en este caso, desde una perspectiva de género interseccional. En primer lugar se observa el reconocimiento de marcos legislativos dirigidos al reconocimiento de nuevos actores mediáticos y la promoción de medios comunitarios. Durante décadas, los sistemas comunicativos en América Latina se han caracterizado por una alta concentración de la propiedad en un reducido número de grupos privados y por las limitaciones a un sector comunitario que, en algunos casos, ni siquiera era reconocido en la legislación. La incorporación del derecho a la comunicación en algunas de las constituciones de la región -Ecuador y Bolivia- y la aprobación de normativa que regulaba el reparto equitativo de frecuencias entre sectores público, privado y comunitario son algunos de los elementos que desde el ámbito público pueden favorecer la participación ciudadana en el Tercer Sector de la Comunicación. En un sentido similar se observa la creación de medidas de acción afirmativa reconocidas en las legislaciones que persiguen apoyar la promoción de colectivos historicamente excluídos y vulnerables y que se pueden materializar en la formación de la ciudadanía o, incluso, en becas o contratos para mujeres comunicadoras. Desde el ámbito público también se identifican los procesos que favorecen la participación de la ciudadanía de forma general y, especificamente, en el espacio comunicativo. De manera global, la Cuarta ola del feminismo ha sido activadora de procesos de empoderamiento mediático y tecnológico que han permitido la articulación y visibilización del movimiento. Precisamente, las apropiaciones mediáticas y tecnológicas están siendo uno de los rasgos característicos de un feminismo que encuentra en las redes sociales un canal de expresión. El ámbito digital es utilizado por las mujeres activistas y por organizaciones que aprovechan la potencialidad de las tecnologías de la información y la comunicación para promover el cambio social, pero, también, como estrategia profesional por parte de comunicadoras freelances. Desde el ámbito comunitario se identifican cuatro elementos que colaboran en la promoción de la participación de las mujeres en el Tercer