Pasado, presente y futuro de la Biblioteca Colombina
Abstract
Wagner, Klaus. El pasado. Guillén, Juan. Hoy y mañana de la Colombina
Full text
PASADO, PRESENTE Y FUTURO DE LA BIBLIOTECA COLOMBINA EL PASADO por KLA US WAGNER Cuando don Hernando Colón murió el 12 de julio de 15 39, de jó una de las bib li otecas privadas más imp ortantes de su época. Co ntemporáneos e inmediatamente poste rior es como Juan Vaseo, Pedro Mexía, Juan de Mal La ra , Alfonso García Matamoros, Francisco de Gómara, Gonzalo de Illescas y otros se refier en con gran asombro a la rica y polifacética colección de obras impresas y manuscritas que el estudioso y bibliófilo l og ró reunir en su casa palacio de la Puerta de Goles a orillas del Guadalquivir. Se habló entonces de unos doce, trece, veinte y hasta v ei nt ici nco mil libros. De spu és del cumplido estudio que Tomás Marín Martínez dedicó a Hernando Colón y su biblioteca sabemos que «fueron al menos 15 .381; sin excluir la posibilidad de que fueran, si no muchos, sí algunos más»1. ¿ Qué fue de los libros de Hernando Colón? Recordar los anales de la Biblioteca Colombina, es escribir a grandes trechos la hi storia de una desgracia. Quiso don Hernando, que había permanecido célib e, que su sobrino don Luis Colón fuera su hered ero universal, encareciéndole mucho la conservación y aumento de la obra de toda su vi da: la gran Biblioteca Fernandina. Sin embargo, a don Luis no le intere- 1. T. Marín Martfnez, •Memoria de las obras y libros de Hernando Co/6n• del bachiller Juan Pérez. Madrid, 19 70, págs. 595-610.
62 KLAUS WAGNER I JUAN GUILLEN saron los libros ni entonces ni después. Menor de eda d, el asunto quedó, como veremos, en manos de su madre doña María de Toledo. En caso de no aceptar don Luis el legado y las condiciones establecidas en el testamento, don Remando dispuso que sus libros pasasen «a la fábrica de la Yglesia mayor» [i.e. a la biblioteca del Cabildo catedralicio] de Sevilla, y si éste tampoco aceptara, que fueran luego al monasterio dominico de San Pablo. Agotadas las posibles sucesiones, se ría el Monasterio de las Cuevas el receptor de los bienes y de la biblioteca de don Remand o2• Pero ocurrió que en flagrante violación de lo dispuesto en la última voluntad de don Remando , la biblioteca fue a parar, en 1544, al monasterio de San Pablo. Sin respetar la transmisión y el orden de sucesión testados por don Rem ando, fue doña María de Toledo quien tomó esta arbitraria decisión, en la que no dejaría de influir, como se viene afirmando 3, su hermano fray Antonio de Toledo, miembro de la comunidad dominica. El Cabildo Catedral, que dos días después de morir don Remando Colón ya había manifestado su interés y conformidad de hacerse cargo del legado hemandino con las condiciones establecidas4, viéndose burlado en definitiva por los Colón, promovió an te la Chancillería de Granada un largo pleito del que sa lió ganador. Y así, en 1552, pudo hacerse cargo, por fín, del codiciado tesoro bibliográfico, que le sigue perteneciendo en la actualidad. Si bien es cierto que los frailes dominicos manifestaron sus buenas intenciones y ofrecieron garantías respecto del depósito y la conservación de los libros5, nada sabemos de lo que pasó en realidad cuando los libros se movieron a San Pablo, ni del trato que re- 2. Véase José Hernández Dfaz y Antonio Muro Orejón, El testamento de Don Hernando Colón y otros dowmen tos pa ra su biografía. Sevilla, Publicaciones del Instituto Hispano- Cubano de Historia de América, 1941 , págs. 159 y sig. y 238-239. 3. Así, entre otros, Antonio Rum eu de Armas, Hernando Colón, historiador del de scubrimiento de Am érica. Madrid, Instituto de Cultura Hispánica, 1973, pág. 20. 4. Archivo de la Catedral de Sevilla, Autos capitulares, núm. 16, fol. 181. En adelante el Cabildo tomó en repetidas ocasiones, nuevas medidas en caminadas a hacer valer su de · recho. Sobre este particular se verá el est udio de María del Carmen Alvarez Márquez, «El legado colombino a la Iglesia Catedral de Sevilla y su fusión con la Biblioteca Capitular», que se publicará próximamente en el Homenaje al Profesor A. Boscolo. Agradezco a la autora Ja deferencia de haberme dejado conocer su trabajo antes de su publicación. 5. Véase J. Hernández Dfaz y A. Muro Orejón, ob . cit ., págs. 275-288.
PASADO , PRESENTE Y FUTURO DE LA BIBLIOTECA COLOMBlNA 63 cibieron allí y en qué circunstancias volvieron a tra sladarse, a la postre, a la biblioteca del Cabildo Metropolitano. Si comenzaron realmente en esta época las expoliaciones de la biblioteca como sospecha el vehemente Henry Harrisse6, es una cuestión que ha de quedar abierta, aunque tampo co podemos rechazar de plano es ta posibilidad. Una vez transferidos los libros a la Catedral, parece que hay poca consonancia entre los desvelos que obse rvaron los señores capitulares por dar acomodo a los libros de don Remando y el testimonio de Gonzalo Ar go te de Molina quien informa que «agora están [los libros de Colón] encarzelados en un a sa la alta a la Nave de el Lagarto no siendo a nadie de provecho lo que se dexó para acrecentamiento y estudio de los ingenio s» 7. La denuncia tardía (hacia 1592?) de Argote de Malina exige una explicación, ya que todo sugiere que las circunstancias a que se refiere son anteriores, coincidiendo con las remodelaciones y la reorganización de la biblioteca del Cabildo que se prolongaron hasta bastante entrada la segunda mitad del siglo XVI8• Sólo así se comprende el pretendido secue st ro de los libros. Lamentablemente, por estas fechas, en 1577, se produjeron también las primeras salidas irregulares de libros, que sepamos con seguridad, cuando p or orden de Felipe 11 se llevaron los manuscri tos de las obras de San Isidoro (y, de paso otros libros de la Colombina), que nunca jamás volvieron. « Pu es ni los libros originales del Sr. San Isidoro que se llevaron a Madrid a petición del Sr. Felipe 2.º para corregir por ellos los que se imprimían de que dio recibo a esta Santa Iglesia su Arzobispo el Sr. D. Christóval de Roxas y Sandoval ( ... ) a quien no se han r es tituido los dichos originales, como ni otros mu chos libros que faltan». Así lo manifiesta Juan de Loaisa en el prólogo de su «Abecedario de la Librería de la Santa Iglesia Catedral de Sevilla» de 16849. 6. Grand eza y decadencia de la Colombi11a, Sev ill a, Imprenta de « El U n iversal ~. 1886, pág. 10. 7. Véase Em il iano Jo s, Investigaciones sobre la vida y obras iniciales de don Fernando Colón. Sevilla, Publicaciones de la Escuela de Estudios Hi spano-Americanos de la Universidad de Sevilla, 1945 , pág. 79 . 8. Véase nuevamente el citado estudio de M. del C. Alvárez Márquez. 9. Biblioteca Capit ul ar y Colombina, Ms. 82-5·28.
64 KLAUS WAGNER I JUAN GUILLEN No es de extrañar, pues, que juntos con otros libros acabaran por ingresar en la Real Biblioteca de El Escorial, recién estrenado por el rey, como es el caso del manuscrito Q.II.15 reseñado ya por P. Ewald1º y recientemente estudiado por Angel Ries co Terrero 11 . No obstante lo que dijimos anteriormente respecto del «secuestro» de los libros denunciado por Argote de Malina, parece que los libros de Hernando Colón siguieran inasequibles ha sta mediado el siglo XVI, cuando el canónigo Juan de Loaisa se hizo cargo de la Biblioteca. Lo que había pasado hasta entonces resulta difícil de alcanzar. El hecho es que Loaisa hace constar que «caben sólo 4 o 5.000 cuerpos de libros no más: esto es tomos o volúmenes: pero también es certíssimo lo que dice el mismo D. Fernando Colón y afirman las historias que esta librería pasaba de los 20.000 libros». ¿Cómo entender esto en relación con el número de libros que poseía don Hernando en la fecha en que murió y con el di scutido número de los que se perdieron y en qu é fechas? ¿Se adviertieron ya por entonces (nuevas) desapariciones? Hay razones para pensar que no, si recordamos con Loaisa que el propio don Hernando poseía muchos volúmenes facticios y el mismo Loaisa mandó reencuadernar muchí si mo s libros enforma de «tomos de varios». Las grandes pérdidas y depredaciones sucedarían más tarde. De todas manera, la cuestión de los libros perdidos resulta ociosa hasta que no conozcamos la edición concordada de los repertorios colombinos, prometida años ha por T. Marín Martínez. Y aún así será difícil señalar todos y cada uno de los momentos en que se produjeron las pérdidas. Por ahora tendremos que contentarnos con algunos autores y noticias sueltas, conocidas unas y otras inéditas. Así hemos podido ver que entre 1640 y 16 62 entran en la biblioteca, por primera vez que sepamos, los censores del Santo Oficio de la Inquisición para realizar el desde hace tiempo pr eceptivo expurgo de sus fondos. En aquellas fechas, y de acuerdo con el Indice de 1640, se el iminó y se destruyó la casi totalidad de los impresos que tratan de la Reforma, procedentes tanto del campo protestante JO . «Reise nach Spanien im Winter vo n 1 878a uf1 879», en Neu es Archiv der Gesel ls chaft für a lt ere deutsc he Geschichte VI (1881), pág. 27 1. 11 . En su comunicaión «El manuscrito Escurialense Q.II. 15 y don Hernando Colón» of r ec ida en el lf Co loquio Internacional sobre el Libro An ti guo Español (Sev illa 9-12 de octu br e de 1989), en cuyas actas se publicará.
PASADO , PRESENTE Y FUTIJRO DE LA BIBLIOTECA COLOMBINA 65 como del católico: cerca de 600 libros. Otros quedaron gravemente mutilados 12 • En este contexto ni que decir tiene que el expurgo alcanzaría también a otras obras susceptibles en materia de censura. Tras la benemérita labor de Juan de Loaisa al frente de la Biblioteca, que entre otras medidas dispuso el mencionado «Abecedario» de la misma y mandó reencuadernar mucho s libros, la primera mitad del siglo XVIII supuso una época de incuria y abandono de la que ofrecen un sombrío cuadro las palabras de Rafael Tabares recogidas por Bartolomé José Gallardo: barrenderos de la Catedral convertidos en custodios de la biblioteca; libros impresos y códices «recalados y podridos de las goteras»; muchachos, como el propio Tabares en su infancia, que iban «a jugar allí y se entretenían en hojear los libros iluminados y estampas, especialmente los litúrgicos antiguos, que algunos las tenían primorosas en dibujo y colorido» 13• Y podemos presumir que las recortaban -como haría luego también algún que otro «investigador» desaprensivo--, según puede verse en más de uno de libros que se conservan. El siglo XVIII es también, como hemos advertido, la época de los «préstamo s» no devueltos; olvidados por sus usuarios, clérigos por lo que vemos, quedaron incorporados a algunas instituciones eclesiásticas para recalar, tras la desamortización del siglo pasado, en la Biblioteca Pública y luego en la Provincial y Universitaria de Sevilla, donde acabamos de encontrar varios libros de la primitiva Colombina y otros procedentes de la Biblioteca Capitular 14 . El que hubo entre ellos otros que corrieron la misma suerte, sólo puede ser objeto de lúgubres lucubraciones a la vista de la escalofriante denuncia formulada por Francisco Mateas Gagos 15 • 12. Véase Klaus Wagner, « La reforma protestante en los fondos bibliográficos de la Biblioteca Colombina», en Revista &paño/a de Teologfa 41 (1981), pág. 405. 13. Ensayo de una Biblioteca Española de libros raros y curiosos( ... ). Madrid, [reedición facsimilar de la ed. Madrid, 1863-1889] Gredos [1968), 4 vo ls ., U, col. 514. 14 . K. Wagner, «Libros de la Biblioteca Colombina perdidos y hallados», en Joumal of Hispanic Philology 13 (1988), pá gs. 7-11. 15. Véase su «Carta al Escmo. Sr. Ministro de Fomento con motivo de su decr eto sobre incautación de cosas eclesiásticas de l de enero de 1869». Sevilla, Imprenta de D.A. Izquierdo, 1869, de la que me limito a extraer tan sólo que «debieron entrar, según los catálogos de la incautación -[¿dónde se encuentran?)- unos ciento veinte mil volúmenes; entraron sólo treinta» y « de lo s treinta mil volúmenes hacinados en la Universidad no se aprovecharon más de veinte mil , porque los diez mil resultaron incompletos».
66 KLAUS WAGNER /JU AN GU ILLEN Gracias a los esfuerzos denodados en que se empeñaron el racionero Diego Alejandro Gálvez, bibliotecario de s de 1763, y de su adlatus Rafael Tabares se pudieron enderezar nuevamente los desmanes cometidos tras la desaparición de Loaisa: se volvieron a inventariar los libros 16 , se acometieron las restauraciones necesarias del local, y se tomaron otras medidas con el fin de mejorar la conservación de los fondos. Es más, a su celo y precaución se debe el que no sólo no hubiera depredaciones sino que la biblioteca del Cabildo y con ella los libros de Remando Colón sobrevivieran felizmente los azares de la invasión francesa y de la guerra de independencia. En el siglo XIX parecía inaugurarse una nueva y afortunada época de renacimiento para la Colombina, no en último lugar de la mano de José María Fernández y Velasco y quienes le siguieron. La Colombina, con sus valiosísimos fondos, se convirtió en un centro de atracción de estudiosos e investigadores de todo el mundo. Pero también hicieron su aparición los depredadores, esta vez entendidos en la materia, cuyas nefastas y perniciosas actuaciones no tardaron de ser denunciadas con vehemente apasionamiento por Henry Harrisse17. No es el momento de volver a evocar las polémicas que antaño hicieron correr tanta tinta. De nada sirve llorar las lamentables pérdidas, si no hay el propósito, como lo hubo entonces y sigue habiéndolo hoy más que nunca, de extremar los esfuerzos por preservar el tesoro bibliográfico que nos legó don Hernando Colón. Consecuencia inmediata de la innegable desgracia que sufrió la Colombina en la segunda mitad del siglo XIX, fue el Catálogo de sus libros impresos de Servando Arbolí y Faraudo y Simón de la Rosa y López, que comenzó a publicarse en 1888, llegando a su feliz término en 194818. 16 . Véase el « Ind ex librorum omnium qui conservatur in Bibliotheca Sanctae Ecclesiae Patr iar chalis Hispalensis (Ms. 83.6.44) y el «Indice de tod os los Códices Manuscritos que se co nservan en la Bibliotheca de la Santa Patri archal Yglesia de Sevilla» (Ms. 84.7.16). 17. Véase sus Grandeza y decadencia de la Colombina, Sevilla, 1886; Excerpta Colombiniana ( ... ), P ar is, H. Welter, Ed it eur, 1887 y Toujours la Colombine!, Paris, 1897. 18. Biblioteca Colombin a. Catálogo de sus libros impresos publicado (. .. ) bajo la inmediata dirección de su bibliotecario ( ... ) Servando Arboll y Faraudo, con notas bibliográficas del Dr. D. Simón de la Rosa y López. Sevilla, 1888-1948, 7 vols. (R eed . Nieuwkoop, de Graaf, 1972).
PASADO, PRESENTE Y FUTURO DE LA BIB LIO TE CA COLOMBINA 67 Varias bibliotecas, como la del El Escorial, la Biblioteca Nacional de P ar ís 19 , la Biblioteca Univers itaria de Sevilla y probablemente otra s se beneficiaron de las salidas irregulares de libros hernandinos a lo largo del atormentado devenir de la Colombina. Pero, ya que no podrán figurar más en sus fondos, debería hacerse lo posible para conocer el paradero de las piezas materialmente dispersas y salvaguardar así el primitivo conjunto bibliográfico colombino. Si en nue s tro tiempo la Biblioteca Capitular y Colombina ha podido llegar a nosotros a pesar de las mucha s penurias y falta de medios, ha sido gracias a los constantes desvelos y firme celo -<.:asi de cancerbero diríamosde don Francisco Alvarez Seisdedos. No obstante, la madrugada del 8 de e nero de 1986 sobrevino el desastre . Se hundió la techedumbre de la Biblioteca. Milagrosamente los daños no fueron los que se hubie ra podido esperar. Sin embargo, tamaño infortunio sacudió la conciencia de la sociedad sevillana, la de sus autoridades eclesiásticas y, por fin, también la de las civiles y, cómo no , ju sto es decirlo la de los «críticos» de siempre que ja - más o rara vez habían pisado la Colombina, ni saben lo que significa, para caca re ar a destiempo sus « pr eocupaciones». · HOY Y MAÑANA DE LA COLOMBINA por JUAN GUILLEN Al hablar de la Colombina no se puede olvidar que esta bibli oteca, única en el mundo, vive, desde su entrada en la Catedral a mediados del s. XVI, hermanada con la Capitular, en cu yo seno recaló después de las peripecias que siguieron a la muerte de D. Hernando Colón, como queda anteriormente dicho. Es imposible se pararlas como hermanas siamesas qu e son. Todo lo que a continuación se dic e, de las dos se dice, aunque, cuando sea necesario para mayor claridad, precisemos lo que a una u otra atañe. 19. Véase Jean Babelon, La bibüotheque franfaise de Fema11d Colomb. París, Ll braire Ancienne Honoré Champion, Editeur 1913 , pág. XIV, nota 3.
68 KLAUS WAGNER I JUAN GU ILLEN El «hoy». Triste es la fecha con la que se puede comenzar el «hoy» de la Colombina-Capitular: el 8 de enero de 1986, cuando se derrumbó parcialmente la techumbre de la sala principal. La conmoción en la ciudad fue enorme. Pero, apelando a la providencia con el conocido refrán, « no hay mal que por bien no venga», es evidente que, a partir de esa fatídica fecha, se inicia un giro en la política seguida con y en las bibliotecas de la Catedral. En honor a la verdad, antes de ese día, en el Cabildo ya se había presentado la propuesta de hacer de ellas un centro de cultura, abierto a los estudiosos, como si de una biblioteca pública se tratase . Con este fin se habían iniciado conversaciones con la Junta de Andalucía y, en concreto, con el Centro Andaluz de Lectura, cuya directora, Dña. Juana Muñoz Choclán, desde entonces, ha sido el alma de este fecundo entendimiento del Cabildo con la Junta. Hay que hacer justicia asimismo tanto al Consejero de Cultura, D. Javier Torres Vela, al que era Director de Bienes Culturales, D. Bartolomé Ruiz y a D. Javier Verdugo, quien desde el principio estuvo junto a nosotros en diversos puestos de la Administración. El derrumbamiento de la techumbre es el detonante: a partir de ese momento todo son urgencias. Y no es para menos. Peligra un tesoro y se esfuma un proyecto. Un primer análisis revela que los daños son importantes en el edificio y que han sido afectadas unas mil obras, entre manuscritos e impresos, de distintas fechas y diverso valor, tanto de la Colombina como de la Capitular. Causa terror el estado en que se puedan encontrar bajo los escombros los diez y seis códices, en pergamino y vitela, expuestos en vitrinas, al ver que éstas habían quedado totalmente destrozadas; el resto eran impresos de la Capitular. El temor de Jos primeros momentos dio muy pronto paso a una relativa, sólo relativa, tranquilidad. Los libros que se recuperaban de los escombros no estaban tan dañados como se temía. Naturalmente muchos de ellos habían sufrido cortes y desgarros, Ja mayoría estaban llenos de polvo y algunos con daños debidos a los cascotes; sin embargo, ninguno estaba seriamente afectado, como pocos días después, confirmaban los técnicos de la Bi - blioteca Nacional y del Instituto de Conservación y Restauración de Obras Artísticas, dependiente del Ministerio de Cultura.
PASADO, PRESENTE Y FUTURO DE LA BlBL!OTECA COLOMBINA 69 Personal de Ja Biblioteca y de la Junta de Andalucía, bajo la di - rección de Dña. Elisa Pinilla, lleva a cabo el aislamiento y tratamiento de los volúmenes conforme se recupe ra ban. En una sala de la Catedral, se les somete a un proce so de d es humidificación, in troduciendo entre sus páginas papel sec ant e y parafinado. Esta manipulación individualizada y detenida de los libros, que más ha bían sufrido, confirma la pr imera impresión: no hay motivos de ala rma . Aunque los daños producidos por el hundimiento se puedan considerar como menores, sin embargo se palpa el deteriorodo que el pasar de los siglos ha producido en otros: muchos han perdido s us encuadernaciones o las tienen deform adas ; libros miniados expuestos a la lu z, abiertos en las vitrinas durante decenios y por el mi s mo sitio, están marcados ya para siempre. Muchos han sido atacados por insectos y microorganismos: su acción es evidente; las tintas han sido alteradas por oxidación, y los co lor es por la luz. También la humedad ha atacado sobre todo a aquéllos que se encontraban en una doble fila, junto la pared: el moho revelaba la ausencia casi to - tal de ventilación. Esta revisión, un t an to superficial pero suficie nte , plan tea la posibilidad de un tratamie nto t éc nico de desinsectación y desinfección para todos los fondos de ambas bibliotecas. El traslado. El traslado planteó diversos problema s y suscitó muchas desco nfianzas. Sencillament e, se hizo lo que se pudo, y creo que no todo salió mal. Las circunstancias impo nían llevar los libros a otro lugar: no se podía dejar un fondo tan rico ex pu esto a ulteriores peligros, imaginables y posibles, si permanecía en los locales derruidos, a la i nt emperie, en pleno invierno y donde de inmediato comenzarían las obras de restauración. Se pensó en el Palacio Arzobispal, pero se impuso que fueran ubicados dentro de la misma Catedral. Se esco ge el ala s ur , junto al Archivo, zo na conocida y localizable fácilmente por los investigadores. Se adecúan tres grandes salas con un complejo de estanterías metálicas (costó a la Junta uno s once millones de pts.) y unos sistemas de aireación, antirrobo y antincendios. El traslado propiamente dicho de los libros fue tan minucio so que tardó tres meses y medio en completarse y lo realizó el mismo equi-
76 KLAUS WAGNER/ JUAN GUILLEN De la Colombina, en concreto, se han catalogado 11 de los 17 armarios que la componen; y un total de 295 manuscritos de los 600 que posee: 659 incunables en 459 volúmenes y 2.251 títulos del s. XVI en 1031 volúmenes. En poco más de dos años catalogando, se ha superado la mitad de la tarea. Contando con que el ritmo actual es más rápido una vez que quienes catalogan han ido adquiriendo experiencia y cuentan con mejores instrumentos de consulta, se pretende tener terminada la catalogación de la Colombina para 1990, con tiempo de preparar las fichas para la impresión del catálogo, revisar las pruebas, que serán lentas y minuciosas: el objeto es su publicación en el primer trimestre de 1992. Preocupa, sin embargo, la confección y ordenación de ficheros, que aún no se ha emprendido y que urge, si el trabajo para el catálogo ha de estar preparado para la fecha prevista. Esperamos conseguir un ordenador y un programa este mismo año , con lo que la tarea se abreviaría. El «mañana» de Ja Colombina El futuro se funde con el proyecto global de dotar a Sevilla de un centro de cultura que radique en nuestra Catedral. Quizá suene a utopía cuanto viene ahora, pero ahí estamos, con esperanza de conseguir algo que demuestre que no se ha perdido del todo el espíritu de aquéllos canónigos que proyectaron una Catedral que, «quienes la vean, piensen que estamos locos». La «utopía» tiene estos objetivos: 1. Hacer que este conjunto funcione como Biblioteca Pública de Investigación. 2. Continuar la catalogación de los fondos, que pueden llegar a los cien mil volúmenes, contando con la Biblioteca del Arzobispado. 3. Informatización de los mismos. 4. Digitalizar los especialmente importantes: manuscritos, ejemplares únicos y curiosos, etc. 5. Modernizar el servicio de microfilmación. 6. Conservación de los libros: restaurar y encuadernar.
PASADO, PRESENTE Y FUTIJRO DE LA BIBLIOTECA COLOMBINA 77 7. Publicaciones sobre la Biblioteca o sus fondos. 8. Creación de becas para investigadores. 9. Exposiciones periódicas. Hasta aquí llegan nuestras ilusio ne s, pero no son tan descabe lladas, pues con un derrumbamiento comenzarnos, ba stante se lleva hecho y las perspectivas son halagüe ña s. Llegue desde aquí mi reconocimiento agradecido a cuantos nos ayudaron a lograr lo co nseguido.