Reflexionando sobre Wittig: las guerrilleras y el cuerpo lesbiano
Abstract
En este artículo se analizan las obras literarias de la pensadora feminista Monique Wittig, concretamente Las Guerrilleras y El cuerpo lesbiano, para rastrear sus propuestas contra el binarismo sexual y la obligatoriedad del contrato heterosexual. He escogido estas dos obras para analizar en ellas las dos revoluciones en las que cree Wittig: la revolución lingüística y la revolución social. Monique Wittig cree en la necesidad de estas dos revoluciones, que se entrelazan y van unidas, para subvertir el contrato social heterosexual, pues para ella la discriminación de sexo se hace desde un entramado político y lingüístico que requiere y presupone un binarismo sexual.
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Thémata. Revista de Filosofía Nº 46 (2012 - Segundo semestre) pp.: 345-351. – 345 – REFLEXIONANDO SOBRE WITTIG: LAS GUERRILLERAS Y EL CUERPO LESBIANO Mónica Cano Abadía Universidad de Zaragoza (España) Recibido: 15-07-10 Aceptado: 14-09-10 Resumen: En este artículo se analizan las obras literarias de la pensadora feminista Monique Wittig, concretamente Las Guerrilleras y El cuerpo lesbiano, para rastrear sus propuestas contra el binarismo sexual y la obligatoriedad del contrato heterosexual. He escogido estas dos obras para analizar en ellas las dos revoluciones en las que cree Wittig: la revolución lingüística y la revolución social. Monique Wittig cree en la necesidad de estas dos revoluciones, que se entrelazan y van unidas, para subvertir el contrato social heterosexual, pues para ella la discriminación de sexo se hace desde un entramado político y lingüístico que requiere y presupone un binarismo sexual. Palabras-clave: Wittig, pensamiento heterosexual, revolución lingüística, revolución social. Abstract: This paper analyzes the literary work of the feminist writer Monique Wittig –focusing on Les guérrillères and Le corps lesbien– in order to trace her proposals to fight against sexual binarism and the compulsory status of the heterosexual contract. I chose both these works because in them we can find the two revolutions in which Wittig believes: the linguistic revolution and the social revolution. Monique Wittig argues that these two revolutions, that are linked and intertwined, are necessary in order to subvert the heterosexual social contract, since she thinks that sex discrimination is part of a political and linguistic framework which requires and presupposes sexual binarism. Key-words: Wittig, straight mind, linguistic revolution, social revolution.
Mónica Cano Abadía Thémata. Revista de Filosofía Nº 46 (2012 - Segundo semestre) pp.: 345-351. – 346 – 1. Revolución lingüística y revolución social Las dos revoluciones en las que cree Monique Wittig, la revolución lingüística y la revolución social, tendrán como objetivo el subvertir el orden del contrato social heterosexual, pero desde diferentes caminos. La revolución lingüística es fundamental para Wittig pues considera el lenguaje como una parte importante del contrato heterosexual: el lenguaje es configurador de realidades (por lo que configura, y mantiene posteriormente, el contrato social heterosexual). En palabras de la propia Wittig: “El lenguaje proyecta haces de realidad sobre el cuerpo social, lo marca y le da forma violentamente”1. Se hace necesaria, así, una revolución de la gramática y del vocabulario: una destrucción del discurso del sexo y de la gramática que instaura el género. Esta revolución de la gramática y del vocabulario se realiza desde dentro: los nuevos conceptos no son completamente ajenos al lenguaje común, pues han de ser comprensibles dentro del mismo lenguaje que pretenden cambiar; son un caballo de Troya que actúa subversivamente desde el interior. Sin embargo, para la revolución social Wittig propone una figura revolucionaria que es exterior al contrato heterosexual: la lesbiana. “Las lesbianas no son mujeres”2, nos dice Wittig, pues ser mujer conlleva desear a los hombres; género y sexualidad van de la mano. La lesbiana no se sitúa dentro de las normas de heterosexualidad obligatoria y posee, para Wittig, una fuerza revolucionaria capaz de subvertir el contrato social heterosexual. Tanto en Las Guerrilleras como en El cuerpo lesbiano encontramos propuestas, desde diferentes formas textuales y sociales, de nuevos lenguajes y nuevas formas de organización social que no tienen cabida en el entramado del contrato heterosexual. También Wittig nos enseña en estos dos textos diferentes formas de concebir los afectos y la convivencia social, así como una nueva figura a la que Wittig le otorga un poder subversivo capaz de quebrar el binarismo sexual y la heterosexualidad como institución: la lesbiana. Las guerrilleras es la narración épica de estas dos revoluciones, que van unidas. Las guerrilleras suponen un desafío lingüístico contra lo establecido y crean nuevos lenguajes que no caben en el contrato heterosexual; por otra parte, las guerrilleras nos muestran que son posibles diferentes formas de comunidades de afectos no basados en la división binaria de sexos y en la heterosexualidad obligatoria. El cuerpo lesbiano, por otra parte, es la narración atípica del placer-amor-afecto lesbiano. En esta obra se explora, a través de su forma textual, de su vocabulario y de su lenguaje inhabituales, la fuerza transformadora de la relación lesbiana, mostrando otras formas de habitar los [1] WITTIG, “La marca del género” en El pensamiento heterosexual y otros ensayos, Egales, Madrid, 2006, p. 105. [2] WITTIG, “El pensamiento heterosexual” en El pensamiento heterosexual y otros ensayos, p. 57.
Thémata. Revista de Filosofía Nº 46 (2012 - Segundo semestre) pp.: 345-351. Reflexionando sobre Wittig: las guerrilleras y el cuerpo lesbiano. – 347 – cuerpos y los placeres que no tienen que ver con las normas dictadas por el contrato social heterosexual. 2. Las Guerrilleras Las guerrilleras comienzan su relato describiéndonos la paz que se vive tras el fin de la guerra total declarada contra el sistema patriarcal, que se explica al final del libro. Desde que iniciamos la lectura de esta obra observamos que el lenguaje de las guerrilleras es diferente al que utilizamos en un mundo que no es post-patriarcal: es un desafío lingüístico lanzado contra las categorías establecidas para las identidades; crea nuevas categorías y nuevos lenguajes capaces de expresar distintos modos de ser de los cuerpos, que no tienen cabida en el lenguaje inscrito dentro del marco del contrato social heterosexual. Wittig crea en Las guerrilleras una forma de asociación política humana que ni existe ni es posible en el marco del contrato social de las sociedades occidentales actuales, basado en la heterosexualidad obligatoria. La heterosexualidad dicta las normas de toda actividad social e individual en las sociedades occidentales: es la relación social obligatoria entre hombres y mujeres. Las categorías heterosexuales se han erigido como las categorías universales fuera de las cuales las relaciones entre las personas no pueden ser pensadas. Este texto de Wittig nos describe intentos colectivos de iniciar nuevos órdenes socio-políticos opuestos al orden de la heterosexualidad normativa. La propuesta de Las guerrilleras de Wittig nos lleva por el camino de la subversión del lenguaje para conseguir la transformación de las categorías binarias de sexo y género. El estilo literario de Wittig, sus palabras alusivas, su especial hilo narrativo, pretenden ser una revolución de los conceptos. A través de nuevos significados imaginarios busca visibilizar a aquello que es un fantasma en los marcos de referencia heterosexuales, pues “la homosexualidad no aparece más que de forma fastasmática, débilmente y en ocasiones no aparece en absoluto”3. Esta subversión del binarismo sexual y de la obligatoriedad de la heterosexualidad a través del lenguaje le permite a Wittig presentarnos un horizonte en el que existen nuevas comunidades de afectos y deseos, que posibilitan formas diferentes de acción social y de convivencia social. Quisiera insistir en el detalle de que Wittig no propone una guerra a los hombres, sino una guerra a la lógica occidental binaria que hace que tanto hombres como mujeres estén insertos en un contrato heterosexual obligatorio y coercitivo. Así, en la postguerra son tanto hombres como mujeres los que se benefician de la nueva situación. En plena batalla para cambiar el mundo, las guerrilleras nos dicen: [3] WITTIG, “A propósito del contrato social”, en El pensamiento heterosexual y otros ensayos, p. 67.
Mónica Cano Abadía Thémata. Revista de Filosofía Nº 46 (2012 - Segundo semestre) pp.: 345-351. – 348 – “Dicen, están muy equivocados si creen que yo, mujer, hablaré con violencia contra los hombres”4. Teniendo esto en cuenta, podemos entender la subversión del uso del pronombre «elles» en esta obra5. Para Wittig, es fundamental revolucionar los pronombres personales porque en ellos se inscribe el género y porque “son la única instancia lingüística que designa a los hablantes en el discurso, y sus situaciones diferentes y sucesivas en relación con este discurso. Por tanto, son también el camino y el medio de entrada en el lenguaje. Y por eso – porque representan personasnos interesan”6. Es de crucial importancia esta universalización del punto de vista femenino, pues normalmente, nos dice Wittig en “La marca del género”7, utilizamos «ellos dicen» como si dijéramos «se dice» o «la gente dice». Pero el problema es que, por mucho que se quiera camuflar tras principios de economía del lenguaje, «ellos» nunca incluye a «ellas»: lo masculino se ha apropiado de lo universal. Wittig realiza aquí un giro del lenguaje interesante con un «elles» que aporta el punto de vista general8. Este pronombre, trastocando el uso del lenguaje común, posibilita toda una nueva posición enunciativa, un nuevo lugar desde el cual hablar y actuar, tanto para mujeres como para hombres. A través de este uso inusual de «elles» produce una ruptura en el contrato social heterosexual y modifica los marcos de referencia, cargados de marcas de sexo, con los que nos manejamos en la tradición occidental. Las guerrilleras se convierte así en el relato de «elles», un sujeto que se apropia de la vida y del lenguaje y se nombra a sí mismo en femenino. De esta forma, Las guerrilleras pretende ser el relato de una revolución social, narrado a través de una revolución de los conceptos perpetrada por la autora. Para Wittig, no se puede salir de este marco lingüístico en el que nacemos; no existe un afuera del lenguaje, pero sí se puede perturbar desde el interior a través de la escritura radical. La escritura no sujeta a las normas del contrato social heterosexual es como un caballo de Troya para Wittig; una máquina de guerra que ataca desde dentro: “Toda obra literaria importante es, en el momento de su producción, como el caballo de Troya. Toda obra con una nueva forma funciona como una máquina de guerra, pues su intención y su ob- [4] WITTIG, Las guerrilleras, Editorial Seix Barral, Barcelona, 1971, p. 96. [5] Casi todos los fragmentos de Las guerrilleras contienen «elles disent», ambiguamente traducido en la edición española por «dicen», que no deja ver el importante matiz que Wittig quiere introducir al cambiar el tan común en la literatura «ils disent» por «elles disent». [6] WITTIG, “La marca del género” en El pensamiento heterosexual y otros ensayos, pp. 105-106. [7] Véase Ib., pp. 111-112. [8] Es interesante ver lo que la propia Wittig dice sobre el uso del pronombre “elles”. Véase: WITTIG, “La marca del género” en El pensamiento heterosexual y otros ensayos, p. 112.
Thémata. Revista de Filosofía Nº 46 (2012 - Segundo semestre) pp.: 345-351. Reflexionando sobre Wittig: las guerrilleras y el cuerpo lesbiano. – 349 – jetivo son destruir las viejas formas y las reglas convencionales”9. Aunque para ser radical la escritura ha de separarse y rechazar las normas hegemónicas, la obra, las palabras, el sentido han de ser reconocibles en el mismo lenguaje ordinario que pretende destruir. Así, la obra utópica de Wittig se escurre por los juegos del lenguaje, de forma que es reconocible pero introduce elementos novedosos que puedan realizar la función de “destruir las formas viejas y las reglas convencionales”10. Sin embargo, esto es así solamente cuando Wittig nos habla del lenguaje. Con respecto a su propuesta para transformar lo social del contrato heterosexual, Wittig sí considera que se puede acceder a un afuera; la lesbiana será la figura que, desde el exterior del marco heterosexual, pueda subvertir las categorías heteronormativas del contrato social y trascender las categorías culturales de sexo. 3. El cuerpo lesbiano La propuesta de transformación social en Wittig tiene que ver con el lesbianismo y con una sociedad sin sexos en la que las categorías de «hombre» y «mujer» queden destruidas. La forma de llegar a esta situación es a través de la destrucción de la heterosexualidad como obligación social. El lesbianismo tiene la fuerza de situarse fuera del marco heterosexual obligatorio, de romper el contrato heterosexual que resulta invivible y cuyos efectos afectan a la vida de las personas en su totalidad. La lesbiana, pues, no funciona según la lógica de la opresión que consigue que las personas lleguen a ser lo que el opresor dice que son11. El lesbianismo ofrece así “la única forma social en la cual podemos vivir libremente”12. Wittig propone un nuevo sujeto que será capaz de operar fuera del marco heterosexual: la lesbiana. La lesbiana no es el sujeto tradicional de la lógica occidental masculinista, pero sigue siendo pensado en términos del humanismo moderno13: se trata de un sujeto natural, libre, autónomo, que proviene de alguna manera de un afuera, de un antes, de un exterior con respecto al orden cultural. La lesbiana es anterior a lo social, no está contaminada, es pura. Sin embargo, la lesbiana le permite a Wittig, siempre desde ese afuera, problematizar el patriarcado y subvertir también el feminismo heterocentrado, y nos [9] WITTIG, “El caballo de Troya”, en El pensamiento heterosexual y otros ensayos, p. 95 [10] Ib. [11] Para esta sugerencia de la performatividad lingüística véase WITTIG, “No se hace mujer”, en El pensamiento heterosexual y otros ensayos, p. 34. [12] Ib., p. 43. [13] Véase la crítica que le dirige Judith Butler a Wittig en BUTLER, “Variaciones sobre sexo y género. Beauvoir, Wittig y Foucault” en Seyla Benhabib y Drucilla Cornell, Teoría feminista y teoría crítica, Valencia, Ediciones Alfons el Magnanim, 1990, pp. 193-211.
Mónica Cano Abadía Thémata. Revista de Filosofía Nº 46 (2012 - Segundo semestre) pp.: 345-351. – 350 – permite hoy a nosotras reflexionar sobre las posibles estrategias para quebrar el binarismo sexual y la heterosexualidad institucionalizada. El cuerpo lesbiano es el relato de esta posibilidad del lesbianismo. Wittig nos presenta la relación lesbiana fuera del marco social heterosexual a través de una forma distinta de habitar los cuerpos y de sentir los cuerpos. Wittig critica a través de este texto la forma en la que el patriarcado ha pensado el cuerpo: cargado de restricciones binarias y que reduce, prácticamente, el cuerpo de la mujer a labios, pechos y vagina. La lógica occidental binaria realiza sobre la mujer un ejercicio de reducción, tomando la parte por el todo, rebajando a la mujer a sus genitales. Las relaciones eróticas y afectivas también están atravesadas por esta lógica masculinista, de manera que sólo algunas partes del cuerpo son objetos de placer, haciendo que el deseo hacia otras partes sea tachado de «perversión» o incluso de «patología». El cuerpo lesbiano es una «carnicería»: desmenuza los cuerpos de forma violenta y minuciosa. Wittig se aleja de la mirada patriarcal sobre los cuerpos y revaloriza cada una de las partes del cuerpo, incluso aquellas partes consideradas como repugnantes: vísceras, fluidos, glándulas, secreciones. Cada parte del cuerpo puede ser deseada, puede ser vivida y acariciada. Wittig apuesta por la afirmación de la plenitud corporal; un cuerpo rearticulado capaz de vivir placeres, amores, afectos polimorfos. Wittig, al reclamar todas las partes del cuerpo como fuente de placer erótico, rearticula las restricciones binarias que oprimen los cuerpos y las relaciones interpersonales. El lenguaje a través del cual Wittig desmembra y reescribe el cuerpo supone también una desarticulación de las formas normales de expresión. Wittig no utiliza un discurso lógico, sino que El cuerpo lesbiano se presenta en forma de poemas apasionados y atropellados, sugerentes, no lineales, no siempre coherentes. Wittig crea una nueva forma de expresión para una nueva forma de vivir los placeres del cuerpo. Wittig necesita esta inhabitual manera de expresarse para presentar lo que no tiene lugar ni cabida dentro del marco conceptual heterosexual y binario. Wittig realiza también en esta obra una interesante quiebra de un pronombre personal: esta vez será la quiebra del pronombre personal yo a través de la fórmula J/e (y/o). Es ésta una manera muy gráfica, a través de una barra que divide por la mitad el pronombre, de presentar la fractura del sujeto que Wittig quiere sugerir14. El pronombre protagonista de El cuerpo lesbiano pretende designar a un sujeto poderoso, capaz de perturbar otros relatos, otras relaciones, otros cuerpos, llevándolos fuera de la lógica binaria y heterosexual. [14] De nuevo, considero interesante ver lo que la propia Wittig nos dice sobre su escritura de este pronombre. Véase: WITTIG, “La marca del género”, en El pensamiento heterosexual y otros ensayos, pp. 114-115.
Thémata. Revista de Filosofía Nº 46 (2012 - Segundo semestre) pp.: 345-351. Reflexionando sobre Wittig: las guerrilleras y el cuerpo lesbiano. – 351 – 4. Conclusiones Como conclusión, me parece importante destacar de nuevo el magistral uso del lenguaje a través del cual Wittig nos presenta sus propuestas, tanto lingüísticas como sociales, de quiebra del binarismo sexual y de la obligatoriedad de la heterosexualidad. Sin embargo, me planteo la adecuación de sus objetivos. Wittig propone un camino para llegar a una sociedad sin sexos, sociedad en la que la verdadera personalidad de las personas pueda aflorar sin contextos opresores binarios. La posición de la lesbiana, que no se atiene a las restricciones binarias y heterosexuales, ayuda a alcanzar ese lugar en el que se trascienden las categorías culturales de sexo. Sin embargo, esta propuesta apela a un lugar puro y no contaminado que se sitúa fuera de la cultura, y al que creo que no se puede acceder. Judith Butler, con ocasión de su análisis particular de Simone de Beauvoir, nos dice que “fuera de los términos de la cultura no hay ninguna referencia a la «realidad humana» que tenga significado”15. No obstante, si bien quizás no estoy por completo de acuerdo con sus objetivos, considero hoy importante continuar explorando los caminos que nos ofrece Wittig para subvertir el binarismo sexual y el heterocentrismo. Sin plantearse como objetivo la trascendencia de la cultura opresora, las herramientas de transformación que nos propone siguen siendo poderosas. Estoy de acuerdo con Butler cuando considera que “por una parte Wittig exige una total trascendencia de sexo, pero su teoría igualmente podría llevar a una conclusión inversa, a la disolución de las restricciones binarias a través de la proliferación de géneros”16. Considero de gran fuerza subversiva las propuestas de Wittig de nuevas formas de lenguaje para nombrar aquello que aún no tiene nombre en el marco social heterosexual y de nuevas formas de comunidades de afectos que aún no se han visto en la sociedad binaria heterosexual. Si bien Wittig considera que la revolución social se realiza desde fuera, a través de la figura de la lesbiana, creo que no se necesitan figuras puras y exteriores sino que las nuevas comunidades de afectos que nos propone pueden actuar igualmente como caballos de Troya, capaces de reconfigurar desde dentro las restricciones culturales. Las dos revoluciones de Wittig, la lingüística y la social, pueden llevarnos a entendernos y a entender lo que nos rodea de una forma inhabitual e inesperada, no establecida, siempre fluida, haciendo posible que las restricciones binarias sean menos opresoras -sean menos binarias- y posibiliten la vida de aquellas personas que no tienen cabida en la cultura heterosexista actual. [15] BUTLER, “Variaciones sobre sexo y género. Beauvoir, Wittig y Foucault” en Seyla Benhabib y Drucilla Cornell, Teoría feminista y teoría crítica, p. 205. [16] Ib., p. 204.