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La formación de la clase obrera en las minas de Riotinto, Huelva (1913-1920). Una aproximación desde la cultura y la comunicación social

Baena Sánchez, Francisco

Abstract

En 1913, Riotinto era un trozo de España donde la Compañía Británica que explotaba las minas ejercía su hegemonía como si la comarca fuera una colonia más del Imperio. Este artículo plantea la necesidad de estudiar la formación de la clase obrera en este contexto. Para ello se centra en la actividad comunicativa desarrollada por el Sindicato minero en periódicos, pasquines y asambleas. Asimismo, aborda la articulación de un lenguaje de clase a través de la formulación de conceptos como los de explotación, emancipación y unidad, y de la elaboración y difusión de mitos, rituales y símbolos, como el Primero de Mayo. Todos esos elementos hicieron posible la construcción cultural de una nueva identidad entre los obreros de Riotinto.

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Redes.Com Nº 5 | 189 RESUMEN En 1913, Riotinto era un trozo de España donde la Compañía Británica que explotaba las minas ejercía su hegemonía como si la comarca fuera una colonia más del Imperio. Este artículo plantea la necesidad de estudiar la formación de la clase obrera en este contexto. Para ello se centra en la actividad comunicativa desarrollada por el Sindicato minero en periódicos, pasquines y asambleas. Asimismo, aborda la articulación de un lenguaje de clase a través de la formulación de conceptos como los de explotación, emancipación y unidad, y de la elaboración y difusión de mitos, rituales y símbolos, como el Primero de Mayo. Todos esos elementos hicieron posible la construcción cultural de una nueva identidad entre los obreros de Riotinto. Palabras clave: movimiento obrero, identidad, clase obrera, prensa obrera, Riotinto ABSTRACT In 1913, Riotinto was a land of Spain where the British Company that owned mines developed its hegemony as a colony of the Empire. This article considers the necessity for studying the making of the working class in this context. It focuses the communicative agenda of the mining trade union through newspapers, pamphlets and meetings. As well, it tackles the creation of a class language through concepts as explotation, emancipation and unity, and through the spreading of myths, rituals and symbols, as May the First. All of these elements allowed the cultural construction of a new identity between Riotinto workers. Keywords: labour movement, identity, working class, radical press, Riotinto LA COLONIA BRITÁNICA DE LAS MINAS DE RIOTINTO La década de 1910 fue en las minas de Riotinto (Huelva) un período histórico marcado con el sello de la conflictividad, la violencia y la contestación social. La lucha laboral y cultural que se desarrolló en estos años enfrentó a dos personajes colectivos bien diferenciados: a un lado, el protagonista, el sindicato, encarnado fundamentalmente en dos de sus líderes, Eladio Fernández Egocheaga y Félix Lunar, por ser quienes llevaron la batuta periodística y propagandística en todo momento; y a otro lado, el antagonista, la Compañía Británica, representada en primer La formación de la clase obrera en las minas de Riotinto, Huelva (1913-1920). Una aproximación desde la cultura y la comunicación social Francisco BAENA SÁNCHEZ 190 | ISSN 1696-2079 FRANCISCO BAENA SÁNCHEZ término por su director general, Walter J. Browning, un autócrata que no toleraba críticas y que, hacia 1914, era conocido entre la gente de la comarca como “el rey de Huelva”. No obstante, el nombre de Riotinto había empezado a sonar internacionalmente cuatro décadas antes. En 1873, un consorcio de inversores británicos adquirió las minas al Estado español —por entonces, republicano y en bancarrota— por tres millones y medio de libras esterlinas, 92 millones de pesetas. El consorcio fundó seguidamente la Compañía de Río-Tinto Limitada, que explotó las minas hasta 1954. En esos más de 80 años, la empresa cimentó un poder económico y político de tipo hegemónico y colonial. La comisión del Instituto de Reformas Sociales que visitó la explotación minera en 1913 no dudó en calificarla en su informe como “una colonia extranjera servida por españoles”.1 Los tentáculos de la Compañía Británica se movían a la altura de las bolsas internacionales, de los mercados mundiales del cobre —como un fenómeno más de esa segunda fase imperialista y global del capitalismo—2 y de la alta política española. En el plano local, la dominación que practicaba sobre los mineros adquirió dimensiones desproporcionadas en virtud de su contrato con el Estado español, por el que era dueña del suelo y el sobresuelo de los varios kilómetros cuadrados que ocupaban su concesión y que, curiosamente, coincidían con el término municipal de Minas de Riotinto. Esta hegemonía intentó compensarse con lo que se conoce como paternalismo empresarial: pagaba bien, por lo general; los economatos, propiedad de la empresa, facilitaban artículos de primera necesidad a precios más bajos que en el comercio ordinario; disponía de un buen servicio médico-farmacéutico; construyó casas para sus obreros en varios poblados y las alquiló a precios no muy elevados; y puso en marcha escuelas para educar a los hijos de los trabajadores y combatir las altas tasas de analfabetismo de la región. La “benevolencia” paternalista de la compañía ofrecía a los mineros bastante más de lo que recibían otros trabajadores andaluces de sus empresas o del propio Estado.3 Precisamente por ello, toda la vida de los mineros dependía de la compañía: en el momen- to en que los trabajadores protagonizaban un intento de huelga o cualquier protesta violenta, la empresa les ordenaba desalojar las casas, les encarecía el pan y las demás subsistencias e incluso les instaba a exiliarse de la comarca. Tenía montada, además, una especie de policía particular, los guardiñas, que aparte de proteger las propiedades de la empresa informaban a sus directivos de cualquier movimiento sospechoso entre los mineros más comprometidos y activistas.4 Finalmente, la mayoría de los cargos políticos, administrativos y judiciales de los pueblos de la cuenca eran empleados de la compañía o estaban muy vinculados a ella. Y, para acrecentar el dominio, las únicas comunicaciones rápidas con el mundo exterior —ferrocarril, teléfono y telégrafo— eran de su propiedad. La empresa se aplicó fundamentalmente en la colonización de la conciencia de los trabajadores. El discurso empresarial resultante venía a corroborar un mensaje subliminal que explicaba la sumisión, el escepticismo y la indiferencia de los trabajadores: contra la compañía nada se podía, su hegemonía era inquebrantable. En esas condiciones, una hegemonía absoluta no tenía más remedio que propiciar una conflictividad total.5 La fundación del Sindicato Minero de Riotinto en 1913, adscrito a la Unión General de Trabajadores (UGT), marcó el inicio de la lucha sistemática y la acentuación de las protestas en la comarca. Los trabajadores encontraron al líder ideal para canalizar sus aspiraciones de huelga general en el socialista Eladio Fernández Egocheaga, enviado por Vicente Barrio para organizar sindicalmente a los mineros de Riotinto. Éste organizó un sindicato de base múltiple, del que fue secretario y presidente, a fin de disputar a la compañía su hege- Redes.Com Nº 5 | 191 LA FORMACIÓN DE LA CLASE OBRERA EN LAS MINAS DE RIOTINTO, HUELVA (1913-1920)… monía en la comarca. Era un sindicato de inspiración socialista, pero más próximo a las tesis revolucionarias de la acción directa que al pablismo moderado que predominaba entonces en la UGT. De hecho, los planteamientos radicales de Egocheaga —abogaba por la huelga general y la violencia sindical— y sus desencuentros con la agrupación socialista local relegaron a la organización de Riotinto a un cierto ostracismo en el ámbito nacional. El presente estudio cuenta la historia de los miles de obreros que padecieron la hegemonía social y la explotación económica de la Compañía Británica y de cómo se fueron dotando, en su afán por resistir y por consolidar la solidaridad de clase, de diferentes medios de comunicación y prácticas culturales. De hecho, el paternalismo que había practicado hasta entonces la compañía (viviendas, enseñanza gratuita, pensiones, sociedad de socorros mutuos y de ocio) resultaba ahora inútil para apaciguar a los obreros y encorsetar su insubordinación. En el marco de ese antagonismo evidente, la compañía ostentaba una hegemonía hasta entonces inquebrantable sobre los espacios de la producción y la representación social, mientras que la organización obrera partía desde una posición subalterna. Necesitaba conformarse, articularse y consolidarse en el imaginario colectivo de la mina como una alternativa real y deseable al paternalismo empresarial. Debía erigirse en el representante de los obreros y, en ese sentido, la articulación de un discurso de identificación, la construcción de la conciencia de clase, jugaban un papel fundamental.6 El sindicato, por tanto, nacía con un serio problema de identidad y de legitimidad que requería una solución radical, un conflicto con la compañía que provocase una adhesión masiva, tal vez una huelga general. La huelga general del otoño de 1913, como las que se sucedieron en 1917 y 1920, fue el fenómeno más notable de la protesta obrera de Riotinto durante la segunda década del siglo XX, así como el arquetipo de la lucha de clases en la sociedad capitalista y colonial que la compañía había creado en la cuenca minera. El origen laboral de la huelga era una lista de once peticiones formuladas por el sindicato, que Browning se negaba a conceder. Entre las reivindicaciones destacaban la admisión de los despedidos por motivos políticos e ideológicos, la jornada de ocho horas, el aumento del jornal y la autonomía de los obreros para montar su propio servicio médico-farmacéutico, independiente del de la compañía. Ante la intransigencia de Browning, el sindicato aprobó, en la asamblea general del 12 de octubre, la declaración inminente de la huelga general. Ésta empezó finalmente tres días después, entre las 10 y las 12 de la noche del 15 de octubre, y afectó a todos los departamentos. La huelga concluyó en enero de 1914, después de más de dos meses de tira y afloja entre la empresa y el sindicato. En Madrid, delante del entonces presidente del Gobierno, Eduardo Dato, ambas partes pactaron un laudo que concedía a los obreros pequeñas mejoras salariales y la reducción de la jornada de trabajo. En el plano simbólico y moral, la lectura que se hacía de la huelga era aun más positiva: se había sembrado la semilla de la agitación y de la conciencia de clase entre los trabajadores mediante la articulación de un discurso previamente planificado. LA IDENTIDAD COLECTIVA: UNA CREACIÓN CULTURAL La clase obrera de Riotinto no fue el resultado automático de la evolución económica ni de las relaciones de producción derivadas del trabajo en la mina; más bien se trató de una identidad colectiva forjada por los propios trabajadores, guiados a su vez por el dictado de unos cuantos 192 | ISSN 1696-2079 FRANCISCO BAENA SÁNCHEZ de líderes sindicales, en un proceso de conformación social y cultural que experimentó su época de mayor intensidad en la segunda década del siglo XX.7 Por supuesto, identidad colectiva no significó unidad absoluta y sin fisuras. La clase obrera de Riotinto nunca estuvo plenamente cohesionada, sino que siempre estuvo dividida por numerosas líneas de fractura. Cuando no eran los mismos líderes obreros los que se enfrentaban por rivalidades personales, lo que dio lugar a la secesión irreconciliable de un sector que se oponía radicalmente a la gestión del sindicato, era la compañía la que descabezaba la organización sindical de sus primeras figuras mediante la persecución judicial y el consiguiente destierro de la cuenca minera. Además, la identidad de clase no fue la única ni la predominante en todo este tiempo; de hecho, se vio obligada a coexistir, casi siempre en una relación complementaria, con la identidad colectiva basada en la nacionalidad. De hecho, el antagonismo social y cultural entre el sindicato y la compañía no sólo derivaba de la clásica lucha de clases entre el capital y el trabajo, sino también de la situación de dominación colonial de un territorio español cuyo pueblo se sentía invadido y esclavizado. A la explotación laboral había que añadir, por tanto, el patriotismo y la xenofobia. Y estos tres lugares comunes, además de erigirse en el motor de la agitación y la rebeldía, sintetizaban la percepción de unas experiencias comunes, vividas y padecidas por los obreros durante las últimas cuatro décadas, y recreadas ahora a través del lenguaje y de los rituales de clase. En efecto, a pesar de las divisiones internas y de la coexistencia con otras identidades colectivas —la nación, el pueblo, se solapaban en el caso de Riotinto con la clase—, lo cierto es que durante la década de 1910 la pertenencia a la clase obrera definió el comportamiento y el imaginario colectivo de los miles de trabajadores que entonces poblaban la cuenca minera. Lo cual no deja de ser sorprendente si se tiene en cuenta que la evolución económica, y en concreto el desarrollo capitalista introducido en la región por la Compañía Británica, no favoreció la homogeneidad sino la diferenciación entre los trabajadores, como consecuencia de la división del trabajo, de los distintos niveles salariales o de las jerarquías establecidas en el proceso productivo.8 No es, por consiguiente, en el nivel económico donde se pueden encontrar los ingredientes que propiciaron la agrupación de los trabajadores y su actuación conjunta como miembros de una clase unida. Para la creación de la identidad colectiva fueron necesarios otros componentes, de naturaleza cultural. Si la clase obrera de Riotinto era una identidad colectiva, lo que interesa saber es cómo sectores tan distintos y fragmentados llegaron a percibir —“sintieron y articularon”, diría Thompson— que a pesar de las diferencias formaban parte de una unidad y tenían objetivos e intereses comunes, enfrentados además a los de la compañía y la colonia británica.9 El motor que impulsó ese proceso de formación de la clase obrera fue el sindicato. Es cierto que el colectivo de trabajadores de la mina protagonizó la acción social en Riotinto: era la masa uniforme que se reunía en el Centro Obrero y que discutía acaloradamente en la taberna del periodista republicano Manuel Navarro, que celebraba el Primero de Mayo y que llenaba la plaza de toros de Nerva en las asambleas, era el público que leía los periódicos y la opinión a la que se dirigían los pasquines. Pero, en realidad, quienes impulsaron el proceso de formación cultural de la clase obrera en la cuenca minera fueron los obreros de los oficios clásicos, todavía no sometidos a las nuevas formas productivas, como el citado Navarro, o Emilio de Medio, el impresor; antiguos mineros, como Félix Lunar; y sindicalistas profesionales procedentes de Madrid, como Eladio Fernández Egocheaga o Agustín Marcos.10 Redes.Com Nº 5 | 193 LA FORMACIÓN DE LA CLASE OBRERA EN LAS MINAS DE RIOTINTO, HUELVA (1913-1920)… Una hoja publicada el 1 de abril de 1914 explicaba claramente la diferenciación que se establecía entre los líderes obreros, que dirigían la organización sindical y se sacrificaban por el bien de la causa proletaria, y la masa anónima de trabajadores, cuya unidad en torno a una identidad de clase era imprescindible para imponerse a la compañía. Iremos todos a la cárcel; no importa; nosotros somos el blanco contra quien se dirigen los tiros que van contra nuestra Sociedad; algo así como la arboladura del buque, donde nuestro Sindicato boga. Pero si nosotros somos la arboladura, el casco sois vosotros. Y mientras el casco esté firme, la arboladura se reemplaza. Si nosotros vamos a la cárcel, otros vendrán que os sirvan de velamen.11 Ellos, y no los trabajadores de la mina oscura e infernal, ocuparon los puestos más relevantes dentro de la organización sindical del movimiento obrero y constituyeron una categoría superior al resto, en términos económicos y culturales, definida como aristocracia obrera. Constituían un grupo reducido, concienciado, con la potestad y la representatividad suficientes para declarar, en nombre de los trabajadores, una guerra abierta a la compañía. LA INTRODUCCIÓN DE UN NUEVO LENGUAJE DE CLASE En el examen de los ingredientes culturales que propiciaron la formación de la clase obrera, parece imprescindible comenzar por el propio lenguaje de clase. En parte porque, como ha explicado Stedman Jones, el lenguaje no es un simple medio de expresión sino que actúa como configurador de las experiencias; pero también, y en un plano más elemental, porque mientras no existió una nomenclatura precisa, un conjunto básico de términos para referirse a la estructura social y las distintas identidades que la integraban, fue imposible tener clara conciencia de la pertenencia a una de ellas. En ese sentido fue esencial la producción impresa de hojas sueltas que el sindicato llevó a cabo para resistir en su lucha contra la compañía y afianzar la solidaridad de clase de los trabajadores. La sociedad de Riotinto de principios del siglo XX estaba dividida en dos grandes bloques, claramente diferenciados e incluso enfrentados entre sí. Ambos proyectaban una imagen pública bien definida y configuraban una visión dicotómica de la sociedad que se expresaba necesariamente a través del nuevo lenguaje de clase difundido por el sindicato: la compañía y la colonia inglesa representaban a la burguesía, a los ricos, a los privilegiados, al capital, a los explotadores, mientras que los trabajadores se identificaban con el proletariado, con los pobres, con el pueblo, con el trabajo, con los explotados. La manifestación verbal de este antagonismo estaba presidido por la hostilidad, la violencia y el odio, de ahí que no fuera extraño que los pasquines difundidos por la organización recurriesen constantemente a la alegoría bélica para referirse a la lucha de clases: el conflicto laboral con la compañía era una guerra; cada huelga, una batalla; y el servicio médico o los periódicos, armas valiosas para minar la hegemonía británica. Que no se trataba sólo de palabras lo demuestran los atentados que sufrían indistintamente los empleados ingleses y los directivos del sindicato.12 Este clima de hostilidad se debía en parte a la mayor desemejanza cultural —en comparación con otros núcleos mineros de España— entre los usos, maneras y costumbres de la 194 | ISSN 1696-2079 FRANCISCO BAENA SÁNCHEZ privilegiada colonia británica y los de la oprimida población minera. Pero también obedecía a las puras diferencias económicas y al mayor bienestar del que, en consecuencia, disfrutaba la comunidad extranjera. Por esa razón, Riotinto era el caldo de cultivo perfecto para que triunfara una visión de la sociedad centrada en la desigualdad y el antagonismo entre las clases sociales. Ahora bien, la extensión de ese nuevo lenguaje de clase y de esa visión dicotómica de la sociedad entre la aristocracia obrera no significó que de inmediato los trabajadores interiorizasen esa visión como punto de partida de su identidad de clase. Para que los obreros compartiesen y se apropiasen de esa nomenclatura y de esas imágenes era necesario un largo proceso de formulación y difusión de esas tramas de significado; pero también resultaba imprescindible superar algunos obstáculos: la pervivencia de formas tradicionales de relación social y laboral, como el particularismo; la mansedumbre que históricamente había paralizado a los trabajadores como consecuencia de la política paternalista desarrollada por la compañía; las luchas intestinas entre los líderes sindicales que debilitaban a la organización; y el hostigamiento al que la compañía sometía al sindicato basado en la financiación de una campaña propagandística de descrédito y en la persecución judicial de sus primeras figuras. Pues bien, enfrentándose a los obstáculos enumerados, el sindicato se empeñó en desarrollar una nueva configuración lingüística de las experiencias comunes y en formular un ideal colectivo con el que, poco a poco, los obreros acabaran identificándose. Por eso, tan relevante como las percepciones que tenían los trabajadores sobre sus experiencias comunes —el trabajo en la mina, la miseria o el despotismo imperialista con que la compañía ejercía su poder— era la expresión verbal de las mismas. En el discurso sindical, el término minero y sus sinónimos —trabajador, obrero— ocupaba una posición central. Su uso expresaba la máxima igualdad posible entre todos los habitantes de la comarca, implicaba la unión y la solidaridad de clase. De hecho, abarcaba a los hombres y a las mujeres, que se convertían así en sujetos protagonistas de la acción sindical aunque no trabajasen en la mina. En una hoja suelta que publicó el periódico La Frontera en junio de 1913, se pedía a las mujeres obreras que conservaran la calma y no cayeran en la provocación de la compañía realizando “actos públicos”. El 20 febrero de 1914, por ejemplo, el sindicato pedía a los obreros de la cuenca minera el voto para Egocheaga con motivo de las elecciones de diputados a Cortes que se iban a celebrar. El eslogan-consigna rezaba así: “El primer diputado de los sindicatos. Votemos al compañero Egocheaga”. Las mujeres, que no podían votar, podían prestar un servicio encomiable a la organización y, por ello, tenían adjudicada una función no menos relevante que introducir la papeleta: la agitación. “Deben tomar parte también en la batalla electoral, dedicándose el día de la elección a repartir candidaturas, a propagar el candidato del Sindicato y a impedir que los caciques de la Compañía compren votos”.13 Otra hoja firmada por la junta directiva del sindicato incluía al final una nota que reflejaba el compromiso activo de las mujeres obreras, en ocasiones más beligerante que el de sus propios maridos. “Nos denuncian varias mujeres que el maestro de escuela, don Rafael Espinosa, olvidando sus deberes pedagógicos, coacciona a los niños, para que le digan nombre y apellidos de sus padres, sin duda para preparar el embuchado a favor del candidato Rebollo”.14 En suma, las mujeres obreras desempeñaron un papel muy importante en las luchas sociales de Riotin- to: participaban activamente en los asuntos societarios —asambleas, mítines, conferencias—, apoyaban incondicionalmente a la comisión de huelga y a Egocheaga —vitoreado y agasajado Redes.Com Nº 5 | 195 LA FORMACIÓN DE LA CLASE OBRERA EN LAS MINAS DE RIOTINTO, HUELVA (1913-1920)… cuando paseaba por los pueblos de la comarca— y muchas veces eran ellas quienes animaban a sus maridos a resistir y a secundar las huelgas. El término emancipación, a través del cual se hacían comprensibles las experiencias directas de muchos trabajadores, ocupaba un lugar preeminente en el nuevo lenguaje de clase, romántico e idealista, que caracterizaba el discurso oral e impreso del Sindicato. A pesar de que no habría resistido ningún análisis frío y racional, la emancipación del trabajador se anunciaba como un sueño realizable, cuya materialización sólo dependía de la unidad, la disciplina y la voluntad de la clase obrera. “La Compañía de Riotinto, irritada por su tremendo fracaso, quema lo que pudiéramos llamar su último cartucho. No os importe nada de lo que haga. (…) Son los últimos estertores de un poder que agoniza; son las últimas convulsiones de una tiranía que muere”.15 En el caso de Riotinto, la victoria sobre la compañía no suponía únicamente un cambio en las relaciones de trabajo, sino también la expulsión de los invasores extranjeros de las minas y la liberación total del colonialismo británico en el campo político, social y cultural. A principios del siglo XX, emancipación hacía referencia a la liberación de la patria potestad, de la tutela o de la esclavitud. En la década de 1910 la condición de los obreros de Riotinto fue equiparada en múltiples ocasiones con la de los menores (en cuanto dependientes para su subsistencia de la compañía, que se había preocupado mucho de beneficiar a los trabajadores con una amplia política social para presentarse como un padre protector ante ellos) e incluso con la de los esclavos. No fue extraño, por tanto, que el sindicato utilizara las posibilidades que el lenguaje le ofrecía para identificar las esperanzas de los mineros, depositadas en un futuro mejor, con fórmulas tradicionales como la liberación de la servidumbre. “¡Antes muertos que vivir de la merced de nuestros tiranos! ¡Preferimos la muerte a la esclavitud!”.16 Pero pasar de las palabras a los hechos no fue tan sencillo. Cuando estaba a punto de resolverse la huelga general de 1913, el entusiasmo de los trabajadores empezó a decaer y la comisión de huelga se vio obligada a imprimir un pasquín, en tono de reprimenda, para mantener el clima de agitación y reforzar su posición en las negociaciones. “¡Pues esperad oprobio, injusticia, trallazo del verdugo capitalismo, vergüenza de debilidad mujeriega, indignidad de hombres, cobardía de resignación, como esclavo miserable! ¿Y para esto fuisteis a una huelga y desafiasteis al hambre?”.17 Además de la posibilidad de la emancipación, otro término crucial en el lenguaje de clase era el de explotación. En torno a este tópico, el sindicato construyó las percepciones colectivas de la realidad laboral, e incluso de la estructura social de tipo colonial en su conjunto. En el ámbito de Riotinto, el concepto de explotación empezó a perder su sentido original —extraer de las minas la riqueza que contenían— en beneficio de su sentido metafórico o figurado: la conversión de los trabajadores en un factor de producción deshumanizado. La injusticia de la explotación no derivaba fundamentalmente de las jornadas elevadas, los salarios escasos, la generalización del destajo o el empleo de mujeres y niños en lugar de la más costosa mano de obra masculina y adulta. Por supuesto, todas estas prácticas agravaban aún más la situación de los trabajadores, pero por debajo de ellas existía una explotación fundamental: la plusvalía, es decir, la diferencia entre el salario recibido y el precio en el mercado de los bienes que producía el trabajador. Y como nada hay tan elocuente como las cifras ahí van algunas que os sacarán de dudas: Ganó la Compañía R. T. C. L., en 1912, 52 millones de pesetas. Dividir esta cantidad entre 14.000 obreros que la produjeron, y resultará que la Compañía embolsó al año por cada obrero 196 | ISSN 1696-2079 FRANCISCO BAENA SÁNCHEZ 3.714,28 pesetas. En cambio, el Sindicato ha embolsado en un año por cada obrero 12 cuotas a 2,50 pesetas. ¡30 pesetas! O sean, 3.664,28 por cada obrero menos que la Compañía. ¿Quiénes son en este caso los estafadores? Enseñadles estas cifras a los caciques, a ver que os contestan.18 El Sindicato trató de exprimir esa experiencia compartida para reconfigurarla lingüísticamente: el director de la compañía, Walter James Browning, aparecía definido como el tirano que vivía del sudor del obrero y, de forma aún más radical, como el gran enemigo de los trabajadores, es decir, como el rostro negativo y odiado de una dicotomía social fundamental. El que siempre llamamos gran tirano de Riotinto, el virrey de esta región, mister Browning, hombre tan falto de sentimientos como diabólico, anda estos días alborozado. (…) Ni sindicalistas ni socialistas. Frente a nosotros la Compañía de Riotinto, siempre con las garras en alto para destrozarnos, sólo un nombre debemos tener: el de enemigos de ella. Y así deberemos combatir juntos sin que haya ningún interés mezquino de partido que pueda más que el interés de la comunidad.19 La capacidad de representatividad y resistencia del sindicato estaba en peligro por las luchas intestinas que empezaban a aflorar en el seno de la aristocracia obrera y que presagiaban el ocaso de la organización. Las intrigas, las bajas pasiones y las pequeñas ambiciones se imponían de forma demoledora sobre el interés general de la comunidad minera. Para combatir la desunión entre los obreros, el sindicato apeló a otro término fundamental, que venía a sumarse a los de emancipación y explotación. Se trataba de la unidad en torno a la organización y a la causa obrera, una cuestión clave de la que dependía el triunfo sobre la compañía. De suma gravedad los momentos actuales reclaman una unidad en la acción mayor que nunca. Y esta unidad no puede buscarse luchando los unos contra los otros sino uniéndonos todos, llenándonos de entusiasmo y aprestándonos para luchar contra la Compañía una y cien veces, tantas como hagan falta hasta conquistar nuevas posiciones que nos permitan hacer más certeros disparos. Ha llegado el momento de esta unión, de formar entre todos un apretado haz, de olvidar los partidos para salvar la organización.20 La necesidad de mantener y fortalecer la unión obrera se convirtió en un tópico de la propaganda sindical, pero afloraba con especial intensidad en los momentos en que las tendencias separatistas imprimían algún pasquín. El 15 de marzo de 1915 circulaba una hoja, firmada por el comité del sindicato, que era en sí misma una consigna dirigida a los trabajadores con el propósito de fijar una serie de normas de conducta. La fortaleza de la organización dependía del número y de la disciplina de sus asociados. Y su comportamiento debía encaminarse a la consecución de un solo objetivo: la unidad. Gracias a ella se habían alcanzado algunos logros y gracias a ella podía hacerse realidad el sueño de vencer a la compañía. “Por la unión triunfarán las nuevas peticiones, expulsaremos a Browning y devolveremos la tranquilidad a esta cuenca que lleva dos años de zozobra y de infames acometidas del coloso”.21 Redes.Com Nº 5 | 197 LA FORMACIÓN DE LA CLASE OBRERA EN LAS MINAS DE RIOTINTO, HUELVA (1913-1920)… Varios años más tarde, en el Carnaval de Nerva, la comparsa “Los huérfanos de 1917” entonó una canción que reflejaba el enrarecido clima social que había en la cuenca. Sus sarcásticas estrofas ponían en la picota a Browning y le señalaban como el único responsable de la injusticia que padecía el proletariado. Corría el año 1919 y, pese a que las rivalidades habían acabado definitivamente con el monopolio del sindicato, la canción sintetizaba el nuevo lenguaje de clase que se había extendido por la zona. Sus versos dispuestos en romance, fáciles de memorizar, constituían un eficaz mecanismo cultural mediante el cual los obreros seguían forjando su identidad colectiva. Además, se dejaban sentir ya los efectos de la Revolución bolchevique en Rusia. Cuando a Riotinto venga/ la ansiada renovación,/ también se renovará/ el cuello del director./ Es preciso fumigarlo/ como medida de higiene,/ y cortarlo de raíz/ si para entonces lo tiene./ Deseamos que lo pierda/ por ahorrarnos el disgusto/ de ver separar el cuello/ de su envanecido busto./ Quiera la naturaleza/ que muera pataleando,/ para que queden vengados/ los pobres que están penando./ Hay que destruir esa plaga/ de esos bichos venenosos,/ que vienen del extranjero/ para explotarnos a nosotros. Españoles que lleváis/ sangre ardiente en vuestras venas,/ romper ya los eslabones/ que ostentan vuestras cadenas./ Sin hacer caso a la farsa/ que representa el poder/ acatemos la gran pauta/ que en Rusia trajo el Soviet./ Digámosle a nuestros hijos/ y también a España entera/ que si copiamos de Rusia/ España se regenera./ Fuera el régimen maldito/ fuera las casas bancarias,/ y predomine en el mundo/ la noble acción de los parias./ Hay que tomar el ejemplo/ de aquellas otras naciones,/ y unirnos en fuerte abrazo/ como hermanos y como hombres. Al cruzar nuestra bandera/ ustedes se han de fijar/ que cuando el aire la mueve/ proclama la libertad./ Pidiendo Revolución/ y no cruces de bandera/ porque eso no está bien/ en toda la clase obrera. (…) Cuantos revolucionarios/ hablan de revolución,/ nosotros nos sonreímos/ ante la profanación./ En España nunca habrá/ hombres desinteresados,/ que hagan la Revolución/ pero sin echarse a un lado./ Todos son aspiraciones/ gobernar o figurar/ sin que le importe la sangre/ que se suele derramar./ Si esos fueran hombres sanos/ y también de corazón,/ en la lucha siempre fueron/ dando muerte a la traición./ Los obreros tienen la culpa/ de todo lo que suceda/ cuando se vea uno escondido/ se le corta la cabeza.22 El carnaval permitía a la clase obrera invertir las jerarquías sociales, expresar su opinión y cuestionar el poder de la Compañía Británica. Se trataba de una manifestación de su identidad colectiva trasgresora pero inocente, crítica pero no destructiva, imaginativa pero atrevida. Era la fiesta que mejor simbolizaba el antagonismo explotadores-explotados, la trasgresión, aunque fuera circunstancial, de la cultura impuesta por la empresa, el triunfo de una especie de liberación transitoria, la abolición provisional de las relaciones jerárquicas (directivo inglés, empleado, capataz, minero), de los privilegios que tenía la colonia inglesa, de las reglas que impedían entrar en el apartheid de Bella Vista y de los tabúes como el año de los tiros.23 Por tanto, la hostilidad de la compañía hacia festejos populares como el carnaval no sólo se debía a las horas perdidas de trabajo, sino también al carácter polémico, grosero y trasgresor de la sátira social. A la alegría comunitaria y a la holganza de los mineros se unía la configuración de una mentalidad crítica y contracultural en la que salían mal paradas las jerarquías, 204 | ISSN 1696-2079 FRANCISCO BAENA SÁNCHEZ —un símbolo de la lucha proletaria contra la injusticia y la opresión— en su misión de concienciar a los trabajadores. Junto al relato ejemplar y su celebración ritual, la rica simbología obrera contribuyó decisivamente a forjar una conciencia de clase. Periódicos, colecciones de cuentos, poemas y grabados, veladas literarias y representaciones dramáticas, catecismos y folletos de divulgación política, himnos, banderas y estandartes del sindicato: todos estos medios de difusión sirvieron para familiarizar a los trabajadores con los símbolos identificadores de la clase. La bandera del sindicato, que, como no podía ser de otra manera, era de color rojo, se inauguró el uno de mayo de 1914, coincidiendo con la Fiesta Internacional del Trabajo. El comité organizó una ceremonia ambientada por bandas de música y rondallas y animada con las intervenciones de diferentes oradores. El acto de inauguración, celebrado en mitad del campo, era un claro ejemplo de la fusión paradigmática entre el ritual obrero y el símbolo. La gira campestre tendrá lugar uno de los próximos Domingos en una gran dehesa, en la cual aspiramos a reunir a todos los obreros de Riotinto, Zalamea, Campillo y Nerva con sus respectivas familias. Al acto no podrán asistir los traidores, sino los obreros honrados y con fe, que con sus hijos de la mano puedan al ondear al aire los pliegues de nuestra roja insignia, descubrirse ante ella con la frente erguida, prometiéndole el acatamiento honrado, entusiasta y viril de defenderla hasta la muerte.35 El ritual tenía una evidente reminiscencia militar. El acto de juramento ante la bandera del sindicato se convertía en una experiencia compartida por todos los obreros que fortalecía su cohesión en torno a un símbolo. Sin embargo, la bandera roja del sindicato no fue el único emblema del proletariado. La vida cotidiana también estaba dominada por la simbología obrera. El papel de fumar, con que los mineros liaban sus cigarros, se llamaba “1º de Mayo”. En esos años, de hecho, la marca se anunciaba mediante una hoja publicitaria, en formato cuarto, que circulaba por la cuenca minera. El papel era elaborado por “obreros rebeldes a la tiranía de los capitalistas”, que trabajaban en régimen de cooperativa. El eslogan publicitario, que era también una consignar, decía: “Todo socialista y proletario no debe usar otro papel que no sea éste”.36 LA CULTURA DEL PASQUÍN NOTICIOSO: SIN INFORMACIÓN NO HAY PROPAGANDA La prensa no fue el único medio de comunicación escrita de la cuenca minera. El sindicato empleó con bastante profusión una vía alternativa y complementaria para difundir y manifestar sus ideas entre los obreros: las hojas sueltas u hojas volantes. Se trataba de un modo primario de periodismo, pero también era el cauce propicio para sortear los sistemas coercitivos impuestos por la compañía, que trató de amordazar a la prensa radical y a sus periodistas durante este periodo. Incluso las facciones obreras que se oponían a la gestión de Egocheaga basaron su campaña de descrédito y difamación, más que en la prensa, en la publicación incesante de hojas sueltas. La demanda creciente de información que Riotinto experimentó en la década de 1910 contribuyó a generalizar la cultura del pasquín noticioso. Estas hojas sueltas, de periodicidad irregular y gran heterogeneidad, proliferaron como consecuencia de la concatenación de inte- Redes.Com Nº 5 | 205 LA FORMACIÓN DE LA CLASE OBRERA EN LAS MINAS DE RIOTINTO, HUELVA (1913-1920)… reses: los agentes sociales más relevantes de la sociedad minera —la compañía, el sindicato y los obreros disidentes— necesitaban difundir sus consignas e informar a la población; y ésta se sentía dominada por una sed de noticias que sólo podían saciar aquéllos. Se trataba de un periodismo virulento y sarcástico, que reflejaba el clima de hostilidad y tensión permanentes en que discurría la vida cotidiana de la comarca. Evidentemente, expresaba las ideas, las aspiraciones y los intereses de aquellos que promovían y costeaban su impresión. Su perfil alternativo, alejado de la rigurosidad formal y estética del periódico, le imprimía un carácter más informal, sin ataduras de estilo y con rienda suelta en los contenidos, con una manifiesta agresividad verbal en algunos casos y sin la preocupación por ofrecer al lector una objetividad periodística. Por supuesto, se repartían gratuitamente entre los obreros o se depositaban en sitios públicos, como la taberna o el centro obrero, por lo que la difusión era muy superior a la tirada. De hecho, no era extraño ver a pie de página la siguiente frase: “Leed este manifiesto y pegadlo en las puertas y esquinas”. Las hojas sueltas eran textos redactados a una o dos columnas y rara vez superaban la página. Tampoco se imprimían por las dos caras. El formato habitual era el folio, reservado para el manifiesto, pero también se empleaba el cuarto e incluso el octavo, sobre todo cuando se trataba de dar una consigna. Todas las hojas incluían un pequeño colofón donde se informaba al lector del lugar de la impresión. Casi la práctica totalidad de las impresiones del sindicato se realizaban en las imprentas de Emilio de Medio: la tipografía “Gutemberg”, en Nerva, y “La Moderna”, en Riotinto. En cuanto a la autoría, las hojas del sindicato siempre aparecían firmadas, ya fuera por la comisión de huelga, el comité o algunos de sus directivos; de forma individual, era Egocheaga, por su condición de líder carismático y héroe proletario, el que con más profusión inscribía su nombre al pie de la página. Un aspecto importante de estos documentos era el encabezamiento, que cumplía habitualmente una clara función exhortativa, apelando al lector. Su composición era muy breve y empleaba la preposición “a” más el colectivo al que iba dirigido, generalmente los trabajadores, la clase obrera, aunque también se empleaban conceptos más amplios como el pueblo y más vagos como la opinión. Complementariamente, el encabezamiento iba seguido de un titular breve que trataba de conservar su vocación informativa: “La lucha entra en su período álgido”, “La Compañía lanza al locaut”; aunque no siempre lo conseguía: “El sacrificio de las dietas”, “La última infamia de la Compañía”, “Alerta, alerta”, “La disciplina como arma de defensa”. La viabilidad económica constituía una ventaja importante sobre la prensa periódica. Pese a su distribución gratuita, nunca superaban la página, de manera que los costes de impresión eran inferiores. Sin embargo, su principal ventaja residía precisamente en la ausencia de una periodicidad marcada de antemano. Efectivamente, las hojas sueltas podían informar de cualquier acontecimiento de la noche a la mañana. Y este factor las diferenciaba de la prensa obrera, sujeta a una periodicidad semanal, si bien ésta trataba de vencer este obstáculo con la publicación de suplementos extraordinarios cuando la ocasión lo requería. No obstante, ambos medios de comunicación escrita, hojas sueltas y periódicos, compartían el mismo objetivo doble: la información y la opinión. Los semanarios obreros eran un producto periodístico más elaborado que las hojas sueltas, indudablemente por el mayor número de páginas, que permitían incorporar contenidos variados: noticias locales, artículos de fondo, viñetas de humor, canciones, folletines literarios. Pero esa era exclusivamente una diferencia formal. En el fondo, ambos desempeñaban la misma función. 206 | ISSN 1696-2079 FRANCISCO BAENA SÁNCHEZ Incluso la Compañía Británica empleó la hoja volante con una doble función informativa y propagandística. El 15 de julio de 1913 difundía entre los trabajadores un pasquín, en formato folio, a dos columnas y con un lenguaje más sosegado. Para hacer frente a la implantación exitosa del sindicato, la empresa hacía un alegato a favor de su política social en el que justificaba las medidas de reajuste, amenazaba a los obreros y criticaba el uso de la huelga. No como arma de combate, sino de defensa, recurre la Compañía de RT a la hoja volante de que tanto uso hacen contra ella sus adversarios que pretenden dirigir el movimiento obrero, manteniendo el estado de agitación, que actualmente se observa, y que ha de producir graves daños, no sólo a la Compañía, sino también a sus numerosos obreros y empleados. La Compañía se encarga suficientemente de defender los intereses de los obreros, no con declamaciones estériles ni actitudes tumultuarias, sino con actos positivos en lo referente a jornales, horas de trabajo, pensiones —para la vejez hasta ahora— y habitaciones a una gran parte de los obreros, manteniendo además escuelas y subsistencias.37 La cultura del pasquín noticioso demostraba, por tanto, que la propaganda no era posible sin una aportación constante de información. Había que alimentar la agitación irracional de los obreros con un flujo continuo de noticias extraídas de la realidad política, social y laboral de la cuenca minera. Y esto era posible porque el sindicato contaba con la cooperación interesada de los trabajadores, una multitud de corresponsales populares que eran también los mismos que luego leían los periódicos. Junto al periódico, el pasquín y el volante constituían las armas predilectas de la propaganda impresa utilizada por el sindicato. En concreto, el volante estaba redactado en forma breve y contundente, y tenía una ventaja sobre el periódico y el pasquín: era poco engorroso, es decir, se imprimía a muy bajo coste y en muy poco tiempo; y se podía distribuir fácilmente bajo la protección del anónimo. Durante la huelga general de 1913, la comisión sindical que viajó a Madrid para negociar el laudo con la compañía, enviaba diariamente un telegrama en el que daban sus impresiones y resumían las últimas noticias. El texto se reproducía íntegramente y se publicaba en los Diarios de huelga y en hojas sueltas. El tono era muy optimista y siempre se decía que la victoria definitiva de los obreros estaba próxima. El pasquín del 9 de enero de 1914 se cerraba con un breve despiece, titulado “Telegrama recibido a las 10 mañana”. Se trataba de una consigna enviada por Egocheaga a los líderes obreros que habían quedado en la cuenca minera. “Llegamos bien; mañana viernes nueve mañana hablaremos Dato; reuniremos Comisión Arbitral, buenas impresiones. Publicad Diario Huelga, diciendo que Prensa Madrileña, incluso ABC y La Tribuna están contra Compañía, dando razón a los obreros. Debéis estar contacto parados, excitarles sostengan unidos; triunfo seguro. Egocheaga”.38 Cuatro días más tarde, el 13 de enero, se imprimía una octavilla en el que se reproducía el último telegrama recibido. Después de explicar algunos puntos acordados con la comisión arbitral, se daba la consigna: “Impresión nuestra, excelente. Contener por todos los medios la huelga, pues creemos resultados favorables”. El único instrumento de presión que el sindicato tenía en sus manos era la huelga; no se podía desfallecer ahora que quedaba tan poco. A diferencia de la escasez de contenidos informativos que caracterizó a la formación de la clase obrera en España, el caso de Riotinto destacó por la abundante cantidad de noticias locales que permitían ejemplificar y concretar esa simbología tan abstracta y estereotipada. No sólo los Redes.Com Nº 5 | 207 LA FORMACIÓN DE LA CLASE OBRERA EN LAS MINAS DE RIOTINTO, HUELVA (1913-1920)… periódicos, sino también cualquier hoja suelta, se referían a temas del momento o examinaban acontecimientos históricos precisos —como el “año de los tiros”, en 1888— que desvelaban la explotación capitalista de la compañía y las posibilidades de emancipación de los mineros. El 24 de junio de 1914 se publicaba una hoja que representaba el paradigma de esta cultura del pasquín noticioso. La hoja reproducía íntegramente una carta firmada por mister R. B. Cunninghame Graham, accionista de la Compañía Británica y “defensor de todas las causas justas”, que el periódico inglés Daily News and Leader había publicado una semana antes. Sr. Director del Daily News and Leader. Muy señor mío: Escribo como accionista de las minas de Riotinto, con objeto de llamar la atención pública de este país (Inglaterra) sobre lo que está pasando en aquella región. Ha habido allí frecuentes huelgas contra los salarios bajos y las jornadas largas. El gobierno español ha recomendado unas veces, y ordenado otras, que se lleven a cabo ciertas reformas. Y se dice que no se ha hecho caso de las decisiones del Gobierno. (…) Por consiguiente, propongo yo a todos los que en este país poseen acciones de Riotinto que ejerzan la más enérgica presión sobre los directores de la Compañía para otorgar a los obreros las peticiones de jornadas más cortas y mejores jornales. Puede haber, claro es, accionistas pobres que han invertido en esas minas todo lo que tienen; pero también hay quienes no se arruinarían por sacrificar los dividendos de un año. Propongo, pues, además, que aquellos que podemos remitamos a la caja de los huelguistas los dividendos de un año y que todos nosotros descarguemos nuestra responsabilidad, ejerciendo la mayor presión posible sobre la Compañía, la cual, si son ciertos los informes que llegan de Riotinto, nos está llenando de oprobio.39 Pero lo mejor no era la carta en sí, sino la apostilla que el comité del sindicato incluía al pie de la página: “Por nuestra parte, no queremos hacer comentarios; cuando los accionistas hablan en este sentido, a nosotros no nos queda más que dejar a la opinión imparcial juzgue quién es el causante de lo que en esta zona ocurre”. Las palabras del accionista inglés había caído del cielo como agua de mayo y, tras una manipulación adecuada, permitían al sindicato afianzar su credibilidad y su prestigio entre la clase obrera. Una semana después, Egocheaga se refería a la carta durante un mitin y planteaba a los trabajadores una quimera más que una posibilidad factible. Ya lo decía Lunar: de sobrada imaginación, “llevaba su fantasía montada en zancos”. Ya no dirá el director que sólo somos nosotros los que nos quejamos, los amenazadores, los que queremos levantar el espíritu de justicia. A ese accionista debemos informarle de nuestras penalidades y de la forma en que se realizan los trabajos en las minas, a ver si logramos que se desprenda de unas cuantas acciones y nos las regale y pudiéramos algún día figurar en el Consejo de Administración de la Compañía y poder pasar a dar órdenes al propio Director como capitalistas.40 De este modo, el recurso a lo concreto, el suministro de información, favoreció la creación de una identidad de clase y la consecución de una serie de objetivos: difundir tramas de significación comunes, desarrollar sentimientos de pertenencia a la colectividad, promocionar emociones y, en último término, impulsar a la acción colectiva. 208 | ISSN 1696-2079 FRANCISCO BAENA SÁNCHEZ Para alcanzar estos objetivos, la imagen de la sociedad que se transmitía a través de esos múltiples canales se podía condensar en dos rasgos bien definidos: por un lado, la frecuente y dramática representación de la miseria y los desheredados; por otro, una visión dualista de la estructura social teñida de fuertes connotaciones morales. En una hoja del 18 de julio de 1915, el sindicato hacía “un franco y radical deslinde de los dos bandos beligerantes”.De su parte estaban “todos los hombres libres, todos los que luchan por conquistar para sus hijos una sociedad más justa”; “los que no olvidan la vergonzosa historia de esta despótica Compañía” y sus numerosas infamias; “nosotros, con los desheredados, con los perseguidos, con los hambrientos, con los descamisados, con los despreciados”. En su contra, enumeraba una larga lista de traidores que encabezaba “el Director de Rio-Tinto, como cabeza de turco de una trouppe de eunucos”, seguido por “los desinteresados defensores de la clase trabajadora, que no chupan cuotas ni cobran sueldo, ni trabajan, ni tienen capital, pero viven y tienen dinero para publicar periódicos y manifiestos, combatiendo a la organización”; del lado de la compañía también estaban los jefes y capataces, “los que maltratan a los trabajadores en los departamentos y oficinas”. Una vez establecido el antagonismo, la hoja concluía con un frase lapidaria: “No hay más dilema: o con ellos o con nosotros”.41 En las ilustraciones de los periódicos, los explotadores —el director de la compañía y sus secuaces— aparecían representados con todo tipo de deformidades, prueba clara de sus vicios y sus defectos, o identificados directamente con animales feroces e inmundos. A Browning, por ejemplo, se le identificaba constantemente con una hiena con el propósito encubierto de exagerar su despotismo y su tiranía, de acentuar el miedo hacia el enemigo para fortalecer la unidad de la clase obrera en torno al sindicato. La hiena pide carne. (…) Sus ojos de felino de la selva, inyectados en sangre, que despiden bocanadas de fuego, piden más víctimas que inmolar, más sangre que beber, más desolación que asesine alevosamente los hogares proletarios. La hiena aúlla y con sus gritos salvajes estremece los pueblos. (…) La hiena quiere excitar a las masas. Quiere llevarlas a campo raso y allí caer sobre ellas y devorarlas; quiere que los obreros se indignen y abandonen el trabajo; quiere excitar la solidaridad. ¿Sabéis para qué? Para suspender todos los trabajos, para dar cerrojazo a la explotación y echar la culpa a los trabajadores. Esto se busca y esto se quiere.42 Pero igual que se le caracterizaba como a una hiena se le describía como un chacal o un reptil o se le asemejaba a un payaso de circo o al mismísimo Satanás. Browning era un capitalista cruel que ejercía su poder como un tirano no sólo en la empresa sino también en toda la cuenca minera. Es de advertir también que, si los obreros pasamos vicisitudes y miseria, ese gran tirano, el chacal que tiene su guarida en Bella Vista, llega al paroxismo de la desesperación y al igual que el reptil venenoso que habita bajo las piedras y se conoce con el nombre de “alacrán” al verse cercado por el fuego, vuelve sobre sí su ponzoñoso aguijón hasta quitarse la vida; así, repetimos, ese gran tirano, exasperado ante la tenacidad que sus esclavos oponen ante la defensa de un derecho Redes.Com Nº 5 | 209 LA FORMACIÓN DE LA CLASE OBRERA EN LAS MINAS DE RIOTINTO, HUELVA (1913-1920)… que él pretende hollar, se entrega a las mayores extravagancias, ora inventando ridículas patrañas, ora haciendo divertidísimas piruetas, asemejando clowns de circo, con que pretende, a manera de tío vivo, engañar a todo el mundo para sacar adelante sus satánicos propósitos.43 Los pasquines y los periódicos manifestaban también esa dicotomía social mediante el enfrentamiento de dos estereotipos: a un lado, el látigo inglés de una compañía sin entrañas, sin sensibilidad social, sin conciencia, vuelta de espaldas al progreso;44 al otro, los mineros, que eran pobres, humildes, desgraciados, sencillos, infelices, míseros, tristes, olvidados, sufrientes, rudos, francos. Y, junto a ellos, los huérfanos y las mujeres, los desahuciados y mendigos, las prostitutas y los pobres en general. En definitiva, el lenguaje de clase, la formulación de conceptos como los de explotación, emancipación y unidad, la elaboración y difusión de mitos, rituales y símbolos, como el Primero de Mayo, la visión antagónica y estereotipada de la sociedad: todos esos ingredientes hicieron posible la construcción cultural de una nueva identidad entre los obreros de Riotinto, y la paulatina sustitución de identidades precedentes o alternativas. CONCLUSIONES La conflictividad social que experimentó la cuenca minera de Riotinto entre 1913 y 1920 se tradujo fundamentalmente en un enfrentamiento cultural y comunicativo, que derivó en un antagonismo irreconciliable de clases entre la compañía y el sindicato. Este antagonismo, esta lucha por la construcción de la identidad, de la conciencia obrera, constituyó un proceso de conformación social y cultural, más allá de su carácter económico. Dicho proceso se llevó a cabo mediante la introducción de un nuevo lenguaje de clase y mediante la elaboración y difusión de mitos, rituales y símbolos, debidamente reproducidos por los medios de comunicación social. La hegemonía de la compañía ni fue absoluta ni fue ininterrumpida. Es cierto que su política comunicativa resultó bastante eficaz y acabó desintegrando el sindicato. Sin embargo, a pesar de todas estas restricciones, la clase obrera alcanzó victorias parciales sobre la empresa y puso en evidencia en numerosas ocasiones, con su capacidad de resistencia y agitación, la dominación británica. Hay varios ejemplos, como la afiliación masiva de los trabajadores, un logro que habría sido impensable sin la activa política de comunicación que desarrolló Egocheaga desde el sindicato. Pero sin duda una de las victorias más importantes sucedió en el terreno de la libertad de expresión, de la libertad de prensa: nunca antes la clase obrera había podido reunirse y publicar periódicos con los márgenes de libertad de aquellos años, pese a que después la represión empresarial fuera implacable. En su afán por ofrecer una nueva visión sobre la historia de Riotinto, el presente estudio hace una lectura alternativa de la comunicación como reconstrucción cultural e interacción simbólica, y no como un mero proceso de transmisión de información, así como de su poder y capacidad de influencia en un entorno marcado por la conflictividad y las relaciones de dominación-resistencia. En ese juego antagónico entre la compañía y el sindicato se demuestra el papel prioritario de la información y la comunicación en la formación de la conciencia de la clase obrera, así como la función esencial de liderazgo, de conducción de las masas, que ejerció Eladio Fernández Egocheaga, el héroe proletario de Riotinto, y sin la que no se puede entender dicho proceso de construcción. 210 | ISSN 1696-2079 FRANCISCO BAENA SÁNCHEZ En la conformación de esa nueva conciencia de clase, la letra impresa y la palabra hablada jugaron un papel importantísimo. Hay datos que revelan la importancia de la comunicación social. Nos hemos referido al pasquín, que convirtió la hoja suelta —junto a la prensa radical— en el instrumento convencional de información y propaganda por su escaso coste y su fácil distribución; a su producción y a su consumo cada vez más generalizados entre los trabajadores de la mina, lo que demuestra un interés social creciente por el acceso individual o colectivo a la información; sin olvidar, en un sentido amplificador, la importancia comunicativa del baño de multitudes, del contacto directo y personal, de la agitación de las masas, que ofrecían los mítines y las asambleas. Hemos tratado de aproximarnos a la explicación del proceso de formación de la clase obrera en un contexto local, minero, que además resultó bastante peculiar por tratarse de una explotación económica y de una dominación cultural desarrolladas en un régimen colonial. Y esta aproximación se ha realizado a partir del análisis de los diferentes medios y soportes que configuraron la actividad comunicativa del sindicato. En definitiva, la investigación sostiene, en clave de anomalía, de lo excepcional normal, que los márgenes de resistencia y la capacidad de lucha de la clase obrera de Riotinto fueron capaces de cuestionar la dominación económica y cultural que ejercía la Compañía Británica en la cuenca minera, precisamente en una coyuntura histórica caracterizada por el auge del capitalismo y del imperialismo colonial. Si bien las cifras indican la descompensación de la balanza a favor de la empresa en su enfrentamiento con los trabajadores, ésta se equilibró en lo que se refiere a la construcción de una identidad colectiva. Estructuralmente, las relaciones de fuerzas eran muy dispares; ideológicamente, en cambio, la clase obrera se encontraba en disposición de disputar la hegemonía al capital extranjero, independientemente del posterior fracaso institucional del sindicato en su afán por cohesionar a los trabajadores. BIBLIOGRAFÍA ARENAS POSADAS, Carlos (1999). Empresa, mercados, mina y mineros. Riotinto, 1873-1936, Huelva, Universidad de Huelva-Fundación Río Tinto. AVERY, David (1985). Nunca en el cumpleaños de la Reina Victoria. Historia de las minas de Riotinto, Barcelona, Labor (primera edición: Londres: Collins, 1974). BAJTIN, Mijail (1990). La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento, Madrid, Alianza. ————. (1995). Estética de la creación verbal, México, Siglo Veintiuno Editores. BOTREL, Jean François (1993). Libros, prensa y lectura en la España del siglo XIX, Madrid, Fundación Germán Sánchez Ruipérez. CALERO, Antonio María (1976). 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(1997), “La formación de la clase obrera. Una creación cultural”, en Rafael Cruz y Manuel Pérez Ledesma (eds.), Cultura y movilización en la España Contemporánea. Madrid: Alianza Editorial, pp. 201-234. RUIZ BALLESTEROS, Esteban (2002). Minería y poder. Antropología política en Riotinto, Huelva, Diputación de Huelva. NOTAS 1 Instituto de Reformas Sociales (1913). Informe redactado por la Comisión nombrada por este instituto para estudiar las condiciones de trabajo en las minas de Riotinto. Madrid, p. 169. La comisión visitó centros de trabajo y poblados mineros, concertó encuentros con obreros, contratistas, jefes e incluso con el director general de la compañía, pero la memoria nunca se publicó porque, al parecer, denunciaba las vinculaciones entre la compañía y el Estado español, demasiado escandalosas para ser conocidas. 2 En los primeros años del siglo XX, la compañía alcanzó la plenitud de su capacidad productiva: era la tercera sociedad minera del mundo —tras Anaconda y De Beers— y la decimotercera empresa industrial según el capital invertido. Según Arenas Posadas (1999: 21), “Riotinto fue causa y efecto del despegue industrial que se produjo en los países capitalistas avanzados en esas fechas”. 3 Frente a la visión filantrópica de Avery (1985), Arenas Posadas (1999) expone una interpretación más crítica del paternalismo empresarial británico. 4 La organización de esta política represiva se perfeccionó en la primavera de 1914 con la creación de un departamento especial: la Agencia de Trabajo, el arma secreta de la compañía para despedir obreros y debilitar al sindicato. Aparentemente, se encargaba de tramitar los documentos de todos los trabajadores de la mina pero, en el fondo, su objetivo era el control laboral y social, público y privado de los obreros, que también incluía el control informativo. Los trabajadores subversivos e indisciplinados pasaban a engrosar una lista confidencial que podía ser roja o negra. La lista negra señalaba a aquéllos que no debían ser readmitidos por lo menos en un año y previa consulta al director general; la roja, para quienes eran despedidos a perpetuidad, sobre todo, por actos violentos o políticos. 5 Gil Varón (1984) llama “decenio negro” al período transcurrido entre 1914 y 1923, por ser éstos los años de mayor concentración de protestas y revueltas obreras en Riotinto. Otra interpretación de estos años conflictivos, más apegada a la historia del trabajo, la encontramos en Arenas Posadas (1999). 6 Ruiz Ballesteros, 2002: 121. 7 El presente estudio considera a la clase obrera de Riotinto, en cuanto sujeto colectivo, como el resultado de un proceso de formación, entendido éste como la construcción cultural de una identidad. Dicho planteamiento no es una novedad, ni mucho menos una provocación. Obedece a la línea de investigación abierta por los neomarxistas británicos en el campo de la labour history o historia del movimiento obrero. En el ámbito español coincidimos con el enfoque adoptado por el historiador Manuel Pérez Ledesma (1997). Nos oponemos, en consecuencia, a una historia política clásica, hecha por y desde arriba, de ahí que empleemos fundamentalmente voces críticas con la empresa: los documentos producidos e impresos por los trabajadores, los periódicos y las hojas sueltas de carácter radical. Para ello planteamos la necesidad de adoptar una aproximación metodológica basada en la 212 | ISSN 1696-2079 FRANCISCO BAENA SÁNCHEZ historia desde abajo, en la historia cultural de las representaciones y en la microhistoria. Véanse, en este sentido, BURKE, Peter (1991), Formas de hacer historia, Madrid, Alianza; CHARTIER, Roger (1995), El mundo como representación: estudios sobre historia cultural, Barcelona, Gedisa; FOUCAULT, Michel (1991), Microfísica del poder. Madrid, La Piqueta; y del mismo autor (1999), El orden del discurso, Barcelona, Tusquets; GINZBURG, Carlo (1989), Mitos, emblemas e indicios: morfología e historia. Barcelona, Gedisa; HOBSBAWM, Eric (1987), El mundo del trabajo: estudios históricos sobre la formación y evolución de la clase obrera, Barcelona, Crítica; STEDMAN JONES, Gareth (1989), Lenguaje de clase. Estudios sobre la clase obrera inglesa, Madrid, Siglo XXI; THOMPSON, Edward Palmer (1989), La formación de la clase obrera en Inglaterra, Barcelona, Crítica. 8 Un estudio más detallado en M. D. Ferrero Blanco (2003): “De la primera Guerra Mundial a la Huelga Minera de Riotinto de 1920: el problema salarial y las negociaciones entre empleados y RTC”, en Revista de Estudios Regionales, nº 68, pp. 283-303. 9 La historiografía sobre Riotinto no ha abordado directamente la formación de la clase obrera en la cuenca minera y, cuando lo ha hecho tangencialmente, lo ha atribuido al desarrollo capitalista y a la fusión de dos elementos: las difíciles condiciones económicas y laborales de los trabajadores, por un lado, y la difusión de las nuevas corrientes ideológicas, como el anarquismo y el socialismo. Frente a las limitaciones del paradigma tradicional, este estudio adopta una perspectiva diferente que toma en consideración los ingredientes culturales del proceso. Entre esos ingredientes, la comunicación social —el periodismo, la propaganda impresa, los mítines y asambleas— desempeña un papel fundamental. 10 El propio Thompson explicó que en Inglaterra tuvieron un papel decisivo oficios como zapateros, tejedores, talabarteros, libreros, impresores, obreros de la construcción y pequeños comerciantes. 11 Archivo de la Fundación Río Tinto (AFRT en adelante). Legajo 1838. “Sindicato Minero de Riotinto. Alerta, alerta”, el comité del sindicato. Riotinto, 1 de abril de 1914. 12 El miedo como variable cultural de la psicología colectiva y en cuanto factor de la movilización ha sido abordado por Fernando del Rey Reguillo (1997) en un estudio sobre la reacción de los empresarios y patronos españoles contra la violencia sindical en las primeras décadas del siglo XX. 13 AFRT. Legajo 1838, “El Sindicato de Riotinto a los obreros mineros de Calañas, El Cerro, Puebla de Guzmán, Alosno y Santa Bárbara”, el comité organizador. Riotinto, 20 de febrero de 1914. 14 AFRT. Legajo 1838, “Sindicato de Riotinto. Sección Nerva”, la junta directiva. Sin fecha, aunque por el contenido se deduce que la hoja fue publicada en vísperas de las elecciones de marzo de 1914. 15 AFRT. Legajo 1838, “Sindicato Minero de Riotinto. Alerta, alerta”, el comité del sindicato. Riotinto, 1 de abril de 1914. 16 AFRT. Legajo 1838, “Sindicato de Riotinto. A los obreros de Riotinto”, Antonio Serrano, Félix Lunar. Riotinto, 13 de octubre de 1914. 17 Archivo Histórico de la Imprenta Chaparro. “A los obreros de Riotinto”, la comisión. Riotinto, 22 de enero de 1914. 18 AFRT. Legajo 1838, “Ecos de la Cárcel. El sostenimiento de las cotizaciones”, escrita por Eladio Fernández Egocheaga desde la cárcel de Huelva el 8 de octubre de 1914 y publicada en Riotinto al día siguiente. 19 AFRT. Legajo 1838, “A los obreros de Riotinto. Por la unidad sindical”, Eladio Fernández Egocheaga. Riotinto, 30 de diciembre de 1913. 20 AFRT. Legajo 1838, “A los obreros de Riotinto. Por la unidad sindical”, Eladio Fernández Egocheaga. Riotinto, 30 de diciembre de 1913. Egocheaga ya presagiaba el talón de Aquiles de la organización obrera en Riotinto: su escisión en diversas facciones irreconciliables. “Yo que nunca he temido al Director ni a las Autoridades ni a los lacayos de la Compañía, temo las luchas intestinas entre los obreros, pues son las que antes matan”. 21 AFRT. Legajo 1838, “Norma de conducta a seguir. Reclamaciones a la Compañía”, el comité del sindicato. Riotinto, 15 de marzo de 1915. Redes.Com Nº 5 | 213 LA FORMACIÓN DE LA CLASE OBRERA EN LAS MINAS DE RIOTINTO, HUELVA (1913-1920)… 22 AFRT. Legajo 1818, Carta de Douglas a Browning con las coplas mecanografiadas. 6 de marzo de 1919. 23 Un estudio exhaustivo y exquisito sobre el significado del carnaval en M. BAJTIN (1974), La cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento, Barcelona, Barral Editores. Las referencias pertenecen a las páginas 15 y 139. 24 Sobre los festejos populares como forma de resistencia frente al capitalismo, véase el estudio centrado en las minas de Asturias de J. URÍA (1995), “Cultura popular tradicional y disciplinas de trabajo industrial. Asturias 1880-1914” en Historia Social, nº 23, pp. 41-62. 25 Los cambios sufridos por estos componentes de la cultura obrera durante las dictaduras de Primo de Rivera y de Franco, con el consiguiente declive de la simbología proletaria, no debe llevarnos a olvidar que antes de la caída del sindicato hubo en Riotinto una época de esplendor, en cuanto a la formación cultural de la clase obrera. 26 Lunar, pp. 225-226. 27 Archivo Histórico de la Imprenta Chaparro, “Sindicato de Riotinto. Secciones de la Mina. Convocatoria”, Nerva, 29 de noviembre de 1913. 28 AFRT. Legajo 1838, “Llamamiento a los trabajadores”, firmado por la junta directiva de la Sección de Nerva del sindicato. Nerva, 26 de enero de 1915. 29 AFRT. Legajo 1838, “Norma de conducta a seguir. Reclamaciones a la Compañía”, el comité del sindicato. Riotinto, 15 de marzo de 1915. 30 AFRT. Legajo 1838, “Sindicato de Riotinto. Gran mitin”, el comité, Nerva, 23 de junio de 1916. 31 AFRT. Legajo 1838, “Gran Asamblea en la Plaza de Toros de Nerva”, desconocemos la fecha exacta, pero, por lo que se dice en el orden del día, coincidió con la liquidación de las cuentas del sindicato y con la posterior reaparición bajo el nombre de Nuevo Sindicato Minero de Riotinto. En la hoja se anuncia la creación de un periódico obrero, el semanario libre Espartaco, del que no hemos visto ningún ejemplar ni leído referencia alguna. 32 Según Pérez Ledesma (1987: 140), “el Primero de Mayo de 1890, y la decisión de continuarlo todos los años, adoptada por los sucesivos Congresos de la II Internacional, se había creado un ritual obrero, con un código común de procesiones, consignas y concentraciones masivas, dirigido a demostrar al conjunto social el consenso mayoritario de los trabajadores en torno a unas reivindicaciones comunes. Las organizaciones obreras contaban desde ahora con su propia fiesta, diferenciada de las festividades religiosas o políticas de la burguesía continental”. 33 AFRT. Legajo 1838, “A los obreros de Riotinto. El 1º de Mayo”, los comités. Riotinto, 30 de abril de 1914. 34 AFRT. Legajo 1838, “Manifiesto de 1º de Mayo”, E. F. Egocheaga. Riotinto, 20 de abril de 1915. 35 AFRT. Legajo 1838, “La Compañía quiere asestar una puñalada al Servicio Médico del Sindicato. ¡Alerta, mineros!”, Eladio Fernández Egocheaga y Martín Moreno. Riotinto, 3 de marzo de 1914. 36 AFRT. Legajo 1838, “A los socialistas y proletarios. Papel de fumar 1º de Mayo”. 37 AFRT. Legajo 1838, “A los trabajadores de la Compañía de Rio-Tinto”, la compañía de Rio-Tinto. Minas de Riotinto, 15 de julio de 1913. 38 AFRT. Legajo 1838, “Sindicato de Riotinto”, F. Lunar, R. Ramos, R. P. Rodríguez. Riotinto, 9 de enero de 1914. 39 AFRT. Legajo 1838, “El Sindicato de Riotinto a la opinión. Un accionista de Rio-Tinto”, el comité del sindicato. Riotinto, 24 de junio de 1914. Desconocemos cómo llegó la carta a manos de los obreros, puesto que dudamos mucho que leyeran periódicos ingleses, a no ser que se extraviase alguno de los que llegaban al club social que tenía la colonia británica en su barrio de Bella Vista. 40 AFRT. Legajo 1818, Transcripción literal del mitin obrero celebrado en Nerva el día 30 de junio de 1914. 41 AFRT. Legajo 1838, “Sindicato de Riotinto. Se impone deslindar los campos”, el comité. Nerva, 18 de julio de 1915.