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Cosmópolis : revista mensual ilustrada

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AS Un tren de gran lujo con su regularidad, confort y mayor rapidez es el La Salle sobre la carretera. Suave, silencioso y ligero, se des- . liza velozmente, alejándose en pocos instantes a muchos kilómetros de la capital, cuando aún parece no haberse dejado de sentir el bullicio de su tráfico. : Su motor ocho cilindros, tipo V 900, fuerte seguro, como construido por los ingenieros del Cadillac, posee una aceleración admirable que le permite, con sólo oprimir el acelerador, alcanzar úna velocidad desde el paso lento de una persona a la de 125 kilómetros por hora, sin necesidad de cambiar de marcha. Al construir el La Salle se ha conseguido el fin deseado de crear un coche que se adapte totalmente a la vida-moderna: que sea rápido y al mismo tiempo manejable como el más pequeño para salvar con facilidad las dificultades de la circulación. El La Salle causa;admiración en todas partes, y prinéipalmente en aquellos sitios frecuentados por los amantes del deporte. Precios desde Ptas. 23.700 a 29.700 La Salle GENERAL MOTORS PENINSULAR, $ 4.—MADRID Cosmopols El arte de la industria española en orfebrería religiosa Primera Casa de España en Remitimos catálogos gratis con la fabricación de orfebrería reli glosa PLATA MENESES Viuda e Hijos de E. Meneses (S. en C.) CASA FUNDADA EN 1840 sólo mencionar esta Revista APARTADO DE CORREOS 186 MADRID $ NOTA IMPORTANTE Ante las innumerables falsificaciones e imitaciones que sufren nuestros productos, advertimos a nuestra clientela de Madrid y de España entera que exijan siempre nuestras marcas registradas del SOL Y MENESES unidas, que garantizan la legítima PLATA MENESES orgullo de la industria nacional. $ Venta única en Madrid, en su Casa: Plaza de Canalejas, 4 FÁBRICA: Calles de Don Ramón de la Cruz y Núñez de Balboa. SUCURSALES EN: Barcelona: Fernando vII, núm. 19 Sevilla: Sierpes, número 8. Bilbao: Bidebarrieta, número 12. Valencia: Paz, número s. CORRESPONSALES EN TODA ESPAÑA Solicitamos representantes para las Repúblicas suramericanas La famosa Custodia de Jaén, sobre la magnífica carroza de PLATA MENESES, estrenada el día del Corbus ultimo, llamando la atención por su gusto artístico. AE A 0 ld 3 ptos. ca peta, EA E Did as yA NÚMERO 544.—4Andas carroza estilo Renacimiento con sobrepuestos dorados, colocadas sobre un chassis de automóvil, con frenos, sin motor. Con cuatro faroles núm. 933, con pie y 2 ánforas con asas grabadas. LARGO TOTAL: 243 cm. ALTO TOTAL: 160 cpm. ANCHO PLATAFORMA SUPERIOR: 190 c[m., y LARGO 260 c/[m., en PLATA MENESES, Vendida para la Catedral de Jaén en 25.000 PESETAS BROOKING JOYERO E A Ea Ka : a Naj AVENIDA DEL CONDE DEPEÑALVER.17 MADRID A Redacción y Administración Precio de suscripción: | Alcalá, 44 y 46 (Entrada Marqués de Cubas, 1) MabxiD. España: E E EN 19 pesetas Teléfono: 13546 = Apartado de Correos: 490 : UN ALMOST ai E 10 pesetas | Dirección telegráfica y telefónica: Cosmópolis Extranjero: E aber q, 25 pesetas | SUMARIO LITERATURA | «La mujer del ídolo», novela corta, original de ALBERTO INSÚA, con SS de ADOLFO | Durá. e «Los amores de Elena», novela, original de M. HUNGERFORD, traducida ur BEATRIZ GALINDO e ilustrada por E. GARcÍA ORMAECHEA. «Tres puntos rojos», novela policíaca, de SEE ADCOME, con ilustraciones de FepgrIcO RIBAS. «Tánger, la codiciada», crónica de JOAQUIN ARRARÁS. «El centenario de un artista glorioso», reportaje de «JuLio Romano», con fotografías de MARÍN: «Agua y civilización», crónica de MANUEL GRAÑA. «La bellísima Cenicienta española», información sobre la ciudad de cae por JosÉ SIMÓN VALDIVIELSO. «El milagro del amor y la fe», cuento de ambiente sevillano, por JosÉ E AGULLÓ. «En la rosaleda del Palacio Real», cuento infantil, por el BARÓN DE MORA, con ilustraciones de | VERA LANDA, «El alma de las cosas», cuento de la malograda escritora ANA PERIER. | - BIBLIOGRAFÍA «Don Armando Palacio Valdés», estudio crítico de MELCHOR FERNÁNDEZ EE «In Memoriam», notas bibliográficas sobre las obras completas de don Francisco A. de Icaza, «Notas varias». ; TEATRO Y CINEMATOGRAFÍA «El teatro de Eduardo Marquina», estudio crítico, por Luis ARAUJO CosrTa, con caricatura de ' GONZÁLEZ CEBRIÁN. «Concurso de argumentos cinematográficos». LOS ESCRITORES NUEVOS «Hemos recibido su trabajo y...» (Correspondencia de la sección). DEPORTES : «La vieja rivalidad, renovada año tras. año, entre el Real Madrid y el Athletic», O OH parada por EDUARDO TEus. Fotografías de alpinismo en Saint-Moritz. GRAN MUNDO N Retrato-de la marquesa de Viana. Retrato de la señorita de Peretti de la Roca. Fotografías de los distinguidos aficionados que tomaron parte en la os de gala a. beneficio de la Ciudad Universitaria. pa Retrato del conde de las Torres de Sánchezdalp. E ARTE «El viejo palacio de Alcañices»; crónica de DIEGO San JosÉ, con acuarelas de al TURISMO Crónica, por ANTONIO PRAST. FEMENINA : «Entre nosotras», crónica de modas; por «CIL». «De Claudia a Leonor», carta transcrita por ISABEL O. DE PALENCIA. INFANTIL Historieta, rompecabezas, cuento, muñecos recortables, etc. EXTRANJERO «Carta de un londinense», por PENA «Carta de Nueva York», por GUSTAV DAVIDSON. «Un cuarto de hora de conversación con Doris NILES». Fotografías de distinguidas personalidades. | PASATIEMPOS Resultado del concurso anterior. VARIOS «Consecuencias de la guerra», crónica gráfica. Precio 1.75 ptas. nn Cosmopols Extracto del a o del Portrait du grand peintre aragonais Francisco de Goya, donton célebre ce mois-ci le premier centenaire de la mort, par son illustre contemporain Vicente Lopez .page Intéressant reportage de Julio Romano sur le Musée du Prado, abondamment illustré avec des photographies de tableaux devant lesquels travaillent des copistes . . page «La femme del'idole», nouvelle inédite d'Alberto Insua; illustrations du “populaire dessinateur Adolfo Durá., j . page «Tanger la convoitée», tres intéressante chronique de Joaquin Arraras . page Une poésie du grand poéte Enrique López - Alarcón a A . Page Notre chronique mondaine donne de ravissants portraits de la marquise de Viana et de Mlle. Peretti de la Rocca . page Portraits des actrices qui prirent part á la représentation de gala au profit de La Cité Universitaire de: Madrid Diego San José, illustrée d'aquarelles qui évoquent les souvenirs du siécle passé . page On trouvera dans la Chronique des modes, de «Cil», les derniers modéles de Worth page «Les fétes de la Ville du Printemps», par l'illustre chroniqueur sévillan José Andrés Vázquez , O IN . Page Information illustrée sur la somptueuse de meure sévillane des comtes de las Torres de Sanchezdalp thése de ferveur mystique», chronique illustrée de Morales Darias ..... page Etude critique de P'oeuvre du grand poéte Eduardo Marquina, par notre collaborateur - Araujo Costa A as y BABe Les sports de la montagne á SaintMoritz page Informations sportives, par notre collaborateur Eduardo Teus. «Les trois points rouges», passionant roman po- - licier de See Acone; belles illustrations de Federico Ribas cdo . page Charmante interview de la célébre danseuse américaine Doris Niles, par notre correspondant á New-York, Gustav Davidson E AE MEE UN AA A «La trés belle Cendrillon espagnole», chronique de. José Simon Valdivielso, sur les enchantements de Cuenca, . page Etude critique de l'oeuvre considérable du romancier Armando Palacio Valdes,. par Fernandez * notre collaborateur Melchor: : AIMASTO id, . page «Dignitéprofessionnelle», historiette comique par Mihura . A e a a Page Suite du roman «Les amours d'Héléne», de M. Hungerford, traduction de Beatriz Galindo A . Page «L'eau et la civilisation», chronique de notre illustre collaborateur Manuel Graña. page «Claude á Eléonore», lettre par notre illustre collaboratrice Isabel O. de Palencia «Lettre d'un Londonien», avec d'abondantes * illustrations A A DARE «L'ime des choses», conte de Vinfortunée et délicate écrivain Ana Perier . page Note bibliographiques sur l'oeuvre de Francisco A. de Icaza, l'illustre écrivain mort récemment , . page Le tourisme dans la Sierra de Guadarrama, chronique de notre rédacteur Antonio Prast z . page Les écrivains nouveaux Sr . page Passetemps et résultat du dernier concours , E A A e Un conte pour:enfants, dédié á S. A. R. l'Infante Beatrix de Bourbon, par notre illustre collaborateur baron de Mora, . page Pages pour la jeunesse, dédiées aux petits lecteurs de COSMOPOLIS . page . page - «Le vieux palais d'Alcañices» chronique de: e EDS «Malaga pendant la Semaine Sainte, belle syn-' Page: . Page. page: 28 33 41 50. 56, 58 59 66 : 67 71 76. 79 «Agua y Civilización» heisst «ein Artikel . Das | Bildnis des grossen aragonischen Malers Francisco de Goya, dessen hundertsten Todestag wir in diesem Monat feiern, befindet sich auf e O RO E Seite Einen interessanten Bericht úber das Museum del Prado in Madrid aus der Feder von Julio Romano und mit Bildern von verschiedenen Stiúcken des Museums und seiner «Kopisten» veróffentlichen wir auf. , Seite Alberto Insua hat besónders fir COSMÓPOLIS eine interessante kurze Novelle «La mujer del ídolo» geschrieben. Der ausgezeichnete und volkstúmliche Kúnstler Adolfo Durá hat sie mit wundervollen Bildern illustriert. Seite «Tanger, die vielbegehrte», benennt sich ein gut geschriebener Artikel von Joaquín Arrarás.S. Ein Gedicht von Enrique López Alarcón befindet sich auf, . . Seite - In der Rubrik «Gran Mundo» fallen die Mar- - quesa de Viana und die Señorita de Peretti dela Roca durch ihre Schónheit auf. Seite presente núm Wir bringen die Bilder der Schauspieler; die * - ander Gala-Vorstellung zu Gunsten der kiúnftigen Universitátsstadt teilnehmen Seite Den klassischen Geschmack des vergangenen Jahrhunderts verkórpern die Aquarelle Meister Diego San José's, die dem Artikel «El viejo palacio de Alcañices» beigegeben A E A Der Mode-Bericht mit den letzten Modellen des - Hauses Worth von Cil... .. Seite Die «Fiestas en la ciudad de la primavera» betitelte Sevillaner Chronik von José Andrés Vázquez finden Sie auf , ... Seite Eine illustrierte Abhandlung úber die prachtvollen Wohnráume des Grafen de las Torres de Sanchezdalp in Sevilla. .- Seite «Málaga en su Semana Santa, bella síntesis del fervor místico» mit Abbildungen von Morales Darías auf ., DO Unser vielbegabter Mitarbeiter Araujo Costa veróffentlicht eine interessante Skizze ¡ber ., Eduardo Marquina auf... Seite Wintersport in St. Moritz. «Tres puntos rojos» ist der Name eines Romanes, von See Accome iibersetzt und von Federico Ribas illustriert. . AE DOLO Den Sport behandelt Eduardo Teus auf Seite Seite. 28 33 41 50 56 58 39: :66 ¿67 pea Unser New-Yorker -Correspondent Gustav Da- ' vidson hatte mit der berúhmten amerikani- ' Interwiew, worúber er uns berichtet auf Seite Die Schónheiten der Stadt Cuenca sind sehr: fein beschrieben in dem Artikel José Simón — ' Valdivielso «La bellísima cenicienta española» auf n de ESCItO Eine kritische 'Abhandlung úber die "Wetke ArmandoPalacio Valdés” veróffentlicht unser Mitarbeiter Melchor Fernández Almagro AULA A Seite Die komische Erzáhlung «Dignidad profesional» von Mihura wird Ihnen Freude bereiten auf S. Die Fortsetzung unserer Novelle «Los Amores de Elena» befindet sich “auf P Seite Manuel Graña auf a A, Seite Bitte, wenden Sie Ihr specielles Interesse dem . Brief «De Claudia, a Leonor», der ¡aús der. Feder unserer Mitarbeiterin Isabel O. de Palencia SEIDIME AQUI Seite Unser Londoner Brief ist mit interessanten Bildern ausgestattet. Pa «El alma de las cosas» betitelt sich “eine Erzáhlung der leider zu friih verstorbenen Ana REE AU e O ibid aero De Seite Einige era nienS Skizzen úber die Werke des, kúrzlich verstorbenen Schriftstellers Francisco A. de Icaza finden Sie auf Seite Antonio Prast berichtet, wie gewóhnlich, úber «Turismo en la Sierra de Guadarrama» A a a ad DEA e o SETRO Interessante Arbeiten neuer Schriftste'ler.Seite Rátsel mit den Lósungen des letzten Wettbewerbes. . O SES Eimeder Kgl. Hoheit Infantin Beatriz de Bourbón gewidmete Kindererzáhlung unseres Mitarbeiters Baron de Mora. . SEITE Fiúr unsere Kinder. . Seite vón Seite ' schen Tánzerin Doris Niles, ein interessantes - 76. 79 109 | uz : A further thrilling instalment of «The _ «A Londoner's Letter», Interesting works by «new writers Puzzle Section. Results of the last competition p evo en Portrait of the great Aragonese painther Francisco de Goya, the first centenary of whose death occurs this month. Painted by his distinguished contemporary, Vicente López, AR O A A .Ppage An interesting report on the Prado Art Museum in Madrid, illustrated by photographs of various paintings in the Museum, showing copyists working beside them. By Julio Romano . o TO Pe .page (The Idol's Wife». Enthralling short story written specially for «Cosmópolis» by the well-known spanish author Alberto IÍnsua. Published in Fun in this number, with some delightful illustrations by the popular artist Adolfo Durá . : .page «(Tanger the Much-Desired»: an interesting study by Joaquín Arrarás , . page A poem of true inspiration by Enrique López Alarcón A A . .page Society Page: some striking portraits of, the Marchioness de Viana and Mdlle. Peretti de la Rocca .page Illustrated notes containing portraits of the well-known actors who took part in the gala erformance held in aid of the University ity. TINE page The old Palace of Alcañices. By Diego San José, with some charming water-colours in the classic style of the last century page Fashion Notes, showing Worth's latest modles, by «Cil». > .page «Holiday Time in the City of Spring». Chronicle from Seville by José Andrés Vázquez p. Illustrated description of the luxurious home of the Conde de las Torres de Sanchezdalp in Seville y page «Holy Week in Málaga: a beautiful symphony of mystic fervour». By Morales Darias. With photographic illustrations, .page * Eduardo Marquina: a study from the learned pen of Araujo Costa e .Page Aspects of Winter Sports in St. Moritz page Sporting News, by Eduardo Teus .page «Three Red Spots». Thrilling detective story by See Accome, illustrated by Federico Ribas ..: : «Page A delightful interview enjoyed by Gustav Dathe well-known American dancer Doris ¡ vidson, our. New York correspondent, with | Niles .page «Spain's lovely Cinderella». A picturesque chronicle by José Simón Valdivielso, des- -Cribing the charm and beauty of Cuenca page Critical study of the extraordinary output of our famous novelist Armando Palacio Valdés, by Melchor Fernández Almagro page «Professional Dignity»: | a tale of piquant humour by Milhura".. .page Loves of Elena», by Mrs. Hungerford, translated by Beatriz Galindo... .page «Water and Civilisation»: article by'our distinguished contributor Manuel Graña page «From Claudia to Leonor», a specially interesting letter by Isabel O. de Palencia page illustrated by ¡ - sting photographs O O me PS The Soul of Thinzs»: a delicate tale by the ill-fated authoress Ana Perier sra, page Bibliographical Notes on the complete works of Francisco A de Icaza, a well-known writer who died recently. : ee page Touring in the Sierra de Guadarrama, by Antonio Prast + e page .page A charming tale for children, dedicated + H. R, H. the Infanta Beatriz de Borbón. by the Baron de Mora . . . page ¿The Children's Corner». Some pages eagerly awaited by the younger EA of Je mópolis» ... page tres idiomas 99 71 76 79 Revista mensual ¡ilustrada Cosmopolis AÑO2 ABRIL 1928 NUM. 5 Fundador y Director: Enrique Meneses FRANCISCO DE GOYA Y LUCIENTES Retrato, por Vicente López Cosmopols EL [ESTENARIO: DE US ARTISTA [LOFIOSE És de/los suenos AS della grac LO e OYE el oa: OE PaorUñrO Le né ¡O al ceñido rn y la Obie rerCiod. un ant — GA os extranjeros frerie a los Lienzos de Goya en : OR el camino del Quijote se llega a” Goya. En el testamento del Caballero de la Triste Figura está la hijuela de este otro hidalgo español. Cervantes entierra con don Quijote la gloriosa exaltación espiritual de una raza, y la certera pupila de Goya recoge la herencia lamentable, ¡El mágico realismo de Goya! He aquí un pintor que retrata reyes, mendigos, plebeyos y rufianes. Y el ojo del español de esta época ve en los cuadros goyescos que la dignidad se cobija en la plebe y el vilipendio en la realeza. ¿No está aquí, en la figura de Fernando VII, la falsedad de su carácter, sus ideas tenebrosas, su crueldad, su pusilanimidad, su falta de grandeza? ¿No es grotesca y lamentable esta familia de Carlos IV? Goya fué un gran satírico. Dicen que a Fernando VII no le gustaba el retrato que le había hecho el autor de La maja desnuda. Tenía razón este rey. Porque la pupila del genio descubre los más hondos secretos de nuestra naturaleza. Y Goya dejó en sus cuadros la historia de aquella España de reyes y cortesanos viles y de plebes fanáticas y hambrientas. Al encararse con modelos tan miserables y mezquinos, ¿qué otra cosa podía hacer sino inmortalizar la realidad “circundante ¿El artista de genio no adula. Y Goya era tremendamente verídico. Ponerse frente a su paleta era un asunto peligroso y arriesgado. El pincel en manos del gran pintor era un finísimo el Museo del Prado bisturí. Cuando trabajaba sobre carroña daba la familia de Carlos IV; si lo hundía en el fecundo manantial de la raza ibérica dejaba sobre almohadones Las majas. No llegó a tiempo para pintar la España magnífica de Carlos V, con sus grandes capitanes y aventureros, y cuyas espadas brillaban al sol en América, en Turquía en Italia y Francia. No pudo llevar al lienzo al soldado español fanfarrón, bizarro, garboso, el «miles gloriosus», cuyo lenguaje tenía el temple de su acero y de su alma; Goya llegó tarde a la cita, y en vez de dar con Carlos V, un gran rey, tu ; de nando VII. 8 y, tuvo que pintar a Fer Goya y el arcipreste de Hita. El aire de familia. «Era implacable con el hombre y tierno y delicado con el niño», Es fuerte y rudo este prodigioso aragonés. Tiene la garra poderosa de los grandes creadores. Goya, como el arcipreste de Hita como Rojas, como Cervantes, como Hurtado de Mendoza donde plantaba su mano, allí dejaba su huella indeleble. Él forma en la hilera de los poderosos y acérrimos creadores ibéricos. N ] o tiene antecedentes. Sus tipos no están en ninguna parte; pero si que- Cosmopols remos encontrarles algunos lejanos parientes abramos el Libro del Buen Amor, o La Celestina o el Lazarillo. Entre estas Lavanderas de Goya, ¿no está aquella serrana forzuda, cariancha, «de dyentes anchos e luengos»? ... aa 6 ap ás a a a a a 4 «En comedia del vallejo, Encontrem” una serrana Vestida de buen bermejo E buena cinta de lana; E díxele yo luego: ¡Dios te ssalve, hermana!» ¿Y en esta Riña en la Venta Nueva no están los rufianes de la Celestina? Es verdad que todos los grandes tipos humanos tienen en sus obras «cierto aire de familia», y Goya es la continuidad de una gloriosa estirpe. Es fuerte y rudo el autor de La gallina ciega. Su brocha aristofanesca arranca túrdigas a la misérrima realidad. Pero este pintor extraordinario y desmesurado de las teces diabólicas, de los sueños tenebrosos, de las trágicas pesadillas, tenía un alma candorosa e infantil. Si su paleta hacía revivir un mundo de aquelarre y su ceño era duro, y su mano creaba fantasmas luciferinos, también era tierno, amable, pueril y candoroso. Era implacable con los hombres y deliciosamente humano con los niños. Rezuman ternura, gracia, candor y puerilidad las criaturitas de Goya. Este genio viril amasaba sus chiquitines con suspiros maternales. Toda la saña que emplea con el hombre es blandura y perdón para el niño. Las caritas infantiles, con sus ojos apenas abiertos a la vida, son una amorosa alusión al regazo maternal, a brazos de mujer enamorada, a dulce y tranquilo sueño. Es una plegaria, el aire suave de la aurora, el despertar de un buen Dios. Antes que lo dijera el poeta, Goya sabía que «los niños son ángeles que al caer del cielo se rompieron las alas». El pintor, en Burdeos. El cariño a su patria. Las cartas de Moratín. El 16 de este mes de abril celebra España el centenario de don Francisco de Goya y Lucientes. En un lado y en otro se amontonarán los haces de prosa en honor del genio. No debe empalagarnos, Es tan recia la figura de este español, que bien merece qu” altos, bajos y medianos le lleven su ofrenda, Nosotros hemos vuelto a leer estos días las cartas de Moratín, y el viejo artista, un poco cascarrabias y gruñón, ha vuelto a vivir, como fantasma querido, a nuestros ojos. En la ciudad de Burdeos, en una casa del Cours de 1'Intendance, murió el pintor. Una lápida colocada en la fachada recuerda al transeúnte que en aquella casa finó un español extraordinario. La lápida dice: «Francisco Goya y Lucientes. Né á Fuendetodos (Espagne) le 30 Mars 1746 est mort dans cette maison le 16 Avril 1828.» En abril de 1825 escribía Moratín: | «Goya, con sus setenta y nueve pascuas floridas y sus alifafes, ni sabe lo que espera ni lo que quiere; yo le exhorto a que £ > esté quieto hasta el cumplimiento de su licencia. Le gusta Burdeos, el campo, el clima, los comestibles, la independencia, la “tranquilidad que disfruta. Desde que está aquí no ha tenido ninguno de los males que le incomodaban por allí, y, sin embargo, a veces se le pone en la cabeza que en Madrid tiene mucho que hacer; y si le dejaran se pondría en camino con una mula zahina, con su montera, su capote, sus estribos de nogal, su bota y sus alforjas.» | «... en Madrid tiene mucho que hacer.» ¡Con qué cariñoso afán leemos y releemos estas palabras de Moratín! Y es que ardía, como seca retama, en el pecho de Goya el cariño a su patria, Los años pasados en Madrid, tan cargados de aleg”ía, de esperanzas y de tristezas, se erguían ante sus Ojos, y 10s viejos fantasmas tiraban de él. Lo llamaba la tierra, estaba ya en los umbrales del sepulcro, presentía su próximo fin; pero no se atrevía a declarar a su amigo su recelo, ni a confesarse a sí mismo esta realidad inmediata. Y con pueril arranque achacaba a exigencias de su tarea la necesidad de volver a la corte. Pocos meses después, en octubre de 1825, vuelve a escribir Moratín: En el cuadro «La vendimia» Goya hizo un prodigioso alarde de sus grandes e indiscutibles conocimientos. La luz, la claridad y el color de este cuadro atraen y fascinan. Los extranjeros gustan de él extraordinariamente, y de esta escena bucólica salen para los Estados Unidos y para la América docenas de copias todos los años. Cosmopolis 16 —Es cierto. Es decir, no. Para cumplir contigo LA MVJER con la que firmé tres corridas. Ya sabes que el Pi- DEL lar cae a:mediados de octubre. : A — ¡Quién sabe! A lo mejor es más tarde de lo que IDOLO yo supongo y no tienes que faltar a tu contrato con la empresa de Zaragoza. No te precipites. Lo convenido entre tú y yo solemnemente... —Es que yo me retire al nacernos el primer hijo. —Con esa condición me casé. : —Si no lo he olvidado, Carmen. —Es que yo desearía que la perspectiva de tu retirada, ya próxima, no te afligiese. E —¡Qué me ha de afligir! Lo que ocurre es que, claro, yo acepté esa condición porque de otra manera tú no te casabas conmigo. Bastante “generosa fuiste. Primero, tenía que retirarme antes de ser tu esposo. Después, a mis ruegos, accediste a que siguiese toreando hasta que empezáramos a tener familia. De modo que, si no me concedes un nuevo plazo, me retiro. Soy hombre de palabra. —Bien sé todo lo que te cuesta cumplirla. Pero ya he cedido bastan- * te, Rafael. —No se hable más del asunto. —Sí, al contrario. Hablemos para que te vayas acostumbrando a la idea. Yo sabía que, a pesar del gran amor que nos une, tú habrías de sufrir cuando te recordara tu promesa, ¡Retirarte en plena juventud y en plena gloria! Por eso tardé en decirte la novedad. —Lo prometido es deuda. Y aunque me cueste mucho cumplirlo, lo cumpliré. NA —Tengo confianza en. ti. —Ahora, que tu condición ha sido terrible. Seré yo el primer torero que se retire por esa causa. Y todo porqué tú te empeñas en que me tiene que matar un toro. A mí precisamente, que soy el que más sale. Si tú fueses aficionada, si te decidieras a venir a la plaza cada vez que yo * toreo y te fijases cómo domino a los toros, cambiarías de parecer. Estoy seguro. Para mí, torear no es nada. Es jugar. ¡Más peligros hemos corrido tú y yo durante el viaje de novios, a ciento por hora por esas carreteras, y volando de París a Londres y de Nápoles a Sicilia, y comiendo las comidas de los palaces, que puedo correr yo en una temporada echándome nada más que miuras! ¿No te convenzo?... A, ES —No me convencerás nunca. Lo tratado, tratado, Rafael. —Perfectamente. Si no es que yo me vuelva atrás, pero... —Ya sé. Tú querrías que cediera de nuevo. Lo deploro, Rafaelito. No es posible. ny —Es que estás obcecada. Por lo menos prométeme que vendrás a la plaza alguna vez... , AN —Recuerda lo que te dije: que yo no me casaba con el torero, sino con el hombre. Y lo que te exigí: que nada, en nuestra casa, me hablase de tu profesión. , > ; —Y te he complacido. Guardo mi piso de soltero para «vestirme» y hablar con mi apoderado y la gente de mi cuadrilla. Cada vez que tenga que torear en Madrid, saldré de casa vestido de paisano y volveré igual. En casa, ya lo saben los amigos, no se hablará de toros, sino de música y de pintura, y hasta suprimiremos la manzanilla y el acento andaluz. Yo me pondré el smoking todas las noches. Cuando toree en provincias, el telefonema dirá sencillamente: «estoy bien». THlabrá dos Rafaeles Córdoba: el tuyo y el del público. Dos personajes distintos interpretados por el mismo actor, como en el cine. Pero conste que me dolerá mucho, mucho, que tú alguna vez no vayas, dle incógnito, a la plaza. v De Carmen a don Jacobo de Andrada y Arellano, su padre. e «Querido papá: Tu carta, que me llega hoy al cortijo, no me convence. Desde la primera línea se nota que has hecho causa común con Rafael. Dos contra una. Yo me resigno. Pero tú, que eres un jurisconsulto famoso y además mi padre, debiste defender mi pleito, haciéndole comprender a mi marido que las promesas verbales, cuando se hacen entre personas de buena fe, valen como si estuviesen escritas y solemnizadas ante notario. Rafael ha faltado a su promesa, casi diría a su juramento. Me prometió, me juró retirarse de los toros en cuanto tuviéramos el primer hijo. Llegó éste, y el mismo día que llegaba tenía Rafael una «de sus grandes tardes» en Zaragoza y... «un puntazo» en un muslo: pequeño aviso providencial. Como concluía la temporada, al yo recordarle lo convenido sonrió con un «desde luego» equívoco y un «¿qué duda cabe?» que me dejó llena de incertidumbre. Pero noviembre en el cortijo era tan luminoso y la nena había nacido tan linda y tan robusta, y al cristianarla fueron tales las fiestas —media Sevilla en el cortijo, sin contar las amistades de Córdoba, de Madrid, de toda España; iluminaciones, bailes, cante jondo—, y fué tal el júbilo de Rafael, que yo, la verdad, me sentí durante varias semanas mecida por el más necio de los optimismos. Hasta que comenzaron las supercherías y los embustes de Rafael. Decíame al salir del cortijo con sus amigotes que se iba de caza. Hacía el paripé de los pe- y tengo que quedar mal con la empresa de Zaragoza, . rros y las escopetas: toda la tramoya. Y luego la cacería se transformaba en acosos y tentaderos. Tú conoces mi carácter. Le afeé su conducta, le recordé lo convenido enérgicamente. Y me respondió que «lo que era eso de acosar y tentar no lo dejaría nunca, porque era un deporte, un juego sin consecuencias, y lo que él me había prometido era «quitarse» del toro bravo en la plaza». Le respondí: «eso es un sofisma». Me llamó «bachillera». Reñimos. Por la primeta vez reñimos y se cruzaron palabras bastante duras. «Abusaste de mi ingenuidad —le dije —; me engañaste con promesas que no pensabas cumplir y, si en España hubiera divorcio...» Me contestó: «Eres una orgullosa y una terca. Yo te prometí lo que te prometí para casarme contigo; pero ahora, que eres mi mujer, vete si quieres, que no dejarás de serlo. Yo mataré toros mientras me dé la gana y los toros no me matarán a mi...» Dos meses estuvimos sin hablarnos casi. Él se quitó la careta, y, terminadas las tientas en Andalucía, se marchó a las de Toledo y Salamanca. Al volver —tú sabes cuánto le quiero —me pidió que le permitiese torear ¿su última temporada»; me enseñó los periódicos en que se decía oficialmente, en un cúmulo de artículos e interviús, que Rafael Córdoba, el emperador de los toreros, se retiraba, y yo caí en la trampa otra vez. ¡Y de qué modo! Dándole otro hijo. - Ya se le ha bautizado. Y Rafael no hace sino firmar contratos. No se retira. Decididamente no se retira. Dice que vamos a tener «seis herederos y cada uno ha de heredar cuatro millones». El tiene el código de su parte, puesto que no hubo promesa escrita, ni se la admitiría, aunque la hubiese, como causa para el divorcio. También la opinión pública está por él y en contra mía. Mi situación es triste y hasta ridícula. Tú mismo me consideras «una romántica incurable y una intransigente» y me aconsejas «ceder». El público no permite que yo le arrebate su ídolo. Tú piensas en los millones de Rafael. Y Rafael, aclimatado ya a la riqueza y seguro de mi amor y mi fidelidad, se deja embriagar por el triunfo y sigue arrebatado por su pasión, que no es otra que la de los toros. Porque, quiero decírtelo: yo he estudiado a este hombre, nadie le conoce como yo, que leo en su alma como en la mía —mejor acaso, porque la suya es la - más simple—, y yo sé que su pasión profunda, que su amor esencial son los toros, que está enamorado de su Óficio, pues yo no le llamaré nunca arte a esa cosa bárbara y sangrienta que hace Rafael, aunque escritores como - Hurtado y pintores como Rivero, por si no bastasen sus libros y sus lien- -ZOs, Me suelten a cada paso: «¿Cómo usted, tan artista, no comprende a Rafael?» ¡Qué necedad más grande! Un gladiador, un soldado, un aviador, un torero, cualquiera de los hombres que desafían a la muerte, podrá ser un héroe, pero no un artista. Y, aunque lo fuese, ese arte trágico a mí me produce horror. Rafael, para mí, es mi marido, y el padre de mi Maruja y mi Rafael, y no quiero que me lo quiten, no quiero que me lo maten. Las razones de mi alma y de mis entrañas hacen reír. Rafael es del público, que lo idolatra y éspera ansioso su inmolación. Porque es sabido que esa clase de ídolos dejan de serlo en cuanto rehuyen la atmósfera dramática en que sus adoradores les rinden culto. Rafael no puede ser prudente como otros toreros, porque ha alcanzado la cumbre de la torería precisamente por su valor temerario, unido al más profundo conocimien- to de los toros. Yo soy la primera en preferir que Rafael siga toreando «a su manera», a que se transforme en un torerito pusilánime que se luce en un toro y se hace silbar y denostar en diez. Todo o nada. Retirarse o seguir siendo Córdoba. En resumen: ¿por qué no se retira Rafael? Gloria más grande que la suya no ha existido, no existe en el mundo de la tauromaquia. Dinero, le sobra. Mujer joven, y guapa, e inteligente —¡qué caray!=no le falta. Su hija es una monada en miniatura y su chiquillo un querubín. Posee tierras. No es torpe y sabe gozar con un buen libro, un buen cuadro y una bella obra musical. Le gustan los viajes y tiene automóviles para hacerlos confortablemente. ¿Entonces? Pues no se retira, simplemente, porque «quitarlo» a él de los toros es como arrancar de la tierra un árbol y extraer de las aguas al pez. Los toros son su elemen- to. Mi imagen puede parecerte hiperbólica. No se muere un torero porque se retire de los toros. ¡Tantos se retiraron en plena juventud! Pero Rafael no es uno de tantos. Es el Torero. Y éste es mi dolor... Yo soy en su vida una cosa subalterna: el instante de placer y la hora de la calma. Pero «su amor absoluto» es el de los toros. «Yo —dice —he nacido para torear.» Y yo quiero redimirlo de ese amor que lo conduce a la muerte. La lucha es épica, papá. Pero tu hija, que es valerosa, seguirá sosteniéndola, sola. Pues hasta tú le faltas...» ; VI El Doctor. — Mañana puedes levantarte, dar un paseillo por el jardín, pero corto, de cinco a seis minutos y del brazo de Carmen... Rafael. — Los médicos se figuran saber más que los pacientes. Hace dos o tres días que siento ganas de saltar a la comba con Carmencita y Lili. El Doctor. —Carmen, no le deje hacer imprudencias. No olvide que es un chiquillo. Carmen. —Descuide, doctor. Si hace falta lo ataré con unas correas a la chaise-longue. Rafael. —¡Que me iba yo a dejar! «Aficiones». — Bueno, con permiso, ¿puedo yo ya decir en mi periódico que Rafael ha sido dado de alta? AAA A A A q _ O | i 4 | a o a in El Doctor. —SÍ. «Aficiones». —¡Qué alegría se va a llevar el público! Carmen. —¡Dichoso público! Rafael. —Mujer... Es natural que se interese. Carmen. —Para mí, los aficionados tienen alma de cocodrilo. Hurtado. —¿Me regala usted la idea? Carmen. —¿Para explotarla en uno de sus artícu- La MVJER DEL ÍDOLO los? ¿Por qué no? Rivero. —Me gustaría hacerte un retrato así, acostado en la cheslon. «El ídolo herido». Abora que puedes posar sin impaciencia... Rafael. —¡Qué pillo eres, Riverín! Tú no quieres hacerme a mí un retrato, sino que todavía me esté quieto una semana. Te agradezco la buena intención; pero si quieres hacerme un retrato traete un kodak. De lo que yo tengo ganas es de estirar las piernas, de mover los brazos... Esto ha sido un fastidio. El Doctor. —Y menos mal que lo cuentas, Rafael. Rafael. —No es por quitarle méritos, doctor. Yo sé que le debo la vida, pero que conste que le ayudé... Porque yo había decidido no morirme. Lo decidí desde la enfermería de la plaza, en cuanto recobré el conocimiento. ¿No es verdad, Hurtado? Hurtado. —Sí, me miraste de un modo que me inspiró confianza. Y hasta quisiste insinuar una sonrisa... Yo le dije a Rivero: «No creo que se muera Rafael.» Rafael. — Morir, tiene uno que morirse. Y lo más propio de un torero es morir en la plaza... Carmen. —¡Jesús! Rafael.—... Yo creí que me había muerto, palabra. Al salir del sueño del cloroformo, pensé: «¡Vaya, Rafaelillo, todavía no!» Y no podéis figuraros mi satisfacción. Parece mentira... ¡Lo que le gusta-a uno esta cosa tan sosa que es la vida! «Aficiones». —Torero y filósofo. Pero si la vida no tiene para ti sal bastante, imaginate lo que será para nosotros. Hurtado. —Debe de ser magnífico ese instante en que parece que se resucita. : Rafael. —Magnífico y... tonto. ¿A qué no adivináis lo primerito que per sé al sentirme vivo? El Doctor. — Pensaría usted en Carmen. Hurtado.—En tus nenes. «Aficiones». —¿En los apuros de Pascual para matar el toro que le dejaste? Rivero. —¿En tu cortijo de Sevilla? Rafael. —Nada de eso. Tenía una sed terrible y pensé en un doble de cerveza. Carmen. — Ya me lo figuraba yo. Hurtado. —Es lógico que su primera idea, después de un trance tan atroz, LO fuese intelectual o cordial, sino más bien instintiva. El Doctor. —Muy bien. «Aficiones». —Parece escrito. Si el insigne Hurtado me lo permite, reproduciré esas palabras en mi periódico. ; Hurtado. —No merece la pena. «Aficiones». — Yo las estimo geniales. Rafael. —¡Pelotillero! E «Aficiones». —¿Ya me insultas? Me parece que podrías torear mañana. Rafael. —Eso, ahora mismo. Carmen. —Eso nunca más. ¿Lo oyes? ¡Nunca más! Puede usted decir en su periódicoy «señor Aficiones» que Rafael Córdoba no volverá a torear, que se retira, y no por miedo, sino porque ya le ha pertenecido bastante al público y es hora de que le pertenezca a sus hijos y a su mujer. ¿Lo entiende? Publique, si le parece, un extraordinario para decirlo. ¿No es verdad, doctor? Y ustedes, Hurtado y Rivero, que aseguran quererlo como a un hermano, ¿qué dicen? ¿No tengo yo razón? Hurtado. — Absoluta. Rafael. —Traidor. Carmen. — Gracias, Hurtado. Hurtado. —Yo creo, sinceramente, Rafael, que llegó la hora de retirarte, de morir como torero —ya que hemos hablado de muertes y resurrecciones —y resucitar como pater-familias... Rafael. —En latín. Me lo dices hasta en latín. Pareces un cura. Y tú, Riverín, ¿qué opinas? Rivero. —Lo mismo. Rafael. —¿Y tú, «Aficiones»? «Aficiones». —Con permiso de doña Carmen, que no. El día de tu retirada será de duelo para la afición. Y yo por algo adopté el seudónimo de «Aficiones». Y ada Aud tr 7 A e S ' YE o Aye tes", q. y 27? SA Y e 1/0 ” $ Cosmopols Carmen. —Ya se sabe que es usted un servidor del público. «Aficiones». — Absolutamente. Carmen. —Su opinión no nos importa. Aquí estamos celebrando un consejo de familia. E «Aficiones». —Entonces me retiro. Carmen. —Como guste. Rafael. —No te vayas, hombre. Que yo no he hablado todavía. Quédate para levantar acta. Yo digo, yo digo... Bueno, Carmen, no me mires así. Yo digo seriamente que voy a probar mis facultades y que si no han disminuído, seguiré toreando. Pon eso en tu periódico... Y de estas pláticas familiares, ni una palabra. «Aficiones». — Perfectamente. Me voy. Señora... Doctor... Rivero... Ínclito Hurtado... (Sale. Carmen. —Si ese «Aficiones» fuera toda la afición, creo que le pegaba un tiro. Rafael. —Pégaselo, tonta. Ahora, al pasar por el jardín. Pero ¿estás llorando? i Carmen. —Iba a llorar, pero no lo mereces... El Doctor. —Vamos, Carmen... Estas discusiones no son buenas para Rafael. Además, ya veremos. Hurtado. —Eso es. Rivero. —Claro. Y depende de cómo quede Rafael. No pierda usted la esperanza. Rafael. —Lo malo está en que yo me siento mejor, mucho mejor que antes. . Carmen. —¡Dios mío! ¡Dios mío! (Solloza al fin.) VII Piensa Carmen: - «Muerto eres menos mío que nunca, Rafael. Pasó la hora absorbente del dolor. Ya puedo pensar y sufrir. Antes era sólo sufrir. Estoy a tus pies, fija la mirada en tu rostro liívido, que la muerte redujo y. afinó. No puede separarse mi mirada de ti: sólo cuando el llanto la enturbia dejo de contemplar tu imagen inerte y clara, como de mármol, porque tu - cuerpo se hace entonces oscuro y vacilante y se diría una sombra que se va. ¡Oh, no quiero fantasmas, sino la realidad entera en mi corazón! Y en mi pensamien- to. Es como si yo estuviera dos veces a tu lado: una, llorándote, en mi papel de viuda inconsolable y de madre afligidísima, en una situación sentimental y doliente. Y otra contemplándote fríamente, A 4 lá UY LUIS A con destellos de la luz de Némesis en las Z 70 Ñ Za pupilas, como si la realidad de tu muerte me vengase de tanto engaño como me hiciste, de tanto dolor como me infligiste, de toda una vida matrimonial ensombrecida por la previsión y el temor de esta hora. En sueños, ¡cuántas veces te he visto así, me he visto asi! Y despierta no me abandonaba nunca la idea de tu muerte: de esta muerte que pudiste rehuir, que te previno a tiempo, que se anunció generosa para que te apartases. Y no quisiste... Decías: «lo hermoso para un torero es morir en la plaza». Lo hermoso, lo sublime, lo que concluiría de dorar al ídolo de las muchedumbres y de convertirle en uno de los dioses del paganismo español. Ya tienes esa gloria, Rafael. Eñ plena juventud, dueño de una gran fortuna, padre de tres hijos sanos. y esposo de una mujer que te adoraba y te gustaba —¡ah!, yo sólo «te gustaba», tú no podías adorarme; ¡yo era uno de los caprichos del ídolo! —ibas a la plaza como un torerillo pobre y temerario, que sólo quiere triunfar o morir, Eras el primero, el único, y te jugabas la vida cada tarde. La perdiste. Y tu acto dirán que es bello, heroico. Lo cantarán los poetas y los ciegos en sus romances. Lo perpetuarán los pintores y los escultores... Ya Rivero y Vázquez Díaz han tomado apuntes... Ya Juan Cristóbal te hizo la mascarilla... Y Benlliure permaneció media hora «mirándote», como si ya pensara en tu mausoleo... Ya ha estado a «saludarte» el Rey... Y todos los hombres de tu cuadrilla no bastan para recibir coronas y llorar junto al ídolo... Pero yo, la viuda, encuentro tu acto bárbaro y estúpido. ¡Inhumano! Ya sé que no soy nadie, que no era nadie. Para ti, para vosotros, para esa gente que va y viene por la casa, que llega a la cámara mortuoria y gime, y hasta se desvanece, como cierta actriz, que era, por lo visto, una de tus adoradoras... ¡Qué gran tarde de entierro para Madrid! El cielo está azul. Hace un sol magnífico. Toda la guardia montada no bastará para impedir que el t7 Cosmopolis 18 pueblo lleve en hombros tu féretro hasta la estación. Luego, en Sevilla, otra apoteosis macabra. ¿Y nuestros hijos? ¿Y yo? Nos dejas tus millones y DEL unas chispillas de tu aureola. ¡Gracias! Yo, pasado el E novenario, tomaré el tren, con mis hijos, para reti- IDOLO rarme a un país extranjero donde no me siga tu nombre, donde yo no sea la viuda de Rafael Córdoba, sino una dama cualquiera, una viuda vulgar. Venderé el cortijo. Venderé esta casa. Y entregaré «tus reliquias» al Ayuntamiento de Sevilla, que las pidió para un museo. ¡Oh, que pase pronto, pronto este día! ¡Que el pueblo concluya de arrebatarme tus despojos! No puedo más. El llanto me acongoja. ¡Oh, no, que dure este día, que se eternice este dolor, que una lava celeste nos petrifique a ti y a mi !» LA MVJER. Y ya Carmen no piensa. Sólo sufre y solloza ante el cadáver de. Rafael. VIII De Carmen a su padre. Bruselas, 9 de enero de 1925 «... y Mme parece que nos quedaremos a vivir en Bruselas. He alquilado un espacioso hotel en la avenida de María Luisa, donde tienes una habitación reservada; pero imagínate que he sentido ganas de poseer «mi casa» y, mejor que comprarla hecha, a gusto ajeno, he decidido construirla. Adquirí el solar hace dos meses y ya he comenzado la construción. Se encarga de ella un arquitecto llamado Jorge Van Essel, de Amberes, pero establecido aquí, que fué una de las primeras personas que me presentó nuestro ministro. Es, según dicen, el mejor entre los arquitectos jóvenes de Bélgica. Basta oírle decir que colocaría diez toneladas de dinamita en los sótanos del Palacio de Justicia, que hicieran saltar ese abrumador y ridículo monumento, para comprender que Van ¿Essel es un artista. Cara tiene de ello. Se parece a Van Dick, pero a un Van Dick afeitado y de salud excelente. Habrás comprendido ya que «me interesa». Van Essel tiene treinta y cuatro años. No olvides que los míos sox veintinueve. Van Essel me hace la corte desde el último octubre: una corte discreta. Es, te lo repito, un artista. De modo que nuestras conversaciones sobre pintura, música, literatura, etcétera, no tienen fin. Con él he visitado de nuevo Amberes, Lovaina, Gante y Brujas. Tú sabes que Bélgica es un pañuelo. Hacemos «CAFÉ ROMÁNTICO Y OTROS POEMAS», poesías por Fernando Villegas.—Como Verlaine, Fernando Villegas es un poeta de la bohemia. Lo burdo y hosco del tráfico cotidiano, la miseria y el horror, el amor y el odio son sus fuentes inspiradoras, y en las breves poesías que integran este libro hay aciertos rotundos de expresión clara y calidad y de fondo sugeridor. : Avaloran el libro unas interesantes y bien entonadas ilustraciones—que recuerdan los clásicos grabados de madera—, obra del notable dibujante Manuel Redondo. «ELLA TUVO LA CULPA», novela por C. Martínez Rtestra.— Mezcla de novela sentimental y de aventuras es este nuevo volumen con que Martínez Riestra reafirma su prestigio literario. Sin excesivas preocupaciones de estilista, Ella tuvo la culpa está escrita con garbosa desenvoltura que la hace fácil y agradable de leer. «CHOPIN», estudio crítico, por Carlos Bosch.—La personalidad del gran compositor romántico ha sido objeto de numerosas obras de crítica, en las que se le estudia y analiza, hasta haber dejado agotado el tema. Por eso es más meritoria la labor realizada por el competente crítico musical Carlos Boch, que, aunando lo anecdótico con lo biográfico, las observaciones personales con el análisis de sus obras, ha compuesto un ameno folletín que, a la par que de obra de consulta, puede servir de grato solaz para los aficionados a conocer a fondo, en poco tiempo, a las grandes figuras mundiales. N MEMORIAS DEL CONDE DE BENALÚA, DUQUE DE SAN PEDRO DE GALATINO.—Sólo ha publicado el ilustre prócer el primer tomo de sus recuerdos, y ello ha servido para agudizar en todos el deseo de la pronta aparición de sucesivos volúmenes. Desde los diez años de su vida a los diez y ocho comprenden las doscientas páginas publicadas, y abarcan un interesantísimo período de la historia patria correspondiente a las fechas que encuadran 1867-1875. BIBLIOGRAFÍA nuestras excursiones en su automóvil o en el mío, y nos acompañan Rafaelín—que no se aburre—y mi femme de chambre. Nada de flirt, ¿comprendes? Van Essel sabe que yo soy rica, pero él está en camino de serlo más que yo. Lo más probable es que nuestros diálogos y paseos concluyan en matrimonio. Y desde ahora te lo anuncio para que vayas disponiendo los papeles y cuentas que tendrás que mandarme. Pronto habrá corrido el plazo que la ley señala a las viudas para volver a casarse. Voluntariamente pienso alargarlo y no contraer mis segundas nupcias antes del próximo otoño. Entonces Rafaelín, que habrá cumplido los ocho años, entrará en el Liceo (ya habla el francés y hasta su poquito de flamenco) y las niñas se quedarán con nosotros. Ya tienen su institutriz. Ahora bien: será mejor que guardes el secreto de esta noticia. Temo que los idólatras de Rafael, que santa gloria haya, se indignen en tal forma que nombren una comisión para que venga a echarme en Cara mi «sacrílega» conducta. Es preciso evitar el artículo de «Aficiones» y, en general, los comentarios de las peñas y círculos taurinos, que me dejarán sin piel. Lo mejor será que tú no se lo digas a nadie. Y esto no por mí, sino por la memoria de Rafael. No me importa, antes bien, deseo que sus idólatras se figuren que me he retirado a un castillo o monasterio a llorarlo de por vida, como la Triste Condesa a su don Álvaro. La verdad es que mi edad y temperamento me inclinan a un segundo matrimonio juicioso, y no alocado y novelesco como el primero. Quise a Rafael locamente. A Van Essel lo quiero «razonablemente». Al fin se realizará mi sueño de tener un marido de tout repos: uno de esos hombres que han venido a la tierra para acrecentar los elementos de la civilización y no destruirlos o retardarlos. La torería es barbarie. He recibido la biografía y panegírico de Rafael por Hurtado y... no me convence. El estilo es maravilloso. El retrato de Rafael —páginas 19, 20 y 21— me ha hecho llorar. Pero la torería es barbarie. Rafael es para mí el pasado. Y lo vivido es como lo soñado. Van Essel es la realidad y la aurora de mi segunda vida... Mándame los papeles y disponte a ser el padrino. Tus nietos te nombran y desean verte. Yo, confiada, quedo esperando tu aprobación.» IX La viuda de Rafael Córdoba se casó en Santa Gudula de Bruselas, en el otoño de 1926, con Jorge Van Essel, arquitecto. No pudo evitarse el artículo de «Aficiones», lleno de indignación. ALBERTO INSÚA. Las anécdotas y las noticias, vividas o vistas vivir por el propio duque, de la Revolución y la Restauración dan variedad al relato, de un indiscutible valor documental. Isabel 1I, Amadeo I, Alfonso XII, Cánovas, Prim, el duque de Sexto, el de Tamames, el padre Claret, el general Pavía, la guerra carlista con sus principales cabecillas, figuras todas de un ayer tan próximo que todos conocemos por haber oído hablar de él continuamente, viven en estas Memorias con poderoso vigor y raro verismo. Los comentarios que estas personalidades y los acontecimientos en que intervinieron sugerían, la descripción del ambiente y festivales del gran mundo cortesano, avaloran con su innegable autenticidad el volumen, que está, además, escrito en estilo fácil, correcto y sencillo, que no excluye la elegancia literaria. . «BOABDIL» (RESEÑA PARA EL TURISTA), por el conde de Benalúa, duque de San Pedro de Galatíno.—Enamorado ferviente y propagandista infatigable de las bellezas de Granada, el duque de San Pedro de Galatino ha compuesto una documentada monografía en que—tras una breve reseña histórica—describe los principales monumentos, explicando el estado en que se hallan, la manera en que fueron descubiertos y la labor de restauración en ellos realizada, con sensatos e imparciales juicios críticos. El viajero que desprecie las guías vulgares y busque una orientación artístico-histórica para recorrer Granada, hallará en este. ]ibro del conde de Benalúa un utilísimo auxiliar, de valor inapreciable. (SENDEROS), versos por Luis Álvarez Cruz.—«Poemas de transición» denomina su autor a estos poemas, en que se revela un excelente y fácil versificador, con claro concepto de lo que la pocsía representa. Composiciones breves todas ellas, un aliento romántico en el fondo, informa el volumen, en el que los modernismos de forma —grito de independencia juvenil simpática—no son lo suficientemente exagerados para molestar. cv Refugio cosmopolita HN WOW ÁNGER, siempre Tánger!... La palabra resuena sin cesar en los areópagos políticos. En torno a ella han sido siempre las intrigas y las conspiraciones que, iniciadas muchas veces en los aduares remotos que sestean bajo el sol implacable de África, se desarrollaban luego en la decoración fulgurante de los palacios de Estado y en los salones de las Cancillerías. Retenida la atención de Europa por los problemas absorbentes de la postguerra, a cada instante volvía sus ojos hacia la ciudad codiciada, contemplándola con el temor con que se admira el cráter que puede de pronto romper el fuego de su artillería volcánica. Inciso, indispensable en toda cuestión atlántica o mediterránea; paréntesis obligado en todo estudio de política africana; nudo, laberinto, incógnita... ¡Tánger, siempre Tánger!... Y en tanto que Europa fraguaba sobre el futuro de la ciudad, ésta seguía su vida de indolencia y de placer, sin prisa, satisfecha, porque el reclamo que de ella hacía el estruendo de las Cancillerías atraía el oleaje del turismo, que acudía a rendir tributo de admiración a sus encantos. Porque en todas las estaciones del año, Tánger es una canastilla de flores. Su montaña, la ascensión preferida por el viajero, es un pe- Cosmopols TÁNGER, LA CODICIADA betero que enerva con su aroma y una jaula prodigiosa que guarda cautivas a las aves de todas las latitudes, que llegaron fascinadas por la ilusión de su luz... : Este privilegio del clima convierte a la ciudad en un refugio cosmopolita: aquí coinciden los hombres de salud quebradiza que sólo aspiran a gozar el placer del sol; los ingleses que, con su pipa en la boca y los palos del golf a la espalda, escapan por no quedar aplastados bajo las nieblas del Támesis; las bellezas sensacionales, golondrinas emigratorias hacia las playas de lujo; el neurasténico hastiado de civilización norteamericana; los buscadores de exotismo; todas estas gentes se dan cita en Tánger, la ciudad que no reconocía autoridad ni ley y a la que el propio Sultán abandonó por infiel, al verla tan entregada a la frivolidad europea. Mezcladas a estas gentes existen otras no menos interesantes: bandadas de conspiradores y contrabandistas y una población con figuras de estampa bíblica o de cuentos de Arabia, en la que no faltan visires de gumías damasquinadas, faquires solemnes como profetas, beduínos de apariencia resignada y humilde hasta el sacrificio, hebreos de largas túnicas negras y perfiles de águilas, moros de chilaba de seda y espléndidas barbas patriarcales, negros del Scnegal o de tribus egipcias, y como supremo encanto de sugestión, 19 20 los ojos misteriosos y obsesionantes de alguna favorita, seguida de sus esclavas y arropada en su jaique blanco, que pasa ante nosotros como un fulgor que se evapora en la noche de nuestros recuerdos. La ciudad del color Habíamos sido obsequiados por el caid del Zinad con una fiesta a la usanza mora. En aquel paraje están las ruinas de la casa solariega del Raisuni: aun se ven los mosaicos de los patios, los ladrillos cidriados de los salones donde, entre damascos y divanes amplios como lechos, consumían sus vidas las. favoritas. Todo allí es evocador, con hechizos novelescos. Conocéis el lugar donde el dueño se entregaba a la caricia matinal de los baños perfumados de sándalo y ámbar, y el rincón, en otro tiempo embellecido de rosas, desde el cual el Raisuni soñaba a las cadencias del guembri y de la flauta, atormentado por la nostalgia de la ciudad, tan lejos para él, a pesar de su proximidad, o inquieto por el espolazo de EINEN ARAITADIS AEREO a o A E el barrio moro E eN E ad 3 : > 2 ! . k Vista general de la población la ambición, que le hacía pensar en la conquista definitiva del territorio que contemplaba, El eaid quiso colmar nuestro asombro con una suprema atracción. Nos invitó a escalar la cumbre de la montaña de Zinad: no era corta ni agria la empresa, pero la realizamos. Ya en la cima, y como si al conjuro de su palabra surgiera la visión, el caid extendió su brazo y señaló la lejanía: —¡Tánger! Los prismáticos nos ayudaron. Desde allí, entre la bruma y el azul del mar, Tánger era como un sueño de nieves perpetuas que se desvanece al sol. Blanca y maravillosa entonces, nos invitaba ya, prometedora de emociones inéditas. Y así fué. Siempre recordaré mi primer despertar en el hotel. Entró el árabe con el desayuno en amplia bandeja de plata: un desayuno complicado, ofrenda obligada a la colonización británica. Le ordené abrir el balcón, y penetró gloriosamente una oleada de luz y perfume. Desde el mismo lecho se veía la agrupación apretada ce ii ecorias edo Fi clado rd DS ARANA Les A cl EG Ali ii le til de las casas multicolores. Era una visión mirífira, como si la ciudad estuviera enfocada por un resplandor de magia. La gracia de unas palmeras se asociaba al júbilo de la luz: dominaban las siluetas finas y estiradas de los minaretes con el chispeo de sus mosaicos y el aleteo de saludo de las banderas del Profeta. Mis labios dijeron el elogio con emoción y dulzura de plegaria: —¡Ave, Tánger!, ¡Paleta radiante, ciudad del color!... : El Zoco-Chico El Zoco-Chico es el escaparate donde se exhibe a la curiosidad pública la vida de Tánger en su más vistosa apariencia. Sentados en uno de los cafés que allí existen podéis cómodamente presenciar el singular desfile que la ciudad os ofrece. Primero es preciso ahuyentar a la banda de betuneros que como una nube de milanos cae sobre vuestros pies. En seguida, ceremonioso y sonriente, se acerca un árabe, vendedor callejero. Comienza su labor desplegando ante vosotros un kimono recamado o un tapiz, y OS _muestra también alfombras y babuchas de gran lujo. Por lo que os pide cien duros podéis ofrecerle cinco, en la seguridad de que, aun aceptado vuestro: precio, sospe- Fortificaciones: (portuguesas, a la izquierda; inglesas, a la derecha) Puerta de la Alcazaba TÁNGER, LA CODICIADA Cosmopols charéis seriamente haber sido engañados. Pero no compráis nada: ante vuestra indiferencia suponéis razonadamente que el comerciante os abandonará aburrido. No es así. El vendedor continúa la exhibición: ahora son otros objetos. Os ofrece armas propias para vitrinas, collares, pulseras, ajorcas, carteras, anillos, mil chucherías, ante las cuales se interroga uno dónde las podría ocultar. Habéis visto todo esto y otras mil cosas, y aun no ha concluído la oferta. El árabe os brinda polvos para suavizar la piel, esmalte para las uñas, colirios, pomos de esencia, aleña para los párpados, cajas con arabescos para el tocador... Todo un bazar. Por fin se va. Muy confiados, respiráis tranquilos por haber concluído el acoso; pero os engañáis. Otro vendedor, que os espiaba no lejos, se acerca sumiso y extiende ya ante vuestros ojos unas telas de Siria, como las que los visires usan para adorno de sus harenes. Entretanto, por las calles desfila el muestrario más extraño de tipos: rifeños con sus chilabas pardas, contrabandistas de Orán, moros arrogantes de apariencia distinguida, intelectuales de Fez, señores de Atlas, aristócratas de Rabat, hebreos meditativos, ingleses con sus máquinas fotográficas, francesitas de labios muy rojos y ojos estirados por el «rimel», saharianos de ardiente mirada de jaguar, mo- 21 Cosmopoús TANGER, LA CODICIADA ras andrajosas cubiertas de harapos y moras de prestancia y de fantasía; andaluces achulados, oficiales de los tabores y, mezclados entre todos, beduínos con sus asnos, teorías inacabables de asnos... Cosmópolis Por todo lo dicho, fácilmente se comprende el cosmopolitismo de Tánger: El comercio de todo el mundo tiene allí su representación más o menos ostentosa, aunque predomine el español: desde los magazines parisinos, hasta la covacha, reducida como un nicho, la sinagoga, llena de lámparas de oro y plata, como un jardín colgante, y en donde una hebrea, escultura viviente, os dirá que aquel es el templo de sus cuitas y sus imploraciones. El privilegio de Tánger Todos los encantos enumerados no son suficientes, sin embargo, para satisfacer la razón de que Europa viva en constante vigilia por el porvenir de Tánger. Es su significación en el futuro de nuestro continente lo que la presta actualidad perenne y la hace brillar con luz obsesionante en el firmamento en el que están escritos los La Alcazaba (Palacio de Justicia) donde se expenden las sedas de la India y el crespón de China; desde la sucursal yanqui al quincallero que vino de Fez para vender cofrecitos incrustados, objetos de cuero, tapices o collares de ámbar. Este cosmopolitismo concede a Tánger una vida de aparente satisfacción y le presta su máximo encanto. ; Las terrazas de los grandes hoteles traen a la memoria los halles londinenses, poblados de smokimgs y de mantones de Manila. En los casinos se oyen las tonadillas de moda en Montmartre y en Madrid. El paseo por la costa, entre aquellos jardines que han florecido a un impulso de imaginaciones desconcertantes por su ingeniosidad y por sus rarezas, hace vivir a nuestro espíritu la gracia de la primavera eterna; el barrio moro, con sus encrucijadas, celosías, emparrados y bócedas, os inicia en los misterios de una civilización para el espíritu religioso al advertir la enseña del Crucificado frente a la media luna de las mezquitas, y que pasa indiferente por destinos de Europa. Unas veces se alza Tánger como un castillo feudal que proyecta su sombra a lo largo del Estrecho y eclipsa el resplandor de los proyectores que parpadean en Gibraltar; otras es la Aduana entre el comercio de Oriente y de Occidente, o la base indispensable para irradiar desde ella la actividad de conquista sobre los pueblos nuevos del continente africano... Un acuerdo acaba de firmarse para encauzar por nuevas normas la vida política de la ciudad. Pero tal acuerdo afectará poco a la vida íntima de Tánger, la infiel, que se recuesta indolente a la orilla del mar, adormecida con voluptuosidad oriental, con la desgana del alucinado por el sueño del opio, entre jardines de primavera radiante, bajo la caricia del sol que mima a Tánger como a una novia... Joaquín ARRARÁS A a e A — "FL E a ' ' 1 É Í Eo Cosmopolis 24 INTROITO En el nombre del Padre, que es el principio eterno, ceño en la frente y barbas con mieve del invierno. En el nombre del Hijo, que es la melancolía de la piedad y es hombre y es Hijo de María. En el nombre del Santo Espíritu, que es ciencia del Padre y es del Verbo la divina elocuencia y le pintan en varias figuras, y es paloma, y es llama en los Apóstoles y es agridulce poma cuando en el paraíso terrenal Adán quiso saber lo que es el bien y el mal. La trinidad Beatísima me transfunda su ciencia y bajen y me asistan en presencia y potencia con la luz celestial, ya que he de traducir y escribir y ofreceros en román paladino una página inédita del libro del Destino, estela del presente y voz del porventr. ANTÍFONA Si me inspiráis vosotras, mujeres, el complot tramado contra mí no logrará fortuna... mirad los nuevos astros, yo miraré a la luna; sed como Colombina, yo soy como Prerrot. Para mirar el cielo dadme por antiparras vuestro talle flexible con los brazos en jarras, que para escudriñar los celestes caminos no hay mejor catalejo que brazos femenmos. Sed ansiosas igual que la mujer de Lot, a quien Dios convirtió en estatua de sal por mirar a su espalda... ¡fué como un bibelot sabroso; ámbar los ojos, los labios :de coral, salpresadas las carnes...! El más hermoso «mot de la fin» en la vida de una mujer sensual que ha querido aprender el expresivo argot del bardo misterioso de las flores del mal y dejarse tentar del demonio asterol en el umbral de un paraíso artificial. SALMO X A Para domar al mundo no me basta sangrar las aguas y tundir los montes, esclavizar la luz, cernir el rayo y y uncir a la voluta de la antena la voz hertziana de los vientos, ¡todos >. los ayes del pentágrama del atre...! Era preciso más... del propio barro de la tierra sacar un organismo como Jehová sacara el día sexto al hombre de la nada... y darle vida AS y pensamiento y corazón y carne... Jehová sopló en la frente y creó el alma; el hombre, más humano, más sencillo, con más fe y más amor se pone dentro del monstruo que creó: bruñe sus alas, acaricia timones, mide alturas... para que él pueda ver, le da sus ojos; para que pueda andar, le da sus manos, y... necesita víctimas su historia, y se expone a gustar la dulce muerte del que muere de un golpe y sin testigos, que el morir es un tránsito tan suave que si se llega a él enoja todo lo que no es uno mismo y su consuelo. El Hombre se hizo Dios, creó a su 1magen y semejanza el avión y dijo: «Este es mi pensamiento, ésta mi hechura, mi bandera, mi altar, mi sepultura.» JACULATORIA Reclinó Don Quijote la cabeza, en su sueño repitió la aventura ducal del clavileño, y a los espacios fué a volar, y fuelles y braseros cambió por gasolina, y en caballo con alas hacia aquí se encamina a tomar tierra en su solar. Cyrano de Bergerac construye su gran icosaedro con madera volátil—la madera de cedro— y aterriza ante el duque en el balcón de Roxana, que espera con amor y fortuna que su primo Cyrano retorne de la luna trayéndole una flor y una canción. ¡91 el que escala la cumbre más ingente supiera que el sol derretir puede los embragues de cera de Ícaro torpe y soñador! ¡Sv Leonardo de Vinci en su mano tuviera ceñirse a las espaldas las alas de Quimera con que vuela en el arte y el amor! ¡Qué dolor que tal monstruo sacado de la tierra se afine y se mejore por obra de la guerra para sufrir y padecer! ¡Quién pudiera emplearlo, sin bombas y sin balas, en domar a Pegaso, desplumarle las alas y uncirlo a una tartana de alquiler. ¡¡Madona de los vientos: bendice al que de nardo tiene del alma grande, del alma de Leonardo, plana del pasto sideral donde pace Pegaso, de Minerva a la mano, todos sors ya Quijote, todos seréis Cyrano, una espada, una flor y una canción. ENRIQUE LÓPEZ ALARCÓN | SW MA NI a Cosmopoús El coto de El Pardo está íntimamente ligado a glo, y puede considerarse el deporte cinegético como símbolo de (Dibujo de Marín) O NS NN 25 noble abolengo español. trascendentales del pasado si ítica: arma al brazo, descansando, se espera que pase la pieza, y se pierden, para siempre, la caza recreo de rancio y NN YN L 0) 3 AY MIN Ñ ÁS JN VIS mn Wi Ñ 3 ' l ¡ñ W y S «2 By E 1 3 - NS S > WN Ñ MN SN A SNS AN E ? SENS = = : ex : > -Q Y ES S SN N Ñ IS e a S RE 2 AS ze A = > AA) a A >, IN Ñ MISS : y E “> y ( SS : ' IN NS SS TS es > S Ñ E n tn 'p INN NS AN Ñ o FF 5 5 una y otra. Cosmopols Amada Zaldo, en «Una lección de Fray Luis» Avristócratas 32 Juan José de Madariaga, en «El Lindo Don Diego María Martin-Artajo, en «Una lección de Fray Luis» Carmen Moreno-Osorio, en «El Lindo Don Diego» A. comediantes Fotos Legorgen (Alcalá 22) A «Ta Cosmopolis EL VIEJO PALACIO DE ALCAN. N el vasto solar que ocupa el Banco de España alzóse hasta los postreros años del pacífico reinado del Alfonso XII el vetusto palacio que fué señorial mansión de los duques de Arión, Béjar y marqués de Alcañices. Todavía le recuerda mucha gente, que si es cierto que ha pasado ya del medio siglo, aun no ha llegado a una edad muy avanzada. Arquitectónicamente, es lo cierto que no vale la pena de recor- 2. Debió ser construída—por lo menos darse la desaparecida fábric reformada—hacia la mitad del siglo XVII, para servir de morada a don Luis de Haro, marqués del € arpio y sucesor de su tio, el con- . > . 7 S de-duque de Olivares, en la privanza de Felipe IV, aunque ya no con el omnímodo poder que disfrutó el poderoso valido, quien, después de haber sido el absoluto dueño y Se la que a la sazón era regidor. ñor de España, feneció en la castellana ciudad de Toro, de l entonces un lugarón grande y destartalado; Madrid era por e : e imborrables huellas ha dejado tampoco la fe, que. tan profundas en la arquitectura religiosa, dignóse prestar su Concurso al mejor aderezo de la naciente capital del reino. Exteriormente, nuestra villa no tiene ningún templo que a la vez que por casa de Dios pueda admirerse como maravilla artística, a la manera de tantos otros como están esparcidos, no ya por ciudades, sino por villas y lugares de España. Madrid—aunque le sea triste reconocerlo a un madrileño de tan arraigadas convicciones como el autor de estas líneas—siempre se ha preocupzdo poco de su ornamentación arquitectónica—fuera de las iglesias que tienen un estilo típico—, sobre todo en las cúpulas y en las torres. La misma aristocrecia que triunfaba en torno de la realeza no parecía estar aquí más que de paso, como si temiese que el día menos pensado se le antojase al soberano andar arreglando maletas y baúles y partirse con la corona a otra parte, y así, próceres y magnates tenían sus mansiones megníficas en el corazón de Castilla. Recuérdense las maravilles que han contribuído a que sean verdaderos museos de arquitectura Salamanca, Segovia, Ávila, Santillana, Santiago y otras ciudades. Lerma, Medinaceli, Alba, Osuna y tantos otros aristócratas tienen los palacios, dignos de la solera antigua de sus timbres, en el corazón de España, y aquí, acaso por el respeto de no competir en nada con el monarca, habitaban casulariones inmensos, de des- stas E PUES dÚ E - e A EP, ho S > RR > 3 == sa = S Sr na dz Y Dd DA O o 40d 4 A AS e e Ea ed Dd 3 - a j ray HN t Ñ OC mo —) A a 5 1 on a] Cosmopolis rm e od om PEL dl Escalera principal del palacio. ] ansión del De esto era elocuentísimo ejemplo la a EE s de Alcañices y duque de Sexto, que si ex o iO Es n la de Medinaceli, que estaba en don se a O en cambio dentro era un eses a bo TE A maestros de la pintura tenían una en el que representación. la de su linaje El duque de Alburquerque, que a la alta o RT un espíritu por todo extremo culto, posee E o sudo dé ía de Zapater, 1 la maestría Sci relas debidas a tica E pe no muy conocido en la presente generación —aunqu pos isabelinos y alfonsinos. 7 fué mayordomo, El anterior marqués de Alcañices —aquel Se ia II—, justamen : ¡ don Alfonso X , ES 7, rande e2migo de a tor ue cop as ayo y 8 e Casa encargó al mencionado pin za TASA AS enclas; y Zapater, A lísimamente todas aquellas suntuosas est E a al E uellos otros ilustres artífices de tiempos « avillosos pinceles ls Mé o A ei desaparecido édicis, e ñ 2 llos riquísimos aposentos, que Ugo AA E e E resente, bien puede decirse de e OEA ora .p , S . caminos y ca dice de las criaturas cuando éstas dejan los 1c que se «do fin en la calle Mayor. do para entrar en el misterioso reino de 1 ha quedado en la tierra. El albergue de Alcañices tenía el histórico recuerdo d marqués del Carpio, su primer dueñ ño, que acompañó Villamediana la tarde del 21 de agosto de 1622] alcurniado y maldiciente Ingenio—, siendo testigo d a Muerte, y es que su alma e aquel al conde de a Postrera del € su desdicha- Cuando el poderoso conde-duque de Olivare rey y fuése a cumplir la pena de destierro y sitios reales, a que fué conc Toro, su sobrino, don L S Perdió el favor del a veinte leguas de la corte recogióse en ] a ciudad de la Secretaría Primer mi- Za absoluta a vida como re Sus hombros ] Propósito que desde lenado, y uis de Haro, OCUPÓ su lugar en del despacho, cómo entonces se llamah a el empleo de nistro; pero no logró sy antecesor y , y pariente la confían del monarca, quien, deseando Iécogerse a buen como hombre, quería echarse toda entera sobre sada carga del Gobierno; buen de la intención. El palacio contiguo nomía artística tan m Jay a peluego no pasó a éste, del que sólo aravillosamente ty cartones en el espacio de seis años (1873-1879), era el de Villamaina, que más tarde perteneció y sirvió de albergue a la Embajad hasta casi las postrimerías del XIX nos ha quedado la fisoasladada a Unos cuantos del Marqués al conde de Campoalange a inglesa desde el siglo XVII DieGo SAN JOSÉ Dc A A A NA er Del esbeltas y bien proporcionadas lineas, la Cosmopous C CTN CO "REVES DOS REITNAS OCHO PRÍNCIPES MUCHAS DE LAS MÁS PREEMINENTES FIGURAS cuenta el Cadillac entre sus reales y nobles propietarios extensa variedad de colores, el exquisito guarnecido de su interior, su incomparable comodidad y la excelencia y seguridad en el funcionamiento de su motor, hacen que el Cadillac sea el elegido por las personas de mas alta alcurnia y distinción del mundo entero. Para las grandes ocasiones es el coche que mejor se acopla a su categoria. : El Cadillac 1928 no solamente conserva aquellas cualidades por las cuales se ha hecho tan conocido durante su vida de más de un cuarto de siglo, sino que | le han sido introducidos nuevos detalles de. belleza, y refinamientos en su diseño, para aumentar su .. . IP . > elegancia y gran distinción de estilo. Su famoso motor de 8 cilindros tipo V de go” ha llegado a una eficiencia imposiblede sobrepasar. Las lineas de sus carrocerias tienen mayor belleza por su continuidad. El chassis está a 23 centimetros del suelo. La distancia entre los ejes del Cadillac con carroceria especial tiene la extraordinaria longitud de cerca de 4 metros: La excepcional anchura de su asiento posterior, la suspensión de sus ballestas, su lujoso interior guarnecido de inmejorables materiales — todos estos detalles hacen de este coche la última palabra en cuanto a elegancia y perfección. Fuerza, elasticidad y larga vida caracterizan ul Cadillac como el mas lujoso coche d21 mundo. GA Dd aL Cosmopolis Mary Forbes, Nacho Landa y Mario Casasús. Grupo de distinguidos «sportsmen». (En primer término, la señorita Mechita Dose.) El «deam» de Lorenzo Elizaga, deslizándose por una pendiente. De izquierda a derecha: Nacho Landa, Chita Anchorena, Pepe Landa, Pepe Sartorius y Leonor Anchorena. (Foto Neuhauser) Ga Y «Lugar Nuevo» (Andújar) Propiedad de los Marqueses de Cayo' del Rey Pilar San Miguel y Martínez Campos, ante un hermoso venado cazado por ella. María Rosa San Miguel y Martínez Campos, con sus perros favoritos. 29 Cosmopolis El Príncipe de Gales, montando su caballo «Begomme» en las carreras de Gloucester, , É e ! Florida(EE.UU.) Miss Florence Crozor. En Leicester Steeplechase E E A PA E > : 2M Gatwick Stee, se Miss B. Fawcett y miss Helen Eatan durante un descanso. - teeplechase Mr. y miss Cornelious Vanderbilt «estudiando» concienzudamente AO 40 me Cosmopolús ENTRE NOSOTRAS oe CUE JS «Rialto». Capa y traje de lana azul marino. Modelo WokrTH. ORTH, el rey de la moda, ha hecho desfilar hace pocos días ante nuestros ojos admirativos la más bonita y elegante colección de trajes que cabe imaginar. Todos los estilos estabzn brillantemente representados: desde el sencillo traje de sport hasta el traje de corte de majestuoso manto, y todos nos «Hot lipps». Traje de gasa maravillaron por ese chic y esa gracia especial que rojo vivo, falda de tres explican el éxito mundial de este gran modisto, volantes, mucho más larga «On m'attend». Traje de pordetrás. Borlas deperque al mismo tiempo que gran artista sabe ser noche de crespón-satén las rojas y verdes en la gran señor, y que, no gustando de las extravaganverde claro, borlas de A cintura. . pelle AE perlas blancas y verdes. e Modelo Wokr1H. cias fentásticas, da preferencia siempre, aun en Modelo WokrTH. 4I Abrigo de paño azul mo paño, adornado. con flores recortadas en paño de colores. DELICIAS DE QUESO CON JAMÓN': En un perol se montan seis claras de huevo a punto de merengue y se le mezclan 200 gramos de queso de Gruyére rallado, 125 gramos de jamón o lengua «Ensemble»: traje de crespón cocido y cortado a cuadritos y pimienta marroquí verde pálido. Abri- a o go de lana verde forrado del ERES , mismo crespón. Se modelan encima bolas pequeñas de Modelo Dobb's. miga de pan blanco rallado, se pasan por huevo batido y pan y se fríen de momento como los demás fritos. Sírvase en fuente con servilleta, adorno de perejil en rama frito y limón. Aparte se sirve salsa a la crema u otra. RIÑONES SALTEADOS AL JEREZ: Escójanse riñones tiernos y se cortan a trocitos pequeños. En una sartén, puesta al fuego fuerte con un poco de manteca de cerdo, se saltean los riñones sazonados de sal, y una vez salteados, se escurren en un colador, a fin de que suelten toda su agua. En una cacerola aparte se reduce una copa de vino de Jerez; una vez reducido a la mitad, se le agrega un buen cucharón de salsa media glasa. Saltéanse bien los riñones, sazonándolos y espolvoreándolos de perejil. Al servirlos, se adorna la fuerte con costrones de pan frito cortados a triángulos. ENSALADA MANÓN: Partes iguales hechas de quisquillas cocidas, trufas en lamas muy finas y raíz de apio cocido. Sazónese todo con una mayonesa con un poco de nata, que esté fuertemente aromatizada. Se coloca en forma de cúpula en una ensaladera de cristal. Decórese con remolacha cocida—con detalles forma de media luna—bien sazonada. Raso negro y raso rojo. Modelo Hellstern. Zapato de noche, de tisú verde y plata y piel de plata, hebilla de brillantes. Modelo Bunting. Abrigo de lana pastel, goryo del misverde hieltro verde. Traje de niña de crespón georgette. yosa pálido con cintas de terciopelo'azul pastel, y blanco, Unas cuantas buenas recetas de cocina FRESAS ZELMA KUNZ: Hora y media antes de servirlas se enfrían las fresas puestas en un recipiente entre hielo picado. Se pasan cien gramos de Irambuesas por un tamiz, y al puré resultante se le mezcla igual cantidad de nata fresca montada y azúcar glas, poniéndolo también a enfriar. Téngase reservada una regular cantidad de nata montada azucar vainilla. Charol negro, borlas de Plata, Modelo Hellsten. Añte beige y cuero marrón. Modelo Perugia, Hat 0107 Mi bs LT ma 11001 «Ensemble» de lana azul marino. Jersey azul pá- ,lido con rayas «dégradés» azul más fuerte. Modelo Lucien Lelong. ada con azúcar glas, perfumado de pleos para la confección de pastelería y helados. a ASTA los primeros días del mes de marzo próximo ha sido aplazada la solemne inauguración de la Exposición Iberoamericana, que reunirá en Sevilla las más significadas representaciones de España y de las Repúblicas de habla española. Si el aplazamiento de la fecha inaugural no fuese impuesto, ya por las circunstancias, por el deseo lógico y legítimo de que todo esté perfectamente terminado, que nada quede a la improvisación mi al azar, a propósito de que la calma ayude a la perfección, el solo acierto de la época elegida para abrir el Certamen merecería los más sinceros elogios. Sevilla en Primavera... Esas tres palabras encierran, en sí solas, todo. un poema wmístico y humano, devoto y sensual. La Semana Santa, famosa en el mundo entero; la Feria, popular en el universo todo. Sumándose la inauguración de la Exposición Iberoamericana a estas otras solemmidades anuales, los meses de marzo y abril de 1929 serán imolvuidables en Sevilla, y sus jornadas se recordarán eternamente, como aquellas en que el vuelo de águila de Franco, Ruiz de Alda, Durán y Rada se elorificó ante el símbolo racial de la Giralda. Y mientras la inauguración se aleja, la actividad febril se hace más serena, más útil, permitiendo dar a la labor de propaganda un tono reposado, tranquilo, que intensifique su efcacta. EVILEA 49 Cosmopolús FIESTAS EN LA CIUDAD DESTA PRIMAVERA Í LA EVILLA es todos los años por la primavera una actualidad fragante que revive con el esplendor de las fiestas creadas por un pueblo artista, habituado a soñar... sobre las realidades vivas. Una vez más la Ciudad de la Primavera, la ciudad de la fe y la belleza—la ciudad que con toda propiedad pudiéramos llamar «Pasión»—, va a poner de manifiesto su espíritu imperecedero en los aspectos de la Semana Santa y la Feria, el Dolor y el Gozo, términos que conticnen entre sí el sentido divino de la vida, hallado felizmente y armonizado con suprema sutileza por el alma—mente y corazón—de un pueblo iluminado que conoce su designio de sembrar rosales de luz al borde del humano sendero. Sevilla es de continuo, por la singularidad de su fe, de su historia, de su arte y de sus tradiciones, la mayor fiesta que puede apetecer la curiosidad del mundo; pero en la primavera, cuando al espíritu de la ciudad se le renuevan las alas para volar bajo el azul impecable y so- S y ===. OIT ¿ESLLA El Cachorro, de Triana, sobre el puente que une el popular barrio con Sevilla. bre los Jardines floridos, proclamando sus fervientes sos y la gracia de sus espacimientos alegres, es mayor e Irresistible el atractivo y soberanamente hechicero el espectáculo E > Si afirmado, con razón, que las fiestas de la Semana Santa y FS a Feria son obra de todos y de cada uno de los sevillanos, sin e o otro organizador que la primavera, llena de graci a que : an legado a ser típicas por artísticas YES POr humanas S ES uesen, no serian sevillanas ni se diría de ellas que son los di ds del arte, del amor, del humor y de la poesía santos LA SEMANA SANTA Las grandiosas fiestas religiosas de Sey 2d, el Domingo de Pasión, co anhelos religioron, entre otros preclaros varones de la Iglesia San Francisco de Borja—, desde el cua] predic de Cristo un sacerdote, teniendo al cle singular templo y a los naranjos, azahar, como Incensario del hermos ceremonia. úna llamada al elo donde «¡Venid a Sevj- Mostrar una vez triunfa el azul y ante la primavera en flor: lla, creyentes artistas; que Sevilla ya a l más su espíritu!...» Y después de esta llamada, el otro domi liza la bendición de las palmas y las li cspléndido desfile de las Cofradías ma ' maravilloso de fe religiosa y de arte del No decae jamás el entusiasmo de servar el esplendor de sus fiestas relig decir confraternidad : y los hombres del Sur Eno naciones propenden a un fatal individualism o cuando se trata de fiestas religiosas y artísticas, o scan y piensen como piensen, se únen como Peor, ata ara 150, cuando rea- 2!NVas, empieza el 'ghíficas, compendio Icado, ] 95 Sevillanos por con- 10Sas. Cofradía quiere Desfile de la Cofradía del Cristo de la Fundación, vulgo «de los negritos», por haberla fundado el Arzobispo Gonzalo de Mena para la protección de los esclavos NEgros. 50 ORAR din == Marty Christi E : Í inlercede pro nobis , ar A a E -— Jesús del Gran Poder, a la Puerta de un templo. Saeta: «Yo no sé cómo he de amarte, mi Jesús del Gran Poder; yo no sé cómo adorarte; mas mis ojos, á al mirarte, dejan el llanto caer.» ejercitarse en el noble misterio de conservar una preciosa tradición, principalmente porque es bella, y hacen que se llene de elegancias—que se vista de fiestas—la ciudad querida. o Examinadas las Cofradías sevillanas, con sus magníficas exhibiciones procesionales, desde el punto de vista religioso, puede decirse, glosando al apologista de ellas, Bermejo y Carballo, que esas Fraternidades o Hermandades constituyen una de las más eficaces armas o espirituales medios que la religión inspira para obtener fruto rememorando la Pasión de Jesús. San Agustín dijo que la consideración de la Pasión de Nuestro Señor era de más mérito que visitar la Tierra Santa; San Gregorio el Grande asegura que es señal de predestinación, y San Alberto Magno afirma que la simple memoria o meditación de los misterios de la Pasión era de mayor mérito que ayunar a pan y agua por espacio deun año todos los viernes, que aplicarse unas disciplinas de sangre y que rezar diariamente los ciento cincuenta salmos “del Salterio de David. La fundación de las Cofradías tuvo, por lo tanto, como objetivo promover la devoción, pues «siendo ésta—dice textualmente Bermejo— como freno enlas demasías del hombre, una voz viva que le advierte sus defectos y un medio seguro que le conduce al camino de la perfeeción, conocieron los piadosos fundadores de dichas corporaciones que para reformar las costumbres y bien espiritual de los fieles era muy apropósito y eficaz el establecimientos de hermandades, cuyo objeto fué recordar al pueblo cristiano el beneficio grande de la lXedención, como el portento más admirable y el misterio más digno de su creencia. Con éste fueron instituídas estas utilísimas confraternidades, dedicadas a la contemplación de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo; y para que su memoria se renovase con más. eficacia enlos corazones cristianos en los días que la Iglesia con especialidad la recuerda, dispusieron un culto público, cual es llevar procesionalmente y con la mayor devoción la Imagen de Nuestro Divino Salvador en algunos de los pasos de su pasión cruenta.» Desde tiempos muy remotos de la cristiandad existieron en Sevilla corporaciones piadosas que realizaban sus funciones devotas en los templos y aun en casas particulares; pero las Cofradías propiamente dichas, o sea con el carácter de culto público renovador de la fe, datan del siglo XVI. Generalmente se componían en su principio las procesiones de la siguiente manera: un estandarte o insignia con algunos faroles; después, los hermanos y las personas que por su religiosidad querían tomar parte en la devoción, formando dos filas paralelas, y al final, un Crucifijo, llevado por un sacerdote o un noble rodeado de cofrades con hachones de cera virgen encendidos. Sucesivamente fueron ampliando sus elementos hasta llegar a la riqueza y esplendor actuales. disciplina, los cofrades dedicados a este ejercicio eran designados con el título de hermanos de penitencia o sangre, y los demás, hermanos de luz. Los primeros iban azotándose o haciendo otra penitencia, y los segundos llevaban cirios para alumbrar las sagradas imágenes, colocados entre aquéllos a proporcionadas distancias, para evitar también las tinieblas de la noche. La Virgen de la Macarena, Establecida en las Cofradías la 51 N UN y a ] bi Md EP E A a a EN ER SA a RS AO == EROS USA SS ANARANMAA “e A" tr. SS y SS o N ) e ) 3RSY RAS 3So 50 A S3oSs33 = = O QM. Y AS SO CA ETA A AS 3232 3 E v S = SAS = Y --Y DA 3 A d e SAS AAA > ea uU 33 2 = DI S= É a A SA == = = AI a e Sd e QÍ = O e ASS == n ] -» SES 3 + SENO y QA, = = PAE SS Ll $ y 3 Y X= $ ns SSA == My S > a a NN 5 MT. pa ARES LAIA QU = >= O So e*sS £ "o EAS S S ANS SN = 3 O MN == SR... o > A A == Sn Y 5 mm 2 == 3 = 2 ES SERA = 3 > BOSa*S g AS O = 0" do SS x = 2 = SS 2 pd S3205 SS IS SS EAS SR 305 Qu RE 2 UN a DS Vd SÍ A NS 2% 5 SE > r> = "> anSvysS > Qy a La O ES .SXz>S AS IN MS nm a E » ys *— Y US E ¡ARAS DAA y e, A Pl A IAS RR Y S (> GO RN => 90 ER > ESE AS A ES) y su acompa enerada ima sevillana 5; 54 e dc ( Excmo. Sy. Don Miguel de los Santos Sánchezdalp Calonge de Guzmán primer conde de las Torres de Sánchezdalp. y Fernández de Granados, Cosmopols Cosmopolús A PALACIOS DE SEVILLA Las mansiones próceres de los condes de | las Torres de Sánchezdalp ECREO de los ojos y admiración del espíritu es el sobrio y españolísimo palacio que el conde de las Torres de Sánchezdalp ha erigido en Sevilla. Cuanto los artífices sevillanos han producido en ca- | torce años puede afirmarse que ha sido recogido y ence castillo del noble artista, que ha sabido resucitar las tr gendarias de los antiguos señores que se honraban en e cenaje de las artes bellas. -.a. rrado en el adiciones le- 4 4 , ; F ' ' , $ ” , $ 4 4 r ' * Ñ l generoso me- * Mm... Así se ha alzado el suntuoso edificio, cuya construcción fué cuela práctica de vidrieros, talladores, forjadores y azulejeros, y que constituyó el primer paso para el renacimiento del tectónico netamente español, ya que bajo su dire de ] difícil y admirable fusión del estilo clásico con ] mr, ES : eo.» arte arquicción se logró la as necesidades de la vida moderna. Y entre las obras portentosas que 1 E ii A dd Yi tacen de sus mansiones un verdadero museo, descuellan la verja del pres] templo en el castillo de Aracena, ejecutada por Julio Pascual, que mandó hacer en conmemoración de haberle concedido el rey dado que ostenta; las vidrieras, realizadas por los he ” diterio del el conrmanos Mau- Pa A A AX ÑO A RI a AAA cc A El Rdo. P. Enrique Ramírez Paguillo, después de su primera misa, en que le apadrinaron los condes de las Torres de Sánchezdalp, quienes le han costeado la carrera eclesiástica por ser hijo de antiguos empleados de la casa. (Foto Serrano.) Mr 0 mejean inspirándose en tablas de los siglos XIV y XV, y los zócalos, de azulejos sevillanos, donde se reproducen—en bajorrelieves vidriados—estaciones de un via crucis, verdadera obra maestra de la sin rival industria trianera. Monárquico ferviente y convencido, quiso celebrar de modo perenne las bodas de plata de D. Alfonso XIII con el trono de España, y para ello levantó la fábrica maravillosa del Panteón de Serranos Ilustres, donde descuella un soberbio retablo del siglo XV. Y en el Colegio de las Esclavas Concepcionistas de Aracena—donde se está construyendo á sus expensas una clase de párvulos —dotó a la iglesia de solería de mármol y mandó hacer exprofeso las vidrieras, bellísimas. Muestras de su desprendimiento son la terminación de la iglesia y Academia de Los Luises, en Sevilla; los modelos de las Escuelas de Bellas Artes y Artes e Industrias; la vitrina que—entre otros objetos de gran valor arqueológico—encierra, en el Museo Provincial, un juego de pesos de contraste ibérico, con letras incrustadas en plata, por el que el Museo del Louvre ofreció fuerte suma, y el Hospital de la Cruz Roja, que costeó en su mayor parte. El conde de las Torres de Sánchezdalp—honra legítima de Es- * y + ES Y; Di Ed Y pd y e paña—consagra también gran atención a la agricultura, una de las principales fuentes de nuestra riqueza. Inventor de las máquinas para trillar habas y de la primera de gran rendimiento (6.000 kilos por hora) para despollicar y desgranar el maíz, en sus posesiones se emplearon los más modernos procedimientos para cultivar la tierra. Artistico detalle de uno de los patios. * ¿dll RA Patio principal del palacio. (Fols Serran). 58 s en Sevilla. Es en la madrugada del Viernes Santo. Todo Sevilla, como un templo, ofrece el misterioso encanto de la piedad que públicamente se manifiesta en un esplendoroso alarde de fe. Todo Sevilla lleva ya varios días—desde el Domingo de Rámos—viendo llenas sus calles por los hábitos de los nazarenos, cuyos altísimos capirotes alargan las figuras hasta hacerlas gigantes. Por las plazas han desfilado los pasos, brillantes de luz, en los cuales un Cristo angustiado o una Virgen con manto de piedras preciosas escuchan las saetas, esas coplas típicas, ingenuas y nobles, como el pueblo que las canta. Por toda la ciudad, las músicas de trompetas y tambores han resonado sin cesar. : Y toda esa manifestación de fe tiene su plenitud, su desbordamiento, en el instante de la salida del Señor del Gran Poder. ok ox Es en Sevilla. Es en la madrugada del Viernes Santo. La gran plaza en la cual está situada la iglesia de San Lorenzo la ha invadido el público en forma tal, que no cabe en ella ni un alfiler. Las dos de la madrugada dan en el reloj de la torre. Se apaga toda la iluminación eléctrica. La plaza queda en sombras. De pronto se abren las dos hojas claveteadas de la puerta de la iglesia, y por ellas sale una cruz. Luego dos nazarenos: dos hombres cubiertos por una burda tela morada, con un capirote inmenso, sandalias de cuero, cinturón. de esparto, manos desnudas, sin una sortija. Llevan los dos hombres unas grandes hachas que inclinan hacia el centro. Po Tres metros detrás de ellos salen otros dos nazarenos, y luego otros y otros, hasta doscientas parejas, van desfilando, sin música, sin ruido, iluminados sólo por el resplandor misterioso de sus cirios, que semejan como un túnel de luz en la oscuridad de la noche. De pronto, un paso: el Cristo, con un tosco madero en los hombros: es el Señor del Gran Poder, es el Cristo amoroso y bueno, a quien los sevillanos llaman «Nuestro Padre Jesús». Detrás de él marcha un penitente: viste el mismo hábito, pero su capirote cae doblado hacia tierra. Lleva los pies desnudos, y sobre sus hombros una cruz del mismo tamaño que la que-conduce el Señor. Luego más nazarenos; después, el paso de la Virgen, que reluce como una llamarada. El silencio de la plaza lo rompe una voz de mujer cantando la saeta: «Madre que sufriste tanto, dale a mi hija tu perdón. Por tu pena y por tu llanto, ¡dame a mí resignación!» La voz vibra en el aire y crece en armonías prodigiosas. Tras ella, un «ole» prolongado resuena en la plaza. Luego vuelve el silencio otra vez. EL MILAGRO - DEL AMOR Y LA FE Muy cerca de la iglesia, un chiquillo, lloroso y abatido, se ha abierto paso entre la gente, ha esperado anhelante el cruce del nazareno de los pies desnudos y la cruz a cuestas, y le ha dicho al pasar: —Madre se muere. Venga usted conmigo. El penitente ha cerrado los ojos—lo único que se ve de su rostro a traves del antifaz—, han vacilado sus pasos como si fuese a caer a tierra, y ha continuado la marcha detrás del Señor del Gran Poder, mientras sus pies desnudos empiezan a sangrar y su alma se desgarra por la brutal noticia. Otra copla vuelve a herir los aires: «Mírale por donde viene el mejor de los nacidos: trae el alma destrozada y los pies doloridos.» k ok o* Fué promesa. Hacía diez días, cuando el médico dijo que su mujer se moría, él hizo la promesa: «Señor: si vive en la noche del Jueves Santo saldré detras de Ti.» Res Y llegó la noche del Jueves Santo y vivía. A media noche, el médico aseguró: «Está en la agonía, no dura más que cuatro horas.» Se estaba muriendo, pero vivía; y.el hombre vistió su hábito, cogió su cruz y se fué tras el Cristo. —Las promesas se cumplen—le dijo al médico—, aunque cuesten la vida, aunque me cueste no acompañarla a ella en sus últimos momentos, que es aún más triste que perder la vida. ok o Amanecía. Empezaba la claridad a hacer visible los contornos de las casas, y lucían menos las hachas de los nazarenos. El hombre de la cruz a cuestas había caído tres veces en la carrera—como el Señor camino del Gólgota—, y tres veces había vuelto a coger su cruz y.a seguir al Maestro sin pronunciar una sola palabra. Poco faltaba para volver al templo: las primeras parejas de nazarenos habían llegado ya. Por una de las callejuelas, el chiquillo de antes, ahora alegre y feliz, viene corriendo: | —Padre, padre—grita detrás del nazareno—. Madre está mejor, está mucho mejor. El penitente, en tensión loca sus nervios, deja caer al suelo el madero, alza los ojos al Cristo, y la alegría que inunda su alma le obliga a lo que no le obligó la desgracia: a romper el silencio: con un grito: — Jesús del Gran Poder, ¡bendito seas! Luego vuelve a poner sobre sus hombros la cruz, cuyo peso no siente ahora, y sigue tras el Cristo sin advertir la sangre de sus pies. Y mientres, lloran sus ojos de gratitud y llora su corazón de felicidad. El milagro del amor y la fe está hecho. Se hizo en Sevilla y en la madrugada del Viernes Santo. José MARTÍNEZ AGULLÓ y PS IA a A MEA A IP AN PEN AEPD AAA ARA ADA ASIA pas al o cit cli tc bir ii ct CERA Cosmopolis EL TEATRO DE EDUARDO MARQUINA L naturalismo llegó al teatro en España tardo, pero seguro. Los dramas históricos y en verso que nutrían la escena española desde los años románticos hasta 1885, aproximadamente, se vieron de pronto sustituidos por otras comedias y otros dramas en prosa con asuntos de la época actual, de tono menos elevado, menos lírico, más adentro de la vida diaria, que no suele prestarse a La Ha ciones de poesía. Las grandilocuencias de mejor O de peor ley, las estrofas rotundas, las sublimidades de otros tiempos, cedieron el paso al consabido trozo de vida, a la reproducción exacta de la realidad, a los grandes dolores y a las grandes miserias que nos ofrece el mundo: Consecuencia del romanticismo y de la libertad de inspiración proclamada por Víctor Hugo, fué que se abriera el teatro a todas las clases sociales y a toda suerte de argumentos. La historia, las bellas fábulas que consagró el buen gustó de las generaciones y las intrigas selectas con personajes bien vestidos perdieron su monopolio como fuentes inspiradoras del teatro. Se renegó de la cota de malla y de la capa y espada en beneficio de la blusa, y el «camarín dorado» del conde de Argelez en la tragedia de Echegaray que lleva por título En el seno de la muerte se transformó en la vulgar taberna madrileña de : Juan Jose y en las moradas populares que sirven de fondo a Tierra baja y a ES Rosa. La mayoría de aquellos dramas románticos no lograba sostenerse en pie. Todo era en ellos efectismo, palabrería hueca, ripio, y falsedad en la acción, en los episodios y en los caracteres. Los versos resultaban demasiado fáciles, y si en las tragedias y dramas era frecuente que pecasen de cursis, en las comedias venían las más veces a ser colmo de vulgaridad. Camprodón había formado escuela, y el propio Bretón o O se descolgaba de vez en cuando con redondillas del tenor siguiente: —Señora doña Nemesia, ¡e buenas tardes. ¿Cómo va? —Me encuentro aliviada ya. Me prueba bien la magnesia. Por eso la crítica y el público se entregaron a las piezas de corte neturalista, y en pocos años se impuso la moda del realismo y de la prosa en escena. Es difícil sustraerse a las corrientes y tendencias generales, más todavía cuando las abona la corrupción literaria de la etapa anterior. Pero la tradición española del teatro en verso, con temas de legítima poesía y exaltando los heroísmos raciales y nacionales, no podía perderse ni arrumbarse ahogada por un realismo espeso contrario a la belleza y a la educación. Francia, que da el tono en literatura, en arte, en modas y en costumbres, rompe en 1896 con las procacidades del naturalismo y del Teatro libre. El Cyrano de Rostand señala una fecha venturosa para el teatro de todos los países. ¿Qué hará España al aparecer en el mundo de las letras la generación del 98? ¿Cómo ha de salvar nuestra escena el espíritu español y tradicional? ¿De qué modo se coordina lo nuevo con lo viejo, las ideas quepor entonces imponen su dominio con los valores consagrados y perennes? Ha de surgir un nuevo teatro poético diferente del de Zorrilla, Ayala, Echegaray y Gaspar. Le dan nombre Villaespesa, Marquina, los Machado, los autores de La tizona, Valle Inclán en su Marquesa Rosalinda y sus Voces de gesta, Fernández Ardavín, García Lorca... Pero entre todos estos representantes del teatro poético español del siglo XX, el más significado, el más flexible, el más amplio en la elección de temas y la disposición de 2rgumentos, el más austero, el de mayor riqueza prosódica, es Eduardo Marquina, * ko ok Marquina es, ante todo y sobre todo, pocta. Su talento de dramaturgo viene a ser resultado de su inspiración. Sus piezas se fraguan en el ardor patriótico de su pecho y se templan en las corrientes más puras y cristacd linas de la poesía y el alma nacionales. Prescindiendo de El pastor, estrenado por Thuillier en el Español en 1902, y de alguna otra comedia que no recuerdo ahora, puede decirse que la carrera dramática de Eduardo Marquina comienza en 1909, con el estreno de Las hijas del Cid. La compañía Guerrero-Mendoza abrió aquella noche las puertas del teatro nacional a uno de los ingenios que más habían de enaltecerlo y contribuir a su grandeza. No hay en Las hijas del Cid trazos muy acusados y como sangrientos a la manera realista; ni férreos caracteres; ni combinaciones fáciles; ni efectos que aseguren el aplauso ; ni versos dulzones, estrofas grandilocuentes y recitados aprovechables para el latiguillo. La obra de Marquina es un reflejo del Poema y del Romancero, la interpretación moderna de una fábula heroica que conmueve todavía las fibras de los corazones españoles, a pesar de los nueve siglos transcurridos desde que sucedió. Rodrigo Díaz de Vivar; doña Jimena; las hijas del caudillo, doña Elvira y doña Sol, y los infantes de Carrión, que se casan con ellas y después las azotan y las abandonan, viven en las escenas de Marquina con talpujanza y conciencia de los destinos de la Patria, que nuestro pecho de españoles se pone al unísono del poeta y la sangre bulle en nuestras venas con el brío y el entusiasmo que el dramaturgo supo despertar en nosotros. El alma noble de Castilla; la luz de los campos cestellenos, doreda en las mieses y ambarina en los racimos; el temple de acero de los hombres de guerra; la fe del religioso y del soldado; la exquisita feminidad de doña Sol; el valor heroico de doña Elvira; el espíritu de sacrificio del Cid, ya viejo, que jura 59 6 Cosmopolis LOS Il JUEGOS OLÍMPICOS DE SAINT MORITZ En St. Moritz, la bella población suiza, se han celebrado los II Juegos Olímpicos de deportes de invierno. PA AS q Durante quince días, los atletas, que representaban a 22 naciones, lucharon con nobleza hisura de la prueba de patiopa AT a A : una figura de la prueba de pa y deportividad para conseguir el triunfo. La prensa diaria de todo el mundo ha reflejado naje artístico, (Foto Vidal) en sus columnas la marcha de los torneos. Su información queda completa con este cuadro de honor, no publicado en los diarios españoles: _Patinaje.—500 metros: 1.9, el noruego HFEvensen; 1.500 metros: 1.0, el finlandés Thunberg; 5.000 metros: 1.9, el noruego Ballangrud. Patinaje artístico.—Damas: 1.9, la noruega Hennie; caballeros: 1.0, el sueco Grafstrom; parejas: 1.0, los franceses Mlle. Joly y monsieur Brunet. Pruebas de esquis.—Carrera de 50 kilómetros: 1.9, el sueco Heldung; carrera de IS kilómetros: 1.9, el noruega Grottumsbraateen; Saltos: 1.9, el noruego Andersen; Skeleton: 1.9, el americano Heaton. Hockey sobre hielo.—1.%, Canadá; 2.0, Suecia. Bobslerghs.—1.%, Estados Unidos. La clasificación por naciones quedó establecida como sigue: 1.0, Noruega, con 98 puntos; 2.0, Estados Unidos, 48 puntos; 3.9, Finlandia, 39 puntos; 4.9, Suecia; 5.9, Australia; 6.0, Canadá; 7.0, Francia; 8.0, Inglaterra; 9.9, Suiza. El resto de las naciones participantes no llegaron a clasificarse. Vista general de la magnífica pista de saltos de St. Moritz, 1mau- gurada: en los II Juezos Olímpicos de deportes de invierno. ÍA VIEJA RIVALIDAD RENOVADA AÑO TRAS AÑO ENTRE El S/S2REAL MADRID 8 2 ATHLETIC ( ] Sus figuras representativas y el historial de las pugnas de los 5 ú dos famosos Clubs madrileños e ERTENECIMOS a la segunda época del fútbol español. No Pd alcanzamos la primera, la he- 3. _—— : Pr GM -—. roica, la de los iniciadores, que E ¿we q UPN vd E XA Y arrostraban con estoicismo las ES A y (yl Y | A burlas de los rutinarios que no EIA o SN SA AS podían comprender cómo unos Bo $ A MN 1 = EN , . | <=, Y, muchachos con las piernas al aire, en terrenos SS ¿E D/ ) y E Sutero Aranguren sin vallar, perseguían con entusiasmo un balón, tratando de introducirlo en un marco, que otros defendían con ardor, rivalizado todos en la práctica de un sano ejercicio. Nos corresponde esa segunda época, que inicia la creación de los campos vallados, en cuya obra intervinimos activamente, como todos las componentes de las Sociedades de aquellos tiempos. Clavando tablas, pintando vallas y arreglando el terreno de juego, laborábamos por el deporte. La modestia y escasez de medios económicos de los Clubs requería el esfuerzo personal de sus socios, y éstos no lo regateaban. Alcanzamos, por lo tanto, aquellos tie mpos en que, desprovistos de todas las co” modidades que hoy disfrutan los pro- “fesionales del fútbol, teníamos que desvestirnos en míseros locales cercanos al campo vallado, para causar luego con nuestra ida al terreno de juego el asombro de les viejas timoratas, escandaliza con nuestra tenue de futbolistas. ox o* Como una disidencia del Madrid F. C. se fundó el El monumento que perpetúa el recuerdo de los fallecidos jugadores del Madrid, Sotero Aranguren y Alberto Machimbarrena. Athletic.madrileño, con cl carácter de sucursal del de Bilbao. Desde 1904 arranca la rivalidad, sostenida después año tras año por los dos más populares Clubs de la capital de España. A partir de 1912, esta vie- ja pugna toma su verdadero carácter de lucha entre Clubs madrileños. Desligado el grupo de la corte del Atlhetic bilbaíno, adquiere personalidad propia, cada vez más acentuada. Confusos los datos que poseemos de los años 1912 y 1913, Únicamente a partir de la temporada 1914-15 consignaremos el interesante historial, no publicado aún, de esta empeñada y en algunos momentos enconada rivalidad entre los Clubs Real Madrid y Athletic madrileño. ENCUENTROS DE CAMPEONATO 1914-15 3a2 Vencedor, Madrid. t-4.1 Empate. 1915-16 220 Vencedor, Madrid. 3a2 Vencedor, Madrid. 1916-17 a Vencedor, Madrid. 3a0 Vencedor, Madrid. 1917-18 4 a-1 Vencedor, Athletic. AT Vencedor, Madrid. 1918-19 2.40 Vencedor, Madrid. 520 Vencedor, Madrid. 1919-20 341 Vencedor, Madrid, 3:24. 2 Vencedor, Athletic. 1920-21 22.0 Vencedor, Athletic. 2 a 1 Vencedor, Athletic. Cosmopolis , + AGLA , 4 A PEA A .... A pots p E » y ES , » , ¿ATM qe GS ee pego La da e 1d A ad El equipo del Athletic que jugó la famosa final de Valencia contra el Barcelona en el campo de Mestalla. COPA ESPUÑES 1921-22 Ia 1 Empate. 4 a 2 Vencedor, Madrid. 1915-16 4 a I Vencedor, Athletic. 1922-23 2 a 1 Vencedor, Madrid. 3a 2 Vencedor, Athletic. 2 a 1 Vencedor, Athletic. 1916-17 aro Vencedor, Madrid. 1923-24 24 1 Vencedor, Madrid. COPA FEDERACIÓN CENTRO Mies ie aaa 1 a o Vencedor, Madrid. 1922-23 6a2 2 MENOR pOr Madrid. > AMISTOSOS 1924-25 Ia I Empate. ña 1 1914-15 3a3 Empate. Ia 1I Empate. A , - 1915-16 2 ao Vencedor, Madrid. 1925-26 2 a O Vencedor, Madrid. ; : 1910-17 dia! Vencedor, Madrid. 1 a o Vencedor, Madrid. A z : 1919-20 3a2 Vencedor, Madrid. 1920-27 1 a o Vencedor, Athletic. z Ia I Empate. £ 7 “a 1 4 2 a 1 Vencedor, Madrid. E dada AS 3.0 1 Vencedor, Athletic. 2 a 1 Vencedor, Athletic. > ZA Empate. Temporada 3 a 2 Vencedor, Madrid. Ai vetar AtKIchO Ta Vb actual 2 a 1 Vencedor, Athletic. E mesa rs AA ICnO a 1 Vencedor, Athletic. ! - 1923-24 (Homenaje a Arrate) 1a o Vencedor, Madrid. E ] 343 Empate. 3 a o Vencedor, Madrid. 1925-26 (Homenaje a Sicilia) 4 a 2 Vencedor, Madrid. Total: Real Madrid: 5 victorias. Athletic:. 3 victorias. Total: Real Madrid: 19 victorias Athletic: 9 victorias 53 Empates. 4 empates. Juanito Monjardín (Foto Alvaro) El equipo del Madrid que jugó las semifinales en 1917 triunfando sobre el España F. C. Este equipo sufrió algunas variaciones en la final contra el Arenas, en la que no jugaron Castell, Laserna y Juan Petit, componiéndose.el bando que logró el título de campeón de España de los jugadores De Miguel, Sansinenea, René Petit, Muguiro, Sotero Aranguren, Eulogio Aranguren, Machimbarrena, Ricardo Alvarez, Evice, Múgica y Teus. [97] NÚMERO TOTAL DE ENCUENTROS: 49. Real Madrid: Athletic: g empates. ' 26 victorias. 14 victorias. El Madrid ha conseguido el título de campeón regional 16 veces, y el Athletic lo ha ostatado 3 temporadas. El Madrid ha sido campeón nacional los años 1905, 1906, 1907, 1908 y 1917, y finalista nueve veces. El Athletic ha llegado a la final del campeonato de España en dos ocasiones, sin lograr alcanzar el título de campeón. kk *k Los nombres más representativos de los jugadores de la primera época del Madrid y el Athletic van consignados en los dos grabados que reproducimos en estas páginas. De la segunda época, el Madrid de 1917 representa su momento más brillante, y en ese equipo, Alberto Machimbarrena, Sotero Aranguren y René Petit, las figuras más destacadas. En el Athletic, Pagaza, 'el formidable extremo derecha, era su jugador sobresaliente y la obsesión del Club rival en todos los encuentros. Y llegamos a la tercera época, 12 actual, la de los amplios campos con terreno de hierba, la del profesionalismo declarado, con masajistas y entrenadores al cuidado de Cosmopolis los jugadores y miles de pesetas como remuneración al trabajo de los ases. En esta época, Luis Olaso en el Athletic, y Juanito Monjardín, en su calidad de amateur —aunque ahora circunstancialmente retirado—, en el Madrid, son los nombres qué más han acaparado y acaparan la atención. Mudanzas de los tiempos. De los: campos sin vallar, duros y pedregosos, a los amplios estadios con capacidad para mi- Uno de los mejores equipos del Athletic de los primeros liempos, integrado en cl les de espectedores y terrenos año Ig91r por Arzuaga, Astorquia, Ruete, Belausteguigoitia, Mandiola, Allende, Smith, Iza, Arbaiza, Suazo, Iceta. de mullida hierba. Del puro y desinteresado amateurismo al profesionalismo declarado, con.miles de pesetas para los jugadores. Y siempre y en todo momento masas más o menos nutridas de aficionados, de partidistas del Madrid y el Athletic, que sostienen con el calor de sus discusiones y la vehemencia de sus actitudes en los campos de fútbol la antigua pugna año tras año renovada entre los viejos Clubs Madrid y Athletic. Señalemos en estos últimos tiempos, en que el fútbol se impone como espectáculo capaz de atraer a miles de personas, dos momentos Ma Y 7 y" 404 El espléndido terreno. de Chamartín, del que es propietario el Real Madrid. Ó Cosmopolis 70 culminantes de la AD vida de un : otro Club. Dejemos a un lado la rivalidad regional, y recordemos las dos finales de mayor relieve enla historia de estas Sociedades. Año 1927. El Real Madrid vence todos los obstáculos que se le presentan en su camino y llega a la final contra el Arenas. Ruda y competida lucha. Nunca mejor empleadas las palabras. Fué preciso que se jugaran dos encuentros. El primer día quedaron empa- Año 1926. El Athletic, subcampeón de la región, vence a duras penas al Betis sevillano, para ir después agigantándose en su marcha tras el título de campeón nacional. Frente a su empuje y a su enorme entusiasmo caen más tarde el Deportivo Español “y el Celta de Vigo. Queda clasificado el Club madrileño para disputar la final a un Barcelona, cspléndido de «forma» y poseedor de una elevada moral. Se preveía un fácil triunfo de El Madrid EF. C., campeón de España en 1905 los catalanes. La reatados a cero los equi- Barraondo Alcalde Yarza ]. os en el cam eu- Parages Prast Alonso ' Revuelto Giralt P. lidad fué bie 9 p o " Yarza M. Girald A, EE tral del Deportivo Español de Barcelona.Se jugó sin resultado una prolongación de treinta minutos. A las cuarenta y ocho horas se repetía la final. El Madrid finalizó la primera parte con un tanto en contra. Sus jugadores, durante el descanso, se juramentaron para alcanzar el triunfo, exigiendo a sus cuerpos el máximo de energías. Transcurría el partido, y el Arenas seguía delante en el tanteador con su 1 a o. Reforzada su línea media y en franca defensiva todo el equipo, su meta era infranqueable... hasta que René Petit, en una espléndida jugada personal, consiguió el tanto del empate. Necesitó aún el encuentro cuatro prolongaciones de diez minutos para que el Madrid lograra el triunfo con un tanto marcado por Ricardo Álvarez al rematar un centro de Sotero Aranguren. De esta forma, después de tres horas y cincuenta minutos de agotadora porfía, el Madrid venció al Arenas en las finales de 1917. Normand tinta. El Athletic cortesano realizó una magnífica actuación y fué preciso que se prolongara el tiempo reglamentario, siendo entonces vencido por un tanto afortunado, marcado por Alcántara. Esta final de Mestella representa la página más brillante del historial del Athletic madrileño. | Y así, año tras año, siempre renovada la rivalidad Athletic-Madrid, tiene por escenario los amplios estadios repletos de vibrantes multitudes, en las que son legión fanáticos partidistas de uno y otro bando. EDuArbo TEUS AS A A = E 4 “ » El campo actual del Athletic madrileño, el magnífico Estadio Metropolitano. o . DAADAAA ada todavía? y —Nada. Por lo menos, yo no he notado nada. —¿Y Amadeo? — Tampoco. —Bien. Pues mucho cuidado, que la hora se PRPPPPA| acerca. El mozo de comedor continuó su camino hacia el office, mientras el mayordomo— impenetrable el rostro enigmático, rígido el cuerpo, automático el andar— siguió en dirección al comedor, porteando la esbelta jarra en que amarilleaba el turbio cup. La estancia—amplia, elegante, severa—correspondía en todo al rancio aspecto antañón del secular. palacio. Macizos muebles de caoba, espejeante vajilla de plata, talladas copas de cristal de-Bo- hemia que coloreaban los vinos, tapices de los Gobelinos. Tras de los invitados, como muñecos, los criados de manos enguantadas, con sus libreas policromas, cruzados los pechos por dorados cordones. Con el pretexto de llenar la copa, apenas mediada, del marqués, el mayordomo se inclinó sobre el prócer. Fué un bisbiseo imperceptible, que nadie pudo notar: Cosmoópolis Novela de aventuras vados para todos los países.) O $ Ilustraciones de FEDERICO RIBAS. —¿Qué...? —Todo tranquilo, señor marqués. Ni un solo síntoma para sospechar nada extraño. y —Sin embargo, no descuidarse. ¡La hora se acerca!... Irguióse, hierático, el fiel servidor. Y el marqués, sonriente, continuó atendiendo a sus invitados. + E * Eran éstos seis. De regreso de una expedición científica por el África del Sur el naturalista inglés Arthur Roadfer, había querido el marqués de los Almogávares obsequiarlo con una fiesta española en su palacio, precedida de una cena íntima; con los dueños de la casa y el invitado de honor se habían sentado a la mesa los duques del Valle y Soledad Hontoria, la joven y bella viuda de Horacio Gorván, que fuera en vida uno de los magnates de la alta banca americana. Luego, al festival—donde bailaría Aurora Rivero, la Venus gitana, y el Niño de las Penas y Moya cantarían y tocarían lo más puro del puro flamenco—y al baile se abriría un poco más la mano. Pero no mucho: apenas dos docenas de buenos amigos. Gustaban poco los marqueses de la excesiva gente. Acogedores, simpáticos, apenas si habían traspuesto la treintena, y su juventud, su abolengo y su fortuna les permitían e impedían abrir con fre- Original de SEE ADCOME, Traducida y adaptada expresamente para COSMÓPOLIS (Todos los derechos de reproducción, adaptación y traducción, reser- Es Xx 1) cuencia los salones del palacio a las amistades más íntimas. Fiestas fastuosas las suyas, célebres por su magnificencia y por las ricas toaletas que en ellas lucían las más bellas damas, contadísimas eran las personas que podían enorgullecerse de haberlas presenclado; y estas trabas, espoleando el deseo de grandes y chicos, daban caracteres de leyenda a sus reuniones y hacían que aristócratas y pueblo comentasen, ávidos, su solo anuncio y las rimbombantes reseñas que de ellas trazaba la pluma de Esplandisto; el veterano cronista de sociedad, único que a la casa tenía acceso. Pero, en la ocasión presente, razones más que sobradas tenía Almogávares para extremar la restricción de invitaciones. Razones tales y tan poderosas que horas antes, aquella misma mañana, estuvo dispuesto a fingir una dolencia cualquiera, a pretextar una desgracia familiar, muerte o enfermedad grave de algún pariente lejano, para poder suspender cena y festival. Si Trinidad Hernández, duquesa del Valle, no le hubiese dado la solución... Almorzaban en el golf los dos matrimonios. Y como, reiteradamente, le observasen todos abstraído, lejano de cuanto le rodeaba, llegó un momento en que la curiosidad puso en fuga a la discreción. —¿Quieres decirnos qué te ocurre, Bernardo?... Porque es indiscutible que te sucede algo—inquirió el duque del Valle. Sin responder, el interpelado extrajo del bolsillo de la americana un sobre que tendió a su amigo. Había tal expresión de abatimiento en su semblante, temblando de tal forma su mano al entregárselo, que Ricardo Hernández se estremeció también, a pesar suyo. Su mujer y la de Bernardo—a su izquierda y derecha—avanzaron los bustos para mejor oírle, mientras anhelaban: —Lee, lee... Al centro delsobre—cuadrado, blanco, impenetrable—estaba la dirección, correctamente escrita a máquina. Dentro, un sobrio tarjetón en que, con el mismo tipo de letra, rezaba: «Durante la cena del próximo lunes en honor del audaz explorador sir Arthur Roadfer, a las diez de la noche, desaparecerá el magnífico brillante que en las fiestas de los marqueses de los Almogávares ostenta siempre Soledad Hontoria.» Y bajo las breves líneas, tres puntos rojos suscribían el aviso. —¿Cuándo y cómo has recibido esto? —preguntó el del Valle, haciendo. girar entre sus dedos la extraña misiva. —Hace ocho días... Precisamente la última velada que pasasteis en casa vosotros. ¿Cómo?... No sé decírtelo. Al retirarnos a descansar, fuí a coger un cigarrillo a la caja que tengo sobre la mesa del despacho. Dentro, y tal cual lo ves, estaba el anónimo... —¿Por qué no me dijiste? — susurró la marquesa. —¿Para qué alarmarte en vano, Enriqueta?... —En vano, no—corrlgló su amigo—; estos audaces ladrones que firman sus avisos con los tres puntos rojos cumplen siempre lo prometido. Traen en jaque desde hace ocho meses a la policía española. —Entonces, ¿qué hacer?... Conozco a Soledad. Adora lo extraño, las emociones fuertes, y por nada ni por nadie accederá a dejar de llevar su espléndida joya... La pausa, larga y reflexiva, fué rota por Trinidad del Valle. —¿Por qué no vais a verla esta tarde?... Explicadla lo que pasa y que se ponga el doble, la reproducción falsa del verdadero brillante. Corre la misma emoción melodramática y no arriesga medio millón de pesetas. Cerca de dos horas de conversación lcs costó a Enriqueta y Bernardo convencer a la viuda de Gorván para que dejase el soberbio brillante oculto en el secreto de su tocador. kk * Y, sin embargo, aun conocedor de que lo que pendía del cuello de Soledad sólo era un grueso trozo de vidrio hábilmente tallado; sabiendo que el mayordomo y los mozos de comedor—no obstante ser antiguos y fieles servidores, de lealtad probada—habían sido sustituídos por expertos policías; no ignorando que el hotel se hallaba cercado por los más significados sabuesos de la secreta, Bernardo del Valle no podía apartar la vista del solemne péndulo del reloj, y una extraña opresión le ganaba a cada nuevo avance del minutero. Las diez menos cuarto... ¡Las diez menos diez!... ¡¡Las diez menos cinco!! Un sudor frío le bañaba la frente; bajo la almidonada pechera, el corazón acompasaba el latir al isócrono tic-tac del reloj. En su cerebro, en sus nervios, en su ser entero, una pregunta atormentadora: —¿Por qué no he suspendido la cena?... ¿Por qué he hecho caso a Trinidad?... Unai DOS: ALTOS... Caían, lentas, las monótonas campanadas. Desde unos segundos an- Cosmopolús tes, todas las respiraciones se habían contenido, anhelosas. Los fingidos criados, el simulado mayordomo, estratégicamente repartidos, guardaban las dos amplias puertas de acceso al comedor, el balcón de recia balaustrada de mármol, abierto sobre el jardín, en pleno florecer primaveral; sus figuras habían perdido el forzado hieratismo, y alguna mano, en el fondo del bolsillo del pantalón, acariciaba la culata de un revólver. Ajeno a todo, ignorante de lo que todos sabían, sólo Arthur KRoadfer. narraba, en correcto francés, cómo escapó en cierta ocasión de ser devorado por ¿unos antropófegos, gracias a sus conocimientos médicos y a su botiquín. de urgencia, que le permitieron curar de unas palúdicas al hijo, moribundo, del virrey. Cuatro... Cinco... Seis... Ya nadie escuchaba al valeroso explorador. Su relato, digno de la pluma de un Maine Reyd o de un Salgari, se pierde en el silencio atormentador, hondo. Cada uno, atento al propio ritmo interior, tiene puesta el alma, las potencias todas, en el oído. Una carcoma que iniciara su obra destructora en aquel instante—largo y atormentador como una vida—detonaría igual que un pistoletazo. Siete... Ocho... Nueve... Va pasada la terrible amenaza. La confianza comienza a renacer débilmente. Todos la desean y ninguno se atreve a creer en ella, tal cual ocurre en la súbita mejoría de un moribundo querido. Y, sin embargo, debe de ser así. El lujo de precauciones adoptadas—toda la policia madrileña pendiente de esas diez campanadas; hasta los altos jefes escrutando la posible vibración de los timbres telefónicos en sus despachos oficiales—, la audacia de los ladrones motivándolas, habían de dar este resultado. ¿Cómo iban a poder llegar?... Se dibuja una sonrisa en todos los labios. Quizás la de Soledad Hontoria oculta un mohín de desilusión... ¡¡¡ Y diez!!!... Va a brotar de todos los labios un suspiro de liberación. Pero he aquí que, súbitamente, se han apagado las luces del comedor. II Hubo unos segundos de estupor. De un estupor violento, casl doloroso, que paralizó la voz y la acción y el cerebro. ¿Cuál era el enemigo?... ¿Dónde estaba?... Todos pensaron lo mismo, cuando _ pudieron pensar algo. Pero ni los agentes se atrevían a disparar sus revólveres, temerosos de herir a los comensales, ni éstos acertaban a saber qué ectitud adoptar. El rayo luminoso de una linterna rasgó la espesa sombra. Al mismo tiempo, cual si sólo esperase esa señal para retornar, la luz volvió a iluminar la escena; en ple ante sus sillas los aristócratas, en sus rostros pálidos el terror había impreso su huella. Sólo Roadfer permanecía impasible, cual si aquel accidente fuese la cosa más natural del mundo. 73 Cosmopolis 74 —¿Qué. ha. sido? —preguntó Almogávares. —No puedo explicárselo, señor marqués—respondió el fingido mayordomo, apagando su lámpara eléctrica—. En todo el palacio ha sido idéntico el corte de luz... —Una simple avería en la fábrica, a la que nuestros nervios, excitados, concedieron excesiva importancia—sonrió Soledad Hontoria. Y agregó—: Ya veis que el brillante aun pende de mi cuello. Todos asintieron,' realmente convencidos. Pero al retornar a sú asiento y levantar la servilleta—que había dejado sobre la mesa—, la ' bella viuda: apenas si pudo contener un grito: sobre la albura del mantel, bajo unas breves líneas escritas a máquina, destacaban, en un cuadrado tarjetón, tres puntos rojos. kk o* Más decidido, fué Ricardo Hernández el primero en apoderarse de él. Terminada la ficción, libertados del suplicio del rígido disfraz, los policías se agruparon tras de los invitados. Con voz trémula, entrecortada, el duque. del Valle leyó: «Su legítimo brillante, señora, acaba de caer en nuestras manos. Concentrada la atención policial en el palacio de los Almogávares, su hotel, abandonado y falto de vigilancia, ha sido cómodo campo de operaciones. Suponemos que no se apenárá demasiado: en fin de cuentas, le queda el 'doble, ese magnífico doble que tan celosamente ha sido vigilado.» ; E TER ' - —¡Burlados, marqués, hemos sido miserablemente burlados!... El bueno del inspector, las manos sepultadas en los bolsillos del pantalón, recorría a grandes trancos el despacho del marqués de los Almogávares. Había desaparecido su automatismo de mayordomo y era un violento contraste sus nerviosos ademanes y el uniforme severo que ostentaba. Sumido en una butaca, los codos sobre las rodillas, Bernardo observaba aquel ir y venir de fiera en celo. —Y burlados—prosiguió—de una manera ridícula, pueril: ¡como se puede engañar a un niño!... Sabiendo que querían el brillante que se habían prometido hacerlo suyo, se lo hemos dejado libre, abandonado, al alcance de sus garras. Debimos ponerle vigilancia, depositarlo en un Banco cualquiera. ¡Pero hemos sido tan “idiotas que mordimos en el anzuelo, acudimos al reclamo estúpidamente!... Su excitación crecía por momentos. Era aquella la tercera vez que, en su larga carrera policíaca, se enfrentaba con los enigmáticos «Tres. puntos rojos» y obtendría en ella el tercer fracaso de su “vida activa. La justa fama de que gozaba entre sus compañeros, los cuantiosos premios obtenidos en España y América por el descubrimiento delos más intrincados problemas, le colocaban en situación privilegiada; sólo los asuntos grandes, aquellos en que no había pista posible, se le encomendaban, y por eso fué puesto ante «Tres puntos rojos» dos meses antes. —Quien descubrió el paradero del greco desaparecido de la pinacoteca de los barones de la Roca y los restos de aquella anciana usurera de la calle del Salitre, nos daría la clave de este problema— había manifestado a los periodistas un alto jefe, al dar la noticia. de su nombramiento. Una vez más el aura de la popularidad. Interviús, retratos, artículos a él consagrados, los más cálidos elogios y mejores esperanzas, rodaron en su honor pordiarios y revistas durante varios días. Pero, cual si quisieran cortar la apoteosis; una hazaña de «Tres puntos rojos» vino a requerir las columnas íntegras de los periódicos: a la hora en punto anunciada—¡siempre el aviso, el reto previol—, sin que nadie pudiese. impedirlo ni supiera cómo se. realizó la. sustracción, desaparecía de :la biblioteca; del académico Salinas un ejemplar valiosísimo, un: incunable. cuya única pareja tenía asegurada en un millón de libras la Universidad de Oxford; y dos semanas después, en idénticas condiciones, del camarino de Luisita Riquer, la estrella de moda, eran robadas tres perlas negras, soberbio regalo de un fabuloso rajá. Las cañas se tornaron lanzas. En artículos y caricaturas se comentaba el fracaso del as del detectivismo; el ridículo le acechaba, se cernía sobre su cabeza. Emilio Roldán se irritaba contra su mal- ¿dita imprevisión, contra la nueva derrota, previendo cómo, a la divulgación del suceso, arreciarían los embates, las diatribas. Trinidad Hernández—arreboladas las mejillas, cárdenos los profundos surcos de las ojeras—penetró en el despacho. Antes de que Bernardo pudiese preguntarla, se adelantó a tranquilizarle: —¡Cálmate!... No la ha ocurrido nada. Los nervios, el disgusto, en los bolsillos del gabán. En.uno sobrecogiéndola en plena cena... Pero ya se ha recobrado, gracias a los consejos de Roadfer, que hemos seguido minuciosamente. Sobre: todo, Soledad. ¡Es una enfermera admirable y posee un temple maravilloso!... Después de decir, cuando Ricardo concluyó la lectura: «Lo siento... Fué el primer regalo de Horacio», no ha vuelto a ocuparse del robo y sólo se ha consagrado a atender a Enriqueta. ¡Cuando la que todos crefamos que se desmayaría era ella! Y, volviéndose a Roldán; le interrogó: —¿Qué?... ¿Se sabe algo?... El inspector contuvo, a costa de un violento esfuerzo, sus iras y aun tuvo la heroicidad de intentar una sonrisa: - —¡En absoluto, duquesa!... En el hotel de la señora viuda de -Gorván no había más que la servidumbre, reunida íntegramente en la cocina, a la hora en que se supone acaeció el suceso. La inspección ocular que he realizado no deja lugar a dudas: el ladrón saltó por una ventana abierta del primer piso, y, una vez en el boudotr, abrio con ganzúa el tocador y luego el secreto, que le era conocipo. De regreso, siguió el mismo camino. —Dice usted—insistió Trinidad—que conocía el secreto... Pero ése sólo lo conocemos las personas de su más estricta intimidad... —Precisamente, duquesa, eso es lo que más me preocupa de este asunto. , A * ok % Del brazo del duque del Valle, sonriente, tranquila, Soledad Hontoria se unió a los conversadores. —Sir Arthur nos ha rogado que le despidiéramos de vosotros... Enriqueta duerme tranquila, y él no ha querido importunaros. —Ni nosotros tampoco, y también nos vamos—concluyó Rafael—. Pero antes queríamos saber noticias del divo de nuestra policía. : —Sin ironías, duque; se lo ruego—interrumpió éste. —Hablaba en serio. —Perdón, entonces. Creo tan firmemente que las merezco todas, que no me extraña ninguna. Sin embargo, espero que pronto me devuelvan mi fama. Yo les empeño formalmente mi palabra de honor de que he de resolver este misterio. . Bruscamente—¿tal vez porque vió una sonrisa irónica en los labios del duque?—Jes volvió la espalda. Mientras los aristócratas se despedían, aprovechó un instante para inquirir aparte de la viuda de Gorván:' NE DG RS - —¿Hay alguien más que sepa que no traía usted esta noche el verdadero brillante? : | —Nadie; ni siquiera mi doncella... Sólo los que hemos cenado aquí esta noche. Emilio Roldán acentuó el pliegue perpendicular de su frente. Tan abstraído estaba, que no estrechó la mano que Soledad Hontoria le tendía, kk ox Un criado—un verdadero criado—le ayudó a embutirse en su abrigo. Apuntaban, lejanos, los primeros resplandores del día, y una luz rosada recortaba los perfiles de los tejados ciudadanos. La brisa sutil de la madrugada obligó a Roldán a sumergir las manos de ellos notó algo extraño, algo que él no. había, guardado. Nervioso, lo extrajo y rasgó el sobre. Apagados los faroles, tuvo. que requerir el auxilio de su linterna para leer en la fina cartu- . lina del tarjetón: «¿Para qué anuncias tu insis- . tencia en este asunto?... ¿No te basta con tres fracasos?...» —Subrayando las irónicas preguntas, tres puntos rojos semejaban otras tantas sonoras carcajadas. (Continuará en el próximo número). CONCESIONARIO EXCLUSIVO TRUST MECANOGRAFICO (S.A) Avenida Conde Peñalver, 16-MADRID | BARCELONA, Rambla de Cataluña, 13 BADAJOZ, Ecl egara7, número 11 SUCUR GIJÓN SEÑA 5 BILBAO, Gran Vía, número 1 CORUÑA, calle Real, número 48 / > | R- N, San Antonio, 23_y 25 VALLADOLID, Macías Picavea, 23 Teléfono 16.010.-Apartado 349 SALES: ira cate de 1, MÁLAGA, Duque de la Victoria”) ZARAGOZA, Don Jaime 1 [núm. 42 Disección IA A IATA: TRUMEGRAF | A A, calle de la SCI ada E LUGO, calle de San Pedro, núm. 10. LEON, calle de Ordoño IL, núm. 33 NIKOLA _el papel de fumar que merece Su preferencia OIVece DS, ES : presentaciones, para que usted elyja la de su | agrado, en ÍSOLA CALIDAD INSUPERABLE. E e » A A A cd a, HMIHOLA Y Cosmopols $2 Los rojos pajarillos que cantan las alabanzas al Señor. Bajaron los infantes de coro, después de haber cumplido su misión, y parece como si, por divino milagro, las pétreas gradas de la Catedral se hubieran florecido de amapolas. Nadie mejor que estos niños de las sotanillas y los bonetes rojos para entonar las alabanzas al Señor. Ninguna voz mejor que estas atipladas voces infantiles para llegar dulcemente a los divinos oídos de Aquel que tan- to amó a los niños. Peregrinación romántica. Si vas a Cuenca, lector, y quieres vivir unas horas ilusionadas, en épocas distantes de la nuestra por obra de los siglos, emprende, ya de noche, una excursión a través de la ciudad vieja por las calles del Clavel, del Colegio, bajada del Río, cuesta de las Angustias, hasta el poético humilladero... para bajo los arcos de la plaza de San Pedro, donde está el Consistorio... mira cómo las famosas «casas colgadas» se asoman en sus peñas sobre el río para escuchar el madrigal del agua... ¡Emprende csta peregrinación romántica, lector, que es como un baño de lirismo que le va bien al alma! Coda No está de más tomar de cuando en cuando un baño espiritual. No va a ser menos el alma que los pies. José Sruón VALDIVIELSO Un grupo de pequeños seminaristas (Fotos Zamoña) Cosmopols UIENES hablan ahora de festejar adecuadamente las bodas de oro con las Letras de don Armando Palacio Valdés establecen, por lo visto, como punto de referencia la publicación, en 1878, del libro primogénito: Los oradores del Ateneo. Pero el escritor, en realidad, había aparecido mucho antes, en 1869, suscribiendo algún artículo en humilde periodiquito del país natal: El Eco de Ávilés. Así como el novelista no nace hasta 1881, con El señorito Octavio. Pero de todas formas, utilícese un cómputo u otro, celébrese o no en 1928 el jubileo de Palacio Valdés, lo cierto es que nadie puede disputar al famoso novelista el Patriercado de nuestras Letras. Para alcanzer “esta suprema categoría, sometida naturalmente a la jurisdicción del tiempo, es menester que concurran la excelencia de una obra y la ancianidad de su autor. Pues bien: Palacio Valdés, escritor de pura raza, impermeable por entero a cualquier penetración que desvirtuase su vocación literaria y su ejercicio continuo, es el superviviente único de una época ya sumergida en el tiempo. Sólo - él flota sobre las ondas que guardan memorias en descomposición de tanto y tanto contemporáneo suyo. El género mismo a que don Armando, leal al figurín vigente entonces, adscribió su gusto está hundido y ólvidado, mientras no le saquen a flote nuevas y caprichosas corrientes. Hoy por hoy, la novela de costumbres no rige... Palacio Valdés ha presenciado el auge y la decadencia de aquellas narraciones sencillas, amenas, que tanto deleitaron al culto como al iletrado, al hombre curtido como a la hija de familia, por la hábil mezcla de malicias e inocencias, y la discreta ponderación de los más varios elementos. El subtítulo precisamente de El señorito Octavio da la divisa a ese modo de hacer novelas, tan gustado por las generaciones españolas que cierran el siglo XIX: «novela sin pensamiento trascendental». Dad a una narración intenciones de otra índole, y el público se dividirá, según ley natural de atracciones y repulsiones. Pero mientras el novelista se limite a contar sucesos sin designio ulterior, las gentes se producirán con cierta unanimidad. Desde este punto de vista, cabe decir que Galdós, Valera y Alarcón tuvieron un público nacional e indistinto, aunque existiesen preferencias. Los novelistas del día, por el contrario, son excluyentes entre sí: Valle-Inclán y Ricardo León, por ejemplo, pertenecen a mundos totalmente incomunicados. La parcelación del gusto es cierta como fenómeno curioso de nuestro mercado intelectual, distribuído hoy como no lo estuviera jamás. Pero estas consideraciones nos llevarían lejos, sin ventaja de momento. Ello es que Palacio Valdés ha sobrevivido al ir y venir de muchas promociones literarias; que ha sido leído por ojos de la más diversa condición, y que su obra se incorpora al Museo de la Novela española con un fuerte sello de época. La época de Palacio Valdés desgranó sus años bajo el signo del naturalismo. Dada la tradición hispánica, nuestros escritores no necesitaban del patrón francés para dar toda su importancia a la observación y a la experiencia, eliminando remilgos y curándose de toda suerte de espantos. En el país de la Novela picaresca, las fealdades alumbradas por Zola al plano de la Literatura no podían sonar a cosa nueva. Quién más, quién menos, y a pesar de la reacción idealista que determinó el romanticismo, los prosistas de nuestra lengua venían siendo naturalistas; claro está que a su modo peculiar. Naturalismo el nuestro de escasa motivación científica, lastrado de amor a lo miserable y doloroso, limpio de malsanas voluptuosidades. Pero es verdad que Palacio Valdés participó no tanto como otros de este culto literario a la «madre Naturaleza», con todas sus ventajas y sus inconvenientes. Dijérase que su temperamento personal le preservaba de la fiebre de moda, mediante secreciones internas de piedad e ironía. Al cabo, su antepasado literario de más peso hay que buscarlo por otro camino y bajo otros cielos. Lo encontraremos más allá de España y de Francia, en Carlos Dickens. La sonrisa humana de este padre de tantos niños la reconocemos en las novelas, amables y bondadosas, de Palacio Valdés. No importa que a veces sus personajes tuerzan el ceño y aun se exasperen y hasta adopten actitud de impresionante melodrama. Una latente fuerza humana, revelándose de improviso, establecerá generosamente el equilibrio y animará de nuevo los semblantes con la expresión que cumple a almas cristianas, dueñas del resorte vital que asegura el buen juego de obligaciones y sacrificios. Después de todo, la natura- .leza gusta de sorpresas análogas: cierra el horizonte y lo carga de negrures para hacernos más gustosos, después de la tormenta, el azul del cielo y la serenidad de la atmósfera. Conste, sí, que nuestro don Armando no triunfa tanto en las grandes descargas de la pasión, en los terribles desates del espíritu, como en el medio tono sentimental. Es el novelista de los días claros y tranquilos, de las 83 Cosmopols ideas y afectos en reposo... Cualquier lector que haya frecuentado las novelas de Palacio Valdés guardará de seguro mucho más grato recuerdo de La hermana San Sulpicio que de El Maestrante, ceñudo y hostil. No desconoce el autor las tempestades del alma y de la vida, del corazón y del mar. Pero la pluma da con los puntos vivos de la emoción cuando sondea mundos encalmados. El humorismo suele ser un excelente sedante. kk * Don Armando Palacios Valdés es—¿quién no lo sabe?—asturiano de sangre y cuna. Nació en Entralgo, «la aldea perdida» del libro famoso. Se formó y desarrolló en Avilés—«Nieva», en Marta y María —y en Oviedo—«Lancia», en El Maestrante—. De suerte que el medio geográfico de nuestro novelista gravita sobre sus producciones, frecuentemente empapadas de orbayo. Aire húmedo, luz tímida, verdes prados, quiebras profundas, manzanos y cerezos, mar de acero... El escenario de la gran Asturias da fondo a las intrigas en que se debaten los personajes de Palacios Valdés, asturianos del campo, ** la ciudad o la costa: gentes de mar adentro o piedras arriba. Y adviértase algo curioso: del gran cuadrilátero que viene a ser España, ningún lado ha merecido tanta atención de los novelistas como el que corre al hilo del Cantábrico. Verdad que 'Andalucía ha impulsado cuentos y novelas (menos Levante, y apenas cosa alguna la raya de Portugal). Pero el Norte es como el Paraíso de los narradores. La condesa de Pardo Bazán, Leopoldo Alas, Pérez Galdós, Pereda— por no llegar hasta Unamuno y Baroja—han fundado ciudades y han creado vecindarios, con rara profusión. «Marineda», «Vetusta» y «Ficobriga» dan cuerpo a la geografía novelística de allá. Palacio Valdés también ha poblado su mundillo local, y las figuraciones que salieron de la experta mano han viajado de Norte a Sur, de Este a Oeste, al favor de la corriente pura y simple de un lenguaje transparente, propicio como pocos a la exportación, ya que la sencillez de factura y de vocabulario facilita sobremanera las versiones a cualquier idioma. Palacio Valdés ha sido muy traducido, porque—perdónenos Perogrullo la suplantación—ha podido serlo. De tener su estilo cualidades distintas y superiores a la llaneza y a la claridad, no habría conocido los trasiegos al francés, al inglés, al alemán, al danés y al checo... La circunstancia misma del escenario a que acabamos de aludir contribuye asimismo a explicar la difusión de las novelas de Palacio Valdés. Leyéndolas, se conoce a España. Y sabido es que España seduce y tienta a los hombres de todas las latitudes. No sólo Asturias: Valencia, Andalucía, Madrid mismo, aparecen puntualmente evocados en estos álbumes de estampas españolas que Palacio Valdés compone, amorosa y suavemente, más cercano a la técnica de la acuarela que del aguafuerte. Paisajista de limpia mirada, se complace en diseñar figuritas que animan el trozo de Naturaleza acotado por su pincel. No añade ni mezcla: copia. Mas para copiar prefiere un punto de vista que le permite dominar el mejor aspecto de las cosas: allá donde se nos muestran rosadas y ligeras. k * * Aunque don Armando Palacio Valdés comenzó cultivando la crítica literaria, su destino sólo se realizó cuando se desposó para siempre con la novela. Cuatro libros testimonian su afición por el género a que tal vez le empujase su amistad con Clarín: Los oradores del Ateneo, Los novelistas españoles, Nuevo viaje al Parnaso y La literatura de 1881; los cuatro, aparecidos en breve lapso de tiempo. Pero años adelante sólo había ya de producir novelas y cuentos, poseído, como llegó a estar, por el ansia de la creación directa. Al margen, como punto accidental, queda La guerra injusta, libro suscitado por la conflagración europea. Veintitantas novelas pregonan, la una sobre la otra, la fecundidad y el provecho de un esfuerzo tan dilatado. Las primeras narraciones de don Armando tuvieron que luchar con terribles competidores. Pensemos que estaban muy próximos a la sazón los éxitos de Galdós y de Alarcón. Pepita Jiménez acababa de nacer, y con Pascual López acreditaba Emilia Pardo Bazán su empuje y sus promesas. Para que Palacio Valdés no cediese en la pugna disponía de un instrumento de poderosa eficacia: su modo de contar. Precisamente lo que más importa al novelista. Cualquiera de los ya consagrados superaba a Palacio Valdés en brío y fuerza—como don Benito—o en matices y primores de forma—como don Juan Valera—. Pero ninguno, a no ser Alarcón, aventajaba al'autor de Marta y María en el ejercicio de la función genuina y específica del novelista: contar sucesos en tal forma que el lector impaciente vaya hasta el epílogo con renovadas ansias. Don Armando sabe hacernos vivir cualquier asunto, de mayor o menor entidad, como el amigo estimado que logra interesarnos en el relato de sus peripecias. Pláticas de familia, de las que hacemos caso cuando existe una corriente de simpatía y cuando el confidente se produce sin aliños que desvirtúen la espontaneidad y franqueza de las revelaciones. Las grandes pretensiones del estilo dañarían no poco a estas novelas de Palacio Valdés, que más bien requieren, por la “índole especial de sus lances y criaturas, un tono familiar que las humanice. Con el corazón en la mano, don Armando nos cuenta sus cosas: tanto y tan bien sabe contarlas, que no es vano descubrir capítulos que, aun desprendidos del conjunto, se nos aparezcan animados de vida independiente: el capítulo primero de La hermana San Sulpicto, verbigratia, es un cuento divertido. ko *k >* En trance de comentar cada novela de Palacio Valdés, habría que señalar Tristán o el pesimismo, que data de 1906, como un recodo decisivo en el camino recorrido. Antes prevalecen los resabios del naturalismo y las interrogantes de La fe, aparte de las prendas, estrictamente literarias, que lucen Maximima, La maja de Cádiz o La alegría del capitán Ribot. Luego van dominando los elementos de inspiración cristiana, patentes en el ciclo del Doctor Angélico—La hija de Natalia, inclusive— y plenamente desarrollado en Santa Rogelía, novela esta última concebida según un claro designio de revivir páginas-del Flos Sanctorum y la Leyenda áurea. La Hagiografía tiene mucho que ver con la vida de esta mujer que el novelista canoniza: impetuosa y zahareña, persistente en los más humillantes y conmovedores sacrificios. Las obras últimas de Palacio Valdés no tienen sólo el interés de revelar la creciente depuración de un espíritu selecto. Importan, además, porque demuestran la persistencia, a despecho del tiempo, de entusiasmos y aspiraciones que sólo muy raramente vencen a la edad. El impulso primero, las energías iniciales, mantienen activa todavía la vieja pluma de nuestro autor, apenas reposado hoy de su más reciente empresa. Aludimos a Los cármenes de Granada. El anciano ha querido compenetrarse en el aire perfumado y luminoso de la incomparable ciudad andaluza. No sería justo extremar el análisis para descubrir defectos. Lo procedente es-hacer perceptible a todos el latido profundamente humano de su corazón, que aun permanece alerta, fácil a las creaciones que puedan determinar en él la Naturaleza y la Historia, al concertarse del modo espléndido que Granada atestigua, MELCcHOR FERNÁNDEZ ALMAGRO. “eq, e > — A Pándes aáktnacenes adrid=París Eos pr ds E uo ; A O RS y en ADRID-PARI porque allí encontrará Y. las últimas creaciones de la Moda. O Ata leia Y AGA ADALANEND EN SOBRANTES Unica AnTcr EJ INGIGADAGTAO: | Cosmopolis | | | | | | | | por DIGNIDAD PROFESIONAL E Historieta cómica MIHURA. 86 Cosmopolús LOS AMORES DESETENA E Novela original de M. HuncerrorD, traducida directamente del inglés por Beatriz Garinno Cro nit ara L día, triste, interminable, toca a su fin. La comida ha transcurrido en un silencio casi absoluto. Luttrell y Elena siguen enfadados, cruzándose entre ellos miradas iracundas, y ambos dedican sus atenciones a John y a Letty, los que no pueden por menos de admirarse ante aquel súbito e inesperado cambio. Hasta ahora, ninguno de los dos se vió halagado por tales manifestaciones de cortesía. Letty, alma sencilla y sin doblez, no lo comprende. John, por el contrario, se da cuenta de la situación y se divierte obligando a los enamorados a dirigirse la palabra o poniendo de relieve su falta de armonía. Así, por ejemplo: —¡Luttrell!—dice de pronto—, qué distraído estás. ¿Qué te pasa, hombre? ¿Por qué no has partido nueces para Nena? —Muchas gracias—replica Elena con gesto altivo—; no me gustan las nueces. —+¿Desde cuándo, Nenita?—nsiste su hermano—. ¿No recuerdas que anoche, sin ir más lejos, comentábamos lo mucho que te agradaban? —(¿Quiere usted que parta alguna?...—pregunta con frialdad Tedcastle. aún. —¡Luttrelll—exclama de nuevo John, viendo que la conversación languidece—. ¿Ves ese manzano?—indicando la huerta—. Es un ejemplar magnífico; pero debes de verlo de cerca: mañana te lo enseñará Nena. —Ahora, cuando terminemos, iré yo a verle—se apresuró a decir su amigo. —No, muchas gracias — contesta ella, más fríamente Resumen de lo publicado A Brooklym, posesión de la familia Masserene— John; su mujer, Leticia, y su hermanastra Elena, «Nena» para los íntimos—, llega el oficial de húsares Tedcastle Luttrell, intimo de aquél, que cae en las redes de las gracias de Elena, con la que inicia un «flirto. La simpatía de los jóvenes crece a cada mueva entrevista. Pero pronto una pueril disputa—el amor propio de ambos en pugna—da lugar al primer disgusto, durante un paseo en lancha. Tedcastle, desde el embarcadero, se va a Grantham, villa distante nueve millas de Brooklyn. Ilustraciones de GARCÍA ORMAECHEA. —¡No, hombre; te acompañará Nena! —Imposible—replica Elenita—. Tengo un sinnúmero de cosas que hacer, y mañana voy a pasar el día en casa de los Sayton. —¿Es cierto? —exclama Letty, gratamente sorprendida—. No tienes idea de lo que ha de agradecer tu compañía. Se trata de una familia muy simpática— , dice, dirigiéndose a su huésped—, pero algo aburridos. —Es que he estado pensando—continúa Nena con perversa intención— que su hermano Max, el guapo, ha vuelto de la India, y me agradaría verle. —¡Ah! Max está aquí—dice John, prestando gran interés y hablando con Luttrell—. Es un muchacho realmente guapísimo. Cuando Nena era pequeñita tenía adoración por ella, y cuando la vea ahora, ¡imagínate!; su adoración habrá crecido en debida proporción. ¿Sabéis que tengo un presentimiento? Nena, me parece que matura. la fortuna, personificada por Max, se aproxima. Ese joven heredará bienes cuantiosos y... — Joven, rico y guapo—interpone Luttrell con irónico acento—. Se trata, sin duda, de un favorecido por los dioses; esperemos que ello no signifique también una muerte pre- —Ya no puede ser—dice Letty—; ha cumplido ya cuarenta por lo menos. —La edad perfecta para contraer matrimonio—dice John con voz sentenciosa. Y Nena, que le conoce y sabe que lo dice por fastidiar a Luttrell, no puede por menos de reírse. 87 Cosmopolis 88 Poco después, Letty y Nena salen del comedor, dejando a los dos amigos de sobremesa. Los amofes d El Luttrell no aparta sus ojos de Ele- S ena nita; pero ella se marcha sin dignarse lanzar una sola mirada en dirección del muchacho. : La conversación entre los amigos no resulta animada. En vano John procura despertar el interés de Tedcastle: éste se muestra cada vez más abstraído, y al fin se refugia en un silencio tan rotundo que Masserene se compadece e inventa una disculpa para dejarle solo y libre. —Siento abandonarte—dice—, pero tengo que escribir una carta urgente. Ahí tienes cigarros; allí, los licores; puedes disponer de ambas cosas como si fueran tuyas. —Gracias—replica Luttrell. Y sin esperar más se dirige a la puerta del comedor que conduce a la terraza, y desde ésta al jardín. Casi sin darse cuenta se halla poco tiempo después en una vereda, siguiendo la cual se llega a un arroyuelo cantarín por el que Nena siente especial predilección; y en efecto, al arribar a él, tropiezan sus ojos con ella. Por espacio de unos 'segundos, ambos se miran perplejos, sin saber si mantener su actitud intransigente u olvidar lo ocurrido. Tedcastle tiene la ventaja de estar fumando y poder disimular con ello su confusión, y Nena, luego de permanecer un rato inmóvil, se inclina, coge unas florecillas azules con que está sembrado el césped y se dedica a hacer un ramil!ete; de vez en cuando mira disimuladamente a su 2migo, el que se le antoja más alto, más arrogante aún que en otras ocasiones. El silencio y abstracción de Tedcastle la hería profundamente, y en su fuero interno jura que nunca más volverá a dirigirle la palabra; pero no bien termina de formular el juramento se dirige a él con voz muy dulce y le dice: —Señor Luttrell... —Tedcastle arroja al suelo el cigarro y se vuelve hacia ella, procurando calmar la tensión de sus nervios. Nena contempla sus flores, y acariciando luego con ellas sus mejillas le pregunta: —¿Verdad que son muy lindas? —Si—contesta él—-; son del mismo color que los ojos de. usted. Sus labios pronuncian lentamente las palabras; pero Nena comprende que ello se debe a la emoción, y con aire distraído, mirando de nuevo a sus flores, se acerca a ¡y cuando se halla muy próximo, peligrosamente próximo, levanta la cabeza y con gesto infantil le dice: —Siento mucho lo ocurrido... —¿Es verdad? —pregunta Luttrell con voz temblorosa y corazón palpitante. —Si—contesta Nena, dándose perfecta cuenta de la contenida emoción de Tedcastle—. Y ahora—prosigue, extendiendo su mano—, vamos a volver a ser amigos. ¿Quiere usted? — Amigos, no—contesta él con apasionado acento—. Yo no puedo ser su amigo. Su adorador, sí. ¡Nena, Nenita!— exclama, cogiéndola por ambos brazos y clavando en su rostro los ojos, ensombrecidos por la pasión—, ¿por qué no me contesta usted?, ¿por qué no me contestas? ¡Es imposible que no sepas que te quiero con toda mi alma! —Lo que es—explica ella con gesto severo y apartándose de él—es que no debería usted hablarme en esta forma. ¿Qué diría John si lo supiese? —¿Y amí qué me importa lo que diga?—exc amó él con impaciencia—. Se trata de un asunto que sólo a nosotros interesa. La cuestión, aquí, es saber si a ti no te agrado. —Pues no lo sé—contesta Nena, tras breve pausa—. Es usted tan... vehemente que... —No sigas—interrumpe Tedcastle—. Adivino que vas a decirme algo cruel. Lo veo en tus ojos. Nena, ¿por qué eres tan mala conmigo? ¿Será posible que no me quieras? ¿Ni siquiera un poquitín?... Nena, prométeme que no serás de nadie más que mía, que yo seré tu marido. .. —Imposible—exclama ella, retrocediendo y lanzándole miradas - furtivas bajo el amparo de sus largas pestañas—. Por lo menos, hoy no quiero prometer nada. Nos conocemos hace muy poco tiempo y... —¿Qué tiene eso que ver?—pregunta él, impaciente—. Aquí lo único que importa es... que te quiero. Movido por su cariño ha cogido las manos de Nena y la contempla con apasionado deseo, y ella, la muy pícara, siente irresistibles deseos de reír, más por nerviosidad, quizás, que por falta de comprensión. —¡Vaya una noticia! —contesta ella, riendo con una frivolidad impropia de la ocasión; pero como Tedcastle es también joven, y la risa es contagiosa, acaban por reírse los dos. —Echado a broma—dice él después de un rato—; echado a broma; pero no lo olvides; después de todo no creo que, si pensaras darme calabazas, tendrías el valor de reír. ¿Verdad que no? Verdad que vas a hacerme feliz con una sola palabra? Nenita, dime que sí. e —Y si dijera que no, ¿qué harías? ¿Suicidarte, meterte a fraile, o convertirte en un hipocondríaco? —No lo sé; no quiero, no puedo creer que me espera tal desgracia. ¡Nena, contéstame afirmativamente! —¡Bueno!... ¡Qué pesado eres y... qué afán tienes en labrar tu infelicidad, aunque... Yo no creo mucho en el cariño de una persona que ha podido estar horas enteras sin dirigirme la palabra. —Casi celebraría quererte menos—replica él con acento tan grave que impresiona a Nena—quizás. No sufriría tanto ni... temería tantas cosas. Y tú, Nenita, ¿me quieres... un poco? —A veces—dice ella con picaresco acento—sí te quiero un poquito. —¿Y estás convencida de la magnitud de mi cariño? —Creo que me quieres cuando te conviene. -—¿Y tú me correspondes? —Cuando me convenía a mí. —¡Nena!—exclama' de pronto Luttrell, acercándose—, quiero que me des un beso. | — y A A A AS ALEA e AS —Un beso—replica ella con timidez; y luego, muy decidida—: De ningún modo. Yo no he besado jamás a ningún hombre, y no creo.que me agradaría. No, no, si para que seamos novios es preciso que yo te bese, prefiero seguir siendo sólo amigos. —Se hará como tú quieras—contesta Luttrell con dulzura. ' —¿Hablas en scrio?—pregunta ela, sin atreverse a estrechar la mano extefidida de Luttrell, que solicita la suya. —Completamente en serio. Y... ¿no te importa? rf” — Hombre, claro que sí. Crees que soy una piedra. Cómo no va a importarme el que me niegues esa prueba de cariño? : xy —¿Las mujeres besan siempre al hombre con quien piensan casarse? -———Besan al hombre a quien aman. —¿Aunque él no lo pida? —No... lo hacen cuando él se lo ruega. —¿Aunque estén casadas con otro? ¡—Eso... no lo sé—contesta Luttrell, avergonzado por el ingenuo asombro que revelan los ojos de Nena—; yo hablaba de los casos en que el amor y el matrimonio van de la mano. : —Bueno; pero ¿he de entender, por lo que dices, que todas las mujeres desean besar al hombre a quien aman? —Naturalmente. j E —¡Qué cosa más extraña! —dice Nena; y breve pausa sigue a sus palabras. Luego, como si hablura impulsada por el curso de sus pensamientos, prosigue: . : ] —Lo que no me importa es que me cojas por la cintura. Y eso ya es algo, ¿verdad?—interroga con preocupado acento—. No me importa nada; es más, lo mismo me da que me cojas qhe no. —Sí que es algo—contesta el muchacho, tan deprimido por las palabras de Nena, que no acierta a ver lo cómico de la situación, | ES —¡Estás triste! —dice ella, compungida—-. Sí, sí lo estás; es inútil negarlo—viendo que él procura tranquilizarla—. ¿Y por qué? —muy ruborosa—. Porque no quiero darte gusto, ¿verdad? : Y asumiendo, súbito, aire de víctima se acerca, cierra los ojos y le dice: Cosmopolis —Pues bien, bésame; ya que tanto lo deseas, puedes besarme una vez. No quiero verte triste. —No, Nenita, no—exclama Luttrell, venciendo la tentación de hacerlo—. Así no quiero besarte. ¿Crees que puede hacerme feliz lo que a ti te contraría? Guarda tus dones hasta que puedas concederlos por tu propia voluntad. Nena, empero, está resuelta a mostrarse generosa. —Pues te daré uno así, por mi propia voluntad—dice con dulzura inusitada. E instado por ella, Tedcastle besa reverentemente el rostro suave de su novia. El corazón del muchacho se inunda de embrujadora felicidad. —¿Entonces es verdad que me quieres? —dice de pron- to ella, cual si en aquel momento se hubiese persuadido de ello. —¡No te quiero; te adoro! Nena se da por satisfecha. —Creo—exclama algunos minutos más tarde—que debiéramos de volver a la casa; John y Letty estarán preguntándose dónde nos habremos metido. —No creo que nos hayan echado de menos tan pronto. —¿Tan pronto? —exclama ella, arqueando las cejas—. Debe de hacer un siglo que estamos aquí. —¿Tan largo se te ha hecho el tiempo? —No, hombre; pero no me hallo tan abstraída que no logre darme cuenta del paso de las horas. —En ese caso, más vale que entremos en casa—replica él, un poco dolido. El retorno se hace en silencio; pero al llegar a la puerta, Tedcastle se detiene para preguntar: —¿Cuándo quieres que hable a tu hermano: esta noche o mañana? —¿A John?—dice ella, asustada—. Ni ahora ni luego. Qué afán tienes por adelantar' los acontecimientos. No quiero que sepa nadie nuestras relaciones. ¿Tú sabes lo molesto que debe de ser eso de que todo el mundo comente si se habla o se riñe, o se hacen las paces? Creo que si así fuera acabaría por odiarte o por marcharme donde no me vieran. —Nena...— Luttrell - no puede disimular su disgusto. ho a. III Ta S e AAA ' Cosmopolús 90 —Sí, sí; acabaría por eso—insiste ella; y luego, con voz sumisa:—¿No ves que se trata de un suceso que no ha de Los amores de Elena taa eE tiempo? ¿Quién sabe? —Elenita—exclama él, realmente herido; y cogiéndola de pronto el rostro la obliga a que le mire—: ¿Por qué me tratas así? ¿Es que tehas propuesto martirizarme? Dime de una vez si piensas traicionar mi cariño. —¿Por qué dices eso? —pregunta ella con acento de sinceridad—. S1 pensara semejante cosa no hubiera entrado en relaciones contigo. Pues expuesta estoy yo a que me dejes cuando me conozcas bien. —No lo espero—contesta él-con infinita tristeza—. No soy partidario del suicidio, y el separarme de ti sería perder la vida. —Está bien; pero antes de seguir, piénsalo bien. Es muy posible que algún día te des cuenta de que no soy tan bonita como ahora crees. Eres un hombre acostumbrado a tratar a muchas mujeres, todas ellas, seguramente, más interesantes que yo. Realmente, bien considerado, es un poco absurdo el que te hayas enamorado de mí. —0Ojalá pudiese yo discutir con tu admirable indiferencia. —Si la tuviese no me molestaría en discutir—replica ella, un poco indignada. Y luego, viendo que el rostro de Tedcastle se contrae con expresión iracunda, prosigue: —Lo que no quiero es que te enfades. Te advierto que si tienes mal genio será preferible que no sigamos siendo novios. —Tranquilízate—contesta él, movido a risa, a pesar suyo—. El enfado es cosa muy rara en mí. ¿Y tú, tienes mal genio? —Terrible—replica ella con una sonrisa encantadora—; por eso quiero cerciorarme de que tú eres un espíritu sereno. Dos locos en una casa sería un desastre. ¿Te asusta mi confesión? ¿Le asusta, señor Luttrell? —Nada que de ti venga puede asustarme. Y cogiéndola, súbito, la oprimió contra su pecho, murmurando:-: ps - —Nena, ¡mi Nena, mi vida...!— Y, luego, muy serio:—¿Por qué me llamas por mi apellido? Llámame por mi nombre: Tedcastle. —Es muy largo. —Cámbialo entonces. Dime... —¡Teddy, te llamaré Teddy; pero no quiero que nadie más te llame así! : —Va a ser un poco difícil, porque es el nombre que usan mis amigos íntimos. —¡Ah! Bueno, no importa, demuestran con ello tener buen gusto. Es un nombre que te va bien, porque eres rubio y... joven... y guapo— dice: Nena, acariciando con su mano la mejilla de su novio—. Y ahora quiero—prosigue—que me prometas no volver a hacerme el amor ni a hablar de nada que pueda referirse a nuestras relaciones hasta dentro de una semana. Promételo. — Imposible. —Es preciso. —Bueno; pero prometo no cumplir lo ofrecido. —Eso no vale. De vez en cuando—añade con grave expresión Nena—puedo soportar el que me hables de ello; pero si lo hicieras a diario me desesperaría. CAPÍTULO VII —Haz el favor de molestarte un poco más—dijo Nena—. No he visto en mi vida a nadie más holgazán que tú. —Eres injusta—contesta su compañero—. Llevas tres minutos con las manos cruzadas, discutiendo acerca de un asunto del que no sabes nada, y te has comido una fresa de cada tres que has cogido. —Pues a hablar me ganas tú—dijo Elenita—; pero, en fin, abre la boca y te daré una fresa para ver si así logro que guardes silencio. —Lo que me impide trabajar es esta dichosa sombrilla—replica Luttrell, contemplando con indignación el anticuado artefacto que hace un rato sostienen sus manos—. Si todavía te sirviera de algo... pero con ese sombrero tienes bastante. ¿Me permites que la cierre? —De ningún modo. A no ser que tengas empeño en que sufra un tabardillo... —Claro que no; pero pienso que... —Pues no pienses, no sea que te fatigues con exceso y no puedas coger más fresas, en cuyo caso yo no sé lo que haría Letty. Ya sabes que estamos trabajando para que ella pueda hacer mermelada. —No sé para qué se molesta. Si tuviera ella que coger la fruta... Además, a nadie le gusta. —¿Cómo que no? A mí me encanta. Tenlo en cuenta y verás cómo te sientes con ánimo para proseguir la tarea. Huy qué fresa más hermosa. Abre la boca, pronto y bien, porque es enorme. Nena y Luttrell se hallan sentados juntos a un cuadro de fresas y separados por un gran cesto, en el que van echando la sabrosa fruta. Ella tiene el rostro y los ojos maravillosos casi Ocultos por el ala de un enorme sombrero, y esa, es la causa del mal humor de su novio. —¿Está buena?—pregunta Nena, refiriéndose a la fresa—. No me cojas la mano, que me haces daño—añade riendo. : —HFlenita—dice él, sin hacer caso de sus palabras—, ¿por qué no le dices a tu abuelo que te invite a pasar una temporada en su finca durante el otoño? ¿No podrías conseguirlo? —¡Qué más quisiera yo!—contesta Nena, con su acostumbrada franqueza—; desgraciadamente, no es fácil. Ni siquiera se acuerda de mí ni me ha considerado jamás como un miembro de su familia. —Valiente estúpido—dice Luttrell con vehemencia. —A mí me ha dolido a veces su abandono, y además...—murmura ella con aire pensativo—confieso que siento a veces grandes deseos de verle. —¿De verle?—pregunta Luttrell, sorprendido—. ¿Pero es que no le has visto nunca? —Nunca—y volviéndose hacia él—: Qué cara de asombro pones. ¿Es que le pasa algo? Es cojo, o manco, o tuerto por casualidad? —No; aparte el que tiene un carácter endemoniado y muchos años no le sucede nada que le diferencie de los demás mortales; pero parece extraño el que viviendo tan cerca uno del otro no os hayáis visto jamás. —No tiene nada de particular, considerando que él no asiste a ninguna reunión ni a fiesta alguna y que a mí me ocurre lo propio. Ahora el buen señor debe tener una inflexibilidad de carácter terrible. Mira que sostener esa actitud tantos años y... después de todo, la culpa no fué mía. ¡Pobre mamá! A fin de cuentas, si quería a mi padre, ¿por qué no se había de casar con él? —Naturálmente. —Bueno; lo que molestó a mi abuelo fué que ella estaba a la sazón para casarse con un señor inmensamente rico, elegido por mi abuelo. Ella le tenía simpatía a su novio; pero cuando conoció a mi padre terminó con el otro y le dejó plantado. Hizo bien. : —Claro—contesta Luttrell con acento dudoso. —Ahora, que el pobre novio. —¡Ah! él fué la víctima. A A A AA Continuará en el próximo núme! II á[—KáKá>AAAA A YO Lar, ; nano U ; Sá! Un AR e A ñ $ EIA e een fama Y) OIT TIEÓ BASES DETrOONE URSO 12 COSMÓPOLIS abre entre los escri- [7 un boletín de votación para que los lectores tores españoles e hispano-americanos un «Conpuedan elegir entre ellos los merecedores de GLADYS: GLAD curso de argumentos cinematográficos», al la más hermosa bailarina americana los premios. j que podrán concurrir libremente cuantos lo 10.2 - Los premios serán dos: uno de deseen. MIL PESETAS, y otro de QUINIENTAS, 2.2 Los argumentos deberán condensarse , el únicos e indivisibles, y se entregarán a los en el menor espacio posible, siendo el máximo por cada asunto completo de trescientas palabras. 3.2 Los argumentos han de ser absolutamente originales; si una vez otorgado el premio se demostrara a COSMÓPOLIS que el asunto o asuntos premiados estaban plagiados de otro, o bien de comedia, novela o cuen- to, tanto nacional como extranjero, el concurso se declararía nulo, reservándose COSMÓPOLIS el derecho/a ejercitar contra el supuesto autor las correspondientes acciones legales. 4.2 Los originales deberán venir en cuartillas escritas a máquina, con el espacio corriente y por una sola cara. 5.2 Cada trabajo se firmará con un lema, que será el mismo que corresponda a otro sobre cerrado, dentro del cual se contendrá el título de la película, nombre y señas del autor. 6.2 Todo original deberá venir acomautores agraciados o persona que los represente legalmente, a los diez días de la publicación del fallo, y una vez que aciediten en debida forma su personalidad. 11.2 COSMÓPOLIS, por mediación de «su representante en los Estados Unidos, gestionará de las principales casas norteamericanas editoras de películas la adquisición de los argumentos premiados. 12.2 Caso de aceptación por alguna de ellas, el autor percibirá el 75 Y, de la cantidad abonada por la casa editora, reservándose COSMÓPOLIS el 25 % restante. 13.2 Los originales no premiados quedarán a disposición de sus autores durante un plazo de ocho días, contados a partir de la publicación del número de COSMÓPOLIS en que se inserte la adjudicación de premios, previa devolución del recibo que se entregará por cada original; pasado este tiempo pañado del cupón que se inserta en esta serán destruídos, sin que sus autores tengan misma página, bien entendido que todo el derecho a reclamación alguna. : que no cumpla este requisito será conside- 14.2 El plazo para la admisión de orirado como no recibido. ' ginales terminará el día 15 de abril de 1928. 7.2 Cada autor puede enviar pea En el número de mayo. se insertará la lista originales quiera, teniendo presente lo que completa de trabajos recibidos. se Índica 5 la base ARIECOS «COSM ÓP OLIS» 15.2 El fallo del Jurado será publica- 8,2 Un Jurado, cuyos componentes se FAA do en el número de junio, comenzando la harán públicos una vez dictado el fallo, de originales seleccionados en el correspondictaminará sobre los originales recibidos, e UPÓN que debe acompañar a diente a julio. se seleccionando cuatro de entre ellos. todo envío de originales para el 16.2 El solo hecho de acudir al con- 9.2 Los cuatro seleccionados por el Jucurso entraña la explícita conformidad rado se publicarán en COSMÓPOLIS, con Corcurto de con las condiciones del mismo. Argumentos cinematográficos Cosmopolis IN AN |CABA de ponerse a la venta el primer tomo. de las obras Zi] completas de Francisco A. de Icaza, el gran escritor me- | Jicano y ferviente hispanista recientemente fallecido. Es AY | su admirable «Estudio crítico sobre las novelas ejemplares de Miguel de Cervantes» el que abre camino a la publicación de sus extensos trabajos, obra que merece figurar'en la biblioteca de todo buen bibliófilo y de la que Fray Candil, tan poco propenso al elogio fácil, dijo que «divierte como un libro de imaginación y enseña como una obra docente». Tras de ésta seguirán versos, crítica contemporánea, más obras cervantinas, historia literaria y antologías críticas de poetas extranjeros y traducciones, todos los cuales irán precedidos de prólogos originales de los más prestigiosos escritores españoles y americanos. COSMÓPOLIS, atenta siempre a recoger cuanto con el arte y la literatura hispanoamericana se relaciona, quiere honrar hoy sus páginas reproduciendo algunas poesías de Francisco A. de Icaza, de quien dijo Rubén Darío que era «el poeta artista que UNA FUENTE Lo mejor de mi espíritu, de mis labios no brota: hay algo en mis palabras de la corriente ignota que viene de muy lejos y deja gota a gota filtrarse entre las piedras un hilo de cristal. Si te place el arrullo con que el agua borbota,. piensa en el hondo abismo y en la tierra remota: - de donde nace y fluye el limpio manantial. o ALDEA ANDALUZA (Sensación del camino) De toda tu belleza, en mí sólo perdura, entre el deslumbramiento de la intensa blancura de la cal luminosa que tus muros enjarra, la queja de una copla que los aires desgarra; y en el calcinamiento de la estéril llanura, aquel rincón de paz, oasis de frescura, perdido en la planicie donde el. sol achicharra y sus crótalos roncos repica la cigarra. Y allí, vistos de paso, bajo el. verde cancel de las tupidas hojas que forman el dosel que lo entona y ajusta al marco del dintel, aquel rostro moreno del. mirador aquel, con los ojos de pena y los labios de miel, y toda Andalucía reconcentrada en él. MEMORIAM Las obras completas de FRANCISCO A. DE ICAZA tiene España, prestado por América mientras brote uno propio». También Enrique Díez-Canedo elogió la labor del poeta Según él, los versos de Icaza tienen una levedad y una distinción señoriales. No se siente el esfuerzo. Parecen surgidos de un solo trazo, ricos por su cuna y no por una fructuosa elaboración. Hablan, sin recelo, de íntimos dolores, de pasajeras tristezas, de fugaces desalientos, o funden un movimiento de exaltación en el calor de unas pocas palabras. Son versos de hombre que sabe de la vida y no le pide sino lo que ella le puede dar. Sus poesías, a veces de muy pocos versos, tienen ese doble sabor dulce y amargo, esa rapidez del goce que huye, esa momentaneidad del paisaje que depende todo de la luz, ese gesto, en suma, de aceptación propia del hombre que ha sabido ver en la caricia de lo bello el más divino don que hayan podido hacer los dioses a los mortales. ; Basta, pues, de preámbulo. Ante los versos del insigne vate hispanoamericano quedan nuestros lectores, que podrán comprobar cuán justificados están los anteriores encomios. VENCIDO Dijo entonces: «Amor, gloria, riqueza, os tengo de alcanzar: la empresa es alta; pero bástanme alientos y firmeza para poder llegar... ¡Cuánto me falta!...» Y hasta ayer caminó sin desaliento; hoy, fatigado de vagar sin tino, le pesan la razón y el sentimiento, y descansa en el borde del camino. Los que no llevan la pesada carga han realizado la difícil obra. Y dice ante la senda, oscura y larga: «Para poder llegar, ¡cuánto me sobra!» Oo EN SILENCIO Lo sé, pobre amigo, tus penas son hondas y por eso callas; no som cual las mías; bien está que a todos tu pesar escondas, pues sólo se cantan las melancolías. Bien está que calles; no te obligan pactos a cantar sin tregua la misma sonata; la pasión intensa se traduce en actos: ¡se llora o se ríe, se muere o se mata! PRO TURISMO _S | C/terra de Condal cea la salud, que es un factor muy importante para tenerse en cuenta, sino para la atracción de turismo. La instalación del ferrocarril eléctrico desde Cercedilla al Puerto de Navacerrada sirvió de complemento al esfuerzo de las Sociedades alpinas, y así hoy, gracias a esas demostraciones de tenacidad, poco comunes hasta ahora, veremos pronto en las cercanías de Siete Picos un pueblo esencialmente alpino. Para los habitantes de Madrid, ya no pasa desapercibido el interés que despierta el Guadarrama, y hasta el Ayun- E la situación estratégica de Madrid, con relación a la Sierra de Guadarrama, se viene hablando ya hace mucho tiempo; pero las Sociedades alpinas en ella constituidas son las que han hecho el milagro de que ese tema sea ya una preocupación. Esas Sociedades, predicando con el ejemplo, han demostrado que allí existe un venero de riqueza, no solamente para E Pinares de Navacerrada. Croquis del macizo del Guadarrama, lugar de concursos de skis y excursiones alpinas. las Sociedades alpinas le hacen. Yo, como madrileño, me felicito de ello, y como alpinista mucho más, porque veo que no han sido infructuosos los esfuerzos que desde hace mucho tiempo vengo haciendo en pro de la propaganda de nuestras montañas, modesta colaboración, pero que, unida a la de los demás, ha llegado a formar ambiente. | (Foto marqués de Sta. María del Villar) tamiento empieza a prestar atención a los requerimientos que Qué alegría más intensa siento cuando veo las foto- . grafías de los concursos de skis, carreras, saltos, etc., porque recuerdo la primera Carrera que organicé, adivinando la enorme trascendencia que el alpinismo y los deportes de nieve iban a tener, y aquella primera Exposición de alpinismo en Madrid que con el malogrado amigo Zabala realicé y que patrocinó el Club Alpino Español, el año 1912. Aquella Exposición fué visitada por elementos extranjeros, que reconocieron en ella el valor y la trascendencia que se la quería dar, y el Touring Club Francés, ous 99 Cosmopolis TOO PRO TURISMO atento siempre a colaborar en todo lo que supone adelanto en la propaganda de turismo, me premió con su valiosa medalla, que guardo con una estimación extraordinaria. El Club Alpino Español continuó su labor tenaz, y con el calor de su entusiasmo fueron germinando otras Sociedades, como Peñalara y Amigos del Campo, que con su esfuerzo admirable, perseverante, sin otra ayuda que la de sus socios, han creado esta atmósfera de simpatía hacia la Sierra de Guadarrama, atmósfera de la que ya respira el Gobierno actual, que se ha dado cuenta perfecta de su trascendencia en el turismo, en cuya obra sabemos está dispuesto a colaborar; y si esto se realiza, será una cifra más, y muy importante, que añadir en su haber. Poquísimas capitales habrá en el mundo que tengan a sesenta kilómetros un centro de deportes de nieve como el que Madrid posee, y esto, que parece que no tiene importancia, es de un valor extraordinario, teniendo en cuenta que hoy los automóviles son un elemento que ha hecho desaparecer las distancias; parece Grupo de deportistas en la Sierra de Guadarrama. Manuel Pina, de la Sociedad Peñalara, ganador de la Copa Alfonso XTIT. (Fotos Marín) un cuento decir que sin madrugar se puede ir a la Sierra, patinar hasta rendirse, comer y venir a tomar el te a Madrid. Estos detalles es preciso que los conozcan los turistas que vienen a visitarnos, porque hasta hoy explotamos la Sierra solamente los días festivos; es decir, que sólo la utilizan los habitantes de Madrid un día a la semana, y el resto de los días, con detrimento de los capitales que allí van acumulándose, duerme, y ese reposo es preciso que desaparezca con la atracción de los turistas para que pasen un día admirando aquellos paisajes, excursión que les servirá de descanso, pues a su salida de Madrid ahora llevarán en su imaginación, en diabólico tropel, todo cuanto han admirado aquí y en Toledo, El Escorial, Ávila, Segovia, etcétera, etc., sin que les sirva de lenitivo a ese verdadero mareo otra cosa que las horas de viaje a otra ciudad, adonde van a seguir acumulando un montón de recuerdos históricos con peligro de su razón, pues no en vano uno y otro día van escuchando con monótona regularidad el ser- món del cicerone que les cae en suerte. Además, la Sierra de Guadarrama tiene para nosotros la particularidad de que en los meses de marzo, y abril en su primera quincena, suele existir una gran cantidad de nieve, y en esa época es cuando atraviesa el centro de España la caravana de extranjeros que se dirige hacia Andalucía. Pero, prescindiendo de la época invernal, la Sierra es ideal para los extranjeros rezagados hasta el mes de agosto, llevándolos a Segovia y La Granja, y hasta me atrevería a decir Manzanares el Real y El Paular. Pero estos dos sitios merecen un punto de atención. En estos dos lugares se está echando de menos la actuación de una organización de turismo, porque las bellezas que se admiran se olvidan ante los desagradables momentos que se pasan almorzando, comiendo, cenando o durmiendo. ¿Quién hará el milagro de que esto desaparezca? ¡Quién sabe! Lo que precisa es que llegue Preparándose para la carrera. Dos bellísimas patinadoras. Srtas. Enriqueta Méravé y Carmen Cambot. (Fotos Marín) Cosmopolis PRO TURISMO a realizarse, y pronto. Para ir a La Granja y Sezovia es un descanso muy orortuno el detenerse en el. Puerto de Navacerrada, e incluso cenar en el restaurant Victoria a la vuelta de esas excursiones. Del Paular y Manzanares me ocuparé con más detenimien- to en otra ocasión, pues son elementos en los cuales no se ha advertido todavía la importancia que tienen para el turismo de Madrid. Yo sueño con un Manzanares en que advirtamos, además del arte de su famoso castillo, el de sus calles, el de sus casas. Yo haría de aquel pueblo un pueblo castellano, típico; daría premios a los aldeanos que conservaran la indumentaria regional y diría muchas cosas más que hoy me reservo, pues es asunto para tratarlo con detenimiento y cariño, porque aquel paisaje y aquella tierra merecen que se les haga un pueblo a la medida, un pueblo digno de aquella fortaleza, y a esa labor no cerraría sus oídos el marqués de Santillana. Hay muchos madrileños que ignoran todavía los nombres tí- IOI Cosmopolis PRO TURISMO picos de la Sierra; pero con el tiempo les serán familiares. En la parte del Escorial son renombrados los picos de San Benito y Los Abantos; a partir del Puerto de Guadarrama tenemos la Peñota; después, el Puerto de la Fuenfría y el Circo de Siete Picos, en cuyas proximidades, o sea en el Puerto de Navacerrada, a cerca de dos mil metros sobre el nivel del mar, es donde se está constituyendo el más preciado centro alpino de España. Después, en una estribación que se dirige hacia el sur, tenemos al bello macizo de la Maliciosa, que inmortalizó Velázquez en alguno de sus cuadros, cuyo macizo es uno de los más pintorescos de la Sierra y cuyo perfil blanco en invierno se divisa desde Madrid, perfil que en su cúspide alcanza una altura de 2.223 metros. La mayor altura en el Guadarrama es el Pico de Peñalara, a 2.406 metros, en cuyas proximidades se ha edificado el refugio de Zabala, y la laguna que en él existe es motivo de bellas excursiones en el estío, desde donde se dominan panoramas extraordinarios. El proyecto de continuar el ferrocarril eléctrico de Cercedilla hasta La Granja, si llega a realizarse, será una obra en que obtendrá cuantiosos beneficios, proyecto por el que debemos hacer votos todos los madrileños. Un chalet del Club Alpino Español. La Sierra de Guadarrama tiene elementos de atracción de un (Foto marqués Sta. M.* del Villar) valor enorme, pues, prescindiendo del núcleo en donde se reúnen los deportistas, tiene un pequeño macizo al Este que se desglosa del La Maliciosa y el pueblo de Navacerrada. A general, que le llaman La Pedriza, que es para el alpinismo un lugar como habrá muy poccs en el mundo. Desde Manzanares hasta el corazón del La Pedriza habrá 10 km. escasos por el camino que recorre el curso del río Manzanares, entre peñascales enormes, y en La Pedriza existen agrupaciones de piedras tan extrañas, que no tienen parecido a ninguna de las otras sierras españolas, y esto está a ¡cincuenta kilómetros de Madrid! Mucho se ha escrito también sobre La Pedriza de Manzanares, pero | la mayor parte en revistas alpinas, y claro está que su propaganda ha tenido un radio de acción muy limitado. Por eso es preciso que la Sierra se divulge, porque al mismo tiempo que se logra para los que la visitan el recreo de la imaginación se les da descanso al espíritu y al cuerpo, porque nunca excede la fatiga muscular momentánea a. los beneficios que el aire puro proporciona si las excursiones se hacen con método. ANTONIO PRAST U AS refugio de la Sierra. (Foto Bárcenas ) 102 Cosmopolús DE LAS MIDA ENSB EA RRLBZ | Y a O ESA a E, Si TS E cd o a de | - UNA COMIDA MUYHELEGANTE. Organizada por el Syndicat d'Initiative de Biarritz se ha celebrado recientemente en el suntuoso nuevo hotel de «Miramar, una gran comida, a la que asistieron más de zoo comensales. El baile organizado después de la comida fué un éxito de público y animación. 3 y Compre usted el próximo número de o que aventajará en interés y artística presentación al que hoy le ofrecemos. «TRES PUNTOS ROJOS» | | | | la intrigante y misteriosa novela de aventuras, original de See Áncome, proseguirá haciendo caminar al lector de sorpresa en | sorpresa, sugestionándole y emocionándole como ninguna otra narración similar; «LA BARRERA INERANQUEABLE>» relato de un episodio de la vida real, desarrollado en ambiente exótico, con coloridas y brillantes descripciones, que acredita la pluma de Exrique Meneses; «RISAS» novela corta, original de Lrówimas ÁnDrerw, traducida por VaLeria Leos, mundialmente considerada como una de las más humanas producciones del gran escritor ruso; y «LOS ¿AMORES DE ELENA» que continúan, con las amenas páginas en que se narran episodios de la vida juvenil, que han hecho que esta obra de HuxcerrorD, que Brarriz Garinno traduce, sea la predilecta de nuestras lectoras, son las cuatro novelas que se publican en un número ilustradas por dibujantes tan prestigiosos como son respectivamente Ribas, Baldrich, Cobos y Ormaechea. En el amplio espacio que, según costumbre, consagrará COSMOPOLIS a sus secciones de Literatura, Modas, Teatros, Gran Mundo, Cinematografía, Deportes, Infantil, Turismo, Pasatiempos, etc., figurarán trabajos de nuestros habituales colaboradores, iniciándose interesantes reportajes exclusivos, de los representantes y enviados especiales en París, Londres, Nueva York y Buenos Aires. 103 Ante el espejo, Belle Bennett hace la consulta que—desde que Eva se miró en el cristal movedizo de una fuente— se formulan siempre las mujeres: «¿Estoy bien asi?» Sin embargo, no tachéis de coqueta a la hermosa «estrella», pues se trata de una escena de “The Fourth Commandant» realizada últimamente bajo la dirección de Emory Fohnson. 104 | | 10 emos recibido su trabajo, y... IT. R. (Madrid). —Hay un poeta en usted. Pero le pasa lo que a muchos noveles: no mide bien los versos. A. M. TI. (Castro Urdiales). —Vulgar y desagradable. En asunto más simpático lucirá mejor su estilo literario. C. P.—Está bien «Angustias»; tanto, que entra en turno de publicación. J. N. (Madrid).—Seis cosas con sólo dos cupones. Cinco poesías en una sola cuartilla. Un cuento con las cuartillas escritas por los dos lados... Ni usted ha leído nuestras condiciones ni es hombre de sentido artístico, ni—¡naturalmente! —leemos sus originales. F. M.: (Sotrondio).—Vemos con gus- to que reincide usted; pero lamentamos que la falta de ritmo de sus versos y la carencia de idea de la versificación nos impide publicar esta última poesía, no obstante estar mucho mejor que el primer envío. A. B. (Santander).—Se publicará su tríptico, que está bien versificado y es poético de forma y fondo. G. de A.—Muy gracioso y suelto su «soneto con estrambote. Es digno de un “abate dieciochesco, y entra en cartera para ser publicado. A. M. M. S. (Barcelona).—A sus pies, señorita. Mándenos otra cosa; el soneto está bien hasta el último terceto, en que el verso impar asonanta con los pares, aconsonantados entre sí. 17 del todo; lo cual quiere decir que tampoco del todo está bien. Además, ¿qué quiere que hagamos con tres dibujos sueltos?... Por lo menos, ponga un pie gracioso a “lo que mande. ; B. B. M. (Madrid). —Mucha extensión para tan poca anécdota. A. N. (Benamejí). —Seis cuartillas y escritas por los dos lados. Demasiado largo y en forma que no se puede enviar a la imprenta. A. M. G. (Linares). —Es extraño que siendo lector de nuestra revista nos mande algo tan poco adecuado a su carácter. J. J. F. G.—Muy poco interesante. Además, el estilo literario está descuidadísimo, como lo prueba la abundancia de repeticiones. KR. de U.—Nada nuevo el caso de su doctor. Eso está «hecho» por muchos principiantes y no pocas «primeras firmas». ”COSMÓPOLIS” ACA CUPÓN que debe acompañar a todo envío de Colaboración espontánea (Madrid).—No está mal del , >> Ze AY PSP yA YS bd > Y Po >< Y A <s> > IDAS OTE TEMAS MAYORAZGA La última mayrazga vende su arcón tallado, la armadura, el espejo de la sala morada, el óleo que retrata a un noble antepasado; lo vende todo, todo, porque no tiene nada. Vende los abanicos de doradas vitrinas, | los códices miniados y los tallados frascos, el entredós de encaje valioso de Malinas, terciopelos, brocados y sedeños damascos. La panoplia con armas que tiene brava historia, el ajedrez de ¿bano y marfil prodigioso, la de su quinto abuelo líimpida ejecutoria, colofón de hidalguía en un pleito famoso. Todo lo vende, todo, porque no tiene nada. Pero lima bien, antes, con ahínco y tesón, mientras sacan las sillas de la sala morada, del arca de nogal, el familiar blasón. César GonzáLez Ruano. v DE O SS A SS SOS Cosmopols EYCRUTORESAUEVOS. D. M. C. (Algeciras).—Algo .parecido a eso ha hecho, en un madrigal, el "Sr. Méndez Bejarano. En cuanto al octavo verso, rompe «porque sí» el metro en que se inicia la composición. F. O. P. (Antequera). —Mándenos. algo,más bueve. O tal vez lo mismo extractado. : C. G. RR. (León).—Harían falta tres o cuatro páginas para publicar «El monstruo», que, por otra parte, denota en usted estimables condiciones. J. B. (Madrid).—Sus versos aconsonantan, asonantan o quedan libres, a voluntad. Comprenderá que eso es imposible de publicar. «Wylly» Madrid). —En el verso libre no puede haber asonancias ni consonancias. En cuanto a lo de publicar el mismo original en varios periódicos, es inadmisible; el «refrito» es el peor enemigo del literato. «Gil«Blas» (Madrid). —Larguísimo; lea la nota sobre dimensiones, inserta en esta misma página. M. B. (Madrid).—Su cuento es precioso, corto y original; tres características que justifican el que entre en turno de publicación. «Un aficionado» (Cartagena).—No es eso; ni aproximadamente «siquiera se pueden considerar versos sus renglones. Falta medida, ritmo, acentuación: todo. M. P. M. (Madrid). —El madrigal lo será porque usted se empeña; además, tanto él como el. cuento están fuera'del tono de nuestra revista. ¡Parece mentira que la lean ustedes!... M. A. (Madrid). —Usted ha tenido dos sueños: uno, el que escribió; otro, el que se lo vayamos a publicar: L. E. (Madrid).—Sus «Estrofas» están en turno de publicación. «Juan Pérez».—Mal medidos los versos quinto y onceno. o. E. C. B.—Ese estilo está muy movido; desde los «Dila» de «Alejandro Bher» hastanuestros días, todos los noveles han intentado esas cosas. ¡Cambie un poco, hombre!... «Capeto».—-Sinceramente: son muchos versos ¿para no decir nada interesante. Además, como muchos de sus compañeros, incurre usted en el error de asonantar entre sí los versos aconsonantados. A J. G. R.—Demasiadoripioso su soneto. _ Por estar esta sección dedicada a los escritores nuevos, a aquellos cuyas aficiones les hacen conocer las costumbres literarias, no hemos hecho algunas indicaciones respecto al envío de originales, por creerlas innecesarias. Sin embargo, la forma en que se nos remiten algunos trabajos nos obliga a hacer las siguientes advertencias : 1.2 Los trabajos en prosa no excederán de tres cuartillas escritas por un solo * lado, y las composiciones poéticas de seseñta versos. 2.* Esinútil pretender contestación particular a las cartas que se nos dirijan relacionadas con esta sección. Para admitir o rechazar los originales tenemos la sección «Hemos recibido su trabajo y...», en la que por riguroso turno se contestará a todos los autores. Tampoco se devolverán los trabajos, publicados o no. . 3.* El solo hecho de enviarnos un original implica la absoluta conformidad con estas condiciones. Y 4.* Cada original debe venir acompañado de un cupón. 105 Cosmopols 106 JETRAS de las más altas vidrieras de la rancia casona, por tres veces ha brillado una luz. El chirriar levísimo de las fallebas rompe la calma augusta. Encuadrada en el marco propicio de la plazoleta solitaria y tristona, sin más ornato que una humilde fuente, la enorme mole pardusca es, en los días en que el sol deslíe el oro viejo de sus piedras centenarias, himno triunfal de un pasado de hierros y esplendores. Y en las noches sin luna, plantel maravilloso e inquietante de consejas y leyendas. La plaza está en sombras. Al fondo, muy en lo lejos, la lamparilla impresionante de una hornacina tiembla y parpadea con medrosos guiños, como si el fresco vientecillo de AR A 4 IT IA me LS AA la madrugada jugase con ella al ratón y el gato. Huele a tierra mojada. Nubarrones cárdenos ruedan perezosamente: por los cielos. : Al pie del ventanal aguarda un hombre. Destácase en lo alto la silueta blanca de la anhelada doncella y se engarza el idilio. Es una charla rumorosa, blanda, acariciante, con silencios de arrobo y hechizo... Al despedirse, deja ella caer una rosa, grande y roja como un Ccorazón. Y entonces surge lo inesperado. De entre las sombras donde agazapado acecha, rota el alma de celos, de despecho y envidia, salta el rival, interponiéndose entre el galán y la rosa. Los instantes son críticos. Las palabras de odio, afiladas y cortantes como puñales, reemplazan groseramente a la amorosa letanía que la sutil escala del viento llevara no ha mucho hacia el ventanal más alto de la vieja” casona donde la niña, adivinando la tragedia, sufre y tiembla y llora tan tenue y tan quedo como antes riera... Ya van los golpes a seguir a los dichos. Unas pisadas recias, aunque no muy seguras, que se aproximan, aplazan la contienda. Se ocultan ambos y aguardan anhelantes que pase el importuno. Es un borracho que avanza tambaleándose, canturreando con vozarrón aguardentoso: «Cúchare», para torero; y pagobernar la España, don Baldomero Espar- (tero.» ¿Un suspiro? ¿Un gemido? ¿Un sollozo? Sí. Es el postrero aliento de la rosa al morir aplastada por los toscos zapatones del borracho trasnochador. Ella, tan dulce, tan suave, tan delicada, ha sentido de lleno la afrenta grosera y brutal y se rebela arisca y bravía. No es la muerte en sí lo que le importa, sino la vulgaridad de su final. También ella tenía forjado su poema inefable: Un corazón que sangra a borbotones, y una mano crispada que estruja sus pétalos como si quisiera taponar con ellos la herida caliente y roja... Se aleja el borracho, perdiéndose en las sombras. Los densos nubarrones comienzan a destilar una débil y apretada llovizna. Junto a la fuente, un gatazo negro escarba en la basura. Una ráfaga helada mata definitivamente la humilde hornacina. Y el canto lejano de un gallo anuncia el nuevo día. Juan Acustín MORENO. (Algeciras) => SI O a is E AA A AAA j | | | | | | , N.0 1. Muy excelente. [DDD p | N.93. Era mallorquín y ex diputado. N.0 5. Isla. RESULTADO de! segundo concurso bimestral febrero-marzo Examinados los pliegos recibidos, resultaron exactos los firmados por los señores siguientes: D. Demetrio Salas, D. Antonio Marín, D. Manuel Cano, D. Ramón Maraver, D. Cándido Carrasco, D. Francisco--Marín, D.» Aniceta Esteban, D. Ángel Sáinz, D.s Esperanza Sánchez, D. Francisco Jiménez, D. Paquito Marín, D.* Leonor Herráinz, D.* Josefina Millán, Celebrado el sorteo de premios, acto que fué presidido por nuestro director y presenciado por nuestro redactor jefe y varios señores concursantes, entre ellos D. Ramón Maraver, resultaron agraciados: D. Francisco Marín, con el primer premio, D. Francisco Jiménez, con el segundo y D.* Leonor Herráinz, con el tercero Estos premios, consistentes en vales por valor de 150, 100 y 50ptas., respectivamente, para la adquisición de objetos en la acreditada casa PLATA MENESES, plaza de Canalejas, 4, se encuentran en esta Redacción a disposición delos interesados, quienes, para retirarlos, habrán de demostrar su personalidad documentalmente, sin cuyo requisito no les serán entregados, MALLORQUINVES: Los 10 primeros pasattempos del presente número son de indole puramente ba- Lear; por consiguiente, solucionarlos os será tarea fácil si reparáis detenidamente en ellos. 5 ¿SS Y) Y . NTC! AAA En el número de mayo, siguiendo mi costumbre dedicaré otros tantos a los cronicidistas canarios y el resto a conmemorar la gloriosa guerra de la Independencia. FRAMARCÓN. ENFERMEDAD DE MURCIA NOTA E DATOS DE EORCA Ni0”; Muy excelente. — NEGRO I Ñ.0 8. Aperitivo mallorquín. Ñ.0o ro. Sobre. (BALEARES) * Senorila KO Cosmopols N.o 2. Judicialmente así están las Baleares. ILEEGA -N.o 4. ¿Es usted...? EA: Ly N:0; 9. Islas. PRIM E o BASES: para el tercer concurso bimestral abril-mayo. Constará. de 40 «pasatedios» como máximum. El pliego de soluciones, juntamente con los dos indispensables cupones, se enviará a nuestra redacción o al apartado de Correos 490, antes del 15 de mayo próximo. Como de costumbre, los premios consistirán en tres vales para la adquisición de objetos a libre elección, en la acreditada casa PLATA MENESES, de esta corte, plaza de Canalejas, 4; 150, 100 y 50 ptas., respectivamente, será el valor de aquellos premios o vales, que serán adjudicados a los tres concursistas que mayor número de soluciones exactas aporten; siéndolo por sorteo público en esta Redacción, en caso de empate o igualdad de condiciones, el día 20 de mayo citado, a las siete de la tarde; acto éste que podrán presenciar cuantos lo deseen. En los pliegos habrá que citarse el nombre y apellidos y domicilio del remitente. En el sobre y en su parte superior izquierda: Para el Concurso Criptográfico. + Los suscriptores no acompañarán cupones, bastando hagan constar esta circunstancia y número de suscripción, a contin ación de la firma. FRAMARCON. Cosmopolis SABINIFLO Y SU PARAGUAS Un paraguas olvidado Y, aunque haya quien no lo crea, a Sabinito ha encantado. tiene el chaval una idea. A Para realizar su empresa Del monte se va a lanzar, se marcha a campo traviesa decidido a aterrizar. A US ETA 4 Con satisfacción de artista, : Terminando la «excursión» juega a que es «paracaidista». en formidable «morrón». -Aldus, S.A., Artes gráficas, Santander. 114 VESTIDOS - ABRIGOS - SOMBREROS FAJAS CAUCHO - PERFUMES CASA PASSAPERA FUERTES EAS EXHIBE SUS ELEGANTES COLECCIONES GÉNOVA. 19 TELÉFONO 33125 MADRID 4 O El porvenir de muchas industrias de la Península está en los países de la América española e LEHA La EXPORTADORA HISPANO ÁMERICANA REVISTA 7) MENSUAL |. E ILUSTRADA L£: o | DEL COMERCIO ¡0% DE EXPORTACIÓN B APARTADO 9041 MADRID EX e | e NR Ñy O” 0.0 al ford $ ¿Desea Ud. iniciar o intensificar | ., | . 2 a exportación a los mismos: Nuestra Revista .es la mejor colaboradora para este fin. Solicite un número de muestra. > 221, Regent. Street, DÍ Maddox Street » + CANNES: Sur la: Croisette Md $ a alta A. DURÁ, PE y 3 rs AS EUR a EN, e > el director artístico de era revista. : y em. pa E : ALDUS, S. . Ay SANTANDER nd E $ oo EOI 000 0000808209000 00001] ES 3 ) PATA AA A DISSW19 19MD9YIJOJO)”