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La otredad lingüística y su impacto en la conquista de las Indias

Vitar Mukdsi, María Beatriz

Abstract

Cet article présente les principaux aspects du probléme de la comunication linguistique durant la conquéte américaine, analysant fondamentalement la perception de l’Européen vis-á-vis des langues natives, ainsi que les divergences surgissant entre les différents secteurs du monde colonial du fait de la diversité linguistique qu’oftrait le continent Amerícain. Une révision sommairc traitant dc la politique linguistique imposée par la couronne Espagnole et son incidence dans Fassimilation indigéne, précede une approfondisation du róle joué par la Compagnie de Jésus dans le champs linguistique, ct sa répercussion dans le proccssus d’evangélisation indigéne, a fin d’aborder ensuite le róle des interprétes (ou lenguaraces) durant la conquéte en s’appuyant sur une réflexion de la portéc de ce phenoméne dans le processus dc la conquéte et do métissage culturel.

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La otredad Lingúistica y su impacto en la conquista de las Indias Beatriz ViVAR RESUME Cet articleprésente les principaux aspects du problémede la comunica - tion linguistique durant la conquéte américaine, analysant fondamentalement la perception de l’Européen vis-á-vis des langues natives, ainsi que les diver - gences surgissant entre les différents secteurs du monde colonial du fait de la diversité linguistique qu’oftrait le continent Amerícain. Une révision sommairc traitant dc la politique linguistique imposée par la couronne Espagnole et son incidencedans Fassimilation indigéne, précede une approfondisation du róle joué par la Compagnie de Jésus dans le champs linguistique, ct sa répercussion dans le proccssus d’evangélisation indigéne, a fin d’aborder ensuite le róle des interprétes (ou lenguaraces) durant la con - quéte en s’appuyant sur une réflexion de la portéc de ce phenoméne dans le processusdc la conquéte et do métissage culturel. N’Iots del: Langues natives americaines. politique linguistique.assimilation mdi - géne, róle des interpréies. Palabras cla,e: lenguas nativas americanas, políticalingúística, asimilacion indí - gena. papel de los intérpretes. «Triste será la palabra de Hunab Ku, Unica deidad, para nosotros, c:uando se extienda por toda la tierra la palabra del Dios de los cielos» lestimonios mayas de la conquista: Profecía de Chumayel y lizimín acerca (le la venida de los extranjeros de barbas rubicundas(León Portilla 1981: SI). R<i,.sta L<panc’ta dc .1 <>tropotogs¡ A>nerwu,w, 26, i 43-165. Servicio Publicaciones U CM., Madrid, i 996 144 Beatriz Vitar EL IMPACTO LINGÍJISTICO EN EL NUEVO MUNDO El proceso de acomodación del europeo al NuevoMundo fue una em - presa ardua, manifestándosetambién en cl campode la lengua el fenómeno de choque cultural que significó la conquista, apareciendo la diferencia idio - mática como uno de los aspectos en el que con gran nitidez se revela la alteri - dad, el impacto de la presencia de los Otros 2 Al toparse con los hombres y cosas del mundo americano, los colonizadores no dudaron en calificar de «irracional» y «bárbaro» casi todo lo que sus sentidos podían percibir. En este plano, los conceptosheredados de la cosmovisión clásica conjuntamente con los dictados de la tradición cristiana, influyeron poderosamente en la visión europea del indígena y en la estructuración de un «discurso» condenatoriodc su modo de vida y costumbres.En este contexto, todo lo que se hallaba fuera del universo cultural de los colonizadores se convertía en «bárbaro» o «salva - je» y, de acuerdo con estas pautas, no es de extrañar que en los inicios mis - mos de la conquista se puedan corroborar los extremos de una concepción etnocentrista en las observaciones hechas por Colón respecto de la nueva realidad encontrada; en el Diario del Primer Viaje, el Almirante negaba la categoríade lengua a la hablada por los indígenas, y por esta razón anunciaba a la Corona que llevaría a unos cuantos de ellos a su regreso a España para que «desprendan fablar» (Pastor 1983: 80). La visión indígena de la conquista, reflejada en algunos textos aztecas, mayas y quechuas (León Portilla 1981), de loscuales extraemos algunos frag - mentos, muestran sin embargo la relatividad del conceptode «barbarie». Se - gún lo que reflejan estos testimonios la población indígena experimentó igual extrañeza y rechazo hacia el idioma español; veamos por ejemplo cómo se referían los Informantes Indígenasde Sahagún a la respuestadada por Cortés a un discurso de Moctezuma: Y cuando hubo percibido el sentido del dis - curso de Moctezuma, luego le dio respuesta [Cortés] por bocade Maliniuin. Le dijo en lengua extraña: le dijo en lengua salvaje...» También relativo a los primeros tiempos de la conquista. el relato del pa - dre Las Casas sobre las reacciones dc los pobladores de La Española ante la presencia hispánica, deja entrever una versión nada idílica del encuentro lin - géistico, cuando afirma que algunos indígenas <huianse a los montes por [Loun interesante ensayo. llaraid Wei n rich reflexiona sobre la xenitud(extrañeza) de las lenguas extranjeras, definiéndolacomo una “interpretacion de la aiteri(iad» (Wei u rich 1 988: 231). Este autor destaca corno algo paradójico la posibilidad de vencer el obstáculo 1 mcii isiico en las relaciones humanas mediante el aprendizajede las lenguas extranjeras. lo que no ocurre con otros rasgos de la alteridad: 1,reeisarne nie donde la alteridad nos afccta más directamente en tanto que xen ilud esdonde resulta inris iYícii superarla, al menos en prio pio» (ibid.. pág. 232). 3 informantes de Sahagún ( (ódicc Horc’,>tino. Libro XII. Cap. XVI). en León Portilla 1981: 39.. La otredad lingíií?<tica y su impacto en la conquista de las Indias 145 apartarse de gente de tan dura y terrible conversación» (Las Casas 1985: 41). En e! contexto dc denuncía en cl que sc encuadra la obra del citado domini - co,los rasgos de dureza yrigor adjudicados al «discurso» de los conquistado - res. nos remitenademás a la instrumentalización del lenguaje con fines de dominio. Siglos más tarde y referidos a otras áreas del imperio hispánico, se en - cuentrantestimonios que dan cuentade las estrategias adoptadas por algunos gruposindígenas en el terrenode la comunicación verbal. [Jurante el proceso de conquista (leí Chaco —territorio indígena limítrofe con algunas provincias pertenecientes al virreinato del Perú— en el siglo xviii, ciertos pueblos reac - cionaron al fenómeno colonizadorrechazando cl intercambio linguistico con los agentes evangelizadores. Hubo grupos chaqueños como los Mataguayo que llegaron a instrumentalizar su lengua«desde el silencio»: negándose a ha - blar. oponían una resistencia pasiva y «muda» a la avanzada colonizadora. IJesde el punto dc vista (leí europeo, el mutismo indígena constituía una fa - ceta de su natural hosco y parco, y una muestra de irracionalidad; esta actitud de los indígenas era criticada por un ex misionero del grupo, expresando que «aun esa mala propiedad tenían [los Mataguayoj, que no querían que sus doctrineros supiesen su lengua» ~. Aún en cl presente siglo, en un fenómeno que ponede manifiesto la per - vivencia dc una forma muy peculiar de resistencia, los Mby’a del Chaco para - guayo —marcadamente hostiles al trato con los españoles durante la conquis - ta-.- se mantienen en una actitud de reserva con respecto al contacto y comunícacion con los blancos; Bartolomé Meliá ha destacado al respecto «la cautela y prevencion con que los Mby’a confían los nombres secretos de los árboles y de los animales a quien no es de los suyos» (Meliá 1978: 60). Esta situación evidencia además el despliegue dc una estrategiapor parte de los indígenas, con e! objeto cíe defender su espacio y recursos, íntimamente ligados a su universo mítíco. LENGUA IMPERIAL Y LENGUAS BARBARAS La empresa dc colonización hispánica implicó también un proceso de lu - cha por la suprcmacía del castellano en los dominiosde ultramar. La lengua tendría así la función esencial de contribuir al dominio de la poblacion nati - va, de acuerdo con la tan conocida sentencia nebrijana sobre que la lengua siempre Jité emupanera del imperio. Ello justificaría las innumerables resolu— Caría del Padre Juan Andreu al Procurador General dc la Com pañia de Jesús. Mi rallores. rcducci de i,íílias luies. 22—1 1—1757, Manuscrito J 8,527. Biblioteca Nacional de Ma - drid.. 1.46 Beatriz Vitar ciones reales que perseguían el fin de instaurar el castellano en todo el ámbi - to colonial. En otra de sus facetas, este concepto imperial de la lengua, sustentado en su uso hegemónico en territorios de cierta consideración, como símbolo del dominio político y la superioridad cultural de un determinado pueblo. im - pregnó la visión de los distintos agentes colonizadoresen Indias. En lo que respecta a los misioneros, aparece en su discurso una auténticaobsesion por medir la realidad lingáistica de acuerdo con los moldes clásicos, introducien - do en sustestimonios continuasreferencias al latín y al griego (lenguas impe - riales), idiomas ambos que sirvieron de modelo para valorar las diferentes lenguas americanas. Estas apreciaciones revelan un fuerte etnocentrismo por parte de los misioneros, aunque su preocupación por la cuestión lingúística de cara al objetivo evangelizador, legaría a la posteridad importantes contri - buciones para el estudiode las lenguas y del fenómeno de la comunicación verbal durante la conquista. Dentro del ámbito americano, tanto la lengua de un imperio como la que era hablada por grupos étnicos con hábitossedentarios, o bien la lengua en uso en arcas geográficas tnás o menos extensas, eran descritas con términos elogiosos, en contraposición a las catalogadascomo lenguas salvajes; Así, el padre José de Acosta, en su cronicasobre el imperio azteca, se refería a los Chichimecas y Otomíes como pueblos <(que no cogían ni sembraban» y cuyas tierras fueronocupadas por «las naciones que vínteron de fuera, que por ser gente que se explica y habla claro, a diferencia de esa otra bárbara y sin ra - zóno (Acosta 1985:321). Asimismo, respecto del idioma guaraní5,utilizado en unaamplia exten - sión territorial y convertido —al igual que cl quechua— en instrumento para el adoctrinamiento de numerosos gruposindígenas, el cronista Lozano opinaba que: es diferente del de los demás Indios: y aunque inventado de gente tan bárbara, sobremanera elegante. pues hay quien le compare en su arti - ficio, propiedad, y copia de palabras, y frases con la lengua griega: bien, que es más extendido su Imperio, porque corre por vulgar más de mil le - guas desde el Paraguay hasta todo el Brasil, y el mismousa en el Perú la belicosa nación Chiriguana, descendiente de los guaraníes» (Lozano 1 754] 1 970:1, 110). En especial, la «elegancia» y la abundancia de vocablos,asociadas al grie - go y al latín (en cuyo ámbito hegemónico se excluyeron otrosidiomas por El «imperio» de esta lengua se revela verdaderamente hasta hoy, ya que para designar a muchospueblos indígenas del Paraguay y de las regiones vecinas, se continúa utilizando el nombre que los Guaraní les dieron en su idioma, como es el caso de los grupos Toba. Moeovi. Abipán y ni uchos otros de la antigua región dcl Chaco (noroestede Argentina). La otredad lingáistica y su impacto en la conquista de las indias 147 considerarlos «bárbaros»), eran atributos otorgados generalmente a la lengua de los pueblos que habían logrado consolidar un imperio. Esta concepción fue el baremo con el que se calibró a los idiomas nativos e incluso influyó en el ánimo y predisposición de los misioneros jesuitas que se abocaron al estu - dio de las lenguas indígenas; en este aspecto, es interesante el testimonio da - do por el padre M. Dobrizhoffer acerca de la labor lingñística de un misione - ro entre los Abipón del Chaco de quien decía que, «si descubría en el habla de los bárbaros algunavoz nueva o elegante, supo consignarle con diligencia, del mismo modo que las aves eligen los granosde trigo entre el barro» (Do - brízhoffer ¡967,11:183). Huelga decir que subyaceaquí un menosprecio por los vocablos que no sonaban bien a los oídoseuropeos, contribuyendo así a la exclusión de un gran número de voces en los diccionarios que llegarían a elaborarse en el futuro. En la añoranzade una lengua «ideal» que acabase con la oscuridad y la confusión, los jesuitas hicieroncircular a veces las versiones más peregrinas respecto de la existencia en Indias de ciertos idiomas que se asemejaban al griego o al latín: siendo además éste último el idioma conocido en los círcu - los de teólogos e intelectuales, se convirtió en la referencia obligada a la hora de tratar el tema lingúistico. Vemos así que el cronista Lozano reproduce en su relato las noticias de otro misionero acerca de una «nación» que habitaba en algún rincón del Chaco —de la que no se especifica el nombre—, cuyo idioma «era tan terso y pulido, que cedía en pocoen la elegancia al latino, y tan copioso juntamente, que sólo para explicar el nombre de Diostenía mm - tro sinonímos» (Lozano 1941: 80) 6 La situación idiomática en las coloniashispanas en una etapa colonial tardía, como lo era la segunda mitad del siglo xviii, distaba mucho de ser sa - tisfactoria en lo que se refiere a la castellanización de la población nativa. Por entonces,alarmó a algunas autoridades indianas el escaso progreso en el uso del castellano, fenómeno especialmente notorio en ámbitos tales como las antiguas misiones jesuíticas. De este modo, un alto dignatario de la Iglesia ad - vertía sobre la necesidad de corregir tales deficiencias, medianteargumentos que hacían un llamado a la real conciencia sobre la urgencia de consolidar el imperio lingúistico a través del uso generalizado del español: «Si la unidad dellenguaje es causa de la unión de voluntades —expresaba el obispo del Tu - cumán—, la diversidad será si no causa, ocasión de estar desunidos los afec - tos» ~. 6 Antes que un hecho real, estas palabras reflejanmás bien lo que constituía un profundo anhelode los jesuitas. Precisamente la falta de términos que expresaran en las lenguas indíge - nas nociones tales como Dios, Espíritu Santo, virtud y muchas otras para explicar la doctrina cristiana, fue uno de los mayores obstáculos que debieron afrontar los misioneros durante la e~angeiización de la mayoríade lospueblos americanos (Pagden 1988:241-247), (Sarta del Obispo de la gobernación del Tucumán al rey. Córdoba, 20-6-1768, Archivo (jeneral de Indias, Sección Audiencia de Buenos Aires, legajo 614. 148 Beatriz Vitar El proyecto imperial español se encontró con una realidad lingúística que retrasó la castellanizaciónen el marco de las comunidades indígenas, po - niendode relieve la gran variedad de lenguas existentes. Asombro y confu - sión causó a los colonizadores y misioneros esta diversidad idiomática; ini - cíalmente se habían detectado unas 133 lenguas principales, una auténtica Babel que refrescaba la memoria del castigo bíblico a través de la imposible comunicación (Benassar 1985: 47) ~. La pluralidad lingiiística que presentaba el continente americano deter - minó una flexibilización de las posturas etnocentristas que impulsó el diseño de métodos de comunicación verbal sobre la base de la implantación de una «lengua general» en determinadas áreas coloniales: o bien a recurrir al uso de las lenguas autóctonaspara evangelizar a la población indígena. Sin embargo, a lo largo de los siglos coloniales la política lingéistica experimentó diversos cambios, especialmente a raíz del debate surgido en torno a la conveniencia o no de evangelizar a los indígenas en su Jengua; este criterio, sostenido prin - cipalmente por los misioneros jesuitas, obligaría más tarde —con posteriori - dad a extrañamiento— a reimpulsar la homogeneizaciónidiomática con la ayuda de medidastendientes a suprimir los idiomas nativos. La erradicación de las lenguas «paganas» (una faceta más del programade «despaganización») que fue incentivada por la Corona a los efectos de imponer su dominio en el Nuevo Mundo, chocaría pues con el afán jesuítico por el aprendizaje de los idiomas de los nativos, convencidos los misionerosde que por esta vía se lo - graría más fácilmente su cristianizacion. No obstante, el establecimientode una lengua franca en algunas arcas co - lonizadas constituyótambién un reflejo del objetivo homogeneizador de la política lingíjística frente a la diversidad idiomática. El caso de la Amazonia brasileña (Bessa Freire 1983) representa un verdadero paradigma del afán de uniformidad de los proyectos colonizadores, dentro de los cuales la exis - tencia de una lenguade comunicación general era un vehículo fundamental para la integraciónde la población indígena. La región amazónica, con una asombrosavariedad de lenguas, se convirtió en eí escenariode la expansión del idioma tupi (habladopor uno de los gruposindígenasque allí habitaban), al disponer laCorona portuguesa su uso como lenguafranca. En este ámbito, la intervención jesuítica perfeccionó la instrumentalización de esta lengua a los efectos de la homogeneidad lingñísticaque se pretendía, facilitando la ta - rea evangelizadora y el dominio de los indígenas de la Amazonia brasileña, mediante la acostumbrada elaboraciónde gramáticas y catecismos (D. Men - des Barros 1986). Dentro del ámbito colonial hispanoencontramosun pro - ceso similaren la utilización del quechua, la lengua general del Perú, que se Sobre la diversidad lingúística y su origen, puede consultarse el reciente ensayo de Um - berto ECO, La hdsquedacle la lengua perfecta(i993),en el que sobre labase det análisis de tex - tos bíblicos se concluye que la confusio linguarum» tuvo su aparición antes de Babel, lo que pondría en duda ta idea de la piuratidad de tenguas como castigo divino. La otredad lingú(stica y su impacto en la conquista de las Indias 149 difundió en el noroeste argentino desde las primerasentradas a dicho territo - rio a través de los indios que acompañaban a las huestes. Pronto este idioma —que otrora fue también lengua imperial— se impuso como lengua franca, convírtiéndose en la herramientabásica para el sometimiento y cristianiza - ción de diversos pueblos indígenas del Tucumán y del Chaco. LOS JESUITAS Y LAS LENGUAS INDIGENAS Fueron sin duda los misioneros y especialmente los padres de la Compa - ñía de Jesús quienes se abocaron al estudio de la complejidad lingiiística dcl mundo americano,cuestión ésta en la que, por lo demás, se jugaba el éxito de su labor misional. Numerosos testimonios referentes al problema de la multi - plicidad de lenguas —Acosta hablaba de un «bosque de lenguas» (Pagden 1988:241)— en el período de la conquista pueden hallarse en las crónicas y demás documentos provenientes de la Orden jesuita, revelando no sólo su particular método para la sujeción y conversión de los nativos,sino también sus profundas divergencias con relación a la política propiciada por la Corona. Sin embargo. aun en los tiempos colonialestardíos, cuando se había avanzado ya en el conocimiento y contacto con los pueblos indígenas, la re - accion de los misioneros en los primeroscontactos con nuevosgrupos étni - cos fue la de rechazo hacia su idioma, al que incluían entre los oscuros frutos de la gentilidad. En esta experimentaciónde la xenitud lingúísíica y al abrigo de un catolicismoproselitista, en lucha contra las religiones paganas, se po - dría encontrar la raíz de la expresión «hablar en cristiano’>, osada hasta hoy en el mundo hispano-parlante (y también en regiones que fueron colonizadas por Portugal), como símbolo de un lenguaje inteligible y válido para la eomu - nícacion. Por otro lado, estas manifestaciones etnocentristasobedecían a la pro - funda convíccion deque en Indias se hallaba invertido el orden naturaL como resultadode la intervenciónsatánica {Pagden 1988), provocando un desor - den y confusión que se hacía patentes en la cultura y costumbresdc los pue - bIos americanos y por ende en sus lenguas. Un primer impulsomovería pues a «demonizar» los idiomas indígenas, tal como se hacía con otros aspectos de su cultura, en una reaccion que indica el temor de los misioneros ante lo des - conocido, hacia todo lo que estaba fuera del orden cultural europeo. La in - comprension e inaceptación de los Otros tiñen cl primer impacto de los eu - ropeos en suencuentro con otras culturas, recurriéndose a la «diabolización» para explicar las diferencias. Es indudable que los jesuitas se hallaban imbui - dos de las teoríasde Eusebio de Cesárea,quien sostenía que Satán se comu - nicaba con los hombres mediante «una seriede ruidos y sonidos bárbaros e ininteligibles» (Pagden 1988: 244), siendo éstos algunos de los rasgos que los 150 Beatriz Vitar misioneros solían adjudicar a las lenguas habladas por los pueblos «salvajes»; asimismo LópezMedel (1612) decía que «con palabras bárbaras los demo - nios suelen...deleitarse mucho» (ibid.). En este contexto, la empresa devencer las dificultades idiomáticas,asumida con extraordinario celo por los misio - nerosjesuitas, parece adquirir el carácter de un combate más contra el demo - nio, causante de la confusión y el desentendimiento entre los hombres al «ha - blar» por boca de los indígenas mediante un lenguaje ininteligible. Abundan en los textos jesuitas las apreciaciones que aluden al carácter «diabólico» de las lenguas nativas (guturalidad, ininteligibilidad), aunque no se recurra precisamente a dicho adjetivo para describirías. Puede observarse también una solapada negacióndel carácter humano de las voces indígenas, tal como puede verse en los comentarios del cronista Lozano respecto de la lengua kaká, hablada por pueblos que habitaban Santiago del Estero (norte de Argentina)en los inicios de la conquista: «Es sobremanera revesada, y di - fícil, y tan gutural, que parece no se instituyó para salir a los labios> (Lozano [1754] 1970:1, 17).La animalización de los indígenasque pertenecían al de - nominado mundo «salvaje», representado por el conjunto de pueblos de gue - rreros-cazadores que no vivían organizados en estados, no sólo constituía un aspecto recurrente en las descripciones coloniales sino que se encuentra tam - bién ejemplificada en las anotaciones jesuitas referidas a las lenguas indíge - nas que carecían de escritura,elemento con el que se medía el grado de civi - lización de los pueblos.En muchos casos, cronistas y misionerosasociaron las lenguas indígenas a voces de animales, lo que generaba la imposibilidad de volcarías en signos escritos(Pagden 1988: 245). En este sentido, es ilus - trativo el testimonio del misioneroDobrizhoffer respecto de ciertos rasgos de las lenguas «bárbaras»: «Es difícil para el europeo acostumbrar el oído y la lengua a las vo - ces extrañas y torcidas de los bárbaros que pronunciaban ya sea silbando con la lengua, o por la nariz, opor la garganta; y en consecuencia te pa - recería oir confusamente, no palabras sino voces de pato en un lago, y no entenderás por atento que estuvieras sin vestigio de letra expresada» (Dobrizhoffer 1967,11: 154). El desorden que experimentaban los misioneros se agravaba al constatar que entre los indígenas eran usuales ciertasformas de comunicación no ver - bales, verdaderamente extrañas para los europeos, motivo por el cual se ta - ché a ciertos idiomas indígenas de «lenguas pobres» —superando, eso sí, la actitudnegadorade Colónrespecto de otorgar la categoría de lengua a la que hablabanlos grupos con los que se encontró a su llegada a las Indias—, debi - do a la costumbre de utilizar algunos códigos gestuales «, aunque éste fue el Esto sucedió por ejemplo en Brasil con el Nheengatu o «lingua geral brasilica» (hablada por los pueblos Tupinambas), cuyo proceso de consolidación corno lengua franca ha sido estu - l<¿ otredad luigutstica s’ su impa.to en la c.ottqtttsta de las ludias 151 recurso utilizado por misioneros y conquistadores para solucionar la inco - municaciónde la primera hora. Para los doctrineros, el lenguaje de señas re - presentaba una situación embarazosa que se empeñarían en desterrar: «Mi mayor preocupaclon —comentaba el misionero Paucke— fue aprender el idioma para que no necesitara hablar por señas con los indios como un mu - do» (Paucke 1942:11, 170). Respecto del uso de un lenguaje no convencional y del recelo que gene - raba en los misioneros por considerarlo como un recursodiabólico, se en - cuentran algunas referencias en la crónica chaqueñade P. Lozano, donde se comenta que ciertos pueblos dc la región «se comunicaban y hablabancomo hijos de la confusión gentilicia con lenguas de humo,que es la seña, con que de lejos sc entienden y hablan» (Lozano 1941: 325). Este lenguaje de señas y efectos visuales, junto a la gran diversidad de lenguas indígenas, tuvo que ha - ber impresionado hondamente a esos cristianos viejos que quizá esperaban un nuevo Pentecostés, milagro que según cl relato bíblico disolvió la extraordi - nana pluralidad de lenguas, haciendo que un conglomeradode gentes con idiomasdiferentes recibiera el mensaje de los Apóstoles en su lengua mater - na(Weinrich 1988: 236-237) La <pobreza> de las lenguas indígenas, en las que colonizadores y misio - neros se encontraron con la ausencia de palabras que aludiesen a conceptos propios de la civilización cristiana y occidental, fue resaltada en la mayoría dc las crónicas etnográficas jesuíticas. Sin embargo un misionero como F. Pauckc. que acabó sintiendo una fuerte admiración por su reducidos —-los Moet)ví del Chaco—, no escal i mó elogios en relación a su lengtiajc y sus apti - tudes comunicativas, de alguna manera el citado jesuita rebate la tan mentada pobreza de los idiomas americanos cuando dice que «puedo asegurar que di - fícilmente uno les mostrará alguna cosa dc Europa a la cual ellos jios Moco— vii no pudieran dar pronto un nombre circunstancial; sólo necesitan ver la fi - gura y saber el uso del objeto» (Paucke 1942:11, 177). Aunque la evangelización en las lenguas indígenas presentaba numerosas dificultades debido a la incxisl.encia de vocablos para explicar los principios diado por Bessa Freire fi 983. El iclion>a «¡pi. utilizado basta mediados del siglo xix para la Co— ni un caeion ci n la pobí ncion i id ige u>, iue cnt>.> nces cali líe ad ii c’. ni o «Ii ngoi i pobre>, va que ob ligaba a e o ni pi eme ata r la vo/, con gest<.> 5 y acciones pa tu hacerla iii teligibie. razón por la crí al se dispo so so ruemplatípor el portugués (Bessa Freire 1 983: 69). Puede consoltarse además, cii lo etc rente <1 lenguaje gesroa 1, sus características significados para h<s mondos enfrenta - dos en el pi oces» colonizador, el documentado estud O dc Martinelí cl ~ (1988). ¡ 1 n st. pl ion, a la oposición griego—lié rboro. en la que ií.,s europeos encarnaban el pu— n~er termino en relación a los infieles de América, se sornaba la de cristiano—pagano, dentro del marco deologico ríue i nspiró el desarrollo dc la conquiso, del N ueví> Mundo, La herencia cuítoral dc 1 Cuí ccii clásica permanecía viva cii ci sigh> xvi y. en tal sentido, estaba muy arraigado el melo e o bici ílo cxi raño e i ncoinprensibie: estas prevenciones se alimentaban en la ani.i no— mía entre helenos y bárbaros». siendo estos últimoscalificados p<>r aquéllos corno «bestias>, e incluso como geiite «sin lengua» ( Reiohard 1987>, 158 Beatriz Vitar Similares procedimientos se adoptaron en otros espacios coloniales, corno muestra del arraigo de los mecanismos de la conquista. Dentro del ám - bito peruano, los indios que hablaban el quechua sirvieron de intérpretes en los movimientos expansivos que desde Lima organizaron las fuerzas coloni - zadoras hispanas; así también, con la ayuda de dicha lengua se desarrollaron los primeros contactos entre los españoles y los pobladores del norte argenti - no e incluso se desplegó la labor evangelizadora. En esta última región, el quechua se hallaba bastante difundido, al igual que en el vecino territorio del Chaco, convertido en refugio de los indígenas fugados del dominio incaico y con posterioridad de los que se rebelaron contra los primeros encomenderos del Tucumán. En lo que respecta a las diversas tentativascolonizadoras del Chaco re - alizadas desde la gobernación del Tucumán (integrada en el virreinato perua - no), actuaron como intérpretes tanto el «indio ladino en lengua quechua» (Lozano 1941: 327) como así también algunos individuos de las diversas et - nias chaqueñas, capturadosen operaciones de las milicias coloniales. En esta ocasión, y si se tratabade líderes, no sólo se aislaba al individuo sino que se lo confinaba a territorios distantes con el fin de hacer más efectivo el proceso de asimilación al mundo colonizador En la conquista chaqueña, intensifica - daen el siglo xviíi, se recurriópermanentemente a los intérpretes, aplicándo - se viejos mecanismos que se consideraban eficaces para hacer trastabillar los valores indígenas y acelerar su aculturación.El procedimiento de prepara - ción del intérprete se complementaba con el otorgamiento de honores, títu - los y hasta «cargos» que los españolesrepartían adulador-amente entre los principales del grupo. En una carta enviada por el gobernador de la provincia del Tucumán al rey, detallando los entretelones de una campaña al Chaco y sometimiento del grupo de los Malbalá, se observa el modo en que se alec - dono a un individuode este grupo, hecho prisionero en anteriores campa - ñas; comunicaba dicho funcionario que al conocersu «condición dc caudi - lío>’, determino: llevarlo a Buenos Aires, donde aprehendiese la lengua española, sin riesgo de volverse a sus tierras, encargando su buen tratatuiento y que se procurase introducir en ánimo amor firme al español al fin de traerle por intérprete y guía en el dilatado espacio que contienen las pro - vincias dcl Chaco habitadas de muchas bárbaras naciones>’ Si Los intérpretes fueron depositarios de las expectativas españolas, en tan - to que sobre ellos descansabaen gran parte la posibilidad de someter a un grupo mediante la transmisión exacta del mensaje de los conquistadores. En lo que se refiere a la fidelidad del intérprete, contamos con el testimonio de Carta al rey del gobernador del Tucumán, don Esteban de Urízar. Salta, 24-7-1713. AOl. Sección Atídiencia de Charcas, legajo 284. 1.» otredad lingíiístú.a y su impacto en la conquista de las Indias 159 Bernal Díaz del Castillo,quien en su relato celebraba el acierto en el desem - peño del oficio de intérpretes por parte de la Malinche y Aguilar —valiosos auxiliares de Cortés— cuando se reclamaba a los aztecas el abandono de sus ídolos; los intérpretes se convirtieron en el mismoCortés en el sentido de re - flejar con precisión susintenciones.Decía al propósito Díaz el cronista antes citado: Y se les dijo [a los mexicanos] muchas otras cosas tocantes a míesirasanta fe. y verdaderamentefueron muy bien declaradas, porque doña Marina y Aguilar, nuestras lenguas, estaban ya tan expertas en ello, que lo daban a entender muy bien» 22, Los lenguas se transformaron en personajespolémicos,tanto desde la perspectiva española como de la indígena. En primer lugar, los intérpretes no sólo habían logrado derribar la barrera idiomática sino que también por la circunstanciade dejar de hablar progresivamente la suya propia (salvo, claro esta. en los momentos en que se desempeñaba como traductor), podían ex - perimentar una fuerte ambivalencia con respecto a sus valores originarios. Esto desencadenaba una profunda crisis dc identidad, al estar inmerso el in - térpí-ete en un mundo de ambigíledad y contradicciones, que enrarecían la relación con su comunidadde origen, proceso mocho más acentuado si de un líder sc trataba. En algunos casos, el consenso de que gozaba el intérprete dentro de su grupo podía resultar cíe gran utilidad en la tareade persuadir a los indígenas para aceptar las proposiciones cíe los españoles, allanándoles a éstos el camino hacia la conquista del grupo; en un electo contrario, también podía ocurrir que se exacerbase cl sentimientoétnico, rechazando las pro - puestas colonizadoras. Estas dos variantes eran factibles, en lo que sc refiere a las reacciones del grupo indígena, si es que el lengua recibía «premios» por cl buen resultado obtenido en las negociaciones, esto es, si se conseguía “pa - cificar» a los indígenas. Estas recompensas españolas solían consisti entre otras cosas, en la concesion de grados militares a los indígenas, en un gesto que era una proyección de la escala devalores del frente colonizador. En ocasiones, coronando el proceso de coi¡ver~ión del intérprete indíge - na, éste recibía cl bautismocristiano,de modo tal que el individuo que en estas condiciones —es decir, con un nombre impuesto desde otra cultura—- se presentaba ante su pueblo, podía alterar desde el comienzo los términos de la relación con la comunidad. Así, retomando el caso dc los Malbalá ante - riormente citados, un testimonio jesuitarefiere el caso dc un cautivo de este grupo «que en sti barbarismo se hacía llamar Ays><, y que había pasado a con - vertirse en intérprete con el nombre dc «Antonio» (Lozano 1941: 327), in - [)ía’ del Cast iii>> Cii. ( ron istas cte Las < ,,/>, <rOS Precoionybino.s 1 963: 1 93. 160 Beatriz Vitar gresando en la tan mentada categoría de «indio amigo», implantada por los colonizadores. Los lenguas tuvieron un activo papel durante el desarrollo de los acuerdos de paz con algún grupoindígena, que se concretaban a través de las capi - tulaciones, singular instrumentoen el que los conquistadores hacían gala de un puro hablar de sí mismos, aunque aparentemente se hablase a los Otros. La aceptación de dichas capitulaciones —en las que se especificaban las pre - tensiones españolas— por partede un grupo étnico,constituía el feliz corola - rio de las arengas lanzadas a través del intérprete,requerimientos que un cro - nista jesuita resumía como «cristiano y discreto razonamiento» (Lozano 1941: 388). Las capitulacionesestipulaban las obligaciones y derechosde ambas partes en caso de que los indígenas acordasen aceptar la vida en re - ducción y la sujeción a un doctrinero; el contenido de esos pactos era trans - mitido por el intérprete y era en este punto donde se manifestaba la descon - fianza española respecto a la intervención del intérprete: siempre planeaba la sombra de la traición. De ahí las prevenciones hechas por los españoles al lenguaraz «para que usase fielmente su oficio de intérprete y no malquistase a los españoles» (Lozano 1941: 366). El temor de los españoles por un posible falseamiento de su discurso no era infundado: en algunas ocasiones el lengua pagó con su vida una transmisiónmalintencionadade las propuestas coloni - zadoras. En este sentido, abundaron las sublevacionesindígenas con poste - rioridad a la celebraciónde acuerdos con los españoles, así como en muchas ocasiones el sometimientode un grupo se logró con éxito tras la mediación del intérprete. Respecto a la «rendición» dc un jefe indígena del Chaco —Pai - kín— y su grupo, el gobernador del Tucumán manifestaba al rey que: «Tuviéronse varias conferencias con él [Paikínj por medio de fieles intérpretes y convencido en algunas dudas que se le ofrecieron para de - sengaño de sus errores, se consiguieron los felices principios de su con - versión y de los demás sus súbditos» 23 En el ámbito reduccional, el intérprete cumplió también un papel no me - nos relevante, al convertirse en auxiliares de los misioneros en las diversas ta - reas inherentes a la prédica y al culto. Asimismo, fueron útiles en la empresa abordada por los jesuitas, en su intentode sistematizar las lenguas nativas. Así, en los primeros pasos de la evangelización del Chaco, el misionero Bar - zana pudo confeccionar un «Arte y Catecismo de una lengua bárbara» con la ayuda de una «india intérprete» (Lozano [1754] 1970:1, 104). No obstante los misioneros mantuvieron fuertes prevenciones respecto de la actuaciónde los intérpretes, lo cual se volvía más conflictivo en el caso de grupos que habían opuesto una feroz resistencia a su sujeción en reduc - 23 Carta al rey del gobernador del Tucurnán. don <jerónimo de Matorras. Salta, 20-6-1773. AOl, Buenos Aires 49, La otredad Iingiiísuica y su impacto en la conquista de las indias 161 clones. Un misionero de los guerreros Mocoví del Chaco, se lamentaba de los desencuentros con sus reducidos debido a unainadecuada actuaciónde los lenguaraces: »... la desgracia fue que los intérpretes no siempre hablaban a los indios conkirme a lo que yo deseaba»(en Eurlong 1938: 26). Por lo de - más los jesuitas, celosos defensores del aislamiento de susmisiones y vigilan - tes de los contactos que pudiesenmantener los indios con españoles, negros o mestizos, se esforzaron en estudiar las lenguas para evitar intermediarios en la comunicación con los reducidos. Sin embargo, las dificultades que presen - taban algunas lenguas obligaron a recurrir a los lenguaraces, prefiriéndose siempre a los intérpretes indios; en el fondo, muchosjesuitas aborrecían al «lenguaraz español catítivo». Con referencia a ésto, se puede traer a colación lo que relata Paucke al tratar de los obstáculos del idiomaen la vida cotidia - na yen el adoctrinamiento: «lo peor de uno u otro lenguarazdc los Españo - les cautivos había sido una bestia igual al mismo indio» (Paucke 1942: 1, 171). En lt) que respecta al mundo indígena —según testimonios más tardíos re - ferentes a su enfrentamiento con el mundo colonial—, también se detecta el uso de este recurso, o sea, la actuaciónde portavoces para los tratos con los españoles.Así puede verse que en la frontera sur de la provincia del Tucu - man, los caciques de un grupoindígena «tenían sus intérpretes y eran unos in - dios apóstatas que de la jurisdicciónde Buenos Aires se habían internado en aquellas tierras» ~El aprendizaje del español fue útil para los indígenas en la planificación de su estrategia frente al mundo colonial, además de resultar conveniente para las tareas de espionaje. En este punto, cabe destacar que el aprendizaje del español dentro de las comunidades indígenas estuvo siempre relacionado con el liderazgo,siendo los individuos que desempeñaban un papel relevante quienes cumplieron el papel de intérpretes en las diversas tratativas hispano-indígenas, tal como lo demuestran las reiteradas mencio - nes a la actuación de «caciques ladinosen lengua castellana» en dichas situa - clones; de los grupos vilela del Chaco se decía, por ejemplo, que «tienen todos sus caciques y ordinariamente es el mejor hablador de cada nación» Alonso Sánchczl (en Eurlong 1939: 44). Esta costumbre se fue consolidan - do entre los diversos grupos indígenas a lo largo de sus intercambios con la sociedad blanca, aunque en ocasiones parecería que es el dominio de la len - gua lo que conduce a reafirmar posiciones en la jefatura; al respecto, en su estudio sobre los guaraní de Misiones (Argentina), M. Bartolomé refiereque era comúnque las familias extensaseligierancomo líder a aquel miembro del grupo “que mejor hable el castellano» (Bartolomé 1978: 103). -- <arta del <tol,ernad<,r del Tucuíuáíí. Andrés Mestre. a José de Cálve,. Córdoba, 6-9- I 78(1. A(il, Buenos Aires 49. 162 Beatriz Vítor CONCLUSION Hemos planteado someramente algunos de los problemas que planteó el choque lingúístieo en la conquista americana, quedando sugeridos una infini - dad de aspectos en torno a la problemática expuesta que podrán ser objeto de futuras investigaciones. De todo lo hasta aquí tratado, cabe reflexionarsobre todo acerca del al - caneedel conocimiento que de las lenguas indígenasnos dejó el conjunto de estudios,gramáticas, diccionarios y catecismos elaborados por los misione - ros en las Lenguas indígenas. Debe tenerse presente que por estos medios se concretó el pasaje de lenguas sin escritura a idiomascondensados en vocaba - larios y compendios gramaticales confeccionados de acuerdo con la normati - va lingiiistica propia de los idiomas europeos. Tampoco puede olvidarse el hecho de que, al no incluirse en los vocabu - larios algunos vocablos desechados por «no elegantes» o por la dificultad de traducirlos a signos de la escritura latina, o quizá también porque reflejasen alguna costumbre «no recomendable» de las comunidades indias, tina buena porción de lengua se habría quedado en el camino. Infinidaddc hechos rela - cionados con la trayectoria vital de los pueblos indígenas —muchos de ellos ya extinguidos—, sus mitos u otros aspectos de su cultura, se callaron para siempre o tendrían en los tiempos venideros su expresión verbal ya matizada por el contacto con la lengua de los blancos. He aquí la contundencia del mestizaje: también el castellano adquirió diferentes matices a lo largo de su encuentro con las diferentesculturas del Nuevo Mundo. Con respecto a la intervención de los intérpretes, su actuación ofrece múltiples perspectivas de análisis en tanto que cumplieron un papel crucial en el desarrollo de la colonización, en su calidadde transmisores de un dis - curso que encerraba un lenguaje absoluto y en el mareo de una homogenei - dad que formaba parte del ideal unificador de la conquista. No puede desde - flarse, en este sentido, la particular dimensión que alcanzó la figura dc los intérpretes españoles, indios o mestizos, en la medida en que representanen st mtsmos un símbolo del mestizaje cultural. Todas los matices que entraña la participaciónde los intérpretes en episodios claves del proceso colonizador son susceptibles de ser estudiados en profundidad, como asimismo la dimen - sión de su papel en los más diversos aspectos (político, religioso, economico - social y cultural), en la medida en que se convirtieron en un instrumento esencial para el sometimiento y cristianización de los gruposindígenas. Ello contribuirá sin duda a desvelar otros aspectos interesantesde la interacción cultural en el proceso de conquistade los pueblos de la América indígena. La otredad lingñística y su impacto en la conquista de las Indias 163 BIBLIOGRAFIA BARiotoNIÉ, Miguel 1978 <‘La situación de los guaraní (Mby’a) de Misiones (Argentina)», en: Las (‘alturas Condenadas; Compilación e Introducción por Augusto Roa Bas - tos. México, Siglo XXI, pp. 86-111. Br NNASSXR, Bartolomé 1985 La América Española y la América Portuguesa. Madrid, Edit. Sarpe (Colee - cion Biblioteca de la Historia). 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