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Hegel, Georg Wilhelm Friedrich. Aforismos de Jena. 1803-1806. Sevilla: Athenaica Ediciones, 2022, 160 pp. [Reseña]

Rodríguez Gómez, Federico

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265265 Thémata. Revista de Filosofía • nº 67 • enero-junio (2023) pp. 265-267 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2023.i67.17 Federico Rodríguez1 Universidad de Sevilla, España Como ocurre con cualquier bofetón, o con ese ladrillazo que siempre puede llegar a la vuelta de la esquina, la abstracción, lo que abstractamente se llama «abstracción», corre siempre el riesgo de ser mal comprendida. Georg Wilhelm Friedrich Hegel, considerado por la gavilla de sus calumniadores como un filósofo abstracto, incluso como el más abstracto de la historia de la filosofía (de la más abstracta de las disciplinas, und so weiter), lo explicó con penetrante agudeza psicológica en una pieza satírica póstuma titulada «¿Quién piensa abstractamente?» (1807). Sus lectores recordarán, más allá del alegato en favor de la metafísica, anhelada reina de todas las ciencias, el meollo, que aquí se pasa a recrear con consciente inexactitud: figúrense una muchedumbre que se apelmaza a la salida de unos juzgados. Rodeado de gendarmes sale el desgraciado, un condenado: supuesto asesino, canalla de turno. Y se escucha a grito pelado: «¡muérete, cabrón!», etc. El patíbulo le espera. ¿Qué se pregunta el filósofo (agazapado) en su filosófica distancia? No qué quiere decir que fulano y los suyos quieran la muerte de mengano (matarlo a trompazos sin más, en un despiste policial, o verlo morir, justamente, en el cadalso); tampoco qué hace alguien que dice exigir esa muerte; sino cuánto importa lo que se comprende acerca de alguien para desearle la muerte. Exacto, en ese instante, poco, nada. El criminal, grande o pequeño, es anulado como humano. Sería la ausencia (o la súbita destrucción) de Bildung, 1[email protected] Hegel, Georg Wilhelm Friedrich. Aforismos de Jena. 1803-1806. Sevilla: Athenaica Ediciones, 2022, 160 pp. RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS 266266 HEGEL, G.W.F. AFORISMOS DE JENA. 1803-1806 POR FEDERICO RODRÍGUEZ Thémata. Revista de Filosofía • nº 67 • enero-junio (2023) pp. 265-267 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2023.i67.17 de imaginación y de cultura, de luces, de discernimiento, de reflexión, de calma, la que desea la (pena de) muerte. Mejor: «¡muérete!» ya está matando, la sentencia mata abstractamente; ejecuta, inmediatamente, el apagón con la mayor brutalidad. La reciente edición bilingüe de los Aforismos de Jena. 1803-1806, en la colección de Filosofía de Athenaica, por parte de Manuel Barrios Casares y Juan Antonio Rodríguez Tous, es un trabajo de orfebrería filosófica: de ello da cuenta no sólo la exquisita factura de la traducción (pionera en castellano), sino su presentación y generosa anotación. Habiendo sido editados por la revista de filosofía Er en 1988 y en la constelación traductológica que formaban, por un lado, con el Fragmento de Hiperión de 1986 y, por otro, con el Escrito sobre la diferencia de 1985-86, la nueva versión ha sido afinada y su aparato crítico enriquecido. A lo largo de sus 99 aforismos, que parecieran unas veces estrellas fugaces y otras flechas envenenadas, Hegel se presenta no sólo como el genio del concepto, sino, a la vez, como un ilustrado púgil contracultural, metido hasta el cuello en los fangos del no saber (George Bataille dixit); o, dicho fabulosamente, como el cocodrilo sublime de Friedrich Theodor Vischer, rescatado por Rodríguez Tous en Idea estética y negatividad sensible (2002): ese bicharraco que, brotando del barrizal (risotada del Tártaro mediante), atrapa, tritura y engulle (doch, Aufhebung!), al que se ponga por delante: ya sean predicadores, filisteos, periodistas o precoces filósofos de la naturaleza. En el aforismo 31, piedra preciosa, se encuentra la que quizá pudiera considerarse como la primitiva versión, comprimida, de la mentada sátira: «La respuesta que Robespierre daba a todo –hubiese uno pensado, querido, dicho o hecho esto o aquello– era: la mort!». Y a continuación, en una frase que podría haber sido proferida, en su éxtasis carnicero, por San Juan el Hospitalario: «Puedo matarlo todo, hacer abstracción de todo». Se sabe bien: «¡muérete!», «¡viva la muerte!» (i.e.: «¡muerte a la inteligencia!»), es la frase soberana del soberano. Cuando la Reina de Corazones vocifera, en uno de los pasajes de Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas (1865), «¡que le corten la cabeza!», no está sino comportándose como se espera que lo haga una monarca, «una furia ciega y caprichosa», arbitraria… abstracta. Los traductores, en la nota que escolta a este aforismo, conectan lo aquí espetado con las páginas sobre la «libertad absoluta» como «terror» incluidas en la Fenomenología del espíritu (1807). Al ilustrado M. Robespierre, tras 267267 HEGEL, G.W.F. AFORISMOS DE JENA. 1803-1806 POR FEDERICO RODRÍGUEZ Thémata. Revista de Filosofía • nº 67 • enero-junio (2023) pp. 265-267 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2023.i67.17 deformársele la cara al ajustársele (ajusticiársele) con ferocidad vengativa la mandíbula en la que había recibido un pistoletazo, venían de guillotinarlo en la Plaza de la Concordia; L’Incorruptible gritó la primera vez, en la segunda sólo se escuchó el silbido metálico. El que desea la muerte es, una y otra vez, aquel que piensa abstractamente; i.e.: el que no madura nada; puede ser su niño, su amante, su marido, la reina o su gentío. Es más: el que desea la muerte del otro la quiere también, en goce secreto, para sí. Forma parte de la dimensión más taciturna de la vida volverse supremo y cometer una vileza. Hay una esencia infantil en el soberanear, un berrinche verdor, un enfurruñamiento pétreo: una falta de negatividad, de saber del más feo de los dolores, de plasticidad; una precipitación intuitiva, eufórica, sin riesgo; lo que la desencadena se suele llamar engreimiento, humo, o infatuación (un oscurecimiento propio, interno, si así se leyera, descuidando el umlaut, el término Eigendünkel). La conocida imagen a la que acude el filósofo es «el alma bella», divo de hoy: sensiblería umbilical sin mediación. Todo se escenifica en una amplia serie criminal que fue denominada nihilismo: ya se monte a través del clasicismo de inicios del XVIII o del merchandising contemporáneo, dispositivos sumarios, edificantes, de aniquilación pública. Ejercicios absolutamente concretos como esta edición son acciones vitales, pensativas, de resistencia filosófica y política. «Hay que seguir estudiando», se musita uno al cerrar la última página y apagar la bombilla, que es la justa frase con la que Eagle logró englobarlo todo.